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CIENTIFICOS

GRIEGOS

**
Museo Capitolino, Roma

ARQUIMEDES
CIENTIFICOS
GRIEGOS
RECOPILACION, ESTUDIO PRELIMINAR, PREAMBULOS y NOTAS POR

FRANCISCO VERA

**
ARQUIMEDES
APOLONIO DE PERGAMO
ERATOSTENES
NICANDRO
HIPARCO
TEODOSIO DE TRI POLI
HERON DE ALEJANDRIA
DIOSCORIDES
PTOLOMEO
GALENO
NICOMACO DE GERASA
PAPPO
DIOFANTO DE ALEJANDRIA
PROCLO DE LICIA

~
TOllE,lEGE A G U 1 LAR
DEPÓSITO LEGAL. M. 11542.-1970 (ll).

© AGUlLAR, S. A. DE EDICIONES, Juan Bravo, 38, Madrid (España), 1970.

Printed in Spain. Impreso en España por Selecciones Gráficas,


Avenida del Doctor Federico Rubio y Galf, 184, Madrid.-1970.
ARQUIMEDES·
(287-212)
ARQUIMEDES

PREAMBULO

H lJO del astrónomo Fidias 1, Arquímedes nació en Siracusa el año


287 antes de Jesucristo y fue pariente del rey Hierón 1I 2, en cuya in-
timidad vivió, aunque sin desempeñar cargo alguno.
Según Diodoro de Sicilia 3, viajó por Egipto, donde se inició en la
ciencia faraónica, y de regreso a su patria trabó amistad con los más afa-
mados geómetras.
Dice Plutarco 4 que los inventos fueron para Arquímedes «como jue-
gos de Geometría, a la que era dado. En el principio fue el tirano Hierón
quien estimuló hacia ellos su ambición, persuadiéndole a que convirtiese
alguna parte de aquella ciencia de las cosas intelectuales en las sensibles
y que, aplicando sus conocimientos a los usos de la vida, hiciese que le
entrasen por los ojos a la muchedumbre)); y, luego de aludir a los tra-
bajos de Matemática aplicada de Eudoxio y Arquitas que no continuaron
a causá de que «Platón se indispuso e indignó contra ellos porque degra-
daban y echaban a perder lo más excelente de la Geometría con trasla-
darla de lo incorpóreo e intelectual a lo sensible y emplearla en los cuer-
pos que son objeto de oficios toscos y manuales», agrega Plutarco que
«Arquímedes, pariente y amigo de Hierón, le escribió que con una po-
tencia dada se puede mover un peso igualmente dado; y jugando, como
suele decirse, oon la fuerza de la demostración, le aseguró que si le die-

1 <I>H~(et. ~€ TOU a!.wuJtet."tQó~, dice Arquímedes en el Arenaria, tegún la lec-


ción de Blass en el Jahrb. für Philol., vol. eXXVIl, 1883, que corrigió el texto
de las ediciones antiguas: <I>H~(a be TOU 'AxouJtaTQo~, traducido Phidias vero
Acupatri filius, por Torelli, y Phidias, ti/s d'Acupatri, por Peyrard.
2 Tirano de Siracusa que gobernó durante el período 269-215.
3 Biblioteca histórica, XXXVII, 3.
4 Vidas paralelas (Marcelo), passim.
10 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO n

ran otra Tierra, movería esta después de pasar a aquella 5. Maravillado


Hierón, y pidiéndole que verificara con obras este problema e hiciese os-
tensible cómo se movía alguna gran mole con una potencia pequeña, com-
pró para ello un gran transporte de tres velas del arsenal del rey, que fue
sacado a tierra con mucho trabajo y fuerza de un gran número de brazos;
cargólo de gente y del peso que solía echársele, y sentado lejos de él, sin
esfuerzo alguno y con solo mover con la mano el cabo de una máquina
de gran fuerza atractiva, lo llevó así derecho y sin detención, como si
corriese por el mar».
En este párrafo está contenida la ley de equilibrio de la palanca, cuyo
uso práctico era ya conocido en Oriente, según se ve en algunas escul-
turas de Asia y Egipto; pero su principio fue descubierto por Arquímedes
gracias al poder del razonamiento abstracto.
El gran siciliano intervino en la defensa de su patria y, según el pro-
pio Plutarco, «al acometer, pues, los romanos por dos partes, fue gran-
de el sobresalto de los siracusanos y su inmovilidad a causa del miedo,
creyendo que nada habría que oponer a tal ímpetu y a tantas fuerzas;
pero poniendo en juego Arquímedes sus máquinas, ocurrió a un mismo
tiempo al ejército y la armada de aquellos. Al ejército con armas arroja-
dizas de todo género y con piedras de una mole inmensa, despedidas con
increíbl(¡! violencia y celeridad, las cuales, no habiendo nada que resis-
tiese a su peso, obligaban a muchos a la fuga y rompían la formación. En
cuanto a las naves, a una las asían por medio de grandes maderos con
punta, que repentinamente aparecieron en el aire, saliendo de la muralla,
y alzándose .. en alto con unos contrapesos, las hacían luego sumergirse
en el mar, ya otras, levantándolas rectas por la proa con garfios de hie-
rro semejantes al pico de las grullas, las hacían caer en el agua por la
popa, o atrayéndolas- y arrastrándolas con máquinas que colocaban aden-
tro, lasf!strellaban en las rocas y escollos que abundaban bajo la mura-
lla, con gran ruina de la tripulación. Aveces hubo nave que, suspendida
en lo alto dentro del mismo mar, y arriada en él y vuelta a levantar, fue
un espectáculo terrible, hasta que, estrellados o expelidos los marineros,

5 De aquí procede la anécdota que atribuye a Arquímedes la tan conocida


como disparatada frase: « Dadme una palanca y un punto de apoyo y moveré
el mundo», de la que hay dos versiones: .a j3w xal XLVW .áv yav, en dialecto
dórico, tan caro a Arquímedes, y otra en griego· más literario: M~ !-t0l W-U
(H& xal XLV& .~v 'Y~v.
ARQUIMEDES.-PREAMBULO 11

vino a caer vacía sobre los muros o se deshizo por soltarse el garfio que
la asía)),
Más conocida que la invención de estos dispositivos, que autorizan a
considerar a Arquímedes como el primer ingeniero de la antigüedad, es
la anécdota referente a la corona de oro de Hierón que nos ha transmi-
tido Vitruvio 6. «Cuando Hierón reinaba en Siracusa-dice el famoso ar-
quitecto romano~quiso ofrecer a los dioses inmortales, por los éxitos con-
seguidos en sus empresas, una corona de oro, que encargó a un artífice
a quien entregó el oro necesario para hacerla, además del importe de su
trabajo. En el plazo convenido quedó construida la corona: que al rey
pareció bien ejecutada; pero habiendo sabido que el artífice había ro-·
bada una parte del oro, sustituyéndolo por el mismo peso de plata, y no
. sabiendo cómo demostrar el fraude de que fue víctima, encargó de ello
a Arquímedes. Un día, en que este se bañaba, observó que el agua se
desbordaba .a medida que él entraba en la bañera, lo cual le hizo descu-
brir el secreto que buscaba, y, saliendo desnudo del baño, corrió .por las
calles gritando: ei;f]r¡xa, eVf]r¡xa, es decir: lo encontré, lo encontre.»)
Vitruvio dice después que para comprobar que la corona no era de
oro puro, la introdujo en un vaso lleno de agua, y después dos masas,
una de oro y otra de plata, de igual peso que la corona, y, midiendo los
volúmenes desalojados de los tres cuerpos, «encontró que la masa de oro
no desalojaba .tanta agua como la de plata; que la diferencia era igual a la
de los volúmenes del oro y de la plata; y que la corona desalojó más
agua que la masa de oro y menos que la de plataJ), .lo que le permitió
calcular la plata que el artífice había mezclado con el oro.
Este problema, que es un sencillo reparto proporcional, no tiene nada
que ver con el principio de Arquímedes contenido en los postulados que
establece en el libro 1, «De los cuerpos flotantes)), y cuyo carácter ele-
mental contrasta con las aplicaciones que hace del mismo en el libro Il
para fijar las condiciones de equilibrio de un paraboloide de revolución.
Arquímedes es, acaso, el hombre de ciencia que ha llegado a la más
alta cima de la abstracción, y, según Plutarco, la muerte le acechaba en
uno de sus momentos de éxtasis. «Hallábase-dice-casualmente entre-
gado al examen de cierta figura matemática, y fijos en ella su ánimo y su
vista, no sintió la invasión de los romanos ni la toma de la ciudad. Pre-
sentósele repentinamente un soldado, dándole orden de que le siguiese a

6 De Architectura, IX, 3.
12 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

casa de Marcelo; pero él no quiso antes de resolver el problema y llevar-


lo hasta la demostración; con lo que irritado el soldado, desenvainó la
espada y le dio muerte. Otros dicen que ya el romano se le presentó con
la espada desnuda en actitud de matarle, y que al verle le rogó y suplicó
que esperara un poco para no dejar imperfecto y oscuro lo que estaba
investigando; de lo que el soldado no hizo caso y le pasó con la espada.
Todavía hay acerca de esto otra relación, diciéndose que Arquímedes lle-
vaba a Marcelo algunos instrumentos matemáticos, como cuadrantes, es-
feras y ángulos, con los que manifestaba a la vista la magnitud del Sol, y
que, dando con él los soldados, creyendo que llevaba oro, le mataron.
Como quiera, lo que no puede dudarse es que Marcelo lo sintió mucho,
que al soldado que le mató de su proPia mano le mandó retirarse de su
presencia como abominable y que, habiendo hecho buscar a sus deudos,
los trató con el mayor aprecio y distinción.»
Así acabó su vida-una de las más fecundas que registra la historia
de la Ciencia-el año 212 antes de Jesucristo.
El cadáver de Arquímedes fue enterrado con todos los honores, y
sobre su tumba, cumpliendo sus deseos, se colocó un cilindro inscrito en
una esfera con una inscripción que indicaba la razón, por él descubierta,
entre las áreas y volúmenes de ambos cuerpos.
El sepulcro fue hallado y restaurado piadosamente por Cicerón siendo
cuestor de Sicilia 7, pero volvió a desaparecer, y hoy no se sabe dónde está.
Arquímedes es el matemático griego que sigue cronológicamente a
Euclides-pues quienes florecieron en el medio siglo que fluye entre am-
bos son de mediana cota intelectual-, y cada uno de los dos representa
una orientación distinta de la ciencia llamada exacta por antonomasia.
Euclides se preocupa de ordenar, sistematizar y completar la labor de
sus antecesores, mientras que Arquímedes se plantea problemas nuevos,
cuya solución le obliga a prescindir de los métodos conocidos e inventar
otros, acudiendo incluso a recursos físicos: audacia herética para los epi-
gonos de Euclides, cuya autoridad era indiscutible en Alejandría, donde
estudió Arquímedes, quien se retiró a Siracusa después de no pocas disputas.
Hombre antes que intelectual y ciudadano antes que sabio, Arquíme-
des no se encerró en la torre de marfil de sus lucubraciones, ni permane~
ció al margen de la cosa pública; y cuando Marcelo sitió su ciudad na-

7 Tusculanorum disputationum libri V, IV, 13. Hay una traducción espa-


ñola en las Cuestiones tusculanas, libro V, de Menéndez Pelayo, Madrid, 1884.
ARQUIMEDES.-PREAMBULO 13

tal la defendió con las máquinas inventadas por él con tal resultado que
el general romano no la tomó por las armas, sino por el ardid.
El abismo platónico entre la teoría y la práctica no existió para Arquí-
medes, que supo aplicar a la Técnica el resultado de sus meditaciones,
ni tampoco existió para él la restricción de la regla y el compás como úni-
cos instrumentos de la actividad matemática; inventó la espiral que lleva
su nombre y, prescindiendo de los cánones euclídeos, determinó con rigor
científico la razón de la circunferencia al diámetro mediante cálculos apro-
ximados y encontró el área del segmento parabólico haciendo pesadas
teóricas.
Las obras de Arquímedes no son compilaciones, sino verdaderas mo-
nografías en el sentido actual de esta palabra, tanto por su extensión,
siempre breve, como por su intensidad, siempre grande, por lo cual puede
decirse que fue un hombre moderno, cuya labor, aunque apreciada por
sus contemporáneos, no ha sido reconocida hasta que el avance de la Ma-
temática a partir del siglo XIX puso de relieve el adelanto de Arquíme-
des sobre la ciencia de su época, cuya rama geométrica solo llegó al Oc~
cidente latino a través de la defectuosa traducción que Boecio 8 hizo de
los Elementos de Euclides, a quien cita Dante 9, así como a Thales, Ana-
xágoras, Zenón y otros, pero no a Arquímedes, lo que demuestra que a
principios del _siglo XIV no se conocía a este, pues que el poeta de La
Divina Comedia no ignoraba nada que supieran sus contemporáneos.
Aparte de' las contribuciones que acabamos de citar, el gran siracu-
sano echó los cimientos del Cálculo integral; determinó el centro de gra-
vedad del segmento parabólico,. estableció el concepto riguroso de mo-
mento estático; calculó las áreas y volúmenes de cuerpos limitados por
superficies curvas, y, en su trabajo El método, analizó las diferencias en-
tre el descubrimiento y la demostración de las verdades matemáticas, de-
jando la más amplia libertad para aquel y exigiendo el rigor lógico para
esta, que ilustra con ejemplos propios extraídos de la Mecánica y de la
Geometría del mundo sensible, en el que no hay puntos sin extensión, lí-
neas sin anchura ni superficies sin espesor, sino que todo es corpóreo y
todos los cuerpos son irregulares, cuyo conocimiento previo, contando,
midiendo y pesando-,y no metafisicalizando a la manera de Platón-es
indispensable para el conocimiento lógico y abstracto.

8 Durante el tiempo que vivió en Atenas.


9 «Infierno», IV, 135-144.
14 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

BIBLIOGRAFIA

Las obras de Arquímedes son muy numerosas. Aparte de las inevi-


tables pérdidas y mutilaciones, se conocen las siguientes:

l. II Eet (Jcpaí'2a~ xaí xví.woeov: Sobre la esfera y el cilindro, en dos


libros enderezados al geómetra Dositeo. El texto ha sido corregido por
Heiberg: Mindre Afhandlinger udg. af det philologiskhits. Samfund, Co-
penhague, 1897. De esta obra hay dos traducciones alemanas-una debi-
da a K. F. Hauber: Archimeds zwei Bücher über Kugel und Cylinder. Eben-
desselben Kreismessung, Tubinga, 1798, y otra a A. Czwalina-Allenstein:
Kugel und Zylinder, Leipzig, 1922-, y una italiana de P. Cuppini, con nota-
ción moderna: 1 teorema d'Archimede sui Cilindro e suBa Sfera trattati
numericamente, Turín, 1860.
11. Kvúov flÉTer¡(Jl~: Medida del círculo. Tratado muy breve que, pro-
bablemente, es un resumen, con fines escolares, de una obra, llee' 7:ií~ -r:ov
X/X},Oy 1tEelcpeía;: Sobre la periferia del círculo, citada por Pappo y estu-

diada por P. Tannery: «Sur la mesure du cercle d'Archimede» , en las Mé-


moires de la Academia de Ciencias de Burdeos, serie II, vol. IV, 1882, Y
por F. HULTSCH: «Zur Kreismessung des Archimedes» en el Zeitschrift
de Matemática y Física, vol. XXXIX, Leipzig, 1894.
La primera edición de este tratado, juntamente con el De la cuadratu-
ra de la parábola, fue hecha en Venecia, 1503, por Lucas Gaurico, identi-
ficada con la versión latina de Guillermo de Moerbecke-Guillermo de
Brabante, monje flamenco de mediados del siglo XIII-, que lleva el título
de Campani viri c1arissimi Tetragonismus, id est circuli quadratura, Romae
edita cum additionibus Gaurici; Archimedis Syracusani Tetragonismus; de
quadratura circuli secundum Boetium.
Tartaglia reprodujo esta obra en Venecia, 1543, agregándole los dos
libros «Del equilibrio de los planos)) y el primero «De los cuerpos flotan-
tes», en latín, que se creyeron traducidos de textos griegos hasta que se
demostró que eran del mismo Guillermo de Moerbecke, y su título es:
Opera Archimedis Syracusani philosophi et mathematici ingeniosissime,
per Nic. Tartaleam Brixiamum.
Una nueva versión latina se debe a Commandino: Archimedis opera
~onnulla a Fed. Commandino nuper in latinum conversa et commentariis
dlustrata, Venecia, 1558; otra a Adrian Romano (Van Roomen): Archime-
ARQUIMEDES.-BIBLIOGRAFIA 15

dis circuli dimensionem expositio et analysis; apologia pro Archimede ad


c1arissimum. Josephum Scaligerum, Orontium Finaeum et ReYmarum Ur-
sum, in decem dialogos distinctas, Wurzburgo, 1597, y otra, finalmente, a
Wallis: ArchimedisSyracusani Arenarius et Dimensio circuli, Eutocii
Ascalonitae in hac commentarius, cum versione et notis, Oxford, 1676.
En lenguas modernas existe la traducción alemana, con texto griego,
de Gutenacker: Archimedes Kerismessung, Wurzburgo, 1828.
lII. JIeeL "wyoe/JÉwy "aL ocpateoeJÉwy: Sobre conoides y esferoides 1,
en donde explica y utiliza el método de exhaución. Este tratado fue tra-
ducido al latín por Commandino y su versión figura en la obra antes ci-
tada.
IV. JIeeL iAí'XOJY: Sobre espirales. La primera edición latina de este
tratado es también de Commandino y no está traducido aisladamente a
idiomas modernos. Ha sido estudiado por LEHMANN: Die Archimed. Spira-
le m. Rüsksicht auf ihre Geschichte, Friburgo, 1862; por JUNGE: Die
Spirale des Archimedes, Zeit, 1826; por SHERLING: Die Arch. Spirallinie"
Lübeck, 1865, y por A. CZWALINA: Über Spiralen, Leipzig, 1922.
V. 'Em1ré~wy looeQo1ru7w1J 'Xénea f3aeWy Elrl1rÉ(JOJY: Del equilibrio de los
planos o de sus centros de gravedad, que es, realmente, un capítulo de
nuestro actual cálculo baricéntrico. De esta obra, la más famosa de Arquí-
medes, hay una traducción francesa por Pierre Forcadet de Bezieres: Le
premier livre d'Archimede des choses également pesantes, París, 1656,
y una paráfrasis de Guidubaldo del Monte: Guidi Ubaldi in duos Archime-
dis aequeponderantium libros paraphrasis, scholis illustrata, Pisa, 1582.
VI. lJfaflflÍTr¡~: El Arenarío, que es el más precioso documento que
poseemos sobre la numeración griega. El texto original está en un incu-
nable inglés, sin fecha, del que solo se conoce el ejemplar que se conserva
en la Bodleiana. Ocupa treinta y dos páginas en folio y lleva por título:
eewer¡fla 0 'XÉxer¡ra BY rq} lJfaNdrrj Ó 'AQXlf1~(jr¡~.
La primera edición latina del Arenarío es la de Hamel: Paschassi Ha-
melli regii mathematici commentarius· in Archimedis Syracusani praeclari
mathematici librum de numero arenae, París, 1557, del que hay un mag-
1 Arquímedes llama así a nuestras cuádricas de revolución, excepto el
hiperboloide de una hoja, distinguiendo: el conoide rectángulo: oQ8oywVLOv
'X,(J)vow%;, paraboloide de revofución; el obtusángulo: U.~l~A.'U'{wvwv, hiperbo-
loide de dos hojas, aunque solo considera el de una; el esferoide alargado:
nUQu¡'HJ.X8; oqJulQo8LM;, Y el achatado: ÉmJTI,(nú, equivalentes a nuestros elip-
soides.
16 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

nífico ejemplar en la biblioteca del monasterio del Escorial, sigo 15- VI-36 3,
y después lo tradujo Commandino, cuya versión figura en la obra antes
citada.
En idiomas modernos tenemos las traducciones alemanas de ¡oh. Chr.
Sturm: Archimedes Sandrechrung, Nuremberg, 1667, y de A. Krüger: J\re-
narius übers. u. erkl., Quedlinbg, 1820; y la inglesa de Anderson: Arena-
rius, con texto griego y notas, Londres, 1784, y la italiana de Humberto
f. Paoli: Spamnites di Archimedes da Sirakusai, con un resumen en espa-
i10l, en la Bibliotheca Pauliana, volumen 1, Buenos Aires, 1925. La obra
ha sido especialmente estudiada por S. P. RIGAUD: On the Arenarius of
Archimedes, Oxford, 1837, y por CHASLES: Éclaircissements sur le traité
«De numero arenae)) d'Archimede, en las Comptes Rendus de la Academia
de Ciencias de París, sesión del 11 de abril de 1842.
VII. T8Tf2a.yWVW.Uó~ 7(a.ga.¡3o},17~: De la cuadratura de la parábola. Como
esta obra fue compuesta entre los dos libros Del equilibrio de los planos,
los tres escritos forman, en realidad, un tratado de Estática.
El título primitivo de la obra debió de ser otro, porque en toda ella
Arquímedes designa la parábola con la perífrasis «sección del como rec-
tO)): oe()oywvíov XWJ'OV TO,IH]. Partiendo de una lección de Eutocio, se cre-
yó que dicho título era [J sgt T17~ TOV og(joywvíov xwvov ro!lf¡~, hasta que Wil-
helm Schmidt 2 hizo notar un pasaje de Herón 3 del que resulta que era
Eq;obtxÚJ; pero posteriormente Heiberg 4 ha creído que tal conclusión no
tiene fundamento y hoy se ignora, en definitiva, el verdadero título del
tratado.
Hay una traducción latina de Commandino en la obra varias veces ci-
tada y dos alemanas: una de D. Hoffmann: Die Quadratur der Parabel des
Archimedes mit Hulfsatzen verschen, Aschaffenburg, 1817, y otra de
A. Czwalina: Die Quadratur der Parabel, Leipzig, 1923.
VIII. [J sgt oxov,uévwv: Sobre los cuerpos flotantes, en dos libros que
son conocidos desde el Renacimiento por la traducción de Tartaglia: De
iis, quae in humido vehuntur, Venecia, 1543, que difo ser del griego, iden-
tificada hoy con la de Guillermo de Brabante, terminada en 1299 según el
explicit final: Archimedis de insidentibus, in humido liber secundus expli-

2Archimedes Ephrodikon, Bibl. Math., serie lII, vol. I, 1900.


3 Operaomnia, ed. de Richard Schone, vol. lII, pág. 80, Leipzig, 1903,
que reproduce los libs. IU y IV de la Mecánica de Herón, cuyo texto griego
había publicado en Berlín, 1893.
4 En Hermes, vol. XLII, pág. 239, nota, Berlín, 1907.
ARQUIMEDES.-BIBLIOGRAFIA 17

cit. Completa fuit translatio ejus decima die decembris anno 1269, gracias
al descubrimiento de Valentín Rose, quien, en 1884, encontró el manus-
crito autógr'afo del monje medieval en el fondo Ottoboni de la Vaticana 5.
En 1551 el mismo Tartaglia publicó una traducción italiana del primer
libro, corrigiendo los errores de la latina y añadiéndole un comentario, y
en 1654 tradujo el segundo libro a su lengua vernácula.
La mejor versión latina es la de Commandino: Archimedis de iis quae
vehuntur in aque libro duo, a Fed. Commandino restituti et illustrati;
ejusdem F. Commandini liber de centro gravitatis solidorum, Rolonia, 1565,
y el mismo año publicó Forcadel en París su traducción: Le livre d'Archi-
mede des poids, qui aussi est dict des choses tombantes en l'humide, y
hay también una árabe estudiada por H. Zottenberg 6. Por su parte, A. Le-
grand ha hecho un análisis del Traité des corps flotant d'Archimede 7.
Del texto griego, perdido, solo se conserva el fragmento publicado
por A. Mai t?n 1819 con el largo título de JI se' .wv MaTt 8qJlOra/l,ÉvúJv 17
%E(!' TWV oxovl1évúJv, que sirvió de base a la restitución del primer libro
hecha por Heiberg: Archimedis JI sel' 0XOVflÉVúJY liber 1 graece restituit 8;
pero hoy lo conocemos por completo gracias a un palimpsesto encontrado
en 1899 por el erudito Papadopulos Kerameus en el monasterio del Santo
Sepulcro del patriarcado de Jerusalén 9.
1X. 'EqJoJo~: El método, cuyo descubrimiento es el suceso más im-
portante de los tiempos modernos para el estudio de la Matemática griega.
De esta obra, que se consideraba perdida, solo teníamos una alusión de
Suidas a un 'comentario de Teodosio, hasta que Johan Ludwig Heiberg,
sospechando que el palimpsesto de Jerusalén, que acabamos de citar, con-
tendría otros trabajos de Arquímedes, se procuró una fotocopia, y, en efec-
to, la lectura de algunas líneas confirmó su sospecha. En 1906 se trasladó
a Constantinopla pm'a examinar el manuscrito, que consiguió leer casi
completamente; en 1907 dio cuenta del resultado de sus investigaciones y

5 Acerca de este punto puede consultarse el artículo de W. Schmidt: Zur


Texgeschichte der «Ochoumena» des Archimedes, Bibl. Math., serie IlI, vo-
lumen 111, 1902.
6 En el ¡oumal Asiatique, serie VII, vol. XIII, págs. 509-15, París, 1879.
7 En el ¡oumal de Physique, serie n, vol. X, París, 1891.
8 Mélanges Graux, págs. 689-703, :parís, 1884.
9 Cf. su artículo 'lEQOOOAUI1VtlX~ ~L~AL06f¡Xll, en Hermes, vol. IV, Berlín,
1899.
18 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO JI

publicó el texto griego 10 al que siguió su traducción alemana con un co-


mentario de Zeuthen 11.
El palimpsesto-cuya descripción completa dio Heiberg l 2 - consta de
185 folios: 177 de pergamino y los 178-185 de papel del siglo XVI, JJ está
escrito, a dos columnas, por un hábil amanuense del siglo X.
Para aprovechar el material no rasparon las primitivas líneas, sino que,
afortunadamente, se limitaron a lavarlas, escribiendo sobre ellas, en los si-
glos XlI-XlII o XIlI-XIV, un eucologio, de modo que el erudito dina-
marqués, provisto de una potente lupa, pudo leer los 177 folios de perga-
mino, 29 de los cuales· no conservan ninguna huella de la escritura origi-
nal, 9 están completamente lavados, 14 son de otra letra, y en algunos solo
es legible tal cual palabra suelta.
Este excepcional documento contiene trozos de los libros «Sobre la es-
fera y el cilindro», «De la medida del círculo», «Sobre las espirales)) y
«Del equilibrio de los planos», que ya eran conocidos en su totalidad; la
mayor parte del «De los cuerpos flotantes)), que sobrevivía en la traduc-
ción antes citada de Guillermo de Moerbecke; el prefacio y dos proposicio-
nes del Stomachion, del que hablaremos después, y Del método relativo
a los teoremas mecánicos, llamado abreviadamente El Método: "EqJobo~J
'EtpÓOlOV o 'EtpoOtxóv, obra de extraordinario interés histórico, porque des-
cubre el camino que condujo a los teoremas fundamentales de la Geo-
metría.
En cuanto H eiberg dio a conocer el texto griego del Método, Th. Rei-
nach hizo un resumen 13, que publicó después en ruso la Sociedad Mathesis
de Odessa y en inglés The Monist de Chicago 14, y hoy contamos con la
traducción de Thomas L. Heath: The Method oí Archimedes recentIy dis-
covered by Heiberg, Cambridge, 1912, incorporada a la nueva edición de
10 «Eine neue Archimedeshandschrift>J, en Rermes, vol. XLII, págs. 243-97,
Berlín, 1907.
11 Bine neue Schrift des Archímedes, en la Bibliotheca Mathematica de Teub-
ner, vol. V1I3, Leipzig, junio de 1907, y ~EÚTEQaL (rQovTU5E~, Festkrift til. H. G.
Zeuthen, Copenhague, 1909.
12 Codex rescriptus Metochii Constantinopolitani S. Sepulchri monasterii Ríe-
rosolymitani, 355, 4to, en el prefacio del vol. I de la 2. a ed. de sus Archimedis
Opera omnia, Leipzig, 1910.
13 Un traité inédit d'Archimede, en la Revue général des Sciences pures et
appliquées, tomo XVIII, París, 30 de noviembre y 15 de diciembre de 1907.
14 En el vol. XIX, pág. 202, abril de 1909: A newly discovered treatise of
Archimedes, por Lydia B. Robinson, con un comentario de David E. Smith.
ARQUIMEDES.-BIBLIOGRAFIA 19

las obras completas del siracusano, Nueva York, 1953, y la italiana de


Enrico Ruffini: In Metodo d'Archimede e le origine dell'analisi infinitesi-
male nell'antica Grecia, Roma, 1926.
Además de estas nueve obras, de indudable autenticidad, se atribuyen
a Arquímedes los escritos siguientes:
a. Sobre el heptágono en el círculo, Sobre los círculos tangentes, So-
bre los triángulos, Sobre las propiedades de los triángulos rectángulos y
Sobre las paralelas, citados por los árabes, pero sin aludir a su contenido.
p. El Stomachion o Luculus, del que solo se conocen los fragmentos
árabes estudiados por el orientalista suizo Heinrich Suter 15 y los conteni-
dos en el palimpsesto de Jerusalén. El Stomachion era una pequeña habita-
ción cuadrada o rectangular a cuyo fondo había que adaptar exactamente
catorce laminillas de marfil triangulares o poligonales. Parece que Arquí-
medes subordinaba la solución a la condición de que las áreas de las la-
minillas fuesen unos múltiplos de otras, quedando, por consiguiente, redu-
cido el problema a dividir un cuadrado o un rectángulo en catorce partes
conmensurables entre sí. A esta especie de rompecabezas aluden el gramá-
tico Mario Victorino 16 y el poeta Ausonio 17.
y. Lemas, colección de quince proposiciones de Geometría plana que
conocemos a través de la versión árabe de Tábit Abencorra, de la que hay
varios manuscritos que sirvieron de base a las traducciones latinas de
J. Graeve, con notas de Samuel Foster 18 y de Abraham de Eckel con notas
de Alfonso Borelli, a continuación de los tres últimos libros de las Cónicas
de Apolonio 19.

15 «Der Luculus Archimedius oder das Syxtemaction des Archimedes. Zum


ersten Mal nach zwei arabischen Manuscripten der K. Bibliothek zu Berlín
herausgegeben und übersetzt», Abhandlungen zum Geschichte der Mathematik,
vol. IX, pág. 491, Leipzig, 1899.
16 Ars Grammatica, ed. de O. Keil, pág. 100, Leipzig, 1871.
17 Opuscula, recognovit et prolegom. instrux, ed. de R. Peiper, pág. 208,
Leipzig, 1871.
18 Lemmata Archimedis apud graecos et latinos jampridem desiderata, e ve-
tuste codice M.S. arabico a lohanno Gravio, tradueta et nunc primum cum
arabum scholis publicata revisa et pluribus mendis expurgata a Samuele Foster,
Londres, 1659.
19 Apollonii Pergaei conicorum libri V, VI, VII, paraphraste Abalpto-hanen-
sis, nunc primum edit; additus in calce Archimedis assumptorum liber ex codi-
cibus arabicis M.SS. Abrahamus Ecchelensis Maronita latinos reddidit. lo. Al-
phonsus Borelius nota adjecit, Florencia, 1661.
20 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

En este escrito hay algunos problemas sobre dos curiosas figuras geo-
métricas: el arbelo y el salinón que pudieran ser de Arquímedes, pero no
las otras cuestiones, que son demasiado elementales para que atrajeran
su atención.
El arbelo: aef3r¡).o~, que literalmente significa cuchilla de zapatero, está
formado por dos semicircunferen-


cias descritas sobre el diámetro de
otra y recuerda las lúnulas de Hi-
pócrates 20, y el salinón: oá).woy 21
lo definen dos semicircunferencias
Elarbelo ElsaUnón iguales descritas en los extremos
FIG. 1. del diámetro de otra y una terce-
ra semicircunferencia, cuyo diáme-
tro es el segmento del de esta comprendido entre las dos iguales.
8. Problema de los bueyes, cuyo texto encontró G. E. Lessing en 1773
en el manuscrito 77 Gud. Graec de la Biblioteca de W olfenbüttel y lo
publicó el mismo año 22. Se trata de una cuestión de análisis indeterminado
de segundo grado, cuya solución es un número de más de doscientas mil
cifras. El enunciado ha sido objeto de varias interpretaciones, pareciendo
la más acertada la de Krumbiegel y Amthor 23.
E. Calendario, que, según Hiparco, citado por Ptolomeo 24, trataba de
la duración del año.
,. Espejos ustorios, opúsculo traducido del árabe al latín por Gonza-
va: Antiqui scriptoris de speculo comburente concavitatis parabolae, Lo-
vaina, 1548. Parece que es de Apolonia.

20 El arbelo ha sido estudiado por F. BUCHER: De arbelo Archimedis, El-


bing, 1824, y por E. Ch. CATALAN: Théoremes et problemes de Géométrie élé-
mentaire, París, 1858.
21 Sobre la etimología de esta palabra hay varias opiniones. Según Heiberg,
es la OBALVOV, hoja de apio; Barrow la hace derivar de ocALVí,OV, amuleto en
forina de lúnula; Cantor cree que se trata de la OÚAO~, rompedura de ola, y,
por último,. Heath ve en tal palabra una corrupción del latín salinum, salero,
apoyando su opinión en consideraciones arqueológicas sobre este utensilio do-
méstico, cuyo nombre pasó helenizado al dialecto de Sicilia.
22 «Zur Geschichte der Literatur; aus den Schatzen des Herzogl». Bibliothek
zu Wolfenbüttel, II Beitrag, Brunswick, 1773.
23 «Das problema bovinum des Archimedes», ZeitsChr. für Math. u. Phys.,
vol. XXV, págs. 125-36 y 153-71, Leipzig, 1880.
24 Almagesto, l, 153.
ARQUIMEDES.-BIBLIOGRAFIA 21
Por último, están identificadas las siguientes obras que se consideran
irremisiblemente perdidas:
l. 'Aexo.í: Principios, libro dedicado a Zeusipo, que el propio Arquí-
medes cita en el Arenario diciendo que trata de los nombres de los núme-
ros: Xo.r:oYÓflo.~t; TWY aet()flw;.
2. Poliedros, donde, según Pappo, figuran los trece semirregulares
que llevan hoy el nombre de Arquímedes, los cuales dice un antiguo co-
mentarista anónimo que se pueden obtener partiendo de los regulares o
de los mismos semirregulares seccionando sus vértices con planos como los
cristales. Los poliedros semirregulares tienen iguales las aristas y los án-
gulos poliédricos, pero no las caras, que son polígonos regulares de dos o
tres especies.
3. n éet ~YYWY: Sobre la palanca, con deducciones de su ley de equi-
librio y estudio de la balanza.
4. KéYTeo!3o.eíxo.: Sobre los centros de gravedad, libro en que se cree
que demostró que el del segmento de paraboloide de revolución está del
vértice a una distancia igual a los 2/3 de su longitud, proposición de que
hace uso en la obra Sobre los cuerpos flotantes, dándola por sabida.
5. Ko.r:onre'XÚ: Catóptrica, citada por Theón de Alejandría, Olimpiodo-
ro y Apuleyo.
En cuanto a las Opera omnia de Arquímedes, la primera edición en
griego con el comentario de Eutocio y una versión latina de /. de Cremona
-/acopo Cassiani-revisada por Regiomontano, de acuerdo con un ma-
nuscrito de la Vaticana, se debe a Thomas Gechauff: Archimedes opera,
qua quidem extant omnia nunc primum et graece et latine in lucem edita;
adiecta quoque sunt Eutocii Ascalonitae commentaria, item graece et latine,
nunquam antea excusa, Basilea, 1544, reproducida por David Rivault de
Fleurances: Archimedis opera quae extant graece et latine novis demons-
trationibus commentariisque illustrata, París, 1615.
F. Maurolico preparó una edición que fue publicada por Borelli en
Mesina, 1673. Esta edición, póstuma-Maurolico murió en 1575-, más
que una traducción es una imitación de las obras de Arquímedes y desapa-
reció en un naufragio, excepto un ejemplar que se encontró en el año 1681
y se reimprimió con el título de Admirandi Archimedis Syracusani monu-
menta omnia mathematica quae exstant ex traditione D. Fr. Maurolici, Pa-
lermo, 1685.
Otra edición antigua es la de Barrow, juntamente con el libro IV de
las Cónicas de Apolonio y las Esféricas de Teodosio: Archimedis opera,
22 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Apollonii Pergaei conicorum libri IV, Theodosii spherica, methodo nova


illustrata et succinte demonstrata, Londres, 1675.
Finalmente, la última edición antigua de Arquímedes es la prepa-
rada por Torelli y publicada después de su muerte por Abraham Robert-
son: 'A(!Xtf-lf¡~OVf: rá awr;ó,uEva ,uHá rwv Evroxiov 'AaxaAwvErov {ntof-lvr¡,UáTWV,
Archimedis quae supersunt omnia cum Eutocii Ascalonitae cornmentariis
ex recensione Josephi Torelli Veronensis cum nova versione latina. Acce-
dunt lectiones variantes ex codd. Mediceo et Parisiensibus, Oxford, 1792.
Por último, en idiomas modernos tenemos: la francesa de F. Peyrard:
Oeuvres d'Archimede, París, 1807, 2. a ed., 1808; la alemana de E. Nizze:
Archimedes von Syrakus vorhandene Werke, Stralsund, 1824; la italiana
de Viviani, descubierta por A. Favaro en Florencia y de la que dio cuenta
en las Atti de la Sociedad italiana para el Progreso de las Ciencias, pá-
ginas 872-875, Génova, 1912; la inglesa de Thomas L. Heath: The works
of Archimedes con la notación actual y un capítulo introductorio, Cam-
bridge, 1897, a la que agregó un suplemento con el Método, 1912, repro-
ducida por Dover en Nueva York, 1953, y la más reciente de P. Ver Ecke:
Les reuvres completes d'Archimede, Bruselas, 1921.
Las máximas exigencias críticas las llena la monumental edición de
¡. L. Heiberg Archimedis opera omnia cum commentariis Eutoci en tres
volúmenes, Leipzig, 1880-1881, 2. a ed., 1910, y 3. a, 1913-1915, en cuyos
Prolegomena al volumen III figura la lista de todos los manuscritos actual-
mente conocidos.
Para un estudio profundo del pensamiento de Arquímedes, aparte,
naturalmente, de la lectura directa de sus obras y de las Historias de la
Matemática y de la Física, se pueden consultar las citadas en este apar-
tado, y, además, las siguientes:
BABINI, José: Arquímedes, Buenos Aires, 1948.
BRETSCHNEIDER, C. A.: Die Geometrie und die Geometer vor Euklides, Leip-
zig, 1870.
FAVARO, A.: Archimede, Génova, 1912.
GUTENACKER, J.: Das Grabmal des Archimedes, ein Beitrag zur Charakteristik
dieses grossen Mathematikers, Wurzburgo, 1833.
HEIBERG, J. L.: Quaestiones Archimedeae, Copenhague, 1879.
HULTSCH, F.: Artículo Archimedes, de la Real-Encyclopiidie de Pauly-Wisso-
wa, Stuttgart, 1893.
LORIA, Gino: II periodo aureo della Geometria greca, Médena, 1895.
MAZZUCHELLI, G.: Notice istoriche e critiche intomo della vita, alla invenzioni
ad agli scritti di Archimede Siracusani, Brescia, 1837.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 23

MIDOLo, P.: Archimede e il suo tempo, Siracusa, 1912.


MÜLLER, J. H. T.: Beitrage zur Tenninologie der grie.schischen Mathematiker,
Leípzig, 1860.
NESSELMANN, G. H. F.: Die Algebra der Griechen, Berlín, 1842.
PLUTARCO: Vidas paralelas. Trad. de Antonio Ranz Romanillos, Madrid, 1919-
1921.
SCHAFFER, J. J.: La personalidad científica de Arquímedes, Montevideo, 1958.
TAQuET, André: Elementa Geometria! plana! a.c solida!, quibus accedunt selecta
ex Archimede teoremata, 2. a ed., Amber~s, 1692.
WEISSENBORN, N.: Die irrationale Quadratwurzein bei Archimedes und Heron,
Berlín, 1883.
WINTER, F.: Der Tod des Archimedes, Leipzig, 1924.
ZEUTHEN, H. G.: Nogle Hypotheser von Archimedes kuadratrods beregning, Co-
penhague, 1879.
- Ober einige archimedische Postulate, Leipzig, 1909.

SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO

LIBRO Ji

Arquímedes a Dositeo: ¡salud!


En otra ocasión te he enviado, con sus demostraciones, los teoremas
que descubrí por medio de la reflexión, y, entre ellos, el siguiente:
a) Todo segmento comprendido entre una recta y una parábola 2 es
igual a los cuatro tercios de un triángulo de la misma base y de la mis-
ma altura que el segmento.
Ahora he conseguido probar algunos teoremas que no se habían de-
mostrado antes 3, entre los cuales figuran:
b) El área de una esfera es cuádruple de la de su círculo máximo 4.
e) El área de un segmento esférico equivale a la de un círculo de

1 Este libro complementa el XI de los Elementos de Euclides, pues que trata


de las áreas y volúmenes de los cuerpos redondos y sus segmentos, que no figu-
ran en la obra del geómetra alejandrino.
2 Sección del cono rectángulo: oQ6oyoov(ov xwvov 'to¡tf¡, la llama Arquíme-
des. Nosotros traduciremos «parábola», que es el nombre adoptado desde Apo-
lanio.
3 ávEJ.Éyx'toov.
4 't013 ¡tEyío"t01J XVXA01J.
24 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

radio igual a la recta trazada desde el vértice 5 del segmento a la circun-


ferencia del círculo base del segmento.
d) Un cilindro de base igual al círculo maXlmo de una esfera y al-
tura al diámetro de la misma esfera es triple de la mitad de la esfera.
e) El área del cilindro es también igual al triple de la mitad de la de
la esfera.
Aunque estas propiedades eran inherentes a las figuras a que acabo
de referirme 6, no habían sido conocidas por quienes me han precedido
en el estudio de la Geometría y será fácil comprender la verdad de mis
teoremas a quienes lean atentamente las demostraciones que doy de ellos.
Lo mismo ha sucedido con los que Eudoxio consideró en los sólidos y han
sido admitidos, como los siguientes:
f) Una pirámide es el tercio de un prisma de la misma base y de la
misma altura.
g) Un cono es el tercio de un cilindro de la misma base y de la mis-
ma altura.
Estas propiedades estaban naturalmente adscritas a las figuras antes
de Eudoxio, pero no fueron descubiertas por ningún geómetra.
Desde luego se puede examinar lo que acabo de decir. Yo hubiera
querido que mis descubrimientos se hubiesen publicado en vida de Co-
non 7, porque creo que era muy capaz de comprenderlos y de dar una
justa opinión sobre ellos; pero como de todos modos he pensado que
convenía darlos a conocer a quienes cultivan la Matemática, te los envío,
con sus demostraciones, para que las personas versadas en esta ciencia
puedan examinarlos. Pásalo bien.
En primer lugar expongo los axiomas, definiciones y principios que se·
necesitan para demostrar mis teoremas.

5 iWQUCP1¡.
6 <llrt1l 1:~ CPÚOEL JtQourr'Í)QXEV 7l"EQL 1:ú. ElQll~LÉV<l 0X1í,w-¡;a.
Geómetra griego, de Samas, donde floreció a mediados del siglo III a. de J.c..
7
Fue íntimo amigo de Arquímedes, que seguramente le hubiera enderezado su
obra si hubiese vivido cuando la escribió. lo hizo a Dositeo de Pelusa, con
quien mantenía ininterrumpida correspondencia científica. De Canon dice Vir-
gilio (Eglogas, III):
In medio duo signa: Conon, et quis fuit alter?
Descripsit radio totum qui gentibus orbem,
Tempora quae messor, quae curvus m-ator haberet.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA y EL CILINDRO 25

1
AXIOMAS Y DEFINICIONES

1. En un plano hay ciertas líneas curvas limitadas 8, todas las cua-


les están situadas del mismo lado de las rectas que unen sus extremos o,
al menos, que no tienen ninguna parte del otro lado de estas mismas
rectas.
2. Llamo cóncava en la misma dirección 9 a la línea tal que las rec-
tas que unen dos cualesquiera de sus puntos caen completamente del
mismo lado de la línea 10 o algunas de ellas del mismo lado y otras a dis-
tinto lado 11.
3. También hay superficies limitadas que, teniendo sus extremos en
un plano sin yacer sobre él, están todas situadas del mismo lado de

8 X(1¡.t~{'AlJ.t ¡QlJ.¡.t¡.tát mmQua~u~vat. Para Arquímedes son curvas no solo las


líneas no rectas, sino también las formadas por cualquier. número de segmentos
rectilíneos o curvilíneos.
9 E~l. To. UÚTáxOLAll'
10 bl. TU allTá ~(nTo1Jat Tijs ¡Qu¡.t¡.tijs.
11 Peyrard explica así esta definición, que ha sido objeto de muchas discu-
siones: «Sea la curva API~K. Las letras Br ~EHe están colocadas en uno de
los lados de la curva y las AMN8Ürr en el otro. Si se ima-
gina que el punto A recorre la curva API~K hasta llegar ~ .'~
al K, se puede decir que las letras Br~EHe están a la ,~,,,;¡,
derecha de la curva y las AMNÜrr a la izquierda. Uniendo A'..' '" 0·
dos de sus puntos P y ~ por la recta P~, es evidente que
esta recta estará a distintos lados de la curva: la porción PI a un lado.y la
n: a otro, o, si se prefiere, la primera porción a la derecha y la segunda a la
izquierda; luego la curva no es cóncava en la misma dirección, puesto que
la recta P~ que une dos de sus puntos, está a distinto lado de ella. Una cir-
cunferencia de círculo, un arco circular, una elipse, un arco elíptico, una pa-
rábola y una hipérbola, por el contrario, son curvas cóncavas en la misma
dirección, porque las rectas que unen dos cualesquiera de sus puntos están
necesariamente a un mismo lado de estas curvas. La curva TY<pX, compuesta
de los dos arcos TY y X<I>, pertenecientes a la misma circunferencia, y de una
recta Y<P trazada desde el punto y al <P, es también cóncava en la misma
dirección, porque todas las rectas que unen dos cualesquiera de sus puntos
están del mismo lado, excepto la Y<I>, que cae sobre la curva.)) (Euvres d'Ar-
chimede, pág. 448, París, 1807.
26 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

aquel en que tienen sus extremos o, al menos, no tienen ninguna parte


en el otro lado.
4. Llamo cóncava en la misma dirección a la superficie tal que la:
rectas que unen dos cualesquiera de sus puntos caen del mismo lado de
la superficie o algunas de ellas del mismo lado, otras en la superficie y
algunas a distinto lado 12.
5. Llamo sector sólido a la figura limitada por la superficie de un
cono que corta a la esfera, teniendo el vértice en el centro de esta,
y por la superficie de la esfera comprendida en el cono.
6. Llamo rombo sólido a la figura sólida compuesta de dos conos de
la misma base y vértice a distinto lado del plano de las bases, de modo
que sus ejes estén en línea recta.

II
PRINCIPIOS

1. Línea recta es la más corta de todas las que tienen los mismos
extremos 13.
2. Dos líneas de un plano con los mismos extremos son desiguales
cuando ambas son cóncavas en la misma dirección y una de ellas está
completamente limitada por la otra y por la recta que. tiene los mismos
extremos que esta otra, o cuando una de ellas solo está parcialmente
limitada por la otra y el resto es común. La línea limitada es la más
corta.
12 Estas definiciones introducen conceptos geométricos que no necesitó Eu-
clides, como el de concavidad, y amplían otros restringidos euclídeos de recta,
circunferencia, plano, cilindro, cono y esfera a líneas y superficies cualesquiera.
13 Este principio, que postula una propiedad intuitiva de la línea recta, fue
adoptado como definición por Théon de Esmirna, que floreció en el siglo II de
nuestra era; pero no se popularizó hasta Legendre, en cuyos Eléments de
Géométrie, de!. IlI, París, 1794, figura como definición de recta. Es tan de-
fectuosa como la de Euclides, pues que equivale a decir que entre las infinitas
líneas que pueden pasar por dos puntos hay una más corta que todas las
demás, 10 cual, aparte de ser discutible, envuelve una petición de principio.
Sobre este tema conviene leer el artículo «11 concetto di lungheza e la reta»,
de R. BETTAZZI, en los Annali di Matematica, vol. XX, 2. a serie, págs. 19-37,
Roma, 1892, y «Über einige archimedische Postulate», de H. G. ZEUTHEN, en
Festschrift zu M. Cantor anliisslich seines LXXX Geburtstages, Leipzig, 1909.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 27

3. Análogamente, de todas las superficies que tienen los mismos lí-


mites en un plano, la menor 14 es la superficie plana.
4. Dos superficies que tienen los mismos límites en un plano son
desiguales cuando ambas son cóncavas en la misma dirección y una de
ellas está completamente limitada por la otra y por el plano que tiene
los mismos límites que esta otra, o cuando una de ellas solo está par-
cialmente limitada por la otra y el resto es común. La superficie limita-
da es la menor 15.
5. Dadas dos líneas, dos superficies o dos sólidos desiguales, si el
exceso de una de estas figuras sobre la otra se añade a sí mismo un cierto
número de veces, se puede superar una u otra de las figuras que se
comparan entre sí 16.

III
PROPOSICIONES

1. Si un polígono está inscrito en un círculo, el perímetro del po-


lígono es· menor que la circunferencia del círculo, porque cada lado del
polígono es menor que el arco de circunferencia que subtiende.
2. Si un polígono está circunscrito a un círculo, el perímetro del
polígono es mayor que la circunferencia del círculo.
Dos lados contiguos que se cortan en A y tocan al círculo en P y Q
son mayores, en junto, que el arco que subtienden; y como lo mismo
14 Se sobrentiende la de menor área.
15 Los principios 2, 3 y 4 son nuevos criterios de desigualdad y establecen,
además, el concepto de mínimo que Euclides solamente había fijado en algunos
casos muy especiales, y como la demostración general no era posible con los
recursos geométricos de entonces, Arquímedes tuvo la sinceridad de postularlos
explícitamente.
16 Este principio es el llamado postulado de Arquímedes, que, como diji-
mos en el Estudio preliminar, IV, es, realmente, de Eudoxio de Cnido. Eucli-
des lo incluyó embrolladamente en el lib. V, def. 4, de sus Elementos y lo
aplicó en X, 1, Y Arquímedes repitió el enunciado en la carta nuncupatoria
a Dositeo de De la cuadratura de la parábola, donde reconoce que fue empleado
por geómetras anteriores a él; pero es el siracusano quien advirtió que tal
principio no es una definición ni un teorema, sino un axioma en el que apoyó
todé).s las cuestiones infinitesimales que con tanta audacia abordó y de cuyo
~xito son pruebas fidedignas los continuos no-arquimedianos de la Matemática
actual.
28 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

puede decirse de cada par de lados contiguos, el conjunto de todos ellos,


que es el contorno del polígono, es mayor que la circunferencia del círcu-
lo (Fig. 2).
E

A
A
T

B
ID
H Z
FIG. 2. FIG. 3.

3. Dadas dos magnitudes desiguales, se pueden encontrar dos rectas


desiguales tales que la razón de la mayor a la menor sea menor que la
razón de la mayor de las magnitudes dadas a la menor.
Sean AB y D dos magnitudes, siendo AB la mayor, y tomemos en esta
una parte BG igual a D (Fig. 3). Si GA se añade a sí misma un número
suficiente de veces, llegará a ser mayor que D, de modo que si es AZ
este múltiplo de GA y sobre la prolongación de una recta cualquiera HT
se toma un punto E tal que HT sea el mismo múltiplo de ET que BG
de AG, la razón de ET a TH será la misma que la de AG a AZ, y por
ser AZ mayor que D, o sea que BG, la razón de AG a AZ será menor
que la de AG a BG y, componiendo, la de EH a HT será menor que la de
AB a D, y por tanto, EH y HT son dos rectas que cumplen las condicio-
nes del enunciado.
4. Dadas dos magnitudes desiguales y un círculo, se puede inscribir
un polígono en el círculo y circunscribirle otro de manera que la razón
del lado del polígono circunscrito al inscrito sea menor que la de la
magnitud mayor a la menor.
Sean A y B dos magnitudes, siendo A mayor que B, y busquemos dos
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 29

rectas Z mayor que KL tales que la razón de Z a KL sea menor que la


de A a B; levantemos LM perpendicular a KL; tomemos KM igual a Z,
y tracemos en el círculo dado dos diámetros DH y GE perpendiculares
entre sí (Fig. 4).
Si dividimos el ángulo DOG en dos partes iguales y su mitad también
en dos partes iguales y se continúa
este proceso, se llegará a un ángu-
lo NOG menor que el doble de
LKM. Uniendo N con G, la cuerda K

I~
N G será el lado de un polígono
equilátero inscrito en el círculo por-
que como el ángulo NOG mide al
recto DOG y el arco NG al cua-
drante, este arco medirá a la circun- H A Z B L M

ferencia entera y su cuerda será el FIG. 4.


lado de un polígono equilátero.
Bisecando el ángulo NOG por la recta OP y trazando la tangente en
P al círculo y prolongando ON y OG hasta F y 5, la recta FS será el
lado de un polígono circunscrito equilátero y semejante al inscrito, y
por ser el ángulo NOG menor que el doble del LKM, el TOG será menor
que el LKM y como los ángulos en T y L son rectos, la razón de MK a
LK será mayor que la OG a OT o de OP a OT; pero la de FS a NG es
menor que la MK a LK, o sea: la de Z a LK; luego la de FS a NG es
menor que la de A a B, y, por tanto, los dos polígonos cumplen las con-
diciones del enunciado.
5. Dadas dos magnitudes desiguales y un sector circular, se puede
circunscribir al sector un polígono e inscribirle otro de manera que la
razón del lado del polígono circunscrito al del inscrito sea menor que
la de la magnitud mayor a la menor.
Sean E y Z dos magnitudes desiguales, siendo E mayor que Z; ABG
un círculo cualquiera de centro D, y construyamos el sector ADB al que
hay que circunscribir un polígono e inscribirle otro de manera que este
tenga todos sus lados iguales entre sí, excepto los DA y DB para que se
cumplan las condiciones del enunciado (Fig. 5).
Busquemos dos rectas desiguales H mayor que KM y tales que la ra-
zón de H a KM sea menor que la de E a Z. Levantando en el punto M
la perpendicular ML y, trazando una recta KL igual a la H, si dividimos
el ángulo ADB en dos partes iguales, su mitad en dos partes iguales tam-
30 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

bién y se continúa este proceso, llegaremos a un ángulo ADP menor que


el doble del LKM y la recta AP será el lado de un polígono inscrito en el
sector.
Si se biseca el ángulo ADP por medio de la recta DN, se traza por
el punto N la tangente al círculo y se prolongan
HEZ K las DA y DM, la recta SF será el lado del polí-
gono circunscrito al sector, semejante al inscrito,

II
y por la misma razón que en la proposiciónan-
terior, la razón de SF a AP será menor que la de
la magnitud E a la Z.
6. Dadas dos magnitudes desiguales y un
círculo, circunscribir a este un polígono e ins-
cribirle otro de manera que la razón del polígono
M circunscrito al inscrito sea menor que la de la
magnitud mayor a la menor 17.
7. Del mismo modo demostraríamos que da-
das dos magnitudes y un sector circular, se puede
circunscribir al sector un polígono e inscribirle
otro de manera que la razón del lado del polígo-
no circunscrito al del inscrito sea menor que la
de la mayor magnitud a la menor, y que dados un
círculo o un sector y un área cualquiera e inscri-
FIG. 5.
biendo un polígono equilátero en el círculo o
en el sector y en los segmentos restantes, que-
darán finalmente, segmentos de círculo o de sec-
tor que serán menores que el área dada.
Estas cosas están explicadas en los Elementos, pero hay que demos-
trar que, dados un círculo o un sector y un área, se puede circunscribir
al círculo o al sector un polígono de manera que la suma de los segmen-
tos del polígono circunscrito sea menor que el área dada, y se me permi-
tirá transportar al sector lo que diga del círculo.
Sea el círculo A y el área B. Digo que se puede circunscribir al círcu-
lo un polígono de manera que la suma de los segmentos situados entre el
círculo y el polígono sea menor que el área B (Fig. 6).
Puesto que se tienen dos magnitudes, la mayor de las cuales se com-

17 Arquímedes sigue el mismo método que Euclides en sus Elementos, XII, 2.


ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 31

pone del área B y del círculo A y la menor es el mismo círculo A, se po-


drá circunscribir a este un polígono e inscribirle otro de modo que la
razón del circunscrito al inscrito sea menor que la de la mayor de las
dos magnitudes a la menor y el po-
lígono circunscrito será tal que la
suma de los segmentos situados
alrededor del círculo sea menor
que el área dada B.
En efecto, por ser la razón del
polígono circunscrito al inscrito
menor que la suma del área B y
del círculo A al círculo A y este
mayor que el polígono inscrito,
la razón del circunscrito a A será
menor aún que la de la suma del
FIG. 6.
área y el círculo al mismo círculo,
y, por tanto, el polígono circuns-
crito es menor que la suma del A y B, Y restando A, resulta que la razón
de la suma de los segmentos del polígono circunscrito es menor que el
área B.
8. Si en un cono recto se inscribe una pirámide de base equilátera,
el área 18 de esta pirámide, exceptuando la
A base, equivale a la de un triángulo que tenga
por base el perímetro de la de la pirámide
y por altura la perpendicular trazada desde
el vértice a uno de los lados de la base.
Dado el cono recto de base circular ABG,
inscribamos en él una pirámide cuya base
sea el triángulo equilátero ABG. Digo que
el área de la pirámide, exceptuando la base,
equivale a la del triángulo de que acabamos
de hablar porque siendo recto el cono y
equilátera la base de la pirámide, las al-
FIG. 7. turas de los triángulos que la limitan son
iguales entre sí, y como las bases de estos
son AB, BG Y GA Y sus alturas las rectas que hemos dicho, la suma de

18 Superficie: eJtL<po:vELa.
32 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

estos triángulos, o sea: el área de la pirámide, sin su base, es equiva-


lente a la de un triángulo cuya base sea la suma de AB, BG Y GA Y la
altura una recta igual a la de que acabamos de hablar (Fig. 7).
Otra demostración más clara de esta proposición es la siguiente:
Sea un cono recto cuya base es el círculo ABG y vértice el punto D.
Inscribámosle una pirámide que
E tenga por base el triángulo equi-
1átero ABG y tracemos las rectas
DA, DB y DG. Digo que la suma
de los triángulos ADB, ADG y
~-------t F BDG equivale a un triángulo cuya
base sea el perímetro del ABG
y la perpendicular trazada desde
el vértice a la base igual a la tra-
zada desde el punto D a la recta
BG (Fig. 8).
Tracemos las rectas DL, DM
y DK que serán iguales entre sí, y
supongamos un triángulo EZT de
base igual al perímetro de ABG
Z y altura TF igual a la recta DL.
FIG. 8. Puesto que el área limitada por las
rectas BG y DK19 es doble de la
del triángulo DBG; la limitada por AB y DL doble de la del ADB y la
limitada por AG y DM doble de la del ADG, el área limitada por el pe-
rímetro del triángulo ABG, es decir, por las rectas EZ y DL, o sea, por
EZ y FT, es doble de la suma de los triángulos ADB, BDG y ADG; pero
el área limitada por EZ y TF es doble de la del triángulo ETZ; luego
este triángulo equivale a la suma de los ABD, BDG y ADG.
9. Si se circunscribe una pirámide a un cono recto, el área de esta
pirámide, exceptuando la base, equivale a la de un triángulo que tenga
por base el perímetro de la de la pirámide y por altura la del cono.
Sea un cono cuya base es el círculo ABG y circunscribámosle una pi-
rámide de manera que su base, es decir: el polígono DEZ quede circuns-

19l'ara Arquímedes, el área limitada o comprendida por dos rectas es la


del rectángulo, cuya base es una de las rectas y la altura la otra.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 33

crito al círculo. Digo que el área de esa prirámide, sin la fase equivale a
la del triángulo de que acabamos de hablar.
En efecto: puesto que el eje del cono es perpendicular a la base, o
sea: al círculo ABG y las rectas trazadas desde el centro a los puntos de
contacto son perpendiculares a las tangentes, las trazadas des<le el vér-
tice del cono a los puntos de con-
tacto serán perpendiculares a las F
DE, EZ y ZD; luego esas perpen-
diculares HA, HB Y He son los
lados 20 del cono (Fig. 9). L~--------; M
Supongamos un triángulo LKF
cuya base FK sea igual al períme-
tro del triángulo DEZ y su altu-
ra LM igual a HA. Puesto que el H
área limitada .por las rectas DE
y AH es doble de la del triángu-
lo EDH; la limitada por DZ y HB
doble de la del DZH y la limita-
da por EZ y HG doble de la del
EHZ, el área limitada por las rec-
tas FK y AH o sea: FK y ML será
doble de la suma de las áreas
de los triángulos EDH, ZDH y
EZH; pero el área limitada por
FK y LM es doble de la del trián-
gulo LFK; luego la de la pirámide,
exceptuando la base, es igual a la E K
G
de un triángulo que tenga por base
el perímetro del DEZ y por altura FIG. 9.
la del cono.
10. Si se traza una cuerda del círculo de la base de un cono recto
y se unen sus extremos con el vértice del cono, el área del triángulo así
formado será menor que la de la superficie del cono interceptada por esas
rectas.
Sea ABG el círculo de la base de un cono de vértice D. Tracemos la
cuerda AG y unamos sus extremos A y G con el vértice D por medio de

20 Generatrices.
34 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

las rectas AD y GD. Digo que el área del triángulo ADG es menor que
la de la superficie del cono interceptada por AD y DG.
Dividiendo el arco ABG en dos partes iguales por el punto B y tra-
zando las rectas BA y BG, la suma de los triángulos ABD y BGD será
ciertamente mayor que el triángulo ADG
O y el exceso T de aquella suma' sobre este
triángulo será o no será menor que la suma
de los segmentos AB y BG (Fig. 10).
Supongamos primero que no es menor.
Puesto que se tienen dos áreas, una de
las cuales es la del cono interceptada por
AD y BD con el segmentó AEB y la otra
la del triángulo ADB y ambas están li-
mitadas por el perímetro de este trián-
gulo, la primera, que envuelve a la se-
gunda, será mayor que la segunda que
está envuelta por l~ primera; luego el
área del cono interceptada por AD y BD
con el segmento AEB es mayor que la del
triángulo ABD, y, análogamente, el área
del cono interceptada por BD y DG con
el segmento GZB es mayor que la del
triángulo BDG; luego el área del cono in-
G terceptada por AD y DG, con el área T
es mayor que la suma de la de los trián-
gulos de que acabamos de hablar; pero la
suma de las áreas de estos triángulos es
FIG. W. igual a la del ADG unida al área T; luego
si se resta el área común T, la que que-
da del cono, que es la interceptada por AD y DG será mayor que la
del triángulo ADG.
Si el área T es menor que la suma de los segmentos AB y BG Y se
dividen los arcos AB y BG en dos partes iguales, sus mitades en dos
partes iguales y así se continúa, llegaremos a obtener segmentos cuya
suma será menor que el área T. Sean estos los que se apoyan en las rec-
tas AE, EB, BZ y ZG, y tracemos las DE y DZ.
Por la misma razón que antes, el área del cono interceptada por AD
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 35

y DE con el segmento apoyado en AE será mayor que el triángulo ADE


y la interceptada por ED y DB, con el segmento apoyado en EB será ma-
yor que el triángulo EDB; luego el área del cono interceptada por AD
y DB, con los segmentos AE y EB, es mayor que la suma de los trián-
gulos ADE y EBD, Y puesto que esa suma es mayor que el triángulo ABD,
como se ha demostrado, el área del cono interceptada por AD y BD,
con los segmentos apoyados en AE y EB será mayor aún que la del
triángulo ADB, y por la misma razón, la interceptada por BD y DG, con
los segmentos apoyados en BZ y ZG, será mayor que la del triángulo
BDG; luego el área total interceptada por AD y DG, con los segmentos
que hemos dicho, es mayor que la suma de los triángulos ABD y DBG
y como esta suma es igual al triángulo ADG agregado al área T y los
segmentos dichos son menores que T, resulta que el área que queda in-
terceptada por AD y DG será mayor que el triángulo ADG.
11. Si en el plano del círculo de la base de un cono recto se le tra-
zan tangentes que se corten y su punto de intersección y los de contacto
se unen con el vértice del cono, la suma de los triángulos formados por
estas tangentes y por las rectas que unen sus extremos con el vértice
del cono es mayor que el área de este limitada por las rectas que unen
los puntos de contacto y el vértice del cono.
Sea el cono que tiene por base el círculo ABG y por vértice el pun-
to E. Tracemos las rectas DA y DG tangentes al círculo ABG y situadas
en el plano de este y unamos el vértice E del cono con los puntos A, D
y G. Digo que la suma de los triángulos ADE y DEG es mayor que el área
del cono limitada por las rectas AE y GE y el arco ABG.
Tracemos una recta HBZ tangente al círculo y paralela a la AG, de
modo que el arco ABG quedará ciertamente dividido en dos partes igua-
les por el punto B y unamos E con H y con Z. Puesto que la suma de
HD y DZ es mayor que HZ, si se les añade HA y ZG, la suma de AD y
Y DG será mayor que la de AH, HZ y ZG (Fig. 11).
Pero las generatrices EA, EB y EG del cono son iguales entre sí y
perpendiculares a las tangentes al círculo ABG, como ya se demostró en
un lema; luego la suma de las áreas limitadas por estas perpendiculares
y las bases de los triángulos AED y DEG es mayor que la de las áreas
Por estas mismas perpendiculares y las bases de los triángulos AHE,
HEZ y ZEG porque la suma de las bases AH, HZ y ZG es menor que
la de las bases DA y DG y las alturas son iguales porque la recta trazada
36 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

desde el vértice de un cono recto al punto de contacto de la base es per-


pendicular a la tangente.
Si el área T es igual al exceso de la suma de los triángulos AED y
DEG sobre la de los AEH, HEZ Y ZEG, dicha área será o no será me-
nor que la suma de los segmentos AHB y
o BZG situados en el arco ABG.
Supongamos primero que no sea me-
T nor. Puesto que se tienen dos áreas, una
de las cuales es la de la pirámide cuya
base es el trapecio HAGZ y vértice el
punto E y la otra la del cono compren-
dida entre AE, EG Y el segmento ABG, y
estas dos áreas tienen por límite el con-
torno del triángulo AEG, es evidente que
el área de la pirámide, excepto el trián-
gula AEG, es mayor que la del cono com-
prendida entre AE, EG Y el segmento ABG
y, por tanto, si se resta el segmento co-
mún ABG, la suma de los triángulos restan-
tes AHE, HEZ Y EZG, con la suma de
los segmentos AHB y BZG será mayor que
el área del cono comprendida entre las rec-
tas AE y EG.
Pero el área T no es-- menor que la
FIG. ll.
suma de los segmentos ABH y BZG; lue-
go la suma de los triángulos AHE, HEZ Y
EZG, con el área T, es mayor que el área del cono comprendida entre AE
y EG; pero la suma de los triángulos AHE, HEZ y EZG, con el área T,
es igual a la de los AED y DEG; luego la suma de estos triángulos es
mayor que el área del cono de que acabamos de hablar.
Supongamos ahora que T sea menor que la suma de los segmentos
situados alrededor del círculo. Si a estos segmentos se circunscriben rei-
teradamente polígonos bisecando los arcos y trazando tangentes en sus
puntos medios, llegaremos a obtener ciertos segmentos cuya suma sea
menor que T. Si los segmentos son AMK, KNB, BAL y LOG y traza-
mos las rectas al punto E, es claro que la suma de los triángulos AHE,
HEZ y EZG será mayor que la de los AEM, EMN, ENR, REO y EOG
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 37

porque la de las bases de los primeros es mayor que la de las bases de


los segundos y las alturas son iguales en todos.
Ahora bien: el área de la pirámide que tiene por base el polígono
Al\!INROG y por vértice el punto E, excepto el triángulo AEG, es mayor
que la del cono comprendida entre AE, EG Y el segmento ABG; luego
si se quita este segmento, la suma de los triángulos restantes AEM, EMN,
ENR, REO Y OEG, con los segmentos restantes AMK, KNB, BAL Y LaG
situados alrededor del círculo será mayor que el área del cono compren-
dida entre AE y EG.
Pero T es mayor que la suma de dichos segmentos restantes que es-
tán colocados alrededor del círculo, y se ha demostrado que la suma de
los triángulos A EH, HEZ y ZEG es mayor que la de los AEM, EMN,
NRE, REO Y OEG; luego con mayor razón la suma de los triángulos
A EH, EI-lZ y ZEG, con el área T, es decir: la suma de los triángulos
ADE y DEG, es mayor que la del cono comprendida entre AE y EG.
12. El área de un cilindro recto comprendida entre dos rectas si·
tuadas en su superficie es mayor que la del paralelogramo limitado por
esas dos rectas y las que unen sus extremos.
Sea un cilindro recto cuyas bases son los círculos AB y GD, y tra-
cemos las rectas AG y BD. Digo que el área del cilindro comprendida
entre estas rectas es mayor que la del paralelogramo AGDB.
Dividamos los arcos AB y GD en dos partes iguales por los puntos
E y Z y tracemos las rectas AE, EB, GZ y ZD. Puesto que la suma de
AE y EB es mayor que AB y los paralelogramos construidos sobre estas
rectas tienen la misma altura, la suma de los de bases AE y EB será
mayor que el ABDG porque su altura es la misma que la del cilindro
(Fig. 12).
Si el exceso de la suma de los paralelogramos de bases AE y EB
sobre el ABDG es el área H, esta área será o no será menor que la suma
de los segmentos planos AE, EB, GZ y ZD.
Supongamos primero que no sea menor. Puesto que la del cilindro
comprendida entre AG y BD, con los segmentos AEB y GZD, tiene por
límite el paralelogramo ABDG y la de los paralelogramos de bases AE
y EB Y altura la misma que la del cilindro, con los triángulos AEB y GZD,
tiene también por límite el mismo paralelogramo ABGD, una de estas
áreas envuelve a la otra y las dos son cóncavas en la misma dirección,
resJdta que el área cilíndrica comprendida entre las rectas AG y BD, con
los segmentos planos AEB y GZD será mayor que la comprendida no
38 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

solo por los paralelogramos de bases AE y EB Y altura igual que la del


cilindro, sino también por los triángulos AEB y GZD; luego si se quitan
esos triángulos, el área cilíndrica restante comprendida entre las rectas
AG y BD, con los segmentos planos
z AE, EB, GZ y ZD, será mayor que
la formada p'or los paralelogramos
de bases AE y EB Y altura la mis-
ma que el cilindro; pero la suma
de estos paralelogramos es igual al
G~---+-------'lD AGDB unida al área H; luego la
superficie cilíndrica restante com-
prendida entre las rectas AG y
BD es mayor que el paralelogramo
AGDB.
Supongamos ahora que el área
H sea menor que la suma de los
segmentos . planos AE, EB, GZ y
ZD. Si se bisecan los arcos AE,
E EB, GZ Y ZD por los puntos T, K,
H L y M y se trazan las rectas AT,
TE, EK, KB, GL, LZ, ZM y !vID,
se restan los triángulos ATE, EKB,
GLZ y ZMD, cuya suma no es me-
L--------B nor que la mitad de la de los seg-
FIG. 12. mentos planos AE, EB, GZ y ZD y
se continúa haciendo lo mismo, se
obtendrán ciertos segmentos cuya suma será menor que H, y si estos
segmentos restantes son AT, TE, EK, KB, GL, LZ, ZM Y MD, demos-
traríamos de la misma manera que la suma de los paralelogramos de
bases AT, TE, EK y KB y altura igual que la del cilindro, será mayor
que la suma de los paralelogramos de bases AE y EB Y altura la del
cilindro.
Pero el área del cilindro comprendida entre las rectas AG y BD, con
los segmentos planos AEB y GZD, y la de los paralelogramos de bases
AT, TE, EK y KB Y altura la del cilindro, con las figuras rectilíneas
ATEKB y GLZMD, tienen por límite el paralelogramo AGDB; luego si
se restan dichas figuras rectilíneas, el área cilíndrica restante comprendi-
da entre las rectas AG y BD, con los segmentos planos AT, TE, EK,
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 39

KB, GL, LZ, ZM y MD será mayor que la de los paralelogramos cuyas


bases son AT, TE, EK Y KB Y su altura la misma que la del cilindro.
Pero la suma de las áreas de estos paralelogramos es mayor que la
de los que tienen por bases AE y EB y por altura la del cilindro; luego el
área cilíndrica comprendida entre las rectas AG y GD, con los segmen-
tos planos AT, TE, EK, KB, GL, LZ, ZM y MD, es mayor que la suma
de los paralelogramos de bases AE y EB Y altura igual a· la del cilindro;
pero la suma de las áreas de estos paralelogramos es igual a la del AGDB
unida al área H; luego la superficie cilíndrica comprendida entre las rec-
tas AG y BD, con los segmentos planos AT, TE, EK, KB, GL, LZ, ZM
Y MD, es mayor que el paralelogramo AGDB unido al área H.
Pero la suma de dichos segmentos es menor que H, y, por tanto, el
área cilíndrica restante comprendida entre las rectas AG y BD es mayor
que el paralelogramo AGDB.
13. Si en ,los planos de las bases de un cilindro recto se trazan tan-
gentes desde los extremos de dos rectas situadas
en la superficie del cilindro 21, y estas tangentes H
se cortan, la suma de los paralelogramos forma-
dos por las tangentes y las dos rectas es mayor
que el área cilíndrica comprendida entre las rec-
tas que están en la superficie.
Sea ABG una de las bases de un cilindro rec-
to cualquiera; A y G los extremos de dos rec-
tas situadas en su superficie; tracemos por ellos
al círculo ABG y en su plano las tangentes que
se cortan en el punto H e imaginemos que en la
otra base del cilindro, y por los extremos de las
rectas que están en su superficie, se trazan tan-
gentes al círculo (Fig. 13). Hay que demostrar que
la suma de los paralelogramos comprendidos en-
tre las tangentes y los lados del cilindro es ma-
yor que la superficie cilíndrica construida sobre FIG. 13.
el arco ABG 22.
Demostrado esto, se deduce inmediatamente:
a) El área de una pirámide inscrita en un cono recto, excluida su
21Es decir, dos generatrices.
22La demostración de este teorema es idéntica a la de los 10 y 11, por lo
cual no la traducimos.
40 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

base, es menor que el área del cono, porque el área de cada uno de los
triángulos que envuelven a la pirámide es menor que la del cono limi-
tada por los lados del triángulo;
b) El área de una pirámide circunscrita a un cono, excluida la base,
es mayor que la del cono;
c) El área de un prisma inscrito en un cilindro recto es menor que
la del cilindro, excluida la base, porque el área de cada paralelogramo del
prisma es menor que la de la superficie cilíndrica construida sobre este
paralelogramo;
d) El área de un prisma circunscrito a un cilindro es mayor que la
del cilindro, excepto la base.
14. El área de un cilindro recto cualquiera, excluida la base, es igual
a la de un círculo cuyo radio sea la media proporcional entre el lado del
cilindro 23 y el diámetro de la base.
Sea A el círculo de la base de un cilindro recto cualquiera; GD su
diámetro; EZ igual a su lado; H la media proporcional entre GD y EZ
y B un círculo de radio igual aH.
K
Hay que demostrar que el área del
círculo B es igual a la del cilindro,
exceptuada la base (Fig. 14).
Si no es igual, será mayor o
menor. Suponiendo que sea menor,
puesto que se tienen dos magnitu-
des desiguales: eJ área del cilindro
y la del círculo, se podrá inscribir
D z E p
en este un polígono equilátero y
FIG. 14. circunscribirle otro de modo que
la razón del circunscrito al inscri-
to sea menor que la del área del cilindro a la del círculo B, e imaginando
que se ha circunscrito al círculo A un polígono semejante al circunscrito
a B y que el primero sea la base de un prisma circunscrito a este cilindro,
que KD sea igual al perímetro del polígono circunscrito al círculo A;
LZ igual a KD y GT la mitad de GD, se tiene que el triángulo KDT será
equivalente al polígono circunscrito al círculo A porque la base de este
triángulo es igual al perímetro del polígono y la altura al radio del círcu-
lo A, y el área del paralelogramo EL igual a la del prisma circunscrito

23 Arquímedes llama lado: :rt:',E'llQá , a la generatriz de los cilindros y conos.


ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 41

al cilindro porque este paralelogramo está limitado por el lado del cilindro
y una recta igual al perímetro de la base del prisma.
Tomando EP igual a EZ, el triángulo ZPL será equivalente al para-
lelogramo EL, y, por tanto, al área del prisma, y como los polígonos cir-
cunscritos a los círculos A y B son semejantes, la razón de estos polígo-
nos es la misma que la de los cuadrados de los radios de esos círculos;
luego el triángulo KDT es al polígono circunscrito al círculo B como el
cuadrado de TD al cuadrado de H, porque las rectas TD y H son igua-
les a los radios de los círculos A y B; pero el cuadrado de TD es al de
H como TD a PZ porque H es media proporcional entre TD y PZ por
serIo entre GD y EZ, ya que, siendo DT igual a TG y PE a EZ, es GD
doble de TD y PZ doble de PE; luego DG es a DT como PZ a ZE, y,
por tanto, el área limitada por GD y EZ es igual a la limitada por TD y
PZ; pero el cuadrado construido sobre H equivale al área limitada por
GD y EZ, y; por consiguiente, ese cuadrado equivale también al área
limitada por TD y PZ, es decir: TD es a H como H a PZ 24; luego el
cuadrado construido sobre TD es al construido sobre H como TD a PZ
pO.l,'"que cuando tres rectas son proporcionales, la primera es a la tercera
como la figura construida sobre la primera es a la figura semejante cons-
truida del mismo modo sobre la segunda; pero el triángulo KDT es al
PLZ como TD a PZ por ser iguales KD y LZ; luego el triángulo KDT
es al polígono circunscrito al círculo B como el mismo triángulo al PLZ,
y, por tanto, este triángulo PLZ es equivalente al polígono circunscrito

24 Este resultado se consigue rápidamente-y Arquímedes estaba en con-


diciones de hacerlo-así: siendo, por hipótesis,

GD H
H2=GDxEZ, -
li-EZ'
es
GD
- - : H=H : 2EZ;
2
y por ser
GD
--=TD, 2EZ=PZ,
2
resulta
TD H
--=--
H PZ
42 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

al círculo B y el área del prisma circunscrito al cilindro es también equi-


valente a la del polígono circunscrito al círculo B.
Pero la razón de los polígonos circunscrito e inscrito al círculo B es
menor que la del área del cilindro A al círculo B; luego la del prisma
circunscrito a este cilindro al polígono inscrito en el círculo B es menor
aún que la del cilindro al círculo B y permutando ... 25, lo cual es impo-
sible porque el área del prisma circunscrito al cilindro es mayor que la
del cilindro, como ya se demostró, y la del polígono inscrito en el círcu-
lo B es menor que la de este círculo; luego el área del círculo B no es
menor que la del cilindro.
Supongamos ahora que sea mayor e imaginemos en el círculo B un
polígono inscrito y otro circunscrito de manera que la razón del segundo
al primero sea menor que la del área de B a la del cilindro. Inscribamos
en el círculo A un polígono semejante al inscrito en B que sea base de
un prisma, y sea KD igual al perímetro de ese polígono y ZL igual a KD.
El triángulo KDT será mayor que el polígono inscrito en el círculo A
porque la base del triángulo es igual al perímetro del polígono y su altura
mayor que la perpendicular trazada desde el centro a uno de los lados
del polígono y el área del paralelogramo ZL será igual a la del prisma ins-
crito, compuesta de paralelogramos, porque está limitada por el lado del
cilindro y una recta igual al perímetro del polígono base del prisma; lue-
go el área del triángulo P LZ es también igual a la de este prisma, y como
los polígonos inscritos en los círculos A y B son semejantes y su razón
es la de los cuadrados de los radios de A y B, resulta que el polígono
inscrito en A es al inscrito en B como el triángulo KDT al PLZ; pero el
área del polígono inscrito en A es menor que la del triángulo KDT; lue-
go la del inscrito en B será menor que la del triángulo PLZ, y, por tan-
to, menor aún que la del prisma inscrito en el cilindro, lo cual es impo-
sible porque la razón de los polígonos circunscrito e inscrito en B es
menor que la de este círculo a la del cilindro, y permutando ... 26, Y como

25 Aquí, lo mismo que en otras ocasiones análogas, Arquímedes aplica táci-


tamente la propiedad de que, dadas cuatro magnitudes, si la razón de la primera
a la segunda es menor que la de la tercera a la cuarta, la de la primera a la
tercera es menor que la de la segunda a la cuarta. En este caso la razón del
área del prisma a la del cilindro es menor que la del polígono inscrito en el
círculo B a la de este círculo.
26 La razón del área del polígono circunscrito a B a la de B es menor que
la del polígono inscrito en el mismo círculo B a la del cilindro.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 43

el área del polígono circunscrito al círculo B es mayor que la de este


círculo, la del inscrito será mayor que la del círculo, y, por tanto, que
la del prisma; luego el área del círculo B no es mayor que la del cilin~
dro, y como se ha demostrado que tampoco es menor, tiene que ser igual.
15. El área de un cono recto cualquiera, excluida la base 27, es igual
a la de un círculo cuyo radio sea medio proporcional entre el lado del
cono 28 y el radio del círculo de la base.
Sea un cono recto cuya base es el círculo A de radio G; D el lado
del cono; E la media proporcional entre D y
G y B un círculo de radio E. Digo que el área
del círculo B es igual a la del cono, excluida
la base, porque si no es igual, será mayor o me-
nor (Fig. 15).
Supongamos primeramente que es menor. Pues- B
to que tenemos dos magnitudes desiguales; el área
del cono y la del círculo B, siendo mayor la del
cono, se puede inscribir en B un polígono equi-
látero y circunscribirle uno semejante de modo
que la razón del circunscrito al inscrito sea me-
nor que la del área del cono a la del círculo B;
imaginemos que se circunscribe al A un polígono
semejante al circunscrito a B y supongamos que
sea la base de una pirámide del mismo vértice
que el cono.
Puesto que los polígonos circunscritos a A
y B son semejantes, su razón es la de los cuadra-
dos de los radios, es decir, de las rectas G y E
o G y D; pero el área del polígono circunscrito G
a A es a la de la pirámide circunscrita al cono E
como G a D porque G es igual a uno de los la- o
dos del polígono, D al lado del cono y el períme-
tro del polígono es la altura común de dos rectán- FIG. 15.
gulos cuyas mitades son el polígono circunscrito al
círculo A y el área de la pirámide circunscrita al cono; luego el polígono
circunscrito a A .es al circunscrito a B como el circunscrito a A al área

27 tí EmepávELC1 Lotí x,ówou ZWQC; Tí"); ~ÚOfo)S:.


28 La generatriz.
44 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

de la pirámide circunscrita al cono, y, por tanto, esta es igual a la del


polígono circunscrito a B, y puesto que la razón de los polígonos circuns-
crito e inscrito en B es menor que la del área del cono a la del círculo B,
la del área de la pirámide circunscrita al cono al polígono inscrito en B
será menor que la del área del cono al círculo B, lo cual es imposible por-
que el área de la pirámide es mayor que la del cono, como ya hemos de-
mostrado, y la del polígono inscrito en el círculo B es, por el contrario,
menor que la de este círculo; luego la de B no es menor que la del cono.
Digo ahora que tampoco es mayor, porque suponiendo que lo fuera,
si se circunscribe al círculo B un polígono y se le inscribe otro de ma-
nera que la razón del primero al segundo sea menor que la del círculo B
a la del cono, inscribamos en A un polígono semejante al inscrito en B e
imaginemos que este polígono es la base de una pirámide con el mismo
vértice que el cono.
Puesto que los polígonos inscritos en A y B son semejantes y su ra-
zón como los cuadrados de los radios de A y B, la del polígono inscrito
en A al inscrito en B es igual a la de G a D; pero esta razón es mayor
que la del área del polígono inscri-
to en A a la de la pirámide inscrita
en el cono, porque la del radio de
A al lado del cono es mayor que
la de la perpendicular trazada des-
de el vértice del cono al lado del
mismo polígono; luego la razón de
las áreas de los polígonos inscritos
en A y B es mayor que la del pri-
G mer polígono al área de la pirámi-
de, y, por tanto, la de la pirámide
E es mayor que la del polígono ins-
crito en B, y como la razón del cir-

1 i FIG. 16.
cunscrito al inscrito en B es menor
que la de B al área del cono, re-
sulta que la del polígono circuns-
crito a B al área de la pirámide ins-
crita en el cono es menor aún que
la de B al área del cono, lo cual
es imposible porque la del polígono circunscrito es mayor que la de B
y la de la pirámide inscrita en el cono es menor que la del cono; luego
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 45

el área de B no es mayor que la del cono, y puesto que se ha demostrado


que no es menor, tiene que ser igual.
16. El área de un cono recto cualquiera es a su base como el lade
del cono al radio de la base.
Sea un cono recto cuya base es el círculo A de radio igual a B, y G
el lado de este cono. Hay que demostrar que el área del cono es a la
del círculo A como G a B (Fig. 16).
Tomemos la media proporcional E entre B y G e imaginemos un
círculo D de radio igual a E, cuya área, según se demostró en la proposi-
ción anterior, será igual a la del cono; pero también se ha demostrado
que la razón de las áreas de D a A es igual a la de G a E porque am-
bas razones son iguales a las. de los cuadrados de E y B puesto que los
círculos son entre sí como los cuadrados construidos sobre sus diáme-
tros, y, por tanto, como los cuadrados construidos sobre sus radios, ya
que lo que conviene a los diámetros conviene a sus mitades, y como los
radios de los círculos A y D son respectivamente iguales a las rectas B
y E 29, el área del cono es a la del círculo A como G a B.
LEMA. Dado el paralelogramo BAHO de diagonal BH, dividamos el
lado BA en dos partes cualesquie-
ra por el punto D y tracemos por B K o
D la recta DE paralela alIado AH
y por Z la ZL paralela al BA.
Digo que el área limitada por D~---r-~~t----------IE
BA y AH es igual a la limitada
por BD y DZ y a la limitada por
DA y una recta compuesta de
DZ y AH (Fig. 17).
En efecto, el área limitada
por BA y AH es la total BH; la A L H
limitada por BD y DZ es la BZ FIG. 17.

y la limitada por DA y una com-


puesta. por DZ y AH es la del gnomon MNP, porque el área limitada por
las rectas DA y AH es igual a la KH puesto que la de KE es igual al com-
plemento DL y el área limitada por DA y DZ es igual a la DL; luego el área

29 Por ser, en efecto, D: A = E2 : B2 y E media proporcional entre G y B, es


decir: E2=GB, es E2:B=G, de donde, E2:B2=G:B; luego D:A=G:B, Y el
área de D es igual a la lateral del cono.
46 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

total BH, es decir: la limitada por las rectas BA y AH es igual a la limitada


por BD y DZ juntamente con el gnomon MNP, cuya área es igual a la
limitada por DA y una recta compuesta de AH y DZ.
17. Si se corta un cono recto por un plano paralelo a la base, el
área comprendida entre los planos paralelos es igual a la de un círculo
cuyo radio sea medio proporcional entre la parte del lado del cono com-
prendida entre los planos paralelos y una recta igual a la suma de los ra-
dios de los círculos situados en los planos paralelos.
Sea ABG un triángulo igual al que pasa por el eje del cono. Corte-
mos este por un plano paralelo a la base; imaginemos que este plano
produce la sección DE y que la recta BH sea el eje del cono, y suponga-
mos un círculo M de radio medio
B proporcional entre la recta AD y
la suma de las DZ y HA. Digo
que el área de M es igual a la del
cono comprendida entre DE y AG
(Fig. 18).
Si los dos círculos L y K son
tales que el área del cuadrado
A H
construido sobre el radio del K sea
igual a la limitada por las rectas
FIG. 18.
DB y DZ, y la del construido so-
bre el radio del L igual a la limi-
tada por BA y AH, el área del círculo L será igual a la del cono ABG
y la del K a la del DEB.
En efecto, el área limitada por AB y AH es igual a la limitada por
DB y DZ y a la limitada por AD y una recta compuesta de DZ y AH por
ser DZ paralela a AH; pero el área limitada por AB y AH es igual a la
del cuadrado construido sobre el radio del círculo L; la limitada por
BD y DZ a la del construido sobre el radio de K y la limitada por AD y
una recta compuesta de DZ y AH a la del cuadrado construido sobre el
radio del círculo M; luego el área del cuadrado construido sobre el radio
del círculo L es igual a la suma de las áreas de los cuadrados construidos.
sobre los radios de los círculos K y M, y, por tanto, la de ese círculo L
es igual a la de los círculos K y M, pero la L es igual a la del cono ABG
y la de K a la del BDE; luego el área restante comprendida entre los.
planos paralelos DE y AG es igual a la del círculo M.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 47

LEMAS. Los geómetras que nos han precedido 30 han demostrado los
siguientes:
a) Los conos de igual altura son entre sí como sus bases y los de
igual base como sus alturas.
b) Si se corta un cilindro por un plano paralelo a la base, los dos
cilindros que resultan son entre sí como sus ejes.
c) Los conos y cilindros de bases [y alturas] iguales están en la mis-
ma razón.
d) Las bases de conos equivalentes son inversamente proporciona-
les a las alturas, y los conos de bases inversamente proporcionales a las
alturas son equivalentes.
e) Los conos que tienen proporcionales los diámetros de sus bases
y alturas, es decir, los ejes, son entre sí como la razón triplicada de los
diámetros de las bases.
18. Si dos conos rectos son tales que el área de uno es igual a la de
la base del otro y la perpendicular trazada desde el centro de la base del
primero a un lado es igual a la altura del segundo, los dos conos son equi-
valentes.
Sean los dos conos rectos ABG y DEZ, tales que el área de la base
del ABG es igual a la del DEZ, la
altura AH igual a la perpendicu- D
lar TK trazada desde el centro T
sobre un lado DE del cono. Digo

&
que estos dos conos son equiva-
lentes (Fig. 19). A
Puesto que el área de la base
del cono ABG es igual a la del
DEZ y las cosas iguales entre sí
tienen la misma razón con una B H G
z T

tercera, la base del cono ABG es FIG. 19.

a la del DEZ como el área de este


cono DEZ a la de su base y por ser esta razón la misma que la de DT a
KT porque los triángulos DET y DKT son equiángulos y además TK
es igual a AH " luego la base del cono ABG es a la del DEZ como la
altura de este a la ·de aquel, y, por tanto, las bases de los conos ABG y
DEZ son inversamente proporcionales a las alturas, y, en consecuencia,
dichos conos son equivalentes.
30 EUCLIDES: Elementos, XII, 11, 14, 13 y 15.
48 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

19. Un rombo sólido 31 cualquiera compuesto de dos conos rectos


equivale a un cono cuya base tenga un área igual a la de uno de los
conos que componen el rombo y una altura igual a la perpendicular tra-
zada desde el vértice del otro cono al lado del primero.
Sea ABGD un rombo sólido formado por dos conos rectos cuya base
es el círculo descrito alrededor del diámetro BG y altura la recta AD,
y supongamos otro cono HTK el área de cuya base es igual a la del cono
ABG y altura TL igual a la per-
pendicular DZ trazada desde el
vértice D al lado AB o a su pro-
longación. Digo que el rombo só-
lido ABGD es equivalente al cono
HTK (Fig. 20).
Imaginemos otro cono MNP
cuya base sea igual a la del ABG
FIG. 20. y su altura ON igual a AD. Enton-
ces ON es a DE como AD a DE;
pero AD es a DE como el rombo sólido ABGD al cono BGD 32 Y ON a DE
como el cono MNP al BGD por tener bases equivalentes; luego el cono MNP
es al BGD como el rombo ABGD al BGD y, por tanto, el cono MNP y
el rombo ABGD son equivalentes; pero el área del cono ABG es igual
a la de la base del cono HTK; luego la del cono ABG es a la de su base
como la de la base del HTK a la de la del MNP porque los conos ABG
y MNP tienen bases iguales; pero el área del cono ABG es a la de su
base como AB a BE, es decir, como AD a DZ por ser semejantes los trián-
gulos ABE y ADZ y, por tanto, la base del cono HTK es a la del MNP
como AD a DZ; pero por hipótesis AD es igual a ON y DZ a TL; luego
la base del cono HTK es a la del MNP como la altura ON a la TL, y

31 QÓl-l~O<; <JTEQÉO<;, figura formada por dos conos con la base común, ejes
en línea recta y vértices a uno y otro lado de la base.
32 Por ser común la base de los conos BAG y BDG, es

AE cono BAG
DE cono BDG
de donde
AD rombo ABGD
AE cono BDG
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 49

siendo, pues, las bases de estos conos inversamente proporcionales a sus


alturas, ambos conos son equivalentes, y como se ha demostrado que el
MNP equivale al rombo ABGD, resulta que este rombo y el cono HTK
son equivalentes 33.
20. Si se corta un cono recto por un plano paralelo a la base y so-
bre el círculo producido por esta sección se imagina un cono con el vér-
tice en el centro de la base y se resta del cono total el rombo que resulta
de esta construcción, el resto será equivalente a un cono cuya base tenga
un área igual a la del cono comprendida entre los planos paralelos y la
altura igual a la perpendicular trazada desde el centro de la base al lado
del cono.
Sea el cono ABG y cortémoslo por un plano paralelo a la base, el
cual produce la sección DE. Sea Z el centro de la base, vértice del cono
cuya base es el círculo descrito
alrededor del djámetro DE, de
modo que el rombo BDZE esta-
rá formado por dos conos rec-
tos, y supongamos, finalmente,
un cono KTL cuya base equival-
ga al área comprendida entre los
planos DE y AG y tenga una
altura igual a la perpendicular K

~
ZH trazada desde el punto Z al
lado AB. Digo que si se quita
el rombo BDZE del cono ABG, T L

el resto será equivalente al TKL FIG. 21.

(Fig. 21).
Sean los dos conos MNP y ORQ, siendo la base del MNP equivalente
al área del ABG y la altura igual a ZH. El cono MNP será equivalente al
ABG porque cuando se tienen dos conos rectos si el área de uno equivale
a la base del otro y la perpendicular trazada desde el centro de la base

33 Este teorema está demostrado con una elegancia que solo se puede supe-
rar hoy con los recursos del simbolismo algebraico, cuya falta suplió Arquí-
medes con extraordinario ingenio. Si es V el volumen del rombo sólido, r el
radio GE de la base y h 1 y h 2 las alturas AE y DE de los dos conos, es
50 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

del primero sobre su lado es igual a la altura del segundo, los dos conos
son equivalentes. Si la base del cono ORQ es igual al área del DBE y su
altura igual a la recta ZH, el cono ORQ será equivalente al rombo BDZE,
como se ha demostrado antes. Puesto que el área del cono ABG está com-
puesta por la del BDE y por la comprendida entre DE y AG; la del ABG
equivale a la de la base del MNP; la del DBE a la de la base del ORQ y,
finalmente, el área comprendida entre DE y AG es igual a la de la base
del cono TKL, la base del MNP será equivalente a las de los TKL y
ORQ, y como estos conos tienen la misma altura, el MNP será equiva-
lente a los TKL y ORQ; pero el MNP es equivalente al ABG y el ORQ
al rombo DBEZ; luego lo que queda del cono ABG después de haberle
quitado el rombo DBEZ equivale al cono TKL.
21. Si uno de los conos que forman un rombo se corta por un plano
paralelo a la base y el círculo producido por esta sección es la base de
un cono que tiene el mismo vértice que el otro cono del rombo, y si del
rombo total se quita el producido por esta construcción, lo que queda
será equivalente a un cono cuya base tenga la misma área que la com-
prendida entre los planos paralelos y la altura igual a la perpendicular
trazada desde el vértice del segundo cono al lado del primero.
Sea ABGD un rombo formado por dos conos rectos y cortemos uno
de ellos por un plano paralelo a la base que produce la sección EZ, la
cual es base de un cono con el vértice en el punto D, y se tendrá cons-
truido el rombo EBZD; restemos este rombo del rombo total, y supon-
gamos un cono TKL cuya base sea igual al área comprendida entre AG
y EZ y altura igual a la perpendicular trazada desde el punto D a la rec-
ta BA o a su prolongación. Digo que el resto de que hemos hablado equi-
vale al cono TKL (Fig. 22).
y llamando S al área lateral del cono AGB, g a su generatriz AB y d a la
perpendicular DB desde el vértice del cono DBG, se tiene:
S=rrrg, (h! +h2)r=dg;
S
y poniendo en lórmula anterior el valor rrr=-, deducido de la primera de estas
g
igualdades y la segunda, resulta:
1
V=-Sd,
3
que es el valor encontrado por Arquímedes.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 51

Sean los dos conos MNP y ORQ. Si la base del MNP es equivalente
al área del ABG y la altura igual a la recta DH, el cono MNP, según lo
hemos demostrado, será equivalente al rombo ABGD, y si la base del
ORQ es equivalente al área del
N
EBZ y la altura igual a la rec- B

~
ta DH, el cono ORQ será equi-
valente el rombo EBZD; pero
M P
puesto que el área del cono ABG
R
se compone de la del EBZ y la
comprendida entre EZ y AG Y es
igual a la de la base del cono
MNP, y la del EBZ igual a la
& o Q

de la base del cono ORQ y, fi-


nalmente, el área comprendida D
entre EZ y AG igual a la de las K

~
bases de los conos ORQ y TKL,
Y estos conos tienen la misma
altura, el MNP es equivalente a T L

la suma de los TKL y ORQ Y FIG. 22.


como el MNP equivale al rombo
ABGD y el ORQ al EBZA, resulta que el cono que queda TKL equivale
a lo que queda del rombo ABGD.
22. Si en un círculo se inscribe un polígono equilátero de un núme-
ro par de lados y se unen estos por paralelas a una de las rectas que
subtienden dos lados del polígono, la suma de las rectas que unen los
lados del polígono es al diámetro del círculo como la recta que subtiende
la mitad de los lados del polígono inscrito, menos uno, es a un lado de
este polígono.
Sea el círculo ABGD; inscribámosle el polígono AEZBHTGMNDLK
y tracemos las rectas EK, ZL, BD, HN Y TM, las cuales es evidente que
serán paralelas a una de las que subtienden dos lados de este polígono.
Digo que la suma de esas rectas es al diámetro del círculo como la GE es
a la EA (Fig. 23).
Tracemos las ZK, LB, HD Y TN, que serán paralelas a las EA, ZK,
BL y DH, respectivamente, y, por último, la GM paralela a TN. Puesto
que EA y KZ son paralelas, ES es a SA como KS a SO, y por la misma
razón, KS es a SO como ZP a PO; como LP a PQ, como BR a RQ, como
DR a RV, como HV a VV, como NV a VW como TX a XW y, finalmen-
52 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

te como MX a XG; luego la suma de todas las rectas ES, SK, ZP, PL,
BR, RD, HV, VN, TX y XM es a la suma de todas las AS, SO, OP, PQ,
QR, RU, UV, VW, WX y XG como
8 la suma de las primeras a una de
las segundas; luego la suma de las
rectas EK, ZL, BD, HN Y TM es
al diámetro AG como la recta ES
a la SA; pero la ES es a la SA
como la GE a la EA; luego la suma
de las rectas EK, ZL, BD, HN Y
TM es al diámetro AG como la
recta GE a la EA.
23. Si en un segmento circular
se inscribe un polígono de un nú-
mero par de lados iguales, excepto
la base, y se unen por paralelas a
esta, la suma de estas paralelas con
D la mitad de la base del segmento
FIG. 23. es a la altura de este como la recta
trazada desde el extremo del diá-
metro hasta uno de los lados del polígono es a un lado de este.
Tracemos en el círculo ABG una recta cualquiera AG; inscribamos
sobre ella en el segmento ABG un polí-
gono de un número par de lados, todos B
iguales entre sí excepto la base AG, y tra-
cemos las rectas ZH y ET paralelas a
AG. Digo que la suma de las rectas ZH,
ET y AS es a la recta BS como la DZ,
al lado ZB (Fig. 24).
Tracemos las rectas HE Y AT, que se-
rán paralelas a la ZB y, por la misma ra-
zón que en el teorema anterior, KZ es a
KB como KH a KA, como EM a ML,
como MT a MN y como SA a SN; lue-
go la· suma de las rectas ZK, KH, EM, o
MT Y AS es a la suma de las BK, KD, FIG. 24.
LM, MN y NS como una de las prime-
ras rectas a una de las segundas; luego la suma de las ZH, ET y AS es
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 53

a la recta BS como la ZK a la KB; pero la ZK es a la KB como la DZ


a la ZB; luego la suma de las rectas ZH, ET y AS es a la recta BS como
la DZ a la ZB.
24. El área descrita por la rotación de un polígono inscrito en un
círculo máximo de la esfera alrededor del diámetro de este es menor que
el área de la esfera.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera e inscribamos en él un
polígono equilátero de un número par de lados divisible por 4, y sean AG
y BD dos diámetros [perpendiculares] 34.
Si el diámetro AG permanece fijo mientras el círculo en el cual está
inscrito el polígono hace una revolución, es evidente que su circunferen-
cia se mueve en la superficie de la esfera y los vértices de los ángulos,
excepto los situados en los puntos A y
G, describirán sobre la superficie de la B
esfera circunferencias de círculo cuyos
planos serán perpendiculares al del círcu-
lo ABGD y cuyos diámetros serán rec-
tas paralelas a la BD y unirán los ángu-
los del polígono (Fig. 25). AJ-..4---+---+---+--t-tG
Los lados de este describirán superfi-
cies cónicas; y así, los AZ y AN describi-
rán la superficie de un cono cuya base es
el círculo que tiene por diámetro la recta
ZN y el vértice en el punto A; los lados
ZH y MN describirán la superficie de un o
cono cuya base es el círculo que tiene FIG. 25.
por diámetro la recta MH y el vértice en
el punto en que las rectas ZH y MN prolongadas encuentran a la AG,
y, por último, los lados HB y MD describirán la superficie del cono
cuya base es el círculo que tiene por diámefro la recta BD y el vér-
tice en el punto en que las rectas BH y MD, prolongadas, encuentran
a la AG, y, análogamente, en el otro semicírculo, los lados del polí-
gono describirán también superficies cónicas semejantes a las que hemos
dicho.
De este modo quedará inscrita en la esfera una cierta figura que es-
34 Para que los dos diámetros perpendiculares terminen en vértices del po-
lígono, Arquímedes impone la condición de que el número de lados de este
Sea múltiplo de 4.
54 CTENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

tará comprendida por las superficies de que acabamos de hablar y cuya


área será menor que la de la esfera porque estando esta dividida en dos
partes por un plano trazado por una recta BD perpendicularmente al
círculo ABGD, el área de uno de los hemisferios y la de la figura inscrita
tienen los mismos límites en un solo plano: la circunferencia del círculo
descrito alrededor del diámetro BD, que es perpendicular al círculo ABGD;
las dos superficies son cóncavas en la misma dirección y una de ellas
está limitada por la otra y por un plano que tiene los mismos límites
que esta otra.
Análogamente, el área de la superficie inscrita en el otro hemisferio
es también menor que la de este hemisferio; luego la de la superficie
total es menor que la de la esfera.
25. El área de la figura inscrita en una esfera es la misma que la
de un círculo cuyo radio, al cuadrado, sea igual a la superficie compren-
dida por uno de los lados del polígono y por una recta igual a la suma
de las rectas que unen los lados del polígono, formando cuadriláteros y
siendo paralelas a una recta que subtienda dos lados del polígono.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera; inscribamos en él un
polígono equilátero cuyo número de lados sea múltiplo de 4 e imagi-
nemos la figura engendrada en la esfera por la revolución del polígono
inscrito. Tracemos las rectas EZ, HT, GD, KL Y MN paralelas a la que
subtiende dos lados del polígono y supongamos un círculo S cuyo ra-
dio, al cuadrado, sea igual al área
A
comprendida por la recta AE y
una recta igual a la suma de las
EZ, HT, GD, KL Y MN. Digo que
el área de este círculo es igual a
G~ -+_----;D la de la figura inscrita en la esfe-
ra (Fig. 26).
Supongamos los círculos O, P,
Q, R, U y V tales que el cuadra-

B
1\
SOPQRUV
1 do del radio del O sea igual al área
comprendida por AE y por la mi-
FIC. 26. tad de EZ; que el cuadrado del
radio del P sea igual al área com-
prendida por AE y por la mitad de la suma de EZ y HT; que el cuadrado
del radio del Q sea igual al área comprendida por AE y la mitad de la suma
de las rectas HT y GD; que el cuadrado del radio del R sea igual al área
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 55

comprendida por AE y la mitad de la suma de las rectas GD y KL; que el


cuadrado del radio del U sea igual al área comprendida por AE y la mitad
de la suma de las rectas KL y MN, y, finalmente, que el cuadrado del
radio del círculo V sea igual al área comprendida por AE y la mitad de
la recta MN.
Ahora bien: el área del círculo O equivale a la del cono AEZ; la
del P a la comprendida entre EZ y HT; la del Q a la comprendida entre
HT y GD; la del R a la comprendida entre GD y KL; la del U a la com-
prendida entre KL y MN, y, por último, la del V es equivalente a la del
cono MEN; luego la suma de las áreas de estos círculos equivale a la de
la superficie inscrita en la esfera.
Pero es evidente que la suma de los cuadrados de los radios de los
círculos O, P, Q, R, U Y V es igual al área de la superficie comprendida
por AE y la suma de las mitades de las rectas EZ, HT, GD, KL y MN
tomadas dos veces, es decir, la suma de las rectas totales EZ, HT, GD,
KL Y MN; luego la suma de los cuadrados de los radios de los círculos
O, P, Q, R, U y V es igual a la superficie comprendida por AE y por la
suma de esas rectas, y como el cuadrado del radio del círculo S es igual
al área comprendida por AE y una recta formada por todas las rectas
EZ, HT, GD, KL Y MN, resulta que el cuadrado del radio de dicho círcu-
lo S es igual a la suma de los cuadrados de los radios de todos los círcu-
los O, P, Q, R, U y V, y, por consiguiente, el área del círculo S es igual
a la suma de las de estos círculos 35, Y como se ha demostrado que esta
suma es igual al área de la figura de que hemos hablado, el área del círcu-
lo S es también igual a la de esta figura.
26. El área de una figura inscrita en una esfera y limitada por su-
perficies cónicas, es menor que cuatro círculos máximos de la esfera.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera; inscribamos en él un
Polígono equilátero cuyo número de lados sea divisible por 4 e imagine-
mos que sobre este polígono se haya construido una figura limitada por

35 Porque siendo las áreas de los círculos proporcionales a los cuadrados de


SUs radios, el cuadrado del radio del círculo S es al círculo S como el de O
al O, el de P al P, el de Q al Q, el de R al R, el de U al U y el de V al V;
luego el cuadrado del radio del círculo S es a este círculo S como la suma
de los cuadrados de los radios de los círculos O, P, Q, R, U Y V a la suma de
estos círculos, y por ser el cuadrado del radio del círculo S igual a la suma
de los cuadrados de los radios de 0, P, Q, R, U Y V, el círculo S es igual a
la suma de los círculos O, P, Q, R, U Y V.
S6 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

superficies comcas. Digo que el área de la figura inscrita es menor que


cuatro círculos máximos de la esfera (Fig. 27).
Tracemos las dos rectas El y TM que subtienden dos lados del polí-
gono y las ZK, DB y HL paralelas a ellas, y supongamos un círculo P
cuyo radio, al cuadrado, sea igual
8 al área comprendida por la recta
EA y una recta igual a la suma de
las El, ZK, BD, HL Y TM.
De acuerdo con 10 antes de-
mostrado, el área de este círculo
es igual a la de la figura de que
A t-t--+----t----+-----;¡:::...¡ G acabamos de hablar; pero se ha
demostrado que una recta igual a
la suma de las El, ZK, BD, HL Y
TM es al diámetro AG del círculo
ABGD como GE a EA; luego el
área comprendida por una recta
p
igual a la suma de las· rectas que
o hemos dicho y por EA, es decir, el
FIG. 27. cuadrado del radio del círculo P,
es igual al áera comprendida por
las rectas AG y GE, Y como esta área es menor que el cuadrado de AG, el
radio del círculo P es menor que AG, y, por tanto, el diámetro de dicho
círculo P es menor que el doble del diámetro del ABGD, de donde resul-
ta que dos diámetros de este son mayores que el del P, y, por consiguien-
te, el cuádruple del cuadrado construido sobre el diámetro del círculo
ABGD, es decir, sobre AG, es mayor que el construido sobre el del P.
Pero el cuádruple del cuadrado construido sobre AG es al cuadrado
construido sobre el diámetro del círculo P como el cuádruple del círculo
ABGD al círculo P y por ser el cuádruple del círculo ABGD mayor que
el círculo P, este es menor que uno máximo de la esfera, y como se ha
demostrado que P es igual al área de la figura de que hemos hablado, el
área de esta es menor que el cuádruple de un círculo máximo de la
esfera.
27. Una figura inscrita en la esfera y limitada por superficies cóni-
cas equivale a un cono cuya base sea igual al área de la figura inscrita
en la esfera y altura igual a la perpendicular desde el centro de la esfera
a un lado del polígono.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 57

Sea ABGD un círculo máximo de una esfera, y lo demás como en el


teorema anterior; P un cono recto, el área de cuya base es igual a la de
la figura inscrita en la esfera y la altura igual a la perpendicular trazada
desde el centro de la esfera a un lado del polígono. Hay que demostrar
que la figura inscrita en esta esfera es equivalente al cono P (Fig. 28).
Si sobre los círculos descritos
alrededor de ZN, HM, TL e IK
como diámetros construimos co-
nos con el vértice en el centro
de la esfera, se tendrá un rombo
sólido compuesto por el cono cuya ~
base es el círculo descrito alre- p

dedor de ZN y vértice en el pun- _


to A y por el cono cuya base es
el mismo círculo y vértice en el FIG. 28.
punto X, el cual rombó equivale
a un cono cuya base es equivalente al área del cono NAZ y altura
igual a la perpendicular trazada desde el punto X a la recta AZ. El resto
del rombo limitado por la superficie cónica situada entre los planos pa-
ralelos trazados por las rectas ZN y HM Y entre las superficies de los
conos ZNX y HMX, equivale a un cono cuya base es igual a la superfi-
cie cónica comprendida entre los planos paralelos trazados por las rec-
tas ZN y HM y altura igual a la perpendicular trazada desde el punto X a
la recta ZR, como se ha demostrado, y el resto del cono limitado por la
superficie cónica comprendida entre los planos paralelos trazados por
las rectas HM y DB entre la superficie del cono RMX y entre el círculo
descrito alrededor de BD como diámetro es igual a un cono cuya base
equivale a la superficie cónica comprendida entre los planos paralelos
trazados por las rectas HM y BD y altura igual a la perpendicular traza-
da desde el punto X a la recta BR.
En el otro hemisferio se tendrá, análogamente, un rombo XKGI y
tantos residuos de cono como en el primero, rombo y residuos que serán
iguales a los conos de que hemos hablado; y como la suma de estos
conos equivale al P porque la altura del P es igual a la de cada uno de
dichos conos y base equivalente a la suma de las bases, resulta que la
figura inscrita en la esfera es equivalente al cono P.
28. Una figura inscrita en una esfera y limitada por superficies có-
58 CmNTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

nicas es menor que el cuádruple de un cono cuya base sea un círculo


máximo de la esfera y altura igual al radio de la misma esfera.
Sea, en efecto, P un cono equivalente a la figura inscrita en la esfera,
es decir, un cono cuya base equivale al área de esa figura y altura igual
a la recta trazada desde el centro del
B círculo a uno de los lados del polí-
gono inscrito, y sea S otro cono cuya
base es igual al círculo ABGD y al-
tura igual al radio de este círculo
(Fig. 29).
Puesto que el área de la base

I
del cono P equivale a la de la figu-
ra inscrita en la esfera y la altura
es igual a la perpendicular trazada
desde el punto X al lado AZ y por
p S haberse demostrado que el área de la
o figura inscrita es menor que el cuá-
FIG. 29.
druple de un círculo máximo de la
esfera, la base del cono P es menor
que el cuádruple de la del cono S, y como su altura es menor que la
de este cono S, es evidente que el cono P es menor que el cuádruple
del S; pero P equivale a la figura inscrita; luego esta es menor que el
cuádruple del cono S.
29. El área total de una esfera es menor que la de la figura inscrita.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera; circunscribámosle un
polígono equiángulo y equilátero de un número de lados divisible por 4
y circunscribamos un círculo al polígono circunscrito. El centro del círcu-
lo circunscrito será el mismo que el del ABGD y si el diámetro EH
permanece fijo mientras el plano del polígono EZHT y el círculo ABGD
hacen una revolución, es evidente que la circunferencia de este círculo
ABGD describirá la superficie de una esfera cuyo centro será el mismo
que el de la menor; los puntos de contacto de los lados del polígono
describirán en la superficie de la esfera menor círculos perpendiculares
al ABGD; los ángulos del polígono, excepto los de vértices E y H, des-
cribirán circunferencias de círculo en la superficie de la esfera mayor,
cuyos planos serán perpendiculares al círculo EZHT y los lados del po-
lígono describirán superficies cónicas como en el teorema anterior, de
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA y EL CILINDRO 59

modo que una figura limitada por superficies cónicas queda circunscrita
a la esfera menor e inscrita en la mayor (Fig. 30).
Sea KD el diámetro de uno de los círculos de la esfera menor; K Y D
los puntos en que dos lados del polígono circunscrito tocan al círculo
ABGD, y, dividida la esfera en dos
partes por un plano trazado por la z
recta AD perpendicular al círculo
ABGD, también quedará dividida en
dos partes por el mismo plano la
figura circunscrita a la esfera.
Ahora bien: es evidente que las
superficies obtenidas de este modo
tienen los mismos límites en el mis- E I+-:----+--T-------::~ H
mo plano porque el de ambas es
la circunferencia del círculo descri-
to alrededor del diámetro KD per-
pendicular al círculo ABGD; am-
bas superficies son cóncavas en la
misma dirección y una de ellas está
envuelta por la otra y por un pla- T
no que tiene los mismos límites que FIG. 30.
esta otra; luego el área del segmento
esférico que está envuelto es menor que la de la figura circunscrita al
mismo segmento; y, análogamente, la del otro segmento esférico es me-
nor que la de la figura. circunscrita al mismo; luego el área total de una
esfera es menor que la de la figura circunscrita.
30. El área de una figura circunscrita a una esfera es igual a la de
Un circulo cuyo radio, al cuadrado, es igual a la superficie cónica com-
prendida por uno de los lados del polígono y por una recta igual a la
suma de las rectas que unen los ángulos del polígono y son paralelas a
una de las que subtienden dos lados del polígono.
En efecto, la figura circunscrita a la esfera menor está inscrita en
la mayor; pero se ha demostrado que el área de la figura inscrita en la
esfera limitada por superficies cónicas equivale a la de un círculo cuyo
radio, al cuadrado, es igual a la superficie comprendida por uno de los
lados del polígono y por una recta igual a la suma de las rectas que unen
los ángulos del polígono y son paralelas a una de las rectas que subtien-
den dos lados del polígono; luego es evidente lo arriba propuesto.
60 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

31. El área de la figura circunscrita a la esfera es mayor que el cuá-


druple de un círculo máximo de esta esfera.
Sea una esfera y un círculo máximo; lo demás como en los teoremas
anteriores, y el círculo L equivalente al área de la figura propuesta cir-
cunscrita a la esfera menor.
Puesto que se ha inscrito en el círculo EZHT un polígono equilátero de
un número par de ángulos, la suma
z de las paralelas al diámetro ZT
que unen los ángulos del polígo-
no es a TZ como KT a KZ; lue-
go el área comprendida por un
lado del polígono y una recta igual
a la suma de las que unen sus
E 1+-,,.....-----\r---+-------lJ H ángulos es igual a la comprendi-
da por ZT y TK, y, por tanto, el
cuadrado del radio del círculo L
es mayor que TK.
Pero esta recta TK es igual al
diámetro del círculo ABGD 36 por
ser doble de XM que es el radio
L de este círculo; luego el L, es
FIG. 31. decir; el área de la figura cir-
cunscrita es mayor que cuatro ve-
ces la de un círculo máximo de la misma esfera.
32. La figura circunscrita a la esfera menor es equivalente a un cono
que tiene por base un círculo de igual área que la de esta figura y po,.
altura una recta igual al radio de la esfera.
En efecto, la figura circunscrita a la esfera menor está inscrita en
la mayor y como se ha demostrado que una figura inscrita y limitada
por superficies cónicas equivale a un cono cuya base es un círculo de la
misma área que esta figura y altura igual a la perpendicular trazada

36 La semejanza de los triángulos KTZ y MXZ da, en efecto,

TZ TK
-----
XZ XM

y por ser TZ=2XZ, es TK=2XM y, por consiguiente, TK es igual al diáme-


tro del círculo ABGD.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 61

desde el centro de la esfera al lado del polígono y esta perpendicular es


igual al radio de la esfera menor, resulta evidente lo arriba enunciado.
33. De aquí se deduce que la figura circunscrita a la esfera menor
es mayor que el cuádruple de un cono cuya base sea un círculo equiva-
lente a uno máximo de la esfera y altura una recta igual al radio de esta
misma esfera.
En efecto, puesto que esta figura equivale a un cono de base igual
al área de la misma figura y altura igual a la perpendicular trazada desde
el centro al lado del polígono, es decir, al radio de la esfera menor, y el
área de la figura circunscrita es mayor que el cuádruple de un círculo
máximo, resulta que la figura circunscrita a la esfera menor es mayor que
el cuádruple de un cono que tiene por base un círculo máximo de esta
esfera y por altura un radio de la misma, porque esta figura equivale
a un cono mayor que el cuádruple del cono de que acabamos de hablar
puesto que la base del primero es mayor que el cuádruple de la del se-
gundo y ambos tienen la misma altura.
34. Si se inscribe una figura en una esfera, se le circunscribe otra y
se hacen girar los polígonos semejantes arriba construidos, la razón de
las áreas de las figuras circunscrita e inscrita será la duplicada de la del
lado del polígono circunscrito a un círculo máximo a uno de los lados del
polígono inscrito en el mismo círculo, y la razón de la circunscrita a la ins-
crita será la triplicada de la del lado del polígono circunscrito al inscrito.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera; inscribámosle un polí-
gono equilátero cuyo número de lados sea divisible por 4 y circunscri-
bámosle otro semejante al anterior, con los lados tangentes en los pun-
tos medios de los arcos subtendidos por los lados del polígono inscrito;
s,ea EH y TZ dos diámetros del círculo perpendiculares entre sí y colo-
cados del mismo modo que los AG y BD e imaginemos unidos los ángulos
opuestos del polígono por rectas que serán paralelas entre sí y a las BZ y TD.
Esto supuesto, si permaneciendo fijo el diámetro EH, se hace girar a
los polígonos, los lados de estos circunscribirán una figura a la esfera
y le inscribirán otra. Hay que demostrar que la razón del área de la fi-
gura circunscrita a la de la inscrita es la duplicada de la de EL a AK y la
razón [del volumen] de la figura circunscrita al [volumen] de la inscrita
es la triplicada de EL a AK.
Sean M y N dos círculos equivalentes a las áreas de la figura circuns-
crita e inscrita, respectivamente. El cuadrado del radio de M es igual
al área comprendida por EL y una recta igual a la suma de las que unen
62 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

los ángulos del polígono circunscrito y el cuadrado del radio de N es


igual al área comprendida por AK y una recta igual a la suma de las
que unen los ángulos del polígono
Z inscrito, y como los dos polígonos
son semejantes, las áreas compren-
didas por dichas rectas, es decir,
por las sumas de las rectas que unen
los ángulos de los polígonos y por
E H los lados de estos, son figuras seme-
jantes entre sí y, por tanto, su razón
es la de los cuadrados de los lados
de los polígonos.
Pero las áreas comprendidas por
T M N P Q tales rectas son entre sí como los
FIG. 32. cuadrados de los radios de los círcu-
los M y N; luego los diámetros de
estos círculos tienen la misma razón que los lados de los polígonos;
pero los círculos M y N están en la razón duplicada de sus diámetros y
sus áreas equivalen a las de las figuras circunscrita e inscrita; luego la
razón del área de la figura circunscrita a la de la inscrita es duplicada
de la del lado EL al AK.
Sean ahora dos conos P y Q, siendo la base del P igual al círculo 1\1
y la del Q a la del N y sus alturas: la del cono P igual al radio de la
esfera y la del Q a la perpendicular desde el centro de la esfera al
lado AK.
Según lo que se ha demostrado, el cono P equivale a la figura circuns-
crita y el Q a la inscrita, y como los polígonos son semejantes, el lado EL
es al AK como el radio de la esfera a la perpendicular trazada desde el
centro de esta al lado AK; luego la altura del cono P es a la del Q como
EL a AK.
Pero el diámetro del círculo M es al del N como EL a AK; por tanto,
los diámetros de las bases de los conos P y Q son proporcionales a sus
alturas y, siendo semejantes, están en la razón triplicada de los diámetros
de los círculos M y N, y, por consiguiente, la razón de la figura circunscrita
a la inscrita es la triplicada del lado EL al AK.
35. El área de una esfera cualquiera es cuádruple de la de uno de
sus círculos máximos.
Sea una esfera cualquiera y A un círculo cuádruple de uno de sus
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 63

círculos máximos. Digo que el área de este círculo es igual a la de la


esfera, porque si no lo fuera sería mayor o menor (Fig. 33).
Supongamos primero que el área de la esfera es mayor que la del
círculo A. Puesto que tenemos dos magnitudes desiguales: el área de
la esfera y la del círculo A, se pueden tomar dos rectas desiguales de tal
modo que la razón de la mayor a la menor sea menor que la del área
de la esfera a la del círculo A. Tomemos las rectas B y G y sea D su
media proporcional; imaginemos la esfera cortada por un plano trazado
por su centro según el círculo EZHT; inscribamos un polígono en este
círculo y circunscribamos otro semejante y tales que la razón del cir-
cunscrito al inscrito sea menor que la de la recta B a la D.
Es evidente que la razón duplicada del lado del primer polígono al
del segundo será menor aún que la también duplicada de la recta B a la
D; pero la de B a G es duplicada de
A
la de B a D y l.a del área del sólido B
circunscrito a la esfera a la del inscri-
o
to lo es de la del lado del polígono G
circunscrito a la del inscrito; luego la
razón del área de la figura circunscri- f+------t----..,...,.-:H
ta a la de la inscrita es menor que la
del área de la esfera a la del círculo A,
lo cual es absurdo.
En efecto: el área de la figura cir-
cunscrita es mayor que la de la esfe- FIG. 33.
ra y la de la inscrita menor que la
del círculo A porque se ha demostrado que el área de la figura inscrita
es menor que cuatro círculos máximos de la esfera y, por consiguiente,
menor que el círculo A, cuya área es igual a la de cuatro círculos máximos;
luego la de la esfera no es mayor que la del círculo A.
Digo ahora que tampoco es menor. Suponiendo que lo sea, tomemos,
como antes, dos rectas B y G tales que su razón sea menor que la del
área del círculo A a la de la esfera, y sea D la media proporcional de
B y G. Inscribamos en el círculo ETHZ un polígono y circunscribámosle
otro de manera que la razón del lado del circunscrito a la del inscrito
sea menor que la de B a D. La razón duplicada del lado del polígono cir-
cunscrito al del inscrito es menor aún que la de B a G; luego la del área
de la figura circunscrita a la de la inscrita es menor que la del círculo A a
la de la esfera, lo cual es absurdo.
64 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

En efecto, el área de la figura circunscrita es mayor que la del círcu-


lo A y la de la inscrita menor que la de la esfera; luego la de la esfera
es menor que la de A, y como hemos demostrado que no es mayor, tiene
que ser igual a la del círculo A, es decir, a la de cuatro círculos máximos.
36. Una esfera cualquiera es cuádruple de un cono cuya base sea igual
a un círculo máximo de la esfera y altura igual al radio de la misma esfera.
Sea una esfera cualquiera y ABGD uno de sus círculos máximos. Si
la esfera no es cuádruple del cono, supongámosla mayor, y si es E un
cono de base cuádruple del círculo ABGD y altura igual al radio de la
esfera, esta será mayor que el cono E y tendremos dos magnitudes desigua-
les: la esfera y el cono, y podremos tomar dos rectas tales que la razón
de la mayor a la menor sea menor que la de la esfera al cono E. Si
H y K son estas rectas, tomemos otras dos T e 1 tales que K exceda a 1
tanto como 1 a T y que T sea mayor que H e imaginemos que se ha inscri-
to en el círculo ABGD un polígono
cuyo número de lados sea divisi-
ble por 4 y circunscrito otro seme-
jante como en los teoremas anterio-
res; que la razón del lado del polí-
gono circunscrito al del inscrito sea
1 K
menor que la de K a 1 y que los
diámetros AG y BD se corten en án-
FIG. 34. gulos rectos. Si permaneciendo fijo
el diámetro AG, se hace girar el pla-
no de los polígonos, se inscribirá una figura en la esfera y se circunscribirá
otra y la razón de ambas será triplicada de la del lado del polígono cir-
cunscrito al inscrito en el círculo ABGD, y como esta razón es menor que
la de K a 1, la de la figura circunscrita a la inscrita es menor que la tripli-
cada de K a 1; pero la de K aH es mayor que la triplicada de K a 1 según
se deduce de los teoremas 37; luego la de la figura circunscrita a la inscrita
37 Si a, a-d, a-2d, a-3d, son cuatro nÚh1eros, positivos o negativos, en
progresión aritmética decreciente, se tiene:
a a3
--->---,
a- 3d (a- d)3
o sea
a(a3 - 3a2d + 3ad2 - d3) > a3(a - 3d),
3a2d2 - ad3 > 0, 3a > d,
lo cual es cierto por ser a > d; luego la razón del primer término de una
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 65

es menor que la de la K a H, y por ser esta razón menor que la de la


esfera al cono E, permutando resulta un absurdo.
En efecto, la figura circunscrita es mayor que la esfera y la inscrita
menor que el cono, porque este es cuádruple del que tenga por base el
círculo ABGD y por altura el radio de la esfera; pero la figura inscrita
es menor que el cuádruple de dicho cono; luego la esfera no es mayor
que el cuádruple del cono.
Supongamos ahora que sea menor y tomemos las rectas K y H de
tal modo que, siendo K mayor que H, la razón de K a H sea menor que
la del cono E a la esfera; y sean otras dos rectas T e 1 como en la pri·
mera parte del teorema e imaginemos en el círculo ABGD un polígono
inscrito y otro circunscrito tales que la razón de sus lados sea menor
que la de K a 1, y lo demás como antes.
La razón de la figura sólida circunscrita a la inscrita será triplicada
de la del lado del polígono circunscrito al inscrito en el círculo ABGD;
pero esta razón es menor que la de K al; luego la de la figura circuns-
crita a la inscrita es menor que la triplicada de K a 1, y como la de
K a H es mayor que la triplicada de K a 1, la de la figura circunscrita
a la inscrita será menor que la de K a H y esta razón es menor que la
del cono a la esfera, lo cual es imposible porque la figura inscrita es me-
nor que la esfera y la circunscrita mayor que el cono; luego la esfera
no es menor que el cuádruple de un cono que tenga por base el círculo
ABGD y por altura el radio de la esfera, y como se ha demostrado que
la esfera no es mayor, será igual al cuádruple de ese cono.
37. Todo cilindro cuya base sea igual a un círculo máximo de una
esfera y altura igual al diámetro de esta, es triple de la mitad de la
misma esfera, y el área del cilindro, incluyendo las bases, también es
triple de la mitad del área de la esfera 38.
El cilindro de que hemos hablado es séxtuple de un cono de la
misma base que el cilindro y altura igual al radio de la esfera y como

progresión aritmética decreciente al cuarto es mayor que la del primero al


segundo.
38 La sencillez de la razón 3/2 entre dos magnitudes heterogéneas: las áreas
Y·los volúmenes del cilindro y la esfera inscrita en él, «en contraste quizá con
el esfuerzo realizado para obtenerla-dicen Rey Pastor y Babini-han sido pro-
bablemente los motivos que indujeron a Arquímedes a expresar el deseo, que
luego se cumplió, de que en su tumba se grabara una esfera con su cilindro
circunscrito». Historia de la Matemática, pág. 71, Buenos Aires, 1951.
CIENTlFICOS, 1I.-3
66 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

esta es cuádruple del cono, el cilindro será triple de la mitad de la esfera.


Además, puesto que se ha demostrado que el área de un cilindro
exceptuadas las bases, es igual a la de un círculo de radio medio propor-
cional entre el lado del cilindro y el diámetro de la base, y que el lado
de dicho cilindro es igual al diámetro de su base porque este cilindro
está inscrito en una esfera, es evidente que este medio proporcional es
igual al diámetro de la base.
Pero el círculo que tiene por radio el diámetro de la base del cilindro
es cuádruple de esta base, es decir, cuádruple de un círculo máximo de
la esfera; luego el área del cilindro, exceptuadas las bases, es séxtuple
de la de un círculo máximo; pero el área de la esfera es cuádruple de
la de uno de sus círculos máximos; luego el área total del cilindro
es triple de la mitad de la esfera.
38. El área de una figura inscrita en un segmento esférico es igual
a la de un círculo cuyo cuadrado del radio sea igual al área comprendida
por el lado del polígono inscrito en el segmento de un círculo máximo
y la suma de las rectas paralelas a la base del segmento unida a la mitad
de la base del segmento.
Sea una esfera y en ella un segmento que tenga por base el círculo
descrito alrededor de AH como diámetro, e inscribamos en este segmen-
to una figura limitada por superficies cónicas como hemos dicho; AHT
un círculo máximo y AGETZDH un polígono cuyos lados, excepto el AH,
sean en número par, y considere-
T mos un círculo L tal que el cua-
drado de su radio sea igual al área
comprendida por el lado AG y la
suma de las rectas EZ y GD con
la mitad de la base, es decir, AK.
G t-----+-------1 O Hay que demostrar que el área del
círculo L es igual al de la figura

1
~ M N P
inscrita (Fig. 35).
Tomemos un círculo M cuyo
cuadrado del radio sea igual al área
FIG. 35. comprendida por el lado ET y la
mitad de EZ, el cual círculo será
equivalente al área del cono cuya base es el círculo descrito alrededor de
EZ como diámetro y vértice en el punto T y tomemos otro círculo cuyo
cuadrado del radio sea igual al área comprendida por ET y la mitad de
ARQUIMEDES.~SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 67

la suma de las rectas EZ y GD, círculo que será equivalente al área del
cono comprendida entre los planos paralelos trazados por las rectas EZ
y GD, Y tomemos análogamente, otro círculo P cuyo radio, al cuadrado,
sea igual al área comprendida por AG y la mitad de la suma de las rec-
tas GD y AH, el cual círculo será también equivalente al área del cono
comprendida por los planos paralelos trazados por las rectas AH y GD.
La suma de estos círculos será equivalente al área total de la figura
inscrita en el segmento y la suma de los cuadrados de sus radios al área
comprendida por un lado AG y la suma de las rectas EZ y GD con la
mitad de la base AK. Pero el cuadrado del radio de L era también igual
a la suma de los círculos M, N Y P, y, por tanto, el área del círculo L
es igual al de la figura inscrita en el segmento.
39. Si se corta una esfera por un plano que no pase por su centro
y es AEZ un círculo máximo de esta esfera perpendicular al plano que
la corta, inscribamos en el segmento ABG un polígono cuyos lados, ex-
cepto la base AB, sean iguales y en número par.
Si, como en los teoremas, permanece fijo el G
diámetro GZ y se hace girar al polígono, los
ángulos D, E, A y B describirán circunferencias
de círculo de diámetro DE y AB y los lados
del polígono superficies cónicas.
De este modo habrá resultado una figura
sólida limitada por superficies cónicas y te-
niendo por base el círculo descrito alrededor
del diámetro y por vértice el punto G, y el área
de esta figura, lo mismo que en los teoremas
anteriores, será menor que la del segmento en
que está comprendida la figura porque la cir-
z
FIG. 36.
cunferencia del círculo descrito alrededor de
AB como diámetro es el límite del segmento y
de la figura inscrita, estas dos superficies son cóncavas en la misma di-
rección y una de ellas está comprendida en la otra.
40. El área de la figura inscrita en un segmento de esfera es me-
nor que la de un círculo de radio igual a la recta trazada desde el vértice
del segmento a la circunferencia del círculo de su base.
Sea ABZE un círculo máximo de una esfera en la que consideramos
. un segmento que tenga por base el círculo descrito alrededor de AB
como diámetro; inscribamos en el segmento la figura que hemos dicho;
68 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

hagamos lo demás como antes; tracemos el diámetro LT de la esfera y


sea M un círculo de radio igual a la recta AT. Hay que demostrar que
el área del círculo M es mayor que el de la figura inscrita (Fig. 37).
Hemos visto, en efecto, que el área de la figura inscrita es igual al
de un círculo tal que el cuadrado de su radio es igual al área compren-
dida por ET y la suma de las rectas EZ, GD y KA Y también que esta
área es igual a la comprendida por las
T rectas EL y KT; pero esta área es me-
nor que la del cuadrado construido
sobre AT porque la comprendida por
LT y TK equivale al cuadrado de AT;
1-_~'-\-_-1r- ~D luego el radio del círculo que es igual
al área de la figura inscrita, es me-
nor que el del M, de donde se deduce
que el área de este círculo M es ma-
B yor que el de la figura inscrita.
41. La figura inscrita en un seg-
mento de esfera y limitada por super-
ficies cónicas, con el cono que tiene la
L misma base que la figura y el vértice
en el centro de la esfera, equivale a un
M cono cuya base sea igual al área de la
figura y la altura a la perpendicular tra-
FIG. 37. zada desde el centro de la esfera al lado
del polígono.
Sea ABG un segmento menor de un semicírculo máximo de una esfera de
centro E e inscribamos en él, como en los teoremas anteriores, un
polígono cuyos lados, excepto la base, sean iguales entre sí. Si perma-
neciendo fijo BE, se hace girar a la esfera, esta describirá una figura li-
mitada por superficies cónicas, y si el círculo descrito alrededor de AG
como diámetro es la base de un cono cuyo vértice esté en el centro de
la esfera, consideremos un cono K cuya base sea equivalente al área de
la figura inscrita y altura igual a la perpendicular trazada desde el centro E
sobre uno de los lados del polígono. Hay que demostrar que el cono K
equivale a la figura de que hemos hablado unida al cono AEG (Fig. 38).
Sobre los círculos cuyos diámetros son las rectas HT y ZL constru-
yamos dos conos con sus vértices en el punto E y entonces el rombo
sólido HBTE será equivalente a un cono que tenga una base equivalen-
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 69'

te al área del cono HBT y altura igual a la perpendicular trazada desde


el punto E a HB. El resto, limitado por la superficie comprendida en-
tre los planos paralelos trazados por las rectas HT y ZL y una altura
igual a la perpendicular trazada desde el punto E a ZH, y, por último, el
resto, limitado por las rectas ZL y AG Y por las superficies cónicas AEG
y ZEL equivale a un cono cuya base sea igual al área comprendida entre
los planos paralelos trazados por las rectas ZL y AG y altura igual a la
perpendicular trazada desde el pun-
B
to E a ZA; luego la suma de di-
chos conos equivale a la figura ins-
crita unida al cono AEG.
Pero la altura de estos conos
es la perpendicular desde E a uno
de los lados del polígono; la suma
de sus bases es igual a la super-
ficie de la figura AZHBTLG y el
cono K tiene la misma altura y su
base es igual al área de la figura ins-
crita; luego este cono K equivale a la
suma de los conos de que hemos ha-
blado; y como se ha demostrado que
esta suma equivale a la figura inscri-
ta unida al cono AEG, resulta que el
cono K es equivalente a la figura
inscrita unida al cono AEG.
De aquí se sigue manifiestamen-
te que el cono cuya base es un FIG. 38.
círculo de radio igual a la recta tra-
zada desde el vértice del segmento a la circunferencia del círculo base
de este y altura igual al radio de la esfera es mayor que la figura ins-
crita unida al cono AEG porque, en efecto, ese cono es mayor que el equi-
valente a la figura inscrita unida al cono de la misma base que el segmento
y vértice en el centro de la esfera, es decir: mayor que un cono cuya base
sea equivalente al área de la figura inscrita y altura igual a la perpendicular
trazada del centro al lado del polígono porque hemos demostrado que la
base y altura del primero son mayores que las del segundo.
42. Sea ABG uno de los círculos máximos de una esfera dada; AB
una recta que separa un segmento menor que la mitad de este círculo
70 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO JI

y D el centro de ABG. Tracemos las rectas DA y DB; circunscribamos


un polígono al sector determinado por esta construcción y circunscriba-
mos también a este polígono un círculo cuyo centro será, evidentemen-
te, el mismo que el del ABG. Si permaneciendo fijo el diámetro EK, ha-
cemos girar al polígono, el círculo circunscrito describirá la superficie
de una esfera y los vértices del polígono círculos cuyos diámetros son rec-
tas que, por ser paralelas a AB, unen los ángulos del polígono; los
puntos en que los lados de este tocan al círculo menor describirán en la
esfera menor círculos cuyos diáme-
E tros son rectas que, por ser para-
lelas a AB, unen los puntos de con-
tacto y los lados del polígono des-
cribirán superficies cónicas. De este
modo se circunscribirá una figura
limitada por superficies cónicas cuya
base será el círculo descrito alre-
dedor de ZH como diámetro y el
área de dicha figura es mayor que
la del pequeño segmento esférico
cuya base es el círculo descrito al-
rededor de AB como diámetro (fi-
gura 39).
Tracemos, en efecto, las tangen-
tes AM y BN, las cuales describirán
una superficie cónica y la figura en-
gendrada por la revolución del po-
lígono AMTELNB tendrá un área mayor que la del segmento esférico
cuya base es el círculo descrito alrededor de AB como diámetro porque
el límite de estas dos áreas, en un solo y mismo plano, es ese círculo y
el segmento está comprendido por la figura.
Ahora bien: la superficie cónica engendrada por las rectas ZM y
HN es mayor que la engendrada por MA y NB porque la recta ZM es
mayor que la MA por ser opuesta a un ángulo recto y la N H también es
mayor que la NB, y como cuando se verifica esto una de las áreas engen-
dradas es mayor que la otra, según se demostró en los lemas, es eviden-
te que la superficie circunscrita es mayor que el área del segmento de
la esfera menor.
43. Del teorema anterior se deduce que el área de la figura circuns-
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 71

crita a un sector esférico es igual al de un círculo tal que el cuadrado


de su radio sea igual al área comprendida por un lado del polígono y la
suma de las rectas que unen sus ángulos juntamente con la mitad de la
base del dicho polígono, porque la figura circunscrita al sector está ins...
crita en el segmento de la esfera mayor, lo cual es cierto por lo que
hemos dicho anteriormente.
44. El área de una figura circunscrita a un segmento esférico es ma-
yor que la de un círculo cuyo radio sea igual a la recta trazada desde el
vértice del segmento a la circunferencia del círculo base del segmento.
Sea ADBG un círculo máximo de una esfera dada de centro E y cir-
cunscribamos al sector ADB un polígono LZK y a este polígono un círcu-
lo. Supongamos que esta construcción engendra una figura como antes
y tomemos un círculo N cuyo ra-
dio, al cuadrado, sea igual al área z
comprendida por uno de los lados
del polígono y la suma de las rec-
tas que unen los ángulos junta-
mente con la mitad de la recta KL
(Fig. 40).
El área de que acabamos de ha-
blar es igual a la comprendida por
la recta MT y la ZH que es la altu-
ra del segmento de la esfera mayor,
como se ha demostrado más arri-
ba; luego el cuadrado del radio del N
círculo N es igual al área compren-
dida por MT y HZ; pero la recta T

HZ es mayor que la DP, que es la FIG. 40.


altura del segmento menor, porque
si se traza la KZ, esta recta será paralela a la DA, y como la AB es también
paralela a la KL y la ZE es común, el triángulo ZHK es semejante .al
DAP, y por ser la recta ZK mayor que la DA, la ZH será mayor que
la DP.
Además, la recta MT es igual al diámetro GD. Unamos, en efecto.
los puntos E y O, y puesto que MO es igual a OZ y TE a EZ, es EO
paralela a MT y, por tanto, MT doble de EO. Pero la recta GD también
es doble de la ET; luego la MT es igual a la GD; pero el área compren-
dida por las rectas GD y DP es igual al cuadrado construido sobre AD;
72 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

luego el área de la figura KZL es mayor que la del círculo cuyo radio
es igual a la recta trazada desde el vértiCe del segmento a la circunfe-
rencia del círculo que es la base de este, es decir: a la circunferencia
del círculo descrito alrededor de AB como diámetro porque el círculo N
es igual al área de la figura circunscrita al sector.
45. La figura circunscrita a un sector, con el cono que tiene por
base el círculo descrito alrededor de KL como diámetro y por vértice
.el centro de la esfera, es igual a un cono cuya base sea igual al área de la
figura circunscrita y altura igual a la perpendicular trazada desde el cen-
tro a uno de los lados del polígono, la cual perpendicular es, evidente-
mente, igual al radio de ]a esfera.
La figura circunscrita al sector está, en efecto, inscrita en el seg-
mento de la esfera mayor cuyo centro es el mismo que el de la menor;
luego esto es evidente por lo que se ha dicho más arriba.
46. Del teorema anterior se deduce que la figura circunscrita, con
.el cono, es mayor que un cono cuya base sea un círculo de radio igual
a la recta trazada desde el vértice del segmento de la esfera menor a la
circunferencia del círculo base del segmento y altura igual al radio de la
,esfera, porque el cono, que será igual a la figura circunscrita, unida al
.cono, tendrá ciertamente una base mayor que el círculo de que hemos
hablado y una altura igual al radio de la esfera menor.
47. Dada una esfera y en ella un círculo máximo y el segmento ABG
menor que la mitad de este círculo, de centro D, inscribamos en el sec-
tor ABG un polígono equiángulo; circuncsribamos otro semejante a este
con los lados paralelos a los de él y circunscribamos un círculo al polí-
;gono circunscrito. Si, como en los teoremas anteriores, permanece fija
:la recta DB y hacemos girar a estos círculos, los lados de los polígonos
engendrarán dos figuras limitadas por superficies cónicas, y hay que
demostrar que la razón de las áreas de las figuras circunscrita e inscrita
es duplicada de la de los polígonos circunscrito e inscrito y la de' las fi-
guras unidas al cono triplicadas de los mismos lados.
Sean M y N dos círculos cuyos radios, al cuadrado, son iguales a las
áreas comprendidas por el lado del polígono circunscrito e inscrito y la
suma de las rectas que unen los ángulos del polígono con las mitades
de las rectas EZ y AG, círculos cuyas áreas respectivas serán iguales a
las de las figuras circunscrita e inscrita (Fig. 41).
Pero estas áreas son entre sí como los cuadrados construidos sobre
EK y AL; luego el polígono circunscrito es al inscrito como el círculo M
ARQUIMEDES.~SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 73

al N Y es, por tanto, evidente, que la razón del área de la figura circuns-
crita a la inscrita es duplicada de la de EK a AL, es decir, equivale a
la de los polígonos circunscrito e inscrito.
Consideremos ahora un cono P que tenga por base el círculo M y al-
tura igual al radio de la esfera menor, el cual cono será equivalente a
la figura circunscrita unida al cono
cuya base es el círculo descrito so-
bre EZ como diámetro y por vér-
tice el punto D y sea Q otro cono
cuya base es el círculo N y altu-
ra la perpendicular trazada desde
D a AL)' este cono s~rá equivalente E~ -+ ~MZ

a la figura inscrita unida al cono o


que tiene por base el círculo descrito
alrededor de AL como diámetro y p
por vértice el punto D, según se ha
demostrado.
Pero la recta EK es al radio de
la esfera menor como AL a la per-
pendicular desde el centro D a AL
y se ha demostrado que EK es a H
AL como el radio del círculo M al
del N y como el diámetro de aquel
N
al de este, luego los dos diáme-
tros de los círculos bases de los co- FIG. 41.
nos P y Q son entre sí como las al-
turas de esos conos, que son semejantes, y, por tanto, su razón es tri-
plicada respecto de la de los diámetros de sus bases; luego la razón
de las figuras circunscrita e inscrita, unidas al cono, es la triplicada de
la de AK a AL.
48. El área de un segmento esférico menor que un hemisferio es
igual a la de un círculo cuyo radio sea la recta trazada desde el vértice
del segmento a la circunferencia del círculo base de este.
Sea ABG un círculo máximo de una esfera de centro D; considere-
mos un segmento menor que la mitad de esta esfera que tenga por base el
círculo descrito sobre AG como diámetro y perpendicular al círculo ABG. y
tomemos otro círculo Z de radio igual a la recta AB. Hay que demostrar
que el ~rea del segmento ABGes igual a la del círculo Z (Fig. 42).
74 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Si no es igual y la suponemos primero mayor, tracemos las rectas


DA y DG Y prolonguémoslas; y entonces, por tener dos magnitudes des-
iguales: el área del segmento y la del círculo, inscribamos en el sector
ABG un polígono equilátero y equián-
gula y circunscribámosle otro seme-
jante de modo que la razón de ambos
sea menor que la de las áreas del seg-
mento y del círculo Z.
Haciendo girar, como antes, el círcu-
lo ABG, tendremos dos figuras limi-
tadas por superficies cónicas, y la ra-
o zón del área de la circunscrita a la
de la inscrita será como la del polígo-
z no circunscrito a la del inscrito por-
FIG.42. que estas dos razones son duplicadas
de la del lado del polígono circuns-
crito al del inscrito, y como la razón de las áreas de los polígonos es
menor que la del segmento al círculo Z y el área de la figura cir-
cunscrita es mayor que la del segmento, la de la inscrita será mayor
que la del círculo Z, lo cual es imposible porque se ha demostrado que
el área de esa figura es menor que
la del círculo Z. B
Supongamos ahora que el área
del círculo Z sea mayor que la
del segmento y circunscribamos e
inscribamos polígonos semejantes
de manera que su razón sea me-
nor que la del círculo Z a la del
segmento; y entonces resulta que
esta área no es menor que la de
Z, y como se ha demostrado que
no es mayor, tiene que ser igual.
49. Si el segmento es mayor G H Z E
1
que la mitad de la esfera, su área FIG. 43.
será también igual a la de un círcu-
lo cuyo radio sea la recta trazada desde el vértice del segmento a la cir-
cunf-erencia del círculo base de este.
Dada una esfera y uno de sus círculos máximos, supongamos que
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 75

este haya sido cortado por un plano perpendicular trazado por la recta
AD y que el segmento BD sea menor que un hemisferio.. Si BG es un
diámetro perpendicular a AD y desde los puntos B y G trazamos las rec-
tas BA y GA y consideramos los círculos H, Z y E de radios iguales
a BG, AG y AB, respectivamente, el círculo H será equivalente á la
suma de los Z y E, y como el área del H es igual a la total de la esfera,
porque cada una de estas áreas es cuádruple de la del círculo descrito al-
rededor del diámetro BG, el área del círculo E es igual a la del segmento
ABD por ser este menor que un hemisferio, y, por tanto, el área del círcu-
lo Z tiene que ser igual a la del segmento AGD que es mayor que un
hemisferio.
50. Un sector esférico equivale a un cono de base igual al área
del segmento que está en el sector y altura igual al radio de la esfera.
Sea ABG un círculo máximo de una esfera de centro G y conside-
remos un cono· cuya base sea un círculo igual al área descrita por el
arco ABD. Hay que demostrar que
el sector ABGD es equivalente al B
cono de que acabamos de hablar
(Fig. 44).
Si no lo es, supongámosla ma-
yor y sea T el cono. Puesto que

II
tenemos entonces dos magnitudes
desiguales: el sector y el cono,
consideremos dos rectas D y E
tales que, siendo D la mayor, la
razón de D a E sea menor que la
del sector al cono, y tomemos
o Z H E
otras dos rectas, Z y H, de modo FIG. 44.
que el exceso de D sobre Z sea
igual al de Z sobre H y al de H sobre E y en el plano del círculo cir-
cunscribámosle un polígono equilátero de un número par de lados e inscri-
bámosle otro semejante de manera que la razón de los lados de ambos
polígonos sea menor que la de D a Z y haciendo girar el círculo ABG como
en los teoremas anteriores, se tendrán dos figuras limitadas por superfi-
cies cónicas.
La razón de la figura circunscrita con el cono que tiene el vértice
en el punto G, a la de la inscrita en el mismo cono, será triplicada de la
del lado del polígono circunscrito al del inscrito, y como esta razón es
76 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

menor que la de D a Z, la de la figura sólida circunscrita a la de la ins-


crita será menor que la triplicada de D a Z; pero la razón de D a Z es
mayor que la triplicada de D a Z; luego la de la figura sólida circunscrita,
;a la inscrita, es menor que la del sector sólido al cono T y la de la figura
sólida circunscrita, a la de la inscrita, menor que la del sector sólido al
cono T, y permutando, la razón de la figura sólida circunscrita al sector
es menor que la de la inscrita al cono T.
Pero la figura sólida circunscrita es mayor que el cono, es decir, que
un cono cuya base sea un círculo de radio igual a la recta trazada desde
el vértice del segmento a la circunferencia y altura igual al radio de la
esfera, pero dicho cono es el mismo que el T porque la base de este
es igual al área del segmento, o sea: al círculo de que hemos hablado y
altura igual al radio de la esfera; luego el sector sólido no es mayor que
el cono T.
Suponiendo ahora que T sea mayor que el sector y la razón de D a
E menor que la del cono al sector, tomemos, como antes, dos rectas
A y H tales que la razón del lado del polígono circunscrito al del inscrito
sea menor que la de D a Z, y circunscribiendo al sector una figura só-
lida e inscribiendo otra, demostraríamos análogamente que la razón de
estas dos figuras sólidas es menor que la de D a E y que la del cono al
sector; luego la del sector al cono T es menor que la de la figura ins-
'crita a la circunscrita; pero el sector es mayor que la inscrita, y, por
tanto, el cono T es mayor que la circunscrita, lo cual es imposible por-
que se ha demostrado que tal cono es menor que la figura circunscrita
.al sector; luego es igual al cono T.

LIBRO IP

Arquímedes a Dositeo: ¡salud!


Me comprometiste a escribir las soluciones de los problemas que
había despachado a Conon; pero sucede que tales problemas dependen

1 Mucho más difícil que el 1, el libro n desborda el cuadro de la Geome-


tría de los Elementos de Euclides. Algunos de los problemas-nada fáciles-
con los teoremas necesarios para resolverlos, que figuran en este libro, con-
ducen a cuestiones análogas a las de duplicar el cubo y trisecar el ángulo,
es decir, a problemas que hoy llamamos «de tercer grado».
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 77

de los teoremas cuyas demostraciones te he enviado ya, como, por


ejemplo, los siguientes:
a) El área de una esfera es cuádruple de la de uno de sus círculos
máximos.
b) El área de un segmento esférico equivale a la de un círculo de
radio igual a la recta trazada desde el vértice del segmento a la circun-
feren.cia de la base.
c) Un cilindro de base igual al círculo máximo de una esfera y
altura igual al diámetro de la misma esfera, equivale a tres veces un
hemisferio, y el área de este cilindro [incluyendo las bases] también
equivale al triple de la mitad de la esfera.
d) Un sector sólido equivale a un cono cuya base sea equivalente
a la parte de la superficie de la esfera limitada por el sector y altura
igual al radio de la misma esfera.
En el libro que ahora te envío encontrarás todos los problemas y
teoremas que se deducen de los que acabo de citar; y los que se refieren
a las espirales y a los conoides procuraré remitírtelos lo antes posible.
Pásalo bien.

PROPOSICIONES

1. Encontrar un área plana equivalente a la de una esfera dada.


Este problema es consecuencia inmediata de los teoremas antes ci-
tados porque el cuádruple de un círculo máximo, que es un área plana,
equivale al área de la esfera.
2. Encontrar la esfera equivalente a un cono o a un cilindro dados.
Sea A el cono o el cilindro dado, B la esfera equivalente y suponga-
mos que el cilindro GZD equivale al triple de la mitad del cono o del
cilindro.
Si el cilindro que tiene por base el círculo descrito alrededor del
diámetro HT y por eje la recta KL, igual al diámetro de la esfera B,
equivale al triple de la mitad de B, el cilindro E será equivalente al A,
y como las bases de los cilindros equivalentes son inversamente pro-
porcionales a sus alturas, el círculo E es al K, o sea: el cuadrado cons-
truido sobre GD es al construido sobre HT como KL a EZ.
Pero KL es igual a HT porque la base K de un cilindro equivalente
a tres veces la mitad de la esfera y cuyo eje es igual al diámetro de
78 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

esta, es un círculo máximo de esta esfera; luego el cuadrado construido


sobre GD es al construido sobre HT como HT a EZ; y si el área com-
prendida por las rectas GD y MN es igual a la del cuadrado construido
sobre HT, la recta GD será a la
M
MN como el cuadrado construido
sobre HT, es decir: como HT a
EZ, y, permutando, la recta GD
es a la HT como HT a MN y como
MN a EZ, y puesto que las rectas
GD y EZ están dadas 2 también lo
están las dos medias proporciona-
les HT y MN entre GD y EZ.
El problema se resolverá de la
manera siguiente: Si el cilindro
Gf------L---I o HI------L---j
cuya base es el círculo descrito so-
bre el diámetro GD y cuyo eje es
EZ equivale a tres veces la mitad
FIG.45. del cono o del cilindro dada A,
construyamos dos medias propor-
cionales HT y MN entre GD y EZ de modo que GD sea a HT como HT a
MN y como MN a EZ 3 e imaginemos un cilindro cuya base sea el círculo
descrito alrededor del diámetro HT y altura la recta KL igual al diámetro
HT. Digo que este cilindro es equivalente al K.
Puesto que GD es a HT como MN a EZ, permutando y teniendo en
cuenta que HT y Kl son iguales, la recta GD será a la MN, es decir, el
cuadrado construido sobre GD al construido sobre HT como el círculo
E al K; pero el círculo E es al K como KL a EZ; luego las bases E y Z
de los cilindros son inversamente proporcionales a las alturas y, por
2 Porque una vez construido el cilindro GZD, quedan determinados el diá-
metro de la base y el eje.
3 Arquímedes no indica el método para determinar las dos medias propor-
cionales, 10 que permite sospechar que 10 suponía conocido. El problema, que
no se puede resolver con la escuadra y el compás, es el mismo que el de la
duplicación del cubo que, en efecto, habían resuelto Arquitas, por la inter-
sección de un cilindro recto, un cono y un toro, y Menecmo, por la de una
parábola y una hipérbola equilátera. También se atribuye otra solución a Pla-
tón haciendo resbalar una escuadra ordinaria sobre otra de albañil; pero,
dado el carácter mecánico de este procedimiento y la repugnancia del filósofo
de la Academia por los trabajos manuales, creemos apócrifa tal construcción.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 79

tanto, los cilindros E y K son equivalentes. Pero el cilindro K equivale


al triple del hemisferio de diámetro HT; luego la esfera de diámetro
RT, o sea, la esfera E equivale al cono o cilindro A.
3. Un segmento esférico equivale a un cono que tenga la misma base
y su altura sea a la del segmento como la recta formada por el radio de la
esfera y la altura del otro segmento es a la altura de este otro segmento.
Sea una esfera de centro T y uno de sus círculos máximos de diáme-
tro AG y cortémosla por un plano que pase por la recta BZ perpendicu-
lar a AG. Si la suma de las dos rectas TA y AE es a la AE como DE
a GE y, además, la suma de las dos rectas TG y GE es a la GE
como KE a EA, construyamos sobre el círculo de diámetro BZ dos co-
nos que tengan sus vértices en los
puntos K y D. Digo que el cono
BDZ es equivalente al segmento
esférico que está _del lado G y que K
el BKZ equivale al segmento es-
férico que está del lado A (Fig. 46).
Tracemos los radios TB y TZ
e imaginemos un cono que tenga
por base el círculo descrito alre-
dedor de BZ como diámetro y por
vértice el puntO T, y sea M un cono FIG. 46.

de base equivalente al área del seg-


mento esférico BTZ, es decir: a un círculo de radio BG y altura igual al
radio de la esfera. El cono M será equivalente al sector sólido BGTZ
como se ha demostrado en el librs> 1.
Puesto que DE es a EG como la suma de las rectas TA Y AE a la
AE, restando será la recta GD a la GE como TA a AE, es decir, como
GT a AE; permutando, DT a GT como GE a EA y, finalmente, sumando,
TD a TG como GA a AE, o sea: como el cuadrado construido sobre GB
al construido sobre BE; por tanto, la recta TD es ala TG como el cua-
drado construido sobre GB al construido sobre BE; pero GB es igual
al radio del círculo M y BE al del círculo descrito sobre BZ como diá-
metro; luego DT es a TG como el círculo M al descrito sobre BZ como
diámetro.
Pero la recta TG es igual al eje del cono M, y, por consiguiente, la
DT es al eje del cono M como el círculo M al descrito sobre BZ como
diámetro; luego el cono cuya base es el círculo M y altura el radio de
80 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

la esfera es equivalente al rombo sólido BDZT como se demostró en el


cuarto lema del libro 1 4.
O bien, de la siguiente manera: Puesto que la recta DT es a la altura
del cono M como el círculo M al descrito sobre BZ como diámetro,
dicho cono M será equivalente al que tiene por base este círculo y por
altura la recta DT porque las bases de estos conos son inversamente
proporcionales a sus alturas; pero el cono cuya base es el círculo de
diámetro BZ la altura DT equivale al rombo sólido BDZT; luego el
cono M es también equivalente a este rombo, y como dicho cono equi-
vale al sector sólido BGZT, este sector y aquel rombo son equivalentes;
luego si se resta el cono común de base igual al círculo de diámetro BZ
y la altura ET, el cono restante BDZ equivaldrá al sector esférico BZG.
Análogamente se demostraría que el cono BKZ equivale al segmento
esférico BAZ puesto que la recta KE es a la EA como la suma de
las TG y GE a la GE; restando, KA es a AE como TG a GE, y por ser
TG igual a TA, permutando será KA a AT como AE a EB, y su-
mando KT a TA como AG a GE, es decir: como el cuadrado cons-
truido sobre BA al construido sobre BE.
Suponiendo ahora un círculo N de radio AB, su área será igual a
la del segmento esférico BAZ e imaginemos un cono N de altura igual
al radio de la esfera que será, por tanto, equivalente al sector sólido
BTZA como se probó en el libro 1 5, Y por haber demostrado que KT
es aTA como el cuadrado construido sobre AB al construido sobre
BE, es decir: como el cuadrado sobre el radio del círculo N al cuadrado
del radio del círculo de diámetro BZ, o sea: como el círculo N al de
diámetro BZ, y por ser AT es igual a la altura del cono N, la recta KT
es a la altura del cono N como el círculo N al de diámetro BZ, y, por
tanto, el cono N, es decir: el sector BTZA es equivalente a la figura
BTZK y añadiendo a cada uno de estos dos sólidos el cono cuya base es
el círculo de diámetro BZ y altura ET, resulta el segmento esférico total
ABZ equivalente al cono BZK 6, l.q.q.d.
En general, un segmento esférico es a un cono de la misma base y
altura como la suma del radio de la esfera y la altura de otro segmento
supra, 1, 17.
4 Vid.
Se sobrentiende que la base de este cono es el círculo de radio BG.
5
6 El teorema 1, en que se apoya Arquímedes, solo se demostró para un
sector esférico de área menor que un hemisferio; pero es fácil demostrar que
el sector BTZA también equivale a un cono cuya base sea el círculo de diá-
metro BZ y altura el radio de la esfera.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 81

a la altura de este segmento, porque la recta DE es a la EG como el


cono DZB, es decir: el segmento BGZ, al cono BGZ.
Haciendo las mismas hipótesis demostremos de otra manera que el
cono KBZ equivale al segmento esférico AZB. Sea un cono N de base
equivalente al área de la esfera y altura igual al radio. Este cono será
equivalente a la esfera.
En efecto, hemos demostrado que la esfera es cuádruple del cono
cuya base es un círculo máximo de esta esfera y altura igual al radio de
la misma; luego el cono N es también cuádruple del de que acabamos
de hablar, porque la base del primero es cuádruple de la del segundo
y el área de la esfera cuádruple de la de uno de sus círculos máximos.
Puesto que la suma de las rectas TA Y AE es a la recta AE como
DE a EG, restando y permutando, TG será a GD como AE a EG, y
puesto que KE es a EA como la suma de TG y GE a GE; restando y
permutando, KA será a GT o a TA como AE a EG, y por ser AT igual
a TG, será KT -a TG como TD a DG y la recta total KD a DT como
DT a DG, es decir: corno KT a TA; luego el área comprendida por
DT y TK es igual a la comprendida por DK y TA. Además, siendo KT
a TG como TD a GD, permutando, KT será a TD como TG a GD, pero
hemos demostrado que TG es a GD
como AE a EG; luego KT es a
TD como AE~ EG, y, por tanto,
el cuadrado construido sobre KD
es al área comprendida por KT y
TD como el cuadrado construído
sobre AG al área comprendida por
AE y EG (Fig. 47).
Pero se ha demostrado que el
área comprendida por KT y TD es
igual a la comprendida por KD y FIG. 47.
AT; luego el cuadrado construido
sobre KD es al área comprendida por KD y AT, es decir, KD es a AT como
el cuadrado construido sobre AG es al área comprendida por AE y EG,
o sea: al cuadrado construido sobre EB.
Pero AG es igual al radio del círculo N; luego el cuadrado cons-
truido sobre el radio de este círculo es al construido sobre la recta BE,
es decir: el círculo N es al de diámetro BZ como KD a AT, o sea: como
KD a la altura del cono N; luego este cono, es decir: la esfera, equivale
al rombo sólido BDZK.
82 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

o bien, de esta manera: Puesto que el círculo N es al de diámetro


BZ como KD a la altura del cono N, este cono N es igual al que tiene
por base el círculo de diámetro BZ y altura KD porque las bases de
estos conos son inversamente proporcionales a sus alturas, y puesto que
el cono N equivale al rombo sólido BKZD, este cono, es decir: la esfera,
equivale también al rombo que está compuesto por los conos BDZ y
BKZ y como hemos demostrado que el cono BDZ equivale al segmento
esférico BGZ, el cono restante EKZ equivale al segmento esférico BAZ.
4. Cortar una esfera por un plano de modo que las áreas de los
segmentos producidos tengan una razón dada.
Suponiendo que se ha resuelto este problema, sea ADBE un círculo
máximo de la esfera; AB su diámetro; DE la sección de este círculo
por el plano y tracemos fas rectas AD y BD.
Puesto que la razón del área del segmento DAE a la del DBE es dada
y ser la del primero igual a la de un círculo de radio AD y la del segundo
a uno de radio BD y la razón de estos dos círculos como los cuadrados
construidos sobre las rectas AD y AB, es decir: como las rectas AG y
GB, es evidente que la razón de AG a GB es dada y, por tanto, el punto
G, y como DE es perpendicular a AB, el plano que pasa por DE está
dado en posición. .
Este problema se construirá así: Sea ADBE un círculo máximo de
la esfera de diámetro AB y la razón dada la misma que la de la recta
Z a la H. Tomemos en AB el pun-
A to G tal que AG sea a GE como Z
aH; tracemos por G un plano
perpendicular a AB, que cortará
a la esfera según DE, y las rectas

Il
DA y DB, y supongamos, finalmen-
te, dos círculos T y K de radios
DA y DB Y cuyas áreas serán res-
pectivamente iguales a las de los
Z H K T segmentos DAE y DBE según he-
B mos demostrado en el libro 1 (fi-
FIG. 48. gura 48).
Por ser dado el ángulo ADB
y la recta GD perpendicular a AB, la AG es a la GB, es decir: Z a H,
como el cuadrado construido sobre AD al construido sobre BD, o sea:
como el cuadrado construido sobre el radio del círculo T al construi-
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 83

do sobre el círculo K, es decir: como el área del segmento esférico DAE


al ABE.
5. Cortar una esfera por una plano de modo que los volúmenes de
los segmentos producidos tengan una razón dada.
Sea ABGD la esfera dada y cortémosla por un plano trazado por
AG. La razón del segmento esférico ADG al ABG será dada y sea ABGD
un círculo máximo de centro K y diámetro DB y supongamos que la
suma de las rectas KD y KX sea
a la recta DX como PX' a XB
y que la suma de las KB y BX a
la BX como LX a XD y tracemos z
AL, AG, AP Y PG (Fig. 49).
El cono ALG será equivalente
al segmento esférico ADG y el FIG. 49.
APG al ABG; lu~go la razón de
los conos ALG y APG será dada; pero el primer cono es al segundo como
LX a XP, puesto que la base de ambos es el círculo descrito alrededor de
la recta AG, y, por tanto, la razón de LX a XP es también dada, y por lo
mismo que antes y por construcción, la recta AD es a la KD como la KB
a la BP y como la DX a la XB, y, por adición, PX es a KB, o sea: a KD
como KL a LD; luego 7 la recta total PL es a la total KL como KL a LD y
el área comprendtda por PL y LD será igual al cuadrado construido sobre
KL; luego PL es a LD como el cuadrado construido sobre KL al construido
sobre LD 8; pero LD es a DK como DX a XB; invirtiendo y sumando, KL
es a LD como BD a DX, y, por tanto, el cuadrado construido sobre KL es
al construido sobre LD como el construido sobre BD al construido
sobre DX.
Puesto que LX es a DX como la suma de las rectas, KB y BX es a
BX, por sustracción, será LD a DX como KB a BX, y tomando BZ
igual a KB, es evidente que Z caerá más allá del punto P 9; pero LD es

Permutando y sumando.
7
Recuérdese, en efecto, que la razón del primero al tercer término de una
8
proporción continua es la misma que la del cuadrado del primero al del se-
gundo.
9 N o es evidente, pero sí fácil de demostrar, pues por ser

XD:XB=KB:PP, DX>BX,
es
KB=BZ>BP.
84 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

a DX como ZB a BX; luego LD será a LX como BZ a ZX 10, y puesto


que la razón de DL a LX es dada, y también la de PL a LX y de PL
a LD, y la de PL y LX es compuesta de las PL a LD y DL a LX y PL es
a LD como el cuadrado construido sobre DB al construido sobre DX, y
DL es a LX como BZ a ZX, resulta que la razón de PL a LX es com-
puesta de la del cuadrado construido sobre BD al construido sobre DX
y de la de BZ a ZX.
Haciendo que PL sea a LX como BZ a ZT, por ser dada la razón
de PL a LX, lo será la de ZB a ZT, y como la recta BZ es dada por ser
igual al radio, la ZT también es dada; luego la razón de BZ a ZT es
compuesta de la del cuadrado construido sobre BD al construido sobre
DX y de la de BZ a ZX; pero la de BZ a ZT es compuesta de la de BZ
a ZX y de la de ZX a ZT; luego si restamos la razón compuesta de
BZ a ZX, la razón restante, es decir: la del cuadrado construido sobre
la recta BD, que es dada, al construido sobre DX será igual a la de XZ
a ZT, que es dada; pero la recta ZD es dada; luego hay que determinar
en esta recta ZD un punto X tal que XZ sea a ZT como el cuadrado
construido sobre BD al construido sobre DX, y si el problema se'pro-
pone de una manera general, es necesario un diorisma 11 que no es
preciso si se añaden las condiciones del presente caso que se puede
plantear así: Dadas dos rectas DB y BZ siendo DB doble de BZ y el
punto T en BZ, encontrar en la DB un punto X tal que el cuadrado
construido sobre BD sea al construido sobre DX como XZ a ZT, cuya
construcción se dará al final del libro 12.
10 De la proporción LD: DX=ZB: BX se deduce
LD: (LD+DX)=ZB: (ZB + BX),
o sea
LD: LX=ZB: ZX.
11 ALOQW!1 ÓC;, es decir, la condición de posibilidad del problema.
12 La anunciada demostración no se encuentra en ninguno de los manus-
critos arquimedianos conocidos. El problema anterior, dividir una esfera por
un plano en dos partes que estén en una razón dada, hemos visto que se re-
suelve fácilmente con los recursos de los Elementos de Euclides; pero la
división análoga del volumen exige calcular el del segmento esférico y, analí-
ticamente, equivale a resolver la ecuación
m-n
x 3- 3R2X+ 2 - - - R3 = 0,
m+n
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 85

6. Construir un segmento esférico semejante a uno dado y equi-


valente a otro también dado.
Sean ABG y AZH los dos segmentos esféricos dados, cuyas bases
son los círculos de diámetros AB y EZ y vértices G y H, respectivamente.
Hay que construir un segmento equivalente al ABG y semejante al EZH.
Suponiéndolo construido, sea el TKL cuya base es el círculo de diá-
metro TK y vértice L y sean también en estas esferas los círculos ANBG,

siendo R el radio de la esfera y m: n la razón de los volúmenes de los dos


segmentos, ecuación que corresponde al problema geométrico que plantea Ar-
químedes : Dadas dos rectas DiB y DZ, siendo DB = 2BZ, y un punto T en
BZ, encontrar en BD un punto X tal que sea

B[)2 XZ
--=--,
DX2 ZT

como se comprueba inmediatamente poniendo BT: ZT=m: n y tomando como


incógnita la distancia del punto buscado X al medio de BD; pero la solución
de este problema es uno de los misterios del Algebra geométrica alejandrina,
a cuyo esclarecimiento se han dedicado varios matemáticos y eruditos.
Seis siglos después de Arquímedes, Eutocio de Ascalón restituyó la posible
demostración de esté,· apoyándose en consideraciones tomadas de un autor
desconocido, pero cuya antigüedad es indudable, pues que llama sección del
cono rectángulo y obtusángulo a la parábola e hipérbola, respectivamente. La
solución del geómetra palestino, por medio de cónicas, está sugerida por Dio-
eles.
Otra solución es la de Dionisidoro, matemático mal conocido, que tal vez
pudiera identificarse con el geógrafo que citan Estrabón y Plinio al hablar de
las dimensiones de la Tierra. Se trata, desde luego, de un personaje anterior
a J.C., y su procedimiento consiste en encontrar el punto de intersección de
la parábola e hipérbola representadas, respectivamente, por las ecuaciones
nR(x+2R) 2nR2
y2= , y(x-R)= - - - ,
m+n m+n
siendo R el radio de la esfera y m: n > 1 la razón dada, sistema que, elimi-
nando y, se transforma en la ecuación anterior.
El lector a quien interese este tema puede consultar F. BRUNO: Soluzioni
geometriche di alcuni difficili problemi solidi, Nápoles, 1824, y H. G. ZEUTHEN:
«Note sur la résolution géometrique d'uneequation du 3e degré par ArchimedeJ,
en la Bibliotheca Mathematica, págs. 97-104, Estocolmo, 1893.
86 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

TXKL y EOZH de centros P, R Y S Y diámetros GN, LX Y HO, respec·


tivamente, perpendiculares a la base del segmento (Fig. 50).
Hagamos de manera que la suma de las rectas PN y NO sea a NQ
como FO a OG; que la suma de RX y XU sea a XU como VU a UL y
finalmente, que la suma de SO y
x 01 sea a 01 como Yl a lH, e ima-
ginemos los conos cuyas bases
sean los círculos de diámetros AB,
TK Y EZ y vértices F, V e Y,
y entonces los conos ABF, VTK
y EYZ serán equivalentes a los
segmentos esféricos ABG, TKL y
EHZ, respectivamente, según se ha
demostrado.
Puesto que los segmentos es-
féricos ABG y TKL son equiva-
lentes, los conos AFB y VTK tam-
o e bién serán equivalentes y como
o las bases de estos conos son inver-
samente proporcionales a sus al-
FIG. 50. turas, el círculo de diámetro AB
es al de diámetro TK como VU
a FO; pero el primer círculo es al segundo como el cuadrado construi-
do sobre AB al construido sobre TK; luego la razón de estos cuadra-
dos es la misma que la de VU a FT, y por ser el segmento EZH es
semejante al TKL, el cono EZY será también semejante al VTK, según
se ha demostrado; luego Yl es a EZ como VU a TK; pero la razón
de YI a EZ es dada; luego también es dada la de VU a TK y será la mis-
ma que la de FO a C.
Puesto que la recta FO es dada, también lo es la e; pero VU es a
FO, es decir: el cuadrado construido sobre AB al construido sobre TK
como TK a e; luego si suponemos, que el área comprendida por AB
y D es igual al cuadrado construido sobre TK, el construido sobre AB será
al construido sobre TK como AB a D; pero se ha demostrado que el
cuadrado construido sobre AB es al construido sobre TK como TK a
e; luego, permutando, la recta AB es a la TK como e a D; pero AB es
a TK como TK a D porque el área comprendida por AB y D es igual
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 87

al cuadrado construido sobre TK; luego las rectas TK y D son dos


medias proporcionales entre AB y C.
El problema se resolverá, pues, de la siguiente manera: Sean dos seg-
mentos esféricos ABG y EZH debiendo construirse un segmento equi-
valente al primero y semejante al segundo; AGBN Y HEOZ dos círculos
máximos de diámetros GN y Ha y P y s sus centros. Hagamos de modo
que la suma de las rectas PN y NQ sea a la NQ como FQ a QG y la de
las SO y al a al como Yl a IH y entonces el cono FAB será equivalente al
segmento esférico ABG y el cono ZYE al segmento EHZ y hagamos tam-
bién de modo que Yl sea a EZ como FQ a e; construyamos entre las rec-
tas AB y e dos medias proporcionales TK y D tales que AB sea a TK
como TK a D y como D a e y sobre TK un segmento circular TLK seme-
jante al EZH; completemos el círculo cuyo diámetro es LX e imagine-
mos, finalmente, una esfera y en ella el círculo máximo LTXK de centro
R y tracemos por la recta TK un plano perpendicular a LX.
El segmento esférico construido del lado en que está la letra L será
semejante al EZH por ser los segmentos circulares. Digo que este seg-
mento esférico es equivalente al ABG.
Hagamos de manera que la suma de las rectas RX y XU sea a la XU
como VU a UL. El cono VTK será equivalente al segmento esférico TKL
y como ese cono VT)E es semejante al ZYE, la recta YI será a la EZ,
es decir, FQ a e como VU a TK, y permutando e invirtiendo, VU es a
FQ como TK a e; pero las rectas AB, TK, D y e son proporcionales 13 ;
luego el cuadrado construido sobre AB es al construido sobre TK como
TK a e; pero TK es a e como VU a FQ; luego el cuadrado construido
sobre AB es al construido sobre TK, es decir, el círculo de diámetro AB
al de diámetro TK como VU a FQ y, por tanto, el cono FAB es equiva-
lente al VTK y el segmento esférico ABG al TKL. Se ha construido, pues,
un segmento TKL equivalente al dado ABG y semejante al también dado
EZH14.
7. Dados dos segmentos esféricos, construir un tercero semejante a
uno de los dados y de igual área que el otro.
Sean los segmentos esféricos ABG y DEZ. Supongamos construido
otro KLM semejante al primero y de igual área que el segundo e imagine-
13Quiere decir que forman progresión geométrica.
14También es este un problema de tercer grado, por ser análogo al de la
duplicación del cubo. Se reduce a construir dos medias proporcionales entre
dos segmentos rectilíneos dados.
88 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

mos trazados por los centros de las esferas y planos perpendiculares a


las bases KM, AG Y VZ de los segmentos; sean las secciones de los círcu-
los máximos KLMN, BATG Y EZHD y LN, BT Y EH los diámetros de las
esferas perpendiculares a KM, AG
Y VZ, respectivamente, y trace-
mos las rectas LM, BG Y EZ (fi-
gura 51).
Puesto que el área del segmen-
to esférico KLM es igual a la del
VEZ, el círculo cuyo radio sea
FIG. 51. igual a LM será equivalente al que
tenga por radio una recta igual
a EZ porque hemos demostrado que las áreas de dichos segmentos son
iguales a las de los círculos de radios iguales a las rectas trazadas des-
de los vértices de los segmentos a las circunferencias de sus bases;
luego la recta LM también es igual a la EZ, y puesto que el segmento
KLM es semejante al ABG, la recta RL es a la RN como BP a PT, e
invirtiendo y sumando, NL es a la LR como BT a BP; pero LR es a
LM como BP a LB por ser semejantes los triángulos LMR y BGP; lue-
go LN es a LM, es decir: a EZ como TB a BG y puesto que las rectas
EZ y BG son dadas, también lo es su razón, y, por tanto, la de LN a
BT, y por ser dada BT, también lo es LN; luego la esfera es también
dada.
El problema se resolverá, pues, de la manera siguiente: Sea la cons-
trucción como en la primera parte y hagamos de modo que la razón de
BG a EZ sea como BT a NL; describamos el círculo de radio AB e ima-
ginemos una esfera uno de cuyos círculos máximos sea LKNM. Deter-
minemos en la recta NL el punto R de modo que TP sea a PB como NR
a RL; cortemos el círculo LKNM en el punto R por un plano perpen-
dicular a la recta LN y, trazando la LM, los segmentos circulares de ba-
ses KM y AG serán semejantes, y, por consiguiente, también lo serán los
esféricos; pero TB es a BP como NL a LR de acuerdo con la construcción,
y BP es a BG como RL a LM; luego TB es a NL como BG a LM; pero
TB es a NL como BT a EZ; luego EZ es igual a LM y el círculo de radio
EZ igual al de radio LM y como el área del primero es igual a la del
segmento VEZ y la del segundo a la del KLM, según se demostró en el
libro 1, resulta que el área del segmento esférico KLM es igual a la del
VEZ y ese mismo segmento KLM es semejante al ABG.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 89

8. Cortar un segmento esférico por un plano de manera que tengan


UlUl razón dada el segmento y el cono de igual base y altura.
Sea ABGD un círculo máximo de la esfera dada de diámetro BD y
centro E y supongamos que hemos cortado la esfera por un plano tra-
zado por AG de tal modo que la razón del segmento ABG al cono ABG
sea dada. Siendo la suma de las rectas ED y DZ a DZ como HZ a
ZB, de manera que el cono AGH será equivalente al segmento ABG, y,
por tanto, la razón del cono AGH al ABG es dada y también la de HZ
a ZB, pero HZ es a ZB como la
suma de las rectas ED y DZ a DZ; T
luego la razón de esta suma a
esta recta es dada, y, por consi-
guiente' la de ED a DZ, y siendo L
dada DZ, lo es la recta Aq; pero la H ~-=I~-=+---+-------4 O
Tazón de la suma· de las rectas ED
y DZ a la recta DZ es mayor que
la de las ED y DB a DB y la
suma de ED y DB es el triple de
ED y DB doble de ED; luego la ra-
K
G
zón de la suma de las rectas ED FIG. 52.
y DZ a DZ es mayor ;que la de
3 a 2, y como esta razón es dada es necesario, para que la construcción
:sea posible, que la razón dada sea mayor que la de 3 a 2.
El problema se resolverá, pues, de la siguiente manera: Sea ABGD
un círculo máximo de la esfera dada de diámetro BD y centro E y la
razón de KT a KL la dada y mayor que la de 3 a 2; pero 3 es a 2
como la suma de las rectas ED y DB a DB; luego la razón de TK a KL
es mayor que la de la suma de las rectas ED y DB a la DB, y restando,
la razón de TL a KL es mayor que la de ED a DB.
Hagamos de modo que TL sea a LK como ED a DZ; tracemos por el
punto Z la recta AZG perpendicular a BD y por AG un plano perpen-
dicular a BD. Digo que la razón del segmento esférico ABG al cono ABG
es la misma que la de TK a KL porque haciendo de modo que las rectas
ED y DZ sea a DZ como HZ a ZB, el cono GAB será equivalente al
segmento esférico ABG, y por ser TK a KL como la suma de las rectas
En y DZ a DZ, es decir: como HZ a ZB, o sea: como el cono ABG al
ABG y el cono ABG equivale al segmento esférico ABG; luego este
segmento ABG es al cono ABG como TK a KL.
90 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

9. Si se corta una esfera por un plano que no pase por el centro~


la razón del segmento mayor al menor es menor que la duplicada 15 del
área del segmento mayor al menor y mayor que la razón sesquiáltera 16.
Sea ABGD un círculo máximo de la esfera dada de diámetro BD y
centro E; tracemos por la recta AG un plano perpendicular al de ese
círculo y sean ABG y ADG el ma-
yor y el menor segmento resultantes
de la sección. Digo que la razón del
segmento ABG al ADG es menor
H 1
que la duplicada del área del pri-
mero al segundo y mayor que la
sesquiáltera (Fig. 53).
FIG. 53. Tracemos las rectas BA y AD
Y hagamos de manera que la suma
de las rectas ED y DZ sea a DZ como TZ a ZB y que la suma
de las EB y BZ sea a BZ como HZ a ZD e imaginemos dos conos que
tengan por base el círculo de diámetro A G y vértices en los puntos T
y H, conos ATG y AHG que serán equivalentes a los segmentos ABG y
ADG, respectivamente.
Por ser el cuadrado construido sobre BA al construido sobre AD
como el área del segmento ABG a la del ADG, según se probó en el
libro 1, hay que demostrar que la razón del segmento mayor al menor
es menor que la duplicada de sus respectivas áreas, o lo que es igual:
que la razón del cono ATG al AHG, es decir: la de ZT a HZ es menor
que la duplicada de los cuadrados construidos sobre EA y AD, o sea: que
la razón duplicada de BZ a ZD.
Puesto que la suma de las rectas ED y DZ es a DZ como TZ a
ZB y la de las EB y BZ a BZ como ZH a ZD, la recta BZ será a la
ZD como TB a BE 17 Y si tomamos BK igual a BE, será TB mayor que
15lhnAáowv. Vid. supra, EUCLIDES: Elementos, lib. V, def. 9.
Equivale a nuestro exponente fraccionario 3/2.
16 'lÍltLÓALÓV.
17 De

(ED+DZ) : DZ=TZ : ZB,

resulta, en efecto, inmediatamente por sustracción:


ED: DZ=BT: ZB,
y alternando:
ZB : DZ=BT : ED=BE.
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 91

BE por ser BZ mayor que ZD 18 y KZ será a BZ como HZ a ZD; pero


hemos demostrado que ZB es a ZD como TB a BE y BE es igual a KB;
luego TB es a KB como KZ a ZH; pero la razón de TZ a KZ es menor
que la de TB a BK 19 Y hemos demostrado también que TB es a BK
como KZ a ZH; luego la razón de TZ a KZ es menor que la de KZ a
ZH, y, por tanto, el área comprendida por TZ y ZH es menor que
el cuadrado construido sobre KZ; luego la razón del área compren-
dida por TZ y ZH al cuadrado construido sobre ZH, es decir: la ra-
zón de TZ a ZH es menor que la del cuadrado construido sobre KZ
al construido sobre HZ; pero esta razón es duplicada de la de KZ
a ZH; luego la de TZ a ZH es menor que la duplicada de KZ a ZH y
por ser KZ a ZH como BZ a DZ, la razón de TZ a ZH es menor que
la duplicada de BZ a DZ, l.q.q.d.
Siendo BE igual a ED, el área comprendida por BZ y DZ será menor
que la comprendida por BE y ED; luego la razón de BZ a BE es
menor que la de 'ED a DZ, es decir: que la de TB a BZ, y por tanto, el
cuadrado construido sobre BZ es menor que el área comprendida por TB
y BE, o sea: la comprendida por TB y BK, y si se toma en BD un
punto N tal que el cuadrado construido sobre BN sea igual a este área,
será TB a BK como el cuadrado construido sobre TN al construido
sobre NK 20; pero la razó:tyñe los cuadrados construidos sobre TZ y KZ
En la proporción BZ: ED = TB: BE es BZ > ZD, y, por tanto, TB
18 > BE.
Por ser BT> BK, es
19
BT BK TB+BZ=TZ BK+BZ=KZ
BZ > BZ' BZ > BZ
de donde, dividiendo por TB > BK y alternando:
TZ KZ TZ TB
--<-- --<--
TB BK' KZ BK
20 Por ser, en efecto, BN2=TB :BK, es
TB : BN=BN : BK; TB: BK=BN2 : BK2,
de donde
TB+BN=TN BN+BK=KN TN2 KN2
BN BK BN2 = BK2'
y alternando:

KN2 BK2
92 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

es mayor que la de los construidos sobre TN y NK; luego también la


razón de los construidos sobre TZ y KZ es mayor que la de TB a KB, es
decir: de TB a BE, o sea: de KZ a ZH 21, y, por consiguiente, la razón
de TZ a ZH es mayor que la sesquiáltera de KZ a ZH como demostra-
remos al final 22.
Pero TZ es a ZH como el cono ATG al AHG, es decir: como el seg-

y, por tanto,
TB : BK=TN2 : KN2.

21 Recordando que, según se demostró en la nota 17, es


TB : BE=BZ : ZD,
se tiene:
TZ2: Kz2 > TB : EB=BZ : ZD,

y como se construyó de modo que fuera


EB+BZ HZ
BZ ZD
de donde
BZ EB+BZ
ZD HZ
la desigualdad anterior se convierte en

TZ2 EB+EZ KB+BZ KZ


-->----
KZ2 HZ HZ ZH
22 Poniendo
TZ2 TZZ KZZ
ZH2 = KZ2 . ZHi'

y recordando la desigualdad establecida en la nota anterior, es

TZ2 KZ KZ2 KZ3


-==-
ZHz
> - - . -==-=-==-,
ZH ZHz ZH3
de donde:
TZ KZ3/2
-->---
ZH ZH3/2
ARQUIMEDES.-SOBRE LA ESFERA Y EL CILINDRO 93

mento ABG al ADG, y KZ es a HZ como BZ a DZ, o sea: como los


cuadrados construidos sobre BD y AD, es decir: como las áreas de los
segmentos ABG y ADG; luego la razón del segmento mayor al menor
es menor que la razón duplicada de las áreas de ambos y mayor que
la sesquiáltera 23.
10. Entre todos los segmentos esféricos de igual área, el mayor es
el hemisférico.
Sean ABGD y EZHT dos círculos máximos de dos esferas dadas de
diámetros AG y EH, respectivamente, y cortemos una de ellas por un
plano que pase por su centro y la otra por un plano que no pase por
su centro, trazados perpendicularmente a los diámetros y sean las sec-
ciones las rectas BD y ZT. El segmento esférico construido en el arco
ZET es la mitad de la esfera y de los construidos en la circunferencia
BAD, el que está del lado de la letra S es mayor y el otro menor que
un hemisferio 24, . y, suponiendo que las áreas de estas dos figuras son
iguales, la recta BA será igual a la EZ porque se ha demostrado que el
área de un segmento equivale a la de un círculo de radio igual a la recta
trazada desde el vértice del segmento a la circunferencia de la base; pero
en la figura donde está la letra S el arco BAD es mayor que un hemis-
ferio; luego el cuadrado construido sobre AB es menor que el doble
del construido sobre AK y ~ayor

~~
que el doble del construido sobre
el radio; y si la recta GQ es igual
al radio del círculo ABD haga- Q~M
mos de modo que CQ sea GK como D Z
Q '-----'+----+-t-----.H

H~N
una recta MA a AK y sobre el
círculo de diámetro BD construya-
mos un cono con el vértice en el
punto M, el cual cono será equiva-
CW
lente al segmento esférico construi- FIG. 54.
do en el arco BAD (Fig. 54).
Tomemos una recta EN igual a EL y sobre el círculo de diámetro TZ
construyamos un cono de vértice en el punto N, el cual cono será equi-
valente al hemisferio construido en el arco TEZ. Pero el área compren-

23 Arquímedes da a continuación otra demostración, que no traducimos por-


qUe no es ni más sencilla ni más breve que la anterior.
24 Alguien debió de hacer aquí una interpolación para justificar la figura de
la izquierda, pues no se explica la presencia de la letra S.
94 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

dida por AP y PG es mayor que la comprendida por Al( y KG por-


que el lado menor de una de estas áreas es mayor que el lado me-
nor de la otra y el cuadrado construido sobre AP ·es equivalente al
área comprendida por AG y GQ porque ese cuadrado equivale a la
mitad del construido sobre AB 25 luego la suma del área comprendida
por AP y PG y del cuadrado construido sobre AP es mayor que la
suma de las áreas comprendidas por AK, KG yAK, GQ; luego la
comprendida por AG y AP es mayor que la comprendida por AK y
KQ 26; pero el área comprendida por MK y KG es equivalente a la com-
prendida por AK y KQ; luego la comprendida por AG y AP es mayor
que la comprendida por MK y KG, y, por consiguiente, la razón de AG
a KG es mayor que la de MK a AP; pero AG es a KG como el cuadrado
construido sobre AB al construido sobre BK; luego que la razón de
la mitad del cuadrado construido sobre AB, que es igual al construido
sobre AP, al construido sobre BK es mayor que la de MK al doble de
AP, la cual es igual a LN; luego la razón de los círculos de diámetros
TZ y BD es mayor que la de MK a LN, y, por tanto, el cono que tiene
por base el círculo de diámetro TZ y vértice N es mayor que el que
tiene por base el círculo de diámetro BD y vértice M; luego el hemisferio
construido en el arco EZT es mayor que el segmento construido sobre
el arco BAD.

MEDIDA DEL CIRCULO 1

PROPOSICIONES

1. Un círculo es equivalente a un triángulo rectángulo cuyos ca-


tetos sean iguales al radio y a la circunferencia del círculo.
25 Por ser AP=EL y EZ=AB, es
_ _ EZ2 AB2
Ap2=EV=--=--
2 2
26 De

Ap·PG+Ap2> AK.KG+AK·GQ,
sale inmediatamente
AP(PG+AP) > AK(KG+GQ), Ap·AG> AK·KQ.
1 Este brevísimo escrit<r-So1o consta de tres proposiciones-,-es uno de los
ARQUIMEDES.-MEDIDA DEL CIRCULO 95

Si el área del círculo ABGD es mayor que la del triángulo T, inscri-


bamos en el círculo el cuadrado AG y dividamos los arcos en dos partes
iguales hasta que la suma de los segmentos que queden sea menor que
el exceso del círculo sobre el triángulo y se tendrá una figura rectilínea
mayor que el triángulo 2.
Trazando desde el centro N del círculo la N R perpendicular a AZ,
esa perpendicular será menor que uno de los catetos del triángulo T, y
como el contorno de la figura rectilínea es menor aún que el otro cateto
de T por ser menor que la circunfe-
rencia del círculo, resulta que la
figura rectilínea es menor que el
triángulo, lo cual es imposible por
que acabamos de ver que es ma-
yor (Fig. 55).
Si el área del círculo es menor
que la del triáng'ulo T, circunscri-
bamos al círculo un cuadrado; di-
vidamos los arcos en partes igua-
les, y, trazando tangentes por los FI'G. 55.
puntos de división, resulta que por
ser recto el ángulo OAQ, la r~ta OQ es mayor que la AQ; y como esta
es igual a la QM, la OQ es mayor que la Q2\1; luego el triángulo POQ es
mayor que la mitad de la figura OZAM 3 y la suma de los segmentos que
quedan, como el APZ, menor que el exceso del triángulo sobre el círculo,
la figura rectilínea será menor que el triángulo, lo cual es imposible porque
esa figura es mayor por ser N A igual a la altura del triángulo y el contorno
de la figura mayor que la base de este; luego el área del círculo es igual
a la del triángulo T.
más importantes de Arquímedes, pues que en él queda establecida la equiva-
lencia del problema de la cuadratura del círculo y la rectificación de la circun-
ferencia y el cálculo del número 1T con notable aproximación.
2 Representando por S, C, P y T la suma de las áreas de los segmentos que
quedan y las áreas respectivas del círculo, del polígono inscrito y del triángu-
lo, por ser
S<C-T} es C - P < C - T, Y de aquí P > T.
S=C-P
3 Puesto que es OQ> QM, el triángulo OAQ será mayor que el QAM, y
por la misma razón el OAP mayor que el APZ.
96 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

2. La razón de un círculo al cuadrado de su diámetro es aproxima-


damente la de 11 a 14.
Sea el círculo de diámetro AB; circunscribámosle el cuadrado FGDH
y supongamos que la recta DE sea doble del lado GD y EZ su séptima
parte. Puesto que el triángulo AGE es al AGD como 21 a 7 y el AEZ al
AGD como 1 a 7, el AGZ será al AGD como 22 a 7, y por ser el cua-
drado GH cuádruple del triángulo AGD, el triángulo AGZ es al cuadrado
GH como 22 a 28 o como 11 a
14; pero el triángulo AGZ equi-
vale al círculo de diámetro AB
porque su altura AG es igual al
radio de este círculo y su base
GZ a la circunferencia del mis-
mo círculo que es, aproximada-
FIG. 56.
mente, igual al triple del diáme-
tro y su séptima parte, como se
demostrará ahora; luego el círculo es al cuadrado GH aproximadamente
como 11 a 14 4•
3. La circunferencia de un círculo es igual al triple del diámetro y
una parte de este menor que la séptima, y mayor que diez setenta y
un avos del diámetro.
Sea el círculo de diámetro AG y centro E; el ángulo ZEG la séptima
parte de un recto y la recta GLZ una tangente. La recta EZ será entonces
a ZG como 306 a 153 y EG a ZG como 265 a 153 5•
Dividiendo el ángulo ZEG en dos partes iguales por la recta EH,
será ZE a EG como ZH a HG, y permutando y sumando, la suma de las
4 La razón 11/14, obtenida partiendo de 31h, es más sencilla que la 223/284
que hubiera resultado partiendo de 31 0/ 71 , y esta es, seguramente, la idea que
movió a Arquímedes a no considerar el valor aproximado por defecto.
5 Se ignora cómo estableció Arquímedes estos valores que suponen el cálcu-
lo de
- 265
J3 = 1,732050 ... = -
153
De todas las conjeturas que se han hecho, parece la más probable la de
aproximaciones sucesivas según un método análogo al que hoy empleamos para
calcular raíces cuadradas; pero sea de ello lo que fuere, es lo cierto que el
siracusano supo conjugar admirablemente un gran poder de abstracción teórica
y una extraordinaria habilidad práctica
ARQUIMEDES.-MEDIDA DEL CIRCULO 97

rectas ZE y EG es a la recta ZG como EG a GH (Fig. 57); luego la razón


de GE a GH es mayor que la de 571 a 153, y, por tanto, la del cuadrado
de EH al de HG es mayor que la de 349.450 a 23.409 y la de EH a HG
mayor que la de 5911/8 a 153 6•
Dividiendo el ángulo HEG en
dos partes iguales por la recta
ET, la razón de EG a GT será
mayor que la de 1.162 1/ 8 a 153;
luego la de TEa TG es mayor
que la de 1.172 1/ 8 a 153. T
K
Dividiendo ahora el ángulo
TEG en dos partes iguales por ~E=====~~~~~iiiiI-.J-- ---A-
la recta EK, la razón de EG a GK
será mayor que la de 2.334 1/ 4 a
153; luego la de EK a GK es ma- FIG. 57.
1
yor que la de 2:339 / 4 a 153.
y dividiendo, por último, el ángulo KEG en dos partes iguales por la
recta EL, la razón de EG a LG será mayor que la de 4.673 1/ 2 a 153.
ZE ZH
6 De - - = - - se deduce, en efecto:
EG HG
/
ZE+EG HZ+HG ZG ZE+EG EG
----=---=-- ----=--
EG HG HG ZG HG
y por ser

EZ 2 306 EG ./3 265


ZG =1= 153 ;
--=-->--,
ZG 1 153
de donde
EZ+EG 306+265 571
--->---
ZG 153 153
luego es
GE 571
-->--,
GH 153
y, por tanto,

EH2 EG2+HG2. 5712+ 1532 349.450


>----
HG2 HG2 153 2 23.409
CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO n

Por consiguiente, puesto que el ángulo ZEG es la tercera parte de un


recto y se ha dividido cuatro veces en dos partes iguales, el ángulo LEG
será la cuarenta y ocho ava parte de un recto.
Construyendo en el punto E un ángulo GEM igual al LEG y pro-
longando GZ hasta M, el ángulo LEM será la veinticuatro ava parte de
un recto y la recta LM igual al lado de un polígono de noventa y seis
lados circunscrito al círculo.
Puesto que hemos demostrado que la razón de EG a GL es mayor
que la de 4.673 1/ 2 a 153 y siendo AG doble de EG y LM doble de AG,
la razón de AG a LM será mayor aún que la de 4.673 1/ 2 a 153; luego la
de AG al contorno del polígono de 96 lados es mayor que la de 4.673 1/ 2

de donde, finalmente,
EH \1'349.450 591 1/ 8
-- > -----=---
HG \1'23.409 153
De un modo análogo, y dando siempre prueba fidedigna de su extraordi-
naria habilidad como calculador, Arquímedes encontró los siguientes valores,
que sintetizamos en un cuadro y expresamos en números decimales para faci-
litar la comparación con los valores exactos:

VALORES APROXIMADOS DE ARQUIMEDES


VALORES EXACTOS
Por defecto Por exceso

265 1.351
\1'3= 1,732050 --=173202 --=1732051
153 ' 780 '
/349A50= 591,14 591 1/8 = 591,125
\1'1.373.943 33 / 64 = 1172,15 1.1721/8 = 1.172,125
V 5.472.132 11t6=2339,26 2.339 1/4 = 2.339,25
\1'9.082.321 = 3013,68 3.013 1/ 4 =3.013,25
\l'IT8-0.929 = 1838,74 1.8389/ 11 = 1.838,818
\1'1.018.405 = 1009,165 1.009116 = 1.009,166
v4.069.284 1126=2017,24 1.0171/4 = 1.017,25
· .. 1

1T= 3,14159 ... \ 310/ 71 =3,1408 ... 31/¡ = 3,1428 ...


ARQUIMEDES.-MEDIDA DEL CIRCULO 99

a 14.688, y, por tanto, la razón del contorno de este polígono a su diáme-


tro es menor que la de 14.688 a 4.673 1/ 2 y como el primero de estos
dos números contiene tres veces al segundo y un resto de 667 1/ 2 que es
menor que la séptima parte de 4.673 1/ 2, resulta que el contorno del
polígono circunscrito es menor que el triple del diámetro aumentado en
más de una séptima parte; luego con mayor razón, la circunferencia del
círculo es menor que el triple del diámetro aumentado en más de una
séptima parte del mismo diámetro.
Sea, ahora, un círculo de diámetro AG y el ángulo BAG igual a la
tercera parte de un recto, de
modo que la razón de AB a BG
será menor que la de 1.551 a
780 y la de AG a GB igual a la
de 1.560 a 780 (Fig. 58). .
Dividiendo el ángulo BAG en
dos partes iguales por la recta
AH, por ser entonces iguales los
ángulos HGB y HAG al BAH,
esos dos ángulos serán iguales en- FIG. 58.
tre sí y como el recto AHG es co-
mún, el tercer ángulo H'zG será igual al tercero AGH y los dos triángulos
AHG y GHZ serán equiángulos y, por tánto, AH es a HG como GH a HZ
y como AG a GZ; pero AG es a GZ como la suma de las rectas AG y AB
a la BG; luego la suma de AB y AG es a BG como AH a HG, y, por
consiguiente, esta razón de AH a HG es menor que la de 2.911 a 780
y la de AG a GH menor que la de 3.013 3/ 4 a 780.
Dividiendo el ángulo GAH en dos partes iguales por la recta AT, la
razón de AT a TG será menor que la de 5.9243/ 4 a 780 o que la de 1.823
a 240 porque estos dos últimos números son los 4/ 13 de los dos ante-
riores; luego la razón de AG a GT es menor que la de 1.8389/ 11 a 240.
Dividamos ahora el ángulo TAG en dos partes iguales por la recta
AK y entonces la razón de KA a GK será menor que la de 3.6619/ 11 a
240 o -que la de 1.007 a 66 porque estos dos últimos números son
los 11/40 de los dos anteriores; luego la razón de AG a GK es menor que la
de 1.009 1/ 6 a 66.
y dividiendo, finalmente, el ángulo KAG en dos partes iguales por
la recta AL, la razón de LA a LG será menor que la de 2.016 1/ 6 a 66,
y la de AG a AL menor que la de 2.017 1/ 4 a 66, y, por consiguiente, la
100 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

de LG a AG es mayor que la de 66 a 2.017 1/ 4 ; luego la del contorno del


polígono al diámetro es mayor que la de 6.336 a 2.017 1/ 4, y como el pri-
mero de estos números contiene al segundo tres veces con un resto
mayor que los 10/71 del segundo, resulta que el contorno del polígono
de 96 lados inscrito en un círculo es mayor que el triple de su diámetro
aumentado en los 10/71 de este diámetro; luego con mayor razón la
circunferencia del círculo es mayor que el triple del diámetro aumentado
en los 10/71 del mismo diámetro.
La circunferencia de un círculo es, pues, igual al triple de su diámetro
aumentado en una parte del mismo diámetro menor que la séptima y
mayor que los 10/71 del diámetro.

SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 1

Arquímedes a Dositeo: j salud!


En este libro te envío no solo las demostraciones que faltaban de los
teoremas que ya te remití, sino también de otros que he descubierto pos-

1 Este libro puede considerarse como la continuación del dedicado a la es-


fera y el cilindro, pues que contiene propiedades de las cónicas y cuádricas que
no pueden demostrarse con los recursos de la Geometría elemental, propieda-
des a que llegó Arquímedes con una técnica no superada hasta el siglo XVll,
en que nació el Cálculo integral; y de aquí no solo la importancia de los des-
cubrimientos del siracusano, sino también la dificultad que implica su lectura.
Como Arquímedes conserva los nombres que a las secciones cónicas dio
su descubridor, Menecmo, en el siglo IV a. de J.C., y de ellos derivó los de
los conoides y esferoides, derogados unos y otros a partir de Apolonio, o sea,
unos treinta años después de Arquímedes, creemos conveniente exponer el crite-
rio que hemos seguido en esta traducción.
La llamada «tríada de Menecmo» la componen las secciones producidas en
un cono circular recto por un plano normal a la generatriz, y según que el
ángulo formado por dos generatrices coplanarias con el eje del cono sea agudo,
recto u obtuso, resultan las O~'lJyrovlO'lJ XWVO'lJ -¡;O[1~, oQOOyroVlO'lJ XÓWO'lJ -¡;O[1~ y
Ct[1~AuyroVlO'lJ XWVO'lJ -¡;O[1~, respectivamente, es decir, las curvas que hoy cono-
cemos con los nombres de elipse, parábola e hipérbola.
De las palabras xoovoc; Y <J<pCtLQCt: cono y esfera, Arquímedes deriva xroVOELbEC;
y <J<pCtLQOELbEC;: conoide y esferoide, para designar los sólidos de revolución que
tienen la apariencia: Ei:boc;, de conos y esferas, y demuestra las propiedadés de
los conoides rectángulo y obtusángulo: oQOOyroVlOV y a[1~A'lJyrovlov, que, como
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 101

teriormente y que me preocuparon durante largo tiempo porque, después


de examinarlos varias veces, me pareció que presentaban muchas di-
ficultades, por lo cual no los uní a los anteriores; pero, al estudiarlos
más detenidamente, he encontrado las demostr~ciones que se me esca-
paron antes.
Lo que quedaba de los primeros teoremas se refería al conoide para-
bólico y los que he descubierto últimamente atañen al conoide hiperbólico
y a los esferoides, algunos de los cuales llamo alargados y otros achatados.
1. Respecto del conoide parabólico digo lo siguiente:
a) Si una parábola gira alrededor de su diámetro fijo hasta volver
a la posición de que partió, la figura comprendida por el paraboloide se
llama conoide parabólico; el diámetro fijo, eje del conoide, y el punto
en que el eje encuentra a la superficie del conoide, vértice de este;
b) Si un plano toca a un conoide parabólico y otro plano paralelo a
él separa un segmento de conoide, la parte del plano secante comprendida
por la sección del conoide se llama base del segmento, el punto en que
el otro plano toca al conoide, vértice, y la parte de la recta trazada desde
el vértice del segmento paralelamente al eje del conoide y comprendida
por él, eje del segmento.
Las cuestiones propuestas son:
1) ¿Por qué cuando se corta un segmento de conoide parabólico
por un plano perpendicular al eje, el segmento separado equivale al
triple de la mitad de un cono de igual base y altura que el segmento?
2) ¿Por qué cuando se corta un conoide parabólico por dos planos
cualesquiera los segmentos separados son entre sí como la razón dupli-
cada de sus ejes?
n. Respecto del conoide hiperbólico digo lo siguiente:
a) Si se coloca en un plano una hipérbola con su diámetro y sus
dijimos en la nota 10 de la bibliografía arquimediana, corresponden respecti-
Vamente al paraboloide de revolución y al hiperboloide de dos hojas-único que
considera, pues que ni aun alude al reglado de una hoja-y las de los esferoides
alargado y achatado TCLQuf1áxEa y Eo-UJIAU-¡;ÉU, que son los elipsoides de ahora;
pero en vez de designar en nuestra traducción estas cuádricas según la termi-
nología actual, y para evitar al mismo tiempo este anacronismo de las paráfra-
sis arquimedianas, fatigosas para el lector de hoy, daremos a dichas cuádricas
los nombres de conoide parabólico, conoide hiperbólico, esferoide alargado y
eSferoide achatado, nombres que, a nuestro parecer, respetan el original griego
y tienen, además, la ventaja de recordar la curva generatriz de tales sólidos
de revolución.
102 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

asíntotas 2 Y se hace girar alrededor del diámetro hasta que vuelva a la


posición de que partió, es evidente que las asíntOtas envolverán un cono
isósceles cuyo vértice será su punto de intersección y eje el diámetro
fijo. La figura comprendida por la hipérbola se llama conoide hiperbó-
lico; el diámetro íijo, eje; el punto en que este corta a la superficie del
conoide, vértice; el cono envuelto por las asíntotas, cono envolvente
del conoide 3, y la recta que va del vértice del conoide al cono envolvente,
recta adjunta al eje 4.
b) Si un plano toca a un conoide hiperbólico y otro plano paralelo
a él separa un segmento del conoide, la parte del plano secante com-
prendida por la sección del conoide se llama base del segmento; el punto
en que el plano toca al conoide, vértice del segmento; la parte interior
al segmento de la recta trazada entre el vértice del conoide y el del cono
envolvente, eje del segmento, y la comprendida entre estos dos vértices,
recta adjunta al eje.
Todos los conoides parabólicos son semejantes; pero los hiperbólicos
lo son cuando lo son sus conos envolventes s.
Las cuestiones propuestas son:
1) ¿Por qué cuando se corta un conoide hiperbólico por un plano
perpendicular al eje del segmento separado tiene con el cono de igual
base y eje que este la misma razón que una recta igual al eje del seg-
mento añadido al triple de la recta adjunta con una recta igual al eje del
segmento añadido al doble de la recta adjunta?
2) ¿Por qué cuando se corta un conoide hiperbólico por un plano
no perpendicular al eje del segmento separado tiene con la figura de
igual base y eje que este, que es un segmento de cono, la misma razón
que una recta igual al eje del segmento añadido al triple de la recta ad-
junta con una recta igual al eje del segmento y el doble de la recta
adjunta?
2 Literalmente, las líneas que más se acercan a la sección del cono obtusángu-
10: al eY"{t(na TeÍ!:; TOV aft~Auycoví,ov xwvov Toftii¡;, que, para huir del circunlo-
quio arquimediano, traducimos por la palabra «asíntota»: UaúftTcoTOt, introdu-
cida por Apolonio.
3 nSQtÉXCOV TO XCOVOtL()É¡;.
4 nO'tsovao, 't& a~ovt. Según nuestra terminología actual, es el semidiámetro
conjugado con la dirección de la base del segmento.
s Todos los conoides parabólicos son, en efecto, semejantes por serlo todas
las parábolas; pero los hiperbólicos solo 10 son cuando están engendrados por
hipérbolas semejantes, y, por tanto, sus ejes son proporcionales.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 103

lII. Respecto de los esferoides digo lo siguiente:


a) Si una elipse gira alrededor de su diámetro mayor hasta que
vuelva a la posición de que partió, la figura engendrada se llama esferoide
alargado, y si gira alrededor de su diámetro menor, la figura engendrada
se llama esferoide achatado; el diámetro fijo, eje de los dos elipsoides;
el punto en que el eje corta a la superficie del elipsoide, vértice; el
punto medio del eje, centro, y la recta perpendicular en el punto medio
del eje, diámetro;
b) Si hay planos paralelos que tocan a un esferoide sin cortarlo,
pero lo corta otro plano paralelo a los anteriores, la parte del plano
secante comprendida en el esferoide se llama base de los segmentos pro-
ducidos; los puntos en que los planos paralelos tocan al esferoide,
vértices, y las partes interiores de los segmentos de las rectas que unen
los vértices, ejes de los segmentos.
Se demostr-ará que los planos que tocan a un esferoide solo tocan a
su superficie en un punto y la recta que une los puntos de contacto pasa
por el centro del esferoide.
Se llaman esferoides semejantes los que tienen sus ejes y diámetros
proporcionales.
Segmentos semejantes de esferoides y conoides son los que, separados
de figuras semejantes, tienen semejantes las bases y cuyos ejes, lo mismo
si son perpendiculares a los planos de las bases que si forman ángulos
iguales con los diámetros homólogos de las bases, son entre sí como estos
diámetros.
. Las cuestiones propuestas son:
1) ¿Por qué cuando se corta un esferoide por un plano trazado por
su centro perpendicularmente al eje de los segmentos producidos por la
sección son doble del cono de la misma base y eje que el segmento?
2) ¿Por qué cuando se corta un esferoide por un plano perpen-
dicular al eje, pero no trazado por el centro, el segmento mayor producido
por la sección tiene con el cono de igual base y eje que el segmento
la misma razón que una recta igual a la mitad del eje del esferoide
añadida al eje del segmento menor con el eje de este segmento menor?
3) ¿Por qué el segmento menor tiene con el cono de igual base y
eje que el segmento la misma razón que una recta igual al semieje del
esferoide añadido al eje del segmento mayor con el eje de este
segmento?
4) ¿Por qué cuándo se corta un esferoide por un plano trazado por
104 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

el centro y no perpendicular al eje, los segmentos producidos por la sec-


ción son doble de la ÍÍgura de igual base y eje que el segmento que es
un segmento de cono? 6.
5) ¿Por qué cuando se corta un esferoide por un plano que no pasa
por el centro ni es perpendicular al eje mayor de los segmentos produ-
cidos por la sección tiene con la figura de igual base y eje que el seg-
mento de la misma razón que una recta igual a la mitad de la que une
los vértices de los segmentos añadida al eje del segmento menor con el
eje de este segmento menor?
6) Finalmente ¿por qué el segmento menor tiene con la figura de
igual base y eje que el segmento la misma razón que una recta igual a
la mitad de la que une los vértices de los segmentos añadida a la mitad
del eje del segmento mayor con el eje de este segmento, que también
es un segmento de cono?
IV. pemostrados estos teoremas, se pueden descubrir no solo otros
varios, sino también resolver algunos problemas como, por ejemplo:
1) Los esferoides semejantes y los segmentos semejantes de esfe-
roides y conoides son entre sí como la razón triplicada de sus ejes.
2) Los cuadrados construidos sobre los diámetros de esferoides
equivalentes son inversamente proporcionales a sus ejes; y los esferoides
son equivalentes cuando los cuadrados construidos sobre sus diámetros
son inversamente proporcionales a sus ejes.
3) Dado un segmento de esferoide o de conoide separar un segmento
por un plano paralelo a otro dado de modo que el segmento producido
por la sección sea equivalente a un cono, a un cilindro o a una esfera
dada.
Después de explicar los teoremas y todo lo necesario para establecer
las proposiciones enunciadas, daré sus demostraciones. Pásalo bien.

1
DEFINICIONES

1. Si se corta un cono por un plano que encuentra a todos sus


lados 7, la sección será un círculo o una elipse. Si es un círculo,
es evidente que el segmento separado del lado del vértice será un cono,
6 a:rtó'tfluflU xcíJVov; pero no lo define hasta 1, 1.
7 Generatrices.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 105

y si es una elipse, la figura separada del lado del vértice se llama segmento
de cono, cuya base será el plano comprendido por la elipse; vértice el
del cono y eje la recta trazada desde el vértice del cono al centro de la
elipse.
2. Si se corta un cilindro por dos planos paralelos que encuentren a
todos los lados del cilindro, las secciones serán círculos o elipses iguales
y semejantes entre sí. Si son círculos, es evidente que la figura compren-
dida por los planos es un cilindro, y si son elipses la figura se llamará
tronco de cilindro 8, cuya base será uno u otro de los planos compren-
didos por la elipse, y eje la parte del eje del cono que está entré los
centros de las elipses.

II
PROPOSICIONES

1. Dadas varias magnitudes desiguales que exceden igualmente de


otras 9. siendo el exceso igual a la menor, y el mismo número de otras
magnitudes iguales a la mayor de las desiguales, la suma de las iguales
es menor que el doble de la de las desiguales, y si se suprime la mayor de las
desiguales, la suma de las iguales es mayor que el doble de la suma de
las desiguales restantes. Esto es evidente 10.
2. Dadas varias magnitudes proporcionales dos a dos a otras· tantas
análogamente alineadas, si las primeras, o solo algunas de ellas, se com-
paran con otras, y las segundas también, la suma de las primeras es a la
de las magnitudes con que se comparan como la suma de las segundas
a la de las magnitudes con que se compararon.
Sin las magnitudes A, B, G, D, E Y F son proporcionales dos a dos
con otras tantas H, T, 1, K, L Y M, de modo que A sea a B como H a T;
B a G como Tal, y así sucesivamente, y se comparan las primeras con
otras tantas N, U, O, P, R Y S con las cuales se corresponden en cierta
forma, y las segundas se comparan con otras tantas correspondientes V,
Q, Z, X, e y W, de modo que A sea a N como H a V; B a U como
T a Q, y así sucesivamente, hay que demostrar que la suma de las
8 "tóJ.to~ x'UAtv&Q01.J.
9Es decir, en progresión aritmética creciente.
10No tan evidente ; y la prueba de ello es que Arquímedes demuestra esta
propiedad en otro libro. Vid. infra, Sobre las espirales, prop. 11.
106 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

magnitudes A, B, G, D, E Y F es a la de las N, U, 0, P, R, Y S como la


de las H, T, 1, K, L Y M es a la de las V, Q, Z, X, e y W (Fig. 59).
Puesto que N es a A como V a
H; A a B como H a T y B a U
como T a Q, será N a U como V a
Q; del mismo modo U será a O
como Q a Z, y así sucesivamente;
y puesto que la suma de las magni-
tudes A, B, G, D, E Y F es a A
como la de las H, T, 1, K, L Y M

H T ] K L M
1] es a H, y A a N como H a V, Y
N a la suma de N, U, O, P, R Y
S como Va la de las T, Q, Z, X, e
A 8 G D E F y W, resulta que la suma de A,
B, G, D, E Y F es a la de N, U, O,
P, R Y S como la de H, T, 1, K, L
Y M a la de V, Q, Z, X, e y W.
Si de las primeras magnitudes

I I
solo las A, B, G, D Y E se compa-
ran con las N, U, O, P Y R de las
segundas y la magnitud F no se
compara con ninguna, y de las se~

N UO P R S
I V Q Z X e w
1gundas magnitudes solo las H, T, l,
K Y L se comparan con sus co-
FIG. 59. rrespondientes V, Q, Z, X y e y
la M no se compara con ninguna,
es la suma de A, B, G, D, E Y F a la de N, U, 0, P y R como la de
H, T, 1, K, L Y M a la de V, Q, Z, X y c.
3. Dadas varias rectas desiguales, a cada una de las cuales se aplica
un área cuya parte excedente sea un cuadrado II cuyos lados se excedan
igualmente, siendo el exceso igual al lado del cuadrado menor, y si se
tiene el mismo número de otras áreas iguales a la mayor de estas, la
razón de la suma de las áreas iguales a la de las desiguales es menor que
la de una recta igual al lado del cuadrado mayor y una de las rectas

II 8'L xa ... , 1WQ' ExáoTav atJ1:uv naQanÉorj "tL XroQLOV iJnEQ~áAAOV EtBEL
"tE"tQ<lYW'YJ'!', es decir, aplicar a· una recta a un rectángulo R de base b y altu-
ra hde tal modo que sea h-a=b. Sobre la aplicación de áreas, ya clásica en
los días de Arquímedes, véase EUCLIDES: Elementos, 1, 44, nota 50, y U, 5-11.
ARQUlMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 107

iguales a otra recta igual a la tercera parte del lado del cuadrado mayor
y la mitad de las rectas iguales; y la razón de la suma de las áreas iguales
a la de las desiguales, excluida la mayor, es mayor que la misma razón 12.
Si a las rectas desiguales A se aplican sendos cuadrados de lados
B, G, D, E, Z y H que se exceden igualmente y el exceso es igual al lado

12 En lenguaje moderno, y teniendo en cuenta la nota anterior, este teore-


ma se enunciaría así: Dados los rectángulos
R 1 =ah+h2,
R z=a·2h+ (2h)2,
R 3 =a· 3h+ (3h)2,

se tiene:
n·R a+nh
- - - - - -n - - - - < - - - - , [1]
R 1 +R 2+R 3+... +R n_ 1 +R n nh a
--+-
3 2
nR n a+nh
----------- > --- [2]
R1+R2+R3+ ... +Rn-z+Rn_l nh a
--+-
3 2
que se puede demostrar rápidamente recordando que, por la prop. 1, es
n ·anh < 2[ah+a· 2h+ +a(n-l)h+a·nh]
< 2[ah+a·2h+ +a(n-l)h],
y por el teorema 10 del libro Sobre las espirales:
n(nh)Z < 3[h 2 + (2h)2+ (3h)2+ '" + (n-l. h)2+ (nh)2h]
> 3[h2 + (2h)1+ (3h)2+ '" + (n-l. h)2,
de donde
an1h n(nh)l
-+-- < {(ah+h2 ) +[a·2h+ (2h)Z]+ ... +[a·nh+ (nh)2]}
2 3
= R 1 +R1+ ... +R n
> {(ah+h2) + [a· 2h+ (2h)2] + ... + [a·n-l·h+ (n-l.h)2]}
= R 1 +R2 + ... +R n _ 1
y, por tanto, inmediatamente [1] y (2).
108 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

del cuadrado menor H, siendo B el del mayor, y se tienen otras tantas


áreas representadas por las letras T, 1, K y L iguales a la mayor, es decir:
a la que se ha aplicado sobre AB, de modo que TI sea igual a A y LK a B,
siendo TI doble de 1 y KL triple de K, hay que demostrar que la razón
de la suma de las áreas TIKL a la
de las AB, Ae, AD, AE, AZ Y
AH es menor que la razón de
T1KL a 1K y la de la suma de las
A A A A áreas iguales a la de las desigua-
les, excepto la mayor, es mayor
que la misma razón (Fig. 60).
T T T T T T
Las áreas A, en efecto, se ex-
1 1 J J J J

K K K K K
ceden unas a otras en una magni-
K
tud igual a la menor porque las
L l. L L L L
aplicadas sobre las rectas A y sus
anchos se exceden también igual-
FIG. 60. mente y las áreas TI, que son tan-
tas como estas áreas desigua-
les, son todas iguales a la mayor de estas; luego la suma de las
áreas TI será menor que el doble de la de las A, y si se resta la ma-
yor de las A, la suma de las áreas TI será mayor que la de las res-
tantes A, y, por tanto, la suma de las áreas 1 es menor· que la de las
áreas A y mayor que la de estas áreas si se suprime la mayor.
Se tienen también ciertas rectas B, e, D, E, Z Y H que se exceden unas
a otras en una magnitud igual a la menor y hay, además, las rectas KL,
tantas como las anteriores, iguales a la mayor de ellas; luego la suma de
los cuadrados construidos sobre las rectas iguales a la mayor es menor
que el triple de la suma de los cuadrados construidos sobre las rectas
que se exceden igualmente, y si se resta el cuadrado construido sobre
la mayor de las desiguales, resulta que la suma de los cuadrados cons-
truidos sobre las que son iguales a la mayor de las desiguales será mayor
que el triple de los cuadrados restantes, como se ha demostrado en el
libro Sobre las espirales, y, por consiguiente, la suma de las áreas K
es menor que la de B, e, D, E, Z Y H Y mayor que la de e, D, E, Z y H;
luego la suma de las áreas 1K es menor que la de AB, Ae, AD, AE, AZ
y AH Y mayor que la de Ae, AD, AE, AZ y AH.
Es, pues, evidente que la razón de la suma de las áreas TI y KL a la
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 109

de AB, AG, AD, AE, AZ y AH es menor que la de la recta TL a la IH,


y si se resta AB la primera razón será mayor que la segunda.
LEMA. Si las paralelas a las tangentes trazadas desde un punto a
una sección cónica se cortan en la sección, las áreas comprendidas por
los segmentos de una de las rectas corresponde al cuadrado de la tan-
gente paralela a esta recta como está demostrado en los Elementos 13.
4. Los elementos parabólicos
de igual diámetro 14 son equiva- B
lentes, así como los triángulos
inscritos en ellos de iguales base
y altura que los mismos.
Sean ADE y TBG dos segmen-
tos de la parábola ABG, cuyos
diámetros respectivos DZ y BH
son iguales. Si la base TG de uno GL-----.....J...~+-----"~

de los segmentos es perpendicu-


lar al diámetro de la parábola 1:'
de parámetro 16 M, Y trazamos MI~----~

por el punto A la recta AK per- N...,-------......-1


pendicular a DZ, por ser DZ diá-
metro del segmento, la recta AE K A
FIG. 61.
queda dividida en dos partes igua-
les por el punto Z, y DZ, pa-
ralela al diámetro de la parábola, biseca a todas las paralelas a AE
(Fig. 61).
13 No de Euclides, sino de Aristeo el Viejo, que floreció en el siglo IV
a. de J.C. Se le atribuyen unos Elementos de cónicas, en donde demuestra que
si desde un punto P se trazan dos tangentes PA y PB a una cónica y son MN
y M'N' dos cuerdas paralelas a ellas que se cortan en el punto O, es

OM.ON PA2
OM'.ON' PB2
14 8Lá~8'tQOC;, recta que biseca a todas las rectas [cuerdas] paralelas a la base
del segmento: 'táv 8(xu 'tÉ~vou(J(J,v 'tá~ S'Úe8((J,~ O'tá(Ju~ 'ta~ O't(J,Q(J, 'táv ~á(JLV uu'tOií
a:YO~8'VU~.
15En el sentido de eje.
16Como recta a la que ha~~. aplicar un rectángulo de ancho igual a la abs-
cisa de un punto y área equiValente al cuadrado de la ordenada: na,Q üv Mv(J,'V't(J,L
uL ano 'ta~ 'to~ac;.
110 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Tomando uan recta N tal que su razón con M sea igual· a la


de los cuadrados de AZ y AK, los cuadrados de las ordenadas paralelas
a AE serán equivalentes a las áreas comprendidas por la recta N y las
abscisas como está demostrado en las cónicas 17; luego el cuadrado de
AZ es igual al área comprendida por N y DZ; pero el cuadrado de TH
es igual al área comprendida por M y BH porque TH es perpendicular al
eje y, por consiguiente, el cuadrado de AZ es al de TH como N a M
puesto que DZ y BH se suponen iguales; y por estar los cuadrados de
AZ y AK en la misma razón que N y M, las rectas TH y AK serán
iguales y por serlo BH y DZ, el área comprendida por TH y BH es
igual a la comprendida por AK y DZ y los triángulos THB y DAZ
serán, pues, equivalentes.
Ahora bien: los segmentos ADE y T AG equivalen, respectivamente,
a cuatro veces el tercio de los triángulos ADE y TBG 18; luego los seg-
mentos y los triángulos inscritos en ellos son equivalentes.
Si ninguna de las bases de los segmentos es perpendicular al diámetro
de la parábola, se tomará en este una recta igual al de uno de los seg-
17 De esta propiedad, que Arquímedes supone conocida, se pueden dar varias
demostraciones. He aquí la de Peyrard:
Tracemos la recta DN tangente a la parábola en el punto D y desde este
la DM perpendicular a BH y prolonguemos BH. Poniendo
DM=y, BM=x
y L el parámetro, se tiene:

DM= vLx, MN=2x,


DN= v4x2 +Lx, AZ= v (4x+L)DZ,
y por ser semejantes los triángulos AKZ y DMN, es
AZ DN v4x2 +Lx
--=--=-----;
AK DM vLx
de donde:
Az2 4x2 +Lx 4x+L
AK2 Lx L
y, por tanto, es N = 4x + L, y como 4x + L es igual al parámetro del diáme-
tro DK, resulta finalmente Az2=N.Dz.
18 Vid. infra, De la cuadratura de la parábola, prop. 24.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 111

mentos y se trazará por su extremo una perpendicular al de la parábola,


y este segmento será equivalente a los otros dos, y, por tanto, es
cierta la proposición enunciada.
S. El área de la elipse es a la del círculo descrito sobre su eje mayor
como el eje menor al mayor, es decir, al diámetro del círculo.
Dada la elipse ABGD cuyo eje mayor es AG y el menor BD, descri-
bamos el círculo de diámetro AG. Hay que demostrar que el área de la
elipse es a la de este círculo como BD a AG, es decir: a EZ.
Si se tiene un círculo e que está con el AEGZ en la misma razón
que BD y EZ, digo que el área de este círculo es igual a la de la
elipse, porque si no lo es y la su-
ponemos mayor, se puede inscri- E
bir en e un polígono parilátero de
área mayor que la de la elipse 19.
Imaginémoslo inscrito e inscriba-
mos en el círculo AEGZ un po-
lígono semejante a él; tracemos
desde sus ángulos perpendiculares
al diámetro AG y, uniendo los pun- A 1---+--+-L--t::T~-+---t---t G
tos en que estas perpendiculares
cortan a la elipse, tendremos ins-
crito en esta un polígono que será
al inscrito en el círculo AEGZ
como BD a EZ porque estando las
perpendiculares ET y KL dividi-
das proporcionalmente por los pun- z
tos M y B, los trapecios LE y FIG. 62.
TM son entre sí como TE y TB
(Fig. 62), y por la misma razón los demás trapecios inscritos en la elipse
también estarán con los inscritos en el círculo en la misma razón de
TE a TB, que es también la de los triángulos inscritos en el círculo y
en la elipse con vértices comunes en A y G; lu"go los polígonos com-
pletos inscritos en el círculo y en la elipse serán como EZ a BD; pero
el polígono inscrito en el círculo AEGZ es al inscrito en el e como EZ
a BD porque los círculos son entre sí como los polígonos; luego el po-
lígono inscrito en el círculo e es equivalente al inscrito en la elipse, lo

19 Vid. supra, Sobre la ~sfera y el cilindro, 1, 6, y EUCLIDES: Elementos,


XII, 2.
112 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

cual es imposible porque se ha supuesto que el área del polígono ins-


crito en el círculo e es mayor que la de la elipse.
Suponiendo ahora que es menor, se puede inscribir en la elipse un
polígono parilátero de área mayor que la del círculo C. Inscribámoslo
y, prolongando hasta su intersección con la circunferencia del círculo
las perpendiculares trazadas en sus ángulos sobre el eje AG, tendremos
inscrito en el círculo AEGZ un polígono que será al inscrito en la elipse
como EZ a BD, e imaginando inscrito en el círculo e un polígono se-
mejante al inscrito en el círculo AEGZ, se demuestra que el polígono
inscrito en el círculo e tiene la misma área que el inscrito en la elipse,
lo cual es imposible, y, por tanto, el área del círculo e no es menor
que la de la elipse; luego la de esta es a la del círculo AEGZ como
BD a EZ.
6. El área de una elipse es a la de un círculo cualquiera como la
comprendida por sus dos ejes al diámetro del círculo.
Si el área de la elipse es la representada por la letra X y AG Y BD
son sus ejes, siendo AG el mayor, y e el área del círculo de diámetro
es EZ, hay que demostrar que X
E
es a e como el área comprendida
por AG y BD es al cuadrado de
EZ (Fig. 63).
Ar---+-_ _~G Describiendo el círculo de diá-
metro AG, el área X será a la
de este círculo como la compren-
z dida por AG y BD al cuadrado
FIG. 63. de AG porque se ha demostrado
que el área de la elipse es a
la del círculo como BD a AG; pero el círculo de diámetro AG es al
de diámetro EZ como el cuadrado de AG al de EZ; luego el área X
es a la del círculo e como la comprendida por AG y B a la del cuadra-
do de EZ.
7. Las áreas de las elipses son entre sí como las comprendidas por
sus ejes.
Si son A y B las áreas de las elipses; GD y EZ las comprendidas por
sus respectivos ejes, hay que demostrar que A es a B como GD a
EZ (Fig. 64).
Tomemos el círculo e y construyamos el cuadrado KL sobre su
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 113

diámetro. El área A será a C como GB a KL, y el círculo C será al


área B como KL a EZ; luego el área A es a la B como GD a EZ.
Corolario. De aquí se deduce
que las áreas de las elipses seme- G
jantes son entre sí como los cua-
drados de sus ejes.
8. Dada una elipse y la per-
pendicular a su plano trazada en
el centro, se puede encontrar un
cono con el vértice en el extremo
de esta perpendicular y cuya su- FIG. 64.
perficie contenga a la elipse.
Sea AB el eje menor de la elipse; D su centro, DG la perpendicular,
de extremo G, trazada en D, y supongamos la elipse dada descrita, con
diámetro AB, en un plano perpen-
G
dicular a DG. Hay que encontrar
un cono cuyo vértice sea el pun-
to G y en cuya superficie esté si·
tuada la elipse (Fig. 65).
Tracemos las rectas que van de
G a los puntos A y B y prolongué-
moslas, y desde el A la AZ tal
que el área comprendida por AE
y EZ sea al cuadrado de EG como
el del semieje mayor de la elip-
s se al de DG, lo cual es posible por-
que la razón del área compren-
dida por AE y EZ al cuadrado de
EZ es mayor que la de la compren-
dida por AD y BD al cuadrado
de DG.
FIG. 65. Tracemos por AZ un plano per-
pendicular al que contiene las rec-
tas GA y AZ y describamos en este plano el círculo de diámetro AZ y sea
este círculo la base del cono que tenga su vértice en el punto G.
La elipse dada está elila superficie de este cono porque si no es-
tuviera habría un punto T de la elipse no situado en la superficie del
cono. Bajemos desde T la perpendicular TK a la recta AB, la cual será
114 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

perpendicular al plano GAZ; tracemos la recta GK y prolonguémosla


hasta que encuentre a la AZ y en su punto de intersección L, y en el
plano del círculo de diámetro AZ, tracemos la recta LM perpendicular a
AZ y supongamos que el punto M está en la circunferencia de ese círculo,
y por L y E tracemos las SO y PR paralelas a AB.
Puesto que el área comprendida por AE y EZ es al cuadrado de EG
como el cuadrado del semieje mayor de la elipse al de DG y el de EG al
área comprendida por EP y ER como el cuadrado de DG al área com-
prendida por AD y DB, resulta que el área de AE y EZ será a la de
EP y ER como el cuadrado del semidiámetro mayor de la elipse al área
de AD y DB; pero el área comprendida por AE y EZ es a la comprendida
por EP y ER como la de AL y LZ a la de LS y LO, Y el cuadrado del
semieje mayor de la elipse es al área comprendida por AD y DB como
el de TK al área de AK y BK; luego el área comprendida por AL y LZ
es a la comprendida por SL y LO como el cuadrado de TK al área de
AK y BK.
Pero el área comprendida por SL y LO es al cuadrado de GL como la
comprendida por AK y BK al cuadrado de GK; luego el área de AL y
LZ es al cuadrado de GL como el cuadrado de TK al de KG; Y puesto que
el cuadrado de AM es equivalente al área de AL y LZ porque LM se ha
trazado perpendicularmente al círculo de diámetro AZ, el cuadrado de
LM es al de AL como el de TK al de KG, y, por tanto, los puntos
G, T Y M están en línea recta, y como la recta GM está contenida en la
superficie del cono, también tiene que estarlo el punto T, lo cual es ab-
surdo porque hemos supuesto que no 10 estaba; luego no hay ningún
punto de la elipse que no se halle situado en la superficie del cono.
9. Dada una elipse y una oblicua trazada por su centro en el plano
que pasa por uno de sus ejes perpendicularmente al plano de la elipse,
se puede encontrar un cono con el vértice en el extremo de esta oblicua
y cuya superficie contenga a la elipse.
Sea AB uno de los ejes de la elipse de centro D y DG una oblicua tra-
zada como se ha dicho; y suponiendo que se haya descrito la elipse
alrededor de AB en un plano perpendicular al que contiene las rectas AB
y GD, hay que encontrar un cono que tenga su vértice en el punto G y
en cuya superficie esté situada la elipse dada.
Las rectas AG y GB no son iguales porque la CD no es perpendicular
al plano de la elipse. Si lo son las EG y GB y la N igual al semidiámetro
conjugado de AB, tracemos por D la paralela ZH a EB; hagamos pasar
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 115

por esta un plano perpendicular al de las rectas AG y GB Y describamos


sobre EB como diámetro un círculo o una elipse 20.
Describamos un círculo si se tiene una recta cuyo cuadrado es igual
al área comprendida por DZ y DH 21 t Y en caso contrario, una elipse tal
que el cuadrado de su otro eje
sea al de BB como el de N al G

área de DZ y DH.
Tomemos un cono de vértice
G cuya superficie contenga al
círculo o a la elipse que se ha
descrito sobre EB, lo cual es po-
sible porque la recta que une el
punto G con el medio de EB es
perpendicular al plano trazado por
BB y la elipse descrita sobre EB lc----~IE-----_ _--''''B

estará también' en la superficie


del cono porque si no estuviera
t

habría algún punto T de la elipse N


fuera de la superficie del cono.
Bajemos entonces por T la rec-
ta TK perpendicular a AB; trace-
mos la GK y prolonguémosla has· FIG. 66.
ta su intersección L con EB y por
L, y en el plano perpendicular que pasa por BB, tracemos la recta LM per-
pendicular a EB. Suponiendo que el punto M está en la superficie del cono
y trazando por L la PR paralela a AB, el cuadrado de N será al área
comprendida por DZ y DH como el de LM a la comprendida por
LA y LB 22.

20 Esta es la primera vez que Arquímedes emplea la palabra «elipse»:


I'nCL'\IJL~,en vez de sección del cono agudo.
21 En cuyo caso estaría resuelto el problema.
22 Puesto que, por hipótesis, la razón N2: (DZ .DH) es igual a la del cua-
drado del diámetro conjugado de la elipse sobre EB al de EB, es decir t como
el cuadrado del semidiámetro conjugado al cuadrado de la mitad de EB; Y como
esta última razón es igual a LM2: (LA. LB)t resulta:

DZ·DH LA·LB
116 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Ahora bien: el área de DZ y DH es a la de DA y DB como la de


LA y LB a la de LP y LR 23; luego el cuadrado de N es al área de DA y DE
como el de LM a la de LP y LR, Y por ser la razón del cuadrado de N al
área comprendida por DA y DB igual a la del de TK al área comprendida
por AK y BK porque en la misma elipse se han trazado perpendiculares
al eje AB, resulta que la razón del cuadrado de LM al área de LP y LR
es igual a la del cuadrado de TK al área de AK y BK, Y como la del
área de LP y LR al cuadrado de LG es la misma que la del área de
AK y BK al cuadrado de LK, se tiene que la razón del cuadrado de LM
al de LG es igual a la del de TK al de GK; luego los puntos G, T Y M
están en línea recta y por estar la recta GM en la superficie del cono,
también 10 está el punto T y como hemos supuesto que no estaba, queda
demostrado lo que queríamos.
10. Dada una elipse y una oblicua trazada por su centro en el plano
que pasa por uno de sus ejes perpendicularmente al plano de la elipse, se
puede encontrar un cilindro cuyo eje esté en la oblicua y cuya superficie
contenga a la elipse.
Sea AB un eje de la elipse; D su centro; DG la oblicua, y, suponiendo
la elipse en un plano perpendicular al
z M de las rectas AB y GD, tracemos desde
los puntos A y BIas AZ y BH para-
lelas a GD.
El otro eje de la elipse será igual,
mayor o menor que el intervalo que
H separa a AZ y BH (Fig. 67).
Suponiendo primeramente que es
igual a la perpendicular ZH a GD, des-
A o K 8 cribamos en el plano de estas rectas el
FIG. 67. círculo de diámetro ZH y sea este círcu-
lo la base de un cilindro cuyo eje es
DG. La elipse dada estará contenida en la superficie de este cilindro por-
23 En los triángulos semejantes ADZ y PLE Y DHB, LBR, se tiene, en
efecto:
DZ LE DH LB
----- -----
DA LP DB LR
de donde:
DZ·DH LE·LB LM2
DA·DB Lp·LR LP·LR
ARQUIMEDES. -SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 117

que si no estuviera habría algún punto T de la elipse fuera de la superficie


del cilindro.
Tracemos por T la recta TK perpendicular a AB, que lo será al plano
de las rectas AB y GD; desde el punto K la KL paralela a DG y desde
L, y en el plano del círculo de diámetro ZH, la LM perpendicular a ZH,
y supongamos que el punto M está en la semicircunferencia de diámetro
ZH. La razón del cuadrado de la perpendicular TK al área comprendida
por AK y BK será la misma que la del cuadrado de ZG al área compren-
dida por AD y DB porque ZH es igual al eje de la elipse; luego el área
de LZ y LH es igual al cuadrado de TK, y como el cuadrado de LM
es también igual a esa área, las perpendiculares TK y LM serán iguales
y, por tanto, LK y MT paralelas, así como las DG y MT; luego MT está
en la superficie del cilindro por haberse trazado paralelamente al eje
desde el punto M de su superficie en la cual está, por consiguiente, el
punto T y como se ha supuesto que no estaba, resulta lo que queríamos
demostrar, y el cilindro que contiene a la elipse será recto si el otro
eje es igual a la distancia entre las paralelas por los extremos de AB a la
oblicua trazada por el centro.
Supongamos ahora que el otro eje sea mayor que ZH e igual a PZ.
Traemos por esta recta un plano perpendicular al de las AB y DG, y,
describiendo en ese plano el círculo
de diámetro PZ que sea la base de M
un cilindro de eje DR, se demuestra
del mismo modo que la elipse está
contenida en la superficie del cilin-
dro (Fig. 68). P
Y supongamos, finalmente, que el
diámetro sea menor que ZH y que
el exceso del cuadrado de ZG sobre
el cuadrado de la mitad del otro
diámetro sea el cuadrado de GS. Tra- A
cemos desde S la recta SN igual a la
mitad del otro eje en el plano de las
rectas AB y DG e imaginemos el punto N sobre este plano. La recta NG
será igual a la GZ 24.

24 De la hipótesis GS2= GZ2 - SN2 se deduce, en efecto:


GZ2= GS2+SN2= GN2, GZ=GN.
118 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Describamos en el plano de las rectas ZH y GN el círculo de diámetro


ZH, el cual pasará por el punto N,y si este círculo es la base del cilindro
de eje DG, digo que la elipse estará contenida en la superficie del cilindro,.
porque si no lo estuviera habría algún pun-
N M to T de la elipse fuera de esa superficie
(Fig. 69).
Tracemos por T la recta TK perpen-
dicular a AB; desde K a KL paralela a
DG y desde L, y en el plano del semicírcu-
lo de diámetro ZH, la LM perpendicular
a ZH, y suponiendo que M está en esa
semicircunferencia, bajemos la MO perpen·
dicular a la prolongación de KL, la cual
será perpendicular al plano de las rectas
A o K B
AB y DG por ser KL perpendicular a ZH;
FIG. 69. luego el cuadrado de MO es al de ML
como el de SN al de NG 25; pero el de
ML es al área comprendida por AK y BK como el de GN al de AD
porque el de ML es igual al de GZ; luego el cuadrado de MO es al
área comprendida por AK y BK como el cuadrado de NS al de AD;
pero el de TK es al área de AK y BK como el de SN al de AD porque
SN es igual al otro semidiámetro; luego las. perpendiculares MO y
KO son iguales a KO y MT, Y por ser MT paralela al eje del cilindro
y estar M en su superficie, también está en ella el punto T, y como
habíamos supuesto que no estaba, resulta que la elipse está contenida
en la superficie del cilindro.
11. Nuestros predecesores han demostrado que los conos son entre
sí como los razones compuestas de sus bases y sus alturas 26; Y del mismo
modo se demuestra que los segmentos de cono son entre sí como la razón
compuesta de sus bases y sus alturas, que el tronco de cilindro es triple
del segmento de cono de igual base y altura y que el cilindro equivale
al triple del cono de la misma base y altura 27.

25Por ser semejantes los triángulos LMO y GNS.


26 Vid. supra, Sobre la esfera y el cilindro, 1, 17, lema a), y EUCLIDES: Ele-
mentos, XII, 11 y 14.
27 Vid. supra, Sobre la esfera y el cilindro, 1, carta nuncupatoria, y EUCLIDES:
Elementos, XII, 10.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES y ESFEROIDES 119

12. Las siguientes proposiciones son conocidas y sus demostracio-


ne. evidentes 28 :
a) Cortando un conoide parabólico por un plano que pase por el
eje o paralelo al eje, la sección es una parábola igual a la que engendró
el paraboloide y su eje será la intersección del plano secante y del per-
pendicular a él trazado por el eje. Si el plano secante es perpendicular al
eje, la sección es un círculo con el centro en este.
b) Cortando un conoide hiperbólico por un plano que pase por el
eje o paralelo al eje o por el vértice del cono que comprende al conoide,
la sección es una hipérbola: igual a la que engendró el conoide si el plano
pasa por el eje, semejante si es paralelo al eje y no semejante si el plano
secante pasa por el vértice del cono; el eje de la hipérbola será la inter-
sección del plano secante y el perpendicular a él que pasa por el vértice.
Si el plano secante es perpendicular al eje, la sección es un círculo con
el centro en el eje del conoide.
c) Cortando un esferoide por un plano que pase por el eje o paralelo
al eje, la sección es una elipse igual a la que engendró el esferoide si el
plano secante pasa por el eje; su eje será la intersección del plano secante'
y el perpendicular a él que pasa por el eje. Si el plano secante es perpen-
dicular al eje, la sección es un círculo con el centro en el eje del esfe·
roide.
d) Cortando estas figuras por un plano que pase por su eje, las per-
pendiculares trazadas al plano secante desde los puntos de las superficies
y no de las secciones caerán en el interior de la sección.
13. Cortando un conoide parabólico por un plano que no pase por
el eje y no sea paralelo ni perpendicular al eje, la sección es una elipse
cuyo eje mayor será la intersección del plano secante con otro perpen-
dicular a él y pase por el eje del conoide, y el eje menor será la distancia
entre las paralelas al eje trazadas por los extremos del eje mayor de la
elipse.
Sea ABG la seCClOn de un conoide parabólico por un plano en la
forma enunciada y AG la intersección del plano secante con el perpen-
dicular a él trazado por el eje BD del conoide. Hay que demostrar que
la sección del conoide por un plano que pase por AG es una elipse cuyo

28 qJavÉQaL. Fueron establecidas directamente por Commandino en su tra-


ducción latina de este libro, Venecia, 1558, y por Torellien su edición de las
Obras completas de Arquímedes, Oxford, 1792.
120 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

eje mayor es AG y el menor AL, siendo GL paralela a BD y AL perpen-


dicular a GL (Fig. 70).
Si desde un punto K de la sección trazamos a AG la perpendicular
KT, lo será al plano de la parábola ABG porque este plano también es
perpendicular al otro; por T la
M
perpendicular EZ al eje BD del
conoide que será, a su vez, per-
pendicular al plano de las rectas
EZ y KT, de modo que el conoi-
L de queda cortado por un plano
perpendicular a su eje y la sec-
K ción será, por tanto, un círculo
con el centro en el punto D; lue-
go el cuadrado de KT será equi-
valente al área comprendida por
TZ y TE porque KT es perpen-
dicular al diámetro AZ del círculo
de centro D, y, por tanto, esa rec-
ta KT es media proporcional 29.
Tracemos ahora las tangentes
MN y BQ a la parábola paralelas
a AG y EZ, respectivamente, y
FIG. 70. entonces el área comprendida por
AT y TG será a la comprendida
por ET y TZ como el cuadrado de NQ al de BQ, según es sabido;
pero MQ es igual a NQ por serlo BP a BM; luego el área de AT y
TG es al cuadrado de KT como el de MQ al de BQ y, por consi-
guiente, el cuadrado de la perpendicular KT es al área comprendida
por AT y TG como el cuadrado de BG al de MQ, y por ser semejantes
los triángulos ALG y MBQ 30, el cuadrado de la perpendicular KT es al
área comprendida por AT y TG como el cuadrado de AL al de AG, y
análogamente demostraríamos que los cuadrados de las otras perpendicu-
lares desde los puntos de la sección a AG son a las áreas comprendidas
por los segmentos de AG como el cuadrado de AL al de AG, y, por con-
siguiente, la sección es una elipse cuyo eje mayor es AG y el menor AL.
14. Cortando un conoide hiperbólico por un plano no perpendicular
29 Entre los dos segmentos TZ y TE del diámetro EZ.
30Basta elevar al cuadrado QB:QM=AL:AG.
ARQUIMEDES. -SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 121

al eje que encuentre a todos los lados del cono envolvente, la sección
es una elipse cuyo eje mayor será la intersección del plano secante con
el perpendicular a este trazado por el eje del conoide.
Cortemos un conoide por los dos planos indicados y sea ABG la
hipérbola de la sección del conoide; AG la intersección de los dos
planos; BD el eje del conoide y de la sección, y supongamos que esta
se haya hecho tornando un punto
cualquiera K desde el cual se ba-
jará KT perpendicular al plano de
la hipérbola ABG (Fig. 71).
Trazando por T la EZ perpen-
dicular a BD y por EZ y KT un
plano secante al conoide, este que-
dará cortado por un plano perpen-
dicular al eje y la sección será un
círculo por el centro en D y el
cuadrado de la perpendicular KT
equivaldrá al área comprendida por
G
ET y TZ.
FIG. 71.
Trazando las rectas MN y BQ
paralelas a AG y EZ respectivamen-
te y tangentes a la hipérbola en los puntos N y B, el área comprendida por
ET y HZ será a la comprendida por AT y TG como el cuadrado de
BQ al de QN; luego el cuadrado de TK es al área de AT y TG corno
el de BQ al de QN; Y del mismo modo se demostraría que los demás
cuadrados de las perpendiculares trazadas desde la sección a AG son
a las áreas comprendidas por los segmentos de AG determinados por
estas perpendiculares corno el cuadrado de BQ al de QN; pero la recta
BQ es menor que la QN porque MQ es menor que QN, siendo la MB
menor que la PB por una conocida propiedad de la hipérbola; luego
esta sección es una elipse.
Análogamente, si la recta GL es paralela a MB y la AL perpendicular
a la BD, el eje mayor será la recta AG y el menor la AL.
15. Cortando un esferoide alargado por un plano no perpendicular
al eje, la sección es una elipse cuyo eje mayor será la intersección del
plano secante con el perpendicular a este trazado por el eje del
esferoide.
Si el plano secante pasa por el eje del esferoide o es paralelo, la
122 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

propiedad es evidente 31; pero si no pasa cortemos el esferoide por otro


plano trazado por el eje perpendicularmente al plano secante y sea
ABGD la elipse de la sección; AG la de los dos planos; BD el eje
mayor del esferoide y de la elipse; X el centro; PR el eje menor y,
trazando la recta BQ perpendicular a BD y por los puntos N y X las
HN y ML paralelas a AG, demostraríamos como antes que los cuadra-
dos de las perpendiculares trazadas qesde los puntos de la sección
a AG son las áreas comprendi-
p
das por los segmentos de AG
como el cuadrado de BQ al de
NQ, y resulta, pues, que la sec-
~H:::-----+--"7"""::"-----:~-----; o
ción es una elipse y AG uno de
sus ejes (Fig. 72).
En efecto: el área comprendi-
da por PX y XR es a la compren-
R dida por MX y XL como el cua-
FIG. 72. drado de BQ al de NQ porque
las rectas PR y ML son paralelas
a las tangentes, y como el área comprendida por PX y XR es menor
que la comprendida por MX y XL porque PX es menor que XL, el
cuadrado de BQ es menor que el de NQ y, por tanto, los cuadrados de
las perpendiculares de los puntos de la sección a AG son menores que
las áreas comprendidas por los segmentos de AG y es, pues, evidente
que AG es el eje mayor.
La demostración es la misma si el esferoide es achatado y su diá-
metro menor es el interior al esferoide.
Corolario. De lo dicho se deduce que si se cortan todas estas fi-
guras por planos paralelos las secciones son semejantes, porque la razón
de los cuadrados de las perpendiculares a las áreas comprendidas por
los segmentos es siempre la misma.
16. Se tienen estas proposiciones:
a) De las paralelas al eje de un conoide parabólico trazadas desde
un punto cualquiera de su superficie, las que están en el lado en que
el conoide es convexo son exteriores al conoide y las que están en el
lado opuesto interiores, porque trazando un plano por el eje y por el
punto por el que se trazó una paralela al eje, la sección es una parábola
cuyo eje es el del conoide y las rectas paralelas al eje del lado en que
31 bijAOV.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 123

la parábola es convexa son exteriores y las trazadas en el lado opuesto


son interiores.
b) De las paralelas desde los puntos de la superficie de un conoide
hiperbólico a una recta trazada por el vértice del cono envolvente de
conoide hiperbólico, las que están en el lado en que el conoide es convexo
son exteriores al conoide y las que están en el lado opuesto interiores,
porque trazando un plano por la recta del conoide que pasa por el
vértice del cono envolvente y por el punto por el que se trazó una para-
lela a esta recta, la sección será una hipérbola y su eje la recta trazada
por el vértice del cono en el conoide, y las rectas paralelas a dicha recta
del lado en que la hipérbola es convexa son exteriores y las trazadas en
el lado opuesto interiores.
e) Si un plano toca a un conoide sin cortarlo, lo tocará en un solo
punto y el plano trazado por el de contacto y el eje será perpendicular
al plano tangente, porque si un plano toca al conoide en varios puntos
y trazamos por dos de ellos paralelas al eje, el plano de estas paralelas
pasará por el eje o será paralelo a él y cortará al conoide según una
sección cónica, que contendrá los dos puntos que, por estar en una
superficie, también estarán en un plano y la recta que los une será in-
terior a la sección cónica, y, por tanto, interior también a la superficie
del conoide; y como la misma recta está en el plano tangente porque
aquellos puntos también están en este plano, resulta que una parte del
plano tangente es interior al conoide, lo cual es imposible porque hemos
supuesto que no lo cortaba en ningún punto; luego este plano tocará
al conoide en un solo punto.
d) El plano trazado por el punto de contacto y el eje es perpendícu-
lar al plano tangente en el vértíce del conoide porque trazando por
el eje dos planos, las secciones del conoide serán secciones cónicas con
el mismo eje, pero las rectas, secciones del plano tangente y tangentes
en los extremos del eje son perpendiculares a este, y teniendo entonces
dos rectas en el plano tangente perpendiculares al eje, el plano tangente
será perpendicular al eje, y, por tanto, al plano trazado por el eje.
e) Si el plano no es tangente en el vértice del conoide, hagamos
pasar un plano por el punto de contacto y el eje y sea ABG la sección
cónica; BD el eje del conoide y de la sección; ETZ la sección del plano
tangente cuyo punto de contacto con la sección cónica es T, y tracemos
por este punto la TK perpendicular al eje BD y por BD el plano perpen-
dicular al eje. Este plano engendrará un círculo cuyo centro será el
124 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

punto K Y la intersección de este plano con el primero será una recta


tangente al círculo perpendicular a la TK, y, por tanto, al plano de TK
y BD; luego el plano tangente es perpendicular a este plano por serlo
las rectas contenidas en él (Fig. 73).
17. Se tienen estas proposiciones:
a) Si un plano toca a un esferoide alargado o achatado sin cortarlo,
lo tocará en un solo punto y el pla-
no que pase por el de contacto y por
el eje será perpendicular al plano
tangente 32.
b) Si un conoide o un esferoide
se corta por un plano que pase por
el eje y a la sección producida se le
traza una tangente y por esta un
plano perpendicular al plano secante,
este tocará al conoide o esferoide en
el mismo punto en que esta recta
toca a la sección cónica, porque sí
z
este plano tocara a la superficie de
FIG. 73. la figura en algún otro punto, la
perpendicular trazada por este punto
al plano secante caería fuera de la sección cónica porque caería sobre
la tangente por ser los planos perpendiculares entre sí, lo cual es im-
posible porque sabemos que cae dentro 33.
18. Si dos planos paralelos tocan a un esferoide la recta que une
los puntos de contacto pasará por el centro del esferoide.
Esta proposición es evidente si los planos son perpendiculares al
eje, y si no lo son el plano trazado por el eje y uno de los puntos de
contacto será perpendicular al plano tangente en ese punto y, por tanto,
al paralelo a este y pasará por el otro punto de contacto. Teniéndose
entonces dos puntos de contacto ,en un plano que pasa por el eje, ese
plano cortará al esferoide según una elipse y las secciones de los planos
tangentes a la elipse en los puntos de contacto serán paralelas; luego
estos puntos y el centro de la elipse están en línea recta.
19. Si dos planos paralelos tocan a un esferoide y se traza por el
centro un plano paralelo a los tangentes, las paralelas desde los puntos
32 La demostración es análoga a la de 16, e).
33 Vid. supra, 12, d).
ARQUIMEDES. -SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 125

de la seCClOn producida a la recta que une los puntos de contacto caen


fuera del esferoide.
Hágase lo que hemos dicho. Si la seCClOn producida es la elípse
ABGD y las de los planos tangentes las rectas EZ y HT; la recta que
une los puntos de contacto la BD, la cual pasará por el centro de la
elipse, y tomamos en esta recta un punto cualquiera A y es GA la
intersección del plano paralelo
con los tangentes, esta recta tam- E H
bién pasará por el centro de la G
elípse por pasar el plano en que
está situada, y como la sección
ABGD es un círculo o una elípse,
las rectas EZ y HT son tangentes
a esta sección por cuyo centro BJ-..------+---II-----1 O
se les ha traz.ado una paralela
AG, es evidente que las paralelas
a BD por los puntos A y G son
tangentes a la sección y caen fue-
ra del esferoide (Fig. 74). A L
Si el plano paralelo a los tan- z T
gentes es el KL trazado por un FIG. 74.
punto distinto deL centro, es cla-
ro que entre las rectas trazadas desde la sección, las que lo estén del
lado del segmento menor caerán fuera del esferoide y las trazadas hacia
el lado opuesto, dentro.
20. Todo plano trazado por el centro de un esferoide divide a este
y a su área en dos partes iguales 34.
21. Dado un segmento de conoide o de esferoide producido por un
plano perpendicular al eje, siendo el segundo menor que medio esferoide,
se puede inscribir en el segmento una figura sólida formada por cilin-
dros de igual altura y circunscribirle otra de modo que el exceso de la cir-
cunscrita sobre la inscrita sea menor que cualquier sólido dado.
Sea el segmento ABG y cortémoslo por un plano que pase por el
eje produciendo la sección cónica ABG, y sea la recta AG su intersec-
ción con el plano secante; BD el eje del segmento y diámetro de la

34 Para demostrar este teorema, Arquímedes considera otro esferoide igual


y semejante al dado, lo divide semejantemente por un plano trazado por el cen-
tro y aplica los fragmentos de este sobre aquel.
126 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TQMO 11

secCIOno Puesto que se supone que el plano secante es perpendicular al


eje, la sección será un círculo de diámetro CA y sea este círculo la base
de un cilindro de eje BD (Fig 75). La superficie de este cilindro caerá
fuera del segmento porque se trata de uno de conoide o de esferoide
menor que su mitad, de modo

v
B que cortando continuamente el

~
cilindro en dos partes por un pla-

I T P I\M no perpendicular al eje, el resto


llegará a ser menor que el sólido
dado. Si este resto· es el cilin-
jK O H

1\ dro cuya base es el círculo des-


N crito sobre AC como diámetro y
V S
L \ eje ED, dividamos la recta BD en
partes iguales a ED y tracemos
/ \ por los puntos de división P, 0,
E N Y S paralelas a AC limitándo-
las en la sección cónica; haga-
A o G mos pasar por ellas planos per-
FIG. 75. pendiculares a BD, los cuales pro-
ducirán secciones que serán círcu-
los con los centros en BD, y construyamos sobre cada uno de ellos dos
cilindros con el eje igual a ED de tal modo que uno esté al lado del ci-
lindro en donde se encuentra el punto D y el otro del lado en que está B,
con lo cual es evidente que se habrá inscrito en el segmento una cierta
figura sólida formada por los cilindros construidos del lado en que está
el punto D y circunscrito otra formada por los cilindros que esfán del
lado del punto B, y hay que demostrar que el exceso de la figura cir-
cunscrita sobre la inscrita es menor que el sólido dado.
En efecto: cada cilindro de la figura inscrita es igual al construido
sobre el mismo círculo del lado en que está el punto B, de modo que el
cilindro TH será igual al TI, el KL al KM y así sucesivamente, y, por
tanto, la suma de los primeros cilindros será igual a la de los segundos;
luego el exceso de la figura circunscrita sobre la inscrita es el cilindro
que tiene por base el círculo descrito alrededor de AC como diámetro
y por eje la recta ED, y este cilindro es menor que el sólido dado.
22. Dado un segmento de conoide o de esferoide producido por
un plano oblicuo al eje, siendo el segundo menor que medio esferoide,
se le puede inscribir una figura sólida formada por cilindros de igual
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 127

altura y circunscribirle otra de modo que el exceso de la circunscrita


sobre la inscrita sea menor que cualquier sólido dado.
Sea el segmento tal como hemos dicho; cortémoslo por otro plano
trazado por el eje perpendicularmente al que produce el segmento dado
y sea ABG la sección cónica y GA su intersección con el plano secante.
Puesto que se supone que este es oblicuo al eje, la sección será una
elipse de diámetro AG, y sea FV
la paralela a AG tangente a ABG F
en el punto B y haciendo pasar
por ella un plano paralelo al tra-
zado por AG, dicho plano toca-
rá al conoide en B.
Si el segmento de conoide es
parabólico, tracemos por B la pa-
ralela BD al eje; si es hiperbóli-
co unamos el vértice del cono que
lo contiene con el punto B, y
sea BD la prolongación de esta
recta de unión, y si el segmento
es de esferoide unamos su centro
con B y sea BD la parte de la
recta de unión comprendida en el
segmento.
Es evidente que la recta BD G
divide a la AG en dos partes igua- FIG. 76.
les, y, por tanto, el punto B es el
vértice del segmento y BD el eje, y tenemos una elipse descrita sobre
AG como diámetro y una oblicua BD trazada desde el centro en un
plano que pasa por uno de sus diámetros y es perpendicular al plano de la
elipse; luego se podrá encontrar un cilindro con el eje en la recta BD
y en cuya superficie esté la elipse descrita sobre AG como diámetro.
La superficie de este cilindro caerá fuera del segmento por ser este
de conoide o de esferoide menor que un semisferoide y, por consi-
guiente, se tendrá un cierto segmento de cilindro cuya base es la elipse
descrita sobre AG como diámetro y el eje la recta BD, de modo que si
se divide continuamente este segmento en dos partes iguales por planos
paralelos al trazado por AG, el resto llegará a ser menor que el sólido dado.
Dividamos BD en partes iguales a ED y tracemos por los puntos de
128 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

división paralelas a AG limitándolas en la elipse; hagamos pasar por


ellas planos paralelos al trazado por AG, los cuales cortarán a la super-
ficie del segmento según elipses semejantes a la descrita sobre AG como
diámetro por ser paralelos entre sí estos planos, y construyamos sobre
cada elipse dos segmentos de cilindro: uno del lado de la elipse en que
está el punto D y el otro del lado en que está el B, los cuales tendrán
por eje una recta igual a ED y, por tanto, tendremos ciertas figuras
sólidas formadas por segmentos de cilindro de la misma altura, una
de las cuales estará inscrita y la otra circunscrita, y para demostrar
que el exceso de esta sobre aquella es menor que el sólido dado, se
hará el mismo razonamiento que en la proposición anterior.
Establecidos estos preliminares, expongamos las propiedades de las
figuras.
23. El segmento de conoide parabólico producido por un plano
perpendicular al eje equivale a tres veces la mitad del cono de la misma
base y del mismo eje.
Cortemos el segmento por otro plano perpendicular al eje y sea
ABG la parábola sección; AG su intersección con el plano secante; BD
el eje del segmento y consideremos un cono de la misma base y eje
que este y vértice B. Hay que demostrar que el segmento de conoide
equivale al triple de la mitad de este cono.
Supongamos que el cono e sea equivalente a tres veces la mitad del
que tiene por base el círculo descrito sobre AG como diámetro y cuyo
eje es BD, y sea un cilindro de igual base y eje que este cono, de modo
que el e equivaldrá a la mitad del cilindro total por equivaler al
triple de la mitad del otro cono, y digo que el segmento del conoide
es equivalente al cono e, pues si no lo fuera, sería mayor o menor.
Si es mayor inscribamos en el segmento una figura sólida formada
por cilindros de la misma altura y circunscribámosle otra de manera
que el exceso de esta sobre aquella sea menor que el del segmento sobre
el cono e, y supongamos que el mayor de los cilindros que forman la
figura circunscrita sea el que tiene por base el círculo descrito sobre
AG como diámetro y por eje la recta BD y el menor el que tiene por
base el círculo descrito sobre UY como diámetro y eje BT y el mayor
de los cilindros que forman la figura inscrita sea el que tiene por base
el círculo descrito sobre KL como diámetro y eje ED y el menor el
que tiene por base el círculo descrito sobre UY como diámetro y eje
TI (Fig. 77).
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 129

Si se prolongan los planos de las bases de todos estos cilindros


hasta la superficie del que tiene por base el círculo descrito sobre AG
como diámetro y eje la recta BD, el cilindro total quedará descompuesto
en tantos cilindros como hay en la figura circunscrita, que serán iguales
al mayor de los circunscritos, y
como el exceso de la figura circuns-
crita sobre la inscrita es menor que
el del segmento sobre el cono e,
resulta que la figura inscrita es ma-
yor que e 35.
El primer cilindro del cilindro
total, cuyo eje es la recta DE, es
al primero de la figura inscrita
del mismo eje, como el cuadrado
de AD al de KE, o como BD_a
BE y como AD a SE; Y análoga-
mente se demuestra que el segun-
do cilindro del cilindro total, cuyo z
eje es EZ, es al segundo de la
figura inscrita como PE, es decir: E
AD a OZ, y que cada uno de los
otros cilindros del cilindro total o G

es a cada uno de los de la figura FIG. 77.


inscrita del mismo eje, como el
radio de la base a la parte de este comprendida entre las rectas AB y
BD; luego la suma de todos los cilindros del cilindro total cuya base
es el círculo descrito sobre AG como diámetro y eje BD es a la de los
de la figura inscrita como la suma de los radios de los círculos de las
bases de los cilindros de que acabamos de hablar a la de las rectas
limitadas por las AB y BD; pero si de las segundas rectas se restan
las AD, la suma de las primeras es mayor que el doble de la de las

35 Siendo, en efecto,
fig circ- fig insc < segm - C,
es
seg - fig ins < seg - C,
y, por tanto,
fig ins> C.
130 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

restantes 36; luego la suma de los cilindros del cilindro total, cuyo eje es
la recta BD,es mayor que el doble de la figura inscrita, y, por consiguien-
te, el cilindro total, de eje BD, es mayor que el doble de la figura ins-
crita; y corno este cilindro es doble del cono e, la figura inscrita es me-
nor que este cono, lo cual es. imposible porque se ha demostrado que
es mayor; luego el segmento de conoide no es mayor que el cono e 37.
24. El segmento de conoide parabólico producido por un plano
oblicuo al eje equivale a tres veces la mitad del cono de la misma
base y del mismo eje 38.
25. Si los dos segmentos de un conoide parabólico producidos por
dos planos: uno perpendicular y otro oblicuo al eje, tienen ejes iguales,
son equivalentes.
Obtenidos dos segmentos de conoide parabólico en la forma dicha,
cortemos el conoide por un plano
B
perpendicular al eje y sea ABG
la parábola sección de diámetro
BD; las rectas AZ y EG las inter-
secciones de los planos, siendo
una: la EG, perpendicular al eje,
y la otra AZ oblicua; BT y LK
los ejes de los segmentos, iguales
entre sí, y B Y L sus vértices. Hay
que demostrar que el segmento de
conoide cuyo vértice es el punto
B equivale al que tiene su vértice
en L.
Por tener en la misma parábo-
la los segmentos ALZ y EBG cuyos
X A diámetros LK y BT son iguales, se-
FIG. 78. rán equivalentes los triángulos ALK
y ETB por haberse demostrado que
lo son los ALZ y EBG. Tracemos la recta AX perpendicular a la prolonga-

36 Es decir, la suma de los radios de las bases de los cilindros incluidos en


el cilindro total.
37 Por un razonamiento análogo-que no traducimos por brevedad-se de-
muestra que el segmento de conoide no es menor que el cono C.
38 La demostración de este teorema se hace variando la anterior en la misma
forma que la del 22 respecto del 21.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 131
ción de la LK y entonces por ser iguales BT y KA también lo serán ET y
AX; inscribamos en los segmentos de vértices B y L un cono y un segmento
de conoide, respectivamente, de iguales bases y alturas que el segmento, y
tracemos desde el punto L a DZ la perpendicular LM que será la altura del
segmento de cono cuyo vértice es L, y por estar este segmento de cono con
el cono de vértice B en la razón compuesta de sus bases y sus alturas,
el segmento y el cono son entre sí como la razón compuesta del área
comprendida en la elipse de diámetro AZ y el círculo de diámetro EG, y
la de LM a BT; pero las áreas de la elipse y del círculo son como la
comprendida por los diámetros de la elipse y el cuadrado del diámetro
EG; luego el segmento de cono de vértice L es al cono de vértice B
como AK a ET y como LM a BT porque AK y ET son los semidiámetros
de las bases del segmento de vértice L y del cono, y AM Y BT las alturas
de los mismos; pero LM es a BT como LM a AK por ser iguales BT y
LK, Y LM es· a LK como AX a AK y, además, la razón del segmento
de cono al cono es la compuesta de AK y AX, porque AX es igual a
ET y la de AK a AX es la misma que la de LK a LM; luego el segmento
de cono es al cono como LK a LM y como LM a BT; Y por ser BT
igual a LK y el segmento de cono de vértice L equivalente al cono de
vértice B, los segmentos del conoide son equivalentes porque uno de
ellos es el triple de la mitad de un cono y el otro triple de la mitad de
un segmento de cono equivalente al mismo cono.
26. Los segmentos de conoide parabólico producidos por un plano
cualquiera son entre sí como los cuadrados de sus ejes.
Sean L y K dos rectas respectivamente iguales a los ejes de dos seg-
mentos de conoide parabólico obtenidos cortando el conoide por un
plano cualquiera. Hay que demostrar que los dos segmentos son entre
sí como los cuadrados de esas dos rectas.
Cortemos el conoide por un plano trazado por el eje del segmento
y sea la sección la parábola ABG de eje BD. Tomando BD igual a K y
trazando por el punto D un plano perpendicular al eje, el segmento de
conoide cuya base es el círculo descrito sobre AG como diámetro y
eje BD equivale a un segmento de eje igual a K. Si K es también
igual a L es claro que los segmentos serán equivalentes entre sí porque
cada uno de ellos lo será al mismo sólido, y como los cuadrados
de K y L son iguales, los segmentos tendrán la misma razón que los
- cuadrados de sus ejes; pero si L no es igual a K, y suponemos que lo
sea a BT, tracemos por el punto T un plano perpendicular al eje, y
132 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

entonces el segmento cuya base es el círculo de diámetro EZ y eje BT


equivale a un segmento de eje igual a L (Fig. 79).
Construyamos dos conos que tengan por base los círculos descritos
sobre AG y EZ como diámetros y
B por vértice el punto B. Los conos
de ejes BD y BT están en la razón
compuesta de la del cuadrado de AD
al de ET y de la de BD a BT; pero
el cuadrado de AD es al de ET como
BD a BT; luego los conos de ejes
BD y BT son entre sí como la razón
compuesta de BD a BT y de la de
BD a BT; pero esta razón es la
misma que la del cuadrado de BD
al de BT y los conos de ejes BD y
BT son entre sí como los segmentos
A o G de conoide de estos mismos ejes por
L ser equivalentes al triple de la mi-
tad de cada uno de e~.()~ conos; los
K segmentos de conoide /. -les K y L
>

equivalen a los de ejes BD y BT Y


FIG. 79.
las rectas K y L son iguales a BD
y BT respectivamente; luego los seg-
mentos del conoide de ejes K y L son entre sí como los cuadrados
de K y L.
27. El segmento de conoide hiperbólico producido por un plano
perpendicular al eje y el cono de igual base y eje son entre sí corno las
rectas compuestas del eje del segmento y el triple y el doble de la
añadida al eje.
Obtenido el segmento de conoide hiperbólico mediante un plano
perpendicular al eje, cortémosle por otro plano cualquiera trazado por
el eje, y sea ABG la hipérbola sección; AG su intersección con el
plano secante; BD el eje del segmento; BT la recta añadida al eje y
Z1 y 1R rectas iguales a BT. Hay que demostrar que el segmento es
al cono de igual base y eje como HD a ZD.
Consideremos un cilindro de la misma base y eje que el segmento y
cuyas generatrices sean FA y VG, y un cono V tal que sea al de la mis-
ma base y el mismo eje BD que el segmento como HD a DZ. Digo que
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 133

el segmento de conoide es equivalente al cono V, pues si no lo es, será


mayor o menor (Fig. 80).
Suponiendo que sea mayor, inscribamos en el segmento una figura
sólida formada por cilindros de igual altura y circunscribámosle otra de
modo que el exceso de esta sobre
aquella sea menor que el del seg-
mento de conoide sobre el cono V;
o
prolonguemos los planos de las
bases de los cilindros hasta la su-
perficie del que tiene por base el
círculo descrito sobre AG como
diámetro y por eje la recta BD, de z
manera que el cilindro total queda
s S S S S
descompuesto en tantos cilindros
como hay en la figura· circunscrita, T
cada uno de los cuales será equi.
valente al mayor de ellos. Puesto u F
que el exceso de la figura circuns-
crita sobre la inscrita es menor
que el del segmento sobre el cono
V y la figura circunscrita es ma-
yor que el segmento, es evidente E
que la inscrita es mayor que el G o
cono V.
FIG. 80.
Si BP es un tercio de BD, la rec-
ta HD será triple de TP, y puesto
que el cilindro cuya base es el círculo de diámetro AG y eje ED es al
cono de la misma base y del mismo eje como HD a TP y este cono
es al V como ZD a HD, resulta que dicho cilindro será al cono V como
ZD a TP.
Sean ahora las rectas indicadas con la letra S, tantas como segmen-
tos de la BD e iguales a ZB; apliquemos a cada una de ellas un área cuya
parte excedente sea un cuadrado y supongamos que la mayor y la menor
de estas áreas equivalgan a las comprendidas por ZD, DB y ZQ, QB,
respectivamente. Los lados de los cuadrados excederán unos a otros en
la misma magnitud por ser iguales a los segmentos de BD que exceden
igualmente unos de otros; sea el lado del mayor cuadrado el señalado
Con la letra M y el menor igual a BQ, Y consideremos otras áreas indica-
134 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

das por la letra O, en número igual a las primeras y equivalentes a la


mayor de esas primeras comprendida por ZD y DB, y entonces el cilin-
dro cuya base es el círculo de diámetro AG y eje BE es al que tiene
por base el círculo de diámetro KL y por eje DE como el cuadrado de
DA al de EK; pero esta última razón es la misma que la del área com-
prendida por ZD y DB a la comprendida por ZE y BE, que es una propie-
dad de la hipérbola, porque la recta doble de la añadida al ej~, es decir:
de la trazada desde el centro, es el eje transverso de la hipérbola, y como
el área SM equivale a la comprendida por ZD y ED y la SN a la com-
prendida por ZE y BE, porque la recta S es igual a ZB, la N a BE y la
M a BD, resulta que el cilindro cuya base es el círculo de diámetro AG
y eje DE es al que tiene por base el círculo de diámetro KL como el área
O a la SN; y análogamente se demuestra que cada cilindro del cilindro
total, de eje igual a DE, es al cilindro de la figura inscrita del mismo eje
como el área O a la que le corresponde de las aplicadas a S y cuyas
partes excedentes son cuadrados.
Se tienen, pues, diversas magnitudes: los cilindros del cilindro total,
cuyos ejes son iguales a DE, y las áreas O, tantas como las primeras,
las cuales magnitudes son proporcionales dos a dos por ser iguales entre
sí los cilindros y las áreas O.
Ahora bien: los cilindros, excepto el último, se han comparado con
otros de la figura inscrita, y las áreas O, excepto la última, con las co-
rrespondientes a las rectas S y cuyas partes excedentes son cuadrados;
luego la suma de los cilindros del cilindro total es a la de los de la fi-
gura inscrita como la suma de las áreas O es a la de todas a que se apli-
caron, excepto la mayor; pero se ha demostrado que la razón de la suma
de todas las áreas O a la de todas a que se han aplicado, excepto la últi-
ma, es mayor que la de la recta MS a una recta formada por la mitad
de S y el tercio de M; luego la razón del cilindro total a la figura ins-
crita es mayor que la de ZD a TP siendo esta última igual a la del ci-
lindro total al cono, según se ha demostrado y, por consiguiente la ra-
zón del cilindro total a la figura inscrita es mayor que la del cilindro al
cono V; luego este es mayor que la figura inscrita, lo cual es imposible
porque se ha demostrado que es menor, y, por tanto, el segmento de
conoide no es mayor que el cono V.
Tampoco es menor, porque si lo fuera inscribamos en el segmento
una figura sólida formada por cilindros de la misma altura y circunscri-
bámosle otra tal que su exceso sobre la inscrita sea menor que el del
cono sobre el segmento, y hagamos lo demás como antes.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 135

Puesto que la figura inscrita es menor que el segmento y el exceso


de la circunscrita sobre ella es menor que el del cono sobre el segmento,
es claro que la circunscrita es menor que el cono V.
El primer cilindro del cilindro total, de eje DE, es al primero de
la figura circunscrita, del mismo eje, como el área O a la SM por ser
iguales entre sí esos cilindros y esas superficies; además cada uno de los
otros cilindros del cilindro total, de ejes iguales a DE, es al cilindro del
mismo eje que le corresponde .en la figura inscrita como el área O a la
que le corresponde de las aplicadas a la recta S, y cuyas partes excedentes
son cuadrados, porque los cilindros circunscritos, excepto el mayor, son
equivalentes a los inscritos, excepto el mayor; luego el cilindro total es
a la figura inscrita como la suma de las áreas O a la de las aplicadas y
cuyas partes excedentes son cuadrados, y como se ha demostrado que la
razón de la suma de las áreas O a la de todas las demás áreas es menor
que la de SM a una recta formada por la mitad de S y el tercio de M,
resulta que lá razón del cilindro total a la figura circunscrita será menor
que la de ZD a TP; pero ZD es a TP como el cilindro total al cono V, y,
por consiguiente, la razón de este mismo cilindro a la figura inscrita es
menor que la del cilindro al cono V; luego la figura circunscrita es ma-
yor que V, lo cual es imposible porque se ha demostrado que es menor
y, por tanto, el segmento del conoide no es menor que el cono V y como
tampoco es mayor, queda demostrada la propiedad.
28. El segmento de conoide hiperbólico producido por un plano
oblicuo al eje y el cono de igual base y eje son entre sí como las rectas
compuestas del eje del segmento y el triple y el doble de la añadida
al eje 39.
29. Cortando un esferoide por un plano que pase por el centro y
perpendicular al eje, la mitad del esferoide es doble del cono de igual
base y altura que el segmento producido por la sección.
Sea ABGD la elipse sección del esferoide dado por un plano cualquie-
ra que pase por el centro T; el eje BD, siendo indiferente que sea el ma-
yor o el menor, y GA la intersección del plano secante y el segmento, la
cual pasará por el centro y será perpendicular al eje. Hay que demostrar
que el segmento mitad del esferoide que tiene por base el círculo de diá·
metro AG y por vértice el punto B es doble del cono de la misma base y
el mismo eje que este segmento (Fig. 81).

39 N o traducimos la demostración por ser análoga a la de la proposición ante-


rior, con variaciones semejantes a las de las 22 respecto de la 21.
136 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Si el cono V es doble del que tiene la misma base y el mismo eje TB


que el segmento, digo que la mitad del esferoide equivale al cono V por-
que si suponemos que es mayor, inscribamos en el segmento mitad del
esferoide una figura sólida compues-
B ta de cilindros de igual altura y
circunscribámosle otra de modo que
el exceso de esta sobre aquella sea

DO'
s S D
menor que la del semiesferoide so-
bre el cono V. Puesto que la figura
inscrita es mayor que el semiesfe-
roide, el exceso de este sobre la fi-
gura inscrita será menor que el que
tiene sobre V, y es evidente que la

~F
figura inscrita en el semiesferoide
es, mayor que el cono V.
Considerando ahora un cilindro
S S S S S
cuya base sea el círculo de diá-
FIG. 81. metro AG y eje BT, por ser este ci-
lindro triple del cono, de la misma
base y el mismo eje que el segmento y el cono V doble de este cono, el
cilindro será triple de la mitad del cono V.
Prolongando los planos de las bases de todos los cilindros de la fi-
figura inscrita hasta la superficie del cilindro de igual base y eje que el
segmento, el cilindro total quedará descompuesto en tantos cilindros como
hay en la figura circunscrita, los cuales serán iguales al mayor de estos,
y tomando las rectas señaladas con la letra 5, tantas como los segmentos
en que está dividida la recta BT e iguales a BT, constrUyamos sobre cada
una de ellas un cuadrado.
Separando del último cuadrado el gnomon de anchura BI, este gnomon
será equivalente al área comprendida por BI e ID 40; separando del cua-

40 Sea, en efecto, el gnomon definido por los rectángulos ah y he y el cua-


drado ge. Si el lado de del cuadrado abed es igual al semidiámetro TD del
elipsoide y la anchura al del gnomon al segmento rectilíneo BI de la figura de
Arquímedes, el área del rectángulo ae es
adxal=TDxBI, [1]
y por· ser
ee=de- de= TD- BI =IT,
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 137

drado siguiente el gnomon de anchura doble de BI, el cual gnomon será


equivalente al área comprendida por BX y XD y continuando este pro-
ceso de separación de cada cuadrado el gnomon de anchura mayor en
un segmento que la del gnomon que le preceda, cada gnomon equivaldrá
al área comprendida por dos segmentos de BD, siendo uno de ellos igual
al ancho del gnomon; y como el lado del cuadrado que queda del segun-
do cuadrado es igual a ET 41, el primero de los cilindros del cilindro to-
tal, de eje ET, es al primero de los cilindros de la figura inscrita, de eje
también ET, como el cuadrado de AT al de KE, y, por tanto, como el
área comprendida por BT y TD a la comprendida por BE y ED; luego el
primer cilindro es al segundo como el primer cuadrado al gnomon sepa-
rado del segundo cuadrado.
Análogamente, cada uno de los otros cilindros cuyo eje es una recta
igual a ET será al cilindro de la figura inscrita del mismo eje como el cua-
drado correspondiente es al gnomon separado del cuadrado siguiente.
Se tienen, pues, ciertas magnitudes: los cilindros del cilindro total y
los cuadrados de las rectas S, tantas como cilindros, las cuales magni-
tudes son proporcionales dos a dos, yesos cilindros, excepto el último,
se han comparado con los de la figura inscrita y los cuadrados, excepto
el último, con los gnomones separados de los cuadrados; luego la suma
de todos los cilindros del cilindro total es a la de todos los otros cilin-
dros como la de todos los cuadrados a la de todos los gnomones separa-
dos; luego el cilindro de la misma base y eje que el segmento es a la
figura inscrita como la suma de todos los cuadrados a la de todos los
gnomones separados.
Ahora bien: la suma de esos cuadrados es mayor que tres veces la
mitad de la suma de los gnomones separados porque se han tomado cier-
tas líneas SR, SM, SN, SR y SF que se exceden en la misma magnitud,

el área del rectángulo he es d

ee x eh=IT x BÍ, [2]


9 h

y sumando [1] y [2] se tiene:

gnomon=BI(TD+IT) =BI x ID.


o

41 El segundo es el primero F de la recta de la derecha de la figura, y el


primero es el R, que está aislado de los otros.
138 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

siendo la menor de ellas igual al exceso de unas sobre otras, y otras líneas
indicadas con las letras 5, tantas como las primeras e iguales a la mayor
de las últimas; luego la suma de los cuadrados construidos sobre las rectas
iguales a la mayor es menor que el triple de la suma de los cuadrados
construidos sobre las que se exceden en la misma magnitud, y si se separa
el cuadrado construido sobre la mayor, esta suma será mayor que el triple
de la de los cuadrados restantes, como se ha demostrado en lo que hemos
dicho sobre las espirales 42; pero puesto que la suma de todos estos cua-
drados es menor que el triple de la de los separados, es evidente que esta
suma es mayor que el triple de la mitad de las áreas restantes; luego esta
suma es mayor que el triple de la mitad de la de los gnomones, y, por tanto,
el cilindro de igual base y eje que el segmento es mayor que el triple
de la mitad de la figura inscrita, lo cual es imposible porque este cilin-
dro equivale al triple de la mitad del cono V y se ha demostrado que la
figura inscrita es mayor que V; luego el semiesferoide no es mayor que
el cono V.
Tampoco es menor porque si lo fuera, inscribamos en el semiesferoi-
de una figura sólida formada por cilindros de la misma altura y circuns-
cribámosle otra de manera que el exceso de esta sobre aquella sea menor
que el del cono V sobre la mitad del esferoide y hagamos lo demás como
antes, y puesto que la figura inscrita es menor que el segmento, la cir-
cunscrita será menor que el cono V.
El primero de los cilindros del cilindro total, de eje TE, es al prime-
ro de los de la figura circunscrita, de igual eje, como el primer cuadrado
a este mismo cuadrado. El segundo cilindro del cilindro total, de eje EP,
es al segundo de los de la figura circunscrita, de igual eje, como el se-
gundo cuadrado del gnomon separado de él; y análogamente cada cilin-
dro del cilindro total, de eje igual a TE, es al cilindro correspondiente de
la figura circunscrita del mismo eje, como el cuadrado correspondiente
al gnomon de que se ha separado; luego la suma de todos los cilindros
del cilindro total es a la de todos los de la figura circunscrita como la
de todos los cuadrados es a un área igual a la suma de los primeros
cuadrados y gnomones de que están separados; pero la suma de todos los
cuadrados es menor que el triple de la mitad de un área igual a la suma del
primer cuadrado y de los gnomones separados de los otros cuadrados,
porque esta suma es mayor que el triple de la de los cuadrados cons-
truidos sobre rectas desiguales, excepto el construido sobre la mayor;
42 Vid. infra, Sobre las espirales, prop. 10, corolario.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 139

luego el cilindro de igual base y eje que el segmento es menor que el


triple de la mitad de la figura circunscrita, lo cual es imposible porque
este cilindro es igual al. triple de la mitad del cono V y se ha demos-
trado que la figura circunscrita es menor que V; luego el esferoide no
es menor que el COhO V, y como tampoco es mayor, es igual.
30. Cortando un esferoide por un plano que pase por el centro y
sea oblicuo al eje, la mitad del esferoide es doble del cono de igual base
y eje que el segmento producido por la sección.
Obtenido el segmento por la sección de un plano oblicuo al eje del
esferoide y pasando por el centro, cortémosla por un plano que tam-
bién pase por el centro y sea perpendicular al plano anterior. Si la sec-
ción es la elipse ABGD, de centro T, y AG su intersección con el plano
secante, esta recta AG pasará por
T porque se ha supuesto que el K B
plano pasaba -por el centro, y se
tendrá una elipse descrita sobre
A G como diámetro porque, por
hipótesis, el plano secante es obli-
cuo al eje (Fig. 82).
Tracemos las rectas KL y MN
paralelas a AG y tangent'es a la
elipse en los puntos B y D Y haga-
mos pasar por ellas planos parale- M
los al trazado por AG. Estos pla-
nos tocarán al esferoide en los pun-
tos B y D; la recta que los une pasará por T; los vértices de los segmentos
serán esos puntos B y D Y los ejes las rectas BT y TD de manera que se
puede tener un cilindro, de eje BT, en cuya superficie esté la elipse de diá-
metro AG y un cono de vértice B en cuya superficie esté la misma elipse, y,
obtenidas estas figuras, se tendrá un segmento de cilindro y otro de cono
de la misma base y eje, que el del semiesferoide. Digo que este es doble
del cono.
Si el cono V es doble de este segmento de cono y el semiesferoide
no es igual a V, supongamos que es mayor e inscribámosle una figura
formada por segmentos de cilindro de igual altura y circunscribámosle
otra tal que el exceso de esta sobre aquella sea menor que el del semies-
feroide sobre el cono V, y se puede demostrar como antes, que la figura
inscrita es mayor que V, que el segmento de cilindro de igual base y eje
140 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

que este segmento equivale al triple de la mitad de V, y que este seg-


mento es mayor que el triple de la mitad de la figura inscrita en el semies-
feroide, lo cual es imposible, y, por tanto, el semiesferoide no es mayor
que el cono V.
Si fuera menor, inscribámosle una figura sólida ÍGrmada por segmen-
tos de cilindro de igual altura y circunscribámosle otra de tal modo que
el exceso de esta sobre. aquella sea menor que el del cono V sobre el se-
miesferoide; y demostraríamos como antes que la figura circunscrita es
menor que el cono V, que el segmento de cilindro de igual base y eje que
el del esferoide equivale al triple de la mitad del cono V y que este seg-
mento es menor que el triple de la mitad de la figura circunscrita, lo cual
es imposible; luego el semiesferoide no es menor que V, y como tampo-
co es mayor, es igual.
31. Cortando un esferoide por un plano perpendicular al eje y que
no pase por el centro, el segmento producido es al cono de igual base y
eje como una recta formada por la mitad del eje del esferoide y el del
segmento mayor es a este eje.
Sea ABG la elipse sección del segmento del esferoide producida al
cortarlo por un plano que pase por el eje, distinto del que produjo el
segmento; BZ su diámetro en el eje del esferoide; T su centro y AG
su intersección con el plano secante, que será perpendicular a BZ porque
lo es el plano secante por hipótesis. Si el segmento producido, de vérti-
ce B, es menor que el semiesferoide y ZH igual a BT, hay que demostrar
que el segmento de vértice B es al cono de igual base y eje como DH·
a DZ.
Consideremos un cilíndro de la misma base y el mismo eje que el
segmento menor y un cono V que sea el de la misma base y el mismo
eje como DH a DZ. Digo que el cono V es equivalente al segmento de
vértice B.
Si no lo es y lo suponemos mayor, inscribiendo en el segmento una
figura sólida compuesta de cilindros de igual altura y circunscribiéndole
otra tal que el exceso de esta sobre aquella sea menor que el del seg-
mento del esferoide sobre el cono V, es evidente que la figura inscrita
es mayor que V (Fig. 83).
Sea BP la tercera parte de BD. Puesto que BH es triple de BT y BD
triple de BP, será. DH triple de TP 43; luego el cilindro de igual base que
43 De las igualdades BH = 3BT y DB = 3BP resulta inmediatamente:
BH - BD=DH = 3 (BT - BP) = 3PT.
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 141

el segmento y eje BD es al cono de la misma base y el mismo eje como


DH a TP, y por ser este cono al V como DZ a DH, el cilindro de igual
base y eje que el segmento será al cono V como DZ a TP.
Considerando ahora las rectas NS, tantas como los segmentos de la
BD iguales a DZ, y las OS igua-
les a BD; serán las NO dobles de N O S B
DT 44 Y aplicando a las NS áreas
de anchura BD, construyendo cua-
drados en ellas y trazando sus dia-
gonales, separemos de la primera N~--IIr--r'--"'I
área un gnomon de anchura BD;
de la segunda uno de anchura BX
y sigamos separando de cada área
un gnomon de anchura menor en N
un segmento de BD que el gnomon
anterior. Es evidente, entonces, que
el área del gnomon separado de N~--I~_ _'"
la primera área será equivalente a
la comprendida por BE y EZ y el
resto un área aplicada a NO, cuya
parte excedente será un cuadrado
de lado igual a DE; el separado FIG. 83.
de la segunda equivaldrá al área
comprendida por XZ y XB y el resto un área aplicada a NO cuya parte
excedente será un cuadrado, y así sucesivamente.
Prolongando los planos de las bases de todos los cilindros de la fi-
gura inscrita en el segmento hasta la superficie del cilindro de igual base
y eje, el cilindro total quedará descompuesto en tantos cilindros como
hay en la figura circunscrita y serán iguales al mayor de estos últimos,
y entonces el primero de los del cilindro total, de eje DE, es al primero
de los de la figura inscrita, del mismo eje, como el cuadrado de DG al
de KE; pero esta razón es la misma que la del área comprendida por
BD y DZ a la comprendida por BE y EZ; luego el primer cilindro del ci-
lindro total es al primero de la figura inscrita como la primera área al pri-
mer gnomon separado; y análogamente, cada cilindro del cilindro total,

44 Por ser NS=DZ y OS=BD, es


NS-OS=NO=DZ-BD=2DT.
142 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMo 11

de eje igual a DE, será al cilindro correspondiente de la figura inscrita


del mismo eje como el área que le corresponde al gnomon separado.
Se tienen, pues, ciertas magnitudes: los cilindros. del cilindro total y
las áreas aplicadas a NS cuya anchura es una recta igual a BD, en número
igual al de cilindros y proporcionales dos a dos. Pero estos cilindros, ex-
cepto el último, se han comparado con otros de la figura inscrita, y las
áreas, excepto la última, con otras semejantemente dispuestas y de ra~
zones iguales, es decir: con los gnomones separados de las primeras áreas;
luego la suma de todos los primeros cilindros es a la de los otros como
la de todas las áreas al área de todos los gnomones, y, por consiguiente,
el cílindro de la misma base y el mismo eje que el segmento es a la fi-
gura inscrita como la suma de todas las áreas a la de todos los gnomones.
Pero se tienen las rectas iguales NO a cada una de las cuales se ha
aplicado un área cuya parte excedente es un cuadrado y los lados de es-
tos cuadrados sucesivos se superan en la misma magnitud, igual al lado
del cuadrado menor, y tenemos también otras áreas, tantas como las
primeras, aplicadas a NS, de ancho igual a BD e iguales a la mayor; luego
la razón de la suma de todas las áreas, iguales a la mayor, a la de todas
las otras, es menor que la razón de NS a una recta formada por la mitad
de NO y el tercío de OS, y, por tanto, la de la suma de estas áreas a la
de los gnomones es mayor que la de NS a una recta formada por la mi-
tad de NO y los dos tercios de OS; luego la razón del cilindro de la
misma base y el mismo eje que el segmento a la figura inscrita en el seg-
mento es mayor que la de NS a una recta formada por la mitad de NO y
los dos tercios de OS, y com:> la recta DZ es igual a NS, la DT a la mitad
de NO y la DP a los dos tercios de OS, resulta que la razón del cilindro
total a la figura inscrita en el segmento es mayor que la de DZ a TP;
pero se ha demostrado que el cilindro es al cono V como DZ a TP; luego
la razón del cilindro· a la figura inscrita es mayor que la de este mismo
cilindro al cono V, lo cual es imposible por haberse probado que la fi-
gura inscrita es mayor que V y, por consiguiente, el segmento del esfe-
roide no es mayor que el cono V.
Suponiendo ahora que es menor, inscribámos1e de nuevo una figura
sólida formada por cilindros de igual altura y circunscribámosle otra
de tal modo que el exceso de esta sobre aquella sea menor que el del
cono V sobre el segmento y hagamos lo demás como antes.
Por ser la figura inscrita menor que el segmento, y el exceso de la
circunscrita sobre la inscrita menor que el del cono sobre el segmento,
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 143

la circunscrita es menor que el cono V. El primer cilindro del cilindro


total, de eje DE, es al primero de la figura circunscrita del mismo eje,
como la última área aplicada a NS, de ancho BD, es a esta misma área,
porque los cilindros son iguales, así como las áreas; el segundo cilindro
del cilindro total, de eje igual a una recta igual a DE, es al cilindro
correspondiente de la figura circunscrita como la primera área aplicada
a NS, de anchura igual a BD, es al gnomon separado, y cada uno de los
otros cilindros del cilindro total, de eje igual a DE, es al correspondiente
de la figura circunscrita como el área que le corresponde de las aplicadas
a NS es al gnomon separado del que hemos llamado último; luego, por
la misma razón que anteriormente, la suma de todos los cilindros del
cilindro total es a la de los de la figura circunscrita como la de todas
las áreas aplicadas a NS es a un área compuesta de la última y de todos
los gnomones separados de las demás áreas.
Puesto qu~ se ha demostrado que la razón de la suma de todas las
áreas aplicadas a NS es a la de todas las aplicadas a NO, excepto la ma-
yor, y cuyas partes excedentes son cuadrados, es mayor que la de NS a
una recta formada por la mitad de NO y el tercio de OS, es evidente que
la razón de la suma de estas mismas áreas a la de las restantes, a saber:
la última área y los gnomones separados de las áreas restantes, es me-
nor que la de NS a una recta formada por la mitad de NO y los dos ter-
cios de OS; luego la razón del cilindro de la misma base y el mismo eje
que el segmento a la figura circunscrita es menor que la de ZD a TP, y
como la de ese cilindro al cono V es la misma que la de ZD a TP, la
del cilindro a la figura circunscrita es menor que la del mismo cilindro
al cono V, lo cual es imposible porque se ha demostrado que la figura
circunscrita es menor que V; luego el segmento del esferoide no es me-
nor que este cono V, y como tampoco es mayor, es igual.
32. Cortando un esferoide por un plano oblicuo al eje y que no pase
por el centro, la razón del segmento menor producido al cono de la mis-
ma base y el mismo eje es igual a la de una recta formada por la mitad
de la que une los vértices de los dos segmentos 45 añadida al eje de seg-
mento mayor y este eje.
Cortando un esferoide como se dice en el enunciado de la proposi-
ción, cortémosle después por un plano perpendicular al primero que pase
por el eje; sea ABGZ la elipse sección; AG su intersección con el plano
45 Es decir, el semidiámetro conjugado a la dirección de la base de los dos
segmentos.
144 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TQMO II

secante y tracemos a esta las paralelas PQ y RS tangentes a la elipse en


los puntos B y Z y hagamos pasar por ellas planos paralelos al trazado
p Q
por AG, los cuales tocarán al esfe-
roide en los mismos puntos B y Z

R
/----/-----1 G

s
LIJ cuya recta de unión pasará por el
centro T del esferoide y de la elipse
y prolonguémosla tomando ZH igual
a TZ (Fig. 84).
Puesto que se ha cortado el es-
feroide por un plano oblicuo al eje,
la sección será una elipse de diáme-
tro AG y consideremos un cilindro
FIG. 84. de eje BD y un cono de vértice B,
cuyas superficies contengan la elipse
de diámetro AG, de modo que tendremos un segmento de cilindro y otro
de cono con la misma base y el mismo eje, ambos, que el del esferoide, y
hay que demostrar que el segmento de esferoide de vértice B es al de cono
de la misma base y la misma altura como DH a DZ.
Consideremos un cono V qu~ sea el segmento de cono de igual base
y eje que el del esferoide como DH a DZ. Si el segmento de esferoide no
es equivalente a V, supongamos primeramente que sea mayor e ins-
cribámosle una figura sólida formada por segmentos de cilindro de igual
altura y circunscribámosle otra de modo que el exceso de esta sobre
aquella sea menor que el del segmento del esferoide sobre el cono V y
se demostrará como antes que la figura inscrita es mayor que V y que
la razón del segmento de cilindro de igual base y eje que el de la figura
inscrita es mayor que la de este segmento de cilindro al cono V, y, por
tanto, el segmento de esferoide no es mayor que V.
Suponiendo ahora que sea menor, inscribámosle de nuevo una figura
sólida formada por segmentos de cilindro de igual altura y circunscri-
bámosle otra tal que su exceso sobre la inscrita sea menor que el del
cono V sobre el esferoide y demostraríamos como antes que la figura
circunscrita es menor que V y que la razón del segmento de cilindro de
igual base y eje que el del esferoide a la figura circunscrita es menor que
la del segmento de cilindro al cono V, lo cual es imposible; luego el seg-
mento de esferoide no es menor que V y como tampoco es mayor, es
igual.
33. Cortando un esferoide por un plano perpendicular al eje y que
ARQUIMEDES.-SOBRE CONOIDES Y ESFEROIDES 145

no pase por el centro, la razón del segmento mayor producido al cono de


la misma base y el mismo eje, es igual a la de una recta formada por la
mitad del eje del esferoide y el del segmento menor al eje de este.
Cortando un esferoide como se dice en el enunciado de la proposi-
ción, cortémosle después por un plano perpendicular al primero que
pase por el eje; sea ABG la elipse de la sección de diámetro BD, que es
el eje del esferoide; AG su intersección con el plano secante, la cual será
perpendicular a BD; segmento mayor del esferoide el de vértice B y T
su centro, y tomemos DH y BZ
iguales a DT. Hay que demostrar K
que el segmento de esferoide de
vértice B es al cono de la misma base
y el mismo eje como EH a ED (fi-
gura 85).
Si cortamos el esferoide por un
plano perpendicular al eje y que pase H o B z
por el centro, y consideramos el
cono cuya base sea el círculo produ-
cido por esta sección y el vértice en
el punto D, el esferoide total será
doble del segmento cuya base es el L
círculo de diámetro KL y vértice D, FIG. 85.

el cual es, a su vez, doble del cono


de la misma base y el mismo eje que el segmento, según hemos de-
mostrado 46; luego el esferoide total es cuádruple del cono; pero
este y el que tiene por base el círculo de diámetro AG y por vérti-
ce el punto D están en la razón compuesta de la de TD a ED y
de la del cuadrado de KT al de EA, y haciendo que la razón de
TD a ED sea la misma que la de SD a TD, el área comprendida por
SD y BT es a la comprendida por BT y TD como DT a DE; pero la ra-
zón compuesta de la del área comprendida por SD y TB a la compren-
dida por BT y TD y la de la comprendida por BT y TD a la comprendida
por BE y EA son las mismas que la razón del área comprendida por SD
y BT a la comprendida por BE y ED; luego el cono cuya base es el círcu-
lo de diámetro KL y vértice D es al que tiene por base el círculo de diá-
metro AG y el mismo vértice D, como el área de SD y BT a la de BE y
ED; pero el cono cuya base es el círculo de diámetro AG y vértice D es
46 Vid. supra, prop. 29.
146 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

al segmento de esferoide de la misma base y el mismo eje como el área


comprendida por BE y ED a la comprendida por ZE y ED, es decir: como
BE a EZ porque se ha demostrado que un segmento menor que el semi-
esferoide es al cono de igual base y eje que el segmento como una recta
formada por la mitad del eje del esferoide y el del segmento mayor es
a este eje, o sea: como ZE a BE, y, por tanto, el cono que está en el
semiesferoide es al segmento menor que este como el área comprendida
por SD y BT a la comprendida por ZE y DE; pero el esferoide total es
al cono situado en el semiesferoide como el área comprendida por zÍi y
SD a la comprendida por BT y SD porque el esferoide total y la primera
área son cuádruples del cono y de la segunda área y el cono que está en
el semiesferoide es al segmento menor que este como el área de SD y
BT a la "de ZE y ED, y, además, el esferoide total es al segmento menor
como el área de ZH y SD a la de ZE y ED; luego el segmento mayor del
esferoide es al menor como el exceso del área de ZH y SD sobre la de
ZE y ED es a la de ZE y ED; pero este exceso es igual al área de SD
y EH juntamente con la de ZE y SE; luego el segmento mayor del esfe-
roide es al menos como el área de SD y EH juntamente con la de ZE y
SD es al área de ZE y ED.
Pero el segmento menor del esferoide es al cono de igual base y eje
como el área comprendida por ZE y ED a la comprendida por BE y ED
porque la primera razón es la misma que la de ZE a BE y el cono que
está en el segmento menor es al que está en el mayor como el área
comprendida por BE y ED al cuadrado de BE porque esos conos son en-
tre sí como sus alturas por tener la misma base, y, por consiguiente,
el segmento mayor del esferoide es al cono situado en él como el área de
SD y EH juntamente con la de ZE y SE es al cuadrado de BE y como esta
razón es la misma que la de EH a ED porque el área comprendida por
SD y EH es a la comprendida por SD y ED como EH a ED y la compren-
dida por ZE y SE es a la comprendida por ZE y TE como EH a ED
porque SE es a TE como EH a ED siendo sucesivamente proporcionales
las rectas SD, TD y DE y TD igual a DH, resulta que el área de SD y EH
juntamente con la de ZE y SE es a la de SD y ED juntamente con la de
ZE y TE como EH a ED.
Pero el cuadrado de BE equivale al área de SD y ED juntamente con
la de ZE y TE y su exceso sobre el cuadrado de BT equivale al área de
ZE y TE, siendo las rectas BT y BZ iguales entre sí; luego el segmento
del esferoide es al cono de igual base y eje como EH a ED.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 147

34. Cortando un esferoide por un plano oblicuo al eje y que no pase


por el centro, la razón del segmento mayor producido al cono de la misma
base y el mismo eje, es igual a la de una recta formada por la mitad de la
que une los vértices de los dos segmentos añadida al eje del segmento
menor a este eje 47.

SOBRE LAS ESPIRALES 1

Arquímedes a Dositeo: ¡salud!


Me pides insistentemente las demostraciones de los teoremas que ha-
bía enviado a Conon, muchas de las cuales tienes en los libros que te
entregó Heráclides 2. Te incluyo otras en este y no te extrañe que me
haya retrasado tanto en publicarlas, pues quería que las examinasen per-
sonas versadas en Mafemática; porque ¿cuántas cuestiones geométricas
hay que, a primera vista, parecen difíciles y luego se ve que son eviden-
tes? Conon murió sin haber tenido tiempo de encontrar las demostra-
ciones, dejando estos teoremas en la oscuridad que, si hubiera vivido,
los habría explicado y hecho progresar la Geometría, pues que sabemos
su gran capacidad y admirable ingenio matemático. Ya han transcurrido
47 La demostración es análoga a la 32. Las doce últimas proposiciones son
otras tantas pruebas fehacientes de la insuperable habilidad técnica y extraor-
dinario ingenio de Arquímedes, pues que hoy las establecemos con los recursos
del Cálculo infinitesimal de tal modo que, al emplear el concepto de integral en
cuanto límite de una suma, se presentan como sumas las de los términos en
progresión aritmética o de los cuadrados « que exceden unos de otros en la
misma magnitud», como dice el gran siracusano, que son, precisamente, los
que utiliza él para demostrar las propiedades de los conoides y esferoides.
1 Este es, acaso, el libro de Arquímedes cuyo estudio presenta mayores di-
ficultades, hasta el punto de que muchos matemáticos de los siglos XVII y XVIII
lo consideraron incomprensible y no faltó quien, por no entender algunas de
sus proposiciones, las declaró erróneas; pero hoy nuestros actuales conoci-
mientos de Geometría analítica y de Cálculo infinitesimal, al comprobar que
son verdaderas, han demostrado una vez más los excepcionales méritos de Ar-
químedes, cuya cota intelectual es la más alta de toda la antigüedad clásica.
Las demostraciones de este escrito, cuya extensión contrasta con la brevedad
del texto; las muchas relaciones intermedias que supone conocidas, y el apre-
tado lenguaje geométrico de proposiciones analíticas justifican la resistencia
qUe durante mucho tiempo se opuso a la lectura, que aún hoyes fatigosa.
2 Geómetra del siglo III a. de J.C., cuyas obras, entre ellas una biografía
de Arquímedes, se han perdido.
148 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

varios años desde su muerte y, sin embargo, no sé de nadie que haya


resuelto algunos de estos problemas que voy a exponerte sucesivamente,
dos de los cuales son defectuosos 3, de modo que quienes se vanaglorian
de haberlos resuelto, pero no los demuestran, quedan refutados por el
hecho de confesar haber descubierto algo que es imposible.
Voy ahora a decirte cuáles son estos problemas, de cuáles son las
demostraciones que ya te he enviado y cuáles las que están en este libro:
1. Encontrar un área plana equivalente a una esfera dada, problema
resuelto en mi escrito sobre la esfera; pues habiendo demostrado 4 que
el área de esta es cuádruple de la de uno de sus círculos máximos, es
fácil encontrar una superficie plana de igual área que una esfera;
2. Encontrar una esfera equivalente a un cono o a un cilindro dado;
3. Cortar una esfera por un plano de manera que los segmentos ob-
tenidos tengan una razón dada;
4. Cortar una esfera por un plano de manera que las áreas de los
segmentos obtenidos estén en una razón dada;
5. Dado un segmento esférico, hacerlo semejante a otro dado 5;
6. Dados dos segmentos esféricos de la misma o de distintas esfe-
ras, encontrar un segmento semejante a uno de ellos y equivalente al
otroJ'
7. Separar un segmento de una esfera dada de modo que el segmen~
to y el cono de la misma base y de la misma altura que él estén en una
razón dada, la cual no puede ser mayor que la de 3 a 2.
Heráclides te ha dado las soluciones de estos problemas; y los de-
fectuosos de que antes te hablé son:
1. Si se corta una esfera por un plano en dos segmentos desiguales,
la razón del segmento mayor al menor es la duplicada de la del área
mayor a la menor, lo cual es falso en virtud de lo que ya te he enviado 6 ;

3 'tÉAO~ ~É Jt0680Óf.1 8VCL , según la lección de Heiberg; pero como el ms. XXVIII
de la Laurenciana dice 'tÉAO'Us ~É JtO'tL~8Óf.18VCL, los dos teoremas aludidos-que,
en realidad, como se verá después, son tres-Arquímedes debió de conside-
rarlos simplemente defectuosos.
4 Vid. supra, Sobre la esfera y el cilindro, 1, 35.
5 't0 ~068V 'tf.1clf.1CL OcpCL(QCL~'t0 ~06ÉV'tL 'tf.1áf.1CL'tL OCPCL(QCL~ 0110LWOCLL, problema
resuelto en Sobre la esfera y el cilindro, n, 6, donde está enunciado así: «Cons-
truir un segmento esférico semejante a uno dado y equivalente a otro tam-
bién dado.»
6 Vid. supra, Sobre la esfera y el cilindro, lI, 9.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 149

2. El otro problema defectuoso es: Si se corta una esfera en dos


segmentos desiguales por medio de un plano perpendicular a un diáme-
tro, la razón del segmento esférico mayor al menor es igual a la del
segmento mayor del diámetro al menor, lo cual también es falso porque
esa razón es menor que la duplicada y mayor que la sesquiáltera 7.
3. A estas dos proposiciones hay que agregar la siguiente, también
falsa: Dividiendo el diámetro de una esfera en dos partes tales que el
cuadrado construido sobre la mayor sea triple del construido sobre la
menor y trazando por el punto de división un plano perpendicular al
diámetro, el segmento esférico mayor obtenido será el mayor de todos
los segmentos esféricos de igual área, lo cual es falso en virtud de los
teoremas que ya te envié, pues he demostrado que el hemisferio es el
mayor de los segmentos de la misma área 8.
He aquí ahora las proposiciones relativas al cono 9 :
1. Si permaneciendo fijo el diámetro de una parábola, esta gira de
modo que el diámetro sea el eje, la figura descrita se llama conoide;
2. Si un plano toca a un conoide y otro paralelo al tangente sepa-
ra un segmento del conoide, el plano secante se llama base del segmen-
to obtenido y el punto en que el primer plano toca al conoide, vértice;
3. Si la figura de que acabamos de hablar se corta por un plano
perpendicular al eje, es evidente que la sección será un círculo, y hay
que demostrar que el segmento producido por esta sección equivale a
tres mitades del cono de la misma base y altura que el segmento;
4. Si se tienen dos segmentos de conoide producidos por planos tra-
zados de un modo cualquiera, es evidente que las secciones son elipses
siempre que los planos secantes no sean perpendiculares al eje, y hay
que demostrar que los dos segmentos son entre sí como los cuadrados de
las rectas trazadas desde sus vértices a un plano que corte paralelamente
al eje.
De momento no te envío las demostraciones de estas proposiciones.
Por último, los problemas que siguen, relativos a las espirales, no
tienen nada común con los anteriores y sus demostraciones las he es-
crito para ti en este libro:
1. Si permaneciendo fijo u:p.o de los extremos de una recta, esta gira
en un plano con velocidad uniforme hasta volver a la posición inicial,
7 Ibídem, íd.
8 Loe. cit., n, 10.
9 ¿Conoide?
150 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

y un punto, también con velocidad uniforme, recorre al mismo tiempo


la recta que gira a partir del extremo fijo, este punto describirá en el
plano una espiral 10, y digo que el área comprendida por la espiral y la
recta cuando volvió a la posición de partida es la tercera parte de la
de un círculo cuyo centro sea el punto fijo y el radio la parte de recta
recorrida por el punto móvil durante una sola revolución 11 de la recta;
2. Si una recta toca a una espiral en su último extremo engendrado
y desde el extremo fijo de la recta que ha girado hasta volver a la posi-
ción de partida se traza una perpendicular que corte a la tangente, digo
que la perpendicular es igual a la circunferencia del círculo;
3. Si la recta y el punto móviles continúan reiteradamente sus re-
voluciones volviendo siempre a sus posiciones iniciales, digo que el área
comprendida por la espiral de la tercera revolución es doble de la com-
prendida por la segunda; la comprendida por la cuarta, triple; la com-
prendida por la quinta, cuádruple, y, finalmente, las áreas compren-
didas por las espirales de las siguientes revoluciones son iguales a la com-
prendida por la segunda multiplicada por los números que siguen a los
dichos, y la comprendida por la espiral de la primera revolución es la
sexta parte de la comprendida por la segunda;
4. Si se toman dos puntos ·en la espiral descrita durante una sola
revolución, se trazan desde ellos rectas al extremo fijo de la que ha gi-
rado, se describen dos círculos de radios iguales a estas rectas y centro
en el extremo fijo, y se prolonga la menor de dichas rectas, digo que la
razón del área comprendida tanto por la parte de la circunferencia del
círculo mayor, que está en la misma espiral entre las dos rectas, como
por la espiral y la prolongación de la recta menor, al área comprendida
tanto por la parte de la circunferencia del círculo menor como por la
misma espiral y por la recta que une sus extremos, es igual a la razón del
radio del círculo menor juntamente con los dos tercios del exceso del
radio del círculo mayor sobre el menor, al radio del círculo menor jun-
tamente con el tercio del mismo exceso.
En este libro he descrito las demostraciones de lo que acabo de decir
y de otras propiedades de las espirales haciéndolas proceder, como en
otras obras geométricas, de lo necesario para ello; y entre los principios
que he empleado anteriormente, figura el siguiente: Dadas varias líneas

10 EA.L;.
11 Espira.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 151

y superficies desiguales, si el exceso de la mayor sobre la menor se suma


consigo mismo un cierto número de veces, se puede superar cualquier
magnitud de las comparables entre sí 12.

1
PROPOSICIONES

1. Si un punto recorre una línea con velocidad uniforme y se toman


en ella dos líneas, la razón de estas es igual a la de los tiempos emplea-
dos por el punto en recorrerlas.
Si el punto se mueve en la línea AB con velocidad uniforme y to-
mamos en AB las líneas GD y DE que el punto recorre en los tiempos
ZH y HT, respectivamente, hay
G D B
que demostrar- que GD es a DE A

como ZH a HT (Fig. 86). z H K

Supongamos las líneas AD y


DB compuestas por las GD y DB FIG. 86.
de cualquier modo que AD supere
a DB y que el tiempo ZH esté contenido en el LH tantas veces como la
línea GD lo está en BD y el TH en el KH como DE en DB.
Puesto que se supone que un punto se mueve con velocidad unifor-
me en la línea AB, es evidente que el tiempo empleado por ese punto en
recorrer GD será igual al que emplee en recorrer cada una de las líneas
iguales a GD; luego dicho punto recorrerá la línea compuesta AD en
un tiempo igual a LH porque se ha supuesto que GD está contenida en
AD tantas veces como el tiempo ZH en el LH, y por la misma razón el
punto recorrerá la línea AD en un tiempo igual a KH; Y como la línea
AD - es mayor que la BD, el tiempo AH será mayor que el l.<'H.
Si los tiempos están compuestos por ZH y HT de cualquier modo
que el uno supere al otro, se demostrará análogamente que entre las
líneas compuestas de la misma manera que las GD y DE, una superará
a la otra y será la homóloga del tiempo mayor; luego la línea GD es a la
DE como el tiempo ZH al HT 13.
2. Si dos puntos recorren dos líneas con velocidad uniforme y en
12 Es el llamado «axioma o postulado de Arquímedes», establecido como
ya sabemos.
13 Obsérvese que esta demostración se apoya en EUCLIDES: Elementos, V, 6.
152 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO

cada una de ellas se toma otra que es recorrida por el. punto correspon-
diente en tiempos iguales, estas líneas serán proporcionales.
Si un punto recorre con velocidad uniforme la línea AB y otro la
GD, tomemos en la AB las GD y DE Y en la KL las ZH y HT; suponga-
mos que el punto que se mueve en AB recorre la línea GD en un tiempo
igual al que el otro punto que se mueve en KL recorre la ZH y que,
análogamente, el primer punto recorre la línea DE en el mismo tiempo
que el otro la HT. Hay que de-
A...- G- >__----<B mostrar que GD es a DE como ZH
~ Z a HT (Fig. 87).
M
I Si MN y NS son los tiempos
FIG. 87. que tarda el primer punto en re-
correr las líneas GD y DE duran-
te los cuales el otro punto recorrerá las ZH y HT, la línea GD será a la
DE como el tiempo MN al NS, y la ZH a la HT como MN a NS; luego
GD es a DE como ZH a HT.
3. Dados varios círculos cualesquiera, se puede encontrar una recta
mayor que la suma de sus circunferencias, porque circunscribiendo un po-
lígono a cada círculo, es evidente que la recta formada por todos los con-
tornos es mayor que la suma de las circunferencias de los círculos.
4. Dadas dos líneas desiguales, como una recta y una circunferen-
cia de círculo, se puede construir una recta menor que la mayor de las
dos líneas y mayor que la menor, porque si la recta se divide en tantas
partes iguales al exceso de la mayor sobre la menor que hay que agregar
a si mismo para superar a la menor, una parte de esta será menor que
dicho exceso; y si la circunferencia es mayor que la recta y se añade a
esta una de sus partes, es claro que esta segunda recta será mayor aún
que la menor de las líneas dadas y menor que la mayor por ser la parte
añadida men~r que el exceso.
5. Dada una circunferencia de círculo y una tangentes a ella, se pue-
de trazar una recta desde el centro a la tangente de tal modo que la
razón de la recta comprendida entre la tangente y la circunferencia al
radio sea menor que la del arco comprendido entre el punto de contacto
y la recta a un arco cualquiera dado.
Sea ABG la circunferencia dada de centro K y DZ la tangente en el
punto B. Considerando un arco cualquiera, se puede encontrar una rec-
ta mayor que él. Si E es esta recta, tracemos por el centro K la AH pa-
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 153

ralela a DZ; supongamos que la recta HT, dirigida hacia 14 el punto B,


sea igual a la E y prolonguemos .la trazada desde K a T (Fig. 88).
La razón de TZ a TK será la
misma que la de TB a TH; luego o B z
la de ZT a TK será menor que la
del arco BT al arco dado porque
la recta BT es menor que el arco
BT mientras que la TH es mayor
A~----..e..-_----t------>o,
que el arco dado; luego la razón
de la recta ZT al radio será menor
que la del arco BT al dado. E
6. Dado un círculo y en él una
recta menor que el d{ámetro 15, se
puede trazar desde el centro a la FIG. 88.
circunferencia del círculo una recta
que corte a la' dada de modo que tengan una razón dada la parte com-
prendida entre la dada y la circunferencia y la recta trazada desde el ex-
tremo del radio que está en la circunferencia a uno de los extremos de la
recta dada en el círculo, siempre que la razón dada sea menor que la
de la mitad de la recta dada en el círculo a la perpendicular a ella desde
el centro.
Sea ABG el círculo dado; K su centro; AG una recta menor que
el diámetro y la razón de las rec-
tas Z a H menor que la de GT
a TK, siendo TK perpendicular a
AG (Fig. 89).
Trazando por K la recta KN
N
paralela a la AG y por G la GL
z
perpendicular a KG, los triángu-
H los GTK y GKL serán semejantes,
y, por tanto, GT es a TK como
FIG. 89. KG a GL; luego la razón de Z
a H será menor que la de KG
a GL. Si la razón de KG a una recta BN mayor que GL es igual a
la de Z a H y colocamos la recta BN en ire KN y la circunferencia de
manera que pase por el punto G, esta recta caerá más allá de GL porque
14 VE'Úouauv E~í..
15 Una cuerda.
154 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

es mayor que GL, y por ser BK a BN como Z a H, también será EB a BG


como Z a H.
7. Con los mismos datos y prolongando la recta dada en el círculo,
se puede trazar desde el centro de
este a aquella prolongación a una
recta de modo que tengan una ra-
zón dada la parte comprendida entre
BI----~---_+_~----~
dicha prolongación y la circunferen-
cia y la recta trazada desde el extre-
z mo del radio prolongado al de la rec-
ta prolongada, siempre que la razón
dada sea mayor que la de la mitad de
FIG. 90. la recta dada en el círculo a la per-
pendicular a ella desde el centro.
Hagamos la construcción y sea Z a H la razón dada mayor que la
de GT a TK, la cual será mayor aún que la de KG a GD, y supongamos
que la razón de KG a una recta IN, me-
nor que GL, sea la misma que la de Z a H
y que la recta IN esté dirigida hacia el
punto G, la cual caerá más allá de GL
porque es menor que GL, y por ser KG
a IN como Z a H, también será El a lG
como Z a H (Fig. 90).
8. Dado un círculo y en él una rec-
ta menor que el diámetro y otra que lo
toca en uno de los extremos de esta,
se puede trazar desde el centro una rec-
ta de tal modo que la parte comprendi-
da entre la circunferencia del círculo y
la recta dada en él tenga una razón dada
con la parte de tangente comprendida en- z
tre la recta trazada desde el centro y el
punto de contacto, siempre que la razón H
sea menor que la de la mitad de la rec-
Fra. 91.
ta dada en el círculo a la perpendicular
a ella trazada desde el centro.
Sea ABGD el círculo dado; y AG la recta en él menor que el diá-
metro; LS la que lo toca en el punto G y la razón menor que la de
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 155

GT a TK. Si se traza la KL paralela a TG, la razón de Z a H será menor


también que la de GK a GL y si GK es a GS como Z a H, la recta SG
será mayor que la GL (Fig. 91).
Haciendo pasar una circunferencia por los puntos L, K Y S resulta
que como la recta GS es mayor que la GL y las KG y GS son perpen-
diculares, se puede trazar una recta NI, dirigida hacia K, que sea igual a
GM, y, por tanto, el área comprendida por SI e IL será a la comprendi-
da por KE e IL como SI a KE y la comprendida por KI e IN a la com-
prendida por KI y GL como IN a GL; luego IN es a GL como SI a KE 16,
y, por consiguiente, GM es a GL, GS a KG y GS a KB como SI a KE;
luego IG es a BE como SG a KG y como HaZ 17, y, por tanto, KN corta
a la tangente y su parte BE comprendida entre la circunferencia y la rec-
ta dada en el círculo es a la parte de tangente comprendida entre la rec-
ta trazada desde el centro y el punto de contacto como Z a H.
9. Con los mismos datos y prolongando la recta dada en el círculo,
se puede trazar 'desde el centro de este a aquella prolongación una recta
de tal manera que tengan una razón dada la parte comprendida entre di-

16 En los triángulos semejantes IKL e IEG se tiene, en efecto,


IK IL
--=--
lE IG
y también
IK-IE=EK IL-IG=GL
IK IL
de donde
IKxGL=EKxIL [1]

y como en el círculo LKS se verifica

IK x IN=IS xIL, [2]


dividiendo [2] por [1] es
IN IS
-----
GL EK
GS SI
17 De - - = - - se deduce
KB KE
GS-SI=IG GS
KB-KE=BE KB=KG
156 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

cha prolongación y la circunferencia y la parte de tangente comprendida


entre la recta trazada desde el centro y el punto de contacto, siempre
que la razón dada sea mayor que la de la mitad de la recta dada en el
círculo a la perpendicular a ella desde el centro.
Sea ABGD el círculo dado; AG la recta en él menor que el diáme-
tro, que prolongamos; SL la tangente en el punto G y la razón de Z a H
mayor que la de GT a TK, la cual será
M también mayor que la de KG a GL (fi-
gura 92).
Si KG es a GS como Z a H, la rec-
ta SG será menor que la GL, y ha-
ciendo pasar una circunferencia por
los puntos L, K Y S, resulta que como
la recta SG es menor que la GL y las
KM y SG son perpendiculares, se puede
trazar una recta NI, dirigida hacia K,
que sea igual a GM, y puesto que el
área comprendida por SI e IL es a la
comprendida por LI y KE como SI a
z KE, la de KI e IN equivale a la de SI e
IL y la comprendida por KI y GL a la
H
de L1 y KE porque KE es a IK como GL
FIG. 92. a L1, la recta SI será a la KE como el
área comprendida por KI e IN a la com-
prendida por KI y GL, es decir, 'como NI a GL, o sea: como GM a GL;
pero GM es a GL como SG a KG; luego SI es a KE como SI a KB y la
recta IG será a la BE como SG a KG, y por ser esta última razón igual
a la de HaZ, la recta KE corta a la recta prolongada y su parte BE com-
prendida entre esta prolongación y la circunferencia es a la parte GI de
la tangente comprendida entre la recta trazada desde el centro y el
punto de contacto como Z a H.
10. Si varias rectas que se superan sucesivamente en una misma mag-
nitud se colocan unas a continuación de las otras, siendo el exceso igual
a la menor, y se toman otras rectas, tantas como antes, e iguales a la
mayor de ellas, la suma de todos los cuadrados construidos sobre estas
últimas, juntamente con el cuadrado de la mayor y el área comprendida
por la menor y una recta formada por todas las que se superan igual-
mente, es triple de la suma de todos los cuadrados construidos sobre estas.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 157

Sean las rectas A, B, G, D, E, Z, H y T que se exceden unas a otras


en la misma magnitud; supongámoslas colocadas sucesIvamente y sea T
igual al exceso. Añadamos a la recta B una recta 1 igual a T, a la G una K
igual aH; a la Duna L igual a Z; a la E una M igual a E; a la Z una N
igual a D; a la H una O igual a G, y, por último, a la Tuna P igual a B,
de modo que las rectas que resulten de estas adiciones serán iguales
entre sí e iguales a la mayor. Hay que demostrar que la suma de los
cuadrados de todas estas rectas, es decir: la suma del cuadrado de A
y de todas las rectas resultantes de las adiciones, juntamente con el cua-
drado de A, y el área comprendida por T y una recta formada por todas
las rectas A, B, G, D, E, Z, H y T
es triple de la suma de todos los K L M N o p
cuadrados construidos sobre A, B,
G, D, E, Z, H Y T (Fig. 93).
En efecto, el cuadrado de BI
es igual a la suma de los cua-
drados de 1 y B juntamente con
el doble del área comprendida por
1 y B; el de KG a la suma de los
de K y G juntamente con el doble
del área comprendida por K y G; A B G o E z H T
Y análogamente, los cuadrados de FrG. 9'3.
las otras rectas iguales a A equi-
valen a las de los de sus segmentos, juntamente con los dobles de las
áreas comprendidas por estos mismos segmentos; luego la suma de los
cuadrados de las rectas A, B, G, D, E, Z, H y T con la de los cons-
truidos sobre 1, K, L, M, N, O y P, juntamente con el cuadrado de A,
es doble de la suma de los cuadrados construidos sobre A, B, G, D, E,
Z, Hy T.
Falta demostrar que la suma de los dobles de las áreas compren-
didas por los segmentos de las rectas iguales a A, juntamente con el
área comprendida por la recta T y una recta compuesta de todas las
A, B, G, D, E, Z, H y T, es igual a la suma de los cuadrados de estas rectas.
En efecto: el doble del área comprendida por B e 1 es igual al doble
de la comprendida por B y T; el doble de la comprendida por K y G a
la comprendida por T y el cuádruple de G por ser K doble de T; el
doble de la comprendida por D y L a la comprendida por T y el séxtuple
de D porque L es triple de T, y análogamente, los dobles de las áreas
158 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

comprendidas por los segmentos son iguales a la comprendida por la


recta T y la recta siguiente multiplicada por los números pares que
siguen a estos; luego la suma de todas estas áreas, juntamente con
la comprendida por la recta T y una recta formada por A, B, G, D, E,
Z, H y T, será igual a la comprendida por T y una recta compuesta de A,
el triple de B, el quíntuple de G y las rectas siguientes multiplicadas por
los números impares que siguen a estos 18; pero la suma de los cuadra-
dos construidos sobre A, B, G, D, E, Z, H y T es también igual al área
comprendida por estas mismas rectas porque el cuadrado de A equivale
al área comprendida por la recta T y una recta formada por todas estas
rectas, es decir: por una recta compuesta de A y las demás iguales a A
porque T está contenida en A tantas veces como A en la suma de las
rectas iguales a A; luego el cuadrado de A equivale al área compren-
dida por T y una recta compuesta de A y del doble de la suma de las
B, G, D, E, Z, H y T porque la suma de las rectas iguales a A, excepto
la A, es igual al doble de la suma de B, G, D, E, Z, H y T 19.
Análogamente, el cuadrado de B equivale al área comprendida por
T y una recta compuesta de B y del doble de las G, D, E, Z, H y T; el
cuadrado de G equivale al área comprendida por T y una recta com-
puesta de G y del doble de D, E, Z, H y T, Y por la misma razón,
los cuadrados de las demás rectas equivalen a las áreas comprendidas
por la recta T y una recta compuesta de la recta siguiente y los dobles
de las restantes; luego la suma de los cuadrados de todas estas rectas
18 Por ser, en efecto,
2B xl = 2B x T,
2GxK = 2Gx T,
2DxL = 6DxT,
2E xM= 8E xT,
22 xN =10Z x T,
2Hx O =12Hx T,
2T xP =14T x T,
y llamando S a la suma de los primeros miembros de estas igualdades:
S+nA+B+G+D+E+Z+H+D=
= T(A + 3B +5G+ 7D+9E + HZ +13H + 15T).
19 Por formar estas rectas una progresión aritinética, se tiene:
2B+T=A, G+H=A, D+Z=A, 2E=A.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 159

es igual al área comprendida por T y una recta compuesta de todas


ellas, es decir: por una recta compuesta de A, del triple de B, del
quíntuple de G y de las rectas siguientes multiplicadas por los números
impares que siguen a estos.
Corolario. De aquí resulta que la suma de los cuadrados cons-
truidos sobre las rectas iguales a la mayor es menor que el triple de
los construidos sobre las rectas desiguales, porque la primera suma
sería triple de la segunda si se le añadiese la primera de esas magnitudes
y mayor que el triple de la· segunda si se resta de esta el triple del
cuadrado de la recta mayor, porque 10 aumentado a la primera suma
es menor que el triple del cuadrado de la recta mayor 20, y, por consi-
guiente, si se construyen figuras semejantes sobre las rectas que se
superan unas a otras en una magnitud igual, y sobre las iguales a la
mayor, la suma de las figuras construidas sobre estas será menor que
el triple de las construidas sobre las rectas desiguales, y la primera
suma será mayor que el triple de la segunda si se resta de esta el
triple de la figura construida sobre la recta mayor porque estas figuras,
por ser semejantes, tienen la misma razón que los cuadrados de. que
hemos hablado.
11. Si varias rectas que se superan en una misma magnitud se
colocan unas a continuación de las otras y se toman otras magnitudes,
tantas como antes menos una, e iguales a la mayor de las desiguales,
la razón de la suma de los cuadrados de las iguales a la mayor a la de
los de las que se superan igualmente, excepto el cuadrado de la menor,
es menor que la del cuadrado de la mayor al área comprendida por la
mayor y la menor juntamente con el tercio del cuadrado construido so-
bre el exceso de la mayor sobre la menor; y la razón de aquella suma
a la mayor de las rectas a la de las que se exceden en una magnitud
igual, excepto el cuadrado de la mayor, es mayor que esta misma razón.
Colocadas las rectas una a continuación de otra, de modo que la
AB supere a la GD, esta a la EZ, esta a la HT, esta a la IK, esta a la LM
y esta a la NO, añadamos a la GD una recta GP igual a un exceso; a la

20 Se tiene, en efecto:
A2=(A+2B+2G+2D+2E+2Z+2H+2T)T <
< (A+B+G+D+E+Z+H+T),
de donde:
A2+(A+B+G+D+E+Z+H+T)T < 3A2.
160 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

EZ la EQ igual a dos excesos; a la HT la HR igual a tres excesos, y así


sucesivamente, de modo que las
A p Q R s u V rectas formadas resultarán iguales
entre sí e iguales a la mayor (fi-
G gura 94). Hay que demostrar que
la razón de la suma de los cua-
E
drados de las rectas así formadas
H a la de los de las que se supe-
ran igualmente, excepto el cua-
drado de NO, es menor que la
L del cuadrado de AB al área com-
prendida por AB y NO juntamen-
e F J w x y N
te con el tercio del cuadrado de
NV y que la de la suma de los cua-
B o Z T K M O drados de dichas rectas a la de
FIG. 94. todos los cuadrados de las que
se superan igualmente, excepto el
cuadrado de la mayor, es mayor que esta misma razón 21.
Restando de las rectas que se superan en la misma magnitud una
igual al exceso N O, el cuadrado de AB será al área comprendida por
AB y CB, juntamente con el tercio del cuadrado de AC, como el cua-
drado de PD al área comprendida por PD y DF juntamente con el
tercio del cuadrado de FP, como el cuadrado de QZ al área compren-
dida por QZ y IZ juntamente con el tercio del cuadrado de IQ, y como
los cuadrados de las otras rectas a las áreas tomadas de la misma
manera; luego la suma de los cuadrados construidos sobre PD, QZ, RT,
SK, UM y VO es al área comprendida por NO y una recta compuesta

21 Si son n+l las rectas desiguales AB, GD, ... , y, por tanto, n las AC,
GF, ... , poniendo
NO=a, LY=l,
es AC=n, y, por consiguiente,
PD2+QZ2 + =n(n+a)2,
AB2+GD2+ -N02
+ Gp2+HW2 +Db + LY2 + N02)n
= (AC 2
+2NO(AC +GF +HW +IX +LY)
=i(2n2 +n+ l)n +a2n +2a(n+ 1)· tn,
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 161

de las que acabamos de hablar, juntamente con el tercio de la suma de


los cuadrados construidos sobre PP, QJ, RW, SX, UY y VN como el
cuadrado de AB es al área comprendida por AB y CB juntamente con el
tercio del cuadrado de CA; luego si se demuestra que el área compren-
dida por NO y una recta compuesta de PD, QZ, RT, SK, UM y YO,
juntamente con el tercio de la suma de los cuadrados construidos sobre
PP, QJ, RW, SX, UY y VN es menor que la suma de los cuadrados cons-
truidos sobre AB, CD, EZ, HT, IK Y LM Y mayor que la de los cons-
truidos sobre CD, EZ, HT, IK, LM y NO, es evidente que se habrá demos-
trado lo que queríamos.
En efecto, el área comprendida por NO y una recta compuesta de
PD, QZ, RT, SK, UM y YO, juntamente con el tercio de la suma de los
cuadrados construidos sobre PF, QJ, RW, SX, UY y VN es igual a la
suma de los cuadrados construidos sobre PD, JZ, WT, XK, YM y NO,
juntamente con el área comprendida por NO y una recta formada por PF,
QJ, RW, SX, UY y VN y el tercio de la suma de dos cuadrados cons-
truidos sobre PP, QJ, RW, SX, UY y VN; y la suma de los construidos
sobre AB,CD, EZ, HT, IK y LM es igual a la de los construidos sobre
BC, DF, ZJ, TW, KX y MY juntamente con la de los construidos sobre
AC, CP, EJ, HW, IX y LY y el área comprendida por BC y el doble de una
recta formada por AC, CF, EJ, HW, IX y LY.
Pero los cuadrados construidos sobre rectas iguales a NO son co-
munes a estas magnitudes y el área comprendida por NO y una recta for-'
mada por PP, QJ, RW, SX, UY y VO es menor que el área compren-
dida por BC y el doble de una recta compuesta de AC, CF, EJ, HW,
IX y LY porque la suma de las rectas de que acabamos de hablar es
igual a la de las PC, QE, RM, SI, UL y VN y mayor que la de las demás.
Además, la suma de los cuadrados construidos sobre AC, CF, EJ,
y hay que demostrar que es
n(n+a)2
-------------<
2
i(Zn + 3n+ 1)n+a2n+2a(n+ 1) ·tn
(n+a)2
<-----
(n+a)a+!n 2
n(n+a)2
!(Zn2 +3n+ 1)n+a2n- (n +a)2+2a(n + 1) .!n'
para 10 cual basta efectuar las operaciones indicadas.
162 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

HW, IX Y LY es mayor que el tercio de la suma de los cuadrados cons-


truidos sobre PF, 01, RW, SX, UY y VO, como se ha demostrado an-
tes 22; luego la suma de las áreas de que acabamos de hablar es menor
que la suma de los cuadrados construidos sobre AB, GD, EZ, HT,
IK Y LM.
Falta demostrar que la suma de estas mismas áreas es mayor que la
de los cuadrados construidos sobre GD, EZ, HT, IK, LM Y NO, y, en
efecto, la suma de los cuadrados construidos sobre estas rectas es igual
a la de los construidos sobre GF, El, HW, IX y LY juntamente con la de los
construidos sobre FD, lZ,WT, XK, YM Y NO y el área comprendida por
NO y el doble de una recta formada por GF, El, HW, IX y LY; pero los
cuadrados construidos sobre FD, lZ, WT, XK, YM Y NO son comunes y el
área comprendida por NO y una recta formada por PF, 01, RW, SX, UY y
VN es mayor que la comprendida por NO y el doble de una recta for-
mada por GF, El, HW, IX y LY; además, la suma de los cuadrados
construidos sobre PP, 01, RW, SX, UY Y VN es mayor que el triple de
la suma de los cuadrados construidos sobre GF, El, HW, IX y LY, lo
que también se ha demostrado; luego la suma de las áreas de que aca-
bamos de hablar es mayor que la de los cuadrados construidos sobre las
rectas GD, EZ, HT, IK, LM Y NO.
Corolario. Por consiguiente, si sobre estas rectas se construyen fi-
guras semejantes, tanto sobre las que se superan igualmente como sobre
las iguales a la mayor, la razón de la suma de estas a la de aquellas, ex-
cepto la construida sobre la menor, será menor que la razón del cuadrado
de la mayor al área comprendida por la mayor y la menor, juntamente
con el tercio del cuadrado del exceso de la mayor sobre la menor, y la
razón de la suma de las figuras construidas sobre las iguales a la ma-
yor a la de las construidas sobre las que se superan igualmente, excepto
la construida sobre la mayor, será mayor que esta misma razón, porque
siendo semejantes estas figuras, son entre sí como los cuadrados de que
hemos hablado.

II
DEFINICIONES

1. Si permaneciendo fijo uno de los extremos de una recta, esta gira


en un plano con velocidad uniforme hasta volver a la posición inicial y un
22 Prop. 10, corolario.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 163

punto, también con velocidad uniforme, recorre al mismo tiempo la recta


que gira a partir del extremo fijo, este punto describirá una espiral 23.
2. El extremo de la recta que permanece fijo se llama origen 24 de la
espiral.
3. La posición de la recta cuando empieza a girar se llama origen de
la revolución 25.
4. La recta que recorre el punto durante la primera revolución se
llama primera distancia; la que recorre durante la segunda revolución,
segunda distancia, y así sucesivamente, es decir, los nombres de las
otras distancias son los mismos que los de las revoluciones.
5. El área comprendida por la espiral descrita durante la primera re-
volución por la primera distancia se llama área primera; la comprendi-
da por la espiral descrita durante la segunda revolución por la segunda
distancia, área segunda; y así sucesivamente.
6. Si desde el origen de la espiral se traza una recta cualquiera, lo
que está al lado de esta recta hacia la cual se hace la revolución se llama
antecedente 26, y lo que está del otro lado, consecuente 27.
7. El círculo descrito desde el origen de la espiral como centro con
radio igual a la primera distancia, se llama primer círculo; el descrito
desde el mismo punto con radio doble de la primera distancia, segundo
círculo; y así sucesivamente.

111
SIGUEN LAS PROPOSICIONES

12. Si las rectas trazadas desde el origen de la espiral a la primera


revolución forman ángulos iguales entre sí, esas rectas se superan en
la misma magnitud.
Sea la espiral ABGDEZH tal que las rectas AB, AG, AD, AE, AZ
y AH forman ángulos iguales entre sí (Fig. 95). El exceso de AG sobre
AB es igual al de AD sobre AG, y así sucesivamente, porque mientras la
recta que gira pasa de AB a AG, el punto que se mueve en esta recta re-

f3 Repetición literal de la definición establecida en la carta a Dositeo.


24 aQx a .
25 aQx á -¡;uC; ot€QL<POQUC;, que hoy decimos «rayo origen».
26 otQoaY0'Úf-L€va.
TI fotÓf-L€Va.
164 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

corre el exceso de AG sobre AB, y mientras la recta pasa de AG a AD,


el punto recorre el exceso de AD sobre AG, y como la recta tarda el
mismo tiempo en pasar de AB a AG que de
o AG a AD porque los ángulos son iguales,
el punto móvil recorre el exceso de AD
sobre AG en el mismo tiempo que tar-
da en recorrer el exceso de AG sobre AB;
luego el exceso de AD sobre AG es el
"'F-----~ H mismo que el de AG sobre AB, y así su-
cesivamente.
13. Si una recta toca a la espiral, solo
FIG. 95. la toca en un punto.
Sea la espiral ABGD, cuyo origen es A,
el de la revolución la recta AD y EZ la que toca a la espiral. Si la
tocara en los puntos G y H, tracemos las rectas GA y HA, bisequemos
el ángulo GAH y sea T el punto en
que la bisetriz encuentra a la es- T
piral (Fig. 96). El exceso de AH sobre E z
AT será igual al de AT sobre AG por-
que estas rectas forman ángulos igua-
les entre sí; luego la suma de las rec-
tas AH y AG es doble de AT; pero
esa suma es mayor que el doble de B
AT 28; luego el punto en que la recta
AT encuentra a GH cae entre T y A, FIG. 96.
y, por tanto, la recta EZ corta a la
espiral porque entre los puntos de AG hay alguno que cae dentro de la
espiral, y como se había supuesto que EZ es tangente, esta recta EZ solo
toca a la espiral en un punto.
28 Esta propiedad, que Arquímedes supone conocida, se puede demostrar
H
así: Si AT es la bisectriz del ángulo A del triángulo AGH
y fuera AG=AH, es evidente que sería AH + AG> 2AT;
pero si es AG < AH, prolonguemos AG, tomemos AF=AH,
tracemos FH, por G y T las GK y MN paralelas a FH y
unamos F con K.
En el triángulo AGH, la bisectriz AT divide al Íado
GH en partes proporcionales a los lados AG y AH, Y se
tiene:
A TG: TH=AG : AH,
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 165

14. Sí desde el origen de una espiral se trazan dos rectas a la prime-


ra revolución y se prolongan hasta la circunferencia del primer círculo,
dichas rectas serán entre sí como los arcos de círculo comprendidos entre
el extremo de la espiral y los de las rectas prolongadas situados en la
circunferencia, tomando los arcos en el sentido del movimiento.
Sea la espiral ABGDET cuyo origen es A, el de la revolución la rec-
ta AT, el primer círculo el TKH y
consideremos la primera revolución H
----~
ADET a la que se le trazan las dos
rectas AE y AD que se prolongan
hasta encontrar en Z y H al primer
círculo. Hay que demostrar que AE
es a AD como el arco TKZ al TKH
(Fig. 97). '\---------. T
Cuando gira la recta AT es evi-
dente que el punto T se mueve con
velocidad uniforme en la circunfe-
rencia TKH y el A en la recta AT de
tal modo que cuando el punto T haya
recorrido el arco TKZ el A habrá
recorrido la recta AE y cuando el FIG.97.
A haya recorrido la recta AD el T
habrá recorrido el arco TKH, y, por tanto, AE es a AD como el arco
TKZ al TKH, según se demostró antes; y de igual modo se demostraría
que lo mismo ocurre cuando una de las dos rectas trazadas desde el ori-
gen a la circunferencia cae en el extremo de la espiral.
15. Si se trazan dos rectas a la segunda revolución de una espiral

y por ser AG < AH, es TG=TK < TH, y como es


/'.. /'. "- "-
FTM=HTN, HTN = MTG,
/'. /'. /'.
será FTM=MTG, es decir, TM es bisectriz del ángulo T del triángulo FTG,
y, por tanto,
MF: MG=TF: TG,

Y como es TG=TK < TF, y, por consiguiente, MG < MF y AM+AN> 2AT.


será, con mayor razón,

(AM+MF)+(AM-MG)=AF+AG=AH+AG> 2AT.
166 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

desde el origen, estas rectas son entre sí como los arcos de que hemos
hablado añadidos a una circunferencia del primer círculo.
Sea la espiral ABGDTELM cuya parte ABGDT está descrita por la
primera revolución y TELM por la segunda y tracemos las rectas AE
y AL. Hay que demostrar que AL es a AE como los arcos TKZ y TKH
más una circunferencia del primer círculo añadida a ambos arcos.
El punto A recorre las rectas AL y
AE en el mismo tiempo que el Tuna
circunferencia del círculo y los arcos T KZ
y TKH, respectivamente, y como estos
puntos se mueven. con velocidad unifor-
me, es evidente que AL es a AE como
el arco TKZ más una circunferencia al
TKH más una circunferencia (Fig. 98).
Análogamente se demuestra que si
las dos rectas se trazan a la tercera re-
volución, dichas rectas son entre sí como
los arcos de que hemos hablado más de
FIG. 98.
dos veces de la circunferencia del círcu-
lo, y, en general, las rectas trazadas a
una revolución cualquiera son entre sí como dichos arcos más tan-
tas veces, menos una, la circunferencia del círculo como revoluciones
se han tomado, incluso si una de las rectas cae sobre el extremo de la
espiral.
16. Si una recta toca a la primera revolución de una espiral y se
une el punto de contacto con el origen de esta, los ángulos que la recta
forma con la tangente serán desiguales, obtuso el del lado de los antece-
dentes y agudo el del lado de los consecuentes.
Sea ABGDT la primera revolución de una espiral de origen A; la
recta AT el de la revolución; TKH el primer círculo; EDZ la tangente a
la espiral en el punto D, que se une con el origen por medio de la recta
DA. Hay que demostrar que el ángulo DZA es obtuso.
Haciendo centro en A y con radio AD describamos el círculo DRN
y entonces la parte de la circunferencia de este círculo que está en el lado
de los ancedentes caerá dentro de la espiral y la parte del lado de los con-
secuentes fuera porque las rectas trazadas desde A a la espiral del lado
de los antecedentes son mayores que AD y las del lado de los conse-
cuentes, menores, y, por consiguiente, como el ángulo formado por las
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 167

dos rectas AD y DZ no es agudo porque es mayor que el del semicírcu-


lo 29, habrá que demostrar que tampoco es recto, porque si lo fuera, la
recta EDZ sería tangente al círculo DRN (Fig. 99).
Ahora bien; sabemos 30 que desde el punto A a la tangente se puede
trazar una recta de modo que la razón de la parte comprendida entre la
circunferencia y la tangente al ra-
dio sea menor que la del arco
comprendido entre el punto de
contacto y la recta a un arco dado;
luego si trazamos la recta Al que
corta a la espiral en L y a la cir-
cunferencia en P y tal que la ra-
zón de PI a PA sea menor que
la del arco DP al DRN, será la
razón de la recta completa Al a T
AP menor que la de arco PDNR al
DNR, es decir: menor que la del
arco SHKT al HKT, y como hemos
demostrado 31 que esta razón es
igual a la de AL a AD, resulta que
la de Al a AP es menor que la de FIG. 99.
AL a AD, lo cual es imposible por-
que AP es igual a AD y Al menor que AL; luego el ángulo ADZ no es
recto, y como hemos demostrado que no es agudo, es obtuso.
Análogamente se demostraría que lo mismo ocurre si la recta que
toca a la espiral lo hace en su extremo.
17. La propiedad anterior se verifica también si la recta toca a la
segunda revolución de la espiral.
Haciendo como antes, y por la misma razón, las partes de la circun-
ferencia que están del lado de los antecedentes caen dentro de la espi-
ral y las del lado de los consecuentes, fuera; luego el ángulo formado
por AD y DZ no es recto, porque si lo fuera la recta EZ tocaría al círcu-
lo PDN en el punto D y trazando a la tangente la recta Al que corta a la
espiral en X y a la circunferencia PDN en P, la razón de PI a PA será
menor que la del arco AP a una circunferencia entera del círculo DPN

29 Propiedad demostrada por EUCLIDES: Elementos, IU, 16.


30 Prop. 5.
31 Prop. 14.
168 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

y el arco DNM (Fig. IDO); luego la razón de la recta completa Al a AP


es menor que la del arco PDNM más una circunferencia al arco DNM
más una circunferencia; pero esta
razón es igual a la del arco SHKT
más una circunferencia del círcu-
lo TSHK al arco HKT más una
circunferencia del mismo círculo,
y la razón de estos arcos es la
misma que la de la recta XA a
la AD, como hemos demostrado
antes; luego la razón de Al a AP
es menor que la de AX a AD, lo
cual es imposible porque AP es
igual a AD y Al mayor que AX.
El ángulo de AD y DZ no es, pues,
recto, y como tampoco es agudo,
es obtuso.
FIG. 100. Análogamente se demostraría
que lo mismo ocurre si la recta
toca a la espiral en una revolución cualquiera, incluso en su extremo.
18. Si una recta toca a la espiral en el extremo de la primera revolu~
ción y desde el origen se traza una perpendicular a la recta origen de la
revolución, esta perpendicular cortará a la tangente, y la parte compren-
dida entre esta y el origen de la espiral será igual a la circunferencia del
primer círculo.
Sea la espiral ABGDT de origen A, la recta AT de la revolución y
TH el primer círculo. Tracemos desde A la AT a la perpendicular AZ
que cortará a la tangente porque el ángulo formado por esta y AT es
agudo y lo que hay que demostrar ahora es que la perpendicular AZ es
igual a la circunferencia del círculo TKH (Fig. 101).
Si no es igual, será mayor o menor. Suponiendo primeramente que
es mayor, tomemos una recta AL menor que AZ y mayor que la circun-
ferencia de dicho círculo y tenemos entonces en este una reCta TH menor
que el diámetro, y como la razón de AT a AL es mayor que la de la
mitad de la recta TH a la perpendicular trazada desde A a TH porque la
primera razón es mayor que la de AT a AZ, se podrá trazar desde A a la
prolongación de TZ una recta AN de tal modo que la razón de la recta
NP comprendida entre la circunferencia y la prolongación de TZ a la
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 169

TP sea igual a la de AT a AL 32; luego la razón de PN a PA será la


misma que la de PT a AL, y como esta es menor que la del arco PT a la
circunferencia del círculo TKH por-
que la recta PT es menor que el arco z
PT y la AL mayor que la circunfe-
rencia del círculo TKH, resulta que L
la razón de PN a PA es menor que la
del arco PT a la circunferencia del
círculo TKH; luego la de la recta
completa N A a P.A es menor que la
del arco PT más la circunferencia
del círculo TKH a esta circunferen-
cia; pero esta última razón es igual a
la de AX a AT 33; luego la razón de
AN a AP es .menor que la de AX a
AT, lo cual es imposible porque AN
es mayor que AX y AP igual a AT.
Por tanto, la recta AZ no es .mayor
que la circunferencia del círculo TKH.
Suponiendo ahora que es menor,
tomemos una recta AL mayor que
AZ y. menor que la circunferencia
del círculo THK y tracemos por el
punto T la recta TM paralela a AZ.
Tenemos entonces un círculo TKH
y en él una recta TH menor que el
diámetro; una recta que toca el círcu- N
lo en el punto T y la razón de AT a FIG. 101.
AL menor que la de la mitad de HT
a la perpendicular trazada desde A a HT porque la primera razÓn es me-
nor que la de AT a AZ; luego desde el punto A se puede trazar a la
tangente una recta AQ de tal modo que la razón de la PN comprendida
entre la recta dada en el círculo y entre la circunferencia a la recta TQ
comprendida entre AQ y el punto de contacto sea la misma que la de
AT a AL 34.

32 Prop. 7.
33 Prop. 15.
34 Prop. 8.
170 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Siendo P y X los puntos en que la recta AQ corta al círculo y a la


espiral, respectivamente, la razón de PN a pA será igual a la de TQ a AL,
y como esta es mayor que la del arco TP a la circunferencia del círculo
THK porque la recta TQ es mayor
M que el arco TP y la recta AL menor
que la circunferencia del círculo THK,
resulta que la razón de PN a PA
es mayor que la del arco TP a la cir-
cunferencia; luego la de PA a NA
es también mayor que la de la circun-
ferencia al arco TPK, y como se ha
demostrado que esta razón es la mis-
ma que la de AT a AX, resulta que
la de AP a AN es mayor que la de
AT a AX, lo cual es imposible, y,
por tanto, la recta AZ, no siendo ma-
yor ni menor que la circunferencia
del círculo THK, es igual.
19. Si una recta toca a la espi-
Q ral en el extremo de la segunda revo-
lución y desde el origen se traza una
~--------4T perpendicular a la recta origen de la
revolución, esta perpendicular corta-
rá a la tangente, y la parte compren-
dida entre esta y el origen de la es-
piral será doble de la circunferencia
del segundo círculo 35.
20. Si se traza una tangente a
FIG. 1m. la espiral en un punto cualquiera de
su primera revolución, se une el pun-
to de contacto con el origen y haciendo centro en este con radio igual a
la recta así construida se describe un círculo y desde el origen de la espi-
ral se traza a esta recta una perpendicular, la perpendicular y la tangente

35 N o traducimos la demostración por ser análoga a la anterior. En general,


si A es el origen de la espiral, Bel extremo de la n-sima revolución, C n la
longitud de la circunferencia del n-simo círculo y se traza en B la tangente
a la espiral y en A la perpendicular a AB, que corta a la tangente en L, es
AL=nCn •
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 171-

se cortarán 36, y la parte de la perpendicular comprendida entre la tan-


gente y el origen de la espiral será igual al arco de círculo comprendido
entre el punto de contacto y el de intersección del círculo con la recta
origen de la espiral, tomando el arco en el sentido del movimiento.
Sea ABGD la primera revolución de una espiral y EDZ la tangente
en el punto D, el cual se une con el origen A. Desde este como centro y
con radio AD describamos el círcu-
lo DMN que corta en K a la rec-
ta origen de la espiral y tracemos
a AD la perpendicular AL, la cual
cortará a la tangente en un pun-
to cuya distancia a A hay que de-
mostrar que es igual al arco KMND.
Si no es igual, será mayor o
menor. Suponiendo que es mayor,
tomemos una' recta AL menor que
AZ y mayor que el arco KMND y
tenemos entonces un círculo y en él
una recta DN menor que el diáme-
tro, y la razón de DA a AL mayor
que la de DN a la perpendicular des-
de A hasta DN; luego se puede tra- FIG. 103.
zar de A a la prolongación de DN
una recta AE tal que la razón de EP a DP sea igual a la de DA a AL, como
se ha demostrado 37, y, por tanto, la de EP a AP será la misma que la de DP
a AL, y como esta es menor que la del arco DP al KMD porque DP es
menor que el arco DP, resulta que la razón de EP a PA es menor que
la del arco DP al KMD y dicha razón es, por consiguiente, menor que la
del arco KMP al KMD; pero la razón de estos arcos es la misma que la
de XA a AD 38; luego la de EA a AP es menor que la de XA a AD, lo
cual es imposible, y, por consiguiente, ZA no es mayor que el arco KMD;
y como análogamente se demuestra que tampoco es menor, es igual.
Del mismo modo se demostraría que si se traza una tangente en un
punto cualquiera de la segunda revolución de una espiral, y se hace como
antes, la parte de recta comprendida entre la tangente y el origen es
36 Prop. 16.
37 Prop. 7.
38 Prop. 14.
172 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

igual a la circunferencia del círculo descrito más el arco comprendido


entre los puntos de que hemos hablado, y, en· general, trazando la tan-
gente en un punto cualquiera de una revolución cualquiera y haciendo
todo 10 demás, la recta comprendida entre dichos puntos es igual a la
circunferencia del círculo descrito multiplicada por el número de revo-
luciones, menos una, más el arco de que hemos hablado tomado en el
sentido del movimiento 39.
21. Al área comprendida por un arco de espiral de la primera re-
volución y las rectas que unen sus extremos con el origen se le puede
circunscribir una figura formada por sectores circulares e inscribirle otra
de tal modo que el exceso de la figura circunscrita sobre la inscrita sea
menor que un área dada.
Si BG es un arco de espiral de origen A, describamos desde A con
radio AB un círculo; tracemos las rectas AB y AG; bisequemos el án-
gulo BAG; luego su mitad y así sucesivamente hasta tener un sector
BAW menor que el área dada; ha-
ciendo centro en A y con radios
AG, AP, AQ Y AR describamos
sendos arcos limitándolos entre los
radios contiguos, en cuyo caso la
parte que está en el lado de los
antecedentes caerá dentro de la es-
piral y la del lado de los consecuen-
tes fuera y tendremos dos figuras
formadas por sectores circulares se-
mejantes, una de las cuales está
circunscrita y la otra inscrita en el
área considerada comprendida por
el arco BG de la espiral y las rectas
AB y AG (Fig. 104).
FIG. 104. El sector ARV es igual al ARF,
el AQU al AQE y el OPT al OPD,
de modo que cada sector de la figura inscrita es igual al sector de la cir-
cunscrita que tiene un lado común; luego la suma de todos los prime-

39 El trazado arquimediano de tangentes a la espiral permite construir un


segmento rectilíneo igual a la longitud de un arco circular de radio y ángulo
central dados y, por tanto, rectificar la circunferencia y resolver el problema
correlativo de la cuadratura del círculo.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 173

ros sectores será igual a la de todos los segundos, y, por tanto, la figura
inscrita en el área considerada es igual a la circunscrita exceptuado el
sector ABW de la circunscrita y el AGS de la inscrita, que son los
únicos que no hemos considerado; luego la diferencia entre ambas fi-
guras es igual a la que hay entre esos dos sectores, que es menor que el
ABW el cual, por construcción, es menor que el área dada.
22. El teorema anterior es válido si en vez de la primera revolución
se toma una revolución cualquiera, y se demuestra del mismo modo.
23. También se verifica la misma propiedad cuando el área está com-
prendida por un arco cualquiera de espiral y dos rectas cualesquiera que
partan del origen.
24. El área comprendida por la primera revolución de una espiral y
la recta origen de ella es la tercera parte de la del primer círculo.
Sea ABGDET la primera revolución de una espiral de origen T; la
recta TA el origen de la revolución y AZHIK el primer círculo, cuya
tercera parte representaremos por
un círculo C. Hay que demostrar
que el área indicada es igual a
e, porque si no fuera igual sería
mayor o menor (Fig. 105).
Suponiendo primeramente que
es menor, se puede circunscribir
a la superficie comprendida por
la espiral ABGDET y la recta TA A f-----T"'7'*""----+L-.---l H
una figura plana formada por sec-
tores semejantes de modo que el
exceso del área de esta figura so-
bre la de aquella superficie sea
menor que el de la del círculo e
sobre la misma área.
Circunscribamos esta figura cu- Z
ya área será menor que la de e FIG. 105.

y, prolongando hasta la circunfe-


rencia del primer círculo las rectas que forman ángulos iguales en el
punto T, tendremos varias rectas trazadas desde T a la espiral que se
superan en la misma magnitud 40, la mayor de las cuales es TA y la me-
nor TE, que es igual al exceso de unas sobre otras siendo TAK y TEO
40 Prop. 12.
174 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

el mayor y el menor de los sectores que forman la figura circunscrita;


y tendremos también varias líneas-tantas como las anteriores---cdesde
T a la circunferencia del círculo iguales a la mayor de ellas, sobre las
que se habrán construido sectores semejantes, es decir: sobre las que
se superan en la misma magnitud y sobre las que son iguales a la ma-
yor; luego la suma de estos sectores será menor que el triple de la de
los que se superan en la misma magnitud, de acuerdo con lo antes de-
mostrado 41; pero la suma de los sectores construidos sobre las rectas
iguales a la mayor es igual al círculo AZHI y la de los construidos sobre
las que se superan en la misma magnitud es igual a la figura circunscrita;
luego aquel círculo es menor que el triple de esta figura, y como ese
círculo es triple del e, este es menor que la figura circunscrita, lo cual
es imposible porque es mayor; luego el área comprendida por la espiral
ABGDET y la recta TA no es menor que la del círculo C.
Si suponemos ahora que es mayor, se puede inscribir en la superficie
comprendida por la espiral y la recta dicha una figura plana formada por
sectores semejantes de modo que el exceso del área de aquella superficie
sobre la de esta figura sea menor
que el de la superficie sobre el
círculo C.
Inscribamos esta figura, cuya
área será mayor que la de e y,
prolongando hasta la circunferen-
cia del primer círculo las rectas
que forman ángulos iguales en el
AI'--.L.----""'7'...- - - r l - - - - - 1 H punto T, tendremos varias rec-
tas desde T a la espiral que se su-
peran en la misma magnitud, la
mayor de las cuales es TA Y la
menor TE, que es igual al exce-
so de unas sobre otras, siendo TPS
y TEO el mayor y el menor de los
z sectores que forman la figura ins-
FIG. 106. crita (Fig. 106); y tendremos tam-
bién varias líneas-tantas como las
anteriores-desde T a la circunferencia del círculo iguales a la mayor
de ellas, sobre las que se habrán construido sectores semejantes, es decir,
41 Prop. 10, corolario.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 175

sobre las que son iguales a la mayor y sobre las que se superan en la
misma magnitud; luego la suma de los primeros sectores es mayor que
el triple de la de los segundos, según hemos demostrado anteriormente;
pero la suma de los sectores construidos sobre las rectas iguales es igual
al círculo AZH1 y la de los construidos sobre las que se superan en la
misma magnitud, excepto el construido sobre la mayor, es igual a la fi-
gura inscrita; luego el primer círculo es mayor que el triple de esta fi-
gura, y como este círculo es triple del e, este es mayor que la figura ins-
crita, lo cual es imposible porque es menor; luego el área comprendida
por la espiral ABGDET y la recta TA es igual a la del círculo e.
25. El área comprendida por la segunda revolución de una espiral
y la segunda recta está con la del segundo círculo como 7 a 12, es decir:
como el área comprendida por los radios del segundo y del primer círcu-
lo juntamente con el tercio del cuadrado del exceso del radio del segundo
sobre el del primero al cuadrado del radio del segundo.
Sea ABGDE la segunda revolución de una espiral de origen T; la
recta TE el origen de la revolu-
ción; la AE la segunda y AZH1 el
segundo círculo con dos diámetros
AH e 1Z perpendiculares entre sí.
Hay que demostrar que el área
comprendida por la espiral ABGDE
y la recta AE es a la del círculo
AZH1 como 7 a 12.
Llamando e a un círculo cuyo HI--....L.-+---+-'"'*'-~l--r,------tA

radio al cuadrado sea igual al área


comprendida por AT y TE jun-
tamente con el tercio del cuadra-
do de AE, tendremos que el círcu-
lo e será al AZH1 como 7 a 12,
porque esta razón es la misma que
la de los cuadrados de los radios Z
de dichos círculos 42 y vamos a FIG. 107.
demostrar ahora que el área de e
42 Siendo, en efecto, TE=AE y el cuadrado del radio r del círculo e
AExAE
r2 =TA x TE+ ,
3
176 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO Il

es igual a la comprendida por la espiral ABGDE y la recta AE, porque


si no es igual, será mayor o menor.
Si suponemos primeramente que es mayor, se le puede circunscribir
una figura plana compuesta de sectores semejantes de tal modo que su
exceso sobre el área dicha sea menor que el del círculo C sobre esta mis-
ma área 43.
Circunscribamos esta figura y suponiendo que TAK Y TOL son el ma-
yor y el menor de los sectores, es evidente que la figura circunscrita será
menor que el círculo C.
Prolongando hasta la circunferencia las rectas que forman ángulos
iguales en T, tendremos varias rectas trazadas desde este punto a la espi-
ral,que se superan en la misma magnitud, siendo TA y TE la mayor y la
menor, respectivamente, y otras líneas:--tantas CODO las primeras-iguales
a la mayor de ellas y habremos construido sectores semejant~sno solo
sobre las rectas iguales a la mayor, sino también sobre las que se superan
en la misma magnitud, excepto la menor; luego la razón de las sumas de
ambos conjuntos de sectores es menor que la del cuadrado de la mayor
al área comprendida por TA y TE, juntamente con el tercio del cuadrado
de AE, según hemos demostrado antes 44; pero el círculo AZRl es igual
a la suma de los sectores construidos sobre las rectas iguales a la mayor
y el área de la figura circunscrita 10 es a la de los construidos sobre las
que se superan en la misma magnitud, excepto el construido sobre la
menor; luego la razón del círculo AZHl a la figura circunscrita es me-
nor que la del cuadrado de TA al área comprendida por TA y TE jun-
tamente con el tercio del cuadrado de AE, y como esta última razón es
igual a la de los círculos AZHl y C, la del círculo AZHl a la figura cir-
se tiene:
círculo e r2
círculo AZHI T AZ
TExTE
2TExTE+---
3
4TEx TE
6TEZ+TE2 7TW 7
---=-
12TE2 12TE2 12
43 Prop. 22.
44 Prop. 11, corolario.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 177

cunscrita es menor que la del mismo círculo al C, y, por tanto, este es


menor que la figura circunscrita, lo cual es imposible porque es ma-
yor; luego el círculo C no es mayor que el área comprendida por la
espiral ABGDE y la recta AE 45.
26. El área comprendida por una espiral menor que la de la pri-
mera revolución, sin tener el extremo en el origen de la espiral, y por las
rectas trazadas desde sus extremos al origen, es al sector de radio igual
a la mayor de las rectas trazadas desde los extremos de la espiral a su
origen y arco limitado entre esas rectas y del mismo lado de la espiral,
como el área comprendida por las rectas trazadas desde los extremos de
la espiral a su origen juntamente con
el tercio del cuadrado del exceso de
la mayor de las rectas dichas al
cuadrado de la mayor de las trazadas
desde los extremos de la espiral a su
origen.
Sea ABG una espiral menor que
la primera revolución; A Y G sus
extremos y T su origen, desde el
cual como centro y radio TA se des-
cribe un círculo, a cuya circunferen-
cia encuentra la recta TG en el pun-
to Z (Fig. 108). Hay que demostrar
que la razón del área comprendida FIG. 108.
por la espiral ABG y las rectas TA
Y TG a la del sector ATZ es igual a la de la comprendida por TA y TG
juntamente con el tercio del cuadrado de GZ al cuadrado de YA 46.
27. Entre las áreas comprendidas por las espirales y las rectas ini-
45 Arquímedes supone después que el área del círculo e es menor que la
comprendida por la espiral ABGDE y la recta AH, y por un razonamiento aná-
logo al anterior y al de la segunda parte de la prop. 24, llega al mismo absurdo,
quedando demostrado 10 que se quería, y a continuación establece-sin demos-
trarlo, pero indicando que se haría del mismo modo-el teorema general, cual-
quiera que sea la revolución que se considere.
46 Analíticamente es:
(TA- TG)2
TAxTG+---
área ABGT 3
área AZT TA2
178 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

ciales de la revolución, la tercera es doble de la segunda; la cuarta,


triple,. la quinta, cuádruple, y así sucesivamente, siendo la primera área
la sexta parte de la segunda.
Sea la espiral de origen T, el de la revolución la recta TE y K la pri-
mera área, L la segunda, M la tercera, N la cuarta y S la quinta. Hay que
demostrar que el área K es la sexta parte de la siguiente; M doble de
L; N triple de esta y que las áreas sucesivas son múltiplos sucesivos de
las anteriores.
Puesto que se ha demostrado 47 que el área KL es al segundo círculo
como 7 a 12, este al primero como 12 a 3 48 Y el primero al área K como
3 a 1 49, resulta que el área K es la sexta parte de la L 50.
Por estar el área KLM con la del tercer círculo en la misma razón que
la comprendida por TG y TB, juntamente con el tercio del cuadrado de
TB, con el cuadrado de TG, y por ser el tercer círculo al segundo como

que Arquímedes demuestra por reducción al absurdo, como las dos proposi-
ciones anteriores.
47 Prop. 25.
48Por ser TB=2TA.
49 Prop. 24.
so Multiplicando, en efecto, las tres razones

KL 7
2.° cír~= 12'
2.° círc. 12
l.er círc. =3'
l.er círc. 3
--K--=l'

resulta
KL 7
--=-
L 1
de donde
KL-K=L 7-1=6
K 1
es decir,
L
K=-
6
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 179

el cuadrado de TG al de TB y el segundo círculo al área KL como el cua-


drado de TB al área comprendida por TB y TA, juntamente con el tercio
del cuadrado de AB (Fig. 109), resul-
ta que el área KAM es a la KL como
la comprendida por TG y TB, junta-
mente con el tercio del cuadrado de
BG, a la comprendida por TB y TA
juntamente con el tercio del cuadrado
de AB; pero estas áreas son entre sí
como 19 a 7; luego el área KLM es
a la AK como 19 a 7 y M a KL como
12 a 7; pero KL es a L como 7 a 6;
luego M es doble de L 51.
Del mismo modo se demostraría
que las áreas siguientes son múltiplos
de L y crecen según el orden natural FIG. 109.
de los números.
Ahora bien: el área KLMNS es a la del círculo que tiene por radio la
51 El producto de las tres razones
BG2
TGxTB+--
KLM 3
----=-------,
3. er círc. TG2
3. er círc. TG2
- - - - =-
--,
2. círc.
0
TB2
2. 0 drc. TB2
- KL=-----AB2 ;
TBxTL+--
3
suprimiendo factores comunes y poniendo
TG=3TA, TB=2TA, BG=TA,
se tiene:
BG2
TGxTB+--
KLM 3
--------
KL AB2
TBxTL+--
3
180 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

recta TE como la comprendida por TE y TD, juntamente con el tercio


del cuadrado de DE, al cuadrado de TE 52; pero el círculo de radio TE es
al de radio TD como el cuadrado de TE al de TD, y este al área KLMN
como el cuadrado de TD al área comprendida por TD y TG, juntamen-
te con el tercio del cuadrado de DG; luego el área KLMNS es a la KLMN
como la comprendida por TE y TD, juntamente con el tercio del cua-
drado de DE, a la comprendida por TD y TG juntamente con el tercio del
cuadrado de DG, y, por tanto, restando, el área S es a la KLMN como el
exceso de la comprendida por TE y TD, juntamente con el tercio del
cuadrado de ED, sobre la comprendida por TD y TG, juntamente con el
tercio del cuadrado de DG, a la comprendida por TD y TG, juntamente
con el tercio del cuadrado de DG.
Pero el exceso de la suma de las dos primeras áreas sobre la de las
segundas es igual al de la comprendida por TE y TD sobre la compren-
dida por TD y TG, es decir: el área comprendida por TD y DG; luego

TA2
3TAx2TA+--
3
TA2
2TA x TA+--
3

18TA2+TA2
3 19
----
6TA2+TA2 7
3
de donde
KLM-KL=M 19 -7 12
----- [1]
KL 7 7
y por ser K:L=l: 6, es
K+L=KL 1+6=7
[2]
L 6
y multiplicando [1) y [2] es
MxKL 12x 7
KL x L =--:¡:;¡;,
52 Prop. 25.
ARQUIMEDES.-SOBRE LAS ESPIRALES 181

la S es a la KLMN como la comprendida por TD y EG a la comprendida


por TD y EG juntamente con el tercio del cuadrado de GD.
Análogamente se demostraría que el área N es a la comprendida por
KL y LM como la comprendida por TG y BD a la comprendida por
TG y TB juntamente con el tercio del cuadrado de GB; luego el área
N es a la KLMN como la comprendida por TG y BD a la comprendida por
TG y TB juntamente con el tercio del cuadrado de GB; pero la suma de
estas áreas es igual a la comprendida por TD y TG juntamente con el
tercio del cuadrado de GD; Y por ser el área S a la KLMN como la com-
prendida por TD y GE a la comprendida por TD y TG juntamente con el
tercio del cuadrado de GD y el área KLMN a la N como la compren-
dida por TD y TG, juntamente con el tercio del cuadrado de GD a
la comprendida por TG y DB, resulta que el área S será a la N como la
comprendida por TD y GE a la comprendida por TG y DB; pero la com-
prendida por TD y GE es a la comprendida por TG y DB como TD a TG
porque las rect'as GE y BD son iguales entre sí; luego el área S es a la N
como TD a TG.
De la misma manera se demostraría que el área N es a la M como
TG a TB y que la M es a la L como TB a TA; luego las rectas TE, TD,
TG, TB Y TA son entre sí como los números en su orden.
28. Si en la primera revolución de una espiral se toman dos puntos
que no sean sus extremos y se trazan por ellos rectas al origen y desde
este como centro y con radios iguales a estas rectas se describen círcu-
los, el área limitada por el arco del círculo mayor situado entre estas
rectas y por la parte de la espiral limitada por estas mismas rectas y por
la prolongación de la menor de ellas, será al área limitada por el arco
del círculo menor, por la misma parte de la espiral y por las rectas que
unen sus extremos, como el radio del círculo menor, juntamente con los
dos tercios del exceso del radio del círculo mayor sobre el del menor,
es al radio del menor juntamente con el tercio de su exceso.
Sea ABGD la primera revolución de una espiral de origen T en la cual
tomamos los dos puntos A y G que unimos con T y desde T como cen-
tro describamos los círculos de radios TA Y TG. Hay que demostrar que
el área S es a la P como la recta TA, juntamente con los dos tercios de
HA, es a la TA juntamente con el tercío de HA (Fig. nO).
Puesto que se ha demostrado 53 que el área NP es al sector HGT
como la comprendida por TH y TA, juntamente con el tercio del cuadra-
53 Prop. 26.
182 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

do de HA, es al cuadrado de TH, el área S será a la NP corno la compren-


dida por TA y TH, juntamente con los dos tercios del cuadrado de HA, es.
a la comprendida por TA y TH, juntamente con el tercio del cuadrado de
HA 54; pero el área NP es al sector NPS corno la comprendida por TA y
TR, juntamente con el tercio del cuadrado de AH, es al cuadrado de TH y
el sector NPS es al N corno el cua-
drado de TH al de TA; luego el área
NP será al sector N corno la com-
prendida por TA y TH, juntamente
con el tercio del cuadrado de HA,.
es al cuadrado de TA, y, por tanto,
el área NP es a la P corno la corn-
O prendida por TH y TA, juntamente
con el tercio del cuadrado de HA,.
es a la comprendida por HA y TA,
juntamente con el tercio del cuadra-
do de HA.
Pero el área S es a la NP corno
la comprendida por TA y AH jun-
tamente con los dos tercios del cua-
FIG. no. drado de HA es a la comprendida
por TH y TA, juntamente con el
tercio del cuadrado de HA, y la NP es a la P corno la comprendida por
54 Por ser
NP THx TA-!fV{Z
sector HGT THx TA+!AH2 '
es también

sector HGT-NP Tlf2-THxTA-tAH2


NP THxTA+tAH2
y poniendo
sector HGT -NP=S,
Tlf2- THx TA-tAH2 =(TA+AH)2_(TA+AH)TA- tAlP
=(TA+AH) (TA-AH)-(TA+AH - TA)- tAlfl:
= (TA + AH)AH - tAH2
=(TA+jAH)AH,
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 183

TH Y TA, juntamente con el tercio del cuadrado de HA, es a la com-


prendida por HA y TA, juntamente con el tercio del cuadrado de HA;
luego el área S será a la P como la comprendida por TA y HA, junta-
mente con los dos tercios del cuadrado de HA, es a la comprendida
por TA y HA, juntamente con el tercio del cuadrado de HA, y por ser
el área comprendida por TA y HA, juntamente con los dos tercios del
cuadrado de HA, a la comprendida por TA y HA juntamente con el
tercio del cuadrado de HA, como la recta TA, juntamente con los dos
tercios de la HA, es a la recta TA juntamente con el tercio de la HA,
resulta que el área S es a la N como la recta TA, juntamente con los dos
tercios de la recta HA, es a la TA juntamente con el tercio de la HA.

DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS


ü DE SUS CENTROS DE GRAVEDAD

LIBRO 11

1
POSTULADOS

1. Pesos iguales a distancias iguales (del punto de apoyo de una ba-


lanza de brazos iguales) se equilibran, y a distancias desiguales se rompe
el equilibrio y hay inclinación hacia el lado del peso que está a mayor
distancia.
2. Si a uno de dos pesos iguales se le añade algo, se rompe el equi-
librio y el peso añadido queda más bajo.
resulta:
S (TA+jAH)AH
NP THxTA+tAH2
TAxAH+iAH2
TAxAH+tAH2
1 Esta obra coloca a Arquímedes a la cabeza de la Estática con los mismos
títulos que diecinueve siglos después colocaron a Galileo a la cabeza de la
Dinámica.
Apartándose de Aristóteles, en cuyas Cuestiones mecánicas hay algunas re-
184 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO JI

3. Si se quita algo a uno de ellos, se rompe el equilibrio, y el peso


no disminuido queda más bajo.
4. Los centros de gravedad 2 de dos fíguras que coinciden, también
coinciden.
5. Los centros de gravedad de dos figuras desiguales, pero seme-
jantes, están situados semejantemente.
6. Si dos pesos se equilibran a cierta distancia, otros dos pesos equi-
valentes a aquellos también se equilibran a la misma distancia.
7. El centro de gravedad de una figura cuya superficie es cóncava
en la misma dirección, está en el interior de la figura 3.

flexiones acerca de las condiciones de equilibrio de los instrumentos conocidos


en su época, el siracusano prescinde de toda consideración metafísica y de toda
hipótesis sobre el movimiento, porque sus leyes no se pueden reducir a nociones
inteligibles y pone los fundamentos de la Estática en la obra cuyo título
'EmJtÉ8rov laoQQoJtlOJ'V 1í XÉVTQCL ~CLQ&'V e:Tl:LJtÉ8rov, se ha traducido incorrecta-
mente al latín por De planorum cequilibriis, y de aquí el corriente en español:
Del equilibrio de los planos, cuando más apropiado sería llamarlo De los cen-
tros de gravedad de las figuras planas, porque trata de los baricentros y del
equilibrio de las figuras geométricas, en las que, además de la posición de sus
puntos, se considera el peso: ~áQ&v.
La obra, compuesta de dos libros, es un tratado escrito a la manera euclí-
dea y en ella se encuentra el origen de la Mecánica racional, pues que geome-
triza la Estática con perfecto rigor partiendo de siete postulados que resumen
experiencias lógicamente fundamentales.
Arquímedes, lo mismo que Euclides, se inspiró en la realidad exterior para
establecer sus postulados; pero, a diferencia del alej andrino, que los adaptó
al espacio ideal del geómetra, los del siracusano son la traducción fiel de ob-
servaciones que, aunque habían sido realizadas desde los tiempos más remo-
tos, pero solo como hechos brutos, no tuvieron rango científico hasta que él
axiomatizó la experiencia-como Euclides había axiomatizado la GeometrÍa-
sin pensar en el movimiento a la manera aristotélica para extraer de él sus
principios, sino en la máquina que los produce, pero quieta, a fin de descubrir
sus condiciones de equilibrio.
2 La definición explícita de centro de gravedad no se encuentra hasta Pappo,
quien dice que es un punto interior del cuerpo tal que este permanece en reposo
cualquiera que sea su posición inicial si se supone suspendido de ese punto.
El hecho de que Arquímedes no 10 defina permite sospechar que lo consi-
deraba conocido o, lo que es más probable, que figurase en alguna obra suya
anterior, perdida, como Sobre la palanca o Sobre los centros de gravedad, que
hemos citado en la bibliografía.
3 Estos postulados afirman la unicidad del centro de gravedad; el mante-
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 185

II
PROPOSICIONES

1. Si pesos suspendidos a distancias iguales se equilibran, los pesos


.son iguales entre sí, porque si fueran desiguales y del mayor se quita el
exceso, los pesos que quedan no estarían en equilibrio 4, lo cual es absurdo.
2. De dos pesos desiguales suspendidos a distancias iguales, el ma-
yor está más bajo que el menor, porque quitando el exceso, los pesos
que quedan se equilibrarán 5 y, por tanto, si se añade después lo que se
había quitado, el peso mayor quedará· más bajo 6.
3. Si se equilibran dos pesos desiguales a distancias desiguales, el
mayor estará a menos distancia que el menor.
Sean A y B dos pesos desiguales, siendo A mayor que B, suspendidos
a las distancias CA y CB y en equili-
brio. Hay que demostrar que CA es
menor que CB (Fig. 111).
Si fuera igual y se quitara de A su
eXceso sobre B, el peso B quedaría
más bajo 7, lo cual es imposible por- A G o B
que siendo CA y CB iguales, hay equi-
librio, y si CA fuera mayor que CB,
sería el peso A el que quedaría más
bajo 8, lo cual es también imposible; FIG. 111.
--
luego CA es menor que CB.
4. Si dos pesos iguales no tienen el mismo centro de gravedad, el
de un peso equivalente a los dos es el punto medio de la recta que une
los centros de gravedad de ambos.
Si en la figura anterior el punto medio D de AB no es el centro de
gravedad de un peso equivalente a los A y B juntos, y suponemos que

nimiento del equilibrio sustituyendo pesos equivalentes y su dependencia exclu-


siva de los pesos y de sus distancias al centro de rotación, y el equilibrio o
.desequilibrio según que haya o no haya simetría respecto de pesos y distancias.
4 Postulado 3.
5 Postulado 1.
6 Postulado 2.
í Postulado 2.
8 Postulado 1.
186 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

es G, ya se ha demostrado que está en la recta AB 9, Y por ser G, los


pesos A y B se equilibrarán, lo cual es imposible porque dos pesos igua-
les a distancias desiguales no están en equilibrio 10; luego el centro de
gravedad de un peso equivalente a los A y B juntos es el punto D.
5. Si los centros de gravedad de tres pesos iguales están en línea
recta y a igual distancia, el centro de gravedad de un peso equivalente a
los tres pesos juntos es el del peso del
medio, porque si A, B Y G son los cen-
tros de gravedad de tres pesos iguales, A,
B Y G, Y AG es igual a GB, por ser igua-
les, en particular, los pesos A y B, su
A G 8 centro de gravedad es G, y como este
punto es el centro de gravedad del
peso G, es evidente que el de un peso
formado por los tres es el del medio
(Fig. 112).
FIG. 112. De aquí se deduce que:
a) El centro de gravedad de un peso
equivalente a varios pesos en número impar, cuyos centros de gravedad
están en línea recta y equidistantes, es el del peso del medio.
b) Si el número de pesos es par, el centro de gravedad de un peso
equivalente a todos ellos es el punto medio de la recta que une sus centros
de gravedad.
6. Dos pesos conmensurables se equilibran 11 a distancias 12 inver-
samente proporcionales a ellos.
Sean A y B dos pesos conmensurables cuyos centros de gravedad es-
tán en los puntos A y B, Y ED una recta y en ella un punto G tal que
GD sea a GE como el peso A al B, y hay que demostrar que el centro de
gravedad de un peso equivalente a los A y B juntos es el punto G.
Puesto que los pesos A y B son conmensurables y su razón es la mis-
ma que la de las rectas GD y GE, también serán conmensurables estas
rectas y, por consiguiente, tendrán una medida común N, y si supone-

9 Arquímedes asegura haberlo establecido anteriormente: JtQoMbELx:tm, pero


la demostración no se encuentra en ninguna de sus obras conocidas. Podría
estar en el tratado, perdido, Sobre la palanca.
10 Postulado l.
11 En una palanca.
12 Contadas a partir del punto de apoyo.
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 187

mas que DH y DK son iguales a EG y EL a DH, las rectas DG y EL


serán iguales a EH y, por tanto, LH doble de DG y HK doble de GE;
luego N mide a LH y HK por lnedir a sus mitades; pero el peso A es al
B como la recta DG a la EG, y, por consiguiente como LH a HK que
son sus dobles.
Si A es el mismo múltiplo de Z que LH de N, la recta LH será a la
N como A a Z, y por ser KH a LH como B a A, la recta KH será a
la N como B a Z; luego el mismo
múltiplo que KH sea de N, será
B de Z, y puesto que también A
es múltiplo de Z, es Z la medida
común de A y B; luego si se
divide LH en partes iguales a N
y A en partes iguales a Z, ha- L E G H O K
brá en LH tantas partes iguales a t-------+'---tl-N-+-I---+-I-----l1
N como en A de partes iguales a 1----1
Z, y, por tanto, si a cada una FIG. 113.
de las partes de AH se aplíca un
peso igual a Z cuyo centro de gravedad sea el punto medio de cada parte,
todos estos pesos serán iguales a A y el centro de gravedad del peso for-
mado por todos ellos será el punto E porque todos son en número par
por ser EL igual a EH; y del mismo modo se demostraría que si a cada
parte de KH se aplíca un peso igual a Z cuyo centro de gravedad sea el
punto medio de cada parte, todos esos pesos serán iguales a B y el
centro de gravedad del peso formado por todos ellos será el punto D.
Ahora bien: como el peso A está aplicado en E y el B en D, tenemos
varios pesos iguales entre sí en línea recta; sus centros de gravedad son
equidistantes y el número de pesos es impar; luego el centro de gra-
vedad de un peso equivalente a todos ellos juntos es el punto medio de
la recta en que están todos los centros de gravedad, y como GE es igual
a DK, la recta completa LG será igual a la recta completa KG y el cen-
tro de gravedad de todos estos puntos será G; luego el peso A aplica-
do en G y el B en D están en equilibrio respecto de G.
7. El teorema es también cierto cuando los pesos son inconmen-
surables.
Si los pesos inconmensurables AB y G están suspendidos de ED y EZ
y el AB es al G como la recta ED a la EZ, digo que el centro de gravedad
de un peso equivalente a los AB y G juntos es el punto E (Fig. 114).
188 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Si dichos pesos no se equilibran cuando uno de ellos se aplica en


punto Z y el otro en el D, el AB es demasiado grande respecto del G
para que se equilibre con él o no es demasiado grande.
Si lo es, quitemos de AB me-
o E z
, nos de lo necesario para hacer des--
1
aparecer la inconmensurabilidad,.
de modo que los pesos A y B'
resulten conmensurables; pero co-
mo su razón es menor que la de
ED a EZ, dichos pesos A y G, sus-
pendidos de ED y EZ, no estarán
en equilibrio cuando uno de ellos
FIG. 114. se aplique en Z y el otro en D, y,
por la misma razón, tampoco esta-
rán en equilibrio si suponemos que G es demasiado grande respecto de-
AB para que pueda equilibrarse con él 13.
8. Si de un peso se quita otro de distinto centro de gravedad, el
del peso que queda es un punto de la prolongación de la recta que une
el centro de gravedad del peso primitivo y el quitado, cuyas distancias a
estos están en razón inversa de los mismos.
13 Las props. 6 y 7 establecen la ley de equilibrio de la palanca, que, como
es bien sabido, enunciamos en lenguaje moderno diciendo que la potencia y
la resistencia están en razón inversa de sus brazos de palanca.
La génesis de esta ley-que Arquímedes demostró apoyándose en sus pos-
tulados~ha sido muy discutida, pues que no se comprende cómo partiendo de
las condiciones cualitativas del equilibrio se pueden deducir sus condiciones
cuantitativas sin que intervenga algo que no figuraba en el sistema de postu-
lados hasta que Mach-sometiendo la Estática arquimediana a un análisis pro-
fundo-demostró que el principio general de ser constante el producto del
peso por el brazo de palanca está implícito en los razonamientos de Arquíme·
des; pero «el hecho de que eminentes sabios no hayan notado este salto-dice,
aludiendo evidentemente a Stevin, Galileo, Huygens y Lagrange, que coine-
tieron la misma omisión-nos advierte que no debemos hacer ningún reproche
al sabio más grande de los tiempos antiguos».
Para MACH: Die Mechanik, 1, 2-5, Leipzig, 1883, el conocimiento intuitivo
-al que Arquímedes daba gran importancia-nos coloca ante «una fuerza irre-
sistible extraña a los resultados de la experiencia reflexiva voluntaria, y se nos
presenta como algo exento de subjetividad e independiente de nosotros mis-
mas; pero lo tenemos siempre al alcance de la mano y es más nuestro que
los fenómenos individuales de la Naturaleza».
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 189

Sea G el centro de gravedad de un peso AB, del cual quitamos el


AD cuyo centro de gravedad es E, y hay que demostrar que el de DH es
el punto Z de la recta EG prolongada tal que la razón de ZE a ZG es
la misma que la del peso AB al
AD (Fig. 115). A H
Si Z no es el centro de grave-
dad de DH, sino T, el del peso
AB, formado por los AD y DH E G z T
juntos, tiene que estar en la recta
BT y, dividiéndola en dos partes
que sean inversamente proporcio-
nales a AD y DH 14, no coincidirá o B
con G, lo cual es absurdo. FIG. 115.
9. El centro de gravedad de
un paralelogramo está en la recta que une los puntos medios de los la-
dos opuestos.
Sea ABGD un paralelogramo, E y Z los puntos medios de los lados
opuestos AB y GD (Fig. 116). Digo que el centro de gravedad del AD está
en la recta EZ, pues si no está y es el punto T, tracemos la recta TI
paralela a AB. Bisecando sucesivamente la BB, llegaremos a un segmento
menor que TI; dividiendo AE y BB en segmentos iguales a BK y tra-
zando por los puntos de división
A E K B
paralelas a EZ, el paralelogramo

luJlt///
e z
FIG. 116.
O
AD quedará descompuesto en pa-
ralelogramos iguales y semejantes
al KZ, y aplicándolos unos a otros,
sus centros de gravedad también
quedarán aplicados unos a otros 15
y tendremos un número par de
pesos iguales a KZ cuyos centros de gravedad están en la misma recta
y equidistantes unos de otros, y, por tanto, el del conjunto de todos esos
paralelogramos será el punto medio de la recta que une esos centros
de gravedad 16, lo cual es imposible porque hemos supuesto que es T,
que cae fuera de EZ; luego el centro de gravedad del paralelogramo
ABGD está en la recta EZ.

14 Props. 6 y 7.
15 Postulado 4.
16 Prop. 5, corolario b).
190 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

10. El centro de gravedad de un paralelogramo es el punto de inter-


secczon de sus diagonales, porque debiendo estar en las rectas que unen
los puntos medios de los pares de lados opuestos, estará en su inter-
sección, que es también la de las diagonales.
11. Si en dos triángulos semejantes se tieñen sendos puntos seme-
jantemente dispuestos y uno de ellos es el centro de gravedad de uno de
los triángulos, el otro punto es el del otro triángulo.
Sean ABG y DEZ dos triángulos semejantes, siendo AG a DZ como
AB a DE y como BG a EZ, y T Y N dos puntos semejantemente dis-
A puestos, de los cuales T es el cen-
~ o tro de gravedad del triángulo ABG
B~G~ N H (Fig. 117). Digo que N es el del
DEZ, porque si no lo fuera, sino
el H, y trazamos las rectas TA,
E Z TB, TG, ND, NE, NZ, HD, HZ
FIG. 117. Y HE, por estar T y H semejante-
mente dispuestos las rectas que
los unen con los vértices de los triángulos formarán ángulos iguales con
los lados homólogos y, por consiguiente, el ángulo HDE será igual al T AB,
y como este es igual al NDE porque los puntos T y N están semejantemente
dispuestos, resulta que el ángulo HDE es igual al NDE, lo que es im-
posible por ser aquel menor que este; luego H no es el centro de gra-
vedad del triángulo DEZ.
12. Si en dos triángulos semejantes el centro de gravedad de uno
de ellos está en la recta que une un vértice con el punto medio del lado
opuesto, el centro de gravedad del otro triángulo está en una recta se-
mejantemente trazada.
Sean ABG y DEZ dos triángulos semejantes, siendo AG a DZ como
AB a DE y como BG a EZ; H Y
M los. puntos medios de los lados
AG y DZ, y T, en la recta BH,
el centro de gravedad del triángu-
lo ABG. Digo que el del DEZ
está en una recta semejantemente
dispuesta (Fig. 118). FIG. 118.
Trazamos la recta EM; toman-
do en ella un punto N tal que EM sea a EN como BH a BT y uniendo
los puntos T y N con A, G, y D, Z, por ser AH la mitad de AG y DM la
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 191

de DZ, la recta BA será a la ED como AH a DM, y el ángulo AHB igual


al DME; luego AH es a DM como BH a EM, y por ser BH a BT como
EM a EN será AB a DE como BT a EN y el ángulo BAT igual al EDN y
el TAG al NDZ.
Por la misma razón los ángulos BGT, EZN y TGH, NZM son iguales
y como se ha demostrado la igualdad de los ABT y DEN, el TBG será
igual al NEZ; luego los puntos T y N, semejantemente dispuestos en
lados homólogos, forman ángulos iguales, y, por tanto, siendo T el cen-
tro de gravedad del triángulo ABG, es N el del DEZ.
13. El centro de gravedad de un triángulo está en la recta que une
uno de sus vértices con el punto medio del lado opuesto.
Sea el triángulo ABG y AD la recta que une el vértice A con el pun-
to medio del lado opuesto, en la cual hay que demostrar que está el
centro de gravedad del triángulo.
Si no es así, supongámoslo en el punto T y tracemos por este la TI
paralela a BG. Dividiendo sucesiva-
A
mente la recta DG en dos partes
iguales, se llegará a un segmento
menor que TI; hagamos lo mismo
con BD y por los puntos de divi-
sión tracemos paralelas a AD, y lue-
go las EZ, HK y LM, que serán
paralelas a BG (Fig. 119).
Ahora bien: el centro de grave-
dad del paralelogramo MN está en B O
la recta VW, el del KS en WY y
o N Q G

el de ZO en YD; luego el del con- FIG. 119.

junto de esos paralelogramos está


en la recta VD. Suponiendo que sea el punto R unámoslo con el T,
prolonguemos RT y, trazando la GF paralela a AD, el triángulo ADG
es a la suma de todos los triángulos semejantes a él construidos so-
bre las rectas AM, MK, KZ y ZG como AG a AM porque dichas rec-
tas son iguales entre sí; pero la razón del triángulo ABD a la suma
de todos los triángulos construidos sobre AL, LH, HE Y EB es la de
AB a AL; luego la del triángulo ABG a la suma de estos triángulos es
la de AG a AM, y como esta razón es mayor que la de RF a RT
porque AG es a AM como RT a RP por la semejanza de los triángulos,
resulta que la razón del ABG a la suma dicha es mayor que la de RF a
192 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

RT y, por sustracción, la de la suma de los paralelogramos lvlN, KS y


ZO a la de los triángulos restantes es mayor que de la TF a TR.
Suponiendo ahora que la recta TX sea a la TR como la suma de los
paralelogramos a la de los triángulos, tendremos un cierto peso ABG, con
el centro de gravedad en T, del que se ha quitado otro formado por los
paralelogramos MN, KS y ZO, con el centro de gravedad en R; luego el
centro de gravedad de lo que queda, que es el conjunto de los triángulos
restantes, está en la prolongación de la recta RT, la cual prolongación
será a PT como lo restado es a lo restante, lo cual es imposible porque
trazando por X en el plano del triángulo ABG una recta paralela a AD,
todos los triángulos estarán del lado de esta recta, es decir: a uno o a
otro lado y, por tanto, la proposición es cierta.
14. El centro de gravedad de un triángulo es el punto en que se cor-
tan mutuamente las rectas trazadas desde cada vértice al lado opuesto.
Trazando en el triángulo ABG las rectas AD y BE que unen los
vértices A y B con los puntos me-
dios de los lados opuestos, el cen-
tro de gravedad del triángulo tie-
ne que ser el punto T, porque está
en las dos rectas AD y BE 17.
15. El centro de gravedad de
un trapecio está en la recta que
FIG. 120. une los puntos medios de los lados
paralelos dividida de tal modo que
la parte situada hacia el lado menor paralelo sea a la otra parte como el
doble del lado mayor, juntamente con el menor, es al doble del mayor
juntamente con el menor.
Sea el trapecio ABGD de lados paralelos AD y BG, cuyos puntos
medios E y Z determinan una recta en la cual debe estar el centro de
gravedad del trapecio (Fig. 121), porque si prolongamos las rectas GD,
BA Y ZE estas rectas se encontrarán en un mismo punto Q 18, luego el

17 La simetría del paralelogramo respecto de las rectas que unen los puntos
medios de los pares de lados opuestos permitió a Arquímedes determinar fácil·
mente su centro de gravedad; pero como el triángulo no tiene elementos simé-
tricos tuvo que recurrir a la reducción al absurdo para demostrar que el cen-
tro de gravedad está en una mediana, lo que autoriza a sospechar que conocía
la propiedad de estas de cortarse a los 2/3 del vértice.
18 Si suponemos, en efecto, que la prolongación de ZE no pasa por el
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 193

centro de gravedad del triángulo QBG está en la recta QZ, y como el


del QAD también está en EQ, el del trapecio restante ABDG está igual-
mente en la misma recta 19.
Tracemos la BD y dividámosla en tres partes iguales por los puntos
T y K por los cuales tracemos las LTM y NKR paralelas a BG y luego
las DZ, BE y OS de modo que el
Q
centro de gravedad del triángulo
DBG estará en TM porque TB es la
tercera parte de BD y la recta TM
se ha trazado por T paralelamente
a BG, y como el centro de grave-
dad del triángulo BDG está en DZ,
es el punto S; por la misma razón
O es el del triángulo ABD, y el del
conjunto de estos dos triángulos, B
es decir: del trapecio ABGD, está FIG. 121.
en OS, y por estar también en EZ,
es el punto W, y siendo el triángulo BGD al ABD como BG a AD y OW a WS
como WT a WV, es BG a AD como WP a WV y, por consiguiente, el
doble de BG, juntamente con AD, es al doble de AD, juntamente con
BG, como el doble de .WP, juntamente con WV, es al doble de WV,
juntamente con WP; pero el doble de WP, juntamente con WV, es igual a
VP, juntamente con WP, es decir: a PE, y el doble deWV, juntamente
con WP, es igual a WV, juntamente con WV, es decir: WZ, y queda de-
mostrada la proposición.

punto Q de intersección de GA y BA, Y trazamos la recta ZQ, se tendrá

y por ser BZ=ZG, también debe ser AE=ED; luego la recta que pasa por Z
y E pasa también por Q.
19 Prop. 8.
194 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

LIBRO 11

1
DEFINICIONES Y LEMAS

1. Si en un segmento comprendido por una recta y una seCClOn de


un cono rectángulo 1 se inscribe un triángulo de igual base y altura que
el segmento, y en los segmentos restantes se siguen inscribiendo trián-
gulos de la misma manera, la figura que resulta se dice que está inscrita
regularmente 2 en el segmento.
2. Las rectas que unen los vértices de la figura inscrita, como se ha
dicho, son paralelas a la base del segmento.
3. Estas rectas quedan bisecadas por el eje del segmento.
4. Dichas rectas cortan al eje del segmento según el orden de los
números impares.
Estas propiedades se demostrarán en su lugar 3.

11
PROPOSICIONES

1. Si dos áreas comprendidas por una recta y una parábola no tie-


nen el mismo centro de gravedad, el de la magnitud formada por las dos
áreas estará en la recta que une los dos centros dividida en dos segmentos
inversamente proporcionales a las áreas parabólicas 4.
1 Es decir, un segmento parabólico, que es como traduciremos en lo sucesivo.
El texto griego es: L¡,tU¡,tCL LO :rtEQLEXÓ¡,tEVOV l<JnÓ LE Ev9dCL¡; 'XCtl oQ90YOOVlO1J 'Xwvov
'tü¡,tU¡;.
2La lección griega dice que la figura queda inscrita «como se sabe»:
frase que Peyrad y Delambre traducen por el adverbio
YVOOQL¡,tOO¡; EYYQacpEo9CLL,
régulierement, que creemos preferible a la perífrasis, desde luego más literal,
reeognised manner de Heath.
3 Sv LCLL¡; Lá~EOLV; pero ignoramos si Arquímedes lo hizo porque la demostra-
ción no se encuentra en ninguna de sus obras conocidas, aunque no descar-
tamos la hipótesis de que figurase en alguna de las perdidas.
Apoyándose en las props. 4 y 18 de la Cuadratura de la parábola, HEATH,
loe. cit., pág. 405, ha demostrado los lemas 2, 3 y 4.
4 Este teorema es un caso particular de los 6 y 7 del lib. 1, que Arquíme-
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 195

2. El centro de gravedad de una figura rectilínea inscrita regular-


mente en un segmento parabólico está en el eje del segmento, porque los
centros de gravedad de los trape-
cios AEKG, EZIK y ZHTI están B
en las rectas LD, ML Y MN, respec-
tivamente, y el del triángulo HBT
en BN; luego el de la figura recti-
línea total está en BD (Fig. 122).
3. Si en dos segmentos para-
bólicos semejantes se inscriben re-
gularmente figuras rectilíneas del
mismo número de lados, los cen-
tros de gravedad de estas figuras
estarán semejantemente situados A
en los ejes de los segmentos. FIG. 122.

Sean los dos segmentos ABG y


UOW de ejes BD y OV; inscribámosles regularmente sendas figuras rec-
tilíneas del mismo número de lados y tracemos las rectas EK, JI, HT Y
RS, PQ, CF. Puesto que los ejes están semejantemente divididos por pa-
ralelas, que los cortan según los sucesivos números impares y son en
igual número, también tendrán las mismas razones las paralelas 5.
Ahora bien: los centros de gravedad de los trapecios AEGK y RUSW
(Fig. 123) están semejantemente colocados en las rectas LD y ZV por-
que AG es a EK como UW a RS y por la misma razón los centros de
gravedad de los trapecios EJIK, RPQS, JHTI y PCPQ y de los triángu-
los HBT y COP están semejantemente colocados en las rectas ML, YZ,
des demuestra independientemente de aquellos por la importancia que da en
el lib. Ir a los segmentos parabólicos.
5 Puesto que los segmentos de los ejes son entre sí como los números 1, 3,
5, 7, ... , los segmentos homólogos serán proporcionales, así como las paralelas
homólogas, porque, en efecto, de

HN2 BN 1 CX2 OX 1
JM2 BM 4 PY2 OY 4
se deduce
NH CX HT CF
-- -- -- --
JM PY JI PO
y así sucesivamente.
196 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

XY, BN Y OX, respectivamente, y como los trapecios y los triángulos


son proporcionales, resulta que los respectivos centros de gravedad de
las figuras completas inscritas en los
B
segmentos parabólicos. ABG y UVW
están semejantemente colocadas en
los ejes BD y OVo
4. El centro de gravedad de un
segmento parabólico cualquiera está
en el eje del segmento.
Sea ABG un segmento parabóli-
co en cuyo eje BD está su centro
de gravedad porque si no estuviera,
G y suponemos que es E, tracemos
o por este punto la recta EZ paralela
a la BD; inscribamos en el segmen-
to el triángulo de la misma base
y altura ABG y sea GZ a DZ como
este triángulo al área K, e inscriba-
mos, también regularmente, una fi-
gura rectilínea de modo que la suma
de los segmentos restantes. sea me-
nor que K (Fig. 124).
Puesto que el centro de gravedad
w de esta figura está en el eje BD, su-
FIG. 123. pongamos que es T; unámoslo con
E y tracemos por G la recta GL para-
lela a BD hasta su encuentro con la prolongación de TE. Es evidente
que la razón de la figura inscrita en el segmento a la suma de los segmen-
tos restantes es mayor que la del triángulo al área K, y por ser el trián-
gulo a K como GZ a DZ, aquella razón es mayor que la de GZ a DZ.
Si M es un punto de la prolongación de TE tal que ME sea a ET
como la figura inscrita a la suma de los segmentos y recordamos que el
centro de gravedad de la figura es el punto T, es claro que el de lo que
queda, que es el conjunto de todos los segmentos restantes, estará en la
prolongación de la recta TE de tal modo que su prolongación sea a TE
como la figura rectilínea inscrita es a la suma de los segmentos restan-
tes ti; luego este centro de gravedad será el punto M, lo cual es absurdo
6 Lib. I, prop. 8.
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 197

porque todos los segmentos restantes están al mismo lado de la recta


trazada por el punto E paralela a BD; luego el centro de gravedad está
en BD.
5. El centro de gravedad de un segmento parabólico está más cer-
ca del vértice que el del de una fi-
B M
gura rectilínea inscrita regularmen-
te en el segmento.
Sea ABG un segmento parabó-
lico ; inscribámosle el triángulo
ABG y, tomando en su eje un
punto E tal que BE sea doble de
ED, ese punto será el centro de
gravedad del triángulo. A D Z
Por los puntos medios Z y H FIG. 124.
las rectas AB y BG tracemos las
ZK y HL paralelas a BD, en las cuales estarán los centros de gravedad
B de los segmentos AKB y BLG. Si
son T e I, respectivamente, y los
unimos, la figura TZHI será un
paralelogramo 7; Y como ZN es
igual a N H, será TX igual a XI
y, por tanto, el centro de grave-
dad de la magnitud formada por
los segmentos AKB y BLG estará
en el punto medio X de TI por ser
A o G equivalentes estos dos segmentos,
FIG. 125. y como el del triángulo ABG es E,
el de la figura total, es decir, el
del segmento parabólico, estará en XE, o sea, entre los puntos X y E,
y, por tanto, más cerca de B que lo está E 8.

7 Si trazáramos la recta KL, por ser esta y la ZH paralelas a la AG y la KZ


a la LH, es KZ=LH, y, por tanto, TZ=IH; luego la figura TZHI es un pa-
ralelogramo.
8 Arquímedes inscribe después en el segmento parabólico el pentágono
AKBLG y, considerando los triángulos y segmentos AKB y BLG y razonando
del mismo modo, demuestra que el centro de gravedad del segmento ABG
está más cerca del vértice B que el del pentágono AKBLG, y lo mismo ocurre
con cualquier otra figura rectilínea inscrita regularmente.
198 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

6. En un segmento parabólico dado se puede inscribir regularmente


una figura rectilínea de tal modo que la distancia entre los centros de
gravedad de aquel y de esta sea menor que cualquier longitud dada.
Sea el segmento parabólico ABG de centro de gravedad T, y el
triángulo ABG tal que su área sea a un área K como B T a la longitud
dada Z.
Inscribamos regularmente en el segmento la figura rectilínea AMBLG
de tal manera que la suma de los segmentos restantes sea menor que
K (Fig. 126). Si E es el centro de
H
gravedad de esta figura, digo que
B TE es menor que Z, porque si no es
menor, será igual o mayor, y puesto
que la razón de la figura rectilínea
AMBLG a la suma de los segmentos
restantes es mayor que la del trián-
gulo ABG al área K 9, es decir, que
la razón de TB a Z, la cual no es
o menor que la de TB a TE porque TE
FIG. 126. no es menor que Z, la de la figura
a la suma de los segmentos restantes
será mayor que la de TB a TE, y, por consiguiente, si hacemos de modo
que la figura rectilínea AMBLG sea a la suma de los segmentos restantes
como otra recta a la TE, esta recta será mayor que la TB y entonces,
suponiendo que es TH, por ser T el centro de gravedad del segmento
parabólico y E el de la figura rectilínea y en la prolongación de ET se
toma una longitud que sea a TE como la figura a la suma de los seg-
mentos restantes, dicha longitud será mayor que TB, y si es TH a TE
como la figura a los segmentos restantes, el centro de gravedad de estos
será el punto H, lo cual es imposible porque si se traza por él una para-
lela a BG, los segmentos restantes quedarán del mismo lado que el seg-
mento completo; luego la recta TE es menor que Z.
7. Los centros de gravedad de dos segmentos parabólicos semejantes
dividen a sus diámetros en la misma razón.
Sean los dos segmentos semejantes ABG y EZH, de ejes BD y ZT y
centros de gravedad K y L, respectivamente (Fig. 127).
Si los puntos K y L no dividen a BD y ZT en partes proporcionales,
9 Puesto que la figura es mayor que el triángulo y la suma de los segmen-
tos restantes menor que K.
ARQUIMEDES.~DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 199

sea NZ a NT como KB a KD e inscribamos regularmente en el segmento


EZH una figura rectilínea tal que la distancia entre su centro de gravedad
M y el del segmento L sea menor
B
que LN. Si en el segmento ABG
inscribimos otra figura semejante
a la anterior, su centro de grave-
dad estará más cerca del vértice
que lo está el del segmento, lo
cual es imposible; luego KB es a
KD como LZ a LT.
8. El centro de gravedad de
un segmento parabólico divide al
eje en dos partes tales que la que A o G
está del lado del vértice es igual
a tres veces. la mitad de la que z
está del lado de la base.
Sea ABG un segmento para-
bólico de eje BD y centro de gra-
vedad T. Hay que demostrar que
la recta TB es igual a tres veces
la mitad de la TD.
Inscribamos reguLarmente en
el segmento el triángulo ABG;
sea E su centro de gravedad; di-
vidamos las rectas AB y BG en dos FIG. 127.
partes iguales por los puntos Z y
H Y tracemos por ellos las ZK y HL paralelas a BD, las cuales serán
los ejes respectivos de los segmentos AKB y GBL (Fig. 128).
Si M Y N son los centros de gravedad de estos y trazamos las rectas
ZH, MN y KL, el punto R será el centro de gravedad de la figura formada
por los dos segmentos, y por ser TB a TD como MK a MZ, sumando y
permutando será BD a KZ como TD a MZ; pero BD es cuádruple de
KZ, como se demostrará más adelante 10, TD cuádruple de MZ, y, por
10 Falta la demostración. La propiedad no es de Arquímedes, sino de Eutacio,
comentarista sirio de los matemáticos griegos, que floreció en el primer tercio
del siglo VI de nuestra era.
Haciendo la construcción indicada, Eutocio observa que por ser AZ = BZ, es
BA=2BZ, BD=2BS, AD=2ZS=2KP,
200 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

tanto, el resto TB también será cuádruple del resto KM, es decir: de PR;
luego la suma de las rectas restantes BP y RT es triple de PR 11, Y siendo
BP triple de PQ, lo será TR de QR.
Puesto que BD es cuádruple de BP y BP triple de PQ, la recta
BQ será la tercera parte de BD, y
B como ED es la tercera parte de BD
por ser E el centro de gravedad del
triángulo ABG, la recta restante QE
será la tercera parte de BD.
Por ser T el centro de gravedad
del segmento parabólico dado, R
el de los dos segmentos AKB y BLG
juntos, y E el del triángulo ABG,
este triángulo será a la suma de los
o G segmentos restantes como TR a TE
FIG. 128. y por ser dicho triángulo triple de la
suma de los segmentos porque el
segmento total es cuádruple del tercio del triángulo 12, resulta que TR es
triple de TE, y como se ha demostrado que TR es triple de RQ, es QE, o
sea: DE, quíntuple de TE por ser iguales las rectas RE y DE; luego TD es
séxtuple de TE, y como BD es triple de DE, resulta finalmente que BT
es triple de la mitad de TD.
9. Si cuatro rectas están en proporción continua y se toma otra que
sea a los tres quintos del exceso de la mayor sobre la tercera como la
menor es al exceso de la mayor sobre la menor, y se toma también
otra recta que sea el exceso de la mayor sobre la tercera como una recta
formada por el doble de la mayor, el cuádruple de la segunda, el séxtuple
de la tercera y el triple de la cuarta es a otra formada por el quíntuple de
la mayor, el décuple de la segunda y el quíntuple de la cuarta, estas dos
rectas, juntas, serán los dos quintos de la mayor 13.
de donde

y poniendo PS = KZ, puesto que KPSZ es un paralelogramo, resulta, finalmen-


te, BD=4KZ.
11 Por ser TB=4PR, es TB-PR=BP+TR=3PR.
12 Vid. ínfra, De la cuadratura de la parábola, prop. 24.
13 La demostración arquimediana de este teorema, de tan largo y fastidioso
enunciado, es difícil de seguir sin perder el hilo del razonamiento, por lo cual
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 201

10. El centro de gravedad de un segmento restado de un área parabó-


lica está en la parte del medio de las cinco iguales en que se divida el eje
del segmento, dividida de tal modo que la porción que está más cerca de
la base menor del segmento sea a la otra porción como un sólido que
tenga por base el cuadrado construido sobre la mitad de la base mayor
y por altura el doble de la menor, juntamente con la mayor, es a otro
sólido que tenga por base el cuadrado construido sobre la mitad de la
base menor y por altura el doble de la mayor, juntamente con la menor.
Sean en una parábola las dos rectas AG y DE Y el segmento ABG de
eje BZ. Es evidente que HZ será también el eje del segmento ADEG 14
Y las rectas AG y DE paralelas a la tangente en el punto B.
Dividamos HZ en cinco partes iguales y sea TK la del medio. Si TI es
a IK como un sólido que tenga por base el cuadrado construido sobre
AZ y por altura el doble de DH, juntamente con AZ, es a otro sólido
que tenga por. base el cuadrado construido sobre DH y por altura el doble
de AZ, juntamente con DH, hay que demostrar que el punto 1 es el
centro de gravedad del trapecio ADEG (Fig. 129).

la sustituimos por la siguiente, que tiene la rapidez y claridad del cálculo alge-
braico, cuyo desconocimiento por los griegos suplió Arquímedes con su excep-
cional habilidad técnica.
Dados cuatro segmentos rectilíneos a > b > e > d en proporción continua
y otros dos x e y tales que sea
x d y

3/ 5 (a- c) a- a' a- e
2a+ 2b+ 6c+3d
Sa+ lOb+ lOe+Sd'

despejando x en la primera ecuación e y en la segunda, es


3 a-e
x=-d ' - - ,
S a-d
2«2 + 4ab +4ae + 3ad + 4be - 6e2 - 3ed
y=
5(a+2b+2e+d)

cuya suma, teniendo en cuenta que por hipótesis es bc=ad, vale x+y=2/5 Q.
14 Arquímedes llama también segmento a la figura comprendida entre dos
cuerdas paralelas y los arcos parabólicos que interceptan: a:n:o oQ6oyooví.o'U xrovov
to¡.tús a<paQoú¡.tEvO~, es decir, nuestro trapecio parabólico.
202 CIENTIFICOS GRIEGO S.-TOMO II

Sean MN Y NO iguales a BZ y BH, respectivamente; tornemos una


recta NP media proporcional entre MN y NO Y otra QN cuarta propor-
cional entre estas tres, y sea QM a QN corno TZ a una recta IR trazada
desde el punto l, y cuyo otro ex-
B tremo caerá donde caiga, porque
es indiferente que sea entre Z y
H o entre H y B.
Puesto que BZ es un diáme-
H4-
D~
tro 15 de la parábola, el principal,
~E

o uno paralelo a él, y las rectas


AZ y DH ordenadas por ser pa-
ralelas a la tangente en el punto
B, el cuadrado construido sobre
z
P o Q N AZ será al construido sobre DH
1 I I
corno BZ a BH, es decir: corno
FIG. 129. MN o NO; pero esta razón, MN
a NO, es la misma que la del
cuadrado construido sobre MN al construido sobre NP; luego el cua-
drado construido sobre AZ es al construido sobre DH corno el cons-
truido sobre MN es al construido sobre NP; luego AZ es a DH corno
MN a NP, y, por tanto, el cubo construido sobre AZ será al construido
sobre DH corno el construido sobre MN es al construido sobre NP; pero
la razón de los dos primeros cubos es igual a la de los segmentos ABG
y DBE Y la de los segundos a la de MN y NQ, de manera que, restando,
el trapecio ADEG será al segmento DBE corno MQ a NQ, o sea: corno
las tres quinta partes de HZ a IR.
Puesto que un sólido que tiene por base el cuadrado construido sobre
AB y por altura el doble de AH, juntamente con la recta AZ, es al cubo
construido sobre AZ corno el doble de DH, juntamente con AZ, es a AZ,
y, por tanto, corno el doble de NP, juntamente con MN, es a MN; luego
el cubo construido sobre AZ es al construido sobre DH corno MN a NQ.

15 En la terminología arquimediana, la palabra «diámetro»: ~háV,E1:QOe:;, de


la parábola equivale a nuestro eje, y los demás son paralelas al diámetro que,
en el segmento, es la recta que biseca a las cuerdas paralelas a la base:
"tlÍv bLxu "tÉ¡tvo'U(Juv '[lÍe:; Eú6ELUe:; :JtlÍ(Jue:; '[lÍe:; :JtuQu '[uV ~á:(JLV ulnou o'yo¡tÉvae:;; el
diámetro principal de la parábola: O,QXLXO" es el de ordenadas perpendiculares,
y el del trapecio el segmento que une los puntos medios de las cuerdas pa-
ralelas.
ARQUIMEDES.-DEL EQUILIBRIO DE LOS PLANOS 203

Pero este cubo es a un sólido que tenga por base el cuadrado cons-
truido sobre DR y por altura el doble de AZ, juntamente con DH, como
DH es al doble de DZ, juntamente con DZ, y como QN es al doble
de ON, juntamente con QN, y tenemos, pues, cuatro magnitudes: el
sólido cuya base es el cuadrado construido sobre AZ y altura doble
de DR, juntamente con AZ; el cubo construido sobre AZ; el cons-
truido sobre DR, y el sólido que tiene por base el cuadrado de DH y
por altura el doble de AZ, juntamente con AZ, las cuales cuatro mag-
nitudes son proporcionales dos a dos a otras cuatro: al doble de NP,
juntamente con MN a MN; a NQ y al doble de NO, juntamente con NQ;
luego el sólido cuya base es el cuadrado construido sobre AZ y altura
doble de DR, juntamente con AZ, es al que tiene por base el cuadrado
construido sobre DR y altura doble de AZ, juntamente con DH, como
el doble de NP, juntamente con MN, es al doble de NO, juntamente
con NQ.
Pero la razón de estos dos sólidos es la misma que la de TI a IK;
luego TI es a IK como la primera recta compuesta a la segunda, y
sumando y quintuplicando los antecedentes, la recta ZH será a la IK
como una recta formada por el quíntuple de MN y NQ Y el décuple
de NP y NO es al doble de NO, juntamente con NQ, y por ser ZR a los
dos quintos de ZK como una recta formada por el quíntuple de las
MN y NQ Y el décuple de PN y NO es a una recta formada por el
doble de las MN y NQ Y el cuádruple de las PN y NO, resulta que
una recta formada por el quíntuple de MN y NQ Y el décuple de
las PN y NO será a una recta formada por el doble de MN, el cuádruple
de NP, el séxtuple de ON y el triple de NQ, como ZH es a ZI.
Ahora bien: puesto que las cuatro rectas MN, NP, ON Y NQ están
en proporción continua, la NQ será a la QM como la PI a los
tres quintos de ZR, es decir: a MO; pero una recta formada por el
doble de MN, el cuádruple de NP, el séxtuple de NO y el triple de
NQ es a otra formada por el quíntuple de las MN y NQ Y el décuple
de las PN y NO, como la otra recta IZ es a ZR, es decir: a MO; luego
la recta RZ, de acuerdo con lo antes demostrado, será igual a los dos
quintos de MN, o sea: de BZ, y, por consiguientes, el punto R es el
centro de gravedad del segmento ABG, y si es X el de DBE, el del tra-
pecio ADEG estará en una recta situada en la dirección de XR, la cual
será a XP como el trapecio al segmento restante; pero el punto 1 es
este centro de gravedad porque BR y BX son iguales a los tres quintos
204 CIENTIFICOS GRIEGO S.-TOMO 11

de BZ, y BH, respectivamente; el trapecio es al segmento DBE como MQ


a NQ, y esta razón de MQ a NQ es la misma que la de los tres quintos
de ZH, que es XR, a RI; luego el trapecio ADEG es al segmento DBE
como XR a RI, y por ser R el centro de gravedad del segmento total,
y X el del DBE, es 1 el del trapecio 16.

EL AREN ARIOI

Creen algunos, i oh rey Gelón 2!, que el número de granos de arena es


infinito; mas no ya el de los que rodean a Siracusa y cubren las distintas
playas de Tinacria 3, sino el de las que puede haber en todas las regiones
habitadas y desiertas, está lejos de serlo. Hay otros que juzgan no ser
infinito su número, pero dicen que es imposible asignarle ninguno deter-
minado que lo exprese. ¿Qué juzgarían los que tal opinan, al considerar
semejante masa de arenas, si imaginaran que la Tierra entera, levantada
hasta la cumbre de los más altos montes, con los mares y todas sus
cavidades, se hallase repleta de ellas, y todavía pusieran la consideración
en el conjunto de una multitud de moldes iguales a la supuesta? Cierta-
mente que no vacilarían en afirmar que el número de granos de arena

16 Obsérvese que la marcha seguida para determinar el centro de gravedad


del trapecio parabólico es la misma que la de la prop. 15 del lib. 1 para en-
contrar el del trapecio rectilíneo: suma de dos triángulos en este y diferencia
de dos segmentos parabólicos en aquel, con tan admirable aplicación de las
propiedades de las magnitudes proporcionales que pone de manifiesto la extra-
()rdinaria habilidad de Arquímedes para hacer uso de la que Zeuthen llamó
Algebra geométrica de los griegos.
1 Como hemos dicho en la bibliografía arquimediana, este escrito es el
más precioso documento que poseemos de la numeración helénica.
Los griegos tenían invencible horror a considerar números grandes, como
si, fuera de sus necesidades de orden práctico, no tuviesen realidad objetiva.
En Geometría llegaron a las más altas cumbres de la abstracción; ·pero se
quedaron rezagados en Aritmética hasta que el genio desinteresado de Arquí-
medes dedicó a este tema una obra especial: 'AQxo.L, Principios, perdida, en la
que parece que definía los confines entre la numeración y la Aritmética pro-
piamente dicha; pero el pensamiento arquimediano no se ha perdido porque
nos queda El Arenaría en forma de carta enderezada al rey Gelón.
2 Tirano de Siracusa, que murió el año 214 a. de J.C.
3 Nombre primitivo de Sicilia.
ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 205

contenidos en dicho conjunto habría de exceder con mucho, y en gran


manera, a todo número. Mas comprenderás que entre los números dados
por mí y consignados en las cartas que escribí a Zeusippo, hay algunos
que no solo exceden al de los granos de arena que contendría toda la
Tierra, sino también al de los que pudiera contener el Mundo entero.
y no ignoras que muchos astrónomos dan el nombre de Mundo a la
esfera que, con el centro en el de la Tierra, tiene por radio la distancia
de esta al Sol.
Aristarco de Samas 4 publicó ciertas hipótesis de cuyos fundamentos
resulta que el Universo sería mucho mayor porque supone que las
estrellas fijas y el Sol están inmóviles, que la Tierra gira alrededor
de este como centro y que la magnitud de la esfera de aquellas es tal
que la circunferencia del círculo que supone descrito por la Tierra es a
la distancia a las estrellas fijas como el centro de la esfera a la super-
ficie, 10 cual es imposible porque, careciendo de magnitud el centro,
no puede tener ninguna razón con la superficie de la esfera. Es compren-
sible, sin embargo, que Aristarco creyera que, considerando la Tierra
como centro del Mundo, la razón de la Tierra con este es la misma
que la que tiene la esfera sobre la cual se encuentra la órbita terrestre
con la de las estrellas fijas, hipótesis de la que deduce sus demostraciones
suponiendo que los fenómenos ocurren así porque parece que la esfera
sobre la que imagina que se mueve la Tierra es igual a la que nosotros
llamamos Mundo s.
4 Geómetra griego del siglo III a. de T.e.
s La imposibilidad de una razón entre el centro y la superficie de una es-
fera, que Arquímedes esgrime contra Aristarco, admitida sin comentarios por
todos los traductores del Arenario, solo tiene un valor simbólico para Abel
Rey. «La traslación de la Tierra sobre su órbita-dice-no cambia en nada las
apariencias relativas de las estrellas fijas con respecto a ella, y, por tanto, se
puede asimilarla a un punto sin magnitud frente a la esfera de las fijas, ya que
esta es inmensa y, por decirlo así, inconmensurable con relación a la de la
órbita terrestre: metáfora y no aserción matemática. Pero la metáfora ilustra
con precisión un sistema en el que «el Mundo» tan restringido de Aristóteles
y de los geocentristas se ha ampliado hasta parecer infinito, no solo respecto
de la Tierra, sino de una esfera, uno de cuyos círculos máximos es la órbita
terrestre. A los griegos les repugnaba el infinito y Arquímedes ha conservado
esta preciosa glosa de Aristarco para proponerse contar los granos de arena
que llenarían la enorme esfera de las estrellas fijas, a fin de hacerla conmensu-
rable, aunque la órbita imaginada por el de Samos solo sea respecto de ella
un punto sin magnitud, puesto que es preciso que a lo largo del año que tarda
206 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Decimos, pues, que si tuviéramos una esfera de arena tan grande


como la de las estrellas fijas que supone Aristarco, se podría demostrar
que entre los números citados en el libro de los Principios 6 hay algunos
que superan el de granos de
arena contenidos en dicha esfera.
Supongamos ahora que el contorno de la Tierra tenga trescientas
miríadas de estadios 7, pero no más, porque tú sabes que otros han
querido demostrar que es de treinta miríadas aproximadamente; pero yo
lo supongo diez veces mayor y no más, y admito, de acuerdo con los
astrónomos aludidos, que el diámetro de la Tierra es mayor que el de
la Luna y el del Sol mayor que el de la Tierra, siendo el del Sol treinta
veces mayor que el de la Luna, pero no más.
Entre los astrónomos a que he hecho referencia, Eudoxio afirmó que
el diámetro del Sol era nueve veces mayor que el de la Luna; Fidias,
hijo de Acúpatres 8, ha dicho que era doce veces mayor, y, finalmente,
según Aristarco, el diámetro del Sol es mayor que dieciocho y menor
que veinte veces el de la Luna; pero yo voy más lejos y supongo que el
del Sol es mayor que el lado de un kilógono inscrito en un círculo máximo
de la esfera en que se mueve; y hago esta hipótesis porque Aristarco
dice que el Sol es la setecientavigésima parte del Zodíaco 9.
en recorrerla, todo suceda como si el observador del cielo permaneciese en un
mismo punto, como si aparentemente no saliera del centro de esta órbita».
L'apogée de la science technique grecque, l, pág. 76, París, 1946.
Las palabras de Arquímedes tienen, además, gran importancia histórica por
su alusión al sistema heliocéntrico de Aristarco, que, 10 mismo que a Galileo
dos mil años después, le valió la acusación de violador de la religión ante los
paganos ortodoxos.
Verdadero precursor de Copérnico, el astrónomo griego tuvo la audacia de
decir que la Tierra giraba alrededor del Sol en una obra, perdida, 10 que da
extraordinario interés a la referencia de Arquímedes, quien, sin compartir las
ideas de Aristarco, acepta el Universo de este por ser inmensamente mayor que
el que concebían sus contemporáneos y poder demostrar que, lleno de arena,
contiene un número finito de granos.
6 'AQXCLL, perdido.
7 Miríada quiere decir ((diezmillaf», y como el estadio ático tenía 125 pasos
geométricos, equivalentes a 177,7 metros, resulta que las 300 miríadas = 3 mi-
llones de estadios que Arquímedes asigna a la circunferencia terrestre son
533 millones de metros, número deliberadamente exagerado para matizar mejor
el problema que trata de resolver.
8 Es decir, su padre. Vid. supra, PróJogo, nota l.
9 El valor 3600: 720= 30', que da Aristarco, y acepta Arquímedes, para el
ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 207

Con el auxilio de aparatos he intentado determinar el ángulo que,


teniendo el vértice en el ojo del observador, abarque al Sol, ángulo que
no es fácil de medir porque ni la vista, ni las manos, ni los instrumentos
son seguros para hacer cálculos exactos y es inútil hablar de la imper-
fección de los aparatos porque ya se ha dicho varias veces.
Además, como para demostrar lo que me propongo me basta consi-
derar un ángulo no mayor y otro no menor que el que abarca el Sol
con el vértice en el ojo del observador 10, coloqué un pequeño cilindro
perpendicularmente a una regla sobre una superficie plana en un lugar
elevado para ver el Sol en cuanto apareciera en el horizonte y poderle
mirar de frente 11, dirigí hacia él la regla y, poniendo el cilindro entre el
Sol y el ojo para que lo ocultara por completo fui alejando de este el
cilindro hasta que vi al Sol por los bordes y entonces detuve el cilindro.
Si el ojo viera con un solo punto y desde el extremo de la regla en que
está se imaginan tangentes al cilindro, el ángulo que forman sería menor
que el que tuviera el vértice en el ojo y abarcara al Sol; pero como el ojo
no ve objetos con un solo punto, sino con una parte que tiene una cierta
magnitud 12, tomé otro cilindro de diámetro no menor que el ancho de
la parte del ojo que ve, lo coloqué en el extremo de la regla donde
estaba el ojo y tracé dos rectas tangentes a los dos cilindros. Es evidente
que el ángulo así formado debe ser menor que el que abarcaba al Sol
y tenía el vértice en el ojo.
Para tener esos cilindros de diámetros no menor que el ancho de la
parte que ve del ojo, se toman dos del mismo diámetro y pequeño:
uno blanco y otro negro, y se colocan ante el ojo de manera que el
blanco esté más lejos y el negro lo más cerca posible y toque al rostro.

diámetro aparente del Sol, es bastante aproximado pues que está compren-
dido entre 31' 311/ y 32' 35". En cambio, se halla muy lejos de la verdad su
hipótesis de ser el diámetro del Sol no mayor que treinta veces el de la Luna,
pues que resulta entonces que la razón entre los diámetros del Sol y de la
Tierra es 30, siendo, en realidad, 109,1.
10 .áv yoovLav, EL:; av ó aAto~ 8vaQ¡.tó~EL .áv xOQucpáv ExouoaU no1:1 ,;(i O'\j>H.
11 Es decir, observarlo a simple vista en el momento en que sus rayos no
hieren violentamente los ojos.
12 EnE!, al 01jJLEs 01J% ucp EVos oa¡.tELov ~AÉnov.L, u'AAa unó 1:LVÓ~ ¡.tEyÉ6EOC;.
La parte que ve del ojo es, en efecto, la pupila, que, al contraerse o dilatarse
según que reciba más o menos luz, cambia de magnitud, y como su diámetro
en el momento de la observación podía no ser igual al del cilindro, la expe-
riencia era imprecisa.
208 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Si los diámetros de los cilindros son menores que lo ancho de la parte


del ojo que ve, es evidente que, mirando al cilindro negro, se verá
por completo el blanco; pero si los diámetros de los cilindros no son
menores que lo ancho de la parte que ve, solo se verá algo a uno y
otro lado del cilindro negro, y teniendo esto en cuenta, construí dos
cilindros de anchura tal que uno ocultaba al otro sin ocultar más y, por
tanto, una magnitud igual a lo ancho de estos cilindros no es menor
que el de la parte del ojo que ve 13.
Para conseguir un ángulo no menor que el que abarca al Sol y
tiene su vértice en el ojo, alejé de este el cilindro hasta que ocultó por
completo al Sol y entonces le tracé las tangentes desde el extremo de
la regla en donde estaba el ojo, las cuales es claro que forman un ángulo
mayor que el que abarca al Sol y tiene el vértice en el ojo.
Comparando estos ángulos con el recto, el mayor, cuyo vértice estaba
en un punto marcado en la regla, era menor que la ciento sesenta y
cuatro ava parte del recto y el menor mayor que dos centésimas
partes del recto; luego el ángulo que abarca al Sol y tiene el vértice en
el ojo está comprendido entre estos dos valores 14, y se demuestra
entonces que el diámetro del Sol es mayor que el lado de un kilógono
inscrito en un círculo máximo de la esfera del Universo.
Supongamos, en efecto, el plano trazado por el ojo del observador
y por los centros de la Tierra y del Sol cuando este se encuentra
poco elevado sobre el horizonte. Ese plano cortará a la esfera del
Mundo según el círculo ABG, a la Tierra según el DEZ y al Sol según
el PSN; sean T y K los centros de la Tierra y del Sol y D el ojo del
observador y tracemos desde los puntos D y K las tangentes DL y De,
TM y TO al círculo PSN en los puntos N, P y Q, R, respectivamente, y
sean A y B los de intersección de TM y TO con la circunferencia del
círculo ABG (Fig. 130).

13 Este aparato es, en el fondo, la dioptra, que un siglo después inspiró


a Herón la suya, a la que posteriormente, hacia 130 a. de J. C., Hiparco añadió
la pínula y el cursor.
14 Las dos observaciones son buenas, dado 10 rudimentario del instrumento
con que las hizo, puesto que los valores obtenidos son: 90°: 200= 27 ' y
90°: 164=32' 35", y los verdaderos, como dijimos en la nota 9, son 31' 31 1/ y
32' 35", respectivamente, a los que seguramente se habría acercado más Arquí-
medes si hubiera tenido en cuenta la refracción, que es bastante grande cuando
el Sol está sobre el horizonte.
ARQUIMEDES.-EL AREN ARIO 209

La recta TK será mayor que la DK porque se ha supuesto que el


Sol está sobre el horizonte, y, por tanto, el ángulo CDL será mayor
que el OTM, y como es mayor que
E
dos centésimas partes y menor que
la ciento sesenta y cuatro aya de un
recto por ser igual al que abarca
el Sol desde el ojo del observador,
el OTM será menor que la ciento
sesenta y cuatro aya parte de un
recto y, por consiguiente, la rec-
ta AB menor que la cuerda de la
seiscientas cincuenta y seis aya par-
te de la circunferencia del círculo
ABG.
Pero la razón del contorno del
polígono de seiscientos cincuenta y
seis lados al radio del círculo ABG
es menor que la de cuarenta y cua-
tro a siete, porque no ignoras que
hemos demostrado 15 que la circun-
ferencia de un círculo es igual al M
triple del diámetro y una parte de
este menor que la séptima y ma-
yor que la diez setenta y una ava;
luego la razón de AB a TK es me- FIG. 130.
nor que la de once a mil ciento
cuarenta y ocho 16, y, por tanto, AB es menor que la centésima par-

15 Vid. supra, Medida del drculo, prop. 3.


16 Siendo la razón del perímetro del polígono de 656 lados inscrito en el
círculo ABG a TK menor que 44/7, la de uno de los lados de ese polígono a TK
será menor que
44 44 11
- - : 7=--=--,
656 4592 1148
y por ser AB menor que ese lado, es a fortiori

AB 11
--<--
TK 1148
210 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

te de TK 17, Y como el diámetro del círculo PSN es igual a AB por-


que FA, mitad de AB, es igual a KQ, pues siendo iguales las rectas
TK y TAse han trazado en sus extremos perpendiculares opuestas al
mismo ángulo, resulta que el diámetro del círculo PSN es menor que la
centésima parte de TK.
Ahora bien: el diámetro ETV es menor que el del círculo PSN
porque el DEZ es menor que este; luego las rectas TV y SK, juntas,
son menores que la centésima parte de TK y, por consiguiente, la razón
de TK a VS es menor que la de ciento a noventa y nueve 18; pero TK
no es menor que TQ y VS menor que DP; luego la razón de TQ a DP es
menor que la de ciento a noventa y nueve, y, además, por ser iguales
los lados KP y KQ de los triángulos rectángulos TPK y TQK, desiguales
los DP y TQ, siendo este el mayor, la razón del ángulo PDK al KTQ
será mayor que la de TK a DK y menor que la de TQ a DP porque
si los lados del ángulo recto de dos triángulos rectángulos unos son
iguales y otros desiguales, la razón del mayor de los ángulos desiguales,
formado por lados desiguales, es mayor que la del mayor de los
lados opuestos al ángulo recto, al menor de los lados y menor que
la razón del mayor de los lados del ángulo recto al menor 19; luego
la razón del ángulo CLD al OTM es menor que la de TQ a DV,

17 Se tiene, en efecto,
AB 11 1 1
--< ----<--
TK 1148 4 100
104+-
11
18 Llamando R al radio del círculo PSN, es
TK
TV+SK < 2R < --,
100
y, por tanto,
TK
VS>--
100'
luego es
TK 100
--<--
VS 99
19 Para llegar a esta conclusión, Arquímedes hace uso de la limitación tri-
ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 211

menor, a su vez, que la de ciento a noventa y nueve; pero el


ángulo CDL es mayor que dos centésimas partes de un recto; luego
el OTM será menor que noventa y nueve doscentésimas de recto, y,
por consiguiente, este ángulo será mayor que la doscientas ava parte
de recto; luego AB es mayor que la cuerda de un arco de la circun-
ferencia del círculo ABG dividida en ochocientas doce partes, y como
el diámetro del Sol es igual a AB, será evidentemente mayor que el
lado de un kilógono.
Dicho esto se demuestra también que el diámetro del Universo es
menor que una miríada de veces el de la Tierra y que cien miríadas
de miríadas de estadios, porque habiéndose supuesto que el diámetro
del Sol no es mayor que treinta veces el de fa Luna y que el de la
Tierra es mayor que el de la Luna, resulta que el del Sol es menor
que treinta veces el de la Tierra, y como, además, se ha demostrado
que el diámetro del Sol es mayor que el lado de un kilógono inscrito
en un círculo' máximo de la esfera del Universo, es evidente que el
contorno de tal polígono es menor que mil veces el diámetro del Sol;
pero este es menor que treinta veces el de la Tierra; luego el contorno
del polígono es menor que tres miríadas de veces el diámetro de la
Tierra y que el triple del del Universo porque se ha demostrado que
el contorno de un polígono cualquiera de más de seis lados iguales
inscrito en una circunferencia es mayor que el triple del diámetro de
este círculo; luego el diámetro del Universo es menor que una miríada
de veces el de la Tierra y, por tanto, menor que cien miríadas de
miríadas de estadios.
Pero hemos supuesto que el contorno de la Tierra no es mayor que
trescientas miríadas de estadios, y como tampoco es mayor que el triple
de su diámetro, se tiene que el diámetro de la Tierra es menor que
cien miríadas de estadios, y como el diámetro del Universo es menor
que una miríada de veces el de la Tierra, el del Universo es menor
que cien miríadas de miríadas de estadios.
Suponiendo ahora que un grano de arena es menor que una semilla

gonométrica:
sen a a tg a
---<-<--,
sen b b tg b
que demuestra que la razón entre la tangente y su ángulo crece con este,
cuando en su época era desconocida aún la Trigonometría.
212 CIENTIFICOS GRIEGO S.-TOMO 11

de amapola, que esta no contiene más de una miríada de granos de


arena, y que el diámetro de la semilla no sea menor que la cuarenta
ava parte de un dedo 20, coloqué semillas de amapola en fila sobre una
regla de modo que se tocaran mutuamente y, al observar que veinti-
cinco semillas ocupaban una longitud mayor que lo ancho de un dedo,
supuse que el diámetro de la semilla era más pequeño aún: solo la
cuarenta ava parte de un dedo para que no hubiese contradicciones
en lo que me había propuesto.
Tales son las hipótesis que hago y creo que es el momento de ex-
poner los nombres de los números, porque si no dijera nada en este
escrito, temería que quienes no hayan leído el que envié a Zeusippo 21,
pudieran caer en un error.
Se han dado nombres a los números hasta una miríada y también
son conocidos los mayores puesto que lo que se hace es repetirlos
hasta una miríada de miríadas 22.
20 1 dedo = 0,0001 estadio.
21 El de los Principios.
22 Como se ve, Arquímedes supone conocidos los nombres de los números
hasta la miríada por haberlos divulgado en sus Principios, siendo fácil distin-
guirlos hasta una miríada de miríadas, es decir:
10.000 x 10.000= 1()8= 100 millones.

Los nombres de los diez primeros números eran:


1, eis 6, ex
2, duo 7, epta
3, treis 8, octo
4, tessares 9, ennea
5, pente 10, deca.

Los de la segunda decena se formaban con el de las unidades y la termi-


nación deca hasta el 20, interpolando a veces la partícula XCl.L, equivalente a
nuestro adverbio más, como, por ejemplo, 12, dodeca; 19 enneacaideca, y de
un modo análogo se nombraban los de las decenas siguientes cuyos nombres se
formaban con los de las unidades y la terminación conta, excepto el 20, que
se decía eicosi; así: 30, triaconta; 40, tessaraconta, etc.; 100 era ecaton; 1.000,
kilioi, y 10.000, miríada, y no necesitaban más nombres para designar los nú-
meros hasta 108 -1 = 99.999.999.
En cuanto a la numeración escrita, los veinticuatro primeros números se
representaban por las letras del alfabeto jónico en su orden natural, procedi-
miento cuya rigidez era inadecuada para el cálculo, por 10 cual los antiguos
ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 213

A todos estos números hasta una miríada de miríadas los llamo


primeros 23; la miríada de miríadas de números primeros se llamará
unidad de números segundos y contaremos las unidades, decenas, cen-
tenas, millares y miríadas de estas mismas unidades hasta una miríada
de miríadas de números segundos que se llamará unidad de números
terceros, y contaremos las unidades, decenas, centenas, millares y mi-
ríadas de estas mismas unidades hasta una miríada de miríadas de
números terceros, que se llamará unidad de números cuartos, cuya
miríada de miríadas se llamará unidad de números quintos, y así con-
tinuaremos dando nombres a los números siguientes hasta las miríadas
de miríadas de los números formados por miríadas de miríadas de nú-
meros terceros.
Aunque esta gran cantidad de números es más que suficiente, se
puede ir más lejos aún.
En efecto, llamaremos números del primer período a los números
de que acabamós de hablar 24, al último de los cuales diremos unidad
de los números primeros del segundo período; la miríada de los núme-
ros primeros del segundo período será la unidad de los números se-
gundos del segundo período; la miríada de miríadas de los números
segundos del segundo período se llamará unidad de los números ter-
ceros del segundo período y continuaremos dando nombres a los
números siguientes hasta un número del segundo período que sea
igual a las miríadas de miríadas de números formados por miríadas de
miríadas, y el último del segundo período será la unidad de números

griegos recurrieron al expediente de agregar a las letras tres signos especiales


de origen oriental.
Indicaban los millares por las mismas letras que las unidades simples, y para
distinguirlos de estas afectaban las letras que representaban millares de un
acento colocado en su parte inferior.
La letra M correspondía a una decena de millar que, como hemos dicho,
era la miríada, cuyo límite se tardó mucho tiempo en sobrepasar, porque bas-
taba para todos los fines prácticos, ya que la Logística ocupaba un lugar subal-
terno en la jerarquía de las disciplinas matemáticas asumiendo un carácter
ancillar respecto de la Aritmética propiamente dicha; y es preciso esperar a
Arquímedes para que los griegos se fijasen en los grandes números al quedar
destruida la creencia de que eran infinitos los granos de arena de la Tierra.
23 nQónOL.
24 Es decir, los comprendidos entre 1 y 10 8, que es la base de su sistema de
numeración.
214 CIENTIFICOS GRIEGOS.~TOMO II

primeros del tercer período y seguiremos dando nombres hasta las


miríadas de miríadas del período formado por una miríada de miríadas
de números de miríadas de miríadas.
Si partiendo ahora de la unidad colocamos los números unos a
continuación de los otros y el más próximo a la unidad es una decena,
los ocho primeros números, incluida la unidad, serán los llamados pri-
meros; los ocho siguientes, los segundos, y del mismo modo se desig-
nan los demás números según la distancia de su octada a la octada de
los números primeros.
De aquí resulta que el octavo número de la primera octada tendrá
mil miríadas; el primero de la segunda octada, que es la unidad de
los números segundos, será una miríada de miríada por ser décuple del
que le precede; el octavo de la segunda octada será el millar de miría-
das de los números segundos, y, finalmente, el primer número de la
tercera octada, que es la unidad de los números terceros, será una miríada
de miríadas de números segundos por ser décuple del anterior, y es
evidente que de este modo se tendrán tantas octadas como se quiera 25.
2S Este sistema de numeración se funda en los mismos principios que el
nuestro. Arquímedes toma como base 108 porque los griegos solo podían expre-
sar oralmente los números comprendidos entre 1 y lOs, es decir, desde la uni-
dad hasta la miríada de miríadas, los cuales son los números primeros.
La miríada de miríadas es la unidad de números segundos, cuyo valor es
10s .10s= 102.s ; contando esta nueva unidad por decenas, centenas, millares y
miríadas hasta la miríada de números segundos, se tiene la unidad de números
terceros, o sea: lO s .102 .s= 103 .s, y así se llega a la miríada de miríadas de los
números cienmillonésimos, es decir, hasta 10S.108 , número que, en nuestro sis-
tema, está representado por la unidad seguida de ochenta millones de ceros.
Las unidades que considera Arquímedes son, pues:
108, l()2'S, ... , lOS' 108,
108 • lOS' 1(}'l = 10S(l()8+1),
lOS.108 (108+1l= 108(1()8+2),

....................................... ,

habiéndose detenido en el
lOS-102.8

que en nuestro sistema de numeración sería la unidad seguida de ochenta mil


ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 215

Si los números son continuamente proporcionales a partir de la uni·


dad y se multiplican dos términos de esta progresión, el producto será
también un término de la misma alejado del mayor factor tanto como
de la unidad lo está el menor, y el mismo producto distará de la unidad
tantos términos, menos uno, como los dos factores juntos 26.
Sean, en efecto, A, B, G, D, E, Z, H, T, 1, K Y L varios números
proporcionales I7 a partir de la unidad, que es A. Si llamamos X al
producto de D por T y tomamos un término L que diste de T tantos
términos como D de la unidad, hay que demostrar que X es igual a L.
Puesto que los números A, B, G, D, E, Z, H, T, 1, K, y L son pro-
porcionales y D está tan alejado de A como L de T, el número D será
al A como L a T y por ser D el producto de A por D, es L igual al de T

billones de ceros, número monstruoso superior a toda comprensión, ni aun


recurriendo a artificios tales como el tiempo que se tardaría en escribirlo, lon-
gitud que tendríá, etc., debiendo advertirse que la palabra billón tiene en Es-
paña, Italia, Inglaterra, Alemania e Hispanoamérica la significación de un millón
de millones, mientras que en Francia y Estados Unidos equivale a mil millones.
En español, dicha palabra aparece empleada en el siglo xv.
A pesar del límite que se impuso, Arquímedes coloca después los números
unos detrás de otros, agrupándolos de ocho en ocho para formar las octadas:
OXtÚ()OC;,

10 8n , 10 8n + 1, 10Sn + 2, ... , 10 8n +7 (n= 1, 2, 3, ... ),

cuyo cómputo se facilita con un teorema que coincide con la regla del producto
de potencias de igual base.
26 Es el teorema aludido al final de la nota anterior, equivalente a la igualdad

10 m X lon= lom+n,

que algunos historiadores de la Matemática consideran como el germen de la


temía de logaritmos, hasta el punto de haber llamado logaritmos arquimedia-
nos a los decimales.
El lector a quien interese este tema puede consultar la disertación de
S. CANOVA que sigue a su Elogio di A. Vespucci, pág. 72, Florencia, 1789, y
el artículo de J. A. BIOT, publicado en el Journal des Savants, 1835, reprodu-
cido en las Mélanges scientifiques et littéraires, vol. lII, págs. 393-525, París,
1858.
La segunda parte del teorema enunciado por Arquímedes es la propiedad
de ser constante el producto de los términos de una progresión geométrica
equidistante de los extremos e igual al producto de estos.
27 Es decir, en progresión geométrica.
216 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

por D 28; luego L es igual a X, y como el producto de D por Tes,


evidentemente, un término de la progresión que dista del factor mayor
tantos términos como el menor de la unidad, ese mismo producto dis-
tará de la unidad tantos términos menos uno como los factores de la
unidad, porque siendo el número de términos A, B, G, D, E, Z, H y T
igual al de términos que T dista de la unidad y el número de los 1, K Y L
es menor en una unidad que el de términos que D dista de la unidad
puesto que el número de estos términos, con D, es igual al de términos
que D dista de la unidad.
Establecidas estas cosas, unas supuestas y otras demostradas, expon-
gamos lo que nos hemos propuesto. Puesto que una semilla de amapola
no es menor que la cuarenta ava parte de un dedo, es evidente que una
esfera cuyo diámetro sea un dedo no es mayor que lo necesario para
contener seis miríadas y cuatro mil semillas de amapola 29, porque
esta esfera es sesenta y cuatro veces mayor que otra de un cuarenta
avo de dedo de diámetro, pues se ha demostrado que las esferas son
entre sí como la razón triplicada de sus diámetros, y como se ha su-
puesto que el número de granos de arena contenidos en una semilla
de amapola no era mayor que una miríada, es evidente que el número
de granos de arena contenidos en una esfera cuyo diámetro sea un
dedo no será mayor que una miríada de veces seis miríadas y cuatro
mil, y puesto que este número contiene seis unidades de números se-
gundos y cuatro mil miríadas de números primeros, es menor que diez
unidades de números segundos.
Una esfera de cien dedos de diámetro es igual a cien miríadas de
veces otra de un dedo de diámetro, puesto que la razón de las esferas
es la triplicada de la de sus diámetros; luego si tenemos nena de arena
una esfera de cien dedos de diámetro, el número de granos sería menor
que el producto de diez unidades de números segundos por cien miría-
das; pero diez unidades de números segundos, a partir de la unidad,.

28 Por ser D:A=L:T, es A·L=T·D, y poniendo


D=Dx l=DxA,
se tiene:
A xL=TxDxA,
de donde
L=TxD.
29 14.000 semillas.
ARQUIMEDES.-EL ARENARIO 217

es el décimo término de una progresión en que cada término es el décuple


del que le precede y cien miríadas es el último término, también a
partir de la unidad; luego el número que resulta de multiplicar estos
dos es el sexto término de la progresión empezando por la unidad, por-
que se ha demostrado que el producto de dos términos de una progre-
sión que empieza por la unidad dista de esta tantos términos, menos
uno, como los factores juntos lo están de la unidad; pero de estos
dieciséis términos, los ocho primeros, incluida la unidad, son números
primeros, los ocho segundos y el último es un millar de miríadas de
números segundos; luego el número de granos de arena contenidos en
una esfera de cien dedos de diámetro es menor que mil miríadas de
números segundos 30.

Comprendo, ' i oh rey Gelón!, que estas cosas parecerán increíbles a


muchas personas no versadas en las ciencias matemáticas, pero serán
demostradas por quienes las cultivan y se aplican a conocer las distan-
das y magnitudes de la Tierra, del Sol, de la Luna y del Universo
entero, por lo cual creo que será conveniente que otros las consideren
de nuevo.

30 Análogamente calcula el número de granos de arena que caben en una


'esfera de un diámetro igual a una miríada de dedos, o sea, un estadio, cien
estadios, una miríada de estadios, cien miríadas de estadios-que es el diáme-
tro de la Tierra que adopta Arquímedes-, una miríada de miríadas de esta-
dios, cien miríadas de miríadas de estadios-el diámetro del Universo según
los astrónomos ortodoxos-y, finalmente, cien miríadas de unidades del pri-
mer orden de su sistema de octadas-que es el diámetro del Universo de Aris-
tarco-, llegando así a un número que, con nuestra notación decimal, sería la
unidad seguida de sesenta y ocho ceros.
Con El arenarío, Arquímedes demostró que los grandes núineros son tam-
bién entes matemáticos y, como dice GINO LORJA: Storía della Matematiche,
tomo l, pág. 186, Turín, 1929, «atrajo la atención hacia el infinitamente grande
aritmético como en sus memorables aplicaciones del método de exhauci6n ven-
ció la repugnancia por el infinitamente pequeño geométrico».
218 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

EL PROBLEMA DE LOS BUEYES 1

Problema descubierto por Arquímedes y que, bajo forma


de epigrama, envió a quienes en Alejandría se ocupan de
estas cuestiones, mediante una carta dirigida a Eratóstenes
de Cirene 2.

Amigo: Si has heredado la sabiduría, calcula cuidadosamente a cuán-


to se elevaría la multitud de los bueyes del Sol que, en otro tiempo,
1 Problema de Logística que, como dijimos en la bibliografía, fue encontrado
por Lessing en 1773, despertó inmediatamente la curiosidad. de filólogos y ma-
temáticos, entre los que figuran J. y K. 1. Struve, padre e hijo, el primero de
los cuales le hace asumir: Altes griechisches Epigramm mathematisches Inhalts,
Altona, 1821, un origen homérico fundándose en un pasaje de la Odisea: XII,
165-169: «Llegarás más tarde a la isla de Tinacria, donde pacen las muchas
vacas y pingües ovejas del Sol. Siete son las vacadas otras tantas las hermosas
greyes de ovejas, y cada una está formada por cincuenta cabezas.»
Struve, hijo, simplificó el enunciado del problema suprimiendo la segunda
parte, que es la que establece las condiciones más complicadas; pero tanto
aquel origen como esta supresión fueron refutados por G. HERMANN en su tesis
académica De Archimedis problemata bovino, Leipzig, 1828, sosteniendo la
autenticidad del ;rt(2ó~A:rl!ka ~OELXÓV contenido en el epigrama, la cual fue negada
después por G. H. F. NESSELMANN: «Anmerkungen zu Diophanh, Zeitsch. ¡ür
Math. und Phys., vol. XXVII, pág. 481, Leipzig, 1892, fundándose en que in-
terviene en él un número triangular y los números figurados fueron descono-
cidos hasta Nicómaco, acercándose así a la hipótesis lanzada años antes por
A. I. H. VINCENT: «Sur le probleme des breufs atribué a Archimede», Nouv.
Ann. de Math., vols. XIV-XV, París, 1855-1856.
Los trabajos posteriores de J. 1. HEIBERG: Qucestiones Archimedece, pá-
ginas 66-69, Copenhague, 1880, y P. TANNERY, en las Mémoires de Burdeos,
vol. IIl, pág. 369, 1880, Y en el Bulletin des Scíences mathématiques, vol. V,
pág. 25, París, 1881, han puesto en claro que el famoso problema al que alude
Cicerón en sus Cartas a Atico es, en efecto, de Arquímedes, dadas sus relacio-
nes con los matemáticos alejandrinos, y el hecho de que los números triangu-
lares eran conocidos antes de Nicómaco-rectificando en este punto la tesis
de Nesselinann-, si bien la forma en que ha llegado a nosotros puede ser pos-
terior, pero no más tarde de principios del siglo 11, según ha demostrado
F. HULTSCH en su artículo «Archimedes», de la Encyklopadie de Pauly-Wissowa.
2 IIQó~A'Y]!ka onEQ 'AQXL!kf¡¿)Y]~ EV EntYQÚ!k!kaOLV EUQWV 'Wi:~ EV 'AAEsaV¿)QELa nEQL
ARQUIMEDES.-EL PROBLEMA DE LOS BUEYES 219

pacían en las llanuras de la isla Tinacria distribuidos en cuatro rebaños


de colores distintos: uno blanco como la leche, otro berrendo en negro,
el tercero colorado y el cuarto jabonero.
En cada rebaño había un número considerable de bueyes repartidos
en las proporciones siguientes: el número de los blancos era igual a la
mitad aumentada en el tercio de los negros más todos los colorados,
mientras que el de negros era igual a la cuarta y quinta partes de los
jaboneros más todos los colorados también, y considera, además, que
el número de los jaboneros era igual a la sexta y séptima partes de los
blancos, aumentado, igualmente, en los colorados.
Las vacas estaban repartidas así: El número de las blancas era, pre-
cisamente, igual a la tercera y cuarta partes de todo el rebaño negro,
mientras que el de las negras era igual a la cuarta y quinta partes de las
jaboneras, todas las cuales habían ido a pacer en compañía de los bue-
yes, y el número de las jaboneras era igual a la quinta y sexta partes
de todo el rebaño colorado, mientras que las coloradas eran en número
igual a la mitad de la tercera parte aumentada en la séptima del rebaño
blanco.
Amigo: Si me dices exactamente cuántos eran los bueyes del Sol y
cuál, en particular, el de bueyes y vacas de cada color, no se te calificará
de ignorante ni de inhábil, pero no podrás aún contarte entre los sabios.
Observa ahora los diversos modos de estar dispuestos los bueyes:
cuando los blancos juntaban su multitud a los negros, se mantenían en
un grupo compacto que tenía la misma medida en profundidad que en
anchura, y este cuadrado llenaba completamente las llanuras de Tina-
cria. Por otra parte, reunidos los colorados y los jaboneros, sin que
estuvieran presentes los bueyes de otros colores o sin que faltasen,
quedaban agrupados de tal suerte que, constituida la primera fila por
uno solo, formaban gradualmente una figura triangular.
Amigo: Si encuentras estas cosas y, en una palabra, si concentrando
tu ingenio, expresas todas las medidas de estas multitudes, te glorifi-
carán por haber alcanzado la victoria y se te juzgará como consumado
conocedor de esta ciencia 3.

1:UU1:U O'tQuYf-lf-lU'tE'llOf-lÉVOL<; t,f)'tSLV UO'tÉO'tSlASV EV 'tij O'tQo<; 'EQu'too6svs'V 'tóv K'UQf)vutoV


~O'tlO'tOAij .
3 Para resolverlo con nuestros métodos actuales, representemos por B, N,
e y J los números respectivos de bueyes blancos, negros, colorados y jabone-
ros, y por b, n, e Y j el de vacas de los mismos colores, y entonces la traduc-
220 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA

Arquímedes a Dositeo: ¡salud!


Mucha pena tuve al enterarme de la muerte de Conon, que fue mi
amigo durante toda su vida y era muy versado en las ciencias matemá-
ticas; y como también gozaste de su amistad y eres un hábil geómetra,
he tomado la resolución de enviarte, como 10 hubiera hecho con él, un

ción analítica de la primera parte del problema es el siguiente sistema de


siete ecuaciones con ocho incógnitas:

B= ( ~ ++ )N+C,

N=(:+~)J+C,
J= ( : + ~ ) B +C,
b= ( ~ +: ) (N+n),

n= (~ +: )(1+7),

j= ( : +: )(B+C)'

c= ( : + ~ ) (B +b),
y la segunda parte impone, además, las condiciones

B+N, núm. cuadrado =p2,


q(q+l)
C + J, núm. triangular
2
Ahora bien: si se admite que un rebaño es más largo que ancho, el nú-
mero de bueyes blancos y negros reunidos en una figura rectangular no puede
ser un cuadrado, sino el producto de dos números enteros distintos, en cuyo
caso se tiene una interpretación del problema, y las dos condiciones anteriores se
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 221

teorema del que nadie se ha ocupado y que he querido examinar. Lo


he descubierto primeramente por consideraciones mecánicas y después
por razonamientos geométricos.
convierten en
B+N=rxs,
q(q+ 1)
C+J
2
F. Wunn, que lo resolvió en este caso-publicando su solución en el Jahrb.
{ür Phi!. und Piidag., vol. XIV, 1830-11egó a un número de 6.000.000.000.000
de bueyes; pero K.rumbiegel-Arnthor, después de recoger este resultado, estu~
diaron el caso más complicado de ser B + N = p2.
De las tres primeras ecuaciones se deduce:
2.226 1.602 1.580
B=--C, N=--C, J=--C,
891 891 891
y como C ha de ser entero, se debe tener:
C=891a; B=2.226a; N= 1.602a; J=1.580a,
valores que, sustituidos en las otras cuatro ecuaciones del sistema, dan
7.206.360 4.893.246
b a, n=----a,
4.657 4.657
3.515.820 5.439.213
j a, c=~---a,

4.657 4.657
y como b, n, c y j tienen que ser enteros, poniendo x=4,657,8, resulta:
B = 10.366.482,8, b= 7.206.360,8,
N = 7.460.514,8, n = 4.893 .246,8,
c= 4.069.197,8, c= 5.439.213,8,
J = 7.358.060,8, j= 3515.820,8.
Sustituyendo ahora los valores de B y N en la ecuación de condición

tenemos:
p2= 17.826.996,8=22 .3 ·11· 29.4.657,8,

ecuación que se satisface para


,8= 3 ·11· 29· 4.657 y 2,
222 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Entre los que han cultivado la Geometría antes que nosotros algunos
han procurado hacer ver la posibilidad de encontrar una figura rec·
tilínea equivalente a un círculo o a un segmento circular y han tratado
luego de cuadrar el área limitada por la sección de un cono completo y
una recta 1, admitiendo lemas difíciles de conceder, por lo cual muchas
personas creyeron que no se habían resuelto.
Pero ninguno de mis predecesores, que yo sepa, ha buscado la cua-
dratura de una superficie limitada por una recta y una parábola, pro-
blema cuya solución he encontrado, y demostraré que el segmento
parabólico equivale a cuatro veces la tercera parte de un triángulo de
igual base y altura que el segmento.
Para demostrar este teorema he utilizado el siguiente lema: Si la
diferencia entre dos magnitudes se añade sucesivamente a sí misma,
10 que conduce a los nuevos valores

B=46.200.808.287.018y 2, b= 32.1l6.937.723.640y2,
N = 33.249.638.308.986y 2, n= 21.807.969.217.254y2,
C= 18.492.776.362.863y2, c= 24.241.207.098.53 7y 2,
J = 32.793.026.546.940y2, j= 15.669.127.269.18Oy2,

y para determinar el valor de y se sustituirán los de e y J en la segunda ecua~


ción de condición, resultando:

q(q+1)
C+ J = - - - - = 3·7 ·11· 29.353.4.5572 y2.
2
Finalmente, multiplicando por 8 y poniendo
2(q+1)=8 2.4657y= E,

se llega a esta ecuación de Pell:

de la que necesitamos una solución tal que E sea múltiplo par de 4.657 y el
cociente nos dará un valor de y al que corresponderá una solución.
Kumbiegel-Amthor han establecido que la solución mínima es un número
cuyas cifras llenarían más de seiscientas páginas de una impresión análoga a
las de unas tablas corrientes de logaritmos.
1 Es probable que la sección de un «cono completo» sea una elipse. El texto
griego dice: Ta~ oAo'lJ TOU xcOvov TOf1a~, frase que no tiene un sentido claro
matemático, y la «recta» podría ser un eje o diámetro de la elipse.
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 223

llegará a ser mayor que un área dada 2. Los geómetras anteriores a mí


también se han apoyado en este lema para demostrar que los círculos
son entre sí como la razón duplicada de sus diámetros y las esferas
como la razón triplicada; que una pirámide equivale a un tercio de un
prisma de la misma base y altura que fa pirámide y un cono al tercio de
un cilindro de igual base y altura que el cono; pero como los teoremas
así demostrados no han parecido menos evidentes que los probados de
otro modo, los que te envío tienen el mismo grado de evidencia, y verás
cómo los he resuelto primero por Mecánica y después por Geometría
haciéndolos preceder de las propiedades elementales de las secciones
cónicas necesarias para demostrarlos 3, Pásalo bien.

1
PROPOSICIONES

1. Dada la parábola ABG y la recta BD paralela al diámetro, o el


mismo diámetro, y la ADG paralela a la tangente en B (Fig. 131), las

FIG. 131. FIG. 132.

rectas AD Y DG serán iguales, y recíprocamente, si estas rectas son


iguales, la AG será paralela a la tangente en B 4,

2 Vid. supra, EUCLIDES: Elementos, X, 1, Y nota 4.


3 OLOLXELC1 XroVLX<Í XQELO:\l EXOV1:C1 É~ 1:áv aJ'tóbEL~LV.
4 Recuérdese que Arquímedes llama diámetro a lo que nosotros eje, y nos-
otros llamamos diámetro a lo que él paralela al diámetro.
224 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

2. Dada la parábola ABG, la recta BD paralela al diámetro, o el


mismo diámetro (Fig. 132), la AG paralela a la tangente en B y la GE
tangente en B, las rectas BD y BE son iguales.
3. Dada la parábola ABG y la recta BD paralela al diámetro, o el
diámetro, y ·se trazan las rectas AD y EZ paralelas a la tangente en el
punto B (Fig. 13 3), los cuadrados de AD y EZ son entre sí como las

PIG. 133.
Lfi
A o Z G

PIG. 134.

rectas BD Y BZ, según está demostrado en los elementos de las seccio-


nes cónicas s.
4. Si desde el punto medio D de la base AG de un segmento para-
bólico ABG se traza una recta DB paralela al diámetro, o el diámetro;
se une B con G y se prolonga, y otra recta TZ paralela a BD que corta
a las dos rectas AG y GB, la TZ será a la TH como DA a DZ (Fig. 134).
Trazando por el punto H la paralela HK a AG, el cuadrado de DG
es al de HK como BD a BK; luego el cuadrado de DG es al de DZ como
BG a BI porque DZ es igual a HK, y, por tanto, el cuadrado de BG es
al de BT como BG a BI, de donde resulta la proporcionalidad de las
rectas BG, BT Y BI6 y, por consiguiente, BG es a BT como TG a

s Debe de aludir a la obra XmvLxú, de Euclides, perdida, y no al tratado


de las Cónicas de Apolonio, coino dicen algunos comentaristas, porque este
es posterior a Arquímedes.
6 Por ser, en efecto,

BG2 BG
BT2 BI
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 225

TI7; luego TZ es a TH como DG a DZ, y por ser iguales DA y DG, resulta


finalmente que DA es a DZ como TZ a TH.
5. Dado el segmento parabólico ABG, y trazando desde A la AZ
paralela al diámetro, desde G la tangente GZ y en el triángulo AZG
la KL paralela a AZ, que corta a la curva, y la AG de un punto a otro
de la parábola (Fig. 135), estas rectas quedarán divididas en la misma
razón, y la parte de AB del lado de A y la de KL del lado del mismo
punto serán los términos correspondientes de la proporción.
Tracemos, en efecto, una recta cualquiera DE paralela a AZ y su-
pongamos que corta en dos partes iguales a la AG. Por ser DA igual
a DG y BD paralela al diámetro de la parábola ABG, la recta AG será
paralela a la tangente en B y por ser DE paralela a1 eje y GE tangente
en G, la BE será igual a la BD 8, y, por tanto, DA es a DG como BD
a BE y queda demostrado lo que se quería cuando la recta trazada
biseca a la AG.
Si no es así, trazando la KL paralela a la AZ hay que demostrar
que KA es a KG como TK a TL. Siendo, en efecto, BE igual a BD e
IL a IK, la KL será a la KI como AG a AD; pero KI es a KT como
AD a AK, según se acaba de demostrar; luego KT es a KL como
AK a AG 9 y, por consiguiente, TK es a TL como KA a KG.

es
BT2=BlxBG,
de donde
BG BT
BT BI
7 De la proposición anterior
BG BT
BT BI
se deduce:
BG+BT=TG BG
BT+BI=TI BT
s Prop. 2.
9 Por ser
KL AG KI AD
--=-- -----
KI - AD KT AK
226 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

6. Suspendiendo de una palanca horizontal ABG un triángulo GBD


rectángulo en B, cuyo lado BG sea igual a la mitad de la palanca, el
vértice G en uno de los extremos
de esta y el B en el punto medio y
colgando del otro extremo A un área
Z tal que el sistema quede en equi-
librio, digo que esta área Z es la
tercera parte de la del triángulo ABG.
Por estar el sistema en equilibrio
y ser ABG paralela al horizonte, las
rectas perpendiculares a ABG, situa-
das en· un plano vertical, también se-
rán perpendiculares al horizonte (fi-
gura 136).
Tomemos en la palanca un pun-
to B tal que BG sea doble de BB;

A B E G

A K O K G o
FIG. 135. FIG. 136.

es
KL AG KT AK
--=--,
KT AK KL = AG'
de donde
KT AK
KL-KT=TL AG-AK=KG
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 227

tracemos por él la recta EK paralela a BD y bisequémosla por el punto


T, que será el centro de gravedad del triángulo GBD como se demues-
tra en Mecánica; luego si se separa el triángulo, suspendido de B y G,
Y su centro de gravedad se suspende de E, quedará en posición actual
porque, hemos demostrado 10, una cosa suspendida permanece en re-
poso cuando el punto de suspensión y el centro de gravedad están
en la misma vertical, y, por consiguiente, la posición del triángulo BGD
respecto de la palanca es la misma que antes y el área Z seguirá equi-
librándolo; y como aquel está suspendido del punto E y esta del A,
serán inversamente proporcionales a los respectivos brazos de palanca,
o sea: AB es a BE como el triángulo GBD al área Z, y por ser AB
triple de BE, el triángulo será triple del área, y, recíprocamente, si el
triángulo es triple del área, estas dos magnitudes están en equilibrio.
7. Sea AG una palanca con su punto medio en B. Si en el trián-
gulo GHD, cuyo ángulo en H es obtuso, se toma como base el lado HD.
su altura es igual a la mitad de la palanca, y suspendiéndolo de B y G,
queda en equilibrio con un área Z suspendida del punto A (Fig. 137),
se demuestra, lo mismo que antes,
que el área Z es la tercera parte A B G
de la del triángulo.
8. Si la recta AG es una pa-
lanca con el punto medio en B;
.GED un triángulo rectángulo en E H
suspendido de los puntos E y G;
Z un área suspendida de A de tal z
modo que el sistema esté en equi-
librio, y el triángulo es a un área
K como AB a BE, digo que el área
Z es menor que la del triángulo y D
mayor que la K.
FIG. 137.
Trazando desde el centro de
gravedad T del triángulo GED la
paralela TH a ED, este triángulo será al área Z como AB a BH por
estar en equilibrio (Fig. 138); luego el área Z es menor que la del
triángulo; pero este es a Z como BA a BH y al área K como BA a BE;
luego la razón del área del triángulo a la K es mayor que a Z y,
por consiguiente, Z es mayor que K.
10 Seguramente en su obra IIEQL ~'Uy&v: Sobre la palanca, perdida.
228 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

9. Lo mismo se verifica si el triángulo es obtusángulo.


10. Si AG es una palanca con el punto medio en B y BDHK un
trapecio con los ángulos en B y H rectos y el lado DK dirigido hacia
el punto G, suspendido de los pun-
A B E H G tos B y H de la palanca, y supo-
...--------+-..---r------'7
nemas que BA es a BH como el tra-
pecio a un área L y que otra área
Z, suspendida de A, está en equili-
brio con el trapecio, digo que el
área Z es menor que la L.
z Tomemos en la palanca un
punto E tal que EH sea a EA
o
como el doble de BD, junto con
FIG. 138. KH, es al doble de KH, junto con
BD (Fig. 139); tracemos por E la
recta EN paralela a BD y bisequémosla por el punto T, que será el cen-
tro de gravedad del trapecio BDHK como se ha demostrado 11.
Si este, suspendido de E, se se-
para de B y H, quedará, por lo A 8 E H G
mismo que se dijo antes, en repo-
so y en equilibrio con el área Z}
y, por tanto, será a Z como BA T
a BE; luego su razón con Z será
mayor que con L porque la de
BA a BE es mayor que la de BA
L
a BH, y, por consiguiente, Z es
menor que L. z
11. Lo mismo se demuestra si
el trapecio no tiene dos ángulos o
rectos y se suspende con lados FIG. 139.
perpendiculares a la palanca.
12. Si AG es una palanca con el punto medio en B y se suspende
de ella el trapecio DEHK que tiene rectos los ángulos en E y H Y los
lados EH y DK dirigidos hacia G y suponemos que el trapecio es a un
área M como BA a BH y a otra área L como BA a BE y se suspende
de A un área Z que equilibre al trapecio, digo que esta área Z es
mayor que L y menor que M.
11 Del equilibrio de los planos, 1, 15.
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 229

A B E H G

T
L

M
z

FIG. 140.

A B E H

FIG. 141.

12 Prop. 10.
13 Prop. 6.
230 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

triángulo GIW y mayor que el triple de la suma de los trapecios ZF~


HT y PI y del triángulo GIO.
Prolonguemos, en efecto, la recta GB y, tomando BA igual a GB,
supongamos que AG es una palan-
Ar- :y-8-T--T-.......-.:.r--i-~
ca con su punto medio en B, en
el cual la apoyamos; suspendamos
el triángulo GBD de los puntos B
Q
y G de la palanca y colguemos del
R otro extremo A de la misma las
S
J
áreas Q, R, S, J y X tales que
X cada una de ellas esté en equili-
brio con los trapecios DE, CZ,
UH y VI Y el triángulo IGW res-
o pectivamente (Fig. 142). La suma
FIG. 142. de las primeras áreas estará en
equilibrio con la de las segundas
y, por tanto, el área del triángulo GBD será triple de la de QRSJX 14,
y BG estará con BE en la misma razón que EC con EF y BA con BE en
la misma que el trapecio DE con el KE 15.
De un modo análogo se demuestra que la razón de BA a BZ, a BH

14 Prop. 6.
15 En virtud de la prop. 5, se tiene, en efecto,

de donde
EB+EG=BG FE+FC=EC
EB FE
y por ser la razón de los trapecios ED y EK la misma que la de las parale-
las BD y BK desde el punto medio de BE hasta De y KF, respectivamente, y
la de estas paralelas igual a
Ee BG=BA
EF BE
resulta
BA trap. ED
BE trap. EK
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 23]

y a BI es igual a la de los trapecios CZ y LZ, UH y MH, VI Y NI, res-


pectivamente, y por tener el trapecio DE rectos los ángulos en B y E
Y dos lados dirigidos hacia el punto G, estar en equilibrio con el
área Q suspendida de A y ser BA a BE como el trapecio ED al EK, el
área de este trapecio EK será mayor que Q 16, Y puesto que los ángulos
en E y Z del trapecio CZ son rectos y el lado CU está dirigido hacia G.
se halla en equilibrio con el área R y ser la recta BA a las BE y BZ
como ese trapecio CZ a los FZ y LZ, respectivamente, resulta que el
área Q es menor que el trapecio LZ y mayor que el FZ 17.
Por la misma razón las áreas S y J son respectivamente menores
que los trapecios MH y NI Y mayores que los TH y PI y, finalmente~
el área X es menor que la del triángulo GIW y mayor que la del
GIO 18; luego la suma de las áreas de los trapecios KE, LZ, MH y NI
y la del triángulo .GIW es mayor que la de QRSJX, y como esta es
la tercera parte de la del triángulo GBD, este triángulo es menor que
el triple de la suma de los trapecios y ese triángulo; y, además, por
ser los trapecios FZ, TH y PI menores que R, S y J y el triángulo
GIO menor que el GIW, la suma de estas áreas es menor que QRSJX;
luego el triángulo GBD es mayor que el triple de la suma de los tra-
pecios FZ, TH y PI y del triángulo GIO y menor que el triple de la
suma que dijimos antes.
15. Si el ángulo B del triángulo GBD es obtuso, se verifica lo
mismo, y se demuestra de un modo análogo.
16. Dado un segmento parabólico BTG y trazando por el punto
B la paralela al diámetro y por el G la tangente a la parábola, si el
área Z es la tercera parte de la del triángulo GBD, digo que la del
segmento dado es igual a Z.
Si suponemos que es mayor, el exceso del segmento BTG sobre
Z, sumado consigo mismo un cierto número de veces, será mayor que
el triángulo GBD, y como se puede conseguir un área menor que este
exceso e igual a una parte del triángulo GBD, sea el GBE menor que
dicho exceso e igual a una parte del GBD. Es evidente entonces que la
recta BE será la misma parte de BD (Fig. 143). Dividiéndola en tantas
partes iguales como veces que el exceso del segmento sobre Z se ha

16 Prop. 10.
17 Prop. 12.
18 Prop. 8.
232 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

sumado consigo mismo y los puntos de división E, H, 1, Y K se unen


con el G, las rectas de unión cortarán a la parábola porque la GD es
tangente. Tracemos por esos puntos
8 M N s G las paralelas MF, NR, ST y PO al
diámetro, que también serán parale-
las a BD; Y puesto que el triángulo
GBE es menor que el exceso del seg-
mento sobre Z, esta área Z, junto
con el triángulo BGE son menores
que el segmento; pero la suma de
los trapecios ME, LF, RT Y TO y
del triángulo GOQ, atravesados por
la parábola, equivale al triángulo GBE
porque el trapecio ME es común,
el LF equivale al ML, el RT al SL,
el TO al SX y el triángulo GPX al

o o
FIG. 143. FIG. 144.
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 233

GOQ; luego el área Z es menor que la suma de los trapecios ML, SR Y


PT del triángulo GOP 19.
Ahora bien: el triángulo GND es triple de Z y, por consiguiente,
menor que el triple de estos trapecios y este triángulo, lo que es
imposible porque hemos demostrado que es mayor 20; luego el seg-
mento BTG no es mayor que el área Z 21.
17. El área de un segmento parabólico es igual al cuádruple del
tercio de la de un triángulo de la misma base y la misma altura que el
segmento.
Inscribiendo en un segmento parabólico dado BGT de base BG y
vértice· T 22 un triángulo de la misma base y altura que el segmento
(Fig. 144), el diámetro que pasa por T bisecará a la base por ser esta
paralela. a la tangente en T 23, Y trazando por T y por B las TE y BD
paralelas al diámetro y por G la GD tangente a la parábola, el triángulo
BDG será cuá9ruple del BTG 24, Y como es triple del segundo. resulta
este cuádruple del tercio del triángulo BTG.

II
DEFINICIONES

En ·los segmentos parabólicos la base es la recta que une sus ex-


. tremas, altura la mayor de las perpendiculares trazadas desde los puntos
de la curva a la base y vértice el punto de intersección de la altura y la
parábola.
.6. .6.
19 De GBE +Z < GBD se deduce que es
.6. .6. .6. .6.
Z < GBD-GBE=GBD-(ME+LF+RT+TO+GOQ)=
.6.
=ML+SR+PT+GPO.
20 Prop. 14.
21 Por un razonamiento análogo demuestra que el área del segmento dado
no es menor que Z y, por tanto, es igual.
22 Arquímedes emplea aquí las palabras «base» y «vértice» antes de haberlas
definido, pues que lo hace a continuación de este teorema.
23 Prop. 2.
24la prolongación de GT corta, en efecto, a BD en su punto medio K, por
ser TE = TK; luego la recta BK divide al triángulo BDG en dos triángulos
234 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

III
SIGUEN LAS PROPOSICIONES

18. Si desde el punto medio de la base de un segmento parabólico


se traza una paralela al diámetro, el vértice del segmento es el punto
en que esta paralela corta a la parábola.
Dado el segmento parabólico ABG de base AG, tracemos por el
punto medio D de AG la paralela DB a un diámetro, y entonces,
por ser iguales DA y DG, la AG
B
y la tangente en B serán parale-
las 25 y, por tanto, la mayor de
todas las perpendiculares desde los
puntos de la paralela a G es la AD
(Fig. 145); luego B es el vértice del
segmento.
G 19. Si desde los puntos me-
FIG. 145. dios de la base de un segmento y
de su mitad se trazan sendas pa-
ralelas al diámetro, la primera es cuádruple del tercio de la segunda.
Dado el segmento parabólico ABG, tracemos desde los puntos medios
D y E de AG y AD las paralelas
DT y EZ al diámetro BD, y des-
de Z la paralela ZT a AG (Fig. 146),
y tendremos entonces que debien-
rlo ser AG y ZT paralelas a la tan-
:gente en B, la recta BD será a la
J3T como el cuadrado construido so-
bre AD al construido sobre ZT 26;
luego BD es cuádruple de BT, y, A E
por tanto, igual al cuádruple del FIG. 146.
tercio de EZ.
20. El triángulo inscrito en un segmento parabólico de igual base
y altura es mayor que la mitad del segmento.

equivalentes, y siendo entonces el BDG doble del BKG, es cuádruple del BTG
por la equivalencia de los BTG y BTK.
25 Prop. 1.
26 Prop. 3.
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 235

Hecho lo que se dice, el punto B será el vértice del segmento y AG


paralela a la tangente en B, de modo que trazando por B la paralela
DE a AG y por A y G las AD y GE paralelas al diámetro (Fig. 147),
estas rectas caerán fuera de la
parábola, y como el triángulo E
ABG es la mitad del paralelogra-
mo ADEG, es, evidentemente, ma-
yor que la mitad del segmento.
COROLARIO. Demostrado esto,
es claro que se puede inscribir en
el segmento un polígono tal que la A
suma de los segmentos exteriores a FIG. 147.
él sea menor que un área dada,
porque restando continuamente un área mayor que la mitad disminuire-
mos continuamente la suma de dichos segmentos, y, por tanto, llegare-
mos a hacerla menor que cualquier área dada.
21. Si en un segmento parabólico se inscribe un triángulo de la
misma base y la misma altura y en cada segmento lateral que resulta se
inscribe otro triángulo de la misma base y altura que él, el primer trián-
gulo es ocho veces mayor que cada uno de los otros.
Si por el punto medio D de la base AG del segmento parabólico ABG
trazamos la paralela BD al diámetro, el punto B será el vértice del seg-
mento y el triángulo ABG tendrá
B su misma base y su misma altura,
y si por el punto medio E de AD
trazamos la EZ paralela al diámetro
(Fig. 148), el punto T será el me-
dio de AB y Z el vértice del seg-
mento AZB, y, por tanto, el trián-
gulo ABZ tiene la misma base y la
G misma altura que él. Hay que de-
A E D mostrar que el triángulo ABG equi-
FIG. 148. vale a ocho veces el segmento AZB.
En efecto: la recta BD es cuá-
druple del tercio de la EZ y doble de TZ y, por tanto, el triángulo AEB,
es doble del ABZ porque los AET y BET son doble de AZT y BZT;
luego el ABG es ocho veces el AZB; y lo mismo se demostraría que
también es ocho veces el BHG.
236 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

22. Dado un número cualquiera de áreas tales que, colocadas unas


a continuación de otras, cada una sea cuádruple de la siguiente y la
mayor igual a la de un triángulo inscrito en un segmento parabólico de
la misma base y de la misma altura, la suma de todas las áreas es menor
que la del segmento.
Sea ABG un segmento parabólico y Z, H, T e 1 varias áreas coloca-
das como se ha dicho, siendo Z
cuádruple de H e igual a la del
triángulo ABC de la misma base
y la misma altura que el segmento
OJ
(Fig. 149).
FIG. 149. Si B es el vértice de este y D
Y E los de los segmentos laterales,
por ser entonces el triángulo ABG óctuple de los ADB y BEC, es evi-
dentemente cuádruple de los dos juntos e igual al área Z; por la misma
razón los triángulos ADB y BEG, juntos, equivalen al área H; Y análoga-
mente se demostraría que la suma de los triángulos inscritos en los
segmentos laterales, con la misma
base y la misma altura que estos,
equivalen al área T y la de los ins-
critos en los segmentos siguientes
al; luego la suma de todas las I z 10m[O
áreas dadas equivale a la de un
cierto polígono inscrito en el seg-
mento, y, por consiguiente dicha
suma es menor que él área de este.
23. Dado un número cualquie-
ra de área como antes, su suma
añadida al tercio de la menor es
igual al cuádruple del tercio de la
mayor.
Sean las áreas A, B, G, D Y
E, cada una de las cuales es cuá-
A B Gfr;
druple de la que le sigue inmedia- FIG. 150.
tamente, siendo A la mayor; y
sean Z, H, T e 1 otras tantas áreas, menos una, tales que Z es el tercio
de B, H el de G, T el de Del el de E (Fig. 150).
Puesto que Z es la tercera parte de B y B la cuarta de A, la suma
de B y Z es el tercio de A; Y análogamente las de G y H, D y T Y E e 1
ARQUIMEDES.--DE LA CUADRATURA DE LA PARABOLA 237

son el tercio de B, G Y D, respectivamente; luego la suma de las áreas


B, G, D, E, Z, H, T e 1 es el tercio de las de A, B, G Y D; Y como
la de Z, H y T es el tercio de B, G Y D, resulta que la suma de las
áreas restantes B, G, D, E e 1 es el tercio de la restante A y, por tanto,
la suma de A, B, G, D Y E, junto con 1, es decir: con el tercio de E, es
igual al cuádruple del tercio de A.
24. El área de un segmento parabólico es igual al cuádruple del
tercio de la de un triángulo de la misma base y de la misma altura que
el segmento.
Sea ADBEG un segmento parabólico en el que está inscrito el trián-
gulo ABG de la misma base y de la mis-
ma altura, y K un área igual al cuádru- B
ple del tercio de la del triángulo ABG.
Hay que demostrar que K es igual al
área del segmento ADBEG.
Si no es igual será mayor o menor
y, suponiendo primeramente que el seg-
mento ADBEG es mayor que K, inscri-
bamos en los segmentos laterales los A G
triángulos ADB y BEG, como se dijo
antes 27; e inscribamos en los segm~ntos
restantes otros triángulos que tengan la K
misma base y la misma altura que es-
tos segmentos y, continuando así, la
suma de los segmentos restantes lle-
gará a ser menor que el exceso del seg- z
mento ADBEG sobre el área K (Fig. 151);
luego el polígono inscrito será mayor
que K, lo cual es imposible porque sien-
do el triángulo ABG cuádruple de la
suma de los ADB y BEG, la suma de es-
tos cuádruple de los inscritos en los
segmentos siguientes y las áreas orde- FIG. 151.
nadas de modo que cada una es cuá-
druple de la que le sigue, resulta que la suma de todas estas áreas
es menor que el cuádruple del tercio de la mayor de dichas áreas 28, y

27 Prop. 2l.
28 Prop. 23.
238 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

como K es igual al cuádruple del tercio de esta área, el segmento ADBEG


no es mayor que K.
Supongamos ahora que es menor. El triángulo ABG es igual a Z, el
área H el cuarto de la Z, la T el cuarto de la H y así sucesivamente
hasta que la última área sea menor que el exceso de K sobre el
segmento.
Si esta última área es 1, la suma de las Z, H, T e l juntamente
con el tercio de la l es el cuádruple del tercio de la Z 29 y como K es
igual al cuádruple de la tercera parte de la Z, es K igual a la suma
de Z, H, T e l juntamente con el tercio de 1; pero el exceso de K
sobre esta suma es menor que l y el de K sobre el segmento es menor
que 1; luego la suma de las áreas Z, H, T e l es mayor que el seg-
mento, lo cual es imposible porque se ha demostrado que si se tiene
un número cualquiera de áreas colocadas de modo que cada una sea
cuádruple de la que le sigue inmediatamente, siendo la mayor igual a la
del triángulo in,scrito en el segmento, la suma de estas áreas es menor
que el segmento 30; luego el segmento ADBEG no es menor que el
área K, y como hemos demostrado que tampoco es mayor, es igual;
y por ser K igual al cuádruple del tercio del triángulo ABG, resulta en
definitiva que el segmento ADBEG equivale a cuatro veces la tercera
parte del triángulo ABG 31.

SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 1

LIBRO I

1
PRIMER POSTULADO

Supongo que la naturaleza de un fluido es tal que, estando sus par-


tes continua y uniformemente colocadas 2, las menos comprimidas son
29 Prop. 23.
30 Prop. 22.
31 Compárese esta demostración con la 17.
1,Esta monografía, la más científica de Arquímedes, está escrita sobre la
base de postulados a los que debió de llegar experimentalmente, y constituyen
el fundamento de la Hidrostática.
2 Es decir, el fluido es continuo e isótropo en todas sus partes.
ARQUIMEDES.-SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 239

desalojadas por las que lo están más y cada parte está comprimida por
el fluido que hay sobre ella y según la dirección de la vertical, a no· ser
que el fluido esté encerrado en alguna parte o sometido a una presión
cualquiera.

II
PROPOSICIONES

1. Si se corta una superficie por un plano que pase siempre por el


mismo punto y la sección es una circunferencia de círculo con el centro
en el punto por el que pasa el plano secante, la superficie es esférica,
porque si no lo fuera serán desiguales las
rectas trazadas a la superficie desde el pun-
to. Si este es K y A Y B dos puntos de la
superficie tales que KA y KB sean iguales,
y hacemos pasar por estas rectas un plano
que corte a aquella según la línea DABG
(Fig. 152), esta línea será una circunferen-
cia de círculo con el centro en K porque se
ha supuesto que la sección era un éírculo;
Juego las rectas KA y KB son iguales, y
como hemos dicho que son desiguales re-
sulta un absurdo. Por tanto, la superficie es FIG. 152.
esférica.
2. La superficie de todo fluido en reposo es esférica, y el centro es
el mismo que el de la Tierra.
Supongamos un fluido en reposo y cortemos su superficie por un
plano que pase por el centro K de la Tierra. Si la sección es la línea
ABGD, digo que esta línea es un arco de círculo de centro K (Fig. 153),
porque si no lo fuera, las rectas trazadas desde K a esa línea serían des-
iguales y tomando una recta BK mayor que algunas de las trazadas desde
K a dicha línea y menor que otras y describiendo desde K como centro y
radio igual a esa recta un arco de círculo, parte de este arco caería fuera
,de la línea ABGD y otra parte dentro.
Si este arco es el FBH, unamos los puntos B y K, tracemos las rectas
KF y KHE que formen ángulos iguales con la KB y describamos desde
K, en un plano y en el fluido, un arco MNP. Las partes del fluido que
240 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

hay en este arco están continua y uniformemente colocadas y las de los


MN y NP se encuentran comprimidas por el fluido contenido en ABMN
y en BENP, respectivamente; lue-
E go las que hay en los arcos MN y
NP están desigualmente comprimi-
das y, por tanto, las menos com-
primidas serán desalojadas por las
que lo están más y, como conse-
cuencia, el fluido no estará en re-
poso, lo cual es contra la hipóte-
FA M K sis, y, por consiguiente, es necesa-
FIG. 153. rio que ABGD sea un arco de círcu-
lo de centro K.
3. Si en igualdad de volumen un cuerpo tan pesado como un fluido 3
se abandona en este, se sumerge hasta que no emerja ninguna parte, y 710
descenderá más.
Supongamos que abandonando en un fluido en reposo un cuerpo tan
pesado como él, quede una parte por encima de la superficie; imagine-
mos un plano que, pasando por el centro K de la Tierra, corte al fluido
y al cuerpo según las secciones
ABGD y EHTF, respectivamente,
siendo BHTG la parte sumergida y
BEGF la emergida; concibamos una
pirámide que tenga por base un
paralelogramo en la superficie del
fluido 4 y el vértice en el centro
de la Tierra, siendo KL y KM las
secciones de las caras de la pirá-
mide por el plano del arco ABGD
y que este mismo plano corte se- A
gún OPQ a otra superficie esféri- FIG. 154.
ca, de centro también en K, situada
por debajo de HT; consideremos otra pirámide igual y contigua a la an-
terior, siendo KM y KN las secciones de sus caras, y supongamos, final-
mente, sumergido en el fluido otro cuerpo RSVY, formado por una por-
3 O sea, del mismo peso específico.
4 Este paralelogramo no es plano, porque tiene que ser la parte de super-
ficie limitada por cuatro arcos de círculo máximo.
ARQUIMEDES.-SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 241

clOn del fluido e igual y semejante a la parte BHTG sumergida del cuer-
po EHTF.
Las partes del fluido contenidas en la primera pirámide, en la super-
ficie OP y en la segunda en PQ están continua y uniformemente coloca-
das, pero no soportan igual presión porque las contenidas en OP están
comprimidas por el cuerpo EHTF y por el fluido situado entre LM, OP
Y las caras de la primera pirámide y las contenidas en PQ están comprimi-
das por el sólido RSVY y por el fluido situado entre MN, PQ Y las ca-
ras de la segunda pirámide; pero el peso del fluido que hay entre MN
y PQ es menor que el del que hay entre LM y OP porque el cuerpo RSVY
es menor que el EHTF por ser igual al BHTG y haberse supuesto que,
en igualdad de volumen, el cuerpo sumergido en el fluido tiene el mismo
peso que este; luego si se quita lo igual, los restos serán desiguales, y la
parte del fluido contenida en la superficie PQ será desalojada por la con-
tenida en OP y el fluido no quedará en reposo, lo cual es contra la hi-
pótesis; luego del cuerpo sumergido en el fluido no quedará nada por
encima de la superficie de este y el cuerpo no descenderá más porque
estando continua y uniformemente colocadas las partes del fluido, lo
comprimen igualmente por ser este cuerpo tan pesado como el fluido.
4. Si un cuerpo más ligero que un fluido se abandona en este, una
parte del cuerpo quedará por encima'- de la superficie del fluido.
Supongamos que se sumerge completamente, de modo que no quede
emergida ninguna parte del cuerpo, y que el fluido esté en reposo, e ima-
ginemos un plano que, pasando por
el centro K de la Tierra corte al B
fluido y al cuerpo según las seccio-
nes ABG y R respectivamente, y una
pirámide, como antes, de vértice K,
que contenga a R y que sea cortada
por el plano ABG según KA y KB,
el cual corte según KB y KG a otra
pirámide igual y contigua a la ante-
rior y a otra superficie esférica, con K
el centro también en K, situada por FIG. 155.
debajo del cuerpo sumergido según el
arco OPQ, y supongamos, finalmente, en la segunda pirámide un cuerpo
S formado por una parte del fluido e igual al R (Fig. 155).
Las' partes del fluido contenidas en la primera pirámide en la super-
242 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO n

ficie OP y en la segunda en PQ están continua y uniformemente coloca-


das, pero no soportan la misma presión porque las de la primera pirámide
están comprimidas por el cuerpo R y por el fluido de esta pirámide
que hay en ABOP y las de la segunda por el cuerpo S y por el fluido de
esta pirámide que hay en BGPQ; pero el peso del cuerpo R es menor
que el del fluido contenido en S porque, por hipótesis, el cuerpo, en igual-
dad de volumen, es más ligero que el fluido y el peso del fluido que
contiene R es igual al que contiene S por ser iguales las pirámides; lue-
go las partes del fluido que hay en PQ están menos comprimidas y serán
desalojadas por las más comprimidas, y, por tanto, el fluido no estará
en reposo, contra lo supuesto; luego el cuerpo no se sumergerá por
completo y, por consiguiente, una parte del mismo quedará sobre la
superficie del fluido.
5. Si un cuerpo más ligero que un fluido se abandona en este, se
sumergerá hasta que el volumen del fluido desalojado por la parte su-
mergida pese tanto como todo el cuerpo.
Hagamos la misma construcción de antes (Fig. 154 bis) y sea EHTF
el cuerpo. Si el fluido está en reposo, sus partes, igualmente colocadas,
sufrirán la misma presión y, por
consiguiente, el fluido que hay en
OP y QP estará comprimido por
pesos iguales; pero el peso del flui-
do contenido en la primera pirá-
mide, excepto el cuerpo BHTG, es
igual al del fluido de la segunda,
excepto el fluido RSVY; luego el
peso del cuerpo EHTF es igual al
del fluido RSVY, de donde se de-
A K duce que un volumen de fluido igual
FIG. 154 bis. a la parte sumergida del cuerpo
pesa tanto como todo el cuerpo.
6. Si un cuerpo más ligero que un fluido se sumerge forzadamente
en este, recibirá un empuje hacia arriba igual al exceso del fluido desalo-
Jado sobre el peso del cuerpo.
Sea A un cuerpo más ligero que un fluido; B su peso, y la suma de
B y G el de un volumen del fluido igual al de A.
Tomando un cuerpo D de igual peso que G, un cuerpo formado por
A y D será más ligero que el fluido por ser igual a B y G juntos; pero el
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 243

peso de una parte del fluido de igual volumen que estos dos, es mayor
que B y G juntos, porque estos pesan tanto como un volumen del fluido
igual a A (Fig. 156); luego si se abandona en el fluido un peso igual al
A y D juntos, se sumergerá hasta que el
volumen del fluido desalojado por la par-
te sumergida tenga tanto peso como todo
el cuerpo, según acabamos de demostrar.
Suponiendo ahora que la superficie de o
un fluido cualquiera sea una parte de la
circunferencia EFZH y recordamos que un B
volumen de una parte del fluido igual al
del cuerpo A tiene el mismo peso que A
y D juntos, resulta que la parte sumergi-
G
da es el cuerpo A y que D está completa- A
mente fuera d~l fluido; luego A sube con
una fuerza igual a D que está sobre EFZH
FIG. 156.
y lo empuja desde abajo puesto que una
de estas fuerzas no está destruida por la
otra; pero el cuerpo D es empujado hacia abajo con una fuerza igual a
G, y queda demostrada la proposición.
7. Si un cuerpo más pesado que un fluido se abandona en Iste, se su-
mergirá hasta el fondo, y si se pesa en el fluido será más ligero que su
verdadero peso en un peso igual al del fluido que desaloje 5.
Desde luego, abandonando en un flúido un cuerpo más pesado que
5 Este teorema es el que ha pasado a la historia de la Física con el nombre
de «principio de Arquímedes» y suele enunciarse así: Todo cuerpo sumergido
en un fluido pierde de su peso un peso igual al del fluido que desaloja.
Según la leyenda transmitida por Vitruvio, que relatamos en la biografía
de Arquímedes, para comprobar este si la corona encargada por Hierón era de
oro puro o tenía también plata, la introdujo en agua y midió los volúmenes
del líquido desalojado por ella, por un peso igual de oro y por otro de plata,
y al comprobar que los tres volúmenes eran distintos, calculó la composición de
la mezcla, 10 cual es un sencillo problema de Aritmética elemental, cuya solu-
ción no exige otro conocimiento que el de peso específico, pues representando
por Pe> Po y P p los pesos respectivos de la corona y de sus componentes de
oro y plata, y por Ve, Va Y V p los volúmenes del agua desalojados por los mis~
mos, una vez comprobado que es Va < V p < Ve> se tiene:
Po Pp Pe
V p - Ve V e - Va V p - Va
244 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO n

este se sumerge hasta el fondo porque las partes del fluido que están
debajo del cuerpo sufren mayor presión que las contiguas por ser el
cuerpo más pesado que el fluido.
Consideremos ahora un cuerpo A más pesado que el fluido, y sea la
suma de B y G su peso, siendo B el de una parte del fluido de igual vo-
lumen que A. Para demostrar que este
cuerpo A, sumergido en el fluido, tiene
un peso igual a B, tomemos un peso
D más ligero que el fluido e igual al B,
A o y el de los de B y G juntos igual al de
una parte del fluido de volumen igual
a D (Fig. 157); y entonces, A y D jun-
tos tendrán tanto peso como el fluido
FIG. 157. por ser igual a los de BG y B juntos.
Pero el peso del volumen de un flui-
do igual a estos dos juntos es igual a la suma de los pesos; luego sumer-
giendo esos dos pesos en el fluido pesarán tanto como este y no subirán
ni bajarán, sino que quedarán estacionarios porque A, que es más pesado
que el fluido, descenderá y ascenderá empujado con la misma fuerza
por D, y como este peso D es más ligero que el fluido será empujado hacia
arriba con una fuerza igual a G porque se ha demostrado que un cuerpo
más ligero que un fluido recibe un empuje hacia arriba igual al exceso
del fluido desalojado sobre el peso del cuerpo, y como una parte del
fluido de volumen igual a D excede en un peso G a D, se deduce que el
cuerpo A se sumergerá en el fluido con un peso igual a G.

III
SEGUNDO POSTULADO

Supongo que los cuerpos que, sumergidos en un fluido, son empu-


jados hacia arriba, ascienden en la dirección de la vertical que pasa
por su centro de gravedad.

IV
SIGUEN LAS PROPOSICIONES

8. Si un cuerpo de forma de segmento esférico se abandona en un


fluido más pesado que él de manera que la base del segmento no toque
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 245

a la superficie del fluido, el segmento se colocará de modo que su eje


tome la posición vertical; y si se fuerza el segmento hasta que su base
toque a la superficie del fluido, no permanecerá inclinado y su eje vol-
verá a tomar la posición vertical 6.
9. Si un cuerpo de forma de segmento esférico se abandona en un
fluido más pesado que él de manera que la base quede completamente
sumergida, se colocará con su eje en posición vertical 7.

LIBRO IP

PROPOSICIONES

1. Si un cuerpo más ligero que un fluido se abandona en este, su


peso es al de un volumen igual del fluido como la parte sumergida del
cuerpo al cuerpo entero.
Sea AB un cuerpo más ligero que un fluido y abandonémoslo en él.
Si A es la parte sumergida y B
la emergida, tomemos un volu-
men GD del fluido igual a AB, B
siendo G igual a A y D a B; Y
sean M, NP Y P los pesos respec-
tivos de AB, GD Y G, de modo que A
será AB a GD como M a NP, y
un volumen del fluido igual a la FIG. 158.
parte sumergida de AB tendrá el

6 Se desconoce la demostración original de esta proposlclOn. La que dio


Tartaglia en su traducción latina es defectuosa, y la que suelen publicar los
editores de Arquímedes es de Commandino.
7 Este teorema, cuya demostración omitimos porque ha llegado mutilada a
nosotros, es un complemento del anterior y nos dice que la posición de equi-
librio de un segmento esférico es simétrica respecto de la vertical, tanto si es
la base o el casquete la parte sumergida.
1 Este libro, más complicado que el l, establece las condiciones de equili-
brio de un segmento de revolución parcialmente sumergido en un fluido más
denso que él. Las ideas arquimedianas estuvieron vigentes hasta que las per-
feccionó el matemático y físico flamenco Stevin (1548-1620) dieciocho siglos
después, haciendo progresar la Hidrostática.
246 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

mismo peso que el cuerpo AB, según hemos demostrado 2; pero el


fluido G, de peso P, se corresponde con A y el peso de AB es M (Fig. 158);
luego M será igual al peso de G, es decir: P, y por ser el peso de AB al
del fluido GD, con el que se corresponde, como M a NP, M igual a p'
y P a OP como G a GD y como A a AB, resulta que el peso de AB será
al de un volumen igual del fluido como A a AB.
2. Dado un segmento recto de conoide parabólico 3 cuyo eje no sea'
mayor que el triple de la mitad del semiparámetro 4 y se abandona en un
fluido, cualquiera que sea su peso respecto del de este, de manera que
su base no toque al fluido, se colocará verticalmente, o sea: con la base
paralela a la superficie del fluido.
Trazando por el eje del segmento un plano perpendicular a la super-
ficie del fluido S, que corte al segmento según la parábola APOL y a la
superficie del fluido según la recta.
LIS, a la cual no será paralela la
AL si el segmento está inclinado"
y, por consiguiente, la recta ON no
será perpendicular a ella (Fig. 159).
La tangente VW a la parábola en
el punto P será paralela a la rec-
ta 1S ... 6.
3. Dado un segmento recto de'
v p w conoide parabólico, cuyo eje no sea'
FIG. 159. mayor que el triple de la mitad det
semiperímetro, y se abandona en un
fluido, cualquiera que sea su peso respecto del de este, colocándolo incli-
nado, no permanecerá así, sino que se situará de modo que su eje quede'
vertical.
Abandonemos el segmento en un fluido con la base en este y tracemos
2 Lib. 1, prop. 5.
3 Es decir, el de eje perpendicular a la base.
4 Arquímedes solamente considera la parábola en el cono rectángulo, cuyo
semiparámetro es la distancia entre su vértice y el del cono, lo que justifica
que le dé tal nombre a «la recta hasta el eje».
5 Suponiéndola plana, a diferencia del lib. 1, cuyas proposiciones están de-
mostradas postulando que es esférica y concéntrica con la Tierra, y, por tanto,
su intersección con un plano es un arco de círculo, mientras que en e1 lib. JI
es una recta.
6 Falta el resto de la demostración. La restituyó Commandino.
ARQUIMEDES.-SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 247

por el eje un plano perpendicular a la superficie del fluido, el cual lo


cortará según la parábola APOL y a la superficíe del fluido según la rec-
ta IS. Si el segmento está inclinado
su eje no tomará la posición verti-
v w
cal y, por tanto, la recta PF no for-
mará ángulos rectos con la IS (fi-
gura 160). Tracemos la VW parale-
la a IS y tangente en O a la parábo-
la APOL; sea R el centro de grave-
dad del segmento, B el de IPOS;
unamos B y R y en la prolongación
de BR estará el centro de gravedad
G de la figura ISLA resultante 7. A
Del mismo modo se demuestra FIG. 160.
que el ángulo ROV es agudo y que
la perpendícular' RT desde el punto R a VW cae entre V y O. Si desde los
puntos G y B se trazan paralelas a RT, la parte sumergida del segmento
sufrirá un empuje hacía arriba 8 según la vertical de G y la parte emer-
gida sufrirá un empuje hacía abajo según la vertical de B y, por tanto,
el segmento APOL no estará en reposo porque lo que hay en A subirá
y lo que hay en L bajará hasta que la recta PF adopte la posición ver-
tical.
4. Dado un segmento recto de conoide parabólico más ligero que un
fluido y de eje mayor que el triple de la mitad del semiparámetro, si la
razón del peso del segmento al de un volumen igual del fluido no es
menor que la del cuadrado del exceso del eje sobre el triple de la mitad
del semiparámetro, y, abandonado en el fluido el segmento, la base de
este no toca a la superfície de aquel, el segmento no quedará inclinado,
sino que se colocará verticalmente.
Suponiendo que el segmento de conoide parabólico, abandonado en
el fluido, no se coloca vertícalmente, sino inclinado, tracemos por su eje
un plano perpendicular a la superficie del fluido y sea APOL la parábola

7 El siracusano da por sabido que el centro de gravedad de un conoide


parabólico divide al eje en la razón 2: 3, propiedad que no se encuentra en
ninguna de las obras que de él se conservan, sin que pueda asegurarse, natu-
ralmente, que tampoco estuviera en alguna de las perdidas.
8 Lib. I, postulado 2. Aunque no lo dice, Arquímedes supone que el cuerpo
es más ligero que el fluido.
248 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

secclOn del plano y del segmento; IS la recta intersección del plano y la


superficie del fluido, y ON el eje del segmento que, no siendo vertical,
no forma ángulos iguales con IS (Fig. 161). Tracemos por un punto P de
la parábola la tangente VW parale-
L la a IS y la PF paralela a ON; de-
terminemos los centros de grave-
dad R y B del segmento APOL y
del sumergido, respectivamente, y
prolongando la recta BR hasta si-
tuar en ella el centro de gravedad
'-------~-...-----iS G de la parte sumergida, resulta
que puesto que ON es igual al tri-
ple de la mitad de O R Y mayor
que el triple de la mitad del semi-
parámetro, la recta RO será mayor
que el semiparámetro, y entonces,
si RH es igual al semiparámetro,
v p w
OH al doble de MH y 01\1 triple
FIG. 161. de la mitad de OH, e~ resto MH
será tres veces la mitad de RH.
Pero, por hipótesis, la razón del peso del segmento al de un volumen
igual del fluido no es menor que la del cuadrado construido sobre OM
al construido sobre ON, y como la primera de estas dos razones es la
misma que la de la parte sumergida al segmento entero, según se demos-
tró antes, y esta razón es igual a la de los cuadrados construidos sobre
PE y. ON, porque en el escrito Sobre conoides y esferoides quedó demos-
trado que si un conoide parabólico se divide en dos pares por planos
cualesquiera, los segmentos que resultan son entre sí como los cuadra-
dos construidos sobre los ejes, se deduce que la razón del cuadrado cons-
truido sobre PF al construido sobre ON no es menor que la del cuadra-
do de OM al de ON; luego PF no es menor que O¡W ni BP que ON, y,
por tanto, si se levanta en H la perpendicular a ON cortará a BP en un
punto T entre B y P.
Por ser PE paralela al eje del segmento, HT perpendicular y RH igual
al semiparámetro, si prolongamos la RT formará ángulos rectos con la
tangente a la parábola en el punto P, y, por tanto, con IS y con la su-
perficie del fluido, que pasa por IS, con la que también los formarán las
paralelas a RT por B y por G y la parte sumergida del segmento sufrirá
ARQUIMEDES.-SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTÉS 249

un empuje hacia arriba en la dirección de la paralela a RT trazada por


B y la parte emergida lo sufrirá hacia abajo según la trazada por G hasta
que el segmento se coloque verticalmente.
5. Dado un segmento recto de conoide parabólico más ligero que un
fluido, de eje mayor que el triple de la mitad del semiparámetro y lo aban-
donamos en el fluido, si la razón del peso de este al de aquel no es ma-
yor que la del exceso del cuadrado del eje sobre el de la diferencia entre
el eje y el triple de la mitad del semiparámetro al cuadrado del eje, la
base del segmento quedará completamente sumergida en el fluido, y si
lo inclinamos no quedará inclinado, sino que se colocará con el eje vertical.
Abandonemos el segmento en el fluido con su ba8¿ sumergida por
completo; tracemos por el eje un plano perpendicular a la superficie del
fluido y sea APOL la parábola sec-
v p w
ción del plano y del segmento; 15
la recta intersección del plano y
la superficie del fluido y ON el
eje del segmento que, no siendo
vertical, no formará ángulos igua-
les con 15 (Fig. 162). Tracemos
por un punto P de la parábola la
tangente VW paralela a 15 y la PF
paralela a ON; determinemos los
centros de gravedad R y B del seg-
mento APOL y de la parte sumergi.
da; unámoslos y prolonguemos la
recta BR hasta situar en ella el cen- FIG. 162.
tro de gravedad G de la parte emer-
gida del segmento dado; tomemos HR igual al semiparámetro, OH do-
ble de HM y hagamos lo demás como antes.
Puesto que, por hipótesis, la razón del peso del segmento al del
fluido no es mayor que la del exceso del cuadrado de ON sobre el de
OM al de ON 9, Y se ha demostrado en la primera proposición que el
9 Representando por P y p los respectivos pesos del segmento y del fluido,
la hipótesis explícitamente contenida en el enunciado del teorema y expresada
en el moderno lenguaje algebraico es

P ON2_(ON _3/ 2HR)2


-:(--------- [1]
P ON2
250 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

peso de un cuerpo es al de un volumen igual al del fluido como la parte


sumergida del cuerpo al cuerpo entero, se deduce que la razón de la parte
sumergida al segmento entero no será mayor que aquella, y, por tanto, la
del segmento entero a la parte sumergida tampoco será mayor que la de
los cuadrados de ON y OM 10; pero la razón del segmento entero a la
de la parte emergida es la misma que la del cuadrado de ON al de PF 11;
luego esta razón no es mayor que la de los cuadrados de ON y OM, y,
por consiguiente, PF no es menor que OM ni PB menor que OH; la
Poniendo
OH=OR-HR=jON-HR,
de donde
OH
3 . - - = ON - 3f-zIlR,
2
o, lo que es igual,
3HM = OM = ON - 3hHR,

y llevando este valor a [1], se tiene:

p ON2_0M2
-~-----
P ONZ
que es la forma dada por Arquímedes, en su demostración, a la hipótesis del
enunciado del teorema.
10 Llamando S, SS Y Se a los pesos del segmento entero y de sus partes su-
mergida y emergida, respectivamente, se tiene:
SS ON2_0M2
-~
S

de donde
S-Ss=Se ON2_(ONZ-OMZ)=OM2
----~ ,
S ON2

S ON2
-~--
Se OM'l
11 Conoides y esferoides, prop. 26.
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 251

perpendicular a ON en H cortará a la recta PB en un punto T situado


entre P y B, Y puesto que PF es paralela al eje ON de la parábola, HT
perpendicular y RH igual al semiparámetro, resulta que la prolongación
de RT formará ángulos iguales con VPW y, por tanto, con 1S, es decir:
.con la superficie del fluido a la cual serán perpendiculares las paralelas
a RT trazadas por B y G y la parte emergida del segmento sufrirá un
empuje hacia abajo según la perpendicular desde B y la parte sumergida
lo sufrirá hacia arriba según la perpendicular desde G 12 Y el segmento
APOL no estará en reposo, sino que se moverá en el fluido hasta que su
eje tome la posición vertical.
6. Dado un segmento recto de conoide parabólico más ligero que
un fluido, de eje mayor que el triple de la mitad del semiparámetro y cuya
razón a este sea menor que la de 15 a 4, y, abandonado en el fluido, su
base toca a la superficie del fluido, nunca quedará inclinado de manera
que solo la toque en un punto.
Abandonando en un fluido un segmento que cumpla las condiciones
del enunciado, de modo que una base toque a la superficie en un solo
punto, hay que demostrar que no
conservará esta posición, sino que L
se moverá hasta que su base no
toque a la superficie de ninguna
manera.
Sean APOL y AS las secciones
respectivas del segmento y de la A~ --r------:lf-'--------IS
superficie del fluido por un plano
perpendicular a esta trazado por
el eje ON de aquel, en el cual to-
maremos un punto F tal que FO
sea doble de FN y otro punto Q
de modo que la razón de ON a
FQ sea la de 15 a 4. v p w
Levantando la perpendicular KQ FIG. 163.
a ON, la razón de ON a FQ no será
mayor que la de ON al semiparámetro FB, y trazando la VW paralela a
AS y tangente en P a la parábola y la PI paralela al eje, que corta a KQ
en el punto H (Fig. 163), es necesario que la razón de PI a PH sea igual

12 Lib. 1, postulado 2.
252 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

o mayor que la de QN a QO de acuerdo con lo demostrado 13; Y como


QN es igual al triple de la mitad de QO 14, será PI igualo mayor que el
triple de la mitad de PH; luego HP es igual o mayor que el doble de HI.
Si PT es doble de TI, el punto T será el centro de gravedad de la
parte del segmento sumergida en el fluido, y trazando la recta TF, prolon-
gándola hasta el centro de gravedad G de la parte emergida y levantando
en B la perpendicular BR a ON, por ser PI paralela a ON, BR perpendi-
cular y FB igual al semiparámetro, la recta PR prolongada formará ángu-
los iguales con la tangente a la parábola en el punto P y, por tanto, con
AS y con la superficie del fluido; y como las paralelas por T y G son per-
pendiculares a esta, la parte sumergida del segmento sufrirá un empuje
hacia arriba según la perpendicular por T y la emergida por G; luego el
segmento se moverá y su base no tocará a la superficie del fluido; y lo
mismo ocurrirá si la recta PI no corta a KQ.
7. Dado un segmento recto de conoide parabólico más ligero que un
fluido, de eje mayor que el triple de la mitad del semiparámetro y cuya
razón a este sea menor que la de 15 a 4, y, abandonado en el fluido,

13 Esta demostración no se encuentra en ninguna obra de Arquímedes ni de


los geómetras antiguos. La limitación enunciada es, desde luego, cierta, y la
demostró Robertson en el apéndice a la edición, póstuma, de las Obras com-
pletas de aquel, preparada por Torelli, Oxford, 1792.
14 Por ser

QN=NF+FQ, QO=ON-QN,

4·0N
poniendo en la primera igualdad el valor FQ = - - - deducido de la cons-
15
trucción ON : FQ= 15 : 4, es
ON 4·0N 9·0N 3·0N
QN=-+--=--=--,
3 15 15 5
y llevando este valor a la segunda, se tiene:

9·0N 6·0N 2·0N


QO=ON---=--=--
15 15 5'
de donde, dividiendo ordenadamente estas dos últimas igualdades:

QN 3 QO
--=- QN=3·-
QO 2 2
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 253

su base queda completamente sumergida, el segmento no permanecerá


nunca inclinado de manera que su base toque al fluido en un solo punto.
Suponiendo que, abandonado el segmento en el fluido, su base toque a
la superficie de este en un solo punto y haciendo las construcciones de
antes, se demuestra que DN es igual al triple de la mitad de OI o mayor
que el doble de la mitad.
SI 01 es menor que el doble de IN y DB igual al doble de BN, hacemos
lo mismo que antes y trazamos la recta RT, esta recta será perpendi-
cular a V,W y a la superficie del
fluido, y, por tanto, también lo v o w
serán las paralelas a RT por B y
G (Fig. 164); luego la parte emer-
gida del segmento sufrirá un em-
puje hacia abajo según la perpen-
dicular en B y ,la sumergida lo su-
frirá hacia arriba según la perpen- sJ-----.-:...:...+--~---7:

dicular en G y como consecuen-


cía del segmento se moverá hasta
que su base no toque a la superfi-
cie del fluido, porque si la tocara
en un punto, se hundiría hacia
L; Y lo mismo se demuestra si la FIG. 164.
recta ON no corta a KQ.
8. Dado el segmento de antes, si la razón de su peso al del fluido
es menor que el cuadrado del exceso del eje sobre el triple de la mitad
del semiparámetro al cuadrado del eje, y, abandonado en un fluido, su
base no toca a este, no se colocará verticalmente ni quedará inclinado,
a no ser que el eje forme con la superficie del fluido un ángulo igual al
que indicaremos después.
Sea BD una longitud igual al eje DN del segmento dado y, tomando
en ella BK doble de KD, KR igual al semiparámetro y BC igual al triple
de la mitad de BR, será CD igual al triple de la mitad de KR 15. Si la ra-
15 Puesto que es
3
BK=2KD, BD=-BK,
2
de donde
BD 3
---- [1]
BK 2
254 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

zón del cuadrado de JF al de BD es la misma que la del peso del segmento


al del fluido y F doble de J, la razón de JF a BD será menor que la de
BC a BD porque BC es el exceso del eje sobre el triple de la mitad del
semiparámetro; luego JF es menor que BC 16, y, por consiguiente, F me-
nor que BR. Si es igual a UR, tracemos la recta UE perpendicular a BD
tal que su cuadrado sea equivalente a la mitad del rectángulo de lados
RK y BU y unamos B con E (Fig. 165). Hay que demostrar que, aban-
donando el segmento en el fluido como hemos dicho, quedará inclinado
y su eje formará con la superficie del fluido un ángulo igual al EBU.
Abandonemos el segmento en el fluido de modo que su base no to-
que a la superficie del fluido y su eje forme con ella un ángulo distinto
del EBU.
Suponiendo que es mayor, tracemos por el eje un plano perpendicular
a la superficie del fluido, y sean la parábola APOL y la recta XS las sec-
ciones respectivas del segmento y de la superficie y ON el eje de aquella.
Tracemos por el punto P de la parábola, la PY tangente a esta y paralela
y como, por construcción, es BD=3/ 2BR, y, por tanto,
BD 3/?!3K BK
BC - 3/2BR = BR'
alternando
BD BC BD-BC=CD
--=
BK BR BK-BR=KR
Y poniendo aquí [1], resulta
3 CD 3
CD=-KR.
2= KR' 2
3
16 Recordando que es CD=- KR, se tiene:
2
3
BC=BD-CD=BD--KR
2 '
y por hipótesis

FJ2 peso segm. BC2


----<-_.
BD2 peso fluido BD2 '
luego es

Fj2 < BC2, FI < BC.


ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 255

a XS, las PM y PI paralela y perpendicular, respectivamente, a ON, y sea


BR igual a OQ; tomemos TQ igual a RK y levantemos en Q la QH per-
pendicular al eje, y entonces, por
haber supuesto que el eje del seg-
mento forma con la superficie del
L
fluido un ángulo mayor que el EBU
el PYI también será mayor que él y J F
I I
la razón de los cuadrados de PI e
YI mayor que la de los EU y BU;
pero como las razones de estos cua-
drados son respectivamente iguales
a las de KR y su mitad a YI y a
BU 17, resulta que la de KR a YI es
mayor que la de la mitad de KR
a BU, y, por' tanto, YI es menor
que el doble de BU y como YI es
doble de 01, es 01 menor que BU e
IQ mayor que BU, es decir, que F; v P y w
luego IQ es mayor que F. FIG. 165.
Pero, por hipótesis, el peso de
segmento es al del fluido como el cuadrado de FI al de BD y también,
por haberse demostrado 18, como la parte sumergida al segmento entero, y
17 Por ser la ordenada de la parábola media proporcional entre el paráme-
tro y la abscisa o entre el semiparámetro y la subtangente, se tiene:
jij2=KR x YI,
de donde
PI2 KRxYI KR
Y/2 Y/2 y/
y como por hipótesis es
KRxBU
EU2
2
dividiendo por BU2 resulta
KRxBU
EU2 2 tKR
BU
18 Lib. IT, prop. 1.
256 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

por ser esta como el cuadrado de PM al de ON y la razón de los cua-


drados de PI y BD es la misma que la de los PM y ON, y, por tanto, FI
es igual a PM; pero se demostró que PH es mayor que F, luego PM es
menor que el triple de la mitad de PH, y, por consiguiente PH es mayor
que el doble de HM, y suponiendo ahora que PZ sea doble de HM, el
punto T será el centro de gravedad del segmento entero, Z el de la parte
sumergida y G, en la prolongación de ZT, el de la emergida.
Lo mismo se demostraría que la recta TH es perpendicular a la su-
perficie del fluido; luego la parte sumergida del segmento sufrirá un
empuje hacia arriba según la vertical que pasa por Z 19 y la emergida lo
sufrirá hacia abajo según la vertical que pasa por G y el segmento no que-
dará inclinado, como hemos supuesto, ni tomará la posición vertical
porque la perpendicular desde Z cae hacia el lado de L y la desde G
hacia A y,. como consecuencia, subirá el centro de gravedad Z y bajará
el G y las partes del segmento situadas del lado de A bajarán y las del
lado de L subirán.
Si el eje del segmento forma con la superficie del fluido un ángulo
menor que el EBU y todo lo demás es como antes, la razón del cuadra-
do de PI al de BU será menor que
E
la del de BU al de BU, y, por tan-
sL1u e R
• I
K
I
oI to, la de KR a Yl menor que la mi-
tad de KR a BU; luego Yl es ma·
L yor que el doble de BU, y como YI
es doble de 01, será 01 mayor que
BU, y por ser OQ igual a BR y Q1
menor que RU, la recta PH será
menor que P, y por ser PM igual
a F1, será mayor que el triple de la
mitad de PH y PH menor que HM,
y suponiendo ahora que PZ sea do-
blede ZM, el punto T será el
centro de gravedad del segmento en-
v P y W tero, Z el de la parte sumergida
FIG. 166. y G, en la prolongación de ZT, el
de la emergida, de modo que si
por Z y G trazamos perpendiculares a la superficie del fluido, serán pa-
ralelas a TH y, por consiguiente, el segmento no quedará en reposo, sino
19 Lib. II, prop. 2.
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 257

que se moverá hasta que su eje forme con la superficie del fluido un án-
gulo mayor que el que forma ahora (Fig. 166); Y corno cuando supusi-
mos que el eje del segmento formaba con la superficie un ángulo mayor
que el EBU, demostrarnos que el segmento no quedaba en reposo, se de-
duce que quedará en reposo cuando el ángulo sea igual al EBU porque
de esta manera las rectas 01, lQ Y PH serán respectivamente iguales a
BU, RU y F, y, por consiguiente, MP igual al triple de la mitad de PH
y este doble de HM; y por ser entonces H el centro de gravedad de la
parte sumergida, esta parte sufrirá un empuje hacia arriba según la mis-
ma perpendicular y el segmento quedará en reposo porque ninguna de sus
partes es desalojada por ninguna otra.
9. Dado el segmento de antes y todos los demás como antes, excepto
la razón del peso del segmento al del fluido, que ahora se supone mayor
en vez de menor, a la indicada antes, y la base completamente sumergida,
todo sucede como antes 20.
10. Dado el segmento de antes y, abandonado en un fluido más pe-
sado que él, su base no toca al fluido, no quedará vertical ni inclinado,
sino que unas veces su base tocará a la superficie en un solo punto, lo
que ocurrirá en dos posiciones distintas 21, otras se sumergerá por com-
pleto y otras no tocará de ningún modo a la superficie, según sea la
razón del peso del segmento al del fluido.
Trazando por el eje del segmento un plano perpendicular a la super-
ficie del fluido, sea APOL la parábola sección sobre el segmento, BD el
eje de este y tornando en él un punto K tal que BK sea doble de KD y
otro C de manera que BD sea a KC corno 15 a 4, es evidente que
KC será mayor que el semiparámetro. Si KR es igual a este y DS el
triple de la mitad de KR, la recta SB será igual al triple de la mitad de
BR. Unamos A con B, levantemos en C la perpendicular a BD que corta
a AB en E; tracemos por E la EZ paralela a BD; tornemos el punto
medio T de AB y tracemos por él la TH paralela a BD.
Sean AEl y ATD dos parábolas semejantes a la ABL, de ejes EZ
y TH, respectivamente, la primera de las cuales pasará por K y cortará
a la perpendicular en R a BD en los puntos G e Y por los cuales tra-
zamos las PYQ y OGN paralelas a BD, y sean F y X los puntos de inter-

20 La condición de equilibrio queda establecida razonando también por re-


ducción al absurdo.
21 Puesto que cuando un punto de la base toca a la superficie del fluido.
la base puede estar sumergida o emergida por completo.
258 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

secclOn con la parábola ATD, y, por último, tracemos las PW y OV


tangentes a la parábola APOL en los puntos P y O, Y teniendo entonces
tres segmentos parabólicos APOL, AEI y ATD semejantes y desiguales,
con las bases en la misma recta
A l Y un extremo A común, y las rec-
tas NXGO y QFYP perpendicula-
res a las bases en los puntos N
y Q, la razón de OG a CX estará
compuesta de la de IL a LA y
de la de AD a DI; pero IL es a LA
como 2 a 5 porque CE es a DE
como 6 a 15, es decir, como 2
a 5, puesto que CE es a DE como
EE a EA y como DZ a DA y sea
LI y LA dobles de DZ yDA y
AD a DI como 5 a 1; pero la ra-
zón compuesta de la de 2 a 5 y
de 5 a 1 es la misma que la de
2 a 1 y 2 es doble de 1; luego
FIG. 167. GO es doble de GX; y lo mismo
se demostraría que PY es doble de
YF, y por ser DS triple de la mitad de KR, esta recta DS será el exceso
del eje sobre el triple de la mitad del semiparámetro.
l. Si la razón del peso del segmento al del fluido es igual o mayor
que la del cuadrado de BS al de BD y, abandonado aquel en este, la
base queda completamente sumergida, el segmento se colocará en po-
sición vertical.
11. Si dicha razón es menor que la del cuadrado de BS al de DB
y mayor que la del xa al BD y se inclina el segmento sin que su base
toque al fluido, quedará inclinado de modo que su base no tocará de
ninguna manera a la superficie del segmento y el eje formará con esta
un ángulo mayor que V.
111. Si dicha razón es igual a la del cuadrado de xa al de BD y se
inclina el segmento de manera que su base toque a la superficie del
fluido en un solo punto, el eje formará con este un ángulo igual al V;
pero si la razón del peso del segmento al del fluido es igual a la del
cuadrado de PF al de BD y se inclina el segmento de manera que su
base toque al fluido, quedará inclinado con la base tocando a la super-
ficie en un solo punto y el eje formando un ángulo igual al V.
ARQUIMEDES.--SOBRE LOS CUERPOS FLOTANTES 259

IV. Si dicha razón es mayor que la del cuadrado de PF al de BD


y menor que la del XO al de BD y se inclina el segmento sin que su
base toque a la superficie del fluido, se sumergerá la base.
V. Si dicha razón es menor que la del cuadrado de PF al de BD
y se inclina el segmento de modo que su eje forme con la superficie
del fluido un ángulo menor que V, la base no tocará de ninguna manera
a la superficie del fluido.
Demostremos separadamente cada una de estas proposiciones:
I. En virtud de lo demostrado en la proposición 2 de este libro II,
es evidente lo enunciado.
II. Si la razón de los pesos del segmento y del fluido es mayor
que la del cuadrado del exceso del eje sobre el triple de la mitad del
semiparámetro al cuadrado de BD
y la del cuadrado de la recta W A o L

al de BD es la misma que la del


peso del segmento al del fluido,
la recta W será mayor que XO y
menor que el exceso del eje so-
bre el triple de la mitad del semi-
parámetro. Apliquemos entre las pa-
rábolas AMQL y AXD una cierta
recta MN igual a W que corte a
la tercera parábola en el punto H
y a la recta RG en Y y se demos-
trará que MH es doble de HN como
se ha demostrado que eo es doble
de ex (Fig. 168).
Trazando por M la MV tangen- w
te a la parábola AMQL, la Me per- .
pendicular a BD y la AN prolonga- FIG. 168.
da hasta Q, las rectas AN y NQ
serán iguales porque en las parábolas semejantes AMQL y AXD es
QA a AN como LA a AD; luego AN es igual a NQ y AQ para-
lela a MY, y hay que demostrar que si, abandonado en el fluido, el
segmento se inclina sin que lo toque su base, quedará inclinado de
modo que su base no tocará en manera alguna a la superficie del
fluido y el eje formará con la base un ángulo mayor que V.
Abandonemos el segmento en el fluido y supongamos que se coloca
de modo que su base toque a la superficie del fluido en un punto.
260 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Tracemos por el eje un plano perpendicular a la base y sean la


parábola APOL y la recta AO sus intersecciones con el segmento y
con la superficie del fluido y BD el eje del segmento y diámetro de
la parábola, y determinemos en él los puntos K y R como antes; tra-
cemos por P la PG y PT para-
L lelas a AO y BD Y PS perpendicu-
lar a BD, y entonces, por ser el
peso del segmento al del fluido
como el cuadrado de :w al de BD
y como la parte sumergida al seg-
mento entero y esta razón igual a
la del cuadrado de TP al de BD, la
recta W será igual a TP y las MN
A O Y TP iguales entre sí, así como
los segmentos AMQ y APO (fi-
gura 169).
Puesto que· en las parábolas
iguales y semejantes APOL y
AMQL se han trazado desde los
extremos de sus bases las rectas
FIG. 169. AO y AQ de manera que los seg-
mentos separados formen ángulos
iguales con los ejes, serán iguales los en V y G, lo mismo que las rectas VB,
GB y las Be, BS, y también lo serán las MY, PZ Y NT, ZT, y como MY es
menor que el doble de NY, será PZ menor que el doble de ZT.
Sea PF igual al doble de FT; tracemos FK y prolonguémosla
hasta E. Los puntos K y F serán los respectivos centros de gravedad
de todo el segmento y de su parte sumergida, y el de la emergida E
estará en la prolongación de FK; Y como KZ es perpendicular a la
superficie del fluido, también lo serán las rectas trazadas por los pun-
tos E y F paralelamente a KZ, y, por tanto, el segmento no quedará
en reposo, sino que se colocará de modo que su base no toque de
ninguna manera a la superficie porque si la tocara en un punto, el
segmento sufriría un empuje hacia arriba del lado del punto A; luego
adoptará una posición tal que su eje forme con la superficie del fluido
un ángulo mayor que V 22.
22 Con el mismo ingenio e igual pericia en el manejo del Algebra geométri.
ca, establece Arquímedes los otros tres teoremas cuyas demostraciones no tra-
ducimos por ser análogas a la n.
ARQUIMEDES.-EL METODO 261

EL METODOl

Arquímedes a Eratóstenes: j salud!


En una ocasión anterior te he remitido algunos teoremas descu-
biertos por mí, dántote sencillamente sus enunciados e invitándote
a encontrar las demostraciones que, de momento, no te comuniqué.
Los enunciados de los teoremas que te envié son los siguientes:
1 De todos los escritos perdidos de Arquímedes, este tratado es el que más
había excitado la curiosidad de los geómetras, pues que las alusiones de Sui-
das autorizaban la sospecha de que contenía la clave del método que le con-
dujo a algunos de sus descubrimientos.
En las epístolas nuncupatorias de sus obras se advierte que Arquímedes so-
lía enviar a los profesores alejandrinos los enunciados de los teoremas que tenía
entre manos, rogándoles que buscasen la demostración, y si esta no le llegaba
remitíala él; mas como algunas veces reconociera paladinamente la falsedad
de sus enunciados, que pasó inadvertida para sus corresponsales, les endilgó las
irónicas frases que se leen en la carta a Dositeo que precede al escrito Sobre
las espirales.
Como Gauss dos mil años después, el siracusano ocultaba muchas veces
las etapas intermedias de sus demostraciones y los teoremas en que las apo-
yaba, por 10 que podría decirse de él 10 que Abe! del princeps mathematico-
rum alemán, que, como la zorra con la cola, borraba la huella de sus pasos.
Pero el escrito del Método, tan felizmente rescatado, levanta una punta
del velo que impedía ver el proceso mental de Arquímedes para llegar a algu-
nas de sus estupendas conclusiones, desesperación de matemáticos y eruditos,
quienes, como el monseñor Bienvenido de Los miserables virtorhuguescos-a
quien interesaba más que el pecado el camino recorrido por el pecador para
cometerlo-, quieren conocer la psicogénesis del pensamiento arquimediano.
El autor del Método nos explica cómo descubrió ciertos teoremas de áreas
y volúmenes por medio de pesadas ideales, determinando 10 que hoy llama-
mos momento estático, y estableciendo la ecuación de equilibrio, de la que
deduce el área o el volumen que busca ° el centro de gravedad de una figura.
Para ello corta las superficies por rectas paralelas y los cuerpos por planos
paralelos y compara una de las secciones producidas con otra hecha por la
misma recta o el mismo plano en una figura conocida y coloca ambas figuras
de modo que sus centros de gravedad estén en una recta: brazo de palanca
en el que determina dos segmentos contiguos proporcionales a las dos seccio-
nes, cuya relación establece la ecuación de equilibrio, con respecto a un punto,
de las dos áreas o de los dos volúmenes elementales suspendidos de los extre-
mos de la recta. Si el brazo de palanca correspondiente al área o al volumen
262 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

1. Si en un prisma recto de base paralelográmica se inscribe un


cilindro con sus bases en los paralelogramos 2 opuestos y sus lados 3
en los restantes planos 4 del prisma 5, y por el centro del círculo-base
del cilindro y un lado del cuadrado situado en el plano opuesto se
traza un plano, este separará del cilindro un segmento 6 limitado por
la superficie del cilindro y dos planos, uno de los cuales es el que se
ha trazado y el otro el de la base del cilindro; y el área comprendida
entre los dos planos y el segmento determinado en el cilindro es la
sexta parte de la del prisma.
2. Si en un cubo se inscribe un cilindro con sus bases en dos
paralelogramos 7 opuestos y su superficie tangente a los otros cuatro
planos 8 del cubo, y en el mismo cubo se inscribe también otro cilin-
dro con sus bases en otros paralelogramos y su superficie tangente a
los otros cuatro planos, la figura limitada por las superficies de los

que busca es constante, la ecuación de equilibrio le da el valor que persigue;


y, recíprocamente, si este es conocido, deduce entonces la posición del centro
de gravedad de la. superficie o del cuerpo.
Aunque no 10 dice, Arquímedes considera con cierta anchura las rectas
que descomponen las superficies y con cierto espesor los planos que descom-
ponen los sólidos, anchura y espesor L1x que, al disminuir indefinidamente, se
convierten en la dx de nuestro Cálculo diferencial.
Las ideas arquimedianas fueron el fundamento de la teoría de los indivisi-
bles establecida en el siglo XVII por CAVALIERI en su Geometría, de 1635, cuyo
método ocupa una posición central entre la exhaución y los recursos infini-
tesimales a que dio origen el parto mellizo de Newton y Leibniz, 10 cual prueba
una vez más la importancia histórica y científica de Arquímedes para quien
no pasó inadvertida la falta de rigor de su método al establecer la diferencia
entre los medios que pueden sugerir la verdad de una proposición, aunque no
den la prueba, y su demostración lógica, pues que aquellos permiten que los
teoremas sean descubiertos: 613(J)Q13LV, pero no demostrados: uO'to&l3LXV'ÓVUL, y
por eso, inmediatamente después de encontrar una relación por su método,
la demuestra rigurosamente por exhaución, que, en definitiva, es una integra-
ción en estado naciente.
2 La palabra «paralelogramo» está empleada en la acepción restringida de
cuadrado.
3 Es decir, cuatro generatrices.
4 Cáras.
5 O sea, con la superficie lateral tangente a las caras del prisma.
6 Hoy llamado uña cilíndrica.
7 Cuadrados.
8 Caras.
ARQUIMEDES.-EL METODO 263

cilindros comprendida entre ambos cilindros equivale a las dos terceras


partes del cubo total 9.
Estos teoremas difieren de los encontrados anteriormente por ha-
berse comparado los volúmenes de los conoides y esferoides 10 y sus
segmentos, respecto de su magnitud, con los de los conos y cilindros;
pero ninguno de ellos se ha demostrado que fuese equivalente a una
figura sólida limitada por planos, mientras que las figuras de que te
hablo ahora limitadas por planos y superficies cilíndricas se ha ave-
riguado que equivalen a una figura sólida limitada por planos. Las
demostraciones de estos teoremas son las que te envío en este Libro.
Por otra parte, como sé que eres un estudioso serio, hombre de
eminente cultura filosófica y un apasionado 11, he creído conveniente
exponerte por escrito y explicar con detalle en este mismo libro la na-
turaleza especial de cierto método que te permitirá resolver mecánica-
mente algunos. problemas matemáticos. Estoy convencido de que este
procedimiento no es menos útil incluso para demostrar los propios
teoremas, algunos de los cuales, evidentes por medio de la Mecánica,
se han demostrado después geométricamente porque su investigación
por dicho método no proporcionó una demostración rigurosa. Pero
cuando gracias a él hemos adquirido algún conocimiento previo de la
cuestión, es naturalmente más fácil dar la prueba que encontrarla
sin dicho conocimiento previo 12. Esta es una razón por la que en el
caso de los teoremas cuyas demostraciones fue Eudoxio quien primero
las descubrió, a saber: que el cono es la tercera parte de un cilindro
y la pirámide la de un prisma de igual base a igual altura, daremos
una buena participación a Demócrito que fue el primero que hizo tal

9 Es decir, el volumen común a dos cilindros que se cortan ortogonalmente


en el cubo: bóveda cilíndrica.
10 Recuérdese que Arquímedes llama conoides a los sólidos engendrados por
la rotación de .una parábola o de una hipérbola alrededor de un eje, y esferoi-
des a los engendrados por una elipse girando en torno a uno de sus ejes.
11 De la investigación matemática.
12 Lo que Árquímedes quiere decir es que su método, como hemos dicho
en la nota 1, permite encontrar, pero no demostrar, verdades matemáticas. La
solución mecánica indica el camino que hay que seguir para la demostración
apodíctica, que es la que satisface al espíritu lógico, y, con un sentido prag-
mático que le hubiera censurado Platón, concede carta de ciudadanía cientí-
fica a todo hallazgo que, adecuado a la realidad, se demuestra después «geo-
métricamente)).
264 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

afirmación con respecto a tal figura 13, aunque no dio la prueba. Como
el teorema que voy a publicar ahora lo descubrí de la misma manera
que los anteriores 14, he creído necesario exponer el método del que ya
he hablado 15 porque no se crea que he dicho palabras vanas y por-
que estoy igualmente persuadido de que haré un no pequeño servicio
a los matemáticos, pues comprendo que algunos de mis contemporá-
neos o sucesores podrá por medio dél método-una vez que lo expli-
que-descubrir otros teoremas que yo no he encontrado todavía.
Por consiguiente, expondré primero el que he conocido por me-
dios mecánicos, a saber: que todo segmento de la sección de un cono
según un ángulo recto 16 equivale a las cuatro terceras partes de un
triángulo de la misma base y de la misma altura; después explicaré
diversos teoremas investigados por el mismo método y al final del
libro daré sus demostraciones geométricas.

1
LEMAS

Las proposiciones que voy a emplear son las siguientes 17 :


1. Si de una magnitud se quita otra y el centro de gravedad de
la magnitud total y de la quitada están en el mismo punto, este punto
es también el centro de gravedad de la magnitud restada.
2. Si de un peso se quita otro de distinto centro de gravedad, el
del peso que queda es un punto de la prolongación de la recta que
une el centro de gravedad del peso primitivo y el quitado, cuyas dis-
tancias a estos están en razón inversa de los mismos 18.
13 ~eQl 'tOU eLQfJÉvo'U OX~fta:ro<;, en singular, porque Arquímedes debía con-
siderar la pirámide como caso particular del cono.
14 Por el método indicado.
15 En la carta con que envía a Dositeo la Cuadratura de la parábola.
16 Se sobrentiende un cono circular recto de ángulo cónico recto; y como
el corte se hace por un plano perpendicular a una generatriz, la sección resul-
tante es una parábola, palabra con que ya hemos traducido y traduciremos en
lo sucesivo la perífrasis oQ60YOOVlO'U xwvo'U 'tOftrj<;-que, en realidad, es una de-
finición-aunque la voz ~aQa~oA~<; es posterior al sabio de Siracusa, pues quien
primero la usó fue Apolonio.
17 Casi todas las propiedades que Arquímedes recuerda como lemas las había
demostrado en escritos anteriores.
18 Del equilibrio de los planos, 1, 8.
ARQUIMEDES.---:-EL METODO 265

3. El centro de gravedad de un peso equivalente a varios pesos


en número impar, cuyos centros de gravedad están en línea recta y
equidistantes, es el del peso del medio, y si el número de pesos
es par, es el punto medio de la recta que une sus centros de gra-
vedad 19.
4. Si dos pesos iguales no tienen el mismo centro de gravedad,
el de un peso equivalente a los dos es el punto medio de la recta que
une los centros de gravedad de ambos 20.
5. El centro de gravedad de un triángulo es el punto en que se
cortan mutuamente las rectas trazadas desde cada vértice al lado
opuesto 21.
6. El centro de gravedad de un paralelogramo es el punto de ill -
tersección de sus diagonales 22.
7. El centro de gravedad de un círculo es su centro.
8. El centro de gravedad de un cilindro es el punto que biseca a
su eje.
9. El centro de gravedad de un prisma es el punto que biseca a
su eje 23.
10. El centro de gravedad de un cono es el punto de su eje que
lo divide en dos partes tales que la que está del lado del vértice es
triple de la otra 24.
11. También haré uso de esta otra proposición ya demostrada:
Dadas varias magnitudes proporcionales dos a dos a otras tantas aná-
logamente alineadas; si las primeras, o solo algunas de ellas, se com-
paran con otras, y las segundas también, la suma de las primeras
es a la de las magnitudes con que se compararon como la suma de las
segundas a la de las magnitudes con que se compararon 25.

19 Ibídem, l, 5, corolarios a) y b).


20 Ibídem, l, 4.
21 Ibídem, 1, 14.
22 Ibídem, l, 10.
23 Arquímedes entiende por eje del prisma la recta que une los centros de
gravedad de las base':!.
24 El problema de encontrar el centro de gravedad de un cono no está resuel-
to en ninguna obra conocida d~ Arquímedes. Podría estarlo en el escrito Sobre
la palanca o en Sobre los centros de gravedad, ambos perdidos, o en alguna
obra mecánica de la que solo fuera una parte Sobre el equilibrio de los planos.
25 Conoides y esferoides, prop. 2.
266 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

II
PROPOSICIONES

1. Sea ABG un segmento de parábola limitado por la recta AG y


la parábola ABG, D el punto medio de AG, y tracemos la recta DBE
paralela al eje de la parábola y las
AB y BG. Digo que el segmento
ABG equivale a las cuatro terceras
partes del triángulo ABG.
Trazando por A la AZ parale-
la a DE y por G la GZ tangen-
te a la parábola, prolonguemos la
recta BG más allá del punto K;
tomemos KT igual a GK; imagine-
mos que la recta GT es una pa-
lanca con su punto medio en K,
y sea LM una paralela cualquiera
a ED.
Puesto que GZ es tangente a
la parábola y GD una semiorde-
nada, la recta EB será igual a la
BD según está demostrado en los
Elementos 26 y como, además, ZA
y ML son paralelas a ED también
MN será igual a NL y ZK a KA,
y, por ser ML a LO como GA a
AL 27, GK a KN como GA a AL
A L o y GK igual a KT, resulta que ML
FIG. 170. es a LO como TK a KN y siendo N
el centro de gravedad de ML por
ser iguales MN y NL 28, si tomamos una recta FH igual a LO con el cen-
tro de gravedad en T, de manera que sea FT igual a TH, la recta FTH que-

26 Arquímedes se refiere a unos Elementos de cónicas de Euclides o de


algún geómetra anterior a este, que no ha llegado a nosotros. La misma alu-
sión hizo en De la cuadratura de la parábola, prop. 3.
1:1 Víd. De la cuadratura de la parábola, prop. 5.
28 Lema 4.
ARQUIMEDES.-EL METODO 267

dará en equilibrio con la ML que permanece fija, porque TN está divi-


dida en partes inversamente proporcionales a los pesos de FH y ML, Y
MLes a HF como TK a KN 29 Y el centro de gravedad de este sistema
será el punto K 30.
Análogamente, permaneciendo fijas las paralelas a ED que corten
a la parábola, quedarán en equilibrio con sus partes comprendidas en-
tre GZ y GA Y una longitud igual a la interceptada por la curva y GA
Y desplazadas al punto T, de modo que el K sea el centro de gravedad
del sistema formado por todas las rectas, como la ML, limitadas por
GZ y GA Y por todas las situadas en T iguales a las que, como la
OL, están comprendidas entre la parábola y AG.
Puesto que el triángulo GZA está formado por todas las paralelas
a ML y el segmento ABG por todas las rectas interiores a la parábola,
como la OL, dicho triángulo, permaneciendo tal como en la figura,
quedará en equilibrio, respecto del punto K, con el segmento de pa-
rábola cuyo centro de gravedad se hubiera corrido al punto T, de ma-
nera que el K sea el de todo el sistema.
Tomando ahora en la recta GK un punto X tal que KG sea triple
de KX, este punto X será el centro de gravedad del triángulo AZG,
como se ha demostrado en los libros del equilibrio 31, y, por tanto, por
estar ese triángulo en equilibrio en el punto K con el segmento ABG
cuyo centro de gravedad se ha corrido al punto T y ser X ·el del trián-
gulo, la recta TK es a la XK como el triángulo AZG al segmento ABG;
Y puesto que TK es triple de KX, el triángulo AZG también será triple
del segmento ABG 32 Y como es cuádruple del triángulo ABG porque
la recta ZK es igual a la KA y laAD igual a la DG 33, resulta que el
29 Del equilibrio de los planos, I, 6 Y 7.
30 Lema 3.
31 SV "Coi:; LOOQQ03tLXOi:C;. Vid. Del equilibrio de los planos, J, 14.
32 En virtud de lo demostrado en Del equilibrio de los planos, I, 6 y 7, se
tiene, en efecto:
TK triángulo AZG
KX segm. ABG
TK
y poniendo TK=KG=3KX, es - - = 3, y, por tanto,
KX
triáng. AZG=3 segm. ABG.
33 Por ser
KZ=KA, AD=DG, KB=BG,
268 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

segmento ABG equivale a cuatro veces la tercera parte del triángulo


ABG.
Lo que acabamos de decir no demuestra rigurosamente lo enun-
ciado, pero da una idea de que la conclusión es correcta, y como re-
conozco que no está demostrado, daré en su lugar oportuno la prue-
ba geométrica que yo mismo he descubierto y publicado 34.
2. Por el mismo método vamos a ver que una esfera es cuádru-
ple del cono cuya base es igual a un círculo máximo y altura igual al
radio y que un cilindro cuya base sea igual a un círculo máximo de
la esfera y altura igual al diámetro, equivale a una vez y media la
esfera.
Sea ABGD un círculo máximo de una esfera y AG Y BD dos diá-
metros perpendiculares. Construyamos un cono de vértice A que ten-
ga por base el círculo descrito sobre BD como diámetro en un plano
perpendicular a AG y cortémoslo por uno trazado por G paralelamen-
te a la base, que dará, como sección, un círculo perpendicular a AG
y cuyo diámetro será la recta EZ; construyamos después sobre este
círculo un cilindro de altura y eje AG y sean EL y ZH dos generatrices
del mismo; prolonguemos GA; tomemos en su prolongación una rec-
ta AT igual a ella y consideremos la recta GT como una palanca cuyo
punto medio es el A; tracemos una paralela cualquiera MN a BD, que
cortará al círculo ABGD en Q yO, al diámetro AG en S y a las rec-
tas AE y AZ en P y R, respectivamente, y hagamos pasar por esa rec-
ta MN un plano perpendicular a la AG que cortará al cilindro, a la es-
fera y al cono según los círculos de diámetros MN, QO y PR, respec-
tivamente (Fig. 171).
Puesto que el rectángulo de GA y AS 35 equivale al de MS y SP,
porque AG es igual a SM y AS a PS, y el de GA y AS al cuadrado de

es
triáng. AZG=2 triáng. AKG
= 2 (AKB +BAG)
=2 (ABG+ABG)=4ABG.
34 En De la cuadratura de la parábola, ptop. 24. Aunque en la carta a Era-
tóstenes anuncia la reproducción de esta demostración, que reitera al final del
teorema anterior, no aparece en el tratado del Método.
35 En vez de área comprendida por dos rectas, que es como dice Arquí-
medes, diremos rectángulo de dos rectas.
ARQUIMEDES.----,-EL METODO 269

AQ, es decir: a los cuadrados de QS y SP, resulta que el rectángulo


de MS y SP equivale a los cuadrados de QS y SP 36.
Por ser MS a SP como GA
a AS y GA igual a AT, es MS T

a SP como AT a AS, y habién-


dose demostrado que el rectán-
gulo de MS y SP equivale a los
cuadrados de QS y SP, el de
MS es a los de QS y SP como
AT a AS 37, Y por ser el cuadra- L F A H
do de MN a los de QO y PR como
el de MS a los de QS y SP y MI-----HE-~:--~~~~--~ N
el círculo sección del cilindro, de
diámetro MN, a los círculos sec-
ciones del cono y de la esfera,
de diámetros PR y QO, como el
cuadrado de MN a los de QO y
PR, resulta que el círculo sec- FIG. 171.
ción del cilindro es a los del
36 Por ser la cuerda AQ media proporcional entre el diámetro y su pro-
yección sobre él, se tiene:

y poniendo

resulta:
MS·SP=QS2+Sp2

CE CA
37 Se tiene, en efecto, - - = - - , y poniendo
SP SA
CE=MS, TA=CA,
se verifica:
MS TA
-----
SP AS
Multiplicando por MS los dos términos del primer miembro y teniendo en
270 CIENTIFlCOS GRIEGOS.-TOMO II

cono y la esfera como TA a AS 38, Y por tanto, el círculo del cilindro, en su


sitio, está en equilibrio en A con los círculos de la esfera y del cono tras-
ladados con su centro de gravedad en T.
Análogamente se demostraría que si se traza otra paralela a EZ
en el paralelogramo LZ y se hace pasar por ella un plano perpendicular
a la recta AG, el círculo determinado en el cilindro, en su sitio, equi-
librará en A a los dos círculos de la esfera y del cono trasladados con
su centro de gravedad en T, y, por consiguiente, estando compuestos
estos tres cuerpos por círculos obtenidos de la manera dicha, el ci-
lindro, en su sitio, estará en equilibrio en A con la esfera y el cono
trasladados con su centro de gravedad en T 39.
cuenta el resultado de la nota anterior, es
MS·MS MS2 AT
MS·SP QS2 + sp2 AS
Recordando que las áreas de los círculos son entre sí como los cuadrados
38
de sus diámetros, la igualdad demostrada en la nota anterior se convierte en
MS2 MN2
QS2+Sp2 Q02+PR2
círc. MN AT
círc. QO + círc. PR AS
39 Este razonamiento demuestra que el método mecánico de Arquímedes
-dice Babini-«es una combinación tan feliz y audaz, como genial, de consi-
deraciones geométricas y mecánicas, que en su esencia encierra los procedi-
mientos de nuestro Análisis infinitesimal, lo que explica que, mediante ese mé-
todo, Arquímedes logre resultados que hoy obtenemos mediante los recursos
del Cálculo integral.
»Las integrales definidas, que en las demostraciones geométricas Arquímedes
sustituye por el método de exhaución en íntima conexión con el «postulado
de Arquímedes» y con los resultados de ciertas sumas de figuras, en el «mé-
todo mecánico» son sustituidas por el proceso que Arquímedes califica de
((composición», acertada locución que, al mismo tiempo que evita los escollos
del infinito, los oculta.
»Nos interesa destacar algo más en detalle este proceso de «composición».
Tomemos, por ejemplo, el caso del volumen de la esfera. Para determinar este
volumen por el «método mecánico», Arquímedes compara la esfera con el ci-
lindro y el cono, que tienen por altura el diámetro de la esfera y por base
común un círculo cuyo radio es el diámetro de la esfera. Instala su balanza y
ARQUIMEDES.-EL METODO 271

Puesto que K es el centro de gravedad del cilindro, la razón de este


a la esfera y el cono es la misma que la de AT a AK y como AT es
doble de AK, el cilindro será doble del cono y la esfera juntos y, siendo
el cilindro triple del cono, tres conos valen tanto como dos de los
mismos conos y dos esferas y, por sustracción, resulta que el cono,
comprueba que cualquier sección circular del cilindro «en su sitio» equilibra
en el otro extremo de la balanza al conjunto de las secciones respectivas de
la esfera y del cono, ambas dispuestas con el centro de gravedad común. Hasta
aquí los procesos lógico e intuitivo son correctos.
»Pero ahora, al repetir la operación para todas las secciones circulares,
Arquímedes agrega: «Por tanto, llenados los cilindros, la esfera y el cono con
los círculos así determinados, el cilindro en su sitio equilibrará al conjunto de
la esfera y del cono dispuestos y trasladados con el centro de gravedad común»
en el otro extremo de la balanza. Pero es evidente que el fenómeno ocurrido
en los dos extremos de la balanza ha sido distinto.
»Consideremos, ante todo, el lado de la balanza en el que el cilindro ha
permanecido «en su sitio». Arquímedes dice que los círculos llenan o componen
el cilindro, evidente error lógico, pues los círculos, que son superficies, jamás
podrán llenar o componer un sólido. pero es también claro que ese error lógi.
co es intuitivamente rectificado por el hecho de que el cilindro está ahí, no
se ha movido, ha permanecido «en su sitio».
»Mientras tanto, ¿qué ha ocurrido en el otro extremo de la balanza? Al
admitir en este caso que los círculos llenan la esfera y el cono desplazados y
dispuestos con el centro de gravedad común, se ha pecado ahora contra la
lógica y contra la intuición. Pues la esfera y el cono ya no existen en su posi-
ción anterior al desplazarse los círculos que dos componen»; esos sólidos han
desaparecido de uno de los platillos de la balanza, mientras en el otro pla-
tillo se han acumulado aquellos círculos «componentes». Tomado el proceso
al pie de la letra, se llega fácilmente a un absurdo lógico e intuitivo, pues al
mantener todos esos círculos paralelos a su posición inicial y hacerles coincidir
sus centros, todos ellos se colocan en un mismo plano que debería equilibrar
a un sólido (cilindro), 10 que es simplemente absurdo.
»No; lo que hace, piensa, imagina Arquímedes es que esos círculos tras-
ladados recomponen, reconstruyen los sólidos de los cuales eran sus compo-
nentes, como si los elementos que se transportan no fueran en verdad elemen-
tos planos, sino elementos sólidos que llevan consigo la propiedad de reorde-
narse, recomponerse, para dar lugar a los sólidos primitivos, pero que ahora,
y en esto reside el secreto del método, se dispondrán de manera que su cen-
tro de gravedad sea común y prefijado.
» y no cabe duda de que este esfuerzo de reconstrucción, de recomposi-
ción, que Arquímedes realiza mentalmente, es el fruto de una intuición ideal
que, en contra de la intuición sensible, restablece los derechos de la 16gica,
272 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

cuya secclOn es el triángulo AEZ, equivale a dos esferas y a ocho conos


cuya sección es el triángulo ABD porque EZ es doble de BD, y en-
tonces, siendo equivalentes ocho conos y dos esferas, la esfera cuyo
círculo máximo es el ABGD es cuádruple del cono cuya base es el
círculo de diámetro BD perpendicular a AG y vértice el punto A 40.
Tracemos ahora en el paralelogramo LZ por los puntos B y D las
rectasFBX e IDU paralelas a AG e imaginemos un cilindro de altura
AG que tenga por bases los círculos de diámetros FI y XU, y entonces,
por ser el cilindro cuya sección, que pasa por su eje, en el paralelo-
gramo FU doble del que tiene por sección FD 41, Y siendo este último

intuición ideal que, por motivos semejantes, podemos encontrar también en los
creadores del Análisis infinitesimal de los siglos XVII y XVIII.
»Pero, más cauteloso que los modernos, Arquímedes solamente considera
los resultados así obtenidos, como dotados de «cierta apariencia de verdad», y,
en conocimiento de los mismos, se dispone a demostrarlos rigurosamente con
los métodos exclusivamente geométricos y lógicos.» Arquímedes, págs. 119-22,
Buenos Aires, 1948.
40 Tenemos sucesivamente:

1 ciI. = 2 esf. + 2 conos = 3 conos,


de donde
2 esf. = 3 conos - 2 conos = 1 cono.

Recordando que los conos semejantes son entre sí como los cubos de los diá-
metros de sus bases, y teniendo en cuenta que es EZ = 2BD, se verifica:
cono AEZ (2BD)3
8,
cono ABD BD3
y, por tanto,
cono AEZ = 8 conos ABD,
y poniendo, de acuerdo con 10 anterior,

1 cono AEZ = 2 esf. ABGD,


resulta:
2 esf. ABGD=8 conos ABD,
de donde
1 esf. ABGD=4 conos ABD,

teorema demostrado geométricamente en Sobre la esfera y el cilindro, 1, 36.


41 EUCLIDES: Elementos, XII, 14.
ARQUIMEDES.---.,.EL METODO 273

cilindro, según los Elementos 42, triple del cono cuya sección es el
triángulo ABD, el cilindro FU es séxtuple de este cono, y como he-
mos demostrado que la esfera de círculo máximo ABGD es cuádruple
de este cono, el cilindro es una vez y media la esfera.
Como de este teorema resulta que una esfera es cuatro veces mayor
que el cono que tiene por base un círculo máximo y altura igual al
radio de la esfera, deduje que el área de cualquier esfera equivale a
cuatro círculos máximos porque tenía la intuición de que la de un
círculo equivale a la de un triángulo de base igual a la circunferencia
y altura igual al radio, lo que me hizo sospechar del mismo modo que
toda esfera equivale a un cono cuya base tenga por área la de la esfera
y altura igual a su radio 43.
3. Este mismo método nos permite ver que un cilindro cuya base
sea un círculo máximo de esferoide y altura igual al eje de este, vale
una vez y media el esferoide y que cortando un esferoide por un pla-
no que pase por su centro y perpendicular al eje, la mitad del esferoide
es doble del cono de igual base e igual altura que el segmento 44.
Cortemos el esferoide dado por un plano que pase por el eje y
sea ABGD la elipse producida por la sección, de centro K y diáme-
tros AG y BD. Consideremos en el esferoide el círculo descrito sobre
BD como diámetro perpendicularmente a AG e imaginemos un cono
que tenga por base este círculo y por vértice el punto A, y, cortán-
dolo por un plano trazado por G paralelamente a su base, la sección
será un círculo perpendicular a AG y el diámetro la recta EZ, e ima-
ginemos también un cilindro con la base en este mismo círculo de
diámetro EZ.
Prolongando la recta AG y tomando AT igual a AG, podremos con-
siderar GT como una palanca con su punto medio en A; tracemos una
paralela cualquiera MN a EZ en el paralelogramo LZ y, haciendo pasar
por MN un plano perpendicular a AG, las secciones de este plano sobre
el cilindro, el ·esferoide y el cono serán los círculos de diámetros MN,
QO y PR, respectivamente (Fig. 172).
42 Ibídem, XII, 10.
43 De aquí resulta que Arquímedes encontró el volumen antes que el área
de una esfera y dedujo esta de aquel. En Sobre la esfera y el cilindro, 1, 35,
establece el área antes e independientemente del volumen que está en 1, 36,
lo que nos dice que en los tratados de los geómetras griegos el orden de las
proposiciones no sigue necesariamente el de su descubrimiento.
44 Es decir, la mitad del esferoide.
274 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Puesto que EA es a AP, o sea, MS a SP como GA a AS y ser GA


y AT iguales, será MS a SP como T A a AS; pero el cuadrado de MS
es al rectángulo de MS a SP como
T MS a SP y este rectángulo equiva-
le a los cuadrados de PS y SQ por-
que el rectángulo de AK y KG, es
decir, el cuadrado de AK, es al de
BK como el rectángulo de AS y SG
al cuadrado de SQ 45 y el cuadra-
do de AS es al de SP como el de
F A T H
AK al de KB, y, permutando, el cua-
drado de PS será al de SQ como
MJ-----++-,'----+-...-...J~+----;N el de AS al rectángulo de AS y SG.
El cuadrado de PS es al rectán-
gulo de PS y PM como el cuadra-
do de AS al rectángulo de AS y PS
y, por consiguiente, el rectángulo
de PS y PM equivale al cuadrado
de SQ 46, y añadiendo el cuadrado
E de PS, el rectángulo de MS y SP
FIG. 172. equivaldrá a los cuadrados de PS y
SQ, y, por tanto, el cuadrado de MS

45 De la ecuación de la elipse
x2 y2
-+-=1,
a2 b2
puesta bajo la forma

se deduce
(a+x) (a-x)
const.,
y2 b2
y como a + x y a - x son los segmentos rectilíneos de la ordenada, se tiene:

AS·SG AK·KG AK2


SQ2 B[(2 BK2

46 Teniendo en cuenta la igualdad establecida en la nota anterior y la se-


ARQUIMEDES.-EL METüDü 275

es a los de PS y SQ como TA a AS 47; Y por ser la razón del círculo


de diámetro MN a la de los de diámetros QO y PR la misma que la del
cuadrado de MS a la de los PS y QS, resulta que el círculo de diáme-
tro MN, en su sitio, equilibra en el punto A, a los otros dos círculos
trasladados con sus centros de gravedad a T, y aquel círculo es a los
otros dos juntos como TA a AZ 48.
Análogamente se demostraría que si, en el paralelogramo LZ, se
traza otra recta paralela a EZ y por ella un plano perpendicular a AG, el
círculo del cilindro, en su sitio, equilibrará en el punto A a los círculos
del esferoide y del cono trasladados con su centro de gravedad en T;
Y como estos tres sólidos están compuestos por círculos obtenidos de
dicho modo, el cilindro, en su sitio, equilibrará en A al esferoide y al
cono trasladados con su centro de gravedad en T; Y como el del cilindro
es el punto K 49, la razón del cilindro al esferoide y al cono, juntos, será
la misma que la de TA a AK, y como TA es doble de AK, el cilindro será
doble del esferoide y el cono juntos, y por ser triple del cono, se deduce,.
por sustracción, que el cono cuya sección es el triángulo AEZ es doble
del esferoide, y como también es óctuple del cono de sección ABD, re-
mejanza de los triángulos AB y APS, se tiene:

AS· SG AK2 AS2


SQ2 BK2 PS2'
de donde
PS2 AS2
SQ2 AS.SG PS·PM
Y. por tanto,

47 Víd. supra, nota 38.


48 Se tiene, en efecto,
círc. MN MN2
círc. QO+círc. PR Q02+PR2

MS2 TA
SQ2+PS2 AS
49 Lema 8.
276 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

sulta, finalmente, que el esferoide equivale a cuatro conos y por ser cuá-
druple del cono de vértice A y base en el círculo de diámetro BD perpen-
dicular a AG, la mitad del esferoide es doble del cono 50.
Trazando ahora en el paralelogramo LZ por los puntos B y D las pa-
ralelas FX e IU a AG e imaginando el cilindro cuyas bases son los círcu-
los de diámetros FI y XU y eje AG, por ser en el cilindro cuya sección
que pasa por el eje el paralelogramo FU doble del que tiene por sección
FD y este triple del cono de vértice A y base el círculo de diámetro BD
perpendicular a AG, el cilindro de sección FU es séxtuple de este cono;
y como se ha demostrado que el esferoide es cuádruple de este mismo
cono, el cilindro equivale a una vez y media el esferoide 51.
50 Se tiene, en efecto,
ciI. LZ TA 2AK
2,
esf. + cono EAZ AK AK
de donde
cil. AZ = 2 esf. + 2 conos EAZ,
y por ser
cH. AZ = 3 conos EAZ,
es
3 conos EAZ = 2 esf. + 2 conos EAZ,
1 cono EAZ = 2 esf.
y por esto que es EZ = 2BD, será
cono BAD B])3 BD' 1
cono EAZ EZ3 8BD' 8
1 cono EAZ = 8 conos BAD
y, por tanto,
2 esf. = 8 conos BAD,
1 esf.=4 conos BAD.
51 En efecto:
1
l
1 cH. FU =2 cH. FD
1 ciI. FU = 6 conos BAD,
1 cH. FD=3 con. BAD
1 esf=4 conos BAD
cH. FU 4 3 1 ciI. FU = lt esf.
esf. 6 2
ARQUIMEDES.----,-EL METODO 277

4. El segmento de paraboloide producido por un plano perpendicular


al eje equivale a una vez y media el cono de la misma base y el mismo
eje 52.
Esto se demuestra por mi método de la siguiente manera: Cortemos
el paraboloide dado por dos planos: uno que pase por el eje, y sea BAG
la parábola producida por la sección 53, y otro perpendicular al eje cuya
intersección con el anterior es BG; prolonguemos el eje DA del segmen-
to parabólico hasta T, tomando AT igual a AD, e imaginemos que DT
es una palanca con su punto medio en A, que la base del segmento sea
el círculo de diámetro BG perpendicular a AD, un cono de la misma
base que el segmento y vértice A y un cilindro de igual base y eje AD.
Tracemos en el paralelogramo EG una recta cualquiera MN paralela
a BG y por ella un plano perpendicular a AD, el cual cortará al cilindro
según un círculo de diámetro MN y al segmento de paraboloide según un
círculo de diámetro QO, y entonces, puesto que BAG es una parábola de
diámetro AD y las rectas QS y BD ordenadas 54, el cuadrado de BD es al
de QS como DA a AS, y por ser iguales las rectas DA y AT, el cuadrado
de MS es al de QS como TA a AS; pero el círculo de diámetro MN, en
el cilindro, es al de diámetro QO, en el segmento, como el cuadrado de
MS al de QS; luego el círculo de diámetro MN es al de diámetro QO
como TA a AS 55, y, por tanto, el primer círculo, en su sitio, equilibrará
en A al segundo trasladado con su centro de gravedad en T; y como,
además, S es el centro de gravedad del círculo MN en el cilindro y T el
de QO en el segmento que se ha trasladado, la razón de T A a AS se pre-
senta de un modo opuesto 56 a la del círculo de diámetro QO (Fig. 173).

52 La demostración geométrica está en Sobre conoides y esferoides, prop. 23.


53 Vid. supra, Sobre conoides y esferoides, prop. 11, a).
54 "tEtO:'{¡.tÉvros XCl."t'Y)y¡.tÉ"CtL.
55Según De la cuadratura de la parábola, prop. 3, y teniendo en cuenta
que es TA=DA y MS=BD, se tiene:

BD2 DA MSl TA
--=--=--=--,
QS2 AS QS2 AS
y, por tanto,

círc. MN MN2 MS2 TA


círc. QO Q02 QS2 AS
56 uv"tLnEno"eó"troc;, es decir, en razón inversa de los brazos de palanca.
278 CIENTIFICOS GRIEGO S.-TOMO II

Análogamente se demostraría que si en el paralelogramo EG se traza


una paralela cualquiera a BG y por ella un plano perpendicular a AT, el
círculo en el cilindro, en su sitio,
T equilibrará en A al círculo en el
segmento trasladado con su cen-
tro de gravedad en T, y, por tan-
to, el cilindro, en su sitio, en A,
equilibrará al segmento parabó-
lico trasladado con su centro de
gravedad en T, y por ser el del
cilindro el punto K, que biseca
E A z a la recta AD, la razón de TA a
AK se presenta de un modo opues-
to a la del cilindro al segmento y
por ser TA doble de AK, el cilin-
dro es doble del segmento, y co-
mo es triple del cono cuya base
es el círculo de diámetro BG y
vértice A, el segmento equivale a
una vez y media el cono.
5. El mismo método nos hace
o ver que el centro de gravedad de
un segmento .de paraboloide pro-
FIG. 173. ducido por un plano perpendicu-
lar al eje, está en la recta que es
el eje del segmento y lo divide de tal modo que la parte del lado del vér-
tice es doble de la otra parte.
Cortando un segmento de paraboloide por un plano perpendicular al
eje y por otro que pase por el eje, sea ABG la parábola sección del pri-
mero, BG la intersección de los planos y AD el eje del segmento y de la
sección ABG.
Tomemos una recta AT igual a la DA en la prolongación de esta e
imaginemos que DT es una palanca con su punto medio en A. Conside-
remos inscrito en el segmento un cono de generatrices 57 AB y AG y tra-
cemos una paralela cualquiera QO a BG que corta a la parábola en los
puntos Q y O Y a las generatrices en P y R, y entonces, puesto que las
rectas QS y BD son perpendiculares al eje de la parábola, el cuadrado

57 1tAE'UQ<Ú, lados.
ARQUIMEDES.-EL METODO 279

de BD es al de QS como DA a AS; pero BD es a PS como DA a AS y


el cuadrado de BD al rectángulo de BD y PS como BD a PS; luego el
cuadrado de BD es al rectángulo de BD y PS como el mismo cuadrado
de BD al de QS y este equivale, por tanto, al rectángulo de BD y PS
(Fig. 174); Y como las rectas BD, QS y PS son proporcionales, resulta
que el cuadrado de QS es al de PS como BD a PS, y por ser DA a AS,
es decir: T A a AS como BD a PS, el cuadrado de QS es al de PS como
YA a AS 58.
Trazando ahora por QO un plano perpendicular a AD, tendremos en
el segmento parabólico un círculo de diámetro QO 59 y en el cono otro de
diámetro PR, y puesto que el cuadrado de QS es al de PS como TA a AS
y el círculo de diámetro QO al de diámetro PR como el cuadrado de QS
al de PS, resulta que el círculo de diámetro QO es al de diámetro PR como
YA a AS, y entonces, el círculo de diámetro QO, en su sitio, equilibrará
en A al de diámetro PR trasladado con su centro de gravedad en T, y por
ser K el del círculo de diámetro QO y presentarse la razón de TA a AS
en orden opuesto a la del círculo de diámetro QO al de diámetro P R,
estos círculos estarán en equilibrio en A.
Análogamente se demostraría que si se traza en la parábola otra
paralela a BG y por ella un plano perpendicular a BD, el círculo en el

58 Lo dicho en De la cuadratura de la parábola, prop. 3, y la semejanza de


los triángulos ABD y Al'S permiten escribir

B1)2 DA BD DA
--=--,
QS2 AS PS AS BD·PS
de donde
QS2 BD.PS BD
PS2 PS2 PS
y como los triángulos semejantes ABD y APS dan
DA TA BD
--=--=--
AS AS PS
Se tiene, finalmente,
QS2 TA
PS2 AS
59 Sobre conoides y esferoides, 12, a).
280 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

segmento, en su sitio, equilibrará en A al círculo en el cono trasladado


con su centro de gravedad en T, y, por consiguiente, llenando esos círcu-
los el segmento y el cono, los dos sóli-
dos estarán en equilibrio. N
Siendo A el centro de gravedad de
estas dos magnitudes, consideradas co- M T
mo una sola 60, y T el del cono trasla-
dado, el de la otra magnitud estará situa-

A
A

B I'----~----~ O

B o G G
FIG. 174. FIG. 175.

do en la recta AT prolongada del lado de A, de la que se ha quitado


una recta AK tal que la razón de AT a esta última recta sea la misma que
la del segmento parabólico al cono 61, y como aquel equivale a una
vez y media este, la recta TA es también una vez y media la AK y el
centro de gravedad del segmento es el punto K que divide a AD en dos
60 Lema 3.
61 Lema 2.
ARQUIMEDES.----,EL METODO 281

partes tales que la situada del lado del vértice del segmento es doble
de la otra 62.
6. El centro de gravedad de un hemisferio está en la recta que es su
,eje dividida de tal modo que la razón de la parte situada del lado del
segmento a la otra parte es la de 5 a 3.
Cortemos una esfera por un plano que pase por su centro, y sea ABGD
el círculo producido por la sección y AG Y BD dos diámetros perpendi-
culares de este círculo. Hagamos pasar por BD un plano perpendicular
a AG y consideremos un cono que tenga por base el círculo de diámetro
BD y vértice A, siendo AB y AD dos de sus generatrices. Prolonguemos
GA, tomando en su prolongación AT igual a GA; imaginemos que la
recta TG es una palanca con su punto medio en A y tracemos en el
semicírculo BAD la recta QO paralela a BD, la cual corta a la semicir-
cunferencia del círculo en los puntos Q y O, a las generatrices en P y R
Y a la recta AG en E, y haciendo pasar por QO un plano perpendicular
a AE, su sección en el hemisferio será el círculo de diámetro QO y en el
cono el de diámetro PR (Fig. 175).
Puesto que el cuadrado de QA es al de AE como AG a AE, los cua-
drados de AE y EQ valen, juntos, tanto como el de QA, y la recta EP
es igual a la AE, los cuadrados de QE y EP son al de EP como AG a AE 63.
62 Se tiene, en efecto, por el teorema anterior,
AT segmento 1-!- cono 3
AK cono cono 2
de donde
3
AT=AD=AK+KD=-AK,
2
y, por tanto, es AK=2KD.
63 Por ser, efectivamente,
QA2 AG
-----
AE2 AE
QA2 AE
----- EQ2 + AE2 AG
AE2 AG
AE2 AE
QA2=EQ2+AE2 I
y AR=AB y semejantes los triángulos AEP y ARB, es AE=EP, y poniendo
282 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Los círculos de diámetros QO y PR son al de diámetro PR como


los cuadrados de QE y EP al de EP, y por ser iguales GA y AT, resulta
que la razón de aquellos círculos es la misma que la de TA a AE 64 y,
por tanto, los dos círculos de diámetros QO y PR, en su sitio, equilibra-
rán en A al círculo de diámetro PR trasladado con su centro de grave-
dad en T, y por ser E el de los dos círculos y T el del tercero t trasladado,
el de diámetro PR es a los de diámetros QO y PR como EA a AT, y aná-
logamente, si en el semicírculo se traza otra paralela BHD y por ella un
plano perpendicular a la AG, los dos círculos producidos en el hemisfe-
rio y en el cono, en su sitio, equilibrarán en A al círculo producido en el
cono trasladado al punto T de la palanca; y como estos círculos llenan
el hemisferio y el cono, en su sitio, equilibrarán al cono trasladado al
punto T de modo que este punto sea su centro de gravedad ..
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ., y puesto que la esfera es cuádruple del cono
que tiene por base el círculo descrito sobre BD como diámetro y por eje
la recta AH 65.
7. También se puede demostrar por el mismo método que la razón

este valor en la igualdad anterior:


QE2+EP2 AG
EP AE

64 De la igualdad establecida en la nota anterior se deduce inmediatamente


que es
círc. QO+círc. PR 1rQE2 + 1rEp2 TA
círc. PR 1rEp2 TE
65 Este teorema, cuyo final falta en el palimpsesto de Jerusalén, se puede
completar así: Consideremos dos cilindros M y N de igual base y tales que
sea (M + N)= cono. Puesto que el hemisferio y el cono, en su sitio, equilibran
en A al cono, con su centro de gravedad en T, equilibrarán el cilindro (M + N),
y si el M equilibra al cono, el N equilibrará al hemisferio.
Ahora bien: el centro de gravedad del cono está en el punto T tal que
es AH = 4FR y, por equilibrar M en T al cono, se tiene:
cil. M AF lAR lAG 3
---=--=--=--=-
cono AT AT AG 8
de donde
cil. M = leona,
ARQUIMEDES.-EL METODO 283

de un segmento [esférico] al cono [de igual base y eje es la misma que


la de la suma del radio de la esfera y la altura del segmento complemen-
tario de la altura de este] 66 •

•••....•••••. ; ; ......•..........••• 67 Y por ella un p~ano perpen-


dicular a AG que cortará al cilindro, al segmento y al cono según los
y por ser
dI. M + dI. N = cono =! cono + cil. N
es
dI. N = cono -! cono = ~ cono,

y entonces, si el centro de gravedad del hemisferio es el punto X de AH y


equilibrar N en T al hemisferio, se verifica:
cil. N AX AX
---=--=--
hemisf. AT 2AH'
y por ser el hemisferio doble del cono, según se demostró en Sobre la esfera
y el cilindro, J, 36, poniendo este valor y el antes encontrado de cil. N, es

! cono 5 AX
---=- cono=---,
2 cono 16 2AR
de donde
5 AX 5
AX=-AH, --=-,
8 AH 8
y, finalmente,
AX 5 5
AX-AH=XH 8-5 3
66 La reconstrucción de este enunciado, incompleto en el manuscrito jeroso-
limitano, se debe a Heiberg en su edición de las Obras completas de Arquí-
medes, tomo n, pág. 470, de acuerdo con la demostración geométrica de Sobre
la esfera y el cilindro, n, 3.
67 Faltan algunas líneas del principio de la demostración, que debían de indicar
la construcción de la figura; pero como se conserva esta es fácil restituir apro-
ximadamente tales líneas así: Sea ABGD un círculo máximo de una esfera y
AG y VW dos diámetros perpendiculares. Cortemos la esfera por un plano,
perpendicular a AG y tendremos un segmento cuya base será el círculo de
diámetro ED; imaginemos dos conos que tengan por bases los círculos de
diámetros VW y ED y vértice común A; prolonguemos el primer cono hasta
su intersección con la base del segundo; consideremos el cilindro de altu-
284 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

círculos de diámetros MN, QO y PR, respectivamente, siendo la base de


este cono el círculo de diámetro EZ y vértice A.
Lo mismo que antes se demuestra que el círculo de diámetro MN, en
su sitio, equilibra en A a los círcu-
los de diámetros QO y P R tras-
ladados con su centro de gravedad
en T, y como todos los círculos
así obtenidos llenan el cilindro, el
segmento y el cono, el primero de
estos tres sólidos, en su sitio, equi-
librará a los otros dos trasladados
con su centro de gravedad en T
(Fig. 176).
Tomando en AH los puntos
X y F tales que AX sea igual a
E XH y FH a la tercera parte de
G
AH, el punto X será el centro de
gravedad del cilindro y F el del
cono 68, y puesto que los tres cuer-
L pos están en equilibrio, el co-
FIG. 176. no EAZ y el segmento DAB, jun-
tos, serán al cilindro como AX a
AT 69
8. También se ve por este método que la razón de todo segmento
ra AH Y cuya base sea el círculo de diámetro HL=AG; prolonguemos AG
en sus dos direcciones y tomemos AT = A G y GU = t A G; consideremos la recta
TG como una palanca con su punto medio en A y tracemos una paralela cual-
quiera MN a BD y por ella un plano ... [sigue el texto].
68 Lemas 8 y 10.
69 Falta el resto de la demostración, que se puede restituir así. Tenemos:

cono EAZ + seg BAD AX


-~-~-

cilindro AT - AG
AX·AG
AG2
y como es
cilindro
-----=---=---,
cono AEZ tEH2 tAH2
ARQUIMEDES. -,-EL METODO 285

de esferoide producido por un plano perpendicular al eje del cono de la


misma base y eje que el segmento, es igual a la de la suma del semieje
del esferoide y el eje del segmento complementario 70 al eje de este 71.
9. El centro de gravedad de todo segmento esférico está en el pun-
to del eje del segmento y lo divide de tal modo que la razón de la parte
situada del lado del vértice del segmento a la otra parte es la misma que
la de la suma del eje del segmento y el cuádruple de la parte del eje
comprendida en el segmento complementario y el doble de la parte com-
prendida en el segmento complementario 72 .
................................................... 73 Y BD la intersección de ambos
planos; CA un diámetro perpendicular a la recta BD que la corta en el

dividiendo ordenadamente estas dos igualdades, resulta:


cono EAZ + seg. BAD seg. BAD
cono HAZ cono EAZ
-!AG--lAH
-lAH
y por ser

cono EAZ EH2 AH2

cono DAB DH2 AH·HG


AH -lAH
=--=---,
HG -lHG
dividiendo ordenadamente, es
segm. BAD -!AG--lAH
-----=
cono DAB -lHG
-!AG+(AG-AH) -!AG+HG
HG HG
70 'tou ÚV'tLXEq.tlOVÓV 't¡tY¡¡WWt;.
71 Falta la demostración mecánica. La geométrica puede verse en Sobre co-
noides y esferoides, props. 31 y 33.
72 Este enunciado, incompleto. En el palimpsesto, ha sido reconstruido por
HEIBERG, loe. cit., tomo n, pág. 474, en vista del 10 que es su generalización.
73 Las palabras que faltan al principio de la demostración debían de ser, apro-
ximadamente, estas: Cortemos una esfera por un plano que determine en ella
un segmento de vértice A y por otro que pase por el centro perpendicular al
primero. Sea ABGD el círculo sección y BD la intersección ... [sigue el texto].
286 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

punto H, de modo que AH será, por tanto, el eje del segmento y HG el


de su complementario. Tomemos en AH un punto X tal que AX sea a
XH como AH aumentado en el
cuádruple de HG es a AH aumen-
N tada en el doble de HG (Fig. 177).
Digo que el punto X es el cen-
M T tro de gravedad del segmento es-
férico cuyo vértice es el punto A

....•.......•..........•.....• 74. Prolon-


guemos la recta AG en sus dos
direcciones y tomemos AT igual
a AG y GQ igual al radio de la
esfera; consideremos la recta TG
como una palanca con su punto
A
medio en A; imaginemos el círcu-
lo de centro H y radio igual a AH
descrito en el plano secante que
determinó el segmento; sea ese
círculo la base de un cono de
vértice A y generatrices AE y
AZ y tracemos, finalmente, una
paralela cualquiera KL a EZ que
encuentra a la periferia del seg-
mento en los puntos K y L, a las
generatrices del cono EAZ en los
G
R y O Y a la recta A G en el P.
Puesto que el cuadrado de AK
es al de AP como A G a AP y
los cuadrados de AP y PK va-
Q
len, juntos, el de AK, y los de PO
FIG. 177.
y EH equivalen a los de P A Y HA,
respectivamente, resulta que los
cuadrados de PK y PO, juntos, son al de PO como AG a AH.
La razón del círculo de diámetro KL junto con el de diámetro OP a

74 Faltan de cuarenta a cincuenta palabras, de las que solo aparecen en el


manuscrito de Jerusalén algunos restos, y tal cual letra suelta, que hacen im-
posible la restitución.
ARQUIMEDES.-EL METODO 287

este último, es la misma que la de los cuadrados de PK y OP a este úl-


timo, y por ser iguales las rectas AG y AT, se deduce que los círculos
de diámetros KL y OP son al de diámetro OP como AT a AP 75, Y enton-
ces, trasladando el círculo de diámetro OP de modo que su centro de
gravedad sea T, los círculos de diámetros KL y OP, en su sitio, son al
círculo de diámetro OP trasladado con su centro de gravedad en T, como
AT a AP y, por tanto, los círculos situados en el segmento BAD y en el
cono EAZ equilibran en A al círculo situado en el cono EAZ; y, análo-
gamente, todos los círculos situados en el segmento y en el cono, en su
sitio. equilibrarán a todos los situados en el cono trasladados y dispues-
tos en T de modo que este punto sea su centro de gravedad; luego el seg-
mento y el cono, juntos, equilibrarán en A al cono en T.
Considerando ahora un cilindro (M + N) equivalente al cono cuya base
es el círculo de diámetro EZ y vértice A, y tomando en AH el punto
F tal que dicha .recta sea cuádruple de FH, este punto será el centro de
gravedad del cono EAZ 76, y cortando el cilindro (M + N) por un plano
perpendicular al eje de modo que el cono M equilibre al EAZ, resulta que
por equilibrar este cono con el segmento, en su sitio, al cono en T, ser
el cilindro (M + N) equivalente al cono AEZ y equilibrar a la vez al seg-
mento y al cono, el cilindro N equilibrará al segmento en A.
Antes se ha demostrado 77 que QH es a GH como el segmento esfé-
75 Se tiene, en efecto,
AJ<2 AG
--=--,
Ap2 AP
y poniendo

la igualdad anterior se convierte en


OP2+PK2 AG
Op2 AP
y, por tanto,

círc. KL+círc. OP (jji2+fiK2 AG=AT


círc. OP OF2 AP
76Lema 10.
n Proposición 7 y Sobre la esfera y el cilindro, U, 3.
288 CIENTIFICOS GRIEGO S.-TOMO II

rico BAD al cono que tiene por base el círculo de diámetro BD y vérti-
ce A, y este círculo es al de diámetro EZ como el cono BAD al EAZ, el
cuadrado de BH al de EH como el primer círculo al segundo, ese cuadra-
do de BH equivalente al rectángulo de GA y AH Y el de EH al de BH y
ser GH a AH como el rectángulo de GH y AH al cuadrado de AH, se de-
duce que GH es a AH como el cono BAD al EAZ, y por haberse de-
mostrado también que GH es a OH como el cono BAD al segmento BAD,
resulta que OH es a AH como el segmento BAD al cono EAZ 78.
Puesto que la recta AH, aumentada en el cuádruple de GH, es a la
misma recta AH, aumentada en el doble de GH, como AX a HX, el do-
ble de GH, aumentado en AH, será al cuádruple de GH, aumentado en
AH, como XH a AX, y, por tanto, el séxtuplo de GH, aumentado en el
doble de AH, será a AH, aumentado en el cuádruple de GH, como AH
a AX.
Por valer OH la cuarta parte del séxtuplo de GH, aumentado en el
doble de AH, y GE la cuarta parte del séxtuplo de GH, aumentado en AH,
lo cual es claro 79, GH es a GF como AH a AX y GF a AX como
OH a AH.
78 Se tiene:
BH2 círc. BD cono BAD
EH2 círc. EZ cono EAZ
y poniendo aquí

resulta
GH . AH GH cono BAD
AH2 AH cono EAZ
Recordando que QG es igual al radio de la esfera y que
QG+GH QH segm. BAD
GH GH cono BAD'
y multiplicando ordenadamente esta igualdad y la anterior, es
QH segm. BAD
AH cono EAZ
79 Empleando el simbolismo moderno, se demuestra fácilmente, coino hemos
hecho en análogas ocasiones anteriores.
ARQUIMEDES.~EL METODO 289

También se ha demostrado que el segmento de vértice A y base el


círculo de diámetro BD es al cono del mismo vértice y base el círculo
de diámetro EZ como QH a AH, y, por tanto, CE será a AX como el
segmento BAD al cono EAZ, y puesto que el cilindro M está en equilibrio
con el cono EAZ en A, el punto T es el centro de gravedad del cilindro
y F el del cono, se deduce que AT es a AF, es decir, CA a AF como
el cono EAZ al cilindro M.
El cilindro (M + N) equivale al cono EAZ, según hemos dicho, luego
la recta AC es a la CF como ese cilindro (M + N) al N, y por haberse
demostrado que CF es a AX como el segmento BAD al cono EAZ, la
recta AT será a la AX como el segmento BAD al cilindro N en A, siendo
T su centro de gravedad, y, por consiguiente, el punto X es también el
centro de gravedad del segmento BAD 80.
10. De la misma manera se demuestra que el centro de gravedad
de todo esferoide está en un punto de su eje y lo divide de tal modo que
la razón de la parte situada del lado del vértice del segmento a la otra
parte es la misma que la de la suma del eje y el cuádruple del del com-
plementario a la suma del eje y el doble del del complementario.
ll. También se ve por este método que la razón del segmento de
conoide obtusángulo al cono de igual base y eje es la misma que la
de la suma del eje y el triple de la recta añadida a la suma del eje del seg-
mento y el doble de la recta añadida 81, y que el centro de gravedad del
hiperboloide 82 está en un punto del eje y lo divide de tal modo que la
razón de la parte situada del lado del vértice del segmento a la otra parte
es igual a la de la suma del triple del eje y el óctuple de la recta añadida
al eje aumentada en el cuádruple de la añadida.
Podría demostrar otras varias proposiciones; pero las omito porque
mi método queda suficientemente explicado con lo dicho hasta ahora.
12. Si en un prisma recto de bases cuadradas se inscribe un cilindro
con bases en dos cuadrados opuestos y su superficie tangente a los otros
cuadrados y se traza un plano por el centro del círculo de una base del
cilindro y por un lado del cuadrado opuesto, la figura así producida 83 es
la sexta parte del prisma total.
80 Obsérvese que este resultado, obtenido por simple comprobación mecáni-
ca, no está demostrado geométricamente.
81 Vid. Conoides y esferoides, prop. 27.
82 Del segmento de conoide obtusángulo, es decir, del hiperboloide de dos
hojas.
83 Este sólido es el que hoy llamamos una cilíndrica.
290 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Una vez establecida esta proposición volveremos a demostrarla geo-


métricamente 84.
Imaginemos un cilindro inscrito en un prisma recto de bases cuadradas
como acabamos de decir. Cortemos el pris-
o B ma por un plano que pase por el eje perpen-
dicular al plano secante que separa del cilin-
dro un segmento, y sea AB el paralelogramo
sección del cilindro, BG la intersección de
los dos planos, GD el eje de prisma y del ci-
lindro EZ la recta perpendicular al eje bise-
T E cándalo y hagamos pasar por ella un plano
Zl------I----f--+---i perpendicular a GD, el cual plano cortará al
prisma según un cuadrado MN y al cilindro
según un círculo QOPR tangente a los lados
del cuadrado en los puntos Q, O, P Y R, Y sea
la recta KL la sección común del plano que
separa del cilindro el segmento y del perpen-
A G N u dicular al eje trazado por EZ, recta que
quedará dividida en dos partes iguales por
el punto H en que la corta la QTP.
N
Tracemos ahora en el semicírculo O PR
una recta SV perpendicular a la PQ y por
ella un plano perpendicular a PQ en el del
círculo QOPR, el cual plano cortará al se-
micilindro cuya base es el semicírculo OPR
I-- ¡...:..T_....:.H+--+:.-..¡p y la altura el eje del cilindro, según un para-
lelogramo que tendrá un lado igual a SV y
otro a una generatriz del cilindro 85 y al
segmento separado de este según otro para-
lelogramo uno de cuyos lados será también
la recta SV y el otro una igual y paralela a
M
la N,W, siendo NW paralela a UB en el pa-
ralelogramo DE y cortará a ET en un punto I
tal que El será igual a PX (Fig. 178).
Puesto que EG es un paralelogramo y NI paralela a GT, será UG a NG,

84 Vid. infra, prop. 15.


al lado del cilindro, es decir, a la intersección UB
85 toü XUALVBQou JrA8UQii:
de la superficie de este con el plano AB, o sea, una generatriz.
ARQUIMEDES.-EL METODO 291

es decir: VB a NW como TE a TI; el paralelogramo determinado en el


semicilindro es al determinado en el segmento separado del cilindro tam-
bién como VB a NW, porque estos dos paralelogramos tienen el lado SV
común, la recta ET es igual a la PT, IT a la XT y la PT a la TQ; luego
el paralelogramo del semicilindro es al del segmento separado como TQ
a TX 86.
Imaginemos ahora que el paralelogramo del segmento [separado del
cilindro] se traslada de modo que Q sea su centro de gravedad en el
punto medio de la recta PQ considerada como una palanca, y entonces,
puesto que X es el centro de gravedad del paralelogramo del semicilin-
dro 87 y la razón de los dos paralelogramos es la de QX a TX, el parale-
logramo de centro de gravedad X equilibrará en T al de centro de gra-
vedad Q.
Análogamente se demostraría que lo mismo se verifica para todas las
secciones paralelográmicas producidas por planos perpendiculares a PQ
que pasen por cualquier recta del semicírculo OPR perperidicular a PQ,
y, por consiguiente, considerando todos los paralelogramos que compo-
nen el semicilindro y el segmento separado, el semicilindro, en su sitio,
equilibrará al segmento trasladado con su centro de gravedad en Q.
13. Dado el paralelogramo 88 y el círculo QOPR de centro T, trace-
mos las rectas TM y TH y por ellas planos perpendiculares al del círculo
y prolongándolos a uno y otro lado [del plano del círculo], se tendrá
un prisma cuya base será igual a la sección triangular HTM y altura al

86 Puesto que los dos paralelogramos tienen la base común, serán entre sí
como sus alturas y tendremos:
paral. del semicil.
paral. de la uña
VB VG TE
=--=--=--
NW NG TI
y poniendo
TE=TP=TQ, TI=TX,
resulta:
para!. del semicil. TQ
paral. de la uña TX
87 Lema 6.
88 Cuadrado.
292 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

eje del cilindro, el cual prisma es la cuarta parte del primitivo circuns-
crito al cilindro.
Tracemos en el semicírculo OPR y en el paralelogramo MN las rec-
tas LK y UV equidistantes de la
H R N QP, las cuales cortan a la perife-
ria del semicírculo OPR en los pun-
tos K y V, al diámetro OR en S
L y Z y a las rectas TH y TM en
X y F (Fig. 179); hagamos pasar
por esas rectas LK y UV planos
perpendiculares a OR, y, prolon-
Q P gándolos a uno y otro lado del
plano del círculo, uno de ellos cor-
tará al semicilindro cuya base es el
semicírculo OPR y altura la del ci-
U lindro según un paralelogramo, uno
de cuyos lados será igual a la recta
SK y el otro al del cilindro, y al pris-
M O ma HTM según otro paralelogramo
FIG. 179. uno de cuyos lados será igual a la
recta LX y el otro al eje; y aná-
logamente se tendrá en el mismo semicilindro un paralelogramo con un
lado igual a la recta UZ y el otro al eje del cilindro, y en el prisma un
paralelogramo con un lado igual a la recta UF y otro al eje del cilin-
dro 89.
Dado un prisma de bases cuadradas, una de las cuales es ABGD, ins-

89 Falta el resto de la demostración; pero como, de acuerdo con ZEUTEN,


loe. cit., pág. 352, las premisas, la construcción de las figuras y el resultado
final permiten reconstruirla, como puede verse en las ediciones de Heath y
Ver Eecke, citadas en la bibliografía.
Heath, por su parte, observa que de esta proposición se puede deducir la
posición del centro de gravedad de un semicilindro o de un semicírculo, puesto
que el triángulo HTM equilibra al semicírculo OPR, y llamando X al punto
de TP en que está su centro de gravedad, se tendrá:
¡TQ (triáng. HTM)=TX·semicírc. OPR,
o bien:
ARQUIMEDES.-EL METODO 293

cribamos en él un cilindro cuya base sea el círculo EZHT que toca a los
lados del cuadrado en los puntos E, Z, H y T (Fig. 180). Por el centro de
este círculo y por el lado del cua-
drado que, situado en el plano opues- B H G
to al ABGD, correspondiente al
lado GD, tracemos un plano que
separará del mismo otro equivalen-
te a la cuarta parte del primero y
estará limitado por tres paralelogra-
mos y dos triángulos opuestos; ins-
cribamos una parábola en el semi- T 1---------+------J.----4 Z
K
círculo EZH y sea ZK su eje; trace-
mos en el paralelogramo DH una pa-
ralela cualquiera MN a KZ, la cual
cortará a la periferia del círculo en
un punto Q ya-la base de la parábo-
la en un punto L, de modo que
el rectángulo de MN y N L será equi- A E o
valente al cuadrado de NZ, como FIG. 180.
es claro 90, y, por tanto, el cuadra-
do de KH será al de LS como MN a LN; hagamos pasar por MN, per-
pendicularmente a EH, un plano que cortará al primer prisma según un
triángulo rectángulo, uno de cuyos catetos es MN y el otro una recta
del plano BD perpendicular a GD en el punto N e igual al eje del cilin-
dro y la hipotenusa situada en el plano secante, y cortará al segmento
separado del cilindro según otro triángulo rectángulo, uno de cuyos c::i.e-
tos es MQ y el otro una recta de la superficie del cilindro perpendicular
al plano KN en el punto Q y la hipotenusa situada en el plano secante

de donde
4
TX=-1r' TP.
3

90 N o tan claro, porque para demostrarlo hay que acudir a una propiedad
que no figura en ninguna de las obras de Arquímedes, aunque podría conocerla
por haberla establecido algún geómetra anterior a él, cosa que ignoramos; y
lo único que podemos decir es que medio siglo después del siracusano fue Apo-
lonio quien demostró: Cónicas, 1, 11, que el radio KZ del círculo EZHT es
doble del parámetro de la parábola EZH inscrita en el semicírculo, y, por tanto,
la ecuación de la curva y2 = 2px es, en este caso, N Z2 = MN . NA.
294 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

••.•.•...............•.................... 91, todos los triángulos del prisma son a


todos los del segmento separado como todas las rectas del paralelogramo
HD a todas las comprendidas entre la parábola y la recta EH, y puesto
que el paralelogramo. está compuesto por todas las rectas paralelas a KZ
y el segmento limitado por la parábola y el diámetro por las rectas de
este segmento 92,
y, por tanto, el paralelogramo HD es al segmento EZH limitado por la
parábola y la recta EH como el prisma al segmento separado del cilin-
dro; y puesto que el paralelogramo HD vale una vez y media el seg-
mento, como se demostró en un escrito anterior 93, el prisma valdrá una

91 Falta la continuación, que se puede restituir teniendo en cuenta que


por ser
MN HK2 MN2
LN = LS2 = LS2'
es
MN MN2
MN -LN=ML MN2_LS2

MN2
MN2_MK2=MQ2'

Y esta razón MN2: MQ2 es la misma que la de los triángulos de bases homó·
logas MN y MQ, es decir,
triáng. en prisma
triáng. en segm.

MN2 MN
MQ2 ML

Análogamente se demostraría que si se traza otra recta paralela a la KZ en


el paralelogramo circunscrito a la parábola y se hace pasar por ella un plano
perpendicular a EH, la paralela a KZ en el paralelogramo DH estará con la
recta limitada por la parábola EZH y el diámetro EH en la misma razón que
los dos triángulos y, por consiguiente, ... [sigue el texto].
92 Faltan unas cuantas palabras que no deben de afectar esencialmente al
razonamiento.
93 De la cuadratura de la parábola, prop. 24.
ARQUIMEDES.~EL METODO 295

vez y media el segmento separado del cilindro 94, y, por consiguiente, el


prisma es a 3 como el segmento del cilindro a 2, y por ser la razón del
prisma circunscrito al cilindro a 12 igual a la del prisma a 3, porque uno
es la cuarta parte del otro, el prisma entero es a 12 como el segmento
del cilindro a 2; luego el segmento separado del cilindro equivale a la
sexta parte del prisma 95.
15. Dado un prisma recto de bases cuadradas, una de las cuales es
ABGD, inscribamos en el prisma un cilindro cuya base sea el círculo EZHT,

94 Puesto que se tiene


parale!. DH seg. prisma
segm. para!. EZH uña
y como en De la cuadratura de la parábola, 24, se demostró que es
4
segm. paráb. EZH = - triáng. EZH,
3
resulta:
parale!. DH = 2 triáng. EZH
3
= - segm. paráb. EZH,
2
y, por consiguiente,
3
segm. prisma = - uña.
2
95 Escribiendo la igualdad anterior en la forma del texto del palimpsesto, es
segm. prisma uña
3 2
y por ser el segm. entero = 4 segin. de prisma, o lo que es lo mismo,
prisma entero segm. prisma uña
12 3 2
se verifica
uña= 1/6 prisma entero.
Obsérvese la admirable manera con que Arquímedes hace uso de una pro-
piedad demostrada en De la cuadratura de la parábola para encontrar el volu-
men de la uña cilíndrica con un rigor de fuerte acento analítico, muy superior
al método mecánico.
296 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

de centro K, que toca a los lados del cuadrado en los puntos A, Z, H y K 96,
Y hagamos pasar un plano por el diámetro EH y por un lado .
• • • • • .. • • .. .. • • .. • • • .. • • • • • • • • • • • • • • • •. 97 el cual plano separará un prisma del
prisma completo y un segmento del cilindro 98 del cilindro. Digo que
el segmento separado del cilindro por el plano equivale a la sexta parte
del segmento entero.
Demostremos previamente que se puede inscribir una figura sólida
en el segmento separado del cilindro y circunscribirle otra compuesta
ambas de prismas de igual altura y bases triangulares semejantes, de
tal modo que la figura circunscrita exceda a la inscrita en una mag-
nitud menor que otra cualquiera dada 99
el prisma separado por el plano oblicuo será menor que una vez y
media el sólido inscrito en el segmento separado del cilindro, y puesto
que se ha demostrado que el para-
lelogramo DH es a los paralelo-

••
gramos inscritos en el segmento li-
mitado por la parábola y por la
recta EH como el prisma separado
11 K e H K E
por el plano oblicuo es a la figu-
FIG. 181. ra sólida inscrita en el segmento
de cilindro, resulta que el parale-
logramo DH es una vez y media menor que los paralelogramos inscri-
tos en el segmento limitado por la parábola y la recta EH, lo cual es
imposible porque hemos demostrado 100 que es igual; luego el segmen-
to de cilindro no es mayor que la sexta parte del prisma completo
.................................... 101 y, por consiguiente, por el plano oblicuo

96Figura correspondiente al teorema anterior.


97Faltan algunas palabras que, por analogía con la proposición anterior, que
explica la construcción de la misma figura, se pueden restituir así: «del cuadra-
do que, situado en el plano opuesto a ABGD, corresponde al lado GD1I.
98 Una uña cilíndrica.
99 Falta más de un centenar de palabras, de las que solo hay restos y letras
sueltas, haciendo realmente imposible la restitución; pero apoyándose en Co-
noides y esferoides, props. 21 y 27, en que se aplica el método de exhaución,
y teniendo a la vista las dos figuras del texto, se han suplido, no las palabras,
naturalmente, sino el sentido, como puede verse en la edición de Paul Ver Eecke,
pág. 516, nota 4.
100 De la cuadratura de la parábola, prop. 24.
101 Faltan unas doscientas palabras cuya síntesis podría ser la siguiente: Su-
ARQUIMEDES.-EL METODO 291

están con todos los contenidos en la figura circunscrita al segmento de'


cilindro en la misma razón que todos los paralelogramos situados en el
DH y todos los situados en la figura circunscrita al segmento limitado
por la parábola y por la recta EH, es decir: el prisma separado por el
plano oblicuo es a la figura circunscrita al segmento de cilindro como el
paralelogramo DH a la figura circunscrita por la parábola y por la recta
EH (Fig. 181); Y puesto que el prisma separado por el plano oblicuo es
una vez y media mayor que la figura sólida circunscrita al segmento de
cilindro 102 ••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••••

poniendo ahora que la uña es menor que la sexta parte del prisma entero, y
recordando 10 dicho en De la cuadratura de la parábola, 14, el segmento de
prisma es mayor que una vez y media la uña, y, razonando como antes, se
demuestra que la razón del prisma elemental del prisma separado al de la figu-
ra circunscrita a la uña es la misma que la del paralelogramo elemental de DH
al inscrito en el- segmento parabólico, y, por consiguiente... [sigue el texto].
102 Falta el final de la demostración, a la que debía seguir una proposición
sobre la bóveda cilíndrica: sólido comprendido entre dos cilindros inscritos en
un cubo con sus bases en dos pares de caras opuestas, cuyo volumen equivale
a los dos tercios del cubo, y que es el segundo teorema cuya demostración me-
cánica anunciaba en su carta a Eratóstenes.
Perdida irremisiblemente esta demostra~ión, lo mismo que la geométrica;
pero teniendo en cuenta el proceso de doble reducción al absurdo del método
de exhaución, las han restituido Zeuthen, Th. Reinach y Heath, en sus obras
citadas, donde puede verlas el lector a quien interesen estos «ejercicios de Ar-
queología matemática», como los llama Paul ver Eecke.
APOLONIO
DE PERGAMO
(2607 -2007)
APOLONIO DE PERGAMO

PREAMBULO

LA vida del tercer gran matemático de la época alejandrina es casi


ignorada por completo, pues que solo se sabe que nació en Pérgamo,
ciudad de la Panfilia, en el Asia Menor; que estudió en el Museo con el
sucesor de Euclides; que residió en Alejandría, en Efeso y en Pérgamo,
y que, según Pappo 1, tenía un carácter atrabiliario y tan envidioso de
la reputación ajena que no perdía ocasión de zaherir y mortificar a sus
colegas. Por lo visto, era un genio de mal genio. \
Como dedicó algunos de sus libros a Atalo, sería acertada la in-
dicación de Eutocio de Ascalón 2 al hacerlo contemporáneo de Ptolomeo
Evergetes, si no autorizara la duda el papiro de Herculano, descubierto
en 1900, que, de acuerdo con la cronología deW. Cronert 3, sitúa su
acmé hacia 170 antes de f.C., en cuyo caso el faraón citado por el co-
mentarista sirio podría ser Ptolomeo VIII Evergetes 1I que empezó a rei-
nar el año 169,· pero entonces no se comprenden bien las dedicatorias
a Atalo, ya que este murió en 198 y no parece admisible que Apolonio
las escribiera in memoriam; Vitruvio se limita a citarlo entre los cien-
tíficos antiguos 4, sin otra mención que su nombre a secas, y lo único
que puede afirmarse es que vivió a fines del siglo III, probablemente
entre 260 y 200, siendo incluso muy difícil su identificación, puesto que
el nombre Apolonio era tan corriente en Grecia que solo en la Enciclo-
pedia de Pauly-Wissowa figuran ciento veinticuatro personajes así lla-
mados.

1 Colecciones matemáticas, ed. Hultsch, tomo JII, lib. 1, Berlín, 1876.


2 En los Comentarios incluidos por Heiberg en su edición de las Obras com-
pletas de Apolonio, tomo Il, pág. 168.
3 Der Epikureer Philonides, en las Sitzungs de la Academia de Ciencias de
Berlín, 1900, págs. 942-50.
4 De Architectura, J, 1.

301
302 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Como hemos dicho, Apolonio es el tercer gran geométra del período


alejandrino. El triunvirato Euclides-Arquímedes-Apolonio no solo go-
bernó la Geometría griega, sino que casi todos sus decretos siguen
vigentes aún. La labor fundamental de Euclides está en sus Elementos,
obra eminentemente teórica, en la que se encuentra sistematizada toda
la Matemática de entonces; las monografías de Arquímedes llenan la
sima platónica abierta entre la razón pura y la experiencia, y, finalmente,
Apolonio no codificó la Geometría, como el alejandrino, ni abarcó di-
versos asuntos, como el siracusano; pero orientó sus esfuerzos en una
dirección casi única con tal maestría que sus investigaciones sobre cónicas
permiten decir' que fue el primer especialista que registra la historia de la
Geometría, hasta el punto de que solo en tiempos recientes se ha agre-
gado algo a lo que él descubrió: .ejes, centros, diámetros, asíntotas,
cuerdas conjugadas y focos, son otros tantos temas tratados por el geó-
metra de Pérgamo ·con acierto no superado.
Las primeras menciones de las cónicas se remontan a Menecmo y a
Aristeo el Viejo, es decir, al siglo IV antes de J.C., de un modo rudimen-
tario, pues que la Geometría del espacio no había llegado todavía al
estatismo intelectual alcanzado ya por la plana; y si empleaba el com-
pás en ciertas construcciones, su movimiento no intervenía en ninguna
demostración apodíctica, sino solo en la curva descrita, considerada
estáticamente.
Euclides y Arquímedes, continuando la labor encentada por Menecmo
y Aristeo, definieron las tres cónicas como secciones hechas por un
plano perpendicular a la generatriz de sendos conos rectos de ángulo
en el vértice recto, obtuso y agudo, respectivamente; pero fue Apolonio
quien tuvo la genial idea de cortar un solo cono oblicuo de base circular
para obtener la parábola, la hipérbola y la elipse, según que el plano
secante fuese o no fuese paralelo a una generatriz o las encontrara a
todas, llegando a una tesis admirable que le permitió ver las relaciones
que ligan unas a otras; y hemos subrayado la palabra ver porque todo lo
que vemos en el mundo son secciones cónicas, ya que los rayos lumino-
sos que penetran en el ojo, luego de atravesar el cristalino, constituyen
un haz en forma de cono.
La teoría de tales curvas está fundada en una propiedad única de las
mismas deducida directamente de la naturaleza de los conos de que
proceden. «Concibamos-dice Chasles-un cono oblicuo de base circu-
lar. La recta bajada desde su vértice al círculo que le sirve de base
APOLONIO DE PERGAMO.-PREAMBULO 303

se llama eje del cono; el plano trazado por el eje perpendicularmente


al de la base corta al cono según dos generatrices y determina en el
círculo un diámetro, y el triángulo que tiene por base este diámetro y
por lados las dos generatrices es el triángulo según el eje. Para formar
sus secciones cónicas, Apolonio considera el plano que corta perpen-
dicularmente al del triángulo según el eje. Los puntos en que este plano
incide sobre los otros dos lados del triángulo son los vértices de la curva,
cuya recta de unión es un diámetro que Apolonio llama latus transver-
sum 5. Por uno de los dos vértices se levanta una perpendicular-latus
erectum-al plano del triángulo según el eje y se le da cierta longitud,
como diremos después, y el extremo de esta perpendicular se une por
medio de una recta al otro vértice de la curva. Si por un punto cualquiera
del diámetro se traza perpendicularmente una ordenada 6, el cuadrado
de esta ordenada, comprendida entre el diámetro y la curva, será igual al
rectángulo construido sobre la parte de la ordenada lirpitada por el
diámetro y la recta y el segmento de diámetro comprendido entre el
primer vértice y el pie de la ordenada 7. Esta es la propiedad originaria
y característica que Apolonio reconocía a sus secciones cónicas y que
utiliza para deducir casi todas las demás propiedades mediante hábiles
transformaciones. Como se ve, desempeña en sus manos un papel análogo
al de la ecuación de segundo grado con dos variables-ordenada y abs-
cisa-en la Geometría analítica de Descartes».
De lo dicho deduce el geómetra francés que (cel diámetro de la curva
y la perpendicular levantada en uno de sus extremos bastan para cons-
truirla; y estos son los dos elementos de que se valieron los antiguos
para establecer su teoría de cónicas. La perpendicular en cuestión la
llamaron latus erectum, que los modernos sustituyeron primeramente por
latus rectum, que se usó mucho, y luego por parámetro, que ha quedado.

5 Claro es que Apolonio no dice latus transversum, como parece deducirse


de las palabras de Chasles, sino JtAay(a JtAeuQá, cuya traducción latina es la
que emplearon los geómetras del Renacimiento; y como nosotros decimos en
español diámetro o eje transverso, Chasles debió escribir en francés diametre
ou axe transverse o conservar la frase griega.
6 oQ 6(a, sobrentendiendo JtAeuQá, lado, es decir, el lado que está derecho ver-
ticalmente, el latus erectum de los geómetras renacentistas, o sea, la altura del
rectángulo equivalente al cuadrado de la ordenada, llamado hoy parámetro, de
nUQú, igual, y ¡tÉ'tQov, medida.
7 Las porciones cortadas del diámetro de la curva recibieron después el nom-
bre latino de abscisas, de abs, fuera, y caedere, cortar.
304 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

Apolonio y los geómetras que escribieron después de él dieron diferen-


tes expresiones, tomadas en el cono, de la longitud Be este latus rectum
para cada sección; pero ninguna nos parece tan sencilla como la de lac-
ques Bernoulli: «Si se traza un plano paralelo a la base de un cono y
situado a la misma distancia de su vértice que el plano de la sección có-
nica propuesta, ese plano cortará al cono según un círculo cuyo diámetro
será el latus rectum de la cónica 8)), de donde resulta fácilmente la
manera de colocar una cónica dada en un cono también dado)) 9.
Construidas las tres curvas, Apolonio demuestra que en la parábola
el cuadrado de la ordenada es igual al rectángulo cuyos lados son el pará-
metro y la abscisa, mientras que en la hipérbola es mayor y en la elipse
menor 10; Y de aquí que considerase como curva fundamental la pará-
bola: ~w2afJo).~, Y llamara a las otras dos v~éefJo).~ y EUet'l.pt~, hipérbola
y elipse, apartándose de sus predecesores, que daban a estas curvas de-
nominaciones perifrásticas: sección del cono recto rectángulo, obtusán-
gula y acutángulo, respectivamente, y acuñando tres palabras que desde
entonces quedaron incorporadas al diccionario geométrico de un modo
definitivo y unánime.
Lo que ya no es definitivo ni unánime es el parecer sobre el
origen de tales nombres. Eutocio 11 los hace derivar de los verbos
~aeafJá.Uw, v~eQfJdUw y EUeí~w)!, el primero de los cuales significa po-
ner en paralelo, y justifica su tesis por el hecho de que el eje de la
parábola, o sea la intersección del plano secante según el eje es paralelo
a un lado del triángulo, y los otros dos verbos son sinónimos de exceder
y faltar; y hace observar que la suma del ángulo cónico y el formado
por el eje de la curva con la generatriz es en la hipérbola mayor que
dos rectos y en la elipse menor; y modernamente Heath 12 apoya las
denominaciones de las tres curvas en sus respectivas propiedades prin-
cipales: la palabra «parábola)) quiere decir aplicación, y en ella el cua-
drado de la ordenada equivale al área del rectángulo que, aplicado a la
longitud del parámetro como base, y en el que su altura es igual a la

8 N ovum theorema pro doctrina sectionum conicarum, en las Acta Erudito-


rum, pág. 586, Leipzig, 1689.
9 Aper~u historique sur l'origine et le dévéloppement de la Géométrie, 3.8. ed.,
págs. 18-19, París, 1875.
10 Las Cónicas, I, 11, 12 Y 13, respectivamente.
11 Loc. cit., págs. 172-74.
12 Apollonius von Perga, págs. 9-12, Cambridge, 1896.
APOLONIO DE PERGAMO.-PREAMBULO 30S

abscisa, mientras que dicho cuadrado equivale a cierta área que es


mayor que otra en la hipérbola y menor en la elipse.
Sin tomar partido en esta cuestión filológica-pues que ambas po-
siciones son defendibles-, solo diremos que quienes aceptan la opinión
de Eutocio se apoyan en la sencillez, que corresponde a una definición
de construcción; y esto es, precisamente, lo que rechazan los partidarios
del historiador inglés, cuyas ideas son independientes de toda considera-
ción estereotómica.
Empleando nuestro actual simbolismo algebraico y representando
por a el semidiámetro de la hipérbola o de la elipse y por r/a la razón
constante entre el cuadrado de la semicuerda conjugada y el producto
de los dos segmentos que determina en el diámetro, siendo, por tanto,
2p el parámetro, las cónicas, tal como las construyó Apolonio, quedan
definidas por la ecuación cartesiana
P
y2=_ x (2a ± x),
a

que se reduce a

en el caso de la parábola; y por ello se consideran como curvas de se.


gundo grado, vinculadas a las construcciones antiguas para resolver la
ecuación cuadrática y rematando el Algebra geométrica que prestó a
la Ciencia de entonces el mismo servicio que presta a la de hoy la
Geometría analítica; pero había que conocer todos los procedimientos
subsidiarios de aquellas, que Apolonio aplica a cada caso particular, y
uniformarlos, como Descartes, que dio de una vez para siempre un
sistema de ejes fijos.
Con la teoría de cónicas llega a la cumbre la Matemática griega, que
superó entonces la rígida etapa de la regla y el compás, aparatos que! no
son sino las respectivas materializaciones de la recta y del círculo en
cuanto ideas claras y distintas, para emplear adjetivos de sabor carte-
siano, haciendo asumir a las investigaciones apolonianas categoría cós-
mica cuya importancia se puso de manifiesto en el desarrollo de la
Mecánica celeste a lo largo del siglo XVII, pues sin la obra del geómetra
de Pérgamo, Kepler no habría descubierto las leyes de la dinámica pla-
netaria ni Newton las de la gravitación universal.
306 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

BIBLIOGRAFIA

Apolonio escribió varias obras, pero solo se conserva ilna, y no por


completo: Las cónicas, en ocho libros, de los cuales ha llegado a nosotros
el texto griego original de los cuatro primeros; conocemos los tres si~
guientes por sus traducciones árabes, y el octavo y último está irremisi-
blemente perdido.
Del contenido de Las cónicas hace un resumen su autor en la carta
con que remite a Eudemo el libro 1, que consta de sesenta proposiciones
sobre las propiedades más importantes de estas curvas y termina cons-
truyéndolas y estableciendo que, dada una cualquiera de ellas, existe
siempre un cono de base circular de la que es sección; el libro II contiene
cincuenta y tres proposiciones dedicadas casi exclusivamente a las asíntotas
de la hipérbola " las cincuenta y seis del III se refieren a las propiedades de
los triángulos y cuadriláteros inscritos y circunscritos, y en este libro
aparecen por primera vez los polos y polares de las tres cónicas y los
focos de la hipérbola y la elipse; el libro IV contiene cincuenta y siete
proposiciones sobre las intersecciones y contactos de las cónicas entre sí
y con la circunferencia; la mayor parte de las setenta y siete del V son
un anticipo de la moderna teoría de normales, subnormales y radios de
curvatura; forman el libro VI, menos original que los anteriores, treinta
y tres proposiciones destinadas especialmente a la igualdad y semejanza
de las cónicas; el VII tiene cincuenta y una proposiciones que constituyen
una admirable exposición de la teoría de diámetros conjugados, y el VIII,
perdido, resolvía algunos problemas propuestos en el anterior, y ha sido
restituido por Halley sobre la base de las referencias de Pappo y del
propio Apolonio.
El tratado de Las cónicas fue muy comentado por los geómetras grie-
gos y después por los árabes y persas. El primer comentarista es Pappo
en el libro VII de sus Colecciones matemáticas; dos siglos más tarde,
Sereno de Antisa escribe un opúsculo, perdido, que, al parecer, comple-
taba los teoremas apolonianos, especialmente los relativos a la elipse;
Suidas nos dice en su famoso Lexicón 1 que Hipatía, la célebre matemá-
tica que murió lapidada en 415 por el populacho alejandrino, se ocupó
de las cónicas; sigue el comentario de Eutocio de Ascalón, del que
tenemos una excelente edición crítica de Heiberg, y entre los orientales
1 Página 1059 de la edición de I. Bekker, Berlín, 1854.
APOLONIO DE PERGAMO.-BIBLIOGRAFIA 307

cabe citar a los árabes Abdelmelek de Chiraz, del siglo VIII, y Tábit
Abencorra, del IX, al persa Abulfath de Ispahán, de fines del X, todos los
cuales apostillaron la obra de Apolonio, que fue conocida en Occidente
por las traducciones árabes. La primera alusión a ellas se encuentra en la
Optica del iraqués Alhazén, de donde la tomó, en 1270, el polaco Witelio 2,
y la primera versión completa latina es del siglo XIII, hecha por Gerardo
de Cremona, el más fecundo colaborador de la Escuela de Traductores
de Toledo.
El texto griego lo llevó de Constantinopla a Italia el humanista
Francesco Filelfo el año 1427, en que dejó la secretaría de la embajada
de Venecia en la capital bizantina y regresó a su patria; pero el manus-
crito siguió inédito hasta finales del siglo XVII.
Algunos fragmentos fueron traducidos al latín por Giorgio Valla.
que los publicó en su obra póstuma, De expetendis et fugiendis rebus,
Venecia, 1501, y.la edición princeps se debe al patricio veneciano G. B.
Memo: Apolloni Pergaei philosophi mathematicique excellentissimi Opera,
Venecia, 1537. mediana traducción latina, aunque se cree que sus errores
son imputables a un sobrino del autor-más filósofo que matemático~,
que la editó después de muerto su tío 3.
Mayor éxito tuvo la versión de Commandino con los comentarios de
Butocio, los dos libros: Secciones cilíndricas y Secciones cónicas, de
Sereno de Antisa y los Lemas de Pappo: Apollonii Pergaei Conicorum
2 La obra de Abualí A1hasán Abena1haitán, más conocido por su nombre
latino de Alhazén, circuló mucho en Inglaterra, donde estuvo de texto el re-
sumen que de ella hizo John Peckam, arzobispo de Canterbury (1242-1292), y
fue publicada juntamente con la de Witelio por FRIEDRICH RICHNER: Optical
Thesaurus Alhazeni arabis libri septem, nunc primum editi. Ejusdem liber de
Crepusculis et Nubium ascensionibus. Item Vitellionis Thuringopoli libri X, Ba-
silea, 1572.
La Optica de Witelio había recibido los honores de la imprenta un tercio de
siglo antes: Vitellionis mathematici doctissimi nEQL ón'tLx:\1¡;, id est de natura,
ratione et proiectione radiorum visus, luminum, colorum atque formarum quam
vulgo Perspectiva vocam libri X, Nurernberg, 1535, reproducida en 1541, y la
de A1hazén fue traducida al italiano por Enrico Narducci, de cuya importancia
puede enterarse el curioso lector consultando su Intomo ad una traduzione ita-
liana fatta nel secolo decimo quarto del trattato d'Ottica d'Alhacen mathematico
di secolo uno decimo, Roma, 1841.
3 Apud GIROLAMO TIRABOSCHI: Storia della Letteratura italiana, vol. nI,
pág. 242, Venecia, 1796, y GUGLIELMO LIBRI: Histoire des sciences mathémati-
qUes en Italie, tomo In, passim, París, 1841.
308 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

libri quattuor, una cum Pappi Alexandrini lemmatibus et Commentariis


Eutoci Ascalonitae. Sereni Antissensis philosophi libri duo nunc primum
in lucem edidit, Bolonia, 1566, edición que fue la base de la más cuidada
que el jesuita belga Claude Richard publicó un siglo después: Apollonii
Pergaei Conicorum libri IV cum commentariis Claudii Richardi, Ambe-
res, 1655.
Estos traductores se limitaron a editar los cuatro primeros libros de
Las cónicas, únicos cuyo original griego era conocido, esperando acaso
que aparecieran los otros cuatro. Maurolico, en tanto, trabajaba en la res·
titución de los V y VI, que publicó poco después de la edición póstuma
de Memo: Emendatio et Restitutio Conicorum Apollonii Pergaei, Mesina,
1554, fechando su versión en el «Castello Bono die 25 Octobris Hora 4,
Noctis Indictione, VI, 1547».
Al mismo tiempo que Maurolico reconstituía estos libros, G. A.
Borelli los estudiaba en la traducción árabe de Abulfath, que, encontrada
en la Bibioteca Médicis, había llevado a Roma autorizado por el gran
duque de Toscana, y, en colaboración con Abraham Echelensis, que era
muy versado en lenguas orientales, publicó un trabajo: Apollonii Pergaei
Conicorum V, VI, VII. Paraphrases Abalfato Asphahanensis nunc primum
edidit, Florencia, 1661, que utilizó Christian Rau, latinizado Ravius, para
una segunda versión del árabe, Kiel, 1669; pero de todas las restituciones
de esta época, la mejor es la de Viviani: De maximis et minimis geometri-
ca divinatio in quintum Conicorum Apollonii Pergaei adhuc desideratum,
Florencia, 1569.
En 1575 apareció en Londres una traducción libre del libro V de
Las cónicas, debido a Isaac Barrow, el maestro de Newton, y veintiún
años después, una nueva edici6n de la de Commandino, revisada y corre-
gida por Nic. Buti: Apollonii Pergaei Conicorum libri quattuor, Pistoya,
1696.
Como se ve, Apolonio era bastante conocido en el siglo XVII; pero,
como dijimos anteriormente, el original griego no se publicó hasta finales
de esta centuria, en que Ed. Bernhard empez6 una edición que siguió
Gregory y concluyó Halley, el cual agregó una restitución suya del
libro VIII: Apollonii Pergaei Con1corum libri VIII, Oxford, 1710, a la
que Zeuthen dedicó un artículo especial 4.
Como edición crítica tenemos la de Heiberg: Apollonii Pergaei quae

4 En Nordisk tidsskriff for filologi, serie III, vol. n, Copenhague, 1894, en


cuyos Prolegomena hay abundantes noticias bibliográficas e históricas.
APOLONIO DE PERGAMO.-BIBLIOGRAFIA 309

graece extant cum commentariis antiquis, en tres volúmenes, Leipzig,


1891-1893; pero solo contiene la parte que procede directamente de los
griegos.
En lenguas modernas, Las cónicas están traducidas al alemán por
H. Balsam: Des Apol1onius von Perga sieben Bücher über Kegelschnitie
nebst dem durch Halley wierderhergestellten achten Büche, Berlín, 1861,
Y por L. M. Ludwig Mix, del manuscrito árabe 943 de la Bodleyana, que
contiene un fragmento del libro V: Dans fünfte Buch der Conica des Apol-
lonius von Perga in der Arabicchen Übersetzung des Thabit Ibn Corrah,
Leipzig, 1889; al inglés, con notación moderna, por T. H. Heath: Apollo-
nius of Perga Treatise on Conics sections, Cambridge, 1896, y al francés
los cuatro primeros libros del griego y los V, VI Y VII de la versión
latina de Halley, por Paul ver Eecke: Les coniques d'Apol1onius de Perge,
Brujas, 1923, publicada bajo los auspicios de la Fundación Universitaria
de Bélgica.
Antes de esta traducción francesa, Peyrard había hecho otra, pero
murió cuando aún no se había comenzado a imprimir y quedó abandonada
la idea, y abandonada continúa, en cuyo socorro acudió G. P. Housel con
una amplia recensión: Les coniques d'Apol1onius, publicada en el Journal
des Math. pures et appliquées, serie II, vol. núm. II, París, 1858.
En Francia debe de estar 5 el original de una versión italiana hecha
en el siglo XVII por Cosimo de Noteri, pero todos los trabajos para en-
contrarla han sido infructuosos hasta ahora.
Además de Las cónicas, su obra máxima que le abrió las puertas de
la inmortalidad, Apolonio escribió las siguientes, de las que, por
desgracia, solo conocemos algunos fragmentos:

l. II Ee~ úta.epwv: Sobre los contactos, tratado más conocido por su


título latino: De Tactionibus.
La primera restitución se debe a Viete: Apollonius Gallus seu exsusci-
tata Apollonii Pergaei llE(!t bta.epwv geometria, París, 1600, a la que siguió
la de Marino Ghetaldi: Supplementum Apol1onii Galli seu exsuscitata
Apollonii Pergaei Tactionum geometricarum pars reliqua, Venecia, 1607,
restituciones ambas que fueron la base de la inglesa de l. Lawson: The two
books of Apollonius Pergaeus concerning Tangencies as they have restora-
ted by Franciscus Vieta and Marinus Ghetaldus, Cambridge, 1764, reimpre.
sa en Londres, 1771 y 1781, Y de las alemanas de W. Camerer, en griego, con

5 Vid. ed. Heiberg, vol. n, pág. LXXXVIII.


310 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

los Lemas de Pappo: Apollonii de Tactionibus, quae supersunt ac maxi-


me Lemmata Pappi in hos libros graece nunc primum edita, Gotha, 1795,
y de P. Gruson: Versuch einer Wiederhestellung der Bücher des Apollo-
nius von Perga von den Berührungen, en el apéndice al Geometrischen
Analysis de ¡. Leslie, Berlín, 1882. Otras dos reconstrucciones son las de
C. G. Haumann: Versuch einer Wiederherstellung der Bücher des Appol-
lonius von Perga von den Berührungen, Breslau, 1817, y W. L. Christmann:
Apollonius suevus, sive Tactionum problema nunc demum restitutum,
accedente censura in Vietam, Tubinga, 1821.
Según Pappo, la obra constaba de dos libros con un total de veintiún
lemas, sesenta teoremas y once problemas, y en ella se resolvían muchos
casos particulares de una cuestión hoy generalizada y conocida con el
nombre de problema de Apolonio, que consiste en describir una cir-
cunferencia que pase por una terna dada de puntos, rectas o circunfe-
rencias y sea tangente a las rectas o a las circunferencias 6, problema
que excitó la curiosidad de los geómetras de los tres últimos siglos.
Inicia las investigaciones Viete, como respuesta a uno de los desafíos
a que tan aficionados eran. los matemáticos renancentistas. El flamenco
Adriaan van Roomen-Adrianus Romanus cuando latinizaba-había pro-
puesto en 1593 un problema omnibus totius orbis mathematicis cons-
truendum, cuya solución dependía de una ecuación de 45 grados, y el
entonces estatúder de las Provincias Unidas federadas contra Felipe II
de España preguntó a Enrique IV de Francia si no tenía ningún súbdito
capaz de resolver el problema de Van Roomen. El rey llamó a Viete, a
quien bastaron pocos minutos para encontrar dos soluciones: Problema
Adrianicum, ut legi et solvi, nec me malus abstulit error; y como res-
puesta a su reto le propuso el de Apolonio en el caso más difícil: cons-
truir un círculo tangente a tres círculos dados 7.
Van Roomen encontró la solución, que publicó en un famoso opúscu-
lo: Problema Apolloniacum quo datis tribus circulis, quaerum quartus
eos contingens, antea ab illustri viro D. Franciscus Vieta consiliario

6 Sobre el enunciado general del problema hay dos notables trabajos: uno
de C. HELLWIG: Das Problem des Apollonius, Halle, 1856, y otro de W. BERK-
HAM: Das Problem des Pappus von den Berührungen, Halle, 1857.
7 El lector a quien interese esta anécdota de la historia de la Matemática
puede leer la obra de ADOLPHE QUÉTELET: Histoire des sciences mathématiques
et physiques chez les Belges, pág. 134, Bruselas, 1864.
APOLONIO DE PERGAMO.-BIBLIOGRAFIA 311

Regis Galliarum, ac libellorum supplicum in Regia Magistro, omnibus


mathematicis sed potissimum Belgii ad construendum, Wurzburgo, 1596 8•
La solución de Van Roomen-mediante la intersección de dos hi-
pérbolas-no satisfizo a Viete por no adaptarse a los métodos griegos
de construcciones geométricas, que solo empleaban la regla y el compás,
y dio otra que hizo pública en su antes citada restitución de la obra
apolloniana: Apollonius Gallus, de 1600.
Descartes también abordó el famoso problema, y de su correspon-
dencia se deduce 9 que lo resolvió analíticamente; pero sus cálculos
resultaban tan laboriosos que se habrían necesitado tres meses para
construirlo geométricamente.
No menos complicada era la solución de la princesa palatina Isabel
de Bohemia, a quien Descartes había conocido en Praga en 1620 y con
quien volvió a encontrarse en 1629, cuando se retiró a meditar entre los
tulipanes de Egmond. La princesa, que vivía exiliada en Holanda, repar-
tía sus ocios entre la Filosofía y la Matemática, y se interesó por el pro-
blema de Apolonio, pero no consiguió modificar los cálculos de su
maestro.
Newton, en cambio, resolvió la cuestión con exclusivos recursos de Geo-
metría pura en sus inmortales Principia, Londres, 1687, libro 1, lema 16,
reduciendo las dos hipérbolas de Van Roomen a dos rectas; y des-
pués, ya entrado el siglo XVIII, expuso analíticamente algunos casos
particulares en su Arithmetica Universalis, Cambridge, 1707.
Otros matemáticos del mismo siglo a quienes preocupó el asunto
fueron los ingleses Thomas Simpson y Robert Simson, el primero en sus
Select exercises for young proficiens in the Mathematics, Londres, 1752,
y el segundo en Opera quaedam reliqua mathematica, Glasgow, 1776;
el alsaciano Johann Heinrich Lambert: Deutscher Gelehrter Briefwechsel,
Berlín, 1781; el italiano Paolo Frisi: Operum tomus primus AIgebram et
Geometriam analyticam complectens, Milán, 1782, y el dinamarqués N.
Woldike: Problema de describendo circulo, qui tres datos extrinsecus
occurrendo tangat, Copenhague, 1793.
En el siglo XIX, el tema fue objeto de un estudio especial por parte
de los geómetras que constituían la llamada escuela napolitana, cuyo jefe,

8 Sobre esta obrita, muy rara, publicó un profundo estudio HENRI BosMANs
en los Annales de la Sociedad Científica de Bruselas, tomo XXIX, fase. 1.0, ene-
ro de 1905.
9 Lettres, tomo 111, cartas 72 y 73, nueva ed., París, 1724.
312 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Nicola Fergola, recibía las Actas académicas de Berlín, Londres y San


Petersburgo y estaba al tanto de lo que ocurría en el mundillo matemático
de entonces 10.
En 1809, G. Sangro envió a la nueva Academia de Ciencias y Artes
una memoria sobre los contactos circulares, y Fergola, a petición de otros
discípulos, presentó el 14 de noviembre otra: Il problema delle Tazioni
risoluto con nuovi artifici di Geometría, que llamó poderosamente la
atención y se publicó en el tomo 1 de la revista Biblioteca Analítica, 1810,
Y al año siguiente en los Opusculi matematici della Scuola del sigo N. Fer-
gola.
En Francia, Louis Gaultier de Tours envió en 1812 una solución al
Instituto, y el 2 de mayo de 1814 remitía Joseph-Diez Gergonne la suya
a la Academia de Turín, que la publicó en sus Actas, volumen XII, 1816:
Mémoire sur le cercle tangent a trois cercles donnés et sur la sphere
tangent a quattre spheres données.
La solución de Gergonne, que es la que suelen dar los modernos tra-
tados de Geometría, no es válida si los centros de las circunferencias
dadas están alineados, porque entonces los polos de c(lda eje de homotecia
son puntos del infinito de la dirección perpendicular a esta recta, dispo-
sición especial que puede evitarse sometiendo la figura a una inversión;
y, recíprocamente, tres circunferencias se pueden, en general, transformar
por una inversión en otras tres que tengan sus centros en línea recta, para
lo cual basta que la potencia común del centro radical respecto de las
tres circunferencias sea positiva, en cuyo caso existe una circunferencia
que corta ortogonalmente a las dadas, y, tomando como polo de inversión
un punto cualquiera de tal circunferencia, se transformarán las dadas en
otras tres cortadas ortogonalmente por una misma recta, es decir, que
sus centros estarán alineados. El inconveniente apuntado desaparece no
haciendo intervenir en la solución de Gergonne más que propiedades inva-
riantes por inversión, como contacto y ángulo de dos circunferencias, y
en este sentido es notable la solución dada por JacquesHadamard en
sus Le<;ons de Géométrie, París, 1931.
En 1819 el problema volvió a Italia, donde lo estudiaron especial-
mente Giuseppe Scorza y Ottavio Colecchi. La solución del primero fue
presentada por Vicenzo Flauti, discípulo de Fergola, y la del segundo:
10 La contribución de Fergola y sus discípulos a la Matemática ha sido valo-
rada por GINO LORIA: Nicola Fergola e la scuola dei matematici che lo ebbe
a duce, Génova, 1892.
APOLONIO DE PERGAMO.-BIBLIOGRAFIA 313

Sul problema delle Tazioni, memoria in cui si addita il vera principio di


cui dovette Apollonio avvalersi per risolverli, se publicó en Nápoles,
1836.
Por último, una excelente exposición del problema puede verse en la
obra de Eugene Charles Catalan: Theoremas et problemes de Géométrie
élémentaire, 2. a edición, problema núm. 28, París, 1879.
Il. JIe(jt úttne{JWY TonOt;: Sobre lugares planos, en dos libros, cuya pri-
mera restitución se debe a Viete: Apollonii Pergaei libri duo de Locis
planis restituti, que comunicó a los geómetras en 1637, pero no se publicó
hasta después de su muerte en sus Varia opera mathematica, págs. 12-43,
Toulouse, 1679.
Posteriores reconstrucciones fueron las de F. Schoote: Exercitationum
mathematicam. Liber III continens Apollonii Pergaei Loca plana restituta,
Lyon, 1656, y de R. Simson: Apollonii Pergaei Loccrum planorum, libri II,
Glasgow, 1749.-
IlI. JIe(jt oyBiJewy: Sobre las inc1inaciones, en dos libros con un total
de treinta y ocho lemas, ciento veinticinco teoremas y cincuenta y dos
problemas, desarrollando, en general, la siguiente proposición: Colocar,
entre dos líneas dadas-rectas o circulares- un segmento rectilíneo de
longitud dada inclinado hacia un punto dado.
La primera restitución de esta obra es de Marino Ghetaldi: Apollonius
redivivus, seu restituta Apollonii Pergaei inclinationum geometria, ejus-
dem variorum problematum collectio, Venecia, 1607; la segunda, de
Samuel Horsley: Apollonii Pergaei inc1inationum libri duo, Oxford, 1700,
para cuya tarea le sirvió de guía el Analysis geometrica de Rugo de
Omerique, Cádiz, 1698; la tercera restitución es de Reuben Burrow, quien
la publicó con una obra de Balística: A restitution of the geometrical
treatise of Apollonius Pergaeus on Inclinations, also the theory of gun-
nery or the doctrine of projectiles in non ressinting medium, Londres,
1779, y la cuarta y última de W. A. Diesterweg: Apollonius von Perga
«De Inc1inationibus» wierderhergestellt von Sam. Horsley nach dem
Lateinischen frei bearbeitet von Dr. W. A. Diesterweg, Berlín, 1823, que,
en realidad, es un arreglo de la de Horsley.
Un excelente estudio del escrito apoloniano es el de V. Flauti: Sue
due libri di Apollonio Pergeo detti deBe Inc1inazioni e suBe diverse
restituzioni di essa, en las Memorias de la Sociedad Científica Italiana,
vol. XXV, págs. 223-36.
IV. JIe(jt },óyov a.noTO/iijt;: Sobre las secciones de razón, en dos libros
314 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

con un total de ciento ochenta y una proposiciones, que abordaban nu-


merosos problemas que pueden sintetizarse en uno solo: Dadas dos
rectas coplanarias, un punto en cada una de ellas y otro exterior, trazar
por este una recta que determine en las dos dadas, y a partir de los
puntos dados, dos segmentos que estén en una razón dada.
Comparando este problema con el teorema de Las cónicas, III, 41,
que demuestra que si tres tangentes a una parábola se cortan quedan
divididas en partes proporcionales, se advierte que Apolonio estaba en
condiciones de trazar tangentes cualesquiera a la parábola y, por tanto,
construir esta por medio de aquellas. De aquí al concepto moderno de
las cónicas como envolventes de un haz de rectas no hay más que un
paso.
El contenido del opúsculo Sobre las secciones de razón nos ha llegado
a través de una versión árabe con la que a finales del siglo XVII topó
casualmente Ed. Bernhard en la Bodleyana de Oxford al examinar un
manuscrito de 1235, copia de otro de hacia 820, y empezó a traducirlo
al latín, pero desistió al poco tiempo ante las muchas incorrecciones
del códice.
Edmund Halley, que por aquellos días regresó a Inglaterra de su
campaña astronómica en Santa Elena, donde el cielo, casi siempre nu-
blado, de la isla le dejó muchas horas libres para perfeccionar el árabe
que había estudiado en Oxford, tomó a su cargo la faena empezada
por Bernhard y la concluyó al mismo tiempo que su restitución de otro
opúsculo de Apolonio: Sobre las secciones del espacio, que publicó en
el mismo volumen: Apollonii Pergaei de Sectione Rationis libri duo ex
arabico manuscripto latine versi. Accedunt ejusdem de Sectione Spatii
libri duo restituto, Oxford, 1706.
Diesterweg hizo en 1824 con esta versión de Halley lo que había hecho
el año anterior con la de las Inclinaciones de Horsley: arreglarla libre-
mente y publicarla en alemán: Die Bücher des ApoIlonius von Perga
ceDe Sectione Rationis» nach dem lateinischer der Ed. Halley frei bear-
beitel von Dr. W. A. Diesterweg, Berlín, 1824; y doce años después
apareció la de A.Richter, también sobre la base de la del astrónomo
inglés: Apol1onius von Perga. Zwei Bücher vom Verhaltnisschnitt (De
Sectione Ratione). Aus dem Lat. des Halley übersett und mit Anmerkun-
gen begleitet und mit einen Anhang verschen von Aug. Richter, Elbing,
1836.
V. JI eet xWetOy aJroTO,uij;: Sobre las secciones del espacio, también
APOLONIO DE PERGAMO.-BIBLIOGRAFIA 315

en dos libros, el primero de los cuales tenía cuarenta y ocho proposi-


ciones y el segundo setenta y seis, relativas todas ellas al estudio de los
diversos casos posibles de un problema único análogo al del opúsculo
anterior: Dadas dos rectas coplanarias, un punto en cada una de ellas y
otro exterior, trazar por este una recta que determine en las dos dadas,
y a partir de los puntos dados, dos segmentos tales que el rectángulo
construido sobre ellos tenga un área dada, problema íntimamente vin-
culado a las dos proposiciones de Las cónicas, llI, 42 Y 43 11.
La primera reconstitución de este escrito es del holandés Willebrord
Snel van Rayen, mentado generalmente Snelio, en su Apollonius Batavus
seu exsuscitata Apallanius Geometria, Leiden, 1608; la segunda es de
Halley, publicada juntamente con la de Sobre las secciones de razón,
antes citada; la tercera es de Diesterweg: Die Bücher des Apollonius van
Perga «De Sectione Spatii» wierderhergestellet, Erberfeld, 1827; la cuarta,
de A. Richer: Apollonius von Perga. Zwei Bücher vom Raumschnitt. Ein
Versuch in der alten Geometrie, Halberstadt, 1828, y la quinta y última,
de M. G. Grabow: Die Bücher des Apol1onius von Perga «De Sectione
Spatii» analyt. bearbeitet, und mit einen Anhang van mehrern Aufgaben
ahnl. Art verschen van M. G. Grabow, Francfort, 1834.
VI. IIEe~ ~lWQlOf1iyr¡r;: Sobre las secciones determinadas, igualmente
en dos libros con cincuenta y un lemas y ochenta y tres teoremas para
resolver nueve problemas y sus numerosos casos particulares, sintetizados
en un enunciado único: Dados varios puntos en una recta, encontrar en
ella otro tal que el cuadrado de uno de los segmentos comprendidos
entre el punto buscado y uno de los lados esté en una razón dada con
el de otro segmento o con el rectángulo construido sobre dos segmentos
o con el construido sobre uno de los segmentos de la recta dada y otro
exterior a ella, también dado.
La primera reconstrucción de este opúsculo la hizo Snel, que la
publicó en su antes citado Apollonius Batavus; la segunda, A. Anderson:
Supplementum Apol1onii redivivi, París, 1612; la tercera, póstuma, Simson
al cuidado de James Clow: Roberti Simsoni opera reliqua post auctoris mor-
tern in lucem edita cura Jacobi Clow, Glasgow, 1770; la cuarta, J. Lawson:
The two books of Apol1onius Pergaeus concerning determinate sections,
Londres, 1772; la quinta, el mismo Lawson, que reeditó, mejorándola, la
de Snelio: The two books of Apol1onius cancerning determinate sections

11 Vid. infra, Las cónicas, HI, nota.


316 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO JI

as they have been restorated by Willebroidus Snel1ius, Londres, 1773; la


sexta, Diesterweg sobre la base de la de Simson: Die Bücher des Apollo-
nius von Perga de Sectione Determinata», wiederhergestelet von Rob.
Simson und die angehangten Bücher des Letzteren, nach dem Lat. frei
bearbitet, Maguncia, 1822; la séptima, M. G. Grabow: Die Bücher des
Apollonius von Perga de Sectione determinata analyt. bearbeitet und
durch einen Anhang von vielen Aufgaben ahnl. Art verm von M. G.
Grabow, Francfort, 1804, y la octava y última de las tres Secciones, G.
Paucker: Geometrische Analysis, enthaltend: des Apollonius von Perga
sectio rationis, spatii et determinata, nebst Aufgaben zu Letgteren, Leip-
zig, 1837.
Finalmente, hay un estudio de las proposiciones relativas a las Sec-
ciones determinadas debido a F. ¡. Ley: Über die Auflosung der Aufgaben
des Apollonius von dem bestimmten Schnitt, Colonia, 1845, y otro de
F. von Lühmann de los tres opúsculos: Die sectio rationis, sectio spatii
und sectio determinata des Apollonius nebst einigen verwandten geome-
trischen Aufgaben, Konigsberg, 1882.
VII. Se atribuye a Apolonio un trabajo sobre los números irracio-
nales reconstruido por F. Woepcke: «Essai d'une restitution des travaux
perdus d'Apollonius sur les quantités irrationelles d'apres les indications
d'un manuscript arabe», en las Comptes rendus, vol. XXXVI, París, 1853;
un opúsculo acerca de los espejos ustorios: Iler/t nveiwv: y un aparato
hidráulico del que habla Carra de Vaux en su «Note sus les Mécaniques de
Bedit Ez-zaman El-djazari et sur un apparail hydraulique attribué el Apol-
lonius de Perge)) , en los Annales int. d'Histoire, sección V, París, 1901.
Además de las obras citadas en el prólogo y en la bibliografía apolo-
niana, pueden consultarse las siguientes:

AGOSTINI, A.: «Notizie sul rieupero dei libri V, VI, VII delle 'Coniche' di Apo-
lonio)), Periodieo di Matematiehe, serie IV, tomo XI, fase. 5, Bolonia, 1931.
GARDINER, M.: The three Seetions, the Tangencies and loei problem 01 Apollo-
niud and porismatie developments, Melbourne, 1860.
HEIBERG, Johan Ludwig: Nogle puncter al graeke~ mathematikeres terminologi,
Copenhague, 1879.
NEUGEBAUER, Otto: «Apollonius-Studien)), Quellen und Studien zu Gesehiehte
der Mathematik, Astronomie und Physik, tomo n, Berlín, 1932.
TANNERY, Paul: «Quelques fragments d'Apollonius de Perge)), Bulletin des Se.
Math., serie n, taina V, París, 1881, y en sus Mémoires Se., tomo I, Pa-
rís, 1912.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CaNICAS 317

TERQUEM, O.: «Théorie des coniques d'apres Apollonius)), Nouv. Ann. des Ma-
thématiques, vol. 111, París, 1842.

LAS CONICAS

LIBRO I

Apolonio a Eudemo: ¡salud!


Seré feliz si se restablece tu salud según tus deseos. Yo me encuen-
tro bien.
Como cuando nos vimos en Pérgamo supe que querías conocer lo que
he escrito sobre las cónicas, te envío, corregido, el primer libro y te
enviaré los otros cuando pueda repasarlos, porque creo que no habrás
olvidado que me- comprometí a escribirlos a ruego del geómetra Naucrates
cuando fue mi huésped en Alejandría, y me vi obligado a ponerle al
corriente de lo que había redactado en ocho libros, y sin revisarlos,
cuando estaba a punto de embarcarse. Ahora que dispongo de tiempo, no
los repartiré sin haberlos retocado; pero como algunos de mis amigos
tienen los dos primeros sin corregir, no te extrañe si encuentras modifi-
cado algún pasaje.
De los ocho libros, los cuatro primeros contienen los elementos de
la teoría: el primero trata de la generación de las tres secciones 1 y de
las opuestas 2, así como de sus principales propiedades que he estudiado
con mayor detenimiento y de una manera más general que los geómetras
que se han ocupado de este asunto antes que yo; el segundo libro con-
tiene lo relativo a los diámetros, ejes y asíntotas de las secciones cónicas
y algunas cosas necesarias para los diorismas 3, y en él verás lo que
yo entiendo por diámetros y ejes; el tercero comprende muchos y muy
curiosos teoremas útiles para la construcción de los lugares sólidos 4;
bastantes son bellos y nuevos, y al redactar este libro, he comprendido
1 Se sobrentiende 'tOOV x,wvoov, del cono, es decir, la elipse, la hipérbola de
una rama y la parábola.
2 x,aL 'tOOV av'tLx,EL¡.tÉVOOV, o sea, la hipérbola de dos ramas opuestas.
3 &LOQlO¡.tÓC;, distinción, discusión de los casos de posibilidad e imposibilidad
de un problema.
4 'toov O'tEQEOOV 'tó:rt:OOV, es decir, los lugares geométricos cuya construcción exige
el empleo de curvas de segundo orden.
318 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

que la regla para construir el lugar de tres y cuatro líneas 5 solo la dio
Euclides en un caso particular y de una manera casual 6 y poco feliz,
porque la solución completa exige el conocimiento de los teoremas que
yo he descubierto; el cuarto libro trata de las intersecciones de las có-
nicas entre sí y con el círculo y otros temas, ninguno de los cuales ha sido
estudiado por mis predecesores, especialmente el relativo al número de
puntos en que una cónica o circunferencia puede cortar a [las secciones
opuestas de] la hipérbola 7.
Los libros restantes se refieren a la más alta ciencia: uno trata
de una manera general los máximos y mínimos 8; otro investiga las sec-
ciones cónicas iguales y semejantes; otro se refiere a los teoremas
necesarios para resolver cuestiones determinadas, y el último está dedi-
cado a los problemas que se prestan a discusión.
Por lo demás no he publicado todas estas cosas con la intención de
negar a quienes las aborden el derecho de apreciarlas según su parecer.
Pásalo bien.

1
PRIMERAS DEFINICIONES

1. Si desde un punto no situado en el plano de un círculo se traza a


la circunferencia de este una recta, se prolonga en sus dos direcciones y,
permaneciendo fijo el punto, se hace recorrer a la recta la circunferencia
5 Este problema-escollo de los antiguos, según Pappo-fue el punto de par-
tida de Descartes para establecer su nuevo sistema de Geometría, al que dio
el nombre de problema de Pappo, con que se conoce desde entonces, el cual
10 enunció en sus Colecciones matemáticas, lib. VII, así: «El lugar de tres y
cuatro líneas es el de los puntos tales que el producto de sus distancias a dos
rectas dadas sea igual al cuadrado de aquellas a una tercera o al de a otras
dos rectas dadas.» Sobre este problema puede verse el trabajo de ZEUTHEN:
Die Lehre von den Kegelschnitten in Altertum, Copenhague, 1886.
6 1El texto griego dice: ano. !1'ÓQlOV 'to 'tuxov a:lJ'tov, según la lección de Hei-
berg. Euclides estudió este problema en su obra, perdida, sobre las secciones
cónicas: Xoovl'xá, que parece escrita sobre la base de los cinco libros, también
perdidos, que Aristeo el Viejo dedicó a los lugares sólidos: ~'t8QEOt 'tÓ¡¡;OL.
7 Las palabras entre corchetes: WL<; áV'tL%8L¡.1l3VaL<;, son de Heiberg, propues-
tas para llenar un blanco de los ms. griegos.
8 Las rectas más largas y más cortas que se pueden trazar desde un punto
a una cónica.
APOLONIQ DE PERGAMO.-LAS CONICAS 319

hasta que vuelva a su posición inicial, llamo superficie cónica a la que,


descrita por la recta, se compone de dos superficies opuestas por el
vértice que se extienden al infinito, lo mismo que la recta generatriz 9; Y
llamo vértice de la superficie al punto fijo, y eje a la recta trazada por
este y el centro del círculo.
2. Llamo cono a la figura limitada por el círculo y por la superficie
cónica comprendida entre el vértice y la circunferencia del círculo;
vértice del cono al que lo es de su superficie; eje a la recta trazada desde
el vértice al centro del círculo, y base a este.
3. Llamo cono recto al que tiene el eje perpendicular a la base y
oblicuo 10 al que no tiene el eje perpendicular a la base.
4. Llamo diámetro de toda línea curva situada en un solo plano
a la recta que, trazada en la curva, divide en dos partes iguales a
todas las paralelas a una recta cualquiera en la curva; vértice de
esta al extremo de esa recta 11 situada en la curva, y, por último, llamo
rectas trazadas ordenadamente al diámetro 12 a las paralelas.
5. De igual modo, llamo también diámetro de dos líneas curvas
situadas en un mismo plano, por una parte a la recta transversal que,
cortando a estas dos líneas, divide en dos partes iguales a todas las
paralelas a una recta cualquiera en cada curva, y vértices de esta a los
extremos del diámetro que están en ellas; y por otra parte a la recta
que, situada entre ambas curvas, corta en dos partes iguales a todas
las paralelas a una recta cualquiera interceptadas por las líneas, y,
por último, llamo ordenadas 13 a las paralelas.
6. Llamo diámetros conjugados de una y de dos líneas curvas a
las rectas cada una de las cuales es un diámetro que divide en dos
partes iguales a las paralelas al otro.
7. Llamo eje de una y de dos curvas al diámetro de esta o de estas
curvas que corta a las paralelas 14 en ángulo recto.

9 Literalmente, la recta descriptora: 't'IÍe; YQa<poúaf]C; éu9ELac;.


10 Escaleno: aXaAf]VOÚe;, claudicante, renco, cojo, nombre probablemente ins-
pirado en la desigualdad de las aristas, pues quien tiene desiguales las piernas
padece cojera.
11 Quiere decir del diámetro.
12 El texto griego dice: 'tELay¡tÉVOOc; xa'tllx9m eotL 't~v ()tá¡tc'tQov, o sea, las rec-
tas trazadas en orden sobre el diámetro, que hoy llamamos ordenadas.
13 Véase nota anterior.
14 Al diámetro conjugado a este eje.
320 CIENTIFICOS GRIEGOS.--TOMO 11

8. Llamo ejes conjugados de una y de dos curvas a los diámetros


conjugados que cortan mutuamente en ángulos rectos a sus paralelas.

II
PROPOSICIONES

1. Las rectas trazadas desde el vértice de una superficie cónica


a los puntos de esta están en la superficie.
En una superficie cónica de vértice A tomemos un punto B y una-
mos estos dos puntos por la rec-
ta AGB (Fig. 1). Digo que esta
recta está situada en la superfi-
cie, porque si no estuviera, sea
DE la recta que describe la su-
perficie al recorrer la circunferen-
cia EZ. Puesto que A permanece
fijo, dicha recta pasará por el
FIG. 1. punto B y resultará entonces que
las dos rectas AGB y DE tienen
los mismos extremos, lo cual es imposible; luego la AGB no puede estar
en la superficie.
Corolario. Es claro, además, que si se traza la recta de unión del
vértice con un punto cualquiera interior a la superficie, esa recta
caerá dentro de esta y la que une el vértice con un punto exterior cae
fuera.
2. Si se toman dos puntos en una o en otra de las dos superficies
cónicas opuestas por el vértice
y la recta que los une no se di-
rige hacia él, la recta caerá den-
tro de la superficie y su prolonga-
ción fuera.
Sea una superficie cónica de
vértice A, y BG la circunferen-
cia que recorre la recta para des- FIG. 2.
cribirla. Tomemos en una o en
otra de las dos superficies opuestas por el vértice dos puntos D y E tales
que su recta de unión no se dirija hacia A (Fig. 2). Digo que esta recta
DE cae dentro de la superficie y su prolongación fuera.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 321

Trazando y prolongando las rectas AD y AE, caerán sobre sendos


puntos B y G de la circunferencia, cuya recta de unión BG será interior
al círculo, y, por consiguiente, también a la superficie cónica. Tomando
un punto cualquiera Z en la recta DE, la prolongación de AZ caerá
sobre la BG porque el triángulo ABG está situado en un solo plano 15;
Y si es H el punto de intersección, este punto es interior a la superficie
cónica, así como la recta AH 16 y, por tanto, el punto Z; y del mismo
modo se demuestra que todos los puntos de la recta DZ son interiores;
luego esta recta cae dentro de la superficie.
Prolongando ahora la recta DE hasta T digo que caerá fuera de
la superficie. Suponiendo, en efecto, que un punto T de DE no sea
exterior y, uniéndolo con A, la prolongación de la recta AT caerá sobre
la circunferencia o será interior a ella, lo cual es imposible porque cae
en un punto K de la recta prolongada; A
luego la recta ET es exterior a la su-
perficie cónica.
3. La sección de un cono por un
plano es un triángulo.
Sea un cono de vértice el punto A
y base el círculo BG; cortémosle por
un plano que pase por A, el cual de-
terminará en la superficie cónica las G
rectas AB y AG y en la base la BG B..-----------.....
(Fig. 3). Digo que ABG es un trián-
gulo.
Puesto que la recta que une los
puntos A y B es la sección común FIG. 3.
del plano secante y la superficie cóni-
ca, AB es una recta, y 10 mismo AG; luego BG es también una recta,
y, por consiguiente, ABG es un triángulo.
4. Si una u otra de las superficies cónicas opuestas por el vértice
se corta por un plano paralelo al de la circunferencia que recorre la
recta que describe la superficie, el plano interceptado por esta será un
círculo con el centro en el eje y la figura limitada por el circulo y la
superficie cónica, separada por el plano secante, del lado del vértice,
será un cono.
15 Vid. supra, EUCLIDES: Elementos, XI, 2.
16 Prop. 1, corolario.
322 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

Sea una superficie cónica de vértice A, y BG la circunferencia que


recorre la recta para describirla. Cortándola por un plano cualquiera
paralelo al del círculo BG se tiene
como intersección la línea DE (fi-
gura 4), que digo que es una circun-

K
ferencia de centro en el eje de la su-
perficie.

B
D

Z
E

K GD
, 'A
B

H TE
G
Tomemos, en efecto, el centro
Z del círculo BG y, uniéndolo con
el vértice A, tendremos el eje 17
que corta al plano secante en un
punto H, y, trazando un plano por

" FIG.4. AZ, la sección será un triángulo


ABG 18.
Por estar los puntos D y H en el plano secante y en el ABG, es
DHE una recta 19. Tomemos en la línea DE un punto T y unámoslo
con A; prolonguemos la recta AT hasta su encuentro en K con la
circunferencia BG y tracemos las rectas HT y ZK; y entonces siendo
paralelos los planos DE y BG y estando cortados por el ABG, las rec-
tas DE y BG serán paralelas 20, y por la misma razón lo serán las
HT y ZK.
Puesto que ZB es a HD como ZG a HE y ZK a HT como
ZA a HA 21 Y ser iguales las rectas ZB, ZG y ZK, también lo serán las
HD, HE yHT 22; Y del mismo modo se demostraría la igualdad de todas
las rectas trazadas desde H a la línea DE; luego esta línea es una cir-
cunferencia de centro H.
Es claro, además, que la figura limitada por el círculo DE y la
superficie cónica separada por este, del lado del punto A, es un cono;
y también ha quedado demostrado que la intersección del plano se-
cante y el del triángulo que pasa por el eje es un diámetro de ese
círculo.
S. Si un cono oblicuo se corta perpendicularmente a la base por

17 Def. 1.
18 Proposición anterior.
19 EUCLIDES: Elementos, XI, 3.
20 Ibídem, XI, 16.
21 Ibídem, VI, 4.
22 Ibídem, V, 9.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 323

un plano que pase por el eje y por otro plano perpendicular al triángulo
según el eje y separa, del lado del vértice, un triángulo semejante al
que pasa por el eje, pero colocado en sentido contrario, la sección es
un círculo que llamaremos sección de sentido contrario 23.
Sea un cono oblicuo de vértice A y base el círculo BG. Cortémosle
por un plano perpendicular al de
A
este y que pase por el eje, el
cual dará como sección el triángu-
lo ABG 24, Y por otro plano perpen-
dicular al de este triángulo que
separa, del lado de A, un triángu-
lo AHK semejante al ABG, pero
colocado en sentido contrario (fi-
gura 5), es decir, de modo que el
ángulo de las r.ectas KA y KH sea
igual al de las BA y BG 25. Digo
que la sección KTH, producida por
este plano, es un círculo.
Tomemos, en efecto, sendos pun-
tos cualesquiera T y L en las líneas
HTK y BLG Y levantemos en ellos
las perpendiculares TZ y LM al pla-
no del triángulo ABG, las cuales B
caerán sobre las intersecciones de t------->.----------..lI G

los planos y, por tanto, la recta ZT


será paralela a la LM 26; tracemos
por Z la DZE paralela a la BG, de
modo que el plano que pase por FIG. 5.
TZ y DE será paralelo a la base
del cono n y, por consiguiente, será un círculo de diámetro DE.
Por ser DE paralela a BG, el ángulo de las rectas DA y DE es igual
al de las BA y BG, y como se ha supuesto que este es igual al de las
KA y KH, resultan iguales los ángulos de las rectas DA, DE y KA,

23 'to~É ú:Jt8vav'tLu, es decir, lo que hoy llamarnos sección antiparalela.


24 Prop. 4.
25 EUCLIDES: Elementos, 1, 23.
26 Ibídem, XI, 6.
n Ibídem, XI, 15.
324 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

KH, Y por ser iguales los ángulos en Z, el triángulo DZH es seme-


jante al KZE, y, por tanto, ZH es a ZD como ZE a ZK; luego el rec-
tángulo de las rectas ZH y ZK equivale al de las ZD y ZE, pero este
equivale al cuadrado de ZT 28; luego el rectángulo de ZH y ZK equivale
al cuadrado de ZT; y del mismo modo se demostraría que los cuadrados
de todas las perpendiculares trazadas en la línea HTK a la recta HK son
equivalentes al rectángulo de los dos segmentos de HK y, por tanto, la
sección HTK es un círculo de diámetro HK.
6. Cortando un cono por un plano que pase por el eje y trazando
por un punto cualquiera, no situado en el lado del triángulo según el eje,
la paralela a una perpendicular desde la circunferencia del círculo [de
la base del cono] a la base del triángulo, esta paralela cortará al triángulo
según el eje; y si se prolonga hasta la otra parte de la superficie quedará
dividida en dos partes iguales por el plano del triángulo 29.
7. Cortando un cono por un plano que pase por el eje y por otro
que corte al de la base' según una recta perpendicular a la del triángulo
según el eje, o a su prolongación, las paralelas a esa perpendicular traza-
das desde la sección producida en la superficie cónica por el plano secante,
cortarán a la intersección de este y el triángulo según el eje, y, prolon-
gadas hasta la otra parte de la sección, quedarán divididas en dos partes
iguales por dicha intersección. Si el cono es recto, la recta situada en la
base será perpendicular a la misma intersección y si es oblicuo solo será
perpendicular cuando el plano que pasa por el eje lo sea a la base de
cono 30.
8. Cortando un cono por un plano que pase por el eje y por otro que
corte al de la base según una recta perpendicular a la base del triángulo
según el eje, el diámetro de la sección producida en la superficie cónica
es paralelo a uno de los lados del triángulo o encuentra al cono más allá
del vértice; y si se prolongan indefinidamente la superficie cónica y el
plano secante, la sección crecerá indefinidamente y toda paralela trazada
desde la sección a la recta situada en la base del cono determinará en el

Ibídem, VI, 8.
28
Apolonio demuestra esta propiedad apoyándose en las props. 1 y 3 y en
29
EUCLIDES: Elementos, 1, 28; VI, 2, y XI, 9.
30 Los cuatro casos que presenta esta proposición están demostrados y acla-
rados con otras tantas figuras en el texto de Apolonio, quien toma como punto
de partida la proposición anterior y acude luego a las 4 y 18 del lib. XI de
Euclides.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 325

diámetro de la sección, a partir del vértice, una recta igual a toda recta
dada.
9. Cortando un cono por un plano que encuentre a los lados del
triángulo sin ser paralelo a la base ni en sentido contrario 31, la sección
no será un círculo.
Sea un cono de vértice A y base el círculo BG y cortémosle por un
plano no paralelo a la base ni en sentido contrario, el cual produce en la
superficie la sección DKE que digo que no es un círculo.
Si suponemos que lo es y el pla-
no secante corta al de la base se- A
gún la recta ZH, y es T el centro del
círculo BG, tracemos por T la per-
pendicular TH a la ZH y por TH y
el eje un plano que cortará a la su-
perficie cónica -según las rectas BA
y AG.
Puesto que los puntos D, E Y H
están en el plano que pasa por la
línea DKE y en el que pasa por los
puntos A, B Y G los D, E Y H es- z
tarán en la intersección de estos dos
planos, es decir, en HED que será, Bt------+-----t-::,-----~H
por tanto, una recta (Fig. 6).
Tomando ahora un punto K en
la línea DKE y trazando por él la rec-
FIG.6.
ta KL paralela a la ZH, es KM igual
a ML 32 y, por tanto, KL es un diá-
metro del círculo DKEL; y, trazando por M la NMP paralela a BG, el pla-
no que pase por NP y KL es paralelo al que pase por BG y ZH, es decir: a
la base del cono, y la sección será un círculo NKP.
Por ser ZH perpendicular a BH es KM perpendicular a NP 33 y, por
consiguiente, el rectángulo de NM y MP equivale al cuadrado de KM y
como este equivale al rectángulo de DM y ME porque hemos supuesto
que DKEL es un círculo y DE uno de sus diámetros, resulta que el rec-

31 Es decir, que el plano secante no sea paralelo ni antiparalelo a la base


del cono.
32 Prop. 7.
33 EUCLIDES: Elementos, XI, 10.
326 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

tángulo de NM y MP es equivalente al de DM y ME, y, por tanto, ME


es a MP como MN a MD, y siendo entonces semejantes los triángulos
DMN y PME, serán iguales los ángulos de las rectas EM, EP Y ND, NM,
Y como este es igual al de las BA, BG por el paralelismo de NP y BG,
este ángulo de BA y BG es igual al de EM y EP Y la sección estará
colocada en sentido contrario 34, lo que es contra la hipótesis; luego
DKE no es un círculo.
10. La recta que une dos puntos de una sección cónica es interior
y su prolongación exterior.
Sea un cono de vértice A y base el círculo BG y cortémosle por un
plano que pase por el eje, que dará
A como sección el triángulo ABG, y por
otro plano que determine en la super-
ficie cónica la sección DEZ (Fig. 7).
Tomemos en esta dos puntos T y H
cuya recta de unión TH cae dentro
de la línea DEZ y su prolongación
fuera porque los puntos T y H no
están situados en los lados del trián-
gulo según el eje y la recta TH no se
dirige hacia el vértice del cono 3S; y
lo mismo se verifica para todo par
G de puntos de la sección DEZ.
B ~~t""""'"---------"'" ll. Cortando un cono por un
plano que pase por el eje y por otro
que corte a la. base según una per-
pendicular a la del triángulo según
el eje, si el diámetro de la sección
FIG. 7. es paralelo a uno de los lados del
triángulo, el cuadrado de toda recta
trazada desde la sección del cono paralelamente a la intersección del
plano secante y el de la base del cono hasta el diámetro de la sección 36,
equivale al rectángulo formado por la recta que separa en el diámetro del
lado del vértice de la sección y por una cierta recta cuya razón a la
situada entre el ángulo cónico y el vértice de la sección es la misma
34 Prop. 5.
35 Prop. 2.
36 Es decir, el cuadrado de la ordenada de un punto de la sección.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 327

que la del cuadrado de la base del triángulo según el eje al rectángu-


lo formado por los otros dos lados del triángulo. Llamaremos parábola a
tal sección.
Sea un cono de vértice A y base el círculo BG, Y cortémosle por un
plano que pase por el eje, el cual
producirá como sección el triángulo A
ABG, y por otro plano que corte
a la base del cono según la recta
DE perpendicular a la base BG del
triángulo ABG y a la superficie
cónica según la línea DZE cuyo
diámetro ZH es paralelo al lado
A G del triángulo que pasa por el
eje; levantemos en el punto Z la
perpendicular ZT a ZH y haga-
mos de manera que la recta ZT
sea a una recta ZA como el cua-
drado de BG al rectángulo for-
mado por AB y AG 37 y, por últi-
mo, tracemos por un punto cualquie-
.......--~a----r----4G
ra K de la sección la paralela KL a
DE (Fig. 8). Digo que el cuadra-
do de KL equivale al rectángulo
de ZT y ZL 38. E
12. Cortando un cono por un FIG. 8.
plano que pase por el eje y por otro
que corte a la base según una perpendicular a la del triángulo según el eje,
si el diámetro de la sección encuentra a uno de los lados del triángulo

37 Esta construcción, que Apolonio da por sabida, la resuelve EUTocIO, loe.


cit., pág. 217, considerando un rectángulo tal que sea Op·PR=AB·AG y apli-
cando al lado PR un rectángulo equivalente al cuadrado de BG, y siendo PQ
el otro lado del rectángulo, pone ZT: ZA = PQ : PO, Y como
o P Q
los rectángulos RQ y OR son entre sí como sus bases, se

[]] R
tiene:
PQ recto RQ PQ·PR BG2 ZT
PO rect.OR PO·PR AB·AG ZA
38 La demostración apoloniana, de lectura difícil, se reduce a la siguiente:
328 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

más allá del vértice del cono, el cuadrado de toda recta trazada desde
la sección del cono paralelamente a la intersección del plano secante y el
de la base del cono hasta el diámetro de la sección, equivale a un área
aplicada según una cierta recta cuya razón a la situada en la prolongación
del diámetro de la sección, que subtiende el ángulo externo del triángulo,
es la misma que la del cuadrado de la paralela desde el vértice del cono
al diámetro de la sección hasta la base del triángulo, el rectángulo forma-
do por los segmentos que la recta determina en la base, cuya altura
es la parte del diámetro 39 separada por la primera recta 4{) del lado del
vértice de la sección, aumentado en una figura 41 semejante y semejante-
mente dispuesta, al rectángulo limitado por la recta que subtiende el án-
gulo externo del triángulo y el parámetro. Llamaremos hipérbola a tal
sección 42.

En el círculo de diámetro MN se tiene:


KV=LM·LN, [1]
y como por construcción es

ZT BG2 BG BG
--.-- [2]
ZA AB·AG AB AG

y los triángulos semejantes AMN, ABG Y ZML dan


BG MN ML LN BG MN ML
--=--=--=-- --=--=--
AB AM ZM AZ AG NA LZ

la igualdad [2], teniendo en cuenta la [1], se convierte en


ZT LN ML KV
--=--.
ZA AZ LZ AZ·LZ
de donde
KV=ZT·ZL,

y a la recta ZT la llama recta según la cual están en potencia las trazadas orde-
nadamente sobre el diámetro: 3tuQ' lív Mvav'taL al xa'tayo¡tEVaL 'tE'tQUy¡tÉvroc; E3tL
"t~v &uíltÉ'tQOV.
39 La abscisa.
40 La ordenada.
41 h&oc;.
42 Este larguísimo enunciado dice, en esencia, que el cuadrado de la orde-
nada de un punto de la hipérbola equivale a un rectángulo aplicado al paráme-
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 329

Sea un cono de vértice A y base el círculo BG y cortémoslo por un


plano que pase por el eje, el cual produce como sección el triángulo ABGS"
y por otro plano que corte a la
base del cono según una recta DE T
perpendicular a la BG del triángulo
y a la superficie cónica según la lí-
nea DZE cuyo diámetro ZH, pro-
longado, encuentra a uno de los
lados AG del triángulo ABG en un
punto T más allá del vértice; tra-
cemos por A una recta AK paralela
al diámetro ZH de la sección; le-
vantemos en el punto Z la per-
pendicular ZL a ZH y hagamos
de manera que la recta ZT sea a
una recta ZL como el cuadrado de
KA al rectángulo formado por KB
y KG, y, por último, tracemos
por un punto cualquiera M de la
sección paralela MN a DE y por el
N la NOQ paralela a ZL, prolongue-
mos la TL hasta su encuentro en Q
con la NOQ y por los puntos L y Q
las LO y QP paralelas a la ZN (fi-
gura 9). Digo que el cuadrado de FIG.9.
MN es equivalente al rectángulo
ZQ que, aplicado a la recta ZL, tiene el ancho ZN y el exceso LQ, que
es un rectángulo semejante al de las rectas ZT y ZL 43.
tia como altura y tenga por base la abscisa, aumentado en otro rectángulo se-
mejante cuya base sea el eje transverso y altura el parámetro.
43 La demostración de esta proposición, más fatigosa aún que la de la ante--
rior en el texto de Apolonio, se hace, como aquella, en lenguaje moderno así~
En el círculo de diámetro RSse tiene:
MN2=NR·NS [1]
y como por construcción es

ZT KA2 KA KA
.-- [2]
ZL KB·KG KB KG
330 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

13. Cortando un cono por un plano que pase por el eje y por otro
no paralelo ni en sentido contrario, que corte a los lados del triángulo
.que pasa por el eje, si la intersección del plano secante con el de la base
del cono es perpendicular a la del triángulo o a su prolongación, el
.cuadrado de toda recta trazada desde la sección del cono paralelamente
a dicha intersección hasta el diámetro de la sección, equivale a un área
aplicada según una cierta recta cuya razón al diámetro es la misma que
la del cuadrado de la paralela al diámetro desde el vértice del cono hasta
la base del triángulo, al rectángulo formado por las rectas que esta
última determina en los lados del triángulo, cuya altura es la parte del
diámetro separada por la primera recta, del lado del vértice de la
sección, disminuido en una figura semejante y semejantemente dispuesta,
al rectángulo limitado por el diámetro y el parámetro. Llamaremos elipse
a tal sección.
Sea un cono de vértice A y base el círculo BG y cortémosle por un
y los triángulos semejantes ARS, ABG y ZRN dan
KA HZ NZ KA HT NT
--=--=--, --=--=--
KB HB NR KG HG NS
la igualdad [2], teniendo en cuenta la [1], se convierte en
ZT NZ NT NZ·NT
--=-- . --=---=--,
ZL NR NS MN2
de donde
ZL·NT
MN2 ·NZ [3]
ZT
y por ser
ZL·NT
NQ
ZT
poniendo este valor en [3] resulta finalmente
MN2=NQ·NZ,

y, como se quería demostrar, NQ.NZ es el área del rectángulo PZNQ, igual


al LZNO, es decir, al aplicado a ZL con la altura ZN aumentado en el PLOQ
semejante al VTZL y semejantemente dispuesto, cuyos lados son la recta ZL,
que es la que Apolonio llama parámetro, y la ZT opuesta al ángulo ZAT exter-
no del triángulo según el eje.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 331

plano que pase por el eje, el cual produce como sección el triángulo ABG~
y por otro plano no paralelo ni en sentido contrario, cuya intersección
con la superficie cónica sea la línea DEL de diámetro DE y ZH per-
pendicular a Be la del plano secan-
A
te y el de la base del cono; tra-
cemos por el punto E la ET per-
pendicular a ED, por A la AK pa-
ralela a ED y hagamos de mane-
ra que la recta ED sea a una
recta ET como el cuadrado de
KA al rectángulo formado por KB T
Y KG, y, por último, tracemos
por un punto cualquiera L de la K
sección la paralela LM a ZH (fi-
gura 10). Digo que el cuadrado de
LM equivale al rectángulo que, apli- FIG. 10.
cado a ET, tiene el ancho EM dis-
minuido en una figura semejante al rectángulo de las rectas ED y ET 44 r

14. Cortando las dos superficies cónicas opuestas por el vértice por

44 Lo mismo que las dos anteriores, la prop. U-que completa la genera-


ción apoloniana de las cónicas cuyas propiedades deduce considerando estereo-
t6micamente las tres curvas-se puede demostrar así:
En el círculo de diámetro PR se tiene:

LM2=Mp·MR, [1]

y como, por construcción, es

ED [(A2 KA KA
[2]
ET KB'KG KB KG

y los triángulos semejantes ABK, EBH, EBP Y AGK dan

KA HE ME KA HD MD
--=--=-- --=--=--
KB HB MP' KG HG MR

la igualdad [2], teniendo en cuenta la [1], se convierte en


ED ME MD ME·MD
- - = - - . --=--==:--,
ET MP MR LM2
332 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

un plano que no pase por el eje se tendrá en cada superficie una sección
llamada hipérbola; el diámetro de ambas secciones será el mismo; los
parámetros de las rectas trazadas ordenadamente al diámetro y paralelas
,a la situada en la base del cono 45 serán iguales y el eje transverso 4ó de
Ja figura será la recta que une los vértices de las dos secciones, las
cuales se llaman opuestas 47.
Cortemos las superficies opuestas por el vértice A por un plano que
no pase por el eje y cuyas secciones con aquellas sean DEZ y HTK
(Fig. 11). Digo que estas secciones son hipérbolas.
Sea, en efecto, BDGZ el círculo que recorre la recta que describe la
superficie y tracémosle en la superficie dispuesta en el vértice 48 un plano

de 'donde
ET·MD
LM2 .ME [3]
ED
y por ser
ED MD ET·MD
----- MV=----
ET MV ED

poniendo este valor en [3], resulta finalmente L!vf2=MV.ME; y, como se que-


ría demostrar, MV ·ME es el área del rectángulo OEMV, igual al TEMN, es
decir, al aplicado a ET con la altura EM, disminuido en el TOVN semejante
al TEDQ y semejantemente dispuesto, cuyos lados son la recta ET, que es la
que Apolonio llama parámetro, y el diámetro ED de la sección.
45 Es decir, paralelas a la intersección del plano secante con el de la base
.del ·cono.
46 ~ :7tAUY[U TAE1)Q<Í.
47 aVnXELftEVaL, que es como Apolonio llama a las dos ramas de la hipérbola
a partir de esta prop. 14, en la que por vez primera se consideran como una
sola curva las dos ramas producidas por un plano que corte a las dos hojas
de un cono. «Descubrimiento o invento, como se quiera, pues en este caso es lo
mismo-dice Abel Rey~, sin el cual la teoría de cónicas habría continuado
siendo 'superficial' e 'incompleta': las dos ramas 'opuestas' de la hipérbola
son una sola curva. Todos insisten con razón en este punto: la hipérbola tiene
dos ramas que deben estudiarse conjuntamente, no solo en sus relaciones reCÍ-
procas, sino también en sí mismas, por su generación y por sus propiedades,
como unidad y como unidad en sus relaciones con las demás curvas. La unifi-
cación de la teoría y su paralelismo por 10 que se refiere a la elipse y a la
hipérbola solo era posible en este terreno.» L'apogée de la science technique
grecque: l'essor de la Mathématique, pág. 153, París, 1948.
48 Es decir, en la otra hoja del cono.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 333

paralelo PHOK, y puesto que DZ y HK son las intersecciones de las


secciones DEZ y HTK con los círculos 49, las rectas DZ y HK serán
paralelas 50. Si LAR es el eje de la superficie y L Y R los centros de los
círculos, prolonguemos hasta B y
G la perpendicular por L a DE y K
tracemos por BG y el eje un pla-
no que corte a los círculos según
las rectas PO y BG, que serán pa-
ralelas, estando las BAO y GAP en
la superficie y siendo la PO per-
pendicular a la HK porque la BG
lo es a la DZ y las HK a DZ son
paralelas.
Puesto que el plano que pasa
por el eje corta a las secciones en
los puntos M y N situados en el in-
terior de las líneas es evidente que
también cortará a estas en sendos
puntos T y E, Y como estos y los
M y N están en el plano que pasa
por el eje y en el que contiene a
las líneas, los puntos M, E, T, 8 F-----+--..I...-*"-==------1f G
N están en una recta 51 10 mismo
que los puntos P, T, A, G Y B, E, A,
O por estar en la superficie cónica o
y en el plano que pasa por el eje. FIG. 11.
Tracemos ahora por los T y E
las perpendiculares TV y EW, por A la SAQ paralela a METN y haga,
mos de manera que la recta ET sea a una recta EW como el cuadrado de
SA al rectángulo de SB y SQ y que la misma recta ET sea a otra recta
TV como el cuadrado de QA al rectángulo de QO y QP.
Puesto que el cono de vértice A y base el círculo BG está cortado
por un plano que pasa por el eje y produce como sección el triángulo
ABG y por otro plano cuya intersección DMZ con la base del cono es
perpendicular a BG y produce la sección DEZ en la superficie y la
49 Prop. 4.
50 EUCLIDES: Elementos, XI, 16.
51 Ibídem, XI, 3.
334 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

prolongación del diámetro encuentra a un lado del triángulo según el


eje en un punto situado más allá del vértice del cono, y se ha trazado
por A a AS paralela al diámetro EM de la sección, y por E la EW per-
pendicular al mismo y ET es a E,W como el cuadrado de SA al rectángulo
de SB y SQ, resulta que la sección DEZ es una hipérbola, la recta EW
el parámetro de las trazadas ordenadamente a la EM y la ET el lado
transverso de la figura 52.
Igualmente, HTK es también una hipérbola de diámetro TN, la recta
TV el parámetro de las trazadas ordenadamente a la TN y la ET el lado
transverso de la figura.
Digo ahora que las rectas TV y EW son iguales. Puesto que Be y PO
son paralelas, la recta QA es a la QP como la SA a la se y QA a QO
como SA a SB; pero la razón de SA a se compuesta con 53 la de SA
a SB es la misma que la del cuadrado de SA al rectángulo de SB y se
y la de QA a QP compuesta con la de QA a QO, la misma que la del
cuadrado de QA al rectángulo de QO y QP; luego el cuadrado de QA
es al rectángulo de QO y QP como el cuadrado de SA al rectángulo
de SB y se; y por ser ET a EN como el cuadrado de SA al rectángulo
de SB y se y ET a TV como el cuadrado de QA al rectángulo de
QO y QP, se deduce que TE es a TV como TE a EW; luego la recta
EW es igual a la TV.
15. Cuando en una elipse una recta trazada de modo ordenado desde
el punto que divide a un diámetro en dos partes iguales se prolonga a
uno y otro lado hasta la sección y se hace de manera que el diámetro
sea a una cierta recta como la recta prolongada al diámetro, el cuadra-
do de toda recta trazada en la sección, paralelamente al diámetro, sobre
la recta prolongada, será equivalente al área que, aplicada a la recta
que es una tercera proporcional 54 tenga de ancho la recta separada, del
lado de la sección, en la recta prolongada 55 disminuida en una figura
semejante al rectángulo formado por la recta sobre la cual se han tra-
zado las rectas 56 y el parámetro, y si se prolonga esta recta hasta la otra

Prop. 12.
52
Multiplicada por.
53
54 Entre el diámetro y la ordenada prolongada a ambos lados de la elipse.
55 El segmento separado en la prolongación de la ordenada, a partir de la
curva, por la paralela al diámetro desde un punto cualquiera.
56 La ordenada prolongada a ambos lados del diámetro, a la que se han tra-
zado paralelas a este.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 335

parte de la sección quedará dividida en dos partes iguales por la recta


sobre la cual se ha trazado 57.
Sea una elipse y dividamos uno de sus diámetros AB en dos partes
iguales por el punto G; tracemos
z
por G de un modo ordenado, y pro-
longuémosla a uno y otro lado has-
ta la elipse, la recta DGE y por
D la DZ perpendicular a DE; ha-
gamos de modo que AB sea a una
recta DZ como DE a AB; tome- AI-----~r-------r----i
mas en la curva un punto H y tra-
cemos por él la HT paralela a
AB; unamos los puntos E y Z; tra-
cemos por T la TL paralela a DZ E
y por Z y L las ZK y LM para- FIG. 12.
lelas a TD (Fig. 12). Digo que el
cuadrado de la recta TH equivale al rectángulo DL, que es igual al
aplicado a DZ de anchura DT, disminuido en una figura LZ semejan-
te al rectángulo limitado por las
rectas DE y DZ .
. . . . . . . . . . . . .. . . . . . " y digo ahora que
la recta HT prolongada hasta la
sección, queda dividida en dos par-
tes iguales por DE 58.
16. Si por el punto que divide
en dos partes iguales a un diáme-
FIG. 13. tro transverso de las dos [secciones]
opuestas [de una hipérbola] se tra-
za una paralela a una recta trazada de un modo ordenado 59, esta primera

57 O sea, bisecada por la ordenada sobre la cual se ha trazado paralelamente


al diámetro. .
58 Mediante hábiles construcciones auxiliares, Apolonio demuestra que es

TH2=DM· TD=DZ· TD-MZ· TD,

y después, que T es el punto medio de HF.


59 Es decir, paralela a una ordenada que es, a su vez, paralela a la tangente
en el extremo del eje transverso.
336 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

recta será un diámetro de las secciones opuestas conjugado al antes


dicho.
Sea AB un diámetro de las dos secciones opuestas; dividámoslo en
dos partes iguales por el punto G y tracemos por G la GD paralela a
una recta trazada de un modo ordenado (Fig. 13). Digo que GD es un
diámetro conjugado al AB 60.

nI
SEGUNDAS DEFINICIONES

1. En la hipérbola y en la elipse, el punto que divide a un diámetro


en dos partes iguales se llama centro de la sección, y la recta trazada
desde el centro a la sección es un radio de esta 61.
2. Análogamente, se llama centro de las secciones opuestas 62 el
punto que divide a un lado transverso .en dos partes iguales.
3. La paralela desde el centro a una recta dada trazada ordena-
damente es media proporcional entre los lados de la figura y queda
dividida en dos partes iguales por el centro, se llama segundo diámetro 63.

IV
SIGUEN LAS PROPOSICIONES

17. La paralela por el vértice de una sección cónica a una recta


trazada ordenadamente cae fuera de la sección.
Si cayera dentro, como la AG, tendríamos que una paralela desde
un punto cualquiera G de una sección cónica, y en su interior, a una

60 No traducimos la demostración por no ser importante; pero debemos des-


tacar el hecho de que en esta proposición Apolonio considera ya las dos ramas
de la hipérbola como una sola curva.
61 EX 'tO'Ü xév'tQO'U.
62 De la hipérbola de dos ramas.
63 La figura: hboc;, que Apolonio supone conocida, es el rectángulo que he-
mos visto intervenir en las props. 12 y 13, cuya base es el lado, diámetro o
eje transverso: nAayt<J. nAB'UQa, y la altura el lado que «se mantiene derecho
verticalmente»: oQ6(a nAB'UQa, o parámetro, rectángulo característico del que
hace uso en las demostraciones siguientes para deducir el concepto de diámetro
conjugado como media proporcional entre sus lados.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 337

recta trazada ordenadamente, cortaría al diámetro y quedaría dividida


por este en dos partes iguales 64 y, por tanto, la prolongación de la recta
AG quedaría dividida en dos partes igua-
les por la AB (Fig. 14), lo cual es impo-
sible porque la prolongación de AG es ex-
terior a la sección 65; luego la paralela
por A a una recta trazada ordenadamente
no caerá dentro, sino fuera de la sección y
será tangente a esta 66. A B
18. Si una recta, que encuentra a una
sección cónica y prolongada a uno y otro
lado cae fuera de la sección y por un pun-
to interior a esta se traza una paralela a
aquella recta, esta paralela prolongada en-
contrará a la sección. FIG. 14.
Sea la recta AZB que encuentra a una
sección cónica y que, prolongada, a uno y otro lado, cae fuera de
la sección y desde un punto interior G tracemos la paralela GD a AB
8 A (Fig. 15). Digo que la recta GD,
prolongada, corta a la sección.
Tomemos en esta un punto E
G O Y unámoslocon Z y entonces, por
ser paralelas las rectas AB y GD Y
cortar la EZ a la AB, la GD pro-
O G longada, también cortará a la EZ.
Si la corta entre los puntos E y
Z es claro que encontrará a la sec-
A E ción y si la corta más allá del pun-
FIG. 15. to E encontrará primeramente a la
sección y, prolongando la GD por
los puntos D y E, encontrará a la sección; y del mismo modo se demues-
tra que también la encuentra prolongándola del lado de los puntos Z y B.
64 Prop. 7.
65 Prop. 10.
66 Al definir la tangente a una comca como la perpendicular en el extremo
de un diámetro, paralelamente a las ordenadas a este, Apolonio amplía de un
modo ma'gistral a las cónicas el teorema que EUCLIDES: Elementos, III, 16, ha-
bía establecido para el círculo, que completará más tarde. Vid. infra, prop. 32.
338 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO II

19. Toda paralela desde un punto del diámetro de una sección


cónica a una recta trazada ordenadamente, encuentra a la sección.
Sea una sección cónica de diámetro AB y tracemos por un punto B
de este la paralela BG a una recta trazada de un modo ordenado. Digo
que BG prolongada encuentra a la sección.
Tomemos en esta un punto D y, uniéndolo con A, que es un punto
de la sección, la recta DA caerá dentro de ella 67, y puesto que la
paralela por A a una recta trazada ordenadamente cae fuera 68, si la AD
la encuentra, la BG encontrará a la AD por ser paralela a una recta
trazada ordenadamente (Fig. 16). Si la corta entre A y D es claro que
encontrará a la sección, y si la corta más allá del punto D, en el E,
por ejemplo, encontrará primeramente a la sección, y también la encon-
trará la paralela por B a una recta trazada ordenadamente.

FIG. 16. FIG. 17.

20. Dos rectas trazadas ordenadamente de la parábola al diámetro,


las rectas que determinan en este, del lado del vértice, son entre sí como
los cuadrados de las primeras rectas.
Sea una parábola de diámetro AB y desde dos puntos de ella, G y D,
tracemos las rectas GE y DZ de una manera ordenada sobre AB (Fig. 17).
67 Prop. 10.
68 Prop. 17.
APOLONIO DE PERGAMO.-LAS CONICAS 339

Digo que la recta AZ es a la AE como el cuadrado de DZ al de GE.


En efecto, si AH es el parámetro 69, el cuadrado de DZ será desde
luego equivalente al rectángulo de AZ y AH, Y el de GE al de AE y AH,
y, por tanto, la razón de estos dos rectángulos es igual a la de los
cuadrados de DZ y GE, y por ser AZ a AE como el rectángulo de AZ
y AH al de AE y AH, la recta AZ es también a la AE como el cuadrado
de DZ al de GE 70.
21. Los cuadrados de las rectas trazadas ordenadamente en la hipér-
bola, en la elipse o en la circunfe-
rencia sobre el diámetro son a las
áreas limitadas por las rectas que
determinan a partir de los extremos
del lado transverso de la figura 71,
como el lado recto de esta es al
transverso, y serán entre sí como
las áreas limitadas por las rectas
como hemos dicho.
Sea una hipérbola, una elipse o
una circunferencia de diámetro AB
cuyo parámetro es AG, y trace-
mos las rectas DE y ZH ordenada-
mente sobre el diámetro (Fig. 18).
Digo que AG es a AB como el cua-
(iJJZ
H A
drado de ZH al rectángulo de AH E
Y BH Y este al de AE y BE como el B T K
cuadrado de ZH al de DE.
Tracemos la recta de unión BG FIG. 18.
determinada según la figura 72, y por
los puntos E y H las paralelas ET y HK a AG, y entonces, el cuadrado
de ZH equivaldrá al rectángulo de AH y HK y el de DE al de ET y EA 73,

69 El correspondiente al diámetro AB. Vid. supra, nota 6 del Prólogo.


70 Esta propiedad permite dibujar la Farábola por puntos, y, como dice Euto-
cío en su comentario varias veces citado, «a falta de aparatos para trazar la pará-
bola, este procedimiento es práctico para quienes se ocupan de Mecánica».
71 Es decir, el rectángulo cuyos lados son el diámetro transverso y el pará-
metro correspondiente. Vid. supra, nota 60.
72 ~LOQ(sO'lJOa -ro d~os.
73 Según las props. 12 y 13 para la hipérbola y elipse, respectivamente. En
340 CIENTIFICOS GRIEGOS.-TOMO 11

y puesto que AG es a AB como HK a HB y se tome AH por altura


común de los rectángulos de HA, HK Y HA, HB, estos rectángulos son
como HK a HB, resulta que el rectángulo de HK y HA, es decir: el cua-
drado de ZH, es al rectángulo de BH y HA como AG a AB.
Por las mismas razones AG es a AB co