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EN SALA CONSTITUCIONAL

Expediente Nº 16-0306

Magistrada Ponente: Lourdes Benicia Suárez Anderson

Mediante Oficio Nº LG01-OFI-2016-211, del 10 de marzo de 2016, la Corte de Apelaciones del


Circuito Judicial Penal del Estado Mérida remitió a esta Sala Constitucional del Tribunal
Supremo de Justicia el expediente contentivo de la acción de amparo constitucional interpuesta,
por la abogada M.G.R., inscrita en el Instituto de Previsión Social del Abogado bajo el N°
117.839, indicando actuar como defensora privado del ciudadano R.O.R., titular de la cedula de
identidad N° V-7.318.190, contra la decisión dictada el 5 de octubre de 2015, por el Tribunal
Tercero de Primera Instancia en lo Penal en funciones de Ejecución del referido Circuito Judicial
Penal, por la presunta vulneración de los derechos al debido proceso y a la tutela judicial
efectiva, al haberse declarado sin lugar la medida humanitaria solicitada a favor del accionante,
co n ocasión del cumplimiento de la penal, por la comisión del delito de tráfico de Sustancias
estupefacientes y psicotrópicas.

Dicha remisión obedece a la apelación interpuesta, el 9 de marzo de 2015, por la abogada


M.G.R. contra la decisión dictada el 25 de febrero de 2015 por la referida Corte de Apelaciones,
mediante la cual declaró inadmisible la pretensión de amparo constitucional.

El 30 de marzo de 2016, se dio cuenta en Sala del presente expediente y se designó ponente a
la Magistrada L.B.S.A., quien con tal carácter suscribe el presente fallo.

Realizado el estudio correspondiente, se pasa a dictar sentencia, previas las siguientes


consideraciones:

I
FUNDAMENTOS DE LA ACCIÓN DE AMPARO

El 23 de febrero de 2016, la abogada M.G.R., indicando actuar con el carácter de “…defensor


técnico (sic) privado (defensor (sic) de confianza) del ciudadano RAFAEL ORDOÑEZ RAMIREZ…”,
interpuso acción de amparo constitucional, bajo los siguientes argumentos:

Señaló que “…(c)onsta en el expediente que en la actualidad conforme al diagnóstico


comprobado (su) representado padece de artritis reumatoide, de difícil manejo y poca
respuesta por falta de adherencia al tratamiento. Se trata de una enfermedad inflamatoria,
crónica, discapacitante, y progresiva por evaluación integral realizada en su oportunidad el día
02/09/2015. Clínicamente por estudios cardiovascular gastrointestinal, respiratorio, renal,
hematológica, oeste articular más los tratamientos de densitometría ósea cuyo grado de la
enfermedad se calcula en la escala de DAS-28, valor 2,4.15, lo que implica que requiere de otras
personas para realizar actividades mínimas como su higiene personal. (Su) representado
actualmente cumple pena de 20 años de prisión por la comisión del delito de tráfico modalidad
transporte, agravado de sustancias estupefacientes y psicotrópicas previstos en los artículos
149 (encabezamiento) y 163 numeral 11 de la ley orgánica de drogas y su ejecútese de pena fue
proferido por este juzgado de ejecución el 30/04/2012 (folios del 269 al 271)”.

Indicó que “…la defensa técnica observando el acta de audiencia especial de medida
humanitaria de fecha 31/08/2015, de nota (sic) que del estado de evolución del ciudadano
R.O.R. (sic) está en estado latente, es decir, se está desgastando, deteriorando día a día,
máxime cuando la asistencia médica en el lugar donde se encuentra recluido es ínfima, es decir,
casi imposible por escasos medicamentos que debieran proveerle y nunca llegan a sus manos”.

Asimismo agregó que “…(l)as respectivas evaluaciones de los médicos tratantes y las ausencias
de medicinas a suministrar destruyen los escasos hábitos de vida que aún posee mi
representado, médicos tratantes como el Dr. H.R. (ReumatólogoT. adscrito al IHULA), y la Dra.
G.D. (MédicoF.) adscrita al Departamento de Ciencias Forenses del CICPC, demuestran en él una
situación grave, encontrándose en un estadio 4 funcional, y que la enfermedad reumática
compromete múltiples órganos y puede ameritar hospitalización o en última instancia
tratamiento especial, porque si bien es cierto, no es una enfermedad en fase terminal no
menos cierto es que ya su vida depende de una medida humanitaria por lo latente, grave,
incurable, progresiva de la enfermedad que padece. Determinar en qué estado de evolución de
la enfermedad es una carga subjetiva para el tribunal, pero para el paciente el entorno que lo
rodea, no es otra cosa de una decisión de morada y para su familia patentiza indudablemente
que a F.R. (sic) le quedan escasos momentos de vida, pueden ser días, meses, que el fatal
desenlace deberá ocurrir”.

En este sentido, manifestó que la “(r)azón que (l)e asiste para utilizar la vía recursiva amparar
(sic) a F.R.O. (sic) R., de que el principio de proporcionalidad de suyo le favorezca para llegar al
momento de su muerte en su casa fuera de barrotes, que se le impusieron para pagar el delito
cometido”.

Adicionalmente indicó que “(l)os derechos humanos se encuentran en todas las legislaciones
del mundo y los procedimientos a utilizar culminan indudablemente a que el derecho a la vida
es un derecho irrenunciable inclusive en la convención interamericana sobre asistencias en
materia penal, se prevé que el delito no cesa porque la persona por una medida humanitaria
elige su domicilio familiar en lugar donde esperara (sic) la muerte, cuando observamos que se
niega la revisión de una medida y que actualmente la ratifica el tribunal de ejecución de nuevo
pensamos que los informes médicos , que las actas de los médicos intervinientes Dr. H.R., y Dra.
G.D. son letra muerta que deben dejarse sin efecto, cuando el sentenciado que amerita un
tratamiento más agresivo no corre la suerte de obtener un beneficio procesal. Acudir a la vía de
amparo en preferencia en lugar de apelación de la decisión dictada por el tribunal adcuo (sic)
en fecha en fecha (sic) 05/10/2015, es porque existe alguna urgencia del caso en concreto y en
razón que los recursos existentes en el proceso penal no darán satisfacción a la pretensión. En
efecto es cierto que no interpon(e) el recurso de apelación contra la decisión dictada en fecha
05/10/2015, por el tribunal de ejecución número 3 de este circuito judicial penal (sic) porque
consider(ó) lesiva de sus derechos constitucionales significando con ello que se encuentra en un
limbo jurídico porque ni siquiera pudo acordar el traslado a su médico de cabecera, por lo cual
lo solicit(ó) por vía de amparo constitucional, no es inadmisible la pretensión de amparo
interpuesta en nombre del ciudadano F.R.O.R., contra la decisión dictada el día 05/10/2015. Por
el tribunal de ejecución número 3 por lo cual señal(a) como agravante (sic) actual al ciudadano
juez tercero de ejecución Abg. J.G.O., quien en su decisión redime a favor del penado; lo
declara cumplido en pena le señala que en forma definitiva el 17/06/2029 culminara el
cumplimiento de su pena y que optaría el 17/06/2024 por el beneficio del 3/4 (sic) partes de la
pena intramuros (sic)”.
Denunció que “(…) en ningún momento se pronunció acertadamente a pesar de los escritos
remitidos al tribunal alegatos de defensa, informe (sic) médicos, e inclusive opinión fiscal del A..
Acreditado N.G. quien en fecha 31/08/2015, en el acta de audiencia especial de medida
humanitaria al concederle el derecho de palabra expreso: ‘habiendo escuchado a los expertos,
al ser una enfermedad grave se le puede otorgar la medida y en caso de que mejore dejarla sin
efecto’”.

Arguye que “…(s)e viola el debido proceso, la tutela judicial efectiva lo que hace admisible un
recurso por no estar en curso (sic) en causales de inadmisibilidad porque no hay caducidad ni
prescripción del recurso porque no contiene conceptos ofensivos o respetuosos (sic), porque su
contenido no resulta inteligible a los afectos de su tramitación porque existe representación y
legitimidad de mi persona en el momento oportuno”.

En definitiva solicita:

…que se proceda en (sic) admitir el recurso de amparo constitucional por ante el tribunal de
ejecución Ad hoc y para ante la corte de apelaciones del circuito judicial (sic) del estado Mérida,
señalando que no me une amistad o enemistad alguna con el agraviante del tribunal de
ejecución numero 3 cuyo domicilio es la sede del circuito judicial de la avenida las Américas.
Que el fundamento del presente recurso es por ser mi representado único agraviado por estar
en peligro latente la salud y expresamente por no permitir salir a su asistencia médica
inmediata. Solución que se pretende; esta defensa técnica consiente (sic) del valor humano y
por ser operario de justicia solicito que se le otorgue a F.R.O.R. plenamente identificado en las
actas procesales, una medida humanitaria de carácter urgente, es decir, una medida cautelar
sustitutiva a la prisión preventiva de libertad consistente en un local ad hoc o medida privativa
con vigilancia en su domicilio particular, donde podrá recibir asistencia médica inmediata y
asistencia familiar de sus seres queridos y si llegara a recuperarse volver al cumplimiento de su
pena en el lugar de su reclusión

.
II

DE LA SENTENCIA APELADA

El 25 de febrero de 2016, la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida,
declaró inadmisible la acción de amparo constitucional, precisando lo siguiente:

(…), se constata que la recurrente en su solicitud realiza una breve mención de los datos de
identificación de la persona agraviada, en nombre de quien actúa y el carácter para ello, el
agraviante, el derecho o la garantía constitucional conculcada y la descripción del acto,
obviando agregar a su escrito las copias fotostática (sic) certificadas o al menos simples, de la
decisión impugnada y de la cual se desprende la supuesta violación del derecho o la garantía en
base a la que fundamenta su acción, tal y como ya lo ha dejado sentado en criterio reiterado en
materia de amparo la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia.

…omissis…

De manera pues, que ciertamente la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías
Constitucionales no establece como carga del accionante la presentación de la copia fotostática
certificada de la decisión impugnada, no obstante tal requisito fue establecido por vía
jurisprudencial, por cuanto en el denominado amparo contra sentencia o decisiones judiciales
el juez constitucional necesariamente requiere disponer de la decisión objeto del mismo, a fin
de constatar la veracidad de las violaciones constitucionales denunciadas, pues lo contrario
comporta que el accionante no le otorga las herramientas necesarias al juez constitucional para
emitir el pronunciamiento respectivo a su pretensión, lo cual puede devenir en una falta de
interés respecto a la verdad en cuanto a las presuntas violaciones de los derechos
constitucionales denunciados, y por ende a su solución.

Habida cuenta de ello, resulta indefectible para esta alzada en sede constitucional indicar que
en los asuntos de amparos contra decisiones judiciales, el juez constitucional no realiza un
proceso de esclarecimiento, ni declara probado o no probado determinados hechos, sino que
se limita a determinar y por ende a expresar si la decisión dictada por el juzgado de instancia
accionado, vulneró o no un derecho o garantía constitucional, resultando por ende necesario
conocer los términos en que fue proferida la decisión adversada.

En tal sentido y a tenor de la jurisprudencia supra citada, resulta indisputable a los fines que el
juzgador constitucional decida sobre el amparo solicitado, que el instrumento contentivo de la
decisión accionada sea aportado a las actas del proceso a objeto de su consideración,
hallándose imposibilitado en caso de omisión, emitir decisión o pronunciamiento alguno sobre
el agravio alegado por el accionante.

Así pues, advirtiéndose que en el caso de marras la pretendiente no acompañó su solicitud de


amparo con la copia fotostática certificada o al menos con una copia fotostática simple de la
decisión emitida -según su señalamiento- en fecha cinco de octubre del año dos mil quince
(0510-2015), por el Tribunal de Primera Instancia en lo Penal en funciones de Ejecución N° 03
del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida, la cual denuncia como lesiva de los derechos y
garantías constitucionales de su representado jurídico ciudadano R.O.R., resulta totalmente
procedente declarar inadmisible la acción de amparo ejercida.

Por consecuencia, esta Corte de Apelaciones actuando en sede constitucional juzga que la
presente acción de amparo constitucional es inadmisible. Y así se decide

III

DE LA COMPETENCIA

Previamente, corresponde a esta Alzada pronunciarse sobre la competencia para conocer de la


presente apelación y, al respecto, observa que el artículo 25, cardinal 19 de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, dispone que corresponde a esta Sala Constitucional, como
superior jerárquico, conocer de las apelaciones contra las sentencias que recaigan en los
procesos de amparo constitucional que sean dictadas -en primera instancia- por los Juzgados
Superiores de la República, salvo las de los Juzgados Superiores en lo Contencioso
Administrativo.

En el presente caso, se sometió al conocimiento de la Sala la apelación de una sentencia dictada


por la Corte de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida, razón por la cual,
congruente con las disposiciones antes citadas, se declara competente para conocer de la
apelación interpuesta. Así se decide.

IV

MOTIVACIONES PARA DECIDIR

Establecida la competencia, esta Sala pasa a considerar la apelación y al respecto observa lo


siguiente:

La presente causa fue remitida a esta Sala Constitucional, en virtud del recurso de apelación
interpuesto el 9 de marzo de 2015 por la abogada M.G.R., indicando actuar como defensora
privada del ciudadano R.O.R., contra la decisión dictada el 25 de febrero de 2015 por la Corte
de Apelaciones del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida, que declaró inadmisible la
pretensión de amparo constitucional al evidenciar que la parte actora no acompañó su solicitud
de amparo con la copia fotostática certificada o al menos con una copia fotostática simple de la
decisión emitida -según su señalamiento- el 5 de octubre de 2015 por el Tribunal Tercero de
Primera Instancia en lo Penal en funciones de Ejecución del referido Circuito Judicial Penal, la
cual denunció como lesiva de los derechos y garantías constitucionales de su representado.

De una revisión exhaustiva de las actas del expediente se precisó que la abogada M.G.R. no
acompañó a la demanda de amparo el original o la copia certificada de la documentación que
acredita la representación que aduce tener del accionante, tal como poder autenticado,
nombramiento o acta de juramentación como defensor.
En este sentido, conforme a lo establecido en el artículo 133, numeral 3, de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, aplicable a todos los procedimientos seguidos ante este máximo
órgano, entre los que se encuentra el recurso de apelación en materia de amparo, lo
precedente sería declarar la inadmisibilidad de la apelación ejercida por falta de representación.

No obstante lo anterior, la Sala observa la gravedad de las denuncias formuladas dirigidas a la


protección del derecho a la salud y a la vida del condenado, quien padece de artritis
reumatoide, que es una enfermedad inflamatoria crónica discapacitante y progresiva con
compromiso multisistémico de difícil manejo, tal como lo aseveró el Dr. H.R., médico adscrito a
la Unidad de Reumatología del Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes, el cual
concluyó que el paciente requiere de ayuda de otras personas para realizar actividades mínimas
como las relacionadas con la higiene personal.

Aunado a ello debe apreciarse que por información suministrada por la parte accionante, el “…
fiscal del (sic) Abg. Acreditado N.G. quien en fecha 31/08/2015, en el acta de audiencia especial
de medida humanitaria al concederle el derecho de palabra expreso: ‘habiendo escuchado a los
expertos, al ser una enfermedad grave se le puede otorgar la medida y en caso de que mejore
dejarla sin efecto’…”.

Así las cosas, esta S. ha hecho uso de sus facultades extraordinarias para entrar al conocer
aquellos casos en los cuales existe un causa de inadmisión, siempre que se verifique la
existencia de una vulneración del orden público constitucional, tal como se indicó en sentencia
N° 1199 de 26 de noviembre de 2010 (caso: I.B. y D.M., en la cual se asentó:

(…) cabe advertir que esta Sala Constitucional, en defensa y resguardo del orden público e
incolumidad del texto constitucional, ha procedido a la revisión de oficio en casos que se
encuentren incursos en algunas de las causales estipuladas en el fallo N° 93/2001, recaída en el
caso: Corpoturismo, ahora plasmadas en la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, pese
a la desestimación de la pretensión que hubiese sido interpuesta y originado su intervención
(vid. sentencia N° 664/08). Ello en virtud de la condición de esta Sala de máxima garante del
derecho positivo y custodia de los derechos fundamentales, lo cual implica que está obligada a
permanecer alerta ante cualquier situación que pueda menoscabar una garantía constitucional.
En atención a lo expuesto se observa en el caso bajo estudio, específicamente en el hecho de
que la parte accionante no tuvo oportunidad de interponer el recurso de apelación contra la
decisión que condenó a los quejosos de autos que existe una infracción que vulnera el orden
público constitucional; en razón de lo cual, procede a revisar de oficio los actos de ejecución de
la sentencia…

Ahora bien, el artículo 83 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela establece


el derecho a la salud en los siguientes términos:

La salud es un derecho social fundamental, obligación del Estado, que lo garantizará como
parte del derecho a la vida. El Estado promoverá y desarrollará políticas orientadas a elevar la
calidad de vida, el bienestar colectivo y el acceso a los servicios. Todas las personas tienen
derecho a la protección de la salud, así como el deber de participar activamente en su
promoción y defensa, y el de cumplir con las medidas sanitarias y de saneamiento que
establezca la ley, de conformidad con los tratados y convenios internacionales suscritos y
ratificados por la República.

(Subrayado añadido).

Esta Sala Constitucional en sentencia N° 1566 del 4 de diciembre de 2012 (Caso: G.R.) en
relación a la protección integral del derecho a la salud, indicó:

(…) es de destacar que el derecho a la salud forma parte del derecho a la vida, por cuanto es
intrínseco a la vida misma la condición de salud que pueda tener cada ciudadano o una
colectividad determinada siendo una obligación del Estado garantizar su aseguramiento, y no
restringiéndose éste a la salud física sino que ésta abarca y se extiende a la salud mental y
psíquica de cada ser humano. Dicha concepción no es extraña al mismo, ya que en el plano
internacional, se proclamó por primera vez en la Constitución de la Organización Mundial de la
Salud (OMS), de 1946, en su preámbulo que la salud es ‘(…) un estado de completo bienestar
físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones y enfermedades (…)’.

Asimismo, en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, también se


incluye el derecho a la salud, cuando se contempla que ‘Toda persona tiene derecho a un nivel
de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la
alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios;
tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez,
vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes
de su voluntad (…)’.

Por último, se aprecia que el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales,
en su artículo 12.1 reafirma esa concepción amplia del derecho a la salud, la cual no abarca la
salud física sino incluye igualmente a la salud mental de las personas, al efecto, el mencionado
artículo dispone: ‘Artículo 12. 1. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho
de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental’.

De la disposición citada establecida en el artículo 83 del Texto Constitucional, así como las
normas de derechos humanos que regulan el derecho a la salud, se desprende que el derecho a
la salud no implica solo la atención médica por parte de los órganos del Estado sino que ello
envuelve otros derechos como el derecho a la prevención y el tratamiento médico de
enfermedades, acceso a medicamentos, acceso igual a los servicios de salud, oportunidad en su
atención, acceso a la información sobre tratamientos así como las enfermedades que puedan
alterar la salud del ser humano o de un colectivo, la participación en las decisiones relacionadas
con la salud, la no discriminación en la prestación como en la atención del servicio, entre otros.

Esa amplitud de implicaciones en el ejercicio del referido derecho depende incluso de otros
derechos humanos, por ser parte esencial del derecho a la vida como expresamente lo cataloga
el artículo 83 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y se reafirma en los
valores superiores del ordenamiento jurídico consagrados en el artículo 2 del Texto
Constitucional, cuando consagra que: ‘Venezuela se constituye en un Estado democrático y
social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento
jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la
democracia, la responsabilidad social y en general, la preeminencia de los derechos humanos,
la ética y el pluralismo político’.

En razón de ello, el derecho a la salud se encuentra plenamente interrelacionado con el


derecho a una alimentación sana, el acceso al agua, a una vivienda adecuada, a la no
discriminación y a la igualdad, derecho a la intimidad y al libre desarrollo de la personalidad,
acceso a la información, a la participación, entre otros, ya que la satisfacción de dichos
derechos y su interrelación mediata o inmediata entre ellos, es acorde con uno de los fines
esenciales del Estado es la ‘(…) promoción de la prosperidad y bienestar del pueblo y la garantía
del cumplimiento de los principios, derechos y deberes reconocidos y consagrados en esta
Constitución’.

Si bien, la Ley Orgánica de Salud no contempla una definición expresa sobre el contenido de lo
que debe entenderse por salud mental, resulta innegable su reconocimiento en el artículo 2,
cuando dispone: ‘Se entiende por salud no sólo la ausencia de enfermedades sino el completo
estado de bienestar físico, mental, social y ambiental’

Así las cosas, en casos como el de autos, es un deber del juez constitucional verificar que no
exista un peligro latente sobre la salud del penado y garantizar la asistencia médica inmediata,
así como la reclusión en el lugar más adecuado para el cumplimiento de la pena con el debido
respeto de los derechos humanos del mismo, antes de entrar a hacer pronunciamiento
respecto a la admisibilidad de las pretensiones y la legitimación de quien actúe en nombre del
penado, ya que en definitiva los bienes jurídicos tutelados en este caso son la vida y la salud de
una persona recluida bajo la responsabilidad del Estado.

En este contexto, la Justicia Constitucional debe tener presentes los principios básicos para el
tratamiento de los reclusos, adoptados en el año 1990 por la Asamblea General de la
Organización de Naciones Unidas, el cual consta de 11 principios relativos a los derechos de las
personas privadas de libertad. En tal sentido el N° 9 de dichos principios es el relativo al acceso
a los servicios de salud, el cual establece que: “Los reclusos tendrán acceso a los servicios de
salud de que disponga el país, sin discriminación por su condición jurídica”, asimismo existe un
conjunto de principios para la protección de todas las personas sometidas a cualquier forma de
detención o prisión, también adoptados por la referida Asamblea General en su Resolución
43/173, de 9 de diciembre de 1988.

Igual importancia tienen en este sentido las reglas mínimas para el tratamiento de los reclusos,
adoptadas por el Primer Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y
Tratamiento del Delincuente, así como la Resolución A/RES/67/166 del 20 de marzo de 2013
“Los Derechos Humanos en la Administración de Justicia” en la cual se revisaron dichas reglas
para adecuarlas a los avances en materia penitenciaria.

Con fundamento en las consideraciones precedentemente expuestas, esta Sala estima que en
el caso bajo análisis aún cuando la abogada M.G.R. no tiene legitimación procesal para
interponer el presente recurso de apelación, por razones de orden público constitucional se
debe revocar la decisión que declaró la inadmisibilidad de la acción, a fin de que el a quo
constitucional, verifique en primer término la situación real del penado, la gravedad de su
estado de salud, la existencia real de una asistencia médica adecuada y luego se pronuncie
nuevamente sobre la presente acción de amparo constitucional, en aras de que se garantice
efectivamente el derecho a la salud del accionante, en desarrollo de la tutela judicial efectiva
que debe brindar el juez constitucional y velar porque sea materialmente posible atender todos
los requerimientos de salud del penado y tomar medidas realmente efectivas para tal cometido.
Así se decide.

DECISIÓN

Por las razones antes expuestas, esta Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia,
administrando justicia en nombre de la República por autoridad de la Ley declara:

- INADMISIBLE la apelación ejercida por la abogada M.G.R..


- REVOCA la decisión dictada el 25 de febrero de 2015, por la Corte de Apelaciones del Circuito
Judicial Penal del Estado Mérida, que declaró inadmisible la acción de amparo constitucional
interpuesta a favor del ciudadano R.O.R.. En consecuencia, se REMITEN las actuaciones a los
fines de que dicha Corte de Apelaciones, se pronuncie sobre la pretensión de amparo
constitucional, tomando en cuenta las consideraciones realizadas en el presente fallo por esta
Sala.

P. y regístrese. Remítase el expediente al tribunal de origen.

Dada, firmada y sellada, en el Salón de Audiencias del Tribunal Supremo de Justicia, en Sala
Constitucional, en Caracas, a los 08 días del mes de julio de dos mil dieciséis (2016). Años:
206º de la Independencia y 157º de la Federación.

La Presidenta,

GLADYS MARÍA GUTIÉRREZ ALVARADO

El Vicepresidente,

A.D.R.

Los Magistrados,

CARMEN ZULETA DE MERCHÁN

JUAN JOSÉ MENDOZA JOVER


CALIXTO ORTEGA RÍOS

LUÍS FERNANDO DAMIANI BUSTILLOS

LOURDES BENICIA SUÁREZ ANDERSON

Ponente

El Secretario,

J.L.R. CABELLO

16-0306

LBSA/

Quien suscribe, M.C.Z. de M., disiente de la decisión que antecede, mediante la cual la mayoría
sentenciadora declara inadmisible el recurso de apelación ejercido por la abogada M.G.R. y
revoca la decisión dictada, el 25 de febrero de 2015, por la Corte de Apelaciones del Circuito
Judicial Penal del Estado Mérida, que declaró inadmisible la acción de amparo constitucional
interpuesta a favor del ciudadano R.O.R., remitiendo las actuaciones a los fines de que dicha
Corte de Apelaciones se pronuncie sobre la pretensión de amparo constitucional, tomando en
cuenta las consideraciones realizadas en el fallo proferido por esta Sala Constitucional.

Se señala en la disentida, que la causa de la declaratoria de la inadmisibilidad del recurso de


apelación interpuesto por la abogada M.G.R. recae en el hecho de que dicha profesional del
Derecho no “acompañó a la demanda de amparo el original o la copia certificada de la
documentación que acredita la representación que aduce tener del accionante, tal como poder
autenticado, nombramiento o acta de juramentación como defensor”, por lo que es aplicable lo
señalado en el artículo 133.3 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia; y, por otra
parte, “por información suministrada por la parte accionante”, se afirma que el ciudadano
R.O.R. padece de “artritis reumatoide, que es una enfermedad inflamatoria crónica
discapacitante y progresiva con compromiso multisistémico de difícil manejo” y, siendo que, a
juicio de la abogada M.G.R., el Ministerio Público expresó en el proceso penal primigenio que
“se le puede otorgar la medida [humanitaria] y en caso de que mejore dejarla sin efecto”, se
consideró propicio ordenar al Juzgado a quo constitucional, a los fines de salvaguardar el
derecho a la salud del quejoso y por razones de orden público, que verificara la situación real
del penado, la gravedad de su estado de salud, la existencia real de una asistencia médica
adecuada y luego se pronuncie nuevamente sobre la presente acción de amparo constitucional.

Ahora bien, quien aquí disiente considera que la mayoría sentenciadora no constató que el
Juzgado a quo constitucional, cuando decidió en primera instancia en el presente
procedimiento de amparo, verificó de las actas que conforman el expediente que la abogada
M.G.R., quien aduce actuar a favor del ciudadano R.O.R., no acompañó copia simple o
certificada del fallo objetado con el amparo, a saber: el dictado el 5 de octubre de 2015, por el
Juzgado Tercero de Ejecución del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida, que negó el
otorgamiento, a través del amparo, de una medida humanitaria que permita la libertad
condicional del accionante; omisión esta que no permitía aseverar sobre la existencia de alguna
enfermedad que pudiera padecer el presunto accionante.

Es de destacar que la falta de la consignación del documento fundamental de la demanda de


amparo interpuesta contra decisiones judicial es contraria a la doctrina asentada por esta Sala
Constitucional desarrollada en la sentencia N° 3270, del 24 de noviembre de 2003 (caso: S.A.C.
de B., en la cual se precisó lo siguiente:

Con respecto a lo decidido por el a quo, es menester aclarar que, ciertamente, esta S. en
sentencia nº 7/2000 del 1º de febrero, caso: J.A.M.B. y otro, precisó que las acciones de amparo
contra decisiones judiciales deben ser interpuestas anexando al escrito copia certificada de la
decisión o, al menos, copia simple de la misma, pero con la carga procesal de consignar la copia
certificada al momento de celebrarse la audiencia pública prevista en el artículo 26 de la Ley
Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales, ello, con la intención de
corroborar, en primer término, la admisibilidad de la acción propuesta y, en segundo, la
procedencia de la tutela solicitada. De no consignarse la copia certificada de la sentencia
cuestionada al momento de celebrarse la referida audiencia, tal circunstancia acarrearía la
inadmisibilidad de la acción.

También ha sido doctrina reiterada de esta Sala (vid. sentencia nº 1720/2001 del 20 de
septiembre, caso: TRINALTA, C.A.), que en caso que el accionante no acompañe a su escrito
copia simple ni certificada del fallo que señala como lesivo de sus derechos constitucionales, la
acción también deviene inadmisible.

Precisado lo anterior, se advierte que en el presente caso el accionante no acompañó a su


solicitud de amparo copia simple ni certificada de la decisión producida en el juicio que
denunció como lesivo de sus derechos y garantías constitucionales, tal circunstancia, de
acuerdo a la doctrina reiterada de esta Sala, es motivo para declarar inadmisible la acción de
amparo ejercida.

Ello así, esta S. juzga que la presente acción fue debidamente declarada inadmisible, por lo cual,
declaro sin lugar el recurso de apelación interpuesto y, en consecuencia, confirma el fallo
apelado. Así se decide.

Igualmente, en la sentencia N° 778, del 3 de mayo de 2004 (caso: K.J.S., esta Sala sostuvo lo
siguiente:

Se evidencia de autos que, el accionante, en el momento en el cual interpuso la acción de


amparo constitucional, únicamente consignó el escrito libelar, sin aportar copia simple o
certificada de la decisión que accionó ni ninguna otra prueba que considerara pertinente.

Esta S. señaló, en la sentencia del 1° de febrero de 2000 (Caso: J.A.M., lo siguiente:

‘...Cuando el amparo sea contra sentencias, las formalidades se simplificarán aún más y por un
medio de comunicación escrita que deberá anexarse al expediente de la causa donde se emitió
el fallo, inmediatamente a su recepción, se notificará al juez o encargado del Tribunal, así como
a las partes en su domicilio procesal, de la oportunidad en que habrá de realizarse la audiencia
oral, en la que ellos manifestarán sus razones y argumentos respecto a la acción. Los amparos
contra sentencias se intentarán con copia certificada del fallo objeto de la acción, a menos que
por la urgencia no pueda obtenerse a tiempo la copia certificada, caso en el cual se admitirán
las copias previstas en el artículo 429 del Código Procedimiento Civil, no obstante en la
audiencia oral deberá presentarse copia auténtica de la sentencia’ (subrayado de la Sala).

Como toda carga procesal, su incumplimiento acarrea una situación desfavorable para aquél
sobre quien recae la misma, que en el presente caso es la declaratoria de inadmisibilidad de la
acción. Igualmente debe señalar esta S., que al no haber consignado ningún tipo de copia de la
sentencia accionada, la Corte de Apelaciones carecía de pruebas e indicios suficientes que
dieran fe de la existencia de dicha decisión, por lo que resultaría inútil admitir una acción contra
un fallo, cuya existencia se encuentra en duda, y que de existir desconoce su contenido.

En ese sentido considera la Sala que la acción de amparo ha debido ser declarada inadmisible
por la razón antes apuntada y no improcedente in limine litis como lo declaró erróneamente el
a quo en el dispositivo del fallo consultado, por lo cual se modifica la decisión sometida a
consulta.

La consignación de la copia –auténtica o certificada, del fallo adversado con el amparo, tiene
como objetivo principal evitar que el J. constitucional incurra en un falso supuesto de hecho en
la etapa de la admisión del amparo, toda vez que debe existir una certeza sobre los hechos
objeto del procedimiento de amparo.

Sin embargo, la mayoría sentenciadora en el presente caso afirmó que el ciudadano R.O.R.
padece de “artritis reumatoide, que es una enfermedad inflamatoria crónica discapacitante y
progresiva con compromiso multisistémico de difícil manejo”, tomando en cuenta solo el
alegato esgrimido por la abogada M.G.R., incurriendo con ello en una contradicción procesal,
por cuanto se desecha, en primer lugar, la representación judicial que esta profesional aduce
tener y, luego, se toma como cierto, un alegato de dicha profesional del Derecho que no probó.
De modo que, quien aquí disiente considera que la disentida debió limitarse a declarar solo la
inadmisión de la acción de amparo constitucional y no dar por cierto un hecho no probado, esto
es, que el ciudadano R.O.R. tiene una enfermedad que amerite, por lo que no era permitido en
derecho que esta Sala ordenase –igualmente en forma contradictoria- a la Corte de Apelaciones
del Circuito Judicial Penal del Estado Mérida que indague, sustancie y se pronuncie de nuevo
sobre la admisión de la presente acción de amparo constitucional, que, en definitiva, fue
declarada inadmisible conforme con lo señalado en el artículo 133.3 de la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia.

Queda en los términos expuestos el criterio de la Magistrada disidente.

En Caracas a la fecha ut supra.

La Presidenta,

GLADYS M. GUTIÉRREZ ALVARADO

Vicepresidente,

A.D.J.D.R.

Los Magistrados,

CARMEN ZULETA DE MERCHÁN


Disidente

JUAN JOSÉ MENDOZA JOVER

CALIXTO ANTONIO ORTEGA RÍOS

LUIS FERNANDO DAMIANI BUSTILLOS

LOURDES BENICIA SUÁREZ ANDERSON

Ponente

El Secretario,

José Leonardo Requena Cabello

V.S. Exp.- 16-0306

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