La República Romana
Cronología
Monarquía (753 a. C. - 509 a. C.)
República Romana (509 a. C. - 31 a. C.)
Guerras Púnicas
Crisis y guerras civiles
Imperio (31 a. C. - 284 d. C.)
Dinastía Julio Claudiana
Dinastía Flavia: Tito
Dinastía Antonina: Trajano, Marco Aurelio, Comodo
Dinastía Severo: Septimio Severo, Caracalla
Crisis del siglo III
Bajo Imperio (284 d. C. - 476 d. C.)
Tetrarquía
Constantino y sus sucesores
Bipartición del Imperio romano
Introducción
La región del Lacio, situada al sur del bajo Tiber entre los montes Albanos y el Mar Tirreno fue
ocupada por los Latinos, en un enclave donde se levantan siete colinas. La fundación de Roma
es atribuida por la leyenda a Rómulo el 21 de abril de 753 a.C. y constituyó una verdadera
ciudad-estado que extendió su autoridad sobre los pueblos de Italia hasta convertirse en el
centro de un gran y poderoso imperio.
En una primera etapa funciona como un estado aristocrático, con una nobleza de sangre que
monopoliza el poder.
Posteriormente, en consonancia con una primera expansión territorial que la hace dueña de
toda Italia consolida un modelo oligárquico, basado en pirámides sociales, cuyas cúspides
constituyen una nobleza de poder, donde se combinan los criterios de linaje con los
económicos donde tienen cabida hombres nuevos. Esto le permitirá ir ampliando el colectivo
de los ciudadanos.
En el siglo III a.C. funciona como un estado helenístico disputando a los cartagineses la
hegemonía en el Mediterráneo Occidental y a los monarcas herederos del imperio de
Alejandro los territorios que controlan.
Antes del cambio de era los romanos son los únicos dueños del Mediterráneo, con todo el
norte de África y su prolongación por el Próximo oriente y con toda la Europa situada al oeste
del Rin y al sur del Danubio.
Es un imperio enorme que incluye los pueblos y culturas más diversas y que requiere un
extraordinario potencial militar para su conservación pero también unos mecanismos
institucionales adecuados que Roma sabe desarrollar.
Introducción
La República Romana no sobrevive a su imperialismo.
No se habría construido ni mantenido el Imperio sin un elemento humano muy
importante, los miembros de la clase dirigente que acceden a las mas altas
magistraturas y gobiernan los territorios provinciales, hombres cultos que
combinan la instrucción con la oratoria y la filosofía con el entrenamiento militar y
sobre todo que acceden a los puestos de mayor responsabilidad después de haber
adquirido experiencia en una sucesión de magistraturas y cargos más bajos. Son al
mismo tiempo las máximas autoridades civiles, con funciones administrativas y
judiciales y los altos mandos militares.
Las luchas y la guerra civil que producen estos atentados contra la tradición
republicana terminan paradójicamente, por convertir la monarquía en la única
salida de la crisis. La eterna oligarquía romana consigue perpetuarse bajo un poder
personal.
Por lo que se refiere a la cultura, con la conquista de Grecia Roma se heleniza y se
abre al exterior. Lo que resulta de ello es una cultura en cierto modo grecorromana,
que se manifiesta especialmente en las artes plásticas, la literatura y la religión.
El modelo cultural romano desarrolla productos peculiares de altísima calidad,
como son el ejército, el derecho o la arquitectura.
Los orígenes de Roma
Están envueltos en la leyenda. Después de la caída de Troya, el príncipe Eneas, hijo del
troyano Anquises y la diosa Afrodita Venus, habría conseguido huir llevando a hombros a
su anciano padre y de la mano a su pequeño Iulo Ascanio. Llegados al Lacio, habría
fundado Ascanio la ciudad de Alba Longa, de cuyos reyes descendería la madre de
Rómulo y Remo, Rea Silvia: Rómulo, a su vez hijo del dios Marte, habría fundado Roma,
que sería la heredera de Alba Longa.
En realidad todo lo que precede al siglo II a.C. en que empiezan a registrarse los
acontecimientos por escrito, resulta incierto.
Después de haber sido ocupado en la Edad del Bronce, el solar de Roma muestra huellas
de algunas cabañas, en las colinas del Palatino, el Capitolio y el Quirinal,
correspondientes a los comienzos del primer milenio a.C. La otra serie de colinas parece
haber estado cubierta de bosques.
En el siglo VIII a.C. se aprecia un cambio significativo con una mayor ocupación por parte
de una sociedad diferenciada, que tenía una cultura material de cierta calidad. Sin duda
es el resultado de los influjos de Etruria y la Magna Grecia, que, gracias a los intensos
contactos con el Mediterráneo son regiones mucho más desarrolladas que la Italia
central. Pero nada indica que se haya fundado una ciudad. Se sigue tratando de cabañas
en las alturas, asociadas a una necrópolis que se ubica en la más antigua zona del foro.
Los orígenes de Roma
Los primeros signos de urbanismo en Roma, debidos también al
influjo exterior, corresponden al siglo VI a.C. aunque, desde mediados
del siglo VII a.C. se aprecia en algunos lugares de la región riqueza en
las casas privadas y en pequeños templos, construidos con basamentos
de piedra, paredes de entramado de madera y tejas de barro cocido.
La urbanización de Roma, después del 600 a.C. sucede a la conquista
de su territorio por los etruscos.
A estos reyes debe Roma la fundación ritual de la ciudad, con la
delimitación del pomerium –el ámbito sagrado de la ciudad- que se
atribuye a Rómulo y toda una serie de intervenciones topográficas y
drenajes (Cloaca Maxima), que amplían el área habitable,
protegiéndola frente a las crecidas del Tiber.
El rey civilizador de la dinastía etrusca habría sido Servio Tulio, a quien
se atribuye la construcción de las murallas más antiguas y de un templo
en el Forum Boarium, el mercado de ganado próximo al Tiber.
Patricios, clientes y plebe
Hacia el 500 a.C. los romanos habrían aprovechado el debilitamiento de los
etruscos para expulsar a los reyes y crear su res publica. Se trata de una acción
coordinada de los clanes aristocráticos, los patricios, que en adelante
monopolizarán las magistraturas.
Los patricios son las familias que habían logrado prevalecer sobre las demás, y
que, al crearse la República, se consolidan como un coto cerrado. Una parte
muy importante de la población, que accede al cuerpo de los ciudadanos, está
vinculada a los patricios por unos lazos de dependencia que se remontan a la
primera ocupación importante del Lacio en el siglo VIIII a.C.
Los clientes, que forman la clientela de cada una de las familias patricias,
deben al patronus (una especie de “padre”) obediencia y lealtad, mientras él
asume un deber de auxilio y protección. El vínculo sagrado de la fides obliga a
las dos partes.
Por otro lado las familias de patricios están aglutinadas en gentes, especie de
clanes donde todos los individuos llevan el mismo nombre gentilicio y que
refuerzan la posición de los patricios frente a los clientes.
Patricios, clientes y plebe
Los patricios crean la República para gobernar el estado corporativamente, y
para turnarse en el ejercicio de un poder personal, que se configura como poder
militar, el imperium, con atribuciones también civiles.
El comando del ejército se confía a consules cum imperio, variables en número
inicialmente y sujetos a una limitación de tiempo.
Si las circunstancias lo reclaman existe la posibilidad de nombrar a un dictator
con poderes especiales.
A las gentes patricias, con sus clientes, se opone la plebs, el “número”. Se trata
de agricultores, artesanos, comerciantes que trabajan en la ciudad de Roma.
Algunas de estas familias eran ricas e influyentes por lo que acaban de
constituir una elite, marginada, sin embargo de los privilegios de los patricios.
La nobilitas patricio-plebeya y el
tribunado de la plebe
El monopolio de los patricios crea tensiones insuperables. Según la tradición, los
plebeyos se retiraron al monte Aventino y se negaron a realizar las prestaciones
habituales.
En el 367 a.C. se vota la lex Licinia-Sextia que, probablemente, es la que fija en dos el
número de los cónsules, con la consiguiente colegialidad, y establece que uno de ellos sea
siempre plebeyo.
Con eso, y con el derecho de veto, que podían ejercer mutuamente los cónsules,
quedarían satisfechas las aspiraciones de los plebeyos ricos, que en adelante forman con
los patricios la nobilitas patricio-plebeya. Lo que identifica a los miembros de esa nobleza
es que alguien de la familia haya desempeñado ya el consulado. Por eso existe la
posibilidad de que si un miembro de una nueva familia consigue que lo voten en los
comicios como cónsul puede acceder a esa nobilitas. Son los llamados homines novi.
Se crea la figura del tribunus plebis. Un ciudadano perteneciente a la plebe, dispuesto a
defender a los plebeyos cuando le piden ayuda frente a las actuaciones de los
magistrados, tanto en el ámbito militar como en el civil.
Son inviolables “sacrosanctitas”. Quien intente atacarlos obligará a la plebe a protegerlos
con todos los medios a su alcance.
La nobilitas patricio-plebeya y el
tribunado de la plebe
Se convertirá en una especie de magistratura exclusiva de los plebeyos que acabará
teniendo mucho poder.
Partiendo de un numero de dos llega a haber hasta diez tribunos anuales. Consiguen un
derecho de veto (intercessio) frente a los acuerdos del senado y de las asambleas
populares, así como el derecho a convocar asambleas de los plebeyos (concilia plebis) y a
hacer propuestas que, una vez aprobadas por esas asambleas bajo la forma de plebiscita
(acuerdos de la plebe) obligan por igual a patricios y plebeyos a partir de la lex Hortensia
del 287 a.C.
Se esperaba de ellos que procuraran aliviar la situación de los ciudadanos pobres
proponiendo medidas destinadas a ese fin.
Pertenecían al grupo de los plebeyos ricos y, en definitiva, a la nobilitas patricio-plebeya,
de la que dependía cualquier político en Roma para desempeñar un papel dirigente.
Su elevado número contribuía a atomizar su poder y creaba un clima de rivalidad entre
ellos que restaba mucha fuerza a sus iniciativas. El recurso más importante con el que
contaban era el derecho de veto, pero cuando empezaron a utilizarlo para paralizar el
funcionamiento del estado, en lugar de esgrimirlo en busca del consenso, la República
acabó inmersa en una larga guerra civil que condujo a la monarquía.
El senado romano
Era una asamblea o consejo de personas de mayor edad, que eran las cabezas de los
grupos familiares.
Ese tipo de “consejo de ancianos” corresponde a un modelo social donde se reconoce la
autoridad de quienes tienen más experiencia y conocimientos acumulados.
Un alto magistrado, el censor, que estaba encargado de establecer el census de los
ciudadanos cada cinco años, nombraba también a los senadores, leyendo pública y
solemnemente la lista de nombres. En principio la pertenencia al senado se entendía
como vitalicia.
Desde finales del siglo II a.C. fueron incluidos también los tribunos de la plebe y los
magistrados de menor rango.
Las reuniones de los senadores eran convocadas y presididas por los magistrados cum
imperio y por los tribunos de la plebe, cuando lo creían conveniente, porque el senado no
tenía presidencia propia.
Se trataba de un órgano de consejo que debía ser consultado para las cosas importantes y
que podía serlo para cualquier cosa. Se seguía un orden de palabra que se basaba en el
rango de las magistraturas desempeñadas. Solo en situaciones extremas llegaban los
senadores a un intercambio desordenado de palabras (altercatio).
Hasta la fase final de la República, el senado dirigía, directa o indirectamente la política
romana, pero de su funcionamiento interno se deduce que no era el senado como tal
institución el que lo hacía, sino los grupos de senadores de la nobilitas romana que, en
cada momento, integraban la clase política activa.
Las asambleas del populus Romanus
Comitia: eran las asambleas que incluían a todos los ciudadanos romanos. Existían tres tipos:
Comitia curiata: eran las más antiguas, donde el conjunto de las familias de ciudadanos estaba
agrupado en treinta curiae o secciones, controladas por los patres, es decir, las cabezas de los
grupos familiares.
Con la creación de la República se crea un nuevo modelo de asamblea, donde los ciudadanos
estaban divididos en centurias, divisiones del ejército, en principio de 100 individuos. Como la
prestación militar era distinta según el armamento que podía costearse el ciudadano, estos
comicios estaban organizados en clases económicas. El principio de adecuar la importancia del
voto a la importancia de la prestación militar resultaba innovador, porque se pasaba con ello del
voto gentilicio, condicionado por el pater familias, al voto del soldado.
Comitia tribuna: Utiliza una unidad local llamada tribus. El área urbana de Roma quedó dividida
en cuatro tribus urbanae y el resto del territorio en treinta y una tribus rusticae. A estas tribus se
fueron incorporando los ciudadanos romanos de los territorios itálicos y del Imperio. Era un tipo
de asamblea más igualitaria ya que la importancia del voto de cada uno no dependía de su
capacidad económica.
En la segunda mitad del siglo II a.C. se introdujo el voto secreto para proteger a los votantes contra las
presiones ejercidas por los patronos.
La aprobación de las leyes era el principal cometido de los comitia tributa,es decir, del populus
Romanus propiamente dicho. Solo los magistrados con imperium los tribunos podían presentar las
propuestas.
La intercessio, el derecho de veto, solo se podía ejercer contra la propuesta del magistrado no contra la
decisión del pueblo, por lo que cabía la posibilidad de que una propuesta vetada fuera presentada de
nuevo por otro magistrado.
Otro cometido de los comicios romanos era la elección de los magistrados, que tenía lugar en fechas
fijas.
De la religión al derecho
El derecho romano más antiguo era ritualista: su fundamento estaba en una religión dirigida a
indagar en el futuro y a establecer compromisos con las fuerzas divinas para intentar controlar
el sucesivo desarrollo de los acontecimientos.
El colegio sacerdotal de los augures era el encargado de realizar esas prácticas, a las que se
asemejan los formalismos de los negocios jurídicos mas antiguos.
Esta época augural finaliza hacia mediados del siglo V a.C. con la redacción de las XII Tablas,
un resultado de la necesidad de formular por escrito y mantener a la vista de todo el mundo una
serie de normas reguladoras de las relaciones jurídicas de los ciudadanos.
No significan todavía una independencia del derecho con respecto a la religión ya que se
incardinan en el ámbito de los pontífices, el colegio sacerdotal de culto público que deja en
segundo plano a los augures tras la creación de la República y se convierte en la dirección
espiritual de los romanos hasta la época de la impregnación cultural griega.
En el siglo III a.C. los continuos contactos con los extranjeros obligan a crear un praetor
peregrinus que pueda administrar justicia sin las restricciones y los formalismos del
procedimiento establecido para los ciudadanos romanos.
Desarrolló un nuevo procedimiento que también podía utilizar cuando las dos partes eran
ciudadanos romanos.
Es un derecho creado a partir de la práctica jurídica y se conoce con el nombre de ius
honorarium, porque procede de la actividad de un magistrado, el pretor, y la magistratura se
conceptúa como honos.
Los contactos con Grecia producen desde mediados del siglo II a.C. una auténtica renovación
del derecho.
La filosofía griega permite crear una auténtica ciencia del derecho, basada en el método
deductivo, con el que se elaboran reglas susceptibles de ser aplicadas a nuevas situaciones.
Se desarrolla un concepto de justicia ajeno a cualquier condicionamiento religioso: la aequitas
(“equidad”), que no es otra cosa que la justicia de los filósofos convertida en derecho.
El ager publicus y el problema de la tierra
Desde un momento muy temprano de la historia de Roma, la tierra conquistada se
consideraba propiedad del estado y se repartía entre los ciudadanos.
También hay alusiones en las fuentes a que, en la tierra conquistada por el ejército
romano se asentaba provisionalmente a campesinos para que la mantuvieran bajo
control, y que de esa tierra solo se daba a cada hombre lo que pudiera cultivar.
La lex agraria del 111 a.C. indica que, hasta el límite de 30 yugadas, la tierra pública se
podía convertir en privada por medio de una ocupación y un cultivo prolongados.
Se asume una correspondencia lógica entre la participación de los ciudadanos en la
expansión territorial y su condición de propietarios de la tierra.
Ager publicus era la tierra de las comunidades sometidas al estado romano que, por
decisión de éste, seguían viviendo en las mismas condiciones anteriores a la ocupación
por lo que se refiere a condiciones jurídicas y económicas en el orden interno, aunque
estaban obligadas al pago de un tributo.
Se realizaron divisiones de la tierra en parcelas cuadrangulares (centuriae). Esa unidad
de agrimensura y sus divisiones eran utilizadas para la adjudicación de las tierras a los
ciudadanos.
Se aplicaba exclusivamente a la tierra de cultivo, excluyendo los bosques y espacios
irregulares. Se realizaba con un instrumento, la groma, consistente en dos varillas iguales
cruzadas en ángulo recto y montadas sobre un palo, que se clavaba en el suelo.
Los efectos de las guerras sobre la capacidad
económica de los ciudadanos
Desde finales del siglo III a.C. Roma se había convertido en una potencia de ese ámbito
helenístico en el que la iniciativa de la guerra funcionaba como una jugada ventajosa y el
actuar a la defensiva significaba perder terreno y correr el riesgo de sucumbir.
En este contexto el campesino-soldado de Roma se había convertido en realidad en un
soldado-campesino, que no podía atender las tareas del campo debido a la constante
movilización y que podía ver sus tierras devastadas por la guerra.
Esas haciendas se dejaban en poder de quien quisiera volver a ponerlas en cultivo, a
cambio de una renta del 20% del cereal obtenido y del 10% de lo que dieran los frutales.
Pero lo que ocurrió fue que los terratenientes y los que disponían de recursos económicos
derivados de la expansión territorial se hicieron con esas tierras.
Solo ellos estaban en condiciones de explotarlas en forma masiva por medio de esclavos.
De este modo un gran número de ciudadanos romanos se habría quedado sin un medio
de vida permanente, mientras el estado tenía grandes dificultades para controlar el
producto y obtener las correspondientes rentas.
Los Graco
Tiberio Graco
Trata de solucionar el problema planteándolo en términos morales y de visión de futuro.
Había que recompensar a los ciudadanos romanos por su participación en la conquista de
los nuevos territorios, reforzando así la cantera de los soldados.
Eso se podía conseguir recurriendo al excedente de tierra pública que habían acumulado
ilegalmente los ricos. Todo el ager públicos de que dispusiera el estado después de esa
recuperación sería asignado en lotes a los ciudadanos pobres, pero no en propiedad, para
que no pudiera ser vendido.
La propuesta fue recibida con la mayor oposición.
Los ricos terratenientes veían cercenadas sus haciendas, sin posibilidad de recuperar lo
perdido comprándolo de nuevo y además, la gran operación catastral que se ponía en
marcha servía al estado para fiscalizar sus explotaciones y cobrar de verdad las rentas
debidas.
Tiberio será asesinado en la asamblea. Era la primera vez que se utilizaba en la República
Romana el asesinato como medio para sacar del escenario político a un oponente fuerte.
El programa político de Gayo Graco
Consiguió sacar adelante un programa legislativo, ambicioso y coherente.
Por un lado transfirió al colectivo de los équites, es decir los ciudadanos ricos que no
tenían asiento en el senado, los jurados que hasta entonces se componían de senadores y
que debía juzgar, sobretodo, los comportamientos de los gobernadores de rango
senatorial que estaban al frente de los territorios extraitálicos (provinciae), donde tenían
la posibilidad de enriquecerse de modo desorbitado defraudando al estado romano
extorsionando a las comunidades sometidas.
Los Graco II
Mejoró las condiciones económicas de la plebe urbana con una ley sobre los cereales que
aseguraba a todos los ciudadanos la compra, una vez al mes, de una determinada ración
de grano a un precio fijo, subvencionado en lo que fuera necesario por las arcas públicas.
Era una forma de hacer participes a todos los ciudadanos de los tributos que pagaban los
provinciales, normalmente en especie, con los que se enriquecían los recaudadores y con
los que se cubrían los enormes gastos militares.
Gayo Graco propuso una nueva ley agraria como complemento de la anterior para no
perjudicar en exceso a los itálicos, que podían perder propiedades ancestrales, debido a su
consideración como ager publicus.
Resultaba menos conflictivo recurrir, para dotar de tierras a los ciudadanos, a las que
estuvieran fuera de Italia. Intenta promover esto con la lex Rubria del 122 a.C. Se trataba
de recuperar el territorio de Cartago, que había sido sembrado de sal y declarado maldito
después de la conquista y destrucción de la ciudad en el 146 a.C. mediante la fundación
de una Colonia Iunonia Carthago con 6.000 colonos.
El senado organizó una maniobra en ausencia de Gayo apoyando la propuesta del tribuno
Livio Druso que propone la alternativa de no trasladar a los ciudadanos romanos a un
lugar tan lejano de Roma y fundar para ellos doce colonias en territorio itálico. Al ver
cancelado su proyecto Gayo se hizo fuerte en el Aventino junto a sus partidarios, donde
encontró la muerte.
Esto le convertirá junto a su hermano en un mártir que funcionaba como un símbolo de la
incapacidad de la República para resolver por la vía del consenso las controversias
internas de la clase dirigente.
El ejército romano republicano
La introducción de la falange, debida al contacto con los etrusco, convirtió a los primitivos guerreros
romanos en un ejército. Pero también dividió a los ciudadanos entre los que podían costearse el
armamento pesado y los que no podían hacerlo.
En el tránsito del siglo IV al III a.C. debido a la necesidad de enfrentarse a pueblos itálicos que
habitaban terrenos montañosos Roma transforma su ejército en una tropa mucho más operativa, lo
que significa el final de la falange.
La unidad básica seguía siendo la legión, con un número ideal de 6.000 hombres, aunque fuera
necesario combinar varias para formar un ejército más grande.
El mando supremo del ejército corresponde a los consules, que tienen también atribuciones en la
esfera civil, y a otros magistrados subordinados a ellos, los praetores, que suelen funcionar como
gobernadores de las provincias y como jefes supremos de las tropas asignadas a las mismas.
La limitación de un año, que correspondía al mandato de los cónsules reducía sus posibilidades de
comando a una campaña militar.
Con la expansión territorial y la necesidad de enviar lejos de Roma a gobernadores que tenían que
afrontar muchas veces guerras dilatadas, se inició la práctica de prolongar el comando militar de un
cónsul, o de un pretor, más allá de un año o de nombrar a los cónsules salientes como gobernadores,
con comandos adaptados en el tiempo a las circunstancias.
Los soldados romanos respetaban la jerarquía y acataban ordenes sin rechistar.
Los motines eran muy raros, porque los mandos podían aplicar procedimientos de castigo inmediato,
que incluían penas de muerte.
El ejército romano republicano II
Reforma de Gayo Mario
La reforma del ejército llevada a cabo por Gayo Mario consiste en la creación de la cohorte como
unidad divisoria de la legión, dándole una entidad que permitía utilizarla por separado y que seguirá
siendo la unidad básica del ejército romano hasta el Bajo Imperio.
También mejoro mucho la formación y el entrenamiento del soldado para que pudiera enfrentarse a
distintos pueblos con hábitos de lucha muy diversos.
Pero su reforma más importante se refiere al reclutamiento ya que no tuvo en cuenta las clases
censitarias para hacer la leva, sino que reclutó a los ciudadanos independientemente de su riqueza y,
además, procuró que fueran voluntarios.
Para quienes no tenían medios de vida, el servicio en el ejército, por poco que se pagara, revalorizaba
su condición de ciudadanos, proporcionaba un sustento y abría la posibilidad de mejorar
económicamente. De una carga pasaba a ser una oportunidad.
El modelo del campesino soldado no seguía funcionando como lo había hecho antes de la expansión
territorial. Los lugares donde se prestaba el servicio estaban muy lejos de Roma, de modo que ya no se
trataba de ir a la guerra durante una parte del año sino de estar fuera de casa muchos años.
La solución era profesionalizar el ejército y dotar al soldado con una parcela de tierra cuando volviera
a la vida civil.
Sin embargo, aunque no existía un problema de tierra para crear colonias donde asentar a los
veteranos, el senado se negaba a autorizar esas fundaciones.
Los ejércitos personales
La consecuencia mas grave de la actitud del Senado frente a los veteranos fue que los soldados
tendieron a hacer piña con sus generales, hasta el punto de dejarse manejar en contra del estado.
Es lo que ocurrió en el 88 a.C. cuando el cónsul Cornelio Sila, de camino ya a la guerra contra
Mitrídates, se enteró de que habían revocado su comando y se lo habían dado a su rival político Gayo
Mario. Arengó a las tropas, diciéndoles que el nuevo jefe llevaría a otros soldados a un lugar tan
prometedor en botín como lo era Asia Menor, y consiguió con ello que marcharan sobre Roma para
ayudarle a recuperar lo perdido.
Este hecho desembocó en guerra civil, lo mismo que en el 49 a.C. cuando Julio Cesar que tenía un
comando para guerrear en las Galias, cruzó con sus tropas el río Rubicón, que separaba el estado
itálico del provincial.
La guerra civil permitió a Sila ejecutar o declarar como proscritos a los partidarios de Mario, por lo que
sus propiedades fueron confiscadas. Así llegó a asentar a 100.000 veteranos en Italia.
A partir de la época de Mario y Sila, los políticos que ambicionaban un poder personal sin
limitaciones podían utilizar los ejércitos de la República para sus fines, porque les resultaba muy fácil
entrar en conjunción de intereses con las tropas que comandaban.
En el 67 a.C. cae una importante barrera que impide la concentración de un gran número de tropas
bajo un único mando.
Un solo hombre Pompeyo Magno recibe el gobierno de un territorio enorme durante mucho tiempo y
puede poner al frente de sus divisiones territoriales a personas de su confianza, enteramente a sus
órdenes, es decir, a legati.
No solo se trata de la posibilidad de concentrar un gran número de efectivos y recursos económicos
en un único comando, sino de que las altas magistraturas del estado pudieran ser cubiertas por las
personas elegidas por un hombre que contaba con un ejército al servicio de sus personales objetivos.
Es el modelo que utilizará Augusto para mantener durante décadas un poder monárquico que se
perpetúa en sus sucesores, los emperadores romanos.
La cuestión de la esclavitud
En la familia de tradición romana el esclavo era un elemento patrimonial, sin derechos
personales, que se podía comprar y vender.
Los esclavos y sus propios hijos eran parte de la familia con la que vivían y compartían
subsistencia. En este contexto, esclavos, libres y el propio pater familias con su esposa,
hacían las mismas labores en la casa y en las tierras, de modo que la esclavitud servía para
aumentar la fuerza de trabajo familiar.
Las llamadas Guerras Serviles resultan impactantes por el número de insurrectos que
lograron movilizar.
Se trata de movimientos de índole diversa, que se beneficiaron del factor sorpresa y que
estaban abocados al fracaso.
Partieron de pequeños grupos de esclavos que, en su condición de pastores o gladiadores,
resultaban difíciles de controlar y podían conseguir armas.
Una vez amotinados, provocaron la huída masiva de otros esclavos, procedentes sobre
todo de las grandes explotaciones agrícolas, que eran los que recibían peor trato y los que
no tenían arraigo en las familias romanas.
No podrían explicarse sin el desarrollo que tuvo en Roma la esclavitud desde la segunda
Guerra Púnica.
En muy poco tiempo hubo grandes masas de individuos recién esclavizados, procedentes
de los botines de guerra y de unos traficantes que obtenían muchas veces su mercadería
mediante el rapto.