ME ABURRO
Marisa Alonso
¡Me abuuurrooooo! ¡Me abuuurroooo! ¡Me abuuurrroooo!
- ¿Por qué no podemos salir al parque? - preguntó a su madre.
- Como ya te dije, debemos quedarnos en casa, Pablo. Pero, ¿qué te parece si preparemos un
pastel? - le dijo su madre.
Pablo fue a la cocina, y de repente vio tres rollos de papel higiénico vacíos. Los cogió y los
puso en la mesita en fila; les pintó ojos, nariz y boca. ¡Qué divertido!, pensó. Después los vistió
con recortes de revistas, chaleco y pantalones a cada uno; estuvo un buen rato entretenido.
Cuando su madre llegó dijo:
- ¡Qué bonito, Pablo!
- Mamá, ¿tienes lana para hacer el pelo? - preguntó Pablo.
Y los muñecos quedaron preciosos en la estantería de su cuarto.
Hasta la hora de comer estuvieron haciendo el pastel, muy entretenidos. Luego comieron,
descansaron un poquito y...
- ¡Me aburro! ¡Me aburro! ¡Me aburro! - volvió a decir Pablo.
Pablo fue a su habitación desganado; estaba todo desordenado y se puso a recoger los
juguetes y a ordenar su habitación. Después buscó un cuento para leer.
Su madre, entró por la puerta cuando Pablo leía.
- ¡Qué bien, Pablo! - le dijo, y le dio un gran abrazo. Su padre también felicitó a Pablo.
Jugaron los tres al parqués. Luego sus padres atendieron a su hermanita Beva, le dieron el
tetero y empezaron a preparar la cena.
- ¡Me aburro! ¡Me aburro! ¡Me aburro! - dijo otra vez Pablo.
Al pasar por la habitación donde dormía su hermana tuvo una gran idea: sacó todos los
pañales de las bolsas y con ellos hizo un circuito de obstáculos a lo largo del pasillo.
Estaba saltando muy entretenido, cuando asomaron sus padres por la puerta de la cocina.
Fueron a decir algo, pero se miraron uno al otro, pero no lo regañaron; saltaron con él
divertidos.
A sus padres les quedó claro que no era malo que Pablo se aburriera de vez en cuando, pues
así buscaba el mismo una forma de entretenerse.