Matrimonios entre personas del mismo sexo

Luis DIRCIO
Maestro en Derecho, UNAM
El 17 de junio pasado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación (en adelante SCJN)
sentó jurisprudencia en el sentido de que las parejas homosexuales tienen el
derecho a contraer matrimonio en los mismos términos que lo hacen las parejas
conformadas por mujer y hombre, lo cual ha derivado en un intenso debate nacional
en torno a la legitimidad de dicha jurisprudencia, que obliga a los Estados de la
República a reformar sus leyes locales para incorporar jurídicamente esta figura de
los matrimonios igualitarios.
A continuación me propongo mostrar cuáles son las implicaciones y alcances
jurídicos de la jurisprudencia mencionada. Lo primero que debemos tener claro es
cuál es su contenido, ya que no podemos sostener un punto de vista si no estamos
bien informados al respecto. Sin embargo, una indagación de tal naturaleza resulta
insuficiente, toda vez que el derecho no se limita a estudiar el contenido de las
normas jurídicas (incluida la jurisprudencia).
Si el derecho consistiera exclusivamente en eso, bastaría con señalar que desde que
la sentencia de la SCJN causó ejecutoria, todas las leyes secundarias, constituciones
locales y demás ordenamientos jurídicos de las entidades federativas que
establezcan disposiciones contrarias al criterio emitido por la SCJN en torno a los
matrimonios igualitarios, carecen de validez. Y eso bastaría para dar cuenta de la
jurisprudencia mencionada.
Pero una conclusión así resulta insatisfactoria. ¿Es que el derecho debe cerrar los
ojos al debate sobre la legitimidad de la jurisprudencia emitida por la SCJN? Opino
que no, ya que si bien la jurisprudencia mencionada goza de obligatoriedad (lo cual
está fuera de toda duda), queda pendiente averiguar qué significado tiene para
nosotros y en qué medida afecta la convivencia social, que a fin de cuentas es lo que
interesa al derecho.

Para dar sentido a estos planteamientos, la pregunta fundamental es: ¿cómo
debemos entender el criterio sostenido por la SCJN en torno a los matrimonios entre
personas del mismo sexo? Los medios de comunicación dan cuenta de un intenso
fuego cruzado entre progresistas y conservadores, intentando dar respuesta a esta
pregunta.
El ala progresista señala que se trata de una conquista jurídica y cultural, el
reconocimiento de un derecho humano a las personas homosexuales después de
muchos años de discriminación. Por su parte, el ala conservadora acusa a los
ministros de la SCJN de miopía, por distorsionar la institución del matrimonio,
consagrada por naturaleza a la procreación de hijos y con ello a la perpetuación de la
especie humana.
Los juristas no tendríamos por qué guardar silencio frente a este debate,
argumentando que el tema ya está decidido por el máximo tribunal de nuestro país y
que a nosotros nos compete únicamente estudiar y aplicar fríamente las normas
jurídicas. Lo que da sentido al derecho (el mejoramiento o deterioro de la convivencia
social) está en juego.
Desde mi punto de vista, el ala progresista se extravía al referirse al derecho de las
personas del mismo sexo a contraer matrimonio como si se tratara de una conquista
de los derechos humanos. Los derechos humanos no son conquistas, son
herramientas de trabajo que hoy nos permiten mejorar la convivencia social, pero
quizá mañana no; pues si las circunstancias cambian, las herramientas también lo
harán. Tampoco asiste la razón a los conservadores, pues nuestro sistema
democrático debe incorporar en su esquema de gobierno a las minorías,
otorgándoles el trato de ciudadanos de pleno derecho.
El tema de fondo no es el reconocimiento de derechos humanos a las personas
homosexuales en la medida en que gozan de igualdad de derechos respecto a las
personas heterosexuales, se trata más bien del reconocimiento de derechos
humanos a las personas homosexuales (para que contraigan matrimonio entre sí) en
la medida en que dicha disposición resulta conveniente para mejorar la vida social.

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