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MEDITACIONES SOBRE LA FE

Este libro comienza enseñándonos que la fe, en primer lugar es una virtud teologal,
la fe en el nuevo testamento es la repuesta del hombre a la revelación de Dios en
Jesucristo, la fe es adherirse a la persona de cristo, de nuestro maestro, señor y amigo.
Todo lo que recibimos de Dios es pura gracia por lo tanto la fe es una gracia de Dios, la fe
nos hace ver a Dios en todas las cosas de nuestro entorno, un claro ejemplo de fe es san
francisco.

Adherirse a cristo es dejar todo aquello que nos esclaviza, es entregarnos totalmente
al él. Es unir nuestra voluntad con su voluntad, es este el punto donde consideramos a
cristo como único Dios y señor; puesto que nadie puede servir a dos señores, (MT. 6, 24)
con uno queda bien y deja mal al otro, ama a uno y al otro lo odia, por eso adherirse a
cristo es tenerlo como el único Dios. Nos dice que uno de los principales o el dios al que
muchas veces seguimos es el dinero, o riquezas y no somos capases de despojarnos de
eso que nos separa de cristo.

La fe como apoyo en cristo y abandono en él. Dios ve maravillado el milagro de la fe


humana, y, sobre todo, de esa confiada fe infantil que se manifiesta en la entrega de todo:
asiendo analogía a un niño que estando en un extremo su madre y al otro extremo su
madre y uno de ellos lo suelta para ir con el otro el niño en su inocencia confía en que
cuando llega con alguno de ellos lo sostendrá. A si pues el abandono en cristo es confiar
plenamente en que siempre nos sostendrá, en todo momento. No hay otro camino para
alcanzar la paz, que un pleno abandono a la voluntad de Él, es decir, a su amor.

La fe la podemos comprender también como el reconocimiento de la propia


incapacidad y el esperar todo de Dios, se refiere al llegar al grado de despojarnos de todo
(soberbia) de llegar a sentirnos incapaces de realizar algo por nuestra propia cuenta, es ahí
el punto donde encontramos nuestra fe en Dios, nuestra confianza en que todo lo podemos
con El, y que Dios nos da lo que necesitamos.

María nos enseña una fe plena: un primer momento es la visita del ángel Gabriel,
María dice si al proyecto de Dios sin saber que le esperaba pero se abandona a la voluntad
de Dios, después de eso la vida de María cambio, otro momento de fe cuando Jesús se
pierde en el templo, la fe de María llega hasta la muerte de Jesús en la cruz.

Para poder recibir de Dios la fe, primero hay que despojarnos de nosotros mismo de
todo aquello que nos ata y no nos deja estar cerca de él, necesitamos alejarnos de todo,
irnos a nuestro desierto, a estar solo, a orar, ese desierto es nuestro propio corazón, para
así poder hacer una mirada introspectiva en nosotros mismo y quitar todo aquello que no
es bueno para nosotros y que no nos permite acoger la fe que Dios nos da como un don.

La fe nos da un sentimiento de seguridad y de paz.