JUNIO 2014 LA BARCA

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REVISTA DE
CREACIÓN
DIGITAL LA
BARCA
Juan Enrique Soto
LITERATURA CINE FOTOGRAFÍA
LA BARCA
JUNIO 2014 LA BARCA
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Editorial
Cuesta entender cómo es que
suceden determinadas cosas en
nue s t r o mundo; no nos l a s
explicamos; no concebimos que
otros seres humanos sean capaces
de realizar determinadas acciones
con sus semejantes. Pensamos que
el ser humano no es así, no es tan
cruel ni malvado, ¿no?
Lo que real mente deberí amos
plantearnos no es el por qué de esos
actos sino que en el mismo momento
en que se lee este breve texto, en
cualquier parte del mundo, ahora
mismo, alguien sufre, alguien hace
sufrir, del mismo modo que alguien
goza y alguien hace gozar.
Somos todos eso y solo vemos lo
que quer emos ver o, qui zá,
benévolamente, lo que podemos ver.
Es nuestra grandeza y también
nuestra i nsi gni ficanci a. El ser
humano devora y es devorado. nada
cambiará eso… jamás.
Pero no hay que rendirse. El bien
existe, hay un bien para todos, al
margen de credos y morales. Solo
hay que decidirse a hacerlo, solo hay
que elegir.
Bring back our girls, a todas ellas.
¡Buena travesía!
El editor

PORTADA
Bring back our girls, por José Ángel
Santamaría
LITERATURA
Poesía: ¿A qué hora se acuestan los
girasoles?, por JES
Libro del mes: Antagonía, de Luis Goytisolo
Novela: Un pueblo llamado Insidia, por JES
CINE
Libro-cine: La balsa de piedra, por Rafa
Montañés
4x4 Cine: Her
FOTOGRAFÍA
El momento decisivo: Cartier-Bresson: Tan
orgulloso, por JES
Fotografía del mes: El signo de nuestro tiempo,
por JES
La Revista de Creación Digital La Barca es una
publicación de difusión mensual de carácter
gratuito editada por Juan Enrique Soto en formato
pdf.
El editor de esta publicación no comparte
ne c e s a r i a me nt e l a s opi ni one s de s us
colaboradores.
Cualquier sugerencia, crítica o propuesta de
colaboración será dirigida a la dirección de correo
electrónico jesoto@cop.es
Editada por Juan Enrique Soto en Griñón,Madrid.
ISSN: 2254-0539
JUNIO 2014 LA BARCA
Poesía

¿A qué hora se acuestan los girasoles?, por JES


Qué puedo alegar yo
si no hice las Américas
ni las Guineas como León;
si no he partido al destierro
dejando atrás muertos y recuerdos
con una maleta llena de miedo y sonetos
para morir allí, solo, como Antonio;
si no he mirado a los ojos,
de frente, temblando, del fusilero
que padecía igual temblor, creo,
espero,
como Miguel;
si no he suspirado ante el último camino,
el que jamás habría de recorrer,
a la espera del aguijón mortal,
traicionero,
como Federico.
Qué puedo alegar yo
si no he vivido apasionadas venturas,
ni enderezado entuertos,
ni cantado coplillas,
ni impresionado almas
con espléndidas palabras;
si no me he elevado con la mística,
ni destruido mi espíritu,
ni vivido de la limosna,
ni humillado el orgullo,
intacto.
Qué puedo alegar yo
que pude guiar mis pasos
a voluntad,
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que el buen destino no me fue esquivo,
que puedo estrenar una pluma
con cada verso,
que alcanzo sueños lejanos con mis manos,
que me aman.
Qué puedo alegar yo
si tengo quien me escuche,
si conmuevo con una caricia,
si riego flores en mi jardín,
si no hay quien me censure,
si soy capaz de amar.
Qué puedo alegar, salvo
que construyo mi ser
con pesados ladrillos,
que mis amigos de la infancia
van quedando en las cunetas,
que mis libros de colegio fueron prestados,
subrayados y garabateados por otros niños
que los estrenaron,
que escalé las abruptas paredes
del barrio humilde y cruel,
que miré a los ojos
de todos los que me miraron
y escuché sus consejos,
sus vítores y sus fracasos.
Qué puedo alegar, salvo
que sufrí al abandonar senderos seguros
y me aventuré en la incertidumbre,
que abracé el silencio
y la soledad,
que saludé y despedí con un gesto
niños que no llegaron a pasar
a mi lado del río.
Qué puedo alegar, salvo
que me conmueve la conversación
de nieto y abuelo,
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un bordado primoroso,
una mirada y sus lágrimas,
una ráfaga de viento,
las notas de un tambor
y una flauta;
salvo que me excita un secreto compartido,
un pliegue de escote,
un te quiero,
un desafío,
una injusticia,
un desplante,
mil alegrías.
Qué puedo alegar yo,
salvo que siento
mis pasos sobre el mundo,
la arena de un mar de olas,
el escalofrío del rayo,
la sonrisa maquillada del payaso,
el retortijón del hambriento,
la fiebre del revolucionario,
la lógica sinrazón del demente,
la cuchillada de la víctima,
el azote del recién nacido.
Qué puedo alegar yo,
para ser poeta,
salvo que me acuesto
sobre terrores de tierra
arropado por pétalos amarillos,
esperando la hora
en que se acuestan los girasoles
para escribir un verso
entre sueño y sueño.

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El momento decisivo
CARTIER-BRESSON

En homenaje a tan magnífico fotógrafo, cada mes una de sus fotos
dará lugar a una narración, en un juego cómplice de creación entre
la imagen y la palabra.


Tan orgulloso

Pues no podía sentirse más orgulloso, con
esa sonrisa que amenazaba con salírlese de
la cara y todo por tener el dudoso honor de
llevarle dos botellas de vino peleón al
capitán, su capitán, el capitán de todos en el
barrio, que, si acaso, le correspondería con
un azucarillo de los que hurtaba en el café
donde arrastraba sus horas y días, que así,
amargo, se tomaba con tal de tener una
moneda de cambio que ofrecer al rapaz, ese
renacuajo de rodillas desolladas que tanto le
recordaba a él cuando de polizón ascendió a grumete en aquel carguero que durante
meses crujía sus óxidos sobre el océano cansino y bamboleante, del que hizo su hogar
hasta que el abuso del opio, de las meretrices de puerto de pescadores y aventureros
que lo arriesgaban todo por nada, le contagiaron la enfermedad que consumió su vista y
deterioró su paladar hasta el punto de que solo con vino malo, como el que el chiquillo le
traía de la bodega, que aún le fiaban sin comprender porqué, si de tanto pagar mal, ya
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olvidó cómo se paga, con ese orgullo del deber cumplido, presumiendo ante las chicas
de la responsabilidad adquirida a pesar de vestir aún pantalones cortos, es decir, de ser
todavía un niño, y todo por un azucarillo, el derecho a ponerse su gorra, tan vieja y
gastada como su calavera, y escuchar a él dedicada una historia de anciano lobo de
mar, aunque sea repetida, que ya las agotó todas porque no tuvo días bastantes para
vivir lo que le hubiese gustado vivir antes de que el vino le hiciera olvidar las ganas de
vivir que una vez tuvo.















Próximo mes:
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Libro-cine, por Rafa Montañés

La balsa de piedra, de Saramago y Sluizer

Curiosa novela del maestro Saramago, incluida
en el género que podemos llamar “Qué pasaría
si…”, aunque quizá no llegue a estar a la altura
de otros títulos suyos que plantean esas
disyuntivas ya famosas en sus textos, como “Las
intermitencias de la muerte”, “Ensayo sobre la
lucidez” o su mejor obra “Ensayo sobre la
ceguera”, siempre en mi opinión, caro.
Aquí el escritor nos plantea, con esa habitual
forma de relatar tan… ¿Peculiar? ¿Polémica?
¿Original? (Sin la mayoría de los signos de
puntuaci ón, i ntegrando di ál ogos en l a
escritura…) las consecuencias que traería si una
grieta separara la península de Europa y la
hiciera navegar a la deriva por esos mares de
Dios. En consecuencia, una serie de personajes
con virtudes especiales, se dedicarán a ir
juntándose por azar, cruzando juntos “la piel de
toro” de un lado a otro, esquivando el caos que domina en todas partes.
Es una oda a la amistad, al compañerismo, pero al mismo tiempo una crítica feroz a la
Europa de las naciones y a la política del primer mundo en general. Un intento de
abanderar el “iberismo”, de resaltar los lazos de unión que existen o deberían existir
entre españoles y portugueses. Diría que es su obra más política, de entre las que he
podido leer. Pero la afronta con un humor ácido, corrosivo, golpeando donde más
duele, con una ironía que pocos saben conseguir.
George Sluizer es el nombre del director encargado de plasmar esta novela en la gran
pantalla, pero fracasa en el intento de filmar algo brillante. Acostumbrado a tramas
policiacas de secuestros y films de suspense, no acabo de entender por qué afronta este
tipo de cine más filosófico, que tanto se aleja de sus trabajos habituales. El resultado es
una cinta que nos cuenta la aventura de un grupo de gente extraña, paseándose por
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España y Portugal en un Citroen “Dos caballos” o en carro, ya más adelante,
entrelazando sus relaciones, sin acabar de dejar demasiado claro por qué. Elige la parte
de la historia que aborda el compañerismo y la soledad como epicentro, pero al
espectador que no haya leído la novela le dejará totalmente frío, pues le faltan datos
para entender lo que ocurre entre ellos. Además, pasa de puntillas por el eje central del
relato, la grieta en los Pirineos, que es al fin y al cabo lo primordial. Lo resuelve con un
par de apariciones de la noticia en los informativos.
Cuenta con actores de renombre, como Federico Luppi , Gabino Diego o la popular
directora de cine Iciar Bollain, que le dan un valor añadido al largometraje, pero no
acaban de salvarlo.
En definitiva, una gran novela muy recomendable, sobre todo si eres afín al universo
Saramago, mal versionada en el cine por un director que da la sensación de que no
acabó de entender bien lo que leyó.


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4x4 Cine

Her

Mmm… No.
Decepción total, señor Spike Jonze. Me
esperaba más de un director capaz de
sorprender por su originalidad con "Cómo ser
John Maljkovich" o incluso con "Adaptation, el
ladrón de orquídeas", que, sin ser obras
maestras, destacan por ser cine diferente al
“borreguismo” que hay ahora. Pero en HER lo
original se queda en la sinopsis. (Un hombre
que su trabajo consiste en escribir cartas para
terceros, se enamora de un sistema operativo
instalado en su disco duro) El resto es paja.
Lenta, por momentos incluso aburrida,
pretenciosa, hasta el punto de que la parte que
más me ha interesado de la película es la que
habla de su relación anterior. Confieso que
tenía curiosidad por saber cómo enfocaría el tema, pues si alguien lo podía hacer bien
es este director. Pero es que nos quiere vender una moto que no cuela. Nos quiere
hacer creer que las relaciones por internet llegarán a ser así y nada más lejos de la
realidad. Cuando uno se enamora virtualmente lo hace porque sabe que el de enfrente
existe, es de carne y hueso, sea feo o guapo, bajo o alto, gordo o delgado...no porque
sepa mucho de estadística, o tenga una voz sensual.
Si a eso le añadimos que Joaquin Phoenix (Theodore es su nombre en el film, para más
inri) tiene menos sangre que una ameba. No, no estoy de acuerdo con muchos de
vosotros, este señor todavía no me ha demostrado que sea un buen actor), la
conclusión que saco finalmente es que el intento ha sido fallido.
RAFA MONTAÑÉS

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Phoenix (Theodore) le aporta corazón y sinceridad al personaje, pese a que tiene un
fondo triste, incluso en cuanto a la capacidad que tiene el recién divorciado de
divertirse, de ser feliz. Leía en una entrevista a un medio cinematográfico muy famoso
que Joaquín Phoenix encontró la historia “fascinante”, aunque estaba envuelto a todas
horas en la que se convertiría en su actuación nominada al Oscar de ‘The Master’.
“Cada vez que teníamos la oportunidad, el director de la película y yo hablábamos del
guión y de los personajes y fue genial ver cómo se desarrollaba”.
Esa fue mi impresión. ‘Her’ es una película que ha sido tejida, no escrita sin más. Spike
Jonze, director y guionista del filme, demuestra que ha cuidado cualquier detalle por
pequeño que sea, en cada escena, en cada secuencia… Jonze emplea un estilo muy
particular con una gran dosis de perspicacia en la historia. Al fin y al cabo, aplica una
mirada muy distinta a la naturaleza del amor. ¿Uno puede
enamorarse de forma virtual? ¿Y querer mucho hasta el punto de
confiar en esa persona que jamás ha visto, que no tiene forma, que
es un simple -perdón por lo de simple- sistema operativo? Brillante.
CARMEN VILA
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Me quedé algo frío. Y sentí una grandísima necesidad de volverla a ver para meterme
enseguida en la historia (me costó un poco la primera vez).
Si te digo la verdad, la vi con ganas, pero me fui desinflando y perdiendo interés.
Cuando acabó me dio rabia porque tenía la sensación de haberme perdido algo.
Lo cierto es que la historia me recuerda mucho a uno de los episodios de “Black
Mirror” (Ya compraron uno de los episodios para hacerlo película), aunque con una
versión más “yanki”. Pero en realidad creo que la historia no da para tanto rato. En
cincuenta minutos hay de sobra. La estética es guay y Phoenix lo borda (de las veces
que menos). Pero como digo, se nota que es un episodio alargado.
En definitiva: muy bien hecha, bien actuada, pero deja un regusto de: o no la he
entendido del todo o al final han jodido la peli... Tienes que ver esa y más series,
Montañés.
JULI MILLETS

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Para aquellos que ya habíais visto "I'm here" (2010), el mediometraje de Spike Jonze
que narra la historia de amor entre dos robots, habréis podido comprobar como ambas
películas comparten teorías parecidas. Y es que Spike Jonze no sólo nos traslada a lo
que puede ser el futuro que está llegando a nuestras vidas, sino que además está
empeñado en hacernos creer que la tecnología del futuro se parecerá más al ser
humano, pudiendo así sentir y sufrir como lo hacemos nosotros. Es por ello que en
ambos filmes se muestran historias de amor en las que, o el ser humano es cada vez un
ser más tecnológico o la tecnología desarrolla unos comportamientos y formas de ser
similares a las de los humanos.
Además, en "Her" (2013), el personaje protagonista interpretado por Joaquin Phoenix
también nos hace reflexionar sobre dos tipos de miedo: por un lado, el miedo a amar, a
una relación, a un compromiso; y por otro, el miedo a esa inseparabilidad que tenemos
de la tecnología y al mundo que ésta está construyendo a nuestro alrededor. Y es que
estamos conviviendo tan de cerca con ella en nuestro día a día que, para bien o para
mal, la tecnología nos está cambiando. La pregunta es: ¿Tanto como para que podamos
enamorarnos de un sistema operativo? Si lo pensamos detalladamente, de alguna forma
ya estamos "enamorados" de dispositivos tecnológicos que nos rodean porque no
podemos vivir sin muchos de ellos pero, ¿Hasta dónde vamos a llegar y cuál es el futuro
que está por venir? ¿Es "Her" la representación del mundo en el que vivirán nuestros
hijos?
MONICA RUIDO
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El libro del mes

Antagonía, de Luis Goytisolo

Terminé de leer Antagonía, de Luis Goytisolo.
Como en tantas otras ocasiones, descubrí este
título gracias a las reseñas críticas de mi
apreciada revista Letras Libres, dirigida por
Enrique Krauze y que se edita mensualmente
en Méjico y en España.
Antagonía es una obra de enorme envergadura,
con sus más de mil cien páginas. En su
interior recoge a su vez varios libros, lo que
llevó a confusión entre el público en sus
primeras ediciones, pues se publicó en cuatro
entregas que, por sí solas, podrían pasar por
obras independientes y de gran calidad. Sin
embargo, las cuatro forman una unidad, una
totalidad indivisible, coherente y formidable
siendo su heterogénea unión, su asombrosa
fuerza literaria.
Goytisolo se propuesto crear una obra total
que abordara proceso creativo literario completo. Para ello, diseñó una estructura
compleja, exhaustiva y, al miso tiempo, tremendamente original.
En la primera parte nos muestra al personaje que acabará convirtiéndose en escritor, o
al menos, el que desea llegar a serlo; en la segunda, se mezclan sus sueños con las notas
y borradores que plantea de cara a su futura obra; en la tercera, le vemos desde el punto
de vista de un tercer personaje que, desvelando sus propios secretos, nos muestra al
autor ficticio desde un ángulo diferente; por último, en la cuarta parte, leeremos la
novela que el personaje ha escrito.
Así pues, como en un juego de espejos infinitos, Antagonía es novela dentro de la
novela, creación dentro de la creación, literatura dentro de la literatura. y todo ello,
aderezado con la técnica de escribir novelada en un viaje asombroso en el que
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Goytisolo renuncia a privar al lector del más mínimo detalle esencial sin abrumarlo con
lo innecesario. Y aun así, la vastedad de la obra es digna de mención.
Ambientada en el entorno catalán de la posguerra española, y en determinado pasajes
en el parisino, el retrato que nos ofrece no solo de los personajes sino de toda la
sociedad burguesa del momento, fundamentalmente de la juventud de clase media que
juguetea con la clandestinidad comunista, convierte a Antagonía no solo en una obra
maestra literariamente sino también en un profundo ensayo socio-psicológico de toda
una época de nuestra historia.
Escrito todo ello, a su vez, con una libertad absoluta, en un tono crudo, expeditivo,
elocuente y sumamente explícito, desde lo sexual a lo escatológico, desde lo filosófico a
lo político.
No resulta fácil su lectura, es cierto, pues no ofrece oportunidad al descanso. Leer
Antagonía supone adquirir un compromiso exigente, un esfuerzo continuado,
maratoniano podríamos decir. No hay pasajes en los que uno pueda evadirse, ni
diálogos que aceleren la lectura. Antes al contrario, es un texto denso, apretado,
concentrado, riguroso y con figuras literarias de gran brillantez e inteligencia. Pero la
recompensa que ofrece es solo equiparable a la que se obtiene con la lectura de las
obras universales de las que esta novela tiene vocación.
Leer Antagonía es como escalar un ocho mil y contemplar desde la cumbre la vastedad
del mundo circundante y la de la intimidad personal tan inaccesible como esa cima.
Una obra, por tanto, que hace crecer y madurar al lector. Una obra inconmensurable,
toda una maravillosa aventura de leer.
Pero, claro, todo esto no es sino una opinión, mi opinión.
He leído la edición de Anagrama del 2012, de 1120 páginas.
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Novela

Un pueblo llamado Insidia (y XIV)

El jefe de policía reaccionó de inmediato y agarró del brazo al alcalde para
arrastrarle hasta el coche. Arrancó y se lanzaron a toda velocidad hacia la comisaría.
Gracias al vehículo patrulla llegarían los primeros y ganarían aunque sólo fueran unos
minutos y alguna oportunidad tendrían de aguantar a la masa descontrolada o, por lo
menos, de armarse y defenderse con mayores posibilidades. Pero se equivocó. De nada
sirvió que atrancaran la puerta principal y que cerraran los demás accesos. Beatriz
seguía inmóvil acurrucada en el sofá de su despacho, bajo una manta, con los ojos
abiertos pero sin expresión, sin brillo. Llovieron piedras que rompieron todas las
ventanas. La fachada fue destrozada por la locura de la multitud que acabó derribando
puertas con arietes improvisados. Aguilar llegó a empuñar una escopeta y cargarla en un
desesperado intento de que el metálico y poderoso chasquido del arma les intimidase.
No tuvo opción ni de disparar al techo. Se le echaron encima como locos y fue víctima
de un feroz linchamiento. Néstor gritaba horrorizado. Un golpe en la cabeza le dejó
inconsciente, le agarraron entre varios y le arrojaron a la calle a través de una de las
ventanas destrozadas. Otros ya se abalanzaban sobre la chica que se dejaba llevar como
un pelele.
-¡Sacrificio! ¡Sacrificio!
En pocos minutos el silencio en la destrozada comisaría fue total. El viento
aventaba los papeles que volaban como pájaros que huyen. Néstor se removía tirado en
la calle, dolorido. Cerca caían rayos como lluvia de luces. Algunos de los rayos
reventaban casas y árboles. Se desataron varios incendios que crecieron poco a poco
favorecidos por el viento. Alzó la cabeza entre gemidos. Tenía nublada la vista. Se
incorporó muy despacio. Sin duda, debía tener rotas algunas costillas. Un nuevo rayo
cayó sobre la comisaría y provocó otro incendio. Entró renqueando en busca de
Aguilar. Lo encontró en el suelo, junto a su escopeta. Le manaba sangre de la cabeza, la
misma sangre que manchaba la culata del arma. Le examinó de cerca. Aún estaba vivo
pero le habían hundido el cráneo. El incendio en el edificio se propagaba con rapidez.
Como pudo, entre horribles dolores, arrastró a su compañero inconsciente hacia la calle
tirando de sus brazos hasta que lo sacó de la comisaría. Se tendió exhausto a su lado en
mitad de la calle. Las llamas consumían una a una todas las habitaciones del edificio y se
asomaban por las ventanas destrozadas como si quisieran dejar patente su poder
anunciándolo al viento. La munición explotaba. Una columna de humo intensa se
elevaba hacia el cielo naranja y se mezclaba con otras columnas que se hermanaban en
abrazos negros. En una de las habitaciones se consumía el teletipo y en una hoja de
papel, que había escupido hacia unas horas sin que nadie la leyera, se anunciaba la
llegada de un tornado de máxima categoría destructiva acompañado de tormenta
eléctrica y recomendaba la adopción de medidas urgentes para alertar a la población y
protegerla, hasta que el papel se desintegró en cenizas.
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Beatriz fue llevada brazos en alto como un saco de peso muerto. También,
cuando se les caía a los porteadores, fue arrastrada por los suelos hasta que la muchacha
perdió el conocimiento por los golpes. La izaron entre todos de piedra en piedra por la
colina. Arriba, en la Roca, los religiosos esperaban confiados la llegada de la víctima.
No apreciaban las columnas de humo que se levantaban desde el pueblo ni las llamas
visibles desde allí.
Pasaron con la chica junto al poeta, empujado por los que deseaban agarrarla y
ayudar a que llegase arriba cuanto antes. León, desesperado, consiguió sujetarla y
atraerla hacia sí en un abrazo que los demás de momento no entendieron protector. El
poeta lloraba con desconsuelo.
-¡Soltadla! ¡Monstruos! ¡Animales! ¡Soltadla!
Jordán estaba a su lado.
-¡Calla insensato! ¡Te van a matar a ti también! –Le farfullaba -¡Nos vana a matar
a todos por tu culpa!
Pero la gente tiraba de la chica y se la arrebataron.
-¡No! ¡No! –Gemía León acurrucado en el suelo.
Su viejo libro de Aristóteles se le cayó al suelo y fue pisoteado por los hombres
y mujeres bestializados que ascendían con la chica a cuestas. Santos Cruz permanecía
junto al poeta. Jordán también. El cartero miraba el libro en el suelo con la frente
arrugada en una duda. El maestro miraba al poeta. Santos Cruz recogió el libro, sacudió
el polvo de las hojas y miró de nuevo al poeta. El cartero y el maestro se miraron.
-¡Aquí hay otro! –Gritó entonces Santos Cruz con todas sus fuerzas- ¡Aquí hay
otro! ¡Tiene libros prohibidos! ¡Aquí hay otro!
Y fue tal su esfuerzo que pronto encontró quien le escuchase entre los truenos
incesantes y los alocados vecinos que barruntaban alrededor. Señaló al poeta que yacía
llorando en el suelo y mostró el libro como la prueba irrefutable de su traición. Las
manos cayeron sobre León. Tiraron de sus ropas y de su pelo blanco. El poeta gritó de
dolor. Fue levantado y el anciano de pie consiguió ver a su compañero Jordán. Elevó
hacia él una mano suplicante.
-¡Ayúdame! –consiguió susurrar en un ahogo.
Santos Cruz miraba fijamente a los ojos de Jordán. El rostro del maestro era el
vivo rostro del pánico más demencial. Los ojos de ambos se encontraron. Arqueó una
ceja el cartero, intrigado. La multitud arrastraba a León aún con su mano extendida
hacia el maestro, que podía leer en sus labios, aunque no oír, la súplica de ayuda. Caían
rayos y truenos sin cesar. El cartero y el maestro no dejaban de mirarse fijamente hasta
que Jordán abrió la boca y gritó: “¡Sacrificio!” y corrió detrás de los otros que escupían
y golpeaban al anciano poeta.


Por el sur llegaba el tornado con su descomunal fuerza desatada. Estaba ya muy
cerca, pero nadie reparaba en él. Arrasaba cuanto encontraba a su paso como el
labriego que arranca las malas hierbas de sus campos sembrados con la guadaña. Su
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largo brazo giratorio aspiraba y engullía para escupir por los aires su destrucción
regurgitada.


Renqueando el alcalde había conseguido acercarse hasta los pies de la colina de la
Roca. Arrastraba una pierna y se sujetaba el pecho con los brazos.
-¡Dejad a la chica! ¡Dejad a la chica! –Trataba de gritar, pero su voz se ahogaba
entre toses sangrientas- ¡Yo mandé la carta! ¡Yo la mandé! ¡Ella no sabía nada! ¡Ella no
sabía nada!
Veía como Beatriz era izada a la Roca de los Sacrificios y un poco más abajo
creyó reconocer León, al que también elevaban como si fuesen un muñeco.
-¡Yo mandé la carta! ¡Yo mandé la carta! –Gemía Néstor entre llantos que nadie
escuchaba, de rodillas, sujetándose a sí mismo- ¡Yo mandé la carta! ¡Yo mandé la carta!

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La fotografía del mes

El signo de nuestro tiempo





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La Barca
© Juan Enrique Soto
Sugerencias y suscripciones en:
jesoto@cop.es
Juan Enrique Soto, nació en un pequeño pueblo cerca
de Frankfurt, Alemania, pero se crió en el popular barrio de
Vallecas, Madrid. Ha publicado la novela El silencio
entre las palabras con la Editorial Baile del Sol y La
Barca Voladora con Creápolis Impulsa.

Entre sus galardones literarios se destacan: ganador del
Primer Certamen de Relatos Himilce, finalista en el Tercer
Certamen Internacional de Novela Territorio de la Mancha
2005, ganador del I Concurso de Relatos de Terror
Aullidos.com y del Primer Premio de Poesía Nuestra
Señora de la Almudena, Valladolid. Ha sido finalista o
recibido mención en los certámenes V Hontanar de
Narrativa Breve, XVIII Concurso Literario de Albacete,
Primer Concurso Internacional de Cuente Breve del Taller
05 y Primer Certamen Literario Francisco Vega Baena.
Algunas de sus obras pueden encontrarse en diferentes
portales de la web.

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