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Enfrentando El Fracaso

Este documento habla sobre cómo los cristianos deben reaccionar ante el fracaso. Explica que aunque caigamos, debemos levantarnos con la ayuda de Dios, quien es nuestra luz. Aconseja reconocer que tenemos enemigos, asumir la derrota pero mantener la fe en que Dios nos ayudará a levantarnos nuevamente.
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Enfrentando El Fracaso

Este documento habla sobre cómo los cristianos deben reaccionar ante el fracaso. Explica que aunque caigamos, debemos levantarnos con la ayuda de Dios, quien es nuestra luz. Aconseja reconocer que tenemos enemigos, asumir la derrota pero mantener la fe en que Dios nos ayudará a levantarnos nuevamente.
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El cristiano ante el fracaso

Orlinda Hernández
¡ME LEVANTARÉ!

Miqueas fue un profeta israelí procedente de la pequeña aldea de Moreset, en Judá (1.1).
Ejerció su ministerio durante los reinados de “Jotán, Acaz y Ezequías, reyes de Judá, los cuales
abarcan un período entre 750 – 687 a. C, aproximadamente. Para ese entonces los dos reinos
enfrentaban la amenaza resultante de las ambiciones hegemónicas del imperio Asirio, en
primer lugar, y luego de Babilonia.

Tú, enemiga mía, no te alegres de mí, porque, aunque caí, me levantaré; aunque more en
tinieblas, Jehová será mi luz.

Miqueas 7:8 [RV60]

Este texto nos recuerda que el fracaso, la caída y la derrota, en cualquier momento pueden
tocar al pueblo de Dios. La actitud de Miqueas en este pasaje nos enseña la manera correcta
como debemos actuar ante tales circunstancias.

Lo primero que debemos hacer es reconocer que en este mundo siempre tendremos
enemigos, ya que este sistema aborrece todo lo que es de Dios. Ciertamente, Pablo nos
informa que nuestra lucha es con seres espirituales, (Epístola a los Efesios 6:12), quienes a su
vez utilizan instrumentos humanos. Miqueas apunta este mensaje directamente a “su
enemiga". Para nuestros efectos es irrelevante quien era ella. Lo importante es saber que
tenemos un enemigo interesado en vernos caer y en derrota. No es un secreto que el primer
enemigo que tiene el cristiano es el Diablo, identificado en la Biblia como tentador y
adversario, el cual usará estrategias que perjudiquen la labor del cristiano y sus frutos de
justicia. (Mateo 13:39). Los seres humanos que siguen sus pasos serán usados por las fuerzas
del mal para estorbar los caminos del Señor. (Hechos 13:10).

Lo segundo que debemos hacer para superar el fracaso es asumir que lo estamos
experimentando, que las cosas no sucedieron como esperábamos, que nuestros intentos por
lograr un objetivo fallaron. Miqueas reconoció, personalizando a Judá que había caído. A
veces nos ponemos misteriosos y queremos tapar el sol con un dedo, y fingir que estamos en
victoria cuando en realidad es todo lo contrario.

La tercera cosa que debemos hacer es asumir una actitud de fe. Es importante entender que
una derrota, o un fracaso, no es el capítulo final del creyente. Es solo una batalla perdida.
Debemos estar claros como Miqueas: Está bien, caí, pero, aunque caí, me levantaré.

El que conoce a Dios sabe que el camino de regreso a la victoria es la humillación, la confianza
en Dios y la disposición. En el tiempo de Zorobabel, Esdras y Nehemías, los enemigos de Judá
hicieron todo por detener la obra de restauración, y por un tiempo lo lograron, (Esdras 4), pero
cuando el pueblo reaccionó dijo: Nos levantaremos y edificaremos, y así fue. En el Nuevo
Testamento, Jesús narra la parábola de El hijo pródigo. Este fracasó en su proyecto de vida,
pero cuando volvió en sí dijo: Me levantaré e iré a mi Padre. Miqueas afirmó: Aunque caí, me
levantaré. Aunque more en tinieblas, Jehová será mi luz.

El fracaso no es el fin. No para el creyente. Aquí no cabe pensar en una soga para suicidarse,
aislarse, o deprimirse porque las cosas salieron mal, porque da vergüenza asumir las
consecuencias del fracaso. Jamás debe pasar eso por la mente de un hijo de Dios. Por el
contrario, la respuesta para el enemigo es: Me levantaré.

Obviamente, el fracaso no es nada agradable. Tal vez toque llorar lágrimas de sangre. Es
posible que haya que pasar por situaciones vergonzosas o humillantes. Dios levantará nuestra
cabeza. Salmo 3:3. De Jehová procede nuestra vindicación, salmo 17:2. Si el hombre cayere,
no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano. Salmo 37:24.

Si estás experimentando un fracaso, ¡ánimo! Eso no es el fin. Por muy oscura que sea la noche,
la luz del Señor resplandecerá en su debido momento. Jehová es luz y salvación. La victoria
final que ha vencido al mundo es nuestra fe.

Orlindahrnndz@gmail.com

Lcda. En Educación, y en Estudios Superiores de Teología


Catedrática en seminarios Teológicos de ADV

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