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CORPORACIÓN PARA LA DEFENSA Y PROMOCIÓN

UNION EUROPEA DE LOS DERECHOS HUMANOS


PRIMERA EDICIÓN: Bogota, junio de 2007

DERECHOS RESERVADOS
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EDICIÓN
Leo Producciones Editoriales

DISEÑO DE LA PORTADA Y DIAGRAMACION


Carolina Salazar N.

ISBN: xxxxxxxxxxxxx

IMPRESO Y TERMINADO
Imágenes y Texto

IMPRESO EN COLOMBIA - PRINTED IN COLOMBIA


Índice
Introducción 5
1. El Departamento 9
1.1. Ubicación geográfica del departamento 9
1.2. Organización territorial 11
2. Antecedentes históricos 13
2.1. Surgimiento y consolidación de las sociedades
campesinas y de los hacendados vallecaucanos 13
2.2. Distribución de la tierra en el Valle del Cauca
siglo XIX 15
2.3. El narcotráfico (siglos XX y XXI) 17
3. Historia de la Unión Patriótica en el Valle del Cauca 19
3.1. Texto del acuerdo de La Uribe 19
3.2. Primera plataforma de lucha de la Unión Patriótica 24
3.3. Los comisionados de las FARC-EP 29
3.4. Nacimiento de la Unión Patriótica en el
Valle del Cauca 31
3.5. Cómo trabajaba el movimiento Unión Patriótica
y cómo se convierte en la tercera fuerza política
del país durante las campañas electorales de los años
1986 y 1988 44
4. Desarrollo del plan exterminio para el Valle del Cauca 65
4.1. Conflicto bipartidista en Colombia 65
4.2. Represión contra el naciente partido político de
la Unión Patriótica 66

3
4.3. Organización del genocidio 69
4.4. En la capital Santiago de Cali 72
4.5. En Yumbo - zona industrial 88
4.6. En Jamundí 103
4.7. En el centro del Valle: Palmira y el Cerrito 109
4.8 En Tuluá 111
4.9 En Sevilla 115
4.10. En Buenaventura 122
Anexos 127
Anexo 1 127
Anexo 2 De la Unión Patriótica al PDA
por Guillermo Restrepo Sierra 133
Introducción 133
1. Orígenes de paramilitarismo en Colombia 135
2. Paramilitares, Ejército y narcotraficantes 138
3. Uribe Vélez y el paramilitarismo 141
4. De la izquierda de la posguerra a la
Unión Patriótica 143
5. La Unión patriótica nace de un proceso de paz 153
6. La trayectoria política de la Unión Patriótica y
su declive 159
7. De la Unión Patriótica al Polo Democrático
Alternativo 168
8. Las herencias democráticas y populares del PDA 175
9. Abajo la tiranía neoliberal 182
10. La UP y el sepulcro vacío 191
Anexo 3 192
Bibliografía 199

4
Introducción

Hace 22 años el movimiento político Unión Patriótica, UP,


marcó una profunda huella en todo el pueblo colombiano
en las instancias política, social y económica. Era lógico
que ello ocurriera cuando en el centro de su actividad es-
taban temas como la paz, las reformas sociales y políticas y
la desmovilización e integración de la guerrilla de las Farc-
EP a la vida nacional.

El increíble genocidio contra sus dirigentes, militantes, sim-


patizantes, amigos y familiares cegó esta propuesta de
reconciliación que, por el contrario, empujó a los colom-
bianos a vivir una época de violencia, intolerancia y total
desprecio por el respeto a los derechos humanos y a las
garantías sociales que deben regir en cualquier país con
un Estado de Derecho.

A lo largo y ancho de Colombia miles de historias conoci-


das, y otras muchas aún bajo el manto del olvido y la impu-
nidad, deben salir a la luz pública nacional e internacional,
para que estos lamentables e inhumanos hechos jamás se
vuelvan a repetir y para que los sobrevivientes, las víctimas y
los familiares sean reparados de forma integral (física, moral,
psicológica, política, social y económicamente) y, al igual
que todo el país, accedan al conocimiento de la verdad so-
bre lo ocurrido y exijan que los responsables del genocidio
contra la UP sean, por fin, procesados y castigados.

El proyecto Recuperación de la memoria histórica, política


y social de la Unión Patriótica del Valle del Cauca, susten-

5
tado en un equipo compuesto por seis profesionales en di-
ferentes áreas sociales y económicas (historia, comunica-
ción social, filosofía, administración de empresas, finanzas
y comercio exterior), trabajó de marzo de 2006 a enero de
2007 en la ubicación de los integrantes de la UP del depar-
tamento, para conocer sus experiencias personales y co-
lectivas y tratar de armar un “rompecabezas” que aún no
está completo. A pesar de haber recopilado importante in-
formación documental, periodística y fotográfica, así como
también declaraciones de víctimas e historias de vida, no
fue posible entrar en contacto con muchos personajes por
razones como el desplazamiento forzado a lugar descono-
cido; imposibilidad para visitar el corregimiento o vereda
donde posiblemente se encuentra, debido a la presencia
de grupos armados que impiden el normal acceso (espe-
cialmente en el norte del Valle y la región Pacífica) o mie-
do a participar en el proyecto, por vivir aún persecución y
amenaza contra sus vidas o simplemente porque temen la
nefasta repetición de lo vivido.

Sin embargo, la memoria de la Unión Patriótica en el Va-


lle del Cauca recoge los resultados de una investigación,
análisis y estudio general de este movimiento político,
sintetizado en cinco aspectos fundamentales: ubicación
geográfica y aspectos históricos de trascendencia depar-
tamental; nacimiento, fechas fundacionales y actividades
de la UP; resultados electorales que le garantizaron desta-
cado crecimiento y simpatía regional y nacional; planes
de exterminio que conllevaron a su precoz desaparición
del escenario político y materiales anexos como el texto
de Braulio Herrera, coordinador nacional de la UP en el
año 1985, la contribución socio-política del profesor univer-
sitario Guillermo Restrepo titulada “De la UP al PDA”, año
2006, y algunas cifras y datos sobre el genocidio de la UP
en el Valle del Cauca.

Finalmente esta historia colectiva, que interpreta voces y


sentimientos, quiere brindar también un homenaje a todos
esos hombres y mujeres, muertos y vivos, que confirman

6
hoy la grandeza de sus ideas, de sus luchas, de su desinte-
resada entrega y de esa férrea y sólida militancia política
por hacer de Colombia una patria justa, equitativa y para
beneficio de todos.

7
8
1. El Departamento
del Valle del Cauca

1.1. Ubicación geográfica del departamento

OCEANO ATLANTICO

VENEZUELA
PACIFICO
OCEANO

BRASIL
ECUADOR

PERU

Gráfica 1. Ubicación del departamento


en el mapa de Colombia

El Valle del Cauca es uno de los 28 departamentos en que


se divide políticamente la República de Colombia. Tiene
una superficie de 22.140 kilómetros cuadrados, lo que re-
presenta el 1,5% del territorio nacional. Está ubicado en la

9
región suroccidental del país, entre la región Andina y la
región Pacífica, y hace parte de los cuatro departamentos
que tienen costa sobre el océano Pacífico. Limita al norte
con los departamentos de Chocó y Risaralda, al oriente
con los departamentos de Quindío y Tolima, al sur con el
departamento del Cauca y al occidente con el océano
Pacífico.

El departamento se divide en cuatro zonas: la franja del Pa-


cífico, húmeda y selvática; la cordillera occidental, también
húmeda y selvática, sumamente deforestada a causa de la
industria papelera; el valle interandino del río Cauca, cuyas
tierras son de las más fértiles del país, y la vertiente occiden-
tal de la Cordillera Central. Se destacan, muy especialmen-
te, los parques nacionales Farallones de Cali (jurisdicción de
los municipios de Cali, Jamundí, Dagua y Buenaventura), de
selva húmeda, bosque tropical, bosque de niebla y pára-
mo; el Parque Nacional Natural Macizo de Tatama, poco
accesible, de fuertes pendientes, valles profundos y abun-
dante riqueza hídrica, entre los departamentos de Chocó,
Risaralda y Valle; y el Parque Natural Nacional Las Hermosas,
entre los departamentos de Valle y Tolima, constituido por
bosques de niebla, subpáramo y páramo.

El río Cauca, que atraviesa el departamento de sur a norte,


se constituye en el principal eje fluvial del departamento,
bañado, a su vez, por numerosos ríos que desembocan en
el Cauca. En la franja del Pacífico corren caudalosos ríos
entre los que se destaca el río San Juan, que marca el lími-
te con el departamento del Chocó.

El municipio de Buenaventura es el más extenso del de-


partamento del Valle, con 6.000 kilómetros cuadrados, con
una posición geoestratégica y con el terminal marítimo
más importante de Colombia sobre el océano Pacífico y
que maneja más del 50% de la carga exterior del país.

El Valle del Cauca tiene características climáticas varia-


das. Su temperatura promedio es de 25 grados centígra-

10
dos, para una altura de 1.000 metros sobre el nivel del mar.
La región del litoral pacífico presenta precipitaciones plu-
viales que llegan a los 5.000 mm al año.

La densidad de la población del Valle del Cauca es de 200


habitantes por kilómetro cuadrado. El 81,8% de la pobla-
ción vallecaucana se concentra en los centros urbanos y
el 18,2% en las áreas rurales.

1.2. Organización territorial

Gráfica 2. Departamento del Valle del Cauca


y sus municipios

Administrativamente el departamento del Valle del Cau-


ca cuenta con 42 municipios, distribuidos políticamente
en cinco zonas (norte, centro, occidente, oriente y sur); su
capital es Santiago de Cali, la cual dista 484 kilómetros de
Bogotá, capital del país.

11
12
2. Antecedentes históricos
del departamento

2.1. Surgimiento y consolidación


de las sociedades campesinas y
de los hacendados vallecaucanos
La consolidación de la sociedad vallecaucana está asocia-
da a la que en otros lugares de América Latina se conoció
como “guerra de castas”, una de las consecuencias de la
forma en que los grupos sociales del Nuevo Mundo fueron
integrados a la sociedad occidental. Se trata de una socie-
dad surgida del conflicto, de largas luchas intestinas entre
los indígenas, del enfrentamiento de los españoles con los
nativos, de la larga resistencia de estos y, frente a su, crisis
demográfica y exterminio, de la importación de población
negra esclava. La reproducción biológica, en diferentes
mezclas interétnicas, habría de mostrar a sus descendien-
tes el grupo social dominante y el que más lucharía por
insertarse, primero en la sociedad colonial y después en la
republicana: el mestizo.

Sometidos a formas nuevas de explotación laboral, al ham-


bre, a enfermedades extrañas y a un acelerado proceso
de mezcla racial, la población indígena fue disminuyendo
y, en su lugar, fue surgiendo una población de mestizos,
que lentamente ocupó las tierras que los indios, sus ante-
pasados en la mayoría de los casos, iban dejando despo-
bladas; a estas tierras también llegaron blancos pobres de

13
los pueblos y ciudades que no encontraban dónde desa-
rrollar sus actividades económicas, y que fueron quienes
ejercieron permanente presión hasta apropiarse de las tie-
rras de las comunidades. De esta manera los pueblos indí-
genas sirvieron para conservar críticamente la institución
de “la encomienda”, pero ello no garantizó la superviven-
cia de sus comunidades, ni la conservación de su cultu-
ra; no obstante, ellos fueron importantes para conformar y
consolidar una sociedad campesina alternativa frente a la
sociedad colonial estamental sustentada en las ciudades.
Así mismo, a pesar de no permitir un poblamiento nuclear,
a la manera de las provincias y ciudades españolas, sir-
vieron para que, a lo largo de los siglos xviii y xix, grupos
importantes de mestizos formaran los pueblos y las ciuda-
des intermedias que hoy configuran la trama urbana del
departamento del Valle del Cauca.

Es así como los campesinos vallecaucanos remontan sus


orígenes a los pocos pueblos de indios encomendados
que los españoles formaron en el Valle, cuya población
sobrevivió a la tenaz resistencia que pijaos, chocoes, pae-
ces y calimas, entre otros, opusieron por más de un siglo
al establecimiento de la sociedad colonial en el Valle del
Cauca. Se trataba de pueblos de indios de reciente crea-
ción, que más que en una fuente de tributos, se convirtie-
ron, primero, en un medio de extracción de fuerza laboral
para las estancias ganaderas y, después, para las hacien-
das productoras de carne vacuna y porcina, de guarapos
aguardienteros, de azúcar y de cereales, con los cuales
estancieros y hacendados pudieron alimentar a las cua-
drillas de hombres y mujeres esclavos que llevaron a la
frontera minera del Chocó, del Raposo, de Barbacoas y de
Tumaco, en la costa del océano Pacífico. Estas activida-
des convirtieron poco a poco a las haciendas, en primer
lugar, en proveedoras del mercado interno regional y en
exportadoras de ganado hacia regiones alejadas como
el Ecuador, Antioquia e incluso Panamá, y, en segundo tér-
mino, en una élite regional vinculada especialmente a la
explotación minera, lo que generó importantes acumula-

14
ciones de riqueza, facilitadas por la explotación de mano
de obra esclava. Esta relativa “prosperidad” bajo la domi-
nación de tal élite fue transformando a los hacendados
en los grandes propietarios de la tierra o terratenientes, cu-
yos rasgos negativos (esclavismo, relaciones patrón-peón,
afición a los honores heredados o conferidos a través del
servicio a la corona española, etc.) se atemperaron en una
relación paternalista y dominante, que se refleja aún hoy
en el trato entre los trabajadores y los empresarios de los
ingenios azucareros y que ha sido bastante funcional, en
términos de productividad para estos últimos.

Es importante destacar que históricamente la nación co-


lombiana se desarrolló en medio de regiones aisladas por
la geografía, lo que trajo como consecuencia que los gru-
pos humanos asentados en ella crearan estructuras socia-
les relativamente diferenciadas unas de otras, sumándose
a ello características específicas relativas a las formas de
dominación política y económica que, en las tradicionales
haciendas ganaderas del Valle del Cauca expresan ras-
gos de una sociedad esclavista, presentes en las formas de
tenencia de la tierra, relaciones de servidumbre y domina-
ción, de fidelidad al patrón hacendado y deber de pro-
tección de éste hacia sus peones y relaciones de esclavos
y libertos.

2.2. Distribución de la tierra en el Valle del


Cauca siglo XIX
El reemplazo de la fuerza laboral indígena por esclavos
africanos fue ampliando aún más el mestizaje y, con él, la
población de “libres” –una condición jurídica aplicada a
aquellos mulatos, pardos y zambos que no estaban some-
tidos a la esclavitud y a los descendientes de los indios que
ya no estaban vinculados al régimen de comunidades–.
Muchos de ellos invadieron las tierras desaprovechadas
por los hacendados, cuyos precarios títulos de propiedad
no bastaban para expulsarlos, pues como lo indica el histo-

15
riador José Escorcia: “el área total de las haciendas no era
aprovechada en forma productiva, ya que buena parte de
ellas eran mantenidas como zonas de reserva ocupadas
con ganadería cimarrona que les garantizaba una propie-
dad precaria”. Esto se complementa con las afirmaciones
de Eduardo Mejía quien, al estudiar las características de
las culturas campesinas vallecaucanas, encontró que “mu-
chas sociedades campesinas surgieron en zonas lacustres
y bosques húmedos a orillas de los ríos (también margina-
les a las haciendas) que garantizaron una autosuficiencia
que los hacía independientes de los hacendados y de las
ciudades”. De esta manera, mientras las haciendas entra-
ban en crisis, las economías campesinas se consolidaban
y expandían. En respuesta, los cabildos hicieron esfuerzos
por controlar lo que consideraban una díscola población
no contribuyente, los curas por organizarla en pueblos, a la
manera de españoles, para acabar con los concubinatos
y otras formas de “malvivir” y los hacendados por contra-
rrestar lo que consideraban formas de delincuencia, pues
veían que los sitios campesinos se habían convertido en
focos de criminalidad, donde predominaba el abigeato y
otros delitos. Las respuestas campesinas fueron curiosas y
las podríamos sintetizar en tres tipos:

1. La de los mulatos que ocuparon con parcelas disper-


sas la antigua y extensa zona indígena de Guacarí,
en la suela plana del valle situada al sur de la ciudad
de Buga, quienes se negaron a someterse a cual-
quier forma de poblamiento que lesionara su recién
adquirida tradición.

2. La de los mestizos y blancos pobres que ocuparon los


pueblos de indios de Tuluá, de Buga, de Roldanillo y
gran parte del norte del Valle, quienes lucharon por-
que sus pueblos se convirtieran en “villas”. De esta
forma buscaban entrar en un proceso social que les
permitiera romper con su pasado indígena, diferen-
ciarse de los campesinos de origen esclavo, “los ne-
gros” que poblaban casi todo el valle, y asimilarse

16
a los vecinos blancos de Cali, que al contrario de lo
que esperaban, al oponerse a sus pretensiones hicie-
ron evidente que los seguían considerando con los
términos peyorativos de “indios” o “negros”, ocultos
en la categoría de “libres de todos los colores”.

3. Los campesinos negros del sur del valle, quienes, or-


ganizados en el pueblo de Santander de Quilichao,
quisieron legalizar su poblamiento al pedir su conver-
sión en villa para librarse de la sujeción de las élites
blancas de Caloto y Popayán, que les negaron toda
la posibilidad de lograrlo. Las poblaciones negras de
origen esclavo-africano, a raíz de la experiencia mi-
nera, se ubicaron en la región Pacífica.

Desde luego, hubo muchos otros campesinos situados en


los piedemonte de las cordilleras Central y Occidental de
los Andes o dispersos en las tierras de propiedades indivi-
sas de la suela plana, que no se acoplaron a los procesos
acabados de mencionar y quienes, desde su resistencia a
las formas de control, terminaron habitando en pueblos re-
lativamente nucleados. Las anteriores condiciones sociales
de los campesinos vallecaucanos se daban precisamente
en el momento en que la élite regional se veía inmersa en
los conflictos de la guerra de Independencia de España.

2.3. El narcotráfico (siglos XX y XXI)


Desde la década de los años setenta del siglo xx, con la
bonanza marimbera y el tráfico menor de cocaína y otras
drogas, se forma en Colombia una nueva clase de “em-
presarios de lo ilegal”, posteriormente conocida como los
“Caballeros de la coca” o “Señores de la coca”. Pero es a
principios de los años ochenta que las ganancias por tráfi-
co de cocaína crecieron de tal manera que alcanzaron ci-
fras sin antecedentes en las actividades delictivas del país,
lo que representaría un antecedente histórico diferente y
adicional en la dinámica del conflicto colombiano. En 1987

17
los ingresos repatriados por narcotráfico llegaron a ser el
6,7% del PIB nacional (ver datos en Duncan, Gustavo, Del
campo a la ciudad en Colombia. Infiltración de los señores
de la guerra, 2004, p. 12).

En el Valle del Cauca los creadores del cartel de Cali, los


hermanos Rodríguez Orejuela, se convirtieron en la nueva
clase empresarial y serían los principales beneficiarios de
esta nueva bonanza, junto con su principal competidor del
cartel de Medellín, Pablo Escobar, en Antioquia. Sus mal
habidos dineros alcanzarían todas las esferas de la socie-
dad: el sector de la construcción, el comercio, los bancos,
los clubes deportivos y hasta la política serían ampliamente
permeados por sus ilícitas actividades. Es así como en 1996
se comprobó que la campaña del entonces presidente Er-
nesto Samper Pizano había recibido recursos del narcotrá-
fico, aunque el presidente logró mantenerse en el poder
al culpar del lavado de activos al gerente de su campaña
Fernando Botero Zea y a otros subalternos, quedando cla-
ro que la democracia en Colombia estaba siendo manipu-
lada por los capos de la droga.

En las zonas rurales los narcotraficantes compraron el 11%


de los predios para establecer sus narcocultivos y hacien-
das, lo que dio lugar a un fenómeno de concentración
de la propiedad en el campo conocido como la “contra-
rreforma agraria”. Los nuevos terratenientes fueron desde
luego menos escrupulosos que los viejos propietarios ha-
cendados del siglo xviii y no tuvieron reparos en organizar
bandas armadas contra lo que consideraron insurgencia,
sus supuestos simpatizantes o quienes ellos definieron como
delincuentes, a los que era preciso exterminar.

Los narcotraficantes se asociaron con los terratenientes, los


agroindustriales, los dueños de las minas de esmeraldas y
otra serie de capitalistas rurales y, en alianza con las fuerzas
del Estado, formaron los grupos paramilitares en la primera
mitad de los años ochenta, momento en que nacía en Co-
lombia la Unión Patriótica.

18
3. Historia de la Unión Patriótica
en el Valle del Cauca

A partir del siguiente documento, que expresa el acuerdo


nacional alcanzado entre el gobierno de Belisario Betancur
Cuartas y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colom-
bia, Farc-EP, en el año de 1984, se dio inicio a la creación de
la Unión Patriótica en todo el país. Su intención, además de
dar lugar a un amplio movimiento político de izquierda que
congregara a diversos sectores demócratas, renovadores
de las antiguas tradiciones bipartidistas (liberal-conservado-
ras), era facilitar a los desmovilizados guerrilleros su introduc-
ción a la vida social, económica y política de la nación.

3.1. Texto del acuerdo de La Uribe


“Con el fin de afianzar la paz nacional, que es
prerrequisito indispensable para la prosperidad
general del pueblo colombiano, y para lograr el
desarrollo de la actividad social y económica so-
bre bases de libertad y de justicia, la Comisión de
Paz y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Co-
lombia, Farc-EP, acuerdan los siguientes puntos:

1. Las Farc-EP ordenarán el cese al fuego y demás


operativos militares a todos sus frentes en el país,
a partir del día 28 de mayo de 1984 a las 00:00
horas, fecha que podrá posponerse, como máxi-
mo, hasta por dos meses, si fuere necesario.

19
La orden de que antes se habla se mantendrá in-
definidamente si el señor Presidente de la Repú-
blica, doctor Belisario Betancur, corresponde a
este gesto efectivo de paz con una orden seme-
jante suya, dada a todas las autoridades civiles
y militares bajo su jurisdicción, en la oportunidad
debida.

2. Las Farc-EP condenarán y desautorizarán nue-


vamente el secuestro, la extorsión y el terrorismo
en todas sus formas y contribuirán a que termine
su práctica, como atentados que son contra la
libertad y la dignidad humanas.

3. La orden del señor Presidente de la República se


cumplirá únicamente respecto de los grupos y
personas que acaten y respeten estas bases y no
infrinjan la ley penal.

4. Una Comisión Nacional y representativa de las


fuerzas implicadas en los enfrentamientos, de-
signada por el señor Presidente de la República,
será encargada de la verificación de todas las
disposiciones contenidas en este acuerdo, con
la finalidad de consolidar el proceso de paci-
ficación. La Comisión creará subcomisiones
en Florencia (Caquetá), Vista Hermosa (Meta),
Barrancabermeja (Santander), Saravena (Arau-
ca), Santa Marta (Magdalena), Medellín (An-
tioquia), Neiva (Huila), Orito (Putumayo) y Cali
(Valle), y podrá asesorarse de personas extra-
ñas a ella para estudiar, con su concurso, en las
regiones o sitios en que fueren conducentes sus
servicios, las quejas o reclamos por hechos que
pudieren interferir el anhelo nacional de paz y
seguridad. La Comisión funcionará por todo el
tiempo que fuere necesario y podrá acordar
sus propios reglamentos.

20
5. La Comisión Nacional de Verificación funcionará
en Bogotá y se trasladará periódicamente para
sesionar, con plenas garantías de acceso y libre
tránsito, a una de las siguientes localidades, a
elección del señor Presidente de la República: a)
San Juan de Arama, Granada y Vista Hermosa,
en el Meta; b) San Vicente del Caguán, Caque-
tá; c) Colombia, Huila; d) Dolores y Prado, Tolima;
e) La Uribe, Meta.

6. El gobierno dotará a la Comisión de todos los


elementos necesarios de comunicación para el
mejor desempeño de sus funciones y expedirá
a sus miembros las credenciales indispensables
para garantizar el libre tránsito y seguridad.

7. Cuando a juicio de la Comisión de Verificación


hayan cesado los enfrentamientos armados, se
abrirá un periodo de prueba o espera de un (1)
año para que los integrantes de la agrupación,
hasta ahora denominada Fuerzas Armadas Re-
volucionarias de Colombia (Farc-EP), puedan or-
ganizarse política, económica y socialmente, se-
gún su libre decisión. El gobierno les otorgará, de
acuerdo con la Constitución y las leyes, las ga-
rantías y los estímulos pertinentes. Durante este
mismo periodo el gobierno tomará las medidas
necesarias para restablecer en las zonas de vio-
lencia la normalidad civil.

8. Los integrantes de las Farc-EP podrán acogerse


a los beneficios de la ley 35 de 1982 y decretos
complementarios, cuando llenen las condiciones
en ella y en ellos establecidas. En el Plan Nacio-
nal de Rehabilitación el gobierno dará prelación
a los colombianos que han padecido, directa o
indirectamente los estragos de la violencia para
el restablecimiento de derechos injustamente

21
conculcados como consecuencia de la altera-
ción del orden público y la inseguridad social.

9. La Comisión de Paz da fe de que el gobierno tie-


ne una amplia voluntad de :

a) Promover la modernización de las instituciones


políticas, dirigidas a enriquecer la vida democrá-
tica de la nación, e insistir ante las Cámaras en
la pronta tramitación de los proyectos sobre re-
forma política, garantías a la oposición, elección
popular de alcaldes, reforma electoral, acceso
adecuado de las fuerzas políticas a los medios
de información, control político de la actividad
estatal, eficacia de la administración de justicia,
impulso al proceso de mejoramiento de la ad-
ministración pública y nuevas iniciativas encami-
nadas a fortalecer las funciones constitucionales
del Estado y a procurar la constante elevación
de la moral pública.

b) Impulsar vigorosamente la aplicación de una


política de reforma agraria en reconocimiento
a que los problemas de la tierra están presentes
en los actuales conflictos sociales, y las demás
acciones de las agencias del Estado dirigidas a
ampliar permanentemente los servicios al cam-
pesinado para mejorar la calidad de su vida y la
normal producción de alimentos y de materias
primas para la industria, para lo cual dispone del
instrumento jurídico contenido en el artículo 32
de la Constitución Nacional, que establece la di-
rección de la economía por el Estado.

c)Robustecer y facilitar la organización sindical,


de usuarios campesinos y de indígenas, las aso-
ciaciones cooperativas y sindicales, en favor de
los trabajadores urbanos y rurales, así como sus
organizaciones políticas.

22
d) Hacer constantes esfuerzos por el incremento
de la educación a todos los niveles, así como de
la salud, la vivienda y el empleo.

e) Mantener su propósito indeclinable de que para


la protección de los derechos, que en favor de
los ciudadanos consagran la Constitución y las
leyes y para la conservación y restablecimiento
del orden público, solo existan las fuerzas institu-
cionales del Estado, de cuyo profesionalismo y
permanente mejoramiento depende la tranquili-
dad ciudadana.

f) Promover, una vez establecida la paz, y tal como


ocurrió en otras oportunidades, iniciativas para
fortalecer las mejores condiciones de la fraterni-
dad democrática, que requiere perdón y olvido,
y del mejor estar en lo económico, político y so-
cial de todo el pueblo colombiano.

10. La Comisión de Paz estima que los enunciados


anteriores presentan un notable mejoramiento
de las condiciones objetivas para la acción po-
lítica y electoral y reitera su invitación a los sec-
tores comprometidos en acciones disturbadoras
del orden público, a que se acojan a la norma-
lidad y apliquen sus talentos y prestigio a la con-
quista de la opinión pública por procedimientos
democráticos y pacíficos.

11. El presente acuerdo será válido respecto de cual-


quier otro grupo alzado en armas que exprese su
decisión de acogerse a él, previa manifestación
de tal voluntad hecha al gobierno por interme-
dio de la Comisión de Paz. Para facilitar la ad-
hesión a este acuerdo de los grupos que deseen
hacerlo, se realizará una reunión con todos ellos
en el lugar y la fecha que las partes convengan.

23
12. Este acuerdo para su validez requiere la ratifica-
ción del señor Presidente de la República.

Para constancia se firma el presente documento


en La Uribe, municipio de Mesetas, departamento
del Meta, a los 28 días del mes de marzo de 1984.

FIRMADO:
POR LA COMISIÓN DE PAZ:
Jhon Agudelo Ríos, Presidente,
Rafael Rivas Posada, Samuel Hoyos Arango, César
Gómez Estrada, Alberto Rojas Puyo,
Margarita Vidal de Puyo.

POR EL ESTADO MAYOR DE LAS FARC-EP:


Manuel Marulanda Vélez, Jacobo Arenas,
Jaime Guaracas, Alfonso Cano, Raúl Reyes.

3.2. Primera plataforma de lucha de la


Unión Patriótica
El Estado Mayor Central de las Farc-EP efectúa para el mes
de mayo de 1984 una propuesta política nacional bajo el
nombre de Plataforma de lucha de la Unión Patriótica, con
la cual se da inicio al trabajo de creación de la UP en todo
el país. Esta plataforma presentaba al pueblo colombiano
los siguientes puntos:

1. Las Farc-UP encabezarán, en unión con otros parti-


dos y movimientos democráticos y de izquierda, la
lucha de las masas populares por el retorno a la nor-
malidad, a la controversia civilizada, por una apertu-
ra democrática que garantice el libre ejercicio de la
oposición y su acceso a todos los medios de comu-
nicación social, su organización, su lucha y moviliza-
ción hacia crear un clima de participación popular
en las gestiones del Estado.

24
2. Dentro del marco de la apertura democrática, las
Farc-UP, en unión con otros partidos y corrientes de
izquierda, lucharán, utilizando todos los medios a su
alcance, por una reforma de las costumbres políticas,
en dirección a desmontar el monopolio de la opinión
ejercido por los partidos tradicionales para abrir cau-
ce a la participación de las mayorías nacionales en
los asuntos del gobierno.

3. La lucha por una reforma electoral ocupará un lugar


destacado en la política de las Farc-UP. Llevaremos
al parlamento un proyecto de ley que reviva la vie-
ja disposición en Colombia del medio cuociente y el
medio residuo para los partidos y movimientos polí-
ticos que obtengan en las elecciones menos de un
millón de votos. Para los partidos que obtengan más
de un millón de votos seguirá vigente la norma del
cuociente y el residuo tradicionales.

4. La reforma electoral incluirá el acceso de las minorías


a las vicepresidencias de las corporaciones públicas,
de las comisiones respectivas y la participación di-
recta en las juntas de administración de las empresas
del Estado.

5. Se luchará por la elección popular de alcaldes y


gobernadores.

6. Se luchará porque el municipio sea elevado a la


categoría de célula viva de la Nación, con un pre-
supuesto del 30% proveniente de los impuestos y la
renta nacional; los concejos municipales y las asam-
bleas departamentales jugarán un rol determinante
conforme a las necesidades del desarrollo económi-
co, social y político del país.

7. Se luchará por la aprobación de una Ley de Reforma


Agraria Democrática que le entregue gratuitamente
la tierra a los campesinos que no la poseen, sobre

25
la base de la expropiación de la gran propiedad
latifundista.

8. Se luchará por la vigencia de un Plan Nacional de


incremento de la producción agrícola con la intro-
ducción de técnicas modernas, vías adecuadas de
comunicación y préstamos a largo plazo y bajo in-
terés a los campesinos productores por parte de las
instituciones del Estado.

9. Se luchará por la aprobación de una Ley de Reforma


Urbana y un Plan de Construcción de Vivienda para
los destechados a precios de producción, con cuo-
tas que no pasen del 15% de los sueldos y salarios de
los usuarios.

10. Se luchará por una reforma sustancial de la justicia


separando la ordinaria de la castrense, para que
ésta última no pueda inmiscuirse en los asuntos que
le competen a la primera.

11. Se crearán amplios comités compuestos por amas


de casa, representantes de las centrales sindicales y
de las juntas de acción comunal para que ejerzan el
control de los precios de las mercancías de amplio
consumo de la población y la fiscalización de las lo-
terías y las licoreras departamentales.

12. Las Farc-UP encabezarán la lucha nacional contra el


Impuesto al Valor Agregado (IVA) hasta que sea de-
rogado por ser el peor elemento antisocial surgido en
los últimos tiempos contra los consumidores.

13. Se luchará porque la educación en universidades y co-


legios para gente de menores ingresos sea gratuita.

14. Se luchará por la reducción del impuesto patrimonial,


predial y sobre la renta en un 50% a los propietarios
cuyo patrimonio no pase de dos millones de pesos.

26
15. La movilización y la lucha de las masas estarán dirigi-
das hacia que las empresas y compañías extranjeras
sean nacionalizadas, y de la misma manera la ban-
ca, el sistema financiero y el transporte. Las tarifas de
los servicios públicos mediante la lucha de masas se-
rán rebajadas en un 40%. Los sueldos y salarios de los
trabajadores serán elevados en relación directa con
el costo de vida.

16. Las Farc-UP, en unión con otros partidos y movimien-


tos democráticos, encabezarán la lucha por la apli-
cación a la solución de los problemas fundamenta-
les del campesinado y del programa agrario de los
guerrilleros.

17. Se luchará por una política internacional indepen-


diente, libre de la injerencia del imperialismo yanqui,
por restaurar la soberanía patria lesionada por intere-
ses extranjeros y por la teoría gringa de la Seguridad.

18. Se luchará por el pleno ejercicio de las libertades po-


líticas y sindicales, contra las secuelas de la violencia
y el terror y su encarnación delictiva: el MAS, los Tiz-
nados, el CPL del Magdalena Medio, el Embrión, Los
Grillos, Los Menudos, Alfa 83 y otros escuadrones de
inspiración mafiosa, dirección y financiación militar,
por la desmilitarización de la vida colombiana, por
la democratización de las Fuerzas Armadas Oficia-
les, por el retorno de las tropas oficiales a sus cuarte-
les, por ministro de Defensa civil, por reducción del
presupuesto militar, por una indemnización justa a
las víctimas de la violencia y por desterrar del país la
teoría de la Seguridad, vil instrumento de violencia y
muerte del imperialismo yanqui.

19. Todo lo expuesto en esta plataforma es alcanzable


si las masas populares se movilizan y luchan. En este
sentido las Farc-UP hacen este día 11 de mayo de
1984 un cálido llamamiento a las masas populares

27
para que se alcen a la lucha por las grandes transfor-
maciones que a gritos el país reclama.

20. Esta plataforma igualmente es la base para el paso


inmediato a la organización de los Comandos de-
partamentales, regionales, municipales y de amplios
comités de base de la Unión Patriótica. El Estado
Mayor de las Farc se convierte provisionalmente en
el Comando Nacional de la Unión Patriótica, hasta
cuando la primera Convención Nacional de la UP
elija en firme su Comando Nacional. En la UP caben
liberales, conservadores, socialistas y gentes sin parti-
do, obreros, campesinos, intelectuales, artistas, estu-
diantes y, en general, toda la gente colombiana que
quiera cambios en la vida del país.

Adelante hombres y mujeres de Colombia, el porve-


nir es de la Unión Patriótica, el nuevo movimiento po-
lítico de las grandes masas del país nacional.

Un saludo de la naciente Unión Patriótica a la tradicional marcha obrera y popular del


Día Internacional del Trabajo. 1º de mayo de 1984,
Parque Panamericano o de las Banderas (Cali).

28
3.3. Los comisionados de las FARC-EP
A lo largo de la geografía nacional las Farc-EP comisio-
naron a un grupo de guerrilleros y guerrilleras a realizar el
trabajo político, abierto y desarmado de creación de la
Unión Patriótica. Fue así como en el Valle del Cauca hi-
cieron presencia algunos de ellos, entre los que podemos
mencionar a Jairo González, quien sería el coordinador
departamental de la Unión Patriótica del Valle durante los
años 1985-1990; Marco Fidel Castro; Diego Benítez; Lucelly
Cáceres y Jaime Fonseca. La gran mayoría de ellos, ab-
surdamente, sería asesinada o desaparecida, luego de un
extenso proceso de amenazas de todo tipo, detenciones
arbitrarias, intento de asesinato, tortura, desaparición for-
zada y homicidio, violaciones cometidas por miembros de
seguridad del Estado, por militares y paramilitares, que de
manera agazapada no le permitieron concluir con su la-
bor. Estos hombres y mujeres llegaron poco a poco al Valle
del Cauca, confiando en que se iniciaba una época de
cambios en las estructuras sociales, económicas y políticas
de nuestro país, pactadas con la intermediación del Go-
bierno Nacional, y con la esperanza de construir un futuro
civilizado de participación. Por su trabajo entregado y des-
interesado, aunado al de miles de vallecaucanos y de una
gran variedad de partidos políticos, nació un movimiento
político nuevo, diverso, rico y pluralista, que supo interpre-
tarlos y encontrar en sus bromas, risas, preocupaciones y
tristezas al ser humano que tomó la decisión de cambiar
las armas por la idea de una paz democrática para el pue-
blo colombiano.

Elías Isaza, quien fuese concejal de la Unión Patriótica en


el municipio de Jamundí y quien ocupara, posterior al ase-
sinato de Jairo González, la coordinación departamental
de la UP, ha hecho de él la siguiente semblanza:

“Recorrimos con Jairo prácticamente todo el Valle y


todo el Cauca, organizando, hablando, comunican-
do, discutiendo el mensaje programático de la UP.

29
Unos días sin dificultades
y otros con muchas difi-
cultades, pero en medio
de ese afán, con el en-
tusiasmo de ese proyec-
to que permitía avanzar
en la solución de los pro-
blemas del pueblo co-
lombiano; para nosotros
no eran obstáculos esas
pequeñas o grandes difi-
cultades. Esa capacidad
de trabajo de Jairo, ese
compañerismo, esa ca-
maradería hacía toda
esa lucha amable, con
compromiso, llena de
entusiasmo ... Fueron tres
o cuatro años de herma-
Jairo González - Coordinador departamental de la UP
nos. Solidario, fraterno,
del Valle (asesinado en 1990). risueño, descomplicado,
atendía a cada uno de
los compañeros que ve-
nían de los diferentes municipios, tratando de solu-
cionar sus inquietudes de la mejor manera. Toda esa
gama de cualidades como persona y nuestra unión
ideológica hicieron posible adelantar ese trabajo con
el entusiasmo desenfrenado que lo caracterizaba ...
Su compromiso en la lucha por los demás y su entrega
me permitieron sentirlo cerca ... Su desaparición gol-
peó como un martillo los sentimientos más profundos,
al compañero, al amigo ... Todos esos recuerdos ha-
cen posible que continuemos en esta lucha que Jairo
tanto afanó. Ese tenía que ser nuestro compromiso”.

Fabiola Montaño, compañera de Marco Fidel Castro, pos-


terior a su desaparición forzada ocurrida el 18 de noviem-
bre de 1985, nos ha hecho llegar el siguiente escrito en su
memoria:

30
“Querido Marco, compartí contigo y con Pablo (Pa-
blín como tú le decías) el sueño de lograr una patria
más justa, pero muy temprano cortaron no solo tus
sueños y los de mi entrañable amigo Pablo, sino tam-
bién el derecho de ustedes a vivir y pensar diferente.
Admiré no solo tu disciplina y tesón sino también tu ni-
vel de conciencia para asumir la responsabilidad de
liderar el trabajo de la Unión Patriótica en el Valle y
en el Cauca. Ver ondear las banderas de la UP te lle-
naba de inmensa felicidad y esperanza, tanto si ello
ocurría en pequeños encuentros como en grandes
plazas públicas. Doy gracias por haber hecho parte
de tu vida, por los momentos que viví y compartí con-
tigo y en especial por la ternura recibida. Te arranca-
ron violentamente de mi vida y duele reconocer que
toda acción para recuperarte fue en vano. Al leer el
libro ‘Gracias por el fuego’, de Mario Benedetti, en-
contré en un fragmento de su poema, el reflejo de mi
desesperanza:

Marco: Me dejaste también la


soledad insondable y la
zozobra ante tu ausencia
inesperada.
Son las emboscadas del
destino, a las que jamás
se acostumbrará el corazón”

3.4. Nacimiento de la Unión Patriótica en el


Valle del Cauca
Son el Partido Comunista Colombiano y la Juventud Comu-
nista, regional Valle, los impulsores de la propuesta política
de la Unión Patriótica en todo el departamento. Dentro del
programa de lucha por la apertura democrática, lanzado
en mayo de 1984, se plantea:

31
“La decisión del Partido
Comunista de luchar por
la Apertura Democráti-
ca como alternativa a la
violencia reaccionaria, la
“democracia restringida”
y el Estado de sitio per-
manente, tomado des-
de finales del año 1980,
ha sido comprobada en
su justeza por la realidad
misma. Hoy estas aspi-
raciones tienen un más
profundo contenido polí-
tico y programático, des-
pués de haberse suscrito
el acuerdo de La Uribe y
Marco Fidel Castro - Comisionado de las Farc-EP
para el Valle del Cauca (desaparecido en 1985). continuar las negociacio-

nes con agrupaciones


guerrilleras como el M-19
y el EPL. Los temas de la
tregua, la reforma polí-
tica y la urgencia de un
gran cambio democráti-
co se han convertido en
el tema central diario de
discusión y de actividad
de las más diversas ca-
pas sociales y movimien-
tos políticos ... La Apertura
Democrática tiene que
ver sustancialmente con
grandes reformas como
la agraria y laboral; con
la conquista plena de
los derechos democrá-
Lucelly Cáceres - Comisionada de las Farc-EP (falleció
ticos de las masas y las en extraño accidente).

32
libertades de sus organizaciones políticas y sociales;
con las aspiraciones de vivienda, educación, salud y
recreación, de las grandes mayorías populares; con
el rescate de nuestras riquezas que están en manos
de los monopolios internacionales. Por eso todos los
colombianos tenemos que participar en esta gran
lucha que definirá el porvenir del país ... La jornada
que se ha convocado para el 28 de mayo, día en que
se inicia la tregua pactada entre la Comisión de Paz
y las Farc, tiene una trascendencia social y política
sin precedentes. A ella se están vinculando en todo
el departamento del Valle organizaciones sindicales,
barriales, comunales, veredales, grupos políticos de-
mocráticos, núcleos femeninos y estudiantiles, toda la
opinión progresista ... En todo el Valle la Jornada con-
sistirá principalmente en actos como la izada del pa-
bellón nacional, el sonar de pitos, sirenas y campanas
a las 12 del día y una gran marcha popular con ban-
deras, consignas, pancartas y distintivos a las 6 de la
tarde ... Los comunistas estamos en la primera línea de
esta Jornada, dispuestos a trabajar con todos los sec-
tores populares por hacer de ella una gran demostra-
ción democrática del pueblo vallecaucano” (Toma-
do del quincenario Voz en el Valle, segunda quincena
de mayo de 1984, edición Nº 7, p. 1).

Pabellón nacional, banderas, pancartas y saludos públicos al nacimiento de la


Unión Patriótica se realizaron por todo el departamento (28 de mayo de 1984).

33
Fue así como su dirección regional, de la que formaban
parte Germán Cobo Lozada (concejal por el Frente Demo-
crático), Jaime Rico (presidente de la Federación de Tra-
bajadores del Valle, Fedetav), Luis Hernán Sabogal, Marco
Aurelio Ramírez (dirigente de Sintraemcali), María Eudoxia
Arango, Pablo Caicedo (profesor de la Usaca), Julio Mo-
reno, Hernán Molina (dirigente del magisterio), Félix Co-
rredor, Aura María Jaramillo (de la Unión de Mujeres De-
mócratas), Álvaro Rendón (dirigente de Fenaltrase), Jaime
Cedano (Secretario Político de la Juco del Valle), Orlando
Arcila (dirigente comunitario de Sevilla), Alberto Chavarro
Díaz (dirigente cívico en el puerto de Buenaventura), Jairo
Quintero (líder de Sintraicañazucol en el centro del Valle)
y Hernán Dionisio Calderón (presidente de Sintramunicipio
en Yumbo), así como su militancia, asumieron con determi-
nación la creación de la Unión Patriótica como una tarea
de primer orden. Hasta la sede política del Partido Comu-
nista Colombiano en Cali fue compartida inicialmente, por
algunos meses, con la Unión Patriótica y en ella se recibió
fraternalmente a una gran variedad de políticos, periodis-
tas, sindicalistas, músicos (incluso Carlos Vives) y ciudada-
nos corrientes interesados en conocer e informarse sobre el
nuevo movimiento político.

Se genera entonces, a partir del año 1984, un sinnúmero


de actividades políticas en la mayor parte de los munici-
pios vallecaucanos, especialmente en Cali, Palmira, Yumbo,
Jamundí, Buga, Tuluá, Sevilla, Pradera, El Cerrito, Florida, La
Cumbre, Guacarí, Buenaventura, Cartago y Caicedonia;
actividades que fueron en primer lugar de carácter informa-
tivo, hasta convertirse luego, a todo lo largo y ancho del de-
partamento, en una avalancha de conformación de Juntas
Patrióticas (como se les denominó en el Valle del Cauca).

De igual manera se dio comienzo, desde mayo de 1984, al


“Informativo de la Unión Patriótica”, programa radial trans-
mitido los sábados de 10 a 10 y 30 de la mañana por la
emisora Radio Súper de la ciudad de Cali, cuyos respon-
sables –el profesor universitario Julio Moreno y la periodis-

34
ta Judith Henríquez, miembros de la Unión Patriótica y del
Partido Comunista Colombiano del Valle– lograron mante-
ner durante tres años, con mucha paciencia, trabajo, de-
dicación y sacrificio, esta valiosa herramienta informativa y
propagandística, diferente en la región y que supo cumplir
con la labor encomendada: recoger las voces calladas y
desconocidas del pueblo vallecaucano, como fueron las
de los maestros, estudiantes, activistas comunitarios de ba-
rrios y veredas, trabajadores, defensores de los derechos
humanos y, por supuesto, militantes y dirigentes de la UP,
logrando que fueran escuchadas dentro de un perímetro
bastante significativo en los el Valle y Cauca. Hubo desta-
cados colaboradores y padrinos, entre los cuales podemos
mencionar al comunicador Carlos Duván Villegas, al lado
de Judith Henríquez, quienes animaron con sus voces la lo-
cución del programa; al concejal Germán Cobo Lozada
continuo observador y crítico, y, por supuesto, a muchos
hombres y mujeres que concedieron entrevistas e hicieron
comentarios y denuncias. La periodista Judith Henríquez
recuerda:

“Hubo una dinámica muy especial y enriquecedo-


ra con la gente que sentía como suyo un programa
radial que no le coartaba sus expresiones y emocio-
nes. Se dialogaba alrededor de las necesidades más
sentidas de la comunidad y se realizaban propuestas
de carácter social para superar los problemas. Salían
contentos y nosotros quedábamos muy satisfechos ...
Julio Moreno era el polo a tierra del equipo de traba-
jo que, en medio de las carreras y embarradas que
a veces se cometen, mostraba una organización y
aplomo únicos; aprendí mucho de él ... No olvidaré la
última emisión. Fue con ocasión del homicidio de ese
gran hombre, nuestro candidato presidencial Jaime
Pardo Leal, en octubre de 1987; la confusión, el dolor
y la rabia nos embargaban, la voz se nos quebraba y
casi no logramos despedir el programa”.

Se originó en ese momento una serie de circunstancias y

35
actividades de carácter político que podemos denominar
como “fechas fundacionales”. Entre ellas podemos men-
cionar las siguientes:

• 15 de mayo de 1985. Primera presentación de la


Unión Patriótica en el auditorio Nº 5 de la Universidad
del Valle, con una asistencia aproximada de 700 per-
sonas y con la presencia del rector, directivos, profe-
sorado, trabajadores y estudiantes.

“Convertida en foro, las inquietudes y preguntas


de los presentes fueron contestadas ampliamente
por el comandante de las Farc, Jairo González, en
ese inolvidable calor de medio día. Todos sudá-
bamos, pero nadie se movía, lo escuchábamos
con mucha atención, pues estábamos viviendo
un hecho histórico que no se repetiría ... Al finalizar
lo seguimos a pasos rápidos por el corredor que
daba acceso al parqueadero más cercano, entre
la gente que se amontonaba. Lo mirábamos y no
dejaba de causarnos curiosidad y sorpresa ver a
ese hombre de las Farc en la universidad, de baja
estatura y poblados bigotes, común y corriente,
sin armas y con blue jeans, despedirse de todos
nosotros con una amplia sonrisa, la que a partir
de ese momento veríamos constantemente en to-
das las actividades de la UP” (Palabras de un es-
tudiante de Univalle de esa época, hoy docente
universitario).

• 31 de mayo de 1985. Lanzamiento público del mo-


vimiento Unión Patriótica en el recinto del Concejo
Municipal de Cali.

“Insuficiente resultó el salón principal del Concejo


Municipal de Cali para albergar la gran cantidad
de asistentes al acto de lanzamiento de la Unión
Patriótica en el Valle. Entusiasmo, amplitud, unidad
y madurez fue la característica de este gran even-

36
to político, que justamente conmemoró un año de
los acuerdos de La Uribe. Los comandantes de las
Farc-EP Braulio Herrera y Jairo González hicieron
un profundo análisis del significado histórico de la
lucha armada en Colombia, en especial de las
Farc, de su firme y consecuente decisión de res-
petar los acuerdos y hacer realidad el contenido
programático de la Plataforma de la UP ... Los re-
presentantes del Partido Comunista Colombiano,
del Partido Socialista Revolucionario, de la Ana-
po, del Nuevo Liberalismo, del Liberalismo Oficia-
lista, del Movimiento Revolucionario Popular, de la
militancia del MRL y de múltiples organizaciones
gremiales y culturales ratificaron con su presencia
la amplitud de la Unión Patriótica y destacaron
como este movimiento tiene fuerte arraigo en el
pueblo colombiano ... Delegaciones de las princi-
pales ciudades del departamento mostraron, de
otro lado, la resonancia de la Unión Patriótica en
el Valle ...” (Tomado del quincenario Voz en el Va-
lle, junio de 1985, edición Nº 29, p. 1).

• A partir de la actividad de lanzamiento público de la


Unión Patriótica en Cali, se llevaron a cabo eventos
igualmente significativos, que rebasaban las expec-
tativas y el número de participantes en los munici-
pios. En Sevilla, Cartago, Jamundí, Palmira, Pradera,
Buenaventura, entre otros, estos actos debieron reali-
zarse en escenarios abiertos de gran capacidad. Fue
así como se utilizaron las plazas centrales y los coli-
seos.

• 26 y 27 de octubre de 1985. Convención Departamen-


tal de la Unión Patriótica. 215 delegados, escogidos
del seno de veredas, barrios, sindicatos, organizacio-
nes culturales, partidos políticos, entre otras organi-
zaciones, representaron a esa inmensa mayoría de
vallecaucanos interesada en la propuesta política

37
Lanzamiento público de la UP en la plaza central de Sevilla (Valle) - 1985.

Lanzamiento público del movimiento político Unión Patriótica


en Pradera (Valle) - 1985.

de la UP, bajo el lema “Por la apertura democrática


y por las reformas sociales y políticas”. En esa ocasión
los delegados, en gran parte de origen campesino,
trabajaron en cuatro comisiones (política, agraria,
cívico-barrial y cultural) y expusieron sus necesidades

38
más sentidas, que iban
desde la dotación de
puestos de salud, escue-
las, vías de penetración
y servicios básicos, hasta
el desarrollo de políticas
de participación electo-
ral y rechazo a los grupos
paramilitares encabe-
zados por el MAS a nivel
nacional. Al finalizar la
convención fue instala-
do el comando depar-
tamental de la Unión Pa-
triótica, compuesto por El líder del MRL, Alfonso Caicedo Herrera,
ocupó la Presidencia de la UP del Valle
más de sesenta Juntas durante la primera convención departa-
Patrióticas de todo el Va- mental en octubre de 1985.

lle. La dirección depar-


tamental quedó integrada por Alfonso Caicedo He-
rrera (presidente, destacado dirigente y quien había
sido concejal del Movimiento Revolucionario Liberal,
MRL), Jairo González (coordinador departamental),
el médico Alfonso López Vélez, Germán Cobo Loza-
da (concejal del Frente Democrático y dirigente del
Partido Comunista Colombiano), Juan Agustín Lagos
Pantoja (líder del Movimiento Revolucionario Popu-
lar), Jaime Rico (Presidente de la Federación de Tra-
bajadores del Valle, Fedetav), Alirio Téllez (dirigente
del Partido Socialista Revolucionario), el pintor Pedro
Alcántara Herrán, Héctor Alonso Moreno Parra (coor-
dinador municipal de la UP en Cali) y por una serie
de líderes destacados en sus regiones como Elías Isa-
za (Jamundí), Henry Cuenca (Yumbo), Orlando Arci-
la (Sevilla) y Cristóbal Guerrero (La Cumbre). Meses
después solicitaría su vinculación a la Unión Patrióti-
ca el Movimiento de Integración José Prudencio Pa-
dilla, de las negritudes, con sus representantes Jaime
Porras y Myriam Amórtegui.

39
Es importante destacar que, en ese momento inicial, la mi-
litancia de la Unión Patriótica se caracterizaba por un gran
entusiasmo, alegría y deseos de desarrollar importantes ta-
reas con relación a las reformas políticas, sociales, econó-
micas, culturales y con optimismo se pensaba en alcanzar
la paz para el pueblo colombiano. Sí. Se pensaba en ella
no como un sueño sino como una realidad; tal vez por eso
sus símbolos característicos fueron la paloma blanca, los
claveles y los colores verde y amarillo (esperanza y ener-
gía), que aparecían en toda la publicidad y propaganda
que se diseñó (carteles, volantes, plegables, adhesivos,
pasacalles, camisetas, botones, viseras, banderas, carnés,
etc.) y, finalmente, aparecieron también en los muros de
ciudades y veredas o dibujados en las caras de la gen-
te que participaba en cada acto público. Se podría decir
que era una especie de “contagio” que crecía y se multi-
plicaba positivamente.

Luego de la convención departamental los preparativos


se dirigieron a la participación en el primer congreso de
la Unión Patriótica, que se realizó los días 14, 15 y 16 de no-
viembre de 1985 en la ciudad de Bogotá. Este primer con-
greso aprobó su programa político que indicaba:

“No pretendemos construir un partido político de las


Farc, trabajamos con el objeto de construir un frente
político y social de millones de colombianos compro-
metidos con los cambios democráticos que el país
está reclamando. En la Unión Patriótica caben las
fuerzas políticas de izquierda, los liberales y conser-
vadores demócratas, los cristianos, los intelectuales,
artistas, deportistas, las distintas formas de organiza-
ción popular como sindicatos, cooperativas, juntas
comunales, usuarios campesinos, etc., y millones de
colombianos independientes que están cansados de
tanta politiquería tradicional y esperan cambios de-
mocráticos que hagan posible su participación polí-
tica. Este es un proyecto político, que se caracteriza
por su amplitud, contrario a toda concepción secta-

40
ria, excluyente o hegemónica. Todos sus integrantes
están en igualdad de condiciones y en el deber de
aportar toda su inteligencia y energías para consoli-
darlo” (Tomado de libro de conclusiones generales
del Primer Congreso Nacional de la Unión Patriótica,

Campesinos de alejadas veredas de todo el Valle del Cauca estuvieron presentes en la pri-
mera convención departamental de la UP y durante su primer congreso - 1985.

p. 15, 1985).

La propuesta programática del Primer Congreso de la


Unión Patriótica, en síntesis, enfatizaba sobre los siguientes
temas:

a. Eliminación del monopolio bipartidista. Supresión


del parágrafo del artículo 120 de la Constitución
que “ha impedido en la práctica la presencia de
una oposición legal y con garantías”. Implemen-
tación del sistema de cuociente electoral para
beneficiar la representación de las minorías polí-
ticas y reforma a la organización electoral para
sustraerla de la tradicional influencia y manipula-

41
ción liberal-conservadora.

b. Levantamiento del Estado de sitio. Rechazo a


la violación de los derechos humanos, torturas
y desapariciones por parte de la fuerza pública
(Ejército y organismos de seguridad estatal) y de
los grupos paramilitares. Reforma de la Policía y
subordinación de la fuerza pública al poder civil.

c. Exclusión de los requisitos que “exigen parciali-


dad política” para la integración de la Rama Ju-
dicial y las altas cortes.

d. Soberanía popular: plebiscito, referendo e inicia-


tiva popular legislativa.

e. Elección popular de alcaldes, gobernadores,


procurador y contralor.

f. Convocatoria de una Asamblea Popular


Constituyente.

g. Reactivación de la economía, alza de salarios,


congelación del costo de la canasta familiar,
planes de empleo, protección de la producción
nacional, derogatoria del IVA, aumento de im-
puestos a los terratenientes y los monopolios (prin-
cipales usurpadores de las riquezas nacionales).

h. Nacionalización de los recursos naturales, de la


banca y los monopolios.

i. Declaratoria de la deuda externa como social-


mente impagable.

j. Reforma agraria y reforma urbana.

Con estos planteamientos la Unión Patriótica supo reco-


ger la creciente inconformidad del pueblo colombiano

42
respecto a la demagogia de los partidos tradicionales y
convertirse en un espacio pluralista, del que pudieron ha-
cer parte integrantes demócratas de esos mismos partidos
y sectores sociales, sin renunciar a su afiliación partidista,
sus convicciones ideológicas y religiosas. Este propósito se
pudo concretar parcialmente en las coaliciones con sec-
tores liberales y con sectores conservadores, que se realiza-
ron en diferentes regiones del país, por ejemplo en el Valle
del Cauca:

• Alianza para el Senado con Germán Romero Terreros


de la Federación Democrática Liberal y con Cecilia
Muñoz Ricaurte de la Anapo. (Ver quincenario Voz
en el Valle, febrero de 1986, edición Nº 43, p. 1).

• Creación del Frente Común y Cívico por Sevilla con


miras a la elección popular de alcaldes, donde par-
ticipaban la Unión Patriótica, el Nuevo Liberalismo, el
lloredismo –conservador– y el Movimiento Popular Li-
beral. (Ver nota del semanario Voz, 17 de septiembre
de 1986, Nº 1.454, p. 8).

• En Guacarí, bajo el nombre de “Guacarí por el Movi-


miento Cívico y Democrático” y en apoyo a la candi-
datura del músico Luis Carlos Ochoa, se dio una coa-
lición entre la Unión Patriótica, el Nuevo Liberalismo y
el balcarcismo –liberal–. (Tomado del semanario Voz,
10 de marzo de 1988, edición Nº 1.477, p. 6).

• En Jamundí la Unión Patriótica entró en convergen-


cia popular con el Partido Liberal y con otros sectores
comunitarios, en apoyo del nombre de Luis Enrique
Micolta Vargas para la alcaldía. (Ver información del
quincenario El Rotativo Diferente, 11 al 25 de marzo
de 1988, edición Nº 99, p. 6).

• Bajo la bandera del desarrollo urbano y rural de El


Cerrito, se hizo convergencia para la alcaldía con el
sector liberal de Londoño Capurro. (Semanario Voz,

43
15 de febrero de 1990, edición Nº 1.576, p. 11).

• En la ciudad de Cali, como impulso a la candidatu-


ra presidencial de Bernardo Jaramillo Ossa, se hizo
alianza con el movimiento cívico que dirigía el con-
servador Humberto Pava Camelo (información del
semanario Voz, 15 de febrero de 1990, edición Nº
1.576, p. 20).

• En respaldo al liberal Mauricio Guzmán Cuevas para


la alcaldía de Cali, la Unión Patriótica realizó una
coalición, cuyo compromiso concretó la creación
de un programa de gobierno denominado de desa-
rrollo, seguridad y paz (Desepaz), dependencia que
se mantiene hasta el día de hoy en la alcaldía de la
capital del Valle, desarrollando programas educati-
vos, juveniles y populares barriales en relación con los
derechos humanos y la paz. (Ver semanario Voz, 15
de septiembre de 1994, edición Nº 1.806, p. 7).

3.5. Cómo trabajaba el movimiento


Unión Patriótica y cómo se convierte en la
tercera fuerza política del país durante las
campañas electorales de los años 1986 y 1988
En Cali, resultó inolvidable la “Jornada Cultural por la Vida
y la Paz” (en febrero de 1986) convocada por un grupo de
artistas en plena campaña electoral. Encabezados por el
maestro Pedro Alcántara Herrán y con un lleno total en la
plazoleta San Francisco, de la Gobernación del Valle, se
presenció una multitud de vistosas pancartas que colga-
ban de las iglesias y edificios circundantes, camisetas blan-
cas y el placentero regocijo de llenar de folclor, música y
pintura el piso mismo de la plazoleta. Días, meses después,
la gente aún pasaba por la plaza y encontraba esos men-
sajes y palomas pintados en el suelo, convirtiéndose en el
mejor saludo a la esperanza y en una segura promesa de

44
“Jornada Cultural por la Vida y por la Paz” – plazoleta de San Francisco, Cali (1986).

renovación y conciliación nunca antes efectuada por par-


tido alguno, como lo hizo la Unión Patriótica. Pedro Alcán-
tara Herrán se convertiría así en el primer pintor senador
de la República, cuota significativa del trabajo de la UP
del Valle, en su lucha por la creación del Ministerio de la
Cultura y por hacer que en ella no solamente participaran
poetas, fotógrafos, cineastas, pintores, escultores, drama-
turgos, cuenteros, músicos o bailarines interesados en sus
propias reivindicaciones, sino el colombiano y el vallecau-
cano corriente alejado de la posibilidad de recrearse y
participar de esta gran diversidad de temas. Así mismo la
Unión Patriótica, en el nivel nacional, propuso la creación
del Ministerio de la Ciencia y la Tecnología, en considera-
ción a la siguiente política cultural y científica:

“La identidad cultural de una nación, expresada en


sus diversas manifestaciones: el arte, la ciencia, la

45
educación, la información, la recreación, la tecno-
logía y otras, es la base misma de su existencia. En
situaciones de crisis, el hecho cultural, las normas y
valores que orientan y regulan todas las esferas de
la actividad social se colocan en primer plano. Las
respuestas históricas que han permitido a los pue-
blos superar estas situaciones constituyen lo mejor
de su herencia cultural. La Unión Patriótica plantea
una nueva concepción de la cultura. Esta concep-
ción comprende que la cultura, ya sea científica o
artística, se define de cara a la nueva alternativa que
representa la Unión Patriótica para toda Colombia.
En este sentido la cultura juega un papel definitivo.
Se trata, entonces, de desarrollar nuevas representa-
ciones de mayor sensibilidad social y de formas más
elevadas de conciencia y organización. Esos con-
tenidos culturales plantean a través de la actividad
científica, artística, en sus múltiples facetas, un mejo-
ramiento de las condiciones materiales y espirituales
de la vida de los pueblos. Esto es lo que configura una
política cultural para una democracia avanzada.

La Unión Patriótica:

1. Luchará por la defensa de la cultura nacional y


latinoamericana expresada en la diversidad de sus
manifestaciones: el arte, la ciencia, la educación, la
información, la recreación, la tecnología y otras. Pro-
penderá también por la apropiación de lo mejor de
las tradiciones y de las culturas de otras épocas y de
otros pueblos.

2. Luchará contra la penetración imperialista, dirigi-


da esencialmente a imponer modelos deformantes
contra nuestra identidad cultural y desarrollo científi-
co y tecnológico.

3. Defenderá la plena libertad de expresión, creación


y proyección de todas las manifestaciones culturales,

46
artísticas y científicas.

4. Luchará por una verdadera injerencia de los tra-


bajadores de la cultura, artistas, periodistas, traba-
jadores de la ciencia y la tecnología en la elabora-
ción, desarrollo y control de las políticas culturales y
científicas del Estado.

5. Propenderá por la organización a corto plazo de


los artistas y los científicos en gremios, sindicatos y
asociaciones y su unidad programática en una Coor-
dinadora Nacional de Artistas y una Coordinadora
Nacional de Científicos y su relación con el conjunto
del movimiento popular.

6. Trabajará por la conformación del Ministerio de la


Cultura con presupuestos adecuados para fomentar
la creatividad artística, no solo a nivel de los artistas de
dedicación profesional, sino al interior de las grandes
masas de trabajadores y estudiantes. A ese objeto:

• Impulsará la creación de centros especializados de


enseñanza artística.

• Luchará por el fomento de la educación artística


en todos los centros docentes, poniendo especial én-
fasis en la formación de los niños y jóvenes.

• Impulsará el rescate, la defensa, difusión y desarro-


llo de las expresiones folclóricas y valores regionales.

• Propondrá programas que permitan la plena y di-


námica utilización del talento vivo.

• Impulsará la aprobación de leyes que garanticen


el bienestar social, cultural y material de los artistas y
trabajadores de la cultura.

• Trabajará por el desarrollo de la investigación y


teorización a través de las relaciones entre los artistas
47
y científicos.

7. Trabajará por la conformación del Ministerio de la


Ciencia y Tecnología para fomentar la creatividad
científica y tecnológica como recurso y palanca del
progreso y desarrollo social y propulsar la conciencia
científica de las grandes masas populares.

8. Estimulará el diálogo abierto y permanente de


nuestras expresiones culturales con las culturas de
otros pueblos a través del amplio intercambio cultu-
ral, artístico y científico.

9. Trabajará por la apropiación y adecuación de expre-


siones culturales, artísticas y de recreación, a lo largo y
ancho del país (teatros, monumentos, murales, audito-
rios, campos de deporte, casas de cultura, etc.)

10. Trabajará a nivel nacional por la materialización


del nuevo orden internacional de información, aco-

A la izquierda el senador Pedro Alcántara Herrán, en compañía de Bernardo Jaramillo Ossa,


(asesinado el 22 de marzo de 1990) y de un profesional admirador de ambos políticos.

48
gido por los pueblos del mundo”.

En ese sentido la Unión Patriótica propuso, en el año de


1986, a las diferentes Juntas Patrióticas las siguientes orien-
taciones de trabajo inmediato para que se desarrollaran,
según las circunstancias y necesidades de cada región,
actividades, tareas y programas en defensa de la cultura
artística y la ciencia:

a. Realizar a corto plazo un encuentro nacional de


artistas y científicos para la defensa de la paz y la
democracia.

b. Realización a corto plazo de un encuentro nacional


sobre políticas culturales de la Unión Patriótica con mi-
ras a que se conforme una Coordinadora Nacional de
Artistas y una Coordinadora Nacional de Científicos.

c. Seguir desarrollando las “Jornadas Culturales por


la Vida y la Paz”, convocando a todos los artistas a
entregar de forma unitaria su quehacer artístico a
los campesinos, habitantes de los barrios populares,
obreros, estudiantes y trabajadores en general.

d. Desarrollar las instancias organizativas existentes


(Coordinadora Nacional de Artistas de la Unión Pa-
triótica, juntas regionales de trabajadores por la
cultura) sobre la base de desplegar su más amplia
actitud creativa, a fin de impulsar hechos artísticos
científicos en vinculación con el pueblo colombia-
no.

e. Realizar a corto plazo un seminario sobre el arte, la


ciencia, la información y la defensa de la paz y la
democracia, convocando a todos los trabajadores
de la cultura vinculados a la Unión Patriótica para el
desarrollo y análisis concreto de este frente.

f. Realizar posteriormente un foro nacional amplio so-

49
bre las políticas culturales del Estado y fijar pautas
para la participación real de los trabajadores de la
cultura, hacia la creación de un Consejo Nacional
de la Cultura y posterior creación de los Ministerios
de Cultura y de Ciencia y Tecnología”.

Parte de estas importantes propuestas, como la creación


del Ministerio de la Cultura, fue recogida por el Estado y el
Congreso colombianos en el año de 1994.

De otra parte, en el municipio de Caicedonia la Unión


Patriótica lanzó, para la primera elección popular de al-
caldes del año 1988, la candidatura a la alcaldía de este
municipio del sacerdote Federico Arroyave Idárraga, en
compañía de varias organizaciones cristianas, campe-
sinas, demócratas y progresistas, cansadas del dominio
del gamonal Nacianceno Orozco. La alcaldía se perdió
en el proceso electoral, por algo más de 200 votos, debi-
do al fraude (suplantación en las huellas dactilares en el
momento de la inscripción) y a la compra descarada de
votos. En entrevista con Adlay Rosales, director del periódi-
co El Rotativo Diferente de Jamundí, el sacerdote Arroyave
indicaría:

“Yo digo que la unión de cristianos, comunistas, libe-


rales, si no es la salvación total, es una de las respues-
tas a la problemática del país y a todas las fuerzas
que han estado al margen del proceso de decisio-
nes. Todas las fuerzas populares, llámense como se
llamen, unidas, tienen que comenzar a ser actores
determinantes en el proceso de decisiones del país
que ha tenido una cierta clase dirigente, que esas
decisiones nos lleven a donde nos lleva la realidad, es
evidente, no tiene discusión. Por eso estamos como
estamos, ¿por qué?, ¿quiénes la han antecedido?,
¿los que no hemos tenido poder decisorio? ¡NO!, los
que han tenido el poder decisorio, entonces el país
está como está, ¿qué hace falta? Hace falta que nos
incorporemos las grandes masas que hemos estado

50
al margen del proceso de decisiones, ahora. Esas
masas coordinadas por sus movimientos sectoriales
organizados, tenemos que ser los nuevos actores del
proceso político para sacar al país del atraso en que
está, o si no caemos en la guerra a la que nos quieren
llevar, entonces esto sería la destrucción y el caos to-
tal” (El Rotativo Diferente, del 25 de noviembre al 9 de
diciembre de 1988, edición Nº 108, pp. 1 y 8).

En Guacarí la actividad política de elección popular de


alcaldes se centró en Luis Carlos Ochoa, integrante de la
orquesta de salsa “La Gran Banda Caleña”, quien había
trabajado durante 21 años en el magisterio, presidente
del Sindicato de Músicos, directivo de Umavalca y quien
sin apoyo político había creado el “Grupo de Amigos de
Guacarí”, la Casa de la Cultura y “Vida” una institución
dedicada a personas de la tercera edad. Su honestidad
y cualidades comunitarias fueron suficientes para que la
Unión Patriótica trabajara en coalición con el Nuevo Libe-
ralismo, el balcarcismo (Partido Liberal) y abstencionistas
independientes, bajo un programa político de cinco pun-
tos básicos:

1. Control estricto para lograr rebajar los altísimos cos-


tos de los servicios públicos.
2. Creación de un centro recreativo y cultural, con ser-
vicio de cine.
3. Planes nutricionales y de capacitación para una
adecuada salud, especialmente la de los jóvenes.
Creación de restaurante escolar.
4. Planes de vivienda por autoconstrucción, gestionando
terrenos, rescatando el galpón de ladrillos y tejas perte-
necientes al municipio, en manos de partic ulares.
5. Control a los precios de alimentos de primera necesi-
dad y participación ciudadana en la administración
municipal.
(Ver semanario Voz, edición Nº 1.477, 10 de marzo de

51
1988, p. 6).

Resultaba interesante encontrar a personas tan diversas


–un pintor, un sacerdote y un músico– participando polí-
ticamente, por primera vez, en espacios tan diferentes a
los suyos, pero al mismo tiempo asumiendo con decisión,
alegría y entusiasmo su carácter de ciudadanos colombia-
nos, interesados en construir con el pueblo vallecaucano
los tan anhelados cambios sociales y hacer realidad la de-
mocracia y la paz. Igualmente, participaron periodistas,
deportistas, médicos y numerosos jóvenes profesionales.

Tal como sucedió en el territorio nacional, la campaña elec-


toral de 1986 en el departamento del Valle del Cauca im-
pregnó de colores amarillo y verde las calles en ciudades
y los senderos en los campos, destacándose sobre los tradi-
cionales rojo y azul. Sin duda alguna esta vistosa campaña
causó admiración y envidia. Las existencias de camisetas,
viseras y carteles con las fotos y nombres de los candidatos
no daban abasto, la gente los portaba y mostraba con ale-
gría y satisfacción. Las iniciativas fueron múltiples, la Juven-
tud y el Partido Comunista Colombiano, en compañía de los
partidos y movimientos aliados de la UP, efectuaron, como
cierre de campaña, una caravana automotor por las princi-
pales vías de Cali, donde banderas rojas y amarillas fueron
desplegadas, mientras una gran “chiva” multicolor (trans-
porte tradicional
de la región) cerra-
ba el desfile, con
los acordes de la
banda juvenil de la
Juco.

Nacía en el depar-
tamento, también
para esta época,
la “Unión de Juven-
tudes Pa-trióticas”,
Con la vistosidad de los colores amarillo y verde, la UP
avanzaba alegremente. como resultado

52
de la gran simpatía
que la Unión Patrió-
tica despertó entre
la juventud desde
su surgimiento. Con
numerosos jóvenes
vallecaucanos que,
además de votar por
primera vez, deci-
dieron participar no
solo electoralmente,
sino iniciar una vida
política al lado de la
UP; en esta iniciativa
intervinieron también
los hijos y familiares de
reconocidos dirigen-
tes upecistas de la re-
gión. El día 14 de no-
viembre de 1986, en Una gran variedad de iniciativas publicitarias se crea-
el auditorio del Centro ron dando a conocer los nombres de los candidatos de
la Unión Patriótica.
Administrativo Munici-
pal (CAM) de la ciudad de Cali, se realizó el acto público de
lanzamiento de la Unión de Juventudes Patrióticas del Valle
del Cauca, actividad que se convirtió en toda una fiesta en-
galanada por coplas, canciones, poemas y teatro. Allí los
jóvenes vallecaucanos coordinaron posteriores reuniones
de conformación, difusión y financiación de juntas de UJP
en las ciudades de Cali, Palmira, Buenaventura, Sevilla y Flo-
rida, durante los meses de noviembre y diciembre de 1986.
Tales acciones concluyeron en una nutrida participación en
el Primer Congreso de la Unión de Juventudes Patrióticas,
en Bogotá, los días 13, 14 y 15 de marzo de 1987. La Unión de
Juventudes Patrióticas se constituyó “en una organización
abierta a todos los jóvenes colombianos: estudiantes, artis-
tas, campesinos, obreros, deportistas, cristianos, activistas
barriales, ecologistas, etc., para desarrollar su política juve-
nil con formas organizativas y métodos de acción acordes
con sus inquietudes, costumbres y actividades específicas”
(Tomado del texto constitutivo de la Unión de Juventudes
53
La Unión de Juventudes Patrióticas nacía como respuesta a la simpatía que la UP despertaba
entre los jóvenes vallecaucanos - 1987.

Patrióticas, primer congreso, 1987).

En las veredas y corregimientos, las grandes marchas de diri-


gentes agrarios, militantes de base y simpatizantes hacia las
cabeceras y puestos de votación, para ejercer su derecho
a votar en 1986, pero
por la UP, superaron
la apatía y el absten-
cionismo de los años
anteriores. Es impor-
tante destacar la ac-
tividad que en ese
sentido se realizó en
Cartago, Sevilla, Tu-
luá, en gran parte de
municipios del norte
del Valle (a pesar de
ser la cuna de los tra-
dicionales “pájaros”,
quienes posterior- Los sectores populares y agrarios ejercían con
mente se converti- entusiasmo su derecho a votar por la Unión Patriótica.

54
rían en paramilitares) y, también, en Jamundí, Pradera, Flori-
da, Palmira, Buga, Candelaria, Restrepo, La Cumbre, Dagua
y Buenaventura. Y así mismo, cómo debieron franquear los
inconvenientes de retenes militares, de las detenciones arbi-
trarias y de las presiones de los gamonales y terratenientes
de turno, ante un sufragio por una fuerza diferente a la tra-
dicional.

En todo el país es meritorio el método de trabajo de la Unión


Patriótica en lo relacionado con la conformación de sus
instancias de decisión, las cuales se originaban a través del
voto directo de los militantes en las veredas y barrios. La for-
ma institucional y democrática con que se designaban los
candidatos a cargos de elección popular y la aceptación
por parte de la bancada parlamentaria de las directrices
que dictaba la coordinadora nacional del movimiento, no
solo eran admirables sino fortalecían ese concepto de “la
forma correcta y nueva de hacer política”. Con la Unión
Patriótica quedó muy claro que la representación popular
de los parlamentarios estaba garantizada por el trabajo
colectivo del partido; estos hombres y mujeres llevaban
una conducta política ejemplar, actuaban sin particulares
y mezquinos intereses, a favor de la comunidad y sus nece-
sidades. Esta situación, por supuesto, se repetía en cada
departamento y municipio y, lo más importante, marcaba
grandes diferencias con la forma de trabajo clientelista y
burócrata de los partidos tradicionales.

También se debe resaltar la conquista de una amplia mi-


litancia, lograda en la intensa actividad de organización
en los sectores populares, la participación en movilizacio-
nes campesinas, la participación en acciones abiertas en
plaza pública y la defensa y el apoyo de reivindicaciones
sociales, gremiales, culturales, incluso deportivas, que le
granjearon a la UP gran aceptación y una masiva afiliación
de los ciudadanos. Antes de obtener su personería jurídica,
el 20 de agosto de 1986, la Unión Patriótica alcanzaba el
número de 190.269 inscritos nacionalmente (Dato tomado
de la resolución Nº 37 del 20 de agosto de 1986, expedida

55
por el Consejo Na-
cional Electoral).

La UP en su primera
incursión electoral,
en 1986, consiguió
elegir 14 congresis-
tas, entre ellos dos
Gráfica 3. Votaciones en la elección presidencial de 1986 ex comandantes
guerrilleros (Braulio
Herrera e Iván Márquez), y 323 concejales. Sus resultados no
tenían antecedentes en las organizaciones de izquierda. El 9
de marzo de ese año el movimiento obtuvo 103.001 votos en
listas propias y 157.978 en listas de coalición para la elección
del Senado. El resultado también es favorable en Cámara
(137.134 votos), en asambleas departamentales (148.767) y
en concejos municipales (202.406). Pero el más importante
de todos los respaldos fue el obtenido por Jaime Pardo Leal
como candidato presidencial, el 25 de mayo de 1986, al lo-
grar 328.752 votos, cifra (hasta ese momento) nunca antes
alcanzada por un candidato de izquierda en Colombia. En
las elecciones de mitaca de 1988, en las que se estrena la
elección popular de alcaldes, la UP elige 18 burgomaestres,
256 concejales y 9 diputados. Así se constituyó la Unión Pa-
triótica en la tercera fuerza política del país (Datos tomados
del libro Colombia democracia incompleta. Introducción a
la oposición política, capítulo II, pp. 74-77).

Sin embargo, respecto al presidente liberal electo, Virgi-


lio Barco, que obtuvo 4.214.510 sufragios, la votación por
Jaime Pardo Leal era del 4,5%, lo que evidentemente no
representaba, lo mismo que los resultados en el resto de
corporaciones logradas nacionalmente, “un eminente pe-
ligro”, como pretendía hacerlo ver la extrema derecha. Lo
que sí le asustaba era sentir cómo esa semilla de paz y es-
peranza llamada UP, plantada por la guerrilla de las Farc,
empezaba a crecer, a arraigarse con fuerza y alegría en la
población (urbana y rural) y a desarrollar una manera dife-

56
rente de hacer política, dando lugar a un grupo de colom-
bianos y colombianas generosos, trabajadores, solidarios,
conscientes y atentos de los intereses de los más desprote-
gidos y excluidos de la sociedad. Este era su real dolor de
cabeza y, con la poca civilidad que los caracterizaba, fren-
te a líderes y dirigen-
tes que rápidamente
se destacaban con
hechos contundentes
y firme oratoria, no le
permitieron al pueblo
colombiano encon-
trar el lógico camino
de los cambios demo-
cráticos, sino lo forza-
ron a la vía amarga y
dolorosa del terror y la Parte de la numerosa Junta Patriótica de El Cerrito, en
muerte. plena campaña electoral - mayo 1986.

Durante las elecciones de 1986, en el departamento del


Valle del Cauca se logró la elección al Senado del pintor
Pedro Alcántara Herrán y la elección de los concejales
Germán Cobo Lozada con la suplencia de Marco Aure-
lio Ramírez (en Cali), Elías Isaza Pérez (en Jamundí), Jairo
Quintero y Tarquino Escobar (en Palmira), Orlando Arcila
(en Sevilla); como diputados para la Asamblea del Valle
fueron elegidos Cecilia Muñoz Ricaurte, dirigente de la
Anapo, con la suplencia de Juan Agustín Lagos Pantoja,
(coalición especial realizada por la UP para esta corpora-
ción). La Unión Patriótica demostró, a pesar de la intensa
ola de represión y muerte de que era objeto, tener adeptos
en los 42 municipios del departamento, superando así la
tradicional ausencia de votación por la izquierda en varias
zonas, especialmente las del norte del Valle. El incremento
fue significativo en Jamundí, Sevilla, Palmira, Florida, Buga,
Yumbo, Buenaventura y, desde luego, Cali, en donde se
pasó de 7.200 votos en el mes de marzo de 1986 a 9.600 en
mayo de 1986. La votación departamental era la mayor
obtenida por la izquierda hasta el momento. Se alcanzaron

57
21.410 sufragios, cifra muy por encima de la obtenida en las
elecciones presidenciales de 1982.

En la edición Nº 50 del quincenario Voz en el Valle, del mes


de junio de 1986, el comando municipal de la Unión Patrió-
tica plantearía de manera optimista las siguientes tareas:

“Ahora se hace más urgente desarrollar planes edu-


cativos de masas para llevar al pueblo conciencia
sobre el contenido de las reformas políticas, econó-
micas y sociales que llevará al parlamento la ban-
cada de la UP y para la inmediata formación de los
dirigentes cívicos y populares, que se conviertan en
verdaderos voceros del pueblo a nivel local, veredal
y vecinal, que faciliten la toma de posición del pue-
blo ante el Estado a nivel municipal ... Debemos orga-
nizar las Juntas Patrióticas haciendo que su dirección
a nivel municipal y departamental, refleje la amplia
cobertura social que expresa la votación ... Ahora
se requiere desarrollar en profundidad y amplitud la
UNIÓN, trabajar en forma creativa para incorporar
la mayor simpatía por nuestro movimiento político ...
Y una gran responsabilidad tiene la Unión Patriótica,
ser factor fundamental de convergencia para incor-
porar a toda la ciudadanía a la lucha por erradicar
la pavorosa ola de criminalidad y terrorismo que pa-
dece el departamento del Valle del Cauca”.

La campaña electoral de 1988 en el Valle del Cauca fue


fructífera a pesar de no haberse logrado el nombramiento
de ningún alcalde popular (pero sí de varios concejales),
pues organizó a los municipios, que de manera coordina-
da, pero independiente, debieron trabajar con miras a esa
primera elección popular de alcaldes. Esto generó un am-
plio semillero de nuevos líderes y dirigentes que retomaron
con entusiasmo, convicción y compromiso sus tareas de or-
ganización y dirección. Es importante destacar a Heriberto
Serna en Palmira; Walter Álvarez Ossa (desaparecido el 17
de agosto de 2006) en Buga; José María David (asesinado

58
por sicarios el 15 de enero de 1989), Gustavo Figueroa y
José Dilman Bonilla (desplazados forzosamente) en El Cerri-
to; Bárbara Rendón (víctima de amenazas y allanamiento
en 1995), Parmenio Ramiro Melo (intento de homicidio) y
Wilson Ulcué Valencia (asesinado el 12 diciembre de 1988)
en Florida; Carlos Montilla (asesinado por paramilitares) en
Jamundí; Joel Fuentes (desplazado forzoso), Luis Ernesto
García (asesinado por sicarios el 15 de agosto de 1990),
Plinio Vásquez, Jorge Restrepo (asesinado por paramilitares
el 21 de junio de 1994) y Ricaurte Suárez en Sevilla; Marcos
Gómez (intento de homicidio) y Heriberto Jaramillo (des-
aparecido en 1991) en Tuluá y Jesús García y Luz Marina
Soto en Restrepo. Así mismo, algunas ciudades abrieron sus
sedes de la Unión Patriótica, hecho que fomentaba el tra-
bajo y la disposición de la misma comunidad a participar
de reuniones político informativas y en actividades de tipo
cultural, deportivo, recreativo, etc. En ese sentido es im-
portante mencionar la sede de UP en el barrio Zamorano
(a las afueras de Palmira) que se constituyó en verdadero
ejemplo de ello; y las de Jamundí y Sevilla que orientadas
por los concejales Elías Isaza Pérez y Orlando Arcila, res-
pectivamente, desarrollaron un importante trabajo junto a
Provivienda (organización comunista por el derecho a la
vivienda de los destechados).

Los años 1986 y 1988 fueron para la Unión Patriótica de ex-


celentes resultados electorales y de una impresionante ac-
tividad política en todo el país. Contradictoriamente inició
un rápido descenso como organización partidista, debido
a los numerosos planes de exterminio (incluso de carácter
regional) que se orientaron contra ella, como por ejemplo
el Baile Rojo, el Plan Esmeralda, el Plan Golpe de Gracia
y el Plan Retorno; los ataques a los líderes aumentaban al
mismo ritmo que el respaldo popular, sin embargo los crí-
menes selectivos contra sus principales dirigentes y líderes
la fueron dejando acéfala. Fue así como en el lapso de
tres años cayeron asesinados dos de sus candidatos pre-
sidenciales: Jaime Pardo Leal (el 11 de octubre de 1987)
y Bernardo Jaramillo Ossa (el 22 de marzo de 1990), entre

59
otros cientos de compatriotas que sufrieron una persecu-
ción sistemática contra sus vidas. En 1990 el presidente de
la UP, Oscar José Dueñas Ruiz, afirmó que eran cerca de
1.100 los integrantes de la organización asesinados en la
más absoluta impunidad, pues los actos de barbarie con-
tra los militantes de la Unión Patriótica se multiplicaron en
el gobierno de Virgilio Barco y arrojaron, según cifras esta-
blecidas por la dirección upecista: además de los dos can-
didatos presidenciales mencionados, cinco congresistas y
diputados, 73 concejales, tres consejeros intendenciales y
nueve alcaldes asesinados.

Para el año 1991, y cuando la Unión Patriótica había res-


paldado desde su origen la propuesta de la realización de
una Asamblea Nacional Constituyente en Colombia, de
los 70 constituyentes, apenas se logró la elección de dos
delegados. En ese mismo año la Unión Patriótica obtuvo
en las elecciones al Congreso 79.753 votos para el Senado
y 94.393 para la Cámara de Representantes, que bastaron
para elegir un miembro al Senado y tres a la Cámara.

En 1994 la participación en las elecciones se hizo como Par-


tido Comunista Colombiano y se eligió al Senado a Manuel
Cepeda Vargas, con 51.032 sufragios. Pero el camarada y
líder de la UP Cepeda Vargas fue asesinado por parami-
litares casi cuatro meses después de su elección, el 9 de
agosto de ese mismo año, luego de encabezar una ardua
lucha que señalaba públicamente los nombres de varios
militares, batallones y brigadas involucrados en el geno-
cidio contra militantes de la Unión Patriótica y del Partido
Comunista Colombiano. Ocupó la vacante al Senado, el
suplente Hernán Motta Motta quien posteriormente debió
abandonar el país por amenazas contra su vida.

En el año 2003, debido a la reforma política de ese año


que estableció: “Se reconocerá personería jurídica a parti-
dos, movimientos políticos y grupos significativos de ciuda-
danos que obtengan votación no inferior al dos por cien-
to (2%) de los votos emitidos válidamente en el territorio

60
nacional en elecciones de Cámara de Representantes o
Senado”, la Unión Patriótica, prácticamente exterminada,
perdió su personería jurídica.

Ese reflejo de los acontecimientos nacionales se fue dando


también en el departamento del Valle del Cauca de la si-
guiente manera:

• En 1991, un año antes de finalizar su tercer periodo


como concejal UP de Jamundí, Elías Isaza Pérez de-
bió abandonar el municipio por amenazas contra su
vida (nunca más pudo regresar), su suplente Baldo-
mero Zúñiga decidió mantener un muy bajo perfil,
con participación y actividad escasas, lo que conlle-
vó a la desaparición de la UP en el siguiente proceso
electoral. Abandonaron también sus cargos los ins-
pectores de policía de La Liberia y San Antonio: Noel
Edisson por haber sido víctima de secuestro y tortura
por parte de paramilitares de la región cuando via-
jaba de Cali hacia La Liberia (el 17 de junio de 1991)
y Carlos Sánchez porque el clima de inseguridad no
garantizaba su normal estadía y desempeño de fun-
ciones en el corregimiento de San Antonio.

61
• El concejal de Cali Germán Cobo Lozada se transfor-
mó para 1992 en el Consejero de Paz de la alcaldía de
este municipio, desde donde fue atacado de manera
vehemente por la periodista Gloria Congote del noti-
ciero de televisión QAP, quien de forma tendenciosa
e irresponsablemente lo calificaba como “el interme-
diario entre la guerrilla y el Cartel de Cali” y señala-
ba que un grupo de ciudadanos desaparecidos en
Cali, varios de ellos comunistas y militantes de la Unión
Patriótica, eran enlaces guerrilleros que habían sido
retenidos como retaliación por el secuestro de un in-
tegrante del Cartel de Cali. Este montaje por supuesto
fue desmentido por el entonces Consejero de Paz y
por la dirección del Partido Comunista Colombiano,
regional Valle, ya que para ese momento la dirección
de la UP estaba prácticamente desmantelada.

• En Sevilla murió a causa de problemas diabéticos en


el año 1992 el concejal por la Unión Patriótica Orlan-
do Arcila, quien se había destacado por ser el alma
de este movimiento en la región. En ese momento
finalizaba justo el periodo de su curul upecista y, da-
das las condiciones de persecución contra los miem-
bros de la UP en Sevilla, no fue posible que alguien lo
reemplazara; podemos decir que prácticamente la
organización política municipal desapareció con él.

• En Palmira el concejal Jairo Quintero, constantemen-


te amedrentado por las continuas amenazas contra
su vida, decidió excluirse de las actividades políticas
y de los compromisos con la Unión Patriótica e iniciar
actividad partidaria al lado del liberalismo.

El municipio de Yumbo fue la excepción, al lograr el Co-


mando Municipal y las Juntas Patrióticas de la UP el desa-
rrollo en este municipio de importantes actividades, con
la participación decidida del movimiento sindical local,
en especial del Sindicato Único de Trabajadores de la In-
dustria de Materiales de la Construcción (Sutimac) y del

62
Sindicato de Trabajadores del Municipio de Yumbo (Sintra-
municipio), quienes para marzo de 1992 lograron una curul
al Concejo, en cabeza de Heberth Sánchez, dirigente de
la Unión Patriótica, militante del Partido Comunista Colom-
biano y directivo de Sintramunicipio, a pesar de haber sido
detonada una bomba en la sede obrera, el 4 de marzo de
1992, atentado terrorista que dejó heridos de gravedad a
cinco afiliados de la organización sindical, y de haber sido
vilmente asesinado por paramilitares Fidel Castro Murillo,
presidente de este sindicato, y quien había sido candidato
a la alcaldía municipal por un movimiento de convergen-
cia local, en el que había participado la Unión Patriótica.

La Unión Patriótica en Yumbo conformó para las elecciones


del año 1997 la “Convergencia Obrero Popular Estudiantil
Yumbeña”, Copey-UP, integrada por diversas organizacio-
nes sociales, sindicatos, agrupaciones estudiantiles y parti-
dos de izquierda locales, como la Corriente de Renovación
Socialista. Lograron una votación de 899 sufragios con el
eslogan “Copey-UP contra la corrupción” y con el candi-
dato Jorge Enrique Camacho Tumiñán, abogado, dirigen-
te de la UP y miembro del Partido Comunista Colombiano
del Valle. Se alcanzaba así nuevamente una curul upecista
para el periodo comprendido entre los años 1997 y 2000;
sin embargo la dirección del Copey-UP y los respectivos
testigos electorales debieron efectuar, durante los 15 días
posteriores a la elección, en plena Registraduría Municipal,
una pelea voto a voto para impedir el robo descarado que
se pretendía llevar a cabo. Sobre la actividad realizada, el
ex concejal Camacho expresa lo siguiente:

“La situación en el Concejo era bastante especial,


más cuando se es minoría ante las mayorías aplas-
tantes, que en ese momento las tenía el alcalde de
turno Rosemberg Pabón, que no fue buen burgo-
maestre. Había salido hacía mucho tiempo de su
ciudad natal, por lo tanto no conocía al municipio
y su gente, no definía absolutamente nada, era de-
ficiente y pudo haber sido mejor porque ganó con

63
buen número de votos y amplio respaldo de la po-
blación. No coincidió con nosotros y, cuando quiso
hacerlo, ya era demasiado tarde y la maquinaria
liberal-conservadora se montó nuevamente com-
prando votos a $40.000. Sin embargo,es importante
mencionar que nuestro trabajo radicó en desarrollar
un control político bastante bueno, incentivar discu-
siones en torno a las necesidades fundamentales del
municipio y alcanzar algunos logros sociales como el
relleno sanitario, el manejo de las basuras y el acon-
dicionamiento adecuado del alumbrado público;
creamos un Comité de trabajo constituido desde el
Copey-UP por unas 12 personas, en donde estudiá-
bamos, analizábamos, discutíamos y decidíamos
las directrices generales del trabajo de la Unión Pa-
triótica en el concejo municipal, desde luego con el
apoyo de los trabajadores y la organización social
comunitaria, pues hasta ese momento las Juntas Pa-
trióticas barriales aún existentes tenían numerosos
adeptos y habían logrado positivos resultados de ca-
rácter cívico”.

64
4. Desarrollo del plan exterminio
para el Valle del Cauca

4.1. Conflicto bipartidista en Colombia


Los orígenes del conflicto en Colombia pueden trazarse a
finales de los años cincuenta del siglo pasado, en las postri-
merías del periodo conocido como La Violencia, en el que
facciones armadas identificadas con los dos partidos políti-
cos tradicionales, Liberal y Conservador, se asesinaban por
el predominio en las zonas menos urbanizadas del país. El
fanatismo de este periodo dejó al final un total de muertes
que oscila entre 100.000 y 200.000, cuando los dos partidos
pactaron la paz mediante la alternación en el poder y el
reparto equitativo de la burocracia pública bajo la figura
del Frente Nacional, años 1958-1974 (Ver Una indagación
sobre las causas de la violencia en Colombia, de Fernando
Gaitán y Dos ensayos especulativos sobre la violencia en
Colombia, 1995, de Malcolm Deas y Fernando Gaitán).

A partir de ese momento la utilización y fomento de grupos


armados para dirimir diferencias político-sociales y aquellas
relacionadas, en especial, con la usurpación de tierras a
los campesinos por parte de los terratenientes de turno se

65
constituyeron en un mecanismo que, además de “prácti-
co”, podía ser usado impunemente, simplemente negando
de manera pública todo tipo de relación y contacto con
los mismos, juego en el cual se ampararon durante mucho
tiempo los verdaderos responsables y criminales. Y lo que
resultaba peor para las víctimas era constatar cómo el Es-
tado y sus organismos de seguridad intervenían tibiamente
y, desde luego, nunca se esclarecían e impedían tales he-
chos. Es así como desde los años setenta, las organizaciones
nacionales e internacionales que han trabajado y trabajan
por el fomento, defensa y respeto de los derechos humanos
en el país manejan listas interminables de víctimas, especial-
mente de hombres y mujeres pertenecientes a sectores y
comunidades populares: docentes, estudiantes, indígenas,
sacerdotes, sindicalistas, campesinos y trabajadores agra-
rios, periodistas, dirigentes comunitarios, demócratas y, por
supuesto, activistas de izquierda, entre otros.

4.2. Represión contra el naciente


partido político de la Unión Patriótica
No resultaba nada fácil para la Unión Patriótica nacer,
madurar y desarrollar su actividad política dentro de este
contexto, en el que se encontraban a la orden del día ac-
ciones negativas que trabajarían mancomunadamente
contra ella como:

• Los planes continentales para América Latina esta-


blecidos por el gobierno de los Estados Unidos, de-
nominados Plan Lasso, Plan Cóndor y Documentos
Santa Fe I y II.

• La Doctrina de la Seguridad Nacional, con unos or-


ganismos de seguridad estatal direccionados a “de-
tener por todos los medios posibles el avance del co-
munismo y de la guerrilla”.

• El fortalecimiento de una estructura político-militar: los


paramilitares relacionados directamente con la prácti-

66
ca de la contrainsurgencia, bajo la orientación y guía
de mercenarios contratados como el israelí Jair Klein.

• El desafiante estilo de los carteles de la droga que


para antes de los años ochenta extendieron sus ten-
táculos comerciales sobre el dominio de las tierras,
con el objeto específico de crear narcocultivos, ejer-
ciendo lo que se ha denominado “contrarreforma
agraria” y generando una cultura de criminalidad,
al armar una generación de jóvenes (especialmente
de sectores marginales) sin mayores perspectivas la-
borales y su descarada infiltración en la clase política
en todos los niveles del Estado. (Ver Drogas ilícitas en
Colombia, de Alejandro Reyes).

• El establecimiento de una clase política decadente,


corrupta y ultraderechista.

Se marcó, fundamentalmente a partir de los positivos resul-


tados electorales alcanzados por la Unión Patriótica entre
1986-1988, una escalada de intimidación, persecución, tor-
tura, desaparición y asesinato selectivo de sus dirigentes, e
incluso de sus familias, como ocurrió en algunas regiones
del país (Plan Esmeralda en el Meta).

Según datos de impunidad del Departamento de Planea-


ción Nacional, Justicia y Desarrollo (1994), “las tasas de
homicidio en el país se incrementaron progresivamente
desde 1980 y en 1991 se situarán a la vanguardia mundial,
¡Ochenta y seis asesinatos por cada cien mil habitantes! De
paso, la explosión de la delincuencia hizo colapsar el ya in-
eficiente sistema de justicia mediante asesinatos, sobornos
y amenazas. Las tasas de impunidad alcanzarían niveles
por encima del 95%, quince años más tarde”.

El gráfico que se presenta a continuación (siguiente pági-


na), trabajado por el Observatorio de Derechos Humanos
de la Vicepresidencia de la República, muestra justamente
el incremento de asesinatos de dirigentes políticos, espe-

67
cialmente entre los años
1988-1989.

La vigencia de la ley 48
de 1968 proporcionó
el fundamento jurídico
para la formación de los
grupos de “autodefen-
sa”, al facultar a las fuer-
zas armadas para armar
Grafico 3. Asesinato de dirigentes, años 1986-2001
a civiles y crear grupos
de defensa campesinos.
Estos grupos surgen en los años setenta y se consolidan en
los años ochenta, como grupos de individuos vinculados a
sectores económicos y políticos en las diferentes regiones
del país, que, con el patrocinio de las fuerzas de seguridad
del Estado, defendían intereses partidarios o particulares
mediante la utilización de la violencia. Originalmente la
vinculación que se estableció entre los grupos de autode-
fensas, los diferentes sectores económicos, políticos y las
organizaciones estatales de defensa nacional tuvo un ca-
rácter ocasional e informal.

En el año 1982 nacieron los grupos “paramilitares”, con la


conformación del movimiento Muerte a Secuestradores
(MAS), como respuesta al secuestro efectuado en 1981, por
parte de integrantes del M-19, de Marta Nieves Ochoa Vás-
quez, hermana del clan de los Ochoa, reconocidos caba-
llistas y narcotraficantes de Antioquia, quienes hacían parte
del cartel de Medellín. Sin embargo, las posteriores activi-
dades de estos grupos no se limitaron a repeler los ataques
de los grupos guerrilleros, sino que participaron también en
operaciones de “registro y destrucción” en zonas en las que
la población era considerada “afín a la guerrilla”.

La estrategia inicial de los grupos paramilitares, y de allí su


nombre, estuvo enfocada a complementar la acción del
Ejército. Eran los encargados de realizar los trabajos sucios
como amenazas, torturas y desapariciones. Existía una re-

68
lación de relativa subordinación de los paramilitares con
los miembros de la fuerza pública y la clase política tradi-
cional, por lo que su difusión espacial estaba condiciona-
da y supeditada a la presencia del Ejército y de intereses
de las élites capitalistas y narcotraficantes del campo. Pero
a medida que crecían y se extendían por la geografía co-
lombiana lograron convertirse en los principales auxiliado-
res contrainsurgentes del Estado, atentando de paso con-
tra las organizaciones de izquierda, los guerrilleros de las
Farc desmovilizados de la UP que efectuaban su trabajo
político y a sus supuestos simpatizantes, a los que era pre-
ciso exterminar. Hacia finales de 1984 Amnistía Internacio-
nal presentó un revelador informe en el que indicaba la
existencia de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones,
detenciones ilegales y torturas por parte de agentes de los
aparatos de seguridad del Estado; confirmó, además, la
existencia del MAS y de los llamados escuadrones de la
muerte para atribuirles carácter oficial y de fuerzas civiles
y regulares reclutadas por cuarteles del Ejército y la Poli-
cía, como fuerzas auxiliares de contrainsurgencia en las
que se incluiría el personal de seguridad empleado por
terratenientes o empresarios, dueños o administradores de
haciendas. El mismo Procurador General de la Nación de
ese entonces, Carlos Jiménez Gómez, en entrevista con los
medios de comunicación planteó:

“No es bueno para el país enterrar la cabeza en la


arena ignorando informes como el de Amnistía Inter-
nacional” (Ver nota del semanario Voz, edición Nº
1.315, 13 de diciembre de 1984, p. 2).

Pero a pesar de las numerosas denuncias realizadas na-


cionalmente y por reconocidas instituciones en el ámbito
internacional, en 1988 las organizaciones paramilitares se
habían transformado de pequeños grupos locales destina-
dos a aumentar la capacidad militar, para proteger las fin-
cas privadas y las comunidades rurales de los ataques de
la guerrilla, en poderosas estructuras militares capaces de
operaciones coordinadas en todo el país.

69
Proliferaron las denuncias contra la creación de los grupos paramilitares en el país.

4.3. Organización del genocidio


Según el “Segundo informe sobre la situación de los dere-
chos humanos en Colombia” de la Organización de Esta-
dos Americanos (OEA), presentado por la Comisión Intera-
mericana de Derechos Humanos en Washington en marzo
de 1994, solamente en el Valle del Cauca, durante la dé-
cada de los años ochenta, se había logrado la identifica-
ción de 19 diferentes grupos paramilitares, entre los que se
contaban los siguientes:

• Juventud Inconforme de Colombia


• JIC (Cali y Valle del Cauca)
• Kan-Kil (Cali)
• Boinas Rojas (Valle, Santander y Meta)
• Bandera Negra - Black Flag (Cali, Buga y Tuluá)
• “Nosotros, Palmira Eficiente” (Palmira)
• Frente Unido Silencioso
• Alianza Democrática

70
• Fuerza Militar de Occidente
• Justiciero Implacable
• Escuadrón Limpieza Cali (Cali)
• Muerte a ratas (Cali)
• Los vengadores (Cali)
• Jumbo
• Ejército Popular Revolucionario
• Movimiento Cívico Revolucionario
• Organización del Pueblo Armado - OPA
• Organización Militar del Pueblo
• Muerte a Jíbaros - Maji

Así mismo, se indicó, textualmente, sobre los grupos de de-


lincuencia común o de sicarios lo siguiente:

“Paralelos a estos grupos, existen otros que ejecutan


trabajos para organizaciones paramilitares y son pre-
sentados como pertenecientes a estos últimos por
voceros estatales, tales como los Priscos; los Tesos; los
Quesitos; los Cuchos; los Picados; los Nachos; los Nata;
los Cucarachos; los Rebeldes (operan en Atlántico);
los Barriales (operan en Cali); la denominada Fede-
ración de Organizaciones Revolucionarias y Obreras,
Foro, (opera en zona Viejo Caldas y Valle); Grupo Bo-
livarense Antiterrorista (opera en el Cauca); Orden y
Patria (opera en Bogotá); y Democracia (opera en
Antioquia y el Valle)”.

Y en otro aparte el segundo informe de la OEA indica:

“Cuando el actual Jefe de Estado, doctor César Ga-


viria Trujillo, era ministro de Gobierno del Presidente
Virgilio Barco, en una sesión ante la Cámara de Re-
presentantes, de la que también era miembro, infor-
mó el 30 de septiembre de 1987 que en Colombia
existían 128 grupos paramilitares detectados por los
cuerpos de seguridad del Estado”.
71
Sin embargo, es importante indicar los nombres de otros
grupos paramilitares que accionaban en el Valle del Cau-
ca y no fueron incluidos en ese informe de la OEA, como:

• Valle Limpio
• Estamos Armando a Cali (EAC)
• Muerte a Comunistas - MAC
• Comandos Verdes
• Colombia sin Guerrilla (Colsingue)
• “Movimiento Cristiano de Salvación” - Tuluá

4.4. En la capital Santiago de Cali


Se escuchaban las “malas noticias” en los noticieros de
televisión y de radio, en los periódicos, en la esquina del
barrio y en la vereda. La sorpresa, el asombro, el dolor y
la impotencia se mezclaban al escuchar tantos nombres
de reconocidos dirigentes o de desconocidos militantes de
base, en todo el país. Era una oleada de homicidios men-
suales, que luego pasaron a ser semanales y, finalmente,
todo ello se convirtió en una pesadilla. No pasaba día en
que no se presentara cualquier tipo de violación: crimen,
intento de homicidio, desaparición forzada, tortura, alla-
namiento, detención arbitraria, amenaza, etc.

Las sedes políticas, democráticas y sindicales empezaron


a sufrir también los estragos de bombas dinamiteras, como
ocurrió con la Casa de la Amistad con los Pueblos (carrera
8ª, calle 9ª, centro de la ciudad), el 11 de septiembre de
1984; la sede de la Federación de Trabajadores del Valle,
Fedetav, (carrera 11B Nº 22-36, barrio Obrero) el 1º de di-
ciembre de 1984, y la sede de la Unión Patriótica (carrera
14, calle 10, barrio San Bosco) durante el primer semestre
de 1985, hechos que conllevaron, en primer lugar, a la des-
aparición de la actividad cultural y solidaria que adelan-
taba en Cali la Casa de la Amistad con los Pueblos (ya que

72
después de ese cobarde acto, a los pocos meses la Casa
cerró definitivamente sus puertas a la comunidad valle-
caucana) y, en segundo término, el lógico miedo y temor
se fueron apoderaron de amigos, simpatizantes y hasta de
varios militantes, que resolvieron dejar de visitar las sedes
engalanadas ahora con la verde presencia de la vigilancia
policial y, posteriormente,
evitaban participar en ac-
tos públicos o reuniones
políticas citadas por la UP.
El golpe paramilitar que
buscaba acallar la voz de
las reformas, la participa-
ción democrática y ani-
quilar a la Unión Patriótica
empezaba a dar sus ne-
fastos resultados.

En la ciudad de Santiago
de Cali prácticamente
toda la Dirección de la
Unión Patriótica era cons-
Interior de la Casa de la Amistad con los Pue-
blos después de haber sido objeto de una bomba tantemente amenazada.
paramilitar - 11 de septiembre de 1984. Igual situación vivían en

los principales
municipios don-
de se había al-
canzado repre-
sentación o en
aquellos lugares
donde la activi-
dad de los co-
mandos muni-
cipales y de las
juntas patrióticas
se fortalecía. Es-
tas amenazas se Aspecto exterior de la sede de la UP en Cali, luego de la detona-
realizaban de ción de una bomba de alto poder explosivo - primer semestre
1985.

73
manera telefónica; con sufragios que hacían llegar a las
sedes tanto de la UP como del Partido Comunista Colom-
biano, a los diversos sindicatos y, en ocasiones, hasta a las
mismas casas de los dirigentes y militantes; o también me-
diante volantes y cartas elaboradas con recortes de letras
de periódicos o revistas. Las detenciones a cualquier hora
del día y en plena calle estaban a la orden del día, como
el hecho ocurrido al coordinador departamental de la UP,
Jairo González, y a un acompañante, el día 17 de agosto
de 1985 en el barrio San Nicolás de Cali, quienes fueron
trasladados al puesto policial del barrio Obrero, después a
la Estación Central y finalmente a la Policía Judicial, donde
fueron sometidos a descaradas amenazas por parte de los
elementos policiales Luis Pérez Jurado y otro de apellido
Díaz Borbón, tal como consta en declaración periodística
en el semanario Voz. (Edición Nº 1.347, 22 de agosto de
1985, p. 2).

Realmente la vida para muchos cambió. No existía la po-


sibilidad de caminar por la calle aprovechando en las tar-
des la agradable brisa caleña, ir al parque, a la piscina,
a bailar salsa a “Juanchito” y menos visitar a los amigos,
que en el fondo lo agradecían. Y le ocurrió lo mismo a los
personajes más destacados que encabezaban hasta el
momento la política pública de la UP en el Valle: Pedro Al-
cántara Herrán (senador de La República); Jairo González
(coordinador departamental), Juan Agustín Lagos Pantoja
(diputado en la Asamblea Departamental), los concejales
en Cali Germán Cobo Lozada, en Palmira Jairo Quintero
y Tarquino Escobar, en Jamundí Elías Isaza y en Sevilla Or-
lando Arcila, los líderes y por supuesto a la mayoría de los
directivos del Comando Departamental de la UP. Algunos
miembros de dirección empezaron a usar chalecos anti-
balas (conseguidos la gran mayoría desde Bogotá por el
mismo Pedro Alcántara Herrán), no dormían en sus hogares
y no mencionaban su agenda personal, ni mucho menos
los sitios de reunión. Reuniones cuyo tema principal giraba
en torno a la seguridad de los líderes, de la militancia, la de
ellos mismos y la de las sedes políticas.

74
Germán Cobo Lozada, arquitecto de profesión, respon-
sable político del Partido Comunista Colombiano Regio-
nal Valle del Cauca y quien había realizado una amplia
y destacada gestión como concejal por el Frente Demo-
crático (1982-1984) y que para el año 1986 desempeñaba
una admirable labor como concejal de la Unión Patriótica,
en el municipio de Santiago de Cali, a causa de las múlti-
ples amenazas de que era objeto debió recurrir, como la
gran mayoría de ediles en el país, a escoltas designados
por el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), a
redoblar la seguridad de sus hijas a la salida del colegio y
prácticamente a convertir su residencia en una fortaleza,
con guarda de seguridad y servicio de policía a la entra-
da. Sin embargo, valerosamente, como todo un “paladín
de la democracia”, así le decían fraternalmente sus ami-
gos y camaradas entre bromas y chanzas, efectuaba pú-
blicamente las siguientes denuncias ante el semanario Voz
(edición Nº 1.375, 27 de febrero de 1986, p. 10):

“En el Valle del Cauca, como en ninguna otra región


del país, los gremios económicos y empresas (Cáma-
ra de Comercio, Asocaña, Carvajal y Cia, grupos fi-
nancieros, la FES) tienen la hegemonía en el manejo
económico, político y social. Incluso llegan a manifes-
tarse ciertas contradicciones con algunos dirigentes
de los partidos tradicionales que se ven desplazados
y menospreciados por esa especie de vanguardia.
Es que estos gremios son los herederos de la gran
hacienda, el latifundio y los terratenientes. La indus-
trialización en el Valle se realiza muy vertiginosamen-
te, están muy ligados a la tierra y en ese sentido son
muy tradicionalistas, muy reaccionarios” ... “Quizás
en el Valle del Cauca hay un gran número de gru-
pos paramilitares, tal vez como en pocas regiones
del país. El MAS, el JIC, los Comandos Verdes, el EAC,
el Justiciero Implacable, Maji, etc. Entre los gremios
económicos hay una tendencia inusitada a armarse.
Operan de manera abierta y criminal. Se sabe que

75
tienen organizaciones barriales, casi cuadra a cua-
dra. Es una tendencia claramente fascista que en
la región tiene asiento en los gremios económicos,
basta con recordar el manifiesto al Presidente de la
República, el famoso “BASTA YA”, cuando llamaron
anticipadamente a la política de tierra arrasada” ...
“Por su parte Vega Uribe fue proclamado candidato

De izquierda a derecha en la gráfica: Marco Aurelio Ramírez (suplente del concejal Cobo),
Ramiro Andrade (aliado liberal candidato a la Cámara de Representantes),
Germán Cobo Lozada, en pleno discurso político en la plazoleta del CAM,
y Bernardo Jaramillo Ossa (candidato presidencial).

presidencial y en Siloé y Aguablanca encabeza ac-


ciones cívico-militares. Aquí en Cali tiene lugar el pri-
mer intento de guerra urbana de gran envergadura
en ciudad de Colombia: Siloé”.

Efectivamente las absurdas y sangrientas acciones ocurri-


das durante la toma del Palacio de Justicia por un coman-
do del Movimiento 19 de Abril, M-19, liderado por Andrés
Almarales, en la ciudad de Bogotá los días 6 y 7 de no-
viembre de 1985, y que dejó como saldo trágico de esta
acción desmesurada una cifra cercana a los 100 muertos y

76
11 desaparecidos (ver texto preliminar de la “Comisión de
la verdad sobre el holocausto en el Palacio de Justicia del
6 y 7 de noviembre de 1985” del año 2006), acrecentaron
aún más y de manera negativa el desarrollo de una políti-
ca militarista represiva en todo el país, que buscaba casti-
gar ejemplarmente al M-19 y de paso a todo el movimiento
de izquierda o persona que tuviese nexos con él. Para esa
época el M-19 contaba con una importante presencia en
los departamentos del Cauca y del Valle y con la idea de
lograr un acuerdo con el gobierno nacional había ubica-
do varias “Casas de la Paz”, desde las cuales realizaba su
trabajo político. En Cali se destacaban las de Aguablanca
y Siloé, barrios populosos y marginales que fueron ataca-
dos por orden del general Rafael Vega Uribe. Se generó,
especialmente en Siloé en pleno barrio, a tan solo quince
minutos del centro de la ciudad, una confrontación arma-
da entre el Ejército y la guerrilla del M-19, la cual se pro-
longó por varios días sin respetar a la indefensa población
civil.

Posterior a estos hechos se llevaron a cabo en diciembre


de 1985 dos operativos denominados “Operación Rastrillo”
y “Cali Navidad Limpia”, comandados por los batallones
Rifles y Colombia y por la Policía Metropolitana de Cali. El
general Fernando Gómez Barros, comandante de la Terce-
ra Brigada en ese momento, irresponsablemente ordenó el
abandono de las viviendas, pues se iniciaba un bombar-
deo sobre los sitios La Roca y La Estrella, lo que por supuesto
generó una ola de pánico y terror en todo el barrio, así
como en los aledaños (Belén, El Cortijo, Lleras Camargo,
Tres de Mayo, Brisas de Mayo, Pueblo Joven, Lido, Cañave-
ralejo y Urbanización Mónaco). Los resultados no pudieron
ser peores:

“Por lo menos 30 muertos, 400 detenciones, cientos


de allanamientos ... La televisión ha presentado cris-
pantes imágenes, en que ancianos, niños, hombres
y mujeres del pueblo víctimas del éxodo, presentan
heridas en brazos y piernas, al tiempo que religiosos

77
aparecen conduciendo columnas infantiles que hu-
yen de la confrontación ... Los habitantes del barrio
denuncian: ‘Detienen a los muchachos entre los 12
y 25 años, dizque por orden de la brigada, se los lle-
van y los interrogan como supuestos guerrilleros, en
varias ocasiones los golpean ... Nos obligan a decir
lo que no sabemos, que dónde viven los guerrilleros,
que dónde están las armas ... El Ejército requisa casa
por casa, pero además si encuentran dinero, relojes
o algo de valor se lo llevan y uno qué les va a decir ...
Lo que nos tiene más intranquilos es la versión de un
bombardeo en el sector, pues sin luz, sin agua, con
toque de queda y allanamientos, ya sería lo último
que podría ocurrir” (Tomado del semanario Voz, edi-
ción Nº 1.364, 5 de diciembre de 1985, pp. 13 y 16).

La Junta Patriótica de Siloé, compuesta por un gran nú-


mero de jóvenes, simpatizantes y familiares, también se vio
afectada por estos hechos; sin embargo asumió tareas de
organización, atención y denuncia en apoyo a la golpea-
da comunidad. Solo por esta razón, meses después Gabriel
Rosero Giraldo, responsable político de la Junta Patriótica
en Siloé, miembro de la junta de acción comunal, cofun-
dador de la escuela de San Francisco y reconocido líder
en su sector, empezaría a ser objeto de constantes allana-
mientos, persecución por parte del Ejército, amenazas, un
atentado contra su vida al ser herido de bala por sicarios
y, en confusos hechos, fue asesinado su hermano Oswaldo
Rosero (físicamente parecido a él) lo que conllevó a que
abandonara su trabajo político, sus labores como zapa-
tero, su barrio, decidiera alejarse de su familia (esposa y
cinco hijos) para evitarles mayores problemas, ya que ellos
también empezaron a ser objeto del mismo hostigamiento
por él sufrido, y, finalmente, de modo obligado, optara por
el desplazamiento forzado.

Con 33 años de edad, Pablo Caicedo Siachoque, se des-


tacaba por su actividad en el Partido Comunista Colom-
biano de la ciudad de Cali, ya que había sido integrante

78
Pablo Caicedo Siachoque desaparecido el 19 de noviembre de 1985 junto a Marco Fidel Cas-
tro, en la vía Cali-Jamundí por paramilitares.

de la dirección regional de este movimiento, pero decidió


dedicarse de manera entusiasta al trabajo político en la
Unión Patriótica. Era profesor de Literatura en la Universi-
dad Santiago de Cali y recientemente había dejado la
presidencia de la Asociación Sindical de Profesores Univer-
sitarios (Aspu), la que se convertiría más tarde en el Sindica-
to Único de Trabajadores de la Educación del Valle (Sutev).
Marco Fidel Castro, más joven que Pablo, había sido diri-
gente estudiantil en Neiva antes de enlistarse en las Farc-
EP, era comisionado por estas para desarrollar en el Valle
trabajo amplio y abierto de la UP. Ambos eran miembros
del comando departamental y habían trenzado una muy
buena amistad. Para el Primer Congreso de la Unión Patrió-
tica, entre el 14, 15 y 16 de noviembre de 1985, decidieron
viajar por tierra vía Cali - Bogotá, en compañía de otros
siete miembros de la Unión Patriótica. En la ciudad de Iba-
gué fueron arbitrariamente detenidos por efectivos del F-2,
quienes los entregaron al B-2 de la Sexta Brigada; allí fueron

79
reseñados, interrogados y torturados por elementos que
nunca dejaron ver sus rostros, por espacio de varias horas,
luego de lo cual fueron dejados en libertad sin ningún tipo
de explicación. Finalmente llegaron a Bogotá y lograron
participar de las actividades finales de clausura del primer
congreso, durante las cuales denunciaron la arbitraria de-
tención. Por seguridad, su regreso al departamento del Va-
lle del Cauca lo hicieron en avión. Pero días después, el 19
de noviembre, y cuando viajaban de Cali a Jamundí con la
idea de tomar algunos días de descanso en una finca, fue-
ron interceptados y desaparecidos por paramilitares. Edgar
Caicedo padre de Pablo, periodista y dirigente destacado
del Partido Comunista Colombiano y de la Unión Patriótica
en la ciudad de Bogotá y Fabiola Montaño compañera de
Marco Fidel Castro, junto a familiares, dirigentes y aboga-
dos, se entregaron a la titánica tarea de “búsqueda” por
diversos sitios: clíni-
cas, hospitales, mor-
gue, inspecciones
de policía, batallo-
nes etc. Siguieron de
cerca indicios y pis-
tas, hasta las puertas
mismas de la Base
Militar de Tolemai-
da en Girardot, sin
lograr ninguna expli-
cación ni tampoco
la devolución de sus
seres queridos. Po-
cos años más tarde,
después de realizar
una importante la-
bor en la Asociación
de Familiares de De-
tenidos Desapareci-
dos (Asfaddes), fa-
La señora madre de Pablo Caicedo desfila por las
céntricas calles de Cali con la foto de su hijo reclamando
llece aún vital Edgar
que aparezca vivo y sano - diciembre de 1985. Caicedo. Muchos

80
plantearon en el Va-
lle del Cauca, que su
deceso se debió a
esa penal moral ad-
quirida tras la trágica
pérdida de su hijo.

Llegó un momento
en que no se desa-
rrollaba actividad
política relacionada
con la plataforma
de la Unión Patriótica
orientada durante el
primer congreso de
noviembre de 1985,
sino que se asistía
a las funerarias, ce-
menterios, cortejos
Numerosas marchas de denuncia contra el asesinato de los fúnebres y, desde
dirigentes de la UP se llevaron a cabo por todo el departa-
mento del Valle - año 1986. luego, a las nume-
rosas marchas en
protesta contra estos
hechos y exigiendo el respeto a la vida. Se convirtieron en
repetidas las consignas y los gritos de: “Podrán arrancar to-
das las flores, pero no la primavera” y “Que los devuelvan
vivos, porque vivos se los llevaron”. Para junio de 1986 los
grupos cristianos de Bogotá, la Asociación de Familiares
de Detenidos Desaparecidos (Asfaddes), el Comité Perma-
nente por la Defensa de los Derechos Humanos, el Comité
de Solidaridad con los Presos Políticos, y con el respaldo
de la mayoría de las centrales obreras y partidos políticos
de izquierda, entre ellos la Unión Patriótica, convocaron a
“La marcha del silencio”. En Santiago de Cali alrededor de
cinco mil personas marcharon el día 5 de junio de ese año,
por las principales calles de la ciudad, desde el Parque de
San Nicolás hasta las instalaciones del gobierno seccional,
en el Centro Administrativo Municipal (CAM). Era la parti-
cipación del pueblo caleño rechazando las desaparicio-

81
nes y asesinatos cometidos por los grupos paramilitares; las
gentes que no desfilaron se apostaron a lo largo del desfile
y manifestaron su respeto y adhesión ante tantas fotogra-
fías, carteles, nombres y familias completas (niños, padres,
esposas, abuelos) que sorprendían y apesadumbraban.
Gran parte de militantes de la Unión Patriótica abando-
nó los ya tradicionales verde y amarillo y por primera vez
marchó usando los colores blanco y negro, con las caras
pintadas y portando grandes estandartes elaborados en
tela con los rostros de los desaparecidos. Al término de la
jornada los familiares de desaparecidos dieron lectura a
un documento reclamando por la aparición con vida de
sus seres queridos.

Durante la “Marcha del silencio” en junio de 1986, los familiares de los desaparecidos de la
UP realizaron denuncias y exigencias para conocer el paradero de sus seres queridos.

82
Año 1986. Actividades de denuncia contra los desaparecidos en todo el Valle del Cauca.
Marcha por las principales calles de Florida (Valle).

Las marchas originadas en la capital del Valle, posterior-


mente se repitieron por todo el departamento. Las jorna-
das eran auspiciadas por los grupos de mujeres con an-
torchas desafiando la noche, como la muy recordada de
“Mujeres rompiendo el silencio cómplice de la violencia”;
por colegiales que pedían el retorno de sus maestros a las
aulas; por periodistas que vestían camisetas que decían:
“dispárenme, soy periodista” o por diversas organizaciones
sociales y políticas que se unieron portando en telas, papel
o cartón las fotografías de familiares, compañeros y ami-
gos, acompañados por la conocida canción del paname-
ño Rubén Blades “Desaparecidos”, que se popularizó con
casos dramáticamente similares.

Todo tipo de acciones eran válidas: concentraciones,


marchas y actividades diversas, como el foro “Encuentro

83
nacional por la paz, el derecho a la vida y la reconcilia-
ción” los días 14 y 15 de abril de 1989, en las instalaciones
del Concejo Municipal de Cali, iniciativa presentada por
el concejal de la Unión Patriótica Germán Cobo Lozada
y apoyada por el dirigente conservador y presidente del
concejo municipal, Francisco Murgueitio, quienes a raíz
del violento asesinato de José Antequera en la ciudad de
Bogotá, prácticamente llevaron a cabo un acto político
en el Centro Administrativo Municipal, que logró congre-
gar a diferentes fuerzas políticas y sociales del país para
repudiar dicho crimen, así como el atentado al entonces
senador liberal Ernesto Samper Pizano. El foro fue exitoso,
ya que amplios sectores democráticos reclamaron multi-
plicar iniciativas contra la guerra sucia y el exterminio de
líderes populares, el desmonte de los grupos paramilitares
y la depuración de las Fuerzas Armadas implicadas en he-
chos de lesa humanidad, la erradicación de la impunidad
y la ruptura de las barreras de la discriminación política y
social. Estos hechos evidentemente propiciaron el que por
momentos la UP del Valle respirara aliviada, esperando un
cambio significativo de ese clima represivo que lesionaba
la vida de tantos colombianos. (Ver semanario Voz, edición
Nº 1.531, 30 de marzo de 1989, p. 15).

Sin embargo pareciese que la Unión Patriótica se enfren-


taba a un enemigo sordo, ciego y mudo, que lo único que
buscaba era su desaparición y exterminio. Es así como cin-
co meses después de realizado el foro, el 15 de septiembre
de 1989, fue desaparecido Manuel de Jesús Novoa Buen-
día, encontrado tres días después, el 18 de septiembre, en
un arenero del municipio de Yumbo, a orillas del río Cauca,
detrás de donde quedaba la empresa Eternit y la empresa
Cementos del Valle, en el barrio Puerto Isaacs, amarradas
sus manos con una correa, con señales de tortura y múl-
tiples disparos en la cabeza. El caso de Manuel impactó
profundamente no solo a su familia, al movimiento sindical
y a la organización de la Unión Patriótica, de la cual era di-
rigente, sino a toda la comunidad que conoció la horrible
noticia por la prensa local en Cali.

84
Manuel tenía 43
años, era obrero
de lonas en la em-
presa Good-year,
fiscal del Sindicato
de Trabajadores
de la industria del
Caucho y el Plásti-
co (Sintracaucho-
plastico), directivo De izquierda a derecha Manuel Novoa, su hijo Ricardo y su
sindical por más de esposa Marleny.

diez años en su sin-


dicato y en la Federación de Trabajadores del Valle (Fede-
tav), casado, padre de tres hijos (un hombre y dos mujeres)
y practicante de artes marciales (judo). Según declaró su
esposa Marleny, meses antes él y la junta directiva de Sintra-
cauchoplastico habían recibido sufragios que les hicieron
llegar paramilitares; sin embargo Manuel le indicó que no
se preocupara por ello pero le recomendó que cuidara mu-
cho a los hijos y no los dejará alejarse de la casa. Marleny
recuerda:

“El 15 de septiembre de 1989 llegó de trabajar a las


4 p.m. y me entregó un regalo pues era el día del
Amor y la Amistad, escribió una lista de las personas
a quienes debía dinero y volvió a salir a las 5:30 p.m.,
luego de despedirse en repetidas ocasiones, como
si no quisiera marcharse. No lo volví a ver vivo. Me
enteré por un vecino que tres hombres vestidos de
ruana lo habían obligado a subirse a un carro que
lo esperaba a cuatro cuadras de la casa. Y también
supe por sus compañeros de trabajo que un militar
lo había retado a un combate de judo y al parecer
ese día el militar lo había buscado para que tuvieran
la pelea ... Creo que cuando menos lo pensábamos
acabaron con nuestros sueños y las ilusiones que te-
níamos en mente como familia. Para mí ha sido muy
duro enfrentarme sola a la vida con tres hijos para

85
educar, separarme de ellos para ir a trabajar. Culpo
a este asesinato como la causa de desintegración
de mi hogar, pues mi hijo Ricardo viajó a otro país
buscando un bienestar, pero también lo he perdido
pues no sé de su paradero ya que nunca se ha co-
municado con nosotras (su madre y sus hermanas),
considero que he sido mutilada dos veces por los
malvados sin corazón que me han causado un tre-
mendo daño moral, sentimental y psicológico ... Le
pido a Dios y a las leyes de la tierra que ojalá un día
podamos ser personas felices sin tanta violencia y
persecución, podamos ser libres y disfrutar de liber-
tad en nuestra Colombia”.

A partir de mediados del año 1991 se inició una ola de


allanamientos contra activistas de la Unión Patriótica y del
movimiento sindical. Fueron allanadas las casas de los diri-
gentes Otoniel Ramírez, Jair Erazo Galeano, Diógenes Ca-
rabalí y las sedes de Unimotor en Cali y Sintramunicipio en
Yumbo, mientras los militares,
equivocadamente, allana-
ban una residencia vecina a
la del dirigente sindical Jaime
Rico, secretario general de la
CUT, miembro de la dirección
regional del Partido Comunis-
ta Colombiano, candidato a
la Asamblea Departamental
por el Frente Democrático en
el año 1982 y candidato a la
Asamblea Departamental por
la Unión Patriótica en el año
1986. Al comprender su error
e intentar concretar el allana-
miento, el mismo Rico impide
Jaime Rico (secretario general de la CUT), el acceso de los uniformados
miembro de la dirección regional del
Partido Comunista Colombiano y candidato a su casa por cuanto la orden
a la Asamblea Departamental por la Unión
Patriótica en el año 1986. Víctima de
de allanamiento iba dirigida
amenazas e intento de allanamiento. contra un homónimo suyo que

86
no coincidía en el número exacto de su cédula de ciuda-
danía y la dirección era otra. Según las órdenes de allana-
miento, los militares buscaban armas, artefactos explosivos
y posibles guerrilleros.

Los hechos continuaron y el 22 de octubre de 1992 fue se-


cuestrada Amparo Torres Victoria, miembro de la Unión
Patriótica, fiscal del Sindicato de Trabajadores de la Uni-
versidad Santiago de Cali (Sintrausaca), por un grupo de
desconocidos, cuando al terminar sus actividades labora-
les se dirigía hacia su residencia en compañía del señor
Hugo Bermúdez. Ambos fueron golpeados, luego el señor
Bermúdez fue dejado en libertad mientras los secuestrado-
res prosiguieron su viaje con ella en un automóvil Chevrolet
Chevette, color amarillo, de placas VBB-787, el cual había
sido robado por los secuestradores y apareció abandona-
do al día siguiente.

El viernes 23 de octubre, mientras la Central Unitaria de Tra-


bajadores (CUT Valle) celebraba un mitin reclamando su
libertad, se hicieron presentes los sujetos Hever Guaichar
Guerrón y Herman Cortés Pineda, que inicialmente dijeron
ser representantes del estudiantado de la Usaca, pero final-
mente resultaron ser miembros de inteligencia militar, para
comentar que sabían dónde se encontraba Amparo, quien
no había querido comer, y que ellos podían llevar a los diri-
gentes sindicales y a los estudiantes al lugar de reclusión. Los
sindicalistas inmediatamente se comunicaron con el Comi-
té Permanente de Derechos Humanos, organización que los
conectó con Hernán Botero, funcionario de la Tercera Divi-
sión, Batallón Pichincha, quien a su vez confirmó que ambos
sujetos sí pertenecían al servicio de inteligencia militar y eran
oficiales del B-2, bajo las órdenes del teniente Bermúdez. Fi-
nalmente la dirección de la CUT asistió a una “aclaración”
con los jefes de la unidad investigativa del Departamento
Administrativo de Seguridad (DAS) regional, Jorge Luis Martí-
nez e Israel Lozano Rodríguez, a fin de que se hicieran cargo
de los sorprendidos oficiales de inteligencia. También se ele-
vó denuncia ante la Personería Municipal expresando que

87
ante tales hechos era evidente que la dirigente sindical y
upecista se encontraba detenida por orden expresa de la
Tercera Brigada del Ejército acantonada en Cali, la cual de-
bía dar cuenta de su paradero sana y salva. Semanas des-
pués Amparo Torres recobró la libertad, resolvió renunciar
a su actividad en la universidad y radicarse fuera del país.
(Información tomada del semanario Voz, ediciones Nº 1.714,
1.715 y 1.718, correspondientes al 29 de octubre y 5 y 26 de
noviembre de 1992).

Durante ese mismo mes de octubre también fue secues-


trado Javier López, administrador de la editorial en la cual
la Unión Patriótica ordenaba la producción general de su
publicidad escrita regionalmente. El profesional López, per-
sona simpatizante del movimiento político, debido a esta
amarga experiencia cerró su negocio ubicado en el barrio
San Nicolás y no volvió a tener contacto con la UP.

Germán Villegas Villegas, gobernador del departamento


del Valle en el año 1995, designó como Consejero de Paz al
dirigente de la Unión Patriótica Luis Alberto Matta Aldana,
en consideración de la satisfactoria gestión realizada por el
Consejero de Paz en la Alcaldía de Cali, Germán Cobo Lo-
zada, con la Oficina de Desepaz desde el año 1992, a pesar
de que para ese momento la UP era ya un movimiento po-
lítico bastante disminuido. Luis Alberto anunció el desarrollo
de un programa muy amplio en la defensa y promoción de
los derechos humanos y en la creación de una Comisión
Facilitadora para la Paz, integrada por la iglesia, los gremios,
las centrales obreras, los intelectuales y los partidos políticos
de izquierda. Inmediatamente comenzó a ser amenazado y
perseguido, hasta que debió salir del país, no sin antes entre-
gar a la opinión pública su libro “Poder capitalista y violen-
cia política en Colombia. Terrorismo de Estado y genocidio
contra la Unión Patriótica” (de la Editorial Ideas @ Soluciones
Gráficas, año 2002). En este libro Luis Alberto Matta Aldana
efectuó un análisis político de la situación del país durante
los años ochenta y realizó una importante recopilación na-
cional de casos relacionados con el exterminio de que fue

88
objeto la Unión Patriótica, hasta 1994.

4.5. En Yumbo - zona industrial


La característica específica de este municipio es ser el
epicentro de gran parte de empresas de la región. Aproxi-
madamente 523 importantes empresas industriales, co-
merciales y de servicios tienen asiento en Yumbo, de allí su
nombre de Zona Industrial. Entre ellas sobresalen Cemen-
tos del Valle, creada desde el año 1939, Goodyear con la
fabricación de llantas, Sidelpa, Propal y Cartón Colombia
en la fabricación de papel y otras empresas dedicadas a
la producción de alimentos y comestibles, aluminio y pro-
ductos farmacéuticos, entre otras actividades. Las cifras
millonarias diarias que manejan estas empresas contrastan
con la pobreza, necesidades y desempleo a que se ven
abocados sus habitantes, que sufren el deterioro general
de la salud debido a los altos e irresponsables índices de
contaminación ambiental, generados por parte de indus-
trias que dañan el ecosistema y no invierten adecuada-
mente en su recuperación y que soportan a una clase po-
lítica corrupta, que año tras año se ha caracterizado por
el nombramiento de alcaldes amañados, incapaces y, en
muchas ocasiones, implicados en asesinatos, que luego
de enriquecerse robando y despilfarrando las arcas muni-
cipales desaparecen de la localidad.

Por lo tanto nada extraño resultaba que la actividad cen-


tral del Partido Comunista Colombiano de Yumbo años
atrás, y luego con la Unión Patriótica en el año 1984, girara
en torno a la actividad desarrollada por los trabajadores
y la clase obrera organizada. Han sido principalmente los
sindicatos no patronalistas y sus directivas, los que han lu-
chado y exigido sus reivindicaciones laborales, primero, y
luego han debido asumir, en múltiples oportunidades, el
papel de luchadores políticos y veedores sociales al lado
de esta comunidad tan maltratada. En este empeño han
sobresalido las directivas de sindicatos de empresa, la ma-

89
yoría de los cuales, posterior a la constitución de la Central
Unitaria de Trabajadores (CUT) en noviembre de 1986 y en
cumplimiento de una orientación nacional de la misma,
se agruparan transformándose en sindicatos de industria:
el Sindicato del Municipio de Yumbo (Sintramunicipio); el
Sindicato de Cementos del Valle (Sintracementos) hoy Sin-
dicato Único de Trabajadores de la Industria de Materiales
de la Construcción (Sutimac); el Sindicato de Goodyear
(Sintragoodyear) y el Sindicato de la Industria del Caucho
y el Plástico (Sintracuachoplastico), actualmente agrupa-
dos en Sintraencapla y el Sindicato de Sidelpa que hoy for-
ma parte de Sintraime, entre otros.

De estas canteras nacerían hombres fuertes y combativos,


que poco a poco forjarían una conciencia social, de uni-
dad inquebrantable y de trabajo popular, elementos poco
característicos en la mayoría de los obreros colombianos
tan supeditados a las órdenes de supervisores y gerentes
de turno, conocidos en el Valle como “yupis”. Pero tam-
bién los hombres de esta cantera serían sensibles, soñado-
res, alegres y, sobre todo, enamorados de la vida. Así se co-
nocieron en Yumbo hombres como Henry Cuenca Vega,
Hernán Dionisio y Jorge Calderón, Gilberto Pareja, Otoniel
Ramírez, Ramón Alberto Díaz, Roberto Valencia, Omar Ro-
mero, Heberth Sánchez, Evelina Sarria, Hugo Quimbayo,
Alfonso González, Olmedo Fernández, Enrique y Rodrigo
Vargas y muchos otros que la memoria no alcanza.

La Juventud Comunista y el Partido Comunista Colombia-


no habían sido parte de su escuela política y, por ello, par-
ticiparon de modo dinámico y organizado en el proceso
electoral del año 1982, por el Frente Democrático, logran-
do buenos resultados y una importante presencia (tal vez
de las primeras que realizaba un movimiento de izquierda)
en el Concejo de Yumbo a través de Henry Cuenca Vega
(presidente del Sindicato de Cementos del Valle, Sintrace-
mentos), con la suplencia de Gilberto Pareja, gran dirigente
sindical y cementero. En 1984 acogieron con beneplácito
el acuerdo pactado entre el gobierno nacional y las Farc-
EP, estudiaron la propuesta política de creación del nue-

90
vo movimiento Unión Patriótica y, como lo hizo el Partido
Comunista Colombiano en la esfera nacional, apoyaron
decididamente las actividades de organización y confor-
mación del comando municipal y de las diferentes juntas
patrióticas, que fueron especialmente de carácter sindical
y barrial.

Sin embargo, las condiciones eran agobiantes en Yumbo.


En el mes de octubre de 1984 Hernán Dionisio Calderón
(presidente de Sintramunicipio de Yumbo y miembro de la
junta de acción comunal del barrio Uribe Uribe) y Henry
Cuenca Vega (concejal por el Frente Democrático y pre-
sidente de Sintracementos del Valle) habían sido amena-
zados de muerte, a raíz de las valerosas denuncias que
realizaron de los constantes atropellos militares cometidos
durante la ocupación de Yumbo, realizada por miembros
del M-19 en agosto de 1984. En los hechos aparecían impli-
cados el capitán Monterrey y los agentes de policía Sigifre-
do Loaiza y Ever Peñuela. De manera solidaria la asamblea
nacional de los trabajadores de la industria de la caña de
azúcar, agrupados en Sintraicañazucol, reunida en ese año,
reclamó respeto por sus vidas. (Ver información en semana-
rio Voz, edición Nº 1.307, 18 de octubre de 1984, p. 22).

El sábado 20 de octubre de 1984, a las 4:30 a.m., una bom-


ba terrorista estalló en la sede del Sindicato de Cementos
del Valle (Sintracementos) sin dejar víctimas. Pese a todo,
en ese mismo sitio en las horas de la tarde se llevó a cabo
una concurrida concentración para protestar por el hecho
y para desarrollar el “Foro por la apertura democrática y
el diálogo nacional”, previsto para esa fecha y que con-
tó con oradores del Partido Comunista Colombiano, de
la Confederación Sindical de Trabajadores de Colombia
(CSTC), del M-19 y de otros sectores. Los participantes apo-
yaron la denuncia contra el alcalde de Yumbo, Jairo Ro-
mero, y contra un grupo de matones del F-2 que estaban
sembrando el terror en el municipio (Ver semanario Voz,
edición Nº 1.306, octubre 25 de 1984, p. 24). Para los asis-
tentes a dicho evento resulta inolvidable la música a alto

91
volumen desde un bar diagonal a la sede sindical, desde
donde los matones observaban.

Evidentemente la ciudad se había convertido en albergue


de extraños personajes que conduciendo motocicletas y
automóviles de vidrios polarizados, sin placas, ejecutaban
homicidios especialmente a altas horas de la noche y de-
jaban tras de sí una trágica estela de crímenes sin resolver.
Como la policía y las autoridades locales no tomaban car-
tas en el asunto, una delegación de Yumbo, encabezada
por el dirigente comunista Hernán Dionisio Calderón (presi-
dente de Sintramunicipio de Yumbo y dirigente de la Fede-
ración de Trabajadores al Servicio del Estado, Fenaltrase)
viajó a Bogotá y entregó al entonces Procurador General
de la Nación, Carlos Jiménez Gómez, el 27 de agosto de
1985, un documento en el cual indicaban:

“Denunciamos el clima de terror que se ha adueña-


do de Yumbo ya que a raíz de él se han cometido
decenas de crímenes que permanecen en la impu-
nidad ... A raíz de la toma de Yumbo realizada por el
M-19, el 11 de agosto de 1984, han sido asesinados
posteriormente más de cuarenta jóvenes después de
haber sido sometidos a crueles torturas” (Tomado del
semanario Voz, edición Nº 1.357, del 10 de octubre
de 1985, p. 7).

En ese mismo documento se mencionaba al alcalde con-


servador, Jairo Romero, como inspirador de las masacres,
se sindicaba a las Fuerzas Militares de estar comprometidas
en los homicidios y se presentaba una lista de aproximada-
mente 40 nombres, fechas, lugares y datos de las personas
asesinadas. En este documento también se hacía mención
al atentado perpetrado el 27 de diciembre de 1984 contra
el concejal del Frente Democrático de Yumbo, Henry Cuen-
ca Vega, desde un automóvil Renault 12 de color rojo, en la
autopista Cali-Yumbo, afortunadamente sin consecuencias
graves, y se informaba sobre el secuestro, durante varias
horas, del que había sido objeto Dalila Cárdenas, esposa

92
de Hernán Dionisio, el 4 de
septiembre de 1985, cuan-
do se dirigía a tempranas
horas de la mañana hacia
su trabajo en los juzgados
de Cali (sector de Santa
Rosa, en pleno centro de la
ciudad), por parte de dos
sujetos que, en tono ame-
nazante, le mostraron dos
álbumes fotográficos: uno
que recogía gran parte de
la actividad política y labo-
ral de Hernán Dionisio (don-
de observó también regis-
tro fotográfico del dirigente
cementero Gilberto Pareja) Dionisio Hernán Calderón, presidente de
Sintramunicipio de Yumbo, asesinado el 28 de
y otro bastante macabro septiembre de 1985.
con láminas de cadáveres,
preguntándole cómo quería encontrar a su esposo y que,
para evitarlo, la mejor solución era que se marcharan de
Yumbo; le exigieron llamarlo inmediatamente para infor-
marlo y a las 2 p.m. la dejaron en libertad dándole un plazo
perentorio de dos días para que se marcharan del munici-
pio. Pero Hernán Dionisio no se marchó y, por el contrario,
se dio a la tarea de organizar el “Foro por el respeto a la
vida y los derechos humanos”, que se celebró el día 13 de
septiembre, en el Concejo Municipal de Yumbo ubicado en
el edificio de la Alcaldía en la plaza central, y que contó
con una numerosa asistencia, a pesar de que durante toda
la tarde se militarizó el municipio y se hicieron desfilar por
céntricas calles tanques y vehículos artillados, que a las 4 de
la tarde se ubicaron en las esquinas de esa plaza. El clima
de terror era imperante y mucho más cuando al anochecer
sabotearon el servicio de energía quedando sin luz el centro
de la ciudad. Pese a todo el foro fue exitoso.

Quince días después de realizado el foro, Hernán Dionisio


Calderón sería asesinado, el día 28 de septiembre de 1985,

93
por sicarios en la misma sala de su residencia, en presen-
cia de su esposa Dalila, quien narró al semanario Voz esos
duros momentos.

“El se abalanzó sobre mí como para protegerme. Al-


canzó a caminar luego hasta la puerta, después de
recibir seis tiros en el cuerpo ... Yo le había pedido
que nos fuéramos de Yumbo ... Pero él quería morir
en su pueblo y me decía, mija, el día de mi sepe-
lio quiero que me lleven flores rojas y coloquen una
bandera del Partido sobre el ataúd” (Voz, edición Nº
1.358, 17 de octubre de 1985, p. 18).

El día del homicidio de Hernán Dionisio Calderón era sába-


do y se realizaban las festividades del municipio de Yumbo.
Cuentan sus compañeros de la UP que el alcalde conser-
vador Romero se encontraba festejando en plena plaza
central entre voladores, risas y licor con sus amigotes y par-
te del séquito sicarial que generalmente le acompañaba
(individuos conocidos con los alias de “Puntilla”, “El Cura”,
“El Indio”, “Chacuela” y “Careperro”. Ante el asesinato del
líder upecista, la sirena del cuerpo de bomberos empezó
a sonar en señal de duelo; la gente se enfureció y reclamó
a viva voz en la plaza, pues se sabía ampliamente de las
amenazas que existían contra su vida y de la responsabi-
lidad directa del alcalde sobre ellas. Frente al crimen, el
burgomaestre entre risas exclamó: “Bueno, es un muerto
más ... y las fiestas deben continuar”.

Se realizó un sepelio multitudinario, con una gigantesca


marcha por las principales calles de Yumbo; su pueblo lo
lloró exigiendo justicia; otros, temerosos pero no menos con-
movidos, daban desde las puertas y ventanas de sus casas
el último adiós a este líder carismático, entregado a su co-
munidad y a sus convicciones. Al llegar al cementerio los
miembros de la Unión Patriótica notaron la presencia de los
sicarios, que desde varios carros les hicieron, prácticamen-
te, “calle de honor”. Fue un momento difícil aunque contra-
dictorio. Los upecistas no sabían si llorar o reír, pues al encon-
trarse sus ojos con los de los asesinos, sus miradas huían. Ellos,

94
armados con metrallas, pistolas y odio y los dolientes con
banderas, flores rojas y un ataúd forrado con la bandera del
Partido Comunista Colombiano y de la Unión Patriótica.

John Hernán Calderón, hijo del inmolado líder, que en ese


momento era apenas un niño, lo recuerda y le habla hoy así:

“... Dionisio, como padre fuiste el valuarte de nuestro


ser, un gran ejemplo para la familia, la dignidad, la
honestidad, el amor por la libertad y la igualdad de
los seres humanos. El bienestar de los más oprimidos
fue el legado que nos dejaste para seguir adelante, el
respeto a tu familia, a tus amigos, a tus compañeros,
a tu lucha y a tu gran sueño y, créeme, lucharemos
por lograrlo. Me acuerdo cómo en cada mañana
que te dirigías al baño siempre entonabas la misma
canción de Nino Bravo “Libre”, porque ese era tu sue-
ño: ser libres, y cada vez que escucho esa canción,
me parece verte cuando la entonabas y me invade y
me embarga un dolor tan grande en mi corazón que
no puedo contener las lágrimas. El pueblo yumbe-
ño perdió a un gran líder y sin temor a equivocarme
digo yo el más grande en su historia, pero tus ideas
siguen ahí y no vamos a permitir que se pierdan, por
el contrario seguiremos adelante. Tus amigos te re-
cuerdan a cada instante, con cariño porque fuiste
muy sincero con ellos, honesto y muy cordial y por
eso vives en cada uno de ellos”.

De Henry Cuenca Vega podemos decir que era un orgullo-


so discípulo de la escuela del “negro Arnulfo”, ese gran di-
rigente sindical de Cementos del Valle que se destacó es-
pecialmente en la época de división obrera de finales de
los años sesenta y comienzos de los setenta. Fue él quien
contribuyó a forjar una nueva generación no solo de diri-
gentes sindicalistas sino también de líderes revolucionarios,
dentro de los que se destacó Henry, con una militancia ac-
tiva dentro del Partido Comunista Colombiano y que llegó
a ser miembro de la dirección regional del PC del Valle,

95
Henry Cuenca y su esposa Alba, de paseo “dominguero” con sus hijos Henry,
Eleonora e Ingrid.

concejal por el Frente Democrático en Yumbo y reconoci-


do dirigente nacional de la Unión Patriótica.

Amaba lo que hacía, colocaba “alma, vida y sombrero”,


como dice el dicho, y nunca se vieron dudas a sus con-
vicciones o responsabilidades sindicales y políticas. Sus
amigos y compañeros aprendieron tanto a su lado, que
tal vez pasaron de la amistad a la admiración sin darse
cuenta. Los trabajadores cementeros, tan cercanos a él,
en su boletín Combatiente Proletario del año 1989 (poste-
rior a su homicidio) lo describen como un hombre de recio
carácter, pero inmensamente sensible y humanista; culto;
incansable lector; fogoso y convincente orador; seguro
de sí mismo, cualidad que transmitía a las personas que
lo rodeaban; soñaba con nuclear a cementeros, banane-
ros y petroleros en la lucha por la vida y contra la guerra
sucia; musicólogo empedernido especialmente del tango
de arrabal, del son caribeño y la protesta latinoamericana;
admirador e hincha del América de Cali, buen practican-
te de ajedrez y de las carambolas billaristas. Y en su vida

96
hogareña fue esposo y padre amoroso, dedicado a su “In-
dia”, como solía llamar a su esposa Alba Emilcen Uribe, y a
sus tres hijos Eleonora, Ingrid y Henry.

Henry Cuenca Vega propició en el Valle, pero especialmen-


te en Yumbo (a pesar de la situación tan adversa, o precisa-
mente debido a ella), la posibilidad de retar “al monstruo en
su cueva y vencerlo”, me refiero a esa convocatoria que los
cementeros hicieron nacionalmente para realizar un “Paro
por el derecho a la vida”, en el año 1988, al interior de las
propias empresas cementeras, las cuales fueron inmoviliza-
das durante 29 días (sedes de Valle y El Cairo) y 37 días (se-
des Nare y Colcarburos), en momentos en que por lo menos
17 de sus trabajadores habían sido asesinados y desapare-
cidos en todo el país a manos de los grupos paramilitares.
Ellos eran Julio Cesar Uribe, Luis A. Gómez, Marcial A. Gon-
zález, Gildardo González, Jesús Antonio Molina, Alfonso Mi-
guel Lozano, Ignacio Bedoya, Pablo Córdoba, Alfonso Loai-
za, Gustavo Callejas, Víctor Isaza, Argemiro Colorado, Darío
Gómez, Arturo Salazar, Jesús Emilio Monsalve, Juan de Jesús
Grisales, Héctor Julio Mejía, la gran mayoría obreros de Ce-
mentos Nare, lo que evidenciaba la participación patronal
de esta sede en su criminal ejecución.

Una actividad de esta naturaleza, como fue el Paro por el


derecho a la vida, nunca antes había sido realizada por or-
ganización sindical alguna en Colombia y no se ha vuelto
a repetir. La prensa, radio y televisión entrevistaban a los lí-
deres sindicales, entre ellos a Henry Cuenca, que para esa
época ya era el presidente de la Federación de Trabaja-
dores de la Construcción y el Cemento (Fenaltraconcem),
directivo nacional de la Central Unitaria de Trabajadores
(CUT) y secretario general de la Federación Latinoameri-
cana de Trabajadores de la Industria de los materiales de
la Construcción y la Madera (Flemacom), preguntándole
cuándo finalizaría el paro, para luego pasar a enumerar los
“perjuicios que causaba a la comunidad” el cese indefini-
do de las actividades laborales. Pero en realidad, detrás de
los medios de comunicación se escudaban los empresarios

97
cementeros bas-
tante preocupa-
dos, no por la
vida de sus tra-
bajadores, sino
por las pérdidas
millonarias que
sufrían día a día.
Ese exitoso paro
por el derecho
a la vida, que
logró informar y
Así lucía la entrada principal a la empresa Cementos del Valle divulgar a toda
durante los 29 días en que fue tomada por los trabajadores,
para exigir el respeto a la vida de los cementeros del país - la opinión pú-
1988. blica nacional
e internacional
sobre la verda-
dera situación
anómala sufrida
por los trabaja-
dores cemente-
ros en sus propios
sitios de trabajo,
nunca fue per-
donado por los
magnates de la
Ante los medios de comunicación, en 1988, Henry Cuenca in-
industria del ce-
forma el sentido trascendental del “Paro por la vida”, exigiendo mento, verdade-
castigo para los asesinos de los trabajadores cementeros en
todo el país. ros responsables
de los masivos
asesinatos y desapariciones.

El día 30 de julio de 1989, Henry Cuenca Vega fue asesi-


nado en total indefensión por tres individuos que le pro-
pinaron varios disparos con arma de fuego. Según su es-
posa Alba Emilcen, en absurdos y confusos hechos, Henry
habría entrado a tomar una cerveza en un billar cercano
a su residencia en Bogotá (calle 5 sur con carrera 11B) y
aceptó jugar billar, de forma desprevenida e inocente con

98
sus mismos victimarios. Quedó pendiente su viaje para el
día siguiente, 31 de julio, cuando se trasladaría a Managua
(Nicaragua) a una reunión especial del Secretariado
de la Federación Latinoamericana de Trabajadores de la
Industria de los materiales de la Construcción y la Madera
(Flemacom).

La noticia de su brutal homicidio causó gran estupor, pro-


fundo dolor y un hondo vacío del cual ni sus familiares, ni
sus compañeros cementeros del país, ni los dirigentes lati-
noamericanos agrupados en Flemacom, ni aquellos que
lo conocieron de manera simple en la marcha callejera
en Yumbo o en su sencillo pero claro discurso sobre la ne-
cesidad de fortalecer a la Unión Patriótica en el departa-
mento del Valle, podrán recuperarse. Las honras fúnebres
y su entierro conmocionaron a Yumbo y a Cali; fue vela-
do en la propia sede del Sindicato Único de Trabajado-
res de la Industria de Materiales de la Construcción (Suti-

Los trabajadores cementeros le brindan un merecido tributo al asesinado dirigente Henry


Cuenca Vega en su sindicato de Sutimac, Yumbo.

99
mac), en Yumbo, a solicitud de la misma comunidad, y al
día siguiente se realizó una gran marcha automotor que
le acompañó hasta el cementerio Jardines de La Aurora
en Cali. Sus palabras premonitorias se convirtieron en una
cruda realidad y en una consigna que se repitió durante
varios años (incluso hoy, en ocasiones, se escucha) no solo
en el Valle del Cauca sino en todo el país: “En esta lucha
nos toca darlo todo ... hasta la vida misma”.

Su hija Ingrid lo recuerda de la siguiente manera:

“Un padre incomparable, un ejemplo de vida singu-


lar, un hombre inolvidable, una ausencia muy grande.
Quienes cegaron su existencia nunca se imaginaron
que no podían apagar plenamente esa grandeza de
trabajo que había realizado, por lo cual esa huella si-
gue viva. Quienes cegaron su vida alejaron un padre
de sus hijos y de su esposa, mataron los sueños de un
hogar, lo privaron de un abuelo para sus nietos, del
apoyo de un padre en cada momento de la vida
... Cómo lo extraño y qué falta me hace. Quienes lo
conocieron saben bien que fue un político puro y sus
amigos y familiares pudimos disfrutar de la gran ca-
lidad humana que él poseía, de estructura recta, de
gran sensibilidad y gran amor por su familia y por sus
ideales inquebrantables. Quienes vieron esa imagen
recta, humana, buena, conocieron un hombre único
y por eso aún lo recuerdan”.

Los yumbeños y caleños, especialmente la Juventud Co-


munista y la Unión de Jóvenes Patriotas, recuerdan con
mucho cariño a la docente Olga Esther Bernal Dueñas,
maestra de los colegios privados Ricardo Magno y Santa
Patricia en la ciudad de Cali. Ella se caracterizaba por su
dinamismo, alegría y empeño en la creación de grupos
culturales; pertenecía al reconocido Clucydey de Yumbo,
organización social que lograría desarrollar en este munici-
pio, a partir de 1986, una variedad de actividades en apo-
yo al trabajo político de la Unión Patriótica. Aprovechando

100
las vacaciones de finales de 1987 e inicios de 1988, viajó
al puerto de Buenaventura el día 6 de enero para aten-
der una reunión de la UP con jóvenes bonaerenses, entre
los que se encontraba el estudiante Froilán Torres, y la re-
unión se llevó a cabo sin contratiempos. Al día siguiente
7 de enero, fecha en que regresaría a la ciudad de Cali,
según había informado a su señora madre Melba Dueñas
de Bernal, no volvió, alarmando a su familia.

Los familiares y algunos de sus compañeros y amigos orga-


nizaron rápidamente su búsqueda tanto en Buenaventu-
ra como en la región del Darién; sin embargo conocerían
días después en el municipio portuario, por la narración de
algunos testigos y de Euclides Mosquera, amigo de Froilán,
la terrible historia de la detención arbitraria y tortura de
Olga Esther, que con el paso del tiempo se convertiría en
una de las desapariciones forzadas más dolorosas del Va-
lle del Cauca, junto a la del joven Froilán Torres.

Estos hechos contaron con


la total autoría de la Policía
de Buenaventura. Fue uno
de los primeros casos de-
nunciados por la familia de
Olga Esther Bernal Dueñas,
ante la Comisión Interame-
ricana de Derechos Huma-
nos de la Organización de
Estados Americanos (OEA).

Según narran los testigos


presenciales (información
recogida de las declara-
ciones suministradas), el
día 7 de enero de 1988, en
horas de la mañana, Olga
Olga Esther Bernal Dueñas, miembro de la
Esther y Froilán se encontra- Juventud Comunista y dirigente de la Unión
ban tomando un café en la Patriótica del Valle del Cauca, desaparecida
en enero de 1988 por miembros de la Policía
cafetería “Listos” ubicada a de Buenaventura.

101
pocas cuadras de la inspección de Policía. Cuando aban-
donaban el lugar fueron detenidos por un agente de la
policía civil de nombre Luis Alberto Botero Bernal, conoci-
do en el puerto con el alias de “La Escoba” y por otros dos
agentes de civil de apellidos Serrano y Mancilla. Froilán sa-
lió corriendo, pero más adelante fue alcanzado por otros
policías de civil, mientras Olga Esther fue conducida por
las calles que la separaban de la inspección de Policía
(unas 4 o 5 cuadras) a punta de empujones y maltratos,
que ella respondía con gritos solicitando ayuda a los tran-
seúntes e indicando que la iban a desaparecer o a matar.
A esa hora del día y en pleno centro del municipio, mucha
gente la vio y la escuchó, pero nadie la ayudó. Pudieron
más el miedo y el efecto de parálisis que el asesino “La
Escoba” producía en la población. Aquellos que lo recuer-
dan lo describen como un hombre alto, de tez negra, mal
hablado, violento, cuya sola mirada producía escalofríos,
con un acentuado odio contra los activistas de izquierda
y con un buen número de asesinatos a cuestas. Ya en la
inspección de Policía, dicen los testigos, Olga Esther fue re-
cibida por el capitán Guillermo Julio Chávez Ocaña, quien
ordenó su encierro en un cuarto contiguo desde donde
se continuaron escuchando de modo más alarmante sus
gritos. Momentos más tarde, del cuarto salió “La Escoba”
llevando en sus manos la ropa interior y los zapatos de Olga
Esther, los que entregó al capitán Chávez Ocaña. La Poli-
cía procedió a dispersar de la entrada de la inspección a
las personas que continuaban aglomeradas mirando.

Olga Esther fue torturada en la inspección de Policía de


Buenaventura, para luego ser conducida por breves ins-
tantes al hospital local, con señales de moretones y golpes,
pero media hora después fue retirada con el argumento
de que estaba intoxicada y que debían volver a detenerla.
A partir de ese momento se desconoce su paradero, así
como también el del joven estudiante Froilán Torres.

A pesar de la gran cantidad de testigos de ese 7 de enero


de 1988, no se avanzó en el esclarecimiento de lo ocurrido.

102
Muchas personas comentaron a la familia los hechos, pero
así mismo se negaron a denunciar públicamente, ante las
autoridades competentes, a los miembros de la Policía
implicados en esta desaparición. Por su parte, el capitán
Chávez Ocaña negó en repetidas oportunidades los he-
chos, diciendo que a la inspección nunca habían entrado
Olga Esther Bernal Dueñas o Froilán Torres y enseñaba un
libro de registro en el que no aparecían los nombres de los
miembros de la Unión Patriótica desaparecidos. Al poco
tiempo fue trasladado de Buenaventura, ascendido y, se-
gún datos aportados por doña Melba Dueñas de Bernal,
en la actualidad se encuentra radicado en la ciudad de
Pasto.

4.6. En Jamundí
Jamundí, un municipio netamente agrícola y por lo tanto
campesino, desarrolló su actividad como Unión Patriótica
con mucha organización y dedicación. En las elecciones
del 9 de marzo de 1986 la UP “barrió” prácticamente en los
corregimientos con una votación de 714 votos y 214 sufra-
gios en la cabecera, que le sumaron un total de 928 votos
para elegir al concejal Elías Isaza Pérez y quedar ubica-
da como cuarta lista más votada, después de los liberales
Delio Cuadros Rusca (1.988 votos), Víctor Manuel Grajales
(953 votos) y Mauricio Holguín (1.552 votos), por encima de
todos los candidatos conservadores. (Periódico El Rotativo
Diferente, edición Nº 75, p. 8).

Tales resultados fueron trascendentales en esta región, a


pesar de la arremetida militarista contra la población agra-
ria denunciada así en el semanario Voz:

“Efectivos militares adscritos a ocho batallones del


Ejército iniciaron un bombardeo indiscriminado con-
tra la población civil de varias regiones agrarias del
Valle del Cauca, informaron aquí campesinos que
sobrevivieron al fuego y lograron escapar a un estre-

103
cho cerco de tropas que impide la movilización de
las aterradas personas. Los bombardeos se iniciaron
a las 7 de la mañana del domingo 16 de febrero de
1986 y los testigos presenciales indicaron que doce
horas después seguían recibiendo el castigo de los
disparos de granadas y morteros, en un operativo en
que participaban además 2 aviones de combate y 3
helicópteros. La ofensiva se desarrolla con el pretexto
de combatir a grupos insurgentes y en ella se desta-
can por su agresividad los batallones Rifles, Colombia
y Vencedores” (Ver semanario Voz, edición Nº 1.374,
20 de febrero de 1986, p. 17). “Desde fines de febre-
ro el Ejército ha venido bombardeando una amplia
zona del municipio de Jamundí (Valle), en particu-
lar las veredas de La Liberia, Villa Colombia, La Ca-
baña, La Meseta y San Antonio, según denunció la
Confederación Sindical de Trabajadores de Colom-
bia (CSTC). Como resultado de esos bombardeos, en
la noche del 4 de marzo de 1986 fueron muertos 17
campesinos y hay otros desaparecidos. Las tropas
cometen toda clase de tropelías con el pretexto de
combatir al M-19, cuando en realidad en esa zona la
influencia predominante es la de la Unión Patriótica.
De lo que se trata, entonces, es de obstaculizar las
elecciones, atemorizar a la población e impedir que
los ciudadanos puedan expresarse libremente por la
UP” (Ver semanario Voz, edición Nº 1.376, 13 de mar-
zo de 1986, p. 9).

Luego de escuchar en plena plaza pública las propuestas


de la plataforma upecista en boca del senador Braulio He-
rrera, en octubre de 1986, con una asistencia apoteósica,
especialmente de las veredas y los corregimientos, cuyos
habitantes efectuaron largos recorridos en jeeps, buses es-
calera y camiones, los resultados electorales en el año 1988
fueron también determinantes y dieron continuidad a la
concejalía de Elías Isaza Pérez, quien durante tres periodos
consecutivos, desde 1986 hasta 1992, fue electo para ocu-
par ese cargo. Sin embargo, a raíz de las múltiples amena-

104
zas, detención arbitraria e intento fallido por atentar contra
su vida, debió abandonar el municipio y el país durante
varios años.

Elías Isaza Pérez es todo un personaje, buen conversador,


alegre, ingenioso y siempre tiene un chiste a flor de labios.
Posee una trayectoria política de 35 años, al lado del Par-
tido Comunista Colombiano con la UNO y el Frente Demo-
crático y así vivió su experiencia como líder de la UP en
Jamundí:

“Desde el Concejo y como Unión Patriótica noso-


tros proponíamos foros con la comunidad, juntas de
acción comunal y representantes de la zona rural
(veredas y corregimientos), para que las inversiones
fueran transparentes y lograran satisfacer las nece-
sidades más apremiantes de la comunidad; estas
generalmente eran programas de vivienda para el
sector urbano y ca-
rreteras, acueductos,
puestos de salud, es-
cuelas para el área
rural. Esta forma de
trabajo agradó mu-
cho a la gente, a pe-
sar de que éramos
una sola presencia
en el Concejo contra
las mayorías oficialis-
tas, que siempre se
opusieron a nuestras
propuestas impidien-
do el adecuado de-
sarrollo de la pobla-
ción. A pesar de ello
logramos la creación
del puesto de salud
Elías Isaza Pérez, concejal de Jamundí por la en La Liberia, amplia-
Unión Patriótica desde 1986 hasta 1992.
ción del puesto de

105
salud de Villacolombia, la creación de un Centro de
Capacitación Comunitaria (Capaca) en San Anto-
nio (exactamente en la vereda El Cedro) en conve-
nio con el Servicio Nacional de Aprendizaje (Sena) y
la construcción de tres acueductos rurales para La
Meseta, El Cedro y otro lugar que en el momento no
recuerdo. Para el área urbana la actividad más signi-
ficativa y la que más adeptos nos dio fue la originada
a raíz de la ley 9ª de 1989, que propuso la necesidad
de que algunos terrenos aledaños al casco urbano
fueran declarados de utilidad pública para la cons-
trucción de vivienda popular. La Unión Patriótica
presentó un proyecto de acuerdo que nos permitía
declarar como terreno de utilidad pública cerca de
500 hectáreas para realizarlo.

Ello despertó gran inquietud, bastante positiva en


la comunidad pero negativa en los terratenientes
opuestos a ello, pero logramos concertar, a través
del Centro de Inquilinos de Cenaprov, creado por
la UP, (que logró tener 663 afiliados. Ver periódico
El Rotativo Diferente, edición Nº 91, pp. 1 y 10) y con
apoyo de la Central Nacional Provivienda, que del
terreno llamado “Sachamate” del señor Ciro Velasco
y su descendencia, ellos cedían 35 hectáreas y se les
compraba a como estuviera en ese momento el me-
tro cuadrado en catastro.

Recuerdo que en esa época salió como a $9 el metro


cuadrado y se lograron hacer cerca de 2.000 vivien-
das, donde se le entregaban a la gente los lotes con
servicios públicos y ellos empezaban su autocons-
trucción, con un plazo de cinco años para pagar,
con una cuota inicial de $50.000 y $3.000 mensua-
les durante los cinco años, sin intereses de ninguna
naturaleza. Hoy es una extraordinaria urbanización,
con casas en concreto, escuelas, polideportivo y
gozando de una característica de barrio clase me-
dia ... Quiero mencionar que en defensa de mi vida

106
debí salir del país y abandonar mi cargo como Con-
cejal de Jamundí y como coordinador regional de
la Unión Patriótica, actividad que desarrollaba por
esa misma época visitando los municipios del Valle.
Recuerdo que se nos presentó el secuestro de varios
militantes upecistas (Noel Edisson Ramírez, inspector
de la Unión Patriótica en La Liberia; Ricaurte Castro,
presidente de la Junta Patriótica de la vereda cau-
cana de El Palo y de Mariela Pulgarín, esposa del
diputado del Cauca Joaquín Pérez). Viajé a Corinto
(Cauca) para efectuar algunas averiguaciones. Yo
portaba una pistola que había sacado de la Brigada
Militar con todas las de la ley y un teniente del Ejército
en este municipio caucano me la decomisó, me hizo
detener en el cuartel de la Policía durante tres días,
para luego remitirme a la cárcel de Corinto, donde
permanecí ocho días más, al cabo de los cuales me
trasladaron a Puerto Tejada, se revisó mi caso, me di-
jeron que habían “cometido un error” y me soltaron,
pero el teniente y mi pistola nunca aparecieron ni
tampoco me ofrecieron alguna explicación sobre lo
ocurrido. Bajo estas condiciones, ¿qué tipo de garan-
tías existen para la propia vida? Posteriormente supe
que se fraguaba mi asesinato en el mismo Jamundí y
nunca más regresé”.

Héctor Alonso Moreno Parra sucedió a Elías Isaza Pérez en


la coordinación departamental del Valle del Cauca y Bal-
domero Zúñiga como suplente al Concejo de Jamundí.

Arcesio Flor era un joven campesino de 20 años de edad,


labraba la tierra y con el fruto de sus cosechas mantenía
a su familia. Vivía en el sitio conocido como “El Manteco”,
vereda el Oso, en el corregimiento de San Antonio, con sus
padres María Irma Íter y Moisés Flor y tres hermanos más. Él
y su familia eran militantes de la Unión Patriótica.

El día lunes 22 de junio de 1987 miembros del Goes, que


se encontraban realizando allanamientos en toda la re-

107
gión, arrimaron a su casa usando un tono amenazante,
insultando y maltratando a los moradores, quienes no
tuvieron otra salida que permitir el libre acceso de los
agentes. Estos procedieron a decomisar unos periódicos
del semanario Voz, dos escopetas rudimentarias, un cu-
chillo casero, mil pesos y la cédula de ciudadanía de la
señora María Irma Íter. Posteriormente amenazaron con
ahorcar a Arcesio, después de preguntar quién era el que
compraba la Voz. El joven se responsabilizó de inmediato,
tratando de proteger al resto de familiares. De manera
violenta lo amarraron del cuello y de las manos y algunos
testigos mencionan que a pie lo condujeron hasta el co-
rregimiento de Villacolombia y luego no se supo más de
él. Sus padres comenzaron su búsqueda, enviando cartas
a la Alcaldía de Jamundí, a la Gobernación del Valle, a la
Personería Municipal y a la Procuraduría Regional, inda-
garon por él en la inspección de policía municipal, pero
no les daban razón alguna de su paradero. En la tarde del
día 23 de junio de 1987 una emisora radial de la ciudad
de Cali daba la siguiente noticia:

“El comandante de las Farc, Arcesio Flor, que había


sido capturado en el corregimiento de San Antonio
con un arsenal de armas y abundante propaganda
subversiva, acaba de fallecer debido a un síncope
cardiaco, cuando bajaba las escaleras al salir de
un interrogatorio en las instalaciones de la Sijín de
Cali”.

Lo cierto es que Arcesio Flor fue arbitrariamente detenido,


interrogado en las instalaciones de la inspección de Fray
Damián en Cali, torturado y golpeado cruelmente hasta
morir, pues, según la necropsia, se certificó que la causa
de muerte fueron los múltiples golpes que reventaron sus
órganos internos. (Ver información en el periódico El Rotati-
vo Diferente de Jamundí, ediciones 90 y 91). Posteriormente
sus familiares debieron abandonar la región y desplazarse
forzosamente a causa de las constante persecución oficial
y amenazas contra sus vidas.

108
Para esta misma fecha en que el movimiento indígena
caucano se desplazaba hacia la ciudad de Cali por la
vía Panamericana, desapareció en la región Diego Fer-
nando Chacón Guido, dirigente de la Juventud Comunis-
ta y de la Unión de Jóvenes Patriotas del Valle, descono-
ciéndose por completo su paradero y las circunstancias
de su desaparición.

4.7. En el centro del Valle: Palmira y el Cerrito


El grupo paramilitar “Palmira Eficiente” asoló el municipio
de Palmira a partir del año 1986, elaborando grafitis ca-
llejeros y publicando una lista de personas a las que ame-
nazó de muerte si no se marchaban de esta localidad. En
estas listas aparecían la totalidad de los directivos sindica-
les de las Empresas Municipales, del Sindicato de Industrias
Metálicas de Palmira, del Sindicato de la Caña de Azúcar
(Sintraicañazucol), de los concejales de la Unión Patriótica
Jairo Quintero y Tarqui-
no Escobar y de algunos
estudiantes y profesores,
entre ellos los militan-
tes de la UP Julio Cesar
Castillo y Romel Victoria.
Posteriormente sucedie-
ron dos atentados dina-
miteros contra la seccio-
nal de la Central Unitaria
de Trabajadores (CUT) y
contra la residencia del
directivo Norberto Las-
so, vicepresidente del
Sindicato de Industrias
Metálicas de Palmira en
agosto de 1989, luego
del secuestro durante
Jairo Quintero, concejal por la Unión Patriótica en
Palmira durante el periodo 1986-1988,
varias semanas, tortu-
sufrió constantes amenazas contra su vida que lo ra y homicidio del fiscal
obligaron a dejar su cargo y su militancia política
con la UP. Jorge Eliécer Agudelo

109
Bermúdez, pertene-
ciente a este mismo
Sindicato, en el mes
de febrero del mismo
año. Todo ello, por su-
puesto, ocasionó una
ola de terror que con-
llevó en la mayoría de
los casos a despla-
zamientos forzados y
dejación del cargo,
como ocurrió con el
concejal de la UP Jai-
ro Quintero. (Informa-
ción semanario Voz,
edición Nº 1.466, 12
de noviembre 12 de
1987, p. 8, y edición Nº
1.514, 24 de noviem-
El líder agrario y dirigente upecista Juan Ignacio bre de 1988, p. 21).
Martínez, su esposa Gloria del Socorro Barco y su
hijo Andrés Ignacio Martínez, en compañía de algu-

Muy cerca de Palmi-


nos familiares y vecinos.

ra, tal vez a una me-


dia hora viajando en carro, se encuentra el municipio de
El Cerrito, lugar que también fue objeto del aniquilamiento
progresivo del movimiento político Unión Patriótica. Allí el
que profirió las amenazas contra los dirigentes upecistas
fue el diputado liberal Silvio Montaño (hoy actual alcalde
de El Cerrito), con la total anuencia del entonces alcalde
Arnaldo Reyes y la actividad paramilitar de la Juventud
Inconforme de Colombia (JIC), en el año de 1989. Es así
como fueron vilmente asesinados los líderes de la Unión
Patriótica José María David, quien además era integrante
del sindicato agrario Sintragricoval, el día 13 de enero de
1989, en la vereda de El Pomo, donde un sicario le propinó
cuatro tiros de revolver, y Juan Ignacio Martínez, miembro
también del Partido Comunista Colombiano del Valle, di-
rigente del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la
Caña de Azúcar (Sintraicañazucol), trabajador azucarero

110
del Ingenio Manuelita S.A. durante 13 años y fiscal de la
Junta de Acción Comunal Villa Nelly, acribillado en el co-
rregimiento de El Placer por un sicario, cuando se hallaba
frente a su residencia y en presencia de su familia. (Ver se-
manario Voz, edición Nº 1.430, 12 de abril de 1987, p. 21;
edición Nº 1.515, 1 de diciembre de 1988, p. 22, y edición Nº
1.546, 3 de agosto de 1989, p. 9).

Gloria del Socorro Barco recuerda así a su esposo:

“Juan Ignacio era un luchador por los derechos de


sus compañeros, muy entregado a la política desde
joven. Pertenecía al Partido Comunista Colombiano
y a la Unión Patriótica y luchó por sus ideales toda la
vida, igualmente era muy dedicado a su familia. Él
logró que la empresa Manuelita (ingenio azucarero)
le entregara camisa a los corteros de la caña, ya que
por esa época apenas les entregaban pantalones y
zapatos, pero él insistió tanto hasta que hizo posible
las tan anheladas camisas para los trabajadores.
Pertenecía también a la junta de acción comunal y
siempre, pensando en el bienestar del pueblo, logró
que en las veredas de El Placer y Amaime colocaran
dos paraderos para que la gente pudiera esperar el
transporte y se resguardara de la lluvia y del sol”.

Líderes juveniles como Gustavo Figueroa y Dillman Bonilla,


que dirigían las principales actividades políticas del co-
mando municipal de laUP en El Cerrito debieron despla-
zarse forzadamente a otras localidades, a causa de cons-
tantes amenazas paramilitares a través de cartas, sufragios
y seguimientos, lo que conllevó finalmente a la salida del
país de Gustavo Figueroa.

4.8 En Tuluá
En este municipio, como en la mayor parte de los muni-
cipios del centro y norte del Valle, está concentrada la

111
mayor parte de los ingenios azucareros, fortín de la clase
empresarial y terrateniente vallecaucana, como son In-
genio Manuelita, de la familia Éder; Ingenio Riopaila, de
la familia Caicedo; Colombina e Ingenio Central Castilla;
Ingenio Providencia, de la familia Cabal; Ingenio San Car-
los, de la familia Sarmiento; Ingenio Mayagüez, de la fami-
lia Hurtado; Ingenios La Cabaña, El Porvenir y El Naranjo,
propiedades de la familia rumano-judía Seinjet; Ingenios
Incauca y Providencia, de la familia Ardila Lulle; Ingenio
Central Tumaco, de los hermanos Salcedo y el Ingenio Me-
léndez, de los hermanos Garcés Giraldo, transformado hoy
en urbanizadora de tierras. Dichas familias no solamente
cubren este producto, convertido en el Valle del Cauca
en un monocultivo, sino también se han diversificado en
sus actividades gerenciales y comerciales a otros sectores
no menos importantes, como por ejemplo ganadería, ma-
dera y papel, servicios públicos, financieros y bancarios y
hasta clubes deportivos regionales, entre otros.

El nacimiento del sindicalismo en el sector azucarero (ha-


cia 1972) produjo una respuesta empresarial consistente en
combinar múltiples estrategias relacionadas con una “in-
terpretación particular” de la legislación laboral, en la que
se realizaban despidos motivados por la actividad sindical,
teniendo muchas veces los sindicalistas que organizarse
desde la clandestinidad. Los despedidos encontraban difi-
cultad para hallar un nuevo empleo en el sector azucare-
ro, ya que los mismos empresarios se daban a la tarea de
informarse dichos acontecimientos y los que no eran des-
pedidos simplemente quedaban estancados, sin ningún
tipo de ascenso ni promovidos laboralmente. La estrategia
más utilizada fue la de apoyar la conformación de sindi-
catos paralelos dentro de la empresa o “de bolsillo”, fieles
a las directivas de los ingenios, como era el caso de los
sindicatos afiliados a Festralva, que gozaban del apoyo de
los empleadores o de centrales sindicales como Utraval,
de dirigencia netamente conservadora y aquiescente con
el mando azucarero. Rechazaban de plano los sindicatos
independientes y atacaban vehementemente la presen-

112
cia de la Federación de Trabajadores del Valle (Fedetav),
afiliada a la Confederación Sindical de Trabajadores Co-
lombianos (CSTC).

En estas circunstancias las condiciones laborales de cor-


teros, empleados y trabajadores de la caña de azúcar,
hacia los años ochenta, no eran precisamente dulces sino
bastante amargas, forzados en muchas ocasiones a ne-
gociar con un contratista de tierras el tipo de trabajo, el
salario y las prestaciones, o también verse sometidos a una
contratación “a destajo”. Sin embargo, luego de años de
arduo trabajo y lucha, con apoyo de la recién constituida
Central Unitaria de Trabajadores (CUT), en 1986, se logró
conformar el sindicato de industria y nació el Sindicato de
los Trabajadores de la Industria de la Caña de Azúcar (Sin-
traicañazucol), el cual constituyó un serio dolor de cabeza
para los terratenientes del azúcar. Por esta razón, desde
su origen, los dirigentes, líderes y afiliados a Sintraicañazu-
col han sido amenazados, perseguidos, desaparecidos y
asesinados por paramilitares, sicarios e incluso militares en
retiro, pagados por los mismos directivas de los ingenios.

Los casos son numero-


sos, entre ellos uno que
causó estupor y rechazo
fue el homicidio contra
el joven Germán Alfonso
Redondo González, ya
que en él claramente se
confabularon los empre-
sarios azucareros y los pa-
ramilitares de la región,
que hacía pocos meses
habían realizado una ho-
rrible masacre de labrie-
gos y campesinos en la
población vallecaucana
de Trujillo. Germán Alfonso Redondo, líder asesinado

113
Germán Alfonso Redondo González tenía 28 años, técnico
electricista de profesión, dirigente sindical afiliado a Sintrai-
cañazucol y militante de la Unión Patriótica. Su actividad
abierta en el ingenio San Carlos como auténtico defen-
sor de los intereses de los asalariados azucareros le habían
ocasionado más de un problema con la patronal, en ca-
beza de Enrique Otero (gerente de producción); Guillermo
Domínguez (superintendente administrativo); Germán Du-
que Jaramillo (jefe de relaciones industriales); Álvaro Posa-
da Borrero (directivo de Asocaña) y de Armando Orejuela
y Juan Mendoza (jefes de seguridad y de cosecha), pero
también el reconocimiento y admiración de sus compa-
ñeros de trabajo que le insistían constantemente para que
tomara las debidas medidas de seguridad, ya que extra-
ños motorizados lo seguían y preguntaban por los sitios que
frecuentaba. Germán Alfonso se cuidaba y mantenía una
actitud prevenida, pero nunca imaginó que dentro del
mismo bus del Ingenio San Carlos se produciría su asesina-
to. El día 13 de noviembre de 1990, a las 6:20 a.m., Germán
Alfonso ocupaba uno de los primeros puestos del bus de la
empresa, al lado de sus compañeros. En el cruce de la ca-
lle 25 con carrera 15 de Tuluá, un hombre desde la acera
lo llamó por su nombre. Cuando él volteó a mirar recibió el
primer balazo en la frente. Acto seguido, un segundo hom-
bre irrumpió por la puerta principal del vehículo disparan-
do ráfagas de metralleta contra la humanidad de Redon-
do González; sus compañeros de silla Laureano Gómez y
Ernesto Guevara quedaron heridos de consideración. Un
tercer sicario que portaba un radio transmisor y se camu-
flaba de obrero en la parte posterior del bus, descendió
como si nada. Dos cuadras arriba lo esperaba un campero
Toyota de color verde, similar al de la policía local.

La situación se tornó aún más dramática, pues al día si-


guiente, miércoles 14 de noviembre, fecha de Paro Nacio-
nal en el que participaría Germán Alfonso y otros miem-
bros de la subdirectiva de Sintraicañazucol, la actividad
se convirtió en un gran sepelio que recorrió las principales
calles de la ciudad. En él, tras los despojos mortales de su

114
compañero y futuro esposo, su novia Gloria Amparo Viveros
Lucumí, impecablemente vestida de negro, culpaba con
sus gritos de dolor a los patronos del Ingenio San Carlos y
al Ejército auspiciador de los grupos paramilitares en Tuluá.
Una semana después y tan solo a 40 metros del sitio don-
de fuera ultimado Germán Alfonso, cayó Gloria Amparo,
también abatida por balas paramilitares. Dos hombres la
interceptaron, le dispararon en la cabeza y, posteriormen-
te, según testigos, moribunda en el suelo, la tomaron del
cabello y, ante el asombro de los transeúntes, la remataron
de ocho disparos más.

El Ingenio San Carlos jamás pudo aclarar su evidente com-


plicidad. Y los sicarios continuaron preguntando acuciosa-
mente por los miembros restantes de la subdirectiva, frente
a lo cual Hugo Cereño (tesorero) presentó renuncia irrevo-
cable a la empresa y Fernando Esquivel (de la Comisión
de Reclamos) abandonó la ciudad, dejando abandona-
dos su empleo y su lugar de vivienda. (Ver información en
el semanario Voz, ediciones 1.617 y 1.618, del 22 y 29 de
noviembre de 1990, pp. 12 y 12-13, respectivamente).

En Tuluá se produciría la desaparición a manos de para-


militares del dirigente y miembro del comando local de la
Unión Patriótica, Heriberto Jaramillo, en el año 1991, y de
William Franco, en el año 1993; los asesinatos de los líderes
y militantes de la UP, Jorge Eliécer Oviedo Valencia, Héctor
Freddy Ramírez, el 3 de abril de 2000, y Eloy Ramírez (hijo);
el intento de homicidio de Marcos Gómez y el desplaza-
miento forzado de la señora Leonilde Salazar, en el año
1986.

4.9 En Sevilla
El norte del Valle, especialmente los municipios de Tuluá y
Sevilla, se han caracterizado por ser la cuna de los “pája-
ros”, asesinos que desde la época de la violencia bipartidis-
ta se organizaron en bandas paramilitares que ejecutaban
de forma brutal y cruel a sus contradictores (ver libro Cón-

115
dores no entierran todos los días del escritor vallecaucano
Gustavo Álvarez Gardeazábal). Las nefastas enseñanzas
de estos criminales se han mantenido por años en una re-
gión agraria, arriera y cafetera por excelencia, donde la
fructífera tierra ha sido y es usurpada por los paramilitares
y por los “caballeros de la droga”, como se les conoce hoy
en día.

El Partido Comunista Colombiano, desde los años sesen-


ta del siglo xx, y la Unión Patriótica, en los años ochenta,
encabezaron una importante actividad al lado de cam-
pesinos, jornaleros, trabajadores de ventas callejeras y de
galerías (plazas de mercado), maestros, estudiantes y al-
gunos pocos académicos de la región preocupados por el
área cultural. Con muchas dificultades y a pequeños pasos
se avanzaba entre la fuerza gamonal y oficial retardataria.
Por tal motivo, los hombres y mujeres de esta región que
logran asumir un papel demócrata y progresista son perso-
najes altamente preparados, trabajadores, convencidos y
verdaderos luchadores por los intereses del pueblo sevilla-
no y vallecaucano.

Allí lograría la calidad de líder de la Unión Patriótica Or-


lando Arcila, un hombre que a pesar de su precaria salud
desde los seis años de edad, dedicaría los mejores esfuer-
zos para que las actividades realizadas desde el Concejo
Municipal (1986) fueran exitosas y en bien de su tan queri-
da comunidad.

Su hermano Jhon Jairo Arcila, quien fuese también conce-


jal en esa época, pero por el Nuevo Liberalismo, se refiere
a él de la siguiente manera:

“En el año 1980 estuvo a punto de morir a conse-


cuencia de un coma diabético, pero su gran fortale-
za y sus deseos de vivir contribuyen para salir airoso
de este delicado trance. Más consciente del mal que
lo aquejaba continúa con su agitada agenda, pero
con mayores precauciones y una dieta rigurosa que

116
le pudiera garantizar un
mejor bienestar.

En los primeros años de


la década de los ochen-
ta toma la determina-
ción de trasladarse a
su patria chica (Sevilla-
Valle), donde inicia la
última pero más produc-
tiva etapa de su exis-
tencia. Inicia un trabajo
político muy difícil con
la Unión Patriótica, mo-
vimiento que vive la más
terrible persecución de De visera blanca, el concejal Orlando Arcila
en plena actividad política por las calles de
fuerzas oscuras que han Sevilla, acompañado por varios líderes y
simpatizantes de la Unión Patriótica.
planeado sistemática-
mente la eliminación
de miles de sus miembros; recupera para su partido
la credibilidad y un escaño en el Concejo del muni-
cipio. De 200 votos que obtuvieron en las elecciones
de 1982 (por el Frente Democrático), con su tesón, ca-
pacidad de convocatoria y lealtad con los principios
esenciales de su Partido, pasaron a obtener más de
1.300 sufragios en las elecciones de 1988, perdiendo la
posibilidad, por primera vez en la historia de Sevilla, de
alcanzar dos curules en la corporación edilicia. Solo
40 votos lo separaron de este significativo hecho, que,
según criterio de los entendidos en la materia, fueron
más producto de la trapisonda y el manejo politiquero
de los grupos que manejaban la cosa pública en el
momento.

Desde su primera elección al Concejo fue un incansa-


ble luchador por los derechos del pueblo, se convirtió
en el representante de las comunidades más necesita-
das y nunca tuvo el más mínimo temor por cuestionar
y hacer público todo hecho que violara la ley. Convo-

117
có al pueblo y especialmente a sus colegas para que
la administración municipal le diera cumplimiento a
las nuevas disposiciones de ley, con mayor énfasis en
aquellas que ordenaron la participación de la comu-
nidad en el manejo de los asuntos públicos. Siempre
estuvo atento en defender al ciudadano humilde que
en esta época de crisis termina por ser ultrajado y sus
derechos violados ... Desde el periódico La Opinión
que creó, mantuvo informada a la población de los
diferentes sucesos políticos, económicos y administra-
tivos de la municipalidad; denunció sin contempla-
ción al bribón, poniendo su propia vida en peligro y a
pesar de las continuas amenazas, sobre todo en esos
tiempos de exterminio a los miembros de la UP. Él mis-
mo lo expresa con mucha claridad cuando en uno de
sus artículos nos dice:

‘Nosotros en consecuencia no retrocederemos ante


el horror y el miedo que se ensaña contra la Nación
y contra los demócratas. Somos indoblegables en la
denuncia que desgobierna y mata, contra la apatía
en que se quiere sumir a la gente del común, lo mejor
de la República; seguiremos avanzando a la paz que
tanto anhela nuestra larga historia de soledad y do-
lor. Seremos implacables contra los corruptos ...’

Soportó con rabia y esperanza los crímenes con-


tra tanto hombre bueno y útil a la sociedad, siem-
pre soñó que con cada sacrificado estábamos más
cerca de la paz en nuestra dolorida Patria; lloró con
amargura la muerte de Pardo Leal, Bernardo Jarami-
llo, Luis Carlos Galán y tanto líder asesinado, porque
entendía que perdíamos los hijos que más necesitaba
Colombia, pero más sufrió cuando enterró sus cerca-
nos amigos de campaña, sus humildes campesinos
camaradas como Luis, Óscar, Richard y tantos otros,
que no alcanzaría el papel para nombrarlos ...

Su paso por el Concejo dejó una huella imborrable,

118
puedo decirlo sin temor a equivocarme, el mejor edil
de los años ochenta; presentó todo tipo de proyectos
de acuerdo a la corporación, razón por la cual con-
virtió el recinto del Concejo en el lugar donde se tra-
zaba el futuro de Sevilla. Estudiaba con dedicación y
debatía con conocimiento de causa cada tema; nos
dio una gran lección de dedicación y honradez en
el cumplimiento de su deber y a pesar de su terrible
enfermedad que cada día lo minaba más, no bajó
la guardia ni permitió que por tal razón se le tuviera
lastima...” Orlando falleció víctima de un coma dia-
bético en los primeros meses del año 1992.

La actividad paramilitar en el municipio de Sevilla se llevó


a cabo de una manera bastante particular y diferente al
resto de municipios del Valle. Mientras que en el resto de
locales se hablaba de hombres extraños y desconocidos
que se movilizaban por la región, allí, por su violenta tradi-
ción, se prepararon y se armaron a jóvenes lugareños, que
se convirtieron en toda una generación de paramilitares y
sicarios a sueldo. En las diversas historias recogidas con los
sobrevivientes de la UP no sorprende encontrar asevera-
ciones como las siguientes:

“Desde pequeños nos conocíamos, pero esos mu-


chachos se convirtieron en enemigos de nosotros y a
veces, cuando uno se los encontraba, los saludaba
de manera fraternal, pero ellos ya no contestaban
y lo miraban a uno con ganas de asesinarlo ... en-
tonces uno sentía como desazón y se preguntaba
¿hasta dónde hemos llegado? ... Ellos nos conocían
y nosotros también conocíamos a los paramilitares,
porque eso fue un grupo como de diez muchachos
que se iniciaron en esta trágica actividad. Era fácil
identificar, cada vez que se cometía un crimen, quién
lo había cometido, pues era gente que conocía y se
movía con facilidad en la zona” (La persona solicitó
reservar su identidad).

119
Uno de los casos más contradictorios y difíciles de asumir y
manejar para todos los miembros y dirigentes de la Unión
Patriótica fue el de Alfredo Osorio, antiguo militante, que
fue incluso amenazado y hostigado durante el año 1985,
cuando recién el movimiento político iniciaba su activi-
dad en Sevilla. Meses después Osorio es llamado por sus
compañeros, debido a sus actitudes de abierta delación
en contra de ellos y de la misma seguridad del Partido. En
primer lugar negó su participación como informante de
la policía local, pero al mencionársele casos concretos
los amenazó y se marchó. Este hombre causó un enorme
daño, ya que, convertido en paramilitar, se dio a la nefasta
tarea de señalar, lista en mano, a todos los miembros de
la Unión Patriótica no solamente de Sevilla, sino también
de otros municipios como Tuluá, Cartago, Caicedonia y
Obando. Muchos indican que en ocasiones viajaba hasta
el eje cafetero con la misma finalidad.

El terror y el miedo se apoderaron de los militantes, cada


vez que lo veían en las calles del municipio, ya que gene-
ralmente el que se cruzaba con él estaba expuesto a per-
der la vida, como sucedió con muchos. Un militante de la
UP de Sevilla recuerda:

“Alfredo Osorio fue como una especie de Castaño


local, él empezó a preparar a los muchachos para
los crímenes, fue prácticamente la génesis de todo
ese movimiento paramilitar en Sevilla. En la mayor
parte de los crímenes de los militantes de la UP él
estaba detrás de eso. Poco a poco otras personas
se anexaron a los paramilitares, se ordenaban eje-
cuciones, existían fincas auxiliadoras que servían de
escondites, se entregaban dineros para compra de
armas y vehículos”.

Los asesinatos en la región fueron múltiples, los dirigentes


sobrevivientes mencionan cifras cercanas a las 100 perso-
nas. Los corregimientos más afectados fueron San Antonio,
Cebollal y Canoas, donde la votación electoral a favor de
la UP había sido bastante nutrida. En esa ola criminal se

120
Repudio general de la población Sevillana en la plaza central, contra los asesinatos de mili-
tantes y dirigentes de la Unión Patriótica.

han podido recuperar los


nombres de Alberto Del-
gado (asesinado el 23 de
noviembre de 1986), Luis
Enrique Ruiz, Ángel Sica-
rone (asesinado en 1990),
Raúl Torres (asesinado en
1990), José Evelio Jarami-
llo (asesinado en 1990),
Luis Ernesto García (asesi-
nado el 15 de agosto de
1990), Ricaurte Suárez, ins-
pector del corregimiento
de Canoas y Jorge Res-
trepo (asesinado el 21 de
junio de 1994).
Jorge Restrepo, hijo, caricaturista, nos obsequió
“Mi padre, Jorge Res- este retrato de su padre.

121
trepo, líder de la Unión Patriótica, presidente de la
Junta de Acción Comunal de San Antonio, un hom-
bre dedicado a las actividades comunitarias a favor
de los más desfavorecidos y necesitados, trabajó
con empeño por la realización de vías intervereda-
les que no alcanzó a conocer, prestaba ayuda para
que la salud y la educación llegara a las alejadas
zonas agrarias. Los asesinos materiales fueron Alde-
mar Marín, un muchacho de mi misma edad, que
luego de asesinar a mi padre se fue a beber. Se em-
borrachaba y se vanagloriaba por ello, decía que él
era el número 33 en su lista de asesinados y su primo
Jorge Rodríguez, que era bastante desalmado y des-
piadado. Después nos enteramos que a él lo habían
matado por el Caquetá, lo mataron de una manera
atroz, horrible, nos comentaron las torturas que sufrió,
se involucró con narcotraficantes y se encontró con
otros más sanguinarios”.

4.10. En Buenaventura
Desde su inicio la Unión Patriótica se fortaleció alrededor del
Partido Comunista Colombiano, organización política que
aportó un número indeterminado de militantes, quienes en
la práctica fueron los fundadores de la UP en el puerto de
Buenaventura: Juan B. Panameño, Armando Mosquera,
Manuel Cervelión Murillo Reyes, Óscar Palencia, Arnulfo Per-
domo, Alberto Chavarro Díaz, Herlindo Riascos, Jorge Posso,
Pompilio Mosquera, Carlos Quiñónez, entre otros.

Inicialmente el proceso de construcción del Partido Comu-


nista Colombiano en Buenaventura requirió de un trabajo
arduo y prolongado debido a varios factores:

• El abandono político y administrativo por parte del


gobierno central.

• Un municipio que generaba y genera al país ingresos

122
En la fotografía se aprecia parte del comando municipal de la Unión Patriótica de
Buenaventura. De izquierda a derecha: Armando Mosquera dirigente sindical bancario y
del PCC (Q.P.D.), Óscar Palencia, un dirigente de la madera, Juan B. Panameño dirigente
sindical y del PCC (Q.P.D.), Arnulfo Perdomo trabajador de la construcción,
Alberto Chavarro Díaz, funcionario del PCC y líder de la UP, y Manuel Cervelión Murillo
Reyes, trabajador de Puertos de Colombia y militante del PCC, asesinado el 9 de noviembre
de 1986.

millonarios por ser el principal puerto colombiano so-


bre el océano Pacífico, pero al cual nunca le fueron
retribuidos beneficios sociales para sus moradores.
Las carencias de servicios básicos como agua, ener-
gía, alcantarillado y vivienda, entre muchas otras, es-
taban, y aún lo están, a la orden del día.

• Una clase sindical como la de Puertos de Colombia,


ajena totalmente a los procesos comunitarios y socia-
les, preocupada tan solo en aumentar sus prebendas
y enriquecerse.

Fueron justamente las luchas sociales del pueblo bonae-


rense las que en última instancia fortalecieron la presen-
cia tanto del Partido Comunista Colombiano como de la
Unión Patriótica. Los principales trabajos se desarrollaron
en el fortalecimiento de las organizaciones sindicales, entre
las cuales sobresalía el Sindicato de la Madera (Sintrama-
deras), que pertenecía a la Federación de Trabajadores
del Valle (Fedetav), el Sindicato de la Malaria agrupado

123
a través de la Anthoc-Valle y algunos sindicatos bancarios
pertenecientes a la Unión Nacional de Empleados Banca-
rios (Uneb). Así mismo, se efectuaron importantes activida-
des comunitarias a favor de la vivienda, en sectores como
los predios de bajamar, supuestamente pertenecientes a
la Armada Nacional, pero a los cuales posteriormente les
aparecieron otros “dueños”. Luego de una intensa lucha,
que culminaría con la toma de la Catedral de Buenaven-
tura por parte de 19 militantes, es la Unión Patriótica el mo-
vimiento que logró la titulación de dichos predios para la
comunidad; también se conformó un Centro de Acopio
para los productos de los pescadores artesanales en el
puerto, mediante la importante labor del dirigente coope-
rativo, profesor Bedoya; se hicieron talleres artísticos y lite-
rarios a favor de la identidad cultural negra, desarrollados
por el poeta Alfredo Vanim, Óscar Muñoz y las folcloristas
Alicia Camacho y Ligia Montañés, quienes posteriormente
posibilitarían el surgimiento del Movimiento de Negritudes
de San Juan de Dios y del Movimiento Cimarrón; y se con-
tó con el decidido apoyo y la colaboración del periodista
Adonai Cárdenas Castillo, en Radio Buenaventura, con su
programa “Segunda Marcha” y del empresario Leonel Re-
bellón Cano.

La UP de esta zona amplió su radio de acción al corregi-


miento de Los Córdobas en donde se entabló un plan de
protección para la tierra de los colonos que la habitaban
(campesinos e indígenas desplazados), hasta el Naya, re-
gión estratégica limítrofe entre los departamentos de Cau-
ca y Valle con salida al mar, que, a pesar de la fertilidad
de sus tierras, las cosechas y la producción, diariamente,
se perdían debido a la carencia de medios de comuni-
cación, transporte y conexión con sistemas de mercado
externo.

A pesar de no haber logrado escaños en el concejo mu-


nicipal local, la actividad política de la Unión Patriótica en
el Puerto de Buenaventura fue reconocida y conllevó a un
sinnúmero de amenazas, asesinatos y desplazamientos for-

124
zados en contra de sus dirigentes, militantes y simpatizan-
tes. Dirigentes como Gilberto Pareja, miembro de la direc-
ción regional del Partido Comunista Colombiano del Valle
del Cauca, asegura que la cifra de víctimas de la Unión
Patriótica en Buenaventura puede ascender a más de 100
personas. Casos como el homicidio de Manuel Cervelión
Murillo Reyes, el 9 de noviembre de 1986, por parte de dos
sujetos que penetraron al interior de su casa, disparando y
huyendo posteriormente o la arbitraria detención y tortura
de Pablo Valoy, activista de la Unión Patriótica en plena
vía pública el 20 de junio de 1986, cuando dos hombres de
civil que se movilizaban en una moto lo interceptaron en el
barrio Monte Chino y, aprovechando la oscuridad de la no-
che, lo golpearon brutalmente, le quemaron el pecho con
cigarrillos, lo amenazaron con arma de fuego y lo sometie-
ron a intensos interrogatorios sobre las actividades desarro-
lladas por su movimiento político, hasta que la presencia
de una pareja que transitaba por el lugar los obligó a huir
(ver Voz, edición Nº 1.397, 31 de julio de 1986, p. 18), son solo
una pequeña muestra del mapa de violencia, intolerancia
y arbitrariedad que vivieron los integrantes de la UP en este
municipio, en donde la ley del silencio y del miedo se impu-
so quedando en completo olvido otros hechos igualmente
graves.

Finalmente es ne-
cesario informar
que durante la
realización de este
proyecto “Recu-
peración de la
memoria histórica,
política y social de
la Unión Patrióti-
ca en el Valle del
Cauca”, fue des-
aparecido el líder José Walter Álvarez, cuando participaba en uno de los
José Walter Álvarez talleres informativos y de sensibilización a líderes de la
UP, efectuado por la Corporación Reiniciar - 8 y 9 de julio
Ossa (de 48 años de 2006.

125
de edad), el 17 de agosto de 2006. Víctima sobreviviente
de la UP, José Walter había sido objeto de amenazas, alla-
namiento y detención arbitraria por parte de miembros
del Ejército adscritos a la Tercera Brigada, con sede en la
ciudad de Cali. José Walter se encontraba militando en el
Partido Comunista Colombiano y en el Polo Democrático
Alternativo del Valle del Cauca; había sido fundador del
Comité Permanente de Derechos Humanos de su ciudad
natal y hasta ese momento era Director de la Corporación
de Ecocultura Danzarte, institución dirigida al desarrollo
ecológico, social y cultural del sector popular y campesino
en el centro del Valle.

Su desaparición ha sido ampliamente repudiada a nivel


regional y a pesar de los esfuerzos adelantados por fami-
liares, amigos, compañeros y por la Corporación Reiniciar,
a la fecha se desconoce su paradero. Su participación en
este proyecto y su colaboración voluntaria fueron determi-

126
nantes y nos permitieron entrar en contacto con dirigentes
y militantes de la Unión Patriótica de su región.

Anexos

Anexo 1
Texto de Braulio Herrera, coordinador nacional de la Unión
Patriótica, escrito en Bogotá en el mes de julio de 1985. (To-
mado de Behar, Olga, Las guerras de la paz, Editorial Pla-
neta, segunda edición, diciembre de 1985, pp. 384, 385,
386 y 387).

“La Unión Patriótica es hija legítima del proceso de paz.


Desde un principio, cuando se produjo la ley de amnistía
(aprobada por el Congreso Nacional durante el primer se-
mestre del gobierno de Belisario Betancur) definimos clara-
mente nuestra posición y sentamos las bases para la con-
ducta nuestra en todo este proceso. Dijimos

“vamos a transformar la ley de amnistía en un instru-


mento de movilización de opinión, vamos a generar

127
debate, discusión, vamos a hablar con todo el mun-
do, vamos a generar un espacio político para hablar
de los problemas de la guerra y de la paz, de las
causas que han creado esta lucha para que quede
claro de una vez por todas que la guerrilla en Colom-
bia no surge porque a un grupo de personas les dio
por formarla o porque un grupo de desadaptados
sociales la hizo, sino que la guerrilla nace en Colom-
bia por causas políticas, sociales y económicas muy
poderosas”.

Pero además dijimos

“vamos a formar un movimiento que conquiste una


verdadera paz en el país, una paz democrática”.

Fuimos llegando a unos acuerdos para recorrer un camino


que no ha sido fácil, que está lleno de espinas, con una
dura confrontación política y con enemigos a quienes no
les han faltado ganas de arrasar con el proceso. El ruido de
sables, de charreteras y de botas ha sido serio.

El país tenía una gran expectativa alrededor de la política


de los alzados en armas. Desde un principio sabíamos cómo
iba a ser la película, sabíamos que tras la violencia siempre
han estado poderosos intereses que han usufructuado la si-
tuación y que resumen la estrategia del imperialismo para
nuestros países y la teoría de la seguridad nacional, y que
consideran que frente a la acción de los actores populares
no puede haber tregua sino una guerra total.

El primer golpeado en este proceso es el militarismo. Sus


defensores no pueden aceptar un cese del fuego con una
guerrilla a la que no han derrotado ni militar ni políticamen-
te, con una guerrilla en ascenso y que está haciendo plan-
teamientos para la transformación, y que derrota decenios
enteros de propaganda negra que señala a sus integran-
tes como bandoleros, como delincuentes.

128
En el pleno del Estado Mayor de las Farc, realizado en La
Uribe en mayo de 1984, cuando faltaban 20 días para la
hora cero del cese al fuego (durante este pleno los coman-
dantes de los 27 frentes se reunieron también y firmaron la
orden de cese al fuego) hicimos un análisis de las perspec-
tivas del proceso que se avecinaba y vimos cómo se repor-
taba un ascenso de la lucha popular y democrática, cómo
la lucha por la paz se había convertido en la preocupa-
ción central del país, cómo la bandera de la paz estaba en
el centro de la discusión, del debate y de la confrontación
política. Entendíamos la gran expectativa de vastos secto-
res de la opinión alrededor de la política seria y coherente
de las Farc y de los mismos acuerdos de La Uribe, que divi-
dieron la historia de Colombia. Entonces nos preguntába-
mos cómo recoger ese nuevo espacio político que tiene la
guerrilla, y que en particular tienen las Farc. ¿Cómo reco-
ger veintiún años de acumulado prestigio, veintiún años de
lucha por la paz? Porque la guerrilla surge como respuesta
a la violencia terrorista, con la necesidad de defenderse
ante la muerte, frente al terror, frente a la agresión, por la
vida, por la paz, por el bienestar. Nos tocó enfrentarnos,
y de qué manera, con las armas, para defender nuestros
intereses y los intereses del pueblo. La última etapa se daba
dentro de una coyuntura muy particular, que es la de la
posibilidad de negociar, de discutir, de llegar a acuerdos
que terminen resolviendo los poderosos factores objetivos
que han generado la lucha armada.

Se habló entonces de crear un movimiento, un partido,


que recogiera a todos los luchadores por la paz. En esos
tres días en los que unos 40 hombres definíamos en la casi-
ta verde nuestro futuro político, no se habló concretamen-
te de la Unión Patriótica, pero sí se asumió el nuevo papel.
No descartábamos que nuestros jefes salieran a la plaza
pública. La lucha guerrillera armada es solo una forma, no
es un fin en sí mismo. Pensamos que si las condiciones del
país cambian y se da la apertura democrática esa forma
de lucha dejará de ser. No le tememos a esto porque no
hacemos la guerra por la guerra, no somos unos enamora-

129
dos de ella, amamos la paz y la vida.

Finalizado el pleno, la idea del partido político se siguió tra-


bajando. Después de la tregua y la primera reunión con la
Comisión de Verificación hubo un pleno del Estado Mayor,
en el que se analizó el proceso. Era un momento en que
las fuerzas de la peor reacción le reclamaban al gobierno
que no podía darle más gabela a la guerrilla, que esto ha-
bía tocado fondo, que no se podían hacer más concesio-
nes, que era necesario que se definieran las cosas ya. Pero
era también el momento en que las fuerzas democráticas
y progresistas sentían un gran vacío y tenían la necesidad
de unirse alrededor de algo. Estábamos levantando las
banderas, pero frente a la unidad bastante monolítica de
la peor reacción, era necesario responder con la unidad
de los trabajadores, del pueblo, de los que queremos la
paz.

La Unión Patriótica surge de esa reunión. Ahí se ventilaron


varios nombres, recuerdo el de “Movimiento de los Colom-
bianos por la Paz”. Finalmente se escogió el de la UP, por-
que reúne todo el concepto político del momento: nece-
sidad de unidad, unidad de la patria, para conquistar la
paz. Las Farc se transforman en plataforma de lanzamiento
de un nuevo movimiento político de los colombianos. Es un
momento que tiene perfiles de Frente, y que aspira a trans-
formarse en un Frente, pero que tiene fuerzas propias que
son las que más se han desarrollado.

El balance ha rebasado sus propios cálculos. Todos improvi-


sados, gente que nunca había estado frente a una cámara
de televisión, que no conocía la forma de preparar una ma-
nifestación, hemos tenido que salir y enfrentar tantas cosas
nuevas. Y la receptividad ha sido extraordinaria: el mejor
juez del significado de la propuesta es este balance.

Como fenómeno nuevo, la Unión Patriótica tiene que rom-


per esquemas y dogmas, formas tradicionales de organi-
zación de la izquierda que han demostrado su ineficacia.

130
Hemos puesto a volar la imaginación y, ante todo, somos
de puertas anchurosas para recoger la imaginación popu-
lar. Es tan amplia la UP que no tiene estatutos, reglamentos
ni cosas de esas. La gente se ha estado organizando, tiene
sus propios nombres, en algunas partes les dicen “coman-
dos”, en otras “comités”. Y lo han hecho por la base, a nivel
de barrios, de veredas, de empresas, de gremios y se ha-
bla de crear una especie de comités municipales, depar-
tamentales y coordinadoras de Unión Patriótica. No que-
remos esquemas y lo hemos logrado: la Unión Patriótica se
parece mucho a las formas tradicionales de organización
popular, hay un presidente, un tesorero, un secretario eje-
cutivo, responsables por áreas. Hemos estado tratando de
recoger toda la iniciativa popular para configurar un tipo
de organización en el que la gente no se sienta metida
en una disciplina cerrada y estrecha. Y también estamos
desarrollando la pelea contra el lenguaje esquemático,
contra ese “ladrillo” que uno piensa que es mensaje pero
la gente no entiende. Las sedes de la UP van a tener un
nombre original que es una prolongación geográfica y po-
lítica de un sitio que ha sido sede de acontecimientos muy
importantes en Colombia como la firma de los Acuerdos
de La Uribe: “Las Casa Verdes” de la Unión Patriótica en
todo el país.

La Unión Patriótica no es el partido de las Farc. Las Farc son


la plataforma de lanzamiento de un movimiento político
de convergencia democrática. Ya se ha visto este objetivo
en las movilizaciones; en veredas, pueblitos, hemos reunido
cuatro, cinco, siete mil campesinos que participan en un
movimiento que no puede ser una nueva edición de las
formas tradicionales de organización de la izquierda, no
queremos que sea una sopa de letras, sino que sea una
fuerza con profundas raíces en el sentir de nuestro pueblo.
Un pueblo que quiere la paz. La violencia nunca ha pro-
venido de los trabajadores. La violencia siempre ha tenido
origen oficial, origen en los dueños de la tierra, del capital
en Colombia. Y la lucha armada siempre ha surgido como
respuesta a esa violencia. Por eso no vamos a arriar esa

131
bandera, así el proceso de paz se enrarezca y así maña-
na o pasado mañana (no queremos que sea así) se rom-
pa la tregua. Pero estamos generando el movimiento que
enfrente a sanguinarios y violentos. Creemos que es una
equivocación política frente a las dificultades, cuando la
situación todavía no ha tocado fondo, cuando hay posibi-
lidades de apoyarse en el movimiento popular, lanzarse a
dar tiros. Nosotros también hemos sido víctimas de la repre-
sión, nos han matado a más de 30 combatientes y ahora
nos están asesinando activistas de la Unión Patriótica (lo
que pasa es que nosotros hacemos menos escándalo). Nos
están haciendo daño y la cosa va a ser seria; el problema
es cómo responder a los enemigos de la paz que han he-
cho lo imposible por hacer saltar este proceso, por mon-
tar todo tipo de provocaciones; a ellos les interesa solo la
guerra, les preocupa una guerrilla deliberante hablando
en la plaza pública, en la radio o la televisión, organizando
marchas campesinas. Hace mucho más daño esta activi-
dad que coger un puesto militar a tiros, donde caen unos
policías, unos civiles, de pronto un niño que pasó por ahí. El
miedo, la desesperación de la ultraderecha radica en que
este nuevo ambiente político ha permitido que la acción
popular se eleve a niveles superiores; el miedo de la reac-
ción es ver a la clase obrera, a los campesinos, a las amas
de casa en la pelea, apoyando los planteamientos de la
guerrilla y de la izquierda. No podemos pisar esa cáscara,
no vamos a picar ese anzuelo. Que rompan la tregua los
enemigos de la paz. Y estamos generando el movimiento
político que imponga el proceso de paz.

El Partido Comunista ha adherido públicamente a la UP.


Pero la UP no va a ser el Partido Comunista. Respetamos
al PC, consideramos que es la organización de izquierda
más importante y consolidada, ha hecho un gran aporte
a la lucha del pueblo colombiano y su presencia en la UP
es un gran aporte a la paz. Los comunistas van a estar en
la UP como comunistas, con su propia concepción. Lo que
pasa es que el centro de la actividad de quienes integren
la Unión Patriótica será la plataforma de lucha de la UP.

132
Cada Movimiento u organización tendrá su identidad e
ideología. Aspiramos a que haya respeto mutuo y que las
relaciones sean fraternales, pero no podemos identificar
a la UP con el PC. En la plataforma de lucha de la UP se

Anexo 2
Como contribución al proyecto de “Recuperación de la
memoria histórica, política y social de la Unión Patriótica”
recibimos el siguiente material documental adjunto, apor-
tado por el catedrático de la Universidad del Valle, Guiller-
mo Restrepo Sierra, miembro de la dirección regional del
Partido Comunista Colombiano del Valle, quien fuera mili-
tante de la Unión Patriótica y, en la actualidad, es militante
del Polo Democrático Alternativo.

De la Unión Patriótica al PDA


por Guillermo Restrepo Sierra

Introducción
La Unión Patriótica fue un movimiento político surgido en
1985 durante el proceso de las conversaciones de paz en-
tre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc. El Polo De-
mocrático Alternativo surgió a la vida pública en el año
2004, como coronación de los esfuerzos de diversos secto-
res de la izquierda que querían una alternativa distinta a la
lucha armada para lograr la refundación democrática de
Colombia. Nos proponemos mostrar que existe una línea
política de continuidad entre la UP y el PDA.

Mostraremos que el hilo conductor que va de la UP al PDA


es el republicanismo bolivariano, que ya estaba latente en
el programa de lucha de la UP, y que de una manera ex-
plícita ha quedado plasmado en el Movimiento Bolivaria-
no, organismo político clandestino de las Farc. En los textos
oficiales del PDA no hay ninguna mención de la herencia
bolivariana, pero el programa de gobierno del PDA tiene

133
como ideas
aprecia el interés
básicas por la
cambios
democracia
democráticos,
en su versión
sin hablar
republi-
del
socialismo,
cana, los derechos
no hay una humanos
concepción
socialesmarxista-leninista.
y políticos, la pazSe y
plantean
la unidad cambios
de los pueblos
y reformas
latinoamericanos
que caben perfectamente
en contra del
en una democracia
tutelaje imperialista de burguesa
los Estados
representativa.
Unidos. En ambos pro-
yectos existe un reencuentro de la izquierda colombiana
No creemos
con la naciónque y conla el
Unión
pueblo,Patriótica
lo que sea
marcala culminación
una ruptura
del proceso
con ciertos esquemas
de unidad. abstractos
Es posible deque
algunos
muchas sectores
fuerzas
deno
la
lleguen a colombiana
izquierda la UP, pero esténcuya proponiendo
recepción delalgomarxismo
más amplio
no ha
para un futuro,
pasado por el filtro
donde delesté
pensamiento
la UP, otroscrítico
grupos, latinoamerica-
inclusive sec-
tores
no que
deempieza
los partidoscontradicionales,
Bolívar y continúaparaconproducir
Martí,una
Ingenie-
gran
coalición.
ros, Mariátegui
Y allí yestaremos”.
Mella.

Señalaremos también, inequívocamente, que el paramili-


tarismo en Colombia no fue una respuesta a las tesis de
la “combinación de todas las formas de lucha” del Parti-
do Comunista Colombiano, sino una respuesta global del
Estado colombiano al avance de la lucha popular. Con
características diferentes, los Estados latinoamericanos
emplearon de una manera brutal e ilegítima la violencia
para defender las democracias oligárquicas del enemigo
interno, al que dieron en llamar “Comunismo Internacio-
nal”. El supremo gestor y dirigente de estas aberraciones
democráticas fue y sigue siendo Estados Unidos. En la ma-
yoría de los países latinoamericanos esta verdad ha sido
plenamente comprobada. Pero en Colombia, el Estado
todavía juega a esconder las evidencias con ademanes
histriónicos y fingida indignación. Por ello resultan tan cho-
cantes las afirmaciones de Uribe, llenas de hipócrita fervor
democrático: “La amarga experiencia de ‘la combinación
de todas las formas de lucha’ por grupos ilegales, la debi-
lidad institucional para enfrentarla y la reacción también
violenta e ilegítima para contrarrestarla, configuran un
cuadro clínico de la democracia y las libertades, en tran-
ce de solución, aún no definitiva”1. Esta reacción violenta e
ilegítima se deja flotar en el aire sin un señalamiento claro

1
Ver el discurso de posesión de Uribe, el 7 de agosto de 2006.

134
del Estado que ha utilizado y sigue utilizando la oligarquía
colombiana para gobernar y defender sus intereses anti-
nacionales.

1. Orígenes de paramilitarismo en Colombia


Cuando el general Yarborough llegó a Bogotá en 1962
como emisario de la Escuela de Guerra Especial de los Es-
tados Unidos, no se imaginó que sus palabras serían acogi-
das con tanto beneplácito por la oligarquía colombiana.
Dijo que en Colombia había que crear un personal civil
y militar clandestino especializado en operaciones de re-
presión, para impulsar, entre otras cosas, “actividades te-
rroristas paramilitares contra conocidos partidarios del
comunismo”2. Y comunistas había en las organizaciones
sindicales y agrarias, los movimientos estudiantiles, los par-
tidos legales de oposición, los grupos defensores de los de-
rechos humanos y los sectores de la Iglesia seguidores de
la Teología de la Liberación.

No menos complacida que la oligarquía colombiana con


el citado informe estuvo la cúpula militar del Ejército co-
lombiano, institución que había participado como aliada
de Estados Unidos en la Guerra de Corea, con el Batallón
Colombia. Empeñada en un proceso de modernización
del Ejército, según las orientaciones norteamericanas, esa
cúpula no vaciló en aceptar con alborozo las orientacio-
nes de la Misión Yarborough. Con el transcurso de los años
el Ejército hará sus propias elaboraciones adaptadas a las
condiciones de la lucha popular en Colombia, las cuales
han quedado consignadas en los manuales de contra-
insurgencia. Las presiones de los militares para darle piso

2
Referencias extensas a esta misión se pueden encontrar en el texto del Cinep
Paramilitarismo de Estado en Colombia 1988-2003. En este texto hay una biblio-
grafía extensa de los manuales de contrainsurgencia del Ejército colombiano
desde 1962. Ese texto se utiliza extensamente en este artículo.

135
constitucional a las recomendaciones de la misión Yarbo-
rough quedaron plasmadas en el decreto 3398 de 1965,
que reorganizó la defensa nacional, con lo cual se daba
cumplimiento a compromisos internacionales adquiridos.
En este decreto ya se insinúa la utilización de civiles en ta-
reas militares, con la correspondiente dotación de armas
de uso privativo de las fuerzas armadas.

Se había creado así el piso legal para la creación del pa-


ramilitarismo en Colombia, el piso legal para el ejercicio
del terrorismo de Estado en nuestro país. El artículo 33 del
decreto 3398 se convirtió en legislación permanente con
la ley 48 de 1968, que autorizaba al ministro de la Defensa
a dar apoyo en armas de uso privativo de las fuerzas ar-
madas a particulares y al Gobierno Nacional a utilizar la
población civil en actividades de orden público. El Estatuto
de Seguridad de 1978 del gobierno de Turbay Ayala marca
el comienzo del “Terrorismo de Estado” en Colombia. La
Corte Suprema de Justicia declaró inconstitucional el artí-
culo 33 del decreto 3398, por cuanto contradecía el prin-
cipio constitucional del monopolio de las armas de guerra
por parte del Estado, el único responsable de mantener el
orden público.

El marco histórico de referencia del paramilitarismo en Co-


lombia y América Latina fue la confrontación militar, po-
lítica e ideológica entre el capitalismo y el socialismo, re-
presentados cada uno en los polos Estados Unidos-Unión
Soviética, lo que se conoce con el nombre de Guerra Fría.
Sus líneas estratégicas eran dictadas por los teóricos de la
Doctrina de la Seguridad Nacional del Departamento de
Estado de Estados Unidos y enseñadas a los ejércitos de
América Latina en las conferencias bianuales en Nortea-
mérica de los ejércitos latinoamericanos. La doctrina con-
trainsurgente del Estado colombiano divulgada en los ma-
nuales y textos de estudio y entrenamiento militar, a partir
de 1962, define al “enemigo” como una persona o grupo
social que proponga una alternativa de nacionalidad o
de resistencia al gobierno local de turno. El enemigo no

136
es algo externo a la nación sino una realidad inmersa en
el seno mismo de ella y cuya exterioridad es una fronte-
ra ideológica inmaterial. La acción preventiva contra este
“enemigo” debe ser integral y procurar el apoyo popular.
El blanco fundamental de la acción contrainsurgente es la
población civil, la cual debe ser hostigada, atropellada, in-
terrogada, requisada y controlada, aun a riesgo de negar-
le los derechos constitucionales más elementales. La mera
neutralidad es sospechosa o negativa. La guerra psicológi-
ca no debe pararse en pelillos para obtener información y
reeducar a la población, según actitudes y valores acordes
con el régimen político. Atemorizar mediante la circulación
de listas negras, rumores y acciones punitivas es parte del
arsenal de tácticas psicológicas. La ley 48 de 1968 autori-
zaba a los comandantes a entregar armas de uso privativo
de las fuerzas armadas a los civiles y al gobierno a convo-
car a la población civil para acciones armadas. Organizar
a la población civil en forma militar para que se proteja de
la acción guerrillera como juntas de autodefensa, es parte
del abecé de la instrucción militar contrainsurgente. Son
redes y más redes de juntas de autodefensa controladas
por el mando militar, operaciones de control y registro de
la población, en veredas y poblados.

Testimonios de esta doctrina contrainsurgente se encuen-


tran en los artículos y libros de los generales que han ocu-
pado la cartera del Ministerio de Guerra o han sido co-
mandantes generales de las fuerzas armadas. El general
Álvaro Valencia Tovar (1973-1975) explica que la infiltración
del Estado y el cuerpo social requiere una depuración de
los “idiotas útiles” que desde las toldas de la democracia
desprestigian al Ejército y vilipendian al gobierno. El gene-
ral Fernando Landazábal Reyes (1982-1983) pone el acento
en los aspectos ideológicos del conflicto colombiano para
abogar por el adoctrinamiento ideológico como actividad
tan importante como el entrenamiento militar mismo y en
la dislocación de la dirección política del movimiento insur-
gente. El general Rafael Samudio Molina (1986-1988) aboga
por la convergencia contra la insurgencia en lo militar, polí-

137
tico, económico, laboral y judicial. El general Manuel Jaime
Gutiérrez Paz (1988-1989) enfila baterías contra la Unión Pa-
triótica por cuanto es un partido legal surgido de las Farc y
sugiere arreciar la lucha en los campos político e ideológico.
El general Harold Bedoya (1994-1998) estigmatiza a las ONG
como agentes de la subversión. El general Manuel José Bon-
net (1995-1998) señala con desconfianza a los constituyentes
del 91 y a algunos les adjudica el propósito de acabar con
el Ejército. El general Juan Salcedo Lora, ex director de la
Escuela Superior de Guerra, expresa la necesidad absolu-
ta de cambiar la mentalidad de las masas populares, para
lo cual sugiere una ofensiva ideológica intensa y sosteni-
da. Observa con mucha sagacidad que los derechos de
la Constitución son peores que las minas quiebrapatas. Los
nuevos analistas militares del Ministerio de Defensa adelan-
tan la tesis (1997) de que el trabajo de la subversión desar-
mada es más significativo que el de la guerrilla misma. Y,
agregan, que es el pueblo el verdadero actor en la lucha y
derrota de la subversión. El general Rito Alejo del Río no deja
dudas sobre la importancia de erradicar la parte política
de la subversión cuya influencia, según su apreciación, es
grande en las ONG nacionales e internacionales.

Se ha llegado finalmente a la conformación de una doctri-


na militar que confunde a los grupos legales de oposición
política con la subversión armada. Es claro que desde sus
inicios el paramilitarismo ha sido una estructura político-
militar ligada a la lucha contrainsurgente del Estado. No
cabe la menor duda de que la hegemonía política de los
Estados Unidos en Colombia tiene el sello del paramilitaris-
mo. Solo faltaba la alianza de las doctrinas contrainsurgen-
tes con el narcotráfico.

2. Paramilitares, Ejército y narcotraficantes


En 1977 aparecen organizaciones terroristas tenebrosas,
parecidas a los escuadrones de la muerte, que hicieron
carrera en Brasil, Argentina y Uruguay, al amparo de repul-

138
sivas dictaduras militares que las legitimaron por ser parte
activa de la “lucha anticomunista americana”. Es el co-
mienzo del paramilitarismo mafioso en Colombia.

La Triple A reivindicó los atentados terroristas contra la re-


vista Alternativa, el diario El Bogotano y el semanario Voz
Proletaria. Su capacidad terrorista se incrementó en pocos
años con los múltiples asesinatos ocurridos en esta época
de estudiantes, sindicalistas y militantes políticos de izquier-
da. Dos años después se aclaró que la Triple A había sido
creada en el Batallón de Inteligencia y Contrainsurgencia
Charry Solano del Ejército Nacional. Se mencionó al tenien-
te coronel Harol Bedoya Pizarro, comandante de este ba-
tallón, entre los dirigentes de esa estructura criminal. Asis-
timos así a una forma de paramilitarismo en la que son los
mismos militares los que se encubren bajo la sombra de la
delincuencia común para poder ejecutar diversas moda-
lidades de represión política incompatibles con el Estado
de Derecho. En los años siguientes, son los civiles con ropa-
je militar los encargados de lograr los mismos objetivos.

Pero la creación del MAS (Muerte a Secuestradores) en


1981 marca un punto de inflexión en el proceso, porque co-
mienza la creación de ejércitos privados de la mafia para
la seguridad de las familias mafiosas y de sus propiedades.
Este grupo tenebroso se regó por todo el país, con el apo-
yo de la fuerza pública, dejando una estela de muerte y
desolación bajo el signo de la justicia privada y clandesti-
na. Todo está bien documentado en el informe del Procu-
rador General de la Nación del 20 de febrero de 1983. De
los 59 militares mencionados en el informe del Procurador
ninguno fue procesado o llamado siquiera a calificar servi-
cios. Por el contrario, el Congreso de la República aprobó
ascensos y honores a muchos de ellos que en lo sucesivo
serían los encargados del manejo del orden público. El pa-
ramilitarismo creció monstruosamente bajo el gobierno de
Belisario Betancur (1982-1986) en Puerto Boyacá, al amparo
del Batallón Bárbula, comandado por fanáticos de la doc-
trina de la Seguridad Nacional y con el apoyo económico

139
de los ganaderos y terratenientes de zonas aledañas, has-
tiados de pagos de vacunas a la guerrilla. De las entrañas
de la oligarquía colombiana había nacido un Frankestein
tenebroso, ávido de víctimas.

El MAS cambió su sigla por Autodefensas, grupos de civiles


armados coordinados y entrenados por el Ejército. Eran ra-
biosos anticomunistas que con sevicia delirante perseguían,
torturaban y asesinaban a cualquier sospechoso de tener
vínculos con la guerrilla, ya sean familiares o políticos o de
amistad personal. Al mismo tiempo, canalizaban recursos
para la población civil y movimientos políticos como More-
na, con una ideología de extrema derecha, que pretendía
cubrir con un velo de legitimidad política las experiencias
paramilitares. En este proyecto participaron reconocidos
líderes del paramilitarismo como Rodríguez Gacha, Fabio
Ochoa, Pablo Escobar, Fidel Castaño, todos narcotrafican-
tes confesos. Testimonios confiables que reposan en los ar-
chivos del Estado permiten afirmar que hacia 1985 ya se
había sellado una alianza efectiva entre el narcotráfico y
los paramilitares, articulada a las fuerzas armadas de la re-
gión. Las confesiones frías y escalofriantes del mayor Óscar
de Jesús Echandía, quien fuera alcalde de Puerto Boyacá
en 1981-1982 y cofundador del MAS, testimonian la matan-
za de comunistas y galanistas en el Magdalena Medio y los
vínculos entre el Ejército y Rodríguez Gacha.

El modelo paramilitar de Puerto Boyacá se repitió de ahí


en adelante en muchas regiones de la geografía nacio-
nal. Las AUC, en acciones conjuntas con los militares de la
Brigada Militar 14, dirigida por el general Yanine Díaz, sem-
braron el terror en todo el Magdalena Medio. El Ejército
había pasado a la ofensiva en la lucha contrainsurgente
y tenía ya bien aceitado y el aparato paramilitar entrena-
do por asesores mercenarios de Israel e Inglaterra, quienes
llegaban a la zona escoltados por el Ejército. El grado de
integración entre comerciantes, ganaderos, batallones y
grupos paramilitares era poco menos que institucional. El
apogeo en toda la nación del paramilitarismo ocurre en

140
1995, cuando Carlos Castaño asume la vocería de todos
los grupos paramilitares en el territorio nacional y los aglu-
tina dentro de una estructura política laxa e incoherente,
con una ideología populista, con la pretendida intención
de deslindar tácticamente al paramilitarismo de las insti-
tuciones estatales y darle así una semblanza de organiza-
ción política independiente.

3. Uribe Vélez y el paramilitarismo


El 11 de febrero de 1994 el gobierno colombiano expidió el
decreto 356, por medio del cual autoriza la creación y fun-
cionamiento de “servicios comunitarios de vigilancia y se-
guridad privada”. Era lo que faltaba: que la población civil
se involucrara directamente en el conflicto al lado del las
fuerzas militares formando cooperativas de vigilancia y se-
guridad privadas, en el seno de las comunidades, dotadas
de armas de uso restringido para la fuerza pública. De este
modo se revivió un entorno legal para el paramilitarismo
como una clara política estatal bajo la sigla de las Convivir.
El entonces ministro del Interior, Horacio Serpa, defendió las
Convivir en el Senado de la República con el argumento
de que tales organizaciones eran para que los ciudadanos
pudieran cumplir una actividad de cooperación con la
fuerza pública y, así, contribuir a la seguridad de los colom-
bianos, sobre todo en las zonas rurales. Contrario al discur-
so oficial, en la práctica las Convivir fueron parte integral
de la estructura paramilitar dirigida por el Estado con el fin
de establecer el control territorial y poblacional.

Las normas que crearon las Convivir fueron declaradas


inconstitucionales por la Corte Constitucional en 1997. La
Fiscalía General de la Nación informó en 1997 que bajo
el manto de las Convivir se cometieron numerosos críme-
nes de lesa humanidad. Los paramilitares desmovilizados
y comprometidos con un proceso de paz han manifesta-
do públicamente los vínculos del paramilitarismo con el
Estado. El más locuaz de todos, Ernesto Báez, paramilitar

141
de Caldas, ha dicho que el Estado debe responder por el
muchachito que crearon, el hijo de Herman Monster. Y Sal-
vatore Mancuso, paramilitar de Córdoba con pretensiones
de estadista, afirma que “nacimos como informantes de
las instituciones del Estado”.

Las Convivir fueron un instrumento fundamental en la polí-


tica de pacificación de Urabá cuando era gobernador de
Antioquia el doctor Álvaro Uribe Vélez. Él, junto con el ge-
neral Rito Alejo del Río, son los llamados “pacificadores de
Urabá”. No vale la pena señalar la trayectoria extremista
del general del Río. Su vida militar está íntimamente ligada
al paramilitarismo desde 1978. Fue artífice de la creación
del MAS, visitó a Israel en 1982 donde trabó amistad con
el paramilitar y narcotraficante Carlos Castaño, quien es-
taba de visita buscando armas para su gente. El carácter
sanguinario del general es bien conocido en Antioquia.
Abundan los testimonios que corroboran esta apreciación.
Cuando en 1987 llega a Urabá para hacerse cargo de la
Brigada 17 del Ejército, ya tenía un prontuario tenebroso.
Pero allí lo ratifica y lo potencia. Las masacres y las desapa-
riciones forzadas de campesinos sospechosos de ser cola-
boradores de la guerrilla aumentaron exponencialmente.
A sus subalternos les inculcó la convicción de que los para-
militares eran un factor positivo de seguridad ciudadana.
Testimonios de lo dicho aparecen en las denuncias de la
alcaldesa de Apartadó, Gloria Cuartas, en abril de 1997,
ante la Fiscalía General de la Nación.

El paramilitarismo como proyecto político-militar de la oli-


garquía colombiana ha sido un fracaso. A partir de 2002
empieza su decadencia ante la evidencia de que las
clases dominantes le estaban retirando su apoyo, habida
cuenta del enorme desprestigio en que había caído el Es-
tado colombiano desde el punto de vista de las garantías
de los derechos humanos políticos y sociales. Había llega-
do el momento de destruir al hijo de Hermann Monster. Por
supuesto, el procedimiento seguido fue la negociación
política por medio de la cual se le daba un tratamiento

142
de combatientes políticos a bandas de delincuentes que
fueron utilizadas por las Fuerzas Armadas de Colombia y el
establecimiento para combatir a las organizaciones políti-
cas, sindicales y populares en lucha por la democracia. La
“mesa de negociaciones”, instalada el 1° de julio de 2004
en la zona de distensión de Santa Fe de Ralito, municipio
de Tierra Alta, marca el comienzo de la legalización de-
finitiva del paramilitarismo. Después de apropiarse por la
fuerza de más de 600 kilómetros cuadrados de las mejores
tierras y con las fortunas del negocio del narcotráfico in-
tactas, se disponen todos los jefes a ingresar con todas las
de la ley a los exclusivos espacios del poder económico y
político, en pie de igualdad con las burguesías financieras
e industriales ya consolidadas. En esto consiste la magia
poética de la seguridad democrática del uribismo. La otra
parte de la ensoñación se refiere a los gritos desespera-
dos de los asalariados colombianos que ven la reducción
día a día de sus rentas laborales, su seguridad social y el
espacio democrático. Mientras tanto, la guerrilla colom-
biana sigue intacta y la izquierda no ha podido tampoco
ser aniquilada. El pueblo se reagrupa y se organiza para la
lucha con esa determinación que surge de la experiencia
de muchos años con rabia, por supuesto, pero con la sere-
nidad de los que saben que están construyendo un mundo
mejor. Este mundo mejor tiene que tener verdad, justicia y
reparación.

4. De la izquierda de la posguerra a la
Unión Patriótica
La guerra contra el fascismo que unió a la Unión Sovié-
tica, con Estados Unidos e Inglaterra en 1943, marcó el
inicio de un periodo de cooperación internacional por
encima de “lucha de clases”, entre lo que sería, después
de la guerra, el campo socialista y el campo capitalista,
dominados por la URSS y EE.UU., respectivamente. En la
esfera estrictamente política, se insinuaba ya la idea de
“coexistencia pacífica” entre dos sistemas, entre el ca-

143
pitalismo y el socialismo. Por ello Stalin disolvió la IC (In-
ternacional Comunista). Esta situación influyó para que
el Partido Comunista de Colombia, PCC, cambiara su
nombre por el de Partido Socialista Democrático (PSD) y
también su estructura organizativa celular insurreccional.
Su horizonte inmediato era ahora la revolución burguesa
antifeudal, como etapa previa de la revolución socialista,
bajo la dirección de la burguesía. Todo esto era, por su-
puesto, parte de unas directrices internacionales que no
fueron acatadas por varios partidos comunistas como los
de China, Yugoeslavia y la India. Tampoco fueron acata-
das por amplios sectores del PCC, liderados por Gilberto
Vieira. Era un momento difícil para el PCC, pues durante
el segundo gobierno de López-Lleras (1942-1946) se em-
pezó a evidenciar un viraje a la derecha representada
por los sectores más recalcitrantes de la Iglesia Católica,
el Partido Conservador y el Partido Liberal. La influencia
del gobierno de Franco en España era notoria en el linea-
miento ideológico sobre las concepciones del Estado y
la orientación católica de la educación, pero dentro de
una matriz republicana. Lo que los unía a todos era el an-
ticomunismo alentado desde España y los Estados Unidos
y el temor a la revolución social. Son circunstancias históri-
cas concretas que empiezan a influir en las decisiones del
PCC y que seguramente le imprimieron la impronta de un
partido predominantemente insurreccional. Los desarro-
llos históricos posteriores reforzaron esta tendencia, si se
toma en cuenta que las clases dominantes colombianas
asumieron la democracia como un simple expediente de
lucha contra el comunismo internacional.

Todo esto ocurría en contravía del auge de la izquierda y


de los partidos comunistas en Occidente, sobre todo en
Francia, Italia y Gran Bretaña. En estos países el pueblo te-
nía frescas en la memoria las luchas heroicas de la Resis-
tencia contra el fascismo, en las cuales los comunistas ju-
garon un papel dirigente ampliamente reconocido como
partisanos (guerrilleros) al lado de la población civil. Ello les
valió reconocimiento político y moral. El Partido Comunista

144
Italiano, que antes de la guerra era un puñado de militan-
tes inexpertos bajo la dirección de P. Toggliati, ya era en
1947 un partido de masas con dos millones de afiliados. En
Francia, los refugiados de la guerra civil española fueron
el núcleo de la resistencia armada. Después de la victoria
contra el eje fascista, en casi todos los países se formaron
gobiernos de unidad nacional con participación de co-
munistas, socialistas, católicos y liberales. En suma, con to-
dos los movimientos que habían participado en la lucha
antifascista contra la democracia.

En Colombia la historia de la posguerra siguió un curso dife-


rente con marcadas tendencias antidemocráticas. Al PCC
ya no le bastaban las orientaciones internacionales y tenía
que tomar su propio camino al compás de las palpitacio-
nes de la vida nacional. Es claro que el PSD pretendía ser un
partido de masas al estilo de los partidos de izquierda euro-
peos, tanto comunistas como socialistas, y esto contribuyó
al aumento de su militancia, sobre todo de militantes escla-
recidos de la intelectualidad de izquierda como Álvaro Pío
Valencia y Diego Montaña Cuellar. Bajo estas condiciones,
era un partido muy cercano a la vertiente gaitanista del
Partido Liberal y al lopismo de la Revolución en Marcha.
Un gobierno de unidad nacional, como ocurría en Europa,
parecía una salida positiva y viable. Pero ya la tendencia
histórica regresiva estaba en un estadio muy avanzado y
no había marcha atrás. La reacción latifundista en el cam-
po para recobrar tierras ocupadas por los campesinos en
los años anteriores al reformismo agrario tenía un sello de
violencia inconfundible. La reacción ideológica de la de-
recha católica y corporativista, anticomunista y antiliberal
amenazaba con desmontar todos los avances democráti-
cos de la revolución en marcha del lopismo.

Otro acontecimiento histórico reforzó esta tendencia. La


política de “contención” y endurecimiento de los Estados
Unidos hacia la URSS empezó en 1947 con un breve artí-
culo de G. Kennan, un anticomunista radical, en la revista
Foreing Affaire. Allí sentó las bases para la política radical

145
anticomunista de los Estados Unidos que se expresó en la
Doctrina de la Seguridad Nacional, las persecuciones a los
militantes de la izquierda norteamericana y de América
Latina. Había llegado la “Guerra Fría” contra el comunis-
mo, cuyas secuelas antidemocráticas todavía siguen la-
mentando los pueblos latinoamericanos.

Es en este escenario que el PSD toma la decisión, en el


quinto congreso de 1947, de retomar el nombre de Parti-
do Comunista, reforzar la organización leninista celular y
asumir en su programa la lucha antiimperialista según los
conceptos leninistas y las tradiciones latinoamericanas que
identifican al imperialismo con el proyecto político norte-
americano de dominación política de América Latina. Era
al mismo tiempo un momento de auge del movimiento po-
pular bajo las banderas ideológicas del gaitanismo, que
daba a la teoría marxista de la lucha de clases un sesgo
propio, en términos de enfrentamiento pueblo-oligarquía,
y que tuvo amplia acogida en distintos sectores sociales.
En medio de un clima político crispado, sucede el asesi-
nato de Gaitán el 9 de abril de 1948. Este acontecimiento
desató una insurrección popular sin dirección y sin man-
do, espontánea y anárquica que marcó el comienzo de
las luchas guerrilleras en Colombia, a nombre del Partido
Liberal, primero, y del PCC, después. Esa fue la respuesta
popular a los atropellos del régimen conservador de Ospi-
na Pérez, instaurado a partir de 1946 en contra de los parti-
dos y movimientos políticos que enarbolaban banderas de
cambio y renovación democráticas, entre ellos el PCC.

El crimen de Gaitán fue achacado a los comunistas, en el


mejor estilo de las formas de lucha que venía ya utilizando
la derecha latinoamericana desde el comienzo de la Gue-
rra Fría. Los acontecimientos nacionales atropellaban y el
imperialismo norteamericano era cada día más agresivo y
anticomunista. No estaba dispuesto a tolerar en América
Latina a partidos o gobiernos tolerantes con el de la URSS.
El Gobierno de Ospina rompió las relaciones diplomáticas
con la URSS. En ese momento el asesinato de líderes polí-

146
ticos comunistas o procomunistas a cargo de organismos
secretos como la CIA era una política de Estado norteame-
ricana. Gaitán era un comunista, decía la CIA, y lo mismo
se afirmaba del Partido Liberal.

El PCC respondió como pudo a los acontecimientos des-


atado el 9 de abril de 1948. Las directrices locales y nacio-
nales que circulaban por la radio no paraban de hacer
llamados a la insurrección, a la toma de las armas por
el pueblo. Lo mismo hacían ciertos dirigentes liberales,
que llegaron a la organización de “comunas populares”,
como ocurrió en Barrancabermeja con la participación
de Jacobo Arenas. Como consecuencia, la dirección
política del PCC fue apresada, salvo unos pocos dirigen-
tes que se encargaron de mantener la presencia política
del partido en condiciones de clandestinidad. Bajo estas
condiciones, la primera tarea fue unir esfuerzos con las di-
recciones del gaitanismo para mantener la vigencia po-
pular del caudillo asesinado, tanto en las ciudades como
en el campo. El asesinato de Gaitán creó un clima cons-
pirativo y golpista dentro del Partido Liberal y la izquierda
colombiana, lo cual se exacerbó con la llegada al poder
del sector más regresivo de las clases dominantes colom-
bianas, representado por Laureano Gómez en 1950. En
este escenario de intolerancia y violencia se incubó la re-
sistencia popular por la vía de la táctica guerrillera liberal
y comunista, una forma de lucha que ha persistido hasta
nuestros días.

Por otro lado, la guerra de Corea iniciada en 1951 permitió


al Ejército colombiano participar en este conflicto interna-
cional, con una fuerza expedicionaria llamada el “Batallón
Colombia”. En esta experiencia bélica se formaron los futu-
ros dirigentes del estamento militar colombiano, profunda-
mente imbuidos de la ideología anticomunista en boga y
las doctrinas de la Seguridad Nacional. Adquirió, además,
vínculos de amistad imperecedera con el estamento mili-
tar norteamericano, los que hasta la fecha se han mante-
nido inalterados.

147
En el periodo del gobierno militar primero y del Frente Na-
cional después, se produjo un proceso de apaciguamien-
to de la violencia que llevó a la desmovilización del movi-
miento guerrillero. Al entrar en vigencia el Frente Nacional
en 1958, el presidente Alberto Lleras se propuso promover
un programa de pacificación nacional y para ello autorizó
a los gobernadores para establecer contactos con grupos
armados. Se crearon programas especiales en las zonas
de violencia, se fomentó el crédito agrario y se impulsó la
colonización de zonas de frontera. En respuesta, la guerri-
lla comunista prácticamente se desmovilizó, limitándose a
crear zonas de colonización armada bajo la modalidad
de zonas de autodefensa campesina.

Todo parecía indicar que el país se encaminaba a una sali-


da política no guerrerista al conflicto agrario y al desarrollo
de las luchas sociales y políticas. Pero nuevas dinámicas
internacionales se estaban incubando y, a la postre, frus-
traron estas esperanzas.

En primer lugar, los acontecimientos políticos derivados del


xx congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética,
en 1956, llevaron a la escisión del movimiento comunista in-
ternacional. La proclamación de la coexistencia pacífica
con el capitalismo y las denuncias al llamado “culto a la
personalidad de Stalin”, sin las mediaciones necesarias de
discusión democrática, tomaron de sorpresa a una izquier-
da estupefacta. En palabras del historiador comunista bri-
tánico E. Hobsbawm, “la Revolución de Octubre generó un
movimiento comunista mundial y el xx Congreso lo destru-
yó”. El pueblo soviético, dirigido por el PCUS, construido se-
gún las directrices de Lenin y con el apoyo del movimiento
comunista internacional, había derrotado a la Alemania
nazi. La Unión Soviética emergió de la contienda bélica
como una gran potencia socialista, con lo que evidencia-
ba ante el mundo que el socialismo era mucho más que un
sueño. Los comunistas en todo el mundo se congregaron
en torno a la Unión Soviética como respuesta a la cruzada
anticomunista de la Guerra Fría, que no veía en los comu-

148
nistas sino a agentes de Moscú. La izquierda revolucionaria
en todo el mundo se identificaba con los comunistas. Esta
solidaridad comunista internacional en medio de la Gue-
rra Fría se rompió con la denuncia dogmática y aventurera
de Jruschev de la figura de Stalin. El Partido Comunista Chi-
no asumió la vocería crítica del PCUS y los demás partidos
comunistas de los países del Este no se sintieron obligados
a seguir las directrices de un “centro comunista internacio-
nal”. Irreparablemente se había fragmentado el movimien-
to comunista internacional. Estos acontecimientos segura-
mente influyeron en el PCC, ya legalizado en 1958, pues en
el viii congreso de 1958 concluyó que era posible el desa-
rrollo pacífico de la revolución antiimperialista y antifeudal,
por lo cual recomendó la transformación de los movimien-
tos guerrilleros en amplios movimientos de masas.

Una segunda dinámica histórica contraria a la anterior


proviene de la Revolución Cubana, la cual impulsó a mu-
chos jóvenes descontentos con las directrices del PCC a
buscar otros caminos para la acción política. Así, en 1960
se reunió el primer congreso de estudiantes, sindicalistas y
campesinos que conformaron el Moec (movimiento obre-
ro-estudiantil-campesino) y que constituye el primer movi-
miento revolucionario en Colombia, cuyas directrices eran
opuestas a lo que llamaban el “revisionismo” del PCC. A la
orden del día estaban las dicotomías reforma-revolución,
lucha armada-lucha electoral. Todo esto era parte de las
posturas radicales que dominaban el pensamiento de la
izquierda latinoamericana.

La tercera dinámica histórica proviene de la cerrazón de


las clases dominantes colombianas a convivir con ideas
contrarias a los esquemas liberales–cristianos, sobre todo
si apuntan a una visión comunitaria de la vida social, y a
la exclusión política del Frente Nacional. La guerrilla estaba
desmovilizada en 1964, pero los sectores más recalcitrantes
de la oligarquía plantearon en el Congreso de la República
el asunto de las “repúblicas independientes”. Tales debates
culminaron con la invasión de Marquetalia y otras zonas de

149
colonización en las cuales el PCC tenía una sólida influen-
cia, tales como Guayabero y Riochiquito. Estas acciones
irresponsables estaban bajo la influencia de la Misión Yargo-
rough. La consigna era que lo de Cuba no podría repetirse a
como diera lugar, a sangre y fuego si era necesario.

En medio de la invasión, el movimiento guerrillero desmo-


vilizado publicó un manifiesto llamado “Programa agrario
de los guerrilleros”, en el cual se proclamaron revoluciona-
rios que luchan por un cambio del régimen por una vía pa-
cífica o lucha democrática de las masas. Acto seguido de-
claran que, como se les cerraron las vías pacíficas, tendrán
que continuar la lucha por vía revolucionaria armada con
miras a la conquista del poder. De aquí en adelante la his-
toria es bien conocida. A fines de 1965 se celebró la i confe-
rencia de guerrilleros y se adoptó el nombre de Bloque Sur,
de orientación comunista. En la ii conferencia de 1966 las
Farc se constituyeron en una fuerza militar guerrillera con
su reglamento interno, sus estatutos y su régimen disciplina-
rio, con una táctica de guerrilla móvil, una estrategia de
guerra popular prolongada y un proyecto de extensión por
todo el país. Al comentar sobre los sucesos de Marquetalia,
Manuel Marulanda hace un severo reclamo a las clases
dominantes colombiana al afirmar que “Marquetalia fue el
comienzo de una chispa que prendió en un determinado
momento histórico y que ya no es posible apagarla con
ninguna candela ... le faltó cerebro [al establecimiento]
para resolver adecuadamente la situación”. En la vii con-
ferencia de 1983 las Farc se convierten en Farc-EP (Farc,
Ejército del Pueblo). A partir de la toma de Marquetalia se
desarrollaron otros movimientos guerrilleros.

En el X Congreso del PCC estuvo Jacobo Arenas como


miembro del comité ejecutivo. En este momento el PCC
cambia de rumbo y se acompasa de una manera total
con el momento histórico que vive el país y América Latina
en general. En la bitácora del día estaban la lucha guerri-
llera y la conducción autónoma de los partidos comunis-
tas, en medio del ruido ensordecedor de las discrepancias

150
en todo el movimiento comunista internacional. El auge de
las guerrillas en Centroamérica, la aparición de varios gru-
pos guerrilleros en Colombia y la inminencia del triunfo de
la guerrilla vietnamita sobre el ejército de Estados Unidos
dieron un nuevo impulso y prestigio a las formas de lucha
armada. A medida que se fortalecían las Farc, el PCC con
su dirección en Bogotá era más impotente para controlar
los acontecimientos derivados del auge guerrillero. Con el
correr de los años, las relaciones de cooperación orgáni-
ca del PCC y las Farc han prácticamente desaparecido.
Cada uno por su lado y con sus métodos específicos contri-
buye al desarrollo de sus propias ideas en Colombia.

La izquierda colombiana no comprendió a tiempo la mag-


nitud del fenómeno paramilitar que hacia 1980 ya era una
fuerza organizada, plenamente legalizada y dispuesta a
lanzar su poder destructor sobre las organizaciones y per-
sonas sospechosas de un pensamiento democrático disi-
dente3. En la historia nacional se había consolidado una
fuerza tenebrosa apoyada directamente por el Estado a
través de los altos mandos del Ejército y financiada por te-

3
En un libro reciente (M. G. Magil, Crónica oculta del conflicto, Ediciones Desde
Abajo, 2004) aparece un testimonio de Raúl Reyes, vocero de las Farc, en la Mesa
Nacional de Diálogo, en el cual expresa que durante el gobierno de Betancur
aumentaron las acciones paramilitares, pero sin hacer una referencia concreta
a un plan estratégico del Ejército elaborado muchos años atrás. En el mismo libro
hay un testimonio de Manuel Marulanda en el que expresa que en el transcurso
de las conversaciones de paz con Betancur y Barco se conoció “el surgimiento del
paramilitarismo para ajusticiar guerrilleros y auxiliadores de la guerrilla”. En 1982,
en la vii conferencia, se cambió el nombre de Farc por Farc-EP (Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, Ejército del Pueblo) y se habló concretamente de
la militarización y “fascistización” del país, lo cual era evidente a juzgar por las po-
líticas de Turbay Ayala. Pero no hay evidencias en los documentos del momento
de que las Farc tuvieran conocimiento de una plan de genocidio político de la
izquierda fraguado por el Ejército Nacional, con el beneplácito de la oligarquía, y
cuya ejecución bajo la modalidad paramilitar sicarial no pararía mientras hubie-
ra alianzas con las organizaciones de narcotraficantes. Una lectura atenta de un
conocido libro (J. Arenas, Cese el fuego, una historia política de las Farc, Editorial
Oveja Negra, 1985) permite comprobar la justeza de esta conclusión. Solamente
en 1989, y de una manera oficial, en el material preparatorio para el Encuentro por
la paz en Ibagué en febrero, se empezó a hablar de un plan de exterminio contra
la Unión Patriótica. Esto ocurre a sabiendas de que el Estado Mayor del Ejército
tenía a su disposición los documentos de la vii conferencia y conocía a ciencia
cierta los cambios tácticos de las Farc-EP (obra citada, p. 122).

151
rratenientes y narcotraficantes. La izquierda parecía aluci-
nada y nada la hacía volver a la realidad. Ni los aciagos
acontecimientos de Chile de 1973, cuando la derecha,
con el apoyo del Ejército y con la participación activa de
la CIA, arremete contra el régimen democrático de Salva-
dor Allende e inaugura una nueva legitimidad militarista,
represiva y brutal que se impone sobre el pueblo chileno
mediante las prácticas de la tortura y las desapariciones
de los militantes de la izquierda. Ni las prácticas de las dic-
taduras militares establecidas Argentina y Uruguay en las
décadas de 1970 y 1980, fundamentadas en la Doctrina de
la Seguridad Nacional para legitimar las violaciones siste-
máticas de los derechos humanos mediante las torturas y
las desapariciones forzosas de las personas.

En Colombia, bajo el velo protector de la democracia re-


presentativa, irrumpió violentamente el paramilitarismo a
partir de 1978 contra la izquierda colombiana. El Estado
aparecía majestuosamente cumpliendo su función funda-
mental de defender los derechos humanos. Con el correr
de los años se empezó a descorrer el velo de la ignorancia
que nos ocultaba las realidades de un Terrorismo de Esta-
do enmascarado. Pero este conocimiento nos llegó tarde,
después de presenciar día tras día y durante varios años los
asesinatos y torturas de los luchadores por la democracia
en nuestra patria. Belisario Betancur llega a la presidencia
de la República en el periodo 1982-1986 enarbolando las
banderas de la paz y la reconciliación nacional, tal vez sin
saber, o tal vez sabiéndolo, que ya estaba grande el hijo
de Hermann Monster, nombre afectuoso que el paramilitar
E. Báez utiliza para referirse a la oligarquía colombiana que
se apresta a recibirlo en su seno con bombos y platillos.

La tregua de 1984 entre las Farc y el gobierno de Belisario


Betancur, a la cual se opusieron virulentamente sectores
muy esclarecidos del establecimiento colombiano, los lla-
mados “enemigos agazapados de la paz”, permitió la vin-
culación de la guerrilla a la lucha política legal, a través de
la Unión Patriótica.

152
5. La Unión patriótica nace de un proceso de paz
Durante la administración de Turbay Ayala (1978-1982) no
hubo una política de paz. Las consignas del alto gobierno
se podían resumir en una sola palabra: represión. En sus po-
líticas represivas se reflejaba la autonomía que otorgó a los
militares en el manejo del orden público en el Estatuto de
Seguridad. De este modo se legitimó el control coercitivo del
descontento popular que se había expresado en el paro de
1977. A esta política represiva se sumó el respaldo que el bi-
partidismo otorgó al gobierno en aras de “la defensa de la
democracia” y el apoyo de los dirigentes gremiales y los me-
dios de comunicación del establecimiento a los militares.

Pero el deterioro progresivo del régimen de Turbay abrió


nuevas perspectivas y creó renovadas esperanzas para el
logro de una apertura democrática. La misma oligarquía
empezaba a hablar de un hundimiento institucional a raíz
de las connivencias del régimen con las orgías plutocráti-
cas de los banqueros que llevaron a la quiebra del sector
financiero y con los escándalos del lavado de dólares en
la “ventanilla siniestra” del Banco de la República. Como si
esto fuera poco, arreciaron las críticas nacionales e inter-
nacionales por las violaciones sistemáticas a los derechos
humanos con denuncias concretas sobre la complicidad
del Estado. En este nuevo escenario, los grupos guerrille-
ros enarbolan de una manera explícita un discurso de paz
que pone en entredicho las políticas represivas del gobier-
no. Ante la opinión pública las guerrillas ganan un respaldo
inusitado, especialmente el M-19, que ante sus descalabros
en las ciudades busca refugio en las montañas de Colom-
bia. Estas son las circunstancias que movieron a Turbay a
crear una comisión de paz y declarar una desvaída amnis-
tía por Estado de sitio con vigencia limitada de treinta días,
que fue interpretada como puro truco oportunista.

No es de extrañar entonces que la paz se haya convertido


en el tema central de la contienda electoral para el perio-
do 1982-1986. Belisario Betancur supo sacar provecho de

153
las circunstancias para desgracia de Colombia. El hombre-
cillo de Amagá, diletante de la filosofía y de las letras y po-
líticamente ambicioso, creció a la sombra del laureanismo
antioqueño y maduró en los albores del Frente Nacional
por su lucha contra la dictadura. Formado por las lecturas
de las encíclicas, su plan de desarrollo lleva la impronta del
pensamiento conservador en la variante democristiana.
Por ello no ve las contradicciones de la vida social, pues la
sociedad en su conjunto es una comunidad en una versión
cristiana y los gobernantes y funcionarios son los intérpre-
tes y servidores de ella. Sus objetivos fueron el Cambio con
Equidad y la paz como corolario de la erradicación de los
factores objetivos de la violencia larvados en las desigual-
dades sociales. Sin maquinaria política, el pueblo lo apoyó
para expresar su hastío con el clientelismo, sus dudas sobre
los métodos represivos de la administración y el continuis-
mo que ofrecía el candidato del oficialismo.

Elegido por el “Movimiento Nacional”, Betancur presentó


al Congreso de mayoría liberal un proyecto de amnistía
e indulto, más generoso que el proyecto similar adoptado
por el Gobierno de Rojas en 1953, según la opinión de los
voceros del establecimiento, y que llevó a la desmoviliza-
ción de las guerrillas liberales. Como un verdadero diletan-
te y aventurero de la política, no formuló una estrategia
política para un “cese al fuego” y la reinserción de la gue-
rrilla. Dejó todo en manos de una “comisión de paz” de no-
tables sin comprometer a los militares y a la clase política
en el proceso. El hidalgo de lanza en astillero, rocín flaco y
galgo ladrador se había lanzado a las aventuras de la paz
en Colombia. Pero a diferencia de lo que ocurre en la fértil
imaginación de los novelistas, en la vida real las acciones
políticas tienen consecuencias porque crean realidades
nuevas. Testimonios históricos de estas excentricidades li-
terarias en el manejo del poder fueron el incendio del Pa-
lacio de Justicia y el genocidio de la Unión Patriótica. Para
colmo de males y para enredar más el proceso de paz de
Betancur, la administración Reagan había declarado la
guerra al narcotráfico y exigía la aplicación del tratado de

154
extradición de 1979, lo que creaba una enorme contradic-
ción entre el Estado y el sector del capitalismo mafioso. La
oligarquía visiblemente alarmada tildaba a Betancur de
connivencia con el comunismo. La naturaleza también se
ensañaba contra la paz, pues las inundaciones y los terre-
motos dejaban vacías las arcas del Estado, cuando la paz
es un proceso cuyo componente económico no es des-
preciable. Ante el acoso económico, Betancur optó por
olvidar la equidad social y dejó el manejo de la economía
en manos de un grupo competente de tecnócratas coloni-
zados por el pensamiento neoliberal, los cuales decretaron
en 1985 un ajuste económico con severos impactos nega-
tivos sobre las rentas del trabajo.

Era bien sabido en los años ochenta que los dineros de la


“burguesía emergente” de la cocaína circulaban, desde
hacía algún tiempo, por todos los canales de las estructu-
ras financieras y empresariales del país. Igualmente sabido
era que las clases dominantes tradicionales estaban ávi-
das por integrar a esta nueva burguesía de una manera
pacífica. No faltaban los antecedentes del contrabando,
las operaciones financieras en el mercado negro, la fuga
de capitales y el lavado de activos ilícitos en el Banco de
la República. Lo que se desconocía es que esta nueva
burguesía no aceptaba mantenerse con un bajo perfil y
prefirió el ruidoso mundo de la política para hacer vales
sus pretensiones. No obstante, el clima general era de per-
misividad y complicidad, salvo casos aislados como el de
Luis Carlos Galán, el PCC y otras organizaciones políticas y
sindicales.

Amnistía, diálogo nacional y apertura política eran los


ejes del proyecto de paz de Betancur. “Tiendo mi mano a
los alzados en armas para que se incorporen al ejercicio
pleno de sus derechos” fueron las palabras de presenta-
ción del Presidente, en medio de una aceptación popular
sin precedentes de la Ley de Amnistía aprobada por el
Congreso en 1982. La propuesta iba dirigida fundamen-
talmente al M-19, pero este grupo no la aceptó. El Gobier-

155
no y la Comisión de Paz se dirigieron entonces a las Farc,
que acababan de realizar la vii conferencia, en la que
decidieron duplicar su presencia territorial. En enero de
1983 se reunió una delegación de la Comisión de Paz con
la cúpula de las Farc en el municipio de Colombia, en
el Huila. Esta organización valoró positivamente la Ley de
Amnistía y exigió el desmantelamiento del grupo parami-
litar MAS creado por los narcotraficantes. Betancur había
puesto contra la pared a la guerrilla, pues la paz se con-
virtió en bandera de lucha nacional. El Ejército se había
preparado para la guerra durante varios años y ahora se
desvanecía antes sus ojos la posibilidad de una derrota
militar de la guerrilla con el concurso del paramilitarismo
y los sectores más recalcitrantes de la oligarquía colom-
biana. No obstante, se firmó en marzo de 1984 el Acuer-
do de La Uribe entre el Gobierno y la Farc, en el cual se
comprometían a una tregua. Betancur había ganado la
batalla por la paz ante la opinión pública, pasando por
encima de los partidos y las organizaciones gremiales.
En 1983 llegó a tener un índice de popularidad del 83%.
Mientras tanto el M-19, arrinconado, intensificó sus accio-
nes militares como actos de propaganda armados, para
luego firmar por separado un acuerdo de tregua en agos-
to de 1984.

Pero el proceso de paz quedó en manos de comisiones


con escaso poder político y sin conexiones con el Congre-
so y las Fuerzas Armadas. Con el correr de los días se diluía
la posibilidad real de un acuerdo de paz con las guerri-
llas. En medio de un proceso de paz agonizante, las Farc
decidieron prorrogar la tregua por un año más en marzo
de 1985 y desde el campamento de la Uribe anunciaron
el lanzamiento de la Unión Patriótica, nombre de un mo-
vimiento político surgido de los acuerdos de paz con las
Farc. Como dice un documento posterior,

“la Unión Patriótica es hija del proceso de paz, surge


de los acuerdos de La Uribe y de nuestro compromiso
histórico de organizar y unir al pueblo para que sea

156
el garante y protagonista de los cambios que hagan
posible un país con paz, bienestar y libertad”4.

Varios de los dirigentes políticos que participaban en re-


presentación de las Farc en los diálogos nacionales fueron
destinados a la organización de este movimiento. Se dedi-
caron al trabajo político abierto bajo la protección mágica
de unos acuerdos que no eran aceptados por los enemigos
del movimiento guerrillero, entre los cuales se destacaban
el Ejército con sus organismos paramilitares. ¿Comprendie-
ron las Farc a fondo los peligros de esta decisión, a sabien-
das de los atentados contra varios dirigentes del M-19 en
plena tregua? En octubre del mismo año ya habían sido
asesinados 165 miembros de la Unión Patriótica, casi to-
dos por paramilitares. Al final de su mandato, el índice de
aceptación popular de Betancur y del proceso de paz ha-
bía descendido al 15%. Todo el capital político de Betancur
se había disipado en las veleidades de un proceso de paz
montado sobre una popularidad ocasional que no estaba
sintonizada con las realidades y protocolos del ejercicio del
poder. Seguramente las Farc no creían en la capacidad
de Betancur para llevar a feliz término este proceso de paz,
pero accedieron al juego como un acto de realismo polí-
tico. Posiblemente Betancur no tenía en mente algo serio
que pudiera culminar en un avance democrático con una
verdadera equidad social y lo que se proponía era una
deslegitimación política de la guerrilla si no aceptaba el
reto de la paz, como ocurrió con el M-19, o una aceptación
de desmovilización por parte de la guerrilla sin conseguir
ninguno de sus propósitos de democratización de la vida
nacional. Acorraló al adversario políticamente, pero per-
dió al país. Belisario Betancur quedó en la ruina política al
final de su mandato. Las Farc se fortalecieron militarmente
y han realzado los propósitos de la VII conferencia, pero la

4
Conclusiones generales del Primer Congreso Nacional de la UP, noviembre de
1985.

157
izquierda tuvo que pagar un costo muy alto: el genocidio
de la UP y numerosos dirigentes políticos del PCC y de otras
organizaciones políticas. Si es cierta la hipótesis de que el
Ejército colombiano desde el gobierno de Turbay ya tenía
lista una estrategia de asesinato de los dirigentes de las or-
ganizaciones de izquierda que actuaban en la legalidad,
el resultado habría sido similar, independientemente del
proceso de paz de Betancur.

No es posible terminar esta sección sin conocer la evalua-


ción que hizo Gilberto Vieira, secretario general del PCC,
en el xv congreso celebrado en 1989. En su informe al con-
greso expresa con claridad que el movimiento popular
colombiano se ilusionó demasiado con la tregua pactada
con Betancur. Expresaba Gilberto Vieira que

“en algunos sectores se confundió la posibilidad que


abrió este periodo con un desarrollo continuo sin in-
terrupciones del proceso democrático, sin captar la
dialéctica compleja de la vida política colombiana
en las distintas fases de la lucha ... [el PCC] no se pre-
paró debidamente para una respuesta violenta de
la clase dirigente, teniendo en cuenta que son bien
conocidas las tradiciones sanguinarias de los secto-
res reaccionarios colombianos a lo largo de cuatro
décadas ... El plan de exterminio físico de militantes
comunistas, de revolucionarios de distintas tenden-
cias y de personas democráticas, se había iniciado
realmente hace diez años ...” Y agrega que “aunque
sobre el plan de exterminio en su fase nacional de
desarrollo la dirección del partido recibió una es-
cueta información confidencial, no fueron tomadas
a tiempo las medidas de protección. Denunciamos
dicho plan de todas las formas posibles, pero careci-
mos de pruebas ante los gobernantes”.

En suma, lo que se deduce de estas apreciaciones es que


el partido creía que el Estado colombiano estaba compro-
metido con una política de garantías a los derechos huma-

158
nos, sobre todo el derecho a la vida y a la seguridad, sin re-
parar en que los gobernantes de turno, legitimados en las
elecciones, eran cómplices del plan siniestro de exterminio
de la izquierda, de una manera soterrada e hipócrita.

6. La trayectoria política de la Unión Patriótica


y su declive
Virgilio Barco ejerció el poder en el periodo 1986-1990 y re-
toma el maltrecho proceso de paz de la administración an-
terior, pero le introduce cambios sustanciales. Lo centraliza
y lo institucionaliza, crea la Consejería de Reconciliación,
Normalización y Rehabilitación para manejar la política de
paz y aclara los objetivos de las negociaciones. En últimas,
su política de paz se orienta, como antes, a la deslegitima-
ción de la guerrilla. Para ello reforzó el PNR (Plan Nacional
de Rehabilitación) creado por Betancur con el objetivo de
lograr algunas reformas en el campo tendientes a disminuir
la pobreza, con la esperanza de destruir las causas objeti-
vas del apoyo social del campesinado pobre a la guerrilla.
En realidad, el PNR era la parte social del proyecto de ex-
terminio de las estructuras políticas que estaban contribu-
yendo a la refundación democrática de la nación.

Veamos. En las elecciones presidenciales de 1986 la UP se


convirtió en la tercera fuerza política del país con el 11%
de la votación. Contra ella se volcaron las fuerzas orga-
nizadas del terrorismo de Estado bajo la modalidad pa-
ramilitar. El paramilitarismo emprendió una campaña de
exterminio de activistas agrarios motejados de comunistas.
Las direcciones locales de la UP fueron diezmadas. En el
primer año de gobierno de Barco fueron abatidos por si-
carios cerca de 300 dirigentes de la UP, entre ellos Jaime
Pardo Leal, candidato presidencial de la UP, en 1987. En
1988 es asesinado Carlos Mauro Hoyos, Procurador Gene-
ral de la Nación; en 1989, por denunciar de una manera
sistemática el maridaje narcotráfico-política, es asesinado
Luis Carlos Galán; poco después es dinamitado el perió-

159
dico El Espectador por razones similares. En 1989 es abati-
do Bernardo Jaramillo, candidato presidencial de la UP, y
Carlos Pizarro, máximo dirigente del M-19. Poco después es
asesinado Manuel Cepeda, senador y secretario general
del PCC. Por todos estos homicidios no existen condenas,
pese a que las víctimas han aportado pruebas de la parti-
cipación del Estado colombiano en estos crímenes. Incluso
el abogado defensor de las víctimas de la Unión Patriótica,
Eduardo Umaña Mendoza, fue asesinado en los años no-
venta en su propia oficina de Bogotá.

Es un grave error político y una falta a la verdad histórica


atribuirle al narcotráfico los más de 3.500 asesinatos de mili-
tantes y amigos de la Unión Patriótica, porque se ha demos-
trado hasta la saciedad que la eliminación sistemática de
un partido político democrático como la UP fue el resultado
de las relaciones simbióticas entre el paramilitarismo y los
organismos del Estado colombiano, sobre todo del Ejército.

¿Y cuáles eran las propuestas políticas de la Unión Patrió-


tica? En el primer congreso nacional de la UP celebrado
en noviembre de 1985 se señaló que la paz se estaba im-
poniendo sobre las doctrinas de la Seguridad Nacional y
la política militarista de tierra arrasada5. El documento es
un llamado a la lucha por la prórroga de la tregua y la paz
democrática “como único camino hacia los cambios a fa-
vor del pueblo y del país”. Al mismo tiempo, es una crítica
a la incapacidad del gobierno de Betancur para llevar a la
práctica sus políticas de “cambio con equidad” que fue-
ron sustituidas por nuevas políticas económicas dentro de
un encuadre neoliberal, según pautas hoy bien conocidas
dictadas por el FMI. Tampoco cumplió el gobierno con las
promesas de reformas políticas y económicas expresadas
en el Acuerdo de La Uribe de 1984, tales como la reforma
agraria, la elección popular de alcaldes y el desarrollo de

5
Conclusiones generales del Primer Congreso Nacional de la UP, noviembre de
1985.

160
la democracia municipal, las reformas democráticas al
sistema electoral y la democratización de los medios de
comunicación. En suma, los compromisos de una apertu-
ra democrática, según el acuerdo inicial de la Uribe, no
se habían cumplido. Conciente del enorme desgaste del
gobierno de Betancur, afirma la UP que frente a la pers-
pectiva incierta de que el Gobierno acometa “reformas
democráticas estructurales y profundas ... es necesario
crear un movimiento amplio de millones de colombianos
que abra las puertas hacia una democracia avanzada”. Y
esto constituye el meollo de la plataforma de lucha de la
Unión Patriótica, promulgado en noviembre de 1985.

Empieza el documento por establecer de una manera in-


equívoca que “la guerrilla es un fenómeno político y social
que tiene profundas raíces en la realidad nacional”. Des-
taca la existencia de una escalada terrorista, a la cual se
le debe responder con una amplia acción de masas, lo
que siendo cierto, no va al fondo del asunto, como se ha
comprobado posteriormente, pues en ese momento ya se
había consolidado un plan oligárquico de exterminio de
los dirigentes de las organizaciones de izquierda. Con gran
ingenuidad afirma el documento que la gran responsabili-
dad histórica de la UP era “unir a todas las tendencias de-
mocráticas y progresistas y a todos los que están por la paz
para lograr una apertura democrática que abra el camino
hacia una democracia avanzada”.

La plataforma de lucha propiamente dicha recoge los


puntos centrales del memorando del estado mayor central
de las Farc-EP a la plenaria de la Comisión Nacional de Ve-
rificación de cese al fuego, tregua y paz en mayo de 1984 y
que en parte fueron aceptados meses después por el Go-
bierno como parte del llamado Acuerdo de La Uribe6. En el
aspecto político destacamos la propuesta de transforma-

6
Cabe destacar el artículo 18 del memorando en el cual se muestra que las Farc
eran plenamente concientes de la existencia de escuadrones de la muerte co-

161
ción del actual Estado en uno que sea garante de los dere-
chos humanos sociales y políticos y en una transformación
de las costumbres políticas en varios aspectos fundamen-
tales. Señalamos, entre otros: una efectiva representación
de las minorías, la elección popular de alcaldes, gober-
nadores y el Procurador Nacional de la Nación, la desac-
tivación del Estado de sitio, eliminación de las normas que
exigen la paridad política, la creación de una Asamblea
Popular Constituyente para adoptar una nueva Carta Fun-
damental y subordinación de la fuerza pública a la autori-
dad civil. En el aspecto económico destacamos la reduc-
ción de la jornada laboral a 36 horas, la derogatoria del
IVA y la reducción de los impuestos a los sectores de bajos
ingresos y el aumento de la tributación de los monopolios
y los terratenientes, la nacionalización de la banca y el no
pago de la deuda externa. Todo lo anterior en el marco
del principio fundamental de que el desarrollo económico
debe tener como objetivo la justicia social y el mejoramien-
to armónico e integral de la comunidad. Mención aparte
merece la exigencia de una reforma agraria democrática
que les entregue gratuitamente la tierra a los campesinos,
sobre la base de la expropiación de la gran propiedad lati-
fundista y apoye la colonización de los baldíos nacionales,
dentro de normas de racionalidad ecológica.

Algunas de estas reformas se lograron en el curso de los


años, sobre todo las que tenían que tenían que ver con

mo “encarnación delictiva de inspiración mafiosa y dirigidos y financiados por


los militares”. No hay una referencia explícita a que estas organizaciones hacen
parte de una estrategia político-militar de la oligarquía colombiana tendiente
al exterminio de los dirigentes políticos de la izquierda colombiana. Aunque el
estado mayor de las Farc toma nota de las prácticas siniestras del militarismo en
el Cono Sur y en Centroamérica, no parece ser conciente de que tales prácticas
han tenido la aprobación de las oligarquías latinoamericanas y que, por consi-
guiente, pueden darse también en regímenes democráticos. Ello explica, quizás,
la insistencia en este documento en el nombramiento de un ministro de Defensa
civil y la democratización de las fuerzas armadas. Todo esto se hizo pocos años
después, pero el genocidio continuaba encubierto por la máscara democrá-
tica. Es la misma máscara horripilante que ha ocultado y sigue ocultando las
atrocidades del Estado norteamericano en Vietnam, Irak y Afganistán.

162
la reforma del Estado, entre ellas la elección popular de
alcaldes. La UP era conciente de que una apertura de-
mocrática como la contenida en su programa de lucha
no podría hacerse por contrato con el Estado oligárquico.
Solamente una gran fuerza popular aglutinada en torno
al programa de lucha sería capaz de romper con la de-
mocracia restringida colombiana mediante un plebiscito
en el cual quedaran plasmadas las tareas democráticas
esbozadas. Es decir, que la UP había tomado conciencia
de la necesidad de un gobierno legitimado por una gran
fuerza popular para realizar una apertura democrática.
Rezagadas, en la penumbra de la historia, estaban que-
dando las ideas de la llamada etapa democrático-bur-
guesa como paso previo a la revolución socialista. De este
modo la izquierda estaba asumiendo la cuestión del poder
como un elemento fundamental de las transformaciones
democráticas del país y no solamente como una instancia
necesaria en la etapa de las supuestas transformaciones
socialistas.

Muchas cosas ocurrieron en 1985 que hacían presagiar el


fin de los procesos de paz, casi todas relacionadas con el
aventurerismo del M-19 que no comprendió a tiempo el
giro político propiciado por la Ley de Amnistía de Betancur
en 1983: el atentado al comandante del Ejército, general
R. Samudio; la toma cruenta del Palacio de Justicia con el
propósito de hacerle un juicio político al Presidente; la ma-
sacre de Tacueyó por un grupo disidente de las Farc cuyo
jefe máximo había sido expulsado de esta organización y
aparentemente había adherido al M-19 y el atentado al
ministro de Gobierno, Jaime Castro, del cual salió ileso.

Belisario se la jugó toda por la paz, pero no pudo. La guerri-


lla aprendió mucho en estos años acerca de la importan-
cia de la política en la lucha de los pueblos. A partir de los
procesos de paz con Betancur, la guerrilla se convirtió en
un factor permanente de la política nacional. A partir de
entonces, todos los gobiernos se han sentido obligados a
incluir en sus planes la agenda de la paz, desafortunada-

163
mente como un mero factor electoral desconectado de
una estrategia de Estado para iniciar una refundación de-
mocrática de la nacionalidad.

En las elecciones de 1986 participó la UP y obtuvo una vo-


tación relativamente alta, con el 4,5% del total, el registro
electoral más alto de la izquierda en Colombia. Obtuvo 5
senadores, 9 representantes a la Cámara, 14 diputados,
351 concejales y 23 alcaldes. En 1988 la UP se consolida
como la tercera fuerza política de Colombia. Obtiene 18
alcaldías propias, 95 alcaldías en coalición con otras fuer-
zas, 18 diputados y 368 concejales en convergencia con
otras fuerzas políticas como A Luchar y Frente Popular. En
1990, obtiene 13 alcaldías, 7 representantes a la cámara y
un senador. En 1992 la UP obtiene 24 alcaldías, 8 diputados
y contribuye a elegir 100 alcaldes de convergencia.

Barco continuó con la política de paz de Betancur, pero


impuso drásticas modificaciones, acordes con su lema de
campaña “mano tendida y pulso firme”. Acabó con las
comisiones de paz y se propuso iniciar un diálogo directo
con la guerrilla. Al mismo tiempo se propuso un plan de
desarrollo en el cual la lucha contra la pobreza tenía un
lugar especial y trató de resucitar una reforma agraria en
medio de la oposición de los barones del bipartidismo. Su
objetivo era acabar con el protagonismo político de la
guerrilla atacando sus causas objetivas, como lo eran y son
la pobreza y la desigualdad social, mediante el fortaleci-
miento del PNR y estableciendo un diálogo directo con sus
dirigentes. Al terminar la administración Barco se habían
desmovilizado el M-19 y otros grupos menores militarmente
debilitados y ansiosos de reinsertarse en la vida civil de la
nación. César Gaviria, ministro de Gobierno de Barco, lle-
ga a la presidencia en 1990 después del asesinato de Luis
Carlos Galán y continúa con las políticas de la administra-
ción anterior.

Hemos señalado que la UP participó en la elección popu-


lar de alcaldes en 1988 con excelentes resultados, lo que

164
permitió el ascenso a la política de una juventud nueva y
dinámica de dirigentes locales ajenos el gamonalismo. Se
preparaba para las elecciones de 1990, pero su candidato
Bernardo Jaramillo fue asesinado en 1989, lo que sembró el
desconcierto y el temor entre sus militantes. Ya la tregua se
había roto en la práctica y se reiniciaba la guerra política,
mientras la de exterminio contra la UP seguía su curso y, en
vez de detenerse, arreciaba sin tregua en el campo y en las
ciudades. El M-19 participó en las elecciones presidencia-
les de 1990 con una votación sobresaliente. Los resultados
fueron aún mejores en las elecciones para representantes
a la Asamblea Nacional Constituyente. Las conversaciones
con las Farc, cohesionadas en un frente guerrillero con el
ELN en la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar CGBS,
se rompieron completamente. El día de la elección de la
Asamblea Nacional Constituyente, el Gobierno decide la
toma de Casa Verde, el 9 de diciembre de 1991. Es en esta
administración cuando se empieza a gestar la idea de ne-
gociación integral con todos los actores armados, inclu-
yendo narcotraficantes y paramilitares, lo que es de por sí
el primer intento de borrar las fronteras entre el delito polí-
tico y el delito común, lo que se logra completamente en
la administración de Álvaro Uribe. Curiosamente, la Consti-
tución de 1991 no aboca el problema de la reforma de las
Fuerzas Armadas. Tampoco lo hizo Rafael Pardo, un civil al
frente del Ministerio de la Defensa. Lo único a destacar es
la presión internacional y nacional sobre la violación sis-
temática de los derechos humanos que empieza a hacer
mella en las estructuras mismas de la hegemonía política
de la oligarquía colombiana y la obliga a hacer tímidas
concesiones a la lucha contra el paramilitarismo, el hijo le-
gítimo de Hermann Monster.

En 1993 la UP había desaparecido como movimiento po-


lítico, aunque la militancia del PCC mantenía viva su me-
moria con afecto como un recuerdo doloroso. En esta fe-
cha se reúne la VIII conferencia de las Farc-EP y lanza su
“Plataforma para un gobierno de reconciliación y recons-
trucción nacional”, la brújula política de este movimiento

165
hasta el presente. Este documento es una continuación de
la plataforma de la UP, pero con unos elementos nuevos
fundamentales. Esta plataforma es un resumen de la pla-
taforma del Movimiento Bolivariano (MB) que había sido
creado en abril de 2000 por las Farc, aunque la idea de su
creación data de 1988 aproximadamente.

En primer lugar, cabe destacar el reencuentro con las


tradiciones históricas de la nación escondidas en el pen-
samiento bolivariano de estirpe republicana. Después de
declarar de una manera tajante su compromiso con “la
solución política al grave conflicto que vive el país”, de-
clara que “la doctrina militar y la defensa nacional del
nuevo gobierno de reconciliación y reconstrucción na-
cional será bolivariana”. Cita al Libertador cuando expre-
saba que “el destino del Ejército es guarnecer la fronte-
ra. Dios no preserve de que vuelvan sus armas contra los
ciudadanos”.

Es un cambio maravilloso en las concepciones de la seguri-


dad nacional que va mucho más allá de las simples decla-
raciones sobre el desmonte de la actual doctrina sobre la
fuerza pública, cuya misión es combatir al enemigo interno.
Al acoger las Farc este ideal del pensamiento republicano
de Bolívar, de un tajo pone a la izquierda fuera de la órbita
de las concepciones hobsianas del Estado para reconci-
liarnos con un Estado anclado en las realidades de la vida
y la historia de la nación, no como el lugar de la guerra de
todos contra todos, según el modelo liberal abstracto, sino
de la comunidad moderna que acoge a los ciudadanos
virtuosos que conviven en el ámbito del respeto a las leyes
justas. En el nuevo gobierno de reconciliación y reconstruc-
ción nacional, las fuerzas armadas serán garantes de la so-
beranía nacional y respetuosa de los derechos humanos. Y
la policía, después de una reestructuración y reeducación
en el respeto a los derechos humanos, cumplirá una fun-
ción preventiva y moralizadora.

En segundo lugar, en lo que tiene que ver con la política

166
económica, retoma los puntos fundamentales de la pla-
taforma de lucha de la UP, pero añade un elemento im-
portante de democracia participativa en la planeación
económica, en cuanto que las organizaciones sindica-
les, los gremios económicos y las entidades académicas
y científicas tomarían parte en la elaboración de las po-
líticas económicas sobre inversiones estratégicas y en las
políticas de inversión social en salud, educación y vivien-
da, para lo cual propone destinar el 50% del presupuesto
nacional. Una novedad es la propuesta de destinar el 10%
del presupuesto al desarrollo de la ciencia y la tecnología,
lo que indica la sintonía de las Farc con las exigencias de
la modernización en materias de desarrollo económico. En
los demás puntos sobre cuestiones económicas no se dife-
rencia de la plataforma de lucha de la UP, pero llama la
atención la forma moderna como el programa de recon-
ciliación y reconstrucción nacional asume el tema de una
reforma agraria, que ha sido históricamente una reivindi-
cación de las Farc y que está explícitamente desarrollado
en la plataforma de lucha de la UP. Esa plataforma asume
la reforma agraria con un sentido de redistribución de la
tierra, lo que se expresa llamando a luchar por “la apro-
bación de una ley de reforma agraria democrática que
le entregue gratuitamente la tierra a los campesinos sobre
la base de la gran expropiación de la gran propiedad del
latifundio”. En cambio, en la programa se habla de esti-
mular de una manera total a la industria y la producción
agropecuaria y “liquidar el latifundio, allí donde subsista,
redistribuyendo la tierra y definiendo una frontera agrícola
que racionalice la colonización y proteja el arrasamiento
de nuestras reservas”.

Tanto en el programa de lucha como en la plataforma es-


tán claramente establecidas las fronteras con el neolibera-
lismo en sus aspectos económicos y políticos. Pero hay un
punto en el programa de reconciliación y reconstrucción
nacional que tiene un carácter eminentemente nacional
y que no admite la ubicación en uno u otro espectro de
la lucha política. Se trata del narcotráfico que no es con-
siderado en la plataforma de 1985. Dice textualmente el
167
programa que

“la solución del fenómeno de producción, comer-


cialización y consumo de narcóticos y alucinógenos,
entendido ante todo como un grave problema so-
cial que no puede tratarse por la vía militar, requiere
acuerdos con la participación de la comunidad na-
cional e internacional y el compromiso de las grandes
potencias como principales fuentes de la demanda
mundial de los estupefacientes”.

7. De la Unión Patriótica al
Polo Democrático Alternativo
La UP dejó sembrada una semilla que ha germinado en
la izquierda colombiana: la semilla de la unidad de la iz-
quierda colombiana en torno a un programa de gobierno
democrático. Aunque el programa de la UP era un progra-
ma de lucha en el viejo estilo, la propuesta misma era un
auténtico programa de gobierno. De hecho, en 1993 este
programa de lucha se convierte en el programa de re-
conciliación y reconstrucción nacional. Diversos aconteci-
mientos políticos globales la han despertado de sus sueños
dogmáticos y obligado a pensar en la nación, en sus tra-
diciones históricas y culturales en medio de una diversidad
ideológica unificada en torno a dos ejes fundamentales: el
republicanismo y el marxismo.

Ante el agotamiento de la fuerza “civilatoria” del capita-


lismo, que ha entrado en una fase de barbarie, el republi-
canismo es un retorno a las ideas de la democracia radi-
cal implícitas en los ideales libertarios e igualitarios iniciales
de los convencionistas de Virginia de 1776 y expresadas
con mayor vigor y convicción, posteriormente, por los diri-
gentes de la Revolución Francesa de 1789. La democracia
como gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo
se expresa en el nuevo republicanismo como una recons-
trucción de los vínculos sociales del hombre reducidos por

168
el capitalismo a meras relaciones de intercambio. En suma,
la democracia republicana se propone la restauración de
la comunidad política, las virtudes ciudadanas y la liber-
tad positiva que saca al individuo del espacio reducido de
lo privado y lo ubica en el centro del espacio público don-
de reside de verdad la vida política. La axiomática de la
versión hobsiana del liberalismo, y que hoy se ha converti-
do en el dogmatismo neoliberal como pensamiento único,
tiene una alternativa en el proyecto político, cívico, huma-
nista y republicano que reconoce la esencia política del
hombre que participa activamente como ciudadano en
la esfera pública. Es la versión moderna de la afirmación
aristotélica, según la cual el hombre es un animal político
que no puede alcanzar su excelencia sino y por la condi-
ción de ciudadano7.

El pensamiento de Marx no es ajeno al republicanismo en


cuanto a forma de pensamiento político. Por supuesto, son
ajenos al pensamiento republicano los problemas de la
distribución en la sociedad moderna capitalista en la cual
ésta se hace según los mecanismos conocidos de explota-
ción que respetan la libertad individual ficticia de los tra-
bajadores asalariados y que son avalados por los estados
capitalistas en sus textos constitucionales (la propiedad pri-
vada es el derecho más importante) y la legislación labo-
ral. Pero en la concepción de la política, el marxismo tiene
un interés fundamental en la búsqueda de una comunidad
política en el seno de la sociedad moderna. Este es el con-
tenido de las repetidas expresiones de Marx en el sentido
de que el hombre moderno debe traspasar los estrechos
límites de la emancipación política mediante la emanci-
pación social, que no es otra cosa que la superación del
antagonismo estructural entre el capital y el trabajo insta-
lado en el corazón de la sociedad moderna capitalista. De
este modo se realizaría la utopía marxista de una sociedad
sin clases en la cual se pueda realizar la identidad entre la

7
Amadeo, Javier y Morrési, Sergio, Republicanismo y marxismo. Filosofía política
contemporánea (Atilio A. Borón compilador), Clacso, 2004.

169
existencia privada y la existencia pública.

Marx, profundo conocedor de la historia de la Revolución


Francesa, mantuvo siempre la idea de pueblo como una
categoría política fundamental, que de ningún modo se
opone al concepto de clase social. Durante la Revolución
Francesa, el pueblo era el Tercer Estado compuesto por
campesinos, burgueses, pequeños propietarios, intelectua-
les y los desposeídos. En Colombia, el pueblo era lo “otro”
distinto a la oligarquía, tal como lo pensó Gaitán. En un
sentido general, el pueblo está formado por los que están
excluidos por las estructuras de dominación en una épo-
ca dada. En Colombia y en América Latina la izquierda
empieza a asumir la idea de pueblo a partir de una con-
ceptualización de la democracia, como principio, sujeto y
fin del Estado y del orden constitucional. Hay una toma de
conciencia de que no es la ley la que determina la existen-
cia política del pueblo, sino que, por el contrario, la ley es
el resultado de las luchas políticas por la justicia y la igual-
dad. El pueblo aparece de este modo bajo la modalidad
de pueblo que lucha contra la legalidad existente. Marx
pensó la sociedad comunista dentro de las tradiciones co-
munalistas. La comuna no sería un organismo parlamenta-
rio sino una corporación de trabajo, ejecutiva y legislativa
al mismo tiempo, una especie de gobierno de los trabaja-
dores para llevar a cabo la emancipación social del tra-
bajo. O algo parecido a la fugaz República social creada
por el pueblo parisino en febrero de 1848, mientras vivaba
la libertad, la igualdad y la fraternidad, la cual expresaba
un anhelo vago de acabar no solamente con las formas
monárquicas de dominación sino con la dominación de
clase del capitalismo naciente.

Las relaciones entre marxismo y republicanismo son mucho


más complejas de lo que acabamos de esbozar y son ob-
jeto de estudio y exploración por la intelectualidad marxis-
ta en la actualidad. Para nuestros propósitos es suficiente
lo que acabamos de expresar, para mostrar que existe una
relación de continuidad ideológica entre el proyecto de
la UP y el proyecto del PDA. La idea central que establece

170
este vínculo es el republicanismo bolivariano.

Los fundamentos ideológicos e históricos del pensamiento


de Bolívar son analizados por J. Urueña en texto reciente8.
Un análisis a fondo del Discurso de Angostura de 1919, el
proyecto constitucional para Venezuela de 1811 y la Car-
ta de Jamaica de 1815 permiten al autor demostrar los
fundamentos ideológicos republicanos que inspiraron sus
actividades políticas como libertador, como pensador de
la libertad y como legislador. Bolívar fue un hombre de su
tiempo que estudió con detenimiento el pensamiento de
los representantes del republicanismo cívico de la época.
Su preocupación fundamental era encontrar una respues-
ta teórica y práctica sobre el modelo constitucional más
adecuado para Venezuela. Y la encuentra en el modelo
republicano de J. Adams. El mejor sistema político para lo-
grar el bienestar, la seguridad y la libertad de los pueblos
es el modelo republicano como la antítesis del despotismo.
De Montesquieu retoma la idea de que la calidad y exce-
lencia de un gobierno no deriva de su carácter teórico, ni
de su forma, ni de sus mecanismos, sino de su capacidad
para reflejar la naturaleza y las modalidades de la nación
para la cual se constituye. Además, las leyes deben ser pro-
pias para el pueblo que se hace. Estas ideas constituyen el
hilo conductor del pensamiento político de Bolívar con mi-
ras a encontrar una forma de gobierno estable que conci-
liara la libertad, el orden legítimo y la justicia social. Y para
ello, Bolívar se ve precisado a echar una ojeada al pasado
de Venezuela y de América Latina en general. Retoman-
do la Carta de Jamaica de 1815, habla el documento del
Congreso de Angostura del carácter multirracial de nues-
tra América como resultado de una ocupación violenta
que destruyó las bases de las civilizaciones aborígenes.
Somos, pues, americanos por nacimiento y europeos por
derechos. No se hace ilusiones sobre el pueblo, una pobla-

8
Urueña Cervera, Jaime, Bolívar republicano, Ediciones Aurora, 2004.

171
ción escasa y heterogénea de blancos, negros e indios y
de castas intermedias que ha sido corrompido por el triple
yugo de la tiranía, la ignorancia y el vicio. Aprendió a obe-
decer, víctima del engaño y la fuerza, y no recibió duran-
te la dominación colonial el ejemplo y la educación para
la libertad y la autodeterminación. Por tanto en necesario
partir de la igualdad para una refundación democrática
de la naciente república de Venezuela con un Estado fuer-
te capaz de asegurar la seguridad de los ciudadanos y la
estabilidad de la nación. Retoma de Rousseau la idea de
que un pueblo corrompido, si alcanza la libertad, tendrá
grandes dificultades para mantenerse libre. Por ello Bolívar
ahincadamente aboga por la educación popular en una
perspectiva liberadora, como una condición fundamental
para lograr los fines de la república.

Ya hemos señalado que el republicanismo bolivariano es


asimilado poco a poco por la UP, hasta convertirse en un
componente ideológico fundamental del programa de
reconciliación y reconstrucción nacional de 1993, que se
ha convertido en el eje político de las Farc-EP y del MB.
En la proclama del lanzamiento de este movimiento, en
marzo de 2000, se expresa el estilo violento utilizado por
la oligarquía colombiana en el ejercicio del poder: “para
mantenerse en el poder han acudido a una guerra sin re-
glas. Desde los tiempos de los atentados al Libertador Si-
món Bolívar y al Mariscal Antonio José de Sucre pasando
por los magnicidios de Jorge Eliécer Gaitán y Jaime Pardo
Leal, los jefes liberales y conservadores han utilizado el cri-
men y la violencia, como herramienta principal del Estado
para imponer su ley, llevando el terror y la intimidación a
un pueblo anhelante de tolerancia democrática, justicia y
bienestar”9. Dada la experiencia con la UP, el MB opta por
ser un movimiento clandestino. Esto es expresado así: “el
rostro semioculto de El Libertador Simón Bolívar que hace

9
Movimiento Bolivariano para una Nueva Colombia, 27 de marzo de 2000.

172
parte de la presidencia de este acto y que descubre su
noble y profunda mirada, significa que el nuevo movimien-
to político tendrá un funcionamiento clandestino. La am-
plitud de los objetivos a conquistar no ocultan los peligros
que se ciernen sobre su existencia. No repetiremos la expe-
riencia de la Unión Patriótica en donde la heroicidad de
sus integrantes y la generosidad que caracterizó su com-
promiso, fueron brutalmente abatidas por las Fuerzas Ar-
madas Oficiales en traje de civil, hasta prácticamente ha-
cerla desaparecer. Y como resumen de toda la propuesta
programática invita el documento “a organizar esta nueva
herramienta de lucha que llamaremos ‘Movimiento Boliva-
riano por la Nueva Colombia’ para cimentar futuro sobre
nuestros históricos valores patrios, para juntar esfuerzos y
esperanzas y concluir lo que el Libertador Simón Bolívar
empezó y está por terminar: la integración latinoamerica-
na, la independencia nacional y la justicia social”.

La defensa de los derechos humanos y la lucha por la de-


mocracia constituyen los ejes fundamentales en torno a los
cuales se articula el proyecto político del Polo Democráti-
co Alternativo PDA.

La exitosa campaña electoral del PDA para la elección de


representantes a la Cámara y el Senado, fue un reencuen-
tro de Colombia con su destino histórico trazado con perfi-
les nítidos por el Libertador en sus luchas, escritos y procla-
mas por la libertad y la democracia hace casi dos siglos.
Contrariando las opiniones del precursor Miranda, Bolívar sí
creyó en la capacidad de los habitantes de América Lati-
na para decidir su independencia total del despotismo es-
pañol y adoptar un sistema republicano y democrático de
gobierno que nos condujera a la superación de la postra-
ción política, económica y cultural de los pueblos de Amé-
rica. Y dadas las condiciones de la época y el empeño es-
pañol de mantener sus dominios, no vaciló en recurrir a la
guerra como medio para lograr sus fines liberadores y de-
mocráticos. Las derrotas iniciales no hicieron sino afinar su
fe en la victoria y en el triunfo de sus ideales republicanos y

173
libertarios. Con un ejército de mulatos, indios, mestizos, ne-
gros, pardos y blancos, representativo de la variedad racial
de América y de la fuerza telúrica de su mestizaje, recorrió
el continente liberando naciones y creando estados e ins-
tituciones que han sobrevivido el paso de los siglos. Hoy,
más que nunca, está vigente el ideal bolivariano de una
América unida por los vínculos de la cultura, la fraternidad
y las creencias en un destino común compatible con una
vida digna para todos.

El PDA considera que en las condiciones históricas actua-


les, el camino para el establecimiento de un poder político
democrático y de izquierda es el de la lucha electoral que
debe ser asumida de una manera integral. Claramente lo
expresa Carlos Gaviria en su programa de gobierno:

“Somos demócratas convencidos que impulsamos


[una] propuesta de izquierda democrática sin sec-
tarismos ni ambigüedades para hacer posible una
alternativa de poder democrático que encarne las
esperanzas de la sociedad colombiana. Este progra-
ma es la síntesis de múltiples experiencias y propues-
tas alternativas. No es más de lo mismo. Se constru-
ye sobre las conquistas del pensamiento y la cultura
de la humanidad progresista ... Nuestro mandato se
apoya en la voluntad popular ... El objetivo final es
que Colombia, con el gobierno de izquierda demo-
crática que representamos, recupere su dignidad y
toda la población pueda avanzar en paz hacia la
prosperidad”.

Carlos Gaviria encarna mejor que nadie este ideal boliva-


riano democrático y americanista que las clases dominan-
tes colombianas se han empeñado en tergiversar. Por ejem-
plo, Álvaro Uribe repite constantemente frases del mensaje
a la Convención de Ocaña en el que Bolívar afirma la ne-
cesidad e importancia de un Estado fuerte que imponga
seguridad y respeto por las leyes y las virtudes ciudadanas,
pero omite el contexto del documento relacionado con el

174
grado de postración económica del país por los gastos de
la guerra contra el despotismo y la advertencia de que la
fortaleza del Estado es para impedir la trasgresión de la vo-
luntad general y los mandamientos del pueblo.

Construir democracia es la idea directriz del programa de


gobierno de Carlos Gaviria Díaz. Se trata de una democra-
cia viva y pluralista para combatir las desigualdades socia-
les y hacer posible una alternativa de poder democrático,
en donde confluyan las esperanzas de paz y de una vida
mejor de los colombianos. El objetivo final es crear un go-
bierno de izquierda para que Colombia recupere su dig-
nidad, garantice los derechos políticos y sociales y toda la
población pueda avanzar hacia la paz y la prosperidad.
El programa de Carlos Gaviria es un compromiso solem-
ne con la defensa de los derechos humanos para todos
los colombianos, para lo cual asume la responsabilidad
de crear las condiciones sociales y políticas que permitan
garantizarlos de una manera progresiva. Defiende la di-
versidad sin discriminación y la democracia participativa
con efectiva participación de las comunidades en la toma
de decisiones sobre asuntos públicos. Quiere promocionar
las formas de organización social y comunitaria de base.
Hace un reconocimiento a la pluralidad de modelos eco-
nómicos existentes en Colombia, los planes de vida propios
de indígenas y comunidades negras y su derecho a una
articulación autónoma al sistema económico. Se propone
fomentar la recuperación y afirmación de la identidad y la
cultura de los colombianos y de los distintos grupos étnicos
y la socialización de su aporte a la construcción histórica
de la nación colombiana.

8. Las herencias democráticas y


populares del PDA
No puede quedar la impresión de que el PDA es un suce-
dáneo de la UP. Es, en realidad, el epítome de los diversos
programas de la izquierda colombiana que a lo largo de

175
la historia han tratado de plasmar las aspiraciones popula-
res. Hemos señalado el pensamiento bolivariano y la Unión
Patriótica primero, para develar las justificaciones del régi-
men al empleo brutal e ilegítimo de la violencia estatal. Por
ello hemos omitido la influencia de Gaitán y el Frente Unido
de Camilo Torres y diversos partidos de izquierda como el
PCC y el Moir. De una manera muy esquemática descri-
biremos estas contribuciones. Ya habíamos señalado que
el PDA es una tentativa sería de encontrar una alternativa
política legal a la propuesta de los movimientos armados
que aspiran también a lograr sus fines políticos democráti-
cos por la vía de las armas.

La izquierda colombiana nace en las décadas de 1920 y


1930 bajo la influencia de la Revolución de Octubre de
1917. Pero su vida política se nutrió fundamentalmente de
las luchas populares que se agitaban en torno a los pro-
blemas de los campesinos a quienes los terratenientes ha-
bían arrebatado sus tierras, de las reivindicaciones de los
sectores obreros agrarios y del sector petrolero y de la in-
dignación popular por la injerencia directa en la vida po-
lítica y económica de América Latina10. En los programas
del Partido Socialista Revolucionario, primero, y del Partido
Comunista Colombiano, después, quedaron plasmadas
las esperanzas populares de la época en el marco de los
ideales socialistas y democráticos. Correspondió a la iz-
quierda avivar y organizar la lucha contra el fascismo y el
nazismo. Estas ideologías antidemocráticas arraigaron en
Colombia en algunos sectores del Partido Conservador y
de la Iglesia y la izquierda no vaciló en buscar alianzas con
otras corrientes políticas que se identificaban con la nece-
En la memoria estaba fresco el recuerdo del desembarco de tropas de la Marina
10

Norteamérica para defender y proteger a su testaferro, un tal general Díaz, ante


el avance de la lucha patriótica por la independencia nacional de Cesar Augus-
to Sandino, lo que avivó el antiimperialismo que estaba a la orden del día en la
agenda política de la época, en la forma peculiar como lo sentían y lo sienten los
pueblos de América Latina. Aun estaban vivos los efectos políticos de la huelga
petrolera de 1927 y la huelga bananera de 1928 que terminó con una masacre
que lleva el rótulo de la inmoderación oligárquica en el uso de la violencia y de
su incapacidad para el diálogo y la conciliación. Lo ecos del Movimiento Estu-
diantil de Córdoba de 1918 -estamos viviendo la hora americana- resonaban
con fuerza en los claustros universitarios de la época.

176
sidad de formar un frente común contra el fascismo.

En medio de este debate en torno a las alianzas con los


liberales, apareció la disidencia liberal de Jorge Eliécer
Gaitán de 1933 bajo el manto del nuevo partido: Unión
Nacional Izquierdista Revolucionaria (Unir). Este es un fenó-
meno populista típicamente latinoamericano difícilmente
analizable desde una teoría, rígidamente ortodoxa, de las
clases sociales, como la que manejaba la Internacional
Comunista de la época. Gaitán estableció, dentro de pa-
rámetros ideológicos de la Revolución Francesa, los con-
ceptos de pueblo y oligarquía para indicar una oposición
radical entre un grupo social llamado a gobernar por ha-
cer parte de una tradición social encumbrada, respalda-
da por cierta holgura económica y abolengos ancestrales,
y el resto de la población o pueblo. La influencia de Gaitán
en el sector agrario y sindical llegó a ser amplia a lo largo y
ancho del país. Pero el PC siempre mostró tendencias por
la confrontación en las luchas huelguísticas mientras que el
gaitanismo prefería la lucha por métodos legales. Había di-
ferencias en cuanto a los métodos de lucha y por supuesto
diferencias ideológicas. En los años posteriores, el gaitanis-
mo se convirtió en un fenómeno de masas sin precedentes
sostenido por el líder carismático al que el pueblo reveren-
cia y respeta. Era la versión colombiana del populismo lati-
noamericano representado por Lázaro Cárdenas, Getulio
Vargas, Juan Domingo Perón y Rómulo Betancourt11.

El periodo 1930-1945 es particularmente pródigo en cam-

11
El fenómeno populista de Gaitán no fue interpretado correctamente por la iz-
quierda. No se había consolidado plenamente una cultura marxista que per-
mitiera una adecuada interpretación de los acontecimientos populistas en
América Latina. Por ejemplo, el admitir que el sujeto histórico de la revolución
democrática en Colombia sería la alianza obrero-campesina, tal como fue pro-
clamado en la Revolución de Octubre, desconocía un aspecto fundamental
de la realidad histórica colombiana: la revolución industrial y la cultura técnico-
científica apenas se estaban incorporando, de una manera rudimentaria, a la
cultura nacional.

177
bios democráticos, en los cuales contribuyó decididamen-
te la izquierda colombiana, que se comprometió en una
lucha decidida por la unión de todos los trabajadores co-
lombianos en una central única. Fue un trabajo arduo de
lucha ideológica contra las tendencias anarcosindicalistas
y apolíticas que desfiguraban la importancia de la lucha
de los trabajadores organizados por la participación en las
orientaciones políticas, culturales y económicas de la na-
ción y en la negociación de sus reivindicaciones laborales
propias, tales como la jornada laboral de ocho horas, el
salario mínimo, la seguridad laboral y los fondos de desem-
pleo laboral. No hay duda de que el gobierno de López
contribuyó en gran medida a la realización de estos pro-
pósitos, debido a su disposición progresista hacia la confor-
mación de un país moderno. Después de muchos intentos
se creó la Confederación Sindical de Colombia (CSC) en
1936, cuyo nombre se cambió en 1938 por Confederación
de trabajadores de Colombia (CTC). En el campo cultural,
la izquierda canalizó las esperanzas de muchos intelectua-
les de la época de construir un país moderno en el cual
el ejercicio de la creatividad artística tuviera un referente
social de renovación de la cultura nacional. En este am-
biente cultural nacieron proyectos trascendentales como
la fundación de la Universidad Nacional de Colombia, que
ha sido el faro del pensamiento crítico colombiano a lo lar-
go de su historia.

El auge de los partidos de izquierda en la Europa de la pos-


guerra no tuvo una expresión parecida en Colombia. Lo
más parecido a un partido de izquierda de masas como
los partidos comunistas y socialistas europeos fue el PSD
–como lo mencionamos ya–, cercano al gaitanismo y al
lopismo, pero no tuvo la influencia para imponer un gobier-
no de unidad nacional, como ocurría en Europa, cuando
era una urgencia democrática nacional. Las reacciones
antiliberales y anticomunistas estaban orientadas a dar al
traste con los avances de la Revolución en Marcha lopista.
El anticomunismo feroz ya era parte del arsenal ideológico
de la oligarquía colombiana, que había asumido la de-

178
mocracia como un simple expediente de lucha contra el
comunismo internacional. Todo ello reforzaba las tenden-
cias a la organización leninista de partidos con bandera
antiimperialista.

Era un momento de auge del movimiento popular bajo las


banderas ideológicas del gaitanismo, que daba a la teoría
marxista de la lucha de clases un sesgo propio en términos
de enfrentamiento pueblo-oligarquía y que tuvo amplia
acogida en distintos sectores sociales, situación muy peli-
grosa para la oligarquía del país, cuya reacción condujo,
el 9 de abril de 1948, al asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y
a la respuesta popular ya comentada.

La izquierda, en cabeza del PCC, se opuso a la toma del


poder, apoyado por los dos partidos tradicionales, del
general Rojas Pinilla y mantuvo una sólida defensa de la
legalidad democrática. Participó la izquierda en el frente
civil contra la dictadura, que aglutinó a la nación entera.
El Frente Nacional, surgido de la lucha contra la dictadu-
ra, demostró ser un régimen excluyente de toda forma de
oposición democrática. Su retórica sobre la atenuación
de la violencia, la plena vigencia de la democracia y el
predominio de las ideas en la contienda política entre los
partidos velaba por la realidad del predominio oligárquico
y violento en la dirección del Estado durante un largo pe-
riodo histórico de veinte años, el cual todavía se prolonga
hasta nuestros días, como un cuerpo político en estado de
putrefacción. La alternación política obligatoria en el ejer-
cicio del gobierno de los partidos liberal y conservador, la
elección paritaria en los cuerpos colegiados y la milimetría
liberal-conservadora en la provisión de los cargos públicos
dejaron por fuera de la vida política a otras fuerzas que
actuaban en el escenario nacional como la Anapo, que
representaba un matiz de izquierda, el MRL, que era la ex-
presión del ala radical del Partido Liberal y el PCC. En la
década entre 1960 y 1970 se perfilan todas las agrupacio-
nes de izquierda que de algún modo fueron influidas por la
Revolución China y la Revolución Cubana y que asumieron

179
una orientación estratégica guerrillera en su dinámica po-
lítica. En este contexto histórico surge el Frente Unido del
sacerdote Camilo Torres, que representaba los ideales cris-
tianos revolucionarios de la teología de la revolución del
cual hablaremos brevemente. Su influencia en el ELN y en
los sindicatos ha sido notable.

Provenía Camilo Torres de una familia de clase alta. Su pe-


riplo intelectual empieza con su ordenamiento sacerdotal
en el seno de la Iglesia Católica, prosigue con sus estudios
de sociología en Europa y culmina con el ejercicio profeso-
ral en la Universidad Nacional de Colombia, donde es co-
fundador del Departamento de Sociología. En Europa en-
tabla amistad con sacerdotes jóvenes comprometidos con
las luchas políticas de los obreros, desde posiciones cris-
tianas, y establece contactos con grupos de la resistencia
argelina. Es allí donde adquiere la convicción de que era
necesario librar una lucha liberadora comprometida en su
totalidad con todos los pobres de Colombia, enmarcada
en sus concepciones cristianas sobre la redención huma-
na, no solamente en la otra vida sino también aquí en la
tierra. En este sentido no era un “radical de izquierda”, sino
un luchador político que a conciencia valoraba la demo-
cracia y la justicia social sin eufemismos y ambigüedades.
Su contacto con la juventud revolucionaria de su época y
sus experiencias en el Instituto de Reforma Agraria no hizo
sino reforzar sus convicciones libertarias, que se plasmaron
en el Frente Unido y cuya plataforma es uno de los legados
más importantes de la izquierda colombiana. No fue, pues,
Camilo el hombre ingenuo que navegaba sin brújula en
el ambiente tormentoso de la política de su época, como
pretende presentarlo la prensa burguesa. Su decisión de
empuñar las armas para luchar por sus ideales políticos no
fue un simple gesto heroico y grandilocuente de un ilumi-
nado ingenuo que quería mostrar que el compromiso con
la revolución debía ser hasta la muerte.

En las condiciones de la época, después de la decisión del


xx congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en

180
1956 de señalar la coexistencia pacífica con el capitalismo
como el camino correcto para avanzar en las luchas por
la democracia y el socialismo, la Revolución Cubana apa-
rece como un mentís de la historia, que la intelectualidad
de América Latina no podía dejar pasar desapercibido. Es
parte de los fundamentos objetivos de las luchas revolu-
cionarias guerrilleras en América Latina, que en Colombia
encontraron un terreno abonado en las luchas agraristas
de casi dos décadas anteriores a la de los años sesenta.
Es el empeño de los hagiógrafos de Camilo de presentarlo
como un hombre idealista y desprendido –que ciertamen-
te lo fue y en grado sumo– dejando de lado al hombre real
que toma decisiones políticas en un contexto histórico de-
terminado con plena conciencia y dentro del abanico de
las realidades posibles. El periplo revolucionario de Camilo
no fue casual. Desde su participación en un acto estudian-
til en la Universidad Nacional en 1959 hasta la creación del
Frente Unido en 1965, Camilo no hizo otra cosa que darle
forma política a un proyecto de refundación democrática
de la nacionalidad gestado desde su estadía en Europa
varios años antes. Son las condiciones históricas de la lucha
política en la actualidad las que han producido un despla-
zamiento de lucha por la paz y la democracia hacia la
lucha electoral. Y el ELN y las Farc, cada una a su manera,
han intentado captar el signo de los tiempos en América
Latina. La izquierda colombiana en su totalidad se une en
torno a la paz y la democracia, porque estas son las ban-
deras del pueblo. Por supuesto, el pueblo colombiano no
quiere pagar el precio de la paz en doblones de sumisión
sino en esfuerzos de libertad y solidaridad humana, como
lo quería Camilo.

La Plataforma del Frente Unido iba dirigida a todos los co-


lombianos, a los sectores populares, a las organizaciones
de acción comunal, a los sindicatos y cooperativas, a las
ligas campesinas y a las comunidades indígenas. En sínte-
sis, a todos los inconformes y no alineados con los partidos
tradicionales, es decir, lo que constituía el pueblo colom-
biano. Su fundamento cristiano no puede ocultar las hue-

181
llas de Gaitán en la concepción del pueblo como una rea-
lidad política opuesta a la oligarquía. Veía la plataforma
como un instrumento de unión de lo que llamaba “clase
popular contra la clase dirigente”. Mostró a las organiza-
ciones guerrilleras que la lucha política era lo fundamen-
tal, en contra de la valoración exagerada de lo militar12. Y,
sin embargo, abrazó la lucha guerrillera pensando que así
podría llevar a la guerrilla a una toma de conciencia sobre
la importancia fundamental de la política.

9. Abajo la tiranía neoliberal


Comprender a fondo el modelo económico y político im-
perante en el mundo es al mismo tiempo una aproximación
desde fuera al proyecto económico y político del PDA, lo
que permite mostrar la fuerza de los ideales democráticos
que lo inspiran en contraposición a la tiranía neoliberal im-
perante en Colombia y en el mundo.

En un libro reciente, E. A. Puga hace un análisis bien docu-


mentado del proceso involutivo de la democracia mien-
tras se consolida el triunfo de la tiranía neoliberal13. Es un
análisis coherente de la pretensión de los ideólogos neo-
liberales de establecer una conexión natural entre demo-
cracia y mercado, entre capitalismo y libertad, ignorando
deliberadamente que se trata de conceptos que se apli-
can a realidades totalmente distintas. No entienden que el
mercado organiza el tráfico de intereses privados, mientras
que la democracia ordena el interés común de los política-
mente iguales. Ellos son los enemigos reales de la libertad,

12
Gabino, el dirigente máximo del ELN en la actualidad, decía que habían sobre-
valorado la actividad militar y subestimado el trabajo político, la organización
del pueblo. Asimilar este principio fundamental de la primacía de lo político so-
bre lo militar ha sido un proceso difícil que aparentemente ha sido completado
en la actualidad.
13
Álvarez Puga, Eduardo, Abajo la democracia. El triunfo de la tiranía neoliberal,
Ediciones B. S. A., 2006.

182
la igualdad y la fraternidad, pero no se atreven a confesar
públicamente sus verdaderas devociones. Estos conceptos
fundamentales de la democracia, entre otros, son reem-
plazados por las tecnocracias al servicio de los intereses de
las grandes corporaciones por el lucro, la competitividad
y el consumismo. Y cosa extraña, la izquierda se esconde
y no se atreve a defender los postulados que la han ilumi-
nado en sus luchas por la democracia durante casi dos
siglos.

Desde Aristóteles, la democracia es fundamentalmente el


gobierno del pueblo. Pero bajo la égida del neoliberalismo
el pueblo desaparece como actor político y los técnicos,
al servicio de las grandes corporaciones, deciden la orien-
tación económica de los gobiernos. En Colombia, la ideo-
logía comunitarista del uribismo ha reducido al pueblo a
mero objeto del asistencialismo demagógico a los pobres,
meros sujetos de favorcitos. El pueblo como sujeto de trans-
formaciones sociales desaparece mágicamente. Los po-
bres se convierten en potenciales consumidores que solo
requieren de un poco de ayuda para que puedan ingresar
a la economía de mercado y así ser reconocidos como
ciudadanos plenos de una sociedad plutocrática.

La lucha por la democracia ha sido y es la lucha por una


sociedad más justa e igualitaria. La igualdad es la viga
maestra del edificio democrático. Tomás Moro denuncia
los abusos cometidos por las clases dirigentes y elabora el
proyecto de una sociedad más justa e igualitaria. Estaba
horrorizado de ver convertida a la Inglaterra de Enrique
VIII en “reino de mercaderes”. Las corrientes igualitarias
se mantienen vivas en los fundadores de la democracia
burguesa. Hobbes parte de la idea de la igualdad básica
de todos los hombres en sus cuerpos y en sus mentes, lo
que hace necesaria la creación de un poder superior, el
Estado, que pueda controlar los apetitos desmedidos por
poder y bienes de unos en desmedro de los otros. De este
modo, sobre la base de criterios de justicia, el nuevo Levia-
tán podría mantener la paz social en la nueva sociedad

183
moderna capitalista de lobos que tratan de devorarse los
unos a los otros. De este modo a la igualdad de hecho en-
tre los hombres, corresponde en el plano político la igual-
dad de los derechos y, por tanto, ningún hombre puede ser
sometido a la voluntad o a la autoridad de cualquier otro
hombre, afirmaba Locke. El ejercicio de la soberanía po-
lítica como expresión de la voluntad general tiene como
premisa la igualdad dentro de una sociedad donde na-
die es lo suficientemente opulento para comprar a otro ni
lo suficientemente pobre para ser constreñido a venderse,
según escribía Rousseau. Por tanto, la principal tarea de
los gobiernos democráticos consiste en luchar por la des-
aparición de las desigualdades políticas y económicas y
abrir espacios para la participación ciudadana en los ne-
gocios públicos. No basta que el ciudadano sea libre el
día de las elecciones y luego siga viviendo como esclavo.
La libertad, tal como la pensaban S. Mill y K. Marx, es más
profunda. Ellos coincidían en que un sistema político justo
debe preocuparse por crear condiciones para que cada
hombre pueda desarrollar sus potencialidades y comple-
tar un desarrollo armonioso de sus facultades.

Los primeros textos constitucionales de la burguesía inscri-


bieron en sus declaraciones el principio de la igualdad. El
texto de 1776 de la Declaración de Independencia de los
Estados Unidos reconoce que “todos los hombres nacen
libres e iguales y a todos confiere el Creador unos princi-
pios inalienables, entre los cuales se encuentra la vida, la
libertad y la consecución de la felicidad”. La Revolución
Francesa de 1789 tuvo como emblema distintivo la liber-
tad, la igualdad y la fraternidad. Se puede afirmar que en
la segunda mitad del siglo XVIII la humanidad dio un paso
de gigante en el arduo camino de la democracia. Pero los
nobles principios consagrados en los textos constituciona-
les, al encontrarse con las realidades de la sociedad capi-
talista, mellaron su filo igualitario para acomodarse a los in-
tereses de las clases dominantes decididas a defender con
uñas y dientes sus privilegios. El derecho a la propiedad
privada se convirtió en un derecho sacrosanto e inviolable,

184
por encima de derechos fundamentales. Las desigualda-
des entre los hombres estaban impuestas por las leyes de la
naturaleza. Era contrario al espíritu laico del liberalismo jus-
tificar los hechos de la vida social con argumentos religio-
sos, así que encontró en la naturaleza las premisas paganas
adecuadas para justificar la propiedad privada. El Código
Napoleónico desconoció las teorías progresistas de los filó-
sofos de la Ilustración y entronizó unas leyes que asumen el
carácter excluyente y absoluto de la propiedad privada.
El titular de la propiedad adquiere el derecho al uso y el
abuso de los bienes muebles e inmuebles. El legislador des-
conoció las objeciones de los padres de la democracia
burguesa contra el despilfarro y las graves consecuencias
sociales de la acumulación de riqueza en pocas manos.

Empezaron, pues, a actuar los enemigos de la democracia


real. Ahora mandan otros intereses, cuando aún no había
desaparecido del todo la euforia popular de los primeros
momentos de cambio del régimen feudal. El pueblo se tor-
naba peligroso y era necesario dosificarle la entrega de
poder. Las clases dominantes advirtieron los peligros paras
sus intereses de cualquier “exceso de democracia”. La li-
bertad, la igualdad y la fraternidad fueron inmoladas en
la pira funeraria en aras de los intereses económicos de los
poderosos. Esa ha sido la historia política después del as-
censo al poder político de la burguesía. La solidaridad fue
estrepitosamente derrotada por el ánimo de lucro, la igual-
dad por el derecho a enriquecerse sin límites y la libertad
se limitó exclusivamente a las prácticas mercantilistas.

La defensa de la igualdad tuvo que refugiarse exclusiva-


mente en los partidos de izquierda, cuando era un patri-
monio común de todas las ideologías democráticas. Por
ello, una característica fundamental y propia de las ten-
dencias progresistas frente a la derecha conservadora es
la defensa de la igualdad. Todos los movimientos socialistas
en sus diferentes versiones (comunistas, socialdemócratas,
anarquistas) han incluido en sus programas máximos la lu-
cha por una sociedad igualitaria y los avances en materias

185
sociales se han realizado a contracorriente de las clases
dominantes. Pensemos, por ejemplo, en las limitaciones de
la jornada laboral, la prohibición del trabajo de los meno-
res, el reconocimiento del derecho de huelga de los traba-
jadores, las vacaciones pagadas y obligatorias, la asisten-
cia sanitaria.

Después de pasar por las experiencias del totalitarismo fas-


cista y nazista y su derrota por la acción conjunta de una
coalición de fuerzas en todo el mundo, en el horizonte polí-
tico se percibía el declive de la democracia si no se hacían
correctivos urgentes a la flagrante desigualdad social. Lo
que era en ese entonces una hipótesis plausible, es hoy una
realidad. Es un hecho desafortunado que el pensamiento
único neoliberal se ha encarnado en el poder para arra-
sar con los más leves vestigios de los derechos sociales. Los
partidos socialdemócratas se han dado un abrazo fraterno
con los postulados neoliberales en materias económicas y
han dejado el discurso sobre la igualdad como un mero
formalismo. Por ello el debate entre la derecha tradicio-
nal y la alternativa de izquierda se reduce actualmente a
cuestiones secundarias relacionadas con las “posturas so-
cialmente progresistas”, pero renunciando a una transfor-
mación real y profunda de la organización económica y
política. En las contiendas electorales todos se afanan por
ocupar el centro para inflar la bolsa de los votos. Las co-
rrientes progresistas rinden culto al mercado, pero quieren
encauzarlo dentro de lo socialmente tolerable. Los conser-
vadores también lo hacen, pero se entregan a las bajas pa-
siones del dinero. Curiosamente, los idólatras del mercado
se olvidan que su mismo funcionamiento depende de cier-
ta igualdad de riqueza entre los demandantes de bienes y
servicios. Mientras tanto, la desigualdad en la distribución
de excedentes económicos, después de las deducciones
fiscales, crea grandes masas de recursos productivos que se
dedican a satisfacer el capricho de los ricos, en medio de
una gran parte de la población mal vestida, mal alojada,
mal educada y mal nutrida. El abastecedor del mercado
solamente atiende las peticiones de quienes disponen de

186
suficiente capacidad adquisitiva para pagar por los bienes
demandados. Los pobres no existen en la práctica según
los mandamientos de los teóricos neoliberales. Lo más que
pueden esperar son acciones caritativas por parte de los
opulentos, siempre que sean dóciles y complacientes. O
convertirlos en pequeños empresarios mediante créditos
del Estado para integrarlos al circuito del mercado por la
vía de la propiedad privada. Así seguirán siendo pobres,
pero propietarios al fin y al cabo.

La igualdad no se refiere solamente a la distribución de bie-


nes económicos. De igual importancia es la distribución del
poder, la igualdad de poder, entre los ciudadanos adultos
de una comunidad política respecto a las decisiones fun-
damentales del gobierno. Algunos teóricos afirman que la
igualdad política es factible en las pequeñas comunida-
des que conforman las sociedades modernas, ensambla-
das de una manera sistémica a partir de modernas organi-
zaciones estatales integradas por millones de ciudadanos
que habitan en extensos territorios14. Es allí, en los espacios
de la vida cotidiana, donde discurre el diario quehacer y
las personas se relacionan directamente con la lucha por
la supervivencia, en medio de la hostilidad y la agresividad
estimuladas por la competitividad, donde hay que empe-
zar a desarrollar la democracia. Los empleados y los traba-
jadores discuten en sus sitios de trabajo sobre las soluciones
a la organización laboral y la mejora de las condiciones
de trabajo. En últimas, se trata de fomentar una activa
participación ciudadana en la fábrica y en los lugares de
trabajo, en las asociaciones vecinales y en las actividades
educativas y culturales. A la larga, la democratización lo-
cal del sistema social produciría una democratización de
todo el sistema, lo cual no deja de ser una ingenuidad que
conduce a la despolitización del ciudadano moderno. Se
trata de una versión degenerada del concepto de “demo-

14
Robert Dhal y Josepf A. Shumpeter son los teóricos de esta posición.

187
cracia por la base” o “democracia desde abajo” compro-
metida con la organización del pueblo, no solamente para
tratar los problemas locales de su entorno comunitario sino
para crear una fuerza organizada capaz de influir decisi-
vamente en las políticas económicas y sociales del Estado
y, eventualmente, asumir su dirección.

Opuesto al realismo neoliberal que implica una revisión


salvaje del contenido democrático de la teoría tradicio-
nal de la democracia liberal para ajustarla al mercado, el
realismo democrático de Macpherson15 consigna primero
las parodias de la “teoría empírica de la democracia” for-
mulada por lo que llama el eje Schumpeter-Dahl y por la
corriente comunitarista inaugurada por John Rawls. De ser
una aspiración humanista, la democracia es reducida a
un sistema de equilibrio de mercado, acusa Macpherson
sobre el giro impreso por Joseph Schumpeter en 1942 y Ro-
bert Dahl en 1956. Y afirma que “el modelo de democracia
que ha sido elevado a la ortodoxia por la ciencia política
americana es sin duda destructivo de la idea liberal-de-
mocrática original”. El eje Schumpeter-Dahl se basa en el
postulado implícito de que el hombre es esencialmente un
consumidor de mercancías. Y esta idea se lleva al ámbito
de la política para impedir el desarrollo moral. Su crítica
avanza al afirmar que una sociedad capitalista de mer-
cado implica necesariamente una transferencia neta de
parte de los poderes de algunos hombres hacia otros.

Los ideólogos proclaman a los cuatro vientos la íntima vin-


culación entre democracia y mercado, ignorando delibe-
radamente que se trata de concepciones que se aplican
a realidades totalmente diferenciadas. Por el contrario,
existe una incompatibilidad radical entre una organización
económica que fomente las desigualdades y un sistema

15
Macpherson, Crawfor, La democracia liberal y su época, Alianza Editorial, Ma-
drid, 1981.

188
político que tiene como columna vertebral la defensa de
la igualdad entre los miembros de la comunidad política.
El acoso y derribo de los valores y principios democráticos
está alcanzando niveles realmente alarmantes ante la pa-
sividad de las mayorías.

En las actuales circunstancias históricas, la globalización


equivale a la expansión del poder económico y militar de
los Estados Unidos, que se ha convertido en un auténtico
poder imperial con el abandono de los valores republi-
canos de sus fundadores. El republicanismo que inspiró el
ejercicio del poder durante casi un siglo se ha ido desvane-
ciendo para dejar el espacio político libre a los empresa-
rios y los banqueros que, conjuntamente con los militares,
han constituido una casta intocable que influye de manera
decisiva en la dirección del Estado. Para ello cuentan con
un nutrido grupo de intelectuales que en las universidades
y en los medios de comunicación proclaman, explican y
difunden el ideario neoliberal. El gobierno del pueblo, por
el pueblo y para el pueblo ha sido reemplazado por diri-
gentes que asumen que su función política es garantizar
en la tierra un gobierno de los ricos, por los ricos y para
los ricos. Se ha entronizado una auténtica plutocracia. El
pueblo en general se ha convertido en una amenaza para
la democracia. Los partidos políticos han borrado las fron-
teras ideológicas que los separen y distingan, así que, en
la práctica, se gobierna sin oposición. Las clases dirigentes
explotan los miedos para evitar la participación popular.
Antes era el comunismo y ahora es el terrorismo. La mitad
de los ciudadanos no vota en las elecciones y entre los que
votan la gran mayoría se abstrae de toda responsabilidad
de participar en la vida pública, como si un poder opre-
sor gravitara sobre las conciencias de los ciudadanos para
convencerlos de su impotencia para influir y cambiar los
acontecimientos políticos.

Las élites contemporáneas solamente responden ante sí


mismas, lo que es una característica compartida de todas
las tiranías. Existe un evidente desequilibrio en la lucha por

189
el poder. El pueblo, constitucionalmente soberano, se en-
cuentra fragmentado mientras las élites se organizan en
torno a objetivos compartidos con un sentido solidario. Las
fuerzas sindicales se han desactivado ante la amenaza
de la pérdida del empleo. En la representación de la gran
farsa democrática global, el pueblo es pura comparsa.
Mediante una descarada manipulación intelectual se lo-
gró que la libertad fuera compatible con la dictadura. La
supuesta defensa de la libertad se ha transformado en un
método falaz para enajenar la voluntad mayoritaria de los
ciudadanos e imponer una tiranía global. El gran enemigo
de la democracia neoliberal es la democracia auténtica.
La lucha por la igualdad y la democracia es el camino au-
téntico y efectivo contra la tiranía neoliberal.

El presidente del Polo Democrático Alternativo, Carlos Ga-


viria, se preguntaba en el Congreso de la Unidad en agos-
to del 2005 por la situación política colombiana. Y en térmi-
nos muy simples contesta:

[La clase dirigente colombiana] no pueden admitir


que sus privilegios los obtienen a costa de la miseria y
pobreza de los más. Por eso aparece la paradoja de
que son las grandes mayorías las que han dispuesto
que haya una pequeña franja de privilegiados. Esa
técnica del engaño constituye lo que tradicional-
mente se ha llamado el velo ideológico. La realidad
se presenta distorsionada para que aparezca ama-
ble, lo que es letal; como en el vals, es “un veneno
dulce que parece que consuela pero mata al fin”.
Surge entonces el compromiso de la gente que ha
tomado conciencia de la situación: descorrer los ve-
los que ocultan la realidad. Sartre, cuyo centenario
de nacimiento se conmemoró el pasado 18 de junio,
ejemplo de intelectual honesto y valeroso, lo expre-
saba así: “La única posibilidad de asumir un punto de
vista inmune a la ideología decretada desde arriba,
es ponerse del lado de aquellos cuyas condiciones
de existencia la contradicen”.

¡He aquí el eje de la lucha contra la tiranía neoliberal en


190
Colombia de todos los demócratas colombianos!

10. La UP y el sepulcro vacío16


En Walter Benjamin la utopía tiene un profundo vacío que
la protege del historicismo. La frontera de este vacío apa-
rece justo en el momento en que parece disolverse la di-
ferencia entre el presente y el futuro. Es la utopía que se
mueve hacia el futuro en contravía del deseo profano de
felicidad, lo que incrementa la fuerza del impulso mesiáni-
co. La prohibición judía de investigar el futuro lo despoja
de su encanto idealista y nos vuelve en cambio hacia el
recuerdo revolucionario. Benjamin sabía que la clase diri-
gente contrata a adivinos para asegurarse de que incluso
el futuro sea manipulable. La labor realmente ardua es la
de predecir el presente y de pronosticar el pasado, desci-
frando sus imágenes antes de que se hundan en la memo-
ria involuntaria. La memoria de los ancestros esclavizados
no puede sustituirse por el sueño de los nietos liberados
porque el futuro nunca borra el pasado. Hay que estar en
guardia para no abrir sin más la puerta del futuro al Mesías.
Porque nuestra imagen de felicidad está indisolublemen-
te ligada a nuestra imagen de redención. Y esta imagen
debe ser diáfana para que pueda dar nombre y significa-
do a la negatividad del sufrimiento histórico sin borrarlo por
la vía positiva de la utopía.

Para la mitología cristiana la imagen de la redención no es


el Señor resucitado sino la tumba vacía. De este modo se
configura la historia alrededor de la ausencia del Mesías
resucitado que abre para cada época el espacio de la
trascendencia de sí misma. Este signo “que no comprome-
te” evita que el cristiano adore los sufrimientos de Cristo y
convierta la historia en una mera imagen de pérdidas. Con
ello frustra al mismo tiempo cualquier impulso de taponar

16
Basado en el libro Walter Benjamin o hacia una crítica revolucionaria de Ferry
Eagleton, publicado por Ediciones Cátedra, en 1998.

191
esa pérdida con una presencia positiva. Un futuro ausente
e indescifrable vacía el presente para que pueda llenarse
con la sangre salvadora del pasado. Un presente fecunda-
do por el recuerdo del sacrificio de un pasado revolucio-
nario ya no es idéntico a sí mismo, pues ha roto el hechizo
del Mesías desaparecido. Este presente puede ser pobre,
pero es la única posibilidad de consultar el pasado y hacer
que las sombras de los muertos aparezcan en sus bordes.
Para ello es necesaria la presencia actuante de un partido
revolucionario que sea el guardián de los muertos, la me-
moria viva de los luchadores por su liberación.

Las situaciones trágicas no son modificables para las vícti-


mas. Pero siempre existe la esperanza de la vida después
de la vida si redimimos el pasado. Para ello hay que imbuir-
lo de significado retrospectivamente y darle valor median-
te la acción revolucionaria. Estas redenciones son gene-
ralmente parciales, pues ciertas tragedias persisten como
una herida olvidada en la carne de la historia. Es el caso
del genocidio de la UP.

Anexo 3

Algunos datos del genocidio


En desarrollo de la investigación para este proyecto se iden-
tificaron 283 casos de víctimas de violaciones de derechos
humanos perpetradas contra dirigentes, militantes y simpa-
tizantes de la Unión Patriótica. Si bien es cierto que existen
283 casos identificados, los tipos de violaciones ascendie-
ron a 410, pues a una misma víctima se le conculcaron va-
rios derechos. Por las dificultades que hemos mencionado
en la introducción de este texto, no es posible cuantificar
los casos totales de violación de derechos humanos contra
miembros de la UP en el Valle del Cauca.

Solicitada a algunos organismos oficiales la información


disponible sobre las violaciones de derechos a militantes y
simpatizantes de la UP en el Valle, se recibieron contesta-

192
Gráfica 5. Tipo de violaciones de derechos humanos identificadas

ciones de la Fiscalía y de la Procuraduría General de la Na-


ción, con relación al listado de víctimas identificadas hasta
el año 2006. De la misma manera se impetró un derecho
de petición a la Oficina de Asignaciones de la Fiscalía Ge-
neral de la Nación, seccional Cali, el 23 de enero del año
2007, con la relación selectiva de 13 casos, entre homici-
dios y desapariciones forzadas que se perpetraron contra
militantes de la Unión Patriótica en diferentes municipios
del Valle del Cauca. El ente investigador reportó que en el
archivo de esa entidad solamente se conocían tres casos:

• Héctor Freddy Ramírez Calderón, homicidio, año


2000, municipio de Tulúa.
• Eliécer Valencia Oviedo, homicidio, año 2004,
municipio de Tulúa.
• Óscar Nieto Camacho, homicidio, año 2000,
municipio de Buga.

Del resto de víctimas y delitos expresó lo siguiente: “Cabe


anotar que verificadas las Actas de Reparto de los extin-
tos Juzgados de Instrucción Criminal, se constató que NO
figuran investigaciones en las que sean víctimas las demás

193
personas relacionadas en su comunicación”. Es decir, una
vez extinguidos los juzgados de Instrucción Criminal, se ex-
tinguen las investigaciones.

Estado de casos, según respuestas presentadas por la


Fiscalía y la Procuraduría General de la Nación, a enero
de 2007

De la revisión de la información suministrada por los entes


oficiales se obtuvo la siguiente información:

Categoría Cantidad
Total de víctimas 18
Homicidios 7
Procesos 15

Estado/tipo de proceso Número


Procesos asignados 1
Inhibitorio archivado 4
Procuraduría Fuerzas Militares 1
Procuraduría Delegada Policía Nacional 1
Remisión por competencia 1
Preliminares 1
Justicia Penal Militar 1
Procuraduría Provincial 1
Procuraduría Derechos 3
Fiscal especializado 1
Total 15
Nota: Tres procesos tienen investigación acumulada con tres víctimas
más.

194
La distribución por municipios de estos 15 casos reportados
por la Fiscalía y la Procuraduría General de la Nación es la
siguiente:

Ciudad Cantidad
Cali 6
Buenaventura 2
Jamundí 1
Florida 1
Buga 2
Palmira 1
Tulúa 2
Total 15

Respecto a la distribución por municipios de los siete homi-


cidios reportados por la Fiscalía y la Procuraduría General
de la Nación es:

Ciudad Cantidad
Cali 3
Buga 2
Tulúa 2
Total 7

Los casos registrados y reportados por la Fiscalía y la Pro-


curaduría General de la Nación son mínimos, compara-
dos con los casos identificados por el proyecto. De los 66
homicidios y 41 desapariciones forzadas identificadas, la
Fiscalía General de la Nación reporta únicamente siete ho-
micidios y solamente tres desapariciones forzadas, cuyos
autores fueron absueltos en la jurisdicción interna por falta

195
de pruebas. Por otra parte, es importante precisar que en
Cali, en el año de 1985 solamente, se tenían identificadas
dos desapariciones forzadas: Pablo Caicedo y Marco Fidel
Castro.

En la Fiscalía General de la Nación no hay ningún repor-


te de desapariciones forzadas en los años 1984-2005, ex-
cepto la de Walter Álvarez Ossa, que ocurrió en agosto de
2006. Aparecen reportados tres casos en la Procuraduría
General de la Nación, entidad que remitió a la Procura-
duría Delegada para la Policía Nacional, en el año 1987,
el expediente acumulado de Olga Esther Bernal y Froilán
Torres.

En el Valle del Cauca, en particular, así como en el resto del


país, las investigaciones por los casos de la Unión Patriótica
ni siquiera han tenido una simple formalidad. Son muchos los
casos en que proceso y víctima se “extinguieron”. Con la ex-
tinción de los juzgados de Instrucción Criminal, se “desapa-
recieron” también hasta los expedientes, que no existen. Se
desconoce por qué razón fueron borrados. Este es el motivo
para que en la gran mayoría de las respuestas judiciales se
exprese: “Se carece de datos o de información”.

Conclusiones del análisis de la información disponible

El análisis de resultados se hizo básicamente sobre los casos


correspondientes a homicidios y desapariciones forzadas,
sin desligar la otra clase de delitos que se consumaron con-
tra los miembros de la organización política, pues muchos
de ellos van íntimamente ligados entre sí.
Se concluye entonces que:

• Las desapariciones forzadas en el Valle del Cauca se


elevan a 41 casos, de los cuales solamente se docu-
mentaron 12.

• Las regiones del departamento del Valle del Cauca


más afectadas por la ola de exterminio, en especial

196
homicidios y desaparición forzada, a que fue someti-
da la militancia de la Unión Patriótica son: - Los homi-
cidios están concentrados en el área metropolitana
del departamento (Cali, Candelaria, Yumbo, Jamun-
dí) y en el norte (Sevilla, Alcalá, Cartago, Obando),
sin menospreciar el centro (Bugalagrande, Andalu-
cía, Tulúa, San Pedro, Buga) y la zona suroriental (Ce-
rrito, Palmira, Pradera, Florida).

• Se determinó que la acción paramilitar y la fuerza


pública fue la causante del mayor porcentaje de
homicidios y desapariciones forzadas, tal y como se
muestra en la siguiente gráfica.

Gráfica 6. Comparativo de violaciones por presunto autor

• Al analizar el índice de homicidios y desapariciones


forzadas que se presentaron en el periodo de 1984 a
2006 se observa una arremetida en el año 1985, tal
como sucedió en otras zonas del país, que se mantie-
ne constante en los años de 1986 a 1990, en los cua-
les se asesina de manera permanente a dirigentes
claves de las regiones, en especial en Yumbo, Cali,
Tulúa, y Sevilla. Las desapariciones forzadas igual-
mente tienen auge en el año 1985, año que repre-
senta la consolidación en las urnas y en el país de la
Unión Patriótica.

197
Gráfica 7. Comparativo anual de violaciones (1984 - 2006)

198
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