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¿LE MANDO AL OPTÓMETRA?
por 
Maestra de Audición y Lenguaje y Psicopedagoga
Cuando un profesional sale de la facultad lo hace
con una “base” de
conocimientos que le abren las puertas al mundo laboral del ámbito para el que se ha formado, pero para todos es sabido que siempre hay que seguir formándose dado que muchas veces en la carrera vemos muchas cosas pero no se profundiza en nada o casi nada. Como maestra especialista en Audición y Lenguaje y psicopedagoga, tuve que estudiar y estudio sobre temas relacionados con las dificultades de aprendizaje, a la vez que se me advierte de la importancia del sentido del oído en el desarrollo del habla, del lenguaje y en el aprendizaje, la importancia de lo neurológico, de los procesos atencionales y de otras muchas cosas, pero echo en falta en mi formación como especialista en el ámbito de las dificultades de aprendizaje, un abordaje más profundo en temas relacionados con el sentido de la vista, que a mi parecer, se pasa por él muy
“de puntillas”
 si lo comparamos con otros aspectos mencionados antes y, llama la atención, si tenemos en cuenta que gran parte de la información que reciben nuestros alumnos entra por la vista. La cuestión es que llevo tiempo interesándome por el tema de las dificultades
de aprendizaje “asociadas” a
 disfunciones visuales porque observo que cada vez es más frecuente, dentro de nuestro propio ámbito de trabajo, que compañeros
(orientadores, psicólogos, psicopedagogos…
) recomienden acudir a un optómetra ante casos de dificultades de aprendizaje, y especialmente cuando estos se dan en el área de la lectoescritura, argumentando grandes beneficios. Tenía y sigo teniendo muchas dudas con respecto a la necesidad o no de estas y otras terapias
novedosas
 en casos de dificultades de aprendizaje, pero entiendo que somos profesionales que trabajamos a diario con niños con estas características y, en algún momento, nos podemos ver en la tesitura de tener que orientar o aconsejar a una familia sobre la existencia de ciertas terapias alternativas a las convencionales, la conveniencia, o no de realizar una evaluación a través de estos medios a fin de saber si es conveniente, o no, someter a su hijo/a a una terapia de este tipo. Siempre que nos pidan opinión, claro está. Como no conozco en profundidad el tipo de actividades que se llevan a cabo en estas terapias ni conozco el funcionamiento del sistema visual a la perfección (porque no soy ni óptico ni oftalmólogo) he decidido indagar, leer opiniones y recopilar información. En esa búsqueda de información me encuentro con defensores del uso de estas terapias ante casos de dificultades de aprendizaje desde diferentes ámbitos (fundamentalmente optómetras, pero también psicólogos, psicopedagogos, maestros, algún logopeda, algún que otro pediatra, alguna enfermera, algún oftalmólogo..), al
 
igual que con otros escépticos (oftalmólogos, neurólogos, neuropediatras, pediatras, psicólogos, algún logopeda
) E
stas líneas son únicamente una reflexión personal, por lo que antes de empezar quiero dejar claro que este escrito no es en ningún caso una manifestación en contra del trabajo que desempeñan los optómetras, trabajo que por otro lado, considero que puede ser de gran ayuda en algunos casos que, detallaré más adelante. Y aprovecho desde ya para pedir disculpas si alguno de mis comentarios provoca alguna suspicacia, puesto que entiendo que este tema es un tanto controvertido, a la vez que asumo que tras la publicación de este escrito me puede
caer “la del pulpo”
por aquellos que defienden este tipo de intervenciones.
Días atrás una compañera nos preguntaba si conocíamos algún optómetra porque a un conocido (niño/a) le habían dicho que tenía lateralidad cruzada y, en consecuencia, debía acudir a uno de estos especialistas. El concepto de lateralidad cruzada nos resulta familiar cuando trabajamos con alumnos con dificultades de aprendizaje. Hay quienes consideran que una mala lateralización o una lateralización no homogénea da como resultado dificultades de aprendizaje y otros que no ven esta condición como determinante. Indagando me encontré con un artículo escrito por un oftalmólogo que cuestiona el concepto de lateralidad cruzada y fundamenta su idea en que en individuos que no tienen problemas visuales (estrabismos, ambliopías o diferencias importantes de graduación sin detectar, entre otros) no existe dominancia ocular puesto que ambos ojos trabajan
a la vez y es “
nuestro cerebro el que, a la hora de integrar la imagen, decide fusionar, anular o dominar la información de forma selectiva y para cada minúsculo punto de nuestro campo visual
, y sostiene que
eso cambia a
cada instante”
. Cuestiona también la validez y eficacia de los test que se utilizan para valorar esa dominancia ocular
puesto que en ellos la persona se ve “obligada” a elegir con qué ojo mirar, ya
que no es posible mirar con los dos a la vez (1). Algunos optómetras por su parte, cuestionan estas afirmaciones comentando que ellos sí que encuentran en sus consultas esa dominancia ocular, basándose en distintos métodos de evaluación donde observan la dominancia motora, sensorial y direccional. Tras contrastar muchas fuentes y variados argumentos no he encontrado un consenso sobre si realmente existe esa dominancia ocular que explicaría algunos casos de lateralidad cruzada cuando no hay problemas visuales como ojo vago,
estrabismos…etc
. De hecho visitando algunos foros de optometría me encuentro, sorprendentemente, con que no existe consenso ni entre los propios optómetras. De igual modo que tampoco existe acuerdo sobre si hay que trabajar para cambiar esa lateralidad ocular cuando esta no coincide con la lateralidad manual (2, 3 y 4). Asomándome a nuestro propio ámbito me encuentro con que en una de las opiniones consultamente (concretamente en el blog del orientador Juan Cruz Ripoll) se expone lo siguiente (5): -
 
Es dudoso que los problemas de lateralidad produzcan dificultades de rendimiento escolar.
 
-
 
Se abusa de la etiqueta “lateralidad cruzada”, aplicándola a campos donde es
bastante forzado establecer que existe una dominancia (ojo y, sobre todo, oído). -
 
No hay pruebas de que las intervenciones para solucionar los problemas de lateralidad cruzada produzcan mejoras en el rendimiento escolar. Mientras, por contra, en la red existe gran cantidad de información donde se atribuye una gran influencia negativa de la lateralidad cruzada sobre el rendimiento de nuestros alumnos. En mi opinión, la lateralidad cruzada por sí misma no tiene por qué ser un problema. Hay niños con lateralidad cruzada que no tienen ningún problema en los aprendizajes, hay otros que no tienen lateralidad cruzada y tienen dificultades de aprendizaje y hay otros que tienen dificultades de aprendizaje y tienen lateralidad cruzada pero sus problemas no son sólo achacables a esa supuesta lateralidad cruzada. Hay, en definitiva, para todos los gustos. Existen otros trastornos como la dislexia o el TDAH ante los que se recomiendan este tipo d
e terapias asegurando “que les vienen muy bien”
 y que se obtienen muy buenos resultados, pero no he encontrado artículos en los que aparezcan estudios científicos que concluyan que estas técnicas sean útiles a la larga. Durante estos días he leído afirmaciones de optómetras como que
el 73% de los niños con dificultades de aprendizaje tienen un problema visual 
” o “
muchas veces la dislexia está relacionada con una limitación de la calidad visual del paciente que con terapia visual se soluciona
, mientras, otros exponen en su blog testimonios de padres de niños que resultaban estar casualmente
“mal diagnosticados” con dislexia o TDAH
 y todos ellos resultan no ser tales y que sin embargo si tienen un problema visual que no se ha detectado (¿¿¿???) (6). Esta última circunstancia es la que más me preocupa, porque si bien en mi opinión reconozco que el TDAH puede estar sobrediagnosticado y, en ocasiones, se emite este diagnóstico muy a la ligera, creo que no es tan fácil
“confundir” un cuadro como el TDAH con los
síntomas de desatención que pudiera manifestar un alumno por tener una disfunción visual, y lo mismo ocurre con la dislexia. Si es cierto que, como estos profesionales sostienen, desde nuestro propio ámbito de trabajo a la hora de diagnosticar
se “confunden” ambas problemáticas con
otras dificultades de origen visual, creo debemos reflexionar seriamente. Cuando un niño tiene un problema de origen visual no podemos hablar ni de dislexia primaria ni de TDAH y por tanto no termino de entender muy bien la entrada en escena de un optómetra en la intervención con alumnos que tienen estas dificultades de aprendizaje. Otra cosa es que el niño además de TDAH o dislexia tenga casualmente una disfunción visual que deba tratarse, entendiendo ambas entidades problemas independientes aunque puedan coexistir. Podemos aceptar que un problema visual puede hacer al niño rendir por debajo de su grupo de iguales, pero este no causa ni TDAH ni dislexia, ni todos los niños con TDAH o dislexia tienen que tener necesariamente un problema visual. Por tanto, si un niño presenta un cuadro de dislexia, TDAH u otro problema y además tiene una disfunción visual, si va al
optómetra, irá a tratarse de esa disfunción visual y no del TDAH, dislexia, autismo…etc.
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