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Hombre de celuloide

Amores de un soldado perverso


Unbroken. Tengo la impresión de que esta película ya la vi. No hace mucho en realidad. Colin
Firth en 2013 hizo a un soldado occidental maltratado hasta el horror por un japonés. The
Railway Man, dirigida por Jonathan Teplitzky culminaba, como Unbroken (dirigida por Angelina
Jolie) con la necesidad existencial de un torturado por ver la cara de su torturador. Hay dos o tres
diferencias entre las películas, pero el fondo es el mismo: pasaron los años, cayó la bomba de
Hiroshima y tanto el soldado de The Railway Man como el de Unbroken quisieron enfrentar al
hombre que los humilló. Había llegado el tiempo histórico del reproche o el perdón.
Unbroken tiene el mal gusto de publicitarse como basada en una historia real. Angelina
Jolie, actriz metida a directora, está vendiendo con este eslogan la muerte de un héroe y atleta
olímpico de Estados Unidos ofreciendo sólo, al final, la foto de un viejito. Otra vez: esta película
ya la vi.
La película tiene dos valores: fue escrita por los hermanos Coen y goza de un diseño de
producción magnífico. No cuaja sin embargo la actuación del malo quien pudo hacer la
diferencia entre una película que vale la pena ver y una obra de arte.
Hace muchos años leí una inquietante historia de soldados de Rudyard Kipling. El cuento
estaba centrado en un muchachito guapetón que era vejado por su capitán hasta el hartazgo. El
cuento era magnífico por lo que no decía. El capitán (si uno leía con atención) estaba enamorado
del soldado que atormentaba. La historia de Kipling tenía así un giro psicológico de altos vuelos.
Tengo la impresión de que los Coen quisieron escribir algo similar.
Pero una cosa es ser buena actriz y otra muy distinta dirigir con la sutileza de quien puede
ofrecer al espectador atento la historia de un amor perverso; la historia siniestra de un amor
homosexual e impronunciable.
Si fuese cierta mi intuición se explicarían dos cosas: la sonrisa que un muchachito
japonés ofrece a nuestro héroe durante las olimpiadas de Berlín y la expresión ambigua,
femenina (casi de geisha) de un capitán que se quiere hacer el macho dando de golpes a un pobre
tipo al que vemos sufrir durante dos horas.
Aún interpretada así, la película de Angelina Jolie resulta bastante mala. Creo que ella
misma no entendió el punto de acentuar la relación sadomasoquista, tal vez porque su “héroe
real” fue un soldado que además, ganó una medalla olímpica. Triste que ni siquiera una mujer
como Jolie pueda suponer pulsiones homosexuales en hombres así.
Pero veámoslo: el malvado capitán japonés es apodado el pájaro, todo el tiempo lleva los
ojos con más rímel que una prostituta y tiene con el soldadito de sus afectos y sus odios un
diálogo reiterativo: “Mírame a los ojos” (golpe) “¿Por qué me miras a los ojos?” (golpe). Si la
Jolie hubiese sabido explotar esta ambigüedad perversa con la maestría de Rudyard Kipling, no
hubiese necesitado explicar nada. Por sí sola la película hubiese brillado mucho más.

Unbroken (Inquebrantable). Dirección, Angelina Jolie. Guión, Joel Coen y Ethan Coen basados en el libro de Laura
Hillenbrand. Fotografía, Roger Deakins. Música, Alexandre Desplat. Con Jack O’Connell, Domhnall Gleeson, Garrett
Hedlund y Finn Wittrock. Estados Unidos, 2015.

Fernando Zamora
@fernandovzamora