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Fragmento de predicación por el pastor

Alejandro Bullon, durante la campaña


del Madison Square Garden, New York,
USA

Hace un año y medio, dos años tal vez, fui a la ciudad de Presidente Prudente
en el interior de Sao Paulo. Estaba dirigiendo una semana de oración en la
iglesia y me dijeron: pastor, tiene que visitar a Laura. Hacia unos 15 días había
recibido el golpe mas brutal que una mujer puede recibir. Tenia una familia linda,
Laura toca arpa como nadie; ella es paraguaya pero vive hace muchos años en
Brasil, toca el arpa maravillosamente. Su esposo un hombre dedicado a la
iglesia, un hombre de esos que trabajan por las almas. Salía del trabajo, llegaba
a la casa, cenaba, hacían dormir a los niños y salía con Laura a hacer el trabajo
misionero. El predicaba y ella tocaba el arpa, el cargaba el arpa para ella. Y el
sábado en la tarde, los niños cantaban, Laura tocaba, él predicaba, era una
familia linda.

Un día a las siete de la mañana Laura, su esposo y los niños estaban cantando,
haciendo su culto matinal; antes que el esposo saliese para el trabajo, cuando
alguien toco la puerta, salió a abrir el esposo con la Biblia en la mano, salió para
abrir y ver quien era. Él abrió, y un hombre a 50 centímetros de él con una
escopeta de cañón corto, sin una palabra de explicación dio un tiro que hizo un
hueco en el pecho de él. Cayo instantáneamente muerto. Laura corrió, todos los
vecinos salieron a ayudar, el hombre ya estaba muerto. Laura se vistió de negro,
tenia el cabello largo hasta la cintura; y no recibía a nadie. Los vecinos y los
amigos ayudaban a alimentar a los niños porque Laura moría literalmente, iba
muriendo cada día.

Y fui a visitar a Laura, decirle ¿qué cosa?. Laura me reconoció, yo no la conocía


pero ella me conocía, aparentemente mi visita significo alguna cosa especial
para ella. Ella decía: Pastor, solo quiero que me responda una pregunta ¿Por
qué? y ahí me contó. Mi marido era así, era un buen hombre, un hombre digno,
trabajador, un hombre de Dios. Dígame, ¿Por qué?. Si al menos ese hombre
que lo mato hubiese dicho te mato por esto, pero ni siquiera esto.

¡Ah, hermanos! Decir que cosa a una mujer así. Termine la semana de Oración
en Presidente Prudente y fui a visitar nuevamente a Laura. Dentro de 2 meses
comenzaría el grande campamento de jóvenes en Brasil en el que se reunió
veinte mil jóvenes. Fui a visitar a Laura y le dije, Laura, la Unión te va el pasaje
para ti, para tus hijos, para toda la familia, el hospedaje, la alimentación en
nuestro campamento en Julio. Anda para allá, tu tocas el arpa bonito, para que
no sientas que estar recibiendo todo sin hacer nada por lo menos toca el arpa
allá. Y ella me dice, pastor, nunca mas, yo no quiero ver el arpa nunca mas en
mi vida. Ese arpa me recuerda a mi esposo, nunca mas quiero ver el arpa. Yo le
dije, de todas maneras la Unión te esta pagando todos los gastos para ir al
campamento, estas invitada, eres invitada de la Unión.

Pasaron dos meses. El campamento de Brasilia comenzó y un día la encontré


en una de las calles de la gran ciudad que habíamos construido ahí para los
jóvenes. La abrace, le dije Laura, que bueno que estés aquí. No le pregunte
nada del arpa. No le pregunte nada de nada. La sentí triste, pero un día ella me
busco y me dice: Pastor, los hermanos trajeron el arpa, no fui yo quien traje el
arpa, los hermanos trajeron el arpa. Yo nunca volví a tocar mas el arpa, yo no se
si me atrevería a tocar mas el arpa. Es algo que yo quiero olvidar.

Un miércoles de noche predique este sermón que estoy predicando hoy y conté
la historia de Laura. Dije, hermanos, Laura esta aquí esta noche y los hermanos
de la iglesia trajeron el arpa aquí, solo que yo quiero hacer una invitación. Aquí
esta el arpa y los hermanos trajeron el arpa, Laura, no se donde estés entre
esas veinte mil personas, pero a pesar que no entiendes, a pesar que hay un por
que enorme en tu cabeza, a pesar que tuviste ese sueño de vivir, de envejecer al
lado de tu esposo maravilloso, de ver tus hijos jóvenes junto con el, a pesar que
tu sueño parece que se hizo agua. ¿Quieres darle a Dios también el privilegio de
soñar? ¿Quieres decirle, Dios yo te doy el privilegio de soñar? yo se que tu
sueño es mayor y mejor que el mío. Si es así Laura, de donde estés ven y toca
el arpa.

Hubo como dos minutos de silencio y yo pensé que Laura no vendría, pero de
repente Laura apareció y subió al tablado. Estaba llorando, tomo el arpa y toco
un himno que ustedes conocen muy bien, Nos veremos junto al río. Veinte mil
personas podían ver a una mujer que renacía de las cenizas, que se levantaba
en medio del dolor y que le daba a Dios el derecho de soñar.
Tal vez nunca lo entiendas en esta tierra, pero un día Dios te mirara y te guiñara
un ojo y tu le dirás, Señor, tu tenias razón, solo que en esa época yo no lo
entendía, perdóname por favor.