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TEMA 9
MOVILIZACIÓN Y TRASLADO DE ENFERMOS
TRANSPORTE Y MOVILIZACIÓN

1. MOVILIZACIÓN DEL ENFERMO.

La mayoría de las personas que acuden a los centros
hospitalarios o las que se encuentran internadas en los mismos, tienen
disminuidas sus capacidades a causa de su enfermedad, por lo que no
pueden movilizarse por ellos mismos, con lo cual necesitan de la ayuda
del personal sanitario para realizar los movimientos imprescindibles.
Dichos movimientos, deber ser realizados siguiendo unas
normas mínimas, establecidas para disminuir los riesgos y favorecer la
comodidad. La movilización de los enfermos comprende las técnicas
para colocarles y moverles correctamente en la cama, así como el
movimiento que deban realizar en la habitación o el transporte a otros
lugares del hospital, a través de sillas de ruedas, camillas o en la
propia cama.

Como paso previo tenemos que considerar las posiciones más
frecuentes que se utilizan para facilitar la exploración, el tratamiento y
la prevención de lesiones:

- Decúbito supino:
El paciente se
encuentra tumbado sobre su
espalda, con los brazos y
piernas extendidos.




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- Decúbito prono:
El paciente reposa sobre el abdomen, con las extremidades
extendidas y la cabeza girada hacia un lado.



- Decúbito lateral:
El paciente se encuentra reposando sobre uno de los laterales
del cuerpo, con la espalda recta y los brazos flexionados próximos a la
cabeza. La pierna que reposa sobre la cama, se encuentra ligeramente
flexionada y la otra permanece flexionada a la altura de la cadera.



- Posición de Fowler:
Posición de semisentado con las rodillas ligeramente flexionadas
y el respaldo de la cama formando un ángulo de 45 grados.

Los cambios posturales son las modificaciones realizadas en la
postura corporal del paciente encamado. Para realizar estos cambios,
se deben seguir unas normas generales tales como: preparar el área


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donde se va a trabajar, quitando aquellos elementos que puedan
entorpecer nuestra acción.



2. PRINCIPIOS PARA LA MOVILIZACIÓN DEL
PACIENTE.

Levantar, y transportar pesos en los Centros Sanitarios es muy
frecuente, por ejemplo con pacientes, cajas, carros de ropa, de cura,
etc.

Los esfuerzos duraderos causan más que la suma de pequeños
esfuerzos, por tanto es conveniente hacer pausas y cambios de ritmo
de trabajo.

Se han de seguir las siguientes recomendaciones:

- Separar los pies aproximadamente 30 cm. y ponerlos lo más
cerca posible de la carga, uno a cada lado del objeto. Al
levantar un objeto pesado, se deben acercar los puntos de
gravedad del objeto y del que lo levanta lo más posible, esto
se consigue acercando los pies lo más posible del objeto.


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- Agacharse, flexionando las rodillas y manteniendo recta la
espalda.

- Sujetar el objeto con los brazos flexionados y lo más cerca
posible del cuerpo.

- Se utilizarán e mayor número de músculos posible, sobre todo,
los más potentes. Levantarse con la fuerza de los músculos de
las piernas y muslos y no con los de la espalda, utilizando el
impulso.

- Apoyar la carga contra el cuerpo; mantener la carga cerca del
cuerpo con el peso equilibrado sobre los dos pies.
- Mantener la espalda recta y la alineación correcta del cuerpo
buscando apoyos.

- Cuando movilicemos un peso, no se girará el cuerpo, se deben
de mover los pies.

- Debemos ayudarnos del peso de nuestro cuerpo a favor del
movimiento a realizar.

- Es menos peligroso girar, mover o empujar un objeto pesado
que intentar levantarlo.

- Nunca deben hacerse movimientos bruscos, ni se darán
tirones.

Junto con las normas mencionadas anteriormente deberemos
además tener en cuenta los siguientes principios para la movilización
de pacientes:


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• Cerciorarse de que la movilización o transporte no está
contraindicado para el enfermo.

• Lavarse las manos.

• Explicar al enfermo lo que se le va a hacer, alentándole a
participar y ayudar en la medida de sus posibilidades.

• Proteger cualquier sistema de tubos (sondas, drenajes, sistemas
de perfusión, etc.) antes de la movilización.

• Mover al enfermo de forma suave y continua, evitando las
sacudidas bruscas.

• Proteger al enfermo con nuestro cuerpo, sosteniéndolo y
proporcionándole el mayor apoyo posible.

• Adoptar, antes de cualquier movilización, la posición correcta
para la mayor eficacia. La tensión estará distribuida en los
músculos de todo el cuerpo. Ponerse junto a la cama, por el lado
en que se vaya a ayudar al enfermo. Mantener la espalda lo más
recta posible, las rodillas flexionadas para ayudar al
levantamiento y el cuerpo orientado en la dirección en que se va
a realizar el movimiento. El peso del cuerpo se balancea sobre
los pies, que se mantendrán separados una distancia
aproximada de 30 centímetros.

• Si en el movimiento van a participar varias personas, estarán
previamente de acuerdo en los pasos que van a realizar y en el
momento en que deben hacerlo; para ello, uno de los
participantes dirigirá la maniobra.



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• El Celador debe conocer, antes de acercarse al enfermo, si éste
es capaz de cooperar en el acto.

• Antes de efectuar la movilización, el celador debe observar el
color y la expresión facial del enfermo. Si observa palidez,
sudoración abundante, mareos, debilidad, etc., debe avisar a la
enfermera/o sin dejar solo al enfermo.














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3. TIPOS DE MOVILIZACIÓN.

Al movilizar a un paciente, debemos tener en cuenta una serie
de datos que se refieren a la trayectoria del desplazamiento, si el
paciente va a colaborar o no en su desplazamiento, el cuadro que
presenta dicho paciente y el lugar donde se desarrolla la acción.

Dependiendo de la trayectoria y características los
desplazamientos se pueden clasificar en: giros, enderezamientos,
vueltas, descensos, levantamientos, traslados, traspasos, transportes
y elevaciones.

Respecto a la colaboración del paciente en su desplazamiento,
nos encontramos dos formas de realizar las técnicas:
1. Forma pasiva, en la que el paciente está inactivo y no ofrece
ninguna ayuda para su desplazamiento (coma, anestesia,
contraindicación expresa del médico para realizar esfuerzos,
etc.
2. Forma asistida, en la que el paciente puede participar de
forma limitada en su desplazamiento.

El cuadro que presenta el paciente (tipo de lesiones, tipo de
incapacidad física, peso o corpulencia) debe ser valorado antes de
establecer la forma en la que se va a realizar la movilización.

1. Giros.
Este tipo de movimiento se realiza cuando el paciente esta en
bipedestación y es necesario darle la vuelta para acercarlo a una silla o
una cama. El paciente debe poseer los reflejos de sostén de la cabeza,
del tronco y de al menos una extremidad inferior, que será el único
punto de apoyo sobre el que se pivota (punta de pie), ya que si
utilizáramos los dos pies como pivote se provocará una torsión que lo


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desequilibrará. Por otro lado, el profesional debe estar preparado para
controlar cualquier posible desequilibrio del paciente, sirviéndose para
ello de presas manuales sobre la ropa y de la “cincha de movilización”.
Cuando el paciente tira hacia atrás, el giro se define como
“empujando” y cuando se realiza hacia delante se denomina “tirando”.
Encontramos 4 variaciones que pueden ser efectuadas por una
sola persona:
- Giro empujando controlado.
- Giro empujando con ayuda.
- Giro tirando controlado.
- Giro tirando con ayuda.

2. Enderezamientos.
Se utilizan para situaciones en las que hay que enderezar al
paciente que está mal colocado en la cama, la camilla o la silla, esto
ocurre generalmente cuando ha resbalado hacia abajo.
En los enderezamientos con el paciente acostado, en lugar de
levantarlo, debemos deslizarlo. Para el caso de pacientes sentados, el
peso de la cabeza puede ser utilizado para producir un movimiento en
sentido contrario al de la pelvis. En los enderezamientos de pie-
acostado, se usarán puntos de pivote, ya que solo tenemos que
extender al paciente.

Nos encontramos con 4 casos distintos y 11 variaciones:
- Enderezamiento con el paciente acostado controlado, ayudan
2 personas.
- Enderezamiento con el paciente acostado asistido, ayudan 2
personas.
- Enderezamiento con el paciente sentado controlado, ayudan
2 personas.
- Enderezamiento con el paciente sentado con ayuda, ayudan
2 personas.


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- Enderezamiento con el paciente sentado asistido desde atrás.
- Enderezamiento con el paciente sentado con ayuda lateral.
- Enderezamiento con el paciente sentado con ayuda
delantera.
- Enderezamiento de pie-sentado sobre camilla, asistido.
- Enderezamiento de pie-tumbado sobre camilla, controlado
(basculando).
- Enderezamiento de pie-tumbado sobre camilla, asistido
(levantando al paciente).

3. Vueltas.
Estos movimientos se realizan cuando es necesario cambiar la
posición extendida del paciente, se pasa por ejemplo de decúbito
supino a decúbito prono o viceversa.
El paciente se hace rodar, para lo que debernos tener en cuenta la
posición del brazo hacia donde se realiza la acción, ya que puede ser
un obstáculo una vez iniciado el movimiento.
Pueden presentarse 3 casos distintos de vueltas que se sintetizan
en 6 formas diferentes de ejecución, en todos solo es necesaria una
persona para realizarlos:
- Vuelta espalda-vientre con rodamiento pasivo.
- Vuelca espalda-vientre con rodamiento asistido.
- Vuelta vientre-espalda con rodamiento pasivo.
- Vuelta vientre-espalda con rodamiento asistido.
- Vuelta cabeza-pies sobre el vientre, controlada.
- Vuelta cabeza-pies sobre el vientre, con ayuda.

4. Descensos.
En los descensos partimos de la posición vertical del paciente, se
realizan cuando es necesario pasarlo de la posición de pie a sentado o
acostado y de la posición sentado a acostado.


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En el movimiento sentado-acostado utilizamos los puntos de
pivote para bajar y extender al paciente sobre la cama. En el caso de
pie-acostado, la realización sincrónica del movimiento entre el paciente
el trabajador, hace que el esfuerzo de ambos sea mínimo. Cuando
pasamos de una posición de pie a sentado, se deben favorecer las
reacciones de equilibrio anterior del paciente en lugar de servir
nosotros de contrapeso, además, podemos utilizar presas sobre la
ropa.

Hay 3 tipos de descensos que se concretan en 5 variaciones, que
pueden ser realizados por una sola persona:
- Descenso sentado-acostado controlado.
- Descenso sentado-acostado con ayuda.
- Descenso de pie-acostado con ayuda.
- Descenso de pie-sentado controlado.
- Descenso de pie-sentado con ayuda.

5. Levantamientos.
Al realizar un levantamiento pasamos al paciente de la posición
tumbado a la posición sentado en el borde de la cama, o de la posición
sentado a la posición de pie. En ambos casos llevamos a cabo una
verticalización y en un principio, el paciente debe disponer de un
mínimo de reflejos, encontrándonos ante un levantamiento
“controlado”.
Al efectuar el movimiento de acostado a sentado, se utilizan
puntos de pivote. En el movimiento de sentado a de pie, en lugar de
hacer una arrancada de golpe de la silla, debemos motivar las
reacciones automáticas al equilibrio anterior del paciente.
Se presentan 2 casos de levantamientos que se resuelven en 4
variaciones. Sólo es necesaria una persona para realizar cualquiera de
ellas:
- Levantamiento acostado—sentado controlado.


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- Levantamiento acostado-sentado con ayuda.
- Levantamiento sentado-de pie controlado.
- Levantamiento sentado-de pie con ayuda.

6. Traslados.
Este tipo de movimientos se utiliza para desplazar al paciente
sobre la superficie donde se encuentra, sin cambiarlo de posición ni de
orientación. Habitualmente se realizan para acomodar o acercar al
paciente a uno de los bordes, antes de efectuar un cambio de postura.
En los traslados con el paciente acostado, encontramos menos
resistencia si se levanta ligeramente el lado del paciente hacia el que
se va a desplazar. Con el paciente sentado, utilizamos puntos pivote y
el contrapeso de la cabeza para realizar el movimiento.

Existen 2 casos (paciente acostado o sentado) con 7
variaciones:
- Traslado paciente acostado, empujando y pasivo.
- Traslado paciente acostado, empujando y con ayuda.
- Traslado paciente acostado, tirando y pasivo.
- Traslado paciente acostado, tirando y con ayuda.
- Traslado hacia delante, con el paciente sentado (sin respaldo) y
controlado.
- Traslado hacia atrás con el paciente sentado (sin respaldo) y
controlado.
- Traslado hacia delante, con el paciente sentado (con respaldo) y
controlado.

7. Traspasos.
Los traspasos son movimientos que se realizan cuando se
requiere pasar al paciente de un emplazamiento a otro adyacente.


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En los traspasos horizontales, es necesario que el personal tenga
una pierna más adelantada que la otra y que se preste atención a la
inestabilidad de la columna.
En los verticales, un profesional se encargará de la parte inferior
del tronco, de la pelvis y las piernas y el otro controlará la cabeza y la
parte superior del tronco.
Nos encontramos con 6 variaciones:
- Traspaso horizontal pasivo con ayuda de 3 personas.
- Traspaso horizontal con ayuda de 2 personas.
- Traspaso vertical (descendiendo) controlado con ayuda de 2
personas.
- Traspaso vertical (descendiendo) con ayuda.
- Traspaso vertical (subiendo) controlado, con ayuda de 2
personas.
- Traspaso vertical (subiendo) con ayuda.

8. Transportes.
A veces es necesario desplazar al paciente de un lugar a otro, en
estos casos, debemos minimizar la distancia y la duración del
movimiento. Aparecen 2 casos que se dividen en 5 variaciones:
- Transporte paciente acostado, pasivo y con ayuda de 3
personas.
- Transporte paciente acostado, controlado, con 2 personas
ayudando.
- Transporte paciente acostado, con ayuda de 2 personas.
- Transpone paciente sentado, controlado con 2 personas
ayudando.
- Transporte paciente sentado, con ayuda de 2 personas.






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9. Elevaciones.
Son circunstancias en las que se debe recoger al paciente del
suelo y llevarlo a una superficie horizontal más elevada o ponerlo de
pie.
En las elevaciones con el paciente sentado en el suelo-sentado
en camilla y sentado en el suelo-de pie, debemos recordar que al
elevarlo usaremos la fuerza de nuestras extremidades inferiores (para
evitar lumbalgias). Nos encontramos 7 variaciones:
- Elevación del paciente tendido en el suelo-sentado en el suelo,
controlado con ayuda de 2 personas.
- Elevación del paciente tendido en el suelo-sentado en el suelo,
con ayuda de 2 personas.
- Elevación del paciente sentado en el suelo-sentado en una
camilla, controlado y con personas ayudando.
- Elevación del paciente sentado en el suelo-sentado en una
camilla, con ayuda de 2 personas.
- Elevación del paciente sentado en el suelo-de pie, con ayuda de
2 personas.
- Elevación del paciente tendido en el suelo-tumbado sobre un
banco, pasivo y con 3 personas ayudando.
- Elevación del paciente tendido en el suelo-tumbado sobre un
banco, con ayuda de tres personas.












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4. TÉCNICAS DE MOVILIZACIÓN DEL PACIENTE.

A) DEAMBULACIÓN.

Cuando por motivos de tratamiento, traslado a otra unidad, etc.,
se ha de movilizar a un paciente, cuyas facultades para movilizarse
independientemente se encuentran mermadas, se han de emplear
medios auxiliares para realizarlo sin peligro. Si lo que se pretende es
que el enfermo empiece a caminar por sus propios medios, debe
ayudársele a deambular con la ayuda de andadores, muletas, etc. pero
siempre acompañado. Al acompañarlo, siempre mantendremos su
cadencia de paso.

B) MOVIMIENTOS EN LOS TRANSPORTES DE AMBULANCIAS.

En los servicios de urgencias y en las ambulancias deben de
existir siempre celadores cuya misión será el bajar en camilla o silla de
ruedas a los pacientes desde la unidad a la ambulancia o viceversa.




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Durante el transporte debe de ir siempre junto al enfermo,
pendiente en todo momento de su seguridad y avisando de cualquier
anomalía que observe, al personal sanitario.

C) MÉTODO PARA INCORPORAR A UN ENFERMO.

Este método se llama entrecruzamiento de brazos y se utiliza
para ayudar al enfermo a adoptar la posición de semisentado, para dar
la vuelta a la almohada y para levantar al enfermo de su cama y
ponerlo de pie.

Se pueden seguir los siguientes pasos:
1. Pedir al enfermo que ponga su brazo debajo de nuestra axila
y detrás del hombro, con los dedos en el borde de éste.
2. Poner nuestro brazo debajo de la axila del enfermo, con los
dedos dirigidos hacia su hombro.
3. Colocar el otro brazo por debajo del hombro más alejado del
enfermo.
4. Ayudar al enfermo a que se impulse él mismo, mientras le
damos apoyo; si el enfermo no puede ayudar, debemos
levantarlo suavemente.
5. Una vez levantado, colocar almohadas hasta que el enfermo
quede instalado, o darle la vuelta a las almohadas,
ayudándole en este caso a acostarse de nuevo de una
manera suave.

D) MÉTODO PARA AYUDAR A UN ENFERMO A PONERSE DE PIE.

Cuando el enfermo está acostado en su cama podemos utilizar
dos técnicas:



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Técnica A:

1. Con el método de entrecruzamiento de brazos entre el
auxiliar y el enfermo, incorporarlo en la cama.
2. Girar las piernas del enfermo hacia nosotros, dejándolas caer
por el borde de la cama; poner un pie delante de los pies del
enfermo (el cual se encuentra sentado en el borde de la
cama) y el otro a un lado. Entrelazar de nuevo los brazos,
tomando con la mano libre el otro hombro del enfermo.
3. Doblar las rodillas para hacer fuerza y levantar al enfermo
suave, pero firmemente, mientras él se apoya en nuestro
hombro.

Técnica B:
1. Con el enfermo en posición decúbito lateral en su cama,
colocarse en el lado hacia el que va a salir el enfermo.
2. Subir la cabecera de la cama hasta un ángulo de 45º
aproximadamente, para que resulte más fácil la movilización.
3. Pasar el brazo derecho por debajo de los hombros del
enfermo y sujetar con el brazo izquierdo sus piernas (algo
flexionadas) por las corvas. Levantar el cuerpo con el brazo
derecho y, con el izquierdo, girar las piernas del enfermo
hacia nosotros.


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4. Una vez que el enfermo está sentado en el borde de la cama,
proceder como en la Técnica A.


Cuando el enfermo está sentado en un sillón se deben seguir las
siguientes pautas de actuación:
1. Coger al enfermo por debajo de los dos brazos.
2. Pedirle que ponga uno de los brazos alrededor de nuestra
cintura.
3. Mantener la espalda lo más recta posible y poner al enfermo
de pie suave, pero firmemente.
4. Durante el levantamiento se debe proteger el cuerpo del
enfermo con el nuestro.

E) MÉTODO PARA MOVER AL ENFERMO HACIA ARRIBA EN LA
CAMA.

Cuando un enfermo permanece en la cama durante mucho
tiempo, se desliza por inercia hacia los pies de la cama. Este método
sirve para mover al enfermo hacia arriba en la cama, y también se
puede utilizar para los cambios posturales.




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Técnica A:
Esta técnica se desarrolla sobre la cama con enfermos que NO
cooperan, por lo cual se necesitan dos celadores:
1. Explicar al enfermo la técnica y retirar la almohada.
2. Situarse cada celador a un lado de la cama, girar ligeramente
el cuerpo hacia la cabecera de la cama y flexionar las
rodillas. El pie más cercano a la cabeza del enfermo estará
próximo a la cabecera de la cama, apuntando en esa
dirección.
3. Poner un brazo debajo del hombro más cercano y el otro
brazo debajo de los muslos del enfermo.
4. Levantar al enfermo manteniendo las rodillas rectas. Es
importante recordar que el verdadero trabajo de levantar al
enfermo se hace con las piernas.
5. Levantar al enfermo suavemente y moverlo hacia la cabecera
de la cama o a la posición que desee.

Técnica B:
Esta técnica, indicada también para enfermos que NO cooperan,
se desarrolla con sábana de arrastre:
1. A los pies de la cama, colocar la sábana en una silla y
deshacer la cama, dejando al enfermo cubierto con la
encimera.
2. Poner al enfermo en un lado de la cama. Colocar la sábana
doblada por la mitad, centrarla, mover al enfermo hacia el
otro lado de la cama y terminar de estirar la sábana.
3. Coger la sábana entre dos celadores, y a la vez que se
levanta a enfermo, moverlo hacia arriba.
4. Quitar la sábana igual que se ha puesto.





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Técnica C:
Esta técnica se emplea cuando el enfermo SÍ coopera.
1. Por el método de entrecruzamiento de brazos, levantar al
enfermo y retirar la almohada, poniéndola a los pies de la
cama o en una silla.
2. Acostar al enfermo de nuevo, y hacer que doble las rodillas y
apoye los pies en la cama.
3. Indicarle que se agarre a la cabecera de la cama con las
manos.
4. Deslizar un brazo debajo del cuello y los hombros del
enfermo. Colocar el otro brazo debajo de los muslos.
5. Cuando se está preparado, pedir al enfermo que tire con sus
manos hacia la cabecera, al tiempo que se le pide ayuda
moviendo su cuerpo hacia la misma.
6. Ayudarle a volver a la posición inicial, poniéndole la
almohada y arreglando la cama.


F) MÉTODO PARA MOVER AL ENFERMO HACIA EL BORDE DE LA
CAMA.

Esta técnica se utiliza tanto con enfermos inconscientes como
con enfermos que NO cooperan, aún estando conscientes.
1. El celador se coloca en el lado de la cama donde se va a
mover al enfermo.
2. Deshacer la cama dejando al enfermo cubierto con la sábana
encimera.
3. Deslizar ambas manos por debajo de la espalda del enfermo
hasta que estén próximos al hombro más alejado. Deslizar
sus hombros hacia nosotros.
4. Colocar las manos en la cadera del enfermo y tirar hacia
nosotros.


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5. Levantar y mover las piernas del enfermo del mismo modo.


G) MÉTODO PARA COLOCAR AL ENFERMO EN DECÚBITO
LATERAL.

Esta técnica se realiza cuando el enfermo desea dar la vuelta o
cuando se requiera que descanse sobre su costado en decúbito lateral
para su higiene personal, curar, etc.
1. Antes de iniciar la maniobra, se comprobará que el enfermo
no está muy cerca del borde de la cama. Si lo está, hay que
moverlo hacia el centro.
2. Colocarse en el lado de la cama hacia el que se quiere dar la
vuelta al enfermo.
3. Sujetarlo con la mano izquierda, en caso de girarlo hacia la
derecha, y flexionarle la pierna del mismo lado.
4. Poner una mano por detrás del hombro más lejano. La otra,
detrás de la cadera más lejana.
5. Girarlo con suavidad hacia nosotros, asegurándonos de que
no queda muy cercano al borde de la cama para evitar que
se caiga al realizar algún movimiento.



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H) MÉTODO PARA MOVER EL COLCHÓN.

Se puede utilizar el método descrito para la movilización del
enfermo hacia la cabecera de la cama, tanto cuando el enfermo
coopera como cuando no coopera.
Se necesita otra persona que sujete el colchón por el otro lado
de la cama, bien por las agarraderas, si las tiene, o bien por el borde,
si no las tiene.
Si el enfermo no coopera, se agarra el colchón por ambos lados
y se desplaza lentamente hacia arriba.

Si el enfermo puede cooperar, debe agarrarse a la cabecera de
la cama mientras dos celadores sujetan el colchón por ambos lados. El
enfermo tira hacia la cabecera, y los celadores mueven el colchón
hacia arriba.


LA MECÁNICA CORPORAL.

La mecánica corporal es el uso eficiente, coordinado, y seguro
del cuerpo para producir el movimiento y mantener el equilibrio
durante la actividad. El movimiento adecuado promueve el
funcionamiento musculoesquelético, reduce la energía requerida


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para moverse y mantener el equilibrio, reduciendo así la fatiga y
disminuyendo el riesgo de lesión.

La finalidad principal de la adecuada mecánica del cuerpo es
facilitar un uso seguro y eficiente de los grupos de músculos
adecuados. La buena mecánica corporal es esencial tanto para el
cliente como para los profesionales para prevenir la tensión, lesión y
fatiga.
La mecánica corporal implica tres elementos básicos: alineación
corporal (postura), equilibrio (estabilidad) y movimiento coordinado del
cuerpo.

El alineamiento corporal es la organización geométrica de las
partes del cuerpo relacionadas entre sí. La buena alineación promueve
un equilibrio óptimo y la máxima función del cuerpo en cualquier
posición que suma el paciente: de pie, sentado o tumbado.
El equilibrio es un estado de nivelación (estabilidad) en el que las
fuerzas opuestas se contraponen entre sí.
El buen alineamiento corporal es esencial para el equilibrio del
cuerpo.
El profesional debe conocer las posiciones en que debe colocarse
al paciente según las distintas situaciones, así como los procedimientos
para colaborar en la realización de los cambios posturales y otros
movimientos de un paciente encamado.

Tanto en estas actividades como en cualquier otra que precise
sostener o desplazar a personas u objetos, es conveniente observar
unos principios básicos de mecánica corporal, con el fin de evitar
lesiones o contracturas en el profesional y riesgos para el paciente.

Las principales normas para una buena mecánica corporal son:


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- Adaptar el área en que se realizará la actividad, retirando los
objetos que la entorpezcan y colocando la cama o camilla en
la posición apropiada.
- Aumentar la estabilidad corporal, ampliando la base de
sustentación (separando los pies y adelantando uno respecto
al otro) y descendiendo el centro de gravedad (flexionando
las piernas).
- Utilizar preferentemente los músculos de los muslos y
piernas en lugar de los de la espalda, y el mayor número
posible de ellos (los dos miembros superiores en lugar de
uno sólo).
- Sujetar o trasladar un objeto manteniéndolo próximo al
cuerpo, porque así se acercan los centros de gravedad.
- Al levantar un objeto pesado del suelo, no hay que doblar la
cintura, sino flexionar las piernas y elevar el cuerpo,
manteniendo recta la espalda. De esta forma, el
levantamiento está a cargo de los músculos de las piernas y
no de los de la espalda.
- Deslizar o empujar requiere menos esfuerzo que levantar. Al
hacerlo, la fricción puede reducirse procurando que la
superficie esté lo más lisa posible.
- Utilizar el peso de nuestro cuerpo para facilitar la maniobra
de empuje o tirar de un objeto, contrarrestando su peso, lo
que exige menor energía en el desplazamiento.
- Girar el tronco dificulta la movilización. El cuerpo debe
mantener un alineamiento adecuado mientras hace un
esfuerzo.
- Cuando la realización de la tarea supone algún riesgo para el
paciente o para el auxiliar de enfermería, hay que solicitar la
ayuda de otro profesional o de alguna ayuda técnica (grúa o
elevador).



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5. LOS TRASLADOS DEL PACIENTE.

La silla de ruedas.

La silla de ruedas es la forma más sencilla de mover al enfermo
de un lado a otro cuando no está lo suficientemente fuerte para
caminar o no es conveniente que lo haga.


El médico puede ordenar el empleo de la silla de ruedas, porque
desea que el enfermo vaya ganando fuerzas gradualmente. El cambio
de la cama a la silla de ruedas puede ordenarse simplemente para
animar al enfermo y hacer que descanse de la cama. Cualquiera que
sea la razón, el traslado a una silla de ruedas suele ser una ocasión
agradable para el enfermo, sobre todo si es una fase importante para
su recuperación.

Para trasladar a un enfermo a una silla de ruedas se necesita el
siguiente material:
• Silla de ruedas.
• Una o dos mantas.
• Banquillo o escabel, en caso necesario.
• Bata del enfermo y zapatillas.




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Traslado del enfermo desde la cama a la silla de ruedas:

1. Llevar la silla de ruedas hacia la habitación y colocarla a un lado
de la cama, con el respaldo de la silla cerca de los pies de la
cama.
2. Frenar la silla, para impedir que se mueva, y retirar los
reposapiés para que no estorben.
3. Extender una manta a lo largo de la silla y poner un cojín a la
altura de los riñones, si es necesario.
4. Si la cama es del tipo que se puede subir y bajar, bajarla hasta
el nivel conveniente que permita al enfermo tocar el suelo
cuando esté sentado en la cama. Si la cama no se puede bajar,
se pone el escabel o banquillo en la posición conveniente para
que el enfermo se apoye en él.
5. Doblar la ropa de la cama a los pies, en acordeón.
6. Ayudar al enfermo a sentarse de manera que sus pies
descansen en el suelo o en el escabel.
7. Ayudar al enfermo a ponerse la bata y las zapatillas.
8. Colocarse al lado del enfermo, poner el brazo alrededor de su
cintura y ayudarle a ponerse de pie en el suelo. Todos los
movimientos deben ser suaves y lentos.
9. Ayudar al enfermo a sentarse en la silla de ruedas. Puede
necesitarse la ayuda de otro celador para mantener la silla.
10.Colocar los pies del enfermo en los reposapiés.
11.Arreglar la manta, abrigando los hombros del enfermo, sus
muslos, sus piernas, y remeterla por debajo de los pies. Puede
ponerse un cojín o almohada en la espalda.
12.Alisar la ropa de la cama para que esté preparada cuando el
enfermo vuelva.
13.Si el enfermo no coopera, se necesitan dos auxiliares. Se coloca
cada uno a un lado del enfermo, lo sostienen por los hombros y


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los muslos, lo levantan suavemente y lo sientan en la silla de
ruedas.

Traslado en la silla de ruedas:

Para transportar a un enfermo en una silla de ruedas, se debe
empujar ésta desde la parte de atrás, excepto cuando se entra o se
sale de un ascensor.

Para entrar en un ascensor, se tira de la silla hacia atrás desde
el interior del ascensor. Para salir de un ascensor se da la vuelta a la
silla dentro del ascensor, se sale y se tira de ella desde fuera.

Cuando se sube por una rampa poco inclinada, se ha de caminar
detrás de la silla y empujarla hacia delante. Sin embargo, en las
rampas inclinadas se debe inclinar la silla hacia atrás, situarse detrás
de ella con la espalda en la dirección hacia donde se va y tirar
caminando de espaldas.

Traslado del enfermo desde la silla de ruedas a la cama:

1. Bajar la cama, si es posible, y poner cerca el banquillo.
2. Retirar las mantas que cubren al enfermo, acercar la silla de
ruedas a los pies de la cama y frenarla.


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3. Retirar los reposapiés y ayudar al enfermo a salir de la silla para
ponerse de pie.
4. Ayudarle a subir al banquillo, si lo utiliza, y quitarle la bata.
5. Sentarlo en el borde de la cama con los pies colgando y quitarle
las zapatillas.
6. Poner un brazo alrededor de los hombros del enfermo para
sostenerlo. Poner el otro brazo debajo de sus rodillas y
levantarlo suavemente. Girar su cuerpo lentamente y dejarlo
acostado.
7. Quitar las mantas, doblarlas y guardar la silla de ruedas en su
lugar.


La camilla.

La camilla del hospital es una carretilla con ruedas donde el
enfermo permanece acostado mientras es transportado por el hospital.

Las camillas se utilizan cuando los enfermos no son capaces de
sentarse o cuando tienen grandes aparatos o yesos que no les
permiten usar una silla de ruedas. Para comodidad del enfermo suelen
tener un colchón cubierto con una sábana.

Traslado del enfermo desde la cama a la camilla:

Técnica A:

1. Poner los frenos a la cama, retirar la lencería a los pies en
acordeón y cubrir al enfermo con una sábana de baño o con una
manta.
2. Situar la camilla al lado de la cama, con la cabecera de la
camilla junto a la cabecera de la cama, en paralelo.


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
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3. Frenar la camilla, ponerse al lado de la camilla y sujetar la
sábana o manta para que no se deslice cuando el enfermo se
mueva.
4. El enfermo se deslizará de la cama a la camilla, en caso
necesario se le puede ayudar movilizando sus hombros, caderas
o piernas.
5. Una vez que el enfermo está en la camilla, se puede poner
almohada si lo permite su dolencia.
6. Cubrir al enfermo con una sábana.

Técnica B:

Para trasladar a un enfermo incapacitado de la cama a la camilla,
se requieren tres o cuatro personas (una enfermera/o y auxiliares),
según el peso del paciente.
1. Todos los miembros del equipo deben estar en el mismo lado de
la cama, el lado donde se va a mover el enfermo. La
enfermera/o encargada se coloca a la cabecera de la cama.
2. Durante el movimiento, la enfermera/o da las instrucciones y
levanta la cabeza del enfermo.
3. Los miembros del equipo se alinean uno junto a otro a lo largo
de la cama del enfermo. Una persona se pone de pie junto a los
hombros del enfermo; una segunda persona, al lado de las
caderas, y la tercera se coloca a la altura de los pies.
4. En el momento de dar la señal, todos los miembros moverán el
mismo pie hacia delante, flexionando caderas y rodillas. La
primera persona pone un brazo debajo del cuello del enfermo y
el otro debajo de su espalda. La segunda persona pone un brazo
debajo de la espalda y el otro debajo de los muslos. La tercera
persona pone sus brazos uno debajo de los muslos y el otro
debajo de las pantorrillas.


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
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5. A una señal, el equipo, de forma lenta y cuidadosa, levanta al
enfermo, girándolo hacia su pecho. Así, el cuerpo del enfermo
descansa sobre la flexura de los codos de los miembros del
equipo.
6. Otra señal indica una pequeña vuelta, y el equipo camina hacia
la camilla, colocando al enfermo suavemente en la misma.
7. Se cubre al enfermo con una manta o sábana.

Técnica C:

Para esta técnica se utiliza una sábana de arrastre, que se sitúa
bajo el enfermo, como se describe en la técnica para la movilización
del enfermo hacia arriba en la cama.
1. Situar la camilla paralela a la cama del enfermo, de manera que
coincidan la cabecera de la cama y la cabecera de la camilla.
2. Dos auxiliares de enfermería se sitúan, uno al lado de la cama y
el otro al lado de la camilla, uno frente a otro, sujetando la
camilla contra la cama.
3. Los dos auxiliares cogen la sábana de arrastre con fuerza, la
levantan y colocan al enfermo sobre la camilla.
4. Retirar la sábana de arrastre y cubrir al enfermo con una manta
o sábana.

Traslado en la camilla:

Para trasladar a un enfermo en la camilla, el celador se coloca
detrás de la cabeza del enfermo y empuja la camilla de manera que el
enfermo vaya de cara al sentido de la marcha.

Para entrar en un ascensor, el celador empuja la camilla hacia el
interior, entrando primero los pies, y se sitúa en la cabecera mientras
el ascensor esté en movimiento. Al salir del ascensor, tira de la


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cabecera de la camilla y después la empuja como ya se ha dicho en el
párrafo anterior.

Traslado del enfermo desde la camilla a la cama:

Para el traslado del enfermo desde la camilla a la cama se
utilizan las mismas técnicas descritas para el traslado del enfermo
desde la cama a la camilla, pero realizando todos los movimientos en
sentido inverso.


Camas hospitalarias.

TIPOS.

- Cama articulada:
Estas camas constan de un somier metálico formado por 2 ó 3
segmentos móviles: cabeza y espalda, pelvis y extremidades
inferiores. Suelen llevar manivela para permitir al enfermo una mayor
comodidad en las posturas, o bien un mando a distancia (en las
eléctricas).


- Cama de somier rígido:


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Consta de un somier rígido sin articulaciones. A cada lado lleva
una manivela que permite variar la inclinación del enfermo elevando la
posición, los pies o ambos al mismo tiempo.


- Cama traumatológica u ortopédica de Judet:
Consta de un marco metálico que va de la cabeza a los pies, el
cual sujeta varias varillas metálicas situadas por encima de la cama;
estas varillas llevan poleas por las que pasan cuerdas que soportan
pesas. El juego de las pesas permite la movilización de extremidades.
Se emplea en pacientes con fracturas o parálisis en las extremidades
inferiores.


- Cama electrocircular, balcánica, de Stryker o circoeléctrica:
Está formada por dos armazones metálicos circulares, unidos
por un plano rígido metálico que gira sobre los anteriores. Se indica en
pacientes que requieren inmovilización completa pero en las que se
desea conservar una posición y postura normales.


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- Marco de Stryker:
Consta de un armazón giratorio, con un soporte y dos bastidores
o armazones, con cubiertas de lona acolchadas: un armazón anterior
para estar en pronación, y otro para estar acostado de espaldas.
Indicado para lesiones o intervenciones quirúrgicas de columna
vertebral que requieran inmovilización.

- Cama libro:
El aspecto de esta cama es parecido al de la cama articulada,
pero permite la angulación lateral, y por tanto la modificación de las
zonas de apoyo del cuerpo.

- Cama basculante y giratoria:
Consiste en una estructura metálica articulada, que permite
mover ambos lados de la cama desde la posición horizontal hasta unos
90º.

- Cama Roto-Rest:
Es una cama que gira continuamente al paciente, constituyendo
un dispositivo antiescaras excelente al reducir los puntos de presión en
el cuerpo del paciente.

- Cama de volteo o de lateralización:
Oscila mecánicamente de un lado a otro, como una cuna,
alcanzando una elevación máxima de 62º y una oscilación completa
cada 4,5 minutos.







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6. EFECTOS DE LA INMOVILIDAD.

La capacidad de movilización es un indicador del nivel de salud
del paciente y de su calidad de vida, ya que determina el grado de
independencia.
El paciente inmovilizado es en cambio un paciente de alto riesgo
para la aparición de complicaciones médicas, dependiente en las
actividades básicas de la vida diaria y candidato a la
institucionalización.
El “síndrome de inmovilidad o desacondicionamiento” es un
problema caracterizado por una reducción marcada de la tolerancia al
ejercicio (respuesta taquicardizante, hipertensión arterial, disnea...),
progresiva debilidad muscular y en casos extremos pérdida de los
automatismos y reflejos posturales que imposibilitan la deambulación.
Es consecuencia directa del grado de inactividad física,
independientemente de posibles patologías asociadas.
En general la fuerza muscular disminuye un 15% entre los 30 y
70 años; y la inmovilidad determina ciertos cambios fisiológicos que
justifican una cierta limitación de la movilidad. Ocurre una discreta
atrofia muscular seguida de fibrosis, por lo que la contracción muscular
es más lenta. Se reduce sobre todo el número de fibras musculares
rápidas, encargadas del trabajo isométrico.
Por otra parte, tanto los ligamentos, los tendones, superficies
articulares como otros tejidos conectivos ven reducida su capacidad de
“amortiguación”.
En consecuencia aparece debilidad muscular y cierta resistencia
a la movilidad articular. Estas alteraciones pueden ser a su vez
secundarias a una menor actividad física, cerrándose así un círculo
vicioso que conduce a la inmovilidad.
Hay otros cambios que ocurren fuera del aparato locomotor que
también van a influir en la movilidad.


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También debemos de tener en cuenta la inmovilización en
edades avanzadas. El envejecimiento determina ciertos cambios
fisiológicos que justifican una cierta limitación de la movilidad. Ocurre
una discreta atrofia muscular seguida de fibrosis, por lo que la
contracción muscular es más lenta. Se reduce sobre todo el número de
fibras musculares rápidas, encargadas del trabajo isométrico. En
general la fuerza muscular disminuye un 15% entre los 30 y 70 años.
A edades más avanzadas se observan ligeros cambios: se
enlentece la marcha con pasos cortos, ampliándose la base de
sustentación. La velocidad máxima se alcanza aumentando el número
de pasos en vez de la amplitud de éstos. El centro de gravedad se
desplaza arriba y adelante, siendo más difícil mantener el equilibrio. La
cabeza se balancea en sentido lateral y se reduce la amplitud de los
movimientos articulares (balanceo de los brazos, flexión y extensión de
la cadera, rotación de la pelvis, elevación del pie). Estas alteraciones
conllevan que la marcha del anciano tenga un consumo energético
mayor.

Causas de inmovilidad.

Muchas enfermedades comunes son con frecuencia causa de
inmovilidad, sin embargo la causa principal del síndrome de
desacondicionamiento por desuso es el encamamiento por
convalecencia tras procesos agudos, sobre todo en caso de
hospitalización.
Las enfermedades reumatológicas conllevan inmovilidad por
dolor y deformidad articular. En el anciano es preciso destacar, aunque
no sea tan frecuente, la Polimialgia reumática como causa aguda o
subaguda de incapacidad física severa en un sujeto que hasta entonces
podía realizar una vida activa normal. La gravedad de las posibles
complicaciones y la respuesta espectacular al tratamiento obligan a un
alto grado de sospecha diagnóstica. Patologías neurológicas


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incapacitantes como la enfermedad cerebrovascular, la enfermedad de
Parkinson e incluso las demencias en fases avanzadas conllevan ya de
entrada una alteración del tono postural con contracturas en flexión de
los miembros y disminución de la fuerza muscular. Si se añade un
cuadro confusional agudo con agitación se imponen con frecuencia
restricciones mecánicas que inmovilizan al paciente.
Las cardiopatías y las enfermedades respiratorias actúan
limitando progresivamente la tolerancia al ejercicio aunque esté
conservada potencialmente la movilidad.
Se observan cuadros constitucionales con debilidad generalizada
en casos de malnutrición, pero sobre todo en neoplasias en fase
terminal.

En ausencia de enfermedad, existen otras causas que producen
inmovilidad para el paciente como son las caídas.

En el grado de movilidad influyen otros muchos factores: el
sobrepeso, la falta de motivación o estados depresivos, un apoyo
social insuficiente y un inadecuada información sobre cómo debe
reiniciarse la movilización y que ayudas técnicas son las necesarias.

1. Las fracturas.

Se denomina fractura a la rotura total o parcial de un hueso es
el problema más extendido en ortopedia. Una fractura puede ser:
- Espontánea, si se produce por un debilitamiento fisiológico de la
estructura ósea;
- Traumática, si está producida por un agente externo que actúa
sobre el organismo de manera violenta y rápida. En este caso se
distinguen:
o Fracturas directas: se producen en el punto en que ha
actuado el trauma;


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194



o Fracturas indirectas: se producen en puntos del cuerpo
alejados de aquél en el que ha actuado el trauma, o son
consecuencia de movimientos violentos o de tracciones
repentinas de los ligamentos.

Según el tipo de rotura del hueso, las fracturas se dividen en:
- Fracturas incompletas, si el hueso no está totalmente partido;
-fracturas transversales, si la línea de rotura es perpendicular al
eje longitudinal del hueso;
- Fracturas espiroidales, si la línea de rotura tiene un desarrollo
en espiral o helicoidal alrededor del hueso;
- Fracturas oblicuas o diagonales, si la línea de rotura está
inclinada respecto al eje del hueso;
- Fracturas longitudinales, si la línea de rotura es paralela al eje
longitudinal del hueso;
- Fracturas astilladas, si el hueso se ha fragmentado.

Las fracturas pueden ser:
- Sencillas o cerradas, si el hueso se ha partido sin producir
lesiones en las partes blandas que lo rodean (no ha perforado la
piel);
- Complicadas o expuestas, si el hueso ha desgarrado las partes
blandas, produciendo una herida que lo abre al exterior. Este
tipo de fractura entraña mayor riesgo de infección y dificulta la
curación completa.

Una fractura se diagnostica con bastante facilidad, aunque el
examen radiológico es indispensable para guiar la precisa intervención
del traumatólogo.

En general, ésta se desarrolla en dos fases:


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1. REDUCCIÓN DE LA FRACTURA. Las dos caras del hueso
roto se ponen en contacto, restableciendo su forma
original. Esto sucede mediante reducción cerrada, es
decir, sometiendo al hueso a tracción manual o
instrumental, o con reducción cruenta, esto es, mediante
intervención quirúrgica durante la cual los elementos
fracturados se fijan utilizando tornillos, hilos, placas o
clavos metálicos de varios tipos. En el caso de una
fractura expuesta siempre es necesaria la intervención.
2. CONTENCIÓN DE LA FRACTURA. La zona del cuerpo en
que se encuentra el hueso fracturado se inmoviliza con el
fin de que las partes separadas del hueso permanezcan
en la posición correcta durante el tiempo necesario para
que se suelden. Para garantizar la inmovilidad de la zona
se procede, si es posible, a realizar un vendaje enyesado
o un entablillado que cubra las articulaciones que están
por encima y por debajo de la fractura. Por ejemplo, si se
fractura el cúbito se inmovilizan también el codo y la
muñeca.

El hueso partido y reducido forma nuevo tejido óseo (el llamado
«callo») a lo largo de la línea de fractura. Para favorecer el crecimiento
óseo es oportuno enriquecer la dieta con vitaminas y minerales (en
particular, con vitamina D, calcio, fósforo y magnesio).
Si las partes fracturadas se sueldan bien, el hueso recupera
plenamente su capacidad de resistencia normal.








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Complicaciones asociadas a la inmovilidad

Su repercusión en el pronóstico del paciente inmovilizado puede
ser más relevante que la propia enfermedad subyacente. Aparecen
incluso tras cortos períodos de encamamiento.

- Sistema músculoesquelético:
La inactividad física conduce a la atrofia muscular y de
ligamentos, con fibrosis capsular y deformidad de las articulaciones. Se
pierde la amplitud normal del movimiento articular, apareciendo
contracturas dolorosas. El paciente inmovilizado es más susceptible a
la presentación de artritis, miofascitis y tenosinovitis, que también
ocasionan impotencia funcional e inmovilidad por dolor. A su vez se
agravan artropatías preexistentes, llegando a la anquilosis articular,
adoptándose posturas fijas, generalmente en flexión (“postura fetal”).

- Sistema nervioso central.
La inactividad física acentúa el enlentecimiento psicomotor y los
trastornos del equilibrio relacionados con el envejecimiento. Se pierde
el automatismo y los reflejos posturales. El deterioro cognitivo puede
ser marcado, por deprivación neurosensorial. Tras un mes de
encamamiento aparecen invariablemente estas alteraciones.

- Sistema cardiovascular.
Es frecuente que el paciente inmovilizado experimente
hipotensión ortostática, con una reducción del volumen circulante. Al
fallar la acción de bomba de la contractura muscular aparece
insuficiencia venosa. El riesgo de aparición de trombosis venosa
profunda y tromboembolismo pulmonar es elevado, sobre todo si
existe una patología tumoral subyacente o insuficiencia cardíaca. La
inactividad física aumenta claramente la morbimortalidad por
cardiopatía isquémica.


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- Sistema respiratorio.
La posición en decúbito impide la función óptima de los
músculos respiratorios favoreciendo la hipoventilación pulmonar. La
expectoración es más difícil y se acumulan las secreciones bronquiales.
Los pacientes incapaces de mantenerse sentados o de girar hacia los
lados en la cama están expuestos a aspiraciones pulmonares durante
la ingesta, más aún en caso de nutrición por sonda nasogástrica.
Existe por tanto un alto riesgo de neumonía.

- Aparato digestivo.
El reposo afecta al sistema neurovegetativo y como resultado
hay trastornos de la deglución y digestiones lentas. El estreñimiento,
de por sí frecuente en el anciano, se acentúa en períodos de
encamamiento.

- Sistema genitourinario.
El encamamiento puede ser un factor desencadenante de una
retención urinaria, sobre todo en ancianos varones con obstrucción del
tracto urinario. El aumento del residuo vesical favorecen el desarrollo
de cálculos e infecciones urinarias recurrentes.

- Alteraciones metabólicas y hormonales.
La inactividad conduce a un catabolismo proteico, con un
balance nitrogenado negativo: esto justifica paradójicamente una
mayor demanda nutricional del paciente inmovilizado (110 gr/dia).
Asimismo existe un balance mineral negativo, con pérdida de calcio,
sulfuro, fósforo, magnesio, potasio y sodio. Incluso cortos periodos de
inactividad física pueden reducir la sensibilidad a la insulina, lo que
junto al sobrepeso conduce a la intolerancia hidrocarbonada. Se
acompaña de hiperlipidemia y disminución del colesterol HDL. La
inmovilidad puede impedir una actividad sexual satisfactoria.



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- Alteraciones cutáneas:
La atrofia de las glándulas sudoríparas y la reducción del tejido
subcutáneo y del colágeno debidos al envejecimiento de la piel
predisponen al desarrollo de úlceras por presión en ancianos
inmovilizados. Si se añaden otros factores de riesgo como
malnutrición, incontinencia de esfínteres o mala higiene la aparición de
úlceras será inminente. Otras alteraciones son la “dermatitis del
pañal”, en relación con incontinencia de esfínteres, y edemas
periféricos en las partes declives. Dentro de las alteraciones cutáneas
veremos las úlceras por presión:

o Úlceras por presión:

Se define la úlcera por presión como toda lesión de la piel
producida cuando se ejerce una presión sobre un plano o prominencia
ósea, provocando un bloqueo del riego sanguíneo a este nivel; como
consecuencia de lo cual, se produce una degeneración rápida de los
tejidos.
Aunque podríamos citar otro gran número de definiciones sobre
UPP, el uso de una misma acepción junto con la utilización de una
misma clasificación para los estadios que estas pueden presentar nos
va a permitir valorar la evolución de las lesiones a la vez que realizar
comparaciones entre diferentes realidades.
Pero además conceptos como la calidad, la disminución de
riesgos evitables o el de optimización de recursos requieren, así
mismo, pasar de experiencias individuales a contextos más generales e
integrados en aspectos como la valoración del riesgo de desarrollar
úlceras por presión. Aunque también en este aspecto son muchas las
escalas diseñadas, y ninguna de ellas adoptada de manera universal,
se ha optado por la Nova 5 por consenso de un grupo de profesionales
de las unidades implicados en el cuidado de las UPP debido a su
claridad y sencillez.


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199



Citar también los requisitos señalados por la GNEAUPP para el
tratamiento del paciente con úlceras por presión, y a los que
pretendemos dar respuesta con este protocolo:
- Contemplar al paciente como un ser integral.
- Hacer especial énfasis en las medidas de prevención.
- Conseguir la máxima implicación del paciente y la familia en la
planificación y ejecución de los cuidados.
- Desarrollar guías de práctica clínica sobre úlceras por presión en
el ámbito local con la implicación de la atención comunitaria,
atención especializada y la atención socio-sanitaria.
- Tomar decisiones basadas en la dimensión coste-beneficio.
- Evaluar constantemente la práctica asistencial e incorporar a los
profesionales a las actividades de investigación.
- Configurar un marco asistencial basado en la evidencia
científica.

Está generalmente aceptado que una presión mantenida más de
dos horas puede ocasionar una lesión. En pacientes terminales o con
grave afectación del estado general, el daño tisular puede ocurrir en
un tiempo inferior a dos horas.

Los factores de riesgos para padecer úlceras por presión son los
siguientes:

- Factores permanentes:
o Edad,
o Capacidad física mermada (inmovilidad, parálisis, estado
de coma...).

- Factores variables o patológicos:
o Factores fisiopatológicos: una presión prolongada sobre el
tejido o irritación química, la fricción o la deficiencia de


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200



oxígeno causa destrucción progresiva de la piel y el tejido
subyacente.
o Signos y síntomas:
Disminución del nivel de conciencia,
Inmovilidad y parálisis,
Incontinencia,
Alteraciones en la nutrición, como estados
deficitarios de proteínas, de vitamina C, de
oligoelementos como el hierro, cobre y el zinc - que
producen una demora en la epitelización y
retracción de la herida- así como la obesidad y la
caquexia.

- Enfermedades: accidente vascular cerebral, diabetes mellitus,
síndrome de Guillai-Barré, esclerosis múltiple, hemorragia
subaracnoidea, hematoma subdural.

- Lesiones: fractura ósea, fractura y compresión de la médula
espinal.

- Factores derivados de los cuidados de salud:
o Tratamiento médico:
sedantes, pues interfieren en la movilidad,
corticoides, que pueden actuar sobre los tejidos
disminuyendo la resistencia e inhibiendo por tanto
la cicatrización, - citostáticos, debido al riesgo de
necrosis asociado a la quimioterapia endovenosa,
uso de sondajes, sistemas para sueroterapia,
fijaciones, férulas,
reposo prolongado en cama con ausencia o defecto
de cambios posturales,


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201



exceso o defecto de higiene o uso de jabones
inadecuados, alcoholes y/o antisépticos que alteran
la flora saprofita de la piel.

Los materiales que debemos de tener a nuestra disposición para
tratar con úlceras por presión serán los siguientes:
- Hoja de Valoración/Registro de Úlceras por presión.
- Guantes estériles.
- Jabones neutros o sustancias limpiadoras con potencial curativo
bajo.
- Productos hidratantes y nutritivos: aceite de almendras, vaselina
pomada.
- Absorbentes, salvacamas, etc.
- Apósito hidrocoloide extrafino.
- Cojines, almohadas, colchones antiescaras, protecciones locales,
etc.
- Paños.
- Compresas y gasas estériles.
- Set de curas con pinzas de disección dentadas, mango de
bisturí, hoja de bisturí.
- Solución salina.
- Vendas.
- Desbridantes enzimáticos.
- Gel de lidocaína 2%
- Apósitos basados en la cura húmeda:
hidrocoloides/hidrorreguladores, en placa, en gránulos, en pasta
o en hidrofibra.
- Alginatos.
- Hidrogeles, en estructura amorfa, en placa.
- Poliuretanos.
- Apósitos Hidropoliméricos.
- Material necesario para la recogida de cultivo.


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202




El personal encargado de las úlceras por presión de los pacientes
serán los DUE, auxiliares y celadores.

Con respecto a la información se debe informar al paciente y/o
familia de las situaciones de riesgo que pueden desencadenar una
Úlcera por Presión y de la pertinencia de la valoración del riesgo de
padecerlas para prevenir la aparición de Úlceras. Informar al paciente
y/o familia de los aspectos que caracterizan una Úlcera por Presión y
de la pertinencia de la valoración de aquellos para tratar las Úlceras.
Informar, en general, de los conocimientos básicos de estas lesiones y
educar en el espectro completo de cuidados para el tratamiento.

Prevención de las úlceras por presión.
Para prevenir las úlceras por presión se debe realizar una
higiene diaria con agua y jabón neutro según procedimiento; así como
baño local cuando:
- Se observe un área corporal húmeda –el paciente puede
presentar comportamientos como llanto, permanecer con las
piernas separadas, quitarse la ropa, girarse y permanecer en un
lado de la cama. La piel puede estar enrojecida y fisurada o
presentar un exantema rojizo -;
- El paciente refiera molestias por humedad –ropa de vestir o
cama húmedas o frías, escalofríos -.
- Al realizar la higiene se debe eliminar restos de pomadas y
polvos y observar la integridad de la piel diariamente mientras
se realiza la higiene Aclarar y secar bien la piel, entre los dedos
y pliegues.
- Se debe aplicar vaselina (para proteger contra el daño
enzimático por la saliva, diarrea, drenaje de fístula) tras la
higiene diaria o baño local en zonas potencialmente húmedas.


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
203



- Se ha de lubricar la piel con aceite de almendras tras el baño,
utilizar compuesto lipídico tópico en zonas de riesgo.
- Masajear muy suavemente con el aceite de almendras tras la
higiene. No masajear áreas rojas/eritemas.
- Mantener la ropa de cama limpia, seca y sin arrugas.
- Proporcionar ropa limpia (si presenta molestias por humedad).
- Si el paciente presenta incontinencia:
o Aplicar sonda urinaria externa o colocar una bolsa de
recogida en el periné.
o Proteger con pañales absorbentes.
o Cambiar inmediatamente el pañal húmedo.
- Prevenir y aliviar la presión y el rozamiento con los materiales
con que cuenta el hospital: almohadas, piel de oveja, colchones,
etc. Use una superficie estática si el paciente puede asumir
varias posiciones sin apoyar su peso sobre la úlcera por presión,
o una superficie dinámica de apoyo, colchones de aire alternante
para enfermos de medio y alto riesgo, si es incapaz de asumir
varias posiciones sin que su peso recaiga sobre la úlcera/s.
- Colocar apósitos hidrocoloides transparentes/extrafinos en
puntos de fricción.
- Colocar almohadas (para reducir la presión)
- Vigilar sondas, vías centrales, drenajes y vendajes, evitando la
presión constante en una zona que pueda provocar úlceras.
- Cambiar de postura de forma individualizada y siguiendo una
rotación programada cada 2-3 horas durante el día, y cada 4
horas durante la noche (según procedimiento de movilización
del paciente).
- Levantar al sillón siempre que el estado del paciente lo permita.
Cuando se ha formado una úlcera sobre las superficies de
asiento, deberá evitarse que permanezca sentado. Si precisara
levantar al sillón por otras consideraciones de su patología


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
204



procurar un dispositivo de alivio. Nunca utilizar dispositivos tipo
flotador o anillo.
- Observar y anotar la ingesta de alimentos y líquidos. Registrar
las cantidades y las clases de alimentos sólidos, semisólidos y
líquidos que el paciente toma cada 24 h.
- Asegurar una hidratación adecuada del enfermo (aporte hídrico:
30cc. De agua/día x Kg de peso).
- Administrar suplementos hiperproteicos de nutrición enteral
(para evitar situaciones carenciales; si ya presenta úlceras,
considerar que las necesidades nutricionales de una persona con
úlceras por presión están aumentadas).

Para evitar las ulceras por presión también se debe enseñar a
mantener la piel seca y limpia (dar instrucciones específicas de
acuerdo con la causa).
- Enseñar cómo cambiar inmediatamente los pañales húmedos.
- Explicar la necesidad de aumentar la ingesta de proteínas
durante la cicatrización de los tejidos.
- Explicar cómo se mantiene la posición anatómica correcta:
o Proporcionar detalles claros, de forma que consiga la
posición adecuada.
- Enseñar cómo hacer los cambios de posición:
o el cambio de posición corporal previene la congestión de
las secreciones respiratorias,
o facilita la expectoración, favorece la circulación,
proporciona bienestar,
o al evitar la presión prolongada sobre determinadas áreas
corporales,
o reduce la fatiga y previene las contracturas.





CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
205



La persona encamada debe moverse de una posición a otra:

1. Posición de decúbito supino:
Mantener la cabeza, con la cara hacia arriba, en una
posición neutra y recta de forma que se encuentre en alineación
perfecta con el resto del cuerpo; apoyar las rodillas en posición
ligeramente flexionada para evitar la hiperextensión
(extremidades en abducción de 30 grados), codos estirados y
manos abiertas. Se protegerá en decúbito supino:
o Occipital.
o Omóplatos.
o Codos.
o Sacro y coxis.
o Talones.


Posición decúbito supino

2. Posición de decúbito prono.
Colocarse sobre el abdomen con la cara vuelta a un lado
sobre un cojín, los brazos flexionados rodeando el cojín, las
palmas giradas hacia abajo y los pies extendidos. Apoyar los
tobillos y las espinillas para prevenir la flexión plantar de los
pies. Se protegerá en decúbito prono:
o Frente.
o Ojos.


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
206



o Orejas.
o Pómulos.
o Pectorales.
o Genitales masculinos.
o Rodillas.
o Dedos.

Posición decúbito prono

3. Posición de decúbito lateral.
Mantener la alineación, con la pierna del lado sobre el que
descansa el cuerpo estirada y la contraria flexionada; las
extremidades superiores flexionadas. Apoyar con almohadas el
muslo y el brazo para prevenir la rotación interna de la cadera y del
hombro. En decúbito lateral derecho o izquierdo se prestará
especial atención a:
o Orejas.
o Escápulas.
o Costillas.
o Crestas ilíacas.
o Trocánteres.
o Gemelos.
o Tibias.
o Maleolos.


CARPE DIEM EL CELADOR EN LA SANIDAD
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Posición decúbito lateral

4. Posición sentada.
Sentarse con la espalda apoyada cómodamente contra una
superficie firme. Colocar una almohada debajo de cada brazo, así
como un rodillo en la región cervical. Posición sentada, vigilar y
proteger:
o Omóplatos.
o Sacro.
o Tuberosidades isquiáticas.



- Alteraciones psicológicas.
Un problema frecuente es la depresión. La aplicación de
tratamientos sedantes o neurolépticos limitará aún más la movilidad.