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PROBLEMAS OCURRIDO EN BRASIL

Brasil, el país más cosmopolita de América Latina, ha sido golpeado por la que ha sido
considerada su peor sequía en cien años, una que ha afectado, según el diario O Globo, a
más de 46 millones de personas que hoy padecen serias dificultades en sus actividades
sociales y económicas por la escasez de agua.
Aunque precipitaciones inusualmente fuertes durante la estación de lluvias de Brasil
han causado un alivio temporal en algunas regiones, los niveles de agua en varios
reservorios del Gran São Paulo siguen en niveles peligrosamente bajos. Funcionarios
públicos y agencias de servicios públicos se esfuerzan por hallar arreglos de corto plazo
y soluciones de largo plazo.
Muchos científicos y expertos en medio ambiente creen que la prolongada sequía en
Brasil anuncia un cambio climático permanente, exacerbado por la deforestación del
Amazonas y la mala gestión de recursos, y no en la creencia brasileña de que San Pedro,
santo de la Iglesia Católica, controla las precipitaciones.
Los críticos, no obstante, afirman que esas medidas probablemente son insuficientes y
llegan demasiado tarde, además de ser sumamente caras. Incentivos como fuertes
aumentos del precio del agua y códigos de construcción más estrictos se deberían haber
implementado hace meses o años para alentar la conservación, aseguran. También
denuncian una falta de inversión en la capacidad de almacenamiento y proyectos para
reusar agua desechada, como motivos de la actual crisis.
Para el Inpe, ya no existen patrones de lluvia en la región. Por eso, el coordinador de
ASA cree que las cisternas, aunque sean positivas, tienen un límite técnico. "Almacenan
agua de lluvia para una familia de cinco personas durante ocho meses. Si hay una
irregularidad y disminución de lluvia, consecuentemente la tecnología también va a
disminuir", pondera.

"Lo que sucede en el acuífero depende muy directamente de las precipitaciones y de la


distribución del agua en la atmósfera”, explica a DW Edson Cezar Wendland,
investigador de la Universidad de São Paulo. Wendland ha estudiado el acuífero Guaraní
durante más de una década.

Para el estado de São Paulo, el Acuífero Guaraní desempeña un papel modesto. Sin
embargo, el suministro de agua de la región en su conjunto es crítico, ya que su por
ubicación geográfica es una zona que tiende a la sequía. Los científicos se muestran
preocupados por la disminución de agua del acuífero y advierten sobre consecuencias
dramáticas si no se evalúa mejor el papel que juega el depósito de agua para otros
sistemas hídricos.
PROYECTO INAMBARI

La central hidroeléctrica del río Inambari (CHI) tendría 2,200 MW de potencia instalada y
un costo de USD 4,312 millones de dólares, a los cuales habría que agregarle USD 882
millones para la construcción de una línea de transmisión de 810 km de largo para exportar
la energía y conectar con las hidroeléctricas actualmente en construcción en el río Madeira,
cerca de Porto Velho, en Brasil.

Estos son precios del 2009. No se ha decidido aún dónde se conectaría al sistema eléctrico
peruano, pero EGASUR ha propuesto que sea a través de una línea que se conecte con la
proyectada central hidroeléctrica de Paquitzapango, también parte del Acuerdo Energético
Perú Brasil, y de ahí a la central del Mantaro. Esta línea de transmisión uniría las cinco
centrales propuestas en ríos amazónicos peruanos. Los costos de ambas líneas de transmisión
no están considerados en este estudio.

Los principales beneficios de la construcción de la CHI para el Perú, serían la disponibilidad


de una cantidad importante de energía, la inyección de unos USD 1,700 millones de dólares
en la economía durante la construcción que duraría 5 años. A ellos se sumarían, cuando
comience a operar la central, el 18% del Impuesto General a las Ventas (IGV), el 30% del
impuesto a la renta y la entrega de las instalaciones al gobierno peruano al cabo de 30 años
de concesión.

Estos beneficios deben ser contrastados con costos ambientales y sociales tales como la
evacuación de unas 4,000 personas a causa de la inundación de 378 km2; la deforestación de
unas 96,000 hectáreas en un período de 16 años, sobre todo a causa de la migración de
población hacia la zona; la emisión de una cantidad considerable de gases de efecto
invernadero, la pérdida de la biodiversidad y la severa alteración de los sistemas acuáticos.

El Acuerdo Energético prevé que la cantidad de electricidad que podrá ser exportada al Brasil
será fijada antes del inicio de la construcción de la central y que no podrá cambiar durante
30 años. Así mismo, la empresa concesionaria deberá primeramente buscar clientes en los
mercados regulado y libre peruanos, y los excedentes podrán ser exportados al Brasil.