2012.

Año del Bicentenario de la Creación de la Bandera Argentina

La Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sanciona con fuerza de ley

Artículo 1°.- Incorpórase como incisos i) y j) del artículo 4.2.4, Capítulo 4.2 “Motovehículos y Ciclorodados”, Título Cuarto “De los Vehículos”, del Código de Tránsito y Transporte de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Anexo I a la Ley N° 2148, los siguientes: i. Guardabarros sobre ambas ruedas. j. El conductor será su único ocupante con la excepción del transporte de una carga, o de un niño, ubicados en un portaequipaje o asiento especial cuyos pesos no pongan en riesgo la maniobrabilidad y estabilidad del vehículo.

Artículo 2°.- Modifíquese el punto 6.1.60, del Capítulo I “Tránsito” de la Sección 6º, Libro II “De las Faltas en Particular”, del Régimen de Faltas, Anexo I a la Ley 451, el cual quedará redactado de la siguiente manera: “CICLORODADOS. El/la conductor/a de un ciclorodado que circule asido/a a otro/s vehículo/s o apareado/a inmediatamente detrás de otro; o el/ella no sea su único ocupante, a excepción del transporte de una carga o un niño ubicados en un portaequipaje o asiento especial cuyos pesos no pongan en riesgo la maniobrabilidad y estabilidad del vehículo; o no respete la señalización vial; o cuando el ciclorodado no cuente con espejos retrovisores, luces o elementos luminiscentes, o guardabarros sobre ambas ruedas; es sancionado/a con multa de 100 unidades fijas”. Artículo 3°.- Comuníquese.

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2012. Año del Bicentenario de la Creación de la Bandera Argentina

FUNDAMENTOS

Sra. Presidente:

Teniendo en cuenta la necesidad de prevenir accidentes de tránsito en que se encuentren involucrados ciclorodados y de minimizar sus efectos, corresponde determinar y promover normas de seguridad vial en el uso de aquellos.

El ciclorodado, categoría dentro de la cual se distingue a la bicicleta como especie, es un vehículo de transporte personal, y de propulsión humana. Sus componentes básicos son dos ruedas, generalmente de igual diámetro y dispuestas en línea, un sistema de transmisión a pedales, un cuadro metálico que comprende su estructura e integra sus componentes, un manillar para controlar la dirección y un sillín para sentarse. El desplazamiento se obtiene al girar con las piernas la caja de los pedales, que a través de una cadena hace girar un piñón, que a su vez hace girar la rueda trasera sobre el pavimento. Este vehículo de transporte personal, en la gran mayoría de los casos, ha sido construido para trasladar a una sola persona. En caso de querer acarrear carga o de llevar a un niño, deben agregarse mecanismos que lo permitan, tal es el caso de las sillitas especiales para niños y bebés. Es un medio de transporte sano, ecológico, sostenible y muy económico, ideal para trasladarse por la ciudad, evitando la congestión del tránsito. Su uso está generalizado en casi todo el mundo, configurando uno de los principales medios de transporte. En Asia, especialmente en China y la India, es donde se encuentran la mayor cantidad de bicicletas incorporadas al transporte diario de las personas. La seguridad en la bicicleta o ciclorodado implica diversos aspectos. El tipo de bicicleta determina en buena medida el uso específico que se la da, y, por lo tanto, la seguridad puede sufrir variaciones. Se pueden distinguir y separar los siguientes aspectos en cuanto a la seguridad: mecánica, equipo de protección y conducción. Desde el aspecto mecánico, entre las situaciones que reportan mayor inseguridad podemos mencionar el mal funcionamiento del sistema de frenado, y la existencia de componentes en mal estado o mal colocados que pueden fácilmente fracturarse, doblarse o desprenderse originando un accidente. La mecánica de la bicicleta y su mantenimiento es importante en la seguridad del
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2012. Año del Bicentenario de la Creación de la Bandera Argentina ciclista. Por su parte, el aspecto de la seguridad que corresponde al equipo de protección puede agruparse en dos: protección personal y accesorios de seguridad en la bicicleta. Por último, y no por ello menos importante, la calidad, observancia y prudencia en la conducción contribuye a la mayor seguridad en el andar del ciclorodado y de su propulsor.

Teniendo en consideración las conclusiones aquí expuestas, es que se ha notado un vacío legal en el régimen vigente en lo que hace a ciertos mecanismos que estimo contribuirán a promover una mayor seguridad en la vía publica, y a reducir la magnitud de los perjuicios sufridos por los conductores de ciclorodados ante un accidente de tránsito. Con este alcance, el presente proyecto de ley busca sumar a las exigencias ya legalmente establecidas para el acondicionamiento de bicicletas y seguridad de sus conductores, ciertos aspectos adicionales que previstos por la legislación nacional de aplicación, no han sido expresamente expuestos por el plexo normativo de la Ciudad de Buenos Aires. Me refiero específicamente a la inclusión de premisas establecidas en el artículo 40 bis) de la Ley Nacional de Tránsito (Ley 24.449), conforme fueran incorporadas por Ley Nacional 25.956. En primer lugar, exigir la colocación de guardabarros sobre ambas ruedas del ciclorodado ayuda a mantener la limpieza del ciclorodado y su conductor, y por ende evita que este fije su atención en cuestiones ajenas al camino y la conducción. En segundo lugar, restringir la forma y peso de la eventual carga del ciclorodado contribuye a evitar caídas o maniobras desequilibradas por exceso de peso, así como a minimizar la existencia de elementos que pudieran obstaculizar la visión del conductor. La falta de cumplimiento de cualquiera de los requisitos incorporados por este proyecto resultará en la aplicación de sanciones acordes a los mismos. Y a tales fines, deviene necesaria la correcta modificación de la Ley de Faltas de esta Ciudad. En este respecto, cabe mencionar que con la modificación propuesta al punto 6.1.60 de la Ley 451, también se elimina la sanción anteriormente prevista frente a la falta de uso de casco protector por parte del conductor del ciclo rodado. Esta eliminación se basa en dos fundamentos de relevancia. En primer lugar, la sanción por falta de uso de casco protector como actualmente se encuentra redactada en el punto 6.1.60 de la Ley 451, adolece de una falla en la técnica legislativa. La sanción recae sobre el incumplimiento de una conducta que no se encuentra establecida como obligatoria por la normativa. Sancionar una conducta no prohibida, o cuya obligatoriedad no se encuentre
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2012. Año del Bicentenario de la Creación de la Bandera Argentina regulada, carece de sustento legal. En estas circunstancias, lejos de buscar establecer la obligatoriedad de la conducta cuyo incumplimiento es sancionado, estimo conveniente tomar la decisión contraria: despenalizar la falta de uso de casco protector. Postura que se sustenta en los razonamientos que constituyen el segundo fundamento, y que a continuación expongo. El uso de cascos ha sido reportado como una razón de desincentivo frente al uso de bicicletas como medio de transporte cotidiano. La incomodidad en su uso, el peso del casco en la cabeza del conductor o la falta de libre movilidad constituyen algunas de las razones por las cuales potenciales ciclistas se ven desincentivados a la hora de evaluar el uso habitual de ciclo rodados. Asimismo, en la misma línea de argumentación, el uso de cascos puede ocasionar una falsa sensación de seguridad en el ciclista, provocando que éste circule con menor precaución, mayor negligencia y desconsideración de las consecuencias de su accionar. Si bien ciertos estudios aseveran haber comprobado que el uso de cascos resulta en la reducción en traumatismos entre un 39% y un 85%, numerosos otros estudios estadísticos han expuesto una falta de relación entre el uso del casco y la incidencia de traumatismos craneanos. Y aún en forma más relevante, algunas investigaciones incluso sugieren que el uso del casco eleva las probabilidades de colisiones de ciclo rodados con otros vehículos. En este escenario de múltiples posiciones, resulta innecesario y en algún punto contraproducente establecer la insoslayable obligatoriedad del uso de cascos, así como sanciones por su incumplimiento. Por el contrario, la promoción de campañas de educación y seguridad vial culminan siendo de mayor efectividad que la imposición de obligatoriedad de la conducta, abogando por lograr la adopción voluntaria de esta medida de precaución por parte de los ciclistas. Desde el lugar que nos compete, considero que debemos promover normas que contribuyan fuertemente a prevenir accidentes viales, y minimizar sus efectos, promoviendo el uso seguro y correcto de este medio sustentable de movilidad. Y ello no sólo teniendo en miras al conductor del medio de locomoción que pudiera ocasionarlos, sino también al resto de los transeúntes y conductores que pudieran verse perjudicados por la imprudencia, negligencia o impericia de aquel.

Por todo lo expuesto, solicito la sanción del presente proyecto de ley.

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