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Contexto histórico
El origen étnico de las comunidades ubicadas en el área de estudio se
remontaría a ayllus de origen yampara y, asimismo, a población de mitimaes,
procedente de otros lugares de origen. Estudios etnohistóricos muestran el
movimiento poblacional que se dio, en el norte del actual departamento de
Chuquisaca, en la época del incario (Cf. Barragán 1994; Del Río y Presta 1995;
Julien 1995). En dicho territorio se hallaba el Señorío Yamparáez, de lengua
puquina, el cual, en la época pre-incaica, abarcaba un territorio extenso y tenía
fortines en su área limítrofe al Este, a fin de impedir el avance de los pueblos
Chiriguanos (para lo cual, probablemente hizo alianzas con grupos étnicos de
tierras altas, de lengua aymara). El señorío conservó su importancia cuando se
produjo la invasión Inca y la expansión del Tawantinsuyu. La administración
incaica reconoció a las autoridades yampara en un kurakazgo de sistema dual,
cuya cabecera principal estaba al Este, en Hatun Yampara (a una legua de
Yotala); su segunda cabecera se situaba al Oeste, en Quila-Quila. Por otra
parte, los incas reforzaron la frontera chiriguana, manteniendo fortines en
territorio yampara, hacia donde desplazaron mitimaes de diverso origen étnico.
Se trasladó igualmente mitimaes a los valles cercanos a dicha frontera. Ese es
el caso de Tarabuco y Presto, pueblos que -según documentos coloniales de
fines del siglo XVI- tenían población de mitimaes incas, de otros grupos étnicos
de tierras altas y de la región del Titicaca (qanchis, qanas, lupaqas, qollas, de
habla aymara), y de ayllus yampara. Posteriormente, todos estos pueblos
pasaron a formar parte del reordenamiento territorial establecido por el régimen
colonial, que concentró población instituyendo reducciones o “pueblos de
indios” para facilitar la evangelización y el control fiscal, dando continuidad a la
difusión de la lengua quechua, ya antes impuesta por los incas. Por otro lado,
-aparte de que las autoridades yamparas cedieron tierras a los españoles para
que se fundase la ciudad de la Plata –hoy Sucre-, la expansión de la hacienda
captó tierras comunitarias y a grupos étnicos heterogéneos como mano de
obra, desarticulando sus organizaciones políticas. Pese a todos estos
movimientos que -entre el incario y la colonia- fueron entreverando grupos
étnicos, éstos en el largo plazo confluyeron en un proceso cultural que condujo
a la construcción de una identidad de grupo. La misma se manifiesta hoy a
través de una cultura musical, donde vemos, a través del trabajo etnográfico,
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que no faltan elementos que remiten al incario, y otros que son resultado de la
reformulación que hicieron los indígenas de las fiestas religiosas católicas,
cuyas celebraciones fueron articuladas dentro de su calendario agrícola-ritual y
desde sus propias practicas culturales (del santoral se seleccionaron las fiestas
que coincidían con las fases de dicho calendario –lo cual se dio de forma
generalizada en los pueblos andinos).