CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE NICOLAS MADURO

PALACIO DE MIRAFLORES
SU DESPACHO.Señor Presidente;
Le escribo estas líneas para decirle que me siento muy orgulloso de haber nacido en
este país llamado Venezuela. Asimismo, le reitero que me siento doblemente
privilegiado por pertenecer a un gremio llamado el Cine Nacional donde es unánime
para cualquier persona que es de las pocas cosas que funcionan bien. Se lo digo
porque de todas las manifestaciones artísticas de este país, el cine es la única
protegida por una ley desde 1993, que se complementó con una reforma aprobada por
unanimidad de todas las fracciones políticas en la Asamblea Nacional en el año 2005.
Al mismo tiempo contamos con el Instituto de Previsión Social del Trabajador
Cinematográfico, Abicine, que vela por la salud de sus afiliados. Sr. Presidente, en el
cine como en cualquier otra actividad existen distintas visiones políticas pero lo que si
ha prevalecido es el bienestar de nuestra cinematografía por encima de todo.
Sr. Presidente, desde los años setenta he tratado de retratar al país donde me tocó
nacer porque estoy convencido que el cine es parte de la memoria de una nación.
El arte, aunque nosotros los autores no lo queramos reconocer, siempre tiene una parte
autobiográfica y, en estos momentos, me estoy recuperando de una operación de un
tumor cerebral, infortunado evento que me permitió confirmar que nuestra riqueza
humana se debe a una mezcla muy diversa que nos hace grandes y únicos por nuestra
diversidad étnica y cultural.
Sr. Presidente, el medico neurocirujano que me operó es hebreo venezolano, formado
en la Universidad Central de Venezuela con postgrado en Suecia; la cardiólogo es ítalovenezolana, también formada en la Universidad Central de Venezuela y la neuróloga,
maracucha, formada en la Universidad del Zulia; el oncólogo es de origen hindú nacido
en Venezuela con postgrado en Inglaterra. Los enfermeros y enfermeras que he tenido
oportunidad de conocer son de distintas regiones del país: de Barlovento, de Monagas,
de los Andes, de los Valles del Tuy, de Caracas y en lo que todos coinciden es en su
mística de trabajo. Como paciente uno se siente enormemente agradecido de haber
tenido la oportunidad de conocer a gente que siente pasión por su trabajo. La mayoría
de ellos trabaja en hospitales públicos y en lo que todos coinciden es en la falta de
insumos para atender a sus pacientes, muchos de ellos de bajos recursos, con
grandes dificultades para conseguir medicinas para salir de angustiosas enfermedades
y muchos de ellos al borde de la muerte.
Sr. Presidente, el soberano puede dejar de comer una arepa un día, o dejar de tomar
café, pero que el Estado no pueda garantizar la salud a sus ciudadanos es inadmisible.
Señor Presidente, piense lo que significa para un ser humano perder a un padre, a un
hijo, a un hermano. Yo soy de los que creen que hay que incluir a los excluidos. Incluir
para mi significa que el Estado está obligado a garantizar a sus ciudadanos el derecho
a la salud, la alimentación, la seguridad y la educación. Sr. Presidente, ¿sabe cuántas
vidas se podrían salvar y cuántas medicinas podríamos comprar con el precio de un
tanque de guerra, o esos aviones Sukoy para una supuesta pelea contra el Imperio?
Sr. Presidente, después de diecisiete años, es evidente que hay algo que se está
haciendo mal. Ya que empezamos hablando de cine, quisiera confesarle que mis
películas funcionan, no porque yo sea el mejor Director sino porque entiendo que el
cine es un trabajo de equipo y siempre he tratado de rodearme de los mejores
profesionales de este país. Sr. Presidente llegó la hora de cambiar a los actores.
Busque en la Sociedad Civil a los posibles sustitutos y, para continuar hablando de
cine, es muy importante también cambiar de vestuario: los uniformes tampoco han
funcionado.
En nombre de mi familia, de mi hija y mis nietos, le escribo esta carta pública.

He sido crítico y también objetivo cuando he visto logros pero esta circunstancia que
me tocó vivir me ha hecho reflexionar muchísimo acerca de la situación de la salud en
Venezuela por la que tanto ha luchado mi familia por cinco generaciones. No quiero
que mi silencio me haga cómplice de una realidad que no comparto. Sr. Presidente,
ojalá usted no tenga que vivir una experiencia similar para cambiar de rumbo. Todavía
estamos a tiempo. O me pregunto ¿quiere Ud. esperar el resultado de las elecciones
de Gobernadores y Alcaldes para tomar decisiones? El soberano es sabio como dijo el
Presidente Chávez, y lo demostró el 6 de diciembre de 2015: ya la mayoría no está
contenta.
Se despide de usted.
Atentamente,
Diego Rísquez
Director de cine
Caracas, 19 de abril de 2016
Postdata:
Sr. Presidente, seguimos aquí y seguiremos luchando por tener cada día un mejor país.

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