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Un frio sepulcral rondaba la habitación, yo me encontraba acostado y con los párpados pesados;

recordando lo mal que la pasé ese día; la cita de las doce que terminó en tragedia porque olvidé
llevar la billetera; el partido de la tarde en el que no pudimos ganar y la cena que no fue de mi
total agrado; solo fue un mal día; ya tendría que haberme acostumbrado.

El reloj marcaba las 12:33 cuando apagué la televisión y me dispuse a dormir; estaba agotado del
día que me había tocado vivir. Me acosté y me cubrí con una delgada sábana que estaba a mi
alcance.

El suelo perdía atracción de gravedad; me sentía flotar, de pronto; uno a uno los vórtice se iban
formando bajo mi espalda; incitándome a dejarme llevar.

Me balanceaba en el péndulo del tiempo; contando los segundos de ligera cordura que me
quedaba, gota a gota los recuerdo se formaban en mi mente; vagando en el valle de los sueños.
Me encontraba maravillado de vivir ese momento; el crepúsculo entre la realidad y la fantasía; los
recuerdos de aquel día pronto dejarían de importar.

El éxtasis del momento maravilloso; de ese instante de despreocupación se vio afectado por la
intromisión de un visitante inesperado; algo rasgaba los vidrios de mi ventana; el ruido era poco
agradable y con el paso de los minutos se tornó insoportable; abrí los ojos y una figura grotesca
estiraba sus brazos y los balanceaba para producir el chillido ensordecedor; el frio se tornó denso y
me recorrió el cuerpo; las palabras no brotaban aunque las forzara; un sudor helado recorrió mi
cien y la mano izquierda me temblaba; quien me visitaría a esa hora; si vivo solo en una casa llena
de inquilinos con los que casi nunca cruzamos palabras; un pitido se escuchó en lo profundo; mi
corazón aceleró su pulso.

El silencio mostró su mejor gala; aquél visitante había desistido de su llamado, cerré los ojos; un
ápice de cordura rondó mi mente y dije para mis adentros:

Es sólo el árbol.

Me levanté y abrí la ventana.

2DA PARTE

Me levanté confiado en que aquello era el árbol arañando mi ventana, no tengo una mentalidad
creyente en lo sobrenatural; por ende lo sucedido debió tener una explicación lógica.

Encendí la luz, lentamente abrí la ventana y un estruendo aterrador resonó en las esquinas de la
habitación, el viento frío de la noche reinó en el marco de la ventana; mis manos se paralizaron;
no podía moverme. El tacto del piso bajo mis pies se convertían en agujas; al menos así lo sentí;
aquel estruendo pudo conmigo pues las ramas del árbol estaban separadas a un metro de mi
ventana y la noche cegaba poco a poco mi cordura; cada quejido del viento se convertía en
navajas que rasgaban cada parte de mi ser, la ventana se tornaba oscura y putrefacta. Con la poca
voluntad que me quedaba logré mover mi cabeza hacia la izquierda; cerrar los ojos para lograr que
la realidad se apodere del momento y de esta manera dejar de pensar en cosas absurdas, sólo
fueron cinco segundos, más; parecieron una eternidad. Qué era aquello?, Qué era esa sensación?

La luz poco a poco regresaba a mis pupilas; la cordura a mis pensamientos, me asomé por la
ventana y un gato saltó hacia el techo de calamina de la casa de al lado.

Terminé de abrir la ventana; regresé a mi cama, me cubrí con la delgada sábana que estaba a mi
alcance y dije para mis adentros: “ahora si voy a poder dormir”.

Pero no; no debí abrir esa ventana…

3RA PARTE

Terminé de abrir la ventana; regresé a mi cama, me cubrí con la delgada sábana que estaba a mi
alcance y dije para mis adentros: “ahora si voy a poder dormir”.

La duda carcomía mi mente; la incertidumbre roía mi ser y el insomnio llegó a hacerme compañía.
Estaba seguro que no iba a ser capaz de conciliar el sueño en un par de horas. Respiré hondo;
levanté mi brazo izquierdo y sujeté mi hombro derecho; descansando esa extremidad sobre mi
pecho e hice lo mismo del otro lado.

Los recuerdos del día que había vivido regresaban poco a poco; que suerte mas desventurada.
Cerré los ojos y respiré profundo; tratando de esta manera dar respiro a mis pensamientos
oxigenando las ideas, sostuve el aire como por cinco segundos y luego exhalé lentamente
encontrando paz.

El sonido aliviador de las yemas de mis dedos tocando mis hombros una y otra vez, como quien
cuenta los segundos que transcurren en este instante que llamamos vida.

Aun con los ojos cerrados intenté mover los brazos y un tacto frio se posó sobre ellos impidiendo
su trayectoria, la sensación de que algo no andaba bien, un olor nauseabundo impregnaba el
ambiente; cada vez más y más fuerte, por un momento; tensé el cuello, sentí como los músculos
se me adormecían, una mano áspera y delgada me sostenía, intenté soltarme; batallé, intenté
levantarme, el peso era mucho. Al abrir los ojos lo vi; lo vi entrar por la ventana, un manto oscuro,
el rostro cubierto de una onda melancolía y un aliento putrefacto, su figura muerta fue la
perdición de mi sensatez. Se abrió paso y poco a poco llegó hasta mí, me mostró sus ojos faltos de
vida; esbozó una sonrisa, lentamente movió su mano y uno a uno sus dedos helados cayeron al
costado de mi cara y sentí una presión que comprimía mis huesos, un frio de cárcava recorrió mi
espalda, acercó sus dientes afilados hacia mi oído y susurró: “gracias”, su voz guardada, triste y
llena de angustia me dio a entender que no me haría daño.

Lentamente se desvanecía, mientras se alejaba; fue y se quedó al lado de mi cama.

Aquel encuentro me había dejado aturdido; mi mente estaba en blanco, tanto así que no me dí
cuenta cuando sonó la alarma; ya era hora de ir a la universidad. Al lado de mi cama no había
nada; aquello fue un sueño.
Al llegar la noche me dispuse a revisar las redes sociales; ya que en el televisor no había nada
interesante pero el cansancio pudo más; mi día había estado nuevamente pesado, coloque el
celular en un lugar idóneo e intenté dormir.

Extendí los brazos; uno a cada lado; esperando relajar los músculos.

De repente un fuerte estado de comodidad reinó en mí, esbocé una sonrisa como quien logra una
hazaña; mi mano izquierda resbaló sobre el borde izquierdo de la cama y algo la sujetó.

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