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D EM Ó STEN ES

DISCURSOS
POLÍTICOS
I

INTRODUCCIONES, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE


A. LÓPEZ EIRE

EDITORIAL GREDOS
Asesor para la sección griega: Carlos García G ual.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra


ha sido revisada por J uan Antonio López F érez.

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1980.

Depósito Legal: M. 39242 - 1980.

ISBN 84-249-0028-6.
Impreso en España. Printed in Spain.
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1980.—5199.
INTRODUCCIÓN GENERAL

La figura de D em óstenes com o o ra d o r y h o m b re de


estad o descuella poderosam ente en el p an o ram a polí­
tico y literario de la Atenas del siglo iv a. C. Su vida,
que tuvo u n a d uración de sesen ta y dos años —del
384 a. C., fecha de su nacim iento en el dem o ateniense
de Peania, al año 322, año en que se suicida ingiriendo
veneno p a ra no caer vivo en m anos de A ntípatro , fue
un continuo testim onio de p atrio tism o y apasionada
defensa de la independencia ciudadana en u n m om en­
to en que las ciudades griegas sintieron seriam ente
am enazadas sus libertades ancestrales. S us discursos
políticos vienen a ser el canto del cisne de la dem o­
cracia ateniense y de la autonom ía de las póleis helé­
nicas.
Todo en D em óstenes —su vida y su o b ra— resp ira
sobreh u m an o esfuerzo y revela u n a v o lu n tad indom a­
b le en la lucha y u n tem ple de ánim o inasequible al
desfallecim iento. Pensem os en el acervo d e anécdotas
que nos refieren las dificultades de n u estro o ra d o r p a ra
vencer las tra b a s que la n atu raleza im p u sie ra a su
anhelo vocacional de llegar a ser experto en el a rte de
la elocuencia. E l pobre aprendiz de o ra d o r, d erro ch an ­
do tesón encom iable, superó sus defectos a b ase e
penosos ejercicios propios del m ás acen d rad o asee-
8 DISCURSOS POLÍTICOS

t i s m o Y no p a ra ro n aquí las penalidades que el des­


tino le obligó a padecer: hu érfan o de padre a los siete
a ñ o s 12, sus tu to re s Áfobo, D em ofonte y Terípides dila­
p id aro n deslealm ente la herencia que en derecho le
correspondía, y p o r ello hizo sus prim eras arm as en
la o ra to ria fo ren se siendo aún m uy joven, en el
363 a. C., recién alcanzada la m ayoría de edad y re ­
conocidos sus derechos ciudadanos. Poco después, al
no h ab e r podido re cu p erar m ás que una ínfim a p a rte
de los bienes q ue su p ad re le legara, se vio obligado
a g anarse la vida com o logógrafo y abogado, activida­
des a las que se volvió a dedicar u n a vez com enzó a
d esem peñar las tareas de estad ista en el año 345 a. C.
E n to m o a e s ta fecha n u estro o ra d o r ejerce tam bién
en Atenas m agisterio de abogacía y elocuencia3.
T anto estu d io y dedicación a la o rato ria hicieron
de él u n cu erp o físicam ente débil que albergaba u n
e sp íritu de colosal energía, si bien u n pu n to tím ido
y vergonzoso. S u enem igo E squines nos inform a de su
in d u m en taria a fe m in a d a 4 y refiere que en su juv en tu d
se dedicó con m ayor afán al aprendizaje de la re tó ­
rica que a la caza. En cuanto a su tim idez, b aste re ­
co rd ar su rep u g n ancia a dirigirse al pueblo con im pro­
visado discurso o cóm o se acobardaba y re tra ía en la

1 P lutarco, Vida de Demóstenes 7, 11, 18. L ibanio , Argu­


mentos de los discursos de Demóstenes 18.
2 P lutarco, Vida de Demóstenes 4. Éste y todos los demás
avatares biográficos, en G. Mathieu , Démosthéne, t homme et
l'oeuvre, París, 1948; A. W. P ickard-Cambridge, Demosthenes and
the Last Days of Greek Freedom, Londres, 1914; A. S chaefer ,
Demosthenes und seine Zeit, I-IV, Leipzig, 1885-, reimpr. Hildes-
heim, 1966-67; F. B lass, Die attische Beredsamkeit, III, 1, Leip­
zig, 18933, reimpr. Hildesheim, 1962; A. López E ire , «Demóstenes:
estado de la cuestión», EClás. 20 (1976), 207-240.
3 E squines, I 117, 170, 171, 173, 175; A. Schaefer, II, p ági­
nas 102 y sigs.
♦ E squines, I 131.
INTRODUCCIÓN GENERAL 9

trib u n a de la Asam blea ante el griterío y alboroto que


provocaban sus en em ig o s5.
Como h o m b re público tuvo que h ac er fren te con
denuedo a u n sinnúm ero d e problem as y conflictos
que le ocasionaron no pocos tra b a jo s y aflicciones. En
efecto: cuando D em óstenes interviene directam ente
p o r vez p rim era en la política ex terio r de Atenas, en
el 354 a. C., la capital del Atica vive plenam ente la
crisis de la dem ocracia pro d u cid a p o r la acum ulación
de u n a serie de inconvenientes derivados del desequi­
lib rio económ ico, social y político que se venía a rra s­
tran d o a p a rtir de la g u erra del Peloponeso. La devas­
tación de las tierra s, la destrucción de viñedos y oli­
vares, las revueltas de las ciudades aliadas que se
entrevaban a los h arm o stas lacedem onios, la desapa­
rición b ru sc a del trib u to (phóros) de la Liga Ático-
Délica que pagaban las ciudades confederadas, la
dem olición de los M uros Largos de Atenas y la desin­
tegración de su flota, que le aseguraba el dom inio del
m ar, provocaron el desinterés de los ciudadanos p o r
la política y su ta ja n te negativa a co n trib u ir en la
m edida de sus posibilidades a su frag ar los gastos de
la guerra. T ucídides v A ristófanes nos proporcionan
inform ación acerca de los graves problem as financie­
ros y m ilitares que aqu ejab an a la ciudad de Atenea
en los ú ltim o s años de su confrontación arm ad a con
los lacedem onios: Atenas estab a p o r esas fechas su­
m ida en u n lam en table estad o de an arq u ía y desorga­
nización, de las que eran responsables los sucesores
de Pericles en la m a g istra tu ra su p rem a del estado: el
im lgar Cleón, el am bicioso Alcibíades, el ch arlatán
Cleofonte. E sta falta de au to rid a d de los dirigentes

5 P lutarco, Vida de Dem. 8; Demóstenes, Sobre la embaja­


da fraudulenta 23, Sobre la corona 143.
10 DISCURSOS POLÍTICOS

políticos favoreció los dos intentos que realizaron los


p artid ario s de la oligarquía p a ra hacerse con el p o d er .
A plastada en el 404 a. C. por los lacedem onios y sus
aliados, Atenas pudo, sin em bargo, rehacerse de sus
abatim ientos gracias sobre todo a la hostilidad surgida
en tre Lacedem onia y Tebas, que, com o es bien sabido,
hizo p erd er a los esp a rtia tas su hegem onía m ilitai en
Grecia. Y así nos en contram os con que en el 357 a. C.
Atenas es una ciudad-estado im p o rtan te en la Hélade.
Bien es verdad que ya no m antiene la suprem acía entre
los griegos ni dom ina el m ar Egeo y los E strechos, pero
sí cu en ta con recu rso s financieros e in d u striales esti­
m ables, num erosos aliados y cleruquías y, especialm en­
te, u na serie de hábiles políticos y excelentes e stra ­
tegos.
E n el 378 a. C. se había constituido la Segunda Liga
m arítim a, en la q ue Atenas no recibía ya la p a rte del
león com o en la C onfederación Ático-Délica, pero de la
que surge un fondo m onetario procedente de las «con­
tribuciones» (syn tá xe is) —ya no phóros «tributo» de la
an terio r Liga— que a p o rta b an sus m iem bros. El p ro ­
pósito de esta nueva Liga, tra s la que se escondía la
sutil inteligencia de C alístrato, el o rad o r y estad ista
m ás hábil de la época, era el de obligar a los lacede­
m onios a re sp e ta r el derecho de los dem ás griegos a
vivir en paz, lib e rta d e independencia; y esta política
de oposición a E sp arta , de la que C alístrato no p a rti­
cipaba plenam ente, pero en la que inteligentem ente
vio el resu rg im ien to del p o d er de Atenas, agrupó b a jo
la m ism a b a n d e ra a Atenas, Quíos, Bizancio, M itilene,
M etim na, R odas, la m ayor p a rte de las ciudades de
Eubea, Tebas, las ciudades tracias, la Liga Calcídica, 6

6 c. MossÉ, Aspects sociaux et politiques du déclin de la


cité grecque au IV siécle avant J.-C. La fin de la démocratie
athénienne, París, 1962.
INTRODUCCIÓN GENERAL 11

C orcira, a Jasón de Feras, fu tu ro caudillo de Tesalia,


y a Alcetas, p rin cipe del E piro.
A p a rtir de este m om ento com ienza u n período
caracterizad o p o r el decrecim iento progresivo del p res­
tigio de E sp arta , la extensión p au latin a del área de
dom inio de Tebas, que se im pone en Beocia, y los
p rim eros éxitos navales de A tenas fren te a los lace-
dem onios. E n el 376 a. C., C abrias, al fren te de ochenta
trirrem es, d e rro ta a la flota de los lacedem onios en ■
aguas de Naxos, y Tim oteo, hijo de Conón, circunna­
vega el Peloponeso. En 372 a. C., Ifíc rates ca p tu ra las
naves que Dionisio de S iracusa había enviado en apoyo
de los esp artan o s, que con su flota bloqueban el p u erto
de Corcira.
Un año m ás tard e (371 a. C.) triu n fa la política de
C alístrato, m ás receloso del creciente poder de Tebas
q ue h ostil a E sp arta; y así, Atenas y sus aliados, los
lacedem onios y Tebas concluyen la «paz de Calías»
so b re el com ún acuerdo del resp eto a las autonom ías
de to d as y cada u n a de las ciudades griegas. P ero no
ta rd a E sp a rta en violar esta paz atacando Tebas. Es
precisam en te entonces (371 a. C.) cuando tiene lugar
un acontecim iento inesperado que dio al tra ste con la
hegem onía esp artan a: la novedosa táctica m ilita r de
E pam inondas, el excepcional estad ista y general teba-
no, deshizo al ejército lacedem onio com andado p o r el
rey esp artan o Cleóm broto.
Al año siguiente m uere Jasó n de Feras, personaje
de singular relieve histórico no sólo p o r h a b e r conse­
guido la unificación de Tesalia, sino adem ás porque
p ro yectaba llevar a cabo en G recia la ta re a que po ste­
rio rm en te el D estino concederá a Filipo de M acedonia.
Con el triu n fo de Tebas en L euctra (371 a. C.) se
inicia la hegem onía tebaina en Grecia, que acab ará en
M antinea en el 362 a. C., a raíz de la m u erte de su
artífice, E pam inondas. E sta efím era suprem acía tebana
12 DISCURSOS POLÍTICOS

—d u ró nueve añ o s— fue aprovechada p o r Atenas, que


con vistas a en g ran decer su im perio se alió con E s­
p arta . Del 366 al 364 a. C. se re g istra n im p o rtan tes éxi­
tos atenienses: T im oteo c a p tu ra Sam os, obliga a va­
rias ciudades de la^C alcídica a fo rm a r p a rte de la
C onfederación A teniense y gana Atenas la ciudad de
Sesto, de im p o rtan cia decisiva, p o r su privilegiada si­
tuación en el H elesponto, p a ra el tra n sp o rte m arítim o
de grano desde las costas del P onto Euxino.
Si h asta este m om ento se observa cierta recu p era­
ción en Atenas, q ue al finalizar la g u erra del Pelopo-
neso h abía q u edado sum ida en u n espantoso m arasm o,
m uy p ro n to —en to rn o al 360 a. C.— se cierne sobre
la p a tria de D em óstenes u n a nube de funestos presa­
gios: Filipo II de M acedonia tom a las ciudades de An-
fípolis, Pidna, P otidea, M etone y el asentam iento de
C renides —desde entonces llam ado p o r él Filipos ,
situado ju n to al m onte Pangeo, fam oso p o r sus yaci­
m ientos au rífero s, que llegaron a p ro d u cirle unos in­
gresos anuales de m ás de m il talentos. Los «filipos»
de o ro m acedonios term in arán p o r desplazar a la m o­
neda de p lata ateniense. Al m ism o tiem po, tracios,
ilirios y peonios, a n terio rm en te aliados de los atenien­
ses, se en c u en tran ah o ra fu ertem en te atenazados, p rác­
ticam ente red u cid o s a la im potencia p o r o b ra de Filipo.
E n el 357 a. C., ju stam en te el año q u e señala el
com ienzo del catastrófico declive de Atenas, cu atro de
e n tre sus ciudades aliadas, Bizancio, Quíos, R odas y
Cos, que figuraban en tre las m ás ricas y m e jo r dotadas
p a ra la gu erra naval, instigadas p o r M ausolo, el am ­
bicioso sá tra p a de Caria, se declaran en rebeldía, y
tras la llam ada «G uerra de los aliados» (357-55 a. C.)
se sep aran de la Confederación. Atenas fu e d erro tad a
en E m b ata (356 a. C.) y, a n te la am enaza de interven­
ción persa, e n tró en negociaciones con los rebeldes y
firm ó la paz (355 a. C.).
INTRODUCCIÓN GENERAL 13

E n el 356 a. C., a ra íz de u n conflicto surgido e n tre


la A nfictionía, m an ejad a p o r Tebas, y los focidios, que
se n egaban a p ag ar las m u lta s que les im p u siera el
C onsejo p o r cultiv ar la lla n u ra de C ósa, consagrada a
Apolo, estalla e n tre tebanos y focidios la llam ad a «Ter­
c e ra G u erra Sagrada». Al lado de los p rim ero s se ali­
n e a ro n los tesalios y locóos, m ien tras que a Fócide la
apoyaban Atenas, E sp arto y varias ciudades del Pe-
loponeso. Los focidios, capitaneados p o r Filom elo, se
ap o d eraro n de Delfos. Más ta rd e d e rro ta n a los tesa­
lios, q ue se vieron obligados a ab a n d o n ar la guerra.
E n el 354 a. C. m u ere Filom elo en el cam po de b atalla
y le sucede O nom arco, que invadió Beocia, som etió
D óride, L ócride y p a rte de Tesalia, donde d e rro tó u n
p a r de veces a Filipo de M acedonia. E stos éxitos de
Fócide, sin em bargo, p ro n to se esfum aron p a ra d e ja r
p aso a los fracasos, de los q u e se ap ro v ech ará al m á­
xim o el m o n arca m acedonio, ansioso de llevar a cabo
u n am bicioso p lan expansionista. E n efecto, no tard ó
éste en im p onerse a los focidios, q u e fu ero n d esarm a­
dos y obligados a p ag a r rescate; y los votos q u e les
co rresp o n d ían com o m iem bros del C onsejo anfictiónico
p asa ro n a m anos de Filipo.
A estas dificultades que afectan a la política exte­
rio r aten ien se hay que a ñ a d ir u n a serie de escollos en
los que tropieza la gestión de los asuntos públicos en
la p ro p ia A tenas: los ciudadanos ricos se re sisten a
p ag a r la eisphorá (im puesto so b re la pro p ied ad ), ocul­
ta n sus capitales (al m enos los «bienes no patentes»,
ousía aphanés), se niegan a p ro c u ra r ocupaciones re­
m u n erad as a los ciudadanos pobres, p o r los que sien­
ten el m ayor de los desprecios. E n cuanto a la organi­
zación de la trierarquía (p restació n que h acen los
ciudadanos m ás ricos pagando la construcción de tri­
rrem es y gastos de sus dotaciones), si bien de u n a
m an era general, la refo rm a de P eriandro significaba
14 DISCURSOS POLÍTICOS

realm en te u n avance al h ab e r aum entado el num ero


de los co n trib u yentes; sin em bargo, la sustitución del
trierarca o sintrierarca p o r el grupo de trie ra rc a s o
sinm oría (gr. sym m oría) tenía el inconveniente de di­
lu ir en exceso las responsabilidades individuales. Lo
m ism o p o d ría decirse respecto de la re fo rm a de la
eisphorá llevada a cabo p o r C alístrato de Afidnas, se­
gún la cual los contribuyentes estab an divididos p a ra
el pago de sus im puestos en cien sinm orías.
P or o tro lado, la explotación de las m inas de Lau-
rio n ya no era en el siglo iv a. C. lo que h ab ía sido
un siglo an tes. Igualm ente, la ag ricu ltu ra, la in d u stria
y el com ercio sufren u n apreciable retro ceso y las
exportaciones experim entan fu e rte reducción. La hege­
m onía com ercial de la Atenas del siglo v a. C. ya no
existe; las finanzas de la ciudad se ven seriam ente
am enazadas y u n a inestabilidad social y política, con­
secuencia del d eterioro del com ercio exterior, nace a
raíz del au m en to del núm ero de indigentes y de la
co n centración del capital en pocas m anos. E ste des­
equilibrio socio-económ ico desencadena el desfase e n tre
el ciudadano y el soldado. Si en la A tenas im perialista
del siglo v a. C. existe u n a equivalencia e n tre ciuda­
dano y soldado, en la crisis general del m undo griego
del siglo iv a. C. el dinero de los ricos m overá los
ejército s in teg rad o s p o r los desposeídos, que se p re s­
tan a d efen d er cualquier b an d e ra a cam bio de soldada.
E stas m esn ad as de m ercenarios que com baten p a ra
ganarse el pan, cuando los salarios escasean, se e n tre ­
gan a b á rb a ro s desm anes allí donde se en cuentren sin
re sp etar los intereses de la ciudad a la que sirven.
E stas tro p as m ercenarias eran continuam ente envia­
das p o r A tenas en esta época a Asia M enor, donde el
secular im perio p ersa estab a a punto de desintegrarse
en varios estad o s independientes h a sta que A rtajerjes
Oco logró el control de la situación.
INTRODUCCIÓN GENERAL 15

Se en cu en tra, pues, A tenas, a m ediados del si­


glo iv a. C., en u n a situación d e decadencia m ag istral­
m en te d esc rita p o r Isó crates e n el Areopagítico; deci­
d id am en te ya no es la Atenas del Panegírico que ju n to
con E sp a rta —herm o so sueño— p re sid iría to d a la Hé-
lade y tra sla d a ría las guerras locales e n tre helenos a
u n fren te com ún en Asia M enor, donde los griegos
lu ch arían c o n tra los persas fo rja n d o al tiem po la un i­
d ad de Grecia. E s la Atenas a la que u n experto en
econom ía política, el a u to r del opúsculo Ingresos, Je­
no fo n te seguram ente, aconseja que tru eq u e el ava­
sallad o r im perialism o de an tañ o p o r u n a a c titu d m ás
hum ilde, lib erad a de am biciones y aspiraciones de po­
d er, y solícita, en cam bio, de saneam iento económ ico
y pro g reso com ercial. E n este folleto su a u to r nos ex­
po n e que la población ateniense h a ido dism inuyendo,
la in d u stria y el com ercio se h a n paralizado, y que no
a tra c a n en el Pireo naves ex tra n jeras; insiste en la
necesidad que tiene el estado de p ro c u rarse los im ­
p u esto s que ya no p agan los ricos m etecos, que, obli­
gados a cu m p lir el servicio m ilita r d u ra n te la g u erra
pese a carecer de derechos ciudadanos, ab andonaron
Atenas; pide p a ra estos m etecos ciertos beneficios, fa­
cilidades y m ejo ras, y finalm ente hace una relación de
los yacim ientos m ineros m etalíferos del Ática acom pa­
ñ ad a de p ro p u estas p a ra in cre m en tar la producción de
p la ta en las m inas de L aurion. A p ro p o n e r tales con­
sejos le m ueve el ver a su ciudad víctim a de tan to
tra sto rn o y desarreglo.
A todo este co n junto de adversas circunstancias
e n fre n ta D em óstenes u n a política instigada p o r el deseo
de ver re to ñ a r las glorias del pasado, convertidas a la
sazón en m eros recu erdos históricos. P ero este anhelo
de re stau ració n del p o d er de A tenas lo som ete n u estro
o ra d o r al co n tro l del m ás cauteloso realism o, siguiendo
en ello el m odelo de los em inentes estad istas y e stra ­
16 DISCURSOS POLÍTICOS

tegos de la Segunda Liga m arítim a, en especial el


ejem plo de C alistrato de Afidnas.
Unas cu a n ta s anécdotas nos ilu stra n sobre es e
p articu lar: se nos tra n sm ite que D em óstenes leyó y
releyó la o b ra de Tucídides. L u cian o 78re ñ e re que nues­
tro o rad o r escribió ocho veces la o b ra del histo riad o r,
m an u scrito s que Sila h a b ría tra n sp o rta d o luego a Ita ­
lia. Z ó sim o s re la ta u n a inverosím il h isto ria cuya su s­
tan cia viene a ser, poco m ás o m enos, ésta: el exim io
o ra d o r p u d o re c o n stru ir íntegram ente, m erced al es­
fuerzo de su po d ero sa m em oria, el ejem p lar d e la
«H istoria d e la G u erra del Peloponeso» q u e h ab ía pe­
recido v íctim a de u n incendio que su frie ra la B iblio­
teca de A tenas. E n el siglo v i de n u e stra era, el h is­
to riad o r b izan tin o A g atias9 todavía in siste en q u e De­
m óstenes se h ab ía em papado en la o b ra tucididea. E sto
p o r lo que se refiere al sentim iento de adm iración que
en n u estro o ra d o r desp ertó el conocim iento del poder,
riqueza y p restig io de la A tenas de antaño.
E n cu an to a la m esu ra y realism o de su política,
q ue fu e ro n tam b ién señaladas ca racterísticas del in te­
ligente e sta d ista y o ra d o r C alístrato d e Afidnas, P lu ta r­
co 10 n a rra la siguiente anécdota: Siendo jo v en todavía
D em óstenes, aú n no llegado a la m ayoría de edad,
acom pañado de su p recep to r, se in tro d u jo c o n tra la
prescrip ció n legal, en la Asam blea del pueblo, donde a
la sazón C alístrato de Afidnas, fam oso p o r su sagaci­
d ad en la política y el vigor de su elocuencia, hacia
fren te a la acusación de a lta traició n que c o n tra el
dirigía el p artid o pro teb an o de A tenas, inculpándole
de la p é rd id a de la ciudad de Oropo, situ ad a en la
fro n te ra e n tre el Ática y Beocia, y haciendo responsable

^ Luciano, Contra el indocto 4 .


8 ZÓSIMO, Vida de Demóstenes 147.
9 Agatias, H. G. M. II 2 , 28 .
ío P lutarco , Vida de Demóstenes 5 .
INTRODUCCIÓN GENERAL 17

de tal q u eb ran tab a su a c titu d hostil hacia Tebas. El


acusado se defendió con tal elegancia y gallardía, que
no sólo convenció a los jueces, sino que adem ás en tu ­
siasm ó a los asisten tes al proceso, e n tre ios que se
co n tab a el fu tu ro m aestro de o rato ria.
Los tres p rim ero s discursos políticos de n u estro
o ra d o r son piezas o ra to ria s esc rita s p a ra otros, en las
q ue D em óstenes (al m enos en dos de ellas, Contra
A ndroción [X X II] y Contra T im ócrates [X X IV ]) no
h ab la en no m b re propio, sino com o m ilitan te del p a r­
tido de la oposición, presidido p o r Eubulo. E n el
C ontra L eptines (XX), D em óstenes se nos p re sen ta
com o abogado de Ctesipo, el h ijo de C abrias. De todos
m odos, los tre s discursos van dirigidos c o n tra p erso ­
nalidades del p artid o p o r entonces en el poder, a cuyo
fren te se en co n trab a A ristofonte. El p ro p ó sito que en
ellos alien ta es el de poner de m anifiesto el m al go­
bierno y la lam en table gestión económ ica que llevan
a cabo unos políticos que, no contentos con h a b e r p er­
m itido que el estad o perdiese a los m ás im p o rtan tes
m iem bros de la C onfederación, se em peñaban en to m ar
m edidas de recu p eración aú n m ás desastrosas. E n esta
p rim era etap a de su c a rre ra política n u estro o ra d o r
p ertenece al p artid o de E ubulo, insigne hacendista,
defensor a u ltran za de una política fundam entalm ente
a ten ta a los asu n to s económ icos y financieros del
estado.
Con estos tres discursos, q u e corresponden a tres
procesos de política fiscal, ganó D em óstenes el acceso
a la trib u n a de los o radores en la Asam blea. E stam os
en el año 355 a. C. A p a rtir de este m om ento, n u estro
o ra d o r se dirige al pueblo p a ra aconsejarle en m ateria
de política exterior.
Com ienza esta nueva lab o r en el 354 a. C., fecha en
que p ro n u n cia el discurso titu lad o Sobre las sinm o­
rías (XIV). C orrían p o r entonces rum ores en Atenas,
3 5 .-2
18 DISCURSOS POLÍTICOS

según los cuales A rtajerjes I I I Oco estab a realizando


im p resio n an tes p rep arativ o s con el p ro p ó sito de em ­
p re n d er u n a cam paña m ilitar en gran escala. P or o tro
lado, en las relaciones no siem pre am istosas en tre
Atenas y P ersia h ab ía u n hecho reciente que alim en­
tab a ferozm ente el resen tim ien to de los atenienses:
el G ran Rey h abía am enazado a A tenas obligándola
a firm ar la p az que puso fin a la G uerra de los aliados.
E n estas circu n stancias, el proyecto que Isó crates había
expuesto en el Panegírico cobró so rp re n d en te vigencia
al tiem po q u e los p a rtid a rio s de C ares y A ristofonte
soñaban con re em p ren d e r la g u erra c o n tra P ersia. E stos
afanes belicosos hacen p re sa en el pueblo y Demoste-
nes, re alista y p ru d e n te , decide fre n a r esos ím petus
gu errero s p ro p o niendo u n nuevo im puesto p a ra aten ­
d er a los gastos de la escu ad ra naval. Coincide con
sus conciudadanos al d ec la rar tam bién él que el G ran
Rey es el co m ú n enem igo de los griegos, pero expone
que p a ra h acerle fre n te hacen falta b arco s y dm ero.
Propone, p u es, u n plan de refo rm a de las agrupaciones
de co n trib u y en tes encargadas de a p re s ta r u n a nave
(sinm orías). De nuevo aparece en este discurso el fiel
seguidor del p ro g ram a político de Eubulo, u n Demos-
tenes pacifista y especialm ente dedicado al saneam iento
de la h acien d a pública.
Pero dos años m ás ta rd e (352 a. C.) n u estro o ra d o r
pone en p rá c tic a su personal aspiración a u n a política
m ás activa, con lo que se desvincula de la de Eubulo,
excesivam ente p ru d e n te y ta n sólo a te n ta a los asuntos
internos. Así, abogando p o r los m egalopolitas, tra ta de
restab lecer la línea de actuación política an terio rm en te
seguida p o r C alístrato, a saber, el principio del equili­
b rio de fu erzas, ta n adm irado en D em óstenes p o r L ord
B rougham . P ronuncia, pues, n u estro o ra d o r el discurso
que lleva p o r títu lo E n defensa de los Megalopoli-
tas (XVI).
INTRODUCCIÓN GENERAL 19

P ara e n ten d e r este discurso hay que ten er bign


presen te que en el en fren tam ien to e n tre E sp a rta y
Tebas, esta ú ltim a se había convertido en p ro te c to ra de
la Liga A rcadia y del E stado m esenio, que hab ían su r­
gido com o tra b a s im puestas p o r la nueva po ten cia al
poder de los lacedem onios en el Peloponeso. Pero, al
ser d erro tad a Tebas p o r los focidios com andados p o r
O nom arco en el 352 a. C., A rcadia quedó d esam p arad a
fren te a E sp arta , que iniciaba c o n tra ella prep arativ o s
m ilitares. Acude, entonces, a A tenas, que a la sazón, y
a raíz de la política in sp irad a p o r C alístrato, era aliada
de los lacedem onios y al lado d e ellos se h ab ía alineado
en M antinea (362 a. C.) y seguía alineándose en la T er­
cera g u erra sagrada, en la que atenienses y esp artan o s
apoyaban a los focidios.
Pues bien, Dem óstenes, sin d ejarse influenciar p o r
el bando p ro arcad io ni por el p ro e sp artan o , se pregun­
ta qué p o stu ra le conviene a d o p ta r a Atenas. Y form u­
lada la cuestión en estos térm inos, la re sp u esta es
clara —así lo entendió n u estro o ra d o r— : si se p reten d e
p ra cticar la política de equilibrio de fuerzas, a Atenas
le re su lta rá m ás beneficioso apoyar a Arcadia. Los
hechos que sucedieron con p o sterio rid a d m o straro n
que n u estro orad o r, pese a no h ab er sido aceptado el
consejo que pro p u so en este discurso, ten ía to d a la
razón. E n efecto, los arcadios, desechados p o r Atenas,
acudieron a Filipo, de quien fueron desde entonces
eficaces aliados y colaboradores.
N uevam ente n u estro o ra d o r se en fren ta a la opi­
nión p re p o n d eran te y a la política de E ubulo en el
discurso titu lad o Por la libertad de los rodios (XV),
en el que pro p o n e al pueblo ateniense la intervención
en Rodas —tal com o la solicitaba u n a diputación de
exiliados dem ó cratas rodios— p a ra defender la dem o­
cracia co n tra la tira n ía de M ausolo, p ríncipe de Caria,
a quien acababa de sucedér en el tro n o su viuda Ar-
20 DISCURSOS POLÍTICOS

tem isia. E ste d in asta cario, vasallo del G ran Rey, a


tu erz a de ap o y ar al p artid o oligárquico en R odas h ab ía
acabado con la dem ocracia en la isla. E l pueblo a te ­
niense —incluidos estrategos y p ro hom bres de la polí­
tica— se reg o cija al ver hum illados y suplicantes a los
que poco a n tes fu eran rebeldes altivos. E ubulo se m an­
tiene firm em ente apegado a su política de no interven­
ción, atem o rizado a n te Persia. D em óstenes, p o r el con­
trario , sabe ya a estas altu ra s que el verdadero enem igo
de Atenas n o es el G ran Rey, sino Filipo II de Mace-
donia. Por e s ta razón, en contradicción con la conducta
recom endada en Sobre las sinm orías, cuando todavía
era u n secuaz de E ubulo, ah o ra exhorta a sus conciu­
dadanos a la acción. E n vano, pues no se le hizo caso.
P ero una vez m ás la h isto ria de los acontecim ientos
subsiguientes d em ostró lo acertado del asesoram iento,
ya que R odas y Quíos, rechazadas p o r A tenas, term in a­
ro n p actan d o con Filipo.
E n esto s tres discursos pronunciados e n tre el 354
y el 351 a. C. se d esarro llan claram ente las ideas y
tesis de n u e stro o ra d o r sobre tres im p o rtan tes áreas
q ue afectan a la política exterior de A tenas: Asia
M enor y el im perio persa, el Peloponeso y el poder
esp artan o , y el Egeo y las islas que h ab ían sido m iem ­
bros de la Segunda Liga m arítim a.
O tra zo n a geográfica, a juicio de D em óstenes, de
enorm e in teré s p a ra Atenas, era la que configuraba el
n o rte de G recia, T racia y los D ardanelos. A ella dedica
su atención en el discurso titulado C ontra Aristocra-
tes (X X III), escrito p o r n u estro o ra d o r p a ra u n tal
E uticles de T ría y pronunciado pro b ab lem en te en el
352 a. C. E n él expone u n a línea de actuación política,
c o n tra ria a la pacifista de Eubulo, cuyos objetivos
principales son im pedir que C ersobleptes se haga con
el co n tro l de Q uersoneso y tra ta r de desviar a Filipo
de u n a zona ta n vital p a ra Atenas.
INTRODUCCIÓN GENERAL 21

En la m ism a línea de atención hay que situ a r los


sucesivos discursos dedicados a co m b atir la indolencia
de Atenas an te la am enazadora propagación del poderío
de Filipo, que h a lanzado ataq u e s c o n tra las T erm o­
pilas, el H elesponto y Olinto: el Prim er discurso con­
tra Filipo (IV) v los Olintíacos (I-III).
Con los cu atro discursos C ontra Filipo (IV, VI, IX,
X) y los tres O lintíacos (I, II, II), D em óstenes se p ro ­
pone va decididam ente tra n sfo rm a r la voluntad del
pueblo, educándolo de form a que no se deje convencer
p o r las lisonjas de los o rad o res adulones, que son la
m ayoría. Así lo afirm a expresam ente en el ú ltim o pá­
rrafo (36) de la pieza o ra to ria titu lad a Sobre la orga­
nización financiera (X III), cuya a u te n tic id a d 11, fren te
a las reservas p lan teadas p o r B lass en el siglo pasado,
apenas se pone en du da actualm ente. E n los Olintíacos
y los discursos Contra Filipo (Olintíacas y Filípicas,
tradicionalm ente) n u estro o ra d o r invoca el recuerdo
de la Atenas floreciente y p u ja n te de antaño, explica
al pueblo la gravedad de la am enaza que, p a ra Grecia
v Atenas, supone Filipo y ofrece p ro p u estas endereza­
das a lo g rar la salvación de la ciudad: in g resar el
fondo destinado p a ra los espectáculos en un arca es­
pecialm ente reserv ad a p ara su fra g ar gastos de guerra,
atacar p o r dos fren tes sim ultáneam ente; en sum a, des­
p e rta r del largo letargo y e n tra r en acción sacrificando,
p o r bien de la p atria , vidas y haciendas.
N atu ralm en te, este proyecto chocaba dem asiado vio­
lentam ente con los intereses de los ricos p ro p ietario s
atenienses, que se apiñaban en to rn o a Eubulo. Así se
explica que u n secuaz de este político, u n acaudalado
ateniense llam ado M idias, a rro g an te y b ru ta l, antiguo
enemigo p ersonal de D em óstenes, abofetease a n u estro
orad o r cuando desem peñaba en las fiestas D ionisias el
n F. Levy, De Demosthenis FIe p I oovtcí^ ecoc; oratione, Ber­
lín, 1919.
22 DISCURSOS POLÍTICOS

cargo de corego de su trib u . E ste ataq u e dio lugar al


Contra M idias (X X I). .
El pueblo ateniense se negó a a c ep tar los sacrificios
que D em óstcnes recom endara, y en el 348 a. C. cayo
Olinto v fu e ro n d estru id as todas las ciudades de la
C onfederación Olintíaca. Atenas, tras este desastre, se
sintió n ecesitad a de paz; tam bién la recom endó el o ra­
d o r de P ean ia en Sobre la paz (V); y, curiosam ente,
él m ism o v su encarnizado enemigo E squines fueron
elegidos m iem b ros de la delegación que p a ra tr a ta r de
ella se envió a M acedonia, a la corte d e Filipo.
La paz an siad a se hizo realidad en el 346 a. C.
_«Paz de F ilócrates»—, fecha tope en que hav que
situ a r la redacción de la colección de los cincuenta y
seis Proem ios (LVI) (cincuenta y ocho a juzgar p o r
la p resen tació n que ofrecen de ellos los m anuscritos)
que h an llegado h asta nosotros en el acervo de las
o b ras de D em óstenes 12.
Cuando n u estro o ra d o r pronunció el discurso Sobre
la paz (V) estab a plenam ente convencido co n tra ria­
m ente a Isó c rates en su o b ra Filipo— de que el con­
flicto final y decisivo con el M acedonio sería inevita­
ble. Si se resignó a acep tar la paz, fue p orque veía el
estado de aislam iento en que se h allab a Atenas, lo que
anulaba to d a posibilidad de en c o n trar en la guerra una
opción p o lítica m ás realista y oportuna.
Dos años después de la paz, en el Segundo discurso
Contra Filipo (VI), del 344 a. C„ justifica con los h e ­
chos realm en te ocurridos las advertencias p o r él ex­
p resad as y desoídas p o r sus conciudadanos, hace ver
a sus co m p atrio tas que el objetivo ú ltim o de Filipo es
la p ro p ia A tenas y term in a la alocución con u n a fu erte

12 A R upprecht , « D ie d e m o s th e n is c h e Prooem iensam m lung»,


82 (1927), 365432; F . F ocke, Demosthenesstudien,
P h ilo lo g u s
S tu ttg a r t, 1929.
INTRODUCCIÓN GENERAL 23

invectiva c o n tra E squines, a quien la política exterior


de Atenas debe tan to s fracasos y d esafo rtu n ad as de­
term inaciones. Da la im presión de que D em óstenes
sabe ya q ue próxim am ente te n d rá lugar el proceso
co n tra su odiado enemigo.
De la em b ajad a enviada p o r Atenas p a ra tr a ta r de
la paz con Filipo su rgirá en el 343 a. C. el discurso
Sobre la em bajada fraudulenta (X IX ), en que el de
Peania acusa a su aborrecido adversario E squines de
h ab e r desem peñado su m isión diplom ática de form a
poco leal. E l acusado, en cuya defensa abogan E ubulo
v Foción, p o r escaso m argen de votos resu ltó absuelto.
E ste m ism o año, u n poco an tes del proceso co n tra
E squines, H iperides, secundado p o r D em óstenes, lo­
gró que el trib u n al condenase a F ilócrates, colabora­
d o r de E squines, que había dado nom bre a la m encio­
n ad a paz.
Dos años m ás tard e, en el 341 a. C., se fecha el dis­
curso Sobre los asuntos de Q uersoneso (V III), en de­
fensa de Diopites, a quien a tac ab a el p artid o prom a-
cedonio de Atenas porque, al fren te de u n ejército,
utilizando el Q uersoneso com o base de operaciones,
se h abía in tern ad o en zonas de T racia que p erte n e­
cían a M acedonia. Poco después n u estro o ra d o r p ro ­
nuncia el Tercer discurso contra Filipo (IX), la m ás
vigorosa, ap asionada y panhelénica de las F ilíp ica s13,
im buida, bien es verdad, de un panhelenism o que no
es favorable a Filipo, como el de Isócrates, sino, p o r
el co n trario , fu rio sam ente antim acedonio. D em óstenes
es en la Tercera Filípica el cam peón de la lib ertad que
con el irre sistib le a rd o r de su p alab ra evoca el senti­
m iento de so lidaridad panhelénica y proclam a la ne-

13 W. Alexander, «Conclusión o f Demosthenes 'Philippica' 3»,


Cl. Bull. 36 (1960), 43-44.
24 DISCURSOS POI.ÍTICOS

cesidad de q u e el p atrio tism o y el h o n o r inspiren y


alienten to d a acción política.
A p a rtir de este m om ento —estam os en el ano
342 a. C.— , la elocuencia enardecedora del de Peania
reco rre las ciudades, ganando aliados p a ra Atenas en
previsión del inm inente enfrentam iento con el Macc-
donio. En el Cuarto discurso contra Filipo (X), o Cuar­
ta Filípica, cav a autenticidad, co n trariam en te a la opi­
nión vigente en el siglo pasado, hoy es plenam ente
reconocida, el o ra d o r insinúa que incluso los persas
po d rían llegar a u n irse a Atenas en la g u erra co n tra
el m onarca d e M acedonia. Lo cierto es que m uchos
estad o s de G recia (Corinlo, Acaya, Argos, Mesenia, Ar­
cadia, incluso Tcbas) se adhirieron a la Liga antim a-
cedónica que capitanea la ciudad de Atenea, razón p o r
la que, en tre o tras, los ciudadanos atenienses recom ­
pensaron a su bienhechor otorgándole u n a corona de
oro en las fiestas Dionisias. Al m ism o tiem po, n u estro
o ra d o r a ten d ía tam bién con gran celo a aspectos de
nolítica in terio r, com o el rearm e de Atenas y la re o r­
ganización de las sinmorías.
P ero cuando el M acedonio, aprovechando una o p o r­
tu n id ad de p e n e tra r en Grecia central que le b rin d o el
Consejo Anfictiónico, cayó sobre la ciudad beocia de
E latea —hech o que, al ser conocido, p ro d u jo en Atenas
un trem en d o estu p o r m agníficam ente descrito en el
discurso S obre la corona (X V III) <4- , D em óstenes supo
llegada la h o ra en que era m enester que decidiesen las
arm as.
De este m o d o nos acercam os a la b a ta lla de Uue-
ronea (338 a. C.), en la que quedaron sep ultadas las
autonom ías de las ciudades griegas.
P o r los caídos en esta b atalla se p ronunció en Ate­
nas un E pitafio, que aparece en el corpas de las obras 14

14 Demóstenes, Sobre la corona 169.


INTRODUCCIÓN GENERAL 25

de D em óstenes con el núm ero LX. La au ten ticid ad de


este discurso, com o tam bién la del E rótico (LXI), ha
sido frecu en tem en te negada, si bien sin esgrim ir en
am bos casos razones de peso capaces de justificar tales
veredictos 15.
En el 330 a. C., es decir, ocho años después de la
b atalla de Q ueronea, nuestro o ra d o r pronuncia el dis­
curso titu lad o Sobre la corona (X V III), o b ra m aestra
de la o ra to ria de todos los tiem pos, que tuvo su origen
en la irreconciliable enem istad de dos adversarios polí­
ticos, E squines y el a u to r de esta soberbia obra.
E n efecto, seis años antes de que naciese esta alo­
cución, a p ro p u esta de C tesifonte, el C onsejo de Atenas
había ap ro b ad o u n proyecto de decreto, en el que se
p rem iaban los servicios públicos de D em óstenes con
la recom pensa de u n a corona de oro. La reacción de
E squines fue inm ediata: acusó a C tesifonte de h ab e r
p ro p u esto u n a m oción co n tra ria a las leyes co n stitu ­
cionales. Y, a su vez, n u estro o ra d o r se sintió obligado
-i intervenir, haciendo uso de su legítim o derecho de
réplica, p a ra d e m o stra r que n i la p ro p u e sta de Ctesi­
fonte ten ía n ada de ilegal, ni su p ro p ia c a rre ra política
era desm erecedora del galardón que se le otorgaba, ni
la vida pública y priv ad a de su antagonista era digna
de conm iseración o sim patía.
Poco después com ienza el asu n to de H árpalo 16. E ste
m acedonio, consejero y teso rero de A lejandro, enam o­
rado de la h erm o sa co rtesana ateniense Glícera, am igo
v favorecedor del pueblo de Atenas, aprovechando la
ausencia de A lejandro, que a la sazón estab a en la
India, huye de B abilonia con cinco m il talentos ro b a­
dos y seis m il m ercenarios, llega al P íreo y se pone a
disposición del pueblo de los atenienses, a quienes

u A. López E ire , op. cit., 232.


R Ibid., 236.
discursos po lític o s
26

pide asilo. H ip erides y el p artid o de los Pa tr '° ta ^


trem istas se declaran dispuestos a acogerle de m
diato v, aprovechando ta n favorable coyuntum . mc
una ¿ e r r a relám pago co n tra A lejandro.
en cam bio, p atrio ta, p ero m oderado, no es Pa r.t lda
de lanzar a Atenas a u n a peligrosa e innecesaria^com
fro n tarió n arm ada. Al final se im puso u n a solución
interm edia: H árpalo sería retenido b ajo custodia h asta
la llegada de u n enviado de A lejandro, a q
entregaría; e n tre tan to . e, diñe™ que b a b .a tra .d o con-
sipo sería depositado en la Acrópolis. . .
cu b rió que la sum a depositada era t e ,
declarada p o r «1 d ep o si.i,n t. c '^ n s ú
m ism o año de su llegada a Atenas t ^
guió h u ir de allí a C reta. Se encargó al Are°P ag°e l P
p ro p u esta de D em óstenes, la m isión de m dag ^ P ^
rad ero del d in ero que faltaba, y al ca o
p resentó este trib u n al, com puesto P »
favorables a la política de nuestro orador u n a decía
ración en q u e figuraba en tre o tro s el nom
ro de elocuencia. C ondenado p o r ello a pagar cincuenta
talentos com o no los tenía, fue reducido a p n s on, de
qúe logró escap ar c„ busca de un
.ierro. P ero „ „ c „ fue lo SUe duró este « l . o ,
currid o en E pica y Trecen. E n el 3-3 a. C. ü b
acaba con A leiandro en B abilonia, y al p u n to toda
G recia se conm ocionó alentada p o r la esperanza de
recu p erar la lib ertad p erdida. Así pues, se - *
a D em óstenes. que, reconciliado con quien antes fu era
su acu sad o r en el asunto de H arpalo, H ip *
sus esfuerzos a los de éste con vistas a o r^ a^
Liga de resisten cia que hiciese fren te al P ^ m ace
donio. E s ta coalición com enzó logrando satisfacto r os
re su ltad o s en el desarrollo de las operacione:
res: A ntípatro, general de las huestes m acedónicas fue
obligado a refugiarse en la ciudad de Lam ia - d e ahí
INTRODUCCIÓN GENERAL 27

el n om bre de «G uerra Lam íaca»—, situada en Málide.


Pero pese a estos afo rtu n ad o s inicios de los griegos
insurgentes, a la p o stre el general m acedonio d erro tó
en Tesalia a las tro p as de la alianza antim acedónica.
El caudillo vencedor no se contentó con im p o n er una
guarnición en M uniquia y m odificar la constitución de
Atenas, sino que, adem ás, exigió a los atenienses que
le entregasen unos cuantos políticos antim acedonios,
en tre los que figuraban los dos p atrió tico s oradores,
H iperides y D em óstenes, que, en consecuencia, se vie­
ron obligados a h u ir. N uestro o ra d o r se acogió al sacro
asilo —que tan poco le valió— del tem plo de Posidón
en Calauria, islita situada fren te a la costa m eridional
de la Argólide próxim a a Trecén. Am enazado allí por
el acto r Arquias, com andante de la tro p a que le p e r­
seguía, se suicidó ingiriendo veneno. H em os llegado
con esto al 322 a. €., año en que m u eren D em óstenes,
H iperides y la independencia de Atenas.
De los discursos políticos no m encionados, se con­
sideran espurios los titulados R espuesta de la carta de
Filipo (X I) y Contra A ristogitón II (XX VI); del Contra
Aristogitón I (XXV) se d iscute la autenticidad; n a tu ­
ralm ente, no es de D em óstenes la epístola que con el
título de Carta de Filipo (X II) se h a introducido de
rondón en el corpus. Tam poco es auténtico el discurso
titulado Sobre el H aloneso (V II), que se atrib u y e con
b astan te seguridad a Hegesipo.
Más com plicado es el problem a de la autenticidad
en el caso de los discursos que fueron com puestos
p ara pleitos civiles y han llegado h a sta n o so tro s den tro
del corpus de los discursos de D em óstenes. Algunos
de ellos ya eran rechazados com o espurios p o r los
antiguos, com o el Contra Teocrines (LV III) o el Contra
Tim oteo (X LIX ); o tro s, en cam bio, no sólo no ofrecen
duda sobre su autenticidad, sino que incluso nos sirven
de referencia p reciosa p ara seguir la evolución del
28 DISCURSOS POLÍTICOS

estilo de n u estro o rador. Tal es el caso, p o r ejem plo,


de los «discursos co n tra sus tutores»: prescindiendo
del problem a q u e plantea el I I I Contra Á fobo (XX IX),
estos discursos d ejan entrever, p o r lo que se refiere
a la argum entación, clara influencia de Iseo; y en el
m ás perfecto de ellos, el I Contra Á fobo (XXVII) apun­
ta ya un estilo sobrio sazonado con ciertos rasgos
patéticos que prefiguran al Dem óstenes m ás curtido,
a u to r del discu rso Sobre Ia corona. Algo sim ilar cabe
decir respecto del titu lad o Sobre la corona trierárqui-
ca (LI), que en realidad no es un discurso privado,
sino que fue p ronunciado por D em óstenes, siendo
trierarco , ante el C onsejo en el 359 a. C. E n él nos
encontram os con un curioso testim onio del estilo de
Dem óstenes en sus com ienzos: abundan en este dis­
curso las an títesis bien m edidas, los m iem bros de frase
equilibrados, y h a sta se da algún caso de hom oeotelen-
ton, aunque sin llegar a caer en los esquem as de la
o ra to ria iso cratea: todavía las frases son cortas y no
son frecuentes las am plificaciones propias de nuestro
o ra d o r en la fase de m adurez de su estilo.
E n tre los discursos privados de D em óstenes se han
introducido algunos tan claram ente espurios, que de
inm ediato dejan p aten te tal ca rác te r al se r confronta­
dos con los genuinos. El caso m ás ap a ren te en que se
p roduce este c o n tra ste es el de los titu lad o s Contra
B eoto I (X X X IX ) y Contra B eoto II (XL). E n el p ri­
m ero se aprecia su au tenticidad en la com posición, en
la argum entación, en el tono, que en determ in ado m o­
m ento (X X X IX 36) recu erd a al de una p a rte del dis­
curso tam bién genuino titu lad o E n defensa de Form ión
(XXXVI 48), en la viveza de la narración, en el colo­
rido v la fu erza de la expresión. P or el contrario, en el
Contra B eoto I I se perciben precisam ente los m atices
estilísticos co n tra rio s a los que caracterizan a los dis­
cursos de n u e stro orador, a saber: u n h iato abundante,
INTRODUCCIÓN GENERAL 29

n u m erosas negligencias en cuestión de ritm o, acum u­


lación de sílabas breves, prem io sid ad y frecuentes re ­
peticiones en la n arración.
Problem as de au ten ticid ad p lan tea n tam bién las seis
cartas 17 que bajo el nom bre de D em óstenes h an lle­
gado h a sta no so tro s en m an u scrito s bizantinos. Las
cu atro p rim era s van dirigidas al C onsejo y al pueblo
de Atenas; la q u in ta es privada, enviada a u n tal Hera-
cleu d o ro , antiguo alum no de P latón; la sexta, m uy b re­
ve, tiene com o d estin atario s al pueblo y C onsejo ate­
nienses y p arece h ab e r sido esc rita d u ra n te la g u erra
lam íaca. Pues bien, de todas ellas sólo las c u a tro p ri­
m eras p arecen claram ente au tén ticas.
El estilo de D em óstenes es realm ente difícil de de­
finir, com o es n a tu ra l que lo sea el de un m aestro de
la elocuencia que descuella de e n tre los dem ás orad o ­
res griegos. Nos contentarem os, pues, con señ alar algu­
nos de sus principales rasgos: n u estro o ra d o r em plea
a la vez y con igual so ltu ra am plios períodos y frases
breves, innovaciones léxicas y p alab ras de cuño poé­
tico, locuciones de la lengua coloquial y figuras de la
dicción. E n sus discursos so rp ren d en a u n tiem po la
brevedad d escriptiva y la m orosidad pro d u cid a p o r si­
nónim os encadenados m ediante conjunciones copula­
tivas, las veloces enum eraciones de térm inos en asín­
deton y las lentas recu rren cias sem ánticas. E vita el
hiato con m oderación y ad m ite u n gran nú m ero de
ritm o s en los m iem bros de frase. Su elocuencia da a
veces la im presión de u n incoercible to rre n te verbal
y o tras, en cam bio, re cu erd a la reposada expresión
epidíctica. Su estilo es, en sum a, m ás elevado que el de
los o rad o res que se sirven de la elocución llana y m ás
n a tu ra l que el de los que observan rig urosam ente las
n orm as del o rn a to externo; no es tan sobrio com o el

n Ibid., 233.
30 DISCURSOS POLÍTICOS

de Lisias ni ta n ex uberante com o el de Isó crates, pero


es m ás rico q u e el del p rim ero y m ás vivo que el del
segundo; está alejado de las fórm ulas de escuela; es
p atético sin p e rd e r gravedad, enérgico, dialogístico
unas veces, o tra s descriptivo a base de u n a eficaz p a r­
qued ad de rasg o s y siem pre provisto de arm onía, va­
ried ad y vida.
La lam a que alcanzó D em óstenes com o político y
o ra d o r com ienza a hacerse n o ta r ya an tes de su m u er­
te. E l pueblo ateniense, com o es sabido, reconoció su
patrio tism o , y u n contem poráneo del a u to r del dis­
curso Sobre la corona, u n tal E s ió n 18, sostuvo que de
e n tre las o b ras de los o rad o res an terio res y los de sus
m ism a época so b resalían con m ucho, al se r leídas, las
del o ra d o r de Peania.
M uerto ya el m aestro de elocuencia, en el 280 a. C.
(arcontado de Gorgias), a p ro p u e sta de su sobrino
Dem ócares, los atenienses le erigieron u n a esta tu a de
bronce p a ra conm em oración de su genio y figura, en
cuyo p e d e s ta l19 se grabó u n dístico, que en traducción
rezaba así:
Si tu fuerza, D em óstenes, a tu intención igual
Ihubiera sido,
N unca el Ares M acedonio a los griegos hubiera
íregido.

Con este trib u to recom pensó el pueblo ateniense a


un ho m b re a q u ien C icerón consideró el m ás grande
o ra d o r de to d o s los tiem pos, cuya valía p u blicaron ya
los em inentes críticos Dionisio de H alicarnaso y Cecilio
de Caleacte, y al que dirigieron calurosos elogios el
anónim o a u to r del Sobre lo sublim e y Q uintiliano.

>8 P lutarco, Vida de Demóstenes 11.


19 P s .-Plutarco, Vidas de los diez oradores 847 a-b; P ausa­
rías , I 8, 2.
INTRODUCCIÓN GENERAL 31

La adm iración suscitada p o r D em óstenes e n tre los


antiguos llega a su p u n to culm inante con H erm ógenes
de Tarso, que le llam a «el o rador» p o r antonom asia;
un siglo m ás tard e (s. iv), Libanio convierte al peanieo
en o b jeto de estudio y m odelo de im itación. B ien es
verdad, no o b stan te, que ya desde p ro n to contó nues­
tro o ra d o r con encarnizados enem igos. La re tó ric a del
siglo II I a. C. le fue adversa en consonancia con la
an tip atía que A ristóteles, p a rtid a rio de la causa mace-
donia, debía se n tir hacia el p atrió tico m aestro de o ra­
dores. Sin em bargo, su o b ra fue m uy apreciada por
filólogos de la talla de Calim aco y Cleócares.
E sta división de opiniones que m antuvieron defen­
sores y ad m irad o res p o r u n lado y d etra cto res p o r
o tro se ha extendido a los tiem pos m odernos. De en tre
los p artid a rio s y encom iastas del insigne peanieo en
los siglos xix y xx cabe citar a B rédif, Pickard-Cam-
bridge, Adams, C hrist, H artel, Pokorny, Clém enceau,
etcétera; e n tre los d etracto res descuellan D ro y sen 20, a
quien re m o n ta el aborrecim iento de los m odernos es­
tudiosos hacia D em óstenes, Spengel, Beloch, Meyer,
W eidner, W endland, K essler, K a h rsted t, D rerup, a u to r
de un tra b a jo que rezum a odio contra n u estro orador,
un «libro de guerra», K riegsbuch, excesivam ente in­
fluido p o r las circunstancias políticas en que fue es­
crito 212*.
El p u n to de p a rtid a de la constitución del corpus
de n u estro o ra d o r se sitúa en la época del propio De­
m óstenes, que probablem ente publicó p a rte de sus
discursos. Muy p ro n to p en e traro n en esta colección
algunos —especialm ente forenses, aunque no de form a
exclusiva— que no habían salido del cálam o de nues-

20 G. Droysen, Geschichte Alexanders des Grossen, Berlín,


1833; Geschichte des Hellenismus, Berlín, 1836.
22 E. D rerup , A us einer alten Advokatenrepublik, Paderborn,
1916.
discursos po lític o s
32

tro orad o r. Así se explica que ya Dionisio de Halicar-


naso re d u je ra el núm ero de discursos d en ó stem e o s
reg istrad o s p o r Calimaco en los pinakes a veintidós
políticos y veinte privados. S chaefer acepto únicam ente
v « m i n J e d iscu rsos del to ta l de los tran sm itid o s S
tílass tre in ta y tres. Hay que ten er en cu e n ta q u e^ p o r
muy sob recarg ad a que nos parezca hoy la colección,
nos faltan cinco o seis discursos que se leían en tiem po
de Dionisio de H alicarnaso y de P lutarco.
El orden de num eración de obras q u e se sigu
las ediciones es el del m an u scrito F (M arcianas 416),
de Venecia, acogido p o r D re ru p 22 en su estudio sobr
las ediciones an tiguas de D em óstenes.
Se estab lecen cu a tro fam ilias de e n tre los m an -
crito s que tra n sm ite n la o b ra de n u estro o rad o r. 1
p rim era incluye el Parisinus 2934 (S), del sig o x, e
Laurenüanus, LVI, 9, 136 (L), de los siglos x iii -xiv , y
el V indobonensis 70 (V in d . 1), del siglo xy E n la
gunda fam ilia descuella el Augustanus, I W o w c e n s is
485, A), del siglo x; en la tercera, el Pa^ inus f ^
de los siglos x-xi, y el Laurentianus, LIX, 9, de la m
1 época; en la cu a rta, los m ás im p o rtan tes son el
M arcianas 416 (F) y el B avancus (M onacensis 85 B)
Contam os tam b ién p a ra la edición de n u estro orado
con p apiros d escubiertos en Egipto, aunque de escaso
valor en co n fro n tación con los m anuscritos, pues tra n s­
m iten en g eneral unas pocas líneas, m as o m enos mu-
d iad as, de frag m entos de unos doce discursos ap ro ­
xim adam ente.
E n las b ib lio tecas e sp a ñ o la s23 hay varios m anuscri­
tos que tra n sm ite n o b ras de D em óstenes: uno del si­
glo xiv (E sco rial 20), otro del xiv o del xv (S alam anca

22 E. D rerup , Antike Demosthenesausgaben, Supplem ent-


Band VII, Philologus (1899), 533-588.
23 M. F ernández-Gauano , Demóstenes, Barcelona, , P
gina 295.
INTRODUCCIÓN GENERAL 33

224), cinco del xv (S alam anca 231 y 243; E scorial 73 y


115; M adrid 4647) y dos del xvi (S alam anca 71; Esco­
rial 111).
E n tre las ediciones m ás im p o rtan tes de D em óstenes
a p a rtir del R enacim iento hay que c ita r las Aldinas
(1504), las venecianas (1543), la de W olf (1572), la de
Taylor (1748-1757), los Oratores A ttici de R eiske (Leip­
zig, 1770-1775) con la adición de un Apparatus criticas
debido a S chaefer (Londres, 1822-1827); los O ratores
A ttici de B ekker (B erlín, 1824); los O ratores A ttic i de
B raiter-Sauppe (Zurich, 1838-1845); las ediciones de
D indorf (Oxford, 1846-1851), p ro v istas de escolios; la
de Voemel (1843, Didot); la d e B lass-Fuhr-Sykutris
(T eubneriana, 1885-1914-1937); la de W esterm ann-M ül-
ler-Rosenberg (W eidm ann, B erlín, 1850 y sigs.); la de
Rehdantz-Blass (T eubner, Leipzig, 1865 y sigs.); la de
Weil (H achette, P arís, 1873, Harangues; 1877-1886:
Plaidoyers P olitiques); la de B utcher-Rennie-Pickard-
Cam bridge (Oxford, 1903 y sigs.); la de W eil-Dalmeyda
(París, 1912); la de C roiset-G ernet (Budé, P arís, 1924).
De las trad u ccio n es al e s p a ñ o l24 de discursos de
Dem óstenes podem os c ita r las siguientes: la de Arcadio
de Roda (M adrid, 1872; la de J. F. V. J. D. M. (M adrid,
1820); la de la B iblioteca U niversal, anónim a (M adrid,
1902); la de Ju lián S autu, S .I. (s. 1, s. a.); la de M. Co-
rom inas-E. M olist Pol, D em óstenes, D iscursos políticos,
Barcelona, 1969; la de F. de P. S am aranch-J. Pallí B onet,
Elocuencia griega, D em óstenes y E squines. Discursos
com pletos, M adrid, 1969. E stan d o ya este volum en en
prensa, apareció la excelente trad u cció n de algunos
discursos de D em óstenes realizada p o r Em ilio Fernán-
dez-Galiano: D em óstenes, Discursos escogidos, M adrid,
1978.

24 M. F ernánbez-Galjano, op. cit., pág. 323.


3 5 .- 3
DISCURSOS POLÍTICOS
34

P ara la p re se n te trad u cció n nos hem os atenido a


d e Butcher-Rennie-Pickard-Cambridge, De-
la edición
m osthenis Opera, Oxford C lassical Texts, 1903 y sigs.
BIBLIOGRAFIA

I. Repertorios bibliográficos

K. E mminger, «Bericht über die Literatur zu den attischen Red-


nern aus den Jahren 1887-1904», Jahresbericht über die
Fortschritte der klassischen Aitertumswissenchaft, 166, 69-117.
D. F. J ackson-G. O. R owe , «Demosthenes 1915-1965», Lustrum
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A. López E ire , «Demóstenes: estado de la cuestión», Estudios
Clásicos XX (1976), 207-240.

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K. F u h r - I . Sykutris, Orationes, I, II1( Leipzig, 1914, 1937.
M. Croiset , Démosthéne, Harangues, I-II, París, 1924-1925.
G. Mathieu , Plaidoyers politiques, III, IV, París, 1946.
O. N avarre - P. Or s in i , Plaidoyers politiques, I, París, 1954.
J. H umbert -L . Gernet, Plaidoyers politiques, II, París, 1959.
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R. Clavaud, Discours d'apparat, París, 1974.
J. H. Vin c e -A. T. M urray, Demosthenes («Loeb Classical Li-
brary»), I-VII, Londres, 1930-1956.
H. Weil , Les Harangues de Démosthéne, 2.a ed., París, 1881
(3.a ed. a cargo de G. Dalmeyda, París, 1912).
A. Westermann, Ausgewahlte Reden des Demosthenes, I-III,
Leipzig, 1851-2.
H. Wankel, Rede für Ktesiphon über den Kranz, I, II, Heidel-
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DISCURSOS POLÍTICOS
36

II I. E studios generales

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G. Clemenceau, Démosthéne, París, 1924.
P. Cloché , Démosthéne et la fin de la démocratie aíhemenne,
Píirís 1937
E. Dreruf , A us einer alten Advokatenrepublik (Demosthenes
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F. B lass, Die attische Beredsamkeit, II I, 1, 3* ed., Leipzig,
reimpr., Hildesheim, 1962.
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G. R onS É tude sur le style de Démosthéne dans les discours


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BIBLIOGRAFÍA 37

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j. J. Retske, Index Graecus in Demosthenem, L ondres, 1823.


S. P reuss, Index Demosthenicus, Leipzig, 1892.

VI. H istoria del texto

J. T h . V oemel, Notitia Codicurn Demosthenicorum, I-VI, Franc­


fort, 1833-38.
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E. D rerup, «Antike Demosthenesausgaben», Philologus, Supp.-
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L. C anfora , Inventario dei manoscritti greci di Demostene, Pa-
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D. I rmer , «Beobachtungcn zur Demosthenesüberlieferung», Phi-
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D. I rm er , Zur Genealogie der jitngeren Demostheneshandschrif-
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M. L ossau, Untersuchungcn zur antiken Demosthenesexegese,
Berlín-Zurich, 1964.

VII. E studios sobre derecho Atico

L. Beauchet, L’histoire du droit privé de la république athé-


nienne, I-IV, París, 1897; reimpr. Amsterdam, 1969.
J. H. L ipsiu s , Das attische Recht und Rechtsverfahren, Leipzig,
1905-15; reimpr., Hildesheim, 1966.
A. R. W. H arrison , The Law of Athens. I. The Family and Pro-
perty, Oxford, 1968; II. Procedure, Oxford, 1971.
D. Mac D owell, The Law in Classical Athens, Londres, 1978.
ARGUMENTOS DE LOS DISCURSOS
DE DEM ÓSTENES, POR L IB A N IO 1

Dado que, tú, M ontio, el n u s d estacad o de los procó n su les, 1


a la m anera del hom érico A s te r o p e o a m b i d e x tr o en lo que

i Libanio fue un o ra d o r y h o m b re de le tra s que nació en


A ntioquía en el 314 d. C. C om pletó su educación en A tenas
d u ran te cu atro años a p a rtir del 336 d. C. P o sterio rm en te ex­
plicó retó ric a en C onstan tin o p la y en N icom edia (340-46 d. C.).
En esta ú ltim a localidad e n tró en co n ta c to con el fu tu ro san to
Basilio y con el fu tu ro a p ó sta ta Ju lian o . D igam os de p aso que
Libanio fue pagano de convicción y p o r los c u a tro c o sta d o s,
y, adem ás, hipocondríaco y hechizado p o r las glorias del irre ­
petible p asado com o las heroicas figuras de la S egunda So­
fística.
De él h an llegado h a sta n o so tro s sesen ta y c u a tro discursos
que tra ta n de asu n to s cu ltu rales, p olíticos o m unicipales. Algu­
nos van dirigidos a em peradores o alto s cargos del G obierno.
No todos fueron realm en te p ro n u n ciad o s. Se fechan estos dis­
cursos e n tre el 349 y el 392 d. € . E l estilo de ellos v aría m ucho
de unos a o tr o s ; oscila e n tre el típ ico de los ejercicios sofís­
ticos y el p ropio de los p anegíricos oficiales. E videntem ente,
el de tono m ás p erso n al es el q u e co ntiene su au to b io g rafía
( O r a d o 1), com puesto en el año 374 d. C. Y los m ás cargados
de recursos retó rico s son el «encom io de A ntioquía» ( O r a tio 11)
y la «m onodia sobre Juliano» ( O r a tio 17), que, resp ectiv am en te,
com puso en el 360 y 364 d. C.
T am bién nos legó Libanio u n a copiosísim a colección de c a r­
tas, cincuenta y u n a declam aciones escolares y n u m ero sas o b ra s
m enores de m arcad o c o rte retó ric o .
E n el año 352, prab ab lem en te, re d a c tó los A r g u m e n t o s d e lo s
d i s c u r s o s d e D e m ó s te n e s , en los q u e h a sta h ace m uy poco tiem-
40 DISCURSOS POLÍTICOS

concierne a los discursos, ocupas el p rim e r rango en la lengua


de los rom anos y en su c u ltu ra reconocidam ente h a s alcanzado
la preem inencia, v, por curo lado, de la cu ltu ra griega tam poco
andas d espreocupado (com o que eres capaz de so b re sa lir en
ella p o r la talla de tu n aturaleza), an tes bien, te dedicas en
general a sus o rad o res v en p a rtic u la r al m ás p erfecto de ellos,
Demersiones, y adem ás qu isiste que yo te escrib iera los ai a u ­
m entos de sus discurso s, aceptam os gustosos la orden (pues
sabem os que p ro p o rcio n a m ás h o n ra que labor), y em pezarem os
la com posición p o r la vida del o rad o r, no n a rrá n d o la de cabo
a rab o (que eso es vano), sino haciendo mención de todos aq u e­
llos p u n to s que parecen c o n trib u ir a tina com prensión m ás
exacta de los discursos.
Así que, de D em óstenes, el o rad o r, el p adre fue D em óstenes,
inatacab le por su linaje, al parecer, com o b asta E squines, que *i

po se basaba casi exclusivamente la fama del maestro de re­


tórica antioqueno.
Ocupan los Argumentos de los discursos de Demóstenes en
la edición teubneriana de R, Foerster (Libanii Opera, Leipzig,
1915) ochenta y una páginas. Van estos Argumentos precedidos
de una dedicatoria al procónsul Montio, a la que siguen u n a
sucinta Vida de Demóstenes y unas breves consideraciones sobre
las especies de la retórica que conducen a la conclusión de que
Demóstenes ejercitó la oratoria judicial y la exhortatoria, p e ro
no la declamatoria o de aparato.
i Era Asteropeo, el guerrero de talla descomunal que sobre­
salía entre aqueos y troyanos, hijo de Pelegón (y nieto de
Axio, divinidad fluvial) y Peribea. Aparece como comandante
de los peonios, aliados de los troyanos. Su yelmo lo obtuvo
Esténelo en calidad de botín de guerra. Murió a manos de
Aquiles. La presencia en Troya de este héroe al mando de los
peonios aparece en litada XII 102-4; XVII 217, 352-55; su muerte
a manos de Aquiles, en II. XXI 139-204; en torno a su coraza,
cf. II. XXIII 560-62. La clave para entender nuestro texto está
en un verso de la Ilíada en que se dice que Asteropeo manejaba
con igual destreza el brazo izquierdo y el derecho blandiendo
y arrojando la jabalina: II. XXI 163. La referencia al yelmo de
Asteropeo, que pasa a poder de Esténelo, se encuentra en
Quinto de E sm irna , Posthoméricos IV 587 y sigs. Mencionan
también a este héroe, F ilóstrato (Heroico XIX 8) y Luciano
(Contra el indocto 7).
«ARGUMENTOS...», POR LIBANIO 41

era su enemigo, testimonia; al menos, así lo ha dejado dicho


con sus propias palabras: «su padre era Demóstenes de Peania,
hombre libre, que no vale mentir»3. Como poseía un taller de
esclavos fabricantes de armas, de ahí había adquirido el apodo
de «espadero». Sin embargo, el linaje materno del orador no
era, según dicen, puramente ático, pues Gilón, el abuelo de
Demóstenes, desterrado de Atenas a consecuencia de una acu­
sación de traición, vivió por el Ponto, y allí se casó con una
mujer de linaje escita, de la cual era hija la madre de Demós­
tenes, Cleobule. Por ello, algunos le han insultado en sus obras
y, particularmente, Esquines, quien dijo que en ese caso era un
escita, un bárbaro comportándose como griego por su lengua.
Acerca de su linaje, pues, baste cuanto se ha dicho. Cuando su 3
padre le dejó huérfano era muy joven4, según afirman, de cons­
titución débil y enfermiza, de forma que ni frecuentaba la pa­
lestra, como todos los niños atenienses solían hacer. De aquí
también le viene que, cuando se hizo hombre, fuese objeto de
burlas por parte de sus enemigos a raíz de su blandura y que
recibiera el sobrenombre de Bátalo. Pues se cuenta que hubo
un tal Bátalo de Éfeso, flautista, el cual fue c! primero que usó
en escena sandalias de mujer v cantó afeminadas canciones y
de una manera general emblandeció el arte; por eso, a los re­
lajados y afeminados los llamaban Bátalos.
Se dice que Demóstenes derivó de aquí su profuso y vehe- 4
mente impulso hacia los discursos: Calístrato5 era un famoso
orador ateniense; éste iba a defenderse en un juicio por delito
contra el estado, cuentan (imagino que era el del asunto de
Oropo). Entonces, Demóstenes, que era un niño, pidió al criado
encargado de su tutela que le permitiese asistir al juicio; y
él se lo permitió. Y tras haber oído !a causa, en tal disposi­
ción entró, que a partir de aquel momento todas sus horas
libres las dedicó a los discursos. Se valió del magisterio de Ise o 6,
orador muy inteligente, y cuando fue inscrito en la lista de los

3 Cf. E squines, III 171. P lutarco, Demóstenes 4.


4 Cf. P lutarco, Demóstenes 4.
5 Cf. Plutarco, Demóstenes 5. Calístrato, a ra íz del a su n to de
Oropo, había sido acusado de traición. Cf. Demóstenes, Contra
Midias 62. Estaba también implicado Cabrias en este proceso.
« D io n isio de H alicarnaso, Iseo 20.
DISCURSOS POLÍTICOS
42

varones mayores de edad, al punto entabló litigio contra sus


tutores por haber administrado mal su hacienda. Y pudo con
ellos pero no le fue posible recuperar todos los bienes que
5 había perdido. En cuanto a los discursos dirigidos contra sus
tutores, hav quienes dicen que son de Iseo y no de Demostenes,
basando su desconfianza en la edad del orador (pues tema ie-
ciocho años cuando pleiteaba contra ellos) y porque, de alguna
manera, los discursos en cuestión revelan el estilo de Iseo.
Otros opinan que fueron compuestos por Demostenes, aunque
corregidos por Iseo. Pero nada de extraño tiene que Demos-
tenes pudiera va a esa edad componer discursos de esa cate­
goría (pues su posterior primacía es otra confirmación e c o
v que, a partir del eiercicio que a tan temprana edad realizo
bajo el control de su maestro, hnva imitado en muchos luga­
res de su obra los rasaos característicos de aquél. Como quiera
que sea, desnués de esos pleitos, avanzando un poco en eda ,
se dio a la sofística y, luego, apartándose de ese menester, se
dedicó a la actividad de abogado defensor ante los tribunales.
Y sirviéndose de esas funciones como si fueran ejercicios gim­
násticos, terminó entregándose a dirigir el partido popular y a
la política.
6 Aún hav que recordar también aquellos otros detalles, a
saber, que era tartamudo, defecto natural de su lengua, y un
tanto débil de aliento; por uno y otro motivo resulto que a
ofrecer al público sus flojísima actuación no alcanzase fama,
al principio, por sus discursos. Por ello también, al que le pre­
guntó qué era la retórica, le respondió que una representación,
enfadado porque a causa de ella parecía él inferior a los bas­
tante malos. Pero también esos defectos a fuerza de pr etica
los corrigió, al igual que todas las demás menguas que le obs­
taculizaban para el ejercicio de la oratoria publica. Pues bien,
era, al principio, timorato y asustadizo ante los alborotos del
público, hasta el punto de que inmediatamente cedía ante e os.
Por eso cuentan que él observaba cuándo se producía un
viento furioso y la mar se encrespaba con fuerza y entonces,
paseando a lo largo de las playas, pronunciaba sus discursos
y con el bramido del mar se acostumbraba a soportar los abu-
7 ebeos del público. Se recuerdan de él, también, su aposenta­
miento en habitáculos subterráneos y las desusadas afeitaduras
«ARGUMENTOS...», POR LIBANIO 43

que se hacía con el fin de no dar un paso fuera de la habita­


ción de su casa por miedo a la vergüenza. Y que ni por las
noches dormía, sino que se las pasaba trabajando en sus dis­
cursos a la luz del candil. Por eso, precisamente, Piteas en son
de burla dijo que los discursos de Demostenes olían a candiles,
y a él le respondió Demostenes con finura y, a la vez, con mor­
dacidad: «sé que te entristezco encendiendo candiles», pues a
Piteas se le había acusado de robar túnicas por las noches.
Y, además —como todos reconocen—, se aplicaba a beber agua
para hacer gala de un raciocinio más despierto. También se
nos ha transmitido la noticia de que en cierta ocasión colgó del
techo la espada y que, en pie, debajo de ella peroraba. Y hacía
tal por la causa siguiente: al pronunciar los discursos solía
mover el hombro de forma inconveniente; así que suspendió
la espada de modo que quedase encima de su hombro, rozán­
dole la piel, y de esta manera, por miedo a que le hiciese un
tajo, fue capaz de mantenerse en la postura adecuada.
Es necesario referir también cómo marchaba la política de 8
Grecia y Atenas cuando Demostenes se consagró a dirigir el
partido popular. Los tebanos, tras vencer a los lacedemonios,
que eran los gobernantes de Grecia y que poseían el mayor
poder, en Leuctra, pueblo de Bcocia, ellos mismos avanzaron
hasta conseguir fuerza, y poco después entablaron una guerra
contra los forenses. Eran los focenses una nación limítrofe con
Beocia, que Unía veintidós ciudades. Éstos atacaron y saquea­
ron el templo de Apolo Pitio, que se encontraba cerca; por esa
razón precisamente los ■ébanos rompieron las hostilidades contra
ellos. Luchaban también los atenienses en la guerra llamada
«de los aliados»: pues los quiotas, los rodios y bizantinos, que
antaño fueran súbditos de Atenas, en esta ocasión se coliga­
ron, hicieron una alianza y luchaban contra ellos. Y de este
modo Grecia quedó dividida en muchas fracciones: los ate­
nienses luchando contra los antedichos, los tebanos contra los
focenses, y los lacedemonios contra los peloponesios. Fue en 9
esa coyuntura cuando Filipo, hijo de Amintas, llegó a ser rey
de Macedonia. Pues Amintas, rey de Macedonia, tuvo tres hijos
de la iliria Eurídice: Alejandro, Perdicas y Filipo. El mayor
de ellos, Alejandro, murió asesinado a traición, y Perdicas, lu­
chando contra los ilirios; Filipo, el más joven, estaba casual-
44 DISCURSOS POLÍTICOS

mente como rehén en Tebas, y cuando se enteró de la muerte


de Perdicas, escapó a escondidas, llegó a toda prisa a Mace-
donia y allí se hizo con el poder. Los atenienses, por su parte,
entonces, intentaban poner en el trono, valiéndose de un gran
contingente de soldados, a otro personaje, que era de la fa­
milia real y había sido desterrado de Macedonia. Filipo les
atacó y les venció en una batalla. Y a cuantos atenienses cogio
prisioneros, los soltó sin pago de rescates, no por benevolencia
hacia la ciudad ni por moderación de carácter...

SOBRE LAS PARTES DE LA RETÓRICA

Son tres las partes de la retórica: declamatoria, judicial y


deliberativa; pues bien, en las dos últimas fue supremo lucha­
dor, la judicial y la deliberativa; en cambio no tenemos de
él discursos de aparato. Pues los que se presentan como tales
no hay que creer que sean de Demóstenes. el «fúnebre» y el
«amoroso», ya que distan mucho de tener la fuerza propia del
orador. Y no exponemos nuestra opinión, sino que ése también
es el parecer de Dionisio de Halicarnaso. Porque se reconoce
que Demóstenes pronunció un discurso fúnebre; pero no es
lógico que el que se conserva sea el pronunciado por él, pues
es muy mediano y flojo. Y de sus discursos deliberativos,
unos tienen este título precisamente, «deliberativos»; otros, por
el contrario, sin serlo menos, se titulan «filípicos», denomina­
ción adquirida por el hecho de que han sido pronunciados
sobre el tema de los asuntos de Filipo; y cada uno de los filí­
picos tiene su propio título de acuerdo con la peculiaridad de
cada uno de los asuntos en ellos tratados.
I-II-III

LOS «OLINT1ACOS» *

INTRODUCCIÓN

Olinto, antigua colonia griega situada en el istm o


de Palene, en la Calcídica, en tró a fo rm a r p a rte de
la Liga Ático-Délica en el 475 a. C. Pero p ro n to se rebeló
co n tra el im perialism o ateniense y no sólo rechazó el
yugo de la hegem onía de Atenas, sino que, adem ás, en
plena g u erra del Peloponeso ayudo decididam ente a
los enem igos de sus antiguos aliados y contribuyó en
gran m edida al éxito de la expedición que en el 424
a. C. em p ren d iero n los espartanos, com andados p o r
B rásidas, y que iba dirigida c o n tra las colonias y pose­
siones de Atenas en Tracia.
P ero unos años m ás tarde, O linto com probó que si
la alianza con Atenas era una carga onerosa, no lo era
m enos la aceptación de la soberanía de E sp arta . F ru to
de esta experiencia fue que desde el año 395 a. C. la
ciudad calcídica fuese gestando su pro p ia autonom ía
y acrecen tan d o poco a poco su poder. Así se decidió
Olinto a co n vertirse en cabeza de la confederación de
ciudades griegas situ adas en la Calcídica. P ero dos de

* Bibliografía en Lustrum 14 (1969), Gotinga, 1971.


46 DISCURSOS POLÍTICOS

estas ciudades, A canto y Apolonia, se negaron a re n u n ­


ciar a su p ro p ia independencia y pidieron a E sp arta
que interviniese en su favor. Del 383 al 379 los esp ar­
tanos, a instan cias de A m intas, que antaño fu e ra rey
de M acedonia, atacan la ciudad de Olinto y term in an
p o r obligarla a p ed ir la paz y a c ep tar la suprem acía
de E sp arta.
Pero la b a ta lla de L euctra (371 a. C.) dio fin a la
hegem onía e sp a rta n a en Grecia. De nuevo Olinto se
sintió lib re y volvió a sus viejos planes de fo rm a r y
encabezar una confederación de ciudades calcídicas.
Surge entonces u n nuevo enem igo que se opone a tal
em presa: A tenas, que en esta época está em peñada en
fo rm ar una nueva confederación m arítim a, rem edo
nostálgico de la ático-délica. En el año 364 a. C., Tim o­
teo conquistó veinte ciudades de la zona en que la liga
calcídica iba a te n e r su n a tu ra l asentam iento, p ero no
pudo ap o d e rarse de Olinto. É ste es el m om ento (año
379 a. C.) en que aparece en escena Filipo II de Ma­
cedonia; ya estam o s tra ta n d o el am biente histórico
que reflejan los tres D iscursos Olintíacos de Demós-
tenes. R establece Olinto u n a vez m ás la confederación
de ciudades calcídicas y de nuevo com ienza a engran­
decerse, dos m otivos de preocupación p a ra el rey ma-
cedonio.
El año 358 a. C. regresa Filipo victorioso de la cam ­
p añ a c o n tra ilirios y peonios e inesperadam ente pone
sitio a Anfípolis, ciudad que tom a a traición un año
m ás ta rd e (357).
Los olintios com prenden que el rey m acedonio no
ta rd a rá en atac arle s y envían em bajadores a Atenas
p a ra solicitar u n a alianza. Pero en la capital del Ática
el oro de Filipo h a em pezado a su rtir efectos y los
atenienses d espiden a los em bajadores olintios sin ni
siquiera escucharles. Se le ocurre, entonces, a Filipo
em p ren d er u n a hábil política con los olintios, indig­
LOS «OLINTÍACOS» 47

nados con los atenienses. M aquiavélicam ente finge el


joven m o n arca deseos de e n tra r en alianza con ellos,
les cede el estrech o de A ntem unte y les p ro m ete Po-
tidea, ciudad que conquista (los atenienses llegaron
ta rd e en su ayuda) y entrega a Olinto (año 356 a. C.).
A m parándose Filipo en la falaz alianza recién con­
cluida con la im p o rtan te ciudad de la Calcídica, inicia
u n a cam paña c o n tra los tracios, de la que volvió, una
vez m ás, vencedor. Luego a tac a de nuevo a ilirios y
peonios (355 a. C.), los venció, y dos años m ás tard e
ocupa A bdera y M aronea, dos ciudades griegas em pla­
zadas en Tracia, y destruyó M etone, ciudad griega alia­
da de A tenas. De este m odo, p o r o b ra de Filipo los
atenienses se vieron despojados de todas las ciudades
de T racia y M acedonia que e ra n sus aliadas. P ero, a
p esa r de todo, aú n siguen considerándose defensores
de la lib ertad de Grecia, razón p o r la cual en el año
352 a. C. o cu paron las T erm opilas e im pidieron a Fi­
lipo, que acab ab a de d e rro ta r a los focenses, e n tra ra
en Grecia. La h o stilid ad m u tu a e n tre M acedonia y Ate­
nas es ya, a p a rtir de este m om ento, n o to ria y decla­
rada.
Fue entonces cuando Olinto cayó en la cuenta de
la infiabilidad de la política del m onarca m acedonio,
y a raíz de este convencim iento re cu rrió a A tenas, con
la que firm ó en el 352 a. C. u n trata d o de paz. Un año
m ás ta rd e (351 a. C.) la resp u esta de Filipo fue, com o
era de esp erar, cau ta pero firm e: puso en m arc h a su
segunda expedición a Tracia y, de paso, dejó que su
ejército se exhibiera ante las ciudades de la confede­
ració n calcídica, lo que no e ra m ás que u n a am enaza
velada. Ese m ism o año el p ad re de A lejandro Magno
p en etró en Iliria, invadió el E p iro y atacó al rey de los
m olosos. E n el 350 a. C. los olintios piden a los ate­
nienses que les proporcionen caballería capaz de h acer
fren te a los ataq u es m acedonios que ya esperan. Pero
48 DISCURSOS POLÍTICOS

en la p ro p ia ciu d ad de Olinto el oro de Filipo causa


estragos: Apolónides, irreconciliable enem igo de la po­
lítica ex p ansionista de M acedonia y dirigente del p a r­
tido p atriótico, su fre el exilio. Sólo faltaba ya el casus
belli, la chispa q u e desencadenara las ya previsibles
hostilidades. Y, n atu ra lm e n te , no tard ó en p re sen tarse
la ocasión: A rrideo, h erm a n astro del rey de M acedo­
nia, perseguido p o r éste, se refugió en Olinto, donde
se le otorgó la sacro san ta protección debida a los
huéspedes suplicantes. La reacción no se hizo esp e rar.
Filipo, al m ando de u n ejército, llegó al p u n to a los
m u ro s de Olinto. Los h ab itan tes de esta ciu d ad se n e­
garon a traic io n a r al huésped religiosam ente acogido
y se decidieron a re sistir los ataques del M acedonio.
Y en el año 349 a. C. enviaron u n a em b ajad a a A tenas
p ara p a c ta r con este estado u n a firm e alianza.
P ero Atenas e s tá exhausta y sus ciudadanos sum idos
en el m ás com pleto desánim o. La ciudad que antaño
fu e ra defensora de la lib ertad de Grecia h ab ía pasado
p o r dos g u erras co ntem poráneas que la h u n d iero n en
el m ás d esastro so letargo: la g u erra c o n tra Filipo, su r­
gida a raíz de la tom a de Anfípolis p o r p a rte del Ma­
cedonio, y la G u erra Social, prom ovida p o r la defección
de Quíos, Cos, R odas y Bizancio, guerras que acab arían
fatalm en te p a ra los atenienses. T ras la p rim era, perdió
la ciudad de A tenea sus posesiones en la costa tracia;
con la segunda, que d u ró dos años, se disolvió la liga
m arítim a. Am bos desastres rep ercu tiero n n ecesaria­
m en te en el ru m b o de la política futura. El pueblo,
h a rto de g u erras, reducido a precarias condiciones eco­
nóm icas, aceptó con gusto la dirección del p artid o p a­
cifista encabezado p o r Eubulo. La paz e ra el único
in terés en estos m om entos y la política económ ica iba
dirigida a h alag a r a los apáticos ciudadanos m ediante
la creación de fondos especiales p ara espectáculos y
fiestas. A d u ras penas se p ro d u jero n algunas acciones
LOS «OLINTÍACOS» 49

co n trarias, com o la presencia de los atenienses en las


Term opilas p a ra c o rta r el paso a Filipo, y, cuando
tuvieron lugar, la m ayoría de las veces re su lta ro n va­
nas, así, p o r ejem plo, la fam osa em p resa del ataq u e
a E u b ea en el 350 a. C.
Se com prenderá, pues, fácilm ente que en el 349 a. C.
el pueblo a c ep tara la alianza p ro p u e sta p o r O linto,
pero, al m ism o tiem po, no estu v iera dispuesto a sacri­
ficar ni su paz, n i su tran q u ilid ad , ni su com odidad,
valores que estab a decidido a d efen d er a u ltran za. Se
adm itía en ta b la r u n a alianza con Olinto, p ero sin re­
n u n ciar p o r ello al dinero público, y con la condición
de no tu rb a r la sag rada m olicie del ciudadano ate­
niense a base de cam pañas m ilitares en el exterior.
Q uienquiera p lan tease la cu estió n de disponer, p a ra
em presas bélicas, del dinero d estin ad o a m ás placen­
teras ocupaciones, com o las fiestas y los espectáculos,
sería castigado con la pena de m uerte. P o r tan to , es
fácil colegir la ru in a de la econom ía pública ateniense,
si, p a ra h acer fren te a las cam pañas, A tenas se veía
obligada a valerse de tro p as m ercen arias. E n efecto,
las arcas del estado iban sintiendo día a día los re su l­
tados de tan d eseq u ilibrada política. Y, p o r o tro lado,
la ineficacia de las tro p as m ercen arias que su p lan ta­
ban a los indolentes ciudadanos es cosa que huelga
com entar. P ero como, adem ás, el pueblo ateniense
exigía al estad o el sagrado d eb e r de pag ar a los p obres
sus diversiones y festejos, la situación no podía se r ni
m ás catastró fica ni m ás desesperada.
E n estas circu n stancias sale a la p ale stra de la ac­
tividad p ú blica la figura del joven D em óstenes. Pese
al d esastre de E ubea y la condena de Apolodoro p o r
h ab e r p ro p u esto p atrió ticam e n te en el año 350 a. C.
u n a cesión de fondos públicos d estinada a re m e d iar
el m encionado fracaso, todavía el p artid o de la oposi­
ción a la política de E ubulo no h abía sido reducido al
3 5 .-4
DISCURSOS POLÍTICOS
50

silencio. Y el m ás joven y ard ie n te defensor de este


n artid o era a la sazón n u estro orador.
Con los D iscursos O lintíacos O em ostenes no se limi-
ta b a a en ard ecer a los atenienses p a ra que re lanzasen
con denuedo a u n a seria ofensiva c o n tra Filip ,
fendía adem ás, la alianza con Olinto, y tra ta b a de m os­
trar a sus c o n d u d a d an o s la gravedad de las am enazas
a u e sobre ellos p en d ían y los rem edios de que debe-
t L valerse p a ra c o n ju ra r tales
o re n d e r u n a acción ca ra al exterior —e sta es la tesis
del o rad o r— se hace necesaria u n a inm ediata re fo rm a
de b u en n ú m ero de asuntos in tern o s. .
E l Olintíaco prim ero fue pronunciado p P
de la llegada de los em b ajadores de O linto con el en-
c L g o d 7 so licitar alianza y ayuda p a ra defenderse de
Filino E l pu eb lo ateniense h ab ía aceptado ya a
za en v irtu d de lo cual D em óstenes da este hecho p o r
establecido y lo considera favor de los dioses. T endrá
M enas p o r ta n to , la posibilidad de co m b atir con ra el
rey contando con el apoyo de u n im p o rtan te ab ad
sin q ue el te rrito rio del Ática sea escenario de las b a ­
tallas É sta es la razón p o r la que n u estro o ra
propone que se envíen dos ejércitos form ados p o r ciu­
dadanos, un o a defender Olinto y las dem as ciudades
de la Calcídica, el o tro a saquear el te rrito rio e rey
m acedonio con el fin de h o stig ar continuam ente a F
Upo e t a p e d i r de este m odo que d irija u n a cam pana
c o n tra O hnto. De esta guisa in ten ta D em óstenes salva
a Atenas ap ro vechando u n a in esp erad a ocasión que
p o r si m ism a se ha ofrecido. N uestro o ra d o r in siste
en la n ecesidad de ac tu a r inm ediatam ente p a ra
d esaprovechar las circunstancias favorables que se h an
p resen tad o d e fo rm a espontánea. No hay opcion: o se
contiene a Filipo en la Calcídica o, en - - ^ t r a n o ,
los atenienses te n d rá n que habérselas
pro p io te rre n o del Ática.
LOS «OLINTÍACOS» 51

Pero p a ra llevar a cabo los planes p ro p u esto s se


requieren fondos económ icos. Si no se acep ta em plear
las sum as destin ad as a los espectáculos públicos p a ra
el noble fin de d efender a la p a tria , no h a b rá m ás re ­
m edio que re c u rrir a fuertes contribuciones.
P or lo dem ás, el rey de M acedonia, según sugiere
D em óstenes, es vulnerable y la situación general de su
política no está en el m ejo r m om ento: de los tesalios
no puede fiarse y los príncipes b á rb a ro s cuyos reinos
lindan con M acedonia no h an dejado de c o n stitu ir u n a
am enaza seria y u n peligro siem p re inm inente.
Pese a la bu en a fe y optim ism o del orad o r, los
atenienses, com o cabía esp erar, se co n ten ta ro n con
enviar en socorro de sus aliados dos m il p eltastas m er­
cenarios y tre in ta trirrem es. Así que, a n te sem ejante
fracaso, D em óstenes se vio obligado a to m a r la p alab ra
no m ucho después. E n esencia rep ite en su Olintíaco
segundo los ya m encionados argum entos de la o p o rtu ­
nidad que h a sido enviada p o r los dioses y la necesi­
dad de co m b atir a Filipo. H ace hincapié, sin em bargo,
en la debilidad del m onarca m acedonio, la urgencia de
so co rrer a Olinto y la conveniencia de an im ar a los te-
salios p a ra que se rebelen c o n tra Filipo. E n sum a, es­
tam os an te una arenga, u n a invitación a cum plir los
planes ya suficientem ente explicitados.
E n treta n to , el rey de M acedonia interviene en Te­
salia expulsando de Feras al tiran o Pitolao. E n esta
ocasión las tro p as m ercenarias enviadas p o r Atenas y
los olintios se im pusieron a los soldados de Filipo, lo
que constituyó, en opinión de los atenienses, u n im ­
p o rtan te y definitivo triunfo. Pero d istaba ello m ucho
de ser así. A su regreso de Tesalia, invadió Filipo de
nuevo la Calcídica con un num eroso ejército y bien
pro n to tom ó tre in ta y dos ciudades, venció en dos
batallas a los olintios coligados con los m ercenarios
DISCURSOS POLÍTICOS
52

enviados p o r A tenas y com andados p o r C aridem o, y,


p o r ú ltim o, se p lan tó fren te a Olinto.
Los olintios deciden re sistir y envían, u n a vez m as,
em b ajad o res a A tenas en petición de ayuda y con el
encarecido ruego d e que en ta n decisivo m om ento no
les abandonen. Y añ aden la recom endación d e que las
tro p a s expedicionarias que sean enviadas e n su so­
co rro estén fo rm ad as p o r ciudadanos atenienses y no,
com o h a sta entonces, p o r m ercenarios.
D em óstenes, a la vista de estos hechos, pro n u n cia
su Olintíaco tercero y en él expone de nuevo, p ero en
esta ocasión con m ayor insistencia, las dos condicio­
nes necesarias p a ra que el estad o p u ed a reh acerse y
a fro n ta r la situ ació n con posibilidad de éxito. Se tra ta
de llevar a cabo dos reform as, u n a política y o tra m i­
lita r, a saber, e c h ar m ano de los fondos p a ra espec­
táculos y obligar a todos los ciudadanos a cu m p lir el
servicio m ilitar. E s ta ú ltim a p ro p u e sta se cum plió; al
m enos, se reclu tó u n ejército de e n tre los ciudadanos,
p ero no así la p rim era; p o r el contrario, h a sta tres
años m ás tard e no hubo form a de em plear p a ra usos
m ás ap rem ian tes el dinero destinado a los espectácu­
los. E l propio o ra d o r en este discurso no anuncia
ab iertam en te la m edida consistente en u tiliz a r tales
fondos p a ra g astos m ilitares, sino que se co n ten ta con
su g erir la creación de u n com ité legislativo que se en­
cargue de a b ro g ar la ley que im pide h a b la r librem ente
so b re ta n im p o p u la r tem a.
E l año 348 a. C. cayó Olinto en p o d er de los ma-
cedonios. N u estro o ra d o r h ab ía predicado en el de­
sierto.
0LIN T1A C0 PRIM ERO

ARGUMENTO DE L IB A N IO

Olinto era una ciudad de Tracia; de linaje griego eran sus 1


habitantes, procedentes de Caléis, en Eubea; Calcis era colonia
de los atenienses. Muchas y famosas fueron las guerras de
Olinto. Pues luchó contra los atenienses en tiempos antiguos,
cuando éstos eran los gobernadores de Grecia, y luego con los
lacedemonios; con el tiempo alcanzó gran poder e impuso su
autoridad sobre las ciudades congéneres, pues en Tracia había
mucha población de estirpe calcídica. Con Filipo, rey de los 2
macedonios, hicieron los olintios una alianza; y luchando en
colaboración con él contra los atenienses al principio (después
de haber recibido del Macedonio Antemunte, ciudad que se
disputaron macedonios y olintios, y Potidea, que, en posesión
de los atenienses, fue reducida por Filipo y entregada a los
olintios), luego empezaron a sospechar del rey, al ver que su
engrandecimiento era rápido y considerable, pero sus planes
no eran de fiar. Esperando, pues, a que se ausentara, enviaron
embajadores a los atenienses y disolvieron la guerra que contra
ellos habían emprendido, cosa que hacían burlando los acuer­
dos convenidos con Filipo; pues habían acordado que lucha­
rían en común contra los atenienses y que si decidían otra
cosa, en común lo pactarían. Y Filipo, que hacía tiempo que 3
necesitaba un pretexto para atacarlos, echó mano de ése, y
llevó la guerra contra ellos por haber trasgredido los acuerdos
y haber concertado amistad con sus propios enemigos. Ellos,
entonces, enviaron embajadores a Atenas en petición de ayuda,
a éstos les apoya Demóstenes con su discurso, exhortando a
54 DISCURSOS POLÍTICOS

sus conciudadanos a so co rrer a los olintios. Y afirm a que la


salvación de O linto es la seguridad de A tenas; pu es si los
olintios se salvan, Filipo n unca llegará al Á tica; a n te s bien,
los atenienses te n d rá n la posibilidad de enviar u n a flo ta co n tra
M acedonia y allí h a c e r la g u e rra ; p ero si e sta ciu d ad cayera
en m anos de Filipo, queda expedito p a ra el rey el cam ino p a ra
a ta c a r Atenas. Y añ ad e que ni Filipo es tan difícil enemigo
com o se le ha supuesto, infundiendo así valor a los atenienses
p a ra atacarle.
1 H abla tam bién, m edian te discusión, de las finanzas públicas,
y aconseja co n v ertirlas en fondos del e jé te ito en vez de asigna
d o n e s p a ra los espectáculos. Y com o la co stu m b re p o r la que
se regían los atenienses no e stá clara de antem ano, es necesario
explicarla. Como antig u am en te no ten ían te a tro de p ied ra, sino
co n stru id o a base d e bancos de m ad era ensam blados, y todos
se ap resu rab an a coger sitio en él, se p ro d u cían b o fetad as y
h asta, a veces, h eridos. Con el pro p ó sito de im p ed ir eso, los
m ag istrad o s de! p ueblo ateniense hicieron que la s plazas se
vendieran, y era necesario que cada uno ap o rtase dos óbolos
y tra s h a b e r hecho este dep ó sito asistiese al espectáculo. Pero
p a ra que no p areciera que los p o b res su frían u n a carga p o r
este gasto, se m an d ó que cada uno to m ase del h erald o público
los dos óbolos. Así que, de esta p ráctica, com enzó la c o stu m ­
b re ; y se avanzó en ella b a sta u n grado tal, que n o sólo co
b ra b a n p a ra los asien to s del te a tro , sino que, p u ra y simple-
5 m ente, se re p a rtía n los fondos del estad o en su to talid ad . De
ello resu ltó ta m b ién que se hicieron m orosos en cuestión de
servicio m ilita r; pues a n tañ o , cuan d o estab an en servicio de
arm as, recibían u n sueldo que les su m in istra b a la ciudad, p ero
en el tiem po de este discurso, perm aneciendo en la p a tria en
m edio de espectáculos y fiestas, se re p a rtía n los fondos; pues
ya no q u erían sa lir ni exponerse, sino que incluso legislaron
acerca de esos fo n d o s p a ra in v e rtir en espectáculos, am enazando
con la pen a de m u e rte a q uien p ro p u sie ra restab lecerlo s p a ra
la an tig u a función y así se convirtiesen en dinero p a ra la guerra.
P o r esa razón, D em óstenes precav id am en te toca el consejo acer­
ca de ese p u n to , y preg u n tán d o se a sí m ism o: «¿Tú propones
que ese dinero pase al cap ítu lo de los gastos bélicos?», responde;
OLINTÍACO PRIMERO 55

«Por Zeus, al m enos yo, no.» H a sta a q u í lo del a su n to del din ero
p a ra espectáculos.
D iscute el o rad o r tam b ién el a su n to de un ejército de ciuda- 6
danos, y pide que ellos en perso n a em p ren d an la cam p a ñ a y
no p resten la ayuda valiéndose de e x tra n je ro s, com o estab an
aco stu m b rad o s a h a cer; pu es eso dice que es la causa del desas­
tre de sus em presas.

M ucho dinero daríais gustosam ente a cam bio, a i


m i m odo de ver, varones atenienses, si os re su lta ra
clara la política fu tu ra conveniente a la ciudad en los
asu n to s que ah o ra m ism o estáis considerando. Y dado
que ello es así, in tere sa que q u eráis p re s ta r diligente
oído a quienes desean aconsejaros. Pues no sólo si
alguien se p re sen ta con un proyecto bien p rep arad o ,
lo acep taríais tra s hab erlo oído, sino que, adem ás, es­
tim o que fo rm a p a rte de v u estra b u en a su erte que a
algunos en el m om ento se les o cu rra p la n te a r ab u n ­
dan tes sugerencias de las que se necesitan, de m odo
que de e n tre to d as os resulte fácil la elección de lo
a u e conviene. E n cuanto a la p resen te ocasión, ate- 2
nienses, sólo le falta p ro d u cir sonido articu lad o p a ra
d ecir que de los asuntos de allí vosotros m ism os tenéis
que h aceros cargo, si es que pensáis en su salvaguar­
da. P ero nosotros, no sé qué tipo de ap titu d a d o p ta­
m os con resp ecto a ellos. Mi opinión personal, al m e­
nos, es que votem os al pu n to u n a expedición de auxilio
y que nos p rep arem o s lo m ás rá p id a m en te posible p a ra
ay u d ar desde aquí (y no os o c u rra ju stam en te lo que
ya antes os h a o currido) y enviem os u n a em b ajad a
q ue se encargue de com unicar esos propósitos y atien ­
da a los acontecim ientos; que eso es, sobre todo, lo 3
que infunde m iedo, que h o m b re sin escrúpulo com o
es y hábil p a ra aprovecharse de las circunstancias, unas
veces cediendo, cuando se tercia, o tra s am enazando (y
56 DISCURSOS POLÍTICOS

con razón en sus am enazas puede re su lta r convincen­


te), en o tra s ocasiones desacreditándonos a nosotros y
a n u e stra no intervención, llegue a encauzar y en tre sa­
c a r p a ra su p ro p io provecho algo de la situación ge
4 neral. Pese a todo, pensando con p erfec ta lógica el
p u n tó m ás d u ro de com batir de la posición de Fi ipo
es tam bién el m ás favorable p ara nosotros; pues, p o r
el hecho de que él, una sola persona, sea responsable
de todo, lo decible y lo secreto, y, al m ism o tiem po,
general, dueño y ad m in istrad o r, y en todo lu g ar este
al fren te de su ejército, en lo que se refiere a la ges­
tió n rá p id a y o p o rtu n a de la g u erra nos lleva m uc a
v en taja; pero en relación con los arreglos que de buen
grado estab lecería con los olintios, su situación es la
5 co n traria. Pues p a ra los olintios es claro que ah o ra no
están luchando p o r gloria ni por u n a porción de te rri­
torio, sino p a ra ev itar la destrucción y esclavitud de
su p atria ; y saben lo que hizo con aquellos anfipohtas
que a traición le en treg aro n la ciudad y con aquellos
pidneos que a h u rta d illa s le ab riero n las p u e rta s , y
en general, p a ra los gobiernos dem ocráticos el p o d er
ab soluto es o b je to de desconfianza, en p a rtic u la r
6 cuando se tra ta de u n a región vecina. Así que, enten­
diendo bien esos hechos, varones atenienses, y an a­
diendo todas las dem ás reflexiones al caso convenien­
tes, os digo que es necesario h acer esfuerzo de voluntad
y exaltarse m ovidos p o r el enojo y aten d e r a la g u erra
ah o ra m ás que nunca, ap o rta n d o dinero anim osam en­
te, saliendo p erso n alm en te al cam po de b a ta lla y no
dejan d o n ad a en el aire. Que ya no os queda razón m
7 p retex to p a ra no q u erer realizar lo debido. Pues en i

i Refiere el escoliasta que Filipo no era partidario de re­


compensar a los traidores, pese a haber recibido beneficio de
su traición. Así lo demostró mandando ajusticiar a quienes le
abrieron las puertas de Anfípolis y de Pidna.
OLINTÍACO PRIMERO 57

esta ocasión precisam ente, lo que todos an d ab an di­


ciendo h a sta estas fechas, que e ra necesario que los
olintios h icieran estallar la g u erra co n tra Filipo, se h a
pro d u cid o esp o n tán eam ente y, adem ás, de la m an era
que m ás favorable os podría re su lta r. P orque si h u ­
b iera n em prendido la g u erra p o r haceros caso a vos­
otro s, escurridizos aliados h u b iera n sido y tal vez esa
decisión la h ab ría n tom ado h a sta cierto punto; m as
u n a vez que su odio procede de sus personales m oti­
vos de queja, es n a tu ra l que m antengan firm e su hos­
tilid ad en pro p o rción a sus tem o res y sufrim ientos.
Así que, varones atenienses, no hay que d e ja r p a sa r 8
u n a o p o rtu n id ad de tal calibre que se os h a p re sen ­
tado p o r sí m ism a ni su frir el m ism o fracaso que ya
antes m uchas veces habéis sufrido. Pues si cuando re ­
gresam os de llevar ayuda a los e u b e o s2 y se llegaron
a esta trib u n a los anfipolitas H iérax y E s tra to c le s 3,
que nos ex h ortaban a h acem o s a la m a r y encargam os

2 El año 357 a. C„ Eubea se vio sometida a fuertes discor­


dias internas que, por intervención de Tebas, se convirtieron
en guerra abierta. Eretria, ciudad de esta isla, pidió ayuda a
Atenas, y, a instancias de Timoteo, los atenienses enviaron rá­
pidamente un ejército de socorro a las órdenes de Diocles.
Tenía, por entonces, el orador veinticuatro años y contribuyó
a la mencionada expedición compartiendo con otro ciudadano
los gastos de una nave trirreme. La enérgica intervención de
Atenas en la isla vecina no tardó en dar su apetecido fruto,
al cabo de treinta días se restableció el orden, Eubea volvió a
entrar en la liga ateniense y los tebanos fueron expulsados de
allí.
3 En el 357 a. C., Anfípolis, ciudad de Macedonia oriental,
situada junto al confín de Tracia, al borde de la desemboca­
dura del Estrimón, ante la seria amenaza de Filipo, envió a
Atenas a Hiérax y Estratocles con el encargo de solicitar ayuda.
Pero los atenienses no hicieron caso a esta embajada. En
cuanto a Estratocles, sabemos que Filipo lo desterró inmedia­
tamente después de haber tomado Anfípolis. Cf. M. N. T od,
Greek historical Inscriptions, II, Oxford, 1948, pág. 150.
DISCURSOS POLÍTICOS
58

de su ciudad, h u b iéram os puesto en juego no sotros


p o r no so tro s m ism os el m ism o celo m o strad o p o r a
salvación de E u bea, hab ríais en tra d o en P osesl° "
Anfípolis entonces y os h ab ríais liberado de todos los
o problem as subsiguientes. Y, de nuevo, cuan o se
daba la noticia de que eran asediadas Pidna, P
M etone, Págasas ♦, etc. (p o r no p e rd e r tiem po en enu­
m erarlas una tra s otra), si entonces nosotros hubié­
sem os p restad o ayuda personalm ente, con entusiasm
v com o convenía, a u n a sola de en tre ellas, a l a P rim e^
que fuese, ah o ra nos las veríam os con un Filipo m as
tra ta b le v m ucho m ás hum ilde. P ero es el caso que,
negligentes con resp ecto al p resen te y en la idea ae
que el fu tu ro p o r sí solo se arreglaría, hicim os crecer
n o sotros a Filipo, varones atenienses, lo leim os
poderoso como ningún rev de M acedom a lo e
ca. Ahora, pues, p recisam ente llega a la erada
fo rm a esp o n tán ea esa curiosa o p o rtu n id ad que p -
p e rd o n a n los olintios, que no es in ferio r a ninguna de
io las de antes. Y a m í al m enos, varones^ atenienses, m e
parece, que si u n o se co nstituyera en ju sto eva u a
de los beneficios que los dioses nos han p roporciona
do, aunque m u ch as cosas no van com o es e *
em bargo, grande sería su gratitu d ; con razón, p 4

4 Pidna era una ciudad de Macedonia situada al S. del


Haliacmón, frente al golfo Termaico en el t.er” Ale;andro
Había sido capital de Macedoma desde e r e lT 1 , 4 , 3 3 9 9 1 quien
Filheleno (498454 a. C.) hasta el de Arque ao f413499), ^
trasladó la capital a Pela, que el mismo tu n d o . I £ £ Con-
el 364 a. C„ obligó a Metone y Pidna a formar pa
federación ateniense. En el 357 a. C Filipo se * f en
Metone estaba situada al N. de PKlna. Fm el ^ a C ^ F .^ o
la destruyó. Potidea era una ciudad situada en el i t ó
une la península de Palene con tierra t o e Filipo la tomó
en el 356 a. C. y la cedió a los olmtios, que e r a n p o r e n
sus aliados. Págasas era una ciudad marftima_ de: Tesaba que
fue sometida por Filipo en la primavera del ano 35Z a. o.
OLINTlACCI primero 59

im p u tan d o con ju stic ia a n u estro desinterés el hecho


de h ab er sufrido grandes pérd id as en la guerra, com o
com pensación de ello, el no h ab e rlas sufrido desde
hace tiem po y que se nos haya p resen tad o u n a opor­
tu n id ad de alianza, p o r si querem os valernos de ella,
yo p erso n alm en te estim aría q u e es u n beneficio que
procede de la benevolencia de ellos. P or lo dem ás ^
opino, es sim ilar lo que acontece en la adquisición de
las riquezas: si lo que uno adquiere, lo conserva, guar­
da gran agradecim iento hacia la fortuna, pero si lo
consum e sin darse cuenta, consum e al m ism o tiem po
el recuerdo de su gratitud. Así tam bién en los asuntos
de estado, quienes no se aprovechan correctam en te de
las op o rtu n id ad es, aunque les sobrevenga algún p ro ­
vecho de p a rte de los dioses, no lo recuerdan, pues
según su re su ltad o final se juzga cada u n a de las po­
sibilidades de antaño. P or lo cual es m uy necesario,
varones atenienses, que m editéis sobre el fu tu ro , p ara
que, enderezándolo, b orrem os el descrédito que nos
h an valido n u estra s acciones ya realizadas. Que si 12
abandonam os, varones atenienses, tam bién a esos hom ­
b re s y luego aquél som ete Olinto, que m e diga alguien
qué será lo que le im pida d irigirse adonde le venga
en gana. ¿Alguno de vosotros, varones atenienses, se
hace cargo v observa la m anera m ediante la cual,
siendo débil en sus com ienzos, se h a hecho grande
Filipo? P rim ero, tom ando Anfípolis, después de eso,
Pidna, de nuevo, Potidea, o tra vez, M etone, luego pisó
el suelo de T e sa lia 5; después de eso, tra s h a b e r re- 13

5 En el 353 a. C., Filipo, llamado por dos príncipes de fa


familia de los Alévadas de Larisa, penetró con su ejercito en
Tesalia para combatir contra los tiranos de Feras. Fue derro­
tado en dos batallas por el fócense Onomarco, quien a base
del oro de Delfos se había comprado la alianza con los suso­
dichos tiranos. Sin embargo, un año más tarde, en el 352 a. C.,
con un ejército de veinte mil infantes y tres mil hombres de
60 DISCURSOS POLÍTICOS

guiado a su gusto los asuntos de F eras, Págasas, Mag­


nesia y to d as las regiones, se m archó a T ra c ia 6, luego
allí a unos reyes destronó, a otros in stau ró , h a sta que
cayó enferm o; de nuevo, en cuanto em pezó a m ejo­
ra r, no declinó hacia la m olicie, sino que al pu n to
atacó a los olintios. Y paso p o r alto sus cam panas
co n tra los ilirios, los peonios, c o n tra A rib a s7 y co n tra
cu alq u ier o tra p a rte que podría citarse.

a caballo, entró el Maccdonio de nuevo en Tesalia e hizo frente


a las tropas de Onomarco y de su protegido, el j ir.an° ¿ í C<* lfo
de Feras. La batalla tuvo lugar en las proximidades del g o l»
de Págasas y el resultado fue favorable a los macedomos: más
de un tercio del ejército fócense fue aniquilado o hec o prisio
ñero. El propio Onomarco sucumbió, Feras fue capturada _y
Licofrón desterrado del país. De este modo, Filipo se hizo dueño
de Tesalia v, a partir de este momento, se dispuso a avanzar
en dirección al santuario de Apolo en Delfos para liberarlo
la posesión de los focenses, a quienes el Macedomo condenaba
como autores del tremendo sacrilegio de haberse apropiado de
tan sagrado lugar para los griegos. , .
6 Feras era una ciudad de Tesalia situada al S .
Pelasgiótide; estaba cerca del puerto de Págasas, al que ya nos
hemos referido. Magnesia era la península del E. de iesana
que se extendía al S. del valle de Tempe.
Filipo, después de su triunfal campaña c n T e s a l i a s m d a r
tregua a su febril actividad, se puso en marcha contra Traca
Allí apoyado por un príncipe tracio en rebeldía, y con la ayuda
íu e le Prestaron ciudades como Bizancio y Perinto, avanzó
hasta la Propóntide, asedió Hereon Ticos, capital de los domn
nios del rey Cersobleptes, a quien obligo a que lej ^ t r a g a s e *
su hijo como rehén; cuando estaba en esta operación de cerco
le sobrevino una enfermedad que supuso un respiro de alm o
para quienes con gran asombro comprobaban cómo, en el corto
espacio de ocho años, el Macedonio había alterado la situación

^ ^ ' R l i t o ^ e n z a r z ó dos veces consecutivas en guerra contra


los ilirios y peonios, pueblos de estirpe tracia que habitaban
al NO de Macedonia, en el 35S a. C„ y tres anos mas tarde, en
el 355. Aribas era rey de los molosos, pueblo del Epiro que
habitaba la zona situada al N. del golfo de Ambracia.
OLINTÍACO PRIMpRO 61

«¿Y p a ra qué nos cuentas eso ahora?», alguien po- 14


d ría decir. P ara que com prendáis y os deis cuenta,
varones atenienses, de dos cosas: de h a sta qué pu n to
es desaprovechado ir desentendiéndose de los asuntos
u n o tra s o tro y de la actividad incansable que pone en
juego Filipo y es p a rte de su vida; p o r causa de ella
es im posible que co n tentándose con sus realizadas em ­
p resas guarde reposo. Si el h a decidido que en cada
ocasión hay q ue h acer algo q u e supere su situación
y vosotros, p o r el contrario, q u e no hay que a fro n ta r
ningún asu n to con vigor, considerad en qué pu n to
cabe e sp e rar que eso term ine. ¡Por los dioses!, ¿quién 15
es de vosotros ta n to n to com o p a ra no ver que la gue­
r r a de allí ven d rá aquí, si nos despreocupam os? Pero,
si eso llegara a p asar, tengo m iedo, varones atenien­
ses, de que lo m ism o que quienes tom ando en p ré sta ­
m o a la ligera dinero a gran interés, tra s h ab e r vivido
en la abu n d an cia u n corto tiem po, luego pierd en h a sta
el capital, así tam b ién n o so tro s nos dem os cu en ta de
h a b e r vivido en la m olicie pagando p o r ello alto in te­
rés y quienes en todo buscábam os el placer vayam os
luego a vernos en la obligación de h ac er m uchas de
esas cosas que no queríam os y corram os el riesgo de
p e rd e r las posesiones que tenem os en la p ro p ia región.
Sí —m e p o d ría decir alguien tal vez—, c ritic a r es 16
fácil y cu alquiera puede hacerlo, pero revelar lo que
hay que h acer en defensa de las circunstancias p re ­
sentes, ésa es la lab o r del consejero. P ero yo no ig­
noro, varones atenienses, que vosotros frecuentem ente,
si algo no re su lta según los planes, no es con los res­
ponsables con quienes os enojáis, sino con los orado­
res que h an tra ta d o de los asu n to s en últim o tu m o ;
sin em bargo, opino que no debo am ain ar atendiendo a
m i p ro p ia seguridad cuando se tra ta de asu n to s que
creo os incum ben.
62 DISCURSOS POLÍTICOS

Sugiero, pues, que de dos m aneras debéis p re sta r


ayuda a la situación: salvando las ciudades de los
o lin tio s 8 y enviando a los soldados que se encarguen
de ello y haciendo daño al te rrito rio de aquél con
trirrem es y o tro s soldados. Si os despreocupáis de u n a
de estas dos m edidas, recelo que nos re su lta rá m util
la expedición. Pues si m ien tras vosotros devastáis su
te rrito rio , él re siste y consigue hacerse con Oim to, la-
cilm ente, reg resan d o a su p atria, la defenderá, y, p o r
o tro lado, si v o sotros no hacéis m ás que enviar ayuda
a Olinto, y él, viendo que su reino está seguro, se
dedica a ased iar y acechar la situación, con el tiem po
su p erará a los sitiados. Así que es necesario que la
expedición de ayuda sea nu m ero sa y doble.
, Acerca del auxilio, eso es lo que entiendo; en cuan­
to a la adquisición de dinero, tenéis dinero, varones
atenienses, tenéis m ás dinero p a ra fines m ilitares que
ninguna o tra n a c ió n 9; p ero lo cobráis de la fo rm a que

s Eran treinta y dos en número las ciudades griegas asen­


tadas en la península Calcídica que se habían aliado con Olinto.
Esta confederación cayó en manos de Filipo en e a. .
Los dos mil ciudadanos atenienses que marcharon por mar en
apoyo de la capital de la liga llegaron demasiado tarde Olinto
había sido destruida y sus habitantes deportados a diferentes
localidades de Macedonia; otros fueron reducidos a la escla­
vitud y trabajaron como siervos, de por vida, en los dominios
del creciente reino. Las demás ciudades confederadas pasaron a
formar parte de Macedonia, si bien aún gozaron de cierta inde­
pendencia en la administración de sus asuntos loc^ es.
9 De los fondos destinados para operaciones militares stra-

tiótiká) era ya vieja costumbre extraer ciertas cantidades para


sufragar los gastos de los espectáculos (theonka), dinero este
que se repartía entre los ciudadanos pobres. Ya en tiempos de
Pericles se echaba mano a los fondos de los abados para idén­
ticos fines. Se interrumpió esta práctica en los últimos anos
de la guerra del Peloponeso, pero no tardo en ser restablecida.
Ocurrió esto en el 403 a. C. Fue entonces cuando el pueblo de­
cretó se instituyese la reserva de fondos para los espectáculos
OLINTÍACO PRIMERO 63

os viene en gana. Si lo gastáis en c u b rir los gastos de


la cam paña, no tenéis necesidad de ningún ingreso
su plem entario, p ero si no, se necesita suplem ento, es
m ás, hace fa lta to d a u n a fu e n te de ingresos. «¿E nton­
ces, qué? —p o d ría alguien decir— ; ¿propones p o r es­
crito u n a m oción p a ra que esos fondos se destin en a
la milicia?» P or Zeus, yo no. Yo estim o que hay que
eq u ip ar soldados y que debe se r una y la m ism a coor­
dinación la que rija el cobro y el cum plim iento del
d e b e r lü; vosotros, en cam bio, pensáis que hay que co­
b ra rla s !, m ás o m enos, sin problem as, p a ra em plear
el dinero en ñestas públicas. Así pues, lo que fa lta es
que todos ap o rte n u n a contribución, ab u n d an te, si lo
que se n ecesita es m ucho, y, si es poco, reducida. H ace
fa lta el dinero y sin él no se puede h acer n ad a de lo
que debe hacerse. O tros p roponen o tro s m edios de re ­
caudarlo; elegid de en tre ellos el que creáis q u e os
conviene, y m ien tras hay opo rtu n id ad , haced fren te a
los problem as.
M erece la p ena reflexionar y h acer cóm puto de la
situación en que ah o ra se en c u en tran los asu n to s de
Filipo. Pues ni, com o parece y alguien sin agudeza de
percepción p o d ría decir, el m om ento p resen te le es

públicos (theórikd) y fuese condenado a muerte todo aquel que


propusiese emplear este dinero para empresas bélicas.
En el 354 a. C., Eubulo, que a la sazón era el más distin­
guido estadista de Atenas, fue encargado de controlar por cua­
tro años el fondo destinado a los espectáculos. Hizo aprobar
una ley en virtud de la cual al mencionado fondo iría a parar
el excedente de los ingresos del estado. Con esta medida sólo
quedaba una posibilidad de recaudar dinero para sufragar los
gastos de una guerra: la eisphorá. Pocos años más tarde, en
el 350 o el 340 a. C., hubo un intento de restablecer la ya casi
olvidada práctica de antaño, pero tan impopular pretensión fue
ahogada, como cabía esperar, por la típica acusación de ilega­
lidad (grap té paranómóri).
to Alusión al plan desarrollado por extenso en el discurso
titulado Sobre la organización financiera.
DISCURSOS POLÍTICOS
64

fácil o excelente, n i h ab ría aquél em prendido esta gue­


r r a si h u b iera p ensado que personalm ente te n d ría que
luchar; an tes b ien, esp erab a que, disponiéndose a a ta ­
car, se lo iba a llevar todo p o r delante y asi h a resu l­
tad o com p letam en te engañado. E sa p rim era decepción
con respecto a su s planes le inquieta y le produce
m ucho desánim o; luego están los asuntos de Tésala.
22 Pues los tesalios, p o r cierto, h an sido p o r n a tu ra ^
y h áb ito indignos de confianza p a ra todo el m undo ,
y exactam ente igual, com o eran, lo son a h o ra con el.
Y h an resu elto p o r votación reclam arle Pagasas y
h an im pedido fo rtificar M agnesia. Y yo p ersonalm ente
vengo oyendo d ecir a ciertos individuos q u e ni le p ro ­
p o rcio n arán ya los p u erto s ni los m ercados p a ra su
provecho; que lo que es fondo com ún de los tesalios
debe ad m in istrarse a p a rtir de ellos y no debe cogerlo
Filipo. Y si se ve privado de estos ingresos, el p ro ­
blem a de alim en tar a los m ercenarios le p o n d rá real-
23 m ente en un ap rieto . Pero, pese a todo, es necesario
p en sa r que al m enos los peonios, los ílirios, y en u n a
p alab ra, todos esos pueblos, ten d ría n m ás gusto en ser
independientes y libres que en ser esclavos; pues, en
realidad, están desacostum brados a obedecer, y nues­
tro ho m b re es, a juzgar p o r lo que se dice, u n indi­
viduo descom edido. Y , p o r Zeus, que en n a d a es tal
caracterización digna de desconfianza, sm duda. Pues
te n e r buen a fo rtu n a en c o n tra de los m erecim ientos es
p u n to de a rra n q u e de pensam ientos insolentes p a ra os
insensatos, p o r lo que m uchas veces parece que guar-
24 d a r los bienes es m ás difícil que adquirirlos. Asi pues,
varones atenienses es necesario que vosotros, m terpre-
tan d o la in o p o rtu n id ad de aquél como o p o rtu n id ad

n Había un refrán antiguo que rezaba así: «Siempre^ lo de


los tesalios es indigno de confianza.» Poca era la simpatía que
sentía Demóstenes hacia los tesalios; cf. Sobre la corona 43,
151, y Contra Aristócrates 112.
OLINTÍACO PRIMERO 65

v uestra, em p ren d áis la realización de los asuntos, en­


viando em b ajad o res a donde sea m enester, tom ando
p a rte en la cam p aña personalm ente, incitando a todos
los dem ás, haciéndoos la siguiente consideración: si
Filipo se hiciera con u n a o p o rtu n id ad así c o n tra n o s­
o tro s y si estallase u n a g u erra cerca de n u estro país,
¿con qué p resteza os im agináis que v en d ría c o n tra
n o sotros? Y, entonces, ¿no os avergonzáis de no a tre ­
veros a h acer en ocasión favorable ni siq u iera lo que
os to caría padecer, si en p o d er de aquél estu v iera h a­
cerlo?
Y aún m ás, varones atenienses, que tam poco se os 25
p ierd a de vista lo siguiente: q u e ah o ra tenéis posibi­
lidad de elección sobre si vosotros debéis lu ch ar allí
o aquél aq u í ju n to a vosotros. Pues si Olinto resiste,
vosotros lucharéis allí y haréis daño a la región de
aquél, explotando sin m iedo é sta que os pertenece y
es v u estra p ro p ia tierra . Si, p o r el co n trario , Filipo la
tom a, ¿quién le im pedirá la m arc h a h a sta aquí? ¿Los 26
tebanos? —Tal vez sea dem asiado am argo d ecirlo...,
con p resteza co lab orarán en la invasión u . ¿Los focen-

n En el momento en que Demóstenes pronuncia este dis­


curso, la vieja rivalidad entre atenienses y beocios se ha agu­
dizado por culpa de la segunda Guerra Sagrada, que duró del
355 al 346 a. C., y fue protagonizada por tebanos, locrios y te-
salios, en un bando, y focenses, Atenas y Esparta, en el otro.
Ciudadanos de Fócide fueron condenados a pagar a Delfos cuan­
tiosas sumas de dinero. Como éstas no fueron pagadas en el
tiempo pfescrito, los Anfictiones decretaron que las posesio­
nes de aquéllos debían ser consagradas a Apolo Délfico. Los
focenses, entonces, se decidieron a apoyar a sus compatriotas
ante el temido ataque de los Anfictiones, y un ciudadano rico,
natural de Ledon, en Fócide, llamado Filomelo, organizó la de­
fensa. Comenzó por apoderarse de Delfos y, por vía diplomática,
se granjeó el apoyo de Esparta y Atenas. El santuario délfico,
ahora en manos de los usurpadores, constituyó el casus belli
de la Guerra Sagrada, que tanta utilidad deparó a Filipo en el
despliegue de sus ambiciosos planes expansionistas.
35.-5
DISCURSOS POLÍTICOS
66

= ; “= :£ — —
divulgando a riesgo ^ Ahora
i , luego, cuando pued 1 , dfferencla entre luchar
bien, en cuan O « “ razonamien.o.
p r s si luera mqe « s .e r que vosotros personalmente
estuvierais por

si ahora viene aquí una

p érd id a in ferio r a ninguna o tra, al m eno p

p rt s ? “ e, co ntem plando en su con ju n to todas esa*


28
razones^ es necesario que todos Preste“ ^ t j q u e

f p r t d o ad f u r Peq“e a o rg£M tacho a favor de los

7 - r s r s £

'"deirgta^enT— '

acerca de su s realizaciones. Que las cosas vayan b ien


p o r todos los m otivos.
OLINTIACO SEGUNDO

ARGUMENTO

Acogieron los atenienses la embajada de los olintios y de­


terminan prestarles ayuda; pero, todavía remisos en cuanto a
la expedición y temerosos al imaginar la dificultad de combatir
con Filipo, Demóstenes, subiendo a la tribuna, intenta dar áni­
mos al pueblo, mostrándole la debilidad de la situación del
Macedonio. Pues afirma que a los ojos de sus aliados resulta
sospechoso y en relación al poder ejercido en su patria no es
fuerte, ya que los macedonios son, por sí mismos, débiles.

En m uchas ocasiones, varones atenienses, m e pare- i


ce que se h ab ría podido v er la benevolencia de los
dioses haciéndose m anifiesta p a ra beneficio de la ciu­
dad, p ero no es en las circunstancias p resen tes cuando
m enos; pues el hecho de que quienes van a co m b atir
co n tra Filipo posean una región que le es vecina y
cierto grado de fuerza, y lo m ás im p o rtan te de todo,
que tengan con respecto a esa g u erra tales sentim ien­
tos que les hagan considerar que p a c ta r con él es, en
p rim er lugar, indigno de confianza y, luego, equivalente
a la ru in a de su p ro p ia p a tria , tiene ab so lu tam en te
todos los visos de tra ta rse de un favor so b re n atu ral
y divino. Así que, varones atenienses, es necesario que 2
p ersonalm ente exam inem os eso ya, a saber, la m an era
DISCURSOS POLÍTICOS
68

d e no d a r la im p resió n de ser peores que las d rc u n s-


tan cias con relación a nosotros nusm os; q u e es cosa
vergonzosa, vergonzosísim a, d e ja r ver que a a n o
m os no sólo ciu d ad es y lugares de los que u n t P
éram o s señores, sino adem ás a los aliados y ocasión
p ro p icias aderezados p o r la fortuna.
3 I r pasando rev ista, varones atenienses, a los efec
tivos del p oderío de Filipo y m ediante e s o s a tg u m e m

m ien tras que p a ra no so tro s equivale a no h ab e r ac


, Pues él cuanto m ayor núm ero d e em presa
E t S o " “ r de J s propios m éritos, ta n u ,
,o , es la ad m iració n en q u e p o r doquier se le tie ,
s p o r el co n trario , cuanto m ás deficiente con
X S iV lo debido, ha resudado vuestro aprovecha
m iento de las circunstancias, m ayor h a sido la des
a Z m d e la q u e os habéis hecho deudores. Asi que,
eso lo d ejaré d e lado. Que, tam bién, si u n o » »
investigación im p arcial exam inara el caso, varones a t
S In sesS vería q u e la grandeza que h a alcanzado aquel,
le h a venido de aq uí y no a causa de su p ro p ia une
1 Í De m odo que en cuanto a los asuntos p o r los que
aquél debe g ra titu d a quienes h an hecho Polltlca a s"
favor ‘ Y p o r los que a vosotros os conviene p ed ir
cu en tas no veo que sea ah o ra la ocasión p ro p ic ia p a ra
S a r ; pero lo que al m argen de ellos se puede decir
y es m ejo r q ue todos vosotros lo tengáis oído, y

nes, y el p a rtid o c o n tra rio P • ¡ p re sta d o s a la cau sa


de M acedonia» recom p en sab a los servicios p re
de Filipo.
o lin t I aco segundo 69

que p o d ría p arecer, varones atenienses, a los ojos de


quienes q u ieren u n a co rrec ta estim ación, u n a serie de
graves rep ro ch es c o n tra aquél, eso es lo que voy a in­
te n ta r exponer.
Ahora bien, llam arle p e rju ro y desleal sin m o stra r 5
sus actos, se p o d ría calificar con to d a ju stic ia de vano
insulto; p ero ir m o stran d o to d o cuanto h asta el m o­
m ento h a llevado a cabo y p ro b a r su culpabilidad en
todos esos actos resulta, felizm ente, que req u iere bien
co rto discurso, y p o r dos razones estim o conveniente
que tal exposición sea hecha: p a ra que aquél aparezca
an te vuestros ojos com o despreciable —cosa que p re ­
cisam ente resu lta ser, adem ás, cierta— , y p a ra que
quienes están aterrorizados, p ensando que Filipo es
p erso n a incom batible, vean que ya h a re co rrid o a base
de engaños to d a la c a rre ra m erced a la cual an tes de
ah o ra se hizo poderoso, y q u e ya su política h a lle­
gado a su propio fin. Pues h a s ta yo m ism o, varones 6
atenienses, co n sid eraría a Filipo en sum o grado tem i­
ble y adm irable, si viera q u e se h a engrandecido a
fuerza de ir p ractican d o u n a política ju sta; p ero la
verdad es que cuando exam ino e investigo el caso, des­
cubro n u e stra sim p lezai2 al principio, cuando algunos
tra ta b a n de rech azar de esta trib u n a a los o lin tio s 3,
que q u erían tr a ta r con vosotros, sim pleza que él se
ganó asegurando u n a y o tra vez que en tre g aría Anfí-
polis, y negociando aquel fam oso tra ta d o s e c re to 4 del

i E ra ya p ro v erb ial la sim pleza de los atenienses, que,


según H eródoto (I 60), h a b ía q u ed ad o c laram en te d e m o stra d a
con ocasión de la acogida que A tenas tr ib u ta ra al tira n o Pisis-
tra to acom pañado de u n a joven d isfra z a d a de d iosa A tena.
3 E n el 357 a. C. los p a rtid a rio s de F ilipo aco n se ja ro n al
pueblo ateniense que n o p re sta se atención a los e m b ajad o res
olintios enviados a A tenas p a ra t r a t a r la paz.
4 É ste e ra el fam oso tra ta d o secreto: A tenas ro g ab a a Fi­
lipo, p o r m edio de los em b a ja d o re s A ntifonte y C aridem o, que
discursos políticos
70

7 que an tañ o se hab laba; luego se granjeo la am istad


de los olintios m ed iante la c a p tu ra de P o t i d e a ’ q
era v u estra, com p o rtándose, así, in ju stam en te con sus
aliados de antes, y entregándosela a aclue11^ ’ ^ ^ ¿
finalm ente, se a tra jo a los tesalios b ajo prom esai d
en treg arles M agnesia y acep tar la participaci
gu erra co n tra los focidios* en defensa de sus m tere
ses E n resum en, no hay nadie de los que trataron^con
él a quien aquél no haya engañado; pues, enganand
u n a y o tra vez a los ingenuos que no le conocían y
T a y é n d o lo s , de esa m anera se h a ^ c h o p o d e r o s
8 Así pues del m odo en que se h a engrandecido gracias
a ésos, cuando cada uno en p artic u la r se tm agm aba
que aquél iba a h acer algo que a ellos m is m o ¡ le s
s u lta n a conveniente, así tam bién p o r ohra J e J
m ism as p erso n as debe ser reducido a su
-significancia, u n a vez que esta convicto d e ^ “
todo con la m irad a p u esta en sí m ism o. A este m o
m entó decisivo está ya abocada la política de F lhP '
Si no, que se acerque aquí a lg u ie n 7 y ihe pruebe

jes ayúdale a reconquistar Anfípolis; a cambio, Atenas le ce-

5 Filipo había prometido a los olintios la ciudad de Potidea,

r , s f r s :
. a .1 B5 £ -to *
hasta el 246 a. C. Filipo comenzó a tomar p artean 11 , d J
diendo los intereses de los primeros, en el 353 a. o .,

^ " E s ^ S r d r i o f o r a d o r e s retar a los adversarios, para lo


cual se vafen de determinadas fórmulas: «que se acerque aquí
alguien y me diga» (Olint. III ^

Ta embajada fraudulenta 57). En los dos últimos eJemPloS “ ta:


OLINTÍACO SEGUNDO 71

m ás bien, os pruebe-— que no es verdad lo que yo os


estoy diciendo, o que los que antes h an sido engaña­
dos confiarán en él p a ra el fu tu ro , o que los tesalios,
esclavizados c o n tra sus personales m erecim ientos, no
recib irían con alegría la libertad.
Y, p o r cierto, si alguno de vosotros considera que 9
eso es así, p ero opina que él m a n te n d rá su situación
p o r la fuerza debido al hecho de h ab e r tom ado previa­
m ente fortalezas, p u erto s y apoyos de sim ilar valor, no
opina correctam ente; pues cuando las situaciones po­
líticas se constituyen p o r efecto de la bu en a voluntad
y a todos los p articip an tes en u n a g u erra les un en idén­
ticos intereses, los individuos están dispuestos a com ­
p a rtir los trab a jo s, a so p o rtar las desventuras y a p er­
severar; p ero cuando alguien se hace poderoso a base
de am bición y m aldad, como es el caso de ése, el p ri­
m er pretexto, un pequeño fallo lo d e r r ib a 8 y disuelve,
todo. E s que no es posible, varones atenienses, no es ío
posible con in justicias, p e rju rio s y m en tiras a d q u irir
u n p o d er estable; antes bien, lo así ad q u irid o re siste
p o r u n a sola vez y poco tiem po y florece con fu e rz a /
si hay suerte, p o r causa de las esperanzas, p ero con
el tiem po se d esenm ascara y se d erru m b a sobre sí
m ism o. Pues del m ism o m odo, a m i juicio, que los
fundam entos de u n a casa, de u n bajel, o sim ilares,

tenida en la clepsidra o reloj de agua, cuya función era la de


medir las intervenciones de las dos partes. Pero el caso es que,
en este pasaje que comentamos del Olintíaco segundo, Demós-
tenes no tiene ningún adversario frente a él a quien dirigir
las mencionadas fórmulas. Recurre, pues, al expediente de fin­
gir que cualquiera de sus oyentes puede plantearle objeciones,
y a ese fingido ciudadano discrepante, retóricamente le brinda
la oportunidad de expresarse.
8 He traducido por «derriba» un verbo cuyo significado
primario es «echar hacia atrás las crines», lo que se dice de
un caballo. Se comprende que a partir del significado primario
pase a denotar la acción de derribar al jinete.
72 DISCURSOS POLÍTICOS

deben ser especialm ente sólidos, así tam bién conviene


que los principios y p resu p u esto s de las acciones po­
líticas sean v erd ad eros y ju sto s; y eso es algo que no
está p resen te hoy día en las gestiones llevadas a cabo
p o r Filipo.
11 P o r tanto, sostengo que es necesario que nosotros
enviem os socorro a los olintios (y cuanto m e jo r y m as
ráp id o sea el sistem a que se proponga, ta n to m ayor
será m i com placencia); y que m andem os u n a em bajada
a los tesalios, p a ra in fo rm ar a unos y espolear a os
o t r o s 9; pues p recisam en te ah o ra h an votado rec am ar
Págasas y en ta b la r conversaciones en relación a Mag-
12 nesia. Ahora bien, exam inad con detención, varones a e
nienses, lo siguiente, a saber: que los em bajadores que
noso tro s enviam os no se lim iten a decir palab ras, sino
que puedan m o s tra r tam bién algún hecho so re a
b ase de que vo so tro s habéis em prendido u n a cam pana
com o co rresp o n d e a la dignidad de esta ciu a y
estáis interviniendo en el desarrollo de los aconteci­
m ientos; que to d o discurso, si de él están ausentes las
acciones, da la im p resión de ser cosa vana y huera,
especialm ente si procede de n u e stra ciudad; pues en
la m edida en que es enorm e, según es fam a, n u e stra
proclividad a u s a r de él, así tam bién es la desconfianza
13 que en todos prom ueve. De m odo que considerable
es la refo rm a y grande el cam bio que hay que m os­
tr a r ap o rtan d o contribuciones, saliendo al cam po de

9 De entre los tesalios, los había que estaban ya dispuestos


a romper con Filipo; otros, en cambio, no estaban
didos a tomar ningún tipo de medidas respect ^
nes con el Macedonio. Así se explica que Demóstenes insista en
la oportunidad del momento para hacer actuar dehnitiramente
a los primeros y mover a los últimos. En efecto, la p a sió n
era óptima, puesto que era inminente un tratado con el so
rano de Macedonia, y, por otro lado, los tesalios teman
motivos de queja contra Filipo (cf. Olint. I 13 y 22).
OLINTÍACO SEGUNDO 73

b atalla 10*y realizando todo con presteza, si pretendéis


que alguien os p re ste atención. Y si estáis decididos
a h ac er eso com o conviene y a llevarlo a cabo a p a r­
tir de ahora, no sólo re su lta rá claro, varones aten ien ­
ses, que las alianzas de Filipo son débiles e indignas
de confianza, sino que tam b ién se verificará la m ala
situación en que se en cu en tran su propio reino y su
poder.
Porque, en general, el p o d e r y el im perio m acedó- 14
nicos en fo rm a de añ ad id u ra son u n a p a rte no insigni­
ficante, com o re su ltaro n ser a n u estro lado en la cam ­
p aña c o n tra los olintios de tiem pos de T im oteo n ; en
o tra ocasión, u n a vez m ás, al lado de los olintios en
co n tra de P otidea se vio que e ra cosa sólida esa coali­
ción 12; y hoy m ism o h an p re sta d o ayuda a los tesalios,
fraccionados en facciones y alterad o s, co n tra la fam i­
lia de los tiran o s 13; dondequiera se añade u n a fuerza,
pienso, p o r peq u eñ a que ésta sea, ayuda decisivam en­
te, pero, en sí m ism a considerada, es débil y está pla­
gada de un sinnúm ero de defectos. Pues realm en te ese 15
Filipo, con to d as esas em presas en las que se p o d ría
c ifra r su grandeza, con sus g u erras y sus expediciones,
se h a aderezado un poder aún m ás inseguro de lo que
lo era p o r n aturaleza. P orque no vayáis a pensar, va­
rones atenienses, que Filipo y sus subordinados se ale­
g ran p o r los m ism os m otivos; antes bien, aquél desea
la gloria y gran celo tiene p u esto en ello y está deci­
dido a su frir cu alq u ier cosa que p u ed a sobrevenirle

10 Cf. Olint. I 2.
» En el 364 a. C., Timoteo se unió a Perdicas, rey macedo-
nio, para atacar a las ciudades de la península Calcídica unidas
en confederación bajo el liderazgo de Olinto (cf. D iodoro
S ículo, XV 81).
n Cf. 7: Filipo, en el 356 a. C., entregó Potidea a los olin­
tios.
13 Contra los tiranos de Feras, Licofrón y Pitolao.
74 DISCURSOS POLÍTICOS

en la acción y en m edio del peligro, porque h a esco­


gido, en vez de la seguridad de la vida, la gloria resu
ta n te de llevar a cabo lo que nunca ningún rey de os
16 m acedonios realizó; en cam bio, sus subordinados no
p artic ip a n de la distinción proveniente de tales accio
nes, sino que, golpeados continuam ente p o r esas expe­
diciones, unas en dirección a arrib a, o tras h acia abajo,
su fren y so p o rtan p enurias sin cesar, sin que se
p erm ita o cu parse de sus labores ni de sus p artic u la res
asuntos, sin p o d er vender lo que puedan cosechar en
la m edida en que les sea factible, ya que p o r la guerra
1 7 están cerrados los m ercados de su región. De form a
que la disposición de ánim o de la m ayoría de los m a­
cedonios con relación a Filipo se po d ría v islu m b rar con
facilidad considerando esos datos; y en cuanto a los
m ercenarios e in fan tes de la guardia real que es^ n
a su alred ed o r, tien en fam a de ser adm irables solda­
dos, bien fo rjad o s en el a rte de la guerra; p ero según
oí yo d ecir a un o de los que h an estado en aquel lugar,
varón en ningún m odo capaz de engañar, n o son su
18 p erio res a o tro s cualesquiera. Pues si hay e n tre ellos
algún varón calificable p o r su experiencia en la guerra
y los com bates, m e dijo que a todos los que asi fueran
los rechazaba él m ovido p o r su am bición y e eseo
de que todas las acciones parezcan suyas propias,
p o rque, p o r o tro lado (según m i inform ador), ap a rte
de los dem ás defectos, la am bición de Filipo es insu­
perable; y que si alguno hay, honesto o p artic u la rm en ­
te recto, incapaz de so p o rta r la cotidiana in tem p eran ­
cia de la vida del rey, o sus b o rrach e ras u obscenas 14

14 Del texto se deduce que las tropas de Filipo estaban


compuestas por mercenarios e infantes de la guardia
primeros eran soldados a sueldo, aventureros que acudían
de todas las regiones a ganarse la vida mediante las soldadas
v los beneficios de los saqueos. Los segundos eran macedonios
y constituían algo así como una guardia de corps.
OLINTÍACO SEGUNDO 75

danzas 15, ese tal queda relegado y no se le valora en


nada. Los dem ás de su entorno, m e dijo, son p iratas, 19
ad u lad o res 1617* y h o m bres capaces de em b o rrach arse y
en ese estado e jec u tar danzas de tal calibre que no
m e atrevo a n o m b rarlas ante vosotros. Y es evidente
que eso es cierto, pues aquellos a quienes todos iban
expulsando de aquí p o r considerarlos m ás disolutos
que los volatineros el fam oso Calías, esclavo públi­
co 1S, y hom bres de la m ism a laya, h istriones, poetas
de canciones obscenas, los cuales las com ponen p ara
rid iculizar a sus com pañeros 19, ésos son los que le dan
co n ten to y a los que tiene en su corte. E sas cosas, pese 20
a todo, aunque alguien las considere pequeñeces, p ara
los inteligentes son grandes m u estras de los principios
y la perv ersid ad de aquél. Sin em bargo, p o r el m o­
m ento, a mi juicio, el éxito las cubre con su som bra;
pues los triu n fo s tienen la facu ltad de o cu ltar tales
oprobios; pero si tiene un fallo entonces aparecerán
éstos a la luz del día. Y a m í, al m enos, me parece,

15 El texto dice exactamente «ejecuciones de la danza


kórdaxy>. Este tipo de danza era particularmente indecente y
obsceno.
16 Uno de estos «aduladores», Trasideo, fue impuesto por
Filipo en Tesalia como tirano; otro, que llegó a ser represen­
tante del monarca macedonio en Perrebia (Tesalia), era un sim­
ple esclavo.
17 Los «volatineros», titiriteros, saltimbanquis, equilibristas
y prestidigitadores eran considerados personas viles.
i* «Esclavos públicos» eran, en Atenas, los que se encarga­
ban de funciones tan inaceptables por parte de los hombres
libres como las de carcelero, ujier, escribano y guardia muni­
cipal. Algunos eran extranjeros, especialmente, escitas, bien
conocidos por los textos de la comedia aristofánica.
19 Filipo envió la suma de un talento para conseguir las
composiciones jocosas de un club denominado «los sesenta bur­
ladores», que en Atenas se reunían en el templo de Heracles
Diomeyo con el fin de disfrutar de las chistosas canciones por
ellos compuestas.
DISCURSOS POLÍTICOS
76

varones atenienses, que si los dioses quieren y vosotros


estáis dispuestos a ello, esa revelación n ° ; te rd a ra ea
21 p ro d u c irse., P o rq u e de la m anera que ^ n t r a s uno
está sano no siente nada en su cuerpo, p ero cuando
le sobreviene u n a enferm edad, todo se conm uev ,
u n a fractu ra, u n a luxación o cualquier o tro ac q
de los posibles, así tam bién los m orbos de las cm dade
y de los gobiernos despóticos están ocultos p a ra la
m ayoría en ta n to que los estados llevan a cabe. u n a
g u erra en el ex terio r, pero en cuanto se les entrelaza
u n a g u erra al b o rd e de sus fro n teras, esta los expo
todos a la luz del día. . ,
22 P ero si alguno de vosotros, varones atenienses, a
co n tem p lar la gran su erte de Filipo est.m a que b a o
ese aspecto es tem ible enem igo, em plea, sin duda, u
razonam iento de ho m bre sensato; pues gran peso es
la fo rtu n a, o m ejo r, la fo rtu n a lo es todo a lo larg
cu alq u ier em p resa h u m an a 22. Aun así, p o r lo que a m i
resp ecta, si se m e diese posibilidad de elección p re ­
fe riría la su erte de n u estra ciudad a la de FlhP ’ -
tal de que v o sotros personalm ente estéis decididos a
cu m p lir con v u estro deb er aunque sólo sea en peque­
ñas p roporciones; pues veo que hay en vosotros m as
razones que en él p a ra o b ten er la benevolencia de
23 dioses Sin em bargo, en m i opinión, estam os senta
dos ? sin h acer n ada. Y uo es licito que u n o m .sm o

20 Este término «entrelaza», en griego es Qde

“ I f ^ T t e x t o griego dice, en realidad, «expuso», pero entende­


mos que se trata de un aoristo gnómico.
22 El mismo pensamiento se encuentra en .

H 8verbo griego «estar sentado», lo mismo que el latino


OLINTÍACO SEGUNDO 77

esté inactivo y m an de a sus am igos h ac er algo en su


nom bre, cu an to m ás a los dioses. No es, pues, de ex­
tra ñ a r que aquél, p articip an d o p ersonalm ente en las
cam pañas y sus penalidades, p re se n te en todas las ac­
ciones sin d e ja r de lado ninguna o p o rtu n id ad ni esta­
ción del año, nos lleve la d elan te ra a n o so tro s que nos
dedicam os a vacilar, a v otar d ecreto s y a o b ten er in­
form aciones 24. Ni a m í m e ex tra ñ a eso; que lo adm i­
ra b le sería lo co n trario, que nosotros, sin h a c e r n ad a
de lo que co nstituye el deber d e u n com batiente, supe­
rásem o s a q u ien lo hace todo. P ero hay o tra cosa que 24
m e so rp ren d e: que an tañ o os le v an ta seis25 c o n tra los
lacedem onios en defensa de los derechos de los grie­
gos y que en m uchas ocasiones, au n q u e os fu e ra po­
sible o b ten er g ran núm ero de p a rtic u la re s ventajas, no
estuvieseis dispuestos a ello, sino que, p a ra q ue los
dem ás p u d ieran alcanzar sus derechos, gastarais el

sedere, equivale a nuestra expresión «estar mano sobre mano»


para denotar la inactividad total ante una empresa. Vuelve a
aparecer en 24. Y cabe oportunamente recordar que éste es,
precisamente, el verbo que usó Calino de Éfeso en una famosa
elegía en Ia Que exhortaba a sus conciudadanos a combatir
contra los cimerios ya en pleno siglo vil a. C. (fr. 1 W). Este
mismo significado está ya presente en los poemas homéricos;
cf. Ilíada 24, 403, etc.
24 En más de una ocasión, Demóstenes echa en cara a los
atenienses su desmedido afán por recoger informaciones acerca
de Filipo, perder el tiempo en indecisiones y vanas discusiones
políticas, desaprovechando, de este modo, los momentos más
oportunos para la acción.
25 En el 383 a. C. los espartanos ocuparon la acrópolis de
Tebas, con lo que rompían los pactos establecidos en la paz de
Antálcidas (387 a. C.). Ello originó la reacción ateniense en
favor de los derechos comunes de los griegos; así, no sola­
mente acogieron a los demócratas tebanos desterrados en
aquella ocasión, sino que, además, en el 378 a. C. enviaron, bajo
la comandancia de Cabrias, un ejército de socorro a Tebas, a
la sazón atacada por los espartanos bajo la dirección del rey
Agesilao.
DISCURSOS POLÍTICOS
78

d in e ro e n c o n tr ib u c io n e s y c o rrie s e is r ie s g o s e n la s
b a ta lla s , y q u e a h o r a , e n c a m b io , d u d e is S*
y o s d e m o r é is e n p a g a r c o n tr ib u c io n e s en p r o d e v u e
tr a s p r o p ia s p o s e s io n e s ; y q u e q u ie n e s m u c h a s v e c e s
h a b é is s a lv a d o a lo s d é m a s, a to d o s y a u n o p o r u n o
s e p a ra d a m e n te , tr a s h a b e r p e r d id o lo q u e e s v u e s t
25 o s q u e d é is s e n ta d o s . E s o es lo q u e m e a s o m b r a y ,
a d e m á s d e e so , q u e n in g u n o d e e s o t r o s v a r o n a a te ­
n ie n se s sea c a p a z d e c a lc u la r c u a n to tie m p o lle v á is
lu c h a n d o co n F ilip o y q u é e s lo q u e b a d a » v o s o tr o s
m ie n tr a s e se tie m p o h a id o t r a n s c u r r i d o J u e s '
d u d a e s o lo s a b é is , q u e to d o e l tie m p o h a tr a n s c u r r id o
m ie n tr a s v o s o tr o s m is m o s v a c ila b a is , e s p e r a b a is q u e
Z o s lle v a r a n a c a b o la s a c c io n e s , o s a c u s a b a is lo s
u n o s a lo s o t r o s - , ju z g a b a is , v o lv ía is a e s p e r a r caS¿
26 h a c ía is lo m is m o q u e a h o r a . D e sp u é s d e e so , c so is ta n
d e s a tin a d o s c o m o p a r a e s p e r a r q u e la m is m a c o n d u c ta
q u e h a tr a n s fo r m a d o la p r o s p e r id a d de l a . ^ u d a d
d e b ilid a d , tr u e q u e s u d e b ilid a d en p r o sp
e s o s í q u e n o e s r a z o n a b le n i c o s a n a tu r a , p P---
n a tu r a le z a es m u c h o m á s f á c il g u a r d a r * * * “ £ £
q u e a d q u ir ir lo to d o . P e r o en e l m o m e n to P á s e n t e ,
ñ o r c a u s a d e la g u e rr a , p a r a g u a r d a r n o n o s q u e d a
n a d a d e lo q u e a n te s te n ía m o s , y e s n e c e s a r io ad q m -
27 r i r a s í q u e é s a e s y a n u e s tr a p r o p ia ta r e a . E n c o n s e ­
c u e n c ia d ig o q u e e s n e c e s a r io c o n tr ib u ir c o n d in e ro ,
q u e p e r s o n a lm e n te s a lg á is a la s c a m p a n a s c o n uen
2 n im o - q u e n o a c u s é is a n a d ie a n te s d e d o m in a r la
s itu a c ió n y q u e e n to n c e s lo h a g á is ju z g a n d o p o r lo
p r o p io s h e c h o s , y h o n r é is a lo s m e r e c e d o r e s d e e lo g io

^ T r a d i c i o n a l h ab ilid ad de los
profesionales) y el endém ico m f, procesos c o n tra

Ifícrates, T im oteo, etc. n iin t 1 2 v 6


27 Cf. la m ism a idea ex p resad a en O h n t. 1 ¿ y o .
OLINTÍACO SEGUNDO 79

y castiguéis a los culpables, que elim inéis las excusas


y v u estras p ro p ias negligencias. Pues no es posible in­
d agar con severidad qué h an hecho los dem ás si p ri­
m eram en te p o r v u estra p arte no están los deberes cum ­
plidos. Pues, ¿p o r qué creéis, varones atenienses, que 28
huyen de esta g u erra todos los generales que despa­
cháis a ella y se buscan g u erras personales —si es que
hay que h a b la r u n poco de lo que o cu rre tam bién en
relación con los generales— ? P orque en esa g u erra los
galardones p o r los que se lleva a cabo son vuestros
(si, p o r ejem plo, se tom a Anfípolis, al p u n to vosotros
la recu p eraréis), m ien tras que los peligros son propios
de los m andos del ejército, y no tienen sueldo; en
cam bio, allí donde hacen sus gu erras personales, los
peligros son m enores y el b o tín pasa a m anos de los
oficiales y de los soldados, p o r ejem plo, Lám psaco y
Sigeo y los b ajeles que sa q u e a n 28. Cada uno, p o r con­
siguiente, va tra s de lo que le interesa. P ero vosotros 29
cuando dirigís la m irad a a vu estro s asu n to s y los veis
en m al estado, juzgáis a los jefes que están al cargo
de ellos; sin em bargo, cuando, al re n d ir cuentas ellos,
oís esas sus necesidades, les liberáis de los cargos. E n
consecuencia, lo que os re su lta de ese sistem a es la
d isp u ta y la división m u tu a (convencidos los unos de

28 Cares, general aten ien se a q u ien ib a dirigido el discu rso


isocrateo S o b r e la p a z , o p erab a fu n d a m e n ta lm e n te con tro p a s
m ercenarias, cuyas soldadas no d ep en d ía n de nadie m ás q u e
de él m ism o. P or esta razón, d u ra n te la «G uerra Social» se
vio obligado, tra s la d e rro ta aten ien se a n te Q uíos (357 a. C.),
a ponerse al servicio de u n s á tra p a rebelde, que se h a b ía al­
zado co n tra el G ran Rey, llam ado A rtábazo. Asi, p o r su c u en ta
y riesgo, en el 356 a. C. cap tu ró las ciudades de L ám psaco y
Sigeo, am b as situ ad as en el H elesponto, sobre la co sta asiá­
tica, en la p a rte sep ten trio n al la p rim e ra y en la m erid io n al
la segunda. Las tro p as de m ercen ario s que e sta b a n a su s ó rd e­
nes se dedicaban a to d o tipo de p illaje p a ra o b te n e r b o tín ,
incluida, p o r supuesto, la p ira te ría naval.
80
DISCURSOS POLÍTICOS

esto, los o tro s d e aquello), y que los intereses com


nes estén en m al estado. Y es que antes, varones ate­
nienses, pagabais vuestros im puestos p o r sin m o n as ,
ah o ra, en cam bio, hacéis política p o r sinm ° ^ n V
o ra d o r p resid e ca d a grupo, a sus ordenes e stá u
trate g o y cada p a rtid o tiene sus colaboradores encar-
gados de g r t a r , e n núm ero de trescientos; ¡los dem as
estáis divididos, ag rupados unos en u n bando, o tro s
30 en el o tro . Así pues, hay que ac ab ar con eso, es nece­
sario que seáis tam b ién ah o ra dueños de vosotros
m ism os y que consideréis la deliberación el consejo
y la acción com o derechos com unes a todos. ÍPero si
a unos les aco rd áis el derecho de que os d en ordenes
com o si de tira n o s se tra ta ra , y a los o tro s concedéis

29 Bajo el arcontado de Nausínico (378 a. C.) se

las siguientes medidas para el pago de la ^ h u ^ e r a n ele-


de guerra (eisphorá): de cada una de las die ,
ridos ciento veinte de entre los más ricos ciudadanos los
cuales eran divididos en dos sinmorías de sesenta individuos.
En total, pues, había veinte sinmorías y mil doscientos ciuda­
danos acogidos a ellas. Luego, de cada n n m o n a s e d e g ia a lo s
quince miembros de mayores recursos económicos, de forma
que en conjunto resultaban escogidos trescientos sinm ontas (o
Sem “ r o ™ e les r— W .
gaban previamente los impuestos decretados, en una p
adelanto al estado que, a continuación, ellos mismos se encar­
gaban de recuperar cobrando la cantidad anticipada a los
ciudadanos de sus sinmorías, según evaluación previa de sus
mríunas y en proporción con ellas. Así pues, todo ciudadano
estaba adscrito a una sinmoría. Cada sinm ona tenia su je
(hégemon) su procurador (epimelétés). La comparación estable­
cida en el texto es posible porque cada partido político en la
C . M . , t i e n e » orador ,„ e d e.em p .n .
(héeemón) un general favorito equivalente al procurador
U p íZ m ls ) y trescientos miembros, como los e n m o n ta s, que
se S C a n a gritar. Demóstenes hace ver con esta comparación
a v S í o ' o s a situación de la política ateniense: un orador y
un general presiden cada uno de los dos partidos quc forman
los trescientos sinm oritas encargados de gritar. La inmen
mayoría del pueblo ha de unirse a una facción o a la o .
OLINTÍACO SEGUNDO 81

en fo rm a inexcusable el deber de las trie ra rq u ía s, las


contribuciones y el servicio m ilitar, y a u n te rc e r grupo
les o torgáis la función exclusiva de v o tar c o n tra los
an terio res sin co lab o rar en ninguna o tra carga, n ad a
de lo q u e necesitáis re su lta rá realizado en su m om ento
oportuno; p o rq u e la p a rte de los ciudadanos en cada
ocasión in ju sta m e n te tra ta d a os fallará, con lo que os
será posible castigarles a ellos en vez de a vu estro s
enemigos.
E n resum en, pues, digo que cada uno debe contri- 31
b u ir según sus recursos, proporcionalm ente; que cada
uno debe h acer su servicio m ilita r según u n tu m o ,
h asta que todos hayan tom ado p a rte en u n a cam paña;
que a todos los que suban a la trib u n a hay que darles
la p a la b ra y elegir, luego, el m e jo r de los consejos que
hayáis escuchado, y no lo que diga fulanito o citanito.
Y si hacéis eso que os digo, no sólo felicitaréis al o ra­
d o r n ad a m ás ac ab ar su discurso, sino que, m ás tard e ,
os felicitaréis tam bién a vosotros m ism os p o r causa
de la creciente p ro sp erid ad de todos vuestros asuntos.

3 5 .- 6
OLINT1ACO TERCERO

argum ento

Enviaron los atenienses ayuda a los olintios y


obtenían cierto éxito con ella; eso era lo que se les transmitía.
El pueblo estaba jubiloso; los oradores hacen
para que se tome venganza de Filipo. Demostenes, entonces,
tóme que por exceso de confianza, las gentes, como si la vic
S í hubiera sido completa y el socorro enviadc> a los olmtios
suficiente se despreocupen de los restantes asuntos Por es
sube a lá tribuna, les censura la presunción y transforma los
planes de ellos en previsora precaución, diciendoles que
asunto en ese momento no es el tomar venganza de Filipo, sino
s X a r a los aliados. Pues sabe que tanto los atenienses como
sin duda, otros se preocupan de no perder lo que les Perten“ _
ñero en lo que atañe a tomar venganza de sus enemigos actúa
con menor empeño. En este discurso también toca de mane
más 'conspicua^el tema de la deliberación acema * los fondos
destinados a los espectáculos, y con el fin q
aconsejar sin miedo lo más útil, pide la abolición de las leyes
que imponen una multa a quienes propongan que dichos fondo
se conviertan en recursos del ejército. Y de una
exhorta a que los atenienses se yergan como emuladores d
entusiasmo de sus predecesores y presten
sonalmente; y dirige una fuerte censura al pueblo por su re ]
r » n ” * ‘os * - « » »" - r“ “ ir “ “ '* Cmda
OLINTÍACCI TERCERO 83

No se m e o cu rre idéntico juicio, varones atenienses, i


cuando echo u n a m irad a a la re alid ad y cuando d irijo
la atención a los discursos que oigo; pues creo que los
discursos versan sobre el castigo que h arem o s caer
sobre Filipo, m ien tras que n u e stro s asu n to s h an lle­
gado a u n a situación en que es necesario reflexionar
p a ra que no so tro s m ism os no sufram os daño previa­
m ente. Así que quienes tales tem as ab o rd an en sus
discursos m e p arece que no h ac en o tra cosa sino en­
g añarse p roponiéndoos un te m a de debate que cierta­
m ente no es el real. Yo, en cam bio, sé, y m uy cabal- 2
m ente, que an tañ o a la ciudad le era dado conservar
con plena seguridad sus pertenencias y castigar a Fi­
lipo; pues esas dos posibilidades h an estad o a n u estro
alcance en m is tiem pos, no en el rem oto pasado; aho­
ra, sin em bargo, estoy convencido de que nos es sufi­
ciente an ticip arn o s a aseg u rar la p rim era, la de salvar
a n u estro s aliados. Que si eso se logra con seguridad,
entonces será posible exam inar a quién hay que casti­
gar y de qué m anera; pero an tes de p ro p o n e r con exac­
titu d el principio, considero vano e n sa rta r cualquier
discurso so b re el final.
Conque el m om ento p re sen te requiere, m ás que 3
ningún o tro, m ucha m editación y consejo. P ero yo no
tengo p o r la cosa m ás difícil el aconsejaros lo que es
m en ester en relación con las circu n stan cias p resen tes;
an tes bien, lo que m e produce irresolución, varones a te ­
nienses, es cóm o debo d irigirm e a vosotros sobre estas
cuestiones. Pues a juzgar p o r lo que, al igual que
otros, sé p o rq u e lo veo y lo escucho, estoy convencido
de que hem os dejado escapar la m ayor p a rte de las
actividades m ás p o r no q u e re r h acer lo debido que
p o r no com prenderlo. Y os pido que, si os voy a h a b la r
francam ente, tengáis paciencia y exam inéis si es v erd ad
lo que digo y si lo digo p ara q u e lo p o rv en ir sea m ejor;
p o rq u e veis que, p o r el hecho de que algunos h ab lan
84 DISCURSOS POLÍTICOS

en público con p ro p ó sito de halagar, el p re sen te h a


llegado al m ás alto grado de m iseria.
P ero considero necesario haceros re c o rd a r p rim e ra ­
m en te unos pocos acontecim ientos del pasado. Os acor­
dáis, varones atenienses, de cuando se os anunció que
Filipo estab a en T racia sitiando H ereontico hace dos
o tres años. Pues bien, e ra entonces el m es de Memac-
te r ió n 12, y en m edio de m uchos discursos y gran tu ­
m u lto q ue se p ro d u c ía e n tre nosotros, votasteis final­
m en te ech ar al m a r c u a ren ta trirre m es, que se e m b ar­
c a ran los ciudadanos que no re b a sa ra n los c u a re n ta y
cinco años de ed ad y que se a p o rta ra u n a co n trib u ció n
de sesen ta talen to s. Y después de eso, u n a vez hubo
pasad o ese año, llegó H ecatom beón, M etagitm ón, Boe-
d ro m ió n 3; en ese m es, a d u ras penas, después de los
m isterio s, enviasteis a C arid em o 4 al fre n te de iez

1 Era un plaza fuerte situada al NO. de la Propontide,


cerca de Perinto. El asedio de esta fortaleza por parte de Ft 1-
po al que se refiere el texto, tuvo lugar en el 352 a. .
2 El mes de Memacterión era el quinto del calendario a e-
niense; más o menos, equivalente a nuestro noviembre.
3 Hecatombeón, Metagitnión, Boedromión son los tres pri­
meros meses del calendario ateniense; estos tres primeros meses
abarcan un período que, en nuestro sistema, sería el compren­
dido entre mediados de julio y la segunda mitad de octubre,
estos tres mencionados meses seguían los nueve siguientes.
Pianopsión, Memacterión (ya conocido, cf, n. 2), Posideon, a-
melión, Antesterión, Elafebolión, Muniquión, Targehon, Esciro-
torión. Estos nombres de los meses del calendario ático derivan
en cada caso de la denominación de las fiestas que en cada
uno de ellos se celebraban.
4 Caridemo era un comandante de tropas mercenarias qu
había nacido en Eubea. Cuando el general ateniense Ificrates
combatía contra Anfípolis (368-365 a. C.), luchó a su lado como
mercenario en defensa de los intereses de Atenas. Pero en esa
misma ocasión traicionó a los atenienses. Luego, olvidada esta
traición, fue contratado para la guerra por otro general de Ate­
nas Timoteo; obtuvo la ciudadanía ateniense en recompensa a
sus’ servicios. Más adelante brindó su ayuda a Cersobleptes,
OLINTÍACO TERCERO 85

naves sin dotación m ilita r y p ro v isto de cinco talentos


de plata. Pues cuando se anunció que Filipo estab a
enferm o o h ab ía m u erto —q u e am bas noticias llega­
ro n —, considerando que ya n o era en m odo alguno
ocasión p a ra llevar ayuda, dejasteis de lado la expe­
dición, y ésa era p recisam en te la ocasión propicia;
que si entonces hubiésem os ap o rta d o ayuda allí con
entusiasm o, tal com o votam os, no nos m o lestaría ah o ra
Filipo recu p erad o de su enferm edad.
Bien; lo que entonces se hizo no p o d ría ah o ra se r 6
de o tra m anera; p ero en este m om ento se p re se n ta u n a
o p o rtu n id ad de o tra guerra, p o r lo cual p recisam en te
hice m ención de esos acontecim ientos, p a ra que no os
vuelva a o c u rrir lo m ism o. E ntonces, ¿cóm o nos val­
drem os, varones atenienses, de esta o p o rtu n id ad ? Pues
si no enviáis ayuda con toda v u estra fuerza en la m e­
dida de lo posible, ved de qué m an era vosotros éeréis
dirigidos m ilitarm en te en fav o r de los intereses de
Filipo. Acontecía que los olintios poseían cierto p o d e r 7
y la disposición de los asuntos era de este m odo: ni
Filipo confiaba en ellos, ni ellos en Filipo. Llevam os
a cabo no so tro s con ellos y ellos con n o so tro s u n
acuerdo de paz. E ra eso com o u n a especie de tra b a

rey de Tracia, enemigo de Atenas, y derrotó en el Helesponto


al comandante ateniense Cefisódoto. A partir del 351 a. C.
vuelve a estar al servicio de Atenas, ahora ya como general.
Luchó contra Filipo de Macedonia. En el 335 a. C. Alejandro
insistió en que se le entregase a Caridemo, que se había dis­
tinguido por su furibunda oposición a Macedonia. Logró huir,
no obstante, y se puso a las órdenes del rey persa Darlo,
por quien, al parecer, fue ejecutado. La azarosa vida de este
jefe de tropas mercenarias discurrió, pues, entre infidelidades
y servicios leales, sin el menor escrúpulo ante las posibilidades
de apoyar a estados entre sí hostiles. Alternativamente luchó
Caridemo a favor de Atenas y en defensa de Tracia, enemiga
de la primera. Sólo a su espíritu antimacedonio fue definitiva­
mente fiel.
86 DISCURSOS POLÍTICOS

e im pedim ento p a ra Filipo, el que u n a gran ciudad


reconciliada con n o so tro s estuviese al acecho de sus
ocasiones vulnerables. Pensábam os que era necesario
a cu alq u ier p recio m over a esos hom bres a la guerra
y lo que todos an d aban rum oreando, eso^ se h a cum-
8 plido ah o ra de u n a m anera u otra. ¿Qué nos que a,
pues, p o r hacer, varones atenienses, como no sea ayu­
darles con to d as n u estra s fuerzas y n u estro em peño?
Yo realm en te n o veo o tra cosa. Pues ap a rte de la des­
h o n ra que nos envolvería si abandonásem os alguna e
n u estra s obligaciones, veo que ni el m iedo que tra s
ello su rg iría h a b ría de ser poco, estando con noso ros
los tebanos en esa actitu d en que están, reducidos os
fo c e n se s567 a situación extrem a p o r falta de dinero, y
sin aue nadie im pida a Filipo desviarse hacia los asun­
tos de este p aís, u n a vez que se haya enseñoreado de
9 la situación p o r la que actualm ente com bate. P ero
alguno de v o sotros pospone h asta ese m om ento la re a­
lización de lo q ue es m enester, es que^ q uiere ver de
cerca las calam idades cuando le es posible conocerlas
de oídas p o r n o ticias que las sitúen en o tro lugar , y
q u iere b u sca r valedores p a ra sí m ism o, cuando ahora
le es posible se r valedor de otros; pues que a tal punto
llegará la situación, si dejam os p asa r las circu n stan ­
cias p resentes, casi todos m e im agino que lo sabem os.

5 Como D em óstenes se está refiriendo a u n a p ro y ectad a ex­


pedición naval p o r p a rte de ios atenienses c o n tra ^ ' P 0 ^ 0 6 5
ex trañ o que ap arezca en el tex to u n verbo ,empleado m etafó
ricam ente, cuyo significado p rim a rio es «anclar u n a nave p a

M oquear ausaP ^ ^ grandes co sto s originados p o r la segunda


g u erra fócense, lo s generales Filom elo, O nom arco y Faleco n
tuvieron m ás rem ed io que ech ar m an o al sag rad o teso ro d
tem p lo de D elfos, que. pese a ser riquísim o, com o to d o lo
m ano tam b ién tu v o su fin.
7 E s decir, en O linto.
OLINTÍACO TERCERO 87

«No obstante», p o d ría decirse, «todos realm ente 10


sabem os que es necesario p re s ta r ayuda y estam os dis­
puesto s a p re sta rla; p ero el cóm o hacerlo... háblanos
de eso». No os adm iréis, en ese caso, de que diga algo
que parezca extraño a la m ayoría. N om brad u n a co­
m isión de leg islad o re s8. Y a n te estos legisladores no
propongáis ley ninguna (que ya tenéis suficientes),
abrogad, m ás bien, las que nos p erju d ican p o r lo que
al p resen te se refiere. Me refiero a las de los fondos 11
p ara los esp e ctácu lo s9, así de claro, y a algunas de las
que atañ en al servicio m ilitar, de las cuales unas dis­
tribuyen los fondos p ara la m ilicia, com o si fuera
dinero p ara el teatro , en tre los que se quedan en la
ciudad, o tras confieren im punidad a quienes se niegan
a p re s ta r servicio m ilitar y, p o r ende, vuelven m enos
dispuestos a los que quieren cu m p lir con su deber. Y
una vez que las hayáis abrogado y hayáis p roporciona­
do cam ino seguro p ara daros los m ejores consejos,
entonces b uscad a quien prom ulgue lo que todos sa­
béis que conviene. Pero antes de h ac er eso, no andéis 12

8 E sto s legisladores era n elegidos cad a año en la te rc e ra


asam blea del pueblo en tre los «heliastas»; la com isión q u e fo r­
m ab an se encargaba de p ro p o n er nuevas leyes o m odificaciones
a las ya existentes.
9 E ra n éstos unos fondos obten id o s del e ra rio p ú b lico que
se d istrib u ían e n tre los po b res con el fin de que tam b ié n ellos
p articip asen en las fiestas públicas. Fue Pericles el que in tro ­
d u jo ta l p ráctica en la fo rm a den o m in ad a d io b e lía , que, com o
es sabido, se lim itab a a u n a ay u d a p a ra la asisten cia a los
espectáculos teatrales.
E l político pacifista E ubulo fu e quien p uso m ay o r in te ré s
en co n stitu ir la reserv a de fondos destin ad o s a las fiestas p u ­
blicas. E n el año 350 a. C„ A polodoro p ro p u so que se echase
m ano de esos fondos con el fin d e h a c e r fre n te a los gastos
ocasionados a raíz de la expedición m ilita r aten ien se a E u b e a ;
pero al p u n to u n ta l E stéfano, m ovido p o r E ubulo, p la n te ó a
A polodoro un pleito p o r h a c e r p ro p u e sta s c o n tra ria s a la s leyes
apro b ad as (g r a p h i p a r a n ó m o n ) .
88 DISCURSOS POLÍTICOS

b uscando que alguien, tra s aconsejaros de la m ejo r


m an era en beneficio vuestro, esté dispuesto a encon
t r a r su ru in a com o víctim a vuestra; pues no lo encon
traréis, sobre todo cuando el único resultado de ello
h a b ría de ser q u e quien aconseje en tal m odo o p ro ­
ponga u n d ecreto de ese tipo sufra in ju sta m e n te u n
castigo sin que en nada m ejore la situación, sino que
h asta logre que el p ro p o n er el m ejo r consejo sea p a ra
el fu tu ro m ás tem ible de lo que lo es ahora. Y en
cuanto a ab ro g ar esas leyes, varones atenienses, es n e­
cesario exigirlo incluso de aquellos que precisam ente
13 las h an prom ulgado; pues no es ju sto que la pop u lari­
dad, que ha estad o dañando a la com unidad p o r entero,
se m antenga en m anos de los que entonces pro m u l­
garon esas leyes, y la odiosidad, p o r el co n trario , m e
dian te la cual a todos nos iría m ejor, sea el castigo
p a ra quien ah o ra exponga el m ás beneficioso proyecto.
Antes de h ab e r regulado eso, varones atenienses, de
ningún m odo esperéis que alguien de e n tre vosotros
tenga suficiente p o d er com o p a ra tran sg red ir esas le­
yes sin d ar satisfacción p o r ello, ni que sea ta n insen­
sato com o p a ra a rro ja rse a un daño previsto.
14 Pero tam poco debéis desconocer esto o tro : que u n
d ecreto no sirve p a ra n ad a si no le acom paña vuestro
deseo de llevar a cabo enérgicam ente lo que se decrete.
P orque si los d ecreto s fuesen p o r sí m ism os capaces
de forzaros a cu m p lir vuestro deber o de realizar en te­
ra m e n te los p ro p ó sito s p o r los que se venían red ac­
tando, ni vosotros, pese a los m uchos que votáis, h a ­
b ríais realizado tan poca cosa, o m ás bien, nada, ni
d u ra n te tan to tiem po Filipo h a b ría m antenido su in­
solente conducta; pues tiem po a trá s ya, al m enos p o r
lo que hace a los decretos, h ab ría pagado p o r sus
15 culpas. Pero eso no es así; pues aunque la acción es
p o sterio r a los d iscursos y votaciones en el orden tem ­
p o ral, les es a n te rio r en im portancia y los aventaja en
OLINTÍACO TERCERO 89

preem inencia. E sto es lo que hay que añadir; lo dem ás


ya está dispuesto: tenéis, en efecto, varones atenien­
ses, e n tre vosotros hom bres com petentes p a ra decir
lo que hace falta, vosotros sois los m ás agudos de
todos p ara co m p ren d er lo que se os dice, y, adem ás,
ah ora podréis llevarlo a la acción, si obráis co rrec ta­
m ente. ¿Pues qué tiem po o qué ocasión m ejo r que la i<s
presen te, varones atenienses, andáis buscando? ¿O
cuándo cum pliréis vuestro deber, de no ser ahora?
¿Es que este ho m bre en cuestión no se nos h a ade­
lantado tom ando todas n u e stra s plazas fu ertes? Y si
se hace dueño de esa región, ¿no sufrirem os las m ás
vergonzantes de todas las hum illaciones? ¿Es que no
están luchando ah o ra ésos a quienes sin vacilar p ro ­
m etíam os salvar en el caso de que lucharan? ¿E s que 17
no se tra ta de n u estro enem igo? ¿No está en posesión
de lo n u estro ? ¿No es un b á rb a ro ? ¿No es todo lo que
uno quisiera llam arle? Pero, en nom bre de los dioses,
después de h ab e r abandonado todo y cuando sólo nos
ha faltado h ab e r colaborado con él, ¿vam os acto se­
guido a indagar quiénes son los culpables de eso?
Pues no direm os, al m enos, que som os culpables nos­
otro s m ism os; eso bien claram ente lo sé. P orque ni en
los peligrosos m om entos de la guerra ninguno de los
que huven se acusa a sí m ism o, sino, antes de eso al
general, o a los com pañeros de al lado, o a todos, y
sin em bargo, sin lugar a dudas, la d e rro ta se produce
p o r causa de todos los que huyen; pues al que acusa
a los dem ás le era dado p erm a n ece r firm e, y si lo
hiciera cada cual, se o b ten d ría la victoria. Lo m ism o is
ahora: que uno no da el m ejo r consejo; que se levante
o tro y que lo exponga; que no acuse al an terio r. O tro
hace m e jo r pro p uesta; ejecutadla y que sea p a ra bien.
Pero no es ésa p ro p u esta agradable; el o ra d o r que
la propone no tiene ya culpa, a no ser que, c o n tra su
deber, deje de lado las plegarias. Pues h ac er plegarias
discursos políticos
90

es fácil si se co n cen tra en breve discurso todo cuanto


Z desea; en cam bio, escoger, cuando se p r e s e ^ a e l
exam en de asu n to s de estado ya no “ t g u a l ^ t e
sencillo, sino que hay que elegir lo m as v ^ o s o ®
vez de lo agradable, cuando no se pueden alcanzar
19 am bas cosas ju n ta s. «Pero si alguien puede de^ n
los fondos destin ad os a espectáculos e indicarn t
ingresos p ara los gastos del ejército, ¿no - ese tal
preferible?», p o d ría alguien decir. Y? ’ Po r ” J n se s.’
lo afirm o si el provecto es posible, atenienses,
p ero m e extrafia que a algún m o rtal haya sidei posible^
o lo sea alguna vez, g astar sus recursos co n ten te y
sonantes en lo que no es necesario y d isponer cte ^
m an en tes esfum ados p ara lo que es nec ■
co n trario , opino que gran fuerza P ™ P ° ^
argum entos de ese tipo el deseo de cada c» a1’
p recisam ente lo m ás fácil de todo es enga,aar e a uno
mismo- que lo que se desea, eso tam bién opina cada
cuafi1m ien tras q ue los asuntos de la polítusi m > - n . *
,0 m enudo de e s . n atu ral. Así que. varones
exam inad esas cuestiones com o la realidad de latt eos
lo p erm ite v de form a que podáis salir en P
r a t S I S sueldo p o r e, servicio Sin duda no es propio
de h o m b res sensatos y nobles d ejar pendiente p o r es
casez " e d in ero algún recu rso de las operacions m i­
lita res y so p o rta r de este m odo a la u
reproches, n i m a rc h a r c o n tra corintios y m egarens
em puñando las arm as tom adas al vuelo y, en cam bio,
p e rm itir que Filipo esclavice ciudades griega P

,o El orador está recordando las campañas de los ate“ enS®S


contra Corinto en el 460 a. C. v contra t o r a « '
Pese a todo, corintios y megarenses son g g_ u n P <bárbarOJ1 y
decir Demostenes—, mientras q vóleis vecinas y tan
muchísimo más ambicioso que las dos póleis veci
frecuentemente rivales de Atenas. . :eBas
il Las ciudades de la Calcídica eran colonias griegas
OLINTÍACO TERCERO 91

carencia de m edios p ara m an ten e r a los soldados en


cam paña.
Y no m e he decidido a decir eso con el o b jeto vano 21
de hacerm e odioso a juicio de algunos de vosotros;
pues no soy tan insensato ni desventurado com o p a ra
q u erer a tra erm e enem istades cuando entiendo que ello
ninguna v entaja aporta; pero estim o propio de un ciu­
dadano ju sto p re fe rir la salud del estado al favor po­
p u lar que deriva de la o rato ria. Y sé de oídas, como
tal vez tam bién vosotros, que los que p ero rab an en
tiem po de n u estro s antepasados, a quienes elogian ab ­
solutam ente todos los que a esta trib u n a suben, pero
no im itan del todo, adoptaban esta costum bre y norm a
de actuación política; me refiero al fam oso A ristides
a Nicias, a aquel que se llam aba igual que yo m ism o
y a Pericles. Pero desde el m om ento en que han apa- 2 2
recido esos o radores que os p reg u n tan a cada m o­
m ento: «¿qué deseáis?», «¿qué puedo proponer?», «¿de 12

12 Aristides dejó indeleble recuerdo de honradez cabal y de


un quehacer político que, además de afortunado, fue noble y
sin tacha. Nicias, tras la muerte de Pericles durante la guerra
del Peloponeso, fue hábil general y jefe del partido moderado
de Atenas. Su nombre quedó para siempre ligado al tratado
de paz que dio fin al período decenal de la guerra del Pelopo­
neso comprendido entre los años 431 y 421 a. C. También es
conocido por sus consejos disuasorios en la cuestión de la mal­
hadada expedición ateniense a Sicilia en el curso de la ya men­
cionada guerra. La empresa, pese a los esfuerzos del general
para que no se llevase a cabo, tuvo lugar en el año 415 a. C. y,
para ella, fue elegido estratego, juntamente con Lámaco y
Alcibíades. Con esta desastrosa hazaña perdió él mismo la vida.
En cuanto al «homónimo» de nuestro orador, hay que decir
que se trata de Demóstenes de Afidna, que corrió la misma
suerte que Nicias también en la expedición a Sicilia.
Por lo que se refiere a Pericles, basta recordar que Tucfoi-
des, en la Historia de la Guerra del Peloponeso, puso en su boca
tres discursos (I 140-144; II 60-64; II 35-46), que dan idea de lo
que debió de ser su elocuencia, tan admirada por sus contem­
poráneos como sus virtudes de estadista.
92
DISCURSOS POLÍTICOS

qué m odo puedo agradaros?», la política de la ciudad


se h a sacrificado a m odo de b rin d is 13, a la popu a n
dad m om entánea, v ocurre lo que ocurre, y to os os
asu n to s de ésos van bien y los vuestros de form a ver-
23 gonzosa. Sin em bargo, varones atenienses, ved lo que
uno en resum en p o d ría decir de las em presas de tiem ­
pos de v uestros an tepasados y de las de v u estra p ro ­
pia época. Lo que he de deciros será breve y bien co­
nocido p ara vosotros; pues os es posible alcanzar la
fo rtu n a valiéndoos de ejem plos no traíd o s del extran-
24 ¡ero, sino tom ados de v u estra propia p atria . E n efecto,
aquellos n u estro s antepasados, a quienes los o radores
ni daban gusto ni cortejaban com o hacen j*sos ah o ra
con vosotros, d u ra n te cu aren ta y cinco años ejercie­
ron su p o d er so b re los griegos, que lo aceptaban volun­
tariam en te; h iciero n su b ir a la acrópolis m ás de diez
m il talentos 14, y el rey que poseía esa región 15, les o e-
decía, como co rresponde a un b á rb a ro con relación a
griegos, v m uchos y herm osos trofeos erigieron com o

u Para entender el texto es necesario tener en cuenta el


uso del brindis (propínein) en Grecia.
El verbo griego propínein significa «beber primero o ant
de», porque los brindis se hacían bebiendo, el que brindaba,
de una copa que luego pasaba a aquel a quien se ingia e
buen deseo. La metáfora de nuestro orador, por tanto es Her­
mosa y feliz por lo enormemente sugeridora: los oradores de
los nuevos tiempos vienen a dar consejos como quien va a un
banquete v beben de un trago «los intereses del estado», como
si de vino se tratase, a la salud del pueblo, cuyo afecto es lo
único que interesa a sus innobles propósitos demagógicos.
M El cómputo no es, en absoluto, exagerado, pues sabemos
por T ucídides (H istoria de la guerra del P eloponesoII 13) que
el tesoro de Atenas, guardado en la celia u opisthódomos del
templo de Atenas Parthénos (Partenón) en la Acrópolis, ascendía
a nueve mil setecientos talentos, sin contar el capital consti­
tuido por preciosas ofrendas votivas en oro y plata.
15 «Esa región» es, naturalmente, Macedonia, y el «rey» es
Perdicas II, que ocupó el trono del 455 al 411 a. C.
OLINTÍACO TERCERO 93

resu ltad o s de victorias p o r tie rra y en com bates nava­


les, de cam pañas que ellos p erso n alm en te realizaban;
y son los únicos e n tre los seres hum anos que d ejaro n
tra s de sí m ayor gloria por sus hechos que d etra cto res
p o r envidia. E n las relaciones con el m undo griego ta l 25
era su carácter, y en los asu n to s de la p ro p ia ciudad,
co ntem plad cuál era su fo rm a de ser tan to en la vida
p ú blica com o en la privada. A expensas de fondos p ú ­
blicos lev an taro n p a ra no so tro s edificios y herm osos
tem plos y estatu a s d en tro de ellos de calidad y en
cantidad tales, que a ninguno de los sucesores les h a
quedado p o sibilidad de so b rep u jarlo s; en el á rea de la 26
vida p riv ad a eran tan m oderados y ta n sum am ente
apegados al c a rá c te r del sistem a dem ocrático, que si
alguno de vosotros conoce de qué tipo es la casa de
A ristides, de M ilcíades y de los insignes de entonces,
puede ver que en n ad a es m ás ap a ren te que la de sus
vecinos; pues ellos llevaban la gestión de los asuntos
públicos no con vistas al enriquecim iento, sino que
cada uno p en sab a que había q u e ac rec en tar los bienes
com unes. Y com o consecuencia de p ra c tic a r la política
griega con lealtad, las relaciones con los dioses de
m odo piadoso y sus asuntos p ropios en form a dem o­
crática, lograron, com o era lógico, u n a gran p ro sp e ri­
dad. De ese m odo era la situación de aquellos núes- 27
tro s antep asad o s b ajo la dirección de los estad istas
que he m encionado; en cam bio, ahora, ¿cóm o m arch an
n u estro s asu n to s dirigidos p o r esta buena gente de
ah o ra? ¿De la m ism a o aproxim ada m anera? E sa gente
que... (p o r lim itarm e a un solo punto, aunque m ucho
p o d ría d ecir)... tra s h ab e r alcanzado u n cam po de ac­
ción tan so litario com o todos veis, u n a vez que los la-
cedem onios h an sido liquidados 16 y estando los teba-
16 Se refiere a las dos derrotas que infligieran los tebanos,
conducidos por Epaminondas, a los lacedemonios en Leuctra
(371 a. C.) y Mantinea (362 a. C.).
d is c u r s o s p o l ít ic o s
94
nos ocupados » y cuando ninguno de los dem as estado
es capaz de h acern o s fren te p a ra discutirnos la p r -
m acía y en u n m o m ento en que nos se n a posible p
seer lo n u estro con seguridad y e jercer sobre los dem as
28 u n a rb itra je eq u itativo, nos vem os despojados de te-
rrito rio que nos p e rte n e c e -, y hem os gastado m as de
m il quinientos talen tos p a ra n ad a J £
aliados que nos habíam os ganado en la g u erra , es
„ o S los h an hecho p e rd e r en la paz , hem os
hecho q u e se e je rc ita ra h a sta llegar a ser m u pode,
roso, u n enem igo p a ra nosotros m ism os. Que veng
cu alq u iera y m e diga de que o tro m odo se h a hecho
fu erte Filipo m ás que a base de nosotros m ism os
29 «Pero —se m e p o d ría o b je ta r—, si esos asu n to s m
chan deficientem ente, al m enos la Po h ü “ ^ St
p ro p iam en te d ich a an d a ah o ra m ejor.» ¿Y que se m e
p o d ría c ita r com o ejem plo? ¿Las alm enas * *
encalando, las calles que vam os re stau ran d o , las fuen­
tes y sim ilares bagatelas? Dirigid ahora la m ^ a d a h a c ia
los políticos q u e proponen esas m edidas, algu

n Los”- :ebanos esta b a n ocupados en la «G uerra Sagrada»


leí. Olintíaco prim ero 26).
i8 Alude a A nfípolis, P idna, Potidea y M ^ n e
o A este g asto in ú til se reñ ere tam b ién E squines en boore

- -

brias y Tim oteo lograro n resta b le c e r la p erd id a hegem onía ma-


° ria ^ i ~ r T im oteo logro re c o n q u ista r
rítim a ateniense; en el 365 a. C tim o ^ If.
el Q uersoneso, y u n ano m as ta , de M ctone,
quPe°nor ta rd a ro n en desligarse de dicha su-

jeCí n Señala el escoliasta que D em óstenes en este p a sa je *¡


OLINTÍACO TERCERO 95

los cuales de p o b res q ue eran se h an vuelto ricos, o tro s


de desconocidos h an pasado a notables, o tro s se h an
hecho c o n stru ir casas p artic u la res m ás im ponentes
que los edificios públicos y cu an to m ás se h a em pe­
queñecido la fo rtu n a de la ciudad, tan to m ás se h an
acrecen tad o las de éstos.
¿Cuál es, pues, la causa de todo esto? Y, ¿ p o r qué, 30
entonces, todo iba b ien antaño y ah o ra no m arc h a co­
rrectam en te ? P orque en aquel entonces el propio p u e­
blo, al atrev erse a a c tu a r y a h ac er cam paña p o r sí
m ism o, e ra señ o r de todos los políticos y dueño, él
m ism o, de todos los bienes; los dem ás, cada uno en
p artic u la r, se co n ten tab an con recib ir de m anos del
pueblo h onor, au to rid a d y algún que o tro beneficio.
Ahora, p o r el co n trario , los políticos son dueños de los 31
bienes y p o r m ediación de ellos se lleva a cabo todo,
m ien tras que vosotros, el pueblo, paralizados y despo­
jad o s de v u estro dinero y vuestros aliados, os veis re ­
ducidos a la condición de siervos y ciudadanos de
añad id u ra, os co n ten táis con q u e os den p a rte de los
fondos p a ra espectáculos o con que ésos organicen
una procesión en las B o e d ro m ía s22 y —lo que m ás
d em u estra v u estra v irilid ad — os sentís, adem ás, obli­
gados p o rq u e os hacen favor de lo que es de v u estra
pro p ia pertenencia. E n cuanto a ellos, tra s h aberos
encerrad o en la m era ciudad, os inducen a esos cebos
y os dom estican haciéndoos m ansos a sus órdenes. 32
Y n u n ca es posible, en m i opinión, a le n ta r elevado y
juvenil sentim iento, cuando se están p ractican d o la
m ezquindad y la bajeza; pues ta l cuales sean las habi-

22 Las Boedromías eran las fiestas que se celebraban en


Atenas en honor de Apolo Boédrúmios (-- que acude en ayuda);
conmemoraban la ayuda que Ión, hijo adoptivo de Juto y epó-
nimo de los jonios, prestó a los atenienses, durante el reinado
de Erecteo, contra Eumolpo, hijo de Posidón. Estas fiestas
dieron nombre al tercer mes del calendario ático.
96 DISCURSOS POLÍTICOS

tuales prácticas de los hom bres, así es m en ester que


igualm ente sean sus sentim ientos. Diciendo esto, p o r
D em éter, no m e ex tra ñ aría re cib ir p o r p a rte vu estra
m ayor p erju icio que los responsables de las faltas que
os im puto; pu es n i siquiera es posible a n te vosotros
la lib e rta d de p a la b ra sobre todos los tem as, sino que
yo m ism o m e ad m iro de que h asta en este m om ento
lo haya sido.
33 Así pues, si a l m enos ah o ra queréis todavía ap a r­
taro s de esos h áb ito s, em p ren d er cam pañas m ilitares,
ac tu a r com o co rresp o n d e a vosotros m ism os, y servi­
ro s de los re cu rso s superfluos de v u estra p a tria com o
m edios p a ra em p lear en los bienes de fu e ra de ella,
tal vez, sí, ta l v e z 23, varones atenienses, p o d ríais con­
seguir u n provecho definitivo y grande y alejaro s de

n Esta figura se llama epanadiplosis; consiste en la simple


repetición de una palabra para producir énfasis. Es muy fre­
cuente en poesía; en prosa es más bien escasa; de los prosistas
que la emplean, dejando aparte a Platón, destacan Esquines,
Demóstenes y Dinarco. El primero la usa solo de vez en cuan o,
en general en muy contadas ocasiones. El maestro en la utili­
zación de esa figura es, sin duda, Demóstenes, que es quien
ofrece de ella mayor número de ejemplos. En cuanto a Di­
ñ an», que con razón fue llamado por H ermógenes (Sobre las
ideas 2, 11) «Demóstenes de cebada», es también en este aspecto
un segúndón con respecto a su inalcanzable modelo.
El efecto que consigue Demóstenes en este pasaje con la
repetición de «tal vez» es, evidentemente, el de subrayar la
duda y hacer declaración explícita de su pesimismo.
En el Olint. I 19, la palabra que se repite es «tenéis» en la
frase «tenéis recursos económicos, varones atenienses, los te­
néis» El efecto de realce e insistencia que la epanadiplosis
produce en este ejemplo es palpable, sobre todo si se piensa
en el interés del orador por reforzar la expresión de tan deci­
sivo hecho. Citamos, a continuación, otros ejemplos de la m s m
figura en Demóstenes: XIX 224; XXI 174; XVIII 242; VIII 28;
XLV 80; XXI 112; IX 36; XVI 24; XVIII 308; XIX 222, XXV
73, 79; XXVII 57; XVIII 141; XIX 96, 97; XXI 119; XIX 267,
XXII 31, etc.
OLINTÍACCl TERCERO 97

las ventajas de ese calibre, que son com o alim entos


que los m édicos recetan a sus enferm os; pues tam bién
ésos ni p ro p o rcio n an fuerza ni d ejan m orir; del m ism o
m odo esas v entajas que vosotros os vais distribuyendo
ni son ta n ta s h a sta el punto de poseer u tilid ad sufi­
ciente n i os p erm iten que renunciando a ellas hagáis
cosa distin ta, sino que son ellas las que acrecien tan la
languidez de cada uno de nosotros. «¿De m odo que tú 34
propones un fondo p a ra el servicio m ilitar?», he aquí
lo que se m e p o d ría decir. Pues sí, y, adem ás, la inm e­
d iata adopción de u n a organización igual p a ra todo,
varones atenienses, de form a que cada ciudadano p e r­
cibiendo su p a rte del com ún, la ciudad tenga aquello
que p u d iera necesitar. Si es posible e sta r en paz, en
m ejores condiciones está el ciudadano perm aneciendo
en la p atria, a salvo de la posibilidad de h acer a la
fuerza algo vergonzoso em pujado p o r la penuria. Si
acontece algo sim ilar a lo que o cu rre ahora, entonces
es m ejo r que sea soldado él m ism o, valiéndose de
esos m ism os fondos, com o es ju sto que se haga en de­
fensa de la p atria . Si alguno de vosotros está ya fu era
de edad m ilitar, m ejo r es que cuanto ah o ra ése sin
beneficio p a ra el país e irreg u larm en te recibe, lo re­
ciba en sistem a p roporcional a base de co n tro lar y ad­
m in istra r todo aquello que sea m enester llevar a cabo.
E n sum a, sin q u ita r ni añ a d ir salvo pequeñas cosas, 3 5
suprim iendo el desorden, con m i p ro p u esta introduzco
en la ciudad u n a organización, haciendo que sea u n a y
la m ism a la que regule los em olum entos, el servicio
m ilitar, la función judicial y la realización de aquello
que cada uno pueda hacer según su edad y re q u ie ra
la ocasión. E n ningún pu n to de mi p ro p u e sta digo que
haya que d istrib u ir en tre los que n ad a hacen los sala­
rios de los que sí actúan, ni que nosotros m ism os de­
bam os p erm an ecer inactivos, p e rd e r el tiem po, e sta r
indecisos, y tan sólo en terarn o s de que los m ercena-
3 5 .-7
gg discursos políticos

rios de fu lanito h * .- o^tenid,a u n a “

• '<> 1 f eSta P “ “ n beneficio v u estro hace algo d e lo


p roches a q u ien en tam b ién
que es ruenester antes taen, acciones por
vosotros hagai p dem ás v que no cedáis,
las q u e concedéis h o : ^ 'q u e vuestros
p u ch o s gloriosos peligros os

legaron. lo que considero con-


POCt°e “ en cuTnto a vosotros, ojalá elijáis lo que
; : ” a í á d u d a d y p a ra todos vosotros llegue a re s u lta r
m ás beneficioso.
CONTRA FILIPO , PRIM ER DISCURSO

INTRODUCCIÓN

E ste discurso fue pronunciado en el 351 a. C. In a u ­


gura ab iertam en te las hostilidades e n tre el o ra d o r ate­
niense y el m o n arca m acedonio. El p rim ero es u n joven
político de tre in ta y cu atro años de edad. Filipo es ya
un consum ado estratego de p ro b ad o ingenio: en ocho
años, del 359 al 351 a. C., ha vencido a peonios, ilirios y
tracios, h a co nquistado Anfípolis, Pidna, P otidea y Me-
tone y h a p en etrad o en Tesalia. Los atenienses no han
podido fre n a r su am bicioso avance ni antes del 357
a. C., fecha en que estalla la G uerra Social e n tre Ate­
nas y p a rte de sus aliados, ni, m ucho m enos, después.
Tan sólo en el 352 a. C., un año antes de que se p ro ­
nunciase este discurso, la flo ta ateniense obligó a Fi­
lipo, deseoso de tra sp a sa r las T erm opilas, a retro ced er.
N uestro o rador, p o r o tra p arte , pese a su asom brosa
juventud, tiene ya un plan p erfectam en te elaborado
p ara ser expuesto an te la A sam blea en el m om ento
propicio. Es algo que ya h a dem ostrado tre s años
antes con el discurso Sobre las Sinm orías. Las tres
tesis que d esarro lla D em óstenes en este p rim e r a ta ­
que a Filipo son: que el m onarca de M acedonia no es
DISCURSOS POLÍTICOS
100

invencible; que A tenas necesita co n tar co J


de defensa y ataq u e , de los que deben
ciudadanos atenienses; p o r últim o, que existe u n m
dio eficaz p a ra p ro c u ra r el dinero indispensable p a ra
h acer fren te a los gastos del p lan propuesto.

ARGUMENTO

Como les iba mal a los atenienses en \


desanimados, se habían reunido en asamblea. El mador ata
de hacer cesar su desánimo diciendo que nada de “ t ano ücn
que hayan sido vencidos por causa de su molicie, y e * o n ^
qué manera podrían dedicarse a la guerra con 6 '
Manda que preparen dos ejércitos, uno mayor, ^ ^mdadanos
que, permaneciendo en la patria, estara dispuesto a enfren
tarse a las necesidades eventuales; el otro, mas pequeño for­
mado de combatientes mercenarios y de ciudadanos mc^ a
con ellos A este ejército le manda, no que permanezca en Ate
ñas Í que desde L a ciudad salga a prestar auxilios, sino que
ande dando vueltas por Macedonia haciendo la guerra incesa -
“ mente; con el fin de que Filipo no espere la estación de los
vientos etesios y el invierno -cu an d o no es Posible^ la g
ción desde Atenas a M acedonia-, para lanzarse a sus ataques
y ^ o juzgarlo todo en consonancia con la ausencia de atenienses.
L „ “ u« Si™ pre Je « O * » “ ” 1'
frente.S
i*

Si se h u b iera p ro p u esto com o tem a de discus^ ’


varones atenienses, u n a cuestión nueva, m e contendr
h a sta que h u b ie ra n m anifestado su opim on la m ayor a
de los que su elen hacerlo; y si m e gustase algo de lo
dicho p o r éstos, p erm an ecería en silencio, y caso
que no, entonces yo m ism o in ten taría exponer m i pro-
pio pu n to de vista; pero toda vez que re su lt* ^ f “
están exam inando tam bién ahora asuntos sobre los
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 101

que m uchas veces antes han hablado, creo que, aunque


m e levante yo el prim ero, puedo razonablem ente lo­
g ra r v u estra com prensión; p o rq u e si desde el p rin ­
cipio en el pasado éstos hubiesen dado los debidos
consejos, en absoluto os veríais obligados ah o ra a de­
liberar.
De m odo que, en p rim e r lugar, varones atenienses, 2
no hay que d esanim arse al co n tem p lar la situación p re ­
sente, p o r m uy d eterio rad a que parezca. Pues lo que
es p eo r en ella desde el tiem po pasado, eso es p reci­
sam ente lo m ejo r en relación con el fu tu ro . ¿Y qué es
eso? El hecho de que, p o r no h ac er vosotros n ad a de
lo que es debido, las cosas van m al; pu esto que si,
pese a h acer vosotros todo lo conveniente, las cosas
siguiesen así, ni esperanza h a b ría de que m ejo raran .
A continuación tenéis ouc reflexionar sobre un asu n to a
que algunos habéis oído co n tar y otros conocéis y re ­
cordáis, a saber, de qué form a ta n herm osa y correcta,
cuando los lacedem onios ten ían considerable poder,
de lo que no hace m ucho tiem po, vosotros no reali­
zasteis n ad a indigno de la ciudad, antes bien, sopor­
tasteis la g u e r r a 1 co n tra aquéllos en defensa de lo
justo. ¿Y con qué finalidad digo yo ahora esto? P ara
que sepáis, varones atenienses, y consideréis que n ad a
habéis de te m e r si os guardáis y que si os despreocu­
páis n ad a ha de ser tal com o vosotros quisierais; com o
ejem plos de ello podéis servirlos de la robustez que
antaño o sten tab an los lacedem onios y que vosotros
fuisteis dom inando a b ase de d ed icar atención a los
asuntos, y de la actual insolencia de ése, que nos p ro ­
duce desasosiego p o r no te n e r en cu en ta n ad a de lo
que sería m enester. Y si alguno de vosotros, varones 4*378

1 O bien se trata de la Guerra de Corinto, que tuvo lugar


en el 395 a. C., o bien de la de Beocia, que comenzó en el
378 a. C.
discursos políticos
102

atenienses, p ien sa que Fihpo es difícil de co rab aq r


considerando la gran cantidad que re p resen tan las fuer
zas que posee com o recursos y el hecho de que la
ciudad haya p erd id o todas sus plazas fuertes, cori­
tam en te piensa; añada, sin em bargo, esto a ^
tos: que an tañ o teníam os nosotros, varones at ,
P idna P otidea v M etonc, y nos e ia propio t q
“ " « r i o de alred edor, y que m uchos de los pueh os
que ah ora están a su lado eran independientes y libres
v estab an m ás d ispuestos a m antener re la c io n e s a
5 tosas con n o so tro s que con aquél. De m odo que s
Filipo entonces h u b iera tenido la opim on de que era
difícil co m b atir co n tra los atenienses, que tem an
su p o d er ta n ta s fortificaciones del propio pais^ e
m ism o, quien, p o r su p arte , estab a desprovisto de ab a­
dos, n ad a h u b ie ra hecho de lo que h a llevado a cab
ni h ab ría ad q u irid o tan gran poder. P ero aquel, var
nes atenienses, b ien vio esto: que esos ™ t o n o s todos
son trofeos de g u erra que están en m edio P
al alcance del que los g a n e 23, V que por n atu raleza c -
rresp o n d en a quienes están presentes los bienes de 1
au sentes v a los que quieren p asa r p o r tra b a jo s y P
6 ligros los de los negligentes. Y, precisam ente valién­
dose de esa opinión lo h a som etido todo y o ^
sus m anos, p a rte a b ase de arreb a ta rlo p o r la guerra,
p a rte a b ase de alianzas y am istades b pues, en efec
todos qu ieren hacerse aliados y aten d e r a aquellos a
quienes ven p re p ara d o s y decididos a h ac er lo que es
7 preciso Pues bien, varones atenienses, tam bién vos-
otro s, si estáis d ispuestos a adheriros a sem ejan <i opt-
nión ahora, y a que no antes, y cada uno ^
desechando to d a sim ulación, esta p re sto

2 Metáfora muy manida, basada en la adjudicación de tro­


feos en las competiciones atléticas.
3 Buen resumen de la política exterior d P
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 103

aquello que es m en este r y la fu n d ó n en que p o d ría


re su ltar él m ism o ú til a la ciudad (el que tiene dinero,
contribuyendo; el que está en edad m ilitar, cum pliendo
el servicio); en resum en y en u n a palabra, si queréis
ser trib u ta rio s de vosotros m ism os y dejáis de e sp e rar
no h acer n ad a cada uno en p a rtic u la r y que el vecino
lo haga todo p o r él, recu p eraréis lo que es vuestro, si
Dios quiere, reco b raréis lo q u e p o r m olicie h a sido
abandonado y os vengaréis de Filipo. Pues no vayáis 8
a creer que su actu al situación está consolidada in m o r­
talm ente, com o si fuese un dios; al contrario, se le
odia, varones atenienses, se le tem e, se le envidia, in­
cluso p o r p a rte de quienes p arecen ah o ra e sta r con
él en relaciones de to tal confianza; y todos los senti­
m ientos que residen en o tro s hom bres cualesquiera,
ésos hay que p en sa r que se albergan en los que le
rodean. Sin em bargo, están reprim idos todos ellos
ah ora p o r no ten er salida a causa de v u estra len titu d
e indolencia; eso es lo que os digo que tenéis que
desechar a p a rtir de este m om ento. Pues observad, 9
varones atenienses, la situación, a qué grado de inso­
lencia h a llegado el hom bre, que ni os da posibilidad
de elegir e n tre ac tu a r o perm an ecer en calm a, sino
que am enaza, profiere, según dicen, arro g an tes p ala­
b ras y no es capaz de co n ten tarse con la posesión de
lo que h a som etido, sino que siem pre se va rodeando
de nuevas adquisiciones y p o r todos lados en d e rre d o r
nos va env o lv ien d o 4, m ien tras que nosotros andam os
indecisos y estam os bien arrellanados en n u estro s asien­
tos. ¿Cuándo, pues, varones atenienses, cuándo vais a ío
h acer lo que es debido? Cuando o cu rra ¿qué? C uando
sobrevenga, p o r Zeus, una necesidad. P ero ahora,
¿cómo hay que co n siderar lo que está aconteciendo?
Pues yo, p o r m i p arte , estim o que p a ra los h o m b res

4 «M etáfora cinegética», a p u n ta el escoliasta.


104
DISCURSOS POLÍTICOS

libres la necesidad m ás ap rem iante es la vergüenza


que su fren p o r su situación. ¿O queréis, decidm e, ir
dando vueltas v p reguntándoos unos a otros: «c^e
dice algo nuevo?» P orque, ¿podría suceder algo m a
nuevo que u n h o m b re m acedonio debelando a atem
ses y ad m in istran d o los asuntos de G recia «e P
está m uerto?» «No, por Zeus, sino enferm o» . J qu
diferencia hay en ello p a ra vosotros? ^ e s t o q u e s
a ése le p asa algo, crearéis otro Filipo si aplicáis e
m ism o grado de atención a vuestros asuntos; pues ese
no se h a acrecen tado tan to en razón de su p ro p ia tue
12 za cu anto a ca u sa de v u estra negligencia. Aunque to­
davía queda esto: si algo le llegara a p asa r y a
tuna, q ue siem pre se preocupa p o r nosotros con mayo
solicitud que n o so tro s m ism os, incluso nos
ese favor realizado, sabed que, estando vosotros cerca
y al cargo de la confusa situación general, podríais
llegar a dirig ir los asuntos a vuestro gusto; pero, en
las condiciones en que ahora os halláis, ni aunque a
circu n stan cias o p o rtu n as os concedieran re c u p e ra r An-
fíp o lis 6, p o d ríais hacerlo, pues estáis en el aire, p
lo que se refiere tan to a los preparativos com o a los
13 planes. Así pues, en cuanto a la necesidad de que todos
estéis disp u esto s a cum plir de buen grado con vues ro
d eber dejo de hablar, dado que lo habéis reconocido
así y estáis convencidos de ello; pero el ca rác te r de

5 Parece ser que, durante su campaña en Tracia Filipo


cavó enfermo. El escoliasta comenta que, por el hecho de que
el Macedonio había estado enfermo antes del ascdm de Olinto
algunos comentaristas de este discurso afirmaban que era

Prir F m í nfinolis explotando la cr ed o ,id .d d e los


atenien es que esperaban que el Macedonio se la cediera lo
que éste namralrnente, no hizo, pese a haber £
tado de paz con Atenas en que se reconocían sus derechos
la vieja colonia y haber prometido en secreto que se la de
volvería.
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 105

los p rep arativ o s que, en mi opinión, po d rían liberaros


de los actuales problem as, y cuál es su can tid ad y
cuáles los ingresos de dinero, y la m an era en que m e
parece que lo dem ás se p o d ría p re p a ra r m eio r y
m ás rápidam ente, eso es lo q u e ya ah o ra voy a in ten ­
ta r exponer; tan sólo os pido, varones atenienses, lo
siguiente: Una vez que lo hayáis oído todo, juzgad; 14
no os adelantéis con prejuicios; v en caso de que a
alguien le p arezca desde el principio que estoy p ro p o ­
niendo p rep arativ o s nuevos, q u e no considere que tra to
de d a r largas a los asuntos. Pues no son los que dicen
«rápidam ente» y «hoy» quienes hacen p ro p u estas m ás
a pro p ó sito (dado que lo que ya ha sucedido no po­
dríam os im pedirlo con el socorro de hoy), sino aquel 15
que indique cuáles son los p rep arativ o s que h ay que
p ro cu rar, cuál su cantidad y de qué lugar h a b rá que
obtenerlos p ara que puedan re sistir h asta que o, con­
vencidos, pongam os fin a la guerra, o bien nos im pon­
gam os a n u estro s enemigos; que de este m odo ya no
sufriríam os d esastres en el fu tu ro . Ahora bien, yo opino
que soy capaz de exponer eso, sin im p ed ir que o tro
cualquiera exponga u n p arece r distinto. Así que mi
prom esa es tan grande com o podéis ver; pero los
hechos d arán in m ed iatam ente la p ru eb a y vosotros se­
réis los jueces.
Así pues, varones atenienses, afirm o que en p rim e r i6
lugar h ay que eq u ip ar cincuenta trirre m es; después,
que vosotros m ism os estéis hechos a la idea de que,
si ello es necesario, habréis d e em b arcar en ellas p e r­
sonalm ente y h aceros a la m ar. Además de eso reco­
m iendo que ap restéis p ara la m itad de los contingen­
tes de caballería trirre m es de tra n sp o rte de caballos y
suficientes naves de carga. Eso es lo que considero ne- 17
cesario que esté p revisto p ara h a c e r fren te a las re p en ­
tinas incursiones que desde su propio país hace a las
Term ópilas, el Q uersoneso, O linto y donde quiere;
DISCURSOS POLITICOS
106

p u e s e s m e n e s te r q u e ten g a p r e s e n te en su s ca lcu to
ia p o sib ilid a d d e q ue v o so tr o s, a b a n d o n a n d o e s a ea c e
siv a d e sp r e o c u p a c ió n , tal v ez o s p óngate e n -
c o m o en la ex p ed ic ió n a E u b ea y, a n te n o r m e n te d icen ,
a H a lia rto v p o r ú ltim o , r e c ie n te m e n te a a
18 p ila s 1. Y n o e s e llo co sa en te r a m e n te d esp re cia b le , m
au n q u e v o so tr o s n o h ic ie r a is c o m o v o d igo q u e h a y
q u e h a c e r no lo es, si su fin alid ad c o n sis te en q u e
se m a n ten g a q u ie to p or m ied o , al sa b er q u e v o so tr o s
e s tá is p rep a ra d o s (q u e lo sab ra con p u n to s y^ s e ñ a l e ,
p u e s h a y q u ie n e s — si q u e lo s h a y , ^
o tr o s m ism o s, le revelan to d o , v so n m a s d e lo qu
co n v en d ría); o b ien que, p or d esp re cia r la situ a c
se a c o g id o d e sp r e v e n id o , va q u e n ad a o s im p id e zarpa
w co n tra su p a ís si n o s b rin d a la o ca sió n . É s a s so n as
m ed id a s q u e s o s te n g o q u e to d o s d eb en a p rob a r v lo s
p rep a ra tiv o s q u e en m i o p in ió n co n v ie n e h a c . P
p r ev ia m e n te afirm o, v a ro n es a te n ie n se s, q u e e s n e c e sa
rio q u e v o so tr o s p o n g á is a v u estra d isp o s ic i
tin s e n te d e tr o p a q u e c o n tin u a m e n te le h a g a la gu erra
y lfca u se d a ñ o . N o d iez mi l » ni v e in te m il m ercen a-

7 Tos atenienses enviaron un ejército de socorro a Eubea


en el ^57 " W 7 8). En esta ocasión el propio orador
fue trierarco. La expedición a^ £ ^ 1 1 ^ atenienses
^ t a ^ a n t lo
u t d u r o golpe para la hegemonía - p a r t a r - E n cuanto ^
expedición dirigida a las Terna intentaba penetrar
flota ateniense a ese lugar cuando Filipo ntenta * c En

puertas W U u) de ^ ®'df^ermópilas se debe a que


naso y el mar, y que e Atenea hizo manar para
nfraclcs1’ q t c t e t t t b a A g o t a d o de sus famosos trabajos.

9 Hea aq u fu n Í!'ejemplo de la figura que los antiguos trata­


distas de estilos denominaban pneüma: consiste en una
CONTRA FTLTPO, PRIMER DISCURSO 107

ríos ni las tro p as esas epistolares 10 —no m e vengáis


con eso—, sino un contingente que se o b ten d rá de la
ciudadanía, y si vosotros elegís general a uno solo o a
varios o a fulano o a quien q u iera que sea, a ése se
obedecerá y se seguirá. Y pido que a ese ejército se
le pro p o rcio n e aprovisionam iento. ¿Y cuál será la com- 20
posición de ese destacam ento y la m agnitud de su
contingente? ¿Y de dónde o b ten d rá el aprovisiona­
m iento? ¿Y de qué m anera e sta rá dispuesto a realizar
los antedichos planes? Yo lo acla raré discurriendo p o r
cada u n a de esas cuestiones separadam ente. En cuanto
a los m e rc e n a rio s11, propongo... y cuidado no vayáis a
h acer lo que m uchas veces os ha perjudicado: consi­
deran d o que todo es inferior a lo necesario y eligiendo
en vu estras votaciones los m ás elevados proyectos, a
la h o ra de ac tu a r no lleváis a caho ni los hum ildes;
pues no, realizad los hum ildes y atended a sus gastos,
y si os parecen u n tan to insignificantes, aum en tad vues­
tra ap o rtació n a ellos. Propongo, pues, que el contin- 21
gente to tal sea de dos mil soldados, y de ellos sosten­
go que quinientos han de ser atenienses, a p a rtir de la
edad que a vosotros os parezca oportuno, que sirvan
d u ra n te un tiem po determ inado, no largo, sino el que
os parezca que esté bien, y q u e se vayan tu rn an d o los
unos a los o tro s; los dem ás solicito que sean ex tra n ­
jero s. Y ju n to a ellos, doscientos soldados de caballe­
ría, de los cuales cincuenta atenienses al m enos, que,
com o los de infantería, hagan el servicio de la m ism a
m a n e r a 12. Y navios de tra n sp o rte p a ra estos contin-

enumeración que encuentra su única medida en la duración


del aliento espirado por el orador.
10 Muchas veces —señala el escoliasta— los atenienses y
Filipo se enzarzaban en combates epistolares.
u Los atenienses se habían acostumbrado a utilizar solda­
dos mercenarios en las guerras.
12 Demóstenes solamente exige que los atenienses constitu-
discursos políticos
108

22 gentes. Bien, ¿y qué adem ás de eso? D’e^ rir^ eS


navegación ráp id a; pues teniendo aquel una
hacen falta tam bién naves ligeras ? ara qUC 1 les
navegue con seguridad. Ahora bien, ¿de ^ ^
p ro c u ra rá el m anten im iento? Tam bién eso é
v lo m o straré, u n a vez que haya expue P
considero que tam añ a fuerza es suficiente p rq
pido que sean ciudadanos los que s a l g a n en
23 ción m ilitar. T am aña fuerza b a sta p o r e s t a s ^ o ^ s .
varones atenienses: porque no nos es P ° “ en
p ro c u rarn o s u n ejército que pueda hace
ord en de b atalla, sino que es £
táctica del saqueo y valernos de este tipo de g
u n principio; p o r tanto, no h a de ser la f u e r a ■
siva en nú m ero de contingentes —pues no y_
24 ni av itu allam ien to — , ni del todo m sigm ficant .
p arte , pido que haya en ella ciudadanos y que irt cu
p en en la navegación p o r estas razones, p o rq u e oigo
decir que tam b ién antes en cierta ocasión
m an ten ía en C ori nt r, ” »n ejército de - - « n a n c e o -
m andado p or P o listrato . Tficrates, C ab n > "
o tro s v que v o sotros personalm ente tom abais p a rte en
r a m p l a ; v sé de oídas que esos - r c e n a n o s ^
dose con v o sotros fueron venciendo a los lacedem

van una”-cuarta parte de este cuerpo de tropas que ahora


propone. ,r,„erra corintia»
u Durante la llamada «Guer,ra conm v(395-386
^ a. (39Q
C.),
Ifícrates venció a un regimiento ataques y saqueos
c .) y d i,u n o m uy b ien S « h a b la
T í i B e ™ . con =1 fin de elim in ar 1 .
£ ,° o „ í í r S í e ^ r t a . C a b ria , f u . .1
de M o r a , defendió m uy acerta d a m e n te S e o . , , «n el *• ^
obtuvo u n . decisiva ™ ‘° ™ debió la «ten sión de
lís e g u íd a liga S&K S U w . - ™ P~ >°- “
sabe.
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 109

nios y vosotros con ellos. E n cam bio, desde que los


ejército s m ercen ario s p o r sí solos hacen cam pañas en
lu g ar vuestro, vencen a los am igos y aliados, m ien­
tra s que los enem igos se h an hecho m ás fu ertes de lo
debido. Y echando u n vistazo a la g u erra de la ciudad,
se van navegando a com batir a A rtábazo 14 o a cual­
q u ier o tro lugar, y el general los sigue, n atu ralm en te:
que no es posible que m ande q uien no paga soldadas.
¿Qué solicito, pues? E lim inar los p retex to s al general 25
y a los soldados p ro curándoles u n a paga y poniendo a
su lado soldados de n u e stra p ro p ia p a tria a m odo de
in sp ecto res de las operaciones bélicas. Dado que, al
m enos ah o ra, p ro d u ce risa la m an era en que nos ap ro ­
vecham os de las circunstancias. Pues si alguien os
p re g u n ta ra: «¿E stáis en paz, atenienses?», diríais: «No,
p o r Zeus, al m enos nosotros no, sino que guerream os
con Filipo.» ¿No andabais votando de e n tre vosotros 26
m ism os diez taxiarcos, diez estrategos, diez filarcos y
dos hiparcos? ¿Qué hacen, pues, ésos? Salvo u n solo
hom bre, al que enviáis a la g u erra, los dem ás condu­
cen vu estras procesiones en com pañía de los in ten ­
d en tes de los sacrificio s15, pues al m odo de los que
m odelan figuritas de b arro , votáis a los taxiarcos y a

14 Artábazo, hijo de Farnábazo, fue nombrado sátrapa de


Dascilio por Artajerjes II. Luego se rebeló y pudo mantener
su rebeldía gracias a Cares y tropas mercenarias, hasta que
en el año 352 a. C. se vio obligado a refugiarse en Macedonia.
Más tarde, Alejandro le haría sátrapa de Bactria.
15 «Taxiarco» era el comandante que estaba al frente de
cada uno de los diez regimientos de infantes que correspondían
a los diez distritos de la ciudad. El «hiparco» era el general
de caballería; se votaban dos en Atenas cada año. El «filarco»
mandaba un escuadrón de caballería compuesto por cien ji­
netes, reclutado de una de las diez tribus; de modo que viene
a ser una especie de «taxiarco», pero con mando sobre soldados
de a caballo, no hoplitas. Los «estrategos» eran como nuestros
generales, pero no sólo tenían poder desde el punto de vista
militar, sino, además, en la esfera política
110 DISCURSOS POLÍTICOS

27 los íilarcos p a ra el ágora, no p a ra la g u erra. ¿Y no


sería necesario, varones atenienses, que los taxiarcos
iu esen elegidos de e n tre vosotros, el h iparco saliese de
e n tre vosotros y los com andantes fuesen de casa, p a ra
que el ejército fu e ra realm en te de la ciudad? P or el
co n trario , es m en este r que el hiparco elegido de e n tre
vosotros navegue rum bo a Lem nos lo*16 y que M enelao 1718
ejerza la función de hiparco sobre la cab allería que
lucha p o r las posesiones de la ciudad. Y esto no lo
digo en p lan de rep ro ch e hacia ese hom bre, sino que
sería necesario que éste h u b iera sido votado p o r vos­
otro s, fu e ra q u ien fuera.
28 Tal vez p en sáis que estas p ro p u estas e stán bien,
p ero deseáis so b re todo escuchar el asu n to del dinero,
cu án to va a se r y de dónde va a obtenerse. Ya voy
tam b ién a eso. E n cuanto al dinero, pues: asciende la
m an utención de ese ejército, sólo la sum a p a ra alim en­
tación, a no v en ta talentos y un poco m ás 1S, la de diez

lo La isla de Lemnos era una posesión ateniense y estaba


ocupada por colonos (kléroüchoi) áticos. Allí acampaba regular­
mente un regimiento de caballería bajo las órdenes de un «hi­
parco».
17 En un decreto honorífico ateniense del 362 a. C., arcon­
tado de Cariclides, se reconocen y exaltan los servicios pres­
tados por Menelao, príncipe de Pelagonia (Macedonia) en la
guerra con los calcidios y Anfípolis.
18 A doscientos hombres por navio de guerra, recibiendo

1 cada hombre dos óbolos al día, o sea, sesenta óbolos por mes,
o lo que es lo mismo, diez dracmas mensuales, resulta que
para dos mil hombres habrá que disponer de veinte mil drac­
mas al mes, es decir, doscientas minas mensuales. Como cada
talento equivale a sesenta minas, para mantener el equipo de
los diez bajeles al año harán falta dos mil cuatrocientas minas
(resultado de multiplicar doscientas minas mensuales por doce
meses que tiene el año), que reducidas a talentos (dividiendo
dos mil cuatrocientas minas entre sesenta) resultan ser cua­
renta talentos anuales. Para la infantería se requiere el mismo
gasto, por lo que tenemos que contar ya con ochenta talentos.
A éstos hay que añadir la cantidad de dinero necesaria para
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 111

naves ráp id as, a cu a ren ta talentos, veinte m inas al


m es p o r nave; p a ra dos m ii soldados, la sum a asciende
a o tro tan to , con el ñ n de q u e cada soldado percib a
diez d racm as al m es en concepto de alim entación; y
p a ra los soldados de caballería, que son doscientos, si
cada uno co b ra tre in ta d racm as al m es, llega el to tal
a doce talentos. Y si alguien cree que ta l ca n tid ad 29
constituye u n escaso p u n to d e p a rtid a p a ra el aprovi­
sionam iento del ejército en cam paña, no p ien sa co­
rrectam en te; pues yo sé con clarid ad que si esa sum a
llega a ser real, el propio ejército se p ro c u ra rá el re sto
valiéndose de la gu erra, sin d a ñ a r in ju sta m e n te a nin ­
gún griego ni aliado, de fo rm a que obtenga la soldada
com pleta. Yo estoy dispuesto a em b arcarm e con ellos
com o v o luntario y a padecer lo que sea, si ello no es
así. E n cu an to a de dónde sa ld rá la recaudación de los
d ineros que os p ido se alcancen, eso es lo que ya
ah o ra os diré.

Proyecto de la recaudación
Los recu rso s, varones atenienses, que n o s o tro s 19 30
hem os podido en co ntrar, ésos son; u n a vez que pon­
gáis a votación las p ro p u estas, las votaréis si os agra­
dan, con el ñ n de que no hagáis la g u erra a Filipo

mantener al cuerpo de caballería: a razón de una dracma por


día y hombre, doscientos caballeros consumirán doscientas
dracmas al día, que al mes se convertirán en seis mil dracmas.
equivalentes a sesenta minas mensuales, o, lo que es lo mismo,
un talento al mes. Al año, por tanto, se alcanzarán los doce
talentos, que, sumados a los ochenta anteriores, arrojan el re­
sultado de noventa y dos talentos, cantidad propuesta por De-
móstenes para hacer frente a la manutención del cuerpo de
ejército que se sugiere.
19 El plural no es verecundiae ni auctoris, sino propio, ya
que «nosotros» se refiere a él mismo (es decir, Demóstenes en
persona) y sus colaboradores.
d is c u r s o s p o l ít ic o s
112
1 decretos Y las cartas, sino ta
solam ente con y d eliberaríais m ucho
3i con los hechos. Me P .un to de los preparati-
m ejo r sobre la g u erra 5 -d cióri) varones atenienses,
vos si to m arais en co cqs’ de la región co n tra
los condicionam ientos g g Filipo logra
la que lucháis y si t u v i e r a - ^ c u e n t a 9 ^
sus propósitos y “ 11 y en las estacio­
n e veces amparándose en l o a ™ » « lQS v¡entos
„tos^ ^

nes del año y Maca tr“ ^ nosotros no podríamos


e te s io s 20 o el m vier , ^ien p re sente, no de-
„ llegar allL Así con expediciones d e socorro
hem os h acer la gu todo)j sino con p re p a ra ­
r e s llegarem os al fina y ¿ s es p o sible usar,
tivos y e jército p erm an • Lem nos,
eom o cu arteles * " , „ „ J , aona= . en
Tasos, E sciato s y las isl ,ir? e n to s a y todo lo que p a ra
las cuales hay p u ertos, a estación del año en
u n ejército s e y el soplo de los
que es fácil e st fáciim ente ju n to a su país y
vientos es seguro, esta t ^ tráfico de m ercados.
ju n to a las desem o . este ejército, lo deci-
33 CÓm° y r o t s i ó : e H ^ e S S a d i p o r vosotros;
d irá según la ocasión i vQSOtros a p o rteis, eso
p ero lo q ue es menes, J l escrito en m i pro-

---------------- a i NE de c a rá c te r suave, q u e so p lan p en ó -


20 Vientos del NE do con la canícula,
cucamente so b re el Egeo coin
21 Cf. Contra Füipo, I
22 P ep areto s y E sciros. a el e sta cionam iento de
23 E ra importantísimo re q u > Pta de p u e rto y m ercad o ;
tropas contar con u n a / ^ F U i p o P ° r la ciudad de Págasas,
así se explica el ínteres de F üip P ¡ 22
tal com o lo expone Demostenes en
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 113

t r e ñ ís 24 al ejército en tero y com pleto, m ediante u n a ley,


a p erm an ecer en el cam po de acción de la g u erra, con­
virtiéndoos vosotros m ism os en ad m in istrad o res y p ro ­
veedores del dinero, y poniéndoos en condiciones de
reclam ar al general la razón de las acciones, dejaréis
de d elib erar siem pre sobre lo m ism o sin realizar p ro ­
greso alguno. Y todavía, adem ás de eso, p rim era m en te, 34
varones atenienses, l e 25 q u itaré is el m ás im p o rta n te de
sus ingresos. ¿Y cuál es ése? Que lucha con vosotros
a co sta de v uestros aliados, ra p ta n d o y despojando a
los que navegan p o r el m ar. ¿Y luego qué, adem ás de
eso? V osotros m ism os os veréis libres de padecim ien­
to, no com o en el tiem po pasad o cuando se lanzó
co n tra Lem nos e Im b ro s y se m archó de allí lleván­
dose prisio n ero s a ciudadanos vuestros, y cuando a p re ­
só las naves cerca del G e re sto 26 y sacó a cu e n ta de
ello incalculables sum as de dinero, y cuando finalm en­
te desem barcó en M aratón y se m archó llevándose de
la región el trirre m e sa g ra d o 27, y vosotros ni podéis
im pedir esos hechos ni enviar expediciones de auxi­
lio en las fechas que de antem ano fijéis. Sin em bargo, 35
¿por qué creéis, varones atenienses, que la fiesta de
las P anateneas y la de las Dionisias siem pre se cele­
b ra n en las fechas correspondientes, ya sean expertos,
ya gentes sencillas los que p o r designación de la su erte

24 La m ism a expresión en Andócides, I I I 7.


25 Es decir: con lo que Filipo o b te n ía d esp o jan d o a los alia­
dos de los atenienses, se e n fre n ta b a luego a éstos.
26 N om bre del cabo y p u e rto situ a d o s en el ex trem o su d ­
occidental de la isla de E ubea.
22 Según H arpocración , se tr a ta de la nave P áralo. «Tri­
rrem es sagrados» eran b ajeles públicos que tra n sp o rta b a n a
los em bajadores sagrados ( th e ó r o í ) a Délos. O tra nave pública,
com o la P áralo, e ra la bien conocida S alam inia. H arp o cració n
afirm a que D em óstenes se refiere a la P áralo, citan d o com o
apoyo de su aserción testim onios de los an alista s (o e scrito res
de anales de la h isto ria ática) F ilócoro y A ndroción.

3 5 .- 8
discursos políticos
114

se encargan de u n a u o tra de ellas; fiestas en

n o sé y o s i a l g u n a o u a a su

o p S Ú :» S S : la la - = * £

L y S caao uno - - - - - £ £ £ £ » “ “

de recib ir y p a ra que, sin que se nay

T J Z

¡ ¿ ¿ i -

¡XT¿T :£ = = = --* = 2
o for khoréeoí) eran ciudadanos que a expen-
28 Los coregos (.gr. líricos o dramáticos. Los gim-
sas propias ü[ gan^ “ dos de organizar los juegos gimnás-
nasiarcos estaban ei g coros y juegos atléticos se
ticos, com o en los >a l^ n a s t a r c o vence-
r ^ o T a m ^ n 011: £ tribu a . e p — es lógico que

- ai c e ,

tamen. . adultos v ricos a quienes


" , L° V T S t r a ^ s designaban para que con sus propios
anualmente los estrat®g° . J5 eUos el equip0 de un trirreme.

rPí‘t,c" r c . - - ‘“s ís ü s :
m
¿ V T £ £ » f““ “ n p“ lic* " in*da
trierarquía.
U institución acnu„;nt.da «, « * ^ ™
consistía
“ ^ en lo siguien-
^
» : *1 “ » ci— i » » J Í S T os ¿ e n to de e s , obli-
consideraba que un d .e sp e sá rse la , 5 en caso de
J f é n,.r n c “ e p re Proponer un intercam bio de fortunm,.
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 115

greso de fondos; después ele eso decidim os em b arcar


a los m etecos y a los lib e rto s 30, luego, p o r el co n trario ,
em b arcar noso tro s m ism os, luego, cam b iar las tri­
pulaciones, luego, m ien tras se an d a en esas dilacio- 37
nes, p erd id o está ya lo que e ra el o b jeto de n u e stra
expedición naval; pues el tiem po de a c tu a r lo g asta­
rnos en h acer n u estro s preparativos, m ien tras que las
opo rtu n id ad es de los sucesos n o a g u a rd a n 31 ni a n u es­
tra len titu d n i a n u estro s pretextos. Y las fuerzas que
creíam os poseer en el en tre tan to , en las ocasiones
precisas se revelan incapaces de h ac er nada. P o r su
p arte, él h a llegado a tal grado de insolencia, que a
los eubeos les está enviando ya ca rtas com o ésta.

L ectura de la c a r ta 32
De lo que se h a leído, varones atenienses, la m ayor 38
p arte es verdad —tal com o no debiera—, p o r m ás que,
tal vez, no sea agradable de escuchar. A hora bien, si
cuanto uno p asa p o r alto en el discurso con el fin de
que no cause aflicción, tam b ién los acontecim ientos
lo van a p asa r p o r alto, entonces es m en ester h ab lar
en público con p ro p ósito de com placencia; pero si el
halago de las p alab ras, cuando no corresponde a la

* Los metecos eran los extranjeros residentes en Atenas.


En cuanto a los «libertos», nuestro texto dice literalmente
«los que viven aparte», es decir, «fuera de la casa de sus anti­
guos amos», o sea, «los libertos». Harpocración, bajo el epí­
grafe «los que viven aparte» (toüs choñs oikoüntas) dice: «Son
los libertos que vivían por sí mismos, aparte de quienes les
habían concedido la libertad; mientras eran esclavos, vivían to­
davía junto con sus dueños.» Cf, Contra Evergo y Mnesibulo 72.
31 Cf. T ucídides, I 142.
32 He aquí, según el escoliasta, el contenido de la carta en
cuestión: «Filipo envió una carta a los eubeos diciéndoles, en
plan de consejo, que no había necesidad de esperar la alianza
con los atenienses, ya que ni a sí mismos eran capaces de
salvarse.»
DISCURSOS POLÍTICOS
116

realid ad , se co n v ierte en castigo, es vergonzoso enga


ftarse a sí m ism os y, dem orando lo que sea
39 s a r ta r d e a to d a s la s e m p re s a s ; y n o p o d e r a p r e n d
n i esto - q u e n e c e s a r ia m e n te lo s q u e d ir ig e n b ie n u n a
g u erra nno n de
o hh aan a e seguir
según aa los ac o n te cim ie n to s33, sino
fr
p o r d elante de ellos, y que del m ism o m odo que se
n o d ría exigir al general guiar a sus ejércitos, asi tam
S T a los políticos d irig ir los acontecim ientos, p a ra
a u e se haga lo q u e aquéllos decidan y no se vean obli­
gados a c o rre r en pos de las circunstancias fortuitos.
40 P ero vosotros, varones atenienses, que poseen m
fu erza su p erio r a cualquier o tra , trirre m es, hoplitas
caballería, ingresos, de esos recu rso s h a sta e a
hoy no os h ab éis servido de ninguno p a ra cosa de p ro ­
vecho y n ad a os fa lta p a ra lu ch ar con Filipo al m odo
en que los b á rb a ro s boxean. E n efecto, el que de aq u e­
llos h a recibido u n golpe, se a g a rra siem pre la p a rte
golpeada y si se le sacude en o tro lugar, allí están ya
á m a n o s ; p e to cu b rirse o m irar de frente,-
4, n i q u ie re . I g u a l v o s o tr o s : si o s e n te r á is de que:FÜP
e s tá en el Q u e r s o n e s o , v o tá is q u e se e n v íe a llí u n a e x
p e d ic ió n d e a u x ilio ; si en la s T e r m o p ila s , a lia la m a n ­
d á is; si e n c u a lq u ie r o tr o lu g a r, a n d a is c o r r ie n d o d e
a r r ib a p a r a a b a jo y o s d e já is m a n io b r a r p o r el, p e ro
te n é is d e c id id o p o r v u e s tr a p a r te n a d a q u e se a d e in te ­
r é s c o n r e s p e c t o a la g u e rr a , n i n a d a p r e v e is c o n a n te ­
r io r id a d a lo s a c o n te c im ie n to s , a n te s d e q u e o s e n e-
r é is d e q u e a lg o h a su c e d id o o e s tá su c e d ie n d o . E s o ta l
i t e s e r a p o s ib le ; p e r o a h o r a se h a lle g a d o a l m o-
m e n tó c u lm in a n te , de fo r m a q u e y a n o c a b e s e g u ir a .
42 Me parece, v arones atenienses, que algún dios, s
tiendo vergüenza p o r la ciudad a causa de lo que es a

33 Cf Trio L iv io , IX 18: Reges non liberi solum «npe*-


mentís ómnibus, sed domini rerum temporumque trahunt con-
siliis cuneta, non sequuntur.
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 117

sucediendo, infundió a Filipo ese afán de actividad,


pues si con la posesión de lo que h a som etido y con­
qu istado an ticip ad am ente q u isiera m an ten erse en calm a
y ya no realizase nada, a algunos de vosotros m e p a­
rece que les re su lta ría suficiente la situación en v irtu d
de la cual, com o estado, hub iéram o s sido m ultados
con los oprobios que dan lugar a deshonor, cobardía
y to d as las vergüenzas; pero com o la realid ad es que
anda siem pre in ten tan d o algo nuevo y buscando el in­
crem ento, tal vez puede llegar a desafiaros, si es que
no habéis renunciado definitivam ente a ello. Yo, perso- 43
nalm ente, m e so rp ren do de que ninguno de vosotros
reflexione o se irrite al ver, varones atenienses, que
la iniciación de esta guerra haya tenido lu g ar p a ra cas­
tig ar a F ilip o 34 y que su final sea ya p a ra no su frir
daño a m anos de Filipo. Pues que no se d eten d rá, es
evidente, si alguien no le pone im pedim ento. E n to n ­
ces, ¿vam os a e sta r soportando eso? ¿Creéis que todo
irá bien si enviáis trirre m es vacíos y las esperanzas
que haya su g e rid o 35 fulano o m engano? ¿No nos em- 44
barcarem os? ¿No saldrem os no so tro s m ism os en cam ­
paña con u n a p a rte de nu estro s propios soldados ahora,
ya que no lo hicim os antes? ¿No navegarem os con
rum bo al te rrito rio de aquél p a ra atacarlo? ¿Dónde,
pues, echarem os el ancla?, m e p reg u n tab a alguien. La
propia guerra, si es que la em prendem os, varones ate­
nienses, d escu b rirá los puntos flacos de la situación
en que aquél se encuentra; si, p o r el contrario, nos
quedam os sentados en casa oyendo las m u tu as in ju rias

34 En efecto, como señala el escoliasta, la guerra comenzó


con la toma de Anfípolis por parte de Filipo, plaza que los
atenienses reivindicaban junto con otras ciudades que perte­
necían a Atenas.
35 Cf. 45: «Dondequiera que enviéis un estratego y un de­
creto vano y las esperanzas difundidas desde la tribuna ora­
toria...».
118
DISCURSOS POLÍTICOS

y acusaciones que se dirigen los oradores, nunca sera


posible que nos sobrevenga nada de lo que es necesa-
45 rio. Pues, en m i opinión, dondequiera que sea enviada
u n a p a rte de la ciudad, aunque no sea to talm en te a e-
niense, allí siguen colaborando en los esfuerzos la e-
nevolencia de los dioses y la de la fortuna; en cambio,
d o n d eau iera q ue enviéis u n estratego y u n ecre o
vano v las esperanzas difundidas desde la trib u n a o ra­
toria, allí n a d a de lo necesario se os cum ple, sino que
los enem igos se bu rlan y los aliados se m u eren de
m ie d o 36 an te las tro p as expedicionarias de esa laya.
46 P o rq u e no es posible, no es posible que u n so o om
b r e 37 sea capaz algún día de realizar p ara voso ros
todo eso q u e queréis; p ro m eter, sin em bargo, y acer
afirm aciones y acu sar a fulano y a m engano, eso
que es posible, pero a raíz de esas prácticas núes
política se m alogra; pues cuando el general m anda en
m iserables m ercen ario s 33 sin paga, y o tro s aquí hay que
con facilidad os e n g a ñ a n 39 a propósito de las realiza­
ciones de aquél, y vosotros, a p a rtir de las noticias que
recibáis, votáis lo que se os ocurra, ¿qué m as hay que
esperar?
47 E ntonces, ¿cómo cesará eso? Cuando vosotros, va­
rones atenienses, designéis a los m ism os hom bres sol­
dados, testigos de las operaciones m ilitares y jueces

56 Cf„ p o r lo que resp ecta a e sta expresión u n tex to en


que tam b ién aparece: Dem ., S o b r e la e m b a j a d a í r a u d u l e n t a j ^
37 ES decir, el general, to ta lm e n te d esprovisto de tro p a s
atenienses, secundad o ún icam en te p o r u n ejérc ito de m ercena-

n °38 Cf C o n t r a A r i s t ó c r a te s 154, donde el té rm in o aqui em ­


plead o a p ó m i s t h o s significa «m ercenarios licenciados», m ien­
tr a s que en el p resen te tex to equivale a «m ercenarios sin paga ,
es decir, m ercen ario s que no reciben su soldada.
39 Según el escoliasta, alude D em ostenes a C eñsódoto, que
fue ad v ersario de Cares (cf. Aristóteles, R e t ó r i c a I I I 10).
CONTRA FILIPO, PRIMER DISCURSO 119

de las rendiciones de c u e n ta s 40, una vez hayan vuelto


a su p atria , de m odo que vosotros no solam ente escu­
chéis vuestros propios intereses, sino que, adem ás, es­
téis presen tes p a ra verlos. A hora las cosas han llegado
a tal grado de desvergüenza, que cada g e n e ra l41 es
juzgado dos o tres veces a n te vosotros en causas de
pena capital; en cam bio, co n tra los enem igos ninguno
de ellos ni p o r u n a sola vez se atreve a lu c h a r ju g án ­
dose la vida; an tes bien, prefieren la m u erte de los
p iratas y b andoleros a la que les cuadra; pues es p ro ­
pio del m alhechor m o rir sentenciado; de un general,
m o rir com batiendo con los enemigos. Y en tre nos- 48
otros, unos van p o r ahí diciendo que Filino en cola­
boración con los lacedem onios p re p a ra la ru in a de
Tebas v el d esm em bram iento de su confederación po­
lític a 42; otros, que h a enviado m ensajeros al Rey; otros,
que fortifica ciudades en Iliria; otros, finalm ente, an­
dam os de un lado p ara otro m odelando cada uno sus
propias histo rias. Yo. ñ o r m i p arte, creo, varones ate- 49
nienses (sí que lo creo, por los dioses), que aquél está
em briagado p o r la grandeza de sus realizaciones y en
su im aginación da vueltas a m uchos sueños de simi-
________ 0

40 C uando un m ag istrad o cesab a en u n cargo, e sta b a obli­


gado a re n d ir cuentas de su gestión en la susodicha m a g istra ­
tu ra an te u n a especie de trib u n a l de cu en tas (J o g ts ta í), al que
ayudaba el cuerpo de los e á th y n o i , encarg ad o s de c o m p ro b a r
la exactitud de las declaraciones del exam inado. Si surgía
algún problem a, la indagación p a sa b a a los trib u n a le s del
pueblo.
41 Se refiere a Autocles, Cefisódoto, L eóstenes, C alístenes y
Cares.
42 Filipo, que h ab ía sido aliado de Tebas d u ra n te la «G uerra
Sagrada», no veía con buenos o jo s ni la hegem onía de Tebas
sobre las dem ás ciudades beocias, ni la p o lítica e x te rio r que
este estado unificado d esa rro lla b a en A rcadia. B aste re c o rd a r
que A rcadia, así com o o tras ciudades-estados del Peloponeso,
hab ía aprovechado la efím era g randeza de T ebas p a ra conso­
lid ar su p o d er fre n te a la trad ic io n a l hegem onía de E sp a rta .
120
DISCURSOS POLÍTICOS

lares éxitos, al ver la inexistencia de quienes se los


im pidan y en cu m b rad o p o r las em presas realizadas,
sin em bargo, en lo que no creo, p o r Zeus, es en que
elija ac tu a r de tal form a, que los m ás insensatos de
’ e n tre n o sotros sepan qué es lo que va a h ac er aquel;
pues los m ás in sensatos son los forjadores de histo-
50 rias. Pero si d ejan d o eso ap a rte nos hacem os cargo
de que este h o m b re es enem igo, de que nos esta des­
p o jan d o de lo n u estro, de que d u ran te m ucho tiem po
nos está in su ltan d o, de que todo cuanto en cualquier
ocasión esp eram o s que hiciera p o r no so tro s re su lta
que se h a v u elto en c o n tra nu estra, de que el fu tu r
está en n u e stra s propias m anos, y de que si ah o ra no
querem os c o m b atir allí con él, tal vez nos verem os fo r­
zados a h acerlo aquí, si nos hacem os cargo e eso,
h ab rem o s decidido lo que hace falta, y nos habrem os
lib rad o de vanos discursos; pues no hay que consi e-
r a r lo que lleg ará a suceder, sino sab e r a ciencia
cierta que será desastroso, si no aplicáis a ello vuestro
en ten d im ien to y no queréis h acer lo que os conviene.
51 Yo, p o r m i p arte, nunca en o tra ocasión m e resolví
a deciros en p lan de halago algo de lo que no estu ­
viera convencido que os iba a ser ú til, y ah o ra to o
lo que pienso sencillam ente, sin d isim ular nada, os o
he confesado con franqueza. Y quisiera que asi com o
sé que a v o so tro s os conviene escuchar los m ejores
consejos, del m ism o m odo supiera q u e será prove­
choso tam b ién p a ra el que los enuncia; pues m e sen­
tiría m ucho m ás a gusto. P ero ahora, aunque lo que
m e re su lta rá de la p ro p u e sta está en te rre n o incierto,
sin em bargo, m e resuelvo a exponerla en el convenci­
m iento de q u e si la lleváis a efecto, os re su lta ra con­
veniente. Y q u e triu n fe lo que a todos convenga.
V

SOBRE LA PAZ*

INTRODUCCIÓN

Según Dionisio de H alicarnaso, este discurso fue


pronunciado bajo el arcontado de A rquias (346 a. C.).
La pérd id a de Olinto en el 348 a. C. p ro d u jo u n a inm e­
diata alarm a en Atenas, p erp le ja an te el am enazador
avance de Filipo. Los atenienses, en tal situación, b u s­
can apoyo en tre las dem ás ciudades griegas, con el
fin de fo rm ar una coalición antim acedónica capaz de
poner u n a b a rre ra a la im parable y am biciosa c a rre ra
de Filipo. Pero el intento resu ltó infructuoso. Así
pues, tuvieron que co n ten tarse con enviar u n a flota
a las órdenes de Cares, cuyo único logro efectivo fue
establecer plazas fu ertes en determ inados p u n to s de
la costa de Tracia.
Consiguientem ente, cunde en Atenas cierto desáni­
mo ante la im posiblidad de conseguir fo rm a r u n fren te
panhelénico que ofreciera las m ínim as g arantías de
éxito en u na confrontación con el enem igo com ún.
Pero, p o r o tra p arte, en el cam po político adversario,
Filipo necesita u n a tregua p a ra consolidar sus victo-

Bibliografía reciente en Lustrum 14 (1969), Gotinga, 1971.


discursos políticos
122

rías, re cu p erarse de su actividad incansable y poder


re p la n tear con nuevos b río s sus aspiraciones rus r
das de p en etració n en Grecia central.
E n esta atm ó sfera com ún cargada de deseos de
gua, se entiende la aprobación de u n a m ocion presen­
tad a p o r F ilócrates en el año 346 a. C„ según la cual
debía n o m b rarse un colegio de em bajadores que acu­
diera a tra ta r con el M acedonio las condiciones
paz. P ara esta em bajada fueron d esu ñ ad o s, «mtrc
otros, D em óstenes y E squines. A raíz de esta m isión
diplom ática, q ue tuvo dos fases, y en a que i
nieron los dos irreconciliables enem igos, surgió el
asu n to de la «em bajada», que generó sendos discurso
de am bos ad v ersarios, en los que cada uno e
aprovecha la o p o rtu n id ad p ara a tac ar al otro. Pero 10
m ás extraño de todo este proceso es que E squines no
respondiese a las acusaciones de D em óstenes, quien
con to d a clarid ad v en form a directísim a censura a su
enem igo p o r h ab e rse puesto descaradam ente a favor
de los pro p ó sito s de Filipo. É sa es la razón p o r la que
Libanio opina q ue el discurso Sobre la paz lo dejo es­
crito su au to r, p ero no lo pronunció nunca.
E n la p rim e ra fase de la em bajada se sanciono a
«paz de Filócrates»; era el m es de Elafebolion de
año 346 a. C. , ,
Casi no h ace falta decir que las condiciones d
tra ta d o eran n etam e n te favorables al soberano de Ma-
cedonia, y, p o r tan to , ruinosas p a ra Atenas. E n efecto,
se reconocía el sta tu quo p o r am bas p arte s, pero no
se co n tem p lab an en el tra ta d o ni la alianza ateniense
con los focidios, ni los vínculos de Atenas con el y
de T racia C ersobleptes ni con el pueblecito tesalio de
H alos, a la sazón asediado p o r Filipo.
A p ro b a d a l a « p az d e F iló c r a te s » , c o m e n z ó la se g u n ­
d a fa s e de la e m b a ja d a , c u y a fin a lid a d e r a a d m in is ­
t r a r lo s ju r a m e n to s a l m o n a r c a m a c e d o n io , m u y o c u ­
SOBRE LA PAZ 123

pado p o r el m om ento en la cam paña de Tracia. De


esta segunda em b ajad a regresó D em óstenes p ro fu n d a­
m en te encolerizado y denunció a sus colegas em b aja­
dores an te el Consejo. Pero ya no h ab ía rem edio. Ate­
nas estab a atad a de pies y m anos. Filipo se lim itó a
h acer lo que le interesaba: p en e tró en G recia central,
puso en poder de Tebas las ciudades de Beocia, so­
m etió al caudillo de los focidios, Faleco, y dispersó la
población de la Fócide.
Los atenienses, que en el tra ta d o de paz habían
renunciado a im pedir la e n tra d a del M acedonio en
G recia central, se reconocían ahora engañados p o r un
«bárbaro», que, tra s ocupar u n a vacante de los focidios
en el Consejo anfictiónico, celebró su triu n fo p resi­
diendo los Juegos Pídeos.
Quedó claro en Atenas, colm ada de indignación ante
tales hechos, que D em óstenes era un p atrio ta, m ien­
tra s que F ilócrates y E squines habían aconsejado al
pueblo favoreciendo los intereses de Filipo. Pero, pese
a ello, n u estro o ra d o r reconoce —y así lo aconseja—
que la m ejo r ac titu d en la situación a la que se había
llegado era la de reconocer la paz.

ARGUMENTO DE LIBANIO

Como la guerra en torno a Anfípolis se alargaba, Filipo y 1


los atenienses desearon la paz; los atenienses, porque en la
guerra les iba mal; Filipo, porque quería cumplir lo que pro­
metiera a tesalios y tebanos. Había prometido a los tebanos
entregarles Orcómeno y Coronea, ciudades beocias, y a ambos
poner fin a la guerra focidia. Y esto le era imposible con los
atenienses en guerra; pues también antes, cuando quiso pene­
trar en Fócide, los atenienses con sus naves hicieron una na­
vegación envolvente hasta llegar al lugar llamado Pilas, por
algunos Termópilas, y se vio defraudado en su intento de inva­
sión. Así que, volviendo al caso, una vez que llevó a término 2
124
DISCURSOS POLÍTICOS

la paz con los atenienses, sin im pedim ento de nadte p aso a


in te rio r de Pilas, hizo evacuar al pueblo focidto y tom o de lo
dem ás griegos el lu g ar que los focidios o cupaban e n tre los
anfictíoncs v los votos que les co rrespondían en el consejm
envió m en sajero s tam bién a los atenienses, pidiendo que ta ^
bien ellos a c ep taran esos hechos; y D em ostenes c o n s e j a que
los acepten, no p o rq u e se adhiriese a esta
fuese correcta, ni afirm ase que era ju sto que ^
p articip ase en un consejo griego, sino p o rq u e tem ía, s e g ú n J
u n a v o tra vez, no se vieran forzados a em p ren d er u n a guerra
co n tra todos los griegos en co n ju n to . Pues afirm a que, cada
uno p o r u n a causa d istin ta, han chocado con los atenienses y
que unidos van a lu ch ar co n tra ellos. «Daremos» d m e ^ e s
m otivo com ún co n tra nosotros, a saber, que som os los « n ^ s
que nos oponem os a los decretos de los anfictiones,
que m ás vale o bservar la paz, sobre todo habien d o p e n etrad o
Filipo en Pilas y podiendo atac ar el Atica, que a rr a s tr a r tan
gran peligro p o r tan poca cosa».
E ste discu rso m e parece que fue p rep arad o pero no p ro ­
nunciado. Pues al acu sar el o ra d o r a E squines, e n tre o tra s
le rep ro ch a tam b ién esto, que hubiese aconsejado que se con­
cediese por votación a Filipo títu lo de anfiction, cuan d o n m e
o tro ni Filócrates, el m ás desvergonzado de los h o m b res, se
atrevía a in tro d u c ir esa p ro p u esta. Así que, si él perso n alm en te
hubiese aconsejado en estas cuestiones, no h a b ría a ta c a o p o r
ello a E squines, sino que evidentem ente h a b ría tem í o su
la sospecha de ser favorable a Filipo y h ab er m an ifestad o u n a
p ro p u esta de tal estilo debido al hecho de h a b erse dejado
convencer p o r el Rey a tuerza de d in ero ; ya que h a sta en este
discurso parece que se alza c o n tra una sospechtt :s im ilar p re ­
sentándose com o bien d isp u esto p a ra la ciudad e in co rru p tib le.

i Veo, v arones atenienses, que la situación p resen te


ofrece m u ch a dificultad e inquietud, no sólo p o r lo
m ucho que se h a abandonado y porque de ninguna
u tilid ad es h a b la r con elegancia de ello, sm o tam bién
p o rq u e acerca de lo que nos queda ni en u n solo punto
se está de acu erd o al co n sid erar lo que conviene, antes
SOBRE LA PAZ 125

bien, a unos les parece de u n a m anera, a o tro s de


o tra. Y si bien delib erar es cosa ard u a y difícil p o r
naturaleza, vosotros, varones atenienses, la habéis hecho
m ucho m ás difícil todavía; p u es todos los dem ás hom ­
b res suelen u sar de la deliberación an tes de los acon­
tecim ientos, vosotros, en cam bio, después de los acon­
tecim ientos ‘. Como consecuencia de eso sucede que,
a lo largo de todo el tiem po del que tengo conciencia,
el que critica los e rro res com etidos gana b u en a fam a
y tiene visos de p e ro ra r bien, p ero los hechos, incluso
aquellos sobre los que deliberáis, se os escapan p o r
com pleto. Pese a todo, aunque eso es así, opino —y
convencido de ello m e levanté— que si estáis dispues­
tos a d ar de lado al alboroto y las rivalidades y que­
réis escuchar, com o co rresponde a quienes d eliberan
en provecho de la ciudad y de asu n to s de sim ilar in­
terés, p o d ré expresar y ac o n sejar m edidas p o r las
cuales la p resen te situación m e jo ra rá y se re cu p erará
lo abandonado.
Aunque sé m uy bien, varones atenienses, que h ab lar
acerca de lo que uno m ism o h a hablado y acerca de sí
m ism o an te vosotros es siem pre de las cosas que m ás
aprovechan a quienes se atre v en a hacerlo, lo consi­
dero tan m olesto y pesado, que pese a ver la necesi­
dad de ello, vacilo sin em bargo. Pero estim o que os
form aréis m ejo r u n juicio acerca de lo que ah o ra voy
a decir, si recordáis unos pequeños detalles de los dis­
cursos an terio rm en te pronunciados p o r mí. Yo, varo­
nes atenienses, en p rim er lugar, cuando algunos tra ­
taban de convenceros a raíz de la conm oción política
de Eubea, p a ra que ayudarais a P lu ta rc o 2 y a rrastra - *i

i Cf. Contra Filipo, 1 40-1.


i Plutarco fue tirano de Eretria, ciudad de Eubea. Contra
él se levantaron los ciudadanos capitaneados por Clitarco. Fue
entonces cuando el tirano envió una embajada a Atenas en so­
licitud de ayuda, petición a la que Demóstenes se opuso ta-
discursos políticos
126

rais u n a g u erra sin gloria y costosa, fui el p rim ero y


r ú n i c o ¿ e pase a la trib u n a y m e opuse, y poco m
faltó u a ra se r d escuartizado a m anos de quienes o
aco n sejaro n co m eter num erosos > Ab r e v e
bio de escasas ganancias; y cu and° hrf v° l a ver.

ser del género h um ano h a sufrido nunca p o r p a rte de

y que yo h ab ia sido el que habra expuesto las m ejores


X L o e re n c ia s O tra vez, varones atenienses, cuando m
di^cu en ta de que N eoptólem o < el actor alcanzaba m-
1 S S S g ra d a s a, paren tesco de •»
que cau sab a a la ciudad los m ayores danos í *
m aba y g o b ernaba lo vuestro en beneñeto de Fibpo
su b í a la trib u n a y os lo com uniqué, no PUJ t a u “
ninguna en em istad p riv ad a ni por a a n d ^ déla
com o quedó de^ m a n i a t o a ^ voy „

7 2 S T T £ s“ h a b l a n eu
tre n ” m a .ro deS Dioniso hubieseis contem plado ira-

1- “ “ , , c n ’ , l ln r n ' n >Lí “ c c d p a re c e r’ d e
2 " a tro p a c a p lta n e r ia .p o r F ^ ,

C o n tr a C t e s i f o n t e 36 y sigs. escoliasta, efectivam ente

¡? y a Atenas por d io ,

un rem ate de cmceunita “ ‘“ “ y d í p ro le sió n a c to r d ra m á d e o .


O o L Í ^ T S S . l a,g a n a m an era ligado a , c u b o de D i»
niso, gozaba de cierta indem nidad.
SOBRE LA PAZ 127

gedias y no h u b iera versado la deliberación sobre la


salvación de la ciudad y los intereses com unes, no le
habríais escuchado a él con ta n ta benevolencia ni a
mí con ta n ta h o stilidad. Aunque de esto, al m enos, 8
creo que todos vosotros estáis enterados: hizo u n a
escapada entonces a te rrito rio enem igo p a ra recu p erar,
según dijo, e in v ertir aquí en servicios públicos las
sum as de dinero que allí se le debían; y tra s h ab e r
hecho ab u n d a n te uso de ese argum ento, diciendo que
era terrib le re p re n d e r a quienes estab a n tra n sp o rta n ­
do sus fo rtu n a s de allí a aquí, u n a vez que alcanzó
inm unidad gracias a la paz, las p ropiedades q u e aquí
había ad q u irido, las convirtió en d in ero y llevándoselo
consigo se va ju n to a Filipo.
Esas dos advertencias que os hice yo dan testim onio 9
del valor de m is pasados discursos y fueron expuestas
p or mí con ex actitud y ecuanim idad, en conform idad
con los hechos. E n terc er lugar, varones atenienses
_y u na vez diga solam ente esto, h ab laré ya so bre lo
que he venido a exponer—, cuando regresam os los ío
em bajadores después de h a b e r recibido los ju ra m e n ­
tos relativos a la paz, y entonces algunos p ro m etían
que Tespias y P la te a 5 serían reco n stru id as y que Fi­
lipo, en cuanto ganase el dom inio, salvaría a los foci-
dios y que d esm em braría la ciudad de Tebas y que
Oropo sería v u estra y que se d aría E ubea a cam bio de
Anfípolis y o tras esperanzas y em bustes sim ilares, a rra s­
trados p o r los cuales vosotros abandonasteis a los fo-

5 Tespias y Platea era n ciudades beocias. No q u ería n e sta r


bajo el dom inio de los tebanos. P ero éstos, ap rovechando u n a
tregua, las atacaro n , y e n tre m atan zas y d estierro s re d u je ro n
considerablem ente el núm ero de sus h a b ita n te s. De las tie rra s
y los bienes con que se to p aro n , hicieron los teb an o s lotes y
se los rep artiero n .
discursos políticos
128

C id io s* c o n t r a v u e s tr o s in te r e s e s ,
c o n tr a e l h o n o r , r e s u lta r á c la r o q u e
e n n in g u n o d e e so s e n g a ñ o s n i g u a r d e s ile n c io a n te
e llo s sin o q u e o s a d v e r tí, c o m o se q u e o s a c o r d á is ,
q u e d e e so n i te n ía c o n o c im ie n to s n i e s p e r a n z a s y q u e
o p in a b a q u e q u ie n ta le s p r o p ó s ito s e x p o n ía d e c ía ba-

S a t p u e s b ie n , to d o s e s o s c a s o s en q u e p a r e c e q u e
11
p r e v e o la s co^ as m e jo r q u e lo s d e m á s, n o tos r e t e n » ,
v a r o n e s a te n ie n s e s , n i a u n a s o la e s p e c ia l h a b ilid a d
fa n fa r r o n e r ía , n i p r e te n d e r é q u e m i c o n o c im ie n o y
m is p r e v is io n e s se d e b e n a n in g u n a o tr a c a u s a , s a lv o
a la s d o s r a z o n e s q u e o s v o y a d e c ir: u n a , v a r o
a te n ie n s e s la b u e n a s u e r te , fa c t o r q u e, se g ú n y o v e o ,
d o m in a t o d a la h a b ilid a d y s a b id u r ía q u e h a y e n la
ia v i d T d el h o m b r e ; o tr a : h a g o g r a tis la s e s tim a c io n e s
y C á lcu lo s d e lo s a s u n to s p ú b lic o s y n a d ie p o d r ía m o s ­
t r a r n in g u n a g a n a n c ia p r iv a d a c o n e c ta d a a m i a c e ­
d a d p o lít ic a u o r a to r ia . A s í q u e ju s ta m e n te se o fr e c e
a m i in tu ic ió n lo c o n v e n ie n te a ju z g a r p o r la s c ir c u n s ­
ta n c ia s m is m a s . P e ro c u a n d o se e c h a d in e ro a l o r
la d o c o m o en u n p la tillo d e la b a la n z a , se v a e s te lie-
v á n ío s e c o n s ig o y a r r a s t r a n d o c o n él a l r a z i e n
y e l q u e ta l h a h e c h o y a n o p o d r ía h a c e r c a lc u lo d e
n a d a en fo r m a c o r r e c t a y san a.
A h o ra b ie n , y o , a l m e n o s, p r o p o n g o q u e u n a so la
13
c o s a d e b e o c u p a r el p r im e r lu g a r: si se q u ie r e P r o p o r ­
c io n a r a la c iu d a d b ie n a lia d o s, b ie n u n a c o n tr ib u ­
c ió n b ie n c u a lq u ie r o tr a c o sa , e so se h a r á sin r o m p e r
la p a z e x is te n te , n o p o r q u e s e a a d m ir a b le m d ig n a de
l o s o t r o s , s in o q u e , c o m o q u ie r a q u e e lla sea , h a b r ía
s id o m á s o p o r tu n o p a r a n u e s tr a s itu a c ió n q u e n o hu
b ie r a lle g a d o a p r o d u c ir s e q u e el q u e p o r c a u s a n u 6

6 Sobre esas fallidas p rom esas, cf. CoMj ™ ^


S o b r e la c o r o n a 35; S o b r e la e m b a ja d a f r a u d u l e n t a 19-2 .
sobre: la paz 129

tra se ro m p a ah o ra que ya está realizada; pues h e­


mos ab andonado m uchas v en tajas que, contand o con
e lla s 7, h ab ría n hecho la g u e rra m ás segura y m ás
fácil p a ra n o so tro s entonces que ahora. E n segundo 14
lugar, varones atenienses, hay q u e ver de no a r ra s tra r
a la necesidad o al pretexto de u n a g u erra c o n ju n ta
co ntra n o so tro s a esos que e stán reunidos y an d an
diciendo que ah o ra son a n ñ c tío n e s8. Pues yo opino
que si de nuevo nos sobreviniera u n a g u erra c o n tra
Filipo a causa de Anfípolis o de algún o tro sim ilar
m otivo de querella privada, en la que no in terv in ieran
tesalios ni argivos n i tebanos, ninguno de ellos lucha­
ría co n tra n o so tro s y m enos q u e ningún o tro ( y que 15
nadie m e alb o ro te an tes de o ír) los tebanos, no p o rq u e
se en cu en tren a gusto con n o so tro s ni p o rq u e no es­
tuvieran dispuestos a com placer a Filipo, sino p o rq u e
saben con exactitud, aunque se les tache de obtusos,
que en el caso de u n a g u erra e n tre ellos y nosotros,
ellos recib irán todos los m ales, m ien tras que o tro es­
tará sentado al acecho de los beneficios. De m odo que
no se lanzarían a sem ejante em p resa a no ser que fue­
sen com unes a varios el origen y la causa de la guerra. 16
Ni tam poco en el caso de que com batiéram os con los
tebanos p o r O ropo 9 o por algún interés p a rtic u la r nos
p asaría nada, en m i opinión; pues creo que quienes
p restasen ayuda, la p ro p o rcio n arían a nosotros y a
aquéllos en el caso de que alguien invadiese n u estro
territo rio o el de ellos, pero no se aliarían a ninguno

7 En efecto, habrían contado con Anfípolis y otras fortale­


zas a lo largo de la costa tracia, con la guerra focidia, etc.
8 Demóstenes no reconocía este título, ni a Filipo ni a los
tesalios.
9 Oropo estaba al lado de la frontera tebana, y podría con­
vertirse en objeto de disensión y discordia entre tebanos y ate­
nienses. Pero en ese caso, piensa Demóstenes, el conflicto sólo
afectaría a las dos regiones y estados vecinos, Beocia y Ática.
3 5 .- 9
DISCURSOS POLÍTICOS
130

» 2 7£y i “
h asta el m ism o i m i j ^ los tebanos, p o r lo que
p a ra con n o so tro s n p dom inem os a los dé­
se refiere a ^ estem os a salvo es cosa
m as, smo q u e el h m ism os, m ien tras
4ue todos d ^ P - ^ * £ £ de .

i o q“ “ ó r ^

fu tu ra p ro p o rcio n e a o os areivos los mese-

p o rque p rotegem os a sus exiliad, y h teSalios

• ^ 2 =f S ^ S =
5

L“ ;T s " S: ^ 'e j e m p l o , no pudieron im pedir


sobre; la paz 131

que Filipo pasase y se apoderase de los accesos ni que,


pese a h ab er llegado el últim o, se apropiase de la fam a
debida a lo que con tan to tra b a jo ellos m ism os h abían
realizado; pues ahora, p o r lo que se refiere al hecho 21
de h ab er recu p erad o su te rrito rio 10, es verdad que los
tebanos han hecho algo, pero e n relación con el h o n o r
y la rep u tació n h an obrado de la fo rm a m ás vergon­
zosa; p o rq u e si Filipo no hubiese pasado, parece que
ningún provecho h ab ría n obtenido. P ero eso no era lo
que querían, an tes bien, so p o rta ro n todo eso p o rq u e
deseaban to m ar O rcóm eno y C oronea y eran incapaces
de hacerlo. A hora bien, algunos ciertam en te se atre- 22
ven a afirm ar que Filipo ni siq u iera q uería en tre g ar a
los tebanos O rcóm eno y Coronea, sino que se vio fo r­
zado a hacerlo; p ero yo a ésos les digo que lo pasen
bien, y lo que sé es esto: q u e no le im p o rtab a eso
más que deseos ten ía de co n q u istar los accesos y la
fam a de la guerra, la de a p a re n ta r que gracias a él
había alcanzado la resolución, y de ce le b rar los Juegos
Píticos p o r m ediación suya; eso era lo que con m ás
afán ansiaba. Pero los tesalios no q u erían ninguna de 23
esas dos cosas, ni que se engrandeciesen los tebanos
ni que se hiciera grande Filipo, pues tan to u n a alte r­
nativa com o la o tra consideraban que iba en c o n tra de
ellos m ism os; pero estaban deseosos de convertirse en
dueños del consejo de las T erm opilas y de Delfos n, dos
claras ganancias; y p o r tener estas am biciones colabo­
raro n en estos hechos. Así pues, en contraréis que cada
uno p o r razón de sus propios intereses h a sido a rra s ­
trad o a h acer m uchas cosas d e las que no q u ería reali­
zar ninguna. E sto es, sin em bargo, esto es lo que de­
bem os vigilar. *1

i° Orcómeno y Coronea; cf. 22.


11 El Consejo anfictiónico se reunía en otoño en el templo
de Deméter, cerca de las Termopilas, y en primavera, en Delfos.
DISCURSOS POLÍTICOS
132

« ¿ E n to n c e s es n e c e s a rio q u e h a g a m o s lo q u e se
n o s m a n d e , m o v id o s p o r e s o s te m o re s ? ¿ Y e r e s t
q u e a eso n o s in d u c e s? » N i m u c h o m e n o s. A n te s b ie n
q u e n i r e a lic e m o s n a d a in d ig n o d e n o so tro s^ m ism o
h a v a g u e r r a y q u e d e m o s la im p r e s ió n a to d o s d e s e r
S a f o s y « p o n e r a r g u m e n to s ju s to s , e s o e s lo q u e
c r e o q u e h a y q u e h a c e r . Y c o n r e la c ió n a lo s q u e p .en -
2 Í q u e e s n e c e s a r io s o p o r ta r c o n v a lo r lo q u e s e a y
n o p r e v é n la g u e r r a , q u ie r o h a c e r las s ig u ie n te s c o n s i­
d e r a c io n e s . N o s o tr o s p e r m itim o s q u e lo s te b a n o s po-
í e T o r o p o . y si a lg u ie n n o s p r e g u n ta r a ,
d o n o s d e c ir la v e r d a d , .¿ p o r q u e?» , « p a r a ev iu m la
g u e rra » , r e s p o n d e r ía m o s . Y a h o r a m is m o a F ilip o e n
v ir t u d d e l tr a t a d o le h e m o s c e d id o A n fip o h s y p e r m i­
tim o s q u e C a r d i a 12 q u e d e f u e r a d e l r e s to d e l Q u er-
s o n e so y q u e e l C a r io 13 o c u p e la s is la s d e Q u io s, C o s
y R o d a s , y q u e lo s b iz a n tin o s o b lig u e n a n u e s tr o s b ar-

12 C ardia e ra u n a colonia griega situ a d a en la zona occi­


d e n tal del Q uersoneso tra c io que h ab ía sido tan a^ a por ^
leto y C lazóm enas en el siglo v il a. C' P " * ™
incrementada por colonos atenienses conducidos por Milcmdes^
Desde entonces y durante todo el siglo v a. C. puede aecirse
ííue se mantuvo bajo control de Atenas. Pero en el 362 a. C..
S S d £ s u p u s o al lado de Filipo y. como aliada de este monarca,
figuró en el t r a t a d o * P £ d d de M ausolo (b a jo cuyo
13 Idneo, f ^ d o ^ n t e n s a m e n t e helenizado), había ayu-
reinado el Palf c os y Rodas a separarse de la confe­
s o . ’1 las isla Quios, C * y ^ ^ Ua.
deracion presidida por ciudades aliadas de la capital
de Rodas, Cos y Quíos, se rebelaron

“■s ssl
menes y exacciones q „ ucrra sufrió Atenas una de-
rs
mercenarios atemens . C v Un ado más tarde
( I s s V c f M te ’ einpeligro de una intervención por parte de
Persia,' las dos partes del conflicto entablaron negociaciones y
concluyeron la paz.
SOBRE LA PAZ 133

eos m ercantes a a rrib a r 14, evidentem ente p o rq u e con­


sideram os que la tran q u ilid ad que proporciona la paz
es causa de m ayores bienes que e n tra r en conflicto y
rivalidad p o r esos asuntos. P o r tanto, es estúpido y
com pletam ente desafortunado que, tras h abernos com ­
portado así con cada uno de los pueblos p o r separado
en asuntos pro p iam ente n u estro s y de vital im p o rtan ­
cia, ah ora luchem os contra todos p o r la som bra de
Delfos.

M Los barcos que transportaban trigo procedente del Ponto


Euxino eran obligados por Bizancio a pagar peaje. Era ésta
una importante fuente de ingresos para la ciudad ya desde
antiguo. Baste pensar que cuando formaba parte del Imperio
ateniense, pagaba a Atenas como tributo la impresionante suma
de quince talentos, y a veces aún más.
VI

CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO

INTRODUCCION

El segundo discurso Contra Filipo fue pronunciado


p or D em óstenes en el 344 a. C., dos años después del
discurso Sobre la paz. Que la paz no iba a ser d u ra­
dera era cosa que no pocos atenienses se tem ían; la
creciente am enaza de Filipo iba en aum ento m erced a
la alianza del m onarca m acedonio con Tebas, su do­
minio sobre Tesalia y la in tere sa d a defensa que p re s­
taba a enem igos históricos de E sp a rta com o Mesenia,
Arcadia y Argos, que, a p a r tir de este m om ento, p o r
hostilidad hacia los lacedem onios, depositan en Filipo
la m áxim a confianza. E n treta n to , la política del rey
de M acedonia con Atenas es extrem adam ente hábil:
de p alab ra y p o r ca rtas ju ra la paz, defiende ard o ro ­
sam ente la b u en a intención que in sp ira sus acciones,
pone en claro que nunca se h a com prom etido la con­
ducta su p u esta p o r las vanas esperanzas y la incon­
m ovible b u en a fe de los atenienses. De hecho, sigue
actuando según sus intereses, de acuerdo con las im ­
precisas obligaciones co ntraídas p o r el tra ta d o de paz.
De este m odo cabía e sp e rar la airad a p ro te sta de De­
m óstenes al co m p ro b ar que sus com patriotas se habían
136
DISCURSOS POLÍTICOS

d ejado en g añ ar p o r los traid o res atenienses


res a u ltran z a de la causa m acedonia, es irro ^
de Filipo. E ra n éstos, y no el propio rey 1qs que lu c ía n
concebir a la ciudadanía ateniense la idea d e una P<
abso lu ta y sin condiciones, no aceptada en -
m inos p o r p a rte del Macedonio. Ellos hab ían hec
creer al pueblo de Atenas que Filipo salvaría a los fo-
cidios, a rru in a ría a los tebanos y no se aPr ° ^ cht
de la vía expedita que se le b n n d o en las Term op .
p a ra co n tin u ar sin tra b a s su expansión p o r Grec a. A
su vez, el m o n arca se lam entaba de las, según el, in­
ju sta s recrim inaciones que le dirigían los ora ores a
nienses no sólo en la p ro p ia Atenas, sm o incluso
o tras ciudades griegas. N uestro orador en ^ t m aca
b ab a de p ro n u n c ia r discursos en el Peloponeso co n tra
la engañosa política de Filipo.
Así pues, en este segundo d i s c u r s o C ontra ^ P ,
D e m ó s te n e s d e ja se n ta d a la fa ls e d a d e m fia b ú id a d d
e n e m ig o d e A te n a s p o r a n to n o m a s ia y el in fo r tu n io
q u e r e p r e s e n ta la c o n s ta n te tr a ic ió n d e d e te r m in a d o s
c iu d a d a n o s d is p u e s to s a e n g a ñ a r al p u e b lo p a r a h a c e r le
caer en m anos de su m ás terrib le adversario.

ARGUMENTO DE LIBANIO

Mediante este discurso el orador exhorta a los aten^n e


a que sospechen de Filipo, como enemigo que es, y no con en
del todo en la paz, sino que se mantengan despiertos
atención a los asuntos y se preparen para la gue ^
acusa a Filipo de andar tendiendo asechanzas c o n tr tío s ate
nienses y todos los griegos y afirma que eso es lo que te
T o n L L s acciones, Y promete que dará respuestas a cierto
embajadores llegados allí, al no saber los atenienses que
debía responder. De dónde habían venido c ' d
asuntos, en el discurso no se aclara, pero es posible saberlo
merced a las «Historias filípicas». Por esas fechas, en e e ,
CONTRA FTLTPO, SEGUNDO DISCURSO 137

envió Filipo embajadores a los atenienses, acusándoles de que


le calumniaban sin razón ante los griegos diciendo que les
había hecho muchas y grandes promesas y les había engañado;
porque decía que no había prometido nada ni en nada les
había engañado y reclamaba pruebas en torno a estas cuestio­
nes. Y al mismo tiempo que Filipo, enviaron también embaja­
dores a Atenas los argivos y los mesenios. acusando también
éstos al pueblo de ser condescendientes y aplaudir a los lace-
demonios, que estaban esclavizando el Peloponeso, y oponerse
a ellos mismos, que estaban luchando por la libertad. Así pues, 3
los atenienses no encuentran respuesta que dar a Filipo y a las
ciudades; a las ciudades, porque están en buenas disposiciones
con los lacedcmonios y odian la coalición de argivos y mesenios
con Filipo y recelan de ella, pero, pese a todo, no pueden de­
clarar que la conducta de los lacedemonios es justa. A Filipo,
porque fracasaron en sus esperanzas, pero, sin embargo, parece
que no fueron engañados por él personalmente, pues ni en sus
cartas escribió Filipo promesa ninguna, ni a través de sus pro­
pios embajadores ofreció ningún compromiso, sino que eran
algunos atenienses los que habían hecho concebir al pueblo la
esperanza de que Filipo salvaría a los focidios y acabaría con
la insolencia de los tebanos. Por eso Demóstenes, haciendo 4
mención de las respuestas, promete que las dará, pero declara
que sería justo que a quienes han causado la dificultad, a ésos
también reclamaran las respuestas; «ellos —dice— engañaron
al pueblo y abrieron a Filipo las Termopilas». Con estas pala­
bras alude a Esquines, preparando, como dicen, la acusación
contra él por embajada fraudulenta, que más tarde le interpuso,
y desacreditándole ya de antemano ante el pueblo.

Cuando tienen lugar discursos, varones atenienses, i


sobre lo que hace Filipo y sus violaciones de la paz,
siem pre veo que los discursos en n u e stra defensa son
m anifiestam ente ju sto s y h u m a n o s 1 y que todos los

i Son j u s t o s los d iscursos que atac an a Filipo —co m enta


el escoliasta—, po rq u e Filipo com ete in ju sticia; son h u m a n o s ,
porque c e n su ra r al m o n a rc a m acedonio significa com padecerse
de Grecia.
DISCURSOS POLÍTICOS
138

q u e a cu sa n a F ilip o p a r e c e n d ecir sie m p r e 1°


c o n v ie n e , p e r o q u e, ;v a lg a , d e c .r lo as, J O ! ^ r e a ta n
n ad a de lo q u e co n v ie n e n i d e lo s p >
d e lo s c u a le s m e r e c e r ía la p en a escuchar e s o s d iscu r
2 sos; a n te s b ie n , re su lta q u e lo s ” ™ * * f * ^
en su to ta lid a d , h an lle g a d o a u n p u n to ^ 1 , q u e cu

d ifíc il se h a c e a c o n se ja r q u é e s lo q u e h a , q u e h a cer .
T n ca n sa d e e llo , v a ro n es a te n ie n se s, e s q u ,
* “ o p o n e r b arrera s d e h e c h o y a ^ h a se d e -
d id a s p r á c tic a s, y n o con p ala b ra s, . _ n o s.
b u sc a n lle v a r sie m p re v en ta ja , en p rim e J ^
o tr o s, lo s q u e a c c e d e m o s a la trib un a,
d e h a cer p r o p u e sta s y d e ^ a o o n “ 3 " ae n e m ista d con
c u e s tio n e s p or te m o i a in cu rrir
v o so tr o s, y, en ca m b io , d iscu rr im o s so b r e c o sa s
q u e h a c e y lo te r r ib le s q u e so n y * ^ t o * * ^ ™
en se c u n d o lu gar, v o so tr o s, lo s q ue e s tá is ah í se n ta •,
e s tá is m e jo r p rep a ra d o s q ue F ilip o p ara p o d e r p ro n u n ­
cia r d isc u r s o s ju sto s y en te n d e r a o tr o q u e o s ^
p e r o p ara p o d e r im p e d irle a q u e llo en '1° q u e ah,ora
a está , o s e n c o n tr á is to ta lm e n te m a c t.v o s^ R esu U a. «
tu n ee s, en m i o p in ió n , u n a c o sa 'n e v ,ta “ ' yo c u „ á is '
n atu ral: en a q u e llo en lo q u e ca a u n
e sfo r z á is e s en lo q u e cad a p a rte su p e ra a la o tra , el
e fT s T c c T o n e s , v o so tr o s, en lo s d isc u r so s. A si p u e s , ,
ta m b ié n ah ora o s b a sta c o n e l d isc u ” ° ’
c o s a f á c il e s y n in g ú n tra b a jo a co m p a ñ a a^ esa ■
5 p ero , si h a y q u e ex a m in a r la m a n era d e en d ereza r 2

2 P re fie r o la le c tu r a p á n ta s a d o p ta d a £

p orT i B Í TCH B R % Dx C 5,íeS b a s á n d o s e e n lo s tn a n u scr i-


t o s P a r isin o , L a u r e n c ia n o v A u g u sta n o : p á n t e s .
CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO 139

situación p resen te y de evitar que vaya aún a m ás sin


que noso tro s nos enterem os de nada, y que se nos
plante en fren te u na gran fuerza a la que ni podam os
oponernos, no vale la m ism a form a de d elib erar que
servía antes, sino que es necesario que todos los que .
hablan, y los que escuchan, com o vosotros, prefieran ¡
lo m ás ú til y saludable a lo m ás fácil y agradable.
En p rim e r lugar, varones atenienses, si alguien al 6
ver el p o d er que ha alcanzado Filipo y la gran canti­
dad de sus dom inios, no se inquieta y no cree que eso
ap o rta peligro a la ciudad ni que todo eso lo está
p rep aran d o co n tra vosotros, expreso mi adm iración, y
quiero pediros a todos por igual que m e escuchéis las
consideraciones que expondré en form a breve p o r las
cuales se m e o cu rre e sp e rar lo co n trario y considero
a Filipo enem igo; con el fin de que, si parece que yo
soy m ejo r previsor, m e hagáis caso a mí, y si parecen
serlo los que no se inquietan y han depositado en él
su confianza, os sum éis a ellos. Así pues, yo hago m is 7
cálculos: ¿de qué se hizo dueño Filipo inm ediatam ente
después de la paz? De las T erm opilas y de los asuntos
de Fócide. ¿Y cóm o se sirvió de ellos? Prefirió h acer
lo que convenía a los te b a n o s 3, no lo que interesaba
a la ciudad. ¿Por qué? Porque, haciendo exam en de sus
cálculos, en m i opinión, con vistas a la v entajosa ga­
nancia y a som eterlo todo a su persona y no a la paz,
ni a la tran q u ilid ad ni a n ad a justo, vio correctam en te 8
esto: que a n u e stra ciudad y a n u e stra m anera de ser
nada p o d ría o frecer ni hacer p o r lo que vosotros os
d ejarais convencer de en treg arle algunos de los dem ás
griegos p o r u tilid ad personal vuestra, sino que hacién­
doos cu en ta de lo ju sto y tra ta n d o de ev itar la infam ia
envuelta en tal transacción y previendo todo lo que

3 Filipo aplastó a los focidios y destruyó varias ciudades


beocias.
140
DISCURSOS POLÍTICOS

conviene, si in te n ta ra h ac er algo sim ilar, os opon­


dríais* de igual m anera que si estuvierais en guerra.
9 E n cam bio, en cuanto a los tebanos, creía cosa
p recisam en te s u c e d ió - que a cam bio de 08
que les fuesen sobreviniendo, por lo dem as le d e ja r an
o b ra r com o quisiera, y no va que no se e ° P°
o le cau sarían im pedim entos, sino que h a sta c o m p a -
tiría n cam pañas con él si así se ^ m a n d a b a . Y ahora,
p o r h ab er in tu id o las m ism as posibilidades, anda
tan d o bien a los m esenios y los argivos. Lo. c u a l v a­
rones atenienses, es adem ás el m ayor elogio p a ra
ío vosotros; pu es, a iuzgar p o r esos hec os es ais
siderados com o los únicos de en tre o o q
ab an d o n aríais los derechos com unes de los griegos p o r
ninguna ganancia, ni cam biaríais v u estra de voc
hacia los griegos p o r ningún favor m ínteres. Y con
razón se h a form ado esa opinión de vosotros, y
los argivos y tebanos la co n traria, pues m ira no solo
al p resen te, sino que tam bién hace sus cuentas so re
i i el pasado. Y descubre, m e im agino, y oye c o n tar que
vuestros antep asados, aunque les era posi e ™
sobre los dem ás griegos a condición de obedecer
ellos al Rey, no solam ente no so portaron tal p ro p u es­
ta cuando A leian d ro 5, el antepasado de esos,
com o h erald o de ella, sino que prefirieron ab an d o n ar
el país v se resignaron a su frir lo que fuese, y e -
pués realizaro n esos hechos que todo el m undo ansia

4 El verbo griego correspondiente está en ^ tU™, ^ J ^ a -


tivo, con el fin de dar mayor realismo y fuerza a la

C1Ós' Alude a un episodio bien conocido, ° rgul'° !^vnMW O


de Atenas, relatado por el historiador Herodoto^
v siesV El rey Alejandro de Macedoma fue a Atenas como
negociador del ^rey persa, cuyas tropas escogidas pisaban suelo
griego comandadas por Mardomo. La propuesta del Z
consistía en ofrecer una alianza a los atenienses a cambio de
muy interesantes provechos para ellos.
CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO 141

referir, p ero que nadie h a podido n a r ra r con digni­


dad, razón p o r la cual tam bién yo h a ré bien en d ejar
de lado el tem a (p orque las acciones de aquéllos son
dem asiado grandes com o p a ra que uno p u ed a expo­
nerlas de palab ra); p o r el co n trario , oye re fe rir Filipo
que de los an tep asados de los tebanos y los argivos,
los prim ero s com batieron al lado de los b á rb a ro s y
los otro s no se en fren taro n a ellos. Así pues, sabe 12
que am bos pueblos se c o n ten ta rán con lo que p a rtic u ­
larm ente les in teresa, sin co n sid erar lo que sea com ún
ventaja p a ra los griegos. P or tan to , él p en sab a que si
os elegía a vosotros, elegiría am igos sobre la b ase de
la justicia, m ien tras que si se unía a aquéllos, ten d ría
colaboradores de su p ro p ia am bición. P or esa razón,
tanto entonces com o ahora, prefiere aquéllos a vos­
otros; pues, a no dudarlo, no ve que tengan ellos m ás
trirrem es que vosotros, ni tam poco se tra ta de que,
p or h ab er descu b ierto un im perio en el in terio r, haya
renunciado al dom inio sobre el m ar y los p u e rto s co­
m erciales; n i de que no recu erd e sus discursos ni sus
prom esas, p o r las cuales obtuvo la paz.
Pero, p o r Zeus, podría decir alguien que p re te n d a 13
saberlo to d o 6, que en esa o c a sió n 7 actuó m ovido por

6 Alusión a Filócrates y Esquines, que dos años antes habían


engañado al pueblo fingiendo conocer cuál iba a ser la política
del Macedonio.
7 Evidentemente, la política de Filipo era incongruente en
los asuntos exteriores; tan sólo era coherente desde el punto
de vista de sus ambiciosas intenciones; pues, respecto del Pe-
loponeso, estaba interesado en enfrentar a Esparta con Mese-
nia —obviamente para debilitar el poder de los lacedemonios—;
sin embargo, en cuanto a Beocia, se mostraba partidario de la
hegemonía de Tebas sobre las demás ciudades beocias, lo que
le abría el camino para su penetración en el resto de Grecia.
En el discurso titulado En defensa de los megalopolitas (cf. 25
y sigs.), nuestro orador recomienda a los atenienses no incurrir
en una inconsecuencia del mismo orden.
DISCURSOS POLITICOS
142

am bición n i p o r los m otivos q u e le im puto iiinci p o rq u e


las reclam aciones de los tóbanos eran roa i ju sta s que
las v u estras. A hora bien, de en tre todos los argum en
fo s ése es el ú n ic o que no puede ah o ra a plegar, pues

el que o rd en é a los

‘r t ó r - o n í a “ s á b a n o s , b /b e r.o beebo

POr p s e “v ^ S Ó . , p o r Zeus - s ó i o q u ed a
14
esta e x c u s a - , y c o n tra sus planes hizo e s a s j ^ n a ^
nes al verse cogido e n tre la caballería tesab a y los
hoplitas tebanos. Bien. P or eso dicen q u e esta a p u n to
f e c h a r de los tebanos y hacen c o rrer
15 por ahí el ru m o r de que fortificara E latea . É l esper
h acer eso y seguirá esperándolo, en ,m l 0{31^ ’i
cam bio p a ra co laborar con los m esem os y los argivos
en su ataq u e c o n tra los lacedem onios no «ene^ q u e es-
n e ra r sino que les m an d a m ercenarios, les envía ai
ñ ero y se le espera en persona al fre n te de u n gran
ejército. ¿A los lacedem onios, que, a u n en pie, son
enem igos de los tebanos, está trata n d o de h e strm r y,
p o r el co n tra rio , a los locidios, a quienes el en pe
16 sona an tes arru in ó , ah o ra los salva? ¿Y quien p o d ría
creer eso? Pues yo, p o r mi p arte, no creo que Fil p ,
ni au n q u e al principio h u b iera obrado a la fuerza
co n tra su voluntad, ni aunque ahora diese de lado a
los tebanos, se opusiera constantem ente a los ene

s Ésta era la excusa de los partidarios de Filipo en Atenas;

CS S m a te Í em 'una ciudad de Fócide situada en un lugar su-


mamente^estratégico, próxima a £ ^ £ “ .* ,£ 1
obligado de la ruta que ^ f ^ t d l L v T e dcl río Cefiso,
Protegida por las emplazamiento ideal en que
shu'aTum fortificación con el fin de defenderse de cualquier
ataque por parte de los tebanos.
CONTRA 11LIPO, SEGUNDO DISCURSO 143

gos de aquéllos; an tes bien, a ju zg ar p o r lo que ah o ra


hace, es evidente que en aquella ocasión tam bién obró
deliberada y librem ente, y si se observa bien, todo
d em uestra que coordina la to talid ad de su acción po­
lítica c o n tra n u e stra ciudad. Y esta circu n stan cia se 17
le im pone ah o ra ya necesariam ente, en cierta m anera.
Pues reflexionad: q uiere do m in ar y h a com prendido
que vosotros sois sus únicos rivales p a ra ello. H ace
ya m ucho tiem po que os viene perju d ican d o y es él
en persona quien m ejo r que nadie tiene conciencia de
ello; pues con todas las posesiones vuestras que tiene
ocupadas se h a asegurado la tenencia de todas las
dem ás; p o rq u e si h u b iera abandonado Anfípolis y
Potidea, no se co n sid eraría seguro ni perm aneciendo
en su casa. Sabe, p o r tanto, estas dos cosas: que él i8
conspira c o n tra vosotros y que vosotros os dais cuen­
ta; y com o os tiene p o r inteligentes, estim a que con
toda ju sticia le odiáis, y está irrita d o porque espera
sufrir un castigo si en contráis ocasión, siem pre que
no se adelante él en la acción. P or eso está despierto, 1 9
al acecho, y en detrim ento de n u e stra ciudad halaga
a algunos (tebanos, y peloponesios que co m p arten los
propósitos de éstos), los cuales cree que p o r su am ­
bición se c o n ten ta rán con la situación p re sen te y p o r
la rudeza de sus caracteres nada p rev erán de lo
que su cederá después. Sin em bargo, incluso a los que
son m edianam ente inteligentes les es dado ver los evi­
dentes ejem plos que tuve ocasión de e x p o n e r101 a los
m esenios y argivos y que tal vez es m ejo r que os que­
den dichos tam b ién a v o s o tro s n. «¿Cómo os imagi- 20

10 Estos discursos, Demóstenes los pronunció actuando


como embajador.
11 La figura consistente en dirigir aparentemente una alocu­
ción a un auditorio ausente, cuando en realidad, el orador la di­
rige en su intención a los presentes, se llama apostrofe. En este
caso concreto, en apariencia, Demóstenes instruye a los mese-
d is c u r s o s p o l ít ic o s
144

n á ts q u e s e r ia , m e s e n ,o s ,
q u e lo s » ^ “ » % ^ ; ^ s " s » d la A n ,e m u m e ,
d e F ilip o e n a q u e llo s d ía s en q u eg s de
c iu d a d q u e reivindicaban to d o s e x p u ls a b a
M a c e d o n ia , y le s d a b a P o i e a p e r s o n a h a b ía
de e lla a lo s c o lo n o s a t e n t e ^ O ^ ^ e llo s le s
c a r g a d o c o n n u e s tr a e n e m is ta d
h a b la d a d o e l t e r r it o r io p a r a q u e o Í „ (u e-
im a g in á is q u e se e s p e r a b a n ^ a d v ir t ie r a ? S in

31 r ° n; ° T le s d S ! “ , .d e s p u é s d e h a b e r d is fr u ta d o

V“ , f exp U sad os T n o s o la m e n te v e n c i d k sin o ad e-

o ^

ge hecha, el parlamento va destinado . los ate-

nienses. . n e s cmdadarms^
12 Las co n stitu c io f.inr1adanas» (politeíai)
^ son ya, lisa
<democraciaS8.

y S /o s ^
S o l% ^ ? u i r deS M in e sla y la fortaleza de Nicea, situada
en las Termopilas u TeSalia, Filipo -se g ú n Teo-
M Con el fin de descentra frente de cada cual
pompo— la dividió en cualro cantone^ al fren la
"uso a un < « < » « , “ T e ^ D e m ó s ta n e ., por
decadarquia no exi decadarkhía quería sugerir
antaño Impuestas por Es-

parta a otras ciudades.


CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO 145

Consejo an fictió n ico 15 iba a confiscarles sus propios


ingresos? Im posible eso. Y, sin em bargo, eso h a suce­
dido y a todos les es dado saberlo. Y vosotros», decía 23
yo, «contem pláis ad m irados a Filipo cuando d a y cuan­
do prom ete, p ero si sois sensatos, rogad a los dioses
no verlo cuando h aya engañado y seducido. B ien es
verdad, p o r Zeus», decía yo, «que hay inventos de
todas clases p a ra p rotección y seguridad de las ciu­
dades, com o em palizadas, m urallas, fosos y todo lo
dem ás de este género. Y todas estas defensas son 24
producto de las m anos y re q u ie ren dispendios. P ero
la natu raleza de los h om bres sensatos posee en sí
m ism a un com ún b alu arte de defensa, que p a ra todos
es un bien y u n a g aran tía d e seguridad, sobre todo
para las dem ocracias con resp ecto a los tiran o s. ¿Y
cuál es este b alu arte? La desconfianza. G uardadla,
cogeos a ella; si la conserváis, n ad a terrib le su friréis.
¿Qué pretendéis?» —decía—, «¿la lib ertad ? Entonces, 25
¿no veis que h a sta los títulos que tiene Filipo son lo
más ajeno a ella? Pues todo rey y todo tiran o es ene­
migo de la lib ertad y adversario de las leyes. ¿N o os
vais a proteger» —les decía— «para que no os o cu rra
que, buscando liberaros de u n a guerra, encontréis un
amo?».
Aquéllos, aunque oyeron esto y m an ifestab an con 26
alboroto que eso e ra h ab lar con justeza, y pese a
haber escuchado o tro s m uchos discursos de los em ba­
jadores, tan to m ien tras yo estab a p resen te com o au n
después, según parece, no p o r ello se a p a rta rá n de la
am istad de Filipo ni de sus prom esas. Y no es esto 27
extraño, que unos m esem os y algunos peloponesios *35

15 El Consejo anfictiónico (en gr. Pylaía; cf. p$lé = «puerta»)


era la asamblea de los anfictíones, que se reunía en las Ter­
mopilas (de ahí, Pitea) y en Delfos. Los tesalios habían sido
expulsados de ella por los focidios; pero Filipo los repuso, al
tiempo que excluyó a estos últimos.
35. - 1 0
discursos políticos
146
, ir, míe en sus razonam ientos ven
p o r vosotros
m ism os c o m p r e n d é is y nos ois o noso" “
sois o b jeto d e m M m p resió n .

28
mJ = sois — en

^ " “ 0^ o^e 1 esP de io nue ya voy

a á m e n t e , sería ju sto , varones atenienses, que 11a-

29
yo m ism o h u b iera consentido nun „■ a <mu de o ^

rr í rw».
e SPués
o b ten er la p ar, iba a o b ra r com o h a obrado; p e ro lo
*
q u e entonces se decía estaba a m ucha distancia de eso

^ " “ ,a r c M d T rya“ a l l l e r *■ »

ab re n ito decían que era n a tu ra l que yo, p o r

" m c i r , si traspasaba las Tem .6pi.as, Cf, Sobre la c c


roña 35.
i? Cf. Sobre la paz 10-
CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO 147

lencia de los tebanos y a sus p ro p ias costas liaría exca­


var u n canal a través del Q uersoneso 18 y os devolvería
Eubea y Oropo 19 a cam bio de A níípolis; todo eso estoy
seguro de que recordáis que fue dicho aquí desde esta
tribuna, aunque no sois expertos en re c o rd a r a quienes
os perju d ican . Y lo m ás vergonzoso de todo: votasteis, 3i
ante esas esperanzas que esa m ism a paz tuviera vigen­
cia tam bién p a ra vuestros d e sc e n d ie n te s20; tan com ple­
tam ente fuisteis seducidos. ¿P or qué, pues, digo ah o ra
esto y añ rm o que hay que llam ar a ésos? Yo, p o r los
dioses, os d iré a vosotros la v erd ad con franqueza y
no d ejaré n ad a oculto. No lo hago p a ra que, al caer en 32
el in s u lto 21, m e pro p orcione a m í m ism o un discurso
en iguales térm inos an te vosotros, m ien tras que a quie­
nes desde el principio chocaron conm igo b rin d e ah o ra
tam bién u n a excusa p a ra volver a sacar algo de Filipo;
ni tam poco p a ra ch a rlar en vano; sino que creo que el
día de m añ an a las acciones que Filipo lleva a cabo os
afligirán m ás que ahora; pues veo que el asu n to va a 33
más y no q u isiera re p resen ta rlo con exactitud, pero
me tem o que esté ya dem asiado cerca. Así pues, cuan­
do ya no os quede la posibilidad de desentenderos de
los sucesos que acontezcan, ni m e oigáis a m í ni a fu­
lano deciros que eso va co n tra vosotros, sino que todos
vosotros perso n alm ente lo veáis y lo sepáis bien, creo
que entonces seréis irascibles y fieros. Por eso m e tem o 34
que, al h ab er silenciado los em b ajadores 22 las razones

18 El Q uersoneso era h ab itad o p o r colonos atenienses. Sepa­


rado del co n tinente p o r u n canal, e sta ría p rotegido c o n tra to d o
intento de invasión p o r p a rte de los tracios.
19 Cf. Sobre la paz 10. ' ' “* ■** ’
20 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 48, 54 y sigs.
21 Cf. Sobre la corona 256.
22 Los em b ajad o res atenienses que actu a ro n com o tales en
la gestión del tra ta d o de paz con Filipo; es decir, individuos
como F ilócrates y E squines.
discursos políticos
148

p o r las que h a n sido


p len a conciencia), vayan a in causa
los q u e tra ta n d e enderezar algo de W

t r^ efcS r^ sT o^ rj -£».
“ r * ¿ 3 V s e - d flr r ¿ d a yr o s d

quié” f“ ee‘FS e ° y PS
r “ d f“ ¿ í — r s e ^ m p o ‘en
d u e ñ o Pse h a convertido tam b ién en dueño de los ca-
S J e conducen al Atica y al * £
hecho q u e v u estra deliberación no verse so
frn s derechos n i sobre vuestros asu n to s en el exte-
■ r sino so b re los problem as de vuestro propio país
que hará sufrir a cada uno
l nosotros, cuando^se T o

36 e n g a ñ a d o T n o h a b ría ningún problem a p a ra la ciudad


Doraue Fiíipo no h a b ría venido al Atica nu n ca con su
flo ta » sin duda, tra s h a b e r obtenido el dom inro naval,
rír DOr' tie rra a tra v e s a n d o las T erm opilas y Fóctde, smo
q u e o b ien h a b ría o b rad o ju stam en te y, ■” “ *e“ endP

37
ro s re co rd a r; en cuanto

n Cf. Sobre la embajada /raudnZenía 207 Y s^ s ' dis.


24 L a m ism a idea, ex p resad a con p a la b ra s ligeram
tin ta s e n Olint. I 16. m o d esta flo ta. Cf. Contra Fi-
25 F ilipo disponía ya de u n a m o

Upo, 1 34.
CONTRA FILIPO, SEGUNDO DISCURSO 149

máxim o rigor, dioses todos, o jalá no o curra; pues yo,


al m enos, no q u isiera que nadie, aunque m erezca pe­
recer, p ag ara su p en a si ello im plica el riesgo y el de­
trim ento de todos.
V II

SOBRE EL HALONESO

INTRODUCCIÓN

Parece claro que este discurso no es de Demóste-


nes, aunque contiene los p u n to s de vista que n u estro
orador adoptó acerca del tem a que en él se tra ta . Es,
pues, posible que este discurso esté suplantando d en tro
del corpus al au téntico Sobre el H aloneso que Demós-
tenes tal vez p ronunciara. R esulta indudable que p er­
tenece a la época de n u estro o ra d o r y es altam en te
verosím il que sea o b ra de un p a rtid a rio de la política
de D em óstenes. C iertam ente, carece del vigor y la fu e r­
te trab azó n de la argum entación que se perciben en
las piezas de n u estro orador. N ada tiene que v er con
el estilo dem osténico la sucesión de breves discusio­
nes desprovistas de línea directriz, que es lo que de
inm ediato llam a la atención al exam inar cuidadosa­
m ente el discurso que com entam os. A unque en él en­
contram os u n a exposición m etódica y ord en ad a de
ideas, echam os de m enos la ín tim a ligazón e n tre las
partes y la subordinación clarísim a de éstas al tem a
fundam ental o idea central de la alocución, rasgos ca­
racterísticos de los discursos políticos de D em óstenes.
DISCURSOS POLÍTICOS
152

No hay tam p o co en este discurso ni esas; breves


frases chispeantes ni esas otras
desem bocan en conclusiones que se m q
za. Al co n trario , el discurso que « a p u n a m o s da
de una p ru e b a de estilo ' " " ^ “ del
Sus frases son poco vigorosas y están desp
b u s r r a s e s so f „ía q u c c a r a c t e r i z a n a las
ingenio, la variedad y la e n tn .ia m

de ~ rr o u i c n S S£
pieza o ra to ria e n tre los d is c u rs o ^ * £ £ £ ; ^
nisio de H alicarnaso la cu o sin m; s c° la
curso contra Filipo, aceptando asi la atnbuC ^°n
o b rita a D em óstenes. P ero Libam o en su R esu m ,
apoyándose en la au to rid ad de «antiguos c n ü « , s , U
rechaza de plano y la devuelve a quien seguí
estudiosos, fue su verdadero autor: H ec esip .
H eeesipo de Sunio fue adversario declarado de
Jipo E“ el año 346 a. C. se opuso a las p ro p u e sta s de
naz que hizo llegar el m onarca m acedom o a Atenas^
^ , j /"lás n fM apovó a. Tim arco, acusado
Un ano m as tard e (345 a. U> ap a r w ^ t p n e s de
p o r E squines, F orm ó p a rte ju n to con D em óstenes
a delegación enviada al Peloponeso en el 343 a. c .
S u e s t e el m ism o año, los atenienses habm n
recibido u n a em b alad a de Filipo. al fren te de la cual
figuraba P itó n de Bizancio. E ste personaje, político
sum am ente hábil, acusó a los oradores ateniense
a b a b a n a Filipo de hacerlo por resentim iento, debtdo
" o de que el m onarca se h abía negado a o »
p ra r sus favores. No eran, pues, p a trio ta s sug
P i t ó n - sino gente vil y de la peor especie. P o r otro
lado com o el p rim o rd ial objeto de las q u ejas de esos
m ad o re s atenienses era el tra ta d o de P - , F tton b rm d d
a los aten ien ses en nom bre de su p a tró n la posibilidad
de a lte ra r el m encionado convenio. É stos, lógicam ente,
m o p ÍsS o Ó u n a nueva redacción del tra ta d o en la que
im plícitam ente, al m enos, reclam aban las antiguas p -
SOBRE E!. HAT.ONESO 153

sesiones de Atenas y en especial Anfípolis, m odificando,


de este m odo, el antiguo texto del convenio que esta­
blecía que cada u n a de las p a rte s p actan tes conservara
los territo rio s que en aquel m om ento ocupaba. Una
em bajada ateniense fue enviada a la corte de Filipo
en el 343 a. C. p ara que el m onarca aceptase la m odifi­
cación in tro d u cid a en el pacto, y al frente de ella se
encontraba Hegesipo. E sta em b ajad a fue mal acogida
p or el M acedonio.
Un año m ás tard e, em bajadores procedentes de la
capital del reino de Filipo y de todas sus ciudades alia­
das acuden a Atenas como p o rtad o res de concesiones,
propuestas de conciliación y ap aren tes buenos deseos
de zan jar las cuestiones en litigio. El rey de M acedonia
garantizaba la independencia de los griegos y estab a dis­
puesto a so m eter a la decisión de un a rb itra je neutral
las diferencias surgidas e n tre sus intereses y los de
Atenas. E n tre éstas se co n tab a la provocada p o r la
islita de H aloneso, situada en la costa de Tesalia, que
pertenecía de antiguo a Atenas. E sta insignificante isla
había sido ca p tu rad a p o r el p ira ta S ó strato u n a vez
concluida la paz de Filócrates. Desde entonces se había
convertido en guarida de depredadores de bajeles h asta
el m om ento en que Filipo se decidió a intervenir, acabó
con los p irata s y se apoderó de la isla.
Pues bien, a través de la em b ajad a capitaneada p o r
Hegesipo a la que ya hem os aludido, Atenas exigía al
Macedonio la devolución (apodidónai) de la isla. P ero
Filipo respondió p o r ca rta diciendo que H aloneso le
pertenecía, no o b stan te lo cual estab a dispuesto a re ­
galárselo (didónai) al pueblo ateniense. D em óstenes,
Hegesipo (quien en el discurso que nos ocupa con­
testa p u n to p o r p u n to a la c a rta del m onarca) y otros
p atrio tas se m o straro n hostiles a la idea de a c ep tar
como regalo lo que en toda ju sticia les pertenecía, p o r
lo que con to d as sus fuerzas se opusieron a la espe-
254 discursos políticos

C „ s, generosidad de, m a n a r e “
el incuestionable derecho de Atenas a com a
islita en tre sus posesiones. de la referida
in rm ip rh a h a el m onarca la ocasión ue
Aprovecharía ei tra ta d o de com ercio
‘l P - V e c o de acab ar con ,a p i r ,

" t i discurso Sobre W


vés de las resp u estas c .j del contenido
Pegado

h a sta n o sotros.

argumento de libanto

Este discurso se titula Sobre et


más correcto titularlo Respuesta trataba de
efecto, había enviado una carta a los el del Ha-
muchos asuntos, de los cuales uno e < P ^ y cn tiempo
loneso; ésta era una antl^ “J 0^ ° Filip„ los expulsó, y
de Filipo estaba ocupada por P ; J no está dis-
cuando los atenienses 1c rcc aman promete que,
puesto a devolverla, pues alega que es suya, pero

dóm muy alejado del modo d e m o s » P » e » « r e t a d o ^ , d »

es ilegítimo; r e » «H -Si vosotros Detnds-


sienes y no pisoteado entre os non ^ insolencia
lenes suele em plea, un 1 ' " ^ ' / ” “ ° ^ ” ' ” eontenido. 1»
y grosería eme no tiene j ' Y ade„ á , , también es cosa

s: ™ r r —r „- p " 'x s
z
3 ■>»- *s-
SOBRE EL HALONESO 155

sipo, tanto por el estilo, que es similar al que ha usado este


autor, como por los hechos referidos. Pues el que escribió este
discurso afirma haber presentado una acusación de ilegalidad
contra Calipo de Peania; ahora bien, es claro que no fue De-
inóstenes, sino Hegesipo el que emprendió la acusación contra
Calipo.
Sí, por Zeus; pero el discurso aconseja a los atenienses 4
acerca de la isla Haloneso que no la «reciban, sino que la re­
cuperen», v hace un distingo a propósito de estas palabras; y
eso dice Esquines que Demóstenes había aconsejado a los ate­
nienses. Y a pesar de ello, ¿qué prueba eso? Pues pudo Demos-
tenes haber dado el mismo consejo que Hegesipo, puesto que,
incluso respecto de las demás cuestiones eran del mismo par­
tido en política y con sus discursos se oponían a los oradores
filipizantes; y hasta Demóstenes recuerda que Hegesipo participo
con él en una embajada y que hizo frente al Macedonio. Así 5
pues, es evidente que el discurso pronunciado por Demóstenes
Sobre el Haloneso no se conserva y, por no existir aquél, le
atribuyeron el que se ha encontrado, basándose en que el dis­
curso sobre el Haloneso había sido pronunciado por el orador,
pero sin pararse a examinar si era verosímil que este fuera el
suyo.

Varones atenienses, no es posible que las acusa- 1


ciones que dirige Filipo 1 co n tra los que hablan en favor
de vuestros derechos im pidan que nosotros nos con­
virtam os en consejeros defensores de vuestros in te re ­
ses; pues sería m on struoso que las ca rtas que de p arte
de él os son enviadas aboliesen la lib ertad de p alab ra
sobre la trib u n a. E n cuanto a mí, varones atenienses,
quiero en p rim e r lu g ar d isc u rrir en v u estra presencia

i Filipo acusaba a los oradores patriotas, como Demóstenes


o Hegesipo, de inducir al pueblo a adoptar posturas de recelo
con relación a la política de Macedonia. Insinuaba, además, que
la conducta de estos oradores se explicaba por resentimiento
hacia él, ya que se sentían despechados al no haber intentado
el monarca sobornarlos.
156
DISCURSOS POLÍTICOS

sobre determ in ad os puntos de la c a rta que os h a re


m itido; y luego, acerca de lo que dicen los em bajado­
res, tam b ién n o s o tro s 2 hablarem os. . u ,
Filipo com ienza diciendo, respecto de la isla de Halo-
n e s o 3 que os la da com o suya que es, pero asegura
que vosotros no tenéis derecho a reclam arla, pues no
era v u estra ni cuando se apoderó de ella m ah o ra que
la retien e en su poder. Tam bién a no so tro s nos expo­
nía tales razones, cuando le visitam os en calidad de
em b ajad o res, en el sentido de que, al h a b e r adquirido
esta isla quitán d osela a los p n a ta s, tam b ién J
5 que le p erten eciera. Como este argum ento no es justo,
es fácil elim inárselo. P orque todos los p irata s se apo­
deran de los te rrito rio s ajenos y c o rm rí í d o l o s
fortaleza, h acen daño a los dem as desde ellos. P or
consiguiente, el que los castiga y los vence no d in a ,
p o r cierto, cosa razonable si declarase que las tierra s
que aquéllos co n tra derecho retenían tra s habérselas
4 q u itad o a o tro s pasau a se r posesión suya. P orque s.
adm itís ese principio, incluso si unos p .ra ta s se a p e ,
derasen de u n a p arte del Atica, o de Lem pos, o de
Im b ro s, o de E sciros 4 y ciertos individuos los expul
saran, ¿qué razón im pediría que, al punto, h a sta ese
te rrito rio en que estaban los p iratas y que era n u estro
no se co n v ierta en propiedad de quienes los casti-
5 garon? Filipo no desconoce que lo que dice no es
justo; an tes bien, sabiéndolo m ejo r que nadie, piensa

2 «Nosotros» equivale aquí a «los oradores


3 La islita de Haloneso estaba situada al N. de Eub“ * J
a la costa de Tesalia; formaba parte de un grupo de islas en
clavadas en el mar como una especie de contmuación de la

^ S m n í .t o b r o t y Esciros er.n M» isl*. *“ * « * “ “ * ?


a Atenas v eran consideradas posesiones indiscutibles. La P
L r a estaba situada al N. del Egeo (cf. Contra Fütpo 1 W .
Imbros se encontraba al NE. del Egeo (cf. Contra Fütpo, I 34),
y Esciros se hallaba al E. de Eubea.
SOBRE EL HALONESO 157

que vosotros pod ríais ser engañados p o r los que han


prom etido d irigir los asuntos de aquí com o él q u iera y
ya están ah o ra poniendo en p rá ctica su prom esa. Pero
t ampoco se le oculta aquello, a saber: que, cualquiera
que sea de estas dos p alab ras la que em pleéis, vos­
otros ten d réis la isla, bien sea que la tom éis, bien que
la recuperéis. E n ese caso, ¿qué puede im p o rtarle no t
devolvérosla —usando el ju sto no m b re—, sino haberos
hecho donación de ella —em pleando el térm ino con­
trario al derecho— ? No es p a r a ad ju d icarse un tan to
en vuestro cóm puto con su generoso acto (pues sería
ridicula esa generosidad), sino p a ra m o stra r a todos los
griegos que los atenienses se consideran felices de re ­
cibir de m anos del M acedonio te rrito rio s m arítim os. Y
eso, varones atenienses, no lo habéis de hacer.
Y cuando dice que acerca de esos asuntos está dis- 7
puesto a so m eterse a u n a rb itra je , no hace m ás que
burlarse de vosotros; en p rim e r lugar, al p ed ir que vos­
otros que sois atenienses, en litigio con uno que p ro ­
cede de P e la 5, os som etáis a a rb itra je sobre si las
islas son v u estras o de él. Pues cuando vuestro poder,
que liberó a los griegos, no es capaz de conservar
vuestras posesiones m arítim as, y son, en cam bio, los
árb itro s a quienes acudís, dueños del veredicto, los
que os las conservarán, siem pre que Filipo no com pre
sus votos, ¿cóm o no va a im plicar eso ab iertam en te 8
que vosotros, cuando adoptáis esta política, lo habéis
abandonado todo en el continente y m anifestáis al
m undo en tero que ni p o r u n sólo palm o de tie rra
firme os en fren taréis a él, pu esto que ni siquiera estáis
dispuestos a hacerle frente p o r vu estras posesiones en
el m ar, donde decís que e strib a v u estra fuerza, sino
que vais a som eteros a un a rb itra je ?

5 Cf. S o b re la coron a 68.


DISCURSOS POLÍTICOS
158

9 L u e g o , a c e r c a d e ú n tr a t a d o de a c u e r d o s m u tu o s
a firm a h a b e r e n v ia d o d e le g a d o s p a r a e s tip u la r lo s , y
q u e h a n d e s e r v á lid o s , n o u n a v e z q u e h a y a n s id o r a ­
tific a d o s e n v u e s tr o tr ib u n a l, c o m o m a n d a la le y , sin o
c u a n d o s e le h a y a n r e m itid o a e l, h a c ie n d o a si q u e las
d e c is io n e s d e v u e s tr a ju r is d ic c ió n s e a n a p e la b le s a n te
la s u y a p r o p ia . P u e s q u ie r e a n tic ip á r s e o s y e s ta b le c e r
com o cosa c o n v e n id a en ei tr a t a d o q u e n o le h a c e .s
c a r g o a lg u n o , e n c a lid a d d e in ju r ia d o s , d e n in g u n o d e
ío s d a ñ o s c a u s a d o s e n F o n d e a ? , sin o q u e c o n fir m á is
10 q u e a q u é l le g a lm e n te la c a p tu r o y la p o se e . S in em ­
b a r g o lo s a te n ie n s e s q u e h a b ita b a n P o tid e a u eron
d e s p o ja d o s p o r é l d e su s p r o p ie d a d e s , a u n q u e e llo s no
e s ta b a n e n g u e r r a c o n F ilip o , sin o m a s b ie n e r a n a lia ­
d o s s u y o s , y a p e s a r d e lo s ju r a m e n to s q u e F ilip o h a b ía
p r e s ta d o a lo s h a b ita n te s d e P o tid e a . É s ta s s o n las
a c c io n e s ile g a le s q u e q u ie r e se a n c o n fir m a d a s p o r v u e s­
t r a p a r te m u c h a s v e c e s y d e to d a s la s m a n e r a s , en el
se n tid o d e q u e n i se la s e c h á is en c a r a m q u e o s con-
n s id e r á is , e n c u a n to a e lla s , in ju s ta m e n te tr a ta d o s p u e s
d e l h e c h o d e q u e lo s m a c e d o n io s n o n e c e s ita n d e mn-
o ú n tr a t a d o d e a c u e r d o s m u tu o s c o n lo s a te n ie n s e s,
s ír v a o s c o m o p r u e b a e l tie m p o p a s a d o : en e fe c to , m
A m in ta s , e l p a d r e d e F ilip o , n i lo s d e m á s r e y e s n u n c a
1 2 h ic ie r o n tr a t a d o s b ila te r a le s co n n u e s tr a c iu d a d ; eso

q u e la s r e la c io n e s e n tr e lo s u n o s y lo s o tr o s e r a n m as
fr e c u e n t e s d e lo q u e lo so n e n la a c tu a lid a d ; p o rq u e
M a c e d o n ia e s ta b a e n to n c e s a n u e s tr o c a r g o y n o s apor- 6 7

6 S v m b ü la eran llamados los tratados de acuerdos mutuos


(e n tre o ío s que iban incluidos los relativos al comercio! que
establecían y aceptaban plenamente dos p o té is. En ejlos se
forma e„ oue serian ju agad ,, las
surgieran entre lo, ciudadano, de las ' ‘“ laWtab¡m en
7 Cuando Filipo tomo Potidea en el 356 a. C., üaoita
esta ciudad colonos atenienses; sus propiedades fueron confis­
cadas por el monarca macedomo.
SOBRE EL HALONESO 159

taba trib u to y n o so tro s nos servíam os de sus pu erto s


com erciales y ellos de los n u estro s en m ayor m edida
que actualm ente, y no había, com o ahora, juicios m er­
cantiles reg u larm en te celebrados cada m es, los cuales
son causa de que p a ra nada necesiten de tra ta d o s bi­
laterales quienes viven tan alejados e n tre sí. Y sin 13
em bargo, aunque no existía n ad a sem ejante, ninguna
ventaja re p o rta b a establecer acuerdos m utuos ni em ­
pren d er viaje p o r m a r de M acedonia a A tenas p a ra
obtener ju stic ia ni de Atenas a M acedonia en n u estro
caso; en vez de eso, n o so tro s arreglábam os ju d icial­
m ente n u estro s asu n to s p o r m edio de las leyes de aquel
país y ellos m ediante las nuestras. Así pues, sabed que
ese tra ta d o se pro d u ce con la esperanza de que vos­
otros ni siq u iera planteéis ya reivindicaciones razona­
bles sobre Potidea.
Acerca de los p iratas, afirm a que es ju sto que en 14
com ún vigilemos a quienes en el m ar p roducen daños
a vosotros y a él m ism o; con lo cual ninguna o tra cosa
preten d e sino esto: que vosotros lo instaléis en el m a r
y que confeséis que sin Filipo vosotros no sois capaces
ni de d esem peñar la vigilancia del m ar, y, adem ás, que 15
se le conceda plena libertad p a ra su rc ar el m a r de un
lado a o tro e ir fondeando en las distin tas islas, y, con
el p retexto de vigilar a los p irata s, so b o rn a r a los is­
leños y ap a rtarlo s de vosotros; y no contento con h ab e r
tran sp o rta d o a Tasos, por o b ra de vuestros generales,
a los exiliados que p artie ro n de su m ism a c o r te 8, quie­
re tam bién ap ro p iarse de las dem ás islas, p a ra lo cual
envía agentes que acom pañen a vuestros generales,

8 Según el escoliasta, Filipo convenció al general Cares para


que reintegrase a Tasos a los ciudadanos de esa isla que habían
sido desterrados de ella por favorecer la política del Macedo-
nio. Éstos, en su exilio, se habían establecido en Macedonia.
Tasos era una isla del N. del Egeo. Cf. Contra Filipo, I 32;
Carta de Filipo 2; 17.
discursos políticos
160

com o si fu esen a p a rtic ip a r en la ta re a de la vigilancia


16 del m ar. Sin em bargo, algunos aseguran que el no
tiene n ecesidad del m ar. ¡Pero él, que p a ra n ad a nece­
sita el m ar, se construye trirre m es y edifica d ársenas
y está d isp u esto a enviar expediciones y h acer consi­
derables gastos p a ra a rro s tra r los peligros de la m ar,
y todo eso, p o r objetivos que en nada estim a.
Os creéis, varones atenienses, que Filipo os h ab ría
17
pedido q u e le hicierais esas concesiones si no os des­
p re ciara y si no tuviera plena confianza en los indivi-
L o s q u e h a escogido aquí p a ra ten er como. am igos
los cuales no se avergüenzan de vivir p a ra Filipo y no
p a ra su p ro p ia p a t r i a 910, y que, al re cib ir os presentes
de aquél se creen que los tom an p a ra lle v a r lo s ^ su
p atria, cuando lo de la p a tria lo están vendiendo.
18 E n cu an to a la enm ienda del tra ta d o de paz que los
em b ajad o res enviados p o r él d ejaro n a n u estro a e-
drío p o rq u e hicim os efectivam ente la corrección de
que «cada u n a de las dos p artes tenga lo suyo», lo que
um v ersalm en te se reconoce ju sto , el lo discute negando
h ab er dado posibilidad de enm ienda y que sus em ­
b ajad o res os hayan dicho tal cosa; y eso es n ad a m as
que está persu adido, p o r o b ra de ésos que re p u ta sus
am igos, de que vosotros no os acordáis » de lo que
19 quedó dicho en la asam blea. Pero eso es lo único que
no es posible que hayáis olvidado; pues en la m ism a
asam blea en que los em bajadores llegados de la corte
de Filipo os expusieron el caso, se re d acto tam b ién el
decreto, de m odo que, al releerse el decreto inm ediata­
m ente desp u és de h ab e r sido pronunciados los discur­
sos no es posible que vosotros votarais la falseada re­
solución de los em bajadores. De form a que esa ca rta
no va c o n tra mí, sino co n tra vosotros, al im plicar que

9 Cf. Sobre la corona 205.


10 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 136.
SOBRE EL HALONESO 161

vosotros habéis enviado v u estra decisión en resp u esta


a preguntas que no se os p lan tearo n . Y los p ropios 20
em bajadores, cuyas intenciones falseaba vuestro decre­
to, cuando les respondíais con la lectu ra del texto de
éste y les invitabais a recib ir ho sp italid ad u, no se a tre ­
vieron a acercarse a la trib u n a y decir: «Falseáis nues­
tros propósitos, varones atenienses, y sostenéis que nos­
otros hem os dicho lo que no hem os dicho.» No, no lo
hicieron, sino que se m arc h aro n en silencio. P ero quie­
ro reco rd aro s a vosotros, varones atenienses (dado que
Pitón, em b ajad o r entonces, alcanzó gran éxito en tre
vosotros con su alocución), las p ro p ias p alab ras que
éste pronunció; pues estoy seguro de que os acordáis
de ellas. E ran sem ejantes a las que ah o ra h a consig- 21
nado Filipo en su ca rta; porque, acusándonos a nos­
otros, los que difam ábam os a Filipo, tam bién a vos­
otros os rep ro ch ab a que, cuando él estab a dispuesto a
beneficiaros y os h abía escogido com o am igos en tre
todos los griegos, vosotros se lo im pidierais p re sta n d o
oído a los profesionales de la calum nia y a los que le
reclam aban dinero 12 y a la vez le desacreditaban; p o r­
que relaciones de esta suerte, cuando las oía de los
que se las su m in istraban, quienes le in fo rm ab an de
que se h ab lab a m al de él y vosotros dabais acogida a
lo que de él se decía, hacían cam b iar sus intenciones,
al co m p ro b ar que era objeto de desconfianza p o r
p arte de aquellos a los que h ab ía escogido p a ra ser
su bienhechor. Así pues, pedía a los o radores públi- 22
eos que no a tac ara n la paz; pues no m erecía la pena
rescindirla; y si algún punto no estaba bien redactado
en el trata d o , se corrigiera, en la idea de que Filipo
h ab ría de acep tar todas las decisiones que sugirieseis.

11 Es decir: a acudir, como invitados, al banquete ofrecido


en el Pritaneo a cargo de la ciudad.
12 Cf. Carta de Filipo 20.
35. — 11
DISCURSOS POLÍTICOS
162

P ero Si los o rad o res lo d if a m a b a n p e r o no p r o p o ^ a a


ay, os pedia
Fiiipo d e ja ra de s J g Y esos arg u m entos
23 que no hicierais cas cirios v declarabais que lo
los ap ro b ab ais vosotros al oírlos y^ decdar y
q u e decía P itó n e ra u s to .J ^ se deroga-
eSaS d ^ t r a t a d o ^ a q u e l ^ s ^ á u s u la s ^ q u e le in teresab an
sen del tra ta d o a q d mUcho dinero p a ra
a él J p o r las que t o b * sido pr&
q u e se h icieran sirio ^ de aquí, los
viam ente aleccionad P , • fu e ra a p ro p o n er
cuales n o se j u r a b a n ' J u e a ^ e n l u « a ^
d ecretos co n tra rio s al de ' a4 “ carones a s
" la a p ro p o n e r n ad a q u e luese ilegal,

ssr ¿ .¿- r r d¿“r %


típ r r d e\ los
m edlo o cuales
~ ™ ^ ad<iuiti<io
ilegal, e l de tM-
25 te rrito rio . Asi p u - re d actar n ad a legal en con-
ló crates, y no era p p i re d a c ta r yo
fo rm id ad con ese decreto Z an te's,
p ro p u e sta s conformes¡ a aq^ asegu ra b a n la in-
qT er^ d a der vuesdtro territo rio , hice yo u n a proposi-
^ a f e iba d em ostrando que Fiiipo p re te n d ía en-
cion legal e iba a s ^ ^ tra ta d o de p az, smo
gañaros y no ^ u e n vuestros 0 iÜS a quienes h ablaban
h acer de que, des-

pues d e h a b e r S ostiene que


tra ta d o d e p a r, a h o r a * d . ^ s era

r r ^ d o T i S s ^ votac,On que ~ r a

Cf. T ucídides, IV 102.


SOBRE EL HALONESO 163

lo que poseyese. A hora bien, vosotros votasteis ese de­


creto, pero, sin em bargo, no d ecretasteis que Anfípolis
fuese suya. Pues es posible po seer incluso lo que es
de otro, y no todos los poseedores poseen lo que es
suyo, sino que m uchos h asta se en cu en tran en pose­
sión de lo ajeno; de m odo que ese su til argum ento
suyo es u n a to n tería. Y del decreto de F ilócrates se 27
acuerda; en cam bio, se ha olvidado de la c a rta que os
envió cuando estab a poniendo sitio a Anfípolis, en la
que reconocía que Anfípolis e ra vuestra; pues decla­
raba que, u n a vez la hubiese reducido m ed ian te el ase­
dio, os la devolvería com o v u e stra que e ra y no de
quienes la ocupaban. Al parecer, aquellos que habita- 28
ban en Anfípolis previam ente, antes de que Filipo la
tom ara, o cu paban territo rio ateniense; pero, después de
que Filipo la h a conquistado, no es te rrito rio ateniense
el que ocupa, sino suyo; ni Olinto, ni A p o lo n ia14, ni
Palene son pro p ied ad es ajenas que él posee, sino suyas
propias. ¿Acaso os p arece que os escribe de fo rm a pre- 29
cavida, con el fin de aparecer com o quien dice y o b ra
lo que u m versalm ente se reconoce ju sto ? ¿No os d a la
im presión m ás bien, p o r el co n trario , de que os ha
despreciado en form a brutal, u n a p ersona com o él, que
afirma que es suyo y no vuestro el te rrito rio que los
griegos y el rey de los persas 15 h an decretado y reco­
nocido que os pertenece?
E n cuanto a la o tra enm ienda que vosotros propo- 30
néis en el tratad o , a saber, q u e los dem ás griegos que
participan en él sean libres e independientes y que, si

h Cf. Contra Filipo, III 26.


u Se refiere el texto, no a la paz de Antálcidas, sino a la
que concertaron los griegos 3? el Gran Rey en Esparta el año
371 a. C., poco después de la batalla de Leuctra. Cf. Sobre
la embajada fraudulenta 137, 253. E squines, Sobre la embajada
fraudulenta 32; J enofonte, Helénicas VI 3; D iodoro SIculo,
XV 50.
164
DISCURSOS POLÍTICOS

se les ataca, les presten ayuda los signatarios del pacto,


31 consideráis que es justo y a la vez humanitario que
no sólo nosotros y nuestros aliados y Fi ipo y os suyos
tengamos la paz, mientras que los que no son aliados
nuestros ni de Filipo quedan a disposición de ambos
y expuestos a ser destruidos por los mas tuertes, sino
que también a ésos, gracias a vuestro tratado de paz,
les alcance la seguridad y que de verdad nosotros de-
32 pongamos las armas y observemos la paz. Pero Filipo
aunque, como acabáis de oír, reconoce en su carta que
esa corrección es justa y que está dispuesto a acep­
tarla, ha despojado a los fereos de su ciudad y en su
ciudadela» ha establecido una guarnición (sin duda,
para que sean independientes), marcha contra Ambra-
cia y en cuanto a las tres ciudades, colonias de la
Elide Pandosia, Buqueta y Alatea, situadas en Casopia,
devastó sus territorios mediante incendios, irrumpió
en ellas por la tuerza y las entregó a su cu* ad° Me'
jandro para que fuesen sus esclavas18. Mucho desea,
desde luego, que los griegos sean Ubres e independien­
tes, como muestran sus actos.
33 Por lo que se reliere a las promesas que no deja de
haceros con respecto a los grandes beneficios que os
proporcionará, asegura que yo miento para su perjui­
cio al difamarle ante los griegos19; pues afirma que
nunca os ha prometido nada. Así es de desvergonzado

16 pi texto griego dice exactamente: «quedan en medio


campo»! e s ^ e c ir f como los trofeos destinados a los triunfadores
eíT ío s juegos atléticos. Cf. una expresión similar en Contra
Filipo, 1 5 . ,,n
17 Cf. S o b r e la e m b a j a d a f r a u d u l e n t a 26U.
18 Filipo penetró en el Epiro, destronó al rey Anbas y en
su lugar, estableció a su cuñado Alejandro (cf. Olmí. I 13),
. . c:udades de Casopia e irrumpió en Ambracia.
“ S g X ? 3 W T P « =>
tenes en C t » l r . Filipo, III 72, h a b í, torn ad o parte de u n . em-
b a ja d a aten ien se enviada al Peloponeso.
SOBRE EL HALONESO 165

este hombre, que ha escrito en su carta, que está toda­


vía en la sala del consejo, que os va a prodigar bene­
ficios en tal cantidad, que nos harán cerrar la boca a
nosotros, decía20, los que hablamos contra él; y que
esos beneficios los detallaría ya por escrito si estuviese
seguro de que la paz se iba a producir, lo que clara­
mente implicaba que estos beneficios que habríamos
de recibir una vez concluida la paz estaban ya dispues­
tos v al alcance de la mano. Pero, una vez que se con- 34
cluvó la p az21, los beneficios que nosotros íbamos a
recibir están en el aire; en cambio, entre los griegos
se ha producido una destrucción 2223 tan enorme como
vosotros sabéis. Sin embargo, a vosotros os promete
en la presente carta que, si tenéis confianza en sus
amigos y en los que hablan en su favor, v, por otro
lado nos castigáis a nosotros, que ante vosotros le
difamamos, os concederá grandes beneficios. No obs- 35
tante, esos beneficios van a ser de este género: no os
devolverá lo que es vuestro —pues proclama que es
suyo—, ni las recompensas os las otorgará en el mun­
do habitado por miedo a ser objeto de malas interpre­
taciones por parte de los griegos; otro territorio, al
parecer, otro lugar aparecerá, del que se os hará do­
nación.
En cuanto a las plazas fuertes 21 que, ocupándolas 3 6
vosotros, él ha tomado durante la paz, violando el tra­
tado V rompiendo la tregua, dado que no tiene nada

20 Otro ejemplo de inserción pleonástica del verbo «decir»


puede verse en C o n tra F ilipo, I I I 44.
21 Hay en el texto un clarísimo ejemplo de epanodiplosis
que intentamos reflejar en la traducción con las frases «una
vez que se concluyó la paz» y «una vez concluida la paz».
22 Alude a la destrucción de Fócide y algunas ciudades beo­
das.
23 Pertenecían estas plazas fuertes, situadas en la costa de
Tracia, al rey Cersobleptes; pero al ser atacadas por Filipo,
fueron defendidas por tropas atenienses.
DISCURSOS POLÍTICOS
166

que decir, sino que abiertamente es convicto de injus­


ticia, afirma que en este particular esta dispuesto a
someterse a un tribunal justo e imparcial, cuando ésa
es la única cuestión en que no hay -n g u n a ^eces dad
de arbitraje; antes bien, el computo de los días es su­
ficiente para juzgarla. Pues todos
37
y en qué día* se concluyó el tratado de paz. Y de
igual manera que sabemos esto, también sabemos eso
otro en qué mes y en qué día fueron tomadas la pla­
za fuerte de Serreo, Ergisce y Hierón Oros. Sin duda,
“ ^ue L í se ha realizado no ha quedado oculto ni
necesita juicio; antes bien, es de todos conocido qué
T es precedió al otro, aquel en que se concluyo la paz
o el mes en que las fortalezas fueron tomadas.
Asegura también haber devuelto a todos nu^tros
38
soldados que fueron hechos prisioneros en la gue .
Cuando, en realidad, al cariado ” , préaeno de nuestra
ciudad por quien vosotros enviasteis tres embajadas
q u elo reclamaran, tan generosamente aquél os lo q m »
perdonar para complaceros, que lo mato y ni siqui
concedió la posibilidad de recoger el cadáver para en-

“ T e n cu an to al O uerso n eso >*, m erece la p e n a »


39
minar lo que os dice en su carta y, ademas, averigu

24 La~paz fue concertada por el pueblo de Atenas ba^d

“ r df c s s , » -
calidad de cónsul en Atenas. discurso,
26 Heeesipo, o quienquiera que sea el autor a
trata de mostkr, apoyándose en una antigua inscripción c
SscuüblT d recho de Atenas a mantener el domm.o sobre ei
Quersoneso tracio, antigua posesión p ie n s e que aserraba a
la ciudad de Atenas la ruta del Helespon o. Por el tratado del
357 a C los atenienses renunciaban a la ciudad de Caí.
pero reafirmaban sus derechos sobre el resto de la península,
SOBRE EL HALONESO 167

también lo que está haciendo. Pues todo el territorio


que está del otro lado de Agora, como si fuese suyo y
a vosotros nada os tocara, lo ha dado en usufructo a
Apolónides de Cardia27. Eso a pesar de que el límite
del Quersoneso no es Agora, sino el altar de Zeus Li­
mítrofe, que está situado entre Ptéleo y Leuké Akté
por donde iba a excavarse el canal 28 del Quersoneso,
como, por lo menos, muestra la inscripción grabada 40
sobre el altar de Zeus; ésta es:
E ste m u y bello altar al dios edificaron, en él po­
niendo el lím ite entre L euké y Ptéleo, com o señal de su
región, los que aquí habitan, y el propio hijo de Crono,
señor de los bienaventurados, ocupa el punto m edio de
la tierra de nadie

Pues bien: esta región, cuva extensión la mayoría 41

de vosotros conoce, como si fuese propiedad suya, una

cf. C o n tra A ris tó c ra te s 173, 181. La ciudad de Agora figuraba


entre las posesiones irrenunciables de Atenas en el Quersoneso;
este dominio ateniense se extendía, incluso, sobre el territorio
situado más allá de esta ciudad, el comprendido entre Agora
y el continente.
27 Sobre la hostilidad hacia Atenas de este personaje, cf.
C on tra A ris tó c ra te s 183.
28 Cf. C o n tra F ilipo, I I 30.
29 La inscripción es métrica, consta de dos dísticos, cada
uno de los cuales está formado por un hexámetro y un pentá­
metro en este orden. A juzgar por su contenido, el altar de
Zeus, por decisión de los habitantes de la región, ha sido eri­
gido como límite. Supone el orador, forzando un poco el texto,
que alude al límite del Quersoneso. Nosotros entendemos — y
así lo hemos traducido— que el lím ite en cuestión es simple­
mente el que separa los territorios de Ptéleo y Leuké Akté.
En cuanto a la palabra a m m o ríe s, le hemos dado una inter­
pretación, que, si no es absolutamente segura, es, por lo me­
nos, la más satisfactoria etimológicamente y la que más encaja
en el contenido general del pasaje, tal como lo presenta el
orador.
168 DISCURSOS POLÍTICOS

parte la explota personalmente, y la restante se la ha


dado como regalo a otros; y todas vuestras posesiones
las somete a su control y no sólo se apropia del terri­
torio de más allá del Agora, sino que ademas os par­
ticipa en la presente carta que es necesario que vos
otros sometáis a arbitraje vuestras reivindicaciones
contra los cardianos que habitan del lado de aca del
Agora —¡contra los cardianos que habitan en vuestro
propio territorio!- si en algún punto estáis en des­
acuerdo con ellos.
42 Ellos están en desacuerdo con vosotros, ved
a propósito de un asunto de poca monta. Sostienen
que el país en que habitan es suyo y no vuestro, y que
vuestras posesiones parece como si estuvieran en ierra
extranjera, mientras que las suyas se hallan en su p -
pió territorio; y que esto lo hizo constar en un decreto
un ciudadano vuestro, Calipo, del demo de Peama.
43 Y en eso, al menos, dicen la verdad; pues e propuso,
efectivamente, ese decreto, y cuando yo mismo le de­
nuncié por propuesta ilegal, vosotros lo absolvisteis
así pues, él ha hecho discutible vuestro derecho sobre
esta región. Pero en el caso de que admitáis acerca de
esta cuestión un arbitraje entre vosotros y los cardó­
nos, sobre si ese territorio es vuestro o es de e os,
;por qué no ha de extenderse este mismo derecho tam-
44 bién a los demás habitantes del Quersoneso? Y la inso­
lencia con que os trata Filipo es tal que declara qu
si los cardianos no están dispuestos a someterse a
arbitraje, él personalmente los obligara como si vos­
otros ni siquiera fuerais capaces de obligar a los car
dianos a obrar en vuestro beneficio; y ya que vosotros
no podéis, asegura que él en persona les obligará a
hacerlo. ¿No es evidente que os dispensa grandes be
45 ficios? Y esa carta, algunos decían que estaba bien
escrita, gente que merecería vuestro odio con mucha
mayor razón que Filipo. Al menos aquel actúa en contra
SOBRE EL HALONESO 169

v u e stra tr a ta n d o de c o n se g u ir g lo ria y g ra n d e s b en efi­


cio s ; e n c a m b i o , t o d o s a q u e l l o s q u e , s i e n d o a t e n i e n s e s ,
m u e s t r a n d e v o c i ó n n o h a c i a s l i p a t r i a , s i n o h a c i a Fi-
lip o , m e r e c e n q u e , c o m o m i s e r a b l e s q u e s o n , l o s h a g á i s
p e r e c e r m i s e r a b l e m e n t e , si e s q u e v o s o t r o s t e n é i s el
c e r e b r o e n las s ie n e s y n o p i s o t e a d o e n t r e lo s ta lo n e s .
M e q u e d a y a p r o p o n e r p o r e s c r i t o u n a r e s p u e s t a 4<s
__la q u e c o n s i d e r o j u s t a y c o n v e n i e n t e p a r a v o s o t r o s —
a e s t a c a r t a t a n b i e n e s c r i t a y a lo s d i s c u r s o s d e lo s
e m b a j a d o r e s 30.

30 Anuncia el orador que redactará más tarde un proyecto


de respuesta con tra la carta y los embajadores.
V III

SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO

INTRODUCCIÓN

El año 342 a. C., Filipo em prende una nueva expe­


dición en T racia con el ñn de som eter los reinos allí
establecidos, a lo largo de la cuenca del H ebro, espe­
cialm ente el de C ersobleptes (aliado de los atenienses),
y, sobre todo, ad ueñarse de los estrechos a través de
los cuales llegaba a Atenas el trigo que, procedente del
Ponto Euxino, era de im p o rtan cia vital p a ra el avitua­
llam iento de esta ciudad. Los atenienses, p o r tanto,
no podían p erm itir que el P onto Euxino, el granero de
Atenas (cf. Dem óstenes, C ontra L eptines 31) cayese en
m anos de Filipo.
Aunque, a raíz de la G uerra Social, Atenas había
perdido el dom inio del B osforo, re su ltab a a todas luces
peligroso que el M acedonio se ad u e ñ ara de él, así com o
de la P ropóntide, y estableciese sus bases de operacio­
nes en Bizancio y Perinto.
Todavía estab a en m anos de los atenienses el Quer-
soneso tracio, desde donde podían aquéllos co n tro lar
el H elesponto. P o r consiguiente, la política inteligente
de Atenas no podía ser o tra sino la de e sta r dispuesta
a socorrer a Bizancio, en el caso de que la atacase Fi-
DISCURSOS POLÍTICOS
172

lino v refo rzar el Q uersoneso. Con tal propósito envía


Atenas a aquel lugar a un grupo de colonos a las ovde-
n Ís de Diopites. Pero u n a ciudad de la península del
Q uersoneso, Cardia, se niega a darles acogida; y pese
a que dicha ciudad figuraba com o '^ ^ e n d i c n t e j n
los últim os trata d o s sancionados por en ,
nos atenienses hicieron caso om iso de ello, > con un
ejército*1de m ercenarios que reclutó D iopites se apres^
i ™ a an iq u ilar ,a re sid e n c ia de ios
entonces cuando C ardia pidió ayuda a Filipo y aquel
envió a esa ciudad un contingente de t r °P aS m a '
nias que hizo cam biar de planes a Diopites. E n efecto,
" b r is ó al asedio de la ciudad rebelde; P - o - j e n -
canza p o r la intervención de Filipo, saqueo
torio de T racia ocupado p o r los m acedom os y obtuvo
Hp él m uv rico botín. , .
Muv h áb ilm ente aprovechó Filipo clsc desm án:
llegar a Atenas sus m ás enérgicas p ro testas y h as a
am enazó ab iertam en te a los atenienses.
En estas circunstancias, en la prim avera
341 a. C., en Atenas, se som ete a deliberación P
blo la difícil situación creada en las relaciones e es a
ciudad con Filipo a raíz del com portam iento de D io
pites en T racia. Los p artid a rio s de M acedonia proponen
d esau to rizar a D iopites y enviar al
general que le sustituya. D em óstenes, p o r el contrario,
fntuvendo que la guerra en tre Atenas y f i l i p o «
table, ex h o rta a los atenienses a h acer fren te a la m va
sión del rey m acedonio dondequiera que se produzca
va sea en los estrechos, ya en el Atica; a conseguir qu
los dem ás griegos se unan a ellos en el com ún .
de h ac er fren te a los am biciosos planes del Mace orno,
a fo rm a r u n cuerpo de ejército dispuesto en to á ° ™
m entó a in terv en ir en las zonas am enazadas p o r Filipo,
a p re s ta r apoyo económ ico a las tro p as de Diopi , y.
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 173

en vez de disolverlas, a p ro c u ra r que, m ediante una


soldada, su situación sea m ás re g u lar y estable.
Finalm ente, n u estro o ra d o r se e n fre n ta a los dos
grandes adversarios de sus planes: el propio pueblo
de Atenas, que no quiere ni o ír h a b la r de sacrificios ni
de guerras, y los p artid ario s de Filipo, dispuestos siem ­
pre a fom en tar la indolencia de los atenienses y a h acer
recaer —com o dice D em óstenes— sobre los oradores
p atrio tas la ira que experim entarán sus conciudadanos
el día en que ya no tengan o tro rem edio sino el de
luchar cara a cara c o n tra el M acedonio.

ARGUMENTO DE LIBANIO

E ste d is c u r s o fu e p r o n u n c ia d o e n d e fe n s a d e D io p ite s , a pro- 1


p ó s ito d e la s a c u s a c io n e s d e q u e h a b ía s id o o b j e t o a n te lo s
a te n ie n se s. E ra el Q u e r s o n e so d e la p a r te d e T ra cia u n a v ie ja
p o s e s ió n d e lo s a te n ie n s e s ; e n tie m p o s d e F ilip o e n v ia r o n a llí
c o lo n o s to m a d o s d e e n tr e e llo s m is m o s . E r a é s ta u n a v ie ja c o s ­
tu m b re d e lo s a te n ie n s e s , la de e n v ia r c o m o c o lo n o s a la s c iu ­
d a d es q u e p o s e ía n fu e r a a c u a n to s d e e n tr e e llo s e ra n p o b r e s
y n o ten ía n tie r r a s en la p a t r ia ; y al p a r tir r e c ib ía n a r m a s y
d in ero p a ra el v ia je a c a r g o d e l e r a r io . T a m b ié n a h o r a , p u e s ,
e s to h a te n id o lu g a r y han e n v ia d o c o lo n o s al Q u e r s o n e so ;
c o m o e str a te g o s e le s h a b ía d a d o a D io p ite s .
P u es b ie n , la m a y o r p a r te d e lo s h a b ita n te s d e l Q u e r s o n e so 2
d iero n a c o g id a a lo s r e c ié n lle g a d o s y le s h ic ie r o n p a r tíc ip e s
de su s v iv ie n d a s y su tie r r a ; p e r o lo s c a r d ia n o s n o lo s a c o g ie ­
ron, a n te s b ie n d e c ía n q u e e l te r r ito r io q u e h a b ita b a n e ra p r o ­
p ied a d d e e llo s y n o d e lo s a te n ie n s e s . E n c o n s e c u e n c ia , D io p ite s
h izo la g u erra a lo s c a r d ia n o s. E llo s se r e fu g ia n j u n t o a F i­
lip o y él e n c o m ie n d a a lo s a te n ie n s e s , p o r m e d io d e u n a c a rta ,
q u e n o in flija n tr a to v io le n to a lo s c a r d ia n o s, so b r e la b a s e
de q u e s o n s u s a lle g a d o s , s in o q u e , si e n a lg o a firm a n h a b e r
sid o p e r ju d ic a d o s, a p e la se n c o n tr a e llo s . Y c o m o lo s a te n ie n s e s
n o h a cía n c a s o d e e s a s p r o p u e s ta s , e n v ió a y u d a a lo s c a r d ia n o s.
P or lo c u a l, D io p ite s , in d ig n a d o , m ie n tr a s F ilip o e s ta b a gue- 3
J74 discursos políticos

c o n » «1 re , “ J Íp Í Í S
alta de Tracia, se dio Macedonio, y antes de que Filipo
de Tracia, zona que ^ a salvo. Por ello,
regresara se retiro al Q rechazarlo por las
precisamente, F il i p o * en la que acusaba al
armas, envío una c infringido abiertamente el tra-
" T T L T í o s oradores simpatizantes de Filipo se lanza*
tado de paz. i tos oía m e se ie castigue. Se
a la c a r r e r a ^ « o fe n sa
o p o n e a e llo D e m o s te n e y, n a d a in j u s t o , y a q u e , al
d e D io p ite s . A firm a q u e , tr a t a d o d e p a z y dar
h a b e r in fr in g id o F ilip o m u c o a n raz ó n ta m b ié n
in j u s t o t r a to a la c iu d a d q u e n o con -
é l lle v a b a a c a b o a c c io n e g d is o i v e r e l e jé r c ito
v ie n e a lo s a te n ie n s e s c a s t i g a r al g e n e ra y ! del
b a jo s u m a n d o , c u a n d o e s t e e ie r c it o a h o r a # ^
Q u e r s o n e so a F ilip o . E n su m a , c in ju s to , in fr a c to r

~ »*
lo s griegos.

q ía necesario varones atenienses, que todos los


S eria n ecesari , l b ra no pronunciasen
q ue e n tre vosotros tom an la p alab ra no P
d iscurso alguno m ovidos p o r « t o o con d p ^ ^
de r ^ l''J ,'[ P“ PU " " g e s t a s e , especialm ente cuan-
tim ase lo m ^ ' e ndo sobre asun to s de m terés
do vo so tro s estáis de dado que algunos
com ún y de gran im por a , ^ ^ de rivalidad,
son im pulsados a h ab lar y P m enester que
ya p o r o tro s m ot\V° S ^ f X p u e b l o , elim inando todo
vosotros, varones atenienses, “ P lo que p reci-
10 det » S d e r é l P, r e s conveniente p a ra la ciudad.
2 S T s u n t o p reo cu p an te consiste ert ios^ aconteC1^
del Q uersoneso y en la cam pana que, hace ya
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 175

meses, Filipo conduce en T r a c ia 1; en cam bio, la m a­


yoría de los discursos h an versado sobre lo que Diopi-
tes 2 está haciendo o d ispuesto a hacer. A hora bien, yo,
en cuan tas acusaciones se dirigen c o n tra algunos de
aquellos a los que e stá en v u estras m anos castigar
cuando queráis según las leyes, pienso que cabe que
vosotros las exam inéis ya inm ediatam ente, si os parece,
o bien dándoles larga, y que n i yo n i ningún o tro te-

1 La palabra «quersoneso» (gr. khersónésos), como nombre


común, significa en griego «península». Como nombre propio se
empleó para designar varias localidades. Aquí se refiere a la
península de Tracia que se encuentra entre el mar Egeo y el
estrecho de los Dardanelos. Este Quersoneso tracio cayó en po­
der de los atenienses por obra de Cimón y tras la batalla del
Eurimedonte en el 468 a. C. Después de la guerra del Peloponeso,
lógicamente, pasó a ser dominio de Esparta. Pero posterior­
mente, debido a la recuperación que se imprimió en la política
exterior de Atenas, aliada ahora con Tebas, gracias a Cabrias,
llícrates, Cares, Timoteo y Calístrato, no sólo se reconstruyó
la antigua Liga marítima, sino que, además, se recobró el Quer­
soneso, sin que Cersobleptes pudiera hacer nada por evitarlo.
Y en ese mismo año, 357 a. C., Eubea volvió a formar parte de
la Confederación Ateniense.
2 Diopites fue el general ateniense enviado, con un ejército
de mercenarios a sus órdenes, a defender a los colonos ate­
nienses asentados en el Quersoneso, a quienes los habitantes
de Cardia habían dispensado enojosa acogida. Éstos pidieron,
entonces, ayuda a Filipo, que envió tropas para socorrerlos. En
reacción contra este atrevimiento de los carelianos, Diopites,
aprovechando que Filipo estaba ocupado en combatir a los
odrisios, devastó sus posesiones, con lo que obtuvo un rico
botín. Ahora bien, dado que Cardia había sido reconocida por
Filipo como aliada, el ataque de Diopites significaba la viola­
ción de la paz, la paz de Filócrates, aceptada y jurada por
Atenas en el 346 a. C. Por si esto fuera poco, el general ate­
niense atacó posesiones de Filipo en Tracia, por lo que las
protestas del Macedonio no se hicieron esperar. En estas cir­
cunstancias, el pueblo ateniense estaba dispuesto a desautori­
zar la conducta de Diopites. Demóstenes desaconseja esta polí­
tica y propone, por el contrario, la guerra declarada contra
el inveterado enemigo de Atenas y de toda Grecia.
176 discursos políticos

•j j „n absoluto de encarnizarnos p o r ello;


nem os necf ^ ^ 0 , que es enem igo de la
p ero cuando se ^ un& im p o rtan te fuerza an d a
C1Ur e f ¿elT sp o n to in ten tan d o anticipársenos en la to m a
p o r el H elespon de neguem os tard e , ya

»: - “ i -

ssr
^ C T s V ™ ^ ^ se -
to m o a los dem ás a s o m o s ^ en»

T c o m e t " a saber que quien os aconseja debe p ro ­


el C onsejo , a sa , h m an ten e r la paz.
poneros sm m as o hace¿ 1. V * ^ y n¡

5 t t e n e ^ L de “ o n u l t r o en contra del tra ta d o d e p a r


ni organiza a todo el m undo co n tra nosotros, ya n a a
hav que decir, sino sim plem ente conservar la paz y
hf y q nnr lo oue de vosotros depende, veo que las
al m enos p o r lo que ue inm m entos

rim "o °: T a V está ’ a „ u s


r s a r - - íe s .
vista , p uestos p rn e ,
6 crito en docum entos públicos, y, p

al M a c ed o n io . houlé o C onsejo de los qui-

K S
*^;rKsrStfs
b asab an p ro p u e sta , de 1. bou..

' ' T r r r ^ u e se
A ten as T . “ c á T . “ e O lin .o < 3« a- C .l. se e n c o n tr a b a e »
p é s im a s ^ c o n d icio n es p a r» e o n iin u a r la g u e m .
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 177

evidente que Filipo desde el p rim e r m om ento, antes


de que za rp a ra n D iopites y los c o lo n o s6 (a los que
ahora acusan de h ab er suscitado las hostilidades), con­
tra la ju stic ia h a tom ado m uchas de las posesiones
nuestras —en favor de las cuales he aquí vu estro s de­
cretos sancionados que lo acu san —, y todo el tiem po
continuam ente an d a ap oderándose de lo que pertenece
a los dem ás griegos y a los b árb aro s, y equipándose
p ara ir c o n tra n o sotros, ¿a cuento de qué dicen que
hay que h ac er la g u erra o p erm a n ece r en paz? Nos- 7
otros no tenem os elección en el asunto; p o r el con­
trario, nos re s ta la ta re a m ás ju s ta y necesaria, la que
éstos de bu en grado pasan p o r alto. ¿Y cuál es ella?
La de defendernos del que nos atac a iniciando las
hostilidades. A m enos que, p o r Zeus, no vayan a decir
que m ien tras Filipo esté alejado del Ática y del P ír e o 7
ni p erju d ica a la ciudad ni provoca la guerra. P ero si 8
a p a rtir de estos principios establecen las n o rm as de
justicia y de ese m odo in te rp re ta n la paz, p a ra todos
resulta obvio que sus argum entos no son ciertam en te
ni píos ni tolerables ni seguros p a ra vosotros, y lo que
es m ás, re su lta que esas m ism as p alab ras que ellos
dicen son co n trad icto rias con las acusaciones que diri-

6 El término griego kléroükhoi significa «ciudadanos que


han recibido de la polis lotes de terreno (kléroi) situados fuera
del Ática, a los que acuden en calidad de colonos, sin perder
su originaria ciudadanía ni llegar a constituir comunidades in­
dependientes una vez instalados en los nuevos asentamientos».
Como ciudadanos atenienses que seguían siendo, los kléroükhoi
estaban sometidos al servicio militar, a la paga de contribu­
ción para la guerra (eisphorá), y tomaban parte en las activi­
dades religiosas. Los motivos que impulsaban a Atenas a enviar
kléroükhoi a otras zonas geográficas eran primordialmente
políticos y económicos. La polis se descargaba, así, de buen
número de ciudadanos pobres y, al tiempo, estos colonos
defendían los intereses de Atenas en los más lejanos países.
7 Píreo es el puerto de Atenas, importante desde los puntos
de vista estratégico y militar.
35. — 12
discursos políticos
178

s e n c o n t r a D io p ite s. P u e s, ¿ a sa n to d e q u é v a m o s a
d a r a F ilip o fa c u lta d d e h a c e r to d o lo q u e a u n n o h a y a
h ^ o a c o n d lc io n d e q u e se m a n te n g a a le ja d o d e l
Á t ic a m ie n tr a s q u e a D io p ite s m le s e r a lic ito a y u d a r
f S ' t m c i o s o , e n c a s o d e ^ ^ o s a y u d e a d m itir e m o s
9 que está iniciando u n a guerra.' «Si, p o r Z e u s i
se ve a u e no llevan razón; p ero los m ercenarios hacen
h o rro res devastando la región del H elesponto y ^ P 1-
m s o b ra in ju sta m e n te obligando a a rrib a r a los t o a -
m ercan tes y no hay que perm itírselo.» Se m e p o d ría
d ecir eso. Sea eso, o c u rra así, no discuto nada, p in ,
sin em bargo, que es necesario, sí es ^ ^
de v erd ad y con verdadero e sp íritu deJ *

“ " T s : * — r t ^
está al fre n te de ellas y les p ro c u ra la m anutención,
ea f t a m S m u estren que el ejército de Filipo se va
a disolver, si estáis de acuerdo en ello. Y si no ob
servad q ue no hacen m ás que ponei a l a c i u d a d e n
las m ism as condiciones por las cuales h a perdido
n todas las ocasiones favorables que se te. Pre sen tab “ u
Pues, sin duda, esto lo sa b é is', q u e Filipo debe su

-T l^ e r c e n a r io s
rapiñas y saqueos «in c dos en Atenas aquellos gene-
mantenimiento. hran muy r ta v riesgo para sufra-
rales que se las ™ ™ “ ¡¡os mercenarios sin recurrir a la
gar los gastos de sus ej idemo y Diótimo obtuvieron,
polis en busca de subvención Cándenlo y comprende
por la mencitmaAa^azon, Atenienses amigos de Filipo,
bien, pues, la mamoora , QUe ai mismo tiempo,
un a los ingreses económicos y miU-

tares de Atea». 12> Demóstenes expone que la supe­


rioridad de y^ ab er aprove-
vamente en el hecho de est OUntíacos nuestro orador
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 179

victoria sobre la ciudad a ningún otro m otivo en m a­


yor m edida que al hecho de e sta r, antes que nosotros,
ju n to a los acontecim ientos. P orque él, que en cada
m om ento tiene un ejército organizado en to rn o suyo y
sabe de an tem an o lo que q uiere hacer, al p u n to se p re ­
senta en el lugar que desee atacar; en cam bio, nos­
otros, una vez que nos enteram os de que algo sucede,
entonces nos alborotam os y hacem os n u estro s p re p a­
rativos. Luego, en m i opinión, acontece que aquél con 12
m ucha tran q u ilid ad conserva todos aquellos lugares
contra los que dirige sus ataq u es, m ien tras q u e nos­
otros llegam os tard e y cuantos dispendios hacem os, los
hemos desp ilfarrad o p ara nada, y hem os hecho m ani­
fiesta n u e stra hostilid ad y n u e stra voluntad de ob stacu ­
lizarlo, pero, com o llegam os después de los hechos,
nos hacem os, adem ás, acreedores de ignom inia. Así 13
pues, varones atenienses, no os llam éis a engaño: tam ­
bién ah o ra lo dem ás es p alab rería y pretex to s; en reali­
dad, se tra b a ja y se hacen p rep arativ o s p a ra que, mien-

cidad para obtener provechosos resultados de las más favo­


rables coyunturas. Este desánimo, esta falta total de interés
y esta absoluta molicie conducen a los atenienses a organizar
varios preparativos y, por ello, a gastar las reservas monetarias
de la forma más infructuosa y absurda. Todo ello atrae el des­
precio de los demás griegos y genera una situación vergonzosa
en la propia Atenas.
Filipo es rápido atacando, y esto es algo que expresa De-
móstenes sucintamente; los atenienses, en cambio, son lentos
y siempre van a la zaga de los acontecimientos: esta idea la
expone nuestro orador valiéndose de un ritmo muy lento y de
procedimientos y recursos claramente retardadores: miembros
de frase largos, acumulados en la segunda parte del período,
repetición de una palabra que significa «ir a la zaga», etc. (pá­
rrafo 12). En Contra Filipo, I (36-40) arremete también nuestro
orador contra la lentitud y la indecisión de los atenienses, in­
capaces de pensar en prepararse para la guerra en tanto no los
obligue a ello la imperiosa necesidad que surge en momentos
de extremo peligro.
discursos políticos
180
pn ra s a v la ciudad no tiene
tra s v o sotros os q u a m inistre Filipo con m uchí-

s^ rr?

s r ? m P„ « a n , e s «
M a S o n i a y TesaUa a Ahora hie» —

z s t
“ " “o ^ o r ^ l S í i o ^ u e ¿aya o tro s d e . u i e n j

desconfíen m ás ^ ^ ^ ^ ^ [ ^ c i u d a ^ a 0 aquél, siem-


acogeran tm adelante capturándolos. Así pues,
T n o Z lZ poÍeaT ot hacernos a la m ar desde a qui,
y no h a , allí ningdn ejércUo de » rP“ “ ; "iene
,, imDedirá que ellos sucumban, « t s que, p
m T t U r a esa geh.e y " “ 1 ^
talm en te, p ero sin em barg ,

íó Deí_ 346 al 343 a. C. tuvo lugar la campaña de Filipo

lo , m ro ü M o i <w Q oegon .,o. ^


„ Filipo penetró en I f * “ ““ f ® ^ ^ l l r k en eoisos
al solícito llamamiento e o aiiado de los focenses.
declarados del tirano de verano, du-
13 LOS vientos etesios « p t a . -V*™ por tener sus cuar-
rante cuarenta días y es etesios le venían bien; no así
teles en Macedoma os ^ reg¡ón más meridional,
a los atenienses, por h rebeló contra Atenas. Pero
14 En el 357 a. C., Biza"cl° relación de amistad con la

riudad^d^^tenSlCgrac^ s -^^a^ul^a^os^ateníeM esI los cuates

3 ^í;S artS K -»-—


SOBRE LOS ASUNTOS DEL OUERSONESO 181

estén a salvo; pues conviene a la ciudad 1S. Y, a decir


verdad, tam poco eso es evidente p a ra nosotros, que
no llegue al O uersoneso en plan de a ta q u e 16; p o r el
contrario, si es que hay que ju zg ar p o r la c a rta 17 que
os envió, afirm a que va a to m a r venganza de los h ab i­
tantes del Q uersoneso. Así pues, si el ejército está ya 17
form ado, p o d rá acu d ir en ayuda de la región y, ade­
más, cau sar daño a alguna de las posesiones de Filipo.
Por el co n trario , si de u n a vez p a ra siem pre llega a ser
disuelto, ¿qué h arem os si se dirige co n tra el O uerso­
neso? «Llevarem os a juicio a D iopites, p o r Zeus.» ¿Y
en qué m ejo ra rá n u estra situación? «Pues enviaríam os
ayuda desde aquí n o sotros m ism os.» ¿Y si no pode­
mos a causa de los vientos? «¡Pero, si no se acercará,
por Zeus!». ¿Y quién es garante de eso? ¿Acaso no veis 18
ni consideráis, varones atenienses, la estación del año
que se avecina, p a ra cuyo plazo opinan algunos que
es necesario d e ja r el H elesponto desprovisto de vues-

<5 Los intereses de Atenas se verían seriamente dañados si


Bizancio cayese en manos de Filipo. La situación privilegiada
de la ciudad, que controlaba el Bosforo tracio y la entrada en
la Propóntide y el Helesponto, era de vital importancia para
Atenas, debido a la alta significación, desde el punto de vista
comercial y de aprovisionamiento, de la ruta comprendida entre
los puertos del Sur de Tracia y el Píreo. En otros discursos
también expone Demóstenes este mismo criterio de su política
exterior, especialmente en el titulado Por la libertad de los
rodios.
16 Demóstenes está plenamente convencido de que Filipo
atacará el Quersoneso, que, como hemos dicho (15), era una
región geográfica de importancia decisiva para Atenas por el
hecho de ser el jalón más importante de la ruta de sus apro­
visionamientos. Si el Macedonio lograra, a través de sus agentes
en Atenas, que fuera disuelto el ejército de mercenarios coman­
dado por Diopites, estaría perdido el Quersoneso.
17 Se refiere a la carta de protesta que Filipo envió a los
atenienses a raíz de los violentos ataques que dirigió Diopites
contra las posesiones marítimas del Macedonio.
lg2 DISCURSOS políticos

tra población y entregarle, a


p artien d o de T r a c a y no « ereandose^ ^ ^
ni a Bizancio pues pen ‘ ^ 18 dcl m ism o m odo
plan de ataq u e a C a o ^ Q r¿ ? » ¿Acas0 sería m ejo r
en que hace poco ¿ . aUe rra se apro-
defendernos de él aquí y deJ " ^ ^ e L e t e n i n L -
xim e al Atica o p roporcionarle a l b a ^ n t
to ? Yo realm en te pienso *uc CS conociendo estos
m Así pues, es necesario que ^ ^ desacre.
hechos y sopesándolos no ^ n t e i s ^ for.
d ita r ni disolver este ejercito que D , ^ t e s
m a r p a ra beneficio e a ^1U c ’ cQn a que esté
m ism os p re p aré is otro co a o c prestándole
bien p ro v isto de fondos y en a lL fe n pregun-
20 v u estra ín tim a colaboración. P u e ; s*
tase a Filipo: «Dime, ¿qué p re fe n n a s? ^
dados que ah o ra tiene D iopites a » n ad a teng0
m o q u iera que el carácter e ^ ¿ nen crédito en-
que decir c o n tra eso P ^ j “crem ente gracias
tre los atenienses y . , p o r ias calum-
a la colaboración de la ciudad, q P d di.
nías y acusaciones de a y u n o s s e a n í l l t i mo.
sueltos?» Creo que en « ^ “ eS 3 “ e le con-
¿Luego lo que Filipo pediría a los dioses q 8*1

18 Cálcide era una importante c i u d a d ^ p ^ S e mantenía


de Beocia por el Eunpo, es re ^ a la protección de Ate-
todavía independiente de Fdipo U f a de antiguo
ñas. Mégara, situada en el i j E n'el 343 a. C. el Ma-
una ciudad comercial de primer dQse de la ayuda de un
cedonio intentó hacerse con e partidarios. Pero merced
grupo de megarenses que reSultó fallido,
a la intervención de Atenas e p shuada {rente a la costa
U Oreo era una ciudad hecho que aconteció en
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 183

cedieran, es lo que algunos de los n u estro s tra ta n de


hacer aquí? Después de eso, ¿aún indagáis cóm o se
han p erdido los in tereses todos de la ciudad?
Así pues, quiero exam inar con toda lib ertad la pre- 21
sente situación de los asuntos de la ciudad y co n sid erar
qué estam os haciendo nosotros m ism os ah o ra y de qué
modo nos servim os de esa situación. N osotros ni que­
rem os a p o rta r dinero al erario público p a ra la guerra,
ni salir en cam paña m ilitar n o so tro s m ism os 20, ni so­
mos capaces de ab stenernos de los fondos p ú b lic o s21,
ni entregam os a D iopites los trib u to s, ni aprobam os
cuantos recu rso s se p ro cu ra p o r sí m ism o; antes bien, 22
lo m iram os con recelo e indagam os de dónde los ob­
tiene, qué se pro p o n e h acer y todas las cuestiones de
este género; v aunque nos encontram os en esas condi­
ciones, tam noco querem os re alizar n u estra s propias
tareas, sino que en los discursos alabam os a quienes
se expresan con lenguaje digno de n u e stra ciudad,
pero en los hechos colaboram os con quienes se oponen
a ellos. A hora bien, vosotros soléis en cada ocasión 23
preg u n tar al que sube a la trib u n a: «¿Qué es, pues,
preciso hacer?» Pero yo a vosotros, p o r m i p a rte , quie­
ro p reg u n taro s: «¿Qué es preciso decir?» Pues si ni
vais a p a s a r contribuciones, ni a h acer en perso n a las
prestaciones m ilitares, ni a absteneros de los fondos
públicos, ni a en tre g ar los im puestos, ni a p e rm itir a
Diopites que se p ro cu re por sí m ism o todos los re c u r­
sos p ara su subsistencia, ni a realizar vuestras propias
tareas, no tengo n ad a que decir. P orque quienes con­
ceden, ya de en trad a, a los q u e quieren acu sar y ca­
lum niar, ta n enorm e licencia, h asta el p u n to de escu­

do Los soldados que luchen por Atenas han de ser atenienses


y no mercenarios. Así se expresa Demóstenes en el Olint. I (2).
21 Con mucha cautela el orador había propuesto en los Olin-
tiacos que los fondos destinados a los espectáculos públicos se
empleasen para hacer frente a los gastos de la guerra.
discursos políticos
184

ch ar a aquellos que le ac u sa r <>c - t e m a n » t's


lo que aseguran que está a p u n to de h ac er .
lo que uno p o d ría < ^ ' r calum nias pueden
24 Ahora bien, el efecto q e n tre vosotros
p ro d u cir es necesario que realm ente, la m ­
ió sepan. H ab lare con L ’" T odos los estra-
poco p o d ría h acerlo de — p J rt _ y * esto
tegos que h a n zarpa castigo que sea—
DO es cierto, que> se ™ de los de E ritra s, de
obtienen dinero de los d „ rpntuaim ente puede (m e
aquellos de los que cada u n ° J obtienen,
25 refiero a los que h a b .ta n A s t a , f ^ a l t i d a d m enor;
los que tien en u n a o dos n a ■ cuantía. Y
los que tien en u n a fuerza m a y o r . j n ^ ^ ^ ^
los que lo p ro p orcionan, a ■ cuantiosas, lo
clonadas peq u eñas sum as com locos),
ceden no a cam bio de n ad a ^ ^ m erca.
sino com prándose con el o u erto s no su fra n
deres que zarp an de susj r o ^ escoltados, y simi-
violencia m sean saquead , „ pren d as
lares provechos; y dicen ^ L ^ m e n d o n a -
de b u en a — y ^ nom bre tie n e n ^ ^ ^
26 das exacciones. Y tam o . to d as luces evi­
tes tiene a su cargo u n dinero,
dente q u e todos esos pueblos JP ya & a U m e n t a r
Pues, ¿de qué o tra fuente pe recibido n ad a ni
a su ejército quien m de m edio de pa-
perso n alm en te t i e n e ^ ^ ^ p o sib le. Se va
gar las sold ad as. t e reColecta, m endiga y
m an ten ien d o a base ^ QUienes en m edio de vos-
2 7 to m a en préstam o. Asi p u ; ’ q sinQ advertir a todo
o tro s le acusan, n o una pizca de nada, ya que

i T s e ? c T s t i g a l basto» 'L 'co n T eg u id o


SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 185

punto de llevar a cabo un asedio», «está entregando a


los griegos a m erced de sus enemigos». ¿Es que alguno
de ésos que así dicen se preo cu p a de los griegos de
Asia? Más p restan tes, sin duda, serían preocupándose
por los dem ás que p o r su p atria. Y el hecho de enviar 2 R
al H elesponto a o tro general viene a ser esto. Pues si
Diopites com ete excesos y detiene los navios m ercan ­
tes, una tablilla pequeña, bien pequeña, varones ate­
nienses, b a sta ría p a ra im pedir todos esos desm anes; y
dicen las leyes que se denuncie a quienes com eten esos
atropellos, no, p o r Zeus, que m ontem os vigilancia sobre
nosotros m ism os a b ase de tan to s dispendios y tri­
rrem es, que eso sí que es el colm o de la locura *22. No; 29
contra n u estro s enem igos, a quienes no es posible re­
ducir al im perio de las leyes, es necesario v forzoso
m an ten er tro p as, enviar trirre m e s v h ac er aportacio­
nes de dinero, pero contra no so tro s m ism os, u n de­
creto, u n a denuncia an te el consejo, la nave P á ra lo 23,
son suficientes. É sos serían los m edios propios de las
personas sensatas; lo que ah o ra ésos proponen en
cambio, es típico de gente am iga de in su lta r y deseosa
de d añ ar los intereses de la p atria . Y el hecho de que 30
algunos de ésos sean de tal condición, aun siendo te ­
rrible, no lo es tanto. Pero vosotros, los que aquí ocu­
páis vuestros asientos, estáis en una disposición tal,

22 He aquí, a nuestro juicio, lo que quiere decir el texto


frente a un sinnúmero de desafortunadas interpretaciones: si
Diopites es culpable, lo que hay que hacer es denunciarle, como
si de cualquier otro ciudadano se tratase, que para eso están
las leyes. Lo absurdo sería tratarle como a un enemigo y gas­
tar enormes sumas de dinero para mantenerle a raya.
22 La Páralo era la nave encargada de zarpar en busca de
un ciudadano ateniense acusado de delitos públicos y de trans­
portarlo a la ciudad para ser juzgado. Alcibíades, a raíz de
la famosa injuria a los Hermes, fue uno de esos ciudadanos
redamados por la Páralo, cuando formaba parte, como estra­
tego, de la expedición ateniense a Sicilia. ;,
discursos políticos

que si alguien se adelanta a ' ^ A ,


D iopites es el causante de o ^ vuestros
Cares, o A risto fo n te» o cualquicr o t t o j
conciudadanos que se n 'L^ ' " 'tjcnc razón en lo que
ráis y aplaudís en sena ^ ^ trib u n a p a ra expo-
31 neros
dÍCe; la
f vr °e r dAa dd ,u dc ^i é ennddoo oo s : «palabras huecas las vues-
d e to d o s e so s
tras, atenienses, F P & tran q u ilo , en ninguna
problem as; que, si - - . , , uodéis replicar
dificultad se ^ ^ ^ ^ de
que esto no esi la \ -P ¿is la idea de estar
que os ap esad um bráis - esto p 0 r jQS
32 p erdiendo algo. He aquí pof vuestro m ayor
b : r S; é t i e a conceedeA liberm d de p alab ra): a l g u ^
de v u estro s políticos os han blandos
tem ibles e in tratab les en las asf™b ,“ S’ . Así
V despreciables en la piep aracio . a quien
pues, si alguien señala como culpable a a g ^
sabéis que podéis echar m an ’ - v hacéis
m ism os, m anifestáis vuestra corroboración >

fue un general a t e n i . « m u r i ó '


Demóstenes. Conocio e n to s v ra “ moteo logró liberar Samos
mencionar que con Iñcratcs y derrotado cn Qmos en el
durante la «Guerra Social». Pero f rebelde Artábazo.
355 a. C. Pasó luego *1 serví™ ^ _ y para su desgra-
Intervino en la guerra e i a c ) Se le consideró uno
cia, en la batalla de Por ello fue juzgado

* - - ia con-
^ A r isto f onte ^ ^ H ^ ^ h i c o q u e ^ ^ y ó ^ c in c o
a Cares. Se vio envuelto áe salir absuelto. Fue

b t S Óe iafin t T a
A e r A ' o e t r F u e hombre extraordinariamente inteligente y

astuto.
SOBRE t.OS ASUNTOS DEL OUERSONESO 187

vuestra la denuncia; pero si se designa a alguien a


quien sólo se puede castig ar dom inándole p o r las
arm as y de o tra m an era no, a mi juicio, no sabéis qué
hacer, y al sentiros al descubierto en esa co n trad ic­
ción, os irritáis. Y es que, sería m enester, varones ate- 33
nienses, que, al co n trario de lo que o cu rre ahora, to­
dos vuestros políticos os aco stu m b raran a ser m ansos
y hum anos en las asam bleas (pues en ellas se debaten
los asuntos de derecho que os conciernen a vosotros
mismos y a vuestros aliados) y, en cam bio, a m o stra­
ros tem ibles e in tratab les en la prep aració n de la
guerra, pues en ella es donde se da la confrontación
con vuestros enem igos y adversarios. Pero tal com o 34
acontece ahora, a fuerza de gobernaros con halagos
v daros gusto p o r exceso, os han dispuesto de tal
modo, que en las asam bleas os com portáis b landam en­
te v os dejáis adular, y así p re stá is oído únicam ente
a lo que va enderezado a v u estra com placencia, m ien­
tras que en los asuntos de estado y en los aconteci­
m ientos políticos, andáis ya en este m om ento co rrien ­
do los peligros extrem os. Ea, ya, por Zeus; si los grie­
gos os pidieran cuentas de las ocasiones que habéis
dejado p asa r p o r v uestra indolencia y os p reg u n taran :
«Varones atenienses, ;n o nos andáis enviando vosotros 3 5
a cada m om ento em bajadores y nos com unicáis que
Filipo está tram an d o algo c o n tra nosotros y todos los
griegos y que hay que gu ard arse de ese hom bre y todas
las cosas de ese género?» E stam os obligados a decir
que sí y a reconocerlo, pues eso es ciertam en te lo que
hacemos. «Y si eso es así, ¡oh los m ás flojos de en tre
todos los hom bres!, cuando ese individuo d u ra n te diez
meses estuvo fuera de la escena de los acontecim ientos
y retenido p o r enferm edad, el invierno y las g u e r ra s 25
25 Según se desprende de los Olintíacos ( / 13; III 4), durante
la expedición a Tracia que realizó Filipo en el 352 a. C. contrajo
el monarca grave enfermedad.
DISCURSOS POLÍTICOS
188

36 h a sta el extrem o de no poder reg resar a su p atria , ¿ni

sin h acer n ad a y gozando de . lud__ aquél


decir que los que tal hacen gozan de alud
estableció a dos tiran o s en E ubea ham e
com o u n a fo rtaleza fren te al Ática y del o P
37 fu e rte 'c o n tra Escíatos, y 't
rasteis de esas am onaras, ; nunqu.i ° t ™ 'd e s , e o s ^ ^

d id o ‘el Í T T hCS i “ hecho

, „ é nos enviáis e m b a ja d a s^ n o s t o z a t s ^

^ Z S '^ ^ e m o s , atenienses? Yo, rea,m en­

as C ” l i e r h m n a .Í n o ns q u e '« e e n con tu n d ir a, que


se p re se n ta a h ab lar en público e n cuanto le P ^ n
«E ntonces, ¿qué es preciso hacer?» A
I* m ás in sta y verd ad era respuesta: «No h acer lo qu
hacéis ahora», y no obstante, lo vov dis.
exactitud, detalle p o r detalle. q _
puestos a o b ra r con el m ism o ce o atenien-
39 tean las p reg untas. E n p rim er lug -

5 ^ 1 = % = =
- ■
’i“ i;3 '’í
que co n sid eran serle (tratos en sum o grado, y s. no,

-I T W o PO»et« en Eube, do, ™ d .d “ .O rn o


,, 350 a. C. Atenas intervino »
totalidad, terminó vendo a parar a manos a
donio.
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 189

que exam inen el caso de los olintios E u tícra te s y Lás-


te n e s 27, los cuales parecían e sta r en la m ayor fam ilia­
ridad con él, y luego que le en tre g aro n la ciudad p o r
m edio de traición, h an acabado de fo rm a m ás m isera­
ble que nadie. Sin em bargo, c o n tra n ad a lucha ni in­
triga m ás que c o n tra n u e stra c o n stitu c ió n 28 y a n ad a
en absoluto dirige sus m iras con m ayor interés que
al modo de d estru irla. Y, de alguna m anera, a c tú a así 41
con razón; pues sabe ce rtera m e n te que aunque se
haga dueño de todo lo dem ás, n ad a le será posible
poseer con firm eza, en tan to que vosotros os gober­
néis dem ocráticam ente; p o r el contrario, si le aconte­
ce algún fracaso, lo que en g ra n núm ero de ocasiones
puede o c u rrir a u n hom bre, vendrán y se refugiarán
a vuestro lado todos los pueblos que ah o ra están uni­
dos p o r la fuerza. Pues vosotros p ersonalm ente no 42
estáis bien dispuestos p o r n atu ra leza p a ra o b ten er pro-

27 Demóstenes habla en el discurso Contra Filipo, II del fin


de la ciudad de Olinto. Eutícrates y Lástenes, comandantes de
la caballería olintia, comprados por el oro de Filipo, le facili­
taron la captura de la ciudad, que fue saqueada, destruida y
sus habitantes sometidos a horrores, matanzas y, en el mejor
de los casos, a la esclavitud. Sobre esta traición, cf. D iodoro
Sículo, XVI 53. De Lástenes y Eutícrates habla también De­
móstenes en el Sobre la corona, donde los incluye en una lista
de traidores que es famosa, y en el Contra Filipo, III (66) y el
Sobre la embajada fraudulenta (342), donde los expone al des­
precio de todos. Por un fragmento de Hiperides sabemos que
Eutícrates aún vivía después de Queronea; diez años habían
pasado a partir de la fecha de esta nefasta batalla, cuando
Démades propuso a Eutícrates para ser nombrado próxeno de
Atenas. Y lo hubiera sido, de no haberse opuesto con todo vigor
Hiperides (H iperides, fr. 76 Blass).
28 Evidentemente, la constitución ateniense molestaba a Fi­
lipo por ser democrática. El monarca macedonio apoyaba, lógi­
camente, a los gobiernos oligárquicos: en el 343 a. C., Élide,
transformada toda ella en oligarquía, recurrió a él, y los go­
biernos oligárquicos de Eubea fueron promovidos igualmente
por él.
discursos políticos
190

vecho y m an ten e r u n l o tenga, sois


o tro lo consiga o a r r a n ^ 1seio ^ q ^ & im p o rtu n ar
d iestro s y, e n j ! ^ . ^ dom inio absoluto y a reeo-
a quienes q u iera n J re stab lecerla en los

« s¿deréis "irreconciliable enem g convencidos d e eso


la dem ocracia, pues si ^ a u e rré is to m a r en

n u e stra ciudad, y q ne en favor nuestro.

" n t r r r , e „ t r - ^ Ü U e Z su s sus
T in a s de P l l » y te n im p o n a n .e s fu e n te , de ingresos,

» E r . n l “ S tr t S a T r C o W ™ P n T ‘om^ r 15i C“" “

el de Bastirá, que recordaba ^axim ene. ^ ^ Bizancio; se

Cábile, según Estrabon, esta a , nombre de Ponerópolis o


convirtió en colonia mace om confinaba Filipo a
«ciudad de los m a lv a d a » ,t e ^ & gu rein0.
los ciudadanos que cau Muniquia y Falero.
30 Es decir, el Píreo y los • al SE. del Atica,
31 Las minas de plata del mon e momentos, Atenas
eran ya desde antiguo famosas. En estos m
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 191

antes bien, nos d ejará poseer todo eso, m ien tras él p o r


los m ijos y espeltas alm acenados en los silos tra c io s *32
pasa el invierno en u n b á r a t r o 33. No es así; al con­
trario, p o r llegar a ser dueño de estos vuestros bienes,
dedica su actividad tam bién a todos aquellos o b jeti­
vos. ¿Qué conducta, pues, es la pro p ia de h om bres ra- 46
zonables? E s necesario, sabiendo y conociendo eso,
desechar esa m olicie excesiva e irrem ediable, pag ar
contribuciones al erario público y exigir que lo hagan
tam bién los aliados, velar y p o n er los m edios p a ra
que se m antenga este ejército re c lu ta d o 34, con el fin
de que, así com o Filipo tiene d isp u esta u n a fuerza p a ra
agraviar y esclavizar a todos los griegos, de igual m odo
tengáis vosotros o tra d isp u esta a salvar y ay u d ar a
todos. Pues no es posible que quienes se valen de ex- 47
pediciones de socorro cum plan nunca ningún objetivo
fundam ental; an tes bien, es m en ester organizar una
fuerza y p ro c u ra r p a ra ella m anutención, tesoreros y
funcionarios públicos, y que la vigilancia de los fon­
dos em pleados sea rig urosísim a d en tro de lo posible;
y, una vez hecho esto, p ed ir cuentas del dinero a los
tesoreros y de las operaciones al com andante. Y si lo
hacéis así y de verd ad estáis dispuestos a ello, obliga­
réis a Filipo a m an ten er una paz ju s ta y a perm an e­
cer en su p ropio país —m ayor bendición no sería po­
sible—, o lucharéis con él de igual a igual.

estaba disfrutando de ellas a pleno rendimiento, dado que se


habían descubierto nuevos filones. En Contra Filipo, IV 38,
nuestro orador alude al aumento de las rentas públicas de su
ciudad.
32 Los pueblos de Tracia almacenaban en silos subterráneos
el mijo y la espelta; así lo refiere ya Varrón en de re rustica
I 5, 7; «quídam granaría habent sub terris speluncas quas
vocant oEtpoúi; ut in Cappadocia ac Thracia.
33 El báratro era una sima a la que se arrojaba en Atenas
a los condenados a muerte y en la que quedaban insepultos.
M El ejército de Diopites.
DISCURSOS POLÍTICOS
192

Y si a alguien le parece que eso es cosa de gran


48 L i J y efectiva actividad, le parece
gasto, m uchas fatiga y ^ ^ ^ cuenta de lo que
m uy ex actam ent » P , Q de no e sta r dis­
so b rev en d rá a la cuida _ ^ ventajoSQ que es re a lizar

- ~ 5Ce Í STí
ssr-í
de las posibilidades de vuestra ciudad y d e ^

“ dftoX srdTrs^i^rjrd: v u e s™
^ m olicie, y e s ^ í

“ “ “ tT ^ " y. p o r e, contrario,
todos sabem os de antem ano que cu an to fa e ¿ «

™ T J : , S i r q u e S e rn o s $ q u e e n tra m a n

^ ^ “ r p h r r s “« s . r . r r ¿

^ ° c ^ r “ T s s^ ay s s — S,

35 Cf. Contra Filipo, 1 10.


SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 193

cosas de las que los dioses nos guarden y de las que


ni es propio h ablar.
Pues bien, aunque de buen grado re fe riría todo lo 52
dem ás y m o stra ría la form a en que algunos políticos
os están causando la ruina, d e ja ré de lado lo dem ás
y m e lim itaré a esto: en cu an to se d esprende en un
discurso algún asu n to de los referen tes a Filipo, al
punto se levanta uno p a ra d ecir qué b u en a cosa es
vivir en paz y, aten d e r a la m an u ten ció n de u n gran
ejército, qué m olesto es, y «algunos q uieren a rre b a ta ro s
el dinero» y expresiones de ese estilo, con las que os
dan largas y a aquél le p ro p o rcio n an tran q u ilid ad p a ra
hacer lo que quiere. De eso se deriva p a ra vosotros 53
el reposo y el no h acer nada p o r el m om ento —venta­
jas que tengo m iedo de que algún día consideréis que
os han costado m uy caras— y p a ra ésos los agrade­
cim ientos y el salario p o r los favores. P ero yo creo que
no es necesario p ersu ad iro s a vosotros de que viváis
en paz, vosotros que, persuadidos, estáis sentados
aquí, sino al que ejercita las operaciones de la g u erra
(pues si aquél se d eja p ersu ad ir, lo que de vosotros
depende está ya a m ano); y que es m en ester consi- 54
derar que lo terrib le no es cuánto gastem os p a ra nues­
tra salvación, sino lo que vam os a su frir si no estam os
dispuestos a hacerlo. E n cu an to al dicho de que «el
dinero público será arrebatado», hay que im pedirlo
proponiendo u n sistem a de vigilancia m ediante el cual
se conserve, no abandonando n u estro s intereses. Aun- 55
que yo, al m enos, varones atenienses, m e irrito tam ­
bién p o r esto m ism o, porque a algunos de vosotros
entristece q ue se llegue a a rre b a ta r el dinero público,
cuya vigilancia, así com o la posibilidad de castig ar a
quienes la contravengan, e stán en vuestras m anos, y
en cam bio no os entristece que así, poco a poco, Filipo
vaya a rreb a ta n d o toda Grecia, y eso que lo hace con
la intención de atacaro s a vosotros.
3 5 .- 1 3
discursos políticos
194

•Cuál es pues la razón, varones atenienses p o r la


56 cCual es, pues hace sus cam panas, co­
que, au n q u e ta n a lciudades> nunca ninguno de
m ete d t safuerOS’ , ovocando la g u erra y, en cam-
estos señale que esta p aco n sejan no
b¡0, acu san de provocarla a los q u e j s ? ^ J ^ ^
57 p erm itírselo m d e ja r e e " r£n desviar sobre los que
pilcare: se debe a q ^ bien log m ejo res conse­
os p ro p o rcio n an p n a tu ra l que nazca en vos-
jo s la » i o n ^ ~ » e s V causa de la
o tro s si llegáis a su &^ ^ som etáis a juicio,
guerra, con ^ . d , ra Filipo y ellos m ism os puedan
no os defendáis co a f ]a pena p o r lo que
ser acusad o res en ^ s-gnificado de sus su-
ah ora e stán haciend . algunos de los presentes

en tre v o sotros quierci p ^ s¿ con exactitud


58 versa la actu al controver • ro p u e sto p o r escrito

' íá El”término que se utiliza pertenece de


rídico: diadikasía. Sigmfica ^ e a ^ uügio había de tener
se debía decidir cua debate sobre propiedades o he-
prioridad sobre lai otra^en un^ & nucsm) Julclo, el problema
rencias, etc. Según actuar en Tracia sin violar la
acerca de si Diopites puede o n de invadir una re­
paz, mientras que F^ P ° debate jurídico, tal como lo
gión tras otra, se p¡,¡_0 En realidad, debería ser
presentan los partidarios * ^ que es, y de la má-
tratado el asunto de la paz y amigos del
xima importancia. -monte unos patriotas.
“ s f r e b e r e T numerosas localidades de Tracia que recono­
cían la soberanía de Atenas. había sido enviado

c i - S f c“ ” « ” ““ “
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 195

pese a ello, n o sotros p retendem os no hacernos cargo


de que él está en g u erra con nosotros, sería el m ás
tonto de todos los hom bres si se em peñase en c o n tra­
decirlo. P ero el día que se d irija co n tra nosotros mis- 59
mos, ¿qué direm os? Pues él so sten d rá que no nos hace
la guerra, com o tam poco se la hacía a los h ab itan tes
de O re o *3940 aun cuando sus tro p as estab an en aquel
territo rio, ni an terio rm en te a los de P e r a s m, a p esar
de que atacándoles llegó h a sta sus m uros, ni a los
o lin tio s41 al principio, h asta que se presen tó en el p ro ­
pio país de ellos al m ando de un ejército. ¿O tam bién
entonces vam os a decir que quienes nos ex hortan a
defendernos están provocando la guerra? E n ese caso
sólo nos queda so p o rtar la esclavitud, pues no hay
ningún o tro térm ino m edio e n tre no defenderse a sí
mismo y no ten er opción a vivir en paz. Y a decir 60
verdad, el riesgo que vosotros corréis no es el m ism o
que el de las dem ás ciudades; pues lo que Filipo

someterse a Atenas, se encargó Diopites de reducirla a la


obediencia.
39 Filipo impuso en Oreo, ciudad de Eubea, al tirano Filís-
tides.
40 Feras es una ciudad de Tesalia que Filipo primeramente
liberó de los tiranos que la gobernaban; luego se apoderó de
ella.
41 Olinto, la famosa ciudad de la Calcídica, había suscrito
una alianza con Filipo en el 356 a. C., en virtud de la cual
el Macedonio cedía a los olintios, además de Antemunte, Poti-
dea, que había estado hasta entonces bajo la hegemonía y
tutela de Atenas. Pero cuando el monarca penetró en Tesalia
y tomó el puerto de Págasas y la península de Magnesia, em­
pezaron a recelar los olintios y a temerse lo peor. Fue entonces
cuando se aliaron con Atenas y, después, Filipo los acusó de
haber acogido en la ciudad a sus dos hermanastros rebeldes
Menelao y Arrideo. La guerra, que duró dos años (34948 a. C.),
acabó fatalmente para Olinto, que fue destruida, sin que las
tropas enviadas por Atenas al mando de Cares pudieran impe­
dirlo, ya que, como solía ser habitual en la política exterior de
Atenas, el socorro prestado llegó demasiado tarde.
d is c u r s o s p o l ít ic o s

q u iere no es p o ner ía
d estru irla p u ra y ^ uestos a ser esclavos,
que v o sotros n i vais ^ sta ? serlo> acostum b rad o s
ni, au n q u e to e ^ i e ^ . ^ en cambi0) si encontráis

to s T e m L ” —

61

q u e se h a n vendido a posible domi-


m o rir a p alo s; pues no es d i g á i s a los
nar a los a m W < ^ ^ ‘ “ 'p ro p ia ciudad. ¿De dónde
62 enem igos que teñe V ¿e ah o ra os ul-
im agináis q ue le vien nareCe a u e no hace o tra
tr a je (q u e a nn, d T ^ l o s engaña
cosa sino eso) y que vosotros os ame-
haciéndoles favores, cuando m en , u después
naza va de en trad a? P or ejem plo, a los tésanos p

sfc a S S S á S s»
z L -rrr —..r = ».'rr.’.
“ S T su T r i o l e s Beocia , a p a rlin d o le s de u n a

" T ^ d o por lo, Alévadas de


penetró en Tesalia y se entren o £n el 346 a. C., cedió a
de los focenses en contra ^ Nicea. Dos años más

« ías en Tesaüa’ ocupó Feras


y sometió todo el país a vasallaje sc convirtió
« í a » . >* “ “ “ ’Z r S T Í ' L e » u . la balóla
“de Leuctra (371 a.' iu.)' ,!
y „ de Martillea de
' « »•(tGuerra
« • De.sp“
Sagra-*
dC T 4 f Í 6 T ac T 8lamc°“ dade beoc'ia se vio obligada a solicitar
ayuda ^de^Fibpo.' De esta diurna guerra ,■>« T.bas ..acedera.
SOBRE I.OS ASUNTOS DEL QUERSONESO 197

guerra larga y penosa; de m odo que cada uno de ésos,


después de h ab e r obtenido alguna ganancia com o fruto,
los unos h an su frid o ya lo que todos saben, y los
dem ás lo su frirán cuando les toque; en cuanto a vos­
otros, guardo en silencio lo q u e habéis p e rd id o 44; ah o ra
bien, en el m ism o acto de concluir la paz, ¡cuántos en­
gaños habéis sufrido, de cuántos bienes habéis sido
desposeídos! Los focidios, las Term opilas, las posesio- 64
nes de Tracia, Dorisco, Serrio, el propio C ersobleptes 4S,
¿y no tiene ah o ra la ciudad de C ardia en su p o d e r y
adm ite que la tiene? ¿Por qué razón, pues, se com ­
po rta de esa fo rm a con los dem ás y no de la m ism a
m anera con vosotros? P orque de en tre todas las ciu­
dades tan sólo en la vuestra hay inm unidad garan ti­
zada p a ra h a b la r en favor de v u estro s enem igos y puede
un h om bre que h a aceptado dinero de soborno to m ar
la p alabra p erso n alm ente e n tre vosotros con im puni-

fortalecida y otra vez dueña de Beocia, pero el más beneficiado


del enfrentamiento entre tebanos y focenses fue Filipo, pues
aprovechándose de él se hizo dueño de Grecia.
En este punto el texto griego parece corrupto.
45 Como resultado de la «Guerra Sagrada» los focidios casi
fueron exterminados y Filipo ocupó en el Consejo anfictiónico
las dos vacantes dejadas por ellos.
En el 352 a. C., Filipo, después de haber vencido a los foci­
dios dirigidos por Onomarco, trató de ocupar las Termópilas,
pero los atenienses se lo impidieron. Lo logró el otoño del año
346 a. C. Y celebró entonces los Juegos Píticos, con lo que daba
a entender que, a partir de ese momento, el destino de Grecia
estaba definitivamente en sus manos.
Dorisco y Serrio eran, respectivamente, una ciudad y una
fortaleza de Tracia próximas al mar Egeo. Ambas localidades
pertenecían a Atenas; Filipo las ocupó mientras sus embajado­
res concluían el tratado de paz con los atenienses.
Cersobleptes era un príncipe de Tracia que, ante los ataques
de Filipo, se vio obligado a renunciar a la alianza con Atenas.
Los atenienses se olvidaron de incluirle como aliado en el
tratado de paz de Filócrates (346 a C.). Cf. Sobre el Halo-
neso 37.
198 DISCURSOS POLÍTICOS

dad, aunque hayáis sido privados de vuestras propias


posesiones. No se h u b iera podido h ab lar con garantías
en Olinto a favor de Filipo, de no haber obtenido el
pueblo olintio el beneficio de d isfru ta r las v en taja s de
P o tid e a 46; no se hub iera podido en T e sa lia 4748 defender
sin riesgo la causa de Filipo, si el pueblo tesalio no
h u b iera recibido de su p a rte el favor de haberles ex­
pulsado a los tiran o s y re sta u rad o los privilegios an-
f i c t i ó n i c o s n o h u b iera sido posible hacerlo sin pe­
ligro en T e b a s 49 an tes de que él les h u b iera devuelto
Beocia y an iquilado a los focidios. Pero en Atenas,
aunque Filipo nos ha quitado A nfípolis50 y el te rrito rio
de C ardia y ad em ás está convirtiendo Eubea 51 en una
fortaleza avanzada co n tra nosotros y está ah o ra en
m archa con el p ro p ósito de a tac ar Bizancio 52, aquí se
puede a buen recaudo h ab lar en favor de Filipo. Y, claro
está, algunos de ésos, de m endigos que eran, se están
haciendo ráp id am en te ricos, de desconocidos y oscuros
pasan a ser fam osos e ilustres, m ientras vosotros, p o r
el co n trario , de fam osos os convertís en oscuros y de

4« cf. Sobre tos asuntos de! Quersoneso 59-62.


47 C f. Sobre los asuntos del Quersoneso 61.
48 La A n fic tio n ía d e D e lfo s , c o m p u e s ta p o r d o c e c iu d a d e s ,
se r e u n ía e n D e lf o s d u r a n te la p r im a v e r a y e n A n tela , c er ca
d e la s T e r m o p ila s , d u r a n te e l o to ñ o . G ra cia s a F ilip o , lo s tesa -
lio s fu e r o n a d m itid o s en la A sa m b lea a n fic tió n ic a .
49 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 63.
so A n fíp o lis , c iu d a d d e T r a cia , p r ó x im a a l m a r , a s e n ta d a
;u n to a l r ío E s tr im ó n , a n tig u a c o lo n ia d e A te n a s, fu e o c u p a d a
p o r F ilip o e n e l a ñ o 357 a. C„ b a jo el p r e te x to d e q u e la e n tr e ­
g a ría a s u s a n tig u o s d u e ñ o s, c o n lo q u e el M a c e d o m o tr a ta b a
d e e v ita r la r e a c c ió n a te n ie n s e . C o m o e l r ey d e M a c e d o m a n o
c u m p lió su p r o m e s a , e s t a lló la g u erra e n tr e F ilip o y A te n a s.
51 E n e l 343 a. C., b a j o e l p a tr o c in io de F ilip o s e c o n s t it u ­
y e r o n o lig a r q u ía s e n E u b e a . __
52 E n e l 340 a. C., F ilip o a ta c ó B iz a n c io . A te n a s e n v ió a y u d a
a la c iu d a d y , d e e s te m o d o , im p id ió q u e la c iu d a d p a s a r a a
fo r m a r p a r te d e la s c o n q u is ta s d e l r ey d e M a ce d o n ia .
SOBRE LOS ASUNTOS DEL QUERSONESO 199

opulentos en indigentes; pues yo considero riqueza de


una ciudad a sus aliados, a la confianza que inspira, a
la sim patía que d esp ierta, de todo lo cual vosotros
estáis en absoluta carestía. Y com o consecuencia de
no p reocuparos de eso y de dejarlo co rrer, él es p ró s­
pero, poderoso y tem ible p ara todos, griegos y b á rb a ­
ros; vosotros, en cam bio, estáis aislados y hum illados,
insignes p o r la ab u ndancia de víveres en el m ercado,
pero objetos de ridículo por lo que se refiere a la
prep aración de lo que h abríais m enester. Veo que al­
gunos de los o rad o res no aconsejan de la m ism a m a­
n era cuando se refieren a vosotros que cuando atien ­
den a su conducta personal; pues dicen que vosotros
debéis g u ard ar la calm a aunque alguien os agravie,
m ien tras que ellos personalm ente, pese a que nadie
les inju ria, no pueden estarse tran q u ilo s aquí en tre
vosotros.
Luego, se acerca aquí el p rim e r venido y dice: «Na­
tu ralm en te, no quieres p roponer un decreto, ni c o rre r
riesgos; p o r el co n trario, eres cobarde y flojo.» La ver­
dad es que yo no sov ni fan farró n , ni desvergonzado,
ni insolente — ¡y o jalá no sea nunca!— ; sin em bargo,
me considero m ás valiente, sin duda, que m uchos de
los que aquí en tre vosotros hacen política osada.
Pues, el que m iran d o tan sólo de reojo lo que p o d rá
ser ú til a la ciudad, varones atenienses, in ten ta proce­
sos judiciales, hace confiscar bienes ajenos, distribuye
dinero en tre el pueblo y se dedica a h ac er de acusa­
d o r 53, no m u estra en ello ninguna especie de valentía;
antes bien, al ten er com o g aran tía de su p ro p ia sal­
vación el hecho de b u sca r v u estra com placencia en los
discursos y las m edidas políticas que os propone, es
audaz sin riesgo. P or el co n trario , el que en favor de

53 Exposición sucinta de la actividad del demagogo. Cf. Con­


tra Filipo, IV 44.
discursos políticos
200

v u estro m ay o r bien se opone con fr®CU“ ^ ^ ^ o


tra s v o lu n tad es y n ad a dice p a ra ganar g rat tud,
siem pre lo m ás conveniente, y elige u n a política en
que la fo rtu n a , y no los cálculos, resu lta s * r a n a
m ayor n ú m ero de suertes, y, sin em bargo, de u n a c
„ v o tra se os ofrece com o responsable, ese si que es
vaü en te y provechoso ciudadano el que asi sea y no
los q u e ’h a n sacrificado los m ás altos m tereses
ciudad a cam bio de la P»_pulaudad ^ " " c o n s id e r a r lo s

^rLd“d’r dd: ^
c o re g ia s , c o n tr ib u c io n e s m o n e ta r ia s , r e s c a e T>
ñ e r o s V o t r o s f a v o r e s d el m is m o cariz», n a d a d e eso
n m en cio n a ría ; m á s b ien , diría * m i Po l,“ “
naHa a u e v e r co n la d e e s o s ta les; es m a s, q u e p u d ie n
d o t a l T e z ,T o m ism o q u e o tr o s, acu sar, h a la g a r ^ c o n ­
fiscar, h a c e r to d o lo d em á s q u e e so s a c e n ’ ^
a p liq u é a u n a so la d e e sa s a cc io n es, n i m e d e je Hevar
a e h o p o r a v aricia o a m b ic ió n , sin o q u e c o n tin u o e
p resa n d o e n m is d isc u r so s c o n se jo s q u e m e v a le n ser
E r a m u c h o s en v u estra c o n s id e r a c ió n p ero q u e;
si m e h ic ie r a is ca so , co n trib u iría n a v u e str a g ran d eza,
d icie n d o d e e s te m o d o , en e fe c to , ta l v e z n o pesu
72 a rrogan te. N i ta m p o c o m e p a rec e p ro p io d e u n ° a i
d a ñ o ju s to b u sc a r m ed id a s p o lític a s d e ta l c a lib r e, q u e

54 El trierarco tema ^uc a ™ ¿ S l a a d t e s ^ E ^ H ? ,


nave que se le encomenda . Hnn/arines a sus expensas,
compuesto por músic° * ’ “ nh° ber rehuido sus ’ obligaciones ciu-
Demóstenes, ademas de tWernrauías hizo varias aporta-
dadanas, aceptando coregias y ’ j construcción
clones de dinero al Pueblo: tres ta lego s p a r a ^ ^ ^
de los muros, cien minas pa p re<j ucidos a esclavos
rescatar a los atenienses que s° en embalador para tratar
en Macedonia, cuando acudió allí como emba ador pa
de la paz con Filipo. Cf. Contra Mtdtas 154, 157, 161.
SOBRE LOS ASUNTOS DEI, OUERSONESO 201

me h icieran a mí, al punto, el p rim ero en tre vosotros


y a vosotros los últim os en tre los pueblos. No, lo obli­
gado es que la ciudad vaya acrecentándose al ritm o de
la actividad política de los ciudadanos honestos y que
todos propongan siem pre lo m e jo r y no lo m ás có­
modo; pues hacia esto últim o se encam inará la n a tu ­
raleza p o r sí m ism a, en cam bio, hacia aquello debe el
buen ciudadano dirigiros con su discurso y con sus ins­
trucciones.
Ahora bien, he oído decir a alguien poco m ás o 73
m enos lo siguiente: que vo siem pre doy los m ejores
consejos, p ero que estos m ism os consejos no son nada
m ás que p alab ras y la ciudad necesita realizaciones
p rácticas y acción. Yo os diré, sin ocultaros nada,
cómo pienso acerca de eso. Ni siquiera opino que el
que se dedica a aconsejaros tenga que realizar ninguna
o tra actividad que no sea p ro p o rcio n aro s los m ejores
consejos. Y que eso es de esta m anera, pienso que
lo podré p ro b a r fácilm ente. E n efecto, sabéis sin duda 74
que aquel fam oso T im o te o 53*5 en cierta ocasión os aren-

53 Timoteo, hijo de Conóri y discípulo de Isócrates, inter­


vino, junto con Ifícrates y Cabrias, en la constitución de la
«Segunda Liga naval» ateniense, anunciada por Isócrates en su
Panegírico. Elegido estratego en el 378 a. C., logró que se aliasen
con Atenas los acarnanes, epirotas, Corcira y hasta el propio
Jasón, tirano de Feras (Tesalia). Los atenienses le erigieron
una estatua en agradecimiento a su exitosa labor. Digno dis­
cípulo de Isócrates, su idea fue siempre la de restaurar la
hegemonía de Atenas, matizada con nuevos conceptos de pan-
helenismo, no sólo en el terreno de lo político y militar,
sino también en el de la cultura. En el 366-5 a. C. logró recu­
perar Sesto, Cícico y Samos, adonde envió una «cleruqufa»;
reinstauró el dominio ateniense en la Calcídica y Tracia con las
conquistas de Metone, Pidna y Potidea; de esta forma, Atenas
volvió a establecer comunicaciones con el Mar Negro. Inter­
vino también en la «Guerra Social»; precisamente, a raíz del
desastre de Embata, fue acusado por Cares de haber sido res­
ponsable de la derrota y fue condenado a pagar una multa de
2Q2 discursos políticos

gó diciéndoos de reducirlos

y.
m enos: «Decidme, ctem en o
? z ¿
habréis de
todavía deliberáis sobre la co vais &
seguir ^ — ad f t ^ r es a ™ e s aS n 4 s e s ? ¿No
llenar el m a r de tri - cUrigiros al Pireo? ¿No
vais a poneros en p - ‘ ^ naves?>> E so fue lo que
75 vais a b o ta r al m ai j ¡ y com o resu ltad o
dijo T im oteo y vosotros h i c i s t e i y ^ perQ
de esos dos factores, b P , , posibles,
si él h u b iera dado el m ejor P ^
com o en efecto hizo, v voso r o ^ p ^ h u bierais Qbede-
rais quedado inactivos , de ios éxitos
cido, ¿acaso se h ab ría cum plido Nq h u .
que p ° r CTtonees s o b r^ m ie r o ^ ^ m ism a m anera,
b iera sido posible. com o de lo que os
tan to acerca de lo q u ® • e ‘ esperadlas de vos-
diga cu alq u ier expresados con

« ° rador5é-
¡üTtoteitos. A bandonó, entonces, Atenas y m urió en el exilio

(354puae t L su B nT a
f a m o s o e n la o r a to r ia c o h a s ta n o s o tr o s s u b io g r a fía ,
o b r a d e C o m e lio N e p o te h a U eg n ta r o n la c o n q u is t a de

“ T l o s ^ r í t
£ d e n u e v o a fo r m a r

p a r te d e la « S e g u n d a L ig a ™a n J m^ b e a D e m ó s t e n e s c o la b o r ó
E n la r e c u p e r a c ió n d e la is la d e b u o ^ c f o l i n t . j g;
en calidad de «trierarco». Acerca t , 17; Sobre
En favor de los megalopohtas 14, Contra
la corona 99-100. aparecen e n tr e cruces, las
56 C u a tro p a la b r a s d e e s , a (<los m e jo r e s consejos
q u e c o r r e s p o n d e r ía n e n tr a d u c c ió n a
e x p r e s a d o s c o n c o n o c im ie n to d e c a u sa .
SOBRE LOS ASUNTOS DEL OUERSONESO 203

Resum o lo qtie voy diciendo y me dispongo a b a ja r 76


de esta trib u n a. Afirmo que hay que re cau d a r u n a
contribución, m an ten er en cohesión la fuerza m ilitar
que ahora tenem os, rectificando lo que parezca no
estar bien, pero sin disolver la totalidad a causa de
cuantos detalles eventualm ente sean objeto de acusa­
ción; enviar a todas p artes em b ajadores encargados
de in stru ir, re p ren d e r y actu ar; al m argen de todo
esto, castigar y odiar, dondequiera que se encuentren,
a quienes en política se dejan sobornar, con el fin de
que los ciudadanos m oderados y de conducta justos
den la im presión de estar bien aconsejados tan to en
beneficio de los dem ás, como de ellos m ism os. Si de n
esta form a os conducís en los asuntos públicos y dejáis
de despreocuparos de todo, tal vez, sí, tal vez incluso
ahora éstos podrían m ejorar. Sin em bargo, si vais a
continuar estando sentados, lim itándoos en vuestro
celo a ab u ch ear o ap laudir a los oradores, pero echán­
doos p ara a trá s si algo es m en ester realizar, no veo
qué discurso p o d rá ser capaz de salvar la ciudad sin
que vosotros hagáis lo conveniente.
IX

CONTRA FILIPO , TERCER DISCURSO

INTRODUCCIÓN

E ste discurso fue p ronunciado pocos m eses después


de que lo fu era el titu lad o Sobre los asuntos del Quer-
soneso, en el año 341 a. C. Por eso la situación que en
aquél se vislu m b raba no h a cam biado en éste: Filipo
sigue aún ocupado en la cam paña de T racia y am enaza
el Q uersoneso y Bizancio. D em óstenes apoya de nuevo
la petición de D iopites en solicitud de refuerzos y fon­
dos. El M acedonio es ahora m ás tem ible que nunca:
ha in stalad o tiran o s en Eubea, fren te a la m ism ísim a
Atenas. Pero, adem ás, sus m étodos en el a rte de la
guerra —su táctica bélica— han hecho de él u n general
exitoso y un form idable enem igo. Y, p o r si esto fu era
poco, es a la vez u n consum ado político que se ha
ganado gran nú m ero de agentes a su servicio en las
ciudades griegas, que p o r la acción de éstos van ca­
yendo en p o d er del m onarca u n a tra s otra. La p ro p ia
Atenas está am enazada en estos m om entos p o r ciuda­
danos traid o re s im buidos de claro s propósitos filoma-
cedonios. Así pues, se ofrecen dos principios básicos
de acción, que según n u estro orador, debieran de in­
form ar la fu tu ra política de A tenas respecto de Filipo:
discursos políticos
206

en p rim e r lugar, es m en ester n eu tra liz ar a los desca­


rad o s p a rtid a rio s del m onarca de M acedom a, em peña­
dos en h ac er triu n fa r en todo m om ento los intereses
de su dueño y p atró n co n tra el bien com ún de la de­
m ocracia de Atenas. E n segundo lugar, m an ten er a
T d a costa a buena distancia al enem igo de los griegos
p o r anto n o m asia y p ersu ad ir a todas las dem as
des de la H élade de la conveniencia de u n irse a Atenas
en defensa de la lib ertad de Grecia. E stas advertencias
y consejos cu ajab an en u n proyecto de decreto que
D em óstenes p resen tó al final de su discurso. No cono­
cemos las p ro p u estas concretas de tal proyecto, puesto
que el texto no h a llegado a nosotros, pero si cabe
im aginarlas: petición de nuevas aportaciones al erario
en fo rm a de im puestos, form ación de u n a flota y un
eiérci™ e„vio de em bajadas ai Peloponeso Qu.os, R e
das e, incluso, a la corte del rey de P ersia. E n resum en,
la idea c e n tral de este discurso, que lo p en e tra de p rin ­
cipio a fin, es la am enaza seria que constituye la am ­
bición de Filipo, decidido a som eter a todos los grie­
gos sin escatim ar esfuerzos ni re p a ra r en m edios, y,
en vista de ello, la necesidad de que Atenas tom e a
iniciativa de u n a cam paña general de todos los griegos
co n tra el tiran o en defensa de la libertad.
El texto del discurso ofrece u n considerable pro­
blem a- las v ariantes son en él m ucho m ás abundantes
que en todos los dem ás discursos de D em óstenes. Los
dos m ejo res m anuscritos, S y L, om iten con recuencia
to d a u n a serie de pasajes m ás o m enos am plios, h asta
el p u n to de que este discurso ocupa en ellos dos pa­
ginas m enos que en la vulgata. Es difícil decidirse
sobre cu ál es en este caso la au tén tica o, por lo m enos,
la m ejo r tradición. ¿Son dos versiones diferentes ya
desde el m ism o cálam o de D em óstenes, o el texto m a
corÍo es condensación del m ás largo, o el m as extenso
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 207

am pliación del m ás breve? E stas cuestiones exigen un


tratam ien to especial que aquí no cabría.

ARGUMENTO DE LIBANIO

El argumento de este discurso es simple. Pues estando F¡-


lipo en paz con los atenienses de palabra, aunque de hecho
les causaba muchos perjuicios, el orador les aconseja que se
levanten contra el rey y rechacen sus ataques, puesto que un
gran peligro pende sobre ellos y en conjunto sobre todos los
griegos.

Aunque son m uchos, varones atenienses, los discur- i


sos que vienen pron unciándose casi en cada asam blea
acerca de los p erjuicios que Filipo, desde que con­
cluyó la paz, no sólo os causa a vosotros, sino tam bién
a todos los dem ás griegos, y sé que todos declararían,
aunque no lo llevan a efecto, que hay que h a b la r y
actu ar de m an era que aquél ponga fin a su insolencia
y pague su ju sto castigo, la to talid a d de n u estro s asun­
tos veo que ha sido a rra stra d a a tal estado y situación
de abandono que —tem o decir algo m alsonante, p o r
más que sea verdadero—, aun en el caso de que todos
los oradores h u b ieran querido p ro p o n er y vosotros vo­
ta r aquellas m edidas por las que n u e stra situación
habría de re su lta r la m ás desastro sa posible, no creo
que hub iera podido en c o n trarse en p eo r situación que
ahora. M uchas son tal vez las causas de ello, y núes- 2
tros asuntos no han llegado a este estado p o r un solo
motivo o dos, pero si exam ináis los hechos c o rrec ta­
m ente, en co n traréis que se debe sobre todo a los que
se m u estran m ás p artid ario s de halagarnos que de
brindaros los m ejo res consejos. Algunos de éstos, varo­
nes atenienses, p o r vigilar las circunstancias que les
DISCURSOS POLÍTICOS
208

p ro p o rcio n an ren o m b re y poder, no tien en previsión


alguna del fu tu ro [y así, opinan que tam poco es Pe ­
sarlo que vo so tro s la tengáis]; otros, t u s a n d o y ca­
lum niando a los que se ocupan de la
hacen m ás que obligar a la ciudad a to m a r satistac
ción de sus p ro p ias faltas y a co n c en trar crí e l o su
atención, y d a r posibilidad, en c a m b » , . a P ° • de
, decir y h ac er lo que le venga en gana. Tales lineas ae
actuación política, si bien son habituales p a ra vosotros
son p o r o tro lado, causantes de las calam idades. P ero
yo os pido, varones atenienses, que si algo de lo que
es verdad digo con franqueza no se de
a ningún en o jo co n tra m í de v u estra p arte . Pue
esta consideración: vosotros en los dem as asu n to s es­
tim áis q ue la lib e rta d de p alab ra debe ser tan igua i
ta ria p a ra to d o s los que h ab itan en la ciudad, que h asta
a ío s e x tra n jero s y a los esclavos 3 habéis hecho p a rti­
cipes de ella, y pueden verse en tre vosotros m uchos
criados q u e dicen lo que quieren con m ayor lib ertad
que quienes son ciudadanos en algunas de las dem as
citKlades' en cam bio, la habéis d esterrad o com pleta-
4 m ente Í de las deliberaciones políticas. Luego en con-
T e n e n c ia de esto os sucede que en las asam bleas es-

1 Cf. S o b r e lo s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 57.

3 J fp s íio ra N R e p ú b lic a d e jo s ^
eso hem os d ado tam b ié n igua a m etecos co n re­
íos esclavos con resp ecto a los libres y a 10

lación a lo s ciudadanos.» A tenas, p ese a las


4 T am bién realm en te lib e rtad de
in stitu cio n es d em o crática , -hli 0 de los a su n to s po-
p ate b ra para^ljm am en o c , arduo oponerse a

" P, r s " ” oe. r * - “ “ có“ « £ ” “ ° S


! " / S b
nó*s ^ » U % o r “ so,r.s y e. e,
a los p o e ta s cómicos.»
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 209

tais inm ersos en la m olicie y os dejáis a d u la r p re s­


tando oído a todo lo que vaya enderezado a daros
g u s to 5, m ien tras que en la gestión de los asuntos y en
m edio de los acontecim ientos os veis envueltos ya en
los peligros m ás extrem os. Así pues, si tam bién ah o ra
os en contráis en tal disposición, no tengo n ad a que
decir; p ero si estáis dispuestos a escuchar, dejando de
lado la adulación, lo que interesa, estoy dispuesto a
hablar. Pues, aunque m uy m al van n u estro s asuntos
y m ucho es lo que se h a abandonado, sin em bargo es
posible aún, siem pre que vosotros q u eráis h acer lo que
es debido, volver a enderezarlo todo. Y ta l vez sea 5
ch o c an te6 lo que voy a decir, p ero es cierto: lo peor
de n u estro p asado es precisam ente n u e stra m e jo r re ­
serva cara al futu ro . ¿Y qué es ello? El hecho de que
por no cum plir ninguno de vu estro s deberes, n i p e­
queño ni g ra n d e 7, las cosas van m al; puesto que, si
estuvieran en la m ism a situación pese a realizar vos­
otros todo lo conveniente, ni siq u iera h a b ría esperanza
de que m ejo raran . Pero ahora, Filipo se h a im puesto
como vencedor a v u estra indolencia y despreocupación,
no h a vencido a la ciudad; ni vosotros habéis sido de­
rrotados, sino que ni tan sólo os habéis m ovido.
Así pues, si todos reconociéram os que Filipo está 6
en gu erra con la ciudad y transgrediendo el tra ta d o de
paz, no sería m en ester que el o ra d o r d ije ra o aconse­
jase o tra cosa que la m anera m ás segura o fácil de
defendernos de él; p ero toda vez que algunos se en­
cuentran en tan ex traña disposición de esp íritu que,
aunque aquél va tom ando ciudades y retiene m uchas
de vuestras posesiones y a todos los hom bres inflige
tratam ien to in ju sto , se contienen an te unos cuantos

5 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 34.


6 Cf. el mismo argumento en Contra Filipo, I 2.
7 Cf. Sobre la corona 139.
3 5 .-1 4
DISCURSOS POLÍTICOS
210

que en las asam bleas dicen re ite rad as veces que algu­
nos de n o so tro s som os los causantes de la g u erra , es
necesario pon ernos en guardia y a n d a r derechos en
7 este asunto. Pues existe el tem or de que uno, p o r pro­
p o n er el d ecreto o consejo de que nos defendam os, vaya
a in c u rrir en la acusación de h ab e r provocado la gue­
r r a 89 P or eso yo, antes de nada, propongo y defino esta
cuestión: si está en n u estro poder d elib erar sobre si
8 hay que m an ten e r la paz o hacer la guerra, i re -
m en te le es posible a la ciudad m an ten er la paz y ello
depende de nosotros - p a r a em pezar p o r este p u n t o - ,
vo al m enos, afirm o que debem os m an ten e rla y pido
al que h ag a tal p ro p u e sta que la p re sen te p o r escrito,
actú e en consecuencia y no ande con engaños, m as si
o tro en la alternativa, teniendo las arm a s en la m ano
y u n a g ra n fu erza m ilitar a su alrededor os echa p o r
delante com o cebo el nom bre de la paz, pero el m ism o
se vale de las acciones de la guerra, ¿que o tra posi­
b ilid ad q u ed a sino la de defenderse de el? Si queréis
ta n sólo d ec la rar que estáis en paz, com o hace aque ,
9 no m e opongo, Pero si alguien supone que es paz la
situación de la que se vale aquél p a ra venir u n día
co n tra n o so tro s u n a vez se haya apoderado de todo lo
dem ás, en p rim e r lugar está loco, y luego se refiere
a la paz de que goza aquél p o r p a rte n u e stra no de a
que gozam os nosotros p o r p a rte de aquel. E sto es lo
que se co m p ra Filipo con todo el dinero que va gas­
tando: q ue él personalm ente os haga la guerra y vos­
o tro s no se la hagáis a él.
P o r consiguiente, si vam os a e sp e ra r h asta ese pun­
10
to h a s ta que reconozca que está en guerra con nos­
otros, som os los m ás cándidos de todos los hom bres,

8 cf. S o b r e l o s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 56.
9 Cf. S o b r e l o s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 6.
w Cf. S o b r e l o s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 8.
CONTRA l-TUPO, TERCER DISCURSO 211

p orque ni au n q u e se encam ine co n tra la m ism ísim a


Ática y el Píreo, lo d irá n, si es que hay que ju zg ar p o r
su m an era de ac tu a r con los dem ás. Pues eso fue lo 11
que ocurrió en el caso de los olintios; cuando se en­
co n trab a a cu a ren ta estadios 12 de la ciudad, les dijo
que una de dos, o que d e ja ra n de h a b ita r ellos en
Olinto o él en M acedonia; p ero h a sta ese m om ento
todo el tiem po an terio r, si se le acusaba de p arecidas
intenciones, se indignaba y enviaba em bajadores p a ra
que le defendieran; eso tam bién aconteció cuando se
dirigía c o n tra los focidios haciendo creer que eran sus
aliados y h ab ía em b ajadores focidios que le acom pa­
ñaban en su m archa, y en tre nosotros el pueblo dis­
cutía que no iba a ap ro v ech ar en n ad a a los tebanos
el paso de Filipo I3. Y adem ás, m uy recientem ente, des- 12
pues de h ab e r p en etrado en Tesalia com o am igo y
aliado, tom ó tam bién Feras 14 y aú n la retiene; y ú lti­
m am ente, a esos desgraciados oreítas 15 les dijo que
p or buena voluntad hacia ellos les había enviado a sus
soldados con el encargo de h acerles una visita, p o rq u e
se iba en teran d o de que estaban en m al estad o y en
medio de discordias civiles y era propio de verdaderos

11 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 7.


12 El mismo hecho aparece relatado en Sobre los asuntos del
Quersoneso 59.
13 Se. «por las Termopilas». Cf. Sobre la paz 20. Esquines y
Filócrates, antes de que el Macedonio traspasase las Termopi­
las en el 346 a. C. y destruyera las ciudades focidias, habían
logrado engañar al pueblo ateniense con la increíble mentira
de que Filipo iba a volverse contra los tebanos, sus aliados, y
a defender a los focidios, sus enemigos. Y claro está, Atenas
abandonó a estos últimos y el padre del futuro Alejandro Magno
se apoderó de la llave de Grecia.
14 Cf. Sobre el Haloneso 32.
15 Oreo era una ciudad situada en la parte norteña de la isla
de Eubea. Sobre los sucesos que tuvieron lugar en esta ciudad,
a los que se refiere Demóstenes, cf. los §§ 32 y 59 de este mismo
discurso.
DISCURSOS POLÍTICOS
212

13 c Y OS im agináis p lueg0 violentar a quienes

h u b iera n g u ard ado de “ 'r a tra s p re, i a declara-

S n o s ° d i entre «esotros mismos, él apaciguara vues-


y
veros c o n ,ra s" f , ^ , n , os con los q u e os echan
p“ a a “ '* a fuerza de decir que Filipo. al m enos, no

15
H £ C ? a iS¡ieg»Pr0 a S d e ^ r T ^ e s ” en" p T o

cuanoo u p los que ah o ra están allí, iba


T ' t d o s e r rio á ° D orisco , expulsando de F u erte
tom ando S e m o y soldados qu<¡ vue5lro
“ r a ¡ : , Hh r c a l e c i d o . , Si bien, a, aetuar as,.

16 Cf. Sobre los asuntos del Q Hierón 0 ros y el


17 C£. Sobre el H a lo n e s o ^ situadas en la costa
Fuerte Serreo eran pequeñas f fueron atacadas

L— -Sep»- - = s s tu * .,«.
Artábazo durante la «Guerra Social» (357-355 a. C.)
en esa ocasión una gran victoria.
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 213

¿qué es lo que hacía? Pues era u n tra ta d o de p a z 19


]o que h ab ía ju rad o ; y que nadie diga: «Pero esto, 16
¿qué significa?», o ¿qué tiene esto que ver con la ciu­
dad? P orque si esto fuera cosa de poca m onta o nada
tuviera que ver con vosotros, ésta sería o tra cuestión;
pero el caso es que la transgresión de las norm as de
la piedad y la ju sticia, sea el asu n to leve o de m ayor
entidad, tiene la m ism a im portancia. Veam os, pues,
ahora: cuando envía m ercenarios al Q uersoneso, que
el rey de P ersia y todos los g rie g o s20 han reconocido
que es vuestro, y ad m ite que m an d a allí tro p as de so­
corro y lo declara en sus c a r t a s 21, ¿qué hace? P orque 17
asegura que no está en guerra, p ero yo estoy ta n lejos
de ad m itir que o b ran do de esa m an era m antiene la
paz concertada con vosotros, que cuando pone sus
manos en M ég a ra22, in stau ra en E ubea la tiran ía, avan­
za, como ahora, c o n tra Tracia, an d a con intrigas en
el Peloponeso y todo lo que lleva a cabo lo hace con
sus fuerzas arm ad as, os aseguro que en todos esos
casos está q u eb ran tan d o la paz y luchando c o n tra vos­
otros, a no se r que lleguéis a afirm ar que incluso los
que ponen en pie las m áquinas de asedio m antienen
la paz h asta el m om ento en que ya las aproxim an a
los m uros. P ero no llegaréis a afirm arlo, pues el que
realiza y p re p ara operaciones que po d rían condu cir a
mi captura, ese tal está en g u erra conm igo aunque

w Cf. Sobre la embajada jraudulenta 155 y sigs.; Sobre la


corona 25 y sigs.
20 En el año 371 a. C., poco después de la batalla de Leuctra,
tuvo lugar el Congreso de Esparta, en el que se fijaron las po­
sesiones de unos y otros y los atenienses lograron que se les
reconociesen sus derechos sobre el Quersoneso y Anfípolis. Cf.
Demóstenes, Sobre la embajada fraudulenta, 137, 253; E squi­
nes, Sobre la embajada fraudulenta 32; J enofonte, Helénicas VI
3; Diodoro , 15, 50.
21 Cf. Sobre tos asuntos del Quersoneso 64 y 16.
22 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 249 y sigs.
discursos políticos
214

aún no h ay a a rro ja d o u n a lanza o disparado u n a fie


, „ Ací mips ;a u é peligros tendríais que a rro s tra r
18 vosotros si algo sucediera? El de ser desposeídos del
H elesponto, el re su ltan te de que se adueñase de Me­
s a ra v E u b ea quien está en guerra con vosotros, el de
que los peloponesios se hiciesen defensores de su cau­
sa P reten d éis luego que yo diga que quien pone en
pie esta m áq u ina de guerra contra la^ ciudad esta en
19 paz con vosotros? M ucho falta p ara ello* , antes b ie n '
desde el día en que aniquiló a los focenses, desde
ese día yo al m enos establezco que nos viene haciendo
la guerra. ah o ra os defendéis,
E n cu an to a vosotros, si ya an o ra os u _
afirm o que seréis s e n s a t o s , si, en cam bio, lo de.,ai m
cuando queráis podréis hacerlo. A d e m a s , ; f i e r o s
estoy en m an era de pen sar de los dem as eonscjeros
varones atenienses, que ni siquiera m e p arece opor­
tuno h a c e r consideraciones sobre el Que"S° neS° ° ®a
20 zancio, sino defenderlos v vigilar que no les pase nada
[v en viar a los soldados que allí están ah o ra od
cu an to n ecesiten], y deliberar, no ob stan te, acerca
todos los griegos, dado que están en gran peligro
quiero exponeros los m otivos que m e hacen sen ü r
tan to m iedo p o r la p resen te situación, con e fin de
que, si razono correctam ente, participéis de tales razc,
n am ientos y hagáis alguna previsión al
de v o sotros m ism os, va que no queréis h ac erla P or los
dem ás p ero si os parece que parloteo y estoy loco, no
Z p r e s a s atención ni ahora ni en o tra ocaaton como
si estu v iera en m is c a b a le s232425• .
21 ' Que realm ente Filipo, de pequeño e ' ^ ’^ cant
que era en principio, se h a hecho grande y se h a acre­
c e n t a d o - q ue los estados griegos están e n tre si divi-
23 Cf. la misma expresión en Sobre la paz
24 Cf. Contra Filipo, III 6.
25 Cf. Olint. II 3-9.
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 215

didos y en discordia; que m ucho m ás inconcebible re­


sultaba que aquél, de lo que era, llegase a ser tam año,
que el hecho de que ahora, u n a vez que lleva ya reali­
zadas tan tas conquistas, term in e p o r som eter b ajo su
dominio lo que le falta; todo esto y cu an to del m ism o
estilo p o d ría exponer, lo d ejaré de lado. Pero veo que 22
todos, em pezando p o r vosotros, le han consentido lo
que d u ran te todo el tiem po pasado h asta ah o ra ha sido
causa de que se suscitaran to d as las gu erras e n tre los
griegos. ¿Y, eso qué es? El p o d er hacer lo que le viene
en gana e ir m utilando y despojando a los griegos uno
a u n o 26 y a ta c a r a las ciudades y esclavizarlas. E so 23
a pesar de que vosotros estuvisteis al fren te de los
griegos d u ra n te seten ta y tre s 27* años y los lacedem o-
nios d u ra n te v e i n t i n u e v e y que algo despuntó tam ­
bién el po d er de los tebanos en estos últim os tiem pos
después de la b atalla de L euctra 29; pero, sin em bargo,
ni a vosotros, ni a los tebanos, ni a los lacedem onios,
les fue concedido nunca p o r p a rte de los griegos, va­
rones atenienses, la facultad de h acer lo que quisierais,
ni m ucho m enos; an tes bien, co n tra vosotros, o, m ás 24
bien, co n tra los atenienses de entonces, toda vez que

26 Cf. Olint. II 24; Contra Filipo, I 20; Sobre los asuntos del
Quersoneso 55.
27 En Olint. III 24 habla Demóstenes de cuarenta y cinco
años de hegemonía ateniense.
2* Desde el 405 a. C. (batalla de Egospótamos) hasta el 376
a. C. (victoria de Cabrias cerca de Naxos).
29 La batalla de Leuctra tuvo lugar en el 371 a. C. Frente
a la considerable extensión en el tiempo de la hegemonía ate­
niense —desde la constitución de la primera Liga naval (477
a. C.) hasta que Lisandro estableció una guarnición espartana
en la Acrópolis (404 a. C.)— y la algo menor duración de la
primacía de Esparta —del 405 a. C. al 376 a. C.—, la preeminen­
cia de Tebas fue pasajera, pues dio comienzo en el 371 a. C.
con la batalla de Leuctra y acabó en el 362 a. C. con la de
Mantinea.
DISCURSOS POLÍTICOS
216

d aban la im presión de no

— ,a ^ ' r l T e l d e r / r e m o v L ^ ' o r ’d en
S S d " m Í S . ó “ “ 1 u S.o l « e . « d o s se pusie-

23 p ro ch ab an nada. Y t P q lacedem onios, sin que

S e q u eja p o r alguna in ju sta J " 'Z x L

tap íen te a los dem ás. Y, no obstante. t o t a U o u e

26 líos no son ni u n a p arte de estas. [


breve d iscu rso fácil de d em o strar.] Dejo de ado
O linto, M etone, Apolonia y tre in ta y dos ™ “ ' “
i r a d a " , las cuales todas de m odo - “ uel d tniyd,

E SSH “ S ¿= ~=
30 En efecto, los lacedemonios sustituían los regímenes de-
mocráticos por gobiernos oLgáraumos^ amenaza
3, Olinto es la famosa mudad de la Calmd^ , de
por parte de Filipo inspiro los tr gn el golfo Ter-
Demóstenes a lo! „eniense's en el 353 a- C.
CONTRA FTLIPO, TERCER DISCURSO 217

sido aniquilado. Pero Tesalia, ¿cóm o está? ¿No les ha


quitado a los tesalios sus constituciones y com unida­
des ciudadanas y establecido te tra rq u ía s 32, con el fin
de que no sólo sean esclavos p o r ciudades, sino h asta
po r naciones? Y las ciudades de E ubea, ¿no son regi- 27
das ya p or tiranos, y eso en u n a isla cercana a Tebas
y Atenas? ¿No escribe expresam ente en sus cartas:
«Yo estoy en paz con los que están dispuestos a escu­
charm e»? Y no es que esas cosas las escriba, pero
en la p ráctica no las lleve a cabo, sino que se h a pues­
to en m arch a co n tra el H elesponto, antes se lanzó
contra Am bracia, tiene en su poder É lid e 33, tan im ­
p o rtan te ciudad del Peloponeso; anteayer consp iraba
contra M égara; ni Grecia ni los países b á rb aro s dan
cabida a la am bición de este hom bre. Y aunque todos 28
los griegos vem os y oím os esto, no nos enviam os em ­
bajadas los unos a los otros p a ra tra ta r esos asuntos
ni nos indignam os; y estam os en tan m ala disposición
de ánim o y tan separados p o r fosos ciudad a c iu d a d 34,
que h asta el día de hoy no som os capaces de hacer
nada ni de lo conveniente ni de lo necesario, ni de
aliarnos, ni de c o n stitu ir u n a com unidad de ayuda y
am istad; antes bien, contem plam os con indiferencia 2 9
cómo ese ho m b re se va engrandeciendo, decidido cada
uno de nosotros, según me parece, a o b ten er provecho
durante el tiem po en que o tro es destruido, y no exa­
m inando la m an era de que se salve G recia ni actuando
en consecuencia; puesto que nadie desconoce que,
como u n a afección periódica o ataque de fie b re 35 o de
32 Según Harpocración, que en este punto cita a Helánico,
Aristóteles y Teopompo, Tesalia estaba dividida en cuatro
distritos cuyos respectivos nombres eran Tesaliótide, Ftiótide,
Pelasgiótide y Hestieótide. Al frente de cada una de estas te­
trarquías impuso Filipo un gobernador.
33 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 260, 294.
34 Cf. Sobre la corona 61.
35 Harpocración, a propósito de los términos períodos y
discursos políticos
218
1 Film o am enaza incluso al que ahora
algún o tro m al Fi P lcance. Y, realm ente, tam -
30 cree estar m uy lejos de ^ cuanto los griegos
bién aquello, al m enos, - 0 de nosotros
padecían p o r 1 » ^ ^ p o r quienes eran
era u n a s e n e de oten. de G recia; y u n o se
en cu alq u ier caso hijos tr a tase de un hijo
h u b iera im aginado eso com o * q u e nQ
legítim o, nacido en u n a ca . d in in istración en algún
llevase b ien o co rrectam en vista m erecería re­
aspecto: b a jo ese preciso P decir que quien
proche y acusación, p eio ^ co rresponderle el
estuviera actu ando asi ]eaítim o heredero. Pero
31 derecho a hacerlo ° Sm ,a tJ 0\ u b iera d espilfarrado
si un esclavo o un hijo p ondíera> ipor H eracles,
o arru in ad o lo q u e n ' m ere(,£dor de indignación lo
cuánto m ás te rn b l tienen esos sen-
h u b iera n p ro clam ado todos! V .ro ' n o U ^ ^ a
tim ien to s resp ecto de 1 lpo _ . rejacionado con los
pesar de no sólo no «er griego n. ^ s-_
griegos p o r algún lazo -c u ’ lu g ar que se pueda
W » P m í e “ ble m “ "edonio» oriundo d«
— ^ £ 7 » u n e r e , uro d i i i ^ e

era posible. p a ra el colm o de su

- j s s * « " ■ * > " no


__________ , ípvírn de la medicina, se-
kataboli, que pertenecen al tercianas y cuartanas; y
ñala como ejemplos del primero Jas^ fiebres periódicas se
en cuanto al segundo mundo de las tasas los con­
dan ‘accesos’ (fcafaboím), y o ‘depósitos’ ( katabolal)
tribuyentes hacen sus w ortac.on e^ ^ ^ entender la rela­
jos días de los vencimien , •coti/ación’ y ‘acceso .
ción de los significados de~.k ■ ban de ser descendien-
36 Los monarcas « « « d o m ¿os por este titulo fue-37

37 Cf. Sobre la corona U i.


CONTRA FILIPO, TERCKR DISCURSO 219

está organizando los Juegos P íticos 38, com ún concurso


de los griegos? Y si él no asiste en persona, ¿no envía
a sus esclavos com o organizadores de los certám enes?
[¿Acaso no es dueño de las T erm opilas y de los acce­
sos a Grecia, ni ocupa esos lugares con guarniciones
y m ercenarios? ¿No posee tam bién el privilegio de
prelación en las consultas al oráculo del dios, que con­
siguió tras hab ern o s p ostergado 39 a nosotros, a los te-
salios, a los dorios y a los dem ás anfictíones, ya que
de él ni siquiera todos los griegos p articip an ?] ¿No
escribe a los tesalios indicándoles el m odo en que
deben gobernarse? ¿No envía m ercenarios a P ortm o
para expulsar a lo dem ócratas de E re tria, y a Oreo
para in stalar allí a Filístides en calidad de tirano?
Sin em bargo, aunque los griegos ven esto, lo soportan,
y del m ism o m odo, m e da a m í al m enos la im presión,
que si contem plasen el granizo, suplicando cada uno
que no les suceda a ellos, p ero sin in te n ta r nadie im ­
pedirlo. Y no sólo p o r los u ltra je s que de él recibe

38 Cf. Sobre la paz 22. Filipo presidió personalmente los


Juegos Píticos en el 346 a. C. Cuatro años más tarde, 342 a. C.,
como el Macedonio estaba ocupado en una campaña que diri­
gía por Tracia, no pudo asistir personalmente a presidir los
mencionados juegos, razón por la cual envió como represen­
tante suyo, a tal efecto, a uno de sus generales o lugartenien­
tes, Antípatro, a quien Demóstenes considera esclavo por estar
sometido a un monarca y no a la ley o al pueblo soberano.
Para los griegos, en los reinos bárbaros no hay más que una
persona que goce de libertad: el rey (cf. E urípides, Helena 276:
J enofonte, Helénicas VI 1, 2); Los Juegos Píticos tenían lugar
cada cuatro años, en Delfos, para conmemorar la victoria de
Apolo sobre la serpiente Pitón. Anteriormente, hasta el 582 a. C.,
se celebraban cada ocho años. La reorganización de este festi­
val tuvo lugar, precisamente, bajo el control del Consejo an-
fictiónico. A partir de ese momento, estos juegos estaban ínti­
mamente ligados a los olímpicos y se celebraban regularmente
en el tercer año de cada olimpíada.
39 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 327.
220 DISCURSOS POLÍTICOS

Grecia no hay nadie que le haga cara, sino ni siquiera


p o r los desm anes que cada uno sufre en p artic u la r,
pues eso ya es lo últim o. ¿No h a m archado c o n tra
Am bracia y Léucade, posesiones de los corintios? ¿No
ha ju ra d o q ue en treg aría N aupacto, perten ecien te a
los aqueos, a los e to lio s? 40 ¿No les h a quitad o a los
tebanos E quino? ¿No está ahora en cam ino p ara ata-
35 car a los bizantinos, que son sus aliados? De n u estra s
posesiones, dejo ap a rte las dem ás, ¿no tiene en su po­
der C a rd ia 41, la ciudad m ás im p o rtan te del Querso-
neso? Así pues, pese a que todos sufrim os esos des­
afueros, vacilam os y nos em blandecem os, y m iram os
al vecino desconfiando los unos de los otros, no rece­
lando, en cam bio, del que a todos nosotros nos tra ta
in ju stam en te. Sin em bargo, ¿qué pensáis que h a rá
quien con v o sotros se com porta de fo rm a tan b ru ta l
u n a vez q ue se adueñe de cada uno de nosotros p o r
separado?
36 ¿Cuál es, pues, la causa de esto? Pues no sin razón
ni causa ju s ta eran los griegos antaño ta n propensos
a la lib e rta d y hoy lo son a la esclavitud. H abía en
aquel entonces, varones atenienses, h ab ía algo en las
conciencias de la m ayoría que ahora no hay, algo que
venció a la riqueza de los persas, m an ten ía la inde­
pendencia de G recia y no cedía ante ninguna b a ta lla
entab lad a p o r m a r o p o r tierra; algo que al h a b e r des-

40 La ciu d ad de A m bracia, p ró sp e ra colonia c o rin tia en el


E piro, lo m ism o que o tro s asen tam ien to s localizados alred ed o r
del golfo de A m bracia, fu ero n fu n d ad o s en tiem p o del tira n o
Cipselo. L éucade e ra u n a isla situ a d a fren te a A m bracia. N au­
p acto estab a situ ad a en la co sta de E to lia; co rresp o n d e a
la actu al L epanto. E stab a, entonces, N aupacto o c u p ad a p o r
aqueos y la reclam ab an los etolios (cf. J enofonte , H e lé n ic a s
IV 6 , 14: D io d o r o , X V 75). E qu in o era u n a ciu d ad situ ad a
fre n te a ía Lócride, en la co sta sep ten trio n al del golfo M alíaco,
colonia te b a n a próxim a a Tesalia.
41 Cf. S o b r e e l H a l o n e s o 41.
CONTRA FIL1PÜ, TERCER DISCURSO 221

aparecid o ah o ra h a estropeado todo y h a trasto cad o


todos n u estro s asuntos. ¿Qué era, pues, eso? [No e ra 37
n ad a com plicado ni sutil, sino el hecho de que] todos
od iab an a los que aceptaban sobornos de quienes de­
seab an reg ir o d e stru ir G recia, y e ra gravísim o ser
convicto de h ab e r recibido dádivas, y al que lo h u b iera
sido se le castigaba con la m áxim a penalidad, [y no
h ab ía súplica alguna posible n i p e rd ó n ]. Y así, la oca- 38
sión p ro p icia de cada una de las acciones, que la fo r­
tu n a m uchas veces p ro c u ra incluso a los negligentes
en d etrim en to de los solícitos y a los que n ad a están
dispuestos a h acer en perju icio de los que hacen lo
que es m en ester, no era posible co m p rársela a los
o rad o res n i a los generales, n i tam poco la concordia
m utua, n i la desconfianza resp ecto de los tiran o s y los
b árb aro s ni, en u n a palab ra, nada s e m e ja n te 42. E n 39
cam bio, ah o ra todo eso se h a vendido com o en u n
m ercado y en lu gar de ello se h a im portado lo que ha
p erd id o e infectado a Grecia. ¿Y eso qué e s ? 43. La
envidia, si alguien h a recibido alguna dádiva; la son­
risa, si lo reconoce; [el p erd ó n p a ra los convictos]; el
odio, si alguien se lo recrim in a a los tales, y todo lo
dem ás que depende de la venalidad. P uesto que tri- 40
rrem es, g ran n úm ero de hom bres, ingresos de dinero
y ab u ndancia de los dem ás recu rso s de equipo y todo
aquello p o r lo que uno p o d ría ver el grado de poder
de las ciudades, son cosas q u e ah o ra todos tenem os
incluso en m ucho m ayor núm ero y can tid ad que antes.
Pero esas cosas se vuelven inútiles, inefectivas y sin
provecho p o r efecto de quienes venden sus traiciones.
Que eso es así, p o r lo que al p resen te se refiere sin 41
duda lo estáis viendo y p ara n ad a necesitáis de m i tes­
tim onio; que en los tiem pos de antaño la situación era

« Cf. Sobre la embajada fraudulenta 6 y sigs.


43 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 259.
discursos políticos
222

la co n traria, yo os lo pro b are, no recitando m : p


pias p alab ras, sino docum entos escritos ^ vucst
an tep asad o s que aquellos h ic ie ro c .g ra b a r ® u n a eS
tela de bro n ce y colocaron en la Acrópolis [no p a ra
que les fu e ran útiles (pues incluso sin esos docum entos
cen sab an en sus deberes), sino p ara que vosotros tu-

42 tia rs e se n o s c __ «hijo de P itonacte,


Z ¿ l e a sea o b jeto de deshonor y considerado ene-
mrno i e ! pueblo de los atenienses y de los aliados, tan to
S m ism o com o su descendencia.» A
reg istrad a la causa p o r la que le sucedió eso. < <1
llevó oro de los m edos al Peloponeso.» H e ahí el do-
43 cuinento C onsiderad, pues, p o r los dioses, cual s e n a
la in ten ció n de los atenienses que entonces hacían
eSLÜ o cuál su ju sta pretensión. Aquellos a u n zeleita,
Artm io esclavo del rey - p u e s Z e le a - esta en A s í a -
c o r el hecho de que, sirviendo a su señor, llevo oro al
P _ „ Atenas lo inscribieron com o ene-
^us " a d o s a él y a su descendencia,
T ío s re g istra ro n com o privados de honor. Y eso viene
44
a ser no lo que p ropiam ente se llam aría privación
de honor; pues ¿que iba a im p o rtarle a u n zeleita no
p a rtic ip a r de los derechos com unes de los atenienses.
Pero en las leyes de hom icidio consta escrito respecto
n n nuienes no se les da facultad de defender

a ‘ L pu ed e m a ta r sin que ello constttuya im p ied ad ).


? y que m u era privado de sus d erech o s.. Eso y a sig-

44 ¿ ñ a ”"imitación d e e ste p a s a je en D in a a c o , C e n tra to la *

g" t " D e m ó ste n e s u tiliza ta m b ié n e ste e je m p lo e n S o b re la « a

c S " “ “ M a d e . a . S. d e 1 . P ro p ó n .id e, c e rc a n a a

Cícico.
CONTRA FILIPO, TLRCLR DISCURSO 223

nitica que el que m ate a alguien de ésos perm anece


sin m ancha. Así pues, aquéllos consideraban que de- 45
b ían ocuparse de la seguridad de todos los griegos;
pues no les h u b iera im portado, de no h a b e r asum ido
esa actitu d , que alguien en el Peloponeso com prase y
sobornase a algunos; y castigaban y condenaban de tal
m odo a quienes d escubrían m ezclados en sobornos
que h a s ta h acían g rab ar sus nom bres en estelas. A
p a r tir de esos hechos lógicam ente el p o d er de los
griegos re su ltab a terrib le al b árb aro , no así el b árb aro
a los griegos. Pero eso no es a h o ra así; pues vosotros 46
no observáis tal a c titu d ni co n respecto a esos delitos
ni con respecto a los re sta n te s, sino ¿cuál? [V osotros
m ism os lo sabéis; pues, ¿ p a ra qué acusaros de todo
tipo de faltas? De m anera m uy sim ilar y en n ad a m ejo r
se conducen todos los dem ás griegos; p o r lo cual yo
aseguro que la p resen te situación req u iere m ucha dili­
gencia y bu en consejo. ¿Cuál?] ¿M andáis que lo diga?
¿Y no os encolerizaréis? Pues bien, hay un cándido 47
argum ento que p re sen tan los que quieren tran q u ilizar
la ciudad, según el cual Filipo después de todo aún
no es lo que an tañ o eran los lacedem onios, los cuales
ejercían su dom inio sobre todo m a r y t i e r r a 4' y tenían
de aliado al rey de P ersia y nada se les resistía; sin
em bargo, la ciudad se defendió de ellos pese a ser tales
y no fue to m ad a p o r asalto. Yo, por m i p arte, em pero,
aunque todo —p o r decirlo así— h a cobrado u n gran
increm ento y n ad a de lo de ah o ra es sem ejan te a lo
de antes, no o b stan te considero que nada h a cam biado
ni progresado m ás que el a rte de la guerra. Pues, en 48
p rim er lugar, oigo decir que los lacedem onios y todos
los dem ás, d u ra n te cuatro o cinco m eses, en la esta­
ción veraniega pro p iam ente dicha, invadían y devasta­
ban el te rrito rio enemigo con sus hoplitas y ejércitos 47

47 Cf. Contra Filipo, I 3.


discursos políticos
224

de ciudadanos y luego re tro ced ían a su p atriaf de


y era n sus m an eras tan a la vieja usanza o ta l vez tan
ciudadanas, que ni con dinero se co m praba n a d a a
49 nadie, an tes bien, la g u erra e ra leal y clara. E n cam
bio, ah o ra sin d u d a veis que los traid o re s h an causado
la m ayor p a rte de los desastres y ninguno de ellos se
p roduce com o re su ltad o de b atalla o rd en ad a o de com ­
bate- y oís d ecir que Filipo se encam ina adonde quie­
re ¿ o p o r llevar tra s de sí u n a falange de hoplitas
sino p o rq u e le están vinculados soldados o rn a d o »
la ligera, jin etes, arqueros, m ercenarios, en fin, tro p a s
50 de esa i p e c i e . Y u n a vez que, con esta base de apoyo,
cae sobre u n a ciudad a fe c ta d a 48 de discord ia “ te m a ,
y q ue n ad ie sale en defensa de su p aís p o r dése -
fianza, in sta la sus m áquinas de g u erra y la asedia. Y
paso ^ silencio el hecho de que no establece ninguna
diferencia e n tre verano e invierno ni tiene u n a p ación
51 reserv ad a que deje p a s a r 44 com o intervalo. Asi que
pu esto q u e todos sabéis y os dais cu en ta de esto
hechos, es necesario no p erm itir que p en e tre la g u erra
en v u estro te rrito rio ni dejaros ro m p er el cuello d
sarzonados p o r contem plar la sim plicidad de la g u erra
de an tañ o co n tra los lacedem om os; antes bien, debeis
g u ard aro s m ediante vuestras gestiones y preparativos
a la m ay o r d istancia de él, con vistas a que no se
m ueva de casa y no luchéis con él cuerpo a cuerpo.
52 S íe s resp ecto L u n a guerra, con m uchas ventajas
contam os, varones atenienses, si estam os dispuestos a

e— . r i .i * —
dentro de una ciudad.
» Metáfora preveniente de 1. le n „ » de I . « rn ta ciío
(.romperse el J i l o como consecuencia de ia c.,d» del caballo.,
cf. J enofonte, Ciropedia I y IV 8).
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 225

h a c e r lo q u e e s m e n e s te r : la n a t u r a le z a d e s u t e r r i t o ­
r io , q u e e n g r a n p a r t e e s p o s ib le s a q u e a r y d e v a s ta r
y o t r a in f in id a d d e d e ta lle s ; e n c a m b io , p a r a u n a c o n ­
f r o n ta c ió n e n b a t a ll a e s tá a q u é l m á s e n t r e n a d o q u e
n o s o t r o s 51.
P e r o n o es b a s ta n t e c o n o c e r e s a s c o s a s n i d e fe n - 53
d e m o s d e é l c o n lo s m e d io s d e la g u e r r a , s in o q u e
h a y q u e o d ia r e n n u e s tr o s c á lc u lo s y p r o p ó s ito s a q u ie ­
n e s e n t r e n o s o tr o s h a b l a n e n s u fa v o r, e n la id e a d e
q u e n o e s p o s ib le d o m in a r a lo s e n e m ig o s d e u n a
c iu d a d a n t e s d e q u e h a y á is c a s tig a d o a lo s q u e d e n t r o
d e la m is m a c i u d a d 52 s ir v e n a a q u é llo s . L o c u a l, p o r 54
Z e u s y lo s d e m á s d io s e s , e s a lg o q u e v o s o tr o s n o
s e ré is c a p a c e s d e h a c e r ; p o r e l c o n t r a r i o , h a b é is lle ­
g a d o a ta l g r a d o d e e s tu p id e z o lo c u r a o n o s é q u é
d e c ir ( p u e s m u c h a s v e c e s m e h a v e n id o a la s m ie n te s
h a s t a el te m o r d e q u e a lg ú n e s p í r i t u e s té im p u ls a n d o
lo s a c o n te c im ie n to s ), q u e p o r m o r d e in ju r ia s o e n v i­
d ia o c h a n z a s , o c u a lq u ie r a q u e s e a e l m o tiv o q u e o s
m u e v a , in v itá is a h a b l a r e n p ú b lic o a h o m b r e s a s a la ­
r ia d o s , a lg u n o s d e lo s c u a le s n i s iq u ie r a n e g a r ía n q u e
s o n ta le s , y o s r e ís si se p o n e n a v itu p e r a r a a lg u n a s
p e r s o n a s . Y eso , a u n s ie n d o te r r ib le , n o lo e s t a n to 55
co m o e l h e c h o d e q u e h a b é is d a d o a e s o s h o m b r e s
m á s s e g u r id a d p a r a a c tu a r p ú b lic a m e n te c o m o c iu d a ­
d a n o s q u e a lo s q u e h a b la n e n v u e s tr o b e n e fic io . P e se
a lo c u a l, c o n te m p la d c u á n ta s d e s g ra c ia s p r o p o r c io n a
el q u e r e r p r e s t a r o íd o a ta le s in d iv id u o s . M e n c io n a ré
h e c h o s q u e to d o s c o n o c e ré is .
H a b ía e n O lin to , d e e n t r e lo s d e d ic a d o s a la ges- 56
tió n d e lo s a s u n to s p ú b lic o s , u n o s q u e e r a n p a r t i d a ­
rio s d e F ilip o y le s e rv ía n e n to d o , y o tr o s q u e e r a n
d e fe n s o re s d e l id e a l m á s n o b le y a c tu a b a n d e m a n e r a

51 Los hechos d em o stra ro n que D em óstenes te n ía razón.


52 Cf. S o b r e lo s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 61.

3 5 .- 1 5
d is c u r s o s p o l ít ic o s
226

q u e s u s c o n c iu d a d a n o ^ b a n d o s a rru in a r o n su
P u e s b ie n , ¿ q u ie n e s d e a m b ü S g r u p o s tr a ic io n a -
p a t r i a ? O ¿ q u ¡e ^ e tr a ic ió n s u c u m b ió O lin to ?
r o n a lo s ji n e t e con y c u a n d o ^ c iu d a d e x is tia ,
L o s a d ic to s a F ilip o , lo q d a b a n lo s m e jo r e s
d e la ta b a n y c a lu m n ia b a p 0 r s u p e r s u a s ió n e l pueblo
c o n s e jo s , d e ta l f o r m a , q u e a Ap o ló n id e s » .
d e lo s o lin tio s f u e m d u «1 é s o s d o n d e e s e hábito
Ahora b m n n o f u e s o tro ^ m as; p o r
57
c a u s ó t o d o s lo s m a le y v ez qUe, a p a r-
el c o n tra rio , e l p u e b lo t e n í a e n
tad o s Plutareo5 Y sus m en derezaban las
su po d er la ciu dad y
gestiones p úblicas h acia
^ ^ -
hacia Filipo.
los puntos,
Y c o m o a e s to s ú lti m o s o ía n e n c a s i ia d o s e
p o r m ejo r decirlo en fueron persu ad id o s de
fo rtu n a d o s eretrienses, a ^ que en su p ro p io
la conveniencia de exp ,m ente Filipo, su aliado, .
sa favor h ab iab an . Pues na ^ cen ario s, dem olió las
enviando a H iponico con m tira nos: H iparco,
m u rallas de ^ é s de eso h a expulsa-
A ntom edonte y
do ya dos veces del p
Ch^ C,¡&
quienes qu erían salvarse,
, , ^os m ercenarios

de P a rm e m ó n 56].

,, L o s c o m a n d a n te s d e 1» ^ “m o fiS U . J
« a t e . , L á s te n e s . =m r= ? a r o „ d e i»

z s s s stissí «— “oto;
5 S L S.“d rí .n X e » ■. c o s ta de B o d e . * . - «—

“ Í Eodloc. y «» ,a“ “ “ “
Filipo.
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 227

Pero ¿qué necesidad hay de m encionar la m ayoría 59


de los casos? E n O re o 57, con todo, F ilístides tra b a ja b a
p a ra Filipo y lo m ism o M enipo, S ócrates, Toante,
Agapeo, p recisam en te los que ah o ra co n tro lan la ciu­
dad (y eso lo sabían todos); en cam bio, E u fr e o 58, u n
hom bre que, adem ás, an tañ o vivió aquí e n tre nos­
otros, lab o rab a p o r que sus conciudadanos fuesen li­
bres y no esclavos de nadie. S ería larga h isto ria re fe rir 60
cómo ese ho m b re era en general objeto de u ltra je s e
insultos p o r p a rte del pueblo; en p artic u la r, u n año
antes de la to m a de la ciudad denunció a F ilístides y
los suyos com o traid o res, tra s h a b e r detectado sus m a­
quinaciones. Congregados entonces m uchos individuos
que tenían a Filipo p o r corego y p r íta n e 59, conducen
a E ufreo a la cárcel p o r alb o ro ta d o r de la ciudad. Y 6i
al ver eso el pueblo de los o re íta s, en lu g ar de p re s ta r
ayuda al uno y m oler a palos a los otros, con estos
últim os no se irritó , en cam bio, del o tro dijo que se lo
tenía m erecido y se alegró encim a. Después de eso,
aquéllos, con cu an ta lib ertad deseaban, ac tu a b an de
form a que la ciudad fuese to m ad a y an d ab an p re p a­
rando la realización del plan; en cuanto al pueblo
llano, si alguno se d aba cuenta, se callaba y se que­
daba aterro rizad o al ac o rd arse de lo que le p asa ra
a Eufreo. Y en tan abyecta condición se encontraban,
que nadie se atrevió, pese a q u e se acercaba ta n gran
desastre, a ro m p er a h ab lar h a sta que los enem igos
con sus p rep arativ o s ya al com pleto se iban aproxi­
m ando a las m urallas; y entonces los unos se defen­
dían, los o tro s traicionaban. Y sobre la ciudad, tom ada 62
de form a tan vergonzosa y vil, aquéllos gobiernan y

57 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 18.


58 Eufreo había sido discípulo de Platón, quien le puso en
relación con Perdicas, rey de Macedonia.
59 Es decir, costeados y dirigidos por Filipo.
discursos políticos
228

ejercen p o d e r tiránico, después de h a b e r d esterrad o


f u ñ o s y m atad o a o tro s de los que entonces m ien ta
b a n salvarse a sí m ism os y estab an dispuestos a hacer
p o r E u freo lo que fuese; y el fam oso E ufreo se corto
el cuello, testim o niando así, de hecho, la ju stic ia y p u ­
reza de su oposición a Filipo en favor de sus conciu-

63 ^ f l í f i o n c e s , ¿cuál pudo ser la causa —os preguntáis


ta l vez ex trañ ad o s— de que los olintios, e n tre n se s y
o reítas estu v ieran p o r gusto m ás inclinados h acia los
que h ab lab a n en beneficio de Filipo q u e hacia quienes
lo h acían en defensa de ellos rnism os^ F rccisam enm la
m ism a q ue en tre vosotros: que a quienes h ab lan en
defensa del m ás noble ideal, no les es P ^ ^ l e a veces
d ecir algo agrad able n i au n q u e q uieran, pues les es
necesario exam inar la situación, la fo rm a en que resul-
S a lv a d a ; ° tr° S' C° ° " '“ T
« c u r s o s coú los que se hacen agradables, están cota-
64 d o rando con Filipo. Los p atrio tas ped ían r e c a u d a ^
de im p u esto s, los o tro s sostenían q u e p a ra n a d a era
necesario; los unos, que se lu ch ara y no se t o a n ;
ios o tro s, q u e se m antuviera la par; h a sta que fueron
atrap ad o s. Todo lo dem ás, p o r no po rm en o rizar, ocu
rrió - m e im a g in o - del m ism o m odo; unos, lo que
les re su lta ría agradable, eso e ra lo que decían a sus
conciudadanos; otros, en cam bio, lo q u e re d u n d a ría en
su salvación. P ero a m uchas cosas al final el pueblo
se a d h e ría no p o r gusto ni p o r ignorancia, sino doble-
, , au e se consideraba co m pletam ente de
M S o td o " tem o yo, P »r Zeus , Apolo, no os
p ase tam b ién a vosotros u n a vez q u e reflexionan ,
veáis que no os queda ninguna salida. Aunque, lOjala
atenienses no se en cu en tren las cosas en tal
I i C a d L f m o rir m il veces es m ejo r que h ac er algo
r a Filipo [O ab a n d o n ar a algunos de los
que h ab lan en n u estro favor], ¡Bonito favor h a recibido
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 229

hoy en com pensación el pueblo de los oreítas p o r h a ­


berse puesto en m anos de los am igos de Filipo y re ­
chazar a Eufreo! ¡Bonito tam b ién el de los eretrien- 66
ses p or h ab e r rechazado a vuestros e m b a ja d o re s60 y
haberse entregado a Clitarco! Son esclavos a golpe de
látigo y a p u n ta de cuchillo. B uena clem encia m ostró
con los olintios que votaron a Lástenes p a ra el cargo
de hiparco y d esterraro n a Apolónides. L ocura y co- 67
b ard ía es ten er tales esperanzas y, deliberando e rró ­
neam ente y no queriendo h a c e r nada de lo que con­
viene, pero sí p restan d o oído a los que hablan a favor
de los enem igos, im aginar q u e se h ab ita u n a ciudad
en m agnitud tan grande que, ni aunque llegase a su­
ceder cu alquier cosa que fuese, su frirá m al alguno.
Y tam bién es u na bu ena vergüenza llegar a decir u n a 68
vez que todo haya pasado: «¿Quién se h u b iera im agi­
nado que o c u rriría esto? P or Zeus, debíam os h ab e r
hecho esto y aquello y no h a b e r hecho esto otro.» Mu­
chas cosas po d rían decir a h o ra los olintios, que, de
haberlas previsto, no h abrían sucum bido; y m uchas
los oreítas, y m uchas los f'ocenses, y m uchas cada uno
de los pueblos que han perecido. Pero, ¿cuál de ellas 69
les sirve de provecho? M ientras la nave está a salvo,
sea m ás grande o m ás pequeña, es cuando es m enes­
te r que el m arinero, el piloto y todo el m undo p o r su
orden se m u estren diligentes y tengan cuidado de que
nadie, ni v o lu n taria ni involuntariam ente, la hagan zo­
zobrar; u n a vez que ya el m a r la rebasa, vano re su lta
el celo. Así noso tro s tam bién, varones atenienses, mien- zo
tras estam os a salvo y contam os con u n a grandísim a
ciudad y con num erosísim os recu rso s y u n a bellísim a
reputación, ¿qué debem os h acer? H ace tiem po ta l vez
está sentado alguien que m e h a b ría preg u n tad o eso
gustosam ente. Yo le diré, por Zeus, y h asta lo presen-

60 Cf. Sobre la corona 79.


DISCURSOS POLÍTICOS
230

ta ré p o r escrito en fo rm a de propuesta, de m odo que,


si q ueréis, p o d réis votarla. E n p rim er lugar, defender­
nos n o so tro s m ism os y p re p ara rn o s, con trirrem es,
fondos y soldados; a eso m e refiero; pues, au n cuando
todos los dem ás griegos llegaran a a c ep tar la esclavi-
7 i tud, n o so tro s hem os de com batir p o r la llb ert^ ’ y
u n a vez que nosotros personalm ente hayam os hecho
todos esos p rep arativ o s y después de m o strarlo s, ex­
h o rtem o s ya a los re sta n te s griegos y enviem os a todas
p arte s em b ajad o res que les inform en de ^ o . j a l Pe
loponeso, a R odas, a Quíos, incluso, digo, al Rey (p
tam poco de sus intereses está ap a rtad o el hecho de
no p e rm itir que Filipo se lo som eta todo bajo s i po­
d e r)], con el fin de que si los convencéis, los te n g á s
com o co p artícipes en los peligros y los gastos s i j i l o
es m en ester, y si no, al m enos deis tiem po a los acom
72 tecim ientos. Pues, toda vez que la g u erra es contra
u n h o m b re v no c o n tra la fuerza de u n a ciudad orga­
nizada, n i siq uiera el tiem po es inútil, com o tam poco
lo fu ero n aquellas em bajadas del año pasado que en­
viasteis alre d ed o r del Peloponeso, y las acusaciones
que vo v aquel bueno de Polieucto y H egesipo y
re sta n te s em b ajadores llevam os de u n lado p a ra o
v con las que le hicim os detenerse y no le p e rm 1tim os
m a rc h a r c o n tra A m bracia ni lanzarse sobre el P efo
73 poneso. No digo, sin em bargo, que, “ *.est“
m ism os d isp uestos a h acer lo necesario p o r vuestro
propio bien, exhortéis a los dem ás; pues seria estup
que ab an d o n ando no so tro s m ism os n u estro s propios
in tereses, anduviésem os asegurando que nos preocupa­
m os d e los ajenos, y, desatendiendo el p resen te atem
rizáram o s a los dem ás con relación al fu tu ro . No dig
eso- p o r el contrario, afirm o que es necesario envía
dinero a los que están en el Q uersoneso y h a c e r todo
cu anto solicitan y p re p a ra m o s nosotros m ism os, y a
los dem ás griegos convocarlos, reunirlos, inform arlos,
CONTRA FILIPO, TERCER DISCURSO 231

reprenderlos; eso es lo propio de una ciudad que tiene


una rep u tació n com o la que corresponde a la nuestra.
Pero si creéis que los calcideos o los m egarenses sal- 74
varán a Grecia, y que vosotros escaparéis de los p ro ­
blem as, no opináis correctam ente; pues cada uno de
estos dos pueblos puede d arse p o r contento si llega a
salvarse él m ism o. É sa es u n a tare a que ha de ser reali­
zada p o r vosotros; es un h o n o r que vuestros an tep a­
sados ad q u iriero n y os legaron a fuerza de m uchos
y grandes peligros. Pero si cada uno va a estarse 75
sentado tra ta n d o de en c o n tra r lo que desea y consi­
derando el m odo en que p ersonalm ente no h a rá nada,
en p rim er lugar, ni es posible que en cu en tre quien lo
haga, V, luego, tem o que nos sobrevenga la necesidad
de h acer a un tiem po todo lo que ahora no querem os.
Yo lo que digo es eso y ésa es la m oción que pro- 76
pongo p o r escrito; y opino que aún ah o ra p o d ría en­
derezarse la situación si esas m is pro p u estas se cum ­
plen. Pero si alguien tiene algo m ejo r que eso p ara
proponer, que lo exponga y nos aconseje. Y lo que
vosotros decidáis, ¡ojalá, dioses todos, sea lo que m ás
convenga!
X

CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO

INTRODUCCIÓN

E n tre los discursos públicos o dem egorías incluidos


en el Corpus dem osthenicum , dejando ap a rte la colec­
ción de cincuenta y seis proem ios de ca rác te r político,
ha llegado h asta n osotros el titu lad o Contra Filipo, IV,
núm ero X de la obra com pleta, que p re sen ta caracte­
rísticas peculiares.
Ya F. Blass expuso la opinión de que este discurso
no es m ás que un centón com puesto p o r varios re ta ­
zos de d iferentes épocas cosidos por un re d acto r m uy
próxim o a la de D em óstenes, tal vez un am igo y adm i­
rad o r de n u estro orador, interesado en que no se p e r­
diese ni u n a sola m uestra, p o r reducida que fuese,
de la m ás d ep u rad a elocuencia ática. Poco después
esta consideración fue confirm ada p o r el Com entario
de Dídimo, donde aparece c la ra la gran dificultad que
rep resenta d a ta r este discurso de form a unívoca. P ro­
porciona Dídim o la noticia de que «algunos» lo situ a­
ban en el 342/1 a. C.
A esta datación llegaba K oerte tra s h a b e r exam i­
nado cuidadosam ente los p árrafo s 7-10 de la obra, que
presuponen que, a la sazón, Oreo estab a todavía en
234 DISCURSOS POLÍTICOS

manos de Filístides, por lo «algunos,


este tirano acaba en el 341 a. L. la '
sugerían -s e g ú n D ld im o - P»<™ también
Pero el Comentan» de D.dnno prop ^

' " f ^ c T l V c i ^ s t ' l ^ t b a s í n d o s é en el contenido del

= r d .n i a d o T t i u i
de que Atenas se en cu en tra si ’ tados del
caria que el o ra d o r pasa p o r alto ios

342N o es ex traño que h a y a hecho surgir un sinnúrnero


de dificultades la p retensión de d a ta r m Qg .
cuya m itad, aProxim adam en t e , a p a r c ^ ^

r ; r 8d ; 4r — íaa re c u rre n te no s? en
Óuos F i l í p i c a s , sino ■»*"” d i,
Por otro lado, mas de la tercera p nuerso-
, , a,, a ci ^ n h r e l o s c i s u n t o s del (ju erso -
curso esta tomado del ooor 55-70).

de dinero co n tra las que en ot reSultar

tes consideraciones, los p m arcado exor-

— rvís — - srt-s
gido contra Filipo, y el ° 75 da “ ” PproI>6sito.

y*or ebU’ defensores v sus atacantes, al


discurso ha tenido sus defensores y
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 235

cosido de ab ig arrad o s retazos, salidos —eso sí— del


cálam o de Dem óstenes.
Tal vez los p rim ero s editores del C orpus se encon­
traro n con u n a serie de bosquejos o bocetos de dis­
cursos con los que se em peñaron en d a r form a a una
obra com pleta.

r e su m e n : de l t b a n io

Éste tiene el mismo argumento que el precedente y nada


añade o dice de particular, salvo la medida política sobre la
concordia. Pues estando los ricos en desacuerdo con los po­
bres, Demóstenes intenta hacer cesar esa disensión aconsejando
al pueblo no confiscar los bienes de los ricos y a los ricos no
mirar con malos ojos a los pobres por cobrar del erario pú­
blico. Y trata de convencer a los atenienses de que envíen una
embajada al Rey de los persas para tratar de una alianza.

Por considerar, atenienses, que son im p o rtan tes i


los asuntos sobre los que deliberáis e indispensables
para la ciudad, tra ta ré de exponer acerca de ellos lo
que considero conveniente. A unque no son pocos los
errores, ni acum ulados desde breve tiem po, los cau­
santes de que esta situación vaya m al, ninguno es, va­
rones atenienses, de en tre todos m ás difícil de corregir,
con vistas al presen te, que el hecho de que vosotros
en vuestros pensam ientos os habéis distanciado de las
em presas y sólo m o stráis in teré s en tan to estáis sen­
tados escuchando o se os anuncia alguna novedad;
luego, cuando cada uno de vosotros se re tira , no sólo
no m edita sobre ellas p ara nada, sino que ni siquiera
las recuerda. Pues bien, la insolencia y la am bición 2
de que se vale Filipo con to d o el m undo son de tan
gran cuantía com o indican las referencias que escu­
cháis; y que no es posible detenerlo en esa c a rre ra ni
DISCURSOS POLÍTICOS
236

con d iscu rso s ni declaraciones, nadie lo ignora sin


duda. Pues, realm ente, si alguien no puede aprenderlo
a p a rtir de u n a sola de las dem ás consideraciones,
que se h ag a las reflexiones siguientes: nosotros nunca
ni en n inguna p arte, cuando h a sido necesario h ab lar
en defensa de n u estro s derechos, fuim os d erro tad o s o
dim os la im presión de o b ra r inju stam en te, sino que
en toda ocasión vencem os a todos n u estro s oponentes
v estam os p o r encim a de ellos en el uso de la palabra^
3 Ahora bien, ¿acaso p o r esa razón a Filipo los asuntos
le van m al y a n u estra ciudad bien? M ucho d ista eso
de ser. Pues u na vez que él, después del debate, to­
m ando las arm as, se pone en m archa dispuesto a ex­
p o n er sin vacilación todos sus bienes, m ien tras nos­
otro s perm anecem os sentados, habiendo expuesto os
unos los arg u m entos ju sto s y habiéndolos e s c u d a d o
los otro s, n atu ra lm e n te —en mi opm ion— los hechos
tom an la d elan tera a las p alab ras y todos atienden no
a los razonam ientos ju sto s que dijim os o podríam os
ah ora decir, sino a lo que hacem os. Y esos argum en­
tos no son capaces de salvar a ninguna de las victim as
de la in justicia, pues ya no es m en ester h a b la r más
4 en to rn o a ellos. E n consecuencia, divididos los de las
ciudades en estos dos p artidos: unos que no qu ieren m
g o b ern ar p o r la fuerza a nadie ni ser esclavos de o tro
sino g o b ernarse equitativam ente en lib e rta d y con le­
ves- o tro s, en cam bio, que desean m a n d a r sobre sus
conciudadanos y obedecer a u n a te rc e ra persona, me­
dian te la cual piensan que p o d rán llevar a cabo su
jetivo, los que p ertenecen al p artid o de aquel, los que
am bicionan tiran ías y caudillajes, h an vencido p o r do­
quier, y ciudad con régim en de dem ocracia estable, no
sé si de e n tre todas queda alguna o tra m as que la nues-
5 tra Y h an vencido los que gracias a aquél se hacen
sus p ro p ias constituciones, valiéndose de todos los
m edios con los que se alcanza el éxito; el p rim ero y
CONTRA ITLiPO, CUARTO DISCURSO 237

m ás im p o rtan te de todos: el hecho de te n e r a alguien


dispuesto a d a r p o r ellos d in ero a quienes desean
cobrar; el segundo y en n ad a m enos efectivo que el
anterior: el d isp o n er de una fuerza, capaz de d e rri­
bar 1 a sus oponentes, p re sen te en todas las ocasiones
en que la soliciten. N osotros en cam bio, varones ate- 6
nienses, no sólo vam os a la zaga a ese respecto, sino
que ni siq u iera som os capaces de d esp ertarn o s; antes
bien, nos parecem os a h om bres que h a n bebido m an­
dragora 2 o alguna o tra pócim a del m ism o estilo; luego,
en mi opinión (pues hay que decir la verdad, tal cual
yo enjuicio la situación), hem os sido tan d esacred ita­
dos y despreciados a consecuencia de éstos, q u e de
entre aquellos que se en c u en tran en pleno peligro, unos
se oponen a no so tro s p o r cuestión del lid era zg o 3, o tro s
en relación con el lugar en q u e h a b rá de re u n irse el
C onsejo4, y algunos h an decidido defenderse p o r sí
m ism os an tes que en alianza con nosotros.
¿Con q ué objeto, pues, m e expreso y d iscu rro sobre 7
estos asu n to s? No es porque m e decida a re su lta r
o d io so 5, p o r Zeus y todos los dioses. Lo hago p a ra
que cada uno de vosotros, varones atenienses, com ­
prenda y sepa que la m olicie y la indolencia de cada

1 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 46.


2 Sobre este narcótico, cf. J enofonte, B a n q u e t e II 42; Pla­
tón, R e p ú b l i c a VI 488 C. Alude a este pasaje Luciano (L uciano ,
E lo g io d e D e m ó s te n e s 36). Por otro lado, la comparación que se
establece en este pasaje suscitó en los rétores serias dudas
sobre la autenticidad del discurso.
2 Los comentaristas que no aceptan la paternidad demos-
ténica de este discurso ven aquí una alusión a la división de
la hegemonía entre atenienses y tebanos que establecieron al
concertar la alianza que precedió a la batalla de Queronea.
Cf. E squines, C o n tr a C t e s i f o n t e 142.
4 Se alude a las pretensiones de la ciudad eubea de Cál-
cide, que no quería formar parte de un consejo federal que
tuviese por sede a Atenas. Cf. E squines, C o n tr a C t e s i f o n t e 91.
5 Cf. O lin t. III 21.
d is c u r s o s p o l ít ic o s
238
1 o en las vidas privadas, así tam b ién en
día, al igual q ue en £ de inm ediato en cada
las ciudades, no se h X e negligencia, sino que salen
ocasión en q ue se p ® los acontecim ientos,
a re lu c í, e n la sum a to ta l de^ ^ ^ ^
8 Mirad a Sarna Do daron descuidadas después
m eras posiciones qu J ra m uchos d e vosotros
de la paz, las cualeb das S m em bargo, h ab e r aban-
n i siq u iera s ° n c ° n gs esas plazas ocasionó la
d° nH d° ded Tmcia y de Cersobleptes, que era vuestro
perdida de Tracia y . do que estaban desatendí-
aliado. De nuevo ¿ corro alguno de vues-
das y que no lograban Portm o7 y enfrente del
tra P - t e , « cont ra vosotros el bastión * de
Atica, en Eubea. en g ^ descuidada, por poco
9 u n a tiran ía. Y co“ ° No reflexionasteis en abso-
no fue c a p tu ra d a Meg^ -^ n ad a a esos aconte-
lu to m Pref prueba de que no le p e r m itiría s
cim ientos, no d i s t a P , A ntrones y no mucho
seguir actu an d o as , P ^ ^ situación en Oreo. Y
10 tiem po desp u és era FeraSf la m arch a contra
dejo de lado m uc • u innum erables
A m bracia 11, las m atanzas ^
o tro s; p u es no m e puse víctim as de la violencia
p a ra h a c e r u n c o m p u ra m o straros que Filipo
e in ju sticia de Fi P > ^odos los hum anos m de
no d e ja rá de atro p lo im p id e 13,
subyugar te rrito rio s, si alguien

~ ^ C tS o b r e el H d m e s o 5f s o b r e la c o r o n a 71.

: s ^« ^ "
9 Cf. C o n t r a 2F ilip o , I U l . “■ localid ad eubea
SoZZ a « .i « « - -
Antrón (litada II 697). J4
;; g ; Z re la embajada fraudulenta 260.
13 Cf. C o n tr a F ilip o , I 43.
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 239

Pero hay quienes 14 antes de escuchar los discursos n


referentes a la situación, de inm ediato, tienen la cos­
tum bre de p reg u n ta r: «¿Qué hay, pues, que hacer?»;
no p a ra realizarlo u n a vez que lo h an oído (pues en ­
tonces serían los m ás útiles de todos los ciudadanos),
sino p a ra d esem barazarse del o rad o r. Pese a todo, es
m enester que os exponga lo q u e hay que hacer. En
p rim er lu g a r 15, varones atenienses, fijad en v u estra
m ente con firm eza esto: que Filipo está en g u erra
con n u e stra ciudad y h a ro to la paz y es m alévolo y
hostil p a ra con la ciu d ad en tera y el suelo de la ciudad,
y añ ad iré que incluso p a ra con los dioses de la ciu-
¿nd _los cuales o jalá le causen la perdición ; sin
em bargo, co n tra n ada lucha ni in trig a m ás que co n tra
n u estra constitución, y a n ad a en absoluto dirige sus
m iras con m ayor in terés que al m odo de d estru irla.
Y es h asta cierto p u n to in e v ita b le 16 que obre así al 12
m enos ahora. Pues considerad: quiere m an d ar y a
vosotros os concibe com o sus únicos rivales p a ra ello.
Hace ya m ucho tiem po que os viene atropellando y de
eso él m ism o es consciente m e jo r que nadie. P orque
con las posesiones que, siendo vuestras, él retiene, se
asegura firm em ente todas las dem ás conquistas; que
si h u b iera ab andonado Anfípolis y Potidea, ni siquiera
en M acedonia p o d ría perm anecer seguro. Así pues, 13
sabe am bas cosas, que él m ism o conspira c o n tra nos­
otros y que vosotros os dais cuenta. Y com o os consi­
dera sensatos, tiene p o r cierto que le odiáis. Y adem ás
de todo esto, que es b astan te, sabe ce rtera m e n te que,
aunque se haga dueño de todo lo dem ás, n ad a le será
posible po seer con firmeza, en tan to que vosotros os

14Comienzan aquí los pasajes extraídos del discurso S o b r e


38 y sigs.
lo s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o
15 Cf. S o b r e l o s a s u n t o s d e l Q u e r s o n e s o 39 y 40.
16 Comienza aquí una serie de consideraciones virtualmente
idénticas a las de C o n t r a F i l i p o , I I 17 y 18.
240
DISCURSOS POLÍTICOS

gobernéis d em ocráticam ente; p o r el co n trario , si le


acontece algún fracaso, lo que en gran nú m ero de oca­
siones puede o c u rrir a u n hom bre, v en d rán y se re­
fug iarán a v u estro lado todos los pueblos que ahora
14 están som etidos p or la fuerza. Pues vosotros 17 perso­
n alm ente no estáis bien dispuestos p o r n atu ra leza p ara
o b ten er provecho y m an ten er un im perio, p ero p a ra
im pedir que o tro lo consiga o arran cárselo a quien lo
tenga, o, en u n a p alab ra, p a ra im p o rtu n a r a quienes
q u ieran m an d ar y re sc a ta r a todos los h o m b res p a ra
la lib ertad , sois hábiles. E n consecuencia, él no quiere
que la lib e rta d que de vosotros se expande esté al
acecho de sus b uenas oportunidades, y en eso se hace
15 unos cálculos que no son incorrectos ni vanos. E nton­
ces, en p rim e r lugar, es m en ester que lo consideréis
irreconciliable enem igo de la constitución y de la de­
m ocracia; y en segundo lugar, que sepáis con claridad
que toda su actividad y todo lo que p re p a ra ahora, lo
adereza c o n tra n u e stra ciudad. Pues nadie de en tre
vosotros es ta n tonto com o p a ra suponer que Filipo
codicia las sordideces de T racia (pues, ¿qué o tro nom ­
bre p o d ría d arse a Dróngilo, Cábile, M astira y las
plazas que afirm an que ah o ra va ocupando?) y que
p a ra c a p tu ra rla s so p o rta fatigas, crudezas del invierno
16 v los m ás extrem os peligros, y, en cam bio, no codicia
los p u erto s de Atenas, sus astilleros, sus trirre m es, su
em plazam iento y su fam a —ventajas de las que ojala
ni a él n i a ningún o tro sea dado enseñorearse tras
h ab e r som etido n u e stra ciudad—, sino que os dejara
poseer esos bienes m ien tras él p o r los m ijos y espeltas
alm acenados en los silos tracios pasa el invierno en
17 u n b á ra tro . No es así; al contrario, p o r llegar a ser

17 A partir de este punto y hasta el fin del párrafo 16 nos


encontramos con un texto tomado con ligeros retoques de Sobr
los asuntos del Quersoneso 4145.
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 241

dueño de estos vu estros bienes, dedica su actividad


tam bién a todos aquellos objetivos. Así pues, si cada
uno p a ra sí sabe y conoce estos hechos, no se debe,
p o r Zeus, in v itar al que en todo lo ju sto os p ro p o r­
ciona los m ejo res consejos, a q u e red acte u n decreto
declarando la g u e r r a i8, pues esto significa que queréis
echar m ano de alguien con quien luchar, y no realizar
lo que conviene a la ciudad. E n efecto, observad, si 18
la p rim era vez que Filipo violó u n pacto, o la segunda,
o la te rc e ra (pues hay m uchas y en serie), alguien
h u b iera red actad o la p ro p u e sta de declararle la gue­
rra y él, del m ism o m odo que ahora, cuando ninguno
de vosotros h a p ro p u esto declaración de guerra, hubie­
se acudido en ayuda de los cardianos, ¿no h a b ría sido
arreb atad o de aq u í el a u to r de la p ro p u e sta y todos le
inculparían de h ab er prestad o ayuda Filipo a los ca r­
dianos p o r causa de ella? P or tan to , no busquéis a 19
quien, com o com pensación p o r las ofensas de Filipo,
podáis o d iar y en tre g ar a sus asalariados p a ra que
lo descuarticen, ni vosotros m ism os estéis dispuestos,
tras h ab e r votado la declaración de guerra, a d isp u tar
unos co n tra otro s acerca de si e ra necesario haberlo
hecho o no; p or el contrario, im itadle la m an era de
hacer la guerra, entregando a los que ya se defienden
dinero y todo cu anto adem ás necesitan, y vosotros
m ism os, varones atenienses, a p o rta n d o trib u to s y p re ­
parándoos u n ejército, trirre m e s rápidos, caballos,
naves de tra n sp o rte caballar y todo lo dem ás que
sirve p a ra la guerra. Pues ahora, al m enos, es de risa 20
n u estro com p o rtam iento en esta s itu a c ió n 19, y creo que
el propio Filipo, p o r los dioses, h aría v o to s 20 p o r que

n Ésa era la pretensión de los adversarios de Demóstenes;


cf. Sobre tos asuntos del Quersoneso 4, 68.
19 Locución tomada de Contra Filipo, I 25.
20 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 20.

35.— 16
discursos políticos
242

ninguna o tra cosa haga la ciudad sino lo que ahora


e s t S haciendo: actuáis con retraso , gastáis el dinero,
andáis b uscando a quien en tre g ar los asuntos, os irn -
S T - — is
„ “ ^ r j a r o n ” ' atenienses, habéis establecido desde el
2iNunca, v ar correctam ente ningún p lan de
S f í L e L ^ r e vais .ta s los aco n tecim ien to s*
V luego cuando llegáis tarde, os in terru m p ís; y s. de
L e v o acontece o tro suceso, os prepárate y os albo-

„ r 0 t peSio eso no es a s i» ; no es posible que quienes se


, „ de expediciones de socorro cum plan n u n ca mn-
L n o í e L o t ñ d a m e n t a i ; antes bien, es m enester
o rganizar u n a fuerza y p ro c u ra r p a ra ella m anuten-
d i n teso rero s y funcionarios públicos, y que la vigi-
lancía^de los fondos em pleados sea rigurosísim a dentro
, , nrisible v u n a vez hecho esto, p ed ir cuentas del

¿e ; r
S “ a F ilip í a

^ c í ’L d e t d a L n S p a r S Í T a f u e r r a L la

24
gasto, m u ch as fatigas y gf ^ i f c u e n ta ’ de lo que
L L s o , en e, caso de q u e no

T S L s f S ^ . i f S r ó d u c e n e s , exactamente los 47-5, dd


S o b r e lo s a s u n to s d el Q uerson eso.
CONTRA FILTRO, CUARTO DISCURSO 243

esté disp u esta a hacerlo, h allará lo ventajoso que es


realizar de buen grado lo indispensable. Pues si os ga­
ran tizase algún dios (que de tam año asu n to ningún
hom bre p o d ría ser satisfactorio fiador) que si vosotros
os m antenéis tran q u ilos y lo abandonáis todo, aquél
no term in ará viniendo co n tra vosotros m ism os, ver- 25
gonzoso sería, p o r Zeus y todos los dioses, e indigno
de vosotros, de las posibilidades de v u estra ciudad y
de las hazañas de vuestros antepasados, d e ja r caer en
esclavitud a todos los dem ás griegos p o r bien de vues­
tra p a rtic u la r m olicie, y al m enos yo p ersonalm ente
p referiría e sta r m u erto antes que h ab e r p ro p u esto ese
proceder; no obstan te, si algún o tro os lo sugiere y os 26
convence, sea, no os defendáis, abandonadlo todo. Pero
si a ninguno le p arece eso bien, y, p o r el contrario,
todos sabem os de antem ano que cuanto m ás le deje­
mos que extienda su poder, ta n to m ás duro y fu erte
será el enem igo al que habrem os de en fren tarn o s, ¿a
dónde nos escaparem os? ¿Qué esperam os? O, ¿cuándo
nos decidirem os, varones atenienses, a cum plir con
nu estro deber? «Cuando sea necesario, p o r Zeus.» Pero 27
la que se p o d ría llam ar necesidad de los hom bres li­
bres, no sólo está presente ya, sino que incluso hace
b astan te tiem po que ha pasado; y en cuanto a la de
los esclavos, sin du d a es necesario h acer votos p a ra
que no se nos p resente. ¿E n qué se diferencian? E n que
la m ayor necesidad p a ra el hom bre libre es la vergüen­
za p or lo que le está pasando, y m ás fu e rte que ésta
no sé yo cuál podríam os invocar; p a ra un esclavo, en
cambio, consiste en los golpes y castigos corporales,
cosas de las que los dioses nos guarden y de las que
ni es propio h ablar.
Así pues, varones atenienses, m o strarse rem iso 28
hacia tales req u erim ientos, a los que es m en este r que
cada uno contribuya con su p ersona y propiedad, no
es cosa correcta, ni m ucho m enos, pero, no obstante,
DISCURSOS POLÍTICOS
244

aú n tien e alguna disculpa; pero no


que se d ebe o ír n i los asu n to s so re q

°nr r r : r í í " - r —
los pro p io s acontecim ientos, p o r el conLra ' t
que aquél se p re p ara , despreocupandoos de h acer o
tan to y em p re n d er a v u estra vez prep arativ o s os dais
indolencia, y si 2
la t r ib u n a 23, pero, cuando os e n tera J i.
p erd id o u n a plaza o está siendo asediada en to n
30 p re stá is o ído y em prendéis los preparativos. Mas era
30 S S S . la ocasión de escuchar y
v o sotros n o queríais; la de actu ar, e n nu e réis
h acer uso de lo p rep arad o , es ahora cuan ^ ^
escuchar. E n consecuencia, com o re su lt
co stu m b res, sois los ú n ic o s 23 de en tre todos los hom
b re s que hacéis lo co n trario que los dem as. pues lo
o tro s a c o stu m b ra n servirse de la deliberación
te rio rid a d a los acontecim ientos, vosotros, a
rio, d esp u és de los acontecim ientos. , ,
31 Lo q u e a ú n q u ed a p o r hacer y tiem po h a d e ^ a
b erse hecho, p ero ni siquiera en el p re s e n * ^ la ^
n id ad d e h acerlo h a pasado, eso es lo que J
exponer De e n tre todo lo que se requiere, de n a d a ne
cesita ta n to la ciudad p a ra los inm ediatos
tos com o de dinero. Y acontece que se h an V ^ d n c iá
e sp o n tá n e a m e n te 26 afo rtu n ad as los
em p leam o s rectam en te, ta l vez p o d rían p
re su lta d o s debidos. Pues, en p rim e r lugar, aquellos

" T t o i se hace abandonar d e s c e ñ a a ^ u n ^ ctor a fuerza


Í 7 ó J a m ¡ o ! ai t 7 o bar e rZ a su n to s ¿el Q u ersc,

” * » !La misma conclusión aparece en S o b r e la p a z 2.


26 Cf. Olint. I 9.
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 245

quienes el Rey confía y considera que son sus bienhe­


chores, odian y están en g u erra con Filipo. Luego, el 32
agente y cóm plice de todos los preparativos que Filipo
lleva a cabo co n tra el Rey, h a sido d e p o rta d o 27, y el
Rey oirá todas esas acciones no a través de acusacio­
nes que hagáis vosotros, de quienes p o d rían p en sa r
que hablaseis en defensa de v u estro p a rtic u la r interés,
sino de labios del m ism o h o m b re que las planeaba y
realizó, de form a que le re su lta rá n creíbles y sólo fal­
ta rá a n u estro s em b ajadores el discurso que de m ejo r
grado oiría el Rey: que es m en ester castigar de com ún 33
acuerdo al que a unos y otros causa perjuicios y que
m ucho m ás tem ible es Filipo p a ra el Rey, si nos ataca
a nosotros los prim eros; pues si, quedando desasisti­
dos, nos p asa algo a nosotros, sin m iedo ya m arc h ará
contra aquél. P or todas esas razones, pues, opino que
es m en ester que vosotros despachéis una em b ajad a que
converse con él, y que vosotros os desprendáis de ese
necio p rejuicio que tan tas veces os h a costado la de­
rro ta: «Es realm en te un bárb aro » y «el com ún ene­
migo de todos» y todas las frases de esta suerte. Por- 34
que yo, cuando veo a alguien que tem e al que reside
en Susa o E cb atana, y anda afirm ando rep etid as veces
que el tal es m alintencionado p a ra con la ciudad, él
que p recisam ente con an terio rid ad contribuyó a ende­
rezar la situación de e lla 28 y ah o ra os hacía prom esas
(si vosotros no las aceptasteis, sino que las rechazas-

27 Se trata de Hermias de Atarneo, agente de Filipo y


amigo de Aristóteles. El sátrapa Mentor, que se había distin­
guido ante el Gran Rey Oco por sus servicios en la campaña
contra Egipto y gozaba a la sazón de toda su confianza (DlO-
doro S ículo, X VI 50, 52), engaña con habilidad a Hermias y lo
envía a Persia, donde fue ejecutado.
a En el 393 a. C., Conón, dirigiendo como almirante la flota
persa, derrota a los lacedemonios en aguas de Cnido, y con
el oro suministrado por el Rey reedificó los muros de Atenas.
DISCURSOS POLÍTICOS
246
, __ ai m enos, suva la culpa),
,eis con ™ e s ,r ° d¡st'inta m anera del salteador
y, en cam bio, h ab ^ in crem cntando su poder
de los griegos que en el c e n tro m ism o de
a n u estra s p u erta s, bie m'enoSi te n go m iedo de él,
Grecia, m e aso m bro \ > > ,, t a Filipo.
quienquiera q u e sea, d a ^ o ^ q u e ^ c ^ i 29 q u e daña

s Ahora b ien, h _. ‘ Ohieto de calum nia por


a la ciudad en cuanto que es objeto de
efecto de “ “ ^ " “ " J ^ e r c n h acer nada ju sto en la
y, encim a, a los que q proporciona u n
8eSr . o ? ev 10de Z t ^ P - d L e y cuyo
cum plim iento fuese necesario ^ J ^ a l a c u lp a .^ c e r-
c o m p ro b a ré is q u e a e s^ a . h a b la r - n o o b s ta n te
c a d e l c u a l te n g o m u c h o m ie d o d e h a b l a r ,£ ^
36 lo haré; pu es pienso que po r meTiesterosos co n tra los
t e n d e r la tu s ta co n tra los necesi-
ricos y la de los qu p calum nias

„:s en defen sa de los que “ “ / p o t r o s , en el


noUU « X n r í a ciudad p o r encim a de los

• ■ . j . i «teórico» o «fondo para los espectácu-


29 La institución del teor c ^ carentes de re-
ios», creada con el fin de óu festivales públicos. En principio
cursos pudieran asistí destinaba a tal propósito; el
sólo una parte de dich o fon d ^ gast0s de las operacio-
resto se empleaba en h a c e r * ^ Eubulo se vota una ley por

iT a íT c S tE total acu m u lad a en ^ ¿ S S

S er = ú r S * « S n d “ e“ o de reform ar., (cf. < » « « » ) •


CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 247

ciento tre in ta talentos; y ninguno de los capacitados


para las trie ra rq u ía s o el pago de im puestos se negaba
a cum plir con el d eb er que le correspondía alegando
que no so b rab a dinero, antes bien, se hacían a la m ar
trirrem es, se sacaba dinero y hacíam os todo lo debido.
Más adelante, la fo rtu na, haciéndonos beneficios, muí- 3 8
tiplicó los ingresos p ú b lico s30, y en lugar de los cien
talentos ingresan cuatrocientos, sin que ninguno de los
propietarios de los bienes su friera m enoscabo alguno,
sino que incluso experim entaba increm ento; pues todos
los ricos acuden a p artic ip a r de ello y hacen bien. Así 39
pues, ¿qué nueva idea hem os concebido p a ra que nos
reprochem os eso m u tu am ente y lo usem os de p retex to
para no h acer n ada [de lo que es m en este r]? A no ser
que envidiem os la ayuda sobrevenida a los m enestero­
sos de m anos de la fortuna. A éstos yo al m enos ni
podría hacerles reproches ni considero ju sto que se
les haga. P orque tam poco en las casas p artic u la res veo 40
que quien está en la flor de la edad 31 adopte tal ac titu d
hacia sus m ayores, ni que ningún ser hum ano sea tan
ingrato ni tan irracio nal com o p a ra sostener que, si
todos no hacen cuanto hace él, tam poco él h a rá nada;
realm ente en ese caso in cu rriría en las leyes c o n tra
los m alos t r a t o s 32; pues es preciso a p o rta r a los p a ­
dres con esp íritu de ju sticia y pagarles en concepto
de devolución, de buen grado, la am istosa co n trib u ­
ció n 33 delim itada a la vez p o r la n atu raleza y la ley.

30 Esta óptima situación de las finanzas en Atenas fue re­


sultado de la inteligente administración de Eubulo; cf. Contra
Filipo, III 40.
si Esta diferenciación en el cómputo de la edad se establece
con relación a la prestación del servicio militar; cf. Olint. I
28; III 34.
32 In cu rrían en estas leyes los h ijo s Que m a ltra ta b a n a sus
padres o les negaban el su sten to en la vejez; cf. Lisias , Contra
Agórato91.
33 La p alab ra griega éranos significa, en p rincipio, «com ida
248 DISCURSOS POLÍTICOS

41 Y así com o cada uno de nosotros tiene u n p ad re, así


es n ecesario co n sid erar al to tal de los ciudadanos
com o p ad res com unes de toda la c iu d a d 34, y conviene
no sólo no p riv arlos de nada de lo que les da la ciudad,
sino que, si incluso ninguna de estas subvenciones
existiese, m ira r a o tra p a rte en busca de m edios p a ra
42 que no se vean privados de nada. Así pues, si los ricos
hacen uso de esta norm a, considero que no sólo h arán
lo que es ju sto , sino tam bién lo que les aprovecha;
p o rque p riv a r a algunos de lo necesario m ediante de­
creto público equivale a m alq u istar a m uchos hom bres
con la s itu a c ió n 35. A los que están en necesidad, p o r
o tra p arte, les aconsejaría que elim inasen el m otivo
p o r el que los que poseen los bienes se irrita n con el
43 sistem a y con ju stic ia lo acusan. T rataré, com o acabo
de h acer con los necesitados, del m ism o m odo tam bién
de la d efensa de los ricos, sin vacilar en decir la ver­
dad. Pues a m í nadie m e parece ser ta n m iserable y
cruel de esp íritu —p o r lo m enos ningún ateniense—,
com o p a ra dolerse al ver que los q u e son pobres y
44 carecen de lo necesario reciben estos subsidios. Pero,
¿dónde se p ro d u cen la colisión del sistem a y la irrita ­
ción que provoca? Cuando los ricos ven que ciertos

a escote», es decir, comida a la ciue cada comensal contribuye


aportando una vianda o porción de alimento para su consumo
en común. Más tarde —como la palabra española «yantar»
pasa a significar «cuota» y «colecta» (este último significado es
el que pervive en griego moderno). En este pasaje se emplea la
palabra con el significado de «contribución amistosa» o «prés­
tamo informal» que los padres facilitan a los hijos y éstos a
su vez deben restituir a sus prestadores en justa reciprocidad.
En una carta de Demóstenes (III 41) se expresa la idea
de que el hombre de estado ha de tener para con el pueblo
los mismos sentimientos del hijo para con el padre.
35 Decía el demagogo orador Démades que el «teórico» era
«el cimiento de la democracia».
CONTRA F1LIPO, CUARTO DISCURSO 249

individuos transfieren al dinero p riv a d o 36 el uso que


se ejerce sobre el dinero público y que el que tal cosa
propone al p u n to se engrandece an te vosotros y se
hace inm o rtal a causa de su seguridad; y cuando ven
que el voto secreto es bien d istin to del m anifiesto al­
b oroto ap ro b ato rio . Eso es lo que lleva im plícito des- 45

confianza y resentim ientos. Ya que es m enester, varo­


nes atenienses, co m p artir m u tu am en te con equidad los
beneficios de la ciudadanía, los ricos considerando
seguros sus propios bienes p a ra el norm al curso de la
vida sin m iedo a p erderlos y poniendo a disposición
de la p a tria y en defensa de su salvación sus propios
bienes com o fondo com ún p a ra a fro n ta r los peligros;
los dem ás, estim ando bienes com unes los que son
tales y p articip an d o de ellos en la p a rte que les co­
rresponda, p ero teniendo los que son p articu lares por
propios de sus poseedores 37. De esta form a incluso una
ciudad pequeña se hace grande y u n a grande se salva.
E sto es, tal vez, lo que uno po d ría decir en cu anto a
los deberes de cada una de las dos partes; p o r lo que
se refiere al m odo en que ello tam bién se pueda poner
en p ráctica, es necesario h a c e r correcciones p o r vía
legal.
De la situación actual y de la confusión rein an te 46

m uchas y rem o tas son las causas; estoy dispuesto a


exponerlas si queréis escucharlas. Os habéis apartado,
varones atenienses, del principio fu n d a m e n ta l38 sobre
el que os d ejaro n asentados vu estro s antepasados y os
habéis dejado convencer, p o r o b ra de quienes propug­
naban tal tipo de política, de que e sta r a la cabeza de

36 Repartido el dinero del erario, el pueblo desea que se


proceda de igual manera con las fortunas particulares.
37 Cf. Cicerón, De officiis I 7: «Iustitiae... munus est... u t
communibus pro communibus utatur, privatis autem ut suis».
38 Cf. Olint. III 28. Los §§ 46-48, por un lado, y el 49, por
otro, son sendos proemios.
250 DISCURSOS POLÍTICOS

los griegos y ten er un ejército en pie de g u e r ra 39 con


el que d efen d er a todos los que sufren atropellos era
tare a su p erflu a y gasto inútil; en cam bio, p asa r la vida
en m edio de tran q u ilid ad y no hacer n ad a de lo debido,
antes bien, ir abandonándolo todo, una cosa tra s o tra 40,
dejando que o tro s se apoderen de ellas, considerabais
que p ro p o rcio n aba m aravillosa pro sp erid ad y seg u n d ad
47 en abundancia. A consecuencia de ello, otro, adelan­
tándose al pu esto que a vosotros os corresp ondía ocu­
par, se h a hecho próspero, g ra n d e 41, señor de u n vasto
dom inio. O bviam ente: pues u n a situación prestigiosa,
en cu m b rad a y brillante, p o r la que co n tin u am en te las
m ás p o d erosas ciudades andaban enzarzadas en dispu­
tas 42, al e s ta r los lacedem onios desvalidos de la fo rtu ­
na, los teb an o s ocupados p o r causa de la g u erra foci-
d i a 43 y n o so tro s despreocupados, Filipo la encontró
48 ab an d o n ad a y la tom ó. Y así, com o re su ltad o le h a co­
rresp o n d id o in fu n d ir m iedo a los dem ás, co n tar con
m uchos aliados y u n gran ejército; y ta n ta s y ta n gran­
des dificultades asedian ya a todos los griegos, que no
es fácil ni siq u iera aconsejar lo que se debe hacer.
49 Aunque la actual situación, varones atenienses, es,
a mi juicio, h o rro ro sa p a ra todos, nadie de ellos todos
está en m ay o r peligro que vosotros, no sólo p orque
Filipo dirige sus asechanzas fundam entalm ente c o n tra
vosotros, sino adem ás p orque vosotros m ism os os en­
contráis en estado de m áxim a inactividad. Asi pues,
si co n tem p lan d o el acopio de m ercancías y la abun­
dancia q u e rein a en la plaza, estáis encantados por
ello con la ilusión de que en ningún peligro se encuen­
tra la ciudad, no enjuiciáis la situación m com o co-

39 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 11.


40 Cf. Olint. I 14.
41 Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 67.
42 Cf. Contra Filipo, III 22.
43 Cf. Olint. III 27.
CONTRA FII.IPO, CUARTO DISCURSO 251

rresponde ni co rrectam ente. Pues una plaza de mer- so


cado, una feria, p o r estos detalles se p o d ría ju zg ar si
está deficiente o p rim orosam ente provista; pero una
ciudad, a la que todo aquel que asp ira en cada oca­
sión a m an d ar en los griegos ha considerado la única
que p o d ría oponérsele y ser b alu arte de la libertad
de todos, p o r Zeus, no es p o r las m ercancías p o r lo
que hay que p ro b arla para v er si va bien, sino o bser­
vando si confía en la buena voluntad de los aliados y
es fuerte con sus propias arm as; esto es lo que hay
que exam inar respecto a n u e stra ciudad; y eso todo es
precisam ente lo que en vuestro caso se en cu en tra en
situación inestable y de ningún m odo buena. Podréis 5 1
daros cuenta de ello, si lo consideráis de la siguiente
m anera: ¿cuándo estuvieron los asuntos de los griegos
en m áxim a confusión? Nadie podrá designar ningún
otro tiem po m ás que el p resen te de hoy día. Pues du­
rante todo el tiem po a n te rio r los asuntos de los grie­
gos estab an divididos en estos dos cam pos: los lace-
demonios y nosotros, y, de los dem ás griegos, unos nos
obedecían a nosotros, otros a aquéllos. El Rey, de p o r
sí, era p or igual o b jeto de desconfianza p ara todos;
pero, sum ándose a la causa de los d erro tad o s en la
guerra, reten ía su confianza h a sta que los colocaba
en plano de igualdad con el o tro bando; luego no le
odiaban m enos aquellos a quienes salvaba que los que
desde el principio eran sus enem igos. Ahora, em pero, 52
en p rim er lugar el Rey está en relaciones de fam ilia­
ridad con todos los griegos; con nosotros, de en tre
todos, es con quienes en p eo r disposición está, si no
rectificam os ah ora en algo los erro res com etidos; des­
pués, p o r todos lados surgen p ro tec to rad o s y p re te n ­
den todos, en rivalidad m utua, la hegem onía; pero, en
realidad, se m antienen ap a rte y se envidian y descon-
tan unos de otros, no de quien sería m en ester des­
confiar, y han quedado todos aislados, cada uno p o r
252 DISCURSOS POLÍTICOS

su p arte, argivos, tebanos, lacedem om os, corintios, ar-


53 cadios y noso tro s. Pero, sin em bargo, aunque la polí­
tica griega está dividida en tantos p artid o s y ta n n u ­
m erosas dom inaciones, si hay que decir la v erd ad con
franqueza, en ningún otro estado podría uno ver salas
de audiencia o consistorios m enos dedicados al tra ta ­
m iento de los asuntos griegos que los n uestros; con
razón, pues nadie conversa con nosotros p o r am istad,
54 ni p o r confianza ni p o r tem or. Y la causa de esto no
es u na sola, varones atenienses (pues fácil os h u b iera
sido rem ed iarla), sino m uchos e r ro re s 44 de toda espe­
cie com etidos en todo tiem po desde antiguo, de los
cuales, d ejan d o de lado el detalle, m e re ferire a aquel
en el que confluyen todos, rogándoos que, si os refiero
con fran q u eza la verdad, no os irritéis conm igo para
nada. H an sido vendidos nu estro s in tereses en cada
u n a de las ocasiones propias que se nos p re sen taro n , y
vosotros habéis obtenido a cam bio la inactividad y la
tran q u ilid ad ; encantados p o r ellas no estáis irritad o s
con los que os dañan, pero otros obtienen las recom-
55 pensas. Lo que concierne a los dem ás asuntos no
m erece la p ena investigarlo ahora; p ero en cu an to se
desp ren d e en u n discurso algún asunto de los re feren ­
tes a Filipo, al p u n to se levanta uno p a ra decir que no
hay que h a b la r neciam ente ni hacer p ro p u estas de de­
clarar la guerra, presen tan d o al punto, u n a tra s otra,
consideraciones com o lo agradable que es vivir en paz
y qué m olesto es aten d e r a la m anutención de u n gran
ejército , y «algunos quieren a rre b a ta ro s el dinero», y
36 o tro s ase rto s hacen en m áxim o grado verdaderos. Pero,
sin duda, no es a vosotros a quienes hay que persu a­
d ir de q ue m antengáis la paz, ya que, p ersuadidos e

44 Cf. Contra Filipo, III 2.


45 De nuevo estamos ante párrafos tomados del discurso
Sobre los asuntos del Quersoneso.
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 253

ello, estáis sentados aquí, sino al que continuam ente


lleva a cabo las operaciones de la g uerra; pues si aquél
se d ejara p ersu ad ir, lo que de vosotros depende está
ya a m ano; y es m enester co n sid erar que lo terrib le
no es cu an to gastem os p a ra n u e stra salvación, sino lo
que vam os a su frir si no estam os dispuestos a hacerlo;
y en cuanto al dicho de que «el dinero público será
arrebatado», hay que im pedirlo encontrando u n siste­
m a de vigilancia m ed iante el cual se conserve, no aban­
donando n u estro s intereses. A unque yo al m enos m e 57
irrito tam bién p o r esto m ism o: p o rq u e a algunos de
vosotros en tristece que se llegue a a rre b a ta r el dinero
público, cuya vigilancia así com o la posibilidad de cas­
tigar a quienes lo a rre b a ta n e stán en vuestras m anos,
y, en cam bio, no os en tristece que así, u n a ciudad tras
otra, Filipo \a y a a rreb a ta n d o toda Grecia, y eso que lo
hace con la intención de atacaro s a vosotros.
¿Por que, p u e s 46*, varones atenienses, aunque tan a 58
las claras com ete atropellos y tom a ciudades, nunca
ninguno de éstos h a dicho de él que está obrando
contra derecho y provocando la guerra, y, en cam bio,
afirm an que la provocan los que os aconsejan no p e r­
m itírselo ni d ejarle eso a su m erced? P orque la re s­
ponsabilidad de los padecim ientos que re su lta rá n de
la guerra (pues es forzoso, sí, forzoso que de la g u erra
surjan m uchos sufrim ientos) q u ieren achacarla a quie­
nes creen que p o r v u estro bien proporcionan los m e­
jores consejos. Pues consideran que si vosotros hacéis 59
frente a Filipo unánim em ente y guiados p o r u n solo
criterio, le venceréis y a ellos no les q u ed ará posibili­
dad de g anar su paga, m ientras que, si a p a r tir de los
prim eros rum ores de alarm a acusáis a algunos indi­
viduos y os dedicáis a llevarlos ante los tribunales.

46 Exposición más sencilla del contenido de los §§ 56 v sie


de Sobre los asuntos del Quersoneso.
discursos políticos
254

acusándoles conseguirán ellos m ism os dos cosas llegar


a gozar de b u en a rep u tació n a n te vosotros y a ob ten er
dinero lib rad o p o r Filipo, y que vosotros im pongáis a
los que h an hablado en favor vuestro las penas que
debíais im ponerles a éstos p o r sus faltas É stas son
sus esperanzas y eso im plica la m an io b ra de las acu­
saciones que p re sen tan afirm ando que «algunos quieren
p ro vocar la guerra». P ero yo sé a ciencia c ie rta que,
aunque nin g ú n ateniense h a p ro p u esto d ec la rar la gue­
rr a Filipo tiene en su p o d er m uchos territo rio s de la
ciudad y acaba de enviar ah o ra u n a expedición de
socorro a C ardia. Si, no obstante, n o so tro s a h o ra pre­
tendem os h acer com o que ignoram os que aquel está
en g u erra con nosotros, sería el m as tonto de todos
los h o m b res si tra ta se de contradecirlo; porque, si los
que recib en el daño lo niegan, ¿que co rresponde hacer
al m a lh e c h o r? 47- P ero el día que se d irija c o n tra nos-
“ I r m S m l . ¿qué direm os entonces? Pues él sos.em
d rá q ue no nos hace la guerra, com o tam poco se la
hacía a los h ab itan tes de Oreo, au n cuando sus tropas
estab a n en aquel te rrito rio , ni an terio rm en te a los de
Peras, a p esar de que atacándoles llegó h asta sus mu­
ros n i a los olintios al principio, h a sta que se presentó
en el p ro p io país de ellos al m ando de u n ejercito. ¿0
tam b ién entonces vam os a decir que los que nos ex­
h o rta n a defendernos están declarando la guerra? En
ese caso sólo nos queda so p o rtar la esclavitud, pues
62 no hay ninguna o tra posibilidad. Y, sin em bargo el
peligro q ue vosotros corréis no es el m ism o que el de
t e dem és hom bres; pues lo que Filipo quiere no «
poner v u e stra ciudad bajo su dom inio, no sino des­
m uirla p o r com pleto. Pues él sabe a la perfección que

47 Esta pregunta final no se encuentra en el § 58 de SobP


Q— , P” >°
mente trasladado a este pasaje.
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 255

vosotros ni vais a e sta r dispuestos a ser esclavos, ni,


aunque lo estuvierais, sabríais serlo, acostum brados
como estáis a m an d ar, y que, en cam bio, si encontráis
ocasión propicia, seríais capaces de crearle m ayor n ú ­
m ero de dificultades que todos los dem ás hom bres
juntos. P o r esta razón no os h a rá concesiones, si llega
a teneros bajo su poder. Así pues, os conviene reco- 63
nocer que la pugna s e r á 48 a vida o m uerte, y a los que
se h an vendido a ese hom bre apalearlos públicam ente*
p o rque no es posible, no es posible vencer a los ene­
migos de fu era de la ciudad, si antes no castigáis a
los enem igos que tenéis en la p ro p ia ciudad; p o r el
contrario, es forzoso que, al chocar con éstos, com o
con un escollo, lleguéis a aquéllos dem asiado tarde. ¿De 64
dónde im agináis que procede que él ah o ra os u ltra je
(que a m í al m enos m e parece que no hace o tra cosa
sino eso) y que, m ientras a los dem ás los engaña h a­
ciéndoles favores, cuando m enos, a vosotros os am e­
naza ya de en trad a? Por ejem plo, a los tesalios, des­
pués de h aberles proporcionado m uchos beneficios,
los red u jo al estado de esclavitud en que ah o ra se en­
cuentran; nadie p o d ría decir tam poco cuánto engañó
a los desdichados olintios, habiéndoles dado prim ero
Potidea y m uchas o tras plazas; y ah o ra tra ta de se­
ducir a los tebanos entregándoles Beocia y a p a rtá n ­
dolos de u n a g u erra larga y penosa; de m odo que cada 65
uno de ésos, después de h a b e r obtenido alguna ga­
nancia com o fru to , los unos h an sufrido ya lo que les
ha tocado p ag ar en sufrim iento y los o tro s su frirán lo
que les corresponda. En cuanto a vosotros, guardo en
silencio todo aquello de lo que habéis sido desposeí­
dos; ah ora bien, en el m ism o acto de concluir la paz,
¡cuántos engaños habéis sufrido, de cuántos bienes

48 En Sobre los asuntos del Quersoneso 61, en vez de «será»


se lee «es».
d is c u r s o s POLITICOS
256

., , OSeídos' Los focidios, las Term opilas,


habéis sido despo D orisco, S errio, el propio
los posesiones de > ah o ra la ciud ad de C ardia
C ersobleptes, ¿y no tien e’ ;P o r qué razón,
» en su p o d er y fo r ^ c0 n ‘L dem ás y de
pues, se co m p o rta ? P o rau e de e n tre todas las
eS td ¿ " T a n CsóloVen°iar0v u estra hay in m unidad garan-
ciudades ta n solo de vuestros enem igos y
tizad a p a ra h ab la ^ aceptado dinero de soborno
puede u n h o m b q alm ente e n tre vosotros con
to m a r a p a l a b r P ^ despojados de vuestras
im p u n id ad au n q u y ^ podido h ab l con
67 p ro p ias posesión no h a b e r ob.
g aran tías en O ^ ' 1» a beneficio d e d is fra ta r las
tenido el ¿ m no se h u b iera podido en T esalia
v en tajas de P otidea pueblo de
™ ^ s í p a rte el favor
los tesalios n . tiranos y re sta u rad o los
de h ab erles e x p u s o * “ b“ a sido posible ha-
privilegios an h cti . les h u b iera
cerlo sin peligro en Tebas antes « * P ero en
68 devuelto jqhpQ1^ 1h a °tornado Anfípolis y el te-
Atenas, airnque F P ^ co n v irtiendo E ubea

611 m a deh a b u e n l e S u d o 'h a b la r en favor de Filipo. Y,


S S * a l a n o s de " f * — s“
están e ¡tastres; m ien tras vos-
oscuros p asan _ de h o n o rables os convertís en
o tro s, p o r el co n tr , p yo ai m enos,
69 viles y de a? sus d ia d o s, a la
considero riq ueza sim patía que despierta, de
confianza que inspira, a la^ sim pa q ^ y
todo lo cual vosotros de eso y d ejar
que °ios° asu n tos vayan m archando de e s . m anera, él
CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 257

es próspero, poderoso y terrib le p a ra todos los griegos


y b árb aro s; vosotros, en cam bio, estáis aislados y h u ­
m illados, insignes p o r la ab u n d an cia de víveres en el
m ercado, p ero ridículos p o r lo que se refiere a la
prep aración de lo que h ab ría is m e n e s te r4950. P ero ob- 70
servo que algunos de nu estro s o radores no aconsejan
de la m ism a m an era cuando se tra ta de vosotros que
cuando tra ta n de sus propios intereses; pues dicen
que vosotros debéis m an ten er la calm a au n q u e alguien
os cause daño, m ien tras que ellos m ism os no pueden
m an ten erla e n tre vosotros, p ese a que nadie les daña.
Y en verdad, si alguien, in ju rias ap a rte, p re g u n ta ra:
«Dime, A ristom edes 5U, sabiendo p erfectam en te com o
sabes (que n adie tales cosas desconoce) que la vida de
los p articu lares es segura, rep o sad a y d esprovista de
riesgos, en tan to que la de los h om bres públicos es
rica en querellas, insegura y colm ada de procesos y
calam idades día a día, ¿porqué, pues, no eliges la des­
cansada, en vez de la que d iscu rre en m edio de peli­
gros?» ¿Qué p o d rías responder? Pues en el caso de 71
que diésem os p o r cierto lo m ejo r que p o d rías respon­
der, a saber, que p o r deseo de h o n o r y p o r m o r de tu
reputación haces todo esto, m e p regunto con extrañeza
po r qué razón piensas que p a ra tal p ropósito tú debes
hacerlo todo, su frir todos los trab a jo s y a fro n ta r
todos los peligros, y, en cam bio, aconsejas a la ciudad
que abandone estos esfuerzos cóm odam ente. P orque

49 Termina aquí la segunda serie de párrafos tomados casi


literalmente del discurso Sobre los asuntos del Quersoneso.
50 Personaje desconocido, de quien proporcionó breves in­
formes Dídimo; por él sabemos que el tal Aristomedes era co­
nocido en Atenas con los apodos de «hombre de bronce» y
«ladrón». Este último («ladrón», griego kléptes) lo aplica el
orador, como calificativo, al padre de este individuo, en una
frase que es ejemplo típico de la figura que en retórica se
denomina k$klos y que consiste en que una frase o período
comienza y acaba por la misma palabra.
3 5 .-1 7
DISCURSOS POLÍTICOS
258
rpsDonder que es m en ester q u e tú
al m enos no vas a r e s p q la ciu d ad no
parezcas alguien en la ciud , P jl eriegos. Y p o r
72 goce de predicamento^ alguno e n tre £
cierto, tam p o co ión de sus propios asuntos
seguro o cu p arse d g rnezclas en cuestiones
yajen» as» m as que 1 '
^ contrario,
extrem os p ro ced en de tu
V6u qL£dP v tu n rom eüm iento, p a ra la ciudad, en
activ id ad y tu e td cuentas
„ cam bio, d e su p a d íe , q u e seria
co n el t í , m ien tras q u e la
vergonzoso que s 8 innom inados e insignifi-
ciu d ad cu en ta con los hechos, m asi:
can tes d e sus a n te p a s a d o . K » r o b e c o > ^ ^

“ Pt red r ~ “ ¿ d fu ero n aquellos p o r quienes


M Í l o f í t e g o s se saben salvados de los m ayores
t° d ° s los g 8 n te sin em barg0) hay quienes no go-
74 P fllgr " i eq u itativ a ni co nstitucionalm ente sus asun-
b iern a n n i equiw uvo . p,.„c ■róm o va

75

p o r lo que, ni
sino que esto oc ^ y habiendo reconocido en
Oído todo 1 q a instado de la exposición, seguís
M T 'M M a X o r “ » igual favor a los ,u e
£ £ ■ - £ £ £ • disforsionarlo. V no es que no

7 ¡T § § 75 y 76 son, probablemente, dos epílogos distintos


CONTRA FILIPO, CUARTO DISCURSO 259

conozcáis a esos oradores, pues n ad a m ás verlos sabéis


exactam ente quién habla p o r un sueldo y dirige su
actuación pública en favor de Filipo y quién lo hace
verdaderam ente p o r vuestro m ayor bien, sino que
vuestro pro p ó sito es ac u sar a estos últim os y echar
el asu n to a chacota y escarnio p a ra no h ac er vosotros
personalm ente n ada de lo que debierais. H e aquí la
verdad, con toda franqueza, lo que m ás os in tere sa ex­
presado sin fingim iento y con buen deseo, no un dis­
curso, en plan de adulación, reb o san te de daño y de
m entira, enderezado a h ac er dinero p a ra el o ra d o r y
a p o n er los intereses de la ciudad en m anos de sus
enemigos. Así pues, o h ab rá que ab an d o n ar estas cos­
tum bres o no se h ab rá de ac u sar de que todo vaya
mal a nadie sino a vosotros m ismos.
XI

RESPUESTA A LA CARTA DE FILIPO

INTRODUCCIÓN

Hacia el año 340 a . C., Filipo, que a la sazón se en­


co n trab a poniendo sitio a P erinto, envió u n a c a rta a
Atenas en la que, después de exponer sus q u ejas p o r
el h ostil co m p o rtam iento de esta ciudad p a ra con él
desde el 346 a. C., declaraba, p rácticam en te en defini­
tiva, la g u erra al pueblo ateniense.
El discurso S obre la corona p roporciona u n a ver­
sión de esta carta, que, com o todos los dem ás docu­
m entos de esta pieza o rato ria, no es m ás que u n a
falsificación. Tam poco es a u tén tica la llam ada Carta
de Filipo, que aparece com o la o b ra nú m ero X II d en tro
del corpus de los discursos dem osténicos, aunque,
como es sabido, no la tran sm iten los tre s m ejores m a­
nuscrito s (S, L, A). P or el exam en del contenido, se
aprecia que Filipo aú n no se h abía visto obligado a
aplazar el sitio de P erinto a n te la ayuda facilitada a
los asediados p o r p a rte de Bizancio, A tenas y Persia;
tam poco h ab ía em prendido el ataq u e de Bizancio, que
cronológicam ente sucedió a la iniciación del asedio de
Perinto.
262 DISCURSOS POLÍTICOS

P o r eso, aunque Dionisio de H alicarnaso aceptaba


la au ten ticid ad de la R espuesta a la carta de Filipo y
la den o m in ab a «la ú ltim a de las arengas co n tra Fi ipo»,
es difícil hoy día m an ten er tal opinión. Taylor, Valcke-
n ae r L arch er, Boeckh, S chaefer y B lass la considera­
ro n con razón apócrifa. En ella no se responde a las
acusaciones de la Carta de Filipo, y, desde luego le es
p o sterio r, pues se alude va al levantam iento del sitio
de P erin to y al com ienzo del de Bizancio. Desde el
p u n to de vista de la form a, la R espuesta a la carta de
Filipo está llena de expresiones, frases, giros que han
sido to m ados de discursos de D em óstenes o reelabo­
rados a p a r tir de determ inados pasajes de ellos. A
veces se p o d ría afirm ar que el au to r fuera, tal vez,
un discípulo de Isó crates que quiso su p erar en elegan­
cia y corrección a D em óstenes rem odelando fragm en­
tos de sus fam osos discursos. Hay, p o r otro lado, un
indicio de que el a u to r de la R espuesta no fue contem ­
p oráneo de n u estro orad o r: se desliza en esta o b rita
u n a frase, ex traíd a sin duda del Sobre el Haloneso,
que aparece de este m odo considerado com o discurso
de D em óstenes. Se h a atribuido la R espuesta, al igual
que el C ontra Filipo, IV , al h isto riad o r Anaxím enes.
C iertam ente, uno tiene la im presión, al leer la Res­
puesta, de e s ta r ante la o b ra de un rétor.
P o r ú ltim o, hay u n hecho significativo que se opone
a la au ten ticid ad de la Carta y la R espuesta a un
tiem po: según el De corona, la ru p tu ra e n tre Atenas y
Filipo, q u e provocó la c a rta de este últim o, se debió
al hecho de que el m onarca m acedonio apresó barcos
de tra n s p o rte de trigo ateniense que hacían la travesía
del B ósforo. Sin em bargo, este incidente no aparece
m encionado en ninguna de las dos obras.
RESPUESTA A LA CARTA DE FILIPO 263

ARGUMENTO DE LIBANIO

Filipo envió a los atenienses una carta acusándoles y decla­


rándoles la guerra abiertamente. Así que el orador ya no in­
tenta convencer a los atenienses de que luchen (pues es obliga­
ción), sino que les da ánimos para hacer frente al peligro,
refiriéndose al Macedonio como fácil de liquidar.

El hecho de que Filipo, varones atenienses, no con- i


certó la paz con nosotros, sino que dio largas a la
guerra, ha re su ltad o claro p a ra todos vosotros *; pues
toda vez que entregó H a lo 12 a los farsalios y adm inis­
tró el asu n to relativo a los focidios y som etió toda
T ra c ia 3, fingiendo razones que no lo son e inventando
pretextos carentes de justificación, de hecho hace
tiem po que viene luchando c o n tra la ciudad, de pala­
b ra ah ora lo confiesa a través de la c a r t a 4 que envió;
ahora bien, la necesidad de que vosotros no os acó- i
bardéis an te la fuerza de aquél ni le hagáis fren te sin
coraje, an tes bien, el deber ineludible de que os lan-

1 Por la lectura de la Carta, al ser confrontado su conte­


nido con la anterior conducta de Filipo, han quedado claras las
aviesas intenciones del Macedonio.
2 En la paz del 346 a. C„ los habitantes de Halo no apare­
cían incluidos como aliados de Atenas, porque Filipo no lo con­
sintió; por el contrario, propuso a los embajadores atenienses
que le acompañaran a Tesalia, donde trataría de restablecer
la paz entre Halo y Fársalo. Lo hizo tomando la ciudad de
Halo y entregándola a los farsalios. Cf. E strabón, IV, pág. 433.
El propio Demóstenes cuenta, en Sobre la embajada fraudu­
lenta (39), que los habitantes de Halo fueron diseminados y,
en parte, obligados a integrarse en Fársalo.
3 Cf. Sobre el Háloneso 37.
4 En efecto, al final de la Carta, Filipo anuncia la guerra
a los atenienses.
264 DISCURSOS POLÍTICOS

céis a la g u erra con vuestras propias personas, d in e ro 5,


naves y, en u n a palabra, todos vuestros recu rso s sin
escatim ar nada, eso vo in ten taré m o s tra ro s 6. Pues, en
p rim e r lu gar, es razonable, varones atenienses, que
sean vu estro s m ás grandes aliados y valedores los dio­
ses, cuyas g aran tías de lealtad b a despreciado y cuyos
, ju ram e n to s ha violado al h ab e r ro to la paz; luego,
aquellos p ro cedim ientos gracias a los cuales a n te rio r­
m ente se a c re c e n tó 7, a base de enganar en cada oca­
sión a ciertas p ersonas y de p rom eterles grandes favo­
res todo eso ya son cosas pasadas, y los p erm tio s y
lo s ’b izantinos y sus aliados saben que desea com por­
tarse con ellos de la m ism a m anera que antes lo hizo
* con los olintios; y los tesalios no ignoran que prefiere
ser a u to rita rio a ser el presidente de u n a confedera­
ción; y es o b jeto de sospechas p o r p a rte de los teba-
nos p o r m an ten e r en su poder N ice a8 b ajo el control
de u n a guarnición y p orque se ha intro d u cid o en la
Anfictionía y se a tra e las em bajadas del Peloponeso y
a ellos les q u ita los a lia d o s9 desviándolos h acia si
m ism o; de m odo que de los am igos que antes tem a,
los unos 10 le hacen la guerra sin perspectivas de recon­
ciliación, los o tro s » ya no son sus ardientes colabora­
dores en las cam pañas y todos le son sospechosos y

5 Cf. Contra Filipo, III 40. nJ ..


6 Todo este pasaje parece imitación de Contra Fihpo, III
y T ’ c h 1Olint. II 5, pasaje del que el presente texto no es más
que una ampliación.
8 Cf. Contra Filipo, II 22.
9 En tiempos de Epaminondas, Mesema, Megalópolis y otras
ciudades-estados del Peloponeso, temerosas de la remstauración
de la supremacía de Esparta, se habían acogido en alianza
bajo el patronato de Tebas.
10 Perinto y Bizancio.
11 Los tesalios. Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 14.
RESPUESTA A LA CARTA DE FILIPO 265

le han sido o b jeto de calum nias. Todavía m ás, que 5


tam poco esto es insignificante: los sátra p as estable­
cidos en Asia que hace poco enviaron m ercenarios,
con los que im pidieron que P erinto fuese reducida por
asedio, ah o ra que la hostilidad está im plantada entre
ellos v el peligro cerca, si Bizancio llega a se r som e­
tida, no sólo en persona p artic ip a rán anim osam ente
en la guerra, sino que, adem ás, m overán al rey de los 6
persas a que nos p roporcione recursos 12 m onetarios;
y él posee ta n ta riqueza cu a n ta no tienen todos los
dem ás ju n to s y una fuerza tal p a ra los asuntos de
aquí, que incluso ya antes, cu an to estábam os en guerra
con los lacedem onios, a aquel de los dos bandos al
que él se sum aba, le hacía im ponerse sobre el otro,
y ahora, ju n tán d o se con nosotros, fácilm ente d e rro ta rá
al poder de Filipo.
Así pues 13, adem ás de esas razones que tan to peso 7
tienen, no diré que no haya él cap tu rad o an ticip ad a­
m ente, d u ra n te la paz, m uchas fortalezas n u estra s y
puertos y o tras posiciones valiosas p ara la guerra; lo
que no pierdo de vista es q u e cuando p o r buena vo­
luntad se m antienen consistentes los objetivos políti­
cos y tienen los m ism os intereses todos los que p a rti­
cipan en las guerras, los pactos resisten con solidez;
en cambio, cuando la política, nacida de la asechanza
y la codicia, está trab a d a p o r el engaño y la violencia,
como hace ah o ra ése, un leve p re te x to v el p rim e r revés
rápidam ente la conm ueve y destruve. Y m uchas veces, 8
varones atenienses, a base de reflexiones encuentro
que no sólo los aliados de Filipo vienen a d a r en sos­
pecha y h o stilidad hacia él, sino que incluso las p artes

12 Cf. Contra Filipo, III 60, donde se dice «teniendo a Filipo


por corego». Estamos en ambos casos ante un uso traslaticio
de palabras que aluden a la función pública denominada co-
regia.
13 Todo este párrafo es imitación de Olint. II 9.
DISCURSOS POLÍTICOS
266

de su propio reino no están bien ensam bladas ni ín ti­


m am ente ni com o uno se im agina •«. Pues de u n a m ane­
ra general, el p o d er m acedonio, a título de añ ad id u ra
posee cierto peso y validez, pero, por si m ism o es de il
9 v despreciable ante tam año cúm ulo de em presas^ Y el
aún lo h a hecho m ás caedizo con sus guerras sus
expediciones y todas las acciones por las que seipo n a
co n sid erar grande. Pues no os im aginéis, varones ate
nienses que p o r las m ism as cosas se alegran Fi p y
sus súbditos; p o r el contrario, daos cu en ta de que el
apetece gloria, ellos seguridad, y de que a el no le es
p S b íe L a n z a d a sin peligro, m ien tras que ebos p a ra
n ad a necesitan, dejando a trá s en sus casas a h i j o s p
dres v esposas, ir consum iéndose y c o rre r r 'es8°"
10 ñ á m en te en beneficio de él. De m anera q u e . a. p*
de estas consideraciones, puede verse en q P
ción se en c u en tra la m ayoría de los m acedom
respecto a Filipo; v en cuanto a los íntim os que están
I su a lre d ed o r y a los capitanes de s u , m ercen an o s
hallaréis que tienen reputación de v a le n tía P ^ ° «l
viven con m ás m iedo que los que no la tienen
que los u n o s cuentan sólo con el peligro ante os ene-
m isos m ien tras aquéllos tienen m as m iedo de los adu
u ladores y calum niadores que de las batallas; y los
o tro s lu chan con el apoyo de todos c o n tra las fo rm a­
ciones q u e les hacen frente, m ien tras que aquellos,
a d e m á s ^ e p a rtic ip a r de los m ales de las guerrasj en
no m ín im a m edida, re su lta que, ap a rte de eso p m
dam ente, tem en el tem peram ento del rey. Y au n m
si uno de los soldados del m onton com ete J en
recibe su castigo en ju sta proporción con su fa lta en
cam bio aquéllos, cuando logran los m ayores éxitos,

u Cf. Olint. II 13. « tw ía l del


J, “eunl°
RESPUESTA A I.A CARTA DE I'II.IPO 267

entonces cuando sobre todo son objeto de m aldicio­


nes 16 y u ltrajes al m argen de toda conveniencia. Y de
esto nadie en su sano juicio d esc o n fiaría17, pues los
que le h an tra ta d o dicen que es tan grande su am or
propio, que, p o r q u erer hacer parecer suyas las m ás
bellas em presas, m ás se m olesta con los generales o
capitanes que han llevado a cabo alguna acción digna
de elogio que con los que en teram en te fracasan. Así
pues, si eso es así, ¿cómo es que se le m antienen
fieles tan to tiem po ya? P orque su éxito, varones ate­
nienses, ensom brece todos los defectos de ese cariz;
pues las p ro sp erid ad es son especialm ente eficaces p ara
en cu b rir y enso m b recer los fallos de los hom bres;
pero si sufre algún fracaso, entonces se revelarán con
claridad todas esas debilidades. Y es que acontece
como en n u estro s cuerpos: cuando uno está en pleni­
tud de vigor, no siente ninguna de las afecciones loca­
les; pero u na vez que cae enferm o, todo se pone en
m ovim iento, bien sea una ru p tu ra , una luxación o
algún o tro órgano que no esté com pletam ente sano;
así tam bién o cu rre con todas las m onarquías y poderes
absolutos: m ien tras les va bien en las guerras, ocultos
perm anecen sus p u ntos débiles p ara la m ayoría; pero
en cuanto incurren en algún fracaso —lo que es n a­
tu ral que ah ora le o cu rra a él p o r lev an tar u n peso
superior a sus p ro p ias posibilidades—, todos los incon­
venientes se hacen p atentes a los ojos de todos.
Ahora bien 18, si alguno de vosotros, varones aten ien ­
ses, viendo a Filipo gozar de b u en a fortuna, considera

16 En el texto griego se lee el verbo skorakízdo, «mandar


a alguien a los cuervos (es kórakas)». Lo curioso es que este
verbo no aparece en la obra de Demóstenes.
17 Esta frase es amplificación de la de Demóstenes en Olint.
II 19: «Es evidente que esto es verdad.»
18 Los párrafos incluidos entre el 15 y el 19, ambos inclu­
sive, son reelaboración más o menos libre de Olint. II 22-26.
discursos políticos
268

que es tem ib le y difícil adversario, esta em pleando


u n a previsión p ro p ia de un hom bre P e d e n te ,
grande es el peso de la fortu n a, o, m as bien, la fo rtu n a
fo es todo en cu alquier em presa hum ana; sin ern^ r g o
en m uchos aspectos se p re feriría n u e stra b u en a su erte
16 a la de a q u é l19. Pues de n u estro s antepasados hem os
recibido en leaado n u estra p ro sp erid ad no sólo de un
tiem po a n te rio r al suyo, sino, incluso, p o r decirte en
" n a p a l a b r a , a. d« .ocios los que en “ acedom a « .n a -
ron- y aquéllos pagaron trib u to a los atenienses ,
m ien tras que n u e stra ciudad todavía no )o h z hecho z
nadie en absoluto. Y aún m ás: tenem os tan to m ayo
res m otivos que él p a ra m erecer la benevolencia de
los dioses, cuanto que n u estra conducta “ n tin " * “
17 m ás niadosa y m ás insta. ¿Por qué razón, pues, obtuvo
aquél en la g u erra a n te rio r m ayores exltoS Tj® ^
otros? P o rq u e, varones atenienses (os voy a ^ b l a r
franqueza), él personalm ente p articip a en las cam pa
ñ as v su fre su dureza y está p resen te en los peligros
sfn d e ia r escap ar ocasión o estación del año ninguna;
n o sotros, en cam bio (la verdad será dicha), estam os
aquí sen tad o s sin h ac er nada, siem pre v a c lla n ®®J
ocupados en v otar y tra ta r de averiguar p o r la plaza
p ú b lica si se cuenta algo n u e v o 21. Ahora bien, t qué
m ayor n o v e d a d 2223po d ría darse que el hecho de que un
h o m b re m acedonio desprecie a los atenienses y
atreva a enviar cartas de la ín d o le * de la que acabáis
18 de oír poco antes? Y él cuenta en tre sus asalariados

19 El tracto imitado del Olint. II (22) añade una restricción

^ 2 2

21 Este párrafo es una refección de Olint. II ¿i.


22 Imitación de Contra Filipo, I 10.
23 Cf. Contra Filipo, I 37.
RESPUESTA A LA CARTA DE FILIPO 269

con soldados, y, p o r Zeus, adem ás de ésos, con algunos


de los o rad o res que viven e n tre nosotros, quienes, p o r
co n sid erar que se llevan a casa sus so b o rn o s24, no se
avergüenzan de vivir p a ra Filipo, ni se d an cuenta de
que p o r u na peq u eñ a ganancia que obtienen están ven­
diendo todos los intereses de la ciudad y los suyos p ro ­
pios. N osotros, p o r el contrario, ni nos ap restam o s a
fo m en tar ningún levantam iento en su gobierno, ni es­
tam os dispuestos a d a r su sten to a m ercenarios, ni nos
atrevem os a salir en cam paña personalm ente. N ada 19
tiene de extraño, entonces, que haya obtenido ventajas
a n u estras expensas en la g u e rra an terio r, sino que,
m ás bien, lo ra ro es que nosotros, sin h a c e r n ad a de
lo que conviene que hagan los que están en guerra, p en ­
semos d o m in ar a q u ien hace todo lo que es m en ester
que hagan los que están dispuestos a o b ten er ven­
tajas 25.
Tom ando consideración de ello, varones atenienses, 20
y haciéndonos cu en ta de que ni siquiera está en nues­
tro p o d er d ec la rar que estam os en situación de paz
(pues ya él h a declarado la g u erra y la h a exteriori­
zado con sus a c tiv id a d e s)26, es m en ester no h acer nin ­
gún ah o rro ni de los fondos públicos ni de los priva­
dos, sino h acer la cam paña cuando q uiera que se
presente la o p o rtu n id ad , todos, con ard o r, y valerse
de generales m ejores que los de antaño. Pues que nin- 21
guno de v o s o tro s 27 se im agine que p o r las causas p o r
las que em peoró la situación de la ciudad, p o r ésas
la situación va a recu p erarse de nuevo y a hacerse
m ejor; ni creáis que, si vosotros os dais a la molicie,

24 Este pasaje es imitación del § 17 de Sobre el Haloneso,


que el imitador ha considerado obra de Demóstenes y ha reto­
cado muy ligeramente.
25 Ampliación retórica de Olint. II 23.
26 Cf. Contra Filipo, III 8.
27 Cf. Olint. II 24, 25, 26.
discursos políticos
270

com o an tes, o tro s lu ch arán con afán en defensa de


v uestros in tereses; antes bien, haceos cargo de lo ver­
gonzoso q u e es el que n u estro s pad res a fro n ta ra n m u­
chos tra b a jo s y grandes peligros en su lucha co n tra
los lacedem onios, y vosotros, en cam bio, no estéis d e ­
puestos a d efender con vigor ni siquiera lo que aquellos
22
con ju stic ia ad q u iriero n y os legaron, sino que, al con­
trario , el q ue se lanza al ataque desde M acedom a
sea tan a m an te del peligro que p o r engrandecer su do­
m inio h ay a recibido h erid as en todo su cuerpo luchan­
do con los enem igos, m ien tras que los atenienses,
p a ra quienes es an cestral no e star a las ordenes de
nadie y vencer a todos en las guerras, sean quienes
p o r indolencia o b lan d u ra abandonan las em presas de
sus an tep asad o s y los intereses de su p a t r i a 2829.
23
P ara no alargarm e en el discurso, afirm o q u e es
necesario e sta r prep arad o s p a ra la g u erra y ex h o rtar
a los griegos, no con p alab ras, sino con hechos, a que
se un an a n u e stra alianza; que todo discurso es vano,
si no p a rtic ip a de acciones, y tanto m ás el que proceda
de n u e s tra ciudad, p o r cuanto que dam os la im presión
de e sta r m ucho m ás dispuestos que los dem ás griegos
a h acer uso de la palabra.

28 Esta expresión es imitación de la del Sobre el Haloneso


7: «el que ataca desde Pela». ,
29 Todo este párrafo es imitación de Olint. U iz.
XII

CARTA DE FILIPO

INTRODUCCIÓN

A través del C om entario a D em óstenes de Dídimo,


que recoge inform ación de Filócoro, sabem os que la
guerra en tre Atenas y Filipo fue declarada bajo el a r­
contado de T eofrasto (340 a. C.). En efecto, se cita en
el m encionado Com entario (I 68) el siguiente texto del
h isto riad o r del siglo iv a. C.: «Y el pueblo, después de
oír la carta, exhortándole D em óstenes a la g u erra y
proponiendo un decreto, votó d e stru ir la estela erigida
p ara con m em o rar la paz y la alianza con Filipo, equi­
p ar naves y activ ar los p rep arativ o s de la guerra.»
Dionisio de H alicarnaso en la P rim era carta a A m m eo
(11) añade que, en el 340 a. C„ Filipo atacó P erinto, en
la Propóntide, y que, rechazado allí, puso sitio a Bi-
zancio. E sta operación lesionaba los intereses de los
atenienses, al cerrarles el cam ino hacia el P onto a
través de los estrechos, com o expone D em óstenes en
Sobre la corona (87 y sigs.). E n este m ism o discurso
se refiere su a u to r a la existencia de u n a c a rta de Fi­
lipo en la que atacab a a varios oradores, pero no a él
(Sobre la corona 79). Sin em bargo, la c a rta que h a
llegado a n o sotros contiene, efectivam ente, una queja
DISCURSOS POLÍTICOS
272

del m o n arca m acedonio acerca de la política de los


o rad o res atenienses (18, 19), p ero sin n o m b ra r en p a r­
ticu lar a ninguno. Y com o Dídimo asegura que en la
referid a c a rta se m encionaba a un tal A ristom edes de
Feres g en eral al servicio de Persia, y D em óstenes nos
hace p e n sa r que Filipo en su epístola daba nom bres
de o rad o res concretos, y, p o r últim o, las lineas finales
del fam oso docum ento las cita Dídim o y no coinciden
con las del texto que h a venido a caer en n u estras
m anos, es fácil ded u cir que este últim o no es, desde
luego, el original. De la ca rta au tén tica probablem ente
se h iciero n dos redacciones, u n a m ás am plia que la
o tra y ésta, la abreviada, es la que h a llegado h asta
n o sotros. No o b stan te, responde a lo que uno espe­
ra ría que expusiese Filipo a juzgar p o r n u estro conoci­
m iento de los hechos h istóricos del m om ento. No hay
en ella n i u n solo detalle que, en desacuerdo con algún
aspecto de la situación política de A tenas y M acedom a
y, en general, del m undo griego, pueda llevarnos a con­
sid era rla in aceptable históricam ente.
Quien la redactó —probablem ente u n secretario del
m o n arca m acedonio— era ducho en los procedim ientos
retó rico s a la sazón en boga, lo que se percibe en la
ex trem ad a precaución p o r evitar el hiato y o tro s re­
cursos que recu erd an p artic u la rm en te el estilo iso-
crateo.

Filipo al C onsejo y al Pueblo de los atenienses,

^ T o d a vez que, pese a que m uchas veces he enviado


em b ajad o res 1 p ara que perm anezcam os fieles a los ju ­
ram en to s y los trata d o s, no concedíais a ello ninguna
S o b re
i C o n tra Filipo, II 28; S o b r e el H aloneso 18 y sigs.
del Quersoneso 16; C ontra Filipo, I I I 16.
los a s u n to s
CARTA DE FILIPO 273

atención, pensé que era necesario enviaros m is quejas


sobre los hechos en que estim o ser agraviado. No os
so rp ren d áis p o r la extensión de la carta, pues, dado
que son m uchos los reproches de que dispongo, es ne­
cesario en to rn o a ellos h ac er la m anifestación con
claridad.
E n p rim e r lugar, cuando Nicias el heraldo fue rap- 2
tado de m i territo rio , lejos de infligir el ju sto castigo
a los violadores de la ley, al agraviado lo encerrasteis
d u ran te diez m eses; y ltis ca rta s que llevaba de p a rte
mía, las leisteis desde la trib u n a. Luego, p a ra n ad a os
preocupabais de que los tasios 2 estuviesen dando aco­
gida en sus p u erto s a los trirre m es de los bizantinos
y a los p irata s que así lo deseasen, aunque expresa­
m ente los acuerdos d eclaraban enem igos a los que tal
hiciesen. Aún m ás; p o r las m ism as fechas, D iopites pe- 3
netró en el país, red u jo a esclavitud a Cróbile y Ti-
rítasis 3 y devastó la p a rte colindante de Tracia, y, p o r
últim o, llegó a tal grado de m enosprecio p o r la ley, que
apresó a Anfíloco, quien se le había p resen tad o com o
em b ajad o r p a ra el rescate de los cautivos, y le im puso
extrem as to rtu ra s y exigió p o r su liberación el pago
de nueve talentos; y eso lo hizo con el refren d o del
pueblo. Y, sin em bargo, d a r tra to ilegal a un herald o 4
o a unos em b ajad o res parece im piedad a todos los
dem as y de m an era especial a vosotros; al m enos
cuando los m egarenses liquidaron a A ntem ócrito 4, el
pueblo llegó h asta excluirlos de los m isterios y a erigir

2 Sobre la alianza de los tasios con los atenienses, cf. Con­


tra Filipo, I 32.
3 Según el escoliasta, se trata de Perístasis, puerto del
Quersoneso en la zona de la Propóntide.
4 Según P lutarco, en Vida de Pericles 30, Antemócrito fue
un heraldo de los atenienses que fue degollado por los mega­
renses porque éste les prohibía que cultivasen la tierra sagrada
de la diosa Deméter y Core-Perséfone. Cf. T ucIdides, I 139.
3 5 .-1 8
274
DISCURSOS POLÍTICOS

delan te de las p u erta s de la ciudad u n a e s ta tu a 56 en


conm em oración de la injusticia. Y realm ente, ¿cóm o
no va a se r te rrib le que aquello que, cuando lo su­
fristeis, os hizo o diar de tal m an era a los autores,
, ah o ra lo estéis haciendo vosotros a las claras. Calías,
p o r o tra p a rte , vuestro general, tom o todas las ciu­
dades asen tad as en el golfo Pagasítico, que os estab an
ju ra m e n ta d a s y e ra n m is aliadas, y a los que navega­
ban h acia M acedonia, los vendía a todos p o r conside­
ra rlo s enem igos. Y p o r eso vosotros lo ensalzabais en
los d ecreto s oñciales. De m odo que yo m ism o no se
q ué d iferen cia p o d rá h ab er si adm itís que estáis en
g u erra conm igo; pues tam bién, cuando ab iertam en te
teníam os n u estra s diferencias, enviabais expediciones
de p irata s, vendíais a quienes navegaban con ru m b o a
n u e stra s costas, p restab ais ayuda a n u estro s adversa­
rios y cau sabais daño a m is territo rio s.
6 A parte de eso, habéis llegado a u n desprecio del
derecho y a u n a h ostilidad tales, que h a sta habéis m an­
dado em b ajad o res al rey de P ersia p a ra que le con­
venzan de que m e haga la guerra; lo cual no podría
d e ja r de cau sar el m ayor asom bro. Pues antes de que
él h u b iera tom ado Egipto y Fenicia, vosotros estable­
cisteis m ed ian te decreto que, si aquél in te n ta b a algún
p lan novedoso, se m e convocase a m í lo m ism o que a
7 todos los dem ás griegos p a ra ir c o n tra él. E n cam bio,
ah o ra so b reab u n d a tan to vuestro odio c o n tra mi, que
negociáis con él u n a alianza defensiva. P or m as que de
antiguo vuestros padres, según m is noticias, dirigían
rep ro ch es a los P isistrátid as por in d u c ir5 a los persas
c o n tra los griegos; pero vosotros no os avergonzáis de
h ac er lo que continuam ente estáis echando en ca ra a
los tiran o s.

5 Cf. PAUSARIAS, I 36, 3.


6 Cf. H er ó d o to , V 96; VI 94.
CARTA DE FILIPO 275

Pero, sobre todo lo dem ás, aú n m e intim áis p o r 8


escrito en v uestros decretos a que deje a Teres 7 y Cer-
sobleptes g o b ern ar Tracia, ya que son atenienses. Pero
yo de ésos no sé ni que hayan p articip ad o con vos­
otros en los acuerdos referen tes a la paz, ni que estén
inscritos en las estelas, ni que sean atenienses; p o r el
contrario, sé que Teres luchaba a m i lado c o n tra vos­
otros y que C ersobleptes estab a perso n alm en te bien
dispuesto a p re s ta r ju ra m e n to a m is em bajadores, pero
le fue im pedido p o r vuestros generales, que lo decla­
raban en e m ig o 8 de los atenienses. Sin em bargo, ¿cóm o 9
puede ser equitativo o ju sto que, cuando a vosotros
os convenga, sostengáis que él es enem igo de la ciu­
dad, y, en cam bio, cuando q u eráis calum niarm e a m í
el m ism o ho m b re sea declarado p o r vosotros conciu­
dadano? Y que tras la m u erte de Sitalces, a quien
habíais hecho p artíc ip e de vu estra ciudadanía, hayáis
entablado, de inm ediato, am istad con su a se sin o 9, y
que p o r d efender a C ersobleptes nos declaréis * la
guerra, ¿puede eso ser ju sto ? Y eso, a p e sa r de que
sabéis p erfectam en te bien q u e ninguno de los que re ­
ciben tales favores se preo cu p a p a ra nada de vuestras
leyes ni de vuestros decretos. Y no ob stan te, si he de 10
hacer una breve m ención dejan d o de lado todos los
demás casos, vosotros concedisteis la ciudadanía a
Evágoras de Chipre y a Dionisio de S iracusa y a sus

.t 7 e ra u n rey tra c i° cuyos dom inios se ex ten d ían al


del, ! Ie™ °’. Sobre el delta d d D anubio; lo m enciona J eno ­
fonte (Anabasis VII 5, 1).
8 No es cierto, pues cuando se concluyó la p az C ares al
F i ^ o ° de t r ° PaS atenÍenSeS’ apoyaba a C ersobleptes c o n tra
9 Sitalces, contemporáneo de Pericles, ni fue nunca ciuda-
dano ateniense m murió asesinado, sino en el campo de batalla-
cf. T ucidides, II 29; IV 101. El que sí fue asesinado fue Cotis
y también es cierto que a sus asesinos les brindaron protección
los atenienses; cf. Demóstenes, Contra Aristócrates 119.
discursos políticos
276

d e sc e n d ie n te s10. Así pues, si lográis c o n v o c a - a los


que ex pulsaron a uno y o tro de ^ u e les “
los p o d eres a los que se en cu en tran depuestos , re-
rih id tam b ién de m i p a rte to d a aquella po rció n de
T rácia s o te e la que m andaban Teres y C ersoblep.es.
P ero si a los que se im pusieron a aquellos m siq u iera
consideráis o p o rtuno hacerles algún reproche, m ien­
t a s q ue a mí me seguís im portunando, ¿cóm o no voy
a te n e r yo p erfecto derecho a defenderm e haciéndoos

fr£ A unque acerca de todo eso, ciertam ente, es m ucho


11
lo que a ú n puedo decir con toda justicia, prefiero p a­
sarlo p o r a í o ; afirm o que a los cardianos * les envío
refuerzos p o rq u e ya era yo aliado an tes de la paz
y v o sotros no queríais acudir a u n a rb itra je , pese a
que m uchas veces yo os lo pedí y no pocas aquellos,
d e f o r m a q ue ¿cóm o no iba yo a ser el m ás desprecia­
b le de to d o s los hom bres, si abandonando a m is a ía
dos m e p re o cu p ara de vosotros, que de todas las m a­
n eras posibles m e estáis m olestando, m as que de ellos,
que p o r i m p r e siguen siendo invariablem ente am igos

l í pues, si tam poco lo que voy a decir hay que


12
d e ia r lo d e lado, habéis llegado a tal grado de am bición,
au e an tes ta n sólo m e hacíais los reproches antedichos,
en cam bio últim am ente, p o r decir co n tin u am en te los

_ , i . phinrp le concedieron los atenienses la


c iu d a d a n ía ^ ^ o tro s honores,iPor^^ber^da^o^cogida^a^CMión^y

E ,w r « s 54. 57. También . D i c t e . «1

vit ¿«

Q u e rso n e so 58.
CARTA DE FILTRO 277

peparetios 13 h ab e r sufrido terrib le s u ltra je s, ord en as­


teis a v u estro general que tom ase venganza en m í p o r
cuenta de ellos; cuando yo realm ente les castigué de
modo m ás insuficiente de lo que convenía y ellos, p o r
su parte, en plena paz se ap o d eraro n de H aloneso y
no querían devolver ni la fortaleza ni la guarnición,
pese a que yo les envié en num erosas ocasiones recla­
m aciones de ellas. Pero vosotros, de los in ju sto s tra to s 13
que recibí de los peparetios, ninguno som etisteis a
examen, aunque los conocíais perfectam ente, y sólo
considerasteis el castigo. Aunque la isla, ni a aquéllos
se la qu ité ni a vosotros, sino al p ira ta S óstrato. Pues,
si vosotros afirm áis que la habíais entregado a Sós­
trato, confesáis que dabais cobijo a p irata s; si, p o r el
contrario, aquél se adueñaba de ella c o n tra v u estra
voluntad, ¿qué terrib le golpe habéis sufrido p o r h a ­
berla tom ado yo y p ro c u rar que el lugar sea seguro
p ara los navegantes? Y aunque yo m e preocupaba tan to 14
po r v u estra ciudad y estaba dispuesto a donarle la
isla, vuestros o rad o res no p erm itían que la tom aseis,
sino que os aconsejaban que la re c u p e ra se is14, p a ra
que, en el caso de que yo so portase lo que se m e
im ponía, confesara e s ta r en posesión de plaza ajena,
y, en caso de que no ab an d o n ara el lugar, m e hiciese
sospechoso a la m uchedum bre. C onsciente de ello, tra ­
taba de desafiaros a som eternos a un a rb itra je acerca
de esa cuestión 15, p a ra que, si se reconocía com o mía,
os la p u d iera d ar a vosotros, y si se os ad ju d icab a a
vosotros, entonces la devolviera yo al pueblo. Y au n q u e 15
yo m uchas veces os lo dem andaba, vosotros no m e

13 La isla de Peparetos está próxima a la de Haloneso.


Ambas islas estuvieron encartadas en el mismo conflicto, el
detallado en Sobre el Haloneso. Sobre la devastación de Pepa-
retos, cf. Sobre la corona 70.
14 Cf. Sobre el Haloneso 5.
15 Cf. Sobre el Haloneso 7.
278 DISCURSOS POLÍTICOS

hacíais caso, y los peparetios ocuparon la isla. ¿Qué


había, pues, de h acer yo? ¿No debía exigir reparación
a los que h ab ían infringido los ju ram en to s? ¿No debía
to m ar venganza de quienes de form a tan insolente y
u ltra ja n te se com portaban? Pues, efectivam ente, si la
isla era de los peparetios, ¿a qué tenían que recla­
m arla los atenienses? Y si era vuestra, ¿como no os
enojáis con aquellos que se ap o d eraro n del te rrito rio

16 a je Y hem os llegado a tal extrem o de enem istad, que,


q u eriendo e n tra r con m is naves en el H elesponto, me
vi obligado a escoltarlas 16 con mi ejército a través del
Q uersoneso, p orque vuestros colonos estaban en son
de g u erra resp ecto a nosotros en v irtu d de la proposi­
ción de P olícrates, que vosotros respaldabais con sim i­
lares decretos; v porque, por otro lado, vuestro gene­
ra l 17 in citab a a los bizantinos y tran sm itía p o r doquier
que v o sotros le ordenabais luchar c o n tra mí, si se le
p re se n ta b a la ocasión. Y aunque tal era el tra to que
yo recibía, sin em bargo m e abstuve de v u estra ciudad,
vuestro s trirre m e s y vuestro territo rio , no o b stan te ser
capaz de ap o d erarm e de la m avor p arte , si no de todo
él y he co n tinuado desafiándoos a so m eter a u n a r í-
tra je las diferencias p o r las que m u tu am en te nos m-
17 culpam os. Y, sin em bargo, considerad qué es m as hon­
roso, si resolver u n a disp u ta por las arm as o m ediante
razones; si ser vosotros m ism os los jueces o te n e r que

w F ilip o q u e r ía a ta c a r c o n su flo ta P e r in to y B iz a n c io P er o
p a r a e llo d e b ía a tr a v e sa r e l H e le s p o n to y p r o te g e r s e d e lo s
a ta q u e s d e D io p ite s y lo s c o lo n o s a te n ie n s e s in s t a la d o s e n
Q u e r s o n e s o tr a c io . P o r ta l m o tiv o s e v io o b lig a d o a b u s c a r
a p o y o p a r a s u f lo t a e n u n d e s ta c a m e n to q u e b o r d e ó la c o s ta .
E U o s u p u s o u n a o c u p a c ió n d e te r r ito r io a te n ie n s e P o r p a r t®
d e l m o n a r c a m a c e d o n io , lo q u e d e s p e r tó la a n im a d v e r sió n d e
l o s c iu d a d a n o s d e A te n a s c o n tr a F ilip o .
n E l g e n e r a l e ra D io p ite s .
CARTA DE FILIPO 279

convencer a otros; y daos cu en ta de que es absurdo


que los atenienses obliguen a los tasios y a los m aro-
nitas a so m eterse a un a rb itra je basado en la expo­
sición de razones acerca de la posesión de E s trim e 18
y ellos m ism os no dirim an conm igo p o r el m ism o p ro ­
cedim iento las discrepancias p o r las que discutim os;
sobre todo cuando sois conscientes de que, si resultáis
d errotados, no vais a p e rd e r nada; en cam bio, si ga­
náis, o b tendréis el territo rio que ah o ra está en nues­
tras m anos.
Pero lo m ás ab surdo de todo m e parece se r que, 18
habiendo enviado yo em bajadores desde todas las ciu­
dades ligadas a m í p o r alianza 19, p a ra que fuesen tes­
tigos, y queriendo concluir con vosotros acuerdos equi­
tativos en in terés de los griegos, ni siquiera disteis
acogida a las p ro p u estas que sobre esos tem as p artía n
de los com isionados para la em bajada, cuando os era
perfectam en te posible o bien a p a rta r de los peligros
a los que sospechaban algo sin iestro respecto de nos­
otros, o bien h acerm e aparecer ab iertam en te com o el
m ayor m alvado de todos los hom bres. Al pueblo le 19
in teresab a eso, p ero no aprovechaba a v u estro s o ra­
dores. Pues sostienen n u estro s expertos en cuestiones
de v u estra constitución que la paz es p a ra ellos g u erra
y la guerra, p a z 20; pues sea respaldando en las lides
políticas a los generales, sea calum niándolos, siem pre

18 Estrime era una colonia de Tasos situada en la costa


Tracia, cerca de Maronea (cf. H eródoto, VII 108 y sigs.). Se la
disputaron en el 361 a. C. tasios y maronitas (cf. Contra Poli-
cles 14, 20 y sigs.).
19 Cf. Sobre el Haloneso 18 y sigs., pasajes en que se men­
ciona la embajada de Pitón, que tuvo lugar en el 343 a. C. En
Sobre la corona 136, Demóstenes se refiere a un discurso que
improvisó con ocasión de la presencia en Atenas de Pitón de
Bizancio, en calidad de enviado especial de Filipo, y de los
embajadores de otras ciudades aliadas del Macedonio.
20 Cf. I Sócrates, Filipo 73.
DISCURSOS POLÍTICOS
280

sacan algo de ellos, y adem ás, u ltra ja n d o en la


b u n a a los m ás distinguidos de entre los ciudadanos y
a los m ás fam osos de vuestros residentes ex tranjeros,
se gran jean de la m uchedum bre reputación de p a rti­
darios del pueblo.
20 Fácil, pues, me re su ltaría hacerles cesar en sus
m aledicencias a expensas de m uy poco dinero y
cerles p ro n u n c ia r discursos de alabanza en loor
persona. P ero m e avergonzaría si fu e ra descubi
com prando el afecto hacia vosotros a esas gentes que,
ap a rte lo dem ás, han llegado a tal pu n to de audac a,
que h asta en to rn o a A nfípolis* in ten tan d iscu tir
conmigo, plaza sobre la que estim o alegar yo perso­
n alm ente m uy superiores derechos a los de ql" en “
21 la reclam an. Pues si viene a ser de quienes desde un
principio la co n quistaron, ¿cómo es que nosotros no
la poseem os legítim am ente, cuando fue A lejandro,
antepasado, el p rim ero que ocupó el lu 8a r -
adem ás, com o prim icia de los cautivos m edos envío
a Delfos u n a e statu a de oro que allí erigió,
guien m e d iscu tiera eso y p retende que pase a se r de
sus ú ltim o s señores, tam bién me corresponde ese de­
recho; pu es asedié y ca p tu ré la fortaleza y a s u s h *h
tantes, q u ienes os hab ían expulsado de ella y h abían
22 sido establecidos allí p o r los lacedem om os * Y en
realidad todos habitam os n u estras ciudades o p orque

21 Cf. Contra Filipo, III 54.

»3 : i SSS5 a».»"¡«
frido en fa batalla de Platea; cf. Sobre la organización finan-

CÍe™ S¿gún T ucídides (V 11), los anfipolitas, después del 422


a C fecha de la muerte de Brásidas, le otorgaron los honores
de héroe y fundador de la ciudad, que hasta entonces p
necían por derecho al ateniense Hagnon.
CARTA DE FT1.IP0 281

las recibim os en herencia de nuestros antepasados, o


p o rq u e nos hicim os dueños de ellas p o r la guerra. Vos­
otros, en cam bio, sin hab er sido los prim eros en ocu­
p arla y sin e star ah ora en posesión de ella, sólo p o r
h ab e r perm anecido en esos lugares un brevísim o tiem-
poo, reivindicáis la ciudad, y eso que vosotros m ism os
garantizasteis la m ás inquebrantable seguridad en mi
favor; pues m uchas veces os escribía en las cartas
acerca de ella, y habéis reconocido que la poseía yo a
ju sto título, entonces, al hacer la paz conmigo, pose­
yendo yo la ciudad, y luego, cuando firm asteis la
alianza en los m ism os térm inos. Y realm ente, ¿cómo 23
podría ex istir o tra propiedad m ás firme que ésta, que,
en p rim er lugar, o riginariam ente nos ha sido dejada
en herencia p or nuestros antepasados, de nuevo ha
pasado a ser mía p o r la guerra, v, en te rc e r lugar, me
ha sido reconocida p or vosotros, acostum brados como
estáis a d isp u tar incluso lo que en nada os co rres­
ponde.
Ésas son, pues, m is quejas. Y com o los prim eros
que sois en a ta c a r y dado que os estáis lanzando va
más y m ás a las em presas debido a m is precauciones
y que me hacéis todo el mal que podéis, me defen­
deré con la ju sticia de mi p a rte y, declarando a los
dioses testigos, to m aré mis m edidas sobre los asun­
tos que os conciernen.
XIII

SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA

INTRODUCCIÓN

Excepción hecha del curioso detalle de que el p re­


sente discurso no aparezca citado ni fechado p o r Dio­
nisio de H alicarnaso, puede, p o r lo dem ás, afirm arse
que los antiguos lo aceptaban com o o b ra genuina de
D em óstenes. P ara Dídimo, H arpocración y Libanio, la
p atern id ad dem osténica de esta pieza o ra to ria no ofre­
cía dudas. El escoliasta opina que este discurso fue
pronunciado p o r D em óstenes con an terio rid ad a los
discursos co n tra Filipo.
Pero hay una serie de hechos que hacen difícil la
atribución de esta o b rita al o ra d o r de Peania: en p ri­
m er lugar, el d iscurso no es m ás que un continuo
ensam blaje de consideraciones generales que no de­
sem bocan en ninguna p ro p u e sta concreta; el p u n to de
p a rtid a es, ciertam ente, un objetivo claro y preciso:
que los fondos públicos sean percibidos p o r los ciuda­
danos siem pre que éstos se com prom etan a servir a la
ciudad y estén dispuestos a e m p re n d er personalm ente
las cam pañas m ilitares. Hace hincapié el o ra d o r en la
necesidad de u n a organización que regule la p ercep ­
ción de salarios a cuenta del estado p o r servicios pú-
284
DISCURSOS POLÍTICOS

b lic o s p r e sta d o s, y de una r efo r m a del e jé r c ito a te ­


n ie n s e , qu e, a la sa zó n , e sta b a c o m p u e sto e x c lu s iv a ­
m e n te por tr o p a s m e r c e n a r ia s . A p a r tir de e ste m o­
m e n to , el a u to r del d is c u r s o nos b r in d a ú n ic a m e n te
id e a s g e n e r a le s : que el p e lig r o real de la c iu d a d es
su fu n esta o r g a n iz a c ió n m ilita r ; que lo s p o lític o s as­
p ir a n a lo s cargos m o v id o s por su v a n id a d o por el
d eseo d e lo g r a r p e r s o n a le s v e n ta ja s; que lo s o r a ores
s e c o n fa b u la n c o n lo s g e n e r a le s p a r a d e fe n d e r s u s p a r ­
tic u la r e s in te r e s e s ; que lo s tie m p o s a c tu a le s no so n
l o s d e a n t a ñ o , e n lo s q u e la c iu d a d e r a e s p e j o de res­
p e ta b ilid a d y a u té n tic a v id a d e m o c r á tic a y a dem ago­
g ia v el h a la g o del p u e b lo b r illa b a n en e a por su

Además, no debem os p erd er de vista un detalle que


difícilm ente p o d ría p asa r inadvertido: en el presente
discurso ap arecen p asajes de obras de Dem ostenes
rep ro d u cid o s casi literalm ente, tom ados fu n d a m e n ta -
m ente del Olintíaco I I I y del Contra A ristó cra ta .
Se nos b rin d an dos hipótesis p a ra explicar este
hecho v d ar, de este m odo, un veredicto sobre la de­
b atid a cuestión de si D em ostenes es o no el a u to r de
esta pieza o rato ria: o bien el discurso es au tén tica­
m ente dem osténico, en cuyo caso h a b ra que suponer
que se sitú a cronológicam ente entre el Contra A n s o -
crates v los O lintíacos y que se n u trió de p asajes del
p rim ero v, a su vez, fue fuente de los últim os, lo que
a la p o stre aco n sejaría sospechar que el discurso Sobre
la organización no haya sido pronunciado nunca; o
bien - v esta segunda hipótesis es m ás p l a u s i b l e - el
discurso en cuestión no es o b ra de D em ostenes, sino
de un háb il recopilador que con fragm entos de la o b ra
de n u estro o ra d o r se esforzó p o r lo g rar la com posi­
ción, al estilo dem osténico, de una especie de ideario
político al m odo oratorio, que contuviera las lineas
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 285

generales que in sp iraro n la política del gran o rad o r


ateniense.

ARGUMENTO DE LIBANIO

E ste d is c u r s o y a n o e s f ilíp ic o , s in o s im p le m e n te d e lib e r a ­


tiv o . P u e s c e le b r a n d o lo s a te n ie n s e s u n a a s a m b le a a c e r c a d e
lo s fo n d o s d e s tin a d o s a lo s e s p e c tá c u lo s , D e m ó s te n e s s e a c er ca
a la tr ib u n a y tr a ta d e c o n v e n c e r le s p a ra q u e s e o r g a n ic e n y
r ec u p er en s u a n tig u a c o n s id e r a c ió n , s a lie n d o a l c a m p o d e b a ­
ta lla y a fr o n ta n d o p e lig r o s en b e n e fic io d e lo s g r ie g o s ; y c o m ­
p a ra la s itu a c ió n a c tu a l c o n la d e lo s a n te p a s a d o s y m u e str a
que es m u ch o m ás in c o n s is te n te y pob re que la de o tr o s
tie m p o s.

Acerca del dinero disponible y los m otivos p o r los i


que celebráis esta asam blea, m e parece, varones ate­
nienses, que ninguna de estas dos actitudes es de las
que en cierran dificultad: ni a ta c a r a los que d istri­
buyen y hacen donación de los fondos públicos, lo
que e n tra ñ a g anar crédito e n tre los que consideran
que con ese sistem a la ciudad sufre daño; ni a p ro b ar
y recom endar la necesidad de recibir las donaciones,
lo que significa d a r gusto a los que se en cu en tran en
gran necesidad de p ercibirlas; pues ni los unos ni los
otros m iran al in terés de la ciudad p a ra elogiar o des­
ap ro b ar el asunto, sino que ello depende en cada caso
de su m en esterosidad o su opulencia.
Yo, p o r m i p arte, ni p ro p o n d ría tal d istribución ni 2
la atacaría sosteniendo la necesidad de que no se p er­
ciba nada, sin em bargo, os exhorto a que consideréis
y reflexionéis vosotros m ism os sobre el hecho de que
el dinero ese, acerca del cual tom áis consejo, es insig­
nificante, m ien tras que el hábito que con ello se engen-
286 DISCURSOS POLÍTICOS

d ra es asu n to serio *. Así que, si ju n ta m e n te con la


realización de lo que conviene, organizáis tam b ién la
p ercepción de donaciones, no sólo no causaréis p er­
juicio, sino que incluso p ro cu raréis los m ayores be­
neficios a la ciu dad y a vosotros m ism os; en cam bio,
si p a ra p e rc ib ir dinero, u n a fiesta o cu alq u ier pretexto
va a ser suficiente, y, p o r el contrario, p a ra lo que ade­
m ás de eso hay que hacer, ni siquiera vais a e sta r dis­
p u e s to s 12 a o ír h acer m ención de ello, m irad no vaya
a o cu rrir algún día que lo que ah o ra consideráis una
conducta co rrecta, lo estim éis u n grave e rro r com etido.
3 Yo sostengo que es m enester —y no m e alborotéis p o r
lo que voy a decir, sino juzgadlo después de h aberlo
0ído__ q u e así com o hem os dedicado u n a asam blea al
asunto de p ercib ir dinero, del m ism o m odo fijem os
tam bién u n a asam blea dedicada al tem a de n u estra
organización y equipam iento p a ra la guerra; y que se
disponga cad a uno en p a rtic u la r no sólo a escuchar
con b u en a volu ntad lo que se tra te en ella, sino tam ­
bién a a c tu a r de buen grado, con el fin de que se basen
en vosotros m ism os, varones atenienses, vu estras es­
peranzas de éxito, y no andéis averiguando lo que está
4 llevando a cabo fulano o m engano. Y las ren tas todas
que rev ierten a la ciudad, las p a rtic u la re s 3 que ahora
gastáis in ú tilm en te en lo que no hace ninguna falta,
y todas aquellas de que disponéis procedentes de las
co n tribuciones de los aliados, afirm o que de ellas
es m en este r que cada uno de vosotros obtenga una
p a rte pro p o rcional, los que están en edad m ilitar, a
títu lo de soldada, los que h an pasado la edad ap ropiada
p a ra la leva, com o paga p o r vigilancia, o com o uno

1 C f. C o n t r a A n d r o c i ó n 51.
2 Cf. C o n t r a F i l i p o , I V 28.
3 E s d e c ir , la s q u e p r o c e d e n d e lo s p r o p io s a te n ie n s e s , n o
d e su s a lia d o s .
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 287

quiera llam arlo; y que p ersonalm ente vosotros hagáis


el servicio y no lo cedáis a nadie; antes bien, que el 5
ejército de la ciudad sea p ro p io de ella, organizado a
base de estos recursos, con el ñn de que estéis bien
provistos y hagáis lo que es necesario, y que lo m ande
el e s tra te g o 4, p a ra que no os o cu rra algo idéntico a
lo que ah o ra m ism o os o curre: juzgáis a los genera­
le s 5 y de ello os re su lta la denuncia «fulano, h ijo de
zutano, h a acusado a m engano», y n ad a m ás. E n lu g ar 6
de eso, ¿que es lo que debe sucederos? E n p rim e r lu­
gar, que los aliados os sean leales, no p o r vuestras
guarniciones, sino p o r la com unidad de in tereses en tre
ellos y vosotros; luego, que los generales, al m ando
de tro p as m ercenarias, no sa q u e e n 6 a n u estro s aliados
m ientras que a los enem igos n i siquiera los ven, de lo
cual los beneficios que re su ltan son propios de ellos
y los odios y recrim inaciones van dirigidos co n tra la
ciudad en tera; p o r el contrario, tengan a su cargo tro ­
pas de ciudadanos que les sigan y den a los enem igos
el tra to que están dando ah o ra a n u estro s am igos.
A parte de eso, m uchas de las operaciones reclam an 7
vuestra presencia; ya sin ten er en cuenta la convenien­
cia de em plear una fuerza p ro p ia en las gu erras p ro ­
pias, tam bién p a ra los dem ás asuntos re su lta necesaria.
Pues si os b a sta ra con vivir tran q u ilo s sin preocupa­
ros p ara n ad a de la situación de los asuntos griegos,
o tra cosa sería; p ero es el caso que vosotros aspiráis 8
a la p rim acía y a d eterm in ar los derechos a los dem ás
sin em bargo, la fuerza encargada de vigilar y g u ard ar
esas aspiraciones ni la habéis p re p ara d o ni la p re p a­
ráis, p o r el co n trario , en m edio de vuestra tran q u ilid ad
e indiferencia ha sucum bido la dem ocracia de Mitile-

4 Cf. C o n tr a F ilip o , I 26.


5 Cf. C o n tr a F ilip o , I 47.
6 Cf. C o n tr a F ilip o , I 24.
DISCURSOS POLÍTICOS
288

n e 7 ha sucum bido la dem ocracia de R o d a s 8; alguien


p o d ría decir: «el pueblo rodio, al m enos, era enem igo
nuestro». Sí, p ero es m enester co n sid erar m as grande
n u estro odio hacia las oligarquías, p o r el m ism o hecho
de sus prin cip io s políticos, que hacia las dem ocracias
, cu alesq u iera que sean los m o tiv o s , v o lv e r^
punto de que p artí, sostengo la necesidad de q u e es-
S s organizados y que la organización sea la m ism a
p a ra re cib ir dinero público y p a ra h ac er lo que con­
viene » Y a an tes tra té an te vosotros de eso y expuse
el m odo en que podríais organizaros, los hoplitas, los
caballeros y cu antos estáis fu era de estos ordenes, y la
fo rm a en que cierta abundancia de m edios p o d ría lle-
10 gar a ser com ún p ara todos. Pero lo que de en tre todas
fas cosas m e causó el m ayor desanim o - o s lo d ire sin
o cu ltároslo— fue que, aun siendo todos estos proyectos
num erosos, im p o rtan tes y honorables, nadie se acuer­
da de ningún o tro, p ero del de los dos obolos , todos.
Aunque esto s dos óbolos no es posible que valgan m as
que dos óbolos, m ientras que los dem as proyectos
jun to con los que pro p u se valen tan to com o las rique­
zas del G ran Rey, pues asp iran a que u n a ciudad que
posee ta n to s hoplitas, trirrem es, caballerías e ingresos,
esté organizada y bien equipada.
•Por qué, pues— p o d ría alguien p re g u n ta r— hago
11
ah o ra estas consideraciones? P orque afirm o que es ne­
cesario que vosotros, toda vez que algunos ven con
m alos ojo s el que todos los ciudadanos cobren una

7 Cf. Por la libertad de los rodios 19.


8 Qf. por la libertad de los rodios 14.
9 cf. Por la libertad de los rodios 175.
10 nf Cilint I 20: Olint. II 35.
n Los dos óbolos eran el precio de la entrada al teatro.
, , , • es decir del dinero destinado a los
S i S S . " S S e'„S M e n a s P „ a — — -
fiestas.
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 289

soldada n, m ien tras que el som eterse a organización y


equipam iento es ap robado p o r todos com o m edida
útil, abordéis el asu n to com enzando p o r ese lado y
propongáis al que lo desee la posibilidad de exponer
su plan sobre estos tem as. Pues ésta es la situación: si
vosotros ah o ra os convencéis de que es el m om ento
o p o rtu n o p a ra estas reform as, cuando lleguéis a e sta r
en necesidad de ellas, estarán a v u estra disposición;
p ero si consideráis que la ocasión es in o p o rtu n a y, p o r
ello, las d ejáis de lado, cuando llegue el m om ento os
veréis forzados a llevar a cabo los p rep arativ o s 213.
Ya en cierta ocasión, varones atenienses, dijo al- 12
guien y no era uno de vosotros, la m ayoría de los
ciudadanos, sino de los que re v en tarían de ra b ia si
estas refo rm as se llevasen a la p rá ctica— : «¿Y qué bene­
ficio nos h a resu ltad o de los discursos de D em óstenes?
Se p resen ta an te n o sotros cuando le parece, nos llena
los oídos de palab ras, hace trizas la situación presente,
exalta a n u estro s an tepasados, nos tra n sp o rta a un
m undo de esperanzas, hace q u e nos hinchem os de o r­
gullo y luego desciende de la tribuna.» A hora bien, yo, 13
si pud iera p ersu ad iro s de algo de lo que propongo,’
tales beneficios estim o que conferiría a la ciudad, q u e’
si ah ora in ten tase exponerlos, m uchos desconfiarían dé
ellos com o si excediesen los lím ites de lo posible; pese
a todo, ni siquiera esto lo considero pequeño servicio,
a saber, aco stu m b raro s a escuchar los m ejores conse­
jos. Pues es m enester, varones atenienses, que el que
quiera h acer algún bien a la ciudad cure prim eram en te
vuestros oídos, pues están infectos; h a sta tal p u n to
estáis aco stu m b rad o s a oír m en tiras innúm eras y cual­
quier cosa que no sea el m ás beneficioso consejo. P or 14
ejem plo y que nadie m e cause alboroto antes de que

12 Cf. Olint. III 33.


13 Cf. Contra Filipo, IV 29, 30.
35.-19
discursos políticos
290

lo diga t o d o - , ab riero n hace poco algunos las p u erta s


del opistódom o 14. Pues bien, todos los que se llegaban
a esta trib u n a decían que la dem ocracia c^tab a ^ s u e lta
que ya no existían las leyes, cosas p o r el estüo. Y s n
em bargo, v arones atenienses —y ved si es verdad lo
au e d i g o - los que tal hacían com etían u n crim en m e­
reced o r de pena de m uerte, pero la dem ocracia no
e n tra en tran c e de disolución p o r causa de ellos O tro
caso- hubo su stracción de rem os-L «¡Azotes, to rtu ra!»
g ritab an to d o s los oradores, «¡la dem ocracia va p o r
cam ino de la disolución!». Y yo, ¿que digo? Que el que
los ro b ab a com etía un delito digno de la pena de m u er­
te tal cual dicen ellos, pero que la dem ocracia no en ra
15 p ó r causa de eso en proceso de disolución. E n to n a s ,
¿de qué m an era se produce la disolución de la dem o­
cracia? N adie lo dice ni se atreve a com unicarlo con
franqueza- p ero yo lo voy a aclarar: ello o cu rre cuando
vosotros, varones atenienses, in correctam ente dirigidos
lleguéis a e s ta r desprovistos de recursos y arm am ento
a p esa r de v u estro núm ero, sin organización y sin adop-
^ com unes acuerdos, y cuando ni el general m quien­
q u iera o tro que sea se preocupe de lo que vosotros
votéis y nadie esté dispuesto a denunciar esos hechos
ni los c o rrija ni actúe de m anera que tal situación
cese Y eso es lo que continuam ente está pasando ahora.
16 Y p o r Zeus, varones atenienses, tam bién o tras frases
engañosas y m uy dañinas p a ra la constitución se han

14 L lám ase así «opistódom o» o «edificio posterior», la parte


— *™ ¿r:pSoirr5nrr“
“ ÍT S t ,Üe M»™* también aludido «« Con.,. T i ^ c -

' “ lí3 Los remos estaban depositados en el arsenal de las naves^

tes 138).
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 291

infiltrado h asta llegar a vosotros, com o «en los trib u ­


nales rad ica v u estra salvación» y «es m en ester p ro te­
ger la constitución con el voto» l617. Pero yo sé que esos
tribunales son soberanos del derecho vuestro en las
relaciones privadas, sin em bargo es con las arm as con
lo que hay que vencer a los enem igos y en ellas está la
salvación de la constitución. Pues no es el voto lo que 17
d ará a los com batientes arm ados la victoria, sino que
los que con las arm as vencen a los enem igos son quie­
nes os p ro p o rcio n arán la facultad y la seguridad p a ra
v o tar y h acer lo que queráis; pues hay que ser tem ibles
con las arm as y hum anos en los tribunales.
Mas si a alguien parece que m is discursos son ía
un tan to encum brados con relación a m i, eso p recisa­
m ente es lo que está bien en ellos; pues el discurso
que vaya a ser p ro nunciado acerca de ciudad ta n glo­
riosa y tan im p o rtan tes asuntos, es m en ester que p a­
rezca siem pre de su p erior categoría a la del individuo
que lo pronuncia, q u ienquiera que sea; y que esté p ró ­
ximo a v u estra dignidad, no a la del orador. Ahora
bien, de p o r qué nadie de los que son honrados p o r
vosotros h ab la de esta guisa, yo os voy a exponer las
excusas. Los unos, apegándose a las elecciones de car- 19
gos y a la dignidad que éstos confieren, van de un lado
p ara o tro esclavos del favor que p reten d en con vistas
a las designaciones p o r venación í7, ansiando cada uno
de ellos ser iniciado com o estratego 18, no llevar a cabo

16 Según el escoliasta, ése era el p u n to de v ista de los ciu­


dadanos que tra ta b a n p o r todos los m edios de que fuesen con­
fiscados los bienes de los ricos. Cf. S o b r e lo s a s u n t o s d e l Q u er-
s o n e s o 69; C o n tr a F ilip o , I V 44 y sigs.
17 A unque la m ayor p a rte de las funciones públicas eran
conferidas p o r sorteo, qu ed ab an algunos cargos que se enco­
m endaban a ciudadanos elegidos p o r votación.
18 Es decir: llegar al g eneralato (o cargo de e s tr a te g o ) com o
si de lo g rar el grado de iniciados en los m isterio s se tra ta se .
292 d is c u r s o s POLÍTICOS

o b ra alguna p ro p ia de alguna lab o r,


incluso llega a ser capaz de em p r dl iendo
en las actuales c o n d ic ro n - c o n s id e r a ^ ^ Py ^ ^
com o re cu rso inicial d g d de oponentes,
ren om bre, d isfru tan d o ^ m^ u a a S t se h a rá he-
ofreciéndoos n a d a m as q vuestros bienes, lo que
red ero , él p e r s o n a ^ 19. ’en cam bio, si vosotros reali-
p recisam en te acontec mismoSj o b ten d ra u n a
záis cad a accio P tanlü en las p ro p ias reafi-
p a rte igual a la de ios beneficios que de
zaciones de los tr a a jo s ^ ^ políticos> q u e an d an en
20 ellos resu lten . ’ , e de la consideración de
esos asu n to s, desentendiéndose de la^ a ^

10 m áSnPo r ;y CantS
a aquellos, e0s :.P^ , „réis DOiítica p o r sPin«m o^ n a s 20,
an teS
rías, ah o ra, en a sus órdenes,
U „ o ra d o r come, d ^ 1m encarE¡ldos d e g rita r,
y con cada un o d e ^ P , dem 4s ciliJS a t r i b u i d o s
trescien to s e n n um ero

19 Cf. Olint. 11 28. npm ó sten es co m p ara la organización


20 Con esta s p ala b ra s D a n ^ que e ra n g rupos
de los p a rtid o s poh tico s a &^ expensas ia presta-
de ciud ad an o s encarg a u d u i e r a rq u ía ; adem as, ade-
ción del s e r v tc io p u b U c o d c n o m ^ ^ ^ d educible p o r el
la n ta b a n al era rio Pub ¿ M ientras que a la irte-
im puesto so b re los bienes (e is p > ^ b a rc o de g u a r a )
r a r q u ía (función co m étem e e ^ ciudad an o s m ás n e o s
estab an obligados los m il Da" l im puesto so b re los bienes
incluidos en las s t "™ o r l ’ ra to dos los ciudadanos, salvo
de fo rtu n a e ra ob ligatorio p a r a t o a ^ ^
los declarad am en te po re ■ ' figuraba u n dirig en te (h é g e -
21 Al fre n te be cad a ^ f u n c i o n a r i o { e p im e l é t é s ) ,
m<5n), y a sus « f e r íe s e b igUalm ente, los dos p a rtid o s
especie d e p ro c u ra d o r. Pues b ’ geran gobernados, c a d a u n o
políticos de la A tenas e encargab a de lo g ra r el beneplá-
de ellos, p o r u n ° ra^ o r ’ 4 ib u n a y u n e strate g o , cuya m isión
Í a° l f d ^ e v a r " t í o “ /aciones m ilitares d ecretad as
SOBRE I-A ORGANIZACIÓN FINANCIERA 293

en añad id u ra, unos de u n lado, otros de otro. Así, pues,


de eso os re su lta que fulano obtiene ser reproducido en
estatu a de bronce, m engano consigue u n a fortu n a, sólo
uno o dos que se encum bran p o r encim a de la ciudad.
Los re sta n te s os estáis sin h ac er nada, testigos de su
opulencia, dejando en sus m anos cuantiosa y grande
fortuna, que os pertenece, a cam bio de la m olicie de
cada día.
Sin em bargo, m irad cuál era la situación en tiem - 21
pos de vu estro s antepasados; pues no es m en este r va­
lerse de ejem plos de fuera, sino que, sirviéndoos de
los de casa, es posible saber lo que conviene h a c e r *22.
Aquéllos, a Tem ístocles, que era el general en las ope­
raciones navales de Salam ina, y a M ilcíades, que tenía
el m ando en M aratón, y a o tro s m uchos cuyos servi­
cios p restad o s fueron no com parables a los de los
estrategos de ahora, p o r Zeus, no les erigían estatu as
de bronce, sino que, considerándolos en n ad a superio­
res a ellos m ism os, así los honraban. Y efectivam ente, 22
varones atenienses, no se despojaron del m érito de nin­
guna de las em presas de aquel entonces ni nadie había
que p u d iera decir a la b atalla naval de S alam ina «la
de Tem ístocles», sino «la de los atenienses», ni a la b a ­
talla de M aratón «la de Milcíades», sino «la de la ciu­
dad». E n cam bio, ah o ra son m uchos los que tal dicen;
que Tim oteo tom ó C orcira 23, que Ifíc rates destrozó la

en la A sam blea. Los encargados de q u e se to m asen en ella tales


o cuales m edidas eran los llam ados «trescientos», los trescie n ­
tos ciudadanos m ás ricos d istrib u id o s e n tre las veinte sinmo-
rlas (cf. Sobre la corona 171). E llos a rra s tra b a n la adhesión
del re sto de los ciudadanos, en com pensación p o r el h echo de
que a la h o ra de p a g ar los im p u esto s era n ellos quienes ade­
lantaban las contribucion es de los sinmoritas m enos acom o­
dados.
22 Cf. Olint. III 23; Contra Aristácrates 196-200.
a Ello tuvo lu g ar en el 375 a. C. Cf. J enofonte, Helénicas
V 4, 63; I sócrates, Antídosis 108 y sigs.
DISCURSOS POLÍTICOS
294

« m o r a » d e lo s la c e d e m o n i o s * y q u e la b a t a l l a n a v a l e n
a g u a s d e N a x o s l a g a n ó C a b r i a s 25, p u e s d a la i m p r e ­
s i ó n d e q u e v o s o t r o s m i s m o s le s c e d é is e s . e n i = s
a i u z g a r p o r e l e x c e s o d e h o n o r e s q u e p o r e ll a s h a b é i s
23 c o n c e d i d o a c a d a u n o d e e llo s . L a s - c o m p e n s a s o to r -
g a d a s a lo s c iu d a d a n o s , c o n t a n t a m e s u r a ac>u c *lo s l a ®
a d m in is tra b a n , co m o v o so tro s de fo rm a f o c a d a . Y
l a s c o n c e d i d a s a lo s e x t r a n j e r o s , ¿ c o m o *
M e n ó n d e F á rs a lo , q u e d ie r a d o c e ta le n to s d e p a ta
p a r a l a g u e r r a d e E y ó n , c i u d a d p r ó x i m a a A n f Pol¿s ■
v q u e le s h a b í a a p o v a d o c o n u n r e f u e r z o d e d o s c i e n t o s
h o m b r e s a c a b a l l o , v a s a l lo s s u y o s 22, n o le d e c r e t a r »
p o r v o t a c i ó n l a c i u d a d a n í a , s i n o q u e t a n . s o l ° \ e C° "
24 c e d i e r o n e x e n c i ó n d e t a s a s 25. Y c o n a n t e r i o r i d a d a e s e

24 La «m ora» e ra una división de in fa n te ría del ejército^es-


p a rta n o , com p u esto p o r seis de estas inffig¡da a la
m encionado aconteció en ro n tp m n lad a p o r E sp a rta

— i - » *
5’ 72518T * b a ta lla naval aquí referid a acaeció en el 376 a. C.;

I ?r c o n T a SF X o , SÍm
^ ^
c f. D iodoro S ículo, XV 31 y sigs. . , del 4 ^ 9 a . C.
26 Alude el texto a la expedición de Cl™ °" d e' ™ sfcul,o
Cf. TucfDiDES, I 98; II 22; P lutarco, C im o n 7, D iodoro Mcul

X I t f El tex to dice exactam ente no «vasallos», sino « P r e s t a s .


Según H arp o cració n (s. v. p e n é s ta i) , los «penestas» en T esa
196-2. apa-

recen P áticam ente


del p resen te discurso (21-23), sc ah ^ a ^ 1 el dercch o de

en S o b r e la o r g a m z a a o n P - ^ e x p j'c a r s e .p m ^
afición a la an títesis q u e ^ £ n tre ^ frases: «n 0

rd e °c rX o n p o r votación la ciu d ad an ía (politeian)» V «sino


SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 295

caso, a Perdicas, que reinaba en M acedonia p o r las fe­


chas de la invasión de los b árb aro s, y que destruyó a
los contingentes de ellos que se r e tira b a n *29 tra s su
d erro ta en Platea, y que hizo com pleto el d esastre del
G ran Rey, no le votaron la ciudadanía, sino tan sólo
le donaron exención de tasas, p o r estim ar —im agino—,
que su p ro p ia p atria era grande, gloriosa, venerable y
su p erio r a todo beneficio. Ahora, en cam bio, varones
atenienses, a hom bres funestos, esclavos 30 hijos de es­
clavos, vosotros, recibiendo paga p o r ello com o si de
cualquier o tra m ercancía se trata se , los hacéis ciuda­
danos. Y si os ha dado por o b ra r así, no es porque en 25
v u estras natu ralezas seáis inferiores a vuestros an tep a­
sados, sino p orque p ara ellos era consustancial ten er
elevada opinión de sí m ism os, m ien tras que a vosotros
de ese orgullo se os ha d e s p o ja d o 31. No es posible
nunca, creo, llevando a cabo pequeñeces e insignifi­
cancias, ad q u irir un elevado y juvenil espíritu; com o
tam poco lo es, ejecutando acciones b rillan tes y herm o­
sas, ten er sentim ientos bajos y ra stre ro s 32. Pues cuales

que ta n sólo le concedieron la exención de ta sa s ( a t é l e ia n )»;


detalles com o éste nos hacen so sp ech ar que el d iscu rso en
cuestión no es o b ra de D em óstenes, sino de u n h ábil a d a p ta d o r
que h a sabido com binar frag m en to s de d iscursos dem osténi-
cos p ara fo rm a r de este m odo u n a pieza o ra to ria nueva que
casi parece auténtica.
29 Según H eródoto (IX 89), los tracio s se en carg aro n de ir
dando m u erte a gran can tid ad de soldados p ersas que se ib an
retira n d o de Platea dirigidos p o r A rtábazo. Es p ro b ab le que
dicha operación la hubiese prom ovido u n p rín cip e m acedonio.
30 E n el texto griego, el té rm in o co rresp o n d ien te es u n a
p alab ra con la que se alude, en to n o in su lta n te , al esclavo
nacido en la casa.
31 Cf. O lin t. I I I 30-31.
32 Salvo la an títesis final, el p á rra fo está to m ad o de O lin t.
I I I 32.
296 DISCURSOS POLÍTICOS

sean las p rá cticas a que los hom bres se dedican, nece­


sario es q u e tam bién tengan tales se n tim ie n to s33.
26 C onsiderad lo que a grandes rasgos p o d ría decirse
de las em p resas p o r ellos realizadas y las que lo h an
sido p o r vosotros, a ver si al m enos p o r esta com para­
ción conseguís su p eraro s a vosotros m ism o s34. D urante
cu aren ta y cinco años m andaron ellos sobre los grie­
gos, quienes les obedecieron gustosos; m ás de diez m il
talentos acu m u laron en la Acrópolis; m uchos gloriosos
trofeos erig iero n tra s h ab e r vencido p o r tie rra y p o r
m ar, de los cuales aún ah o ra nosotros nos enorgulle­
c e m o s35. Sin em bargo, tened en cuenta que aquéllos
los erigieron, no p a ra que los adm irem os al contem ­
plarlos, sino p a ra que im item os las v irtu d es de quie-
27 nes los d edicaron 36. Aquéllos, eso fue lo que hicieron;
nosotros, que hem os alcanzado, com o todos veis, u n a
situación de absoluta ausencia de rivalidad, considerad
si hem os llevado a cabo hechos com parables. ¿No se
h an gastado en vano m ás de m il quinientos talentos
em pleados en los indigentes de G re c ia 37? ¿No se h an
agotado n u estro s patrim onios p articu lares, los fon­
dos públicos y los trib u to s de n u estro s aliados? Y
los aliados que habíam os ganado estando en guerra,
¿no se n o s h an esfum ado ahora, en tiem po de paz?
28 «Pero, p o r Zeus —p o d ría o b jetarse— , sólo en eso
las cosas iban m ejo r antes que ahora, en los dem ás as­
pectos m arc h ab an peor.» Mucho dista eso de se r cier-

33 Esta conclusión es también la de Olint. III


32, de donde
parece literalmente transferida.
34 Cf. Olint. III23. Aceptamos las lecturas de los manuscri­
tos S, B, F, Y y O.
35 Cf. Olint. III 24. „ , „
36 Éstas son casi las mismas palabras con que Demóstenes
puso fin al discurso P
orlaliberta9.d«Los
deloindigentes
s rodios. de Grecia»
37Cf. I sócrates, A r e o p a g ític o
—como reza el texto— son los soldados mercenarios.
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 297

to; m as, ea, exam inem os lo que queráis. Edificaciones


y ornam entaciones de la ciudad, de tem plos, puertos,
y sus dependencias, en tal calidad y tan gran núm ero
nos las legaron aquéllos, que a ninguno de sus suce­
sores les h a quedado posibilidad de superarlos; esos
propileos, arsenales, pórticos 38 y el resto de las’ cons­
trucciones con que ellos em bellecieron la ciudad que
nos legaron. P o r el contrario, las casas privadas de los 29
que entonces estuvieron en el p o d er eran tan m odestas
y tan en consonancia con el nom bre de n u e stra cons­
titución, que la casa de Tem ístocles, la de Cimón y la
de A ristides y de los b rillan tes hom bres de entonces,
si alguno de vosotros conoce cuáles son, puede ver que
en n ada son m ás espléndidas que las de sus vecinos.
En cam bio, ahora, varones atenienses, en cuanto a 30
obras publicas, n u e stra ciudad se co n ten ta con poner
en servicio los cam inos, fuentes, aco m eter o b ras de
blanqueo y o tras n a d e ría s 39 (y no censuro a quienes
pro p u siero n esas m edidas, bien lejos de ello está mi
intención, sino a vosotros, si im agináis que esas m edi­
das son suficientes p ara vosotros m ism o s)40; p o r lo que
a obras privadas se refiere, los que han estado al fren te
de algún cargo público, unos se han construido casas
p articu lares m ás im ponentes que las edificaciones p ú ­
blicas 41 y no sólo m ás soberbias que las de la m ayoría
de los ciudadanos; otros han com prado tie rra s y cul­
tivan extensiones que nunca antes habían esperado
poseer m en sueños 42. Y la causa de todo ello es que 31
en aquel entonces el pueblo e ra dueño y señor de todo

38 La misma enumeración, en Contra Aristócrates 207 • Con­


tra Timócrates 184.
39 Cf. Olint. II I 29.
40 Este paréntesis no aparece en el Olint. III en el § 29.
Texto elaborado, con alguna transformación de claro simo
retorico, a partir del de Olint. III 29. e
42 Cf. Sobre la embajada fraudulenta 275.
DISCURSOS POLÍTICOS
298

y que los dem ás, cada uno en p articu lar, se co n ten ta­
b an con o b ten er de él participación en u n h o n o r' ^ °
o beneficio cualquiera; actualm ente, p o r el co n trario
ésos son señores de las ventajas y p o r m ediación de
ellos se lleva a cabo todo, m ientras que el pueblo ocupa
el lugar del lacayo y está en situación accesoria, y vos­
otro s os co n ten táis con la p arte que ellos os ceden ^
Así pues, a consecuencia de eso, los asuntos de la
32
ciudad van de tal guisa, que si alguno leyera vuestras
resoluciones y expusiera seguidam ente vucstras realu
zaciones nadie creería que unas y o tra s proceden de
S s m ism os hom bres. Por ejem plo: los ¿ - r e t o s que
votasteis c o n tra los m alditos m egarenses
tab an confiscando el terren o sagrado 5, «que saliera
una expedición, que se les im pidiera, que no se les peí-
m itiera»; y las m edidas que decretasteis respecto a
los de F liu n te 4Í, cuando hace poco fueron desterrados,
« p restarles ayuda, no dejarles en m anos ¿e los verdu-
Jos, re cab a r la colaboración de voluntarios del Pelopo-
3 3 neso». Todas esas resoluciones estab an m uy ien va­
rones atenienses, y eran ju stas y dignas de la ciudad
pero las acciones de ellas resu ltan tes no asom an p o r
ninguna p arte. Así, os lleváis el odio que re su lta de
vuestros decretos y no llegáis a adueñaros del control
de ninguna acción; pues los decretos los P e o n é i s en
consonancia con la dignidad de la ciudad, p ero no
tenéis la fuerza subsiguiente a las resoluciones que de-

o ri conjunto de terreno, montano,o, , c u b re ,» , de


esDesura que no se dedicaban al cultivo. .
* En Fliunte habían tenido lugar, con anterioridad a la
fecha de este discurso, sangrientos enfrentamientos entre ans-
S : , n , % partidario, d . la democracia <cí. *»»">»*■
nicas V 3, 25; D iodoro S ículo, XV 40).
SOBRE LA ORGANIZACIÓN FINANCIERA 299

cretáis. Yo os aconsejaría (y no os enojéis conm igo bajo


ningún p retex to ) que am inoraseis vuestro orgullo y os
co n ten tarais con realizar vuestros propios asuntos, o
bien os p ro cu réis una fuerza m ayor. En efecto, si yo
fuese consciente 47 de que sois sifnios o citnios o gente
sim ilar, os aco n sejaría am in o rar el orgullo; ahora bien,
dado que sois atenienses, os exhorto a que os procuréis
la m encionada fuerza; pues sería vergonzoso, varones
atenienses, sí, vergonzoso, que abandonaseis el rango
de orgullo que vuestros an tep asad o s os legaron. Ade-
m ás, ni siquiera está en vuestro poder desentenderos
de los asuntos de Grecia aunque queráis; pues m uchas
son las em presas que habéis realizado desde los m ás
rem otos tiem pos, y sería deshonroso ab a n d o n ar a los
am igos con los que contáis, y en los que son enem igos
no es posible confiar ni p erm itirles que se engrandez­
can. En una p alabra, lo que les ocurre a los políticos
con respecto de vosotros —no les es posible cesar
cuando les venga en gana—, eso m ism o os ha venido a
acaecer tam bién a vosotros: pues habéis hecho política
en Grecia.
Elay un punto esencial de todo lo dicho: en ningún
m om ento los o rad o res os hacen o perversos u hom ­
bres de provecho, sino vosotros los hacéis ser de un
extrem o o del otro, según queráis; pues no sois vos­
otros los que asp iráis a lo que ellos desean, sino que
son ellos los que asp iran a lo que estim en que vosotros
deseáis. Así pues, es necesario que seáis vosotros los
prim eros en fo m en tar nobles deseos, y todo irá bien;
pues, en ese caso, o nadie p ro p o n d rá ningún m al con­
sejo, o bien ningún interés le re p o rta rá el proponerlo
p o r no disponer de quienes le hagan caso.

Sifnos y Citnos son dos islitas de poca monta pertenecien­


tes al grupo de las Cicladas.
X IV

SOBRE LAS SINMORÍAS

INTRODUCCIÓN

E ste d iscurso fue pronunciado, según el cóm puto


cronológico de Dionisio de H alicarnaso, en el 354 a. C.
A lrededor de esa fecha, el rey p ersa A rtajerjes I I I Oco
se dedicaba a u ltim ar sus p re p ara tiv o s p a ra recon­
q u istar las provincias que h ab ían hecho defección del
im perio. Cuando las noticias de sem ejante proyecto
llegaron a Atenas, los atenienses no las acogieron sin
cierto recelo. Sin d esc artar la posibilidad de que efec­
tivam ente A rtajerjes quisiera re c u p e ra r Fenicia, Chi­
pre y E gipto, no se desechaba del todo la alarm an te
idea de que tal vez intentase re p e tir la av en tu ra de
sus predecesores Darío y Jerjes. M otivos de enem istad
co n tra los atenienses no le fa ltab an al soberano persa:
en efecto, aquéllos habían intervenido recientem ente
a favor del sá tra p a rebelde F arnábazo y ah o ra se le
presen tab a al G ran Rey o p o rtu n id ad de vengarse. Con­
tab a el m o n arca con num eroso contingente de tropas,
y en Atenas se pensaba, recordando el ataq u e p ersa
anterior, que los tebanos, u n a vez m ás, se p o n d rían del
lado de los an cestrales enem igos de la H élade. Se h a­
blaba tam bién de convocar a los griegos y h acer u n
302
DISCURSOS POLITICOS

fren te com ún co n tra el b árb aro , em ulando las antiguas


proezas de M aratón y Salam ina.
E n tal grado de excitación estaban los ánim os en
Atenas. Así pues, D em óstenes, a la vista de la situación,
decide in terv en ir p ara evitar a su ciudad u n d esastre
e in tro d u cir u n a saludable dosis de realism o en la po­
lítica del m om ento: Atenas ya no es la que era; h a te­
nido que reconocer la independencia de Quios, Cos,
R odas y Bizancio; El erario público está m enguadisim o
a fuerza de aten d e r a tan to gasto de g u e rra con el di­
nero pro p o rcio nado p o r un defectuoso sistem a trib u ­
tario; tam b ién h a cam biado Grecia, donde la «G uerra
Sagrada» h a hecho su rg ir odios no disim ulados entre
u n a ciu d ad y otra. De m odo que —concluye n u estro
o ra d o r— no es m om ento de arriesg arse vanam ente de­
claran d o la g u erra al Rey.
P ero sí aprovecha la ocasión p a ra ex h o rtar a sus
conciudadanos a p re p ara rse p a ra una próxim a guerra,
que tal vez no sea c o n tra los persas de A rtajerjes, sino
co n tra enem igos declarados de Atenas. Aunque el o ra­
d or no m enciona a ningún enem igo en especial, es evi­
d ente que p ensaba en Filipo de M acedonia. P or eso,
no anduvo m uy lejos de la verdad Dionisio de Hali-
carnaso al definir esta pieza o ra to ria com o u n a especie
de d iscurso filípico disim ulado.
E n cu an to al tem a de los preparativos a realizar,
expone u n proyecto, fundam ental en la política de
n u estro o rad o r: organizar las prestaciones destinadas
a la a rm a d a naval (trierarquía), p a ra conseguir que se
hagan con p resteza y eficacia. M ientras que las litur­
gias p a ra la celebración de fiestas funcionaban a sa­
tisfacción, las destinadas a sufragar los preparativos
p ara la g u erra estaban sum idas en la m ás absoluta
desorganización: todo era en ellas falta de orden, de
reglas, de elem ental previsión.
SOBRE LAS SINMORÍAS 303

Así pues, D em óstenes p ropone una serie de re fo r­


m as p a ra m e jo ra r el funcionam iento de las m enciona­
das prestaciones: que el núm ero de contribuyentes
aum ente h asta llegar a se r de m il doscientos; que
todos los servicios estén coordinados; que cada una
de las veinte sinm orías (o grupos de contribuyentes)
se divida en cinco partes, a cada una de las cuales
corresp o n d a hacerse cargo de una fracción de la flota
y de una zona d eterm inada de los diques; que a cada
grupo se le asigne una división de ciudadanos según
sus fo rtu n as, o tra de deudores de ap arejo s y una úl­
tim a ob ten id a de en tre las diez tribus.
Es éste uno de los p rim ero s discursos de Demós­
tenes an te la Asam blea, y, desde luego, el p rim ero que
dispuso p a ra la publicación. Piénsese que en el año
351 a. C., cuando pronuncia el p rim e r filípico, todavía
n u estro o ra d o r no figura e n tre los fam osos políticos
que con frecuencia se dirigían al pueblo desde la tri­
buna. P or tanto, con el discurso Sobre las sinm orías
Dem óstenes está haciendo sus prim eros ensayos de
o ra to ria deliberativa. Así se explica que en este dis­
curso no aparezca el D em óstenes de arro lla d o ra elo­
cuencia, sino un o ra d o r que, p o r tim idez, aún no se
atreve a d ar rienda suelta a ese arreb a ta d o caudal de
palab ras sin freno que caracteriza al estilo dem osté-
nico en su m adurez: en efecto, falta am p litu d al des­
arrollo de determ in ados pensam ientos, y, o tra s veces,
quedan éstos en suspenso, cortados de u n a form a
brusca e inh ab itu al en los discursos de n u estro orador.
En cu an to a si el consejo de D em óstenes fue tenido
o no en cuenta p o r el pueblo ateniense, direm os que
tres años después de la fecha de este discurso, to­
davía reconoce el propio o ra d o r que la trierarquía
sigue estando m uy m al organizada. Más tarde, sin em ­
bargo, logró D em óstenes que se ap ro b ara y se llevase
a la p ráctica u na m uy juiciosa p ro p u esta suya en que
304 DISCURSOS POLÍTICOS

co n tem p lab a la radical refo rm a de esa im p o rtan te ins­


titu ció n aten ien se que era la trierarquía.

a rg u m en to de lib a n io

Habiéndose propagado el rum or de que el rey de los persas


se preparaba para iniciar una campaña contra los gnegos, el
pueblo de los atenienses experimenta una conmoción y se lanza
a convocar a los griegos y a trasladar ya la guerra fuera de sus
fronteras- pero Demóstenes aconseja no anticiparse a d ar el
prim er paso, sino esperar a que el Rey provoque la nueva si­
tuación. Pues en estos momentos - a f i r m a - no convenceremos
a los griegos de que luchen a nuestro lado, ya que creen estar
cambio, en esa ocasión, el propio peligro hará

tam bién de qué m anera


bién que el discurso se
moría» entre los áticos
a prestaciones públicas.

Los que se dedican a elogiar, varones atenienses,


a vuestros antepasados, m e parece que eligen p ro n u n ­
ciar un discurso halagüeño, y no, ciertam ente, o b ra r
según convendría a aquellos a quienes alaban; pues,
al tra ta r de h ab lar de realizaciones cuya a ltu ra nin­
guno p o d ría alcanzar dignam ente con palabras, ellos
p erso n alm en te obtienen reputación de capacidad p ara
la o ra to ria , p ero son causantes de que el m érito de
aquéllos resu lte m anifiestam ente, en estim ación de los
oyentes, in ferio r al que les h a quedado reg istrad o p o r
la fam a l. Yo, em pero, estim o que el tiem po es el m ás

i Cf. Contra Leptines 76.


SOBRE LAS SINMORlAS 305

alto elogio de aquéllos, dado que, pese a que m ucho


h a tran scu rrid o , no h a habido o tro s que hayan podido
exhibir em presas m ayores que las p o r ellos realizadas.
P o r m i p arte , sin em bargo, voy a tra ta r de deciros la 2
m an era en que, a m i parecer, m ejo r p o d ríais p re p a­
raros. E n efecto, ello es así. A unque nosotros, todos
los que vam os a to m ar la palab ra, nos m o strásem os
excelentes oradores, en n ad a p o r eso, bien lo sé, vues­
tro s asu n to s m arc h arían m ejor; si, p o r el contrario,
subiese a la trib u n a uno cualquiera que fuese capaz
de explicar y convencer sobre cuáles deben se r nues­
tro s p rep arativ o s, cuántos y de dónde se h an de p ro ­
c u ra r p a ra que re su lten ú tiles a la ciudad, todo el
m iedo del p resen te q u edará disuelto. Y yo tra ta ré de
h acer eso, si soy capaz, después de haberos expuesto
previam ente en pocas p alab ras cuáles son m is p untos
de vista en to rn o a los asuntos relativos al Rey.
Yo entiendo que el Rey es enem igo com ún de todos 3
los griegos; sin em bargo, yo no os ex h o rtaría p o r eso
a que em prendieseis vosotros solos, sin los dem ás, u n a
guerra co n tra él; pues ni siq u iera los propios griegos
observo que sean com unes am igos en tre sí, sino que
algunos tienen m ás confianza en el Rey que en d eter­
m inados países congéneres. A p a rtir, pues, de tales
circunstancias, estim o que os conviene b u sca r la form a
de que el desencadenam iento de la g u erra sea equili­
brado y ju sto , y que os p rep aréis en todo lo que co­
rresponde, y que eso sea vuestro básico supuesto. Por- 4
que pienso, varones atenienses, que los griegos, si
resultase persp icu o y term in an te que el Rey se dispone
a atacarles, se aliarían y gran agradecim iento ten d rían
p ara quienes delante de ellos y al lado de ellos se
ap restaran a rechazarlo; si p o r el contrario, cuando
eso todavía perm anece incierto, vam os a ser nosotros
los p rim ero s en ro m p er las hostilidades, tem o, varo­
nes atenienses, no nos veam os forzados a luchar, ade-
35. — 20
306 DISCURSOS POLÍTICOS

m ás de co n tra él, co n tra aquellos p o r quienes tom ába-


5 m os providencia. Pues él, deteniendo sus designios, en
caso de que haya decidido a tac ar a los griegos, les
d a rá dinero a algunos de ellos y les b rin d a rá su am is­
tad, m ien tras ellos dispuestos a enderezar sus propias
g u erras y m anteniendo esta m anera de p en sar, m ira rá n
de lado la com ún salvación de todos. Y en esa tu r­
bación y testaru d ez os exhorto a que no precipitéis
6 a n u estra ciudad. Es que, realm ente, veo que p o r lo
que se refiere al Rey la decisión no está sobre el m ism o
plano p a ra vosotros y p a ra los dem ás griegos, sino
que a m uchos de ellos, m e parece, les es suficiente
a d m in istra r lo que p artic u la rm en te les in te re sa algo
y d esp reocuparse de los dem ás griegos; p a ra vosotros,
co n trariam en te, no sería honorable ni siq u iera que,
p erjudicados, os cobraseis de los causantes del p er­
juicio la venganza de d ejar que algunos de ellos ca-
7 yesen en m anos del b árb aro . Pero cuando eso está
así, hay q ue co n siderar la m an era de que n o so tro s no
nos vayam os a e n c o n trar en la g u erra en situación
de in ferioridad, ni el Rey, de quien nosotros pensam os
que m aquina co n tra los griegos, vaya a gan ar el crédito
de p arecerles ser su amigo. Y ¿cómo p o d rá se r eso?
S erá si a todos aparece claro que las fuerzas de la
ciudad están rev istadas y equipadas y re su lta evi­
d en te que so b re la base de ellas la ciudad tom a p artid o
8 p o r los sentim ientos de justicia. Y a los que os infun­
den co raje y m uy p re sta m e n te os exh o rtan a luchar,
aquello les digo: que no es difícil, ni, cuando es m e­
n e ste r d elib erar, ganar fam a de valentía, ni, cuando
está cerca el peligro, d ar la im presión de ser h áb il en
h ab lar; p ero eso sí que es difícil y, adem ás, conve­
niente: en los peligros h acer gala de la h o m b ría y en
la deliberación p o d er exponer sugerencias m ás razo-
9 nables q ue los dem ás. Yo creo, varones atenienses,
que la g u erra co n tra el Rey es difícil p a ra la ciudad,
SOBRE LAS SINMORÍAS 307

m ien tras que la confrontación re su ltan te de la g u erra


p o d ría re su lta r fá c il2. ¿Por qué? P orque considero que
to d as las g u erras n ecesariam ente requieren trirrem es,
d in ero y posiciones, y en cuentro que todo eso lo posee
aq u él en m ayor abundancia que nosotros; en cam bio,
veo que las confrontaciones de nada tienen ta n ta nece­
sid ad com o de bravos com batientes y opino que de
ésos tenem os m ayor núm ero n o so tro s y los que a nues­
tro lado afro n tan el peligro. Así pues, p o r eso reco- 10
m iendo que no seam os por ningún m otivo los prim e­
ro s en em p ren d er la guerra; pero p a ra el conflicto
afirm o que es necesario que estem os co rrectam ente
p rep arad o s. P orque si hubiese u n tipo de fuerza a r­
m ad a con la que fuese posible defenderse c o n tra los
b árb aro s y o tra co n tra la que cupiese defenderse con­
tra los griegos, tal vez razonablem ente re su lta ría p ers­
picuo que tratem o s de alinearnos p a ra h acer fren te
al Rey; pero, puesto que de to d a prep aració n el m odo 11
es el m ism o y es necesario que sean los m ism os los
objetivos capitales de la fuerza arm ada, a saber: ten er
capacidad p a ra rech azar a los enemigos, ay u d ar a los
que son aliados y salvaguardar los bienes propios, ¿por
qué razón, si contam os con declarados en e m ig o s3*, an­
dam os buscando otros? Más bien preparém onos p a ra
hacerles fren te, y nos defenderem os tam bién de aquél,
si in ten ta agredirnos. Y ah o ra convocáis a los grie- 12
gos p a ra que se os unan; pero si no hacéis lo que ésos
os solicitan, teniendo en cu e n ta que algunos de ellos
no m an tien en con vosotros relaciones cordiales, ¿cómo
cabe e sp e rar que se os haga caso? «Sí, p o r Zeus, porque
o irán de vosotros que el Rey les tiende insidias.» ¿E

2 En cuanto a la oposición de los términos pólemos y agón,


cf., igualmente, Contra Filipo, III 52.
3 Aunque Demóstenes no nombra a Filipo, los oyentes, con
seguridad, no podían dejar de pensar en el rey de Macedonia
al escuchar estas palabras.
discursos políticos
308

im agináis, p o r Zeus, que ellos no lo prevén p o r sí


m ism os? P ues yo creo que sí. Pero el m iedo todavía
no es m ás fu e rte que las diferencias q u e les en frenten
a vosotros y e n tre ellos a u n determ inado grupo. Por
tan to n u estro s em bajadores, yendo de u n lado a otro,
13 no h a rá n m ás que de rapsodos*. Pero en el caso de
q ue se realice lo que ahora nosotros suponem os, en­
tonces sin d u d a ninguno de en tre todos los griegos
será tan pagado de sí m ism o, que viendo que vosotros
contáis con m il caballeros, infantes cuantos se quiera,
y trescien tas naves, no acuda y suplique, al d arse cuen­
ta de que con esos contingentes p o d ría salvarse con
m áxim a seguridad. P or consiguiente convocarlos y a en
este m om ento significa que suplicáis y, si no obtenéis
re sp u esta airosa, que fracasasteis; en cam bio, hacer
v uestros pro p io s prep arativ o s y e sp e ra r equivale a sal­
varlos p o rq u e lo piden y saber a ciencia cierta que
todos v en d rán . .
,4 Así pues, varones atenienses, yo, reflexionando so­
b re eso y p u n tos a ése sim ilares, no estab a dispuesto
a co m p o n er u n discurso áspero ni vanam ente p ro ­
lijo- sin em bargo, en cuanto a los prep arativ o s, cual
será la m e jo r y m ás rá p id a m anera en que se realicen,
al co nsiderarlo, topé con m uchísim os problem as. Creo,
núes q ue es necesario que vosotros, escuchéis el p ro ­
vecto, y, si os place, lo votéis. El p rim e r punto, consi­
guientem ente, y el m ás im portante, p o r lo que se re­
fiere a los p reparativos, es, varones atenienses, qu
vosotros os halléis dispuestos, p o r lo que atañ e a vues­
tra s resoluciones, a llevar a cabo cada uno, con b u en a
,5 volu n tad y entusiasm o, lo que sea m enester. Pues
veis, v arones atenienses, que cuanto alguna vez quisis­
te is 'to d o s y a continuación cada uno personalm ente
consideró que llevarlo a cabo era su deber, jam ás n ad a 4

4 Una expresión similar en Contra Aristogitón I 2.


SOBRE LAS SINMORÍAS 309

de eso se os escapó de las m anos; en cam bio, cuanto


realm ente quisisteis, pero después de eso lo desechas­
teis, en la idea de no hacerlo cada uno en p artic u la r,
sino de que lo hiciese el prójim o, nada de eso nunca os
dio resu ltad o 5. Y estando vosotros tan entusiásticam en- 16
te dispuestos, sostengo que hace falta com pletar el re ­
gistro de m il doscientos contribuyentes y convertirlos en
dos mil, añadiéndoles ochocientos; pues, si fijáis esa can­
tidad, en m i opinión, elim inados herederas, huérfanos,
colonos, co p ropietarios y algún otro caso no som etible
a tasa, serán ésos en total m il doscientos contribuyen­
t e s 6. Pues bien; de ésos opino que hay que fo rm a r 17
veinte sinm orías, com o hay ahora, que agrupe cada
una de ellas a sesenta contribuyentes. Y propongo di­
vidir a cada u na de esas sim norías en cinco porciones
de doce ho m b res cada una, com pletándolas, a m odo
de com pensación, colocando siem pre a los m ás pobres
al lado del ciudadano m ás rico. Y en cuanto a estos
contribuyentes, afirm o que deben e sta r coordinados
así; y, p o r qué razón, la sabréis u n a vez que hayáis
oído la fo rm a entera de la coordinación. Y los trirre - 18
mes, ¿cóm o? Dispongo que fijem os el núm ero to tal en

5 Esta idea reaparece en Contra Filipo, I 7.


6 Los mil doscientos ciudadanos más ricos estaban obliga­
dos a la trierarquía. Ahora bien, a esta cifra nunca se llegaba,
porque de inmediato se ponían en juego exenciones legales de
todo tipo: si un ciudadano, por ejemplo, inscrito en las listas
de contribuyentes, moría dejando como heredera (epíkléros) a
una hija sin casar, ésta era eximida de pagar impuesto; y lo
mismo cabe decir respecto de los niños huérfanos, los inca­
paces de pagar y los kléroükhoi (estos últimos eran atenienses
a quienes la ciudad enviaba a las colonias). Por eso, Demóste-
nes propone añadir, a los mil doscientos contribuyentes que
marcaba la ley, ochocientos más, calculando que tal sería el
número de fortunas que resultarían exentas de la mencionada
contribución. Con ello, resultarían, una vez eliminados los casos
de exención, mil doscientos contribuyentes reales y no sólo sobre
el papel.
discursos políticos
310

trescien to s y que hagam os veinte grupos de quince na­


vios cada uno, asignando a cada grupo cinco de los cien
prim eros, cinco de los cien segundos y cinco de los cien
tercero s; y que luego, p o r sorteo, se d esu n e un grupo
de q u iñ i, navios a cada sinm oría de con m b u y en tes
y ,a sinm orí» en cuestión dé a cada u n a de sus sub-
, , divisiones d e cinco navios tres trirre m es . Y cuando
esas disposiciones se encuentren realizadas en tal sen
tido propongo que - c o m o el censo de n u e stra región
es d e ^ e is m il talen to s— , con el fin de que tengáis orga­
nizados los fondos, se divida esa sum a y se hagan de
ella cien p a rte s de sesenta talentos cada una;_ y que
luego se asignen p o r sorteo a cada u n a de las grandes
sinm orías, que son veinte, cinco de esas p a r t e s ^
sen ta talen to s, y que la sm m o n a , a su vez' ap °
cada u n a de sus subdivisiones una p a rte de sesenta
20 ta le n to s 8, de m odo que, si necesitáis cien trirrem es,
com pleten el gasto sesenta talentos, y haya doc trie-
r a rc o s- y si necesitáis doscientos, haya tre in ta talentos
que c u b ra n las expensas, y seis p erso n as que actúen

7 De “ total de trescientas naves -q u e es el número que


alcanzaba la flota al w j e j - s« *^ J ^ t e S o por

n arT a cada una de sus cinco subdivisiones una quinta parte


d e 8laL qS a q u T a i ° g " t ; correspondiente a la parte del equh
po naval que cstaba a c^ ° ^ l te d ia n te ' ei impuesto sobre
r lógicamente, a las cuantías
£ 2 T £ ^ A tic e n .
Phal S e f ^ d tirSel t r c v ^ T í n r r L , primeramente, y

de sinmoría le corresponderán sesenta talentos.


SOBRE LAS SINMORÍAS 311

de trierarco s; y, si necesitáis trescientos, haya veinte


talentos que sufraguen los gastos y cu atro personas
que hagan de trie ra rc o s 9. Y de la m ism a m anera, varo- 21
nes atenienses, tam bién las sum as que ahora se deben
en cargo a los aderezos de los trirre m es 10, haciendo
evaluación de los totales según el inventario, propongo
que se d istrib u y an en veinte p arte s y que luego se
asigne m ediante sorteo una p a rte de deudores 1112a cada
una de las grandes sinm orías y que cada u n a de las
sinm orías re p a rta igual participación a cada uno de
sus grupos y que los doce m iem bros de cada grupo,
obteniendo ese dinero, proporcionen, p erfectam ente
equipados, los trirre m es que a cada grupo le hayan to­
cado en s u e r te ,2. Pienso que así se podrían proveer 22
y organizar de la m ejo r m anera los expendios, los cas­
cos de los navios, los trierarco s y la adquisición de los
aparejos; de la m an era de p ro c u ra r la dotación, que
ha de ser tran sp a re n te y fácil, hablo a continuación.
Propongo la necesidad de que los generales dividan los
astilleros en diez zonas, teniendo en consideración que

9 Es decir, al aumentar el número de naves solicitadas por


el estado, como el capital imponible y el número de ciudadanos
asociados en la trierarquía no varían, disminuirán la cantidad
del gasto y el número de trierarcos.
10 Se ve que los anteriores trierarcos no habían devuelto
los aparejos que el estado había puesto a su disposición y que
—como se deduce del texto— quedaban consignados en inven­
tario.
11 Una parte de los anteriores trierarcos, que habían con­
traído deuda de estado. Esto había tenido lugar tres años antes
de la fecha en que este discurso Sobre las sinmorías fue pro­
nunciado. Cf. Contra Evergo y Mnesibulo 20.
12 En efecto, podían ser tres trirremes, o dos, o uno, según
las necesidades. Se ha dicho anteriormente en el discurso que
se podían solicitar trescientos trirremes, o doscientos, o sola­
mente cien. En cada uno de estos casos, respectivamente, cada
fracción de sinmoría tendría que contribuir con tres, dos o
un solo trirreme.
DISCURSOS POLÍTICOS
312

en cada u n a de ellas haya tre in ta diques de am arre


en tre sí lo m ás próxim os posible; y u n a vez hayan
d ispuesto eso, ad ju d iq u en a cada u n a de las zonas dos
2 norias y tre in ta trirre m es y procedan luego a sor-
, , teaiT las trib u s. Y que cada taxiarco divida en tres
p a rte s la zona que en el sorteo haya obtenido su tri­
b u -3 v o tro tan to haga con las naves, y luego sortee
los tercios, con el fin de que u n a sola p a rte con­
ju n to de los astilleros corresponda a cada trib u y el
tercio de la trib u tenga la terc era p a rte de dicha sec­
ción y sepáis, si fu e ra m enester, en p rim e r lugar,
dónde^se en c u en tra estacionada la t n t a y h j j d » »
de la trib u ; a continuación, quienes son los triera rco s
v cuále sOT los trirre m e s (y que cada trib u puede
L T .r e i n t a trirre m e s y cada tercio de
si este pro ced im iento se pone en m archa en la f
establecida, aunque algo hayam os ah o ra e]a
vido (que ta l vez no es fácil preverlo todo), la m ism a
realización del plan lo h a rá n o ta r y h a b ra ^ a C° ° *
nación ú n ica de toda la flota v de su subdivisión
E n cu an to al dinero y alguna fuente clara ya de su
24
provisión, sé que voy a exponer u n a p ro p u e sta s
p ré n d e n te 15 p ero se h a b rá de exponer, pese a todo
£ £ “ “fío en que, si se considera rec,Ornente, resub
ta rá evidente que sólo vo he dicho la verdad y lo que
va a o cu rrir. Yo sostengo que no es necesario h a b la r

i -

un . X » mandaba sobre su «M», q » correspondió

" •“ c n S X S r í e i» e d r d e ” p X c P o ic a m e n t e
SOBRE LAS SINMORÍAS 313

píos ya ahora, creem os que ni siquiera en el fu tu ro


estará a n u e stra disposición: ¡tan lejos vam os a e sta r
de p ro c u rarla ahora! Pero, si la dejam os estar, la ha
brá. ¿Cuál es, pues, esa fuente de recu rso s que ahora
no existe, p ero que estará disponible en su m om ento?
Que eso, p o r lo m enos, se p arece a u n a adivinanza. Yo
lo explicaré. C o n tem p la d 16*, varones atenienses, esta 25
ciudad en su conjunto. Hay en ella riquezas casi, me
atrevería a decir, com o p ara co m p ararse con las de
todas las dem ás ciudades. Pero los que las poseen tie­
nen tal m en talid ad que, si todos los o radores tra ta ra n
de atem orizarlos diciendo que está al llegar el Rey,
que ya h a llegado, que no es posible que eso sea de
o tra m anera, y adem ás de los o radores u n núm ero
igual de agoreros les recitasen oráculos, no sólo no
ap o rtarían contribuciones m onetarias, sino que ni si­
quiera d eclararían o reconocerían que tienen posesio­
nes. Sin em bargo, si se diesen cu e n ta de que los térro- 20
res que ah o ra les llegan m ed ian te la p alab ra están
tom ando cuerpo realm ente, nadie es tan to n to com o
p ara no h acer aportaciones y no ser el p rim ero en
pagar su contribución. ¿Pues quién p re fe rirá sucum ­
b ir él m ism o con sus propias p ertenencias a p agar u n a
p arte de sus bienes p o r su p ro p ia supervivencia y sus
restan tes posesiones? Dinero, pues, afirm o que lo h ab rá
entonces, cuando de verdad sea necesario, y no antes.
Por ello, os exhorto a que ni lo busquéis; pues cuanto
pudierais p ro c u ra r ah ora, si decidierais h ac er diligen­
cias p a ra conseguirlo, es m ás cosa de risa que si no
obtuvierais nada. Ea, pues: ¿p ro p o n d rá ah o ra alguien 27
una tasa del uno p o r ciento? E so serían sesenta talen ­
tos. ¿ 0 p ro p o n d rá alguien el dos p o r ciento, o sea, el

16 La Asamblea se celebraba en la Pnix, situada en un pro­


montorio desde el que se ofrecía la vista panorámica de la
ciudad.
discursos políticos
314

doble? E so d aría ciento veinte talentos. ¿Y qué es eso


en com paración con los m il doscientos cam ellos que
según ésos afirm an, tra n sp o rta n las riquezas del Rey.
E s m ás, ¿q u eréis que suponga q u e ra m o s a c o n .n b m r
con u n a doceava p a rte de nu estro s bienes o sea, qui­
nientos talen to s? Pues ni soportaríais esa tasa, m aun­
que la pagaseis, sería suficiente ese dinero p a ra la
28 guerra. E s pues, m enester que vosotros realicéis el
re sto de los prep arativos, p ero dejeis que e dinero lo
sigan ten ien d o sus poseedores, pues en ningún otro
lu g ar e sta ría m ás seguro en beneficio del estado, m as
si ^alguna vez llegase ese m om ento, entonces h a b ra que
— de sus m anos, al ap o rtarlo ellos d e b u e n ^ .
E stas p ro p u estas, varones atenienses, son factibles,
herm osas de realización, ventajosas, y apropiadas para
que le sean referid as al Rey a propósito de vosotros; y
29 a raíz de ellas no escaso m iedo le sobrevendría. Sabe
al m enos, que p o r o b ra de doscientos t r ™ eS . ^
los cuales no so tros proporcionam os cien, sus antepa-
in d o s p erd iero n mil nav es» , y o irá ^
m ism os a h o ra hem os ap restad o trescien to s trirre m es,
de m odo que, ni aunque estuviese to talm en te loco
p o d ría co n sid erarse en serio ser cosa ’ntrascen en
in c u rrir en la hostilid ad de n u estra ciudad P ero aun
m ás; si se le o cu rre ufan arse p o r sus riquezas, se

17 según Heródoto (H eródoto, VIII 44, 48), el to ta l de naves


, io firv+o errieea era de trescientas setenta y

~ SU S
A - J tc s r r s r s
’tVT m 'd a t a d a s »ie.« nave., par. « r
j. • „ iAC sesun el cómputo nerocloteo
%ZZrVvh 89, 184). Cf., igualmente, E squilo , Persas 229.
SOBRE LAS SINMORÍAS 315

en contrará con que tam bién ese recurso es m ás débil


que el vuestro. R ealm ente él, p o r lo que dicen, trans- 30
p o rta oro en cantidad. Pero, si lo distribuye, no ten d rá
otro rem edio que in te n ta r conseguir m ás; pues h asta
las fuentes y los pozos, es ley de n atu raleza que que­
den desabastecidos a fuerza de desaguarlos con fre­
cuencia y en cantidad. En cam bio, él oirá decir que a
nosotros la valoración de n u estro país nos proporciona
seis mil talen to s com o recursos, en favor de los cuales,
sus an tepasados que reposan en M aratón p o d rían saber
m ejo r que nadie que rechazarem os a quienes, de su
país, nos ataquen; y m ientras m antengam os nuestro
dominio, no es posible, sin duda, que nos falte dinero.
Y realm ente, tam poco m e parece cierto lo que al- 31
gunos tem en: que, al ten er dinero, concentre u n gran
ejército de m ercenarios. Pues yo estim o que p a ra ir
contra Egipto, O rontas 19 y algunos otros de e n tre los
bárbaros, m uchos griegos estaría n dispuestos a servir
a su lado a cam bio de soldada, no con el fin de que
aquél som eta a ninguno de esos enem igos, sino p ara
conseguir cada uno en p a rtic u la r cierta abundancia de
bienes y ap a rta rse de su propia in d ig en cia20; p ero con­
tra Grecia creo que ningún griego m archaría, pues,
luego, ¿a dónde se re tira ría ? ¿ Iría a Frigia p a ra ser
esclavo? Pues la g u erra contra el b á rb a ro no tiene o tro 32
objeto m ás que la región, la vida, las costum bres, la
libertad y todo lo de este género de cosas. ¿Q uién es,
pues, tan desgraciado com o p a ra e sta r dispuesto, p o r
la v en taja de u n insignificante provecho, a ab an d o n ar­
se a sí m ism o, a sus antepasados, sus sepulcros y su

19 En el 362 a. C., Orontas, sátrapa de Misia, se había re­


belado contra el Gran Rey. Al mismo tiempo se sublevó Egipto,
levantamiento que el Rey, Artajerjes III Oco, aún no había
reducido (cf. D iodoro S ículo, XV 90 y sigs.; XVI 40).
20 Sobre la indigencia com o co m p añ e ra co n sta n te d e los
griegos, cf. H eródoto, VII 102.
316 DISCURSOS POLÍTICOS

p atria ? Yo creo que nadie. Ni, adem ás de eso, tam poco


le conviene al Rey que m ercenarios im pongan dom inio
sobre los griegos; pues, los que a nosotros nos dom i­
nen, tiem po hace que son m ás poderosos que él; lo
que él q u iere no es elim inarnos a nosotros p a ra estar
luego en m anos de otros, sino, a p o d er ser, m andar
sobre los h o m b res todos, y si no, al m enos sobre los
que son y a sus esclavos.
33 Ahora bien, si alguien piensa que los tebanos van
a e sta r a su lado, es cosa difícil hablaros de ellos a vos­
o tro s; pues, p o r el hecho de que los odiáis, n ad a bueno
oiríais con gusto acerca de ellos, ni au n q u e fuese ver­
dadero; sin em bargo, es m enester que quienes consi­
d eran graves cuestiones no dejen de lado p o r ningún
p retexto n inguna consideración provechosa. Así pues,
yo creo q u e los tebanos están tan lejos de ir a alinearse
34 ju n to al Rey p a ra a ta c a r a los griegos, que pagarían
grandes sum as de dinero, si pudiesen ap o rta rlas para
co m p ra r el que les sobreviniese u n a ocasión a través
de la cual cancelaran sus an terio res fa lta s 21 com etidas
co n tra los griegos. P ero si alguien p iensa que absoluta­
m ente son así de desventurados p o r n atu raleza los
tebanos, lo que voy a decir, al m enos, todos lo sabéis
sin duda: que si los tebanos están de p a rte del Rey,
necesariam en te los enem igos de ellos e sta ría n de p arte
de los g rie g o s22. .
33 E stim o yo, p o r tan to , que esta posición de ju sticia
y los que estén de su p a rte han de prevalecer sobre
n Los tebanos, en las Guerras Médicas, se habían puesto al
lado de Jerjes. En este pasaje, Demóstenes acierta plenamente
al sugerir que la política tebana ya no puede ser filopersa. En
efecto, poco tiempo después lo pondrán de manifiesto apoyando
al sátrapa rebelde Artábazo en contra del Gran Rey (cf. Dio-
D0 R0 SfcUT.0, XVI 34). , .. . ,
22 Alusión a la «Guerra Sagrada», que ha estallado en el
355 a. C„ o sea, un año antes de que se pronunciase este dis-
curso.
SOBRE LAS SINMORÍAS 317

los traid o res y el b árb aro a todos los respectos. De


modo que sugiero que no hay que ten er m iedo p o r en­
cima de lo razonable ni dejarse llevar a provocar la
guerra los prim ero s. E n efecto, ni e n tre los dem ás grie­
gos veo a nadie que con razó n p u d iera tem er esta
guerra. ¿Pues quién de ellos no sabe que m ien tras es- 36
taban de acuerdo los unos con los o tro s en la conside­
ración de que el Rey era su com ún enem igo, era n due­
ños de m uchas ventajas, m ien tras que cuando p en saro n
que era su am igo y se d istanciaron p o r sus recíprocas
divergencias, h an su frido tan g ra n can tid ad de m ales
cuantos n adie h a b ría excogitado c o n tra ellos ni siquie­
ra al lanzarles una m aldición? Y luego, a quien la fo r­
tuna y la divinidad revelan, com o am igo, infructuoso,
pero, com o enem igo, conveniente, ¿a ése vam os a te­
m er? De ningún m odo. Pero tam poco vayam os a agra­
viarle no so tro s p o r m o r de n o so tro s m ism os y de la
inquietud y desconñanza que rein an en tre los dem ás
griegos; p u esto que si fu e ra posible atac arle a él 37
solo, contando no so tros con el respaldo de todos y
procediendo de consuno, ni siq u iera co n sid eraría yo
como agravio el hecho de agraviarle. Pero, toda vez
que las cosas no están así, sostengo que debem os g u ar­
darnos de p ro p o rcio n ar al Rey u n pretexto p a ra tra ta r
de hacer ju stic ia en defensa de los dem ás griegos;
pues, m ien tras vosotros os m antengáis en paz, u n a
iniciativa de ese tipo le h a ría re su lta r sospechoso,
m ientras que si vosotros habéis ro to las hostilidades
los p rim ero s, con razón p arecería que debido a ene­
m istad hacia vosotros quiere se r am igo de los dem ás.
Así pues, no pongáis de m anifiesto lo m al que m ar- 38
chan los asu n to s de los griegos, convocándolos cuando
no os h arán caso y afro n tan d o u n a g u erra cuando no
vais a p o d er com batir; p o r el co n trario , m anteneos en
calma confiados y aten to s a vuestros p reparativos; y
sea vuestro deseo que acerca de vosotros se refiera al
discursos políticos
318

Rey, no, p o r Zeus, que todos los griegos y lós atem e*.
¡e s e stán perplejos, a te rra d o s y tu rb ad o s, m mucho
39 m enos, sino que, si no fu e ran igualm ente vergonzosos
p a ra los griegos el engaño y el p e rju rio com o para
^ son herm o sos, hace tiem po que vosotros hubiera*
m arch ad o c o n tra él; que ta l com o e stán las co«u¡,
p o r lo q u e a vosotros m ism os respecta, no estáis dis-
puestos^a hacerlo, pero rogáis a todos los dioses que
h Rey co n traig a la m ism a locura que co n tra jero n sus
an cestros. Y si se le o cu rre reflexionar sobre eso, se
d a rá cu e n ta de que vosotros no tom áis decisiones a
40 la ligera Sabe, al m enos, que, a p a r tir de las guerras
co n tra su s antepasados, la ciudad se ha hecho pró»
p era y p o d ero sa, m ien tras que con la política de paz
que tut tañ o m an ten ía no h a conseBuid o descollar sobre
n inguna de las dem ás ciudades griegas tan to come
sobresale ah ora. Y, adem ás, ve que los griegos necesi-
ta n de u n reconciliador, voluntario o involuntario,^ y
le co n sta q ue ese tal sería él m ism o a los ojos d e los
griegos, si m oviera la g u e r ra 23. De m odo que le será
5adS escuchar, de quienes le refieran los acontece
m ientas, cosas conocidas y fiables. .
41 Y con el fin de no im p o rtu n aro s, varones atenien­
ses con u n a excesivam ente larga p arrafa d a, u n a vez
os h aya aclarado m is sugerencias en resum en, m e r *
U raré R ecom iendo que os p rep aréis c o n tra vuestros
actuales enem igos, pero a la vez afirm o que con esas

23 En”efecto si el rey p e rsa ataca G recia, se convertiría, de


t »n reconciliador involuntario de los griegos todos,
"e“ =l5m. « « d a n • « ■ * * * “W Í“ " eJ“
Has y íorim r una em0i Dentó,teñe, haya «con
Es posible que, en estem o m e ¿ de Tucídides,
dad° “ S S 1 def ensa de 1.
en <iue Hermocrates sgs han invadido> afirma que estos
S m o s s Í n ’ Necesariamente mejores reconciliadores que la-
propias palabras que el pronuncie.
SOBRE LAS SINMORÍAS 319

mismas fuerzas debéis defenderos del Rey y de cual­


quier otro, si intentan agrediros; si bien no debéis dar
vosotros el primer paso ni en palabra ni en obra in­
justa, y sí tener en cuenta, por el contrario, que nues­
tras obras, y no los discursos que se pronuncian desde
esta tribuna, sean dignas de nuestros antepasados. Y
si hacéis así, obraréis no sólo en vuestro propio pro­
vecho, sino también en el de quienes tratan de persua­
diros en sentido contrario; pues no os habréis de irri­
tar con ellos luego por errores que hayáis cometido
ahora.
XV

POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS

INTRODUCCIÓN

Dionisio de Halicarnaso fecha este discurso hacia


el 350 a. C., poco después, por tanto, del C on tra Fili-
po, I y del titulado E n defensa de los m eg a lopolitas.
Unos siete años antes (357 a. C.), Rodas había roto
su alianza con Atenas, y en unión con Cos, Quíos y Bi-
zancio se había enfrentado a su antigua aliada en una
guerra denominada «Guerra Social».
Esta guerra desencadenó una violenta reacción oli­
gárquica en el seno de las ciudades aliadas que se
habían levantado contra Atenas, de la que sólo se li­
bró Bizancio.
En Rodas el sátrapa de Caria, Mausolo, que había
prestado ayuda a las democracias insurrectas, estable­
ció después de la paz del 355 a. C., una oligarquía apo­
yada por una guarnición caria. Pero, algún tiempo
después de la muerte de Mausolo, en 353 a. C., los de­
mócratas rodios exiliados piden ayuda a Atenas. Ahora
bien, los atenienses no han olvidado todavía viejas
heridas, y, llenos de resentimiento hacia sus desleales
aliados de antaño, son partidarios de no prestar aten­
ción a ninguna súplica o petición de auxilio que pro-
35.-21
d iscu rso s po lítico s
322
~ c «.¡m«t í«'< con
ceda de quienes anos “ n su
su rebeldía,^ se ^hubnm
esforzado en am engua la política ate-
éSa r e n ^ e l vengativo gozo que les
rúense. Para m j ^ R(jdas> acudían diplomatica-
p ro d u cia el m a Atenas no podía intervenir
tra ta d o con ei que se habla
en R odas si Social» y en el que se reconocía
puesto im a la a G u u .a S o u a J a n te , alia-
la independencia de las ciuüau ^ ^ ^ a
das. No se p o día in c u rrir en J g df m oles_
señor H alicanraso
ta r a Ar em i , m uerte de su m arido, M ausolo,
queden éT fondo contaba con la p rotección del Gran

^ P e r o en realidad, la negativa de Atenas a m terve-


• b asa b a en la conducta previa de R odas, que le
b a b J su p u esto u n sinnñm ero de calam idades y de su-

^ ^ o n t S ' e s t a línea de actuación política, se alza ge-


C ontra esta stenes> solicitando ayuda p a ra
"oT rodio" y exhortando a sus conciudadanos a olvidar
v°=jls in ju riu s en nom bre del glorioso pasado de Ate-
ñas y del in terés del presente.

a rg u m en to de l ib a n io

do inc aliados» la emprendieron contra


La llamada «guerra rodios v ios bizantinos, que antes
los atenienses los ^ mom ento habían concertado
habían sido sus subditos \ . y como ios rodios
— - .“ I que estaban »
eran vecinos de Cana, de ese país, Mausolo; pero
relaciones am istosas con P organ¡zó un plan de

t ,r c no „ ° J T pueblo P eliminó d e m o r a d . de R o d - >


POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 323

esclavizó la ciudad som etiéndola al a rb itrio de u nos pocos, los


m ás poderosos. Así pues, aco n seja D em óstenes no d esen ten d erse
de esos acontecim ientos, sino p re s ta r ayuda al p ueblo de los
rodios, arg u m en tan d o que es del in terés de A tenas el hecho de
que las ciudades tengan co n stitu ció n dem ocrática. Si a n o so tro s
—afirm a— los rodios nos han tra ta d o in ju sta m e n te , pese a ello
es decoroso p a ra n o so tro s y h a b itu a l el hecho de lib e rta r in ­
cluso a quienes de e n tre los gr.egos nos h a n d ep arad o pesares
asi com o no g u ard ar rencor a los que com eten y erro s c o n tra
la ciudad.

Opino, varones atenienses, que es m enester que i


vosotros, al deliberar sobre tan serios asuntos, deis
libertad de palabra a todos y cada uno de vuestros
consejeros *. Yo, por mi parte, nunca consideré difícil
informaros de cual era la m ejor política (pues, por
decirlo con sencillez, me parece que todos estáis per­
fectamente enterados de eso), sino el induciros a que
la llevéis a la práctica; pues una vez que se resuelve
y se decreta una medida, en ese momento dista tanto
de ser ejecutada como antes de ser aprobada. Sin duda 2
es uno de los favores por los que estim o yo que vos­
otros debéis gratitud a los dioses el hecho de que los
que por su propia insolencia no hace mucho os ata­
caron, pongan hoy en vosotros solos sus esperanzas de
salvación. Y es justo que os gocéis en la ocasión que
se presenta; pues vais a tener la oportunidad, si deli­
beráis sobre ella como es debido, de liberaros por vía
de los hechos y con hermoso honor de las calumnias
de quienes desacreditan a vuestra ciudad. En efecto, 3
los quiotas, bizantinos y rodios nos acusaron de ten-

1 Con estas p alab ras, anuncia c laram en te D em óstenes su


propósito de m an ife sta r u n a opinión c o n tra ria a la de los o ra ­
dores que le h ab ían precedido en el uso de la p a la b ra y a la
del pueblo ateniense en general.
discursos políticos
324

derles asechanzas, y por tal motivo concitaron contra


nosotros esta últim a guerra; ahora bien, aparecerá cto o
oue M ausolo fue el promotor e instigador de esas
que iviaus darse el título de amigo de
hostilidades, y q ^ . privado de su libertad; y que los
quiotas y'bizantin os, que se declararon sus aliados,
, h L avudado en sus desventuras; y vosotros,
4 l l A rabio a qufemis ellos temian, sois, de entre todos,
£ £ £ . los que deben ellos su salvación. Y como
los únicos u vislo por todos, consegui-
C
r° nsS“ n atodasq ias ciudades el partido popular haga
de la a m S a d con vosotros la garantía de su salvación;
n L ¿ n “ eneficio mayor que éste podría resultaros, ob-
tener de parte de todos, bien dispuestos para con
vosotros un benévolo afecto exento de desconfianza.
a Me extraña ver que los m ismos que aconsejaban
a la ciudad apoyar los intereses de Iqs egipcios en opo-
sictón al rey de Persia, en defensa de los del pueblo
de Rodas üenen miedo al hombre ese. No obstante,
mdos saben que los unos son griegos, mientras que
6 los otros son una división del imperio de aquel. Y
creo que algunos de vosotros recordáis ^ e cuando
deliberabais sobre asuntos concernientes al Gran Rey
o fui el primero que me adelanté a aconsejaros, y
creo que fui el único (o tal vez defensor de la I m ­
puesta de otro), que os dijo que m e Parece™ J a
tra conducta prudente si en vez de hacer de vuestra
hosüÍidad h a d a el Rey el pretexto de vuestro aima-
mento os preparaseis contra vuestros auténticos ene­
m igos’ y os defendierais también de el si mtentaba
haceros daño contra derecho Y no es que yo dijera
eso y a vosotros no os pareciese consejo recto smo
7 que tam bién a vosotros os agradó esa propuesta. As
pues, m i discurso de este momento es continuador del2

2 A lusión al discu rso S o b re las sin m o ría s, cf. 11, 41.


POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 325

de entonces. Porque yo, si el Rey me hiciera su conse­


jero y me convocase a su presencia, le brindaría los
mismos consejos que os estoy brindando: luchar en
defensa de lo suyo si algún griego le hiciera frente, y
de lo que en nada le toca, ni siquiera intentar reivin­
dicaciones. De modo que, por un lado, si habéis deci­
dido plenamente, varones atenienses, ceder al Rey todas
aquellas ciudades de las que se haya adueñado a base
de adelantarse y engañar a algunos de sus habitantes,
no habéis decidido acertadamente, según yo estimo.
Por otro lado, empero, si opináis que en defensa del
derecho es m enester hasta emprender una guerra, si
fuera necesario, y sufrir lo que sea, en primer lugar,
cuanto más firmemente hayáis decidido esos extremos,
menos necesidad tendréis de ellos, y, en segundo lugar,
haréis gala del espíritu que os conviene.
En cuanto a que nada nuevo es ni lo que yo pro­
pongo ahora aconsejándoos liberar a los rodios, ni lo
que vosotros haréis si me hacéis caso, os recordaré
alguno de los hechos ya acontecidos y de provechoso
resultado. Vosotros, varones atenienses, enviasteis al
cargo de una expedición a Timoteo en cierta ocasión,
para que prestase ayuda a Ariobárzanes, haciendo cons­
tar en el decreto esta cláusula suplementaria: «a con­
dición de que no viole el tratado concertado con el
Rey»3. Y viendo él que Ariobárzanes estaba a todas
luces en situación de rebeldía respecto del Rey, que
Samos estaba bajo la vigilancia de una guarnición co­
mandada por Ciprótemis, a quien había establecido
allí Tígranes, gobernador a las órdenes del Rey, desis­
tió de prestar ayuda a Ariobárzanes, y socorrió, en
cambio, a la isla y, sometiéndola a ased io4, la liberó.

3 Es decir: sin violar la paz de Antálcidas.


4 Sobre este asedio, que duró diez meses, cf. ISócrates, Anti­
dosis 111.
discursos políticos
326

_ Y h a s ta e l d ía d e h o y n o o s h a b é is v is t o e n v u e lto s en
10 Y h a s ta e i o ía P u e s n a d ie se a r r ie s g a r ía a
u n a g u erra p o r a • in c r e m e n to d e ig u a l ma-
„ „ a gu erra po r f d e te „ s a d e su s p r o p ie d *
ñ e r a q u e si se tr a t a a q u e llo d e lo que
c r c S S n h it a ei ,!mite de
s u s 'fu e r e a s .^ m ie n tr a s q u e
d a d e s n o jo h a c e n de si se le s im p id e,

no C o n s i d e r a n ' que^ s u " o p o n e n te s ie s h a y a n in flig id o

n in | C c " C Ú ° e n i s iq u ie r a A r t e m i s i a ^ a m i pa.
11
r e c e r , se o p o n d r ía a h o r a a e s t a b r e v e me nt e

Y C e“ t e a n C aCañdo io s " d e s ig n io s q u e l e han

que la admitiera en las relacione


ridad; pero, dado que los asuntos le ván tal e ,
12
refiere v que h a fracasado en cuanto ^ n t o ^ e ü a
c o n s id e r a q u e e s a is ia
pi n r e s e n te — lo q u e n o d e ja de s e r c i e n o — ,

m ie n to in c o n tr o la d o . De m o d o q u e p o d erj
fe r ir ía q u e v o s o tr o s tu v ie s e is la i
S n h a b e r la c e d id o e lla a b ie r ta m e n te , a q u e el R e y la

-----------------■ • rs. lfl esposa V h e rm a n a del d in a sta de Caria,


M aU “ m muerto c n ¿ ® a. C.. hahia sucedido.

: ecos con U , Egipto acahd en


estruendoso fracaso. Cf. I só c r a te s , F ü t p o 101.
POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 327

tomara. Así pues, pienso que ni siquiera enviará so­


corro a la isla, y, si lo hace, lo hará sin interés y de
mala gana. Ya que, por lo que se refiere al Rey, yo al 13
menos no podría decir que sé lo que va a hacer; sin
embargo, que a la ciudad le conviene que el Rey ponga
en claro ya si va a reivindicar la ciudad de Rodas o no,
eso es algo que podría afirmar con certeza; pues no
habrá que deliberar únicamente en interés de los ro­
dios, cuando la reivindique, sino en defensa de nos­
otros m ismos y de todos los griegos.
Es más, aunque los rodios que están actualmente 14
en el país fueran por sí m ism os los dueños de la ciu­
dad, ni aun así os hubiera aconsejado preferir la
alianza de ellos, ni siquiera en el caso de que os hi­
cieran todo tipo de promesas 8. Pues veo que ellos, en
primer lugar, para derribar la democracia, captaron
para su partido a algunos ciudadanos, y una vez que
llevaron a cabo su propósito, de nuevo los enviaron al
destierro; así pues, los que no se han comportado
lealmente con ninguno de los dos partidos, tampoco
considero que pueden llegar a ser firmes aliados para
vosotros. Y eso nunca lo hubiera yo sugerido, si sólo 15
lo considerase beneficioso para la democracia del pue­
blo rodio; pues ni soy próxen o9 de esos hombres, ni
ninguno de ellos privadamente está unido a mí por re­
laciones de hospitalidad. Y ni aun en el caso de que
estas dos circunstancias se hubieran dado, os lo hu­
biera propuesto, de no haber considerado que os era
útil; toda vez que, por lo que a los rodios afecta —si
cabe decir esto al que actúa como defensor de ellos

8 Demóstenes se declara partidario no de prestar ayuda a


los rodios oligarcas, sino a los demócratas exiliados de la isla.
9 El «próxeno» (gr. próxenos) era un ciudadano que, en la
pólis a la que pertenecía, representaba a otra ciudad como una
especie de cónsul y defendía los intereses de los miembros de
la comunidad cuya representación diplomática asumía.
DISCURSOS POLÍTICOS
328

p a ra salvarles—, com parto v u estra alegría p o r lo que


fes h a s u c e d id o 10. Pues m iran d o con m alos ojos la
fo rm a en q ue vosotros recuperasteis lo v u e s tro 11, han
p erdido su p ro p ia lib ertad , y aunque les e ra posible
f e r en pie de igualdad aliados vuestros, que sois grie­
gos y su p erio res a ellos, son esclavos de b a rb a ro s y
ffervos, a los cuales h an dado vía lib re p a ra p en e trar
16 en sus ciudadelas. Y casi estoy a p u n to de decir, si
vosotros vais a e sta r dispuestos a p re sta rle s ayuda,
Z e eso les h a venido bien; pues si gozaran de prospe-
rid ad no sé si algún día se h ab ría n decidido a mos-
tra rs e razonables, siendo, com o son, rodios, en cam ­
bio al h a b e r experim entado de hecho y ap ren i o que
la insensatez se convierte p a ra la m ayoría en causa de
m uchos m ales, tal vez, con u n poco de suerte, p o ^ a n
hacerse m ás p ru d e n te s p a ra el fu tu ro ; y eso es g
J u e considero no insignificante provecho p a ra e llo .
Sostengo, pues, que es necesario in te n ta r salvar a esos
h o m b res no g u ard ar rencor, teniendo p re sen te en el
ánim o q u e m uchas veces tam bién vosotros habéis sido
engañados p o r quienes os tendieron asechanzas, p o r
ninguna de las cuales adm itiríais que seria ju sto que
vosotros m ism os pagarais la pena.
O bservad tam bién, varones atenienses, que vosotros
17
habéis co m b atido en m uchas guerras, unas' ^
tra dem ocracias y o tras co n tra oligarquías. Y eso
sabéis tam b ién vosotros m ism os; p ero los m otivos p
„ Í q u e en trá is «n g u erra bien con las unas, b ,e n con
as o tra s, ta l v er ninguno de vosotros los « e n e en
cuenta. ¿Cuáles, pues, son esos m otivos? Con las de
m ocracias, o b ien reclam aciones privadas, cuando

to S e ñ a la el e sc o lia s ta q u e e s ta d e c la ra c ió n la h a c e

J „S» p i n o d e re c h o . e n c a b e z a , 1 . c o n f e d .r a c .6 n m a n t u n a .
POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 329

han sido capaces los p articu lares de za n ja r sus dife­


rencias p o r el p rocedim iento público, o p o r u n a p o r­
ción de territo rio , o p o r cuestión de lím ites, de riva­
lidad o suprem acía; con las oligarquías, p o r ninguno
de estos m otivos, sino en defensa de la constitución
y la libertad; de m odo que, yo, al m enos, no vacilaría is
en decir que, a m i juicio, os conviene m ás e sta r en
guerra con todos los griegos, organizados éstos en regí­
menes dem ocráticos, que ser sus am igos, som etidos
ellos a form as de gobierno oligárquicas. Pues con hom ­
bres libres estim o que no os re su lta ría difícil a vos­
otros co n certar la paz cuando quisierais; en cam bio,
con hom bres sujeto s al regim en oligárquico, ni siquie­
ra las relaciones de am istad las considero estables;
pues no es posible que los oligarcas sean benévolos
para con el pueblo, ni que los que buscan el m ando
estén bien dispuestos hacia los que h an elegido vivir
sobre la base de la igualdad de derechos.
Me ad m iro de que, cuando los qu io tas están siendo 19
gobernados p o r u n a oligarquía, lo m ism o que los miti-
leneos, y ah o ra los rodios, y, casi po d ría decir, todas
las gentes, están siendo inducidos a ese tipo de escla­
vitud, nadie de en tre vosotros considere que n u e stra
constitución peligra igualm ente, ni estim e que, si todas
las ciudades llegan a organizarse en u n a coalición oli­
gárquica, no h an de p e rm itir v u estra dem ocracia. En
efecto, saben que ningún otro, salvo vosotros, re sta b le­
cerá u n a vez m ás a los gobiernos en su situación de
libertad; así que la fuente de donde esperan que les
venga algún m al, es la que van a q u e re r elim inar. De 20
m odo q ue a todos los dem ás dañadores hay que consi­
derarles enem igos de los que h an sufrido el daño; en
cambio, a los que disuelven las constituciones libres
y las tran sfo rm an en oligarquías, os exhorto a que los
tengáis p o r enem igos com unes de todos los que aspi­
ran a la lib ertad . Luego, tam bién es ju sto , varones 2 1
discursos políticos
330

atenienses, que vosotros m ism os, que os regís p o r la


dem ocracia, dejéis ver que con relación a los pueblos
oue su fren d esventuras tenéis los m ism os sentim ien­
tos que esp eraríais que los dem ás tuviesen p a ra con
vosotros si alguna vez, lo que ojalá no o cu rra, os su­
cediera algo sim ilar. Pues efectivam ente, si alguien está
dispuesto a decir que los rodios padecen su ju sto cas­
tigo, no es ésta la ocasión propicia p a ra regocijarse en
ello;’ p o rq u e es m enester que los afo rtu n ad o s se m ues­
tre n siem p re dispuestos a ten er en cu en ta en sus deli­
beraciones lo m ás beneficioso p a ra los d esafo rtu n a os,
dado q ue el fu tu ro es incierto p ara todos los hom bres.
22 Oigo yo decir aquí en tre vosotros m uchas veces,
a algunos, que cuando v u estra dem ocracia se m alo­
gró 12 h u b o quienes se pusieron de acuerdo p a ra sal-
v aria’; de en tre ellos yo sólo voy a h ac er aquí breve
m ención de los argivos. Pues no q u isiera que vosotros,
que ten éis la fam a de salvar siem pre a los desventu­
rados « os revelarais en este caso inferiores a los ar­
givos, quienes, aunque hab itab an u n a región vecina a
la de los lacedem onios y veían que aquellos m an d
p o r tie rra y m ar, no dudaron ni tem ieron m o stra r su
b u en a v o lu n tad hacia vosotros, sino que incluso, según
cuentan, a unos m ensajeros que allí llegaron proce­
dentes de L acedem onia, encargados de reclam arles al­
gunos de vuestros refugiados'*, resp o n d iero n m edian­
te d ecreto que, si no abandonaban el te rrito rio antes
de la p u e sta del sol, los co n sid erarían com o enemigos.
23 ¿Y luego no va a ser vergonzoso, varones at eniens®*>
que el pu eblo de Argos no haya tenido m iedo al im­
perio de los lacedem onios en aquellas circunstanci

,2 Se refiere al fin de la g u erra del Peloponeso, cuan d o Ate-


ñas fue c a p tu ra d a p o r L isandro.
n Cf. I sócrates, Panegírico 52.
14 Cf. D iodoro S ículo, XIV 6.
POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 331

ni a su poder, y vosotros, en cam bio, que sois atenien­


ses, fuerais a te m e r a u n b árb aro , que adem ás es una
m ujer? Y, p o r cierto, aquéllos podrían alegar que en
num erosas ocasiones habían sido d erro tad o s p o r los
lacedem onios, m ien tras que vosotros habéis vencido
m uchas veces al Rey y no habéis sido ni una sola vez
derrotados ni p o r los esclavos del R e y 15 ni p o r él
mismo; pues si de alguna m an era el Rey se ha im­
puesto parcialm en te a n u e stra ciudad, o bien lo ha
hecho sobornando con dinero a los m ás m alvados de
los griegos y traid o re s a ellos, o de ninguna o tra m a­
nera ha im puesto su poder. Y ni siquiera esa fo rm a de 24
actu ar le ha aprovechado, sino que podréis ver que
al m ism o tiem po que debilitó n u e stra ciudad p o r m e­
dio de los lacedem onios, se vio en peligro respecto a
su propio reino a causa de Clearco y Ciro 16. Así que
ni ha dom inado en guerra a b ie rta ni le h an aprove­
chado sus m aquinaciones. Sin em bargo, veo que algu­
nos de en tre vosotros se despreocupan con frecuencia
de Filipo com o indigno de consideración, v, en cam bio,
tem en al Rey com o form idable enem igo p a ra aquellos
a quienes declare su hostilidad. Y si al uno p o r insig­
nificante no le vam os a h a c e r fren te y al o tro p o r ser
tem ible le vam os a ceder en todo, ¿contra quiénes nos
dispondrem os en línea de com bate?
Hay algunos e n tre vosotros, varones atenienses, ha- 25
bilísim os a la h o ra de abogar an te vosotros p o r los
derechos de los dem ás l7, a los cuales yo ta n sólo les
15 Los griegos consideraban esclavos a todos los súbditos
del rey de Persia; cf. J enofonte, Helénicas IV 1, 35.
16 Después de la guerra del Peloponeso, el rey persa Darío II
apoyó con ayuda económica a los lacedemonios. Pero éstos, a
su vez, a la muerte de Darío, prestaron su apoyo al joven Ciro,
que, ayudado por Clearco, trató de destronar al legítimo su­
cesor de Darío, Artajerjes II, lo que supuso una situación
crítica para el imperio persa.
17 Estos oradores políticos eran, sin duda, partidarios de
discursos políticos
332

h a ría esta recom endación: que tra te n de abogar p o r


vuestros d erechos an te los dem ás, p a ra que ellos m is­
m os sean visiblem ente los prim eros en cum plir con
su deber; q u e es extraño daros lecciones de justicia
cuando u n o m ism o no la p ractica; pues no es ju sto
que, siendo uno ciudadano, tenga b ien considerados
los arg u m en to s que ap u n tan co n tra vosotros y no los
26 que están a v uestro favor. Ea, pues, p o r los dioses,
co n sid erad este punto: ¿por qué razón en Bizancio no
hay nadie q ue enseñe a los bizantinos a no apropiarse
de C alced ó n 18, que pertenece al Rey y tuvisteis vos­
o tro s en v u estro p o d er y que a ellos p o r ningún m otivo
les perten ecía, y a no h acer de S elim bna, ciudad que
o tro ra e ra v u estra aliada, u n a p a rte de su pro p ia ciu­
dad, incluyéndola en el te rrito rio de Bizancio, en con­
tr a de los ju ram e n to s y trata d o s 19 en los que p o r es­
crito se establece que sean independientes las ciudades?
2 7 Ni nadie indicó a M ausolo m ien tras vivía, o, m uerto
aquél n ad ie está dispuesto a indicar a A rtem isia que
no se ap o d ere de Cos, R odas ni de o tra s varias ciuda­
des griegas que el Rey, señor de ellas, cedió, en v irtu d
de un tra ta d o , a los griegos, y p o r las cuales los griegos
de aquel entonces afro n taro n m uchos peligros y reali­
zaron gloriosas confrontaciones. Y si acaso alguien lo
expone a los unos y a los otros, no hay, sin em bargo,
al parecer, quienes estén dispuestos a h acerles caso.
28 P o r m i p a rte , yo considero que es ju sto re sta b le cer la

no intervenir en Rodas, alegando que la intervención supon­


dría violar el tratado concluido tras la «Guerra Social», por
el cual Atenas se comprometía a respetar la independencia de
Rodas y las demás ciudades separadas de la alianza.
« Calcedón estaba situada frente a Bizancio, en la ribera
asiática del Bósforo. Calcedón y Selimbria habían pertenecido
w Entre otros, el tratado de Antálcidas garantizaba la inde-
pendencia de todas las ciudades griegas.
POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 333

dem ocracia en R odas; es m ás, au n q u e no fu e ra ju sto ,


cuando observo lo que ésos hacen, pienso que conviene
exhortaros a re sta u rarla . ¿P or qué? P orque, cuando
todos están dispuestos, varones atenienses, a o b ra r
justam ente, es u n a vergüenza que ta n sólo nosotros
rehusem os a ello; p ero si todos los dem ás se están
p reparando p a ra se r capaces d e com eter desafueros,
el que únicam ente nosotros hagam os profesión de
o b rar según ju stic ia sin in te n ta r ninguna em presa, no
lo considero honradez, sino fa lta de hom bría; p u es veo
que todos reclam an sus derechos en relación con la
fuerza de que disponen. Y puedo exponer u n ejem plo 29
de ello conocido de todos vosotros. Tienen los griegos
concertados dos trata d o s con el Rey, el que concluyó
n u estra ciudad y que todos elogian, y el que m ás ta rd e
después de eso co n certaron los lacedem onios y es ob­
jeto de reprobación; y en esos dos tra ta d o s no se de­
finen igualm ente los derechos. Pues de los derechos
privados de las ciudades, las leyes garantizan com ún y
ecuánim e p articip ación tan to a los débiles com o a los
fuertes, m ien tras que de los derechos e n tre com uni­
dades griegas, los poderosos vienen a se r á rb itro s de
los que les son in fe rio re s 20.
Así pues, to d a vez que os en co n tráis en situación 30
de decidiros a o b ra r con justicia, hay que co n sid erar la
m anera en que esté en vuestro p o d er llevar a cabo ese
propósito. Y lo h aréis si se os concibe com o defenso­
res generales de la lib ertad de todos los griegos. Pero,
razonablem ente, considero que lo m ás difícil p a ra vos­
otros es o b ra r com o es debido. Pues todos los dem ás
hom bres se ven im plicados en u n solo tipo de com ­
bate: el que les en fren ta a sus declarados enem igos, y

20 Es decir: mientras que el derecho civil se basa en la


justicia, el derecho de gentes se fundamenta en el poder del
más fuerte.
DISCURSOS POLÍTICOS
334

Si los dom inan, n ad a les Im pide en señ o rearse d e sus


3l veníalas; vosotros, en cam bio, varones atenienses, te-
^ i s ¿ .te vosotros dos tipos de confrontación: esa que
i m b i é n tien en los dem ás, y a ésa se anade o tra, a n te
rio r y m ás im p o rtan te; pues es necesario que vosotros
en v u estro s d eb ates dom inéis a la taccion que entre
vosotros h a elegido la política de a c tu a r en c o n tra de
los in tereses de la ciudad. Así pues, to d a vez q u e a
causa de ésos es im posible que n ad a de lo que es me­
n ester acontezca sin lev an tar u n a polvareda, sucede
T e com o es n atu ra l, falláis vosotros m uchos objeü-
vos Pese a todo, de que m uchos esco jan sin m iedo esa
Itaea de política, ta l vez son sobre todo culpables los
beneficios que reciben de p a rte de quienes pagan sus
servicios; no o b stan te, tam b ién a vosotros se os podría
acu sar en ju sticia. Pues sería necesario que vosotros,
" P i e n s e s , tuvieseis acerca del puesto que se
ocupa e n política la m ism a consideración quei te n é ^
acerca del q ue se m antiene en las cam panas. Y c
es esta consideración? V osotros, al que ab an d o n a el
pu esto que le h a sido ordenado p o r el estratego, opináis
que conviene que se le prive de los derechos de ciu­
d ad an ía y no tenga participación en ninguno de los
33 derechos y actos com unes. P or consiguiente, s e n a me­
n ester q ue tam b ién a los que abandonan el pu esto que
en p o lítica nos h a sido tran sm itid o p o r n u estro s a .
pasados y ad o p tan principios oligárquicos, se les p ri
vase del ^derecho de aconsejaros a vosotros m ism os,
ah o ra e n cam bio, m ien tras que de vuestros aliados
consideráis que los que h an ju ra d o te n e r el m ism o
enem igo y el m ism o am igo que vosotros son los que
m ás afecto os m u estran , de en tre los políticos a aque­
t a de quienes sabéis con certeza que h a n tom ado
p a rtid o p o r los enem igos de la ciudad, a esos los
sideráis los m ás dignos de confianza.
POR LA LIBERTAD DE LOS RODIOS 335

Pero lo difícil no es e n c o n tra r algún cargo de que 34


acusar a estos políticos o algún reproche que haceros
al resto de vosotros, sino d esc u b rir con qué argum en­
tos y con qué tipo de actuación será posible enderezar
lo que ah o ra no está derecho; ésa es la tarea. Tal vez,
sin em bargo, ni siq uiera co rresponde a la p resen te
ocasión tr a ta r de todo ello; p ero si pudierais sancio­
n ar con una acción conveniente vuestras resoluciones,
quizás tam bién lo dem ás, paso a paso, p o d ría m ejorar.
Yo personalm ente, en sum a, opino que es necesario 35
que vosotros tom éis en tre m anos vigorosam ente estos
asuntos y que obréis en consonancia con la dignidad
de la ciudad, teniendo p resen te en vuestro ánim o la
alegría que experim entáis cuando se hacen elogios de
vuestros antepasados, se describen sus em presas y se
enum eran sus trofeos. C onsiderad, pues, que éstos los
erigieron v uestros an tepasados no p a ra que os colm a­
seis de adm iración al contem plarlos, sino p a ra que
adem ás im itaseis las virtudes de quienes los erigieron.
XVI

EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS

Después de la b atalla de L eu ctra (371 a. C.), p o r


consejo de E pam inondas, varias com unidades ru rales
arcadlas se co n cen traro n (sinecism o), dando lug a r <je
este m odo, a u n a nueva ciudad, cen tro político’ de
Arcadia: M egalópolis. H asta entonces, a E sp a rta le
había sido relativ am ente fácil te n e r b ajo su co n tro l a
esas com unidades d ispersas y dóciles. P ero ah o ra E s­
p arta h ab ía de h ac er fren te no sólo a los m esenios,
vecinos independientes e incóm odos, sino tam bién al
nuevo cen tro hostil a su política de hegem onía en el
Peloponeso. Los m esenios co n tab an con u n tra ta d o de­
fensivo su scrito p o r los atenienses, en v irtu d del cual
éstos se co m prom etían a so co rrer a M esenia en el
caso de que fuese atacad a p o r E sp arta.
Pero, a p a r tir del año 353 a. C., el p o d er de Tebas
en tra en claro declive. A raíz de los éxitos de Ono-
m arco, Tebas no sólo p erd ía su hegem onía sobre la
Hélade, sino, incluso, su prep o n d eran cia en la m ism í­
sima Beocia. Fue entonces cuando E sp a rta se decidió
a disp ersar a los colonos de M egalópolis, p a ra re d u cir
a Arcadia y con v ertirla en el país de cóm odo dom inio
que an tes era. E l fin de la grandeza efím era de Tebas
sugería a los lacedem onios, am biciosos y renovadores
35.-22
discursos políticos
338

* ~ nnfirían ser beneñciosos p a ra muchas


proyectos q ue p re co b raría Trifilia, que forma-
ciudades griega ' arcadia; F liunte, Tricá-
b a p a rte de la 1qs argivos; Atenas, Oropo,
rano, fonaíeza ocup P Platea y Tespias,
X Í s “ “ daS pot led as, serian recons.

esos b e d a n o s
los em b ajad o res p MegalópoIis tra ta b a n , a su
p re sen tan tes del pueb ^ & gu ca u sa. Surgen,
vez, de g anar ^1 ap y ^ ^ p(jUÜCOS a tenienses: el de
asi, dos p artid o s defensores de la nueva

2 ^# .2 rS = H :
procedimiento eficaz para contener p
de la hegemonía espartana. partido
Pues bien Demóstenes objeta a uno y u P

^ ■ ■ S S rS S
le interesaba que a del poder espar-
ano Y entonces, la solución del conflicto radicaba,
S o « . en una postura ^ " "n
terés puro y s.mple con h * c e n c t^ ® estuVo

ÍS di
sores y defendió a
» t s fuM
grieaas y el prestigio poli-
X S e ' a s “ s“ a“ es la tesis de D em óstenes- serian
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS 339

objetivos alcanzables actuando en defensa de los me-


galopolitas.
E ste discurso fue pronunciado en el 353 a. C. Un
año m ás tard e (352 a. C.), Tebas pudo defender todavía
a los m egalopolitas, sus aliados. Pero, poco después,
Tebas no p u d o ya defender a ninguna o tra ciudad y
los estados peloponesios enem igos de E sp a rta encon­
traro n en Filipo de M acedonia a su nuevo p ro tecto r.

ARGUMENTO DE LIBANIO

Cuando los lacedemonios, vencidos por los tebanos en Leuc-


tra de Beocia, se encontraron en gran peligro, al haber hecho
defección los arcadios y haberse sumado a los tebanos, los ate­
nienses se aliaron a los lacedemonios y los salvaron; pero,
más tarde, los lacedemonios, libres de los peligros y progre­
sando de nuevo en poder, marchaban contra Megalópolis, en
Arcadia, y a través de una embajada solicitaban de los atenien­
ses que participasen con ellos en la guerra. Habían enviado
también los megalopolitas embajadores a Atenas haciéndoles un
llamamiento, en defensa propia. Así pues, Demóstenes aconseja
que no se consienta la destrucción de Megalópolis ni el avance
en poder de los lacedemonios, alegando que a los atenienses
les conviene que Lacedemonia no sea temible.

Me parece, varones atenienses, que unos y otros i


yerran, ta n to los que h an hablado en favor de los a r­
cadios com o los que lo han hecho en favor de los
lacedem onios; pues, como si h u b iera n venido en de­
legación de cada u n a de esas dos com unidades, y como
si no fuesen tan ciudadanos atenienses com o vosotros,
a quienes am bos grupos dirigen sus em bajadas, se
dedican a acusarse y calum niarse m utuam ente. É sta
habría de ser tarea de los delegados que nos h an lie-
discursos políticos
340

gado m ien tras que exponer públicam ente opiniones


L e r c a de la situación y considerar en beneficio vues-
tro 2 rivalidad, las m ejores soluciones, eso es propio
de quienes estim an apropiado ofrecer en este lugar sus
2 consejos. E n las p resen tes circunstancias yo, al m enos,
ñ a u e si respecto de ellos se elim inase el hecho
de que son conocidos y de que por la lengua que em-
pteaL hablan en ático, m uchos h ab ría n creído que los
S l T s o n arcadlos , los otros lacedem ontos. P e r o r o
veo qué difícil es exponer la m ejo r solución, Pu e s en­
gañados en co n junto vosotros, y queriendo unos esto,
o tro s eso o tro, si uno in ten ta sugerir u n a p ro p u esta
in term ed ia y vosotros no aguardáis a en teraro s de ella
“ o d a ¿ g r ito ni a los unos ni a los o tro s y ganar*
3 d escréd ito 11a n te am bas p artes. Pese a todo, yo
p álm en te p referiré, si eso m e ocurre, d a r la im presión
de decir necedades, an tes que d ar facilidades a algunos
p a ra que os engañen, en c o n tra de lo que considero
el m ejo r expediente p a ra la ciudad. Asi que o tro s pun-
m s S s expondré, si os place, posterio rm en te; y par-
tiendo de los principios que son adm itidos p o r o os,
com enzaré p o r explicaros los que considero m as va-

4 hd°Sin duda, nadie se atrevería a contradecir que no


4 conviene a ¿ ciudad que tanto los l a c e r o m o s como
esos tebanos de ahí al lado sean débiles . Pues bien
los a untos políticos se encuentran ahora en una co­
yuntura tal (si en algo hay que valerse del testimonio
, conceptos repetidamente aquí expresados), qu
tos «baños sc han debilitado por ia nueva fundac.on
de O re ó m e » , Tespias y Platea", y que los lacedemo-12

1 Cf. C o n tr a A r is tó c r a ta s 102. _mnta recons-


2 Los éxitos de Onomarco hacían pensar en ia pronta recons
trucción de las antiguas ciudades autónomas de Beocia que
los tebanos habían destruido.
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS 341

nios, si consiguen som eter A rcadia y an iq u ilar Megaló-


polis, de nuevo se h arán fu ertes. Así pues, hay que 5
observar con cuidado no vayam os a p e rm itir que éstos
se vuelvan tem ibles y poderosos antes que aquéllos se
hagan insignificantes y que, sin que nosotros nos dem os
cuenta, los lacedem onios se engrandezcan en m ayor
grado del que conviene que los tebanos decrezcan. Pues
no podríam os d ecir esto al m enos: que preferim os
su stitu ir com o rivales a los tebanos p o r los lacede­
monios, ni es eso a lo que aspiram os, sino a que ni
los unos ni los otro s estén en condiciones de in ju ria r­
nos en nada; pues de esa fo rm a d isfru taríam o s de
m uchísim a seguridad.
Pero, p o r Zeus —direm os— , eso así debe ser; m as 6
terrible cosa es que vayamos a elegir com o aliados a
aquéllos fren te a quienes nos alineam os en M antinea ’
y luego prestem o s avuda, en co n tra de ellos, a aque­
llos con quienes entonces com partíam os los peligros.
Tam bién a m í me p arece eso bien, p ero no m enos la
necesidad de a ñ a d ir la cláusula «siem pre que los otros
estén dispuestos a h acer lo q u e es justo». Así que, si 7
todos van a e sta r dispuestos a m an ten e r la paz, no p re s­
tarem os ayuda a los m egalopolitas; pues no h a rá falta
para nada; de form a que ningún tipo de enfrentam ien­
to h ab rá en tre no so tros y los que se e n fre n ta ro n 34 en
orden de com bate, y los unos son n u estro s aliados,
como aseguran, y los otros lo serán precisam ente ahora.
¿Y qué o tra cosa podríam os desear? Pero si actú an 8
contra derecho y opinan que es m en ester luchar, en el
caso de que sólo haya que d elib erar sobre este punto,
a saber, si debem os nosotros a b a n d o n ar M egalópolis

3 En la batalla de Mantinea, lacedemonios y atenienses hi­


cieron frente a tebanos y arcadios.
4 Los que se enfrentaron en Mantinea fueron los lacedemo­
nios y los arcadios, prescindiendo ahora del enfrentamiento
de los atenienses a los tebanos.
discursos políticos
342

a los laccdem onios o no, ju sto , no lo es, pero yo, al


m enos, concedo que se les p erm ita y que ninguna opo­
sición se ofrezca a quienes participaron con nosotros
en los m ism os peligros; y si todos estáis percatados
de que si c a p tu ran esa ciudad, irán c o n tra M esen»,
que me diga alguien de los que se m u estran ahora
tan d u ro s con los m egalopolitas qué nos aconsejara
9 h acer en ese m om ento. P ero ninguno lo dirá. Y, sin
em bargo, todos sabéis que, tan to si ellos nos exhortan
a h a c e ri; com o si no, hay que ayudar a los m esem os,
p o r los ju ra m e n to s 5 que les hem os p re sta d o y p o r la
conveniencia de que esa ciudad se establezca. R fl -
xionad, entonces, vosotros m ism os cual sera el funda­
m ento q u e estableceréis con m ás h o n ra y gencrosi ad
con el fin de no p e rm itir a los lacedem on.os o b ra r
tr a derecho, si el principio de la defensa de Mega ó-
,o nolis o el de la defensa de M esema. E n el p rim e r caso,
p arece rá q ue acudís en ayuda de los arcadlos y que
tenéis in teré s en que sea firm e la paz p o r la que os en-
fren tasteis a los peligros y os alineasteis en el ca P
de b atalla; en el segundo, m o strare is claram en te a
« d o s v u estro deseo de <,„e subsisto M es.m a no m a
p o r cu estió n de ju sticia que por m iedo a los lacede
m onios. P ero es necesario considerar y p o n er e p
tica siem p re lo que es justo, si b ien hay que ^ ü a r *
la vez q u e al m ism o tiem po eso sea tam bién conve-

n ^ A h o r a bien, hay u n argum ento p o r p a rte de mis


co n trad icto res, de este ten o r m ás o m enos: que es m -
n ester eme nosotros intentem os re cu p erar Oropo, v -i
nos ganam os la enem istad de los que ahora nos ha-

5 Según P ausanias (IV 28, 1-2), desde el comienzo de la


«GuerraSagrada», Mesenia había buscado la protección de At
^ c o n t r a Esparta. Atenas les prometió ayuda en e l caso de
que los lacedemonios la atacasen.
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS 343

brían ayudado a a ta c a r esa plaza, no tendrem os alia­


dos. Yo tam bién, p ersonalm ente, afirm o que es preciso
in ten tar la recu peración de O ro p o 6; pero lo de que
los lacedem onios van a ser n u estro s enem igos si h a­
cemos aliados a esos arcadios que quieren ser am igos
nuestros, eso, opino que los únicos a quienes ni si­
quiera es lícito que lo digan, son los que os in d u jero n
a que p restaseis ayuda a los lacedem onios cuando es­
taban en peligro. Pues no fue diciéndoos eso com o os 12
incitaron —cuando todos los peloponesios acudieron a
vuestra p re s e n c ia 7 y os pedían m arc h ar c o n tra los
lacedem onios en com pañía v u estra— a que a éstos no
los recibieseis (y p o r eso, el único expediente que les
quedaba, se dirigieron a los tebanos) y a que p o r la
salvación de los lacedem onios 8 ap o rta rais vuestros di­
neros y expusierais v u estras vidas; y tam poco vosotros,
sin duda, hab ríais consentido salvarlos, si os h u b ieran
advertido que, u n a vez salvados, en caso de que no
les d ejarais libres de nuevo p a ra h acer lo que les vi­
niera en gana y co m eter los delitos que quisieran, no

* La ciudad de Oropo, situada en la frontera entre el Ática


y Beocia, fue desde antiguo causa de querellas y rivalidades
entre atenienses y tebanos. A partir del año 366 a. C., Oropo
estaba en poder de Tebas, pero Atenas no dejaba, por ello, de
esperar la ocasión oportuna para recuperarla. Esparta había
prometido apoyar los derechos de los atenienses sobre esta
ciudad a condición de que éstos, a su vez, dejasen a los lace-
demonios las manos libres para actuar a su gusto en el Pe-
loponeso.
7 Esto ocurrió en el año 370 a. C., poco después de la ba­
talla de Leuctra. Fue entonces cuando los peloponesios pensa­
ron que había llegado el momento de liberarse de la domina­
ción espartana, para lo que solicitaron la alianza de Atenas.
Como los atenienses no hicieron caso de tal solicitud, los des­
contentos peloponesios buscaron la alianza de Tebas.
8 Esta segunda solicitud de ayuda tuvo lugar en el 369 a. C.,
después de la primera invasión del Peloponeso llevada a cabo
por Epaminondas (cf. J enofonte, Helénicas V 5, 33 y sigs.).
discursos políticos
344

os g u ard arían ningún reconocim iento p o r su salvación.


13 Es m ás, au n q u e sea m uy co n trario a los designios d e
los lacedem onios el hecho de que n o so tro s hagam os
aliados a los arcadios, es apropiado, sin duda, que ellos
nos gu ard en m ayor g ra titu d por h ab e r sido salvados
p o r n o so tro s cuando fueron a d ar en los m ás extre­
m ados peligros, que ren co r por verse ah o ra im pedidos
p a ra co m eter injusticias. De m odo que ¿cóm o no van a
ayudarnos a ir co n tra Oropo a riesgo de p asa r p o r los
m ás desleales de e n tre todos los hom bres? P or los dio­
ses, al m enos yo no veo cómo.
14 Así pu es, m e sorp ren d en tam bién los que exponen
este arg u m en to: que si hacem os de los arcadlos nues­
tro s aliados y actuam os de esa m anera, p arecerá que
n u estra ciu d ad p ractica una política cam biante y no
ofrece n in g u n a g aran tía de confianza. Pues a mí, va­
rones atenienses, m e da la im presión contraria. ¿Por
qué? P orque, en mi opinión, nadie en absoluto se a tre ­
vería a co n tra d ecir que a los lacedem onios y an terio r­
m ente a los tebanos y en últim o térm in o a los eubeos,
los salvó n u e stra c iu d a d 9* y que, después de eso, hizo
de ellos sus aliados queriendo poner en p ráctica en
15 cada ocasión u n único e idéntico principio. Y éste,
¿cuál es? S alvar a los que son víctim as de la in ju sti­
cia. P o r tan to , si eso es así, ya no seríam os nosotros
los in co n sistentes, sino los que no están dispuestos a

9 Atenas salvó a los lacedemonios a raíz del enfrentamiento


de éstos contra Epaminondas y los tebanos. Años antes (379
a. C.), Atenas había prestado ayuda a Tebas, cuando Pelópidas
liberó a su patria con el concurso de sus amigos atenienses, y,
una vez más, en el 378 a. C., cuando los hoplitas atenienses
protegieron a Tebas del ataque de Agesilao, a quien obligaron
a retirarse (cf. J enofonte, Helénicas V 4, y D iodoro SIculo,
XV 32). En cuanto a la ayuda que Atenas prestó a Eubea, tuvo
lugar en el 357 a. C., cuando tropas atenienses enviadas por
Timoteo forzaron a los tebanos a evacuar la isla, (c • 0 re
los asuntos del Quersoneso 74; D iodoro SIculo, XVI 7).
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS 345

basarse en los principios de la justicia; y aparecerá


claro que son las circunstancias las que cam bian de­
bido a los que en cada ocasión quieren o b ten er ven­
tajas, y no n u e stra ciudad.
Y m e p arece que los lacedem onios hacen u n a labor 16
de hom bres m uy hábiles. Pues ah o ra sostienen que los
eleos deben re c u p e ra r algunas localidades de Trifilia I0,
y los fliasios T ricárano 1!, y algunos arcadios su propio
territo rio , y no so tro s Oropo; no con el fin de vernos
a cada uno de no so tros en posesión de lo que le p er­
tenece, ni m ucho m enos (pues ta rd e se h ab ría n con­
vertido en generosos), sino p a ra p ro d u cir la im pre- 1 7
sión a todos de que colaboran con cada ciudad con el
propósito de que ellas recu p eren los te rrito rio s que
afirm an les son propios; y p a ra que, cuando ellos m is­
mos ataq u en M esenia, acudan a la cam paña todas esas
ciudades y les p re ste n apoyo afanosam ente o, en caso
contrario, pasen p o r o b ra r c o n tra derecho, al no devol­
verles ad ecuadam ente el favor después de haberlos to­
mado com o colaboradores en la votación del asunto
de sus p artic u la res reivindicaciones. P ero yo estim o 18
que la ciudad, en p rim e r lugar, p o d ría re cu p erar Oropo
incluso sin so m eter traid o ram en te al yugo lacedem onio
a ningún grupo de arcadios; y eso tan to con la ayuda
de aquéllos *12, en caso de que estén dispuestos a o b ra r
con ju sticia, com o con la de los dem ás, quienes no
opinan q ue sea m en ester p e rm itir a los tebanos poseer
lo que es ajeno. P o r o tro lado, si nos re su lta ra abso­
lutam ente claro que, no p erm itien d o a los lacedem o-

TrúH1 3 era un país objeto de discordia entre eleos y


arcadios (cf. J enofonte, Helénicas III 2, 30; VI 5, 2; VII 1 26 •
VII 4, 12 y sigs. ’ ’
** ^ fortaleza de Tricárano, a la sazón en poder de Argos,
era objeto de las reivindicaciones de Fliunte (cf. J enofonte
Helénicas VII 4, 11).
12 Es decir, de ios lacedemonios.
discursos políticos
346

nios subyugar el Peloponeso, no seríam os capaces de


to m ar O ropo, considero preferible, si cabe decirlo, re-

q u e T e m e h a ocurrido d e c i r - opino que nos sobre­


vendría peligro en to rn o a m uchas c u ^ c ^
Pero a ú n hay m ás; con relación a las acciones con
19
trarias a n u estro s in tereses que afirm an h a b e r s.do
llevadas a cabo p o r los m egalopolitas a causa e os
.éb an o s T u iere n
l e T ” m " e s “ „ s con e, fin de portarset con
r ^ s e n i r m a opuesta, < £ " £ £ £ £

m ‘ea noS fl'c a n c 'ñ n u estra am istad; y ello sin darse


cu enta d e que cuanto m ás diligentes m u estren que esos
cuerna u c 4 u n ,, de los tebanos, tan to
v,or> ciHn con relación a la causa uc
m ás ju sta m e n te p o d rían esos m ism os ^ a d o r e s mere-


” “ ‘condücrn r h o embresS'quer q uieren p o r segunda

ir y
ao,or P
r¿r r
dose del raciocinio en sus indagaciones (y optno que
« m ay o ría d e vosotros estará de acuerdo con m . t d £
m a S S ) , q u e si los la ce d em o n io sP e g an a « m a r M o
noirvnnlis M esenia e sta ra en peligro, y ,
Poe nosotros
21 los te b a n o s» . E n tal caso, m ucho m ás h o n o rab y

jL X > r .o a «»poí s e
" “ “objetivo perseguido por le política .tóm ense del »
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOUTAS 347

ventajoso es acoger p o r n u e stra p a rte espontáneam en­


te la alianza de los tebanos sin acceder a la am bición
de los lacedem onios, que e sta r vacilantes ah o ra an te la
idea de salvar a quienes son aliados de los tebanos,
abandonar a éstos y de nuevo salvar a los propios te­
banos, y, adem ás, en co n trarn o s en u n a situación de
tem or p o r n o sotros m ism os. Pues vo, al m enos, no su- 22
pongo que esté exento de peligro p a ra la ciudad el
hecho de que los lacedem onios tom en M egalópolis y
de nuevo se hagan poderosos. Pues los veo, incluso
ahora, decidirse a h ac er la g u erra no p a ra evitar su­
frir algún daño, sino p ara re c u p e ra r la fuerza que
antaño les era propia; a lo que asp irab an en el tiem po
aquel en que la poseían, eso es cosa que, p o r cono­
cerla vosotros 15 tal vez m ejo r que yo, sería razonable
que la tem ierais.
Y gustosam ente p reg u n taría a los que hacen uso de 23
esta trib u n a y declaran o diar a los tebanos o a los la­
cedem onios, si el odio que les profesan en cada caso
es en beneficio v u estro y de lo que os interesa, o a los
tebanos los odian p o r interés hacia los lacedem onios
y a los lacedem onios en favor de los tebanos, respec­
tivam ente; pues si es en pro de ellos, conviene que no
hagáis caso ni a unos ni a o tro s com o locos que son;
pero si afirm an que es por v u estro interés, ¿p o r qué
al m argen de lo o p o rtuno ansalzan a esos o tro s pue­
blos? P orque es posible, es posible hu m illar a los te- 24

mentó es el de impedir que surja un poder hegemónico de


entre las ciudades griegas. Si Esparta llegara a ser más te­
mible que Tebas, Atenas sería aliada de esta última. Se trata,
pues, de mantener una política de equilibrio de fuerzas que
evite la preponderancia de cualquier ciudad griega sobre las
demás.
^ En efecto, los ciudadanos de mayor edad recordarían, sin
duda, mejor que el joven orador, la enorme ambición de’ Es­
parta durante el período de su hegemonía.
discursos políticos
348

baños sin fo rta le cer a los lacedem onios y m ucho m ás


fácilm ente; y cómo, yo in ten taré com unicároslo
Todos sabem os esto: que los h o m b res en su to ta­
lidad, au n q u e no quieran, h a sta cierto Pu ^ ° se ^
güenzan de no hacer lo que es ju sto y a ^ i n j u s t i c i a s
se oponen ab iertam ente, especialm ente si
ciben daño; v encontram os que eso es lo que a
todo y que ése es el origen de todos los m a es el no
25 q u erer h a c e r p u ra y sim plem ente lo que es ju sto . Asi
pues, con el fin de que ello no sea u n obstacuio p a ra
que se debiliten los tebanos, proclam em os que es m e­
n ester que Tespias, O rcóm eno y P latea sean re p -
das y colaborem os con sus h ab itan tes y sohcite™°* °
de los dem ás (pues eso es noble y
ten d erse an te el hecho de que antiguas ciudades esten
desarraigadas), y no dejem os a M eg.lópol.s m Mese-
nia aban d o n adas a m anos de los Pu e la® 3 .
p erm itam o s que con el pretexto de P latea y
sean d estru id as ciudades que existen y están pobla
26 das - Y ¿ eso re su lta evidente de antem ano nadie
h a b rá q u e no q uiera que los tebanos cesen en a u s u r -
p a d ó n del te rrito rio ajeno; si no, en p rim er lugar, a
ésos los ten drem os, lógicam ente, de adversarios fren
a aquellas p ropuestas, tan p ro n to com o consideren que
la R e sta u ra c ió n de aquellas ciudades les tra e consigo
su p ro p ia ruina, y luego, nosotros m ism os tendrem o
inacabables problem as, pues ¿cuál p o d rá ser en v erd ad
el final cuando perm itim os en cada o c a s l o n l a a ^ iq”
lación d e las ciudades que existen y, en cam bio, de

S I ' p ar. » >» ^


dades del Peloponeso condenadas a seg u ra es ru
EN DEFENSA DE LOS MEGALOPOLITAS 349

las que h an sido aniquiladas reclam am os su re sta u ­


ración?
Ahora bien, dicen los que en m ayor grado pasan 27
por exponer argum entos ju sto s, que es m en este r que
ellos echen ab ajo las estelas 17 en que consta su alianza
con los tebanos, si es que van a ser firm em ente nues­
tros aliados. O tros afirm an que p a ra ellos no son las
estelas, sino la conveniencia, lo que produce la am is­
tad y que a los que les p re ste n ayuda es a los que con­
sideran aliados. Yo, p o r m i p a rte , si es tal su ca rác te r
en la m ayor m edida, éste es de algún m odo m i pu n to
de vista: sostengo que debem os reclam ar sim u ltánea­
m ente de ésos que echen ab ajo las estelas, y de los la­
cedem onios, que m antengan la paz; y si no quieren
hacerlo, los unos o los otros, entonces ya ponernos al
lado de los que acepten. Pues si los m egalopolitas, u n a 28
vez que obtengan la paz, van a seguir aú n ligados a
la alianza de los tebanos, d e ja rá n v er a todos con cla­
ridad que es la am bición de los tebanos y no la ju sticia
lo que eligen. Y si, p o r o tro lado, haciéndose sin en­
gaño aliados n u estro s los m egalopolitas, los lacedem o­
nios no quieren m antenerse en paz, h a rá n m anifiesto
a todos, sin duda, que no es la re sta u rac ió n de Tes-
pias el o b jeto de su celo, sino so m eter bajo su ley al
Poloponeso m ien tras la g u erra tiene envueltos a los te­
banos 18.
Me ad m ira que algunos tengan m iedo del hecho de 29
que los enem igos de los lacedem onios sean aliados de
los tebanos y en cam bio no consideren tem ible en ab ­
soluto que los lacedem onios lleguen a subyugarlos, y
eso cuando la experiencia del pasado h a dado pru eb a
de que los tebanos se sirven siem pre de ellos com o

17 Se trata de las estelas en que los megalopolitas habían


hecho grabar su tratado de alianza con Tebas.
18 Efectivamente, la «Guerra Sagrada» envolvía a los tebanos.
discursos políticos
350

aliados p a ra en fren tarse a los lacedem onios, m ientras


que los lacedem onios, cuando eran sus am os, se valían
de ellos c o n tra nosotros.
30 Opino, pues, yo al m enos, que es m en ester que re­
flexionéis tam bién sobre aquello: que en el caso de
que vo so tro s no acojáis a los m egalopolitas, si llegan
a ser elim inados y d isp e rsa d o s19, a los lacedem om os
les es posible al p u n to ser poderosos; si se salvan, por
el c o n tra rio —com o ya h a acontecido en algún caso
incluso c o n tra to d a esperanza—, serán con plena ju s­
ticia firm es aliados de los tebanos; en cam bio, si les
acogéis, re su lta rá que su salvación se d eb erá y a de
e n tra d a a vosotros, y las consecuencias de ello, exami­
ném oslas, traslad an d o a o tro s casos la evaluación del
riesgo, del lado de los tebanos y del de los lacedemo-
31 nios. Pues bien; si los tebanos son d erro tad o s defini­
tivam ente, com o les corresponde p o r necesidad, los la­
cedem onios no te n d rá n un poder m ayor de lo debido,
al te n e r com o adversarios a éstos, los arcadios, que
h ab itan cerca de e llo s 20. Pero si los tebanos se reco­
b ra n y re su ltan salvos, pese a todo serán m ás débiles
p or hab érsenos convertido éstos en aliados y hab er
sido salvados gracias a nosotros. De m odo q u e desde
todo p u n to de vista conviene que ni no so tro s abando­
nem os a los arcadios, ni, si acaso éstos se salvan, den
la im p resió n de h ab er salido b ien parad o s gracias a
ellos m ism os o cualesquiera otros, sino gracias a nos­
otros.
u Esparta estaba empeñada en deshacer la comunidad for­
mada por cuarenta aldeas rurales aproximadamente que era
5 £ | ¿ S to , centro político 0= 1* A re,d i.. Sobre
sinecismo, cf. D iodoro S ículo, XV 72; P ausarías, VIII 27 1-2
20 La ciudad de Megalópolis, que nació -c o m o es sab“*°
(véase Introducción)- bajo el auspicio de Teb^
sivo fin de imponer a los lacedemonios una difícil barrera a
sus deseos de expansión, se encontraba situada no lejos de la
frontera de Arcadia con Esparta.
EN DEFENSA DE EOS MEGALOPOLITAS 351

Así pues, yo, varones, atenienses, p o r los dioses, he 32

hablado no m ovido p o r p artic u la res sentim ientos de


am istad u odio hacia ninguna de las dos p artes, sino
en la línea de lo que estim o os conviene; y os exhorto
a que no abandonéis a los m egalopolitas ni, en una
palabra, dejéis a nadie, que sea débil, en m anos del
más fuerte.
X V II

SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO

INTRODUCCIÓN

Después de la b atalla de Q ueronea, G recia se encon­


tró con u na paz im puesta y garantizada p o r los mace-
donios. La lib ertad de las ciudades griegas sucum bió
en esta fam osa confrontación, que tuvo lu g ar en el
338 a. C. A p a r tir de este m om ento, las ciudades helé­
nicas q u ed aro n agrupadas, p o r voluntad del vencedor,
en una confederación que ten ía su sede en Corinto!
donde se reu n ía el consejo federal. Un tra ta d o obli­
gaba a estas ciudades a m an ten e r la paz e n tre ellas
y re sp etar sus respectivas constituciones; el nuevo ob­
jetivo de la confederación e ra ahora, p o rq u e así lo
disponía M acedonia, el im perio persa. Es, pues, claro
que p rim eram en te Filipo y luego A lejandro dom ina­
ban realm en te la confederación. E n efecto, en distintos
puntos de G recia iban restableciéndose, m erced al apo­
yo m acedonio, las viejas tiranías, m ientras los regím e­
nes dem ocráticos, pese a que aún p ersistía la au to n o ­
mía de las ciudades confederadas, iban sintiéndose
cada vez m ás am enazados.
D urante el rein ado de A lejandro, que sucedió a su
padre en el trono, al ser este últim o asesinado dos
35.-23
DISCURSOS POLÍTICOS
354

a ñ o s d e s p u é s d e la b a ta lla d e Q u e ro n e a , es d e c ir, en
e l 336 a. C., A te n a s in te n tó en v a r ia s o c a s io n e s re c o n ­
q u is ta r p o r ’ la s a r m a s la lib e r ta d p e r d id a ; f u e p r e c is a ­
m e n te e n u n a d e e lla s c u a n d o se p r o n u n c io e s te d is­
c u r s o , p r o b a b le m e n te a n te s d e q u e A le ja n d r o d estru -

^ M u c h o s ’ c r ític o s a n tig u o s n e g a r o n la a tr ib u c ió n de
e s te d is c u r s o a D e m ó s te n e s p o r c o n s id e r a r lo m a s b ie n
o b r a d e H ip e r id e s o H e g e sip o . Q u ie n q u ie r a q u e h a y a
sid o su a u to r , lo c ie r t o e s q u e D e m ó s te n e s d ifíc ilm e n te
p u d o h a b e r c o m p u e s to s e m e ja n te p ie z a o r a t o r ia p u es
c a r e c e d e c u a lq u ie r a d e lo s r a s g o s típ ic o s d e la e o-
c u e n c ia d e m o s té n ic a : n i la d is p o s ic ió n d e l a rg u m e n to ,
n i la s e le c c ió n d e lo s v o c a b lo s , n i la e s t r u c tu r a d e los
p e r ío d o s , n i el to n o d e la a lo c u c ió n e n c a ja n d e n tr o de
lo q u e p o r e s tilo d e D e m ó s te n e s e n te n d e m o s . H a y en
e s te d is c u r s o a lg u n o s n e o lo g ism o s q u e a lo s c rític o s
a n tig u o s h ic ie r o n p e n s a r q u e e l a u to r p u d ie r a s e r co n ­
c r e ta m e n te H ip e r id e s , a q u ie n H e rm o g e n e s r e p r o c h a b a
n o se r c a u t e lo s o en la e le c c ió n d el lé x ic o , sin o p o r el
c o n tr a r io , o s a d o , a l a tr e v e r s e sin e m p a c h o a lg u n o a
e m p le a r d e te r m in a d o s té rm in o s en s o lita rio .
P o r lo d e m á s, el d is c u r s o en c u e s tió n , a u n q u e no
se a o b r a d e n u e s tr o o r a d o r , n o p o r e llo d e ja d e s e r in­
te re s a n te : e s u n d o c u m e n to h is tó r ic o d e p r im e r o rd en ,
a tr a v é s d e l c u a l p e n e tr a m o s en la s itu a c ió n p o lític a
Y en la s a s p ir a c io n e s d e la s c iu d a d e s g r ie g a s en u n a
é p o c a d e tr a n s ic ió n h is tó r ic a e n q u e e l m u n d o h e lé n ic o
Sc d e b a t e e n tr e la a ñ o r a n z a d e la lib e r ta d d e l p a sa d o
Y el n u e v o im p e r io q u e se le v ie n e e n c im a . , por o
la d o n o c a r e c e e l d is c u r s o d e c ie r ta e n e r g ía en a lg u n o s
p a s a je s - p o r e je m p lo , c u a n d o se e v o c a el r e c u e r d o de
fo s P is is tr á tid a s , o a l p r e g u n ta r e l o r a d o r si e l M ace-
d o n io e s t á ta m b ié n en p o se sió n d e l p o d e r d e s e r p e -
j u ro , o c u a n d o , y a a l fin a l, se e x h o r ta a l p u e b lo ate-
SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO 355

n ie n se a r e a liz a r e l s u p re m o e s f u e r z o p a r a lo g r a r la
lib e rta d .

ARGUMENTO DE LIBANIO

Como Alejandro el Macedonio había restablecido en Mesenia


a los hijos del tirano Filiados, se denuncia esa acción como
infracción del tratado convenido con los atenienses y los grie­
gos; y afirma que los macedonios han transgredido el tratado
también en otros muchos puntos y exhorta a no desentenderse
de esas infracciones.
El discurso da la impresión de ser espurio; pues no se pa­
rece por su conformación a los demás de Demóstenes, sino
que más bien se acerca al estilo de Hiperides, entre otras razo­
nes porque contiene ciertas expresiones que convienen a aquél
más que a Demóstenes, por ejemplo: neóploutoi («nuevos ri­
cos») y bdelyreúsetai («se comportará asquerosamente»).

J u sto e s, v a r o n e s a te n ie n s e s , a c o g e r c o n m á x im o i
a g ra d o la c o n d u c ta d e q u ie n e s c o n in s is te n c ia e x h o rta n
a p e r s e v e r a r en lo s ju r a m e n to s y el tr a ta d o , si lo
h a ce n c o n p le n o c o n v e n c im ie n to ; p u e s e s tim o q u e a
g e n tes q u e se r ig e n p o r c o n s titu c ió n p o p u la r n a d a c o n ­
vie n e ta n to c o m o e l c e lo p o r la e q u id a d y la ju s tic ia .
E s m e n e s te r, p o r c o n s ig u ie n te , q u e lo s q u e c o n ta n to
em p eñ o o s in v ita n a s e g u ir e s a c o n d u c ta , n o o s e n o je n
a b u sa n d o d e d is c u r s o s , p a r a h a c e r lu e g o m á s b ie n to d o
lo c o n tra rio , sin o q u e , a c e p ta n d o h o y e l e x a m e n d e su s
p rin c ip io s , o b ie n p a r a el fu tu r o o s m a n te n g a n en la
p o s tu r a d e a s e n tim ie n to r e s p e c t o d e e so s p u n to s , o
bien , r e tir á n d o s e , d e je n d a r c o n s e jo s a q u ie n e s co n
m ás v e rd a d se m a n ifie sta n e n r e la c ió n c o n la s n o rm a s
de ju s tic ia ; c o n el fin de q u e o s o p o r té is v o lu n ta ria - 2
m en te s e r o b je to d e a tr o p e llo y e s ta m is m a su m is ió n
se la c o n c e d á is g r a c io s a m e n te a l q u e o s a g r a v ia , o b ie n ,
d is c u r s o s p o l ít ic o s
356

d e c id id o s a p o n e r la ju s t ic ia p o r e n c im a d e c u a lq u ie r
o t r a r e iv in d ic a c ió n , h a g á is u s o d e v u e s tr o s in te r e s e s e n
v u e s tr a s r e la c io n e s c o n to d o s, sin i n c u r n r e n r e p r o c h e s
y y a sin v a c ila c ió n n in g u n a . A h o ra b ie n , p a r tie n d o d e
la o b s e r v a c ió n d e lo s té rm in o s m is m o s d e l tr a t a d o y
d e lo s ju r a m e n t o s r e la tiv o s a la p a z c o m ú n , o s se rá
p o s ib le v e r y a q u ié n e s so n lo s q u e lo s h a n in fr in g id o ,
e s o es lo q u e o s v o y a m o s t r a r en fo r m a ta n c o n c is a
c o m o lo p e r m ita la im p o r ta n c ia d e lo s h e c h o s.
3 A h o ra Pb ie n , si se o s p r e g u n ta r a , v a r o n e s a te n ie n s e s,
q u é es lo q u e o s in d ig n a r ía e n m a y o r g r a d o e n e l c a so
d e q u e s e t r a t a r a d e o b lig a r o s a e llo , im a g in o q u e s e r a
e l h e c h o d e q u e s i lo s P is is tr á tid a s v iv ie r a n e n e l
t e m p o p r e s e n t e y a lg u ie n in te n ta r a f o r z a r o s a resto u -
r a r Z s a q u í, a r r e b a ta n d o v o s o tr o s la s a r m a s , a r r o s tr a ­
r ía is to d o p e lig r o a n te s d e d a rle s a c o g id a , o , e n e l c a s o
d e q u e la c o n s in tie s e is , s e r v ir ía is c o m o e s c la v o s c o m ­
p r a d o s p o r d in e ro , ta n to m á s, c u a n to q u e a l e sc la v o
n a d ie lo m a ta r ía in te n c io n a d a m e n te , m ie n tr a s q u e a
lo s q u e e s t á n s u je to s a u n a tir a n ía e s p o s ib le v e r lo s
n e r e c e r s in ju ic io y s u f r ir u lt r a je s e n la s p e r s o n a s de
4 ^ S o s y d e sus m u je r e s . P u e s b ie n , c u a n d o , c o n tr a
to s ju r a m e n t o s y e l tr a ta d o e s t a b l e a d o p o r a s e n t o en
la n a z g e n e r a l, A le ja n d r o r e s ta u r o e n M e se m a a lo s
h iio s d e F i l í a d e s 3, q u e e r a n v e r d a d e r o s tir a n o s , ¿ a c a s o
s e p a r í a r e lle x ió n a r en la ju s tic ia ? £N o p u s o , m a s i

i En dos congresos celebrados en Corinto, un e1338 y d


„ c en los que participaron Macedoma y toda Grecia, d
336 a. .» Fiiinn v el segundo por Alejandro, se
primero promovido por P y Poción 16; Justino,
concluyó la «paz común». Cf. Plutarco, rociu

IX 25' los hijos de Pisístrato. Hipias y su fam ilia fueron destó-


Tm staaco, ese habían W

r2 o et e r o n restablecidos m i. tarde por Alejandro.


SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO 357

bien, en p ráctica su propio h áb ito tiránico haciendo


poco caso de vosotros y del com ún acuerdo? No es, 5
pues, adm isible que os irritéis con m áxim a indignación,
si a vosotros se os im pusiesen esas coacciones, y, en
cambio, no os guardéis, si se h an producido en otro
lugar co n tra los ju ram en to s que se os han prestado;
ni que algunos aquí nos exhorten a que perm anezca­
mos fieles a los ju ram en to s, y a los que tan n o to ria­
m ente los han violado, les dejen esa facultad. Sin em- 6
bargo, no es posible que ello sea así, si estáis dispues­
tos a valeros de la justicia; pues, en efecto, está escrito,
adem ás, en el tra ta d o que sea enem igo de todos los
m iem bros que p articip an de la paz aquel que obre
precisam ente com o lo ha hecho A lejandro, y de la
misma m an era se considere a su te rrito rio y todos
em prendan u na cam paña co n tra él. Así pues, si pone­
mos en p ráctica lo establecido, trata rem o s com o ene­
migo al re sta u ra d o r de los tiran o s. P ero podrían decir 7
esos p artid ario s de la tiran ía 4, ciertam ente, que, antes
de que se concluyera el tratad o , eran ya tiran o s de los
m esenios los h ijos de Filíades; y que, p o r eso preci­
sam ente, A lejandro los restauró. P ero el argum ento
es ridículo: expulsar a los tiran o s de Lesbos —com o
por ejem plo, a los de Antisa y E reso— , p o r se r una
injusticia esta constitución 5, aunque ejerciero n su po­
der con an terio rid ad al tratad o , y sin em bargo, im a­
ginar que en M esenia la cosa es diferente, cuando allí
prevalece el m ism o enojoso sistem a. Luego, tam bién 8
ordena el trata d o , ju stam en te al principio, que sean
libres e independientes los griegos. P or lo cual p re ­
cisam ente, ¿cóm o no va a se r el colm o de lo ab surdo

4 El vocablo griego tyrannizontes ap arece en este tex to p o r


p rim era y ú n ica vez.
5 No fue éste el m otivo, sino que A lejandro les castigó p o r
haber apoyado a los p ersas (Arriano , I I I 2; Quinto Curcio
IV 5 y 8).
discursos políticos
358

nue a la cabeza del tra ta d o figuren la lib ertad y la


independencia y, p o r o tro lado, no se considere que
h a obrado en co n tra de los com prom isos com unes al
que ha establecido u n régim en político de servidum ­
b re? Así pues, varones atenienses, si vam os a per­
m anecer fieles al tra ta d o y a los ju ram en to s, y a hacer
lo que es ju sto (a lo que se os ex h o rta —com o hace
ñoco d ije—), nos es necesario to m ar las arm as y em ­
p ren d er u n a cam paña co n tra los tran sg reso res en com-
9 p añía de quienes se nos quieran unir. ¿O pensáis que
Ta o p o rtu n id ad tiene alguna vez tan gran vigor como
p a ra p e rm itir o b ra r con vistas al in teres sin atender
a la ju sticia, y hoy, en cam bio, cuando concurren en
el m ism o p u n to a la vez la justicia, la o p o rtu n id ad y
el in terés, vais a esp erar alguna o tra ocasión p ara
tra ta r de conseguir v u estra lib ertad y la de los dem ás

10§ri Paso a o tro p u n to de en tera justicia, de en tre los


establecidos en el tratad o . E stá escrito, en efecto, que
si algunas de las p arte s disuelven las constituciones
vigentes en las d istin tas ciudades cuando p re sta b an
ju ram en to s referentes a la paz, sean considerados ene­
migos de todos los p artícipes del tra ta d o de paz. ero
observad, varones atenienses, que los aqueos del Pe-
loponeso se regían p o r constitución d em ocrática y
que de ellos, a los de Pelene se la h a destruido ah o ra
el M acedonio tra s h ab e r expulsado a la m ayor p a rte de
los ciudadanos y h a b e r entregado ias V °sf l° n ?s “
éstos a sus siervos e im puesto a Q ueron el lu ch ad o r
u en calid ad de tirano. Ahora bien, n o so tro s p artic ip a­
m os del tra ta d o de paz que ord en a co n sid erar ene-

« Fue este Q uerón, según P ausanias, discípulo de P la tó n J


de Jen ó crates. In sta la d o en el p o d er com o tira n o de su ciudad
n atal, Pelene, com etió to d o tip o de ab u so s c o n tra sus conciu­
dadanos (cf. P ausanias, V II 27, 7).
SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO 359

migos a los que así obran. E ntonces, a la vista de esto,


¿obedecerem os esas instrucciones y los trata rem o s
como enemigos, o se co m p o rtará alguien asquerosa­
mente diciendo que no, algunos de esos que reciben
paga del M acedonio y se h an enriquecido p a ra m al
vuestro? Pues, al m enos, n ad a de esto les h a pasado 12
desapercibido; pero han llegado a tal grado de inso­
lencia, que, teniendo como guardias de corps a efec­
tivos m ilitares del tirano, os exhortan insistentem ente
a que observéis los ju ram e n to s violados, com o si aquél
estuviera investido de au to rid ad p a ra el p erju rio , y os
fuerzan a abolir vuestras p ro p ias leyes, poniendo en
libertad a los que han sido condenados p o r vuestros
tribunales de ju sticia y obligándoos a com eter o tras
tantas ilegalidades del m ism o género. Y es n a tu ra l que 13
así actúen, pues a los que se han vendido a intereses
contrarios a los de la p atria no les es posible preocu­
parse p o r leyes ni p o r ju ram e n to s; tan sólo abusan de
los nom bres de los unos y de los o tro s y así engañan
a los que se reú n en aquí en asam blea p ara p asa r el
rato y no p a ra exam inar asuntos, quienes estim an que
la tran q u ilid ad del instante p re sen te no h a de ser
nunca causa de enorm e confusión. P ero yo, al m enos 14
os exhorto, com o dije previam ente al com ienzo, a que
hagáis caso a ésos que andan diciendo que es m e­
nester o b serv ar los convenios establecidos en com ún,
a no ser que, cuando dicen que hay que m antenerse
fieles a los ju ram e n to s, entiendan que éstos no esta­
blecen que no se su fra ningún atropello, y piensen
que nadie se d ara cu enta de ello, cuando se van in sta­
lando tiran ías en el lugar de los regím enes dem ocrá­
ticos y están siendo destru id as las constituciones de
las ciudades.
Pero lo que es aú n m ucho m ás ridículo: figura en 15
el texto del tra ta d o que los m iem bros del consejo ge-
DISCURSOS POLÍTICOS
360

n e r a l7 y los m agistrados encargados de la defensa


com ún se p reocupen de que en las ciudades que par­
ticipan en el tra ta d o de paz no se produzcan ejecu­
ciones n i d estierro s en disconform idad con las leyes
vigentes en las ciudades, ni confiscaciones, ni rep arto s
de tierra , ni rem isiones de deudas, ni em ancipaciones
de esclavos con fines revolucionarios. Ahora bien, éstos
están ta n lejos de evitar algo de todo ello, que incluso
coadyuvan a que se lleve a cabo. ¿Cómo negar que
m erecen ser castigados con pena de m uerte? Ellos que
tan terrib le s calam idades p re p ara n en las ciudades,
que, p o r ser ta n graves, se encom endó no pasarlas
p o r alto a u n cuerpo ta n num eroso com o el que ellos
form an. , ,
6 Y todavía señalaré otro elem ento que ha piodu-
cido la disolución del tratad o . E stá escrito en el que
no sea lícito que de ninguna de las ciudades partícipes
de la p az p a rta n exiliados po rtan d o arm as, en son de
guerra, c o n tra cualquiera de las ciudades que com­
p a rte n la paz; y, en caso contrario, quede excluida
del tra ta d o la ciudad de la que p arta n . Ahora bien, el
M acedonio h a em puñado las arm as con ta n ta facilidad,
que n i siq u iera las h a depuesto h a sta ahora; antes
bien, to d av ía en estos m om entos, incluso, va de acá
p a ra allá con las arm as en la m ano cuanto puede, y
tan to m ás ah o ra que antes, cuanto que p o r u n a orden
suya h a rein stalado en diversos lugares a varios exi­
liados, y, co ncretam ente, en Sición al m aestro de gim-
17 n a s ia 8. P o r tanto, si es m enester d ar aquiescencia a lo s
acu erdos en com ún estipulados, com o éstos sostienen,

7 Sobre la función de estos magistrados . -t o s


(gr sfnedroi )—, como miembros del consejo federal creado por
c f n a T o d e Corinto, cf. Diodoro Sí culo, XVI 80; J ustino , IX 5
s Nada se sabe de este personaje. En el discurso ^ bre
corona (48 y 295), Demóstenes alude a Aristrato y Epícares
como los jefes del partido promacedomo en Sición.
SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO
361

quedan p a ra n o sotros fuera del trata d o las ciudades


que han realizado estas acciones; pues bien, si hay que
encubrir la verdad, no hay que decir en absoluto que
éstas son las ciudades m acedónicas. P ero si los que
son servidores del M acedonio en co n tra de vuestros
intereses no d ejan de exigir que se pongan en p rá c­
tica los acuerdos del tra ta d o conjunto, hagám osles
caso, puesto que sostienen lo cabal, y de acuerdo con
lo que ordena el ju ram en to , después de haberlos ex­
cluido del tratad o , deliberem os sobre la m anera en
que hay que^ tr a ta r con quienes m u estran una dispo­
sición tan seño read o ra e insolente y no cesan de ten d er
insidias, d a r órdenes y b u rla rse de la paz general
Pues, ¿con qué argum entos sostendrán éstos que eso 18
no es asi necesariam ente? ¿O pretenden que el acuer­
do, si va co n tra la ciudad, es ju sto , m ientras que, si
tiende a su salvación, no lo consentirán? ¿Acaso es
justo que suceda esto? ¿Y si algún p u n to hay en el
ju ram en to que favorezca a n u estro s enem igos en contra
de n u estra ciudad, eso lo h a rá n valer siem pre en firme;
en cambio, si algo es a la vez ju sto v conveniente p ara
nosotros, p ero desfavorable p a ra ellos, pensarán que
contra eso están obligados a lu ch ar continuam ente sin
cesar nunca?
Y p ara que veáis con m ayor claridad aún que nin- m
guno de e n tre los griegos os re p ro ch a rá nunca h ab e r
transgredido alguna de las cláusulas del tra ta d o con­
junto, sino que incluso os m o stra rá g ra titu d p o r ser
los únicos que habéis denunciado a los que lo hacían
abordare ah o ra unos pocos de los m uchos n u n to s que
se p odrían m encionar. En el tra ta d o está escrito, com o
sabéis sin duda, que todos los que p articip an de la
paz pueden navegar p o r m ar, sin que nadie se lo es­
torbe ni conduzca a p u erto p o r la fuerza a ningún
arco de alguno de ellos; y que, si alguien o b ra en
contra de este acuerdo, será tenido com o enem igo p o r
DISCURSOS p o l ít ic o s
362

20 todos los que to® “ f ^ ^ “ cJa rísto a m en te que esto

llegado a tal grado de arro g a ,q m ercan tes ■>


al p u erto de Ténedos a to d o s J o s n h a sta
p rocedentes en que decidíais
que vosotros n botar]as in m ediatam ente enton-
eq u ip ar cien trirre m y d la s en caiidad de ge-
ces, y establecisteis a no va a ser extraño
21 neral a M enesteo. violaciones com etidas
que ta n ta s y tan serias ~ gin embargo, no
p o r otros, y que sus; amigc’ ’sino que os acon-
in ten ten a p a rta r a los ^ térm inos de los que ta n
sejen m an ten ero Como si hubiese en el tra-
poco caso se esta ac’ . e p erm itiese a algu-
ta d o u n a c lá u su la s u p le m e n ta ria q u p ^ les
nos h acer caso ° ™ so de ' “ Pero, ¿cómo negar
22 negase la posibilidad ^ ^ e ran es-
que aquéllos, al m ism o tie m p o ! ' iolación de los jura-
túpidos, cuando com etieron despojarles
m entos ta n enorm e que a p u n to e s tu v o cte J ? ? Jy ^
con to d o derecho de la hegem onía gl derecho
davía en estos m o m en to s.n o ^ cuando queram os
de o b ra r así sin in c u rrir P ’ delitos, h an
actuar; pues no por
23 dejado un tanto de m rm£ abusar de vuestra indo-
tienen suerte, porque p u e e n nl de los
lencia, que se obstina en ^ ^ ^ resulta ser la cosa
É 5s < S : que mientras
r / r o V ^ T s r r d ^ T q u f Í ^ a n a d e ,9

9 E sto s b arc o s m e rc a n te s .J ^ e T ^ r i e g a s La^ruta*1m a rítim a


com prendida^ e n tre L ° í £ £ del Ponto y G recia era im portan-
tísim a com ercialm ente.
SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO 363

preciaros a vosotros m ism os, unas veces m ediante la


persuasión, o tras p o r la coacción, com o si realizasen
funciones públicas en tre gentes de A bdera o M aronea 10
y no atenienses. Y al m ism o tiem po que debilitan vues- 24
tras fuerzas y robustecen las de vuestros enem igos, ad ­
miten, sin darse cuenta de ello, que n u estra ciudad es
irresistible, al ex h o rtarla a o bservar la legalidad a des­
pecho de la legalidad, com o si p u d iera vencer fácil­
m ente a sus enem igos si se decidiera a o b ra r según sus
intereses. Y es n a tu ra l que ésta sea su actitu d ; pues 25
m ientras sea posible ser señores indiscutibles del m ar,
incluso solos, será posible e n c o n tra r o tras defensas m ás
solidas en tie rra adem as de las fuerzas ya existentes,
especialm ente cuando, p o r un lance favorable de la for­
tuna, han sido suprim idos los que recibían protección
personal p o r p a rte de los ejércitos del tiran o y algunos
de ellos h an perecido y otros se h an m anifestado como
gente de ningún precio.
Tal fue, pues, p o r lo que se refiere a los navios, 26
además de los o tro s delitos antes enum erados, la viola­
ción del tra ta d o com etida p o r el M acedonio. Pero el acto
mas u ltra ja n te y despreciativo de los m acedonios es el
que ha tenido lugar poco ha: haberse atrevido a pene­
tra r en el Píreo al m argen de los acuerdos m utuos que
concertam os con ellos. Y ello no h a de ser considerado
asunto insignificante, varones atenienses, p o r el hecho
de que se tra ta b a de una sola trirre m e, sino u n expe­
rim ento p a ra v er si nos desentendíam os del asu n to y
en ese caso les fu era posible h a c e r lo m ism o con m ayor
núm ero de navios, y una p ru eb a de que no se preocupa­
ron de las resoluciones com unes, com o tam poco de las
anteriorm ente m encionadas. Pues, que eso era u n a pau- 27
latina in tru sió n y u n a m aniobra encam inada a acostum -

10 C iu d ad e s s itu a d a s e n la c o s ta tra c ia , f r e n te a la is la d e
ra so s.
d is c u r s o s p o l ít ic o s
364

b ra m o s a so p o rtar sem ejantes incursiones es evidente


tam bién a p a r tir de las siguientes consideraciones, pues
p o r el hecho de que el hom bre que navegaba e n el
— que h ab ría debido ser elim inado p o r
con trirre m e y todo— os p id iera que se le perm i
co n stru ir pequeñas em barcaciones en nuestros. puertos,
■cómo no va a re su lta r totalm ente claro que los m ace
donTos tra m a b a n no tan to e n tra r en el puerto, com o
e sta r d en tro de él desde el principio? Y si nosotros
tolerásem os las pequeñas em barcaciones,poco es^
nués serían tam bién los trirrem es; y si al principio
28 pocos luego serían num erosos. P orque no cabe alegar
que en A tenas abundan las m aderas p a ra la co n stru c­
ción de naves, cuando las im portam os con grandes di-
ficultades y de .ajan es bagares, m ien tras que e n ^
cedonia son escasas, región que las Pro cu ™ * ^ 1
precio incluso a todos los que las quieran. Lo que ellos
p en sab an era, a la vez, co n stru ir aquí e m b r i o n e s
y eq u ip arlas en n u estro pu erto , pese a que en el tra
L o co n ju n to está estipulado explícitam ente. que= nada
de ese estilo se p erm ita y se im aginaban que reali
29 eso cad a vez iba a e sta r m ás en su p o d e r " . Con tal
m enosprecio tra ta n ellos a la ciudad en todos los as-

¡r.sr£ v ?
, o ins rme desde aquí son sus m aestros,
a í , h a n , ad-
v ertid o con la ayuda de esos un m d escrip ti e re ajo
V m olicie en n u e stra ciudad y que en ella no hay p re
visión n inguna del fu tu ro ni a
sid era r en qué fo rm a el tiran o se vale de los acuerdos
30 com unes. A estos acuerdos yo os
m antengáis fieles, varones atenienses, en las condicim
nes q ue h e expuesto, y podría aseguraros, com o m e
consiente la edad que tengo, que ejercerem os nues-

' « YaFilipo deseaba adueñarse de los astilleros de AtenM.


(Cf. Sobre los asuntos del Quersoneso 45; Contra Füipo, •)
SOBRE EL TRATADO CON ALEJANDRO 365

tros derechos sin que se nos reproche n ad a y a la vez


nos valdrem os, con la m áxim a seguridad, de las cir­
cunstancias p ropicias que nos aprem ian a ir en pos de
n uestros intereses. Pues, en efecto, en el tra ta d o hay
una cláusula añadida com o apéndice, que reza: «si
querem os ten er p a rte en la paz com ún»; ah o ra bien,
ese «si querem os» indica tam bién lo co n trario al m ism o
tiem po, si acaso nos vemos obligados a d e ja r de ser
vergonzosam ente seguidores de otros o a no re co rd a r
tan siquiera ninguno de esos títulos de gloria que desde
muy antiguo, en m uy gran núm ero, su p erio r al de
cualquier o tro pueblo, nos corresponden. Así pues, va­
rones atenienses, si lo m andáis, h aré la p ro p u e sta de
em prender la guerra, según p rescrib e el tratad o , con­
tra sus transgresores.
X V IU

SOBRE LA CORONA. EN DEFENSA DE CTESIFONTE

INTRODUCCIÓN

E ste discurso de D em óstenes — Sobre la corona. E n


defensa de C tesifonte— es u n a m agistral pieza o ra to ­
ria, de perfección no igualada p o r o b ra alguna del
m ism o género desde el año en que fue p ronunciada
(330 a. C.) h asta n u estro s días.
El año 330 a. C. señala, pues, un hito im p o rtan te
en la o ra to ria de todos los tiem pos, pues fue en esa
fecha cuando un ju ra d o com puesto p o r m ás de qui­
nientos ciudadanos atenienses escuchó de boca del gran
orad o r tan so rp ren d en te alocución.
Unos seis años antes, C tesifonte había conseguido
en el C onsejo que, a p ro p u e sta suya, éste aprobase un
decreto provisional (necesitado, p o r tanto, de la ratifi­
cación de la A sam blea) en v irtu d del cual se recono­
cían y p rem iab an debidam ente los servicios públicos de
Dem óstenes con la concesión de una corona de oro,
recom pensa que no se le otorgaba en esta ocasión p o r
vez p rim era.
Pero la enem istad de E squines hacia n u estro o ra­
dor no tard ó en d ejarse sentir; antes bien, de inm e­
diato p resen tó co n tra C tesifonte una acusación de ile-
d is c u r s o s p o l ít ic o s
368

galidad. E ra ilegal la p ro p u e sta de gratificar a Demós-


tenes con u n a corona de oro - a r g ü í a E s q u m e s - p o r
tres razones principales: en p rim er lugar, p o rq u e p re­
ten d ía reco m p en sar con u n a corona a u n ciudadano
cu e todavía o cupaba u n cargo de responsabilidad pu­
blica y a ú n no había rendido cuentas de su gestión al
pueblo. E n segundo térm ino, porque en la pro p u esta
se solicitaba que el galardón otorgado se proclam ase
en el T eatro d u ra n te las fiestas D iom sias y no en la
Asam blea del pueblo, donde, según las leyes, debían
p S a m a r s e las coronas decretadas. P or ultim o, porque
fos decreto s y docum entos oficiales no debían contener
falsedades, y era falso, a juicio del acusador, que nues­
tro o ra d o r hubiese beneficiado de p a la b ra u o b ra a a
ciudad de los atenienses.
De los dos p rim ero s cargos hizo D em ostenes poco
caso en su defensa (§§ 110-121 del Sobre la corona);
m uy h áb ilm ente, en cam bio, centró su discurso “
nobleza y el p atrio tism o de su actuación com o hom bre

^ La^ v erd ad es que toda la actividad política de nues­


tro o ra d o r no fue sino un valeroso y h o n rad o esfuerzo
p ersonal p o r re cu p erar las glorias p erd id as de la Atenas
de an tañ o , que él encontró sum ida en penoso abatir

m Í E n °efecto, con la política de A ristofonte y Eubulo


Atenas h a b ía llegado a p erd er toda ^ 'e T l a
v h a s ta la confianza en si m ism a. Se pensaba, en la
ciudad,3 de Atenas, que el enemigo de esa pohs era e
rey p e rsa A rtajerjes II I Oco, m ien tras, a expensas de
ese e rro r de visión política, Filipo de M acedom a iba
in crem en tan do día a día su poder en Grecia.
1 F u" D em ostenes quien con su p alab ra elocuente se
encargó de aclarar las ideas al pueblo ateniense^
“ e n t é j e n te , desde la oposición, trazó las ta re a sd tre c -
trices d e su actuación fu tu ra en el discurso Sobre la.
SOBRE LA CORONA 369

sinmorías, del 354 a. C., fecha de su p rim era aparición


en la liza política. Más tard e, p re stó grandes servicios
a su p atria apoyando a los m egalopolitas, am enazados
por E sp arta {En defensa de los megalopolitas)-, a ta ­
cando la p ro p u e sta de A ristócrates en la que éste soli­
citaba conceder protección especial a Caridem o {Contra
A ristócrates); afro n tan d o con visión de fu tu ro la cues­
tión m acedónica (Contra Filipo, I) y exhortando a sus
conciudadanos a p re s ta r ayuda a los rodios {Por la li­
bertad de los rodios), m ovido p o r el p ropósito de
ado p tar u n a política nacional em ula de la vigente en
la gloriosa Atenas del pasado.
Pero sus buenos consejos chocaron con la ap a tía e
indolencia de sus d estinatarios, quienes, con tal actitu d
p erm itiero n a Filipo to m ar Olinto en el 348 a. C. y
condenaron a Atenas a una serie de irrecu p erab les des­
calabros. Dos años m ás tard e, el 346 a. C., tuvo lugar
la «paz de Filócrates». En esta m ism a fecha acuden
a Pela —capital del reino m acedónico— Dem óstenes
y E squines form ando p arte de u n a em bajada p a ra la
paz, y de allí reg resaron el uno m ás hostil al rey que
nunca y el o tro convertido en am igo y colaborador del
Macedonio. Una vez votada la «paz de Filócrates», se
decidió en Atenas que Filipo la ratificase, lo que dio
lugar a la segunda em bajada ateniense enviada al m o­
narca de M acedonia; y de nuevo coincidieron en ella
nuestro o ra d o r y su irreconciliable enemigo. Pero cuan­
do volvieron los em bajadores, en una sesión de la
Asamblea tom ó la p alab ra E squines p a ra com unicar
que Filipo había llegado a los Term opilas. No sólo
esto era cierto, sino que, adem ás, tal y com o había
previsto D em óstenes, no tard ó m ucho el m onarca ma-
cedomo en o cu p ar Fócide. En Atenas, al conocerse estas
noticias, el pueblo se alarm ó y se conm ovió fu e rte ­
mente. Una vez m ás n u estro o ra d o r hizo gala de sen-

35.-24
270 discursos políticos

• + cmn sincero recom endando a los ate-


sate2 y p a t r ó n » y saivaguardar la paz.
nienses m an ten , cavendo poco a poco en
M ás .a rd e , » y £ £ j> s ^
descréd ito como la P u e b a n ^ P ^ ^ ^ F il6crates,
el asu n to de Délos y traición. B ien es verdad
acusado eso que, a propósito de la
que lú e ab su eltu P vió D em ostenes,
segunda embajada a F ü tp o ^ ^ ^ ^
p ero salió de el i m erced al infatigable
E l m ism o M acedom o encuentra, m erced a ^ j
esfuerzo de DeiTiosicnc^ s c ic o lcl6n en Atenas.
r e f^ T r c e d e ^ m p o a ^ d e regalo. el Halo-
Lnsoely32 .á dispuesto a someterse i - - “ ^

n“ d d e r t r a c ll T r o i rOa“ “ nes0- Como es conocido,


ciudades trac ias y toí.Qrnn con éxito esos mten-
Hegesipo _y ™ e“ ro orador deíiende a Dio-
t0 tesU q u ^ d S e m p e ñ a n d o el cargo de com andante mi-
pxtes, que des,: P había saqUeado dos ciudades
lita r en e Q vendido com o esclavos a sus habi-
de los m acedom os y ,• titu lad o Sobre los
tant£S- ^ a u e t Z : se enfrentó D e m ó s te n e s a las
asuntos de Q“ coreadas en Atenas p o r el p artido
p ro te sta s ^e Fil p ta rd e , ex h o rta a sus
ñlom acedom o. Unas sem an independencia
conciudadanos a sa^vagua^ ^ dg FiUpo {Contra
oponiéndose a encontró b u en a acogida
Füipo, IID ' e™ ° provocó la caída del p artid o de
p o r p a rte del Pue^ ° y P Q al gran o rad o r. É ste
E ubulo q u ien ce qP diciones m ilitares a Pro-
prom ovio y llevo alm ente acu-
coneso, el Q u e r s o n e s o y g a la sa z ó n se en-
dió c o m o e m b a ja d o r e u e r r a , y al H e le s p o n to ;
c o n tra b a Filipo a^ e Bizancio y Abido; c o n Calias
c o n c lu y ó u n a a lia n e l p elo p o n e s o en
de Cálcide r e c o m o p o r te r c e r a v e z r
SOBRE LA CORONA 371

busca de alianzas y envió por doquier m ensajeros en


solicitud de ayuda. De este m odo logró co n stitu ir u n a
liga antim acedónica in tegrada p o r m uchos estados
griegos. S obre esta base previa se lanzó a la acción.
E u b ea fue liberada, libró del asedio a que estab an so­
m etidas, a P erin to y Bizancio, y declaró form alm ente
la g u e rra a Filipo. Se com prende, pues, que, a p ro ­
p u esta de Aristónico, D em óstenes fu e ra coronado.
S eguidam ente p asa n uestro o ra d o r a ocu p ar im p or­
tan tes cargos en la política de A tenas y en ellos obtiene
espectaculares éxitos: realiza notables m ejo ras en la
m arin a ateniense, p re sen ta y hace triu n fa r la ley trie-
rá rq u ica y, en el 339 a. C„ im pone la refo rm a financiera
acom pañada de la abolición de la ley de E ubulo res­
pecto del th eorikón o «fondos p a ra los espectáculos».
P ero E squines tam poco p ierde el tiem po; p o r el
contrario , re c u rre ya ab iertam en te a la traición, nom ­
b rad o pilágoro de la Anfictionía délfica, a fuerza de
intrig as y conspiraciones, en las que fue secundado
p o r los dem ás m iem bros del p artid o prom acedonio,
consigue que Filipo sea nom brado com andante en jefe
de la federación anfictiónica. O cupando tal cargo, debía
el M acedonio p o n er fin a la g u erra decretada c o n lra los
lo có o s de Anfisa, que habían violado el sagrado te rri­
torio de C irra. E sa m isión proporcionaba al am bicioso
m on arca la o p o rtu n id ad de in terv en ir de lleno en los
asun to s de G recia y de dirigirlos a su gusto. E n efecto,
así o cu rrió : a la cabeza de un num eroso ejército, hace
h u ir a los tebanos, que in ten tab an c e rra rle el paso;
destruye Anfisa y ocupa Elatea. Conocida en Atenas
la noticia de esta ocupación, cundió el pánico y a duras
penas logró D em óstenes restab lecer la calm a. Lo con­
siguió, no o b stan te, y fue entonces cuando propuso
la alianza con Tebas, pro p u esta que, co n tra todo p ro ­
nóstico, los atenienses aceptaron entusiásticam ente. Así
pues, los ejércitos de las dos ciudades aliadas ocuparon
372 discursos políticos

Fócide y consiguieron e la p o y o y ^
y E1 c o i” a lo fm ac ed o n io s, por
u „ p a r de “ ^ d o p o r segunda vez.
lo que n u e stro o ra d o r t ^ decepción: p
P ero no ta rd o 8^ iniciales tuvo lugar la
días después de 1 c \ en la que atenienses
b atalla de d erro tad o s Se habla al-
L d ? c o n 5lá Uv S o r l a el M acedonio , D em os,enes h ab la

^ S i i f em bargo, Atenas no habla perdido la confianza


d e s f o r z a d o valedor. Antes bien, le fu ero n confiados
en su esforzado no E sq u m es, quien
importantes enea g ■J ^ ^ ,os caldos e„ Que-
^ e n T u s conciudadanos le absolvieron en los num e-
ronea, sus con en tab laro n sus enemigos.
rosos Pro - r % r er congreso de C orinto (338 a. C.),
D espués de P q re sta u ra r los m u ros de A te
p ro p u so el o ra d ^ ^ invasión del A tica. Seme-
naSt a n b ra d e b t ser realizada a expensas de los fondos
ja n te o b ra debía ser fracciones - u n a p o r tn-
f - C°aSlay cabeza de cada u n a de ellas figuraba u n co­
m isario encargado de la ^ la m uraba.

ParaCT ( l ad d e aia SzÓna0nd e fP im o ), sino que, adem ás,


asignado (la de una fo sa. Y com o el gasto
hizo excavar ante sobrepasaba la sum a de los
de esta su esm erada labor- sobre?* ^ su p ro .
diez talen to s asigna os ¿j dicó graciosam ente al
PÍ° f n H U T a r w r 'd o n a c t ó n generosa de dinero a
estado. Hiz presidente.
la caia d 1 “ dádivas desinteresadam ente otorgadas y
SOBRE LA CORONA 373

sentó an te el Consejo, el año 336 a. C., la pro p u esta


de p re m ia r a D em óstenes con u n a corona de oro.
Bajo esta m oción de C tesifonte se ocultaba, obvia­
m ente, un claro propósito: el de p ro p a la r p o r toda G re­
cia que la política del gran orador, pese a la d erro ta
final, h abía sido la acertada, razón p o r la que los ciu­
dadanos de Atenas le otorgaban m erecida recom pensa.
E ste m ism o año, E squines arrem etió c o n tra Ctesi­
fonte acusándole de haber form ulado una pro p u esta
ilegal. La proposición del uno y la acusación del o tro
fueron presen tad as, pues, d u ra n te el arcontado de Frí-
nico, casi dos años después de la infausta b atalla de
Q ueronea y poco antes de la m uerte de Filipo, que
aconteció en el 336 a. C. Pero el enfrentam iento no se
resolvió judicialm ente, sino seis años m ás tarde, en el
330 a. C., b ajo el arco ntado de A ristofonte.
La causa de esta dilación fue, tal vez, el pánico de
Atenas an te la trem en d a represión llevada a cabo por
el joven m onarca sucesor de Filipo, A lejandro, que
había ap lastad o b ru talm en te la sublevación de los te-
banos destruyendo Tebas (335 a. C.).
En el proceso acerca de la corona, p o r consiguiente,
se en fren tan dos grandes oradores, pero tam bién dos
partidos y dos políticas irreconciliables. El pueblo de
Atenas decidió que triunfase D em óstenes, haciendo con
ello h o n o r a la ju sticia.

ARGUMENTO DE LIBANIO

Nuestro orador erigió una muralla, para protección de los i


atenienses, más infrangibie y mejor que las usuales y cons­
truidas con las manos: la buena voluntad hacia la ciudad y su
destreza en los discursos, como él mismo ha dicho: «no con
piedras y ladrillos fortifiqué Aitenas, sino con grandes contin­
gentes de tropas y muchas alianzas, unas por tierra y otras
d is c u r s o s p o lít ico s
374
n m b ié n co ntribuyó en no
p o r m a r , Y no sólo e j o real
escasa m edida ayudando a , a "det eri orada la m u ra lla de
de su contorno am u ra a ^ _ u n a vez q u e se decidió res-
Atenas en m uchas de - - h o m b res, u n o de
fueron elegidos l’« > “ ” ^ „ d l , „ „ , e de 1. » -
cada trib u , quienes debía 8 ^ fondos públicos.
2 permisión; pues el desem o o ra d o r, quien no sólo
Pues bien, uno de ellos ¡a _ al igual que los dem ás,
contribuyó al servicio con^su^ ^ fQrma irre p r0 chable y dio el
sino que concluyo ‘ su propio peculio. Elogio el
dinero a la ciudad tom an o ^ ^ voKmtad y corresp o n d ió a su
Consejo ese gesto suyo atenienses estab an b ien
Celo con u n a coron a de o r o . p u e ^ & les concedían
dispuestos a d e m o stra r agí Pyr>resó la opinión de que
3 L ’ d d o , V fue fas d e s,a s D i .
se debía co ro n ar a Demo. ^ D¡oniso y a la lis ta de
nisias, en un lugar com o el te a t r o ^ ^ re u n id o ; y que
todos los griegos a quien s ^ ciudad co ro n ab a
an te ellos el h ™ M° f ^ ¿ “ nes. del dem o de Peonía, p o r
a DemOstenes m ,o de Demo ^ ^ E ra , por
4 todos sus m érito s y su desde to d o s ios p u n to s de
tan to , u n a adm irab le reco n te ]a cnvidia puso su m ano
v ista; razón p o r la cual, p r acusac¡ón de ¡legalidad. Pues
en ella y del decreto res D em óstenes, p resen tó u n a de­
s p u m e s , que . e r a e n e m ^ j e ^ alegando que
m an d a de juicio poi i % te y no rin d ió cu en tas, es­
com o D em óstenes h a ia si s la ]ey o rd e n a b a que a
de iú
taba obligado a resp o n d er ■ ^ ^ cQronase; y , adem as,
los sujetos a tal responsabilidad ^ ^ ^ qqe d pue.
invocaba u n a ley que o rd en a Q COro n a fuese p ro -
b lo de lo s atenienses " s e a ^ n e n ,^ ^ ^ Con.
clam ada en la A samblea, y cn C onsejo; en algún o tro
s e je „ s«dn de h . Cad J , que lo . e l» ,* *
5 lugar, em pero, n o fuese , . pUes el o ra d o r n o h a
recaídos sobre D em óstenes s o n ^ Plos asu n to s púb lico s;
llevado a cabo u n a b u en a & , v caUsan te d e m uchos
antes b ien, es ^ P recisam ente se h a

SÜ -- — » “““ “
SOBRE LA CORONA 375

de la ley de los m agistrad o s som etidos a rendición de cuen­


tas; en segundo term ino, acerca de la ley de las p roclam acio­
nes, y en te rc e r lugar, sobre su actuación en el go b iern o ; y
pidió que tam bién D em óstenes o b serv ara el m ism o o rd en . P ero 6
el o ra d o r no sólo com enzó p o r la cuestión de su gestión de
los asuntos públicos, sino que, adem ás, volviendo a ella acabó
su discurso, obrando así de acu erd o con las reglas del arte:
pues hay que com enzar p o r los m ás fu ertes arg u m en to s y te r­
m in ar en e llo s; y en el m edio ha colocado los asu n to s refe­
rentes a las leyes, y a la que concierne a los m ag istrad o s obli­
gados a re n d ir cuentas opone in terp re tacio n es, y a la que versa
sobre las proclam aciones en fren ta o tra ley o, com o él m ism o
dice, p arte de una ley, en la cual e stá p erm itid o que incluso
en el teatro se haga u na proclam ación si el p u eblo o la Asam­
blea así lo d ecretaran .

OTRO ARGUMENTO

Los atenienses y los tebanos. lu ch an d o c o n tra Filipo en i


Q ueronea, ciudad de Beocia, fueron d erro tad o s. Así pues, el
Macedonio, tra s h ab er vencido, estableció u n a g u arnición en
Tebas y m antenía esclavizada, b a jo su co n tro l, la ciudad. Y
esperando los atenienses su frir el m ism o tr a to V sospechando
que el tira n o no ta rd a ría ya en lleg ar p a ra atacarles, p en saro n
en re s ta u ra r las p a rte s de la m u ra lla d añ ad as p o r el p aso del
tiem po y, así, de cada trib u fu ero n p ro p u esto s com isarios de
fortificaciones. De tal m an era, tam b ién la trib u P andiónide eli­
gió de en tre sus propios m iem bros a n u e stro o ra d o r p a ra ese
servicio. Pues bien; estan d o ya el tra b a jo en m arch a, necesi­
tando el o ra d o r todavía m ás dinero, adem ás del que h a b ía sido
consignado p o r la ciudad, lo gastó extrayéndolo de sus propios
fondos y no se lo com putó a la ciu d ad , sino que se lo donó.
Tom ando esa acción com o fu n d am en to , C tesifonte, u n o de los 2
ciudadanos p artícip es en la gestión pública, p ro p u so acerca de
él en el C onsejo la m oción siguiente: «Toda vez que Dem ós­
tenes, h ijo de D em óstenes, viene m o stra n d o a lo largo de to d a
su vida devoción hacia la ciudad, y actu alm en te, en calidad de
com isario de fortificaciones, como q u ie ra que necesitase dinero,
d is c u r s o s p o l ít ic o s
376
- , T-wa/'iilin p hizo de él donación, p o r ello
lo p roporciono ^ ^ ^ ^ atenienses CQro.
tengan a b ien ocasión de la repre-
narlo con corona de oro, c " el te a t ^ ^ ^
sentacion de las nuevas as Db ra s te a tra le s]. Intro-
r " — - ^ e b l o esa m oción, s e b e e n
ducida, p cte sifo n te E squines, que era enem igo de el a raíz
T L gestión de los asu n to s públicos, arguyendo que el decreto
era ü e S resp ecto de tre s leves: una, la que o rd en a que quien
está l e t i d o a rendición de cu en tas no sea coronado antes
Te hab erlas ren d id o ; todavía no lo había
afirm a, en su calidad £ — s tr ^ ^ “ te r T g u a rd a r
táculos v com isario de to rtm cacioncs, >
tacuio t r oc pi exam en, se le viese
v rpipner la recom pensa h a sta que, tra s e
y re te n e r ia i c w ^ lp~ ia iev que ordena
, ,1MC do .o d a « O » . J A s i ó t e » d e a .c o .d i.
„ haea la coronación en la rn ix , en
tando, así, a los ciudadanos que a c e p t á r o n l e ^ c o r ^ a &
D em óstenes fuese p ro clam ad a en el teatro . La te rc e ra ley con
r í a l a com pleta indagación £ ^ n ^

se e n c u e n t r a ^

docum entos públicos.

31 ^ t 6 Stb ie n ^ s e ^ e e n r a c i m é m alévolo y h ostil a su p a tria .


, r Stam fütim a 1 v a tercera, que re su lta b a ú til, asiéndose el
5 o rad o r Í a un ’ ancla, d errib ó al ad versario, valiéndose p a ra
ello de un proced im ien to h abilísim o y trem en d o p a ra su « u -
1 , núes p o r ahí p u d o hacer p re sa en su enem igo y ab atirlo ,
sadoi pues no P de lQS so m etidos a rendición

2=í i » ;
T a c u e r d o a su conveniencia y no hace a lard e de su a rte en
fo rm a desvergonzada ^ p u n to

~ ^ ^ d i m a n a r a ; p u es, en efecto, Esqui-


SOBRE LA CORONA 377

nes había leído leí ley referen te ti los Que in tro d u cen docum en­
tos falsos; y respondiendo a ella n u e stro o ra d o r en co n tró oca­
sión de sacar a colación sus logros en el ejercicio de la gestión
pública, com o si se las h u b iera con el a su n to de la legalidad.
Y tal es la disposición del d iscu rso ; m ie n tra s que el fu n d a­
m ento m ás fu erte p a ra E squines es la legalidad, p a ra n u estro
orad o r lo es la justicia, y p ara am bos, en pie de igualdad, la
conveniencia, objetivo que no es susceptible de dem ostración
evidente. La disensión versa sobre una cuestión de hecho re ­
cogida en d ocum ento; pues el d ecreto se refiere a u n p u n to
especificado. La acusación había sido d ep o sitad a cuan d o Filipo 7
aún vivía, pero el discurso y el ju icio d a ta n de la época en
que A lejandro le había sucedido en el poder. Pues cuando m urió
Filipo y los tebanos, tra s re c o b ra r el valor, expulsaron la g u a r­
nición, A lejandro, sintiéndose despreciado, asoló Tebas; luego,
arrepintiéndose de su acción y avergonzado, ab andonó Grecia
Y em prendió cam paña co n tra los b árb aro s. Y los atenienses
pensaron que era ocasión propicia p a ra so m eter a juicio a los
traidores que hab ían perju d icad o a G recia, y así se dispuso el
tribunal.

En p rim e r lugar, varones atenienses, ruego a los 1


dioses todos y a todas las diosas que cu an ta buena
voluntad vengo yo teniendo p a ra con la ciudad y
todos vosotros, la obtenga yo de v u estra p a rte en igual
m edida p a ra este proceso; luego, que lo que en m ayor
grado os beneficia, a vosotros y a v u estra piedad y
reputación, eso os in spiren los dioses, a saber: que no
hagáis a mi adversario vuestro consejero acerca de
cómo debéis vosotros oírm e (que eso sí que sería re­
probable), sino a las leyes y al ju ram e n to en cuya 2
redacción, adem ás de todas las o tras ju sta s p re scrip ­
ciones, consta el p recepto que os obliga a p re sta r aten-

1 Se refiere al juramento de los heliastas, que había sido


jurado por cada juez.
discursos políticos
378
, „ m r t e s con im parcialidad. Ello significa
cion a am bas p iuicio condenatorio previo y
no sólo ca rec er _ tam bién p erm itir
m o strar a los do:s j u a l favor, ^ ^ ^
que cada un o de - E a p robado y preferido *.
Ci6p uye f b l „ ™ c h o s p u l s e e hallo en desven-
1 Pues 016 ’ ~ 0 n -n ,iin e s p o r lo que a este pleito
ta ja con resp ecto q to d o . varones atenienses,
se refierC'aK » á de ¡".portancia: uno, el hecho
que son, ad em a , J= iguales a los de m i adver­
de que no litigo p o r í no alcanzar vuestro
sario, pues no es lo m ism o p ino que p a ra

m i...3 no quiero bi m e acusa con ven-


ay nn d is c u r s o - , de todos
taja. El o tro , co. q acusaciones se escuchan
los h o m b res, que las J ' erim en ta disgusto con
con placer, m ien tras qu ' P ^ dos circuns-
4 los que se elogian a si m is • dada
tancias, pues, la que a d e r e z a al agrado te ^
a ése; p o r el c o n trn n p b pu« n ^ ^ ^ P ^
m olesta, m e queda a / . dar¿ j a im presión

--------------r „ m v t r n Ctesifonte 202 , había pedido a los jue-


2 Esquines, en C ontra*Item & Demóstenes, o que
ces que o bien no escuchase P ^ ^ exp0sición el orden
si lo hacían, le obhgasen ^ Responde, así, nuestro ora.-
Z f taÍÍSn'Je .o adversario. Cf. E soOIKES. Conlr» Creso
fonte 202-205 . . denominada aposiope -
Por

D% ' r u.V .; iá r 6 cHo - n . en 1»


constar la inferioridad “ *e l a circunstancia de que

sS i pr" ,0!'
SOBRE LA CORONA 379

res públicos; y si paso a lo que he llevado a cabo y a


las gestiones públicas por m i realizadas, me veré for­
zado a h ab lar m uchas veces de m i propia persona. Así
que tra ta ré de hacerlo con el m ayor com edim iento; y
en cuanto a lo que el caso en sí m e obligue a decir,
ju sto es que la responsabilidad de ello la tenga ése, el
que suscitó un pleito de tal índole.
Creo que vosotros todos, varones atenienses, reco- 5
nocereis que este pleito m e afecta tanto a m í com o a
Ctesifonte y que en n ada m erece m en o r diligencia p o r
mi p arte, pues su frir cualquier tipo de pérd id a es pe­
noso y duro, especialm ente si ello acontece p o r causa
de un enem igo; p ero en el m ayor grado lo es p erd er
vuestra benevolencia y afectuosidad, p o r cuanto tam ­
bién el conseguirlas es señaladísim o logro. Y dado que 6
este debate versa sobre ese punto, os pido y suplico
a todos p o r igual que me p restéis oído m ientras me
defiendo de las acusaciones que se m e han hecho, con
esp íritu de justicia, com o m andan las leyes, cuvo p ri­
m er legislador, S o ló n 5, bien dispuesto hacia vosotros
y amigo del p u e b lo 6, pensó que e ra m en ester fuesen
soberanas no sólo p o r el hecho de su prom ulgación,
sino tam bién p o r hab erlas ju rad o los jueces; y no por- 7
que desconfiara de vosotros, al m enos según a m í me
parece, sino p o rq u e veía que no era posible al acusado
pasar de largo p o r las acusaciones y calum nias en que,
p o r h a b la r el p rim e ro 7, reside la fuerza del acusador,

5 Evoca Demóstenes el recuerdo de Solón, legislador de


Atenas por antonomasia e instaurador del régimen democrá­
tico, porque Esquines había hecho otro tanto (Contra Ctesifon­
te 257) en la acusación. Por lo demás, es tradicional en la ora­
tona ática la alusión al codificador de las leyes escritas y
precursor de la democracia instituida por Clístenes
6 Aristófanes, en Las Nubes (1187), califica a Solón de phi-
lodemos, es decir: «amigo del pueblo».
En causas públicas, ante el tribunal de los «heliastas»
las partes en litigio estaban autorizadas a hablar una vez cada
discursos políticos
380

a no ser q u e cada uno de vosotros, los jueces, obser­


vando la p ied ad debida a los dioses acoja benévola­
m ente tam b ién los ju sto s alegatos del que h ab la en
segundo lu g ar y, ofreciéndose a am bas p arte s en ca-
“ dad de ecuánim e e im parcial auditor, elabore de este
m odo su v ered icto sobre el conjunto de la causa.
, A p u n to de d ar cuenta hoy de toda u n vlda pnv ad a,
a lo que p arece, y de m is gestiones publicas, quiero de
nuevo invocar a los d io se s8, y ante vosotros les ruego,
en p rim e r lugar, que cu an ta buena v o luntad vengo yo
teniendo p a ra con la ciudad y con voso,™. a este
a m i disposición p o r p a rte vu estra p a ra este proceso,
y luego, que lo que os vaya a aprovechar a vu estra
b u en a re p u ta ció n en general y a la pied ad de cada
uno, eso os otorguen juzgar a todos vosotros a propo­
sito de la p re sen te acusación. ,
9 Si E sq u in es h u b iera lim itado su acusación a
cargos q u e alegaba en este pleito, tam bién yo m e
fendería al p u n to ciñéndom e a la resolución previa
Consejo*; pero, dado que h a consum ido - a p a r e no
m enor de su discurso en la exposición d e lo^ e m s,
y al h acerla dirigió contra mi acusaciones
su m ayor p arte , considero que es necesario y ju sto al
m ism o tiem po, varones atenienses, decir unas breves
p alab ras acerca d . esos puntos, a fin de que m nguno
de vosotros, a rra stra d o p o r esos argum entos extem po-

la%Pt S a! r r o S SprevS d T S i e ™ (proboúleuma), que

S S S 1 E T una^ resolución previa» porque aún no ha sido


refrendada por el pueblo en la Asamblea.
SOBRE LA CORONA 381

rá n eo s, p r e s t e o íd o c o n c ie r to d e sa p e g o a m is ju s t if i­
c a c io n e s r e s p e c to d e la a c u s a c ió n .
P u e s b ie n , p o r lo q u e se r e fie r e a c u a n ta s in ju r ia s 10

e in fa m ia s h a p r o fe r id o a c e r c a d e m i v id a p r iv a d a ,
c o n te m p la d d e q u é fo r m a ta n s e n c illa y j u s t a m e e x ­
p re so : S i s a b é is — p u e s no h e v iv id o en o tr o lu g a r
sin o e n tr e v o s o tr o s — q u e s o y ta l c u a l é s te a le g a b a en
su a c u s a c ió n c o n tr a m í, n o s o p o r té is n i m i v o z, n i a u n
cu an d o to d a m i g e s tió n de lo s a s u n to s p ú b lic o s h a y a
sid o e x c e le n te ; a n te s b ie n , le v a n ta o s y c o n d e n a d m e ya;
p e ro , si m e te n é is p o r m u c h o m e jo r q u e é s te y en
m u y m a y o r g r a d o b ie n n a c id o , y o p in á is y r e c o n o c é is
q u e ta n to y o c o m o lo s m ío s n o so m o s d e c o n d ic ió n
in fe r io r a la d e n in g ú n c iu d a d a n o m e d io , p o r n o d e c ir
n a d a m o le s to , n o c r e á is ai e s e in d iv id u o ta m p o c o en
lo s d em á s a r g u m e n to s (p u e s e s m a n ifie s to q u e to d o s
lo s fr a g u a b a ig u a lm e n te ), y a m í, en c a m b io , o to r g a d ­
m e ta m b ié n a h o r a la b u e n a v o lu n ta d q u e m e h a b é is
te stim o n ia d o c o n tin u a m e n te en ta n to s p r o c e s o s a n te ­
rio re s. T a n m a lic io s o c o m o e r e s , E s q u in e s , im a g in a s te 11

con to ta l s im p le z a 101 q u e y o ib a a d e ja r d e la d o lo s a r ­
g u m e n to s r e la tiv o s a m is a c t o s y g e s tio n e s p ú b lic a s
p a r a d ir ig ir m i a te n c ió n a tu s in v e c tiv a s . P u e s n o , no
h a ré e so , n o e s to y ta n to c a d o u ; p o r e l c o n tr a r io , p a ­
sa ré r e v is ta a la s m e n tira s y c a lu m n ia s q u e la n z a s te
con r e s p e c to a m is a c tu a c io n e s p ú b lic a s y, m á s ta rd e ,
si e llo r e s u lta d el a g r a d o de é s to s , h a r é m e n c ió n d e e se
c a r n a v a l12 q u e h a te n id o lu g a r con ta n to d e se n fre n o .

10 H a y e n e l te x to g r ie g o u n a p a r o n o m a s ia m u y d if íc il d e
m a n te n e r e n la tr a d u c c ió n . La p a r o n o m a s ia e s u n a fig u ra d e la
qu e se sir v e D e m ó s te n e s e n m u y c o n ta d a s o c a s io n e s .
11 H a r p o c r a c ió n (s. v .) e s ta b le c e e q u iv a le n c ia s e m á n tic a e n ­
tre e l v e r b o t y p h ó ó y b r o n t é ó « fu lm in a r » y c o n e c ta e tim o ló g ic a ­
m e n te la v o z t y p h ó ó c o n e l n o m b r e p r o p io T y p h ó n .
12 S e g ú n H a r p o c r a c ió n (s . v . p ó m p e l a s ) , e s t a p a la b r a e v o c a
las in v e c tiv a s y p u lla s m u tu a s a q u e se lib r a b a n q u ie n e s p a r ­
ticip a b a n e n la s fie s ta s d io n is ía c a s.
discursos políticos
382

,2 L a s a c u s a c io n e s , r e a lm e n te , son m u c h a s , y a lg u n a s
h a v a la s q u e la s le y e s a s ig n a n g r a n d e s e in c lu s o e x ­
tr e m o s c a s tig o s ; p e r o e l p r o p ó s ito d e l p r e s e n te p r o c e s o
es el sig u ie n te : c o n tie n e m a lic ia d e e n e m ig o , in so len ­
c ia , in s u lto y u lt r a je a la v e z , y to d o lo s im ila r ; sin
e m b a rg o d e to d a s la s a c u s a c io n e s y c a r g o s fo r m u la d o s ,
a u n q u e fu e r a n v e r d a d e r o s , a la c iu d a d n o le es p o s ib le
im p o n e r le s u n c a s tig o a d e c u a d o n i a p ro x im a d a m e n te .
13 P u e s n o h a y q u e p r iv a r a n a d ie d e p r e s e n ta r s e a n te
e l p u e b lo y h a c e r u s o d e la p a la b r a y m e n o s p o r v ía
d e a g r a v io y e n v id ia ; e so , p o r lo s d io s e s , n i e s ta b ie n
n i es p r o p io d e c o n d u c ta c iu d a d a n a n i ju s to , v a ro n e s
a te n ie n s e s . A n te s b ie n , si m e v e ía c o m e te r c o n t r a la
c iu d a d ta le s d e s a fu e r o s c o m o lo s q u e a h o r a m is m o ex­
p o n ía y r e la t a b a c o n tr á g ic o e s tilo 13, lo ju s t o h u b ie r a
sid o q u e s e s ir v ie s e , a l tie m p o d e la c o m is ió n d e lo s
m is m o s d e lito s , d e lo s c a s tig o s q u e d e la s le y e s e m a ­
n an d e n u n c iá n d o m e y, d e e s a fo r m a , h a c ié n d o m e co m ­
p a r e c e r e n ju ic io a n te v o s o tr o s , s i v e ía q u e m is a cto s
e r a n m e r e c e d o r e s d e d e n u n c ia « o a c u s á n d o m e d e p ro ­
p o n e r m e d id a s ile g a le s , s i v e ía q u e lo e r a n la s q u e yo
p ro p o n ía . P o rq u e , sin lu g a r a d u d a s , n o e s p o s ib le q u e
p u e d a p e r s e g u ir e n ju s t ic ia a C te s ifo n te a c a u s a m ía,
v a m í e n p e rs o n a , si p e n s a b a lle g a r a d e m o s tr a r m i
14 c u lp a b ilid a d , q u e n o m e h u b ie s e d e n u n c ia d o . Y p o r
c ie r to q u e si v e ía q u e y o c o m e tía c o n tr a v o s o tr o s a l­
gu n o d e lo s d e m á s d e lito s 15 q u e a h o r a e x p o n ía c a lu m ­
n iá n d o m e , o c u a lq u ie r o tr o q u e fu e s e , h a y le y e s qu e
tr a ta n d e to d o s e llo s y c a s tig o s y p r o c e s o s y se n te n c ia s

o Comenta el escoliasta: «Desacredita su (de Esquines)

artw Esta denunda’se presentaba ante el Consejo y el pueblo;


, „ L f . e t r » X de e l£ • » « U asamblea « ” >“ •
‘ de,,,os diferentes de ,o . d„e dan W
a la e i s a g g e lía o a la grapht pam nóm on.
SOBRE LA CORONA
383

que c o n lle v a n p e n a s s e v e r a s y fu e r te s y p o d ía h a c e r
u so d e to d o s e so s r e c u r s o s ; y c u a n d o se le h u b ie s e
v is to o b r a r a s í y e m p le a r d e e s e m o d o lo s p r o c e d i­
m ie n to s a p lic a b le s a m i c a s o , la a c u s a c ió n e s ta r ía d e
a c u e rd o c o n su c o n d u c ta . P e ro la r e a lid a d e s q u e ha- 15
b ie n d o se d e s v ia d o d e l r e c to y j u s t o c a m in o y tr a s
h a b e i e v ita d o p r e s e n ta r la s p r u e b a s d u ra n te la r e a li­
za ció n m is m a d e lo s h e c h o s, d e s p u é s d e ta n to tie m p o
a cu m u lo a c u s a c io n e s , b u r la s e in s u lto s y c o n e llo s re
p r e s e n ta s u p a p e l *; lu e g o m e a c u s a a m í, p e r o e l ju ic io
lo d irig e c o n t r a é ste ; y a l f r e n t e d e to d o e l p r o c e s o
c o lo c a su e n e m is ta d c o n tr a m í, p e s e a q u e n u n c a m e
h a s a lid o a l e n c u e n tr o p a r a z a n ja r e sa c u e s tió n , b u s ­
can d o a to d a s lu c e s s u p r im ir la p le n a c iu d a d a n ía de
a lg ú n o tr o Y en v e rd a d , v a r o n e s a te n ie n s e s , q u e ap a r- i 6
te d e to d o s lo s d e m a s a rg u m e n to s q u e en f a v o r de
C te s ifo n te se p o d r ía n a d u c ir , ta m b ié n é ste , p o r lo
m en o s a m í, m e p a r e c e m u y r a z o n a b le e x p o n e rlo a
sa b e r: q u e s e n a j u s t o q u e d e n u e s tr a e n e m is ta d n o s ­
o tro s h ic ié r a m o s la in d a g a c ió n p o r n u e s tr a p r o p ia
c u e n ta y n o d e já s e m o s d e la d o n u e s tr o c o n flic to m u tu o
p a ra b u s c a r u n a te r c e r a p e r s o n a en la q u e h a c e r r e c a e r
a lg ú n d a ñ o ; p u e s e so sí q u e e s el c o lm o d e la in iq u id a d .
A si p u e s, a p a r t ir d e eso s p r e s u p u e s to s u n o p o d r ía 17

v e r q u e to d a s su s a c u s a c io n e s p o r ig u a l n o h a n sid o
e x p u e sta s m c o n ju s t ic ia n i co n r e s p e to n in g u n o a la
ve rd a d . N o o b s ta n te , q u ie ro e x a m in a r la s en p a r tic u la r

16 De nuevo alude Demóstenes a la habilidad de su adver


tro 10 C
tro. Cf.fa S
s o bs re
nS7 la yco6ngañar
ro n a 13. QUe le procuró su dedicación al tea­
" .S i Ctesifonte perdía el pleito, se vería obligado a pasar
una fuerte suma de dinero en concepto de muha cincuenta
talentos, según el texto de la acusación, S o b re la co ro n a l 5
-au n q u e este texto es esp ú reo-. Como Ctesifonte s e ^ decla
rado en ese caso deudor público al no poder satisfacer la S
hosa suma que Esquines le condenaba a pagar quedaría pri'
vado, por insolvente, de sus derechos como ciudadano (a tim ía ).
discursos políticos
384

u n a a u n a , y m u y e s p e c ia lm e n te c u a n ta s m e n tir a s a
p r o p ó s ito d e la p a z y la e m b a ja d a d ir ig ió c o n t r a m i
a tr ib u y é n d o m e » lo q u e h a sid o r e a liz a d o p o r e l m ism o
s e c u n d a d o p o r F iló c r a te s . P e ro es n e c e s a r io , v a ro n e s
a te n ie n s e s , y c o n v e n ie n te en ig u a l m e d id a r e c o r d a r o s
c ó m o e s ta b a n la s c o s a s p o r a q u e llo s tie m p o s , c o n el
fin de q u e c o n s id e r é is c a d a a su n to c o n r e la c ió n a su s
« a r tic u la r e s c ir c u n s ta n c ia s .
i P P u e s c u a n d o e s ta lló la g u e r r a f o c i d i a 20, n o p o r c u lp a
m ía (p u e s p o r e n to n c e s y o , a l m e n o s, n o in te r v e n ía to­
d a v ía e n la a d m in is tr a c ió n p ú b lic a ), e n p r im e r lu g a r
v o s o tr o s e s ta b a is e n u n a d is p o s ic ió n d e a n im o p o r la
q u e d e s e a b a is q u e lo s fo c id io s r e s u lta r a n in c ó lu m e s ,
a u n q u e v e ía is q u e n o e s ta b a n o b ra n d o d e a c u e r d o a
d e r e c h o y p o r la q u e o s a le g r a r ía is , e n c a m b io , d e q u e
f lo s t'eb an os le s o c u r r ie r a lo q u e fu e s e ir r ita d o s
c o n tr a e llo s n o sin r a z ó n m in ju s ta m e n te , p u e s n o *17

ü EstoT'hechos, la paz de Filócrates y la embajada a que


linde son el tema principal del discurso de Demostenes
titulado S o b r e la e m b a j a d a f r a u d u l e n t a . La paz de Filócrates
tuvo Ligar en el 346 a. C. A raíz de ella, envió Atenas una em-
bajada §a Filipo, de la que formaban parte los dos oradores
J , enfrentan en este proceso sobre la corona. La
narraciór^de estos hechos desde el punto de vista de Esquines
aparecen en su discurso de acusación C o n t r a C t e s i f o n t e , del cual
es réplica este discurso demosténico que comentamos. Cf. Es-
miTNFS C o n t r a C t e s i f o n l e 54 y sigs.
» E fectivam ente, en p rincipio E squines se ja c ta b a d e h a b er
19 E lecu v am ei , ^ ^ ]a gestación de la p az conocida
colabora o c ^ últim o. Cf. E squines, C o n t r a T i m a r c o
m M ás °tard e en cam bio, rep ro ch a a D em ostenes h a b e r sido
17' ' plice
com v H o c m t e s ^(cf
dep ^F ilócrates c L ^E squines
^ ^ , S&o b r e la e mobra
adj aodra hfr
a ba uer-
d u le n a • medida con su elocuencia a que se hiciese
ren d a d el mencionado tratado de paz. Cf. E squines, C o n t r a

Cít f° i T J i L r a S agrada estalló en el 355 a. C Un año más


. a C inicia D em ostenes su c a rre ra política.
’ f x S . r f . i » .ébanos no so h.bian alineado ¡unto a los
nienses enQ ueronea (338 • C.l ni Tobas había s.do destruid.
SOBRE LA CORONA 385

h a b ía n h e c h o m o d e r a d o u so d e su s é x ito s e n L e u c t r a *22.
A d e m á s, el P e lo p o n e s o e n te r o se e n c o n tr a b a su m id o en
d ise n sió n y n i lo s q u e o d i a b a n 23 a lo s la c e d e m o n io s
ten ía n fu e r z a s u fic ie n te c o m o p a r a e lim in a r lo s , n i
q u ie n e s a n te r io r m e n te p o r m e d ia c ió n d e e llo s g o b e r ­
n ab an 24 e r a n d u e ñ o s d e la s c iu d a d e s , sin o q u e ta n to
e n tre é s to s c o m o e n tr e to d o s lo s d e m á s r e in a b a u n a
in s o lu b le r iv a lid a d y c o n f u s i ó n 25. Y F ilip o , a l v e r e s to 19
(q u e n o e s ta b a o c u lto ) , g a s ta n d o d in e ro en p a g a r a lo s

por Alejandro (335 a. C.). Los intereses de Atenas en aquel mo­


mento abogaban por conceder a los focidios alianza y apoyo
pese al sacrilego despojo de Delfos que habían llevado a cabo!
22 La batalla de Leuctra tuvo lugar en el 371 a. C. En ella
los tebanos, comandados por Epaminondas, derrotaron a los
espartanos. En I Sócrates, Filipo 53, se refiere el efecto que pro­
dujo este éxito en los tebanos. La «arrogancia tebana», como
la denomina Diodoro Sículo (Diodoro S ículo, XVI 58) los im­
pulsó a conquistar Platea, Orcómeno y el resto de las ciudades
beocias, así como a implantar su hegemonía sobre Grecia Ésta
sólo duró nueve años, del 371 al 362 a. C. Cf. Demóstenes
Contra Leptines 109.
23 1x35 mesemos y arcadios, apoyados por Epaminondas
quien había hecho surgir para los unos y los otros, respecti­
vamente, las nuevas ciudades Mesenia y Megalópolis, A éstos
hay que añadir a los argivos, que odiaban a Esparta desde
n i ^ T l Cf DEMÓSTENES’ Sobre la paz 18; J enofonte, Helénicas
24 Se refiere Demóstenes a los oligarcas que, con el apoyo
de Esparta, mandaban en las ciudades del Peloponeso antes
de la batalla de Leuctra. Por ejemplo, en Fliunte, que había
sido conquistada por Agesilao en el 380 a. C., ejercía el poder
el Consejo de los Cien en interés de los espartanos. Algo si­
milar ocurría en Mantinea, tomada por Agesípolis en el 385
a. C. Más tarde, estas ciudades se fueron independizando del
poder de Esparta. Cf. J enofonte, Helénicas V 3, 25; VII 4 10*
V 2, 1-7; VI 5, 3-5. Lo mismo hizo Tegea; cf. J e n o f o n t e ’ H e ­
lé n i c a s VII 5, 6-9.

23 ^asi con los mismos términos describe Jenofonte, al final


de las Helénicas, la situación en que quedó Grecia después de
la batalla de Mantmea. Cf. J enofonte, Helénicas VII 5, 27.
3 5 .-2 5
d is c u r s o s p o l ít ic o s
386

traid o res de cada u n a de las ciudades iba prom oviendo


conflictos e n tre todas ellas y em brollos m utuos; luego,
en m edio d e los e rro res y faltas que o tro s com etían,
él se iba p re p ara n d o y crecía p o r encim a de todas sus
cabezas Y cuando era evidente que los te b a n o s* agre-
y d e s v e n a d o s ah o ra =>, llegando a,
agotam iento p o r la larga duración de la guerra, se iban
a f o r z a d o s a b u sca r refugio en vosotros, p a ra que
eso no o c u rrie ra ni en tra sen a fo rm ar coalición las dos
ciudades Filipo os p rom etió a vosotros paz y a ellos
20 ayuda ¿Y qué fue lo que le favoreció p a ra que os co-
gfera casi v o lu n tariam en te engañados? La disposición
de los dem ás griegos (llám esela bajeza, estupidez o
am bas cosas a u n tiem po), que m ien tras vosotros lu­
chabais en u n a incesante y larga g u e rra * y lo p e í a i s
en defensa de los intereses com unes, com o h a quedado
claro p o r los hechos, no os p re sta b an colaboración ni
con dinero, ni con hom bres ni con ningún o tro m edio,
irritad o s c o n tra ello ju stam en te y com o correspondía,
aten d isteis a Filipo con presteza. P or tanto, la paz en­
tonces c o n v e n id a - se realizó por esas circunstancias
y no p o r intervención m ía, como m aliciosam ente de-

26 Lo^hechos aquí aludidos se relatan con más detalle en


, enhro pmbaiada fraudulenta 141, 148.
- c-
“ « " S 'S e r T ^ A r f i P O l i í 30»»» sostuvieron los ateniense.

cía en solicitud ae y - hiriera frente a Filipo, no


una liga de ciudades griegas que hiciera trente a i~,
obtuvieron el desea^ ialmente deseosa de firmar esa
W Atenr Que « ' ? S i ^ S S d p « l que se adujo para que
paz, pese a que en ei m _ saber en Atenas,
la concluyera^ había s i d o que estaba dispuesto a
^ a r la paz Ahora bien, si Filipo la deseaba, Atenas la
necesitaba.
SOBRE LA CORONA
387

claraba ése; en cam bio, los desm anes y corrupciones


de esa gente en el período en que fue concluida, si
alguien los exam ina honradam ente, en c o n trará que h an
sido las causas de la actual situación 31. Y eso todo lo 21
examino m inuciosam ente y expongo en h o n o r a la ver­
dad. Pues si os p areciera claro en m áxim o grado que
hay en ello alguna falta, nada, p o r cierto, tiene que
ver conm igo, sino que el p rim ero que habló e hizo alu­
siones respecto de la paz fue A risto d em o 32 el ac to r y
el que le sucedió en la labor, re d actó el decreto y ju n ­
tam ente con aquél alquiló sus servicios p a ra alcanzar
esos objetivos fue F ilócrates de H a g n u n te 33, tu com ­
pinche, E squines, no el m ío ni au n q u e revientes p o r
tus m en tiras, y los que hab laro n en su favor, p o r la
razón que haya sido (que eso, al m enos, lo om ito
ahora), fueron E ubulo y C efisofonte34. P ero yo no hice 22

31 Gracias a la paz, Filipo consiguió una sólida base desde


la cual operar en Grecia. Consiguió influencia en el Consejo An-
fictionico y resultó, finalmente, vencedor en Queronea.
32 Aristodemo era un actor dramático que gozaba de buena
reputación y formaba parte de la compañía en que figuraba
también Esquines. En el 348 a. C„ en misión informal Trató
con Fihpo del rescate de algunos atenienses que habían sido
hechos prisioneros en la guerra de Olinto. Cf. S o b r e la e m b a la d a
f r a u d u le n ta 12, 18, 97, 315. e rn o a ja a a

H ) T T Ster FÍ!ÓCrateS' QUe intervino en la embajada a Filipo


del 348 a. C fue quien propuso en el 346 a. C. que se eligiesen
diez embajadores (entre los que fueron nombrados Demóstenes
y Esquines) para que se entrevistasen con el Macedonio v tra­
taran de la paz y le rogasen que enviara a Atenas embajadores
Í u U m a l '5.ClanO S P a r a n eg O C iarla' CL S ° h re la b a j a d a fra u -

34 Ctesifonte de Peania es un personaje mencionado por


E sq u in es , S o b r e la e m b a ja d a f r a u d u le n ta 73, y D em ó sten es , S o b r e
la e m b a ja d a f r a u d u le n ta 293. En cuanto a Eubulo, fue como
es sabido, el famoso político partidario de «paz a cualquier
precio», que controló los votos de la Asamblea del 355 al 342
a. C. Fue nombrado administrador del tesoro público y elevó
la prosperidad privada y pública a un nivel no alcanzado por
discursos políticos
388

n ad a en n ingún m om ento. Y, sin em bargo pese a ser


los hechos tales y com o son m o strados sobre la base
de la v erd ad m ism a, h a llegado a tal grado de desver­
güenza q ue se atrev ía a decir que yo, adem as de h aber
sido responsable de la paz, había im pedido que la ciu­
d ad la concertase ju n tam en te con u n C onsejo com ún
ü a a ia cu j tú 36 —¿qué se te p o d ría
de los griegos 3\ Y entonces, iu ch g1pn n ,
llam ar p a ra n o m b rarte con exactitud. , t Y S1111
ocasión en la que estando tú p resen te y viendo que yo
tra ta b a de p riv ar a la ciudad de tam añ a gestión y
alianza com o la que poco h a referías, te indignaras, o,
accediendo a la trib u n a, explicaras y expusieras el con­
tenido de las acusaciones que ahora dirigías c o n tra
23 m P E n efecto, si yo había vendido a FiUpo la m isión
d e ‘im p ed ir la coalición de los griegos, lo que te res­
tab a a ti e ra no callar, sino gritar, p ro te s ta r publica­
m ente e in fo rm ar a éstos. Así pues, no hiciste eso en
ningún m om ento, ni nadie te oyó em itir la voz en ese

Atenas desde el siglo v a. C.


fondo para l a u d a r fondos para actividades

p ” i6 » S Éubiilo y ad u eta, <fc 1.


n l r c o n posterioridad a la batalla de Queronea (338 a. C.), no

(Contra^^tesifonte" í 64; Sobre la em-


bajada fraudulenta 58 y sigsO, " ^ “ ncluyera
Uberación sobre el tra a o ^ griegos. pues se debería
una paz general “ m de las demás ciudades griegas,
haber esp erad o a los d a t a d o s ^ p a ra q u e Filipo

L eL onL “ r e n í d'o n0 sólo a la Asamblea del pueblo áte­


se encon Consejo (synédrion) griego.
“ T o a m o s d e n u e v o ante un ejemplo de la figura retórica
denominada aposiopesis.
SOBRE LA CORONA 389

sentido, pues ni entonces h ab ía ninguna em bajada en­


viada a ninguna de las ciudades griegas, sino que hacía
tiem po que todos habían sido puestos en evidencia, ni
ese ha dicho n ada sensato en torno a esas cuestiones.
Pero ap a rte de eso, incluso lanza las m ayores calum- 24
nias co n tra la ciudad con sus m entiras; pues si vosotros
exhortabais a los griegos a la guerra y vosotros m is­
mos a la vez enviabais ju n to a Filipo m ensajeros p ara
tra ta r de la paz, estabais llevando a cabo una gestión
digna de E u ríb ato 37*, no una acción propia de una ciu­
dad ni de hom bres honrados. Pero ello no es así, no
lo es 3S, pues, ¿con qué propósito h abríais enviado em ­
bajadas p a ra convocar a los griegos en aquella ocasión?
¿Para la paz? Pero si todos gozaban de ella. Pues, ¿para
la guerra? Pero si vosotros m ism os deliberáis sobre la
paz. Por tanto, resu lta claro que yo no soy ni in d u cto r
ni responsable de los com ienzos de la p a z 39*, y se de­
m u estra que tam poco es v erd ad era ninguna de las
dem ás calum nias que vertió en su acusación con­
tra mí.
Pues bien, u n a vez que la ciudad concertó la paz, 25
considerad de nuevo cuál fue entonces la línea de ac­
tuación que cada uno de nosotros dos prefirió adoptar;

37 Euríbato era el prototipo de individuo desleal y pérfido.


Cf. E squines, Contra Ctesifonte 137. Harpocración (s. v. Eury-
baton) nos transmite que, según Éforo, este Euríbato era un
efesio que recibió dinero de Creso para reunir un ejército que
se enfrentara a los persas. Pero el muy vil le traicionó y en­
tregó ese dinero a Ciro. A partir de este hecho -añ a d ía el
historiador—, a los hombres perversos se les llamaba «Euríba-
tos». La Suda cita el verbo eurybateúesthai, que significaría
«obrar pérfidamente».
33 Obsérvese la misma repetición ante el famoso juramento
de este discurso, § 208.
39 Es decir: de la paz tal cual era en principio. Luego, la
aplicación de la paz trajo consigo serias decepciones para Ate­
nas por culpa, sobre todo, de la lentitud de la segunda emba­
lada y de los falsos informes transmitidos por Esquines.
DISCURSOS POLÍTICOS
390

pues tam bién a p a rtir de esos datos sabréis quien era


el que en to d o colaboraba con Filipo y quien el que
actu ab a en v u estro beneficio y buscaba lo conveniente
p a ra la ciudad. Así pues, yo propuse p o r escrito, como
c o n se je ro 40, que lo m ás rápidam ente posible zárpa­
ra n los em b ajad ores 41 hacia el lugar en que averigua­
ra n que se en co n trab a Filipo y que recibieran de el
los ju ram e n to s de ratificación; pero ésos m siquiera
26 tra s mi p ro p u e sta quisieron hacerlo. ¿Cual era el al­
cance de eso, varones atenienses? Yo os lo explicare.
A Filipo le re su lta b a conveniente que el tiem po que
m ediara e n tre los ju ra m e n to s 42 fuese el m ayor posible;
a vosotros, en cam bio, que fuese el m as breve posible.
•P o r qué? P o rq ue vosotros, no sólo desde el día en que
ju rasteis, sino incluso desde aquel en que albergasteis
esperanzas de que se concertaría la paz, in terru m p is­
teis los p rep arativ o s de la guerra; el, p o r el contrario,
tra b a ja b a desde el p rim e r m om ento con el m ayor de­
nuedo p o r lo g rar ese resultado, estim ando com o era
cierto— que cuantas posesiones de la ciudad se adelan­
ta ra a o cu p ar antes de p re sta r los ju ram e n to s todas
ellas las m a n ten d ría con seguridad, pues nadie p o r
27 causa de ellas ro m p ería la paz. Previendo yo esto y
evaluándolo, varones atenienses, propongo p o r e s c n o
el citado decreto, el de que se za rp ara hacia el lugar
en que se en co n trase Filipo y lo m ás ráp id am en te se
le to m ara n los ju ram en to s, con el fin de que m ien tras
los tracios, vuestros aliados, tenían en su p o d er esos

Demóstenes era por aquel entonces (347-346 a .C d m ie m -


bro del Consejo v presidió la Asamblea el día veinticinco del
mes de Elafebolión. Cf. E squines, Sobre la embajada fraudu-

41 Cf E squines, Sobre la embajada fraudulenta 92.


42 Es decir: el tiempo que mediara hasta que Filipo pres­
tara juramento, y no el tiempo que mediara entre los jura­
mentos de una y otra parte.
SOBRE LA CORONA 391

fuertes que poco ha ése rid ic u liz a b a 434, S errio, M irteno


y Ergisce, en esas circunstancias se celebrasen los ju ­
ram entos, y no se erigiera aquél en señor de Tracia
adelantándose a to m ar las posiciones v e n ta jo sa sM, ni,
contando con abu n d antes riquezas 4546 y cuantiosos sol­
dados, a raíz de ello em prendiese con com odidad sus
ulteriores asuntos. Y ahora, ese decreto ni lo cita ni 28
lo lee; pero si yo pensaba, actuando com o m iem bro
del Consejo, que era m enester in tro d u cir a los em ba­
jadores 4S, esa opinión m ía es lo que desacredita. Mas,
¿qué ten ía yo que hacer? ¿P ro p o n er p o r escrito que
no se in tro d u jese a quienes hab ían venido expresam en­
te p ara eso, p ara co nferenciar con vosotros? ¿O m an­
d ar al ad m in istrad o r del te a tro que no les asignase
asiento p ara el esp ectácu lo ?47. Pero podrían h a b e r asis-

43 Cf. E squines, Contra Ctesifonte 82.


44 «Ventajosas», porque desde ellas podía Filipo atacar las
posesiones atenienses, en especial el Quersoneso.
45 Estas riquezas se las proporcionaban a Filipo las minas
de oro que había en Tracia. Según Diodoro Sículo (D iodoro
SfcuLO, XVI 8), el Macedonio obtenía de las minas de Crenides
(Filipos), en Tracia, unos ingresos anuales que llegaban a los
mil talentos.
46 Se refiere a los embajadores enviados por Filipo para ne­
gociar la paz. Las embajadas extranjeras se presentaban pri­
meramente ante el Consejo, y éste, luego, se encargaba, mediante
un decreto, de introducirlas ante la Asamblea popular. Demós-
tenes, en su calidad de consejero y de embajador, se encar­
gó de redactar el decreto que hizo suyo el Consejo. Cf. E squi­
nes, Sobre la embajada fraudulenta 58.
47 Como era costumbre, el Consejo (en esta ocasión a pro­
puesta de Demóstenes) invitó a los embajadores de Filipo a
presenciar, desde un lugar de honor del teatro de Dioniso, las
representaciones dramáticas que en él se ofrecían con ocasión
de las fiestas Dionisias. Esquines convirtió esta cortesía habi­
tual en indicio de adulación a Filipo, acusando a Demóstenes
de haberse comportado con los embajadores macedonios de
forma excesivamente obsequiosa y hasta servil. Según él, su
adversario llegó a tal punto de vileza, que procuró a los emba-
DISCURSOS POLÍTICOS
392

tid o a él se n ta d o s en lo s a sie n to s de d o s ó b o lo s « , si
no se h u b ier a red a c ta d o e s e d ecreto . ¿D eb ía y o o b se r ­
var lo s in sig n ific a n te s in te r e se s « de la ciu d a d y h a b er
v en d id o , e n ca m b io , lo s g en era les, c o m o h a n h ech o
é so s? N o, p o r cierto . T om a, p u e s, y le e e s te d ecr eto
q u e é se , au n c o n o c ié n d o lo p e r fe c ta m e n te , o m itio .

decreto de d e m ó s t e n e s 50
29

[En el arcontado de Mnesífilo, el día treinta del mes Heca-


tombeón, ejerciendo la pritanía la tribu Pandiómde, Demós­
tenes, hijo de Demóstenes, de Peania, d.jo: «toda vez que Fi-
lipo tras haber enviado embajadores acerca de la paz, ha
concluido propuestas convenidas, resuelvan el Consejo y e pue­
blo de los atenienses que, con el fin de que se ratifique la paz
votada en la primera asamblea, se elija de inmediato a cinco

jadores A jin e s y tapices de púrpura, por lo “ a^ recibtó una


silba por parte de sus conciudadanos. Cf. E squines,

Cí « ‘^E raJéstos los asientos ocupados por la ciudadanía media


v aun pobre, pues sólo costaban dos óbolos, que, incluso, a
todo ciudadano indigente que los solicitara se los proporci
naba el propio Estado a expensas de un fodo especial para
pectáculos denominado theorikón. . , _
P 49 O sea el Estado debiera haber pagado al administrador
del teatro dos óbolos por cada asiento ocupado por la emba­
jada macedonia, y no más altos precios por haberse sentado
los embajadores en localidades de privilegio.
50 Este decreto, apócrifo, como todos los que figuran en
este discurso, es un buen ejemplo de falsificación inexperta^
hav en él un solo detalle que ofrezca visos de verosimilitud. El
nombre del arconte y la fecha son inaceptables; Pretende ade­
más ser un decreto del Consejo y del pueblo, cuando el ver­
dadero lo era sólo del Consejo; se alude en él a cinco emba­
jadores siendo así que en la realidad fueron diez; estos emba­
idores’ según el decreto, debían encargarse de intercambiar
juramentos con Filipo, aunque los atenienses, de hecho, ya los
habían prestado; y, finalmente, casi todos los nombres de los
enviados son falsos.
SOBRE LA CORONA 393

embajadores de entre todos los atenienses, y que los designados


partan, sin demora alguna, a donde averigüen que se encuentra
Filipo, y reciban de él los juramentos y los presten a su vez
lo más rápidamente posible sobre la base del tratado conve­
nido por él con el pueblo ateniense, incluyendo también a los
aliados de ambas partes. Fueron elegidos embajadores Eubulo
de Anaflisto, Esquines de Cotócidas, Ctesifonte de Ramnunte,
Demócrates de FIía y Cleón de Cotócidas.]

Pese a h ab e r p ro p u esto yo entonces ese decreto y 30


aunque buscaba el interés de la ciudad, no el de Fi­
lipo, esos buenos em bajadores, haciendo poco caso de
ello, p erm anecieron inactivos en M acedonia tre s m e­
ses e n te r o s 5', h asta que Filipo llegó de T racia tra s h a­
berlo subyugado todo, p o r m ás que en diez días, o
igualm ente bien en tres o cuatro, podían h ab e r llegado
al H elesponto y salvado aquellas plazas, recibiendo los
ju ram en to s an tes de que aquél las conquistara; pues
no las h u b iera tocado en n u e stra presencia o no le h a­
bríam os aceptado el ju ram en to , de m odo que le h ab ría
fallado la paz y no tendría am bas cosas: la paz y las
plazas.
Así pues, este cariz t u v o en la em bajada el p rim e r 3 1
h u rto de Filipo y la venalidad de esos hom bres sin ley.
Por lo que entonces, ahora y siem pre reconozco que
estoy en g u erra y desacuerdo con ellos. Pero contem ­
plad o tra canallada, que sucedió inm ediatam ente des­
pués, m ayor que ésta. Pues una vez que Filipo aceptó 3 2
la paz tra s h ab e r tom ado Tracia p o r culpa de esas gen­
tes que no hicieron caso a m i decreto, de nuevo com pra 51

51 Exageración retórica. C f. D em ó st en es , Sobre la embajada


fraudulenta 57, y Sobre la corona 58-60. En Sobre la embajada
fraudulenta 155, afirma Demóstenes que los embajadores ate­
nienses, entre los que él mismo se contaba, tardaron veintitrés
días en llegar a Pela y su estancia allí duró veintisiete.
d is c u r s o s p o l ít ic o s
394

de ellos el que no p artiéram os de M acedón.» h asta que


ap restase su expedición contra los focidtos. p ara «vttar
que i n o so tro s anunciáram os aquí que .m e n ta b a po-
n e r s e i n m arch a V se p re p ara b a p ara ello, vosotros sa-
h irá is y, costeando con vuestras trirre m es h a sta las
T erm ópiías ” , les cerrarais, com o antes, el paso p o r
c s é T iS a r- antes bien, tra ta b a de q u e vosotros nos
o v e rá h re fe rir esas noticias en el m om ento en que
él estuviese d en tro de las T erm opilas y
se vosotros h ac er H asta tal punto es ab J
m iedo e in q u ietu d p o r si, pese a ^ aDe 0s la si-
m ente esas plazas, se le escapara de las m anos la si
T a d ó n en el caso de que vosotros v o tara,s p re sta r
da an tes de que los focidios sucum bieran, que al-
q i l a a ese despreciable aquí presente, ya no en com ún
t o f o cou los dem ás em bajadores, sino priv ad a y per-
ju n to con CSara y refiriera ese tipo
sonalm ente, p ara que os expresara y solicito
34 de razones p o r las cuales todo se p e r d i ó . YJ 0
v oido varones atenienses, que tengáis P
a ló larg o de todo el proceso: que si E squines no m e

Z l l t a mi responder brevemente a cada, una de


33 sus acusaciones. ¿Cuales fueron, p u e , ^ perdió
Z T a u " T ^ r J SM o r L s e porque Filipo bu-

Macedonio, después de hab Termópiías, pero las


al golfo de Págasas marchc' a J enes ap0yaban
encontró bien vtgiladas por Jo atcn j 41; So­
espartanos y aqueos. Cf / XVI 31>
bre la embajada fraudulenta 84, 319, UIODOku
37, 38.
SOBRE LA CORONA 395

biera trasp asad o ya las Term opilas; pues, si os m ante­


níais en calm a, o c u rriría todo cuanto vosotros desea­
bais y al cabo de dos o tres días oirías decir que Filipo
se había hecho am igo de aquellos contra quienes había
venido en plan de enem igo y que, por el contrario, se
había convertido en enemigo de aquéllos de quienes era
am ig o 53. Pues no eran las p alab ras 54 —aseguraba, h a­
ciendo uso de m uy solem ne expresión— las que asegu­
raban las am istades, sino el hecho de co m p artir los
m ism os intereses; y que in teresab a a Filipo y a los
focidios y a vosotros todos p o r igual a p a rta ro s de la
in sen sib ilid ad 55 y b ru tal c a rá c te r de los tebanos. Esas
razones algunos se las escuchaban con gusto p o r el

53 Es decir: era ya amigo de los focidios y enemigo de los


tebanos.
54 El «título de aliados» de Filipo, del que disfrutaban los
tebanos.
55 Era proverbial la insensibilidad y torpeza de los beocios.
Cf. C. N epote, Epaminondas 5, 2: namque Mi genti plus uirium
quam ingenii; Alcibíades 11, 3: omrtes enim Boeotii magis fir-
m itati corporis quam ingenii acumini inseruiunt; Cicerón, De
jato IV 7: Athenis tenue caelum, ex quo acutiores putantur
Attici; crassum Thebis, itaque pingues Thebani et patentes;
H oracio, Epístolas II 1, 244: Boeotum in crasso aere natum. Esta
estolidez y falta de sensibilidad para la literatura, la música y el
arte que se atribuía a los beocios, había hecho surgir un refrán,
ya vigente en pleno siglo v a. C., recogido por Píndaro {Olím­
picas VI 90): «la cerda beocia». El escoliasta que comenta este
pasaje pindárico señala que se trata de un viejo reproche, an­
tigua acusación calumniosa basada en el carácter iletrado de
los beocios.
La insensibilidad de espíritu de los beocios se transformaba
ante los enemigos en crueldad y perversidad. Así lo expone De-
móstenes (cf. Demóstenes, Contra Leptines 109). De la «insensi­
bilidad» trata Aristóteles en su Ética, de pasada, en dos ocasio­
nes; dice, por ejemplo que insensible al miedo es quien no teme
a un terremoto o a las olas; y que no es humana la insensi­
bilidad ante el placer ni el alegrarse menos de lo que corres­
ponde, por lo que —dice el Estagirita— no abundan los insen­
sibles de esta especie. Cf. Aristóteles, Ética III 7, 7, y III 11, 7.
discursos políticos
396

o d io e n t o n c e s 56 l a t e n t e 57 c o n tr a lo s te b a n o s . ¿Pues qué
s u c e d ió in m e d ia ta m e n te d e s p u é s y n o m u c h o m ás
ta r d e ? Q u e lo s fo c id io s p e re c ie ro n y su s c iu d a d e s fue-
r o n d e r r u id a s y v o s o tr o s , q u e h a b ía is p e r m a n e c id o en
c a lm a y c o n v u e s tr a c o n fia n z a d e p o s ita d a en ese , poco
d e sp u é s tr a n s p o r ta b a is v u e s tr o s e n s e r e s d e s d e los
c a m p o s 58, v él r e c ib ió d in e ro , y , a d e m a s d e e so , a la
c iu d a d le c o r r e s p o n d ió el o d io de te b a n o s y tesa-
lio s ; a F ilip o , en c a m b io , la g r a titu d p o r su s reali-
37 z a c io n e s 59. C o m o p r u e b a d e q u e e s to e s a s i le e m e el
d e c r e to d e C a lís te n c s *> y la c a r ta d e F ilip o , d o c u m e n ­
to s a m b o s a p a r tir de lo s c u a le s to d o s e s to s p u n to s os
r e s u lta r á n c la r o s . L e e 61.

56 Con- an terio rid a d al 346 a. C„ fecha en que finalizó la

• E i dS Í c e “ S ' L T « é r “ e’c,ue I, 3 - a .
relación de sus gestiones a la Asamblea, llego la in q u ietan te
noticia d e la rendición de los focidios en las T erm ópi a . .
Demóstenes, Sobre la embajada fraudulenta 86 125
59 Cf D emóstenes , Sobre la embajada fraudu ■
uo^su proceder en todo momento vacilante e indeciso no ganó
otra c o s l sino ía enemistad y reprobación de los griegos par­
tidarios de Filipo, pues pensaban éstos que los atem ensesno

el empeño requeridos; Filipo, en cambio, ganó Prestigio y ^


dito por haber puesto fin a la Guerra Sagra a y cas íga
sacrilegos focidios. 3 3 Estuvo comprometido
« Cf. D emóstenes , Contra Leptines 33. v
en el a su n to de H árp a lo (Tim ocles, fr. 4 ) .A le ja n d ro , más ta ,

Pi1 ? El d“ s bastantes
errores, ^ p§e ^ d° n^ ¿ d o T u ^ r « e s t e a t e g ^ d e ^ t e s hopli-
decreto de § administración» no existían todavía
taS; i y34e6 ; T [ a f gu a m ir n e r d e SS eu sis, Ramnunte y Sunion
cobran importancia y S r " ° iT e m b a ^ d a
S ^ e n t mque S decreto en cuestión (aprobado, por cierto,
SOBRE LA CORONA 397

DECRETO

[En el arcontado de Mnesífilo, convocada una asamblea por


estrategos y prítanos, con la aprobación del Consejo, el día
veinte del mes Memacterión, Calístenes, hijo de Eteónico, de
palero, propuso que ningún ateniense bajo ningún pretexto
pasase la noche en el campo, sino en la ciudad y en el Píreo,
cuantos no están destinados en las guarniciones; de éstos, que
cada uno conserve el lugar que recibió en asignación sin aban­
donarlo ni de día ni de noche. Quien desobedezca este decreto, 38

quede sujeto a los castigos correspondientes a la traición, si


no demuestra que en su caso personal hubo alguna causa de
fuerza mayor; y de esa causa de fuerza mayor hagan estima­
ción el estratego de los hoplitas el encargado de la adminis­
tración 63 y el secretario del Consejo. Y que transporten de los
campos todos los enseres lo m ás rápidamente posible, los que
se encuentren dentro de un área de ciento veinte estadios, a la
ciudad y al Pireo, y los que se hallen fuera de esta área

bajo el arcontado de Temístocles y en el mes de Esciroforión)


contenía una serie de disposiciones que no aparecen en éste
aquí interpolado. Cf. Demóstenes, Sobre la embajada fraudu­
lenta 58-60, 86, 125. Por ejemplo, el decreto auténtico daba dis­
posiciones acerca de la celebración intra muros de las fiestas
Heraclias en Maratón. No obstante, el interpolador ha extraído
detalles verosímiles de decretos similares al que debiera haber
figurado aquí, pero de época posterior. No ha obrado, pues, a
ciegas, sino que ha tratado de lograr una falsificación perfecta
que levantase pocas sospechas. Piénsese, por ejemplo, en que
haya introducido en este decreto el mismo arconte que apa­
recía en el del § 39. No queremos extendernos más sobre este
asunto, pero sí nos parece oportuno notar que, desde el punto
de vista lingüístico, el decreto es claramente posterior al siglo iv
a. C. Nótese, por ejemplo, la expresión koitaion gígnesthai, que
aparece en P olibio , V 17, 9.
62 En otro decreto que aparece inserto en este mismo dis­
curso (Sobre la corona 116) se opone el «estratego» que está
al frente de los hoplitas» al «estratego que tiene a su cargo la
caballería».
63 Cf. Sobre la corona 115.
DISCURSOS POLÍTICOS
398

de ciento veinte estadios, a Eleusis, File Afidna, R am n u n te y


Sunio. Hizo la p ro p u e sta Calístenes de F a ero.]

Acaso sobre la base de estas esperanzas estabais


dispuestos a hacer la paz, o era eso lo que os prometía
ese asalariado?
Lee ahora la carta64 que envío Filipo después de
esos acontecim ientos.

CARTA

[E l rey de los m acedonios, Filipo, al C onsejo y al pueblo de


los atenienses, salud. Sabéis que hem os tra sp u e sto las Ter
m opilas, hem os som etido el te rrito rio de Fócide, introducido
guarniciones en cu an ta s plazas se iban en treg an d o de^grado y
a las q ue no obedecían, las tom am os p o r la fuerza , red J
m os a esclavitu d a sus h ab ita n te s y las a rra sa m o s. Pero oyendo
tam bién que vo so tro s os estáis p re p a ra n d o para * en su
ayuda os escrib o p a ra que no os m olestéis m as en este asu n o
pues en c o n ju n to m e da la im presión de que n a d a moderado
hacéis h abiend o co n certad o la paz y h aciéndom e frente, y

T a X s e a to d o hay en ella algunos pequeños detalles form a-

SíSrnr »ísü fw si
la embajada

««so asar»
Z m t a 130; D iodoro Sículo, XVI 59; Justino, VIII 5.
SOBRE LA CORONA
399

eso que los iocidios ni siquiera han quedado comprendidos en


nuestros comunes acuerdos <* De tal modo que si no perma­
necéis firmes en lo acordado, ninguna otra ventaja obtendréis
fuera de haber sido los agresores.]

Estáis oyendo con qué claridad en la carta que os ao


dirige manifiesta y expone con precisión a sus aliados
lo siguiente: «Yo he hecho eso contra la voluntad de
los atenienses y a su pesar, así que si sois sensa­
tos, tebanos y tesalios, a ellos los tendréis por enemi­
gos y en mí, por el contrario, depositaréis vuestra con­
fianza.» No lo escribió con estas palabras, pero era eso
lo que quería dar a entender. Así pues, a raíz de ello
los arrebataba llevándolos a un punto de enajenación
en que ni lo más mínimo de lo que sucedió luego pre­
veían ni captaban6667, antes bien, permitieron que aquél
pusieia bajo su control todos los asuntos, a consecuen­
cia de lo cual los infelices se encuentran agobiados
por sus actuales desgracias. Y el que fue su cóm plice 4 i
y colaborador68 en el logro de esa confianza y el que
transmitió aquí las falsas noticias y os engañó 69, ése es
el que ahora se lamenta de los padecimientos de los
tebanos70 y el que refiere lo lamentables que éstos
son, cuando él mismo es el culpable de estos males,
de los de los focidios y de todos los demás que sufren

66 Cf. Demóstenes, Sobre la embajada fraudulenta 174


d J l n t T l 9 eSÍÓn SÍmÍIar' 6n Dem<3stenes’ Sobre la embajada frau-
68 La palabra griega synagonistés «colaborador», la emplea
Demóstenes solamente dos veces, aquí y en el § 61, en el que se
refi,®re„^ l0,s, traidores de Grecia que colaboraron con Filipo.
fr a u d u le n T lT “ ° EMÓSTENES- Sobre la embajada
70 Eso hizo Esquines en dos ocasiones. Cf. E squines, Contra
Ctesifonte 133 y 156-7.
d is c u r s o s p o l ít ic o s
400

los griegos. Pues es evidente que tú, E squines, te due­


les de lo su c e d id o 71 y com padeces a los tóbanos, te­
niendo com o tienes propiedades en B eo cia » Y ya que
cultivas sus cam pos, m ien tras que yo m e alegro yo
que era de inm ediato reclam ado p o r el que llevó a
cabo esas a c cio n es73.
42 Pero h e venido a d ar en argum entos que tal vez cua­
d ra rá m ás exponer d en tro de poco; vuelvo pues, de
nuevo a las dem ostraciones de cóm o los desafueros de
ésos h an sido los causantes de la p re sen te situación.
E n efecto, u n a vez que vosotros habíais sido enga­
ñados p o r Filipo p o r m ediación de ésos los que alqui­
laro n sus p ro p ias personas en las em bajadas y nada
verdadero os refirieron, y lo habían sido los infelices
focidios v sus ciudades habían sido d estru id as cqué
43 ocurrió? Los despreciables te sa lio s7* y los estúpidos tó­
banos co n sid eraban a Filipo su amigo, bienhechor y sal-

71 Eufemismo por «desgracias», «calamidades».


72 Demóstenes, en Sobre la embajada fraudulenta, había
echado^ en cara a Esquines y Filócrates la posesión de propie-
, , tierras de labor extensas en la zona de Ohnto, cf.
Demóstenes Sobre la embajada fraudulenta 145 y sigs. De este
S S s o había presentado testigos. Por otro 1 ^ es tóe-
conocido que, después de la destrucción de Tebas Alejandro
d istribuyó las tierras de los tebanos entre sus aliados. Cf.

ARn ASobre”^ sT ' petición de extradición, en la que insiste el


so , F , .i.. „ste mismo discurso (Sobre la
PT°ona Arriano, Anábasis I 10; Plutarco, Vida de De-
Z ° ,„ e , T,mMé» pida

a . historiadores como Duris e Idomeneo, y la Suda. Matura!


« m e S u m e » ™ formaba parte de lo , orador.a reclamados

POr, . elL S 0 «MÍen“ C'I m S .r a b .n a los beodos pentc de poca.


luces y torpes; a los tesalios, engañosos y desleales.
SOBRE LA CORONA 401

vador; era todo p a ra e llo s75; ni siquiera estab an dis­


puestos a escu ch ar la voz de quien quisiera decir algo
distinto. Y vosotros, aunque m irabais con desconfianza
e irritació n los acontecim ientos, m anteníais la paz pese
a todo, p u es no teníais nada que hacer. Y los dem ás
griegos, b u rlad o s al igual que vosotros y defraudados
en sus esperanzas, continuaban en paz contentos, au n ­
que tam bién ellos m ism os de alguna m an era hacía
tiem po que se veían envueltos en com bates. Pues cuan- 44
do Filipo, dando vueltas de aquí p a ra allá, som etía a
los ilirios y tríb alo s 767 e incluso a algunos griegos 77 y
lograba p o n er b ajo control a m uchos y grandes efec­
tivos m ilitares y eran sobornados algunos de los que,
valiéndose de la facu ltad que o to rg ab a la paz, se enca­
m inaban allí desde sus respectivas ciudades, de los
cuales era uno ése, entonces eran atacados todos aque­
llos c o n tra los que aquél realizaba esos preparativos.
Y si no se d ab an cu enta de ello, eso es o tra cuestión,
y no m e afecta. Pues yo bien que ad v ertía y protes- 45
taba invocando a los dioses tan to a n te vosotros en toda
ocasión com o allí dondequiera era en v ia d o 78, p ero las

75 Hay aquí una figura retórica denominada, en griego


epinomé y, en latín, commoralio. Ver nota 99.
76 Diodoro Sículo menciona una penetración victoriosa en
Iliria llevada a cabo por Filipo en el 344 a. C. Cf. Diodoro
Sículo, XVI 69. Con los tríbalos combatió Filipo a su regreso
de la campaña contra los escitas, en el 339 a C
77 Probablemente los de Cardia y Eubea. Cf. Contra Fili-
po, III 17, 27, aunque no fueron exactamente sometimientos Lo
más seguro es pensar en la expedición de Filipo a Ambracia
(343/2 a. C ), a lo largo de la cual tomó tres colonias eleas en
Casopia; cf. Sobre el Haloneso 32.
78 Dos embajadas al Peloponeso son mencionadas en Contra
In T ’ í tTa FMP0' 1U 72' Cf- también Sobre la
na 9, 244. Este pasaje aparece citado como prueba de la
política panhelénica de Demóstenes y de las dificultades que
semejante política planteaba, en J. L uccioni, Démosthéne et
le panheüémsme, París, 1961, págs. 129 y sigs.
35. — 26
d is c u r s o s p o l ít ic o s
402

ciudades s e h a l i a b a n ^ n t o m ^ y se
asuntos públicos > s los p artic u la res y las
d ejab a\ r r¿ T n o p i e v e í a n el iu tu ro , y en p a rte se
m asas, en p a rte n p , . la indolencia de la

*vida
* *co-tid
• *ian«a £ , > p— en *p artic
■ b an cada uno - urla r
de ta l especie, que i m a , ^ &^ galvo a ellos
que la d esgracia h neliaros aienos m anten-
km os y ^ ó n c ^ ^ s i e r a n . Luego,
46 d rían seg u ra m asas a cam bio de su
creo so, h a suced.do que ^ - * [a u b e r.
excesiva e in o p o rtu n g g im aginaban que
rad, , q u e los dirigentes,O o s QUU ^
lo estab a n vendien o o vcndido a sí mis-
nas, se d iero n cuent lugar de am igos y
rooS81 7 P r¡iom bresa queÜ entonces recibían, cuando
huespedes, no m bre q llam ar aduladores,
aceptaban sobornos, ah los dem ás calificativos
enem igos de los d o > nadiej var0nes atem en-
47 que les co rresp o n ia conveniencia del traid o r,
ses, g asta d m eio com pra, vuelve
ni. una v er que se t a » d u e ñ o o U o q u e ^ ^
ya en lo sucesiv h a b ría p ersona m ás
de co nsejero; que e n ^ c a s o ^ ^ ^ ^ ^ ¿cóm o
a fo rtu n a d a que el U ■ ellü Por el c o n tra rio,
iba a serlo? Bien^ ejo^ ¿o m in ar se hace dueño de
u n a vez que el que vendieron
la situación, tam b ién es tuno de t e que le ^
ta i dom inio, y, ' “ “ ^ “ "“ J i a de d io s y los ul-
a8 tr a j'^ V e d * estos casos (pues aunque la o p o rtu n id ad
----------------- ir 7 1 - Contra Filipo, III 12» 39,
,
79 Cf. D emóstenes, Olint
II 21, c o m
50; Sobre la embajada fraudulenta 259.
so Cf. Contra Filipo, 111 . 17 y Respuesta a
si La m ism a idea, en Sobre el Haloneso u , y
la carta de Filipo 18.
SOBRE LA CORONA 403

de esos hechos ha pasado, la ocasión de conocer al


m enos tales casos está siem pre a disposición de los
sensatos): a L ástenes 82 se le llam aba am igo, h asta que
entregó traid o ram en te Olinto; a T im o la o 83, h a sta que
causó la ru in a de Tebas; a É udico y Sim o de L a ris a 84,
h asta que som etieron a Tesalia b ajo el control de Fi-
lipo. A continuación, todo el m undo h abitado vino a
e sta r lleno de desterrados, u ltra ja d o s y sufridores de
tod a su erte de m ales. ¿Qué es de A rístrato en S ic ió n 85?,
¿qué de Périlo en M ég ara86? ¿No están depuestos? A 49
p a rtir de estos hechos puede verse con m erid ian a cla­
rid ad que quien en m ayor m edida protege su p a tria
y con m áxim a frecuencia contradice a esas gentes, ése
es, Esquines, el que os p roporciona a vosotros, traid o ­
res y m ercenarios, las ocasiones de a c e p ta r sobornos,

82 Lástenes y Eutícrates aparecen con frecuencia menciona­


dos en la obra de Demóstenes. Traicionaron a sus compatriotas
entregando la caballería de Olinto a Filipo en el 348 a. C. Cf.
Demóstenes, Sobre los asuntos del Quersoneso 40; Contra Fili­
po, III 96; Sobre la embajada fraudulenta 265, 342.
83 Timolao era tebano y fue traidor a su patria, pues co­
laboró con otros en hacer que Tebas se rindiese a Filipo des­
pués de la batalla de Queronea. Dinarco, con mala intención,
lo presenta como amigo de Demóstenes. Cf. Dinarco, Contra
Demóstenes 74. Su nombre figura también en la lista de trai­
dores; cf. Demóstenes, Sobre la corona 295. Cf. P olibio , XVIII
14, 4.
84 De Éudico no sabemos nada. Simo, según Harpocración
(s. v.), pertenecía a la noble familia de los Alévadas de Larisa.
Éstos pidieron a Filipo que interviniese en Tesalia en contra
de los tiranos de Feras. El resultado fue, como era de esperar,
que el Macedonio desalojó del poder a los de Feras y lo ocupó
él mismo. Cf. D iodoro S ículo, X VI 14 y 35.
85 Arístrato fue tirano de Sición. Mencionado en P lutarco,
Vida de Arato 13 (Arato mandó destruir su retrato, obra de
Melanto y Apeles), y en P l in io , Historia natural 35, 109.
86 Périlo pertenecía a las capas sociales altas de Mégara.
Aparece mencionado, junto con Pteodoro y Helixo, en la lista
de traidores; cf. Demóstenes, Sobre la corona 295.
discursos políticos
404

y gracias a la m ayoría de éstos aquí p resen tes y los


L e se en fre n ta n a vuestros designios, estáis vosotros
a salvo y asalariados, puesto que lo que es p o r vosotros
m ism os, h ace tiem po que estaríais perdidos.
so Y au n q u e todavía puedo decir m uchas cosas acerca
do las g esu cn es de entonces, considero
con esto he dicho m ás que suficiente. Y el culpable
es ése p o r h a b e r d erram ad o sobre m i las heces , p o r
detbrló así, d e su p ro p ia perversidad , de sus cnm e-
nes de las q u e e ra necesario que yo m e liberase an te
fos que son m ás jóvenes que aquellas transacciones
P ero tal vez estáis ab u rrid o s quienes incluso antes de
que yo d ijese u n a p a la b ra ya conocíais la condición
s i m ercen aria de ese individuo p o r aquel tiem po. No obs-
S n t e él la llam a am istad y h o spitalidad y en algún
sWo dijo expresam ente: «Ése que m e echa e n c a r a e n
o ían de o p ro b io la h ospitalidad de A lejandro» 88. ¿Yo a
ü la h o sp italid ad de A lejandro? ¿De donde la o b tú v o te
o alcanzaste? Ni huésped de Filipo m ateigo d e ^
ian d ro te llam aría yo a ti (no estoy tan o ),
oue tam b ién a los segadores y a los que en alguna
o tra ocupación tra b a ja n a jo rn al haya que llam arlos
am igos y huéspedes de quienes los to m aro n a sueldo
52 P ero no es ello así. ¿De qué? Ni m ucho m enos. P or
co n trario , yo a ti te llam o asalariado de Filipo antes
" d e A lejandro ahora, y asi hacen todos los aquí p r e ­
sentes. Y si no te fías, pregúntales, o, m ejor, yo
ñ o r ti ¿Q ué os parece, varones atenienses? ¿ Q u e E s ­
quines es u n asalariado o u n huésped de A lejandro. Ya
oyes lo q u e dicen.

87 D espués ^ L ja n d o l a s 3 h e c e s y los
S S t ” lic o r d . B aco , a s! c o m o l a . ” b”

- O-
m e echa en cara la h o sp italid ad de A lejandro.»
SOBRE LA CORONA 405

P u e s b ie n , q u i e r o v u d e f e n d e r m e d e la a c u s a c i ó n
e n s í y e x p o n e r m i s r e a l iz a c i o n e s p a r a q u e E s q u i n e s ,
a u n q u e lo s a b e , o ig a , n o o b s t a n t e , la s r a z o n e s p o r la s
q u e a f i r m o q u e e n j u s t i c i a m e r e z c o o b t e n e r n o s ó lo la s
re c o m p e n sa s q u e se m e h a n a c o rd a d o en el d e c re to
p r e v io , s i n o in c l u s o o t r a s a ú n m u c h o m a y o r e s . T o m a
el t e x t o d e la a c u s a c i ó n y lé e m e lo .

TEXTO DE LA ACUSACIÓN

[En el arcontado de Q u e r o n d a s e l día sexto del mes Ela-


febolión, Esquines, hijo de Atrometo, de Cotócidas, presentó
ante el arconte90 denuncia de ilegalidad contra Ctesifonte, hijo
de Leóstenes, de Anaflisto, por haber presentado por escrito
un decreto ilegal proponiendo que se debía coronar a Demós-
tenes, hi jo de Demóstenes, de Peania, con corona de oro, y pro­
clamar en el teatro con ocasión de las Grandes Dionisias, el
día destinado a los nuevos poetas trágicos, que el pueblo corona
a Demóstenes, hijo de Demóstenes, de Peania, con corona de
oro por sus méritos, por la buena voluntad que viene teniendo
para con todos los griegos v el pueblo de los atenienses y por
su hombría de bien, y porque continuamente actúa y habla
promoviendo lo mejor para el pueblo y está deseoso de hacer
todo el bien que pueda. Toda esa propuesta es ilegal y falsa
por no permitir las leyes, en primer lugar, introducir falsos
alegatos en las actas públicas, ni en segundo término, coronar

m Este documento, tan espúreo como los demás, pasó, hace


algún tiempo, por ser el único auténtico de los incluidos en
este discurso. El nombre «Querondas» corresponde efectiva­
mente al de un arconte, pero, por desgracia, al arconte que
ocupó el cargo, del 338 al 337 a. C. Sin embargo, la acusación
presentada por Esquines, de la que se trata en este contexto,
se data un año más tarde, exactamente en la primavera del
336 a. C., bajo el arcontado de Frínico, sucesor de Querondas
en dicho cargo.
90 Una «denuncia de ilegalidad» no se presentaba al arconte,
sino a los tesmotetas.
DISCURSOS POLÍTICOS
406

a ciudadano su jeto a rendición de cuentas (y D em óstenes es


O s a r i o de fortificaciones y encargado de los fondos p a ra
com isario , ás p ro h íb en p ro c la m a r la co ro n a en
los espectáculos), y, adem a , y . . t , j .'_ ^ 1 necean
el te a tro con ocasión de las fiestas D ion.sias y el día del acceso
el teatro , co el co n trario, si el C onsejo co-
de " T e ^ d e t T hacer la proclam ación en el C onsistorio, y si lo
™rUl' ,a ciudad en la A sam blea, en la Pnix. M ulta: cincuenta
ÍaTentos T e S o s de la citación: Cefisoionte de R am n u n te, hijo
de C efisoionte; Cleón, hijo de Cleón, de C otocidas.]

56 É stas son, varones atenienses, las clausulas del de­


creto c o n tra las que dirige su acusación. P or lo que a
m í resp ecta, p artien d o de ellas m ism as creo que en
n rim e A é rm in o , os pondré en claro que m e defendere
en todo p u n to con ju s tic ia - Pues, adoptando el m ism o
ord en de la denuncia, hab laré sucesivam ente de todas
V cada una de las im putaciones sin dejar
57 guna p o r p ro p ia voluntad. Así pues, en cuanto al hecho
de que a q u é l- escribiera que yo de o b ra y de p alab ra
v e ^ o haciendo lo m ejo r p a ra el pueblo y estoy dis
puesto a realizar todo el bien que p u ed a y que p o r
tales* motivos se m e elogie, estim o qu e el veredtc.o de
ello se en cu en tra en mi conducta política. Pues s -
m etido ese p ro ced er a exam en, a p a r ttr de el se des-
rn h rirá si lo que h a escrito C tesifonte acerca de
m í en su m oción es verdadero y aju stad o , o bien p o r
58 el co n trario , falso. P ero en cuanto a que no añ ad iera
la especificación de que la coronación se h ag a «u
vez rin d a m is c u e n ta s» ” y m ande que se proclam e

91 E sq u in e s, en la acusación, cf. E squines, Contra C t e s ^

L 2°defhenbs í S Z « el mismo orden


que él h a b ía ad o p tad o en su discurso de inculpación.
92 Ctesifonte.
93 Cf. E squines, Contra Ctesifonte 31, 203.
SOBRE LA CORONA 407

corona en el teatro , considero que tam bién eso está


en relación con m i actuación política, es decir, si soy
o no digno de la corona y de la proclam ación an te el
pueblo; no obstan te, m e parece que adem ás h ab rá
que señ alar las le y e s94 en v irtu d de las cuales le era
lícito a él p re se n ta r por escrito esas p ropuestas. De
este m odo, varones atenienses, tengo resuelto h acer mi
defensa de m anera justa y sin doblez; p asaré ahora
d irectam ente a mi actuación. Y que nadie sospeche
que yo desvío mi discurso del contenido de la acusa­
ción, si incido en la discusión de cuestiones y hechos
políticos de Grecia. Pues el que persigue en ju sticia
la cláusula del decreto según la cual «de p alab ra y
obra yo llevaba a cabo lo m ejor» y el que ha presen ­
tado acusación de que eso es falso, ése es el que ha
hecho p ertin e n te y necesario respecto de la acusación
la relación de toda mi actuación política. Además,
aunque son m uchos los cam pos que ofrece la actividad
pública, yo escogí el de los asuntos griegos, de form a
que tam bién m is dem ostraciones ju sto es que las haga
valiéndom e de ellos.
Ahora bien, lo que, antes de dedicarm e yo a la adm i­
nistración del E stad o y a la o ra to ria p ú b lic a 95, Filipo
se anticipó a co n q u istar y retu v o en su poder, lo de­
ja ré de lado; pues opino que n ad a de ello m e concier­
ne; pero las em p resas cuya realización yo im pedí a
p a rtir del día en que m e entregué a las m encionadas
gestiones, os las reco rd aré y d aré razón de ellas tra s
haceros b revem ente las siguientes consideraciones pre-

94 Hermógenes (Rhetores graeci III 432 Walz) señala que,


astutamente, Demóstenes finge sencillez tratando de presentar
como accesorio lo que es fundamental.
95 Con el discurso Sobre las sinmorías (354 a. C.), inició De­
móstenes su vida pública. Su responsabilidad en la política
exterior de Atenas comenzó a partir de la paz del 346 a. C. Su
oposición a Filipo se remonta al Contra Filipo, I, del 351 a. C.
discursos políticos
408

„ vías ¡V entaja grande, varones atenienses, tuvo a su


favor Filipo! Pues fue el caso que en tre los griegos (y
no e n tre unos cuantos, sino e n tre todos p o r igu ) se
C o d u jo u n a co se ch a* tal de traidores, m d m d u o s ve-
Tates ° h o m b res aborrecibles p ara los d,oses como
nadie h a sta ah ora recu erd a que se haya producido
o tra an terio rm ente. Tom ando F.Hpo a éstos de amulta-
res v colaboradores, puso aún en peor situación a los
griegos que va antes estaban mal avenidos entre si y
envueltos en disensiones; engañaba a los unos sobor­
naba a los otros, a otros corrompía por todos los me-
Z ? v así los dividió97 en muchas fracciones, cuando,
^ r e a l i d a d u n a sola cosa era el interés d . todos:
e , tmpedir que aquél se engrandeciera. Y estando todos
™ er L o s en tal situacién y siendo desconocedores
aún'dél mal que se configuraba y erecta, es menester
que vosotros examinéis, varones atenienses, cuales eran
la actitud y la actividad que convenía eligiese te mudad
, de ellas recibáis razón por part.e nata pues el * <V
se puso al frente de esa parcela de la política fui y •
63 ; Acaso99 era menester. Esquines, que ella, abandonando
su orgullo v dignidad propios, al mismo nive que
tesZs v dólopes ™ ayudara a Filipo a adquirir el
Imperio sobre los griegos y anulase f "osa5 J IUS-
tas empresas de nuestros antepasados? , 0 bien no

* Cf. D bu Ostobs , Sobre la corona » 5 , donde se especifican


' ° l a c o r b a t a fraudulenta 6S. H ¡ M .
: Deméslenes^se siente
» Hermógenes S ™ “ n ím im d . 10

100 Los tesalios ayudaron a Filipo en la gueira


U n traidores a K »
griegos.
SOBRE LA CORONA 409

h acer eso (pues sería, en verdad, trem en d a cosa), pero


sí, en cam bio, p e rm itir que o cu rriese lo que ella veía
que iba a o cu rrir, si nadie lo im pedía, y lo que iba
previendo, al parecer, desde tiem po a trá s? P ero ahora, 64
a mí, al m enos, m e gustaría p re g u n ta r al que m ás
severam ente censure la actuación del pasado, de qué
p arte h u b iera preferido que estuviese la ciudad, de la
que era cóm plice de los m ales y vergüenzas que habían
sobrevenido a los griegos, e n tre cuyos com ponentes se
podría cita r a los tesalios y sus aliados, o de la que
había hecho caso om iso del desarrollo de esos acon­
tecim ientos p o r la esperanza de su p ro p ia ventaja, en
la que p odríam os situ a r a los arcadios, m esenios y ar-
givos 101. Sin em bargo, incluso m uchos de éstos, m ejo r 65
dicho, todos, h an obtenido p e o r su erte que nosotros.
Puesto que si Filipo, una vez que im puso su p o d e r 102,
se hubiese re tira d o al punto y tra s ello se h u b iera m an­
tenido en calm a, sin m olestar a nadie ni de su aliados
ni de los dem ás griegos, h a b ría tal vez algún m otivo
de reproche y acusación contra los que se opusieron a
lo que aquél llevaba a cabo; p ero si a todos p o r igual
les suprim ió la dignidad, la suprem acía, la lib ertad y,
lo que es m ás, h asta los gobiernos constitucionales,
siem pre que pudo, ¿cóm o n eg a r que vosotros, fiados
de mí, eligisteis la m ás h o n ro sa de todas las deci­
siones?
P ero vuelvo a aquella cuestión a n te r io r 103. ¿Qué 104 66
convenía que hiciera la ciudad, E squines, al v er que

m Cf. P olibio, XVII 14.


102 Con la batalla de Queronea, que tuvo lugar en el 388
a. C., Filipo trató a los derrotados atenienses con generosidad
y consideración, pues devolvió a Atenas sin exigir rescate los
dos mil combatientes de su ejército que habían sido hechos pri­
sioneros; por el contrario, descargó su cólera vengativa sobre
Tebas, que antes fuera su aliada, e invadió el Peloponeso.
103 Se acaba la digresión que contiene el § 65.
104 De nuevo estamos ante la figura denominada epimont,
d is c u r s o s p o l ít ic o s
410

Fiijno se estab a p rocurando au to rid ad y gobierno per-


rmal so b re G recia? ¿O qué era m enester que expusiese
sonal so b re u 1 d i DUeblo de Atenas (pues,
o p ro p u siera un con im portancia decisiva) que
en efecto este d e l " L . d e d com ienzo de los tiem-

67
b r is a s
en contiendaQ
r ' m a n o v p ierna
ed a v íc u ia fractu ra d a, estab a lisiado
y siem pre dispuesto a sacrificar

a rreb a ta rle^ c o n U l
b n n r a v g l o r i a ’ Y , r e a l m e n t e , ta m p o c o n a d i e
68 h o n ra y g io n a . ., p„-i„ 106 t u s a r o s c u r o ,

su pecho b ro tase n ta n altas aspiraciones com o p a

is aten ien ses V diariam ente en p alab ras y esp


tóenlos contem pláis m onum entos d ' ,a V" U^ '
tro s an tep asad o s o . poseer O J ^

fe a “ sqUae r” !po vuestra lib ertad . N adie podrtó

— ^ e n te em p icd » P»r Demás,enes: C .


tares Graect I I I 266 v^ ' z c o m e n ta e l e s c o lia s ta q u e
« * * “ >“ “ ‘ la h iz o » E h ^ 'a
?„“ i“ r,o J . ° !í a í . 1 . m a n o , P i e ™ c u a n d o s e encon-
traba entre los escitas. u aloneso 7 . Pela era una
minúscula f o c S “ acedonia. Léi en^andecié Pilipo p o r.u e
S nacido en ella; cf. E strabók, V II, fr. 23 .
SOBRE LA CORONA 411

decir tal cosa. El recurso, pues, que quedaba y era a 69


la vez obligado consistía en oponeros con ju stic ia a
todo cuanto él llevaba a cabo p o r vía de la injusticia.
Eso hacíais vosotros desde el p rin c ip io 107* de form a
apropiada y conveniente y yo proponía y aconsejaba,
po r mi parte, de acuerdo con las oportunidades con
que con tab a en mi vida pública. Lo reconozco. Pero,
¿qué debía hacer? Pues ya te estoy preguntando a ti,
Esquines: dejando todo lo restan te, Anfípolis 10s, Pidna,
Potidea, H aloneso —de ninguna de estas plazas me
acuerdo , S errio, Dorisco I09lio*, el saqueo de P eparetos 110 70
y todos los dem ás atropellos que sufrió la ciudad, ni
siquiera sé si han ocurrido. A hora bien, tú, p o r cierto,
decías 1,1 que yo al m encionar esas plazas a rro jé a estos
mis conciudadanos a una situación de odio, aunque
los decretos referen tes a esos asuntos son de Eubulo,
A ristofonte 112 y D iopites m, no m íos, ¡tú, que a la ligera

'•j Es decir> cuando fueron capturadas Anñ'polis, Pidna y


Potidea; Demóstenes no era responsable del desinterés e inac­
tividad de Atenas.
ios Aunque cedida por el tratado que dio lugar a la «paz
de Filocrates», esta ciudad, al igual que Potidea, no dejaba de
ser reclamada por los atenienses patriotas, que la consideraban
posesión de Atenas. Cf. Contra Filipo, II 17; Sobre el Haloneso
y, ¿5 y sigs., Sobre los asuntos del Quersoneso 66.
'<» Acerca de Serrio y Dorisco, cf. el § 27 de este mismo
discurso.
lio «Peparetos —dice el escoliasta— es una isla situada en el
r r * geo- í ente a TesaIia- ^ saqueó Alcimo, que era almirante
de rilipo.» Este saqueo de Peparetos tuvo lugar en el 341 a C
Los habitantes de Peparetos, aliada de Atenas, habían tomado
la islita de Haloneso, ocupada por Filipo, y capturado su guar­
nición. Sobre Peparetos, cf. Carta de Filipo 12
m E squines , Contra Ctesifonte 82.
’f Eubulo, jefe del partido pacifista después del 346, afio
de la «paz de Füócrates», y Aristofonte, que, con anterioridad
a esta fecha se había retirado de los asuntos públicos redac-
taron ta! vez, decretos en solicitud de entablar negociaciones
con Filipo en torno a la captura, por parte de este último, de
d is c u r s o s p o l ít ic o s
412

dices lo que te viene en gana! Tam poco ah o ra hablaré


de ello. P ero aquel que se anexionaba E ubea y la con­
71
vertía en b ase de operaciones 114 contra el Ataca y aten­
tab a c o n tra M égara 115 y ocupaba Oreo y asolaba Portm o
y establecía en Oreo 116 a Filístides en calidad de tirano
v en E r e tr i a 117 a C litarco e in ten tab a som eter b ajo su
p o d er el H elesponto y sitiaba Bizancio y a unas ciu­
dades griegas d estru ía m ien tras en o tra s re stitu ía a los
ex iliad o s119, ¿acaso el que eso hacía o b rab a injusta-
m ente, tran sg red ía el tra ta d o y violaba la paz, o _ o.
Y era necesario o no que apareciera algún griego
que le im p id iera co m erter esas acciones? Pues si no
72
era necesario, antes bien, Grecia h a b ría de ap arecer a
los ojos de todos com o si fuese el botan m isio, que se

plazas como Anfípolis, Pidna, Potidca c. incluso, Peparetos, que

cierta si DemOsOS.» >e r * r a £


general mencionado en los discursos Contra Fütpo, o al ora or
del Esfeto de quien h ab la elogiosam ente Hipendes en su dis­
curso titulado En favor de Eujempo XXX1A ¿y.
m La voz griega epiteíchisma significa, Prop.ament^ .for­
taleza establecida en suelo enemigo que es empleada p o ^ su

p L T T M e n c io n a d o propOsito, * Decelia.
L e o . C o n sta » . So»“ £
c i n t o s Tet qZ ™ Z 7 o 63; Sobre ¡a corona 87; Contra Filipo,

el 3 4 4 .3 4 3 a. C., Filipo intentó apoderarse de M é g a ra

¡ S e a . d . su proximidad .1 A lie , ^
ciones» (epiteíchisma) que amenazara a Atenas.
H6 Exponiendo desordenadamente -a r d id de la oratona
vuelve Demóstenes a referirse a la situación de Eubea.

m s ' t e ' l í s operaciones de Filipo en L 't,H, Í SP“ ’° y “


Bizancio, cf. D emóstenes , Sobre la corona 87-89, 244.
H9 Es decir, a sus partidarios.
SOBRE LA CORONA 413

lla m a 120, existiendo y viviendo atenienses, yo h e hecho


un tra b a jo en balde hablando de estos asu n to s y la
ciudad h a o b rad o en vano p o r h ab erm e hecho caso;
y co rran de m i cu en ta todos los crím enes y yerros
que h a com etido. P ero si era necesario que apareciese
quien im p id iera esos hechos, ¿a qué o tro pueblo le
correspondería h acerlo sino al ateniense? Pues bien,
así era com o yo ac tu ab a en función de hom bre de es­
tado, y viendo que aquél iba esclavizando a toda la
hum anidad, le hacía fren te y continuam ente advertía
y sugería que no entregaseis nada. Y p o r cierto, la paz
fue aquél quien la rom pió al c a p tu ra r 121 las naves, no
la ciudad, Esquines.
Pero tra e los decretos en cuestión y la c a rta de Fi- 73

lipo y léelos en su p ropio orden; pues a p a r tir de ellos


aparecerá claro quién es responsable de cada actuación.

DECRETO 122

[En el arcontado de Neocles, en el mes de Boedromión, en


la asamblea convocada por los estrategos, Eubulo m hijo de

*20 Dice el escoliasta que el refrán «botín misio» se aplica


a «los que en vano y sin causa perecen». Misia, en ausencia
del rey Télefo —que, disfrazado de mendigo, anduvo errante
en busca de Aquiles, para que le curase la herida que le había
infligido—, fue objeto de innumerables incursiones por parte
de vecinos y piratas.
m El hecho de que la escuadra de Filipo apresara unos
barcos mercantes atenienses, dio pie a Atenas para considerar
la acción como una violación formal e intencionada del tratado
de paz, y, consiguientemente, sin dilación declarar la guerra al
Macedonio.
122 Este decreto, al igual que los documentos que le siguen
a continuación, no son, evidentemente, originales, sino obra de
un comentarista interpolador y falsificador de textos que ni si­
quiera ha comprendido bien el contenido del pasaje en que los
inserta. El error fundamental en que ha caído consiste en que
414 DISCURSOS POLÍTICOS

Mnesíteo, de Copro, propuso: Toda vez que los estrategos


anunciaron en la Asamblea que al almirante Leodamante y
las veinte naves enviadas bajo su mando al Helesponto para el
transporte de trigo, Amintas, el general de Filipo, las ha
conducido a Macedonia y las sigue teniendo allí bajo custodia,
que se preocupen los pritanes y los estrategos de que el Con­
sejo se reúna y se elijan embajadores para que vayan a pre-
74 sencia de Filipo, los cuales, a su llegada, tratarán con él de la
liberación del almirante, las naves y los soldados; y si Amintas
ha obrado así por ignorancia, dirán que el pueblo no le hace
ningún reproche; pero si Filipo ha descubierto que lo hizo des­
cuidando las instrucciones recibidas, dirán que los atenienses
investigarán el asunto y le castigarán como merece su negli­
gencia. Y si no se da ninguna de estas dos posibilidades, sino
que particularmente se comportan con desconsideración o bien
el que dio la orden de marcha o el que la recibió, comunicar
también eso, para que enterándose el pueblo decida qué debe
hacer».]

75 Así pues, ese decreto lo propuso Eubulo, no yo, y


el que viene seguidamente Aristofonte, el otro Hegesipo,

refirió los decretos y la carta de Filipo exclusivamente al apre­


samiento de los barcos. Hay otras muchas razones que nos
obligan a considerar apócrifos todos estos documentos, por
ejemplo, que en un decreto redactado en ático se hable de
náuarchos (nosotros hemos traducido «almirante») cuando, en
realidad, en pleno siglo iv a. C., se esperaría el término stra-
íégós. Sólo Jenofonte en las Helénicas (Jenofonte, V 1, 5) em­
plea la voz náuarchos para referirse a un «almirante». Pero
Jenofonte, «la abeja ática», no descuella precisamente entre los
prosistas que escriben en ático por destilar una prosa castiza
y pura como la miel del Himeto; antes bien, en éste, como
en otros casos, emplea voces de cuño helénico, pero no propia­
mente ático. Jenofonte escribe en koiné y se le escapan fre­
cuentes laconismos, por ejemplo, náuarchos, error en que ha
caído nuestro falsificador.
123 Eubulo, el estadista famoso, era del demo de Anaflisto.
Otra prueba más del carácter apócrifo de este decreto.
SOBRE LA CORONA 415

luego o tra vez A ristofonte, después Filócrates, luego


C eñsofonte, y luego todos. Yo, en cam bio, no propuse
ninguno sobre esos asuntos m . Lee.

DECRETO

[En el arcontado de Neocles, el día treinta del mes Beodro-


mion, por decisión del Consejo, los prítanes y los estrategos
trataron los asuntos tramitados por la Asamblea que previamen­
te refirieron: que pareció bien al pueblo elegir embajadores
que fuesen junto a Filipo para tratar del recobro de las naves
y que se les diera instrucciones de acuerdo con los decretos
de la Asamblea. Y eligieron a los siguientes: Cefisofonte, hijo
de Cleón, de Anaflisto; Dcmócrito, hijo de Demofonte, de Aná-
giro; Polícrito, hijo de Apemanto, de Cotócidas. En la pritania
de la tribu Hipotóntide. Lo propuso Aristofonte de Cólito, pre­
sidente.]

Pues bien, de la m ism a m an era que yo m u estro estos 76


decretos, m u estra tú tam bién, E squines, cuál fue aquel
que yo pro p u se p o r el que soy responsable de la guerra.
P ero no p o drás hacerlo; que, si pudieras, ninguno h u ­
bieras p resen tad o ahora antes que ése. Y realm ente
ni Filipo m e acusa p a ra nada respecto de la guerra,
au n q u e sí inculpa a otros. Lee la pro p ia c a rta de Fi­
lipo.

CARTA

[El rey de los macedonios, Filipo, al Consejo y al pueblo 7 7


de los atenienses, salud. Se presentaron ante mí los embajado-124

124 Esquines, en el discurso de acusación (Contra Ctesifon-


te 55), había afirmado que el decreto que declaraba la guerra
había sido propuesto por Demóstenes.
discursos políticos
416

res enviados por vosotros, Cefisofonte, Demócnto y Policnto y


L r o n sobre la liberación de las naves que tenía bajo su mando
Leodamante. En general, ciertamente, lo que es a mi me da la
Leodamante ■ „ ser muy tontos si imagináis que se
impresión de que vais a y nretexto de
me oculta que esos barcos fueron enviados con el pretexto de
transportar trigo del Helesponto a Lemnos, pero en realidad lo
fueron para que llevaran ayuda a los selimbnanos, que están
L d o asediados por mí y no estdn in clu í*» en o - ^ - r d o s
a de amistad establecidos mutuamente entre nosotros Y esas
fuero. ..d a s a, :fin cou.ar c o . «^
rtm loe atenienses por ciertos magistrados y por otros que
ahora son simples particulares, quienes quieren a cualquier

a m Í a d T a c Í ^ e l p t n d l i T g t r m , yT on en m ucho mayor

las naves que ahora tuero s¿


« ^ I r U r ^ ^ o ^ m m b r e s de estado que gobiernen
2 ^ 1 auM »lo«. » » procurare fambrén yo
conservar la paz. Que os vaya bien.]

Aquí en ningún sitio h a escrito el nom bre^ de De-


m óstenes ni acusación ninguna co n tra mi. ¿Por q
razón pues, inculpando a los dem ás no h a hecho m en­
ción de los hechos realizados por m í? P orque re co r­
d aría sus tran sgresiones, si algo escribiera sobre m i,
au e a ellas m e aferra b a yo y a ellas m e oponía Y en
n rim e r lugar, p ropuse p o r escrito la em b ajad a al Pelo
p o n e s o 125, cuando p o r vez p rim era aquel tra ta b a de

125 Se” refiere a la embajada del 344 a. C. en que Demós-


tenes pronunció un discurso ante los mesemos y argi
que cita en Contra Fihpo, II 20-25.
SOBRE LA CORONA 417

in tro d u cirse su b rep ticiam ente allí; luego, la que fue a


E ubea cuando an d ab a tentando a Eubea, a continua­
ción, la expedición a Oreo —ya no em bajada—, y la
dirigida a E r e tr i a 126, u n a vez que aquél estableció ti­
ranos en estas ciudades. D espués de eso, despaché so
todas las expediciones navales, p o r las cuales se sal­
varon Q uersoneso, tíizancio y todos los a lia d o s 127. A
raíz de ellas os resu ltab an por p a rle de los beneficia­
dos las m ás herm o sas recom pensas: elogios, gloria,
distinciones, coronas, m u estras de g ratitu d ; y de en tre
los que su fría n agresión, a quienes entonces os hicie­
ron caso les sobrevino la salvación, m ien tras que a
quienes se desp reo cu p aron 128 de v u estra advertencia les
tocó aco rd arse en m uchas ocasiones de vu estras p re ­
dicciones y reconocer que vosotros no sólo erais bien­
intencionados p a ra con ellos m ism os, sino adem ás
hom bres sagaces y adivinos; pues se h a cum plido todo
cuanto p ro n o sticasteis. Y, en verdad, nadie desconoce, si
y tú m enos que nadie, que Filístides h a b ría pagado
buena sum a de dinero p o r ten er en su p o d er Oreo, y
C litarco p o r poseer E retria, y el propio Filipo p o r con­
ta r con esas plazas p a ra em plearlas c o n tra vosotros
y p o r no re su lta r convicto en relación con ninguna de
sus re sta n te s em presas, así com o p a ra que nadie en
ningún lugar hiciese indagación de las injusticias que
iba com etiendo. Pues los em bajadores que de p a rte de 82

U6 Estas expediciones tuvieron lugar en el 341 a. C. y, a


raíz de ellas, fueron eliminadas las tiranías de Oreo y Eretria,
ejecutados los tiranos Filístides y Clitarco, y toda la isla quedó
libre del dominio de Filipo.
127 Cf. Demóstenes, Sobre la corona 87-89, 240, 241. El Proco-
neso y Ténedos aparecen mencionados en el § 302.
128 Se refiere a los peloponesios, que no hicieron caso del
consejo de Demóstenes en el 344 a. C.; ni más tarde (cf. De­
móstenes, Contra Filipo, III 27, 34); y también a los de Oreo
y Eritrea, que se negaron a escuchar a Atenas (D emóstenes,
Contra Filipo, III 57, 66, 68).
35. — 27
discursos políticos
418

Clitarco y de Filístides aquí iban llegando se alojaban


STú casa. Esquines, y tú eras el representante o t a a l
de ellos; aquellos hombres a q u ie n e s la cuidad « d w o
como enem igos y gentes que nada ju st,> m acéptabte
nroDonían eran tus amigos. Bien, nada de eso se hizo
S Ú T óh tú que m e calumnias y dices de mi que
cadlo cuando cobro , vocifero cuando m e lo he * s .
S Ú Ú » Pero no haces tú eso; por el contrario, andas
continuam ente vociferando y nunca cesaras g estos

° 0 dtV aC-n A?iSpueí?uÚqúe°TO Sotros m e coronasteis


83 entonces p o r esos merecim ientos y Aristonico redactó
el decreto”en los m ism os términos que Ctesifonte aM
presente ha empleado ahora, y pese a que la corona
?ÚÚ proclamada en el teatro - y era ésta ya para mt h,
segunda vez que se me hacía tal p ro cla m a -, Esquines
que estaba presente, ni se opuso m entablo demanda
contra el autor de la propuesta. Toma también ese de­
creto y léem elo.

DECRETO 130
84

[En el arco n ta d o de Q uerondas, h ijo d e Hegen“ ^ ^ l dl¿

de su, V r e t o s ha *

nueblo de los atenienses y de palaD ra .


P i fnvnr de los m ism os atenienses y de
b ien que p u ede en fav o r de los m
los
Hr 1os
dem ás griegos, ten g an a b ten el Consejo y el pueb

129 Cf. E squines, Contra Ctesifonte 218. aprócrifo.


130 De nuevo estamos ante un documento
SOBRE LA CORONA 419

atenienses elogiar a Demóstenes, hijo de Demóstenes, de Pea-


nia, y coronarle con corona de oro y proclamar la corona en
el teatro en las íiestas Dionisias, en la representación de las
tragedias nuevas, y de la proclamación de la corona se cuiden
la tribu que ocupa la pritama y el ordenador de los certáme­
nes. Hizo la propuesta Aristonico de Fréarros.j

¿Hay, pues, alguno de e n tre vosotros que sepa si 85


sobrevino a la ciudad algún oprobio, escarnio o m ofa
a raíz de ese decreto, como dijo ése 131 que ah o ra ocu­
rriría si yo soy coronado? Y bien es verdad que cuando
Jos hechos son recientes y conocidos de todos, si son
buenos, alcanzan g ratitu d , si son de o tra suerte, cas­
tigo. Pues bien, es claro que yo entonces alcancé gra­
titu d y no cen su ra ni castigo.
P or tanto, h asta aquel m om ento en que tuvieron 86
lugar esos hechos, es cosa p o r todos reconocida que
yo actu ab a de la m ejo r m anera en beneficio de la ciu­
dad, p o r el hecho de que con m is discursos y p ropues­
tas triu n fab a cada vez que deliberabais, y se llevaban
a la p ráctica m is propuestas y de ellas resu ltab an co­
ronas p ara la ciudad, p ara m í y p a ra todos, y vosotros
habéis hecho sacrificios y procesiones en agradecim ien­
to a los dioses en la idea de que tales resultados eran
buenos.
Así pues, una vez que Filipo fue expulsado de 87
E ubea p o r vosotros, con las arm as, y p o r m í (aunque
algunos de éstos revienten) m ediante mi gestión públi­
ca y m is decretos, b uscaba él o tro b alu arte c o n tra la
c iu d a d 132. Y viendo que de e n tre todos los hom bres

131 Cf. E squines, Contra Ctesifonte 231: «Vosotros mismos,


cuando coronéis a un hombre de esta especie, ¿no pensáis que
en el concepto de los griegos recibís una silba?».
132 Bizancio.
DISCURSOS POLÍTICOS
420

som os los q ue en m ayor m edida consum im os trigo


im p o rta d o 133, queriendo hacerse dueño de la im p o rta­
ción de grano, avanzó hacia T ra c ia 1* y en principio
reclam aba de los bizantinos, que eran sus aliados ,
la colaboración en la g u erra co n tra vosotros; pero
com o no q u erían y afirm aban que no h ab ían hecho la
alianza en esos térm inos (diciendo en eso la verdad),
Filipo levantó u n a em palizada fren te a la ciudad, y em-
88 plazando m áq u in as de guerra, la asediaba. Ante ta l si­
tuación, lo q u e debíais vosotros hacer, no os lo p re­
guntaré, p u es es p a ra todos evidente Pero, ¿quien fue
el que p re stó ayuda a los bizantinos y los salvo? ¿Q uién
el que im pidió que el H elesponto p a sa ra a m anos aje­
n as por aquellas fechas? V osotros, varones atenienses,
y cuando digo vosotros, digo la ciudad. Y ¿quien era
el que p a ra bien de la ciudad hacía uso de la palabra,
p ro p o n ía p o r escrito decretos, actu ab a y, p o r decirlo
de u n a vez p o r todas, se entregó sin reservas a esos
a9 asu n to s’ Yo. Pero, realm ente, cuánto beneficio ello a
todos es co sa que ya no es m enester ap ren d áis de m i
discurso, p u es lo habéis experim entado con los hechos.

B3 Para la política exterior de Atenas era vital evitar que


el Helesponto y el Bosforo estuviesen bajo “ ^ ^ de poderes
enemigos (cf. Demóstenes, Sobre la corona 241, 301). Ello
Hehido al hecho de que el suelo del Ática, «de escaso espesor»,
como señalara acertadamente Tucídides (T ucídides, Historia de
2 ° gUerra del Peloponeso I 2), ni en las mejores cosechas pro-
nordonaba grano suficiente para alimentar a la población a la
nue brindaba asiento. Necesitaba, pues, Atenas importar trigo
de las fértiles costas del Ponto Euxino. Cf. Demóstenes, Contra

^ m " íilip o se acercó a Tracia en el 340 a. C. para asediar


Perinto Un ejército macedonio que marchaba a través del
Quersoneso protegía a la flota de Filipo que en ese momento
se abría paso por el Helesponto.
135 Bizancio se alió con Filipo después de abandonar su
alianza con Atenas a raíz de la Guerra Social (cf. Demóstenes,
Contra Filipo, III 35; Sobre la libertad de los rodtos 3).
SOBRE LA CORONA 421

En efecto, la g u erra que entonces tuvo lugar, sin con­


ta r el hecho de que ap o rtó herm osa gloria, os hacía
vivir en todo lo to cante al su sten to con m ayor abun­
dancia y b a ra tu ra que la paz a c tu a l136, la que esa
buena gente observa en d etrim en to de su p a t r i a 1371389 y
con vistas a fu tu ra s esperanzas, ¡de las que ojalá se
vean fru strad o s y com partan los bienes que vosotros,
los que albergáis los m ejores deseos, pedís a los dio­
ses; que nunca os hagan partícip es de los que ellos
p ersonalm ente han escogido! Léeles las coronas de los
bizantinos y las de los perintios, con las que coronaban
entonces a la ciudad a raíz de esos acontecim ientos.

DECRETO DE I OS BIZ A N TIN O S

FSiendo hieromnamon 138 Bosporico, Damageto en la Asam- 90

blea, tomando un decreto previo fiel Consejo, presentó esta


propuesta: toda vez que el pueblo de los atenienses en las pa­
sadas ocasiones ha venido siendo constantemente bienintencio­
nado hacia los bizantinos v sus aliados y parientes los perin­
tios ,39, y les han prestado muchos y grandes servicios y,
recientemente, cuando Filipo el macedonio atacó la región y la
ciudad con el fin de liquidar Bizancio v Perinto y quemaba el
campo y talaba sus arboles, acudió en su ayuda con ciento
veinte bajeles, trigo, proyectiles v hoplitas y nos libró de esos

136 La «paz de Démades», que protegía a Atenas a partir de


la derrota de Queronea.
137 El partido filomacedonio de Atenas había impedido que
los atenienses decidiesen prestar ayuda a Tebas en su revuelta
del 335 a. C. y a los lacedemonios que hicieran lo mismo en el
reinado de Agis, el 330 a. C.
138 En Bizancio, el hieromnámdn, sacerdote de Posidón, era
el magistrado epónimo, como el arconte en Atenas; cf. P oli-
b io , IV 52.
139 Los bizantinos eran colonos de los megarenses, dorios,
por tanto; los perintios, en cambio, lo eran de los jonios de
Samos, pero a éstos se les habían unido megarenses.
DISCURSOS POLÍTICOS
422

grandes peligros y restableció la constitución patria las leyes


91 * los sepulcros, ha parecido bien al pueblo de los bizantinos
v de los perintios conceder a los atenienses derecho de mata-
monio, de ciudadanía, de posesión de tierras y casas, presiden­
cia en los certámenes, acceso inmediato al Consejo y a la
Asamblea después de los sacrificios, y exención de toda pres-
tación de servicios públicos para quienes deseen habitar la
ciudad- y erigir en el Bosporeo tres estatuas de dieciseis codos
que representen al pueblo los atenienses en actitud de ser
coronado por el de los bizantinos y perintios, y enviar delega­
ciones a las grandes concentraciones griegas, los Juegos Istmicos,
Ñemeos, Olímpicos y Píticos, y proclamar las coronas con las
que ha sido coronado el pueblo de los atenienses por nosotros,
para que conozcan los griegos los méritos de los atenienses y
la gratitud de los bizantinos y perintios.]

92 Lee tam b ién las coronas decretadas p o r los h ab itan ­


tes del Q uersoneso.

DECRETO DF. LOS Q U ERSONESIOS

[Los quersonesios que habitan Sesto, Eleunte, Mádito y Alo-


peconeso coronan al Consejo y al pueblo de los atenienses con
una corona de oro de sesenta talentos y erigen un altar a Gra­
titud y al pueblo de los atenienses por haber sido causante
de todos los mayores bienes para los quersonesios, al haberlos
arrancado de las manos de Filipo y haberles devuelto sus pa­
trias, sus leyes, su libertad y sus templos. Y en todo el tiempo
por venir no cesarán de dar gracias y de hacer todo el bien
que puedan. Estos acuerdos fueron votados en el Consejo con­
federado.]93

93 Así pues, m is principios y mi actividad en el go­


b iern o no sólo lograron salvar el Q uersoneso y Bizan-
SOBRE LA CORONA 423

ció, im pedir que el H elesponto llegase a e sta r algún


día som etido a Filipo, y que n u estra ciudad alcanzara
p o r ello alta consideración, sino que, adem ás, revela­
ron a todos los hom bres la nobleza de n u estra ciudad
y la ru in d ad de Filipo. Pues él, siendo, com o era, aliado
de los de Bizancio, era visto p o r todos asediando esa
ciudad; y <-;hay algo m ás vergonzoso y sucio que eso?
Vosotros, en cam bio, quienes precisam ente con razón 94
les h ubierais podido echar en cara m uchos y ju sto s
reproches p o r la desconsideración con que os habían
trata d o en tiem pos pasados, re su ltab a claro que no
sólo no g uardabais rencor ni abandonabais a los agra­
viados, sino que adem ás los salvabais, p o r lo cual os
habéis gran jead o gloria y sim patía p o r p a rte de todos.
Y adem ás, que habéis coronado va a m uchos de vues­
tros hom bres públicos, es cosa que todos saben; pero
algún o tro p o r cuyos servicios la ciudad haya sido co­
ronada (algún o tro consejero u orador, quiero decir)
exceptuado yo, nadie podría nom brarlo.
Pues bien, con el fin de haceros ver que tam bién 9 5
las infam antes razones 140 que esgrim ió co n tra los eu-
beos 141 y los bizantinos trayendo a colación lo que de
desagradable hubiera podido h ab e r en su tra to con vos­
otros, son falsas acusaciones no sólo p o r el hecho de
ser fingidas (de lo que estim o estáis vosotros bien al
tanto), sino, adem ás, porque, aunque fu eran absoluta­
m ente v erdaderas, convenía h ac er uso de los aconte­
cim ientos en la fo rm a en que yo lo he hecho, quiero
exponeros, y ello en pocas p alab ras, una o dos honrosas
hazañas 142 de las realizadlas p o r la ciudad en vuestros
14j Cf. E squines, Contra Ctesifonte 85-93.
141 Cf. E squines, Contra Ctesifonte 85 y sigs. No se refiere
Esquines, en cambio, para nada a los bizantinos.
142 La primera pertenece a la guerra de Corinto, del 395
a. C., es decir, está a una distancia de sesenta y cinco años
de la fecha en que fue pronunciado el discurso Sobre la
corona.
424 DISCURSOS POLÍTICOS

días; porque, realm ente, tan to un varón en su vida


privad a com o una ciudad en su conducta pública, deben
p ro c u rar siem pre realizar sus acciones fu tu ra s adap­
tándolas a las m ás herm osas de las que tienen ya en
06 su h ab er. Así pues, vosotros, varones atenienses, cuan­
do los lacedem onios m andaban p o r tie rra y m ar, y con
h arm o stas v g u arn ic io n es1W dom inaban los alrededo­
res del Ática, Eubea, T anacra, toda Beocia, Mégara,
E gina 144. Ceos, las dem ás islas ,4S, y la ciudad no poseía
entonces ni naves ni m urallas 146, salisteis h asta H aliar-
143 D espués de la g u erra del Peloponeso, L isandro estableció,
en la m ayor p a rte de las ciudades co n q u istad as, un goberna­
d o r e sp artan o (llam ado harmosta) al fren te de u n a guarnición
y u n a Ju n ta de gobierno, com puesta p o r diez m iem bros (deka-
darchía) elegidos de e n tre los ciudadanos de la p oblación so­
m etid a m ás afectos a la causa esp artan a.
t44 Eubea y Mégara habían pasado a manos de los espar­
tanos poco antes de acabar la guerra del Peloponeso. Tanagra
estaba en poder de partidarios de Esparta en el 377 a. C. (cf.
J enofonte, Helénicas V 4, 49). Egina, a la que en el 431 a. C.
Atenas había repoblado con sus ciudadanos tras expulsar previa­
mente a los nativos, volvió a pertenecer a sus antiguos dueños
por obra de Lisandro, cuando éste se dirigía a Atenas para
atacarla en el 405 a. C. (cf. Tccídides, Historia de la guerra del
Peloponeso II 27; J enofonte, Helénicas II 2, 9). En conjunto,
Beocia había sido aliada de Esparta; pero, cuando la guerra
terminó, Tebas, disgustada con la actitud tiránica adoptada por
los lacedemonios, aunque había sido encarnizada enemiga de
Atenas, acogió, en el 403 a. C„ a los demócratas atenienses Tra-
sibulo y sus compañeros de exilio, antes de que éstos atacasen,
en el 403 a. C., a los Treinta Tiranos y a sus partidarios. Este
descontento de Tebas terminó en la «Guerra beocia», en el 395
a. C., en la cual Atenas estuvo del lado de Tebas; en la batalla
de Haliarto murió Lisandro en pleno campo de liza.
145 Es decir, las islas adyacentes a Ceos; Teños, Andros,
Melos. Lisandro devolvió Melos a sus antiguos habitantes (cf.
P lutarco, Lisandro 14). # . . . . ,
146 por imposición de Esparta, Atenas se vio obligada a de-
moler sus Muros Largos y los del Píreo; y sólo se le permitió
mantener doce barcos de guerra; cf. J enofonte, Helénicas II
2 20.
SOBRE LA CORONA 425

to y, u n a vez m ás, no m uchos días m ás tarde, h asta


C orinto 147, y eso que los atenienses de aquel entonces
p o r m uchas razones hubieran podido g u ard ar re n co r a
corintios y tebanos debido a su conducta en la guerra
de Decelia; sin em bargo, no o b raro n así, ni de cerca.
Y, no obstan te, entonces am bas acciones, Esquines, no 97
las llevaban a cabo en defensa de bienhechores ni veían
que ellas estuviesen desprovistas de riesgo; pero no por
ese m otivo ab andonaban a los que acudían a ellos en
busca de am paro, antes bien, p o r am or de gloria y
h o n o r estab an dispuestos a en treg arse a los peligros,
actuando, de este m odo, con a c ertad a y honrosa deci­
sión. Pues p ara todos los hom bres térm ino de la vida
es la m uerte, au n q u e alguien se guarde encerrándose
en un aposento; pero es m en ester que los hom bres
esforzados em p ren d an siem pre todas las bellas accio­
nes, blandiendo an te ellos m ism os el escudo de la
esperanza, y soporten con nobleza lo que la divinidad
les asigne. De esta form a ob rab an vuestros antepasa- 98
dos, así ob rab ais los de m ás edad de e n tre vosotros,
quienes, a p esa r de que los lacedem onios no eran
vuestros am igos ni vuestros bienhechores, antes bien,
habían com etido m uchas y graves in ju rias contra
n u estra ciudad, cuando los tebanos después de su vic­
toria en L e u c tra 148 se ap restab an a aniquilarlos, lo

147 La batalla de Haliarto tuvo lugar en el 395 a. C. Un


ano más tarde se fecha la batalla de Corinto. En la «guerra de
Corinto» se enfrentó a los espartanos una coalición formada por
atenienses, corintios, beocios y argivos, fundamentalmente.
148 Era bien conocida la «insolencia de Leuctra», que con­
virtió a Tebas en blanco de la hostilidad de Atenas, después
de haberlo sido por bastantes años Esparta. Cf. Diodoro Sfcu-
LO, XVI 58. En el 370 a. C., es decir, un año después de la
batalla de Leuctra, Epaminondas, a la cabeza de un ejército
tebano, invadió Laconia y llegó hasta la mismísima Esparta,
en la que se abstuvo de penetrar. Retrocedió, seguidamente^
a Arcadia, y allí fundó dos nuevas ciudades, Mesenia y Mega-
DISCURSOS POLÍTICOS
426

im pedisteis, sin tem er la fuerz i y la reputación con


que entonces con taban los tebanos y sin te n e r en cuen­
ta cuál h ab ía sido el com portam iento de aquellos hom-
99 b res en cuya defensa ibais a co rrer peligros. Y, en
efecto, a to d o s los griegos m ostrasteis, a raíz de esos
hechos, que, cu alquiera que sea el agravio que os hayan
hecho, g u ardáis p ara o tra ocasión el resentim iento
p o r él provocado, y si a los ofensores les ocupa u n pe­
ligro p o r d efen d er su salvación o lib ertad , ni les guar­
daréis re n co r p o r la in ju ria ni se la ten d réis en cuenta.
Y no en esas circunstancias tan sólo os com portasteis
así sino que, u n a vez m ás, cuando los tebanos tra ta ­
ban de ap ro p ia rse de E ubea >«, no os desentendisteis
de ello n i reco rd asteis los agravios sufridos p o r Te-
m is ó n 150 y T eodoro a propósito de Oropo, antes bien,
incluso a ellos les p re sta ste is socorro, ocasión aquella
en que p o r p rim era vez se pusieron al servicio de la

lónolis cuya función era la de tener a Esparta bajo control


Fue entonces cuando los lacedemonios so b ra r o n a C A te n !
sus antiguos enemigos, los atenienses. En el 369 a. C., Atenas
envía al Peloponeso a Ifícrates al mando d e “ ! se Íib ró
tropa que llegaba a los doce m il hombres. Así, Esparta se libro
de la invasión tebana que la amenazaba. Se fraguó, de este
m odo, una alianza entre Atenas y E s p a r t a d e s t m a d a a e s t a r
“t o en vigor con posterioridad al 362 a. C - . ^ h a d e l a b a t a l l a
de Mantinea, en la que las dos ciudades abadas lucharon uni­
damente contra el enemigo común, los tebanos.
149 Los tebanos mantenían en sujeción a Eubea desde el ano

T71 a C fecha de la batalla de Leuctra. Pero, el 357 a. C., un


ejército tebano fue enviado a la isla con el fin de acallar algu-
nos S S b i o ° q u e se producían en ella. Los eretrios pidieron
avuda a Atenas para hacer frente a sus enemigos de la localidad,
que eran apoyados por fuerzas tebanas. Los atenienses e n t ­
rón a Eubea un ejército que en treinta días expulsó de la

3 í T i r a ^ E r e t r i a que, en el 366 a. C„ juntamente con


otro eubeo, Teodoro (citado en el texto a continuación), ata­
caron Oropo, localidad ateniense situada en la frontera con
Beoda, la tomaron y se la entregaron a los tebanos.
SOBRE LA CORONA 427

ciudad los triera rco s voluntarios, de los cuales uno


era yo. P ero aún no hablaré de ello. Y bella acción too
realizasteis ya al salvar la isla, pero m ucho m ás bella
todavía cuando, co n stituidos en dueños de sus cuerpos
y ciudades, se los devolvisteis, en concierto con la
justicia, a quienes personalm ente os habían hecho
perjuicio, sin que p a ra nada tom aseis en consideración
vuestras ofensas en m edio de aquella confianza que se
os otorgó. Pues bien, aunque puedo c ita r m iles de
otro s ejem plos, los paso por alto: batallas navales, ex­
pediciones (p o r tierra, cam pañas) tan to realizadas otro
tiem po com o ah o ra en n u estro s propios días, todas las
cuales la ciudad las h a llevado a cabo p o r la lib ertad y
salvación de los dem ás griegos. E ntonces, yo, tra s h a b e r 101
visto que la ciudad en tra b a en liza de buen grado en
tan tas y tan grandes em presas p o r defender los in te­
reses de los dem ás, cuando la deliberación concernía
de alguna m an era a ella m ism a, ¿qué órdenes debía
d a r o qué actuación aconsejarle? ¿G uardar rencor, p o r
Zeus, c o n tra los que querían salvarse y b u sca r excu­
sas p o r las que abandonásem os todo? ¿Y quién no me
h u b iera m atad o con toda justicia, si h u b iera intentado
desh o n rar, aun sólo de palabra, alguna de las glorias con
que cuenta la ciudad? Puesto que, de todos m odos, la
acción en sí vosotros no la h u bierais realizado, perfec­
tam en te lo sé yo; pues si hubieseis querido, ¿qué im ­
pedim ento h ab ría ? ¿No estaba ello a vuestro albedrío?
¿No se en co n trab an aquí éstos p ara aconsejaros esas
m edidas?
Pues bien, quiero v o lv e r151 a la gestión pública que 102
iba yo d esarro llan d o inm ediatam ente después de esos
sucesos. Y considerad de nuevo en ella qué era lo m ejo r

isi Tras la digresión comprendida entre los §§ 95 y 101,


ambos inclusive, reemprende Demóstenes la exposición de su
política defendiendo su famosa Ley trierárquica (340 a. C.) de
los ataques de Esquines (102-109).
d is c u r s o s p o l ít ic o s
428

p a ra la ciudad. Pues viendo, varones atenienses, que


v u estra flo ta 152 se iba descom poniendo y que los ricos
re su ltab a n exentos de im puestos a b ase de pequeños
desem bolsos, m ien tras que los ciudadanos poseedores
de m oderados o insignificantes recursos iban perdiendo
sus h ab eres y que, adem ás, a consecuencia de ello la
ciudad p erd ía sus oportunidades p o r llegar ta rd e a
ellas, p ro p u se u n a ley en v irtu d de la cual a los unos,
los ricos, los obligué a cum plir sus ju sta s obligaciones,
puse fin a las in justicias sufridas p o r los pobres, y
p a ra b ien de la ciudad logré —lo que precisam ente
era lo m ás ú til— que los preparativos se dispusieran
103 a su debido tiem po. Y denunciado p o r ello m e presen­
té a juicio an te vosotros y salí de él absuelto y el acu­
sador no obtuvo la porción de votos req u erid a. Ahora
bien, ¿cuánto dinero im agináis que m e ofrecían los
jefes de la prim era, segunda y te rc era clase de co n tri­
b u y entes de las sinm orías 15? a cam bio de que, prefe­
ren tem en te, no p ro p u siera esa ley, o si no, en todo
caso, la echase abajo dejándola en suspenso b a jo de­
claración ju rada? 154. Tanto, varones atenienses, que ten-

«2 Y a e n el m is m o c o m ie n zo de s u c a r r e r a p o lític a , De-
m ó s te n e s h a b ía p ro p u e s to m o d ific a r la c u e s tió n d e l se rv icio d e
la flo ta y d e la s p re s ta c io n e s d e los tr ie r a r c o s (a n o 354 a.
E n e l 340 a . C., c u a n d o e m p e z a b a la « se g u n d a g u e rra c o n tr a
F ilipo», lo g ró n u e s tr o o ra d o r, p e se a to d a s la s r e s is te n c ia s y
o b s tá c u lo s q u e le sa lie ro n a l p a so , im p o n e r u n a r e fo rm a r a d i­
c a l e n la o rg a n iz a c ió n de la s t r ie r a r q u ía s , se g ú n la c u a l, to d o s
lo s c iu d a d a n o s q u e te n ía n p o sib le s c o n trib u ía n , c a d a c u a l se ­
g ú n s u f o r tu n a , a la s c a rg a s im p u e s ta s p o r el se rv icio p ú b lic o .
153 Cf. Demóstenes, Sobre las sinmorías.
154 C u a n d o se p r e s e n ta b a u n a a c u s a c ió n d e ile g a lid a d c o n ­
t r a u n a ley o u n d e c re to , e ra m e n e s te r q u e el a c u s a d o r ju r a s e
s u in te n c ió n d e p ro s e g u ir c o n la d e n u n c ia . D e e s te m o d o la
lev o el d e c re to in c u lp a d o s e ra n in m e d ia ta m e n te a n u la d o s , o
d e te n id o s (e n el c a so d e q u e su a p ro b a c ió n e stu v ie se a u n e n
p ro c e so d e trá m ite ).
SOBRE LA CORONA 429

go rep aro s en decíroslo. Y eso con razón in ten tab an


ellos hacerlo. Pues en conform idad con las leyes an te­
riores po d ían realizar el servicio público en grupos de
dieciséis, gastando ellos m ism os poco o nada, pero
abru m an d o a los ciudadanos necesitados, m ien tras que,
de acuerdo con m i ley, cada cual debía pag ar la cuota
co rrespondiente a sus haberes, y el que antes era el
contribuyente decim osexto de una sola nave (pues ya
ni se llam aban a sí m ism os trierarco s, sino co n trib u ­
yentes) apareció convertido en triera rco de dos. Por
consiguiente, con tal de que se ab ro g aran esas leyes
y no se vieran forzados a cu m p lir sus ju sto s deberes,
no hay cosa que no estuviesen dispuestos a dar. Y
léeme, en p rim e r lugar, el decreto en v irtu d del cual
com parecí en el proceso a raíz de la acusación pública,
y, seguidam ente, las listas, la re su ltan te de la ley an­
terio r y la ob ten id a en conform idad con la m ía. Lee.

decreto 155

[En el arcontado de Policles, el día decimosexto del mes


Boedromión, ocupando la presidencia la tribu Hipotóntide,
Demóstenes, hijo de Demóstenes, de Peania, introdujo una ley
sobre la trierarquía en sustitución de la anterior, en virtud de
la cual se establecían los sindicatos de los trierarcos; v el
Consejo y el pueblo la aprobaron por votación; y Patroclo, de
Flía, presentó denuncia de ilegalidad contra Demóstenes, v,
como no obtuvo la mínima parte de votos requeridos, pagó
la multa de quinientas dracinas.]

P resenta ah ora tam bién la herm osa lista.

155 No es un decreto, sino un memorándum, lleno, por lo


demás, de indicios que denuncian su carácter apócrifo.
discursos políticos
430

LISTA 156

[Que los trierarcos sean llamados para la dotación de cada


trirreme, en número de dieciséis, de las agrupaciones de las
compañías, desde los veinticinco años hasta los cuarenta, y
participen del servicio público en términos de igualdad.]

P resen ta ahora, fren te a ésta, la lista que resu lta


de mi ley.

LISTA

[Que los trierarcos sean elegidos para cada trirreme por su


hacienda, según evaluación, a partir de diez talentos; y si la
hacienda resultara estimada en más elevadas sumas, sea fija a
su contribución proporcionalmente hasta tres bajeles y un
barco auxiliar. Y apliqúese la misma proporcionalidad también
a aquellos cuyas haciendas sean inferiores a los diez talentos,
reuniéndose éstos en una agrupación que alcance los diez ta­
lentos.]

107 ¿Acaso os parece que p re sté escasa ayuda a los po­


bres de e n tre vosotros o que los ricos h u b ieran des­
em bolsado pequeñas sum as de dinero con tal de no
cu m plir sus ju sta s obligaciones? Pues bien, no solo me
enorgullezco de no h ab e r desistido de ello, ni de h ab e r
sido ab su elto tra s h ab e r sido acusado, sm o tam bién
de h a b e r legislado la ley que convenía y de h ab e r

156 Está claro que estas listas ni son listas m cosa que se
les parezca. En las listas verdaderas y autenticas debieran fi­
gurar nombres de ciudadanos, especificación de la magnitud
de su riqueza y sus contribuciones a la trierarquia antes (pn
mera lista) y después (segunda lista) de que entrara en g
la ley de Demóstenes.
SOBRE LA CORONA 431

dado prueba de ello con los hechos. Porque a lo largo


de toda la guerra, mientras las expediciones tenían
lugar de acuerdo con mi ley, nunca ningún trierarco
depositó ante vosotros un ramo de suplicante consi­
derándose agraviado, no se sentó en Muniquia 157, no
fue prendido por los comisarios de las expediciones 158,
no perdió la ciudad ninguna trirreme, ora abandonada
en alta mar, ora retenida aquí mism o por no poder
zarpar. Sin embargo, cuando regían las leyes prece- tos
dentes, todos esos incidentes ocurrían. Y ésta era la
causa: que los servicios públicos recaían sobre los po­
bres; se daban, pues, casos de imposibilidad. Pero yo
transfei í las contribuciones navales de los m eneste­
rosos a los opulentos; así pues, iba resultando todo
lo que era menester. Y, realmente, también por eso
mismo soy merecedor de alcanzar elogio, porque adop­
taba yo todas las medidas de ese tenor, a raíz de las
cuales resultaban para la ciudad especies varias de
gloria, honor y poder. Nada hay de malicioso, cruel o
maligno en mi actuación pública, ni de rastrero o in­
digno para la ciudad. Resultará, pues, evidente que he 1 0 9
mantenido los m ism os principios tanto en los asuntos
concernientes a nuestra ciudad como en los relativos
a las ciudades griegas; porque ni en nuestra ciudad
preferí la gratitud de los ricos a los derechos de la
mayoría, ni en los asuntos griegos acogí con afecto

787 El trierarco Que se sentía agraviado o perjudicado en


sus intereses y derechos depositaba un ramo de suplicante
sobre un altar (tal vez el situado en la Pnix), o bien se sentaba
junto al altar de Ártemis Muniquia, en el puerto de este mismo
nombre; cf. L isias, Contra Agorato 24, 52.
158 Eran diez en número. Se les elegía en cada ocasión en
que se preparaban expediciones navales; estaban encargados
de proveer a las trirremes de jarcias y aparejos, y de com­
probar si después de su navegación se encontraban en perfecto
estado.
DISCURSOS POLÍTICOS
432

las dádivas de Filipo o su h ospitalidad en vez de los


com unes in tereses de todos los griegos.
Considero, p o r tanto, que m e re sta tra ta r de la p ro ­
clam ación y de la rendición de cuentas, pues, que iba
yo actu an d o de la m ejo r m anera y que continuam ente
estoy bien dispuesto y deseoso de beneficiaros, estim o
haberlo m o strad o suficientem ente con lo antedicho. No
obstan te, dejo de lado lo m ás im p o rtan te de m i gestión
y actuación públicas p o r entender, en p rim e r lugar, que
debo d a r cu en ta en su debido orden de los argum en­
tos referen tes a la cuestión m ism a de la ilegalidad, y
en segundo térm ino, porque, aunque n a d a diga del resto
de m i gestión pública, de igual m odo cuento con el
apoyo de la conciencia que cada uno de vosotros tiene
de ella.
i C iertam ente, p o r lo que atañe a los argum entos que
ése iba exponiendo, m ezclándolos en desorden total,
acerca de las leyes presen tad as en parangón con la
m ía, m e im agino, p o r los dioses, que ni vosotros los
entendéis n i yo m ism o pude com prender la m ayor
parte. P ero, sim plem ente y a derechas voy a tr a ta r de
los aspectos legales del caso. Pues estoy tan lejos de
p ro clam ar que no estoy sujeto a rendición de cuentas
(cosa que ése ah o ra precisaba y falsam ente m e a tri­
buía), q ue a lo largo de toda mi vida m e reconozco
som etido a daros razón del dinero que he m anejado o
12 de mi gestión com o hom bre público. Sin em bargo, al
m enos de las donaciones que de mi hacienda p a rtic u ­
lar p ro m etí e hice al pueblo, afirm o que ni p o r u n solo
día estoy yo som etido a rendición de cuentas (¿oyes,
E squines?) ni ningún otro, ni aunque se tra ta ra de uno
de los nueve arcontes. Porque, ¿qué ley hay ta n llena
de in ju sticia y aversión a los seres hum anos, que a
quien h a dado algo de lo suyo propio y llevado a cabo
un acto de hum anidad y generosidad, le priva de la
g ratitu d , lo a rra s tra ante los sicofantas y a ésos les
SOBRE LA CORONA 433

encarga de tom arle cuenta del dinero que dio? N ingu­


na. Y si él dice que sí, que la m u estre y yo m e d aré
por contento y m e callaré. P ero no existe, varones ate­ 113
nienses, sino que es este ho m b re quien m e calum nia,
porque cuando estab a al cargo del fondo p a ra espec­
táculos añadí dinero de mi propio caudal, y sostiene:
«Le acordó un elogio pese a e sta r som etido a rendición
de cuentas.» Al m enos, no p o r n ad a de eso p o r lo que
estaba su jeto a d ar cuentas, sino p o r m is propias do­
naciones, sicofanta. «Pero tam bién eras com isario de
fortificaciones.» Y p o r eso p recisam en te se m e otorga­
ba coherentem ente u n elogio, p o rq u e hice donación de
los gastos y no los cargaba en la cuenta pública. Pues
las cuentas req u ieren explicaciones e inspectores, en
cambio los donativos ju sto es que obtengan agradeci­
m iento y aplauso. P o r esta razón Ctesifonte, aquí p re­
sente, p resen tó esa m oción acerca de m i persona. Y 114
que esta definición está así establecida no sólo en las
leyes, sino tam bién en vuestros sentim ientos m orales,
os lo m o straré fácilm ente con ejem plos de varia suerte!
En p rim er lugar, N ausicies '-9 siendo general h a sido
coronado en m últiples ocasiones p o r vosotros en razón
de las aportaciones que hizo de su propio bolsillo.
Luego, cuando D iótim o 15960 y en o tra ocasión C arid em o 161
159 Nausicies fue el general que estuvo al frente de la expe­
dición militar que detuvo a Filipo en las Termópilas el año
352 a. C. Cf. D iodoro S ículo, XVI 37.
160 Es uno de los patriotas cuya extradición pidió Alejandro
después de la destrucción de Tebas y a punto ya de partir
hacia Asia. Cf. Arriano , Anábasis de Alejandro I 10, 4.
161 Caridemo de Oreo, cuya extradición pidió también Ale­
jandro en el 335 a. C., fue objeto de un duro ataque, por parte
de nuestro orador, en su discurso Contra Aristócrates (XXIII
en el Corpus). Fue, en principio, jefe de tropas mercenarias;
luego, sus servicios fueron en Atenas altamente considerados,
sobre todo por sus campañas en el Quersoneso. Llegó a ser
general ateniense y luchó contra Filipo de Macedonia, de quien
fue enemigo acérrimo.
35. — 28
discursos políticos
434

donaron los escudos, era n coronados. D espués Neop-


tólem o 162, que ahí está, cuando estaba al c a r g M * ^
m erosas obras, p o r las donaciones que ^ zü haJ ^
honrado. P o rq u e eso sí que s e n a lam entable, que a
quien ejerza u n a m a g istra tu ra no le sea licito donar
a la ciudad sus bienes p o r m or de su cargo o q u e por
sus donaciones en vez de g ranjearse agradecimiento,
lia se vea som etido a re n d ir cuentas. En efecto, para mos-
tr a r que es cierto lo que digo, tom a y leem e los decre­
tos m ism os que h an sido propuestos en honor de ellos.
Lee.
decreto

[En el arcontado de Demonico de Fila, el día vemUséis de


mes Boedromión, determinación del Consejo y del pueblo Calías
de Fréarros propuso: parece bien al Consejo y al pueblo co-
roñar ^ N au sk d es, comandante al trente de los hophtas porque
encontrándose dos mil hoplitas atenienses en Imbros pre
tando, además, ayuda a los atenienses que habl¡a^a“ ^ ¡
nada isla no pudiendo Filón, elegido para estar al frente d
la administración financiera, hacerse a la mar por causa de
empe ade ni pagar las soldadas a esos hoplitas, hizo d o n a -
T n del requerido dinero aportándolo de su propia hacienda
Clon uet q la corona sea proclamada en
2 i r » » - , en i . representación de ta s n u e v a s trape-
dias.]

OTRO DECRETO
116

, . - Palias de Fréarros, haciendo los


[Propuesta que presento Pnnseio- Toda
L . .. , n_ determinación del Consejo. íoua
C” eó— 'a. trente de ios hopitt.s, V »
d i “ mandante »' f " » « de I » eabatteros. „ ,u ,d o . a S *

conocido en A .« n ~ *^ ^ T t o T i Í
igual que Diotimo, colmado de honores, c .
oradores 843 y sigs.
SOBRE LA CORONA 435

lam ina, después que algunos soldados fu ero n desp o jad o s de sus
a rm a s p o r el enem igo en la b a ta lla que tuvo lu g ar en las
m árgenes del río, a sus p ro p ias expensas a rm a ro n a los jóve­
nes con ochocientos escudos, ten g an a bien el C onsejo y el
p ueblo co ro n ar a C aridem o y D iótim o con sendas coronas de
o ro y p ro clam ar la coronación en las g randes P anateneas con
ocasión del certam en gim nástico, y en las tiestas D ionisias, en la
rep resen tació n de las nuevas trag ed ias; y se encarguen de la
proclam ación los tesm otetas, los p ríta n e s y los agonótetas.]

Cada uno de ésos, Esquines, estaba som etido a ren- 117

dición de cuentas respecto de la m ag istratu ra que eje r­


cía, pero no lo estab a en cu an to a los servicios p o r
los que se le coronaba. Así pues, tam poco yo; porque,
sin duda, en las m ism as circunstancias m e asisten los
m ism os derechos que a los dem ás. Hice u n a donación:
recibo elogio p o r ello sin e star obligado a re n d ir cuen­
tas de lo que di. D esem peñaba yo un cargo: y he dado
cuenta, p o r cierto, de mi gestión, no de las donaciones
que hice. ¡Por Zeus!, pero lo desem peñé a tu erto . Y
entonces, estan d o tú presente, cuando los m iem bros
del trib u n al de cu en tas me citaban a exam en, ¿no m e
acusabas?
Pues bien, para que veáis que él m ism o me confirm a 118
con su testim onio que yo he sido coronado p o r hechos
de los que no estaba obligado a re n d ir cuentas, tom a
y lee todo el decreto redactado en mi favor. Y es que
p o r los p u n to s del proyecto de decreto que no incri­
m inó, re su lta rá claro que en su acusación actúa como
sicofanta. Lee.

DECRETO 163

[E n el arco n tad o de Euticles, a día veintidós del m es Pia-


nepsión, o sten tan d o la presidencia la trib u Eneide, C tesifonte

163 Fue b a jo el arco n tad o de Frínico. A parte de la fecha


discursos políticos
436

de Anañisto, hijo de Leóstenes, expuso: Toda vez que Demos-


tenes hijo de Demóstenes, de Peania, encargado de la repara­
ción de las murallas, de sus propios ingresos hizo gasto adicio­
nal de tres talentos para sufragar las obras y los entrego como
donativo al pueblo; y, puesto al líente del Teórico regalo cien
minas para sacrificios a los delegados de todas las tribus, tengan
a bien el Consejo y el pueblo de Atenas elogiar a Demóstenes,
hijo de Demóstenes, de Peania, por sus méritos y hombría de
bien que en toda ocasión viene mostrando hacia el pueblo de
los atenienses, y coronarle con corona de oro, y proclamar la
corona en el teatro, en las fiestas Diomsias, en la representa­
ción de las tragedias nuevas, y que se ocupe de la proclama­
ción el agonóteta.]

no Así pues, ésas son m is donaciones, ninguna de las


cuales has m encionado tú en tu acusación; en cam bio,
las recom pensas que en com pensación de ellas dice el
Consejo se m e deben otorgar, ésas sí que las p ersi­
gues en ju sticia. R econociendo, pues, q u e re cib ir lo
que se regala es legal, denuncias p o r ilegalidad el hecho
de que se co rresp o n d a con g ra titu d a esos favores. Y
el ho m b re m ás m alvado y enemigo de los dioses y mal-
dicente de verdad, ¡por los dioses!, ¿cóm o te n d ría que
ser? ¿No v en d ría a ser m ás o m enos com o éste.
120 Y, en realid ad , a propósito de la proclam ación en
el teatro , dejo de lado el que m il veces m iles de ciu­
dadanos hay an sido proclam ados y que yo m ism o m u­
chas veces haya sido coronado antes. Pero, p o r los
dioses, E squines, ¿eres tan to rp e y ta n cerrado, que
no puedas d arte cuenta de que p ara el que es coronado
la corona tien e el m ism o interés, sea cual sea el lugar
de la proclam ación, y de que es p o r conveniencia de
quienes la o torgan p o r lo que el pregón tiene lugar

hay, en este decreto, omisiones y determinados detalles del


texto que lo declaran apócrifo.
SOBRE LA CORONA 437

en el teatro ? Pues los que lo oyen, todos, se sienten


im pulsados a serv ir a la ciudad y m ás alaban a los que
dan p ru eb as de su g ra titu d que al que recibe la corona,
por lo cual, precisam ente, la ciudad ha redactado esa
ley. Tom a y léem e esa ley m ism a.

LEY

[En cuantos casos los demos otorguen coronas, háganse las


proclamaciones de éstas en los respectivos demos, a no ser que
otorgue las coronas e! pueblo de los atenienses o el Consejo;
en tal caso, sea lícito hacerlas en el teatro, en las fiestas Dio-
nisias...]

(•'Oyes, E squines? La ley dice claram ente: «excepto 121


si a algunos se las d ecreta el pueblo o el Consejo; a
esos tales, que los proclam e el heraldo» ,64. ¿Por qué
forjas em bustes? ¿Por qué no u sas eléboro p a ra com ­
b a tir esos tus m ales? Pero, ¿ni siquiera te avergüenzas
de iniciar un proceso basado en envidia y no en delito
alguno, ni de m odificar leyes y de elim inar sus p artes,
cuando deberían ser leídas por en tero al m enos a quie­
nes han ju ra d o em itir su voto de acuerdo con ellas?
Y luego, o b ran d o así, enum eras cu an tas cualidades de- 122
ben aco m p añ ar a un hom bre p a rtid a rio del pueblo, al
m odo del que ha encargado u n a e sta tu ía según u n
c o n tra to y después se la lleva sin que tenga las cuali­
dades que debiera po seer en v irtu d del docum ento, o
com o si a los p a rtid a rio s del pueblo se los conociera
po r sus p alab ras y no p o r sus actos y su gestión p ú ­
blica. Y a gritos, com o desde un carro 16465, pronuncias

164 c f. E squines, Contra Ctesifonte 35-48.


165 Alusión a las invectivas y palabras torpes que se lanza-
d is c u r s o s p o l ít ic o s
438

palab ras decibles e indecibles, que son propias de ti


y de tu linaje, no de mí. Aunque aún hay o tra cuestión,
123 varones atenienses: Yo considero que el vituperio se
diferencia de la acusación en esto: en que la acusación
co m p o rta faltas cuyos castigos se contem plan en las
leyes, m ien tras que el vituperio conlleva calum nias que
suelen dirigirse recíprocam ente los enem igos en v irtud
de su pro p io natural. Y sospecho que n u estro s an tep a­
sados edificaron estos tribunales, no p a ra que, tras
h ab er logrado reuniros en ellos, nos denostem os m u­
tuam en te sacando a relucir lo indecible de n u estras
vidas p rivadas, sino p a ra que convenciéram os a quien­
quiera h u b iere com etido algún delito co n tra la ciudad.
124 Pues bien, aunque E squines sabe eso no m enos que
yo, eligió, en vez de acusarm e, co m p o rtarse com o en
un carnaval. Sin em bargo, ni siquiera en este caso
m erece lib rarse sin su frir m engua. Ya p asaré a ese
tem a, tra s h aberle preguntado tan sólo: ¿Se h a de
declarar, E squines, que eres enem igo de la ciudad, o .
m ío? Mío, evidentem ente. En tal caso, cuando te era
posible alcanzar en justicia venganza de m í en favor de
éstos y de acuerdo con las leyes, si es que yo com etía
injusticia, en la rendición de cuentas, en los procesos
públicos, en los dem ás procedim ientos legales, cejabas
125 en el em peño; en cam bio, donde yo soy invulnerable a
cu alq u ier sanción, p o r toda suerte de razones, p o r las
leyes, p o r el tiem po tran scu rrid o , p o r la prescripción,
p o r h ab er sido juzgado con an terio rid ad m uchas veces,
a p ro p ó sito de todos los cargos, p o rq u e jam ás resu lté
convicto de com eter ninguna injusticia c o n tra vosotros,
y cuando es obligado que la ciudad p articip e en m ayor

b a n desde sus c a rro s los p a rtic ip a n te s en procesiones festivas


en h o n o r de D ioniso (en los Coes y las L eneas) o en conm em o­
ración de los grandes m isterio s eleusinios (en este caso era n
m u jeres las p articip an tes).
SOBRE LA CORONA 439

o m en o r grado de la gloria de los actos llevados a


cabo oficialm ente, ¿en este m om ento has salido a mi
en cuentro? M ira a ver no seas enem igo de éstos m ien­
tra s finges serlo mío.
Pues bien, dado que se h a m o strad o a todos cuál es 126
el voto req u erid o p o r vuestra piedad y justicia, es m e­
n ester, a lo que parece, que yo, aunque no soy am igo
de vituperios, a causa de las blasfem ias p o r ese indi­
viduo difundidas exponga, lo m ás m eram ente im pres­
cindible acerca de su persona en com pensación de sus
m uchos em bustes y señale quién es y de quiénes p ro ­
cede el que con ta n ta facilidad da com ienzo a las in ju ­
rias y ridiculiza ciertas frases m ías, cuando él perso­
nalm ente ha dicho lo que cualquier hom bre m oderado
no se atrev ería a p ro n u n ciar... P orque si m is acusado- 127
res fueran Éaco, R adam aritis o Minos 166 y no u n ch ar­
latán, un h arag án de m ercado, u n a ru in a de escribano,
no creo que h u b iera hablado así ni se h u b iera pro cu ­
rad o expresiones tan pesadas, gritando com o en las
tragedias: «oh tierra , sol y virtud» y sim ilares, y en
o tra ocasión haciendo una invocación a «la inteligencia
v la educación», «por las que se distingue lo decoroso
de lo infam ante»; porque, sin duda, eso es lo que le
oíais decir. ¿Qué p a rte tenéis tú, basura, y los tuyos en 128
la v irtu d ? O, ¿cuál es p a ra ti la distinción e n tre lo ho­
nesto y lo que no es tal? ¿De dónde te viene esa ca­
pacidad o cóm o se te juzgó digno de ella? ¿D ónde se
te p erm ite m encionar la educación? N adie de los que
de verdad la h an alcanzado se atrev ería a ex p resar de
sí m ism o n ad a sem ejante, a n tes bien, incluso en ro je­
cería de oírlo decir a otro; p ero a los que, com o tú,
privados de ella, tra ta n p o r estupidez de fingir que la
poseen, Ies queda com o rem an en te no el p a sa r p o r

lw Los tres jueces de los muertos en el Gorgias platónico;


cf. Platón, Gorgias 523 E.
440 DISCURSOS POLÍTICOS

tales, sino m o lestar a los oyentes cada vez que hablan.


12 9 Y au n q u e no tengo dudas sobre lo que es m enester
decir acerca de ti y los tuyos, sí que las tengo a propó­
sito del p u n to que he de m encionar en p rim e r térm ino.
¿Acaso diré que tu padre Trom es 167 era esclavo en casa
de Elpias, el que enseñaba las letras al lado del tem plo
de Teseo. y que andaba provisto de gruesos grilletes
y palo de h o rca al cuello? ¿O que tu m adre: haciendo
uso de las nupcias de m ediodía en la cabana situada
al pie del h éroe calam ita 16S, te crió a ti, herm osa escul­
tu ra y exim io acto r secundario? 169. Pero esas cosas las
saben todos aunque yo no las diga. P ero ¿y si digo
que el cóm itre Form ión, el esclavo de Dión el frearrio,
la arran có de esa honrosa actividad? Mas, por Zeus y
los dioses, no m e decido, no vaya a ser que yo m ism o,
diciendo de ti lo que bien te cuadra, dé la im presión
de h ab e r seleccionado expresiones que no se acomo-
1 3 0 dan a mi p ro p ia persona. Así que, eso lo dejaré de lado

y em pezaré p o r las actuaciones de su p ro p ia vida. Pues


ni era h ijo de p adres corrientes v norm ales, sino de
los que m aldice el pueblo. Ya que recien tem en te..., ¿re­
cientem ente digo? Ayer o anteayer h a llegado a ser a
un tiem po ateniense v orador, y, con la adición de u n
p ar de sílabas, a su p adre le trocó de T rom es en Atro-

167 Cuando pronunció Demóstenes el discurso Sobre la em­


bajada fraudulenta (cf. 249), se contentó con presentar al padre
de Esquines como maestro de escuela llamado Atrometo. o a,
en cambio, le rebaja de categoría, pues nos lo muestra como es­
clavo de un maestro, y le desfigura el nombre, que de Atrometo
(«impávido») pasa a ser Tromes («tembloroso»).
168 De difícil interpretación. Se ha propuesto identificar este

héroe con el hérós iatrós que aparece mencionado por Demos-


tenes en u n tex to en que sitúa la escuela de Atrometo ju n to
al sa n tu a rio de este héroe. Cf. Demóstenes, Sobre la embajada

^ 167 Cf. Demóstenes, Sobre la corona 262, 265; Sobre la emba­


jada fraudulenta 246, 247, 337.
441
SOBRE EA CORONA

^PTitf1 en Glauco-
m e to , y a su m f e, W i» ;-" — “ u e , n o m b re
tea, a quien todos sa gané, sin duda, por 143
de E m pusa, sobrenom bre qu 8 otro origen
hacerlo y e x p e r im e n ta r t e » ^ 1P ta n desagradec,- 131
podría ten er? Pero, s .n em ba g h ab ié„ dote tro cad o
do y m alvado p o r 'í,,,. v de p o b re en n eo ,
gracias a éstos de esc g ra titu d , sino que te p u ­
no es ya que no les m u " ti6n pública en contra
siste a sueldo V ac£ aS¿ lla® actuaciones en que cabe
de ellos. Y en cuanto a aquel ^ de la ciudad,
la du d a de que haJ a aquellas en que se ma-
4
hn £ t r ^ : r ™ 5 * * . >— de ios enem l'
132

que fue b o rrad o de h ab e r p ro m etido a Filipo


cual vino a la ciuda A éste a quien yo babia
que qu em aría los arse' dite del P íreo y becho com ­
echado m ano en su esc t^ 1q1„ ese envidio-
parecer an te la Asa Uar sin treg u a que yo
so, a fu erza de vocifera y la r estaba cometien-
en un régim en de g°b iern ¡ J J ciu d adanos desventu-
do desm anes al u ltra i req u erim ien to apro-
rados y p e n e tra r en las cas ^ de1ase en libertad.
hado p o r votación, logro qu - £ q del Areópago, 133
y de no h a b e r sido por « que vuestro e rro r
que al percatarse del ai.unto inoportuno, ordenó
había ocu rrid o en un m om

- ^ T e í ano 346 a. C„ — ¡ " ¿ S S 5 T Í

teahan dudas respecto de un n hech0 de eliminar a un


proceso se llamaba d m ; su notnbre figuraba se deno-
Individuo del demo en cuya
minaba a p o p s í p h t s t s . era Demóstenes «encarga
m En ese momento (3« a- r te s ifo n te 222.
de la flota». Cf. E squines, C o n t r a L ie s *
442 DISCURSOS POLÍTICOS

u n a nueva b ú sq ueda de ese individuo y, habiéndolo


arrestad o , lo p resen tó de nuevo ante vosotros, el tal
h ab ría sido arreb a ta d o de vuestro alcance y, tra s elu­
d ir d ar satisfacción de su culpa, h ab ría sido despedido
p o r este altilo cu ente personaje; la realidad, en cam bio,
fue que v o sotros le disteis to rtu ra y lo m atasteis, com o
134 deberíais h acer tam bién con ése. Por tan to , el Consejo
del Areópago, conocedor de su actuación de entonces,
cuando vosotros lo elegisteis com o abogado p a ra defen­
d er el asu n to del san tu ario de Délos 172 dejándoos llevar
de la m ism a torpeza p o r la que vais sacrificando vues­
tro s in tereses com unes, dado que tam bién al C onsejo
lo habíais elegido p a ra co laborar y le h abíais conferido
au to rid ad sobre el asunto, excluyó in m ed iatam en te a
ese individuo com o tra id o r y ordenó a H iperides que
se encargase de p ro n u n c ia r el discurso; y así obró el
Consejo votando con guijarros tom ados del altar, y nin­
135 gún voto se depositó a favor de ese canalla. Y en p ru e ­
b a de que esto que digo es verdad, llam a a los testigos
de estos hechos.

TESTIGOS

[D an testim o n io en favor de D em óstenes, en no m b re de to d o s,


ios siguientes: Calías de Sunio, Zenón de Flía, Cleón de F alero,
D emonico de M aratón: Que cuando en c ie rta ocasión el pueblo
eligió a E squines com o abogado an te los anfictíones, en el
asu n to del tem p lo de Délos, no so tro s, reu n id o s en consejo,
resolvim os que H iperides era m ás digno p a ra h a b la r en de­
fensa de la ciudad, y fue enviado H iperides.]

172 H acia el 343 a. C. los delios se n eg aro n a reco n o cer el


antiguo derecho de A tenas a a d m in istra r el tem p lo de Apolo
en la isla. El caso fue p rese n ta d o a n te el C onsejo Anfictiómco.
La A sam blea escogió a E squines com o co n sejero delegado,
p ero el A reópago, a quien el pueblo h ab ía concedido a u to rid a d
p a ra rev isar la elección, rechazó al can d id a to de la A sam blea
y n o m bró en su lu g ar a H iperides.
SOBRE LA CORONA 443

Así pues, cuando el C onsejo le excluyó a ése de la 136


función de o ra d o r público y se la encom endó a otro,
entonces declaró m anifiestam ente que era un tra id o r
y un individuo m alintencionado p ara con vosotros.
He aquí, pues, un ejem plo —tam año caso— de la
actuación pública de ese jovenzuelo, bien sim ilar,
¿cóm o no?, a los que esgrim e co n tra m í en su acusa­
ción. Pero, reco rd ad otro. Cuando Filipo envió a Pitón
de Bizancio 173 y ju n tam en te con él despachó em b aja­
dores a todos sus aliados con el propósito de d e ja r en
m al lu g ar a v u estra ciudad y h ac er ver que su com por­
tam ien to era injusto, entonces yo no cedí ante Pitón,
pese a que d ab a rien da suelta a su audacia y con to­
rre n te caudaloso de p alab ras se derram ab a sobre vos­
otro s, sino que, levantándom e, le repliqué y no tra i­
cioné en absoluto los derechos de la ciudad, antes bien,
p ro b é tan a las claras que Filipo o b rab a injustam ente,
que, los propios aliados de aquél, levantándose, lo re ­
conocían. Ése en cam bio, le p re sta b a apoyo y daba
testim onio en co n tra de su p atria , y, adem ás, falso tes­
tim onio.
Y no le b astab a eso, sino que u n a vez m ás, con 137
p o sterio rid a d a esos acontecim ientos, se le sorprendió
confabulándose con Anaxino 174 el espía en casa de Tra-
són. Ahora bien, aquel que a solas con u n individuo
solo, el enviado p o r los enem igos, se confabulaba y
consultaba, ese tal p o r n atu raleza era de hecho u n espía

03 Famoso orador, discípulo de Isócrates, que fue enviado


a Atenas por Filipo, el año 343 a. C., para tranquilizar a los
atenienses, que recelaban de las verdaderas intenciones del Ma-
cedonio, y darles garantías de los deseos de paz del monarca.
04 Esquines acusó a Dcmóstenes de haber sido responsa­
ble de la detención y muerte de Anaxino, e, incluso, de haberle
torturado dos veces con sus propias manos, pese al hecho de
haber recibido hospitalidad por parte de aquél en Oreo. Cf. E s­
quines, Contra Ctesifonte 223, 224.
444 DISCURSOS POLÍTICOS

v enemigo de la p atria. Y p a ra p ro b a r que lo que digo


es cierto, llám am e a los testigos de esos hechos.

TESTIGOS

[Telcdemo, hijo de Cleón, Hiperides, hijo de Calesero, Nicó-


maco, hijo de Diofanto, prestan testimonio a favor de Demós-
tenes y juraron en presencia de los estrategos sabei que Es­
quines, hijo de Atrometo, de Cotócidas, concurría por la
noche a casa de Trasón y consultaban con Anaxino, de quien
se comprobó que era espía comisionado por Filipo. Esos testi­
monios fueron entregados en tiempo de Nicias, el día tres del
mes de Hecatombcón.]

Pues bien, aunque puedo decir o tras m il cosas acer­


ca de él, las dejo de lado. En efecto, así está, poco
m ás o m enos, el asunto. M uchos casos adem ás de ésos
p o d ría vo c ita r en los que se puso de m anifiesto que
ése p o r aquel tiem po p re sta b a servicios a los enem i­
gos y a m í, en cam bio, m e vejaba. Pero no se guardan
esos sucesos en tre vosotros con exacta m em oria y la
indignac