Caracas, febrero de 2016.

SPINOZA: EL FILOSOFAR DE UN HEREJE
Por Adrian Torres Marcano
El 27 de julio de 1656, el siguiente texto, en hebreo, fue leído frente al arco
de la sinagoga en el Houtgracht:
(…) Por decreto de los ángeles y por el mandato de los hombres
santos, nosotros excomulgamos, condenamos, maldecimos a
Baruch de Spinoza, con el consentimiento de Dios, por siempre
Bendito, y con el consentimiento igualmente de toda la santa
congregación, y ante estas sagradas escrituras con los 613
preceptos escritos en ellas; cargue él con la excomunión con la
que Josué destruyó Jericó y con todos los castigos consignados
en el Libro de la ley. Sea maldito durante el día y sea maldito por
la noche; sea maldito cuando repose y maldito cuando se
levante. Sea maldito cuando salga y maldito cuando entre. El
Señor no tendrá piedad con él, sino que desatará su cólera y su
celo contra este hombre; todos los castigos que están escritos
en este libro caerán sobre él, y el Señor borrará su nombre del
reino de los cielos y lo hundirá en el mal separándolo de todas
las tribus de Israel, de acuerdo con todos los mandatos de la
Alianza que están escritos en este libro de la ley. Pero vosotros
que estáis unidos siempre al Señor vuestro Dios permaneceréis
vivos en este día.
¿Quién es Spinoza? ¿Por qué fue objeto de tal anatema? Spinoza (16311677), es un filósofo holandés, judío excomulgado y pulidor de lentes, que en
el siglo XVII, elabora una filosofía como cuestionamiento radical a toda una
forma cultural dominante. Haciendo del filosofar, una acción desde la
reflexión y el pensar crítico, respecto a la realidad, el mundo y la vida; obrar
que se expresa como una actividad, que pertenece por igual a todos los
hombres y mujeres.
Este filosofo, se identifico con la causa republicana holandesa. Defensor de
la libertad de pensamiento y demócrata radical, que se enfila en su filosofía
contra todo dogmatismo, fanatismo y superstición, por considerarlas formas
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de dominación política y religiosa. Situación que lo hace un filosofo hereje y
maldito, al margen de la concepción dominante del pensamiento occidental,
situada en la filosofía judeo-cristiana, establecida en la idea de una finalidad
trascendente, en el que el humano, tiene un lugar privilegiado entre los
demás seres; que subordina a la materia y todo lo corpóreo a la mente, y
sostiene una idea de dios entendido como monarca, juez y legislador, que
amparó todo el ejercicio despótico del rey, y su ejercicio político como
dominación desde el miedo y la superstición.
La única realidad, inmanencia y crítica al finalismo metafísico:
¿Cuál es el punto de partida de Spinoza? Su filosofía, parte de la afirmación
de una única realidad (sustancia), que concibe como actividad constante de
producción inmanente, estableciendo una horizontalidad entre las diferentes
formas en la que se expresa la realidad, entre todos los seres (modos de ser
la realidad), incluyendo el humano. No hay primacía entre los atributos de la
sustancia; pensamiento y extensión; y en consecuencia, entre la infinitud de
modos que ésta produce. Sólo hay un plano de inmanencia, en la cual lo
modos se desplazan y se relacionan entre sí como realidad dinámica. En la
naturaleza no hay finalidad. Todo sucede por una interior necesidad.
En la Ética demostrada según el orden geométrico (Ética), sostiene que
“todas las causas finales son, sencillamente, ficciones humanas” (Ética,
Apéndice). En esta tesis, elabora un contradiscurso, desde el filosofar, que
busca desvelar los mecanismos de dominación a través del ejercicio del
poder teológico-político en la producción cultural. Planteamiento que le
cuesta la excomunión de la comunidad judía holandesa, lo cual implicó, ser
ignorado, maldecido, separado y aislado de la judería, por el hecho de
ejercer la libertad de pensamiento.
Para la concepción teológica-política, la subordinación a la autoridad se
asume sin cuestionamiento. Los dogmas religiosos son trasladados a las
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relaciones sociales; el culto al Estado como algo separado de la sociedad, el
mesianismo político, la exigencia del sacrifico con la esperanza de un
paraíso que jamás llegará, el monopolio de una única verdad, y cuyos
efectos, son el fanatismo que se recrea en la violencia religiosa, la violencia
política, la violencia social.
Spinoza, otorga un lugar de suma importancia a la conciencia ética alejada
de las amarras religiosas. Se aleja de esta manera de todo sentimiento de
culpa de una religión fundada en el pecado original, que señala a la materia y
al cuerpo como expresión degradada de la realidad. Esto hace que Spinoza,
doscientos años antes que Nietzsche estableciera que la ética no consiste en
el cumplimiento de una norma moral, sino que es un estilo de vida.
La filosofía de Spinoza es un esfuerzo por realizar una actividad teórica
orientada a la vida práctica fundada en la condición común de todos los
hombres. De allí, que se proponga no una filosofía prescriptiva sino un
pensamiento situado desde una perspectiva crítica, desde una potencia del
pensar que es comprensión de la realidad, denunciando concepciones
(prejuicios, dogmas, fanatismos) que nos separan de la vida.
La potencia del deseo que somos:
El hombre y la mujer son unidad cuerpo y mente, que son partes de la
realidad.

Son cuerpos pensantes, son deseos (conatus), es decir,

conservación de sí y deseo de vivir felizmente y vivir bien, de acuerdo con la
razón; una racionalidad que no excluye a la irracionalidad, y no ejerce un
poder despótico sobre los afectos de alegría o tristeza, sino que los
comprende, afirmando aquellos que potencie al sujeto, los cuales son afectos
de alegrías; amor, generosidad, solidaridad, contento de sí; conteniendo a los
afectos tristes, que devienen en odio, melancolía, envidia, resentimiento. En
la Ética, afirma que “el deseo es el apetito acompañado de la conciencia del
mismo. (…) nosotros no intentamos, queremos, apetecemos ni deseamos
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algo porque lo juzguemos bueno, sino que, al contrario, juzgamos que algo
es bueno porque lo intentamos, queremos, apetecemos y deseamos”.
De esta forma, el deseo es la potencia de la naturaleza expresada en los
hombres y mujeres. El deseo o fuerza de existir (vis existendi) encuentra su
móvil en la alegría y la tristeza. La alegría aumenta la capacidad de obrar y
afectar, por su parte, la tristeza, sería la pérdida de ese mismo poder o
despotenciación del sujeto. De allí que para Spinoza no haya salvación en la
muerte como en la tradición cristiana, en su concepción de la tristeza y el
resentimiento, que deviene en una filosofía tanatológica, que entiende a la
vida como una preparación para morir, que liberaría al alma de las amarras
del cuerpo; las sensaciones, sentidos y pasiones, entendiendo éstas últimas
como

vicios,

carencias,

defectos

y

negaciones

de

lo

humano

contraponiéndola a la razón. Por el contrario, el humano es una unidad;
cuerpo y mente. La asunción de su vida corpórea es la compresión de su
capacidad de afirmación existencial.
Por ello, denuncia el odio, el temor, el miedo y la inseguridad, lo que
presupone una lucha contra la resignación y contra todas manifestaciones,
expresadas en las ideológicas; tanto metafísica, como políticas, de renuncia
a nuestro presente, a la existencia y a la vida, es decir, que impiden obrar y
participar en nuestros contextos de relaciones desde la composición de
encuentros favorables a nuestra capacidad de obrar. La liberación no puede
ocurrir en un sitio que no tiene lugar, no es después de la muerte; por el
contrario es un proceso que se alcanza al vivir en el marco de la sociabilidad.
El miedo a la muerte, en efecto, impide a los hombres y mujeres, la
experiencia de ser y vivir obrando, los hace impotentes y objeto de la fortuna,
así como súbditos de otros, sometido al ejercicio del poder desde el
horizonte teológico-político.

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Poder teológico-político, poder político y democracia:
El poder teológico-político presupone la sumisión al poder político como
poder de una voluntad soberana, situada sobre las voluntades individuales,
que racionaliza lo permitido y lo prohibido. En este sentido, el interés de
Spinoza, como refiere en el Tratado teológico político (TTP), será indagar el
efecto de la teología como práctica política, evidenciar como la religión ejerce
un dominio de los sujetos promoviendo la servidumbre voluntaria con el
propósito de orientar su investigación a la posibilidad de una política que no
se fundamente en la teología; ya que toda teología es política pero no toda
política es teológica, por lo que plantea que la política es expresión de la
acción propiamente humana en condiciones determinadas. Promueve una
política como actividad humana e inmanente a lo social, que es instituido por
las pasiones y acciones, en contextos específicos y no como efecto de un
orden trascendente e intemporal a las relaciones entre los sujetos.
En la base de este planteamiento está el reconocimiento del carácter social e
histórico de la política como construcción humana y del poder como
expresión de este marco de relaciones. Por lo que Spinoza, en su filosofía,
se mueve desde la politización de la sociedad, a la socialización de la
política,

concibiéndola

como

un

proceso

tensional,

permanente

y

constituyente de la sociedad. Por ello, en esta perspectiva, la soberanía del
cuerpo político es humana e inmanente, jurídica y colectiva, es un hecho de
naturaleza, libre de toda prescripción moral o religiosa. De esta forma, el
poder del cuerpo social es el producto del deseo humano. El ámbito de lo
político aunque no es racional per se, permite el surgimiento de la razón, y
tanto más facilita el desarrollo racional de los individuos cuanto más
democrática sea su organización.
Spinoza, irrumpe contra toda fundamentación del poder que separa la
sociedad y el Estado. La constitución del Estado es un producto del

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movimiento de la sociedad. No es un proceso de transacción mercantil de
intercambio y transferencia de derechos a un poder que trasciende a la
sociedad fundado en el interés privado e individual de los sujetos. Por el
contrario, es un proceso de inclusión, incorporación, creación de comunidad.
Una comunidad que actúa, participa, orienta e impulsa en los sujetos su
potencia, lo cual es la base de la realización permanente de la felicidad
subjetiva y colectiva.
Esto presupone que las dinámicas de organización y participación de los
sujetos son permanentes, la constitución política es un proceso de constante
actualización. Es organización democrática y colectiva de construcción del
poder siempre en proceso de organización e institución. Establece instancia
de dialogo entre el sujeto singular y el sujeto colectivo en el marco de una
relación afectiva, pasional e imaginativa que es la sociedad. Relaciones
movidas por afectos, pasiones y razones. En este sentido, el fin del Estado,
es entonces, convertir el temor o la esperanza padecidas en la vida en
común, por los sujetos, en seguridad y concordia de la vida en común.
El fin de la república es, pues, la libertad:
El Estado spinoziano se constituye como un espacio de realización éticopolítica del reconocimiento, la seguridad social y la felicidad colectiva
promoviendo una vida propiamente humana y en sociedad, tal y como
sostiene Spinoza en el TTP al decir, que de los fundamentos del Estado, se
sigue (…) que su fin último no es dominar a los hombres ni sujetarlos por el
miedo y someterlos a otro, sino, por el contrario, librarlos a todos del miedo
para que vivan, en cuanto sea posible, con seguridad; esto es, para que
conserven al máximo este derecho suyo natural de existir y de obrar sin daño
suyo ni ajeno. El fin del Estado, repito, no es convertir a los hombres de
seres racionales en bestias o autómatas, sino lograr más bien que su alma
(mens) y su cuerpo desempeñen sus funciones con seguridad, y que ellos se

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sirvan de su razón libre y que no se combatan con odios, iras o engaños ni
se ataquen con perversas intenciones. El verdadero fin del Estado es, pues,
la libertad”.
En Spinoza la política exige un proceso de concientización permanente del
ciudadano, lo cual posibilita que la sociedad se despliegue por causes
racionales permitiendo establecer aspectos comunes en la vida social y
constituir un Estado democrático cuyo poder sea expresión de la potencia de
la multitud, del poder popular, expresión inmanente de la participación
política efectiva de los ciudadanos, cuyo horizonte, es la emancipación
individual y la liberación colectiva.
Todo el esfuerzo realizado en el filosofar de un hereje y maldecido Spinoza,
conlleva el compromiso de la edificación de una sociedad democrática
basada en el reconocimiento de la diferencia, partiendo de la denuncia a las
ideologías, la lucha contra la alienación, dependencia, coerción; superstición,
malas pasiones, violencias, tiranías política, dogmas religiosos y sociales. Es
el esfuerzo de la construcción de un pensamiento obrante y alegre, que
pueda dar respuesta a cuestiones concretas de la existencia individual y de
la vida en común, ya que como expone, en la cuarta parte de la Ética, “un
hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es
una meditación de la muerte, sino de la vida” .

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