"Limpiad vuestras manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, vosotros de doble ánimo
afligíos, y gemid, y llorad, que vuestra risa se convierta en lamento y vuestro gozo en
pesadumbre"
A los que han manchado sus manos con la contaminación del mundo se les requiere limpiarse
de sus manchas. Aquellos que piensan que pueden servir al mundo y todavía amar a Dios
sufren de doblez mental. ¡No pueden servir a Dios y a Mammón! Son hombres de doble
mentalidad, que aman al mundo y han perdido todo sentido de su obligación a Dios. Y aun
profesan ser seguidores de Cristo. No son ni una cosa ni la otra. Perderán este mundo y el
venidero a menos que limpien sus manos y purifiquen sus corazones por medio de la
obediencia a los puros principios de la verdad. "El que dice que está en él, debe andar como él
anduvo". "En esto es hecho perfecto nuestro amor, que tengamos claridad en el día del juicio:
porque como él es, así somos nosotros en este mundo". "Por esto se nos da abundante gracia
y preciosas promesas: para que por ellas seáis participantes de la naturaleza divina, habiendo
escapado de la corrupción que está en el mundo por la concupiscencia".
Es la concupiscencia mundanal lo que está destruyendo nuestra piedad. El amor al mundo y las
cosas que están en el mundo están separándonos del Padre. La pasión por las ganancias
terrenales está aumentando entre aquellos que profesan estar esperando la pronta aparición
de nuestro Salvador. La concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia
de la vida controlan aún a los profesos cristianos. Con avaricia concupiscente buscan las cosas
del mundo y muchos venderán la vida eterna por ganancias no santificadas.
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