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Strip Póker en Familia Version Reeditada

En una noche lluviosa, una familia se enfrenta a la frustración de planes arruinados, lo que provoca tensiones entre los hermanos Nadia y Augusto. Para combatir el aburrimiento, deciden jugar al póker, y tras varias rondas, la madre sugiere jugar Strip Póker, lo que genera nerviosismo y risas entre los miembros de la familia. A medida que avanza el juego, la atmósfera se vuelve más tensa y divertida, revelando dinámicas familiares y la lucha entre la diversión y la incomodidad.

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Strip Póker en Familia Version Reeditada

En una noche lluviosa, una familia se enfrenta a la frustración de planes arruinados, lo que provoca tensiones entre los hermanos Nadia y Augusto. Para combatir el aburrimiento, deciden jugar al póker, y tras varias rondas, la madre sugiere jugar Strip Póker, lo que genera nerviosismo y risas entre los miembros de la familia. A medida que avanza el juego, la atmósfera se vuelve más tensa y divertida, revelando dinámicas familiares y la lucha entre la diversión y la incomodidad.

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Strip Póker en Familia

Capitulo 01

¿Cómo puede ser que algo tan simple como la lluvia puede traer cambios
irreversibles a la vida de una familia? El aguacero no tomó a nadie por sorpresa,
todos sabíamos que sería cuestión de tiempo pero nadie quería admitirlo, aún
conservábamos las esperanzas de tener una noche encapotada pero sin agua.
Alrededor de las nueve de la noche todos nuestros planes para el sábado se
diluyeron y se fueron por el desagüe.
Es frecuente que mi hermano Augusto y yo discutamos, pero aquella noche,
por la amargura que trajo la lluvia, estábamos hechos unas furias y bastaba la
simple mirada del otro para provocar insultos o actitudes desafiantes. Victoria, mi
madre, tuvo que intervenir. Ella es el pilar de esta familia, hace tiempo admitimos
que nos desmoronaríamos sin ella. Viviríamos en el caos y anarquía total.
Ante la amenaza de pasar el fin de semana encerrados en nuestros cuartos
decimos hacer una tregua, solucionaríamos nuestras diferencias cuando
estuviéramos solos y por la astucia que me caracteriza, sabía que yo iba a ser la
vencedora, especialmente si tenía tiempo de prepararme para ello. Augusto sólo
empleaba a su fuerza bruta, si bien nunca me golpeaba como lo hacía en esas
frecuentes peleas calleras que solía tener con sus amigos, solía apretar mis
brazos como si sus dedos fueran una tenaza hasta hacerme gritar.
Esto que yo consideraba una fuerza desmedida era el producto de años de
trabajo como albañil junto a mi padre, quien era Maestro mayor de obra y viendo
que su hijo mayor carecía por completo de aptitudes mentales, decidió darle
empleo bajo su mando y que así se pudiera ganar la vida con un oficio digno que
podía ser muy remunerativo si se lo hacía bien.
-¿Estás bien Nadia? –me preguntó mi hermanita en cuanto me vio acurrucada
en un sofá con los ojos inyectados de odio.
-Si Mayra, gracias. No te preocupes –se sentó a mi lado y la envolví con un
brazo.
Mayra era la menor de los integrantes de esta casa, con tan sólo 18 años y una
personalidad de cristal. A veces la veíamos tan frágil y delicada que nos costaba
dejarla sola por más de una hora, aunque eso no ocurría con frecuencia, por lo
general en la casa había dos personas o más, lo que solía generar tantos roces y
discusiones, pero para llegar al punto de discutir con este dulce angelito, uno
debía ser un desgraciado. Ella nunca peleaba con nadie, vivía en su mundo y
pedía permiso para todo.
-Perdón, pero vamos a tener que dejar la salida para otro día, no para de llover
–le había prometido que saldríamos juntas a bailar, sería su primera vez.
-No hay problema, será la semana que viene –su voz era tan suave que uno
debía guardar absoluto silencio para poder oírla- ¿por qué peleabas con Augusto?
-Porque el muy boludo empezó a hacerme chistes por las tetas y decía que yo
me ponía escote para que los hombres se me acerquen en el boliche y me lleven
a un telo.
Mi mayor atributo eran los grandes pechos que heredé de mi madre, era cierto
que cuando iba a bailar me gustaba provocar un poco usando escotes, pero eso
no quería decir que vaya a acostarme con un desconocido. Sexualmente era
mucho más reservada de lo que mi familia creía.
-Eso que no vio el pantalón que me pensaba poner –dijo Mayra sonriendo.
-¿Era muy ajustado?
-Sí, mucho. A papá le daría un ataque si me ve así.
-Seguramente te queda hermoso.
Ella no tuvo la suerte de tener pechos muy desarrollados, sus tetitas eran
apenas pequeñas lomas en su pecho, pero la naturaleza no fue tan cruel con ella
y le entregó un rostro sumamente bello y un culito que obligaba a los hombres a
voltear cuando la veían caminando.
Todos andaban carilargos por la casa, la lluvia no sólo nos aguó los planes a
mi hermanita y a mí, sino que al resto de mi familia también. Mis padres tenían
planeado ir a cenar a un lindo restaurante y Augusto tenía la fiesta de cumpleaños
de un amigo. Hasta el sexto integrante de la casa, mi tío Alberto, tenía planes para
esa noche y creo que él era el más perjudicado ya que había conseguido una cita
con una amiga de mi mamá y se vio obligado a llamarla para posponerla.
Alberto era un hombre al que perseguía la mala suerte. De por sí le tocó ser el
hermano mayor de mi mamá, lo cual no habrá sido una tarea fácil. Luego quedó
viudo a la temprana edad de 39 años cuando el cáncer de mama le arrebató a su
mujer y como si esto fuera poco, a los 46 años quedó en banca rota y perdió su
casa, por eso es que vive con nosotros desde hace dos años. Intentamos que se
sienta lo más cómodo posible, yo cedí mi cuarto para que él tuviera uno propio y
me fui a dormir con mi hermanita. A pesar de que a veces podemos molestarnos
con él por algún motivo típico de la convivencia, jamás le echaríamos en cara que
esta no es su casa, es una regla tácita. Él vive con nosotros, es parte de la familia
y por lo tanto tiene los mismos derechos que los demás. La casa es de todos por
igual.
Ninguno sabía en qué ocupar el resto de la noche del sábado.
Deambulábamos por la casa estorbándonos unos a otros e intercambiando
miradas duras. Parecíamos tigres enjaulados preparados para dar el primer
zarpazo a la menor provocación. Harta de la situación mi madre nos reunió a
todos en la sala de estar, que era la habitación más amplia de la casa, y nos dijo
debíamos pensar en alguna actividad para no aburrirnos, porque la lluvia no iba a
parar. Iniciamos nuestra propia lluvia, pero con ideas. Se habló de mirar películas,
pero ya nos habíamos visto todas las que teníamos en la videoteca, se propuso
jugar juegos de mesa pero todos nos parecían aburridos, pero ahí fue cuando mi
tío hizo un comentario que nos despertó la curiosidad.
-Cuando yo era joven bastaba con un mazo de cartas y algunas bebidas para
tener una buena velada de Póker.
-Yo no sé jugar al póker –dijo mi hermanita.
-Es muy fácil, especialmente si es el estilo Texas Hold’em –mi tío iba captando
nuestra atención.
-Yo jugué un par de veces con mis amigos – acotó mi hermano –nos matamos
de la risa, ellos se enojaban conmigo porque yo ganaba casi siempre.
-Acá la que tiene suerte con las apuestas es tu mamá –le dijo mi papá– y juega
muy bien al póker –eso nos causó gracia, nunca hubiéramos imaginado a mi
mamá jugando al póker.
-Pepe, los chicos van a pensar que soy una timbera.
-Yo quiero aprender a jugar –dije con una sonrisa que entusiasmó a todos.
-Y yo tengo justo lo necesario –diciendo esto mi tío Alberto se puso de pie y fue
hasta su cuarto.
Regresó en poco tiempo con una caja de madera que llevaba escrita la palabra
Póker en letras negras. De allí sacó dos mazos de carta, uno de reverso rojo y el
otro azul. Además había un pequeño paño verde y varias fichas de diferentes
colores.
En pocos minutos nos acomodamos alrededor de una mesa hexagonal con
superficie de vidrio, me molestó que mi hermano se sentara a mi derecha pero no
quería provocar una nueva disputa y guardé silencio. Mi tío tuvo la amabilidad de
anotar las posibles combinaciones de cartas para juegos y el valor de cada una.
Con esto en manos el juego no parecía difícil, era cuestión de esperar a que
salgan las cartas que te favorezcan y saber mentirle a los demás. La partida
comenzó a buen ritmo y nos estábamos divirtiendo mucho.
Tengo que admitir que al principio el juego me parecía muy divertido, pero
después de casi una hora jugando sin parar comenzó a tornarse muy aburrido. No
era la única que pensaba esto, Mayra tenía la misma expresión en el rostro que yo
y mi mamá jugaba con buena cara sólo para no arruinar el momento, en cambio
los tres hombres parecían muy entusiasmados. Intenté apostarlo todo para perder
de una vez y me sorprendí porque gané la mano y recibí aún más fichas.
-Esto no termina nunca, ya me estoy aburriendo –no era mi intención arruinar
la velada pero no pude aguantarme.
-Es cierto, yo también me aburro –me apoyó mi hermanita mientras se
inclinaba hacia su derecha para mirar las cartas que Alberto tenía en mano-
además el tío gana seguro en esta, tiene dos ases.
Noté que la mente de mi mamá trabajaba deprisa, intentaba encontrar la forma
de arreglar todo antes de que la situación se ponga fea.
-Es porque falta el alcohol –dijo por fin. A ella nunca le molestó que
bebiéramos ocasionalmente.
-Puede ser –la idea de tomar algo me agradaba pero igual el juego seguiría
siendo aburrido– pero es que yo no le veo la gracia a estar ganando fichitas de
plástico, es como que nadie gana ni pierde nada en realidad. No digo que
juguemos por plata -de hecho eso me desfavorecía mucho porque no tenía ni un
centavo para apostar– pero ¿hay algún otro tipo de apuesta que se pueda hacer?
-De hecho se puede apostar lo que uno quiera –dijo mi mamá- Existe lo que se
llama Strip Póker, por ejemplo -mi padre soltó una estrepitosa risotada.
-¡Qué recuerdos! –Exclamó- eso es lo que jugábamos con tu mamá cuando
nos pusimos de novios –nos contó– pero lo hacíamos los dos solos y ella siempre
me ganaba. Me dejaba en bolas, literalmente.
-¿Y por qué solos, tiene algo de malo? –preguntó Mayra apelando a toda su
ingenuidad, hasta yo me había dado cuenta que el nombre del juego provenía de
la palabra Striptease y mi padre dijo que quedaba desnudo cuando jugaba con mi
madre.
-Es que en ese juego cuando uno pierde tiene que quitarse alguna prenda de
vestir –explicó mi mamá con su santa paciencia.
-Eso parece divertido –opinó Augusto– ahí si uno pierde algo importante,
podemos jugarlo de esa forma, ¿o te daría vergüenza, Nadia? –me miró
desafiante.
-Acá el único sinvergüenza sos vos, pero yo me animo a jugarlo, ya demostré
que gano casi siempre.
Mis padres y mi tío se miraron inquietos, ninguno sabía qué decir. De pronto mi
mamá se puso de pie diciendo:
-¿Me ayudan a buscar las bebidas y los vasos?
Los tres se alejaron y me quedé con mis hermanos en silencio. Sabía que esa
actitud era sólo una excusa para poder decidir si seguiríamos adelante con el
juego empleando el nuevo sistema de apuestas. Mayra estaba algo sonrojada y
apretaba nerviosa su negro cabello atado formando una cola de caballo. Al
parecer la idea no le gustaba mucho pero no se animaba a decirlo. Tengo que
admitir que a mí también me ponía un poco nerviosa el imaginar a mi familia
desnudándose delante de mí. Cuando los tres adultos regresaron mi tío traía una
pequeña mesa de madera plegable en la que apoyaron varias botellas de vino,
blanco tinto y rosado. Yo no acostumbraba a tomar vino pero también trajeron
algunas gaseosas para poder mezclarlo y hacerlo más apetecible para mí y para
Mayra. Los hombres de la familia solían tomarlo puro y mi madre solía variar.
-Bueno, vamos a jugar al Strip Póker -dijo mi mamá con voz serena- si no es
eso nos vamos a aburrir toda la noche y nos vamos a terminar matando.
-¿Estás segura mamá?
-¡Qué bien! –mi hermano exclamó al mismo tiempo que yo hacía la pregunta.
-Si hija, puede ser divertido, y si alguno quiere abandonar en algún momento,
puede hacerlo. No vamos a obligar a nadie hacer algo que no quiera –eso me
tranquilizó bastante– la idea es divertirnos un rato y reírnos. Estamos en
confianza, acá todos nos vimos en calzones alguna vez.
Se repartieron las bebidas y se establecieron las reglas. Todos debíamos
comenzar con la misma cantidad de prendas, se estableció seis como el número
apropiado. Conté la ropa que llevaba puesta, una remera roja, un pantalón azul
marino bastante holgado, corpiño, bombacha, medias y zapatillas, eso me daba un
total de seis, ya que las prendas en pares se contaban como una sola. Todas las
mujeres teníamos la misma combinación de prendas y los hombres, al no llevar
corpiño, debieron ponerse gorros. Mi padre apareció con un sombrero de guapo
tanguero, se veía totalmente ridículo con su ropa informal, nos hizo reír mucho.
Augusto optó por una gorra con visera que usaba con mucha frecuencia y mi tío
se puso una boina que tapaba la incipiente calva que estaba apareciendo en la
cima de su cabeza.
Al comienzo todo parecía muy divertido. Era más importante no perder que
ganar. El que recibía la peor mano de la partida debía quitarse una prenda de
vestir. Para facilitar el juego empleamos el método en el que recibíamos cinco
cartas en la mano y podíamos cambiar las que no nos gustaran, por cartas
nuevas, pero esto sólo se podía hacer una vez por mano. Mi hermanita demostró
que tenía mala suerte con las cartas, la preocupación se apoderó de su rostro.
Perdió las zapatillas y las medias de forma consecutiva, intentó serenarse un poco
tomando un largo sorbo de vino mezclado con gaseosa.
Mi madre también perdió todo su calzado y fue la primera de las mujeres en
perder la blusa, quedando en corpiño, pero éste era grueso y no transparentaba
nada. En las siguientes manos mi tío y mi hermano perdieron gran parte de su
vestimenta hasta quedar con tan solo el pantalón y el calzoncillo, yo quedé sin
medias y zapatillas. El juego se ponía cada vez más interesante y aumentaba el
riesgo de perder, ni hablar de las grandes cantidades de alcohol que nos
estábamos metiendo entre pecho y espalda.
En pocos minutos mis grandes pechos quedaron sostenidos por un corpiño de
encaje negro, si uno miraba atentamente tal vez podía notar cierta transparencia,
pero los primeros indicios de borrachera me ayudaron a no darle mayor
importancia, además pensaba golpear a quien se atreviera a mirarme mucho.
Cuando le tocó el turno a Mayra de quitarse la blusa dudó un momento, pero al ver
cómo estábamos mi madre y yo se animó a hacerlo. Sus pequeños pechos
apenas ganaban volumen gracias a su sostén color rosa. La desgracia de la
pequeña no terminó allí, fue la primera en perder su pantalón. Su mala suerte me
daba pena. Contra todo pronóstico, la muchachita se despojó de una de sus
últimas prendas de vestir mostrándonos una pequeña colaless haciendo juego con
su corpiño y resaltando sus blancas y redondas nalgas a tal punto que hasta mi
propio padre se sonrojó al verlas. Nadie la miró más de un segundo para no
ponerla incómoda, de todas formas no era muy diferente al bikini que solía usar
cuando estábamos en la pileta.
Pensamos que la trágica suerte de Mayra mejoraría para la siguiente mano
pero volvió a perder mostrando una espantosa combinación de cartas. La niña
quedó petrificada, no podía perder otra cosa que su ropa interior. Un incómodo
silencio se apoderó de la sala.
-Pago una prenda para la próxima vez que me toque perder –dijo mi madre en
un valiente acto para que mi hermana tomara un poco de confianza.
A pesar de llevar aún su pantalón, se despojó del corpiño. Dos grandes
melones coronados con pezones marrones rebotaron ante nuestros ojos. Mi
hermanita sonrió agradeciendo el gesto, el ver que su mamá mostraba las tetas
sin ningún pudor le dio coraje. Llevó las manos a su espalda y desprendió el
sostén, enseñándonos un par de pequeñas tetitas con pezones rosados, noté que
mi hermano tragaba saliva al verlo, estuve a punto de darle un codazo pero eso
sólo humillaría a Mayra.
Cuando a Erik le llegó el turno de perder su pantalón no pude evitar notar lo
mucho que se marcaba su bulto en la tela del bóxer, para colmo la mesa era
transparente y al tenerlo sentado a mi lado era imposible no mirar. Supuse que al
chico se le estaba poniendo un poquito dura al ver tantas tetas, aunque éstas
fueran las de su madre y hermanas.
La siguiente en perder fue Victoria, como ya había pagado prenda no tuvo que
desvestirse, pero en la siguiente mano las cartas se rieron de ella. A sus 43 mi
madre conserva parte de su figura juvenil, aunque está algo más caderona y su
cola creció un poco por algunos kilos extras. Al bajarse el pantalón nos mostró una
linda bombachita blanca de encaje, algunos pelitos asomaban por la tela y su
vulva se marcaba muy bien, la imagen fue un tanto fuerte para mí, pero no tanto
como cuando mi padre tuvo que quedarse sólo en slip. Tenía un bulto aún mayor
que el de Augusto y sus piernas eran peludas. Para colmo él estaba sentado a mi
izquierda, bastaba con mirar la mesa para encontrarme con dos paquetes llenos
de masculinidad. Me estaba poniendo un poco nerviosa, pero no tanto como
Mayra, que no dejaba de estrujarse las manos entre sí o de tirar de su cabello, creí
que se quedaría calva en cualquier momento. Tomé algo de vino para calmarme y
mi mamá llenó el vaso de mi hermanita, que era una de las que más tomaba.
Intentábamos tomarnos todo con mucho humor, hacíamos constantes chistes
para romper un poco esa capa de hielo familiar que había en el ambiente. Mi
hermano se burló de lo feo que era el calzoncillo de mi papá y mi tío hizo algunos
chistes alegando que las tetas de su hermana parecían dos globos llenos de agua
a punto de reventar. Él estaba sentado en una posición privilegiada para cualquier
hombre heterosexual, a su izquierda tenía a mi hermanita y a la derecha estaban
los grandes pechos de mi madre.
Perdí una ronda por culpa de una escalera que nunca apareció y me llegó el
turno de quitarme el pantalón. Cuando lo hice me sorprendí a mí misma, pensé
que tendría puesto un calzón de abuela pero de pronto recordé que ya me había
puesto una diminuta tanguita negra que dejaba en total evidencia que mi pubis
estaba completamente depilado.
-¡Apa! –Exclamó mi mamá– ¿Pensabas ver a alguien en especial con eso
puesto? –todos se rieron y yo tuve que esforzarme por no molestarme.
-Ya decía yo, salías con la intención de irte a un hotel con alguien –acotó mi
hermano –el comentario me enfureció pero sabía que si iniciaba una trifulca luego
todos me culparían de arruinar el momento, por eso tuve que morderme la lengua
yo tomármelo con humor.
-Quería ver si me traían algo de suerte, hay que estar siempre preparada –dije
con una sonrisa– es una lástima que la lluvia haya arruinado todo.
En la segunda mano que perdí tuve que acompañar a mi madre y a mi
hermana a exhibición de tetas, si bien no quería hacerlo, ya no tenía motivos para
oponerme, al parecer los hombres de mi familia se quedarían con algún bello
recuerdo de nuestros pechos. Los míos eran tan grandes como los de Victoria,
aunque se veían un poco más suaves y juveniles.
-¿A mí también me vas a decir que parecen globos a punto de reventar? –le
pregunté a mi tío en tono burlón. Él sonrió y supuse que iba a salir con otro de sus
chistes referentes a las grandes tetas, pero en ese momento notó que Mayra
parecía algo apenada por el diminuto tamaño de sus senos.
-Yo no sé qué necesidad tienen de tener tanto busto, -dijo Alberto- al fin y al
cabo no sirve de mucho. Una linda mujer las tiene que tener como Mayra, es el
tamaño ideal –mi hermana se sonrojó, y miró al piso pero pude notar una sonrisa
en su rostro.
-Coincido totalmente –agregó mi padre para que mi hermana se sintiera mejor
aún- aunque es divertido apretarlas un rato, al fin de cuenta lo que importa está
más abajo –estiró la mano izquierda hacia su esposa y le acarició una pierna.
-A mí me gustan grandes –acotó el boludo de Augusto y tuve que darle un
merecido codazo en las costillas.
A pesar del buen humor el juego se estaba tornando peligroso. Mi tío llevaba
una leve ventaja al tener su pantalón, pero los demás estaríamos en dificultades si
perdíamos una mano más. La tragedia cayó sobre Augusto, quien tuvo una de las
peores cartas que se habían visto en el transcurso del juego.
-Está bien, perdiste –dijo mi mamá– no hace falta que te quites lo último. Pero
ya no vas a recibir cartas –ella se caracterizaba por ser una mujer misericordiosa
pero justa.
-No perdí todavía, el juego puede seguir. Tengo mi dignidad, si me lo tengo
que sacar, me lo saco.
Mi madre estuvo a punto de detenerlo pero Augusto no le dio tiempo, se paró a
mi lado y bajó su calzoncillo con un rápido movimiento, di un saltito hacia atrás
cuando su larga y oscura verga apareció ante mis ojos bamboleándose como una
serpiente que colgaba de un árbol.
-¡Che, que no muerde! –dijo mi papá al ver mi reacción.
Todos se rieron, hasta Mayra, quien miraba fijamente el miembro de su
hermano, yo estaba sorprendida por el tamaño, si yo podía presumir de mis tetas
él podría hacerlo tranquilamente con su verga. La tenía a media erección y no
pude evitar preguntarme de qué tamaño sería si estuviera completamente dura.
Tragué saliva sin poder apartar la mirada de esos grandes y peludos testículos.
Sentí un poco de orgullo de hermana, si mis amigas sabían lo bien equipado que
estaba, seguramente muchas me pedirían su teléfono, incluso aquellas que se
burlaban de él por considerarlo algo bruto. Podía ser burro, pero también la tenía
como un burro.
-¿Cómo es eso de que no perdiste? –Preguntó mi tío– ¿Qué pensás hacer si
perdés otra ronda, cortarte las bolas? –ese comentario me causó mucha gracia.
-No gracias, prefiero conservarlas. Pero pueden ponerme algún desafío si
pierdo.
-No es mala idea –dijo mi mamá dejando el vaso en la mesa– ¿y quién decide
el desafío?
-El que tenga la mejor mano de la partida.
Tenía que admitir que la idea era muy buena, aunque ésta proviniera de mi
hermano. Ahora tendría importancia alzarse victorioso. Todos aceptamos, aunque
Mayra sólo asintió con la cabeza tímidamente y no dijo nada.
El juego continuó y esta vez mi tío se quedó en calzoncillos. Su cuerpo no era
tan firme como el de mi padre, pero aun así era un hombre que podría interesar a
cualquier cincuentona en busca de diversión. En la ronda siguiente mi madre
perdió su última prenda, todos quedamos a la expectativa pero al parecer ella no
quería transformar la pérdida en una tragedia griega. Sin mucho problema se puso
de pie y meneó sus anchas caderas mientras se bajaba la bombacha, dejando a la
vista una vulva con unos gruesos labios que colgaban de ella y algunos pelitos
castaños que la coronaban. Todos nos quedamos en silencio admirando
semejante aparato reproductor.
No podía creerlo, estábamos desnudándonos delante de todos los integrantes
de la casa como si fuera lo más natural del mundo. Hay que reconocer que el
alcohol tenía mucho que ver con esto, hasta yo misma me sentía menos inhibida y
hasta estaba dispuesta a desnudarme completamente porque ya había visto a mi
hermano y a mi madre haciéndolos. Psicológicamente es más fácil seguir a los
grupos y masas que ir contra ellos, al menos así me lo explicó mi terapeuta, la que
afirma que no estoy loca y que soy una muchachita normal de 20 años con
problemas típicos de la edad, como andar llorando por los rincones porque mi
novio me engañó y luego me dejó.
En la siguiente ronda, como si hubiera tenido la clarividencia de adivinar quién
perdería, me tocó despojarme de mi diminuta tanga. Tuve que demostrarme a mí
misma que estaba convencida a hacerlo, me puse de pie y me desnudé frente a
mi familia, Augusto quedó mirando mi depilada conchita con labios más pequeños
que los de mi madre y un monte de venus bien definido.
-Cuidado que esta sí muerde –le dije y todos estallaron en risas. A Mayra
pareció causarle más gracia de lo normal, no sabía si reaccionaba así por el
alcohol o por los nervios.
Mi hermanita parecía un poco más tranquila porque llevaba varias rondas sin
perder. En cambio mi tío y mi papá tuvieron algo de mala suerte no les quedó más
alternativas que mostrarnos lo que les colgaba entre las piernas. El de mi tío era el
más pequeño de los tres que tenía a la vista, pero lo hubiera considerado de buen
tamaño si no fuera por la trompa de elefante que tenía mi padre.
-Victoria, ¿Vos te casaste con Pepe porque lo viste orinando? –preguntó mi tío
haciéndonos reír a todos.
-No, me casé con él porque lo descubrí masturbándose –nos quedamos
boquiabiertos- fue en un campamento que hicimos hace muchos años, cuando
todavía éramos amigos. El señor no tuvo mejor idea que meterse en mi carpa a
sacudirse el ganso.
-¡Papá, no te creía capaz de eso! –la situación me divertía y por extraño que
parezca no me incomodaba imaginar a mi padre haciéndose una paja.
-Fue el mejor error de mi vida hija, mirá lo que conseguí gracias a eso –dijo
acariciando la pierna izquierda de mi madre muy cerca de su vulva- además, en mi
defensa tengo que decir que tu madre no es de las que gritan y salen corriendo en
esas situaciones sino que es de esas que dicen “Yo te ayudo”.
Sentí una gran ola de calor en mi entrepierna imaginando a mi madre
montándose sobre esa gran verga y tuve que esforzarme para apartar esas
imágenes de mi cabeza. A excepción de mi hermanita, todos ya estábamos
completamente desnudos y ahora comenzaba una nueva etapa en el juego, la
cual me asustaba un poco.
Se repartieron nuevamente las cartas y me tranquilicé al ver que recibí dos
ases, era difícil que mi mano sea la peor. El que se llevó las peores cartas fue mi
papá, y mi mamá se coronó con un póker de dieces, por lo que ella debía decidir
qué desafío poner a su marido.
-Tiene que ser algo bueno mamá –le dijo Augusto– algo que lo avergüence –a
mi madre pareció agradarle la idea porque se puso a pensar con un dedo en su
barbilla y una linda sonrisa.
-¡Ya sé! Viene muy bien con la historia de la carpa. Tenés que tocártela –dijo
por fin, yo abrí grande los ojos y la quedé mirando.
¿De verdad quería que mi papá se tocara el pene delante de sus hijas? Me
pareció que el juego había llegado demasiado lejos y pasó justo lo que yo temía,
al parecer los desafíos tendrían connotaciones sexuales. ¿Acaso qué imaginaba,
que lo haría correr media hora bajo la lluvia? No era una mala idea pero no
encajaba con la definición de Strip Póker.
-Qué mala que sos Viki –ese era el diminutivo de Victoria -¿por cuánto tiempo
tengo que hacerlo?
Al parecer estaba dispuesto a llevar a cabo el vergonzoso desafío. Ella meditó
unos segundos y se fue a buscar algo a un mueble de la sala, mostrándonos su
colita parada y su vulva dibujándose debajo de ella. Regresó con un cronómetro
que usaba a veces cuando salía a trotar.
-Dos minutos –con eso quedó establecido el tiempo para la mayoría de los
desafíos.
Mi madre sonreía de forma extraña ¿le pondría cachonda toda esta situación?
Debía ser así puesto que es la única explicación que se me ocurría para que
obligara a su marido a hacer semejante cosa delante de nosotros. Mi padre corrió
su silla hacia atrás y se agarró el paquete con la mano izquierda, ya que él es
zurdo. Victoria puso en marcha el cronómetro y todos nos quedamos mirando
cómo lo hacía, se tocaba despacio subiendo y bajando la mano por su pene
haciendo que su prepucio cubriera el glande y luego lo dejara a la vista una vez
más, me sorprendió ver que su pene no cambiaba de tamaño.
-Pepe –dijo mi tío- ¿me vas a decir que en todos estos años no aprendiste a
pajearte siquiera, ¿así fue como conquistaste a mi hermana? –noté como Mayra
se ruborizaba pero sonreía y mi hermano se ría a carcajadas, debía estar
borracho. Hasta mis padres sonrieron.
Eso lo obligó a tocarse con más de ímpetu, deslizó su prepucio tapando la
cabeza del pene y volvió a bajarlo, lo hizo varias veces. Su miembro fue ganando
tamaño de a poco, yo miraba fijamente su aparato pero en cuanto levanté la
mirada me pareció que estaba mirando directamente hacia mi vagina, yo tenía las
piernas algo separadas, instintivamente quise cerrarlas pero me reprimí porque
todos notarían mi repentina acción. Además no podía estar completamente segura
de que estuviera mirándome. Cuando los dos minutos pasaron mi madre dejó el
cronómetro sobre la mesa y mi tío se encargó de repartir las cartas, nadie dijo
nada sobre lo ocurrido, como si nunca hubiera pasado.
Una fea combinación de números bajos hizo perder a mi papá otra vez. Tiró las
cartas sobre la mesa simulando enojo, pero en realidad se lo tomaba con gracia.
Esta vez le tocó a mi hermano plantear el desafío, sin pensarlo mucho dijo.
-Chupale un pezón a mamá.
-Bueno -contestó él encogiéndose de hombros- no es algo que no haya hecho
antes.
-Es cierto Augusto, es un tanto aburrida tu prenda –me sorprendió que mi
mamá dijera eso, pero vi sus ojos un tanto vidriosos por tomar tanto alcohol y supe
que ese era un factor importante en su queja.
-Entonces que le chupe uno a Nadia -propuso mi hermano, lo miré con el ceño
fruncido, estaba a punto de decirle “¿Y por qué no te chupa una tetilla a vos?” pero
me reprimí porque estaba segura que ese comentario enfadaría a muchos. De
todas forma me quedé preocupada, mordiendo mi labio inferior -¿son dos minutos,
cierto?– preguntó Augusto tomando el cronómetro.
Mi padre no se inhibió mucho ni se percató de mi preocupación. Se acercó a mi
pecho izquierdo y lo tomó suavemente con una mano sin mucho preámbulo.
Estuve a punto de pedirle que no lo hiciera pero en ese momento acercó su boca y
el cronómetro se puso en marcha. Sus lamidas eran suaves y poco libidinosas,
hasta había cierta ternura en ellas, su lengua giraba alrededor de mi pezón que se
puso duro como la piedra, el calor en mi entrepierna se hizo más intenso y
empeoró todavía más cuando sentí la punta de su pene rozando mi rodilla.
¿Acaso él era consciente de que esa era la teta de una de sus hijas? Intenté
apartar la vista pero no podía dejar de mirar hacia abajo. Los dos minutos se me
hicieron eternos pero apenas se escuchó un agudo pitido en el reloj, mi padre se
alejó. Yo debía estar toda roja, era lo más extraño que me había tocado vivir, que
mi propio padre me chupara una teta. Aún no podía comprender cómo habíamos
accedido a jugar este peligroso juego.
Mientras yo rogaba por recibir buenas cartas en la próxima ronda vi que
Augusto tenía la pija dura y que ésta se inclinaba un poco hacia la izquierda, como
si apuntara hacia mí. Él no era el único en ese estado, los otros dos hombres
también exhibían marcadas erecciones. La pequeña Mayra tampoco era inmune a
la libidinosa situación, noté una mancha de humedad en la parte inferior de su
tierna bombachita rosa. La única que no mostraba signos de excitación era mi
madre.
La racha de buena suerte de mi hermana se terminó en la siguiente ronda de
juego y no tuvo más remedio que enseñarnos su conchita. Nadie le hizo
comentario alguno sobre lo evidentemente mojada que estaba su bombacha
porque no queríamos avergonzarla. Nos tomó a todos por sorpresa al mostrarnos
una delicada rajita con finos labios y un pequeño botoncito duro, pero las
sorpresas no terminaron allí, también la llevaba completamente depilada, como yo.
No sabía de dónde había sacado la idea pero tengo que tener presente que ella es
toda una mujer y tiene su propia vida íntima y hasta hace poco tuvo un noviecito,
aunque no sé si habrán llegado muy lejos, el chico parecía un poco pelotudo. Para
rematar pude ver unas hebras de flujo entre sus labios y cuando se sentó con las
piernas algo separadas, su vagina se abrió un poco mostrando lo mojada que la
tenía. Se me hizo raro que no juntara sus rodillas, pero también culpé al alcohol
por esto.
Ella no había terminado de sentarse que ya estaban repartiendo los naipes otra
vez mientras hacían chistes boludos en un intento por desviar la atención. Logré
conseguir una escalera, aunque era de números bajos, seguía siendo el mejor
juego de la mesa y el peor estaba en manos de mi madre, que parecía tener cinco
palos diferentes en sus cartas, eran pésimas. Debía ser yo quien dictara la
sentencia y luego de lo que me hicieron pasar al permitir que mi padre me lamiera
una teta, tenía sed de venganza.
-Tocásela al tío Alberto –fue lo más zarpado que se me ocurrió y pensé q me
había pasado cuando veo que ella estira su mano izquierda y le agarra el palo de
carne a su hermano. Mi padre puso en marcha el cronómetro y mi mamá lo
masturbó lentamente pero apretando bien su mano.
-Aprendé de ella Pepe –le dijo mi tío para bromear– ella si sabe lo que hace.
-Es que vengo de una familia de pajeros –el comentario de mi madre fue como
un revés en la cara de Alberto y nos hizo reír a todos, inclusive a él mismo.
La prueba transcurrió sin demasiado entusiasmo y durante ese corto período
de tiempo mis ojos pasaron de un pene a otro, descubrí a Mayra haciendo lo
mismo, me preguntaba si alguna vez había visto un pene en vivo y en directo, yo
sólo conocía el de mi ex novio y no era nada comparado con estos ejemplares.
En la siguiente partida mi madre volvió a perder y fue Augusto quien propuso el
nuevo desafío. Ella debía darle un beso a Mayra, durante unos largos dos
minutos, lo cual es mucho tiempo para un simple besito.
-No, esperá –se quejó mi mamá, al fin había recapacitado un poco– eso sería
como si la prenda fuera para las dos, al fin y al cabo un beso es algo mutuo.
¿Dónde está la gracia? –no había recapacitado un carajo, pero al menos apelaba
a la justicia.
-Bueno… a ver –al pobre Augusto le criticaban todos los desafíos, pero esta
vez se las ingenió para salir del aprieto– Mayra tiene que decir si pasaste la
prueba o no, si a ella no le gusta el beso vas a tener que hacer otro desafío.
-Así que ella se arriesga a tener dos desafíos seguidos –dijo mi hermanita con
tono serio, como si fuera la jueza de un concurso televiso.
-Eso me parece mucho más interesante –dijo mi mamá poniéndose de pie.
Se ubicó a la derecha de su hija menor y la tomó por el mentón con suavidad
haciendo que ésta incline la cabeza hacia atrás. Mayra parecía un tanto nerviosa y
mantenía la boca bien cerrada, en cuanto los labios de mi madre tocaron los suyos
puse el cronómetro en cuenta regresiva, en este momento ya no me parecía tan
grave que se besaran, luego de lo que había ocurrido. Victoria movió su boca con
suavidad y ternura y eso hizo que mi hermanita aflojara un poco su tensión, sus
labios se separaron. Me pareció ver que mi mamá le introducía un poco la lengua
y lo corroboré cuando la retiró y apareció la lengua de Mayra, persiguiéndola. Al fin
ambas las entrelazaron en un beso que se volvió bastan erótico y apasionado. En
cuanto el tiempo terminó mi tío aplaudió, a lo que nos sumamos mi padre, mi
hermano y yo. Mayra estaba sonrojada al máximo pero con una amplia sonrisa en
su rostro, sus tetitas subían y bajaban al ritmo de su respiración. Todos
esperábamos expectantes su veredicto cuando levantó el pulgar de una mano. Mi
madre sonrió y volvió a su asiento orgullosa.
En ese momento pensé que el juego, a pesar de ser extraño y un tanto
enfermizo, era entretenido y producía una calentura inimaginada para mí.
Esta vez las cartas decidieron que Augusto tenía que “pagar” y mi padre era su
verdugo. Augusto debía hacer un bailecito erótico pegado a mi mamá y aplicando
la norma del desafío anterior, ella debía decidir si el chico la superaba o no. Como
dos minutos pareció un tiempo muy reducido, se estableció que el baile debía
durar cinco minutos. Estuvimos todos de acuerdo y para mejorar el ambiente
Augusto puso música lenta de una banda que yo ni conocía, pero que era
aceptable para la ocasión.
Mi madre se acercó hasta donde estaba yo y tuve que correr mi silla bastante
más atrás, para darles lugar, Augusto se colocó detrás suyo y yo era la única que
veía la escena desde atrás, en semi perfil. Comenzaron a bailar lentamente, mi
hermano pegó su pecho a la espalda de esa atractiva mujer y comenzó a
acariciarle las piernas por los lados. Los segundos parecían transcurrir a un ritmo
muy lento.
-¿Si agarro las tetas sumo puntos? –preguntó mi hermano.
-Puede ser –respondió Viki.
Sin perder el tiempo puso sus manazas sobre los senos y los apretó
suavemente, de verdad parecían globos llenos de agua. Los rítmicos movimientos
de Augusto provocaron que la punta de su dura verga quedara apretada contra la
vulva de mi mamá y allí supe que el desafío del baile no era tan inocente como me
lo pareció en un principio. Mi asombro creció cuando la vagina de mi madre
pareció abrirse para que el glande quedara suavemente posado en su centro
viscoso. Si bien no entró nada, el pene estaba peligrosamente cerca de ella. Se
me aceleró el pulso y me pregunté qué sentiría Victoria al ser arrimada de esa
forma por su único hijo varón.
Creí que mi madre se apartaría, pero al parecer no le importo. El resto
acompañaba el bailecito con las palmas pero imaginaba que no sabrían sobre lo
que estaba ocurriendo detrás. La verga se fue untando con ese abundante fluido y
el muy desgraciado inició un lento vaivén con su pelvis haciendo que su aparato
se deslice de abajo hacia arriba entre los voluptuosos labios. No sé cuántos
minutos llevaban transcurridos hasta entonces, pero lo peor aún no había llegado.
Mi madre se inclinó un poco hacia adelante levantando más su colita, sus grandes
nalgas se abrieron y pude verle el asterisco, al mirar la verga noté que el glande
ya no estaba a la vista y un escalofrío cruzó mi cuerpo, pero no podía asegurar si
éste se había perdido entre los carnosos labios de mi madre o había entrado. De
pronto lo vi apareciendo de nuevo, pero con un rápido deslizamiento llegó hasta el
ano. Fue el mismo Augusto quien obligó a Viki agacharse un poco más, sin dejar
de sobarle las tetas que ahora se balanceaban bajo el pecho de mi madre. Noté
como él ejercía presión con su verga sin el menor pudor. Era obvio que no estaba
entrando, pero el culito de mi madre parecía hundirse. Por fin sonó el pitido del
cronómetro indicando que el tiempo se había terminado. Mi hermano se apartó de
inmediato regresando a su silla. Por unos segundos pude ver que lo que antes era
un apretado y cerrado culito, ahora formaba una pequeña argolla levemente
abierta, mis manos temblaron, esto era demasiado.
-¿Qué te pareció el baile mamá? –preguntó Augusto mientras ella regresaba a
su silla.
-Bastante zarpadito –los demás habrán pensado que se refería a la sobada de
tetas, pero yo sabía que se refería a las insolentes arrimadas– pero te doy la
prueba como superada.
Cuando me levanté de la silla para arrimarme otra vez a la mesa, vi que el
cuero del tapizado estaba todo mojado, producto de mis propios jugos vaginales.
Tenía ganas de buscar una servilleta de papel, limpiar la silla y secarme la rajita,
pero eso me pondría en evidencia así que me senté sin más mirando las nuevas
cartas que aguardaban por mí. Ni siquiera presté atención, tomé varios sorbos de
vino como un intento por serenarme, me olvidé por completo del juego por unos
instantes y eso me llevó a perder la partida.
-¡Al fin nena! Pensé que no ibas a perder más –dijo Mayra. No me había dado
cuenta pero desde que quedé completamente desnuda no había vuelto a perder.
Mi hermana era la que debía decir mi castigo. Después de meditar un rato dijo–
Tocásela a papá.
Por un momento pensé que la niña se apiadaría de mí y quitaría un poco del
ingrediente sexual a los desafíos. ¿Me habrá pedido eso por seguirles la corriente
a los demás?
-Tiene que ser por cinco minutos –agregó Victoria- dos minutos para los
desafíos es muy poco tiempo.
Sabía que no podía negarme, no podría ganar una discusión con mi madre, así
que acerqué mi silla hacia mi padre sin chistar. Tuve que juntar coraje para agarrar
semejante pedazo y cuando lo aferré con mis dedos no me atreví a moverlos. El
tiempo corría y yo no hacía nada. Estaba petrificada sintiendo el palpitar de ese
duro pene entre mis dedos.
-¡Hey, eso es trampa! –Se quejó Augusto– que empiece el tiempo otra vez –
miré a mi hermano con una ira asesina pero todos estuvieron de acuerdo en
reiniciar el cronómetro, especialmente mi madre, que era la encargada de impartir
justicia en la mesa.
Esta vez me vi obligada a mover la mano, de lo contrario nunca me permitirían
soltarle la verga a mi papá. Por más incómoda que me pareciera la situación,
recorrí de arriba hacia abajo todo el tronco, presionando un poco su glande,
intenté mantener buen ritmo a pesar de que moría de vergüenza. Me preguntaba
si él estaba disfrutando de estos toqueteos o si sólo lo consideraba parte de un
“inocente” juego. Apenas escuché el salvador pitido del cronómetro la solté. Noté
que mi palma había quedo un poco viscosa. No lo podía creer, tenía líquido
preseminal de mi propio padre. Disimuladamente me lo limpié sobre la pierna y el
juego continuó.
Nuevamente ganó la más pequeña y mi madre quedó en último lugar. En un
principio pensé que Mayra había sido un poco severa conmigo, pero lo que dijo
después me demostró que había sido muy compasiva. ¿Qué le pasaba a esta
chica?
-Chupásela a papá –le dijo a mi madre y mis ojos quedaron grandes como
platos.
-Pero eso ya lo hice muchas veces –afirmó Viki.
-Pero nosotros nunca lo vimos –el argumento de Mayra era muy bueno.
- Inteligente la chiquita –dijo mi tío frotándose las manos– por fin algo de
acción.
Si todo lo que ocurrió mi tío no lo consideraba “acción” entonces no sé cómo lo
catalogaría. En cuanto vi a mi madre arrodillándose en el suelo tuve que tomar un
largo trago de vino tinto, estaba puro y caliente, pero no me importó. Sin mucho
preámbulo ella agarró el falo de mi padre y se lo introdujo casi completo en la
boca. Jamás había imaginado a mi mamá como una “petera”, pero sus gruesos
labios se desenvolvían con gran habilidad. Subía y bajaba la cabeza
frenéticamente, evidentemente el alcohol había nublado un poco sus inhibiciones y
la llevaban a hacerlo como si estuvieran solos en su cuarto. Llegó a tragar entera
toda la verga de mi papá, yo la observaba atentamente intentando aprender de
sus movimientos, yo no era virgen pero jamás había hecho sexo oral, me daba
bastante asco, pero en ese momento me pareció algo muy natural y hasta
placentero, especialmente al ver las expresiones en la cara de mi padre, sus
negras cejas se arqueaban y sos ojos se cerraban con fuerza mientras acariciaba
el cabello de su esposa, esa imagen me produjo morbo. ¿Así eran ellos siempre
en la intimidad? Los cinco minutos finalizaron repentinamente. Aplaudimos a mi
madre por su excelente mamada, la verga de mi padre estaba más dura y gorda
que nunca y de ésta goteaba saliva.
Tuve que admitir que a pesar de que el juego se estuviera tornando cada vez
más picante, a mí ya no me molestaba tanto, me daba algo de morbo y curiosidad
y podía sentir un intenso calor en mi desnuda vagina. En este momento no tenía
ningún problema en estar desnuda frente a mi familia, ya ni siquiera intentaba
cerrar las piernas ni cubrir mis tetas con los brazos, a pesar de que Augusto me
mirara a cada rato, pero en realidad él miraba a todas las presentes y yo misma
me di cuenta que me quedé mirando su dura verga más de una vez. Al parecer
Mayra pensaba igual que yo, la vi tomando un trago de vino con gaseosa y noté
que tenía las piernas bastante separadas. La silla estaba toda pegoteada por sus
flujos y varios hilitos se formaban entre su conchita y el tapizado. Por estar
ensimismada en mis pensamientos volví a perder y esta vez fue mi padre el que
me desafió.
-Hacele una “turca” a tu tío –la voz de mi padre me arrancó de mis
pensamientos, lo miré confundida. No sabía qué era eso de “turca”, tuve que
preguntar.
-Básicamente tenés que ponerte la verga entre las tetas –me respondió una
voz femenina, pero no era la de mi madre. Al parecer Mayra sabía perfectamente
lo que era una “turca”. Todos se rieron menos yo, no sabía dónde había aprendido
tanto de sexo mi dulce hermanita.
Al pararme me mareé un poco, pero pude disimularlo. No era mi primera
borrachera así que sabía cómo dominarme. Mi tío me esperó sentado con las
piernas separadas y una amplia sonrisa en sus gruesos labios. No sabía qué
hacer, pero me di cuenta que debía arrodillarme, ese era un paso obvio. Tomé mis
grandes tetas y las acerqué a su pene erecto, con un poco de dificultad logré
apretarlo entre ellas. La sentí húmeda y pegajosa y el corazón se me aceleró al
límite.
-Ahora movelas –me indicó mi mamá mientras ponía el reloj en marcha. Por el
tono de su voz noté que estaba tan borracha como yo.
Apretándolas fuerte comencé a subirlas y bajarlas, intentaba apartar mi cara ya
que al bajar el pene quedaba muy cerca de mi boca. Alberto parecía estar
disfrutando bastante de los grandes atributos de su sobrina porque podía ver
gotitas de líquido preseminal saliendo de la punta y cayendo sobre mis blancas
tetas. En una ocasión bajé más de lo calculado y el húmedo glande tocó mis
labios, sentí un sabor amargo que me molestó bastante pero disimulé mi disgusto
continuando con mi tarea. Cuando terminó el tiempo volví a mi silla sin limpiar las
gotitas de fluido que chorreaban por el centro de mis senos, fue una rara
experiencia que me permitió conocer un nuevo uso para ellos. Era obvio que el
alcohol estaba haciendo estragos en mí ya que al sentarme puse los pies sobre
los travesaños laterales que unían las patas de la silla, esto me dejó con las
rodillas flexionadas y con mucha separación entre ellas. Mi hermano clavó su
mirada en mi entrepierna pero no le di importancia. Acomodé mi largo cabello
castaño y tomé un sorbo de vino para sacarme el mal sabor de la boca.
Esta vez intenté concentrarme un poco más en las cartas para no perder y con
un poco de suerte conseguí un hermoso póker de ases, todos aplaudieron ya que
era el primero que se veía en el transcurso del juego. Vi que el perdedor era mi
papá. Quería vengarme por lo que me hizo hacer, admito que tenía la cabeza un
poco obnubilada por el alcohol, por lo que decidí dejar de beber, al menos por
unos minutos. Pensé en una escena morbosa, algo que lo afectara porque yo
nunca me olvidaría en mi vida de la vez que tuve la verga de mi tío entre mis tetas
y mucho menos me olvidaría del sabor de su líquido preseminal.
-Lamésela a Mayra –fueron mis palabras, hasta yo dudaba de haberlas dicho,
pero fue lo primero que se me ocurrió. De inmediato miré a mi hermanita y noté la
preocupación en su rostro– perdón –le dije sinceramente- si te molesta la cambio.
- Está bien, no pasa nada –me respondió con una sonrisa un tanto forzada,
debía admitir que la chica era valiente.
Ella deslizó su silla hacia atrás y Pepe se le acercó con cautela rascándose su
maraña de cabellos negros con la verga apuntando hacia adelante. No sabía muy
bien cómo lo harían pero Mayra me respondió al levantar sus piernas hasta que
las rodillas quedaron cerca de sus tetas. La piba era bastante flexible y estaba
dispuesta a entregarse por completo. Su almejita rosada se abrió exponiendo una
brillante perla. Cuando mi papá se agachó delante de ella noté que había una
buena cantidad de espeso líquido fluyendo lentamente fuera del agujerito vaginal.
Al parecer las mujeres de mi familia lubricábamos más que bien. Augusto apretó el
botón del cronómetro justo cuando nuestro padre dio la primera lamida, juntando
jugo sexual con su lengua. Mayra cerró los ojos, supuse que no quería ver quién
se la estaba chupando. Pensé que ésta sería su primera experiencia con el sexo
oral. La lengua de Pepe se movía de abajo hacia arriba con gran destreza, de vez
en cuando dio algunos suaves chupones al clítoris haciendo que la jovencita
apretara más sus ojos intentando reprimir algún gemido.
Los cinco minutos llegaron a su fin, mi padre se puso de pie y caminó con su
verga por delante hasta su sitio aparentando toda la normalidad que podía darle a
esta extraña situación, Mayra permanecía inmóvil, se miraba la conchita que ahora
estaba más empapada que antes, al sumarse la saliva de su papi. A pesar de que
yo puse la prenda me pareció un verdadero exceso, el juego ya había llegado
demasiado lejos, pero no me atrevía a decirlo, además el hacerlo contradeciría mi
propio morbo, no podía entender por qué esto me excitaba tanto sabiendo lo mal
que estaba. Cuando ella por fin se acomodó en su silla pude notar que se llevaba
una mano a la entrepierna y la dejaba apretadita ahí, manteniendo las piernas
firmemente juntas. Quería ver más pero las cartas ya estaban sobre la mesa.
A pesar de que obtuve un grupo decente de cartas, con dos pares, perdí, ya
que éstos eran de números bajos y todos lograron armar un juego mejor al mío.
Eso sí que era mala suerte. Augusto se consagró con un full de tres nueves y dos
reinas. Esperé resignada a que me indicara mi próximo desafío. Miró fijamente las
tetas de mi mamá y pensé que me pediría que las chupe. No es que quisiera
hacerlo, pero me parecía un castigo leve. Por desgracia estaba muy equivocada.
-Tenés que… chupársela a papá.
-¡Apa! –Exclamó mi mamá, mentalmente le pedía que por favor parara todo– la
cosa se pone interesante –otra vez defraudada por mi propia madre.
Me quedé quieta en mi silla durante varios segundos, todos estaban
expectantes, rogaba que alguno recobrara la cordura y dijera algo pero sólo podía
escuchar el ruido producido por los truenos y la lluvia. Intenté dejar mi mente en
blanco y de pronto me vi arrodillada ante la enorme verga de mi padre, en ese
momento un pensamiento me cruzó por la cabeza, si tenía que chupar alguna de
las vergas presentes, prefería que sea esta. La aferré con mi mano derecha y le
pasé la puntita de la lengua por el tronco iniciando mi tarea para poder terminarla
lo antes posible, pero no me animaba a continuar, mi padre me observaba con una
cálida sonrisa. ¿A caso no pensaba en que era su propia hija la que se la estaba
por mamar?
Forzosamente subí mi lengua hasta tocar la punta de su glande, para mi
sorpresa el sabor no era malo, sólo algo saladito. Me pregunté por qué la de mi tío
era tan amarga, supe la respuesta al tragar un poco del espeso líquido que fluía
de la punta. No quise detenerme para que no me obligaran a iniciar todo otra vez.
Hice girar la lengua alrededor de esa enorme cabeza intentando recordar cómo lo
había hecho antes mi madre, pero no me animaba a llegar tan lejos. Metí el glande
en mi boca apretando fuerte los labios y seguí jugando con mi lengüita. Me
mantuve así durante unos segundos hasta que oí la voz de Victoria.
-Ponele un poco más de ganas Nadia –no me estaba retando, sino más bien
animando.
Una vez más temí que me obligaran a comenzar desde cero e hice un enorme
esfuerzo para engullir esa gran pija de a poco. Mi saliva me ayudaba con la tarea,
no era tan difícil tenerla en la boca, la comisura de mis labios se estiraba mucho y
me producía cierto dolor. Cuando llegué a la mitad retrocedí hasta la punta para
volver a tragar. Me sorprendía que pudiera contenerla dentro a pesar del esfuerzo.
Subí y bajé la cabeza unas tres veces más y todos comenzaron a animarme
diciéndome cosas. “Eso así”, “Vamos más rápido”, “Demostrá que sos hija de tu
madre” ese último comentario vino de la boca de mi tío. Los vítores me
estimularon un poco y comencé a dar mamadas más rápidas y profundas, sentía
mi conchita chorreando jugos. Tenía las piernas algo separadas y casi sin darme
cuenta llevé una mano a mi clítoris y comencé a estimularlo sin dejar de chupar.
Rogaba que nadie se diera cuenta que me estaba tocando. El calorcito me
desinhibió y empecé a mamar tan rápido como podía y dando fuertes chupadas
cuando llegaba a la punta haciendo que mis cabellos saltara para todos lados, creí
que me iba a desnucar en cualquier momento y sentía el glande chocando contra
el fondo de mi garganta. Por miedo a que esto me hiciera vomitar, la saqué de mi
boca. Se me ocurrió sumar las tetas al juego, así me obligaría a apartar la mano
de mi rajita y no la tragaría tanto. Enfundé la verga de mi padre con los senos y
seguí chupando mientras las movía de arriba hacia abajo, este era el primer pete
que hacía en mi vida y seguramente dejaría una oscura mancha en mi vida cada
vez que recordara que lo hice con mi padre, a pesar de esto di fuertes chupones al
glande. Todos festejaron mi atrevimiento. En ese momento mi madre dijo algo que
me devolvió a la realidad:
-¿Cuánto tiempo va? –no obtuvo respuesta inmediata, seguí chupando.
-Uy, nadie prendió el cronómetro –dijo mi tío y ese momento me saqué la verga
de la boca.
Calcularon que habían pasado entre ocho y nueve minutos, casi el doble de lo
establecido. A mi sinceramente no me importó, pero tenía mi orgullo y quería
hacerme valer.
-Eso es injusto –me quejé– ahora deberíamos subir el tiempo de las prendas a
ocho minutos –no daba crédito a mis propias palabras.
-Creo que sería lo más justo –dijo mi madre mientras yo regresaba a mi silla.
Miré a mi papá y éste me observaba con una extraña sonrisa en el rostro y con
la poronga en la mano. Le sonreí de la misma forma y mi corazón dio un salto
cuando una frase cruzó por mi mente “Ya te la voy a chupar otra vez”. Me quedé
muy quieta con el pulso acelerado mirando esa gorda y larga verga. Entre la
pesadez que me dejó la borrachera y lo ocurrido no pude evitar imaginar una
escena en la que entraba al cuarto de mi padre y éste me esperaba con la pija
dura y yo se la comía toda, tal y como lo había hecho apenas un minuto antes.
Sacudí mi cabeza en un intento por borrar para siempre de mi mente todas esas
locas ideas.
Una vez establecido el nuevo reglamento, seguimos jugando. Nadie se aburría
de las cartas, éstas tenían cada vez mejor sabor porque no sabíamos lo que
estaba en juego. En mi interior no paraba de repetirme que todo esto era
demencial, pero al mismo tiempo me calentaba mucho. De pronto mi hermano dio
un grito triunfal, él debía elegir la siguiente sanción y mi mamá sería su víctima.
Quedamos expectantes mientras pensaba en algo, solía ser el más lento para
decidir, tuve que darle un golpecito en la cabeza diciéndole:
-Dale che, que esto no es ajedrez –eso hizo reír a todos, pero para Augusto
quedé señalada como su víctima número dos.
-¡Ya sé! Mamá, chupásela a Nadia –me arrepentí al instante de haberlo
golpeado.
Era el primer desafío verdaderamente lésbico de la noche. Lo de las tetas fue
una sonsera comparado a los desafíos que nos impartíamos ahora. Mil cosas
pasaron por mi cabeza. ¿De verdad mi madre iba a comerme la rajita? Mientras
Viki caminaba hacia mí con paso sensual me puse muy incómoda, ella parecía
totalmente decidida o bien estaba completamente borracha.
Esa misma madre que todas las mañanas me preparaba el desayuno… me
comería la concha. No podía asimilar esa idea. Me puse más cachonda, aunque
intentaba reprimirme. Ni siquiera me di cuenta que ella ya estaba arrodillada ante
mí y me había separado las piernas ¡De verdad me la iba a chupar! Mi corazón se
puso a mil y el cronómetro se puso en marcha. Al instante sentí el primer roce
contra mi clítoris. Cerré los ojos, no quería ni mirar. Pude sentir cómo me chupaba
el botoncito con fuerza y crucé mis piernas en su espalda, dejando su cabeza
atrapada en el centro.
Se me estaban alivianando las piernas, ya no podía pensar claramente, podía
sentir un intenso calor bajando por mi vientre. La lengua de Victoria hacía un
trabajo excelente, no podría aguantar ocho largos minutos de esta tortura tan
placentera. Pude escuchar mis propios gemidos aunque entendía por qué estos
salían de mi boca sin mi permiso. Estaba al borde de un orgasmo, intentaba
reprimirlo con todas mis fuerzas, pero mi madre empleó dos de sus dedos, los
incrustó dentro de mi agujerito y dio un fuerte chupón a mi clítoris. No pude
aguantar más, sabía lo que vendría y no quería que ocurra frente a mi familia. Mi
pubis estaba a punto de estallar, sentía espasmos internos y no sabía qué hacer,
quería irme de allí antes de que alguno lo notara, me puse de pie de un salto
apartándome de mi madre, era como si estuviera por orinarme encima y no tener
dónde hacerlo, miré para todos lados y llevé la mano izquierda a mi vagina. Gran
error, el solo contacto estimuló mi clítoris al límite y estallé.
El orgasmo fue tremendamente intenso, no pude reprimir mis gemidos, que se
parecían más a gritos de agonía y desesperación. Instintivamente estiré mi mano
derecha hacia mi madre pero no pude agarrarme de ella. Un fuerte chorro de
líquido salió de mi concha y cayó al suelo en una lluvia de placer. Intenté tapar el
orificio de salida con los dedos pero no sirvió de nada, más jugo salió despedido
de ella salpicando todo el piso y otro grito salió de mi garganta. Las piernas ya no
me sostenían, fui cayendo de rodillas lentamente, mi madre me tomó de la mano
derecha y me sostuvo pegándose a mí. Con eso además me cubría un poco de la
vista de los demás. La cabeza me daba vueltas, en parte se debía a las grandes
cantidades de alcohol ingerido, no sabía ni dónde estaba, sentí algo húmedo
contra mi mejilla y un fuerte olor a sexo femenino que me embriagó todavía más.
Mi obnubilada mente se percató de que estaba muy cerca de la vagina de mi
madre, tenía los ojos cerrados y sentía que el piso se inclinaba de un lado para el
otro, mi cara se frotó contra los carnosos labios vaginales llenándose de fluido, por
alguna razón esto no me molestaba, al contrario, me confortaba esa calidez
maternal. La concha quedó contra mi boca y como un bebé que busca una teta,
me prendí de uno de sus carnosos y voluptuosos labios vaginales. Chupé
intensamente absorbiendo todo el líquido que lo empapaba. El sabor era muy
intenso, algo salado pero maravillosamente dulce para mí. Era mi forma de
agradecimiento. Esa mujer no sólo me había dado la vida sino que también me dio
el momento más placentero que había experimentado jamás.
Recobré la compostura y me di cuenta del tremendo papelón que había hecho.
Por suerte nadie pudo ver las chupadas que le di a la concha, eso sólo quedaría
entre mi madre y yo. Me puse de pie intentando mantenerme derecha,
preparándome para el torrente de burlas y comentarios hirientes, pero ninguno
hizo nada de eso, todo lo contrario. Mi hermanita comenzó a aplaudir
entusiasmada y todos se le sumaron, Victoria inclusive. Me sentí como una actriz
de teatro al finalizar la función, no pude evitar sonreír. Hice un par de reverencias
a mi halagador público. Hasta mi hermano parecía encantado y me sonreía como
nunca lo había hecho.
La verdad es que a esta altura, y luego de ese tremendo orgasmo, ya no
quería que el juego terminara, le había encontrado el gustito a la situación y me
intrigaba saber qué pasaría con mi familia de ahora en adelante. La siguiente en
perder fue mi hermanita y mi papá tuvo que imponerle el desafío. Ella parecía
nerviosa y se sonrojó bastante, al Pepe lo notó e intentó ser suave.
-Tenés que bailar para tu hermanito –le dijo. Mayra lo miró de forma extraña,
con el ceño fruncido, no logré adivinar en qué pensaba.
Supuse que se negaría a seguir con todo esto, pero se levantó de la silla y
tomó a Augusto de la mano indicándole que se parara. Mi tío puso la misma
música sensual con la que se había bailado antes y Mayra se puso de espaldas a
su hermano, debía bailar durante ocho minutos y ganarse la aprobación del
muchacho. Ella comenzó a bambolear su redonda cola de un lado a otro, parecía
una odalisca. Pegó su espalda al pecho de mi hermano y éste la tomó por la
cintura. La respingada colita de la muchachita rozaba el pene que tenía detrás,
cuando intentó pegarse un poco más a él Augusto se apartó un poco, lo cual me
extrañó mucho, luego de la reacción que había tenido al bailar con mi mamá
arrimándola descaradamente.
La grácil mujercita provocó que la punta del pene se pierda entre sus glúteos.
Su hermano comenzó a acariciarle el vientre suavemente, pero no intentó ir por
sus pechos ni presionó con su pelvis, a pesar de tener el miembro ya dirigido
hacia la zona más prohibida de su tierna hermanita. Ella, por el contrario, se
inclinaba hacia adelante parando la colita, era como si buscara el roce. Sus nalgas
se abrieron mostrándome su apretado y rosado ano, el glande estaba apoyado
justo contra él, pero Augusto parecía estar retrocediendo disimuladamente. No
podía verle la cara a Mayra, pero sus movimientos dejaron de ser sensuales y el
tiempo se estaba acabando.
Con el final acercándose, logró pegarse mucho al duro pene y mi hermano ya
no pudo retirarlo. Me sorprendió mucho lo que vi. Ella incrementó la presión y su
pequeño culito comenzó a abrirse notoriamente. Solamente yo podía ver eso, el
resto parecía ajeno a la situación y observaban con una sonrisa en sus rostros. La
punta del pene comenzó a deslizarse mientras el anillo anal se abría más y más.
La dilatación no paró hasta que todo el glande se perdió dentro. No podía creer lo
que veían mis ojos. Mayra se movió sensualmente una vez más y Augusto le
apretó las tetas sin siquiera sacar la verga que le estaba taladrando el culo a su
hermanita, aunque tampoco intentó presionar más. El pene había perdido su
cabeza y estaba evidentemente incrustado en el culo de la pequeña.
El tiempo terminó y vi el glande emergiendo como si fuera una mano
sacándose un guante. El culito de mi hermana había quedado muy abierto
formando una “O” que fue cerrándose de a poco. Regresó a su silla con el ceño
fruncido y los labios apretados. Augusto le dio un diez por su gran baile, pero ella
no pareció contenta. De algo estaba segura, de ahora en más mi hermano se
haría mil pajas pensando en el apretado culito de Mayra.
Comencé a repartir las cartas para que nadie reparara en el extraño enfado de
mi hermanita. Me puse a pensar qué tipo de desafíos podría haber de ahora en
adelante y por estar distraída, perdí. Miré alrededor de la mesa buscando al
triunfador mientras tomaba un buen sorbo de vino de mi vaso que parecía nunca
vaciarse, supuse que mi hermano o mi padre se encargaban de mantenerlo lleno.
La ganadora fue Victoria, haciendo honor a su nombre, me sonrió con malicia y
me quedé petrificada, pude leer en sus ojos que algo terrible se avecinaba.
-Tenés que meterte la verga de Augusto –miré para todos lados confundida
¿había escuchado bien?
-¿¡Qué!? –exclamé incrédula, ¿Cómo podía ser que mi mamá me pidiera
semejante cosa?
-Eso que dije –dio un sorbo a su vaso– y tiene que estar bien adentro –otra vez
su maliciosa sonrisa.
-¿Me estás diciendo que me tengo que dejar coger por mi hermano? –eso fue
como un quiebre para mí, una cosa era chupársela a mi papá o hacerle una turca
a mi tío, ellos me caían bien y eso me facilitaba las cosas pero a mi hermano no lo
quería de la misma forma y no quería sentirme ultrajada por él.
-No, coger no. Solamente tenés que tenerla adentro y esperar ocho minutos,
eso no es coger –no sabía si discutirle sobre ese formalismo, seguramente me
daría algún argumento lógico y convincente que me haría dudar más todavía.
-De todas formas no lo voy a hacer –dije con firmeza
-Entonces quedás afuera del juego –eso lo dijo mi propia hermanita- el que no
pasa un desafío, pierde.
Miré a mi padre, la única persona que podría llegar a estar a mi favor pero él se
encogió de hombros.
-Es solamente un juego Nadia, si te molesta no hace falta que lo hagas, pero tu
hermana tiene razón. No vas a poder seguir jugando –contestó Pepe.
No podía creerlo, toda mi familia parecía estar en mi contra, hasta mi tío me
animaba a que lo hiciera y ya podía notar una gran sonrisa en la cara de Augusto.
Instintivamente le miré su verga, la tenía gorda y dura, parecía a punto de reventar
y se sacudía sola, tensándose al máximo para luego relajarse un poco. Para ser
justa con él, nunca había estado con un hombre que la tuviera así de grande…
con excepción de la mamada que le había hecho a mi padre. Al recordar ese
momento me mojé mucho, me había metido la verga de mi propio padre en la
boca y ahora pretendía negarme a meter la de mi hermano, por otro orificio. No
tenía muchos argumentos para defender, no sabía que decir más que:
-No, no quiero. Prefiero no seguir jugando.
-Entonces tenés que ir a tu cuarto –dijo mi madre.
-¿Me estás castigando, mamá?
-No hija. Es que si estás fuera del juego tenés que irte –estaba por preguntarle
por qué cuando mi hermanita respondió a esa pregunta sin que yo la hiciera.
-Es que si te quedás estarías mirando y esa es una forma de participar del
juego –ella había heredado la inteligencia y el carácter justiciero de mi madre,
siempre era rápida para entender las cosas, aunque fuera calladita.
La idea de irme dejando que mi familia siguiera con ese juego sin mí me
incomodaba bastante. Tendría que estar encerrada en mi cuarto pensando qué
estarían haciendo. Era algo que no podía tolerar. Intenté forzar mis pensamientos
y abrir mi cabeza al límite. Miré otra vez esa verga, yo sabía que tan cachonda
podía ser con un chico y en una situación normal no me resistiría a semejante
pedazo de carne. Me lo montaría sin dudarlo y saltaría como una loca, tragué
saliva y me dije a mi misma que si cerraba los ojos podía pensar que se trataba de
otra persona.
-Está bien, lo voy a hacer -todos exclamaron de alegría, menos mi hermana.
¿Qué estaría pasando por su cabecita?
-El tiempo empieza a correr cuando esté toda adentro –mi madre podía ser
muy diabólica cuando se lo proponía, justa pero diabólica.
Para no estirar mucho la situación moví la silla más atrás y levanté las piernas
quedando bien abierta, de mi rajita aún fluía juguito y mi blanca piel brillaba por el
sudor. En cuanto Augusto se paró delante de mí, cerré los ojos, yo no debía hacer
nada, solo recibirla y tolerarlo durante ocho largos minutos. Sentí el glande el
glande introduciéndose en mi agujerito, me estremecí un poco ya que pensaba
que por algún motivo divino lograría evitar que me la metiera, pero no era así,
realmente estaba entrando y lo hacía lentamente pero sin pausa. Mi conchita se
abría más y más y podía sentir esa carne deslizándose hacia mis profundidades
mientras el contorno de mi vagina se estiraba para amoldarse al diámetro. ¿Por
qué la tenía que tener tan grande? Hasta me dolía mientras me clavaba, por
suerte lo hacía de forma suave y delicada. ¡Esperen, esto no es propio de
Augusto! Él hace todo a lo bestia, en ese momento me percaté de que mi hermano
me penetraría de la forma más lenta posible para poder tenerla más tiempo dentro
de mi concha. Para acelerar las cosas me vi obligada a abrazarlo con fuerza. Lo
atenacé con mis piernas haciendo que la verga entrara completa de una vez. Solté
un grito, no es que me doliera mucho, era sólo una reacción involuntaria, pero ya
estaba adentro, bien adentro. Ahora sólo debía esperar. En eso escucho la voz de
mi hermano cerca de mi oreja izquierda.
-¿Qué pasa si acabo adentro?
-¡Callate pelotudo, no hables! –Le grité enfadada- ¡Y no te muevas!
Lo cierto es que no quería que hablara porque eso me haría las cosas mucho
más difíciles. Intenté relajarme, pensar en él como si fuera otro hombre. Su pecho
estaba pegado a mis tetas. Su aliento llegaba a mi cuello produciéndome un
extraño hormigueo. Tenía la espalda fuerte, se la acaricié suavemente con ambas
manos. Mi conchita estaba de fiesta, soltaba juguito a cada rato. Escuché el
sonido de su corazón latiendo con rapidez, el mío estaba igual. De a poco me
permití disfrutar de ese olor varonil, de esos músculos firmes, del leve roce de su
vello púbico contra mi clítoris. A pesar de que él se quedaba lo más quieto posible,
siempre había cierto movimiento. Podía sentir toda la extensión de su enorme
verga en mi interior, nunca me había metido algo de ese tamaño y tuve que
reconocer que se sentía morbosamente bien. Apoyé mis labios contra su cuello y
respiré por la nariz, estaba borracha y muy excitada. ¿Qué importaba si era la
verga de mi hermano? Era la mejor verga que me habían metido en mi vida.
Apreté más las piernas para atraerlo más hacia mí y noté que se me clavaba un
poco más adentro. Los músculos de mi vagina se contrarían y expandían
constantemente, un fuerte gemido se escapó de mi boca. Al tener los ojos
cerrados el resto de mis sentidos estaba potenciado. Aflojé un poco las piernas y
sentí que la verga salía un poquito pero enseguida él volvió a meterla hasta el
fondo, agradecí que hubiera hecho eso y gemí una vez más. No tenía noción del
tiempo. El pene retrocedió dos veces más para volver a entrar, pero era un
movimiento casi imperceptible, supuse que sólo intentaba acomodarse y
aproveché la ocasión para menearme un poco. Cuando él inició un lento vaivén
otro quejido estalló en mi garganta, solté un poco más mis piernas como para
permitirle moverse mejor y pude sentir cómo bombeaba mi lujuriosa conchita con
buena parte de su verga. Mi mente se fue a otra parte y allí sólo quedó el placer
físico. De pronto sacó casi toda su verga y me clavó con fuerza, me descargué
dando un agónico grito de placer, me embistió una vez más, me agradó la
sensación de rigidez en mi interior, la forma en que mis labios internos se
adaptaban a ese cilindro venoso, la agradable sensación que me producía el que
me la clavara hasta el fondo, ese líquido tibio inundando mis entrañas… ¿liquido
tibio?
- ¡Pelotudo de mierda! –grité volviendo de golpe a la realidad.
-¿Qué pasó hija? –preguntó mi madre.
-¡El muy hijo de puta me acabó adentro!

Capitulo 02
M i hermano no se apartó ni un milímetro, seguía con su pene incrustado
hasta lo más hondo de mi ser mientras yo sentía las entrañas llenándose con su
semen.
-No te preocupes Nadia, yo después te doy una pastilla “del día después” –
intentó tranquilizarme mi madre.
-¿Y eso es efectivo? –pregunté.
El tiempo del desafío aún no terminaba y yo no sabía si apartar a Augusto de
una patada o quedarme quieta y esperar a que terminen los ocho minutos más
largos de mi vida. Temía que me hicieran repetir todo desde el principio.
-Sí, son muy confiables. Quedate tranquila.
-¿Y vos por qué tenés de esas pastillas? –pensé que ella se cuidaba con
anticonceptivos diarios.
-Porque tengo dos hijas mujeres. Tengo que estar preparada para todo.
-Buena respuesta. ¿Cuánto tiempo falta?
-Unos tres minutos –me respondió la voz de mi tío Alberto.
¿Tres minutos? Me parecía una eternidad. Esperaba que la verga de mi
hermano redujera su tamaño luego de tan tremenda eyaculación, pero el miembro
se mantenía igual de firme y eso, por más que no me gustara admitirlo, me
calentaba. Comencé a mover mi cadera muy lentamente, para que nadie lo notara,
pero hacía que el pene salga y entre un poco. Mantenía los dientes apretados y
resoplaba como una yegua odiándome a mí misma. Sentía una mezcla de ira con
placer muy extraña. Me molestaba que sea Augusto quien me pusiera de esta
forma, pero no podía luchar contra mis instintos sexuales. Él acompañó mi rítmico
y disimulado movimiento, era muy difícil que los demás lo notaran, pero yo podía
sentirlo muy bien. Volví a cerrar los ojos y sentí algo tibio chorreando hasta mi
culito. No sabía si se trataba de mis propios jugos o si era semen, la cosa es que
se sintió muy rico.
-¿Te gusta? –me preguntó al oído en un susurro casi inaudible.
-Sí –contesté automáticamente como si fuera un simple gemido.
El pitido del cronómetro me arrancó de mis ensoñaciones. En cuanto mi
hermano me sacó la verga pude ver que mi vagina estaba muy abierta, nunca la
había visito así. Había disfrutado la experiencia, pero debía mantener mi orgullo
intacto. Me paré y sentí el semen fluyendo hacia afuera, apenas vi algo blanco
asomándose pasé los dedos de mi mano izquierda y quité el lechoso líquido.
-¡Mirá cómo me dejó! –rezongué mostrándole la mano a mi mamá, ella se
limitó a sonreír; froté los dedos contra mi pierna para limpiarlos.
El semen bajando por mis entrañas, chorreando hacia afuera, me produjo un
cosquilleo que me resultó muy placentero, nunca me habían acabado adentro. No
quería sentarme, quería deja salir toda la lechita; aparentando disgusto manoteé
mi vaso y rodé la mesa pasando por atrás de mis hermanos hasta llegar a la
pequeña mesita donde estaban las bebidas, podía ver una considerable cantidad
de espeso semen colgando entre mis labios vaginales pero ni siquiera lo limpié.
Me quedé parada junto a la mesita con botellas preparando lentamente algún
trago, mantuve las piernas algo separadas y la cola bien paradita. Todos
conversaban sobre las reglas de póker, algo que a mí me interesaba muy poco en
ese momento. La única que guardaba silencio era Mayra, que estaba sentada
justo detrás de mí. La miré de reojo y noté sus ojos clavados en mi conchita, le
estaba dando un buen espectáculo mostrándole como una gran cantidad de
blanco semen goteaba de mi agujerito cayendo al piso o bajando entre mis
piernas. Yo pujaba suavemente con mi vagina para que saliera todo. Era una
sensación increíble que sumada a la excitación y la borrachera, me estaba
haciendo perder el juicio, de pronto me encontré imaginando a mi hermano
tirándome sobre una cama para enterrarme su verga hasta el fondo y sacudirme
con todas sus fuerzas, no podía creer que llegara al punto de incluir a Augusto en
mis fantasías eróticas.
Cuando regresé a mi silla me senté sobre mis propios fluidos y los restos de
semen que aún salían de mi cuevita, me agradó esa sensación tibia y viscosa
entre mis piernas. Escuché a mi tío haciendo un comentario sobre los grandes
beneficios de la juventud, aparentemente se refería a que mi hermano ya la tenía
bien dura otra vez, la miré y media sonrisa se me dibujó en la cara, esa verga
había pasado por mí y si los cálculos no me fallaban, la mía sería la primer
conchita que él había probado. Augusto podía ser un brabucón y se creía mejor
que los demás pero era pésimo tratando con mujeres, además su apariencia física
no lo ayudaba. No era feo, pero estaba lejos de ser hermoso y esas cejas espesas
ampliaban aún más la ilusión de chico bruto.
Esta vez me esforcé por ganar, quería ser yo quien eligiera el desafío, las
cartas también me ayudaron bastante y si bien un póker de cincos no es la gran
cosa, era el mejor juego de la mesa. Mi hermanita rezongó porque perdió, hubiera
preferido que la derrotada sea mi madre, para poder vengarme de ella, pero como
no tenía nada en contra de Mayra y la vi tan asustada, decidí ser suave.
-Tocásela a mamá –dije apiadándome de ella, un simple toqueteo parecía poca
cosa a estas alturas.
Me miró sorprendida pero no dijo nada. Tal vez ella ya había llegado a su límite
en estos jueguitos eróticos. Se puso de pie y caminó hasta posicionarse a la
derecha de Viki quien abrió las piernas para su hija y le sonrió maternalmente. La
pequeña bajó la mano lentamente y el cronómetro inició la cuenta regresiva justo
cuando comenzó a tocar esa vulva carnosa y velluda. La expresión en el rostro de
mi madre no se alteró para nada mientras los pequeños dedos de Mayra se
introducían con gran facilidad en esa abierta concha. Comenzó con dos y los
movió lentamente como si la estuviera masturbando. En ese momento pensé con
qué frecuencia se masturbaría mi hermanita, yo nunca la había sorprendido
haciéndolo pero la forma en que movía su mano me dejaba muy en claro que
sabía perfectamente lo que hacía. A continuación introdujo un tercer dedo y
aceleró los movimientos, la estaba penetrando con enorme facilidad.
Su madre la miraba con una sonrisa tierna. Los tres dedos de Mayra entraban
y salían cada vez más rápido; desde mi posición podía ver también su colita y la
parte posterior de su vagina, ésta chorreaba flujos sobre la cara interna de sus
muslos. Avergonzada o no, la nena estaba caliente. Al centrarme nuevamente en
la acción me percaté de que Viki tenía los ojos cerrados y daba toda la sensación
de estar disfrutando a pleno de la masturbación a la que la sometía su hija menor.
El tiempo se estaba terminando mi hermanita inició una frenética frotada al clítoris
materno. Sus dedos se sacudían a gran velocidad y noté que mi madre respiraba
agitadamente mientras gotitas de flujo vaginal salpicaban la silla, al parecer la
estaba llevando a un orgasmo pero ese maldito cronómetro dio fin a todo juego. La
jovencita regresó a su silla mientras se repartían cartas como si nada hubiera
ocurrido, a mi madre le llevó unos segundos reponerse, daba la impresión de que
miraba el cronómetro con cierto odio.
En la siguiente ronda de cartas la derrota de mi tío Alberto fue apabullante,
recibió una de las peores combinaciones de cartas de la noche y Augusto se puso
muy contento al alzarse victorioso con un buen full. Me alegró que mi tío hubiera
perdido ya que me daba la impresión de que lo estábamos dejando un poco fuera
del juego.
-Quiero que bailes muy apretadito con mi mamá –pensé que mi hermano
estaba siendo poco creativo, eso del baile ya se había hecho dos veces, aunque
no entre mi tío y madre, pensé que se quejarían por su idea (mejor dicho, la falta
de una) pero Alberto se puso de pie con una amplia sonrisa, estaba dispuesto a
hacerlo.
Mientras la pareja de bailarines se acomodaba en la improvisada pista me di
cuenta de que esta vez me tocaría ver todo de frente y sabía que ésta no era la
mejor posición para mirar este tipo de bailes. De inmediato tomé mi vaso con vino
algo caliente y fui hasta la cocina con la excusa de buscar hielo, escuchaba a mi
tío pidiendo algo más “movidito” para el baile. Regresé justo cuando la música
comenzó a sonar y para no interrumpir me senté en una silla de la otra mesa de la
sala, la que usábamos para cenar. Sabía justo cómo debía ubicarme para no
perderme lo más interesante, si es que algo así ocurría. Vi el gran culo de mi
madre temblar un poco cuando el baile comenzó y supe que tenía mejor locación
para el espectáculo.
La música era algo vieja, como de los años 80’, la que amaban mis padres y mi
tío. El bailarín no se limitó a frotarse por detrás, ocasionalmente hacía girar a la
dama dejándola a veces de espalda y otras veces de frente. Al principio todo
parecía un baile normal, sin contar el hecho de que estaban desnudos y que había
un gran par de tetas que se sacudía para todos lados. Las habilidosas manos de
Alberto lograron inclinar a Viki hacia delante siguiendo el ritmo de la música. Ella
quedó con la colita abierta apuntando al mástil erecto, nuevamente mi tío se valió
de toda su sutileza para acomodar la verga con un simple toquecito y ésta se
apretó contra la zona que mi hermana había estimulado. Todo ocurría muy rápido.
Con un leve empujón el glande consiguió introducirse en la vagina, estaba segura,
podía verlo perfectamente pero estuvo allí sólo unos segundos. El baile continuó y
las pesadas manos de ese hombre maduro encontraron los tiernos pechos de su
hermanita, en ese momento noté que el pene se frotaba contra la húmeda vagina
y me pareció ver que era ella quien presionaba un poco hacia atrás, su
experimentada vulva se abrió dejando entrar la verga hasta la mitad. Abrí mucho
mis ojos por la sorpresa, de verdad estaba recibiendo dentro el pene de su
hermano, aunque eso no era nada luego de lo que Augusto me había hecho. Me
dieron unas ganas locas de masturbarme pero no podía hacerlo ya que me verían
fácilmente. La parejita bailó apretada, el falo entraba y salía despacio, al ritmo de
la música pero en poco tiempo se salió.
Luego de un giro de 360° de mi madre, mi tío logró encajarse otra vez contra la
rajita. La penetración fue rápida pero profunda, pensé que la dejaría adentro pero
obligó a mi madre dar media vuelta quedando los dos de frente. Se fueron
agachando juntos meneando las caderas, ella tenía las piernas bastante
separadas y bajaba peligrosamente hacia el viril tronco que volvió a clavársele.
Era imposible que los demás no vieran esto. Me quería tocar, no aguantaba más,
si mi hermanita lo estaba haciendo yo también lo haría. La miré rápidamente pero
la muy desgraciada estaba con las piernas cerradas y aferrada a su vaso. Noté un
poco de tristeza o consternación en su mirada. Tal vez pensaba en retirarse del
juego, no la culparía para nada si lo hiciera, porque a pesar de mi estado de
excitación yo no podía dejar de repetirme que éramos familia y que no deberíamos
estar haciendo estas cosas.
Con mucho esfuerzo logré resistir la tentación hasta que el baile terminó. La
pareja regresó a sus lugares y tuve que hacer lo mismo aplaudiendo mientras
caminaba. Al principio eso del baile me pareció una sonsera comparada con el
resto de las cosas, pero ahora pensaba muy diferente, mi tío y mi madre habían
aprovechado cada oportunidad que tuvieron para lograr una penetración. Mi papá
sonreía divertido, no parecía molestarle que su propio cuñado se hubiera pasado
con su esposa.
Fue Pepe quien se alzó victorioso en la siguiente partida y mi hermanita quedó
en último lugar, la vi tomar un largo trago de vino con gaseosa, sus mejillas
estaban sonrosadas y parecía un tanto nerviosa, al parecer mi padre también lo
notó porque se apiadó de ella al imponerle un desafío.
-¿Por qué no nos mostrás cómo te masturbás?
Al principio del juego esto hubiera parecido demasiado para mi pobre
hermanita, pero a estas alturas debía admitir que era lo más suave que podían
darle, sin embargo la noté un tanto molesta, seguramente no le gustaría estar
mostrando algo tan personal que hacía en su intimidad, si me lo hubieran pedido a
mí lo hubiera hecho con mucho gusto, estaba tremendamente excitada pero ella
subió los pies al travesaño de la silla sin mucho entusiasmo. Sus piernitas
quedaron separadas mostrándonos una vez más esa preciosa rajita, debía admitir
que era la más bonita de las tres. Llevó dos dedos a su clítoris y comenzó a
moverlos lentamente mientras mi madre ponía el cronómetro en marcha.
Aproveché la ocasión para mirar los tres penes erectos a mi alrededor, me mordí
los labios pensando en si debería meterme alguno de esos otra vez. De a poco el
ritmo de masturbación de Mayra se fue incrementando, cerró los ojos y se relajó
un poco, se me hizo un nudo en la boca del estómago al pensar en todas las
veces que esa dulce niña se había tocado de esa forma y que tal vez lo hubiera
hecho estando yo durmiendo en la cama contigua. Podía sospechar tal cosa
porque yo misma me masturbaba a mitad de la noche mientras mi hermanita
descansaba a pocos metros.
La vi llevarse los dedos a la boca y lamer sus propios jugos, luego regresó a su
sexo y lo castigó metiendo dos dedos en ese diminuto agujero, su respiración se
agitó más y más, noté que mi hermano Augusto se estaba tocando la verga
mientras clavaba los ojos en la conchita de Mayra, no lo culpaba, a mí también me
daban ganas de hacer lo mismo, es más, tenía unas ganas locas de estirar la
mano hacia mi derecha y agarrársela. Miré a mi alrededor y me aseguré de que
todos estaban concentrados en la pequeña así que hice eso que tanto deseaba,
con un rápido movimiento aferré la dura verga de mi hermano y comencé a
masturbarlo lentamente, él me miró completamente sorprendido pero ni siquiera
volteé la cabeza, seguí con la vista fija en la vagina de mi hermanita disfrutando de
la calidez de ese pene erecto entre mis dedos. El alcohol me estaba quitando la
cordura, ya estaba imaginando que un día de estos me agacharía frente a Augusto
y le chuparía la verga. Sí, me la tragaría toda tal y como había hecho con la de mi
padre, le haría el pete de su vida y dejaría que me bañe la cara con su espeso y
tibio semen.
Impulsada por estas explicitas imágenes en mi cabeza aceleré los movimientos
de mi mano derecha y con un dedo de la mano izquierda comencé a frotar mi
clítoris mientras Mayra hacía lo mismo con el suyo. El pitido del cronómetro llegó
mucho antes de lo que yo imaginaba y me apresuré a soltar el pene antes de que
alguien se percatara de lo ocurrido. Mi madre me miró con una sonrisa cómplice,
ella sabía muy bien lo que había sucedido pero intenté disimular tomando un trago
de vino puro.
Mayra estaba más roja que nunca y su respiración tardó varios segundos en
normalizarse, la chica nos había dado una buena lección de masturbación
femenina, pero eso ya era el pasado, nadie hizo comentario alguno sobre sus
habilidades innatas para la autosatisfacción. Repartieron las cartas como si
estuviéramos en un casino.
Conseguí salir victoriosa gracias a las buenas cartas que llegaron hasta mis
manos, en este momento prefería perder antes que ganar pero me alegré al ver
que la peor combinación sobre la mesa era la de mi madre, aunque con el alcohol
que recorría mi cuerpo me costó un poco calcular qué cartas eran peores. Al fin
llegó el momento para vengarme de ella por obligarme a meterme la verga de mi
hermano. Fui cruel y despiadada y no me arrepentí de mis palabras.
-Tenés que meterte la verga de Augusto… por la cola –le dije con una sonrisa
demoníaca.
-¡Ay hija! Pobre de mí colita. ¿A vos quién te dijo que si yo hago esas cosas?
-Y… con semejante cola… no creo que papá se haya aguantado las ganas
tantos años –mi papá comenzó a reírse.
-Ni un día me aguanté, por suerte ella entregó –mi mamá le dio un golpecito en
la mano con un exagerado gesto de asombro.
-Tampoco es tan así –se quejó- esa primera vez yo quería hacer todo para
conquistar a tu padre, no es algo que hayamos hecho muchas veces.
-De hecho hace años que lo hicimos por última vez –mi padre se veía triste y
parecía añorar los buenos momentos en el culito de mi madre.
-Bueno, está bien, lo voy a hacer –me sorprendió que no se negara, pero me
había obligado a ser penetrada por mi hermano, no tenía argumentos para hacerlo
-¿Cómo lo hacemos?– dijo poniéndose de pie; me pareció que se fijaba en
aspectos técnicos para quitarle un poco el morbo a la situación, pero en mí tenía el
efecto contrario –¡ya sé! –exclamó.
Fue hasta el garaje y regresó en pocos segundos con una colchoneta que
supuestamente usábamos para hacer ejercicios, pero que últimamente el único
que la usaba era mi papá, cuando debía acostarse debajo del auto para reparar
algún desperfecto mecánico.
Tendió la colchoneta a mi izquierda, y a la derecha de mi papá. Era obvio que
ella quería que yo vea todo claramente. Mi hermano parecía nervioso pero muy
excitado. “Si boludón, le vas a dar por la cola a tu mamita” pensaba yo. Intentaba
imaginar qué pasaba por la cabeza de mi madre, ¿era realmente consciente de
que en unos instantes su propio hijo la penetraría analmente? Tendió la
colchoneta y desapareció otra vez de nuestra vista, supuse que había ido a su
habitación. Volvió con una botellita llena de un gel lubricante que yo nunca había
visto en la casa, debía tenerla bien guardada. Le pidió a Augusto que se recostara
boca arriba en el pequeño colchón y él obedeció rápidamente. Con una mano, mi
madre, comenzó a embardunar el pene con gel y ya sin más preámbulos se
colocó sobre su hijo. También se puso boca arriba, pero no se tocaban, ella se
sostenía con las manos y los pies sobre el suelo. Dejó las piernas bastante
abiertas y vi que ya se había puesto gel atrás. Estaba decidida a hacerlo. Con
esas grandes tetas y toda abierta parecía salida de una revista porno.
Acercó su cola y mi hermano guio el pene con la mano para que quedara justo
debajo del agujero. Todos mirábamos impacientes. La cabeza de la verga
presionó contra el ano pero no entró, ella empujó un poco hacia abajo pero se
detuvo, al parecer le dolía o temía que el pene se clavara demasiado rápido.
Luego de un par de intentos más comenzó a impacientarse.
-El tiempo no empieza a contar hasta que esté toda adentro –le recordé sólo
para aumentar su sufrimiento.
Ella me miró un tanto preocupada, agarró la verga con la mano y apretando los
dientes dijo “Fuerza” como pidiéndole a mi hermano que colaborara un poco, él
levantó la pelvis y logró enterrar parte de la cabeza, pero al parecer a mi mamá le
dolía porque se estaba poniendo roja. A pesar de que la verga no entrara la
escena era muy caliente, comencé a tocarme la mojada conchita
disimuladamente. Sólo tenía ojos para ese par tirado en el suelo y la verga
intentando abrirse paso en precioso culito. Los huevos de mi hermano seguían
hinchados y yo rogaba que aún tuvieran leche para llenar a su mamita. De pronto
me atacó el impulso de chupar esos peludos testículos que colgaban de forma
muy sugerente. Intentaba reprimirme pero el impulso era muy fuerte ¡Dios mío,
quería chuparlos! Meterlos en mi boca, jugar con ellos, tragarme esa verga y no
podía dejar de mandarme dedo. A pesar de que hoy fue la primera vez que chupé
un pene, eso me dejó una sensación placentera en la boca, quería repetirlo. Miré
el pene de mi padre y el de mi tío, estaba como loca, no me importaba cual, yo
quería uno. En ese momento mi madre me distrajo diciendo:
-Así no vamos a poder. No lo tengo tan abierto como creen.
A pesar de que mi padre tenía una verga aún más grande que la de mi
hermano, no había dejado tan abierto el culito de mi madre, supuse que era cierto
que llevaban mucho tiempo sin practicar sexo anal. Me alegraba de haber elegido
ese desafío, la haría sufrir un poco, como ella me lo hizo a mí. Aún tenía restos del
semen de mi hermano en la conchita y me preguntaba si quedaría embarazada si
me rehusaba a tomar el anticonceptivo, que enfermizo era todo esto. Tener un hijo
de mi propio hermano sería uno de los peores castigos posibles, pero tal vez lo
merecía, por permitir que me penetrara.
Victoria le pidió a su hijo que cambiaran de posición, se recostó boca abajo con
las rodillas levemente flexionadas, Augusto se posicionó tras ella y apuntaló su
verga entre las grandes nalgas de mi madre, parecía completamente dispuesto a
clavarla. Ella volvió a ponerse gel en la cola y mi hermano untó su pene. Volvió a
apuntar hacia ese agujerito que se resistía. Lo pensé mejor y tal vez el pene no
entraba porque mi mamá estaba intranquila y fruncía su culito. Al parecer no le
agradaba tanto que la clavara su querido hijito. Toda esa seguridad que había
demostrado hasta el momento se estaba desmoronando. Recordaba haber
sentido lo mismo cuando estuve a punto de ser penetrada por Augusto, una cosa
era decidirse a hacerlo y otra muy distinta era saber que ese pene estaría
realmente dentro. ¿Con qué cara miraría a su hijo si éste la penetraba analmente?
Además debía incomodarle que Augusto estuviera tan entusiasmado por hacerlo.
En ese momento se me ocurrió que él debía masturbarse frecuentemente
pensando en el culo de su madre.
Viki se aferró con ambas manos al borde de la colchoneta y bajó la cabeza,
sus grandes tetas quedaros aplastadas bajo su cuerpo. Noté que inhalaba
hondamente como si intentara juntar coraje. Con esto sabría lo que sentí cuando
hizo que mi hermano me clave y que además, me acabe en la concha. Augusto
acercó la punta de la verga y la cara de mi madre se desfiguró. El centro de las
cejas estaba arqueado hacia arriba y miraba con sus expresivos ojitos para todos
lados, su expresión era de total preocupación. Hasta sentí pena por ella, estuve a
punto de detenerlo todo cuando Augusto se inclinó hacia adelante, ejerció un poco
de fuerza y logró clavar la punta de la verga. Nadie en la mesa decía una palabra,
todos aguardábamos expectantes.
-¡Uuhhh! –Exclamó Victoria intentando mantener una sonrisa en su rostro pero
sus ojos mostraban pura turbación.
Augusto se inclinaba más sobre la colita de su madre. Ella apretó fuerte sus
dedos contra la colchoneta y supe que había entrado otra parte de la verga,
seguía con su fingida sonrisa con la vista fija en ninguna parte, su hijo parecía
dispuesto a clavarla. Otra vez exclamó ese “¡Uhh!” que indicaba que el pene
seguía ganando terreno. Al parecer su borrachera se había disipado de golpe y
ahora era consciente de lo que estaba haciendo. Me pregunté qué se sentiría
tener una verga en el culo, sabía que debía doler pero en este momento estaba
tan excitada que hasta me parecía atractiva la idea de que alguien quisiera
metérmela por detrás.
Augusto no tenía clemencia, seguía presionando hacia adentro, pero su verga
se mantenía estática. La sacó toda y mi madre se alivió, pero eso fue la calma del
ojo del huracán, lo peor estaba por venir. Él la clavó llevando todo su peso hacia
abajo consiguiendo que la verga entrara completa, su cuerpo aplastó las nalgas de
mi madre haciendo que éstas suban un poco hacia la espalda. Viki apretó los
dientes y emitió un quejido de dolor, su cara se puso completamente roja, lo había
hecho, el muy desgraciado le había metido toda la verga en el culo.
- ¡Uuuh, qué dura! –dijo ella con un jadeo
No cabían dudas, estaba toda adentro, por eso puse en marcha el cronómetro,
ahora sólo debía esperar ocho largos minutos. Al parecer a mi mamá le dolía
bastante porque apretaba los dientes y resoplaba a cada rato. Augusto apoyó las
manos en el piso a los costados de mi madre, quedando toda su pelvis apoyada
en los glúteos de su progenitora. Esa blanca y suave colita parecía inflada bajo el
peso del cuerpo de mi hermano. ¿Qué estarían pensando ambos en ese
momento? Seguramente él estaría muy feliz por tener una excusa para clavarla en
ese culito sin que nadie le reprochara nada, mi madre en cambio, debía estar
contando los segundos mentalmente rogando que todo eso se terminara. Ni
siquiera habían transcurrido dos minutos cuando el muchacho se hartó de ser tan
pasivo. Le dio una fuerte embestida que la sacudió hacia adelante, ella sintió el
impacto y volvió a mostrar esa forzada sonrisa, como si quisiera decirnos “Está
todo bien, es solamente un juego” pero lo cierto es que le dolía. Otra acometida
siguió a la primera y luego otra. Iban a un ritmo pausado. Empujaba, esperaba un
segundo y volvía a empujar. Con cada sacudida la cabeza de mi madre se iba
hacia adelante y luego regresaba a su lugar, yo creía que se le iban a salir los
ojos. No dejaba de apretar con fuerza la colchoneta, sus nudillos se ponían
blancos y su frente se estaba llenando de gotitas de sudor. Las penetraciones ya
mantenían un ritmo lento pero constante, me extrañó que ni ella o mi padre dijeran
algo. Pepe parecía disfrutar de la escena, él tenía la mejor posición para ver esa
verga entrando y saliendo de ese agujerito. Lo que más me impactaba era cómo el
ano de mi madre parecía envolver ese tronco de carne venosa y a su vez cómo
éste se deslizaba con aparente facilidad.
Las embestidas comenzaron a ser cada vez más potentes y mi madre sufría
con cada una, manteniendo siempre esa sonrisa tan forzada, aunque eso no
quería decir que no doliera, o tal vez le dolía el orgullo al estar tendida en el suelo
con su pequeño hijo enterrándosela por atrás. Podría haberles recordado que sólo
debían quedarse quietos y esperar a que el tiempo se termine, pero si mi madre
no decía nada, yo tampoco lo haría.
El estado físico de mi hermano era bastante bueno, lo que le permitía moverse
con facilidad y sin mucho esfuerzo. Mi madre gemía, se quejaba y resoplaba cada
vez que la pelvis del muchacho chocaba contra sus nalgas y esto ocurría cada vez
con más frecuencia. Recién caía en la cuenta. ¡Se la estaba cogiendo! ¡Mi
hermano se estaba cogiendo a mi mamá por el culo! En lugar de molestarme, me
calentó mucho, sin darme cuenta siquiera subí los pies a los travesaños de las
patas de la silla y quedé abierta y tocando frenéticamente mi clítoris.
Lo que más me calentaba era ver su carita, como si por fin se estuviera
arrepintiendo de haber comenzado con este juego. La excitación de Augusto iba
en aumento, se notaba por el creciente ritmo de las penetraciones. El culo de mi
madre temblaba como gelatina y sus uñas se hundían en la colchoneta. Esos
continuos movimientos me tenían hipnotizada, no podía dejar de meterme los
dedos y estimular mi botoncito. Me sobresalté al escuchar el pitido del cronómetro
pero más me sorprendí al ver que mi hermano hacía caso omiso de a éste. No se
detuvo, siguió clavándola contra ese agujerito una y otra vez. Miré a mi padre,
tenía su gran miembro aferrado con su mano izquierda y miraba fijamente el culito
de su esposa. Mi tío estaba en la misma situación, se masturbaba lentamente sin
apartar la mirada. Volteé para mirar a mi hermanita y la encontré masturbándose
igual que yo. A pesar de su gran vergüenza había momentos en los que parecía
olvidar que estábamos todos a su alrededor. Ella maltrataba su conchita que ya
estaba toda colorada. Me di cuenta de que se estaba metiendo un dedo en la cola.
Lo metía y sacaba con gran facilidad. Casi por instinto se me dio por imitarla,
separé más mis piernas y comencé a introducir un dedo, me ardía un poco y no
era tan placentero que digamos, aunque noté como mi colita se abría de a poco y
ya no dolía tanto. Mi hermano notó que me lo estaba metiendo por eso lo saqué
rápidamente, aunque no dejé de pajearme.
Viki se limitó a gemir tras cada arremetida de su hijo. Siguió aguantando esas
fuertes penetraciones que hacían vibrar todo su cuerpo y transformaban su
hermosa carita en una máscara de placentero sufrimiento. Podía ver el gran pene
aparecer casi en su totalidad y volver a perderse entre los glúteos en un segundo,
me imaginaba cómo se abriría paso por el interior de ese agujerito y qué sentiría
mi madre exactamente, tal vez le dolía pero en parte debía gustarle, de lo
contrario hubiera apartado a mi hermano. Esto era un poco diferente, lo que
hacían ya no se atenía a las normas del juego, estaban cogiendo por puro gusto,
aun sabiendo que todos observábamos.
El tiempo fue pasando y el ritmo de mi hermano variaba, de a ratos le daba
rápido y luego se movía un poco más lento, como intentando recuperar el aliento.
Viki ya no mostraba tantos signos de dolor, de a poco fue levantando la cabeza y
cerró sus ojos, al parecer su culito ya se estaba acostumbrando al intenso
tratamiento “peneano”. Un minuto después ya podía afirmar que ella lo estaba
disfrutando, sus jadeos sonaban de otra forma, ya no había rastros de dolor en
ellos. Se estaba dejando llevar por la situación.
-Sí, así… así… ahh –la escuché decir entre sus gemidos.
Le estaba pidiendo a su hijo que la siguiera cogiendo y él obedecía, podía
escuchar el chasquido que provocaba el cuerpo de mi hermano al chocar contra
esas suaves nalgas. Le estaba dando una buena culeada a su madre delante de
la familia, esto era incesto y no podía ser llamado de otra forma. ¿En qué
momento nos habíamos convertido en esto? Ah sí, cierto… en el momento en que
comenzamos a jugar Strip Póker.
Las embestidas de Augusto se hicieron más fuertes. Ese culito debía estar muy
rico, si yo fuera hombre y estuviera en esa posición, no me detendría por nada del
mundo. Ella comenzó a masturbarse con una mano y parecía estar gozando de
verdad, decidida a seguir cogiendo hasta quedar satisfecha. Ahora ella misma
acompañaba el movimiento. Ver a mi madre de esa forma fue muy revelador e
impactante para mí, pero a la vez me producía mucho morbo. Quería ver qué
ocurría atrás con mayor claridad, por eso me puse de pie y rodeé la mesa por
detrás de mi hermana con la excusa de llenar mi vaso con vino. Luego avancé
unos pasos y allí pude ver cómo esa verga estaba dejando rojo y abierto el culito
de mi madre. Nuevamente probé meterme un dedo en la cola pero me dolió un
poco y lo saqué. Ahí caí en la cuenta de que estaba parada justo delante de mi tío,
me dio cierto pudor que él me viera haciendo eso, pero intenté hacerme la boluda
y seguí atenta al espectáculo. Un instante después sentí algo duro y húmedo
hurgando en mi colita, era el dedo índice de mi tío Alberto, estuve a punto de
quitar su mano pero preferí dejarlo, a ver qué pasaba. Lubricación era justo lo que
mi colita andaba necesitando, la diferencia fue notoria, su dedo se introdujo hasta
la segunda falange con facilidad. Sentí mi cola estirarse para darle paso y eso me
dolió un poco, pero era tolerable. Me dio la impresión de que mi tío sabía lo que
hacía.
Podía ver la conchita de mi madre goteando como una canilla descompuesta
mientras la verga se deslizaba hacia el interior de su culito con enorme facilidad.
¿Qué le estaba pasando ahora? Supuse que la calentura le estaba haciendo
olvidar quién se la estaba metiendo, así como yo ni siquiera pensaba en los
problemas morales que provocaba que sea mi tío el que me estaba colando un
dedo por atrás. Ahora me hacía una leve idea de lo que podía estar sintiendo mi
madre, era un dolor dulce. Alberto aprovechó que ya me tenía dispuesta para usar
su otra mano en mi conchita. Me masturbaba por los dos agujeritos con gran
maestría y mi clítoris se ponía feliz al sentir esas rápidas sacudidas que hacían
saltar mis fluidos para todos lados. Él tenía la impagable oportunidad de toquetear
a su sobrina a discreción sin miedo a que alguien le recriminara algo. Sentí un
segundo dedito en mi colita, éste me dolió más pero también aumentó el placer.
Tuve que reprimir un gemido. Los movió en mi interior brindándome sensaciones
que nunca había experimentado. Estaba muy excitada.
Mi hermano seguía dándole por el culo a su madre y ésta gemía suavemente.
En ese momento mi tío se puso de pie y me aferró por la cintura, yo tenía la mente
divagando por otros lados así casi ni noté cómo me inclinaba hacia adelante y me
arrimaba su dura verga por la conchita. Apenas sentí su glande entrando, empujé
hacia atrás con mi cola para que se metiera entera. Nunca me había sentido tan
promiscua en mi vida ¿qué me estaba pasando? Una vez leí que si un grupo de
personas comete malos actos es muy probable que el resto los siga, las personas
se dejan influenciar por las acciones. Yo estaba viendo a mi hermano cogiéndose
a mi madre y me servía de excusa perfecta para dejar que mi tío me la metiera.
Alberto me agarró con fuerza las tetas mientras comenzaba a bombearme la
conchita. Mi padre no se percató de lo que estábamos haciendo ya que nos daba
la espalda y miraba fijamente a su hijo y esposa sin soltarse el pene. Miré a Mayra
y me sorprendí cuando nuestros ojos se encontraron, parecía enfadada conmigo,
había dejado de masturbarse, supuse que para ella esto ya había llegado
demasiado lejos, decidí mirar hacia otro lado para que no me carcomiera la culpa.
Cuando horas antes me puse la tanga para salir de fiesta quería que alguien
me cogiera esa misma noche, aunque no lo hubiera admitido abiertamente, pero
nunca imaginé que ese alguien podría llegar a ser mi tío, pero allí estaba,
recibiendo toda su verga en mi interior y totalmente entregada a él. En ese
momento vi algo que me sorprendió muchísimo. La conchita de mi madre se
estaba llenando de un líquido blanco. Primero pensé que mi hermano ya había
acabado pero no era así, ese líquido blanco definitivamente salía del interior de su
conchita, primero fue un poco y luego vi una cantidad mayor fluyendo desde el
agujerito. Yo había leído sobre eso en alguna parte, al parecer había mujeres que
eran capaces de expulsar un líquido muy similar al semen y del mismo color, pero
sin espermatozoides. Nunca creí que lo vería en vivo alguna vez. El espeso fluido
blanco chorreó de forma continua hacia afuera durante unos segundos formando
un hilo que cayó sobre la colchoneta negra Esto era demasiado para mi frágil y
excitada mente, me incliné hacia adelante aferrándome al respaldo de la silla que
había dejado mi madre y me dediqué a disfrutar de la cogida que me estaba
regalando mi tío. Podía sentir la cabeza de su verga rozando las paredes internas
de mi cavidad vaginal mientras grandes cantidades de flujo manaban hacia afuera.
De pronto la verga en mi concha se salió, pensé que había sido un accidente
pero enseguida la sentí contra mi culito. No sabía qué hacer. Ahí me di cuenta que
mi tío sólo se la había lubricado, él quería entrar por atrás. Recordé que si estaba
tensa me dolería más, intenté relajarme, de todas formas, si me dolía, podría
detener todo. Me inclinó más hacia adelante y comencé a masturbarme. El glande
comenzó a frotarse contra mi entrada posterior. Cuando ya estaba totalmente
dispuesta y entregada él se apartó y escuché que regresaba a su silla, no
entendía nada. En ese momento vi que mi hermano le estaba sacando la verga
del culo a mi madre, ella se quedó tendida en la misma posición con su ano
colorado y abierto. De su vagina seguía saliendo esa especie de cremita blanca, a
los pocos segundos su culo expulsó un poco de semen bien cargado que fluyó
hasta su conchita seguido por otra cantidad igual. ¿De dónde sacaba tanta leche
mi hermano? Tal vez hacía mucho que no descargaba. Regresé a mi asiento
antes de que alguien notara lo que había pasado con mi tío, aunque el ceño
fruncido de Mayra hizo que me sintiera culpable. Tenía toda la sensación de que le
estábamos produciendo un daño psicológico irreparable a la pequeña.
Mi madre se puso de pie con dificultad y nos sonrió tímidamente, era raro que
ella actuara así, normalmente era muy segura de sí misma. Se fue caminando casi
como un pato hasta el baño más cercano, pobre, debía dolerle mucho el culo
después de semejante empernada. Pensé que todo el juego se había ido al carajo,
que ya a nadie le importaría seguir con las cartas pero vi que mi padre ya las
estaba repartiendo otra vez. ¿De verdad pensaban seguir jugando? La única
explicación que encontraba es que las cartas servían de excusa para realizar
morbosas actuaciones y hasta yo misma estaba interesada en participar en
algunas y creo que mi hermano también, a pesar de que su pija había quedado
muerta. Mi tío hablaba de lo bueno que estaba el vino, la charla en la mesa era
totalmente ajena a lo ocurrido. La negación era el tema más recurrente para la
conversación.
Esta jornada había pasado de inocentes jueguitos sexuales a sexo duro y
explícito. De haber sabido que llegaríamos tan lejos me hubiera negado desde el
principio, pero ahora era muy tarde, ya estaba adentro y no podía salir. Mi madre
regresó, se la veía un poco más fresca, al parecer se había dado una ducha
rápida ya que llevaba el pelo completamente mojado y traía consigo una toalla
blanca con la que aún se secaba el cuerpo. En la siguiente tanda de cartas mi
hermanita quedó en último lugar y la victoriosa fue mi madre, con un full bastante
bueno. Ella cambiaba de posición a cada rato en la silla, debía dolerle bastante lo
que Augusto le hizo pero ahora teníamos otra cosa en mente ¿Qué desafío le
daría a su hija más pequeña? Mayra parecía un hermoso tomate. Estaba toda roja
y con los ojos bien abiertos, se la veía preciosa. Me daban ganas de pellizcarle los
cachetes… y los pezones también, ¿por qué no?
Nuevamente vi a Victoria dudar, ella no podía ser cruel con la más dulce y
tierna de sus hijitas, no me producía ningún tipo de celos esa diferencia de trato,
yo hubiera obrado de la misma forma al tratarse de Mayra.
-Tenés que tocársela a tu tío Alberto –dijo mi madre luego de pensar unos
instantes; mi tío pareció alegrarse con la idea de que su rica sobrinita le haría una
paja, pero la jovencita no estaba para nada feliz.
Luego de meditar unos segundos y de hacer mala cara, acercó un poco su silla
a la de mi tío y extendió la mano tímidamente mientras ese erecto miembro la
esperaba. Titubeó unos instantes y cuando creí que al final lo haría se levantó de
la silla y se fue corriendo hacia el pasillo que daba a las habitaciones. Todos nos
quedamos boquiabiertos, pobrecita Mayra, la habíamos llevado a un punto de
quiebre con nuestros desubicados juegos. De inmediato la seguí, para ver cómo
estaba y mi madre me acompañó.
La encontramos tirada boca abajo en su cama, llorando. La pena y la culpa me
invadieron, me sentía una estúpida por haber permitido que todos esos juegos
llegaran tan lejos y más por no haberle preguntado a mi hermanita cómo se sentía.
Mi madre la consoló y logró que nos mirara. Allí quedaron las dos, tan desnudas
como yo, sentadas en la cama. La pequeña se quitaba las lágrimas de la mejilla
con el dorso de la mano.
-Contame qué te pasa hijita –le rogó mi madre.
-Está todo bien Mayra, podés decir lo que sientas –le dije intentando
tranquilizarla.
-Es que… es que –comenzó diciendo entre llantos– me tratan como a una
boluda –con mi madre nos miramos anonadadas, no era eso lo que esperábamos
escuchar y no estábamos segura de lo que significaba.
-¿Por qué lo decís? –preguntó Viki.
-Porque a todos les dan desafíos muy zarpados –ahí estaba el problema,
habíamos llegado muy lejos– y a mí me ponen puras boludeces –me quedé con
los ojos como platos– a ella le llenaron la concha de leche y nadie dijo nada –me
señaló acusadoramente con el índice– a vos te rompieron el culo y está todo bien
–nunca la habíamos escuchado hablar de esa manera, estaba indignada y
enfadada– y cuando me toca a mí me piden que solamente se la toque al tío,
como si yo fuera una nena estúpida.
Madre mía, la chica se enojaba porque le parecía poca cosa que la manden a
pajear al tío. Pero en algo tenía razón, nuestras pruebas estuvieron muy cargadas
de sexo, en ese momento caí en la cuenta de que sólo la habíamos mandado a
“tocar” o a bailar, sí parecía un tanto sonso luego de las cosas que habían
ocurrido. Ahora recordaba su baile con mi hermano, él la esquivaba y ella misma
buscaba el roce. Hasta estuvo a punto de lograr una penetración anal. De hecho,
en parte lo logró. Meter ese glande en un culito tan chiquito, sin gel lubricante, no
era tarea fácil. Augusto también la veía igual que nosotros, como si la chica fuera
de porcelana y pudiera romperse si no se la trataba con delicadeza.
-Perdón hija, no lo había visto de esa forma. No te enojes con nosotros, es que
vos sos la más chiquita y nos cuesta verte como una mujer, más que nada en
temas sexuales.
-Pero ya soy una mujer –se quejó– y sexualmente activa –a mi madre se le
desfiguró la cara por segunda vez en la noche, mi expresión no era muy distinta a
la suya.
-¿Y se puede saber con quién estuviste? –le preguntó.
-Eso no les importa.
-Me importa, porque soy tu madre –se lo dijo dulcemente; Mayra meditó unos
segundos.
-Estuve con el profesor del gimnasio –una vez más casi nos da un infarto
sincronizado a mi madre y a mí.
Mi hermanita concurría a un gimnasio a pocas cuadras de casa donde utilizaba
los típicos aparatos para ejercitarse, no necesitaba mejorar su forma pero ella
disfrutaba de la actividad física. El susodicho profesor era un tipo grandote que
debía medir casi 1,90 metros y estaba alrededor de los 35 años. Un hombre
demasiado grande, en todo sentido, para ella.
-¿¡Qué!? ¡Degenerado de mierda, lo voy a matar! –mi madre pocas veces
reaccionaba así.
-¡No mamá! No te metas, él no es ningún degenerado, yo lo busqué. Además
fue algo de unos días nomás, ya se fue a trabajar a otro gimnasio y no lo veo más.
-¿Pero esto cuándo pasó? –pregunté intrigada; mi hermana ya estaba a pocos
meses de los 19 años, pero igual la veía muy chiquita como para incurrir en el
sexo con hombres maduros.
-No fue hace mucho, unas dos semanas.
-¿Pero cómo fue que llegaron a eso? ¿Dónde hicieron… -ahora lo que más
nos importaba era saber qué había ocurrido.
-Ya te dije, yo lo provoqué… hasta que un día no se aguantó más, y bueno…
me cogió –lo decía con una naturalidad tremenda, me imaginaba a mi hermanita,
tan bajita y menudita siendo desvirgada por un tipo tan grandote, no podía
imaginarme qué caras pondría ella mientras se la estaban clavando, yo la veía tan
dulce y tímida que no podía concebir lo que me decía, pero al verla desnuda podía
entender el increíble atractivo que tenía su cuerpo, al hombre le habrá costado
enormemente resistirse a sus encantos -la primera vez fue en el gimnasio, cuando
no había nadie y las otras veces fuimos a un telo –¡yo no había pisado un telo en
mi vida y a la pendeja ya se la habían garchado en uno! Me di cuenta que fallé
como hermana, compartíamos la misma habitación y ni siquiera sabía en qué
andaba ella. Mi madre estaba pálida. Pensé que le daría un cachetazo a Mayra,
pero me sorprendió una vez más.
-¿Lo disfrutaste? –le preguntó con voz calmada.
-Sí, mucho. Él nunca hizo nada que yo no quisiera, me pidió algunas cosas y
cuando le dije que no, no volvió a insistir.
-¿Cosas como qué? –esta vez fui yo quien preguntó.
-Me quería dar por la cola, por ejemplo –señaló su respingado traserito– pero
le dije que no.
-Ah bueno, al menos sé que seguís virgen por un agujerito –acotó mi madre.
“No tan virgen” pensaba yo recordando cómo se había metido el glande de mi
hermano– bueno Mayra, te vuelvo a pedir disculpas, hicimos mal en tratarte de
esa forma, vos tenés el mismo derecho a “jugar” que todos nosotros –¿de verdad
veía todo como un simple juego?
-Está bien, pero prométanme que me van a tomar en serio de ahora en más.
Se lo prometimos y regresamos a la sala donde los tres hombres hablaban de
quién sabe qué cosas, pensé que los encontraría con las pijas flácidas pero no,
sólo la de mi hermano descansaba en su posición natural, las otras dos
continuaban apuntando hacia arriba.
-¿Qué pasó? –preguntó mi padre cuando nos vio.
-Mayra se estaba haciendo pis, fue hasta el baño –dijo mi madre para no
explicar lo que sucedió realmente.
-Sí, no sé por qué me siguieron –acotó la pequeña.
-¿Y por qué tardaron tanto? –quiso saber mi hermano cuando estábamos por
sentarnos.
-Porque estábamos viendo quién meaba más lejos –le contesté dándole un
golpe en la cabeza– y los demás comenzaron a reírse.
-Bueno, sigamos –mi madre seguía llenando su vaso con vino– pero quiero
cambiar un poco el desafío.
-Mejor –dijo mi tío– porque ya me está por explotar.
-¿De verdad? –le preguntó su hermana.
-Sí, uno no es de palo. En cualquier momento tengo que salir corriendo a
buscar una toalla –noté una sonrisa picarona en los labios de mi madre.
-Ahora el desafío es… -miró fijamente a mi hermana manteniendo media
sonrisa en sus labios– que Mayra se tiene que tomar la leche de Alberto –los tres
hombres voltearon al unísono para mirarla.
-¿No será mucho hermana? –mi tío parecía preocupado pero excitado a la vez;
su verga daba leves espasmos sacudiéndose.
-No sé, que eso lo decida Mayra ¿Te animás? –miró a mi hermanita como
diciéndole “Vos querías que te tomáramos en serio”.
Las mejillas de la pequeña se sonrojaron una vez más, al parecer esto era
producto de la calentura y no de la vergüenza, nosotros habíamos interpretado
mal el mensaje. Finalmente se puso de pie sin decir nada, automáticamente mi tío
se levantó con un saltito, parecía muy entusiasmado y no paraba de escanear con
la mirada ese cuerpito de mujer. Hasta yo me sentía extrañamente provocada al
verla así. La muchachita se puso de rodillas ante el gran falo peludo y venoso que
quedó apuntando a su dulce carita. Era una prenda sin límite de tiempo, terminaba
cuando ella hubiera tragado todo el semen. A mí me daba un poco de asco, si no
me animaba a chupar vergas, mucho menos a tragar leche, pero esta noche había
experimentado muchos cambios permanentes en mi vida sexual, ya veía el sexo y
el placer de una forma muy diferente.
Mi tío comenzó a masturbarse frente a su sobrinita, me impactó un poco esa
imagen, era un tanto perversa y sexy a la vez. Mayra lo miraba con sus ojazos
bien abiertos y aguardaba con su boquita preparada. Todos guardábamos silencio,
lo único que podía escuchar era el chasqueo de la verga de mi tío y la de Augusto
también, el pibe se estaba dando duro a medio metro de mí pero su pene se
sacudía como el cuello de una gallina sin llegar a ponerse duro, decidí ayudarlo un
poco con esta tarea y extendí mi mano hacia él para acariciársela suavemente, él
apartó sus torpes dedos y me dejó trabajar, no era experta en la materia pero
había provocado más de una erección en mi vida y tenía cierta idea de cómo
hacerlo.
El primer chorro de semen dirigido hacia la boquita de mi hermana llegó
cuando nadie lo esperaba, pensé que eso asustaría a Mayra pero ella estaba lista
y lo recibió directamente adentro. Se acercó hasta que el glande quedó apoyado
en su labio inferior y las descargas siguieron, podía ver que la leche era muy
blanca y espesa, más aún que la de mi hermano. La escena me excitó tanto que
comencé a masturbarme con la mano izquierda, cosa que rara vez hacía, intenté
igualar la velocidad de movimiento en ambas manos mientras continuaba
estimulando el miembro de Augusto, éste ya estaba ganando rigidez.
Mayra se metió todo el glande en la boca y comenzó a chuparlo a la vez que
tragaba toda la leche que le habían dado, la niña parecía disfrutarlo a pleno. Mi tío
la agarró suavemente de la cabeza y la dejó chupar tranquila. Me preguntaba si él
alguna vez había fantaseado conque mi hermana le haga un pete, porque se lo
veía muy entusiasmado. Ella cerró los ojos y tragó una buena porción de esa
verga. Mi hermano posó su mano izquierda tímidamente sobre mi pierna, no tenía
tiempo para que él tomara coraje, le agarré la mano y la guie hasta mi concha, me
metió los dedos de una forma tosca que me hacía doler un poco, pero también me
daba mucho placer. La pequeña le estaba mamando la verga a su tío y a pesar de
que la prueba ya había sido superada, no parecía que fuera a soltarlo. Escuché
cómo le daba fuertes chupones en la punta cuando lo sacaba de su boca; me
preguntaba dónde había aprendido a chupar así, aunque me daba una idea. Por
fin se detuvo y todos la aplaudimos, eso sirvió para terminar disimuladamente los
toqueteos entre mi hermano y yo. En ese momento me pregunté qué pasaría
muchos días después de esto. ¿Mi hermano y yo volveríamos a tocarnos de esa
forma, me metería su verga otra vez? ¿Mayra le chuparía algún día la verga a su
tío? No podía responder a todas estas preguntas pero un intenso calor me recorrió
el cuerpo.
Era increíble, en pocos segundos ya estábamos los seis sentados otra vez
repartiendo esas cartas que decidían nuestra suerte sexual, uno pensaría que a
esas alturas nadie le daba importancia al póker, pero lo cierto es que nos
interesaba más que nunca, nos esforzábamos por ganar… o perder. Sabía que la
estrategia de todos sería más o menos la misma, si las cartas parecían buenas
entonces intentábamos conservar las mejores, pero si en general eran malas, eran
las peores las que quedaban en nuestras manos, así lo hice esta vez y me dio un
buen resultado. Perdí. La ganadora fue mi hermanita y esperaba que ella me diera
algún desafío interesante.
-Tenés que chupar dos vergas a la vez –me dijo levantando dos dedos- y tenés
que hacer acabar al menos a uno antes de que terminen los ocho minutos.
-Yo no estoy para otra ronda –acotó mi tío- así que tendrán que ser Augusto y
Pepe los afortunados.
-Me parece bien –dije con una sonrisa, estaba tan cachonda que ya no me
importaba nada, quería verga y tendría dos.
En cuanto me puse de pie me pareció buena idea ponerme de rodillas sobre la
colchoneta, así al menos evitaría estar sobre el frío y duro suelo. Mi cabeza se
meneaba de un lado a otro como si fuera un velero meciéndose con el viento,
aunque lo que producía el movimiento, en este caso, era el alcohol. Dos grandes
falos masculinos quedaron ante mis ojos a pocos centímetros de ellos. Una
sonrisa de borracha lujuriosa se dibujó en mi rostro y aferré con una mano cada
una de esas vergas, me calentó mucho sentirlas tan duras. Decidí comenzar por la
de mi hermano ya que aún no la había probado, al menos no con la boca. Le di un
lengüetazo al glande y luego me lo tragué, estaba completamente desinhibida, me
sentía una puta y lo estaba disfrutando, no era sólo por el tamaño de esos
miembros sino porque éstos pertenecían a mi hermano y a mi padre, lo cual me
producía un morbo extra.
El tiempo pasaba y yo ya estaba mamando la verga de mi padre, ésta era más
grande y me daba más trabajo pero ya estaba aprendiendo a meterla en mi boca y
darle unas buenas lamidas. Sacudí mi cabeza de atrás hacia adelante con fuerza
llenando todo su tronco con mi saliva y luego, con un rápido movimiento, pasé a
chupar la de mi hermano. Esto sólo lo había visto en películas porno y no podía
creer que lo estuviera viviendo en carne propia y que además lo estuviera
disfrutando tanto. Estos hombres se acordarían toda su vida de mi mamada, puse
mucho esfuerzo cada vez que tuve una verga dentro de mi boca, incluso lamí esos
velludos testículos, en ese momento pensaba en la cogida que me dio mi tío
Alberto y en cómo se sintió el pene de Augusto cuando lo tuve dentro. Quería que
me cojan, todos mis prejuicios sobre el sexo con familiares se habían
desmoronado por completo. Me encontraba chupando intensamente la pija de mi
papá cuando sentí algo tibio y espeso que inundaba mi boca, había logrado
hacerlo acabar y me sentí estupendamente bien, con mi boquita fui capaz de
provocarle un orgasmo a mi padre. No abrí la boca en ningún momento, si Mayra
pudo tragar todo el semen de mi tío sin quejarse, yo también podía hacerlo, pero
me resultaba difícil porque esa manguera de carne no dejaba de expulsar leche y
yo no podía tragar tan deprisa, el líquido blanquecino comenzó a brotar hacia
afuera por la comisura de mis labios, el sabor me agradó mucho y sentía que me
estaba llenando el estómago con el semen de mi propio padre. En un momento
me ahogué y tuve que sacar el pene de mi boca salpicando leche y saliva, de
todas formas los tres integrantes de la mesa aplaudieron porque yo había logrado
el objetivo.
Me puse de pie con la boca y los pechos salpicados de blanco y casi al
instante sentí los dedos de mi hermano hurgando en mi conchita, no le di
importancia y dejé que me los metiera mientras yo simulaba estar limpiándome
con el dorso de mi mano, lo que en realidad hacía era lamer lo que recolectaba.
Augusto se colocó a mi espalda y con un suave empujón me obligó a inclinarme
hacia adelante, hasta ese momento estaba todo bien, cuando sentí su dura verga
restregándose contra mi húmeda conchita no dije nada pero de pronto la sentí en
el agujerito de mi culo. Cuando mi tío hizo lo mismo no me molestó, porque no
tenía nada en contra suya, pero ahora que lo hacía mi hermano se me dio por
recordar mi orgullo, ya le había entregado la concha, no le entregaría también el
culo.
-¡No salí! –me quejé; él intentó penetrarme y comenzó a dolerme la cola- ¡no
pará, me vas a hacer mal, salí!
-Augusto, no molestes a tu hermana –lo retó mi madre.
-Solamente estoy jugando –se defendió.
-Entonces volvé a la mesa, porque el juego es acá –esta vez fue mi padre el
que hizo valer su autoridad; Augusto me soltó de mala gana.
-Creo que ya es hora de ir a dormir –dijo Victoria- además ya se terminó el
vino.
-Si se terminó el vino yo me voy a dormir –mi tío apoyaba la moción.
-Pero yo quiero seguir jugando –fui yo quien habló.
-Ya es tarde Nadia, otro día lo seguimos.
Intenté convencerlos de que reanudemos el juego, incluso Augusto se puso a
mi favor pero no hubo caso, los adultos habían tomado una decisión y ésta era
irrevocable. Resignados abandonamos la mesa dejando todo tal y como había
quedado con la promesa de limpiar cuando nos levantáramos, fue un tanto extraño
que cada uno caminara desnudo hasta su cuarto ante la vista de toda la familia,
pero en ese momento lo que menos sorprendía era la desnudez.
Antes de acostarme enjuagué mi boca con abundante agua, no quería irme a
dormir con el sabor al semen de mi padre. Cuando me acosté me moví inquieta,
me sentía cansada y mareada pero no podía relajarme, aún estaba cachonda,
quité la sábana que me cubría y abrí las piernas, comencé a masturbarme con los
ojos cerrados, impulsada por la lujuria que residía en mí, me importaba muy poco
que Mayra estuviera mirando.
Me sobresalté al sentir un movimiento extraño en mi cama, al abrir los ojos vi
que mi hermanita se había sentado a pocos centímetros de mí.
-¿Querés que te ayude? –me dijo casi susurrando.
-Sí, vení.
¿Qué decía, estaba invitando a mi hermana a que me hiciera una paja? Ni yo
lo podía creer pero necesitaba que alguien me diera placer y ella era la persona
que tenía más cerca. Se acostó a mi lado y casi al instante sentí sus pequeños
dedos jugueteando con mi clítoris. Esto era mucho mejor que tocarse sola. Supuse
que yo debía devolverle el favor, si ella no estuviera tan excitada como yo jamás
hubiera propuesto tal cosa. Me agradó sentir su húmeda y suave rajita entre los
dedos, ésta era más pequeña que la mía pero también más abultada en la zona
del monte de venus. No pasó mucho tiempo hasta que comenzamos a meternos
los dedos mutuamente, ella lo hacía muy bien y yo quería demostrarle que
también tenía mucha experiencia en masturbación.
-¿Querés que te la chupe? –me preguntó luego de unos segundos; su cálida
vocecita me hacía perder la razón.
-No sé… no hace falta que hagas eso…
-Si vos me lo pedís, yo lo hago.
-No te lo voy a pedir –continué moviendo los dedos en su sexo.
-Como quieras, ya sabés, si querés, pedimelo.
-No me pidas permiso porque no sé qué contestarte. Hacé lo que vos quieras.
-Ok.
Se quedó en su lugar pero no dejó de meterme los dedos, mi respiración se
estaba agitando y en ese momento nos llegó un inconfundible ruido desde el
cuarto contiguo, eran los gemidos de mi madre, éstos no se medían en lo más
mínimo, nunca la había escuchado así.
-¿Le estará dando por el culo? –preguntó Mayra sin dejar de masturbarme.
-Seguramente, después de lo que hizo Augusto papá no se iba a quedar con
las ganas.
-Decime la verdad Nadia, ¿te gustó cuando Augusto te la metió?
-Al principio no, pero después me gustó mucho –nos quedamos en silencio
durante un rato mientras movíamos nuestros dedos y escuchábamos los ruidos
sexuales producidos por nuestros padres.
-Me gustan tus tetas –me dijo
Ni siquiera tuve tiempo a contestarle algo, en ese preciso instante pegó su
boca a mi pezón izquierdo y comenzó a succionarlo con ganas. Metí dos dedos
bien adentro de su vagina y los moví para indicarle que me gustaba lo que estaba
haciendo. Mi calentura iba en aumento constante mientras ella pasaba su lengüita
por mis pechos.
-Mayra…
-¿Si?
-Chupamela.
No esperó ni un segundo, se deslizó hacia abajo con un rápido movimiento
mientras yo separaba más mis piernas, sentí un beso justo contra mi clítoris y me
estremecí tanto que mi espalda se arqueó y tuve que aferrarme con fuerza a las
sábanas. Solté un grito de placer que fue opacado por otro de mi madre. Me
habían hecho sexo oral en algunas ocasiones pero nunca lo hizo una mujer, tenía
que admitir que Mayra tenía talento, me la estaba comiendo intensamente y
seguramente se estaba tragando todo el jugo que salía de mi vagina. Cuando fui
consciente de que estaba teniendo sexo con mi hermana el morbo me hizo estallar
en un orgasmo, la pequeña recibió en la cara todo lo que saltó de conchita y no
dejó de lamer y chupar ni por un instante.
-Date vuelta –le dije entre jadeos.
Ella giró su cuerpo rápidamente y se colocó encima de mí. Su conchita rosada
quedó abierta a pocos centímetros de mis ojos, no la hice esperar, abrí la boca y
comencé a chupársela. Estaba deliciosa, muy cargada de flujos y morbo… mucho
morbo. Pensé que cuando estuviera casa dentro de muchos años aún recordaría
la noche en que tuve sexo con mi propia hermanita. Luego de pocos segundos
sentí un chorro constante de líquido fluyendo desde el agujerito de su vagina hacia
mi boca, me pegué a él y comencé a succionar intensamente. Sentí que me
chupaba el clítoris hasta casi arrancarlo y eso me llevó a un segundo orgasmo.
Nos llevó un buen rato calmarnos y sólo dejé de lamerle la rajita cuando supe que
ambas estábamos completamente satisfechas.
-Esto fue intenso –le dije mientras nos sentábamos en la cama.
-Siento que cumplí un sueño.
-¿Cómo es eso?
-Sí Nadia, no es la primera vez que fantaseo con chupártela. ¿Nunca te pasó a
vos?
-La verdad que no… pero no te pongas mal, es que nunca me sentí atraída por
otra mujer… hasta hoy.
-Eso vale mucho para mí –se abalanzó sobre mí y me dio un corto beso en la
boca- bueno, vamos a dormir a mi cama, ésta quedó toda mojada.
-Es cierto. Andá a acostarte, yo voy al baño y vuelvo.
Tanto sexo y alcohol me produjo unas increíbles ganas de orinar. Fue un alivio
el poder hacerlo. En cuanto salí del baño para regresar a mi cuarto vi a mi tío
Alberto saliendo del dormitorio de mis padres, él pasó caminando a pocos metros
de mí pero no me vio.
Me acosté junto a Mayra y abracé su menudo cuerpecito. Pensé en lo que
había visto, si mi madre estuvo cogiendo frenéticamente y mi tío también estaba
en ese cuarto es sólo podía significar una cosa. Tuvieron un trío. No podía
imaginarme a mi mamá con dos hombres a la vez. ¿La habrían penetrado los dos
al mismo tiempo? Seguramente así fue, eso explicaría a qué se debían sus
desesperados gritos de placer, le habían metido dos vergas. Me costaba creer que
mi familia hubiera cambiado tanto en una sola noche de juegos y eso me hacía
sentir rara. No por lo que habíamos hecho, ya estaba aceptando eso y no podía
cambiar nada de lo ocurrido. Me di cuenta que me sentía insatisfecha, a pesar de
la noche de intensa carga sexual que viví, tenía la sensación de que pude haber
vivido mucho más. En pocos minutos me quedé dormida con una idea fija en la
cabeza: Debía hacer todo lo posible para que este juego se repita.
Capitulo 02

M e desperté cuando la puerta de mi cuarto se abrió e instintivamente


abracé a mi hermana, despertándola también. Mi madre entró y comenzó a mirar
para todos lados un tanto sorprendida, era obvio que intentaba analizar la
situación. Iba vestida tan sólo con un camisón color negro.
-¿Qué pasó acá? –Preguntó al ver mi cama con evidentes manchas de
humedad; no contestamos- mejor no quiero saberlo. Vístanse que su padre está
preparando un asado. Por suerte no llueve más.
Nos pusimos de pie de un salto mostrando toda nuestra desnudez, debíamos
bañarnos pero consideramos prudentes ponernos algo de ropa primero, al menos
para ir hasta el baño. Victoria estaba retirando las sábanas sucias de mi cama y
nos miraba ocasionalmente mientras buscábamos ropa cómoda.
-No imaginé que pudieran llegar tan lejos… -su voz fue casi un susurro.
-Mamá… nosotras –comencé diciendo, pero no me salían las palabras-
estábamos borrachas.
-Está bien, creo ser la menos indicada para reprocharles algo –se la veía un
tanto triste.
-¿Te pasa algo mamá? –preguntó Mayra.
-¿Ustedes que piensan? –Se sentó sobre el colchón de mi cama- lo de anoche
fue una locura total. Sé que es tarde para arrepentirse, pero qué diferentes se ven
las cosas cuando una las piensa en frío. Todo es por mi culpa.
-En eso tenés razón mamá –me senté a su lado aún desnuda- hicimos muchas
cosas locas pero pienso que si comenzamos a echar culpas, todos cargamos con
un poco.
-Es cierto mamá –mi hermanita se nos acercó sosteniendo una remera rosada
en la mano- cada uno aportó a lo que pasó, las cosas se dieron así… fue
solamente un juego… que terminó mejor de lo que pensábamos –me sonrió; supe
que hacía alusión a lo que habíamos hecho antes de dormir.
Por más que quisiera convencerme de que todo fue un sueño, no podía
hacerlo. De verdad había tenido relaciones sexuales con mi hermana y el sólo
pensar en esa frase me aceleraba el corazón, el verle la rajita tiernamente dividida
en dos me provocaba mucho, a pesar de no estar sexualmente excitada y de que
las mujeres nunca habían sido de mi preferencia, no podía negar que todo esto
jugaba con mi mente, hasta los pechos de mi madre, dentro de su escote, me
parecían más bonitos que nunca.
-Está bien, mejor vayan a bañarse. Dejemos el tema como está, por ahora.
Agradezco sus palabras pero no me siento muy bien con lo que pasó, espero que
ustedes se lo tomen más a la ligera.
-Un poco sí, pero todavía me acuerdo de las cosas que hice –le dije- y
entiendo que estuvo mal, me da mucha vergüenza mirar a la cara a papá o al tío
Alberto… especialmente a Augusto… después de lo que me hizo.
-¡Es cierto! –Mi madre se puso de pie de un salto- tenés que tomar la pastilla
anticonceptiva. Ahora mismo te la traigo, a vos también te traigo una Mayra.
-No la necesito, a mí nadie me la metió –mi mamá la miró como si intentara
recordar todo lo que ocurrió en la noche- ¿no se acuerdan de que me trataron
como una nena ingenua? –Sus cejas se fruncieron mostrando su enfado- mientras
a ustedes se las metían por todos lados, a mí me dejaron con las ganas.
-Creo que te hicimos un favor –dijo por fin mi madre- no es algo de lo que esté
orgullosa.
-Pero bien que lo disfrutaste, yo vi muy bien la cara que pusiste cuando
Augusto te cogió por la cola.
-Él no me… -no se animó a completar la frase, los recuerdos la traicionaban-
por favor Mayra, no me lo hagas más difícil.
-Está bien, no digo más nada. Traele la famosa pastillita a Nadia, yo me voy a
bañar -la menuda muchachita salió del cuarto desnuda y enojada, la perdimos de
vista cuando dobló en el pasillo y pudimos escucharla hablar- ¡Hola papá! –saludó
con naturalidad, mi padre apenas gesticuló un saludo y luego escuchamos la
puerta del baño abriéndose.
-¿Vos de qué te reís? –me preguntó mi madre.
-La chica tiene carácter, no podés negarlo. Será calladita pero siempre
encuentra las palabras justas.
-Las palabras justas para exasperarme –agachó su cabeza- ¿de verdad creés
que Augusto me…?
-¿No te acordás de nada mamá?
-Sí me acuerdo, solo que… necesito saber si realmente pasó lo que yo creo
que pasó.
-Bueno, Mayra tiene razón. Augusto te… sí te hizo eso. Pero tampoco lo culpes
a él, vos le permitiste hacerlo –se estrujó las manos nerviosa- mamá, ¿qué pasó?
¿Qué cambió tanto de ayer a hoy? –Pregunté a pesar de que en realidad era el
mismo día- anoche te vi decidida, vos misma nos incentivabas a seguir jugando y
creeme que nadie te va a odiar por eso.
-No es que algo haya cambiado, anoche entre el alcohol y la calentura que
tenía, no pensaba claramente, me parecía todo un simple juego. Hoy ya no lo veo
así, lo pienso en frío y me preocupa de qué forma podría afectar esto a nuestra
familia.
-Bueno, seguramente haya cambios y la familia no sea igual, pero eso no
quiere decir que dejemos de ser una familia –tomé su mano- te cuento que a mí
me pasó algo inverso a lo que te ocurrió a vos. Anoche, hasta cierto momento,
quería terminar con todo, me parecía una locura –me miró preocupada- pero
después me empezó a gustar y creeme que lo disfruté… hasta lo que pasó con
Augusto me pareció excitante –le confesé- y vos sabés qué pienso yo de Augusto.
Cuando me fui a dormir ya no pensaba igual, en esas pocas horas llegué a ver las
cosas de forma completamente diferente. Fue sólo un juego mamá –no lo veía tan
así pero quería reconfortarla- dejémoslo así. Ya no te preocupes tanto.
-Tenés razón Nadia, además no puedo culpar al alcohol por todo lo que hice,
yo consciente de…
-Claro que estas consciente –me quejé- estabas muy atenta a las reglas de
juego, no me dejaste pasar una –este comentario la hizo sonreír.
-Sabés muy bien que detesto que la gente haga trampas, aunque se trate de
un simple juego.
-Aunque éste no era un juego tan simple…
-Bueno, mejor dejémoslo ahí. No tengo ganas de seguir maquinándome, hay
momentos en los que es mejor dejar de preocuparse y que todo fluya con la mayor
normalidad posible. Te traigo la pastilla anticonceptiva, te das un baño y comemos
el asado.

*****

El almuerzo familiar transcurrió en un clima de gran tensión, nadie habló de lo


ocurrido la noche anterior pero tampoco se animaban a mantener un contacto
visual prolongado con nadie, yo misma me di cuenta de que esquivé la mirada de
Augusto en varias ocasiones. Hasta en la conversación se hizo evidente la
tensión, mi tío Alberto se esforzaba por mantener el humor pero algunos
estábamos tan ensimismados en nuestros pensamientos que ni siquiera lo
escuchábamos.
Todo el domingo se desarrolló de la misma forma, lo más incómodo era que no
teníamos actividades para ese día, lo cual nos obligaba a deambular por la casa
sin sentido alguno. Cada vez que veía a alguno de los miembros masculinos de mi
familia no podía evitar recordar la forma y el tamaño de sus penes. Hasta con las
mujeres me pasaba algo parecido, especialmente con mi hermanita, al verla
recordaba lo que habíamos hecho antes de dormir y más de una vez nos
sonreíamos en complicidad. A pesar de haber quedado sexualmente satisfecha,
no podía dejar de pensar en el sexo, lo había redescubierto en una forma
trascendental.
Esa noche me acosté temprano sin tener sueño, mi excusa era que quería
dormir bien para levantarme temprano al día siguiente y poder comenzar la
semana con muchas energías pero en realidad trataba de evitar el contacto con mi
familia. Di vueltas en la cama, mi cabeza era una peligrosa telaraña llena de ideas
descabelladas, por un lado me daban muchas ganas de repetir lo sucedido, algo
dentro de mi cuerpo me lo pedía, pero por otra parte la consciencia y la culpa me
impedían llevar a cabo esta tarea. Fue una suerte que me quedara dormida, ni
siquiera recuerdo cuándo sucedió sólo sé que me desperté a la mañana siguiente
y me alegraba poder haber dormido toda la noche de un tirón.

*****

El lunes cada quien comenzó con sus actividades semanales, trabajos y


estudios, eso ayudó mucho a que no hubiera tantos encuentros en la casa, pero la
cena fue igual que las últimas comidas que tuvimos, silenciosas y tensas. Mi
madre encendió el televisor y puso algún programa local para que al menos
hubiera algo con lo que distraerse. Apenas pude me retiré a mi cuarto para no
caer en la tentación y cometer alguna locura que pudiera enfadar a alguien. El
estar otra vez sola en mi cuarto me evocaba todos los recuerdos sexuales que tan
frescos estaban en mi mente, no tuve más alternativa que quitarme el pantalón y
la tanga para comenzar a masturbarme intentando imaginar con la mayor claridad
posible cómo me vería yo montada sobre la verga de mi padre y luego tal vez
viniera mi tío y me la metería por la boca, la secuencia cambiaba según lo
prefiriera pero no dejaba de tocarme y sentía la gran viscosidad de mis flujos
vaginales cubriéndome los dedos, me estaba desesperando por la ansiedad,
necesitaba algo de acción.
Sin pensarlo me levanté de la cama y cubierta sólo por una remera blanca que
no tapaba mi depilado pubis y que hacía resaltar notoriamente mis pezones, salí
del cuarto y caminé por el pasillo hasta el baño con total naturalidad. Mi corazón
dio un salto cuando mi hermano apareció por el lado del pasillo que daba a la sala
de estar, quería que alguien de mi familia me viera desnuda pero en realidad no
creí que esto ocurriría y mucho menos que se trataría de Augusto. Intenté
mantener la calma y lo saludé por la cabeza, él ni siquiera me respondió el saludo,
estaba mirando fijamente mi conchita evidentemente mojada. Continué mi camino
hasta el baño y me senté en el inodoro sin siquiera molestarme en cerrar la puerta,
al parecer mis deseos se estaban cumpliendo aunque en parte me avergonzaba
estar actuando de esta forma tan imprudente, mi hermano me siguió hasta el baño
y se paró frente a mí.
-Te estaba buscando –me dijo con evidente nerviosismo.
-¿Para qué? –pregunté sin siquiera mirarlo a la cara, disimuladamente me fijé
en el bulto que crecía en su pantalón.
-Bueno para… -rascó su cabeza sin dejar de mirar mi clítoris, mantuve las
piernas considerablemente separadas para que él pudiera verlo sin problema, mi
corazón resonaba como un tambor- es que…
-Dale Augusto, ¿qué necesitabas? –lo apuré simulando enfado de hermana.
-¿No podés hacer pis? –cambió de tema.
-Con vos mirándome así no puedo.
-¿Así cómo?
-Como si yo fuera la mina que te querés coger en un boliche.
-¿Qué hay si fuera así? –preguntó con torpeza.
-No estamos en ningún boliche.
-Me refiero a lo otro… a lo de coger –a pesar de su tez oscura se le notaba lo
sonrojado que estaba.
-¿Qué, vos estás en pedo? –exageré mi reacción porque realmente no me
molestaba para nada que él quisiera cogerme, pero eso en sí era un poco
preocupante.
-No, es que… el sábado… vos me dijiste que te gustó… y yo pensé que
quizás…
-El sábado estaba borracha y era todo un juego –su pene no dejaba de crecer
bajo el pantalón y yo luchaba contra la tentación de estirar la mano y tocarlo- lo
que te dije no fue en serio.
-Creo que sí lo fue, además me mirabas todo el tiempo… y después, cuando
me la chupaste al mismo tiempo que a papá era obvio que lo hacías con ganas.
-Como te dije, estaba borracha, hacía las cosas sin pensarlas… vos se la
metiste por la cola a mamá y…
-Sí, pero lo hice porque yo quería hacerlo. A mi esa excusa de la borrachera no
me va.
El muchacho era lento pero no era tan estúpido como yo creía, mi corazón dio
un brinco cuando escuché que él realmente quiso darle por el culo a su madre… a
mí madre. En ese momento tiró de su pantalón hacia abajo y un oscuro y venoso
pene apareció ante mis ojos. Estaba tan cerca de mi boca que podría besarlo con
sólo llevar la cabeza un poco más hacia adelante.
-¿Qué hacés Augusto? –me hice la ofendida.
-¿No querés chuparlo?
-No te la voy a chupar Augusto, no soy tu putita. Además todo el mundo nos
puede ver.
-Mamá y papá están en su cuarto y no creo que salgan en toda la noche –me
dijo mientras se masturbaba lentamente.
Un poco de líquido preseminal salió de la punta, a mí se me hacía agua la
concha. No pude contenerme, mi mano izquierda actuó por voluntad propia, la
levanté y agarré esa dura verga y comencé a estirar el prepucio hacia abajo y
luego hacia arriba muy lentamente.
-De todas formas también están Mayra y el tío. Nos pueden ver.
-Entonces, si no pudieran vernos ¿me la chuparías? –la piel de su miembro
estaba seca y muy suave, mi traicionera mano derecha llegó hasta mi clítoris y
comenzó a masajearlo lentamente.
-No dije eso, no te la chuparía aunque estuviéramos solos, sos mi hermano.
-Eso no te importó mucho el sábado.
-Sí que me importó, pero como te dije, era un juego Augusto.
Acaricié el glande con la palma de mi mano, su líquido preseminal se me pegó,
no sabía qué hacer. Mi cabeza no reaccionaba, no podía pensar en nada por lo
que me puse de pie dispuesta a volver a mi cuarto pero mi hermano se apresuró a
tomarme por la cintura, su dura verga se hincó contra mi nalga derecha.
-Esperá Nadia, yo sé que vos también querés.
-No Augusto, no quiero, ya te lo dije –mi boca decía una cosa y mi cuerpo
hacía otra, moví mi cadera un poco y el glande quedó encajado entre mis nalgas,
él empujó un poco hacia adelante y lo sentí chocar contra mi cerrado culito.
-Si no querés ¿entonces por qué saliste desnuda de la pieza?
-Porque después de lo del sábado ya me importa poco si me ven desnuda –
eso era cierto- pero no quiere decir que vaya a hacer algo con vos, ya no jodas
Augusto.
Había actuado sin pensar creyendo que mis locas fantasías no se harían
realidad pero allí estaba mi hermano arrimándome por detrás, podía sentir su duro
pene frotándose entre mis labios vaginales. Apretó uno de mis pechos con sus
toscos dedos y me hizo doler.
-Ay, tené cuidado, me hacés mal –me quejé- basta, soltame. Va a venir alguien
y nos va a ver, Mayra puede estar en cualquier parte.
-Sé perfectamente dónde está Mayra –me susurró al oído, su glande se las
ingeniaba para apuntalarse contra mi agujerito vaginal, sería sólo cuestión de
inclinarme un poco hacia adelante para que pudiera metérmelo, pero no le di el
gusto.
-¿Dónde está?
-Vení, te voy a mostrar.
Me tomó de la mano y me llevo hacia el fondo del pasillo, donde estaba el
dormitorio de mi tío Alberto, su puerta estaba entreabierta, a él no le gustaba
cerrarla ya que sentía que se asfixiaba allí dentro. Mi hermano me hizo una seña
indicándome que mire hacia adentro y me acerqué temerosa por lo que podría
encontrar. Mis temores se hicieron realidad en cuanto vi a mi tío sentado en el
borde de la cama y a la pequeña Mayra arrodillada frente a él engullendo su
erecto pene con total naturalidad, parecía que la muchachita estaba disfrutando
mucho de ésta tarea porque su cabeza se movía rápidamente de arriba hacia
abajo. No podía creerlo, ¿cómo habían llegado a eso? Pero conocía muy bien la
respuesta a esa pregunta, al parecer ellos ya habían roto esa barrera familiar que
nos separaba del sexo, mi tío se veía muy feliz de tener semejante jovencita
dándole una mamada y yo tenía a mi hermano manoseándome las nalgas y
pellizcando los labios de mi vagina. Sin dejar de mirar hacia adentro estiré una
mano hacia atrás y agarré la dura verga de Augusto, comencé a acariciarla
presionando firmemente, el pene de mi padre era el que más se metía en mis
truculentas fantasías eróticas, pero también me imaginé más de una vez gozando
con el de mi hermano.
Di media vuelta y le señalé el pasillo a Augusto, indicándole que avanzara, no
quería hablar para no interrumpir la escena que se desarrollaba en el cuarto de mi
tío. Cuando estábamos pasando frente al dormitorio de mi hermano tuve un
impulso, lo tomé del brazo y lo llevé hacia adentro, cerrando la puerta detrás de
nosotros.
-Hay algo que te quiero dejar bien en claro pendejo –él se asustó un poco por
mi tono de voz- a mí no me gusta que me traten de putita ni que me estén diciendo
barbaridades, tampoco me gusta que me peguen o me tiren del pelo –me miró
intrigado como si no entendiera por qué le decía todas estas cosas- tampoco me
gusta que hablen de mí diciendo cosas “tendrías que ver cómo le gusta coger a
Nadia”, si algo de eso sale de tu boca, te olvidás de esto para siempre. En
resumen, no me gusta que me dominen, yo hago lo que quiero cuando quiero, no
voy a estar chupándotela cuando vos me lo pedís. Sos mi hermano y si querés
que te la chupen gratis andá y pagá una puta o conseguite una novia.
-Está bien, perdoname. No pensé que te ibas a enojar tanto… no fue mi
intención –me sorprendió mucho que pidiera perdón, normalmente no lo hacía a
no ser que mi madre lo obligara.
-Creo que ya fui clara, pero te lo repito una vez más, te la voy a chupar pero
porque yo quiero hacerlo, no porque vos me lo pidas –abrió grande los ojos.
-¿De verdad lo vas a hacer?
-Sentate en la cama antes de que me arrepienta –mi corazón latía tan deprisa
como la vez en que él me la metió hasta el fondo de la vagina.
Sabía que no debía estar haciendo esto y que debería irme a dormir a cuarto,
lo cual me provocaba aún más morbo. Me puse de rodillas delante de él, estaba
demasiado ansiosa, agarré su verga al mismo momento en que abría grande la
boca y me la tragué tanto como pude, el sabor amargo en lugar de disgustarme
me agradó. En cuando comencé a mover mi cabeza de arriba abajo dando
decididas chupadas, mi ansiedad comenzó a disminuir. El estar mamando fue
como un sedante para mí, poco a poco lo fui haciendo con más tranquilidad para
disfrutar el momento, me sacaba ese duro miembro de la boca y le daba lamidas
como si fuera una paleta helada. No dejaba de pensar todo el tiempo que se
trataba del pene de mi hermano, ya que ése era el incentivo extra, la verdadera
razón por la cual me lo estaba comiendo.
Noté que mi hermano se movía y levanté la mirada para ver qué hacía sin dejar
de chupársela y me sobresalté al encontrarme con su celular directamente
apuntando hacia mí.
-¡No pará! –Aparté el aparato con una mano- ¿Qué hacés?
-Quería tener una foto de esto para… para cuando esté solo.
-Si querés fotos para pajearte que no sean de mi cara. Imaginate todos los
problemas que tendrías si alguien viera que tenés una foto de tu hermana
haciéndote un pete. No seas tan pelotudo Augusto.
-Bueno, perdón.
Dejó el celular sobre la cama y yo reanudé mi tarea, chupé sus peludos
testículos y subí lentamente con la lengua hasta engullir su glande, todo lo hacía
por instinto, me daba cuenta que a él le gustaba mucho lo que hacía porque no
dejaba de jadear. Tenía que admitir que esto del sexo oral no estaba nada mal,
debía sumarlo a mi repertorio sexual. Tenía ganas de decirle “Me encanta tu
verga, me la comería todos los días”, pero mi orgullo de hermana me impedía
hacerlo. No quería que él supiera qué tan loca me ponía ese erecto y firme cilindro
de carne. Mientras cabeceaba una y otra vez comencé a masturbarme, él desde
su posición no podía ver lo que ocurría pero el viscoso ruidito que provocaban mis
dedos al frotarse rápidamente contra mi clítoris me dejaban en evidencia, no me
importo, en parte quería que él supiera que me estaba pajeando delante suyo.
Después de estar un tiempo considerable haciendo esto, me puse de pie.
-¿Vos querés fotos para masturbarte cuando estés solo? –Miró al piso
avergonzado pero al final asintió con la cabeza- entonces podés sacarme algunas,
pero con la condición de que no se vea mi cara.
Me quité la remera quedando completamente desnuda, con mis grandes tetas
sacudiéndose con cada movimiento que hacía. Augusto me miró petrificado,
seguía con la pija bien dura y sus ojos no daban abasto, no sabía si mirarme los
pechos o la conchita, le hice una seña con la mano para que se apurara y él tomó
torpemente su teléfono, de inmediato lo apuntó hacia mi entrepierna y tomó un
primer plano de mi rajita mojada. Separé un poco más las piernas para permitirle
tomar mejores fotos, me puse a pensar que si hubiera descubierto a mi hermano
masturbándose con alguna fotografía mía lo hubiera asesinado pero todo lo que
había pasado el sábado de Strip Póker me había dejado una incontrolable y
morbosa calentura.
-¿Puedo sacar una foto de tu cola?
-¿Te gusta mi cola? –pregunté como si no supiera la respuesta.
-Sí, me gusta mucho –él me miraba como un cachorro al que le están por dar
un hueso para roer.
-¿Qué fantasearás con mi cola? –la pregunta fue más para mí que para él,
pero de todas formas me daba curiosidad saberlo.
-Muchas cosas.
-¿Cómo cuáles? Contame –le pedí mientras me ponía en cuatro patas sobre el
colchón apuntando mis blancas nalgas hacia él- ¿Qué me harías en la colita?-
estaba descontrolada, ni yo daba crédito a mis propias palabras.
-Lo mismo que a mamá –su respuesta hizo que mi cabeza volara a un mundo
de lujuria y fantasía; abrí mi colita con las manos y permití que él fotografiara a
gusto mi agujerito- ¿Alguna vez te la metieron por el culo Nadia? –hubiese
asesinado a mi hermano si me hubiera preguntado eso tan sólo una semana
antes, pero no reaccioné de esa forma.
-Nunca me la metieron por ahí, una vez un ex novio lo intentó pero no lo dejé.
-¿Por qué no lo dejaste?
-Porque la tenía chiquita, si me la iban a meter por el culo quería una verga
bien grande –esto era mentira, el verdadero motivo fue que me asusté pero esto
Augusto no lo sabía y mi boca quería decir barbaridades para que todo mi cuerpo
reaccionara.
-¿Una grande como la mía? –el chico no era tan tonto, había captado la
indirecta.
-Podría ser… o como la de papá –estaba confesando que quería que mi viejo
me rompiera el culo, esto me excedía completamente pero no podía detenerme-
¿te gustó metérsela por la cola a mamá?
-Sí, me gustó mucho. Lo más lindo fue que al principio no quería entrar, pero
cuando entró fue increíble, mamá tiene un culito muy lindo –me ponía más
cachonda escucharlo hablar de esa forma de mi madre; me giré acostándome
boca arriba, con las piernas bien abiertas- el tuyo también me encanta.
-Vos te debés hacer muchas pajas –no fue una pregunta, me parecía algo
obvio- ¿alguna vez te pajeaste pensando en mí? –abrí mi conchita con los dedos
no sólo para que él pudiera fotografiarla sino también para incentivarlo a contestar.
-Sí, muchas veces –confesó avergonzado.
-¿Y qué pensabas? ¿Qué querías hacerme cuando imaginabas esas cosas?
-Te… te quería coger y te quería chupar las tetas, cuando te la metí el sábado
casi me vuelvo loco, fue un sueño hecho realidad –se acercó más a mí, tanto que
su verga quedó casi apoyada sobre mi vulva, yo me estaba perdiendo en la
calentura y me costaba horrores contenerme.
-¿Cómo querías cogerme, de qué forma?
-Metiéndote la verga, ¿acaso hay otra forma? –me dieron ganas de putearlo
porque me estaba sacando del juego pero intenté mantener la calma y redirigirlo.
-Hay muchas formas de meterla –le acaricié el glande con la yema de mis
dedos sin dejar de tocarme la vagina con la otra mano- ¿cómo lo imaginabas vos?
-Bueno, te imaginaba acostada con las piernas abiertas y me pedías que te la
meta.
-Pero sabías muy bien que eso no podía pasar –le dije mientras apuntaba
hacia mi agujerito su dura verga.
-De todas formas a mí me gustaba imaginarlo –permití que la punta de su
miembro se enterrara en mi vagina lentamente, suspiré cuando todo el glande
estuvo dentro.
-Esto es para que puedas sacar una foto, así vas a tener algo con qué
imaginarte mejor la situación –Augusto se apresuró a tomar una foto de su pene
perdiéndose en mi interior pero no le di más tiempo del necesario, la saqué y
rápidamente me puse de rodillas en la cama- ¿creés que con eso ya vas a tener
suficiente?
-Sí, gracias hermana, sos la mejor. La mejor hermana del mundo.
-Prometeme que nunca se las vas a mostrar a nadie, ni a tus amigos.
-Te lo prometo, esto no lo va a ver nunca nadie.
-Solamente vos, mientras te pajees –me sentía actriz porno pero con qué
naturalidad me salía todo, acaricié una vez más su verga- ¿de qué otra forma
imaginabas metérmela?
-Este… te imaginaba a vos arriba mío, pero estabas agachada…
-¿Agachada cómo? No entiendo.
-Es decir, yo estaba acostado –lo empujé presionando su pecho hasta que no
tuvo más remedio que acostarse boca arriba.
-¿Así?
-Sí y vos te ponías como una rana arriba mío.
-¿Como una rana? –ahora entendía mejor lo que él intentaba decirme, me
puse en cuclillas manteniendo las plantas de los pies en el colchón y las rodillas
flexionadas, su erecta verga había quedado justo debajo de mi abierta conchita -
¿así?
-S.. sí, así –tartamudeó- y vos bajabas hasta que te la metía entera.
-Eso no está bien Augusto, no me entraría toda de una vez, la tenés muy
grande –sus ojos parecían dos platos, no dejaba de mirar mi entrepierna y la
peligrosa cercanía que tenía ésta con su pene- deberías haberme dicho que me la
metías de a poquito, hasta que me entrara toda –de pronto me hacía la sexóloga
con mi hermano cuando yo apenas tenía más experiencia que él –fijate bien- le
dije al mismo momento en que bajaba y su glande se enterraba suavemente en mi
agujerito- ¿sentís como que hay algo que te detiene?
-Un poco… pero parece que se estuviera abriendo.
-Eso es porque me estoy dilatando –bajé un poco más y sentí la rigidez
penetrándome- acordate siempre de esto cuando estés con una mujer, no intentes
clavársela de una vez, a muchas nos gustan los jueguitos.
-Nunca me imaginé que tu conchita sería tan linda, Nadia.
-¿Te gusta? –Me froté el clítoris- ¿así era como imaginabas cogerme?
-Sí así, en esta misma posición –mené mi cadera provocando que el pene siga
enterrándose lentamente, mi pecho palpitaba de puro gusto.
-Pero yo la tenía metida hasta el fondo, ¿cierto? –Continué bajando hasta que
mis nalgas chocaron contra sus testículos, ya no podía meterla más- ¿sabés una
cosa? Nunca me habían metido una verga tan grande.
-¿Y te gusta?
-Me encanta, está muy bueno. No sólo porque es larga sino porque también es
ancha, eso hace que se me dilate mucho –recorrí con mis dedos los tirantes labios
internos de mi vagina- acordate que eso te va a conseguir muchas mujeres –dije
moviéndome lentamente en círculos.
-Esto es tal cual lo imaginaba –mientras hablaba acariciaba mis pechos- nunca
pensé que pudiera verlo –su verga parecía palpitar en mi interior- la tenés muy
abierta…
-Cuando te pajeabas pensando en esto ¿yo me movía mucho? –Asintió con la
cabeza mirándome a los ojos- ¿algo así- aceleré el movimiento de mi cadera y mi
respiración comenzó a agitarse.
-Sí así.
-¿También lo hacía de arriba abajo? –Asintió una vez más- ¿De esta forma? –
me levanté haciendo fuerza con mis rodillas y sentí el pene deslizándose en mi
vagina, luego bajé de golpe y éste se me clavó una vez más hasta el fondo, repetí
la acción una vez más.
-Sí, pero más rápido –me dijo tomándome de la cintura.
-¿Así de rápido? –Pregunté al mismo tiempo que comenzaba a dar saltitos
sobre su larga verga, ésta salía casi completa de mi conchita y volvía a entrar
rápidamente- ¿así te gusta? –jadeé sin dejar de moverme.
-Sí, me encanta. Lo hacés muy bien.
Mis tetas saltaban descontroladamente, yo cerré mis ojos y tiré la cabeza para
atrás, no podía detenerme y no podía dejar de gemir, me estaba cogiendo a mi
hermano, definitivamente lo estaba haciendo y me encantaba. Aceleré mi frenética
danza todo lo que pude, mi vagina sufría por el tamaño que tenía ese pedazo de
carne pero era un sufrimiento placentero que me hacía delirar de placer.
-Tomá, filmalo –le dije alcanzándole su celular- pero que no se me vea la
cara… y no hables.
Él me hizo caso, rápidamente programó el aparato para que grabara la
secuencia y apuntó el lente a mi entrepierna, procuré no gemir mucho para que no
se notara que era mi voz pero no dejé de moverme como loca, le pedí que lo
filmara porque me daba mucho morbo y además yo misma quería tener un
recuerdo de la primera vez que me cogí a mi hermano, al menos de forma oficial.
Mi vagina salpicaba jugos mientras el pene la castigaba, el video seguramente
duraría una buena cantidad de minutos porque no pensaba detenerme, todo
dependía de cuánto pudiera aguantar mi hermano, pero él no se movía en
absoluto, tenía ganas de pedirle que lo hiciera pero no quería dejar mi voz
registrada en la grabación por lo que agregué un vaivén a mis saltos, cuando tenía
toda la verga adentro me sacudía durante unos instantes de atrás hacia adelante.
Sólo cuando estuve segura de que él había dejado de grabar me bajé, dejando
que mi conchita descansara por unos segundos, estaba increíblemente mojada,
eso era algo que me avergonzaba un poco pero no podía evitarlo. Se trataba de
una reacción natural de mi cuerpo, lo antinatural era estar cogiendo con mi propio
hermano. Me puse en cuatro y apunté mi cola hacia él.
-Dale, metemela –le supliqué; él se posicionó detrás de mí sin perder tiempo y
apuntó su glande a mi agujerito trasero- no, por el culo no- pero él hizo caso omiso
de mis palabras, comenzó a presionar hacia adentro, la gran lubricación que le
había brindado mi vagina le estaba facilitando mucho la tarea, con una mano se
aferraba a una de mis nalgas y con la otra apuntaba su estaca hacia mi cuevita
virgen- ¡Ay! No Augusto, me lo vas a romper.
-Vos dijiste que querías una verga grande como la mía –me estaba haciendo
tragar mis propias palabras.
-Dije que tenía que ser grande, pero no dije que tenía que ser la tuya –intentó
meterla una vez más pero mi orificio se resistía- ¡No Augusto, pará! Me vas a
lastimar –intenté apartarme pero él me tomó rápidamente de un brazo, mi fuerza
física no podía competir con la suya- basta te digo, me vas a hacer enojar –todo el
lindo momento vivido se estaba yendo al garete, me quejaba pero intentaba
hacerlo con susurros para no alterar a toda mi familia, el pene seguía presionando
peligrosamente mi ano una y otra vez- no va a entrar, salí te digo.
-Vas a ver que te va a gustar, a mamá también le dolió al principio pero se la
aguantó.
-Pero yo no soy como mamá… ¡Ay! –esta vez sentí miedo de verdad, el glande
había logrado hincarse en mi culito, lo hizo de golpe, como si fuera un tapón
demasiado grande que se introduce en el pico de una botella- ¡Ay no, no! Soltame
Augusto, por favor, me estás haciendo mal.
En ese momento retrocedió hasta sacarla completa, sentí un leve alivio porque
creía haberlo hecho recapacitar pero de inmediato me demostró lo equivocada
que estaba, volvió al ataque y me lo clavó otra vez, mi ano se abrió para dejarlo
pasar pero sentí una aguda punzada de dolor. El muy desgraciado me estaba
tensando el brazo hacia atrás y apoyó su mano derecha contra el centro de mi
espalda, obligándome a levantar más la cola. Este tipo de comportamiento me
hubiera puesto como loca en otro momento, detestaba que mi hermano abusara
de su fuerza para someterme pero esta vez era muy diferente, estaba demasiado
excitada y hasta sentir un pene entrando dolorosamente por la puerta de atrás me
producía un intenso calor que recorría todo mi cuerpo. De todas formas continué
luchando para intentar zafarme, pero me era imposible, esa verga dura como roca
seguía hundiéndose en mí como si no le importara en lo más mínimo si mi culito
podría albergarla o no.
Augusto la sacó una vez más pero ya sabía lo que se vendría por lo cual
procuré relajar un poco el esfínter, esta vez la penetración fue más limpia y
profunda, creía tener al menos la mitad de la longitud total de su pene adentro.
-Por favor hermano, me duele –supliqué entre jadeos- otro día probamos, hoy
no… si querés metemela por el otro lado –intenté negociar con él.
-Vas a ver que te va a gustar –insistió; acto seguido me tomó del pelo- vas a
disfrutar como una putita- esto me enfadó todavía más.
-¡No basta, te estás pasando Augusto! Te dije que eso no me gusta, soltame el
pelo.
Pero él no escuchaba mis palabras, volvió a retroceder e inició un lento
bombeo que me produjo una sensación inesperada, era extraño, como si mi culito
quisiera deshacerse de esa verga que me producía dolor pero a la vez me gustaba
la forma en que ésta entraba mientras me esforzaba por sacarlo. El movimiento
siguió y ese tieso pedazo de carne se deslizaba con rapidez, estuve a punto de
gritar de bronca y dolor cuando sentí algo húmedo y tibio llenándome las entrañas.
Había acabado, al parecer no pudo aguantar más y eyaculó dentro de mí, creí que
ya se había terminado todo pero aún quedaban largos segundos de sufrimiento,
su pene no dejaba de escupir semen directamente dentro de mi culito. Cuando por
fin la sacó me giré y quedé acostada boca arriba sobre la cama jadeando con
fuerza e intentando recobrar el aliento, lo miré con el ceño fruncido y él parecía
sorprendido y asustado.
-¡Lo arruinaste todo, pelotudo! –me quejé mientras me sentaba en la cama-
como siempre, cada vez que hacemos algo, vos lo arruinas todo –comencé a darle
golpes en su pecho cubierto por finos pelitos negros pero éste era tan firme y mis
brazos tan débiles que ni siquiera hizo una mueca de dolor- ¡Te odio Augusto, sos
un pelotudo!
Tan rápido como pude me puse de pie y salí de su cuarto, caminé
directamente hacia el baño y abrí la ducha, me sentía sucia tanto física como
emocionalmente, me metí bajo la lluvia tibia y mi cuerpo reaccionó al instante,
sabía muy bien que todas esas quejas a hacia mi hermano habían sido
exageradas, producto de mi orgullo, no estaba tan enfadada con él, sólo un poco
molesta porque no me hizo caso cuando le pedí que no me la metiera por atrás,
pero debía admitir que los últimos instantes no me pareció tan malo. Me molestó
su forma de actuar pero físicamente lo disfruté, me sentía confundida y
obnubilada, comencé a masturbarme lentamente rememorando en mi mente todo
lo que había pasado intentando pasar por alto la pelea, me centré sólo en la parte
física. Mi cuerpo reaccionaba de forma diferente a mi mente, mis dedos parecían
poca cosa al lado de la verga de Augusto, hasta llegué a pensar en ir a buscarlo
otra vez pero mi orgullo me impedía hacerlo, ya le había gritado y ya había
montado todo un escándalo, no podía retractarme tan fácil, de hecho no lo haría
durante varios días, ya me conocía, aunque en este momento comprobaba que ni
yo misma me conocía tanto como pensaba, no podía creer que hubiera accedido a
coger con él por propia voluntad y el que él quisiera darme por el culo era más
culpa mía que suya, yo había hablado de más y no podía enfadarme con él por ser
tan bruto, además sabía perfectamente que la calentura podía llevar a uno a hacer
y decir locuras. Él siempre me sometía con su fuerza pero ésta vez lo había hecho
de una forma totalmente diferente… y me excitó, por más que me hubiera quejado
durante todo el tiempo, no podía negar lo mucho que me había excitado con la
situación. Llegué al orgasmo y me vi obligada a ponerme de rodillas en el piso del
baño sin dejar de masturbarme frenéticamente.
Minutos más tarde regresé a mi cuarto y encontré a Mayra durmiendo desnuda
en su cama, estaba segura de que se había masturbado ya que podía ver la
humedad en su sexo, la muy sucia ni siquiera se había levantado a lavarse pero
no la culpaba, a veces yo misma hacía eso. Me tendí en mi cama e intenté
desconectar mi mente, sin lograrlo. Concilié el sueño pensando en el sexo,
especialmente en el sexo con los integrantes de mi familia, una de las últimas
cosas en las que pensé antes de dormirme fue en la verga de Augusto clavándose
en mi culito y la varonil fuerza de sus brazos, si alguien en el mundo tenía que
someterme, me agradaba que fuera él, aunque jamás lo admitiría.

*****

Al día siguiente ni siquiera vi a mi hermano, tal vez él estaba tan avergonzado


que se esforzó por esquivarme todo el tiempo y al parecer lo consiguió. Por suerte
no tuve dolor alguno en mi cola luego de lo que pasó y agradecía que él nunca
hubiera llegado a clavármela completa, de lo contrario sí que me hubiera dolido.
Me molestaba un poco el ya no poder decir que al menos mi culito seguía virgen.
Cuando esa noche me fui a dormir pude escuchar a mis padres manteniendo
relaciones, al parecer estaban mucho más activos que antes, ellos no fueron los
únicos que tuvieron algo de acción, Mayra se estuvo tocando mientras escuchaba
los gemidos de mi madre, yo me sentía un tanto preocupada por lo que no llegué a
excitarme. Evitaba hablar con mi hermana para que no saliera a colación el tema
del acto sexual que llevamos a cabo, al parecer ella pensaba igual que yo porque
cuando me hablaba lo hacía de forma casual, sin extender mucho la conversación.
Mi mente estaba hecha un laberinto y no sabía cómo salir, me la pasaba todo el
tiempo debatiéndome si debería o no intentar algo más con Augusto… o quizás
con algún otro miembro de mi familia. Me estaba volviendo loca pero por suerte
me quedé dormida.
Por la tarde me di cuenta de que las únicas personas en la casa éramos mi
mamá y yo, por lo cual aproveché la oportunidad para hablarle de muchos temas
que me atormentaban.
-Mamá, ¿qué pensás vos del sexo anal?
-¿Por qué me lo preguntás?
-Es que cuando te vi… o sea… cuando Augusto… te la metió, parecía que te
estaba gustando –dejó los papeles que estaba leyendo sobre la mesa y se quitó
los anteojos para mirarme fijamente.
-Vení, vamos a pieza. Necesito hablar con vos y me viene al pelo que me
hayas preguntado sobre ese tema.
Fuimos juntas hasta su cuarto y nos sentamos al borde de la cama.
-Cuando Augusto hizo eso algo cambió, no te lo voy a negar.
-¿Te gustó? –No me respondió- vamos mamá, necesito que hablemos claro,
sin dar vueltas o me voy a volver loca. Decime la verdad.
-Está bien, mejor que lo hablemos de esa forma. Sí me gustó, más de lo que
yo creía, por eso me sentí tan mal al otro día, una cosa era jugar esos jueguitos
sexuales y otra distinta era realmente haberlos disfrutado.
-Pero mamá, todos lo disfrutamos, sólo tenías que prestar atención a la cara
que teníamos en ese momento.
-Sí puede ser, pero de todas formas me sentí culpable, es mi hijo, además…
-¿Además qué?
-Además tu padre se dio cuenta que me gustó…
-¿Se enojó?
-No, para nada. Todo lo contrario, le pareció excitante. Es un tipo raro tu viejo,
a veces reacciona de formas totalmente inesperadas, a pesar de todos los años
que llevamos casados, todavía me sorprende. Esa misma noche él me pidió que lo
hiciéramos por atrás y no pude negarme, pero no me negué por dos razones, la
primera es que es mi marido y yo siempre intento complacerlo, la segunda es
porque yo también me moría de ganas, así que lo hicimos.
-¿Y el tío cuándo entró?
-Cierto… tu tío –se estrujó las manos nerviosa.
-Mamá, dijimos que íbamos a hablar claro.
-Sí lo sé, pero igual me es difícil. Tu tío entró cuando lo estábamos haciendo y
bueno… estaba tan cachonda que ni siquiera le pregunté qué quería, lo… invité a
que se uniera a nosotros.
-¿Él también te la metió por atrás?
-En un momento sí… también.
-Así que te metieron tres vergas en una noche –dije sonriendo para aliviar un
poco la tensión- qué aguante mamá.
-La verdad que sí, pero más aguante tuve que tener con tu padre…
-Porque la tiene más grande.
-No, porque todos los días quiere metérmela por atrás. Todos los días –resaltó
esas palabras.
-¿Y vos lo dejás?
-Claro, pero no te voy a mentir, a veces me arde un poco, por más que usemos
el lubricante. Por eso quería hablarte sobre este tema, necesito que me hagas un
favor –me dijo mientras se ponía de pie y comenzaba a desprender su pantalón de
jean.
-¿Qué necesitás?
-Quiero que me mires porque tengo miedo de que tu padre me haya lastimado.
-¿No deberías ir a un médico mejor?
-Si ves algo raro sí voy al médico –se desnudó completamente de la cintura
para abajo y se tendió boca abajo en la cama.
-Está bien.
Me acerqué un poco más a ella, podía ver su peluda conchita con labios
rugosos y carnosos, separé sus nalgas con las manos y me encontré con el
agujerito de su culo, éste se abrió un poco por lo que me permitió verlo bien.
-No veo nada para preocuparse mamá, sólo parece estar un poco irritado… y
abierto. Digamos que te rompieron el culo, pero de buena forma.
-¡Nadia! No me digas esas cosas –se rio- bueno, al menos me quedo más
tranquila, pero de todas formas fijate que en mi ropero hay una crema hidratante,
es buena para este tipo de cosas… porque no arde. Traela.
Obedecí sin chistar y traje conmigo un pote blanco, le saqué la tapa y pude ver
que estaba casi completamente lleno con una crema del mismo color.
-¿Me pasás un poco? –me pidió.
-¿Yo por qué?
-Porque ya estás acá, dale Nadia yo te di las pastillas anticonceptivas.
-Pero no tuviste que metérmelas por el culo.
-Pero lo hubiera hecho, de ser necesario, si querés la próxima te la doy así.
-No gracias, no creo que necesite una… -me quedé helada al recordar que
Augusto me la había metido por la vagina, si bien no acabó dentro de ella existía
el riesgo de quedar embarazada- por cierto, ¿cuánto tiempo tenés para tomarlas
después de…? –pregunté en tono casual mientras empezaba a untar su colita con
crema.
-Ay, está fría –se quejó pero sin embargo separó las nalgas usando sus
manos- tenés una setenta y dos horas, ¿por qué?
-Para saber en caso de que las necesite algún día –con la yema de dos de mis
dedos acaricié su maltratado ano- Mamá, ¿vos qué pensaste después de que
Augusto te la metió?
-Qué bueno que lo preguntes, tenía un nudo en la garganta y necesitaba
contarle esto a alguien.
-Bueno, podés contarme con confianza, yo no voy a decirle nada a nadie.
-Antes te tengo que contar algo que pasó hace unos meses –mis dedos se
quedaron quietos contra el agujerito posterior de mi madre, no pensé que hubiera
algo para contar anterior al juego de póker- una tarde sorprendí a tu hermano
masturbándose en su habitación, yo llegaba de trabajar y él tenía la puerta abierta,
fue imposible no verlo. Esa imagen me impactó mucho, lo peor fue verlo eyacular.
-Para colmo a él le salen doscientos litros de leche –mi corazón se aceleraba
por lo que me estaba contado.
-Sí, es algo increíble, no sé de dónde saca tanta. La cosa es que yo me le
acerqué con un pañuelo descartable en la mano y… se la limpié mientras le daba
la típica charla sobre sexo que dan las madres pero… pero la verdad es que fue
una excusa, yo se la quería tocar. Me avergüenza mucho decirlo, me sentí una
mierda de persona al hacerlo –por la tensión clavé mis dedos en su culito hasta
que entró la primera falange de ambos- por eso necesitaba hablarlo…
descargarme. Sé que estuvo mal pero me provocó mucho hacerlo.
-Te entiendo, a mí me pasó lo mismo el sábado… es que la tiene grande.
-No es por eso, tu padre también la tiene grande. Acá fue otra cosa, a mí me
produjo morbo que fuera mi hijo –tragué saliva, esta mujer estaba confesándome
algo y yo la entendía perfectamente, ese mismo morbo me llevó a hundir más los
dedos en su orificio- para colmo Augusto se dio cuenta de que ahí hubo algo raro,
desde ese día se comportó de otra manera conmigo.
-¿En qué sentido?
-En un sentido más… sexual. Cada vez que podía se paraba cerca de mí, me
acariciaba una pierna o intentaba tocarme alguna teta, a veces hasta me arrimaba
por atrás mientras yo estaba cocinando.
-Nunca lo vi hacer eso.
-Es que él siempre fue cuidadoso, lo hacía sólo cuando estábamos solos.
-¿Y vos qué le decías?
-Ese es el problema, yo no le decía nada. Lo dejaba hacer lo que quisiera.
Hubo ocasiones en las que los roces se pusieron tan fuertes que se le puso dura,
a mí me llenaba de morbo sentirla contra mi cola o más abajo.
-No sabía todo esto mamá.
-Fue como un jueguito prohibido, pero no puedo negar lo mucho que me
calentaba, a veces llegaba tu padre y yo me tiraba sobre él para que lo
hiciéramos, lo peor de todo es que yo fantaseaba con Augusto –volví a poner
crema en mis dedos pero esta vez los clavé directamente en su colita- no te
imaginás lo mal que me sentía a veces… y lo bien, porque la pasaba bien.
-¿Qué fue lo máximo que llegaste a hacer? –me di cuenta de que mi vagina se
estaba humedeciendo.
-Eso fue la semana pasada –pude ver un líquido transparente chorreando por
el canal que formaban sus labios vaginales- él me estaba arrimando en la cocina
y… no me aguanté. Se la agarré por arriba del pantalón, la tenía muy dura. Soy
una enferma, me calienta mi propio hijo.
-No digas eso mamá. Antes de lo que pasó el sábado tal vez me hubiera
enojado con vos, no te lo voy a negar, pero luego de vivirlo en carne propia sé
muy bien lo que habrás sentido, a mí también me calienta… me calienta Augusto y
me calienta papá… hasta el tío me calienta –fue como liberar mi alma, romper las
cadenas, sacar del interior eso que tan guardado tenía- ¿por eso insististe tanto en
que juguemos Strip Póker?
-Sí la verdad que sí. Sabía que todo estaba mal pero quería ver qué pasaba,
hasta dónde podríamos llegar, te puedo asegurar que superó ampliamente mis
expectativas, jamás creí que llegaríamos a tanto. Nunca imaginé que Augusto me
la metería de esa forma… y por la cola, por eso ahora me siento tan culpable.
-A mí también me la metió.
-Pero con vos fue diferente, sólo la dejó adentro. A mí me dio duro y parejo.
Hasta tuve un orgasmo –mis dedos entraban y salían a ritmo constante de su
culito, ella parecía ignorarlo por completo.
-Antes de ayer… me acosté con Augusto –giró su cabeza para mirarme, no
parecía tan sorprendida como lo esperaba.
-¿De verdad?
-Sí, no fue algo planeado, solamente se dio así. Perdón mamá, sé que estuvo
mal, sé que él es mi hermano, pero no me aguanté… él insistió tanto que…
-No tengo nada que perdonarte hija, soy quien tiene menos autoridad moral
para decirte algo. Si te acostaste con él espero que lo hayas disfrutado –bajó la
cabeza como si estuviera avergonzada, mi corazón dio un salto al escuchar esas
palabras.
-De hecho no estuvo tan bueno como imaginaba, Augusto es un poquito bruto.
-Decímelo a mí, casi me parte en dos. ¿Por eso preguntaste lo de las pastillas?
-Sí, creo que voy a necesitar otra.
-Creo que vas a tener que empezar a tomar anticonceptivos diarios.
-No pienso repetirlo…
-No importa, es mejor prevenir, uno no sabe cuándo le puede ganar la
calentura y tenemos que convivir todos juntos. Yo tengo la gran suerte de tenerlo a
tu padre, para que me saque las ganas, pero ustedes no tienen a nadie –estuve a
punto de contarle que vi a Mayra practicándole sexo oral al tío pero preferí no
hacerlo, ese era asunto de mi hermana y si ella quería contarlo, podía hacerlo.
-Mamá –dije mirando su suculenta y mojada conchita mientras mis dedos se
enterraban hasta el fondo de su colita- cuando me la chupaste a mí ¿te produjo el
mismo morbo que con Augusto?
-Me produjo más.
-¿Más, de verdad? –llevé una mano a mi entrepierna y comencé a acariciarla.
-Claro que sí, nunca había chupado una vagina y además sos mi hija, eran
demasiadas cosas nuevas juntas, te juro que no podía creer que…
En ese mismo instante dejé salir mis instintos sexuales, me zambullí entre sus
nalgas y di una lamida a su conchita saboreando sus flujos, ella se sobresaltó y
giró rápidamente en la cama, tuve que retirar mis dedos para no lastimarla, me
miró fijamente durante unos segundos, parecía confundida pero luego noté cierta
decisión en sus ojos, abrió las piernas y presionó mi cabeza hacia abajo.
Comencé a chupar intensamente, esta vez no había alcohol ni reglas de juego que
me obligaran a hacer algo prohibido era simplemente mi locura y mi calentura, le
estaba comiendo la concha a la mujer que me dio la vida y esto me producía una
calentura increíble que sólo podía comparar con la que sentí al acostarme con mi
hermano.
Metí sus gruesos labios vaginales en mi boca, sentí cómo me la llenabas y los
succioné sorbiendo todo el jugo que había sobre ellos, mi fantasía erótica no era
por las vaginas en sí, no me atraían otras mujeres, esto sólo me pasaba con mi
madre… y con Mayra también, no pude evitar recordar el sabor de la vagina de mi
hermanita pequeña, ése fue un incentivo extra. Cuando solté la rugosa carnosidad
que colgaba del sexo de mi madre comencé a lamer su clítoris, ella comenzó a
gemir inmediatamente mientras se sacudía en la cama y presionaba mi cabeza.
Comencé a desnudarme sin dejar de chupársela, sólo quería despojarme de mi
pantalón y mi bombachita, en cuanto lo hice me acomodé sobre esa hermosa
mujer de forma que pudiéramos comernos los sexos mutuamente, ella no se
opuso, se aferró a mis nalgas y en un abrir y cerrar de ojos ya me la estaba
comiendo con decisión. Ambas actuábamos por puro instinto, no teníamos
experiencia en sexo lésbico pero ella tenía mucha más experiencia que yo en el
sexo, hablando en términos generales, por lo que comencé a imitar sus
movimientos, si ella me succionaba el clítoris yo hacía lo mismo con el suyo, si me
metía los dedos, yo le metía los míos. Giramos sobre la cama como poseídas por
un demonio lujurioso. En mi cabeza resonaba constantemente la frase “estás
cogiendo con tu mamá” y mi corazón parecía estar a punto de estallar en mil
pedazos.
No sé cuánto tiempo estuvimos haciéndolo pero sé que fue menos de lo
imaginado ya que el tremendo morbo nos llevó rápidamente hacia el clímax. Mi
vagina comenzó a expulsar jugos que mi madre bebió con mucho gusto y pocos
segundos después tuve el enorme placer de recibir una descarga sexual suya en
mi cara. Me parecía increíble que ambas acabáramos de esa forma, pero se
disfrutaba enormemente.
Intentando relajarme me tendí boca arriba en la cama, me dolía el vientre por
los espasmos sexuales y estaba toda empapada de sudor y jugos vaginales.
-De esto ni una palabra a nadie –me dijo mi madre sin moverse de su sitio.
-¿Te gustó? –le pregunté como si no la hubiera escuchado.
-Más de lo que te imaginás –noté que se movía en la cama y luego se acostó a
mi lado, mirándome a la cara- Nadia, ¿pensás que estoy loca? Por hacer todo
esto…
-Puede que sí lo estés… pero si vos estás loca entonces yo tengo la misma
locura que vos.
-Me hiciste sufrir mucho el sábado.
-¿Por qué?
-Porque no dejabas de decir lo mal que estaba hacer esto.
-Sí mamá, pero era lógico pensar eso. Es más, lo seguiría pensando de no
haber disfrutado tanto lo que vino después. Sabía que estaba mal pero me
calentaba mucho. A veces no digo lo que realmente siento –lo decía
especialmente por mis reacciones ante mi hermano- pero creeme que ya no lo veo
de esa forma, volvería a jugar a ese juego otra vez y lo disfrutaría desde el
principio. Eso te lo aseguro. ¿Vos lo jugarías otra vez?
-Puede que sí, no te voy a negar que lo pensé varias veces durante estos días
pero hay algo que me asusta un poco.
-¿Qué cosa?
-No sé qué pensarán los demás después de lo que pasó, porque con tu padre
ni siquiera hablamos del tema, sólo ese mismo sábado, cuando me pidió
metérmela por atrás, pero después de eso ya no supe lo que piensa al respecto,
tampoco sé que piensan Mayra y tu tío. Ni Augusto.
-Bueno, Augusto piensa con la verga, si a él le das la oportunidad de meterla
una vez más en ese culito –acaricié una de sus nalgas- él va a acceder
completamente.
-De todas formas sería bueno que le preguntes.
-Si yo averiguo lo que opinan todos ¿vos organizás otro encuentro de Strip
Póker?
-Si todos están de acuerdo sí, aunque haría algunos cambios en las reglas.
-¿Qué cambios?
-Después te cuento, primero tenés que asegurarte que todos quieran jugar.
Acordamos que yo sería la que hablara con todos de forma individual, teniendo
a mi madre de mi lado me resultaba todo mucho más fácil, ya sabía que yo no era
la única mentalmente distorsionada, ahora dependía de mí que el juego se repita.

Capitulo 04

M e encontraba sola, sentada en el banco de una plaza repasando


mentalmente todo lo que había ocurrido en mi vida en estos últimos días, una
mujer pasó caminando a pocos metros de mí y me miró sin borrar la sonrisa que
llevaba dibujada en su rostro. En ese momento fui consciente de que esta mujer
no tenía ni la menor idea de lo que yo estaba pensando ni se imaginaba siquiera lo
que había ocurrido aquel sábado de lluvia con mi familia, ni ella ni nadie nos
habían visto desnudos, borrachos y excitados, para el mundo seguíamos siendo
una familia común y corriente pero yo no me excitaba cada vez que recordaba
aquel juego o las consecuencias del mismo. Muchas veces pensé en lo mal que
estaba todo esto, sabía que era una completa locura pero mi cuerpo me pedía
más.
Aproveché este momento a solas para decidirme, si seguía adelante con todo
esto podía perjudicar a mi familia para siempre, tal vez lo mejor era dejarlo todo
así como estaba y esperar que el tiempo borrara nuestra memoria, pero no podía
negar que esto dejaría huellas imborrables. No importaba cuánto tiempo pasara yo
recordaría toda mi vida la vez que tuve sexo con mi hermano, también podía
afirmar que me había acostado con mi madre y lo que ocurrió con mi hermana
luego de la noche de borrachera ya se había quedado grabado en mi mente y
debía lidiar con todos esos sentimientos. De a ratos me daban ganas de llorar por
haberme permitido hacer semejantes cosas y afirmaba que ya no lo haría nunca
más pero había momentos en que mi libido se apoderaba de mí y buscaba
convencerme de que todo era tan excitante que merecía la pena repetirlo.
Me quedé unos minutos observando a los peatones en la plaza
preguntándome cuántos de ellos habían tenido relaciones sexuales con su
hermano o hermana o les habían practicado sexo oral a algunos de sus padres.
Llegué a dos conclusiones, la primera: muy pocos o tal vez ninguno de todos ellos
había hecho algo semejante; la segunda: mi entrepierna se humedecía de sólo
recordar lo ocurrido. No podía quedarme toda la vida allí, tenía que volver a mi
casa con una decisión tomada, mi madre me había dicho que organizaría otro
juego si todos estaban de acuerdo, esperaba que ella no se arrepintiera y por
sobre todas las cosas, esperaba no arrepentirme yo.
Llegué a mi casa alrededor de las siete de la tarde y enfilé directamente hacia
mi cuarto para dejar mi bolso con carpetas de la facultad, encontré a Mayra
leyendo un libro acostada en su cama, mi mirada se centró en sus blancas y
desnudas piernas, la muchachita sólo llevaba puesto un diminuto calzón y una
remera demasiado pequeña que le marcaba los pezones.
-¿En qué estuviste pensando? –le pregunté ni bien noté una mancha de
humedad en la tela de su ropa interior.
-¿Por qué lo decís? –Dijo bajando el libro y mirándome con sus expresivos
ojos; no le respondí, me limité a señalar su entrepierna –ah, no me había dado
cuenta, será incontinencia.
-Esa no me la creo, vos estás excitada –le dije mientras me quitaba el
pantalón; me sonrió libidinosamente.
-¿Y qué hay si lo estoy? ¿Pensás hacer algo al respecto?
-No, sólo preguntaba por curiosidad –me quité el corpiño sin sacarme la
remera, si los pequeños pechos de Mayra se marcaban, los míos directamente
deformaban la tela por completo –¿no habrás vuelto a hacer “cosas” con el tío?
-¿Eh? ¿Qué cosas? –intentó disimular la sorpresa.
-Vamos Mayra, no me trates de estúpida. Me imagino que habrá pasado algo
con el tío después del jueguito de póker –estaba segura de que era así pero
preferí dejarlo como una mera suposición.
-No pasó nada… nada fuera de lo normal. Además ¿por qué lo mencionás a
él?
-Porque sé lo mucho que lo querés, ustedes siempre fueron muy amigos.
-Es porque me da mucha pena, el tío paso por muchas cosas malas y no se las
merece, es un buen hombre. La vida fue muy injusta con él, además, siempre me
hace reír. Él me aconsejó sobre mi primera vez con un hombre.
-¿Le contaste lo de tu profesor en el gimnasio? –me senté en mi cama sin
dejar de mirarla.
-No, le hice preguntas muy generales, sobre si dolía mucho o si era correcto
hacerlo con un hombre mayor. Él me incentivó a hacerlo sin saber que yo lo haría.
Él no sabía que yo ya tenía a alguien en mente. Creo que en algún momento se
generó la ilusión de que me iba a acostar con él.
-¿De verdad creés eso?
-En ese momento no lo creí, pero luego de lo que pasó el sábado pasado sé
que es así, llamalo “intuición femenina” y me dio pena haberlo ilusionado de esa
forma.
-Por eso se la chupaste… en el juego.
-Sí, yo creo que se puso muy contento con eso –volvió a sonreír con una
picardía que parecía impropia de su personalidad.
-¿Y a vos te gustó?
-Fue un juego, nada más… y ya se terminó todo eso.
-Sí, es cierto, yo también hice cosas que no repetiría –mentí- pero hay otras
que sí –ella me miró intrigada pero no se animó a preguntar más nada, volvió la
vista a su libro.
Me tendí en mi cama y me quedé mirando el techo durante unos segundos
intentando mantener la mente en blanco pero me resultaba completamente
imposible, mi cabeza se llenó de imágenes sexuales, de aromas corporales y
hasta mi cuerpo parecía recordar el contacto directo con otra persona. Me
arriesgué y fui hacia adelante como los caballos de carrera. Metí la mano dentro
de mi bombachita y comencé a acariciar mi húmeda vagina. Apenas rocé el clítoris
sentí un destello de placer que me hizo jadear, seguí tocándome lentamente como
si quisiera acostumbrar mi rajita para lo que vendría después. Noté que mi
hermanita me miraba de reojo pero no le di importancia, continué tocándome
como si estuviera sola en mi cuarto, mis dedos se llenaron del viscoso fluido que
manaba de mi cavidad femenina.
-¿Qué hacés Nadia? –me preguntó colocando el libro sobre su pecho.
-¿Qué te parece que hago?
Para dar más énfasis a mis acciones, me quité la bombacha mostrando mi
lampiña y sonrosada almejita e inmediatamente introduje un dedo y comencé a
sacarlo y meterlo rápidamente, la temperatura en mi cuerpo se elevó en cuestión
de pocos segundos. Mayra me observó durante unos instantes, procuré no fijarme
mucho en ella pero supe que estaba sonriendo. No pasó mucho tiempo hasta que
ella también se despojó de su ropa interior y me acompañó en la sesión de
masturbación. Nuestros delicados gemidos formaron un lujurioso coro y el ruido
que producían nuestros dedos al meterse o frotar las vaginas se hizo cada vez
más intenso. Presioné mi clítoris y mi mente dibujó imágenes sexuales que
incluían a los miembros más cercanos de mi familia, incluso llegué a fantasear con
el pene de mi tío Alberto, el cual me atraía menos que el de mi padre o el de
Augusto, pero debía admitir que me provocaba en gran medida, supuse que mi
hermanita estaba fantaseando con lo mismo, me gustó verla sacudiéndose en la
cama mostrándome qué tan fogosa era cuando se masturbaba. Llegué a un rico
orgasmo mirándola, me toqué intensamente durante unos segundos y cuando
todo mi cuerpo comenzó a relajarse reduje la intensidad de mis dedos. Mayra no
dejaba de tocarse.
-¿Te falta mucho? –pregunté luego de lamer el viscoso líquido de mis dedos.
-Un poco –arqueó su espalda elevando su suave monte de venus hasta lo más
alto y agitó furiosamente su clítoris.
-¿Querés que te ayude?
-Si querés… -ni siquiera me miró, siguió concentrada en su tarea.
Me levanté y me acerqué hasta su cama ágilmente, me tendí sobre ella y
coloqué la cabeza entre las delgadas piernas de mi hermana menor, su vagina
estaba casi tan mojada como aquella vez que jugamos al póker y su dulce aroma
me atrajo. No la hice esperar más, me acerqué y di la primera lamida, le quería
mostrar lo decidida que estaba y comencé a lamer rápidamente su clítoris con la
punta de la lengua. Con esto también le demostraba que lo ocurrido en el sábado
de borrachera no había sido sólo por culpa del alcohol. Me había dado cuenta de
lo hermoso y adictivo que podía ser el sexo y sabía que podía disfrutarlo tanto con
hombres como mujeres, aunque sean miembros de mi propia familia. Pasé varios
segundos dando lengüetazos y sorbiendo sus jugos hasta que llegó eso que
Mayra tanto ansiaba, su cuerpo se retorció en un orgasmo, intentó disminuir el
ruido de sus gemidos poniéndose la almohada en la cara pero yo me mantuve
firme succionando su clítoris hasta que estuve segura de haberla dejado
satisfecha.
-¿Ahora sí me vas a contar lo que pasó con el tío? –le pregunté acostándome
a su lado y acomodándole el cabello que se le había quedado pegado en la cara
por el sudor.
-Ya me parecía que vos no estabas tan preocupada por lo del jueguito.
-En un momento lo estuve pero cada vez me cuesta más no pensar de forma
favorable en todo esto, ¿vos no sentís que la cabeza te dio un giro completo? ¿No
ves las cosas de otra manera?
-Sí, me sigue pareciendo raro todo esto pero me gusta… y al tío también. Sí
pasó algo con él, no te conté porque pensé que te ibas a enojar.
-Me alegra que no me hayas contado a la primera, eso quiere decir que sos
reservada.
-Sabés muy bien que lo soy, nunca cuento nada a nadie a no ser que sea
necesario hacerlo pero con vos hermanita, ya tengo mucha confianza –me sonrió
y me dio un beso en la mejilla- la verdad es q estaba excitada porque hace un rato
se… se la chupé al tío –sus mejillas se pusieron aún más rojas como por arte de
magia- y estaba pensando en masturbarme justo cuando llegaste.
-Que quede algo en claro Mayra, podés tocarte cuando quieras, aunque yo
esté acá, a mí no me va a molestar… si es que a vos tampoco te molesta si yo
quiero hacerlo.
-Trato hecho… ¿y va a haber más ayuditas como esta?
-Veremos… -le sonreí- depende de lo bien que te portes. ¿Qué dice el tío de
tus “favores”?
-Le gustan. Siempre me dice que lo hago muy bien.
-¿Te acostaste con él?
-No… eso no. Solamente lo hice con la boca.
-¿Y no le importa que seas su sobrina? Aunque… si me pongo en su lugar…
yo estaría muy feliz de que una chiquilla tan linda como vos me la chupe cuando
quiero. Sos el premio mayor para él. Todo en vos le debe causar morbo, tu edad,
tus tetitas –acaricié sus pezones por arriba de la tela- tus piernas, tu conchita –
pasé los dedos por su vagina que aún correaba- y debe fantasear día y noche con
este culito –metí la mano más abajo hasta que la punta de mis dedos tocaron el
cerrado ano de mi hermanita.
-¿De verdad pensás eso?
-Mayra, si vos no lo pensás así también es porque sos muy ingenua. Es obvio
que sos hermosa y él tiene casi cincuenta años y no es ningún adonis, ¿cuántos
hombres de su edad tienen una sobrinita tan gauchita como vos? –volvió a
sonreír.
-Sí lo pensé pero no quería creérmela.
-Está bien, algo de humildad no te va a hacer nada mal. ¿Te puedo confesar
algo yo también?
-Lo que quieras.
-Me muero de ganas de jugar otra vez al strip póker.
-¡Yo igual! En mi opinión, la última vez cortamos demasiado pronto… justo
cuando la cosa se estaba poniendo interesante… pero no creo que podamos jugar
otra vez, mamá y papá no van a querer.
-No estés tan segura… nosotras dos queremos, el tío seguramente se va a
poner de nuestra parte sólo para tener la chance de asomarse a tu colita y
Augusto… bueno ya sabés como es él.
-Es un pajero… va a querer seguro. Me sorprendió lo grande q la tiene.
-A mí también.
-Y me calentó.
-A mí también. Aunque sea un animalito, hay que admitir que tiene su encanto,
es tan bruto que te provoca. Es como coger con un hombre de las cavernas.
-¿Y papá y mamá qué pensarán? Porque si ellos no quieren, no vamos a
poder.
-No te olvides que mamá fue la que organizó todo, no tiene autoridad moral
para oponerse.
-Es cierto, pero no se lo pienso decir de esa forma.
-No te preocupes, ya se lo dije yo.
-Eso quiere decir…
-Quiere decir que sólo tengo que saber si papá va a estar de acuerdo.
-A él lo vi muy raro durante estos días, no habla con nadie. Con suerte saluda.
-Sí, a mí me dio la misma impresión, tal vez le afectó un poco todo esto.
-También te mira mucho.
-¿Qué? ¿Cómo que me mira?
-¿No te diste cuenta? Cada vez que le pasás cerca se queda embobado
mirándote, especialmente las tetas y la cola, para colmo a vos todo te salta como
si te propusieras romper la ropa.
-Hey, no tengo la culpa de tenerlas grandes, además vos a veces usas
pantalones tan ajustados que el culo se te marca como si no tuvieras nada puesto.
-¿Celosa?
-No, para nada. Yo también tengo lo mío –di unas palmadas a mi cola
desnuda.
-Yo creo que si hablás con papá deberías hacerlo con un buen escote, ahí vas
a comprobar lo que yo te digo… y si no lo convencés con eso, entonces no lo
convencés más.
-Puede ser, pero no le tengo tanta confianza como para hablarle directamente
de eso, además él es como Augusto, un tipo bastante básico, pero con la gran
diferencia de que es un hombre maduro y más sensato… pero si llego a tener la
oportunidad de hablarle, voy a tener en cuenta tu consejo.

*****

Al día siguiente llegué a mi casa más temprano, me encontré con que ya todos
habían regresado de sus respectivos trabajos y cada uno intentaba ocupar un
sector de la casa para sus propias actividades pero era inevitable cruzarse y verse
todo el tiempo por lo que no tuve ni un segundo a solas con mi padre, él estaba
mirando televisión junto a mi hermano, como era habitual en ellos la programación
se centraba más que nada en programas deportivos, los cuales me interesaban
muy poco, me senté a la derecha de mi papá sólo para esperar una buena
oportunidad para hablarle pero Augusto no se movió de su sitio y ya estaba
comenzando a aburrirme. Decidí ayudar a mi mamá con algunos quehaceres
domésticos y con escoba en mano comencé a barrer el piso. Cuando llegué a la
zona de los sillones en los que estaban sentados dos de los hombres de la casa
mi padre levantó sus pies sin que yo tuviera que pedírselo y me permitió limpiar el
piso cuando llegué hasta donde estaba mi hermano me percaté de que tenía las
piernas estiradas los pies sobre un pequeño banquito de madera.
-Permiso Augusto, tengo que pasar –no me contestó- Augusto, movete que
estoy barriendo –ni siquiera se volteó para verme- ¡Augusto! –le di un leve golpe
con la escoba en una rodilla, lo cual lo hizo despertarse de sus ensoñaciones- te
dije que te muevas, estoy barriendo.
-¿No podés hacerlo en otro momento? –me preguntó con el ceño fruncido.
-Es solamente un segundo, no te cuesta nada.
-Pero…
-No jodas Augusto, ya sabés que estoy muy enojada con vos así que mejor no
me presiones –su oscura piel se puso repentinamente pálida y abrió mucho los
ojos.
-¿Enojada por qué? –preguntó mi papá con su característica voz grave.
-Él sabe muy bien por qué –dije manteniendo mi postura de bruja con escoba.
-¿Qué pasó? –volvió a preguntar mi papá pero esta vez se dirigía a Augusto.
-Es que… ayer me pidió que ponga ropa en la lavadora pero no lo hice –eso
era cierto pero la verdad es que no me había enojado, sabía muy bien que no lo
haría y que al final terminaría haciéndolo yo misma pero decidí seguirle la
corriente.
-Es que nunca hacés nada, ¿tanto te cuesta levantar los pies un segundo? Ni
siquiera te estoy pidiendo que barras vos.
-No es mala idea –intervino mi mamá que se estaba secando las manos con un
trapo- por no haber hecho lo que te pidieron ayer, ahora podrías barrer los pisos,
tu hermana lo hace sin que se lo pidamos.
De muy mala gana y sin protestar Augusto tomó la escoba y se alejó de
nosotros arrastrándola toscamente por el suelo, sonreí al verlo reaccionar como a
un niño pequeño al cual castigan sus padres y en cuanto vi que se dirigía a los
dormitorios, lo seguí. Lo encontré barriendo su cuarto el cual tenía tanta tierra que
se podría sembrar césped en él, o al menos eso es lo que siempre le decía mi
mamá.
-Hiciste bien –le dije con voz suave, ya sin rencor.
-Sé barrer, tampoco soy tan inútil.
-No me refería a eso, boludo. Digo que hiciste bien en no decir por qué estoy
enojada con vos –se puso nervioso y bajó la mirada como si estuviera
concentrado en las partículas de polvo que flotaban a pocos centímetro del suelo.
-¿Y qué iba a decir?
-Pudiste decir la verdad, tal vez se hubieran enojado conmigo también –cerré
la puerta y apoyé mi espalda contra ella para que nadie nos escuchara- pero me
alegra saber que podés guardar un secreto. Para que no te sientas mal te puedo
decir que no estoy enojada con vos por lo que pasó, el enojo en realidad fue
conmigo misma, por permitir que eso pase.
-A mí me gustó que haya pasado –dijo con una voz casi inaudible- pero eso no
quiere decir que vaya a contárselo a alguien.
-¿De verdad te gustó? –No esperaba respuesta- ¿Todavía tenés el video? –
contestó que sí- ¿volviste a verlo?
-Un par de veces.
-¿Y… te hiciste la paja? –Tragué saliva, hablar con mi hermano tan
abiertamente sobre este tema me ponía nerviosa y cachonda a la vez- podés
contarme… si querés.
-Sí, lo hice –movía la escoba de un lado a otro pero en realidad ya no estaba
barriendo.
-Yo también lo hice –confesé- pensando en lo que pasó… -me miró intrigado-
¿qué? ¿Pensás que las mujeres no nos masturbamos? Tal vez no lo hagamos tan
frecuentemente como los hombres… pero lo hacemos.
-Eso quiere decir… que te gustó lo que pasó.
-Un poco… fue muy raro. ¿Sabías que nunca nadie me había acabado
adentro? Y vos me lo hiciste dos veces –noté que la verga se le estaba poniendo
dura debajo del pantalón, mi corazón latía como el de un colibrí, me acerqué
lentamente a él- fue muy loco… sentir cómo me llenabas… de leche. Dicen que
los hombres son más gráficos que las mujeres, que se excitan con lo que ven… y
nosotras nos excitamos con lo que sentimos, pero yo te veo la verga dura y me
caliento –estiré la mano y me aferré a su duro bulto- ahora sé que puedo confiar
en vos –le dije presionando su pene con mis dedos- que no vas a contar nada a
nadie.
-No pienso contar nada.
-Espero que no cuentes a nadie lo que pasó en el juego de póker –se limitó a
negar con la cabeza mientras yo seguía masajeando su miembro, el cual se
estaba poniendo cada vez más rígido- tampoco cuentes lo que hicimos después
acá mismo –introduje la mano en su pantalón y la suave y tibia piel de su pene me
provocó todavía más- y espero que nunca me eches en cara esto, por más
enojado que estés conmigo, porque ahí sí que te la corto –saqué su verga del
pantalón y le susurré al oído:- quiero que me llenes de lechita otra vez.
Me ponía a mil hablar de esa forma y más hacerlo con mi hermano, me sentía
poderosa al ver cómo el pene se le endurecía cada vez más al escucharme. No
esperé más tiempo, me puse de rodillas ante él y me tragué la mitad de su verga,
dejándola en mi boca durante unos segundos para llenarla de saliva. No sabía qué
me provocaba más, el sexo oral o que se tratara de mi hermano, lo que sí podía
decir es que me estaba mojando cada vez más.
-Papá y mamá están afuera –me recordó con la voz entrecortada.
-Eso lo hace más interesante –tuve que sacar el pene de mi boca para
contestar pero de inmediato volví a tragarlo.
Sabía que ni mi cuerpo ni me mente se conformaría con una simple chupada y
como el tiempo estaba en nuestra contra, decidí acelerar las cosas, me tendí en la
cama dejando mis piernas colgando del borde y desabroché mi pantalón de jean,
lo bajé casi hasta las rodillas junto con mi bombachita y levanté las piernas, mi
hermano se apresuró a sostenerlas y pude poner los talones sobre sus hombros,
aunque no podía ver bien su cara sabía que él tenía la mirada clavada en mi
almejita que ahora debía estar hinchada y apretada entre mis piernas y
seguramente daría señales de estar muy mojada porque así la sentía yo. Él
intentó clavarme su gruesa verga de una vez pero no sólo no consiguió meter más
que la punta sino que también me hizo doler un poco.
-Esperá Augusto, todavía no se me dilató bien –le dije con tono autoritario pero
sin levantar la voz- pasala por afuera un ratito.
-¿Cómo por afuera?
-¿Acaso tengo que enseñarte todo?
Me esforcé por agarrar su miembro con la punta de mis dedos y lo encajé en la
canaleta que formaban mis labios vaginales, le indiqué que debía moverse de
atrás para adelante pero sin meterla, el roce de ese tronco de carne contra mi
clítoris me agradó tanto que tuve que esforzarme para contener un gemido. Él
recorrió toda mi entrepierna y en varias ocasiones la punta de su verga rozó contra
mi ano produciéndome un agradable cosquilleo, le dije que eso me gustaba y él lo
repitió varias veces haciendo que mi temperatura se elevara rápidamente.
-Ahora sí metemela –le dije después de unos segundos- hasta el fondo.
La adrenalina me invadía y la excitación aumentó considerablemente en
cuanto sentí ese duro mástil enterrándose en mi cuevita, invadiéndola y
ensanchándola. Mantuve la calma tanto como pude y me dediqué a disfrutar de
esa maravillosa sensación teniendo siempre presente que esa no era cualquier
verga sino que se trataba de la de mi hermano. El vaivén comenzó lento pero no
se detuvo, supuse que él intentaba que el pene no abandonara aquel nido que lo
acogía, luego comenzó a clavarme con mayor intensidad y yo apreté y estrujé las
sábanas manteniendo mis ojos cerrados e intentando no jadear muy fuerte. Me
dejé coger por unos minutos hasta que me decidí a dar un paso más adelante el
mundo del sexo incestuoso. Le pedí a Augusto que se aparte y así mismo como
estaba, con el pantalón por las rodillas, me puse en cuatro patas sobre la cama,
dejando mi colita apuntando directamente hacia él. Me llené dos dedos con saliva
y humedecí mi ano.
-Haceme lo mismo que le hiciste a mamá –esto me provocaba mucho porque
recordaba claramente como él la había metido por el culo de Viki y cuánto ella
había disfrutado- quiero sentir lo mismo.
-¿Estás segura? La vez anterior te dolió y te enojaste.
-Me enojé porque lo hiciste sin permiso, ahora te lo estoy dando. Dale apurate,
antes de que venga alguien.
Apuntó su arma punzante contra mi agujerito más sensible y prohibido, su
glande estaba bien lubricado gracias a mis jugos vaginales pero no sabía si esto
iba a ser suficiente. Por más fuerza que él hizo esta vez no logró introducirla,
supuse que tal vez se debía a mi propio miedo, no me importaba que me doliera
pero mi inconsciente debía opinar de otra forma y mantendría mis músculos
contraídos. Justo en ese instante vi un pote de gel para el cabello sobre la mesa
de luz de Augusto.
-¿Eso es sin alcohol? –le pregunté.
-Creo que sí –comprendió a lo que yo me refería y lo buscó de inmediato.
Corroboré que el gel no contenía alcohol ya que así lo indicaba claramente la
etiqueta en la parte frontal, me llené los dedos con abundante gel transparente y
luego lo unté sobre el pene de mi hermano hasta dejarlo completamente cubierto
con una fina capa viscosa, él volvió a posicionarse detrás de mí y sin hacerme
esperar volvió al ataqué. La diferencia fue muy evidente, el pene abrió mi ano y
comenzó a introducirse como si nadie se atreviera a detenerlo.
-Así… ay así… se me está abriendo –lo decía porque no podía creerlo.
Presionó con fuerza hacia adentro logrando enterrarlo aún más pero supe que
eso era apenas la mitad de la longitud total de su miembro, él comenzó a
bambolearse a ritmo lento, el dolor era agudo pero se confundía con el placer,
debía admitir que se sentía mucho mejor que aquella primera vez en la que me la
metió de improviso. La lubricación era de gran ayuda y hacía que el miembro se
deslizara con mayor facilidad sin lastimarme.
-Más adentro Augusto, metela toda –le dije luego de apretar los dientes y
resoplar tal y como había visto a mi madre hacerlo aquella noche de strip póker.
-No entra más.
-Entonces dame… dame más fuerte.
Él cumplió con mis órdenes, aceleró su vaivén y el recorrido del pene en mi
interior se hizo mucho más evidente, me daba la impresión de sentirlo en lo más
hondo de mis entrañas pero por otra parte sabía que aún podía excavar más
profundo, como si se tratase de un martillo neumático, cada embestida lograba
socavar un poco más y adentrarse en la oscuridad, mi culito me ardía pero el
placer partía de la boca de mi estómago y se dispersaba hacia todo mi cuerpo.
-¡Augusto! ¿Estás ahí? –era la voz de mi papá al otro lado de la puerta.
-Sí papá ¿qué pasa? –respondió mi hermano intentando no evidenciar su
agitada respiración.
-¿La viste a Nadia?
En ese momento me asusté, no supe cómo reaccionaría mi padre si llegaba a
vernos en esta situación, una cosa era hacerlo en un juego que presumía de
inocente y otra muy distinta era estar cogiendo descaradamente a cualquier hora
del día.
-No… hace rato que no la veo –resultaba obvio para mí que él se esforzaba
por respirar con normalidad y esperaba que Pepe no lo notara- ¿para qué la
necesitás?
-Para nada, si la ves avisale que dentro de un rato vamos a cenar.
-¿No es muy temprano para cenar?
-Bueno… dentro de un rato largo, pero tu madre me dijo q les avise… ya viste
como es ella –supe que todo esto era treta de mi madre, seguramente ella
sospechaba que yo estaba en el cuarto de Augusto haciendo esto y ahora debería
estar regocijándose al saber que nos estaba poniendo en una situación de lo más
incómoda- solamente eso, si la ves avisale.
-Está bien –tomó aire por la nariz- si la veo le digo.
-¿No vas a mirar el partido? -volvió a preguntar mi padre.
La tensión se estaba haciendo tan grande que mi calentura se disparó por los
aires, comencé a mover mi cola para todos lados sintiendo cómo esa dura verga
me desvirgaba la cola, me hubiera gustado que mi padre viera esto pero me
aterraba que él se enfadara por lo que me vi obligada a morder una almohada
para no gritar. Augusto comprendió lo que yo buscaba y forzó la penetración
haciendo que, por fin, el pene se clavara hasta los huevos en mi culito. Casi
arranco un pedazo de almohada y creí que los ojos se me saldrían al sentirla tan
adentro, mi hermano se apresuró a hablar para opacar mis gemidos:
-No tengo ganas de verlo, es un partido bastante aburrido, no juega nadie
importante.
-Sí, tenés razón. Bueno, nos vemos más tarde –dijo mi padre, si estaba
intentando escuchar detrás de la puerta ya se había quedado sin excusas para
permanecer allí y no tuvo más remedio que marcharse.
Augusto no se detuvo ni por un segundo y mi colita supo agradecérselo, fue
evidente que la dilatación aumentó y que ahora su miembro se deslizaba con
mayor facilidad, el problema fue que el dolor también se incrementó, le di varios
puñetazos al colchón sin dejar de morder la almohada, podía sentir las gotitas de
sudor bajando por mi frente y mis mejillas y el pene entrando y saliendo cada vez
más deprisa.
-¿Te duele mucho Nadia?
-Vos seguí… -me dolía la mandíbula de tanto morder e intentaba recuperar el
aliento- a mamá también le dolió pero no paraste.
Creo que el recuerdo de esa escena lo incentivó porque empezó a embestirme
con furia, no podía creer que mi culito estuviera recibiendo semejante castigo y
tampoco podía creer que me gustara tanto, ahora entendía por qué Viki no lo
detuvo, yo tampoco lo hubiera hecho, una vez que una se acostumbraba al dolor
éste parecía menguar y el placer se tornaba más intenso. Sus piernas chocaban
contra mis grandes nalgas produciendo un inconfundible chasquido, esperaba que
nadie pudiera oírlo desde afuera porque no quería que él se detenga, me estaba
partiendo al medio y yo ya no necesitaba morder nada. Cerré los ojos y apoyé un
lado de mi cara en la almohada y me dediqué a disfrutar. Poco a poco todo se
hacía más suave, la verga se deslizaba con mayor facilidad en mi interior y mi las
raíces de mi cabello estaban empapadas de sudor. Entré en un trance sexual un
nirvana que no parecía tener principio ni fin. Dejé que Augusto hiciera todo el
trabajo y que se deleitara con mi culito, seguramente él lo estaba disfrutando tanto
como yo. De a ratos miraba el reloj en su mesita de luz y podía ver el paso del
tiempo, cinco minutos, diez minutos y mi culito seguía recibiendo y recibiendo,
dilatándose y amoldándose a ese grueso y tieso pedazo de carne.
-Ay hermanito, qué aguante tenés, me vas a matar –le dije jadeando como una
puta en celo- me lo vas a dejar todo abierto –era más una expresión de deseo que
una afirmación.
-Me encanta tu culo Nadia.
-¿Te gusta mucho?
-Sí, lo tenés hermoso, siempre te lo miro.
-Ahora estás haciendo más que mirar, me lo estás rompiendo –cada palabra
que salía de mi boca encendía una pequeña llama de lujuria en mi psiquis- no
quiero que termines, seguí dándome sin parar.
Él parecía un burro en celo, no dejaba de bombear ni por un segundo aunque a
veces reducía el ritmo hasta un lento vaivén para recuperar el aliento, agradecí
que estuviera en excelente estado físico, esto le permitía retomar el frenético ritmo
con el que martillaba algún punto imaginario en lo profundo de mi culito. Supe que
ya habían pasado más de veinte minutos desde que comenzó a metérmela por
atrás, el pecho se me llenaba de mariposas al pensar cómo me quedaría la cola
después de tan intenso tratamiento, esperaba que el próximo anal de mi vida fuera
menos doloroso y más placentero pero nunca olvidaría que el primero en
explorarlo había sido mi hermano. El fin llegó como le llega a todas las cosas
buenas, el torrente de leche me inundó.
-Ay si… llename… llename de lechita –le rogué mientras me masturbaba en
una posición sumamente incómoda pero no quería moverme ni un milímetro.
El macho cabrío en el que Augusto se había convertido me estaba dando uno
de los mayores momentos de placer de mi vida, me estaba tratando como a su
puta personal y ya no podía pensar en la vergüenza que me provocaba sentirme
sometida por él, todo lo contrario, eso me calentaba aún más, él siempre había
sido más fuerte que yo y yo me le había resistido durante años y ahora estaba
entregada a él para que me hiciera todo lo que quisiera, me había hecho suya, me
había llenado con su semen por mis dos agujeritos y había dejado una huella
imborrable en mi memoria. Entre embestidas y descargas de leche él me sujetó
por el pelo, no sabía si podía recordar lo mucho que yo detestaba esto pero
sorprendentemente en ese momento no me molestó, tiró mi cabeza hacia atrás y
siguió ensartándome con furia.
-Ay si –dije con voz ronca- Haceme tuya Augusto –era mi inconsciente el que
hablaba porque no recordaba haber formulado ninguna de esas frases- dámela
toda –podía sentir espasmos en mi vagina, me había invadido un orgasmo
mientras mis dedos presionaban y frotaban el clítoris- partime al medio.
Tiró con tanta fuerza de mi cabello que me obligó a levantarme y pegar mi
espalda a su pecho, luego me obligó a girar la cabeza hacia un lado y casi un
segundo después estampó su boca contra la mía. No vi venir eso, no lo esperaba
en absoluto, una cosa era entregarme sexualmente a él pero consideraba un beso
algo más sentimental. No tuve fuerzas ni ánimo para oponerme, dejé que su
lengua invadiera mi boca mientras aún sentía su verga bien enterrada en mi culo y
mi conchita salpicando jugo para todos lados. Sus labios eran gruesos y estaban
secos pero cuando mi saliva los humedeció los encontré increíblemente varoniles,
me conmovió y me calentó a la vez, supe que ya era yo quien buscaba su boca y
disfrutaba entrelazando mi lengua a la suya.
Cuando me soltó caí como una bolsa de papas, mi cuerpo parecía haber
perdido los huesos, sacó la verga de mi culo y junté energías de no sé dónde,
moví las piernas intentando quitarme el pantalón del todo y por suerte él
comprendió mi gesto y me ayudó a sacarlos, ya desnuda de la cintura para abajo
me tendí boca arriba en la cama, separé las piernas y comencé a masturbarme
como loca, sacudiendo mi cuerpo para todos lados y sintiendo como el semen se
escapaba de mi culito para caer lentamente sobre las sábanas. Me calentaba
mucho que mi hermano me viera masturbándome, seguramente había fantaseado
con eso muchas veces porque me miraba con una sonrisa de satisfacción en el
rostro. Tuve un segundo orgasmo, no fue tan intenso como el primero pero sí fue
uno de los que más disfruté en mi vida, últimamente cada uno de mis orgasmos
era especial y agradecía enormemente a quien corresponda por eso, en este
caso, a mi hermano.
Me llevó varios segundo serenarme. Estaba agotada, había tenido un largo día
de actividades y mi cuerpo no estaba preparado para una sesión de sexo tan
intensa. Adormilada me acomodé en la cama y noté que mi hermano se acostaba
junto a mí, aunque no lo vi porque ya tenía los ojos cerrados. Quedamos frente a
frente, lo supe porque sentí su respiración muy cerca de mi boca, me abrazó
envolviéndome con sus gruesos brazos como si yo fuera su novia y volvió a
besarme en la boca, esta vez ni siquiera reaccioné, lo dejé hacer lo que quisiera,
yo era peso muerto, pero estaba muy feliz y por extraño que lo parezca, el hombre
que me hacía feliz era el que más conflictos me generaba pero no diría nada al
respecto, mantendría todo como una típica tarde noche de sexo y descontrol.

*****
Cuando me desperté me di cuenta que aún estaba en la cama de Augusto y
que supe de inmediato que ya era muy tarde, tal vez la mitad de la madrugada.
Augusto dormía a mi lado tranquilamente con un brazo cruzando mi cintura, por la
escasa luz de la habitación pude notar que estaba babeando la almohada y tuve
que contenerme para no reírme, seguía siendo el mismo Augusto de siempre. No
importaba lo bien que cogiera, él seguía siendo mi hermano y yo lo quería como
tal, aunque ahora lo apreciaba un poco más que antes. Acaricié su áspero mentón
cubierto por barba de unos días y lentamente fui levantándome, procurando no
despertarlo. Cuando logré bajar de la cama busqué mi pantalón en la oscuridad y
salí del cuarto desnuda de la cintura para abajo. El pasillo que daba a las
habitaciones estaba desierto, sonreí y terminé de desnudarme dejando que mis
grandes y erguidos pechos me señalaran el camino, los pezones apuntaban
siempre hacia adelante y los seguí hasta llegar al baño. Abrí el grifo y llené la
bañera con agua para luego zambullirme en ella. Me sorprendí al no sentirme
sucia emocional ni espiritualmente, sólo me sentía sucia físicamente y se debía a
la mezcla de líquidos corporales que se habían secado en mi cuerpo.
Recordé la partida de póker que mi madre planearía y ya podía afirmar, sin
lugar a dudas, que Augusto quería participar en ella, sin que me hubiera dicho
nada, ahora ya sabía que yo no estaba enfadada con él y que estaba dispuesta a
hacer muchas locuras, seguramente eso lo calentaba más y me jugaba las tetas a
que ya estaba fantaseando con cogerse a mamá y a Mayra. Especialmente a
Mayra, ya que era la única de las mujeres de la casa que aún no había hecho
suya pero al menos había recibido una leve probadita.
Mientras divagaba y pensaba en todo esto la puerta del baño se abrió y vi
entrar a mi tío Alberto, él se sobresaltó mucho al verme.
-No te asustes tío, no soy un fantasma –le dije con una sonrisa. Sus ojos como
de cordero degollado se clavaron en mis tetas, las cuales sobresalían de la
bañera.
-¡Nadia! Casi me matás del susto ¿qué hacés bañándote a esta hora?
-No me podía dormir ¿y vos qué haces deambulando?
-Vine a hacer pis –se quedó parado junto a la puerta sin moverse y sin dejar de
mirarme, seguramente podía adivinar el resto de mi anatomía debajo del agua
transparente.
-Bueno, hacé tranquilo –le dije mientras tomaba una barra de jabón y
comenzaba a pasarla por mis grandes y macizas tetas.
Él titubeó unos instantes pero al final recordó que ya nos habíamos visto bien
desnudos. Sacó su oscuro pene y casi al instante comenzó a orinar. Simulé estar
concentrada en mi propio cuerpo pero de vez en cuando lo miraba de reojo, él
hacía lo mismo conmigo, la situación me parecía de lo más divertida. Cuando
terminó de hacer pis hizo algo que no me esperaba, se acercó al lavamanos, abrió
el grifo y puso su pene cerca del chorro de agua, luego lo lavó.
-No sabía que los hombres se lo lavaran después de orinar –le dije.
-Normalmente no, pero a mí me gusta hacerlo, es más higiénico y sólo toma un
segundo.
-¿Y después quién limpia el lava manos?
-Yo, siempre dejo todo limpio.
-Ah, me parece bien, porque ahí yo me lavo los dientes –ambos sonreímos.
-Nadia, te habrás metido cada cosa en la boca… -dijo como una de sus típicas
bromas pero se detuvo en seco pensando que había ido demasiado lejos.
-La verdad que sí… cada cosa… -puse mis ojos en blanco recordando la vez
que le hice la paja turca y lo cerca que había estado su verga de mi boca y
también recordé cómo Mayra se la chupaba y cómo se tragaba el semen.
Sacudí mi cabeza volviendo a la realidad y me puse de pie, el agua comenzó a
caer por todo mi cuerpo y mi tío quedó mirándome anonadado, inmediatamente su
pene se puso rígido, como si le hubieran activado un interruptor. Ahora sus ojos
viajaban por todas mis curvas, se deleitaban con mis pezones y se perdían en mi
entrepierna sin dejar de moverse ni por un segundo.
-Sos muy parecida a tu mamá, cuando ella tenía tu edad era igualita a vos –
dijo con las cejas arqueadas y la mano derecha aferrada a su miembro.
-¿Y también se te paraba cuando veías a mi mamá? –esto lo tomó por
sorpresa, por primera vez en mi vida lo vi sonrojarse, él que siempre hacía bromas
pesadas había recibido un comentario que lo dejaba con la guardia baja.
-¿Eh… por qué lo decís? –preguntó estúpidamente.
-Porque la tenés dura tío –le sonreí burlonamente- y porque a mí me dio la
impresión de que no era la primera vez que veías desnuda a Viki- esto fue como
en el póker, no tenía pruebas para sostener esta afirmación pero me la jugué igual
esperando que él se lo creyera.
-Es cierto, no fue la primera vez… ni la segunda.
-¿Y cuándo la viste desnuda? –caminé con cuidado fuera de la bañera, podría
haber tomado una toalla y comenzar a secarme pero preferí que mi tío se
hipnotizara con toda mi desnudez.
-Hace muchos años, cuando éramos unos retoños, ella habrá tenido la edad de
tu hermana o un poco más –noté que su verga se endurecía más.
-Contame cómo fue –le dije exagerando mi entusiasmo, pero sí me moría de
ganas por saberlo, mi madre me había contado de los jugueteos con Augusto pero
no mencionó a su hermano y yo sabía muy bien que ya había mantenido
relaciones sexuales con él aquella loca noche de póker y alcohol- ¿todavía te
acordás?
-¡Claro que me acuerdo! No estoy tan viejo. Me acuerdo como si hubiera sido
ayer. La primera vez fue una mañana en la que descansaba del trabajo, me
acuerdo porque me levanté tarde –hablaba automáticamente, su atención seguía
centrada en mi cuerpo, especialmente en mi clítoris que asomaba
sugerentemente- cuando pasé caminando por delante de su cuarto la vi
completamente desnuda. Ella se asustó porque creía que estaba sola en la casa,
ese día me enteré que le gustaba andar desnuda, además hacía mucho calor, yo
hubiera hecho lo mismo.
Noté que acariciaba su pene mientras me narraba lo sucedido, yo permanecía
de pie frente a él como si llevara ropa, mis pezones se pusieron rígidos, producto
de estar mojada en plena madrugada.
-¿Te sorprendiste mucho al verla así? Ella debió de ser muy hermosa de joven.
-Sí que lo era… y lo sigue siendo. Te repito, era muy parecida a vos y me
sorprendió que fuera tan… voluptuosa, pero esa no fue la única vez que la vi sin
ropa, un tiempo después pasó algo de lo que ella también se debe acordar muy
bien, yo llegué a la casa y la encontré… teniendo relaciones con un amigo en el
sofá, esa vez…
-¿Cómo estaban? –lo interrumpí.
-¿A qué te referís?
-A cómo lo estaban haciendo –me producía mucho morbo imaginar a mi madre
cogiendo con alguien.
-Este… -por un segundo creí que no me contaría- Viki estaba en cuatro en el
sofá y el chico detrás de ella, al parecer el muchachito estaba muy emocionado
por poder metérsela a semejante mujer, se movía como poseído y ella… y a ella
parecía gustarle mucho… pero yo me enojé, me enojé porque me pareció una
falta de respeto que lo estuvieran haciendo en plena sala de estar en la casa de
mis padres, me enojé tanto que saqué a patadas al pelotudo ese.
-¿No será que te dio celos? Tal vez querías ser vos el que estuviera en lugar
de ese pibe.
-No… yo… -abrió los ojos, nunca había visto a mi tío Alberto tan confundido.
-A mí podés contarme, con confianza… a mí me da la impresión de que
Augusto me mira de la misma forma y me gustaría tener una opinión masculina al
respecto ¿nunca fantaseaste con tu hermana?
-Bueno… ella era muy hermosa y como te dije, la vi desnuda… y en pleno acto
sexual, no es como verla sólo desnuda… ella se enojó conmigo por como
reaccioné, me gritó de todo y no me habló durante varios días.
-Eso no me responde la pregunta ¿te calentabas con ella, si o no?
-Sí –dijo por fin agarrándose la verga con fuerza- creo que fue eso, me enojé
porque no era yo el que… el que estaba ahí con ella.
-Seguramente disfrutaste mucho del juego de póker, pudiste verla desnuda una
vez más y hacer varias cosas con ella…
-Eh… sí, estuvo bueno –la seguridad característica y prepotente de mi tío
parecía desmoronarse.
-También pudiste metérsela.
-No, eso no…
-No me mientas, yo te vi saliendo de su cuarto aquella noche –le sonreí con
simpatía- también escuché como gritaba ella… sólo tuve que sumar dos más dos.
-¿Y a vos te molestó eso? –de la punta de su pene goteaba líquido preseminal
y yo sabía que la humedad de mi vagina no se debía solamente agua.
-Al parecer a mi papá no le molestó, así que a mí tampoco. ¿Te pone
incómodo que te pregunte todo esto? Sólo te pregunto porque me da curiosidad.
-No, está bien, no me molesta.
-Intenté hablar sobre esto con mi mamá pero no tuve suerte –mentí- no sé qué
pasó ahí dentro ¿vos me podrías contar?
-¿Estás segura que querés saber Nadia? Mirá que no es algo para estar
contando.
-Es cierto, pero somos de la misma familia, vivimos en la misma casa y quiero
creer que ya tenemos la confianza suficiente como para hablar de sexo sin tantos
tabúes.
Bajé la tapa del inodoro y me senté sobre ella, él giró para quedar frente a mí.
Creo que en ese momento perdió los estribos porque se me acercó rápidamente y
cuando abrí la boca para decirle algo me atacó con su pene, obligándome a
tragarlo, me agarró de la cabeza y el sabor amargo de su jugo preseminal me
llenó la boca. Tan rápido como me embistió, retrocedió y lo miré a los ojos,
boquiabierta.
-¡Epa! –fue lo único que atiné a decir.
-Perdón Nadia –parecía asustado- no sé qué me pasó…
-Está bien, no me molestó –sonreí libidinosamente- podemos hacer una trato,
vos me contás qué pasó en el cuarto con mis padres y yo te la chupo.
-¿De verdad?
-Palabra de sobrina –levanté mi mano como si fuera un Boy Scout- si es que
vos querés… -volví a sonreír y pasé un dedo alrededor de mi pezón derecho.
Siempre me consideré una chica normal en cuanto al sexo se trataba, pero había
descubierto que estas actitudes de “puta” me calentaban mucho, lo bueno es que
nadie se enteraría de esto y podría seguir aparentando normalidad frente a mis
amigos.
Él no lo pensó dos veces, esta vez me ofreció su dura verga dejándola a pocos
centímetros de mi boca y cumpliendo con mi palabra comencé a lamerla e
introduje el glande para poder apretarlo con mis labios, no me consideraba una
experta en el sexo oral pero al menos ya tenía un mínimo de experiencia e
intentaba hacerlo con buena actitud, demostrarle a este hombre que yo también
disfrutaba al hacerlo.
-Este… no sé cómo contar esto –dijo mi tío evidentemente nervioso por la
situación mientras mi lengua jugueteaba con la punta de su verga.
-Podrías empezar diciéndome qué pasó apenas entraste al cuarto de mis
padres.
-Eh… sí –hizo una pausa, solía ser un hombre que hablaba mucho pero ahora
le costaba encontrar las palabras- apenas entré vi que tu papá estaba con Viki en
la cama… y…
-¿Y se la estaba metiendo por el culo? –tuve que sacarme el pene de la boca
una vez más para acelerar el relato de mi tío.
-S… Sí, ¿cómo sabés?
-No lo sé, solamente me lo imaginé… después de lo que Augusto le hizo a mi
mamá en el juego de póker, me pareció lógico pensar que mi papá querría hacer
lo mismo. Tío, vos siempre fuiste muy directo para decir las cosas, a veces hasta
me molestaba tu forma de hablar, pero ahora no, de verdad. Podés contarme todo
de forma directa, sin tantas vueltas –esperaba haberlo hecho reaccionar con esto
y retomé mi tarea hundiendo el falo hasta lo más profundo de mi garganta.
-Está bien… voy a hacer lo que pueda –acarició mi cabeza- cuando los vi así
yo también tuve ganas de hacer lo mismo, por suerte Viki estaba tan borracha que
ni siquiera se sobresaltó al verme, al contrario, me hizo señas para que me
acercara… yo estaba desnudo, como recordarás y la tenía tan dura como ahora –
lo único que se escuchaba, además de su voz, era el sonido viscoso que producía
el pene entrando y saliendo de mi boca- tu mamá actuó de forma inmediata,
apenas me acerqué empezó a chupármela… ¡qué bien que la chupa esa mujer!
vos lo hacés casi tan bien como ella. A Pepe pareció no molestarle el verme allí, él
siguió con lo suyo y se nota que es un buen amante, ya entiendo por qué mi
hermana se casó con él, parecía que la iba a partir al medio pero Viki lo recibía
muy bien, me encantó ver como ese culazo se comía toda esa verga… ya quisiera
tener yo una así, pero estoy muy orgulloso de la mía –cada una de esas palabras
me encendía más aún y me incentivaban a chupar con mayor ímpetu- en un
momento tu papá dijo que ella tenía que probar por los dos lados a la vez, yo
nunca había estado en un trío pero en esa ocasión todo me importaba muy poco,
yo estaba fantaseando con metérsela a Viki por donde sea. Ella me hizo acostar
en la cama y cuando sentí esa conchita abriéndose para mí casi me vuelvo loco,
se la mandé hasta el fondo de una sola vez y ella gritó, pero más gritó cuando tu
papá la volvió a clavar por el culo, no gritaba porque le doliera, ya tenía todo bien
dilatado, era obvio que le gustaba. Te voy a decir una cosa Nadia, si tu hermano te
mira igual, dejá que te coja… no te das una idea de lo mucho que calienta eso, a
mi Viki casi me hace acabar en un segundo, tuve que serenarme un poco para
poder aguantar.
Lamí los testículos de mi tío y volví a chupar con fuerza su glande, la tragué
completa tres o cuatro veces y luego lo miré a los ojos.
-Sé muy bien lo que se siente, Augusto ya me cogió y no hablo sólo de la
noche de póker.
-¿Qué? ¿De verdad lo hicieron? No lo puedo creer.
-¿Pensabas que me iba a quedar con las ganas después de lo que pasó? Yo
no tuve la oportunidad de descargar esa noche –no le iba a contar lo de Mayra
porque ya me parecía mucho pero me pareció que confesar lo de Augusto lo
incentivaría a seguir contándome.
-Entonces ya sabrás cómo me sentí yo esa noche con tu mamá… casi le
arranco las tetas de tanto chupárselas –al escuchar esa palabra volví a mandar el
pene dentro de mi boca- quería hacer mil cosas a la vez y al parecer a ella le
pasaba lo mismo, se movía como loca de atrás para adelante, como frotándose
contra mí, sólo que teniendo mi verga metida bien adentro y tu papá seguía
ensartándola, ella gemía como una poseída… eso habrá sido lo que vos
escuchaste desde tu cuarto. Nunca había visto a mi hermana de esa forma,
parecía una puta, pero de las putas buenas, no de las baratas. La verdad es que
fue una noche inolvidable, pero todavía faltaba la mejor parte. Cuando tu papá
acabó le dije a tu madre que yo también quería ir por atrás, ella no tuvo ningún
problema, me acuerdo perfectamente que me dijo “metela hasta el fondo”, muchas
mujeres me han dicho eso pero viniendo de mi propia hermana… en esa
situación… me voló la cabeza. No esperé ni un segundo, nos acomodamos
enseguida y no me importó que tuviera el culo lleno de leche, no era momento de
ponerse exquisitos, se la mandé a guardar hasta el fondo, como ella me lo pidió y
volvió a gritar y gemir para mí, tu papá se acostó y desde ahí nos miraba. Pensé
que tendría el culito muy abierto no sólo porque ya se la habían metido Augusto y
tu papá sino también porque este último la tiene bien grande, pero la verdad es
que se sintió de maravilla, estaba dilatado, sí, pero podía sentir el roce cuando
entraba y salía. Me puse como loco, le di para que tenga con fuerza, le apreté las
tetas y la ensarté una y otra vez.
Por el tono de voz de mi tío me di cuenta que se estaba excitando cada vez
más mientras me narraba lo ocurrido, en mí también tuvo un efecto parecido ya
que comencé a masturbarme sin dejar de mamársela pero él volvió a perder los
estribos, me tomó de un brazo y de un tirón me obligó a ponerme de pie, quedé
con toda la boca ensalivada mirándolo a la cara pero casi al instante me hizo girar
sobre mí misma y empujó mi espalda hacia adelante tan fuerte que me vi obligada
a poner las manos contra la pared, no me quedó más alternativa que prepararme
para lo que venía. Al principio me dolió un poco porque mi dilatación no era tan
buena pero su verga no necesitó de más de dos embestidas para clavarse por
completo en mi húmeda conchita. Ya estaba entregada y dispuesta, mi tío me
cogería y como no podía evitarlo, decidí que lo disfrutaría tanto como pudiera.
Me agarró con fuerza las grandes tetas, sus gruesos dedos parecían
envolverlas y su pelvis ya estaba rebotando una y otra vez contra mis nalgas, sentí
el pene entrando y saliendo muy rápido y el placer comenzó a subir y a esparcirse
por todo mi cuerpo. Solía mantener relaciones frecuentemente con mi ex novio
pero esto era muy diferente, de un día para otro ya me había cogido a mi hermano
y ahora lo estaba haciendo mi tío, mi sexualidad había mutado hasta este punto
por culpa de un juego de cartas. Separé más las piernas permitiendo que me
clavara más profundo, él mantenía la verga bien adentro y se movía tan rápido
como podía. Las embestidas eran cortas pero se repetían con tanta celeridad que
mi vagina apenas podía soportarlo, ya podía sentir mis jugos vaginales fluir y
mojar la cara interna de mis piernas, agradecí tener buena lubricación porque mi
tío no se detendría por nada del mundo. Quería gritar de placer pero recordé que
todos estaban durmiendo, tuve que morderme el labio inferior para no hacerlo. No
sabía si mi tío estaba pensando en su hermana o era consciente de que estaba
cogiéndose a una de sus sobrinas, tal vez ambas.
Con tantas sacudidas llegué a temer que me golpearía la cabeza contra la
pared pero aun así preferí seguir, de vez en cuando se me escapaba algún
gemido, por más que intentaba ahogarlos, especialmente cuando la verga se
deslizaba hacia adentro y se frotaba contra las paredes internas de mi cavidad
vaginal. No quería que se detuviera pero la incómoda posición me estaba
dificultando mucho las cosas, no podía dedicarme a gozar, hasta mis mojados pies
se patinaban en el liso piso del baño.
-¡Ay tío! –Jadeé- pará un poquito.
-Es muy tarde Nadia, esta vez no pienso quedarme con las ganas.
-Es que me voy a caer –dije mientras recibía una y otra vez su verga desde
atrás –al escuchar esto se detuvo sin sacar su miembro de mi cuevita, pude
acomodarme mejor pero sabía que sería cuestión de tiempo volver a sentirme
incómoda- si querés cogerme, hacelo bien –le pedí con el tono de voz de una puta
en celo; me permitió apartarme y volví a quedar de frente a él.
-No sabía que tuviera una sobrina tan putita –ese comentario sólo me calentó
más.
-Sí, soy muy puta –lo dije más para convencerme a mí misma pero no me
costó mucho hacerlo, debía admitirlo, en cuestión de horas me había cogido a mi
propio hermano y ahora le estaba pidiendo a mi tío que hiciera lo mismo.
-Vení para acá pendeja –me dijo con su típica rudeza de hombre de las
cavernas y me jaló del brazo.
Salimos del baño en silencio mirando hacia todos lados pero el pasillo estaba
desierto y la penumbra nos ocultaría si nos apresurábamos. Llegamos hasta su
cuarto, al fondo del pasillo y ni bien entramos encendió la luz y sin que me lo
pidiera me tendí boca a arriba en su cama manteniendo las piernas separadas,
cerró bien la puerta y se quitó el pantalón corto que llevaba puesto quedando tan
desnudo como yo, si bien no era un hombre atractivo y tenía algo de panza en ese
momento me pareció una de las personas más excitantes que había visto y esto
se debía al hecho de que se trataba del hermano de mi mamá. Se arrojó sobre mí
clavando su tiesa verga en mi conchita tan hondo como pudo y comenzó a
taladrarme. Todo el peso de su humanidad me sofocaba pero me hacía sentir más
pervertida, quería que me parta en dos, arañé su espalda mientras él continuaba
entrando y saliendo una y otra vez, no sabía con qué frecuencia mantenía
relaciones sexuales este hombre pero parecía que no lo hubiera hecho en años,
me cogía con la fiereza de un preso que recupera la libertad luego de varios años
y prueba por primera vez a una mujer luego de todo ese tiempo. Tal vez lo hacía
de esa forma porque yo le pedí que me cogiera bien y no podía quejarme,
tampoco podía gritar ni gemir, me costaba mucho contenerme y tenía miedo que
el traqueteo de la cama alertara a algún otro de los miembros de mi familia, esto
no supondría el fin del mundo pero de todas formas debería dar algunas
explicaciones, sería un verdadero problema si en algún momento mi padre
aparecía por esa puerta, tal vez se enojara tanto al ver a su cuñado bombeando
dentro de la conchita de su hija mayor que perdería la cabeza, todo este riesgo me
producía aún más morbo y me gustaba imaginar que sucederían cosas muy malas
si nos descubrían. Mordí mis labios con tanta fuerza que sentí un leve sabor
metálico a sangre, tuve que abrir la boca y dejar salir un gemido.
-Gritá putita, gritá –me decía mi tío Alberto haciéndome delirar de placer, no sé
por qué me gustaba tanto que él me tratara de esa forma si yo misma afirmaba
que odiaba que me dijeran puta, pero ahora la sola mención de la palabra me
revolvía placenteramente el pecho.
-No, nos van a oír –susurré desesperada; él aceleró el ritmo, su verga entraba
en mí con todo el peso de su cuerpo y mis piernas se sacudían en el aire- la puta
madre, ¡ay!
-Cómo te gusta la verga pendeja –una vez más esas extrañas sensaciones,
como de mariposas revoloteando en el interior de mi cuerpo.
-Me encanta la verga, la quiero toda –nunca hubiera imaginado que mi tío fuera
tan salvaje en la cama, por lo general era un hombre bonachón y bromista pero
ahora estaba hecho un semental degenerado y malhablado.
-Date vuelta y te parto al medio, puta.
-Sí, partime –le supliqué.
Se levantó lo justo y necesario para que yo pudiera ponerme boca abajo, con
mi cuerpo estirado bajo el suyo levanté la colita, él volvió a clavarla en mi concha.
-No, por ahí no…
-¿No? ¿Querés que te rompan el culito, eh?
-Sí… -jadeé y abracé una almohada- que me lo rompan.
Luego del tratamiento anal intensivo al que me sometió mi hermano pocas
horas atrás no costó mucho trabajo meter la verga de mi tío adentro, se sintió de
maravilla, comencé a gemir con la boca pegada a la almohada mientras mi tío
trabajaba como un taladro neumático en mi cuevita trasera. Podía sentirla dilatarse
más y más y casi ni me dolía, era puro placer y roces internos, el aro con el cual
iniciaba mi ano se sentía tenso y estirado y era donde mejor se sentía el recorrido
de toda la verga.
-Qué culito más rico tenés pendeja.
-Más rico lo tiene Mayra –sabía que mencionar a mi hermana tendría un gran
efecto en mi tío- rómpeme el culo como si se lo hicieras a ella.
-A tu hermanita se lo voy a dejar bien abierto, el orto de esa pendeja es
impresionante –me calentaba escucharlo hablar así de mi dulce pero morbosa
hermanita.
Se sacudió detrás de mí golpeando su pelvis contra mis nalgas, las abrí con
mis manos y una nueva embestida llegó mucho más profundo haciéndome gritar
de placer, por suerte este grito de perdió contra la almohada, rogaba que mis
padres no oyeran nada pero por suerte su habitación era la más lejana a la de mi
tío. Pocos segundos más tarde sentí cómo me llenaba con su semen bien
cargado, me fascinaba sentirlo correr por mi interior. Él quedó acostado sobre mí
sin sacar la verga y así nos quedamos durante un largo rato intentando recuperar
el aliento, él no era ningún jovenzuelo, me imaginaba que todo esto había
supuesto un enorme esfuerzo de su parte.
-La verdad que te pasaste tío –lo felicité sinceramente- qué buena cogida… la
puta madre.
-Hablando de puta madre, ¿no sabés si Victoria querrá repetir lo del jueguito
ese de póker? –sonreí al escuchar esa pregunta.
-Yo creería que sí, pero no estoy segura –me gustaba hacerme la misteriosa-
dejame averiguar… vos le tenés tremendas ganas al culo de Mayra.
-No es ningún secreto… pero el tuyo no se me iba a escapar. No sabía que ya
hicieras estas cosas.
-Digamos que estoy en una etapa en la que quiero probar cosas nuevas… y
ésta era una de esas –su verga aún conservaba rigidez y me agradaba sentirla
dentro aunque no nos estuviéramos moviendo.
-Si me das un ratito para reponerme, te doy una segunda pasada.
-Eso me encantaría, sino no me iba a quedar otra que volver solita a mi cuarto
y hacerme una paja.
-De eso me puedo encargar yo también.
Al decir esas palabras deslizó ambas manos bajo mi cuerpo, con una me
apretó una teta y con la otra buscó mi conchita, estaba tan empapada que
seguramente había formado una mancha de humedad en las sábanas. Comenzó
a tocarme suavemente y sumo a esto unos ricos besitos en el cuello, era como
tener un masajista sexual personal, cerré los ojos y me relajé, me dejé llevar y me
perdí en un estado asombroso que se encontraba entre el sueño, la vigilia y la
lujuria. Permanecí de esa forma durante algunos minutos hasta que me sobresaltó
la tremenda acometida que me dio contra el culito. Supe que su vega se había
vuelto a despertar y que me daría esa prometida segunda pasada. Me pregunté
cómo me quedaría el culo luego de recibir tanta verga en una sola noche pero
extrañamente esto en lugar de preocuparme me causaba más morbo.
-Uy, cómo me gusta que me den por el culo –dije levantando la colita tanto
como pude para recibir toda la longitud del miembro de mi tío adentro. Al placer
anal debía sumarle el que me producían los incansables toqueteos en mi clítoris.
-Pero qué curioso, tu mamá dice lo mismo. Ya sé a quién saliste tan putita.
Esta segunda ronda de estocadas y embestidas contra mi agujerito posterior
fue tan placentera como la anterior y duró un poco más de tiempo, ya no fue
necesario que me diera con tanto ímpetu, mi colita ya estaba sentida y con
movimientos lentos podía gozar enormemente. No llegué a notar el momento en
que acabó por segunda vez dentro de mí pero esta vez no me quedé tanto rato
bajo el peso de su cuerpo, de hacerlo me hubiera sofocado, ya llevaba demasiado
tiempo allí.
Me despedí de mi tío y él casi ni me respondió, ya se estaba durmiendo otra
vez, sonreí satisfecha al saber que lo había dejado agotado casi sin moverme,
sólo me ofrecí para él y lo dejé hacerme lo que quisiera. Regresé al baño, cambié
el agua de la bañera y me lavé una vez más antes de irme a dormir a mi propio
cuarto, a pesar de las horas de sueño en la cama de Augusto, me quedé dormida
poco después de apoyar la cabeza en la almohada. Sólo recuerdo haber
escuchado a mi hermana respirando agitadamente a mi lado, supuse que la
muchachita se estaba masturbando pero ya no tenía energía para unirme a ella.

*****

Luego de lo ocurrido con mi tío ya podía estar más que segura de que al
menos otros tres miembros de mi familia querían repetir el juego de Strip Póker,
de hecho podía afirmar que tenían tantas ganas como yo de hacerlo, pero aún
faltaba mi padre, no sabía por qué me costaba tanto hablar del tema con él, tal vez
porque lo veía como una figura de autoridad o porque era con el que más
fantaseaba y me ponía sumamente nerviosa al tenerlo cerca, no podía decirle a mi
madre que organice un sábado de póker sin antes estar segura de que para mi
papá no había sido sólo una noche de locura y descontrol que no se debía repetir
jamás.
En uno de los intentos por retomar mi vida normal accedí a tener una cita con
un pibe que venía insistiéndome desde hacía unas semanas, él no me caía mal
pero sus invitaciones habían llegado en mal momento, cuando yo tenía cosas
mucho más importantes en la cabeza, supuse que verlo durante un rato no estaría
mal y quién sabe, en una de esas me hacía olvidar un poco de mi familia. Nos
reunimos en un barcito que estaba mucho más cerca de su casa de la mía,
supuse que me había citado allí para que tengamos la opción de trasladarnos
hasta su propiedad, tal vez esto me hubiera molestado en otras circunstancias
pero últimamente estaba viendo el sexo con otros ojos y acostarme con él ni
siquiera me parecía descabellado, además era apuesto. No se trataba de ningún
galán de cine pero si era agradable a la vista y su sonrisa era muy simpática y
sincera. Como era de noche acompañamos la charla con algunos vasos de
cerveza, al principio todo marchaba de maravilla, yo estaba dispuesta a todo
aunque no lo conociera muy bien, me lo había presentado una amiga que
teníamos en común y supuse que ella conocía mis preferencias en cuanto al sexo
masculino pero al parecer mi amiga no me conocía tanto como yo pensaba, el tipo
me pareció de lo más pesado, muy arrogante y vanidoso. Debía admitir que
parecía inteligente pero arruinaba esta buena cualidad cada vez que intentaba
idolatrarse a sí mismo. Llegué a pensar que se trataba del polo opuesto de
Augusto, mi hermano podía ser algo bruto y limitado pero era humilde y honrado,
nadie podía decir que fuera mala persona, hasta las miles de veces en las que yo
me molestaba con él era porque cometía errores estúpidos, no porque hiciera las
cosas con maldad buscando perjudicar al otro.
Mientras mi ilusión se desvanecía llegué a la conclusión de que ya no quería
acostarme con este individuo y poco a poco las ganas de marcharme se hicieron
evidentes.
-Estás inquieta, ¿pasa algo? –me dijo él después del cuarto vaso de cerveza.
-Es que ya es muy tarde y me tengo que ir –le contesté de forma automática,
en ese momento me percaté de lo poco que había abierto la boca durante la
charla, que en realidad se pareció más a un monólogo.
-¿No querés que te lleve? O en una de esas querés ir a un lugar más tranquilo,
acá hay mucha gente.
-No, está bien. Me pasan a buscar –mentí mientras me ponía de pie, abrí mi
bolso y saqué algunos billetes- tomá, para que pagues las cervezas.
-No te preocupes, yo invito.
-Perfecto –dije guardando otra vez el dinero, estaba molesta con él por
haberme hecho perder el tiempo- me voy porque ya me deben estar esperando.
-Estas segura de que no querés que te lleve, vine en el auto y mi casa está…
No me quedé a escuchar sus últimas palabras, éstas se perdieron entre el
murmullo de la gente y luego éste quedó opacado por el repiquetear de la lluvia.
No lo podía creer, llamarla lluvia era quedarse corta, esto era un diluvio ¿en qué
momento había comenzado a llover? Antes de venir vi que estaba nublado y
recordaba que mi madre me había dicho que llevara un paraguas pero ¿quién
hace caso a las madres en estas cosas? Uno siempre las ignora hasta que se dan
cuenta de que tienen razón. Me quedé bajo el toldo del exterior del bar y me
apresuré a llamar a mi casa, en pocos segundos una voz gruesa me saludó, era
mi papá.
-Hola papá, ¿podrías venir a buscarme? Está lloviendo a cántaros y conseguir
un taxi con este clima va a ser un poco difícil.
Uno de los grandes defectos de mi ciudad era que en los días en los que uno
necesitaba más un taxi, como cuando llovía, más difícil era hallarlos ya que
muchos preferían no trabajar para no arruinar sus vehículos al pasar por una calle
completamente inundada. Por suerte no tuve que darle muchas explicaciones a mi
padre, le di la dirección y me dijo que en pocos minutos pasaría a buscarme.
Cuando terminé de hablar con él miré hacia adentro del bar a través de la puerta
de vidrio y el muchacho vanidoso me miraba con el ceño fruncido mientras tomaba
uno de los dos vasos de cerveza que tenía en la mesa, en ese momento recordé
que habíamos pedido una siguiente ronda antes de que yo me levantara y me
fuera. No sólo estaba distraída sino que los cuatro vasos que tomé ya me estaban
afectando un poco, mi tolerancia al alcohol no era muy buena y no me
avergonzaba decirlo. Me alejé unos metros del bar para no tener que verle la cara
al pibe y no tuve más remedio que quedarme bajo la lluvia, la cual me empapó en
un abrir y cerrar de ojos, me molestó muy poco, hacía calor y necesitaba algo
fresco para que me quitara esa espantosa sensación de mareo. Mientras
aguardaba por mi padre me percaté de que tendría varios minutos a solas con él,
el bar estaba como a media hora de viaje en auto y no sólo debería esperar ese
tiempo bajo la lluvia sino que también debería pasarlo con él a solas. Me invadió el
recuerdo de su cuerpo desnudo, especialmente el de su pene erecto dentro de mi
boca, los minutos pasaban y yo no hacía más que pensar en eso, lo cual era
bastante contraproducente, no sólo me estaba excitando sino que también me
recordaba que aún debía tener una charla complicada con él para averiguar si
quería o no una nueva ronda de Strip Póker.
Como vine con la intención de caerle bien a este muchacho opté por ponerme
una blusa blanca bastante escotada, la cual estaba hecha sopa, el pibe me había
mirado las tetas durante toda la charla y ahora me sentía molesta conmigo misma
por haberle regalado semejante espectáculo pero allí recordé el consejo de Mayra,
si debía hablar de ese tema tan delicado con mi padre, debía hacerlo con un buen
escote, eso haría que su atención se disipara, me dije que ya tenía un punto a
favor. Comencé a pensar en qué podría decirle, cómo podría iniciar la charla ¿y si
él no se fijaba en mis pechos y sólo prestaba atención a la calle? No quería que
tuviéramos un accidente por distraerlo pero alguna miradita de reojo me
favorecería y también alimentaría un poco mi ego, me causaba mucho morbo
saber que yo podría excitar a mi propio padre, nerviosa y llena de dudas actué de
forma imprudente e impulsiva. Desabroché mi corpiño y me lo quité por debajo de
la blusa, luego lo guardé dentro de mi bolso procurando que no mojara mi teléfono
celular. Miré mis pechos y me quedé sorprendida, la tela blanca ya era casi
transparente y mis pezones se traslucían mucho, para colmo estaban erectos y
parecía que en cualquier momento agujerearían la tela. No tuve tiempo para
arrepentirme, en ese momento vi la camioneta negra de mi padre doblando la
esquina y deteniéndose frente a mí, me hizo señas para que suba abriéndome la
puerta y me apresuré a hacerlo.
-Perdón, te voy a mojar toda la camioneta –me disculpé apenas tomé asiento y
cerré la puerta.
-No te preocupes, tu hermano la ensucia toda, un poco de agua no le vendría
nada mal… -se detuvo en cuanto vio mis voluminosos pechos traslucirse bajo la
tela de la blusa, fue tan obvia su mirada que no pude disimular.
-Maldita lluvia, me mojé toda –mi cabello aún seguía chorreando agua- lo peor
es que se me marca todo.
-¿Qué hacés así vestida? –preguntó mientras ponía la camioneta en marcha.
-Es por culpa de la lluvia, creeme que no se nota nada cuando la blusa está
seca, se usa así, sin corpiño –sabía que no me discutiría eso ya que no sabía
nada de moda femenina.
-De todas formas, te veo más arreglada de lo normal –sus ojos espiaron
rápidamente mis blancas tetas, supuse que se centraban más que nada en la
amplia parte central, la cual la empapada tela de la blusa ni siquiera cubría.
-Ah, eso es porque vine ver a un chico… -comenté restándole importancia a lo
sucedido- tomamos algo juntos pero no me cayó tan bien como yo esperaba, por
eso te pedí que vinieras a buscarme. Por cierto, tardaste mucho menos de lo que
yo creía –hice memoria y no debían haber pasado más de quince minutos desde
que lo llamé por teléfono.
-Es que estaba en la casa de un socio arreglando unos detalles para mañana,
estamos con una obra bastante grande en un edificio de… -me miró otra vez, mis
pezones se notaban bastante a pesar de la escasa luz en el interior del vehículo-
¿tenías pensado hacer algo más que tomar algo con este chico? –no sabía si me
lo preguntaba por deber de padre o por puros celos, al menos estaba charlando
con él y supe que debía ser yo la que llevara la conversación a un territorio más
íntimo y personal.
-No te voy a mentir, en un momento pensé que podía pasar algo más, creo que
hasta vine con esa intención –me temblaban un poco las manos, nunca había
hablado de estas cosas directamente con mi padre- pero después lo pensé mejor
y me dije que no valía la pena hacerlo con un tipo así, era demasiado egocéntrico
para mi gusto.
-Comprendo –dijo mi padre con la vista al frente como si no comprendiera
nada, tal vez su cabeza estaba intentando procesar la información.
-¿Te parece mal que venga a ver a un chico con esas intenciones?
-Vos ya sos grande y podés hacer lo que quieras.
-Es que en realidad ni siquiera sé si quería –intentaba actuar con normalidad a
pesar de estar virtualmente desnuda de la cintura para arriba- por un lado quería
hacerlo pero por el otro sabía que al chico ni siquiera lo conocía y no me animaba,
dejando de lado que al final me cayó mal.
-Las mujeres siempre son indecisas con esos temas –bromeó y lo vi sonreír-
los hombres somos más básicos, por naturaleza. Si hay sexo de por medio es
difícil que nos neguemos.
-No creas que todas las mujeres piensan muy diferente a los hombres, yo no
veo el sexo como algo malo… me gusta y me atrae pero a veces me acuerdo que
tampoco es bueno hacerlo con alguien que uno no conoce, lo lindo es tener cierta
confianza con la otra persona, conocerla mejor… eso calienta más –miré por la
ventana de mi lado para no tener que cruzar la mirada con él pero lo vi por el
espejo retrovisor exterior, sus ojos volvieron a clavarse en mi escote en un fugaz
movimiento- pero en un principio quería hacerlo con este pibe porque tenía ganas
de volver a probar algo.
-¿Qué cosa?
-Me da vergüenza decirlo… bah, en realidad me da miedo que te moleste.
-¿Por qué debería molestarme? Podés contarme.
Me di cuenta de que viajábamos a velocidad moderada ya que la lluvia no
menguaba, supuse que tendríamos un largo viaje hasta casa y una vez más me
invadió el típico nerviosismo que me producía estar a solas con mi padre,
especialmente luego de lo que pasó ese sábado, aquella vez la lluvia contribuyó
mucho para que mi vida cambie totalmente, tal vez ahora la lluvia me ayude a
seguir adelante con estos cambios que tanto me atraían.
-Quería volver a probar el sexo oral con un hombre –me apresuré a decirlo
para desligarme lo más rápido posible de la frase- nunca lo había probado y me
resultó atractivo –eso era una inequívoca indirecta hacia mi padre.
-Ah, comprendo –era una de sus típicas respuestas que sólo evidenciaban la
confusión que tenía. Froté mis brazos con las manos, si bien hacía calor el agua
de la lluvia había enfriado considerablemente mi cuerpo- en la guantera debe
haber una toalla de mano, con eso te podés secar un poco.
Abrí la guantera y efectivamente había una toalla que aparentaba ser blanca,
no estaba en las mejores condiciones pero supuse que mi padre y mi hermano la
usarían para secarse las manos luego de trabajar y era lógico que estuviera en
ese estado. Primero me sequé las gotitas de agua acumuladas en mis brazos,
luego la cara y el cabello lo mejor que pude y pasé a la parte que más llamaba la
atención de Pepe, introduje la toalla por mi escote para secarme los pecho, actué
como si estuviera sola, sin siquiera mirarlo pero sabía muy bien que él si me
estaba mirando a mí. Extraje mi pecho izquierdo completamente y pasé la toalla
una y otra vez por él, luego repetí la acción en mi teta derecha, dejando ambas
fuera de la estirada remera, de vez en cuando miraba hacia la calle pero como
estábamos transitando una zona poco frecuentada no había curiosos que
repararan en mis melones blancos. El saber que esto podría estar provocando a
mi padre comenzó a encender una pequeña llama de lujuria en mí y ésta fue
creciendo poco a poco. Volví a guardar mis atributos dentro de la blusa sólo para
que se mojaran otra vez pero ya había dado un buen espectáculo y el marcado
bulto en la entrepierna me lo demostraba, tuve que esforzarme para no esbozar
una sonrisa.
No pude hacer menos que sonreír al verlo así, él no tenía forma de cubrirse o
disimular, miré fijamente esa loma asomando de su pantalón para indicarle que ya
había notado su erección. Me temblaba todo el cuerpo y no era sólo por el frío,
estaba sumamente nerviosa y mi cabeza trabajaba a toda prisa, me estaba
desesperando por dar el siguiente paso pero temía a las consecuencias, lo peor
de todo era esa maldita sensación de ya haber llegado demasiado lejos, una cosa
era que mi padre me viera desnuda frente a toda mi familia en las mismas
condiciones y otra muy diferente era exhibirme ante él estando sólo nosotros dos
espacio tan reducido.
-Me dijeron que algunas mujeres creen que hacer bien lo del sexo oral pero en
realidad no saben hacerlo -dije como si estuviera hablando conmigo misma- ¿eso
es cierto?
-No lo sé -titubeó- creo que depende mucho de la actitud de la mujer. Si cree
que todo lo hace bien sin siquiera preguntar ya está cometiendo un error.
-Entonces supongo que hago bien en preguntar, porque yo no creo haberlo
hecho bien.
-¿Al hombre que se lo hiciste le gustó? -noté que aferraba con fuerza el
volante, estaba tan nervioso como yo.
-No lo sé. ¿Te gustó? -me miró con los ojos de un perro callejero- porque la
primera vez que lo hice fue con vos... durante el juego de póker.
-¿Lo decís en serio?
-Si papá, nunca lo había hecho. No sé qué imagen tendrás de mí pero no soy
muy promiscua -al menos no lo era antes de jugar al póker con mi familia.
-No dije eso, pero como tenías novio... pensé que en algún momento habían
hecho eso.
-La verdad es que a mí me daba un poco de asco, por eso nunca me animé a
hacerlo, pero esa noche no me dio nada de asco. Al contrario, me gustó. Me
agradó saber que con eso podía hacer que un hombre disfrute mucho.
Su bulto seguía creciendo, supuse que estaba recordando lo ocurrido en
aquella ocasión, para colmo su pantalón era de una delgada tela deportiva y no
disimulaba en lo más mínimo el gran tamaño de su miembro. Disimuladamente
froté mi entrepierna por arriba de mi pantalón, éste era de jean y se ajustaba
mucho al cuerpo, especialmente al estar tan mojado, desprendí el botón porque ya
me estaba incomodando demasiado.
-¿Vos pensás que lo hice bien? –volví a preguntarle, sabía que él no estaría
bien preparado para una pregunta tan directa pero en su defensa puedo decir que
pocos padres en el mundo hubiesen podido conservar la cama si una de sus hijas
lo estaba interrogando sobre sexo oral utilizando como ejemplo algo que había
pasado entre los dos.
-No estuvo mal –contestó mirando fugazmente mi entrepierna, apenas se
asomaba mi bombachita mojada por donde había abierto el pantalón.
-No estuvo mal pero tampoco estuvo bien.
-No dije eso.
-Pero así lo entiendo yo –no se lo dije con enfado- sé que todavía me falta
mucho por aprender en materia sexual.
-Por ser la primera vez… estuvo muy bien –sus nervios lo estaba traicionando,
ya prácticamente no hablaba sino que balbuceaba.
-Te cuento que en el primer intento me puse muy nerviosa… por todo eso de
que somos familia –ni siquiera yo sabía si elegía las palabras correctas.
-Es lógico –apenas pude entender lo que dijo.
-Pero la segunda vez ya no me importó tanto, ya me daba igual… para colmo
también estaba Augusto –mi cuerpo reaccionó placenteramente al recordar de qué
forma chupé una y otra vez sus penes- fue un juego muy divertido –sonreí- ¿no te
parece? –no me respondió sólo se limitó a mirar una vez más mis pechos antes de
poner la vista al frente otra vez; decidí que era hora de jugársela toda, ya estaba
muy metida en todo esto y hubiera sido una cobardía retroceder, avancé ya sin
medir las consecuencias- me caliento mucho de sólo acordarme, nunca había
tenido dos vergas para mí sola- el corazón se me aceleró vertiginosamente y mis
manos temblaban apoyadas sobre mis piernas- y mucho menos tan grandes, me
costó un montón metérmelas en la boca –su miembro se sacudió dentro del
pantalón, eso me valió más que mil palabras- pero no me importó, estaba muy
borracha y caliente, yo me las quería comer todas, quería sentirlas hasta el fondo
de mi garganta –tragué saliva- quería hacerlos acabar a los dos y quería… -miré
una vez más su bulto- ah, a la mierda con todo.
Con el corazón latiendo a toda prisa me incliné hacia el lado del conductor, con
un rápido movimiento le bajé el pantalón lo suficiente como que su verga dura y
venosa quedara libre y bajé la cabeza, la tragué hasta la mitad y la saqué
lentamente de mi boca apretando mucho los labios. Se escuchó el típico
chasquido de un chupón cuando salió completa y volví a tragarla sin darle tiempo
a mi padre para reaccionar, estaba increíblemente excitada y por fin estaba
probando otra vez ese grueso tronco que me traía loca, intentaba chuparlo lo
mejor posible y aparentemente a Pepe no le molestó porque se limitó a presionar
mi cabeza hacia abajo mientras continuaba manejando, su hija le estaba haciendo
un pete y se veía dispuesto a disfrutarlo. Supe que ya no era momento de hablar
más, él no era un hombre de palabras, él hablaba con acciones y yo le estaba
hablando en su propio idioma mientras ensalivaba todo su glande y lo recorría
alrededor con mi lengua. Introduje una mano en su pantalón para poder agarrar
sus testículos, los apreté sin emplear mucha fuerza y comencé a subir a y bajar mi
cabeza una y otra vez, de vez en cuando debía sacarla del todo para tomar aire y
podía ver hebras de saliva colgando de mis labios o de la verga. Sentí una áspera
mano de dedos gruesos presionando una de mis tetas por dentro de la remera, se
había colado por mi escote y ya me estaba pellizcando un pezón, con un rápido
movimiento me las ingenié para que mis pechos quedaran colgando fuera de la
blusa sin dejar de mamar.
No me limité a chupársela, también empleaba alguna de mis manos para
masturbarlo tan rápido como la incómoda posición me lo permitía. La mano
derecha de mi padre pasaba de la palanca de cambios a mi cuerpo, no se
conformó con tocar mis tetas, buscó mi entrepierna pero no podía tocarla mientras
yo estuviera inclinada hacia su lado por lo que me senté normalmente en el
asiento del acompañante, la lluvia seguía cayendo copiosamente y me pareció
que ahora conducía más lento que antes, estaba segura de que él demoraría el
viaje de regreso lo más posible. No me animaba a mirarlo a la cara, cerré mis ojos
y aferré su verga con mi mano izquierda, en cuanto comencé a masturbarlo sentí
que sus dedos se escabullían hábilmente dentro de mi ropa interior, con mi mano
libre intenté bajarme un poco más el pantalón pero era una tarea difícil, por suerte
él logró llegar hasta mi clítoris y apoderarse de él, sus rugosos dedos me
inundaban de placer, en poco tiempo comencé a jadear y luego recordé que
estábamos los dos solos en el auto, nadie podría oírnos. Di rienda suelta a mis
gemidos y deslicé mi cuerpo un poco hacia adelante, pegando mi espalda al
asiento y alejando mi cola del respaldar, separé un poco más las piernas y esto
permitió que mi papá pudiera introducir un dedo en mi húmeda y viciosa vagina,
gemía más por morbo psicológico que por placer físico pero todo se amalgamaba
de forma tan perfecta que era muy difícil decir dónde comenzaba uno y dónde lo
hacía el otro.
Estaba gozando enormemente pero Pepe apartó la mano, cuando abrí los ojos
vi que estaba manipulando la palanca de cambios, esto me dio la oportunidad de
regresar a mi tarea, me incliné una vez más hacia él y me tragué su verga tanto
como pude, ese sabor entre amargo y dulzón me volvía loca. Me esmeré mucho
para darle todo el placer posible, él no decía una palabra y decidí dejar las cosas
de esa forma, al fin y al cabo ambos estábamos disfrutando. Chupé, lamí, tragué y
salivé durante largo rato, movía mi cabeza de arriba abajo variando el ritmo y la
fuerza con la que lo hacía, a veces mantenía mi boca tan abierta como podía y
hacía entrar y salir esa dura y larga verga casi hasta atragantarme, mi boca
producía sonidos extraños cuando yo intentaba respirar, tuve que serenarme un
poco, tomar aire y luego volver a la acción haciendo todo lo posible por respirar
por la nariz. Sentí envidia de mi madre quien podía comerse esa suculenta verga a
diario pero no era sólo el tamaño lo que me calentaba, ella no podía sentir lo
mismo que yo, él no era su padre, era su marido.
Levanté la vista porque me percaté de que nos habíamos detenido, me
sorprendía al ver que nos encontrábamos en el garaje de mi propia casa, las
puertas se abrían y se cerraban de forma automática, lo cual era ideal para días
de lluvia. Hice un rápido cálculo mental y supe que había estado varios minutos
mamándole la verga a mi padre. Tal y como hice antes, evité mirarlo a los ojos,
supuse que allí no nos descubriría nadie y bajé la cabeza una vez más para
continuar chupando, esta vez él pudo toquetearme con mayor comodidad y se las
ingenió para llegar hasta mi entrepierna y frotar mi clítoris con la punta de sus
dedos. Mi instinto sexual me decía que estaba haciendo un buen trabajo ya que la
verga parecía estar palpitando dentro de mi boca, me llené de júbilo cuando sentí
ese viscoso y espeso líquido blanco que escupía el pene de los hombres cuando
llegaban al clímax. Mi intención fue tragarme todo el semen que saliera pero tengo
que admitir que fue una tarea bastante difícil con semejante pedazo de carne
metido en mi boca, tuve que dejar salir un poco del néctar masculino el cual
chorreó por mi barbilla. Seguí lamiendo el glande y pasé la lengua alrededor de
todo el tronco hasta dejarla limpia y tan rápido como todo había comenzado,
terminó.
No quería tener que ver a mi padre o intercambiar palabra alguna con él, me
apresuré a guardar mis tetas dentro de la blusa, la cual ya estaba un poco más
ceca, prendí torpemente el botón de mi pantalón, tomé mi bolso y bajé de la
camioneta sin mirar hacia el asiento del conductor. Me dirigí a la puerta que
comunicaba el garaje con mi casa y entré dando largas zancadas, en cuanto
llegué al pasillo que llevaba a las habitaciones me crucé con mi madre, quien
estaba vistiendo una bata de baño, como llevaba el cabello seco supe que aún no
se había duchado pero pensaba hacerlo pronto.
-¡Nadia! Me asustaste –me dijo deteniéndose en seco para no chocar contra
mí- ¿qué pasó? –Me miró de arriba abajo, mi estado debía dejar en evidencia lo
ocurrido- ¿qué tenés en la boca? –sabía que se refería al semen de mi papá pero
no hacía falta que se lo explicara, pronto lo deduciría.
-Nada, no importa. Espero que mantengas tu promesa, te aseguro que tenés
vía libre para organizar una nueva noche de póker y espero que sea mucho mejor
que la anterior –le sonreí ampliamente y ella también lo hizo, involuntariamente-
ah, y no te vayas a enojar con papá, es todo culpa mía –se lo dije para dejarle las
cosas más en claro.
Ella intentó decirme algo más pero pasé a su lado como si fuera una flecha y
me dirigí directamente hacia mi cuarto, por suerte no había nadie dentro, cerré la
puerta detrás de mí y me desnudé tan rápido como pude, creo que hasta rasqué
un poco la blusa al quitármela. Me tiré en la cama y me tapé con las sábanas
hasta el cuello, esa leve calidez me reconfortó al quitarme un poco el frío que
sentía en los brazos al haberme mojado con la lluvia pero eso no era lo que me
importaba en ese momento, inmediatamente dirigí mi mano derecha a mi
entrepierna y comencé a masturbarme sin reparo alguno, me metí dos dedos y
arqué tanto mi espalda que ésta quedó separada del colchón durante unos
segundo, luego caí y llevé la mano izquierda a mi barbilla, los restos de semen
aún seguían allí, recolectándolos con los dedos los trasladé hasta mi boca y fui
saboreándolos lentamente mientras me castigaba la conchita. Estiré dos dedos y
los deslicé por mi rajita apretando mi clítoris entre ellos mientras imaginaba todo lo
que podría pasar en una nueva sesión de Strip Póker junto a mi familia, en estos
últimos días había tenido al menos un encuentro sexual con cada miembro de la
casa pero para mí esto era apenas parte del juego previo, aún me quedaba lo más
importante, me moría de ganas por sentir la verga de mi padre penetrándome o
ver qué clase de pervertidos juegos sexuales se animarían a jugar los demás.
Con la certeza de que yo no era la única enferma en la casa me sentía mucho
más tranquila y daba rienda suelta a mis deseos más sucios y lujuriosos, llegué a
meterme dos dedos por la cola mientras recordaba lo que había hecho con
Augusto y me imaginaba lo que podría hacerme después pero la próxima vez lo
haríamos delante de todos y quien sabe, tal vez podríamos llegar a vivir la noche
más especial y sexual de nuestras vidas. Tuve un intenso y profundo orgasmo con
esta idea en mente.
Capitulo 05

P ensé que la nueva partida de póker se realizaría el sábado siguiente, luego


de que yo le diera la confirmación a mi madre de que todos deseaban jugar. Me
sentía viviendo un sueño irreal pero este sueño se disipó un poco cuando llegó el
fin de semana y no había nada organizado, aguardé ansiosa hasta la noche del
sábado pero mi madre actuaba con una normalidad tal que me hizo sospechar que
no habría juegos en esa velada. Me animé a preguntarle por qué motivo no había
organizado nada y me respondió que tanto ella como mi hermana estaban con el
período y no podían jugar en ese estado, comprendí al instante, yo tampoco
jugaría al strip póker si tuviera que estar usando una toallita higiénica o un tampón.
Ellas solían tener el período muy sincronizado y regular, en cambio el mío era
completamente irregular y me dio un buen susto en más de una ocasión que se
demoró.

No dejé que este altercado me arruinara la algarabía, sabía que el próximo fin
de semana jugaríamos, sólo debía ser paciente, pero esto no era una tarea tan
fácil como yo imaginaba. Me di cuenta de que me excitaba mucho, prácticamente
todos los días, algo atípico en mí pero culpaba de eso a la gran cantidad de
actividad sexual de los últimos días. Intenté concentrarme en mis estudios pero
me era jodidamente imposible mantener la concentración durante más de media
hora, siempre se me venía a la mente alguno de los momentos sexuales vividos
con algún miembro de mi familia, una vez más llegué a temer que me estaba
volviendo loca y algo debía admitir, todo lo que pasó fue una gran locura. Llegué a
tal punto en el que me paseaba en ropa interior por la casa sólo para sentirme
observada y deseada, casi todos mantenían una actitud pasiva ante mis arrebatos
de exhibicionismo, solamente Augusto aprovechaba para tocarme un poco cuando
nadie -nos veía pero yo nunca permitía que los toqueteos fueran demasiado lejos.
En cuando veía que a él se le paraba la verga, me alejaba dejándolo con las
ganas, él no se enfadaba porque sabía que todo era parte del jueguito.

Una mañana asistí por error a la facultad, por culpa de estar tan distraída
pensando en sexo fui a una clase que había sido suspendida con una semana de
antelación y lo recordé en el mismo momento en que entré al aula y la vi
completamente vacía. Me reí de mí misma por ser tan estúpida y me fui a caminar
sin rumbo porque no quería volver a mi casa, ya que no había nadie allí y no tenía
ganas de pasarme toda la mañana sola y encerrada. Por mera casualidad me topé
con la camioneta de mi padre estacionada en la calle, miré tres veces el número
de la patente hasta que estuve segura de que era su vehículo, él no debería andar
muy lejos. Inspeccioné la zona y en pocos segundos noté un edificio en
construcción a menos de cuarenta metros de mi posición, mi padre debería estar
ahí, decidí hacerle una visita sorpresa. En cuanto me acerqué a la obra vi algunos
rostros desconocidos y por la forma en que estos hombres me miraron estuve a
punto de dar media vuelta y marcharme pero justo cuando estaba por hacerlo
divisé la cabeza de mi padre a lo lejos, sonreí y me acerqué, él parecía estar
hablando con dos de sus subordinados, les hacía señas con las manos y parecía
estar un tanto molesto por algún motivo pero su expresión huraña se borró e
cuanto me vio caminando hacia él, me sonrió y se acercó a saludarme.

-Nadia, ¿Qué hacés acá?


-Vine a visitarte, lo que pasó es que suspendieron una clase en la facultad y yo
me había olvidado. No sabía que estabas trabajando tan cerca.
-Empezamos hace un par de días.
-¿Y Augusto dónde está? –no veía a mi hermano por ninguna parte.
-Él está trabajando en otro edificio, está contento porque lo dejé a cargo de la
obra, de todas formas es algo sencillo pero me pareció bien que empiece a tomar
responsabilidades –al parecer mi padre notó la mirada libidinosa de alguno de los
albañiles- ¿qué te parece si vamos a un lugar más tranquilo?
-Está bien, no quiero molestar, ya me voy.
-No hace falta que vayas, además tengo un rato libre, es lo bueno de ser el jefe
–lo seguí hasta lo que parecía ser un departamento a medio construir, supuse que
algún día ese sitio sería muy bonito pero ahora tenía las paredes sin revestir y sólo
contaba con una mesa en la que mi padre había colocado los planos.
-¿Esta es tu nueva oficina?
-De momento, sí. Pero en cuanto tengan que empezar a revestirla voy a tener
que buscar otra, lo bueno es que es que tengo de dónde elegir.
-Qué lindo de ser construir un edificio y después saber que la gente va a vivir
en algo que vos hiciste.
-Este no es el único que estamos construyendo –me señaló una ventana por la
que se veía buena parte de la ciudad- ¿ves aquel edificio que es solamente un
armazón? Ese lo está construyendo uno de mis socios –me acerqué a la ventana
y él se puso de pie detrás de mí –más allá está la obra en la que está trabajando
Augusto, pero no se ve –me sorprendió ver a mi padre tan comunicativo, me di
cuenta de que ésta era la primera vez que hablábamos desde que yo se la había
chupado en su camioneta, tal vez eso sirvió para romper el hielo en nuestra
relación –no sólo tenemos edificios, sino también algunas obras menores en casas
de familia –me tomó por los hombros y sentí su bulto apoyándose contra mi cola,
me divirtió mucho que se comportara así conmigo- tengo otro socio que se
encarga de obras en oficinas y locales comerciales.

Me importaba poco lo que me decía y seguramente a él también, lo que me


provocaba era saber que mi papá se estaba excitando, moví un poco mi cadera
para que mi cola rozara contra su bulto y supe que se le estaba parando. Él
continuaba hablándome pero yo no prestaba la más mínima atención a sus
palabras. El sentir el calor de su cuerpo y la rigidez de su sexo me hicieron excitar
en gran medida. Supuse que esta vez no era necesario andarme con rodeos, hice
un simple análisis, él estaba caliente y yo también, no necesité nada más. Giré y
me puse de rodillas tan rápido que él se sobresaltó, bajé el cierre de su pantalón y
admiré con deseo lo que salía de él, su gran miembro no estaba completamente
erecto pero yo me encargaría de remediar eso, parte de mí sabía que debía
esperar a que se celebrara el juego de póker pero por el otro lado no podía
esperar, necesitaba darle una nueva probada a ese suculento pedazo de carne.
Me tragué el glande y en cuanto lo tuve dentro de la boca cerré mis ojos como si
estuviera deleitándome con algo muy sabroso que llevaba mucho tiempo sin
probar, él dejó de hablar pero al acariciar mi cabeza me indicó que le agradaba lo
que yo estaba haciendo, supe que esto podía pasar entre nosotros si es que no se
hablaba al respecto, si actuábamos como si nada ocurriera y eso hice, me limité a
mamarle la verga en silencio, pero pocos segundos más tarde un ruidito rompió un
poco con la magia del momento, se trataba de su teléfono celular. En cuanto
atendió la llamada supe que del otro lado del auricular se encontraba Augusto y
aparentemente tenía problemas, mi padre le habló a través del alta voz, por lo cual
procuré no hacer demasiados ruidos mientras daba lamidas y chupones a esa
gran verga oscura.

-¿Cómo pasó eso? –preguntó mi padre indignado mientras yo seguía


cabeceando de atrás hacia adelante –ajá… ¿y no pudiste arreglarlo? –lamí todo
su tronco con lujuria y pasión- ahora no puedo… -mi hermano jamás adivinaría lo
que ocurría allí pero el saber que estaba escuchando me calentaba aún más-
bueno, bueno…tranquilo, ya voy para allá, no toques nada –cortó la llamada y nos
miramos a los ojos, fue la primera vez que nos miramos directamente y eso me
excitó más, era como si se cortara esa capa invisible que separaba a un padre y
una hija de dos amantes, sin dejar de mirarlo a los ojos me tragué su verga todo lo
que pude, muy lentamente, manteniendo una actitud totalmente provocativa. Él se
quedó mirando boquiabierto durante unos instantes y después dijo:- me tengo que
ir Nadia, tu hermano rompió algo y si no lo arreglamos hoy mismo se nos va a
venir una bien grande –“¿Tan grande como la tuya?” pensé –¿querés que te lleve
a casa?
-No te preocupes papá –le dije con la boca chorreando saliva mientras lo
masturbaba con una mano, esta situación era tremendamente excitante para mí-
yo me puedo ir solita, encárgate de eso rápido antes de que Augusto se mande
otra cagada, ya sabés cómo es.
-Sí, tenés razón. Bueno, lamento irme pero no tengo otra alternativa –guardó
su gran pene como pudo dentro del pantalón y se encorvó un poco para que no se
le notara tanto la erección- nos vemos en esta noche en casa –me dio un beso en
la mejilla en cuanto me puse de pie y salió de la improvisada oficina.

Me quedé parada en el mismo sitio, sabía que debía tener la conchita mojada
pero aquí no podía hacer nada para remediarlo, debía volver a mi casa, allí podría
masturbarme tranquilamente. Sólo esperaba que la humedad de mi sexo no se
filtrara a través de mi delgada ropa interior y que llegara a traspasar la fina tela de
mi calza. No suelo usar este tipo de ropa tan ajustada, pero si lo hago utilizo
blusas lo suficientemente largas como para cubrir mi cola, aunque dudaba que
este largo llegara a cubrir también mi parte delantera. Estaba dispuesta a irme
cuando la puerta de la improvisada oficina se abrió y un hombre desaliñado entró,
reconocí en él a uno de los trabajadores con los que mi padre estaba discutiendo
cuando llegué.

-¿No estás un poquito joven para ser la mujer de Pepe? –me dijo este extraño
sujeto.
-¿Cómo?
-Debés ser la amante –dijo con una libidinosa sonrisa en su grotesca cara-
¿Vos sabías que Pepe es casado?
-¿Y eso qué tiene que ver? –estaba confundida y asustada; por instinto me
moví hacia un lado hasta que mi cadera chocó contra el ángulo de la mesa que
servía a mi padre como escritorio.
-Lo que pasa es lo siguiente –el hombre era un poco más alto que yo, de
espalda ancha, delgado y brazos largos, vi que llevaba un teléfono celular
bastante moderno en su mano derecha, cuando estuvo más cerca noté que en la
pantalla se estaba reproduciendo un video, abrí la boca por el espanto en cuanto
me vi a mi misma chupándole la verga a mi papá- resulta que Pepe es “felizmente
casado” hasta tiene hijos… ¿qué pensaría su familia si se enteraran que anda con
una pendejita como vos?

Esto no podía estar pasándome a mí, este tipos tenían un video demasiado
comprometedor y ni siquiera sabía cómo se las habían ingeniado para filmarlo,
pero eso no importaba ahora, no podía permitir que le mostraran ese video a
alguien, sería cuestión de tiempo que alguien me reconociera, tenía un solo punto
a mi favor, él no sabía que yo era la hija de Pepe y debía mantener esa
información oculta.

-Lo que yo haga con Pepe no es asunto de ustedes les incumbe –dije cruzando
los brazos frente a mi pecho; debía actuar como si yo fuera su amante.
-Tal vez a mí no me importe, pero a su familia seguro que sí le interesa.
Especialmente a su esposa.
-¿Y qué van a hacer? Mandarle el video a la esposa… hagan lo que quieran, a
mí eso no me importa –mentí como si se tratara de una partida de póker.
-Podría subir el video a internet y que lo vea quien le importe. Podría hacerlo
ahora mismo si quisiera.
-¡No! –mi torpe actitud y mi expresión de pánico me delataron.
-Ves que sí te importa chiquita… ¿qué pensarán tus padres cuando sepan que
andás haciéndole petes a un hombre casado que te dobla en edad, podría ser tu
padre.
-Pero no lo es –volví a mostrarme enfadada y él seguía acercándose a mí
como un león ante una cebra- no seas tan hijo de puta, borrá el video y dejá de
molestarme –hasta yo noté el titubeo en mi voz.
-Eso sería injusto –dijo el tipo ya a pocos paso de mi posición- porque a Pepe
se la chupa una rica pendejita y ¿yo qué? ¿Ni siquiera puedo quedarme con el
videíto? Ahora tengo una ventaja y no tengo ganas de perderla sin llevarme nada
a cambio.
-Sos un hijo de puta, eso es chantaje –retrocedí un paso y mi cola chocó contra
la mesa que estaba detrás de mí, ésta golpeó contra la pared indicándome que no
podría retroceder más.
-Tomalo como vos quieras, nena. Me importa un carajo –la actitud del hombre
cambió totalmente, pasó de ser falsamente amistoso a ser verdaderamente hostil-
quiero algo a cambio.
-¿Algo como qué? –pregunté asustada.
-Como pasar un buen ratito con vos, parecido al que pasaste con Pepe.
-Sería una violación… -busqué todo argumento que estuviera a mi favor.
-No, violación no –se defendió- es un intercambio, yo te hago el favor de borrar
el videíto y vos me haces algunos favorcitos a mí… me parece lo más justo. Se ve
que te gusta hacerlos… se te nota en la carita de petera –sonrió bajando el cierre
de su pantalón- podemos empezar cuando vos quieras, mientras antes, mejor.

Llegó hasta donde estaba yo, quedó tan cerca de mí que temía tocar su pene
por error, por lo que me quedé estática con las manos apoyadas en la mesa. Me
temblaba todo el cuerpo y ni siquiera podía asegurar si esta reacción era producto
del miedo, de la bronca… o de algún otro sentimiento que no quería admitir.

Podía sentir su olor a hombre, no era a suciedad, lo cual me resultaba raro, tal
vez el hombre aún no había comenzado con el trabajo pesado del día, hasta olía a
perfume, esto aumentaba su masculinidad. Aparté la cara hacia un costado y
quedé mirando fijamente el piso, con el ceño fruncido, él acarició mi cabello con
delicadeza, recorriendo uno a uno los mechones que colgaban a los lados de mi
cara. Mientras más tiraba mi torso hacia atrás, más se acercaba mi cadera a él.
Sentía la dura mesa cruzar a lo ancho mi cola por la mitad.

-Dale chiquita –me dijo con voz calmada- mientras más rápido… terminemos,
más rápido vas a poder irte a tu casa… tus papis deben estar muy preocupados
por vos, tal vez imaginan que su linda nena está en el colegio, como buena niña…
si supieran las cosas que hacés…
-Lo que yo haga con mi vida no es asunto tuyo –le dije apartando su mano de
un golpe.
-Es cierto, lo que hagas con tu vida me importa poco, lo que sí me importa es
lo que vas a hacer ahora mismo –diciendo esto aferró su pene con una de sus
pesadas manos, lo sacudió un poco y pude sentir cómo el glande rozaba mi
entrepierna de abajo hacia arriba –admití que te gusta, pendejita- tal vez él no
notaba que la expresión de mi rostro era de asco total; un vértigo incontenible se
apoderó de la boca de mi estómago- vos estás más caliente que yo, eso se te
nota.
-No, por favor, no me molestes más –mientras hablaba podía sentir
perfectamente la presión de su miembro, aún flácido pero endureciéndose poco a
poco, al deslizarse contra la división de mi vagina.
-No seas tan terca, nena. Se nota que estas cosas te gustan, es sólo cuestión
de un ratito. Si me hacés acabar, me voy. ¿Me das una manito?

Intentó hacerse el simpático sonriendo. A continuación agarró mi mano


derecha y la guio hasta su pene. La aparté rápidamente pero ya me había
quedado esa gomosa sensación en la yema de los dedos, él sostuvo mi muñeca
con fuerza y me obligó a tocar una vez más ese miembro que ya apuntaba
firmemente hacia adelante.

-Dale nena, con la manito me alcanza, no seas así…


Mordí mis labios y evalué la situación. Este tipo no me dejaría marchar y tenía
en su poder algo que podría arruinar por completo a mi familia y acababa de
ofrecer una buena oferta, sólo debía tocársela un rato para que toda esta pesadilla
terminara. Tomé una decisión y cerré mi mano alrededor de su dura verga. Él se
hizo un poco para atrás, dándome algo de espacio sabiendo que yo iba a cooperar
en cierta medida. Inicié un desganado movimiento, como si lo estuviera
masturbando, procuraba no hacer contacto visual con él.

-Así no vamos a terminar nunca, corazón –me dijo con su falsa simpatía, acto
seguido me empujó hacia abajo desde los hombros con tanta fuerza que tuve que
ponerme de rodillas ante él- ponete cómoda y hacelo con ganas.

Su verga quedó a medio centímetro de mi cara, justo al lado de mi mejilla


derecha, mantuve la calma y retomé el movimiento de mi mano, estiré el prepucio
hacia la punta y luego lo hice en el sentido contrario, me resultaba imposible no
mirarlo, esa imagen fálica tan explícita me atraía como un imán.

-Si no me la mojás un poquito, me duele –me dijo acariciando mi cabeza.

Sabía muy bien que un pene no lubricaba prácticamente nada de forma natural
y que los hombres debían ayudarse de saliva para masturbarse. En contra de mi
voluntad deposité un poco de mi propia saliva en la punta de los dedos de mi
mano izquierda y con esta humedecí el glande y la base del mismo.

-Así me gusta más, tenés unas manitos muy lindas.

No sólo movía mi mano de atrás hacia adelante sino que a la vez la hacía girar
alrededor del duro miembro. Él se bajó el pantalón mostrándome sus peludos
testículos, no sé por qué motivo lo hice, pero sin que me lo pidiera agarré uno con
mi mano izquierda y comencé a masajearlo. Combiné las dos acciones durante
unos cuantos segundos, el tipo parecía estar disfrutándolo. Cuando noté que
necesitaba más lubricación, volví a mojar mis dedos y unté su pene con mi saliva.
Esta vez aceleré el movimiento.

-¡Eso! ¡Con ganas chiquita!

No sabía por qué, pero sus palabras me incentivaban a esforzarme más.


Presioné con un poco más de fuerza sus testículos y lo masturbé con más
energía, allí fue cuando cometí un acto fallido. Sin darme cuenta acerqué mi boca
al glande y lo chupé, fue sólo un segundo, pero obviamente él lo noto.

-¡Epa! ¿Te gustó, está rica? –se rio.


-Callate –le contesté secamente.
-Sí que te gusto… a las nenitas como vos les encanta la verga.

No le respondí pero podía sentir el sabor amargo del sexo masculino en mi


boca, esto aumentó notoriamente mi excitación, no dejé de masturbarlo ni por un
segundo, poco tiempo después di un nuevo chupón a la punta de su verga. Luego
otro más. Sacudí mi mano tan rápido como pude y no aguanté más. Abrí la boca y
me la tragué tanto como pude, la dejé dentro, la envolví con mi lengua. Allí
comencé con mi magia, moví mi cabeza de atrás para adelante repetidas veces
procurando que el pene no se saliera completo, el tipo me ayudó con esto
agarrándome de la nuca con una mano. Conseguí tragarla completa hasta que su
vello púbico me hizo cosquilla en los labios. Podía sentir el glande casi contra mi
garganta.

-¡Que buenos petes hacés, mamita! Con razón a Pepe le gustan tanto.

Aceleré mi movimiento tanto como el cuello me lo permitía, me esforzaba por


no lastimarlo con mis dientes, no podía creerlo, de verdad estaba interesada en
proporcionarle una experiencia placentera a este tipo que estuvo amenazándome
pocos minutos antes. Me dejó chupársela durante unos minutos y luego me hizo
poner de pie agarrándome por las axilas. A continuación me hizo dar media vuelta
y se aferró con fuerza a mis tetas, hincándome la cola con su verga.

-Me encantan estas gomas, nunca había agarrado unas tan grandes –se frotó
contra mi retaguardia con tanta fuerza que pude sentir los labios de mi vagina
abriéndose- ¿lo hacemos más interesante?
-No, no me la vas a meter –le dije de inmediato.
-Nadie habló de meterla… sólo dije hacerlo más interesante.
-¿De qué forma?
-Ya vas a ver.

Arrojó al piso las pocas cosas que había sobre la mesa y luego me obligó a
acostarme de espalda sobre ella. Levantó mis piernas en el aire con tanta
facilidad que me sorprendió. El hombre era delgado pero tenía bastante fuerza. Su
siguiente acto fue subir la calza junto con la bombacha dejándolas en mis rodillas.
Mi cola y mi conchita habían quedado desnudas. Me asusté cuando sentí su pene
apoyarse justo en la división de mi sexo.

-Tranquila chiquita, te dije que no te la iba a meter.

Al decir esto comenzó a mover su cadera de atrás hacia adelante, frotando su


duro pene a lo largo de mi húmeda concha. Cada vez que pasaba sobre mi clítoris
yo me estremecería. Este extraño masaje se extendió a una zona más íntima, la
punta de su verga comenzó a hacerme cosquillas en el culo. Por la posición en la
que estaba mis nalgas habían quedado muy abiertas, esto le permitía deslizar su
masculinidad por mi ano y luego subir hasta mi vagina. Presionó cada vez más en
ambos lugares, lo que más me preocupaba era cuando presionaba contra mi cola
ya que no lo hacía con el largo del tronco como en la vagina sino que utilizaba la
punta de su glande. Con la presión ejercida yo sentía mi culito dilatándose, él
debió notar esto ya que lo repetía con mucha frecuencia. A estas alturas yo ya
tenía una excitación considerable e incontrolable. No me importaba quién fuera
este sujeto, sólo podía pensar en lo mucho que me calentaban sus roces.
En una ocasión ejerció más presión de lo debido contra el agujerito de mi culo
y tuve que soltar un grito cuando su glande completo me penetró, no fue un grito
de dolor, sino de puro placer.

-Mamita, cómo come este culito, pero prometí no metértela.

Retiró la verga y volvió a friccionarla entre los gruesos labios de mi concha, la


cual ya estaba totalmente empapada. Sentí un par de veces la punta amenazando
con entrar por el huequito, pero las dos veces retrocedió de inmediato. Luego
regresó a mi culito, frotó por fuera y ¡zaz! Otra vez adentro.

-Ups, perdón –dijo riéndose mientras yo soltaba otro gemido.

Cuando volvió a frotarse contra mi clítoris no pude reprimir mis jadeos, con
esto sólo empeoraba las cosas, él sabía que yo me estaba calentando cada vez
más. Estuvo haciendo eso durante un buen rato, dos veces más me clavó el
glande dentro del culo y las dos veces sentí un placer inmenso. Luego colocó el
pene en la entrada de mi conchita y lo dejó quieto allí.

-¿Qué hacemos pendeja? –Me preguntó; guardé silencio- decime… ¿qué


hacemos? –titubeé, dudé y luché contra mis instintos, pero finalmente fui
derrotada.
-Metela.
-¿Cómo? No te escuché.
-Metemela toda –cerré los ojos y aguardé.
-¿Así? –comenzó a penetrarme tan lentamente que me puso nerviosa.
-No, metela toda de una vez –le pedí.
-Como gustes…

Me clavó con tanta fuerza que me vi obligada a aferrarme a los bordes de la


mesa para no azotarme la cabeza contra la pared. Solté un enérgico y placentero
gemido y el bombeo comenzó de forma inmediata. Rápido, parejo, sin detenerse
ni un segundo, me estaba cogiendo y yo, como puta que era, lo estaba disfrutando
al máximo. Entre jadeos y gemidos lo incentivaba, le pedía que me la metiera más
fuerte y le decía lo mucho que me gustaba. Supe que había acabado dentro de mí
cuando el torrente lechoso golpeó contra algún rincón sensible en el interior de
cavidad vaginal pero a pesar de esto siguió metiéndomela con fuerza, supe que él
estaba tan caliente que no permitiría que una simple eyaculación le pusiera punto
final a este increíble momento. Poco después la sacó toda y esto me desagradó
un poco ya que yo quería seguir teniéndola dentro, pero me hizo ver que le había
sacado por una buena causa cuando la apoyó en la puerta de mi culito.

-¿Y acá que hacemos? –preguntó una vez más.


-Sí, también… la quiero toda adentro. Fuerte.
Estaba descontrolada y él seguramente estaba viviendo la mayor de sus
fantasías eróticas, cogerse a una rica pendejita a la que ni siquiera conocía y que
ésta le pidiera desesperadamente que la penetrara por todos los agujeritos. El
placer anal era muy diferente, pero no menos agradable. La verga entró completa
luego de un ratito de estar entrando y saliendo por secciones, disfruté todo el
proceso, no sólo la penetración completa, cada vez que retrocedió, cada vez que
avanzó, deliré de placer.

-¡Dame, dame! –le supliqué.

Empezó a darme con tanta fuerza que sus muslos comenzaron a chocar
estrepitosamente contra mis nalgas, tuve que controlar el volumen de mis gemidos
ya que no quería que nadie nos escuchara. Me sentía la mujer más sucia y
depravada del mundo, le estaba entregando mi cola a un completo desconocido y
en lugar de sentirme culpable, me excité tanto que acabé.

De pronto, la puerta de la improvisada oficina se abrió con un ruido estrepitoso


y todo se fue a la mierda. El albañil que estaba gozando plenamente de mi cuerpo
se sobresaltó tanto que al darse vuelta casi me hace caer de la mesa. Pude ver un
iracundo pero conocido rostro detrás de él. Las venas del cuello de mi padre
parecían a punto de estallar. Su pesado puño derecho se estrelló de lleno en la
mandíbula de su empleado con tanta fuerza que lo hizo trastabillar y caer.

-¡Hijo de puta, te voy a reventar! –su voz sonó como el rugido de un león.
-¡No pará! –Le grité- ¡Pará, calmate, por favor! –Intenté ponerme de pie pero
demoré demasiado tiempo en hacerlo, mi padre propinó otro golpe en la parte
posterior de la cabeza del albañil- ¡Pará, pará pap… -estuve a punto de decirle
“papá” pero me contuve a tiempo, el haber dicho eso hubiera supuesto nuestra
ruina- …pará por favor!

Acomodé mi calza y mi ropa interior lo mejor que pude para cubrir mi húmeda
intimidad, vi que el teléfono celular del hombre delgado estaba en el piso, me
apresuré a recogerlo mientras veía como él intentaba esquivar la lluvia de puños
que caía sobre su cara. Los intentos que hacía por atajarse con las manos eran en
vano, mi padre siempre encontraba un hueco por donde hacer entrar sus golpes.

-Basta, por favor –le dije poniéndole una mano en el pecho, esto lo hizo
detenerse en seco- ya le pegaste… si le seguís pegando lo vas a matar.
Tranquilizate –estaba tan nerviosa que no sabía cómo conseguía gesticular las
palabras. Él inhaló una buena cantidad de aire, aún podía ver el odio y la furia en
su rostro.
-Subí a la camioneta.
-Pero…
-Subí te digo… y no hables…

Obedecí asustada, mientras salía de la oficina miré una vez más hacia atrás,
pude ver que el albañil tenía la cara hinchada y toda manchada de sangre, su
pene se había reducido considerablemente. Me atemorizó mucho verlo en ese
estado porque no sabía que podía pasarme a mí. De camino hacia la camioneta
me encontré con un gran barril metálico lleno de agua y cal, arrojé el celular allí
dentro con la esperanza de que esto lo dejara inutilizable.

Una vez sentada en la camioneta aguardé durante un corto período de tiempo,


mi padre se había lavado las manos y caminaba dando pasos pesados y rabiosos.
Subió al vehículo y azotó la puerta estrepitosamente, lo puso en marcha y aceleró
tan repentinamente que me asusté porque creí que íbamos a chocar contra el auto
que estaba estacionado delante de nosotros, pero lo esquivamos de milagro. Por
la ruta que tomó supe que nos dirigíamos hacia nuestra casa.

-¡Papá, perdón…! –Le dije totalmente apenada por lo que había hecho- ¡no
tuve otra alternativa! Te juro que yo no quería… -ni yo creía en mis propias
mentiras- ¡Perdón! –no sabía qué otra cosa decirle pero él se mantuvo como una
estatua, con la mirada fija en el camino, la mandíbula tensa y sin decir una sola
palabra- si no lo hubiera hecho… -estuve a punto de contarle lo ocurrido pero
imaginé que eso empeoraría las cosas- por favor papá, hablame… -nada, sólo
silencio y la camioneta viajando a toda velocidad.

En cuanto me di cuenta ya nos estábamos deteniendo frente a la puerta de mi


casa.

-Bajate –me dijo voz fría sin siquiera mirarme.


-Pero papá… por favor… no fue mi culpa… perdoname –tuve que esforzarme
para no llorar.
-Bajate –repitió en el mismo tono de voz.

Supe que cualquier esfuerzo sería inútil, obedecí una vez más y me bajé de la
camioneta, corrí hasta la puerta de mi casa y entré.

*****

Apenada y humillada caminé hasta mi cuarto con la esperanza de encontrarlo


vacío y tirarme a llorar a la cama. Las lágrimas ya luchaban por salir pero no
quería que nadie me viera en este estado. Por desgracia mi cuarto ya estaba
ocupado por otra inquilina quien estaba sentada en su cama leyendo apuntes de
estudio.

-Hola dulzura –saludé a Mayra intentando que mi voz no se quebrara.


-Hola –la forma en que me saludó me pareció más hostil de lo normal.
-¿Pasa algo? –pregunté mientras dejaba el bolso sobre mi cama.
-No te hagás la pelotuda, Nadia.
-¿Qué, por qué lo decís? –pregunté espantada, no había forma de que ella se
hubiera enterado tan rápido de lo que ocurrió con los empleados de papá.
-¿Qué onda con vos? –Me miró con los ojos inyectados de ira arrojando sobre
el colchón lo que estaba leyendo- primero me preguntás si me pasa algo con el tío
Alberto, te digo me hacés decirte un montón de cosas que no se las diría a nadie y
después te lo cogés.
-¿Eh? –no encontré palabras para responder.
-Sos una puta, Nadia. ¡Eso es lo que sos! Y el tío es un pelotudo… primero me
dice que me quiere a mí y se va a atrás del primer culo que encuentra –la pequeña
estaba llorando de rabia.
-Perdón Mayra… no imaginé que lo apreciaras tanto… yo… no…
-¿Me vas a decir que no te lo cogiste? Te vi Nadia, te vi y vos sabías que yo
estaba enojada y ni siquiera fuiste capaz de preguntarme qué pasaba –ahora que
lo recordaba, la muchachita había actuado de forma extraña durante los últimos
días, pero supuse que se debía a sus frecuentes cambios de ánimo.
-Te juro que no sabía… por favor, perdoname.
-¡Si sabías! Yo te lo conté, pero a vos te importa todo una mierda, con tal de
que te la metan –eso me hizo recordar mucho las palabras de mi papá, en ese
momento me quebré.
-Puede que sí, que lo único que me importe es coger… váyanse todos a la
mierda –salí del cuarto con los ojos llorosos.

Me dirigí directamente hacia el baño, abrí la ducha y comencé a desvestirme.


Cuando me quité la bombacha tuve la prueba irrefutable de que mi hermana y mi
papá tenían razón. Entre mi vagina y la tela de mi ropa interior un líquido espeso
formaba unos hilos viscosos, automáticamente toqué mi entrepierna y vi que ese
líquido era de un tono blancuzco, eso era el semen del tipo que me había cogido,
del cual yo ni siquiera sabía el nombre. ¡Un completo desconocido! ¿Cómo pude
ser tan puta? Me odie a mí misma como nunca había odiado a nadie. Me metí bajo
la ducha, me senté en el piso y comencé a llorar. Me sentía la peor basura del
mundo y sentí mucha pena por haber arruinado las ilusiones de mi hermanita y por
haber desilusionado a mi padre… todo por no saber mantener las piernas
cerradas.

*****

Luego de la discusión con Mayra y mi padre, pasé a ser un zombie, un


espectro de lo que alguna vez fue Nadia. Durante dos días deambulé por la casa
sin hablar con nadie. Aquellos con los que había discutido no hacían más que
mirarme con odio y colaborar a mi mutismo al no dirigirme la palabra. Las veces
en las que había peleado con mi hermanita podía contarlas con los dedos de una
mano y habían quedado olvidadas en el pasado. Sin duda éste era el peor
conflicto que habíamos tenido. Mi tío Alberto intentó ser simpático conmigo en un
par de ocasiones en las que estuvimos a solas mirando televisión en la sala,
supuse que sólo pretendía llevarme a su cama, no podía culparlo por eso, yo era
una puta que se dejaba coger por cualquiera y era lógico que él me viera de esa
forma. Rechacé sus propuestas con indirectas, supuse que eso me daría un par
de días más de ventaja.

Las madres siempre saben cuándo sus hijos se sienten mal por algo, por eso
no pude quedarme callada con ella. Tuve que inventarle una historia muy
convincente en la que le contaba lo mal que me había ido con aquel chico que me
invitó a tomar una cerveza. Ella no sabía que esa había sido la primera y la última
vez que lo vi, por lo que me sirvió de base perfecta para mis mentiras. Ella me
aconsejó como buena madre, me abrazó y me besó en la frente. Allí me sentí
asqueada, ¿cómo podía ser que llegara a tener relaciones sexuales con la mujer
que me brindaba todo su afecto de madre? En lugar de confortarme, todos sus
mimos me hicieron sentir peor, aunque pude disimularlo poniendo la mejor de mis
sonrisas y decirle que la amaba con todo el corazón, como una niña normal ama
su madre. Necesitaba volver a sentirme normal, aunque sea por un rato.

Pasaron cuatro días desde el conflicto y me di cuenta de que, a pesar de mi


deplorable estado de ánimo, había momentos en los que me excitaba.
Especialmente en aquellos momentos en los que tenía que soportar algún pellizco
en la cola por parte de mi tío o que él mismo me abrazara de forma más “cálida”
de lo normal. También mi hermano, Augusto, se empecinaba en arrimarme cada
vez que tenía la oportunidad. Me enojaba mucho con él pero luego recordaba que
la culpa era mía y no me quedaba más alternativa que soportarlo, así sus
toqueteos se tornaran más intensos. Este era el precio que debía pagar por mis
malas decisiones, me había transformado en una muñequita sexual.

En una ocasión tuve que ser más directa con mi tío Alberto y rechazar la
invitación que me hizo, si por invitación entendemos el acto de interceptarme en el
baño apenas yo había terminado de ducharme y comenzar a acariciar mis nalgas,
obligarme a hacer lo mismo con su bulto y recibir algunos de sus gruesos dedos
dentro de mi vagina. Me excité y fue justamente eso lo que me enfadó tanto, no
merecía sentirme así de bien y mucho menos con mi tío, ya que sólo arruinaría
más mi relación con Mayra. Tuve que apartarlo con un empujón y justo antes de
salir del baño lo escuché diciéndome:

-¿Qué te pasa pendeja, estás loca? -Sí lo estaba, pero no le respondí.

Este pequeño evento cambió la actitud de mi tío, se sumó a la guerra muda


que estaba batallando con mi Mayra y mi padre. Ya tenía tres miembros de mi
familia odiándome y no podía culpar a ninguno de ellos. Cuando Augusto volvió a
su jueguito que consistía en toquetearme cada vez que tenía alguna oportunidad,
empleé el mismo método, lo aparté, pero intenté ser un poco más suave.

-¿Por qué no vas a molestar a otra? –le pregunté luego de quitar su mano de
mi entrepierna mientras yo intentaba mirar alguna película en la TV ya que no
quería estar en mi cuarto con Mayra.
-¿A quién querés que moleste?
-No sé… pero no me jodas todo el tiempo a mí, le voy a contar a mamá –él
pensó que lo decía en broma.
-¿Querés que vaya a molestar a mamá?
-Hacé lo que quieras.
-¿Eso te calentaría?
-No. Posiblemente me reiría si ella te da una cachetada.
-Veremos qué me da…

Diciendo esto se puso de pie y se dirigió hacia la cocina. Su intrépida forma de


actuar me quitó momentáneamente de mi letargo fantasmal. Lo seguí, guardando
las distancias. Mi madre se encontraba preparando la cena utilizando la mesada
que estaba en el centro de la cocina, algo que había hecho instalar años atrás
cuando lo vio en un programa de cocina. Llevaba puesto un desgastado pantalón
de gamuza gris que marcaba mucho su trasero. Ella estaba de espaldas a la
puerta de entrada de la cocina, que es donde me quedé yo. Vi cómo Augusto se le
acercaba como un gran felino se acerca a una gacela, luego se movió rápido y los
dedos de su mano izquierda se hundieron entre las nalgas de mi madre, ésta se
sobresaltó pero en cuanto la cara de Augusto apareció sobre su hombro, comenzó
a sonreír. ¿Por qué esto no me resultaba raro? Viki no le dio ningún cachetazo,
sino que hizo todo lo contrario, permitió que su hijo le tocara toda la zona de la
vagina por encima del pantalón y lo recompensó soltando el cuchillo con el cual
estaba cocinando y poniéndolo sobre el bulto de mi hermano. Él miró hacia donde
yo me encontraba expectante y me sonrió, metió la mano dentro del pantalón de
mi madre y no tuve que ver lo que ocurría en detalle para saber que estaba
metiéndole al menos un dedo en la concha. Ella suspiró y cerró los ojos,
presionando más el pene de su hijo. La escena no duró mucho más que eso,
Augusto dejó en paz a su progenitora sólo para regodearse ante mí. Guardé
silencio hasta que llegamos al pasillo que unía nuestros dormitorios.

-¿A vos te parece que está bien hacer eso? –le pregunté.
-Si a ella le gusta… ¿por qué no?
-Porque está mal. Es tu mamá.
-Y vos sos mi hermana –me tomó con fuerza del brazo y me obligó a entrar a
su cuarto- y bien que te gusta…
-No Augusto, pará un poquito. No tengo ganas –me quejé mientras él intentaba
besarme y sus indiscretas manos buscaban mi entrepierna.
-¿Estás segura que no querés o solamente te gusta hacerte la difícil? –
Introdujo su mano dentro de la calza que yo tenía puesta y sentí la áspera yema
de sus dedos raspando mi clítoris- estás más mojada que mamá –no quería
admitir que sus incansables toqueteos y el ver esa escenita con mi madre, me
habían calentado.
-Basta Augusto, en serio… si te digo que no, es no.

Apenas terminé de hablar su lengua entró en mi boca sin pedir permiso, casi al
mismo tiempo uno de sus dedos hizo lo mismo en el huequito de mi vagina. Podía
sentir su duro bulto apoyado contra uno de mis muslos. Me empujó hacia atrás
hasta que juntos caímos en la cama. Estaba muy excitada. No había remedio para
mí, no era más que una puta que se mojaba ante la primera provocación, aunque
ésta viniera por parte de mi propio hermano.

-¡Ay Augusto! Está bien –cedí- pero apurate.

No había motivos para negarme, él quería un huequito para descargarse y


aparentemente por el mío entraba cualquiera. ¿Por qué no iba a permitírselo una
vez más? Giré sobre mí misma dándole las espalda, bajé mi calza hasta que mis
nalgas quedaron al aire y me coloqué de rodillas en la cama, incliné mi cuerpo
hacia adelante hasta que pude apoyar mi cara en el colchón, utilicé mis manos
para abrir mi cola y aguardé. Apenas un segundo más tarde sentí su dura verga
entrando en mi húmeda vagina. Logró una penetración completa en pocos
intentos, suspiré de gusto y mi cuerpo se llenó de una lujuriosa tibieza. Augusto se
tendió sobre mí y comenzó a montarme como si fuéramos perros en celo. Me
odiaba a mí misma y me decía que no debía disfrutarlo, debía dejar que él se
descargara sin gozar, pero no podía. Cada vez que me penetraba me hacía gemir,
cada vez que su verga se arrastraba hacia afuera me hacía desear que entrara
otra vez. Quería decirle cosas sucias, quería pedirle que se cogiera a mi madre
delante de mí y que luego me la metiera hasta llenarme con su cálido semen; pero
me abstuve. No quería que mi madre se transformara en su esclava sexual, esa
carga debía llevarla yo, por permitir que todo esto sucediera.

Por unos instantes logré llevar mi mente a otra parte, aunque podía sentir algo
clavándose en mi vagina ya no era realmente consciente, ese que me la estaba
metiendo podía ser cualquiera. Un completo desconocido, daba igual. Pero el muy
desgraciado tuvo que hablar y hacerme volver a la realidad.

-¿Te gusta, Nadia?


-¿Eh? –Jadeé- sí… sí me gusta –respondí de forma automática siendo
traicionada por mi subconsciente- cada vez lo hacés mejor –eso era cierto, se
movía con más decisión, su pene ya no se salía, como ocurría a veces y
bombeaba con tanta rapidez que me sorprendía que no se agitara.
-Aprendí a hacerlo con vos.
-Sí, lo sé –sabía que yo era la única mujer con la que este animalito tenía
relaciones sexuales, además de aquella vez que le dio a mi madre por la cola-
¿qué fue todo eso con mamá, por qué dejó que la tocaras? –sabía la respuesta
pero quería hablar de algo que me hiciera olvidar lo que estábamos haciendo.
-Es un jueguito que tenemos desde hace tiempo, yo la toco y ella a mí… pero
ninguno de los dos dice nada… pero no te pongas celosa hermanita. Yo te amo a
vos y a nadie más.
-¿Qué?
-Sí… a nadie más.
-¿Qué vos qué?
-¿Estás sorda? Dije que te amo –se inclinó más hacia adelante y me besó en
el cuello.
-No Augusto, salí –intenté zafarme pero no pude, su verga seguía entrando
una y otra vez en mi conchita y yo estaba peligrosamente cerca del orgasmo- no
quiero Augusto… ¿cómo vas a decirme una cosa así? Soy tu hermana.
-Pero no sos como cualquier hermana, no todas las hermanas se acuestan con
su hermano… a mí no podés mentirme, Nadia. Te conozco. Sé que vos sentís lo
mismo por mí –sus palabras me asqueaban, no podía creer que mi propio
hermano estuviera confesándome su amor.
-¡No, basta! Salí te dije… no quiero… no quiero.
-Bueno, bueno… tampoco es para que te pongas a llorar –ni siquiera supe
cuándo comenzaron a brotar mis lágrimas.
-Por favor, salí… -le dije completamente desconsolada.
-Un ratito más… ya termino…
-No pelotudo, salí –comencé a empujar hacia atrás apoyando los brazos en el
colchón, por suerte él retrocedió, de lo contrario me hubiera sido imposible
ponerme de pie.
-¿Qué te pasa Nadia? –me miró y yo solo podía ver su dura y oscura verga
apuntando hacia mí, empapada por mis jugos sexuales.
-Sos mi hermano… ¿cómo me vas a decir eso? ¿Estás loco? –hablé sin poder
levantar la vista, no podía tolerar el contacto visual con él.
-¿Yo estoy loco? Pero si vos… yo nunca… esto lo hicimos porque vos
querías…
-¡Vos me insististe!
-¿Tanto te molesta que te diga que te quiero? La única vez en mi vida que te lo
digo y te ponés así. ¿Qué te pasa?
-No me dijiste que me querés… me dijiste que me amás.
-¿Y qué pasa si es así?
-No soy tu mujer Augusto, soy tu hermana… no podés enamorarte de mí.
-Es muy tarde para que digas eso.
-¡No, callate!

Lo empujé sin llegar a moverlo más de quince centímetros, acomodé mi calza y


salí corriendo de su cuarto directamente hasta el mío. Me tiré a la cama, a llorar.
Mayra estaba en su cama, como casi siempre, pude escuchar que el televisor
estaba encendido, lo cual me venía bien ya que opacaría un poco el ruido de mi
llanto. Aparentemente a mi hermanita le preocupó poco mi estado ya que ni
siquiera me preguntó qué me pasaba, continuó mirando la tele como si yo no
estuviera allí y su total indiferencia fue como un puñal para mí.

-Perdón –le dije sin dejar de llorar.

La espié por arriba de mi brazo, el cual estaba usando como almohada. Ella ni
siquiera giró su cabeza pero pude ver una lágrima cayendo de su ojo. Mi familia se
había arruinado por mi culpa y por culpa de un maldito juego de cartas.

Pasé de ser un zombie a ser una momia que ni siquiera salía de su cama. Me
pasé el tiempo llorando, durmiendo y soportando la indiferencia de mi hermana.
Para complicarme el estado anímico, mi período menstrual comenzó. De todas
formas esto me sirvió como excusa para quedarme en mi cuarto todo el tiempo
durante los días que siguieron. No quería ver a nadie de mi familia y ya casi me
estaba acostumbrando a la sombra que era mi hermana cuando ésta estaba en el
cuarto. Para muchos hubiera resultado gracioso vernos pasar horas las dos juntas
allí dentro sin que nos dirigiéramos la palabra o sin siquiera mirarnos. Tres veces
tuve que soportar que se masturbara estando yo presente. Las dos primeras
veces lo hizo con cierto disimulo, debajo de sus sábanas, pero a la tercera ya no
tuvo reparo alguno en desnudarse por completo, abrir las piernas y comenzar a
toquetearse. Hice mi mayor esfuerzo por no mirarla siquiera. El estar con mi
período activo y la tremenda depresión que me invadía, me impedían excitarme,
pero esa tercera vez que Mayra se masturbó, sentí un revoltijo agradable en la
boca de mi estómago. La chica gemía de una forma muy sensual, casi como
queriendo decirme que podía gozar de un buen momento a pesar de que yo
estaba allí o a pesar de que yo hubiera arruinado las cosas entre ella y mi tío.
Sospeché que a él tampoco le dirigía la palabra. Si de guerra silenciosa se trataba,
Mayra era imbatible. Aún recordaba aquella vez en la que se había peleado con mi
madre porque no la dejó asistir a un recital de rock. Estuvo casi tres semanas sin
saludarla siquiera. A mi madre casi le da un ataque de desesperación.

Uno de esos tortuosos días que pasé encerrada con Mayra y mi período
cometí un gran error. Le había anunciado a mi madre que comería en mi cuarto
porque no me sentía muy bien. Busqué un plato de comida y serví uno para
Mayra. Regresé a mi cuarto y le dije que le había traído algo para comer. Ella se
encontraba ensimismada en los apuntes de la facultad y ni siquiera levantó la
mirada. Supe que me había oído y con un nudo en la garganta tuve que aceptar la
derrota. Dejé el plato que había traído para ella sobre la mesita de luz que
separaba nuestras camas pero mi hermanita ni siquiera lo miró. Luego de unos
quince minutos escuché a mi madre llamando a Augusto a los gritos para que
fuera a comer “de una puta vez”. Allí Mayra se puso de pie y salió del cuarto, supe
que se uniría a la mesa con el resto de mi familia, dejándome sola con más
alimento del que yo podía consumir.

Cuando ella volvió, casi media hora más tarde, salí del cuarto para guardar en
la heladera toda la comida que me había sobrado, por la angustia casi no toqué mi
plato, a pesar de que el menú era ravioles con salsa y estofado, uno de mis platos
predilectos. En la cocina me crucé con mi madre quien se me acercó con una
amplia sonrisa.

-Te tengo buenas noticias…


-¿Cuáles? –pregunté sin mucho entusiasmo.
-Estaba esperando que pasara tu período para hacerlo…
-¿Hacer qué?
-El juego de póker, Nadia –me había olvidado por completo de eso- ¿no te
pone contenta? –No pude responder- mañana mismo lo hacemos.
-¿Mañana es sábado? –no tenía idea de qué día de la semana era.
-Sí… y voy a necesitar de tu ayuda para organizar todo. Espero que ya te
sientas mejor. Bueno, me voy a dormir porque ya es tarde y mañana quiero estar
lúcida –me dio un beso en la mejilla- hasta mañana.
-Hasta mañana –le respondí de forma automática.

Permanecí de pie en la cocina con la mirada perdida, no tenía ni el más


mínimo entusiasmo por jugar a esa partida de póker, no ahora, que la mitad de mi
familia me detestaba. No sabía cómo iban a reaccionar conmigo al verse forzados
a jugar ese juego tan peligroso. Rogué que algo sucediera pronto, cualquier cosa,
siempre y cuando impidiera que juguemos.

Al parecer mis plegarias fueron oídas y hasta llegué a sentirme un poco mal
por mi madre, quien se había pasado toda la tarde haciendo compras para el gran
juego de la noche. Su entusiasmo era tal que había adquirido un nuevo paño de
póker con fichas y bajas nuevas. Compró un gran surtido de bebidas alcohólicas
que pudieran satisfacer los gustos de todos y algunos snacks por si alguno llegaba
a tener apetito mientras jugábamos. Hasta recordé que la pobre había planeado
nuevas reglas de juego, para hacerlo más difícil y entretenido. Para su desgracia y
mi fortuna, todos estos planes se vieron alterados por una visita inesperada.

Analía, la hermana de mi papá, decidió hacer acto de presencia justo esa


misma noche, para colmo trajo con ella al imbécil de su hijo, es decir, mi primo. Un
pibe un tanto egocéntrico que solía sacarnos de nuestros cabales a mi madre y a
mí, hasta la pequeña Mayra sentía un rechazo hacia él.

Como si esto fuera poco, mi efusiva tía se auto invitó a cenar, con lo que
supimos que no se iría hasta muy tarde en la noche. A mi papá siempre le molestó
mucho esa actitud de su hermana, de llegar a la casa sin previo aviso y
apoderarse de ella como si fuera la dueña. En general nadie hacía mucho caso a
sus pedidos, de hacerlo nosotros seríamos sus súbditos y ella nuestra reina y
señora, dejando a mi primo Ariel como nuestro príncipe. El pedante muchacho se
llevaba bastante bien con mi hermano, esto no era de extrañar ya que ambos
tenían el cerebro particularmente pequeño.

Apenas estábamos sirviendo la cena y el imbécil de Ariel ya se jactaba de ser


el único rubio de la familia, esto se debía a que su padre lo era, a pesar de que el
hombre nunca se hizo cargo de él ni de su madre, él agradecía haber heredado su
color de cabello y piel y no el de su madre, quien era morena, como mi papá.
Normalmente termino discutiendo con él cuando comienza con estos comentarios
racistas, pero esta noche no tenía ganas de llamar la atención, sabía que con sólo
tener que tolerarlos, ellos me salvarían de tener que jugar al póker con mi familia.

Luego de cenar mi madre fue hasta la cocina a buscar un rico postre que ella
misma había preparado, me levanté con ella para ayudarla y cuando estuvimos
solas noté una angustia en su rostro que me conmovió. La pobre estaba realmente
ilusionada, como si fuera una niña ante la promesa de recibir una inmensa casa de
muñecas para ella sola y de repente esa promesa se disolvía en el aire. Todo y
cuando había hecho durante ese día estaba destinado a pasar un gran momento
durante la noche, un momento un tanto perverso y tal vez hasta enfermo, pero un
momento en familia al fin.

-Es una pena que la tía haya venido otra vez sin avisar –le dije mientras la
ayudaba a servir el postre.
-Qué se le va a hacer… es la hermana de tu papá, no puedo echarla.
-Como poder, podrías. Como aquella vez que echaste a los amigotes del tío
Alberto.
-Eso fue muy distinto, ni siquiera conocía a esos tipos y estaban borrachos…
me bastó escuchar que uno hacía un comentario aludiendo a la cola de Mayra
para que los rajara a la calle a escobazos.
-De haberlo escuchado el tío, él mismo los hubiera echado –aseguré- no le
gusta que nadie se meta con su querida Mayra –mi madre notó el doble sentido de
mis palabras pero no dijo nada al respecto.
-Espero que sepan jugar al póker –parpadeé dos o tres veces y miré fijamente
a mi madre para asegurarme de haber oído bien lo que dijo.
-¿Pensás seguir adelante con el jueguito?
-¿Por qué no? –esa mujer no parecía mi madre, quien siempre empleaba la
lógica, me di cuenta de que algo ardía en su interior, no podía culparla ya que yo
había sentido lo mismo, estaba cegada por la sed de morbo y placer.
-Porque es una locura… mamá, ese jueguito que hicimos no es muy normal
que digamos.
-¿Te creés que no lo sé? Sin embargo todos lo disfrutamos. Hay dos opciones,
o tu tía se rehúsa a jugar y se va, o decide participar en el juego.
-O llama a la policía y nos denuncia a todos… por incesto.
-Ella no haría semejante cosa.
-¿Cómo sabés eso? Esa mujer es una arpía cuando se lo propone.
-No es tan mala. Hasta puede ser divertida si la situación lo requiere. Le gusta
la fiesta.
-¿La fiesta?
-Bueno… no me refiero a “ese” tipo de fiesta. Habló de las fiestas normales,
con amigos, tragos, música, etc.
-Pero mamá, poné los pies en la tierra, ya suficientes problemas trajo el haber
jugado entre nosotros.
-¿Problemas? ¿Qué problemas? –allí sonrió maliciosamente y me miró a los
ojos- Nadia, yo me entero de todo lo que pasa en esta casa. No soy tan ingenua
como vos pensás y si te digo que podemos jugar es porque podemos hacerlo,
pero para conseguirlo necesito tu ayuda.
-Me parece una locura.
-Tu tía se va a ir. Estoy prácticamente segura de eso.
-Pero mamá, vos la conocés. No es una mujer a la que le guste irse temprano
a su casa, menos en un fin de semana.
-Y si no se va temprano, se va a ir más tarde. Lo importante es que los demás
quieran jugar.
-No van a querer –agaché la cabeza- si sabés todo lo que pasó entonces ya te
habrás dado cuenta de que… me odian.
-Nadie te odia, hijita. Vení, vamos a llevar el postre. ¿Confiás en mí? –Me limité
a mirarla- respondeme Nadia, ¿confiás en mí?
-Sí.
-¿Me vas a ayudar?
-Sí.

Tomamos los platitos en los que habíamos servido el rico tiramisú que había
preparado mi mamá y regresamos a la sala de estar, el pecho me latía casi con la
misma fuerza que solía hacerlo cuando tenía relaciones sexuales. Este vértigo que
me producía el riesgo me estaba despertando de mi letargo poco a poco.

A Viki se le ocurrió acompañar el postre con una copita de coñac, lo cual me


dio a entender que ya estaba planeando embriagar a más de uno, esa copita sería
la primera de muchas más. De hecho esto la inspiró para una nueva idea, la cual
me contó mientras lavábamos los platos luego de la cena.

El primer paso era el más sencillo, permitir que las horas pasaran, tal vez mi tía
decidiera poner fin a su visita y se marcharía. Aproveché el rato que pasaba mi
familia charlando de forma natural en la sala, para darme un baño. Una de las
quejas de mi madre fue debido a mi atuendo, que era triste, aburrido, viejo y
gastado. Parecía salida de un hospital psiquiátrico. Me dijo que si quería dejar
atrás la depresión, debía arreglarme un poco ya que esa vestimenta no tenía nada
propio de mí. Bajo la ducha pude despejarme un poco, dejé que el agua recorriera
a gusto las curvas de mi cuerpo, acaricié mis senos con enorme delicadeza y
permití que mis dedos juguetearan con cada rincón de mi anatomía dejando la
mente lo más blanca posible, si debía pensar intentaba traer a mi mente recuerdos
agradables, hasta eróticos y poco a poco me fui dando cuenta de que ya no quería
sentirme tan agobiada, mi vida era mía y yo podía hacer con ella lo que quisiera, si
a los demás le molestaba, era problema suyo, aunque se tratara de gente de mi
propia familia.

Salí desnuda del baño llevando una toalla en mi mano y dejando que el agua
goteara por todo el piso, en el corto trayecto hasta mi cuarto nadie pudo verme,
pero ya sentía un leve cosquilleo revigorizante producto de haberme permitido
semejante proeza, ya que en mi mente imaginaba que me cruzaría con mi primo,
me hubiera encantado ver la expresión de su rostro al descubrir que su pequeña e
insoportable primita, ya era toda una mujer. Debo agradecer este nuevo cambio en
mi actitud a las palabras de mi querida madre, justo antes de que yo fuera a
bañarme me dijo “Si pensás que todos te odian, al estar depresiva sólo les das la
oportunidad de detestarte más, porque te ven débil. Demostrales lo feliz que
podés ser a pesar de todo y los vas a ver trastabillar”.

Una pequeña tanga de encaje roja y un corpiño haciendo juego conformaron


mi apretada ropa interior. Busqué en lo más profundo de mi armario hasta que di
con lo que buscaba, una calza blanca que había usado tan sólo dos veces en mi
vida y fue dejada de lado debido a lo indiscreta que me veía con eso puesto. La
elástica tela se adhería a mi anatomía como si se tratase de una capa de pintura,
aquellas pocas veces que la utilicé, lo hice con algo que cubriera mi voluminoso
trasero, pero ésta vez hice todo lo contrario. La frutilla de este postre llamado
Nadia era el top blanco y negro que utilicé para cubrir mis grandes pechos. Decir
“cubrir” es un mero formalismo ya que el top era tan pequeño que dejaba a la vista
todo mi abdomen, levantaba mis senos aún más que sólo usando el corpiño y los
transformaba en dos globos redondos que sobresalían por el escote. Sacudí mi
húmedo cabello haciéndolo flotar por el aire y dejé que éste colgara y se secara de
forma natura, sabía muy bien qué efecto produciría esto, me dejaría con una
melena de cabello castaño similar a la de mi madre. Admiré mi creación al espejo
y tuve un pequeño desliz narcisista, pero a la vez objetivo. Esa chica que estaba
de pie frente a mí parecía una bomba sexual. Para aumentar este efecto deslicé la
ajustada calza hacia abajo un par de centímetros, esto permitía que se viera el
contorno de mi cadera y justo en el centro de ella, mi pubis dibujaba un suave
tobogán que llevaba hasta aquel pequeño rincón oculto bajo mi tanga. Me había
depilado recientemente y no había línea que dividiera mi cintura de la parte baja
de mi anatomía, este efecto jugaba un papel morboso ya que aquel que analizara
detenidamente las proporciones de mi cuerpo, se darían cuenta que podían ver
perfecta y nítidamente parte de mi pubis, aquella que debería estar cubierta de
pelitos. Procuré que mi vagina no mordiera la tela de la calza, no quería dar esta
imagen… no todavía. No me molesté en maquillarme ya que quería aparentar
cierta normalidad morbosa, como si tan sólo me hubiera puesto un atuendo
cómodo después del baño nocturno. Para no salir descalza de mi cuarto me calcé
un par de chinelas y regresé a sala.

El efecto fue inmediato. Desde un sillón, en el punto más alejado de mí, los
ojos de mi hermano se clavaron en mi cuerpo. Al notar esta reacción, mi primo,
quien estaba sentado frente a mi hermano, casi se disloca el cuello al girar su
cabeza para mirarme, caminé hacia el sofá, en el cual estaban sentados mis
padres y me senté junto a mi mamá. La única que continuaba hablando sin cesar
era mi tía Analía, al parecer estaba narrando el pequeño viaje a Uruguay que hizo
en sus últimas vacaciones, nadie le prestaba atención. Mi padre me miraba de
reojo cada cinco segundos y mi tío Alberto se estiró en su asiento para admirarme
cómodamente, él tenía el mejor ángulo ya que podía verme directamente de
frente. A mi derecha, sentada en una silla, que había sido llevada hasta allí,
estaba mi hermanita, quien tuvo la reacción más inesperada.

-Me voy a bañar –dijo con severidad al mismo tiempo en que se ponía de pie.

Noté cierto disimulo de sonrisa en el rostro de mi madre, al parecer a ella no le


sorprendía para nada la actitud de Mayra. Un par de minutos más tarde mi tía se
dio cuenta de que nadie prestaba atención a su monólogo y decidió ponerle fin de
forma sutil.

-Por cierto, que rico estaba ese tiramisú, ¿se podrá probar un poquito más?
-Yo te traigo, tía –me ofrecí sólo para poder ponerme de pie.
Antes de dirigirme a la cocina les obsequié una buena visión de mi parte
trasera, ya que todos quedaron a mis espaldas. Busqué el postre en la heladera y
en cuanto me di vuelta me sobresalté al ver a Augusto.

-¿Qué querés? –le pregunté con poca simpatía, él sonreía con su mejor cara
de bobo.
-Te vine a ayudar con el postre.
-No es tan difícil servirlo en un platito, Augusto –se me dificultaba mucho hablar
con él luego de que me había confesado su amor, pero había decido mejorar mi
actitud, por lo que dejé de estar tan tensa.
-Ya sé, pero cuando vos te fuiste Ariel pidió más… y papá y el tío también.
-Bueno, está bien. Alcanzame los platos.

Dejé la bandeja con el postre sobre la mesada del centro de la cocina y poco
después Augusto se acercó desde atrás y uno a uno fue depositando los platos
junto al tiramisú, al hacer esto aprovechó para pegarse a mi cuerpo de forma
indiscreta, no sabía qué tenía este chico en la verga, parecía ser un interruptor
que la paraba en cuestión de un segundo, cuestión que pude sentir la punta de su
rígido garrote clavándose entre mis nalgas. Recordé que debía ayudar a mi madre
y sabía que si el muchacho estaba excitado, colaboraría conmigo, por lo que
presioné hacia atrás con mi cadera indicándole que me gustaba lo que estaba
haciendo. Lentamente fui sirviendo el postre en cada uno de los platos levantando
la mirada a cada segundo, en cuanto viera a alguien aparecer por la puerta de la
cocina le daría un codazo a mi hermano para que se apartara, pero de momento
estábamos completamente solos.

Las inquietas manos de Augusto no tardaron en caer sobre mi tenso abdomen,


al mismo tiempo apoyó su barbilla en mi hombro derecho y yo meneé la cola como
una perrita feliz, casi podía hacerme creer a mí misma que eso se sentía bien. De
hecho su pene estaba rozando una parte muy sensible de mi cuerpo y resultaba
imposible no reaccionar favorablemente. Sus ásperos dedos prácticamente
rascaron mi vientre al deslizarse hacia abajo. Me incliné un poco y solté un leve
suspiro cuando tocó la zona púbica que estaba al descubierto. No podía criticar su
“interruptor” para poner dura la verga, al parecer yo tenía uno similar, para mojar
calentar y mojar mi vagina. Él palpó toda mi entrepierna ejerciendo presión con
sus dedos y con la palma de su mano obligándome a separar las piernas un poco.
Comenzó a besar mi cuello con una delicadeza impropia de él, como si quisiera
demostrarme que sus intenciones iban más allá de lo sexual. Necesitaba cortar
esta pasión de alguna forma, transformarla en algo pura y netamente sexual.

-Chupame la concha –le susurré.

Él se apresuró tanto que casi me hace tirar un plato al piso, se agachó detrás
de mí y me bajó de un tirón la calza y la tanga hasta la mitad de los muslos. Su
boca se acercó a mi vagina como ésta fuera un imán atrayendo metal. Lo primero
que sentí fue el choque de sus labios contra los míos seguido de su lengua, que
desde el primer momento intentó colarse por el agujerito. Continué sirviendo el
postre muy lentamente simulando que nada pasaba, esto era más arriesgado, si
bien la persona que entrara a la cocina, sea mi primo o mi tía, no podría ver a mi
hermano ya que la mesada lo ocultaba, sería muy difícil mantenerlo de esa forma
y deberíamos dar muchas explicaciones sobre qué hacía el ahí abajo y por qué yo
estaba medio desnuda. La temeridad del momento me hizo excitar mucho más.
Separé las piernas tanto como pude y me dejé hacer todo lo que él quiso hacerme
con su boca. Chupaba de una forma apasionada, como si realmente hubiera
extrañado mi conchita. Este entretenimiento le duró apenas unos segundos, volvió
a ponerse de pie y sin darme tiempo a nada, ni siquiera a pensar en lo que iba a
hacer, me clavó.

El desgraciado había sacado su verga mientras me chupaba la vagina y en tan


solo un intento la introdujo por mi huequito hasta que sus huevos impidieron que
fuera más adentro. Proferí un bufido y casi tiro al piso todo lo que tenía delante de
mí, tuve que apoyar mis manos contra el borde de la mesada. Lo peor no fue
sentir mi vagina dilatándose vertiginosamente, ni sentir la rigidez de ese trozo de
carne en lo más hondo de mi anatomía, lo peor de todo fue lo mucho que me
gustó. Tal vez se debía a mi corto período de abstinencia sexual pero allí, de
pronto, como si hubiera despertado de un sueño, recordé lo bien que se sentía ser
penetrada y más si llegaba por parte de alguien tan cercano a mí, como mi propio
hermano, a esto debo sumarle la sorpresa. Debía felicitarlo, el que me haya
tomado tan desprevenida fue un gran acierto de su parte. Cuando recibí una
segunda y luego una tercera embestida no aguanté más, debía decirle algo que
demostrara el placer que estaba sintiendo.

-¡Ay por dios, cómo me gusta! –esta exclamación lo hizo acelerar el ritmo.
-¿Te gusta, hermanita? –él seguía siendo un poco estúpido, acababa de
decirle lo mucho que me gustaba y me lo estaba preguntando otra vez, pero no
quería discutir con él.
-Me gusta muchísimo, pero tenemos que parar. Nos pueden ver –el traqueteo
constante contra mi chochito me impedía hablar y pensar con claridad.
-No quiero parar.
-Ni yo quiero que pares… pero hay que hacerlo.
-Sólo si me prometes una cosa –aprovechó para seguir dándome, me incliné
más hacia atrás para que las penetraciones fueran más profundas- después lo
vamos a seguir en mi pieza.
-Lo seguimos –suspiré, jadeé, gemí- lo seguimos donde vos quieras. Te lo
prometo.
-Perfecto –se apartó y su verga se deslizó con un sonido viscoso hacia afuera,
mi conchita quedó goteando juguito.

Tuve que tomar una servilleta de papel para limpiarme la entrepierna ya que
tenía miedo que mi abundancia de flujo sexual traspasara la delgada dela de mi
ropa. Pensé rápido, yo debía irme de la cocina lo más rápido posible antes de que
alguien sospechara, pero mi hermano tenía una terrible erección, la cual no podría
disimular.
-Augusto –le dije mientras acomodaba mi calza- yo llevo los platos con el
postre, vos esperá a que eso se te baje –miré su tiesa verga y me mordí el labio
inferior lamentando no poder comérmela en ese preciso instante- en la heladera
hay algunas botellas de vino, destapá un par y después llevalas, con algunas
copas… no rompas nada.
-A vos te voy a romper –se acercó repentinamente y me dio un cortito beso en
la boca.
-Eso lo vamos a ver después –dije dibujando una mueca libidinosa en mi
rostro- ahora hacé lo que te digo.

Colocando los platos entre mis manos y mis brazos, como si fuera el mozo de
algún bar, salí de la cocina mirando muy bien por donde caminaba rogando que
las chancletas no me hicieran tropezar. Cuando regresé a la sala lo hice de frente
a mi primo, él no me sacó la vista de encima ni por un segundo. Sus ojos parecían
un radar equipado con rayos X que le permitían ver a través de la ropa,
seguramente se estaba imaginando cada centímetro de mi cuerpito. El primer
plato se lo alcancé con una sonrisa a mi tía, inclinándome hacia adelante, al hacer
esto mi cola quedó prácticamente contra la cara de mi padre y por el rabillo del ojo
pude ver como a mi primo le saltaban los ojos hacia afuera, luego giré y le di otro
plato a él, las bolitas de sus ojos cayeron dentro de mi escote y se perdieron allí.
Simulé no notar esto y una vez repartido el último plato, me senté a la derecha de
mi madre. Ella seguía con su sonrisa intacta y yo sentía que mi energía sexual se
revigorizaba cada vez más.

Mientras mi padre y mi tío mantenían una conversación sobre algún partido de


fútbol que solamente ellos dos habían visto, Mayra regresó. La pequeña estaba
impecable, con su cabello húmedo cayendo sobre uno de los lados de su cara, lo
que extrañamente intensificaba el efecto hipnótico que poseían sus grandes ojos.
Tenía una pequeña blusa verde claro sin mangas que permitía adivinar la sutil
loma de sus pequeños pechos y una minifalda de jean algo vieja y gastada, pero
sumamente cortita. En cuanto se sentó en su silla, miré con disimulo a Ariel, él
podía verla directamente de frente y si yo podía notar la bombachita blanca que se
asomaba entre las piernas de ella, seguramente mi primo también podía verla. No
me extrañaría en absoluto si el pobre llegaba a tener una erección en cualquier
momento, hasta me pareció notar que mi tío Alberto cruzaba sus piernas para
disimular un bulto que crecía lentamente dentro de sus pantalones.

Casi al mismo instante Augusto regresó cargando dos botellas de vino, había
tenido la brillante idea de traer una de vino blanco y la otra de tinto. Las colocó,
sobre la mesa ratona que estaba en el centro, rodeada por los sillones, y preguntó
cuántos querían tomar. Todos dijeron que sí por lo que tuvo que volver a buscar
ocho copas. Yo había imaginado que él intentaría traer todo en un solo viaje y que
posiblemente destruyera algunas copas o incluso alguna de las botellas, pero me
demostró que no siempre era un completo idiota.

El vino fue un arma de doble filo, por un lado hizo entender a mi tía que la
reunión familiar iba a durar mucho más tiempo, por lo que supe que no se iba a ir,
y por otro lado comenzó a menguar la cordura de varios de los presentes. Mi tío
Alberto hizo uno de sus típicos chistes picantes, pero éste fue un tanto más fuerte
de lo habitual. Cuando me paré y luego me incliné hacia la pequeña mesita para
volver a llenar algunas de las copas con vinos, le regalé a varios una amplia vista
de mi trasero enfundado en la tela blanca de la calza.

-Hermana, deberías controlar más a tu hija –comenzó diciendo el panzón- ese


culo no lo hizo sentada en una silla. Ahí debe haber varios metros de trabajo
forzado.

Los primeros en reírse fueron mi hermano y mi primo, para mi sorpresa mi tía


Analía también encontró graciosa la broma. Estaba segura de que a mi tío le
cachondeaba decir eso porque él había sido uno de los que trabajó forzosamente
contra mis nalgas.

-Hey, lo que yo haga con mi culo no les importa –mi miedo era que mi papá se
enfureciera al recordar lo ocurrido con su empleado, pero al levantar la vista pude
ver que tenía los brazos cruzados delante de su pecho, pero sonreía
agradablemente.
-Confesá Nadia, seguramente ya le diste un buen uso –la voz vino desde
detrás de mí, aunque sabía de quién era volteé para mirarla; mi hermana sonreía
con una simpatía tan natural que me fue imposible determinar si lo dijo con malicia
y bronca o si realmente se estaba sumando a la diversión familiar.
-¡Epa! –Exclamó Ariel- no te tenía en esas andanzas, primita –volví a
sentarme, estaba un tanto disgustada pero me mantuve lo más animada posible.
-Bueno, sí –dije sin dejar de sonreír- se podría decir que le encontré una
utilidad que resultó ser bastante… entretenida –sabía que este comentario
dispararía el morbo de más de uno de los presentes.
-¡Ay che! Hoy en día hacen cada cosa –exclamó mi tía ruborizada- en mi época
se disfrutaba mucho sin necesidad de usar lo de atrás.
-En tu época eras peor que las chicas de hoy en día –dijo mi papá riéndose de
su hermana- yo perdí la cuenta de los novios que tuviste.
-No era mi culpa ser tan… solicitada –noté cierto tono de orgullo en sus
palabras.

Mi tía no es una mujer fea en absoluto, cada rasgo de su cuerpo y de su rostro


son señal de que años atrás fue una mujer muy bonita, aún lo seguía siendo sólo
que ya tenía la cara un tanto ajada, pero hasta las pocas arrugas que podían
verse realzaban sus bonitas facciones. Otro detalle que podía jugar a favor o en
contra, depende del gusto del que lo viera, es que ahora estaba un tanto entrada
en carnes, no era mucho, pero sí tenía las piernas y la cadera más anchas de lo
que yo recordaba haber visto varios años atrás.

-Eso es cierto, eras la morocha más linda del barrio –agregó mi papá.
-Y lo sigo siendo.
-Mentira –intervino Ariel- la mejor de todas es Magali, esa pendeja sí que está
buena. Está para secuestrarla y violarla durante todo un mes.
-Che, que Magali es mi amiga –me quejé.
-¿Y eso qué tiene que ver? No quita que esté buena… y que esté para cogerla.
-¡Ariel! –lo retó su madre- más respeto che, así no se habla de una dama.
-¿Dama? Pero si debe ser más puta que las gallinas, todos los pibes del barrio
se la quieren voltear.
-Para tu información –comencé diciendo- ella no le da bola a la gran mayoría
de esos pibes, ha tenido un par de novios, sí, pero no anda con cualquiera… esa
mala fama que le hacen ustedes es porque asumen que al ser linda ya debe ser
puta.
-Doy fe de eso –dijo mi hermano- yo reboté como diez veces con ella.
-¿Intentaste levantarte a Magali? –preguntó Ariel sorprendido.
-Sí, varias veces, pero no me dio ni la hora.
-Todo muy lindo, ya sabemos que la mina no es puta y que Nadia entrega la
cola –dijo mi tío con su gran vozarrón- pero ¿cuándo empieza la timba? –
obviamente se refería a la partida de póker, me sobresaltó un poco que el tema
saliera a la luz de una forma tan directa.
-Si quieren busco ahora mismo las cartas –mi mamá estaba entusiasmada por
empezar a jugar lo antes posible.
-¿A qué van a jugar? –preguntó mi tía.
-Al póker –le respondió mi hermana- ¿sabés jugar?
-¡Claro que se! Y soy muy buena –mi primo había heredado la soberbia de su
madre y ella lo estaba demostrando- ¿juegan por plata? Sino no tiene gracia.
-Hay algo que tiene más gracia que la plata –dijo mi hermano, tuve que reprimir
el impulso de arrojarle una botella por la cabeza, me aterraba qué pudiera pensar
mi tía de nuestro morboso jueguito.
-¿Qué cosa?
-Por ropa –miré a Augusto con unas frías ganas de asesinarlo.
-¿Ropa? –Mi tía dudo y miró para todos lados- no es mala idea… espero que
nadie tenga un calzón agujereado y viejo porque los voy a dejar pelados.

Comenzó a reírse de su propias palabras, me sorprendía su reacción


favorable, pero me di cuenta de que ella creía que sólo llegaríamos a quedar en
ropa interior, lo cual no era tan malo para una familia, uno siempre ve a algún
pariente en calzoncillos deambulando por la casa y no se escandaliza, pero este
caso era diferente, nosotros pretendíamos llegar mucho más lejos.

-Me gusta el juego, yo me sumo –dijo Ariel con algarabía mientras miraba a su
alrededor, estaba casi segura de que ya podía imaginarnos a mi hermana a mi
madre y a mí en ropa interior.

Nos llevó varios minutos organizar todo en nuestra querida mesa de vidrio
hexagonal, pero esta vez, al ser ocho, tuvimos que sentarnos mucho más
apretados. A mi izquierda se instaló Ariel, antes de que alguno se le anticipara y el
asiento a mi derecha lo ocupó mi hermana, supuse que lo hizo para impedirle a
Alberto sentarse allí, él ocupó el sitio a la derecha de Mayra.
Mientras distribuían el nuevo paño y preparaban el nuevo mazo de cartas mi
madre nos explicó las nuevas reglas que tendría el juego, las cuales consistían en
una fusión de dos estilos de póker y hacían el juego mucho más entretenido y
agresivo. Para comenzar, quitó del mazo toda carta que fuera menor a un ocho, a
excepción de los As, lo cual dejaba una variante de juegos mucho menor. Cada
uno recibiría dos cartas en la mano, las cuales debían estar incluidas si o si en
cualquier juego que se desee armar, y se pondrían otras cinco boca abajo sobre la
mesa. Aquel que no confiara en sus cartas podía retirarse ni bien las recibía, luego
se darían vuelta tres cartas, allí debíamos decidir si seguir o no en el juego, ya que
era la última oportunidad para retirarse. Luego llegaba el momento más
interesante. Se daban vuelta las últimas dos cartas, habría un ganador y tantos
perdedores como participantes que hayan decidido seguir jugando y allí es cuando
este nuevo reglamento aumentaba la importancia de ganar o perder, ya que el
ganador decidiría que prenda de vestir deberían sacarse los que hayan perdido.
La parte de la habilidad para mentir entraba en la última fase del juego, luego de
que las cinco cartas de la mesa estuvieran boca arriba, allí un jugador podía
levantar la apuesta a dos prendas asegurando que tenía mejores cartas que los
demás, al hacer esto concedía una nueva chance de retirarse a los demás
jugadores, pero él debería quedarse hasta el final. Si todos se retiraban ante esta
amenaza, entonces el ganador podía volver a ponerse una prenda que ya se
hubiera quitado. Al parecer mi madre se había pasado un buen rato pensando el
nuevo reglamento y este esfuerzo valió la pena, ya que todos quedaron
encantados con la nueva modalidad de juego.

Para equiparar el juego tuve que sumar ropa a mi atuendo, me puse una
remera mangas cortas sobre mi pequeño top y una gorra con visera que le robé a
mi hermano y no pensaba devolverle nunca más ya que me quedaba muy bonita.
Para igualdad de condiciones todos debían tener algo en la cabeza y la misma
cantidad de prendas de vestir.

La partida inició y todos estaban muy entusiasmados, hasta ese momento mi


tía ni siquiera sospechaba nuestras perversas intenciones. El alcohol no se hizo
extrañar, mi madre nos mostró el abundante surtido que había comprado, yo
decidí probar un vino espumante con sabor a frutilla que resultó ser delicioso. Lo
primero que volaron fueron los sombreros y el calzado, ya que los ganadores
fueron bastante piadosos, pero cuando llegó el momento en que mi tío Alberto se
levantó triunfal humillando con sus cartas a mi hermana, a Augusto y a mi padre,
decidió ser un poco más agresivo con la sentencia y los obligó a despojarse de
sus pantalones y minifalda, en el caso de Mayra. No hace falta que aclare que el
centro de atención fueron las redondas y blancas nalgas de mi hermanita que
quedaron apenas protegidas por una tierna bombachita blanca con detalles en
color rosa.

El juego siguió su curso con música de fondo y vasos que se llenaban y


vaciaban a velocidades vertiginosas. Llegué a quedar tan sólo en ropa interior, mi
primo casi sufre desprendimiento de retina al intentar adivinar lo que había debajo
de mi pequeña ropa interior semitransparente. En su defensa debo decir que no
era el único que aprovechaba cualquier oportunidad para clavar su mirada en mí,
además mi madre ya estaba en corpiño y sus pechos también eran bastante
llamativos. Mi tía conservaba casi toda su ropa ya que solía abandonar en casi
todas las rondas, evitando así perder.

Llegaron buenas cartas a mi mano y mientras jugaba miraba a mi primo y a mi


hermano, los cuales ya estaban en bóxer y se les notaba un leve bulto creciendo
en el interior de los mismos, desconocía que tan bien equipado estaba mi primo,
pero por lo poco que podía ver, no sería nada despreciable. Cuando llegó el
momento de dar vuelta las últimas dos cartas me di cuenta de que estaba en un
mano a mano contra Ariel, ya nadie quería perder más prendas de vestir por lo
que abandonaban apenas veían que sus cartas eran malas.

-Doblo la apuesta –dijo mirándome de reojo con arrogancia, era la primera vez
que alguien hacía eso, miré una vez más mis cartas y las de la mesa, tenía un full,
lo cual me parecía realmente bueno.
-Acepto –dije al mismo tiempo en que ponía mis cartas boca arriba.

El muy desgraciado destrozó mi juego con un póker de reyes, por apurada no


había notado que sobre la mesa había dos reyes y él podría tener los otros dos en
mano. Había perdido.

-¿Con qué va a pagar Nadia? –preguntó mi tía con cierta ingenuidad.


-Con ropa, ¿con qué más? –afirmó mi primo relamiéndose.
-Pero si no tiene más ropa.
-¿Cómo qué no? Le quedan justo dos prendas.
-Pero es la ropa interior.
-Que se joda, por apostar de más.
-No Ariel, no te excedas –la madre del muchacho parecía preocupada- que
pague con plata.
-Yo no quiero plata –aseguró el rubio- quiero que muestre la conchita.
-¡Ariel, es tu prima!
-Sigue siendo una mujer… una que se arriesgó demasiado. Que muestre –
todos en la mesa me miraron fijamente.
-Si es el precio que hay que pagar… -dije poniéndome de pie, los ojos de mi
primo me acompañaron todo el tiempo.
-¿Qué tan lejos pretenden llegar con esto? –Analía estaba espantada.
-Estoy dispuesta a llegar tan lejos como haya que hacerlo.

Luego de decir esto llevé las manos a mi espalda y desprendí mi corpiño, mis
grandes tetas dieron un leve saltito y volvieron a su posición original, mis duros
pezones apuntaban hacia arriba, producto de la excitación. Di media vuelta,
dándole la espalda a todos y lentamente fui bajando mi tanguita roja,
agachándome poco a poco mientras lo hacía y regalándoles una impactante vista
de mis abultados labios vaginales que seguramente estarían brillando por el
líquido que manaba de ellos. Una vez desnuda por completo, volví a mirarlos de
frente, lo primero que noté fue la brusca erección que había tenido Ariel, su verga
parecía estar a punto de agujerear la tela blanca de su bóxer, mi tío y mi hermano
estaban en circunstancias similares, el único que pudo contenerse fue mi padre.
Miré a mi tía y pude ver el terror ilustrado en sus ojos negros. Ella no tenía idea de
que esto era sólo el comienzo.

Capitulo 06

P ermanecí de pie frente a toda mi familia tal y como Dios


me trajo al mundo, completamente desnuda. Les di unos
segundos para que pudieran admirarme, mi madre sonreía
pero a la vez evaluaba la situación, lo supe porque era la
única que en lugar de mirarme, miraba la cara de los demás.
Mi primo Ariel dio un apretón a su pene por encima de la tela
del bóxer ¿qué fantasías locas recorrerían su cabeza? Por lo
que había aprendido de los hombres en estos últimos días,
sabía que muchos sólo pensaban en sexo al ver una mujer
desnuda, aunque ésta fuera de su propia familia, no sé a
cuántos hombres en el mundo le ocurriría esto, pero a muchos
de los que yo conocía, si les pasaba.

Tomé asiento, mi tía estaba mortificada, al estar


directamente frente a mí podía ver claramente todo, sus ojos
no sólo se detenían en mi vaginita sino que también se
deslizaban un poco hacia mi izquierda para fijarse en el
grotesco bulto de su propio hijo. A la derecha de Analía se
encontraba Augusto, cuando ella reparó en él apartó su mano
por acto reflejo, como si hubiera tocado algo que no debía, a
pesar de estar lejos de aquello de lo que huía. Mi hermano
también exhibía una muy marcada erección. Por mi parte
puedo decir que me sentía tremendamente estimulada y
excitada al hallarme una vez más desnuda frente a todos,
especialmente frente a aquellos que nunca habían admirado
los rincones ocultos de mi anatomía.

-Bueno, ¿seguimos? –preguntó mi papá con una naturalidad


tal que mi tía lo quedó mirando como si él se hubiera fugado
de un manicomio.
-¿Piensan seguir? –Preguntó ella- ¿y si Nadia pierde, cómo
va a pagar?
-Ya veremos… la próxima vez si podría ser dinero –dijo mi
hermanita, supe que sólo estaba ganando tiempo.
-Pero… pero… ¿se piensan quedar en bolas? –Analía estaba
desorientada.
-Nadie dijo eso –habló mi madre- para desnudarse hay que
perder, si no querés hacerlo, entonces más te vale que
juegues bien.
-Yo sé jugar, pero tengo mala suerte.

La verdad es que había perdido varias manos a propósito,


pero en la última, contra mi primo, perdí de forma justa, ya
que creí que me alzaría con la victoria y que él debería
despojarse de su remera y su bóxer. Para intranquilidad de mi
tía, el juego continuó y el resto de los participantes estaban
muy animados, yo inclusive. Había dejado de lado las
diferencias que tenía con algunos de ellos, mi padre me
miraba poco, mi tío parecía haber sufrido un ataque de
amnesia y me observaba como si fuera la primera vez que me
veía desnuda. La única reacción leve de hostilidad que
detecté fue en Mayra, cada vez que giraba mi cabeza hacia mi
derecha me encontraba con el ceño fruncido de la pequeña
que mantenía estoicamente su guerra muda en mi contra.

La ropa se fue reduciendo para todos mientras las cartas


eran repartidas y mezcladas una y otra vez. Mayra llegó a
quedar tan sólo en ropa interior, para el agrado de muchos,
mi papá tuvo que desvestirse hasta quedar tan sólo con su
bóxer, mi tía seguía siendo una jugadora cobarde pero por
confiarse en un par de manos, tuvo que quedarse en corpiño.
Sus senos eran casi tan grandes como los míos o los de mi
mamá, pero no se traslucían ni un poco, además todavía
conservaba su pantalón.

La pequeña Mayra salió victoriosa en una ronda en la que


se enfrentó hasta el final a mi hermano y a mi mamá. Impuso
la pena máxima para Augusto ya que él sólo tenía puesto su
bóxer, con Viki fue más piadosa y sólo le pidió que se
despojara de su corpiño. ¿Hace falta aclarar de qué forma
miró Ariel las grandes tetas de su tía? El muchacho estaba tan
excitado que podía verse cómo gotitas de líquido preseminal
estaban humedeciendo la tela de su ropa interior. Cuando le
llegó el turno a Augusto éste se puso de pie prácticamente en
su lugar, sólo apartó un poco la silla hacia atrás. Tomó un
largo sorbo de lo que fuera que estaba tomando y de un tirón
se desnudó. Mi tía quedó anonadada al ver semejante verga
aparecer frente a sus ojos a tan poca distancia, abrió tanto la
boca que podría habérsela tragado completa, por suerte para
ella Augusto no estaba tan cerca.

-¡Apa, qué animalito tenés ahí, nene! –exclamó la mujer sin


salir de su asombro.
-Los nenes ya crecieron hace rato –acotó mi madre
sonriendo y admirando a sus anchas el duro pene de su
querido hijo, supuse que estaría fantaseando con él.
-¡Se nota! Hay que reconocer que salió bien equipado.
-Es de familia –aseguró mi primo para no quedarse atrás.
-De mí familia –la aclaración vino por parte de mi padre
quien sonreía orgulloso, ya podía ver un leve asomo de
erección entre sus piernas.
-Señora, por su cara diría que es la primera vez que ve un
chorizo de esos –me sorprendió que mi tío Alberto hiciera
bromas a costa de mi tía ya que ellos se conocían poco.
-Ah no, no es el primero que veo… ni el más grande…
créame –ella era orgullosa, aunque toda esta situación la
pusiera nerviosa, no permitiría que nadie pase por encima de
ella, además aprovechó para dar un leve vistazo al bulto que
sobresalía del calzoncillo de Alberto- seré curiosa ¿cuál de
todas las presentes le provocó eso?

La pregunta de Analía era sumamente maliciosa ya que


casi todas las presentes teníamos algún parentesco con ese
viejo calvo y panzón. La única que no tenía ningún vínculo
sanguíneo con él era ella misma y aún conservaba buena
parte de su ropa. Si a mi tío se le había parado había sido
producto de ver a sus sobrinitas o a su propia hermana con
poca o nada de ropa. Su pregunta fue tan buena que sin
saberlo aludió a todos los presentes. Augusto y Ariel no
podrían explicar su erección sin hacer referencia a un familiar,
a lo sumo Ariel tendría el beneficio de que sólo éramos sus
primas y que mi mamá era una tía política y no había vínculo
sanguíneo directo. Mi tío carburó y puso en marcha su motor
cerebral intentando encontrar una buena respuesta.

-Me atrapó señora… usted tiene razón en algo. Sigue


siendo la morocha más hermosa del lugar, de sólo verla se me
despierta el potrillo y le dan ganas de salir a galopar. Procure
no cruzarse en su camino porque no sé hasta dónde podrá
usted aguantar y sepa que soy un hombre que no se cansa al
cabalgar. –Alberto aún conservaba parte de la sangre del
gaucho autóctono y le encantaba demostrarlo poniéndose a
payar.

Mayra estalló en risas, mi papá la siguió y luego todos nos


reímos; nadie creyó en su respuesta pero mi tía se ruborizó y
sonrió como adolescente en su primera cita. Le había gustado
recibir ese cumplido tan cachondo y original por parte de mi
tío. Sin que nadie tuviera tiempo a decir más, fue el mismo
Alberto quien comenzó a repartir las cartas. Creo que muchos
en la mesa esperaba que Augusto y yo perdiéramos una vez
más, sólo para ver de qué forma pagaríamos, tal vez hasta mi
tía sentía curiosidad por esto, pero eso ya no puedo afirmarlo,
de lo que sí estaba segura es que la mujer miraba el pene de
su sobrino con poco disimulo cada vez que podía hacerlo, no
la culpaba por eso, era inevitable no mirar las partes privadas
de todos al menos una vez, pero su fijación principal era con
el muchacho.

Las primeras tres cartas de la mesa fueron muy buenas y


daban la posibilidad de formar juegos competitivos, pero
había una sola cosa que estaba a mi favor, yo podía formar un
póker de ases, casi escupo el corazón de la emoción al ver
esas cartas y procuré que nadie pudiera espiarlas, para
distraerme miré la entrepierna de mi primo, algo dentro de su
bóxer daba saltitos como si quisiera escapar y si todo salía
bien, yo le haría el favor. Una particularidad de Ariel es que
iba hasta el final sólo si tenía buenas cartas, mi tía hacía lo
mismo pero ella prefería que sean cartas inmejorables. Evalué
la situación y todos parecían entusiasmados por lo que habían
recibido. Al dar vuelta las dos cartas restantes Alberto y
Augustok abandonaron, pero todo el resto siguió en juego.
Como era de esperar, nadie pudo superar mi póker de ases,
hasta me pareció escuchar un leve insulto por parte de mi
hermana, me apenaba que la chiquilla siguiera tan enojada
conmigo.

La que menos tuvo que pagar fue Analía, pero al quitarse el


pantalón lo hizo con una vergüenza tal que hubiera jurado que
no tenía bombacha, pero sí la tenía y allí comprendí su
actitud. La morena de amplias caderas tenía puesto lo que
llamamos comúnmente “hilo dental”, lo peor es que era
amarillo y eso lo hacía resaltar mucho. El triangulito apenas
cubría su depilada intimidad, por un momento creí que sus
piernas estarían algo deformadas, pero no, sus prominentes
curvas eran lisas y bien definidas, más de uno de los
presentes casi pierde los ojos al verla, en especial los
hombres, inclusive su propio hijo. Lo único que se me hizo
raro fue que el corpiño que llevaba no parecía encajar con la
bombacha y supuse que su idea original había sido salir sin
sostén, pero como sus pezones se habrán notado, se cubrió
los pechos con el primer corpiño que encontró, algo que yo
misma había hecho muchas veces porque en ningún
momento pensé que tuviera que desnudarme frente a
alguien.

-Pretende usted matarme de un infarto, señora –dijo mi tío


con una erección más fuerte entre sus piernas.
-Todo esto me da muchos nervios, ¿no les parece que
podríamos dejarlo así? –preguntó ella mientras se sentaba.
-¿Dejarlo justo cuando se pone interesante? Ni loco –
aseveró mi primo.
-¿Te parece interesante ver a tu madre en calzones? –lo
retó ella con el ceño fruncido.
-¿Quién hablo de vos? Ya te vi sin ropa como mil veces
cuando te vas a bañar –esto sonrojó a mi tía- a la que quiero
ver sin ropa es a la tía –le guiñó un ojo a mi madre y ésta
sonrió.
-Entonces habrá que hacerle el favor al chico.
-Pero Victoria…
-Tranquilizate un poco Analía, esto es un juego… divertite,
que no te va a hacer nada mal –le dijo mi madre mientras se
ponía de pie.

Ella estaba tan cerca de Ariel que él pudo ver


perfectamente los rugosos y carnosos labios vaginales de mi
madre, por lo libidinosa de su sonrisa imaginé que ya estaba
fantaseando con lamerlos… o incluso algo peor. Luego llegó
su turno de desnudarse, lo hizo rápido, sin preámbulos, como
si estuviera deseando mostrarnos su pajarito, el cual me dejó
húmedamente sorprendida, no era muy largo, pero si ancho.
Doblé mis rodillas hacia adentro como apretando mi vagina y
sentí un leve cosquilleo. Él sonreía altanero y cuando se sentó
me preguntó:

-¿Te gusta, prima?


-He visto mejores –respondí simulando poco entusiasmo-
¿Seguimos?
-No, todavía falto yo –dijo Mayra con enojo, había olvidado
por completo a la pequeña muchachita y esto solo empeoraba
mi situación con ella.
-Perdón.
-Decir perdón a cada rato no cambia nada –la mayoría
habrá pensado que su comentario aludía a una típica
discusión entre hermanas pero mi madre y yo sabíamos
perfectamente a qué se refería.

La hermosa chiquilla se puso de pie y se quitó la bombacha


con desgano, como si no le afectara en absoluto que todos
pudiéramos ver su depilada y pequeña conchita rosada, pero
luego de desnudarse hizo algo que le permitió a los presentes
admirar los rincones más ocultos de su anatomía.
-No dejen toda la ropa tirada en cualquier parte, que
estemos jugando no quiere decir que tengamos que ser unos
mugrientos.

Al decir eso se inclinó hacia adelante mostrándonos sus


nalgas, éstas se abrieron y nos permitieron ver el agujerito
que se asomaba entre sus tiernos labios vaginales y un culito
muy apretadito. Comenzó a recoger la ropa que estaba tirada
en el piso, prenda por prenda. No sé cómo hizo mi primo para
contenerse, pero él miró a Mayra con unas ganas tremendas
de penetrarla, lo puedo deducir por la forma en que agarró su
pene haciendo bajar y subir su prepucio lentamente. Mi
hermana era inteligente, estaba llamando la atención a su
manera, pero yo tampoco era tan estúpida, sabía muy bien
que si la ayudaba a recoger la ropa ella lo tomaría como una
competencia directa, por lo que decidí quedarme en mi sitio.
Mi mamá y mi tía fueron las únicas que la ayudaron a juntar
todo y a dejarlo apilado en un sillón.

Retomamos el juego y tuvimos una ronda de lo más


interesante. Llegué a quedar mano a mano contra mi tía,
luego de que todos abandonaran. En la mesa se podían ver
tres 10 y por el entusiasmo de mi tía deduje ella tendría otro,
tal vez la pobre ingenua creyó que con eso formaría póker de
10, pero no recordaba que debía utilizar si o si las dos cartas
que tenía en la mano, es decir, su segunda carta anularía
dicho póker. En cambio yo tenía dos Q. Las reinas eran una de
las cartas más altas de la baraja y con ellas podía formar un
buen full, utilizando los 10 sobre la mesa, por lo que decidí
doblar la apuesta, para desnudar a mi tía de una vez por toda.

Mi sorpresa fue enorme cuando ella mostró sus cartas, las


cuales me llevaron a una derrota apabullante, maldije el
haber tomado tanto vino espumante, ya que éste estaba
nublando mi capacidad para deducir, o tal vez se debió a mi
entusiasmo por ganar lo que me impidió evaluar la situación a
fondo. Tal como lo predije ella tenía otro 10 en su mano pero
acompañando a éste, tenía una K, esta carta sumada a otra
igual sobre la mesa formaba un full de 10 y K, el cual
aniquilaba mi juego. El 10 en su mano sólo descartaba uno de
los que había en la mesa, pero no le impedía formar una gran
combinación. Ella se rio de mí, la mujer era competitiva y
siempre creía tener la razón, esto era una inyección a su ego,
pero lo que mi tía no sabía es que, en este caso, la victoria
podía ser mucho peor que la derrota.

-Está bien –dije aceptando mi mala suerte- ¿qué tengo que


hacer para pagar? Acordate que doblé la apuesta, así que
tiene que ser algo fuerte –sonreí con una malicia que, por
milagro, hasta hizo sonreír a Mayra, ella supo cuál fue mi
intención.
-No sé… ¿no habíamos dicho que pagarías con dinero?
-Lamentablemente no tengo más dinero que el que me dan
mis padres… lo cual ahora mismo es cero. Me lo gasté todo –
era mentira, tenía unos pequeños ahorros guardados y mi
madre lo sabía, pero decidió no exponerme.
-¿Entonces qué hago? –mi tía miró a su alrededor
intentando encontrar un aliado.
-Podrías imponerle algún desafío –sugirió mi madre- algo
que la haga avergonzar, se lo merece, por haber doblado la
apuesta.
-¿Avergonzar… de qué forma?
-Ay Analía, no sé –mi madre simuló estar perdiendo la
paciencia con ella- ponete creativa, pensá algo.

Esto me fascinaba, no había pensado en que mi tía podría


llegar a ser la encargada de imponer el primer desafío de la
noche y ella desconocía nuestras intenciones con este juego.

-No se me ocurre nada ¿Ustedes ya jugaron antes a esto? –


esa pregunta cayó como una bomba en el centro de la mesa,
la única que se atrevió a responder fue la más pequeña.
-Sí, ya lo jugamos –Mayra fría y directa.
-¿Y qué hacían en estos casos? ¿Qué tipo de desafíos
usaban?
-No sería justo que te lo dijéramos porque es parte del
juego inventarlos –aseguró la chiquita, vi que mi padre
sonreía orgulloso de la niña tan inteligente que tenía como
hija- pero te voy a dar una pista, los desafíos suelen ser
vergonzosos en carácter sexual.
-Ah bueno, este juego sí que me gusta –dijo mi primo
riéndose por la emoción- ¿cómo no me invitaron antes a
jugar?
-Yo no voy a hacer eso.
-Vamos Analía, no seas tan amarga –me sorprendió que mi
padre le hablara de esa forma a su hermana- siempre fuiste
muy liberal con respecto a lo sexual; disculpen lo que voy a
decir, pero cuando ella estaba embarazada nos pasamos más
de dos meses buscando al padre de Ariel… y no fue porque el
tipo se escondiera, sino porque no sabíamos cuál de todos
podía ser –mi primo asintió ya que seguramente conocía esa
historia, para mí era toda una revelación.
-Sí, recuerdo el lío que se armó –continuó mi madre- llegué
a contar más de diez candidatos… todos con pocos días de
diferencia. Si hoy se escandalizan de que una chica sea algo
promiscua, imagínense lo que habrá sido hace veinte años…
pero fuimos considerados con Analía y mantuvimos todo el
asunto en el mayor de los secretos; para que sus padres no se
enteraran.
-Pero Ariel es rubio ¿no era más fácil buscar solamente a
los rubios que estuvieron con la tía? –preguntó mi hermano
creyendo que su planteo era inteligente, pero mi hermana se
dio una fuerte palmada en la frente indicándole contrario.
-Sos pelotudo Augusto –le dijo- el chico no había nacido
¿cómo iban a saber si era rubio?
-Ah… tenés razón –todos nos reímos a costa suya- ¿y cómo
supieron quién era el padre?
-Tuvimos que analizarlo bien con el pediatra para calcular
el día exacto en el que quedé embarazada –dijo mi tía
avergonzada.
-Lo cual no resolvió nada –agregó mi papá- sólo redujo la
lista a cuatro hombres.
-¿Cuatro? Señora, usted habrá pasado unos días muy
divertidos en sus tiempos –dijo mi tío sorprendido- que pena
me da no haberla conocido en aquellos días.
-En ese entonces era joven y cometía muchas locuras.
-¿Los cuatro al mismo tiempo tía? –esta vez debía darle
crédito a mi hermano, hizo la pregunta que yo estuve a punto
de hacer.
-No quiero hablar de eso –agachó la cabeza.
-Entonces ya sé cuál desafío te voy a poner cuando pierdas
–aseguró Mayra.
-Para eso tengo que perder al menos tres veces más.
-Entonces más te vale que juegues bien –la malicia de mi
hermanita era aterradora y enternecedora a la vez, algo que
sólo ella podía lograr- ahora ponele el desafío a Nadia antes
de que nos quedemos dormidos… ah y no le hagas confesar
nada porque ya todos sabemos de las andanzas de la putita
esta –me señaló con la cabeza.

No pude determinar si lo de “putita” lo dijo en broma o con


la intención de herirme, esta chica hablaba poco pero sabía
elegir muy bien sus palabras. Me lo tomé con calma y me
limité a sonreír mientras mi tía estaba siendo agobiada por las
dudas. Tenía a siete miembros de su familia desnudos o
semidesnudos a la expectativa, mirándola fijamente. Cuando
todos creímos que la mujer se iba a acobardar, ésta se puso
de pie y se acercó a mi madre. Le dijo algo al oído, Viki asintió
con la cabeza y luego ella también se paró, juntas se
dirigieron hacia el pasillo donde estaban las habitaciones. La
intriga de los jugadores aumentó, especialmente la mía, ya
que todo esto tenía que ver con el castigo que debía cumplir y
no tenía idea de lo que pudiera estar tramando Analía.

Las dos mujeres regresaron, mi madre marchaba altanera


en toda su desnudez brindándonos una vista muy erótica y
sensual, mi tía traía consigo un pote de lubricante, al que yo
conocía muy bien, y un objeto de plástico color piel, no tuve
que observarlo mucho para darme cuenta de que era lo se
conoce como consolador.

-¿De dónde salió eso? –pregunté.


-Lo tenía guardado –respondió mi madre- y tu tía me lo
pidió.
-¿Y cómo sabía la tía que vos tenías eso guardado?
-Porque yo se lo regalé –respondió Analía.
-Sí, fue un regalo de cumpleaños, pero no he podido darle
mucho uso… gracias a tu padre, nunca lo necesité –mi papá
sonrió orgulloso- no te ofendas Analía, aprecio tu regalo pero
es la verdad.
-Al contrario Victoria, que me digas que no lo necesitas es
la mejor noticia que podías darme, eso quiere decir que mi
hermano te atiende muy bien.
-Más que bien –agregó mi mamá.
-Bueno, ustedes me pidieron que me ponga picante con el
desafío. Mi idea era pedirle a Nadia que use esto de la forma
tradicional…
-Eso sería un tanto aburrido –dijo mi hermana.
-Por lo visto sí lo sería… para ustedes. No entiendo hasta
qué punto se permite llegar con estos susodichos desafíos…
pero tampoco soy una vieja sonsa… para mí bastaba con la
forma tradicional, pero vos hiciste un comentario hace un rato
sobre tu cola… así que veremos qué tan capacitada estás
para eso –colocó el consolador y el lubricante sobre la mesa.
-Así me gusta más –Mayra parecía estar divirtiéndose a
costa mía- que buena idea tía… y yo que pensaba que vos nos
ibas a arruinar el juego.
-Me estoy esforzando mucho por no hacerlo, convengamos
que a mí todo esto me parece demasiado.
-Que te parezca lo que quieras… lo importante es seguir
jugando –la pequeña estaba tan decidida como lo había
estado yo en el pasado.
-Está bien –Analía rezongó- ¿lo vas a hacer en el baño o en
tu cuarto? –me preguntó empujando el pene de juguete hacia
mí.
-¡Hey no! Eso no vale –para mi sorpresa la queja vino por
parte de Ariel, quien nunca había jugado a este juego- yo
quiero ver cómo lo hace.
-Tiene razón –dijo mi mamá- la idea del juego y de los
desafío es avergonzar al otro… si Nadia lo hace sola en su
cuarto no sólo nadie puede comprobar que lo hizo, sino que
tampoco se sentiría avergonzada… al fin y al cabo todos nos
tocamos cuando nadie nos ve –la lógica de mi madre era
directa pero precisa.
-Entonces… ¿lo va a hacer delante de todos? –los ojos de mi
tía se abrieron tanto que parecía una lechuza.
-No dije eso… -aclaró mi madre- ella puede negarse a
hacerlo… pero estaría perdiendo el juego y debería irse. ¿Lo
vas a hacer, Nadia?
-Claro que sí, no voy a perder el juego al primer desafío… -
con esto marcábamos las reglas a mi tía, para que ella tuviera
verdadera consciencia de las mismas- Augusto, ayudame con
ese sillón.

Junto con mi hermano arrastramos uno de los sillones


individuales de la sala para dejarlo cerca de la mesa, justo
detrás de Viki y de frente a mi tío Alberto. Recliné un poco el
respaldar del sillón hacia atrás para que fuera más cómodo.
Augusto volvió a su lugar y yo comencé a untar el frío líquido
lubricante entre mis nalgas, era cierto, sí me daba un poco de
vergüenza, pero más que nada por mi primo, él me miraba
como si yo fuera su futura víctima para un crimen sexual.
Aparté cualquier pensamiento desalentador de mi mente y me
concentré en lo que mi madre había dicho, debía demostrarle
a los demás que estaba dispuesta a sentirme bien y a
disfrutar de este juego tanto como me fuera posible.

Me coloqué de rodillas sobre el sillón apuntando mi cola


hacia el público, es seguro que podían ver no sólo el huequito
de mi cola sino también el de mi vagina, que debía mostrarse
un poquito más abierto. Giré mi cabeza sobre mi hombro
derecho y miré a mi tía, ella estaba realmente sorprendida
por mi actitud. Apunté el consolador hacia mi culito y
presioné. El esfuerzo fue en vano, no logré que entrara ni un
poquito, todos aguardaban en silencio, expectantes… y yo no
podía hacer lo que me proponía y sabía cuál era la razón,
estaba nerviosa. Mi ano se contraía impidiendo la entrada de
cualquier objeto ya que no me sentía cómoda al ser la única
que actuaba de esa manera mientras el resto se limitaba a
mirarme, así hubiera hecho otras cosas mucho peores frente a
mi familia, lo hice porque los vi a ellos actuando de la misma
forma, pero esta vez me tocaba a mí romper el hielo… y de
qué forma.
-¿Alguno me puede dar una manito? Así no puedo –no sé
por qué, pero al hacer esa pregunta recordé repentinamente
que le estaba pidiendo a mi familia un voluntario para
penetrarme analmente.
-Yo te ayudo –dijo Augusto poniéndose de pie.
-No, vos me va a lastimar, tiene que ser una mujer…
alguien que entienda lo que se siente.
-Te ayudo yo –dijo mi mamá, Augusto se quejó pero ella lo
mandó a sentarse otra vez. Viki se acercó a mí y tomó el
consolador con una mano -¿Te pasa algo Nadia? –me susurró
al oído.
-Estoy algo nerviosa… a la tía no le gusta nada todo esto…
y Ariel me mira raro…
-Tu hermano te mira de la misma forma –mientras hablaba
frotaba la punta del consolador contra mi cola- la última vez
vos fuiste la que protestó hasta el cansancio… como está
haciendo Analía ¿pensás hacer lo mismo otra vez?
-No, te prometo que no… es sólo que…
-¿Qué?
-Que me falta algún estímulo… algo que me haga
animarme a más… algo que me lleve a hacer locuras sin
pensar en las consecuencias… y sola no puedo. Además sigo
pensando que Mayra me odia… eso también me pone mal.

Seguramente todos en la mesa observaban la escena sin


entender nada, fijándose más que nada en mi culito, que se
negaba a recibir ese pene de juguete.

-Mayra, ¿podés venir un momentito? –preguntó mi madre


levantando la voz.

No escuché ninguna respuesta pero con sólo mirar de reojo


pude ver que mi hermanita se acercó hasta nosotras son
chistar, permanecí con las piernas separadas y la cola
levantada mientras abrazaba el respaldar del sillón, Mayra se
colocó frente a mi madre, procurando no obstruir la vista.
-Tu hermanita necesita algo de ayuda –le dijo Viki- ¿estarías
dispuesta a darle una mano? Quedarías exenta de pagar la
próxima vez que pierdas.
-Está bien –supe que al aplicar las reglas del juego había
logrado convencer a la pequeña- ¿qué tengo que hacer?
-Lo que quieras… sólo tenés que ayudarla a estimularse un
poquito… es muy difícil meter algo por atrás si la parte de
adelante no se siente lo suficientemente estimulada.

En ese momento sentí una mano rozando mi vagina con


tanta delicadeza que sentí el primer rayito de verdadera
excitación física desde que me la había metido mi hermano en
la cocina. Giré la cabeza para encontrarme con los ojazos de
Mayra mirándome fijamente, no pude leer nada en ellos. Sus
pequeños deditos recorrieron mi sexo con toda la intención de
calentarme, iban a esos puntos más sensibles de la anatomía
femenina sin dudarlo ni por un segundo. Detrás de mi
hermana estaba Ariel, con la pija en la mano, masturbándose
lentamente. Augusto hacía lo mismo a su lado y los ojos de mi
tía parecían no creer lo que veían, iban desde la escena entre
madre e hijas en el sillón hasta la verga de su sobrino, una y
otra vez. Mientras Mayra me masturbaba, ya haciéndolo
plenamente, metiendo y sacando dos dedos de mi conchita,
noté que las inquietas manos de mi tía se movían, una se
posó con disimulo en su entrepierna, hundiendo un poco su
transparente ropa interior justo en la zona de su clítoris, la
otra mano parecía tener mente propia, se estaba acercando
lentamente hacia la verga de Augusto, no como si quisiera
agarrarla, sino como si intentara rozarla casualmente con el
dorso. Sus ojos estaban fijos en el falo de mi hermano, quien
ni siquiera miraba a su tía y no dejaba de subir y bajar su
prepucio con descaro. Esto era justamente lo que necesitaba,
sentía que el monstruo sexual que dormía en mi interior, se
estaba despertando. Mi hermana se veía obligada a ayudarme
ya que ella no solía ir en contra de su madre y no importaba si
la chica me odiaba, sus dedos estaban haciendo un trabajo
estupendo entrando en mi conchita y moviéndose para todos
lados en mi interior. Miré a Viki, ella aguardaba acariciando mi
ano con la punta del consolador, asentí con la cabeza
indicándole que ya podía seguir adelante. Ella no me hizo
esperar, de inmediato sentí la presión, era muy similar a
recibir el pene de mi hermano adentro así que sabía que
podía soportarlo. Una sonrisa se dibujó en mi rostro al
imaginar qué pensaría mi tía si supiera que mi hermano y mi
tío fueron los que me dieron por atrás. Mientras mi mente
divagaba sentía ese pene de juguete entrando más y más, mi
esfínter ya estaba relajado, giré la cabeza hacia el otro lado y
una vez más me crucé con los ojos de mi hermanita que me
miraban fijamente, esta vez me pareció notar un gesto de
respeto hacia mí en su rostro, le sonreí e inmediatamente ella
aceleró el rimo con el cual frotaba mi clítoris con la punta de
sus dedos. Mi mamá fue sumamente cuidadosa, mientras más
me clavaba más placer sentía y en ningún momento me dolió,
hizo retroceder y avanzar el consolador varias veces.

-¿Tiene que entrar todo? –preguntó mi primo cortando el


silencio que acompañaba a mis jadeos.
-Sí, todo –le respondió mi hermano.

Me apresuré a ver qué pasaba con él, seguía pajeándose


sin disimulo y dos deditos en la base de la entrepierna de mi
tía presionaban con fuerza y se movían lentamente en
círculos, la muy puta estaba excitada, lo que más llamó mi
atención fue su mano derecha, la cual estaba posada sobre la
pierna de Augusto a tan solo un par de centímetros de su
verga. Un dolor agudo e inesperado me hizo chillar de dolor y
cerrar los ojos.

-¿Te duele, Nadia? –preguntó mi madre deteniendo la


penetración anal.
-Un poquito, pero no importa –de nuevo ese mismo dolor
agudo localizado en una parte muy sensible de mi anatomía-
podés seguir sin miedo –le aseguré.

El dolor no me lo estaba causando el consolador, sino los


dedos de Mayra, al presionar con fuerza mi clítoris, la
pequeña estaba recordándome que aún mantenía la bandera
de guerra bien levantada. La miré con el ceño fruncido y una
vez más me hizo chillar de dolor, en sus ojos centelleaba la
furia.

-Ya falta poquito –dijo mi mamá haciendo retroceder el


dildo y volviendo a enterrarlo entero de una sola vez, el placer
que sentí fue inmenso pero quedó un poco disipado por un
nuevo apretón contra mi clítoris –bueno, con eso es suficiente
–Viki tiró del consolador y lo sacó de mi cola, por la forma
abrupta en la que puso final a la prueba imaginé que ella
también notó el jueguito de Mayra.
-Eso fue increíble –dijo mi primo- mirá cómo le quedó…

Seguramente estaba mirando mi ano dilatado, una imagen


demasiado fuerte como para compartirla con mi familia, hasta
llegué a sentirme una puta cochina, pero tampoco debía
preocuparme por eso, ya todos sabían que yo era una puta,
ocultarlo sólo empeoraría mi situación. Debía actuar con
naturalidad, no decaer, estar por encima de ellos y mantener
mi estado de ánimo de la mejor forma posible. Di media
vuelta y les sonreí. Mi tía ya había alejado su mano curiosa de
la pierna de Augusto y nos miraba a todos con enorme
desaprobación, en cambio el resto sonreía de la misma forma
en la que yo lo hacía, hasta Mayra se mostraba simpática,
como si fuera la bella asistente de un mago.

-A mí me pareció demasiado –se quejó mi tía.


- Analía, la que propuso la prueba fuiste vos –le reprochó mi
papá.
-Pero no pensé que tuviera que hacerlo frente a todos… de
esa forma.
-Es la gracia del juego, tía –le dijo Mayra- humillar a los que
pierden.
-¿Pero a qué costo?
-Al que esté dispuesto a aceptar la persona que recibe el
desafío –esta vez habló mi mamá- no es un juego para
miedosos, al que no le gusta… se puede retirar.
-A mí no me gusta, me parece demasiado –la mujer
continuaba con la misma actitud, a pesar de que momentos
atrás intentó mostrarse como una mujer superada y de mente
abierta.
-Tía, yo pensaba igual que vos la primera vez que jugué a
esto, me quejé todo el tiempo –le comenté- pero después me
di cuenta de que mi mamá tiene razón, al que no le gusta el
juego, se puede retirar. Así de simple. ¿Qué hacés, te quedás
a jugar una ronda más? Puede que los próximos desafíos no
sean como éste… -en eso tenía razón, pero en el sentido
contrario al que ella imaginaba.
-Está bien… juguemos una más –no le gustaba tener que
ceder pero tampoco tenía muchas opciones.

Pasé caminando por al lado de mi primo, él me miraba


anonadado, como si yo fuera una sirena emergiendo del mar,
caminé de forma altanera y mi hermana desfiló detrás de mí,
acaparando buena cantidad de miradas. El dolor de mi zona
genital ya se había esfumado por completo y sólo quedaba la
placentera sensación anal que me había otorgado el dildo y el
inmenso morbo que palpitaba en mi pecho. Sentía como si
estuviera jugando a esto por primera vez, ya que ahora mi
actitud era completamente diferente. Estaba dispuesta a todo
y lo iba a demostrar.

Mientras jugábamos me fijé en la entrepierna de mi tía, la


cual estaba completamente mojada, no podía culparla, yo
había pasado por lo mismo. Recordaba ese cruce de
sentimientos, el saber que todo lo que hacíamos estaba mal,
pero a la vez encontrarlo extrañamente excitante. Carta para
aquí, carta para allá y el juego se puso tenso, todos pensaban
en ganar… o tal vez en perder, ya que algunos desafíos, a
pesar de ser humillantes, podían ser muy excitantes. Mi papá
se mantuvo en juego hasta la última fase sólo por estar
distraído, sorpresivamente, se alzó con la victoria derrotando
a su hermana, a su sobrino y a su esposa. Analía tuvo que
pagar su deuda quitándose la última prenda de vestir, lo hizo
rápido y sin gracia, pero mi tío Alberto la aplaudió y luego dijo
“Qué hermosa perla trae esa almeja” refiriéndose al abultado
clítoris de mi tía, a lo que ella contestó “Se ve mejor cuando
se abre, pero no es tan fácil abrirla, se requiere habilidad” allí
supe que entre esos dos había algo especial, como si
estuviéramos en una reunión de amigos y uno intentara ligar
con otro. Esto dio tiempo a mi padre a pensar en el desafío,
no tuvo que devanarse mucho los sesos, le bastó con ver la
rigidez del miembro de Ariel y la forma en la que éste miraba
a su tía, sospechando que algo bueno venía.

-Viki, creo que tu sobrino necesita algo de atención –le dijo


con naturalidad- ¿por qué no le enseñás lo que esa boquita
puede hacer? –le guiñó un ojo y todos comprendimos a qué se
refería.
-Pepe ¿no será mucho? –una vez más mi tía provocó varios
seños fruncidos- es la tía y…
-Tía política –le recordó mi padre- no hay ningún vínculo
sanguíneo entre ellos… no empieces a ser la amargada de
siempre, Analía –mi papá podía ser muy cortante si se lo
proponía.
-No soy amargada, es sólo que…

Se quedó muda cuando vio a mi madre arrodillándose


debajo de la mesa y sin perder tiempo le daba una larga
lamida al tronco de Ariel, él volvió a abrir sus ojos al máximo
evidenciando que nunca había imaginado que esa noche su
bella tía Victoria le chuparía la verga.

-Cronometrá ocho minutos, Nada –me ordenó mi padre- a


ver si el pendejo puede aguantar tanto.
-Sí que aguanto –lo desafió él.
-Si no aguantás, te doy el desafío por perdido y vas a tener
que hacer otra cosa.

Mi madre fue suave con el muchacho, supe de inmediato


que su idea no era hacerlo acabar ya que sus besos, lamidas y
chupones eran suaves y sensuales, como si se tratara de una
actriz de cine porno. Si ella hubiera querido llevar a mi primo
al límite, lo hubiera logrado en menos de cinco minutos, de
eso estoy segura ya que el chico tenía una calentura que le
hacía hervir los huevos. Me causaba mucha gracia la
expresión en el rostro de mi tía al ver con sus propios ojos
como le hacían un pete a su querido hijito, supuse que lo que
más le impresionaba era la forma en la que mi mamá se
estaba tragando esa verga, si bien mantenía un ritmo lento, la
hundía completa dentro de su boca e iniciaba un movimiento
constante. Los ojos de Ariel giraban hacia todas partes, a
veces se fijaban en la boca y en las tetas de Viki, otras veces
viajaban hasta las mías o se perdían en mi entrepierna, yo
permití que mirara a gusto, separándolas un poco. Intentaba
mirar a mi hermana pero esta vez era yo quien cubría casi
toda su visión, luego saltaban hasta la anotomía de su propia
madre, me pregunté qué estaría pensando cuando veía esa
concha de labios gruesos que brillaban por la acumulación de
jugos. Estaba segura de que mi madre disfrutaba mucho el
cumplir con ese desafío, había mirado con deseo la verga de
su sobrino en más de una ocasión y ahora tenía la excusa
perfecta para chuparla a gusto delante de todos sin que nadie
pudiera quejarse… bueno, casi nadie:

-Esto es muy fuerte para mí… ya no estamos hablando de


sexo, lo estamos haciendo.

Ni siquiera tuve que voltear la cabeza para saber que la voz


provino de mi tía pero de todas formas la miré, estaba
sentada algo más lejos de la mesa, como si quisiera huir de
nosotros, pero sus manos estaban inquietas, una acariciaba
su muslo derecho y la otra rascaba disimuladamente su pezón
izquierdo, además tenía las piernas bastante separadas, tanto
que las rodillas casi tocaban a mi papá, por un lado, y a
Augusto por el otro. Nadie le respondió y Viki no detuvo su
sensual felación.

-No es más que una chupadita, señora –le dijo mi tío- ¿me
va a decir que nunca hizo una?
-No dije eso… pero nunca hice una delante de mi familia…
-Mentira –intervino mi padre mientras mi madre subía y
bajaba la cabeza a un ritmo casi hipnótico- yo te vi al menos
tres veces haciéndolo… y ninguna de las tres fue con el
mismo tipo.
-¿Acaso me andabas espiando? –la furia en la voz de mi tía
se incrementaba con cada palabra que decía.
-¿Espiando? No, para nada… ¿me vas a decir que aquella
vez que se la chupaste a ese amigo de papá… no me acuerdo
el nombre… creo que era Aníbal… no te diste cuenta que yo
estaba ahí? Hasta Victoria te vio…
-Eso no cuenta, yo era muy chica para ese entonces…
-Tenías la misma edad que tiene Ariel ahora –controlé el
cronómetro, mi madre podía seguir chupando esa verga a
gusto durante tres minutos más- provocaste al tipo hasta que
no aguantó y apenas papá y mamá se fueron a dormir se la
chupaste en el living, Viki y yo estábamos a los besos en
porche de entrada y vos lo sabías, es más… vos nos veías
claramente, así como nosotros te veíamos a vos… y ahora te
venís a hacer la pudorosa porque le están haciendo un pete a
tu hijo… por un juego –Ariel sonrió como si le estuviera
diciendo a mi padre que él era su nuevo ídolo... o tal vez
disfrutaba saber que su madre no era una mujer correcta y
que pudieran desautorizarla fácilmente.

La mamada terminó al mismo instante en el que sonó la


alarma del cronómetro, mi primo se quejó y le pidió a su tía
que siguiera durante un rato más pero ella, secándose la boca
con una servilleta de papel, le dijo que iba en contra de las
reglas del juego, me reí porque sabía que esas reglas podían
ser sumamente flexibles en ciertas ocasiones, pero ella se
estaba mostrando rígida con él.

-Ya no quiero seguir jugando a esto –volvió a quejarse mi


tía- Ariel, vestite y vamos a casa.
-¡No! –Se quejó el muchacho- si querés andate vos, yo de
acá no me voy ni loco.
-Loco es lo que están haciendo…
- Analía –intervino mi madre- no te olvides que nadie está
obligando a nadie a jugar, cualquiera es libre de retirarse en
el momento que le plazca, si vos querés irte, podés hacerlo…
pero Ariel es mayorcito y ya puede tomar decisiones por su
cuenta. Ni siquiera yo puedo prohibirle a Mayra que juegue –la
pequeña sonrió con ternura- a pesar de que ella es la más
chiquita de todos, confío en su criterio.
-No te ofendas Victoria, pero la única persona que tiene
autoridad sobre mi hijo, soy yo y si yo…
-Me estás cansando, hermana –le dijo mi padre con vos
grave- no me importa lo que tengas para decir, o te vas o te
quedás… elegí ahora –supe que mi padre, a pesar de ser un
hombre callado y bondadoso, tenía un carácter especial
cuando se trataba de su hermana. ¡Augusto! Repartí las
cartas… si ella no quiere seguir jugando, que las deje arriba
de la mesa y que se vaya.

No supe si mi padre mencionó a Augusto a propósito o si


sólo fue porque era la persona que tenía frente a él, pero esto
hizo que mi tía girara una vez más la vista hacia el rígido pene
de su sobrino, esto la hizo titubear. Cuando las cartas
estuvieron sobre la mesa, ella las tomó y continuó jugando en
silencio, dando pequeños sorbos a lo que tenía dentro del
vaso. Recordé que la primera vez que jugué a esto, al
principio me avergonzaba mucho el estar completamente
desnuda frente a mi familia; pero en el caso de mi tía, esto no
parecía ser importante. Estaba sentada de forma relajada, con
las piernas abiertas, enseñándonos su (muy) húmeda
intimidad, casi como si quisiera que la miraran.

La ronda la ganó mi primo Ariel y estoy casi segura de que


lo hizo sólo para demostrarnos que su derrota en la partida
anterior había sido un mero infortunio; él era tan competitivo
como mi madre.

-¿De qué forma puedo castigarlos? –preguntó mirando a los


únicos dos jugadores que habían permanecido con las cartas
en la mano hasta el final y habían sido derrotados: mi papá y
mi hermana- Podría darles castigos por separado, pero sería
más interesante si lo hacen juntos –mi madre y yo sonreímos
al unísono; el chico comprendía las intenciones de este juego-
si yo dijera que Mayra se la tiene que chupar a su papá
estaría siendo un machista, porque dirían que siempre son las
mujeres las que tienen que hacerlo…
-Diría que sos un degenerado –lo reprimió su madre- ¿cómo
le vas a pedir algo así? Es la hija…
-Es un juego –le recordó mi madre- ¿cuántas veces tenemos
que explicártelo?
-¿Y cuántas veces tengo que decirles que esto me parece
demencial?
-Se te ofreció más de una vez la oportunidad de retirarte,
tía. Nos estás cansando a todos –dijo Mayra con su natural
severidad- si te jode mucho, andate de una vez, yo quiero
seguir jugando y voy a hacer lo que tenga que hacer.
-¿De verdad? –Preguntó Ariel abriendo mucho los ojos, noté
que su pene dio un leve saltito- de todas formas vos no
tendrías que hacer nada –simuló estar relajado pero yo podía
adivinar la ansiedad que llevaba dentro- para no quedar como
un machista digo que tiene que ser el tío Pepe el que te la…
chupe… a vos –tartamudeó un poco al final, inseguro de sus
propias palabras.
-Por mí está bien –dijo Mayra poniéndose de pie,
demostrando que ya no era una niña.

Caminó con paso firme hasta el sillón en el que yo tuve que


cumplir con el desafío anal y se sentó. Separó mucho las
piernas y las colocó sobre el apoyabrazos mostrándonos cómo
su húmeda y pequeña rajita sonrosada se abría como los
pétalos de una flor en primavera, el dulce néctar que manaba
de ella hizo agua la boca a más de uno en la mesa; hasta yo
me sentí cálidamente atraída por la escena. La pequeña de
grandes y expresivos ojos era una princesita sexual que
esperaba que un gran ogro profanara su intimidad.

-Pepe, decime que no vas a hacer semejante cosa… -mi tía


se puso aún más nerviosa cuando vio a su hermano ponerse
de pie; sin embargo ella dedicó un par de largos segundos a
admirar el falo oscuro y erecto que portaba ese hombre entre
las piernas.
-Ya te lo dijimos, Analía. Es un juego. Si decís una palabra
más me vas a hacer enojar… y vos no querés verme enojado –
me dio la impresión de que esa era una amenaza recurrente,
posiblemente él le decía esas palabras desde que eran
pequeños.

La espalda de mi padre eclipsó mi panorama cuando se


colocó de pie frente a su hija menor. Me sorprendió ver la
angulosa forma de los músculos de sus glúteos, tomé un
sorbo de mi vaso para poder digerir mejor la calentura que me
envolvió, mi mente me jugó una mala pasada y me hizo
imaginarme envuelta en esos fuertes brazos, con una firme
boca marcando mi cuello y embestidas poderosas y varoniles
que se perdían dentro de mí. Sin darme cuenta separé mi
pierna izquierda de la derecha y con la rodilla choqué el muslo
de mi primo Ariel, él volteó inmediatamente y clavó la mirada
en mi vagina, la cual parecía estar pidiendo atención
masculina. Él acarició suavemente mi pierna, mi primera
reacción fue apartarme pero luego recordé que todo esto era
parte del juego que yo quería jugar, dejé que sus dedos
indiscretos treparan por la cara interna de mi muslo. Hicimos
contacto visual y le dediqué una simpática sonrisa, casi
impropia de mí.

Mayra parecía una diva, sentada de forma tan relajada en


el sillón frente a todos nosotros, mi padre ya había ocupado
su lugar arrodillándose frente a ella. Supuse que la prueba
duraría los ocho minutos previamente establecidos, por lo que
programé el cronómetro con ese tiempo mientras Ariel
continuaba acariciándome con disimulo al mismo tiempo en
que intentaba mirar la escena que transcurría a su izquierda.
Mi hermana me miró fijamente y pude notar mucho desprecio
hacia mí en su ceño fruncido pero en cuanto mi padre levantó
la cabeza para mirarla, ella le sonrió con dulzura, volviendo a
transformarse en la chiquilla tímida que siempre creí que era.

Mi tía Analía quedó boquiabierta en cuanto vio que su


hermano no dudaba ni un segundo en lanzarse de boca contra
la almejita de su hija; Mayra ladeó la cabeza y entrecerró los
ojos al recibir el primer contacto con esa lengua experta.
Desde mi posición pude ver como los labios externos de su
vagina parecían hincharse para dar lugar al hombre que
exploraba por vez primera uno de los puntos más íntimos de
su anatomía. Los húmedos chasquidos llegaron hasta mis
oídos junto con los primeros suspiros de Mayra, por un
momento sentí envidia de ella; quería ser yo quien ocupara su
lugar. Para apartarme un poco de las enfáticas lamidas que le
brindaba mi padre miré a mi tía; ella continuaba con la boca
abierta como si no pudiera creer que eso estaba ocurriendo
realmente. De repente sentí un intenso cosquilleo a pocos
milímetros de mi vagina, mi primo tenía el brazo estirado
hacia atrás e intentaba tocarme sin mirar, como si esto lo
eximiera de un castigo. No tenía tiempo para jueguitos
estúpidos, los gemidos de mi hermana se estaban tornando
tortuosamente intensos y cada vez que la miraba ella se
encargaba de mostrarme lo mucho que disfrutaba de la
comida de concha que le estaba dando su querido padre;
sobaba sus pechos utilizando ambas manos, arqueaba su
espalda elevando su plano vientre y sacudía sus caderas
emulando los movimientos de la lengua que la penetraba.
Tomé la mano de Ariel y la obligué a tocarme la vagina, él
tanteó con desconfianza, como si hubiera tocado la boca de
un monstruo feroz que pudiera comerle los dedos; sin
embargo, pocos segundos después, se animó a tocarme con
mayor soltura. Escaneé mis alrededores y él único que se
percató de estos toqueteos fue mi tío Alberto, quien me
dedicó una pícara sonrisa mientras se masturbaba
lentamente. Nadie estaba mirando hacia atrás por lo que pude
estirar una mano por debajo de la mesa, él comprendió mis
intenciones y se acercó un poco hacia mí, arrastrando su silla
sin hacer ruido. Me apoderé de su verga y comencé a mover
su prepucio de arriba abajo. Volví la vista hacia Mayra, ella
pudo ver perfectamente los toqueteos que se desarrollaban,
pero supo disimular bastante bien. Mi primo Ariel logró colar
uno de sus dedos en mi agujerito y comenzó a masturbarme
con torpeza, me hacía doler un poco pero no me importaba,
estaba demasiado excitada como para quejarme por
pequeñeces. Analía seguía abstraída en la incestuosa escena
que se desarrollaba frente a sus propios ojos y parecía ajena a
los intensos toqueteos a los que yo me veía sometida por
parte de su hijo. Ariel era bastante brusco a la hora de
meterme los dedos pero cumplía con su función, realmente
necesitaba sentir algo duro dentro de mi sexo y el tocarle la
verga a mi tío sólo me recordaba aquellos momentos en los
que había sido sometida anal y vaginalmente por él. Me
incomodaba escuchar los intensos gemidos de Mayra y verla
sacudiéndose como una puta, adoraba a mi hermanita pero
sabía reconocer una provocación, seguramente ella había
notado cuán interesada estaba yo en ser poseída por mi
padre. No me quedó más remedio que aguantar con un nudo
en la garganta que me impedía disfrutar a pleno de los
toqueteos. Por culpa de esto perdí la noción del tiempo; al
parecer a mi padre le pasó lo mismo ya que se puso de pie al
mismo tiempo que decía:

-¿Ya es suficiente?

Mi hermana parecía haber pasado una loca noche de sexo;


su cabello estaba revuelto y su pecho subía y bajaba
rápidamente intentando recuperar el aire. Aparté rápidamente
la mano del pene de mi tío y mi primo quitó los dedos de mi
vagina, mi tía miró alrededor como si hubiera sido despertada
de golpe luego de un largo sueño. Para disimular miré el
cronómetro sobre la mesa.

-Todavía faltan más de dos minutos –le dije.


-Perdón, no sabía que estaban tomando el tiempo –se
disculpó; su verga estaba aún más rígida que antes, me sentí
un poco incómoda al ver que él había disfrutado tanto
chupando la concha de Mayra- ¿tengo que seguir? –preguntó
Pepe.

Antes de que él pudiera reaccionar, su hija menor se


abalanzó rápidamente hacia adelante y se apoderó de su
pene erecto sujetándolo firmemente con ambas manos. Todos
quedamos boquiabiertos, Analía era la más sorprendida, ella
aún no podía reponerse de la impresión que le causó ver a su
hermano practicando sexo oral a la hija… o tal vez su
aturdimiento se debía a que una vez más fracasó en sus
intentos por tocar el miembro de Augusto.
La boca de Mayra se abrió tanto que creí que se había
fracturado la mandíbula, logró introducir una considerable
parte del grueso pene de mi padre y comenzó a darle una
mamada digna de una excelente película porno. Su saliva
chorreaba por la comisura de sus labios y su cabeza se
sacudía frenéticamente de atrás hacia adelante. La escena
me pareció tan excitante que por puro instinto comencé a
masturbarme friccionando mi clítoris con la yema de los dedos
de mi mano derecha. Di un rápido vistazo hacia mi tía y no me
sorprendió para nada verla con la boca aún más abierta y los
ojos desencajados, una media sonrisa se dibujó en mi rostro;
si bien sabía que lo que Mayra estaba haciendo era una
provocación directa hacia mí, no podía negar lo mucho que
me calentaba verla succionando ese duro pene. Por un
momento me olvidé de toda mi bronca y rencor hacia ella y
me relaje mientras me masturbaba abiertamente frente a mi
familia, no me importaba qué pudieran pensar los demás y
sabía que más de uno tenía ganas de hacer lo mismo que yo.
El único que siguió mis pasos fue Augusto, quien comenzó a
sacudir su miembro libremente mientras observaba fijamente
a su hermana menor tragando la verga de su padre hasta
donde la garganta le permitía y sacándola emitiendo un
húmedo quejido. Su carita parecía considerablemente
pequeña ante un hombre tan grande como mi padre y más
aún, con un trozo de carne tan grueso enterrado entre sus
labios, pero ella seguía lamiendo y engullendo con total
comodidad y evidente placer.

El pitido del cronómetro terminó con la bella y candente


escena tan rápido como ésta había comenzado, tenía la
incómoda sensación de que me hubieran arrebatado algo que
por derecho era mío, pero al mismo tiempo me había excitado
mucho al verlo. ¡Maldita Mayra! Ella sabía lo mucho que me
calentaba verla excitada. La pequeña sabía jugar y jugaba
sucio.

Cuando mi padre regresaba a su sitio le lanzó una fría


mirada a su hermana ya que ésta estuvo a punto de acotar
algo; pero guardó silencio, agachó la cabeza y apretó los
puños; clara señal de impotencia. Con esto Pepe le decía que
el juego seguiría su curso y que ya no tenía ganas de
escuchar alguna de sus quejas.

La partida se reanudó con total normalidad; el tener a mi


tía en silencio, al menos por un rato, era una gran ventaja.
Esta vez la mejor combinación de cartas la recibió mi tío
Alberto, yo me había retirado porque prefería participar como
espectadora, al menos por un rato más y de esa forma ver si a
mi hermanita se le ocurría alguna nueva treta para
provocarme. Hubo tres perdedores, mi tía Analía fue uno de
ellos y por lo mala que eran sus cartas tuve la sospecha de
que perdió a propósito; los otros dos fueron mi mamá y mi
papá.

-No se exceda con lo que va a pedir –le dijo Analía a Alberto


con severidad.
-No se preocupe señora, seré suave con usted –miró a mi
primo Ariel y le sonrió- ¿por qué no nos cuenta cómo fue el día
en que se concibió a este muchachito? Seguramente a él le
interesará conocer los detalles de cómo llegó al mundo.
-¿A qué se refiere con “los detalles”? –preguntó la mujer
frunciendo el ceño.
-Ya sabe… hoy le perdonamos que no nos contara lo que
ocurrió esa noche, pero tal como dijo Mayra, podíamos usarlo
como algún desafío… pero tendrá que contarlo con lujo de
detalles… o retirarse; usted decide.
-¿Tiene que escuchar también mi hijo?
-Sí Analía –dijo mi madre, quien parecía dispuesta a llevarle
la contra durante toda la noche- ése es justamente el punto
más importante del desafío, ahí está la parte “humillante”, por
decirlo de alguna manera. El nene no se va a traumar, ya es
bastante grandecito –sorprendí a mi primo mirando otra vez
entre mis piernas, le devolví la mirada junto con una sonrisa;
él también sonrió.
-De todas formas, no hay mucho para contar –comenzó
diciendo mi tía- estaba borracha, en la casa de unos amigos;
uno de ellos comenzó a franelear conmigo hasta que
consiguió excitarme, me llevó a una de las piezas y allí hizo lo
que tenía que hacer. Luego sus amigos fueron ocupando su
lugar, de a uno a la vez; por la borrachera yo ni siquiera podía
reaccionar.
-¿Entonces… te violaron? –preguntó Augusto un tanto
asustado.
-Estás mintiendo, Analía –intervino mi papá mientras
rascaba sus pesados testículos; lo cual me hizo suspirar como
a una niña tonta, por suerte nadie lo notó- la versión que yo
tengo es muy diferente a esa. Ramón, uno de los chicos que
estuvo presentes, me contó varios detalles de lo ocurrido esa
noche y, por lo que me dijo, vos no estabas borracha.
-Ramón te habrá mentido…
-O tal vez estás mintiendo vos –insistió Pepe.
-¿A quién le vas a creer, a tu hermana o a Ramón?
-A Ramón –nos reímos porque la respuesta llegó al instante,
sin titubeo- así que contá la verdad o te descalificamos –

En ese momento se me ocurrió algo, quería ser muy mala


con mi tía para castigarla por comportarse como lo hice yo la
primera vez que jugamos; no tenía mucha lógica pero ahora
que veía lo pedante que podía ser esa actitud, sabía que
merecía un castigo, yo también recibí unos cuantos aquella
noche de juego, e incluso después; no quería que ella se fuera
airosa.

-Ella nos mintió, yo le tomo el desafío como fracasado –dije


con severidad- deberían darle una penalización por haber
hecho eso, es lo justo –a todos les brillaron los ojos al unísono
y miraron a mi tía con una sonrisa vil en sus rostros.
-Nadia tiene razón –me sorprendió que el apoyo viniera de
parte de mi hermanita- propongo que además de contarnos lo
que ocurrió, que represente “teatralmente” algunas de las
escenas.
-¿Cómo sería eso de representar las escenas? ¿Tengo que
hacerlas con mímica como si fuera un juego de chicos? –mi tía
hablaba en tono burlón, casi riéndose de la idea de mi
hermanita; a pesar de mis diferencias con Mayra, me molestó
mucho que la tratara de esta forma, pero la pequeña sabía
defenderse muy bien.
-Algo así, veo que no sos tan lerda para entender… lo que
no te quedó claro es que este es un juego con contenido
sexual, la “mímica” no la vas a hacer sola. Vos estuviste con
cuatro hombres, me parece mucho para una sola mujer, no va
a ser necesario utilizar tantos, podés elegir dos colaboradores,
para que veas que no soy tan mala –todos la quedamos
mirando mientras ella hacía girar sus ojos de un pene a otro.
-¿Cuáles vas a elegir, tía? –le pregunté para apurarla un
poquito.
-¿No hay otro método de pago? Este juego me parece
demasiado… riguroso.
-Si no fuera riguroso sería aburrido –se apresuró a decir mi
madre- el desafío ya está impuesto y creo hablar por todos al
decir que nos parece justo, te agradecería que aceleraras un
poquito las cosas, nos tenés a las vueltas con todo y se nos va
a terminar la noche entre tantas discusiones.
-Es cierto, mamá. Dejate de joder un poco y relajate, este
juego no está tan mal –dijo Ariel dedicándole una amplia
sonrisa a mi madre.
-Vos callate, porque… -en ese momento mi tía notó la
expresión de furia en los ojos de su hermano y cerró la boca al
instante, ella lo conocía bien y sabía que mi padre podía
perder los estribos si se lo presionaba demasiado- está bien,
entonces elijo a Alberto y a… -miró una vez más alrededor- el
resto son todos parientes míos, esto no me gusta.
-Tenés que elegir uno más, es obligatorio –sentenció Mayra-
de todos los males, elegí el menor.
-Está bien… Alberto y Augusto –dijo poniéndose de pie-
¿qué tengo que contar exactamente?
-¿Cómo empezó todo esa noche? –pregunté con curiosidad.
-Bueno… -sus ojos abarcaron casi todo lo que tenía frente a
ella; la vi titubear.
-Tía, acordate que ya no podés mentir… -le dije con
severidad, estaba enfadada con ella porque la sentía como
una amenaza para nuestro juego.
-¡Ya sé, Nadia! Ya entendí –contestó enfadada.
Volvió a mirar los duros penes que apuntaban hacia ella;
sabía muy bien lo incómodo que podía ser tener a familiares
desnudos frente a tus ojos, pero en éstas últimas semanas me
había acostumbrado mucho a ver este tipo de cosas. Pude
seguir argumentando en su contra pero preferí guardar
silencio, esto la obligaría a empezar a hablar.

-Ustedes tienen suerte, recuerdo muy bien esa noche ya


que fue una de las más excitantes de mi vida. Lo primero que
se me viene a la memoria es que un amigo me invitó a su
casa. Allí me encontré con los cuatro…
-¿Vos sabías que iban a estar? –preguntó mi madre.
-Sí, ya me lo habían dicho.
-¿Y cuál era el motivo de tu visita?
-¿Esto es un interrogatorio? –se quejó Analía.
-Podría ser un método para que de verdad nos cuentes lo
que ocurrió –agregó Viki con tranquilidad.
-El motivo era porque Ernesto, el dueño de la casa, se
quería acostar conmigo.
-¿Es decir que vos fuiste hasta su casa con la intención de
acostarte con ellos? –Augusto intentó hacer una pregunta
inteligente pero no le salió del todo bien.
-No, dije que mi intención era hacerlo con Ernesto, los otros
supuestamente no sabían nada y no iban a participar de
ninguna forma.
-Evidentemente algo cambió –acotó mi madre- ¿Qué fue lo
que te llevó a tener sexo con cuatro hombres?
-Porque me lo propusieron –miró al piso como si estuviera
avergonzada, pero inmediatamente su mirada se torció hacia
el pene de mi tío Alberto.
-¿De qué forma se lo propusieron? –le preguntó él.
-Es que yo le dije a Ernesto, a modo de broma, que él sería
incapaz de dejarme satisfecha. Sus amigos se rieron y él, en
lugar de decirme que podría dejarme bien satisfecha, me dijo
que para eso tenía amigos. Si él no me saciaba, entonces
podía seguir con el resto de los presentes, que allí tendría…
verga para toda la noche.
-¿Y vos qué le respondiste? –esta vez fue mi hermanita la
que preguntó. Analía levantó la vista hacia su hijo, como si
temiera que sus siguientes palabras pudieran afectarlo
negativamente.
-Les dije que si eran tan hombres, que me sacaran la ropa y
empezaran.
-¿Y qué pasó después? –pregunté debido a que ella se
había quedado en silencio.
-Ernesto se me acercó y me quitó la blusa, antes de que me
diera cuenta ya tenía a los cuatro desnudándome y
manoseándome.
-¿Te molestó? –le preguntó su hijo.
-No, para nada. Yo de verdad fantaseaba con esa idea
desde hacía tiempo.
-Describinos cómo fue ese momento –le pidió Viki.
-Yo estaba sentada en un sofá –se sentó, con las piernas
bien separadas, en el sillón que habíamos utilizado
previamente mi hermana y yo-, tenía tantas manos encima
que no sabía de quién era cada una; a veces sentía un pellizco
en los pezones –mi tío Alberto se le acercó y presionó con sus
dedos uno de esos oscuros y erguidos pezones, ella no pudo
reprochar nada, era parte del desafío-; otras veces alguno de
ellos intentaba meterme un dedo por la vagina –esta vez fue
mi hermano quien se le acercó pero en cuanto puso una mano
arriba del sexo de su tía, ésta lo detuvo-. Ni se te ocurra
meterlo –se quejó- dijimos mímica, no hechos concretos –
Augusto no tuvo más remedio que obedecer y sólo simuló que
la estuviera tocando; aunque, astutamente, aprovechaba para
rozar esa húmeda vagina-. Poco después –continuó mi tía-
Ernesto sacó su pene y me pidió que se lo chupara.

Mi madre le hizo una seña indicándonos que nos mostrara


cómo había ocurrido; este desafío cada vez me divertía más,
me gustaba ver a Analía siendo humillada de esa forma. Ella
no tuvo otra alternativa que sujetar el duro pene de Alberto
con su mano izquierda y acercar su cabeza a él, como si fuera
a engullirlo; sólo abrió la boca e hizo el típico meneo de
cabeza de atrás hacia adelante.

-Cuando los amigos de Ernesto vieron lo que ocurría, ellos


también quisieron participar activamente –siguió relatando sin
soltar la verga de mi tío; él parecía muy complacido por eso y
continuó sobándole uno de sus pechos-, Ramón fue el
segundo en bajarse el pantalón y mientras yo se la chupaba a
su amigo, me hizo agarrársela con la otra mano –Augusto
tomó la mano libre de su tía y la obligó a agarrar su verga;
ella titubeó pero después de un segundo la apretó firmemente
entre sus dedos y estiró el prepucio hacia abajo, liberando
completamente el glande, lo admiró durante unos segundos y
continuó con su historia:-, ya había tenido una experiencia
previa con dos hombres, pero nunca con tantos a la vez; por
un momento pude sentirme la mujer más hermosa y deseada
del mundo, los tenía sólo para mí. No hubo muchas sutilezas
esa noche; uno de los chicos, se llamaba Antonio, se apresuró
a metérmela mientras yo estaba entretenida con la de
Ramón.

Le hizo una seña a mi tío Alberto para que se colocara


frente a ella, él la tomó por las piernas y con una sonrisa
bonachona se le acercó, su espalda me impedía ver lo que
ocurría por lo que tomé mi silla y me senté a espaldas de la
silla de mi primo, desde allí pude ver que el pene de mi tío se
posó entre los labios abiertos de la concha de Analía y
comenzó a moverse como si estuviera penetrándola, pero en
realidad sólo se movía por fuera, de todas formas esto tuvo
cierto impacto en mi tía, sus ojos se entrecerraron y percibí un
leve gemido escapando de su boca, allí tuve la sensación de
que ella estaba disfrutando al narrarnos esta historia; si yo
tuviera que narrar la primera vez que tuve sexo con mi
hermano, estaría tan excitada como ella.

-Mientras Antonio hacía todo lo posible por metérmela, el


cuarto chico se me acercó, con su “instrumento” en mano y ni
bien yo me lo metí en la boca –para ilustrarnos dirigió el pene
de mi hermano hacia sus labios, éstos rozaron con el glande y
un hilo de líquido preseminal quedó colgando de ellos-, el
pobrecito acabó. Ni siquiera pude disimular, casi me atragante
con el semen, parecía que el chico no había descargado en
años. Los amigos se le reían.
-Por boludo y por precoz –dijo Ariel a tono de burla.
-Ese boludo es tu papá –le respondió mi tía dejando al chico
confundido y boquiabierto.
-¿Qué hiciste con el semen? –preguntó Mayra
incrementando mis sospechas sobre el fetiche que la chica
tenía con las eyaculaciones masculinas; ya que la vi disfrutar
mucho aquella vez que mi tío le acabó en la boca.
-Intenté tragarlo, pero no pude hacerlo con todo; una buena
parte se me salió de la boca.
-Debió ser una imagen muy excitante –aseguró mi
hermanita.
-Lo fue, Antonio lo percibió y comenzó a metérmela con
más fuerza… y yo, por supuesto, lo disfruté mucho.

Analía jadeaba mientras hablaba y mi tío Alberto se movía


rápidamente, frotando su verga entre los carnosos labios de
esa mujer; ella aprovechaba para masturbar a Augusto, pero
lo hacía como si fueran movimientos naturales de su mano.

-Luego –continuó- el que me estaba penetrando le cedió el


lugar a Ramón, él parecía tener más experiencia ya que lo
hizo con mucha soltura; yo seguía muy entretenida con la
carne que tenía para degustar –al decir esto abrió la boca y
dio un fuerte chupón al glande de mi hermano emitiendo un
húmedo chasquido.
-¿Siguieron todo el tiempo en la misma posición? –pregunté
porque quería que la escena tuviera más dinámica.
-No, Ramón estuvo un rato allí y luego empezaron a insistir
con que, el futuro padre de Ariel, debutara. Era un chico muy
tímido que solía usar gruesos anteojos. Al parecer esa sería su
primera vez y me sentí orgullosa de que fuera conmigo –con
un gesto pidió a mi tío que se apartara- me acomodé mejor
para que el chico pudiera meterla cómodamente –mientras
decía esto se colocó en cuatro a lo ancho del sillón, mi tío
Alberto se puso de pie junto a la cabeza de Analía y mi
hermano hizo lo mimo, pero en la parte de atrás, él se acercó
tanto a ella que con sólo empujar un poquito hacia adelante,
la penetraría-. El pibe no se animaba, aparentemente la
escena lo inhibía mucho y tenía miedo de que el papelón de
minutos atrás, se repitiera; sin embargo lograron convencerlo
–Augusto frotaba su glande entre los grotescos labios
vaginales de su tía; ella le dio un manotazo a esa verga que
amenazaba con colarse dentro indicándole que no tenía
permitido entrar-. Este chico terminó siendo el padre de Ariel
porque fue el único que acabó dentro de mí, aunque esta vez
demoró un buen rato más, dándome buena cantidad de
placer, ya que lo hacía con una torpeza y una perseverancia
que daban ternura; pude ponerme a chupar tranquila
mientras disfrutaba –al decir esto se metió de un solo intento
la verga de Alberto en la boca, no fue un solo chupón; esta
vez comenzó a mamarla a gusto, haciendo que entre y salga
de su boca repetidas veces. Cuando mi hermano vio esto
creyó que tenía su gran oportunidad, avanzó tímidamente y
su glande se fue perdiendo en el interior de ese gran orificio-
¡No Augusto! –Le gritó Analía prácticamente escupiendo lo
que tenía en su boca- ¡Salí! –él retrocedió de puro miedo y mi
tía creyó haber ganado la batalla- Aclaramos que no era más
que mímica –esta vez su excusa era contradictoria ya que lo
que estaba haciendo con el pene de mi tío no era mímica-.
Como les decía, el pobre boludo terminó adentro y yo,
sinceramente, no me preocupé porque hacía poco que había
tenido mi período y creí que no quedaría embarazada.
-Ese error de cálculos hoy se llama Ariel –le dijo Mayra.
-Es cierto, pero no me arrepiento de nada; pasé una de las
mejores noches de mi vida y tuve el regalo más hermoso.
-Si Ariel es ese “regalo hermoso” entonces te estafaron, tía
–acotó la pequeña; todos sonreímos, en cambio mi primo miró
a Mayra con fingido desprecio- Sos un hijo de puta –le dijo
ella.
-Hey, ¿por qué me insultás? –se quejó Ariel.
-No es un insulto; es un hecho. Analía es puta, eso ya nos
quedó bien claro… y es tu mamá. Por ende, sos un hijo de
puta –el muchacho rubio se quedó mirándola sin saber qué
contestarle mientras todos nos reíamos de él- ¿Qué pasó
después?
-Después fue el turno de Ernesto, el dueño de la casa. Él
tenía fama de venir bien equipado y yo ya había comprobado
que esa fama era totalmente cierta. Por eso quería acostarme
con él.
-Viste… es como yo te digo. Sos un hijo de puta.
-Tu mamá tampoco es una santa… y ni hablemos de Nadia.
-Nadia tiene culo sociable –la muy maldita lo dijo
dedicándome una pícara sonrisa- eso ya lo sabemos todos,
pero de las mujeres presentes, creo que mi mamá y yo somos
las más… normales.
-Hablá por vos Mayra… y mejor no aclares nada sobre mí –
supe que mi mamá dijo eso para aliviar un poco la tensión
entre la pequeña y yo; de lo contrario la hubiese insultado
porque me molestó mucho su comentario.

Habíamos perdido de vista la escena por unos segundos y


en cuanto volvimos a mirar nos dimos cuenta por qué mi tía
no emitía palabra alguna, le estaba dando a Alberto una
mamada increíble; con mucho ímpetu. Augusto giró su cabeza
y me miró, aproveché la ocasión para indicarle con señas que
se la metiera toda. Él negó con la cabeza, asustado; pero yo le
insistí. En cuanto él comenzó a hundir su verga mi tía dejó de
chupar una vez más y se quejó:

-¡Augusto, salí de ahí- dijo sin mirar y dando manotazos a la


altura de sus nalgas como si intentara apartar moscas- ¡Te
digo que salgas!

Él volvió a mirarme y con una seña le dije que la ignorara y


siguiera; lo hizo con fuerza, clavándola completamente hasta
el fondo, Ariel abrió los ojos pero no fue sólo por sorpresa,
pude ver un brillo de placer en ellos. En cuanto Analía abrió la
boca para soltar un gemido, supongo que de puro goce,
Alberto aprovechó para clavar una vez más su grueso pene en
las fauces de esa mujer. La sostuvo por la cabeza mientras
iniciaba el mismo movimiento en vaivén que había
comenzado mi hermano. Uno se la cogía por la concha y el
otro lo hacía por la boca. Ella quedó con las manos
fuertemente apoyadas contra el sillón soportando las
tremendas embestidas de su sobrino, se la estaban cogiendo
de la misma manera que lo habían hecho la noche en que
Ariel fue concebido; tal vez incluso en esta ocasión era mejor,
ya que mi hermano tenía talento para coger… bueno, después
de las veces que solté quejidos de placer y dolor por culpa de
sus penetraciones, tenía que admitir que el chico tenía
talento. Analía se puso roja y su concha se dilató tanto que la
verga de mi hermano entraba y salía con enorme facilidad. Él
la sostenía con fuerza por la cintura y por más que ella
hubiera querido ponerse de pie, no hubiera podido; la fuerza
de Augusto era considerablemente mayor a la suya.

Los bufidos sordos de mi tía me transportaron a un mundo


de goce sexual, puse los pies sobre los travesaños que unían
las patas de la silla y comencé a masturbarme; no me importó
que mi tío y mi primo me estuvieran mirando, al contrario, se
podría decir que lo hacía para brindarles otro espectáculo
digno. Maya me miró con el ceño fruncido, ella estaba sentada
detrás de todo y nadie volteó para mirar cuando comenzó a
jugar con su clítoris, solo yo podía verla. Cuando ella se
percató de esto me dedicó otra de sus pícaras sonrisas, giró
levemente en la silla y me mostró su sonrosada almejita
mientras se introducía dos dedos. No comprendía a qué
estaba jugando ahora, pero me agradó verla.

Analía recibió una gran cogida pero al parecer quiso


recuperar su dignidad, comenzó a dar manotazos para todos
lados, ninguno de los dos hombres tenía compasión por ella,
seguían invadiendo sus orificios a discreción. Por la expresión
en el rostro de Alberto pude adivinar que él estaba
acabando… y lo hacía justo dentro de la boca de esa mujer
que no tuvo más remedio que tragar todo. De su concha
goteaba flujo, puros líquidos sexuales; una espumita blanca se
había formado alrededor de sus labios internos y Augusto
seguía clavándola bruscamente. Pensé que ella debía estar
disfrutando más de lo que aparentaba, pero su increíble
orgullo no le permitió gozar al máximo de tan buen momento.
En cuanto Alberto se apartó, ya con la verga flácida goteando
restos de semen y saliva, ella puso un grito en el cielo:

-¡Salí carajo! –Giró su cadera y empujó a mi hermano


obligándolo a retroceder- ¿¡Cómo me vas a hacer eso!?
-Calmate Analía, no es para tanto –le dijo mi madre.
-¿Que me calme? ¡Pero si el degenerado me la metió sin
que yo le diera permiso! El que se tendría que calmar es él –
nuevamente la intensa sensación de odio hacia esa mujer se
encendió en mí. La muy desgraciada jugaba con fuego pero
no hacía otra cosa que llorar cuando se quemaba… sabiendo
muy bien que se iba a quemar.
-Era parte del juego… -dijo mi hermano y esto fue para
peor.
-¡No! Eso no era parte de ningún juego. Me cogiste sin mi
autorización, pendejo –ella estaba hecha una furia.
-Analía, bajá un poco los decibeles, vos sabías que eso iba a
pasar –le dijo mi padre.
-¡Yo le dije que no lo hiciera!
-¿Y de verdad pensaste que él te iba a hacer caso? Vamos
hermana, es un pendejo de veinte años con la verga parada…
y vos te le ponés en cuatro adelante. ¿Qué esperabas que
pase? –ella titubeó, seguía enfadada pero ya no tenía muchos
argumentos con qué defenderse.

Uno a uno retornamos a nuestros respectivos lugares


dispuestos a continuar con el juego. Analía se sentó
bruscamente sin dejar de refunfuñar, era obvio que su única
intención era mostrar el desagrado que sentía por este juego
pero, a pesar de eso, seguía jugando. Cartas van; cartas
vienen. Todos estábamos a la expectativa pero sólo tres
llegamos hasta la última instancia de esa mano. Quedé
enfrentada directamente contra mis padres, estaba segura de
que podía ganar y ya estaba pensando en el desafío que les
impondría, me relamía y presionaba mis piernas entre sí para
que éstas rozaran contra mi clítoris. Logré formar un full de
reinas y nueves, lo coloqué sobre la mesa y sonreí altanera y
orgullosa, inflando mí pecho; gesto que gustó a mi hermano y
a mi primo que clavaron sus miradas en mis voluminosas
tetas erguidas. Mis padres colocaron las cartas boca arriba sin
decir nada, las de mi padre formaban un par de reinas (sólo
porque había dos en la mesa) y otro par de dieces, el cual
tenía en mano. Estuve a punto de imponer mi desafío cuando
las cartas de mi madre le dieron un buen cachetazo a mi ego.
La muy desgraciada había formado póker de reinas; me quedé
boquiabierta. Llegué a dudar de si ella perdía a propósito,
porque cuando ganaba lo hacía de forma contundente. Tuve
que tolerar la risa de la mayoría de los integrantes del juego,
la única que mantuvo su expresión huraña fue mi tía. Estuve a
punto de lamentarme por haber perdido de esa forma pero
luego fui consciente de que debía cumplir un desafío con mi
padre. Lo miré a los ojos y sus facciones se tornaron serias,
tragué saliva. ¿Seguiría enojado por el altercado con su
empleado? La forma en la que me miraba me decía que sí.

-¿Qué tenemos que hacer? –pregunté casi sin gesticular.


-Dejame pensar… -dijo mi madre dándose golpecitos con el
índice en la comisura de su boca- ya nos demostraste que
podés recibir objetos de buen tamaño por atrás, pero…
¿podrás con algo de ese tamaño por delante? –señaló la dura
verga de Pepe.

Me quedé tensa. ¿De verdad ese momento iba a llegar


ahora? Había fantaseado cientos de veces con ser penetrada
por mi padre y estaba a punto de hacerlo… gracias a la ayuda
de mi madre. Tenía la certeza de que ella lo hacía por mí,
sabía muy bien cuáles eran mis deseos más perversos y me
encantó tener su apoyo.

-¡Esto se acabó! –El grito de mi tía me arrancó de mis


ensoñaciones; se puso de pie y golpeó la mesa con la palma
de sus manos- ¿cómo puede ser que le pidas semejante cosa?
¿No fue suficiente con lo que tuvo que hacer Mayra? –Su furia
era tan desmedida que nadie se atrevió a decir nada- están
completamente locos. Lo que le hicieron hacer a la chiquita
fue una asquerosidad, una perversión, pero me quedé callada
porque no quería hacer un escándalo; esto ya no puedo
permitirlo. Podré ser muy abierta sexualmente pero todo tiene
un límite. Esto es insano –sus palabras salían a borbotones de
su boca y cada vez que mencionaba a alguien, señalaba con
el índice al aludido- estoy muy avergonzada por tu actitud
Viki, te comportás como si tuvieras veinte años… y vos Pepe…
¿qué puedo decir de vos? ¿Por qué no me sorprende todo
esto? –No supe a qué se refería con esas acusaciones pero no
me animé a intervenir- ¿Escuché bien? ¿Le pediste a tu
marido que penetre a tu hija? –Mi madre abrió grande los ojos
como si fuera una niña sorprendida haciendo una travesura-
¿Y cómo piensan mirarse a la cara después de todo esto?
¿Qué va a pasar después? –Miró alrededor pero sólo hubo
silencio y rostros avergonzados- Ariel, vestite; nos vamos de
acá.
-Yo no me voy –le respondió mi primo cruzando los brazos
frente a su pecho.
-Soy tu madre y si te digo que nos vamos… nos vamos.
-Tengo veinte años… y ya tengo trabajo, no podés darme
más órdenes; ya no dependo de vos.
-Si yo te digo que nos vamos… entonces nos vamos –
insistió mi tía mientras recogía su ropa de la pila que
habíamos formado- no me voy a quedar a participar de un
“juego” de esta índole… una locura total, no tienen ni un poco
de decencia… ni un poco. ¡Y vos Augusto, no creas que me
voy a olvidar de lo que me hiciste! Un día de estos te voy a
decir todo lo que tu madre tendría que haberte dicho.
-No te metas con mis hijos –le dijo mi mamá con voz tan
tranquila que me atemorizó; ella estaba al borde de un ataque
de furia y se estaba conteniendo a duras penas.
-También son mis sobrinos –agregó ella- creo que tengo un
poco de derecho a opinar… especialmente cuando se llega a
tal punto –volvió a clavar la mirada en su hijo- ¡Ariel, buscá tu
ropa y vestite!
-¡Te dije que no! –Pocas veces había visto a mi primo así de
enfadado- Andate si querés, yo me voy a quedar.
-No me voy de acá hasta que vos no te vayas.
-Qué mal por vos, te vas a tener que quedar… y yo voy a
hacer lo que quiero, si a vos no te gustó el juego… entonces
no molestes, andate.
-¿Llaman a eso juego? –Arrojó al piso el puñado de ropa que
tenía en la mano- ¡Hagan lo que quieran! Ustedes saben muy
bien lo mal que está esto… no importa la excusa que pongan,
está mal y punto. Esto les va a traer problemas en el futuro…
si es que ya no los trajo. Pueden verme como la mala de la
película, pero soy la única persona sensata que queda por
acá.
Caminó con paso rabioso pero no se dirigió hacia la puerta
de salida sino que tomó la dirección contraria, hacia el pasillo
en el que se encuentran las habitaciones. La escuchamos
entrar al dormitorio de mis padres y dar un estruendoso
portazo.

-No va a salir de ahí en largo rato –dijo mi papá agachando


la cabeza.

Todos habíamos quedado abatidos por las crueles pero


ciertas palabras de mi tía y ninguno se atrevía a mirar a los
ojos a otro. Tal vez ella tenía razón… habíamos llegado
demasiado lejos… o tal vez el error fue intentar incluirla a ella
al juego; de todas formas ya era muy tarde, no podíamos
volver el tiempo atrás

Capitulo 07

A veces se producen silencios incómodos, pero este


adjetivo se quedaba corto a la hora de describir la
embarazosa quietud que reinaba en la sala, no sólo nadie se
atrevía a hablar sino que, al mismo tiempo, intentábamos
esquivarnos con la mirada; sin embargo, al ser cinco personas
completamente desnudas y excitadas, esto resultaba
imposible.

-Disculpen pero ya no tengo ganas de seguir jugando –dijo


mi madre, rompiendo el silencio, mientras se ponía de pie.

Nadie le respondió, sólo vimos cómo caminaba con paso


firme, meneando su cadera, hacia el pasillo. Al principio creí
que entraría en su dormitorio, ya que estiró la mano hacia el
picaporte de su puerta; pero, al parecer, recordó que mi su
cuñada estaba encerrada allí dentro, por lo que continuó
caminando hasta el baño. Allí la perdí de vista.
-Siempre hay alguien que arruina todo –dijo Mayra
ofuscada, se puso de pie estrepitosamente arañando el piso
con las patas de la silla, y salió caminando detrás de su
madre; pero ella continuó por el pasillo hasta ingresar al
dormitorio que compartíamos.
-¿Querés una cerveza Pepe? –le propuso mi tío Alberto a mi
padre y éste accedió encantado.

Supe que no era más que una excusa para abandonar la


sala, ambos se pusieron su ropa interior y se dirigieron a la
cocina, poco tiempo después escuché ruido de botellas. No
imaginaba de qué podrían hablar dos hombres adultos luego
de haber participado de semejante juego ¿debatirían quién
tenía la mejor cola entre las mujeres?, tal vez sólo ignorarían
el tema; harían de cuenta que nada de eso ocurrió y
charlarían de algún tema irrelevante.

Me quedé sola con mi hermano y mi primo, no podía creer


cómo había cambiado todo en tan poco tiempo, a estas
alturas yo podría estar siendo penetrada por mi padre; pero
mi maldita tía lo había arruinado todo; con su apático discurso
le había quitado el alma al juego.

Una vez mi madre me había encomendado la tarea de


convencer a los integrantes de mi familia de volver a
participar en el juego y había sido una tarea larga y
cansadora; aunque tuvo sus buenos momentos. En esta
ocasión no me sentía con ánimo ni fuerzas para emprender
otra vez esa tarea, al menos no podía hacerlo sola y mucho
menos si tenía la sensación de que algunos me detestaban.
Sentada desnuda y sola frente a Ariel y Augusto me sentí
como un blanco conejito frente a dos lobos feroces y
hambrientos, no quise quedarme allí ni por un segundo más.
Sin decir una palabra me puse de pie y me dirigí hasta mi
cuarto. Prefería enfrentarme a la furia de Mayra antes que a
dos gruesos penes erectos que soñaban con colarse en mis
agujeritos. Si bien la idea no me desagradaba para nada, no
quería ser yo la única que continuara actuando como una puta
mientras todos los demás habían decidido poner fin a los
juegos. Tengo que admitir que titubeé al estar parada frente a
la puerta de mi dormitorio, imágenes como diapositivas
invadieron mi mente, en ellas podía verme tendida en una
cama envuelta entre las piernas y los brazos de mi primo y mi
hermano, siendo penetrada por uno y succionando
ávidamente el pene del otro; pero estas imágenes quedarían
sólo en mi imaginación.

Lo primero que vi al abrir la puerta del dormitorio, fue a mi


hermana pequeña tendida en su cama con las piernas
abiertas, masturbándose enfáticamente; introducía dos dedos
de su mano derecha en el dilatado orificio de su pequeña
almejita. Su brazo izquierdo cruzaba por debajo de su cuerpo,
llegando su mano hasta la cola, tenía el dedo mayor enterrado
en su ano y lo movía hacia adentro y hacia afuera a un ritmo
que no coordinaba con el de su otra mano. En cuanto abrió los
ojos y me vio se sobresaltó y apartó las manos como si se
hubiera quemado con algo caliente. La sorpresa no le duró
mucho; ya que, en un parpadeo, su expresión pasó a ser de
furia, la cual estaba dirigida en su totalidad hacia mí.

-¿Por qué no golpeás antes de entrar? –me gritó sentándose


sobre la almohada.
-Porque también es mi cuarto.
-Pero sabías que yo estaba adentro.
-No imaginé que estuvieras pajeándote –cerré la puerta y
me tiré en mi cama- podés seguir, no me molesta.
-Lo que haga no es asunto tuyo.
-¿Pero lo que yo hago sí es asunto tuyo?
-Lo que vos hacés es joderme la vida.
-¡Ay Mayra, basta! –me senté en el borde de mi cama y la
miré directamente a los ojos- me cansaste pendeja. No tengo
por qué tolerar tus maltratos, si tenés algún problema
conmigo vení y arreglalo como mujer, no como una chiquilina
–apreté mi puño y la amenacé con él.
-Yo no quiero pegarte –dijo asustada. Desde pequeñas no
llegábamos a la violencia física pero ya me había agotado;
estaba dispuesta a darle un buen golpe si la situación lo
requería.
-Algo vas a tener que hacer. Lo que pasó con el tío no va a
cambiar… ya pasó. Sé que a vos te gusta, no pensé que te
gustara tanto ¿Estás enamorada de él? Porque otra
explicación no encuentro para que enojes conmigo de esa
forma. Si hubiera sabido lo que sentías por él, creeme que no
hubiera hecho lo que hice.
-Al tío Alberto lo quiero mucho… pero no estoy enamorada
de él –se sentó en su cama frente a mí, nuestras rodillas casi
se tocaban.
-Me acosté con él porque estaba caliente, no porque
quisiera lastimarte ni competir con vos; te juro que, entre
tanto toqueteo, ni siquiera me detuve a pensar en lo que
hacía. Te pido disculpas pero ya no puedo revertir lo que
pasó. Si no estás enamorada de él ¿por qué te enojaste tanto
conmigo? –Agachó la cabeza intentando esquivar mi mirada
penetrante-. Vamos Mayra, contestame; porque sinceramente
ya me cansé de aguantar toda tu bronca, me hace muy mal.
Siempre nos llevamos muy bien, me duele mucho saber que
me odiás.
-No te odio –dijo con voz suave.
-¿Entonces por qué me tratás así? ¿Celos? ¿Te molestó que
el tío se fijara en mí? ¿Creés que sos menos linda? Vos sos la
más hermosa de esta familia… si se acostó conmigo fue
porque me tuvo más fácil, no porque me prefiriera antes que
a vos.
-También te acostaste con Augusto –me dijo apenada.
-¿Cómo sabés?
-¡Porque los vi! Un día escuché ruidos en su cuarto y abrí la
puerta. Te vi a vos en cuatro arriba de la cama… entregándole
la cola. Eso me molestó mucho.
-¿El problema es por Augusto? –De pronto recordé que mi
hermano aseguraba estar enamorado de mí, tal vez a Mayra
le pasaba algo similar con él- ¿Tenés algún sentimiento
especial por Augusto?
-¿Qué? –Levantó la cabeza y me miró a los ojos- No, nada
que ver. Puede ser mi hermano, pero casi no lo conozco.
Además es bastante bruto… y para bruto ya lo tengo al tío
Alberto; que al menos es un bruto simpático... y lo quiero.
-Cada vez entiendo menos Mayra. ¿Te enojaste o no por
haberme acostado con ellos?
-Sí.
-¿Por qué motivo en particular? Por favor, decímelo.
Necesito saber por qué me maltratás tanto.
-Porque estoy enamorada de vos ¡Ya está, te lo dije!
¿Contenta? –me lanzó una última mirada furiosa y se arrojó
bocabajo en la cama, hundiendo la cabeza contra la
almohada.

Quedé con la mirada perdida, apuntando hacia las blancas


y redondas nalgas de mi hermana. Intentaba asimilar las
palabras que había escuchado; pero una reacción inversa en
mi interior me impedía completar el proceso.

-Ni siquiera sé por qué te lo conté –continuó diciendo


Mayra; su voz sonaba ahogada por culpa de la almohada.

Mi cabeza era un caos, no podía hilar dos pensamientos


juntos, hice un gran esfuerzo por concentrarme y le dije la
única palabra que encontré:

-Perdón.

Ella volteó la cara y miró con sus grandes ojos enrojecidos


por las lágrimas.

-Te pido perdón Mayra, si hubiera sabido antes que te


pasaba algo así conmigo no me hubiera comportado de esa
forma y lo hubiéramos hablado, al menos.
-¿Lo decís en serio? –Volvió a sentarse delante de mí- ¿no
me vas a salir con todo ese discurso de “somos hermanas”?
-No, porque sé que decir eso no sirve de nada –lo había
aprendido con Augusto pero no quería contárselo-. Respeto
tus sentimientos, no tengo idea de cómo llegaste a quererme
de esa forma… supongo que fue por culpa del juego, pero sea
como sea, es algo que te pasa de verdad… y por más que no
lo entienda, tengo que respetártelo.
-Me sorprendas Nadia, nunca te había visto tan… sensata –
dijo limpiándose las lágrimas con la punta de su sábana.
-Es que durante estas últimas semanas aprendí muchas
cosas de la vida, cosas que no me había planteado nunca y
que jamás había imaginado. Nuestra familia quedó marcada y
esa marca es indeleble.
-Eso es cierto, pero yo no me… enamoré de vos por culpa
del juego de póker.
-¿No?
-No, ese juego sólo me sirvió de excusa para acercarme
más a vos. Estos sentimientos me enloquecieron durante
mucho tiempo; es algo que fue creciendo de a poco y
mientras más tiempo pasaba a tu lado, en este cuarto, más
me atraías. Más linda te veía, más ganas tenía de besarte,
acariciarte… decirte todo lo que tenía guardado adentro.
Siempre te vi como mi modelo a seguir, si bien no sos la más
inteligente de la familia, sos la más noble. Vos sos la que
siempre nos mantiene unidos.
-¿Yo? Pensé que era mamá la que se encargaba de eso… y
más de una vez me pareció que me mirabas raro; pero jamás
sospeché que pudiera ser porque sentías algún tipo de
atracción hacia mí.
-Mamá sólo te apoya, pero siempre te dice “Nadia, hablale
a tu hermano sobre tal cosa”; “Nadia, tu tío anda triste,
preguntale si quiere hacer algo para divertirse”; “Nadia, tu
hermana tiene un examen muy difícil dentro de poco tiempo
¿podés darle una mano?”
-Eso es cierto… pero no quiere decir que sea yo la que
mantenga a la familia unida.
-Claro que sí, mamá es inteligente y sabe leer bien a las
personas, pero vos tenés la particularidad de ser la que todos
más quieren en esta casa, a la que todos escuchan, la que
todos quieren tener cerca cuando nos sentamos a comer. ¿No
te diste cuenta que siempre están todos rotando en las sillas y
vos sos la única que siempre tiene su lugar fijo?
-Nunca lo vi de esa forma.
-Va siendo hora de que te enteres, porque cuando vos no
estás, la casa es muy triste; se vuelve gris y nadie habla con
nadie. Si vos te deprimís, todos se deprimen. Sos el eje que
sostiene a esta familia. Estos últimos días fueron horribles
para todos, sabíamos que vos estabas triste y nadie sabía el
por qué… solamente yo… y mamá.
-¿Qué es lo que sabe mamá?
-Ella sabe lo que siento por vos, se lo conté después del
juego… primero se lo planteé de otra forma, ella también
creyó que yo estaba enamorada del tío Alberto… espero que
el tío no lo piense así porque se puede llevar una gran
desilusión y no quiero lastimarlo. Tuve que confesar que mis
sentimientos eran hacia vos.
-¿Cómo reaccionó ella? –la garganta me dolía por estar
conteniendo tanta angustia en mi interior.
-Se lo tomó bastante bien, me dijo que me entendía
perfectamente y me recomendó que lo hablara con vos. Ella
sabía que nosotras… lo hicimos… tampoco se enojó por esto.
Fue todo muy raro, creí que me iba a asesinar; pero pasó todo
lo contrario, me apoyó totalmente.
-¿Ves? Esa es mamá. Ella es fuerte, es la que siempre toma
las riendas.
-Eso lo hace porque sabe que siempre tiene tu apoyo, me lo
dijo mil veces; vos le facilitás la vida –esas palabras me
conmovieron-, en realidad se la facilitás a todos en esta casa,
todos te siguen a vos o se sostienen de vos.
-¿Segura? Cuando jugamos al póker por primera vez, todos
se pusieron en mi contra –le recordé.
-Nadie se puso en tu contra, vos eras la que guiaba el
juego.
-¿Qué decís Mayra? La que guio el juego todo el tiempo fue
mamá.
-Ella sólo dio las indicaciones básicas, pero todos
jugábamos porque queríamos verte a vos… a mí me puso
sumamente cachonda ver cómo te oponías a seguir jugando
pero después terminabas haciendo lo que te pedían. Mientras
vos siguieras con esa actitud, todos íbamos a querer jugar… y
después yo tuve la enorme suerte de acostarme con vos esa
misma noche. Para mí fue muy especial, fue el sueño que tuve
durante mucho tiempo. Recién me estaba tocando…
pensando en lo que hicimos juntas esa noche… y lo que pasó
después. No te imaginás la cantidad de veces que fantaseé
con la idea de que, durante la noche, te metías en mi cama
por sorpresa y, sin decirme nada, me besabas.
-Todo esto es mucha información para mí, no me ahogues
Mayra, acordate que yo no soy la más intelgiente de la
familia. Me cuesta bastante asimilar todo.
-Pero tampoco sos Augusto. ¿Sabías que él también se
muere por vos? Bah, no estoy segura, pero se la pasa diciendo
“Nadia esto”; “Nadia aquello”; “Nadia lo otro”… y se le para la
verga cada vez que andás cerca con poca ropa o con algún
pantalón ajustado… yo le paso por al lado en tanga y ni me
mira… una vez me metí la tanga en la concha y le pasé por
adelante como tres veces mientras iba y venía de la cocina. Él
se quedó leyendo un libro de no sé qué… ni siquiera levantó
la mirada… ¿por qué me mirás así? ¿No me creés?
-Perdón, te miro así porque estoy sorprendida, por tu
actitud. Te creo todo… menos lo de Augusto leyendo. Lo
conozco desde que nací y no recuerdo haberlo visto nunca
con un libro.
-Estaba con un libro…
-Mayra, vos sos inteligente. ¿Por qué no hacés uso de tu
cabecita? ¿Qué te dice la actitud de Augusto? Analizalo como
si vos fueras otra persona… ¿cómo reaccionó él al ver a una
chica, que es su hermana, desfilando provocativamente frente
a él?
-Se escondió… atrás de lo primero que encontró.
-¿Por qué?
-No sé… ¿será maricón?
-Creeme que no lo es. A mí me lo demostró muy
claramente, no me pude sentar normalmente durante tres
días después de que él me agarró por atrás. Hay algo que
noté la vez pasada, entre Augusto y vos.
-¿Qué cosa?
-Él te tiene miedo. En realidad tiene miedo de verte como
mujer. A mí me ve así y le cuesta contenerse, a mamá la ve
de la misma forma y si le dan la oportunidad, se la coge sin
dudarlo… pero vos sos la nena chiquita de la familia, la
muñequita de porcelana, él tiene miedo de que te rompas si
te agarra…
-Que me rompa… -me dijo libidinosa- ¿Ves? Siempre me
hacés lo mismo… me calentás. Ahora no puedo dejar de
imaginarme con Augusto. ¿Coge bien?
-Sí, creo que es lo único que sabe hacer bien –las dos nos
reímos al mismo tiempo.

Mayra se abalanzó sobre mí y me envolvió con sus brazos,


pude sentir sus pequeños pechos chocando contra los míos y
su húmeda vagina posándose en mi pierna izquierda,
comenzó a llenar mi cara de besos, algunos se estrellaron
contra mis labios. No sabía cómo reaccionar, pude detenerla
pero tenía miedo de ofenderla.

-Me pone muy contenta que volvamos a estar bien –me dijo
mirándome fijamente a los ojos sin dejar de abrazarme.
-A… a mí también… creme que… yo… no…
-¿Qué pasa? ¿Te pongo nerviosa?
-Un poco… sí.
-¿A vos te gustan las mujeres?
-Este… sí, un poco.
-Un poco… un poco… ¿es lo único que vas a decir? Sé más
directa.
-Me puedo calentar viendo una mujer… y me puedo acostar
con una sin sentirme culpable. ¿Eso querías saber?
-Sí.
-¿Vos sentís algo especial por las mujeres? –le pregunté sin
poder apartar la mirada de sus expresivos ojos oscuros.
-Sí, te lo quería contar… hasta que me enojé con vos. Creo
que podría afirmar que soy lesbiana.
-¿Tanto? ¿No habías estado con tu profesor?
-Eso sólo lo hice porque quería corroborar si me gustaban
los hombres.
-¿Y te gustó?
-Sexualmente, sí –se movió un poco y su sexo se frotó
contra mi muslo-; pero no sentí nada en particular. Me pone
cachonda estar con un hombre, más si me resulta simpático;
pero lo que realmente me volvió loca fue hacer el amor con
vos –de pronto volvió a ser la misma Mayra de siempre,
radiante, simpática, con toques de timidez e inocencia. Me
tomó de las manos y sin darme tiempo a nada, me besó; su
lengua escarbó en las profundidades de mi boca. El beso se
extendió durante largos segundos–. No soy tonta Nadia –dijo
después-, sé que vos nunca vas a sentir lo mismo por mí, me
jode que así sea pero ya me lo demostraste; de muy mala
manera, por cierto. Me jodió mucho ver con qué facilidad de
acostabas con el tío y también con Augusto, como si yo no
hubiera significado nada para vos. Fui una boluda al creer que
lo nuestro había sido especial.
-Creeme que lo fue, así lo sentí… tuve sexo con mi
hermana, carajo. ¿Te creés que no me quedé pensando en
eso? Todavía lo pienso… a veces escucho a alguna de mis
compañeras decir “No soporto a mi hermana, me tiene harta”,
y yo pienso “¿No probaste chupándole la concha? Tal vez así
te disguste menos” –estas palabras la hicieron sonreír de una
forma muy tierna-. Somos especiales porque estas cosas no
las hace todo el mundo, Mayra. Pero vos estás siendo injusta
conmigo, vos hiciste… cosas con el tío después de que
nosotras nos acostamos; lo que sentías por mí no te impidió
hacerlo.
-Eso fue muy diferente, yo sólo se la chupé al tío.
-¿Entonces hay un límite que no se puede cruzar? No
entiendo Mayra, en mi opinión vos te enojaste y punto… ni
siquiera tiene mucha lógica.
-Los sentimientos son así, Nadia. No tienen mucha lógica,
yo te amo pero a veces me dan ganas de matarte. Algo que
siempre me molestó de vos es tu tendencia a analizarlo todo,
dejá que las cosas fluyan de vez en cuando. Con o sin lógica,
lo que hiciste me hizo muy mal. Punto.
-Te pido disculpas… yo…
-Eso tampoco puedo perdonártelo, estoy dolida y no se me
va a pasar –al contrario de lo que denotaban sus palabras,
me abrazó con mayor fuerza-; pero no quiere decir que quiera
pegarte.
-No quiero que me pegues, pero tampoco quiero que me
sigas torturando. Me hace mierda que me trates así.
-Creeme que a mí me duele tanto como a vos.
-¿Entonces por qué lo hacés?
-Por estúpida. Me jode toda esta situación y como me causa
tanta impotencia, me la agarro con vos.
-Que soy la culpable de todo.
-Exactamente.
-Cuánta franqueza.
-De ahora en más voy a ser honesta con vos.
-Brutalmente honesta.
-La verdad duele.
-¿El dicho no era: “La verdad no duele”?
-Eso es una pelotudez sin sentido. Claro que duele la
verdad, de lo contrario no habría dolor en el mundo. A vos te
rechaza el amor de tu vida y te va a doler, pero esa persona
te dijo la verdad: “No quiero estar con vos”.
-No lo había pensado de esa forma. Es interesante tu punto
de vista –me regaló una linda sonrisa-. ¿Y ahora qué vamos a
hacer?
-¿Querés ser mi novia? –el corazón me dio un vuelco.
-¿Qué? No… no puedo… no. ¿Vos estás loca?
-Está bien… ya entendí… ya entendí; pero tenía que
intentarlo, al menos… decime si no hubiera sido lindo.
-Hubiera sido muy enfermizo… ¿Te imaginás que tenga que
presentarte a mis amigas? “Esta es mi hermana Mayra, ah…
por cierto, también es mi novia”.
-Suena bastante descabellado si lo ponés de esa forma. Yo
me refería a una relación sobre la cual nadie tiene que
enterarse, sólo vos y yo.
-Me vas a ocasionar un ataque de angustia, Mayra.
-No te hagas la víctima, Nadia. Acá la que sale perdiendo
soy yo. Vos vas a seguir cogiendo con todo el mundo y ahora
me vas a ver a mí como a un bicho raro, no vas a querer
pasar otra noche conmigo… te vas a acostar con todos en
esta casa, menos conmigo.
-No dije eso… a mí me gustó lo que pasó con vos. Creeme,
fue mi primera experiencia con una mujer… y con la más linda
que conozco. Creeme también que si yo quisiera ser lesbiana,
vos serías mi primera opción.
-Tendré que conformarme con eso –pegó más su cuerpo al
mío y me estrujó entre sus brazos, a pesar de ser tan
pequeña, su fuerza era sorprendente; fue una suerte que no
haya querido golpearme. Mis tetas estaban tan apretadas que
temí que fueran a estallar-. Te quiero mucho Nadia –lo dijo
con tanta honestidad que me provocó un nudo en la garganta.
-Me vas a hacer llorar.
-Entonces no se habla más del tema. Sé cuándo aflojar.
-¿Estás segura? A mí no me aflojaste ni un segundo.
-Porque sabía que si aflojaba me ponía triste e iba a
terminar llorando por los rincones. Es más fácil estar enojada
que estar sintiendo lástima por una misma. Mañana ya tendré
tiempo para eso, hoy no quiero.
-¿Vamos a dormir? –no tenía sueño pero tampoco se me
ocurría otra cosa, necesitaba tiempo para pensar.
-Ni loca… con toda la gente que hay desnuda allá afuera.
Mirá si terminan cogiendo y… pucha, pobre mamá. La
dejamos sola contra los cuatro. La van a matar.
-No creo que estén jugando, cuando yo me levanté de la
mesa ella ya se había ido. Creo que se está bañando.
-Yo estoy re caliente.
-¿No que estabas llorando?
-Eso ya pasó. Madurá Nadia, no podés estar llorando toda la
vida; también hay que divertirse. Estaba caliente mientras
jugábamos; seguía caliente cuando entraste y me
interrumpiste… y sigo caliente ahora que te tengo cerca.
-El juego se suspendió –intenté desviar el tema.
-Se suspendió mientras vos no quieras seguir jugando.
Creeme que basta con que lo reanudes para que todos te
sigan… bueno, la tía no; ella es una amargada de alma y
corazón. ¿Qué decís, vas a seguir?
-No estoy de ánimo… todo esto que me dijiste me dejó en
estado de shock. Además no quiero que vuelvas a enojarte
conmigo… mirá si me ponen algún desafío con alguien, con
Augusto por ejemplo, y vos te enojás.
-No me voy a enojar, porque sé que va a ser por el juego. A
mí lo que me jode es que elijas a otra persona cuando no
estamos jugando. Que los elijas sabiendo que yo estoy a tu
entera disposición.
-Eso no va a cambiar, Mayra. Algún día me voy a acostar
con otra persona, por elección. ¿Quién sabe? Tal vez algún día
yo también me enamore de alguien.
-Lo sé… lo sé… pero no quiero pensarlo, no ahora. Ahora
quiero divertirme, lo necesito… sino me voy a deprimir otra
vez. ¿Volvemos al juego? Hacelo por mí.
-No sé, estaba excitada pero ya me enfrié.
-De eso me encargo yo. Abrí las piernas.
-No, dejá –forcejé con ella porque quería empujarme hacia
atrás en la cama- no tengo ganas.
-Abrí las piernas te digo.
-Basta Mayra, me vas a hacer mal.
-Lo único que te voy a hacer es chuparte la concha. No te
vas a morir por eso.
-No quiero que lo hagas…
-Por favor Nadia… fueron muchos días de abstinencia…
necesito chupar una…
-Solamente me la chupaste un par de veces… dudo que
padezcas de algún síndrome de abstinencia.
-Justamente por eso lo necesito, porque pude probarlo
pocas veces… y me lo quitaron.
-Vos sola te lo quitaste… ¡Ay! –me empujó con tanta fuerza
que caí de espalda contra la cama.

Rápidamente consiguió ponerse de rodillas entre las dos


camas y me obligó a separar las piernas; no tuve ni un
segundo para quejarme, su lengua me invadió
completamente la vagina. Solté un fuerte suspiro ya que la
sensación de placer fue repentina e intensa, había tomado por
sorpresa a mi cuerpecito. Me di cuenta de que era inútil
luchar, cuando a Mayra se le metía algo en la cabeza, era
imposible sacárselo. Volví a gemir al mismo tiempo que
relajaba mi cuerpo, meneé mis caderas y dejé que mis manos
quedaran libres a los lados de mi cabeza mientras una
pequeña boca succionaba mi clítoris con enorme intensidad.

-¡Cómo extrañaba esto! –dijo Mayra.

Sólo dejó de chupar para hablar, ni bien dijo la última sílaba


retomó su trabajo. Mi mente se puso en blanco y mi cuerpo
comenzó a arder. Tuve espasmos involuntarios y fuertes
dolores en mi abdomen; pero no eran nada comparado con el
placer que sentía en mi jugosa conchita.

-Disfrutala, mi amor –le dije entre jadeos- si te gustan las


conchas, entonces podés jugar con la mía cuando quieras.
-Cómo se nota que ya estás caliente.
-Mucho. Podés seguir… -levanté mis pies hasta apoyarlos al
borde de la cama, esto le permitía a mi hermana escarbar
más profundo en mi intimidad-. Chúpame la conchita… eso
así, así… ¡uf! Cómo me gusta… Te prometo algo Mayra –le
dije entre gemidos- no podés ser mi novia, pero cada vez que
quieras coger con una chica… ¡ay, que rico! –me dio un leve
mordisco en el clítoris- cada vez… que quieras estar con una
mujer, no tenés más que pedírmelo.
-¿De verdad? –levantó la cabeza y yo pequé mi mentón a
mi pecho para poder mirarla a los ojos.
-Sí hermosa, de verdad.
-Esa es la mejor noticia que me podías dar.

Se lanzó sobre mi cuerpo y buscó mi boca con su lengua,


los dedos de su mano izquierda se metieron directamente por
el agujero de mi vagina; comenzó a violarme con ellos…
aunque era una violación voluntaria. La acompañé con el beso
y luego busqué su pequeña conchita. Masturbarla me causó
mucho placer, ya que podía escucharla gemir y notaba cada
espasmo de su cuerpo contra el mío.

-Haceme acabar –me pidió gimiendo junto a mi oído.

Aceleré el movimiento de mis dedos, su pequeño clítoris se


sacudía entre mis dedos, me agradaba mucho poder sentir la
humedad de su sexo. Algo en mi interior me decía que le
debía muchas cosas a esta mujercita, ella fue cruel conmigo
sólo porque la lastimé… yo no lo sabía, pero el dolor que
sintió fue real. Quise remediar eso de alguna forma.

-Ahora quiero ser yo la que se coma esa conchita tan


divina. ¿Me la vas a dar mi amor?
-¡Sí! –Respondió al instante abriendo grande los ojos como
si fuera un chico abriendo sus regalos de cumpleaños- ¡Es
toda tuya!

Hice mi mejor esfuerzo por satisfacerla, apenas estuve


entre sus piernas di un fuerte chupón a su clítoris, el sabor
salado de su sexo me agradó más de lo que me había
imaginado… o de lo que recordaba… esto de chupar conchas
no estaba nada mal, debía considerarlo parte importante en
mi vida sexual de ahora en adelante. Acompañé mis lamidas
con suaves caricias en la colita de Mayra, si a ella le gustaba
tener sus dedos dentro, seguramente le agradaría tener los
míos. Empujé un poquito hacia adentro con mi dedo índice,
ella levantó las piernas demostrándome que quería que yo
continuase… y así lo hice. Hundí el dedo hasta la primer
falange, sin dejar de lamer su clítoris, y luego la penetré más
profundo, ella soltó un agudo gemido que me hizo estremecer
de puro gusto.

-Eso es lo que más me gusta de vos –le dije casi sin dejar
de chupar- a veces parecés una nenita inocente y
desprotegida, es sumamente morboso verte excitada.
-No me gusta que me vean como una nena, ya soy una
adulta… ¡ah! –gritó de placer cuando comencé a meter y a
sacar rápidamente el dedo.
-No seas tonta, mi amor, es lo más lindo que tenés. Podés
usarlo a tu favor… al tío lo debe volver loco verte de esa
forma.
-Es cierto… ¡Ah! Sí, seguí…
-Contame… -le pedí mientras volvía a comerme su clítoris.
-A él le gusta decir que soy su muñequita –mientras
hablaba se retorcía- le gusta que le haga bailecitos eróticos…
irme desnudando de a poco… tocarme un poquito.
-¿Y nunca te la mete?
-No, a veces hacemos un… ¡ay Nadia, sí seguí así!...
Hacemos un jueguito, yo le bailo desnuda y me voy sentando
de a poquito arriba de su verga… me la mete un poquito por
la cola… pero sólo un… ¡ah!... un poquito. Me gusta… me
gusta mucho.
No sabía si lo decía por lo que hacía con su degenerado tío
o por las chupadas que le estaba dando yo, no culpaba a
Alberto por comportarse así con su sobrina; él, en parte,
contaba con el apoyo de la familia, nosotros le dijimos, de
forma indirecta, que tenía permitido jugar de esa forma con la
pequeña.

La suma de mis intensas lamidas con los recuerdos


evocados por la pequeña la ayudaron a alcanzar un clímax
casi frenético, en el que arqueó su espalda y gimió con fuerza
mientras se estrujaba sus pequeños pechos con las manos. En
mi boca recibí una mayor cantidad de jugos, los cuales bebí
con gran satisfacción; sentía que ahora estaba a mano con mi
hermana… o casi. Al menos no me sentía tan culpable.

-Sos… sos espectacular Nadia –me dijo sin dejar de jadear-.


Me encanta hacerlo con vos.
-Va a ser nuestro secretito ¿sí?
-Sí, te lo prometo, no le cuento a nadie.
-Así me gusta… ¿y ahora qué?
-Ya es hora.
-¿De qué?
-De arruinar del todo nuestra familia… o unirla para
siempre. Vamos.

Se puso de pie rápidamente y de un tirón en la mano me


obligó a ponerme a pararme, me costó hacer pie pero salimos
juntas de mi cuarto; desnudas y sumamente excitadas.

En pocos minutos Mayra había logrado llevarme a un


estado de excitación en el que lo único que podía pensar era
en sexo; pero mi algarabía también tenía mucho que ver con
las palabras de mi hermana y su actitud frente a un tema tan
delicado. Era capaz de pedirle al primer hombre que me
cruzara que me la metiera, que me partiera al medio allí
mismo, en el piso o contra la pared. Quería que me cojan.
Tal vez haya sido una suerte que la primera persona que
cruzamos fue mi madre, ella justo salió de su dormitorio,
envuelta en una bata, cuando nosotras cruzábamos por el
pasillo. Al parecer había ignorado por completo a mi tía ya
que actuaba como si hubiera salido de un cuarto vacío.

-¿Qué hacen? –nos preguntó.


-Vamos a seguir jugando –dijo Mayra tirándome del brazo-
ahora sí, que se pudra todo –la puerta del cuarto de mis
padres estaba entreabierta, allí pudimos ver a Analía sentada
en la cama, aún desnuda, mirando televisión con el ceño
demasiado fruncido- ¡y vos tía, te podés ir a la puta que te
parió! –la mujer se sorprendió tanto al verse insultada por su
tímida sobrina que cambió radicalmente la expresión de su
rostro. La chiquilla sumó al insulto un gesto obsceno utilizando
su dedo mayor.

Me encantaba ver a Mayra actuando de esta forma, nunca


la había visto así, parecía poseída. Me causaba gracia y a la
vez me excitaba ya que pensaba que la chica podía ser capaz
de cualquier cosa… y yo la seguiría sin dudarlo; y viceversa.
Viki cerró la puerta del cuarto con una amplia sonrisa en el
rostro.

-Si ustedes juegan, yo juego –nos dijo en voz baja.


-Sí mamá, por favor. Sin vos no podríamos seguir –le dije
para que tomara más confianza.

Ella se nos unió y en cuanto regresamos al comedor lo


vimos completamente vacío.

-Los chicos deben estar en el patio, tomando algo. Yo los


busco –dijo mi mamá.
-Vos no perdés oportunidad para verle la verga a un
pendejo –en cuanto dije esto ella se detuvo en seco y me miró
boquiabierta- ¿Qué? Seamos sinceras. Te calienta vérselas.
-Yo también lo noté –aseguró Mayra- es obvio que hasta la
de Augusto te gusta.
-Y a vos te gusta la de… -comenzó diciéndole mi mamá.
-La de Nadia, ya lo sabe. Se lo dije recién. Qué mala que
sos mamá, se lo ibas a decir.
-Si se meten conmigo yo me meto con ustedes.
-La primera que te dijo algo fue ella –mi hermana me
señaló con el pulgar.
-Bueno, es que no hace falta que digamos cuál le gusta a
ella… lástima que sea mi marido, vas a tener que pedirme
permiso antes de usarla –toda esta charla desinhibida y
directa me estaba poniendo a mil.
-¿Estás segura? –La desafié- Yo puedo conseguir la de papá
antes que vos la de Augusto; sin pedirte permiso.
-Soy tu madre y si te digo que no, es no –sabía que estaba
jugando conmigo-; y no me desafíes porque llevás las de
perder.
-A ver si dejan de discutir… si se creen tan putas,
demuéstrenlo –impuso Mayra-. Yo les hago de juez… pero
después quiero mi recompensa.
-¿Y cuál sería esa? –preguntó Viki.
-Lo digo después.
-¿Y la que gane tiene premio?
-Por supuesto –aseguró mi hermanita-, va a poder ponerle
un nuevo desafío a la que pierda. Uno bien jodido.
-Me gusta este juego –dijo mi mamá-, es agresivo y
competitivo, como yo. Por eso vos llevás todas las de perder,
Nadia. Te falta espíritu de competencia.
-No te olvides de que soy tu hija y llevo tus genes en la
sangre –hacía mucho tiempo que no me sentía tan viva-
¿cómo lo hacemos?
-Esperen las dos acá, yo voy a buscarlos a todos; el juego
comienza cuando yo digo, a la que haga trampa le muerdo un
pezón –tanto mi madre como yo nos tocamos una teta
instintivamente e hicimos una mueca de dolor- Nadia, buscate
una bata, así empiezan las dos en igualdad de condiciones.
-¿Y vos vas a andar desnuda? –le preguntó Viki.
-Sí, yo vengo a ser el factor de distracción… para hacer
más difícil el juego. La regla principal es que ninguna puede
ser directa, tienen que lograrlo frente a todos, con sutileza –se
despidió de nosotras guiñándonos un ojo.
Prácticamente corrí hasta mi dormitorio, me apoderé de mi
bata y cuando estuve por ponérmela vi la de Mayra colgando
de un perchero. Arroje la mía sobre la cama y tomé la de mi
hermana. “Igualdad de condiciones, las pelotas” pensé al
mismo tiempo que me ponía esa bata tan pequeña, que a
duras penas cerraba en el centro, lo que permitía que se
formara un escote sumamente amplio y que mi conchita se
viera si me inclinaba un poco… o si me sentaba, aunque esto
último todavía debía comprobarlo.

En cuanto regresé al comedor vi a mi madre sirviendo unas


copas de vino frío, ella quería que Augusto bebiera, así sería
más maleable, por eso había escogido justo la marca de vino
que él prefería. Al verme vestida de esa forma abrió los ojos y
la boca en un claro gesto de indignación.

-Eso es jugar sucio, a mí la bata me tapa todo.


-No te preocupes, Augusto se acuerda perfectamente de
cómo son tus tetas.

En ese instante Mayra regresó pavoneándose frente a


cuatro hombres que no hacían más que mirarle el culo. Ellos
se habían puesto calzoncillos y ya no tenían sus penes
parados, pero sabía que eso se resolvería en cuestión de
minutos, sin necesidad de esforzarnos. La mentira con la que
se sentó a los cuatro hombres en los sillones que rodeaban la
mesa ratona fue que, a pesar de que no siguiéramos jugando,
nada nos prohibía seguir charlando y bebiendo. Esperé a que
todos se sentaran para saber dónde ubicarme, pero éste fue
un error. Mi padre se sentó en el sillón grande, con el
apoyabrazos a su derecha y Ariel a su izquierda; el tercer
sitio, a la izquierda de mi primo, lo ocupó Mayra. Augusto
tomó asiento en uno de los sillones individuales y justo
cuando iba a sonreír porque mi madre no podría sentársele
cerca, la muy desgraciada no tuvo mejor idea que sentarse de
lado, sobre las piernas de su hijo; me dedicó una sonrisa
burlona que solo Mayra y yo percibimos y no tuve más
remedio que sentarme con mi tío Alberto, justo frente a mi
padre. Mi tío no me caía para nada mal y no me molestaba
que él me abrazara por la cintura e hiciera graciosos
comentarios inspirados en mi anatomía; pero mi meta era
conseguir a mi padre.

-Nadia es una chica que no necesita airbag en el auto –dijo


Alberto haciendo reír a los demás; me llevó un rato
comprender que ellos estaban hablando de autos antes de
que mi hermana los fuera a buscar.
-Siguiendo esa teoría, Viki tampoco lo necesita –afirmó mi
padre, dándole la excusa perfecta a mi hermano para mirar
sin disimulo dentro del escote que ella le ofrecía.

Evalué la situación, mi madre llevaba una buena ventaja,


pero yo podía separar levemente las piernas y permitir que mi
padre y Ariel se deleitaran viendo mi almejita. Al parecer Pepe
ya se había aburrido de tanto mirarla porque continuó
charlando con su cuñado como si nada ocurriera; al que sí le
agradó la vista fue a Ariel, quien clavó los ojos directamente
en mi clítoris. Justo cuando estaba por agradecer que Mayra
no fuera una gran distracción sentada en ese sitio, ella se
puso de pie y se inclinó sobre la mesa ratona para servirse
una copa de vino. Pepe giró la cabeza hacia ella al instante y
se quedó mudo a mitad de una frase. De pronto recordé todas
sus provocaciones, en las cuales utilizó a mi padre como
objeto y lamenté no haberle preguntado qué sabía ella sobre
la relación que teníamos mi papá y yo; sin embargo era casi
evidente que, al menos, lo sospechaba. El boludo de mi primo
intentaba no mirar a Mayra, pero le era imposible, parecía que
uno de sus ojos apuntaba hacia la conchita de la pequeña y el
otro hacía la mía; tal vez el estúpido pensaba que si yo veía
que él me prefería a mí sobre las otras mujeres, yo dejaría
que colara su masculinidad en mi argollita. El pobre no tenía
idea de lo equivocado que estaba. Bajé mi mano izquierda y la
coloqué entre mis piernas, cerré el puño y levanté el dedo del
medio, haciéndole la típica señal de “Fuck you”; cuando él
levantó la vista lo miré de forma despectiva, rebajándolo. Se
puso rojo como un tomate y desvió la mirada hacia las piernas
de Mayra, quien ya estaba volviendo a su lugar. Necesitaba
quitarme de encima las distracciones, quería que mi padre
comprendiera que mis actitudes estaban dedicadas a él y a
nadie más que él.

Miré fugazmente a mi madre en varias ocasiones mientras


intentaba captar la atención de Pepe, ella hacía grandes
avances, ya estaba hablando en voz baja con Augusto y
ambos sonreían gratamente mirándose a los ojos; de no
conocerlos como madre e hijo, hubiera dicho que eran una
bonita pareja de tortolitos. Podía adivinar que mi hermano ya
tenía la verga completamente dura y seguramente mi madre
se habría encargado de hacerla encajar entre sus nalgas.

Puse a prueba mi cerebro, analicé rápidamente la escena y


me percaté de que Ariel era el único que no estaba bebiendo
nada.

-Primo, ¿no tomás vino? –le pregunté disimulando mi


enfado con él.
-Ya me cansé del vino, yo quiero algo más fuerte.
-¿Cómo qué?
-No sé… como whisky –eso me dio la idea perfecta para
quitarlo del medio.
-Mayra, ¿por qué no le mostrás a Ariel donde guardamos el
whisky? –le sugerí a mi hermana, ella esbozó una sonrisa
cómplice; comprendió mi plan a la perfección.
-Encantada, seguime.

En cuanto ella se puso de pie y meneo suavemente su


respingado culito ante los ojos de mi primo, él se puso de pie
y la siguió como una serpiente sigue la música de un
encantador de serpientes. Aproveché para volver a llenar mi
copa y, como si fuera por pura casualidad, me senté junto a
mi padre. Ignoré mi la copa que había servido y apoyé la
cabeza contra su hombro.

-Me parece que tomé mucho –dije con voz cansada- me


duele la cabeza.
-¿Querés una aspirina? –me preguntó mi padre mientras me
envolvía con uno de sus pesados brazos; tal vez seguía
enfadado conmigo, pero yo seguía siendo la niñita de papá,
esa era mi mejor carta y debía jugarla correctamente.
-No, ya se me va a pasar –al decir esto bajé la cabeza hasta
apoyarla en su regazo. Pude sentir contra la mejilla el bulto
cilíndrico de su pene bajo la tela de su calzoncillo.
-¿Por qué no vas a acostarte Nadia? Ya es tarde –escuché la
voz de mi madre, la muy desgraciada quería ponerme el juego
más difícil.
-Estoy cómoda acá –dije esto acariciando levente la verga
de mi padre por arriba de la tela, ya podía sentir como ésta se
despertaba lentamente.
-Dejala Viki, a mí no me molesta –contestó mi padre
acariciándome la cabeza con su pesada mano.

Vi a Mayra regresar con paso sensual, detrás la seguía


Ariel, como un perrito faldero, llevaba una botella de whisky
en la mano y la mirada clavada en las nalgas de la pequeña
muchachita. Supuse que todos estarían viéndola, por lo que
aproveché para hacer un rápido movimiento, casi
imperceptible, y saqué el pene de mi padre del interior del
calzoncillo. Lo admiré con gran agrado, aún olía a sexo. La piel
era oscura, suave y arrugada, su glande sobresalía como el
casco de un soldado. Volví a acariciarlo como si fuera un
muñeco de trapo, ahora podía sentir el calor de ese miembro
viril contra mi mejilla, tenía ganas de llevar una mano a mi
vagina y comenzar a tocarme en frente de todos; pero ya
habría tiempo para eso.

Luché contra las enormes ganas que tenía de abrir la boca


y comerme todo ese pedazo de carne, la ansiedad era
tremenda, lo tenía tan cerca y se estaba endureciendo y no
podía chuparlo… mejor dicho, no debía. No sabía exactamente
qué estaba permitido y qué no en este desafío, pero suponía
que comenzar a chuparla sería descalificativo… ¿lo sería?
Porque esa verga era demasiado provocativa, demasiado
gruesa… mis dedos buscaban tocarla tímidamente… ya la
había probado y sólo podía pensar en la agradable sensación
que me provocaba tenerla dentro de la boca; sentir que no
podía con todo; ese amargo e intenso sabor a sexo; mi lengua
recorriéndolo; mi corazón acelerándose… sabía que si engullía
ese grueso pene perdería automáticamente el desafío
impuesto por Mayra, tal vez para muchas personas sea una
idiotez seguir con ese juego y hubieran optado por chupar la
verga sin mayores dudas, pero mi espíritu competitivo me
impedía otorgarle de forma tan fácil la victoria a mi madre;
ella a veces se jactaba de haber sido bautizada con el nombre
de Victoria porque estaba destinada a ganar siempre que se
lo propusiera, yo quería, por una vez en la vida, demostrarle
que Nadia también podía ser el nombre de la victoria. Evalué
rápidamente la situación, si ella continuaba sentada sobre mi
hermano, no pasaría mucho tiempo hasta que el bruto
calentón le clavara la verga a su madre y yo me vería
obligada a cumplir con un nuevo y duro desafío y la
humillación de la derrota. Casi podía imaginar a mi madre
mofándose de mí, diciéndome que yo aún era muy pequeña y
que no estaba a su altura, que si quería competir, a duras
penas podría hacerlo con Mayra, pero nunca con ella. Llena de
rabia auto inducida, me puse de pie de un salto.

-Si seguimos con estas caras largas, nos vamos a dormir


sentados –dije lo primero que se me ocurrió, en realidad nadie
mostraba signos de aburrimiento, al contrario; a Augusto se lo
veía sumamente feliz, hurgando con la mano debajo de la
bata de su madre, pude ver que un par de dedos se perdían
dentro del peludo agujerito-. Voy a poner algo de música,
alegremos un poco la reunión. ¿Alguno quiere bailar?

Todos me miraban como si yo me hubiera vuelto loca


repentinamente, la única que sonrió con malicia fue mi
madre, quien supo que todo era una treta de mi parte para
ganar tiempo. Me acerqué al equipo de música y busqué
rápidamente entre los CD que había sobre el mueble, ninguno
me resultó atractivo, estaba perdiendo la calma cuando
encontré uno de esos estúpidos discos que sacan anualmente
con los mayores hits del verano, música que detestaba pero
que podía cumplir con mi propósito. Lo coloqué y puse el
volumen tan alto como la perilla circular me lo permitió,
apagué la luz del comedor, de esta forma la única luz que
recibíamos provenía del pasillo y de la cocina. En cuestión de
segundos había transformado mi casa en una improvisada
discoteca. La música era ensordecedora y aún tenía la mirada
de mi familia persiguiéndome. Haciendo caso omiso a los
pocos intentos que hicieron por preguntarme algo, tomé la
mano de mi padre y lo invité a ponerse de pie. Él se levantó
con una amplia sonrisa en los labios, la misma sonrisa que
luego le dediqué a mi madre, segundos antes de tenderle una
mano a ella y obligarla a pararse con un tirón.

-Sos una pequeña tramposa –me dijo al oído.

Apenas podía escuchar su voz por encima del pegajoso y


estridente ritmo de una canción pop. Mi papá me tomó por la
cintura con sus gruesas y macizas manos y pude sentir toda
su hombría encallar entre mis desnudas nalgas. Estaba
dispuesta a darle el mejor baile de su vida y, de paso, podría
ganar la apuesta.

Capitulo 08

B ailaba intentando seguir el ritmo de la música, pero la


cercanía con el cuerpo de cada uno de mis padres, afectaba
severamente mi concentración. Estaba sexualmente excitada
y ellos lo sabían. El bulto de mi papá ganaba rigidez entre mis
nalgas y yo las meneaba con soltura y sensualidad
contagiándome de la amplia sonrisa esbozada por mi madre.
Ella me rodeaba por el cuello con sus brazos y bailaba muy
pegada a mí, nuestros grandes senos se chocaban uno contra
el otro constantemente. Coloqué una de mis piernas entre las
suyas y pude sentir su caliente y mojado sexo rozando contra
mi muslo, eso me encendió; levanté la cola y la apreté más
contra la verga de mi papá. Vi que mi hermano continuaba
sentado en su sillón, con una fuerte erección que amenazaba
con romper su calzoncillo; mientras permaneciera allí, yo
tenía la ventaja. Escuché la voz de Pepe, pero no entendí lo
que dijo.
Miré hacia atrás y supe que había comentado algo con
respecto a Mayra ya que la menuda muchachita estaba
rodeada por la gran humanidad de mi tío Alberto por el frente
y los largos brazos de mi primo Ariel por detrás. Ella estaba
completamente desnuda e intentaba apartarse de los
hombres feroces. Giré un poco, sin dejar de bailar, para poder
mirarla mejor. Mi hermanita intentaba disculparse con ellos,
no podía escuchar lo que les decía; pero se la veía un tanto
asustada, sus ojos estaban más grandes que nunca y sus
mejillas estaban tan sonrosadas que parecía una simpática y
graciosa mimo. Alberto le pellizcaba las pequeñas tetitas y
Ariel le bailaba pegado contra la cola con la verga fuera del
calzoncillo. Ellos se reían y se animaban el uno al otro
ignorando los intentos de la pequeña por alejarse. Me excitó
verla de esa forma, ella podía ser muy segura de sí misma
cuando se lo proponía; pero no podía contra dos hombres de
las cavernas con la pija parada.

-La van a matar –le dije a mi mamá sonriendo.


-A la que tendrían que matar es a otra.

La respuesta vino con la gruesa voz de mi padre


hablándome al oído, por los ojos de mi madre me di cuenta de
que ella también estaba sorprendida, pero comprendió a qué
se debía en enojo de Pepe y sabía que, de momento, no debía
intervenir en los problemas que había entre él y yo. Se alejó
de nosotros, lavándose las manos como Poncio Pilatos, con un
claro gesto que significaba “Mejor los dejo solos”. La fulminé
con mirada y vi cómo sacaba a bailar a Augusto, que miraba
como un estúpido la escena sin saber qué hacer.

Tomé aire y exhalé, era hora de enfrentarme a mis


problemas... una vez más. Continué meneando la cola con la
intención de que esto calentara un poco a mi padre, supuse
que la calentura sexual le bajaría la otra calentura... la de la
bronca. Él me tomó con excesiva fuerza de la cintura, sus
fuertes manos y la dureza de su mimbro contra mis nalgas me
hacía hervir la sangre. Pepe fue empujándome con su pelvis,
como si quisiera alejarme del resto de las personas.
Quedamos de frente a todos ellos, detrás de uno de los
sillones, podía ver a Viki bailando alegremente con mi
hermano, que parecía un muñeco de madera sin
articulaciones. No podía asegurar si Mayra la estaba pasando
bien o mal, pero no la dejaban ni un segundo en paz. Mi tío
Alberto ya tenía su verga afuera y obligaba a la pequeña a
tocarla, a su vez él la estaba masturbando con énfasis, ella
entrecerraba los ojos; sus mejillas estaban rojas, parecía una
muñequita de porcelana. Detrás de ella mi primo no se
quedaba quieto, la tomaba por la cintura y la obligaba a parar
la colita, el muy desgraciado presionaba contra ella como si
quisiera romperle el culo a la mitad, Mayra intentaba apartarlo
a manotazos.

-Yo sé que todavía estás enojado conmigo –le dije a mi


papá arqueando mi espalda para que mi cara quede junto a la
suya, podía sentir su dura verga desliándose entre los labios
mojados de mi vagina; tenía que hablar fuerte pero sabía que
solamente él podía oírme.
-Motivos no me faltan –me respondió con severidad; él era
el hombre más bueno del mundo... hasta que se enfadaba.
-Ya lo sé... es por todo ese inconveniente con tu albañil.
-¿Te parece poco? Encontrarte en pleno acto... con uno de
mis empleados... ¡y dentro de mi propia obra!
-Me pareció excitante –mi respuesta lo tomó por sorpresa,
fue como un cachetazo para él; tenía una estrategia a seguir y
un As bajo la manga, un argumento que él no podría refutar;
por eso lo estaba llevando hacia mi terreno de juego. Bailé al
ritmo de la música, frotándome contra su verga como una
gata en celo- No sabés lo que me calentó verte entrar de esa
forma, a pelear por mí.
-¿Por vos? Quería matar a ese hijo de puta... por hacerte
eso.
-¡Ay papi! –Sentía su pene sumamente duro apretado entre
mis piernas- ¿Vos te creés que yo hubiera hecho algo que no
quisiera hacer? –la verdad era que el tipo me había forzado a
hacerlo, sin embargo era consciente de que yo se lo permití.
-¿Por qué te acostaste con él? Ni siquiera lo conocías.
-Porque te fuiste y me dejaste caliente, como una olla al
fuego, estaba que hervía... me garché al primer tipo que vi.
-Lo decís como si fuera una pavada.
-No lo fue, para nada. Es que vos no viste todo lo que
pasó... no sabés con qué ganas le chupe la verga –recordé
que el tipo me había obligado a masturbarlo, pero por
decisión propia, se la mamé; continuaba balanceándome de
atrás hacia adelante sobre el miembro de mi padre-. Ese tipo
me hizo calentar mucho, me frotó la verga por la conchita
hasta que le pedí que me la metiera –eso era cierto, y me
encendía de solo recordarlo-; pero la cosa no terminó ahí, me
gustó tanto como me cogió, que le pedí que me diera por el
culo... la estaba pasando bomba, mientras él me culeaba,
cuando entraste vos –los dedos de mi padre se hincaron en mi
cadera; estaba furioso, pero no decía una palabra, lo tenía
comiendo de mi mano-. La que tendría que estar enojada soy
yo, porque me cortaste un lindo momento... ¿y todo por qué?
Por celoso –esa última palabra se elevó un poco más por
encima del volumen de la música-. Admitilo papá, a vos no te
jodió que él fuera empleado tuyo, a vos te molestó saber que
otro hombre... un desconocido... podía jugar con la conchita
de tu nena –lo único que escuché como respuesta fue el
monótono ritmo de la música electrónica que sonaba en ese
momento-. Vos querías ser el que estuviera en ese lugar, vos
querías tenerme para vos solo –me acomodé de forma tal que
su gordo glande quedó entre mis labios vaginales, estiraba
mis brazos hacia atrás para acariciar los suyos-, te jodió que
tu nenita se calentara con la verga de otro... yo sé que me
querés a mí... hace rato lo vengo viendo en tus ojos, vos
querés hacerme tuya... querés mi conchita para vos. Te
conozco, sé que nunca lo vas a admitir, al menos no con
palabras... pero podés demostrármelo, vos sabés cómo
hacerlo –noté que él empujaba un poco hacia adentro, mi
vagina comenzó a abrirse lentamente-. Así... eso es.
Demostrame que me deseás –continuó avanzando
lentamente, mi sexo intentaba adquirir el diámetro necesario
para abarcar toda la cabeza de esa gruesa verga; sabía que
me dolería, pero no me importaba-. Mi conchita es tuya papi,
reclamala –ya podía sentir mi orificio estirándose, me producía
un leve dolor agudo pero al mismo tiempo me llenaba de
placer-. No voy a darte otra oportunidad, es ahora o nunca.

Me empujó con fuerza hacia adelante, mis tetas cayeron


contra el respaldo del sofá, me ponía como loca que fuera tan
brusco conmigo, mi estómago se llenó de mariposas, al fin
llegaría ese momento que tanto había deseado. Su glande
retrocedió, pero sólo lo hizo para reunir más empuje, al
regresar lo hizo con una fuerza tal que mi conchita casi se
desgarra. Una parte de su verga quedó en mi interior, cerré
los ojos y solté un grito de dolor que ni siquiera la estruendosa
música pudo disimular. Cerré los ojos y comencé a pedir más,
no sabía si él me podría escuchar, pero yo necesitaba decirlo.

-¡La quiero toda, papi... dámela toda!

Mi almejita se estremeció con la segunda embestida, esta


vez sentí que la verga penetraba un poco más profundo.
Volaba de placer, pero me atemorizaba un poco sentirme tan
llena sabiendo que aún quedaba una buena porción por
entrar. Separé un poco más las piernas y clavé las uñas en el
sofá, me preparé para lo que venía. Mi padre comenzó a
darme estocadas cortas pero rápidas. ¡Me estaba cogiendo!
No la tenía toda adentro pero ya podía afirmar que me estaba
cogiendo. Sus pesadas manos me sujetaban con tanta firmeza
que me resultaba imposible moverme, no podía hacer otra
cosa que recibir todo lo que él pudiera meterme.
Rápidamente caí en un pozo de puro goce y placer. Me estaba
taladrando bestialmente, agradecía que mi rajita lubricara tan
bien y que él tuviera tanta experiencia, confiaba
completamente en Pepe, él no me lastimaría.

Al abrir los ojos me encontré con una escena de lo más


curiosa. No podía oír qué ocurría pero mi madre parecía estar
retando a Ariel, Augusto se reía de la desgracia de su primo y
Mayra se acariciaba una nalga con gesto de dolor y mi tío
Alberto le acariciaba la otra. Supuse que Ariel había intentado
desflorar el culito de mi hermana y que mi madre se vio
obligada a intervenir. No podía concentrarme mucho en lo que
ocurría ya que mi padre seguía penetrándome una y otra vez,
dilatándome la concha y ganando terreno dentro de ella; sin
embargo vi cómo mi madre tomaba de la mano a su sobrino y
se lo llevaba, luego ella se puso de rodillas arriba de un sillón,
yo la veía de costado. Colocó los brazos sobre el respaldar, de
la misma forma en la que yo lo hacía, para no salir volando
con cada una de las clavadas de mi padre, y le indicaba algo a
Ariel. Se abrió las nalgas, presentándole sus agujeritos y el
chico comenzó a reírse de alegría. Agarró su dura verga y
comenzó a frotarla por los labios vaginales de su tía, los
cuales chorreaban flujos. Mi papá sacó casi toda su verga y
avanzó violentamente, haciéndome gritar de placer, luego
siguió dándome con movimientos rápidos y cortitos; si mi
madre podía sentir esto en su concha cada vez que quería,
debía ser una mujer sumamente feliz. Volví a mirar a Mayra,
la chica no había perdido tiempo lamentándose por nada, la vi
acostada de lado en un sillón, su cabeza reposaba en las
piernas de Augusto y su lengua jugaba con esa verga dura, mi
tío Alberto se estaba llevando el premio mayor. Sostenía en
alto una de las piernas de la pequeña y le estaba perforando
la delicada conchita a vergazos. Justo frente a ellos, mi madre
entrecerraba sus ojos y parecía estar gimiendo de placer, mi
primo seguía frotando la punta de su pija contra esa concha
carnosa y velluda.

En ese instante, cuando se me dio por mirar a Mayra una


vez más, vi a alguien de quien me había olvidado por
completo. Mi tía Analía estaba de pie justo donde el pasillo
comenzaba y miraba la escena con asombro e indignación.
Clavó sus ojos en mí y yo le devolí la mirada expresándole
todo el placer que sentía por la cogida que me estaba dando
mi papá. Ella frunció el ceño, se acercó al equipo de música y
bajó el volumen. Me enfurecí. Le hice la clásica señal de “Fuck
you” con mi dedo mayor, mordiéndome el labio inferior por la
bronca. Ella me ignoró y se fue por donde había venido. Era la
aguafiestas más grande que había conocido en mi vida. La
música había pasado a ser un leve murmullo de fondo,
hubiera vuelto a subir el volumen, pero no quería alejarme de
Pepe por nada del mundo, estaba pasando el mejor momento
de mi vida y no le permitiría a nadie que lo arruine.

No sabía si controlar la intensidad de mis gemidos, los


cuales ya eran cada vez más constantes; pero nadie parecía
estar prestándome atención. Podía escuchar los golpecitos
húmedos de la verga de mi tío entrando en Mayra y,
obviamente, los de mi padre entrando y saliendo una y otra
vez de mi concha. Todos parecían estar pasándola muy bien,
a excepción de Augusto, quien lucía muy incómodo al ver
cómo su hermanita pequeña le mamaba la verga.

-Dale, Ariel. Dejate de joder, metémela de una vez –le oí


decir a mi madre entre jadeos- ¿Querías un culo? Bueno, acá
lo tenés –mi primo presionó con su glande contra el ano de
Viki y éste resbaló hacia adentro, la verga se perdió hasta la
mitad dentro de ese orificio- ¡Ay sí, pendejo, clavámela hasta
el fondo! –sabía muy bien que a ella le causaba mucho morbo
coger con muchachos jóvenes- ¡Toda, toda! –gritaba mientras
el pene se hundía más y más, al igual que lo hacía el de mi
padre, dentro de mi vagina, la cual parecía haber llegado a su
límite y todavía no había entrado toda.

Comencé a gemir con ganas, dando rienda suelta a todas


mis expresiones de placer, mi madre me había demostrado
que allí nadie juzgaría al otro... lo importante era pasarla bien.

-¿Eso es todo lo que tenés pendejo? –Preguntó Viki


mientras Ariel golpeaba la pelvis contra sus nalgas,
haciéndolas rebotar- Me dijiste que me ibas a romper el culo...
ponele ganas.
Mi primo comenzó a hacer un esfuerzo realmente grande,
todos los músculos de su cuerpo se tensaron y sus
penetraciones se hicieron más rápidas. Pude ver que mi
madre prácticamente arañaba el respaldo del sillón, no sabía
si lo hacía porque le dolía o porque le estaba gustando
demasiado, pero cuando soltó un agudo y largo gemido, supe
que se trataba de lo segundo. Ariel no se detenía, parecía un
robot sexual, me sorprendía su buen estado físico. La verga
salía y entraba del dilatado agujerito con total facilidad. No le
daba tregua a Viki, sus grandes nalgas temblaban como
gelatina.

- ¡Ay... ay... ayyy! ¡Así me gusta más... con fuerza! –


Exclamó- ¡Rompele el culito a la tía... que a la tía le gusta! –
esto parecía incentivar al animal de pelo rubio que se sacudía
detrás de ella.
-Te lo voy a dejar bien abierto –le aseguró él, pude ver su
glande salir del agujero y enterrarse en él una vez más.
-Sí... sí... abrime toda –dijo jadeando copiosamente.
Hablaban como si estuvieran solos en la habitación de un
hotel. Ella comenzó a masturbarse.
-¿Te gusta, putita? –como creía conocer a mi madre, supuse
que ella no contestaría si la llamaban “putita”... pero
aparentemente no la conocía tan bien como pensaba.
-Sí, me encanta... me encanta... no pares –y él no se
detuvo, sólo aminoraba el ritmo durante pocos segundos para
luego volver a acelerar.
-Te voy a llenar el culo de leche, puta.
-Eso es lo que quiero, que me lo llenes con tu leche –decía
ella entre gemidos.
-Te dije que te iba a partir el culo y que te iba a gustar...
¿ahora me creés?
-Si... siiii.... te creo, te creo... ¡Ahh! Me estás rompiendo
toda... y me está gustando –nunca había escuchado a mi
madre hablar de esa forma, parecía que había sido poseída
por el demonio del morbo y la perversión.
-¿Alguna vez te habían dado así por el culo? –él no se
detendría por nada del mundo, seguiría penetrándola y
humillándola.
-Nunca... ¡Ah, ah! Nunca...
-Te chorrea cremita de la concha, putita –tuve que mirar
bien, pero me di cuenta de que él tenía razón, un espeso y
blanco líquido caía lentamente de la vagina de mi madre, sólo
había visto eso cuando Augusto le dio por el culo.
-Eso quiere decir que me estás cogiendo muy rico...
El líquido seguía fluyendo y caía sobre el tapizado del sillón
y le manchaba los dedos de blanco, ya que ella no dejaba de
frotarse el clítoris. Ariel recolectó con sus dedos parte de ese
juguito blanco y obligó a mi madre a lamerlo, en realidad ella
lo hizo con mucho gusto. Tenía ganas de decirle a mi padre
cosas similares a las que decía mi mamá, pero no me
animaba, imaginé que yo no tendría tanto carisma como ella
para calentar diciendo esas cosas. Mayra también parecía
calentarse con lo que escuchaba ya que estaba chupando la
verga de Augusto sacudiendo la cabeza de arriba abajo con
violencia, tragándosela hasta donde le entraba y sacándola
llena de su saliva; Alberto no se quedaba atrás, le estaba
dando a la pequeña una sacudida extraordinaria, me
imaginaba que él también había esperado ese momento por
mucho tiempo.

-¡Me gusta tu pija, pendejo... me gusta mucho! ¡Dámela


toda! –exclamó Viki, eufórica.
-¿Me vas a entregar tu colita cada vez que yo quiera? –
estaba comenzando a pensar que mi primo tenía talento para
la dominación... y que mi madre había caído completamente
en sus trucos.
-Sí... cada vez que quieras... mi colita es tuya –de pronto él
le dio un fuerte cachetazo en una nalga -¡Aiii! –exclamó mi
madre, por el dolor, la silueta de la mano de Ariel había
quedado dibujada en rojo justo donde había pegado.
-Tendría que castigarte... por puta.
-¡Ay... sí! Castigame... –le imploró.
-Vos sabías que esto iba a pasar –le dio un nuevo golpe, tan
fuerte como el anterior-. Te portaste mal –otro golpe.
-Sí... me porté muy mal.
-Vos sabías que yo te iba a romper el culo si te hacías
mucho la putita... ¿O me equivoco? ¿Lo sabías? –esta vez el
golpe vino con la otra mano, en la otra nalga.
-Sí, yo lo sabía... sabía que me lo ibas a romper... y sabía
que me iba a gustar.
-Te dije que ibas a ser mi putita.
-Soy tu putita... haceme lo que quieras.
Escuchar a mi madre hablar de esa forma, y ver cómo mi
primo le rompía el culo, me calentaba de sobremanera; pero a
eso debía sumarle la tremenda cogida que me estaba dando
mi padre. Aparentemente a él también lo provocaba mucho
escuchar a su esposa diciendo semejantes locuras, ya que
comenzó a ensartarme tan rápido como Ariel lo hacía con Viki.
No podía más, comencé a experimentar otra vez esa extraña
sensación en la que el tiempo parece hacerse más lento,
podía sentir cada centímetro de la verga de mi padre dentro
de mi concha y ya tenía sus bolas chocando contra mí. Me la
estaba clavando completa. Mis gemidos pasaron a ser
manifestaciones de agonía, no podía hablar, no podía gritar,
sólo podía sufrir placenteramente cada una de las
embestidas. Mi vagina comenzó a sufrir espasmos y pude
sentir un líquido tibio saltando de ella, cayendo en la cara
interna de mis piernas; estaba acabando y mis rodillas
perdían rigidez; por suerte mi papá tenía la fuerza suficiente
como para sostenerme. Siguió clavándome sin cesar y mi
concha seguía escupiendo juguito, mi corazón latía
violentamente y hasta tenía dificultades para respirar. Todo se
nubló y temí desmayarme, pero eso no ocurriría, no era más
que un momento de agónico placer; el cual recordaría toda mi
vida.

No sé cuánto tiempo me llevó volver a ser consciente de la


realidad, pero me había parecido una eternidad. Mi clímax
había terminado, sin embargo aún estaba muy excitada,
recibiendo la verga de mi padre en todo su largo y ancho.
Miré a Mayra, ella se había puesto de pie y se agachaba frente
a Augusto, dándole la espalda, haciendo que su pequeña
conchita rozara contra la punta de la verga. Mi tío miraba la
escena sentado al lado de ellos. Ella apoyó la espalda en el
pecho de su hermano se frotó contra su miembro, me
calentaba mucho verla así, el glande se le clavaba un poquito
en la concha, pero ella lo sacaba, luego se levantaba un
poquito y permitía que la punta de la verga quedara contra su
apretado culito, ella puso los pies en el sillón y abrió las
piernas, flexionando las rodillas podía regular que tanto quería
subir o bajar. Mientras se movía miraba asombrada cómo le
rompían el culo a su madre a pocos metros de ella. Noté que
la pequeña estaba haciendo un gran esfuerzo por bajar, la
punta de la verga de Augusto comenzó a perderse dentro de
su culito, ella se estaba poniendo roja como un tomate y por
sus resoplidos me di cuenta de que le dolía bastante; sin
embargo el glande logró penetrarla, ella soltó un grito de
dolor y comenzó a masturbarse rápidamente. No pudo tolerar
mucho esa gruesa cabeza adentro, se vio obligada a sacarla,
pero casi inmediatamente la clavó hasta la mitad dentro de su
conchita rosada. Volvió a soltar otro grito, pero éste era de
puro placer. Con un brazo estirado hacia atrás rodeó la cabeza
de Augusto.

-Esta vez sí me vas a coger, hermanito –le dijo antes de


empezar el sube y baja, permitiendo que la verga se clavara
cada vez más hondo.

Mi papá parecía insaciable, continuaba dándome sin parar,


mudo como si fuera una máquina. No necesitaba palabras de
su parte, la forma en la que me penetraba me daba a
entender que para él también este momento era sumamente
importante, y quería hacerlo bien. Al fin y al cabo sería la
primera vez que le partiera la conchita a su hija mayor;
esperaba que fuera la primera de muchas.

Alberto se puso de pie frente a Mayra, ésta abrió la boca y


se abalanzó hacia adelante en cuanto lo vio, se tragó toda su
verga y comenzó a mamarla, pude ver que Augusto por fin
había caído en la cuenta de que su hermanita menor no era
una niña y que ya estaba totalmente apta para ser cogida, él
mismo comenzó a sacudir su cuerpo dándole fuertes
embestidas desde abajo hacia arriba.

-¿Te vas a tomar la lechita, ricura? –le preguntó Alberto.


-Sí, me la voy a tomar toda –aseguró mi hermanita sin dejar
saltar sobre esa verga que se perdía en su interior.
-¿La mía nomás? –sabía que esa pregunta en realidad era
un desafío.
-La de todos –respondió ella soltando algunos de los
gemidos agudos más hermosos que había escuchado en mi
vida. Luego volvió a tragarse la pija de su tío, para continuar
mamándola.

Pasados unos segundos, viejo panzón comenzó a descargar


toda su espesa leche en la boquita de la nena. Mayra parecía
encantada con esto, estaba notando que el semen le gustaba
casi tanto como las vaginas, por lo que tal vez no era tan
lesbiana como ella afirmaba; pero si ella era feliz diciendo que
lo era, yo no me interpondría. Ella no dejaba de sacudirse
arriba de Augusto y se iba tragando con gusto toda la leche
que le caía en la boca, la cual era mucha, ya que mi tío
llevaba largo rato con la verga parada, acumulando semen.

Luego de haberse tomado hasta la última gota, Augusto la


levantó por las axilas como si fuera una muñequita de trapo y
con una seña y una sonrisa le indicó que se pusiera de rodillas
en el piso. Ella obedeció y abrió la boca, encantada. Mi
hermano se masturbó con ganas; el primer chorro de semen
cruzó en diagonal toda la cara de la pequeña, ella se apresuró
a meterse la verga en la boca y recibir allí el resto de la
descarga.

Ariel giró su cabeza y vio a su primita de rodillas en el piso,


con la cara salpicada de semen y una verga metida en la
boca. El rubio sonrió y dejó de coger a su tía, ésta parecía
exhausta, se acercó a Mayra y cuando ella lo vio venir, le
agarró la verga y lo masturbó, hasta que pudo obtener otra
descarga de ese precioso néctar dentro de su boquita. Ella
lamía todo lo que estuviera impregnado de leche con una
gracia natural.

De pronto noté que mi padre me agarraba con más fuerza,


sus embestidas se aceleraron y se llevó toda mi atención.

-¡Ay, si... sí... siiiii! –comencé a gritar mientras me aferraba


del respaldar del sofá.
Su verga producía un húmedo chasquido al clavarse en mí
una y otra vez. Apreté los dientes y comencé a resoplar para
poder tolerar toda su furia, el tronco salía casi completamente
y luego sentía los huevos rebotando contra mí.

-Ay papá... me vas a partir... Ay... no pares... no pares...

Fue maravilloso escucharlo jadear mientras ponía todo su


empeño en cogerme. Su leche comenzó a llenarme, parecía
que no tenía a donde ir, seguía saliendo... más y más... y toda
se iba acumulando en mi interior. Agradecí usar regularmente
pastillas anticonceptivas, de lo contrario esto hubiera sido
muy peligroso. Mi padre aceleró el ritmo por última vez para
poder descargar todo su semen y luego fue aminorando la
marcha poco a poco, hasta que se quedó quieto. Dediqué
algunos segundos a recuperar el aliento y a disfrutar el
calorcito que me llenaba, luego él se apartó.

Con la vagina llena de semen caminé, sin abrir mucho las


piernas, hasta el sillón en el que había estado cogiendo
Mayra, ella me vio y comprendió a lo que había venido, se
acercó rápidamente, gateando. Puse un pie arriba del sillón,
ella abrió grande su boca y la puso casi pegada a mi conchita,
al instante el blanco semen comenzó a chorrear; pude ver el
grueso hilo que se formó desde mi orificio vaginal hasta su
lengua. No la vi tragarlo, ya que subió la cabeza y comenzó a
chupármela. Me sorprendía su ímpetu al succionar, me estaba
arrancando los labios de la concha, pero me gustaba mucho.
Podía escuchar los húmedos chasquidos que hacía al absorber
toda esa mezcla de jugos vaginales y semen. Luego su lengua
se coló en mi vagina, como si estuviera buscando los últimos
rastros de leche. Su almejita también estaba hecha un mar de
flujos y no paraba de masturbarse. Por suerte la acción
terminó en pocos segundos ya que no podía seguir
manteniéndome en pie, necesitaba sentarme aunque sea
unos instantes y me dejé caer pesadamente en el sillón. Ella
se acostó sobre mí y continuó castigándose la concha, yo le
acaricié el pelo, pero la mano se me manchó con semen, así
que comencé a dárselo en la boca. Me chupó los dedos con
muchas ganas hasta que comenzó a sacudirse y a emitir
fuertes gemidos. En cuanto acabó su vagina expulsó tres finos
chorritos de líquido transparente, nunca la había visto hacer
eso, pero no me sorprendía ya que yo acababa de la misma
forma cuando me excitaba demasiado.

Viki se puso de pie y comenzó tambalearse, Ariel la sostuvo


por la cintura y ella estrelló un apasionado beso en su boca.
No me daba miedo afirmar que esa había sido una de las
mejores cogidas que le habían dado en su vida.

Mi papá se había sentado en el mismo sillón en el que yo


me había apoyado y miraba la escena, complacido. Estaba
segura de que esto marcaría un antes y un después definitivo
en la vida de mi familia. No se comparaba a las anteriores
partidas de póker, en las que el morbo y la culpa convivían;
esta vez hubo sexo abierto, en el que todos participamos....
bueno, todos menos esa negra aguafiestas que se escondía
como una rata cobarde en el cuarto de mis padres.

Como vi que ya todo había terminado, aparté a Mayra y me


puse de pie; me dirigí hacia el baño, necesitaba refrescarme
un poco y quitarme el sudor y la acumulación de flujos del
cuerpo. Cuando agarré la puerta del baño escuché la voz de
mi madre, estaba hablando con Mayra, ambas parecían estar
alabando el momento vivido, se unieron a mí antes de que
pudiera entrar.

-¿Ustedes también quieren ducharse? –les pregunté, Mayra


estaba toda pegajosa, aún podía ver líneas de semen que
cruzaban por su rostro, incluso un poco le había caído en el
cabello.
-Si no te molesta... –me dijo ella.

No tuve necesidad de responder, las invité a pasar. Abrimos


la ducha, esperamos hasta que el agua esté apenas tibia y
nos metimos las tres dentro de la bañera, de pie. Recibir la
lluvia de agua en el cuerpo fue un gran alivio para mis
músculos, además me despejó un poco la mente, que aún
estaba algo apelmazada por el alcohol. Ayudé a Mayra a
limpiarse, quitándole el semen con las manos y pasándole una
esponja enjabonada. Ella me agradecía la atención con la
mejor de sus sonrisas. Mi madre estaba delante de nosotras,
más cerca de la ducha, se lavaba la entrepierna con el agua
que caía.

-Eso sí que fue intenso –les dije.


-Creo que llamarlo “intenso” es poco –aseguró mi mamá.
-No imaginé que te cogerías a los dos a la vez –le comenté
mientras lavaba la vagina de mi hermanita y ella hacía lo
mismo con la mía.
-Yo tampoco... pero tuve que intervenir con Ariel, le iba a
romper el culo a Mayra... de mala manera.
-Sí, yo le decía que no y él no me quería escuchar. Me clavó
la punta de la verga, casi me largo a llorar del dolor.
-Es que es un brusco, no esperó a que se te dilate bien, por
eso después se hizo el “experimentado” conmigo y demoró
tanto en meterla.
-A mí lo único que me importa –les dije-, es que gané la
apuesta. Papá me cogió mucho antes de que a vos te la
metiera Augusto.
-Pero... pero yo tuve que ayudar a Mayra.
-Y sos una excelente madre por haber sacrificado tu culo,
para salvar el de tu hijita... pero de todas formas, yo gané.
-Tiene razón, ganó ella. Le doy la victoria especialmente
por la idea de poner música, Augusto estaba a punto de
metértela, cuando ella te obligó a alejarte de él, sutilmente –
dictaminó Mayra metiendo dos deditos en mi concha-. Les
tendría que haber apostado que me tragaba la leche de todos,
ahí sí que me hubieran tenido que dar un buen premio.
-Eso sí que me sorprendió –le aseguré-, pensé que lo decías
por decir nomás. No sé cómo te animaste.
-Me animé por la calentura que tenía... y que hayas venido
a ofrecerme tu concha en el momento justo, me puso como
loca –se puso en puntitas de pie para darme un cortito beso
en la boca.
-Gracias, hermosa. Sos un amor –como premio comencé a
frotarle lentamente el clítoris.
-Mami, ¿Ariel te rompió el culo como prometió, o fue puro
palabrerío?
-Y... digamos que yo tengo mi orgullo... no le iba a admitir
nada, y si le podía golpear un poquito el ego, lo iba a hacer;
pero la verdad es que el pendejo me dio una culeada
monumental... de entrada me dolió un montón y me dije
“Dios, si ya empezamos así, no sé cómo vamos a terminar”;
pero no se la iba a dejar tan fácil, por eso le pedí que me diera
con todo lo que tenía y...
-Y lo hizo –acotó Mayra.
-Sí... sí que lo hizo. Me dio con todo. Empecé a sentir cómo
me bombeaba el culo y que todo el cuerpo se me electrizaba.
Al final me tuve que tragar mi orgullo, me gustó demasiado...
y quería hacérselo saber, quería que él supiera lo bien que la
estaba pasando... no sé, fue una sensación extraña, de pronto
quería exteriorizar todo, no podía guardarme tanto placer.
Además el pendejo me decía barbaridades... eso me ponía
como loca. Me siento culpable, porque al hacerlo con ese
pendejo fue la primera vez en mi vida que tuve la sensación
de estar engañando a Pepe; porque me entregué
completamente a Ariel.
-No te sientas mal mamá, a tu marido yo lo tenía bien
entretenido.... y cuando empezaste a gritar esas cosas,
empezó a darme más fuerte. Digamos que fue un engaño
mutuo y consentido.
-Gracias Nadia, eso me tranquiliza mucho.
-De todas formas hay algo que a mí me resultó raro –nos
hizo saber Mayra.
-¿Qué cosa, hija?
-La forma en la que hablaban entre ustedes... era como si
viniera por otra cosa... como si ya se conocieran de antes.
-Bueno, es mi sobrino, claro que lo conocía de antes.
-No me refiero a eso, sino a que él supo cómo volverte
loca... y me resulta imposible creer que lo haya logrado en tan
poco tiempo, vos no sos una mujer tan fácil de dominar.
-Es que... hay algo que no les conté.
-Podes contarnos ahora.
-Está bien, pero no se enojen conmigo si no les agrada. Las
cosas con Ariel empezaron hace mucho... mucho antes de que
tuviéramos el primer juego de Póker. Nunca se lo conté a
nadie, ni siquiera tu papá lo sabe... pero les prometo que él lo
va a saber, es mi marido y lo amo con locura, no voy a
permitir que una calentura arruine todo.
-Te escuchamos –le dije-, y no nos molesta. Todos en esta
familia hicimos cosas indebidas en algún momento, si
empezamos a juzgarnos entre nosotros, nos terminaríamos
matando.
-Gracias por entender. Resulta que Ariel está caliente
conmigo desde hace más de un año. Nadia, ¿te acordás que
yo te conté las calenturas que me daba con Augusto? –Asentí
con la cabeza-. Bueno, esto pasó más o menos en esa época y
Ariel tiene mucho que ver con la calentura con mi hijo ya que
fue por él que empecé a mirar a los chicos de esa edad con
otros ojos... y bueno, tenía a Augusto cerca; pero eso ya no
viene al caso. Con Ariel todo empezó un día me vio en bikini y
desde ahí se obsesionó conmigo; él fue discreto e indiscreto a
la vez. Discreto porque siempre me hablaba cuando
estábamos solos y cuidaba mucho que nadie nos escuchara;
indiscreto porque me decía todas las barbaridades que se
puedan imaginar. Es un zarpado... y eso es lo que más me
calentó de él, que fuera tan directo conmigo, que me dijera de
frente todo lo que quería hacerme.
-Me imagino qué cosas te decía –dijo Mayra.
-Sí, las que se imaginan... pero principalmente le decía que
le encantaba mi culo y que me lo iba a romper. Él venía y me
agarraba una nalga, hasta me hincaba los dedos en el
agujerito por arriba de la ropa y me decía: “Este culito va a
ser mío”. A lo que yo le contestaba que ese culo tenía dueño,
era de mi marido. Él se me reía.
-¿Solamente te manoseó? –le pregunté.
-No, él no se iba a conformar con eso. No tienen una idea
de lo insistente que puede llegar a ser ese chico. Cada vez
que estábamos solos me arrimaba o me obligaba a tocarle la
verga por arriba del pantalón diciéndome “Te gusta, putita...
te gusta”. No le admitía nada, pero tenía toda la razón del
mundo, me volvía loca que me hiciera eso. A veces yo misma
lo provocaba un poquito o me ponía alguna pollera cortita
cuando él venía, para que pudiera meterme la mano.
-¿Te coló los dedos? –quiso saber Mayra.
-Sí, varias veces, para colmo me decía “Te mojás toda cada
vez que te toco”. Él me estaba invadiendo la cabeza, había
días en los que no podía dejar de pensar en él y en qué
pasaría la próxima vez que estuviéramos solos; pero yo
siempre mantenía la misma actitud, lo provocaba y le
golpeaba el ego... le agarraba la verga, la cual siempre se le
ponía dura, y le decía que con esa salchichita no me podía
hacer nada. Él se enojaba y me arrimaba por detrás. Una de
esas veces fue una tarde que vino cuando yo estaba sola,
empezó con los toqueteos de siempre y le dije que no le tenía
miedo a su pitito, entonces me puso contra la mesada de la
cocina, yo estaba de pollera y me arrimó con la verga afuera
diciéndome las chanchadas de siempre, “Tu culito pide a
gritos este pedazo”. Yo me mojé toda y lo dejé. Empecé a
seguirle el jueguito. Podía sentir cómo me hincaba la verga
contra la bombacha y que ésta se me iba metiendo dentro de
la concha. Me agarró las tetas y me dijo “Te voy a coger,
puta... y te va a gustar”, le contesté: “Vos no podés coger a
nadie”. “Vas a ver que sí, si te sacás la bombachita te rompo
el culito”, me decía al oído. Yo estaba que volaba de
calentura, así que le dije: “¿Por qué no me la sacás vos, si sos
tan macho”.
>No lo dudó, me bajó la bombacha y me la hizo sacar;
después volvió a arrimarme, se había mojado la verga con
saliva, la puso justo contra el agujero de mi culo; yo, en lugar
de alejarlo, me levanté más la pollera y me incliné más sobre
la mesada, levantando la cola.
> -No te me pongas así putita, que vas a terminar muy mal.
> -No sos lo suficiente hombre como para poder poseer una
mujer como yo... te faltan huevos.
> Entonces él comenzó a frotar la verga de arriba abajo,
pasándomela entre los labios de la vagina y subiendo de
nuevo hasta el culo.
> -Ya vas a ver, cuando empiece a montarte me vas a pedir
que te la meta más fuerte.
> -Claro, porque ni siquiera la voy a sentir –le respondí. Era
una lucha de egos.
> Él me tomó por sorpresa cuando puso la punta de la
verga en mi culo y empujó hacia adentro. Sentí un dolor
agudo y tuve la certeza de que se me estaba abriendo; pero
me aparté enseguida, acercándome más a la mesada.
> -¿Qué pasa, putita? ¿Tenés miedo? –me preguntó
riéndose de mí.
> -¿Miedo de vos? ¡Pero por favor! –le agarré la verga y lo
acerqué nuevamente a mi vagina- Esta conchita es
demasiado para vos –moví su pene de forma tal que el glande
me abriera los labios de la concha mientras lo subía y lo
bajaba. Nunca habíamos llegado tan lejos.
> -Esta conchita está toda mojada –me dijo tocándome el
clítoris, tenía razón, yo estaba que goteaba flujos- ¿Eso qué
quiere decir?
> -Quiere decir que soy bien mujer y que a mí se me moja,
al igual que a vos se te para.
> -Yo creo que quiere decir que estás caliente conmigo.
> -Solamente en tus sueños. Vivís a pajas, pendejo, qué te
hacés ahora el macho ponedor.
> -No te hagas la picante, tía. Si te da miedo entregar la
colita –al decir esto enterró un dedo ensalivado en mi culo,
tuve apretar mis dientes para no soltar un quejido-. Qué
apretadito que está este culito, ¿segura que te bancarías toda
mi verga adentro?
> -Por supuesto, pero eso no quiere decir que te vaya a
entregar el culo.
> -¿Te da miedo? –movió el dedo en mi interior
provocándome dolor.
> -No, para nada... pero no sé si valés la pena como para
entregarte la cola, nene. No se la doy a cualquiera –en
realidad estaba aterrada, tenía miedo de que me clavara por
detrás y que me hiciera gritar de dolor, estaba intentando
buscar una excusa para que no lo hiciera-. Ni siquiera me
demostraste lo que sos capaz de hacer y ya estás
fantaseando con la idea de que te entregue la cola.
> -Así que la putita quiere que le muestre lo que soy capaz
de hacer... vas a terminar todita llena de leche.
> -¿Vos me vas a llenar de leche a mí? En tus sueños,
pendejo.
> Quitó el dedo que estaba en mi culo y sentí un gran
alivio; sin embargo agarró mi pierna izquierda y la levantó,
obligándome a apoyarla arriba de la mesada, quedé aún más
expuesta. Comenzó a frotar otra vez su verga contra mi
vagina, empapándola con mis jugos, los cuales ya abundaban.
El corazón me latía deprisa y estaba muy excitada, pero no se
lo iba a admitir.
> -Cómo se te abre esa conchita, putita. Ese agujerito pide
por mi verga –cada vez me costaba más refutar sus
comentarios.
> -Ya ves, estoy toda abierta y mojada... pero vos no sabés
qué hacer con una mujer cuando está así.
> -¿Y por qué te pusiste así? –tragué saliva, podía sentir su
duro glande amenazando con entrar en mi vagina, sin
embargo él lo continuaba frotando por fuera-. A mí se me para
con sólo ver tu colita, lo admito... estás muy buena, tía; pero
vos... –pasó dos dedos entre los labios de mi concha y luego
me los mostró, estaban llenos de un líquido viscoso y
pegajoso- mirá lo que es esto ¿por qué estás así? –volvió a
preguntarme.
> Empezó a darme rápidos golpecitos con la verga, a mí
me gustó tanto que hiciera eso que cometí el acto fallido de
agarrarme la parte baja de una nalga y así abrir más la
concha para él.
> -¡Epa! –Exclamó-. Se ve que te está gustando, putita.
Admití que estás caliente.
> -Sí, estoy caliente ¿y qué problema hay con eso? Soy
mujer, no me avergüenza decir que me caliento cuando me
arriman una verga... y me mojo con facilidad, así que tampoco
es un gran mérito.
> -Pero sí es un mérito mío –siguió con su constante
golpeteo, haciendo que mi concha salpicara juguito, yo me
tenía que morder la boca para no gemir-. ¿Así que no hay por
qué avergonzarse de nada?¿Te gusta que haga esto? –me
preguntó refiriéndose a los golpecitos.
> -Sí, me gusta... y no quiere decir que esté loca por vos.
> -Está bien, ¿y esto también te gusta? –agarró su verga
con firmeza y comenzó a darme cortitas embestidas contra el
agujero de la concha, provocando que éste se abra y se
cierre, casi no metía su verga.
> -Sí, eso también me gusta... es lógico, soy mujer.
> -Decime... ¿esto también te gusta? –puso la punta de su
verga contra mi culo y comenzó a presionar hacia adentro,
solté un leve gemido que intenté disimular.
> -Por supuesto, me gusta que me den por el culo.
> -Contame... ¿qué otra cosa te gusta? De la cual tampoco
tengas por qué avergonzarte.
> -Me gusta que me toquen el clítoris.
> -¿Así? –preguntó mientras con dos dedos comenzaba a
estimular mi botoncito usando movimientos circulares.
> -Sí, así...
> -¿Otra cosa que te guste?
> -Que me metan los deditos por la concha.
> -¿De esta forma? –metió dos dedos en lo profundo de mi
agujero, a todo esto su verga seguía presionando
peligrosamente mi culo.
> -Más rápido –aceleró el movimiento de su mano, podía
sentir sus dedos muy adentro-. Sí, así me gusta más –no
dejaba de masturbarme ni por un segundo, mi respiración
estaba muy agitada y mi buen juicio se estaba nublando
completamente-. Arrimame más con la verga –le pedí y él, sin
decir nada, presionó un poco más, sentí un enorme placer
cuando su glande, lubricado con mis fluidos, comenzó a
dilatarme el culo; sin embargo sabía que no la podría tolerar
toda si me la clavaba en ese momento-. Volvé a darme
golpecitos –por suerte él no se negó, quitó los dedos de mi
vagina y volvió a pegarle repetidas veces con la punta de su
verga.
> -Vos ya estás lista para que te cojan –me dijo.
> -¿Y qué esperás para demostrarme lo que sabés hacer?
Porque yo todavía no vi nada...
> Yo y mi bocota, apenas terminé de hablar y él ya estaba
penetrándome. Lo hacía muy lentamente, como si quisiera
que yo disfrutara del momento al máximo... y así lo hice. Los
labios internos de la vagina se me fueron dilatando poco a
poco, para darle paso a todo lo que entraba. Estaba tan
mojada que el pene se deslizó hacia adentro con enorme
facilidad, solté un gemido entre dientes. La clavó completa y
la dejó quieta, esperando ver mi reacción, me mantuve
inexpresiva... bueno, lo más inexpresiva que podía ser con
una verga metida en la vagina. Luego la fue sacando, tan
lento como la había metido. No la sacó completa, justo antes
de llegar a la punta, volvió a meterla.
> -¿Te gusta que te cojan así, despacito?
> -Sí, me gusta; pero me han cogido de mejores formas, no
me voy a volver loca por esto –lo cierto era que el morbo que
inundaba el ambiente me estaba volviendo loca. Él seguía
metiéndomela despacito- ¿Por qué no me das más fuerte? A
ver si de esa forma me gusta más.
> No, sólo quería que la probaras un poquito.
> Al decir esto me la sacó completamente y se alejó de mí,
dejándome sola toda abierta y con la concha empapada. No lo
podía creer, había hecho todo lo posible para metérmela y
ahora que se lo permitía, él me dejaba así.
> -¿Qué pasa pendejo, ya arrugaste? –le pregunté bajando
la pierna de la mesada.
> -Para nada... es sólo que yo ya te mostré lo que puedo
hacer, pero vos no me mostraste nada a mí.
> -¿De qué hablas?
> -Vos también tenés que mostrarme cuáles son tus
talentos... Por ejemplo, ¿sabés hacer buenos petes?
> -Por supuesto.
> -Y si te la chupo bien ¿qué vas a hacer, me la vas a meter
otra vez?
> -No, te la voy a meter solamente si vos me la pedís.
> -Eso no va a pasar, pero te voy a mostrar qué buenos
petes sé hacer.
> Me agaché delante de él y sin esperar un segundo me
metí su verga en la boca, tenía el sabor de mi propia vagina,
lo cual me calentó mucho. Comencé a mamarla dándole
chupones en el glande y masturbándolo con una mano.
Estuve chupándola sin parar durante un buen rato, jugando
con mi lengua todo lo que podía, y de pronto él me agarró con
fuerza de los pelos, estuve a punto de sacar el pene de mi
boca para quejarme, pero me la clavó aún más adentro, casi
me ahoga. Empezó a cogerme por la boca, literalmente. Me
dolían los tirones de pelo y me veía obligada a mantener la
boca lo más abierta posible mientras esa dura verga entraba y
salía sin parar, me estaba babeando toda ya que ni siquiera
tenía tiempo de tragar la saliva. Tan súbitamente como
comenzó, se detuvo. Sacó la verga de mi boca y me limpié la
saliva del mentón con el dorso de la mano, miré hacia arriba,
hasta cruzarme con sus ojos, mientras jadeaba rápidamente.
> -Hacé eso otra vez –le pedí.
> -¿Te gustó, putita?
> Asentí con la cabeza, sin dejar de mirarlo. Volvió a
sujetarme el pelo con violencia y una vez más tuve esa dura
verga clavada en toda la boca. La sensación de placer que me
producía era enorme, nunca nadie me había tratado de esa
manera y jamás creí que alguien pudiera hacerlo. Pepe es
rudo y fuerte, pero es sumamente respetuoso conmigo; en
cambio este pendejo no me respetaba en absoluto, me
trataba como a una puta y eso me calentaba más de lo que
hubiera podido imaginar. Gocé una vez más con la forma
brusca en la que me obligaba a chuparle la verga. Cuando se
detuvo me puse de pie, estaba demasiado excitada como
para conformarme sólo con mamadas, aunque éstas fueran
las más intensas de mi vida.
> -Seguime, pendejo.
> Fuimos hasta mi cuarto, apenas entramos comencé a
quitarme toda la ropa, él se abalanzó sobre mí y comenzó a
chuparme las tetas, dando leves mordiscos a mis pezones,
mientras tanto yo jugaba con su pene. Luego me puse en
cuatro en el borde de la cama.
> -Acá me tenés, pendejo, a ver qué podés hacer...
metémela toda –se acercó a mí por detrás, esta vez me
penetró con mayor fuerza.
> -Ya vas a ver, putita, vas a gritar de placer.
> -Eso quiero verlo –dije apretando los dientes, al clavarse
la verga tan rápido me había producido una repentina oleada
de placer.
> Sus movimientos no se parecían en nada a los que había
hecho en la cocina, esta vez me tomaba firmemente por la
cintura y se bamboleaba con destreza, podía escuchar el
golpeteo rítmico de su pelvis chocando contra mis glúteos, la
verga entraba y salía con facilidad, como si mi concha no
opusiera resistencia alguna.
> -¿Te gusta, tía?
> -De momento vas bien, pero todavía no estoy
impresionada.
> Aún podía controlarme, era capaz de recibir sus duras
embestidas sin gemir, tan sólo tenía la respiración agitada;
pero debía admitir que cada vez me gustaba más lo que él me
hacía y sabía que esto me dificultaría mucho las cosas. Para
empeorar todo aún más, a él se le ocurrió seguir diciéndome
cosas al oído, sin dejar de metérmela.
> -Vas a ser mía, putita... vas a venir a rogarme que te
coja.
> -Claro que sí, pendejo... –le dije en tono despectivo, pero
ya no confiaba en mis propias palabras.
> -Estás muerta por mí, lo puedo ver en tu carita.
> -Tenés mucha imaginación –no paraba... no me daba
respiro, seguía taladrándome la vagina y ésta ya comenzaba a
sentirlo de otra manera.
> -Te tengo justo donde te quería.
> -Lo que vos querías era... ¡Ah, ah! –comencé a gemir, me
estaba llevando a un nivel de excitación que no podía
controlar-. Vos querías... ¡Ahh, ahhh!
> -¿Qué pasa putita, no podés hablar?
> -¡Ah... ahh! ¡Callate! –me resultaba imposible parar de
gemir, él aceleró el ritmo.
> -¿Yo quería qué?
> -Callate... ¡Ah, ah, ah! Callate y cogeme fuerte...
> Él hizo lo que yo le pedía, empezó a darme con todas sus
fuerzas, mis gemidos se hicieron cada vez más agudos e
incontrolables. Me agarró con fuerza del pelo y tiró mi cabeza
hacia atrás, puso su boca junto a mi oreja, sin dejar de
cogerme.
> -Escuchame atentamente, putita. Vas a ser mía, eso es
una promesa... y cuando te rompa el culo, te va a gustar –
estaba demasiado excitada como para responderle, no hice
más que escuchar y gozar de todas sus penetraciones-. Admití
que estás muerta por mí, te calienta mucho que yo te coja –
solté unos gemidos más profundos, una inmensa ola de placer
me cruzaba todo el cuerpo- ¿Qué pasa, putita? –Preguntó
dándome con fuerza- ¿Estás por acabar?
> No tuve que responder, mi cuerpo habló por sí mismo,
tuve un rico orgasmo; pero él no me soltó ni dejó de
metérmela hasta que el clímax finalizó. Luego caí de cara en
la cama, intentando recuperar el aliento.
> -¿Ya está putita, eso es todo lo que aguantás?
> -No –le dije jadeando-, no es todo.
> -Vos ya acabaste... y yo todavía la tengo dura.
> -Puedo tener muchos orgasmos –me reincorporé.
> -¿Vas a poder hacerme acabar? –Cuando dijo esto se
acercó rápidamente a mí, poniéndose de rodillas en el
colchón, luego apretó mis mejillas con sus dedos, abrí la boca
con incredulidad y él me besó. En realidad no fue un beso, su
lengua atacó mi boca, se clavó casi hasta mi garganta, yo
también moví mi lengua, buscando la suya. Ese furioso beso
duró apenas unos segundos, pero me dejó idiotizada.
> -Yo te voy a hacer acabar, pendejo –le dije cuando me
soltó.
> Aún conservaba unas pequeñas gotitas de orgullo en mi
interior, pero pronto se evaporarían por completo. Le indiqué
a Ariel que se acostara boca arriba en la cama, luego me
senté sobre él, quedamos mirándonos a los ojos. Apunté su
verga hacia mi concha y comencé a montarlo. Él no
permaneció estático, sino que también sacudía su cuerpo, a
veces yo bajaba y él subía, esto provocaba que la verga se me
metiera placenteramente hasta el fondo, soltaba un grito de
placer cada vez que eso ocurría. Mi cabeza era un cúmulo de
emociones, ese pibe tenía demasiadas cosas que me
gustaban, incluso algunas en las que no había pensado nunca
en mi vida. Gemía por las simples ganas de gemir, estaba tan
caliente que todo me parecía sumamente excitante.
> -¿De qué te reís, putita? ¿Tanto te gusta? –él había
notado antes que yo la amplia sonrisa que tenía en el rostro.
Allí fue cuando me perdí completamente.
> -Si, me gusta.... me gusta mucho –dije sin dejar de
sonreír.
>Continué saltando, mis tetas rebotaban y hasta esto me
causaba una morbosa gracia, él me estaba haciendo feliz.
Nunca nadie me había llevado a ese extremo. En mi cabeza
resonaban todas sus sucias palabras, y ya podía sentir mi
orgullo doblegado. Tuve la imperiosa necesidad de
someterme a él.
> -¡Uy, qué rico! ¡Hace cuánto que no me cogen así –dije
elevándome más para caer con mayor fuerza contra esa
verga erecta que esperaba por mí.
> Puse la planta de mis pies en el colchón, apoyé las
manos en mis rodillas, las cuales tenía flexionadas. Esta
nueva posición favoreció mucho la penetración profunda.
Comencé a saltar de arriba abajo, a sacudirme de atrás para
adelante y a menearme en círculos. Miré hacia abajo y vi esa
cremita blanca que expulsa mi conchita cuando está muy a
gusto.
> -¡Ay, mirá cómo me ponés! Me llenaste la concha de
cremita... –dicha cremita salía en gran cantidad y salpicaba
para todos lados.
> -Así quería verte, gozando como una puta –me dijo
clavándomela con fuerza- ¿Ahora vas a admitir que te gusta
mi pija?
> -Sí Ariel, me encanta tu pija, me vuelve loca –confesé-.
Mirá cómo me pone –me calentaba manifestarme de esa
forma, quise llevar mis confesiones aún más lejos-. Me pajeo
siempre pensando en vos –él estiró su mano y me apretó el
clítoris con la punta de sus dedos- ¡Ay, si! Eso me gusta
mucho... me gusta... me gusta... me vas a hacer acabar otra
vez –dije sin dejar de dar saltitos-, me estás matando. Me
prometiste que me ibas a llenar de leche... no aguanto más
Ariel, dame tu lechita... dámela toda... dame la...
>Soltó mi clítoris y todo mi cuerpo convulsionó. Quise
gritar, pero no fueron más que alaridos mudos que se
apagaban en mi garganta, quería tomar aire no podía, sentía
mi concha contrayéndose y expandiéndose violentamente,
intenté escapar de allí, pero no tenía a dónde correr. Me tiré
boca arriba en la cama, abrí las piernas; arqueé mi espalda,
levantando mi vientre tanto como pude y solté un alarido de
placer. De mi concha comenzó a saltar agüita a montones, me
sacudí en la cama y Ariel se aprovechó de mí, en lugar de
intentar calmarme, comenzó a masturbarme violentamente,
mi concha era un volcán haciendo erupción, salpicando flujos
para todos lados. Nunca había tenido un orgasmo tan intenso
y largo en toda mi vida. Me llevó varios segundos
recuperarme, pero el rubio no me dio tregua; clavó su verga
en mi boca y casi de forma inmediata ésta comenzó a escupir
semen, el cual me tragué con mucho gusto hasta la última
gotita.
> -¿Estaba rica mi lechita? –me preguntó; sólo pude asentir
con la cabeza, aún estaba agitada-. Yo cumplo lo que
prometo, mamita... ¿cómo te dije que ibas a terminar?
> -Lle... llena de leche –dije saboreando los rastros de
semen que aún daban vueltas por mi boca-. Me hiciste gozar
como una puta.
> -Y cuando quieras podés tener más de esto, ya me vas a
pedir que te rompa el culo.

Con Mayra nos miramos boquiabiertas, la historia de mi


madre con Ariel era mucho más intensa de lo que habíamos
imaginado, sólo se comparaba con lo que había vivido
minutos antes en el comedor de casa.

-Bueno, ya saben qué paso después, cuando le entregué el


culo –continuó Viki-. Desde ese día estuve fantaseando con
que me cogiera otra vez... como les dije, fueron meses de
toqueteos, jueguitos y provocaciones; pero el día en que me
cogió por primera vez fue poco tiempo antes de que
comenzáramos a jugar Strip Póker. Él me había dejado tan
caliente que sólo podía pensar en sexo, por eso empecé a
planear alguna forma de hacer cosas perversas e inmorales,
quería que toda mi familia experimentara un poquito de la
lujuria que yo experimenté ese día.
-¿Así que, en parte, jugamos al Strip Póker por culpa de
Ariel? –preguntó Mayra.
-Se podría decir que él es responsable, en cierta medida.
No es casualidad que yo lo haya invitado para que viniera a
jugar anoche.
-¿No era que ellos habían aparecido sin avisar? –pregunté.
-La que apareció sin avisar fue Analía, yo lo invité a Ariel,
nada más. De todas formas fuimos bastante cautelosos,
actuamos como si fuera la primera vez que nos veíamos
desnudos. Quería cogérmelo delante de todos, sin que me
juzgaran... pero creo que me pasé un poco de la raya. Intenté
mantener la calma, pero me fue imposible, ese pendejo me
tiene dominada.
-No te culpo, mamá –dijo Mayra-, yo sé muy bien qué se
siente sentir una atracción así por alguien... alguien que es
capaz de fascinarte con cada cosa que hace o dice... un amor
prohibido por cuestiones lógicas de la vida... alguien que a
veces te hace enojar y te hiere el orgullo, pero sin embargo te
enamora tratándote de la forma en la que vos querés que te
traten –tenía un nudo en la garganta, tragué saliva porque
imaginé lo que diría después-. Eso es lo que a mí me pasa con
Nadia... por suerte ella lo entiende y me da todo lo que
necesito.

La pendeja me hizo llorar de la emoción, pero disimulé las


lágrimas con el agua de la ducha; lo que no pude aguantar
fueron mis ganas de abrazarla, la envolví fuerte con mis
brazos.

-Gracias chiquita –le dije-. No te das una idea de lo


importante que sos para mí.
-Qué lindo que pienses de esa manera Mayra, me
reconforta mucho –dijo mi madre.

Luego ella pasó por al lado nuestro y se acercó a la pared


opuesta, sin salir de la bañera; se puso de frente a la pared y
comenzó a ponerse shampoo por el cabello. Supuse que
también se había largado a llorar y no quería que la viéramos,
el shampoo le serviría de excusa perfecta si quería disimular
sus lágrimas.

-Qué loco... No creí que te había gustado tanto –dijo mi


hermanita-; en ese momento pensaba que todos esos gritos
eran puro teatro, para calentar... pero ahora entiendo todo.
-Te aseguro que no fue teatro, cada cosa que le dije me
salió del alma. No sé por qué me calienta tanto ese pibe,
puede que sea por su edad, me gustan los muchachos
jóvenes, también puede que sea por el morbo de que es mi
sobrino... pero en realidad es sólo un sobrino político. Otra
razón podría ser que sabe cómo moverse y porque es muy
animal, me gustan los hombres bruscos. Lo que sí me vuelve
realmente loca, es que me trate de esa forma, que me diga
todas esas cosas. El pendejo me hizo suya –mi madre hablaba
con sinceridad-, y lo que más me preocupa es que sé que no
me va a alcanzar con dos veces... voy a querer que eso se
repita. Ustedes se van a enojar conmigo por lo que les voy a
decir... pero mientras me cogía yo ya estaba haciendo
planes... estaba pensando alguna forma de encontrarme con
él en algún hotel...
-¿Y eso qué tiene de malo? –preguntó Mayra.
-¿No les parece malo?
-Si se lo decís a papá, no –le dije- estoy segura de que él lo
va a aceptar.
-¿Te parece?
-Sí mamá. Especialmente si tiene con quién entretenerse...
me ofrezco para eso –sonreí con simpatía.
-Que puta... –me dijo Mayra riéndose-, puta y embustera...
pero tenés razón, papá no se va a negar, mucho menos si
esas noches que mamá se va al telo con Ariel, vos te quedás
con él... o se queda conmigo –me guiñó un ojo.
-¿Con vos? –le pregunté incrédula.
-¿Tenés miedo de que te lo robe?
-¿Miedo de vos? Ni un poquito, nena –no estábamos
peleando realmente, en realidad era algo similar a lo que Ariel
había hecho con mi madre... tal vez yo estaba equivocada y
no era mi padre el que acaparaba toda mi atención, tal vez
Mayra era mi Ariel.
-¿Creés que yo no podría calentar a papá?
-Con lo que pasó hoy ya te llevo mucha ventaja, querida.
-Tal vez sea todo lo contrario... “querida” –me dijo en tono
burlón-, tal vez ya se haya sacado las ganas de probar tu
conchita y ahora quiera la mía.
-Te olvidás que también podría darme por la cola... eso
todavía no lo hizo.
-Sí, pero mi cola está virgen todavía... bueno, técnicamente
hablando.
-Ya le gané a mamá... ¿ahora también querés empezar una
competencia conmigo? No te conviene.
-Vos no sabés de lo que puedo ser capaz, Nadia. Imaginate
que yo voy y le digo a papá con esta carita –puso su mayor
cara de niña ingenua, pero provocativa- “Papi, estoy
aburrida... ¿no tenés ganas de jugar conmigo?” y le muestro
el culo –se dio vuelta y se abrió las nalgas con la mano,
mostrándome su ano apretadito y su vulva depilada.
-Con eso ya perdiste, Nadia –dijo mi madre riéndose-; Pepe
se volvería loco.
-Pero... pero yo... yo también tengo mis armas.
-Eso ya lo sabemos –continuó Viki-, pero tenés que admitir
que tu hermanita tiene un encanto natural, ella no necesita
hacer nada para provocar –Mayra sonrió victoriosa.
-Está bien... está bien –cedí-. Lo importante de todo esto es
que vos vas a poder verte cuando quieras con Ariel, de papá
nos encargamos nosotras.
-Ustedes dos me solucionan todos los problemas de la vida
–dijo mi madre sonriendo-, espero que tengan razón... porque
de verdad quiero estar con el pendejo otra vez.

Mientras ella hablaba Mayra le enterró dos de sus finos


deditos en la cola y me miró con una sonrisa cómplice,
comprendí que su intención era poner cachonda a mi mamá,
para soltarle más la lengua; la ayudé con su plan, comencé a
acariciar la vagina de Viki, como si quisiera ayudarla a
lavarse.

-¿Solamente eso querés? –le preguntó la pequeña


moviendo los dedos dentro de ese agujero ya dilatado, mi
madre se acariciaba los senos. La espuma de shampoo que
tenía en el cabello le caía sobre los hombros.
-Quiero que me haga de todo; quiero que me clave la verga
hasta la garganta –los estímulos que estábamos empleando
estaban dando resultado-, que me obligue a chupársela toda;
quiero que me abra la concha con la verga –introduje dos
dedos en su vagina, ya estaba llena de flujos otra vez-. Quiero
que me diga que soy su puta –Mayra se arrodilló dentro de la
bañera y se colocó detrás de mi madre, siguió metiéndole los
dedos en el culo-. Quiero que me rompa el culo otra vez, y
que me lo llene de leche, esa me la debe... me lo prometió y
no cumplió.

Cerré la ducha, porque el agua me molestaba y me agaché


detrás de mi hermanita, abriendo las piernas, su colita quedó
contra mi vagina, mi mamá apoyó las manos contra la pared,
aceptando lo que estábamos haciéndole. Dejó de hablar pero
comenzó a gemir. Mayra acercó su boquita a la vagina, quité
los dedos para que ella pudiera lamerla en paz, su lengua
comenzó a recolectar los flujos que manaban de la velluda
conchita de mi madre, yo comencé a frotarme contra la
pequeña, pasándole mis grandes tetas por la espalda y
rozando mi clítoris contra sus nalgas. De pronto Mayra apartó
los dedos de la cola de Viki y comenzó a introducirlos de a dos
en la vagina, sin dejar de lamerla. Me di cuenta de que mi
hermanita necesitaba más estímulo, por lo que comencé a
frotar su clítoris. Mi mamá separó las piernas tanto como el
ancho de la bañera se lo permitió y pegó sus tetas a la pared,
esto levantó considerablemente su cola y e hizo la tarea más
fácil para esos deditos que la ultrajaban. Lamí el cuello de
Mayra y comencé a darle chupones mientras seguía
pajeándola frenéticamente, si a ella le gustaban tanto las
mujeres, entonces le daría una experiencia lésbica que jamás
olvidaría.

Resultaba obvio que mi mamá había quedado sumamente


excitada luego de narrarnos su aventura con Ariel y que
estaba disfrutando mucho la chupada que le estaba dando su
hijita. Ella también comprendió que el momento era especial
para Mayra ya que era la segunda concha que chupaba en su
vida... y era la de su mamita.

-Cometela toda hijita, disfrutala mucho –le dijo entre


jadeos.

Mayra hizo lo que le sugerían, chupó esos gruesos labios


vaginales con esmero, empleando mucho la lengua. Luego
abrió esas grandes nalgas y comenzó a lamer el agujero del
culo. En ese preciso instante escuchamos que alguien
golpeaba la puerta del baño.

-¿Se puede pasar? –preguntó la voz de mi hermano desde


el otro lado.
-¡NO! –le gritamos las tres al unísono.

Nuestra negativa fue tan rotunda que él ya no insistió. Éste


era un momento exclusivo para chicas. Para incentivar más a
mi hermanita, me acosté boca arriba en la bañera, poniendo
mi cabeza debajo de su conchita. Sus hermosos y finos labios
vaginales me calentaron mucho, no esperé más tiempo,
comencé a comerle la conchita. Desde abajo podía ver
perfectamente cómo los dedos de Mayra penetraban la rajita
de Viki. Dos dedos pasaron a ser tres en poco tiempo, luego a
esos tres se les sumó uno más... y mi mamá ya comenzaba a
sentir el dolor.

-No mi amor, no... pará... –le decía entre jadeos, pero la


niña no se detenía.

La vagina de Viki se abría cada vez más y su hijita ponía


todo su esmero para que los cuatro dedos pudieran entrar y
salir rápidamente. De a poco fui viendo como la mitad de la
manito de Mayra se perdía dentro de ese húmedo agujerito,
sólo quedaba afuera su pulgar.

-¡Ay! No chiquita... ¡Ay! Mayra... Mayra... para un poquito –


se quejaba sin dejar de gemir.

Ver esa escena me excitaba mucho y se lo hacía saber a la


pequeña poniendo mi mayor esfuerzo en chupar su clítoris, su
almejita estaba deliciosa.

-Mayra... por favor... Mayra... pará.

Pero su hija hacía caso omiso a sus súplicas, continuaba


invadiéndola con cuatro deditos. No sabía hasta dónde quería
llegar ella, pero luego supe que quería llegar hasta el final.
Retrocedió con sus dedos, los estiró al máximo y al subirlos
otra vez, incluyó también su pulgar. La vagina de mi madre se
estiró y la mano completa de Mayra se perdió dentro. Me puse
como loca al ver eso, comencé a chupar aún con más
celeridad y llevé una mano a mi entrepierna, para
masturbarme. Si bien la mano de mi hermanita era pequeña,
mi madre debía estar sintiendo que algo muy grande le abría
la concha.

-¡Ay no! No, no... no. Mayra... pará –ella se quejaba pero no
se movía, seguía con la cara y las tetas pegadas a la pared.

La mano comenzó a entrar y salir casi en su totalidad, me


fascinaba ver cómo la concha de mi madre se abría cuando
paraba por ella la parte más ancha de la mano. Sus flujos
comenzaron a manar a montones y comenzó a formársele una
espumita blanca que manchaba a Mayra hasta la muñeca.

-Mayra... Mayra... Mayra...


-¿Qué? –le preguntó ella cortante.
-¡No pares! ¡Me encanta!

Tal y como lo había imaginado, la vagina de Viki se estaba


acostumbrando a tener todo eso adentro y ella ya estaba
sintiendo el verdadero placer que esto le podía provocar. Se
escuchaba el chasquido de la mano entrando y saliendo
constantemente, sumado a los fuertes chupones que yo daba
en toda la conchita de la pequeña. Mi mamá comenzó a
acompañar el movimiento flexionando y estirando las piernas,
como si estuviera montando una verga... una muy grande.
Siguió haciendo esto hasta que sus gemidos se transformaron
en gritos de placer. Mayra dejó la mano quieta en un lugar y
dejó que su madre se encargara del resto, ya que ella se
movía cada vez más rápido, castigando su concha. Mi
hermanita miró hacia abajo, abriendo mucho los ojos, noté
que jadeaba rápidamente, supe que estaba por acabar y para
darle un gustito extra a su clímax, le metí un dedo en el culo.
Tragué todos los juguitos que salieron de su rajita y casi al
mismo tiempo ella retiró la mano de la concha de mi madre,
ella también estaba teniendo un húmedo orgasmo, de su
dilatado agujero salían flujos a montones, Mayra acercó la
boca y comenzó a chuparle la concha a su mamita.

Nos llevó un par de minutos recobrar el aliento, yo no había


llegado al orgasmo, pero tampoco tenía necesidad de hacerlo
en ese momento, me bastaba con todo lo que había visto. Mi
mamá se sentó en la bañera con las piernas abiertas y
respiraba intentando bajar sus pulsaciones.

-Gracias mami –le dijo la pequeña-, siempre quise hacer eso


con una chica.
-No te imaginaba tan perversa, mi amor. Casi me partís al
medio.
-Pero seguramente tampoco imaginaba que te fuera a
gustar tanto –le dijo ella.
-Eso es cierto. No sé si volvería a hacerlo, pero te aseguro
que lo disfruté un montón.

Luego de habernos recuperado, nos dimos otra ducha.


Cuando ya estuvimos lo suficientemente limpias, salimos de la
bañera y comenzamos a secarnos con toallas.

-Nadia, ¿ya pensaste qué desafío le vas a poner a mamá?


-Sí, ya se me ocurrió uno, espero que sea lo
suficientemente bueno... pero todavía no lo voy a decir.
-Ni yo lo voy a cumplir ahora, discúlpame pero estoy
agotada –aseguró mi mamá- va a tener que ser para mañana.
-Está bien, no tengo problema con eso.
-Por suerte salió todo bien –acotó Mayra.
-No todo, la tía Analía todavía está encerrada en el cuarto
de papá –le recordé-, debe estar más enojada que nunca, no
sé si ustedes se dieron cuenta de que ella apareció en el
comedor mientras nosotros cogíamos.
-¿Qué? No me di cuenta –dijo mi mamá.
-Claro, vos estabas de espaldas a ella, fue cuando bajó el
volumen de la música.
-Pensé que había sido Augusto... o Alberto, nunca miré para
atrás. Debe estar hecha una furia, alguien va a tener que
hablar con ella.
-¿Por qué me miran a mí? –les pregunté.
-Porque vos sos la que siempre arregla todo –dijo Mayra-,
se te dan bien esas cosas.
-No, de ninguna manera, que vaya mamá a hablar con ella.
Son mujeres adultas y van a saber resolverlo.
-Ni loca hablo con ella, a mí me detesta desde lo más
profundo de su ser.
-¿Por qué decís eso?
-Porque le di motivos para odiarme... todo eso de hacerse
la cuñada buena no es más que pura pantomima. Me detesta
y lo hace casi desde el día en que me conoció.
-¿Qué motivos le diste? –me picó la curiosidad.
-¡Ay! ¿Me van a hacer contarles todas las cagadas que me
mandé en la vida?
-Sí –le respondió Mayra-, sos nuestra madre y tenés que
criarnos con el ejemplo, aunque sea con el mal ejemplo.
Luego nosotras evitaremos cometer los mismos errores que
vos. Así que empezá a contar... ¿hay sexo en la historia?
-Sí... es que el odio tiene que ver justamente con ese tema.
-Genial –mi hermanita sonrió.
-Se los voy a contar un poco resumido. Todo ese odio
empezó porque me cogí a su novio.
-¿Qué? –pregunté incrédula.
-Sí, así fue... y ella nos vio haciéndolo.
-¿Pero cómo fue? –Preguntó Mayra-. Queremos detalles.
-Pasó en la época en la que yo era amiga de tu papá... ya
nos habíamos acostado varias veces... éramos como amigos
con derecho y como vivíamos en el mismo barrio, nos
veíamos seguido en su casa. Ahí yo conocí a muchos chicos,
la mayoría de los cuales se cogía a Analía, los otros sólo
esperaban el turno para coger con ella. Resulta que yo
también me acosté con algunos de esos chicos, ya que, como
les dije, en esa época no tenía compromiso con nadie. La casa
de Pepe y Analía era el bulín del barrio, sus padres no estaban
nunca porque trabajaban fuera de la ciudad y a veces no
aparecían por una semana, así que ellos eran los responsables
de la casa, en realidad, los irresponsables... todo el que quería
coger, iba a parar a esa casa. Yo tenía llave, porque Pepe me
la dio, así podía colarme a la noche cuando todos dormían y
meterme en su dormitorio; pero también tenía permiso para
usarla con otros chicos. No fue nada fuera de lo habitual, me
metí a la pieza de los padres de Pepe con este chico que me
había gustado, estábamos cogiendo tranquilamente cuando
de pronto se abre la puerta y entra Analía, no me importó
para nada que me viera en pleno acto sexual, de hecho seguí
gimiendo y gritando a todo pulmón, como si ella no estuviera
ahí; pero a ella sí le importó verme. Empezó a armar un
escándalo preguntándome por qué estaba cogiendo con su
novio, yo empecé a reírme, que ella tuviera un novio... con la
cantidad de pibes que se la cogían, me parecía un chiste.
Después me percaté de que el vago parecía preocupado y ya
no me la metía con tantas ganas, así que le pregunté si era
cierto y él asintió con la cabeza. Empecé a disculparme con
Analía, le juré que yo no sabía que él era su novio; pero no
hubo forma de calmarla. Echó de la casa al pibe en pelotas y
le tiró la ropa por la cabeza, yo aproveché, junté toda mi ropa
y me escondí en el cuarto de Pepe. Un tiempo después me
enteré que, por primera vez en su promiscua vida, Analía
había decidido tener un novio y el muy pelotudo la había
engañado menos de una semana después. Cuando estaba en
la pieza de Pepe, a punto de ponerme la ropa, de pronto él
abre la puerta, entonces le sonrío y me paro como modelito
diciendo “Ta-tán”, como si se tratara de un truco de magia. Él
se quedó congelado al verme desnuda, pero enseguida
comenzó a reírse y terminamos haciéndolo. Casualmente esa
vez la pasamos mejor que de costumbre, tal vez era porque a
mí no se me había pasado la calentura y le di con todo; unos
días después nos pusimos de novios.
-Bueno... creo que, conociendo a la tía, es lógico que te
odie por eso –dije.
-Esperá, que la cosa no termina ahí. Esa cagada me la
mandé sin querer y ella lo sabía, pero después me mandé
otra... y fue a propósito.
-Ay mamá... sos de lo peor –le reproché.
-Te dije que siempre fui muy competitiva. La culpa la tiene
ella, por intentar competir conmigo. Cuando ella supo que yo
me puse de novia con Pepe, comenzó a tener relaciones
sexuales frente a nosotros, al principio empezó con algo
tranquilo, como un pete o alguna metida de mano... eso más
o menos ya se lo contamos durante el juego de Póker, lo que
no les contamos es que a veces esas cosas iban más allá,
hasta se nos hizo costumbre verla desnuda por la casa.
Después empezó a coger con sus “noviecitos” de turno, los
cuales no le duraban mucho porque enseguida se buscaba
otro; pero yo no me iba a quedar tan tranquila viendo cómo
me provocaba. Comencé a hacer lo mismo que ella, le dije a
Pepe que si a ella no le daba pudor coger frente a su
hermano, entonces podíamos coger frente a ella sin
problemas... y así lo hicimos. Todo iba competitivamente bien
hasta una noche en la que ella empieza a coger con un vago
frente a nosotros, me calenté de sólo verlos... admito que la
mina sabía coger muy bien y sabía cómo calentar, por lo que
terminé abriéndole el pantalón a Pepe y se la chupé. Nos
mirábamos una la otra, constantemente, como si quisiéramos
decirnos “¡Mirá cuánto me atrevo!”, ella ya se estaba
montando al pibe y para no quedarme atrás, me desnudé y
me puse arriba de Pepe. Después empezó la guerra de
gemidos, como para demostrarnos que una la estaba pasando
mejor que la otra. Unos minutos más tarde me doy cuenta de
que el chico que estaba con ella había acabado. Analía se
puso de pie y me miró con una sonrisa triunfal, como
diciéndome “Te gané, yo lo hice acabar antes”. Se fue a bañar
con la idea de que la victoria era suya, pero yo no se la iba a
dejar tan fácil. El pibe se quedó sentado frente a nosotros,
mirando sin saber si tenía que irse o esperar a que Analía
volviera, porque ella no le dijo nada. La cosa es que empecé a
mirar al chico provocativamente, mientras saltaba sin parar
arriba de la verga de Pepe, las tetas se me sacudían para
todos lados y el pibe había quedado hipnotizado. Para ese
entonces yo ya había perdido la virginidad del culo... bueno,
eso ya lo saben, fue la primera vez que estuve con Pepe.
Cuando el vago vio que me daba vuelta, me ponía mirando de
frente a él y me sentaba de culo arriba de la verga, se quedó
asombrado; se le puso dura enseguida. No dejé de moverme,
a pesar de que el culo me dolía horrores, Pepe la tiene muy
grande y por eso es que no tenemos sexo anal con
frecuencia... así que se imaginarán cómo estaba sufriendo yo,
sin embargo logré lo que quería... comencé a masturbarme,
abriéndome la conchita para que él la pudiera ver, el pibe no
aguantó más, vino casi corriendo, con la verga dura... y me
clavó.
-¿Papá no se enojó?
-No, para nada. A él le pareció excitante, además él estaba
presente, si pasaba algo que no le gustara, lo podría haber
parado; en cambio permitió que el vago me cogiera con
ganas, parecía como si fuera su primera vez, me di cuenta de
que estaba más caliente haciendo eso de lo que había estado
con Analía. De más está decir que yo la estaba pasando
fenomenal, gritaba y gemía como una puta, era la primera vez
que me daban por los dos huequitos al mismo tiempo... si
nunca lo probaron, háganlo, lo van a disfrutar; ese es mi
consejo de madre.
-Yo pensé hacerlo esta noche; pero tengo el culito muy
cerrado –dijo Mayra-, me dolió mucho cuando Ariel me clavó
la puntita... y después con la de Augusto me dolió más
todavía, por eso pasé a lo tradicional.
-¿Te parece tradicional estar cogiendo con tu hermano
mientras se la chupás a tu tío? –le pregunté.
-En esta familia... sí –las tres nos reímos-. Terminá de
contarnos, mamá.
-Está bien. El enojo de Analía, como ya se imaginarán, vine
porque ella nos vio a los tres cogiendo, cuando salió del baño.
Empezó a hacer uno de sus escandalosos berrinches, intentó
sacar al pibe de arriba mío, pero yo lo agarraba con las
piernas, él tampoco me quería soltar, me seguía dando como
loco. Entonces Analía empieza a gritarme “Puta” y un montón
de cosas más, yo le dije que no tenía por qué hacer ese
escándalo, si éste no era el novio; pero admito que me sentía
muy. Ella nos insultó a todos y se encerró en la pieza. No sentí
lástima por ella porque siempre me pareció una mala mujer...
no digo que yo sea la mujer más buena del mundo, pero sólo
hago esas cosas cuando me provocan.
-Así que por tu culpa, ahora tengo que ir yo a calmarla –me
quejé.
-Sí, Nadia. Vas a tener que ir vos. Sos la única con el
temperamento suficiente como para calmarla... o tal vez sólo
la hagas enojar más.
-Me inclino por lo segundo –dijo Mayra.
-Son las dos unas cobardes –les reproché-. Está bien, yo
hablo con ella; pero no les prometo nada.

Salimos del baño y nos topamos con mi hermano, que


aparentemente quería entrar a orinar.

-¡Al fin salen! –nos dijo-. Nunca entendí por qué las mujeres
van juntas al baño y demoran una eternidad. ¿Qué hacen ahí
adentro?
-Cogen entre ellas –contestó Mayra, haciéndonos reír.

Augusto nos miró con su mejor cara de boludo, luego siguió


caminando y se metió al baño.

Miré la puerta del cuarto de mis padres, me sentía como


una oveja a punto de entrar a la jaula de un león hambriento;
pero a la vez tenía confianza en mí misma. Mi madre tenía
razón, yo era la única con el temperamento suficiente como
para poder llegar a un acuerdo con Analía.

Capitulo 09

T omé aire y entré desnuda, a la jaula del león. El cuarto


de mis padres parecía estar aún más ordenado de lo que
podía recordar, sentada en la cama, tan desnuda como yo, se
encontraba mi tía Analía, con la mirada fija en el televisor. Al
escucharme entrar giró su cabeza sorprendida; pero en un
parpadeo pasó a tener la vieja expresión de rabia que tanto la
caracterizaba. Cerré la puerta detrás de mí y escuché su
ladrido:

-¿Qué querés? –me preguntó groseramente.


-Me cansaste con tu actitud, tía. Tenemos que hablar.
-No voy a hablar con vos, andate.
-Este es el cuarto de mis padres y al menos ellos me
autorizan a estar acá, no como otra que yo conozco, q se
mete sin pedir permiso.
-¿Y bajo qué condiciones te permiten entrar? ¿Sin ropa, por
ejemplo? ¿Tenés que hacer con ellos cosas impropias… en
esta misma cama?
-Sí, ¿y por qué no? Lo haría encantada si me lo pidieran,
pero no ha sido el caso –sólo había tenido un encuentro
sexual con mi madre en esa cama, pero preferí no tocar ese
tema, por el momento.
-Sos una desvergonzada, Nadia. Te creía más inteligente.
-Y tal vez lo soy, pero vos no te das cuenta. De todas
formas no soy yo la inteligente de la familia, ni tampoco lo sos
vos.
-Pero soy la más sensata –apoyé mi espalda contra la
puerta por si ella intentaba marcharse, debería pasar sobre
mí-, yo no hago esas locuras.
-Pero has hecho “otras” locuras. Eso de estar cogiendo con
cuanto grupo de amigo se te cruce, ni siquiera lo hago yo… y
mirá que he tenido que admitir que soy bastante puta, al
principio duele un poco admitirlo, pero cuando podés hacerlo
aprendés a vivir con mayor tranquilidad. Me gusta el sexo ¿y
qué? Y estoy segura de que alguna vez en tu vida habrás
hecho la misma afirmación. Algo te dijiste a vos misma para
no sentirte culpable y sucia cada vez que terminabas bañada
por el semen de tus amigos. Eso no es algo que haga
cualquier mujer –por la mueca en su rostro me di cuenta de
que estaba tocando una de sus fibras sensibles-. Algo también
me dice que esos “encuentros grupales” no terminaron con tu
adolescencia. ¿Cuándo fue la última vez que te acostaste con
más de dos hombres al mismo tiempo? Sé que no me vas a
contestar por orgullo…
-Hace un poco más de un año, en un viaje corto que hice a
Venezuela –me interrumpió-; fueron unas vacaciones cortas y
tuve el gusto de ser invitada a la casa de unos muchachos
locales, eran de buena cuna y tenían una hermosa casa a la
orilla del mar –la expresión en su rostro cambió
drásticamente, parecía que estuviera soñando con lo
ocurrido-. Fueron muy corteses conmigo, en ningún momento
me faltaron el respeto... no sabés lo lindo que se siente ser
penetrada por un hombre joven y vigoroso mientras mirás el
atardecer en el mar.
-¿Cuántos eran?
-Cinco; y ninguno pasaba los veintiséis años. ¿Qué pensás
de mí?
-No voy a juzgarte tía, la imagen que tenía de vos hoy
cambió muchísimo. Siempre te vi como una mujer... normal.
Ahora me doy cuenta de que somos más parecidas de lo que
te imaginás.
-Si sos tan puta como decís, podrías ir a visitarlos.
-Me encantaría, hasta podríamos hacer el viaje juntas.
Tendríamos sexo con los mismos hombres, en la misma
cama… -esta idea la sorprendió.
-¿Y entre nosotras?
-Seguro. ¿Eso te molestaría?
-Sí, por dos buenas razones –me mostró un par de dedos
formando una “V”-, no me gustan las mujeres y vos sos mi
sobrina.
-Es cierto, pero si fuera tu hija la propuesta sería la misma.
¿Ves tía? No sos tan mala como decís ser, cuando te hablan
de algo que vos disfrutaste, te ablandás. ¿Cuántas mujeres
conocés que disfruten tranquilamente el sexo grupal?
-No muchas. Una vez tuve una amiga que lo hacía... pero es
cierto, sé que no es un comportamiento normal.
-Seguramente te habrás sentido marginada, ¿cuántas veces
te dijeron puta de forma despectiva?
-Perdí la cuenta, pero fueron más de las que te imaginás.
Hubo casos en que los mismos hombres con los que me
acosté me discriminaron, algunos creyeron que al gustarme
tanto el sexo, podrían acostarse conmigo cada vez que lo
quisieran, tuve muchos problemas con eso... también tuve
problemas con los hombres casados...
-¿Te acostaste con hombres casados?
-No... al menos que yo sepa, pero a los problemas los tuve
con las esposas que tuvieron algunos de estos hombres, que
seguían siendo mis amigos. Perdí muchos amigos. Con los
años me fui cansando de estar constantemente marginada e
intenté dejar esas prácticas en el pasado, hasta intenté tener
una pareja seria, estable... pero no funcionó.
-¿Seguís dolida por lo que te pasó?
-Un poco... pero el mundo es así, te aparta hipócritamente
ante el primer suceso extraño en el que te ves envuelta.
¿Sabés la cantidad de mujeres que me deben haber llamado
puta y ellas mismas son infieles a sus maridos? Tengo la
certeza de que al menos un par era de esta calaña.
-¿Acaso no te das cuenta que en esta familia no sólo no te
vamos a agredir por eso sino que además nos encantaría
escuchar tus anécdotas? –Estrujó los dedos de sus manos,
había logrado ponerla nerviosa-. ¿Tu miedo es que lo que
ocurrió hoy salga a la luz?
-Es posible... en el momento ustedes no piensan en las
consecuencias, lo sé mejor que nadie. También hice muchas
locuras en un momento de calentura. También sé que esto es
un círculo vicioso. La primera vez que tuve sexo grupal me
sentí culpable, sucia... quería revertir lo que había hecho...
pero por cuestiones del destino tuve una segunda experiencia
de este tipo y ya no me sentí tan mal... me convencí a mí
misma que si a mí me gustaba, entonces podría disfrutarlo...
pero las consecuencias llegaron igual. ¿Te imaginás las
consecuencias que podría traer eso que hicieron esta noche?
¡Por Dios, Nadia! Tuviste sexo con tu papá... en frente de toda
tu familia.
-No soy tonta, tía. Sé muy bien que todo esto podría
arruinar a la familia, pero también sé que somos muy unidos,
no vamos a permitir que nada de esto se sepa. Va a ser
nuestro gran secreto. Todos tenemos nuestros secretos en la
vida.
-Hay límites, Nadia. No se puede hacer lo que a uno le
plazca porque, te repito, siempre hay consecuencias.
-Esos límites los elige cada uno. Hasta yo debo tener
alguno… por ahí guardado… no sé dónde; el día que lo
encuentre, te lo digo. ¿Cuáles son tus límites?
-No acostarme con mujeres ni con parientes cercanos.
-¿Todo el resto está permitido?
-Casi todo… algunas cosas más que, obviamente, no las
haría; pero sí, se podría decir que sí, que el resto está
permitido.
-Es decir; ¿Si un extraño viene y te pide que te vayas a un
hotel con él, lo harías?
-Dependiendo el contexto en el que me lo pida y de la
confianza que el sujeto me inspire, posiblemente sí; lo haría.
-Bueno, creo que tengo que estar de acuerdo con vos, yo
tal vez lo haría… antes de que todo esto pasara con mi
familia, yo sólo estaba dispuesta a tener sexo con alguien que
fuera mi pareja, y tal vez llegué a pensar tirar alguna cañita al
aire con algún amigo; sin embargo me di cuenta lo mucho que
me aburre el sexo convencional, estar con un pobre infeliz
que se desvive por llenarte de amor, caricias y palabras
dulces… no veo nada de malo en eso, pero descubrí que eso
no sirve para mí... yo quiero vivir experiencias intensas.
Posiblemente esté loca, pero no creo ser la única mujer que
aborrece el romanticismo excesivo.
-Dan ganas de vomitar –dijo ella con una sonrisa-, por eso
es que nunca tuve novio... mejor dicho, por eso es que nunca
funcionaron mis relaciones serias; pero jamás me faltó el
sexo.
-Creo que Mayra es un tanto diferente, a ella sí le agradan
las situaciones románticas... pero también son poco
convencionales. Vos y yo, en cambio, no somos tan distintas.
A las dos nos gusta el sexo… el sexo rudo. A vos seguramente
también te aburre estar con una sola persona a la vez luego
de haber disfrutado el enorme placer de tener la atención de
tantos hombres en tu cuerpo.
-Sí, a veces sí; pero he tenido buenas experiencias con un
solo hombre, aunque son la minoría. De poder elegir, prefiero
que haya al menos dos... pero Nadia, eso sólo satisface mi
deseo sexual... no hablo de romanticismo exagerado, pero a
veces es lindo tener a alguien a tu lado, que te quiera por lo
que sos.
-No sabría si estar de acuerdo con vos o no, yo soy medio
nuevita en esto del sexo y el romance. Hasta hace unos
meses sólo había estado con mi ex novio. Tal vez algún día te
dé la razón y te diga que extraño el afecto de un hombre...
-O podrías buscarlo ahora mismo. Te doy un consejo de
vieja... hay hombres de todo tipo. Tal vez tu ex novio era
demasiado blando para tu gusto, pero nada te impide
encontrar a un hombre que te satisfaga en todo sentido, yo no
lo encontré, pero creo que eso se debe a que comencé la
búsqueda demasiado tarde... vos estás a tiempo.
-Gracias tía, pero en este momento sólo puedo pensar en lo
que ocurrió con mi familia...
-¿Y ahora… con quiénes te acostaste?
-¿Querés la verdad? ¿La cruda verdad? Tal vez no te guste.
-Decime la verdad; prometo no armar un escándalo.
-Lo hice con mi hermana; con mi tío Alberto; con mi
hermano, con él lo hice más de una vez; me acosté con mi
mamá, en esa misma que en la que estás sentada –giró la
cabeza para mirar incrédula el colchón-; y hoy, como habrás
visto, tuve el enorme placer de hacerlo con mi papá, con él
sólo había tenido sexo oral.
-No lo puedo creer...
-Esperá que no termine –una vez más volvió a mirarme
asustada-, pero estos no son tan importantes como los
anteriores; me acosté con un empleado de mi papá, al cual él
le pegó cuando nos descubrió haciéndolo... esto es todo.
-¿Con Ariel no lo hiciste?
-Todavía no. ¿Te molestaría si lo hiciera?
-No lo sé... es mi hijo... vos sos su prima... no considero tan
grave cogerse a una prima... distinto es que lo hayas hecho
con Augusto, eso sí me molesta.
-Te entiendo, si esa frase viniera de otra persona, la
tomaría diferente. Tal vez me sentiría mal conmigo misma,
pero como viene de vos... me cuesta verla como una a
acusación... es decir, sos la menos indicada para quejarte por
mi comportamiento, eso es lo que me causa mucha bronca en
todo este asunto. No quiero pelear con vos tía, pero te estás
comportando como una hipócrita –me observó como si mis
palabras la hubieran ofendido-. Tengo entendido que en
varias ocasiones tuviste sexo frente a tu propio hermano, es
decir, mi papá –frunció el ceño-. No me mires como si te
estuviera mintiendo, si querés lo llamo a él para que
corrobore que esto es cierto. Como te lo dije antes, tía, todos
tenemos secretos, todos hemos hecho cosas malas e
indebidas, que nos arrepintamos o no, es cuestión de cada
uno, pero me jode mucho que nos taches de degenerados
cuando vos misma lo sos. Hasta que todo esto comenzó a mí
ni siquiera se me había ocurrido caminar desnuda frente a
Augusto, pero ojo, no te estoy juzgando. Aclaremos las cosas,
tía. ¿Me vas a decir que nunca te volviste loca pensando en lo
mal que veía la sociedad lo que vos hacías… y sin embargo
vos lo hacías igual? Me refiero tanto al sexo grupal como al
hacerlo frente a tu hermano. Habrás pensado mil veces “ellos
se lo pierden, esto es lo más maravilloso del mundo”.
-Puede ser...
-Bueno, eso es lo mismo que pensamos nosotros al
respecto. El que vos te opongas sólo nos excita más, sabemos
que está mal, de hecho, es ilegal; sin embargo lo disfrutamos
mucho, apenas lo estamos descubriendo y estamos
rompiendo esas barreras y límites de los que hablaste. El Strip
Póker se transformó en nuestra excusa perfecta, soy
consciente de que sin ese juego, nada de esto hubiera
ocurrido, seguiríamos siendo la misma familia de siempre.
-Una familia normal...
-¿Te parece normal esta familia? Quitemos todo lo que
ocurrió después del póker. Vos serías “la puta” de esta
familia, luego de las cosas que hiciste, especialmente en tu
juventud. Mi tío Alberto tal vez seguiría fantaseando con la
idea de ver desnuda a sus sobrinas o a su hermana –fui
enumerando con los dedos cada punto que destacaba-.
¿Quién sabe qué cosas imaginaría mi papá al pensar en vos?
Esto no lo sé, ya que nunca hablé con él sobre este tema,
pero seguramente lo habrás marcado mucho al actuar de esa
forma. Mayra estaría llena de dudas en cuanto a su sexualidad
y seguiría estando enamorada de mí en secreto –Analía me
miraba como si todas estas ideas hubieran sido arrebatadas
de alguna macabra película de terror-. De mí... bueno, no sé
qué decir de mí. Antes te de que todo esto ocurra me
consideraba una chica bastante normal, sin ideas extrañas en
la cabeza, y a mí es a quién más toman por sorpresa estos
sucesos; pero también me considero una de las que más
termina disfrutando y deseando que ocurra lo que ocurrió, así
que tan normal no debo ser –levanté otro dedo-. Augusto
continuaría cachondo con su madre, vaya uno a saber por
qué, pero tengo entendido que le gustaba acercarse a ella
más de lo debido. Por último, mi mamá... –medité durante un
instante y finalmente me decidí a revelarle esa información-,
ella continuaría teniendo una “aventura” con Ariel –la cara de
mi tía se desfiguró, pasó de la sorpresa a la ira, me miró como
si yo fuera su enemigo y por un momento pensé que me
atacaría.
-¿QUÉ? ¿Ahora esa hija de puta pretende meterse también
con mi hijo? –bramó.
-Calmate, tía...
-¿Cómo querés que me calme? ¿Qué clase de aventura...?
-Tuvieron sexo una vez, antes de que esto ocurriera.
-¡La voy a matar!

Intentó levantarse de la cama, pero me acerqué a ella y la


sostuve con toda la fuerza de mis brazos. La lucha fue breve,
me pidió que la soltara y, por razones obvias, me negué. Le
pedí que se tranquilizara, procuré convencerla de que la mejor
forma de resolver el problema, era hablando conmigo. Sabía
que si se enfrentaba a mi madre en ese estado de furia, la
disputa sería tan grande que toda mi familia terminaría
discutiendo.

-Tu hijo ya es grande y él fue quien provocó a mi mamá –


cuando le dije esto se quedó quieta, mirándome a los ojos.
-¿Él?
-Sí tía –disminuí la fuerza con la que la sostenía, había
logrado captar su atención-. Nadie lo obligó a hacer nada, es
más, diría que él prácticamente forzó a mi mamá a acostarse
con él...
-Ariel no es ningún violador –me dijo con rabia.
-Nunca dije eso... ¿por qué siempre pensás lo peor?
-¿Entonces por qué decís que él la forzó?
-Porque fue como un juego de poder entre ellos, no estoy
segura de quién lo gano, creo que ambos llegaron a lo que
querían llegar; pero Ariel cumplió el rol del dominante.
-¿Juego?
-Sí, algo que empezó hace mucho...

Le narré a Analía lo que mi madre me había contado, no di


tantos detalles pero le di un buen panorama de lo ocurrido.
También le dije que Viki nos había contado, a Mayra y a mí, lo
que ocurrió cuando ellas eran jóvenes y que comprendíamos
por qué se detestaban tanto.

-Tu madre siempre quiso competir conmigo –me dijo


volviendo a su actitud agresiva-. Nunca toleró que yo
despertara más interés en los hombres.
-No lo veo así, y no es porque ella sea mi madre, estoy
segura de que ambas habrán sido muy atractivas de
jóvenes...
-Yo todavía lo sigo siendo.
-...pero también eran inmaduras y se peleaban por
sonseras de forma poco ortodoxa. No les reprocho nada, a
veces tengo peleas absurdas con mi hermanita –recordé los
días que habíamos pasado ignorando la existencia de la otra-,
pero ya pasaron como cien años de aquellas peleas...
-¡No soy tan vieja!
-...deberían razonar como adultas –ignoré sus
interrupciones-, el pasado ya quedó atrás.
-Nadia, suponé que ya no discuto con tu madre, cosa que
no va a pasar, eso no quiere decir que esté de acuerdo con la
locura que están haciendo.
-¿No va a pasar? ¿Entonces para qué carajo estoy gastando
saliva al hablarte si de todas formas vos vas a seguir siendo la
misma vieja testaruda y celosa de siempre?
-¿Qué tiene de malo ser un poco celosa? Con eso uno
demuestra que quiere a la otra persona.
-¿Qué otra persona? No tía, estás confundiendo mi
argumento, me refiero a celos por los logros de otro, no a
celos que uno puede tener con su pareja o con alguien que
quiere mucho... ¡Esperá! Vos te estás refiriendo a eso –la
señalé con mi dedo-, ¡vos estás hablando de celos por amor!
-¿Amor a tu mamá? ¿Estás loca?
-No te hagas la boluda tía, sabés que no hablo de mi mamá.
-¿Entonces de quién hablás?
-No sé, eso me lo tenés que contestar vos... –se quedó
callada y orgullosa-. Dejame pensar, tus celos comenzaron
cuando te sacó a su novio, del cual, supuestamente estabas
enamorada. Luego ella comenzó a salir con tu hermano, tal
vez te daba celos que Pepe pasara tanto tiempo con ella,
ignorando a la linda hermanita que tenía a su lado...
-Eso es desagradable, Nadia.
-Vamos tía, te paseabas delante de él desnuda, ¡hasta
tenías sexo con hombres delante de tu hermano! ¿Qué querés
que piense? Vos lo viste desnudo... vos viste que Pepe está
bien equipado... es un buen tipo... y nunca ibas a poder
acostarte con él porque es tu hermano... para colmo él salía
con esa chica que te había robado el novio... celos, celos y
más celos. Recién te conté lo de Ariel y te pusiste como loca,
porque sentís que te roba a tu querido hijo; pero yo pienso
que no es solamente porque sea ella quien lo hizo lo que te
enoja, lo que a vos te molesta es que se meta con tu hermano
o con tu hijo, personas a las cuales querés mucho. Sos odiosa,
caprichosa, amargada, pero a Ariel y a Pepe los querés
mucho.
-¿Está mal quererlos? Son mi único hermano y mi único
hijo...
-No está mal quererlos... ¿pero en qué sentido los querés?
¿Es el amor puro de una madre o de una hermana o tu
enorme libido también metió la pata en eso? Cuidado, no
estoy diciendo que sientas por ellos algún amor de “pareja”,
simplemente me refiero a si alguna vez te calentaste con
ellos... –hice una pausa pero se negó a hablar-. Estoy segura
de que mi papá te habrá producido más de una calentura...
eso explicaría por qué querías que él te viera desnuda, como
si fuera lo más natural del mundo, y también explicaría por
qué querías que te vea en pleno acto sexual... yo estaré loca
tía, pero eso tampoco es normal, los hermanos no tienen sexo
uno delante del otro porque sí... a mí todo esto me deja una
gran intriga... primero pensaba que era una posibilidad loca,
ahora ya estoy pensando que hay grandes probabilidades de
que haya ocurrido... ¿Te acostaste con él? –me miró
asustada-. Vamos tía, vos sabés muy bien que no te voy a
juzgar si eso pasó... tampoco se lo voy a contar a mí mamá,
ya que considero que es algo que deberían hablar entre
ustedes...
-No me acosté con él... –me dijo con voz suave.
-No te creo.
-Creelo porque es la verdad... lo único que pasó fue...
-¿Si? –no me respondió-. Dale, contame qué pasó. Me
acosté con él y me viste, creo que me debés al menos eso...
-Lo único que pasó fue que una noche, después de que tu
madre se fue, Pepe entró medio borracho a mi pieza, yo justo
me estaba masturbando y él creyó que tenía ganas de
acostarme con alguien, entonces se metió en la cama
conmigo y me acarició un poco, él se reía y creía que lo que
hacía era normal... no lo sé, no estaba dentro de su cabeza,
pero yo le pedí que se fuera... pero no me enojé, se lo pedí
bien.
-¿Se fue?
-Sí, no insistió más... y no pasó más nada... nunca me
acosté con él. Lo juro. Tampoco pensé mal de él. Tal vez lo
hizo como una lección para mí, demostrándome que era poco
prudente que yo siguiera comportándome de esa manera
frente a él... y dejé de hacerlo, no fue algo de un día para otro
ya que no quería hacerlo sentir mal; pero progresivamente me
fui cuidando más de andar desnuda en su presencia.
-Me desilusiona, pensé que había alguna historia entre
ustedes dos...
-¿Por qué te desilusiona eso?
-Es que hubiera sido mucho más fácil acerté entender
nuestra posición si hubieras tenido al menos una historia
similar... ahora ya no sé qué decir.
-Es decir que te mandaron a vos para convencerme a mí de
pensar lo contrario...
-No me mandaron, yo vine sola... bueno... al principio me
negué, pero sabía que alguien tenía que hablar con vos, no
puedo permitir que la familia se arruine solo porque vos estás
en desacuerdo.
-Si lo que te preocupa es que yo ventile al mundo lo que
ocurrió hoy acá, no te preocupes porque no voy a contarle
nada a nadie. No soy tan mala persona, sin embargo me
molesta mucho que las cosas sean así.
Me había quedado sin argumentos, no sabía qué decirle a
esta mujer para que cambiara su opinión al respecto, no
pretendía que se uniera a nuestros juegos, pero al menos
quería que no nos odiara por eso. De repente recordé una
frase que ella misma me dijo minutos atrás.

-Tía... vos me dijiste que no te parecía malo que un chico se


acueste con su prima...
-No lo veo como algo grave, no es un parentesco tan
directo. Si se puede evitar, mejor... pero si ocurre, no es para
armar un escándalo.
-Sin embargo vos armaste un escándalo –me miró
intrigada-. Bueno, en el caso de que pienses que la relaciones
entre tía y sobrino sean similares...
-No lo son, son cosas diferentes, puede ser que tampoco lo
considere para armar un escándalo; pero no es eso lo que me
molestó de tu madre, no es el hecho de que sea la tía de Ariel,
me molestó que se metiera con él.
-No hablaba de mi mamá y Ariel sino de vos y Augusto.
Recuerdo que todo se fue a la mierda en el preciso momento
en el que él te penetró... me pareció una exageración, todavía
lo sigo pensando así...
-Entre él y yo sí hay un vínculo sanguíneo, es el hijo de mi
hermano...
-Está bien... pero dudo que tu enojo haya sido por eso...
hubo otro asunto que te mantuvo enojada durante casi todo el
juego, sé cómo es oponerse por no querés semejante
exposición ante tu familia, yo misma lo viví, pero vos tenés
mucha más experiencia en sexo que yo y sos muy abierta al
respecto, puede que tu límite sea acostarte con un hijo o un
hermano, o una mujer; pero vos estuviste mirando a Augusto
desde que se desnudó, con un deseo que se te traslucía en los
ojos. No soy tonta, tía. Presto atención. A mí me parece que
acá hubo otra cosa... algo que te molestaba que no estaba a
la vista... primero pensé que podía ser alguna vieja historia
con mi papá, hay algo de eso, pero no como para enfadarse
tanto... estuviste desnuda delante de él, eso demuestra que
no te molesta hacerlo...
-Te dije que dejé de hacerlo, si me enojé es porque sabía
qué consecuencias podía tener ese juego.
-¿Y qué más?
-¿Te parece poco?
-Viniendo de vos, sí. Si fuera otra persona lo consideraría
más que suficiente.
-Estás fabulando, Nadia.
-Puede ser, pero sigo pensando que hay algo que vos no
querés que se sepa –me miró irritada-. Podemos estar todo el
tiempo que quieras acá, no me voy hasta saber todo. Te conté
los secretos de cada miembro de la familia, eso es lo que nos
une ¿no entendés? Todos compartimos los mismos secretos.
Vos estás acá, apartada, odiando a todos, porque vos también
tenés secretos y no querés compartirlos.
-Ese es el problema, ustedes pretendían que yo les cuente
mis secretos solo por ser parte de un puto juego. ¿A mí que
mierda me importaba el juego? Hay cosas que son muy
privadas y pueden perjudicar mucho a las personas si se
revelan.
-¿Pero hablarías de eso si supieras que te apoyaríamos y
buscaríamos la mejor solución posible? –me miró dubitativa.
-¿Sin perjudicar ni juzgar a nadie?
-Sí, cuidando mucho de no perjudicar o juzgar a nadie.
-Espero que estés diciendo la verdad.

Comenzó a narrarme un suceso que había ocurrido hace


casi dos años y me contó las repercusiones que tuvo el
mismo, escuché sin decir una palabra. No sé si diría que me
sorprendió lo narrado, pero sí me dejó bastante intranquila y
confundida. Luego de contarme lo ocurrido, empezó a llorar,
era un llanto mudo y triste. Nunca había visto a Analía abatida
de esa forma. Ahora comprendía por qué ella opuso tanto
rechazo durante el juego de póker y no la culpaba por
comportarse como una arpía.

-No sé cómo pensás solucionar eso –me dijo mientras se


limpiaba las lágrimas con las sábanas.
-Creo que lo primero sería contárselo a tu hijo, después
veremos cómo lo resolvemos.
-¡No! No le cuentes...
-Tía, si querés que el problema se solucione, lo mejor va a
ser que él también lo sepa –me miró asustada-. Te prometo
que voy a hacer mi mayor esfuerzo porque todo salga bien.

*****

Después de convencerla salí del cuarto de mis padres, aún


seguía completamente desnuda. Miré hacia ambos lados en el
pasillo y lo encontré completamente vacío y en silencio. Mordí
mi labio inferior y me di cuenta de que este era un asunto
delicado y que, a pesar de lo que le dije a mi tía, no tenía idea
de cómo manejarlo.

Al llegar al comedor comprobé que allí no había nada


tampoco, a excepción de la cantidad de vasos, botellas y ropa
que aún estaba tirada, cualquiera que viniera pensaría que allí
hubo una orgía y tal vez se asombraría mucho si descubría
que tenía razón. No sabía dónde se habían metido todos, tal
vez estaban en sus dormitorios, pero primero quise revisar la
cocina. Cuando entré a ella escuché las voces de mi tío
Alberto y de Mayra, no sabía de qué hablaban, seguí las voces
hasta llegar al patio interno que estaba junto a la cocina. Allí,
sentados alrededor de una mesa de jardín, estaban todos, a
excepción de mi mamá. Seguían completamente desnudos,
los hombres ya tenían sus penes flácidos y mi hermanita
estaba sentada en su sillón con las piernas bastante
separadas, enseñando su sonrosada rajita.

-¿Mamá ya se fue a dormir? –pregunté.


-Sí –contestó Mayra-, está en el cuarto de Augusto.
-Pobrecita, la dejé fundida –se jactó Ariel.
-Fundida la dejamos nosotras –dijo Mayra con una sonrisa.
-¿Ustedes, por qué? –preguntó él.
-Eso no tiene importancia –lo interrumpí-, Ariel, vení que
tengo que hablar con vos.
-¿Sobre qué?
-Si te digo que vengas es porque te lo tengo que decir a vos
sólo. Es sobre tu mamá.
-Está bien, ya voy.

Estuve a punto de irme cuando me percaté de que Mayra


abría y serraba las piernas un poquito, como si estuviera
jugando con ellas.

-Ojito vos –le dije con la intención de pedirle que se portara


bien.
-¡Hey! ¿Por qué me decís a mí? –se quejó-. Decile a ellos,
que no me sacan los ojitos de encima –todos se rieron-.
Además quedate tranquila que en un rato yo también me voy
a dormir.
-Eso espero.
-Sí, mamá –se burló de mí.

Me fui de allí, seguida por mi primo, lo conduje hasta mi


cuarto, allí podría hablar con él sin que nadie escuchara, a no
ser que Mayra estuviera muy apurada por ir a dormir. Apenas
entramos al cuarto y cerré la puerta, Ariel me agarró las tetas
con fuerza, por detrás. Apoyándome con su pene flácido la
cola. Sus pesadas manos apretujaron mis pechos como si
éstos fueran globos llenos de agua. Por la forma en que
presionaba mis tetas hacia él, me hizo arquear la espalda,
esto levantó mi cola, su pene me producía cosquillas en la
vagina.

-Ariel, ¿qué hacés?


-Vamos primita, ese cuento de “tengo que hablar con vos”
no se lo cree nadie. Vos te quedaste con ganas.
-No, nada que ver. Te dije que tenía que hablar te de algo
sobre tu mamá, es importante.
-Entonces te escucho -dijo poniendo su mentón sobre uno
de mis hombros.
-Así no... primero tenés que soltarme.
-No te creo nada primita. Sé que viste atentamente cómo le
rompía el culito a tu mamita, ¿vos querés lo mismo?

Extrañamente esa pregunta me hizo correr una oleada de


calor por el cuerpo. Tan sólo recordar la forma en la que
penetraba a mi madre, y la historia que luego ella me contó,
me excitaba. También debía tener en cuenta el calor que
emanaba su cuerpo y que su miembro comenzaba a
despertarse.

-No Ariel, te aseguro que no es eso. Soltame las tetas, me


estás haciendo mal.
-Me encantó verte desnudita, Nadia. Te imaginé mil veces
así –lo miré de reojo con las cejas levantadas-. No te imaginás
todas las pajas que me hice pensando en tus tetas –las apretó
con más fuerza- y en tu culito –se pegó más a mi cuerpo, la
verga se le estaba poniendo dura-. Todavía me acuerdo de
aquella noche en la que salimos a bailar juntos ¿Vos te
acordás? Todavía salías con el boludo de tu novio... ¿cómo se
llamaba? No me acuerdo; pero lo importante eras vos.

Tenía un recuerdo muy vago de esa noche a la que él hacía


referencia, recordaba que él nos había acompañado porque
yo quería presentárselo a una amiga, pero nunca congeniaron
y no supe por qué.

-Me acuerdo poco –le dije; me estaba acalorando mucho al


sentir sus dedos pellizcándome los pezones y su miembro
creciendo entre mis nalgas.
-Esto te lo creo, porque esa noche te tomaste todo... me
acuerdo que estabas con una pollera cortita y un escote que
acaparaba todas las miradas. El salame de tu novio se
paseaba por toda la disco tomándote de la mano, como si
fueras su gran premio.
-Probablemente lo era –dije dejando mi modestia de lado, el
tener a Ariel arrimándome me excitaba mucho y me sentía la
mujer más sexy del mundo.
-No lo dudo, primita, eras un bomboncito... y todos te
querían comer, inclusive yo.
-Pero no lo hiciste.
-No lo hice porque me pareció mucho, estaban tus amigos y
sabían que éramos primos, pero tu novio se enojó mucho
conmigo... y con vos también.
-¿Por qué?
Estrujé mis recuerdos y sólo podía divisar luces que
parpadeaban al ritmo de la música estridente, recuerdo haber
bailado de forma muy provocativa con mi novio y también me
venía a la mente los toqueteos... sabía que sus manos no
habían sido las únicas que habían explorado mi cuerpo, pero
siempre creí que se trataba de desconocidos que bailaban
cerca de mí aprovechando la situación. No recordaba que mi
novio estuviera enojado, pero tal vez lo estuvo en ese
momento y luego se le pasó.

-¿Se enojó porque otros chicos me tocaban? –al terminar la


pregunta solté un gemido, una de las manos de Ariel me
acarició la concha, provocándome una puntada de placer en
el clítoris.
-Sí, te manosearon de lo lindo... y vos no decías nada.
Hasta te vi agarrándole la verga por arriba del pantalón a un
vago que bailaba con vos. Estabas hecha una puta.
-Cuando tomo alcohol me pongo muy puta –me encendía
confesar eso.
-Lo sé... creeme que lo sé muy bien, ¿quién te creés que te
pagó todas las bebidas?
-Imagino que vos.
-Por supuesto, quería verte borrachita...
-Pero vos no sabías que yo me ponía así... ¿cómo lo
adivinaste?
-No lo adiviné... simplemente te quería emborrachar a
modo de broma, pero cuando vi que eso te iba poniendo
“putita”, tuve una mejor razón para hacerlo.
-¿Y qué fue lo que hizo esta putita? –la verga de Ariel ya
estaba completamente dura y su glande amenazaba con
enterrarse en el agujero de mi concha, la cual estaba muy
húmeda y deseosa de que la clavaran.
-Te pusiste a bailar conmigo, mientras tu novio nos miraba.
Me calenté mucho porque meneabas el culo contra mi verga y
se te levantaba la pollerita, yo te acariciaba las piernas –al
decir esto me mostró cómo fueron esas caricias, pasó sus
manos suavemente por mis muslos, subiendo hasta la vagina,
entretanto yo meneaba la cola como si estuviéramos
bailando, sintiendo como su glande se perdía entre mis labios-
¿No te acordás de eso?
-Si hubiera estado sobria, me acordaría... pero
sinceramente recuerdo muy poco... sé que estaba muy
excitada, tenía la bombacha empapada... también recuerdo
que alguien me tocó la conchita un rato, ¿ese fue mi novio?
-No lo sé, puede que sea él, pero yo también lo hice,
cuando me pediste que te acompañe al baño. Ni siquiera
entraste, nos quedamos en un rincón oscuro, hablando de
estupideces, mientras yo te acariciaba la conchita.

Pasó sus dedos por la división de mi vagina y comenzó a


masturbarme frotando el clítoris. Esa escena sí la recordaba,
especialmente ahora que él se encargaba de aclararme la
memoria. Recordaba los ojos de Ariel muy cerca de los míos y
mi tremenda calentura.

-Vos me pediste que te haga un pete –le dije rememorando


sus palabras.
-Así es, pero vos fuiste mala, y no me lo hiciste... me lo
debés... me calentaste toda la noche y me dejaste con las
ganas.
-Es que en esa época yo no chupaba vergas...
-¿Y ahora lo hacés?
-Sí, me encanta hacerlo... me vuelve loca tener una verga
bien dura llenándome la boca –todo lo que decía era por culpa
de mi excitación, la cual me llevaba a confesar más de lo
prudente y a decirlo de forma cruda, sin tapujos.
-Entonces, ¿me vas a hacer ese pete que me debés?
-Ahora no...
-¿Por qué no? Sos mala, che.
-Es que así estoy bien... –solté un gemido muy sensual al
mismo tiempo que cerraba los ojos y levantaba mi colita, el
glande se introdujo en mi conchita-. Preferiría que me cojas...
pero bien cogida... no como lo hizo mi novio esa noche, que
me dejó con las ganas. ¿Es mucho pedirle a un hombre?
Todos dicen ser capaces de dar una buena cogida... pero ya
descubrí que no es así.
-A una putita como vos hay que cogerla como se merece.
-Eso es lo que yo digo.

El ego se me estaba subiendo a la cabeza ¿hay algo de


malo agrandarse un poquito? Era un juego sexual, podía
permitirme creerme más de lo que soy por un rato, creo que
toda mujer se lo merece... dejar de lado sus inseguridades,
para zambullirse en un pleno momento de placer.

-Mi conchita se merece que la traten muy bien... si quieren


disfrutar de todo esto –tomé las manos de mi primo e hice que
acaricie mi cuerpo, comenzando por las tetas y bajando por
mi plano vientre hasta llegar a mi entrepierna-, entonces que
lo hagan bien.
-Vos sos tan adicta a la verga como tu mamita –su pene se
iba clavando muy lentamente en mí.
-Sí, me gusta mucho la verga.

De pronto me enterró su falo con violencia, mi concha se


dilató rápidamente y sintió la furia de la embestida. La verga
se clavó hasta los huevos, pude haber gritado, pero en lugar
de eso una acumulación de gemidos agónicos se apoderaron
de mi garganta.

-¿Así te gusta? –su voz sonó junto a mi oído, una de sus


manos continuaba acariciando mi clítoris, la otra me estrujaba
una teta.
-Sí, así... –volví a gemir- dame fuerte que me gusta.

Cumplió mis deseos dándome dos duras embestidas, en las


cuales sacó su verga casi completa y me castigó la concha.
Luego empezó a cogerme con movimientos cortos pero
constantes.

-¡Ay, sí... dámela toda!

Había olvidado por completo el verdadero motivo de mi


reunión con Ariel, ahora era mi libido quien controlaba todo mi
ser y sólo quería obtener satisfacción sexual. Me incliné más
hacia adelante y separé un poco las piernas para recibir todo
su pene, podía sentir mis propios flujos chorreando por la cara
interna de mis muslos.

-¿Sabés qué es lo que más me calentó de vos, Nadia? –me


dijo sin detenerse, él respondió la pregunta sin que yo le
dijera nada:- que hayas dicho que entregás el culo. Eso me
hizo imaginar un montón de situaciones... te imaginé en
cuatro gritando como una puta mientras te rompían el orto –
sus palabras me calentaban aún más y su verga continuaba
entrando y saliendo de mi húmeda cavidad-. ¿Cuántas veces
te rompieron el orto?
-Tres o cuatro... depende de si contamos el consolador que
me metieron hoy... –respondí entre jadeos.

Podía entender a mi mamá, Ariel tenía algo especial en su


forma de imponerse ante una mujer que lo hacía más
interesante, humedecí con saliva dos de mis dedos y los llevé
hasta mi colita. Repetí la acción dos o tres veces más.

-¿Qué hacés? –me pregunto sin dejar de darme.


-Me estoy lubricando... porque sé que me vas a romper el
orto.
-¿Eso querés? –su meneo se hizo más rápido, yo también
sabía cómo provocarlo y calentarlo.
-Sí, quiero que me dejes el culito bien abierto.
-Ponete en cuatro y pedímelo.

Hice lo que él ordenó, estaba en llamas. Me puse de rodillas


en el borde de la cama, apoyé mi cara contra el colchón y me
abrí las nalgas con las manos.

-Haceme el orto –le supliqué.

Ariel se me acercó por detrás y sin darme tregua, me clavó


el glande en el ano. Curiosamente, no me dolió, sino todo lo
contrario, fue sumamente placentero. Luego retiró su
miembro, lo humedeció con más saliva y volvió a clavarme la
punta. Solté un bufido, le pedí que me la metiera más adentro
y así lo hizo. Poco a poco, embestida tras embestida, me la
fue enterrando toda en el culo. Cuando empezó a metérmela
con fuerza sentí un poco de dolor, pero éste se disipó
rápidamente, dejando que el placer tomara su lugar.

-Así, montame como a una yegua –le dije.

Él me sujetó del cabello obligándome a levantar la cabeza e


inclinarla hacia atrás y comenzó a darme con más fuerza. Mis
tetas saltaban cada vez que su cuerpo chocaba contra el mío.
No sentía tanto placer anal desde que le había entregado el
culo a mi hermano, él la tenía más grande que Ariel, pero mi
primo parecía tener más experiencia en el tema y se movía
con mayor soltura.

Tiró tanto de mi cabello que hizo que mi espalda quedara


pegada a su pecho, me obligó a girar la cabeza hacia él y su
lengua atacó e invadió mi boca. Mientras nos besábamos
comencé a masturbarme a gran velocidad. Estuvimos un buen
rato así y luego él se apartó de mí. Caí con las manos en la
cama y miré hacia atrás, Ariel se sentó al borde de la cama de
mi hermana.

-Vení, putita, sentate arriba de mi verga.

No me hice la difícil, me paré dándole la espalda y me


agaché con las piernas juntas dejando que mi culito cayera
sobre su miembro erecto. Volví a clavarla y comencé a
menearme de arriba hacia abajo sosteniéndome con mis
manos sobre mis propias rodillas.

-¡Cómo le gusta comer pija a este culo! –exclamó mientras


me acariciaba las nalgas con ambas manos.

Cada vez que la verga entraba completa, me quedaba allí,


zarandeándome hacia los lados, disfrutando a pleno. Luego de
un rato Ariel me agarró por las tetas y me forzó a quedarme
sentada, me hizo abrir las piernas y comenzó a masturbarme,
no sólo me frotó el clítoris sino que también me metió dos
dedos repetidas veces. Lo alenté con mis gemidos.
-¿Sabés una cosa, Nadia? –Me dijo al oído-. Siempre pensé
que eras muy pajera... una mina que está tan buena como
vos, debe estar todo el día haciéndose la paja pensando en
todos los tipos que se la quieren coger.
-Sí, no puedo vivir sin hacerme la paja –eso era cierto,
muchas veces me encerraba en el baño o aprovechaba que
estaba sola en la pieza para autosatisfacerme-. A veces Mayra
se la hace a la par mío. Ella también es muy pajera.
-¿Y hacen chanchadas juntitas?
-Sí... a veces sí. Nos chupamos la concha entre nosotras.
-Me encantaría ver eso algún día... me gustó ver cómo te
limpiaba la leche de tu papá cuando él te llenó la concha.

Toda esta charla inmoral incrementaba mucho mi


calentura. Comencé a dar saltos cortitos gimiendo al sentir la
verga de Ariel castigándome el culo.

-Quiero ver cómo te pajeás –me pidió.

Para complacerlo me puse de pie, él se acostó a lo ancho


de la cama individual y me puse sobre él, apoyándome con
las rodillas en el colchón. Volví a sentarme sobre la verga y
ésta se metió completita en mi culito, luego comencé a
masturbarme mientras me sobaba las tetas. Él observaba
dejando sus manos sobre mis muslos. Cerré mis ojos, me
chupé los dedos, jadeé y continué dándome placer, abriendo
ocasionalmente los labios de mi vagina para que Ariel pudiera
verla por dentro. Luego él se sentó en la cama y sin sacarme
la verga empezó a comerme las tetas una a una, estirándolas
al chupar mis pezones con furia, sabía que me quedarían
marcas después de eso, pero no me importó. Cuando mis
tetas lo dejaron satisfecho, volvió a recostarse. Di muchos
saltos cortitos sintiendo cómo la verga entraba y salía y de
pronto mi concha comenzó a expulsar juguito. Éste saltó fuera
y salpicó todo el estómago y el pecho de Ariel mientras yo me
sacudía los labios y el clítoris con los dedos. Mientras gozaba
de mi orgasmo, mi ano se cerró alrededor del pene por acto
reflejo, esto ocasionó que me doliera un poco cuando entraba;
sin embargo no me detuve. Cuando mi vagina dejó de escupir,
me levanté y luego me puse de rodillas en el suelo, lamí el
estómago de Ariel, sorbiendo mis propios jugos y luego
comencé a hacerle el pete que le debía. Tragué su verga
completa y sacudí mi cabeza sin parar. Se la llené con mi
saliva y le di fuertes chupones en el glande.

-¿Te vas a tomar toda la lechita? –me preguntó.


-Sí, dámela toda y yo me la tomo.

Acto seguido le chupé los huevos mientras lo masturbaba


intensamente. Después dejé la boca abierta ante él y
comenzó a pegarme en la cara con la verga, me calentó
mucho que hiciera eso, tanto que no aguanté las ganas de
volver a tragarla una vez más y seguir chupando como una
desaforada. Poco tiempo después recibí mi preciada
recompensa, el semen de Ariel comenzó a descargarse en mi
boca, el primer chorro saltó con fuerza e impactó contra mi
paladar, sin embargo dejé mis labios apretados alrededor del
pene y fui tragando su leche poco a poco, sin dejar de
mamársela. No sólo me supo deliciosa, sino que también me
excitó mucho hacerlo.

Mi primo se las había ingeniado muy bien para hacerme


olvidar de mi propósito y hacerme calentar tanto que terminó
cogiéndome; pero no me arrepentía de haberlo hecho ya que
yo también había disfrutado muchísimo. Nos quedamos
acostados en la cama de Mayra, uno junto a al otro,
recuperando el aliento y dejando que nuestra temperatura
corporal descendiera un poco.

Sabía que no podía zafar de esa charla tan delicada que


tenía pendiente con Ariel, se lo había prometido a mi tía,
pensé muchas veces en qué palabras podía usar, intenté
hablar más de una vez pero siempre me quedé muda. Me
esforcé por despejar mi cabeza, lo mejor sería hablar del tema
con naturalidad y de frente. Cuando estuve más serena lo
encaré.
-Ariel, todavía tengo que hablar con vos...
-¿Así que eso era cierto? –preguntó con tranquilidad.
-Sí, y es un tema bastante delicado... –me senté en la cama
y lo miré a los ojos-. Quiero que sepas que hice esto para que
entiendas que confío en vos. No te considero una mala
persona –me miró intrigado.
-¿Qué es lo que pasa, Nadia?
-Tu mamá me contó algo bastante... serio. Supuse que lo
mejor sería hablarlo directamente con vos para conocer tu
versión –noté cierta intranquilidad en él, a mí me temblaban
las manos-. En fin, no quiero hacértela más larga... tu mamá
me contó que vos a veces la tocás mientras duerme... y a
veces hacés más que tocarla.

Tragué saliva y miré fijamente a mi primo, él estaba pálido,


como si le hubieran arrebatado toda la sangre del cuerpo, sus
ojos vibraban y parecían a punto de abandonar sus cuencas,
la noticia había sido tan dura para él, como para mí dársela.

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