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INSTITUTO BÍBLICO MANÁ INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

UNIDAD 6
HACIA UNA LECTURA CONTEXTUAL DE LA BIBLIA

Facilitador: Byron Ramírez


INSTITUTO BÍBLICO MANÁ INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA

OBJETIVOS DE APRENDIZAJE

1. Que los estudiantes vean desde una perspectiva crítica dos tipos de lectura bíblica: una
lectura literalista y una lectura contextual.

2. Que los estudiantes reconozcan la problemática relacionada con una lectura literalista y
vean por qué es importante evitar este tipo de lectura.

3. Que los estudiantes conozcan los principios de la lectura contextual de la Biblia, y por qué
esta lectura es preferible a la lectura literalista.

En esta última clase de nuestro curso, quiero hablar de dos formas diferentes de leer e
interpretar la Biblia. Llamaré a la primera una lectura literalista y a la segunda una
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lectura contextual. Cada una de estas dos formas de leer la Biblia está basada en
diferentes presupuestos y metodologías. Vamos a ver primero la lectura literalista.

La lectura literalista de la Biblia es la que a primera vista parece más sencilla y lógica.
Por eso, cuando la gente empieza a leer la Biblia, generalmente sigue este tipo de
lectura. Según una lectura literalista, todo lo que dice la Biblia debe tomarse al pie de la
letra y aplicarse directamente a nuestra realidad actual.

Por ejemplo, hay cristianos que leen en el libro de Deuteronomio, “No vestirá la mujer
traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer, porque abominación es a Dios
cualquiera que hace esto” (22:5), y en base a eso concluyen que las mujeres no deben
vestir pantalones, porque eso sería usar ropa de hombre. Asimismo, podemos leer en el
libro de Deuteronomio el mandamiento que exigía que los israelitas ofrecieran a Dios el
diezmo de todo lo que producían (14:22) o el mandamiento que prohíbe hacer esculturas
o imágenes (5:8-9) y concluir que es necesario todavía guardar literalmente estos
mandamientos hoy día.

En muchas iglesias, es común insistir que no se debe tolerar el divorcio entre creyentes
ni mucho menos segundas nupcias, puesto que Jesús, preguntado por los fariseos acerca
del divorcio, afirmó: “Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete
adulterio contra ella; y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete
adulterio” (Mar 10:11-12).

En algunas tradiciones cristianas, el relato del bautismo de Jesús en el Río Jordán se


utiliza para sostener que cualquier bautismo que no es efectuado en un río o por
inmersión completa dentro del agua no es válido ante Dios. También hay quienes
argumentan que todos los cristianos deben hablar en lenguas porque el Libro de los
Hechos y la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios indican que creyentes de los
tiempos apostólicos lo hacían. Según otros, como Pablo dice en 1 Cor 14:35 que es
indecoroso que una mujer hable en la congregación, y en 1 Tim 2:12-13 que la mujer
debe estar en silencio y no enseñar ni ejercer dominio sobre el hombre, no se debe
permitir hoy día que las mujeres prediquen o enseñen a varones dentro de la iglesia,
pues más bien Dios quiere que se sometan al varón como cabeza.

En todos estos casos, se aplica lo que dicen pasajes bíblicos directamente a nuestros
contextos actuales. Los que defienden este tipo de lectura muchas veces argumentan
que la Biblia es muy clara, y que no seguir lo que dice al pie de la letra es ir en contra de
la Biblia. Sin embargo, cuando analizamos este tipo de lectura, vemos que es
problemático por varias razones.

Primero, no podemos simplemente generalizar ciertos eventos del pasado bíblico como
normativos para el presente. No podemos concluir, por ejemplo, que si algunos de los
primeros cristianos hablaban en lenguas, que todos los cristianos hoy tienen que hacerlo;
de hecho, el Nuevo Testamento sólo menciona que algunos creyentes hablaban en
lenguas, pero nunca dice que todos lo hacían ni tenían que hacerlo.

Asimismo, no podemos concluir que el hecho de que Jesús fue bautizado en el Río Jordán
significa que los creyentes también necesitan ser bautizados en un río, ni que el
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bautismo tiene que ser por inmersión completa para ser válido. Si quisiéramos tomar las
cosas de manera tan literal, habría que insistir que todos tienen que ser bautizados en el
Río Jordán como Jesús. De hecho, ni sabemos si Jesús fue sumergido completamente en
el agua del río, pues los Evangelios no describen la forma exacta en que fue bautizado.
Entonces, no debemos considerar muchas de las cosas que describe la Biblia como
normativas para cristianos de todos los tiempos y lugares.

Un segundo problema con esta lectura literalista de la Biblia es que es muy selectiva. Si
vamos a insistir, por ejemplo, en el cumplimiento literal hoy día de los mandamientos
que Dios le dio a Israel por medio de Moisés sobre cuestiones como el uso de cierta ropa
entre varones y mujeres, la presentación de los diezmos, y el uso de imágenes, entonces
habría que insistir al mismo tiempo en el cumplimiento literal de todos los demás
mandamientos de esa ley. Habría que insistir no sólo en la observancia estricta de los
mandamientos sobre alimentos que pueden y no pueden comerse y sobre el día de
reposo, sino también habría que apedrear a los hijos rebeldes y desobedientes, a las
mujeres que no son vírgenes al casarse, y a los que cometen adulterio, como manda el
libro de Deuteronomio (21:18-21; 22:13-24).

Si se prohíbe el divorcio entre creyentes en base a lo que enseñó Jesús, entonces igual
habría que prohibir que los creyentes ahorren dinero y exigir que vendan todo lo que
tienen y lo regalen como limosna, pues eso es precisamente lo que Jesús manda en
Mateo 6:20 y Lucas 12:33. O también habría que tomar literalmente en todos los
contextos lo que dice Jesús en Mat 5:42: “Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti
prestado, no se lo rehúses.”

Si se va a insistir en base a lo que escribió Pablo que las mujeres hoy día deben guardar
silencio en la iglesia, someterse en todo a los varones, y no enseñar, habría que insistir
también en que todas las viudas jóvenes se casen (1 Tim 5:14) y que las mujeres se
cubran la cabeza con algo cada vez que oran (1 Cor 11:5), como también enseña Pablo,
o prohibirles a los creyentes pedir prestado, comprar a crédito y contraer deudas, porque
Pablo les escribió a los cristianos en Roma, “No tengan deudas con nadie” (Rom 13:8).
En otras palabras, si vamos a insistir que hay que aplicar directa y literalmente a
nuestros contextos actuales algunas de las cosas que manda la Biblia, habría que insistir
que se aplique de la misma manera directa y literal todo lo que manda la Biblia.

Una tercera razón por la cual hay que rechazar la lectura literalista de la Biblia es que
ésta tiende a pasar por alto la distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Hay
muchas cosas que se mandan en el Antiguo Testamento, sobre todo en la ley de Moisés,
que Jesús y los primeros cristianos dijeron que ya no aplican a los seguidores de Jesús.

Como notamos en la clase anterior, por ejemplo, el Evangelio según San Marcos afirma
que Jesús declaró limpios todos los alimentos (7:19), o sea, que no es necesario guardar
lo que mandó la ley de Moisés sobre qué alimentos pueden y no pueden comerse. Esta
también es la enseñanza del Libro de los Hechos de los Apóstoles y de Pablo, quien
insistía que los creyentes podían comer de todo, siempre y cuando no le hicieran daño a
la conciencia de su hermano o hermana (Rom 14:1-23). Pablo también enseñó que no es
necesario que sean circuncidados los varones, a diferencia de lo que se ordena en la ley
de Moisés, ni guardar los días de reposo y las otras fiestas religiosas que según la ley de
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Moisés eran obligatorios para todos los miembros del pueblo de Dios (Rom 14:5-6; Gal
5:2-6; Fil 3:2-3; Col 2:16-17).

En otras palabras, siguiendo a Jesús, los primeros cristianos insistían que mucho de lo
que Dios había mandado a su pueblo en un momento y contexto específicos de la
historia ya no aplicaba a su pueblo en otros momentos y contextos de la historia. Lo que
Dios mandó al pueblo de Israel muchos siglos antes de Jesús no podía aplicarse directa y
literalmente al pueblo de Dios de los tiempos de Jesús y los apóstoles.

Y esto nos lleva a la cuarta razón por la cual hay que rechazar la lectura literalista de la
Biblia hoy día: esta lectura no toma en cuenta la gran variedad de contextos en los que
los libros bíblicos fueron escritos. La situación del pueblo de Israel en el desierto y en la
época en que entraron en la tierra prometida era muy diferente a la situación del pueblo
más de mil años después, en la época de Jesús.

Asimismo, el contexto de los destinarios de las cartas de Pablo era muy distinto al
contexto en el que Jesús pasó la mayor parte de su ministerio enseñando, pues Pablo
trabajó entre muchas personas que no eran judías y que vivían en contextos urbanos
donde se hablaba mayormente el griego, mientras Jesús trabajó casi exclusivamente
entre gente campesina de origen judío que vivía en pequeñas aldeas en Galilea y
hablaba arameo. Y hoy día, aunque los contextos en que vivimos sin duda comparten
muchas características con aquellos contextos antiguos, al mismo tiempo son muy
diferentes. Por eso, no podemos simplemente aplicar directamente lo que se dijo en
aquel mundo a nuestro mundo actual.

Esto es verdad tanto para lo que leemos en el Antiguo Testamento como para lo que
leemos en el Nuevo. Las relaciones entre hombres y mujeres son distintas en nuestra
sociedad, por ejemplo. Los problemas y las realidades sociales que enfrentamos también
son diferentes en muchos aspectos. Esto significa que, así como Jesús y los primeros
cristianos insistían que lo que Dios había mandado muchos siglos antes al pueblo de
Israel no se debía aplicar directa y literalmente en su totalidad a sus propios tiempos y
contextos, de la misma manera nosotros hoy día no debemos aplicar directa y
literalmente a nuestros tiempos todo lo que se enseñóen los contextos de los primeros
seguidores de Jesús. Tiene que haber un trabajo de interpretación, en el que vamos más
allá de lo que dicen los textos de manera literal para ser fieles a su espíritu, esto es, los
principios sobre los cuales están fundamentados.

Como vimos en la clase pasada, hay que recordar que tanto la ley del Antiguo
Testamento como la enseñanza de Jesús y Pablo y los demás apóstoles giraba en torno
al bienestar humano, el Shalom que Dios quiere para todo el mundo. En el pensamiento
bíblico, eso es lo que procuraba Dios en la antigüedad, y debemos creer que eso es lo
que quiere hoy para nosotros.

Pero la lectura literalista se olvida de esto. No pregunta, por ejemplo, por qué en la ley
de Moisés se mandaba diezmar o se prohibía que las personas de un sexo usaran ropa
de personas de otro sexo en el contexto en que originó esa ley, o por qué Jesús mandó
que los hombres no repudiaran a sus esposas en el contexto judío de su tiempo, o por
qué Pablo escribió lo que escribió sobre las mujeres en el contexto de la vida de las
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iglesias a las que escribió. La lectura literalista simplemente aplica pasajes ciegamente a
la realidad actual, sin tomar en cuenta lo que es justo y contribuye al bienestar humano
y la justicia en nuestro mundo actual.

Yeso nos lleva al problema principal de la lectura literalista: se convierte en una lectura
opresiva. ¿Por qué? Porque el insistir en el cumplimiento literal de las Escrituras reduce
la Biblia a un libro de reglas y ordenanzas, haciendo a un lado la preocupación por la
justicia y el bienestar integral de los seres humanos que constituye el centro de su
mensaje. Eso es lo que hacían los fariseos que Jesús criticaba tan vigorosamente: para
ellos, era más importante guardar literalmente mandamientos acerca del día de reposo o
los diezmos que ayudar a la gente que tenía necesidades En cambio, Jesús enseñó que lo
importante es practicar la justicia y la misericordia y el amor, buscando el bien de los
demás siempre. Cualquier interpretación de la Biblia que se olvida de estos principios
enseñados por Jesús va en contra de su enseñanza. Y eso es precisamente lo que pasa
con la lectura literalista: la Biblia se convierte un libro opresivo en lugar de ser un
instrumento de Dios para dar shalom al mundo que Dios tanto ama y liberarnos de las
injusticias y la opresión.

Por supuesto, esto no significa que hay que desechar todo lo que la Biblia manda y
ordena, simplemente porque proviene de contextos antiguos distintos a los nuestros.
Hay muchas cosas ordenadas en la Biblia que sin duda aplican a nuestros contextos hoy,
como el no matar ni robar ni cometer adulterio ni dar testimonio falso. Hay que amar al
prójimo, inclusive a los que no nos aman, abstenerse de devolver mal por mal, y
acompañar a los que sufren, como enseñan Jesús y Pablo. Cosas como el abuso físico,
emocional, o sexual siempre son malas, y no debemos tolerarlas; pero eso es porque, en
todos los contextos humanos, esas cosas destruyen el bienestar humano y van en contra
de la justicia de Dios, que quiere shalom para todas y todos.

Sin embargo, hay otras cosas en la Biblia que irían en contra de nuestros conceptos
modernos de justicia y bienestar humano, como el apedrear a un hijo que no obedece a
sus padres o a alguien que comete adulterio. Si antes se aplicaba justicia de esa forma,
hoy día ya no consideramos bueno que se haga así, porque nuestros contextos actuales
son diferentes a los que había en tiempos bíblicos. De hecho, podemos creer que es Dios
mismo quien nos ha guiado por su Espíritu Santo para ir más allá de las formas de aplicar
justicia que predominaban en la antigüedad.

Por eso, en lugar de una lectura literalista de la Biblia, es necesario seguir lo que hemos
llamado una lectura contextual. La lectura contextual se basa en el hecho de que lo que
hay en los escritos bíblicos no fue dirigido directamente a nosotros hoy día. El mensaje
de los profetas de Israel como Isaías, Jeremías, y Ezequiel, por ejemplo, fue dirigido a los
habitantes de Jerusalén y Judá y otros pobladores de la región muchos siglos antes de
Cristo, y por lo tanto hay que entender ese mensaje primero en su contexto original. Lo
mismo hay que decir de los mandamientos de la ley de Moisés, que respondían a ciertas
situaciones específicas del pueblo de Israel en la antigüedad.

De la misma manera, las palabras de Jesús que tenemos en los Evangelios fueron
dirigidas principalmente a la realidad que judíos de la provincia romana de Galilea vivían
en el primer siglo, y para entenderlas bien, necesitamos verlas dentro de ese contexto.
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Pablo escribió sus cartas a iglesias y personas específicas de su tiempo para responder a
situaciones concretas que habían surgido en aquel contexto. Tenemos cartas de Pablo
dirigidas a cristianos de Roma y Corinto y Galacia y Filipos del primer siglo, pero
obviamente nunca dirigió una carta a cristianos de México o América Latina del siglo 20.

Por ejemplo, en la iglesia de Corinto, había conflictos que tenían que ver con divisiones
en la iglesia, el comer carne sacrificada a ídolos paganos, el uso de los dones y talentos
que los creyentes corintios tenían, y problemas que surgían cuando hacían sus
reuniones; y para responder a todos estos asuntos, Pablo escribió la carta que hoy
conocemos como su Primera Epístola a los Corintios.

Si divorciamos todos estos escritos de sus contextos originales, no sólo es difícil


entenderlos, sino también podemos interpretar lo que dicen en formas que no son fieles
a su espíritu original.

Explorar los contextos originales nos permite ver, por ejemplo, que los mandamientos
del Antiguo Testamento que prohíben la fabricación de imágenes y el llevar atuendos de
personas del otro sexo originalmente pretendían responder al problema de la idolatría de
los pueblos que rodeaban a Israel en Canaán. El objetivo era evitar que Israel también
cayera en la idolatría. En las religiones de estos pueblos vecinos de Israel, adoraban
imágenes que representaban a sus dioses y diosas. Asimismo, hay evidencia que en
algunas de las religiones cananeas, los hombres usaban atuendos de mujeres y las
mujeres atuendos de hombres para celebrar ritos paganos. Otros comentaristas creen
que este mandamiento tiene que ver con el uso de armadura y armas que usaban los
hombres en la guerra.

De cualquier forma, lo importante es reconocer que este mandamiento respondía a un


problema específico en el contexto de los israelitas antiguos, y por lo tanto no puede ser
aplicado directa y literalmente a nuestros contextos actuales, donde las imágenes no
están ligadas a la adoración de ídolos paganos y donde la ropa que usan hombres y
mujeres no tiene connotaciones religiosas.

Sin embargo, estos pasajes siguen teniendo mucho valor para nosotros hoy, porque nos
llevan a preguntar: Hoy día, entre nosotros, ¿qué cosas están incitándonos a la idolatría,
esto eso, a poner nuestra confianza en cosas hechas por los seres humanos en lugar de
confiar solamente en Dios? ¿Y cómo podemos hacerle frente a toda la idolatría que aun
existe en nuestro mundo?

De manera similar, si nos damos cuenta de que en la sociedad de la época de Jesús,


muchos hombres simplemente repudiaban a sus mujeres por cualquier motivo, sin
preocuparse por ellas, a veces sólo para casarse con otra, podemos ver que las palabras
de Jesús sobre el no repudiar a la esposa y casarse con otra respondían a una práctica
opresiva en aquel tiempo.

Lo que pretendía Jesús era condenar la práctica opresiva de muchos hombres, y hasta
cierto punto proteger a las mujeres que eran víctimas de esas prácticas, pues para
sobrevivir después de un divorcio, tenían que buscar otro matrimonio para tener alguien
que las mantuviera.
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Asimismo, si a diferencia de los varones, la gran mayoría de mujeres no tenían acceso a


la educación ni se les permitía estudiar lo que estudiaban los varones, podemos
entender por qué en dos de sus cartas Pablo escribió que las mujeres no enseñaran en la
iglesia y que hicieran sus preguntas a sus esposos en la casa para que hubiera orden en
las reuniones de la iglesia. Pero esto lo escribió frente a situaciones muy específicas que
de hecho no podemos reconstruir completamente hoy.

De cualquier forma, dentro de nuestros contextos hoy, el divorcio a veces puede ser la
opción menos dañina y por lo tanto el “mal menor” cuando una relación entre cónyuges
se ha degenerado tanto que sólo viven lastimándose entre sí y lastimando a sus hijos.
Obviamente, queremos hacer todo lo posible por salvar un matrimonio que está
enfrentando dificultades, pero iríamos en contra del espíritu de la enseñanza de Jesús si
bajo cualquier situación prohibiéramos el divorcio, pues eso sería opresivo.

Y como las mujeres hoy día tienen acceso a la educación y una posición social muy
distinta que en los tiempos de Pablo, sería opresivo también prohibirles que enseñen y
hablen en la iglesia. Al contrario, como Pablo siempre enfatiza que tenemos que hacer lo
que sirve para edificación en la iglesia, hoy día los varones iríamos en contra del espíritu
de la enseñanza de Pablo si les cerráramos a las mujeres los mismos espacios que tienen
los varones.

Pero al mismo tiempo, la enseñanza de Jesús y Pablo nos lleva a plantear preguntas
importantes para nuestro tiempo: Hoy día, ¿que prácticas hay entre nosotros que
justifican la opresión o la exclusión de otras personas en base a su género u otras
características? ¿Qué podemos hacer hoy día para fortalecer los matrimonios, ayudarles
a las parejas a ser felices, y luchar contra el abuso en la familia? Si vamos a cumplir con
el espíritu de la enseñanza de Jesús y Pablo, no podemos pasar por alto preguntas como
éstas.

Una lectura contextual de la Biblia, entonces, nos permite cumplir con el espíritu y los
principios sobre los cuales la enseñanza bíblica está basada. Por eso, es tan importante
leer e interpretar la Biblia a partir de sus contextos originales en lugar de aplicarla
directamente a nuestros contextos actuales. Obviamente, sólo es posible conocer los
contextos en los que se produjeron los escritos bíblicos por medio de la investigación
histórica.

La investigación histórica emplea diferentes medios para reconstruir los contextos


antiguos, incluyendo el estudio no sólo de los mismos libros bíblicos sino de otros textos
antiguos, así como la investigación arqueológica. En otras palabras, necesitamos los
esfuerzos de la ciencia para entender los textos bíblicos en sus contextos originales.

Esta afirmación podría sorprender a muchos cristianos, que están acostumbrados a ver
la ciencia como algo ajeno a la fe cristiana o inclusive algo que está en conflicto con ella.
¿Cómo puede ser posible que necesitemos de la investigación histórica y la ciencia para
entender la Biblia? Pero recordemos lo que hemos visto en las clases anteriores. El
acceso a los textos bíblicos sería imposible sin el trabajo de los que preservaron y
coleccionaron los manuscritos antiguos en hebreo y griego, y los que han usado métodos
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científicos para intentar reconstruir el texto bíblico original frente a los cientos de miles
de variantes que hay entre los diversos manuscritos antiguos.

Asimismo, no tendríamos ninguna Biblia en español si no hubiera sido por la labor de


personas que, después de muchos años de estudio y trabajo, han logrado dominar bien
los idiomas bíblicos antiguos del hebreo, arameo y griego. Para que eso pasara, también
ha sido necesario el trabajo de arqueólogos y lingüistas, así como personas que
coleccionaron y estudiaron y analizaron otros textos antiguos no sólo en los idiomas
bíblicos sino en otros idiomas antiguos de la región que ayudan a entender el hebreo y el
griego.

En fin, si no fuera por todo el trabajo científico e histórico que han hecho estos
especialistas, ni tú ni yo podríamos entender una sola palabra de la Biblia. De hecho, ni
siquiera existiría la Biblia en español para que la pudiéramos leer.

Afirmar que sólo podemos entender la Biblia si conocemos los contextos originales en los
que los libros fueron escritos podría llevarnos a preguntar entonces si uno tiene que ser
un historiador o científico para interpretar hoy día las Escrituras. ¿No puede cualquier
persona que abre una Biblia y empieza a leerla entenderla y aplicarla a su realidad, aun
si desconoce los contextos antiguos de los libros bíblicos?

Por supuesto que sí. Pero esto es porque las personas que han traducido el texto bíblico
ya hanhecho por nosotros una buena parte del trabajo de reconstruir y entender el
contexto original. Su trabajo ha hecho posible que entendamos en nuestros contextos
textos que nacieron en otros contextos muy diferentes.

Al mismo tiempo, cualquier persona tiene la capacidad de entender mucho de lo que lee
en la Biblia porque, aun cuando en muchos aspectos los contextos originales en los que
los libros bíblicos fueron escritos son distintos a nuestros contextos actuales, en otros
aspectos son muy similares. Hoy día también hay matrimonios y familias, padres e hijos,
casas y campos, animales y plantas, caminos y muros, fiestas y bodas, igual que en
aquellos tiempos. Las relaciones humanas siguen siendo muy parecidas, y también
tenemos gobernantes, soldados, maestros, pastores de ovejas, agricultores y líderes
religiosos.

Inclusive, aunque en el mundo moderno casi no hay reyes, esclavos y amos, leprosos,
templos donde se ofrecen sacrificios, y armas como espadas y lanzas, nuestro
conocimiento de la historia nos permite imaginarnos cómo era aquel mundo, de modo
que esas realidades tampoco son totalmente ajenas a nuestros contextos actuales. De
esta manera, no necesitamos ser especialistas en la historia para poder entender mucho
de lo que nos describe la Biblia.

Esto significa que hasta cierto punto cualquier persona con una educación básica puede
leer y entender bien la Biblia, sin conocer a fondo los contextos originales de los escritos
bíblicos. Asimismo, los mismos escritos nos ayudan a entender y reconstruir sus
contextos originales hasta cierto punto. Por supuesto, los que han estudiado los
contextos antiguos a fondo podrán entender muchos aspectos de la Biblia mucho mejor
de los que no tienen esos estudios, por lo cual es muy provechoso tener este tipo de
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estudios. También, si hemos aprendido a manejar lenguas como el hebreo bíblico o el


griego koiné, todavía aumentaremos más nuestra capacidad de entender la Biblia en sus
contextos originales.

En fin, todos podemos entender mucho de lo que dice y enseña la Biblia, pero mientras
más estudiemos más entenderemos. Y para esto, nos necesitamos unos a otros. No sólo
necesitamos a especialistas y gente que ha estudiado más acerca de la Biblia y el
pensamiento cristiano, sino también necesitamos a hermanos y hermanas en la fe que
puedan ayudarnos a interpretar la Biblia para nuestras realidades hoy día. La Biblia es
para leer no sólo como individuos aislados sino como comunidades de fe.

Eso nos lleva a dos conclusiones importantes con las que queremos cerrar este curso.
Primero, el conocimiento y la lectura de la Biblia deben llevarnos a un compromiso con la
voluntad de Dios de que haya justicia y bienestar para toda la gente en nuestro mundo.
Por eso, es muy importante evitar lecturas opresivas de la Biblia y más bien leerla de
maneras que edifiquen y liberen y transformen a la gente, promoviendo la igualdad entre
mujeres y hombres y respondiendo a las diversas necesidades humanas.

Esto sólo es posible si seguimos lecturas contextuales de la Biblia en lugar de lecturas


literalistas. Y segundo, si queremos hacer ese tipo de lecturas, es necesario prepararnos
mejor y profundizar en nuestros conocimientos acerca de la Biblia y los contextos en los
que originó. Entre más preparados estemos, mejor podremos servir a Dios y los demás.
¡Que Dios los bendiga!

RESUMEN DE LA UNIDAD
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1. Muchos cristianos siguen una lectura literalista de la Biblia, aplicando lo que dice
directamente a nuestros contextos actuales. Esta forma de leer la Biblia es más sencilla.
Pero es problemática porque:

       A. no podemos simplemente generalizar ciertos eventos del pasado bíblico como
normativos para el presente;

       B. esta lectura es muy selectiva, pues se aplica a algunos textos y a otros no de
manera indiscriminada;

       C. se pasa por alto la distinción entre Antiguo y Nuevo Testamento;

       D. fácilmente se convierte en una lectura opresiva.

2. Según una lectura contextual de la Biblia, hay que entender lo que dice el texto
bíblico dentro de sus contextos originales antes de aplicarlo a nosotros hoy.

3. Una lectura contextual de la Biblia nos permite cumplir con el espíritu y los principios
sobre los cuales la enseñanza bíblica está basada. Esta lectura se deriva de los mismos
textos bíblicos, así como de la enseñanza de Jesús.

4. Las ciencias bíblicas son imprescindibles para reconstruir tanto los contextos
originales en los que fueron escritos los libros bíblicos como para entender su significado
original para traducirlos a las lenguas modernas.

5. El conocimiento y la lectura de la Biblia debe llevarnos a un compromiso con la


voluntad de Dios de que haya justicia y bienestar para toda la gente en nuestro mundo
actual. Para hacer este tipo de lecturas, es importante que contemos con una buena
preparación en el área de Biblia.

EJERCICIO

Uno de los objetivos de este curso fue “transformar la visión que los estudiantes
tienen sobre la Biblia.” En el caso tuyo, ¿se ha cumplido ese objetivo? Si tu respuesta
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es Sí, describe la forma en que tu visión sobre la Biblia ha cambiado; si tu respuesta


es No, explica por qué en tu caso el curso no cumplió con ese objetivo.