VITRIOLVM

REVISTA DIGITAL DE FRANCMASONERÍA
PUBLICACIÓN MENSUAL PARA TODOS LOS MASONES QUE CREAN
EN LA FRATERNIDAD DE LA FRANCMASONERÍA UNIVERSAL
EJEMPLAR GRATUITO | AÑO V - NÚMERO 36 | SIVAN 5774 (V∴ ∴∴ ∴∴ L∴ ∴∴ ∴∴) | MAYO 2014 (E∴ ∴∴ ∴∴ V∴ ∴∴ ∴∴)
«EL HOMBRE INTELIGENTE NO ORINA CONTRA EL VIENTO». ERASMO DE ROTTERDAM
LA VIDA
ES LA COSA MEJOR
QUE SE HA INVENTADO
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
1927-2014
Ilustraciön: Pancho Casa
NÚMERO 36 | SIVAN 5774 V∴ ∴∴ ∴∴ L∴ ∴∴ ∴∴ | Mayo 2014 E∴ ∴∴ ∴∴ V∴ ∴∴ ∴∴
CONTENIDOS
VITRIOLVM ES UNA PUBLICACIÓN
DE LA COMISIÓN DE DOCENCIA
DE LA R∴ L∴ LEONARDO DA VINCI N° 244
(R∴ E∴ A∴ A∴),
OR∴ DE MARACAY, ESTADO ARAGUA, VENEZUELA,
PARA EL FOMENTO DE LA LECTURA Y LA DOCENCIA
MASÓNICA.
VITRIOLVM
DIRECTOR / EDITOR
Q∴ H∴ Angel R. Medina, M∴ M∴
broder.medina@gmail.com
COLABORAN
Silvio Castellanos, Arquímedes Rivero,
Efraín Durán, J osé Rafael Otazo, Asdrúbal
Urdaneta, Luis Blanco Fuentes, J avier
Lahoud, J uan Ochoa, Eumenes Fuguet
Borregales.
EXTERIOR
Alirio J . Rojas (México), J osé Rubio Arvelo
y J acques Faucher (Francia), J osh Pérez B.
(EE.UU), Víctor Guerra y Brenno Ambrosini
(España), Iván Herrera Michel (Colombia),
Edsel Lourens (Curazao).
PUNTO GEOGRÁFICO:
Av. Ricaurte Nº 34. Maracay, Aragua,
Venezuela.
VITRIOLVM es una publicación digital de distribución gratuita por Internet bajo el sistema de subscripción. La
dirección de esta publicación no comparte necesariamente las opiniones de sus colaboradores. Tampoco mantiene
correspondencia sobre artículos no solicitados. Los contenidos de los trazados publicados son de la exclusiva
responsabilidad de sus autores y no representan la opinión de la Gran Logia de la República Bolivariana de
Venezuela.
Tocad
y os abrirán;
pedid y os darán,
buscad
y encontraréis.
A todos los masones
repartidos en ambos
hemisferios.
A todos quienes nos
vieren y leyeren.
S∴ F∴ U∴ - L∴ I∴ F∴
AL∴ G∴ D∴ G∴ A∴ D∴ U∴
VITRIOLVM | 3
VITRIOLVM
REVISTA DIGITAL DE FRANCMASONERÍA
NÚMERO 36 | SIVAN 5774 V∴ L∴ | Mayo 2014 E∴ V∴
CONTENIDOS
TEMAS
LECTURAS
Algunos aspectos del simbolismo en Cien Años de Soledad
Q∴ H∴ RAMÓN BERRÍO CÁRDENAS.
Auguste Rodin: artista, masón y poeta del simbolismo masónico
Q∴ H∴ ÁNGEL R. MEDINA.
Testamento de AUGUSTE RODIN.
Las fases constructivas de un Ritual
Q∴ H∴ SILVIO CASTELLANOS H.
Principios herméticos en la Escalera masónica
V∴ H∴ VÍCTOR CABELLO REYES.
La piedra bruta y la moral del Aprendiz
Q∴ H∴ OCTAVIO TAPIA LU.
La persecución a los masones
EDWARD BURNAN.
El credo humanista
ERICH FROMM.
Masones, los constructores de Catedrales
JOSÉ LUIS CORRAL/UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA.
Leonardo Da Vinci y las sociedades secretas
SALVATORE MUNDI.
El masón de botón
Q∴ H∴ CHRISTIAN GADEA SAGUIER.
RATÓN DE LOGIA
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ERGO SUM MAGAZINE
LETRA, PROSA Y MÚUSICA.
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EDITORIAL
VITRIOLVM | 4
«Del espíritu mezquino es propio emplear solo estereotipos y
nunca ideas propias.» — J erónimo Bosch
En junio de 2013, salió el primer número de VITRIOLVM. El
ánimo de hacer esta publicación electrónica, gratuita, por demás, era
la de difundir el pensamiento masónico y tratar algunos aspectos
sobre varios temas relacionados con la masonería y la docencia
masónica. Debo reconocer, que la revista tuvo una mayor proyección
hacia el exterior —que no era nuestra intención— porque algunos
Hermanos convocados para este proyecto, no lo tomaron en cuenta o,
quizás, pensaron que era algo banal y pueril realizar esta publicación
de contenido masónico en formato digital. La satisfacción que nos
queda es el esfuerzo en realizarla y los comentarios llegados de
algunas páginas web que nos alentaban seguir con esta revista.
Sería mezquino de nuestra parte, no reconocer el apoyo de
muchos Hermanos de nuestro país y los colaboradores del exterior,
quienes siempre estuvieron atentos al contenido de cada ejemplar.
Lamentablemente, hay algunos Hermanos —muy reducido, por
cierto— quienes desde un primer momento creyeron que esto era una
especie de «panfleto esotérico» o una revista de autoayuda sin
ninguna visión, misión y objetivos. Penosamente, debo confesar que
así como hay Hermanos Virtuosos, hay otros aferrados a los vicios
que combatimos los masones: la ambición, la envidia, la ignorancia y
la soberbia.
VITRIOLVM reaparece, luego de un año sin publicarse. Pero, en
la Orden masónica hay de todo. Eso es lo grande de la masonería.
Hay Hermanos que lo dan todo y son abnegados colaboradores de
proyectos como éste. Como en todo, aquí también se cuelan muchos
encantadores de serpientes, Hermanos de una supuesta «sobrada
erudición», que se creen «genios» o son una especie de «nerds»
desaliñados o «kamikazes engreídos» que se ufanan de ser un clon de
Pike o de Mackey. Pero en verdad, de éstos hay muy pocos y
sobrarían los adjetivos para señalarlos. Nuestra intención no es
convertir esta revista en tribuna de polémica. Particularmente, somos
creyentes en los principios de respeto y tolerancia.
VITRIOLVM vuelve a salir por la web con un nuevo diseño tipo
magazine en formato digital y eso es lo importante. Agradecemos el
apoyo que nos puedan seguir dando. Como fabulaba el poeta
venezolano y Q∴ H∴ Andrés Eloy Blanco, «aunque pobre y sin
camisa, un baile quiero montar». O tal vez, como decía Nicolás
Maquiavelo: «pocos ven lo que pareces, pocos sienten, lo que eres».
Que el Gran Arquitecto del Universo nos ilumine. Es mediodía en
punto. S∴ F∴ U∴
LA RAZÓN SEGÚN MEFISTÓFELES
TEMAS
E
l Simbolismo, aunque no es
exclusivo de la Masonería,
sí ha sido nuestra Orden la
que desde tiempos inmemoriales
ha afincado su sistema filosófico
en él. Los Masones no sólo vivi-
mos inmersos en el Simbolismo,
sino que también sabemos descu-
brirlo en los más diversos contex-
tos. Para nosotros, el Símbolo es
Universal, es Abstracto y por lo
tanto, Trascendente al Tiempo y a
las Culturas, las subyace, es su
«denominador común». Es por
ello que nuestra Orden no discri-
mina entre los diferentes sistemas
filosóficos o religiosos. La Pala-
bra, el Símbolo, el Ritual perma-
necen.
Para un Masón, toda mani-
festación religiosa es una manifes-
tación del afán humano de Re-
unir, de Re-ligar el Saber Supre-
mo, es la aspiración de la Conver-
gencia, es la superación de la
mítica Babel, es la búsqueda que
realiza el Masón de la Palabra
Perdida. Ante la confusión de las
Lenguas, queda la opción del Sím-
bolo. La Masonería por eso se yer-
gue jubilosa como la última Insti-
tución Iniciática que en Occiden-
te sobrevive. Saludo por ello a este
Congreso de Hermanos preocupa-
dos por nuestro devenir, por nues-
tro papel... Pero una cosa sí quie-
ro advertir fraternalmente: no de-
jemos que los problemas adminis-
trativos, que es necesario resolver,
nos obscurezcan nuestra mirada
trascendente; por el contrario, lu-
chemos por resolver fraternal e
inteligentemente nuestras dificul-
tades administrativas para poder
avanzar más eficazmente en la
conquista de los ideales de nues-
tra Orden; la Masonería Colom-
biana, al igual que la Universal,
debe retomar el camino Iniciático,
Esotérico.
Sabemos que la Orden no
morirá, porque es depositaria de
Verdades y Secretos Imperecederos.
Ellos son superiores a todos los que
estamos hoy aquí reunidos. Pero
también sabemos que es necesario
poner orden en la casa.
¿Por qué escogí a Cien años
de soledad como tema de esta di-
sertación, ante vosotros Queridos
Hermanos? Sabemos que García
Márquez no es Masón. Pero qui-
zás sólo nosotros sabemos que él
no lo sabe. Y entonces transmite
un simbolismo, como si fuese un
Masón sin Mandil, así como hay
tanto Mandil esperando un Masón
que lo use.
Pretendo pues resumir el
simbolismo en Cien años de so-
ledad en el que creo encontrar el
mismo simbolismo que en el Apo-
calipsis de Juan, que en el Can-
tar de los Cantares, que en «Via-
je a Oriente», de nuestro Herma-
no Herman Hesse, que en La
Montaña Mágica de nuestro Her-
mano Thomas Mann, que en Mi
Logia Madre de nuestro Hermano
Rudyard Kipling, que en Finnegans
Wake de nuestro Hermano James
Joyce, el mismo simbolismo que
hallamos en las pinturas y poemas
de nuestro Hermano William Blake.
El Simbolismo «está por
ahí»... descubrámoslo… El senti-
do oculto del Símbolo, su Secre-
to, reside en que se oculta mos-
trándose, como en la obra La Car-
ta Robada de Edgard Allan Poe.
Por eso los Masones repetimos la
frase evangelar: «El que tenga oí-
dos para oír, que oiga; el que ten-
ga ojos para ver, que vea».
Inicio mi exposición echán-
dole una mirada analítica a la por-
tada de la primera edición de la
obra (mayo de 1967). Vemos en
ella varios detalles llamativos: en
el título la palabra «Soledad» apa-
rece con la letra E escrita al revés,
es decir, es el sagrado número tres.
Nos sugiere la frase: «A Cien Años
de la Edad del Sol, la edad de la
Luz». Ese tres separa y une las
palabras «Sol» y «Edad». Sol tie-
ne tres letras (la Tríada) y Edad,
cuatro (Trívium y Quadrivium,
Astronomía, Música, Geometría,
Aritmética, Lógica, Retórica y
Gramática). Tenemos ahí pues una
primera clave: La Tríada, el
Ternario, la Tesis, la Antítesis y la
Síntesis, la fusión o neutralización
de los Opuestos. Y el Quadrivium.
La Edad de Dios, el Sol, es Cien
Años, Símbolo del Infinito, cien
empieza con 1, Alpha, y termina
con Cero, Omega.
-El Alpha y la Omega.
-El Aleph y el Tau.
Algunos aspectos del simbolismo
en CIEN AÑOS DE SOLEDAD
Q∴ H∴ RAMÓN ALONSO BERRÍO CÁRDENAS*
R∴ L∴ Armonía N° 39. Or∴de Medellín
Gran Logia de Colombia.
VITRIOLVM | 5
-La Atemporalidad, el Eterno Re-
torno.
-El Ouroboros, la Serpiente que se
muerde la cola.
Observamos también una
serie de figuras adornando la por-
tada. En el centro, arriba, es decir,
en el Oriente, el Sol; abajo, en Oc-
cidente, la Luna; arriba, a la iz-
quierda, las Campanas, las que
anuncian un mensaje; abajo, a la
izquierda, el Gorro Frigio, símbo-
lo del Masón, del Albañil y que la
revolución Francesa inmortalizó
como uno de los símbolos de la
Libertad. También está en el es-
cudo de nuestra Patria. Y abajo, a
la derecha, las calaveras y los dos
Huesos en cruz, Símbolo de la
Muerte, de la Transformación del
Masón. En el centro, la Estrella
Flamígera, y a sus costados, las
Rosas Rojas (símbolo del Amor,
Afrodita) y la Rama de Acacia con
su número de Hojas.
¡Más explícito para un Ma-
són no podría estar este simbolismo!
Aquí cada Masón hallará los Sím-
bolos de acuerdo a su Grado. Mire-
mos brevemente la estructura de la
novela: comienza a contar la histo-
ria de Macondo, pero se remonta al
Principio, al igual que el Génesis:
«El mundo era tan reciente, que
muchas cosas carecían de nombre,
y para mencionarlas, había que se-
ñalarlas con el dedo» (Pág. 9).
Comparemos con la impe-
recedera cita de J uan: «En el prin-
cipio era el Verbo, el Verbo esta-
ba con Dios y el Verbo era Dios.
Todas las cosas por medio de él
fueron hechas y sin él nada de lo
que ha sido hecho fue hecho»
(J uan, 1.1-3).
La fundación de Macondo
fue resultado de un Éxodo em-
prendido por los fundadores bajo
la guía de J osé Arcadio Buendía.
Vemos que se sigue en la novela
el mismo esquema Bíblico de na-
rración. Aparecen luego los gita-
nos, o sea, los egipcios, que todos
los años en marzo, llegaban a
Macondo y «con un gran alboroto
de pitos y de timbales daban a co-
nocer los nuevos inventos». Pri-
mero llevaron el imán. Un gitano
corpulento de barba montaraz y
manos de gorrión, que se presen-
tó con el nombre de Melquíades,
hizo una truculenta demostración
pública de lo que él mismo llama-
ba la octava maravilla de los sa-
bios alquimistas de Macedonia»
(Pág. 9).
Aparece por primera vez la
alusión que será permanente en la
novela, a la Alquimia. Melquíades
es un Iniciado, y lo serán J osé Ar-
cadio Buendía y el último
Aureliano.
El carácter Iniciático de José
Arcadio Buendía está claramente
definido en este pasaje: «A la ma-
ñana siguiente, Úrsula le llevaba
el desayuno, cuando vio acercar-
se un hombre por el corredo».
Era pequeño y macizo, con
un traje de paño negro y un som-
brero también negro, enorme,
hundido hasta los ojos taciturnos.
«Dios mío», pensó Úrsula, «hubie-
ra jurado que era Melquíades».
Era Cataure, el hermano de
Visitación, que había abandonado
la casa huyendo de la peste del
insomnio, y de quien nunca se
volvió a tener noticia. Visitación
le preguntó por qué había vuelto,
y él le contestó en su lengua so-
lemne:
—He venido al sepelio del rey.
Entonces entraron al cuarto
de J osé Arcadio Buendía, lo sa-
cudieron con todas sus fuerzas, le
gritaron al oído, le pusieron un es-
pejo frente a las fosas nasales,
pero no pudieron despertarlo.
Poco después, cuando el carpin-
tero le tomaba las medidas para el
ataúd, vieron a través de la venta-
na que estaba cayendo una lloviz-
na de minúsculas flores amarillas.
Cayeron toda la noche sobre el
pueblo en una tormenta silencio-
sa, y cubrieron los techos y atas-
caron las puertas, y sofocaron a los
animales que durmieron a la in-
temperie.
Tantas flores cayeron del
cielo, que las calles amanecieron
tapizadas de una colcha compac-
ta, y tuvieron que despejarlas con
palas y rastrillos para que pudiera
pasar el entierro.» (pág. 124-125).
-El Rey, las Flores Amarillas son
símbolos del Iniciado.
-En el vaso de agua en el que
Melquíades dejaba por las noches
su dentadura postiza, nacían flo-
recitas amarillas.
-Las mariposas (símbolo de la
Transmutación, de la Evolución)
perseguirán a Mauricio Babilonia
y a su amante Meme Buendía has-
ta la muerte. Y serán mariposas
amarillas.
La transmutación del Iniciado.
Aquí vemos otras claves: el
nombre de Melquíades es el sím-
bolo del Sumo Sacerdote, el
Hierofante. Es él quien adiestrará
a J osé Arcadio Buendía en el Arte
Real. Es él quien relatará la histo-
TEMAS
VITRIOLVM | 6
ria de la familia Buendía y de
Macondo «con cien años de anti-
cipación»; es él el Maestro que
morirá y resucitará permanente-
mente a lo largo de la historia y
cuya presencia iluminará la exis-
tencia de todos los miembros de
la familia.
Escribirá sus manuscritos
en sánscrito y será el último
Aureliano quien logrará descifrar-
los, pero ya será tarde, pues «es-
taba previsto que la ciudad de los
espejos ( o los espejismos) sería
arrasada por el viento y desterra-
da de la memoria de los hombres
en el instante en que Aureliano
Babilonia acabara de descifrar los
pergaminos y que todo lo escrito
en ellos era irrepetible desde siem-
pre y para siempre, porque las es-
tirpes condenadas a cien años de
soledad no tenían una segunda
oportunidad sobre la tierra» (pág.
351).
Se cerrará el ciclo con un
Apocalipsis en el que el elemento
Aire, el viento final, a diferencia
del Fuego, arrasará con Macondo.
Y llama la atención la palabra «es-
pejo» o «espejismo», que aparece
bajo la forma de hielo en el pri-
mer párrafo de la novela... «El
Coronel Aureliano Buendía había
de recordar aquella tarde remota
en que su padre lo llevó a conocer
el hielo...» (pág. 9).
El Hielo es la Ilusión.
Macondo es el mundo ilusorio, que
será borrado por el viento apocalíp-
tico. Sigamos analizando simbóli-
camente los nombres propios de los
personajes de la novela: José Arca-
dio Buendía: YO SÉ, clave del Ar-
cano II del tarot, la Sacerdotisa, que
ARCADIO. Aureliano: AUREUM,
el Oro de los Alquimistas, la culmi-
nación de la Obra. La constante re-
petición de los nombres nos da idea
de los ciclos vitales, del desarrollo
espiritual que repite procesos pero
a niveles cada vez más elevados.
-Es el Principio de Rotación.
-Es la Rueda de la Fortuna.
El Coronel Aureliano
Buendía dedicará sus últimos años
a la fabricación de pescaditos de
oro. Símbolo éste del Pez de Pis-
cis y también del Cristo, y además
son de oro. El último Aureliano
se apellidará Babilonia, la ciudad
destruida. Nigromanta, una de las
amantes del último Aureliano, alu-
de a la Magia negra, a las prácti-
cas pseudoesotéricas que llevan a
la destrucción. Amaranta, en latín
«la que ha de ser amada», es la
Virgen, permanece intacta, es el
principio Lunar símbolo del sub-
consciente, la misma figura de la
Sacerdotisa, a diferencia de la
Emperatriz que está embarazada
y es el Consciente.
Los gemelos, Aureliano Se-
gundo y Arcadio, son el símbolo
de la Dualidad, de los Amantes del
tarot, son Géminis. Se entretienen
cuando niños haciendo juegos si-
métricos, coordinados, como si el
uno fuese el espejo del otro. Son
idénticos. Se enferman de lo mis-
mo al mismo tiempo y se alivian
simultáneamente, mueren al mis-
mo tiempo, y en el momento fi-
nal, los borrachitos tristes que
portaban sus ataúdes, los enterra-
ron en tumbas trocadas...son Jano,
el dios de las dos caras, la puerta,
Januario, Enero, el Principio Dual.
Es J uan, San J uan, de cuya Logia
todos los Masones provenimos...
Remedios, la bella, es de
una belleza que «no exhalaba un
aliento de amor, sino un hálito
mortal», ascenderá en cuerpo y
alma al cielo. Es la criatura más
lúcida que jamás existió en
Macondo, dijo una vez el Coro-
nel. Personifica el Alma Inmortal,
es lo Inalcanzable. De nuevo se
personifica la Sacerdotisa. Es in-
alcanzable para los profanos im-
pulsados sólo por el deseo de po-
seerla, «cuando hubiese bastado
con un sentimiento tan simple
como el amor para seducirla».
Úrsula, es la Osa Menor. Ursa, en
latín es Osa. Úrsula es el diminu-
tivo, Pequeña Osa. Es la Conste-
lación que nos señala siempre el
Norte. En ella se encuentra la Es-
trella Polar, el Norte de los nave-
gantes.
En la novela se presentan
los Viajes. El primero es el que
emprende J osé Arcadio en busca
de los inventos. Invento deviene
de «in» «venire», «ir al encuentro
de «, «tropezarse con», es decir,
no creamos nada, simplemente ahí
estaba y nos lo tropezamos.
La Creación es permanen-
te, pero nosotros ya fuimos crea-
dos. De acuerdo con los cálculos
de J osé Arcadio Buendía, la úni-
ca posibilidad de contacto con la
civilización era la ruta del norte.
De modo que dotó de herramien-
tas de desmonte y armas de cace-
ría a los mismos hombres que lo
acompañaron en la fundación de
Macondo; echó en una mochila
sus instrumentos de orientación y
TEMAS
VITRIOLVM | 7
TEMAS
sus mapas, y emprendió la teme-
raria aventura.
Los primeros días no encon-
traron un obstáculo apreciable.
Descendieron por la pedregosa ri-
bera del río hasta el lugar en el que
años antes habían encontrado la
armadura del guerrero, y allí pe-
netraron al bosque por un sende-
ro de naranjos silvestres.
Al término de la primera
semana, mataron y asaron un ve-
nado, pero se conformaron con
comer la mitad y salar el resto para
los próximos días. Trataban de
aplazar con esa precaución la ne-
cesidad de seguir comiendo
guacamayas, cuya carne azul te-
nía un áspero sabor de almizcle.
Luego, durante más de diez días,
no volvieron a ver el sol. El suelo
se volvió blando y húmedo, como
ceniza volcánica, y la vege-
tación fue cada vez más in-
sidiosa y se hicieron cada
vez más lejanos los gritos
de los pájaros y la
bullaranga de los monos, y
el mundo se volvió triste
para siempre.
Los hombres de la
expedición se sintieron abruma-
dos por sus recuerdos más anti-
guos en aquel paraíso de hume-
dad y silencio anterior al pecado
original, donde las botas se hun-
dían en pozos de aceites humean-
tes y los machetes destrozaban li-
rios sangrientos y salamandras do-
radas.
Durante una semana, casi
sin hablar, avanzaron como so-
námbulos por un universo de pe-
sadumbre, alumbrados apenas por
una tenue reverberación de insec-
tos luminosos y con los pulmones
agobiados por un sofocante olor
de sangre.
No podían regresar, porque
la trocha que iban abriendo a su
paso se volvía a cerrar en poco
tiempo, con una vegetación nue-
va que casi veían crecer ante sus
ojos. «No importa», decía José Ar-
cadio Buendía, «lo esencial es no
perder la orientación». Siempre
pendiente de la brújula, siguió
guiando a sus hombres hacia el
norte invisible, hasta que lograron
salir de la región encantada. Era
una noche densa, sin estrellas,
pero la oscuridad estaba impreg-
nada por un aire nuevo y limpio.
Agotados por la prolonga-
da travesía, colgaron las hamacas
y durmieron a fondo por primera
vez en dos semanas. Cuando des-
pertaron, ya con el sol alto, se que-
daron pasmados de fascinación.
Frente a ellos, rodeado de hele-
chos y palmeras, blanco y polvo-
riento en la silenciosa luz de la
mañana, estaba un enorme galeón
español. Ligeramente volteado a
estribor, de su arboladura intacta
colgaban las piltrafas escuálidas
del velamen, entre jarcias adorna-
das de orquídeas. El casco, cubier-
to con una tersa coraza de rémora
petrificada y musgo tierno, esta-
ba firmemente enclavado en un
suelo de piedras.
Toda la estructura parecía
ocupar un ámbito propio, un es-
pacio de soledad y de olvido, ve-
dado a los vicios del tiempo y a
las costumbres de los pájaros.
En el interior, que los expe-
dicionarios exploraron con un fer-
vor sigiloso, no había más que un
apretado bosque de flores...
«¡Carajo¡» — gritó José Ar-
cadio Buendía— «Macondo está
rodeado de agua por todas partes».
(Pp.17-18).
Este solo párrafo bastaría
para entender el carácter esotéri-
co de la novela.
A) Es un viaje que se emprende
hacia el norte.
B) Los expedicionarios van dota-
dos de herramientas e instrumen-
tos de orientación.
C) Durante 10 días dejan de ver
el sol. Es la región de la Nigredo
de la Obra, la Noche oscura del
Alma de los Alquimistas. Es el
Cuarto de Reflexiones.
D) Los hombres se sienten abru-
mados «por sus recuerdos más
antiguos» (el Hombre Viejo que
lucha por no morir dentro del
Iniciado).
E) Aquel «paraíso de hume-
dad y de silencio anterior al
pecado original». El retorno
a lo primigenio, el llamado
Primordial. El renacer
iniciático.
F) Los machetes destrozan
«lirios sangrientos» (los Deseos,
los Instintos) y Salamandras Do-
radas (es el Azufre Incombustible
de los Alquimistas; según la
Kabalah, el Fuego es la morada de
las salamandras).
G) El ambiente está impregnado
por un «sofocante olor de sangre»,
el Sacrificio.
H) Al salir de la región encantada
es de noche, una noche oscura,
densa y sin estrellas, pero el aire
es ahora limpio. Ha desaparecido
el olor de sangre. El Mar está cer-
cano. El Subconsciente se anun-
cia. Es hora de dormir a fondo. Es
el reposo después del Viaje.
I) Al despertar ven el galeón. No
sé realmente cómo interpretar esta
imagen: por un lado pienso que
puede hacer referencia al Cristia-
nismo (simbolizado por la nave,
traído por España). Anuncia tam-
bién la proximidad del mar. La To-
talidad. Pero no es lo que busca-
VITRIOLVM | 8
ban los expedicionarios. Por el
contrario, J osé Arcadio pierde la
paciencia pues «Macondo está ro-
deado de agua por todas partes».
No se ha logrado salir del Sub-
consciente. El Consciente, la Ra-
zón, está dormida, está rodeada
por el mar de la Subconsciencia.
La Iniciación enlazará estos dos
aspectos de nuestra mente.
J ) Buscando el Norte (la Osa Me-
nor) J osé Arcadio sólo encontró
el Mar. Después, Úrsula, la Osa
Menor, desaparecerá de Macondo
buscando a su hijo fugado con los
gitanos, y hallará, sin proponérse-
lo, la Ruta de los Inventos. Ella
misma es el Norte. Melquíades es
un alquimista. Alcanza la inmor-
talidad, trasciende el tiempo y pre-
dice el devenir de la familia
Buendía. Los Buendía buscan es-
capar de la soledad. Melquíades
sabe que no lo lograrán. Están
condenados a cien años de sole-
dad y la sentencia definitiva nos
habla apocalípticamente de ese
sino. Solamente su discípulo, el
patriarca J osé Arcadio Buendía,
logra la trascendencia. Su figura
gigantesca atada al castaño sim-
boliza el camino, la Cruz, los 4
Elementos.Los demás pasarán
inadvertidos esotéricamente ha-
LA MAGIA RESIDE EN GRAN MEDIDA EN EL DESCONOCIMIENTO
QUE SE TIENE DE AMÉRICA LATINA EN CADA UNO DE LOS PAÍSES
DE ESTE CONTINENTE Y DE LO POCO QUE SE CONOCE DE LOS
MUNDOS CULTURALES QUE SE SUPERPONEN CASI SIN ROZARSE
ENTRE SÍ, SIN CONTAR EL AISLAMIENTO QUE SEPARA A CADA PAÍS
CON RESPECTO A LOS OTROS Y CON RESPECTO A SU PASADO Y A
SU HISTORIA. EL «REALISMO MÁGICO» EN LA HISTORIA DE
AMÉRICA LATINA.
blando. De vez en cuando, a al-
guno de ellos se le ocurre husmear
los pergaminos de Melquíades,
sin descubrir que allí estaban es-
critos sus destinos. El último
Aureliano, Aureliano Babilonia,
cuyo nombre es tan diciente de su
destino apocalíptico, logrará ha-
cerlo... demasiado tarde...y
Macondo es la nueva Babilonia,
la antigua Babel, la Ciudad de la
Pewrdición, de los espejismos, de
lo ilusorio.
*Ponencia presentada ante el VI
Congreso Nacional Masónico or-
ganizado por la Gran Logia de los
Andes, Oriente de Bucaramanga.
TEMAS
VITRIOLVM | 9
TEMAS
E
L Q∴ H∴ Auguste Rodin (París, 1860-
Meudon, 1917), escultor y artista, está consi
derado como uno de los grandes maestros del
arte escultórico de todos los tiempos. Su obra, cali-
ficada por la crítica como «genial, realista y pro-
fundamente expresiva», marcó la culminación y el
fin del romanticismo y abrió paso a la escultura del
siglo XX. Su labor como escultor, con meritorias
obras como El Pensador, El beso, La bella esposa
del fabricante de cascos, La edad de bronce, El hom-
bre con la nariz rota, Los burgueses de Calais y La
puerta del Infierno, entre otras, dejó una marcada
influencia sobre la escultura contemporánea.
Con Rodin, además, surgió y se fortaleció la
denominada «corriente figurativa» que dejó profun-
da huella aún en los escultores abstractos. «Mode-
lar es reflejar la vida. La escultura no tiene necesi-
dad de originalidad sino de vida… Creo que el mo-
vimiento es lo esencial y en todo lo que hago inten-
to conseguirlo» —decía el escultor.
Cabe destacar que la corriente figurativa del
último periodo del siglo XIX, era opuesta al «clasi-
cismo académico y muerto» y a un romanticismo
que ya no tenía nada que decir. Los críticos de arte
sostienen que muchas de las obras de Rodin pue-
den inscribirse dentro del romanticismo, el
simbolismo y el Art Nouveau, pero el escultor fran-
cés superó todas estas tendencias e incluso llegó más
lejos por su transcendencia. Rodin, en efecto, pro-
dujo un arte personal y original —a diferencia de
otros escultores de su época— y se interesó por los
más diversos temas: el retrato, la alegoría, el des-
nudo, el tema bíblico, etcétera. Otro aspecto a su-
brayar, es que Rodin era un apasionado del arte de
AUGUSTE RODIN:
ARTISTA, MASÓN Y POETA
DEL SIMBOLISMO ESCULTÓRICO
Q∴ H∴ ÁNGEL R. MEDINA
R∴ L∴ Leonardo Da Vinci N° 244
Or∴ de Maracay, Aragua, Venezuela.
Artista y escultor de la modernidad dio paso a la escultura contemporánea del siglo
xx. Le Penseur (El Pensador), Les Trois Temps (Los Tres Tiempos) y La Pierre Brute
(La Piedra Bruta), entre otras obras, son un ejemplo de su convicción iniciática y su
formación masónica. Su escultura Les Trois Temps (Los Tres Tiempos) está basada en
las tres edades del masón que van desde los grados de Aprendiz, Compañero y
Maestro.
VITRIOLVM | 10
TEMAS
la Edad Media y en 1914 con un gran entusiasmo
escribió el libro Las Catedrales de Francia.
Tanto Rodin como sus contemporáneos artis-
tas plásticos Claude Monet, Pierre-Auguste Renoir,
Edouard Manet y Paul Cézanne se mostraron siem-
pre rebeldes contra el «academicismo» de la época
y la «voluntad subjetiva» sobre la obra. Es por ello,
que sus creaciones artísticas poseían algo de su per-
sonalidad y las alejaban de cualquier representación
mimética del modelo.
Como una ironía de la vida, a Rodin le fue ne-
gada tres veces su admisión a la Escuela de Bellas
Artes de París y se formó como ayudante en el estu-
dio de Albert Carrier-Belleuse. En el Salón de 1864
de la capital francesa presentó El hombre de la na-
riz rota, pero la obra también fue rechazada por con-
siderarse «inacabada e incompleta». En dicha obra,
Rodin incorporó el «modelado espontáneo y expre-
sivo» que habría de caracterizar toda su obra poste-
rior.
Como expresa Gombrich, Rodin nació el mis-
mo año que Monet, y como había estudiado apasio-
nadamente la escultura clásica y la de Miguel Án-
gel «supo ser nuevo sin provocar un conflicto fun-
damental entre él y el arte tradicional. Rodin, en
efecto, se convirtió enseguida en un maestro reco-
nocido y gozó entre el público de tanta fama, si no
más todavía, que cualquier otro artista de su tiem-
po» (528). Subraya también que las obras de Rodin
fueron objeto de violentas discusiones entre los crí-
ticos, siendo confundidas a veces con la de los re-
beldes impresionistas. Gombrich escribe:
Al igual que los impresionistas, Rodin desdeñó
la apariencia superficial del acabado; como
ellos, prefirió dejar algo a la imaginación del
espectador. En ocasiones, incluso dejó parte de
la piedra sin tocar para ofrecer la impresión de
que su figura estaba surgiendo del caos y to-
mando forma (Ibid).
Opuesto al academicismo
Al margen de la dicotomía entre romanticismo
y naturalismo, a fines de siglo, y bajo la influencia
del impresionismo pictórico, se desarrolla otra ma-
nera de entender la escultura: el «impresionismo
escultórico». En este estilo, el artista desplaza su
atención de la historia y la alegoría moral al ámbito
de la percepción. El escultor, «propone una forma
directa de enfrentarse a la realidad, sobreponiendo
el mundo de las sensaciones al saber tradicional.
Del mismo modo en que la superficie pictórica se
hacía visible la pincelada, en escultura, la superfi-
cie que define los volúmenes refleja las tensiones
internas y muestra las huellas de las herramientas
del artista» (Historia del arte 2176).
Ciertamente, Rodin realiza en 1880 su obra Le
Penseur (El Pensador) que se exhibe en el Museo
de Orsay de París, es un monumento a Honoré de
Balzac —como un rechazo contra el neoclasicismo
escultórico— cuya figura debía presidir La puerta
del infierno, otra obra del escultor, que debía repre-
sentar al poeta Dante Alighieri (La Divina Come-
dia) en actitud reflexiva, se presenta como una suerte
de «Hércules en reposo» que sugiere el poder de la
mente humana. Esta obra, considerada como figura
exenta, fue «objeto de burlas y apasionadas defen-
sas, gracias a una masiva suscripción pública, se
erigió entre 1906 y 1922 en improvisado monumen-
to público delante del Panteón» (Ibid).
En 1880, el Estado le encargó un portal para el
Museo de Artes Decorativas. «Éste estaba inspira-
do en temas dantescos, de ahí que el propio Rodin
le diera el nombre de Puerta del Infierno, en la que
trabajó desde 1880 hasta su muerte en 1917. Rodin
se inspiró en la Divina Comedia de Dante y en Puerta
del Paraíso de Ghiberti, por el que el escultor sentía
una gran admiración» (Id. 2179). Sin embargo, el
edificio para el que estaba destinada nunca llegó a
construirse.
Otra famosa escultura de Rodin, El beso, rea-
lizada en mármol en 1886 y que se encuentra en el
Museo Rodin de París, con la intención de incluirla
en Puerta del Infierno, aunque posteriormente se
descartó y fue conocida únicamente como una es-
cultura exenta. Ésta representaba la pasión trágica
de dos personajes del Segundo Círculo del Infierno
de Dante: Paolo y Francesca.
A pesar de recibir, tras la exposición de 1889,
el apoyo de la crítica de vanguardia y de que su fama
era ya notable a fines de siglo, Rodin vivió siempre
envuelto en grandes polémicas en torno a su obra.
«Los burgueses de Calais (1884-1888) que se en-
cuentra en el Museo Rodin de París, fue mal vista
por los concejales que la habían encargado, sintién-
dose defraudados por un monumento que no cum-
plía sus expectativas de exaltación patriótica. En
Le Penseur (El
Pensador) que se
exhibe en el
Museo de Orsay
de París.
VITRIOLVM | 11
TEMAS
ella, el artista nos muestra seis reacciones comple-
jas ante la tragedia, enfrentando el drama de los
personajes con el espectador» (Id. 2180).
Rodin y la francmasonería
Auguste Rodin se mantuvo activo como masón
toda su vida y es por ello que muchas de sus obras
están marcadas por los principios iniciáticos. En
1865, a los 25 años, se inició en la masonería en la
Respetable Logia L’école du Liberté (La Escuela
de Libertad) bajo la jurisdicción del Gran Oriente
de Francia. Rodin aplicó todo su conocimiento
iniciático que adquirió de la orden masónica y esto
le permitió plasmar en su obra escultórica piezas
como Les Trois Temps (Los Tres Tiempos) basada
en las tres edades del masón que van desde los gra-
dos de Aprendiz, Compañero y Maestro.
Rodin quiso legar su obra a la Humanidad bajo
un concepto de paz, fraternidad y tolerancia hacien-
do énfasis en la esencia del ser humano y en el lega-
do del siglo de las luces: Libertad, Igualdad y Fra-
ternidad. A partir de esta percepción del mundo a
través de la orden iniciática y los principios
masónicos, el escultor realiza su obra La Pierre
Brute (La Piedra Bruta) desde donde florece una
cabeza humana, serena, por demás, que se eleva len-
tamente desde la tosca piedra y como decía el pro-
pio escultor que en ella buscaba que el resto de su
identidad fuese revelada.
Si hay algo que destacar de Rodin es que como
artista renovó el lenguaje escultórico de su época y
plasmó una evidente influencia en los demás escul-
tores y creadores del siglo XX. La obra del artista
francés marcó, así como lo hizo el impresionismo
en la pintura, el nacimiento de una propuesta mo-
derna para la creación escultórica. Esa «obra incon-
clusa» de la que hablaba Rodin es donde el artista,
formado en los augustos Misterios, expresó su musa
iniciática con su obra La Pierre Brute (La Piedra
Bruta) en la cual sabiamente sintetiza el sentido de
la Iniciación masónica y en donde observamos a un
individuo que con mazo y un cincel se está escul-
piendo a sí mismo, tal vez como una reminiscencia
del Oráculo de Delfos en el frontispicio del Templo
de la antigua Grecia: Nosce te ipsum.
El Querido Hermano Auguste Rodin ensambló
a lo largo de su apasionante vida creadora, desafíos
y muchas controversias pero siempre hizo prevale-
cer su libertad innovadora. En 1917, en su taller de
Meudon, convertido en el centro de su universo
escultórico, entre arcillas, bocetos de obras, már-
moles y rodeado de papeles y libros, Rodin fue tras
la Gran Luz del Oriente Eterno con la firme convic-
ción de seguir dejando sus obras con su «apariencia
inacabada» para dejarle al espectador rienda suelta
a su imaginación en ese simbolismo escultórico.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Diccionario enciclopédico Larousse. Bogotá: Edi-
ciones Larousse, 2003.
El mundo del arte. Autores, movimientos y estilos.
Barcelona: Océno, 2000.
Gombrich, E. H. Historia del arte. Buenos Aires:
Editorial Sudamericana, 1999.
Gran crónica del siglo XX. Barcelona: Océano,
2000.
Herpin, Hugues, y otros. L’abecedaire de Rodin.
París: Flammarion, 2002.
Historia del arte. Vol. XII. Barcelona: Océano, 1997.
Historia universal de la pintura. Del tardo barroco
al modernismo. Vol. III. Madrid: Espasa-Calpe,
2001.
Sturgis, Alexander y Holis Clayson. Entender la pin-
tura. Barcelona: Blume, 2002.
La Pierre Brute
(La Piedra
Bruta).
VITRIOLVM | 12
TEMAS
J óvenes que quieren ser oficiantes de la belleza, quizá les guste
encontrar aquí el resumen de una larga experiencia.
Amen devotamente a los maestros que les precedieron. Inclínense
delante de Fidias y de Miguel Ángel. Admiren la divina serenidad de uno,
la brutal angustia del otro. La admiración es un vino generoso para los
espíritus nobles. Cuídense, sin embargo, de imitar a sus mayores.
Respetuosos de la tradición, sepan discernir lo que ella encierra de
eternamente fecundo: el amor a la Naturaleza y la sinceridad. Éstas son las
dos fuertes pasiones de los genios. Todos han adorado a la Naturaleza y
jamás han mentido. Así la tradición les tenderá la llave gracias a la cual
ustedes se evadirán de la rutina.
Todo es bello para el artista, pues en todo ser y en cada cosa, su
mirada penetrante descubre el carácter, es decir, la verdad interior que se
transparenta bajo la forma. Y esta verdad es la belleza misma. Estudien
religiosamente: no podrán dejar de encontrar la belleza, porque se
encontrarán con la verdad.
EI arte no es más que sentimiento. Pero sin la ciencia de los
volúmenes, de las proporciones de los colores sin la dirección de la mano,
el sentimiento más vivo se paraliza.
Sean verdaderos, jóvenes. EI arte no comienza más que con la verdad
interior. Que todas sus formas, todos sus colores, traduzcan sentimientos.
EI artista que se contenta con la apariencia y quien reproduce servilmente
los detalles sin valor no será jamás un maestro.
DE RODIN
TESTAMENTO
Auguste Rodin
VITRIOLVM | 13
TEMAS
A
MANERA de introducción veo imperioso
hablar de lo que es un ritual. Origínase el tér-
mino en el vocablo rito. «Del latín «ritus»,
es una palabra indoeuropea muy antigua del voca-
bulario religioso común al grupo celtoitálico y el
ario-iranio… tiene desde el primer momento el do-
ble sentido de orden divino del mundo y de acto de
culto religioso. Esta significación se conserva par-
ticularmente viva en el sánscrito «rta» (1) Así, con-
siderase el rito como una costum-
bre o un conjunto de reglas esta-
blecidas conforme a un orden (2)
para un culto o ceremonia, mien-
tras que ritual es el conjunto de
ritos de una religión, iglesia o fun-
ción sagrada (3) La misma dife-
rencia notamos, en El Dicciona-
rio de Psicología del Fondo de
Cultura Económica (4).
Sin embargo, considero que
no es lo mismo rito que costum-
bre, esta última nos lleva a repetir
una serie de acciones de manera
mecánica por lo que no existen allí elementos má-
gicos, esotéricos, motivacionales ni teleológicos. A
diferencia de la costumbre, en el rito buscamos un
fin, mediante unas reglas, un proceso, se crea un
estado psicológico diferente al cotidiano, en cada
paso hay que pensar y estar consciente de cada eta-
pa y del desarrollo en general, tópicos estos que no
están presente en la costumbre;(5) «se marca aquí,
el paso de un status a otro en la vida de un indi-
viduo…» (6) Por otra parte, se observa una sinoni-
mia entre rito y ceremonia, similitud esta que clara-
mente se manifiesta, por ejemplo, en los textos bí-
blicos (7), vale decir, en la Biblia Católica se utiliza
«ceremonia» mientras que en la Biblia Evangélica
se usa «rito» (8).
En otro orden de ideas, desde mi punto de vis-
ta, resultado de esta breve indagación, en el ámbito
masónico las expresiones «rito» y «ritual» son utili-
zadas a veces en la dirección que
marca la Real Academia, esto es
diferenciadas y dándole al ritual
el sentido de conjunto de ritos o
sistema de ritos, (9) y en ocasio-
nes indistintamente, lo cual pode-
mos observar en La Ferriere
(1989), (10) Cassard (1981),(11)
Camejo Arias (2007),(12)
Barboza de la Torre (2002), (13)
Serrano Acosta (2009), (14) Mar-
tín-Albo, (15) Molina García (16)
y Lewis (1980), (17) entre muchos
otros.
La voz «ritual», tiene también una implicación
sobrenatural cuando se utiliza un procedimiento
totalmente empírico para lograr la concreción de
asuntos materiales de forma mágica, (18) lo que
asocia entonces el ritual a la superstición. Nos en-
contramos entonces con una variedad de ritos entre
los que podemos mencionar: de purificación, de
sangre, de tránsito, funerarios, de iniciación, de ala-
banza a los fenómenos naturales, de exorcismo, de
LAS FASES
CONSTRUCTIVAS
DE UN RITUAL
Q∴ H∴ SILVIO J . CASTELLANOS, M∴ M∴
R∴ L∴ Esperanza 7 del Este N° 233
Or∴ de Caracas, D. C.
La voz «ritual», tiene
también una
implicación sobrenatural
cuando se utiliza un
procedimiento
totalmente empírico
para lograr la
concreción de asuntos
materiales de forma
mágica.
VITRIOLVM | 14
TEMAS
consagración, conmemorativos y de expiación, etc.
Particularmente creo que cuando se habla del R∴
E∴ A∴ A, se señala el conjunto de ritos iniciáticos,
esotéricos y tradicionales, integrados en un sistema
conformado por 33 grados.
A la luz de lo anterior, la frase «LAS FASES
CONSTRUCTIVAS DE UN RITUAL», implica una
consideración dual, en virtud de que se alude a dos
aspectos diferentes pero interrelacionados, estos son:
estructura y proceso. De esta manera interpreto que
«fase» apunta a etapas o proceso y «constructivas»,
nos direcciona hacia estructura. En cuanto a estruc-
tura se refiere, existen en un rito un conjunto de
elementos que se conectan entre sí para el logro de
un objetivo que no es otro que concretar en un indi-
viduo una verdadera transformación. Serían así es-
tos componentes mínimos los siguientes (19):
MOTIVACIÓN: Representa el aspecto teleoló-
gico, es la finalidad. Sin este elemento, aunque in-
tangible, el rito no tiene rezón de ser.
OFICIANTE: Es el Maestro o Iniciado que hace
de Maestro de Ceremonias, es quien dirige y/o eje-
cuta el rito y en general vela por que el procedi-
miento o guion y la liturgia se sigan como está esta-
blecido.
RECIPIENDARIO (PETICIONARIO): Es
quien ejecuta el ritual en beneficio propio o solicita
a un tercero la realización de dicha práctica. Es el
sujeto pasivo o beneficiario del rito.
LITURGIA: Es un conjunto abstracto de con-
diciones ceremoniales que permiten llevar a cabo
el rito. Incluye un atavío especial tanto para el ofi-
ciante como para el recipiendario. De manera diá-
fana se aprecia que, el Ritual para el Grado de Com-
pañero (20) utiliza una liturgia específica y diferen-
te a la del Ritual para el Grado de Aprendiz (21).
TEMPLO: Es el lugar donde se ejecuta el rito.
Es casi obligatorio que el templo esté decorado con
símbolos, pinturas, esculturas, columnas u otros ele-
mentos como el fuego y el agua que ambientan el
sitio para producir un efecto esotérico espiritual.
Ahora bien, la otra dimensión del ritual la re-
presenta el proceso, que no es más que los pasos
que de manera consecutiva y guiada ejecuté como
recipiendario para lograr mi anhelado fin, represen-
tado este, por la cristalización del estado visualizado,
además de la secuencia de actividades previas de
acondicionamiento para mi trayecto de iniciación,
en el contexto de una tenida para esos efectos. En el
grado de Aprendiz y tomando como referencia mi
iniciación, fue evidente mi motivación, mi trans-
formación, el morir y nacer, el antes y el después, el
deseo de llegar a una situación que me permitió
emprender el camino hacia la luz.
En este devenir, con la liturgia adecuada, tran-
sité por una serie etapas en las que simbólicamente
fui adquiriendo la fortaleza necesaria, a través de
viajes de purificación, para ser admitido luego de
un honorable juramento. Morí como profano y nací
como Masón, mejor dicho como Aprendiz de Ma-
són. En general pienso que el proceso en este caso,
tal y como se desprende del Ritual y Catecismo para
el Grado de Aprendiz, puede describirse como si-
gue:
1. Decoración de la Logia (Tenida de Iniciación)
2. Apertura de la Logia (Tenida de Iniciación)
3. Preparación del Aspirante (Cuarto de Reflexio-
nes)
4. Admisión del Aspirante y conversión en Reci-
piendario
5. Conversión del Recipiendario en Neófito o Apren-
diz de Masón (recepción, preguntas preliminares,
interrogatorio, instrucción sobre Bases Principales
de la 6. 6. Orden, sobre los Preceptos, ratificación
de la creencia en un Ser Supremo, consentimiento,
votos al G∴ A∴ D∴ U∴, paso por la Piedra de las
Tribulaciones, libaciones, viajes simbólicos, jura-
mento, ratificación del Juramento, constitución, ins-
trucción, proclamación, quema del testamento y res-
titución de los metales)
7. Clausura.
En el proceso alusivo al aumento de salario para
adquirir el grado de Compañero Masón, pude ob-
servar una liturgia y proceso diferentes. Sin duda
alguna, el impulso de mejoramiento espiritual e in-
telectual fueron evidentes en mí y la expectativa de
evolución me abrumaba. Aunque aprecié un isomor-
fismo en cuanto a la estructura, el desarrollo del rito
no dejó de sorprenderme positivamente. Los viajes
ya no fueron de purificación sino de conocimiento,
mejor dicho, de reforzamiento del deber de todo
Masón en cuanto a la necesidad de estudio y traba-
jo para hacer cada vez más eficiente nuestro fin
último de materializar el amor al prójimo. Real-
mente me sentí diferente y con un nuevo mundo
ante mí en la Orden, experimenté con mucho gozo
este nuevo nivel de compromiso, para el cual re-
queriré como hasta ahora, de la dirección y orienta-
ción de todos mis Queridos Hermanos. En general
pienso que el proceso en este caso, tal y como se
VITRIOLVM | 15
TEMAS
desprende del Ritual del Grado de Compañero, pue-
de describirse como sigue:
1. Decoración de la Logia (Tenida de Aumento de
Salario).
2. Apertura de la Logia (Tenida de Aumento de Sa-
lario).
3. Preparación del Candidato (Cuarto de Reflexio-
nes).
4. Recepción del Candidato.
5. Conversión del Candidato en Compañero (inte-
rrogatorio, viajes simbólicos, J uramento e Instruc-
ción).
6. Clausura
Notas
(1) Diccionario de Ciencias Sociales
(2) Diccionario Simbólico de la Masonería
(3) Diccionario de la Lengua Española.
(4) Diccionario de Psicología
(5) Pons. 2006. Pág. 11.
(6) Diccionario de Ciencias Sociales
(7) Concordancia exhaustiva de la Biblia.
(8) Ex.12.25; 12.26; 13.10; 30.8. Lv. 5.10; 9.16.
Nm. 9.10; 9.12; 9.14. Cr. 23.31; 30.19. Esd. 3.4.
Neh. 8.18. Lc. 2.27. J n. 2.6. Hch. 15.1
(9) Diccionario de la Real Academia Española
(10) De la Ferriere. 1989. Pág. 147
(11) Cassard. 1981. Pág. 810 y 811
(12) Camejo Arias. 2007. Págs. 72 y 73
(13) Barboza de la Torre. 2002. Pág. 68
(14) Diccionario Masónico de Bolsillo. Serrano
Acosta. 2009. Págs. 110 y 111
(15) Martín Albo (2005). Pág. 412
(16) Molina García. 2003. Pág. 12, presentación de
Power Point
(17) Lewis. 1980. Pág. 244
(18) Diccionario de Ciencias Sociales
(19) Kraig. 1994. Págs. 15 al 27
(20) Ritual del Grado de Compañero. 2004. Pág.3
ss.
(21) Ritual y Catecismo para el Grado de Aprendiz.
2006. Pág. 5 ss.
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
Ritual y Catecismo para el Grado de Aprendiz. 2006.
Gran Logia de la República de Venezuela.
Ritual del Grado de Compañero. 2004. Gran Logia
de la República de Venezuela
Barboza de la Torre, Pedro Alciro. 2002. Manual
del Aprendiz. Fondo Editorial Moral y Luces.
Maracaibo Estado Zulia. Venezuela.
De la Ferriere, Serge Raynard. 1989. El libro negro
de la francmasonería. Ediciones de la Gran Frater-
nidad Universal. Caracas. Venezuela.
Cassard, André. 1981. Manual de la Masonería.
Editorial Grijalbo S. A. México
Lewis, Spencer. 1980. Manual Rosacruz. Departa-
mento de Publicaciones Gran Logia Suprema de
AMORC. San J osé, California. Estados Unidos de
Norteamérica.
Martín-Albo, Miguel. 2005. La masonería – Una
hermandad de carácter secreto. Editorial LIBSA.
Madrid. España.
Camejo Arias, Humberto. 2007. Los Viajes del
Compañero. Editorial Moral y Luces. Maracaibo,
Estado Zulia. Venezuela.
Palao Pons, Pedro. 2006. El gran libro de los ritua-
les. Editorial Lectorum S. A. España.
Strong, J ames. 2003. Nueva concordancia exhaus-
tiva de la biblia. Editorial Caribe Inc. Estados Uni-
dos de Norteamérica.
Santa Biblia Católica. Sociedades Bíblicas Unidas.
1994.
Molina García, Cuauhtémoc. 2003. Los Ritos en la
Francmasonería. Presentación de PowerPoint.
Santa Biblia Evangélica. Sociedades Bíblicas en
América Latina. 1960
DICCIONARIOS
Diccionario de la Real Academia Española. Vigési-
ma Segunda Edición. 2001.
Howard C., Warren. 1984. Diccionario de Psicolo-
gía. Fondo de Cultura Económica. México.
Serrano Acosta, J orge. 2009. Diccionario Masónico
de Bolsillo. Respetable Logia Sol de América Nº
37. Comisión de Docencia. Caracas, Venezuela.
U.N.E.S.C.O. Diccionario de Ciencias Sociales.
Instituto de Estudios Políticos. 1976. Madrid, Es-
paña
Diccionario Simbólico de la Masonería.
www.geocites.com/tallermasonico/3dicci.htm.
VITRIOLVM | 16
C
iertamente, esta es la única mención bí
blica de una escalera donde se utiliza muy
preciso el término hebreo de sul-lám, en
clara referencia a la visión que J acob logra con-
templar en sueños al detenerse en su peregrinar
desde Beer-seba a Harán.
Hermosa y significativa es la visión de Bethel
que se manifiesta en un antiquísimo lugar sagrado.
Lugar muy sagrado y productivo, para muchos pue-
blos antiguos, que desde muchos siglos antes de
esta importante visión era conocido por los
Cananeos, con el poderoso nombre de Luz (ver:
Génesis 28:19). De manera muy significativa, es
este el lugar donde algún tiempo atrás Abrahán ha-
bía acampado (Génesis 28:16-19; 35:6).
La Escalera Masónica en sus dos modalidades
básicas, la espiral y la recta, se unifica con el con-
cepto fundamental de Jerarquía o de la armonía entre
el Orden J erárquico del Universo, como la sustan-
cial y lógica expresión o representación de esa ma-
nifestación fluida de la cadena infinita del Ser.
Maimónides, el filósofo judío, (Moses ben Maimon,
1113-1204 d.C) alude a la escalera como el digno
ejemplo de una firme y estable relación, entre hom-
bre y cosmos: «Creía que la historia de la escalera
de J acob era un intento para explicar la relación
entre la existencia del Hombre en la tierra y el mun-
do de las esferas celestes» (Guide to the Perplexed
[xvii]). Los antiguos Maestros Constructores, la
dejaron plasmada en sus Catedrales Góticas y, a la
par, los viejos sabios alquimistas encuentran en ella
la riqueza expresiva de toda una profunda
simbología y un valioso catálogo de atributos su-
blimes. Atributos misteriosos que reafirman y pun-
PRINCIPIOS
HERMÉTICOS
EN LA ESCALERA
MASÓNICA
V∴ H∴ VÍCTOR A. CABELLO REYES
Gran Oriente de Puerto Rico.
LECTURAS
«Y tuvo un sueño: Vio una escalera que esta-
ba apoyada en tierra, y su extremo tocaba el
cielo. Ángeles de Dios subían y descendían por
ella» (Génesis 28:12).
VITRIOLVM | 17
tualizan las etapas o estados escalonados de la ela-
boración y transformación del Opus alquímico.
Fulcanelli en La Mystére des Cathédrales, nos
indica muy particularmente a la Dama de Notre-
Dame de París, que entre sus piernas sostiene la
escalera. Viene a ser la famosa Scala Philosophorum
del pórtico central, el Magnus Opus Alchimicum o
la alquimia (Imagen, II). Esta escalera hermética en
sus peldaños nos alude hacia algo más profundo que
su misma naturaleza estructural y formal pueda con-
tener.
Ya en el 1677, en el famoso Libro Mudo,
específicamente, en el arte de su primera plancha,
aparece una escalera entre un círculo de rosas con
dos ángeles. Seres espirituales divinos que logran
llamar con sus trompetas, muy sonoramente, al
Despertar del Iniciado (Mutus Liber, La Rochelle,
1677). En esta valiosa plancha un personaje des-
cansa dormido apoyando delicadamente su cabeza
en la «piedra» =La Rochelle. Simbólicamente, pues,
es protegido su sueño entre los nudos del rosal. «El
Mundo está unido por
nudos invisibles».
Escalera alquímica,
muy bellamente represen-
tada también en el árbol
filosófico, del Splendor
Solís (S. Trismosin, 1532-
35). Y, en efecto, una es-
calera profundamente
simbólica,hermética y
alquímica adorna la fabu-
losa y majestuosa obra;
La Melancolía I de Al-
berto Durero. Permitién-
donos así, poder descu-
brir los símbolos y modos artísticos sutilmente ocul-
tos en el arte hermético del genial y esotérico Maes-
tro Durero (ver: E. Panofsky, Princeton, págs.157-
171; 2005).
La masonería tiene inscrita en su corazón la fra-
se platónica; Dios geometriza siempre. El Hombre
en su complejo y geométrico diseño corporal, si-
guen este patrón cósmico y arquitectónico. Es la
escalera mística una herramienta del Opus, del ofi-
cio práctico y alegórico del constructor para poder
esculpir artísticamente las formas sublimes y supe-
riores de la piedra, pero, esto de una forma artística,
delicada y majestuosa. Escalera de J acob masónica,
que afirma como duro soporte en la tierra, pero se
extiende infinitamente hacia los cielos, y logra re-
montarse hasta los confines más remotos e ignotos
del espíritu universal y trascendente. La ciencia de
la escuadra es ciencia de la tierra, y la ciencia del
compás es ciencia del cielo. Por otra parte, la esca-
lera masónica, para algunos investigadores, fue in-
troducida en la masonería en el ritual masónico de
Dunckerly; aproximadamente para el 1776. Por el
contrario, otros tratadistas sostienen que ya con an-
terioridad, y desde 1732 —con Matin Clare— se
logra establecer dentro de la Orden el símbolo. Esto
lo podemos evidenciar históricamente en los Tracing
Boards de la época. En efecto, ya para el 1720, en
los rituales de la rica tradición masónica francesa,
se puede evidenciar la escalera: «This is to inform
the Publick, that there will be no drawn Sword at
the Door, nor Ladder in a Dark Room»
(Freemasonry a History; Ángel Millar, pág. 97).
Entre tanto, para éste mismo investigador masónico:
«The «ladder in a dark room» is perhaps more
enigmatic and enticing, and tells us a great deal
more about the Masonic Ritual. Since most lodges
at the time met in the hired rooms of local taverns,
not all of them erected ladders or set up elaborate
paraphernalia’’ (A. Millar, pág. 97).
La escalera masónica esconde en su simbología
aquello que León Battista Alberti (1404-1472) lla-
mó: ‘el secreto del arte de la proporción y la pers-
pectiva’. Esta amplia y culta concepción espiral
matemática fue estudiada de una manera muy pre-
cisa y rigurosa, por J acques Bernoulli (1654-1705).
Podemos muy bien fusionarla y ligarla directamen-
te a los grados o etapas esotéricas de la ascensión
en la Spira Mirabilis, (Eadem Mutato Resurgo) es-
calera de caracol o de espiral. Espiral logarítmica
universal, natural y física, como principio estructu-
ral del nautilus, cuya forma erudita fue estudiada
ampliamente por el sabio matemático Arquímedes.
Por esta razón, es conocida como Espiral de
Arquímedes.
En cuanto a la espiral logarítmica, es una for-
ma expresiva maravillosa y constante, desde las for-
mas naturales más simples, hasta las más comple-
jas dentro de la composición geométrica espiral de
las galaxias. El erudito A. G. Mackey, nos comenta
de forma muy detallada acerca de esta escalera de
caracol en espiral, que conducía a la Cámara del
Medio. Son para A.G. Mackey, sus símbolos y ale-
gorías muy fértiles y de instrucción fecunda (Enci-
clopedia, Tomo II pág. 522-528). Escalera mística
que contiene en sí misma todo un rico y
complejísimo catálogo de la Ley de Proporciones
seminales establecida por el Gran Geómetra del
Universo.
Es gracias al sabio alemán, Enrique Cornelius
Agrippa von Nettesheim (1486-1535), —bebiendo
en sabiduría de la inagotable fuente del Verbo Mi-
rífico de J ohann Reuchlin y del Abad Trithemius
de Sponheim— quien había establecido en su obra;
De Occulta Philosophia Libri Tres o Tres Libros
de La Filosofía Oculta (1531), la certera opinión
que la arquitectura y la geometría —al igual que la
El Hombre en su
complejo y
geométrico
diseño corporal,
siguen este
patrón cósmico y
arquitectónico.
LECTURAS
VITRIOLVM |18
Bendita y Santa Kabbalah— tenían su significado
profundo y de una manera muy especial, en delica-
das combinaciones simbólicas con la geometría
constructora del Templo de Salomón.
Estos modelos gráficos del Templo (Retrato del
Templo de Selomoh; Middelburg, 1642) comien-
zan a enriquecerse por la mística cabalística de los
sabios —J ajam o Hakham— como J acob J udah
Aryeh León Templo (1603-1675). A él se le atribu-
ye el trabajo heráldico del Escudo de Armas de La
Antigua Gran Logia (Grand Lodge of Free and
Accepted mason According to the Old Institutions).
Posiblemente fue él quien trabajó de forma esmera-
da el escudo que aparece en el Ahiman Rezon de
Dermott para 1764.
Según ellos, los venerables sabios de la Pala-
bra y Letra Sagrada, la escala como «Scala
Naturae», representa los amplios niveles
cabalísticos o estados de progreso espiritual. Ese
poderoso árbol sefirótico logra integrarse y asimi-
larse, como todo un sistema de ascenso formal y
metódico, en una cadena áurea. Muy inmerso todo
este fecundo proceso, en la compleja simbología de
la escalera, la cual, logra sostenerse firmemente, por
sus dos principios o columnas cabalísticas. Ambas
emanan refulgentes del Poder Emisor, el Shem
Hameforash, de la Mashaba o Corona sefirótica (C.
Knorr von Rosenroth, Kabbalah Denutata, Sulzbach,
1648).
Son dos principios, semejantes a dos columnas
bipolares, que se reafirman establecen y fortalecen
en fuerza, como dos fuertes piernas (J. B.). Con ellas
se logra establecer y reafirmar el pórtico del templo
y la forma del cuerpo glorioso del Shekinah o «for-
mas de la Majestad» cuya Presencia Divina se en-
carna en el microcosmos del Hombre Templo. El
Divino Anthropos Hermético o Adam Kadmon nos
puede hablar a través de una Sabiduría o ciencia
esotérica (mecubbal-be-nistarot). Es de esta mane-
ra que para el Zohar: «Los Sabios son aquí abajo las
columnas del palacio celeste; y es gracias a su inte-
ligencia como los profanos (pro-fanum) pueden
entrever los esplendores del mundo». Así, de algu-
na forma, se regresaría a ella, a la esplendorosa y
Venerable Luz Suprema inmanente y trascendente
del Secreto en Dios {SOD} ‘ad en-sof’. Luz del
Kabod en esplendores, esparcida en luminosos des-
tellos y emanaciones gloriosas desde la Bendita
YOD. Formas de la majestad en refulgentes rayos y
middot divinas que proceden de la Pureza Divinal
de la Corona Kether. Albert Pike señalaba: «This
Divine Wisdom is comprehended in the letter YOD;
and YOD, it is said, is the beginning and the end of
all things. In IT all things are included» (Sephir
H’Debarim, The BooK of the Words, pág.122). De
esta forma se regresa ya ascendidos y totalmente
purificados por la poderosa kavaná, se regenera y
realiza el iniciado, al superar este proceso de caída
y reintegración (Romanos: 8:19-22). Se entra por
las dos columnas y se sale por entre ellas «ascendi-
dos» por esa escalera misteriosa del Kadosch. As-
censo y descenso son la misma cosa, decía Nicolás
de Cusa. El Zohar nos advierte: «Todo está unido a
todo hasta el extremo inferior en eslabones de la
cadena y la esencia verdadera de Dios está, a la vez,
arriba y abajo, en los cielos y en la tierra, y nada
existe fuera de Él». El eminente erudito A. G.
Mackey logra enriquecer el asunto al comentarnos:
«La escala de los Kabbalistas constaba de diez
Sephirotes o emanaciones de la Deidad… Esta es-
cala formaba la excepción al número acostumbra-
do de siete gradas o peldaños» (Enciclopedia de la
Francmasonería, Tomo II, pág. 521). En las escue-
las Mistéricas, como en las de Mitra, la escala y sus
peldaños simbólicos o escalones, lograban repre-
sentar los siete planetas y los siete metales -al igual
en la alquimia- como todo un conjunto cósmico-
astrológico alquímico y hermético (ver: A. G.
Mackey , Enciclopedia pág. 522). Esos peldaños,
contienen formas expresivas de sabiduría y de je-
rarquía celeste. Asimilan valiosos componentes
prácticos de la configuración espiritual del hombre
en su relación con una facultad superior de com-
prensión espiritual, la Sophia. Por cierto, Isaac
Newton creía que el Templo de J erusalén contenía
todo un código de proporciones arquitectónicas
Cósmicas (Freemasonry, The Reality; Tobias
Churton, pág. 85; 2007).
LECTURAS
VITRIOLVM | 19
U
NA reflexión sobre el significado simbólico
de la Piedra Bruta, sugiere una estrecha rela
ción con un sistema moral que la Masonería
nos enseña en torno a la perfección del hombre, en
la búsqueda del desarrollo espiritual y hacia las con-
ductas sociales basadas en valores, el respeto, la fra-
ternidad, la humildad, la tolerancia y los derechos
del individuo.
Este sistema moral es representado por la pie-
dra rudimentaria, que desde muy temprano, a nivel
de aprendiz, nos estimula a un incesante trabajo en
torno a las prácticas y doctrinas masónicas, en un
vehemente deseo de buscar la Verdad. De ahí la es-
trecha relación de sentido entre la Piedra y el Cuar-
to de Reflexión, negro en su apariencia, donde so-
bresale la antigua
fórmula alquímica
y hermética
V.I.T.R.I.O.L: «Vi-
sita Interior Terrae,
R e c t i f i c a n d o
Invenies Ocultum
Lapidem», (Visita
al Interior de la Tie-
rra, Rectificando
Descubrirás la Pie-
dra Oculta).
Pero la búsque-
da de la Verdad o el
descubrimiento de
un sentido superior de la vida como respuesta a
nuestra propia existencia, sólo es posible por me-
dio de una profunda indagación de nuestros senti-
mientos y la mejor disposición a un verdadero tra-
bajo interior. Es así cómo el trabajo masónico con-
siste simbólicamente en perfeccionar la existencia
humana, a través de un permanente y sucesivo pro-
ceso de transformación.
La «piedra bruta» constituye el símbolo del
Aprendiz, la «piedra cúbica» simboliza al Compa-
ñero y la «piedra cúbica en punta» al Maestro, las
cuales en su conjunto, simbolizan el motivo central
de la superación permanente y constante en la bús-
queda del pensamiento independiente y de la per-
fección.
Esta atribución de sentido simbólico al
moldeamiento de la piedra como unidad de toda
construcción, se basa en el trabajo realizado por los
antiguos masones operativos, verdaderos albañiles.
Los constructores medievales, que erigieron gran-
des edificaciones y catedrales góticas, adornaron
bellamente a Europa, cuya obra se aprecia hasta
nuestros días. Organizados en una orden con tradi-
ciones iniciáticas, basados en el estudio del
simbolismo, con un sistema conceptual del hom-
bre, de la vida y del universo, eligieron la piedra
como el elemento más sencillo y común, para legar
la enseñanza más significativa y trascendente: que
los hombres son perfectibles.
En las construcciones de Catedrales, la misma
comenzaba materialmente cuando la piedra, en su
estado más natural, recién cortada de su veta era
retirada de la cantera, para ser sometida al trabajo
de pulimento que el picapedrero debía realizar, a
fin de hacerla útil al plan constructivo a seguir, dán-
dole las debidas di-
mensiones y formas,
además del necesario
pulimento. Ello im-
plicaba una habili-
dad, un conocimien-
to, un arte y una for-
ma de vida.
Expresiva de
esta percepción de la
existencia humana, el
destacado Poeta y Al-
quimista Medieval,
Clovis Hesteau de
Nuycement en su
«Poema Filosófico de la Verdad de la Física Mine-
ral» editado en París en 1620, citado por Fulcanelli
en El Misterio de las Catedrales, escribe el siguiente
mensaje hermético:
«Ve por este camino, no por otro, te advierto.
Observa solamente las huellas de mi rueda
Y para dar a todo un calor igual,
No subas ni desciendas al cielo y a la tierra
Si demasiado subes, el cielo quemarás;
Si bajas demasiado, destruirás la tierra.
En cambio, si mantienes en medio tu carrera,
el avance es seguido y la ruta más segura».
Los aprendices buscamos y escogemos las pie-
dras que deben ser preparadas para la construcción
del templo y debemos empezar a moldearlas y dar-
le forma a golpe de cincel. Ello deberá ser continuo
y pausado, con inteligencia y disciplina, con pacien-
cia y dedicación, con una precisa fuerza que, golpe
a golpe de cincel, moldee gradualmente las partícu-
las de la piedra hasta desbastarla. Según sea la re-
LA PIEDRA BRUTA Y LA MORAL DEL APRENDIZ
Q∴ H∴ OCTAVIO TAPIA LU
R∴ L∴ Unión Fraternal Nº 21. Gran Logia de Panamá.
LECTURAS
VITRIOLVM | 20
sistencia de la piedra, el uso de la fuerza deberá es-
tar en equilibrio con el peso y la solidez de las he-
rramientas; el mazo y el cincel.
Es esta alegoría, la que justamente encierra el
motivo central de la existencia humana, cuyo es-
cultor es el propio Yo interno de cada uno hacia el
logro de la perfección, al fortalecimiento del espíri-
tu, aprender a disciplinar de manera constructiva
todas sus facultades, al conocimiento de uno mis-
mo y de las circunstancias que lo rodean. El logro
de la perfección, simbolizada en el pulimento de la
piedra, consiste en desprenderse de errores, prejui-
cios, odios, desarmonías e intransigencias, existen-
tes en la vida interna, así como de aquellas deriva-
das de las relaciones sociales entre los hombres, tales
como el «desorden profano», la oscuridad del fana-
tismo y la barbarie de la intolerancia.
Lograr la trascendencia a un plano más eleva-
do es cumplir con el elemental compromiso huma-
no de mejorar cada día, en todos los aspectos de su
existencia, modelando el carácter y el desarrollo de
la personalidad, de acuerdo a valores, como el cons-
tante progreso, la pasión por la sabiduría, el cono-
cimiento y el repudio de la ignorancia, la virtud, la
búsqueda de lo bello como alternativa, así como el
amor a sí mismo y a los semejantes.
De acuerdo a esta atribución de sentido simbó-
lico de la «piedra bruta», existe potencialmente en
cada persona, en su calidad de protagonista prima-
rio de la historia humana y de su propia vida, un
estado de perfección inherente, latente en todas sus
formas de expresión, la cual es necesaria recono-
cer, educar y hacer explícita por medio del trabajo,
el estudio y de la obra que masónicamente simboli-
za el desbastamiento de la piedra informe.
Ahora bien, desde nuestra perspectiva de apren-
diz masón, es en la «piedra bruta» donde se repre-
senta la fortaleza y la moral del Primer Grado, en la
actitud para aprender, del esfuerzo y dedicación que
en ello se ponga. Este es el principio y el funda-
mento en que descansa todo progreso, toda vez que
se efectúa reconociendo, asimilando y dominando
lo aprendido, a pesar de las circunstancias de la vida
y de la sociedad en que nos insertamos, con las res-
pectivas experiencias que se deriven de esta rela-
ción.
En la historia de la humanidad, han existido dis-
tintas formas de concebir la idea del perfecciona-
miento y la búsqueda de la felicidad, expresado en
el cambio cualitativo, por un lado, en sus relacio-
nes con los demás y por otro, desde la perspectiva
del crecimiento espiritual personal. Así, desde el he-
lenismo, el budismo, el cristianismo, el islamismo,
el renacimiento y la denominada modernidad, han
significado para la historia humana, distintos nive-
les y formas de interpretar la realidad social, las re-
laciones entre los hombres y su concepción de lo
trascendente.
En la sociedad de hoy, caracterizada por distin-
tas crisis estructurales, económicas, políticas, ideo-
lógicas y humanas, se manifiesta directa o indirec-
tamente, la pérdida de una de las aspiraciones his-
LECTURAS
VITRIOLVM | 21
tóricas entre los hombres: la búsqueda de la felici-
dad.
Por el contrario, el conjunto de las crisis han
estimulado en la sociedad moderna, el pesimismo,
la decadencia de valores, la atracción por lo efíme-
ro, el consumismo y la posesión material, el indivi-
dualismo, el hedonismo y la ausencia de sentimien-
tos de solidaridad y fraternidad.
La sociedad actual nos muestra que el interés
del individuo apunta al goce inmediato, al usufruc-
to de lo material como camino de la satisfacción
espiritual y a las relaciones sociales basadas en la
vanidad, la arrogancia, la prepotencia del poder y
de la abundancia, precipitando al hombre moderno
hacia una constante deshumanización.
En este contexto, la transformación interna del
Aprendiz Masón, a través del pulimento simbólico
de la piedra bruta, debe crear en su conciencia, la
necesidad de superar las condiciones de arrastre de
su materiali-
dad pasada y
actual, produc-
to de la vida
profana. El tra-
bajo de trans-
formación de
la piedra bruta,
significa si-
multáneamen-
te para el
aprendiz, la
transforma-
ción de sí mis-
mo en su con-
dición de ma-
són. Simbóli-
camente mue-
re para nacer a una nueva vida. He ahí su fortaleza
moral, en el descubrimiento de su unidad y esencia
interna, en la conciencia de su propio ser y la
estimulación de sentimientos nobles, lo cual impli-
ca un doble proceso psíquico, en permanente equi-
librio:
Por un lado, la capacidad intelectual de razo-
nar, de aprender de la experiencia, de reflexionar
en torno a ella e interpretarla, en miras a establecer
las formas de interacción entre la conciencia y lo
externo a ella. Por otro, el conocimiento intuitivo,
emocional, en otras palabras, el volcamiento al in-
terior de la conciencia.
Esta consiste en la faceta espiritual del pensa-
miento humano, que facilita acceder a un conoci-
miento superior, a través de tres etapas, según el
filósofo austriaco Rudolf Steiner, en su «Filosofía
de la Libertad», a saber: la preparación, que desa-
rrolla el sentido interior; la iluminación que hace
El trabajo de
transformación de la
piedra bruta, significa
simultáneamente para
el aprendiz, la
transformación de sí
mismo en su condición
de masón.
brotar la luz espiritual; y la iniciación, que estable-
ce el contacto con las altas realidades del espíritu.
Sin embargo, para acceder a un conocimiento
espiritual o superior, el aprendiz deberá asimilar y
experimentar en su conciencia, el sentimiento de la
enseñanza simbólica del pulimento de la piedra bru-
ta, es decir, la devoción, la vida interior y la calma
interior. Sólo de esta forma llegan a aflorar en la
conciencia del aprendiz, los valores de fraternidad,
de caridad y de tolerancia, los cuales nos hará más
dignos de nuestra condición de masones.
Por último, mientras más nos acerquemos a
nuestro ideal de perfección, seremos más humanos
y, paulatinamente, iluminándonos con la luz de nues-
tros hermanos para desbastar con certeros golpes la
piedra bruta, algún día seremos piedras cúbicas, tras-
cendiendo a planos superiores, para satisfacción de
nuestros propios retos, para beneficio de la huma-
nidad y para la gloria de la augusta institución
Masónica, como escultores de nuestros propios tem-
plos y destinos.
Fuente: http://rey-salomon.blogspot.com/
LECTURAS
VITRIOLVM | 22
E
N EL SIGLO XVI la guerra contra los he
rejes extranjeros tuvo por blanco a los
luteranos, y toda secta que propagara doc-
trinas heréticas de parecida índole era eliminada rá-
pidamente. Más adelante, entre los enemigos estu-
vieron los jansenistas, adversarios particulares de
los jesuitas, y la Inquisición continuó actuando con-
tra ellos incluso después de que la Compañía de
Jesús fuera expulsada de España en
1767 por oponerse a Carlos III. Las
ideas que emanaron de Francia bajo
la égida de la Ilustración, fueron su-
primidas implacablemente.
Cuando la Masonería inició una
rápida expansión en el decenio de
1730 y empezaron a fundarse Logias
en toda Europa, la Iglesia católica fue
presa de un pánico casi igual al que
los cátaros le infundieran varios si-
glos antes. En Roma, el día 28 de
abril de 1738, el Papa Clemente XII
promulgó el decreto contra los Ma-
sones que fue publicado por el in-
quisidor Pedro Romolatius. Su títu-
lo completo era La condenación de
la sociedad o conventículos De
Liberi Muratori, o de los Maso-
nes, bajo pena de excomunión ipso
facto; la absolución de la cual se
reserva exclusivamente al Papa, ex-
ceptuando en el punto de muerte. En este decreto se
describe pintorescamente a los Masones como hom-
bres que <<irrumpen como ladrones en la casa, y
como zorros, se esfuerzan por arrancar la viña>>,
usando un lenguaje casi bíblico, lo que era señal de
que representaban una amenaza seria para la hege-
monía de la Iglesia católica. El decreto continúa di-
ciendo:
«Deseamos además y ordenamos, que tanto
obispos como prelados superiores, y otros ordina-
rios de lugares particulares, como los inquisidores
de la depravación herética universalmente designa-
dos de cualquier estado, grado, condición, orden,
dignidad , o preeminencia, procedan e inquieran, y
restrinjan y coerzan a los mimos, tan vehemente-
mente sospechosos de herejía, con merecido casti-
go».
Los efectos de este decreto expresado en len-
guaje de la Iglesia medieval fueron inmediatos: el
oficial de la Logia de Roma, que había celebrado su
última reunión el día 20 de agos-
to de 1737, fue detenido por la
Inquisición «para aterrorizar a
los demás»; en Florencia, un
hombre llamado Crudeli fue de-
tenido, encarcelado y torturado por
la Inquisición, que le acusó de ha-
ber dado asilo a una Logia
masónica. La Inquisición españo-
la se apresuró a seguir el ejemploe
incrementó la vigilancia de que
hacía objeto a los Masones en Es-
paña y Portugal. En 1742 un Ma-
són francés llamado J acques
Mouton y un inglés nacido en
Suiza, J ohn Coustos, fueron
apresados en Lisboa. Todos los
recursos disponibles fueron lan-
zados contra este nuevo enemi-
go en un momento de inactivi-
dad relativa de la Inquisición.
Cuando en 1751 se promulgó
otra bula renovando las estipulaciones del decreto
de Clemente XII, un inquisidor español llamado
Pedro Torrubia se introdujo en la Masonería. Fue
Iniciado en ese mismo año y permaneció en ella el
tiempo suficiente para informarse bien del ritual
Masónico y de los nombres de los suscriptores de
la Logia. «No pudiéndoseles acusar de ninguna in-
moralidad, nombró para que fuesen castigados a los
miembros de noventa y siete Logias, sin ningún pre-
texto; y como él mismo era el acusador, el testigo y
el juez, la totalidad de ellos fueron sometidos a tor-
tura en el potro».
LA PERSECUCIÓN A LOS MASONES
LECTURAS
Del libro Los Secretos de la Inquisición, hemos tomado para reproducirlo un
capítulo dedicado a la persecución de los Masones, páginas 198 a 202. Este libro
que recomendamos especialmente, relata la Historia y legado del Santo Oficio,
desde Inocencio III a Juan Pablo II. Su autor Edward Burnan, un inglés nacido en
Cambridge, con estudios de filosofía en la Universidad de Leeds, actualmente se
dedica al estudio de las herejías del siglo XIII. La obra ha sido editada por
Ediciones Martínez Roca, S. A. Barcelona, España, 1988.
VITRIOLVM | 23
La mayor acusación que se lanzó contra los ma-
sones era la de ser una sociedad secreta y, por lo
tanto, «sospechosa de herejía oculta». Esta acusa-
ción paradójica, proferida por una de las organiza-
ciones más secretas y, por ende, literalmente ocul-
tas, era el origen de la estipulación según la cual los
«juramentos de secretismo en cuestiones ya conde-
nadas quedan por este medio anulados y pierden su
obligatoriedad». La persecución que sufrieron los
Masones refleja el temor y la incertidumbre pro-
funda que anidaban en la sociedad española más
que cualquier peligro real que representara la Ma-
sonería.
El más célebre de los prisioneros Masónicos
fue John Coustos, a quien ya hemos citado. En 1746,
Coustos publicó en Londres The Sufferings of J ohn
Coustos, for Free-Masonry , and for his refusal to
turn Roman Catholic, under the Inquisition at
Lisbon. Su crónica, teñida por el odio que le inspi-
raba la Inquisición, y quizá exagerada si tenemos
en cuenta que fueron pocos los Masones persegui-
dos así, es interesante porque da muchos detalles
sobre el procedimiento inquisitorial en fecha tan
avanzada. Coustos nació en Berna, pero se natura-
lizó inglés y vivió veintidós años en Londres antes
de irse a Portugal, donde trabajó de diamantista.
Llegó a Lisboa en 1742, en el momento culminante
de las persecuciones contra la Masonería a raíz del
decreto del Papa Clemente, y cuenta que al princi-
pio sus cartas eran censuradas. Luego la Inquisi-
ción decidió «apresar a uno de los principales Ma-
sones de Lisboa», y Coustos, que ya era Maestro de
la Logia, fue elegido junto con su amigo Alexandre
Lacques Mouton. Primero detuvieron a Mouton y
luego al propio Coustos, en la noche del 5 de marzo
de 1743, en un café.
Coustos comenta lacónicamente: «Los Portu-
gueses, y muchos extranjeros, tienen tanto miedo a
los incidentes siniestros que ocurren a menudo en
Lisboa durante la noche, especialmente a una per-
sona que se aventure a salir sola, que a pocos de
ellos se les encuentra en las calles de esta ciudad a
horas tan avanzadas».
Después de registrarle, le tuvieron encerrado
varios días en una celda; durante su permanencia
en ella, le afeitaron y le cortaron el pelo. Con la
cabeza rapada, le llevaron ante el presidente y cua-
tro inquisidores para un interrogatorio preliminar.
Coustos dio información sobre su nombre, lugar de
nacimiento, religión y oficio. Luego, tras
suspenderse el interrogatorio durante otros tres días,
prosiguió la paciente degradación. Al comparecer
de nuevo ante el tribunal, le preguntaron si había
examinado su conciencia y descubierto alguna trans-
gresión contra el Santo Oficio en el pasado. Al dar-
se cuenta de que le estaban acusando de pertenecer
a la Masonería, Coustos recitó una breve historia
de la hermandad. La astucia de los inquisidores se
hizo manifiesta cuando sugirieron «que tenían la
firme opinión de que la Masonería no podía fundar-
se en principios tan buenos como los que yo había
afirmado en los interrogatorios anteriores: y que, si
esta sociedad de los Masones eran tan virtuosa como
yo decía, no había motivo para que ocultaran tan
laboriosamente sus secretos».
Coustos fue acusado formalmente de ser Ma-
són, «siendo esta secta una horrible mezcla de sa-
crilegio y muchos
otros crímenes abo-
minables», y de afir-
mar que la Masone-
ría era un bien en sí
misma, «por lo cual
el procurador de la
Inquisición requiere,
que el citado prisio-
nero sea procesado
con el máximo rigor;
y a este efecto, desea
que el tribunal ejerza
toda su autoridad, e
incluso proceda a tor-
turas, para arrancarle
una confesión...».
Luego encerraron a
Coustos en su maz-
morra otras seis se-
manas, antes de com-
parecer ante el inqui-
sidor general portu-
gués, el cardenal Da
Cunha. Al negarse
otra vez a justificar su posición, le amenazaron con
torturarle:
«A esto fui llevado inmediatamente a la cáma-
ra de torturas, construida en forma de torre cuadra-
da, donde no aparecía luz alguna, salvo la que da-
ban dos bujías; y para impedir que los horribles gri-
tos y espantosos quejidos de las infelices víctimas
llegasen a oídos de los demás presos, las puertas
estaban forradas con una especie de colcha».
LECTURAS
VITRIOLVM | 24
Coustos fue sometido al tormento del potro
hasta que sus ligaduras hicieron brotar sangre. En-
tonces le dejaron en su celda durante seis semanas
más, antes de someterle al trato de cuerda. Después
de otros dos meses, fue llevado de nuevo a la cáma-
ra de tortura para aplicarle un nuevo tormento:
«Los torturadores rodearon dos veces mi cuer-
po con una gruesa cadena de hierro, la cual, cruzan-
do por encima de mi estómago, terminaba luego en
mis muñecas. Seguidamente apoyaron mi espalda
contra una gruesa tabla, en cada uno de cuyos ex-
tremos había una polea por la que pasaban una soga
que sujetaba los extremos de las cadenas en mis
muñecas. Luego los torturadores, estirando estas
sogas mediante un rodillo, apretaron o magullaron
mi estómago, a medida que se juntaban las sogas.
Esta vez me torturaron hasta tal punto, que se me
dislocaron las muñecas y los hombros».
Después de esta tercera sesión, se dio por ter-
minada la tortura y el cirujano de la cárcel le vendó
las heridas.
La crónica refleja de forma muy viva el proce-
so continuo de humillación y espera. Después de
otro lapso de tiempo que no se especifica, el sábado
20 de junio de 1744 Coustos recibió la orden de
prepararse para el auto de fe que iba a tener lugar el
día siguiente. Eran unos miembros de la inquisi-
ción con la misión de buscar herejes vistiendo una
túnica amarilla con rayas encarnadas, acompañado
de familiares a izquierda y derecha, siguió en pro-
cesión a los dominicos por las calles de Lisboa. Fue
sentenciado a cuatro años de cautiverio en las gale-
ras, que le parecieron un gran alivio: él y sus com-
pañeros «nos creíamos las personas más felices de
la tierra»; es un alivio comprensible que puede com-
pararse con la felicidad que experimentó Pignata al
alcanzar la frontera de Nápoles. Continúa Coustos:
«La libertad que tenía de hablar con mis ami-
gos, después de haberme visto privado incluso de
verles durante mi tediosa e infortunada permanen-
cia en la cárcel de la Inquisición; el aire libre que
respiraba ahora, con la satisfacción que sentía al
verme libre de las temibles aprensiones que siem-
pre cubrían mi pensamiento, cuando quiera que re-
flexionase sobre la incertidumbre de mi destino;
estas circunstancias, unidas, hicieron que para mí
los trabajos de la galera fueran mucho más soporta-
bles».
Sus palabras ponen de relieve que la aprensión
y la incertidumbre eran lo que más afligía a los pri-
sioneros de la Inquisición. La tortura psicológica
era mucho peor que los efectos de los instrumentos
de tortura física, que tanto impresiona a los lectores
modernos.
Lo peor había pasado ya. Coustos pudo sobor-
nar a los guardianes para que le eximieran del tra-
bajo cotidiano de la galera, que transportaba agua a
LECTURAS
otras prisiones. El ministro británico en Lisboa tocó
algunos resortes diplomáticos y se presentó una
petición de libertad al rey de Portugal. Coustos fue
puesto en libertad a finales de octubre de 1744, sin
cumplir toda la sentencia.
Sin esperar permiso, pues temía que los portu-
gueses se echaran atrás, partió a bordo de un barco
holandés que se encontraba cerca de la costa de Lis-
boa y en él volvió a Inglaterra. Por fin se había li-
brado de lo que él llama «esa infernal banda de frai-
les».
Pero la persecución de Masones continuó. El
miedo que inspiraban se intensificó durante los años
que siguieron al paso de Coustos por la cárcel, e
incluso se llegó a identificarles con sectas maniqueas
o dualistas: otro eco lejano de los cátaros. En 1752
se publicó un panfleto con el título de «Verdadera
cronología de los Maniqueos que aún existen con
el nombre de Francmasones». Poco después, esta
paranoia fomentó la creencia de que los Masones
estaban detrás de la Revolución Francesa. Según
un historiador español de la época, Llorente era
Masón, por lo que sus motivos para publicar una
historia crítica de la Inquisición española eran sos-
pechosos: los sentimientos contra él eran especial-
mente fuertes, porque se pensaba que la abolición
del Santo Oficio formaba parte de un complot
Masónico cuyo objetivo era descatolizar España.
La abolición sería la primera maniobra de esta
supuesta estrategia.
VITRIOLVM | 25
LECTURAS
01. Creo que la unidad del hombre, a diferencia de
otros seres vivientes, se debe a que el hombre es la
vida consciente de sí misma. El hombre es cons-
ciente de sí mismo, de su futuro, que es la muerte;
de su pequeñez, de su impotencia. Es consciente
del otro en cuanto otro. El hombre está en la natura-
leza, y sometido a sus leyes, aunque la trascienda
con el pensamiento.
02. Creo que el hombre es consecuencia de la evo-
lución natural: que ha nacido del conflicto de estar
preso y separado de la naturaleza y de la necesidad
de hallar unidad y armonía con ella.
03. Creo que la naturaleza del hombre es una in-
coherencia, debida a las condicio-
nes de la existencia humana, que
exige buscarle soluciones, las cua-
les a su vez crean nuevas incohe-
rencias y la necesidad de nuevas
soluciones.
04. Creo que toda solución a es-
tas incoherencias puede cumplir
realmente la condición de ayudar
al hombre a superar el sentimien-
to de separación y a lograr un sen-
timiento de concordancia, comu-
nidad y participación.
05. Creo que, en toda solución a
estas incoherencias, el hombre
sólo tiene la posibilidad de esco-
ger entre avanzar o retroceder.
Estas opciones, que se manifies-
tan en actos precisos, son medios
para rebajar o para desarrollar la
humanidad que tenemos dentro.
06. Creo que la alternativa fundamental para el hom-
bre es la elección entre «vida» y «muerte», entre
creatividad y violencia destructiva, entre la reali-
dad y el engaño, entre la objetividad y la intoleran-
cia, entre fraternidad con independencia y dominio
con sometimiento.
07. Creo que podemos atribuir a la «vida» el signi-
ficado de continuo nacimiento y constante desarro-
llo.
08. Creo que podemos atribuir a la «muerte» el sig-
nificado de suspensión del desarrollo y continua
repetición.
09. Creo que, con la solución regresiva, el hombre
trata de encontrar la unidad librándose del insopor-
table miedo a la soledad y a la incertidumbre, desfi-
gurando lo que lo hace humano y lo atormenta. La
orientación regresiva se desarrolla en tres manifes-
taciones, juntas o separadas: La necrofilia, el narci-
sismo y la simbiosis incestuosa.
Por necrofilia entiendo el gusto por todo lo que es
violencia y destrucción : el deseo de matar, la ado-
ración de la fuerza, la atracción por la muerte, el
suicidio y el sadismo y el deseo de transformar lo
orgánico en inorgánico sometiéndolo al «orden». El
necrófilo, por carecer de las cualidades necesarias
para crear, en su impotencia encuentra más fácil
destruir, porque para él sólo una cualidad tienen
valor: la fuerza.
Por narcisismo entiendo
la falta de un interés
autentico por el mundo
exterior y un intenso
apego a uno mismo, al
grupo, clan, religión, na-
ción, raza, etc., con gra-
ves distorsiones del jui-
cio racional. En general,
la necesidad de satisfac-
ción narcisista deriva de
la necesidad de compen-
sar una pobreza material
y cultural.
Por simbiosis incestuosa
entiendo la tendencia a
seguir ligado a la madre
y a sus equivalentes : la
estirpe, la familia o la tri-
bu ; a descargarse el in-
soportable peso de la
responsabilidad, la liber-
tad y la conciencia, para ser protegido y amado en
un estado de seguridad con dependencia, que paga
el individuo con el cese de su propio desarrollo hu-
mano.
10. Creo que, escogiendo avanzar, el hombre puede
encontrar una nueva unidad mediante el pleno de-
sarrollo de todas sus energías humanas, que se mues-
tran en tres orientaciones, juntas o separadas: la
biofilia, el amor a la humanidad y a la naturaleza y
la independencia y libertad.
11. Creo que el amor es la llave principal para abrir
las puertas al «crecimiento» del hombre. El amor y
la unión a alguien o algo fuera de uno mismo per-
mite trabar relaciones con otros, sentirse uno con
otros, sin reducir el sentido de integridad e inde-
EL CREDO HUMANISTA
Fragmentos del libro El Humanismo como Utopía Real.
ERICH FROMM
VITRIOLVM | 26
LECTURAS
pendencia. El amor es una orientación positiva, para
la cual es esencial que se hallen presentes al mismo
tiempo la solicitud, la responsabilidad, el respeto y
el conocimiento del objeto de unión.
12. Creo que la experiencia del amor es el acto más
humano y humanizador que es dado gozar al hom-
bre y, como la razón, carece de sentido si se entien-
de de manera parcial.
13. Creo en la necesidad de «liberación» de los la-
zos, externos o internos, como condi-
ción para poder tener la «libertad» de
crear, obrar, querer saber, etc., para
poder llegar a ser un individuo libre,
activo y responsable.
14. Creo que libertad es la capacidad
de obedecer la voz de la razón y del
conocimiento, en contra de las voces
de las pasiones irracionales. Es la
emancipación que libera al hombre y
lo pone en el camino de emplear sus facultades ra-
cionales y de comprender objetivamente el mundo
y el papel que en éste representa.
15. Creo que la «lucha por la libertad» tiene, en ge-
neral, el sentido excluido de lucha contra la autori-
dad impuesta sobre la voluntad individual. Hoy «lu-
cha por la libertad» debe significar liberarnos, indi-
vidual y colectivamente, de la «autoridad» a la que
nos hemos sometido «voluntariamente»: liberarnos
de las fuerzas interiores que exigen este sometimien-
to porque somos incapaces de soportar la libertad.
16. Creo que la «libertad de elección» no siempre
es igual para todos los hombres en todo momento.
El hombre de orientación exclusivamente
necrofílica, narcisista o simbiótico incestuosa, pue-
de tomar sólo una opción regresiva. El hombre li-
bre, liberado de lazos irracionales, no puede tomar
ya una opción regresiva.
17. Creo que el problema de la libertad de elección
existe sólo para el hombre de orientaciones contra-
puestas, y que esta elección siempre está estrecha-
mente condicionada por deseos inconscientes y por
justificaciones tranquilizadoras.
18. Creo que nadie puede «salvar» a su prójimo de-
cidiendo por él. Únicamente podrá ayudarlo seña-
lándole alternativas posibles, con toda sinceridad y
amor, sin sensiblería ni engaño alguno. La concien-
cia intelectiva de las alternativas liberadoras puede
reavivar en un individuo sus energías ocultas y po-
nerlo en el camino en el que escoja la «vida», en
lugar de la «muerte».
19. Creo que la igualdad se siente cuando, al descu-
brirse uno mismo por completo, se reconoce igual a
otros y se identifica con ellos. Todo individuo lleva
la humanidad en su interior. La «condición huma-
na» es única e igual en todos los hombres, a pesar
de las inevitables diferencias de inteligencia, talen-
to, estatura, color, etc.
20. Creo que la igualdad entre los hombres se debe
recordar especialmente para evitar que uno se con-
vierta en instrumento de otro.
21. Creo que la fraternidad es el amor dirigido a
nuestros semejantes. No obstante, se quedará en
palabra hueca mientras no se hayan eliminado to-
dos los lazos «incestuosos» que impiden juzgar ob-
jetivamente al «hermano».
22. Creo que el individuo no puede entablar estre-
cha relación con su humanidad
en tanto no se disponga a tras-
cender su sociedad y a recono-
cer de qué modo ésta fomenta o
estorba sus potenciales humanas.
Si le resultan «naturales» las pro-
hibiciones, las restricciones y la
adulteración de los valores, es se-
ñal de que no tiene un conoci-
miento verdadero de la naturale-
za humana.
23. Creo que la sociedad ha chocado siempre con
la humanidad, aun teniendo una función a la vez
estimulante e inhibitoria. La sociedad no dejará de
paralizar al hombre y promover la dominación hasta
que su fin se identifique con el de la humanidad.
24. Creo que podemos y debemos esperar una so-
ciedad cuerda que fomente la capacidad del hom-
bre de amar a sus semejantes, de trabajar y crear,
de desarrollar su razón y un sentido real de sí mis-
mo basado en la experiencia de su energía positiva.
25. Creo que podemos y debemos esperar la recu-
peración colectiva de una salud mental caracteri-
zada por la capacidad de amar y crear, por la libera-
ción de los lazos incestuosos con el clan y la tierra,
por un sentido de identidad basado en la experien-
cia que tienen de sí mismo el individuo como suje-
to y agente de sus facultades y por la capacidad de
influir en la realidad exterior e interior a uno mis-
mo, logrando el desarrollo de la objetividad y de la
razón.
26. Creo que, mientras parece que este mundo nues-
tro enloquece y se deshumaniza, cada vez más in-
dividuos sentirán la necesidad de asociarse y cola-
borar con quienes compartan sus preocupaciones.
27. Creo que estos hombres de buena voluntad, no
sólo deben hacerse una interpretación humana del
mundo, sino que también deben señalar el camino
y trabajar por su posible transformación: la inter-
pretación sin voluntad de reforma es inútil; la re-
forma sin previa interpretación es ciega.
28. Creo posible la realización de un mundo en que
el hombre «ser» mucho aunque «tenga» poco; un
mundo en que el móvil dominante de la existencia
no sea el consumo; un mundo en que el «hombre»
sea el fin primero y último; un mundo en que el
hombre pueda encontrar la manera de dar un fin a
su ida y la fortaleza de vivir libre y desengañado.
VITRIOLVM | 27
LECTURAS
D
URANTE siglos, en la Edad Media cristia
na, los edificios se erigieron con materiales
bastos y efímeros, como el adobe o la made-
ra. Eran construcciones por lo general de poca altu-
ra, de proporciones modestas, oscuras y poco resis-
tentes. Quedaban muy lejos los tiempos del Impe-
rio romano, con sus expertos ingenieros capaces de
levantar espléndidos edificios en piedra: murallas,
anfiteatros, templos, termas, acueductos, puentes...
No fue hasta el siglo XI cuando la contemplación
de esos modelos de la Antigüedad inspiró una ar-
quitectura que volvía a basarse en la piedra y que
imitaba las soluciones arquitectónicas del ilustre
pasado romano como el arco de medio punto, la
bóveda de cañón y la de aristas. Así pudieron cons-
truirse edificios «al estilo romano» –de ahí el térmi-
no de arte románico– como no se habían vuelto a
erigir desde hacía siglos: castillos, puentes y pala-
cios, iglesias y ermitas, y, sobre todo, catedrales.
Décadas más tarde, el gótico dio un nuevo impulso
a la arquitectura en piedra. Un nuevo tipo de arco,
el ojival, permitió cubrir de vidrieras casi por com-
pleto las paredes, que ahora ya no sostenían la cu-
bierta, cuyo peso descansaba en pilares y gruesos
contrafuertes. Se inauguró, así, la edad de oro de
las catedrales, máxima expresión del esplendor de
la cultura medieval, y también de aquellos que cons-
truyeron estos edificios a lo largo y ancho de toda la
Cristiandad: los arquitectos y los canteros, llama-
dos en francés maçons, masones.
La construcción de estos edificios de piedra su-
ponía una empresa colectiva muy compleja y cos-
tosa, y un alto grado de especialización técnica y
división del trabajo. Al frente se hallaba un perso-
naje clave: el arquitecto, denominado por lo gene-
ral «maestro de obras», aunque en alguna ocasión
LA CONSTRUCCIÓN
DE LAS GRANDES CATEDRALES
J OSÉ LUIS CORRAL. UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA,
Fuente: http://www.nationalgeographic.com.es
Historia NG Nº 102.
Maestros de obras y albañiles crearon las grandes catedrales
góticas y sus ritos dieron origen a la moderna masonería.
MASONES, LOS CONSTRUCTORES
DE CATEDRALES
VITRIOLVM | 28
LECTURAS
también es citado como arquitector. Era un oficio
muy selecto, al que se llegaba al término de un as-
censo en la jerarquía de los gremios, tras superar un
duro examen en el que otros maestros juzgaban a
los que pretendían alcanzar ese nivel.
El maestro, el artífice del templo
En la época del románico, los maestros de obras
ya estaban muy bien considerados y gozaban de gran
prestigio social, aunque san Benito, en el capítulo
57 de su regla monástica, había indicado que quie-
nes trabajasen en las obras del monasterio deberían
hacerlo con total humildad. Esa reputación se refor-
zó en la época del gótico, en la que los arquitectos
aparecían como quienes podían construir en la tie-
rra la verdadera obra de Dios: la catedral gótica.
Ser maestro de obras requería poseer amplios
conocimientos técnicos. Por un lado, el arquitecto
elaboraba el plan del edificio, que presentaba al pro-
motor de la obra, fuera éste un noble, un rey o un
eclesiástico. En este último caso, la financiación se
obtenía por las rentas que recaudaba la llamada «fá-
brica», institución integrada por el obispo y el ca-
bildo de canónigos de la catedral, encargada de apro-
bar los proyectos presentados por el maestro.
Pero la tarea del maestro de obras no se limita-
ba a hacer los planos. Como un auténtico empresa-
rio, contrataba a los operarios que intervendrían en
los trabajos, con los que constituiría un taller que se
mantendría mientras durase la obra. La contratación
se hacía a menudo en función de la oferta y la de-
manda. Por ejemplo, en el siglo XIV un maestro de
obras de París llamado Raymon asumió el encargo
del obispo de Beauvais de construir un colegio para
su diócesis en la capital. Raymon «redactó un infor-
me sobre la forma, los materiales y la profundidad
del edificio, y lo mandó copiar a su secretario y lo
expuso en la plaza del Concejo para que la obra y el
presupuesto fueran conocidos por todos los obreros
solventes y competentes que quisieran participar en
la obra y llevarla a buen término al precio más bajo».
Así fueron seleccionados J ean le Soudoier y Michel
Salmon, «maçons y talladores de piedra», por el pla-
zo acordado, pero advirtiendo de que si pasado éste
surgía una oferta más económica se cambiaría el
equipo.
El maestro de obras debía ser experto en la or-
ganización del trabajo, pues a menudo tenía que di-
rigir equipos de trabajadores muy amplios. En la
construcción de una catedral participaban unas tres-
cientas personas de diversos oficios y se sabe de
casos en que los obreros superaron el millar. El tra-
bajo tenía que estar bien coordinado y dirigido para
evitar que se retrasaran o interrumpieran las obras.
Asimismo, el maestro de obras debía tener conoci-
mientos muy variados para dirigir y, en su caso, co-
rregir, a carpinteros, escultores, vidrieros, pintores,
incluso herreros e ingenieros. Y también debía sa-
ber de economía para evitar el colapso de los traba-
jos por una mala planificación.
Los artistas de la piedra
Los obreros empleados en cada obra eran de
diversos tipos y tenían diferentes niveles de cualifi-
cación. Los porteadores eran a menudo jornaleros o
trabajaban a destajo, y se les contrataba en el lugar.
Los amasadores de mortero, en cambio, recibían una
paga más elevada. En lo más alto del escalafón es-
taban los maçons, maestros y albañiles, encargados
de dar forma a la piedra, desbastarla y poner cada
sillar en su sitio. Hay documentos que muestran las
diferencias de salarios entre los trabajadores. A fi-
nales del siglo XIII, en Autun, los simples manobras
cobraban siete dineros; los fabricantes de mortero,
entre 10 y 11, y los maçons y talladores de piedra
cobraban de 20 a 22 dineros.
Durante el románico los maçons estaban aso-
ciados con instrumentos de precisión, como escua-
dras, cartabones, cuerdas anudadas y plomadas, que
sólo ellos sabían usar y con los que tallaban sillares
bien escuadrados para muros y bóvedas. Además,
los canteros podían ser auténticos escultores; talla-
ban figuras humanas y de animales, formas vegeta-
les y geométricas para decorar portadas, ventanas,
fachadas, capiteles y ménsulas. En la construcción
de la catedral de Santiago de Compostela, a princi-
VITRIOLVM | 29
LECTURAS
pios del siglo XII, trabajaban unos cincuenta cante-
ros, bajo la dirección del maestro Bernardo el Viejo
y de su ayudante Roberto; las obras fueron remata-
das medio siglo más tarde, en 1183, por el maestro
Mateo, autor del famoso pórtico de la Gloria.
El masón era un trabajador libre o franco: de
ahí el término francés francmaçon o, en inglés,
freemason. El oficio se acabó de perfilar coincidien-
do con el apogeo de la arquitectura gótica, a lo lar-
go de los siglos XII y sobre todo en el siglo XIII. Su
carrera profesional comenzaba como aprendiz, a los
13 o 14 años. Se le encomendaban los trabajos más
sencillos, bajo la supervisión de expertos.
Tras unos cinco años, y siempre que demostra-
ra buenas maneras en su oficio, se convertía en ofi-
cial, título que otorgaba el maestro. En ese momen-
to, a los 19 o 20 años, ya podía realizar trabajos
especializados, bien como cantero o bien como es-
cultor, si tenía la habilidad requerida. Su prestigio
se reflejaba en el hábito de firmar sus sillares con
signos específicos, las marcas de cantero, cuyo sig-
nificado sigue debatiéndose entre los historiadores.
Una catedral gótica era la suma total de cada
una de las especialidades necesarias en el arte de la
construcción, pero de todas ellas la de los masones
era la principal. Era un masón quien colocaba la
primera piedra del edificio, la angular o de funda-
ción, normalmente en la base de la cabecera de la
catedral, y también era un masón quien culminaba
la obra con la colocación de la última piedra, la an-
gular o clave de bóveda.
Era, así, el ejecutor del principio y del fin, el
alfa y el omega de la catedral.
En cierto modo, su trabajo en la tierra era equipara-
ble al de Dios en el cielo. Dios era el sumo arqui-
tecto, el constructor del universo y su forma, y el
maestro masón era su homólogo mortal. No en vano
una catedral gótica se consideraba la representación
de la obra de Dios en la tierra. Un maestro cons-
tructor era una especie de mago, un alquimista ca-
paz de emplear materiales cotidianos y simples para
construir a partir de ellos una obra celestial y ex-
traordinaria.
Para saber más
Catedrales góticas. Olga Pérez Monzón, J aguar,
Madrid, 2003.
El número de Dios. J osé Luis Corral, Edhasa, Bar-
celona, 2004.
Los pilares de la tierra. Ken Follet, Plaza y J anés,
Barcelona, 1991.
VITRIOLVM | 30
LECTURAS
VITRIOLVM | 31
S
E DICE que siendo niño, Leonardo da Vinci
buscaba ser obsequiado por su padre con ob
jetos por los cuales manifestaba vivo interés.
El problema era que el padre viajaba con relativa
frecuencia y, cuando volvía al hogar, descubría que
dicho interés había cambiado, que si al irse el niño
tenía curiosidad por la vida y su funcionamiento, al
regresar tenía en la mecánica la fuente de su curio-
sidad, o en los animales mitológicos o en la historia
sacra. Así, aquello que el padre traía consigo —li-
bros, pequeñas máquinas, acaso especímenes dise-
cados o un testimonio recogido en alguna taberna—
se revelaba si no inútil, al menos atrasado con res-
pecto a las inquietudes de su hijo, siempre en movi-
miento, siempre en otra cosa.
La historia puede o no ser verdadera, pero sin
duda es verosímil. Leonardo es el hombre
renacentista por antonomasia —una distinción que,
paradójicamente, no es fácil otorgar pero al mismo
tiempo parece incontrovertible—, aquel en quien
la curiosidad del humanismo se manifestó con ma-
yor autenticidad y provecho.
Sin embargo, también es cierto que esta misma
celebridad nos impide ver realmente la obra de
Leonardo, tanto la consumada como la que solo pro-
yectó. Sus pinturas y sus bocetos se han reproduci-
do tantas veces, su genialidad ha sido tan
publicitada, que pareciera ya nada puede sorpren-
dernos cuando se habla del hombre.
Este proceso, sin embargo, no parece casual.
Parte esencial del misterio es ocultarse en lo obvio
y lo evidente, en esa especie de superficie profunda
asequible solo a los iniciados en el conocimiento
específico: «llamad y se os abrirá».
Así, Leonardo y su obra son también objeto de
una curiosidad que va más allá del humanismo en
el sentido aséptico que este adquirió con los años.
No olvidemos que el Renacimiento es la época in-
mediatamente posterior al llamado «oscurantismo»
de la Edad Media, una forma más bien injusta de
LEONARDO DA VINCI
Y LAS SOCIEDADES SECRETAS
¿En qué medida el genio indiscutible de Leonardo da
Vinci comulgó con el conocimiento que solo se otorga a
los iniciados en el Misterio? ¿Es posible disociar su obra
del misticismo impreso en los símbolos que se ofrecen
con aparente inocencia al espectador?
POR SALVATORE MUNDI
(Mitos y misterios del gran genio renacentista)
«Nessuna cosa si può amare nè odiare, se
prima non si ha cognition di quella».
[«No se puede amar ni odiar nada si antes no
se ha llegado a su conocimiento»]
LEONARDO DA VINCI.
Fuente: http://pijamasurf.com
LECTURAS
VITRIOLVM | 32
calificar todo un periodo del pensamiento europeo
cuyo pecado, cuya falta, es no comulgar con los
valores del racionalismo que imperaría a partir de
los siglos siguientes. En este sentido, es obvio que
la transición no fue límpida ni las nuevas maneras
de pensar acabaron instantáneamente con prácticas
heredadas del pasado y que, paralelamente, la figu-
ra de da Vinci connote cierta iluminación.
De ahí esa cualidad mistérica, oculta, que en
ocasiones se ha atribuido a la obra de Leonardo,
ligando parte de su genialidad a un sistema más
amplio que toma la forma de una sociedad secreta,
una comunidad poseedora de un conocimiento que
entrega solo a los probos (como Newton y su pre-
tendida rela-
ción con los
rosacruces).
Es cierto:
Leonardo
pintó La úl-
tima cena,
¿pero esta
sería la mis-
ma sin el cú-
mulo de sig-
ni fi cados
que se agol-
pa ante el
espectador
con aparente inocencia?
Da Vinci, la gran imagen que tenemos de la
genialidad omni-abarcante, que se extiende sobre
todos los ámbitos con pinceladas luminosas, cauti-
va también por su método, hasta el punto de que
históricamente se le ha atribuido cierta conexión con
el misticismo. Sus técnicas para maximizar el inte-
lecto, que hoy podrían ser parte de una revista de
salud y de ciencia, en una época anterior parecen
frutos de la preclaridad y del ocultismo. Una figura
de su inmensidad siempre se recarga de un aura de
misterio. Casi un superhéroe antes de la cultura pop.
Parte de las conexiones no del todo comproba-
das, alimentadas por los bestsellers que existen en
torno al genio de Leonardo, lo relacionan con dos
hermandades: por un parte los misterios de Mitra y
por otra el Priorato de Sion
De la primera, conocida como mitraísmo y con-
siderada incluso una religión, sus orígenes se pier-
den en la Antigüedad mediterránea, pero si sobre-
vivió hasta la época de Leonardo fue por su amplia
presencia entre la milicia romana y también por los
muchos símbolos que lo hermanaron secretamente
con el cristianismo. Los soldados de las legiones
eran especialmente devotos de Mitra, una divini-
dad cuyo origen algunos sitúan en Asia Menor, con-
cretamente entre el enigmático pueblo de los hititas,
vencedores en un par de ocasiones de los ejércitos
faraónicos, aunque igualmente otras fuentes la iden-
tifican con un dios védico de la luz.
Entre las varias características que distinguen
al mitraísmo es que el culto se llevaba a cabo en
cavernas naturales o construcciones que las imita-
ban. En cierta forma este era el vínculo con los gran-
des misterios de la antigüedad —por ejemplo, los
de Eleusis o los de Isis—, los cuales comparten ese
rasgo de sustraerse a la mirada del común, de llevar
a los iniciados y los Maestros a un rincón apartado
pero al mismo tiempo íntimo, donde confluyen esas
potencias del mundo que rigen invisiblemente el
universo.
Por otro lado, en los misterios de Mitra hay una
base simbólica que permitió cierta mímesis con la
nueva religión con pretensiones de hegemonía: el
cristianismo. Como en esos trabajos artesanales de
los pueblos conquistados donde bajo los rasgos de
la nueva deidad se disimulan los de la antigua, así
el mitraísmo pareció asimilarse con los seguidores
de J esús, gracias a circunstancias como que ambos
creían en un ser salvador, la trasposición de la car-
ne y la sangre de la víctima sacrificada en pan y
vino o, como también en el caso de Isis y Horus, el
nacimiento de un hombre del vientre de una virgen,
su muerte y su posterior resurrección, además de
otros quizá menos trascendentes (como la consa-
gración del domingo como día dedicado al culto de
la divinidad, o la de la principal festividad de esta
el 25 de diciembre) pero igual de importantes en la
práctica, al momento de asegurar el paso más o
menos indemne del conocimiento custodiado al
nuevo suelo donde florecerán sus perlas.
Por otro lado, en el caso del Priorato de Sion,
se trata de una sociedad que también plantea un se-
rio desafío a los límites de realidad y fantasía, de
mentira y verdad, de posibilidad y hecho fáctico.
Algunos sitúan su fundación en la década de 1950
en Francia, por Pierre Plantard, un dibujante que
bosquejó la historia de la cofradía con supuestos
fines lúdicos, sembrando la interrogante sobre la rea-
lidad de su existencia. ¿Pero no es una broma, una
ficción, una de las mejores estrategias para ocultar
una verdad y un asunto serio? «Con el anzuelo de la
mentira pescarás la carpa de la verdad», escribió
Shakespeare en Hamlet. ¿»No ha existido nunca y
no existirá», como «La Lotería de Babilonia» de
Borges?
Lo interesante del Priorato de Sion es que den-
tro del tejido de la mitología esotérica se considera
que una de sus principales misiones fue preservar
el Santo Grial, el recipiente donde según la leyenda
J osé de Arimatea recogió la sangre de Cristo. Solo
que esto no debe tomarse en sentido literal, sino
metafórico: el Santo Grial es, dentro de la
LECTURAS
simbología del Priorato de Sion, el vientre de una
mujer, donde efectivamente se guardó la sangre del
Salvador, que es otra forma de llamar a su descen-
dencia. Según esta genealogía, la dinastía de los
Merovingios, una de las 4 grandes y emblemáticas
dinastías del trono de Francia (junto a los
Carolingios, los Capeto y los Borbones) son here-
deros directos de Cristo, hijos después de varias
generaciones de María Magdalena y J esús, y por lo
tanto del Rey David.
En el sistema jerárquico del Priorato de Sion
—fantasía o historia secreta— los Grandes Maes-
tros incluyen a nombres como René d’Anjou, Robert
Fludd, Isaac Newton, Claude Debussy y J ean
Cocteau, destacando especialmente el de Leonardo
da Vinci, todos los cuales tienen en común la marca
de la genialidad, pero que comprenden una lista tan
dispar que evocan una sociedad más parecida a «La
Liga Fantástica» que a las logias masónicas.
Por esta razón, en este punto, la pregunta es en
qué medida el talento de Leonardo da Vinci partici-
pó de ese conocimiento reservado que da sentido a
la existencia de una sociedad secreta. En qué medi-
da, también, buscó transmitirlo por medio de sus
obras, como el Maestro que susurra al oído del ini-
ciado las palabras que este debe entender en ese mo-
mento, manifestando en sus pinturas una armonía
divina o dejando tal vez en sus investigaciones una
especie de código secreto.
Se dice que cuando los soldados romanos des-
truyeron el Templo de J erusalén y llegaron hasta el
Sancta Sanctorum, ahí donde se resguardaba, entre
otros tesoros, el Arca de la Alianza, el puente de
comunicación entre Yahvé y su pueblo elegido, en-
contraron este recinto último vacío. La Sabiduría
ya no estaba ahí, sino en la memoria de quienes
habían huido con la consigna de preservarla. ¿Fue
Leonardo obsequiado con este conocimiento? Y, en
dado caso, ¿su misión fue acelerar el conocimiento
para avanzar en un proyecto de ilustración mundial,
símbolo de una divinidad racional?
No se trata solamente de resaltar el cariz esoté-
rico del gran artista italiano, sino, de momento, ha-
cer ver que durante el Renacimiento eso que hoy
echamos cómodamente al cajón de las «doctrinas
secretas» era la episteme del día a día. La figura de
da Vinci es inabarcable y fascinante, al igual que el
hermetismo neoplatónico y la alquimia de sus épo-
cas.
Quizás como ocurre con las teorías de la cons-
piración, postular que Da Vinci fue parte de una
sociedad secreta o que su genio proviene de algún
tipo de disciplina esotérica sea sólo una forma de
entender aquello que nos parece insondable y que
necesitamos incrustar en una trama que se ajuste a
nuestras expectativas de cómo funciona la realidad.
Por otro lado también es históricamente irrefutable
que grandes personalidades como Isaac Newton se
alimentaron de manera primordial de la magia, la
alquimia y la masonería.
La serie Da Vinci’s Demons, que se estrenará
por Fox, promete explorar los misterios de la vida
de Leonardo Da Vinci desde una óptica radical.
Habrá que estar atentos a esta recreación
posmoderna del gran genio renacentista.
VITRIOLVM | 33
Donde hay sabi dur ía,
al l í habr á i gnor anc i a;
más donde hay humi l dad
habr á sabi dur ía.
Salomón
(970-931 a.C)
VITRIOLVM | 34
LECTURAS
VITRIOLVM | 35
E
L ingreso a la Masonería no
garantiza al ser humano las
bondades de la Orden. Esta
hermandad universal requiere de
esfuerzos y deberes que el común
de los mortales no estaría dispues-
to a asumirlo. Digo asumirlo, por-
que particularmente considero que
la Masonería es una actitud ante
la vida, más allá de gran sabidu-
ría teórica, los grandilocuentes
discursos y las pomposas reunio-
nes.
Los masones zánganos, me-
diocres, que no practican lo que
sostienen, son la
destrucción y muer-
te de la Fraternidad.
Estos son hom-
bres que logran
ser admitidos en
una logia y enton-
ces dedican sus ac-
tividades masónicas
a extender su acción
en elaborar un em-
blema o botón de
solapa. Estos hom-
bres se encuen-
tran en todas las comunidades,
también entre los masones.
Hacen uso de la Orden para
satisfacer y fomentar sus propias
miras y ambiciones. Son los hom-
bres que declaran y manifiestan
que creen en sus obligaciones,
pero no hacen nada para vivirlas,
sino quedan en el discurso, las
intensiones, siendo aquellas cuya
doctrina no se hace extensiva a su
bolsillo, para la ayuda del herma-
no necesitado, sino que principia
y termina en su alfiler masónico,
en su dije de reloj o anillo.
EL MASÓN DE
Q∴ H∴ CHRISTIAN GADEA SAGUIER
R∴ L∴ Concordia N° 15, Gran Logia Simbólica del Paraguay
Fuente: http://losarquitectos.blogspot.com
El placer hermoso de ayudar
a un hermano digno es un áspero
y escabroso camino, pero es tam-
bién un placer desconocido para
ellos. Nunca han experimentado
esa emoción, una de las más ra-
ras, el vivenciar el placer que pro-
viene del conocimiento de que un
ser ha sido ennoblecido,
dulcificado y que se ha contribui-
do a su felicidad proveyendo una
ayuda oportuna.
Sus desembolsos para los pro-
yectos juiciosos entre sus asocia-
dos más ricos pueden, eventual-
mente, hacerlo al-
canzar una posición
elevada en alguno
de los grados que la
Masonería asigna
como requisito pre-
vio para poder for-
mar parte de ellos,
pero aquel honor al-
canzado una vez se
tornará meramente
en frutos del mar
muerto.
Esto es necesa-
riamente una consecuencia natu-
ral, porque está de acuerdo con la
ley inmutable de la vida, de que
aquellos que son falsos con quien
deposita su confianza, deberán
sufrir el castigo. Y el masón de
botón emblemático es falso a sus
obligaciones masónicas, es falso
también con todo aquello que es
mejor, lo más elevado y sincero
en la vida.
Tengan cuidado cuando se
encuentren con este tipo de «ini-
ciados», pues sus joyas podrían
deslumbrarlos, pero no iluminar-
los.
BOTÓN
RESEÑAS
L
A MÚSICA es la expresión que está más
cerca del hombre. No hay dudas. Pero
cuando la música viene acompañada de
un proyecto editorial, adquiere otra dimensión. Ese
es el caso de la revista española ERGO∴
SUMMAGAZINE (Humanismo y Humanidad),
publicada trimestralmente y que puede ser leída en
Internet, es dirigida y editada por el Q∴ H. Brenno
Ambrosini, pianista y Maestro Masón.
ERGO∴ SUMMAGAZINE, además de ser un
magazine estéticamente bien diseñada, tiene la
ventaja de ser publicada en varios idiomas. El
Hermano Brenno Ambrosini no delimita esfuerzo
para que cada número sea mejor. La edición N° 11,
colecciona una serie de artículos relacionados con
las artes, la filosofía, el pensamiento y la música, y,
por supuesto, la revista trasciende más allá cuando
desde diferentes enfoques analiza el pensamiento
masónico y la masonería del siglo XXI.
En el número once, Ambrosni publica dos
trabajos excelentes: «El juego sutil de los extremos.
La otra dimensión del blanco y negro» una breve
reseña sobre la fotógrafa Elena Kuznetsova y
«Aborto vs. Contracepción. Levonorgestrel: la
píldora ¿de la discordia?», sobre un tema
controversial donde opinan filósofos, psicólogos y
médicos. Primitiu García i Pascual reseña y destaca
la labor del Q∴ H∴ Manuel Treviño y Villa, en el
Oriente Eterno, con su artículo «El objetivo, la
Verdad. El medio, la Tolerancia» sobre la labor del
fundador en 1893 de la Rama de Madrid de la
Sociedad Teosófica e iniciado en la Respetable
Logia Libertad N° 40 del Oriente Lusitano Unido.
Blanca Cárdenas Fernández escribe «Isomorfismo
entre el Cosmos y las prácticas culturales
concretas» con una clara referencia a los espacios
culturales y los mitos. Holger Lampson escribe
«Eine Begriffsbestimmung (II)». Carole Carniel
escribe «Étude de la mémorisation chez les pianistes
(III)», donde describe el instante y el momento del
artista en el concierto. Juan Paulo Gómez nos acerca
a Mozart y «La Flauta mágica. Interpretación
simbólica de la Obertura (III)» sobre el lenguaje
musical y la Orden iniciática.
Ratón de Logia
Usted puede bajar la revista desde el siguiente
enlace:
http://www.ergosummagazine.blogspot.com
ERGO∴ SUMMAGAZINE
LETRA, PROSA Y MÚSICA
Q∴ H. Brenno Ambrosini, pianista y
Maestro Masón.
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¡Adver t enc i a!
La l ec t ur a per j udi c a
ser i ament e
a l a i gnor anc i a.
VITRIOLVM | 37

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