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Canonicidad de las Epístolas católicas

De entre las siete Epístolas católicas, hay cinco (Santiago, la segunda de San Pedro, la segunda y
tercera de San Juan y la de San Judas) cuya canonicidad fue puesta en duda por muchos autores
antiguos. Por eso Eusebio, resumiendo el pensamiento de los escritores de la Iglesia oriental, colocaba
las cinco epístolas entre «los libros discutidos, pero que son admitidos por la mayor parte». Ya en
tiempo de Orígenes muchos autores dudaban de la canonicidad de la 2 Pe, 2-3 Jn y Jds, por diversas
razones. Sin embargo, Orígenes las considera como canónicas.
En la Iglesia latina desaparecen todas las dudas a fines del siglo IV, como vemos por el concilio
provincial de Hipona (a. 393), por los concilios III y IV de Cartago (a. 397 y 419) y por la carta de
Inocencio I al obispo Exuperio de Tolosa (a. 405), que ya presentan el canon de la Sagrada Escritura
completo. En la Iglesia oriental, las dudas perduraron por más tiempo; pero el concilio Trulano (a.
692) adoptó, finalmente, el canon completo del Nuevo Testamento. La Iglesia siríaca oriental tardó
todavía más en admitir todas estas epístolas. En el siglo XVI, los protestantes volvieron a resucitar
las dudas respecto de algunas de estas epístolas, y negaron su canonicidad.
Por este motivo, la Iglesia, en el concilio Tridentino, definió solemnemente su canonicidad,
corroborando y confirmando de esta manera la tradición antigua.
A pesar de las controversias habidas en las diversas Iglesias sobre su canonicidad, parece que éstas
nunca llegaron—al menos en las Iglesias greco-latinas—a excluir su uso de entre los fieles. En los
numerosos manuscritos hasta hoy conocidos, las siete Epístolas católicas forman un grupo, y no hay
señal de que se hayan separado las epístolas discutidas de las que no lo eran. De ahí que concluya el
P. Lagrange: «Es, por lo tanto, muy verosímil que nunca la práctica de las Iglesias haya rechazado
cuatro de las siete epístolas».
Lugar y orden en el canon
El lugar y el orden que han ocupado en el canon del Nuevo Testamento ha variado bastante en el
transcurso de los siglos. En los grandes códices unciales del siglo IV (B = Vaticano y S = Sinaítico)
se hallan colocadas después de los Hechos de los Apóstoles. E n cambio, en la Vulgata están después
del Corpus Paulinum y antes del Apocalipsis. Este es también el orden adoptado por el concilio de
Trento.
En el interior del grupo de las siete Epístolas católicas, el orden de la Vulgata es el mismo que el de
las Iglesias orientales: Santiago, San Pedro, San Juan y San Judas. Tal vez este orden haya sido
sugerido por un texto de San Pablo a los Gálatas (2,9), en el que nombra a los apóstoles en este orden:
Santiago, Cefas y Juan. los cánones de las Constitutiones apostolicae y de los concilios Florentino y
Tridentino se disponen según el orden de dignidad de sus autores. Por eso se da la preferencia a Pedro,
Juan, Santiago, Judas.
Carácter de las Epístolas católicas
Vienen a ser una especie de homilías pastorales presentadas en forma de cartas. El horizonte que
abarcan es más vasto que el de las epístolas paulinas, puesto que se dirigen a una gran colectividad
de creyentes. Constituyen un bello ejemplo de la enseñanza dada en las primeras comunidades
cristianas, con estilo y forma bastante impersonal, como era de uso entonces entre los judíos y los
paganos.
El argumento de cada una es diverso, lo mismo que su finalidad. Las Epístolas católicas han tenido,
en cierto sentido, la desgracia de encontrarse al lado de las grandes y maravillosas epístolas paulinas.
Este ha sido, sin duda, el motivo de que hayan sido menos estudiadas y conocidas. Sin embargo,
contienen enseñanzas muy ricas y de gran valor dogmático y religioso. Por eso mismo, la Iglesia las
emplea con frecuencia tanto en el Oficio divino como en la misa durante el tiempo pascual.
El texto
El P. Lagrange ha hecho un estudio profundo del texto de las epístolas católicas. De él se deduce que
el códice B (Vaticanus) es el testimonio mejor y menos contaminado. Vienen después otros textos
emparentados con el B, como son S, A, C, P, Y, 6, 33, 1175,
I739» P2 0 . P 2 3 , la versión Vetus latina, la copta y la armena. En
algunos de los manuscritos indicados (S, A, C) se advierte ya la
tendencia a corregir el texto para hacerlo más claro o más correcto.
Otro tanto sucede en las versiones siríacas. Esta tendencia a retocar
el texto dio como resultado la formación de una nueva familia textual,
el llamado texto antioqueno o textus receptus. A esta familia
pertenecen los manuscritos H, I.
El texto de la Vulgata parece ser el d e la Vetus latina corregido
según un texto griego perteneciente a la familia Hesiquiana (familia
B). Como ésta es considerada generalmente por los críticos
la mejor y la más pura de todas, de ahí la gran importancia que
tiene para nosotros el texto de la Vulgata en lo que se refiere a las
Epístolas católicas 27.