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Mecanismos disciplinarios, biopoder, resistencia, drogas y discurso médico.

En este capítulo se buscará examinar la analítica del poder foucaultiana para utilizarla
como herramienta en el análisis de la situación actual de los psicoactivos en general y de
la mariguana en particular. El método político de Foucault resulta conveniente al
desarrollarse como una problematización de los modos en que los seres humanos nos
conviertimos en sujetos, esas prácticas divisorias, donde la escisión se da desde el sujeto
o desde los otros. El filósofo francés recuperaba la división entre el loco y el cuerdo, el
enfermo y el sano, los criminales y los buenos muchachos1, pero como se pretende
demostrar, sus ideas también son útiles en la discusión de la situación actual de ciertos
fármacos, donde se plantea la división entre usuarios legítmos e ilegítimos de drogas. La
lucha contra esa división farmacológica entraría en el tipo de lucha política contra lo que
liga al individuo a determinada identidad (el toxicómano) y lo somete a otros de esa
forma2.

La situación actual de la prohibición está en un punto límite, no se ha alcanzado un


verdadero fin de las políticas prohibicionistas, pero si existe un debate público al
respecto. Sin embargo éste se cierne sobre los juicios de valor acerca de los diferentes
tipos de consumos de psicoactivos y por lo tanto no hay un verdadero avance en la
libertad de las dietas farmacológicas ni en el compromiso de atacar de raíz el problema
del narcotráfico. Se sigue pensando al médico como el intermediario “científico” que
permite que un consumo de cualquier psicoactivo se convierta en “diabólico” o
“cristiano”3, dependiendo de la intervención del especialista titulado. Estableciendo un
juego de relaciones saber/poder que en primera instancia podrían parecer neutras, pero
que al negar la realidad de los consumos no médicos, establecen un terreno fértil para el
contrabando ya que la demanda de drogas no puede ser eliminada. Lo que se traduce en

1
Cfr. Foucault, M. (2001). Por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto. En H. L. Dreyfus, & P.
Rabinow, Michel Foucault: más allá del estructuralismo y la hermenéutica (pp. 241-249). Buenos Aires:
Ediciones Nueva Visión. p. 241
2
Ibid p. 245
3
Los términos remiten a los usos de plantas durante la edad media. Se podían utilizar plantas, siempre y
cuando los fines sean cristianos. Ahora se diría “se permite si el uso del psicoactivo tiene como fin la
terapéutica. Cfr. Escohotado, A. (2008). Historia general de las drogas. Madrid: Espasa Calpe.
el sinfín de problemas relacionados con la prohibición de la producción y el consumo de
ciertos fármacos.

Existen entonces relaciones de poder muy precisas que obstaculizan el proceso del fin de
las políticas prohibicionistas, por lo que es necesario señalarlas con miras a sortear los
obstáculos y las reminiscencias de la prohibición e iniciar una etapa de mayor madurez en
nuestras relaciones con las sustancias alteradoras del ánimo.

Buscando partir de un suelo conceptual común se iniciará con la descripción del concepto
general de poder como relación de fuerzas. Para poder describir el dispositivo saber-
poder, los mecanismos disciplinarios, el biopoder, sus vínculos y la posibilidad de la
resistencia, matizando los conceptos en su relación con el debate sobre los usos legítimos
e ilegítimos de drogas.

Poder

1.1 Relaciones de fuerza.

Michel Foucault piensa que la pregunta por el poder parte de un cómo y no de un qué del
poder. La razón es que para el filósofo francés el poder es un procedimiento más que una
sustancia, ya que no puede sostenerse por si mismo. El presupuesto del poder como
sustancia se da en nociones donde se piensa al poder como algo que se tiene o no se tiene,
como en la idea general de los dominados y los dominadores. Para Foucault la cosa en
tan sencilla, puesto que el poder designa un ámbito de relaciones de fuerza con efectos
múltiples4. El concepto señala una multiplicidad de relaciones y no tanto una unidad de
fuerza. Se desecha la idea de un poder fundamental5, en el caso de las drogas el análisis
no se centrará en la idea de una conspiración política detrás del proceso de
internacionalización de la prohibición, lo que se buscará serán ciertas relaciones de
fuerza.

4
Cfr. Foucault, M. (2006). Curso de 1977-1978 Seguridad, territorio y población. México: Fondo de
Cultura Económica. pp. 15,16 y Foucault, M. (2007). Curso de 1978-1979 Nacimiento de la biopolítica.
Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. p.218
5
Cfr. Foucault, M. (2001). ¿Cómo se ejerce el poder? In H. L. Dreyfus, Michel Foucault: más allá del
estructuralismo y la hermenéutica (pp. 249-258). Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. p. 252
Así que el desarrollo del concepto responde a una analítica del poder y no a una teoría
general, puesto que las relaciones de fuerza constituyen procesos. Dicha analítica es
explicitada en Historia de la Sexualidad I6 donde se establece que las relaciones de fuerza
tienen un carácter inmanente, es decir, un dominio determinado de aplicación, no son
universales, ni homogéneas. Remiten a luchas y confrontaciones, que no se reducen a un
efecto único, puesto que puede haber transformación, inversión o reforzamiento de las
relaciones de fuerza. Dependiendo del efecto pueden apoyarse para formar una cadena o
un sistema, pero también es posible la contradicción y el aislamiento.

El concepto de poder foucaultiano no remite a un agente omnipotente, ni omnisciente,


más bien remite a una heterogeneidad de relaciones. En ese sentido no es que se aplique
un poder que se tiene, sino que se aprovecha la posición que se tiene en el campo de
relaciones de fuerza. Aprovechamiento que es conciente e inconciente7 , la inteligibilidad
del campo de fuerzas nunca puede ser total, puesto que la posición del sujeto está
comprometida dentro de las relaciones de fuerza que quiere explicitar. No se trata
entonces de denunciar al médico como el opresor de los usuarios que no busquen la
terapia en sus consumos de psicoactivos, sino cuestionar el papel de la medicina que ha
tenido la disciplina médica en el establecimiento de dietas farmacológicas.

Las relaciones de poder penetran en el espesor de los cuerpos y este proceso no se


identifica con una interiorización conciente de las mismas por parte de los sujetos 8. De
ahí que el proceso de subjetivación del junkie9 responda a determinadas relaciones de
fuerza en las que se encuentra el consumo de determinadas sustancias y plantas, pero
también sirve de advertencia para no pensar que hay una total inteligibilidad y conciencia
de las relaciones de poder actuales en materia de drogas por parte de los médicos. No se

6
Cfr. Foucault, M. (1998). Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. México: Siglo XXI. pp. 112,
113
7
Cfr. Foucault, M. (2012). Precisiones sobre el poder: respuesta a algunas críticas. En M. Foucault, El
poder, unas bestia magnífica (pp. 113-124). Buenos Aires: Siglo XXI. pp. 117, 119 y Foucault, M. (2012).
El poder, una bestia magnífica. En M. Foucault, El poder, una bestia magnífica (pp. 29-46). Buenos Aires:
Siglo XXI. p.42
8
Cfr. Foucault, M. (1980). Las relaciones de poder penetran los cuerpos. En M. Foucault, Microfísica del
poder (pp. 153-162). Madrid: Ediciones de la Piqueta. p. 156
9
Palabra utilizada en el argot callejero para referirse al adicto a las drogas cuya agenda se reduce al
consumo de determinada sustancia, por lo general heroína.
está diciendo que los médicos aprovechen su posición concientemente, sus cuerpos están
atravesados por relaciones de poder.

El ejercicio del poder no se reduce a la violencia o al consenso, lo que le interesa a


Foucault es analizar el poder como una estructura total de acciones dispuestas para
producir otro tipo de acciones, es decir, actúan sobre las acciones de los sujetos10. Como
ya se mencionaba no se buscan eliminar las relaciones entre el estamento médico y el
consumo de drogas, sino de redireccionar las relaciones entre los médicos y los usuarios.
Las relaciones de poder pueden ser entendidas como dirección de los sujetos y en ese
sentido se relacionan con la palabra gobierno. Gobernar es estructurar un campo posible
de acción sobre los otros11. Recuperando esa idea es importante aclarar que la apuesta de
la presente investigación no es la anarquía farmacológica, sino proponer algunas líneas
para la posibilidad de un verdadero gobierno del consumo de psicoactivos.

Hay que recordar también que el concepto de poder foucaultiano remite a un plano
puramente nominalista. El filósofo de Poitiers reconoce que cuando habla de poder habla
del nombre que se le da a “una estrategia compleja en una sociedad dada” 12 . Dentro de
esa “estrategia compleja”, de ese proceso de luchas y enfrentamiento, se encuentra el
cuerpo, que al estar inmerso en el campo político, está dentro de ciertas relaciones de
poder13 diferentes y focalizadas, dependiendo de su propio dominio. Éstas pueden ser en
el ámbito económico, sexual, familiar, escolar o en materia de consumo de plantas y
sustancias psicoactivas.

1.2 Poder más allá de la represión.

Otro aspecto importante en la analítica del poder es que las relaciones de fuerza no
pueden reducirse a efectos represivos o de opresión. Ni a las relaciones Estado-
ciudadanos. Como ya se mencionó, existen dominios concretos de las relaciones de

10
Foucault, op., cit., ¿Cómo se ejerce el poder? p. 253
11
Ibid pp. 253, 254
12
Foucault, op., cit., Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. p. 113
13
Cfr. Foucault, M. (2005). Vigilar y Castigar. México: Siglo XXI. p. 32
fuerza que remiten a la focalización de ciertos micropoderes 14. El poder no sólo reprime
también puede explicitar una realidad visible y analítica, como los procesos de
subjetivación. Dentro de las relaciones de fuerza y sus constantes luchas que ahí se
insertan, hay un aspecto productivo y de reticulación de los sujetos 15. El poder no es un
decir prohibitivo, puede formar saber y verdad16 e influir en la conformación de
subjetividades. Un ejemplo histórico son las campañas de vacunación, ahí las relaciones
de poder no son prohibitivas, sino que forman un dispositivo donde confluyen elementos
del conocimiento microbiológico y de ciertas verdades sobre el cuerpo cuyo objetivo es
producir sujetos sanos.

En este punto se puede lanzar la cuestión de si el poder no se reduce a la represión o


dominación ¿Cómo analizar la represión y la dominación que se da en la esfera política?
No es que se nieguen las relaciones de poder de dominación o de opresión, sino que este
tipo de relaciones políticas son la cristalización de ciertas estrategias que resultaron
efectivas17 y que desembocaron en instituciones y prácticas de dominación. El problema
se agrava si se cae en la simplificación de las relaciones de poder entendiéndolas como
único resulta de una economía del poder desigual: dominadores con poder y dominados
sin poder. Hay todo un proceso de diferentes relaciones de fuerza, que actúa como causa
y no como efecto de dominación. En el caso particular de la relación médico y usuarios
no médicos de drogas, como ya se mencionaba líneas atrás, no se parte de una idea de las
relaciones de poder donde los médicos son los dominadores y los usuarios de drogas los
dominados, la situación no es tan simple.

En otras palabras, la oposición dominados-dominadores no es el principio, ni la matriz


general de las relaciones de poder, si dicha relación se reconoce en la realidad política es
como causa de la multiplicidad de dichas relaciones. Algunas de es estás conllevan
estrategias exitosas que sirven de soporte a efectos de escisión amplios en el cuerpo
social. La dominación sería el efecto hegemónico sostenido de homogenización de la
heterogeneidad de fuerzas, las relaciones son múltiples, pero dentro de ellas hay ciertas

14
Ibid pp. 33, 34
15
Ibid pp. 92, 110
16
La cuestión del dispositivo poder/saber/verdad será analizada en el siguiente apartado.
17
Foucault, op., cit., Historia de la sexualidad. La voluntad de saber.p.113
estrategias que buscan homogeneizar la multiplicidad de relaciones hasta que logra
cristalizarse y hacerse sentir en el cuerpo social como dominación. En este mismo punto
es importante señalar que si bien existe cierta intencionalidad dentro de las relaciones de
fuerza, no se puede hablar de decisiones subjetivas o personales18 puesto que como ya se
mencionaba, no es posible la exterioridad con respecto al campo de relaciones de poder.

Para ejemplificar lo expuesto en el párrafo anterior podemos retomar el tema que ocupa
la presente reflexión. Como se mencionaba párrafos atrás, la relación del estamento
médico y los usuarios sin fines terapéuticos de los psicoactivos no se basa únicamente en
la idea de dominados y dominadores. Antes de que se pueda hablar de esa relación, se
puede identificar a las políticas prohibicionistas como parte de una estrategia
homogenizante en cuanto a las relaciones que mantienen los seres humanos con los
psicoactivos, estrategia que buscaba un efecto sostenido de homogenización y que se
tradujo en una dominación, no sólo por parte del Estado, también por parte del crimen
organizado.

El poder no es entonces un conjunto de instituciones de sujeción, ni un modo de sujeción


por reglas. No es una dominación de un grupo o elemento social sobre otro. No remite a
una unidad global de dominación. El poder no se reduce a la ley, la prohibición, la
libertad o la soberanía. Estas formas tan identificadas con el concepto de poder,
constituyen lo que Foucault denomina “formas terminales del poder”19.

El problema reside en que al enfocarse en esas formas terminales, es muy fácil caer en
posiciones de todo o nada. De estar con los dominados o con lo dominadores. Una
imagen blanca y negra que no cuadra con la multiplicidad de tonos de las heterogéneas
relaciones de fuerza. El poder posee una capilaridad, su ejercicio es local y como punto
local de fuerza es conveniente analizarlo más que como unidad global de dominación20.
Las relaciones de poder son específicas, tienen su configuración propia21. Este punto
resalta en el análisis ya que justo de lo que se trata es de analizar el poder en su

18
Ibid p. 115
19
Ibid pp. 110, 112
20
Cfr. Foucault, M. (2000). Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica. pp. 36, 37
21 Foucault, op., cit., Las relaciones de poder penetran los cuerpos. p.157
manifestación capilar, misma que se expresa en la relación del discurso médico y los
consumos no terapéuticos de drogas y cómo esa confusión de la labor médica, sobre todo
en el aspecto ideológico, sigue obstaculizando políticas que permitieran una verdadera
regulación de los fármacos hasta hoy prohibidos.

A nivel histórico el poder ha sido analizado en su forma puramente jurídica, aspecto que
hereda de la constitución del concepto dentro de un marco político monárquico. Puesto
que para la monarquía, el derecho era su forma de aceptabilidad social. El poder como
arreglo del derecho fue la forma que heredó el pensamiento político occidental para
inteligir todas las relaciones de poder22 . Forma muy limitada de análisis que no considera
un aspecto capital: el poder produce realidad, produce campos de objetos y rituales de
verdad23 . Se olvida esa relación tan importante para Michel Foucault entre saber, poder y
verdad, cuando se parte de la idea del poder como un concepto que se agota en su
fundamentación jurídica o de la idea de la “verdad” como un ideal ajeno a las relaciones
de poder. La separación entre usos legítimos e ilegítimos de psicoactivos con una
justificación en el saber médico no parte de la supuesta neutralidad científica, sino que
hay relaciones de poder dentro de la constitución de ese saber y su relación con los
consumidores que vale la pena analizar.

El dominio de la política no puede ser reducido a la cuestión jurídica, las relaciones de


poder se encuentran en diferentes dominios dentro de las sociedades dadas24, está
inmanencia a una sociedad particular es importante. No es el mismo conjunto de
relaciones de fuerzas existentes entorno al cannabis entre los médicos norteamericanos en
California, quiénes reconocen la necesidad de regular no sólo los usos médicos, sino
todos los usos del cannabis25 y los médicos mexicanos26 quiénes consideran sus
posiciones muy avanzadas al reconocer los usos médicos de la planta27.

22
Foucault, op., cit., Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. pp. 106, 108
23
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. p. 198
24 Foucault, op., cit., Las relaciones de poder penetran los cuerpos. p. 158
25 California Medical Association. (25 de Octubre de 2011). Cannabis and the regulatory void. Recuperado

el 12 de mayo de 2016 de California Medical Association Net.: www.cmanet.org/files/pdf/news/cma-


cannabis-tac-white-paper-101411.pdf
26
Cfr. De la Fuente, J. R. (2015). Marihuana y salud. México: Fondo de Cultura Económica.
27 Un análisis más detalla del texto Marihuana y salud y de la posición de la Asociación Médica de

California se presentará en los capítulos III y IV.


Con Foucault podemos decir que todo es político, hay una omnipresencia de las
relaciones de fuerza y su inmanencia a diferentes campos políticos. La importancia de la
herramientas que presenta Michel Foucault recaer en la posibilidad de desembrollar la
madeja de relaciones de fuerza en una sociedad para poder plantear nuevos esquemas de
politización. A grandes técnicas de poder (economías multinacionales, Estados
burocráticos) es necesario oponer nuevas formas de politización, formas que no busquen
posturas u organizaciones ya hechas28. Por lo tanto es necesario el análisis de la
configuración saber/poder de la medicina y la prescripción de las dietas farmacológicas.

1.3 Poder, saber y verdad.

El ejercicio del poder en sus mecanismos más finos no puede ejercerse sin la formación y
la circulación de un saber. De ahí la importancia de orientar todo el análisis del poder
hacia los dispositivos del saber, para calcular las consecuencias de determinadas
relaciones de fuerza en un orden de saber específico29. En este caso se buscan las
relaciones del saber médico y su posición acerca de los consumos no terapéuticos de
plantas y sustancias psicoactivas

No es la actividad del sujeto la que produce saber que puede ser útil o que puede luchar
con determinado poder. Las relaciones de poder/saber determinan la forma y los
dominios posibles de conocimiento. El saber tiene una función de prolongación y
reforzamiento de los efectos del poder30.

Para validar dicha afirmación es posible ver la relación del saber médico con la historia
de la prohibición de las drogas. Ya desde finales del siglo XVIII el médico Benjamin31
Rush, firmante de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, concebía a su
saber cómo la nueva guía de la conciencia de la humanidad y concretamente al médico
como aquel capaz de erradicar vicios, su labor era necesaria y por supuesto que tendría
resistencias, mismas que el médico podría superar. Está idea se hereda hasta principios
del siglo XX cuando en los mismos Estados Unidos inicia una campaña contra toda

28
Foucault, op., cit., Las relaciones de poder penetran los cuerpos. p. 159
29
Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. p. 41, 42 y Foucault, op., cit., Seguridad,
territorio y población. p. 17
30
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. pp. 34, 36
31
Escohotado, op., cit., Historia general de las drogas. p. 497
ebriedad, puesto que se considera antinatural. Queda libre el uso médico ya que bajo la
tutela del médico la sustancia pierde su peligrosidad32. La condena del consumo de
sustancias se presentó como un esfuerzo sustentado en la ciencia, prolongando efectos de
poder de poder que no se agotaron en la prohibición del consumo, puesto que en su
carácter productivo devino en el proceso de subjetivación del usuario de drogas como el
enfermo, y en otros procesos como la institucionalización e internacionalización de la
campaña antidrogas, la figura de los narcotraficantes y la escalada de violencia que
padecemos producto de una política que buscaba el “bienestar” de la población mundial.
El saber no es neutral, está inserto en variadas relaciones de fuerza.

Cabe aquí nuevamente la aclaración que se hacía en el apartado anterior, los efectos de
poder no se reducen a la opresión y a la dominación, pueden cristalizarse en campos de
verdad. La verdad no con mayúsculas, sino la verdad como procedimiento que permite
depurar y emitir ciertos enunciados considerados como válidos33. El conjunto de reglas
con que se discrimina lo verdadero y lo falso y que liga efectos de poder34. Es decir el
proceso de verdad que se da al interior de las ciencias y las instituciones que las
sostienen: universidades, bibliotecas, centros de investigación y financiación etc.

El estamento médico parte de cierta idea de verdad neutral que no considera las
relaciones de poder detrás de su saber en el establecimiento de dietas farmacológicas, ese
aspecto fue capital en la constitución y fundamentación del discurso prohibicionista.
Actualmente cuando se empieza a cobrar conciencia del error de la política, vuelve a
aparecer ciertos discursos donde se piensa al médico como el árbitro que da o quita
legitimidad a las distintas formas e intencionalidades del uso de sustancias alteradoras del
ánimo.

El objeto de las luchas debe centrarse en los efectos de poder35. No se busca una esfera de
independencia total entre médicos y usuarios de drogas, sino desembrollar las relaciones
de fuerza que plantean un control excesivo de los cuerpos, su salud, su vida y su muerte.

32
Ibid p. 606, 607
33
Cfr. Foucault, M. (2012). Poder y saber. En M. Foucault, El poder, una bestia magnífica (pp. 67-86).
Buenos Aires: Siglo XXI. p. 77
34
Cfr. Foucault, M. (1980). Verdad y poder. en M. Foucault, Microfísica del poder (pp. 175-189). Madrid:
Ediciones de la Piqueta. p. 187
35
Foucault, op., cit., Por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto. p. 244
También se debe luchar contra los privilegios del saber que nace de los efectos del poder
que en el caso del consumo de psicoactivos se materializa en la clasificación de enfermo
por consumir sustancias sin fines terapéuticos. Se trata en ese sentido de rechazar las
abstracciones de la violencia ideológica que nos ignora como individuos, pero también
rechazo a la determinación científica de lo que es cada uno. Atacar esa forma de poder
que funciona en la vida cotidiana y que hace asignarnos cierta identidad, cierta
individualidad36 que en el caso del usuario es la del toxicómano, la del enfermo.

Con lo anterior comienza a cobrar sentido la posibilidad de hacer inteligibles ciertas


relaciones de saber/poder/verdad que a primera vista parecen inexistentes al enfocarse en
formas de saber al parecer neutras37. Saber, técnicas y discursos científicos se pueden
entrelazar para formar un dispositivo de castigo. Castigo que no es pura opresión, sino
que busca una transformación de ciertas prácticas38, producción mediante corrección de
otro tipo de subjetividad, a partir de la relación saber/poder. Producción subjetiva que en
el caso de los psicoactivos busca exaltar la figura del hombre sobrio y racional, sobre el
enfermo consumidor de drogas, escondiendo aspectos importantes como la imposibilidad
de hablar de una sobriedad total que se viene a sumar a la falta de justificación de una
división entre usos “diabólicos” o “cristianos” de drogas.

Es necesario vincular la racionalización y el poder, no partiendo de la idea de la


racionalidad como un todo, sino con relación a un proceso que refiera a una experiencia
fundamental, Foucault habla de la locura, la enfermedad o la muerte 39 pero sin duda la
experiencia del usuario de drogas clasificado como toxicómano.

Esta relación entre saber/poder/verdad queda expuesta también en el análisis particular de


dos tipos de relaciones de fuerza: los mecanismos disciplinarios y lo que Foucault
denomina biopoder.

36
Ibid p.245
37
El discurso médico comos dispositivo saber/poder será analizado en la última parte de este texto.
38
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. p. 29
39 39 Foucault, op., cit., Por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto. p. 243
II

Mecanismos disciplinarios y biopoder: relación y resistencia.

2.1 Disciplina.

El poder disciplinario trabaja con el saber y no con la ley, es decir, sus mecanismos se
manifiestan dentro de relaciones de verdad, más que en ordenamientos jurídicos. Al
interior mismo los saberes es posible ejercer mecanismos disciplinarios, en otras
palabras, el conjunto de conocimientos que se ordena como disciplina justo se ordena
bajo normas disciplinarias. Con la disciplinarización de los saberes, nace la idea de la
Ciencia y de su distinción con respecto a otro tipo de saberes no disciplinados. La
disciplina opera entonces en dos niveles, primero como ordenadora de saberes y después
como ordenadora de cuerpos40 , desde la posición de un saber disciplinado que se aplica a
éstos.

La pregunta es ¿Cómo opera el ordenamiento de los saberes por medio de los


mecanismos disciplinarios? Antes de poder contestar a dicho problema es importante
ampliar la cuestión del saber. El saber se constituye al interior de ciertas positividades.
Positividad es el suelo previo, el juego de relaciones donde determinados elementos se
forman al interior de una práctica discursa (conceptos, objetos, estrategias, sujetos válidos
de enunciación)41. El saber es entonces “Conjunto de elementos formados de manera
regular por una práctica discursiva que son indispensables para constituir una ciencia,
pero no destinados a darle su lugar”42. El saber es aquello de lo que se puede hablar en
una práctica discursiva. El espacio en el que el sujeto puede tomar posición para hablar
de los objetos de su discurso43.

Los mecanismos disciplinarios ordenan el saber, estableciendo quién puede hablar, en


dónde puede hablar y de que objetos puede hablar y bajo que conceptos, puesto que
definen la posición de un sujeto enunciativo. Está operación la realizan los sujetos

40 Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. pp. 43, 44, 45, 170
41
Cfr. Foucault, M. (2010). La arqueología del saber. México: Siglo XXI. pp. 234, 235, 236
42
Ibid 237
43
Ídem
emplazados por la propia disciplina, no es un proceso que nazca puramente del sujeto,
pero tampoco se da sin un agente empírico.

Para realizarse, primero se seleccionan determinados enunciados para normalizarlos, es


decir, se busca acotar por medio de la prescripción, el señalamiento y la determinación
cuáles pertenecen efectivamente a su dominio de veridicción: a su dominio de conceptos,
objetos, estrategias teóricas. Después estos saberes son jerarquizados y centralizados, de
acuerdo a la forma que tenga la disciplina o la ciencia en cuestión para finalmente hacer
aceptable cierto dispositivo de saber/poder44.

La historia de la disciplina médica parte de la positividad de la salud y la enfermedad,


pero desde el siglo XVII cuando comienza su disciplinarización, buscando separarse de
las medicinas “tradicionales”. Esta separación se fundamenta en las relaciones que
mantiene con distintas ciencias formales, donde se incluyen enunciados de éstas en su
campo de acción y de veridicción, lo que se ha traducido en el dispositivo saber/poder de
la medicina, donde se incluye la problemática de los consumos ilegítimos de drogas si no
son supervisados por los licenciados en dicha materia.

Con ese saber/poder normalizado es posible aplicar técnicas disciplinarias sobre el cuerpo
para organizar todo un campo de visibilidad. A diferencia de la ley que prohíbe, la
disciplina se cristaliza en prescripciones45, ahí también su profunda relación con el
dispositivo de saber/poder médico. En materia de drogas ilegales, durante toda la
prohibición los cuerpos eran objeto de vigilancia y de una prescripción jurídico-médica.
Con el fin de la prohibición el campo de vigilancia puede quedar solo en manos de los
médicos, sí se parte de la idea de la intermediación del médico como forma legitimadora
del uso de las sustancias alteradoras del ánimo.

Los mecanismos disciplinarios operar en un ámbito de diferenciación a partir de una


norma, donde la relación normal/anormal juega un papel vital. Todo el aislamiento de
elementos, la clasificación, la coordinación y el enjuiciamiento se hace con miras a lograr
una partición entre lo normal y lo anormal. Lo normal como el modelo óptimo que se

44
Foucault, op., cit., Curso de 1977-1978 Seguridad, territorio y población. p.76
45
Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. p. 219
construye en función de determinado resultado que guía las diferenciaciones que realiza
el poder disciplinario.

A nivel del cuerpo, la disciplina realiza operaciones que sujetan las fuerzas de éste y le
imponen una relación de utilidad-docilidad. Organizando todo un espacio analítico del
cuerpo donde se busca enderezar ciertas conductas, no mediante la represión, sino más
bien mediante la producción de luchas y enfrentamientos que multiplican el poder
disciplinario y lo encausan en determinados intereses46.

Originalmente la prohibición de ciertos psicoactivos se presentó como una cruzada a


favor del “progreso social y económico de todos los pueblos”47 progreso que presuponía
la sobriedad como un aspecto necesario para la producción, es decir, entran en juego los
elementos de utilidad y docilidad. En materia de drogas, el mecanismo disciplinario
precede a la represión. Si bien se busca reprimir una conducta, esta represión del
consumo de algunas sustancias se sustentó en la producción de “verdades” acerca de los
psicoactivos, verdades apodícticas puesto que no era necesario partir de cierta
experiencia. El consumo, sin hacer diferencia de cantidades, contextos o historial del
usuario remitía a una toxicomanía, un problema social y económico que justificaba toda
una política internacional sobre dietas farmacológicas48. El mecanismo disciplinario fue
tan exitoso en fomentar la ignorancia y el estado policial de vigilancia que incluso en los
Estados Unidos hay casos donde niños, víctimas de una supuesta “educación sobre
drogas” denuncian a sus padres por posesión y consumo de sustancias ilícitas49

El poder disciplinario no es exactamente un poder represivo. Como se mencionaba líneas


atrás, lo que busca es crear conjuntos y comparaciones, que logren diferenciar a los
individuos. Buscando trazar la frontera externa con lo anormal, es un poder de
normación5051. En el artículo 38º de la Convención de 1961 se traza ese frontera desde el

46 Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. pp. 141,147,175


47
ONU. (1961). CONVENCIÓN ÚNICA DE 1961 SOBRE ESTUPEFACIENTES enmendada por el
Protocolo de 1972 de Modificación de la Convención Unica de 1961 sobre Estupefacientes. Recuperado el
17 de julio de 2015 de International Narcotics Control Board: https://www.incb.org/.../1961-
Convention/convention_1961_es.pdf
48
Ibid pp. 11, 13
49
Szasz, T. (1992). Nuestro derecho a las drogas. Madrid: Anagrama. pp. 130, 131, 137
50
Generar normas para distinguir entre normal y anormal.
51 Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. pp. 187-193
exterior, desde el emplazamiento del médico cuando establece que lo que se busca es
atacar el consumo indebido, donde todo uso indebido es todo uso no médico y todo
usuario que no busque la terapéutica, es un toxicómano y es necesario remitirlo a
rehabilitación por parte del saber médico52.

Los mecanismos disciplinarios se distinguen de los mecanismos de la pura exclusión,


puesto que la disciplina distingue individuos para ajustar la multiplicidad de ellos, pero
no los excluye. Lo anterior no significa que los dos tipos de relaciones de poder sean
incompatibles, las relaciones de fuerza son heterogéneas y también son así los vínculos
que forman5354. Con los usuarios de drogas se distingue la diferencia entre la pura
exclusión y los mecanismos disciplinarios, los usuarios necesitan ser reajustados más que
excluidos, porque son una especie de “enfermos”, aunque la categoría no esté justificada.

2.2 Biopoder.

La otra noción de mecanismo de poder es la referente al biopoder. Hay que recordar que
las relaciones de poder no son globales ni responden a cierta unidad, son inmanentes a un
dominio y tienen distintos procedimientos que las diferencia entre sí. Partiendo de este
punto es posible distinguir el biopoder de los mecanismos disciplinarios.

Si en los mecanismos disciplinarios hay un enfoque al cuerpo, constituyen una


anatomopolítica, existen otro tipo de relaciones donde lo importante no es el
hombre/cuerpo, sino el hombre/especie. En este tipo de poder el elemento de aplicación
no es el cuerpo, más bien el conjunto de la población constituirá el objeto del mecanismo
de poder55. Aquí se reconoce la otra cara de la prohibición como política de salud que se
justificaba como ya se mencionó, en una cruzada médico-científica con miras a lograr el
progreso social y económico de los pueblos, es decir, del conjunto de la población.

52
ONU, op., cit., CONVENCIÓN ÚNICA DE 1961 SOBRE ESTUPEFACIENTES enmendada por el
Protocolo de 1972 de Modificación de la Convención Unica de 1961 sobre Estupefacientes. p. 41
53
Si bien en este texto no se profundizará sobre los vínculos entre disciplina y exclusión si se considerarán
los vínculos entre poder disciplinario y biopoder.
54
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. pp. 202, 222
55
Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. p. 220 y Foucault, op., cit., Curso de 1977-
1978 Seguridad, territorio y población. p.63
Dentro del biopoder tampoco es posible encontrar una relación de pura represión, pero
tampoco está presente el problema de la normación que se encontraba en los mecanismos
de poder disciplinario. Ya no es la norma sino lo normal, y la norma se deduce de esa
normalidad. No hay normación, sino normalización. La norma sería un juego de
normalidades diferenciales. Hay una curva de normalidad que marca lo normal y lo
anormal56. Hay una inversión con respecto a la disciplina. En los mecanismos
disciplinarios la norma marca lo normal y lo anormal, en el biopoder la curva de
normalidad marcará la norma de lo normal y lo anormal, el punto entre seguridad e
inseguridad. En los discursos acerca de las sustancias prohibidas relacionados con los
mecanismos de biopoder se reconoce una curva de normalidad en cuanto al consumo de
ciertos psicoactivos principalmente azúcar y café y en menor medida con respecto al
tabaco y alcohol, se establece la norma que diferencia entre fármacos legales e ilegales,
entre fármacos seguros y fármacos inseguros.

¿Por qué introducir la cuestión de la seguridad y la inseguridad? Porque el biopoder se


cristaliza en dispositivos de seguridad y población. Hay que recordar que el punto nodal
del biopoder es una determinada población humana. El dispositivo de seguridad no
adopta la forma de la represión, en cambio busca circunscribir el fenómeno dentro de los
límites aceptables dentro de la curva de normalidad, dentro de un campo seguro. Sin
imponer la voluntad de unos sobre otros57. Dentro de la curva de normalidad de las
drogas en la mayoría de las sociedades, los fármacos legales responden a un régimen de
consumo que los mantiene en márgenes de aceptabilidad: fumar tabaco en ciertos
espacios privados o consumir alcohol sólo los fines de semana, pero también el consumo
de sustancias ilegales busca este estándar de aceptabilidad, que se reconoce cuando se
habla de fracasó en las políticas prohibitivas debido al aumento del consumo. El biopoder
al contrario de los mecanismos disciplinarios es inherente a una política de drogas, no
porque ciertas relaciones de biopoder existan en los regímenes prohibitivos no se puede
negar la necesidad de plantear parámetros de seguridad de población en cuanto a
consumos, pero estos parámetros deben congeniar con la libertad de los individuos.

56
Ibid pp. 83, 84
57
Ibid pp. 86, 87
Hay que reconocer la diferencia entre el gobierno de las poblaciones y el ejercicio de la
soberanía, ambas formas responden a economías de poder distintas. La población no tiene
una relación transparente con el soberano, no hay una reducción a la obediencia o a la
revuelta. En ese enfrentamiento intervienen distintos factores puesto que el concepto de
población se extiende desde lo biológico hasta la vida pública58. La población tiene la
posibilidad de ser un elemento activo en los mecanismos de biopoder, en este sentido,
algunas políticas de reducción de daños, constituyen un ejemplo de mecanismo de
biopoder que no comulga con la pura prohibición o con el mero ejercicio de la soberanía.

La soberanía es un fin cerrado sobre sí, que se materializa en la obediencia a la ley, en


cambio el gobierno tiene su fin en el manejo de las cosas, buscando el buen vivir59. Este
buen vivir no nace de la buena voluntad del gobernante, sino de la preocupación por la
población y su relación con las fuerzas productivas de determinada sociedad. El control y
cobertura de las actividades de los seres humanos se da porque esas actividades pueden
afectar el desarrollo de las fuerzas de un Estado, de ahí la preocupación por la salud
cotidiana de la población y de su buen vivir60. De ahí también la importancia de una
política de drogas posprohibicionista que reconozca el consumo de sustancias alteradoras
del ánimo sin fines terapéuticos como una actividad que necesita ser normalizada, puesto
que la prohibición ha dañado seriamente las fuerzas de varios Estados, sin duda el Estado
mexicano es prueba de esa descomposición política.

Pero no es posible reducir todo biopoder a un control de seguridad. Existen en las


sociedades liberales unas relaciones de fuerzas que se inserta en la biopolítica y el
biopoder y que se relacionan con la libertad. En este sentido, el liberalismo consume
libertad, necesita ciertas libertades para funcionar. Por lo que está obligado a producirlas
y organizarlas. Las produce pero las limita con el cálculo en materia de seguridad,
explotando el miedo y el peligro que se esconde en toda la vida cotidiana de los seres
humanos61. Durante la prohibición se ha explotado el miedo con relación al consumo de
ciertas plantas y cuerpos químicos, limitando la libertad en pos de la seguridad. Lo que se

58 Foucault, op., cit., Curso de 1977-1978 Seguridad, territorio y población. pp. 87,94,95,102
59
Ibid 107-138
60
Ibid pp. 370-373
61
Cfr. Foucault, M. (2007). Curso de 1978-1979 Nacimiento de la biopolítica. Buenos Aires: Fondo de
Cultura Económica. pp. 83, 87
debe buscar ahora es producir libertad en materia de consumo de psicoactivos, no basada
en el miedo, pero sí buscando un cálculo sobre seguridad que parta de la idea de que no
todo consumo no médico es problemático.

Con la recuperación de ciertos aspectos del biopoder y de los mecanismos disciplinarios


es posible pasar a los vínculos y encuentros entre la disciplina y el biopoder.

2.3 Vínculos entre las relaciones de fuerza

Las relaciones de fuerza del biopoder y de la disciplina pueden estar articuladas unas
sobre otras, sin que haya un proceso de exclusión o de fusión62. Hay ciertos saberes
donde se puede comprobar esa relación. Foucault expone el saber sobre la sexualidad
como punto de articulación entro lo disciplinario y lo regularizador63. La presente
investigación busca demostrar esa articulación en materia psicoactiva y su relación con
ciertos saberes formales.

Este juego de relaciones de poder se da al interior de la medicina: “La medicina es un


saber/ poder que se aplica, a la vez, sobre el cuerpo y sobre la población, sobre el
organismo y los procesos biológicos; que va a tener en consecuencia efectos
disciplinarios y regularizadores”64. En el caso del control de las dietas farmacológicas se
vislumbran ambos procesos, el control disciplinario del cuerpo y la justificación de la
necesidad de la intervención de ciertos sujetos que ejercen un saber/poder en el consumo
de psicoactivos para evitar un desastre a nivel de población.

Existen otro tipo de relaciones de fuerza donde quedan articulados los mecanismos
disciplinarios y la regularización del biopoder como es el poder pastoral. Si bien su
objeto no es la población, ni el cuerpo, sino las almas, es posible distinguir en esa
preocupación ciertos cuidados dirigidos al alma, materializados en el cuerpo y que tiene
por objetivo determinado bien común65. Este tipo de poder nace de la tradición judeo-

62 Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. p.226


63
Ibid p. 228
64
Ídem
65
Foucault, op., cit., Curso de 1977-1978 Seguridad, territorio y población. p.155-158
cristiana, con sus obvios matices y se hereda al saber contemporáneo por medio de la
medicina. La medicina, pero también la psiquiatría hereda el poder sobre las almas, poder
que se vuelve excesivo cuando busca controlar los apetitos farmacológicos de las
poblaciones.

El poder pastoral se ocupa del alma de los individuos en la medida en que la dirección del
alma implica una dirección permanente en la vida cotidiana. En ese sentido el médico y el
psiquiatra pueden ser pastores también66. De hecho ese sería su papel exclusivo, si se
sigue partiendo del uso indebido de psicoactivos como cualquier uso no médico, lo que
significaría un aumento del poder médico, en las sociedades hiper-medicalizadas de hoy.

Nuevamente es posible distinguir las relaciones de poder, del concepto jurídico del poder.
Ni el pastor, ni el médico son hombre de ley, más sin embargo son hombres de poder 67.
En ese sentido, si no se reconoce el derecho legítimo a explorar a la búsqueda de estados
alterados de conciencia y se trata de ejercer un control excesivo por parte del estamento
médico en los consumos no terapéuticos de psicoactivos se seguirá abriendo la puerta a la
ilegalidad, a los mercados negros, a las adulteraciones y a la escalada de criminalidad y
violencia que caracteriza a este tipo de mercado.

Aunque el poder pastoral no es un poder jurídico, si se reconocen ciertas características


de este en el ejercicio del poder estatal. El Estado moderno combina la estructura política
de técnicas de individuación y procedimientos de totalización68. Aunque el Estado no
justifica su poder pastoral en la salvación del alma, sino en la salud, el bienestar y la
seguridad de la población, ayudándose de empresas, asociaciones e instituciones como la
familia y la medicina69. En la política prohibicionista es innegable la práctica de cierto
poder pastoral contra el que hay que imponer nuevas formas de politización en materia de
consumo de sustancias alteradoras de la conciencia y el ánimo.

La organización del poder no responde a una sola relación de fuerzas, la heterogeneidad


de éstas permite diferentes procesos y articulaciones de las mismas. Sea el caso que sea,

66
Ibid pp. 171, 172, 185
67
Ibid p. 206
68
Foucault, op., cit., Por qué estudiar el poder: la cuestión del sujeto. p. 246
69
Ibid pp. 247, 248
cuando se unen los mecanismos disciplinarios del cuerpo y la biopolítica de la población
se dará una administración sobre la vida de los cuerpos y una gestión calculadora de la
vida de la población70. En cuanto a la regulación de sustancias y plantas psicoactivas la
administración sobre la vida de los cuerpos y la gestión de la vida de la población corren
el riesgo de basarse en concepciones sobre las drogas distorsionadas por la era
prohibicionista, época caracterizada por la suma ignorancia sobre el tema.

Los análisis sobre las relaciones de fuerza en Michel Foucautl abren la puerta para la
resistencia, tema en el que profundizará el siguiente apartado.

2.4 Resistencia

Es muy común escuchar comentarios sobre la anestesia política de los trabajos de Michel
Foucault por la imposibilidad de luchar contra el Poder (sí con mayúsculas). El problema
reside en que Foucault no está hablando de una unidad global de fuerza, sino de un
conjunto de relaciones inmanentes y heterogéneas.

En ese sentido, la resistencia es posible, puesto que ésta no es lo otro de las relaciones de
poder, es también relación de fuerzas que busca romper con las cristalizaciones
homogéneas que se dan en el plano de político real. La codificación estratégica de los
puntos de resistencia es lo que torna posible la posibilidad del cambio 71. Aquí reside la
importancia de retomar los conceptos de salud y enfermedad que se analizaban en el
primer capítulo. Desde la discusión de esos elementos que se dan por sentado en la
relación saber/poder entre médicos y usuarios de drogas es posible plantear elementos de
resistencia.

Si no hay exterioridad entre las técnicas del saber y las técnicas del poder, es necesario
partir de un foco local de saber-poder para poder realizar la codificación de los puntos
para la resistencia. Lo que se debe de evitar es pensar en términos de pura exclusión o de
aceptar ciertos enunciados solo porque vienen de determinado sujeto como el médico o el
psiquiatra. Los discursos son discontinuos e inestables, pueden apoyar al poder o resistir.
La resistencia no debe centrarse en lo prohibitivo, sino en la eficacia táctica de

70
Foucault, op., cit., Historia de la sexualidad. La voluntad de saber. p. 168
71
Ibid p. 117
determinados discursos72. Preguntarse por la justificación de la intervención médica en
los apetitos de la prohibición, cuestionar su base, es decir, su discurso acerca de la
enfermedad, de lo normal y de lo patológico y las relaciones de fuerza implicadas.

La crítica como resistencia no debe conducir a ciertas prescripciones políticas. Debe


servir para entablar luchas y procesos de conflicto. Entrar en juego con el dominio real de
relaciones de fuerza73. La lucha contra los micropoderes no es un todo o nada74, como lo
muestra la analítica del poder foucaultiana, la lucha es insertarla dentro del combate con
otras relaciones de fuerza. Por eso es importante contraponer resistencias locales, en las
relaciones de saber/poder que ejercen o que buscan ejercer ciertos segmentos del
estamento médico y psiquiátrico.

Hay que pensar en críticas locales sin pretensiones globales o totales. Si bien existen
saberes y discursos sometidos75, no significa que la resistencia se piense en términos de
dominados y dominadores. Aunque exista esa diferencia, los discursos y saberes
sometidos pueden entrar en lucha y actualizarse, puesto que no son contrarios ni
exteriores al poder, son poder también, es decir, son relaciones de fuerza activas. Es
menester comenzar a plantear discursos que hagan resistencia a los discursos y miedos
distorsionados por décadas de ignorancia prohibicionista.

La insurrección de los saberes sometidos contra los efectos de saber y poder del discurso
científico es la apuesta de una resistencia como relación de fuerzas. La pregunta en
relación con la medicina es qué sujeto de experiencia y saber quieren aminorar desde el
momento en que dicen “yo que emito ese discurso, emito un discurso científico y soy un
sabio”76. En el caso de las drogas, tal y como se veía en el análisis del primer capítulo, lo
que se busca aminorar es el discurso del usuario al considerarlo un enfermo y un incapaz
al tener el juicio nublado por los venenos psicoactivos.

III

72
Ibid pp. 119-124
73
Castro, E. (2012). Anestesia y parálisis: sobre la analítica foucaultiana del poder. En M. Foucault, El
poder, una bestia magnífica (pp. 15-24). Buenos Aires: Siglo XXI. p. 18
74
Foucault, op. cit., Vigilar y Castigar. p. 34
75
Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. pp. 20, 21
76
Ibid pp. 23-26
Discurso médico, poder y drogas en la era posprohibicionista.

3.1 Discurso médico y poder77.

El dominio de la ciencia no es un dominio exento de relaciones de fuerza. Desde una


definición foucaultiana de la ciencia con arreglo al poder, es posible definirla como
dominio general del saber y como policía disciplinaria que se cuestiona por la regularidad
de los enunciados: ¿quién habla? ¿está capacitado? ¿en qué nivel se sitúa? 78. Todo ese
cuestionamiento para establecer un sujeto válido para emitir ciertos enunciados que se
consideran verdaderos.

Mientras más regulado es un saber, se abren mayores posibilidades de que los sujetos
discursivos se distribuyan en líneas rigurosos de enfrentamiento79. En materia de
consumo de drogas, los usuarios no alcanzan la categoría de sujetos discursivos válidos,
frente a la regularidad del discurso médico. El misma investigación para producir saber
sobre los psicoactivos está controlada por normas que no responden a criterios
científicos. Hay entonces dos problemas con los controles actuales de drogas que están
íntimamente relacionados. Por un lado el usuario es invalidado como sujeto discursivo en
materia de psicoactivos y por otro está situación no se puede modificar ya que el discurso
médico no puede apostar a un cambio radical por lo rigurosidad de control político de
algunas sustancias alteradoras del ánimo.

El discurso médico tiene un estatus científico y es pronunciado por sujetos calificados,


cuyos enunciados tienen efectos de verdad y de poder. No se está frente a un poder
jurídico, sino frente a un corpus de técnicas meditadas de transformación de los
individuos80. El poder es más sutil, de cualquier forma sigue estableciendo jerarquías de
enunciación. Esto es más visible en la psiquiatría en particular, puesto que este saber se
constituyo históricamente como herramienta de higiene social81. Con el paso de la

77
El análisis se vinculará con la cuestión de la intervención médica en materia de consumo de drogas,
puesto que la investigación del posgrado se centra en ese tema. Si bien solo aparecen determinados puntos,
éstos se desarrollarán como avance la investigación.
78
Ibid pp. 170, 171
79
Ibid p. 192
80
Cfr. Foucault, M. (2000). Curso de 1974-1975 Los anormales. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica. pp. 24, 25, 31
81
Ibid p. 115
psiquiatría alienista a la desalienización psiquiátrica, cualquier conducta humana es
proclive a la jurisdicción del médico82. Actualmente el consumo de drogas es una
actividad que para muchas personas necesita de la jurisdicción del médico, su
intervención da legitimidad al consumo.

En otros términos, el discurso médico-psiquiátrico funciona como principio de


depuración y de discriminación de determinados sujetos83 si no de manera general, al
menos a nivel discursivo. Se alzan como jueces de la normalidad84. Concretamente de la
normalidad en el consumo de sustancias psicoactivas

Con relación al poder, la medicina cumple las siguientes funciones. Prolongar las
diferencias y exclusiones en materia de edad y de medio, convertir el pecado en
enfermedad y por ende convertir a la medicina en custodio de la moral. Y no solo
diferenciar entre lo normal y lo anormal, también lo que es lícito y no lícito, criminal o no
criminal, lo que es desenfreno o práctica nociva85.

Sin mencionar la categoría de drogas es posible relacionar los puntos anteriores con la
situación de fin de las prohibiciones judiciales contra el consumo de determinados
fármacos la pregunta que queda es ¿con el fin de la acción punitiva, qué relaciones de
poder se pueden establecer entre los médicos y los usuarios de drogas tanto con fines
terapéuticos como no terapéuticos? La referencia a los médicos se da porque con el fin de
la prohibición, suena cada vez más el argumento de las drogas como problema de salud.

Las drogas no constituyen un problema de salud en general, sino particular en


determinados consumos y sujetos. La pregunta por las relaciones entre los médicos y los
usuarios de drogas en general es importante para ir pensando otros tipos de vínculos con
las sustancias alteradoras del ánimo. Vínculos que se dan tanto en terapéutica como en
los usos no médicos. Durante toda la prohibición el saber médico dejo un vació que se
sintió en ambos frentes, por un lado no se desarrolló investigación para el uso de
sustancias con poder curativo pero prohibidas y por el otro se partió de la idea de

82
Ibid pp. 152, 153
83
Ibid pp. 147, 148
84
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. p. 311
85
Cfr. Foucault, M. (2012). Las grandes funciones de la medicina en nuestra sociedad. En M. Foucault, El
poder, una bestia magnífica (pp. 269-272). Buenos Aires: Siglo XXI. pp. 269, 270
cualquier consumo no médico como toxicomanía. Es necesario replantear las relaciones
entre médicos y usuarios de drogas.

3.2 Drogas y discurso médico.

En la obra de Michel Foucault hay una preocupación por inteligir las relaciones de fuerza
de las instituciones que influyen directamente sobre las actividades y los pensamientos de
los seres humanos86. Tomando en consideración ese aspecto, la institución médica y su
discurso, adquieren una importancia capital en una reflexión sobre las drogas más allá de
la política moribunda actual.

Profundizando en la historia de la psiquiatría, las drogas y las relaciones de poder en


dicho dominio, se vislumbra que éstas están lejos de reducirse a las políticas
farmacológicas prohibitivas del siglo XX. Desde el siglo XIX es posible distinguir una
confiscación psiquiátrica de los efectos de las drogas a la enfermedad mental87. Y esta
herencia histórica se está filtrando al discurso posprohibicionista cuando se busca
mantener la categoría de enfermo con respecto de los usuarios de drogas con fines no
médicos.

Relacionado al punto anterior, si se filtra la categoría de usuario de drogas como enfermo


y se considera la definición de criminal como objeto de transformación por parte de un
saber y de ciertas prácticas88. No se logra un avance sustancial, puesto que el usuario
tendría a categoría de objeto de transformación por parte del saber y de la práctica
médica. La relación de los efectos de las drogas con la enfermedad mental también ha
afectado a los usuarios con fines terapéuticos ¿Cuántas personas no se han podido
beneficiar de la marihuana medicinal a lo largo de casi un siglo de prohibición de la
planta y sin embargo fueron medicados con fármacos sintéticos con efectos perjudiciales?
¿Cuántos se pudieron beneficiar de los efectos analgésicos de los opiáceos, pero por la
ignorancia se prefiere medicar con opiáceos sintéticos, solo por la psicoactividad de los

86
Cfr. Foucault, M. (2012). M. Foucault. Conversación sin complejos con el filósofo que analiza las
"estructuras de poder". En M. Foucault, El poder, una bestiamagnífica (pp. 125-138). Buenos Aires: Siglo
XXI. p. 125
87
Cfr. Foucault, M. (2005). Curso de 1973-1974 El poder psiquiátrico. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica. p. 321
88
Foucault, op., cit., Vigilar y Castigar. p.78
primeros? Hay que derrotar ese miedo a la psicoactividad de las sustancias para poder
relacionarnos más maduramente con ellas

El pensamiento médico tiene una manera particular de percibir las cosas, misma que se
organiza alrededor de una norma que sirve para deslindar lo normal y lo anormal 89 . En
ese sentido el usuario de drogas sería señalado como anormal. Si se rescatan las
características de lo que la psiquiatría consideraba el sujeto degenerado, es decir, aquel
anormal portador de peligro, sin posibilidad de castigo judicial y con una “enfermedad”
incurable90 (Foucault, Curso de 1974-1975 Los anormales, 2000, p. 295). Sin problemas
se puede confrontar a la imagen del toxicómano desde la óptica prohibicionista.

La cuestión es que no se está frente a una patología como tal, sino frente a una
parapatología. Entendida como defecto moral que se trata en la práctica y el saber como
enfermedad91. Y si se considera una enfermedad se activan ciertos mecanismos de poder,
puesto que la enfermedad es considerada un fenómeno de población que afecta
directamente las fuerzas de producción económica92.

Con la figura del usuario de drogas como enfermo, aunque ya no existiera un castigo
judicial, se seguiría pensando en la normalización de los usuarios, en su corrección
mediante la adecuación de su vida a cierta norma93 de supuesta sobriedad.

Si bien es cierto que Michel Foucault no analiza el problema de las drogas y el discurso
médico, si aporta ejemplos históricos de cómo ese saber, con técnicas y relaciones de
fuerza poseen efectos de verdad y de constitución de subjetividades. Para ilustrar lo
anterior se puede tomar el ejemplo de la masturbación como parapatología y hacer la
analogía de lo usuarios de drogas con fines no médicos como enfermos.

La masturbación fue considerada una enfermedad por el discurso religioso cristiano y


después por el saber y la técnica médica. Fue una patología que necesitaba de la
intervención médica. El masturbador sería un enfermo siempre, por lo que necesitaría del

89 Foucault, op., cit., El poder, una bestia magnífica. En M. Foucault, El poder, una bestia magnífica p. 35
90
Foucault, op., cit., Curso de 1974-1975 Los anormales. p. 295
91
Ibid p. 32
92
Foucault, op., cit., Curso de 1975-1976 Defender la sociedad. p. 221
93
Foucault, op., cit., Curso de 1974-1975 Los anormales. p. 54, 63
control de su cuerpo, puesto que los efectos sobre la población serían devastadores:
inseguridad, violencia, degeneración, inmoralidad y sustracción de la fuerza94. Si se
cambia la palabra “masturbador” por “usuario de drogas”, queda manifiesta la analogía y
los miedos heredados de la prohibición en materia farmacológica.

Como se mencionaba en párrafos anteriores, lo interesante son los efectos de


somatización que pueden tener esos discursos al ser emitidos por un sujeto enunciativo
con estatus científico. Cuando se buscaba erradicar la masturbación se emitía un discurso
donde la práctica autoerótica era considerada no solo una enfermedad, sino la raíz de
varias patologías. Así el masturbador somatizaba los supuestos efectos de su práctica en
sensaciones y dolencias de su propio cuerpo. El discurso ambiguo y proliferante del
pecado se reduce a un peligro físico y a todas las precauciones para conjurarlo95. Hoy no
se puede hablar en esos términos de la masturbación, pero si del uso de ciertas sustancias
y plantas psicoactivas.

Conclusiones.

El plantear el análisis con relación al discurso médico, sus relaciones de poder y las
drogas no busca establecer que el estamento médico ejerce un poder prohibitivo, si ya se
tiene el resultado no valdría de nada la investigación. Lo que se busca es aplicar la
analítica del poder de Foucault en estos nuevos discursos médicos en materia de dieta
farmacológica.

El fin de la política prohibicionista a nivel de letra, no significa que se anulen ciertos


efectos de poder-saber que se pueden filtrar al discurso médico sobre las drogas. Un
ejemplo es la categoría de delito contra la salud, misma que seguiría siendo válida, si bien
ya no en el orden jurídico, si en el orden médico. El discurso médico y los médicos como
sujetos enunciativos de ese discurso en materia de drogas, corren el peligro de alzarse
como la nueva policía. Una que no actuará con los mismos medios. Ya no cateos,
revisiones, confiscaciones. Todo se puede reducir al saber que poseen como científicos y
a su fin: buscar establecer como la nueva verdad en materia farmacológica su discurso del

94 Foucault, op., cit., Los anormales. pp. 219, 220 y Foucault, op., cit., Curso de 1973 Defender la
sociedad. p. 228
95
Ibid pp. 223-227, 246
usuario como enfermo y constituirse como la policía moral de sustancias alteradoras del
ánimo y la conciencia.

Ya en tiempos de prohibición, el discurso médico había buscado la dirección de


conciencia de los usuarios. Debido a la importancia que tienen en las sociedades
occidentales los discursos médicos, pueden provocar efectos de verdad y subjetivación
que no tienen un sustento experiencial. En la posprohibición, el señalamiento de los
usuarios de drogas como enfermos, sería una forma de reticulación del biopoder, para
poder ubicar y modificar a dichos sujetos desde el dispositivos del saber-poder médico.

Bajo ningún esquema concebible el saber médico podrá justificarse como herramienta
para la limitación de la libertad individual de tener ciertas experiencias mentales que no
causan daños físicos ni directos a terceros. Ese fue su papel durante la era prohibicionista,
ese debe ser el papel que hay que conjurar cuando se plantean nuevas relaciones con los
fármacos hoy prohibidos.