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Luigina Mortari

La Consultoría Filosófica se presenta como una práctica de cuidado relacional, diferenciándose de la terapia al no buscar curar enfermedades, sino fomentar el bienestar a través de la escucha y el diálogo. Este enfoque enfatiza la importancia de cuidar tanto de uno mismo como del otro, promoviendo relaciones constructivas y evitando la violencia en las interacciones humanas. La investigación de Luigina Mortari resalta el cuidado como una estructura esencial de la condición humana, vinculando la educación y el desarrollo personal a la capacidad de cuidar en un contexto relacional.
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Luigina Mortari

La Consultoría Filosófica se presenta como una práctica de cuidado relacional, diferenciándose de la terapia al no buscar curar enfermedades, sino fomentar el bienestar a través de la escucha y el diálogo. Este enfoque enfatiza la importancia de cuidar tanto de uno mismo como del otro, promoviendo relaciones constructivas y evitando la violencia en las interacciones humanas. La investigación de Luigina Mortari resalta el cuidado como una estructura esencial de la condición humana, vinculando la educación y el desarrollo personal a la capacidad de cuidar en un contexto relacional.
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STEFANO ZAMPIERI

Recensión a: LUIGINA MORTARI, La práctica del cuidar, Milán,


Bruno Mondadori, 2006 en: Phronesis, a. V, n. 9, octubre 2007, pp. 121-131

VIOLENCIA O CUIDADO La Consultoría Filosófica no es una forma de


terapia, por mucho que se coloque normalmente en el ámbito de las relaciones de ayuda.
Pero, por otro lado, este territorio es realmente muy amplio y también bastante
confuso, sobre todo porque la idea misma de terapia es bastante confusa si se proyecta
fuera del ámbito de la patología física.
En realidad, hay que darse cuenta de que la relación de cuidado no es un recorte.
especialista dentro de una competencia particular más bien que la elección
esencial ante la cual se encuentra cada uno de nosotros, en cada momento de la
la propia existencia, que siempre está implicada en la alteridad, involucrada en los procesos de
compartición e intercambio, anudada al tejido de las relaciones.
Desde este punto de vista, nos encontramos continuamente frente a
un cruce del cual depende la naturaleza de nuestra relación con el otro: el cruce entre
violencia y cuidado. Si el hombre es la red de sus relaciones, si el hombre es una
relación ininterrumpida con el otro, él no es por esto y de esto ni
consciente ni responsable a menos que lo quiera. El primer obstáculo para
superar, en este sentido, es la indiferencia. Más allá de la cual aquí está la alternativa
se le vuelve a proponer continuamente. No es, de hecho, una opción que, hecha una vez, te
deja marcado para siempre. Más bien, cada vez que vivo la relación no puedo
dejar de sentirme en este dilema respecto al otro: ¿violencia o cuidado? Es
claro entonces que la elección más auténtica, porque me construye, me forma y me
enriquece, es la del cuidado hacia el otro. Cuidar es, por lo tanto, un
momento decisivo en nuestra existencia, y es en su interior donde se encuentran
también aquellas prácticas que se realizan específicamente como terapéuticas,
es decir, dirigidas al bienestar ajeno. Pero, al mismo tiempo, el cuidar excede
continuamente cada práctica individual, porque pertenece a nuestro ser en
mondo como una suya posibilidad.
La Consultoría Filosófica, sin embargo, no se confunde con otras prácticas de
cura, porque no hace terapia, no trabaja por una salud hipotética, ni apunta
a una curación como victoria sobre la enfermedad. La Consultoría Filosófica es un
cuidar como una actitud de acogida, de escucha, de
compartición, de auténtica conversación. No conoce enfermedad, ni salud, ni
diagnóstico, ni terapia. Solo conoce el proceso de aclaración recíproca.
Conosce il fare filosofia come un modo dell’esistenzastessa. Che non è
davverocompleta se no acoge en sí el principio del cuidado del otro.

1
CUIDARSE Eso no quita que la Consultoría Filosófica dé
una respuesta no terapéutica a una difusa pregunta de ayuda. Podemos
asumir esta tesis como punto de partida y superar de tal manera cada
tentación de usar la palabra filosófica como fármaco de baja toxicidad. Y
hay que al mismo tiempo desviar la atención de la idea de la cura como
pregunta sobre la cura como respuesta. Poniendo así en el centro
de la atención no tanto la solicitud de ser atendido (por la música, por los caballos,
del yoga, del prozac o de la filosofía), pero la respuesta: el cuidarse a sí mismo y
del otro (en cuanto parte de mí).
Entonces, la Consultoría filosófica no es terapia y no plantea problemas de
eficacia terapéutica, pero pertenece al dominio del cuidado en el sentido de que cada
autentica actividad humana en la que se ponga en juego el sistema de nuestros
relaciones debería ser un cuidarse a uno mismo y al otro, para desarrollar
todas sus potencialidades, para no deprimirse y privarse a través de la violencia,
que rompe vínculos y impide el intercambio.
La Consultoría Filosófica es una acción filosófica a través de la cual nos
cuidémonos mutuamente. Y esto sucede tanto en la situación del
cara a cara individual, tanto en la colectiva. Si un huésped viene a
dímelo: “filósofo, cuídate de mí”, yo le respondo que es él quien debe
cuidarse a uno mismo y a los demás (también a mí, filósofo). En este sentido, el cuidado
debe pertenecer a la categoría de dar, no a la de recibir.
Lo que importa es que cuidar es nuestra única elección razonable.
siempre y en todo caso, porque en la comparación con el otro, en la relación, dado que
si haber sido liberados de la condición de indiferencia que es deshumana, solo hay
dos alternativas no equivalentes: cultivar la relación que nos sostiene y que nos
constituye, o sacrificarla violentamente a la ilusión momentánea de una
potencia que como se expresa así se anula revelándose automutilante.

VER CUIDAR – NO CUIDAR Lo sé, aquí yo tomo como fecha una


distinción que tal vez no se da en absoluto, es decir, esa de descuidar y cuidar, que
son prácticas de naturaleza diversa aunque íntimamente dependientes, en el sentido de que
también el cuidar es, en definitiva, una forma de tener cuidado, aunque no es cierto que
contrario.
El cuidar, de hecho, no se manifiesta solo en el curar que pertenece a la
vicenda de la enfermedad, de la herida. Cuidar también es dimensión
“ontológica”, como diría Heidegger, es decir, una modalidad de la relación: el
el tejido de la intersubjetividad puede estar ligado, precisamente, por una red de relaciones
de fuerza, opresión, afirmación de uno en detrimento del otro, es decir en
general, de violencia, o de un sistema en el cual unos cuidan de otros.
de los demás, y este relacionarse recíproco no conflictivo es el fundamento de

2
una relazione costruttiva. Ed uso questo termine non a caso: per dire di una
relación que, al permitir el crecimiento del otro, hace posible el mío
mismo crecimiento.

LA ESTRUCTURA ORIGINAL Si todo esto está claro puede


resultar de gran interés, para quienes se ocupen de la Consultoría Filosófica, la
la investigación de Luigina Mortari, que, siguiendo un camino que tiene sus puntos de
riferimento in Heidegger e in Lévinas1, coloca oportunamente la cura como
estructura originaria de la condición humana como posibilidad esencial para
el individuo de lograr la autenticidad del ser2La argumentación pone
poi en evidencia como el cuidado siempre es relacional desde el momento que 'si la
la cura es una prioridad existencial del ser y el ser siempre está abierto al mundo,
Entonces, la cura se presenta como un fenómeno cuya esencia es la relacionalidad.3.
La aver cura apunta, por lo tanto, a “crear las condiciones que permiten al otro de
convertirse en su propio poder desarrollando la capacidad de cuidar de sí mismo4.
La relazionalità a cura appare dunque come i due punti di riferimento per una
descripción auténtica de la existencia, según un movimiento que exige
reciprocidad absoluta: cuidar del otro significa, de hecho, inducir su capacidad
di cuidar de uno mismo, y al mismo tiempo el cuidado de uno mismo se realiza también a través de
el cuidado del otro.

EDUCACIÓN Y CUIDADO De aquí se entiende bien la


conexión que vincula estrechamente el cuidado de las prácticas educativas5.Se l'aver
cura si manifesta come un indurre l’altro ad aver cura di sé, è possibile pensare
una práctica similar como punto de referencia en la constitución de un ambiente
educativo en el cual quien cuida acompaña al otro a lo largo de un camino de
autonomía y en la construcción y perfeccionamiento de las herramientas necesarias para
camino de la existencia. Sabiendo bien que no es posible construir
el sentido de la propia vida si no se cuida del propio espacio vital, que
es siempre dual: dirigido hacia las relaciones con los demás y con el mundo por un lado,
madall’altrorivolto alla propria interiorità. Perché, come si è detto, la cura di
es también cuidar del otro y viceversa.
Aparece en este sentido la "necesidad para el educador de poseer la
técnica para educar a pensar, entendiendo por “pensar” la práctica
del interrogar las cuestiones significativas para la existencia humana, que se
1
Para Heidegger, la referencia va, obviamente, al capítulo sexto de la primera sección de Ser y Tiempo.
Milán, Longanesi, 1976; tit. or.: Sein und Zeit, Tubinga, Niemeyer, 1927; por lo que respecta a Lévinas,
si haga referencia en primer lugar a Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad, Milán, Jaca Book, 1980; tít. or.:
Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad, La Haya, Martinus Nijhoff, 1977
2
Luigina Mortari,La pratica dell’aver cura, Milano, Bruno Mondadori, 2006, p. 4
3
Ivi, p. 38
4
Ivi, p. 36
5
Una perspectiva que interesa particularmente a la autora, profesora de Epistemología de la investigación
pedagógica en la Universidad de Verona.

3
frecuentan para buscar direcciones de sentido a su propio estar6. Un cuento con este propósito es
es posible según Mortari imaginar verdaderas comunidades de pensamiento
dove costruire unlaboratorio internoalla mente7en el que mostrar la
conciencia de su propia acción en relación con el otro: siguiendo el hilo del
es fácil evocar de esta manera una posible vía de
desarrollo y aplicación de la Práctica Filosófica. Y por otra parte, todos aquellos,
entre nosotros los Consultores, que hoy proponen talleres de práctica filosófica en
Los ambientes escolares y formativos en general deberían ser quizás mejor
conscientes de lo que está en juego filosóficamente en esta operación.8

LOS CASI PARADIGMÁTICOS La investigación parte de esta primera


delineación teórica a través de una perspectiva fenomenológica muy precisa,
a través de la cual hacer emerger en toda su riqueza estos dos
presupuestos de la prioridad ontológica y de la relacionalidad del cuidar.
Così appaiono alcuni casi paradigmatici di relazioni di cura, primo fra tutti
el de la relación materna, pero sobre todo el de la relación amistosa
que requiere benevolencia o preocupación por el otro, según una lógica
donativa, sin interés, exige atención y por lo tanto capacidad de escucha pero
también delicadeza al tratar al otro con el máximo respeto, y junto con la
máxima franqueza, en un clima general de confianza mutua.
Todo esto se puede resumir en lo que Mortari llama ternura cognitiva
y que se define como "la capacidad de suavizar ciertas nuestras creencias y las
teorías en las que confiamos para hacer la mente permeable al decir
del otro y, por lo tanto, capaz de acoger su punto de vista según el
principio de la caridad interpretativa, que pide escuchar sin prejuicios.
Porque el acto de comprender al otro es ante todo la capacidad de acoger su
modo de venir a la presencia, de exponerse a nuestra vista.9Di aquí
la importancia de la amistad en el contexto de las relaciones de cuidado, en el ámbito de los
procesos educativos y en general en el marco overall de la sociedad.
Dada la consistencia plural del ser, por lo que cada uno de nosotros es el
tejido de relaciones que estructuran nuestro espacio vital, la posibilidad de una
la buena vida no es algo que nos concierne como individuos, sino que reside en la
relaciones que estructuran el campo morfogenético en el que nuestro devenir
sucede.10En este sentido, el cuidado que se realiza en la relación amistosa tiene
sabor bien diferente de aquel, por ejemplo, típico de la relación de enfermería

6
Ivi, p. 145
7
Cfr, ivi, pp. 147-148
8
Por algunos ejemplos de la aplicación de la Práctica Filosófica en el entorno escolar, remito a dos de mis
articoli:Vite esaminate. L’esercizio dell’autobiografia in classe, in «Chichibio» n.40, a.VIII, novembre-
diciembre de 2006 eS.O.F.I.A. La ventanilla de consulta filosófica en la escuela, en «Chichibio» n.º 38, a.VIII, mayo-
junio 2006
9
L. Mortari, La práctica del cuidado, cit., pp. 77-78
10
Ivi, p. 81

4
o de las prácticas terapéuticas en general. Porque la relación de amistad no se
no se apoya ni en una base biológica (como la relación materna) ni en ninguna
técnica (como ocurre en las profesiones de cuidado) pero informa de sí un modo
de ser del hombre, una posibilidad esencial de su ser en el mundo y de la
escena ética que él vive en el mundo.

LAS CONDICIONES DE CUIDADO Para llevar a cabo un cuidado


adecuado o una “medida justa en la relación con el otro”11es necesario para
Mortari poner en práctica diferentes actitudes. A partir de la receptividad, es decir, el
lasciare che l’altro ci interpelli, il far posto all’altro, accettando anche una certa
forma de dipasividad acogedora y activa, modalidad de presencia no intrusiva,
discreta, que sabe esperar, que no exige, capacidad de estar presentes pero
en la ausencia de sí; una forma de ser que se manifiesta como responsividad, es decir, el
saber responder de manera adecuada a los llamados que provienen del otro,
el ser solicitados; es luego oportuna una disponibilidad cognitiva y emocional,
o sea, poner a disposición las propias capacidades de comprensión y
elaboración pero también su propia capacidad de expresar emociones en la
relazione con l’altro,così realizzando “un pensare emotivamente denso o, in
otras palabras, un sentir inteligente12, deslizándose de esta manera hacia el
modelo de la empatía que Mortari nombra, pero sin una adecuada
problematización13; es útil, además una actitud de atención sensible y
no solo intelectual, dirigido a comprender la experiencia que
el otro activa para situarse en el mundo; dirreflexividad, disensibilidad porque el
Cuidar siempre tiene una connotación emocional. Por otro lado, no existe una
scissione tra razionalità ed emotività, e i sentimenti stessi sono fenomeni situati
culturalmente y conectados a las evaluaciones que hacemos de nuestras experiencias.

LA CURA DE SÍ Como se ha dicho, la condición de relacionalidad


que caracteriza el cuidado, así como cualquier otro acto de nuestra existencia,
exige que se revierta continuamente la perspectiva del análisis, así el cuidar
del otro es también cuidar de uno mismo (y viceversa). Bajo esta luz parece que
la existencia, por supuesto, es relacional, pero la responsabilidad de ella es siempre
individuale, y esto conlleva la necesidad del cuidado de sí mismo. "Nosotros -dice Mortari-
no existimos nunca en singular, porque nuestro existir se puede decir que constituye la
forma emergente de los modos relacionales que estructuran el tejido social; sin embargo
la responsabilidad de la existencia es toda singular. El cuidado de uno mismo constituye una
respuesta a la llamada singular a la responsabilidad de dar forma ética y

once
Ivi, p. 111
12
Ivi, p. 118
13
Para una rápida puesta en discusión del tema de la empatía, se puede leer mi reseña al libro de
Laura Boella, Sentir al otro. Conocer y practicar la empatía, (Milán, Raffaello Cortina, 2006) en: "Phronesis"
a. V, n. 8, abril 2007, pp. 118-127

5
estética al tiempo de la propia experiencia.14La cura de uno mismo debe entenderse
primero de todo como un cuidado de la mente, es decir, de su propio pensar y de su propio
sentir. Solo reflexionando sobre uno mismo es realmente posible "encontrar el logos"
de la experiencia, la verdad de lo que se hace, encontrar el sentido de propio actuar así
da ordenar su propio hacer alrededor de una medida de sentido.15
Sobre este aspecto central, sin embargo, la reflexión de Mortari parece no
subrayar lo suficiente cómo la recuperación del autocuidado no puede dejar de tener
cuento de la tradición de pensamiento que a esa práctica es profundamente
conectada, como ha demostrado ampliamente Foucault16e così non si sottolinea a
sufficienza la necessità che la cura di sé venga posta come obiettivo per una
serie de prácticas insertadas en el contexto de una filosofía entendida como ejercicio,
más bien que como la búsqueda obsesiva y solitaria del sujeto que anhela una
conocimiento absoluto de sí mismo que se le escapa.17
Conocerse, como a su vez afirma también Mortari, debe ser
momento de una transformación: “Conocerse a uno mismo significa: pensar la
propia experiencia, examinar sus propias formas de ser en las diferentes situaciones,
comprender cuáles creencias orientan las deliberaciones en las situaciones prácticas,
comprender cuáles tonalidades emotivas tienden a hacer de fondo a nuestras vivencias en
ciertas situaciones, y cómo estas tonalidades emocionales ejercen una fuerza sensible
performativa sobre la acción.18

LA ESCENA ÉTICA El cuidar no es simplemente un sentimiento


o una actitud, ni solo una de las formas posibles en las que podemos vivir el
nuestro mundo, es algo más. Es algo que pertenece necesariamente a
esa escena ética en la que estamos obligados a actuar. "Cuidar es una manera de
ser-ese-con-el-otro-que-no-responde-a-la-lógica-del-deber-sino-que-encontrar-su
razón generativa en sentirse necesitado por el otro; se percibe en el otro una
necesidad que nos llama a actuar en primera persona.19 L’aver cura appare in
esta luz como una práctica de vivir bien motivada por el interés que
cada uno de nosotros trata de vivir en un entorno donde se respete mutuamente
reconocidos, acogidos, escuchados, sostenidos.

14
L. Mortari, La práctica de cuidar, cit., p. 150
15
Ibidem. En este aspecto, la misma Mortari ha publicado un interesante estudio Cuidar de la mente,
Firenze, La Nuova Italia, 2002
16
Cfr. M. Foucault, La hermenéutica del sujeto, Milán, Feltrinelli, 2003; tít. or.: La hermenéutica del
sujet, París, Seuil/Gallimard, 2001 eLa cura di sé. Historia de la sexualidad 3, Milán, Feltrinelli, 1985; tit. or.:Le
souci de soi, París, Gallimard, 1984
17
Sobre las problemáticas relacionadas con el peligro de una involución subjetivista de la Consultoría Filosófica,
peligro de que una malinterpretada forma de cuidado de uno mismo podría inducir, véase la eficaz reflexión de Pier Aldo
Rovatti, ¿La filosofía puede curar?, Milán, Raffaello Cortina Editore, 2006. En torno a los mismos temas se debe señalar
también el recentísimo M. Montanari, La filosofía como cura. Recorridos de autenticidad, Milán, Unicopli, 2007
18
L. Mortari, la práctica del cuidado, cit., p. 151
19
Ivi, p. 101

6
Se trata entonces de poner al otro en el centro de la atención, pero no para
establecer una jerarquía, más bien conscientes de que al estar todos instalados
en un tejido de relaciones es necesario que cada nodo sea preservado y
salvaguardado. Solo así se cultiva el bien.
En cuanto a la práctica, la atención no puede basarse en principios generales abstractos, sino en
su una sabiduría práctica que nace de la experiencia de los casos particulares, es decir, de la
necesidad de disponer de ideas guía constantemente puestas a prueba
de la experiencia y, por lo tanto, reajustadas. En este sentido, Mortari se coloca del lado
di quella che viene definita ética de la cura en contraposición a la ética de la
justicia, donde esta última debe entenderse precisamente como esa forma de
pensamiento abstracto, basado en universales y dirigido a toda la humanidad. Sin embargo
también la idea de una ética del cuidado debe ser redimensionada para no caer
nuevamente en la formulación de principios generales, el riesgo
del esencialismo debe más bien impulsar a una formulación más débil, y
así Mortari sostiene que “el cuidado no es una ética, sino una práctica éticamente
informa. Y está informada por la búsqueda de lo que es bueno, es decir, de lo que ayuda a
llevar una buena vida.20
En buena medida, la actitud moral que caracteriza el cuidado, se
la fonda prima di tutto sull’attenzione verso gli “aspetti irriducibilmente unici
delle situazioni concrete" e, insieme, sulla considerazione di ogni persona come
singularidad, y por lo tanto sobre la disposición a observar cada aspecto del otro y
del evento en el cual nos viene encuentro dejándose guiar "por sentimientos
di ternura y de amabilidad hacia los demás.21
¿Pero qué puede llevar a la práctica del cuidado? ¿Qué puede
impulsar, es decir, abandonar nuestras seguridades para hacerse cargo de las
debilidades ajenas? Según Mortari "es la pasión por lo que hace sentir bien, es decir
por lo que hace que la vida valga la pena vivir, que cataliza la disposición
todo al azar de la acción de cuidado.22. Pero quizás debería precisarse mejor la
componente egoísta típica de toda moral eudemonista: realizo la mía
identidad, cultivo mi fuerza, en el gesto de cuidar. El saber que nos falta y
necesitados del otro (que es fundamento ontológico, es la clave de la
condición relacional) nos empuja a esta culminación que se realiza
precisamente en las prácticas de cuidado.
Al mismo tiempo, sin embargo, "quien cuida no anula su propia subjetividad y,
por lo tanto, no corta los lazos, de lo contrario ya no hay relación, pero sabe hacer actuar el
principio del respeto a la trascendencia del otro con el principio de nutrir de
la relación con el otro.23
El movimiento del cuidado de uno mismo y, a la vez, del cuidado del otro nos lleva
inevitablemente en el corazón mismo de nuestro ser en el mundo. A demostración

20
Ivi, p. 179
21
Ivi, p. 163
22
Ivi, p. 183
23
Ivi, p. 192

7
del hecho de que las categorías que circulan en torno a la práctica de la Consultoría
Filosófica, no entran en absoluto en la dimensión de las técnicas operativas,
cuánto más bien a ese campo en el cual es la vida misma la que está puesta en
cuestione.

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