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Conversaciones sobre la violencia y la paz. Una invitación a la convivencia pacífica. Por Luisa Pernalete

Equipo Editorial:

Antonio Pérez Esclarín, Beatriz Borjas, Elda Rondini Cordero, Beatriz García y Luis Barreto.

Correccion de textos:

Antonio Perez Esclarín y Beatriz Borjas.

Diseño, diagramación e ilustraciones:

Lucía Borjas y William Estany (Cooperativa Mano a Mano)

Edita y Distribuye:

Fe y Alegría Esquina Luneta, Edificio Centro Valores, 7mo piso Parroquia Altagracia, Caracas 1010A Telfs. (0212) 5632048 - 5631716 - 6547423

Centro de Formación e Investigación “Padre Joaquín” Edificio Fe y Alegría, 2do piso. Av. Delicias, calle 97A Nº 15-139, sector El Tránsito Maracaibo, estado Zulia. Telf. (0261) 7291551

Publicación realizada con el apoyo de ALBOAN

Fe y Alegría, 2010 Hecho el depósito de Ley Depósito Legal lf 603 2010 370 4016 ISBN 978-980-7119-32-0

Presentación

En este nuevo número de nuestra colección “Materiales Edu- cativos”, Luisa Pernalete, veterana en la gestación y dirección de los procesos educativos populares de Fe y Alegría y actualmente miembro del Centro de Formación e Investigación P. Joaquín, in- vita a las madres de adolescentes a colaborar en la construcción de ambientes en los que se pueda convivir de forma pacífica. Si bien las convoca desde el espacio escolar, como una propuesta de “educación para la paz”, la intención es ir más allá de los muros del centro educativo, fuera de los ritmos y rutinas escolares; así las madres tendrán la oportunidad de sentirse “comadres” y agru- parse para leer y reflexionar el contenido del material utilizando una metodología “vivencial-reflexiva” que permita a cada una dar- se tiempo para mirarse hacia dentro y descubrir sus historias de violencia; pero también para que descubra sus capacidades para seguir adelante a pesar de las situaciones conflictivas que experi- menta en su familia y en el entorno donde reside.

El Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín de Fe y Alegría inició con el proyecto “Alegría de Vivir” una línea de investigación-acción pedagógica dirigida a producir materiales educativos en Educación en Valores para niños y niñas de Educa- ción Primaria acompañados de una propuesta de formación para los docentes. Con la publicación, en coedición con Distribuidora Estudios, de los siete libros desde Educación Inicial hasta sexto grado de primaria y los tres manuales para docentes, cerramos un primer ciclo. Nuevamente nos encontramos iniciando un segundo ciclo en la espiral de la investigación-acción con la producción de materiales educativos para estudiantes de Educación Secundaria. Entramos en el mundo de los adolescentes y nos encontramos con otras realidades y temas de interés; entre ellos, hemos selecciona- do uno que creemos nos urge abordar: ¿Cómo contribuir a detener la espiral de violencia social que cada vez arrastra más a nuestros jóvenes hacia caminos sin salida? El ejercicio de la paz y de la ciu- dadanía es el eje alrededor del cual gira la propuesta de Educación

en Valores que iniciamos en 2010 para estudiantes de Secundaria de los centros educativos de Fe y Alegría.

Pero este camino nos ha llevado a ir más allá de docentes, ni- ños, niñas y jóvenes. Por ello, nos han venido como anillo al dedo los espacios formativos que Luisa Pernalete ha iniciado en Ciudad Guayana y Barquisimeto con madres de adolescentes de algunos centros educativos de la región en los que se les proporciona he- rramientas que favorezcan su crecimiento como persona y mejoren su relación de convivencia. “Lo grande empieza por lo pequeño”, manifiesta la autora: comencemos a prevenir la violencia desde sus orígenes y, desde este enfoque, la formación de los padres y de las madres obtiene su sitio en los procesos formativos de Fe y Alegría.

Con un itinerario de formación que consta de tres “estaciones” (la personal, la familiar y la ciudadana) la autora nos propone un recorrido que va de la paz de la persona a la paz de la comunidad para “tejer una gran red para la convivencia” pacífica. Se impone así “el principio de comunidad” que se sustenta “en la obliga- ción política horizontal, entre individuos o grupos sociales y en la solidaridad que de ella surge, una solidaridad participativa y concreta, esto es socialmente contextualizada” 1 . Al politizarse lo personal, lo social y lo cultural, el campo de lo político se am- plía y se redefine: ya no podemos pensarlo solamente en relación al Estado porque también en las prácticas sociales cotidianas se ejercita la ciudadanía. Pero al repolitizarse el gran campo de las prácticas sociales, comenzamos a vislumbrar formas de opresión y dominación que estaban ocultas, como ha sucedido con la violen- cia intrafamiliar y de género.

Agradecemos a nuestros compañeros de ALBOAN por habernos ofrecido la oportunidad de producir y editar este material educa-

1 Santos, Bonaventura de Sousa (1994) “Ciudadanía, subjetividad y emancipación” en Revista El otro derecho, No.15, Bogotá. http://ilsa.

org.co:81/node/235

tivo que será de gran utilidad en nuestros centros educativos. Es- peramos poder continuar incursionando en propuestas formativas dirigidas a padres y madres con las cuales deseamos enriquecer y afianzar la “dimensión comunitaria” de nuestro modelo educativo de “Escuela Necesaria”, que aspira a promover procesos de cons- trucción de la ciudadanía que apunten a una sociedad más justa y más humana.

Beatriz Borjas

Octubre 2010

Introducción

Es difícil olvidar el rostro de una madre que ha perdido a su hija por eso que llaman “balas perdidas”; esas imágenes no quiero que se me borren, porque son un llamado permanente a trabajar por la paz, y como esa no es una tarea que se pueda hacer aislada, en solitario, creo que las madres – que son mis comadres – son buena compañía, porque ellas, estoy segura, segurísima, quieren la paz para sus familias, para su comunidad, para el país. A ellas, principalmente, están dirigidas estas páginas, a las madres y más concretamente, a madres de adolescentes.

Estas reflexiones sobre la violencia y la paz, las he titulado “conversaciones”, porque fueron surgiendo, lentamente, del com- partir, con decenas de madres de sectores populares, sus pre- ocupaciones y anhelos, sus vidas, la vida de sus familias. Conver- saciones, porque no tienen estas páginas pretensiones de “tesis doctoral” sino de continuar un diálogo sobre la violencia – que angustia, que enferma, que mata inocentes – y sobre la urgencia de paz, de convivencia fraterna. Esas mujeres que han resistido heroicamente hasta ahora, y que sueñan con una vida sin insultos, golpes y balas; para ellas y para sus familias; mujeres que han te- nido y tienen pocas oportunidades para formarse y adquirir herra- mientas que les permitan parar los espirales de violencia y liderar la convivencia pacífica.

Tal vez alguien se pregunte por qué privilegiar a madres de adolescentes. Explico: la violencia nos está afectando a todos los venezolanos, pero si la intención es prevenirla, reducirla, erradi- carla, hay que poner la lupa en ciertos sectores de la población, uno de ellos, los adolescentes. La adolescencia es un período de la vida poco comprendido. A los adolescentes se les huye. “¡Son terribles, insoportables!”, solemos decir educadores y padres y madres. Se les atiende poco en su especificidad. Pero, además, la adolescencia es una edad con mucho riesgo, pues los adolescentes

pueden caer con facilidad en la droga y en manos de la violencia delincuencial. Cada día son más los adolescentes involucrados en delitos en este país. Las madres lo saben, el miedo que sienten está justificado. ¡Y se les ayuda tan poco! Estas conversaciones quieren ser una mano extendida para ustedes: madres temerosas, pero a la vez valientes y amorosas, que darían la vida por la felici- dad y la seguridad de sus hijos e hijas.

Me encantaría que estas conversaciones, se entablaran también con padres. Sé que hay muchos “hombres de buena voluntad” que se preocupan por sus hijos. Para ellos va también la invitación, pues en las familias en donde padre y madre asumen por igual la educación de sus hijos, estos crecen con menos problemas, y cuando aparecen, como son dos, hay más posibilidades para resol- verlos. De manera que si hay padres que quieran conversar sobre estos temas: ¡bienvenidos!; pero, lo confieso, mi experiencia prin- cipal ha sido con madres, con su particular manera de comunicar- se, con esa paciencia infinita cuando el tema tiene que ver con sus hijos e hijas. Ha habido algunos padres y maestros/hombres, que han asistido a los cursos que han servido de ensayo a estos proce- sos que estamos impulsando, y con honestidad, les cuento que se han portado muy bien – sin intimidar a las mujeres asistentes-, de manera que no los excluimos.

A muchos aprendizajes y conclusiones he llegado más por la vía de la experiencia que por la vía académica, de los libros, aunque luego haya consultado autores que tienen más tiempo que yo es- tudiando estos temas. Por eso, he incluido datos y algunas citas de esos autores. Pero como se trata de “conversaciones”, en las que he permitido expresarse libremente a mi cerebro “femenino”, también hay anécdotas y chistes, y comentarios de las “comadres aliadas” con las que he compartido los últimos tiempos.

El texto lo conforman 4 capítulos. El primero, “Comprender la violencia”, porque la violencia es un fenómeno complejo, y comprendiendo a qué nos enfrentamos, podremos buscar reme-

dios más acertados. El segundo, “La paz empieza con la “P” de Persona”, porque saber qué se tiene dentro, en nuestra mente y en nuestro corazón, es paso imprescindible para reducir y erradi- car la violencia y promover la paz, y porque los procesos de paz serán impulsados por “personas” concretas. El tercer capítulo, se titula “Ahora somos comadres”, porque soy educadora, y ello me convierte en “madrina” – segunda mamá – y los alumnos, hijos de esas madres, son mis ahijados, o sea que estamos en el mismo lado de la cancha, siempre a favor de los niños, niñas y adolescentes. El cuarto capítulo, “La paz es un derecho: la paz en la comuni- dad”, porque no basta con ser mujer y madre de paz. El nivel de participación ciudadana – que va mas allá de los problemas intra- familiares y personales – es necesario en esta ruta para lograr la convivencia pacífica, y, además, porque hay que hacer público el rechazo a la violencia y la adhesión a la paz. De ahí la necesidad de trascender y conversar con todo el que podamos involucrar en este camino de la paz.

El texto se pasea entonces por tres dimensiones: la personal, la familiar y la ciudadana. Me convencí que no basta con hacer actos aislados por la paz, no son malos, pero resultan insuficientes ante tanta violencia. Por eso, este itinerario, con tres estaciones, es importante cubrirlo todo. No es que trabajar lo personal úni- camente no tenga valor – en este asunto de construir la paz to- dos los esfuerzos son valiosos -, pero si no abordamos el triángulo completo, el espiral de la violencia renace. Los tres aspectos se relacionan y cada uno alimenta al otro. Si usted, como persona, controla sus emociones y resuelve problemas pacíficamente, su familia se beneficiará y usted tendrá menos angustia. Si usted se une o promueve iniciativas que tiendan a reducir la violencia en su comunidad, su familia estará menos afectada, tal vez consiga que haya menos balas en su barrio… el espiral de la violencia baja su velocidad, se mueve al revés y ofrecerá vida en vez de muerte. Mientras más se da –a favor de la paz– más se recibe.

El material está hecho para que cualquier lector pueda formar- se de manera individual. Por eso las preguntas, los ejercicios pro- puestos, las sugerencias para actividades en la comunidad… Pero será mucho mejor si las reflexiones se hacen en grupo. Les aseguro que contar a otros lo que hemos sufrido, compartir las pequeñas o grandes experiencias exitosas, juntar los miedos, hace menos di- fícil el camino. ¡Qué bueno sería si unas cuantas madres invitaran a algunos educadores de la escuela, o a algunas catequistas de la parroquia, o a miembros de los Consejos Comunales a formar una comunidad de aprendizaje, un Grupo de Apoyo Mutuo, como los que hay en otros países para enfrentar problemas comunes! ¡Se- guro que más de una llevaría café a la reunión, o compartiría la última receta inventada y hasta celebrarían algún cumpleaños!

Es posible que alguna lectora o lector quiera profundizar alguno de los temas. Para ello, al final de cada capítulo, tendrán una pe- queña lista de textos citados y recomendados para esas personas.

Por supuesto que estas conversaciones no agotan el tema, pero espero que sean útiles para hacer realidad el Derecho a vivir en paz.

No puedo terminar esta introducción sin agradecer a las mu- jeres guatemaltecas con las que compartí el Curso del Centro de Espiritualidad en agosto del 2009, cuyos testimonios de sufrimien- to y de fe me siguen alimentando; a Marlene, coordinadora de ese curso; a María Auxiliadora, psicóloga, voluntaria en un Centro de Capacitación de Fe y Alegría en Barquisimeto desde hace diez años que respondió todas mis llamadas de consulta; a la gente del Ins- tituto Universitario “Jesús Obrero” de Fe y Alegría – Barquisimeto, quienes acompañaron el primer ensayo del “Curso Básico”; a las mujeres, y muy especialmente a las “comadres” de la Carucieña de Barquisimeto, verdaderas embajadoras de la paz; a las “coma- dres” de Las Amazonas, Buen Retiro y Brisas del Orinoco, comuni- dades populares de Ciudad Guayana que tuvieron la generosidad de leer borradores de este texto, y de cuyos encuentros han salido

muchas de estas reflexiones; mujeres todas con las que he llorado y reído, y con las cuales quiero seguir de la mano. No sería justa si no mencionara también a las compañeras y compañeros del Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín que me asignan tareas que son un placer.

Estas conversaciones, pues, son principalmente para ellas, ma- dres amorosas, que viven en sectores populares, representadas por las que he conocido y de las que he aprendido mucho. No ol- viden pasar la invitación a los padres que conozcan – tal vez no lo confesarán abiertamente – pero ellos también quieren paz.

Hasta el próximo café,

Luisa Cecilia Ciudad Guayana, agosto de 2010

abiertamente – pero ellos también quieren paz. Hasta el próximo café, Luisa Cecilia Ciudad Guayana, agosto
Capítulo 1 Comprender la violencia “Me siento como una mesa de madera: en medio de

Capítulo 1 Comprender la violencia

“Me siento como una mesa de madera: en medio de todo sin poder hacer nada” Sra. Miriam (Las Amazonas–Puerto Ordaz).

Eso dijo una señora en un curso para promotoras de paz: “Me siento como una mesa”. Impotente. Y otra añadió: “Me siento en- jaulada. Veo lo que está pasando, como si estuviera enrejada. Con rabia, a veces, otras con miedo”. Y no es para menos: Venezuela es un país violento. Muy violento. Todos nos vamos a morir, pero en nuestro país se muere antes de tiempo. Cualquier actividad es riesgosa: ir a la escuela, ir a la bodega a comprar una chuchería, venir del trabajo, estar en el mercado, ir de paseo, rezar un ro- sario por un muerto… La muerte violenta se puede encontrar en cualquier lugar, incluso en aquellos que se consideraban seguros.

Este capítulo pretende que comprendamos ese fenómeno que llamamos “violencia”. Que lo entendamos en su complejidad. Que podamos detectar que nos está rodeando. Hacerlo visible, ir más allá de lo que aparece en los periódicos, rasguñar sus causas, iden- tificar los signos, comprender el problema. Eso es necesario para construir la paz que deseamos.

Es como cuando tenemos un dolor. El dolor es un aviso de que algo anda mal en nuestro cuerpo. Hay que ir al médico para que haga el diagnóstico porque si éste no es acertado, el remedio no servirá. Si despachamos el tema del maltrato, o de los insultos, las amenazas, los gritos, diciendo que “así es ahora como la gente se trata”, o si, ante una muerte por arma de fuego en la comunidad, creemos que es algo aislado, o concluimos que “violencia ha ha- bido siempre y eso pasa en todas partes”, no nos extrañe que las balas entren a nuestras casas.

Es verdad que esto que hemos escrito no es un tratado sobre la violencia, pero sí es bueno clarificar algunos puntos.

1.1. La violencia no es buena.

Cuando pregunto a jóvenes adolescentes con qué relacionan la pa- labra “violencia”, dicen cosas como “gritos, golpes, maldad, pro- blemas, llanto, rabia, odio, muerte”. Como vemos, nada bonito. La violencia, que supone el uso del poder –fuerza física, autoridad– con la intención de dañar a otro, física o psicológicamente, no es buena, nunca es buena, ninguna es buena, trae consecuencias inmediatamente o más tarde. Las personas que viven en medio de ambientes violentos, en una guerra, o en casas, escuelas o co- munidades donde abundan los golpes, gritos, amenazas, insultos, descalificaciones, no sólo se llenan de miedo, sino que terminan enfermando y, lo más grave, creyendo que esa es la única for - ma posible de convivencia, y que no hay nada que hacer frente a ella.

1.2. Hay varios tipos de violencia.

Podemos hablar de la violencia visible: la que vemos aunque no la busquemos, la física, la que se siente: los golpes, los empujo- nes, y la muerte, que es la extrema.

Hay otra violencia: la invisible, no la vemos pero también exis- te y hace daño y mata. Como la injusticia, que causa el hambre, el desempleo. La injusticia está en la raíz de mucha de la violencia social.

También se puede considerar violencia invisible, la cultural: la que acepta como normal que alguien sea maltratado o discrimi- nado por ser pobre, o indígena, o negro, o niño o niña, o por ser mujer –el machismo es parte de esa cultura-. También la discrimi- nación por pensar distinto o tener creencias religiosas diferentes. Todo eso forma parte de lo que entendemos por violencia cultu- ral. No se ve, pero impulsa a actuar de un modo especial. Muchas de las guerras han tenido en su origen culturas discriminatorias, excluyentes. Aunque resulte difícil de creer, hay culturas que con- sideran normal que unos mueran para que otros vivan. Hay ele- mentos culturales que promueven medios violentos para resolver problemas.

La violencia visible utiliza armas de fuego –legales o ilegales, caseras o industriales– o armas blancas (no sé por qué la llaman así si todas sacan sangre roja) o botellas, piedras, bates, puños.

La violencia invisible usa armas más sofisticadas: propaganda, canciones, chistes, modas… Podríamos decir que esta segunda daña “el cerebro”, la manera de pensar, que orientará la manera de actuar.

La violencia verbal, la que se puede oír. Muchos creen que no es violencia. A más de un hombre le he escuchado decir que él no es violento con su mujer porque no le pega, y más de un niño me ha dicho que sus padres no son violentos porque no le golpean.

Pero pensemos un poco: ¿Cómo nos sentimos después que alguien nos insulta o grita? ¿Cómo se siente un niño? Una vez, cuando tra- bajaba con niños de esos que llaman “huelepegas”, uno dijo lo siguiente: “Mire, maestra, a uno le pueden dar un golpe y se pone el brazo morado. Eso se quita. Pero cuando a uno le dicen cosas feas, como desgraciado, eso se mete en el corazón. No se borra”.

desgraciado, eso se mete en el corazón. No se borra”. La violencia sicológica , no se

La violencia sicológica, no se ve pero hace mucho daño, a ve- ces también se mezcla con la verbal, porque es una violencia que también se oye: cuando a una la amenazan – aunque no cumplan con la amenaza–, cuando una es despreciada. También hay gestos que pueden ser muy violentos. Una persona que vive con amenazas permanentes se enferma.

Hay actos que pueden tener varios tipos de violencia a la vez, y dejan huellas mayores. En agosto del 2010, todos los medios de comunicación, nacionales y regionales, reseñaron el asalto del que fueron víctimas 69 niños y niñas que iban de paseo a la playa, como última actividad de un plan vacacional. Los delincuentes, lamen- tablemente algunos adolescentes, les amenazaron con incendiar el autobús con ellos dentro; algunos adultos que les acompañaban fueron maltratados frente a los niños y niñas. ¡Imaginen al terror sentido por los pequeños! ¿Creen que se les olvidará con facilidad? En ese hecho hubo violencia verbal, sicológica y física.

Cuando hay casos de abuso sexual, también hay violencia física y sicológica.

Preguntas para reflexionar ¿Qué tipos de violencia ves a tu alrededor? ¿Crees que los insultos
Preguntas para reflexionar
¿Qué tipos de violencia ves a tu alrededor?
¿Crees que los insultos y los gritos son violencia?
¿Por qué?

La violencia de género. No es que sea distinta de la física, la verbal o la sicológica. La ponemos aparte para resaltarla porque tiene que ver con todas ustedes y porque suele quedar escondi-

da. Se trata de la violencia contra la mujer, que por siglos se ha aceptado como “normal”, y hoy todavía hay países en donde se acepta y se defiende que a la mujer se le maltrate, se le excluya

y hasta se le mate legalmente. No se pretende aquí subrayar esos

planteamientos que proponen una especie de “guerra entre los sexos”. Nosotras creemos que todos y todas tenemos derecho a la convivencia pacífica, pero hay que poner énfasis en la necesidad de proteger, sobre todo, a la mujer contra todo tipo de violencia,

ya que tradicionalmente ha sido la más afectada. Afortunadamen- te, hoy hay leyes que la amparan, como la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, y aunque sabemos que las leyes no bastan, ayudan. Es importante que des- de el hogar se hable de estos temas y se siembre el respeto, la igualdad de trato.

La violencia contra la mujer no puede verse como un proble-

ma “privado” –de cada quien–; es un problema social. Una mujer

a quien permanentemente se le descalifica, se le insulta – “¡no

sirves para nada!”-, una mujer a quien se le ordena como si fuera una esclava, no puede actuar luego pacíficamente con sus hijos; además se puede enfermar -insisto en esto – y hasta puede perder el deseo de vivir. La violencia, lo repetimos, no es buena para nadie. Lo deseable es que los cambios de actitud – favorables a la

paz – los hagamos todos, pero el más equivocado tiene una tarea más larga por delante. Hay que prevenir esta violencia porque son muchas las mujeres que han muerto por no pararla a tiempo. Te - nemos muchos casos que evidencian que esta no es una afirmación gratuita.

1.3. Venezuela: País violento.

Hoy la violencia que más preocupa a la mayoría de los venezo- lanos es la generada por las armas en manos de los delincuentes, esa que produce heridos y muertos antes de tiempo. Veamos sólo unos datos que han sido recogidos por el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), una gente de varias universidades del país que lleva años estudiando el problema.

del país que lleva años estudiando el problema. ¡Más que los muertos en países donde hay
¡Más que los muertos en países donde hay guerra! ¡Son muchos muertos! ¿No creen?
¡Más que los muertos en países donde hay
guerra! ¡Son muchos muertos! ¿No creen?

La violencia se mide por el número de homicidios –o sea, gente que se muere porque otra persona la mata – por cada cien mil ha- bitantes. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el promedio de homicidios en Europa es de 8.9, el de América del Sur es de 26, y, otra vez, según datos del OVV, la tasa en Venezuela es de 54. O sea que estamos por encima de la mayoría de los países que se parecen a nosotros. Estamos mucho peor, pues. La tasa de

homicidios de Caracas es más elevada todavía, es 130. ¡La segunda ciudad más violenta de toda América Latina!

Preguntas para reflexionar ¿Conocías estas cifras? ¿Te parecen exagera- das? Y en tu comunidad ¿cuántos
Preguntas para reflexionar
¿Conocías estas cifras? ¿Te parecen exagera-
das? Y en tu comunidad ¿cuántos homicidios ha
habido este año?
¿Conoces algún caso?

En el Centro de Formación e Investigación Padre Joaquín de Fe y Alegría, tenemos nuestros propios datos, recogidos en reuniones con madres, maestros y maestras y alumnos de escuelas de zonas populares en Ciudad Guayana y Barquisimeto. Son números con nombres, rostros e historias. Veamos algunos.

En una comunidad popular de Puerto Ordaz, en reunión con 15 niños y adolescentes, todos dijeron escuchar frecuentemente tiroteos en su sector; igual dijeron los de otra comunidad en San Félix, y el mismo resultado se obtuvo en una comunidad del oeste de Barquisimeto: ¡los niños y niñas no se arrullan con el Himno Nacional sino con los silbidos de las balas! Más de la mitad de los niños asistentes a esas reuniones ha visto muertos por la violen- cia. ¡A su edad! ¿Cómo les parece? Un pequeño, de 5to grado, nos dijo haber visto 3 cadáveres con tiros en un solo año. Todos dicen haber sido testigos de insultos y amenazas. Incluso una pequeña de 6to grado dijo haber sido amenazada de muerte. Casi todos los niños consultados en la comunidad de San Félix han visto armas de fuego, por haber sido atracados, y todos, en la comunidad de Puerto Ordaz consultada, dicen ver armas con frecuencia porque “los malandros andan por la calle y no les importa que se les note que están armados”, comentaron.

Preguntas para reflexionar ¿En tu familia han sido víctimas de algún tipo de violencia? ¿Has
Preguntas para reflexionar ¿En tu familia han sido víctimas de algún tipo de violencia? ¿Has

Preguntas para reflexionar

¿En tu familia han sido víctimas de algún tipo de violencia? ¿Has sido tú testigo de algún hecho violento en los últimos meses? ¿Te quedas tran- quila cuando tus hijos salen a la escuela? Comenta con tus vecinos: ¿Hay tiroteos frecuen- tes en tu comunidad? ¿Por qué crees que hay tantas armas de fuego sin control? ¿Siempre ha sido así?

1.4. ¡Todos somos víctimas y… victimarios!

Cuando hay un hecho violento, hay tres actores o tres perso- najes: uno, el que la sufre, lo llamamos “víctima”, otro, el que la ejerce, se le dice “victimario”, y otro, el que lo presencia, le llamamos “testigo”. Nosotros pensamos que hoy, en Venezuela, todos estamos siendo testigos, porque los hechos de violencia es- tán por todos lados. Piensa en ti misma. Las madres que ven a los padres golpear a los hijos, los adolescentes que ven a compañeros atracar a otros… Y también pensamos que todos y todas estamos siendo víctimas, pues el testigo sufre cuando ve lo que pasa y a veces no puede hacer nada; la víctima porque es afectada direc- tamente, y el victimario, porque es víctima de su propio violencia. Los victimarios no son felices, aunque no siempre lo confiesen.

Por todo lo anterior, consideramos que tuvo razón la Organiza- ción Mundial de la Salud –la OMS, esa que declaró la emergencia por la gripe AH1N1– al haber declarado, en el 2002, que la “Violen- cia es un problema de salud pública”. Y por lo tanto, debiera ser objeto de políticas públicas, es decir, que se deben aplicar planes sistemáticos, acciones organizadas, recursos para abordar el pro- blema. Tenemos una sociedad enferma por la violencia, además de los muertos que ya se han producido por esta causa.

Y añadimos, que todos y todas, sin darnos cuenta, estamos siendo victimarios porque estamos generando violencia a nues- tro alrededor. Claro que no hablamos de tener todos y todas el mismo grado de responsabilidad. Por supuesto que no podemos equiparar el daño que causa una madre porque grite a un niño que el que causa un delincuente que dispara contra otra persona. La afirmación que hemos puesto en letra negrita no significa que justifiquemos a los violentos. El delincuente debe ser tratado para que no siga repitiendo su conducta violenta, pero sí me parece importante alertar sobre la cultura de la violencia que se ha ido implantando en Venezuela.

Quiero que pensemos en otro aspecto más: no sólo los delin- cuentes habituales son capaces de cometer un homicidio. Creo que por el fácil acceso a las armas de fuego, la falta de control y la cultura de la violencia, -esa que ve como buena y aplaude a los violentos-, hoy en Venezuela, una persona que no viva del delito es capaz de matar a otra para resolver así algún problema.

Ejercicio Haz el siguiente ejercicio, para recapitular lo tra- tado en este apartado. Recuerda algún
Ejercicio
Haz el siguiente ejercicio, para recapitular lo tra-
tado en este apartado.
Recuerda algún caso de violencia en el que tú ha-
yas sido víctima. ¿Qué sentiste?
Recuerda otro en el que hayas sido testigo. ¿Qué
sentiste al presenciarlo?
Recuerda otro en que hayas sido victimario.
¿Cómo te sentiste después?

1.5. La violencia es como un pulpo: tiene muchos brazos.

La violencia es un fenómeno complejo. Tiene muchas causas, por eso es difícil enfrentarla. Mencionaremos algunas de esas cau- sas que influyen en el comportamiento violento de las personas:

 

Individuales

1.

Enfermedades neurológicas.

1. No pueden controlar sus emocio-

2.

No saber resolver los proble- mas por vía pacífica.

nes, necesitan tratamiento médi- co.

3.

Pensamiento rígido.

2. A veces las personas actúan violen- tamente porque no saben hacerlo de otra manera.

 

3. El pensamiento rígido no permite encontrar salidas alternativas.

 

Familiares

 

1. La madre es el ser más importan-

1.

Abandono de la madre.

te en una persona. Su ausencia deja heridas profundas en los hijos abandonados.

2. Falta de amor, real o inter- pretado así.

2. Se dice que todo maltratador fue maltratado.

3. Maltrato familiar.

3. El hijo de un embarazo no deseado es muy probable que no sea bien tratado.

4. Embarazos no deseados.

5. Cansancio, estrés de los pa- dres y madres.

4. El manejo inadecuado de las emo- ciones puede generar violencia.

 

Sociales

1.

La pobreza extrema. Las in- justicias sociales.

1.

Las carencias excesivas pueden en- gendrar rabia y odio.

2.

Desempleo.

2.

El desempleo angustia a los adul-

3.

Alcohol y otras drogas.

tos. 3 y 4. Drogas con armas son una mez-

cla explosiva.

4.

Acceso a armas.

5.

Falta de escuelas.

5.

La gente con más estudio tiene más

6.

Promoción de la cultura de la violencia por los medios de comunicación, internet, dis- cursos de líderes.

herramientas para controlarse.

6.

Lo que sale por los medios se suele ver como “bueno”.

 

7.

Si hay delitos y no hay sanciones,

7.

Impunidad. Esto es “delito sin culpable, culpable sin castigo”.

se vuelve a cometer el delito con facilidad. Las autoridades, las ins- tituciones, tienen que cumplir con

8.

Falta de espacios y progra- mas para la recreación de niños, niñas y adolescentes.

su deber.

8.

Muy importante. Al no haber estos espacios y programas, esta población infantil y juvenil está en riesgo.

Como podrán darse cuenta, el fenómeno es complejo y, normal - mente, en las historias de las personas violentas, en las historias de los delincuentes, se mezcla más de una causa. Hay más causas, pero creo que las apuntadas son suficientes para entender que, para detener la violencia, no basta con un par de acciones efectis- tas, o un operativo de vez en cuando. No todas las causas tienen el mismo peso. Por ejemplo, un pleito entre vecinos, si no hay un arma cerca, no tiene por qué terminar con un muerto. Si al que comete un homicidio se le castiga como debe ser, no queda suelto para cometer otro.

Por supuesto, no cualquier comportamiento lo vamos a calificar de violento. Algunos son sólo problemas de convivencia que no llegan a ser violencia. Por ejemplo, disgustarse porque el hijo dejó los libros regados y expresar nuestro disgusto de manera adecua- da, no es violencia y más bien ayuda a la relación y es necesario; pero darle un correazo al hijo por eso, es violencia, y hay que evitarlo. No descansar un fin de semana, puede que no influya en nuestro comportamiento, pero acumular cansancio semana tras semana, puede alterar nuestro estado de ánimo y llevarnos a exa- gerar nuestros disgustos y a perder el control.

Preguntas para reflexionar ¿Cuántos de estos factores ves en tu casa? ¿Y en tu comunidad?
Preguntas para reflexionar
¿Cuántos de estos factores ves en tu casa? ¿Y
en tu comunidad? Piensa en las personas que
repetidamente actúan de manera violenta ¿Qué
infancia tuvieron? ¿Cuántas causas de las apun-
tadas detectas en sus vidas?

1.6. ¿Nos estamos acostumbrando?

Cuando algo forma parte de nuestra cultura, lo vemos como nor- mal, no lo rechazamos y nos amoldamos a eso. Sucede para las cosas buenas y para las malas. Un buen ejemplo, de la cultura po- pular venezolana, es “pedir la bendición”. Es bonito ver a los niños

y niñas –y muchos adultos también-, pedir la bendición a padres, madres, tíos, abuelos, madrinas… Eso es muy venezolano. Y es algo bueno. Nadie se sorprende por eso porque forma parte de nuestra cultura.

Me parece terrible decirlo, pero creo que tienen razón los es- tudiosos del tema de la violencia cuando afirman que la violencia se está volviendo cultura: ya no nos asombra que alguien insulte a otro en la calle; resolver los problemas a golpes se va haciendo “normal”. Si una persona saluda al entrar en el autobús o da las gracias al comprar el pan, hay gente que mira con sorpresa. ¡Lo que antes era lo común ahora es extraordinario! ¿Será que nos hemos acostumbrado a la sequedad en las relaciones interpersona- les? ¿Será que las muertes violentas también se nos están haciendo normales? El otro día, una maestra me decía con preocupación, que cuando en su ciudad hay menos de 10 muertes violentas en una semana, a ella le parece que han sido pocas, porque otras veces llegan a 15 y 16, ¡dos diarias! Un muerto más o un muerto menos parece que da lo mismo. En las cárceles venezolanas, cus- todiadas por autoridades, se matan reclusos entre sí a cada rato. ¡No importa! Se nos ha hecho tan familiar lo de las armas que si alguien fallece por enfermedad, la familia da gracias a Dios que fue así y no por un tiro. ¡A eso hemos llegado!

Preguntas para reflexionar ¿Ves con frecuencia a la gente insultarse, maltratarse verbalmente? ¿Te parece normal
Preguntas para reflexionar
¿Ves con frecuencia a la gente insultarse,
maltratarse verbalmente? ¿Te parece normal
que la gente muera violentamente?

Una oración, “Sólo le pido a Dios, que la muerte no me sea indife- rente”, decía una canción conocida de otra década. Te propongo una cosa: haz una oración por los 16.047 muertos por la violencia del año pasado. Reza también por los familiares, por los niños y niñas que quedaron sin padre o sin madre, por los padres y madres que perdieron a sus hijos de esta manera. Si sabes de algún caso, haz mención especial.

1.7. Finalmente, una buena noticia: la violencia no es natural del ser humano.

Pensemos en algún bebé recién nacido: llora, como los polli- tos, cuando tiene hambre y cuando tiene frío. Llora porque es su manera de expresar la necesidad de comer y de abrigo, o de aten- ción, pero de resto, duerme y se ríe con facilidad. Así nacemos. Y los niños y niñas que crecen rodeados de cariño, música suave, imágenes de buen trato en su familia, aprenderán esas maneras de relacionarse.

Hemos podido visitar escuelas de comunidades indígenas con poco contacto con las grandes ciudades, y los alumnos pueden quedarse tranquilos sin sus maestros y maestras mientras dura una reunión. Nadie se cae a golpes.

Es que la violencia no nace con nosotros: ¡es aprendida! La aprendemos de lo que vemos, oímos, sentimos. Los seres humanos somos como los monitos: imitamos lo que vemos. Pero no somos monitos, podemos reflexionar y tomar decisiones. Podemos pensar antes de actuar. Podemos desaprender lo aprendido si nos conven- cemos de la posibilidad de actuar de otra manera. Podemos apren- der a pensar de tal manera que veamos diversos caminos antes de tomar decisiones.

Hay gente que dice que el comportamiento violento es natural y no se puede evitar, pero no es así. Es natural el instinto de sobrevi- vencia: hay una dosis de agresividad que se usa para defendernos, nosotros los humanos y los animales. Si usted patea un perro, o si este se siente amenazado ante un desconocido, él se defenderá y mostrará sus dientes, pero no es su comportamiento habitual.

Esta buena noticia nos anima a emprender este camino de la paz. Sabemos que es posible revertir la cultura de la violencia, otros países lo han hecho, ¿por qué no podemos hacerlo nosotros en Venezuela? Conocemos casos de personas violentas que han mo-

dificado sus conductas violentas. Sabemos de espirales de violen- cia que se han detenido.

Preguntas para reflexionar ¿Piensas que la única manera de vivir es pelean- do? ¿Conoces casos
Preguntas para reflexionar
¿Piensas que la única manera de vivir es pelean-
do? ¿Conoces casos de familias que han podido
cambiar relaciones de violencia por relaciones de
convivencia fraterna?

Hemos querido colocar este capítulo sobre la violencia para que sepamos que no es un reto fácil de enfrentar, pero el conocer se- millas de paz, nos llena de esperanza, y en este país hay semillas que alimentan la esperanza.

pero el conocer se - millas de paz, nos llena de esperanza, y en este país
Esperamos que este trozo de un poema de Benjamín González Buelta te ayude a la

Esperamos que este trozo de un poema de Benjamín González Buelta te ayude a la reflexión:

Apostar por lo germinal

Apostaremos por lo germinal con toda la verdad de un amor que se derrama como el agua, que no pregunta cómo crecerá la planta. Ni exige una altura a tiempo fijo. (La utopía ya está en lo germinal)

Bibliografía citada y recomendada para profundizar este capítulo

Briceño León, R. y Avila Fuenmayor, O.(2007): Violencia en Venezuela, Informe 2007 del Observatorio venezo- lano de Violencia, LACSO. Universidad Católica del Tá- chira, Universidad de Oriente, Universidad del Zulia.

Briceño León, R, Avila Fuenmayor, O. y Camardiel, A.

(2009): Inseguridad y Violencia en Venezuela. Informe

2008 del Observatorio Venezolano de Violencia, Edito-

rial Alfa, Caracas.

Comisión Interamericana de Derechos Humanos: Infor- me sobre inseguridad, 2006.

Galtun, J. (1998): Tras la violencia, 3R: reconstruc- ción, reconciliación, resolución. Afrontando los efec- tos visibles de la guerra y la violencia. Bakeaz, Gernika Gogaratuz, Bilbao.

Lederech, J. P.(1998): Construyendo la paz: Recon- ciliación sostenible en sociedades divididas. Bakeaz, Gernika Gogoratuz, Bilbao.

Moreno, A., Pérez, M. y otros (2006): La violencia en el Mundo de vida popular Venezolano. Revista Heteroto- pia. Enero–agosto 2006, Año XI, Nº 32-22, Centro de Investigaciones Populares. Caracas.

Capítulo 2 La Paz comienza con la P de Persona ¡Qué bonito saludo ese!: “la

Capítulo 2 La Paz comienza con la P de Persona

¡Qué bonito saludo ese!: “la paz esté con ustedes”, nos dicen, y respondemos: “y contigo”. Me encanta ese momento de la misa, es festivo, los niños y niñas se alborotan – y les gusta eso de andar saludando por todo el templo – las parejas se abrazan, y uno hasta sonríe al de al lado aunque no lo conozca.

Podríamos decir cada día en nuestras casas: “la paz esté con nosotros”. Tal vez alguna de las madres que lee estas líneas piense, “¡Bien bonito! Primero nos dice que estamos rodeadas de violen- cia y ahora viene con que la paz esté con nosotras”. ¿Y por dónde comenzamos? ¿Es posible tener paz en medio de esta sociedad in- mersa en una cultura de muerte? Pues, yo digo sí, y si no está muy convencida, atrévase, aunque se tambalee un poco en los pasos, porque, como suele decir una gran amiga, “la peor diligencia es la que no se hace”.

Claro que no se logra la paz sólo con desearla –“los deseos no preñan”, reza un dicho popular– pero si no se desea, jamás la bus- caremos. Y yo sé, estoy segura, que todas las madres quieren la paz. En este capítulo reflexionaremos sobre cómo se puede sem- brar y cultivar la paz de uno como persona.

No me voy a enredar aquí preguntando qué entendemos por “paz”, mencionemos las palabras que madres y adolescentes dicen cuando les pregunto con qué la relacionan. Las que más se repiten son: tranquilidad, felicidad, bondad, amistad, armonía, serenidad, y a veces, alguien ha dicho silencio. Debo apuntar que, cuando van

respondiendo, en los rostros se dibuja una sonrisa – seguro que es- tán recordando algún momento de paz en sus vidas-. “Paz es estar en un paisaje bonito”, leí en un dibujo hecho por un niño de la comunidad de Catuche. “Ver a los niños y niñas sonriendo me trae paz”, me dijo una vez la portera de una escuela de San Félix. “Ver

a mi bebé durmiendo me da paz”, me dijo una joven madre. “Ver

a mi mamá de 90 años tejiendo algo para su bisnieta me ilumina

el rostro y pienso en paz”, digo yo. Contemplar el paisaje de la Gran Sabana con los hilos de agua que transitan plácidamente por ella, me genera una gran paz. O sea, que la paz existe, está con nosotros. Lo que pasa es que es muy discreta. Pasa también que está opacada con tanto grito, golpes, disparos. La violencia hace más bulla. La paz, hay que encontrarla y hacerla crecer para que le gane terreno a la violencia, que también existe, como ya lo indicamos.

Ejercicio Haz un alto en la lectura, cierra los ojos, y piensa en alguna imagen
Ejercicio
Haz un alto en la lectura, cierra los ojos, y piensa
en alguna imagen que te genere paz, serenidad.
Mejor si estás en medio del silencio o con músi-
ca suave. Respira profundo varias veces. Cuando
vayas trayendo a tu mente, sonríe al construir
la imagen. Ponle color al cuadro. Verás cómo te
ayuda a serenar tu espíritu. No propongo que hu-
yas de tu realidad, sino que aprendas a detectar
signos de la paz posible en medio de tu vida.

Hay maneras de conseguir la paz personal, nosotros hemos di- señado una, partiendo de nuestra experiencia como educadoras, con herramientas que están al alcance de las escuelas de sectores

populares. Buscamos ayudar a las madres – a ustedes – a romper círculos de violencia.

Decía arriba que, sólo con desearla, no se logra la paz personal. Ayuda conocer algunos saberes que la educación, la sicología, la medicina y otras ciencias han descubierto. Ayuda, y es parte del camino, reflexionar sobre nuestra propia experiencia.

Por esta última sabemos que, simplemente dar una charla sobre la necesidad de paz y sobre la violencia, nos despierta un poco, pero seguimos comportándonos igual. Si eso fuera suficiente, ten- dríamos mucha paz en nuestras escuelas y en los hogares de las fa- milias de los alumnos. Sabemos también que así como la violencia es un problema complejo, con muchas causas, la paz no se consi- gue con una receta, como cuando vamos a hacer una buena torta:

unos ingredientes – siempre los mismos y con medidas exactas – y unos pasos bien definidos. Sembrar y cultivar la paz personal, re- quiere de un proceso.

2.1. Descubrir la violencia y la paz que llevamos dentro.

Esto es lo que proponemos, un proceso de recuperación de nues- tra historia de violencia y de paz. Fíjense que digo “descubrir”, porque está medio escondida. Se trata de recuperar lo que hemos recibido de violencia a través de nuestros sentidos, qué marcas nos ha dejado, cómo la hemos devuelto a los que nos rodean – sin darnos cuenta – y luego recuperar también, es decir, hacer cons- ciente la paz, las bondades que también nos han regalado, y cómo nosotras, a veces sin saberlo, lo hemos regalado a esas personas de nuestro entorno.

Entonces, se trata de una historia que utiliza cuatro canales para escribirla: dos tristes o dolorosos, y dos alegres y bonitos. Es importante saber que no hay dos historias iguales. Cada quien tiene su historia única, irrepetible, incluso entre hermanos de un mismo padre y una misma madre. Incluso si son gemelos. ¡Todas

las historias son distintas! Dios sólo tiene moldes originales, no hay copias ni clonaciones.

¿Es necesario este paso para conseguir paz? Decimos que sí, es imprescindible, aunque pueda doler. Sucede que hemos estado recibiendo violencia, antes y ahora, no la hemos digerido –o sea, no la hemos reflexionado- y cuando uno come algo y no lo digiere bien, le cae mal, lo repite -decimos– y hasta que no sale, no nos sentimos bien. Eso pasa con la violencia también: ha dejado heri- das en las personas, y si estas heridas no se cierran o no se curan adecuadamente, se vuelven a abrir y siguen haciendo daño. Y por eso, muchas veces, sin quererlo, las personas hieren incluso a la gente que más quieren: los hijos, las hijas, o los padres y madres. A veces, también los educadores herimos – sin querer – a nuestros alumnos. O sea, lo hacemos de manera inconsciente. Y lo que se hace de manera inconsciente, no se puede controlar. Por eso lo seguimos haciendo. Cuando una persona no ha trabajado esas heri- das, llega a grande debilitada y con menos fortaleza para abordar la violencia de la adultez.

¿Por qué volver a la primera infancia? Porque de cero a seis años todo se absorbe como una esponja. No tenemos colador men- tal en esa edad. Y además, en esos años, aunque cueste creerlo, un bebé no entenderá una pelea entre sus padres, pero sí percibe el tono de grito, de insulto, y eso se le va quedando. Huele la cer- canía de su papá o su mamá. Es sensible a las caricias y los golpes. Aunque no razone sobre lo que está recibiendo. Hay estudios que reflejan que los niños y niñas que repetidamente reciben nalgadas y correazos a estas edades tempranas, tendrán consecuencias más tarde. Los maltratos a estos años influirán no sólo en la capacidad para aprender, sino también en el comportamiento del futuro ado- lescente y futuro adulto. Recuerden que en la historia de la ma- yoría de los delincuentes y de los seres violentos, hay una infancia llena de maltrato, desamor. Está comprobado que de cero a seis años se hacen heridas que marcan a las personas y pueden expli- car comportamientos futuros. Incluso si no se ha tenido un trato

violento: no te pegaban o insultaban con frecuencia, no pasaste hambre y tuviste padre y madre a tu lado, se abren heridas, algu- nas profundas, otras leves, que conviene ponerlas sobre la mesa de nuestra mente para hacerlas conscientes y poder curarlas. Si quieres profundizar en este punto, te recomiendo algunas lecturas que incluí al final del capítulo.

Esta idea es muy importante que quede clara, porque suele creerse que a esas edades, “los niños no entienden” o “eso se olvida”, y no sabemos que la huella queda. Lo que pasa es que la recubrimos, como las capas de la cebolla, o la maquillamos. Lás- tima que en este país no haya programas permanentes y masivos para la formación de madres y padres, porque se cometen muchos errores que luego se pagan caros.

Por todo lo anterior, es muy necesario recuperar esta historia. Vamos a ir buscando en el baúl de nuestros recuerdos, utilizando para eso, los cinco sentidos, pues es por ellos que la realidad llega a nosotros: a través de lo que vemos, oímos, gustamos, olemos y sentimos. “Ojos que no ven, corazón que no siente”, dice un re- frán popular. Esto es verdad, pues hay relación entre:

• Lo que percibimos: lo que nos llega por los sentidos.

• Lo que pensamos: la idea que nos hacemos de lo que percibimos.

• Lo que sentimos: la emoción que nos produce lo que pensamos.

• Lo que hacemos: lo que empujados por lo que sentimos, deci- dimos y hacemos.

Veamos un par de ejemplos:

Comencemos por un olor. Supongamos que usted está lavando la ropa y le llega el olor de café que está haciendo la vecina. Lo percibe, lo huele. Piensa: “están haciendo café”. Siente deseos de tomar café. En base a ese sentimiento, toma una decisión: o va y hace café usted o va y le pide a la vecina.

Pongamos otro ejemplo. Una vez alguien me contó esta historia. “Yo perdí mi oído izquierdo de pequeña. En mi salón no todas las compañeras lo sabían. En el último año de colegio, la alumna que se sentaba a mi izquierda, por alguna razón que nunca investigué, se metía conmigo diciéndome cosas antipáticas, pero como yo no le oía, nunca me molesté ni le respondí. Ella creyó que yo era una santa, buena gente, porque jamás le respondí a sus antipatías”. Me reí del cuento. “Oídos que no escuchan, lengua que no pelea”, podríamos decir. Mi amiga no hacía nada porque no percibía nada. Vale aquí el ejemplo de una persona que le dice a otro una grosería terrible pero en otro idioma. El otro no se pondrá bravo porque en su mente, no se hará la idea de ningún insulto.

porque en su mente, no se hará la idea de ningún insulto. Piensa en tus propios

Piensa en tus propios ejemplos: hasta que no te enteras de algo, no lo piensas, no lo procesas en tu cerebro, y no sientes nada y no actúas.

Por eso, hay que afinar los sentidos.
Por eso, hay que afinar los sentidos.

Al borde de la calle

Mírame, Señor al borde de la calle mientras corre la vida.

Estás pasando sin cesar en la piel mulata de la gente, pero no te veo.

Eres la última consistencia de cada espalda que se dobla, pero no te abrazo.

Es nuestro y tuyo el olor de la pobreza, pero no te huelo.

Eres una gota de ternura en cada paladar enamorado, pero no te saboreo.

Alientas el giro de las ruedas y el grito de la dignidad, pero no te oigo.

(Benjamín González Buelta)

Esta oración o poema de González Buelta, sacerdote jesuita que ha vivido en comunidades populares de República Dominicana, nos ayuda a hacer entender esta otra idea: vivimos en una sociedad que nos atonta los sentidos. Andamos como aturdidos, ataranta- dos. No vemos, no abrazamos, no escuchamos, no saboreamos, no olemos, nos vamos volviendo insensibles o lo percibimos mal. Hay disfraces por todos lados. La moda se disfraza de “originalidad” y no se es original por andar a la moda; los insultos se disfrazan de “bromas”, e hieren y eso no es broma; la droga se disfraza de “experiencia placentera” y engendra muerte; la tecnología se disfraza de “comunicación” y nos aleja del que tenemos al lado… Sin llegar a estos extremos, pasan desapercibidos para nuestros

sentidos signos de violencia y también se nos escapan los signos de paz. Y, repetimos, si no percibimos o percibimos mal, no actuamos o actuamos inadecuadamente.

No hay que deprimirse, hay una buena noticia: ¡es posible edu- car los sentidos! Podemos recuperar la sensibilidad. Podemos, también, comprender nuestros pensamientos y podemos educar nuestra manera de pensar.

2.2. ¿Qué historia tenemos?

Volvamos a los sentidos y a la recuperación de esas historias.

No a todo el mundo le funcionan los sentidos de la misma ma- nera. Hay gente con oídos más agudos, hay otros con olfato muy fino, hay gente que no fija en su memoria sabores. Los intereses hacen variar las percepciones. Por otra parte, cada quien tiene su manera de transformar sus percepciones en pensamiento. Hay pensamientos rígidos –como si fueran un riel de ferrocarril– y hay pensamientos flexibles. Eso también varía –y también se aprende-. Por esa serie de diferencias particulares, y porque cuesta recupe- rar esos recuerdos, es que proponemos la reflexión utilizando los cinco sentidos. Algunas conseguirán sus recuerdos violentos más fácil recordando lo que vieron, por ejemplo; otras se detendrán más en lo que escucharon… y así. Vamos uno por uno.

Historia triste o dolorosa de nuestros sabores. ¿Qué sabores de tu infancia te traen recuerdos tristes o dolorosos? Tal vez alguna medicina, de esas horribles que daban las madres o las abuelas, o quienes nos cuidaban. Piensa en ello. Luego pregúntate con quién o con qué lo asocias. Si seguimos con el ejemplo de la medicina, tal vez lo asociamos con una enfermedad concreta –los parásitos, parece que todos y todas en Venezuela tienen un capítulo sobre “medicinas espantosas” relacionadas con pará- sitos-. Luego, pregúntate, qué piensas y qué sientes cuando lo has recordado. Hay gente que ya sólo se ríe al evocar aquel mal sabor, o comprende que su madre se lo daba por su bien, pero

hay otras que recuerdan que si no lo tomaban recibían correazos

y cosas así, y entonces sigue molestando ese sabor. He escu-

chado casos de sabores que para algunos son dolorosos y para

otros, alegres. La verdad es que el recuerdo de dolor no tiene tanto que ver con el sabor en sí sino con lo que rodeaba al sabor. Normalmente, tiene que ver con la imposición o la amenaza,

y muchas veces la amenaza venía seguida de la acción: “me

pegaban fuerte si no me comía la comida”. Hay gente que con este ejercicio ha comprendido el rechazo que hoy de adultos le tienen a ciertos sabores.

Historia triste o dolorosa de tus olores. Repetimos los mismos pasos. ¿Qué olores de tu infancia te traen recuerdos tristes o do- lorosos? Hay gente que recuerda olores de hospital: alguna en- fermedad grave de ella o de su familia. Hay gente que recuerda el olor a la basura, asociado a la pobreza extrema. Nuevamente, preguntamos con qué o con quién se asocia el olor doloroso, y luego qué se piensa y qué se siente al recordarlo hoy. Siempre las historias son particulares y originales. No me olvido de la señora que mencionó como olor triste a la hallaca y todos los platos navideños. Nos sorprendió a todas las del grupo. Pero lo entendimos después: había tenido una infancia rodeada de pobreza extrema y olía las hallacas de los vecinos, pero, ella no las podía comer. Una vez una señora mencionó el olor a ciertas flores como algo triste: lo asociaba a la muerte de su madre:

“llevaron muchas flores”… Cada historia es única y los recuerdos dolorosos tienen explicaciones.

Hagamos un alto en la lectura y realiza el siguiente ejercicio.
Hagamos un alto en la lectura y
realiza el siguiente ejercicio.
Ejercicio Piensa en algunos de esos olores o sabores que te han traído recuerdos tristes
Ejercicio
Piensa en algunos de esos olores o sabores que
te han traído recuerdos tristes o desagradables
y recuerda qué rodeaba a esas sensaciones. Lue-
go, mírate en el espejo, ¿qué rostro pones?
Lue- go, mírate en el espejo, ¿qué rostro pones? • Historia triste o dolorosa de los

Historia triste o dolorosa de los sonidos, palabras, tonos que tus oídos han recibido. Esta suele ser para muchos, la historia más dolorosa. Parece que es cierto lo que me dijo aquel niño de la calle, mencionado en el capítulo anterior. No sólo dejan huella los gritos, los tonos, las ironías, sino también las desca- lificaciones, tales como: “¡Tú no sirves!, ¡todo lo haces mal!, ¡qué bruta eres!”. Las comparaciones: “¿por qué no haces las

cosas como tu prima?”. Esas expresiones dejan huellas en las personas. Los niños y niñas se lo creen: “Yo soy bruta. Yo no sir - vo para nada. Yo soy mala”… Las etiquetas marcan a la gente. A veces, hay que hacer “cirugía profunda”, “historias auditivas”, pues quedan pegadas en el “disco duro” y no las detectamos como heridas. Antes apunté que hay gente que cree que sólo los golpes son violencia y le da poca importancia al maltrato verbal. A veces, no se trata sólo de lo que nos han dicho, sino también de lo que han dicho a otros en presencia nuestra. “Recuerdo a mi papá gritando a mi mamá”, por ejemplo. Es bueno hacer notar también que las ausencias también duelen. También nos puede herir lo que no escuchamos. ¡Cuántas veces he escu- chado decir, con gruesas lágrimas, que jamás recibieron una pa- labra amable en su infancia! Sobre lo que escuchamos y, luego, sobre lo que decimos y cómo lo decimos, nos detendremos en el capítulo tres. Pero quisiera insistir en las huellas profundas que las palabras suelen dejar. No recibir esas palabras de afecto nos puede llevar a pensar que no fuimos queridas y eso es terrible- mente doloroso.

Ejercicio Haz una lista de esas palabras que te dijeron de pequeña. Piensa también en
Ejercicio
Haz una lista de esas palabras que te dijeron de
pequeña. Piensa también en esas que no te dijeron
que te hubiese gustado escuchar. SI quieres llorar:
llora. Recuerda que las lágrimas limpian la mirada.

Historia triste o dolorosa de las imágenes que hemos visto. Podíamos también decir “escenas o episodios”. ¿Qué viste en tu infancia que te trae recuerdos tristes o dolorosos? Lo siguiente vale para los otros sentidos también. No todo lo triste viene producto de la violencia. Una muerte de un familiar querido, por ejemplo, puede ser algo triste, pero no es violencia recibi- da, aunque deje huella. No genera odio, ni resentimiento con

la persona que murió, a menos que haya muerto violentamente; entonces generará rabia hacia el culpable. En cuanto a las es- cenas o episodios presenciados violentos, a veces han sido tan fuertes que la gente tiende a borrarlos sin procesarlos, y si eso pasa, la herida no se curará. De nuevo, repetimos las preguntas, ¿con qué o con quién asocias la imagen violenta? ¿Qué piensas y qué sientes hoy al recordarlos? La vista es un sentido que fija mucho, por eso la televisión atrae más que la radio. Por eso, como decía un sacerdote amigo, “hay que ser bueno y parecer- lo”, porque el otro recibe lo que ve.

Historia triste o dolorosa de la piel. Llegamos al final del reco- rrido sensorial: la piel. ¿Qué recuerdos tristes o dolorosos de la infancia tiene tu piel? ¿Fuiste criada a punta de golpes, correa- zos? ¿Las manos de los adultos que te rodeaban se usaban para pegarte o para acariciarte? ¿Te tocaron por donde no querías? He escuchado muchas historias que creí que sólo existían en los cuentos de siglos pasados. Hoy, todavía se usa con frecuencia el maltrato para “corregir a los hijos”, aunque se ha comprobado que el maltrato no corrige. De hecho, está prohibido por las leyes de muchos países, sin embargo se sigue utilizando. Hay adultos que lo justifican y lo ven bien, pero hay muchas inves- tigaciones que nos dicen que en la infancia de los delincuentes hay correas y golpes frecuentes. También en la historia de niños que prefieren ir a vivir a la calle que permanecer en sus casas llevando malos tratos. La policía también usa esos procedimien- tos violentos e ilegales. En la televisión nos han enseñado que hay “héroes” que hacen su nombre golpeando. Pero hay otros recuerdos que tienen que ver con la piel: los abusos sexuales, las violaciones. Más frecuentes de lo que creemos, puesto que avergüenza contarlo y mucho más denunciarlo. También es un delito abusar de niños y niñas sexualmente, pero muchos de estos delitos quedan escondidos. “No me van a creer”, dicen y prefieren callar. ¡Si la piel hablara, contara muchas cosas! ¿Qué te dice la tuya?

Ejercicio Busca alguna foto tuya de cuando eras pequeña, y completa tus recuerdos con la
Ejercicio
Busca alguna foto tuya de cuando eras pequeña,
y completa tus recuerdos con la foto en frente.
¿Qué sientes al recordar? ¿Rabia? ¿Dolor? ¿Des-
cubriste algo?

Este recorrido no se puede hacer de cualquier manera. Se necesita un ambiente adecuado y acompañamiento, pues pueden salir recuerdos muy dolorosos. Tal vez descubras que tus heridas son muy grandes y que requieres de ayuda profesional. Pero lo que sí es importante repetir es que si no hacemos consciente toda la violencia que hemos recibido, la trabajamos, la reflexionamos, lo más seguro es que la repitamos, pues se ha sembrado y se ali- menta de la que recibimos actualmente – como víctimas o como testigos – y eso nos convierte en victimarios. Devolvemos “mal por mal”, manteniendo el espiral de la violencia.

Por lo anterior, al final de cada reflexión, también se propo- ne recuperar nuestras acciones con los que nos rodean. Es decir:

¿cómo nos perciben los otros? ¿Qué generamos en los otros? Senti- do por sentido.

Veamos algunos ejemplos, el oído: se recupera lo que se ha escuchado y que ha hecho daño, y preguntamos: ¿de tu boca han salido palabras que hayan abierto heridas en otros? Muchas veces

se reconoce que se ha repetido con los hijos lo que recibieron en la infancia. “Le he dicho a mi hija mayor lo mismo que me decían

a mí y que me hizo tanto daño”, contó un día una señora. Y así nos

vamos preguntando: ¿has sido protagonista de imágenes violentas para otros?, ¿cómo te ven?, ¿tus manos se han alzado para golpear

o amenazar? En resumen: ¿repito lo que recibí de pequeña?

No es obligado que eso suceda: alguien violado de pequeño no tiene que ser violador, pero lo que sí se sabe es que los maltrata-

dores fueron maltratados, los violentos fueron violentados. ¿Puede evitarse la repetición de historias violentas? ¡Sí! Podemos parar la violencia que recibimos y la que generamos. Cada caso es cada caso: si hay enfermedades neurológicas, hay que tratarlas; si hay heridas profundas, hay que curarlas; si hay desconocimiento de todo esto que has leído, conocerlo ayuda a que no lo hagamos. Los niños y niñas aprenden por imitación. Así aprendieron ustedes de sus padres y madres o de quienes las cuidaron de pequeñas. Para desaprender esos comportamientos violentos, se requiere vernos en un espejo, como si nos metiéramos en el “Túnel del tiempo”. Se requiere comprender al que nos hizo daño. ¿Por qué lo hizo? A veces podemos entenderlo: lo hizo porque no sabía hacer otra cosa, así lo criaron a él o a ella, también fue maltratado en su infancia… No siempre tenemos respuestas, pero ayuda verlo desde lejos.

Cuando las experiencias de violencia son de la etapa actual de la persona, no es que no generen heridas, pero de adulto se supo- ne que se tiene la capacidad de razonar, explicarse por qué pasan las cosas, y, además, el adulto se puede defender. El niño y la niña no, por eso la marca es mayor.

Nada de esto se hace para que nos carguemos de rencor por lo que pudo haber pasado y me dañó, ni de culpas por lo que pude haber hecho y dañé . Una cosa es asumir nuestros actos y recono- cer las consecuencias de ellos y otra cosa es pasar la vida cargando con el pasado como un gran peso en la espalda, que no me dejará volar para conseguir los sueños. De ahí la importancia del perdón, palabra mágica e indispensable para sanar esas heridas, las pe- queñas y las grandes. Más adelante se tratará este aspecto, pero me pareció importante mencionarlo después de este recorrido. Entonces, en resumen: comprender y perdonar.

2.3. Recuperar la historia de paz y bondad.

Pero toda nuestra vida no ha sido tristeza y dolor. ¡Sería terri- ble! Con el perdón de quien hizo una oración que rezaba cuando

estaba en la primaria, no creo que hayamos venido a este mundo a “llorar a un valle de lágrimas”. Creo que Dios nos hizo para vivir plenamente. Creo, además, que todo el mundo ha recibido bonda- des y paz, y muchas veces no lo ha notado. Acuérdense del poema de los sentidos. La paz personal, pues, pasa también por recuperar esas historias alegres de nuestra existencia.

Hacemos el mismo recorrido, pero, ahora en las otras dos vías, las positivas, las sanas. Un autor que me gusta mucho y que ha hecho mucho bien, el sacerdote guatemalteco Carlos Cabarrús, habla de las dos partes del ser humano: la parte herida y el pozo de posibilidades (Cabarrús, 2002). Yo hablo de las vías que nos ofrecen los sentidos. Ya vimos las dos dolorosas, ahora nos vamos por las alegres. Es posible que hayas dedicado poco tiempo a pen- sar en las cosas buenas que has recibido y que también has dado a otros. He conocido personas tan golpeadas y humilladas, que creen que no tienen nada bueno y les cuesta ver los amaneceres de sus vidas. Y también he visto cómo esas personas pueden reha- cerse, partiendo de lo bueno que tienen dentro.

Es un recorrido bonito:

• Sabores de tu infancia que te traen recuerdos agradables. ¿Con quién o quiénes los relacionas? ¿Qué piensas y sientes hoy al recordarlos? Salen a danzar mangos en patios de abuelos, tortas en algún cumpleaños, las sopas de la mamá, los caramelos que alguna vez trajo papá…

• Olores de tu infancia que traen recuerdos agradables, ¿con quién los relacionas?, ¿qué piensas y qué sientes hoy al evocar- los? Seguro que alguien pone el olor del café, relacionado con la familia, el compartir, símbolo de la cordialidad venezolana. Un café siempre es para tomarlo con la gente que se quiere, por eso su olor es el olor de la amistad, la cordialidad. Tal vez no lo tomamos de pequeñas, pero el olor nos puede recordar a papá y a mamá, sin pelear, hablando en la cocina mientras tomaban el café. Y así vamos recogiendo olores de vida.

• Palabras escuchadas en tu infancia que te traen recuerdos bo- nitos. ¿Quién te las decía? ¿Cómo te ponías? ¿Qué piensas y qué sientes hoy al recordarlas? A veces, la gente recuerda una can- ción, “me la cantaba mi mamá para dormir”, por ejemplo. Una vez una señora dijo que recordaba con felicidad la “marchanti- ta” del heladero, pues siempre su abuelo le compraba un hela- do. A veces, son sonidos: “Recuerdo cómo sonaban los árboles del patio de mi abuela. Ahí jugaba con mis hermanos”, dijo una señora en Barquisimeto y sonreía al contarlo. Hay personas que les cuesta mucho conseguir algo amable en esas historias y re- quieren de más tiempo para encontrarlas. Como cada historia es única, ayuda preguntar qué no escuchamos de pequeñas que nos hubiese gustado oír. Suelen repetirse estas dos frases: “Te quiero”, y “te acepto como eres”.

• Imágenes de tu infancia que te traen recuerdos de paz. “Los re- galos cuando venía mi madrina. Cuando me picaron una torta”… “Yo jugando con mi hermanita”. Alguna travesura que nos hace reír y que suponía “complicidad” con hermanos y hermanas. Suelen aparecer los patios de abuelos, a veces permisivos, que dejaban no sólo jugar sino agarrar los mangos en tiempos de cosecha …

jugar sino agarrar los mangos en tiempos de cosecha … • Sensaciones agradables grabadas en tu
jugar sino agarrar los mangos en tiempos de cosecha … • Sensaciones agradables grabadas en tu

• Sensaciones agradables grabadas en tu piel infantil. Salen los abrazos de la abue- lita, los besos de mamá cuando me iba a la escuela, aunque no dijera nada … “Cuan- do me enfermaba, mi papá me pasaba la mano por la cabeza”…

Es hermoso escuchar a las compañeras ha- blar de este recorrido, después de tomarse su tiempo individual para recuperarlo. Los rostros cambian, la sonrisa se va instalando no sólo en la que habla, también en la que escucha. Todas y todos tenemos recuerdos de paz, pero no solemos traerlos a la

conciencia. Ese proceso de recuperar, reflexionar, contar, gustar, es curativo y siembra esperanza. Veremos, posiblemente, que in- cluso personas que nos hicieron daño en el pasado, también en algún momento nos sonrieron o nos ayudaron. A veces, escuchan- do a otras personas, recordamos episodios nuestros que se habían olvidado.

Igualmente, y este es el otro canal positivo, se siembra paz en nuestro corazón, cuando
Igualmente, y este es el otro
canal positivo, se siembra paz
en nuestro corazón, cuando se
recupera lo bueno que hemos dado
a los que nos rodean.

Veamos algunos ejemplos de la historia: ¿he proporcionado yo olores agradables a los que quiero?, ¿sabores? Salen entonces re- velaciones insospechadas: “¡Sí! ¡El olor a limpio de la ropa es un olor agradable y da paz!” ¡Por supuesto salen las tortas, los san- cochos! Con sus olores y sus sabores… En fin, ¡son tantas las cosas que las madres han hecho por los que le rodean!, pero como bien dijo una vez la Sra. Erika: “Hacemos mucho, pero no lo decimos, con tanto trabajo siempre, ni cuenta nos damos de eso bueno que sembramos”. Por eso, la importancia de agradecer a los demás los “regalos” que nos dan a diario. Por eso, todos y todas debiéramos ser miembros de la Asociación de la Alabanza Mutua, así nos da- ríamos cuenta de que podemos ser buenas gentes, más de lo que comúnmente creemos.

En este recorrido, cuando se comparte en grupo, se recupera mucha esperanza también. ¡Tantas cosas que generan alegría y paz y todas gratis! Se puede ver que hay posibilidad de curación de las malas experiencias, generando experiencias positivas. Se subraya que las dos grandes necesidades de todo ser humano al nacer, son

sentirse y saberse querido y ser aceptado. Cuando eso no lo perci- be el bebé, el niño, la niña, se abre una herida. Y ya saben: herida que no se cura, se abre en cualquier momento y puede provocar comportamientos violentos.

momento y puede provocar comportamientos violentos. Ejercicio Cierra los ojos, respira profundo, vuelve a
momento y puede provocar comportamientos violentos. Ejercicio Cierra los ojos, respira profundo, vuelve a

Ejercicio

Cierra los ojos, respira profundo, vuelve a tomar la foto de cuando eras pequeña en tus manos, completa los recuerdos de tu infancia. Ponle colo- res a esos recuerdos. Escribe en una hoja algunas palabras de esas lindas que te dijeron y coloca la lista en la nevera… ¡Adivino que sonreíste con este ejercicio! Tal vez lloraste también, pero es- tas lágrimas te hicieron brillar los ojos,

Si este ejercicio se hace en grupo, se multiplica- rán las sonrisas y la reunión parecerá una fiesta de cumpleaños, con las miradas brillantes como velitas de la torta.

Dado que hemos subrayado la importancia del “buen trato ver- bal”, quiero cerrar ésta parte con un trozo de otro poema de Gon- zález Buelta, titulado así, simplemente:

Una palabra

Una palabra en la mano puede ser pan y amistad ofrecidos al que anda sin nadie.

Una palabra en el agua puede ser un apoyo para saltar la corriente.

Una palabra en el aire puede ser un puente para salvar los abismos. Una palabra en la piel puede ser un rubor en la mejilla del que se ama.

¿Qué otras cosas pueden ser las palabras? ¿Tendemos puentes, apoyamos, damos la mano con nuestras palabras?

2.4. Las erres” de la Educación para la Paz.

Cuando menciono la palabra “Educación”, no pretendo que to- das las madres dejen su casa y se vayan a la escuela, aun cuan- do ayuda mucho que lo hagan con frecuencia. Educar no es algo sólo escolar. La familia también educa y lo que quiero expresar es que la educación brinda la posibilidad de desaprender los compor- tamientos violentos, corregir errores cometidos por los que nos cuidaron –o descuidaron- en la infancia, corregir nuestros propios errores. La educación sirve también para prevenir. Educar es sacar lo mejor del otro. Entonces, “educar para la paz” es potenciar las posibilidades de generación de paz que tiene el otro, en este caso, las madres con ellas mismas y con los que les rodean, así como ad- quirir herramientas que permitan reducir y erradicar la violencia.

Yo he hecho mi lista de componentes de la Educación para la Paz. Todas comienzan con la letra “R”, de manera que será muy fácil recordarlos. Todos los componentes son necesarios y no vie- nen uno detrás de otro, sino que se mezclan.

Antes de considerar cada una de estas “R”, establezcamos como base, que todas ellas están orientadas por valores, pues ellos guían nuestras acciones. Piénsalo: si para ti es una valor la solidaridad, ayudarás a los demás sin que nadie te obligue; si para ti es un valor la honestidad, rechazarás la corrupción, no robarás, aunque tengas oportunidad de hacerlo y nadie te esté viendo; por el contrario, si en tu familia “el machismo” es un valor, se ve como bueno el comportamiento machista, aplaudirás que el vecino no deje salir a la vecina para ninguna parte. Hay valores que tienen mucha competencia hoy día, como el del respeto mutuo pues hay gente que cree que respetar al otro es prueba de debilidad o co- bardía. Por eso, es tan importante que esos valores se defiendan y se promuevan públicamente.

Pregunta para reflexionar ¿Qué valores orientan tu vida familiar?
Pregunta para reflexionar
¿Qué valores orientan tu vida familiar?

Partiendo de la convicción de que la paz es un valor para ti, veamos esos componentes de la Educación para la Paz.

R de reflexión. Dado que la violencia está muchas veces escon- dida y la paz también, requiere que pensemos sobre el asunto

y no nos dejemos llevar por lo primero que se nos ocurre. El

diccionario dice que “reflexionar” significa “considerar nueva

o detenidamente una cosa”. ¡Esto es lo que hemos hecho en

estos capítulos sobre la violencia y la paz! No es algo que se termina con este material: saldrán nuevos elementos sobre los cuales debemos reflexionar con los hijos, con la pareja, con los maestros y maestras de la escuela, con los vecinos. La realidad

de cada día nos pide que reflexionemos, que nos de-ten-ga-mos

para que los hechos no pasen por el lado y nos afecten, sin que nos demos cuenta y no podamos defendernos.

Pregunta para reflexionar ¿Puedes dedicar unos minutos diarios a la reflexión?
Pregunta para reflexionar
¿Puedes dedicar unos minutos diarios a la reflexión?

R de reunión. No me cansaré de repetir que solos no podemos ni erradicar la violencia ni sembrar y cultivar la paz. Esta es una tarea que sólo puede hacerse en colectivo, en grupo. Incluso esta reflexión sobre la paz personal es mejor hacerla en grupo, claro que cada quien comienza con su reflexión individual, pero para seguir creciendo en la construcción de la paz, necesitará de otras personas. Llámele “grupo de vida”, “grupo de apoyo mutuo”, “club de fanáticas de la paz” o como quiera llamarle, pero necesitamos lo que los sicólogos y sacerdotes denominan “grupos de referencia”. O sea, necesitamos compañía, gente de confianza con quien hablar de estos problemas. No sólo porque varios ojos ven más que dos – y si ya tiene presbicia como yo, más todavía – sino porque sentirse parte de “algo” es muy im- portante para enfrentar la violencia. Se comparten alegrías y preocupaciones: las alegrías se multiplican y las preocupaciones se dividen. ¿Ven qué buenas matemáticas?

Preguntas para reflexionar ¿Tienes algún grupo de referencia? Si la res- puesta es no: ¿te
Preguntas para reflexionar
¿Tienes algún grupo de referencia? Si la res-
puesta es no: ¿te gustaría formar parte de uno?
¿Conoces grupos de vida en tu comunidad?

• R de respiración profunda, de relajación. Con esta “R” estamos englobando una serie de herramientas que ayudan a serenar nuestro interior, calman ese agite en el que suele estar nuestra mente. No es cosa de magia, aunque lo parezca, pero practicar de manera frecuente ejercicios de respiración profunda, trae

muchos beneficios para nuestra salud física y mental. Reduce el cansancio, ayuda a la concentración, favorece el aprendizaje, reduce dolores, calma la rabia, permite pensar con más clari- dad. Es verdad que no hay materias en la escuela que lo ense- ñen -¡mucho bien que harían!- pero también se puede aprender. Cuando trabajamos el curso básico que estamos presentando en

estas páginas, practicamos ejercicios de respiración profunda al comenzar cada sesión y luego los mandamos de “tarea para la casa”. Las mujeres que los siguen haciendo posteriormente dan fe de que manejan mejor sus emociones. Además: ¡es gratis! Con esta “R” me refiero también a la importancia de aprender

a relajarnos. Eso pasa por escucharnos a nosotras mismas, a

nuestro cuerpo, que a veces cansado nos grita que paremos,

y no lo hacemos, con lo cual, es muy posible que terminemos,

como mínimo, dando una mala respuesta al que se acerque, si es que no le lanzamos lo primero que agarremos con la mano.

El cansancio, mental o físico, es malo para la paz. Pregunto: ¿te

tomas un rato de descanso en tu día de trabajo?, ¿has probado hacer ejercicios de respiración profunda?

¿has probado hacer ejercicios de respiración profunda? Ejercicio Toma unos minutos. Cierra los ojos, si tienes

Ejercicio

Toma unos minutos. Cierra los ojos, si tienes za- patos de tacón o te quedan apretados, quítate- los, siéntate cómodamente y empieza a respirar profundo. Tomas el oxígeno por la nariz y lo vas soltando por la boca. Lentamente. Siente que el vientre se te llena de oxígeno que hace revivir el organismo. Mantén el oxígeno tres segundos para que llegue a las células del cerebro, luego bóta- lo por la boca. Realiza este ejercicio unas diez veces.

• R de reír, recrearnos. Estrechamente ligada a la anterior “R”, está la de reír.

R de reír, recrearnos. Estrechamente ligada a la anterior “R”, está la de reír. ¡Esta “R” me encanta! ¡Nos hace tanto bien reír- nos! Hay gente que cree que reír no es algo serio ni es de serios. ¡Grave error! Reír o sonreír, que es un anticipo de la risa, es un remedio muy útil. No sólo tiene efectos positivos para la salud:

reduce dolores, aumenta las defensas del organismo. Hace siglos que los médicos sabían de estos beneficios, y por eso cuando los reyes se enfermaban, recomendaban que les llevaran payasos para hacerles reír. Además de lo anterior, reír descansa, permite ver los problemas con más claridad. Leí alguna vez que el buen sentido del humor es como un limpia parabrisas: no quita la lluvia pero ayuda a que se vea bien la carretera. Un buen chiste disuelve tensiones en una reunión, recupera la atención en un aula si los alumnos se están aburriendo pues también tiene va- lores pedagógicos. La sonrisa funciona como la cirugía estética, porque quita arrugas en los que andan bravos. ¡Se les alisa el rostro! ¡Ja, ja, ja! Hay que distinguir entre reírse y burlarse. La risa, producto del buen humor, es sana y atrae. Uno se ríe con otros. La burla, en cambio, supone un desprecio por el otro. Uno se burla de otro. Esa es dañina, muy dañina. La burla es un in- sulto disfrazado de broma. No es juego. Lo que se promueve en la Educación para la Paz es la risa y la sonrisa. Pruebe cada día, por la mañana, sonreír frente a su espejo unos 3 segundos y verá que se distiende. ¡Si usted aprende a reírse de sí misma, tendrá motivos para reír hasta que se muera! No elimina sus problemas ni mejora su sueldo, ni acaba con sus canas, pero las verá como “ideas luminosas” y no como algo vergonzoso. (¡Yo tengo muchas ideas luminosas!). No hay excusas: “es que ese es mi carácter”,

dicen algunas personas de mal genio. Hay que responderles que ese es “su mal carácter”. El buen sentido del humor también se puede cultivar y es contagioso. Ingrese a la AAM -la Asocia- ción de la Alabanza Mutua-, asociación que ya tiene decenas de miembros, pues sólo tiene un mandato: “Alábense los unos a los otros “, o sea: valore al otro y dígale cosas bonitas producto de esa valoración. En vez de regañar a su hijo pequeño, hágale cos- quillas y luego hable con él, verá que la conversación fluye. En estos tiempos de violencia generalizada, hacer reír a otros es un apostolado. Funde en su casa un Movimiento, el M.P.R.: Mujeres por la Risa. Y ojalá que ellos, los hombres que habitan tu casa, hagan lo mismo. ¡Falta que les hace a muchos! ¡Ja, ja, ja!

Y ya que estamos hablando de “recrearnos”, supongo que esta- rás cansada, rendida, para seguir con las “R” con tanta lectura, así que haz un alto y recréate con este pasatiempo.

Sopa para Mujeres lindas”

Relajarte un momento a mitad de mañana o de la tarde, es muy beneficioso para la salud mental.

¿A quién no le gusta una Sopa de letras? Mucho más si es de puros
¿A quién no le gusta
una Sopa de letras?
Mucho más si es de
puros “piropos”.

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Y

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N

S

I

B

L

E

L

Ubica los siguientes piropos, que seguro los has encontrado primero en ti.

1.

Responsable

8. Linda

2.

Servicial

9. Amable

3.

Trabajadora

10. Juguetona

4.

Sensible

11. Super

5.

Optimista

12. Justa

6.

Perseverante

13. Sonriente

7.

Detallista

¿Consigues otro que no está en la sopa? ¡Agrégalo!

¿Sientes que te falta alguno de los piropos anotados? ¿Puedes hacer algo para adquirirlo? ¡Hazlo!

Ahora haz una lista de “piropos” que puedas decir a los que te rodean:

Sigamos con las R.

R de reconciliación. Según el diccionario, reconciliar significa “hacer que vuelvan a ser amigos los que estaban desunidos”. O sea: perdonar. El proceso indicado antes sobre descubrir la violencia en nuestra vida, no se cierra hasta que no perdone- mos. Eso pasa incluso en países en donde ha habido conflictos armados. Uno de los más famosos activistas en estos procesos de la paz mundial, un señor ya muy mayor originario de Norue-

ga, llamado Johan Galtung, dice que después de terminada la violencia armada, cuando hay ejércitos enfrentados como hubo en El Salvador, por ejemplo, debe venir un proceso de reconci- liación. Dice que hay que poner a la gente junta a reconstruir lo que destruyó la violencia (Galtung, 1998). Eso no debe ser fácil. En pequeño, digamos, en la vida de una persona, después de recuperar la violencia recibida, conviene perdonar a los que nos han hecho daño. Si no hay perdón – reconciliación– perma- nece el resentimiento, que daña y puede generar más violen- cia. Es lo que llamamos venganza. El resentimiento, es como el agua empantanada: huele mal, produce enfermedades, cría mosquitos. El perdón, es como el agua de un río, que corre y se

oxigena. Ahí se crían peces que alimentan a otros seres. Con esa agua se puede uno bañar, con el agua pantanosa no. Perdonar alivia mucho, tanto al que perdona como al perdonado. Incluso

si la persona que nos hirió antes ya ha muerto, a ella también

se le puede perdonar. Se aprende tanto a perdonar como a pe-

dir perdón. Esa oración extraordinaria que es el Padrenuestro, habla de los dos “perdones” cuando se pide a Dios-Padre que “perdone nuestras ofensas como también nosotros perdonamos

a los que nos ofenden”. Los corazones generosos son capaces

de hacerlo. Conozco el caso de alguien, mi amigo Germán, que fue secuestrado y estuvo encerrado durante once meses en un

cuartucho, sin ver a nadie, sin escuchar a nadie. Sólo una Biblia le acompañaba, y su lectura le dio fortaleza. Cuando recuperó

la libertad, decidió perdonar a sus captores, “porque ellos tam-

bién eran hijos de Dios”. Salió de esa dura experiencia sin resen- timiento, sin odio alguno. Creció. Es una gran lección. Conoz- co mujeres que han sabido perdonar a sus padres y padrastros maltratadores. Son heroínas anónimas. Perdonar y pedir perdón son dos herramientas que ayudan a sembrar paz. Perdonar no significa que se olvida la ofensa. Ya eso forma parte de tu vida, pero como dijo Yaira, de La Carucieña de Barquisimeto, “puedo recordarlo, pero ya perdoné y ahora no duele”.

Ejercicio

¿Qué tal si cierras este punto con este ejercicio?

Antes, repite el de la respiración profunda, y luego, personaliza el ejercicio, pues el perdón es algo abso- lutamente libre y personal; luego, piensa y responde estas preguntas.

Yo

( escribe tu nombre aquí)

Quiero perdonar

Porque (escribe

¿Qué siento

a

la razón brevemente, basta un par de palabras).

al haber

(apunta aquí a quién quieres perdonar).

perdonado?

Quiero pedir

Porque

¿Qué siento

perdón a

al imaginarme

perdonada?

Quiero

Porque

¿Qué siento

perdonarme a

al haberme

mi misma

perdonado?

Si encuentras que tienes resistencia en perdonar a alguien, no te obligues; sólo hazlo conciente y pregúntate qué ganas con se- guir con esa amargura. Cualquier día vencerás la resistencia y po- drás hacer como mi amigo Germán, que ahora ríe al contar lo que le dijo un amigo: “¡Qué bien te cayó ese secuestro!”

Perdonar o sabernos perdonados nos pone alegres, así que te pro- pongo que consigas la
Perdonar o sabernos perdonados
nos pone alegres, así que te pro-
pongo que consigas la música de
esta canción, lee la letra, cántala y
baila, si es en grupo, ¡mejor!
Celebra la vida
la voz de un ángel dijo que te diga

No sé si soñaba, no sé si dormía,

y

¡Celebra la vida! Piensa libremente, ayuda a la gente y por lo que quieras lucha y se paciente lleva poca carga, a nada te aferres, porque en este mundo nada es para siempre.

Búscate una estrella que sea tu guía, no hieras a nadie, reparte alegría.

Celebra la vida, celebra la vida, que nada se guarda, que todo te brinda. Celebra la vida, celebra la vida, segundo a segundo y todos los días.

Y si alguien te engaña al decir te quiero,

pon más leña al fuego y empieza de nuevo, no dejes que caigan tus sueños al suelo, que mientras más amas, más cerca está el cielo.

Grita contra el odio, contra la mentira, que la guerra es muerte y la paz es vida.

Celebra la vida, celebra la vida y deja en la tierra tu mejor semilla. Celebra la vida, celebra la vida, que es mucho más bella, cuando tú me miras. ¡Celebra la vida, celebra la vida!

Axel

R de Resolución Pacífica de Conflictos. Los conflictos son nor- males en la vida, lo que no es normal es que estos se arreglen por las malas, a golpes, a gritos, a balazos. Hay maneras de resolver los conflictos por vía pacífica, los grandes, cuando hay países con guerra abierta, y los pequeños en la escuela, en la comunidad, en nuestro hogar. Ya hay gente que ha diseñado ma- neras pacíficas de resolverlos. El diálogo es la base de esas vías pacíficas. Tal vez les suenen palabras como mediación, arbi- traje, negociación. Sería muy útil que en las comunidades se entrenaran en ellas.

R de responsabilizarse. Esta “R” la añadió la Sra. Ana, de Bar- quisimeto. Al terminar su Curso Básico para Promotoras de Paz, expuso este argumento: “Si cada una tiene su historia personal y ya se dio cuenta de lo que tiene por dentro, es responsabilidad de cada quien decidir parar la violencia que recibimos y tam- bién la que generamos con nuestras actitudes y comportamien- to”. En otras palabras, elegimos rechazar la violencia y promo- ver la paz. Respondemos por esa elección. No como imposición, pues solemos resistirnos a lo impuesto, sino como elección. En los grandes conflictos se habla de “resolución”. O sea, trabajar para resolver el problema.

Y ya que hablamos de “escoger”, queda muy bien una parte de este poema/oración de González Buelta:

Escojo la vida

Esta mañana enderezo mi espalda abro mi rostro respiro la aurora ¡Escojo la vida!

Esta mañana te miro a los ojos abrazo tu espalda te doy mi palabra ¡Escojo la vida!

Esta mañana te escucho en silencio te dejo llenarme te sigo de cerca ¡Escojo la vida!

• R de rezar. No es exactamente lo mismo que orar, pero todos

y todas lo entendemos. “Elevar la mente a Dios”, aparece en

el diccionario que significa orar. No estamos hablando de una oración en particular ni de una religión específica, hablo de la relación con Dios, ese Dios Padre, Dios de la vida. Hablo de cultivar la espiritualidad. Llámale como le llames, porque creo en la libertad de creencias, siempre que éstas no dañen a nadie sino que liberen. Cuando pregunto en las reuniones qué gene- ra paz, seguro que sale “rezar”. “Da mucho consuelo”, decía una señora. “Serena el alma”, también he escuchado que dicen. Cuando estaba pequeña y era catequista, recuerdo que leía en el catecismo que “rezar es hablar con Dios”. Es buen concepto. Cuando se habla con Dios se habla también con uno mismo. Es

algo íntimo. Uno puede orar para pedir, pero también para dar gracias. También se ora simplemente contemplando la natura-

leza y uno siente que el paisaje entra en uno y le llena de vida. También se ora cuando se pide perdón por las faltas cometidas,

o por las buenas acciones que pude hacer y no hice. También

se ora cuando uno repasa el día en una especie de examen –po- demos revisar si en el día hemos sido mujeres promotoras de paz o hemos alimentado la cultura de la violencia-. Está la ora- ción personal, pero también está la comunitaria, cuando uno reza junto a otros. ¿Verdad que en un velorio rezar el rosario da consuelo a los familiares del difunto? Yo he aprendido eso. ¿Qué más le puedes decir a una madre cuya hija pequeña murió o fue asesinada por una “bala perdida”? No hay palabras para expresar ese dolor. Rezar a su lado, serena, consuela. Rezar en comunidad une, se tejen lazos de fraternidad.

Vamos a cerrar este capítulo con una versión de Padre nuestro que me gusta mucho. Yo le digo “El Padre nuestro de la calle”, aunque su autor, J.A. Cubiellas, sólo lo llama “Padrenuestro”- Es una versión cercana, inspira confianza, mete a Dios en nuestra labor diaria, un Dios que comprende y comparte. Dos elementos necesarios para la paz.

Padre nuestro que estás en la tierra, desvelado por nuestros desvelos, hoy tu nombre nos sabe a justicia, nos sabe a esperanza, y a gloria tu Reino (bis).

Padre nuestro que estás en la calle, entre el tráfico, el ruido y los nervios, que se cumpla, Señor, tu Palabra, lo mismo en la tierra, que arriba en el cielo (bis).

Coro Padre nuestro, padre nuestro, no eres un Dios que se queda alegremente en su cielo, tú alientas a los que luchan para que llegue tu Reino.

Bibliografía citada y recomendada para el capítulo 2

Alemany, C. (Ed), (2006): 14 aprendizajes vitales. Des- clée De Brouwer, Bilbao, 11ª edición.

Bazarra, C. (2008): El Perdón, “hasta setenta veces siete”. San Pablo, Caracas.

Cabarrús, C. (2002): Ser persona en plenitud. La forma- ción humana desde la perspectiva ignaciana. Colección Programa Internacional de Formación de Educadores Populares, Federación Internacional de Fe y Alegría, Caracas.

Cabarrús, C. ( 2009): La danza de los últimos deseos, siendo persona en plenitud, Desclée de Brouwer, 5ta. Edición, Bilbao.

Huarte, I. (2009): Despertar a la vida diferente. Distri- buidora Estudios, Caracas.

García Walker, D. (1999): Los efectos terapéuticos del humor y de la risa. Editorial Sirio, S.A., Buenos Aires.

Goleman, D. (1996): La inteligencia emocional. Jorge Vergara editor, Buenos Aires.

González Buelta, B. (2002): Espiritualidad “Donde se acaba el asfalto”. Colección Programa Internacional de Formación de Educadores Populares, Federación Inter- nacional de Fe y Alegría, Caracas.

González Buelta, B. (1998): La utopía ya está en lo germinal. Sal Terrae, Santander.

González Buelta, B.(2006): “Ver o perecer” Mística de los ojos abiertos. Sal Terrae, Santander.

Gómez,-Acebo, I., (Ed.), (1998): Cinco mujeres oran con cinco sentidos. 2 edición, Bilbao.

Idígoras, A. (Ed.), (2002): El valor terapéutico del hu- mor. Desclée de Brouwer, Bilbao.

Pease, Allan y Barbara (2002): Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no entienden los mapas. Amat Editorial, Barcelona.

Capítulo 3 Ahora somos comadres. Paz con la familia. “Mi comadre siempre me escucha” Sra.

Capítulo 3 Ahora somos comadres. Paz con la familia.

“Mi comadre siempre me escucha” Sra. Carmen Emilia, San Félix.

La paz en el hogar supone muchas cosas, pero estas páginas quieren centrarse en la relación madre–hijo-hija para construir esa paz. Sabiendo que tenemos como premisas lo tratado en el capí- tulo anterior: ya se sabe, evitar repetir con ellos y ellas lo que hi- cieron contigo cuando eras pequeña; erradicar el insulto, el grito, los golpes, como vehículos para corregir; hacerles saber, con la palabra y con los gestos y acciones que les quieres mucho. Lo que te hubiera gustado escuchar. ¡Todo esto es gratis!

Antes de reflexionar sobre elementos que te pueden ayudar a sembrar paz en tu hogar, quiero explicar el título de este capítulo:

¡Ahora somos comadres!

3.1. Estamos del mismo lado en esta cancha: tu hija,

tu hijo, son mis alumnos, la escuela los “ahija”, los vuelve sus hi- jos, eso es lo que significa “ahijado”: segundo hijo. Por eso, como educadora, considero a los padres y madres mis compadres y mis comadres, pues yo soy madrina -segunda mamá- de los alumnos y alumnas. Como educadora –y madrina-, me alegro de sus éxitos,

me preocupan sus problemas, me disgusto cuando me manipulan, les regaño, con razón a veces y a veces sin ella. ¡Cómo ustedes!

Como a ambas nos preocupan y nos ocupan esos muchachos, en este capítulo trataremos varios temas que te podrán ayudar a entender mejor a ese adolescente que tienes en la casa, y com- prendiéndolo, te llevarás mejor con él o con ella.

Escuela y familia tienen que darse la mano, y los hijos/alum- nos, deben vernos unidos y no como contrarios. Esta es una idea importante. Ambos espacios son necesarios para la formación de niños, niñas y adolescentes. Cada quien, eso sí, debe cumplir su papel en esta telenovela de la vida: ni la maestra es la mamá ni la mamá es la maestra, pero en ambos espacios el adolescente debe ver que hay coherencia, y no que en la casa se dice una cosa y en la escuela otra o al revés.

Conversaremos en este capítulo como lo hacen las comadres, amigas, vecinas muchas veces, que se encuentran en la esquina de la escuela, o en la reunión del salón, o en la entrada de la iglesia los domingos. Hablaremos pues, con confianza. De hecho, en el diccionario, uno de los significados de la palabra “comadre” es “vecina de la máxima confianza”. ¡Qué bonito!

No agotaremos todos los temas que te preocupan, pero sí algu- nos importantes.

Ya se sabe que en la casa no sólo están los adolescentes, están a veces los hijos pequeños, a veces está el padre –a veces no-, pero en estas próximas páginas nos referiremos principalmente a los hijos de edades comprendidas entre los 11-12 y 16 años, los que solemos llamar “adolescentes”, aunque esos límites no son tan exactos. Hay muchachos que ya a los 10 años empiezan a tener rasgos de adolescentes –sé de más de uno- , y hay quienes a los 20 y hasta a los 50, siguen teniendo comportamientos de adolescen- tes. Conozco más de un papá al cual sólo le falta el zarcillo para serlo y parecerlo, (es un chiste, pero es verdad).

para serlo y parecerlo, (es un chiste, pero es verdad). 3.2. El adolescente que tienes en

3.2. El adolescente que tienes en casa no es tu enemigo.

El otro día, en una reunión de educadores y educadoras, el maestro, un terapeuta de adolescentes, preguntó a los asistentes cómo describirían a los niños, y se dijeron palabras bonitas, como “alegres, cariñosos, creativos, tiernos”; alguno dijo “tremendos”.

¡Muy lindo todo! La cosa cambió cuando preguntó cómo describi- rían a los adolescentes, y empezaron las calificaciones y desca- lificaciones acompañadas de hasta desesperación diría yo: “¡uf! Insoportables”, dijo una, “agresivos, antipáticos, contradictorios, rebeldes, flojos…”, y así continuaron. Nadie dijo “creativos, sen- sibles, necesitados de cariño, solidarios entre ellos, hábiles con la computadora”… No, sólo se dijeron rasgos negativos. Realmente la descripción era de seres indeseables.

Tal vez los problemas de padres y madres –y también de muchos docentes- con los adolescentes, comiencen por esta visión tan ne- gativa que tenemos de ellos.

¿Será desconocimiento? ¿Será que fuimos adolescentes poco comprendidos y devolvemos esa incomprensión? ¿Serán
¿Será desconocimiento?
¿Será que fuimos
adolescentes poco
comprendidos y devolvemos
esa incomprensión? ¿Serán
nuestros miedos?
y devolvemos esa incomprensión? ¿Serán nuestros miedos? A pesar de esas cosas terribles que los padres

A pesar de esas cosas terribles que los padres y madres (y mu- chos docentes) suelen decir de sus hijos (o alumnos), estoy segura que todos quieren mucho a sus hijos e hijas, desean lo mejor para ellos, darían su vida por la felicidad de ellos, y les angustia que “se vayan por el mal camino”. Entonces, creo que ayudará a la paz del hogar, cambiar la mirada, buscar esa mirada profunda que permite ir más allá, ponerse en sus zapatos, para saber qué pien- san, qué sienten, qué ocupa su cerebro: sus miedos, sus afectos, sus intereses… No juzgarlos, no verlos como enemigos. ¿Cómo van a ser malos sin son el fruto de tu vientre? ¡No pueden ser malos!

Si cambias la mirada, si en vez de juzgarlos, te acercas para comprenderlos, seguro que la relación mejorará y él, ella, tampo- co verá en su madre una “enemiga”. Una comadre me hizo caso el otro día, y en vez de pasar la tarde regañando a su hijo de 12

años, simplemente le acompañó en silencio, sin preguntar a cada rato “¿por qué no quieres salir, por qué no quieres hablar?” y un montón de porqués más. Ella se puso a leer, los otros dos hijos me- nores salieron con su papá, así que quedaron solos; ella tranquilizó sus pensamientos– se puso su CPI (Controlador del Pensamiento Interpretativo, jaja), y me comentó, que como a la media hora de ese silencio largo, se le había acercado y le pidió que le ayudara a hacer un crucigrama. Me dijo que habían estado un rato entreteni- dos en eso, y esa actividad sirvió de entrada para una conversación franca que tenían pendiente, sobre sus estudios, sus escapadas de clase… Terminaron abrazándose. Luego me comentaría, “es ver- dad, no es malo, sólo está asustado, y cansado de tanto regaño mío”. Ella siguió siendo su mamá de siempre, y él su hijo: sólo había cambiado su mirada.

En este último párrafo hay otra idea importante: no juzgar. Eso es válido para todas las relaciones interpersonales. No juzgar y no etiquetar. Separar el hecho de la persona. No es lo mismo decir:

“William es un mentiroso”, a decir, “William dijo una mentira”. En la primera expresión juzgo y condeno a la persona, le pongo etiqueta; en la segunda, reconozco que hay una actitud negativa, pero no supongo que siempre será así. En el caso que nos ha servi- do de ejemplo, no es lo mismo decir: “Mi hijo se escapó de clases la semana pasada” a decir: “Mi hijo es un vago que terminará en malandro porque no quiere estudiar y se escapa de clases”.

¿Por qué es tan importante comprender a los adolescentes en este proceso de prevenir la violencia y promover la paz? Porque adolescente que se siente comprendido tendrá más fuerza para enfrentar tentaciones y evitar drogas y “malas juntas”.

Te propongo un camino para entrar en su mundo.

Recuerda primero cuál ha sido su historia: ¿Qué rodeó el na- cimiento de tu hijo o hija, hoy adolescente?, ¿cómo te sentías? ¿querías tenerlo?, ¿fue recibido con alegría o con angustia?, ¿quién

te acompañaba en esos momentos?, ¿qué edad tenías?, ¿estabas preparada para tenerlo? No se trata de culpabilizarte si algunas respuestas no son “buenas”. Se trata de recordar para comprender algunas cosas, así como te has comprendido a ti también. ¿Guar- das fotos de él o de ella? Seguimos con más preguntas: ¿qué cosas recuerdas de su primera infancia?, ¿qué cosas solías decirle? En fin, ten un “encuentro” con ese hijo, o esa hija que ya no es tu pequeño o tu pequeña.

Recuerda también los buenos momentos. Piensa si debes per- donarte por alguna cosa, algo que le decías –perdónate–; piensa si también quieres perdonarle por algo que te ha hecho o te ha dicho… Esta recuperación histórica de tu hijo será la puerta para comprender al que tienes en frente hoy.

te ha dicho… Esta recuperación histórica de tu hijo será la puerta para comprender al que

Ahora, prepárate para aceptar a tu adolescente: tal como es hoy, sin juzgarlo, sin compararlo con los otros hermanos, o con tus sobrinos, y mucho menos, contigo cuando tenías esa edad, eso fue hace tiempo, y eso no sólo les molesta muchísimo: “cuando yo tenía tu edad…”. En mis reuniones con muchachos y muchachas de esas edades es una de las quejas repetidas: “Siempre salen con eso de que cuando tenían mi edad”. De paso, ese discurso, además de molestarles, no sirve de nada. En el fondo, cuando haces eso, no lo estás aceptando, y esa es una necesidad para los adolescentes:

ser aceptados.

Hay un autor, profesor, de Argentina, Juan Pablo Berra, que ha trabajado mucho con adolescentes, y que es padre de varios, que dice que ellos, los adolescentes, son un tesoro, que si los vemos así, podremos acercarnos con cariño. Si sólo pensamos de ellos co- sas negativas, no romperemos las barreras que nos separan. ¿Ver- dad que a veces sentimos que están lejos de nosotros? Eso supone que nosotros también estamos lejos de ellos.

“Encontrar un tesoro –nos dice Berra– es hallar algo totalmente nuevo, genuino, bello y valioso que gratifica la vida, le da sentido y la hace placentera. Los adolescentes quieren encontrar el sentido a su vida, conocer sus capacidades y plasmar sus sueños. Quieren hallar la manera de ser ellos mismos y de que se les aprecie por lo que son” (Berra, 2007, p. 17).

Ya no son niños. Se dice fácil pero no lo es. No podemos alar- gar la infancia. Lo que hacíamos antes ya no nos servirá. No tiene caso insistir en caminos que ya no nos conducen a las metas que deseamos y necesitamos. Ellos nos siguen necesitando, pero de manera diferente. ¿Crees que has aceptado que tu pequeño ya no es tu pequeño? Reflexiona si algo de esto te molesta: ya no piden permiso, ya no aceptan todo lo que dices, ahora discuten contigo por todo, dan razones, ya no les gustan las canciones infantiles. ¡Tanto que les gustaba salir con ustedes y ahora es un rayón! Saca tu rabia, tu dolor, y acepta que ahora es otro y otra, con muchas cosas hermosas que esperan ser descubiertas por ti.

Es posible que cuando fuiste a tener tu hijo, hace 12 ó 13 años, te preparaste; compraste alguna ropita, la cuna, tal vez leíste algo para recibir al bebé, pero nadie prepara a las madres y a los padres para “recibir “ a los adolescentes, entonces los cambios los agarran desprevenidos. Como cuando te llega visita que no esperabas: no te da tiempo de preparar algo, limpiar la cocina, no tienes café para ofrecer… He pensado que a veces, en la escuela, los docentes más bien predisponemos a los padres en contra de los adolescentes: “Ay, señora, ¡ahora es que viene lo bueno! ¡Prepáre- se!”, decimos, como si de una guerra se tratara y no de una etapa distinta, con retos. Pero volvamos a lo que sienten los padres ante sus hijos que han crecido. ¿Te desconciertan? ¿Por eso lo regañas tanto? ¿Le has dicho alguna vez que ya no lo aguantas, que te va a volver loca?

alguna vez que ya no lo aguantas, que te va a volver loca? Ejercicio Los adolescentes

Ejercicio

Los adolescentes tienen la sensibilidad a flor de piel, aunque no siempre lo expresen. A veces, se ena- moran solos o solas, sufren por “frustraciones amo- rosas”. Te propongo que leas este poema, hecho por un adulto pero en los zapatos de un chamo. Piensa qué escribiría tu hijo.

Es medianoche

Es medianoche mi ventana está abierta de par en par desde el fondo de la oscuridad de mi cuarto veo cómo el marco de la ventana es la boca de una caja de cartón que poco a poco se va llenado de estrellas mientras pienso en ti.

(Jairo Aníbal Niño: La alegría de querer)

3.3. El nuevo hijo. En la edad que nos ocupa, suceden mu- chos cambios. A veces, ni los mismos adolescentes los perciben claramente, y los padres y madres tampoco. Por eso andamos me- dio perdidos –o perdidos y medio–. Los cambios se producen en todos los aspectos.

A. Su sexualidad. Su nuevo cuerpo. No es sólo su genita- lidad. La sexualidad es más que eso. Es un tema difícil de tratar para los adultos porque venimos de una generación en la que de eso no se hablaba. Ahora, es posible que haya mucha informa- ción, pero poca formación. Además, hay excesiva estimulación sexual. Es bueno apuntar aquí que el desarrollo biológico no sig- nifica madurez afectiva. Esto es, los adolescentes van cambiando sus cuerpos, crecen, aparecen lo que se llama los signos secun- darios –vello púbico, bigotes en los varones y crecimiento de los senos en las mujeres, así como capacidad para eyacular en los primeros y la menstruación en las segundas–, pero ello no significa que estén maduros como para tener relaciones sexuales, aunque biológicamente lo estén. Mucho menos para ser madres o padres. De esto hay que hablar con ellos y ellas antes de que adquieran

lo estén. Mucho menos para ser madres o padres. De esto hay que hablar con ellos

conocimientos distorsionados. Muchas veces, incluso en escuelas, cuando se habla de pubertad y adolescencia, el tema se agota en esta parte de los cambios biológicos, y a veces, hasta esto se hace tardíamente.

Los expertos recomiendan que se hable sin adelantarse ni atra- sarse. Lo que el niño vaya preguntando. Pero para que los niños pregunten, debe haber un clima de confianza y libertad en la casa, pues si a cada pregunta, ponemos ojos de “huevo frito”, nos llevamos las manos a la cabeza, nos desmayamos, no preguntarán nada más. Es mejor que hablemos antes de que “aprendan” por fuera, por las bromas, por las canciones. El mundo de hoy adelanta apuradamente la sexualidad de los niños y niñas: la vestimenta, los concursos de “mini mises” que ponen a niñas de preescolar a posar como adultas, los programas de televisión poniendo en boca de niños y niñas temas y frases de adultos, los bailes con movimientos explícitamente sexuales, los jueguitos de “novios” en primer grado…Todo esto, con frecuencia, es impulsado por las madres y maestras, sin percatarse de que estimula precozmente su sexualidad. Además, al no ser trabajado de manera reflexiva, se digiere mal y daña la mente infantil. Hoy hay muchas distorsiones sobre el sexo y a eso se añade la era de la llamada felicidad instan- tánea, el placer sin límites y sin pensar en las consecuencias.

Algo frecuente en muchas familias es tomar a chiste los cam- bios de los adolescentes. Evita burlarte. Eso los hace sentir mal y es faltarles al respeto.

Estos temas hay que tratarlos con seriedad, así como el de en- señarles a que se defiendan de posibles acosos y abusos sexuales. ¡Cuántos casos no hay que se quedan callados y dejan heridas im- borrables en la persona! La confianza, nuevamente, es importante para que el niño, la niña o el adolescente abusado, puedan contar con su madre y se sancione al culpable.

Preguntas para reflexionar ¿Has conversado sobre eso? ¿Qué estás espe- rando? ¿Descubres estimulación sexual
Preguntas para reflexionar
¿Has conversado sobre eso? ¿Qué estás espe-
rando? ¿Descubres estimulación sexual precoz en
el mundo que rodea a tus hijos e hijas? ¿Conoces
casos de abuso sexual en niños, niñas o adoles-
centes? ¿Qué harías en un caso de esos en tu
familia?

Pero hay otra cosa, sexualidad no es sólo lo referente a los genitales y los cambios externos: las hormonas también hacen lo suyo y eso trae emociones, sensaciones, que antes no conocía. ¡Es como una licuadora siempre prendida! Es cuerpo, pero también es mente la que cambia.

B. Su afectividad. Relacionado con las hormonas, pero no sólo eso, el adolescente se está “desprendiendo” de sus padres -no es que no los quiera, es que ahora se abre a otras personas-; además, anda buscando su “autonomía”: ¿Quién es realmente? Ya no actúa sólo por lo que le dice su mamá o su papá o sus profeso- res. Siente de manera distinta. “Mi mamá lo sabe todo”, suelen decir los niños y niñas, pero los adolescentes parecen decir “mi mamá no sabe nada”. ¡Uf! Eso nos pone de muy mal humor a los adultos. ¿Me equivoco? Si las madres asumen esta actitud de los adolescentes –de contradecir todo– como una etapa, como parte

equivoco? Si las madres asumen esta actitud de los adolescentes –de contradecir todo– como una etapa,

de su búsqueda, entonces seguro que se molestarán menos y no “engancharán” en discusiones, que siempre perderán. Los cambios en la parte afectiva son un tema poco tratado en la escuela, mu- cho menos en el hogar.

En esta etapa aparece también la necesidad de tener “panas del alma”, lo que muchos autores llaman “los pares”, o sea, los que son como ellos y ellas. Prefieren andar con sus panas que con sus hermanos o con su padres. Entre “panas” se sienten como peces en el agua: les gustan las mismas canciones -esas que a los adultos nos pueden parecer espantosas–, las modas –que a nosotros nos parecen más propias del carnaval-, tienen sus propios códigos para comunicarse, con palabras que nos pueden parecer “otro idioma”. Se sienten aceptados. Estos grupos son importantes para su desa- rrollo afectivo. Luego hablaremos de los miedos que generan en los padres y los riesgos, que también existen. No debemos verlos como “competidores” del amor de la familia, son parte de su nue- vo mundo. Si los adolescentes no son capaces de hacer amistades a esa edad, debe preocuparnos.

capaces de hacer amistades a esa edad, debe preocuparnos. Ejercicio Lee este otro poema, también de

Ejercicio

Lee este otro poema, también de Anibal Niño.

Después de superar

Después de superar treinta y dos miedos y medio por fin tuve el valor de acercarme a ti y decirte:

-Buenos días. Y luego de un silencio que duró medio miedo, pude agregar:

-¿Verdad que está lloviendo mucho últimamente? Después de superar treinta y tres miedos

por fin tuve el valor de acercarme a ti y junto a los buenos días ofrecerte una bolsa de palomitas de maíz. Espero que te hayas dado cuenta de que por lo menos una de las palomitas era mensajera.

¡Es lindo este poema! ¡Cuántos miedos esconden los adolescentes!
¡Es lindo este poema!
¡Cuántos miedos esconden
los adolescentes!

¿Tú percibes los de tus hijos? ¿Captas sus mensajes disfrazados de palomitas de maíz o cotufas, como se dice en Venezuela?

C. Su manera de conocer. Así como se va desprendiendo de los padres, también va tomando distancia de los que le rodean

y

eso le da una perspectiva distinta para reflexionar sobre sí mismo

y

sobre los demás. No se ve lo mismo si usted se pone los lentes

para leer –para ver de cerca– o si usted se pone los de ver de lejos. Pues esos lentes de ver de “lejos” los adolescentes se los “acaban de adaptar” y hace que su manera de conocer cambie.

En esta edad hay una fuerte necesidad de autoafirmación, de autonomía y originalidad. Aunque a veces sólo “copien” lo que los medios pintan como “original”.

Por todo lo anterior, muchas veces se quedan ensimismados y en silencio: andan reflexionando a su manera sobre sí mismos, sobre sus cambios que a veces los alegran, a veces los confunden.

Si estos cambios no se van comprendiendo en la casa y en la escuela, y lo que hacemos los adultos, padres y educadores, con nuestros comentarios, juicios y etiquetas, tales como “¡A esos de segundo de bachillerato nadie los aguanta, son terribles!”, o “paso todo el día peleando con ellos”. ¿Por qué se extraña que los alum- nos digan y hagan lo mismo? Si además, sumamos a eso la lista de

prohibiciones y regaños en la casa: no hagas, no grites, eso que te pones está horrible, apaga la radio…, puras descalificaciones para

sus gustos, y proseguimos con los regaños inútiles

lo que conse-

guimos es alejarlos del hogar, buscar por fuera esa aceptación, esa comprensión que no encuentran en los lugares de antes.

Si lo anterior les suena parecido a la realidad, no puede sor- prendernos que haya adolescentes que deciden sumarse a pandi- llas que les ofrecen aventuras, placeres. Tampoco puede sorpren- dernos –recuerden las realidades que existen en las comunidades–, que caigan con cierta facilidad en iniciarse tempranamente en el alcohol o en drogas ilícitas.

Por supuesto, nada de lo anterior significa que propongamos que a los adolescentes se les deje hacer lo que quieran. Ellos necesitan límites y deben ser amonestados cuando tienen comportamientos inadecuados, cuando faltan al respeto, cuando no cumplen con sus responsabilidades… Pero creo que lo que solemos hacer los adultos es lo apuntado en el párrafo anterior: regañar y descalificar.

3.4. Los riesgos de la adolescencia hoy.

Lo anterior nos ha traído a detenernos en los riesgos que hoy corren los adolescentes. Quisiera subrayar el hoy, para que re- cuerden que los tiempos han cambiado, y el pasado no volverá. El Internet existe, aunque usted no lo tenga en su casa, el reguetón no va a dejar de sonar –al menos por ahora–, el teléfono celular ya forma parte de la familia venezolana, las comunidades están ro- deadas de armas, la pornografía ya no se esconde… En fin, hay que poner los pies sobre la tierra de este siglo XXI en esta Venezuela. No para aumentar las angustias sino para estar alertas.

Hemos elegido los riesgos que más comúnmente se mencionan en las reuniones de padres y madres en las escuelas. No pretende- mos agotar estos temas, pero servirán de ventanas a los mismos.

3.4.1. Las armas. Y lo que hay detrás de las armas: delin- cuentes que cometen delitos.

¿Qué madre no teme hoy que su hijo sea víctima de una bala o que sea atrapado por la delincuencia? No es un miedo gratuito. Ya vimos en el primer capítulo que en este país hay entre 9 y 16 mi- llones de armas, legales e ilegales. Todas matan. Ya vimos también que nuestro país tiene una de las tasas de homicidios más elevada de América Latina. Un homicidio supone una persona que mata a otra. Entonces hay muchos homicidas. Ya vimos también que en Venezuela se castiga poco a los homicidas y eso invita a que estos comentan más delitos. Las armas incluso han entrado en las escue- las. Esta realidad no podemos ignorarla. Entonces, las armas son un riesgo real para los niños, niñas y adolescentes en este país, no sólo porque pueden ser víctimas –son atracados, pueden ser asesi- nados como los casos que ustedes y yo conocemos–, sino también porque pueden convertir a nuestros hijos/alumnos en delincuen- tes. Suena muy duro, pero es así. Las estadísticas nos dicen que hoy existen niños de 12 años, y hasta menos, cometiendo delitos. La mayoría de los muertos son jóvenes –entre 14 y 26 años-, pero también hay muchos adolescentes y jóvenes involucrados en deli- tos. Duele decirlo.

Antes, los delincuentes se escondían; hoy, en muchas comunidades, los delin- cuentes se pasean libremente por las calles. No es que se les respete: se les teme, y ellos, armados y con historias de violencia conocidas en el barrio, mandan e imponen reglas. “Los delincuentes nos quitan nuestro derecho a caminar tran- quilos por las calles de nuestra comuni-

dad”, dijo la señora Rina en una reflexión sobre el tema. “Conoce- mos exalumnos de la escuela metidos en bandas y nos angustia que nuestros hijos agarren ese mal camino”, dijo otra.

Armas, delito y violencia, están fuertemente ligados. Lamenta- blemente, en Venezuela hay muy poco control sobre las armas de fuego. Uno se pregunta de dónde sacan jóvenes de barrios pobres tantas armas. ¿Será verdad que hay adultos que alquilan armas a adolescentes en las comunidades?

Otra reflexión: La relación entre delincuencia y normas. El delincuente incumple las normas de convivencia social, de res- peto. Las normas son necesarias en una sociedad, ponen límites, establecen qué está permitido y qué no. Piensa qué sería de un partido de fútbol en donde cada jugador fija sus reglas. No se podría jugar. Los árbitros no podrían hacer nada porque cada uno diría que, según su criterio particular, no merece tarjeta roja. ¡Se- ría un desastre! En una casa también debe haber normas, mejor que sean pocas y realistas. Los hijos deben conocerlas y ver que son útiles y necesarias. Eso los educa para vivir en sociedad. El delincuente no sigue normas. Fija sus propias reglas: “Por aquí no pasa nadie”, y cobra peaje, por ejemplo.

Quisiera apuntar algunas advertencias sobre ciertas conductas que pueden pasar desapercibidas y podrían definirse como pre-de- lincuenciales. Frente a ellas, los padres y las madres deben estar muy alertas. Pongo ejemplos: cuando un niño o niña trae algo de la escuela que evidentemente no es de ellos, se le debe preguntar de dónde lo sacó y, si es necesario, hacer que lo devuelva; cuan - do cometen actos vandálicos en la escuela (destrozan mobiliario, por ejemplo); cuando sacan dinero de la cartera de los padres sin pedirlo antes… esos casos deben ser reflexionados con los hijos. Lo grande empieza por lo pequeño. Siempre recordando que se puede corregir sin maltratar.

Preguntas para reflexionar ¿Qué normas hay en tu hogar? ¿Se cumplen? ¿Las cumples tú? ¿Conoces
Preguntas para reflexionar
¿Qué normas hay en tu hogar? ¿Se cumplen? ¿Las
cumples tú? ¿Conoces delincuentes en tu comuni-
dad? ¿Sabes de jóvenes metidos en bandas de-
lictivas? ¿Sabes de egresados de la escuela de tu
hijo que terminaron en esas bandas?

¿Qué ayuda a prevenir el delito juvenil desde el hogar? Hay muchas cosas que ayudan a la prevención, algunas las veremos en otro apartado, por ahora mencionaremos algunas que tienen que ver con el papel de la familia.

• Ayuda a prevenir el delito el que los niños y adolescentes vean y sepan que el delito es mal visto en la casa, por sus padres y madres. Que desde pequeños escuchen que está mal robar, que hay otras maneras de conseguir lo que se desea.

• Ayuda la coherencia, o sea, que lo que se diga, sea lo que se haga.

• Ayuda que simultáneamente se valoren y reconozcan las cosas buenas: el esfuerzo, la honradez –que sea vean como valor y no como debilidad-, que la manera de resolver los problemas en la casa no sea con una amenaza y con un arma.

• Ayuda hablar con confianza sobre estos temas con los hijos. Que vean que el delito trae, aparentemente, beneficios al de- lincuente, sólo por un momento, pero que a la larga, se termina mal.

• Ayuda el que el adolescente sepa que la Ley Orgánica de Protec- ción del Niño y Adolescente (LOPNA) establece responsabilidad para los adolescentes de doce años en adelante que cometan delitos, (LOPNA Art. 528). Esto no es lo principal, pero ayuda.

• Ayuda tener normas de convivencia en el hogar y que se cum- plan. No permitir faltas de respeto entre los hermanos, burlas,

intimidaciones – esas no son tonterías, sobre todo para la vícti- ma-. Horas de comida, de llegada.

• Ayuda sancionar a tiempo cuando se ha hecho algo malo en la casa, en la escuela o en la comunidad.

• Lo que creo que más ayuda es que el adolescente tenga un pro- yecto de vida y luche por él. Un proyecto de vida es una especie de ruta para el presente y el futuro: ¿qué quiero hacer con mi vida? Tiene metas y pasos para lograrlas. El proyecto de vida ayuda a tomar decisiones: qué sí y qué no. Cuando trabajé con niños “huelepega”, esos que viven en la calle, como todos vivían sólo para ese día, comenzábamos con ponerles pequeñas metas:

“dentro de tres días vuelvo para llevarles a pasear. Sólo van los que estén sanitos y bañados y limpios”. La meta era para tres días, un paseo, algo bueno. Entonces tenían que ganarse el pa- seo. Luego, se alargaba el tiempo para la meta, más tarde se ampliaban las metas: salir de la calle y vivir en una casa. Apren- der a leer y a escribir… Esas metas no salían al principio, pero con la reflexión diaria, algunos muchachos empezaron a mirar más allá y a luchar por ello. Si eso se puede hacer con adoles- centes que han vivido en abandono total y mezclados con todos los riesgos que ofrece la calle, tú también puedes hacerlo con tus hijos.

• Ayuda que los hijos vean buenos ejemplos en la familia y en la comunidad. Tal vez se conozca la existencia de delincuentes en el entorno. Los adolescentes deben tener la oportunidad de reflexionar sobre ello –se enjuicia el hecho no a la persona–, y deben hacer conciencia de que la mayoría no es delincuente, la mayoría respeta la vida de los demás. De otra manera no podría- mos vivir. Siempre es bueno que se reconozcan las diferentes realidades.

Ejercicio * Revisa qué ejemplos puedes encontrar en la fa- milia o en la comunidad
Ejercicio
* Revisa qué ejemplos puedes encontrar en la fa-
milia o en la comunidad que puedan servir a tus
hijos.
* Haz una lista, con tus hijos, de pequeñas metas
a corto y mediano plazo, posibles y atractivas.
* Elabora con ellos las normas de la familia, pocas
y realistas. Evita redactarlas como prohibicio-
nes.
3.4.2. Drogas lícitas e ilícitas. Por las primeras enten-

demos las que son legales, como el alcohol, algunas medicinas, la gasolina, el cigarrillo; por las segundas entendemos las ilegales, como la marihuana, la cocaína, la heroína. Ambas dañan, ambas pueden matar. Ambas pueden conducir al camino de la delincuen- cia. Así como decimos que cada día los niños se inician más tem- prano en el delito, también lo decimos para las drogas.

¿Son las drogas un riesgo para los adolescentes? Creo que todos

y todas coincidirán conmigo en que sí. No sólo por informes que

nos dicen que Venezuela es un puente para el tráfico de drogas y que su consumo se ha incrementado de manera preocupante en los últimos años (Informe de la ONU, hecho público en junio 2010), sino por la realidad que hemos descrito en el primer apartado: ni- ños y adolescentes de las comunidades populares están creciendo viendo drogas ilícitas y drogadictos en las calles.

Las lícitas. Dicen los expertos que en Venezuela ya a los 10

y 12 años hay niños acostumbrados a consumir alcohol y muchos

se han iniciado en el cigarrillo. Según el profesor Hernán Matute,

del Pedagógico de Caracas, dentro de 25 años, si los jóvenes si- guen tomando alcohol como lo están haciendo ahora, de cada 100 venezolanos, 60 serán alcohólicos (Periódico “Últimas Noticias”, 24/06/10). Alcohólico es una persona que consume habitualmente

alcohol, cada vez en mayores cantidades, y que llega un momento que no puede vivir sin tomar, porque el alcohol produce adicción. Es una enfermedad, pero los alcohólicos no lo aceptan y por eso no se tratan, siempre creen que pueden controlarlo.

Hay muchos mitos en relación al alcohol. Franca Trezza, autor de un libro titulado “La droga está en la calle y mi hijo también” (Trezza, 2008), comenta algunas de esas falsas creencias: a) Se cree que el alcohol mejora el humor, eso es cierto al principio y en pocas cantidades, pero si se bebe mucho, la persona no se puede controlar y se puede poner violento. Seguro que esto lo han visto ustedes muchas veces. b) Se dice que el alcohol hace que uno se sienta muy bien. Al principio da placer, pero luego, los efectos son negativos -el llamado “ratón”- no se puede dormir bien, el mal comportamiento, peligro del que ya hablamos, dificultad para coordinar –por eso hay tantos accidentes de tránsito cuando se maneja borracho–. c) Se cree que el alcohol aumenta la capaci- dad sexual. Los médicos especialistas nos dicen que es verdad que relaja, pero después tiene el resultado contrario, disminuye las posibilidades de erección –esto sería bueno que lo supieran todos los hombres, que se creen más hombres si beben.

Consecuencias del alcoholismo: impotencia sexual, la violen- cia intrafamiliar, la economía familiar se resiente. Los indígenas no criollizados no beben todas las semanas, sólo en ocasiones es- peciales. Entre nosotros “criollos”, parece que ya es obligatorio beber todos los fines de semana y no con moderación sino hasta perder el sentido.

Hay otro aspecto importante: el alcohol es puerta para otras drogas. Esto no es broma.
Hay otro aspecto importante:
el alcohol es puerta para otras
drogas. Esto no es broma.
El alcoholismo se vuelve un
problema serio para el enfermo
y para toda la familia.

Hay otras drogas legales, como el chimó, disolventes de pintu- ra, algunos pegamentos (lo que usan los niños de la calle, por eso se les llama “huelepega”), la gasolina, así como algunas medici- nas, calmantes, que tomados de manera inadecuada también son dañinas, drogan y crean adición.

Preguntas para reflexionar ¿En tu casa creen que no se puede divertir uno sin beber?
Preguntas para reflexionar
¿En tu casa creen que no se puede divertir uno
sin beber? ¿Se consume alcohol con frecuencia?
¿Hay alcohólicos en tu familia cercana?

¿Qué ayuda a prevenir el alcoholismo en el hogar?

• Que se pueda ver que hay gente que vive feliz sin alcohol.

• Que no crezcan viendo a sus padres y madres bebiendo. Esto es lo que se llama “coherencia”. Si se les dice que beber es malo, entonces que no los vean a ustedes beber todos los fines de se- mana.

• Aprender a hablar con libertad en la casa.

• La recreación sana.

Las drogas ilícitas.

Las drogas ilícitas son aquellas que está prohibido venderlas o consumirlas, y en consecuencia, se comete delito si se tienen o se trafica con ellas.

¿Por qué se llega a estas drogas? Por curiosidad, por invitación de amigos, por hacerse los importantes, porque así se sienten aceptados, porque está de moda, por escape, por amenazas de narcotraficantes que ahora buscan niños y adolescentes para que vendan drogas en los liceos.

Una vez, en una escuela de Fe y Alegría, un alumno de VII grado, fue amenazado por un “narco”: le dio unas bolsitas de droga, le dijo que la diera a probar a sus compañeros y luego las vendiera y le darían su parte. Si no cumplía, “lo quebraban”. El niño, que sólo tenía 11 años, se asustó mucho y se lo contó a una compañera y esta lo convenció de hablar con la Coordinadora. El caso lo asumió el equipo directivo junto a la Dirección Zonal de Fe y Alegría. Se protegió al niño, se dio apoyo a la familia y se denunció de manera institucional. El caso se abordó a tiempo y de manera adecuada. El niño era de los tímidos del salón. Lo cuento para que sepan que estas cosas están pasando.

Les cuento también que un adolescente, ante mi pregunta so- bre el costo de las drogas ilícitas en su comunidad, me dijo que costaban menos que un refresco grande. ¡Quería ponerme a llorar en medio del salón!

Después que se inician en la droga o en el tráfico, es muy difícil parar, pues, al igual que el alcohol, crea adicción, dependencia pues, y si es tocado por traficantes, estos no perdonan, será muy difícil salir de ese mundo.

Es bueno apuntar que las consecuencias de las drogas ilegales varían según el tipo que se consuma. Por ejemplo, la marihuana, al principio, relaja, da sensación de bienestar. Pone alegre al que la consume, pero después vienen efectos negativos, como los que apuntamos en la tabla siguiente. Colocaremos algunas, nuevamen- te, siguiendo con la misma autora que citamos antes:

Síntomas de consumo

Efectos

Marihuana

Olor extraño.

Disminuye la memoria.

Sequedad en boca y gar- ganta.

Ojos enrojecidos.

Disminuye la concentración.

Disminuye la capacidad de aprender.

Dificultad para concentrarse.

Se acelera el pulso y el ritmo cardíaco.

Pupilas dilatadas.

Falta de motivación.

Ansiedad.

Paranoia (la persona siente que la persiguen).

Riesgo de cáncer pulmonar.

Inhalantes

Llagas alrededor de la boca.

Conducta: comportamiento eufórico, depresión, fatiga, apatía, pérdida de apetito, descuido, agresividad.

Efectos: úlceras en la nariz, se destruyen neuronas en el cere- bro, dolor de cabeza, ceguera temporal, pérdida de peso, bronquitis, hepatitis, pérdida de conocimiento.

Olor a gasolina o químicos.

Ojos rojos y llorosos.

Respiración acelerada.

Problemas de vista.

Dolor de cabeza y náuseas.

Hemorragia nasal.

Dificultad en el habla.

(Trezza, pp. 37 a 40).

Este resumen lo hemos hecho para que puedan ver la variedad y la cantidad de

Este resumen lo hemos hecho para que puedan ver la variedad y la cantidad de efectos negativos.

Si crees que algún hijo, hija o familiar cercano está consumien- do alguna droga, busca ayuda profesional.

Preguntas para reflexionar ¿Conoces drogadictos en tu comunidad? ¿Sabes por qué llegaron a la droga?
Preguntas para reflexionar
¿Conoces drogadictos en tu comunidad? ¿Sabes por
qué llegaron a la droga? ¿Has hablado sobre este
tema con tus hijos? ¿Esperas que otro lo haga en la
calle? ¿Hay casos de drogadictos en tu familia?

¿Qué ayuda a prevenir la drogadicción en los niños y adoles- centes?

• Todo lo que hemos dicho para prevenir el alcohol.

• Que los hijos se sepan y se sientan aceptados y queridos en sus casas de manera que no busquen aceptación en “panas” afuera.

• Reforzar lo positivo. Esto es muy importante. Seguro que su hijo, su hija, hace algunas cosas bien. ¡Dígaselo! ¡Celébrelo! Así usted crea que es una tontería. Hágalo inmediatamente. Si es por escrito, mejor.

• Que en la casa los adultos se abstengan de consumir drogas. Coherencia, que lo que se diga, se haga.

• Enseñar a decir no.

• Conocer los amigos de sus hijos y sus familias si es posible.

• Estar atento a cualquier cambio de conducta.

• Que vean que la mayoría de las personas pueden vivir tranquilas sin drogas: no son necesarias.

• Estar ocupados.

• Insistimos en lo del proyecto de vida.

• Conversar con confianza sobre el tema.

Si a pesar de todo lo que usted ha hecho hasta ahora, cree que algún hijo o hija o familiar cercano está consumiendo droga, busque ayuda. El problema es complejo. Hay profesionales que le pueden ayudar. De esto no se sale con regaños y menos eva- diendo el problema. Las adiciones son enfermedades y necesitan tratamiento. Existen los Alcohólicos Anónimos que han rescatado a muchos alcohólicos. Ahora también hay organizaciones que ayudan a familiares de adictos de otras drogas.

3.4.3. Embarazo no deseado.

Estamos hablando de embarazos de adolescentes, que suelen ser producto de acciones sin medir consecuencias. Los adolescen- tes suelen pensar que a ellos no les va a pasar nada, hagan lo que hagan. Hablamos pues de jovencitas y jovencitos que se con- vierten en padres y madres a los 14, 15, 16 años, edades en las que biológicamente pueden tener hijos, pero que, ni sicológica ni económicamente, están preparados para ser padres. Es bueno sa- ber que en Venezuela somos campeones en embarazos de mujeres menores de 18 años: ¡120000 al año!

¿Por qué sucede esto? Las causas son variadas:

• El sexo mal entendido, no comprender el sentido de una rela- ción sexual.

• La falta de autoestima por parte de la muchacha.

• Querer escapar de hogares maltratadores –creen que tener pa- reja a esa edad los salva del maltrato.

• No saber decir que no.

• Tener relaciones sexuales sin protección y antes de tiempo, di- ría yo.

• Creer que se va a “amarrar” al novio con un niño, cosa que no sucede.

• Falta de control de las emociones e impulsos.

• Presiones del novio hacia la muchacha: “Si me quieres, tienes que tener relaciones conmigo”.

• No contar con un proyecto de vida que le permita postergar una relación madura y la maternidad.

• Creer que “ese es el hombre de su vida”, cuando apenas se co- mienza a vivir.

• La violación sexual.

• La necesidad de experimentar, sobre todo en los hombres que creen que es signo de “virilidad”.

• El haber muchos casos de embarazo a edades tempranas en la familia con lo cual se llega a considerar “normal”.

• Venganza inconsciente con los padres ante la advertencia repe- tida de frases como “¡Cuidado con una barriga!”.

repe - tida de frases como “¡Cuidado con una barriga!”. Preguntas para reflexionar ¿Hablas con tus
repe - tida de frases como “¡Cuidado con una barriga!”. Preguntas para reflexionar ¿Hablas con tus

Preguntas para reflexionar

¿Hablas con tus hijos de este tema? ¿Qué pro- yectos de vida tienen tus hijos? ¿Tienen metas a mediano plazo? ¿Eres de las que crees que llegar a los veinte años sin tener hijos es una desgra- cia? ¿Te la pasas advirtiendo a tu hija que en cualquier momento sale con una barriga”? Y con tu hijo, ¿hablas de esto?

¿Qué ayuda a prevenir un embarazo no deseado, precoz? Ayuda:

• Hablar sobre las consecuencias: se interrumpe la vida normal de adolescente, los hijos producto de estos embarazos no re- ciben los cuidados adecuados, normalmente son maltratados y

comienza otro circulo violento, a veces deben dejar los estudios – aunque tengan derecho de continuar– y deben ponerse a tra- bajar, pueden tener embarazo de alto riesgo y poner en peligro su vida y la de la criatura.

• Ayuda, no nos cansaremos de repetirlo, dialogar sobre el tema sin amenazas.

• Cultivar las metas positivas a corto, mediano y largo plazo. Pro- yecto de vida.

• Aprender a controlar impulsos.

• Si en la familia hay muchos casos de embarazos en adolescentes y jóvenes menores de 18 años, reflexionar sobre las consecuen- cias que se puedan ver.

• Tratar el cuerpo con respeto.

• Recordar que la información no basta, hay que formar.

• Evitar la estimulación sexual precoz o al menos comentar la que impera en la sociedad y los medios de comunicación.

3.4.4. Pornografía.

Si la sexualidad es un tema difícil de tratar, el de la pornografía es aún más difícil, pues antes ni siquiera era tema. Pero debemos saber que hoy hay delincuentes enfermos y especializados en el co- mercio de la pornografía infantil y juvenil. La pornografía es un ne- gocio que enriquece a unos a costa del envenenamiento de las men- tes de niños, adolescentes y adultos, pues si bien la sexualidad es algo natural, la pornografía es una degradación de la sexualidad.

Es importante saber que la pornografía infantil es un delito (Artículo 79 de la LOPNA).
Es importante saber que la
pornografía infantil es un delito
(Artículo 79 de la LOPNA). Y por
lo tanto sujeto a castigo por
parte de la Ley.

¿Por qué relacionamos este riesgo con los problemas de violencia? Porque la pornografía suele venir de la mano de la delincuencia, abusos sexuales, drogas. La pornografía puede ser aditiva, aparta a los adolescentes de los estudios y de las ocupaciones sanas.

Confieso que este no era un problema en las escuelas hace una década. Pero ahora, entra por Internet, por la telefonía celular, por la televisión por cable.

¿Qué ayuda a prevenirla?

• Conversar con los hijos e hijas sobre el sexo sano.

• Mantener abierta la puerta de la confianza.

• La coherencia: si usted no quiere que sus hijos se inicien en la pornografía, no la compre usted tampoco.

• Opciones de ocupación sana.

• Hacer un uso adecuado de la Internet y del teléfono celular. Estar atentos.

• Si tienes computadora con Internet en tu casa, ubicarla en un lugar donde tú puedas verla cuando la usen tus hijos.

Propuesta ¿Qué tal si das el paso de quemar o botar alguna película pornográfica que
Propuesta
¿Qué tal si das el paso de quemar o botar alguna
película pornográfica que por tentación tengas
en la casa y explica a tus hijos por qué lo haces?

3.4.5. La deserción escolar.

Ya se sabe que puede haber estudiantes “metidos en líos”, pero la verdad es que los jóvenes que terminan el bachillerato tienen muchas menos posibilidades de meterse a delincuentes. Hay que procurar que los muchachos permanezcan en la escuela lo más que se pueda, porque, como bien decía la señora Emilia en una

reunión, “¿qué más va a hacer un adolescente que ni siquiera ter- mine el sexto grado o el noveno? A esa edad lo agarran rápido las bandas”.

No mencionaríamos este tema si no fuera porque en Venezue- la la cantidad de adolescentes fuera del liceo es muy grande, ya sea porque se van quedando en el camino o porque hay menos opciones de cupo en el bachillerato que en la primaria. Lo sabe- mos por experiencia propia. En la escuela Antonio Lauro de Fe y Alegría, en San Félix, que sólo tiene hasta sexto grado, las madres quieren que sus hijos sigan estudiando, pasan hasta tres días con sus noches buscando cupo en planteles fuera de su comunidad, y estudiar lejos, hará más difícil que permanezcan en los estudios. Algunos tienen que viajar más de media hora en autobús. “Con la inseguridad de ahora, es una angustia mandarlos al liceo”, decía una señora. A veces comienzan, pero abandonan por las dificulta- des. Otros abandonan los estudios porque el liceo “les fastidia”. ¡Es una lucha empujar cada día a un adolescente que se aburre en el aula! Y después que salen, a los 12, 13 años, ¿qué hacer con ese muchacho? No tiene edad para trabajar, y de hacerlo, ¿qué trabajo puede conseguir?

Investigadores en esta área, como Luis Pedro España (UCAB – Caracas) que lleva años estudiando estos problemas, dicen que en Venezuela hay 14042 escuelas públicas y sólo 3499 liceos públicos. (“El Nacional”, 4 /07/10). Esa relación la vemos en pequeño en las comunidades. Hay varias escuelas con primaria, pero a veces un solo liceo y otras veces, ninguno.

Además, dice Mariano Herrera (CICE) que de cada 100 niños que entraron en primer grado en 1998, diez años después, sólo llegaron a graduarse 53, o sea, que se quedaron en el camino 47 (“El Nacio- nal” 4/07/10). Todos esos que quedaron fuera corren más riesgos de entrar en el mundo de la delincuencia que los 53 que continua- ron. De manera que tenemos muchos adolescentes en riesgo. Es para preocuparse y ocuparse del problema. Es posible que para los

años futuros la situación se agrave, pues según otro investigador, Luis Bravo Jáuregui (UCV), en el año escolar 1998-1999, había más inscritos en primer grado que en el año 2007-2008, es decir, que ahora menos niños entran en la escuela, se quedan más por fuera incluso en la primaria (Revista SIC, Nov. 2009). En el último infor- me del Programa Venezolano de Educación y Acción en Derechos Humanos (PROVEA) se señala que, a pesar de los esfuerzos del Gobierno, 640000 niños y niñas en edades entre 3 a 5 años, quedan por fuera del sistema escolar. Puedo decirles, por experiencia, que si a un muchacho se le pasa la edad en los primeros grados, es más difícil que aprenda y rinda después. El riesgo de quedar atrapado en la delincuencia o en la pobreza extrema, será mayor. PROVEA también dice que 750000 jóvenes, en edades comprendidas entre 15 y 17 años, están fuera de la escuela. ¡Muchos muchachos en situación de riesgo! ¿No creen?

Preguntas para reflexionar ¿Hay suficientes cupos en tu comunidad para que los adolescentes estudien su
Preguntas para reflexionar
¿Hay suficientes cupos en tu comunidad para que
los adolescentes estudien su bachillerato comple-
to? ¿Conoces jóvenes que se han retirado antes
de graduarse? ¿Qué hacen?

¿Qué previene la deserción escolar?

• Hacerles ver a los hijos que tú te interesas por sus estudios. Pregúntales cada día cómo les fue, qué aprendieron.

• Ve a las reuniones de padres y madres. Habla con los profesores guías sobre tu representado.

• Si es posible, ten un lugar para los libros –aunque sea un estan- te–, y un lugar para hacer las tareas. Que se vea, en la práctica, que estudiar es importante.

• Invita a tu casa a los compañeros y compañeras de clase.

• Proyecto de vida. Anima a tus hijos e hijas a que tengan metas a largo plazo.

• Evita decirle a cada rato que “vas a quedarte de bruto sin estu- dios”.

• Compra libros recreativos y juegos instructivos. Hoy los hay va- riados y realmente entretenidos.

• Lucha para que en tu comunidad haya buenos colegios. Coopera con la escuela.

“Un niño sin escuela es un problema de todos”. Este fue el lema de Fe y Alegría por varios años. No sé si veíamos en esos tiempos, en los que la violencia no nos preocupaba como ahora, la relación existente entre exclusión y deserción escolar y la delincuencia, pero la verdad es que sí existe.

3.5. El diálogo: base de las relaciones de convivencia.

Este aspecto lo hemos dejado de último porque esta es la base de la convivencia y de la prevención de todos los riesgos de la violencia. Habrás notado que en todos los puntos ha salido, como ayuda, conversar, y, aunque no lo creas, la mayoría de los seres humanos no sabemos dialogar.

Detengámonos en algunos aspectos de la comunicación:

A. Para dialogar con ellos tenemos que callarnos aunque

sea de vez en cuando, porque se trata de “dialogar”, no de “sermonear”, eso no sirve, y con los adolescentes, menos. Eso ya lo saben ustedes. ¿Cuántas veces no se han sentido como hablando con una pared? “Sí, mami”, te dicen, pero luego hacen todo lo contrario.

Solemos decir que una herramienta efectiva para el diálogo es “ponerse un tirro”. ¡Sí! Un

Solemos decir que una herramienta efectiva para el diálogo es “ponerse un tirro”. ¡Sí! Un pedacito de tirro, para callar y escu- char. Una recomendación, comadre: coloca un trozo de tirro en la nevera de tu cocina, y cuando aparezca tu hijo o su hija a plan- tearte algún asunto, mira la nevera, ponte mentalmente la cinta adhesiva, y escucha.

Para dialogar es imprescindible hacer silencio de nuestra parte.

B. Palabras y gestos. Con los gestos también se “habla”. Ima- gina la escena: tu hijo o tu hija, vienen del liceo. Hay una ac- tividad especial en el colegio y necesitan permiso de los padres.

Usted, sin saber de qué se trata, sólo al oír “Mami, ¿me puedes dar permiso…”, de una vez cruzas tus brazos, te inclinas hacia atrás y pestañeas. Ya has dado tu respuesta con tus gestos. Y además, dices algo así como “¿otra vez?”, o comienzas con un “Pero tu

No importa lo que digas después, el “pero” es una pal-

abra bloqueadora. Ya tu hijo sabe que la respuesta es no, y que no hay discusión. Así no vamos a ninguna parte. ¿Qué tal si en vez de “pero”, primero le escuchas completo y le das una esperanza sincera? Comienza diciendo algo así como: “Lo voy a pensar”, o tal vez, negocia: “Primero haz tus tareas, o arregla tu ropa”. Es decir:

hay que cuidar lo que se dice y cómo se dice.

papá

”.

Revisa las palabras que más usas con tus hijos, así como los ges- tos. Cierra los ojos y recupera del archivo de tu cerebro las esce- nas de encuentros verbales con ellos. ¿Qué dices y cómo lo dices? ¿Tus expresiones favoritas son algunas de las siguientes: “¿Pero, hasta cuándo? ¿Otra vez? ¡Ni preguntes!”, o son estas: “Vamos a ver”, “sería excelente”, “¡estoy de acuerdo!”, “¡veamos pros y contras!”.

Los gestos son muy importantes: mírate en el espejo. ¿Qué ex - presión se dibuja

Los gestos son muy importantes: mírate en el espejo. ¿Qué ex- presión se dibuja en tu rostro? ¿Cómo pones los brazos, los cruzas o los abres? ¿Y el tono? ¿Cómo te gusta que te hablen a ti? ¿Te gusta ese tonito de grito?

C. Hay preguntas que sirven de puente. Como se trata de

aprender a dialogar, acto que necesita dos actores, requerimos puentes para saltar los abismos, las distancias. Hay preguntas que ayudan a comenzar un diálogo o a profundizarlo. No se trata de un interrogatorio, de esos que usa la policía para “encontrar a un culpable”. Se trata de preguntas bien intencionadas, para facilitar que el otro - que en este caso es un hijo o una hija-, se exprese. Está bien preguntar “¿cómo te fue en la escuela?”, pero después de la respuesta, seguramente corta, de tu hijo –bien, mal, regular- o tal vez solo una expresión como “umj” o un levantar de hom- bros, precisa algún detalle, como por ejemplo: “¿Fueron todos los profesores? ¿Te pusieron tarea?”. En fin, demuéstrale que tienes interés.

Una conversación como la propuesta, cuando tus hijos llegan de la escuela, además de ir sembrando confianza, ayudará al rendi- miento escolar, pues se pone de manifiesto que hay interés de tu parte. El interés sincero, contribuye al diálogo.

D.

Además del tirro, invierte tiempo. Mírale cuando habla.

No es lo mismo escucharle mientras sigues haciendo el almuerzo, que voltear y ver su cara cuando te habla. Si estás muy ocupada, dile que espere unos minutos, pero dale el tiempo que requiere. Pregúntate si te gusta hablar con una pared o si te gusta cuando le hablas a tu pareja y este sigue con sus ojos fijos en el televisor.

En Argentina hay un movimiento para crear “casas de escucha” en donde se entrenan padres, madres e hijos (Berra, 2006). ¿No podemos tener, al menos, rincones de escucha en nuestros patios?

tener, al menos, rincones de escucha en nuestros patios? Ejercicio Párate frente a un espejo. Ensaya

Ejercicio

Párate frente a un espejo. Ensaya una conversa- ción con tu hijo. ¿Cómo pones los brazos? Sonríe

y nota cómo te ves mejor sonriendo que frun-

ciendo el ceño.

Haz este otro. Ponte en frente de una pared y prueba hablar durante tres minutos. La pared

no te va a contestar, y a ti los tres minutos te parecerán una eternidad. Piensa que así les pasa

a los demás cuando te hablan y tú no respondes.

E. Finalmente: practica algunas “R” con tu familia

¿Recuerdas las “R” de las que hablamos en el capítulo dos? Pues, practícalas con tu familia.

• Reúnete con ella para comer, para ayudar a tus hijos en las ta- reas escolares, para conversar…

• Ríete con tus hijos – nunca te burles -, recuerda tremenduras tuyas o de ellos cuando estaban pequeños, pon chistes en la puerta de la nevera, las comiquitas del periódico…

• Reza en familia. Rezar un Padrenuestro antes de acostarse, leer algún pasaje de la Biblia con los hijos, dar gracias a Dios por las cosas buenas del día, pedir protección… Estas pequeñas buenas prácticas, si se van haciendo desde que están pequeños, son como gotas que van llenando el pozo de donde después podrá sacar agua en las emergencias. La Palabra de Dios hace que la gente reflexione. Los creyentes tienen menos riesgo de caer en la desesperación. Acuérdate que orar consuela, anima, orienta, serena …

• Recréate en familia. ¿Qué tal si ves algún programa de televi- sión con los adolescentes de la casa sin criticar?, ¿puedes pasar esa prueba?, camina con ellos, practica juegos en el patio, ten en casa “juegos de mesa”… ¿Puedes imaginarte haciendo algo junto a los muchachos? Conozco padres y madres que lo hacen, tú también puedes hacerlo.

• Responsabilízalos. No hablo sólo de las normas de la casa, de sus responsabilidades como hijo - parte de una familia – y como estudiante, sino de la confianza que puedes y debes depositar en ellos. Permite que sean “protagonistas”. Aplaca tus miedos, delega tareas en donde puedan “lucirse”. Es posible que en- cuentren placer en tareas hogareñas.

• Reconoce tus errores. Verás cómo crece su estima hacia tí.

• Reconcíliate cuando hayas tenido un disgusto. No vale la pena cargar con piedras en tu bolso. Pesan y no sirven para nada. Si pides perdón, enseñas a perdonar.

• Resuelve los conflictos por vías pacíficas.

• Rodéalos con tus brazos, abrázalos con tu mirada. Agrego esta “erre”, por la importancia que tienen las expresiones de cariño. No basta quererlos, ellos y ellas deben saber que son queridos, deben escucharlo, verlo, sentirlo, olerlo, saborearlo.

Convéncete que la violencia intrafamiliar puede ser reducida y erradicada. Nadie dice que sea fácil, pero yo te digo que es posi-

ble. Convéncete que es posible que tus hijos e hijas sean hombres y mujeres de paz.

Vamos a terminar este capítulo con una canción de Jesús Rosas Marcano y Gilberto Simoza. Salió en el año 2000, a raíz de la pro- mulgación de la Ley de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes. Nos parece que refleja nuestros deseos de paz.

Por la paz

La paz es un sueño hermoso en la

tierra,

si se realizara fuera maravilla; pero como abundan perros de la guerra, el sueño se vuelve una pesadilla.

La paz es la gracia que alivia la mente, la cálida mano que da bendición; todo ese sosiego que tiene la gente cuando sigue el rumbo de su corazón (bis).

En muchos hogares a diario pelean,

y hasta hacen la guerra con sartén y platos

y uno siente pena que esas casas sean una madriguera de perros y gatos.

Que ninguna guerra en la tierra es buena

y ninguna paz en el mundo es mala,

dice una frase escrita con gala que ninguna paz en la tierra es mala

(Y yo añado esta estrofa) La paz es la mano extendida al pequeño la paz es palabra que se vuelve puente evita el regaño y distiende el ceño y sabe que “hablando se entiende la gente”.

Bibliografía citada y recomendada para el tercer capítulo

Berra, J. P. (2007): Con los adolescentes, ¿quién se ani- ma? Editorial y librería SB, Buenos Aires.

Bravo Jáuregui, L.(2009): Diez años de educación. Re- vista SIC pp.403- 409, Centro Gumilla, noviembre, Ca- racas.

Olivieri, C., Tosti, S. (2006): La Educación Preventiva. Ediciones Palabra, S.A., Madrid.

Machado, J. (2009): La violencia en la escuela. Revista SIC, Centro Gumilla, junio, Caracas.

Misle, O., Pereira, F.(2009): Violencia en los pupitres. Ediciones El Papagayo, CECODAP, Caracas.

Pérez Esclarín, A.( 2010): Los Padres, primeros y prin- cipales educadores de los hijos, Ediciones San Pablo, Caracas.

PROVEA (2009): Situación de los Derechos Humanos en Venezuela (2009), Informe anual, Caracas.

Segura, M.(2005): Enseñar a convivir no es tan difícil. Para quienes no saben qué hacer con sus hijos o con sus alumnos. Desclée De Brouwer, Bilbao.

Trezza, F. (2008): La droga está en la calle y mi hijo también. Colección Brújula Pedagógica, Editorial El Nacional, Caracas.

Capítulo 4 Tienes derecho a vivir en paz. La Paz en la comunidad. “Rezar un

Capítulo 4 Tienes derecho a vivir en paz. La Paz en la comunidad.

“Rezar un rosario en la comunidad es un riesgo. ¿No tenemos derecho ni a eso?” (Catequista de la comunidad 25 de marzo. San Félix,Edo. Bolívar).

Hace unos meses, en una comunidad de San Félix, una señora mayor, catequista, me contó que “hasta rezar un rosario se ha convertido en un peligro en el barrio, pues si el muerto fue víctima de la violencia, rezarle un rosario puede suponer que vengan los asesinos a acabar con el rosario; y si el muerto es un delincuente, seguro vendrán los de la banda a acompañar el cadáver y se arma una balacera. Todos tienen derecho a su rosario, pero ya me da miedo que me lo pidan.”

Yo me pregunto: ¿no tenemos todos los venezolanos derecho a vivir en paz en la comunidad? ¿Bastará con que cada quien, par- ticularmente, maneje sus emociones dentro de su casa? ¿Bastará con que la escuela de tu hija promueva la convivencia fraterna? ¿Se puede tener a los hijos encerrados en la casa? No, no basta nada de eso. Hay que ir más allá: la comunidad; y en el caso del desarme, tiene que moverse todo el país. La “R” de reunión se

tiene que ampliar a la comunidad, y la “P” de la paz debe llegar a la “P” de las políticas públicas.

Veamos cómo es el recorrido de la “paz de la persona” a la “paz de la comunidad”.

4.1. Eres parte del problema y parte de la solución.

A veces nosotros, los adultos, nos comportamos como adoles- centes: le echamos las responsabilidades a otros, no medimos las consecuencias de nuestros actos. Pensemos en algunas escenas de la comunidad: echamos basura en la calle, sin darnos cuenta que las ratas entrarán también a nuestras casas; nos quejamos de la proliferación de expendios de licor y la falta de parques y escue- las, pero esperamos que “otro” se encargue del problema; nos quejamos de la falta de agua, pero vemos –o no vemos– la tubería rota en la esquina y los miles de litros desperdiciados sin hacer nada… En fin, ¡nos comportamos como los adolescentes! Ellos, los hijos, tienen a sus super-madres. ¿Y las super-madres a quién te- nemos para que arregle los problemas? Créanme, los ángeles de la guarda no se ocupan de esos asuntos.

Cuando el servicio de aseo urbano no pasa, ¿a quién afecta? A todos los vecinos, a ti también. Cuando en la comunidad no hay espacios ni programas para la recreación sana de los niños y niñas, ¿a quién afecta? A todos, a ti también. Entonces, los problemas de la comunidad son tus problemas.

Primero se es mujer, antes que madre, y luego, como no vives en una isla desierta sino en sociedad, tienes que ampliar la mirada y asumir que vives en medio de esa sociedad, con sus bondades y sus “maldades”. Eres parte de ella, parte de sus problemas y, si lo decides, puedes también ser parte de las soluciones.

Este tercer nivel en la construcción de la paz es muy impor- tante; sin él, no se sostiene la paz personal, ni tus hijos, a quie-

nes tanto quieres y te preocupan, podrán tener garantizados sus derechos. Por supuesto, en este nivel hay que invitar a todos los padres, para que hagan su labor comunitaria también.

Lo que dijimos para la familia y para la escuela, “Solas no pode- mos”, lo decimos también para este nivel y lo subrayo, puesto que se necesita más trabajo y unir a más gente para tener éxito.

Tú decides si quieres ser una simple “vecina”, habitante, que vives en una comunidad, pero desentendida de sus problemas, o sólo aguantándolos o quejándote, esperando que “alguien” arre- gle las cosas. Pero esa no es la única opción, también puedes de- cidir “tomar tu camilla y echarte a andar”, como dice el Evangelio (Mt, 9:6). Dicho en otros términos: puedes ser una “ciudadana”:

alguien que sabe que tiene deberes y derechos, cumple con los primeros y exige los segundos, y, además, se une a otros y otras para construir el Bien Común. Piensa qué podrías hacer, sola, con un pedacito de hilo o pabilo. Te serviría, a lo sumo, para atar un lá - piz para que no se te pierda; pero si te unes a otras personas, con muchos pedacitos unidos, podrás amarrar una hallaca, o una caja, y si se unen más trocitos, podrían elevar un papagayo y mostrar tus sueños a toda la comunidad. De eso se trata: unir muchos pedaci- tos para lograr metas para muchos, que son también las tuyas. Esa es la construcción del Bien Común, que es también el tuyo.

4.2. ¿Qué comunidad tenemos?

Una vez aceptado que sentada, esperando, no se arreglará nada ni mucho menos llegará la paz, y te decides a convertirte en una persona que construye esa paz que deseas y necesitas; cuando te has decidido a caminar, junto a otros, que tienen problemas simi- lares y que también se sienten afectados por la violencia, es hora de dar un segundo paso: hacer una especie de “fotografía” de la comunidad donde se vive.

Ejercicio Haz una lista de los principales problemas de tu comunidad relacionados con la violencia.
Ejercicio
Haz una lista de los principales problemas de tu
comunidad relacionados con la violencia.
Problema comunitario
¿Desde cuándo existe?
¿Qué se ha hecho?
¿Hay algo que tú pudieras
hacer?
la violencia. Problema comunitario ¿Desde cuándo existe? ¿Qué se ha hecho? ¿Hay algo que tú pudieras

Veamos por qué esos problemas apuntados tienen que ver con la violencia y cuáles, solucionándolos, contribuirían a reducir o erradicar la violencia y, en consecuencia, a mejorar la convivencia en la comunidad.

Vamos a ayudarte con algunos datos y algunas preguntas:

¿Te acuerdas que dijimos que la violencia es un problema con múltiples causas? (capítulo 1); pues revisa si en tu comunidad la violencia –o la mala convivencia-, está alimentada por alguno de estos problemas y carencias:

• La falta de escuelas: ¿Hay suficientes planteles en tu comuni- dad? ¿Hay suficientes centros de educación inicial para los más pequeños? ¿Los jóvenes pueden completar su bachillerato en la comunidad o tienen que irse muy lejos? ¿Son esas escuelas de calidad? ¿Los Consejos Comunales contemplan la ampliación de la cobertura escolar en sus planes? ¿Conoces de planes del go- bierno para ampliar la cobertura escolar en tu comunidad o en los barrios vecinos?

• Otra causa es el acceso a las armas: Ya se sabe que en muchas comunidades populares no arrullan a los niños con el Himno Na- cional sino con los ruidos de tiros cada noche. Ello nos indica que hay muchas armas sueltas. Y, según datos dados en octubre del 2009, por el Diputado de la Asamblea Nacional, presidente de la Comisión de Defensa, Juan Mendoza, en Venezuela hay en- tre 9 y 16 millones de armas en la población. ¿Será verdad? ¿Hay muchos tiroteos en tu comunidad? ¿Se puede hacer algo por el desarme de la población? ¿Se ven los delincuentes visiblemente armados en tu comunidad?

• El cansancio, la angustia por el exceso de trabajo o de preocu- paciones, si no se drena, puede generar mala convivencia en los hogares y entre vecinos. ¿Hay espacios para la recreación sana en tu comunidad? ¿Hay programas? ¿las canchas son para jugar o para reunión de adictos y delincuentes? ¿Están bien iluminadas?

• Otra causa que influye en las conductas violentas es el abandono de los niños y niñas, o lo que ellos interpretan como abandono o desamor (capítulos 1 y 2). ¿Hay guarderías para los niños peque- ños donde las madres que trabajan fuera de sus casas puedan dejarlos con confianza? ¿Hay programas para niños y adolescen- tes para que estén ocupados en el horario que no están en la escuela? ¿Hay planes vacacionales?

• El alcohol: ¿Hay expendios de licores cerca de las escuelas? ¿Hay más expendios de licores que escuelas? ¿Hay muchas peleas cau- sadas por el alcohol? ¿Se vende alcohol a adolescentes? ¿Hay alguna relación entre las muertes violentas de tu comunidad y el alcohol? ¿Hay programas para atender a estos enfermos?

• Hay otras drogas que también generan violencia, ya sea porque alteran a los consumidores o ya sea porque el tráfico pone a pelear a los traficantes. ¿Hay mucha droga en tu comunidad? ¿Se consume abiertamente? ¿Se sabe de lugares de venta? ¿Hay quien se ocupe de los adictos-enfermos por la droga?

• El desempleo y la pobreza extrema también generan violencia. ¿Cuáles son los niveles de desempleo en tu comunidad? ¿Hay gente pasando hambre? ¿Hay vecinos que viven en ranchitos in- salubres? ¿Hay familias viviendo en ranchitos de un solo espacio, de cuatro por cuatro? ¿Hay centros de capacitación laboral que ayuden a los jóvenes a formarse para el trabajo productivo?

• La delincuencia organizada, las bandas o pandillas de delin- cuentes mandando sobre las personas honestas de la comuni- dad, también alimentan la violencia. ¿Hay bandas armadas en tu comunidad? ¿Muchas? ¿Han detenido alguna vez a esos miem- bros de bandas? ¿Andan tranquilos como si fueran dueños de las calles? ¿A qué hora se encierran los vecinos en sus casas? ¿Hay planes claros y permanentes de parte de las autoridades para hacerle frente a las bandas?

• Acuérdate que la violencia no es sólo la delincuencial, está también la intrafamiliar. ¿Sabes de muchos casos de este tipo de violencia? ¿Es frecuente que los padres y las madres golpeen

a sus hijos? ¿La manera normal de comunicarse es el insulto, los gritos? ¿Hay centros de atención para las mujeres maltratadas? ¿Hay defensorías para los niños, niñas y adolescentes en tu co- munidad o cercanas a esta?

• El embarazo precoz, de adolescentes, a la larga, es otra causa de violencia porque esas madres –casi niñas–, no están prepara- das para dar a sus hijos la atención adecuada. ¿Hay muchos ca- sos de esos en tu comunidad? ¿Hay algún programa para prevenir estos embarazos? ¿Hay algún lugar donde estas madres adoles- centes puedan acudir?

• Las enfermedades neurológicas están en la base de muchos comportamientos violentos. ¿Hay en tu comunidad o cerca de ella centros para detectar y tratar estos problemas?

• La impunidad –delito sin culpable y culpable sin castigo– tam- bién genera violencia. La falta de acción de las autoridades o sus abusos, también son causa de violencia. Recordemos que por cada 100 homicidios, sólo hay 7 detenciones, según los Datos del Observatorio Venezolano de Violencia. Eso se refleja en la comunidad: ¿andan sueltos los presuntos culpables de atracos y homicidios? ¿Hay presencia policial en tu comunidad? ¿Se les considera amigos o enemigos? ¿Conoces casos de matraqueo o abuso policial en tu barrio? ¿Los vecinos acuden a ellos en busca de protección o prefieren evitarlos?

• La violencia delincuencial deja víctimas. Se supone que por cada muerte violenta quedan otras víctimas, al menos, sus familia- res. ¿Conoces familiares de víctimas de la violencia? ¿Alguien les acompaña a superar su dolor?

Como verás, hay toda una variedad de problemas de la comu- nidad que tienen que ver con la violencia y cada causa amplía el espiral –algo que va creciendo- y se requiere la construcción de un muro que lo detenga. Ese “muro” lo puede construir la organiza- ción comunitaria.

Claro que no se pueden abordar todos los problemas, hay que jerarquizarlos. ¿Cuáles son los más graves? Para investigadores de la violencia en el país, como Roberto Briceño León (OVV) y el Padre Alejandro Moreno, el desarme y el cumplimiento de las leyes, son prioridad para parar los homicidios.

4.3. Tienes derechos.

Las madres saben de muchos deberes, pero no siempre saben de sus derechos. Es verdad que no basta con que existan, pero ayuda saber que se tienen. Y si hay derechos, hay alguien que tie- ne el deber de satisfacerlos. En el caso de los llamados Derechos Humanos (DDHH), esos que son universales, de todos y todas sin distingo de raza, edad, religión, color, posición social, sexo; son interdependientes, todos son importantes, son inviolables, y el Es- tado es el último responsable de garantizarlos.

Detengámonos un poco en esta última idea. Todos y todas te- nemos el deber de respetar los derechos de los demás, pero el Estado, representado en los gobiernos, es el último responsable, puesto que es el que administra los dineros públicos, porque le corresponde aplicar las leyes, hacer justicia. Es como en una casa:

los hermanos deben respetarse, convivir en paz, pero si hay una pelea entre ellos, le toca al padre o a la madre procurar que se reconcilien, que no se den golpes, y si se dan, les corresponde a los padres poner alguna sanción.

Preguntas para reflexionar ¿Sabías que los Derechos Humanos son para todos y todas? ¿Te sientes
Preguntas para reflexionar
¿Sabías que los Derechos Humanos son para
todos y todas? ¿Te sientes ciudadana con
derechos?

Los DDHH están contemplados en las leyes, pero puede pasar que en algún país falten derechos en las leyes o que alguna ley sea injusta, entonces los ciudadanos y ciudadanos deben luchar

para que esa ley injusta se elimine. Cuando hablamos de DDHH, se busca la justicia, y no todo lo legal es justo. Siempre recuerdo a Monseñor Romero, ese obispo salvadoreño que fue asesinado el 24 de marzo de 1980 y que se puso al lado de los pobres oprimidos de su pueblo. Él decía que no era justo que, según las leyes de El Salvador, para pertenecer a una organización campesina, había que saber leer y escribir. ¿Qué les parece? Ese requisito en un país donde abundaban los pobres y faltaban tantas escuelas. ¡Era legal, pero era injusto!

El principal instrumento legal para los Derechos Humanos es la Constitución, es como un gran paraguas que cubre todas las otras leyes, también se le dice “la madre de todas las leyes”. Por encima de la Constitución no puede estar ninguna ley, y si a los legisladores o a los gobernantes se les ocurre la mala idea de pa- sarle por encima, hay que decirles que todo acto del Poder Público que “viole o menoscabe los derechos garantizados en la constitu- ción es nulo”, es decir, no vale, como lo dice el Artículo 25 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV). Es más, según este mismo artículo, y así lo dice textualmente, “los funcionarios públicos y funcionarias públicas que lo ordenen o ejecuten incurren en responsabilidad penal”, es decir, que pueden ser sancionados. Otra razón más por la cual hay que conocer los derechos que tenemos y que están contemplados en la Constitu- ción. Hay otras leyes, como la Ley Orgánica de Protección de Niños Niñas y Adolescentes –la LOPNA- que no es una “señora gorda” como dicen algunos niños, o la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que también tienen derechos relacionados con la construcción de la paz.

Relación entre Derechos Humanos y paz.

Los Derechos Humanos (DDHH) son aquellos que nos permiten vivir con dignidad. Ya arriba vimos algunas de sus características más resaltantes. Entre ellas, que estos derechos son inviolables, o sea, nadie los puede violar, tampoco las autoridades, que son más bien las que tienen el deber de garantizarlos. Tampoco son nego-

ciables: “te cambio el derecho a la educación y renuncio al dere- cho a la libertad de opinión”, por ejemplo; eso no se puede hacer. También apuntamos arriba, que estos diferentes derechos son in- terdependientes: si usted tiene vivienda y no tiene trabajo, no podrá mantener la casa; si usted tiene educación y no tiene salud, no rendirá en los estudios, y así, uno requiere del otro para que de verdad vivamos con dignidad y no simplemente sobrevivamos.

Paz y DDHH están íntimamente relacionados, pues sin DDHH no hay paz, y sin paz, no se pueden vivir los DDHH. Acuérdense que no estamos hablando de “pasividad y silencio”, tampoco hablamos sólo de paz, como ausencia de guerra, como se entendió en otros tiempos en el mundo. Hablamos de la paz activa, la que hacen los ciudadanos y ciudadanas cada día y que debe garantizar el Estado.

“La paz es premisa y requisito para el ejercicio de todos los derechos humanos. No
“La paz es premisa y requisito para el ejercicio
de todos los derechos humanos. No la paz del
silencio, del hombre y la mujer silenciosos y
silenciados. La paz de la libertad y por tanto de
la leyes justas , de la alegría, de la igualdad, de la
solidaridad de todos los ciudadanos, donde todos
cuentan, conviven y comparten”. (Declaración del
Director de la UNESCO, enero, 1997).

En este capítulo, veremos algunos derechos que tienen relación directa con el disfrute de la paz, que es un derecho humano tam- bién.

El Derecho

Está en

 

Significa

La paz.

Preámbulo de la Declaración Universal de los DDHH. Preámbulo de la CRBV.

Como todos nacemos libres

e

iguales, todos y todas

tenemos derecho a la paz.

No discriminación. El Estado garantizará sin exclusión, a toda persona, el goce de los derechos humanos.

CRBV,

Que no importa que tú seas pobre, o indígena, o campesina o que vivas en un rancho, o que no hayas podido estudiar, o tus padres hayan cometido faltas…

Artículo 19.

A que nos protejan si somos víctimas de delitos comunes.

CRBV,

El Estado tiene obligación de proteger a las víctimas

Artículo 30.

y

hacer algo para que los

culpables reparen el daño

 

causado. No se puede desentender.

Derecho a la vida “Ninguna ley podrá establecer la pena de muerte, ni autoridad alguna aplicarla”.

Artículo 43 de la CRBV. Artículo 15 de la LOPNA.

Ningún funcionario puede matar a alguien aunque sea sospechoso de algún delito. El Estado debe garantizar a los niños y niñas este derecho con políticas públicas.

“Toda persona tiene derecho a que se respete su integridad física, psíquica y moral”.

CRBV,

Ningún funcionario puede torturar a alguien. Si detienen a una persona, deben respetarla, tampoco puede insultar a los ciudadanos. Si hacen algo de esto, deben ser sancionados.

Artículo 46.

Derecho a la seguridad ciudadana.

CRBV,

El Estado tiene la obligación de brindar seguridad a los ciudadanos y ciudadanas, además respetando la dignidad de las personas.

Artículo 55.

Derecho a expresarnos libremente y a que no tengamos discursos violentos.

CRBV,

Podemos expresar nuestras opiniones a viva voz. Están prohibidas las propagandas de guerra y mensajes discriminatorios. Vengan de donde vengan.

Artículo 57.

Derecho a

CRBV,

A veces, para exigir nuestros derechos, tenemos que protestar:

manifestar

Artículo 68.

pacíficamente y

sin armas.

esto es un derecho, y los funcionarios no pueden utilizar armas de fuego ni sustancias tóxicas en esas manifestaciones.

Derecho a la Educación integral, de calidad. Desde el maternal hasta el ciclo diversificado.

Artículos 102 y 103 de CRBV.

Cuando un gobernante hace una escuela para una comunidad, no es un favor, es su deber.

LOPNA Art.

53.

 

Derecho a la protección de la familia.

CRBV,

El artículo dice que el

Artículo 75.

Estado protegerá a la madre

o

al padre o a quien ejerza

 

la jefatura de la familia.