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ORIGEN Y EVOLUCIÓN DEL DERECHO ELECTORAL

Y PROCESAL ELECTORAL EN MÉXICO

Marco Antonio PÉREZ DE LOS REYES*

SUMARIO: I. Introducción. II. Definición de derecho electoral. III. De-


finición de derecho procesal electoral. IV. Autonomía del derecho
electoral. V. Autonomía del derecho procesal electoral. VI. Ubica-
ción de los derechos electoral y procesal electoral dentro de la ciencia
jurídica. VII. Fuentes básicas. VIII. Relaciones con otras discipli-
nas. IX. Evolución del fenómeno electoral al nivel universal. X. Evo-
lución en México. XI. Conclusiones. XII. Bibliografía.

I. INTRODUCCIÓN

A lo largo de la historia, la ciencia jurídica ha evolucionado de manera


notable, concretamente en dos sentidos, a saber:

• Profundizando los conocimientos teóricos y prácticos que le son


propios.
• Ampliando a diversos campos de regulación sus especialidades tra-
dicionales.

En otras palabras, la infinita gama de asuntos jurídicos propios del tiempo


actual han requerido el establecimiento de nuevas disciplinas para procu-
rar la profesionalización de juristas dedicados a su estudio y aplicación.
En ese orden de ideas, se han multiplicado las nuevas especialidades
jurídicas, que cada vez adquieren mayor prestigio, reconocimiento y soli-

* Profesor de carrera por oposición, Facultad de Derecho, UNAM.

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292 MARCO ANTONIO PÉREZ DE LOS REYES

dez. Tal es el caso, entre muchas otras, de los derechos familiar, ecológico,
corporativo, aduanal, derechos humanos, urbanístico, aéreo y espacial.
Ante esta “explosión de especialidades”, se presentan entre los aboga-
dos dos posiciones encontradas:

• Quienes consideran que es conveniente tal grado de especialización


a fin de facilitar un estudio más dedicado y responsable de áreas que
son específicas y propias del mundo contemporáneo.
• Quienes consideran ocioso e incluso riesgoso admitir tantas y tan
variadas: “especialidades jurídicas”, las que bien pueden agruparse
en las tradicionales divisiones del derecho; por ejemplo el derecho
familiar, es obvio que debe considerarse, como hasta hace poco se
hizo, dentro del campo del derecho civil.

II. DEFINICIÓN DE DERECHO ELECTORAL

En este contexto, han surgido, con enorme fuerza de convicción, los


juristas que postulan la autonomía de dos especialidades jurídicas, el dere-
cho electoral y el derecho procesal electoral.
Se define al derecho electoral como el conjunto de normas, institucio-
nes, procedimientos y principios filosófico-jurídicos que regulan el ejerci-
cio de la prerrogativa ciudadana referente a la renovación periódica de
algunos titulares de los órganos de gobierno.
En esta definición, el genero próximo es el conjunto de normas (por ejem-
plo en México, en el ámbito federal, los artículos 41, 60, 99 y 105, fracción
II, de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, mismos
que regulan la vida electoral del país); instituciones (como el Instituto Fe-
deral Electoral), procedimientos (como el de organizar y llevar a cabo las
elecciones); y principios filosófico-jurídicos (como el de certeza y objeti-
vidad, que son, entre otros, rectores de la actividad electoral, por mandato
constitucional y legal).
A su vez, la diferencia específica, para cumplir con los dos elementos
esenciales de toda definición, según lo estableció Aristóteles, en el caso
concreto, corresponde a regular la prerrogativa ciudadana referente a la
renovación periódica de algunos titulares de los órganos de gobierno, en
la inteligencia de que en el país son elegibles los titulares de los poderes
Ejecutivo, Legislativo (federales y locales) y municipal. No así los miem-
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bros del Poder Judicial. El magistrado José Luis de la Peza Muñoz Cano
entiende por derecho electoral:

aquella rama del derecho público que estudia las disposiciones normativas
de carácter orgánico y de procedimiento que establecen las reglas y fijan
los procedimientos de naturaleza jurídica fundamental y reglamentaria,
mediante los cuales se prevén los órganos y cargos públicos representati-
vos, así como el conjunto de normas jurídicas positivas (constitucionales,
legales y reglamentarias), actos administrativos (formales y materiales) y
resoluciones judiciales, que regulan y garantizan tanto los procesos electi-
vos como el derecho subjetivo público de los ciudadanos a influir activa y
pasivamente en los mismos.1

El Diccionario Electoral señala lo siguiente:

El concepto de derecho electoral tiene dos sentidos: uno amplio y otro estric-
to. En el sentido amplio se contienen las determinaciones jurídico-positivas y
consuetudinarias que regulan la elección de representantes o personas para
los cargos públicos. El derecho electoral es, en este caso, el conjunto de
normas jurídicas que regulan la elección de órganos representativos.
Este concepto abarca todas las regulaciones jurídico-positivas y todas
las convenciones desde las candidaturas hasta la verificación de la elec-
ción. Dentro de este concepto es correcto considerar, por ejemplo, cuestio-
nes del sistema electoral como jurídico-electorales, puesto que no hay duda
de que se trata de regulaciones que se han de determinar de modo legal.

El concepto estricto de derecho electoral alude únicamente a aquellas


determinaciones legales que afectan el derecho del individuo a participar
en la designación de los órganos representativos. Tal concepto concretiza
el derecho de sufragio y se limita, en su contenido, a establecer las condi-
ciones jurídicas de la participación de las personas en la elección y de la
configuración de este derecho de participación. El derecho electoral en
sentido estricto señala quién es elector y quién es elegible y trata de deter-
minar, además, si el derecho de sufragio es o no universal, igual, directo y

1
De la Peza Muñoz Cano, José Luis, “Evolución de la justicia electoral en México”,
Derecho y legislación electoral (coord. Gonzalo Moctezuma Barragán), México, UNAM,
octubre de 1999, p. 329.
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secreto. Con ello, el concepto estricto de derecho electoral se remite a pos-


tulados y cuestiones jurídicas que, por lo general, tienen un carácter jurídi-
co constitucional”.2
Para el magistrado Covarrubias Dueñas:

El derecho electoral es el conjunto de normas de derecho que tienen como


finalidad la regulación de las formas y procedimientos a través de los
cuales se transmite el poder en México (Legislativo y Ejecutivo); el ejer-
cicio de los derechos políticos de los ciudadanos (votar, ser votado y de
asociación) y de los medios de impugnación a través de los cuales se
proteja la constitucionalidad y la legalidad de los diferentes actos y reso-
luciones electorales.3

III. DEFINICIÓN DE DERECHO PROCESAL ELECTORAL

El derecho procesal electoral es el conjunto de normas, instituciones,


procedimientos y principios filosófico-jurídicos que se aplican para resol-
ver las impugnaciones que se presenten como consecuencia del ejercicio
ciudadano referente al voto activo o pasivo.
Al respecto se puede afirmar que el conjunto de normas se da, por ejem-
plo, citando a la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en
Materia Electoral; instituciones, como es el caso del Tribunal Electoral del
Poder Judicial de la Federación; procedimientos, como el del juicio de
inconformidad; y principios filosófico-jurídicos, como los de constitucio-
nalidad y legalidad, que son rectores de las decisiones judiciales en mate-
ria electoral.
Por otra parte, en lo que toca a las impugnaciones que se presenten
como consecuencia del ejercicio ciudadano referente al voto activo y pasi-
vo, que corresponde en esta definición a la diferencia específica, debe acla-
rarse que el votar y ser votado respectivamente, tienen relación con muchos
otros aspectos, como lo son: la constitución y registro de agrupaciones y
partidos políticos, el registro de candidatos a puestos de elección popular,
instalación de casillas electorales, designación de miembros de mesas di-

2
Diccionario Electoral, Instituto Interamericano de Derechos Humanos, Centro de
Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL), http://www.iidh.ed.cr/comunidades/
RedElectoral/derecho electoral.
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rectivas de casilla, todo lo cual puede ser objeto de controversia, si algún


sujeto electoral considera vulnerado su derecho garantizado por las nor-
mas constitucionales y legales de la materia.
De esa manera, se configuran las dos especialidades llamadas derecho
electoral (aspecto sustantivo) y derecho procesal electoral (aspecto adjeti-
vo). Ambos, por supuesto, son disciplinas del derecho público.
De acuerdo con el criterio de diversos juristas, como es el caso de Flavio
Galván Rivera para que a ese estudio jurídico especializado se le asegure
la calidad de disciplina, requiere demostrar su autonomía en materia: le-
gislativa, científica o doctrinal, institucional, terminológica y docente.4

IV. AUTONOMÍA DEL DERECHO ELECTORAL

El derecho electoral es autónomo porque:

a) En materia legislativa, cuenta con sus propias disposiciones, como


lo es el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electora-
les, así como sus similares en el ámbito local.
b) Científica o doctrinal, puesto que ya se pueden citar especialistas
nacionales y extranjeros que aportan sus puntos de vista respecto a
diversos aspectos del campo del derecho electoral, como el propio
Galván Rivera, Javier Patiño Camarena, José Luis de la Peza, Gio-
vanni Sartori y muchos más.
c) Institucional, dado que se cuenta con instituciones especificas para
desempeñar la función electoral, como el Instituto Federal Electoral,
fundado en 1990, y sus similares en las 32 entidades federativas.
d) Terminológico, ya que existen vocablos propios de cada especiali-
dad, que han requerido su propia definición y tratamiento, por ejem-
plo, voto activo y pasivo, distrito electoral, insaculación, escrutinio
y cómputo, y muchos más.
e) Docente, en el entendido de que en muchísimas instituciones de en-
señanza superior, tanto oficiales como particulares, se imparte desde

3
Covarrubias Dueñas, José de Jesús, Derecho constitucional electoral, 2a. ed., Méxi-
co, Porrúa, 2002, p. 112.
4
Galván Rivera, Flavio, Derecho procesal electoral mexicano, México, Porrúa, 2002,
pp. 562 y ss.
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hace tiempo, en disciplinas, especialidades y maestrías, la materia


propia del derecho electoral, por lo que ya tiene presencia en crédi-
tos académicos y en la obtención de grados universitarios.

En torno a esto y abundando en el aspecto de sus términos propios, se


puede afirmar que, con el paso del tiempo, el derecho electoral ha estructu-
rado su propio lenguaje científico singular, al utilizar voces que no son
fáciles de encontrar adecuadamente, desde el punto de vista jurídico, en
diccionarios comunes; a manera de ejemplo se pueden citar, además de los
vocablos aludidos: calendario electoral, geografía electoral, jornada elec-
toral, padrón electoral, gastos de campaña y muchos otros.
Además, cabe mencionar que los sujetos del derecho electoral desem-
peñaron un papel específico en el ámbito político-jurídico, lo cual es el
caso, por ejemplo, del ciudadano y de los partidos políticos, quienes no
pueden quedar debidamente comprendidos en los términos tradicionales
de persona, que deviene desde el derecho eomano.

V. AUTONOMÍA DEL DERECHO PROCESAL ELECTORAL

Por lo que toca a la autonomía del derecho procesal electoral, Enrique R.


Aftalión y José Vilanova han dividido en tres etapas o planos el procedi-
miento autonómico de las disciplinas jurídicas, a las cuales denominan auto-
nomía legislativa y jurisdiccional, al primero; didáctica, docente y profesional
en la segunda etapa y, finalmente, autonomía científica al tercer plano.
En el caso del derecho procesal electoral mexicano, se ha seguido pun-
tualmente la evolución descrita por Aftalión y Vilanova, porque primero
se emitieron las disposiciones electorales adjetivas, tanto constitucionales
como legales (1986-1994), hasta lograr la expedición de un ordenamiento
procesal específico, la Ley General del Sistema de Medios de Impugna-
ción Electoral (1996), lo cual le da una indiscutible autonomía legislativa;
inmediatamente después se instituyeron, de manera sucesiva, los respecti-
vos órganos jurisdiccionales especializados: Tribunal de lo Contencioso
Electoral, Tribunal Federal Electoral y Tribunal Electoral del Poder Judi-
cial de la Federación, lo que le confiere autonomía jurisdiccional.
El derecho procesal electoral tiene un fin y un objetivo específicos, pro-
pios o exclusivos, de los cuales no se ha ocupado alguna otra especialidad
del derecho. La veracidad de lo dicho es evidente si se toma en cuenta el
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texto del párrafo segundo, base IV, del artículo 41 de la Constitución fede-
ral, que es al tenor siguiente:

Para garantizar los principios de constitucionalidad y legalidad de los actos


y resoluciones electorales, se establecerá un sistema de medios de impug-
nación en los términos que señalen esta Constitución y la ley. Dicho siste-
ma dará definitividad a las distintas etapas de los procesos electorales y
garantizara la protección de los derechos políticos de los ciudadanos de
votar, ser votado y de asociación, en los términos del artículo 99 de esta
Constitución.

El texto constitucional es claro, la finalidad del proceso electoral juris-


diccional es dual.
Se ha instituido el sistema electoral de medios de impugnación para
otorgar definitividad a cada una de las etapas en que se divide el procedi-
miento electoral federal, de tal suerte que si la impugnación no se hace a
tiempo, se extingue por caducidad la acción impugnativa y el acto o reso-
lución, por regla adquiere definitividad, no siendo impugnable ya en algu-
na etapa o momento posterior, garantizando así la vigencia de los diversos
principios de certeza y seguridad jurídica.
La segunda finalidad del derecho procesal electoral es garantizar que
todos los actos y resoluciones de las autoridades se ajusten invariablemen-
te al principio de legalidad. Flavio Galván Rivera lo define de esta manera:
“Derecho procesal electoral es la rama del derecho público que tiene por
objeto inmediato, directo y exclusivo, al proceso electoral”.5
Por proceso electoral se entiende al conjunto sistematizado de actos de
las partes interesadas (actor o impugnante, autoridad responsable, tercero
interesado y coadyuvante), de los terceros ajenos a la relación sustancial y
del correspondiente órgano estatal jurisdiccional (Tribunal Electoral del
orden federal o local), cuya finalidad consiste en resolver, mediante la apli-
cación del derecho, los conflictos jurídicos de intereses de trascendencia
político electoral, calificados por la pretensión del actor y por la resisten-
cia de la autoridad responsable.

5
Ibidem, pp. 637 y ss.
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VI. UBICACIÓN DE LOS DERECHOS ELECTORAL Y PROCESAL ELECTORAL


DENTRO DE LA CIENCIA JURÍDICA

El derecho electoral se ubica dentro del derecho político, en el que pre-


dominan relaciones jurídicas entre gobernantes y gobernados. Los conte-
nidos del derecho político son identificados por una gran parte de la doctrina
como contenidos del derecho público. Esta área jurídica integra a discipli-
nas tan importantes como los derechos constitucional, administrativo, pe-
nal, fiscal y el municipal principalmente.

VII. FUENTES BÁSICAS

De hecho, tradicionalmente los aspectos referentes al derecho electoral


eran estudiados dentro del campo del derecho constitucional, por la razón
evidente de que es en la Constitución en donde se encuentran regulados las
instituciones referentes al ejercicio democrático-electoral, pero debido a la
complejidad que esta actividad ha desarrollado en los tiempos modernos
se hizo necesaria la formación de una nueva especialidad jurídica, el dere-
cho electoral y su parte adjetiva, el derecho procesal electoral.
Las fuentes del derecho electoral son las situaciones reales, las formas o
el lugar de donde éste surge, en sus diversas manifestaciones de doctrina,
legislación, resolución jurisdiccional y jurisprudencia. Las principales fuen-
tes son:

a) Fuentes reales. Son los problemas sociojurídicos o situaciones de la


realidad que generan la creación del derecho; acontecimientos y hechos
que provocan, la necesidad de nuevas reflexiones doctrinarias, nueva le-
gislación y nuevas resoluciones jurisdiccionales. Son los problemas reales
que nos inducen a reflexionar y crear normas jurídicas.
b) Fuentes formales. Son las formas o procesos mediante los cuales se
crea el derecho electoral. Son fuentes formales de esta especialidad, el
proceso de la investigación jurídica, el proceso legislativo, el proceso ju-
risprudencial y el proceso jurisdiccional. El proceso de la investigación
jurídica crea la doctrina y con la doctrina se crea el conocimiento científi-
co del derecho. La doctrina en materia electoral debe generarse mediante
el proceso de la investigación jurídica.
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El proceso legislativo, crea y modifica la legislación en todas sus moda-


lidades. El proceso jurisprudencial genera la jurisprudencia en la materia.
El proceso jurisdiccional es la forma mediante la cual se generan la resolu-
ciones jurisdiccionales.
c) Fuentes históricas. Son los documentos y precedentes que se requieren
para la creación del derecho. Entre las fuentes históricas más importantes del
derecho electoral destacan los libros, los archivos, los artículos, las leyes dero-
gadas, la jurisprudencia superada, las resoluciones jurisdiccionales impug-
nadas y revocadas, los informes técnicos jurídicos, etcétera.6

VIII. RELACIONES CON OTRAS DISCIPLINAS

Tanto el derecho electoral, como el procesal electoral se vinculan de


manera estrecha con otras disciplinas jurídicas, debido a que las institucio-
nes que regulan presentan características propias de otras asignaturas; de
manera especial se deben mencionar los aspectos siguientes:

1. Con la ciencia política. La vinculación del derecho electoral con la


ciencia política es muy estrecha, ya que esta especialidad del dere-
cho se nutre de las reflexiones y contenidos de aquélla.
2. Con el derecho constitucional. Porque éste es el marco conceptual
de vinculación entre la ciencia política y ciencia jurídica, además de
que en esta especialidad del derecho confluyen todas las áreas del
mismo.
3. Con el derecho administrativo. Se vincula con el derecho adminis-
trativo en virtud de que algunos contenidos de éste, se aplican para
la organización de las elecciones.
4. Con el derecho penal. También se relaciona con el derecho penal,
con motivo de que, con la aplicación de la legislación electoral, se
pueden generar conductas delictivas.
5. Con el derecho del trabajo. La función electoral implica relaciones
laborales entre las instituciones y sus servidores.
6. Otras relaciones del derecho electoral. Todas las disciplinas del de-
recho se interrelacionan entre sí; por lo que el derecho electoral se

6
http://www.universidadabierta.edu.mx/Biblio/F/FloresAlfonso_DerPolElec.htm.
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vincula con todos los contenidos del derecho y con todas sus espe-
cialidades.7

Por supuesto, que también se puede considerar que el derecho electoral,


más que el procesal electoral, se vincula con disciplinas extrajurídicas,
como es el caso de la ciencia política, la sociología política, la filosofía
política y otras muchas, que se caracterizan por dar el fundamento
institucional-democrático de los temas que trata teóricamente el derecho
electoral, como es el caso, por ejemplo, de la democracia, la participación
ciudadana, los partidos políticos, el proceso electoral, etcétera.
De hecho, tradicionalmente los aspectos referentes al derecho electoral
eran estudiados dentro del campo del derecho constitucional, por la razón
evidente de que es en la Constitución en donde se encuentran reguladas las
instituciones referentes al ejercicio democrático-electoral, pero debido a la
complejidad que esta actividad ha desarrollado en los tiempos modernos
se hizo necesaria la formación de una nueva especialidad jurídica, el dere-
cho electoral y su parte adjetiva, el derecho procesal electoral.

IX. EVOLUCIÓN DEL FENÓMENO ELECTORAL AL NIVEL UNIVERSAL

Como sucede con frecuencia en el ámbito jurídico, el objeto regulado es


antiguo, aunque la disciplina que lo estudia sea de reciente creación. Así,
el fenómeno electoral data de la épica de Solón (Atenas 640-Chipre 558,
a. C), a quien se le ha llamado “Padre de la Democracia”, cuando instituyó,
en su Constitución, la democracia de Atenas, si bien sólo supo transcribir
de manera magistral una realidad que ya se vivía en esa ciudad-estado.
Efectivamente, los atenienses y con ellos las ciudades que les eran afi-
nes, ascendieron a la democracia de manera casi natural, puesto que la
organización de una polis o ciudad se configuraba por jefes de familia,
llamados basileis, que se caracterizaban por una igualdad en su status y
posición económica, dado que todos ellos originalmente eran agricultores
y pastores, dentro de una realidad premonetaria, en la cual, al no existir el
dinero, el valor de las cosas comerciales era valuada en ovejas o pecuniae,
de donde deriva el término pecuniario, con relación a lo económico.

7
Idem.
DERECHO ELECTORAL Y PROCESAL ELECTORAL 301

Esa relativa igualdad orgánica facilitó la concepción de un gobierno


participativo, en el que los cargos públicos se obtenían periódicamente, a
través del voto emitido por los jefes políticos agrupados en la ekklesia, o
asamblea de hombres libres, reunidos en la stoa, columnata central del
Ágora, que equivalía a una plaza pública.
El sistema democrático así establecido sufrió algunas transformaciones
a través de las reformas de Clístenes, pero su esencia de base popular sub-
sistió y fue luego tomada por los romanos, quienes sobre todo en la Repú-
blica (510 a 27 a. C.) desarrollaron su democracia, con base en el gobierno
de dos cogobernantes llamados cónsules, un buen número de magistra-
dos, denominados pretores, cuestores, ediles curules, todos ellos electos
periódicamente y con funciones específicas que se desarrollaban al princi-
pio gratuitamente, es decir, eran honorarios; así como los comicios o asam-
bleas de hombres libres, que fueron de cuatro tipos, a saber: curiatos (por
familias), centuriatos (por posición económica), tribatos (por domicilio) y
plebis (para los plebeyos o no descendientes de las familias fundadoras de
Roma, a quienes se denominaban patricios). A la vez, unos actos requerían
la aprobación (Auctoritas Patrum) del Senado, un cuerpo integrado por
300 ancianos representantes de las familias romanas, equivalente a la
gerusia, de 28 ancianos de Atenas. Cabe añadir que la ley era aprobada
precisamente en los comicios centurados, lo que le daba una connotación
popular, y así la definen juristas de la época, como Ulpiano que la señala
como voluntad del “populus romano”.8
En la Edad Media, lo que pueda considerarse como elementos de demo-
cracia, se mantuvo en la autonomía de los burgos o ciudades, expresados a
través de su derecho foral, antecedente del moderno derecho municipal.
Más tarde alcanzó sus niveles casi actuales en la Inglaterra parlamenta-
ria, bajo las directrices de Loocke y el extremo revolucionario de Oliver
Cromwell, quien finalmente dio origen a una monarquía parlamentaria, así
como en el constitucionalismo de Norteamérica, en el que los padres de la
independencia plasmaron, en 1776, toda la estructura y la filosofía repu-
blicana de su país; igualmente debe recordarse a ese movimiento libertario
de alcance universal que se aglutina en el rubro de revolución francesa,
todo ello inspirado en las ideas del Iluminismo del siglo XVIII, con actores

8
Margadant, S., Guillermo Floris, Panorama de la historia universal del derecho,
5a. ed., México, Porrúa, 1996, pp. 60-62.
302 MARCO ANTONIO PÉREZ DE LOS REYES

tan destacados como Rosseau y Montesquieu, este último con la clásica


división de poderes, propuesto en El Espíritu de las Leyes.
El material que ilustra la evolución del fenómeno electoral es muy am-
plio y requiere un tratamiento tan especializado, que dentro de la historia
general del derecho, o en su caso de la historia del derecho mexicano,
requiere ya una subespecialización que pueda denominarse historia del
fenómeno electoral.
Al respecto, debe entenderse que el fenómeno electoral, en comento,
tiene que ver con el ejercicio del voto político, y es tan antiguo como las
ciudades-Estado del mundo mediterráneo, si bien los derechos electoral y
procesal electoral, como disciplinas jurídicas autónomas, apenas datan de
unas tres décadas atrás, por cierto que hasta hace poco, toda su temática
quedaba comprendida dentro del concepto de los derechos constitucional
y administrativo.

X. EVOLUCIÓN EN MÉXICO

En el caso especifico de México, una historia del fenómeno electoral


tendrá como temas básicos, en forma de evolución, los siguientes:

1) Organización política de los aztecas, designación del tlatoani y de


los calpulleques o jefes de barrio.
2) Establecimiento y funciones del ayuntamiento indiano. Designa-
ción de sus integrantes, la llamada “Ley del hueco” para suspen-
der la continuidad en el cargo.
3) Origen y desarrollo del Congreso Constituyente de Cádiz.
4) Breve referencia a la Constitución de Bayona de 1808.
5) La Constitución Política de la monarquía española de 1812 y sus
características en materia electoral.
Al respecto no se olvide que en ella se dio la calidad de españo-
les a todos los habitantes libres de las Españas en ambos hemisfe-
rios; se estableció un sistema de elecciones para configurar las
Cortes o poder Legislativo, de manera indirecta y a tres niveles
(elecciones de parroquia, de distrito y de provincia); se estableció
un sistema de autocalificación de elecciones, que subsistió en
México hasta la reforma de 1993, en que se eliminaron los cole-
gios electorales de ambas Cámaras (diputados y senadores) y sólo
subsistió el de la de diputados para calificar la elección presiden-
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cial, que también se eliminó con la reforma de 1996; y además


también se estableció un sistema jurídico de medio impugnativo,
al poder manifestar de viva voz cualquier votante en esas eleccio-
nes, el hecho de habérsele amenazado o sobornado para obtener su
voto favorable, todo ello debidamente comprobado a satisfacción
de los miembros de la mesa directiva de la casilla electoral corres-
pondiente.
6) Las elecciones a Cortes en el periodo de 1810 a 1820, época de la
guerra insurgente.
7) Implicaciones político-electorales del Decreto Constitucional para
la libertad de la América Mexicana, o Constitución de Apatzingán
de 1814, que entre otras cosas interesantes, establece un poder Eje-
cutivo integrado por tres personas, y que tiene como antecedente
los famosos Sentimientos de la Nación de José Maria Morelos.
8) Aspectos electorales del Primer Imperio Mexicano.
9) La Constitución Federal de 1824, en la que es interesante resaltar
la forma en que se elegía al vicepresidente de la República, desig-
nando para ese efecto al ciudadano que quedaba en segundo lugar
en votaciones indirectas, lo que favorecía a una rivalidad declara-
da entre el presidente y el vicepresidente, lo que sería fatal para la
historia política del país.
10) Las siete leyes constitucionales de 1836, que llevan a la República
hacia el centralismo y crean el llamado cuarto poder o Supremo
Poder Conservador, integrado por cinco miembros, quienes sólo
respondían de sus actos ante Dios y ante la opinión pública; y que
se encargaban de vigilar la constitucionalidad de los actos de los
miembros de las otros tres poderes, puesto que aún no se contaba
con el juicio de amparo.
11) Las reformas constitucionales de 1843 y 1847, la última de las
cuales, hizo tornar al país al régimen federal.
12) La Constitución liberal de 1857, que entre otras cosas, eliminó la
vicepresidencia y el Senado de la República.
13) La evolución legislativa, federal y local, en materia electoral du-
rante el siglo XIX y el porfirismo.
14) El problema de la reelección en los gobiernos de Benito Juárez,
Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Los planes de La Noria y Tuxtepec.
El principio de la no reelección.
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15) El llamado “Caso Morelos” y las tesis Iglesias y Vallarta, respecto


de la competencia de origen, que deslinda a la Suprema Corte de
Justicia de la Nación de pronunciarse en materia político-electoral.
16) La reapertura del Senado y el restablecimiento de la vicepresidencia.
17) Los clubes y los partidos políticos en el porfirismo.
18) La entrevista Díaz-Creelman y la prensa opositora a la dictadura
de Díaz.
19) La campaña electoral de 1910. Los manifiestos y planes revolu-
cionarios. La caída de Díaz y el triunfo del maderismo.
20) Reformas constitucionales y legales en materia político-electoral
de Madero. Caída del régimen. La revolución constitucionalista,
su origen, desarrollo y triunfo.
21) Las leyes electorales del México contemporáneo de Venustiano
Carranza a Ernesto Zedillo.
22) La institucionalización de la justicia electoral en México. El Tri-
bunal de lo Contencioso Electoral, el Tribunal Federal Electoral y
el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. La justi-
cia electoral federal y local.

XI. CONCLUSIONES

De todas estas consideraciones se pueden llegar a plantear las siguientes


conclusiones.

1) El fenómeno político-electoral deviene de la época de la democracia


ateniense y se ha mantenido a lo largo de la historia con mayor o
menor intensidad en distintas partes del mundo.
2) Sin embargo, su regulación en especialidades jurídicas concretas,
data de unas décadas a la fecha, puesto que antes todo lo concernien-
te al tema democrático electoral se encontraba regulado y en conse-
cuencia, era objeto de estudio, exclusivamente del campo del dere-
cho constitucional, y cuanto más, del derecho administrativo.
3) La evolución cada vez mas rápida y compleja de la vida democrática
en los distintos países, así como los compromisos internacionales de
solidaridad y de respeto por las libertades democráticas, ha obligado
a establecer y desarrollar leyes y organismos que garanticen plena-
mente estos derechos.
DERECHO ELECTORAL Y PROCESAL ELECTORAL 305

4) En consecuencia, en el campo teórico y académico se vio la necesi-


dad de formar dos especialidades jurídicas, el derecho electoral y el
procesal electoral.
5) Ambas especialidades han debido demostrar su autonomía como
asignaturas con contenidos y alcances propios. Por lo mismo, han
acreditado plenamente su carácter de especialidades de la ciencia
jurídica.
6) Es importante que los historiadores del derecho aporten sus cono-
cimientos históricos-jurídicos para precisar el origen y la evolu-
ción de los fenómenos democráticos-electorales, así como de la
justicia electoral, a fin de proporcionar a los especialistas de estas
nuevas disciplinas una visión real y efectiva de las instituciones
que les son propias.
7) En ocasión como esta, en la que se pretende tener una perspectiva
histórica de la realidad jurídica en el siglo XX, es conveniente resal-
tar la formación y evolución que en muy poco tiempo han tenido las
dos especialidades jurídicas, lo que demuestra que la ciencia jurídi-
ca está en constante movimiento y transformación y que los juristas
deben mantener un adecuado equilibrio y manejo de las realidades
pretéritas y actuales, en otras palabras, saber vincular el pasado his-
tórico con el presente actual, lo que da sentido y trascendencia a la
labor de los historiadores del derecho.
8) En los 21 puntos señalados en el apartado X, podría desarrollarse
una historia específica del fenómeno electoral y concretamente, de
la formación de los derechos electoral y procesal electoral, sobre
todo a partir de la expedición de la Ley Federal de Organizaciones
Políticas y Procesos Electorales de 1977, llamada “LOPPE”, que
reguló específicamente a los partidos políticos, y que para algunos
constituye el punto inicial del sistema mexicano contemporáneo de
elecciones.
Esa es una historia que, en algunos aspectos, falta estudiar y es-
cribir. A la fecha, hay artículos en diversas publicaciones especiali-
zadas, pero no una obra que abarque todos esos aspectos y los desa-
rrolle con la temática y metodología propias de nuestra asignatura;
en otras palabras, que los miren y describan con los ojos de un histo-
riador del derecho, que sabe combinar los conocimientos históricos
con los jurídicos. Esto revela que aún hay mucho por hacer en el futu-
ro; que nosotros, los interesados en el campo de la historia del dere-
306 MARCO ANTONIO PÉREZ DE LOS REYES

cho nacional, debemos en un foro como éste, ubicado en Morelia,


cuna de grandes patriotas y juristas, intercambiar nuestras inquietu-
des y propuestas, para que a la vez que surjan nuevas disciplinas
jurídicas, esté al lado un grupo de especialistas que desarrollen su
contenido histórico-jurídico, para el mejor desempeño y conocimiento
de la ciencia jurídica de nuestro tiempo.

XII. BIBLIOGRAFÍA

Covarrubias Dueñas, José de Jesús, Derecho constitucional electoral, 2a.


ed., Porrúa, México, 2002.
Cruz Barney, Óscar, Historia del derecho en México, 2a. ed., México,
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Fuentes electrónicas

http://www.universidadabierta.edu.mx/Biblio/F/FloresAlfonso_Der
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Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL). http://www.iidh.
ed.cr/comunidades/RedElectoral/ Derecho electoral/Derecho procesal
electoral.

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