Los vinos

del desterrado

Gerardo Rivera

VII Premio Nacional de Poesía José Manuel Arango

ISBN 978-958-58388-4-0

9 789585 838840

Los vinos
del desterrado

Los vinos del desterrado

Gerardo Rivera

VII Premio Nacional de Poesía
José Manuel Arango 2012

Los vinos del desterrado
© Gerardo Rivera
Primera edición: noviembre 2014
ISBN: 978-958-58388-4-0
Tiraje: 1.000 ejemplares
Edición al cuidado de:
Hernán Vargascarreño
Esta publicación fue realizada con el apoyo de la
Administración Municipal de El Carmen de Viboral
“Prosperidad y buen gobierno”
Néstor Martínez Jiménez: Alcalde 2012-2015.
María Eugenia García Gómez
Directora Instituto de Cultura de El Carmen de Viboral
Comité organizador Premio Nacional de Poesía:
Paula Andrea Toro
Ricardo Ospina
Felipe Botero
Impresión
Editorial Gente Nueva
Tel: 320 21 88
Bogotá D.C.

La noche, como un animal
dejó su vaho en mi ventana
por entre las agujas del frío
miro los árboles
y en el empañado cristal
con el índice, escribo
esta efímera palabra
José Manuel Arango

10

Las desaparecidas

Ocultos en la casa del tiempo,
los labios azules recuerdan la rosa de la sombra.
Soñados nos hemos alejado
en las noches de la hierba.
Allí bebimos en hermosas copas
el vino de los días.
Tomados de la mano por las hijas nocturnas,
las desaparecidas.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

11

12

Tú ya no eres

Tú ya no eres.
Abres o cierras el árbol azul
sobre la tristeza y la muerte de los pájaros.
Sé aquel que llega al amanecer,
el expulsado del Paraíso,
el humo que en la noche escapa
desde la cabaña encendida.
He visto caer joyas de nieve
sobre los prados del olvido,
he visto el espejo.
¿Quién eres tú?
¿Aquel que en vano llama a las estrellas?
¿Aquel a quien ya nadie escucha?
Veo las pálidas flores,
veo el destino cuando echa a volar
desde el oro vertiginoso del tiempo.
Veo el espejo.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

13

14

Herida luminosa

Los bellos ángeles están allá a lo lejos,
entre sus naves y sus pájaros muertos.
Piensa en el tiempo que pasa, Dios apagado,
sobre las suaves plumas.
Con hilos de oro nos ata el corazón
la herida luminosa.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

15

16

Parte del mar y de la tierra

Allí te escondes,
en lo que recuerdas como sombra,
en el corazón y en las hojas.
Todo lo olvidas
en las copas de la noche.
Así, antes de volar, llevado por el sueño
te desvaneces.
Es fría tu hermosa desaparición,
mi dulce atormentado.
Eres el solitario,
parte del mar y parte de la tierra.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

17

18

Las llamas de la soledad

Tú, el oscuro,
pero al final de ti
había una agua viva, una cabeza de ramas
trenzadas. Tú dijiste:
“Yo el último. Manojo de hierbas,
final eco de estrellas.”
A esa hora ya no sabía quién eras tú
ni en quién te habías convertido.
¿Se marchitó el sol hasta el último aliento,
el último atardecer y el último recuerdo?
Antes de perderte entraste a los bosques de la noche.
Nuestras hermosas ropas
iluminadas por las llamas de la soledad.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

19

20

La vida que nos queda

Regresas a viejos lugares,
pero no los recuerdos.
Recuerdas a los que cantaban
en el corredor de la casa en penumbra,
a las monedas de oro que pasaban
entre nuestras viejas manos.
¿Fue vertida el agua sobre nosotros,
sobre nuestras cabezas iluminadas
por el astro resplandeciente?
Alguien quedará todavía allí.
Emilio, de pie, mirando la noche,
recorriendo aquel corredor,
soñando sobre la vida que nos queda.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

21

22

Allí donde la luna se levanta

Trataré de alcanzarte,
de tocarte, de ser como tú eres.
Lo digo por el viento de las urnas,
por la rosa de la sombra.
Tú, mi prisionero, lejana ceniza de mis días,
ya no sé quién eres
ni quién a esta hora golpea a mi puerta.
¿Eres solo la dura sentencia
de la noche?
¿Aquel que pone sus palabras
como chispas allí donde la luna se levanta?

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

23

24

Bosque estrellado

Ahora que te aprestas a pagar
con crecidas monedas de oro a la púrpura,
al sueño de la mariposa, tú, el desterrado
ante las últimas cumbres y la última puerta,
inclina la copa;
que el vino se derrame sobre la tierra
de alas muy viejas.
Sé siempre el solitario.
Habita para siempre el bosque estrellado.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

25

26

Inalcanzable

Dame cada una de tus lágrimas,
hojas, gotas de sol.
Todo aquello que se parece
a la inmovilidad o a la esperanza.
No me basta
con la tibieza de tu corazón,
con tu canto
en la noche estrellada.
Aún hay para nosotros
este rojo de pinos ignorados,
esta tierra caída,
inalcanzable.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

27

28

Al amanecer

La noche
sepultada en su cofre
–como encendidas semillas–
sube las rojas escalinatas de tu cuerpo.
La noche
sepultada en su cofre
–como viejos pájaros negros y amarillos–
Y la miel dorada vertida por el sol
en la ventana,
al amanecer.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

29

30

Bebe pues el agua

¿De dónde vienes?
¿Vienes acaso a visitar a mis hijas nocturnas,
esas que llevadas por alas poderosas tejen un mundo
de fuego y olvido?
El sol ha oscurecido ya
y la vida se rasga sobre un musgo
negro y frío.
La vida es solo eso; tan solo te es permitido
arrastrarte como lo improbable, como lo imposible.
¿Sí ves?
Ahora ellas callan.
Bebe pues el agua nefasta que te es ofrecida.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

31

32

Bocas de olvido

Vuelan, pasan arriba de nosotros
las palabras, muertas palabras,
pájaros, hojas de la primavera.
Tú duermes también
en lo imaginado, en ese país invisible
que ya pasó con labios de seda.
Arrójalas al viento:
son dulces piedras,
bocas de olvido.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

33

34

Ladridos lejanos

A Lucky para que regrese

Negra
es la nieve del resucitado.
Lázaro de la taza de oro.
Hazme beber, llévala a mis labios,
mírame firmemente a los ojos.
Ahora que estás desnudo,
respirando a mi lado, háblame al oído,
sé la vara triste de mis sueños.
Sé el pobre perro amado,
la llovida ceniza que escucha
tus ladridos lejanos.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

35

36

Regreso

Los recuerdos llegan como pálidas flores.
Echa a rodar tus joyas sobre la mesa,
los hilos brillantes, el oro del tiempo.
Recuerda las islas perfumadas,
el olor a sandía, los espejismos y el viento
entre los olivos y los templos.
Llegará el otoño,
desaparecerán las islas azules
en el mar blanco.
Expulsados del paraíso,
pájaros oscuros nos señalarán
el regreso al polvo y al olvido.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

37

38

Dame tu espejo

Tú debes ser el que has perdido.
Atrás queda la bandera tejida del crepúsculo,
la noche que empieza como fulgor o distancia.
La estrella te ha visto muchas veces,
y está en ti, no en mí.
Solo hay polvo, ceniza, piedra ahogada.
Señálame todo aquello que queda fuera del tiempo,
señálame el agua, las incendiadas escaleras
de los días del agravio, hazme la señal.
Dame el lugar y la hora.
Dame tu espejo.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

39

40

Templo vacío

Atardecer,
sueño velado de las aguas.
Sueño de naves
entre silenciosas estrellas.
¿Qué podría ser
cuando las voces llegan desde remotos cielos?
¿Acaso la sed de la diosa de piedra,
el vuelo de la soledad y de las hojas?
El viento
entre las columnas del templo vacío.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

41

42

Polvo y olvido

Serás aquel que llega al amanecer,
serás el humo que escapa en la noche
desde la cabaña encendida.
Aquel a quien ya nadie escucha,
aquel que llama a las estrellas,
joyas de nieve sobre los prados.
El expulsado del paraíso,
aquel que nos señala el polvo
y el olvido.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

43

44

Muestra sus palabras

Hunden sus ramas
en la carne del tiempo.
Árboles azules,
ramas en la tristeza de los pájaros.
Pájaros de viejo canto,
armoniosos espejos.
Rocas
donde un misterioso Dios
muestra sus palabras.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

45

46

Con una luz fría y mortal

Él nunca lo supo,
había llegado impulsado
por el viento y las montañas
al lugar de las piedras abandonadas,
él mismo una piedra que Dios olvida.
Él mismo un Dios silencioso
que desciende sobre la rosa invisible.
Ya no era él.
Solo pudo ver al halcón levantar el vuelo
y perderse en el cielo.
Astros lejanos lo acariciaron entonces
con una luz fría y mortal.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

47

48

Para el descanso de la sombra

Hay un frío temblor
en la noche que nada ve.
Pero la piel del alma toca tu corazón.
Solo pasa el viento que habla
cosas extrañas
llevando a beber pájaros muertos.
En todo pusiste tus manos recordadas;
apartados lugares te vieron pasar
inútilmente.
Estuviste antes aquí
para el descanso de la sombra.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

49

50

Corre, corre

Es hermosa la sombra del corazón apagado.
En la noche oscura ladran los perros.
Atraviesa los rojos desiertos allí donde el olvido
teje sus flores blancas, sus zarzas y espinas.
Tú nada esperas.
Corre, corre, te esperan las montañas;
el viento no te alcanzará.
Ahora la luna es clara para ti
en la noche rebosante como una jarra.
¿Llegarás hasta el muro sagrado,
juntarás allí tus manos de mendigo?
El viento te traerá pájaros prodigiosos,
pero yo iré atrás de ti, seré el fuego
y tú el arbusto en la montaña reseca.
¿Qué deseas tú de mí?
Fría será la luna,
frías las manos entrando al sueño de la tierra.
Seré el halcón y la sombra del halcón
vertida sobre ti.
Las puertas de tu alma se han abierto ya.
Corre, corre.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

51

52

Una a una las estrellas

A Darío Henao

Ahora háblame,
abandona tu cabaña encendida y háblame.
Lilith, la hermosa, yace en su sueño;
el árbol remoto ha dicho ya sus palabras
y el agua es piedra o sombra.
Ahora que ya todo está en su inmóvil música
y hemos abandonado para siempre nuestros viejos palacios,
háblame, desaparecida.
Toma un puñado de las cenizas de la noche
y ofrécelas después al bosque y al espejo.
A la que cruza los prados blancos de neblina,
a la luna escondida detrás de tus sueños.
Háblame del altar y el sacrificio
de las torcazas dobladas en la muerte.
De las ofrendas de la sangre y el fuego.
Háblame del silencio que reposa en sus copas de oro,
de la noche que es música y resonante cuerda.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

53

O toma mi mano y caminemos juntos
por estas tierras del eclipse rojo.
O hazme el conjuro de las chamizas y de la taza de agua;
esta es la hora azul, tráeme tus pájaros.
¿Será de plata este largo camino, este mar lejano?
Yo vendré a buscarte en la lluvia de tus ojos
antes del alba, antes de los animales fantásticos.
A la hora de la danza.
A la hora en que apagas silenciosa una a una

/las viejas estrellas.

54

En este único lugar

La respiración de mi madre
y su taza de agua
y aquello que ella dijo alguna vez,
son prueba de un amor alejándose.
Viejas arenas y verdades
de lo que ya no está aquí.
El viento es solo una amarga bandera
de brillantes estrellas.
En este único lugar del naufragio.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

55

56

Pájaros invisibles

Tráeme la estrella,
la torcaza, la paloma.
Sé el enigma, sé la aldea.
Ahora que la noche te entrega
su fresco delirio.
Ya no estás más aquí,
volaste sin darte cuenta.
Y atravesaste el sueño del mar,
lo que se deshace, lo que se desvanece.
El viento de los pájaros invisibles.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

57

58

Música de las flautas

Caravana de aquellos sombreados por la luna,
seres de los otros espejos.
Sombras azules y leves esparcidas por los sueños,
por la estrella de la sangre en lo inclinado del navío,
lenta en el polvo de cada uno de tus pasos.
De aquellos idos que ya no recuerdan nada
hermosamente después convertidos en piedra
y después en olvido.
Dormir y despertar en pájaros
bajo estos fuegos danzantes del sol nocturno.
Caravana de los incendiados, peregrinos del cielo,
fría voz de octubre, música de las flautas.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

59

60

Dirigido por las flautas

Vamos lentos
por estos fuegos danzantes del sol.
Lentos y atados
al ramaje estrellado de la voz,
al sueño dirigido
por las flautas.
En lo alto de la soledad y del viento
y del halcón.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

61

62

Sobre los prados

Escucha otra vez los viejos ecos,
aquello que una vez dijiste a los ríos de alabastro,
a la débil luna blanca huésped del mar.
Sé otra vez los ángeles alados,
esos que al atardecer sueñan albas lejanas.
Gotas de sangre que salpica la paloma,
púrpura invernal, surtidor en los espejos.
Todo lo que una vez fuiste,
esa mano de nieve sobre los prados.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

63

64

Verde vestido de payaso o arlequín

Sobre los prados que se preparan
a desaparecer,
música de la noche, descanso sin sombras,
voces y nubes que pasan por primera vez.
Sonido de la dorada luna,
verde vestido de payaso o arlequín
desparramado en el suelo.
Cortina de la lluvia
que cae desde un techo de zinc.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

65

66

Convertidos en lluvia

Atravesarás el desierto
como si estuvieras vivo.
La luna iluminará el león de tus sueños.
Al espejo llegarás inútilmente
como un astro cansado de tanto morir.
No verás más el sol sobre los prados,
la dulce mano azul que acaricia las hojas.
Habrán partido los días del ayer
convertidos en lluvia para tus ojos de tierra.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

67

68

Los vinos del desterrado

El alejado ha bordado
la nieve del precipicio.
Todavía la mano bendita
es azul en mi garganta,
pero los pájaros cantan tristes
en la sombra lunar,
espejos que conducen
al bosque irremediable.
Joyas para celebrar el invierno,
oscuros prados donde el otoño sangra
los vinos del desterrado.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

69

70

Todo lo que olvido

Llevaré el río turbulento
a las orillas del árbol inmenso
cargado de estrellas.
¿Quién es este que huye?
Las invisibles promesas,
lo que vuela,
los vidriosos palacios,
la despedida,
todo lo que olvido.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

71

72

Ahora la joven voz

A Chicoral, la hermosa comarca
de los bosques y el agua

Ahora la joven voz
hará volar al peregrino.
Ahora el joven sol echará a andar
con su atado de hojas y de ramas a la espalda.
¿Serás tú quien siga el fuego blanco,
el helado resplandor, el vuelo de la lechuza?
Ahora que la curva del camino muere entre los árboles
y ha llovido, y el jinete llegará a su casa dormida,
nadie habrá para recibirlo ni para abrirle la puerta;
o quizás seas tú quien le extienda la mano
para que las aguas caigan saltando entre las piedras.
Tú, con tu verde, fresca mano, cuando el viento
del atardecer anuncia la llegada de la noche
y el vuelo de sus anillos estrellados.
El viento con sus ojos de adivino
leerá nuestro destino en sus rutas azules.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

73

Que venga pues la joven voz del árbol,
su verde palacio, su respiración de azucena.
Que lleguemos pronto al bosque,
el bosque dirá palabras,
aves hermosas, llamas doradas,
y volarán las dulces torcazas de sus ojos,
y beberá la miel que el tiempo vierte
en los sembrados de té, allá en Chicoral.
Ya todo es ayer, ya todo es ayer, dice el invisible señor
del bosque, el rojo señor del curvado pico.
“Honda es la gruta donde te espera el agua
y la lluvia de tu voz perdida”.

74

Ese azafrán amarillo

Te pones a llorar, ánfora desnuda,
o bajo el arco iris eliges la tristeza
para desvestirte.
No te despiertes.
De tu corazón saca el barro del augurio
y despídete de mí
con los anillos de tu atardecer.
¿No ves que estás completamente perdida y sonámbula?
Ponte a cantar, báñate en medio del eclipse,
tus ropas ya están puestas a secar
muy tarde en el crepúsculo.
Tú, hermosa sombra mordida por los gatos.
Eres piedra de amolar,
duro cuchillo para el corazón rojo, estrella silenciosa.
Desde tu pico triste dejas caer semillas,
piedras azules para la noche larga.
Háblame, quiero que de ti me llegue
ese aroma de rosa final que muere en el espejo.
En tu jaula de nubes eres el jilguero,
el sol vertido en la ventana, blanquísima luna
en los senderos de marzo.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

75

Abre o cierra para mí tu amanecer,
cuando en tus manos duerme aún esa luz,
ese resplandor, ese azafrán amarillo.

76

Viejo resplandor de la tarde

¿No sabes aún, quién eres tú ahora?
Eres el desaparecido.
El amado por las bellas criaturas del otoño.
El lobo, el gamo, el halcón, la lechuza.
Todos ellos desean ahora tener trato contigo,
todos ellos desean acercarse a ti
para husmear en tu sombra
(quizás lo único vivo que aún conservas).
Ya solo sabes callar,
con ese silencio tuyo que te llevó entre candelabros
hacia tu desaparición,
hacia esa blanca respiración tuya de estandarte.
¿Ves ahora a esa estrella roja que brilla sobre ti?
Ella te seguirá siempre a todas partes.
¿Sientes ahora más que nunca
la fragancia dormida de los pinos?
Ella ahora hace parte de ti,
ella ahora eres tú.
Translúcida copa levantada
para mirar la púrpura del vino,

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

77

sangre tomada a las viñas del otoño,
hojas que se pierden en tristes esquinas,
vientos helados que desde las torres
golpean la noche con sus alas sagradas.
Eso eres tú ahora, las huellas casi perdidas
de alguien que pasó sobre la nieve
en un distraído sueño blanco,
lentos veleros que pasan bajo la luna fría,
viejo resplandor de la tarde,
en un espejo.

78

Cada uno de sus pasos

A Jhonny Díaz Q.
que me regaló dos hermosas líneas

Entró a la ciudad imperial
impulsado por las ráfagas de viento y arena.
Llevado por alas poderosas
avanzó bajo las hermosas torres medievales,
piedras negras bañadas en una luz de amanecer,
blancas, frías piedras alejadas del corazón.
Se sentó en el rincón azul a contemplar cómo la catedral
abría las puertas oscuras de su boca infinita.
Saludado por los mismos rojos, los equilibristas
y los payasos de las esferas,
caía llevado hacia los cielos,
hacia el ramo estrellado de su voz, aldea secreta,
verde abismo del agua y la soledad.
Escuchaba al viento puro, al fauno amado,
como recién llegado a la alegría de una fiesta.
¿Quién era él en aquel entonces?
¿En quién se había convertido?

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

79

¿Era él quien atravesaba el parque en la noche
bajo luces amarillas, dormido y ataviado
como para una crucifixión de Holbein?
Verde río lapislázuli.
Bebió allí el agua del cántaro sagrado
y levantó su cabeza como el gamo solitario
cuando escucha al corno.
Bandadas de hojas y pájaros y ramas
en el parque llovido donde escuchó
el sonido de sus pasos.
Sonido de sus pasos hacia un lento, futuro triste,
“hacia glauco, hacia aquel que olvidaba
los mares y la brisa”.
“Allí donde no estaban el rastro de las pisadas y las piedras”.
Solo que nunca llegaría, se perdería allí,
en aquel agotado jardín, en aquel rincón azul.
Lo abandonaron sus manos y sus ojos,
lo abandonó todo su cuerpo y voló lejos, lejos.
Trataría de regresar después, pálido fantasma,
recorriendo cada uno de sus pasos.

80

A su resplandor atado

Dijo: felicidad, lluvia, arco, torre,
blancura.
Dijo tristeza, dijo soledad.
Y un delicado frío, elevando sus brazos,
alcanzó la puerta más olvidada del jardín.
¿Fueron ángeles?
O largos e invisibles vuelos
de sombras que se besan sangrando en el aire.
¿Eran nubes?
¿Eran hojas?
O palabras que al atardecer se queman
como joyas.
O música que la luna abandona
en los remotos bosques del pasado.
¿Eran estrellas?
O eras tú, el cautivo, que tan solo sueña
a su resplandor atado.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

81

82

Abandonando tu alma

Solo sabes arder.
Entregarte al asombro con la lentitud
de un animal iluminado.
Hablas al oído en el hermoso idioma
de los locos, de los desaparecidos.
Tu belleza se extiende sobre una tierra roja,
vuelas sobre ella y baja a beber después
un poco de agua.
Mi amor por ti huele como la sangre
y acepta tu amor como una jaula.
¿Qué buscas aún en el crepúsculo?
¿No sabes ya
que tú y yo hemos desaparecido?
No fuiste tú,
fueron los labios azules.
Aquello que en la sombra
nos entrega su llave muerta, su voz desnuda.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

83

Ese animal que huye dentro de ti,
oscuro y rojo, con los pasos del lobo
abandonando tu alma

84

Despierta

Eres la que pasa,
la que va de monte en monte
dando gritos violeta.
Y el sol,
gota profunda de futuros cristales,
te dirá quién eres.
Mueve pues tus pálidos labios,
ocúltate entre llameantes trompetas
en la desesperada blancura de la eternidad,
en tu terrible casa.
Y despierta.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

85

86

Alimentos

Yo puse sobre ti mi corazón rojo,
el deseo iluminado y silencioso,
pero tú, ¿en quién te habías convertido?
Yo sé que mirarás los recuerdos
con tus ojos fríos de estatua muerta,
alada, entre los guardianes de la soledad,
y que seré igual a ti, y entraré desnudo
en tu resplandor.
Sobre la mesa absoluta
la oscura cena ya estará dispuesta.
Te escucho masticar como un ciego.
Te alimentas de horror y de pureza.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

87

88

Cosas inmortales

No deseas salir, pero afuera está la belleza,
la piedra divina, el agua de la luz para tus ojos.
No deseas el mar y su fragante puerta.
Es porque quizás deseas el relámpago o quizás la noche,
es porque quizás deseas que te alcance la estrella,
que llegue el fuego o que tu corazón llegue al enigma.
Danza pues ahora entre las hojas que barriste
hasta que tu falda dance con el viento;
danza en el robledal mientras esperas al fauno;
la luna llegará pronto con su hermosa flauta.
Tarde, más tarde, más tarde, veremos juntos
arder entre las llamas del fogón
las cosas inmortales.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

89

90

GERARDO RIVERA

Nació en Medellín en 1942. Estudió Derecho en el Colegio
Mayor del Rosario. Se desempeñó como publicista y redactor en varias agencias de publicidad. Durante dos décadas
deambuló por Europa y el norte de África. Autor de los libros de poesía A lo largo de las estatuas de octubre, El viajero de los pies de oro, Una nada cubierta de hojas (Premio Jorge Isaacs 2005), Anterior a la penumbra, El lugar
de la espera (2010), A la sombra de los árboles milagrosos
(2012). Actualmente vive en una cabaña, acompañado de
sus perros, en la Reserva Natural de Chicoral, cerca a Cali.

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

91

92

Contenido

Las desaparecidas

11

Tú ya no eres

13

Herida luminosa

15

Parte del mar y de la tierra

17

Las llamas de la soledad

19

La vida que nos queda

21

Allí donde la luna se levanta

23

Bosque estrellado

25

Inalcanzable 27
Al amanecer

29

Bebe pues el agua

31

Bocas de olvido

33

Ladridos lejanos

35

Regreso 37
Dame tu espejo

39

Templo vacío

41

Polvo y olvido

43

Muestra sus palabras

45

Con una luz fría y mortal

47

Para el descanso de la sombra

49

Corre, corre

51

Los vinos del desterrado / Gerardo Rivera

93

Una a una las estrellas

53

En este único lugar

55

Pájaros invisibles

57

Música de las flautas

59

Dirigido por las flautas

61

Sobre los prados

63

Verde vestido de payaso o arlequín

65

Convertidos en lluvia

67

Los vinos del desterrado

69

Todo lo que olvido

71

Ahora la joven voz

73

Ese azafrán amarillo

75

Viejo resplandor de la tarde

77

Cada uno de sus pasos

79

A su resplandor atado

81

Abandonando tu alma

83

Despierta 85
Alimentos 87
Cosas inmortales

94

89

ISBN 978-958-58388-4-0

9 789585 838840

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful