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el problema delintroducció desemple
A partir de la década de 1980 y, sobre todo la de 1990, debido a la presión de la mano de obra barata en los países del Tercer Mundo y como efecto de las deslocalizaciones de las empresas multinacionales, los países desarrollados empezaron a sacrificar la seguridad en el empleo en favor de una mayor flexibilidad en el mercado laboral. De esta manera, empezaron a suprimirse los contratos indefinidos por contratos temporales o hasta fin de obra, aumentaron las jornadas a tiempo partido y las horas extraodinarias de los trabajadores, y se incrementó el autoempleo, el trabajo temporal, el subempleo y todas las formas de empleo precario. Los efectos de los cambios y de la inestabilidad laboral sobre la salud se constituyeron en nuevas áreas de investigación dentro de la psicología del trabajo. El desempleo es un fenómeno relativamente moderno en la sociedad actual, aunque en España, desde la época del baby boom (finales de la década de 1960), nos hemos acostumbrado a convivir con él. Pese a que las sociedades industrializadas están haciendo grandes

esfuerzos por alcanzar el pleno empleo (tasas de desempleo de alrededor del 5 % se consideran simplemente paro técnico, necesario para la redistribución de los trabajadores en las empresas, es decir, pleno empleo), quizá sea el tributo que haya que pagar por anteponer la producción a las necesidades humanas. El trabajo es uno de los máximos valores del sistema, pero no se ha resuelto el problema de qué hacer con los individuos que no tienen acceso a un puesto en el mercado laboral. Obtener un empleo es una expectativa social y cultural adquirida desde la infancia y reforzada en la escuela y la familia. Cuando el individuo accede al mundo laboral adquiere una posición y una identidad social y personal que le identifica. El desempleo interrumpe este proceso y genera una experiencia de fracaso. Jahoda (1982) distingue entre las funciones manifiestas del trabajo, como el salario, y las funciones latentes, como la posibilidad de experiencias compartidas, la vinculación a metas o tener un puesto en la sociedad. A falta de estas funciones, incluso en los casos en los que están garantizados los
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económicos, sino sobre todo a la «ruptura» que supone esta situación y que puede propiciar trastornos afectivos o psicofisiológicos.

subsidios, el desempleo puede resultar psicológicamente destructivo. El malestar psicológico de los desempleados no se debe únicamente a la falta de recursos

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Abundantes estudios se han ocupado de las repercusiones psicológicas del desempleo: pérdida de autoestima, sentimientos de inseguridad y de fracaso, experiencia de degradación social, vergüenza o sentimiento de culpa, aspectos todos ellos que revelan un cambio importante en el concepto que tiene el individuo de sí mismo (Lennon, 1999). También muchas investigaciones han estudiado el efecto debilitador que tiene el desempleo como factor de estrés, propiciando una mayor incidencia de trastornos psicológicos, como depresión, ansiedad, etc. (Maastekasa, 1996). El desempleo conlleva una desvalorización ante los otros, especialmente ante la familia, y provoca la ruptura con contactos en el medio social y laboral. Una característica psicológica que proporciona el trabajo es que sitúa al individuo en una red de relaciones con un lugar definido y una determinada función dentro de una estructura social. De todas las variables implicadas en los efectos del estrés por desempleo, la que más apoyo empírico ha recibido es la del apoyo social. Hinkle (1999) demostró que los individuos con una rica estructura de relaciones sociales mantenían mejores niveles de salud que los sujetos con
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núcleos más reducidos, a pesar de que ambos grupos estuvieran expuestos a situaciones vitales amenazantes. El apoyo social tiene una relación indirecta con la salud al incrementar las habilidades de afrontamiento del estrés, pero la relación también es directa. Una adecuada red de relaciones sociales modifica la gravedad de las respuestas psicológicas y de salud de los desempleados. Se define como el sentimiento subjetivo de pertenencia a un grupo, de sentirse aceptado por él, y está demostrado que, más que el apoyo real, lo que importa es el apoyo percibido por el sujeto. El desempleo conlleva una pérdida en los nodos sociales por falta real de compañeros y por el descenso de la autoestima. Si se tiene en cuenta que el apoyo social constituye uno de los más importantes mediadores en la amortiguación de los efectos negativos del estrés sobre la salud y que el desempleo socava este apoyo proveniente de las relaciones de pareja, familia y compañeros, se puede afirmar que el desempleado es doblemente vulnerable a la enfermedad física y psíquica. El desempleo es considerado un suceso vital mayor. La mera noticia del despido

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provoca importantes cambios psicológicos, motivados por la valoración cognitiva negativa del evento. Al hacerse crónica, la situación de desempleo suele ir acompañada de un mayor número de situaciones de estrés diario (problemas económicos, maritales, familiares, etc.) y de una disminución de la capacidad para realizar logros instrumentales; todo ello, en conjunto, refuerza los sentimientos de baja autoestima, percepción negativa de uno mismo, desesperanza y fracaso. Las investigaciones sobre los efectos del desempleo se han centrado tanto en los antecedentes de la pérdida de trabajo como en las consecuencias derivadas del desempleo de larga duración, y normalmente han usado informes de los propios afectados y, con menor frecuencia, medidas fisiológicas de la respuesta al estrés. Fleming et al. (1984) estu-

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diaron las respuestas conductuales y bioquímicas que acompañan al desempleo y los resultados indicaron que cuanto mayor era el tiempo de permanencia en esa situación, más se empobrecía el repertorio conductual de los sujetos y más aumentaban sus niveles de norepinefrina y epinefrina. Estudios longitudinales informan de un número mayor de cambios vitales y mayor frecuencia de quejas somáticas en los desempleados en comparación con los empleados, evidenciando que el estrés asociado al desempleo puede provocar un aumento de la presión arterial. Es necesario conocer los procesos psicológicos por los que atraviesan las personas sin empleo para determinar las medidas de carácter preventivo que demanda esta población, entre las que hay que incluir también la intervención psicológica como un servicio más del concepto integral de la salud.

afrontamiento delintroducció desemple
Los resultados de las investigaciones sobre los efectos psicológicos del desempleo apuntan a serios y permanentes riesgos para la salud psicológica de los afectados, especialmente respecto a la depresión (Goldney, 1996). Otros estudios confirman que también la salud física percibida de los desempleados se ve perjudicada cuando la experiencia de estrés tiende a hacerse crónica. Así parecen manifestarlo las diferencias encontradas entre desempleados y empleados en el trabajo

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objeto de estudio, sobre la calidad de vida y síntomas somáticos. La situación de desempleo, igual que cualquier otro suceso estresante, es vivida e interpretada de manera diferente por cada persona, de acuerdo con una serie de circunstancias individuales: tipo de recursos psicológicos de que dispone y evaluación individual de los propios recursos de cada persona para enfrentarse al problema (Goldney, 1996).
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preventivos destinados a esta población: entrenamiento en reestructuración cognitiva, resolución de problemas, habilidades sociales, búsqueda de apoyo, etc., entendiendo que desempeñan una función mediadora entre las circunstancias estresantes y la salud. La relación directa más concluyente es, sin duda, la que se establece entre el apoyo social y la salud. En algunas investigaciones se muestra que, además, esta relación también influye de forma indirecta mediante la evaluación que se realiza de la situación y de los recursos y las formas de afrontamiento. Existen investigaciones que demuestran los efectos del apoyo social como moderador de las consecuencias del desempleo sobre la enfermedad. Comparando a sujetos del medio urbano y rural, estos últimos contaban con una red más amplia y compleja de relaciones, presentando no sólo un nivel mucho más significativo de apoyo social, sino también mejores índices en presión arterial, colesterol y otras características relacionadas con la enfermedad. El apoyo social se ha mostrado, pues, como un buen predictor de la aparición de trastornos físicos y psicológicos. El desempleo provoca la ruptura con una serie de contactos en el medio social del individuo y la pérdida de amigos relacionados con el trabajo. Esta variable actúa afirmando la propia identidad individual y facilitando las dimensiones cognitivas de resolver problemas, manifestándose como el mediador más importante en la disminución de las

Algunas formas de afrontamiento que se han relacionado positivamente con la salud son las siguientes: el grado de control que cree tener el sujeto sobre la situación, que en otros estudios se mostró relacionado con el nivel de depresión de los desempleados (Jackson, 1999), la reestructuración cognitiva y la basada en la búsqueda de apoyo social y profesional; otras respuestas, como la evitación y la autofocalización negativa mostraron relaciones positivas con varios síntomas somáticos. Otros estudios empíricos han confirmado que el afrontamiento pasivo, las respuestas de indefensión y una escasa expresión emocional parecen relacionarse con el incremento de glucocorticoides, lo que reduce la competencia inmunológica y aumenta la vulnerabilidad a enfermedades asociadas al sistema inmunitario; mientras que mantener cierto control sobre los eventos estresantes, el afrontamiento activo y las respuestas de fuerte expresión emocional se asocian a incrementos crónicos en la actividad simpática y catecolaminérgica y de la reactividad cardiovascular, lo que conlleva un deterioro en la estructura y función vasculares. Como se describe más adelante al hablar del resto de variables, al estudiar los tipos de afrontamiento son preferibles los estudios longitudinales a los transversales, puesto que, aunque en ambos casos el afrontamiento suele aparecer relacionado con la salud, no queda claro si esta relación es directa o bien su influencia se produce por alguna otra variable. Lo que resulta evidente es que las formas de afrontamiento deben ser tenidas en cuenta al diseñar programas
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consecuencias negativas del estrés sobre la salud. Si la situación de desempleo mina las fuentes de apoyo, el desempleado está expuesto por doble vía a la enfermedad física y psíquica. Fleming et al. (1984) demostraron que la situación de desempleo implicaba un decremento de la motivación que se refleja en un amplio abanico de respuestas de los sujetos. La exposición prolongada a un ambiente incontrolable puede producir decremento de la motivación y debilitamiento en la ejecución de tareas. Asimismo, encontraron que la motivación se deterioraba al hacerse crónica la situación de desempleo, mientras que los individuos que habían perdido su trabajo hacía pocos meses no mostraban esta característica. Como en otros estudios transversales, es preciso ser cauteloso con las interpretaciones causales entre distintas variables, en este caso, el desempleo, el estrés y la salud. No puede afirmarse que los individuos manifiesten mayor número de quejas de salud por haber perdido el empleo, o que el proceso sea el inverso. Las personas más desfavorecidas social y culturalmente son también más vulnerables a la enfermedad, incluso a presentar una esperanza de vida considerablemente inferior que la del resto de la población. Para Bartley y Ferrie (2001), estas personas son más propensas a la depresión y a otros trastornos psicológicos, como baja inteligencia, o actitudes fatalistas, lo que favorece el riesgo de desempleo. Pero estas variables interactúan entre ellas, generando un

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círculo vicioso entre condiciones sociales y estado de salud física y psíquica y por ello, son preferibles los estudios longitudinales a los transversales. A pesar de la evidencia existente sobre la influencia del desempleo en la salud, se sabe poco de los posibles efectos protectores de distintas intervenciones sociales. En un estudio con desempleados de varios países, Rodríguez (2001) puso en evidencia que los subsidios económicos no son suficientes para reducir el impacto del desempleo sobre la salud. La falta de recursos no es el único factor que afecta a los desempleados, como se ha descrito, sino la ruptura que supone con su mundo de relaciones, la carencia de nodos sociales y de un rol ante los demás; cuestiones que desembocan en la pérdida de autoestima y en dificultades para emprender nuevos aprendizajes, aspectos que deberían ser tenidos muy en cuenta, tanto al investigar como al diseñar programas de prevención. En los cursos de formación que las instituciones programan para facilitar la inserción laboral deberían incluirse intervenciones que contemplen el entrenamiento en habilidades destinadas a paliar los efectos negativos del desempleo. Es necesario tener en cuenta que los desempleados tienen necesidades sustanciales, como la de disponer de un lugar en la sociedad, y la necesaria autoestima para poder funcionar como miembros de un grupo que desempeñe unas funciones y realicen unas actividades que al mismo tiempo sean reconocidas y valoradas por los otros.
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