Luigina Mortari
Luigina Mortari
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CUIDARSE Eso no quita que la Consultoría Filosófica dé
una respuesta no terapéutica a una difusa pregunta de ayuda. Podemos
asumir esta tesis como punto de partida y superar de tal manera cada
tentación de usar la palabra filosófica como fármaco de baja toxicidad. Y
hay que al mismo tiempo desviar la atención de la idea de la cura como
pregunta sobre la cura como respuesta. Poniendo así en el centro
de la atención no tanto la solicitud de ser atendido (por la música, por los caballos,
del yoga, del prozac o de la filosofía), pero la respuesta: el cuidarse a sí mismo y
del otro (en cuanto parte de mí).
Entonces, la Consultoría filosófica no es terapia y no plantea problemas de
eficacia terapéutica, pero pertenece al dominio del cuidado en el sentido de que cada
autentica actividad humana en la que se ponga en juego el sistema de nuestros
relaciones debería ser un cuidarse a uno mismo y al otro, para desarrollar
todas sus potencialidades, para no deprimirse y privarse a través de la violencia,
que rompe vínculos y impide el intercambio.
La Consultoría Filosófica es una acción filosófica a través de la cual nos
cuidémonos mutuamente. Y esto sucede tanto en la situación del
cara a cara individual, tanto en la colectiva. Si un huésped viene a
dímelo: “filósofo, cuídate de mí”, yo le respondo que es él quien debe
cuidarse a uno mismo y a los demás (también a mí, filósofo). En este sentido, el cuidado
debe pertenecer a la categoría de dar, no a la de recibir.
Lo que importa es que cuidar es nuestra única elección razonable.
siempre y en todo caso, porque en la comparación con el otro, en la relación, dado que
si haber sido liberados de la condición de indiferencia que es deshumana, solo hay
dos alternativas no equivalentes: cultivar la relación que nos sostiene y que nos
constituye, o sacrificarla violentamente a la ilusión momentánea de una
potencia que como se expresa así se anula revelándose automutilante.
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una relazione costruttiva. Ed uso questo termine non a caso: per dire di una
relación que, al permitir el crecimiento del otro, hace posible el mío
mismo crecimiento.
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frecuentan para buscar direcciones de sentido a su propio estar6. Un cuento con este propósito es
es posible según Mortari imaginar verdaderas comunidades de pensamiento
dove costruire unlaboratorio internoalla mente7en el que mostrar la
conciencia de su propia acción en relación con el otro: siguiendo el hilo del
es fácil evocar de esta manera una posible vía de
desarrollo y aplicación de la Práctica Filosófica. Y por otra parte, todos aquellos,
entre nosotros los Consultores, que hoy proponen talleres de práctica filosófica en
Los ambientes escolares y formativos en general deberían ser quizás mejor
conscientes de lo que está en juego filosóficamente en esta operación.8
6
Ivi, p. 145
7
Cfr, ivi, pp. 147-148
8
Por algunos ejemplos de la aplicación de la Práctica Filosófica en el entorno escolar, remito a dos de mis
articoli:Vite esaminate. L’esercizio dell’autobiografia in classe, in «Chichibio» n.40, a.VIII, novembre-
diciembre de 2006 eS.O.F.I.A. La ventanilla de consulta filosófica en la escuela, en «Chichibio» n.º 38, a.VIII, mayo-
junio 2006
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L. Mortari, La práctica del cuidado, cit., pp. 77-78
10
Ivi, p. 81
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o de las prácticas terapéuticas en general. Porque la relación de amistad no se
no se apoya ni en una base biológica (como la relación materna) ni en ninguna
técnica (como ocurre en las profesiones de cuidado) pero informa de sí un modo
de ser del hombre, una posibilidad esencial de su ser en el mundo y de la
escena ética que él vive en el mundo.
once
Ivi, p. 111
12
Ivi, p. 118
13
Para una rápida puesta en discusión del tema de la empatía, se puede leer mi reseña al libro de
Laura Boella, Sentir al otro. Conocer y practicar la empatía, (Milán, Raffaello Cortina, 2006) en: "Phronesis"
a. V, n. 8, abril 2007, pp. 118-127
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estética al tiempo de la propia experiencia.14La cura de uno mismo debe entenderse
primero de todo como un cuidado de la mente, es decir, de su propio pensar y de su propio
sentir. Solo reflexionando sobre uno mismo es realmente posible "encontrar el logos"
de la experiencia, la verdad de lo que se hace, encontrar el sentido de propio actuar así
da ordenar su propio hacer alrededor de una medida de sentido.15
Sobre este aspecto central, sin embargo, la reflexión de Mortari parece no
subrayar lo suficiente cómo la recuperación del autocuidado no puede dejar de tener
cuento de la tradición de pensamiento que a esa práctica es profundamente
conectada, como ha demostrado ampliamente Foucault16e così non si sottolinea a
sufficienza la necessità che la cura di sé venga posta come obiettivo per una
serie de prácticas insertadas en el contexto de una filosofía entendida como ejercicio,
más bien que como la búsqueda obsesiva y solitaria del sujeto que anhela una
conocimiento absoluto de sí mismo que se le escapa.17
Conocerse, como a su vez afirma también Mortari, debe ser
momento de una transformación: “Conocerse a uno mismo significa: pensar la
propia experiencia, examinar sus propias formas de ser en las diferentes situaciones,
comprender cuáles creencias orientan las deliberaciones en las situaciones prácticas,
comprender cuáles tonalidades emotivas tienden a hacer de fondo a nuestras vivencias en
ciertas situaciones, y cómo estas tonalidades emocionales ejercen una fuerza sensible
performativa sobre la acción.18
14
L. Mortari, La práctica de cuidar, cit., p. 150
15
Ibidem. En este aspecto, la misma Mortari ha publicado un interesante estudio Cuidar de la mente,
Firenze, La Nuova Italia, 2002
16
Cfr. M. Foucault, La hermenéutica del sujeto, Milán, Feltrinelli, 2003; tít. or.: La hermenéutica del
sujet, París, Seuil/Gallimard, 2001 eLa cura di sé. Historia de la sexualidad 3, Milán, Feltrinelli, 1985; tit. or.:Le
souci de soi, París, Gallimard, 1984
17
Sobre las problemáticas relacionadas con el peligro de una involución subjetivista de la Consultoría Filosófica,
peligro de que una malinterpretada forma de cuidado de uno mismo podría inducir, véase la eficaz reflexión de Pier Aldo
Rovatti, ¿La filosofía puede curar?, Milán, Raffaello Cortina Editore, 2006. En torno a los mismos temas se debe señalar
también el recentísimo M. Montanari, La filosofía como cura. Recorridos de autenticidad, Milán, Unicopli, 2007
18
L. Mortari, la práctica del cuidado, cit., p. 151
19
Ivi, p. 101
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Se trata entonces de poner al otro en el centro de la atención, pero no para
establecer una jerarquía, más bien conscientes de que al estar todos instalados
en un tejido de relaciones es necesario que cada nodo sea preservado y
salvaguardado. Solo así se cultiva el bien.
En cuanto a la práctica, la atención no puede basarse en principios generales abstractos, sino en
su una sabiduría práctica que nace de la experiencia de los casos particulares, es decir, de la
necesidad de disponer de ideas guía constantemente puestas a prueba
de la experiencia y, por lo tanto, reajustadas. En este sentido, Mortari se coloca del lado
di quella che viene definita ética de la cura en contraposición a la ética de la
justicia, donde esta última debe entenderse precisamente como esa forma de
pensamiento abstracto, basado en universales y dirigido a toda la humanidad. Sin embargo
también la idea de una ética del cuidado debe ser redimensionada para no caer
nuevamente en la formulación de principios generales, el riesgo
del esencialismo debe más bien impulsar a una formulación más débil, y
así Mortari sostiene que “el cuidado no es una ética, sino una práctica éticamente
informa. Y está informada por la búsqueda de lo que es bueno, es decir, de lo que ayuda a
llevar una buena vida.20
En buena medida, la actitud moral que caracteriza el cuidado, se
la fonda prima di tutto sull’attenzione verso gli “aspetti irriducibilmente unici
delle situazioni concrete" e, insieme, sulla considerazione di ogni persona come
singularidad, y por lo tanto sobre la disposición a observar cada aspecto del otro y
del evento en el cual nos viene encuentro dejándose guiar "por sentimientos
di ternura y de amabilidad hacia los demás.21
¿Pero qué puede llevar a la práctica del cuidado? ¿Qué puede
impulsar, es decir, abandonar nuestras seguridades para hacerse cargo de las
debilidades ajenas? Según Mortari "es la pasión por lo que hace sentir bien, es decir
por lo que hace que la vida valga la pena vivir, que cataliza la disposición
todo al azar de la acción de cuidado.22. Pero quizás debería precisarse mejor la
componente egoísta típica de toda moral eudemonista: realizo la mía
identidad, cultivo mi fuerza, en el gesto de cuidar. El saber que nos falta y
necesitados del otro (que es fundamento ontológico, es la clave de la
condición relacional) nos empuja a esta culminación que se realiza
precisamente en las prácticas de cuidado.
Al mismo tiempo, sin embargo, "quien cuida no anula su propia subjetividad y,
por lo tanto, no corta los lazos, de lo contrario ya no hay relación, pero sabe hacer actuar el
principio del respeto a la trascendencia del otro con el principio de nutrir de
la relación con el otro.23
El movimiento del cuidado de uno mismo y, a la vez, del cuidado del otro nos lleva
inevitablemente en el corazón mismo de nuestro ser en el mundo. A demostración
20
Ivi, p. 179
21
Ivi, p. 163
22
Ivi, p. 183
23
Ivi, p. 192
7
del hecho de que las categorías que circulan en torno a la práctica de la Consultoría
Filosófica, no entran en absoluto en la dimensión de las técnicas operativas,
cuánto más bien a ese campo en el cual es la vida misma la que está puesta en
cuestione.