Nombre: Ashly Isabel Díaz Parra
Matrícula: 20190218 / 10137768
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA MADRE Y MAESTRA
FACULTAD DE CIENCIAS SOCIALES, HUMANIDADES Y ARTES
ESCUELA DE DERECHO
RESPONSABILIDAD CIVIL
Martes 31 de enero de 2023
Prof. Manuel de Jesús Espinal Cabrera
Responsabilidad No. 3 (2 Puntos). Haga un mini ensayo de cinco (5) a diez (10)
párrafos sobre la Regla (El Problema) del Cúmulo de Responsabilidades Contractual
y Delictual. (Ver Instituciones de Derecho Civil, del Dr. Joaquín Castellanos Pizano).
Tanto la responsabilidad contractual como la delictual se asemejan en que para su
aplicación deben coincidir los siguientes elementos: un daño, una falta y un vínculo de
causalidad entre ambos hechos; además de que para ambas hay un interés civil, privado y
pecuniario. En lo que difieren es que la responsabilidad contractual se origina del
incumplimiento de obligaciones asumidas por un contrato, mientras que la delictual se da
entre personas que no tienen relación alguna y que, por tanto, no se encuentran unidas por
un vínculo obligacional previo. Con estas definiciones bien se podría tratar de dos
regímenes completamente diferentes, sin embargo, en la práctica del derecho se ha
cuestionado ampliamente la posibilidad de que ambas responsabilidades se apliquen para
un mismo hecho, lo cual ha resultado en la siguiente cuestión: ¿Es posible determinar la
coexistencia o exclusión recíproca de la responsabilidad contractual con la responsabilidad
delictual? Desde su origen este conflicto se enunció en Francia como el “cúmulo de las
responsabilidades contractual y delictual”. Aunque, conforme lo establece el licenciado
Víctor Joaquín Castellanos Pizano, esta es una denominación errónea, puesto que da a
entender que la víctima puede optar entre las dos órdenes de responsabilidad, cuando en
realidad se refiere a la idea de doble resarcimiento o de mezcla, acumulación o
combinación de reglas de uno y otro sistema.
Tras diversas discusiones a través de la doctrina y la jurisprudencia, el licenciado Víctor
Castellanos ha podido llegar a determinar que en el Derecho Francés se ha rechazado el
derecho de opción, mientras que en el Derecho Dominicanos se ha admitido. La
jurisprudencia francesa tomó esta decisión, de rechazar el derecho de optar entre los dos
1
tipos de responsabilidades, en perjuicio del evidente interés para el acreedor interesado, a
partir de una decisión tomada por la Corte de Casación en el año 1890, en donde se
estableció lo siguiente: “Es sólo en materia de delito o cuasidelito que toda falta cualquiera
del hombre obliga a su autor a reparar el daño proveniente de su hecho; los artículos 1382 y
siguientes del Código Civil resultan sin aplicación cuando se trata de una falta cometida en
la inejecución de una obligación derivada de un contrato”. Es decir que se tiene un claro
criterio de la exclusión de la responsabilidad delictual en las relaciones contractuales, el
cual se ha llegado a extender a los regímenes de los artículos 1384 y siguientes, e incluso
hasta al Derecho Administrativo; aunque esto no significa que no haya habido algunas
excepciones en la práctica en Francia. La Corte de Casación francesa ha admitido
atenuaciones con relación al principio del no cúmulo, entre las que pueden mencionarse: la
hipótesis de estipulación por otro en materia de accidentes personales; el supuesto de falta
contractual constitutivo de infracción; el recurso ejercido por el dueño de la obra contra el
constructor; y el caso de intervención de falta dolosa. Específicamente en la última de las
situaciones mencionadas, la misma se fundamenta en el caso en que la acción dolosa
coloque al deudor fuera del contracto, lo cual justificaría la invocación de la normativa
aquiliana por el acreedor. Dicho esto, todavía un sector considerable de la doctrina francesa
moderna estima que la responsabilidad del deudor continúa siendo de naturaleza
contractual, independientemente de la gravedad de la falta invocada y no es, por lo tanto,
una excepción al principio de la negativa de opción entre los dos regímenes de
responsabilidad.
En oposición al criterio de la Corte de Casación francesa, la Suprema Corte de Justicia de la
República Dominicana ha favorecido la tesis de la opción, a partir de la sentencia dictada el
12 de noviembre de 1947, la cual establece lo siguiente: “Si el acreedor ha sufrido por la
falta del deudor un perjuicio distinto del que resulta por el simple retardo en el pago, tiene
el derecho de obtener la reparación correspondiente por aplicación del artículo 1382 del
Código Civil, el cual se conjuga así con la falta contractual cuya sanción señala el artículo
1153 del mismo código cuando la obligación incumplida tiene por objeto el pago de una
suma de dinero”. Tiempo después, treinta años más tarde, el máximo tribunal dominicano
nuevamente reiteró su posición a favor del derecho a opción, basándose en la opinión del
licenciado Marcel Planiol, quien había establecido que la responsabilidad delictual, por
revestir carácter de orden público, se encuentra subyacente en todo contrato. Esta teoría se
fue sosteniendo cada vez más a través de sentencias como la emitida por la Suprema Corte
de Justicia el 10 de junio de 2001, a partir de la cual se otorgó a una arrendataria el derecho
de demandar la rescisión de un contrato por daños y perjuicios sin excluir su ejercicio de
una acción en responsabilidad delictual; esto por la arrendadora reajustar el precio del
arrendamiento de mala fe. A través de la mencionada sentencia, el máximo tribunal
dominicano reafirmó su inclinación a la teoría del cúmulo de la responsabilidad contractual
y delictual.
2
En la práctica jurídica, la admisión o el rechazo del principio del no cúmulo de parte de los
jueces del fondo, tanto en Derecho Francés como en Derecho Dominicano, depende de la
actitud asumida por las partes en los juicios, además de la base para que el demandante
pueda atribuirse la acción. Por esta razón, la víctima del incumplimiento contractual puede
elegir una de las siguientes opciones: basar su demanda en un régimen de responsabilidad
específico o eximirse de atribuir fundamento jurídico a sus pretensiones. Por un lado, la
primera de estas se basa en que cuando el demandante reclama solamente dentro del ámbito
de la responsabilidad delictual, el demandado puede oponerle un fin de inadmisión basado
de la competencia exclusiva de la normativa contractual; en caso de comprobar la
inaplicación de las reglas de responsabilidad contractual, el juez apoderado deberá rechazar
las pretensiones del demandante (igualmente se desestima la demanda si el reclamante se
coloca erróneamente dentro del orden delictual). Por otro lado, la segunda trata de que, si el
reclamante apoya su demanda tanto en las reglas contractuales como delictuales, le
corresponde al juez del fondo determinar el régimen de responsabilidad aplicable, con una
antelada revisión de sus condiciones, para estatuir exclusivamente de conformidad con las
reglas del sistema contractual o delictual cuya pertenencia determine. Respecto a esta
última parte, en la República Dominicana, en caso de que el demandante no haya
fundamentado jurídicamente sus pretensiones, es decir, si no llega a invocar ninguno de los
dos regímenes de responsabilidad, el juez de fondo se verá precisado a desestimar la
demanda por carecer de base que la sostenga ante un juicio. Una referencia interesante es
que en Francia los jueces de fondo tienen las disposiciones legales para que el juez
seleccione la calificación correcta, ya sea la contractual o la delictual.
En síntesis, el rechazo al principio del cúmulo de las responsabilidades contractual y
delictual quedó firmemente establecido en Francia hace varias décadas, mientras que en la
República Dominicana se favorece el derecho a la opción entre ambos regímenes.
Conforme lo establece el licenciado Víctor Castellanos, el cual se adhiere a los doctrinarios
que apoyan el principio del no cúmulo de responsabilidades, la solución dominicana resulta
inaplicable por las siguientes razones: primero, debido a que atenta contra el principio de la
autonomía de la voluntad, porque le da la facultad a las partes de violar la fuerza obligatoria
del contrato a cuyas reglas libremente se han sometido; segundo, asigna a ambas
responsabilidades un ámbito común de acción, no obstante la ley organizar explícitamente
dos regímenes diferentes; y tercero, quebranta normas de equidad, en tanto genera riesgos
que no fueron concebidos por las partes al momento de concluir el contrato, generando
fuentes de incertidumbres en la vida jurídica. En ese sentido, se vela por un cambio de
opinión o, mejor dicho, una reorientación en la jurisprudencia dominicana dirigida al
rechazo del derecho de opción entre ambos regímenes de responsabilidad, tal y como se ha
decidido en la Corte de Casación de Francia. Resultaría conveniente en la República
Dominicana una intervención legislativa con el objetivo de otorgarle al juez un mayor
control en la conducción del proceso y expedición de sentencia.
3
Bibliografía
CASTELLANOS PIZANO, Víctor Joaquín. Instituciones de derecho civil. Santo
Domingo: Trajano Potentini, 2007.