Pablo Neruda

Angela villalva Jesica paredes

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Nació en Parral ( Chile ), aunque su infancia la pasó en Temuco. Su nombre real: Neftalí Ricardo Reyes Basoalto ( El nombre de Neruda lo adopta en 1920). Infancia rural, en medio de una naturaleza desbordante ( lluvias, ríos caudalosos que arrasaban las viviendas y un volcán con sus inquietantes fumarolas...): “ Mi único personaje inolvidable fue la lluvia. La gran lluvia austral que cae como una catarata del Polo, desde los cielos del cabo de Hornos hasta la frontera...Por las veredas, pisando en una piedra y otra, contra frío y lluvia, andábamos hacia el colegio: Los paraguas se los llevaba el viento. Los impermeables eran caros, los guantes no me gustaban, los zapatos se empapaban: Siempre recordaré los calcetines mojados junto al brasero y muchos zapatos echando vapor, como pequeñas locomotoras...” En medio de pájaros, de insectos y de un juego, el de las bellotas: “Yo tenía escasa capacidad, ninguna fuerza y poca astucia. Siempre me llevaba la peor parte: Mientras me entretenía observando la maravillosa bellota... ya me había caído un diluvio de bellotazos” Y el cielo, y la noche estrellada... Carácter en la juventud: Intimidad, Soledad, tristeza, amargura, dolor, desesperación...

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Estudia en Santiago: “ La vida de aquellos años en la pensión de estudiante era de un hambre completa. Escribí mucho más que hasta entonces, pero comí mucho menos. Algunos poetas que conocí por aquellos días sucumbieron a causa de las dietas rigurosas de la pobreza.” En 1927, abandona los estudios de Derecho y se inicia en la carrera diplomática: Razón: deseo de viajar. Vida ajetreada. Primero en Asia: Rangún, Java, Singapur), en Buenos Aires y, por fin, Europa: España. Primero en Barcelona, y luego, en Madrid. Madrid: Intensa Vida cultural. Influye y se deja influir por La generación del 27. Caballo Verde para la poesía. Defensor de la República, al inicio de la Guerra, se traslada a Francia. Colaboró en ayuda a los refugiados. Mayor compromiso político y social ( comunismo ) Intensa vida cultural y política, entre 1940-1970. 1971: Premio Nobel de Literatura. Triunfo de Allende en las elecciones chilenas. Embajador en París. 1973: 11 de septiembre- Golpe de estado de Pinochet. Dos semanas después, muere el escritor en su casa de Isla Negra. Sus recuerdos fueron saqueados por los fascistas. Sin embargo: “Yo no voy a morirme. Salgo ahora, en este día lleno de volcanes hacia la multitud, hacia la vida...”

OBRA: Extensa y diversa. Fundamentalmente, poesía y un libro de memorias magistral: Confieso que he vivido. Y Para nacer he nacido. De su poesía, variada en temática y forma destacan: Residencia en tierra, Canto General, Los versos del capitán, y el más universalmente conocido, con millones de copias y traducido a más de cuarenta idiomas, Veinte poemas de amor y una canción desesperada. “Veinte poemas... se ha editado muchas veces. He visto muchas parejas de enamorados perdurables a quienes unió este libro triste. ¿Cómo ha mantenido la frescura? Yo no puedo explicarlo” ( Entrevista, 1962 ) Lo escribe con 19 años, y en él refleja sus sensaciones amorosas de adolescencia y juventud: “Libro doloroso y pastoril que contiene mis más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de mi patria. Es un libro de amor porque a pesar de su aguda melancolía está presente en él el goce de la existencia...” Amor como tema central. Un libro de erotismo juvenil envuelto en una atmósfera sensual en la que la naturaleza alcanza un papel fundamental, hasta el punto que mujer y naturaleza se identifican.
– – – – – – El amor como plenitud, como goce sexual ( Poema 1 ), como imposibilidad de expresión a través de las palabras ( Poema 5 ) como memoria ( Poema 6 ), como silencio y plenitud ( Poema 15 ) como expresión emocional, como idealización ( poema 16) como Pérdida ( poema 20)

Neruda habla de amor, pero también de otras muchas cosas que a todos nos importan: el paso del tiempo, muerte, etc. Contra todo esto, el amor: Me dejaréis que acabe con una enseñanza que se desprende de su obra: Para escapar de la muerte, hay que vivir, amar , gozar de la tierra, el paisaje y las cosas mínimas. No dejéis de hacerlo. Él lo hizo.

Poema 7

Inclinado en las tardes tiro mis tristes redes A tus ojos oceánicos. Allí se estira y arde en la más alta hoguera Mi soledad que da vueltas los brazos como un náufrago. Hago rojas señales sobre tus ojos ausentes Que olean como el mar a la orilla de un faro. Sólo guardas tinieblas, hembra distante y mía, De tu mirada emerge a veces la costa del espanto. Inclinado en las tardes echo mis tristes redes A ese mar que sacude tus ojos oceánicos. Los pájaros nocturnos picotean las primeras estrellas Que centellean como mi alma cuando te amo. Galopa la noche en su yegua sombría Desparramando espigas azules sobre el campo.

Poema 8

Abeja blanca zumbas- ebria de miel- en mi alma Y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, El que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa!

Poema 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo,: “La noche está estrellada, Y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.” El viento de la noche gira en el cielo y canta. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Yo la quise, y a veces ella también me quiso. En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. La besé tantas veces bajo el cielo infinito. Ella me quiso, a veces yo también la quería. Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. La noche está estrellada y ella no está conmigo. Eso es todo. A lo lejos, alguien canta. A lo lejos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Como para acercarla mi mirada la busca, Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan cierto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos. Mi alma no se contenta con haberla perdido. Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, Y éstos sean los últimos versos que yo la escribo.

Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda Zona de tu dolor diseminado. No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo. No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados. Mírame desde el fondo de la tierra, Labrador, tejedor, pastor callado: Domador de guanacos tutelares: Albañil del andamio desafiado: Aguador de las lágrimas andinas: Joyero de los dedos machacados: Agricultor temblando en la semilla: Alfarero en tu greda derramado: Traed a la copa de esta nueva vida Vuestros viejos dolores enterrados. Mostradme vuestra sangre y vuestro surco, Decidme: aquí fui castigado, Porque la joya no brilló o la tierra No entregó a tiempo la piedra o el grano: Señaladme la piedra en que caísteis Y la madera en que os crucificaron, Encendedme los viejos pedernales, Las viejas lámparas, los látigos pegados A través de los siglos en la llagas Y las hachas de brillo ensangrentado. Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta. A través de la tierra juntad todos Los silenciosos labios derramados Y desde el fondo habladme toda esta larga noche Como si yo estuviera con vosotros anclado, Contadme todo, cadena a cadena, Eslabón a eslabón, y paso a paso, Afilad los cuchillos que guardasteis, ponedlos en mi pecho y en mi mano, Como un río de rayos amarillos, Como un río de tigres enterrados, Y dejadme llorar, horas, días, años, Edades ciegas, siglos estelares. Dame el silencio, el agua, la esperanza. Dame la lucha, el hierro, los volcanes. Apegadme los cuerpos como imanes. Acudid a mis venas y a mi boca. Hablad por mis palabras y mi sangre.

Canto General

EL ALFARERO

EL AMOR

Todo tu cuerpo tiene copa o dulzura destinada a mí. Cuando subo la mano encuentro en cada sitio una paloma que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla para mis propias manos de alfarero. Tus rodillas, tus senos, tu cintura faltan en mí como en el hueco de una tierra sedienta de la que desprendieron una forma, y juntos somos completos, como un solo río, como una sola arena.

Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.

LA REINA Yo te he nombrado reina. Hay más altas que tú, más altas. Hay más puras que tú, más puras. Hay más bellas que tú, hay más bellas. Pero tú eres la reina. Cuando vas por las calles nadie te reconoce. Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira la alfombra de oro rojo que pisas donde pasas, la alfombra que no existe. Y cuando asomas suenan todos los ríos en mi cuerpo, sacuden el cielo las campanas, y un himno llena el mundo. Sólo tú y Yo, sólo tú y yo, amor mío, lo escuchamos.

POEMA 15... ME GUSTAS CUANDO CALLAS...

Me gustas cuando porque estás como , y me desde lejos, y mi no te toca. Parece que los se te hubieran volado y parece que un te cerrara la . Como todas las cosas están llenas de mi emerges de las , llena del alma mía. Mariposa de , te pareces a mi , y te pareces a la palabra ; Me gustas cuando y estás como . Y estás como quejándote, mariposa en . Y me desde lejos, y mi no te alcanza: déjame que me calle con el tuyo. Déjame que te hable también con tu claro como una , simple como un . Eres como la , callada y constelada. Tu silencio es de , tan lejano y sencillo. Me gustas cuando porque estás como Distante y como si hubieras muerto. Una entonces, una bastan. Y estoy , de que no sea cierto.

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Noche

voz

sonrisa

alegre

silencio

Alma

alma

Anillo

oyes

callas

Distante

ojos

estrella

Melancolía

Dolorosa

Palabra

ausente

Beso

Sueño

callas

cosas

Lámpara

boca

Arrullo

POEMA 15... ME GUSTAS CUANDO CALLAS...

Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía; Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Frases Célebres de Neruda
• • En un beso, sabrás todo lo que he callado. Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas. Es tan corto el amor y tan largo el olvido. La timidez es una condición ajena al corazón, una categoría, una dimensión que desemboca en la soledad. ¿Sufre más aquél que espera siempre que aquél que nunca esperó a nadie?

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• Peio Iturburua, • 2007