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LA RESPONSABILIDAD CIVIL

Entendemos por Responsabilidad Civil a aquella institución creada con la


finalidad de reparar o resarcir los daños causados por terceros. En efecto, la sanción
jurídica de la conducta dañosa consiste en sujetar al autor a una responsabilidad que se
traduce en una obligación de indemnizar. Similar opinión emite Alterini (1981), para
quien la Responsabilidad Civil encierra una obligación que tiene como objeto una
prestación impuesta al responsable del daño injusto. Una definición mucho más
completa que nos parece conveniente citar es la que brinda Morales (1991), cuando dice
"(…) es así que consideramos a la Responsabilidad Civil como el conjunto de principios
que pretenden responder al problema de los daños causados por terceros, intentando
satisfacer a la víctima lo más ampliamente posible, con el fin de reparar el daño sufrido
patrimonial o extra patrimonialmente".

Podemos observar entonces como principales rasgos del Instituto de la


Responsabilidad Civil, los siguientes:

- Su finalidad esencial es reparar todas las consecuencias del daño.


- Este daño objeto de reparación debe ser ocasionado por un tercero pues sería
ilógico hablar de Responsabilidad Civil por hecho propio.
-El perjuicio puede haber sido realizado ya sea en el campo patrimonial o
extrapatrimonial de la víctima.
-Finalmente, los principios de la Responsabilidad Civil deben ser reconocidos
necesariamente en el Derecho Positivo.

Lo contractual y lo extracontractual
Normalmente llamamos Responsabilidad Civil Contractual a aquel tipo de
Responsabilidad que tiene como fuente primigenia al contrato. Es decir, se refiere a los
daños causados por el incumplimiento de obligaciones convencionales; suponiendo la
previa existencia de una obligación concreta y específica a partir de la convención de las
partes y que resulta violada por una de ellas.

Así, el deber de indemnizar deriva de otro deber preciso; el deber, infringido por
una de las partes, de cumplir lo pactado. Un contrato establece una relación jurídica
generadora de obligaciones para los contratantes, si uno de ellos incumple las
obligaciones que le incumben, las ejecuta tardía o defectuosamente queda obligado
correlativamente a indemnizar a los demás por los daños y perjuicios que hubiere
ocasionado.

En cambio, conocemos como Responsabilidad Extracontractual a la producida


no por la violación de una obligación concreta sino por la violación del deber jurídico
neminem laedere de "no dañar". Se produce en el desarrollo de cualquier actividad
humana, al margen de toda relación jurídica convencional entre agente o víctima. La
obligación de indemnizar surge de la sola producción del evento dañoso, el mismo que
nace cuando una persona infringe las normas básicas y generales de respeto a los demás,
impuestas por la convivencia. Por ejemplo: Un chofer que atropella a un peatón por
manejar imprudentemente, un empresario que causa daño a toda una comunidad por la
emanación de gases tóxicos de su fábrica o la negligencia en la prestación de servicios
de salud por parte de un médico o de alguna Institt1ción Sanitaria; todos estos efectivos
supuestos de la explicada Responsabilidad Extracontractual.

La Responsabilidad Extracontractual recibe otras denominaciones por parte de la


doctrina. Una de las más conocidas es la de Responsabilidad Delictual entendiéndola
como proveniente de un Acto Ilícito.

Este término resulta un tanto contradictorio si tomamos en cuenta que existen


actos lícitos que generan daños y que también originan obligación de indemnizar, tal
como dice Borda (1959): "Entre la masa heterogénea y vastísima de hechos de los
cuales surge responsabilidad extracontractual, hay que destacar dos categorías
fácilmente diferenciables, los hechos ilícitos propiamente dichos y los hechos no ilícitos
o neutros".

Otros conocen a la Responsabilidad Extracontractual bajo la denominación


romana de Responsabilidad Aquiliana, entendiendo su origen en la famosa Lex Aquilia.
Esto es bastante discutible si tomamos en cuenta, tal como dice De Trazegnies (1991),
que el Derecho Romano no tuvo un principio general y abstracto de responsabilidad
aplicable "erga homnes". Los romanos se limitaban a conceder indemnizaciones para
casos sumamente particulares. En Roma pues, la responsabilidad no fue una institución
jurídica, tal como la entendemos ahora, fue sólo un beneficio otorgado por quien
administraba justicia para casos específicos ante la presencia de un perjuicio. La
Responsabilidad Extracontractual tiene entonces un origen reciente, es nacida de la
modernidad.

Los sistemas de responsabilidad civil

Convencionalmente los sistemas varían según se utilice el concepto de CULPA


o el de DAÑO como eje del cual deriva la responsabilidad del causante.

Expliquemos esto con un ejemplo muy simple: A que conduce su auto con toda
normalidad atropella a B que cruzaba la calle distraídamente.

Si tomamos corno eje de la responsabilidad a la CULPA, diremos que A no es


culpable del atropello pues manejaba con suficiente diligencia, por lo tanto B tendría
que correr con las consecuencias del hecho de no actuar con el debido cuidado.
Hablamos entonces de un Sistema de Responsabilidad Subjetiva.

En cambio, si utilizamos como centro de determinación al DAÑO nos


remitiremos a un análisis objetivo, en el que se examinaran las circunstancias del hecho,
la naturaleza de la actividad, la peligrosidad o el riesgo que estas encierran o el porqué
de la tolerancia de la sociedad ante estas actuaciones que evidencian posibilidad de
daños. Estamos aquí ante la presencia de las Teorías Objetivas de la Responsabilidad,
las cuales pueden dividirse en dos subclases a saber:
- La Teoría de la Responsabilidad Objetiva propiamente dicha, en la que según
el análisis objetivo de las circunstancias podrá responsabilizarse no sólo al chofer sino
inclusive al propietario del vehículo.

- Teoría de la Difusión Social del Riesgo: La cual encuentra responsabilidad en


la sociedad misma por permitir estos riesgos en vez de limitarlos o eliminarlos,
tolerancia que se fundamenta en mayores beneficios para la sociedad, la que por lo tanto
deberá responder por los daños causados en el ejercicio de estas actividades.

Las diferencias sustanciales y legales

Una parte de la doctrina lejos de las regulaciones positivas, considera existente


ciertas diferencias de orden sustancial entre los dos sistemas de responsabilidad, aunque
dichas diferencias no sean radicales, ni tangencialmente apreciables son después de todo
punto de vista para la investigación. Así:

- En el trato previo y en la intencionalidad: En la responsabilidad contractual


las dos partes involucradas en el daño, causante y víctima, han tenido un trato previo, lo
cual significa que se han vinculado en busca de ciertos fines voluntariamente. Su
reunión no es casual por lo tanto tenemos una situación en la que predomina el elemento
voluntad. A su vez esta voluntad se encuentra documentada de alguna manera, no
necesariamente se tratara de un documento escrito, basta solo con una manifestación
verbal y bajo la forma que estuviese expresada.

En cambio en la responsabilidad extracontractual el acuerdo previo entre víctima


y agente no existe, menos hay una intencionalidad de relacionarse y tampoco texto
representativo de un acuerdo. Aquí es la voluntad unilateral (acto ilícito) o el azar
combinado con una intencionalidad social (accidente) lo que conforma la situación
lesiva.

- En la actitud del juzgamiento: La posición del Juez ante uno y otro caso es
diferente; en efecto, en las Relaciones Contractuales las posibilidades de probanza son
por lo general bastante efectivas, la presencia de documentos que acreditan la voluntad
de las partes son algo común en dicho ámbito. ·Así ante la existencia de estos la falta
susceptible de responsabilidad será la infracción de una cláusula de dicho documento,
pero si este no existe el Juez se enfrenta normalmente ante una incertidumbre peligrosa
y corno en los casos de responsabilidad extracontractual, por esencia se carece de
cualquier tipo de documentos al no existir previa relación el Juez deberá determinar
primero si tal situación es dañina o no, si existe falta o negligencia del causante en caso
se coloque bajo los presupuestos de la Teoría de la Culpa o determinar cuál es la
conducta dañosa que obliga a indemnizar independientemente de la culpa. El Juez se ve
inmerso aquí en una serie de interpretaciones de sus propias convicciones que deben
estar en contacto con las diferentes corrientes de Responsabilidad.

La indefinición del Juez por tanto es mayor en los casos de responsabilidad


extra-contractual pues no puede comparar el texto con los hechos. Sucede que mientras
un Juez que conoce de un caso de Responsabilidad Contractual tiende a ser más severo
y a resarcir de manera más efectiva el daño, en la Responsabilidades Extracontractual el
Juez piensa en como probar convenientemente el daño a la víctima y como resarcirla
temeroso de equivocarse. Sin embargo pese a estas relativas diferencias es difícil la
distinción entre las responsabilidades cuando nos encontramos ante "Situaciones
Limítrofes'''. Tal es el caso de los daños que ocurren dentro de una relación laboral o los
sucedidos en el ejercicio de la profesión médica o los ocasionados por productos
defectuosos.

Finalmente es bueno notar tal como dice MORALES (1991) una diferencia
referida al contexto del cual surge la obligación de reparar. Este contexto es un factor
sustancial que tiende a desplazar la responsabilidad civil contractual hacia una tendencia
más objetiva mientras que a la responsabilidad civil extracontractual hace una visión
más subjetiva.

Tratamiento legislativo

Diferentes legislaciones regulan sus sistemas de responsabilidad bajo


irreductibles diferencias de régimen entre uno y otro orden.

Alterini y López Cabana (1989), dicen al respecto:

"Cuando se encare el tema de la unificación de la responsabilidad civil


superando la división de las áreas contractual y extra-contractual en la que
tradicionalmente es separada se suele apuntar a consideraciones lege ferenda dando por
sentado que sus diferencias son poco menos que irreconciliables con el tratamiento
conjunto que se propugna".

Y si de diferencias lege ferenda se trata, la legislación civil peruana es un claro


ejemplo de trato diferenciado. Morales (1991), llama diferencias artificiosas a las
establecidas en el Código de 1984 puramente casuales que no derivan de una razón de
fondo que sustente la duplicidad legislativa". Estas diferencias radican en:

a) Indemnización: el artículo 1985 del Código Civil establece para la


Responsabilidad Contractual una Indemnización que engloba todas las consecuencias de
daño tanto mediatas como inmediatas; esto es, el daño emergente, el lucro cesante y el
daño moral. Mientras que para la Responsabilidad Contractual el artículo 1321 nos dice
que el resarcimiento comprende tanto el daño emergente como el lucro cesante en
cuanto sean consecuencias inmediata o directa de tal inejecución; es decir solo se
indemnizan las consecuencias inmediatas del daño.

b) Solidaridad: para la legislación nacional los autores de un daño objeto de


responsabilidad extracontractual responderán solidariamente (artículo 1983) pero si se
trata de responsabilidad contractual las cosas son distintas pues la solidaridad no está
mencionada por norma alguna de tal manera que solo quedaría remitimos al artículo
1183 del Libro de las Obligaciones, cuyo tenor establece: "La solidaridad no se presume
solo la Ley o el Titulo de la Obligación lo establece en forma expresa". En pocas
palabras el perjudicado se encuentra en desventaja ante los deudores que infringen un
daño con notación del incumplimiento de un contrato pues su responsabilidad solo sería
mancomunada.

c) Daño a la Persona y Daño Moral: El artículo 1985 concerniente a la


responsabilidad extra-contractual establece que al valorar el daño también se deberá
considerar el daño moral (daño en sentido afectivo o sentimental) y el daño a la persona
(categoría más general que implica na violación de derechos personales que pone en
juego el destino de la vida de una persona) mientras el artículo 1322 alude solo al daño
moral al tratarse de la Responsabilidad Contractual.

d) Carga de la Prueba: Tal como se desprende del artículo 1969 sobre


responsabilidad extra-contractual y de los artículos 1329, 1330 y 1331 relativos a la
Responsabilidad contractual podemos inferir en el primer campo el legislador otorga
mayor facilidad a la víctima para acreditar el daño que en el contractual.

e) Prescripción: El código señala para la Responsabilidad contractual un plazo


de prescripción de 10 años (artículo 2001) y para la Responsabilidad Extracontractual
de 2 años (artículo 2001); como vemos se beneficia a la víctima del incumplimiento
contractual.

f) Mora: la indemnización en el ámbito de la Responsabilidad Extracontractual


devenga intereses automáticamente (mora ex-re) desde la fecha en que se produjo el
daño, a diferencia de la responsabilidad contractual para la cual es necesario que se
intime en mora al deudor (mora ex-personae) para que recién corra los intereses, caso
contrario según el artículo 1333 este efecto no se dará.

RESPONSABILIDAD CIVIL PRE-CONTRACTUAL

Cabanellas (2006), la define como “la que resulta de la ruptura intempestiva de


las negociaciones contractuales o de otras conductas antijurídicas realizadas en el curso
de tales negociaciones”.

Para Bianca (2007), la responsabilidad precontractual “indica la responsabilidad


por lesión de la libertad negocial ajena, que se puede presentar por la concurrencia de un
comportamiento doloso o culposo, o también, por la inobservancia del precepto de
buena fe”.

Por su lado, Roppo (2009), de forma escueta, delimita la responsabilidad


precontractual estableciendo que existen comportamientos que se pueden apreciar en las
tratativas previas al contrato y que estos “comportamientos ligados a la formación de un
contrato pueden provocar daños y crear responsabilidad hacia el dañado”.

Existen también, posturas que evitan brindar una noción propia sobre la
responsabilidad precontractual y se limitan a señalar una norma positiva para enfocar su
campo de aplicación, sin embargo, esta negativa a la definición no aleja a los autores de
profundizar sobre las características de la responsabilidad precontractual y sus supuestos
de aplicación.

Delimitada el área de aplicación, corresponde establecer las principales


características, así tenemos: existencia de un comportamiento, la presencia de un daño y
la inobservancia o violación de un deber de comportamiento en la etapa precontractual.

1. Debemos considerar que, en la responsabilidad precontractual siempre va


existir un comportamiento, que se puede materializar en un actuar o en una omisión,
desarrollado por alguna de las partes que entran en negociaciones o tratativas; puesto
que el hecho de un tercero, que lleve a generar un daño en esta etapa, no deberá ser
entendida en el ámbito de la responsabilidad precontractual (ej. Un tercero ajeno a las
negociaciones, quien a través de un comportamiento propio (sea culposo o doloso)
genera la destrucción del bien, respecto del cual se está negociando).

El comportamiento que las partes efectúen, a su vez, puede ser doloso en tanto
se observa un dolo omisivo en la violación del deber de información, que finalmente sea
la fuente generadora de un contrato desfavorable para una de las partes, o en la nulidad
del contrato.

2. Presencia de un daño resarcible, que además debe de estar debidamente


probado y acreditado por parte de quien cree lo ha recibido. Dicho daño debe provenir
del actuar de la parte contraria; sea en el entendido del apartamiento injustificado de las
negociaciones, por la celebración de un contrato inválido, etc.

El daño, valga la aclaración, deberá también tener un reconocimiento a nivel


normativo para que el aparato legal pueda hacer frente al resarcimiento del mismo.

3. La violación de un deber precontractual, que importa las directrices básicas


sobre las cuales debe de girar toda negociación, y esto lo entendemos así, por cuanto
siempre se busca el equilibrio de posiciones con miras a un contrato justo y en
concordancia con los intereses de cada parte tratante. Por lo que, se han ido
reconociendo y desarrollando ciertos deberes precontractuales, a los cuales las partes
están ligadas e impulsadas a su cumplimiento. Mereciendo el reconocimiento de un
elenco de comportamientos observables en la etapa de negociación, los cuales pueden –
o no– ser reconocidos en la legislación.

De las características descritas, podemos esbozar una definición final sobre la


responsabilidad precontractual: “la responsabilidad precontractual es aquella que busca
resarcir el daño ocasionado por el quebrantamiento de un deber precontractual –éste
daño se puede verificar en la etapa de las negociaciones, o con posterioridad a ella– por
el actuar doloso o culposo de una de las partes tratantes.”
HIPÓTESIS QUE DAN ORIGEN A LA RESPONSABILIDAD PRECONTRACTUAL

Sobre este tema, existe en doctrina, diversos supuestos que sirven para poder
enfocar de mejor manera, los criterios bajo los cuales se deben desarrollar los supuestos
que presenta la responsabilidad precontractual. A saber:

Los deberes precontractuales que las partes se deben, buscan prevenir diversos
tipos de situaciones dañosas, susceptibles de verificarse cuando algún deber sea violado:
estos son la ruptura injustificada de las tratativas, el conocimiento de una causal de
invalidez o ineficacia, la celebración de un contrato no conveniente o perjudicial para
una de las partes y los daños sufridos a los bienes y/o derechos de una de las partes
producto de la negligencia o el dolo de la contraparte. Los cuales desarrollaremos a
continuación.

 Ruptura injustificada de las tratativas.- Este supuesto de responsabilidad


civil, se enmarca propiamente en la decisión que una parte toma, de ya no
continuar con la negociación o de desistirse a concluir con el contrato. Al
margen de ser, el supuesto más conocido y estudiado de la teoría de la
responsabilidad precontractual, es también el más representativo, pues busca
el resarcimiento por parte de aquel que sin justa razón ha abandonado las
tratativas, aunque es preciso aclarar que el solo alejamiento no constituye un
acto ilícito, como enseña el maestro italiano Roppo (2009): “la ruptura de
una tratativa no es de por sí ilícita, siendo manifestación de la libertad
contractual: solo con la celebración del contrato el vínculo remplaza a la
libertad”.
Entonces, el solo alejamiento de las negociaciones o tratativas no es
suficiente para que se configure la responsabilidad precontractual, sino que
se requiere de dos requisitos o condiciones: el primero de estos tiene que ver
con la confianza que una de las partes ha generado en la otra sobre la
conclusión del contrato, pues para que exista el quebrantamiento de éste
deber precontractual, es necesario que una de las partes haya generado en la
otra, una confianza tal, que le permita creer que las negociaciones arribaran a
la celebración de un contrato. Es decir, si solo existe la visión de una
probable negociación o que esta sea ilusoria para una o ambas partes, no se
tendría porque exigírsele una reparación al que se aleja.
La confianza a la que nos referimos entonces, puede “fundarse en el hecho
de que la tratativa está ya avanzadísima, porque se ha llegado al acuerdo
sobre casi todos los puntos; o en una fase menos avanzada, en las
seguridades dadas por la parte que después en cambio romperá”. El otro
requisito que debe estar presente para que se pueda configurar el supuesto de
ruptura injustificada de las tratativas, viene a ser la falta de descargo por el
alejamiento intempestivo, pues solamente, si existe una razón fundamentada
para el alejamiento no habrá responsabilidad. Esta falta de justificación de la
razón del alejamiento, es considerado como “externa a la esfera del que se
retira”; por lo que consideramos que solamente podrás retirarte de una
negociación o interrumpir la misma, si existe una causa ajena a tu voluntad,
que te obligue a dar un paso al costado, y ésta causa a su vez, debe de ser
concisa y clara, ya que la ambigüedad en la razón debe de ser tomada como
un hecho culposo de la parte tratante, por la preparación o investigación en el
inicio o desarrollo de las negociaciones.
 Conocimiento de la causal de invalidez o ineficacia.- Otro supuesto que
lleva consigo la responsabilidad precontractual, es aquella en la que una de
las partes teniendo conocimiento de una causa de invalidez o ineficacia –que
manchara el futuro contrato–, omite comunicar a la otra; dejando que se
realicen las tratativas sobre la base de un vicio que a la larga terminará con la
invalidez parcial o total del negocio.
Éste error, por otro lado, puede ser cometido por el que emite la propuesto u
oferta, quedando la otra parte en posición de conocerlo o no; pero, si esta
otra parte llegase a conocer el error y no la comunicara al errans, también se
configuraría el supuesto que venimos desarrollando El daño que surge por la
infructífera negociación, debe ser reparado por la parte que dejo que su
contraparte actúe en error, y si bien, este segundo supuesto, se condice con el
deber de información, es vinculado más al quebrantamiento del deber
precontractual de lealtad, o en otras palabras: “deber de no frustrar la
confianza sobre el negocio”.
 Celebración de contrato no conveniente.- El tercer supuesto que nos
presenta la doctrina, es aquel, en el que, si bien se celebra un contrato válido
y eficaz, éste no resulta conveniente para una de las partes, a raíz del hecho
de la otra, quien actuando con dolo, de forma activa o pasiva, oculta
engañosamente información o comparte información errónea que provoca
que su contraparte caiga en error. Ésta información dejada de ofrecer u
ofrecida de forma engañosa o errónea, es tal que si hubiera sido dada, de
forma debida o correcta, no habría celebrado, o no habría celebrado con los
términos y condiciones con los que lo celebró. Este fenómeno, también
llamado, dolo incidental reside en el contenido del contrato, más que en la
forma, pues el error en el que una parte haga caer a la otra, no es tal que
pueda anular el negocio, pero si afectar de forma considerable el contenido
del contrato. Por lo que el daño a ser resarcido va a referirse al “perjuicio que
constituye la menor conveniencia del negocio; así, este daño se da por la
ventaja menor o por el mayor agravio económico que se sigue a la
determinación diferente del contrato, por defecto de la intervención dolosa”.
Es necesario precisar finalmente que este tipo de daño se vincula
predominantemente a la violación de los deberes informativos.
 Los daños sufridos a los bienes y/o derechos de las partes producto de la
negligencia o el dolo de la contraparte.- Como último supuesto a ser
desarrollado, esta aquel que, se enfoca en los daños sufridos por las partes en
la etapa de la negociación, en sus esferas personales o patrimoniales, esto es,
que si durante el desenvolvimiento de las tratativas, una de las partes, con
dolo o culpa genera un daño a la otra, estará por lo mismo a resarcir éstos
daños. A modo de ejemplo, A y B, se encuentran envueltos en una
negociación para la futura transferencia de una casa, B –comprador–, acude a
inspeccionar y observar el estado de conservación en el que se encuentra el
bien objeto de las negociaciones, A –vendedor– se encuentra en plena
remodelación de varios ambientes. Por negligencia de A, se dejan esparcidos
diversos objetos contundentes a lo largo de la casa, uno de los cuales, hiere a
B cuando se encuentra dentro del bien. Es lógico pensar que, lo correcto es
que si se generan daños entre los tratantes, ya sea en un aspecto personal,
como en un aspecto patrimonial, existe la obligación de resarcir.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

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ROPPO, Vincenzo. (2009). El Contrato, traducción a cura de Eugenia Ariano


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