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Carta Literaria 03

DATOS DEL ENSAYISTA:
Nydia Palacios Vivas, Catedrática universitaria,
crítica literaria y conferencista. Ha publicado
artículos sobre autores nicaragüenses como Pablo
Antonio Cuadra. Ha enfocado su quehacer
intelectual en difundir la escritura femenina
nicaragüense por distintas latitudes, incluyendo
ciudades como Buenos Aires y otros países
sudamericanos. En 1998, el Instituto Nicaragüense
de Cultura le otorgó la distinción de “Maestra Dariana” y medalla
“Rafaela Contreras”, por el estudio y la difusión de la obra de Darío. En el
año 2001, fue incorporada como Miembro de la Academia Nicaragüense
de la Lengua. Fue Presidenta del Instituto Nicaragüense de Cultura
Hispánica (INCH).
Amiga de la docencia
INTRODUCCIÓN

En las últimas décadas del S. XVII y
mediados del S. XIX surge un grupo
de escritoras europeas quienes escri-
bieron sobre su propia reclusión como
Jane Austen (1775-1817) con la novela
Sense and Sensibilty, Charlotte Bronte
(escritora inglesa 1816-1855), Jane
Eyre, donde la mujer, en el cambio de
vida, considerándola loca, era ence-
rrada en una buhardilla donde sufría
los trastornos de esa edad. Otras escri-
toras inglesas dignas de mención son
María Ana Evans, (1818-1880) conoci-
da con el seudónimo George Eliot, las
hermanas Bronte, Emily (1818-1848) y
Anny (1820-1849), autoras de Cumbres
Borrascosas, la francesa Aurora Dupin
(George Sand 1804-1876) y la españo-
la Cecilia Boll de Faber, (Fernán Caba-
llero 1796-1877). Para estas autoras, la
novela fue su género privilegiado,
pues el mundo de la ficción les per-
mitía denunciar por medio de la tra-
ma, las condiciones de una vida
doméstica de encierro y pasividad que
sufrían las mujeres de la época. En el
mundo representado, los personajes
femeninos tenían el amor y el matri-
monio como única meta de su vida; las
protagonistas no podían desarrollar
una identidad y un yo, pues de acuer-
do con un ideal estético, la mujer bur-
guesa era un paradigma de virtudes
incambiables. De esta manera, estu-
diosos y estudiosas sabían el poder
Por: Nydia Palacios Vivas
que la ficción ejercía sobre la vida. Tan
poderosa era la influencia de las nove-
las que se creía que los libros podían
modelar las maneras, los sentimientos
y el carácter de los lectores / as. En
consecuencia, muchos moralistas in-
sistían en que los padres debían vigilar
lo que sus hijas leían, pues eran sus-
ceptibles de imitar las vidas de los per-
sonajes, sus conductas, sus expectati-
vas y sus valores al leer las novelas y
romances de la segunda mitad del
siglo XVIII.

En América Latina, en los siglos XVII,
XVIII, XIX y XX varias escritoras paga-
ron muy caro el desafiar al canon pa-
triarcal. Un ejemplo notable es el de la
mexicana Sor Juana Inés de la Cruz
(1651-1645) quien en su poesía y so-
bre todo en la célebre Carta –
Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, una
rara avis en el panorama de la época
tan huérfana de escritoras en el Méxi-
co colonial, se convierte en una ar-
diente defensora de los derechos de la
mujer. Sor Juana demostró que la mu-
jer es capaz de especulaciones abs-
tractas siendo ella un ejemplo vivo. En
la Carta-Respuesta se escuda en una
falsa modestia para criticar la doble
moral de los hombres y la necesidad
de las mujeres de educarse como lo ha
demostrado magistralmente, Josefina
Ludmer, en su ensayo “Las tretas del
débil”. A la “décima musa” se le
obligó a despojarse de sus libros y a
no volver a escribir sobre temas profa-
nos, prohibición que la llevó a abjurar
de su inclinación a las letras al firmar
una declaración la cual firmó con el
nombre de “Yo, la peor de todas”.
Asimismo, en el siglo XIX, la cubana
Gertrudis Gómez de Avellaneda no
sólo denuncia la opresión de la mujer,
sino que toma la figura del esclavo Sab
en la novela del mismo nombre, para
simbolizar, mediante la escritura pa-
limpséstica, la esclavitud de la mujer.
Ya en el siglo XX, y para silenciar la voz
de la mujer, las peruanas Mercedes
Cabello de Carbonera (1845-1909) fue
recluida en un asilo y Clorinda Matto
de Turner (1854-1909) es el caso más
patético, puesto que, en su novela
Aves sin nido denuncia la opresión de
los indígenas por parte del clero; por
ello fue excomulgada, le quemaron su
imprenta y se vio obligada a asilarse
en Venezuela. Paralelo a estos casti-
gos, habría que destacar que algunas
escritoras en la vida real recurrieron al
suicidio al verse atrapadas en una so-
ciedad esencialmente patriarcal, tal
son los casos de las inglesas Virginia
Woolf (1882-1941), Sylvia Prath (1932-
1963) y la argentina Alfonsina Storni
(1892-1938).

UN ACERCAMIENTO AL FEMINISMO
DE LOS AÑOS VEINTE

La lucha de las mujeres para obtener
su propio espacio, a pesar de sufrir la
censura o autocensurarse, las escrito-
ras del siglo XX han logrado sobresalir
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abordando temas que desafían los
parámetros del discurso masculino. A
ello contribuyó el logro del voto feme-
nino en las primeras décadas del XX.
En literatura, las primeras rupturas se
dieron en el tratamiento del eros fe-
menino. Escribir sobre este tema y el
cuerpo de la mujer ha sido una cons-
tante desde los poemas de la urugua-
ya Delmira Agustini (1886-1914), pio-
nera de la creación poética amorosa
pletórica de erotismo. En Venezuela,
cuando Teresa de la Parra (1891-
1936), publicó Ifigenia (1925), el
escándalo fue mayúsculo, la censura
la llamó “diario volteriano”. Lo mismo
le sucedió a la chilena María Luisa
Bombal (1910-1974) con su novela La
última niebla (1935). Forman parte de
este selecto grupo de escritoras la
colombiana Soledad Acosta de Sam-
pier (1833-1903), las argentinas Juana
Manuela Gorriti (1819-1892), Alfonsi-
na Storni y Victoria Ocampo nacida en
1891, fundadora de la revista Sur de
gran fama en Argentina y resto del
continente. Ocampo mantuvo una
constante correspondencia con la in-
glesa Virginia Woolf a quien tradujo
del inglés su célebre libro One Room
for Her Own. Estas pioneras, narrado-
ras y poetas, rompieron esquemas al
escribir sobre temas considerados
tabúes e impropios de una mujer. Una
de estas escritoras, Alfonsina Storni,
muestra su amargura e inconformidad
en poemas muy conocidos como
“Hombre Pequeñito” y “Tú me quieres
blanca “. En la última etapa de su vida
se nota la transgresión vanguardista,
crea una poesía con temas más atrevi-
dos y asume una posición política al
desafiar los espacios de la casa y de la
ciudad. Storni, no solo destacó en el
campo literario, sino que luchó por el
divorcio, por el voto femenino, parti-
cipó en movimientos socialistas y
fundó asociaciones que defendían los
derechos de la mujer y el niño en Ar-
gentina.

EL AUGE DE LOS ESTUDIOS
FEMINISTAS EN EL SIGLO XX

La voz autorizada de la estudiosa fran-
cesa Simone de Beauvier (El segundo
sexo), nos dice que los hombres y mu-
jeres que defienden los derechos de
las mujeres merecen ser llamados fe-
ministas. En Francia, Inglaterra y Esta-
dos Unidos, especialmente en los años
sesenta y setenta, los estudios feminis-
tas en las universidades evidencian un
creciente interés por el papel de la
mujer en nuestras sociedades. Una
disciplina muy importante en estos
estudios es la crítica feminista que
presenta diversos modelos. El prime-
ro, desde una base biológica, se cen-
tra en la importancia del cuerpo feme-
nino como productor de textos. La
crítica francesa pondera el cuerpo fe-
menino como fuente de la escritura,
tesis de las escritoras francesas Heléne
Cixous y Lucy Irigaray. Cixous, en su
ensayo, “La risa de la medusa” (“The
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Laugh of the Medusa”), afirma que la
mujer escribe con “tinta blanca”,
metáfora que alude a la leche de sus
pechos. Este modelo que hace énfasis
en el cuerpo, obedece a un determi-
nismo biológico que pretende univer-
salizar la identidad femenina. Esta
perspectiva ha sido muy debatida;
sobre este criterio Nancy Miller opina:
“The difference of woman’literary
practice must be sought in the body of
her writing and not in the writing of
her body”. (Showalter, Feminism Criti-
cism in the Willderness 338). / “La
diferencia de la escritura de la mujer
debe verse en el cuerpo de su escritura
y no en la escritura de su cuerpo” (la
traducción es mía).

La envidia del pene que simbólica-
mente se refiere a la pluma, el com-
plejo de castración (The Lack: la caren-
cia), al carecer del órgano masculino y
la fase edípica, donde el niño o niña
asumen su identidad, definen las rela-
ciones de las mujeres con el lenguaje y
la cultura. El segundo, hace énfasis en
el lenguaje que se origina en la infan-
cia dado que el lenguaje, por ser una
creación literaria, se sustenta en él.
Se debe tomar en cuenta que el len-
guaje las limita, pero el problema no
es que el lenguaje no sea suficiente
para expresar las conciencias de las
mujeres, sino que se ha visto forzada a
emplear al eufemismo, el silencio, la
autocensura y la circunlocución. Las
escritoras del S.XIX escribían sobre la
locura, la enfermedad, la anorexia, la
agarofobia, sentimientos de aliena-
ción, etc. Además, las críticas france-
sas afirman que el lenguaje es sexista,
el cual está marcado por el lenguaje
del opresor. Ellas abogan por la crea-
ción de un lenguaje revolucionario de
las mujeres. El último modelo se cen-
tra en una teoría cultural feminista
que incorpora ideas acerca del cuerpo
femenino, lenguaje y psiquis femeni-
na, pero interpreta estos factores en
relación a un contexto social. Esta te-
oría reconocería que la raza, clase,
nacionalidad e historia son tan impor-
tantes como el género. Las mujeres
han quedado fuera de la historia, no
por la maldad de los hombres, sino
que se ha concebido que los hechos
históricos son “cosa de hombres”. La
historia registra incontables nombres
de héroes y patriotas, y muy poco, de
heroínas.

Todas estas perspectivas, en mayor o
menor grado, tienen una base común:
el rechazo de un sistema falocéntrico
que ha situado a la mujer en una posi-
ción marginal. La mujer diseñada por
el falologocentrismo es un ser sin iden-
tidad que ha aprendido a verse infe-
rior en función del hombre, definida
por él en términos de la herencia o el
acto procreador. En la historia de la
mujer, desde los años veinte, la identi-
dad femenina se convierte en un tópi-
co de discusión. En esta década, la
mujer se vuelve sujeto activo y pro-
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ductora de su propio discurso. Partici-
pa en la actividad pública luchando
por el voto femenino y se incorpora a
la producción literaria cuestionando la
base de la cultura patriarcal. Escriben
sobre todo lo que ha sido reprimido.
En Latinoamérica, tenemos los ejem-
plos de la Bombal, Storni y Agustini,
arriba mencionadas.

En este trabajo indicaré algunos pro-
cedimientos para valorar las obras
escritas por mujeres que reevalúan la
figura femenina y que pueden servir
como herramientas metodológicas.
Primero que todo, consideramos im-
portante decodificar aquellos signos
que pueblan el discurso masculino: la
serpiente, la diosa, la musa, la paloma,
la medusa, la bruja, “el ángel del
hogar”, la “fenme fatal”, la perfecta
casada, la mártir, etc. luego, rescatar
las obras escritas por mujeres que han
estado en el anonimato o revaluar las
obras de escritoras conocidas. Exami-
nar la escritura femenina para ver si
sus autoras subvierten los modelos de
mujer estereotipados por la tradición.
Es imperante tomar en cuenta que
ninguna publicación está fuera de las
estructuras de poder de los hombres,
pues el monopolio de la publicación
de libros, siempre ha sido exclusivo de
los autores masculinos, lo cual motivó
a las escritoras del siglo XVIII a fundar
sus propias editoriales. Aquí surgía
otro escollo: el de la autoría que tiene
que ver con la paternidad de la obra.
La noción de autor nace a finales de
aquel siglo XVIII, en el seno de la so-
ciedad burguesa que controlaba los
derechos de producción y el mercado
del libro. Adicionalmente, la palabra
“autor” tiene una fuerte carga misógi-
na. Es un vocablo que posee una am-
plia gama de significados: progenitor,
fundador, autoridad, es decir, patriar-
ca, cuyo poder fuerza a la obediencia.
¿Cómo podía la mujer publicar sus
obras cuando en su discurso, bajo
formas sutiles de rebelión, denunciaba
la represión y afirmaba su indepen-
dencia frente al orden masculino?
¿Cómo podía su discurso ser aceptado
si ellas no tenían antecedentes? Según
Foucault: “The autor´s name manifest
the appearance of a certain discursive
set and indicates the status of this
discourse within a society and a cultu-
re” í(202). / “El nombre del autor ma-
nifiesta la aceptación de cierto tipo de
discurso indicando el estatus de este
discurso dentro de la cultura y la socie-
dad” (la traducción es mía).

Como críticas de escritura de mujeres,
debemos emplear un discurso de do-
ble voz que envuelva lo social, lo lite-
rario y la herencia cultural del domi-
nante y del dominado, por ejemplo, la
identidad de una mujer negra respon-
de a su raza, a su clase y a su género
tan diferente a la de una mujer de la
raza blanca. La escritora peruana Sara
Castro-Klarén sostiene que la mujer
comparte una posición marginal al
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lado de los negros, asiáticos, indios y
otros colonizados. Pero al contrario de
estos grupos, la mujer no se percata
de la manipulación del Otro y acepta
sin cuestionar los parámetros de una
cultura patriarcal que le ha sido im-
puesta (40). Nos parece que tampoco
es suficiente decir que la mujer se
encuentra entre los grupos margina-
dos. Su lucha es diferente, porque las
mujeres no tienen antecedentes de
una cultura autónoma pre-patriarcal.
Ellas carecen de una memoria colecti-
va y de un modo de existencia distin-
to. En el campo específico de la litera-
tura es prioritario enfocarse en aque-
llas obras en las cuales se pueda ob-
servar la representación femenina en
las distintas épocas y aplicar una críti-
ca feminista cuya base ética propugna
por
…tomar la obra literaria como
una clave para vivir, para saber
cómo hemos vivido hasta aho-
ra, cómo se nos ha guiado a
imaginar nuestro ser, cómo
nuestra lengua nos ha atrapa-
do a la vez cómo nos ha libera-
do y cómo podemos empezar a
ver y, por lo tanto, a vivir de
manera nueva( Adriane Rich en
Gabriela Mora 3).

Asimismo, una crítica feminista es
una forma de militancia que debe
ejercerse con acuidad para desmante-
lar una serie de códigos que la socie-
dad patriarcal ha asignado al signo
“mujer” al cual se le atribuye ciertas
características a través de símbolos,
metáforas, conductas, etc. Conviene
revisar “lo femenino” como construc-
ción cultural en posición antagónica
frente a lo masculino al cual se le asig-
na el logos, la acción, el pensamiento,
la fuerza, la razón, el sol, mientras a lo
femenino se le atribuye lo sentimen-
tal, la emoción, la naturaleza, la luna.
Debemos abogar por una crítica femi-
nista que cuestione ciertos estudios
científicos que nos han llevado a acep-
tar como valor absoluto los postulados
de Freud, Jung Lacan, quienes definen
a la mujer como un ser castrado debi-
do a la carencia del órgano masculino.
Proponemos leer, no desde la postura
de Julio Cortázar, quien llama “lectora
hembra” a la lectora pasiva que asimi-
la lo leído sin ofrecer resistencia, sino
identificar en el texto las señales de
“otredad” que hayan. Tomar en cuen-
ta los postulados del filósofo francés
Jacques Derrida quien postula la aboli-
ción del sujeto, la referencia a un cen-
tro, a un significado nuclear. Para el
filósofo, el sujeto nace con la escritura,
de esta manera, la voz del autor y de
los textos previos con los cuales con-
versa, se borran. Hay que deconstruir,
rechazar el significado de una inten-
ción autorial o con el tema de la obra.
El peligro está en que aceptemos lo
leímos en el discurso sin cuestionarlo.
La feminista inglesa Elaine Showalter
afirma que hay dos aspectos en la críti-
ca feminista: la mujer como lectora y
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la mujer como escritora. En el primer
caso, se revisa la producción literaria
que ha estado orientada desde el pun-
to vista masculino. En este estadio se
trata de textos escritos por hombres
en los que se presentan los estereoti-
pos femeninos en la literatura y las
concepciones falsas acerca de la mujer
en el canon literario. Sirva de ejemplo
los personajes de Doña Bárbara, la
madre malvada con poderes diabóli-
cos y su hija Marisela, la joven analfa-
beta educada por Santos Luzardo.

HACIA UN METODOLOGÍA DE
ANÁLISIS DEL TEXTO FEMENINO

Una de las sugerencias metodológicas
es revisar en los textos escritos por
mujeres la presencia de velos, alas,
vuelo, niebla, jaulas, casa-prisión,
buhardillas, y otras imágenes que de-
nuncian la opresión femenina. Tam-
bién es imperativo descubrir indicios
da autocensura como sucede en La
última niebla de la Bombal, quien re-
curre a la niebla para encubrir el de-
seo sexual insatisfecho y el matrimo-
nio desgraciado de la protagonista
para metaforizar con la niebla una
barrera difícil de romper. El suicidio es
la única opción para terminar una vida
de infelicidad. Además, se debe en-
frentar al texto y revisar los códigos
culturales en que se inserta la obra
literaria. Gabriela Mora afirma:

Una lectura de perspectiva fe-
minista se preocupa por exami-
nar las representaciones litera-
rias de las mujeres, poniendo de
relieve los prejuicios sexistas
evidenciados a través de los
aspectos discursivos y narrati-
vos de la obra, con cuidada
atención al signo “mujer”, es-
pecialmente los motivos, las
imágenes y símbolos que se
asocian con él” (4).

En segundo lugar, es necesario definir
los principios teóricos de la creación
femenina. Esta ha sido comparada con
el momento del alumbramiento. Sho-
walter se pregunta con qué órganos
crean los hombres, si el parto es una
función que les está vedada. ¿Qué
significa escribir como mujer? ¿Puede
el cuerpo femenino ser fuente de la
escritura femenina? La estudiosa esta-
dounidense, Jean Franco asevera: ”No
hay UNA escritura femenina, pero sí
que la intertextualidad es forzosamen-
te un terreno de lucha donde la mujer
se enfrenta con las exclusiones y mar-
ginaciones del pasado”(41). Creemos
que en vez de afirmar que el cuerpo
femenino es la fuente de una escritu-
ra, es más importante saber si las es-
critoras han desarrollado una manera
de expresar que refleje sus deseos y
sus experiencias o por el contrario se
someten a las presiones y tentaciones
de la imagen masculina de las mujeres.
Si las mujeres escriben diferente, este
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Amiga de la docencia
sería un punto de partida para plante-
ar la cuestión de si esa escritura sigue
los parámetros que definían el discur-
so sobre la naturaleza de la mujer o si
lucha por la utopía de otra feminidad
autónoma.

Otro aspecto digno de tomar en cuen-
ta en este debate es la participación
del lector en el juego de la lectura. Por
lo general, la mujer ha aprendido a
leer de acuerdo con unos valores mas-
culinos heredados, es decir, con un
modelo androcéntrico. Para la mayo-
ría de las feministas la visión de géne-
ro del que escribe, ya sea hombre o
mujer, es tan vital como la visión de
género del lector femenino o masculi-
no. Desde esta perspectiva, la teoría
de la recepción de Stanley Fish es im-
portante, (“Reading-response”), pues
afirma que en el proceso de lectura, la
producción de significado está media-
tizado por una comunidad interpreta-
tiva en la cual la actividad de leer se
realiza, en consecuencia, el significado
de un texto depende de la estrategia
que se aplica y no olvidar que la selec-
ción de esta estrategia es regulada por
el canon de aceptación que gobierna
dicha comunidad. De esta manera,
una lectura feminista no debe perder
de vista que el canon es androcéntri-
co..

La teoría de la recepción plantea el
siguiente problema: si el lector inte-
rioriza al “Otro”, es decir, al que escri-
be, este hecho elimina la capacidad de
discernimiento del lector. Más acerta-
do es el punto de vista de Wolfgang
Iser quien estima el proceso de lectura
como un diálogo entre el lector y la
obra. Así, éste recrea el texto y no
pierde la distancia crítica. Al hacer
énfasis en el papel recreativo del lec-
tor, la lectura destruye la barrera en-
tre sujeto y objeto. Para Patrocinio P.
Schweickart:

An androcentric canon gener-
ates an androcentric interpre-
tative strategies, which in turn
favor the canonization of an-
drocentric texts and the mar-
ginalization of gynocentric
ones. To break this cycle, femi-
nist critics must fight on two
fronts: for the revision of the
canon to include a significant
body of works by women, and
for the development of the
reading strategies consonant
with the concerns, experiences,
and formal devices that consti-
tute these texts. (536-537). / Un
canon androcéntrico genera
una estrategia interpretativa, la
cual está a favor de la canoni-
zación de los textos an-
drocéntricos y la marginación
de los ginocéntricos. Para
romper este ciclo, la critica fem-
inista debe luchar en dos
frentes: la revisión del canon
que incluya un cuerpo significa-
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Forjando el desarrollo cultural
tivo de obras escritas por mu-
jeres y el desarrollo de las es-
trategias de lectura de acuerdo
con las preocupaciones, experi-
encias y herramientas formales
que constituyen el texto (La
traducción es mía).

A su vez, Judith Fetterley nos da la
más explícita teoría acerca del en-
cuentro dinámico de la mujer lectora
con la literatura androcéntrica:
The cultural reality is that as
readers, as teachers, women
are taught to think as men, to
identify with a male point of
view, and to accept as normal
and legitimate a male system
of values one of whose princi-
ple is misogyny (XX). / La reali-
dad cultural es que como lecto-
ras, como maestros, las muje-
res hemos sido enseñadas a
pensar como hombres, a identi-
ficarnos con un punto de vista
masculino y aceptar como nor-
mal y legítimo un sistema de
valores, uno de los cuales es la
misoginia (La traducción es
mía).

De acuerdo con este criterio, la mu-
jer ha sido atrapada dentro de un sis-
tema jerárquico de oposiciones, pletó-
rico de símbolos. Hombre y mujer
automáticamente significa: “Activity /
Passivity, Sun / Moon, Culture / Natu-
re, Day / Night, Intelligible / Sensitive,
Logos / Pathos” (Cixous 287). Una de
las metas de la crítica feminista debe
ser poner en práctica una hermenéuti-
ca que revele la complicidad con una
ideología patriarcal. Por otra parte,
este punto de vista se complementa
con el modelo dialógico de la teoría
del lector de Iser (que hemos señala-
do) el cual nos parece muy acertado,
ya que en el caso de la lectura de los
textos escritos por mujeres hay un
encuentro, un dialogismo que rompe
las barreras entre sujeto y objeto. No
obstante, creo que es necesario tomar
en cuenta el contexto de la autora y el
contexto de quien lee. La obra no de-
be desvincularse de la realidad históri-
ca, social y cultural del momento en
que se escribió. Showalter creó el
término gynocritis , o sea, una crítica
feminista que propone:
The first of “gynocentric” criti-
cism must be to plot the precise
cultural locus of female literary
identity and to describe the
forces that intersect an individ-
ual woman writer´s cultural
field. A “gynocentric criticism”
would also situate women writ-
ers with respect to the variables
of the literary culture, such as
modes of production and distri-
bution, relations of author and
audience, relations of and high
and popular art, and hierarchies
of genre. (Showalter 349). / La
ginocrítica podría situar a la
mujeres escritoras dentro de las
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Amiga de la docencia
variables de la cultura literaria
tales como los modos de pro-
ducción y distribución, rela-
ciones del autor y su audiencia,
relaciones del arte culto y el
popular y las jerarquías de gé-
nero (La traducción es mía).

Sin embargo, opinamos que esta afir-
mación es universalista, pues ella
habla desde su posición de mujer per-
teneciente a una clase media alta y
como una intelectual de reconocido
prestigio. No estamos de acuerdo en
una identidad fija y universal para la
escritura femenina, puesto que ten-
dríamos que aceptar, sólo a un grupo
de escritoras que viven y escriben co-
mo miembros de una clase y sociedad
específica. Creemos que lo fundamen-
tal en la escritura de las mujeres es
trabajar con el discurso que han here-
dado y subvertirlo y deconstruirlo co-
mo lo están haciendo algunas escrito-
ras latinoamericanas quienes ofrecen
algunos cambios en la producción de
sus textos. Primero que todo, encon-
tramos en ellos una buena cantidad de
heroínas, temas, imágenes y lenguaje
que desafía la linearidad del sistema
patriarcal. En las obras de vanguardia
escritas por mujeres encontramos un
cuestionamiento del marco referencial
heredado de la tradición. Se rechaza la
figura paternal como principio regula-
dor de la familia. Las protagonistas
abandonan el espacio cerrado de la
casa en aras de un ideal o de una meta
que dé sentido a sus vidas. En los rela-
tos de la escritora nicaragüense Rosa-
rio Aguilar Siete Relatos sobre el amor
y la guerra (1986) una de las protago-
nistas perteneciente a la clase burgue-
sa abandona la casa paterna para unir-
se a la guerrilla. Un personaje femeni-
no no puede tomar parte en la insu-
rrección, pues su hijo por nacer le
impide tomar parte en la lucha: “A
veces le odia (al hijo) por haberse in-
terpuesto en la realización de sus idea-
les…le preocupan estos sentimientos
contradictorios ya que no son lógicos y
naturales en una madre” (174). En
este texto, el tema de la maternidad
se resquebraja. En otra novela muy
exitosa, La mujer habitada (1989) de
Gioconda Belli, la protagonista Lavinia
muere en el asalto a una residencia de
un conocido magistrado somocista.
Adicionalmente, en muchas de las
novelas escritas en los últimos tres
décadas del siglo XX, predominan los
personajes solitarios, heroínas anóni-
mas y las madres solteras que sostie-
nen nuevas relaciones entre ellas, lo
que podríamos considerar como una
continuación de la frase pre-edípica,
de acuerdo con Nancy Chodorov. Tam-
bién se fomenta la amistad entre mu-
jeres (suprimiendo la envidia y la rivali-
dad entre ellas), se escribe abierta-
mente sobre el divorcio, el aborto, la
homosexualidad femenina como lo
registra Gloria Elena Espinoza de Ter-
cero en su obra de teatro Noche En-
cantada:”¡Ven, hermosa! Amanece…
Foro Nicaragüense de Cultura 12
Forjando el desarrollo cultural
este lecho nos espera. No importa ya
la hora…estoy siempre para ti…(29) …
¿Puedo pecar por esta pasión? ¿Acaso
es pecado? ¡Qué va! No es pecado
amar así. (58). Este ejemplo de amor
lésbico era impensable en la escritura
de mujeres. Además, se repudia la
jerarquía vertical impuesta por la figu-
ra paterna. Por otra parte, oponiéndo-
se al discurso del poder, las escritoras
están empeñadas en encontrar un
nuevo lenguaje y nuevas imágenes. Es
una literatura subversiva que busca un
idioma híbrido. Un caso ejemplar es el
de la escritora puertorriqueña Rosario
Ferré quien:

…traza otra imagen del cuerpo
dela mujer; cuerpos monstruo-
sos, cuerpos de cera, cuerpos
que sudan o cuerpos que resis-
ten el control del otro, sirven en
su obra para interrumpir la
posible interpretación común
del cuerpo femenino tal como
viene anotado en la historia
literaria del hombre (Francine
Masiello “Texto, ley, transgre-
sión…56).

Desde nuestra perspectiva, los espa-
cios deben transgredirse. La casa ya
no es el sitio anhelado y objeto de
envidia que solía aparecer en la nove-
la tradicional: “En la novela feminista,
la casa se describe en etapas de
“deconstrucción” para señalar la po-
tencial libertad de la mujer y su resis-
tencia contra el estado” (Masiello
813).

En estas novelas hay una premeditada
intención de revaluar la figura femeni-
na. Comienza a redefinirse, no en
término de la herencia o el acto pro-
creador, sino en los términos del cuer-
po y la identidad que éste produce:
“Son modos de producir una nueva
identidad, de reclamar el cuerpo de la
mujer como territorio independien-
te” (Masiello 814).

Los finales felices desaparecen, no es
una postura inocente, ni simple retóri-
ca, sino sustituir un modelo nuevo más
acorde con la realidad. Finalmente en
las obra de mujeres de los últimos
decenios, se afirma una nueva subjeti-
vidad. Las escritoras se oponen a la
muerte del sujeto, en una lucha por
sobrevivir, muy contraria a la tesis
estructuralista de “The Death of the
Author” de Roland Barthes. “La muer-
te del autor” (La traducción es mía).
Disiente de este criterio la feminista
Francine Masiello:

Dentro del contexto de las dic-
taduras militares de América
Latina de las ultimas décadas,
las mujeres enfrentaban la ti-
ranía del silencio, lo que es pe-
or, la constante amenaza de la
liquidación total. Es así que les
resultaba dedicarse a los juegos
gratuitos de la escritura; su
Carta Literaria 13
Amiga de la docencia
propósito literario, su represen-
tación de si misma, servía mas
bien para desafiar las institu-
ciones del estado, además, de
utilizar al sujeto femenino co-
mo un puente entre la vida
privada y la vida pública (57).

En resumen, la crítica feminista esta
orientada hacia la mujer como lectora
y como escritora. El primer caso es
esencialmente ideológico, la mujer ha
sido diseñada de acuerdo con un dog-
ma que ha perpetuado imágenes de
inferioridad. Derrida cuestiona la ley
del género, demuestra que no hay tal
ley y que el principio del género es
inclasificable. Para el filósofo francés
el género no es un límite esencial, sino
imaginario. En nuestra opinión, resul-
ta estéril una polémica que se centra
en la categoría de género, también
deben desarrollar estrategias de lec-
tura para interpretar los textos an-
drocéntricos y realizar una lectura
dialógica de los mismos y lo más im-
portante, hacer del personaje femeni-
no una figura dialógica.

En el segundo caso, la mujer como
escritora ha dado pie a virulentas
polémicas y a posiciones radicales
haciendo énfasis en el reconocimiento
del cuerpo femenino. También se ha
insistido en la necesidad de inventar
un nuevo lenguaje. Se recomienda
examinar las palabras, la sintaxis, los
géneros y las arcaicas actitudes del
lenguaje. Un ejemplo formidable es el
de Sor Juana, quien derriba los límites
de los géneros al emplear cartas, au-
tobiografía y testimonio; derriba es-
crituras límites entre lo literario y no
literario, campos preferidos por las
escritoras (Franco Ibidem) En la “Carta
-respuesta”… la monja mexicana apa-
recen campos separados: política,
ciencia, filosofía y lo personal, privado
y cotidiano, los incluye como puntos
de partida como lo demuestra en el
seminal estudio “Las tretas del débil”
de Josefina Ludmer, antes citado. Las
mujeres escritoras deben emplear y
mejorar técnicas de escritura, pues la
crítica masculina las juzgará duramen-
te; y lo más importante, hacer del
personaje femenino una figura dia-
lógica, pues no se debe invertir la je-
rarquía. Showalter afirma que los tex-
tos escritos por mujeres, no deben
considerarse totalmente fuera de la
estructura androcéntrica:

No publication is fully inde-
pendent from the economic
and political pressures of the
mal e-domi nated soci ety.
Women´s writer is a `double
voiced discourse´ that always
embodies the social, literary,
and cultural heritages of both
the muted and the domi-
nant” (Showalter 349). Nin-
guna publicación es independi-
ente de las presiones económi-
cas y políticas de la sociedad
Foro Nicaragüense de Cultura 14
Forjando el desarrollo cultural
dominante. La escritura de las
mujeres es un discurso de
“doble voz” que envuelva las
herencias culturales, literarias
de ambos grupos: los domi-
nantes y los dominados (La
traducción es mía).


Hay que explorar las relaciones de
poder, la autoridad textual o la voz
poética, ya que desde que se comien-
za a escribir, se establece relación de
afiliación o diferencia para con los
maestros del pasado. Insistimos, el
discurso debe ser de “doble voz”. Re-
frendamos nuestra recomendación de
“dialogismo feminista” con palabras
de Bajtín: “El dialogismo feminista es
un paradigma que reconoce los actos
individuales de la lectura como una
experiencia de otredad y desafía los
poderes culturales que a menudo nos
contienen o restringen, la otredad de
las voces textuales” (673). Un caso
ilustrativo es el de Agustini en su rela-
ción con Darío, quien al escribirle, se
aniñaba como dice Silvia Molloy. Ella,
más tarde, se distancia del maestro y
lo subvierte al desconocer su autori-
dad en el poema “Los cisnes”, pues,
representa al símbolo más preciado
por el poeta, descansando su cuello
en el regazo femenino, sangrante, en
una especie de “vampirismo erótico”.
La voz lírica es quien lo posee y no al
contrario. Este ejemplo ilustra la nece-
sidad de transgredir códigos culturales
que han pasado como universales.
Nuestra propuesta de lectura, es por
consiguiente, estudiar a los escritores:
cuáles son sus temas, estilo, géneros,
historia, la trayectoria individual o
grupo de escritores de épocas pasadas
y contemporáneas y sobre todo, lu-
char contra “la ansiedad de la influen-
cia” con palabras del gran teórico es-
tadounidense, Harold Bloom.

(Ponencia leída en el Segundo Foro de
Crítica Literaria: “Hacia una metodo-
logía de la escritura de la crítica litera-
ria”, efectuado el 30 de septiembre
del 2011 en la UNAN-León).



OBRAS CONSULTADAS

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