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En la sesión del día 13 de febrero se ha discutido la lectura de Wilfredo Ardito, titulada “La

promoción del Acceso a la Justicia en Zonas Rurales”. En términos generales, este texto analiza las
condiciones de acceso material a la justicia entre las comunidades campesinas e indígenas que
habitan en el Perú. Así mismo, se destacan en él las barreras de acceso a la justicia estatal, las
dinámicas de transformación de la institucionalidad como respuesta a estos límites, y el papel
que ha asumido el Estado frente a las formas alternativas de justicia, denominadas formas de
justicia comunitaria. De igual forma, se analizan las experiencias de justicia comunitaria que se
han gestado y desarrollado en este país, como reflejo de los alcances y las limitaciones que estos
procesos pueden tener en la actualidad. Destaco esta lectura como una posibilidad para
establecer un paralelo comparativo entre las experiencias peruanas y las experiencias de las
comunidades y movimientos sociales que en Colombia se puedan desarrollar, o fortalecer, en el
caso de las ya existentes.
Se introducen aquí los elementos centrales de la discusión, en que se incluyen los planteamientos
y puntos del debate entre los asistentes; se relacionan los cuestionamientos que surgieron frente
a cada temática y se responde a las consideraciones planteadas por el profesor; finalmente se
expone una breve conclusión del debate.

Contextualización a partir del Capítulo 1. “Las barreras de acceso a la administración de justicia


de la población rural”.
Se parte de una introducción de la lectura, en que se discute acerca de las barreras que la
institucionalidad impone a las comunidades rurales que habitan en Perú para acceder a una
justicia material. Se determina que las barreras son estructurales, lingüísticas, económicas,
geográficas, etc., tanto como burocráticas, lo que supone formas de discriminación indirecta.
Respecto de la primera de ellas, la lingüística, implica el desconocimiento y rechazo de las lenguas
indígenas, por lo que se asume una forma de justicia monolingüística que limita de entrada el
acceso de millones de personas. El compañero exponente destaca que una de las más complejas
y absurdas es la barrera económica, impuesta por gobiernos dictatoriales como el de Fujimori,
quien impone aranceles para el acceso a la justicia. De otra parte, la barrera cultural implica una
forma de discriminación racializada, y obliga a formas de conocimiento y educación particulares
del derecho occidental estatal.
La discusión se complementa por otra compañera, quien expone que la idea de la barrera
económica como un filtro de acceso a la justicia, que sobre todo genera desequilibrio e impunidad
para los sectores rurales pobres. También se discute la discriminación de las condiciones
particulares del peruano, que se profundizan a través del racismo.
En este punto de la discusión, introduzco el tema de las medidas que asume el Estado peruano
para superar las barreras estructurales que la institucionalidad impone a las comunidades. Cada
Barrera descrita ha tenido su propia medida, pero se destaca que Ardito critica fuertemente al
Estado peruano y la institucionalidad, pues son medidas paliativas que finalmente no cambian las
condiciones materiales de acceso a la justicia.
Aquí, uno de los temas que más estimuló la discusión fue la pregunta que se suscitó: ¿Hasta qué
punto el reconocimiento de la pluralidad cultural implica una transformación efectiva de la
situación, o mantiene las barreras para las comunidades? Esto se traduce en una discusión entre
el reconocimiento multicultural y el pluricultural, o intercultural, como reconocimiento efectivo
del otro en un escenario de igualdad de condiciones, y no de subordinación.

A la pregunta del profesor en este punto: ¿Qué diferencia o similitud puede establecerse en
paralelo con la situación particular que se vive en Colombia?, Respondo: son compartidas
múltiples de estas barreras, pero se destacan algunas evidentemente, en aspectos como la
barrera lingüística o la geográfica. Si bien la composición es diferente, el lenguaje y la movilidad
son algunos de los aspectos más dramáticos a la hora de acceder a la justicia. El desconocimiento
de lenguas nativas en regiones apartadas de la geografía nacional es una limitación del acceso a
la justicia. Las zonas distantes de la geografía nacional implican también una seria limitación. Ya
de por sí se hace latente este hecho cuando se comparan con los casos de acceso a los servicios
de salud, en los que el tiempo que requiere el desplazamiento aumenta los riesgos para las
comunidades. Pero, aun así, uno de los elementos diferenciadores es el escenario de conflicto
armado que se ha vivido ininterrumpidamente por más de cinco décadas, que ha supuesto
complejos escenarios para acceder a la justicia en las zonas en que el conflicto es más dramático.

Cierra la discusión el profesor al exponer las políticas de discriminación que existen en el Perú, a
partir de la exclusión del indígena y del campesino. Se destaca la similitud que encuentra es con
Sudáfrica en el Apartheid, según la cual la discriminación está profundamente arraigada en la
sociedad peruana. Así mismo la justicia tiende a llevar la civilización a los peruanos, lo que implica
formas de asimilación cultural. Es un escenario en que el conocimiento popular es despreciado
por completo.
***
Las Experiencias de administración de justicia comunitaria constituyen el Capítulo 2 del libro
discutido en esta sesión. Se parte de la exposición de los modelos de organización que han
emergido en la sociedad peruana, algunas de las cuales tienen sus raíces en el periodo colonial o
una manifestación de organización en el periodo republicano, a partir de la independencia. Estas
formas organizativas ejercen “funciones jurisdiccionales” determinadas, aunque permanece la
competencia estatal por encima de estas alternativas de justicia, así como instancia última para
dirimir las diferencias o choques en la justicia.
Cuatro formas de organización predominan en este escenario de acción de las justicias
comunitarias. Estas son, las comunidades campesinas (con particularidades propias del pueblo
peruano), comunidades nativas, la organización de las Rondas campesinas y finalmente, y de
forma destacada, los Jueces de Paz.
Estos modelos de organización comunitaria tienen una particularidad, cual es girar alrededor de
la tierra como eje central de la coerción colectiva. En estos escenarios emergen fenómenos
particulares de la justicia comunitaria, como la conservación de tradiciones orales en la
administración de justicia. Sin embargo, la tramitación del conflicto es diferente, y cada uno tenía
figuras e intervinientes distintos. En las comunidades tradicionales la pérdida de los mayores
implica cambios en sus estructuras, pues los jóvenes podían salir de la comunidad y limitar la
unidad cultural. Así mismo, asumen la figura de líderes, en métodos autocompositivos como
característica.
De otra parte, se discute profusamente sobre las Rondas Campesinas, como formas diferentes a
las comunidades campesinas tradicionales, que no tienen ya como característica la ascendencia
indígena de éstas. Pero se destaca que sus formas de organización giran alrededor de la tierra, y
la protección de los territorios.
Por último, se enfatizó y profundizó en la discusión sobre la figura de los Jueces de paz, como
forma alternativa y altamente eficaz de administración de justicia. Aunque sea asumida como una
delegación para sectores pobres por lo general. Se tipifican en este escenario tres tipos de jueces:
i) tradicionales, en la sierra y la costa. La decisión se basa en conocimiento, autoridad moral, habla
el idioma de las partes y se basa en la costumbre; ii) urbanos, resuelve intereses más superficiales,
sobre todo de tipo económico; iii) Jueces de comunidades amazónicas, con rasgos más étnicos
que meramente campesinos.
Finalmente, al igual que en puntos anteriores del debate, se suscitan cuestionamientos por el
conocimiento que tienen estos jueces de Paz sobre delitos, sus formas de educación y las fuentes
sobre las que sustentan sus decisiones. En términos generales se plantea que conocen de
pequeños delitos, y los delitos de mayor envergadura las transmiten a la justicia estatal.
Por último, frente a la Pregunta: Principales aportes de estas figuras a Colombia y lo que
definitivamente no funcionaría de estas figuras, respondo:
Se debe reconocer, como aporte a nuestra situación, que la organización de las comunidades bajo
estas figuras facilitaría la aplicación de justicia bajo dinámicas propias y alternativas, que
provengan del seno de la comunidad misma y no como una carga impositiva de justicia
‘occidentalizada’. No se implantaría así un modelo impositivo de justicia estatal, cuyos preceptos
pueden, y lo hacen, entrar en choque con concepciones sociales, culturales, políticas o
económicas, alrededor de elementos esenciales de la justicia como las, penas, las sanciones, la
reparación e incluso la clasificación de los conflictos.
De otra parte, se sabe que experiencias de organización anteriores han generado conflictos,
incluso armados. La formación de jueces que rediman los conflictos al interior de la comunidad
podrían ser de gran utilidad, pero no así serían formas de organización armada, que impongan
sanciones a través del uso de la fuerza, lo que en algunos casos ha resultado como un panorama
frecuente de imposición de la fuerza por sectores poblaciones superiores en dinero o poder.

En el CAPÍTULO 3, Derecho estatal frente a mecanismos comunitarios se cierra la discusión con


la exposición de uno de los participantes. En este se describe la respuesta del derecho estatal,
planteando primero las trabas a este proceso, antes que el reconocimiento efectivo que se haga
por parte del Estado. En el periodo republicano, en primer lugar, con la población nativa se inicia
con un trato discriminatorio bajo una perspectiva modernizante, como una forma etnocéntrica
de justicia que busca una adaptación a las lógicas de administración de justicia europeas. Pero en
el tiempo se van reconociendo algunas de estas figuras alternativas de justicia. Paradójicamente,
se hace en materia penal antes que otros escenarios de conflicto.
Aunque haya reconocimiento histórico de las formas de justicia de las comunidades campesinas,
antes que un reconocimiento se ha buscado imponer unas formas determinadas de organización;
buscando establecer formas de organización civil de las comunidades.
Se debatía, por otra parte, acerca de los conflictos característicos, como es la persecución penal
a los dirigentes de las Rondas campesinas, sobre todo por las empresas o poderes económicos.
Ante las sanciones de las comunidades, buscan la justicia estatal como más garantista para sus
intereses económicos. A lo cual surgen tres dinámicas particulares, a saber, como formas de
respuesta estatal: i) reconocimiento de las estructuras; ii) imposición de determinadas formas de
organización; iii) persecución de estas formas alternativas de organización. También bajo tres
tendencias: i) formalista-positivista. Como el derecho estatal que se endilga todas las
competencias en la administración de justicia; ii) un modelo relativista de convivencia, y; iii)
pluralista-comunitaria. Se concluye que en la actualidad tiende a un mayor reconocimiento, pero
con especial énfasis en la búsqueda de la protección de derechos fundamentales como garantía
judicial para todos los pobladores.
Se cierra así la discusión con la intervención del Profesor, al suscitar la siguiente pregunta: ¿Qué
hace el Estado para obstaculizar estas formas de justicia comunitaria?
A través del desconocimiento. En Perú los jueces de paz son la figura más importante del derecho
y la administración de justicia, porque son los que más casos atienden. Además, gozan de mayor
reconocimiento comunitario. Así mismo, sus decisiones son mayormente acatadas que las
decisiones oficiales. Cerca del 90%. Sin embargo, son mínimamente estudiados en las facultades
de derecho y los egresados desconocen los procedimientos de estos jueces. Así, por ejemplo, en
el año 97 se promulga una ley general de conciliación para el Perú, y en ellas se designaron cuáles
son las autoridades, dejando a los jueces de paz en un escenario relegado, definidos como ‘otras
autoridades’ simplemente.
Finalmente, se discute el hecho que a los jueces de paz se les educa, alecciona, y se les desconocen
sus aportes y conocimientos de forma represiva. Al igual que se produce el desconocimiento de
las competencias que tienen los jueces de Paz, ya que, bajo argumentos jurídicos, y ante el
desconocimiento de los jueces de Paz de las leyes estatales, se les discrimina.

Para finalizar, y a modo de conclusión se responde a la reflexión propuesta por el profesor:


¿Cuál es el alcance que tiene el Estado en el fortalecimiento o debilitamiento de la justicia
comunitaria en Colombia?
De la discusión realizada en esta jornada se desprende el reconocimiento del papel fundamental
del Estado, que resulta determinante en este proceso de fortalecimiento, pues debe asumir,
implementar o facilitar los instrumentos con los cuales garantiza el ejercicio efectivo de los jueces.
Así mismo, debe asumir el deber de garantizar el cumplimiento de las decisiones que allí se
adopten, y darles un carácter de vinculatoriedad a todas las partes en conflicto.
Sin embargo, una de las barreras más fuertes que se ha enfrentado en el país es la incidencia del
conflicto armado, ante lo cual puede el Estado no tener un alcance suficiente en el fortalecimiento
de la organización comunitaria como tal, pues la fragmentación de los vínculos sociales puede ser
un factor determinante en el éxito de estas figuras.
Así las cosas, los escenarios retratados en esta lectura y en esta discusión, nos dan luces para
iniciar una profundización en el estudio de los modelos de democracia y de justicia alternativas
que se gestan en el interior de las comunidades, y de esta manera establecer cuáles pueden ser
los puntos de encuentro y desencuentro entre estos modelos alternativos y los modelos de
justicia estatal y formal, actualmente vigentes en Colombia.