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El método de la pedagogia cientifica en la educacion infantil Las tltimas revistas inglesas. especialmente las de indole pedagégica traen numerosos articulos sobre el método Mon- tessori; algunos inspirados en un vivo espiritu de polémiea, otros, en un entusiasmo mas sincero. La traduceién en inglés de ese libro, publieado por la casa Hinemann, de Londres, genial y de intenso: interés como es “Bl método de la Pedagogia cientifiea’’ ha suscitado en la parte del piblico que toma més 4 pecho los intereses de la es uuela y de la educacién, un movimiento de ideas que con- ducira inevitablemente al triunfo definitivo del nuevo sistema educacional en el mundo anglo-sajén. También en los Estados Unidos, desde hace varios aos, se esta ensayando en escuelas especiales el método Montessori ; en Nueva York hay un instituto exprofeso para la fabricacién del material did&ctico Montessori, y por fin en la lejana Cali- fornia hay*maestras que ensefian segiin los prin ipios de la doctora italiana. Entre los ingleses y los norteamericanos, pue- blos vigorosos 4 los que anima una ardiente fe en Ja libertad, y en el esfuerzo individual, deberé encontrar favorable acep- tacién la obra de la educadora que no invoca sino una sola forma de disciplina: la de la libertad y el llamado 4 todas las energias esponténeas y personales del nifio, iniciando una verdadera revolucién en el campo pedagégico, donde hasta ahora han prevalecido los mas absurdos prejuicios, ora reves- tidos eon la autoridad de la experiencia del pasado, ora con- tramareados eon el barniz de las modernas teorias psicolégi- cas y antropolégicas. i MARIA MONTESSORI “El concepto de la libertad del nifio todavia es casi des- conocido de los pedagogos: el principio de esclavitud infor- ma toda la pedagogia y por esto el mismo principio informa. la escuela”. La Montessori condena todo el actual ordenamien- to de las escuelas infantiles desde el banco que puede ser un instrumento de tortura, hasta ia preparacién del maestro, des- de el material diddctico hasta la rutina que ahoga en el nifio toda actividad espontdnea. En el libro, ‘‘El método de la Pe- \ El. Método de la Pedagogia Cientifica 237 dagogia cientifita’? hay muchas paginas en las que prilla el alma ardiente y entusiasta del apdstol; la doctora Montessori ha emprendido una cruzada en contra de la yida falsa anti- natural y violenta 4 que es sometido el nifio, por los mismos encargados de ayudarle en su desenvolvimiento. A primera vista puede parecer absurda esta campana con- tra la escuela moderna respetuosa de la personalidad del nifio, si se compara con la eseuela de cincuenta afios atrés; pero basta leer por entero este libro de ciencia y de fe para conven- cerse que la doctora Montessori tiene razon, mil veces ra- Aprendiendo 4 leer y 4 escribir con el tacto. zon en levantarse contra las ideas predominantes en la educacién infantil de nuestros dias. El maestro conti- mia siendo atin en las escuelas mejor organizadas el que trasiega los conocimientos en las cabezas de los escolares. Para tener éxito en su obra es necesaria la disciplina de la inmovi- lidad, de la atencién forzada en los educandos. Es necesario recurrir 4 las reprensiones y 4 los castigos, 4 las imposiciones forzadas, 4 la disminucién de las recompensas. Nadie antes que la Montessori habia comprendido que el nifio puede apren- der todo por si solo, con tal que el ambiente le ayude y le facilite los medios adecuados para su desarrollo; nadie habia 238 El Método de la Pedagogia Cientifica fundado un sistema educacional en el cual el maestro estu- viese reducido 4 la parte de fuerza directiya casi invisible, mientras que el nifio viniera 4 ser el factor principal de su propia educacién; nadie habia proclamado todavia con tanto énfasis persuasivo, que la innata necesidad que el nifio tiene de conocer, de instruirse, de saber, basta para inducirle 4 la aplicacién y al estudio, 4 la reflexion y al esfuerzo. Y esto que primeramente puede parecer idealismo metafisico se convierte en realidad palpable con la prueba de los hechos. No olvidemos que en las escuelas Montessori pequenuelos de cuatro afios aprendieron 4 leer y 4 escribir en seis semanas sin fatiga alguna, con placer, como si se tratase de un juego. En los métodos diddcticos eseogidos por la Montessori, hay genialidad 6 inventiva fruto de las especiales aptitudes de esta mujer excepcional, que al alma mistica de un poeta une la severidad de pensamiento del hombre de ciencia. Ella esta delante del nifio en acto de adoracién: la vida que germina en el pequefio ser todavia ignorante le es sagrada como una revelacién divina: ‘‘el secreto de toda la naturaleza, de todo el hombre esta en el alma del nifio”’. Y este su profundo amor por la infaneia, esta iluminado por el conocimiento exacto de todas las faces del desarrollo del nifio. Lo ha estudiado en su organismo fisiolégico y en sus ma- nifestaciones psiquicas; en el cuerpo y en el alma, en el hospi- tal y en la casa, en la escuela y en la calle; lo ha estudiado co- mo médico, como maestro, como filésofo durante largos aiios de meditacién y de aplicacién infatigable. Y es asi como ella ha podido aportar 4 la Pedagogia una contribucion de impor- tancia tan vasta, un orden de ideas que perturba todas nues- tras convieciones més arraigadas y mas respetadas, colocando el problema ‘de la educacién bajo una luz nueva 6 inesperada. Entre tanto el venerado método de Froebel ha recibido de la Montessori golpes decisivos. Puede decirse que la anima- da discusién que se suscita ahora en los diarios y en las revistas de Inglaterra sobre el libro de la doctora italiana, ofreee en el fondo una lucha entre los froebelianos empecinados y los edu- eadores despreocupados, prontos A aceptar teorfas eoncordes con el espiritu general de nuestros tiempos. Como lo hace notar la sefiora BE, Gurney Salter en el “World’s Work’’, en el ““Kindergarten”’, la maestra tiene la parte preponderante: guia 4 los nifios en sus cuentas y en sus juegos, teniendo euidado de divertirlos, de sugerirles todos sus ~ El Método de la Pedagogta Cientifica 239 movimientos, regulando todas sus oeupaciones metédicamente. Hace continuos é inauditos esfuerzos para vivir la vida del nifio, con el resultado, segtin confesién misma de muchas edu- cadoras, de que el nifio se fatiga en vano por seguir el pensa- miento de la maestra, Y ademas, el simbolismo del método de Froebel en cuanto 4 la pelota, el cubo y la esfera es demasiado artificial y sentimental para corresponder 4 las genuinas y fundamentales facultades psicolégicas del nifio. Una leccién de Aritmética. 240 _ El Método de la Pedagogia Cientifica Bl método Montessori parte de principios completamente opuestos: la maestra ocupa el segundo plano en el euadro ge- neral de la vida escolar, mientras que el nifio provisto de todos los medios para educarse por si, ocupa el primero. Tua maestra se mueve silenciosamente, observa, se aproxi- ma s6lo 4 los que la aman: es una fuerza constantemente presente, vigilante y poderosisima, pero disereta que coordina Jos actos espontaneos de los nifios sin sugerirlos nunca diree- tamente. El nifio es el verdadero actor en la ‘Casa de los ni- fios’’, se educa por si mismo experimentando el mas vivo placer en ese desarrollo espontdneo de su cerebro y de sus sentidos. Siendo toda nueva adquisicién fruto de su propia iniciativa y correspondiendo 4 una innata é irresistible necesidad de acti- Ejercitando el sentido del tacto. yidad, les produce un placer intenso, legitimo, como aquel que experimentan al sentirse crecer, al sentir que su vida se desa- rrolla y se perfecciona. Una amiga que visité en Roma una escuela Montessori, me decia: Lo que mas me ha impresionado ha sido la atmésfera de alegria en que los nifios trabajan y estudian, la expresion de contento de sus fisonomfas, la compostura de sus actitudes, la gracia de todos sus movimientos. En un rineén de la sala un pequefiuelo de tres afios, completamente solo esta haciendo El Método de la Pedagogia Cientifica 241 la torrecita con los cubos, ordendndolos segtin el tamafio de su volumen. En su fresco semblante se refleja una expresién adorable de concentrada atencién; otro pequefio querubin muy rubio y sonrosado esta aprendiendo 4 atar; una chicuela de euatro aiios eseribe en su pizarra bajo el dictado de la maes- tra, mientras que en una mesa préxima algunos estan for- mando palabras con letras de cartén; otros se adiestran en contar con palitos graduados. En un grupito cuatro nifiitas devanan sus carretes de seda de variados colores para aprender 4 distinguir los mas delicados matices. Cada uno tra- baja por cuenta propia, en el trabajo que mas le agrada y en la posicién que le es m&s e6moda: hay aqui dos-chicuelas que escriben en el pavimento. Y en esta libertad completa, la mas severa disciplina, el orden mas perfecto, la serenidad de los discipulos y de la maestra. El estudio es una delicia para el espiritu que anhela desplegarse, abrir sus alas en el tumultg placentero de la vida nueva que todos los dias se hace mas compleja, més vigorosa, més hermosa. Todos los ejercicios que preparan para cualquier adqui- sicién intelectual 6 para cualquier habilidad mecanica son en Jas escuelas Montessori, ejercicios que tienen por objetivo desa- rrollar el tacto, ese sentido delicadisimo en los nifios de tierna edad. A menudo, el nifio es vendado 4 fin de que se ejercite en conocer la forma de los objetos tinicamente por medio del facto. Este sistema de aislamiento del sentido que se quiere educar esté reecomendado por la moderna psicologia cientifica y la utilidad de semejante procedimiento es tan evidente que es initil insistir. He aqui cémo se desenvuelve una leccién sobre la educa- cién del tacto, segin refiere la educadora norteamericana Jo- sefina Tozier: Se trata de ensefiar la diferencia entre una su- perficie lisa y una dspera: “Ta pequefia Lucia esté sentada cémodamente en amplia y elegante sillita, delante de una mesa que ella misma ha elegido; la maestra le pone delante dos ho- jas, una de papel liso, la otra de papel esmerilado; después le toma la mano, haciéndole pasar la yema del pulgar y del in- dice sobre la hoja lisa. Tiene cuidado de hacerle mover los de- dos de izquierda 4 derecha, para educar la memoria muscular. A los pequefios dedos de la nifia le agrada el contacto del papel liso y continfian en su movimiento aun después que la maestra no los guia: Lucia levanta los ojos, sonriente y satis- fecha y la maestra entonces pronuncia lenta y claramente: