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Saber escuchar

Mauricio López Figueroa
Según una vieja leyenda, un famoso guerrero va de visita a la casa de un maestro Zen. Al llegar se presenta contándole
los títulos y aprendizajes que había obtenido tras años de sacrificios y largos estudios.
Después de una presentación tan erudita, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos de la sabiduría
Zen.
Mientras el guerrero y filósofo hablaba, el maestro le ofrece cordialmente té, y aparentemente distraído, vierte el té en la
taza del guerrero hasta el tope y sigue haciéndolo hasta que se desborda. El guerrero le advierte al maestro que la taza
está llena y que no admite más líquido y éste se está escurriendo.
El sabio tranquilamente replica: “exactamente, señor. Usted viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?

Todo mundo entiende, o eso es lo que se dice, la importancia de saber escuchar y de ser
escuchado. Parece obvio señalar los beneficios y las implicaciones profundas que conlleva en el
desarrollo humano y en el desarrollo social, no obstante vale considerarlas.
En el nivel individual tal vez el aspecto más importante de escuchar al otro sea que nos permite
descentrarnos, reconocer que ante la realidad y sus condiciones existe diversidad de perspectivas
con una validez inherente, pues cada persona experimenta y crea su realidad (sus valores, sus
referentes, sus significados) sobre la que actúa y se construye. Escuchar a los demás nos permite
reconocer nuestra propia forma de construir nuestro mundo, identificar bajo cuáles premisas lo
hacemos y valorar si son adecuadas o requieren ser modificadas. Escuchar es una forma de verse
al espejo.
Asimismo, escuchar al otro es la forma más básica de solidaridad y la base de la solidaridad es la
compasión: nuestro fundamento más profundo, la base inherente de nuestra humanidad
compartida. La humanidad es una realidad de contrastes, pues no se caracteriza por seamos
buenos o malos, sino porque su dinamismo nos lleva a encarnar sus límites más sublimes y más
oscuros, y esta dualidad es la que nos permite elegir el mejor camino, pero si bien el camino es
individual, nunca es en soledad. Escucharnos compasivamente nos permite identificar las
relevancias, los contrastes y los accidentes de nuestra geografía personal, así como valorar y
apreciar el camino en lo que éste se termina…
En el nivel social el saber escuchar no es solo una necesidad sino un imperativo. Ha tomado
muchos siglos de historia –conflictiva, dialéctica, cíclica, dolorosa- comprender y arribar con
tropiezos a sistemas de organización que nos permitan poner más y mejores condiciones para
realmente, humanamente, convivir haciendo real ciertos valores como el respeto, el
reconocimiento mutuo y el trabajo por el bien común. Nuestros sistemas sociales no son, ni
podrán serlo nunca, perfectos, justamente por el carácter ambivalente de nuestra humanidad, no
obstante, estamos dotados de recursos para ajustarlos, construirlos y reconstruirlos.
La democracia, por ejemplo, no es un sistema perfecto, sin embargo, pone las condiciones
justamente para identificar sus propios fallos y regularlos lo mejor posible incorporando formas

en alguno punto desvinculamos y fragmentamos esas realidades. sino sobre todo para facilitarnos los unos a los otros una vida interior sana y abierta. porque un ámbito interior personal es la base de todo cambio social. a mantener la boca cerrada mientras el otro habla. En este sentido. sino que nos acepta incondicionalmente. inteligente y productiva.para reconocer e integrar las diferencias entre personas y grupos y trabajar con ellos. ¿Cuál es la condición para escuchar al otro? Hacer silencio. Hacer silencio. Hacer silencio se refiere a mantener nuestros pensamientos a raya. Esto no quiere decir que ignoremos. así como tampoco identificarnos con las ideas y condicionamientos del otro. la comunicación suele ser fluida y liberadora. implica sin duda una confianza básica sobre la complejidad y empuje del dinamismo humano. está manifestándose. por lo que las ideas que pensamos o que nos comunican son en realidad bastante inestables y frágiles. de consenso. Frecuentemente cuando un buen amigo. Al igual que nosotros está cambiando.nuestra atención primeramente a la persona de enfrente mas que a lo que está diciendo. hacer silencio tiene la condición de estar plenamente presente al otro. o que no respondamos inteligentemente a él. es necesario e inaplazable trabajar y educarnos personalmente para construir una vida interior saludable. lo esencial aquí es entender que el otro está expresando. puede . sino sobre saber escuchar. En esta reflexión se parte de la premisa de que para que la sociedad sea capaz de enfrentar adecuada y realistamente sus problemas y pueda dar salida con viabilidad a los retos históricos más urgentes. especialmente compasiva. no obstante. nuestra atención. es hora de volver a lo esencial. nos escucha realmente lo que agradecemos no son los consejos o recomendaciones que pueda hacernos sino que justamente no intenta corregirnos u orientarnos. El saber escuchar entonces es una competencia y una condición para la paz. poner toda –toda. las cuales son inherentes a nuestra forma de convivir. Pero hacer silencio no ser refiere a no hablar. sino que la atención está puesta a la totalidad dinámica y en flujo de quien demanda. estar de una pieza y ser todo-sentidos para nuestro interlocutor. nuestros oídos. sino una forma de organización social que implica fundamentalmente la participación de todos en temas de interés público. aspectos esenciales para la convivencia. de negociación. que no presentemos atención al mensaje. por un momento. y que en el simple acto de escucha atenta nos sirve como un espejo terapéutico que refleja nuestras inquietudes. Es fundamental entender que los conceptos y pensamientos que tanto defendemos tienen una incontrovertible condición de impermanencia. Pero esta reflexión no es sobre la importancia de escuchar. Ése es el verdadero desafío de quien escucha. la pareja o un colega. Y cuando somos capaces de hacer silencio interior y no proyectar nuestras ideas y condicionamientos. estamos lejos de haber desarrollado esa capacidad que es urgente no solo para la convivencia social y la paz. a no permitir de entrada que todo el proceso de interpretación y proyección personal –toda esa verborrea mental que se expresa invariablemente en juicios y valoraciones producto de nuestras expectativas e ideas fijas de lo que debe-ser o de lo que “nos gustaría” que fuera-. pues sabernos escuchar permite formas de acuerdo. nos pre-dispongan y se viertan sobre nuestro interlocutor. sino como condiciones o escenarios para expresar nuestras más elevadas potencialidades. los problemas por lo tanto no son vistos como aspectos negativos. Y es que a pesar de que vivimos en una sociedad democrática y plural. de concesión. en este sentido es necesario subrayar que la democracia no es solo una forma de gobierno. no solo personal sino social.

Siempre con una taza vacía. siempre fresca. en el aquí y ahora. con sus recursos. etc. formular y confrontar. radica en nuestra capacidad de vaciar y aquietar nuestra mente mientras nos relacionamos. padres y madres. terapeutas.que intervenga para ayudarnos a aclarar. con el otro de una manera siempre nueva. Es casi dramático: buena parte de la paz social que tan urgentemente necesitamos y que buscamos en todos lados radica en nuestra capacidad de hacer silencio interior. favorecer que seamos nosotros quienes encontremos una salida. pero no como una reacción intelectual sino como el resultado de quien intenta entender sin interpretar el lugar desde el que estamos e intenta. Ésa es la razón por la que las personas con esta habilidad son tan invaluables y le hacen un gran servicio a quienes les rodean: maestros. .