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Contexto histórico

A principios de los años `70 la autodenominada “Revolución Argentina” (1966-
1973) comienza a encontrarse en un callejón sin salidas, ya que no logra dar
respuestas políticas para contener los altos niveles de conflictividad, donde se
abre un ciclo de levantamientos obreros que encuentran su pico más alto en el
Cordobazo en 1969. Tras esa experiencia se abre el camino hacia la emergencia
de organizaciones revolucionarias que desde 1970 adoptan la táctica de lucha
armada para derribar al sistema capitalista. También en esos años comienzan a
surgir en el terreno sindical tendencias combativas y con una incipiente orientación
socialista conocida como el “sindicalismo clasista”.
Ante este panorama de crisis política y social, sumado los signos de recesión
económica y el creciente aumento inflacionario percibido en 1971. La dictadura,
con Lanusse a la cabeza, buscar generar una “salida política” a través de GAN
(Gran Acuerdo Nacional) cuyo objetivo será intentar reconstruir la legitimidad
estatal por parte de la clase dominante, otorgándole al sistema político el mayor
consenso posible en pos de debilitar y frenar el avance en organización y
movilización de la clase trabajadora.
El GAN como salida institucional- legal de la dictadura (y de la clase dominante)
implicaba un acuerdo con la burocracia sindical y reincorporando a la legalidad de
los partidos políticos, incluyendo al peronismo como fuerza política (tras 18 años
de proscripción). Para muchos pensadores este hecho significo la “desactivación”
de una posible radicalización hacia la izquierda que se venía gestando en el
movimiento obrero desde principios de la década del `60.
El llamado a elecciones en marzo del ´73 genero un desacople de la acción entre
la izquierda, donde se resolvieron posturas desencontradas. En este sentido el
Frente Justicialista de Liberación (FreJuLi) con Campora como candidato
peronista obtuvo un gran éxito bajo la consigna “Liberación o Dependencia”
contando con el apoyo del peronismo como así también desde sectores de
izquierda. Por tanto “la estrategia de Perón cumplía así un doble propósito:
Recuperaba, ahora en forma ampliada, el papel de fuerza política totalizadora que
podía reunir bajo su mandato no solo a las más diversas vertientes ideológicas,
sino también las diferentes expresiones clasistas de la sociedad argentina,
cobijada todas en el remozado proyecto de “comunidad organizada”.
(Lobbe;2009;43)
El Pacto Social
El segundo ciclo de gobiernos peronistas (Campora, J.D Perón, Isabel Perón) es
atravesado por un mismo plan, con que con algunas variaciones se expresa en lo
que se conocido como “pacto social”. En 1973, la Confederación general del
trabajo (CGT) representando a la burguesía, la Federación Agraria (FAA) en
representación de los pequeños y medianos productores rurales, la Confederación
general del trabajo (CGT) en representación de los trabajadores peronistas y el
Estado firmaron un acuerdo, en sus formas , estratégico a los fines de detener el
proceso inflacionario progresivo y ascendente. Sumadas a las corporaciones
anteriores, la Unión industrial argentina (UIA) también apoyo el pacto.
El acuerdo se basó en el congelamiento de los precios de todos los bienes y
servicios, en simultáneo a un único aumento del 20% del salario de los
trabajadores. El aumento salarial se efectuó bajo la condición de congelar los
salarios durante los dos años posteriores al pacto. En definitiva, el objetivo del
pacto sugiere el acuerdo entre el capital y el trabajo por medio del asistencialismo
paternalista del estado, comprendiéndoselo como por encima de la lucha de
clases. Esté se orientó hacia la construcción de una serie de condiciones que por
un lado lograsen aplacar la organización autónoma de la protesta obrera, mientras
que por otro lado se garantice a la burguesía la tasa de ganancia pretendida.
Luchas obreras durante el pacto social
Siguiendo la caracterización de Werner y Aguirre, la resistencia obrera desplegada
durante el pacto social tomó la forma de luchas moleculares definidas por su no-
coordinación. Estallaron conflictos sociales en ramas diversas de la producción y
la cultura, pero careciendo de una coordinación articulada entre sí. Los autores
distinguen tres periodos en los conflictos obreros a los fines de analizar la forma
mediante la cual se expresaron y las transformaciones que los conflictos han
atravesado. La primera de ellas comienza con la asunción de Campora en 1973 y
culmina con su renuncia y la subsiguiente asunción de Perón en el ’74. La
segunda transcurre contemporánea a la presidencia de Perón, mientras que la
tercera etapa de crisis del pacto social tuvo lugar entre julio de 1974 hasta los
primeros meses de 1975.
Sin embargo para Lobbe las luchas que se abren en este periodo “una línea de
fractura horizontal en el interior de la estructura sindical donde las conducciones
nacionales burocratizadas siguen conservando la dirección de los gremios, sus
recursos económicos, y su papel de interlocutores ante los empresarios y el
estado, pero comienzan a perder aceleradamente el control fabril. A su vez dentro
de las plantas aparece un nuevo activismo que comenzó a manejarse de en forma
crecientemente autónoma, lo que lo llevaba a chocas muchas veces con las
conducciones gremiales oficiales”(Lobbe;2009;55). En este sentido la experiencia
de las coordinadoras viene a abrir una nueva faceta, donde los conflictos obreros
rompen la atomización y desarticulación para plantear una unidad de acción
adoptando acuerdos políticos básicos que sumeran la particularidad reivindicativa.

El Rodrigazo
El 4 de junio de 1975, el entonces Ministro de Economía argentino Celestino
Rodrigo, dispuso un ajuste que duplicó los precios y provocó una crisis en el
gobierno de Isabel Perón. Rodrigo quería eliminar la distorsión de los precios
relativos con una fuerte devaluación de 160% para el cambio comercial y 100%
para el cambio financiero. La tasa de inflación llegó hasta tres dígitos anuales y los
precios nominales subieron en 183% al finalizar 1975. Se produjo
desabastecimiento de gran cantidad de productos de necesidad primaria
(alimentos), combustibles y otros insumos para transportes.
El impacto de este plan de ajustes al pueblo conocido como “rodrigazo” genero
una aguda crisis en el gobierno peronista que estallo en las jornadas de protesta
en julio y julio de 1975, las cuales constituyeron uno de los hechos más
importantes en el proceso de luchas sociales en Argentina. Fueron sumamente
significativas ya que fueron las primeras huelgas generales que el movimiento
obrero organizo contra las políticas impulsadas por gobiernos peronistas.


Conflicto en la Ford, 1975 y las Coordinadoras Interfabriles
Decidimos analizar este conflicto ya que la dinámica que adopto dio un gran
impulso a la formalización de la coordinadora de Zona norte, a su vez dicha
experiencia cuenta con una serie de características que lo hacen sumamente
importante a la hora de analizar la conflictividad y el auge de movilización y
participación obrera propia del periodo a analizar.
La zona norte en aquel contexto cumplió con ciertas características que también
generaron un piso en cuento a las condiciones para que se desarrollen grandes
protestas y luchas. Por un lado allí se concentró una gran cantidad de
establecimientos fabriles, con implementación reciente en la década de 1960. Este
fenómeno de crecimiento genero un cambio cualitativo a nivel industrial, con
concentración empresarial que se reflejó en la disminución del número de
establecimientos, con un incremento en la demanda de mano de obra. A su vez el
sector dinámico de esta zona se hayo en la fuerza motriz, donde según Lobbe “el
ciclo de movilización obrera de junio-julio de 1975 y la conformación de la
Coordinadora Interfabil de Zona Norte del Gran Buenos Aires fue protagonizada e
integrada por los trabajadores ocupados en el sector industrial más concentrado y
de vanguardia del capitalismo argentino de entonces” (Lobbe; 2009:27)
Otro factor decisivo fue el análisis acertado de muchas fuerzas de izquierda que
en base a comprender estas condiciones objetivas concentraron sus fuerzas
militantes en en los establecimientos con mayor concentración obrera, esto se
combinó de manera positiva con la conformación de fracciones de obreros jóvenes
recientemente incorporados a la producción con un nivel alto de politización,
quienes se hallaban muy receptivos a las ideas revolucionarias.
La automotriz Ford, de capitales norteamericanos, se instala en la localidad de
General Pacheco, partido de Tigre en la década del 1960. El establecimiento en
sus inicio conto con 4 plantas donde trabajaban más de 7.500 operarios
distribuidos en 4 turnos. Estas magnitudes lo hacían el establecimiento industrial
más grande de la Zona norte del Gran Buenos Aires, tanto por su tamaño como
así también porque allí se utilizaban autopartes producías en fábricas más
pequeñas de alrededor.
Los obreros de esta empresa se organizaban a través de un cuerpo de delegados
con más de 130 miembros activos, quienes por tal magnitud podían hacerle frente
y no subordinarse a la burocracia sindical encabezada por SMATA. Por otra parte
“un elemento cualitativo destacado era la composición del colectivo obrero, donde
se combinaba la juventud de sus integrantes y un alto grado de politización. Si
bien las fuerzas políticas de izquierda no tenían mayoría en el cuerpo de
delegados, ni en la comisión interna, disponían si de una significativa presencia en
forma de delegados por sección y activistas, abarcando un arco ideológico muy
amplio (PC, PCR, La tendencia revolucionaria del peronismo y el PST). Todos los
testimonios coinciden, no obstante en afirmar que el PRT era la fuerza que mejor
se había implantado en ese complejo fabril” (Lobbe; 2009:114)
Los sucesos comienzan a principios de junio cuando trabajadores de la empresa
“Ford” ubicada en General Pacheco arman una “comité de reclamos” para
presionar a la comisión interna del SMATA sobre la discusión en base a la
apertura de las paritarias que se acercaba tras concluir la vigencia del “Pacto
social”. El conflicto se inicia por las posturas irreconciliables entre los trabajadores
por un lado y la empresa en unidad con la burocracia sindical que dirigía al
sindicato y el gobierno. Esta posición buscaba cerrar las paritarias con un aumento
insignificante, agravado por la crisis que genera el plan de ajuste conocido como el
“Rodrigazo”.
Frente a esta situación los trabajadores comienzan desde el 2 de junio a realizar
protestas con la dinámica de cese de actividades y asambleas permanentes que
se realizaban en los 4 turnos. Este estado de obreros en pie de lucha genera un
“efecto contagio” en fábricas de alrededor (Terrabusi y Wobron) donde los
trabajadores de dichos establecimientos adoptaron las mismas dinámicas. Ante
esto el SMATA se ve obligado a intervenir a través de su secretario adjunto,
Mercado, quien tras intentar desconocer la protesta, acusando de “subversivos” a
los activistas, es silbado y abucheado por la totalidad de los trabajadores.
El 16 de junio los trabajadores deciden en asamblea una movilización hacia la
central de la CGT, de SMATA, y finalizar la jornada de lucha en la plaza de mayo,
frente a la casa del gobierno nacional. En el nº 174 de “El Combatiente”
1
en una
entrevista a un trabajador de la Ford cuenta las amenazas de la burocracia
sindical que iba desde amedrentamiento hasta ataques físicos por parte de
matones del gremio, lo cual según el trabajador genero más bronca y aumento el
clima combativo, frente a esto los trabajadores votaron en asamblea la renuncia
de los delegados del SMATA y la elección de delegados de base. Esta jornada fue
un hecho de mucha relevancia para la época, ya que contó con la movilización
activa de más de 5.000 trabajadores, la cual conto con gran apoyo y legitimidad
social que se expresó en que la gente se iba sumando a medida que pasaba la
movilización, destacándose trabajadores de otras fábricas cercanas que
espontáneamente se unieron. Al avanzar la columna y tras lograr disentir a las
fuerzas policiales varias veces, cuando llegan por la noche a Vicente López, y tras
haber recorrido 17 km a pie, son interceptados por un gran operativo policial que
los obliga a detenerse, ante esto hacen una asamblea y deciden desconcentrarse
pero programando un paro de actividades que se extendió a muchas fábricas de
la zona, donde los trabajadores de la Ford invitaban a conforman una
coordinadora de obreros de base. De este proceso comienzan a nacer las
movilizaciones de las jornadas de junio y julio, como así también la “coordinadora
interfabril de Zona Norte”.

1
Organo de difusión del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).
Los resultados de la exitosa movilización genera hacia al interior de la Ford el
crecimiento en la confianza y el clima agitativo en los obreros, se sigue en estado
de asamblea permanente, con ceses de actividad y tomas simbólicas del
establecimiento. Hacia afuera la burocracia sindical se haya desbordada y crece la
referencia del activismo de izquierda, logrando ser reconocido como conducción
alternativa, donde “su propuesta de movilización vino a empalmar con la voluntad
existente en la base obrera; se produjo una solidaridad activa de los contingentes
de trabajadores de las fabricas cercanas (…). Dentro de las fuerzas estatales se
estaba produciendo una incipiente fisura en lo referente a cómo encarar la
respuesta a este tipo de marchas, que incluía una actitud pasiva por parte la
conducción gremial”. (Lobbe;2009:117)
Siguiendo con los sucesos que se relatan en el nº 173 de “El combatiente”, el 26
de junio se hace una asamblea general a la cual asisten la totalidad de los
operarios, Mercado informa que se había logrado un aumento del 85% e intenta
poner en votación la toma del aumento, pero es nuevamente abucheado por todos
los trabajadores, y frente a la presión de las bases se compromete en negociar un
aumento del 100%.
Estos avances de las bases por encima de la burocracia sindical se vuelven a ver
en la asamblea del 9 de julio, donde los trabajadores deciden desconocer los
mandatos de los delegados del SMATA y votar el armado de un “comité de lucha”
por el aumento del 100%, incremento salarial de emergencia, pago de salarios
caídos y no cumplimiento del descuento propuesto por la CGT” (Lobbe, 2004:3).
Luego de esta asamblea “prosiguieron los paros, los abandonos de planta, la
paralización de la producción, y otras medidas de fuerza en que los obreros
expresaron su combativa decisión de hacer escuchar sus justos reclamos, contra
la patronal explotadora, la burocracia de José Rodriguez y el Gobierno” (“El
Combatiente”;1975:15).
Ante esto la respuesta del gobierno, la empresa y el gremio es declarar ilegal la
huelga, despedir a más de 300 trabajadores e instaurar un régimen de control
policial al ingreso y en el interior de la fábrica. Así “el lunes 14 de julio en un
operativo policial perfectamente coordinado donde la represión del gobierno y de
la fábrica unieron sus fuerzas, se controló e identifico a todos los operarios que
acudían a trabajar y lista en mano, funcionarios de la empresa y policiales
impidieron la entrada a planta de una larga lista de trabajadores, que
posteriormente recibieron telegramas de despido, consumando asi un nuevo
atropello contra los trabajadores” (“El combatiente;175:15).
Si bien en el periódico citado se afirma que “pese a todo no hay espíritu de derrota
en los compañeros, lo cual unido al clima de indignación brinda valiosos
elementos para dar formas consistentes a la resistencia dentro de la planta”. Y
agrega: “La lucha en FORD ha pasado a tener nuevas formas. Ella tiene ahora
dos frentes principales: por un lado la organización de los despedidos para la
lucha por la reincorporación y por otro lado la organización clandestina dentro de
la planta, para dar fuerza y continuidad a la resistencia desde adentro” (“El
Combatiente:1975:15). La efectividad de la acción represiva paralizo la iniciativa
obrera, obligando a un repliegue y una paulatina vuelta al trabajo. “En términos
organizativos, el descabezamiento de la Comisión de Reclamo no pudo ser
fácilmente remontado debido a la instalación del control represivo. De todas
maneras, el activismo que no pudo ser detectado reinició medidas reivindicativas,
pero en condiciones de semi-clandestinidad. Esta presencia y actividad se puede
rastrear en sucesivas acciones de protesta protagonizadas antes del golpe militar
del 24 de marzo y aun después, sin alcanzar empero la margnitud de junio y julio
de 1975” (Lobbe, 2004:3).
El conflicto analizado de Ford se enmarca en un conjunto de luchas que se dan al
interior de distintos complejos fabriles de la zona norte, zona sur, y zona oeste del
Gran Buenos Aires, y la Capital Federal. Al calor de estos conflictos surgen las
Coordinadoras Interfabriles como instancias de representación y organización de
la clase obrera, a partir de la articulación lograda entre las instancias organizativas
que agrupaban a los obreros por lugar de trabajo (comisiones internas y cuerpos
de delegados) en las respectivas zonas.
No se presentaron como instancias de organización paralelas de los órganos
sindicales institucionalizados, sino que dentro de su perspectiva se planteaban
recuperar los sindicatos como órganos primordiales de organización obrera. Sin
embargo, se originan, además, como producto de las prácticas de la burocracia
sindical, que tendía siempre a limitar la participación en los sindicatos con el
objetivo de que las luchas no desborden la propia estructura sindical. La lucha por
la homologación de los convenios colectivos y las paritarias en junio y julio de
1975 expone de algún modo cómo las bases desbordan a la dirigencia sindical
para converger en formas organizativas de carácter autónomo.
La lucha por las paritarias alcanza uno de sus picos el 27 de junio, cuando en el
marco del paro convocado por la CGT, se mostró a núcleos de activistas de
distintos establecimientos coordinando acciones para la movilización a plaza de
mayo. Luego de la movilización se planteó la necesidad de mantener un estado de
alerta y movilización, estableciendo de hecho mesas de enlace y coordinación que
reunieran activistas y representantes de distintos organismos de base. Siguiendo a
Lobbe, podemos establecer que es “el bautismo en acción de las Coordinadoras
Interfabriles” (Lobbe, 2009: 125).
El 28 de junio se realizó el Primer Plenario de Gremios, Comisiones Internas y
Cuerpos de Delegados en Lucha de Capital Federal y Gran Buenos Aires. En
dicho encuentro se resolvió un plan de lucha para enfrentar la negativa del
gobierno peronista a homologar los convenios colectivos. El plan de lucha incluía
formas organizativas, como la difusión de la asamblea de base como herramienta
principal, demandas económicas, como ser la homologación de los convenios y la
defensa del salario mínimo, y algunas tímidas demandas políticas, como la libertad
sindical y la libertad de presos políticos y activistas sindicales. El 3 de julio sucedió
la masiva movilización sobre la Panamericana convocada y organizada por la
Coordinadora Interfabril de zona norte, mientras que la Coordinadora de Gremios
y Comisiones Internas de Lucha de la zona sur realizaba la propia con una
masividad importante.
El Segundo Plenario de las Coordinadoras de Capital y Gran Buenos Aires se
realizó el 20 de julio con el objetivo de analizar los resultados de las
movilizaciones de junio y julio, y plantear un nuevo plan de lucha para avanzar
sobre algunas conquistas que aún tenían un carácter parcial (no todos los gremios
fueron atendidos en sus reclamos por la homologación). Este plan de lucha
presentó un matiz político más profundo dado que entre sus principales
reivindicaciones se encontraba el pedido explícito de renuncia de todo el gobierno
peronista. No fue meramente reivindicativo sino que se dieron efectivamente
movilizaciones, asambleas y paros en varios establecimientos que aún esperaban
por la homologación de sus respectivos convenios colectivos (como en el caso de
Ford). No obstante, ya sobre finales del mes de julio las acciones y movilización
obrera comienzan a disminuir debido a que desaparece la lucha por paritarias
como el elemento unificador, dando paso a un proceso de reflujo en las luchas de
la clase obrera. Más allá de esta merma en la movilización, las Coordinadoras no
desparecen ni dejan de funcionar, sino más bien que se recuestan sobre las
coordinaciones zonales dejando la Coordinadora Metropolitana con un carácter
formal. Hasta marzo de 1976 se encuentran en lucha contra el Plan Mondelli, con
cierta reactivación de la movilización de las bases, que se corta con el golpe de
estado del 24 de marzo.
La estructura de la Coordinadora Interfabril de Capital Federal y Gran Buenos
Aires da cuenta de la búsqueda de consolidación y avance sobre las formas
organizativas que se daban los activistas sindicales, profundizando espacios de
convergencia, y estructurando las prácticas de coordinación. Por otra parte, era
también una muestra de la formalización de los vínculos entre las organizaciones
políticas a través de sus cuadros político-sindicales.
El principal objetivo que se plantearon fue la unificación de las luchas a partir de
una coordinación con base zonal que se centralizara en una con carácter regional.
La práctica política que caracterizó a las coordinadoras fue la democracia de base,
donde los delegados - representantes elegidos democráticamente - de cada
fábrica respetaban los mandatos de su asamblea correspondiente, y al mismo
tiempo, las propuestas debían contar con la aprobación de las bases. Por otro
lado, el consenso era la forma resolutiva que se bregaba en la toma de decisiones
para evitar la manipulación entre organizaciones políticas, y la unanimidad como
mecanismo a través del cual se debían aprobar las resoluciones tomadas.