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La deuda externa [editar

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Artículo principal: Deuda externa.

Es necesario remontarse a finales de la Segunda Guerra Mundial para encontrar los primeros nota 3 orígenes de la deuda externa. Toda Europa esta destrozada y famélica tras la Contienda y Estados Unidos consideraba que podía perder varios aliados si no se suministraban fondos para cubrir la reconstrucción y las necesidades más básicas. El general George Marshall confeccionó un plan para prestar 13 000 millones de dólares de la época a un interés del 1 % para la compra de alimentos, maquinaria y otras necesidades. Desde julio de 1947 aquel programa sería conocido como Plan Marshall y constituyó un éxito notable por su empuje decisivo a la reconstrucción europea (Moyo, 2009, p. 35). Al éxito del Plan se le sumó una prosperidad económica inusualmente larga, desde los años 1950 hasta principios de los 1970. Estos años de bonanza parecían indicar que se había encontrado la fórmula del capitalismo en continuo crecimiento. En este contexto el recién creado Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la banca privada comenzaron a conceder grandes préstamos con muy pocas garantías de devolución, las cuales no se consideraban necesarias por la coyuntura económica, el precedente europeo y las mejoras económicas constatadas en Corea del Sur, Singapur y la isla de Formosa, las cuales comenzaban a desarrollarse rápidamente. De esta forma los prestamistas y prestatarios olvidaban o minimizaban los problemas que supondría la devolución de grandes cantidades de capital, según Marc Raffinot (1994, p. 40). Asimismo también se pasó por alto que lo prestado por Estados Unidos a Europa Occidental fue una ayuda para la reconstrucción, no para el desarrollo (Moyo, 2009, p. 36). Pese a todo, sí se pidió un aval, el del propio pueblo solicitante, conocido como Riesgo País. Un aval como ese resultó muy atractivo durante varias décadas (Raffinot, 1994, p. 43) y los fondos se entregaban a empresas privadas, muchas creadas para tal fin, para financiar las inversiones en maquinaria, compra de suministros, contratación de personal y otras necesidades que tenían o decían necesitar; pero la deuda la asumiría el país en caso de impago. En muchas naciones, como las iberoamericanos, este proceso creo toda un fenómeno conocida como la plata dulce (Terragno, 1994, p. 175). Por desgracia para los pueblos avalistas, la corrupción solía y suele ser muy alta, se carecía y carece de instituciones fuertes que disuadieran de malas prácticas y muchos países no contaban con estabilidad política y social (Moyo, 2009, p. 35). Como consecuencia, buena parte de los préstamos fueron sacados de los países y llevado a cuentas en extranjeras. Se calcula que deBrasil salió algo menos del 20% de sus préstamos; pero naciones como Venezuela o Argentina desviaron más del 90%. De esta forma la década de los ochenta del siglo XX se dedicó casi por entero a pagar una deuda y sus correspondientes intereses con los que se había construido muy poco. A esa época se la conoce como la Década perdida, pues en ella poco se avanzó en el desarrollo y al mismo tiempo creo una considerable crisis de deuda que volvió más exigentes a la banca pública y privada (Raffinot, 1994, p. 40 y 42). Estas mayores exigencias crearon un problema de refinanciación, pues al solicitar más préstamos o créditos para saldar los que 17 vencerían pronto los prestatarios exigían más intereses. En numerosas ocasiones, políticos, intelectuales y ONGs reclaman la condonación de esta deuda por considerarla imposible de pagar, retardar del progreso o, incluso, impedir el desarrollo de las nota 4 naciones endeudadas. Sin embargo, y remarcando el carácter sumamente controvertido del subdesarrollo, la posibilidad de condonar dicha deuda es rechazada por las naciones o entidades

2007. p.prestatarias. indican otra solución más rápida y sencilla para saldar dichas deudas: que la pagaran los líderes de esos países de su propio bolsillo. debe recordarse que la mayor parte del dinero prestado fue concedido por entidades privada. podrían . caso de Donato (Ndongo. Asimismo. continua el autor. porque. cada uno la del suyo. 94). autores comprometidos con el desarrollo.