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YA SE QUIEN
TIENE TU
QUESO
Las cosas se pueden
hacer bien
ó
como siempre

Por
Dr. Montgomery Lee
P.D.F.
Con la colaboración de:
Chus Fernández Montolí
Ignacio Fernández Montolí
y las ilustraciones de:
José Ángel Pérez Cuenca
Martí Mora Juliá
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Antes que nada…

Este libro no pretende ser más que un cuento


sobre cómo el método de trabajo puede influir en
los resultados obtenidos.

El desarrollo de los sistemas de información es


una actividad cada más vez más compleja, en la
que se entremezclan más y más tecnologías, y la
complejidad, tanto del desarrollo como de la
administración y explotación, lejos de
simplificarse, cada día aumentan.

Sin embargo, es una actividad comparable a


cualquier otra en términos de proceso, por lo que
la combinación de la mejora de los procesos de
desarrollo, combinada con la mejora en la
ejecución de los productos, en este caso el propio
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desarrollo de software, puede conducir a grandes


ahorros de costes e incremento de la calidad.

Cada vez aparecen y utilizan nuevas estrategias en


el desarrollo de software, con una fuerte tendencia
a la deslocalización. Este fenómeno parece
imparable por múltiples razones, coste, calidad,
especialización, etc. Sin embargo tiene sus
riesgos y sus ventajas.

Con este libro no pretendemos más que hacer


reflexionar al lector acerca de la manera en que
estas estrategias se pueden utilizar en beneficio
propio, obteniendo los beneficios prometidos y
tratando de minimizar los inconvenientes y los
riesgos que las mismas implican.

Todos los personajes, las situaciones, las empresas


y los productos son ficticios y no representan ni
pretenden representar a ninguna firma conocida.
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Su propósito es puramente ilustrativo y como se


solía decir en los telefilmes americanos, todo
parecido con la realidad es pura coincidencia.

Como verán, nos hemos tomado la licencia de


utilizar alguna iconografía procedente de
películas, telefilmes, situaciones, cantantes,
canciones, libros y/o cuentos famosos, con la
única intención de provocar en el lector alguna
que otra sonrisa; nada más lejos de nuestro ánimo
que querer emular o replicar nada de esas
magníficas obras

Para finalizar este libro, pese a su sugerente


nombre, no pretende ser segundo plato. El título
del mismo no guarda relación alguna con ningún
volumen publicado hasta la fecha, pese a lo que
algunos mal intencionados puedan llegar a pensar.
Tampoco pretende ser un tratado especializado
sobre la fabricación, posesión, tráfico y/o
5

manipulación de queso y/o cualquier otro


derivado lácteo.

Si al final conseguimos que su lectura les resulte


algo entretenida, o les agradan un poco los dibujos
que con tanto esfuerzo y cariño hemos incluido,
nos daremos por más que satisfechos.

Si además, de su lectura obtienen alguna


conclusión, enseñanza o idea que les pueda
resultar útil para el objetivo que nos habíamos
propuesto al escribirlo, nos sentiremos más que
afortunados.

Y si encima, lo recomiendan a sus familiares,


amigos y conocidos, o lo proponen como libro de
obligada lectura en escuelas de negocios,
universidades e institutos, o si deciden que puede
ser un acertado regalo de navidad, de cumpleaños
y/o de aniversario, o que se entregue mediante
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cartillas de puntos con algún conocido diario,


aunque sea deportivo…hasta es posible que nos
hagamos ricos.
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Índice
YA SE QUIEN TIENE TU QUESO ............................. 1
Antes que nada…............................................................... 2
Índice ................................................................................. 7
Agradecimientos ................................................................ 8
Capítulo I : La reunión de amigos ................................... 11
Capítulo II : Comienza la aventura .................................. 38
Capítulo III : El viaje ....................................................... 70
Capítulo 4: La decisión .................................................... 96
Capítulo V : La Selección.............................................. 109
Capítulo VI : La decisión de Joe Waters ....................... 113
Capítulo VII: La decisión de Wanda ............................. 129
Capítulo VIII : La decisión de Andy Essal.................... 157
Capítulo IX: La decisión de Gus Nathan ....................... 202
Capítulo X: La discusión final ....................................... 248
8

Agradecimientos

Ante todo quiero dar las gracias a mi buen amigo


William K. Membert. Sin él, el libro que tan
acertadamente han adquirido, difícilmente lo
habría escrito. Le quedo eternamente agradecido
por haber demostrado siempre una fe ciega en mí,
aunque no tan ciega si se tiene en cuenta mi
extenso currículum:

- Catedrático en Tecnología de la Información,


en la Sydney Moodlands University.
- Licenciado en Economía y Letras por la
Abbey Road School.
- Doctor en Economato, con mención
honorífica, en la Y.M.C. EI University.
- Licenciado en Derecho por la Wright
University of Salisbury.
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- Doctor Honoris Causa, cum laude con


mención Causa Desconocida, por la
Universidade da Saudade.
- Master en Dirección de Empresas en la
prestigiosa Escuela Ifoundya, de Livingstone
(supongo).
- Postgrado de Psicología empresarial en
IAESDE.
- Estudios de Pedagogía, Filología, Sociología,
Antropología, Estomatología y
psicomotricidad aplicada, en las más
prestigiosas universidades y escuelas de
negocios del mundo entero.

Solo éste pequeño resumen de mi trayectoria, para


que puedan comprender por qué el ilustre profesor
Membert me brindó su apoyo incondicional.

Entiendo que el hecho de ofrecerle un sustancioso


porcentaje y comunicarle la cifra de ventas mi
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anterior libro “Empleados felices: denles


Perdices”, no tuvo ni ha tenido influencia alguna
en su decisión, soporte, sustento y asiento. Por
todo ello, una vez más, gracias, Bill.

También quiero agradecer desde estas páginas su


participación a mis estimados colaboradores Chus,
José Ángel e Ignacio. Si bien su participación ha
sido totalmente marginal, sin los cafés con pastas
que me han servido, los teléfonos atendidos,
traerme las pantuflas siempre en el momento
preciso, así como otros pequeños servicios
prestados, evidentemente no me hubiera sido
imposible la redacción de esta obra, si bien hay
que reconocer que resultara más incómodo.
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Capítulo I : La reunión de amigos

¿Qué puede haber en el mundo que cause tanto


placer como una cena con unos buenos amigos?
En aquella ocasión, además, se trataba de ocho de
las personas más influyentes de la sociedad. Mis
invitados no eran políticos, obviamente, sino
dueños ó altos directivos de importantes empresas
del país, además de un famoso economista (o sea,
personas de las que manejan realmente los hilos
de la economía mundial).

Quería agasajarlos con una velada inolvidable. No


sería difícil, puesto que mi servicio doméstico
estaba a la altura de una ocasión tan especial, sin
lugar a dudas. La cocinera, la Sra. Page, había
preparado una cena exquisita; Mildred, la
doncella, estaba poniendo la mesa, bajo la
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supervisión de James, mi mayordomo y ayuda de


cámara.

Siempre me habían gustado las mesas bien


vestidas con una elegante vajilla, una fina
cristalería y una cubertería reluciente. Y como no,
el toque final: un centro de flores y, junto a los
cubiertos, las pinzas para caracoles. Nunca
faltaban en mis celebraciones ya que siempre
había admirado aquel ingenioso artilugio. Todavía
no comprendo por qué tuve que obligar a James a
ponerlas siempre en la mesa, bajo una amenaza de
despido.

Al ver el resultado de tan afanosa “mise en scène”


no pude menos que felicitar a Mildred. En
situaciones como esa, siempre venía a mi
memoria una de las frases preferidas de mi padre
y que me repetía constantemente: “Cuando se es
rico y soltero, nunca debe haber un pero y, sin
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dudar, lo mejor es dejarse cuidar”. Sin lugar a


dudas, una sentencia sabia donde las haya y que
yo seguí a rajatabla.

El sonido del timbre, me devolvió a la realidad.


Supuse, sin equivocarme, que era Ulrika Philipiks,
con su acostumbrada puntualidad inglesa. Era la
dueña y la gerente de una importantísima firma de
electrodomésticos. Sus productos se vendían en el
mundo entero. Le sobraba un punto de soberbia,
pero lo compensaba con su gran simpatía y con
su finísimo humor. Inteligente, tenaz, con una
intuición increíble para los negocios, era a la vez
una perfecta conversadora. Resaltaba su figura
con ropa extremada, pero siempre muy elegante;
aquella noche estaba especialmente atractiva.

-Ulrika, no sé cómo consigues estar cada día más


encantadora. Esta noche estás muy hermosa,
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querida – le dije al tiempo que acercaba su mano a


mis labios- ¿Te sirvo una copa?
-Monthy, tu siempre tan galante…- contestó
sonriendo- Tomaré un jerez, gracias.

Estaba preparando las copas cuando apareció


James acompañando a Yamamoto Sanyi. Era un
hombre de una inteligencia excepcional y con un
brillante currículum. Estuve en una de sus
incontables conferencias y me dejó muy
impresionado con sus innovadoras ideas
comerciales. No hace falta decir que su fama lo
precedía (¿quién no había oído hablar de
Yamamoto Sanyi?) ya que había levantado un
imperio en el campo de la comunicación
audiovisual. Y lo dirigía con grandes beneficios:
había amasado una gran fortuna. Era un hombre
conservador, tanto en sus ideas como en su forma
de vestir: sólo salía de casa con un traje gris
marengo, una camisa blanca y una corbata de
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seda. Se permitía ciertas libertades cuando no se


trataba de compromisos de empresa; en tales
ocasiones se ponía una camisa azul.

-¡Yamamoto! –exclamé al verle- ¿como estas? Me


parece que no os conocéis: te presento a Ulrika
Philipiks. Ya ves que además de ser una brillante
mujer de negocios, es una auténtica belleza.
-Es un placer – dijo Yamamoto haciendo una
pequeña reverencia – He oído hablar mucho de
usted; permítame que le diga que nuestro anfitrión
se ha quedado realmente corto con sus halagos.

Ulrika no tuvo tiempo de ruborizarse, ya que el


sonido del timbre anunciaba que había llegado
otro de los invitados. Era Johnny T. Khlatt. Era el
más joven de la reunión, pero no por ello el menos
importante. Había sido un pionero en el campo de
la informática y ahora era número uno en la lista
de las principales fortunas según la revista Furbs.
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Se podía decir que había sido un visionario y que


supo aprovechar el momento. Había sido alumno
mío en la Universidad, lo que me había permitido
seguir de cerca toda su carrera desde el principio.
Desde su primer examen, supe que destacaría, y
no me equivoqué. Aun conservaba un aspecto
infantiloide, con su cara imberbe e inocente; sus
ojos tenían ese brillo de los niños traviesos y
espabilados. Desbordaba simpatía por los cuatro
costados y su extravagante atuendo causaba furor
entre sus fans.

-¡Hola a todos! –dijo cuando entró en la


habitación. Conocía muy bien a Yamamoto y no
era la primera vez que coincidía con Ulrika.
Después de saludarlos, se dirigió al bar y él
mismo se sirvió una copa- ¿Falta alguien más?
-Sí, estarán al llegar. Pienso que no los conocéis,
son directivos de Sistemas de Información de
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grandes corporaciones. ¡Ah! ¿Cómo he podido


olvidarme? También falta Charles Whitelight.
-¡El bueno de Charles! Impuntual como de
costumbre –dijo Johnny- Hace una eternidad que
no lo veo, creo que desde que le dieron el último
premio.

En efecto, Charles Whitelight era considerado un


genio de las finanzas. Había escrito numerosos
libros y creado varias teorías sobre economía
micro-estratégica, estudiadas en las universidades
del mundo entero como si de la mismísima Biblia
se tratara. Nueve de cada diez directivos de
grandes corporaciones del Fortune 500 habían
declarado “haber visto la luz” tras leer algunas de
sus obras. Sobre todo, aquella que trataba sobre la
gestión del cambio en las grandes empresas,
titulada “Quién ha sorbido mis sesos?”, convertida
prácticamente en un clásico sobre el tema.
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Se había ganado a pulso un gran prestigio del todo


merecido, sin ninguna duda. Era un hombre
trabajador, culto, muy despistado, y había
conseguido mucho dinero. No destacaba por su
elegancia, al contrario. Juraría que era daltónico,
ya que nunca había sabido combinar los colores.
Su amigo Johnny, siempre le hacía bromas al
respecto.

Charles no tardó en llegar. Saludó con cariño a los


invitados, a los que conocía desde hacía tiempo.
John nos hizo reír cuando le hizo un comentario
jocoso sobre su indumentaria (del todo
justificado).

Al poco rato llegaron Billy Banks y su novia


Leslie M. Labuff, ambos con su habitual aspecto
impecable y elegante. Hacían una pareja perfecta.
Me acerqué a saludarlos.
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-Leslie, estás tan guapa como siempre. Billy, me


alegro que al final hayas podido venir –les dije, y
dirigiéndome al resto de invitados, continué- Os
presento a dos buenos amigos: Billy Banks,
director de informática del Key Biscaine Bank. Es
un auténtico crack; los headhunters más
importantes lo acosan desde hace años. Vosotros
también os pelearíais por tenerlo en vuestras
empresas.
-Monthy, por favor, me harás sonrojar…. Por
Dios, no seas exagerado! ¿Qué van a pensar tus
invitados? –repuso-
-No te preocupes; de hecho ellos también son
unos “cerebritos” como vosotros dos. Porque si tú
eres un fenómeno, todavía no les he hablado de tu
novia. Leslie, además de un encanto, es la
Directora de Sistemas de la Nantuckett Water &
Sewering Services Company. Sin intención de
ruborizarla os diré que si no fuera por ella, la
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Nantuckett Water hubiera hecho aguas… –y me


reí de mi propio chiste.

Leslie, también riendo, iba a decir algo, cuando


llegaron los dos últimos invitados.

-Bueno, ahora sí que estamos todos! –exclamé-


Que tal, Joe? Jeff, tienes un aspecto fantástico.
Permitidme que os presente. Amigos, éste es
Jefferson V. Oltrane, el director de Sistemas de
Información de la Ohio & Illinois Electric
Corporation. Es el autor de aquel increíble artículo
que os envié por e-mail hace poco, ¿recordáis? Es
uno de los mayores conocedores del
funcionamiento de las empresas de electricidad
del mundo.
-Gracias Monthy, tu vehemencia me halaga… -
contestó Jeff mientras se dirigía a besar la mano
de Ulrika y de Leslie, y dijo – Srta. Philipiks,
encantado de conocerla. Leslie, cómo estás? Tenía
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muchas ganas de veros a los dos. Billy...


Caballeros… Es un auténtico placer.

Con una sonrisa dije:

-Como podéis ver, Jeff es todo un ejemplo de


cortesía. Solo falta que os presente a Joel M.
Voight, el responsable de Sistemas de la Natural
Gas of Kentucky. Gracias a él, a sus
innumerables recursos y a su preparación, la
Natural pasó de ser una compañía obsoleta a ser
una de las empresas punteras en el sector. La
informática no tiene secretos para Joel!
-Ya conocéis a Monthy – protestó Joel- siempre
tan halagador. En fin: buenas noches a todos y
disculpad el retraso. James me ha dicho que
hemos llegado los últimos.
-Cuando no llegas el último Jeff? –preguntó Billy
con sorna-.
22

Estuvimos unos minutos bromeando sobre la


puntualidad, hasta que James nos interrumpió para
anunciar que la cena estaba servida. Pasamos al
comedor donde comprobé, con aprobación, que la
mesa estaba espléndida y las pinzas para
caracoles, relucientes. Aquella noche la Sra. Page
se había superado a sí misma: todo estaba
exquisito y yo había acertado plenamente con la
elección de los vinos. Mi bodega estaba siempre
surtida con los mejores caldos.

Tal como había supuesto, el ambiente estaba muy


relajado. Charles y Joel nos hicieron llorar de risa
cuando nos explicaron mil y una anécdotas de su
época de universitarios.

Al acabar el postre (Mil hojas de crema al aroma


de endrinas entre tres chocolates, una auténtica
delicia para el paladar), pasamos al salón a tomar
café.
23

Fue allí donde la conversación dio un giro y versó


sobre temas de economía, como era de esperar,
siendo quienes eran mis invitados. La bolsa había
tenido una semana especialmente difícil y
Yamamoto estaba preocupado por sus acciones.
Estuvo preguntando a Charles acerca de cómo
evitar una OPA hostil.

Me desconecté unos segundos, pensando cómo


podía introducir en la conversación algo que me
interesaba enormemente. Por aquel entonces
andaba yo muy preocupado por la investigación
que estaba llevando a cabo para mi nuevo libro.
Se trataba de la externalización de servicios,
(especialmente en el campo de la informática) y
de las diferentes estrategias que se podían aplicar.

Tengo que confesar que si había reunido a


aquellos amigos alrededor de mi mesa, no había
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sido sólo para pasar un rato agradable y disfrutar


de una opípara cena. Puede que parezca interesado
(a veces la necesidad obliga), pero la verdad era
que tenía la intención de conducir la discusión
hacia el tema objeto de mi preocupación; así
obtendría las opiniones, ideas y experiencias de
personas expertas, tanto en gestión de empresas,
como del asunto en cuestión. Sería una
información básica y primordial que, sin lugar a
dudas, podría utilizar como material de primera
calidad para mi libro.

Cuando la cuestión de las OPAS y los índices


bursátiles no dieron más de sí, aproveché para
lanzar al aire mi ansiada pregunta:

-Por cierto, que opináis del Outsourcing y de las


otras estrategias de externalización de servicios,
en especial en el área de las Tecnologías de la
Información?
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-Bobadas!! Nada más que bobadas! –dijo


inmediatamente Ulrika- Nada mejor para
fomentar el espionaje industrial… Jamás
permitiría a nadie meter sus sucias narices en mi
empresa. Además el coste es mucho más elevado.
-Srta. Philipiks, permítame que discrepe –contestó
Billy Banks- personalmente, pienso que la mejor
forma de reducir costes en cualquier negocio, es
justamente fomentar la contratación externa de
recursos. Hace algún tiempo, en el banco utilicé el
body shopping. Piénselo, Ulrika: sin necesidad de
aumentar la plantilla, puede resolver problemas
puntuales o realizar algunos trabajos continuados
de poco valor añadido. Sin tener que preocuparse
de la selección de personal, de hacer contratos, dar
de alta en la administración, etc. Por no mencionar
los conflictos que te ahorras. Nada de comités de
empresa!
-¿Pero cómo puede usted pensar tal cosa? –
preguntó Yamamoto que siempre se había
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enorgullecido de ser un empresario modelo- y los


trabajadores? Seguro que habrá alguno para hacer
esos trabajos puntuales. Si no lo hacen ellos,
sobran, ¿no cree? ...entonces... ¿los despedimos…
sin más?
-No hay que tener una visión tan paternalista de
las empresas- intervino Leslie M. Labuff – la
externalización de servicios es el futuro. ¿Cómo
creéis que puse a flote la Nantuckett Water? Tenía
que informatizar rápidamente varios
departamentos cuyos sistemas habían quedado
totalmente obsoletos. Contraté varios proyectos
“llaves en mano” y solucioné el problema en poco
tiempo. Si hubiera tenido que reciclar a mis
empleados… Buff… ¡No quiero ni pensarlo! ¡La
de tiempo que me hubiera llevado! En cambio,
varias empresas especializadas en los diferentes
ámbitos ejecutaron los proyectos. Se encargaron
de todo y con un tiempo mínimo de implantación.
Solo puedo decir que la relación calidad-precio ha
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sido altamente positiva. ¡Ah! y ningún conflicto


con los trabajadores. Simplemente, mientras que
estas empresas desarrollaban los nuevos sistemas,
tuvieron que dedicarse a recibir la formación
necesaria para aprender a mantener los nuevos
sistemas y punto. No tuve que ampliar la plantilla
ni despedir a nadie. ¿Lo ve, Yamamoto? Nadie
perdió, al contrario…
-Diga lo que quiera, señorita. No me convence en
absoluto… Deshumanizar las empresas, eso es lo
que consigue! –contestó Yamamoto, empezándose
a alterar.

Johnny y Charles, al ver que su amigo se tomaba


el asunto tan a la tremenda, se pusieron a reír, lo
que hizo que Yamamoto se pusiera más amarillo
de lo que ya era.

-¡Pues solo faltaba eso! Miren, miren como se ríen


los jóvenes! ¡Muy bonito, si señor! –dijo
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enfadado- ¿y que es lo que proponen ustedes si se


puede saber?
-No lo sé, Yamamoto, pero no te lo tomes así,
hombre –contestó divertido Johnny- Francamente,
y ahora en serio, la definición que yo encontré una
vez en Internet del outsourcing, dice que consiste
en pagar a alguien por hacer algo que, de otro
modo, deberías hacerlo con recursos de tu propia
compañía; esto no implica, en sí mismo, que lo
vayan a hacer mejor, ni más rápido, ni de mejor
calidad. Obviamente, como no creo que estas
empresas se comporten como una ONG, mi
opinión es que es una tontería pagar más para que
alguien haga lo que yo y mi gente, por supuesto,
haríamos mucho mejor…
-Nunca hubiera dicho que fuese usted tan
conservador. Me sorprende, de verdad. Su
apariencia de moderno extravagante debe ser un
disfraz, me equivoco? – dijo Jeff -.
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-Su sarcasmo está completamente fuera de lugar.


No hace falta ofender a nadie. ¿Acaso es usted tan
moderno que también aplica estos burdos
métodos? –dijo Charles con tono burlón y
saliendo en defensa de su amigo-
-Pues mire usted Sr. Whitelight, sí, los aplico –
repuso Jeff V. Oltrane, con excitación y muy
tenso- Y si considera que el outsourcing es una
burda estrategia, mucho me temo que acaba de
destruir toda la admiración que sentía por usted.
Mi experiencia con la externalización siempre ha
sido muy satisfactoria. En concreto, utilicé el
outsourcing de la explotación de sistemas.
Imagínese que su empresa se acaba de fusionar
con otra. Imagine que en un plazo imposible debe
asumir la explotación de los sistemas de ambas
compañías. Imagine que no dispone de los
recursos suficientes, ni tiempo material para
contratarlos y mucho menos para formarlos en la
administración de los sistemas de la empresa
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absorbida. Imagínese que no puede permitirse el


lujo de dejar a oscuras más de dos millones de
personas. Imagínese, que además de ése, tiene
otros muchos problemas inmensamente más
complicados referentes a los nuevos sistemas y su
asimilación por la empresa absorbida, y que
requieren una dedicación especial. Si ha sido
capaz de imaginar tantas cosas, hecho que a estas
alturas dudo seriamente, supongo que no le
costará deducir la gran ventaja que supone poder
decir “necesito que alguien me administre y
explote los sistemas adecuadamente en un tiempo
record”. ¿Cómo le parece que se sentirá al poder
dedicar su tiempo a lo que realmente es
importante? Simplemente se ha sacado un
problema de encima. Dígame: ¿no pagaría lo que
fuera por esto?

Charles estaba muy ofendido por el discurso de


Jeff y contestó:
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-Lamento mucho tener que decir que NO.


Demasiados riesgos. Quizá debería usted repasar
algunos de mis libros sobre la reducción de costes
y la optimización del tiempo de trabajo. Mucho
me temo “querido” Jeff, que tiene usted un serio
problemilla para distribuir su valioso tiempo.
-Le ruego que no utilice ese tono condescendiente
conmigo – repuso Jeff, alzando un poco la voz.

Joel quiso calmar un poco los ánimos. No paraba


de mirarme, ya que se suponía que yo como
anfitrión, era quien tenía que apaciguar el
ambiente tan tenso que se había creado. Yo no
tenía intención de intervenir, puesto que el debate
era de lo más interesante y observaba todo desde
la barrera (la mar de divertido y tomando nota
mentalmente de todo). Entonces dijo:
32

-Vamos a ver, por favor, no entréis en el terreno


de lo personal, os lo ruego, no vale la pena.
También os diré que mi experiencia con la
externalización de servicios, ha sido muy
favorable. En Natural Gas of Kentucky las hemos
utilizado todas con un resultado casi siempre
positivo. Como supongo que todos sabéis, desde
hace tiempo, mi empresa constantemente invierte
para mejorar y modernizar nuestras instalaciones.
Pues bien, cuando el trabajo ha sido excesivo,
hemos preferido que alguien externo a nosotros
nos hiciera los proyectos y los presentara listos
para instalar. No hace ni medio año que tomé una
decisión bastante arriesgada, pero de la que no me
arrepiento. Conjuntamente con la Dirección
Financiera llegamos a la conclusión que el
business process outsourcing era la mejor opción
para la gestión contable. Nos hemos librado de
esos sistemas “legacy” que tanto esfuerzo de
mantenimiento nos generaban, a la vez que toda la
33

actividad del departamento contable se lleva


externamente, dedicando nuestros recursos
realmente a gestionar de forma más eficaz las
finanzas de la compañía, en lugar de dedicarse a
absurdos y tediosos procesos administrativos.
-A eso le llamo yo no dar ni golpe. ¿Cuanto
cobras por no trabajar, Joel?- preguntó Ulrika con
muy mala intención, dejándonos a todos con la
boca abierta.
-Pero..¿cómo te atreves? – repuso Billy
inmediatamente- como puedes ser tan maleducada
y tan obtusa?
-¿He oído bien? ¿Tú llamas obtusa a la Srta.
Philipiks? ¡Si te da cien mil vueltas! –Johnny no
pudo aguantarse. No permitiría que nadie insultara
a su querida Ulrika- Ella ha creado una de las
mayores empresas del mundo. ¿Y tú?...pagas para
que alguien haga tu trabajo. Creo que según el
diccionario ilustrado de la lengua, eso sólo tiene
un nombre: vagancia.
34

Entonces fue Leslie la que no pudo morderse la


lengua:

-No puedo decir que me sorprendas, Johnny; hace


un rato ya has quedado retratado. Pensaba que
eras más inteligente, pero te sigues mostrando
corto de miras. Veo que tienes que recurrir al
insulto cuando ya no sabes cómo rebatir los
argumentos. Patético, muy patético.
-Pues usted no se queda corta con sus ironías!
¿Eso no es insultar? – dijo Yamamoto casi
gritando.

Pronto, lo que había comenzado como una


conversación civilizada, se convirtió en un griterío
donde todos hablaban al mismo tiempo y nadie se
escuchaba. Tras los primeros insultos, se crearon
dos bandos que se dedicaban a defenderse
ofendiendo al contrario.
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Yo me había mantenido al margen hasta el


momento con el único propósito de que la
conversación fluyera libremente, pero si no
tomaba cartas en el asunto inmediatamente,
tendría una trifulca en mi salón al estilo del viejo
oeste. Y no porque la pelea no fuera
intelectualmente estimulante, sino porque de
ningún modo podía permitir que mi precioso
jarrón chino de la dinastía Tiling corriera el menor
peligro.

Tuve que gritar mucho para que todos me oyeran:

-¡¡¡Basta ya, amigos y amigas!!! ¿Queréis hacer el


favor de callaros todos y todas? ¡Os ruego que
dejéis de comportaos así! A ver si nos
tranquilizamos todos un poco. No hace falta hacer
alusiones personales, ni mucho menos llegar al
extremo de casi llegar a las manos, ¿no estáis de
36

acuerdo? ¡Parezco un profesor en una clase de


párvulos!

Mi intervención causó un silencio sepulcral.


Johnny y Charles se miraron y, al darse cuenta de
lo ridículo de la situación, empezaron a reír. Por
suerte, eso relajó tanto el ambiente, que poco a
poco todos se fueron contagiando y acabamos
todos a carcajada limpia. Mi jarrón chino estaba a
salvo. Fue entonces cuando se me ocurrió la
solución.

-Tengo una idea! – dije- si me lo permitís, os


explicaré una historia que nos podría aclarar las
ideas. Cuando termine, estoy convencido que
podremos hablar con calma, ya lo veréis.

Todos asintieron, les encantaba oír mis historias.

Y empecé el relato...
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38

Capítulo II : Comienza la aventura

Hace algunos años, en un país tan pequeño que no


sale en los mapas, los habitantes de un pequeño
pueblo, Smiceville, estaban realmente
desconcertados. Alguien había difundido un burdo
rumor que había provocado más de una carcajada:
Al parecer, se había descubierto un laberinto que
escondía un gran tesoro. El tesoro en cuestión no
era ni más ni menos que una gran cueva, repleta a
rebosar de queso. Sí.., !!queso!!.. de todas las
variedades y en cantidades inimaginables.

La estupefacción de la gente de Smiceville no se


debía a que dieran crédito a tan increíble historia.
Al contrario, la consideraban totalmente absurda y
absolutamente inverosímil. Lo que les
desconcertaba era el hecho que existieran
personas lo suficientemente ilusas para creérsela.
39

De Wanda Doolittle podría decirse que pertenecía


a este grupo, pero a la vez formaba parte del tipo
de personas que, sin dudarlo, serían también
calificadas de intrépidos aventureros.

Era una mujer hermosa y muy atractiva, y le


gustaba demostrarlo. Su impecable look parecía
estudiado al milímetro para demostrar que tenía
dinero. Ella misma reconocía abiertamente que su
principal virtud no era la sencillez. Le encantaba
vestirse en las firmas de los más conocidos y
caros diseñadores, lucir las más deslumbrantes
joyas, y, por encima de todo, le gustaba el dinero.
Esta desbordante pasión por el vil metal, era fruto
de una infancia llena de necesidades y penurias
económicas.

Wanda había crecido en el seno de una familia


humilde. ¡Cuántos días no tuvo ni un mendrugo
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de pan que llevarse a la boca! Tantas estrecheces


la hicieron madurar precozmente, y pronto
empezó a trabajar para poder pagarse la escuela
nocturna. Envidiaba a sus compañeras y amigas
porque vestían a la última moda. Nunca pudo
competir con ellas: en su armario sólo colgaban
trajes viejos, retocados y recosidos, casi
convertidos en harapos… Pero se tragó su orgullo
e hizo caso omiso de los frecuentes comentarios
burlones acerca de su atuendo; consiguió acabar
sus estudios y, con su ambición y voluntad,
ayudó a su familia a salir adelante.
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Wanda
Doolittle

Sus padres jamás olvidarían aquel atardecer, en el


valle de Windgoone, tras el picnic del domingo.
Una Wanda, todavía adolescente, con los últimos
rayos del sol iluminando su cabello ondeando al
viento y gritando hacia un cielo enrojecido por
una espléndida puesta de sol entre nubes: “¡A
Dios pongo por testigo que muy pronto solo
vestiré trajes de Paul Cardain!”.
42

Desde aquel día, la familia Doolittle empezó a


prosperar, gracias a la tenacidad y al sacrificio de
Wanda.

Cuando obtuvo la licenciatura en Dirección de


Empresas, las ofertas de trabajo le empezaron a
llover. Su ego se iba engrandeciendo (igual que su
cuenta corriente) cada vez que le ofrecían un
nuevo empleo, subía un peldaño tras otro en la
jerarquía empresarial o su salario se incrementaba
sustancialmente. Cuanto más triunfaba, mayor se
hacía su obsesión por la ostentación.

Esta ansia por la riqueza, por conseguir cada vez


más dinero, se convirtió en un sentimiento casi
obsesivo. Probablemente, eso fue lo que le hizo
creer a pies puntillas la insólita historia que le
contara aquel día un hombrecillo moribundo.
43

Wanda había ido a descansar a un hotelito (como


ella denominaba a los hoteles de cinco estrellas),
situado en la tranquila villa de Smiceville. Una
tarde, salió a pasear por la montaña y cuando
regresaba, le pareció oír unos extraños gemidos.

Se acercó y vio a un hombre, mejor dicho, a un


enanito, que deliraba al borde del camino. Parecía
muy enfermo y agotado. Le dio a beber agua e
intentó que comiera algo de las provisiones que
llevaba encima. Pero, por más que intentó
ayudarle, no hubo nada que hacer.

Antes de morir, agradecido por su ayuda, le dio un


mapa y le dijo con la voz entrecortada:

-Esto… tu fortuna…. mapa… ratones también…


queso… queso… síguelo… muy
rica…peligro…muerte…- ya no pudo seguir.
Desfallecido, murió en los brazos de la mujer.
44

La Srta. Doolittle, consternada, enterró el pequeño


cuerpo y clavó una cruz sobre la tumba. Mientras
continuaba su camino, no podía dejar de pensar en
lo que le acababa de pasar. Por un lado, estaba
bajo el shock emocional de ver morir a una
persona, y por otro, tenía en sus manos el mapa de
un tesoro; cuando lo observó con atención, se dio
cuenta que no podía ser otro que el tesoro del
laberinto… Pero entonces… ¡era cierto! En el
mundillo de los directivos y altos cargos, se
acostumbraba a contar un cuento acerca de un
tesoro lácteo escondido en un laberinto, (con una
moraleja, un tanto ñoña, que encantaba a todos los
directivos). Cuando llegó a los oídos de Wanda,
supuso que algún Director General (abuelete con
barba blanca que explicaba cuentos a sus nietos)
lo había creado. Y ahora, ¡¡resultaba que era
cierto!!; ella tenía la prueba en sus manos: ¡un
mapa que le conduciría al laberinto!
45

Llegó al pueblo bastante agitada, cosa normal


dadas las circunstancias; no era fácil olvidar que
alguien había muerto en sus manos. Además, aún
no había asimilado toda aquella información;
necesitaba relajarse un poco.
Fue directamente a la taberna a tomar una copa.
Pero de lo nerviosa que estaba, no pudo reprimirse
y explicó (precipitadamente y a voz en grito)
cuanto le había sucedido. ¡¡¡Craso error!!! Las
carcajadas de la gente resonaron por la taberna y
se extendieron como un reguero de pólvora por
toda la localidad. ¡¡¡Estaba como una cabra!!!
¡¡¡Un laberinto con queso!!! ¡¡¡ Otra incauta
más!!! .

Wanda quedó perpleja, enmudecida y a la vez


enfurecida ante tamaña reacción.
46

Sin embargo, no todos se rieron de ella. Tres


hombres se le acercaron para preguntarle sobre lo
ocurrido. Ellos también conocían la historia y no
les parecía tan absurda. La tranquilizaron, le
trajeron un bourbon doble, y la invitaron a
sentarse con ellos. La Srta. Doolittle aceptó
encantada. Por un lado, era preciso calmarse, y
por otro, era consciente que ella sola nunca daría
con el laberinto. Quizás era una buena
oportunidad de conocer a quien pudiera
acompañarla, y debía aprovecharla.

Por si acaso, no les dejaría ver el mapa hasta estar


segura que eran de fiar. Mientras tomaban su
whiskey, los fue observando uno a uno,
escuchando atentamente todo lo que decían, para
analizarlos y poder hacerse una idea de cómo eran
aquellos desconocidos.
47

Aunque la Srta. Doolittle lo ignorara, los cuatro


tenían una cosa en común. Eran obsesivamente
ambiciosos, adoraban el dinero por encima de
todo y su máxima pretensión era hacerse
inmensamente ricos.

De la misma forma, también eran muy diferentes


entre sí.

Gus Nathan, el mayor de ellos, inspiraba


confianza por los cuatro costados. Toda su vida la
había dedicado a estudiar y a trabajar. Su idea del
trabajo no era demasiado convencional, pues parte
de su tiempo lo dedicaba a sus expediciones. Era
un empresario que se ganaba muy bien la vida, lo
que le permitía organizar su tiempo como
quisiera. Le gustaba el riesgo, a todos los niveles,
tanto en el ocio como en el negocio. Desde
pequeño había tenido un espíritu muy aventurero
48

que, ya de mayor, le había reportado pingües


beneficios.
No pasó una infancia terrible como la de Wanda,
más bien al contrario. Su familia jamás tuvo
problemas económicos. Fue un niño muy querido,
inteligente y sin problemas en los estudios. Pudo
estudiar cuanto quiso y no empezó a trabajar hasta
que no acabó la quinta carrera universitaria.
“Tener unos padres ricos es el mejor chollo que
puede tener un chico, para que nos vamos a
engañar”, comentaba a veces a sus amigos.
49

Gus
Nathan

Se forjó un futuro prometedor y se convirtió en un


hombre culto, sereno, noble y honrado; en una
palabra, entrañable. Tenía amigos por todas
50

partes, ya que con su simpatía y su “savoir faire”


no le costaba trabar nuevas amistades. Era una
persona en la que se podía confiar. Tanta gente le
explicaba sus problemas en busca de consejo, que,
en broma, decía que era como un cura tomando
confesiones. Tenía fama bien merecida de persona
respetable, y, además, ahora estaba en esa época
de madurez que hace tan atractivos a algunos
hombres. Sin olvidar que unos cuantos fracasos
empresariales, que habían puesto en serio peligro
su fortuna, lo habían convertido en una persona
capaz de calibrar bien los riesgos y tomar las
decisiones adecuadas en las circunstancias más
difíciles. De los fracasos se aprende casi más que
de los éxitos, solía decir a sus empleados.

Gus Nathan se podía permitir el lujo de no


trabajar durante meses. Por eso, al ver aquella
mujer tan alterada explicando la leyenda del
laberinto, le hizo despertar una vez más su instinto
51

aventurero. Estaba convencido que el tesoro del


queso podría existir de verdad y que, si lo
conseguía, podría dedicarse a hacer lo que le
viniera en gana, ya fuera continuar viajando sin
preocuparse nunca más por el dinero, emprender
una nueva aventura empresarial o cualquier otra
cosa que ya decidiría en su momento.

Joe Waters no se parecía en nada a Gus: joven,


ambicioso y con una prisa exagerada y excesiva
por triunfar. Nunca acabó la carrera, pero no le
preocupaba en absoluto. Ya en el colegio empezó
a tener un olfato especial para los negocios. A los
cinco años montó una pequeña empresa de
catering, que explotaba a la hora del recreo. A los
siete años, todos los niños acudían a él en busca
de aquel cromo que nunca salía y no te permitía
acabar la colección. A los nueve, creó un
simulacro de video club, alquilando a precios
bajos todas las películas infantiles del mercado;
52

tuvo mucho éxito, justo es reconocerlo. Y cuando


creció un poco más, ya en el High School, explotó
la compra venta de juegos de videoconsola, lo que
le reportó un dinero considerable.

Joe
Waters
Con tanta actividad empresarial, no tenía ni
tiempo ni ganas de estudiar. Sin delatar a nadie:
pudo graduarse gracias a una pantalla de plasma
53

que alguien disfrutó de lo lindo. Siempre fue un


trepa.

Pero Joe era feliz. Su experiencia hasta el


momento le demostraba que no le hacía ninguna
falta tener un diploma para ganar dinero. No le
importaba remangarse y estar horas trabajando
siempre y cuando obtuviera notables beneficios. Y
ganó mucho dinero, pero siempre quería más. No
tenía suficiente. Necesitaba ser rico a toda costa.

Así como Gus y Wanda habían sabido disfrutar de


sus ganancias, con viajes, ropa bonita, una casa de
revista de decoración, joyas, etc., Joe Waters era
un tacaño integral. A pesar de que su cuenta
corriente estaba repleta, vivía en un pequeño
apartamento de una sola habitación, no usaba la
calefacción para no gastar y tenía una televisión
en blanco y negro que había heredado de su
abuelo. Por supuesto, su aspecto reflejaba a la
54

perfección su forma de ser: hacía mucho tiempo


que no cambiaba su vestuario. No hace falta decir
que Joe no era un ejemplo viviente de
generosidad.

Sus ojos empezaron a hacer chiribitas cuando oyó


a Wanda en la taberna. Tuvo uno de sus
presentimientos: el tesoro existía, sin ninguna
duda, y estaba dispuesto a hacer lo que fuera por
conseguir un pellizco.

El último del grupo era Andy Essal, personaje


curioso donde los haya. Era tan nervioso, que sus
neuronas andaban las pobres echando chispas, y
sus manos gesticulaban sin cesar. Fuentes
cercanas a su familia aseguraban que, de niño, un
relámpago cayó muy cerca de su casa y él recibió
una fuerte descarga eléctrica. Su madre lo negaba
con esa rotundidad y contundencia que sólo otra
madre podría comprender. ¿Quién era nadie para
55

criticar a Andy? ¡Envidia! Eso era lo que tenían:


!envidia! Si su hijo tenía siempre el pelo de punta
como un erizo, se debía al tipo de cabello, ¡nada
más!

Sin embargo, la Sra. Essal, que era muy creyente,


en sus charlas con su confesor, le decía a veces
que tenía dudas acerca de la veracidad del
incidente. Porque el niño era hiperactivo. Muy
hiperactivo. Tanto, que sacaba de quicio al más
pintado, y ella se sentía culpable, especialmente
cuando ya no sabía qué hacer con él.
56

Andy
Essal

Cuando llegó la edad de ir al colegio, todo el


mundo, en especial sus padres, estaban seguros
que no podría seguir una escolaridad como los
57

demás. ¿Cómo iba a estudiar si era incapaz de


estar sentado más de un minuto?.

Curiosamente, todos se equivocaron y Andy


resultó ser un fantástico estudiante, con unas notas
muy brillantes. Con el tiempo, se fue calmando y
aquel inquieto niño se convirtió en un tranquilo
joven. Sus padres lloraron de emoción cuando se
licenció en económicas y encontró su primer
empleo. Cuando empezó a trabajar, se dio cuenta
de dos cosas. La primera: no le gustaba para nada
el trabajo de machaca. Y la segunda: no soportaba
que nadie le diera órdenes. Llevaba muy mal esto
de tener superiores. Por suerte, y gracias a su
licenciatura, no era un vulgar empleado; era el
jefe de departamento de contabilidad de una
importante empresa.
Quería mandar y además se jactaba de tener
grandes dotes de mando, de ser un líder nato. Pero
sólo hacía falta preguntar a sus subordinados, para
58

convencerse de que era todo lo contrario. Su gran


sueño: tener su propia empresa, una gran empresa
en la que él mandaría sobre todos y sobre todo.

El día que oyó la extraña historia de Wanda, en


seguida pensó que era la oportunidad de su vida;
si se hacían con el tesoro, por fin podría realizar
su sueño. Se acabó el recibir órdenes de nadie; a
partir de entonces, él mandaría y los demás harían
el trabajo!.

Después de una primera toma de contacto y un par


de bourbons más, Wanda se convenció que podía
confiar en ellos.

Fue sólo entonces cuando les explicó toda la


historia, con pelos y señales. Incluso ella la
encontraba tan inverosímil que no se había
atrevido a explicarla ante toda la concurrencia.
59

Haciendo gala de su gran capacidad de


comunicadora, utilizó su lenguaje culto y
rimbombante para convencerlos de que la historia
era cierta. Wanda Doolittle prosiguió con su
relato.

Justo antes de que el hombrecillo le entregara el


mapa, el hombrecillo musitó cosas muy extrañas:
un compañero desaparecido, unos ratones
parlantes y más inteligentes que ellos, paredes
llenas de consignas extrañas, y trampas, muchas
trampas mortales. Le explicó que no debía
desfallecer ni desanimarse, pues una vez en el
laberinto (que seguro que encontraría con el mapa
que le daba), sólo tenía que seguir su intuición
para dar con el queso.

La representación debía ser excelente, pues los


tres hombres la escuchaban con los ojos fuera de
las órbitas. Estaba segura que la habían creído, lo
60

que le permitió suspirar de tranquilidad. Y, como


quien no quiere la cosa, los cuatro empezaron a
lanzar ideas, improvisando un brainstorming,
sobre cómo conseguir la tan ansiada fortuna.
Todos ellos tenían el tiempo, las ganas y el dinero
suficiente para embarcarse en una aventura
semejante. Por eso no les costó demasiado
ponerse de acuerdo. Organizarían una expedición,
encontrarían el laberinto y darían con el gran
depósito de queso.

Para almacenarlo, construirían cámaras


frigoríficas antes de extraerlo, y, luego, a
comercializarlo por todo el mundo. Era un
negocio redondo, como el queso de bola.

Fue una larga y fructífera reunión. Hablaron


durante horas de cómo se iban a organizar. Para
empezar, hicieron una lista de lo que se
necesitaba, no repararían en gastos.
61

Decidieron que Gus y Wanda se encargarían de


conseguir el transporte y de la intendencia. Joe y
Andy, mientras tanto, irían a la población vecina
de Sciencetown en busca de los aparatos
imprescindibles.

Estaban ya a punto de levantarse, cuando se les


acercó el tabernero y les dijo con sorna:

-¿Desean los señores que les sirva alguna cosa


más? ¿Una tapita de queso? Huy.., ¡perdón!.. ¡Que
he dicho! …disculpen mi error, ¡a ustedes pronto
les saldrá el queso por las orejas!
El jocoso comentario burlón provocó de nuevo un
aluvión de carcajadas entre todos los clientes,
algunos de los cuales se revolcaban por el suelo,
no se sabe si de la risa o del exceso de alcohol.
62

Ellos ni se molestaron en contestar. Si nadie les


creía, mejor para ellos. No querían provocar un
alud de curiosos siguiendo su rastro para robarles
el tesoro. Por tanto, hicieron caso omiso a las
mofas que les llovieron y se fueron a descansar,
saliendo con el orgullo digno de un gentleman.

Por la mañana, y ante las incrédulas miradas y las


befas de los habitantes de Smiceville, comenzaron
los frenéticos preparativos de la expedición.
Debían darse prisa si no querían enfrentarse al
duro invierno de la región.
Wanda y Gus, después de desayunar juntos, se
pusieron manos a la obra. Simpatizaron mucho y
no dejaron de charlar toda la mañana. Se
dirigieron a un conocido concesionario de coches;
como no sabían en qué estado encontrarían los
caminos, optaron por la opción más segura:
vehículos todo-terreno. El vendedor, al que ya le
habían hablado de ellos, pensó en enchufarles lo
63

más caro de la tienda. Les cantó las maravillas del


último modelo de la marca Notcheep.

-Mírenlo, el modelo KN 200 STDI, seguro que no


han visto nunca nada tan bello. Es caro, no lo
pongo en duda. Pero piensen que una expedición
como la que están a punto de iniciar, necesita,
ante todo, un transporte más que adecuado. Esto
es justamente lo que les conviene: cómodo,
seguro, fiable, sube pendientes de 80º, tiene ABS,
Airbag, AC, y CLFCCN de serie.

No hizo falta que el avispado vendedor


continuara, pues a Gus ya le había convencido la
tracción, la potencia y el tipo de ruedas, y a
Wanda el diseño del interior (con tapicería diseño
Marvin Pleinn). Así pues, compraron dos coches,
y quedaron en pasar a recogerlos al día siguiente,
ya matriculados.
64

La próxima parada sería la cadena más importante


de ropa, calzado y accesorios deportivos de alta y
baja montaña, Heptalión. Hicieron un gasto
importante, pero del todo necesario: tiendas igloo
con sistema de climatización con ajuste
automático de temperatura y cremalleras
interactivas; sacos de dormir, esterillas
autoinflables con termostato y temporizador,
linternas halógenas y láser, hornillos de
vitrocerámica, fiambreras especiales para
hornillos de vitrocerámica, cubertería de campaña
(de plata, el toque de distinción de Wanda…),
cantimploras con dispositivo expendedor de
micro-cubitos de hielo, calefactores, pijamas
isotérmicos, camisetas de Frekytex, calzado
ergoanatómico con cordones impermeables,
calcetines (calcetines a secas, aunque parezca
mentira), camisas con forro perfumolfact, jerséis
de forro austral, anoraks resistentes a todo tipo de
inclemencias meteorológicas (con plomos en los
65

dobladillos para los huracanes), y un sinfín de


accesorios completamente imprescindibles.

Wanda, cuando vio la ingente cantidad de ropa de


abrigo que compraban, le comentó a Gus:

-Pero Gus, ¿no te parece exagerada la cantidad de


ropa de abrigo que estamos comprando?
-Querida mía –le respondió- ¿Acaso no recuerdas
lo que les pasó a los expedicionarios de la famosa
“Fiebre del Oro del Yukon”? Muchos no pudieron
resistir la crudeza del invierno y perecieron
congelados. No querrás que nos pase lo mismo, no
crees?
-Por supuesto, por supuesto – contestó Wanda
impresionada- Tienes toda la razón, no había
reparado en ello.

Ahora sólo les faltaba la cuestión de la


intendencia. Y no les ocuparía demasiado tiempo
66

un viajecillo a los diferentes hipermercados del


pueblo. Por si las moscas, se habían estudiado los
folletos de las ofertas. Es lo que tienen los ricos…
si tuvieran que comprar una joya no les importaría
el precio, pero por ahorrarse 10 centavos en una
botella de aceite…

Al mismo tiempo, Joe Waters y Andy Essal


recorrían todas las tiendas de electrónica e
informática de la cercana ciudad de Sciencetown.
No se conocía un paraíso igual para los amantes
de los ingenios tecnológicos. La zona comercial
del pueblo estaba formada básicamente por
tiendas especializadas en aparatos electrónicos de
precisión, para medir todo tipo de fenómenos
(incluidos los paranormales). Iban en busca de los
más sofisticados instrumentos necesarios para tan
importante expedición, que debían ser de
tecnología punta, por supuesto.
67

El precio de tales aparatos era tan desorbitado que


Joe, haciendo gala en público de su suprema
tacañería, había sufrido una lipotimia en la
primera tienda. Andy tuvo que hacer un esfuerzo
descomunal para convencer a Joe, que tal
dispendio era una inversión de futuro, y que lo
amortizarían nada más encontrar el tesoro.
Cuando consiguió que Joe recuperara su color,
empezaron las compras del material
indispensable:

• Teléfonos móviles multibanda con cámaras


de fotografía holográfica
• Ordenadores portátiles con pantalla
extraplana y teclado confort active.
• GPS para conocer en todo momento la
ubicación del campamento base, del equipo
y para orientarse en el laberinto.
• Detectores de movimiento.
68

• Micemómetros, para detectar la presencia


de ratones en las cuevas y pasadizos.
• Espectrómetros, Lactófonos, y
Quesímetros, necesarios por si encontraban
restos lácteos en el laberinto.
• Olfactoscopios para seguir el posible rastro
de cualquier olor, programable, por
supuesto.
• Finalmente, el último grito de la tecnología
de detección y rastreo: el Bifitrón de Láser
activo.

Aquella noche, en el restaurante del hotel de


Wanda, los cuatro amigos, más contentos que
unas pascuas, cenaban opíparamente, comentando
las compras del día. ¡Parecían niños con zapatos
nuevos! La sobremesa no duró demasiado, pues
debían ir a descansar. Tenían previsto salir al alba.
69

Por la mañana, cuando los expedicionarios


empezaron a cargar los vehículos, dejaron
perplejos y sin habla a los pocos ciudadanos de
Smiceville que encontraron despiertos a esa hora,
al ver la ingente cantidad de aparatos, a cuál más
raro, que veían pasar ante sus ojos. Si antes los
habían tildado de lunáticos, ahora el término locos
de remate, parecía quedarse corto.

Pero los cuatro amigos, haciendo caso omiso del


choteo de la gente, siguieron cargando los 4x4.
Querían acabar pronto y salir cuanto antes.
¡Partían a la busca del tesoro!
70

Capítulo III : El viaje

Wanda y Gus se acomodaron en el primero de los


vehículos. Ella había insistido, pues decía que
confiaba plenamente en el Sr. Nathan. Andy y Joe
no pusieron ningún impedimento.

Pronto se percataron que el mapa era mucho más


claro de lo que se habían imaginado; las
71

referencias que el hombrecillo había escogido no


podían ser mejores, y todo coincidía con gran
exactitud. Solo tenían que seguirlo, era imposible
extraviarse. Así pues, se relajaron, disponiéndose
a disfrutar del paisaje.

Llevaban ya doce horas de viaje y tenían ante sí


los más bellos parajes que jamás habían
contemplado. Como faltaba poco para que
anocheciera, detuvieron los coches junto al
camino, en un frondoso bosque al lado de un
riachuelo. El sonido del agua y el cantar de los
pájaros, hacía que el lugar relajara el espíritu.

Montaron las tiendas y prepararon algo para


cenar. Tanto Wanda como Andy y Joe
aplaudieron la previsión de Gus al comprar la
ropa de abrigo. Había refrescado y se agradecía
tener un jersey de forro austral que ponerse. Gus
les hizo notar que el clima se haría más frío a
72

medida que pasaran los días, ya que el camino los


llevaba cada vez a cotas más altas. No tardaron
demasiado en ir a dormir porque el viaje y el
ajetreo de la preparación les habían dejado
fatigados. Además, al día siguiente les esperaba
otra dura jornada.

A medida que fueron pasando los cinco días que


duró el viaje, la naturaleza se fue haciendo más
agreste y los caminos más difíciles. Por suerte
disponían de los todo-terreno, ya que sin ellos no
hubieron podido avanzar. Siguieron atravesando
valles, llanuras y prados, cruzando ríos de aguas
bravas, ascendiendo montañas… un viaje
agotador, que sin embargo no hizo que los ánimos
decayeran lo más mínimo; se sentían cada vez
más cerca de su objetivo.

Por fin, el quinto día de viaje. A las 11.30 AM


otearon desde la lontananza la última de las
73

señales del mapa: el monolito Emmental. Un


bloque de roca rectangular, alto y estrecho, tallado
a la perfección con aristas lisas. Debía su nombre
a los agujeros que tenía que le hacían tener
apariencia de esa especialidad. Llegaron en pocos
minutos. Al verlo de cerca y comprobar la
perfección con la que estaba hecho, hubieran
jurado que provenía de una civilización
extraterrestre.
74

Tras la primera impresión causada por la roca,


cayeron en la cuenta que habían llegado a su
destino. Con la adrenalina disparada y los
corazones acelerados, los cuatro aventureros
empezaron a buscar afanosamente la entrada del
75

laberinto por los alrededores del monolito.


Estuvieron apartando ramas, zarzas y demás
matorrales, sin percatarse del dolor producido por
los arañazos ni de la sangre que corría por sus
manos. Estaban demasiado concentrados. De
repente, a Andy se le pusieron los pelos de punta
(es decir, mucho más de punta de lo habitual, si es
que eso era posible) y exclamó con su voz
eléctrica:

-Aquí!... ¡¡¡Aquí!!!... Aquí hay algo!

Pronto estaban los cuatro agolpados, apartando los


zarzales que tapaban lo que parecía ser la entrada
de una cueva. Efectivamente: ¡habían dado con la
entrada del laberinto! Con júbilo contenido y cada
vez más excitados, consiguieron separar las
hierbas, enredaderas, y zarzales lo suficiente para
que pasara una persona.
76

Al despejar la entrada se dieron cuenta que la


cueva estaba bloqueada por una extraña escultura
de roca de color oscuro, con unos grandes ojos,
orejas descomunales y enorme narizota,
atravesada por un hueso. Una figura realmente
aterradora.
77

Consultaron el mapa y no encontraron referencia


alguna a la figura. Gus Nathan, reflexionado en
voz alta, consideró que lo mejor era estudiar con
detenimiento la escultura por si se podía encontrar
algún mecanismo oculto que permitiera su
apertura.

Al cabo de un rato, se dieron cuenta que el ojo


derecho tenía unos surcos que no existían en el
izquierdo. Haciendo acopio de valor, Gus lo
presionó con todas sus fuerzas. Poco a poco, se
hundió en el interior de la estatua y entonces…
sucedió!!!.

Con enorme estruendo, la gigantesca estatua giró


sobre su extremo dejando al descubierto un
pasadizo oscuro y lóbrego. Por fin habían
encontrado la entrada.
78

Sin embargo, antes de entrar necesitaban todo el


material que habían adquirido antes de partir. Se
dirigieron a los vehículos y cogieron las gafas de
visión nocturna, las linteras halógenas, el GPS, los
Micemómetros y demás instrumentos, agua y
comida y se dispusieron a entrar.

Huelga decir que en el interior, se le ponían a uno


los pelos de punta por la oscuridad, las telarañas,
raíces colgantes y por el vuelo rasante de los
murciélagos. Pero el objetivo era demasiado
importante para tener miedo. Por si a caso, Wanda
se asió al brazo protector de Gus.

-Seguidme en fila india –ordenó Nathan- pisad


sobre mis huellas y de ninguna manera toquéis
nada que yo no diga. Recordad las referencias a
las trampas del laberinto!!!.
79

Todos estaban aterrados, aunque aguantaron el


tipo, intentando mantener la decisión que les había
llevado a iniciar la expedición. Muy pronto
descubrirían lo acertado de sus prevenciones…

A medida que avanzaban, iban dejando marcas


GPS para no perderse al salir. Fue realmente un
acierto: contra más caminaban, más galerías
aparecían por todos lados.

A no más de quinientos metros de la entrada, Gus


Nathan se detuvo, chocando contra Wanda, que le
seguía a corta distancia. Lo que vieron provocó en
Wanda un pánico aterrador, que se manifestó en el
más horrible de los chillidos: En un lado del
pasadizo, ensartado como un pincho moruno, se
encontraba el cadáver de otro hombrecillo. Había
sido sorprendido por una trampa mortal. Todos se
quedaron mudos de terror, sin saber qué hacer.
80

Nuevamente, Gus Nathan, sobreponiéndose al


pánico, les exhortó a seguir:

-Amigos!!!, Hemos llegado hasta aquí. Sabíamos


que sería un viaje peligroso; acabamos de ver las
consecuencias que un descuido puede tener.
81

Debemos continuar, pero redoblando las


precauciones. No es momento para dejarse llevar
por el pánico!.

Pasaban los minutos muy lentamente… tenían que


caminar despacio para buscar, recoger y analizar
cualquier muestra que llamara su atención. Tanto
observar el suelo, no se habían dado cuenta de que
en las paredes de la cueva, habían extrañas marcas
y frases difíciles de entender. Wanda fue la
primera en verlas, y cuando se las mostró a sus
compañeros, no pudo menos que sonreír para sus
adentros. Estaba convencida que el hombrecillo
que le dio el mapa, era el autor. Prefirió no decir
nada.

El peligro, no obstante, seguía al acecho. Los


túneles, oscuros, lóbregos y húmedos, el sudor
frío que resbalaba por sus sienes, el vuelo de los
murciélagos vampiro y las telas de araña… un
82

panorama que no incitaba para nada a la


meditación trascendental. Llegaron hasta un
pasadizo que se dividía en dos, el primero una
amplia rampa que ascendía hacia el interior de la
montaña, mientras que el segundo discurría plano,
pero era más estrecho y el techo era mucho más
bajo, cosa que obligaría casi a arrastrarse. Debían
tomar una decisión… Utilizaron el despliegue
tecnológico que transportaban. Ninguno de los
aparatos que usaron daba pista alguna que les
resultase útil para la decisión, hasta que el
detector de movimiento indicó que algo se
desplazaba por el pasadizo superior. Así pues,
unánimemente decidieron tomar este camino. La
pendiente era realmente fuerte y sudaban a mares.

Transcurridos doscientos metros, la pendiente se


suavizó; habían llegado a una zona diferente. En
el suelo del túnel, unas cuantas losas, situadas de
forma irregular, cubrían parte de la tierra. El sexto
83

sentido de Gus Nathan se activó de forma


inmediata. Algo extraño pasaba!!!. Ordenó a sus
amigos que extremaran las precauciones, pisando
única y exclusivamente sobre sus pasos.
Avanzaban muy lentamente. El tiempo parecía
haberse detenido en aquel horror. Cada paso que
daban, cada vez que movían una pierna, el
corazón les daba un vuelco. Gus encabezaba el
avance, pisando levemente cada una de las losas
para detectar posible movimientos. Nunca pisaba
más de una, hasta que el sudor le hizo resbalar y
cayó al suelo, presionando a la vez tres piedras del
camino. Todos quedaron paralizados, como
esperando un terrible desenlace. Se incorporó
rápidamente y miró a sus compañeros. El pánico
se reflejaba en sus rostros…nada parecía suceder
en aquellos interminables segundos… hasta que
Nathan vio que las tres piedras se hundían
lentamente en el suelo. Todos se quedaron
inmóviles….
84

De pronto, un terrible estruendo sonó desde el


fondo del pasadizo. Era como si el techo se
hubiera quebrado y algo gigantesco cayera y
rodara por el mismo. Gus enfocó con su linterna
halógena el fondo del laberinto, al tiempo que
ordenó a sus compañeros que estuvieran alerta
para cualquier situación. Y entonces fue cuando la
vio: Una enorme bola de color rojo, de un
diámetro prácticamente igual a la altura del túnel
rodaba a gran velocidad hacia ellos… Estaba a
escasos cuarenta metros de Nathan cuando la luz
de la linterna iluminó de lleno la esfera rodante.
85

-!Es un queso de bola gigante! –exclamó


aterrado– Corred, corred como posesos, nos va a
aplastar!!!!.

Los cuatro iniciaron una loca carrera pasadizo


abajo, a trompicones, golpeándose con las piedras
y rozando con las raíces que colgaban, mientras
que la gigantesca bola rodaba cada vez más rápido
detrás de ellos. El magno queso estaba ya a
86

escasos metros de Gus, cuando el primero de ellos


llegó a la bifurcación. Sin pensarlo dos veces, uno
tras otro se adentraron en la nueva galería. Gus
había quedado un poco rezagado y el queso estaba
casi encima suyo. En un último esfuerzo, se tiró
de cabeza en dirección al nuevo pasadizo,
mientras la roja bola continuaba pasadizo abajo,
encastándose en el túnel a escasos cien metros de
la bifurcación… !!! Estaban atrapados… La salida
había sido sellada!!
Los cuatro amigos se detuvieron un momento para
descansar y reponerse de la experiencia vivida.
Afortunadamente, todos estaban sanos y salvos, a
excepción de algún que otro rasguño. Gus Nathan
permanecía en silencio, meditabundo; no quería
alarmar a sus compañeros, pero sólo él sabía que
el túnel que daba acceso a la salida estaba
taponado por la bola rodante…
87

Después de incontables horas de agotadora


caminata, el quesímetro empezó a sonar: había
detectado rastros de queso. Buscaron por el suelo
hasta dar con una pequeña muestra; con la ayuda
del lactofón corroboraron lo que el olfatoscopio y
su propia nariz habían concluido: el queso de la
muestra estaba rancio.

Era pese a todo un gran hallazgo, pues la


presencia de queso en la cueva les hacía estar más
seguros que el tesoro podía existir. Con aquella
inyección de ánimos, siguieron caminando sin
hacer caso del cansancio.

Al cabo de dos horas, Joe y Andy comentaron


que confiaban que el micemómetro detectara la
presencia de algún ratón. Estaban preparados por
si llegara el momento. Gus y Wanda los miraron
sorprendidos: ¿cómo se podía estar preparado para
tal cosa?
88

No hizo falta dar ninguna explicación pues, justo


en ese momento, el micemómetro se volvió loco:
había detectado la presencia de un roedor. Gus y
Wanda quedaron al margen de todo cuanto
ocurrió a continuación:

-Andy, rápido, míralo, está en aquella esquina,


tenemos que acorralar al ratón! –dijo Joe Waters

-Sí, prepara el bifitrón para lanzarle una marca


láser. Coloca la mira telescópica en la posición B
–repuso excitado Essal.

Sus compañeros los miraban atónitos. ¿De qué


estaban hablando? ¿Y qué hacía Joe corriendo
como un poseso detrás de un ratón? La sorpresa
fue mayúscula cuando consiguieron acorralar el
animal, y, enfocándolo con una linterna, se
89

percataron que Joe le estaba apuntando con algo


parecido a un rifle de asalto!

-Os habéis vuelto locos? – gritó Wanda-.


-Silencio! –dijo Joe con firmeza- solo tengo una
oportunidad! Si fallo, el ratón tendrá tiempo de
huir.

Todavía no había acabado la frase, que ya había


disparado. Dio en el blanco con una puntería
digna de los mejores tiradores, en condiciones tan
adversas, había conseguido acertar en la muslo de
la pata trasera izquierda del ratón. Sin embargo,
Gus, con tono socarrón, les hizo notar que estaba
apuntando desde metro y medio del animal, con lo
que, a través de la mira, la pata del animal debía
verse como un jamón de vaca. El ratón dio un par
de vueltas y salió disparado.
90

-Bien, Joe! –aplaudió Essal- ahora debemos


activar el Bifitrón en modo localizador, lo que nos
permitirá seguir la marca que el láser ha dejado
sobre el animal.
-¡Basta ya! ¡Si alguien no me explica lo que
estáis haciendo, me voy sola a buscar el tesoro! –
dijo Wanda nerviosa-
-Querida, no te sulfures, tranquilízate –le dijo
Gus, siempre conciliador- Piensa un poco: ¿quién
mejor que un ratón puede encontrar queso?
Nuestros amigos han tenido una brillante idea:
con la marca láser y con ayuda del micemómetro,
podremos seguir al animal por toda la cueva.
Seguro que conoce la existencia del depósito. Si
no…, ¿qué hace un ratón como él en un sitio
como éste?
-No, si mirándolo así… tienes razón. Tenemos
que seguirlo como sea. Pero.. ¿qué pasara cuando
lo encontremos? ¿No habéis visto la cara de susto
91

que tenía el pobrecillo? En cuanto nos vea saldrá


disparado y se esconderá… -dijo Wanda
-No te preocupes –le contestó Andy- Lo mejor
que podemos hacer es escondernos para que no
nos olfatee ni nos vea. No creo que recuerde
tantas cosas, al fin y al cabo es un ratón…
-Es verdad –intervino Joe- sólo tenemos que
evitar el contacto. ¡Atención: se mueve muy
rápidamente!!!
Una vez hechas las comprobaciones, se retiraron a
un recoveco del pasadizo. Nuestros amigos,
micemómetro en mano, salieron corriendo tras él.
Por suerte hacía un rato que habían parado a
reponer fuerzas y a comer algo, ya que, de otro
modo, no hubieran podido correr tras el roedor a
aquella velocidad y durante tantas horas.

Fue una carrera agotadora, pero valió la pena.


Hacía casi diez horas que habían entrado en la
cueva, cuando el quesímetro y el lactofón
92

empezaron a marcar frenéticamente. ¡Algo


extraño estaba ocurriendo! Nuestros amigos,
consiguieron sacar las últimas fuerzas y a los
pocos metros de donde estaban, vieron todos sus
esfuerzos recompensados.

Allí estaba: ¡la entrada del depósito de queso!


93

Cuando pudieron sobreponerse a la emoción,


lentamente cruzaron la puerta y la visión de lo que
había en el interior les dejo boquiabiertos y sin
94

habla. El depósito era enorme, gigantesco y


repleto a rebosar todas las variedades de queso
que uno pudiera imaginar. Nadie dijo nada hasta
que Andy gritó:

-Si!!!!Lo hemos conseguido!!!

Entonces fue cuando todos dieron rienda suelta a


su alegría, gritando y dando saltos de júbilo.
Cuando se calmaron, Gus, sacó de su mochila
cuatro una botella de vino de las afamadas
bodegas borgoñesas Royauminie Deuxpuant,
reserva del 92 (un buen año, sin lugar a dudas),
que había decidido llevar consigo para festejar el
éxito.

-Amigos, Propongo hacer un brindis: por nuestra


fe y nuestra tenacidad, que nos ha traído hasta
aquí. Hemos tenido que ignorar muchas burlas e
infamias, afrontar peligros mortales y ahora
95

tenemos la recompensa. Gracias a vosotros tres, y


especialmente gracias a ti, Wanda, por confiar en
nosotros. En fin: ¡POR EL TESORO!
-¡Por el tesoro! –respondieron Wanda, Andy y Joe
al unísono.
No pudieron reprimirse más y se permitieron por
fin probar el exquisito queso que el laberinto les
ofrecía. Con el estómago lleno y después de
dormir, ya tendrían tiempo de hablar sobre qué
hacer con su hallazgo.
96

Capítulo 4: La decisión

Los aventureros se despertaron al cabo de unas


horas. Tenían mucho de que hablar y les pareció
que lo mejor era salir del laberinto. Necesitaban
tomar algo caliente y asearse, por no mencionar
que todavía no habían descargado los coches ni
montado el campamento base.

Por supuesto el camino de regreso fue mucho más


corto: gracias a las marcas del GPS el trayecto fue
directo y rápido. Excepto cuando llegaron al punto
temido por Nathan: A cincuenta metros de la
bifurcación, la bola de queso, de dos metros de
diámetro, se había encastado en el laberinto,
taponando el acceso en su totalidad. Hubo un
conato de desesperación entre los aventureros que
temían que, ahora que habían conseguido dar con
el tesoro, éste se convertiría en su tumba. Todos
estaban desmoralizados, a excepción de Andy
97

Essal, que releía un manual de instrucciones casi


obsesivamente. Al cabo de unos minutos, Essal
ordenó a Joe Waters:

-Rápido, Joe, coloca el selector de mando del


bifitrón en la posición T3.

Sus compañeros creyeron que Andy había perdido


la razón. Demasiado estrés para un tipo tan
eléctrico. Joe lo miró como si se hubiera vuelto
loco y repuso:

-Andy, la situación no está para hacer tiro al


blanco de feria. La enorme bola no es como la
pata del ratón.
-Amigos,-repuso Essal en tono triunfal- El bifitrón
de láser activo que con tanto acierto adquirí, no es
solamente una herramienta de apuntamiento y
seguimiento de precisión. También es una
poderosa arma apta para el combate de
98

destrucción masiva. Si ponemos el bifitrón en la


posición “T3”, conseguiremos un rayo láser del
tipo Terminator, con una potencia de fuego
devastadora a la vez que precisa. Joe, hazme
caso, mueve el selector, apunta con certeza al
centro de la bola y… vosotros dos, retiraos hasta
la bifurcación y protegeos al máximo.

Así lo hicieron. A cabo de unos segundos, con la


frente chorreando, Joe Waters apuntaba al centro
del gigantesco queso de bola, cerró los ojos y
apretó el gatillo….Un rayo de color anaranjado
salió de su arma y con quirúrgica precisión
impactó contra la bola que explotó esparciendo en
todas direcciones grandes chorros de queso de
bola fundido, que circulaban como ríos por los
diferentes pasadizos. Nuestros amigos, refugiados
en una pequeña oquedad, vieron pasar el queso
fundido a toda velocidad. Gus tuvo la sensación
de ser partícipe de una gigantesca fondue. Pero no
99

obstante, el camino estaba abierto, aunque un


tanto pringoso. Los cuatro emprendieron a toda
velocidad la marcha en dirección a la salida; no
estaban en condiciones de sufrir más percances.

Una vez en el exterior, los cuatro se abrazaron


alborozados: Lo habían conseguido!! Algunos
querían descansar y celebrarlo por todo lo alto,
pero, de nuevo, Gus Nathan les hizo aterrizar en la
cruda realidad: Había mucho trabajo por hacer.
Sin apenas descanso, se pusieron manos a la obra;
entre las horas de descanso en el depósito y la
inmensa alegría del día anterior, el trabajo parecía
hacerse sólo y, al poco rato, el campamento base
estaba ya montado.

Pudieron ducharse (con la fantástica ducha portátil


con bomba a presión y mampara plegable),
cambiarse de ropa, instalar todos los aparatos,
montar la glorieta…
100

Cuando acabaron todo el trabajo, se sentaron


alrededor de la mesa plegable, dispuestos a decidir
que debían hacer con el tesoro; era urgente. Ante
una humeante taza de café, empezaron a deliberar.

En seguida quedó claro que no sería fácil ponerse


de acuerdo. Tenían opiniones muy diferentes.
Wanda era partidaria de repartirse el queso lo
antes posible, y que cada uno actuara por su
cuenta y riesgo.

-Además, una cosa es asociarnos para hacer una


expedición, y otra muy distinta, hacernos socios
para hacer inversiones, para que el dinero se
mueva, vaya, –les dijo- no es que dude de vuestra
capacidad profesional, pero tenéis que reconocer
que no nos conocemos lo suficiente.
-Tienes razón, no nos conocemos –repuso Joe-
Pero lo que planteas implica vaciar el depósito
inmediatamente. ¿Has pensado lo que pasaría si
101

en el pueblo empieza a haber un desfile de


camiones, bajando de las montañas con toneladas
de queso? Creo que no debemos levantar
sospechas; lo mejor es ir sacando el queso en
pequeñas cantidades.

Andy no tenía demasiado claro que hacer, pero


tampoco apoyaba ninguna postura. Eso si, no
dejaba de meter cucharada, electrificando el
ambiente y haciendo la discusión interminable.
Gus, en cambio, no había dicho nada al respecto;
permanecía mudo como una momia.

Como no se ponían de acuerdo, harta de tanto


discutir, Wanda dijo:

-Bueno Gus, tú todavía no has abierto la boca. No


me puedo creer que no tengas ninguna idea.
102

-Pues la verdad es que mientras os escuchaba se


me ha ocurrido algo que nos beneficiará a los
cuatro –dijo Gus. Y les explicó su idea:
-Supongo que estaréis de acuerdo en que nadie,
absolutamente nadie, debe conocer la existencia
del depósito. Es de suma importancia mantenerlo
en secreto. Por tanto lo que necesitamos es una
buena tapadera. Ahora, mirando estos magníficos
pastos, he tenido una revelación: ¡fábricas de
queso!
Lo que os propongo es que primero dividamos el
hallazgo en cuatro partes iguales. Después
bajaremos a Smiceville, diremos que lo del tesoro
era una patraña, pero que, pese a todo, lo haremos
realidad, montando fábricas de queso.
Vamos a comprar cuatro parcelas lo
suficientemente grandes para que cada uno de
nosotros pueda construir su propia fábrica. Así
podremos comercializar el queso, sacándolo en
pequeñas dosis del depósito. Joe tiene razón:
103

pensad que pasaría si copáramos el mercado del


queso. La noticia del tesoro se extendería como
una epidemia por todo el país y no podríamos
evitar una “fiebre del queso”. Sería como la del
oro, pero en lácteo. ¡Una auténtica
fatalidad!...Bien…,¿qué os parece?”

Los tres estuvieron de acuerdo: ¡era una idea


brillante! Siguieron hablando un buen rato para
acabar de concretar los detalles. No querían dejar
ningún cabo suelto. Quedaron en que dividirían el
tesoro, pero no lo moverían hasta que cada uno
tuviera su propia fábrica con cámara frigorífica
incluida. Así ya pondrían conservar el tesoro sin
miedo a que se estropease.

Gus y Wanda se encargarían de comprar los


terrenos. Entonces Wanda cayó en la cuenta que
si tenían que simular una explotación lechera, era
indispensable comprar vacas, cabras, ovejas (y
104

cualquier otro animal capaz de producir leche y


que se dejara ordeñar).

Había llegado el momento de empezar a actuar, y


por lo tanto volvieron a recorrer las galerías del
laberinto para llegar al depósito. Una vez allá, fue
sencillo hacer el reparto en cuatro partes, ya que la
distribución del queso estaba hecha como si
alguien hubiera pensado precisamente en un
reparto a cuatro.

Mientras regresaban al campamento, Andy les


recordó que la entrada al laberinto estaba
demasiado a la vista. Joe y él se encargarían de
taparla convenientemente. Cuando llegaran los
trabajadores, no debían sospechar nada.

Al cabo de unos días, Gus y Wanda llegaron a


Smiceville. Al verlos, decenas de curiosos se les
acercaron preguntándoles con sorna dónde estaba
105

el tesoro. Pero esta vez no les cogieron


desprevenidos ya que, durante el viaje, habían
acordado una respuesta adecuada.
La contestación que dieron era una mezcla de
poesía y simbolismo, aderezada con grandes dosis
de surrealismo, sin olvidar un toque naif. Wanda,
se subió encima de un cajón y, rodeada por una
multitud de curiosos que no paraban de reírse y de
preguntar por los quesos, empezó su discurso: En
efecto, no habían encontrado ningún laberinto con
un depósito de queso de la forma que la leyenda
describía, pero sí, el tesoro existía. Era el premio
al tortuoso camino que habían tenido que recorrer,
a las terribles pruebas que habían tenido que
superar, a las burlas, a las mofas, a las befas, a la
incomprensión del mundo. El monolito
Emmental, que presidía la entrada del valle, les
había indicado el camino. Aquellos terrenos
yermos, con su esfuerzo devendrían en magníficos
pastos como jamás nadie habría visto, aptos para
106

criar ganaderías de vacas lecheras y construir


fábricas de queso, que sin duda serían los mejores
quesos que paladar alguno habría saboreado
nunca. Sí, habían visto la luz. Sus vidas ya tenían
un sentido…Dar al mundo el queso que siempre
soñaron saborear pero temían solicitar…

La verborrea paranoide de Wanda convenció


finalmente a la concurrencia que lo suyo ya no
tenía solución. Era evidente que estaba locos de
atar. Ya no valía la pena reírse de ellos, sino
compadecerles y, a ser posible, sacar algún
provecho de la situación. Como no parecían unos
locos violentos, no hacía falta encerrarlos en el
Instituto Frenopático Madmax de Thunderdome.
Es más, todavía podrían hacer un último negocio
con ellos, desplumarlos vendiéndoles a buen
precio unos terrenos sin valor alguno.
107

Satisfechos por éxito de público de la comedia


montada, los dos amigos se dirigieron a la oficina
de la propiedad. Se guiñaron el ojo con
complicidad, cuando el empleado les comunicó el
irrisorio precio que debían abonar. El joven, no
obstante, tenía que hacer grandes esfuerzos para
aguantarse la risa. Pagar tanto por estos terrenos
era de locos… locos como aquellos.

Después de firmar las escrituras y haberse


convertido en los propietarios de todo el valle,
sólo les quedaba ir a comprar los animales y
contratar algunos vaqueros para conducir el
ganado. Una vez allí les ayudarían a cercar las
fincas y más tarde cuidarían las reses hasta que
estuvieran construidas las fábricas. Todo estaba
atado y bien atado. Sin prisas pero sin pausas.

Cuando acabaron todas las diligencias, Gus,


Wanda, vacas, ovejas, cabras, caballos y vaqueros
108

partieron hacia el laberinto. Si la primera vez el


viaje fue agotador, ésta sería extenuante.
Avanzaban tan despacio…

Pero finalmente, sucios y polvorientos, llegaron al


campamento base. Andy y Joe les esperaban con
una frugal comida para todos.
A los cuatro amigos no les pasó por alto los
comentarios que los trabajadores hacían sobre el
monolito Emmental; igual que a ellos, les había
causado una honda impresión. “Parece de otro
mundo”, decían…
109

Capítulo V : La Selección

Los empleados se habían aclimatado por completo


a la nueva situación. Después de montar sus
tiendas de campaña, habían hecho un trabajo
impecable con los cercados. En el pueblo habían
comprado suficientes provisiones para pasar un
largo tiempo. Todavía no se sabía cuando se
empezarían a construir las fábricas.

Precisamente para buscar empresas constructoras,


nuestros amigos debían partir hacia Buildme
Riverside, el paraíso de todo constructor. Así que
subieron a uno de sus NotCheeps, dándole
instrucciones al GPS para que los guiara.

La ciudad era el centro neurálgico de los negocios


inmobiliarios de la zona, y se podía encontrar,
desde un electricista hasta un diseñador de baños;
110

sin olvidarse de las grandes empresas que ofrecían


reformas totales o construcciones de nueva planta.

Cuando llegaron a Buildme Riverside, lo primero


que hicieron fue ir al Mining & Dairy Bank. Todo
lo que habían gastado para emprender la aventura
les había dejado sin liquidez, y los cuatro se veían
obligados a pedir un crédito. De lo contrario, no
podrían hacer frente a los inminentes gastos que
supondría la edificación de la fábrica y de la
posterior puesta en marcha del negocio. Como
garantía, podían dejar los terrenos recién
adquiridos, así como parte de sus fortunas
personales y propiedades.

Así lo hicieron. Se dirigieron a la sede del Banco,


situada en la principal avenida de la Ciudad, un
imponente rascacielos que demostraba la potencia
financiera del Banco.
111

Les recibió, uno por uno, el propio Daley


Gymmeson, director ejecutivo de la oficina, el
cual, después de analizar brevemente la idea, y
más largamente los bienes y fondos con los que
los aventureros podían avalar el préstamo, no puso
traba alguna en concederles una línea de crédito
inmediata a cada uno de ellos. Lo que más le
sorprendió es que, cada uno por separado, había
pensado en una cantidad muy parecida, dólar más,
dólar menos.

El siguiente paso era decidir qué tipo de compañía


querían contratar, al igual que el modelo de
construcción que preferían para llevar a cabo sus
planes.

Si antes siempre se habían puesto de acuerdo, esta


vez fue del todo imposible. Todos tenían ideas
demasiado diferentes del modelo de proyecto a
seguir.
112

Después de hablar durante horas, decidieron que


lo mejor era dar por concluida su colaboración
mutua.

Era preferible que cada uno fuera libre de


contratar la compañía que mejor se ajustara a sus
ideas. Además, no dejarían de estar en contacto,
¡serían vecinos!

Sólo Gus Nathan regresó a la zona del laberinto.


Pensaba que era prioritario construir unos establos
adecuados y unos barracones en condiciones para
sus empleados. Ya se ocuparía mas tarde de la
fábrica.

Wanda, Andy y Joe, después de despedir a su


amigo, se separaron para recorrer la ciudad en
busca de una empresa que les edificara su factoría.
113

Capítulo VI : La decisión de Joe Waters

Cuando Joe Waters se encontró solo en la ciudad,


se sentía fuerte y seguro de sí mismo. Si había
sido capaz de encontrar el tesoro, ¿cómo no iba a
encontrar una empresa constructora? Lo que tenía
muy claro era que debía resolver el asunto con
rapidez. No quería perder tiempo en tonterías; la
factoría tenía que estar hecha cuanto antes, y
empezar a dar dinero. Estaba tomando un café en
un bar, y se le ocurrió preguntarle al camarero:

-Oiga, buen hombre. Necesito alguien de


confianza para edificar una fábrica. En seguida he
visto que era usted una persona seria, y si usted
pudiera recomendarme alguien que trabaje bien y
barato, le quedaría muy agradecido.

El camarero no tardó ni un segundo en contestar:


114

-Mire que casualidad, un hermano de mi cuñado


trabaja en una empresa de esas. Sé que es muy
económica, y además está muy cerca de aquí.
Siempre me deja tarjetas para que las reparta –y le
entregó una pensando en la comisión que se
llevaría- No se olvide de decirle que va de mi
parte, porque le tratarán mejor. Ya sabe… no hay
como tener enchufes.
-Tiene usted toda la razón –le contestó Joe- Hoy
va a ser mi día de suerte… Ha sido usted muy
amable.

Joe le dio una buena propina, y con la tarjeta en la


cartera se dirigió a las oficinas. La empresa en
cuestión se llamaba Boys and Shopping
Corporation, y según le explicó el camarero, se
dedicaba a proporcionar mano de obra muy
barata, para que el propio cliente edificara y
controlara la obra.
115

-Esto me va a resultar tirado de precio- pensaba


Joe mientras caminaba-. Yo me hago los planos y
con un poco de mano dura, esta gente edificará mi
fábrica en un abrir y cerrar de ojos. Es justo lo que
necesito: un coste más bajo es imposible. Yo solo
me basto y me sobro; soy inteligente, sé gestionar
el dinero y tengo dotes de mando, sólo me falta la
mano de obra. Voy a construir mi fábrica en un
tiempo récord.
La negociación fue rápida. Joe Waters solicitó dos
capataces y cien obreros de diferentes
especialidades. Timothy T. Staff, el vicepresidente
de ventas de B&S Corp., le mostró unos
currículums tan impresionantes de los
trabajadores que le ofrecía, que parecían haber
salido de la mismísima NASA.

-Además, querido Joe, nosotros no tenemos


clientes, hacemos amigos –dijo Timothy- Mira,
me has caído tan bien que voy a hacer un esfuerzo
116

y te voy a reducir las tarifas en un 10%. Eso sí,


dado que la construcción se realiza tan lejos, tu
tendrás que hacerte cargo del transporte,
alojamiento y manutención de nuestros
empleados. Los dos cedemos un poco, Quid pro
Quo, recuerdas?

Boys & Shopping Corporation


117

A Joe le pareció de lo más justo. Tenía toda la


razón. Cogió el contrato y sin tan siquiera leerlo,
firmó todas y cada una de las páginas que Staff le
ofrecía. Aquel hombre le inspiraba toda la
confianza del mundo. Incluso le dijo que si quería
que lo revisara un abogado.

-¿Un abogado? –dijo Joe- ¿Acaso no sabe cuánto


cobran esos sacacuartos por leer cuatro rayas? ¡Ni
hablar!
Así que, después de cerrar el trato y sellarlo con
un fuerte apretón de manos, Joe estaba eufórico.
Eso era ser expeditivo. Sería el primero en
explotar el filón de queso, ya que podría empezar
la obra muy pronto.

Una vez en su hotel, se dispuso a diseñar los


planos de su futura factoría. No podía perder
demasiado tiempo; al cabo de dos días, a lo sumo,
118

llegarían los trabajadores tal como habían


acordado con Timothy.

Pero no fue así, y a Joe le empezaron a llover los


problemas. Los obreros prometidos no llegaron
hasta al cabo de dos semanas, y no eran cien ni
mucho menos. Faltaban casi la mitad y a juzgar
por su aspecto, hacía días que no probaban
bocado. Se vio obligado a llevarlos a cenar (¡era
cuestión de humanidad!) y hablando con ellos se
enteró que algunos no tenían demasiada
experiencia, otros ninguna y más de una docena
eran jovencitos imberbes acabados de salir del
instituto. El enfado de Joe iba en aumento.

Cuando Joe Waters, enfurecido y rabioso, se


dirigió a B&S a protestar, Timothy estaba de viaje
(según le dijeron para contratar los trabajadores
que le faltaban). Evidentemente, no podía
recibirle, lo que hizo que Joe se sintiera a punto
119

de explotar. El que recibió la bronca fue el


recepcionista, como siempre. El hombre, un
viejecito con gafas de concha redondas,
manguitos y visera, ya estaba acostumbrado y
aleccionado para hacer frente a tales situaciones.
Se llamaba Jay T. Valley. Dejó que Joe acabara de
gritar para decirle:

- Por favor señor, léase las cláusulas del contrato


que usted firmó en su día. Verá que en caso de no
poder disponer de los empleados cuyos CV se le
enseñaron, B&S tiene la opción de proporcionarle
otros de parecidas capacitaciones sin variar el
precio.

La explicación, lejos de calmar a Joe, todavía lo


sulfuró aun más.
120

-Pero qué se ha creído usted –le gritó a Jay T.


Valley- ahora mismo rescindiré el contrato! No
sabe con quién está usted hablando!

El viejecito, sin alterarse lo más mínimo, le


contestó:

-Por favor, señor, léase la cláusula 12.320 del


contrato que ha firmado, la que está escrita en
letra arial tamaño 2. Dicha cláusula estipula que si
cualquiera de las partes pretende romper el
contrato, deberá indemnizar a la otra con el 75%
del importe total del mismo.

Joe palideció y estuvo a punto de desmayarse. El


anciano al verlo así, con voz suave, le consoló
diciéndole:

-No se preocupe señor. No es la primera ni la


última vez que veo esta misma situación. Pero el
121

Sr. Staff a veces cumple su palabra; ya verá como


los trabajadores nuevos también le gustarán,
aunque no sea lo que usted esperaba. Venga,
¡arriba esos ánimos!

Joe salió del despacho de B&S muy decaído, pero


todavía esperanzado. Finalmente, cuatro semanas
después de haber cerrado el trato, Joe consiguió
reunir a todos sus empleados. El coste del
alojamiento y manutención durante más de un
mes, el suyo más todos los trabajadores, fue
descomunal. El director del hotel se frotaba las
manos al darle la factura. Pero, al menos, ya
estaba todo a punto para partir hacia Emmental
Valley, que era el gracioso nombre con que
habían bautizado los habitantes de Smiceville a la
zona del laberinto.

Después de un viaje sin ninguna parada -tenían


que recuperar el tiempo perdido- llegaron al
122

monolito Emmental. Se dirigieron a sus terrenos y


Joe puso a trabajar a sus obreros, pese a que se
hallaban totalmente extenuados por el largo y
penoso viaje. Les hizo montar sus tiendas de
campaña, preparar su campamento, y dejarlo todo
preparado para que al día siguiente pudiera
empezar las obras.

El primer día de trabajo ya fue suficiente para que


Joe se diera cuenta que las cosas irían por mal
camino. Ni él era un experto en proyectar obras,
ni sabía cómo dirigirlas. Tampoco ayudaba la
poca profesionalidad de los trabajadores que le
habían proporcionado. Ni siquiera era capaz de
interpretar un plano.
Por desgracia, no tardaría demasiado en
comprobar que sus temores se harían realidad, y
todo saldría al revés. En resumen, fue un
verdadero desastre!
123

Había pasado una semana, los cimientos estaban


acabados y ya se intuía lo que tenía que ser una
edificación. Ese día Joe esperaba poder entrar en
el edificio a medio construir, con su casco de
arquitecto y vestido para la ocasión.

Pero se encontró con la desagradable sorpresa de


que no había puerta. Efectivamente, los avispados
capataces habían dado las órdenes equivocadas.
Ahora tenía una fantástica puerta a dos metros y
medio de altura, eso sí, con unas vistas excelentes.

Joe montó en cólera y empezó a dar órdenes a


diestro y siniestro para que arreglaran todo cuanto
habían hecho mal, que no era poco. Había que
reconocer que no les importaba volver a rehacer
las pifias y que trabajaban sin rechistar (bajo las
ingentes amenazas de Joe, todo hay que decirlo).
124

El problema era que cada elemento que


levantaban o construían, lo tenían que repetir al
menos una o dos veces.

Ocurrió cuando las escaleras tenían los peldaños


para gigantes, cuando colocaron el pasamanos al
revés y parecía para enanos, cuando conectaron
las tuberías mal (y cada vez que alguien abría el
agua caliente proporcionaba un baño caliente al
que estaba sentado en el inodoro), cuando en el
agujero del ascensor no cabía la cabina, cuando
las escaleras mecánicas se doblaban con el peso
de la gente, cuando uno entraba en la cámara
frigorífica y salía con la piel tersa y limpia de
toxinas como después de haber estado en una
sauna finlandesa… y un largo etcétera de
meteduras de pata de lo más costosas.

El tiempo iba pasando mientras la obra cada vez


se parecía más al tejido de Penélope.
125

Poco a poco, el dinero que Joe había conseguido


del banco se iba esfumando. Estaba muy asustado
y, presa del pánico, entró por primera vez en el
laberinto con la intención de sacar parte del tesoro
para poder pagar sus deudas. Obtendría el dinero
vendiendo el queso en los pueblos de las
cercanías.

Si al menos la obra fuera bien… pero los


incidentes se repetían sin cesar.

Los trabajadores no cumplían los plazos que Joe


exigía y los capataces no se hacían responsables
de nada. Encima se había quedado afónico de
tanto gritar y abroncar a todo el mundo.

Lentamente, el ánimo de Joe Waters fue


decayendo, ya no tenía ilusión por nada, y casi no
le quedaban fuerzas.
126

Además, desgraciadamente los viajes al depósito


se hicieron cada vez más frecuentes. Sin embargo,
nunca tenía suficiente dinero, puesto que los
gastos no paraban de crecer y crecer.
Una noche, Joe haciendo balance, cayó en la
cuenta que llevaba un retraso más que
considerable. La obra estaba tardando cinco veces
más de lo previsto. Nada funcionaba como
esperaba, y lo peor de todo era que empezaba a
creer que nunca funcionaría.
127

La construcción continuaba avanzando de forma


lenta y desastrosa, y él entraba una y otra vez al
laberinto.

Un día (quizás el peor día de su vida), cuando


entró en el depósito, se quedó atónito y al borde
del infarto: ¡¡no quedaba ni un gramo de queso!!
Abatido como nunca, derrotado física y
moralmente Joe se preguntaba una y otra vez:
128

-Donde está todo mi queso? ¿Qué es lo que he


hecho mal?

Joe no era tonto, y no le costó demasiado entender


que estaba arruinado. Su fábrica no llegaría
funcionar. Lo único que quedaba por hacer era
malvender lo que le quedaba y marcharse lo más
lejos posible. Y eso fue lo que hizo.
129

Capítulo VII: La decisión de Wanda

Wanda Doolittle se sentía muy triste después de


haberse separado de sus amigos, les había cogido
mucho cariño. Necesitaba algo para levantar el
ánimo y tenía la solución: cambio de look en un
salón de belleza. Estaba en una ciudad moderna,
sola y con tiempo, todos los requisitos necesarios
para dedicar unas horas a la indispensable terapia
de cuidar su aspecto.

Con su nuevo peinado, el cutis limpio y suave, la


manicura hecha y acabada de maquillar, se sentía
como nunca. Ya estaba lista para empezar a
buscar una empresa constructora de confianza. No
quería complicaciones puesto que era consciente
de que no tenía la más remota idea acerca del
mundo de la construcción. Necesitaba que alguien
de prestigio, fama y experiencia le asesorara y le
construyera su fábrica, simplemente dándole sus
130

directrices. Su papel en toda la operación se


limitaría a seleccionar los materiales, a elegir los
colores y a dar los “toques Doolittle” de
decoración de interiores.

Se sentó en la mesa de una cafetería con la guía de


la ciudad que acababa de adquirir; en ella figuraba
un listado de todas las empresas que tenían su
sede en Buildme Riverside. Estaba ya un poco
aburrida de tanto mirar el directorio, cuando sus
ojos repararon en un anuncio a dos páginas, a todo
color y con un diseño exquisito. Iverson
Magnificient Buildings, así se llamaba la empresa.
Alguien que se publicitaba así no podía ser en
absoluto incompetente; y la relación de clientes
que rezaba en el anuncio era impresionante. Los
más conocidos magnates, los más famosos artistas
y los cantantes de mayor éxito habían contratado
sus servicios para construir sus fábricas,
mansiones, villas de veraneo…“No somos los más
131

baratos, pero en nuestros servicios utilizamos los


mejores profesionales y materiales de primera
calidad. Una vez firme con nosotros, nos
ocuparemos que su mansión sea la envidia de sus
famosos vecinos, que sin duda lo serán, porque
nosotros no trabajamos para cualquiera”

Wanda, casi totalmente convencida por el


anuncio, llamó para concertar una entrevista y
quedaron para aquella misma mañana. Cuando
llegó el momento, salió de la cafetería, paró un
taxi y dio la dirección de las oficinas de IMB al
conductor. Al bajar del coche, se encontró ante un
impresionante rascacielos de 150 plantas que le
dejó sin habla. Entró en el edificio con el
convencimiento que el interior sería todavía más
impresionante que el aspecto exterior. No se
equivocaba en absoluto. Se dirigió a la señorita de
la recepción, comprobando con aprobación que el
aspecto de la empleada era inmejorable. Había
132

quedado en entrevistarse con el director ejecutivo,


Mr. Joe Gonasey, que la recibió en pocos minutos.
Era un tipo alto, impecablemente vestido con un
traje azul de Sarmani, zapatos italianos y un
peinado tan engominado como su forma de hablar.
133

Iverson Magnificent
Buildings Inc.

Como no, el despacho de Mr. Gonasey era de lo


más elegante y muy lujoso. Espacioso, con
grandes cristaleras al exterior, una gran mesa
escritorio al fondo y dos butacones para visitas.
Sencillamente impresionante. La entrevista fue
bastante rápida.

Wanda hizo un resumen exhaustivo de lo que


creía que necesitaba, mientras Mr. Gonasey
asentía de vez en cuando, tomando notas mentales
de lo que Doolittle le explicaba. Como Wanda
tenía una vaga idea de lo que quería, más centrada
en detalles suntuarios que en los aspectos
constructivos y operativos de la fábrica, al cabo de
pocos minutos ya había resumido su idea acerca
del proyecto. En este punto, Joe Gonasey tomó la
palabra, y en tono solemne le explicó:
134

-Srta. Doolittle, Ha venido usted al sitio adecuado.


Nosotros estamos especializados en trabajar con
clientes como usted, que tienen una idea clara
acerca de lo que buscan. Nuestra forma de trabajar
es simple pero como podrá comprobar más
adelante, en extremo eficaz.
Con la detallada información que me ha
suministrado, de la que he tomado buena nota, y
con alguna que otra reunión posterior ó llamadita
telefónica, pues sabemos que usted es una mujer
muy ocupada, elaboraremos un proyecto-oferta,
que será ya casi un completo diseño de la solución
que le ofrecemos. Nuestra gran ventaja es que
hemos realizado miles de proyectos parecidos al
suyo, en todo el mundo. Conocemos a la
perfección lo que clientes tan distinguidos como
usted necesitan, tanto para usos residenciales
como, en su caso, la construcción de fábricas.
135

El queso no tiene secretos para nosotros. Tenemos


amplia experiencia en el diseño y construcción de
plantas productoras de derivados lácteos,
realizadas en los cinco continentes, con lo que
contemplamos prácticamente todas las soluciones
posibles. Usted no tendrá que preocuparse por
nada, nosotros nos ocuparemos hasta de los
detalles más nimios. En dos semanas, como
máximo, lo tendrá en sus manos y hasta entonces
sólo la molestaremos en caso estrictamente
necesario. Además, dada nuestra gran experiencia,
al poder reutilizar partes de proyectos ya
realizados, podemos acortar los plazos y por tanto
los costes. Por los recursos no se preocupe.
Podemos traerlos de cualquier parte del mundo si
es necesario, pese a que disponemos de un equipo
de arquitectos, aparejadores e Ingenieros locales
de la más alta calificación, además de nuestra
empresa filial que se ocupa de la ejecución física
de la obra, quizá le suene el nombre,
136

Construworld inc. Cuenta con tres mil


profesionales de la construcción e instalaciones,
desde albañiles hasta instadotes de moquetas y
una sección especial de decoración que creo le
fascinará.
Wanda quedó maravillada por el trato de Mr.
Gonasey. Se notaba que era una empresa seria y
que dominaban a fondo el sector de la
construcción. Sin duda que había dado en el clavo.
Sacó de su bolso Paul Cardain (desde hacía años
no utilizaba ninguna otra marca) su tarjetero y en
una tarjeta personal le anotó el número de su
teléfono móvil y la dirección de correo
electrónico, para que pudieran localizarla si fuera
preciso ampliar algún detalle.Como tenía ante sí
dos semanas libres, Wanda pensó que se merecía
un viaje de placer. La aventura del tesoro había
sido fructífera, era cierto, pero muy estresante.
Además, bien mirado, no tenía nada mejor que
hacer. No conocía ninguna agencia de viajes, por
137

lo que pidió consejo al Sr. Gonasey, que le


recomendó Eagle & Hawck. Era un gran tour-
operador, con oficinas por todo el país, y
casualmente tenían una a la vuelta de la esquina.

En la agencia de viajes, Wanda contrató un viaje a


las islas Hawai a un precio increíble, en un hotel
de cinco estrellas en régimen de todo incluido.
En una tumbona bajo el sol del pacífico, junto las
azules aguas de Maunaloa, Wanda recibía
frecuentes llamadas del personal de IMB, que le
consultaban diferentes aspectos del proyecto. ¡Ella
estaba descansando! Saboreando una piña colada
(su cóctel preferido), respondía de mala gana y un
poco mosca a las tediosas preguntas de los
técnicos. ¿Para que estaban los ingenieros o los
arquitectos de la empresa? ¡Para algo cobraban!

Al cabo de dos semanas y 150 piñas coladas, el


propio Mr. Gonasey le llamó al móvil
138

-Srta. Doolittle, la propuesta está lista –le dijo-


Cuando a usted le vaya bien la podemos revisar, y
si está de acuerdo, cosa que no dudo, luego ya
podremos proceder a la firma del contrato. Así las
obras podrán comenzar casi de inmediato.

-De acuerdo –le contestó- Esta misma noche


regreso de mi viaje. Deme un día para
recuperarme del jet-lag y pasado mañana por la
tarde podemos reunirnos para revisar el
documento.

Mr. Gonasey le propuso iniciar la reunión


almorzando juntos. Había solicitado una mesa
para dos en uno de los mejores locales de la
ciudad. Se trataba de un selecto restaurante
francés, Enfants Delapatrie, en el que solían
almorzar altos ejecutivos, políticos, famosos y
acaudalados empresarios de la comarca. Era un
139

lugar exclusivo, conocido en todo el país por su


exquisita comida y su selecta bodega, y resultaba
realmente complicado conseguir mesa para
almorzar. Wanda, experta en estos temas
suntuarios, aceptó encantada, alabando para sus
adentros el buen gusto de Gonasey.
Así pues al a los dos días, sobre el mediodía,
Wanda hizo su aparición, con su vestido
extremado y sus zapatos de tacón alto en el
restaurante. Mr. Gonasey hacía un rato que había
llegado, la vio entrar y salió a su encuentro. Le
besó atentamente la mano y le dijo:

-¡Esta usted realmente preciosa! ¡Qué lástima ser


un hombre casado!- dijo en tono de broma- el
viaje le ha sentado de maravilla.

Wanda hizo ver que se ruborizaba un poco, pero


en su fuero interno sabía que era totalmente cierto.
Cuando se estaba arreglando para salir, lo pudo
140

comprobar ella misma, al ver que no le hacía falta


ni una gota de maquillaje. Su piel había adquirido
una tonalidad cobriza perfecta. En efecto, estaba
impresionante.

La comida fue exquisita, regada por vinos


franceses de la mejor calidad. Durante la misma,
debatieron sobre todo de temas banales, sin entrar
en muchos detalles acerca del proyecto.

Una vez finalizado el ágape, se dirigieron a la


última planta del edificio IMB, donde se ubicaba
la principal sala de juntas del edificio. Totalmente
acristalada, la vista era inigualable, se divisaba
toda la ciudad,. Era un espectáculo fascinante.

Cuando entraron en la sala, Wanda quedó


impresionada por la lujosa decoración, la calidad
del mobiliario, el equipamiento informático y,
por el ejército de ingenieros y arquitectos que,
141

trajeados de forma uniforme, la estaban esperando


para hacer la presentación del proyecto.

La presentación duró toda la tarde. Uno a uno,


cada miembro del numerosísimo equipo de
proyecto de Iverson que estaba presente en la sala
iba explicando, con todo lujo de detalles, apoyado
por un despliegue audiovisual digno de los
mejores estudios de Hollywood, los pormenores
de la parte del proyecto que habían trabajado.
Todo era impresionante. Vistas en tres
dimensiones, recorridos virtuales por la futura
fábrica y todo tipo de perspectivas completaban
las explicaciones. Constantemente pedían a
Wanda que fuera ratificando algunos pequeños
detalles.
Wanda estaba abrumada por el aluvión de
información con el que era bombardeada. Dado su
desconocimiento sobre la construcción y la
precisión de las preguntas que le realizaban, por lo
142

general contestaba casi siempre con la respuesta


que, de forma sutil pero efectiva, los técnicos de
Iverson le sugerían, de modo que la reunión
avanzaba de forma bastante dinámica. Cuando
empezó a caer la noche, Habían realizado un
repaso aparentemente exhaustivo de los
pormenores del proyecto.

Los técnicos de IMB, con Joe Gonasey al frente,


se felicitaron de la rapidez con la que se habían
cerrado hasta los últimos detalles. Esto, le dijo a
Wanda, demuestra inequívocamente que usted
tiene una idea muy clara de lo que quiere. Este
tipo de presentaciones, con otros clientes, mucho
menos entendidos, nos suele llevar semanas.

Wanda agradeció como pudo la felicitación. Tenía


la cabeza a punto de estallar, al igual que los pies,
que, por efecto de la altitud y de permanecer
143

sentada durante tantas horas, se le habían


hinchado y le dolían horriblemente.

Así pues, entre enhorabuenas y aplausos por parte


de la gente de IMB, que uno a uno daban la mano
y felicitaban efusiva y mecánicamente a una
Wanda en estado casi cataléptico, dieron por
concluida la reunión.

Antes de marcharse, por si no había tenido


suficiente, Mr. Gonasey le hizo entrega de la
oferta, un volumen de más de 1.500 páginas. En
él, se detallaba el alcance del proyecto, los
aspectos incluidos, los excluidos, los derechos y
obligaciones de las partes, la forma de pago y las
penalizaciones para ambas partes, en caso de
incumplimiento de contrato.

Wanda, apabullada, dolorida y cargada como una


mula con semejante mamotreto, se dirigió a su
144

hotel para tomar un baño de sales y dormir un


poco. Necesitaba hacer acopio de fuerzas si quería
enfrentarse a semejante ejemplar y analizar en
detalle la oferta que le habían presentado.

A la mañana siguiente, después de desayunar,


cogió el tomo que tanta pereza le daba leer. Lo
primero que hizo, como casi todo el mundo, fue
buscar en el último capítulo, el precio final que
indefectiblemente aparece en las últimas páginas,
justo antes de las condiciones contractuales. Al
mirarlo por primera vez, de un sobresalto soltó el
libro, el cual cayó, como no, sobre sus todavía
doloridos pies: ¡El coste era astronómico!

-En el fondo es lógico –pensó Wanda después de


recuperarse del pasmo- la calidad se paga. Como
son tan buenos y trabajan para tan selecta
clientela, no pueden ser baratos. De otro modo esa
gente jamás los contrataría. Además, los
145

materiales que me proponen son de primerísima


calidad.

Más tarde, intentó leer el proyecto en su totalidad,


pero, después de cuatro horas, acabó, nuevamente,
con un dolor de cabeza infernal. Tenía tan pocas
ganas de continuar dejándose la vista y el cerebro
en tan plomiza lectura que se dijo:

- Una oferta tan completa y detallada no puede


estar mal. Llamaré ahora mismo a Joe y le diré
que salgo ya mismo para su oficina. ¿Para qué voy
a esperar más? Firmaré el contrato y de paso les
pago el primer plazo. Así podremos empezar de
una vez las obras. Mi fábrica será el espejo donde
los demás se mirarán. Seré la envidia de todos.

Cuando llegó al edificio IMB, nuevamente un


ejército de colaboradores de Gonasey la estaban
esperando. Otra vez, se sintió un poco abrumada
146

por tanta felicitación, tanto abrazo, besuqueo y


tanta pequeña pregunta sobre fechas, materiales,
calendario de reuniones de seguimiento,
reuniones, reportes, indicadores, etc.

Si el primer día quedó agotada, se podría decir


que en el segundo fue noqueada en el primer
asalto. Habían sobrepasado su capacidad.

Wanda quería acabar deprisa e insistió a Joe que


querría firmar ya. Cuando él le sugirió que sería
mejor que consultara con sus abogados antes dar
ese paso tan importante, Wanda entre agotada,
agobiada e irritada, en tono cínico le contestó:
-Querido amigo Joe, si después de ver vuestro
proyecto, asistir a una sesión maratoniana de
explicaciones, abrumada por infinidad de
preguntas por su numerosísimo equipo, de cuya
capacidad ya no me queda asomo de duda, no me
fiara de una compañía como Iverson, sería una
147

estúpida. En mi vida he visto nada igual. Venga,


no perdamos más tiempo, que tengo hora con mi
estilista.

Al cabo de 5 minutos, ambos estamparon su firma


en el contrato y acordaron que, para poder realizar
los preparativos de forma adecuada, las obras
comenzarían en un mes.

Los dos estaban muy satisfechos, especialmente


Joe Gonasey. Había cerrado el negocio en un
tiempo record. Su bono anual reflejaría sin duda
esta hazaña.

Mientras la IMB iniciaba los preparativos, Wanda


se dedicó a buscar todo lo necesario para la
decoración de sus futuras oficinas. Tenían que ser
un reflejo de su persona, ostentosas pero con
gusto; Muebles modernos pero elegantes, y, eso
sí, caros, y exclusivos. Sus oficinas serían la fiel
148

imagen de su modus vivendi. Simplemente serían


la envidia de todos sus conocidos.

Cada semana, muy a su pesar, se reunía con los


ingenieros y arquitectos de IMB, pero no prestaba
demasiada atención, excepto cuando se trataban
los aspectos relacionados con la decoración y muy
especialmente los detalles suntuarios.

Estaba obsesionada en que una escalera de caracol


de mármol de Carrara era imprescindible en su
factoría. Era el “touch of class” que haría que su
fábrica de queso destacara del resto, no de la
comarca, sino del mundo entero. Incluso,
recordando un viejo tema musical de un famoso
grupo de rock duro de los años 80, había pensado
bautizar el edificio como “Starway to Cheese
Heaven”. Si, definitivamente la escalera de
caracol era vital para el proyecto, tan vital como
las propias vacas. Los técnicos no lograron
149

sacárselo de la cabeza, ni siquiera cuando le


comunicaron que no estaba incluida en el contrato
y que, consiguientemente, implicaría un
sobrecoste que no estaban todavía en condiciones
de cuantificar por la significativa alteración del
proyecto que constituía, dado que modificaba
totalmente la estructura del edificio.

Cada una de las reuniones que celebraban


transcurría de la misma manera: un nuevo
capricho, un nuevo imprevisto, un nuevo gasto a
añadir a la factura. Así, el coste total de la obra
iba aumentando, sin que el proyecto avanzara de
la manera prevista, porque por cada avance en el
diseño, se producían cambios, todo estéticos, que
obligaban a deshacer buena parte de lo diseñado.

Wanda empezaba a ser consciente que el


presupuesto se estaba disparando, aunque, al
mismo tiempo se decía que el resultado sería
150

mucho más efectista y que, dado el diseño


novedoso y la calidad final del edificio, podría
obtener un mayor rédito a la inversión.
Trascurrido un mes y medio de preparativos, el
mes previsto inicialmente y quince días
adicionales debidos a los caprichosos cambios de
la clienta, Wanda y el equipo de Iverson se
dirigieron hacia Emmental Valley (nombre con el
que se conocía a la zona desde que Gus y Wanda
hicieron su paranoica aparición en Smiceville,
aunque otros más mal intencionados le pusieron
un nombre alternativo: The Cheese Madness
Valley).

Lejos de contener los gastos, allá continuaron


apareciendo imprevistos no contemplados en el
contrato. Ahora no se debían a los caros gustos de
Wanda, sino a problemas no previstos en el
proyecto de construcción como la dureza del
suelo, la inclinación del mismo, la humedad de la
151

zona, etc. Automáticamente, cada imprevisto


suponía un sobrecoste nuevo. Wanda protestaba
por cada incremento de coste, pero los Ingenieros
de IMB le hacían releer las cláusulas del contrato
referentes a imprevistos, y siempre tenían razón,
con lo que su desesperación iba día tras día en
aumento.

Aunque la obra avanzara aparentemente al ritmo


parecido al previsto en el proyecto, no así sucedía
con los costes, por lo que en poco tiempo el
crédito que el banco le había proporcionado no era
ya suficiente para sufragar los gastos, que cada día
aumentaban, proporcionalmente a los problemas.
Wanda se encontró en la obligación de tener que
ir banco a aumentar su crédito. No le pusieron
muchas pegas, pero le dijeron que, dado el monto
de la cantidad que solicitaba, debía avalar el total
del crédito con todas sus propiedades. Por un
momento, dudó si continuar esta aventura
152

empresarial y tirar la toalla, pero finalmente cedió


a su instinto y firmó los avales solicitados. Toda
su fortuna estaba ahora en manos de la fábrica de
queso
Después de dos meses más, los imprevistos que
cada día se multiplicaban, pusieron de manifiesto
que, el proyecto que tan fantásticamente le habían
presentado, no era en realidad tan fantástico, sino
más bien, una fantástica presentación de un
proyecto mediocre.

Además, su continuada vocación por el cambio en


la estética y estática del edificio provocaron que el
coste de la obra avanzara a mucha mayor
velocidad que la obra en sí, hasta que Wanda se
apercibió que el nuevo crédito se había esfumado,
de la misma forma y a la misma velocidad que el
crédito inicial.
153

Su situación era, obviamente, cuando menos


delicada, sus caprichosas decisiones habían hecho
despegar el monto de la obra hacia límites casi
espaciales.

Fue entonces cuando recordó su tesoro en el


laberinto, y al igual que Joe Waters en su
momento, pensó que esta era la solución a sus
problemas. La cantidad de queso era enorme y su
valor, por tanto, casi mayor que el crédito que
había solicitado. Por tanto, al igual que su colega,
empezó a vender queso para hacer frente a sus
deudas.

Los costes, no obstante, crecían y crecían y,


consiguientemente, la cantidad de queso
menguaba y menguaba.

Un buen día, una Wanda sonriente y maquillada


entró en el laberinto, y se dirigió como
154

últimamente hacia su depósito para seguir


extrayendo más oro lácteo. Lo que vio le borró la
sonrisa de su cara:

El depósito está prácticamente vacío, no quedaba


más que un trozo rancio de queso que, por otro
lado, se lo estaba comiendo un ratón, que para
más INRI, hablaba por los codos, maldiciéndola
por haber hecho desaparecer todas las existencias.

Entonces fue cuando Wanda, presa de un ataque


de histeria, profirió un alarido, que dejó pasmado
hasta el pobre ratón:

-¿Donde está todo mi queso? ¿Qué es lo que he


hecho mal?
155

Estaba totalmente arruinada. El banco se quedaría


con su suntuosa fábrica, ya casi acabada, con su
escalera de caracol de mármol de carrara y todo su
elegante mobiliario. Y no solo eso, sino, todas las
propiedades que con su esfuerzo, durante años,
había acumulado.

Triste y pesarosa, abandonó la fábrica a su suerte,


así como a los de la IMB, que se afanaban en
156

terminarla, y, en plena noche huyó de la zona en


su 4x4, como si se tratara de una cuatrera,
pensando en iniciar una nueva vida, muy lejos de
Smiceville y todavía más lejos de la vacas, las
montañas y sobre todo del queso, este tesoro
lácteo que le había dejado hundida en la miseria y
no en la abundancia soñada.
157

Capítulo VIII : La decisión de Andy


Essal

Andy no quería recorrer Buildme Riverside a la


caza y captura de una constructora; no había
necesidad de caminar hasta la extenuación ni
dejarse la vista buscado en interminables listados
de letra diminuta.

Para no desperdiciar su valioso tiempo, él


publicaría un anuncio en el Daily Building News,
el más importante periódico especializado en el
mundo de la edificación de la ciudad, solicitando
ofertas de constructoras para la edificación de su
fábrica. Luego sólo tendría que escoger la mejor.
Si, era lo más práctico, sin duda alguna.

Con el dinero del crédito en la cuenta corriente,


Andy se sentía poderoso y tenía ganas de trabajar
a lo grande, impresionar a quien fuera a contratar.
158

Por tanto se instaló en el Riverside Palace, el hotel


más lujoso de la metrópoli, en el que había
reservado un salón para llevar a cabo las
entrevistas.

O bien el trabajo andaba escaso, o bien el anuncio


redactado por Andy tenía algo que llamaba la
atención, ya que la respuesta fue masiva e
inmediata.

Tanto pequeñas, medianas, como grandes


empresas aspiraban a presentar una oferta. Andy,
muy satisfecho, tuvo que hacer malabarismos para
poder organizar su agenda y conseguir un espacio
temporal para todo el mundo.

Aunque ya se temía que la elección de la


compañía adjudicataria sería difícil, nunca se
hubiera imaginado cuánto (teniendo en cuenta el
elevado número de entrevistas que le esperaban).
159

Para evitar una sobrecarga mental que pudiera


afectar en exceso sus conexiones neuronales,
Andy decidió hacer una primera criba sobre los e-
mails que había recibido de respuesta. Lo hizo
simplemente con el arbitrario criterio de su
intuición; no era demasiado justo, pero su tiempo
era demasiado valioso para perderlo en reuniones.

Cuando ya tuvo hecha la primera selección, citó al


resto de candidatos para una entrevista. Por el
salón del Riverside Palace, empezaron a desfilar
todo tipo de ejecutivos, dispuestos a hacer
negocio, defendiendo su proyecto a capa y espada.
Cada uno representaba una clase de empresa
diferente y con formas muy distintas de trabajar.

El proceso de selección no resultó tan entretenido


como Andy había imaginado en un principio, más
bien al contrario. Escuchó lo más atentamente que
pudo todas y cada una de las propuestas,
160

intentando ser lo más ecuánime posible. Pero los


ofertantes desfilaban, el cansancio mental crecía
y, sin embargo, ninguna de las propuestas le
agradaba los suficiente; unas no le convencían por
la poca experiencia que parecían tener en la nueva
actividad que Andy empezaba; otras supeditaban
el éxito a una implicación tal por parte de él, que
le requeriría un esfuerzo sobrehumano que no
estaba dispuesto a asumir; otro caso era las que
presentaban presupuestos exageradamente
exorbitados, que ni siquiera acababa de leer.

Andy, con su carácter nervioso, empezaba a


cansarse de las reuniones. No encontraba nada que
le satisficiera hasta que, como caído del cielo,
apareció Steven A. Mendwhite, socio director de
la Axel C. Sturion Associates, según rezaba en su
tarjeta de visita.
161

Mr. Mendwhite tenía una apariencia tranquila y


sosegada y unos modales y educación tales que,
sólo con mirarlo, se podía adivinar su gran
profesionalidad y experiencia. Hablaba con
claridad, explicaba sus ideas de forma ordenada y
las cuestiones técnicas más complejas se
convertían en sencillas cuando él las describía.
Destacaba con mucho entre sus competidores.

Una vez realizadas las presentaciones de rigor,


Steven procedió a describir su empresa. Había
sido fundada por un conocido abogado del este del
país que había hecho fortuna al especializarse en
los litigios de la construcción, lo cual le abrió las
puertas al negocio mismo de la edificación. Su
empresa actualmente era una multinacional que
operaba en más de 100 países y disponían de
miles y miles de empleados en todo el mundo,
especializados en los diferentes tipos y aspectos
relacionados con la construcción, desde la
162

confección de los proyectos, hasta la decoración


final.

Andy quedó boquiabierto con la explicación que


Mendwhite le dio. Pero lo más interesante de todo
era que le estaba proponiendo algo completamente
novedoso; un nuevo modelo de negocio, que iba
más allá de la mera construcción de su factoría.
Lo que le proponía era la explotación de la misma
mediante un modelo de negocio que ellos
denominaban “Outsourcing”.

-Mira, Andy, nosotros nos hacemos cargo de la


construcción y posteriormente de la explotación
de la fábrica, de modo que tú no tendrás que
preocuparte por nada, ni ahora ni después.
Simplemente supervisarás el estado de las cosas
en las reuniones que fijaremos de forma periódica.
–dijo Steven empezando su exposición- A
cambio, durante el proceso de construcción,
163

pactaremos unas cantidades que deberás abonar.


También tenemos que establecer unas condiciones
de funcionamiento, que nosotros llamamos
“Acuerdos de Nivel de Servicio”; es algo muy
simple, se trata de marcar unas directrices de
todos los servicios que se han pactado. En la
construcción de la fábrica hay que determinar los
costes que se incluyen y los que no, las
penalizaciones y las bonificaciones en función del
cumplimiento de los plazos, el coste del proyecto,
los derechos y obligaciones de ambas partes….
¡Ah! No querría olvidarme de una parte
importante. Nuestros técnicos harán un detallado
estudio del negocio a cinco años vista, incluyendo
costes y beneficios. De este modo sabremos a
priori la viabilidad y rentabilidad del mismo. No
queremos que corras ningún riesgo si es que
decides confiar en nosotros, al igual que lo han
hecho ya, bajo esta nueva modalidad, cientos de
clientes en todo el mundo. He decir que hasta la
164

fecha, el ciento por ciento de los mismos están


encantados con este modelo, el outsourcing. Les
libera del trabajo ordinario, permitiéndoles
dedicarse a tareas de mayor valor para ellos,
mientras nosotros cuidamos que su negocio
produzca más y mejor cada día.

Andy estaba francamente impresionado. No sabía


que decir. Había sido una reunión, más que
interesante, impactante, y la exposición de Steven
solo merecía un adjetivo: impecable.
Sin duda era un lo que estaba buscando, ya que él
solamente debería dedicarse a supervisar lo que la
gente de Sturion llamaba “Acuerdos de Nivel de
Servicio” y controlar que los costes no se
dispararan como cohetes. ¡Pronto su sueño se
haría realidad!

Además, tendría tiempo para darse a conocer en el


mundillo del sector lácteo. Había estado
165

indagando sobre las asociaciones de productores


de leche y quesos, y soñaba con ser un líder de
alguna, o por qué no, de todas ellas. Siempre le
había gustado la política, y estaba convencido que
era muy válido, ya que, según él, poseía esas
“dotes innatas de mando que infieren un
liderazgo”. Si conseguía hacerse un nombre en el
sector, le sería mucho más fácil establecer
contactos que le proporcionarían negocios con
beneficios cada vez más altos.

Gracias al Outsourcing, en vez de participar en el


control de la construcción, tendría mucho más
tiempo libre para los trapicheos políticos que ya
tenía en mente.

Ya se veía como el gran “MilkyBoss”. Todo el


mundo lo admiraría porque sería el verdadero amo
del sector, el gran timonel.
166

Axel C. Sturion
Associates

Las grandes decisiones y las discusiones sobre los


precios tendrían que pasar por su despacho, y su
firma se cotizaría como la de cualquier ministro.
Tendría el poder que siempre había soñado…,
sería archifamoso; lo más gracioso era que lo sería
en una materia que hasta hacía poco tiempo
desconocía por completo.
167

Así pues, daría el visto bueno para que la Sturion


empezara a preparar un estudio en serio, validarlo,
y firmar un contrato lo antes posible.

Al seleccionar la propuesta de Mendwhite, se


inició la negociación inicial, lo que supuso
comenzar con arduas negociaciones con Steven y
sus colaboradores. Andy tuvo que enfrentarse, a
pecho descubierto, con docenas y docenas de
expertos de la Sturion, en todos los aspectos
imaginables, en infinidad de reuniones largas y
aburridas.

Al fondo de la mesa, Andy Essal sin


acompañamiento alguno, ya que él no necesitaba a
nadie que lo asesorara, ni siquiera su abogado; su
elevado coeficiente intelectual, su pensamiento,
tan eléctrico como rápido, y su ambición, eran sus
mejores consejeros.
168

Y en ambos lados de la misma, siempre decenas


de especialistas, que cambiaban en función de los
diferentes temas que intervenían en el negocio,
como por ejemplo construcción, logística,
producción, gestión, explotación, aspectos legales
y tributarios, financieros, etc.

Andy enseguida se percató que sus interlocutores


estaban entrenados para convencer a los futuros
clientes. ¡Qué discursos tan bien ensayados!
Seguro que eran unos vendedores encubiertos…

-Ésta es la fase de la negociación en la que hay


que plantar cara, lo intuyo- pensaba Andy- Si
creen que van a impresionarme con este lujo y
pompa… ¡lo tienen claro! Ahora les demostraré
con quien se enfrentan.

Desde ese mismo instante, peleó todas y cada una


de las cláusulas que le presentaban, aunque no
169

tuviera la más remota idea del contenido de las


mismas. Él las discutía sistemáticamente,
creyendo que de esta manera les forzaba a rebajar
sus pretensiones. Llegó a convencerse que era un
buen entrenamiento para su futuro como político,
sin tener en cuenta que aquella reunión era para el
bien de su negocio y que cada apartado estaba
redactado por un especialista de Sturion.

Cada vez se sentía más satisfecho de sí mismo, al


ver que le hacían caso en todo lo que él quería
modificar. Sin embargo, no se apercibía que,
cuando la gente de Sturion no protestaba, que era
la mayor parte de las veces, estas modificaciones
le perjudicaban más que beneficiarle.

Steven y sus colaboradores no acababan de


entender que Andy se comportara de aquella
forma. Pero, como no, el cliente siempre tiene
razón; si Mr. Essal no se daba cuenta que cada
170

cosa que modificaba iba en su contra, peor para él.


Al fin y al cabo, a la Sturion Associates también
le interesaba tener los máximos beneficios
posibles. Y aquel joven insensato se los
proporcionaría.

Las discusiones duraron algo más de un mes. La


postura tan radical al principio de Andy, se fue
ablandando poco a poco, a medida que Essal se
fatigaba mentalmente. Eso provocó que, a medida
que avanzaban en las discusiones, fuera cediendo
con mayor facilidad ante la apisonadora
profesional de los componentes de la Sturion.

Finalmente, se redactó un contrato que consignaba


minuciosa y detalladamente todos los puntos que
abarcaba el proyecto. Era muy extenso, ya que se
describía de forma exhaustiva el proceso de
construcción, las calidades de los materiales, el
diseño de los interiores, los plazos de entrega, los
171

aspectos que se facturarían aparte, las funciones


de cada una de las partes, la explotación de la
fábrica, el reparto de los beneficios y de las cargas
financieras… En la parte posterior y, cómo no, en
letra pequeña, se establecían las cláusulas que
protegían a ambas partes en el caso de
incumplimientos contractuales, impagos, retrasos,
falta de calidad, compromiso, etc.

El acuerdo-contrato era extensísimo, conteniendo


miles de cláusulas, escalados, compromisos,
indicadores y mecanismos de seguimiento.

Andy, como anteriormente le había pasado a su


amiga Wanda, se sintió apabullado. El largo
proceso de negociación le había dejado mental y
físicamente destrozado. Creía que ya había
intervenido lo suficiente y que ya había rebajado
las pretensiones económicas al máximo. Por tanto,
cuando vio la inmensa cantidad de folios del
172

acuerdo, se limitó a revisarlo de forma somera,


fijándose fundamentalmente en los costes de
construcción.

Cuando, buscando en la última página antes de los


anexos, vio la cifra total, casi le da un infarto. No
obstante, el plan de negocio que le habían
presentado, contemplaba incluso una partida para
imprevistos. Andy se convenció de que la
rentabilidad a corto y medio plazo estaba
asegurada. Además, Sturion era una compañía con
unas referencias inmejorables. Se había informado
y sabía que habían trabajado en todo el mundo en
este tipo de negocios, para él completamente
desconocido, con resultados espectaculares. No
tenía nada que temer. Llamó a Steven para decirle
que había leído el contrato, y quería firmar lo
antes posible.
173

La reunión que la Sturion preparó para la firma,


fue de lo más seria y formal. Steven en la
presidencia, rodeado de abogados sonrientes.
Todo daba una sensación de tranquilidad. Incluso
el pequeño refrigerio que esperaba en la mesilla
auxiliar. Andy se sentía relajado y convencido que
no se arrepentiría de lo que estaba a punto de
hacer. Por fin se habían acabado las discusiones y
su negocio empezaría a funcionar en un tiempo
récord.

Andy, agotado, no esperaba tener que firmar por


cuadruplicado el extenso contrato que los asesores
legales de la Sturion Associates habían redactado.
Pero no podía negarse, por lo que, haciendo un
último esfuerzo, estampó tantas veces su firma
que acabó reventado y con calambres en las
manos. Una copa de cava y un apretón de manos,
acabaron de sellar el acuerdo.
174

Andy, ya más relajado, le dijo a Steven:

-Me siento liberado. Supongo que ya no me


necesitareis hasta dentro de bastante tiempo, ¿no?
-Andy, muchacho, ¡estás cansado! Claro que te
necesito. Los preparativos para empezar la obra
no pueden retrasarse demasiado. Mañana mismo
debemos mantener la primera reunión de trabajo –
repuso Steven.

Con un gran suspiro, Andy se despidió de todos y


se retiró al hotel a descansar. Necesitaba una copa,
un poco de soledad y muchas horas de sueño para
reponerse.

Al día siguiente, a media mañana, repuesto en


parte de la fatiga del día anterior, se dirigió al
Sturion Business Center, para iniciar los
prolegómenos del trabajo.
175

Allí se reunió de nuevo con un nuevo ejército de


colaboradores de Sturion associates. Para variar,
le ametrallaron a preguntas concernientes al
proyecto. ¿Cómo debía ser la factoría? ¿Qué
capacidad productiva tenía prevista? ¿Qué turnos
de trabajo tenía en mente? ¿Y los horarios? ¿Y los
honorarios? Parecía un examen oral de los que
tanto odiaba en su época de estudiante…

Andy, en medio de tanto tedio y agobio, no


entendía como se había llegado a aquella
situación. Tuvo que resignarse a continuar con las
preguntas, mordiéndose la lengua en más de una
ocasión. ¿Acaso no pagaba para que le
solucionaran aquellas minucias? Sin embargo, a
cada observación que hacía al respecto, Steven le
contestaba que era una fase contemplada en el
contrato.
176

No le quedaba más remedio que continuar


respondiendo al interminable interrogatorio.
Después de aquella reunión llegaron otras
igualmente aburridas.

Andy protestaba, cada vez con menos ímpetu,


acerca de los números que se le presentaban.
Siempre le parecían muy exagerados. Pero cada
protesta de Andy era argumentada sobradamente
por un especialista en el tema, que le presentaba
mil y un argumentos sólidamente cimentados para
justificar su necesidad, ya fuera en volumen, coste
ó duración.
Andy se sentía impotente ante tantos argumentos,
pues su desconocimiento del sector no le permitía
decir nada en contra. Su paciencia empezaba a
menguar de tal forma, que, igual que desde su más
tierna infancia, echaba chispas hasta por las uñas
de los pies.
177

Cuando Andy estaba a punto de explotar, por fin,


el proyecto de factoría acabó definido, los costes
y calidades de los materiales se habían
establecido, así como el número de trabajadores
necesarios. Habían sido necesarias más de dos
interminables y agotadoras semanas.

Andy se sintió finalmente liberado. Ahora sí que


podía dejar las decisiones en manos de Robert S.
Freshman, el director del proyecto asignado por
Sturion Associates. Según el contrato, el director
tendría un número considerable de asistentes, que
le ayudarían a que la construcción llegara a buen
puerto.

Andy creyó que ya estaba exento de tomar parte


en el seguimiento del proyecto, cosa que tantos
nervios le producía. Era como si le hubieran
quitado un peso de encima. Estaba convencido de
que, para gestionar el negocio, solamente tendría
178

que asistir a reuniones quincenales que, por


razones obvias, se realizarían en el lugar de la
construcción. Le molestaba tener que desplazarse
a Emmental Valley, pero comprendía que era la
única forma de ver el estado real de la edificación.

Al fin y al cabo, no significaba tanto esfuerzo una


reunión cada dos semanas, Pensándolo bien, en el
fondo le dejaba mucho tiempo para dedicarse a su
promoción personal. Sus ideas para revolucionar
el sector lácteo, tendrían una respuesta unánime
en los empresarios de la zona. No tenía ninguna
duda.

Llegó el día del viaje. Los trabajadores de la


Sturion, parecían un ejército en formación de
combate. Se dirigían a Emmental Valley a
empezar las obras. Andy Essal decidió
acompañarles, para palpar sobre el terreno el
179

verdadero talante de la empresa que había


contratado.

Cuando llegaron a la zona del laberinto, los


diferentes especialistas de su constructora, se
desplegaron como si de un grupo de comandos
militares se tratara. En un abrir y cerrar de ojos,
habían levantado el campamento, la cocina, el
comedor, las letrinas, las duchas, el puesto de
mando, la sala de reuniones y el centro de control
operativo.

En la carpa, que hacía las funciones de centro de


control, los ingenieros apostaron los gráficos que
les permitirían llevar el control y seguimiento de
la actividad. También disponían de una ingente
cantidad de aparatos electrónicos para dar soporte
a todos los aspectos del trabajo, por no mencionar
el impresionante equipamiento informático, que
dejaba sin habla al más pintado.
180

Andy se asombró gratamente de la eficacia del


equipo. Cada vez estaba más convencido que
había acertado al contratar a la Sturion. Los
equipos trabajaban de sol a sol, sin apenas
descansar, y los turnos funcionaban con una
precisión milimétrica. Eso era ser expeditivo.

Solamente necesitaron un día para realizar la


exploración geológica del terreno donde se debía
edificar la fábrica. Andy siempre había pensado
que tal actividad requeriría más de una semana.
Pero los equipos de la Sturion eran realmente
rápidos y eficaces. Con asombro, también
comprobó que al mismo tiempo, habían analizado
la calidad de las aguas del río cercano, la
composición de los pastos y el nivel de insolación
diaria. Casi no se podía ni creer que además
habían hecho una completa simulación de las
temperaturas medias de la zona.
181

La primera reunión de seguimiento se realizó a la


semana de haber iniciado la obra. El informe del
equipo era muy prometedor. En vista de los datos
obtenidos, el proyecto se realizaría con total
probabilidad en los plazos previstos. No obstante,
surgieron pequeños obstáculos que el Sr.
Freshman explicó a Andy:

-Sr. Essal –le dijo- hemos encontrado algunos


datos que pueden provocar un incremento en el
coste de la construcción. El índice de dureza del
suelo de la zona a edificar, es mucho muy alto y
queda fuera de los límites establecidos en el
contrato. Como puede imaginar, esto supone un
pequeño coste adicional. Pero no se preocupe, no
hay motivos para alarmarse.

Las palabras de Robert tranquilizaban siempre a


Andy. Como además los trabajos avanzaban a un
182

buen ritmo, pensó que ya podía abandonar la


zona. Necesitaba tiempo para introducirse en el
sector, tal como había previsto. Debía
comunicárselo a Freshman cuanto antes:

-Robert, tengo que irme – le dijo- Me voy muy


tranquilo, de veras. Estoy convencido de tu
capacidad como director, a los resultados me
remito. Por tanto he tomado una decisión: no hace
ninguna falta que las reuniones de seguimiento
sean quincenales. Confío en ti totalmente. Nos
veremos una vez al mes, y sólo si es necesario.

Mr. Freshman protestó lo más vehemente que le


fue posible, pero no había nada que hacer.
Advirtió a Andy del riesgo que aquello suponía y
se ofreció a enviarle un informe semanal del
avance del proyecto y de las incidencias que
fueran apareciendo.
183

Sin hacerle demasiado caso, Andy asintió,


mientras subía al NotCheep para dirigirse a
Milkyway, el centro neurálgico de las actividades
ganaderas de la región.

Allá se pondría en contacto con las más famosas


asociaciones profesionales como la Farmers
Fraternity, la Milk Makers, Cheeseworld, y otras,
así como con instituciones de investigación como
el Gruyére Holistic Institute, o con influyentes
medios de comunicación, como el Dairy Mail.
También quería contactar con los personajes más
relevantes, algunos casi legendarios como Billy
Boy Butterfield, el rey de la mantequilla del
medio oeste.

Una vez instalado en su hotel, con el ordenador


portátil, buscó por Internet todas las direcciones,
teléfonos y nombres de cuantas asociaciones pudo
conseguir. No le fue nada difícil empezar a
184

conocer gente, dado su carácter abierto, y su


simpatía. Además, su agilidad mental le
proporcionaba una gran facilidad de palabra, tan
grande como la facilidad que tenía para abrir su
billetero. Ambas cosas, sobretodo la última, le
abrieron muchísimas puertas. Pronto estaba ya
participando activamente en todas las
instituciones en las que se había propuesto entrar.

Estas actividades le absorbían prácticamente todo


su tiempo. Puntualmente recibía los informes que
Robert Freshman le enviaba desde la obra. En
todos ellos los ratios parecían aceptables, pero
indefectiblemente aparecían imprevistos, que de
manera constante, provocaban ciertos retrasos e
incrementos de costes. Nada que no se pudiera
solucionar, añadía el informe.

La frenética actividad de Andy en Milkyway,


donde había conseguido ya hacerse con la
185

presidencia de Cheeseworld, previa aportación de


una importante suma de dinero, le colocaban en
una posición inmejorable para poder realizar
futuros negocios, una vez la fábrica estuviera en
funcionamiento.

Cada vez prestaba menos atención a los informes


que llegaban de Sturion associates. Los leía en
diagonal, y prácticamente no se enteraba de los
pequeños imprevistos que, sin embargo, iban
sumando e incrementando los costes de forma
cada vez más preocupante.
Andy parecía completamente indiferente a todo:
asistía de mala gana a las reuniones de
seguimiento en las que hacía caso omiso a las
exposiciones de Freshman. Se aburría tanto…
Para algo estaba pagando a los expertos, ¿no?

No escuchaba nunca, por lo que no se enteraba de


que los ratios iban decayendo, los imprevistos
186

iban subiendo y los plazos cada vez eran menos


verosímiles. Además, como los informes que se le
presentaban, indefectiblemente acababan con la
frase “nada preocupante ni que no tenga
solución”. En las conclusiones, maquillaban de
una u otra forma la realidad, proponiendo medidas
correctoras que siempre llevaban aparejados
incrementos de costes no siempre evidentes. Todo
ello aún hacía que Andy se inhibiera más de todo.
Si eran pequeños problemas con solución ¿por
qué preocuparse?

La actividad política de Andy, iba en aumento. Ya


lo conocían en toda la ciudad y estaba cegado por
su fama.

El proyecto ya estaba en manos de Freshman, por


lo que acabó despreocupándose del todo.
Consiguió lo que se había propuesto y ya era un
importante personaje en Milkyway. Lo llamaban
187

de todos los foros de discusión para que


participara como representante de las múltiples
organizaciones a las que pertenecía. Asistía a
todas las reuniones y congresos en todo el país.

Hacía muchos años que Andy no era tan feliz. Se


sentía alguien importante, y pagaba todos los
costes de sus viajes sin preguntarse porqué tenía
que ser él quien los sufragase. Lo importante era
hacerse con el poder de los negocios lecheros, ya
que en el futuro le proporcionarían mucho dinero
y, por consiguiente, el poder absoluto, su sueño.

Mientras tanto, le seguían llegando informes que


ya ni siquiera leía. Si lo hubiera hecho, en vez de
dedicar toda su energía a sus nuevas actividades,
se hubiera dado cuenta que la situación en la obra
y las previsiones económicas eran cada vez más
negativas. Estaba tan enfrascado en su vida
188

pública, que era ajeno a cuanto acontecía en su


futura factoría.

Pronto dejó de asistir a las reuniones de


seguimiento, pese a los insistentes mensajes de
Robert Freshman. Él ya no estaba para estas
minucias, que lo resolvieran ellos, que eran los
expertos.

Al cabo de cuatro meses, Andy recibió una


llamada de Steven A. Mendwhite, en la que le
urgía a reunirse lo antes posible. Andy le sugirió
que se desplazara a Milkyway, puesto que sus
ocupaciones no le permitían moverse de la ciudad.
Al día siguiente, en avión privado de la compañía,
Mendwhite se presentó en el despacho de Andy
Essal. Le acompañaba su asesor legal y su director
financiero. Los tres presentaban un semblante
serio, muy diferente al de las primeras reuniones.
189

-Andy, la situación es muy grave- le dijo Steven-


tenemos que hablar muy seriamente. Te hemos
estado enviando infinidad de informes
describiendo la situación económica y no has
prestado la más mínima atención; te hemos
convocado puntualmente a cada reunión de
seguimiento, pero no has asistido, y no has
seguido el proyecto tal y como acordamos. Ahora
mismo estamos en un punto insostenible. Si
hubieras leído algún informe, como era tu
obligación, hubieras visto que los costes se han
disparado, debido a múltiples imprevistos que no
quedaban cubiertos en el presupuesto. Has dejado
en manos de Bob Freshman toda la
responsabilidad del proyecto, cuando las
decisiones las debías tomar tú. La cuestión es que
el proyecto necesita que tomemos decisiones
drásticas y, sobretodo, una importantísima
inyección financiera. Si no te hubieras
190

despreocupado de esta forma, no se hubiera


llegado a esta dramática situación.
Andy se quedó boquiabierto. Por un momento se
quedó paralizado, sin poder reaccionar. De pronto,
le entró un arrebato de cólera, y arremetió contra
sus interlocutores, acusándoles de inútiles,
estafadores, ignorantes, faltos de experiencia, y
todos los improperios que le vinieron a la mente.
Amenazó con llevarlos a los tribunales y
encerrarlos en la cárcel por el resto de sus días.

Mendwhite asistió impasible a la lluvia de


insultos, esperando que la tormenta dialéctica de
Essal acabara. Una vez éste cesó en sus diatribas,
sacó una copia del contrato y de los acuerdos de
nivel de servicio.

El abogado de Sturion associates, Lawson L.


Gallitti, con total solemnidad, leyó las cláusulas
contractuales que se habían suscrito, haciéndo
191

notar que Andy era el único responsable de la


situación, advirtiéndole asimismo de las
consecuencias de las múltiples acciones legales
que podrían interponer contra él, entre ellas por
los insultos y difamaciones que Andy, en su
ataque de furia, había vertido sobre ellos y sobre
la compañía a la que representaban.

En tono conciliador, Mendwhite sugirió a Andy


que se calmara, y que escuchara atentamente el
resumen que su director financiero, Charlton D.
Ollarmine, le había preparado.
Andy, sobrepasado por la situación, tomó asiento
abatido. Escuchó atentamente el detallado informe
del estado de cuentas, de los costes añadidos, que
él mismo había aprobado, ya fuera por acción u
omisión.

La cantidad que salía del presupuesto era ya


estratosférica. Sin embargo, en el contrato se
192

estipulaba claramente que el último responsable


era Andy.

Si hubiera hecho caso a los informes…, si hubiera


estado en la obra cuando se tomaron decisiones…
no del todo acertadas, dejando la opción a los
capataces… sin duda había habido una clara
dejación de responsabilidades por su parte.
Le propusieron que estudiara los documentos que
le facilitaron y sugirieron reunirse al cabo de dos
días, para analizar las posibles soluciones.

Andy cayó súbitamente de la nube en la que había


estado viviendo y aterrizó de un duro golpe en la
cruda realidad.

Una buena parte del dinero que le había prestado


el banco se la había gastado en sus actividades
políticas y de representación. Y ahora, el saldo del
193

que disponía no cubría ni de lejos la enorme


deuda contraída con Sturion y sus asociados.

Durante un tiempo se sintió totalmente vencido,


cuando de repente se acordó del depósito del
laberinto. ¡Por fin un poco de luz y esperanza!
Pediría un aplazamiento de la deuda, y obtendría
el dinero vendiendo todo el queso. Así tendría otra
vez el control de la fábrica. Con sus contactos
levantaría el negocio y volvería a ser el hombre
que durante este tiempo había sido. Todo un
personaje del mundo del queso.

Cuando se reunieron de nuevo, Andy ya no tenía


el semblante deprimido y derrotado de hacía un
par de días.

-Bien, Creo que ya tengo la solución -les dijo-.


Solamente necesito un aplazamiento de la deuda
de un mes y el problema quedará solventado. Eso
194

sí, es mi deseo rescindir nuestro contrato y


ocuparme yo personalmente del negocio, puesto
que, visto lo visto, nuestra relación ya no podrá
ser nunca como antes.

Lawson Gallitti, con el mismo semblante solemne


de la vez anterior, le notificó que si pretendía
romper la relación con la empresa, la deuda
acumulada automáticamente se duplicaría, según
las cláusulas de rescisión previstas en el contrato.
Andy, totalmente fuera de sí, arrancó de las manos
del abogado el documento y le echó un vistazo. El
hombre tenía razón. Completamente enfurecido,
les grito que volvieran al cabo de un mes, que
tendrían todo su dinero. Ya no quería volver a oír
hablar de aquella maldita compañía, que más que
Sturion, le recordaba a un Tiburón.

Tras informarle que en caso de no recibir el dinero


en el plazo estipulado, emprenderían de inmediato
195

las acciones legales pertinentes, Steven y sus


acompañantes salieron con parsimonia del
despacho, dejando a Andy vociferando insultos a
grito pelado.

Pálido de pavor a la vez que enfurecido, salió de


la oficina para alquilar una flota de camiones
frigoríficos, con el poco dinero que quedaba. La
necesitaba trasladar el queso desde Emmental
Valley hasta Milkyway, donde pretendía venderlo.
Para ello contaba con sus valiosos contactos, por
lo que le costaría colocar el queso a buen precio
en el mercado, obtener el dinero suficiente, pagar
la deuda, rescindir el maldito contrato y empezar
su aventura empresarial, esta vez sí, con su total
control.

El viaje con la caravana de camiones no estuvo


exento de peripecias. No era lo mismo viajar en
camiones trailer que en vehículos 4x4, por lo que
196

tardaron mucho más de lo previsto. Una vez en el


monolito Emmental, tuvo que respetar la promesa
que había hecho a Wanda, Gus y Joe: no
permitirían que nadie conociera la localización
exacta del laberinto y jamás nadie entraría en él.
Por tanto tuvo que vaciar él sólo su depósito.

Haciendo un esfuerzo casi sobrehumano, Andy


logró vaciar el depósito. Ya había perdido tanto
tiempo que, para cumplir con el plazo establecido
con Sturion, debía apresurarse. Cuando la última
porción se colocó en el camión, iniciaron el viaje
de regreso sin perder ni un segundo.

Por fin, llegaron a Milkyway, donde Andy


empezó a llamar a sus conocidos. Les ofrecía una
gran partida de a un precio mucho más que
razonable. Pero ningún gran distribuidor ni
comerciante quería comprar una cantidad tan
197

exorbitada de queso. Tuvo que venderlo en


pequeños lotes a tiendas de la comarca.

Lo que jamás se hubiera imaginado era que tal


cantidad de producto puesto en circulación, haría
que el precio del producto lácteo cayera en
picado. Y entonces empezó el gran desastre.
198

La bolsa del queso de Kraft Street sufrió una


espectacular caída en las cotizaciones, que puso
en peligro la totalidad de los valores que se
negociaban. Algunos altos ejecutivos del sector,
presa del pánico, al igual que en el famoso crack
bursátil de 1929, se lanzaron por las ventanas de
sus edificios. El departamento de traumatología
del hospital de zona se vio desbordado por piernas
y brazos rotos. No había muchos rascacielos en la
ciudad, por lo que al tirarse desde un primer piso,
lo máximo que consiguieron fue una pierna rota.
Por todas partes se veían hombres desesperados,
corriendo arriba y abajo con la corbata
desajustada y la camisa arremangada, buscando
información sobre los valores de la bolsa. El
ambiente en la ciudad era de lo más terrorífico.

Andy, desesperado, agobiado, con un sentimiento


de culpabilidad terrible, no tuvo más remedio que
199

malvender el resto de sus enormes existencias,


obteniendo una cantidad infinitamente menor que
la que esperaba.

Todo el mundo le culpaba de la crisis y nadie


quería saber nada de él. La gente que le había
apoyado mientras era rico ahora le daba la
espalda. No le necesitaban para nada, nadie quería
echarle una mano… ¡faltaría más! ¡Si por su culpa
todo se había venido abajo!

El episodio se hizo tan famoso en la región que, al


cabo de un tiempo, un grupo musical local,
Supertranchette, sacó un CD que en poco tiempo
los lanzó al estrellato en todo el mundo y los
convirtió en archifamosos. El discose titulaba
“Cheeses, what cheeses?”.

Andy, abrumado por la situación, decidió regresar


al laberinto. Tenía que desaparecer de la ciudad.
200

Solo y desesperado, sentado en su depósito


completamente vacío, se preguntaba
amargamente:

-“¿Donde está todo mi queso? ¿Qué es lo que he


hecho mal?”

En aquel mismo instante se percató que estaba


totalmente arruinado. Salió al exterior de la gruta
para llamar a Steven. Le explicó que le había
enviado todo el dinero que tenía, que les cedía
todas sus propiedades y le suplicó que la Sturion
no ejerciera acciones penales contra él.

Steven A. Mendwhite, dándose cuenta que no


podría obtener más dinero del pobre desgraciado,
accedió a la petición de Andy Essal, que, con el
rabo entre las piernas, huyó para siempre de la
zona.
201

Hasta el momento se desconoce con certeza su


paradero, si bien se tienen noticias que cruzó el
atlántico, enrolado como marinero en un barco
mercante, para rehacer su vida y fortuna en un
lejano país, para dedicarse en cuerpo y alma a la
pesca del bacalao y el arenque, actividad que
suponía rentable y peligrosa. Si no podía ser el
amo del queso, quizá pudiera ser algún día el rey
del mar…
202

Capítulo IX: La decisión de Gus Nathan

Gus Nathan estaba un poco perplejo por la actitud


de sus colegas. Todos se habían lanzado
vertiginosamente a la busca y captura de una
empresa que les construyera sus factorías, si tan
siquiera ocuparse de instalar de forma adecuada a
sus vaqueros y rebaños.

Una de las máximas que su padre le decía siempre


era que “las prisas son malas consejeras”. Al
hacerse mayor, se percató de la razón que su padre
tenía y, al igual que el resto de sus consejos, lo
había seguido al pie de la letra.

Hacía tiempo que se había dado cuenta que


muchos de sus fracasos empresariales se habían
debido justamente a no prestar a cada actividad el
tiempo preciso. El negocio que ahora iba a poner
203

en marcha era demasiado importante como para


volver a tropezar otra vez en la misma piedra.

Por ello, decidió tomarse un tiempo para


reflexionar sobre lo que debía hacer. Mientras los
otros buscaban frenéticamente una solución en
Buildme Riverside, él tomó la decisión, para
sorpresa de sus compañeros, de regresar al área
del laberinto.

En la quietud de la zona, se dedicó a dirigir a su


cuadrilla de vaqueros en la construcción de los
establos, abrevaderos, cabañas y demás zonas para
el cuidado, tanto del ganado como de los
trabajadores.

Esto también le permitió conocer a fondo a sus


nuevos empleados y saber cómo tratarlos, porque
era de todos conocido que los vaqueros son
personajes especiales, tanto, que han
204

protagonizado infinidad de filmes y telefilmes,


tanto en Hollywood como en Almería ó Italia
(cómo no recordar los inolvidables spaghetti-
western de nuestra juventud).

Además, a medida que trataba con los “cowboys”,


de ellos empezó a aprender muchas y muchas
cosas acerca del cuidado del ganado, lo cual era
para él en extremo importante, puesto que, en el
futuro las vacas, cabras y ovejas deberían ser la
fuente primordial de sus ingresos.

Así, mientras que el personal de Gus se dedicaba


con entusiasmo a la construcción de las
instalaciones, el resto de trabajadores de la zona
de Emmental Valley, sin jefe alguno que les
mandara, se dedicaban básicamente a haraganear,
beber y jugar a las cartas, lo cual suscitaba
frecuentes peleas entre ellos. Ni siquiera se habían
molestado en mejorar sus campamentos; todavía
205

dormían en las tiendas de campaña que plantaron


al llegar.

Nathan no tuvo ningún problema con sus


vaqueros; estableció con ellos una cordial relación
que iba más allá de la relación entre patrón y
empleado. Por un lado, los trataba con autoridad
(era su jefe), a la vez que, con cortesía y
educación, y por otro, los trabajadores se sentían
reconocidos por su trabajo. Al fin y al cabo, todos
estaban en el mismo barco. Además, a Nathan no
se le caían los anillos para cuidar los animales,
antes al contrario, trabajaba codo a codo con sus
empleados y no se abstenía en preguntar cómo
debía hacerlo cada vez que tenía alguna duda.
Cuantas más preguntas les hacía Gus Nathan, más
importantes y útiles se sentían. Todos trabajaban a
gusto y con efectividad. Además, Gus premiaba el
esfuerzo de su gente con incentivos, con lo que su
personal todavía estaba más motivado.
206

Al caer la noche, en el porche de su cabaña, Gus


se dedicaba a reflexionar sobre dónde ubicar su
fábrica, el tipo de instalaciones necesarias, el
mejor modo de conseguir que su negocio
funcionara de la manera más adecuada, los
canales de comercialización que se deberían
establecer, la cantidad de personal que precisaría
…, y un sin fin de detalles más.
Todo cuanto se le ocurría lo anotaba en una
libreta, que hacía las veces de diario.

Aún cuando era muy consciente de que no era un


especialista en ninguno de estos temas también
tenía muy claro que, cuanto más tiempo dedicara
a pensar en los asuntos que tarde o temprano
debería abordar, llegado el caso, tendría una idea
más precisa de lo que debería buscar una vez
decidiera contratar el inicio de sus obras, y lo que
era más importante, arrancar el negocio, puesto
207

que ese era el objetivo final de todo el esfuerzo


emprendido.
Gus recordaría por siempre jamás aquellos días en
que aquella rutina del trabajo -en el campo o en
los establos- con sus vaqueros le llenaba el
espíritu, al tiempo que cansaba su cuerpo.

Cada tarde solía iniciar su cotidiano descanso


antes de una indescriptible puesta del sol. Estaban
a una altura considerable y jamás en la vida había
contemplado tal variedad de colores en el cielo.
Algo fascinante; pocas cosas le habían erizado el
vello como aquella.

Cada día era un espectáculo distinto, que le


fascinaba a la vez que le “cargaba las pilas”. Una
vez se hacía oscuro, cenaba algo y, después de
tomar un café algo cargado, ya estaba preparado
para seguir un rato más con el análisis del
negocio que pretendía montar, y gestando poco a
208

poco, un primer esbozo de lo que pensaba,


debería ser su fábrica de quesos.

Con los conocimientos empresariales que había


atesorado en su dilatada experiencia profesional,
estableció la viabilidad del proyecto mediante una
estimación conservadora de los posibles ingresos
y costes, siempre teniendo en cuenta todos
aquellos factores del negocio que estaban al
alcance de su actual conocimiento. Aquellos
aspectos que desconocía, los evaluaba de una
manera todavía más prudente, para correr el
mínimo posible de riesgos.

Una vez consideró que en el valle estaba todo bajo


control, y ya se había formado una idea del
negocio a emprender, decidió que ya era el
momento de dirigirse a Buildme Riverside.
Dejó al mando a su capataz, Cart Wright, que
había merecido con creces el cargo de hombre de
209

confianza. Pues, Al impecable trabajo que había


realizado con Gus, había que sumarle las
impresionantes referencias que le habían
proporcionado acerca de Cart en el rancho “La
Poderosa N”.

Antes de partir, reunió a todos sus trabajadores,


les explicó sus planes y les comunicó la firme
decisión que había tomado; en caso que el
negocio funcionara de la manera que él había
previsto, todos ellos, como recompensa a su
esfuerzo y entusiasmo, cobrarían un porcentaje de
los beneficios obtenidos. Serían sus socios en el
negocio, teniendo en cuenta que le habían
ayudado a levantarlo. Efectivamente, consideraba
que todos estaban en el mismo barco.

Entre vítores de sus empleados, se marchó con la


tranquilidad de haber decidido lo que era justo, a
la vez de tener la absoluta tranquilidad que tanto
210

su propiedad como su tesoro quedaban en buenas


manos.

Desde el NotCheep 4x4, mientras se alejaba de la


zona del laberinto, observó con gran curiosidad el
enorme despliegue de medios que alguno de sus
amigos habían empezado a hacer. Advirtió
sorprendido cómo uno de ellos, Joe Waters, ya
estaba edificando a toda velocidad su fábrica.

Sin embargo, él seguía sin tener prisa. Siguió


tranquilamente, disfrutando del paisaje, el largo
camino hacia la ciudad.

Cuando llegó, en las afueras de la ciudad encontró


un hotel de tres estrellas recién inaugurado. El
Buildme Ace Hotel era sencillo, funcional, estaba
muy limpio, y disponía de todo cuanto necesitaba.
El precio era más que asequible, por lo que se
211

instaló inmediatamente. ¡Ya tendría tiempo para


lujos si el negocio funcionaba!

Al día siguiente, decidió telefonear a sus tres


amigos para averiguar qué empresas habían
decidido contratar. Sobre todo, quería saber si
estaban o no contentos con su elección, cómo les
iba en el trabajo y qué sensaciones tenían; en
función de sus opiniones, él se plantearía la
posibilidad de contratar a alguna de esas firmas.

Al hablar con Joe Waters, el primero en iniciar sus


obras, rápidamente percibió un tono de
preocupación y desánimo, que le indujo a
descartar rotundamente esta opción. Joe
aprovechó la llamada para desahogarse con su
amigo, y le explicó los desastres que estaba
viviendo. Cuantas más explicaciones le daba, Gus
reafirmaba más su eliminación. Definitivamente,
que hubieran colocado las puertas a la altura de
212

las ventanas era, por sí solo, motivo suficiente


para olvidar esta empresa.

Wanda, por el contrario, estaba encantada. Le


contó maravillas de la empresa que había
contratado; sin embargo, el olfato de Gus para los
negocios disparó la alerta roja. No sabía explicar
la razón, pero algo en su interior le decía que el
proyecto de Wanda no iba todo lo bien que
debiera. Doolittle, en la conversación, se centró,
como no, en la maravillosa estética de la obra,
especialmente su espléndida escalera de caracol,
pero muy poco en las obras en general, de las que
solamente hizo algunos comentarios poco
entusiastas. Escarmentado por errores anteriores,
también descartó esta opción.

Finalmente, cuando contactó con Andy Essal, éste


todavía andaba enfrascado en sus interminables
negociaciones con la Sturion, y lo único que era
213

capaz de explicar era las reuniones maratonianas


con ejércitos de técnicos que le ametrallaban a
preguntas, le sugerían las respuestas, le rebatían
de tres en tres y pese a su genio y capacidad de
decisión, habían conseguido aniquilarle
mentalmente. De nuevo, Gus se convenció, esta
vez de forma definitiva, que la firma que
levantaría su negocio no sería ninguna de las tres
que sus amigos habían escogido.

Por tanto, una vez descartadas las opciones de sus


compañeros de aventura, decidió dedicar el resto
del día a analizar el directorio local de empresas
constructoras.

Para cada opción que consideraba viable, se puso


a buscar en internet toda la información posible
acerca de la empresa, situación financiera, sus
referencias y los trabajos más significativos
214

realizados. Todo lo que obtenía, lo anotaba en su


libreta, para poder analizarlo posteriormente.

Nuevamente, su intuición hizo que una pequeña


empresa le llamara poderosamente la atención. Se
trataba de Moe V. Welldone Engineering
Corporation Incorporated.

Por lo que pudo averiguar, era una compañía


pequeña, de reciente creación, que fundamentaba
sus actividades en un proceso de construcción
muy novedoso, en el que se cuidaba sobremanera
el método de trabajo, la reducción de los costes y
la calidad de la edificación. No les importaba que
el proyecto tardara más de la cuenta, siempre y
cuando los objetivos de coste y calidad se
cumplieran.
215

Moe V. Welldone
Engineering Corporation Inc.

Además, siempre según la página web de la


empresa, fundamentaban el trato con sus clientes
en una total transparencia, procurando que la
relación a establecer fuera de mutua confianza (de
“partnership”, según aparecía literalmente).

Al contactar con las pocas referencias que


encontró acerca de esta compañía, solamente
216

recibió elogios de dicha firma. Los clientes con


los que habló le explicaban que era una empresa
pequeña, sin ostentaciones ni lujos. Todos
explicaban experiencias con otras compañías
constructoras que les presionaban para trabajar en
una determinada línea, mientras que éstos no, en
ningún momento se sintieron agobiados ni
apabullados.

También coincidían en que habían dedicado


mucho tiempo y recursos propios al control y
supervisión de las obras, porque, al contrario que
en anteriores experiencias, así se lo exigía esta
constructora, pero que, para su sorpresa, los
resultados habían sido inmejorables. Ninguno de
ellos se sentía engañado y todos le recomendaron
vivamente que los contratara.
Animado por estas positivas opiniones, y no antes
de haber analizado el resto de posibles candidatos,
217

decidió realizar al día siguiente una visita a la


Moe Welldone Inc.

Amaneció un día radiante y Gus Nathan, después


de desayunar, se dirigió caminando hasta el 50 de
Sydney Avenue, donde se hallaba la sede central
y única de la firma Welldone.

El paseo por la ciudad, a la vez que estiraba un


poco las piernas, le permitió poner en orden sus
ideas para plantearlas de la forma más coherente
ante su posible proveedor.

El inmueble donde se ubicaba de Moe V.


Welldone Engineering Corp. no era ningún
rascacielos. Ocupaban dos plantas en un
tradicional edificio de ladrillos de la ciudad. Las
oficinas distaban mucho de ser lujosas; con una
decoración minimalista, se veían unas
instalaciones funcionales, sin ánimo de
218

ostentación; era obvio que no pretendían


impresionar a nadie.

Entró y anunció su llegada a la recepcionista; ésta


hizo una llamada interna y, al poco, el propio
Moe apareció por el fondo del pasillo para
recibirle. Realizados los protocolarios saludos,
pasaron al despacho de Welldone, no muy grande,
pero repleto de libros y papeles. Tomaron asiento
y Moe le preguntó:

-Bien, Gus ¿en qué puedo ayudarle?

Gus Nathan tomó la palabra y le expuso los


detalles del proyecto que tenía en mente. Moe
Welldone escuchaba con atención, a la par que iba
tomando abundantes notas de los aspectos más
relevantes.
219

La reunión les ocupó prácticamente toda la


mañana. Hacia el mediodía, Moe le propuso hacer
un receso para almorzar en un restaurante
próximo.
Durante la comida, Moe Welldone, de sopetón, le
preguntó a qué se debía este repentino interés por
dedicarse a esta nueva actividad. Gus, que
percibía que su interlocutor era una persona de
confianza, decidió explicarle toda la historia,
empezando por la leyenda, la entrada de Wanda
en la taberna, las burlas, el viaje y finalmente el
descubrimiento del monolito. Dudó mucho en
explicarle la historia completa aunque, finalmente,
se saltó la promesa que había hecho a sus amigos
y le contó todo lo relativo al hallazgo del
laberinto, la entrada en el mismo y el
descubrimiento del tesoro.

Al final del relato, tras un instante de silencio,


Welldone felicitó vivamente a Gus, diciéndole:
220

-Realmente Gus, no puedo hacer otra cosa que


felicitaros. Lo teníais todo en vuestra contra, la
gente, el sentido común y la naturaleza; al final,
gracias a vuestro empeño, coraje y convicción,
lograsteis vuestro objetivo, dar con ese tesoro. A
eso le llamo yo un espíritu emprendedor. Pero
ahora, de lo que se trata es que tu queso crezca. Si
confías en nosotros, créeme, no debemos gastar ni
un dólar más de lo necesario en la construcción de
tu factoría. Si todo va bien, tiempo tendrás para
malgastar en lo que te venga en gana.

Finalizado el almuerzo, regresaron a las oficinas y


reanudaron la reunión. Al caer la noche, Gus
había su finalizado toda su exposición, a la par
que Moe había llenado una buena cantidad de
folios con sus anotaciones.
221

Moe Welldone, antes de despedirse, le pidió un


par de días para analizar con cuidado sus notas y,
conjuntamente con algunos de sus empleados,
realizarle una propuesta inicial de trabajo. Gus
Nathan, que estaba bastante fatigado por la larga
reunión, estuvo completamente de acuerdo,
quedando en verse de nuevo pasado dicho
tiempo.
Este par de días de espera que Gus pasó en la
ciudad, los dedicó al estudio de la elaboración y
curado de los quesos, sus diferentes variedades, y
sobre el proceso industrial de fabricación. Estuvo
en más de una biblioteca, bajó gran cantidad de
información de Internet y adquirió un gran
número de libros y revistas especializados.
Como colofón, pudo visitar una granja cercana,
que fabricaba quesos de forma artesanal. Poco a
poco, sin apenas darse cuenta, se iba convirtiendo
en un buen conocedor del negocio.
222

Al finalizar el plazo previsto, se dirigió de nuevo a


las oficinas de Welldone Inc. Allí le esperaban
Moe y un par de ejecutivos de su empresa, Leif
Methood y Norman Doothat.

Después de las presentaciones de rigor, se


encerraron en la sala de juntas. Moe tomó la
palabra:

-Gus, tras analizar toda la información que nos


proporcionaste, hemos confeccionado un pequeño
anteproyecto. El objetivo de hoy será verificar si
ambas partes hemos entendido lo mismo acerca
del alcance del negocio. En caso que sea así, te
presentaremos las primeras estimaciones que
hemos calculado de los costes de construcción y
del tiempo que, con lo que sabemos en estos
momentos, creemos que requeriría tu proyecto.
223

Gus Nathan, un tanto sorprendido por el proceso,


asintió, no sin sentir un cierto punto de intriga. No
estaba acostumbrado a estos métodos de trabajo.

Leif y Norman llevaron todo el peso de la


presentación. Resumieron los antecedentes que
Nathan les había transmitido, y, una vez
validados, expusieron las líneas básicas de lo que
habría de ser la nueva factoría.

Igualmente en forma resumida, expusieron los


riesgos que veían en el proceso, los factores a
tener en cuenta en la construcción, la prevención,
los aspectos técnicos de seguridad en la obra,
análisis de los terrenos… y un sinfín de temas
hasta que, al fin, llegaron al detalle del coste y el
plazo de ejecución.

Pusieron especial énfasis al insistir en que todo


cuanto habían expuesto eran estimaciones
224

generales, basadas en la información que Gus les


había facilitado, contrastando esta información en
su experiencia en ese tipo de proyectos. Distaba
mucho, en ese punto, de ser algo definitivo.
Asimismo, esbozaron todos los aspectos legales
que debían regir la construcción, desde los
permisos a solicitar hasta las coberturas de las
pólizas de seguros necesarias para garantizar la
protección de su inversión ante cualquier tipo de
catástrofe no prevista.

Gus quedó maravillado del trabajo que habían


realizado: pese a ser preliminar, era una propuesta
muy elaborada y estructurada. Habían analizado
los aspectos primordiales del proyecto desde todos
los puntos de vista posibles, incluyendo, desde el
tratamiento de la cimentación del terreno, hasta
los aspectos legales más importantes, como la
obtención de permisos, autorizaciones, licencias,
etc.
225

Nathan estaba tan satisfecho que propuso firmar


de inmediato el contrato para la ejecución de la
obra.

Moe Welldone, sorprendentemente, le dijo:

-No te precipites, Gus. Si realmente crees que


somos la empresa adecuada, permite que te
hagamos en primer lugar el proyecto real. Sólo
nos tendrás que pagar las horas de trabajo, y no te
comprometerás a nada más. Si no quedas
conforme, podrás buscar otra empresa, es más,
nosotros te ayudaremos, si nos lo permites, a
seleccionarla. Pero, si como estamos seguros,
resultas satisfecho con nuestro trabajo, lo único
que habrá pasado es que tu obra, aparentemente,
se habrá retrasado un poco.
-Sin embargo, con el proyecto elaborado, tendrás
un cálculo preciso del coste total de la obra; in situ
226

veremos las características de la zona y veremos


las posibles trabas que el terreno puede presentar.
Así trabajaremos sobre seguro y evitaremos
sorpresas desagradables, tanto para ti como para
nosotros.
-Te aseguro que al final comprobarás que los
primeros en acabar la obra habremos sido
nosotros. Como dicen los italianos “Piano, piano,
si arriva lontano”; yo añadiría que además de
lejos, muchas veces se llega antes.

Fascinado, Gus Nathan aceptó entusiasmado la


propuesta y contrató a la firma Welldone la
elaboración del proyecto, tal y como ellos mismos
le recomendaban.
Al día siguiente, Gus Nathan, Leif Methood,
Norman Doothat y un pequeño grupo de
profesionales de la firma se trasladaron a
Emmental Valley para empezar el estudio y
diseño de la futura factoría de la Gus Nathan’s
227

Cheesemakers Corporation. Tal era el nombre que


Gus había decidido poner a su empresa.

Una vez en la zona, empezaron los trabajos


topográficos y geológicos del área donde Gus
había pensado ubicar la fábrica. Ampliaron el
estudio a toda la propiedad, por pura precaución;
querían disponer de alternativas de ubicación.

Gus contemplaba un tanto extrañado que el


avance del proyecto era muy lento, comparado
con las obras que el resto de sus compañeros de
aventura ya habían iniciado.
Una de las tardes en las que, finalizado el trabajo,
se reunían para tomar una copa con Leif y Norm,
les comentó su inquietud acerca del lento
progreso. Norman le argumentó que en el método
de trabajo que Moe V. Welldone había ideado,
cada actividad se cimentaba sólidamente en las
anteriores. Intentaban siempre no dar ningún paso
228

en falso que les hiciera parar o retroceder en la


construcción, evitando así costes imprevistos e
incrementos en los plazos de entrega.

En su experiencia, sabía que, al principio siempre


daba la sensación de mayor lentitud, en
comparación con los métodos tradicionales
empleados por otras empresas pero, a la larga, el
resultado final era siempre más rápido. Evitaban
de esta manera, la materialización de la tan
conocida frase “las obras siempre se sabe cuando
empiezan pero nunca cuando acaban”. Ambos le
rogaron que fuera paciente, ya que muy pronto
empezaría a ver resultados tangibles y tal y como
Moe le había vaticinado, con total seguridad
comprobaría que su obra sería la primera en
acabar.

Esta serena conversación tranquilizó de nuevo a


Gus; no alcanzaba a comprender el proceso que le
229

estaban proponiendo, pero su sexto sentido le


decía que, no sabía por qué, pero tenían razón.
Aunque quizá el hubiera preferido forzar un poco
el ritmo de los trabajos, decidió hacer caso de los
consejos de sus proveedores hasta el final. Quizá
una apuesta de cierto riesgo, pero, qué caramba,
solamente se estaba jugando su tiempo, pero no su
dinero. Por si fuera poco, si el método funcionaba,
sería una buena experiencia a aplicar en la futura
gestión de su negocio.

En breve dispusieron de los resultados geológicos


y topográficos de su propiedad. Éstos mostraban
que en el lugar donde Nathan quería ubicar su
factoría, el subsuelo había sido el antiguo cauce
de un río y, al ser arenoso, presentaba muy poca
resistencia. Si efectuaban la obra en el punto
seleccionado, los costes de cimentación se
dispararían. Pero como habían analizado todo el
terreno, pudieron identificar una zona situada a
230

500 metros donde el subsuelo era rocoso, y con


una pequeña pendiente, que facilitaría la
construcción de los desagües y el alcantarillado.

Al ver este resultado, Gus se reafirmó


nuevamente de lo valioso que había sido para él la
recomendación de no provocar el inicio de las
obras antes de tiempo. Al hacer caso a Norm, se
había ahorrado una gran cantidad de dinero y de
dolores de cabeza.

Una vez ya tenían la nueva ubicación exacta


marcada con el equipo de topografía, el trabajo en
campo estaba concluido, y podían regresar a la
ciudad para plantear el resto del proyecto en las
oficinas, donde disponían de más recursos para su
elaboración.

Gus también decidió regresar con ellos a Buildme


Riverside. A la vez que podría ayudar en lo que le
231

pidieran para el proyecto, continuaría con sus


estudios sobre el producto y el proceso de
fabricación. Visitaría más fábricas y empezaría a
establecer las bases de lo que serían sus canales de
comercialización.

Los proyectistas de Welldone iniciaron con


rapidez los trabajos. Diariamente, el grupo de
proyecto, formado por Moe, Norm y Leif, se
reunían con Gus para revisar los trabajos y tomar
las decisiones conjuntamente.

Gus se sentía totalmente implicado en el proyecto.


A veces las decisiones iban en contra de lo que él
había imaginado, pero siempre se le
proporcionaban razonamientos contundentes que
justificaban su propuesta, siempre buscando como
objetivo la reducción del coste de la obra, su
calidad, seguridad y solidez.
232

Pasadas tres semanas, el proyecto estaba ya


finalizado. Moe llamó a Nathan para solicitarle
una revisión final del mismo. En la sala de juntas
de Welldone Inc. se reunieron Gus Nathan, Moe
Welldone y todos los ingenieros que habían
participado del proyecto, encabezados por Norm y
Leif.

-Antes que nada –empezó a decir Moe- queremos


que comprendas y apruebes nuevamente hasta el
último detalle de lo que hemos proyectado. Ya sé
que esto lo hicimos cuando te presentamos el
anteproyecto, pero ahora es, si cabe, todavía más
importante. Todo lo que se decida ahora será lo
que en principio se construirá. Por ello, si te queda
la menor duda acerca de cualquier aspecto, te
rogamos nos la expreses para que intentemos
aclararla; pero si esto no fuera suficiente y sigues
teniendo algún asomo de duda sobre lo que
queremos hacer, no te preocupes, volveremos a
233

revisar el proyecto, hasta que ambas partes


estemos de acuerdo en lo que queremos, mejor
dicho, quieres construir. Esto es en extremo
importante para que la obra, a la hora de la
verdad, avance a buen ritmo.

Uno tras otro, cada ingeniero explicó la parte del


proyecto del cual había sido responsable. No sólo
explicaban sino que preguntaban constantemente
a Gus, para verificar que había comprendido hasta
el último detalle las implicaciones de lo que le
estaban proponiendo.

Lejos de parecerle una labor tediosa, Gus se dio


cuenta que estaba aprendiendo un montón sobre
aspectos de unas tecnologías que para él eran
desconocidas. Se lo explicaban de una forma muy
clara y amena; todo quedaba perfectamente
detallado: las calidades de los materiales, las
técnicas de excavación, construcción y montaje,
234

los métodos de control y seguimiento, todos los


procesos asociados a la garantía de la calidad, así
como la estrategia de construcción que le
proponían seguir.

Este fue uno de los aspectos que más sorprendió a


Gus: Moe Welldone no quería realizar por sí
mismo la obra, sino que pretendía que Gus
contratara a diferentes empresas, especialistas
cada una de ellas, en los diferentes campos de la
construcción a realizar.

-No lo entiendo –dijo Gus- A mí me parece la


opción más barata y más rápida que seais vosotros
los que os encargueis de la ejecución de las obras.
Me ha quedado más que demostrada
sobradamente vuestra capacidad, vuestra
responsabilidad y me habéis justificado de largo la
confianza que en su momento deposité en
vosotros.
235

-No me extraña que te sorprenda –repuso Moe-


pero aunque nosotros tenemos amplios
conocimientos de todas las técnicas de
construcción, en el fondo no somos especialistas
ni dominamos ninguna de ellas en profundidad. Si
contratamos empresas expertas, conseguiremos
que cada una de las partes a construir sea
realizada por un personal más especializado que el
nuestro y con una mejor relación calidad/precio.
No obstante, para tu tranquilidad, nosotros nos
ocuparemos de gestionar y coordinar a todas las
empresas. Por supuesto tendremos unos controles
de calidad exhaustivos de cada parte del trabajo
realizado. Siempre comprobamos que el trabajo
sea correcto antes de efectuar los pagos.
Además, te propongo que pidamos ofertas a
precio cerrado a varias empresas; como tenemos
perfectamente delimitado el alcance de las
236

partidas, seguramente conseguiremos mejores


condiciones económicas.

Gus quedó de nuevo plenamente convencido y


estuvo de acuerdo en lo que le acababan de
exponer.

Durante un par de semanas, enviaron los pliegos


técnicos de cada parte de la construcción a
aquellas empresas que ellos consideraban
especialistas en cada tema.

Cada vez que se recibían las ofertas, las


analizaban cuidadosamente para verificar que
cumplían con los requerimientos y calidades que
ellos habían establecido. También se comprobaba
que el personal que se iba a utilizar en la obra
estaba adecuadamente cualificado para su
realización.
237

Pasado un tiempo, muchas lecturas de ofertas y


varias entrevistas, disponían al fin de todas las
firmas seleccionadas para participar en la
construcción. Con todas ellas se estableció un
contrato en el que una parte importante de los
honorarios estaba condicionada a los resultados
finales obtenidos, tanto en calidad como en plazo.

Pero, para tranquilidad de Gus, el coste final


máximo ya estaba prefijado.

La decisión final había recaído en las siguientes


firmas:
- Brick and Concrete corp., para la ejecución a
precio cerrado de la obra civil.
- Pipe and Wire installations, para las
instalaciones interiores de agua, gas,
electricidad y vapor.
238

- Cold Mountain Freezing Company, para la


construcción e instalación de las cámaras
frigoríficas.
- Riverside Furnituring, para el suministro del
mobiliario y equipamiento.
- Daley & Peicazzo Paintings, para el pintado de
las zonas especiales.
- Golden Brush inc., para el suministro de las
pinturas convencionales y el pintado en
general
- ADM Systems International, para el diseño y
programación de los sistemas informáticos de
control y gestión.
- Leepey’s Cheestee labs, para el suministro e
instalación de los equipos especializados de
producción de quesos y derivados de la leche.

Antes de iniciar las obras, Gus y los técnicos de


Welldone cerraron el plan del proyecto, fijando
239

las fechas de inicio y final de cada parte de la


obra, teniendo en cuenta los posibles imprevistos.

Y, al fin, se empezó la ejecución de la obra. Los


diferentes equipos se iban trasladando al lugar de
construcción, a medida que eran requeridos. El
trabajo ya había sido completa y detalladamente
planificado, pero en campo, Leif y Norm
reajustaban constantemente la planificación; lo
hacían en función de la realidad del avance y los
imprevistos que les aparecían, que realmente
aparecían, pese al cuidado que habían tenido en la
elaboración del proyecto. A pesar de todo, como
ya habían tenido en cuenta los posibles
inconvenientes que se podían presentar, la
planificación general no se veía afectada, puesto
que los márgenes de seguridad que habían
previsto no se superaban, absorbiendo así los
retrasos.
240

Como no, Gus Nathan, en más de alguna ocasión


quiso cambiar algún detalle en plena ejecución de
la obra. En tales casos, Leif hacia una valoración
previa del coste e impacto que produciría y le
daba su opinión acerca de lo que estaba pidiendo.
Así, Nathan podía decidir con conocimiento del
impacto si el cambio que solicitaba le merecía la
pena, o si por el contrario, renunciaba a esos
pequeños caprichos.

La obra avanzaba a buen ritmo, en todo momento


acorde a la planificación establecida. Gus no
dejaba de sorprenderse gratamente, porque, pese a
ser el último que había empezado su fábrica, sus
amigos poco a poco iban quedando rezagados.

Joe Waters hacía más de un mes que se había


visto forzado a abandonar su proyecto y estaba en
un verdadero atolladero. Gus, a un precio más que
razonable, adquirió sus terrenos y sus rebaños
241

ampliando así su propiedad. Y, de paso Joe pudo


salir del apuro económico y marcharse lejos, a
empezar otra nueva vida. Lo mismo hizo con
Wanda, comprando a buen precio sus terrenos y
ganado a cambio de las deudas. Posteriormente, al
enterarse de los problemas de Andy Essal, decidió
echarle una mano. Le proporcionó dinero para
iniciar su nueva vida en el mar y contactó con
Sturion, para llegar a un acuerdo y hacerse con las
propiedades de Essal. No le resultó difícil, puesto
que Steven Mendwhite no tenía mayor interés que
resarcirse de una parte de las pérdidas.

El tiempo pasaba, la actividad no cesaba, y un


buen día se dio cuenta que la fábrica estaba
finalizada. El plazo había sido más largo de lo que
él inicialmente había previsto, la fábrica no era
exactamente como él la había imaginado, ni tan
sólo estaba ubicada donde hubiera deseado, pero
sin embargo, estaba acabada, funcionaba
242

correctamente y, lo que era más importante, con la


cantidad que el banco le había prestado, había
tenido suficiente para finalizar su proyecto y
adquirir las propiedades de sus desafortunados
amigos. Ahora tenía su fábrica finalizada y,
sorprendentemente, era el único dueño del valle.
243

Gus estaba eufórico. A diferencia de sus


compañeros, había conseguido su objetivo. Sin
embargo, había algo que no le cuadraba. Se
olvidaba de algún detalle importante, pero, por
más que pensaba, no podía recordar qué es lo que
podría ser.

Al rato se acordó y se preguntó:

-¿Dónde está mi queso? ¿Habré hecho algo mal?

Salió disparado hacia el laberinto, lo recorrió a


toda velocidad, con el corazón latiendo a 180
pulsaciones, hasta llegar al depósito.

Como no, allí seguía todo el queso almacenado.


No había necesitado utilizar ni un solo gramo de
su tesoro.
244

Más tranquilo, entró lentamente para regodearse


con aquella grata visión, cuando casi le da un
infarto: un ratoncillo, sentado sobre un queso de
gruyere, le miraba fijamente a los ojos, a la vez
que le decía:

-Gus, no sabes cómo te agradezco que no te hayas


ventilado todo el queso! Tus tres colegas han
desfilado uno tras otro por aquí, vaciando
totalmente su parte del depósito. Gus… tú….¿ no
te lo vas a llevar todo, verdad?

Cuando su corazón se recuperó del susto, le


prometió al roedor que siempre tendría queso a su
disposición, entró en su depósito y se maravilló
nuevamente de la cantidad de queso que tenía
almacenada, tan fresco como el primer día que
entró. Salió del depósito y recorrió el camino de
vuelta hasta su flamante fábrica, no sin antes
245

pararse ante el monolito Emmental, símbolo de su


fortuna.
Contento y feliz, agradeció a Moe Welldone y sus
colaboradores el trabajo realizado, así como a las
diferentes empresas especialistas, y empezó a
gestionar su nuevo negocio, manteniendo a todos
sus empleados anteriores y contratando nuevos
para la gestión de los diferentes departamentos.

En algunos casos, con lo que había aprendido de


las prácticas que Moe le había transmitido
decidió, por ejemplo, que la gestión contable la
realizara una empresa especializada, Mang &
Viser accountants, utilizando la fórmula del BPO,
pero previamente se aseguró de controlar la
manera de recuperar el servicio, en caso de que las
cosas no marcharan como estaban previstas, y
buscó una persona de confianza que controlara
adecuadamente el servicio prestado.
246

De esta manera, Gus y sus socios, todos aquellos


rudos vaqueros que en el inicio trabajaron codo a
codo con él, encabezados, como no, por Cart
Wright, iniciaron la explotación de la factoría.

Cart, al cabo de poco tiempo fue nombrado


Director General de la planta, como premio a su
labor.

Gus, liberado de la responsabilidad diaria de la


gestión, se dedicó a investigar cómo mejorar la
calidad de los productos que fabricaban y a
promocionarlos en el mundo entero.
Que yo sepa, hasta la fecha la fábrica continúa
produciendo a plena capacidad. Las
comunicaciones por carretera han mejorado
sustancialmente, con lo que los productos se
distribuyen con mayor facilidad.
247

La última vez que tuve ocasión de hablar con Gus,


me confesó que nunca más había vuelto a entrar
en el depósito. Tal fue el éxito de sus productos
que no tuvo necesidad de dar cuenta de lo
almacenado. La promesa que en su momento le
hizo al hablador ratón la había cumplido a
rajatabla.
248

Capítulo X: La discusión final

El relato había finalizado y, sin embargo, mis


amigos permanecían aún en silencio.

El cuento parecía haberles causado una honda


impresión, lo que me hizo reafirmar en la opinión
que yo mismo tenía acerca de una de mis
múltiples cualidades: era un genial comunicador.

-Bien, ya habéis oído el cuento –les dije- ¿Qué os


ha parecido? Creo que centra bastante las ideas
del tema que estábamos discutiendo.

Fue Ulrika Philipikis la primera que rompió el


hielo.

-No te ofendas, Monthy, pero no creo que aporte


nada al respecto. Me lo he pasado muy bien, es
muy divertido, no te lo negaré. Es como una
249

comedia que vas a ver al cine para pasar un buen


rato. Tiene mucha gracia, pero no añade nada
nuevo al debate anterior.
-¿Pero qué dices? ¡Si puedes sacar un montón de
conclusiones! - dijo Charles Whitelight- Analízalo
con un poco de calma, Querida Ulrika, y verás un
trasfondo de lo más interesante. El tratamiento
que el cuento hace sobre el comportamiento de los
diferentes personajes es, en mi opinión, muy
brillante y, por supuesto, sí que sirve para explicar
las diferentes formas de gestión que hemos estado
debatiendo antes.
-En parte creo que tienes razón, Charles, pero no
veo que los protagonistas te expliquen nada de eso
–intervino John T. Khlat – Por ejemplo, Joe
Waters, es el típico avaro y encima corto de miras.
Lo único que se demuestra es que no merece ser
directivo de una empresa.
-Por no hablar de Wanda Doolittle –argumentó
Leslie M. Labuff- No creo que nadie imagine un
250

gerente con un carácter tan frívolo y


despreocupado por los temas básicos de un
negocio.
-¿Y qué me decís de Andy Essal? ¿Acaso no es
digno de estudio alguien que en lugar de ocuparse
de su negocio se dedica a hacer política? ¡Como si
un Outsourcing funcionara por sí sólo! -exclamo
Joel M. Voight - Os puedo asegurar que esta no es
una manera razonable de hacer las cosas.
-Por supuesto que no. ¡Vaya pájaro el tal Andy! –
dijo Yamamoto Sanyi – es lo que os decía antes,
no vale la pena que nadie haga tu trabajo.
-Yamamoto, si me lo permite, creo que debería
hacer una lectura diferente de la historia de Andy
–intervino Jeff V. Oltrane- Creo que sólo era un
pobre incauto e ignorante, que no tenía las ideas
claras.

Yo asistía muy interesado al debate, que gracias a


Dios, estaba siendo mucho más distendido que
251

durante el café. Me permití la licencia de ir


tomando notas, pues las intervenciones cada vez
eran más concretas e interesantes. A pesar de
todo, la discusión no se estaba centrando en el
punto crucial en el que pensaba basar la teoría de
mi libro. En aquel momento, mi intervención era
oportuna y necesaria.

-Con todos mis respetos, queridos amigos, no creo


que estéis analizando correctamente el trasfondo
del asunto. En mi modesta opinión, el debate que
importa no hace referencia a los personajes. El
asunto son los métodos de contratación de
servicios, y creo, sin ser experto, que ninguno de
ellos, per se, son buenos ó malos; simplemente,
para hacerlos funcionar adecuadamente, requieren
una gestión y una dedicación diferente.
De verdad, pensad un poco ¿Por qué creéis que
Joe Waters se estrella? –dije, lanzando al aire la
pregunta-.
252

Billy Banks, respondió en seguida.

-Yo pienso que el fracaso de Joe Waters se


produce por dos razones: la avaricia y las pocas
luces que demuestra al elegir la empresa. Os
explico. No utiliza el body shopping por
necesidad, sino que sólo pretende ahorrar dinero y
tiempo. Además, es tan poco inteligente que ni
siquiera puede aceptar que no es ningún experto
para dirigir la construcción de una obra de tal
calibre. Ni tan siquiera es capaz de gestionar un
simple préstamo. Bueno, según su currículum no
es que fuera demasiado experto en nada… solo
hace falta ver como resuelve los problemas… Por
no hablar de cómo elige la empresa: se basa sólo
en el precio que le presentan en un papel, y no se
molesta siquiera en verificar la información que le
entrega el impresentable Timothy T. Staff. A este,
desde luego, el nombre le viene al pelo. Estafa
253

tanto a clientes como a trabajadores, a los que


explota descaradamente.

-Yo no lo habría expuesto mejor, Billy, muchas


gracias –dije con una gran sonrisa- Justamente es
éste el tipo de análisis al que yo me refería;
además, coincido plenamente contigo.
-A ver si lo he entendido –intervino John- ¿Estáis
diciendo que si Joe hubiera usado correctamente
el Body Shopping, no se hubiera arruinado?
-Exacto –le contesté – No solo lo digo, sino que
de verdad lo creo. Si Joe no hubiera pensado
solamente en ahorrar cuatro céntimos,
posiblemente se habría dado cuenta que Tim T.
Staff sólo pretendía hacer el negocio de su vida,
colocándole unos muertos de hambre, haciéndolos
pasar por expertos de la construcción. Debía, por
pura precaución, haber pedido referencias y
verificarlas. Debería haber contrastado las tarifas
con otras ofertas y comprobar por qué razón eran
254

tan bajas. Debería haberse asegurado que los


recursos eran lo que le habían prometido y debería
haberse buscado algún técnico para asesorarle en
la construcción.
Le faltó la humildad suficiente para aceptar que
no era tan listo ni que tampoco era tan fácil
trabajar sobre un tema que le era completamente
desconocido. ¡Si hasta se pone a dibujar él mismo
los planos de la factoría! El muy merluzo debió
pensar que dibujar cuatro rayas le convertía en
arquitecto…
-No, si visto desde este punto, quizás tengáis
razón –reconoció John- Bien mirado, y poniendo
un ejemplo casi para niños, es como si necesitas
un paleta para que te haga la glorieta del jardín.
Lo contratas sólo para un trabajo puntual, jamás lo
pondrías en la plantilla del servicio doméstico. Y
según dónde vayas a buscarlo, el resultado puede
ser un fiasco además de un ingente gasto. Charles
¿recuerdas la fiesta de inauguración del cenador
255

del Margaret Icecold? Estaba empeñada en


colocar una estatua de hielo que se mantuviera en
pie incluso en el mes de agosto. Fue una de las
fiestas donde me he reído más en mi vida.
Sólo el recuerdo de la anécdota hizo que a Charles
y John les saltaran las lágrimas de la risa.
Acabamos todos riendo un buen rato. Cuando
pude recuperar el habla, me dirigí a Leslie M.
Labuff:
-Leslie, antes has hablado de Wanda; venga,
inténtalo de nuevo, pero procura sacar algo nuevo
y positivo –le dije a Leslie, forzando a que todos
participaran al máximo.

-Está bien… lo haré porque se trata de ti… - dijo


riendo Leslie- A ver… Wanda se deja cegar por
la fama y el lujo de una multinacional con un
personal realmente bueno. Parece que sean
expertos en casi todo, y, pese a que la empresa
tiene incontables referencias en todo el mundo, el
256

equipo local no tiene la experiencia suficiente en


el tipo de obra que les encarga. Las empresas
están formadas por personas, y su experiencia,
aunque valiosa, no es suficiente si los técnicos,
que a la postre deben realizarla, no están
convenientemente capacitados. Supongo, que la
personalidad y las ganas de aparentar de la Srta.
Doolittle, no le dejan ver las cosas con la claridad
diáfana que requiere un negocio así.
En el fondo, la compañía quiere captar nuevos
clientes y para esto también tiene sus métodos.
Apabullan a Wanda con una brutal cantidad de
documentos, que se siente desbordada. Apuesto
que la mayor parte de la documentación podría
pertenecer a otros proyectos de la firma,
realizados previamente para otras personas, y por
otros profesionales, incluso puede, que de otros
países.
Wanda, incapacitada para pensar por la avalancha
de papeles, prefiere darlo todo por bueno. La
257

forma petulante con que le venden el proyecto,


encaja a la perfección con la forma de ser de
Wanda; firma todo cuanto la empresa le pone bajo
su estilográfica, sin darse ni cuenta de si es lo que
más le conviene. Con un equipo propio, con gente
de su confianza que la hubiera ayudado a estudiar
la oferta, habría sabido que partes le resultaban
útiles y cuales no.
Si se hubiera preocupado del negocio en sí, en vez
de dedicarse a pensar si necesitaba un sillón estilo
Luís XV…
Es curioso, ¿verdad? No hay como enjabonar a
alguien para distraer el verdadero centro de
atención. Eso es lo que la empresa hace para que
ella no perciba que los costes se desvían
exageradamente del presupuesto inicial. Sin
embargo, la forma exquisita y la condescendencia
con que la tratan, hacen que Wanda quede
encantada con ellos. Por esta razón, cuando
258

descubre que no es oro todo lo que reluce, ya es


demasiado tarde.
Por lo menos le sirve para aprender que, como
todo en la vida, pintándose las uñas en lugar de
trabajar en lo que uno quiere conseguir, solo le
puede llevar directo al fracaso.
-Bravo Leslie –le dije, con lo que conseguí
sonrojarla- Ahora sí que has hecho un análisis
como los que me tienes acostumbrado. Coincido
también contigo en tus conclusiones. ¿Os dais
cuenta? Todo depende cómo enfoquemos el
análisis para extraer unas u otras premisas.
-Es decir, si no he entendido mal –intervino ahora
Ulrika, que había escuchado muy atentamente la
explicación de Leslie- realmente creéis que la
oferta de la IMB no era un timo.
-Bueno, digamos que a veces se cobra más a la
gente que está más predispuesta a ello –contesté
divertido- Te lo diré de otra forma, si Wanda
hubiera concentrado sus esfuerzos en analizar la
259

viabilidad del negocio, y, sobretodo, estudiado al


dedillo cuanto le proponía Iverson, otro gallo
hubiera cantado. Nadie le estaba forzando
realmente a firmar nada, y además tuvo la
posibilidad de hacer el proyecto a su medida.
Digamos que la IMB, se aprovechó un poco de
una joven con más predisposición a ello.
-Monthy, escucha bien lo que voy a decir, porque
ya me conoces y soy de ideas fijas –le contestó
Ulrika- Empiezo a convencerme de que, a veces,
la externalización de según qué actividades, puede
ser algo que merezca la pena estudiar.
-Te agradezco mucho tus palabras, querida, más
de lo que imaginas –le dije al instante, y continué
dirigiéndome a los demás- ¿Y qué me decís de
Andy Essal? Francamente, creo que es el caso
más interesante. ¿Qué opinas, Jeff? Tu opinión
nos interesa muchísimo.
-Me halagas, de verdad –dijo Jeff- De acuerdo,
pues. Creo, que Andy sabe plantear cómo hacer
260

una selección y que no se equivoca con la


empresa que elige. Pero tiene un gran problema:
se considera por encima de lo divino y lo humano,
de todos los aspectos terrenales. Piensa que
externalizando la construcción y explotación de su
futura factoría con una firma de reconocido
prestigio y contrastada experiencia, Su dedicación
al proyecto será casi nula y así podrá dedicarse
plenamente a actividades de mayor valor añadido,
como suele decirse actualmente.
No se da cuenta (igual que Wanda) de que en
todos los casos, la implicación que requiere el
proyecto es siempre máxima. Es un error
gravísimo dejar las decisiones y el control en
manos ajenas. Una cosa es que nos hagan unos
planos, contraten trabajadores y supervisen la
obra. Otra muy distinta es que te desentiendas
completamente del proyecto y te olvides que las
decisiones importantes las debe tomar uno mismo.
261

Esto es lo que le conduce al mas estrepitoso de los


fracasos.
En realidad, de lo único que se puede acusar a la
Sturion, es de acabar los informes que enviaba
desde la obra con la frase “de momento es un
problema sin importancia, nada que no se pueda
arreglar”. Pero, Córcholis!..No se puede ser tan
obtuso como para no leer siempre el último
párrafo. Las cosas requieren su tiempo y hay que
dedicárselo, si se quiere triunfar.
Si queréis que os diga la verdad, pienso que la
empresa en ningún momento tiene la intención de
aprovecharse de él; aún más, le insiste una y otra
vez en la necesidad de que asista a las reuniones,
que lea los informes para que pueda decidir sobre
los problemas, a medida que se van presentando.
Como Andy hace caso omiso, se ven obligados en
todo momento, a decidir lo que les parece más
oportuno. Pese a todo, sus decisiones no siempre
son correctas. Además, en el fondo, no es su
262

dinero el que está en juego, como mucho sus


honorarios.
Como conclusión, si uno mismo no vela por sus
intereses, ya me diréis quien lo va hacer, ¿no?
-Desde luego, Jeff –dije – Yo lo hubiera explicado
casi con las mismas palabras, puedes estar seguro.
-Ya sabéis que me dedico básicamente a la
economía teórica –dijo Charles Whitelight- Esta
noche, estáis cambiando muchos de mis
esquemas. No os negaré que durante el café he
llegado a enfadarme, pero tu historia, Monthy, me
ha hecho reflexionar. Estoy de acuerdo en los
comentarios que han hecho Billy, Leslie y Jeff.
Además están avalados por su experiencia en el
tema. Disculpad mi actitud, os lo ruego. A veces
cualquier teoría es inútil si no eres capaz de
conocer cómo funcionan las cosas en la práctica.
-Charles, me alegro mucho que mi historia te
haya servido, y no hace falta que te disculpes –le
263

dije- Eres uno de los mejores economistas del


mundo; tus palabras, una vez más, te honran.
-Bueno, bueno…no exageres Monthy, que ya te
conocemos- replicó Charles con una gran sonrisa-
Si me lo permites, me encantaría que Joel nos
diera su opinión sobre la forma de actuar de Gus
Nathan en el cuento.
-Me has quitado las palabras de la boca, ¡te lo
prometo! –exclamé- Se lo iba a pedir ahora
mismo…
-Esta noche estoy muy solicitado –rió Joel M.
Voight- Es un honor y a la vez una gran
responsabilidad para mi, que una eminencia como
Charles quiera conocer mi opinión, me siento muy
halagado,muchas gracias. Antes de empezar me
gustaría deciros que yo también comparto las
opiniones de mis amigos; los análisis que han
hecho son del todo acertados.Tan sólo espero estar
a su altura…
264

-Vamos allá: creo que Gus Nathan tiene éxito


porque aplica fundamentalmente el sentido
común, que sin embargo, como todos sabemos, es
el menos común de los sentidos.
Gus conoce perfectamente sus limitaciones, y
justamente por eso reflexiona mucho para
determinar exactamente qué es lo que pretende
hacer. Además, su afán de superación y modestia
hace que pregunte lo que desconoce y aprenda
sobre la marcha. Su relación con los vaqueros, por
ejemplo, lo demuestra.
A medida que va perfilando su proyecto, lo que
hace además, es aprender a gestionar una empresa
ganadera. Y para ello, no necesita nada más que
trabajar junto a sus empleados. Así, además de
lograr una relación que va más allá de lo
puramente profesional, motiva a sus empleados y
por ende, consigue que le expliquen conceptos y
procedimientos de cosas, que para él, son del todo
desconocidas.
265

Además, no se contenta con el trato amable a los


rudos cowboys, les aporta motivación extra a
través de incentivos económicos, con lo que, al
sentirse todavía más implicados, hacen suyo el
nuevo proyecto, se responsabilizan de su parte del
mismo y rinden siempre al máximo.
Otro aspecto a destacar, es que Gus solamente se
lanza a buscar una constructora en el momento en
que considera que ya tiene una idea perfilada en la
cabeza. Sabe lo que quiere, sabe cuando lo quiere
y sólo necesita saber con quién y cómo lo quiere
hacer…
Moe Welldone se limita a hacer esto último, pero
de una manera poco convencional. Avanza paso a
paso, pero firmemente, y sin volver atrás; busca
en todo momento que tanto Gus como su equipo,
comprendan y compartan cada decisión antes de
tomarla, ajustando así poco a poco, todos los
parámetros del proyecto.
266

Además, cuando entre todos ya tienen el proyecto


definido; los plazos, costes, cantidades y calidades
estipuladas, buscan a los especialistas. Los
contratan a precio cerrado, buscando la mejor
oferta. Es el momento. No hay incertidumbres ni
riesgos imprevistos. La ejecución será más barata
porque ellos lo saben hacer mejor y más
rápidamente, porque todo se ha estudiado y
previsto con antelación.
El riesgo es pequeño, porque durante las fases
iniciales han definido todos los aspectos a tener en
cuenta.
Como se detallan los posibles imprevistos y
preparan posibles alternativas, el margen de error
en el cálculo del coste cada vez es más pequeño.
Las cosas prácticamente van a tiro hecho.
Sin embargo, Moe es suficientemente inteligente
como para no fiarse al cien por cien. Realiza un
seguimiento exhaustivo de los trabajos y un
control de calidad de los resultados de cada
267

empresa de especialistas. Y no deja al margen a


Gus, ni tampoco él quiere mantenerse
desconectado; al contrario, está presente en
cuantas reuniones le solicitan.
Y ya veis, cómo una buena planificación y gestión
del proyecto consigue su cometido, en este caso,
la construcción de una fábrica de productos
lácteos que funcione y sin que Gus Nathan haya
dejado sus propiedades, su esfuerzo, su tesoro y su
amor propio en el camino…
-Fantástico, Charles! –exclamé - Veo que poco a
poco, todos habéis ido entendiendo la esencia del
asunto.
La conclusión del cuento es que ninguno de los
cuatro métodos es perfectamente válido, cosa que
demuestra Gus, sino que la clave está en saberlos
utilizar. No sé si os habréis percatado que Gus
Nathan los utiliza todos. Los vaqueros son
contratados por administración, o lo que es lo
mismo, en Body-Shopping. El proyecto
268

cosntructivo y la ejecución de la obra los realiza a


precio cerrado, y algunas partes del negocio que
no son importantes las adjudica en forma de
outsourcing y en algunos casos, como la
contabilidad, en forma de Business Process
Outsourcing, vaya palabro!
En todos los casos, no realiza una transferencia de
responsabilidad sino una contratación más o
menos sofisticada de recursos, y lo que no hace en
ningún momento, es perder el control, y mucho
menos el conocimiento sobre el negocio, sino todo
lo contrario, lo incrementa.
Gus, como veis, es el único que logra mantener
realmente el control de su proyecto, gracias a su
experiencia, pero también gracias al buen
asesoramiento de Moe, que le proporciona el
método de trabajo más adecuado a cada etapa. Y,
como dicen en algunos dibujos animados… esto
es todo, amigos!
269

Una vez acabado mi pequeño discurso, entre los


estruendos provocados por los aplausos
entusiastas y los vítores de todos mis invitados
menos uno, a base de gritos conseguí hacer venir
a James, mi ayuda de cámara, para que nos
obsequiara con otra botella de Cava.
La velada estaba resultando un completo éxito, y
eso merecía un brindis. Mi relato había
conseguido su cometido: distender el ambiente y
“exprimir” a mis invitados.

Después del brindis, la conversación giró en torno


a otros temas y todos charlaban animadamente.

Yamamoto, sin embargo, estaba en un rincón con


cara de pocos amigos, sin hablar con nadie.

Ya había reparado en él desde hacía un buen rato,


ya que permanecía sorprendentemente callado y
270

con una expresión extraña, por decirlo de alguna


forma.
Joe se había dado cuenta también y, dirigiéndose
al rincón, le preguntó:

-¿Te encuentras bien Yamamoto? Ni siquiera te


has acabado la copa de cava, y me consta que te
gusta.

Todo el mundo se giró hacia él y nos dejo a todos


de una piedra cuando, con el semblante
desencajado y más amarillo que un pomelo,
exclamó con voz de trueno:

-¡¡¡¡¡¡Vosotros… Vosotros…Sois todos una


pandilla de terroristas empresariales!!!!

Y es que hay cosas que no cambiaran nunca…


271