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LA PAZ DEMOCRÁTICA.

UNA VISIÓN CRÍTICA DE SU PAPEL EN EL SIGLO XXI.

Denominamos Paz Democrática a una de las teorías que mayor éxito y prestigio, tanto desde el punto de vista académico como del de la política práctica han tenido dentro de la disciplina de las relaciones internacionales, esto viene a resumirse dentro de una frase afortunada, citada prácticamente por todos los autores que se han dedicado al estudio de la presente tesis y formulada por Jack S. Levy 1 , en la que afirma que la ausencia de guerra entre democracias es lo más cercano que tenemos a una ley empírica en Relaciones Internacionales.

Con todo, deberíamos remontarnos prácticamente hasta 1983, para que, ya en plena crisis de la Guerra Fría, los autores liberales retomen una tradición durante décadas olvidada, ante el auge de la aplicación de los principios del realismo dominante, que de la mano de autores como Morgenthau, arraigó profundamente en la administración estadounidense ya desde los años 40, pero que ante la profunda crisis que comenzaba a percibirse dentro de los regímenes soviéticos, algunos comenzaron a poner en cuestión, comenzaba pues el Fin de la Historia 2 y se preparaba la instauración del nuevo orden liberal, que marcará los años 90 y que tendrá una influencia sin precedentes, independientemente del carácter ideológico del gobierno de turno, primero demócratas y luego republicanos, tomarán esta Tesis como propia y la convertirán en el eje central tanto de su discurso como de su política de Seguridad Nacional.

La presente investigación no pretende tanto ofrecer una visión generalista de la evolución de la Paz Democrática en sus diferentes aspectos, ya sean estos políticos, historiográficos, filosóficos o de cualquier otra índole, sino plantear

1 Jack.S.Levy “Domestic Politics and War” in Robert I. Rotberg and Theodore K.Rabb, eds, The Origin and Prevention of Major Wars (Cambridge, UK:Cambridge University Press,1989), p.88.

2 Fukuyama, Francis, The End of History and The Last Man, (New York, Free Press, 1992).

una crítica a algunos de sus aspectos fundamentales y mostrar que aunque considerásemos que sus principales pilares estuviesen fuera de toda crítica (algo que como trataré de demostrar es, al menos en parte erróneo) y siguiendo a Kenneth Waltz 3 , no puede ser considerada una guía para la política de asuntos exteriores de ningún estado debido tanto a su, en ocasiones, endeble fundamentación teórica, como a los problemas prácticos que ocasionaría para aquellos estados que decidiesen actuar conforme a ésta, como de hecho se está viendo en algunos supuestos de gran actualidad.

Por último parece que la Tesis de la Paz Democrática ha conseguido convertirse en el punto central, al menos durante varios años del enfrentamiento de los autores académicos que sostienen planteamientos

realistas y aquellos que defienden que la extensión de la “Paz Liberal” 4 , llevará

a un mundo más pacífico, en el que los conflictos armados entre estados

democráticos y liberales desaparecerán, aunque estos se incrementen en relación a los estados considerados no liberales, que de buen grado o por la fuerza acabarán integrándose en el nuevo orden ya anunciado por Kant en el siglo XVIII.

El trabajo de investigación se dividirá en cuatro partes, la 1ª hará referencia al

origen de la tesis y los planteamientos realizados por sus principales defensores, esto es, a su fundamentación filosófica, continuando con las críticas que algunos de sus principales detractores realizaron a sus planteamientos básicos, evidenciando el debate entre las diferentes escuelas

de relaciones internacionales, incluyendo algunas relativamente recientes como

el constructivismo y la teoría de juegos.

En segundo lugar se plantearán los problemas de concepto en los que incurre

la Tesis, esto es, la difícil defensa que puede tener un planteamiento teórico

cuando muchos de sus términos clave son cuanto menos poco claros, especialmente cuando nos referimos a guerra, paz, democracia o intervención.

3 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), pp 5-12.

4 Veáse en las obras de Russet, Rummel, Doyle, Owen y tantos otros que citaremos en las páginas que siguen.

La tercera se refiere a la crítica de la evidencia empírica, que los defensores de la Tesis sostienen, tanto en lo referido a la correlación estadística, más brevemente, como de forma central a los datos históricos que estos manejan y que llegan a conflictos producidos en fechas relativamente recientes.

Finalmente en la cuarta parte y a raíz de lo visto en los capítulos anteriores, se hará una exposición de la utilización en tiempos recientes de la Tesis en la política de Asuntos Exteriores y Seguridad Nacional de Estados Unidos, así como de la importancia que ha adquirido en su discurso político, tanto en la administración demócrata primero, como en la republicana después y plantear los riesgos que derivan de la utilización de esta como guía, pudiendo llevar como trataré de demostrar a consecuencias poco deseables para aquellos que la sostienen.

CAPITULO PRIMERO: I- ORÍGEN Y FUNDAMENTACIÓN FILOSOFICA.

Los orígenes recientes de la Tesis de la Paz Democrática están indisolublemente ligados a la figura de Michael W. Doyle 5 . Este autor retoma el legado dejado por Kant, especialmente en uno de sus escritos políticos más conocidos, el de la “Paz Perpétua”, para generar toda una corriente de pensamiento en torno a su obra, que fue capaz de plantear una alternativa al realismo dominante, especialmente por aquellos años; es sin duda el autor más relevante con respecto a la mencionada Tesis, así como su defensor más importante, muchas de cuyas aportaciones al pensamiento de las Relaciones Internacionales son reconocidas tanto por los defensores como detractores de ésta

No parece casual que Doyle comience su obra haciendo referencia a la tradicional situación de postración, que las teorías liberales soportaron respecto del realismo predominante en los círculos académicos y diplomáticos, la

5 Doyle, Michael W. , “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affairs, Partes 1 y 2” en Philosphy and Public Affairs, Vol 12, Nos. 3 y 4, (Summer and Fall 1983), es con diferencia el artículo más conocido al respecto, además del primero en relación a la Paz Democrática pero como veremos no el único.

consideración de las teorías liberales como inherentemente “amantes de la paz” 6 , no ha contribuido demasiado según el a entender la influencia que en tiempos recientes tuvo sobre el pensamiento en Relaciones Internacionales y el comportamiento de los estados, frente al Dilema de Seguridad o el Equilibrio de Poderes, así como los factores sistémicos, defendidos por los autores realistas, veremos los factores internos de los estados defendidos por los liberales y es que ante todo, la obra de Doyle constituye un exitoso intento de plantear una alternativa a una forma de ver el mundo de las Relaciones Internacionales, que durante décadas no conoció ningún desafío al respecto y que tendía a separar radicalmente el ámbito de la política interna de la externa, haciendo predominar la segunda sobre la primera a la hora de prevenir el comportamiento de estos.

Uno de los aspectos más interesantes precisamente de esta teoría serán los requerimientos institucionales establecidos por Doyle al respecto 7 , así, como podrá ser identificado un régimen democrático y, tal y como parece derivar del texto, liberal. El primer requisito será el no sometimiento a una autoridad arbitraria, esto equivale a la defensa de las libertades denominadas negativas 8 , primer pilar del estado liberal para el propio Doyle y que englobará a su ve otras libertades como las de prensa, expresión, investigación, igualdad ante la ley, etc.

En segundo lugar destacan las libertades denominadas positivas 9 , esto es los denominados derechos económicos y sociales, que garantizan la participación y capacidad de decisión de los ciudadanos de estados democráticos. En tercer lugar destacaría un derecho liberal de extraordinaria importancia, que sin la existencia de los ya mencionados no podría llevarse a cabo e imposibilitaría la consideración de un estado como liberal o democrático y es el derecho de participación.

6 Ibid,. pp. 3 y 4.

7 Ibid pp 4-7 y 20-27, enlazando los requerimientos de su propia teoría con los que establecía la teoría kantianda de la “paz perpetúa”, ya que los primeros no podrán entenderse sin los segundos.

8 Predominantes según el autor en los estados liberales en sentido clásico, ej Estados Unidos.

9 Destacan en los estados que poseen gran contenido de políticas sociales, pero no son exclusivos de estos.

Como vemos si bien el tercer derecho ha de mantenerse incólume, el predominio del primer o el segundo tipo de libertades condicionaría el tipo de estado liberal-democrático ante el que nos encontraríamos, en el caso de los primeros, sería el estado liberal en sentido clásico, si predominasen los segundos, un estado de contenido social.

Finalmente el orden político liberal se encontraría condicionado por cuatro rasgos, que veremos desarrollados con mayor profusión en el capítulo segundo, esto es, 1- la igualdad ante la ley y titularidad por parte de los ciudadanos de los derechos considerados fundamentales, 2-autoridades dependen del consentimiento del electorado y tendrán como restricción esencial el respeto a los derechos y libertades fundamentales de éstos, 3- reconocimiento de la propiedad privada y 4- el mercado se someterá a las leyes de la oferta y la demanda.

Como se ve los rasgos presentados por Doyle, que deben cumplir las democracias denominadas liberales, no son muy diferentes de ciertos requerimientos establecidos por otros autores para un estado liberal decimonónico, aunque sus derechos y libertades hayan sido expandidos a la mayor parte de las capas sociales.

El origen de toda esta teoría estará sin embargo en una de las obras de carácter político realizados por el filósofo alemán Immanuel Kant y que probablemente sea su aportación mas conocida al ámbito de las Relaciones Internacionales, esto es el ensayo conocido como “La Paz Perpetua”, tanto los requerimientos establecidos por este como la línea de evolución que traza hacia el futuro (y que será fielmente recogida como veremos por los autores cosmopolitas), son prácticamente de forma integral reproducidos en la obra de Doyle. 10

10 Si bien algo retocados y alterando en cierto sentido los términos establecidos por el propio Kant, los tres pilares de la teoría kantiana de la “paz perpetua” estarán presentes tanto en Doyle como en otros autores que defienden la Paz Democrática.

Destaca al respecto la existencia de 3 “Artículos Definitivos”, que caracterizan el pensamiento del filósofo en relación a la tesis de Doyle, el primero se refiere a la constitución republicana 11 del estado, sin referirse en ningún momento a su carácter democrático, cuestión que utilizarán los autores críticos para cuestionar la idea de la Paz Democrática, como errónea ya de origen, este régimen republicano deberá combinar por un lado la autonomía moral con el individualismo y el orden social, igualdad ante la ley de los ciudadanos, propiedad privada y economía de mercado, como se ve, la relación con el estado democrático y liberal de Doyle es realmente estrecha.

El segundo paso de la teoría kantiana se identificaría con el 2º Artículo Definitivo, tendente a establecer la paz entre los regímenes republicanos, la denominada Paz Eterna, por la cual, este tipo de regímenes en expansión llegará a acuerdos para evitar cualquier tipo de conflicto armado entre ellos.

Sin embargo el paso verdaderamente relevante, es el que se recoge dentro del Tercer Artículo, el que vendría a configurar el denominado Derecho Cosmopolita 12 , que acabará produciendo armonía donde antes no existía y que configurará el derecho a la hospitalidad, al que tiene derecho todo extranjero cuando viaja, (aunque no incluya el derecho a ser naturalizado, pero si el de visitar o comerciar) excluyendo por otro lado el derecho a invadir o conquistar estados extranjeros (salvando el caso de aquellos que no respeten este derecho y que por tanto puedan no ser considerados como civilizados).

Cada uno de los tres artículos cumpliría su función en la teoría, en tanto el primero permitirá a los estados librarse de los gobernantes autoritarios, en particular de los monarcas, cuyos súbditos se ven sujetos a su capricho 13 y por tanto con mayor facilidad para declarar guerras a otros estados por no deber rendir cuentas a nadie, manteniendo la libertad y soberanía de cada uno de ellos, el segundo opera como una suerte de primitivo derecho internacional y finalmente el tercero, tras numerosos intentos infructuosos, consagraría

11 Termino criticado entre otros por Spiro, David en “The Insignificante of the Liberal Peace”, en Internacional Security,vol 19, no.2, p 55.

12 Kant, “Perpetual Peace”, pp 444-447.

13 Quiza algo exagerado tanto por defensores como detractores de la teoría.

moralmente la Paz Perpetua en una suerte de evolución positiva, incardinada en el optimismo inherente a su época.

En cualquier caso las posiciones kantianas diferirán de las que a posteriori apoyarán muchos de los autores liberal-cosmopolitas 14 por cuanto que si bien permite la intervención en aquellos estados que incumpliesen los 3 artículos precedentes considera no deseable la formación o bien de un gobierno mundial

o

de una federación de naciones como algo que sería “potencialmente tiránico”

y

tampoco se le considerará un simple tratado de paz.

No obstante la herencia que dejará en el pensamiento liberal internacionalista será bastante profunda, no solo hace referencia a aspectos estructurales internos de los estados liberales como condicionantes de su comportamiento externo, destaca el papel relevante que otorga al comercio y el intercambio cultural entre los ciudadanos de diferentes naciones, así como una alternativa a los defensores hobbesianos del equilibrio de poderes y el dilema del prisionero, un intento de salida, que será utilizado para sostener dichas posiciones académicas todavía dos siglos después de que fuesen formuladas.

Una de las principales características que tendrá la Tesis en la obra de Doyle y que se mantendrá, en mayor o menor medida en muchos de sus defensores es la distinción que realizará entre las relaciones que los estados democráticos y liberales mantendrán con los estados de su mismo tipo 15 y, frente a esto las relaciones que entablarán frente a aquellos estados considerados no democráticos o iliberales. 16

Así pues mientras que en relación a los estados liberales o democráticos se mantiene una posición prácticamente complaciente, esto es, de identificación con los valores ya mencionados y que impregnan la estructura interna de estos, como ya hemos visto, observándose en la práctica ausencia de cualquier

14 Vease en las obras de Beitz, Beck, Held, Rawls y otros que comentaremos en breve.

15 Doyle, Michael W. , “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affairs, Partes 1 y 2” en Philosphy and Public Affairs, Vol 12, Nos. 3 y 4, (Summer and Fall 1983), pp 27-30.

16 Ibid, pp 30-43.

conflicto armado, a pesar de la existencia de intereses contrapuestos 17 y por tanto la vigencia de la Paz Liberal, conforme a las restricciones ya previstas por Kant, plenamente operativa, la relación con los estados considerados iliberales será realmente distinta.

Esto no nos debe hacer llegar al simplismo de pensar, que un autor de la talla de Doyle, no reconoce la existencia de problemas en la relación interna de los propios estados democráticos, así, admite la existencia de fracasos especialmente en lo que se refiere al apoyo político o estratégico que históricamente, no siempre han brindado a aquellos con los que se identifican y que en cierta medida supone un fleco importante de los postulados de la Tesis 18 , que si bien parece mantener una posición segura en el ámbito de la ausencia de conflictos armados, se ve incapaz de articular una posición activa, de apoyo en favor de una alianza liberal, independiente de planteamientos estratégicos realistas.

Y es que en definitiva lo que se puede deducir de la obra de Doyle, es que el realismo, lejos de haber sido excluido por parte de unos postulados liberales alternativos 19 , es trasladado al terreno de “los otros”, es decir de la relación de los estados liberales y democráticos con aquellos que no lo son, o bien, con aquellos que siendo democráticos 20 , no poseen características liberales como las que los defensores de la Paz Democrática sostienen (muy diferentes según el autor), algo que no se modifica, si acaso se matizaría según el autor, por tanto en este tipo de relaciones, quedan plenamente vigentes el equilibrio de poderes, la sociedad anárquica, la competencia entre estados o el propio dilema de seguridad.

17 Casos como el de Gran Bretaña y Estados Unidos en Venezuela, Francia y Gran Bretaña en Fashoda, que se comentarán en capítulos siguientes, frente a los conflictos que se vivieron contra España o Alemania, por ejemplo.

18 Por ejemplo, la falta de apoyo a la II República en España, la invasión de los Sudetes, el caso de Finlandia etc.

19 Ibid, pp 20-21.

20 En Doyle no se observa la consideración de determinadas democracias, como iliberales, a diferencia de otros autores como Russet, que si lo reconocen, la determinación de su estatus y como estas deben integrarse en el orden internacional liberal, queda pendiente de explicación académica.

No obstante, ésta no será la única distinción o clasificación que encontraremos en la obra de Doyle, y que se extenderá a muchos otros autores y es que curiosamente una consideración de carácter realista 21 , como es la diferencia de poder existente entre unos y otros estados, marcará las relaciones de los estados liberales con aquellos que no lo son.

De tal forma en tanto que respecto de los estados no democráticos débiles, se adoptará una posición de “imperialismo espasmódico”, es decir, de una relación confusa que oscilaría entre la desconfianza y la intervención 22 , heredera directa de las políticas que las grandes potencias europeas, mantuvieron respecto de los pueblos coloniales, en el caso de las grandes potencias no democráticas, como China o la entonces Unión Soviética, se adoptará una política de prudencia y por tanto si bien de desconfianza, es rara la agresión, aunque se mantiene el carácter competitivo y de lucha por la supervivencia. Parece que Doyle si tiene razón que la calificación del liberalismo como “paloma”, no obedece a la realidad a la vista de los hechos, no pudiendo sostenerse que este tipo de estados (liberales y democráticos) sean mas pacíficos que los que no, si bien no tiene en cuenta el problema de las percepciones, es decir de a que obedece que un estado sea tenido en cuenta como democrático o bien iliberal, otros autores con posterioridad se ocuparán de ello 23 .

Destaca igualmente la toma en consideración del papel del comercio y el desarrollo económico justo en la consecución de la Paz Liberal 24 , aunque sus argumentos no difieren de la de muchos autores cosmopolitas que reclaman que la propiedad de las fuentes naturales pertenece a la humanidad y que por el mero hecho de estar en un territorio o en otro no debe significar nada, especialmente si el estado en cuestión, sea pobre o rico no pudiese considerarse “decente”, siendo todo ello compatible con la relevancia fundamental del comercio y de la economía de mercado, tal y como caracteriza a los liberales.

21 Algo que no debe resultar tan extraño por cuanto que como ya dijimos el realismo se mantiene en la relación de los estados liberales con aquellos que no lo son.

22 Casos como Nicaragua, Panamá, Vietnam y otros.

23 Owen, Layne, Oren, etc.

24 Ibid, pp 44-48.

Por ultimo Doyle 25 , plantea una serie de sugerencias en orden a la consecución de la Paz Liberal en un futuro próximo, (si bien calcula que no será posible llegar a tal objetivo, por lo menos hasta el año 2101, conforme a una serie de interpretaciones históricas discutibles), así ha de tratar de evitarse el uso de la fuerza y convertir la expansión de la democracia en una cruzada, con resultados contraproducentes, planteando distinto tratamiento según el nivel de opresión existente en su estado, vulneración de derechos y también de los valores liberales o el desarrollo de su democracia y según esto, darle un tratamiento similar a un estado liberal o bien a la Unión Soviética o China, en definitiva recomendaciones de prudencia realistas, que podrían considerarse el reconocimiento de éste como una teoría de plena vigencia y siendo por tanto su aportación de ésta teoría como alternativa cuanto menos como agridulce, la pregunta sería si realmente es posible evitar desencadenar cruzadas, como bien afirmaría Waltz 26 , al ser la tentación tan grande, cuando la Paz se convierte en la causa más noble de la Guerra, como algunos autores cosmopolitas como Beck 27 , reconocerían.

Si bien las aportaciones realizadas por Doyle son el pilar central sobre el que se asienta la Tesis, no será precisamente el único autor que realice aportaciones consideradas de peso en cuanto a su articulación y defensa, otros autores como Russet, Rummel, Owen, Fukuyama, Huntington, los autores cosmopolitas, en parte Sorensen e incluso los constructivistas por causas distintas acabarán poniendo su granito de arena en cuanto al sostenimiento de esta en el ámbito teórico, aunque en ocasiones su apoyo sea matizado.

La principal aportación de Russet a la Tesis 28 , será el análisis de las principales causas formuladas por los diferentes autores, incluyendo a Kant, que producen la restricción o bien, que impide a las democracias ir a la guerra entre sí, así

25 Ibid. pp 48-54

26 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), p 12.

27 Beck, Ulrich, Der Kosmopolitische Blick order: Krieg ist Frieden, 2004, Suhrkamp Verlag, Francfort am Main.

28 Russet, Bruce, “The Fact of Democratic Peace”, en Grasping the Democratic Peace, Cap. 1. (Princeton N.J. Princeton University Press, 1993) y “Why Democratic Peace?” en Grasping the Democratic Peace, Cap. 2 y 6. (Princeton N.J. Princeton University Press, 1993)

como de las causas alternativas propuestas entre otros por los realistas para explicar la Paz Democrática 29 .Entre ellas se encuentran también las explicaciones que tradicionalmente sostuvieron los liberales para explicar la ausencia de conflictos armados entre éste grupo de estados, en cualquier caso rechazadas por Russet, aunque no por todos los defensores de ésta.

Una primera causa sería la referente al papel de las instituciones y las normas

en

el ámbito internacional, vease tanto el papel de Naciones Unidas como de

La

Unión Europea y otros, defendidas por los autores liberal-cosmopolitas 30 ,

pero de los cuales Russet, en mi opinión con acierto destaca, que esta clase de vínculos, si bien presentes, son bastante más destacables en el caso de regímenes democráticos, que en el caso de las autocracias, (si bien podemos poner excepciones como el caso de China y otros que hacen plantearnos las cosas desde una óptica bien diferente).

Rechaza igualmente el papel de la distancia (igualmente de forma correcta en

mi opinión), a la hora de generar conflictos bélicos dada la existencia de una

evidencia histórica discutible, que permite argumentar en uno y otro sentido, tampoco las alianzas parecen para Russet una explicación demasiado fiable de

la ausencia de guerra entre democracias, explicación defendida por los

realistas, si bien en esta ocasión algo cogida con pinzas, por cuanto que los estados que las componen comparte una serie de valores, aunque en casos como el de la OTAN, hubiese excepciones 31 , lo cierto es que a pesar de Russet, los realistas mantienen en mi opinión la explicación más plausible por

cuanto que los intereses materiales y geoestratégicos suponen un papel central

en su conformación.

Respecto de la necesidad de la existencia de una cierta estabilidad económica,

tal y como sostienen los estructuralistas, si bien no lo rechaza, llega considerar

que las democracias, constituyen el tipo de régimen ideal para la consecución

del crecimiento económico conforme a las reglas de mercado, si bien, puede

29 Ibid, pp 3 y ss.

30 Ver las obras de Held, Beitz, Beck y otros que se citarán a continuación.

31 Portugal, Grecia y Turquía durante mucho tiempo.

ser considerado tanto un factor de paz como de conflicto y en cuanto a la estabilidad política, llegaría a afirmar que ésta se mantiene de una forma especialmente efectiva y duradera en este tipo de estados, aunque reconoce sus efectos desestabilizadores 32 , que aumentarían el riesgo de conflicto.

Russet clasifica y analiza las causas que según los diferentes defensores de la Tesis, producen como resultado la Paz Democrática, éstas se agruparán en dos tipos diferentes, por un lado los factores que se conocen como normativos y culturales, propios de las democracias 33 y por otro lado los institucionales y estructuralistas 34 , como explicaciones alternativas.

En primer lugar destacan los factores normativo-culturales, éstos hacen referencia en buena medida según Russet a una serie de aspectos culturales, percepciones y prácticas propias de los regímenes democráticos, es decir, a una cultura y unas prácticas normativas y culturales propias de los regímenes democráticos que les permite a nivel interno resolver los conflictos que se suscitan pacíficamente y que este tipo de regímenes van a externalizar, aplicándolos en sus relaciones con regímenes del mismo tipo y que por tanto evitará que estos entren en conflicto entre sí, pero no con estados no democráticos, como la tradición imperial e intervencionista respecto de los estados no liberales más débiles han venido demostrando. Su aplicación según éste autor tiene toda una serie de consecuencias, la primera es que los propios líderes democráticos aplicarán las mismas normas tendentes a la resolución de conflictos en el ámbito de las Relaciones Internacionales que en el interno, esperando que el resto de democracias hagan lo mismo, pero no los estados no democráticos, a los que percibirán como peligrosos y amenazantes, si bien esto se alterará en función de la estabilidad de la propia democracia. Por tanto ante la situación de mayor vulnerabilidad de los estados liberales y para preservar su propia supervivencia adoptarán con los no liberales su propia forma de resolver s conflicto, incluyendo la amenaza y el uso de la fuerza.

32 Destacan las críticas planteadas por Mansfield, Edward.D y Snyder, Jack en “Democratization and the Danger of War, en internacional Security, vol 20, no 1, pp 5-38.

33 “Why Democratic Peace?” en Grasping the Democratic Peace, Cap. 2 y 6. (Princeton N.J. Princeton University Press, 1993), pp 90-100.

34 Ibid, pp 100-105.

Como se ve el papel en este caso tanto de percepciones, como de preferencias, cultura e identificación de lo propio frente al “otro” tiene bastante fuerza.

Por otro lado destacan los factores institucionalistas y estructurales, ya mencionados en relación con Kant, hacen referencia a las restricciones que se establecen respecto de los líderes democráticos a la hora de declarar una guerra, tanto las derivadas de los costes electorales de una opinión pública supuestamente contraria a la guerra como de la separación de poderes, la necesidad del debate público y otros. Así, debido a todas estas restricciones, que provocan que la toma de decisiones se produzca con mayor lentitud, las democracias se mostrarán vulnerables con otro tipo de estados, que toman decisiones a este respecto con mayor rapidez y de forma secreta, arriesgándose a que se produzca un ataque por sorpresa, que no esperarían de otra democracia y por tanto las lleva a utilizar la fuerza a gran escala con este tipo de estados. Nuevamente las percepciones juegan un papel esencial en los factores estructuralistas, si bien en este caso la debilidad es mayor que en el primero, por cuanto que la evidencia histórica en diferentes casos 35 demuestra.

Además parece que ambos factores deberían actuar conjuntamente 36 , produciendo como resultado la eclosión de la Tesis, debiendo tomarse según Russet, las medidas oportunas para conseguir el fortalecimiento tanto de las condiciones que hacen posible la democracia, como promover su expansión (preferentemente desde una óptica multilateral y pacífica) y fortalecer las normas que hacen posible una comunidad de paz, haciendo frente a amenazas como fundamentalismos o nacionalismo, como se ve una idea que en principio se muestra como pacífica, inocente e incluso en ciertos aspectos algo cándida, que sin embargo y a la luz de las críticas puede convertirse en el instrumento de una política mesiánica e incluso cruzada, supuestamente a favor de una política nacional, que en la práctica es sostenida por todo una ideología de peso, como veremos respecto de los autores cosmopolitas.

35 Guerra entre España y Estados Unidos de 1898, I Guerra Mundial etc.

36 Ibid, pp 105-115.

Otro de los autores considerado defensor de la Tesis y que realizó aportaciones cuanto menos de gran interés, será Owen 37 , que a pesar de apoyar la Paz Democrática, demostrará cuanto menos un carácter bastante menos “sectario” que el de sus predecesores (y de bastantes críticos de ésta), incorporando las críticas del realismo a sus propios postulados teóricos y tratando de realizar una síntesis que permita conciliar los argumentos liberales con los propios del realismo.

Owen reconocerá algunas de las críticas que se harán a los postulados liberales, ya sean las derivadas del carácter ambiguo de ciertos conceptos, ya de su rara aparición en todo tipo de estados o de la falta de una argumentación teorética concreta que aplicar a las causas 38 e igualmente reconoce el carácter discutible de unos conceptos que se modifican con el paso del tiempo 39 .

A pesar de todo la principal aportación de Owen, al igual que ocurrirá en el caso de Oren 40 , recaerá sobre aspectos centrales a las propias teorías liberales, es decir, el mundo de las ideas y es que Owen parece ser uno de los primeros en tratar la cuestión de la Paz Democrática como si de una profecía autocumplida 41 se tratase, entroncando directamente con el ámbito de las percepciones, y es que si bien los valores que impregnan las propias instituciones así como las normas y la cultura propia de los estados democráticos, conformando su propia identidad y extendiéndolas al ámbito externo, tal y como explicaba Russet, desconfiando e incluso haciendo la guerra a los estados que no las comparten, esto es a los considerados no liberales, no puede entenderse el comportamiento de los propios estados liberales, sin entender el ámbito de las percepciones, dado que como veremos en numerosas ocasiones el problema a tratar no será tanto el derivado del carácter real del estado en cuestión, sea democrático, autocrático o como

37 Owen. John M., “How Liberalism Produces Democratic Peace” en International Security, vol 19, No.2, (Fall 1994), pp 87-125.

38 A pesar de que ya Russet proveyó de una cierta base causal a la Tesis.

39 Ibid, p-92.

40 Oren, Ido, The “Subjectivity” of the Democratic Peace, en International Security, vol 20, No.2, (Fall 1995), pp-147-184.

41 Owen. John M., “How Liberalism Produces Democratic Peace”, pp. 93-104.

afirmarán otros autores anocrático, sino que los propios estados liberales y sus ciudadanos lo perciban como tal, considerándolo por tanto como no hostil o amenazador o al contrario, declarándole la guerra, como se ve parece que la

crítica de Owen es cuanto menos bastante certera, aunque comparándola con las críticas de Layne 42 , Oren 43 o Waltz 44 quede bastante suave. La cuestión a considerar al respecto es si siguiendo los planteamientos realizados por Owen, en el momento en que un estado liberal, racionalmente o no, se encontrase amenazado por otro estado, sin importar si su carácter real es o no democrático o liberal, sería calificado automáticamente como un estado no democrático y una “respetable” opinión pública” se mostrase entusiásticamente

a favor de iniciar una guerra contra éste 45 , resultando con mayor facilidad en

caso de existencia de intereses contrapuestos por parte de ambos estados que las elites convenzan a una opinión pública, cuyo comportamiento parece rebasar las previsiones de carácter institucional-estructuralista de Russet, o que ésta empuje a las primeras a la declaración de una guerra.

Owen desarrollará una hipótesis sobre la actuación de los estados

democráticos en la escena internacional que tratará de ilustrar con cuatro ejemplos históricos concretos 46 , así los liberales confiarán en los estados que consideren como tales y desconfiarán de los que no, si un estado comienza a ser liberal se esperará mejorar sus relaciones con él, igualmente como afirmaba Russett, los estados liberales considerarán que otros estados que lo sean compartirán sus fines y los autocráticos no, estos estados seguirán sin confiar durante las crisis salvo que los no liberales cambien sus instituciones y

a la vez que se verán constreñidas por los valores y principios liberales que

defienden, las elites defenderán sus propias políticas, para ello desarrollará

todo este experimento 47 , en ocasiones bastante discutible y con base en

42 Layne, Christopher. Kant or Cant, The Myth of Democratic Peace, en International Security, vol 19, (Fall 1994), pp 5-49. 43 Oren, Ido, The “Subjectivity” of the Democratic Peace, en International Security, vol 20, No.2, (Fall 1995), pp-147-184.

44 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), pp 5-12.

45 El propio Owen cita ejemplos como el caso de España o el la Alemania del II Reich, cuyo carácter liberal, hasta el momento de entrar en guerra no parece haber sido puesto en cuestión.

46 Owen, John M., “How Liberalism Produces Democratic Peace. pp 131-148.

47 Que desarrollaremos más en el capítulo 3.

teorías muy parecidas a las de Russet, pero sin excluir ciertas dimensiones realistas.

En definitiva, si bien Owen considera preferible la postura liberal de la Paz Democrática frente a la realista, considerando que no ve más allá de los factores sistémicos a la hora de predecir el comportamiento de los estados, (aunque lo mismo podría decirse de los postulados liberales), incorporando críticas de autores como Wendt 48 , en cuanto a que son las propias prácticas de los estados, las que los definen a ellos y a sus intereses, considera posible la realización de la síntesis entre las dos principales escuelas de las Relaciones Internacionales en relación a esta Tesis porque aunque reconoce preferir las segundas, no puede ser excluido en modo alguno el papel de los intereses materiales, así como de las relaciones de poder entre los estados, frente a una posición tradicional de ambas que negaba la realización de cualquier concesión al contrario.

Otro de los aspectos más interesantes que recoge el texto de Owen, es el reconocimiento de la existencia de una serie de democracias consideradas no liberales, aunque no especifica demasiado a la hora de identificarlas, por cuanto que podría dar lugar a la necesidad de modificar tanto en sus aspectos teóricos como prácticos la Tesis, especificando si esta se aplica exclusivamente a democracias consideradas liberales 49 , que es una democracia liberal, el eterno problema de las definiciones que aquejan a la Paz Democrática, la percepción que ciertos autores liberales hacen del “otro” y si estas resultarán afectadas a la hora de que se produzca la onda expansiva mesiánica, que pretenden algunos impulsores de la Tesis y por fin considerar si democracia y estado liberal no son cosas distintas o incluso si los planteamientos constructivistas deben tener más peso, por cuanto que hablamos de estados que han construido sus relaciones como enemigos. Por parte de Owen 50 , sin embargo, parece claro que estas no quedarían afectadas

48 Wendt, Alexander. “Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics”, en International Organization, vol 46, No.2, (Spring 1992), pp 391-425.

49 Parece oportuno por cuanto que estados como Irán, las democracias de la Antigua Grecia o las del Este de Europa, el Norte de África o Sudamérica podrían verse excluidas.

50 Owen, John M., “How Liberalism Produces Democratic Peace. pp 98-99.

al no tener los mecanismos que permitirían lograr la restricción de su comportamiento belicista (aquellos ya mencionados, propios de la cultura, las normas y las instituciones democráticas No obstante hará referencia igualmente a una serie de amenazas relacionadas con el acceso democrático al poder de ciertos grupos nacionalistas y fundamentalistas, como de las que en el futuro pueden desafiar de forma más directa a la Tesis.

Si bien las teorías de autores como Doyle, Russet, Owen y otros han ayudado a establecer la Tesis como una alternativa robusta al realismo, aún dominante, en la actualidad el testigo de estos, (pero con mayor ambición), sería recogido por los autores denominados cosmopolitas, para los cuales la Tesis que surge en los años 80 constituirá una útil arma en su crítica al realismo, así como a la situación internacional actual, para ellos la democracia, con pocas excepciones, debería extenderse al resto del globo, en ocasiones si es necesario mediante la fuerza 51 , como parte de aquellos valores universales, que toda la humanidad comparte o que al menos debería compartir, cuestión distinta será si esto se hace de forma voluntaria o no, se hace pacíficamente o se impone, como ha ocurrido en ciertos casos históricos 52 , el propio Gobierno Mundial, Federación de Naciones, Entidad de Soberanía Compartida o cualesquiera institución imaginada o inventada por estos autores, casi sin excepciones debería tener un claro cariz democrático. Cabe por otro lado preguntarse si dados los métodos de propagación de la democracia, la necesidad de intervención en un mundo donde no todo el mundo comparte tales objetivos, éste resultado puede ser posible o se convertiría en lo que como Kant ya vimos que afirmó, la peor de las tiranías, en tanto se encargan de alterar la concepción tradicional de soberanía, como veremos a continuación.

Uno de los primeros autores cosmopolitas que merece la pena analizar al

de los

respecto será David Held 53 , en su obra este autor, sin duda

uno

51 Beck, Ulrich, Der Kosmopolitische Blick order: Krieg ist Frieden, 2004, Suhrkamp Verlag, Francfort am Main.

52 Por ejemplo Japón o Alemania, tras la II Guerra Mundial como supuestos exitosos.

53 Held, David. Law of Status, Law of Peoples, Three Models of Sovereignty en Legal Theory, 8, Cambridge University Press, pp 1-44.

cosmopolitas más destacados, plantea la existencia de tres tipos de soberanía, en primer lugar destaca la existencia de la soberanía nacional 54 , el modelo considerado westfaliano, que según ciertos autores surge en el siglo XVII, siendo el objeto principal de la llamada Realpolitik, caracterizándose por un tipo de estado al que siempre hacen referencia los autores realistas, es decir, con una serie de fronteras dentro de las cuales puede ejercer su autoridad de forma monopolizada, un gobierno y una población relativamente estable, el estado conocido por los críticos del realismo que se caracteriza como una “bola de billar”, según este autor superado y obsoleto por los nuevos desafíos que les conciernen y a los cuales no sabrían hacerles frente, desafíos como el deterioro del medio ambiente, la delincuencia transnacional, el tráfico de drogas, el terrorismo, la proliferación de armas nucleares, les sobrepasarían, cuestión diferente es que otros pensemos que los estados han tenido formas de adaptarse, sin alterar sensiblemente el concepto tradicional de soberanía para hacer frente a estos nuevos retos.

La obra de Held se enmarca dentro de las teorías liberales en las cuales la evolución toma un cariz ciertamente optimista, así en un periodo que más o menos coincidirá con el de la II Guerra Mundial 55 , a raíz de las propias circunstancias históricas, del avance de la tecnología y de los rápidos cambios sociales producidos, se ponen las bases de un nuevo concepto de soberanía, la denominada soberanía liberal, bases que procederán precisamente de una serie de convenios 56 , que irán apareciendo a medida que se presentan los nuevos desafíos, en esencia, parece que los estados se ponen de acuerdo entre ellos para poder responder a desafíos que consideran comunes, mucho más que como dice Held, ir desarrollando todo un proceso de empatía e identificación que iría estructurando la futura soberanía cosmopolita.

Existen dos pilares esenciales sobre los que se asentaría esta soberanía liberal 57 , que son precisamente aquellos que según los autores constructivistas,

54 Ibid, pp 4-5.

55 Ibid. pp 5-20 56 Entre ellos la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el Pacto de Derechos Civíles y Políticos, Contra la Tortura, Protocolo de Kyoto etc.

57 Ibid, pp 17-22.

articularían el paradigma dominante en los años 90, es decir, el que combina democracia con derechos humanos, aunque también haga referencia al desarrollo económico justo, valores que considera universales y por tanto pertenecientes al conjunto de la humanidad, indispensables para la futura evolución aunque de momento no se hayan desarrollado debidamente y existan numerosos fracasos, considerando que debe ahondarse aún mas en estas cuestiones y sin las cuales no es posible obtener el objetivo de la soberanía futura.

Por último destaca un último tipo de soberanía 58 , que, mirando al futuro permitiría abandonar definitivamente el modelo de soberanía westfaliano original, suprimiendo fronteras entre los distintos estados y permitiendo llegar a la consecución de un gobierno global, legitimado por toda la humanidad, este partiría desde una serie de principios abstractos 59 , que se concretarían en diferentes instituciones, pero que tomaría como modelo a una serie de organizaciones internacionales, (las de integración especialmente), tales como la Unión Europea, la ONU, la OTAN, tomando los elementos que le interesan, aunque sin tener en cuenta muchas de las deficiencias que padecen (por ejemplo la diferencia de poder entre los estados que las conforman) y que parecen adecuarse mucho más a explicaciones realistas que a los planteamientos liberal-cosmopolitas que integran la teoría de Held.

Al igual que otros autores cosmopolitas Held trata el tema del reparto injusto de la riqueza a nivel global y como otros, defiende un reparto más equitativo, pero especialmente en función de que cada estado cumpla con las obligaciones exigidas por el derecho internacional sin que el hecho de que las fuentes de tal riqueza estuviesen en su territorio, importarse a la hora de otorgar su propiedad.

58 Ibid, pp 22-39.

59 Entre ellos los de dignidad, igualdad, deliberación, consentimiento, responsabilidad, tan caros a los liberales.

Al igual que les ocurre a muchos de los defensores de la Paz Democrática en sentido estricto, tanto a Held como a otros muchos autores cosmopolitas se les puede plantear dos críticas de especial relevancia, la primera es que contrariamente a lo que piensas, quizá por observar demasiado el futuro en ver de mirar a la realidad de frente, los cambios que pretenden realizar con sus reformas teóricas no serían posibles, muy a pesar de ellos, sin imposición a través de una clara relación de poder respecto de aquellos que se oponen a ellos, es decir, que muy probablemente este cambio no se realice a través del consenso como pretenden, sino a través de la fuerza, con las consecuencias que de ello se derivarían, dado que las personas, por muy idealistas que sean no pueden creer que los sujetos han de ponerse de acuerdo siempre, muchas veces esto no es posible y como bien dicen los realistas 60 , la estructura sistémica, condicionará cualquier cambio que se produzca. En segundo lugar el papel otorgado a la democracia podría volverse contra ellos por cuanto que si su expansión no es posible realizarla a través de otro método que por la fuerza, esto no podría más que conducir a la consecución de aquella tiranía universal planteada por Kant en “la Paz Perpetua”, alterándose el significado que sus autores pretendieron darle, trastocando con ello sus teorías.

Otro de los defensores más destacados de la Tesis, vinculado, (al menos en parte), con el movimiento cosmopolita, será el conocido autor liberal John Rawls 61 , que pretenderá aplicar algunos de los aspectos de la famosa Teoría de la Justicia, que originalmente se pensó de cara al ordenamiento interno de cada uno de los estados, al mundo de las Relaciones Internacionales, con unos resultados cuanto menos asombrosos, así los individuos de los que Rawls habló en su Teoría de la Justicia original serán sustituidos no por estados, como podría entenderse desde una óptica realista, sino que pretendiendo superar esta teoría considerará que los principales sujetos de ésta han de ser los pueblos 62 , realizando por tanto una división que como mínimo resulta muy discutible.

60 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), pp 5-6.

61 Rawls, John. The Law of Peoples, 1999, Harvard University Press, Cambridge (Mass, USA), London.

62 Ibid, pp 35-43.

En orden a la consecución de lo que el mismo denominará una utopía realista, la Paz Democrática va a tener un papel central 63 , a la hora de determinar cuando estamos hablando de pueblos “liberales y decentes”, que superará un simple “modus vivendi”, tal y como surgiría de las propias teorías realistas y que les permitiría dotarse de una cierta estabilidad y detrás de la cual existirán dos ideas, por un lado la de que las personas pueden cambiar las instituciones que no les satisfacen 64 , por el otro que éstas pueden fomentar ciertas virtudes en sus propios ciudadanos, abandonando las ansias que otro tipo de estados poseerían en relación con el poder y la gloria y permitiéndole llevar adelante su teoría 65 , de que estos pueblos liberales y decentes, solo llevarán a cabo guerras contra estados considerados criminales, es decir, aquellos que vulneran el Derecho de Gentes elaborado por Rawls y más concretamente los Derechos Humanos, un elemento básico dentro de ésta teoría.

¿Cómo podremos distinguir a aquellos pueblos que según Rawls, poseen las características que les permiten quedar englobados bajo ésta Paz Democrática que anuncia? Para éste autor son necesarias cinco características 66 , que en primer lugar harán la paz entre ellas más segura y que por otro lado hace que sean menos proclives a declarar la guerra a estados no liberales “criminales”, salvo en determinados casos como legítima defensa. Estas cinco características serán, en primer lugar la de cierta igualdad de oportunidades, que otorgaría a sus ciudadanos, especialmente en materia de formación y capacitación, la segunda una distribución decente de ingresos y riquezas, que les permitiría poder ejercer sus libertades básicas de forma efectiva, en tercer lugar la existencia de la sociedad como “empleador de último recurso”, a través del gobierno nacional o local o de las políticas sociales y económicas, con el fin de mantener la autoestima de los ciudadanos, en cuarto lugar una asistencia sanitaria básica para todos los ciudadanos y finalmente la quinta la financiación pública de las elecciones y la disponibilidad de información pública sobre políticas.

63 Ibid, pp 57-67.

64 Ibid, p 59.

65 Básicamente la de Doyle, pero algo alterada.

66 Rawls, John. The Law of Peoples, pp 61-62.

Todas estas condiciones, englobadas por los principios de justicia liberales, serían la base constitucional suficiente, que permitiría cumplir los objetivos del autor en cuanto a restricción de conflictos 67 , pero cuya mayor aportación será la relación que va a establecer entre la Tesis de la Paz Democrática y la Teoría de la Guerra Justa 68 , que reserva para los pueblos liberales y decentes el derecho a la guerra contra estados que no respetan los derechos humanos o los principios del Derecho de Gentes, sin que estuviese justificado hacerlo por sus intereses racionales 69 sino por los intereses mas elevados de los pueblos, protegidos por sus principios de justicia, frente a los estados criminales o los denominados “absolutismos benignos” 70 , que no tendrían derecho siquiera a la defensa, solo las sociedades que no son agresivas y respetan los derechos humanos tienen derecho a ésta, debiendo adoptarse este derecho de gentes con el fin de asegurar su expansión y promover la paz entre los pueblos del mundo, solo siendo posible hacerlo contra pueblos que no estén bien ordenados y respetando una serie de normas de comportamiento 71 .

Los problemas que se pueden plantear a Rawls respecto de su teoría, son aún más fáciles de identificar que en el caso de Held, siguiendo su teoría encontraríamos la clasificación de los pueblos (en realidad estados), divididos en tres categorías, los pueblos liberales y decentes, los absolutismos benignos y por último los pueblos criminales, dentro de una suerte de clasificación que acaba recordando el estándar civilizatorio del siglo XIX y que permitía a los estados europeos u occidentales comportarse de una u otra manera con los estados considerados semicivilizados o los territorios salvajes 72 y con los civilizados de otra, pues en tanto estos últimos tendrían derecho a la independencia y la soberanía, en el caso de los primeros la intervención sería posible pero limitada y de los últimos se permitiría la adquisición de sus territorios y la explotación de sus riquezas.

67 Pero que al menos consigue diversificar las explicaciones liberales, incorporando aspectos de justicia social y no meramente estructurales, normativos o neoclásicos.

68 Ibid, pp107-113.

69 Ej. Fuentes de energía.

70 Aquellos que no promueven la guerra.

71 Ibid, pp 113-125, se refiere a lo que denomina como “el ideal del estadista”, como será respetar lo máximo posible las vidas civiles, descartando englobar ejemplos como el de la bomba de Hiroshima.

72 De los primeros destacarían Turquía o China, de los segundos las tribus africanas son un buen ejemplo.

Parece que la misma lógica se aplicaría en relación al Derecho de Gentes de Rawls, ya que más que establecer restricciones lo que estaría provocando es una cruzada de dimensiones bastante difíciles de imaginar y en la que los posibles beneficios fuesen superados por unos costes desproporcionados, en pos de esa confederación de naciones que Kant nunca persiguió e incluso desaconsejó 73 y que a pesar de su pretendida no consideración como doctrina occidentalista, se pone en cuestión el origen de las calificaciones, es decir, de los conceptos y quienes están capacitados para otorgar una u otra condición a los pueblos, conociendo las consecuencias que tendría de cara a la preservación de su propia soberanía nacional y más aún de llevar a la práctica semejante teoría, que se muestra hermosa sobre el papel pero que podrá tener un resultado catastrófico, una vez más las palabras de Waltz, en su critica a la Tesis parecen tener bastante acierto, cuando citando a Morgenthau 74 , considera que el resultado de la defensa de una política exterior de Paz Democrática podría eliminar cualquier tipo de autorestricción y que la paz se convierte en la causa más noble de la guerra, la teoría de Rawls, es buen ejemplo de ello.

Con todo, Rawls no será él único autor que relacione estrechamente la Tesis de la Paz Democrática con la Teoría de la Guerra Justa, otros autores como Ulrich Beck 75 , que en su visión teórica de un mundo en creciente empatía y por tanto identificación de los ciudadanos de diferentes naciones entre ellos, desarrollándose un proceso evolutivo típicamente liberal, el papel de los valores considerados universales, tanto en lo que se refiere a la democracia como a los derechos humanos tiende a tener una mayor relevancia, condicionando conceptos tradicionales como el de soberanía, tal y como aparece en el Derecho Internacional, llegando incluso a la conclusión de que los enemigos del cosmopolitismo 76 , tales como los nacionalistas o los terroristas islámicos así como los estados que los apoyan pueden ser

73 Como ya se ha comentado en varias ocasiones.

74 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), pp 12-13.

75 Beck, Ulrich, Der Kosmopolitische Blick order: Krieg ist Frieden, 2004, Suhrkamp Verlag, Francfort am Main.

76 Ibid. pp 181-225.

atacados, desarrollando todo un concepto de guerras ilegales legítimas 77 , como sería la de Kosovo, frente a otras como la de Irak.

Nuevamente cuando Ulrich Beck, afirma que la Guerra es la Paz 78 incurrimos en la misma crítica a la que hace referencia Waltz 79 ,ante el peligro de desatar esa cruzada de ideal mesiánico, que eliminase cualquier tipo de restricción o política prudente, de carácter realista a pesar de los intentos de ciertos autores 80 por fusionarlas, parece que como en numerosas ocasiones ocurre, este intento revolucionario de alterar las Relaciones Internacionales, con el objetivo claro de suprimirlas embebiéndolas dentro de un nuevo orden, más o menos liberal, sea este una federación de estados, una entidad supranacional, la “legendaria” Cosmópolis o cualquier otro tipo de supresión de fronteras en pos de una democrática o ideal utopía, de cuyos resultados negativos tenemos experiencia en este siglo, no solo su consecución supondría unos costes terribles ante la imposibilidad de lograr un acuerdo general, sino que no existe garantía alguna de que dicho régimen, por muy democrático que se quiera hacer, sea mejor que aquel que se deja atrás y hay razones para pensar como bien afirmó Kant, que podría ser mucho peor.

II- CRÍTICAS.

La Tesis de la Paz Democrática ha tenido una defensa mayoritaria tanto en ámbitos académicos como políticos, sin embargo, como bien dice Peñas 81 , una teoría de tanta proyección y relevancia, ha de despertar necesariamente las críticas tanto políticas como académicas, muchas de estas críticas provienen de otras escuelas de Relaciones Internacionales, especialmente del Realismo, con autores de la relevancia de Oren, Layne, Farber, Gowa, Mansfield, Snyder,

77 Aquellas que no respetan el Derecho Internacional pero que no provocan reacciones morales adversas en la población.

78 Ibid. p 181.

79 Cuando afirma que es más fácil explicar las causas de la guerra que las condiciones de la paz y que la paz es la causa más “noble” de la guerra.

80 Owen, Rawls etc.

81 Peñas Esteban, Francisco Javier. Hermanos y enemigos, liberalismo y Relaciones Internacionales. 2003. Ed. Catarata. Madrid.

Spiro, Waltz y otros 82 , en su dimensión filosófica, aunque se ampliaría el nombre al extenderlo a su dimensión conceptual o incluso empírica.

Uno de los más destacados críticos de la postura de la Paz Democrática será Christopher Layne 83 , que repasando las proposiciones de autores como Doyle

o Russet, planteará una crítica a ciertos aspectos que la sustentan, en primer

lugar respecto de las explicaciones tanto de carácter normativo-cultural, como institucionalista 84 , como factor causal frente al realismo, tanto en los aspectos referidos a la supuesta transparencia de los gobiernos democrático, que según

este autor no será tanta, la externalización de sus normas y procedimientos internos 85 , así como del proceso de aprendizaje por el que estas acaban esperando que las democracias liberales se comporten como ellas mismas y los estados autocráticos de forma diferente y que debería llevarlas a restringir sus actividades bélicas con cualquier otro tipo de estados.

Frente a esta visión donde será la segunda imagen de la que hablaba Waltz 86 ,

la que imperase, destacan las posiciones realistas, que sitúan el peso principal

del conflicto en la estructura sistémica internacional, en la sociedad anárquica que ante la ausencia de un poder superior, esta compuesta de una serie de actores (los estados), que tenderán a competir entre ellos maximizando su seguridad, se plantea una de las variantes del dilema del prisionero, el de seguridad y ante la ignorancia en relación al comportamiento de los demás actores y la situación de competitividad, la guerra será siempre una posibilidad, siendo el interés nacional, así como la supervivencia, el que guía, al menos en sus formulaciones más puras, el comportamiento de éstos.

La apuesta de Doyle consistirá esencialmente en un análisis de carácter histórico, en cierto sentido parecido al que, como vimos, plantea Owen y a través del cual quiere demostrar como las explicaciones de carácter realista en

82 Que iremos desgranando uno por uno. 83 Layne, Christopher. Kant or Cant, The Myth of Democratic Peace, en International Security, vol 19, (Fall 1994), pp 5-49.

84 Tan caras a Russet.

85 Ibid. pp 9-10.

86 Waltz.K.W. Man, the State and War, a Theoritical Analisis. 1959. New York. Columbia University Press.

una serie de crisis históricas que no devengaron en conflictos armados 87 , tienen mas sentido que las formulaciones liberales que siguen la Tesis de la Paz Democrática, ya sea en su dimensión normativo-cultural, institucionalista o ambas.

El resultado del experimento será precisamente la prevalencia de las explicaciones, propias del realismo y por tanto del interés nacional, sobre las características comunes y los valores con los que perciben identificarse, a diferencia de Owen y si de hecho el conflicto armado fue evitado esto se debería fundamentalmente a los intereses estratégicos de las partes, resultando por tanto una falta de capacidad explicativa 88 por parte de los defensores de la Tesis que la justifique.

Una segunda crítica es la que como veremos se deriva de la posición de autores como Spiro, por cuanto que dado el escaso numero de guerras ya de por sí en cualquier tipo de régimen, a lo que se añade el escaso número de democracias no puede producir, al menos desde un punto de vista estadístico, un resultado concluyente que permita aseverar las afirmaciones de los defensores de la Tesis, llegando a calificarlo como “una pequeña excepción en un gran mundo” 89 .

Parece pues que tanto los factores de causalidad como las afirmaciones estadísticas fracasarían desde el punto de vista de Layne, en el caso de los primeros no han sido capaces de explicar porque los mecanismos de autorestricción no han funcionado en casos como los de la Guerra Civil Americana, con regímenes parecidos ni en el caso de la Alemania del II Reich, e incluso afirmando que los propios estados democráticos llegan a reducir el grado de democratización de sus propias instituciones en el momento de entrar en un conflicto armado.

87 Se refiere a las crisis de Fashoda de 1898, Ruhr de 1923, Trent de 1861 y Venezuela de 1895.

88 Ibid. pp 38-39.

89 Ibid, p 40.

Como se ve, la mayoría de las críticas realizadas por Layne parecen muy

acertadas, en el momento en que dos o más estados, sean o no democráticos

y existan intereses de peso contrapuestos entre ellos, (aunque también

dependiendo del periodo histórico concreto) la consideración del conflicto armado siempre existió, en el caso de la Guerra Civil Americana, ambos regímenes mantenían al menos en principio una gran semejanza en cuanto a sus estructuras sociales y políticas 90 y sin embargo se enfrentaron entre ellos, no obstante, la consideración de tal conflicto como una guerra de secesión, puede empañar las conclusiones derivadas de sus argumentos, por otro lado,

el

caso de la Alemania del II Reich también plantea problemas 91 por cuanto que

se

discute el carácter democrático o no de sus instituciones, especialmente las

referidas a la política exterior y el control del ejército, aunque personalmente considere al igual que Layne, que algo parecido ocurría en el caso de otros estados como Gran Bretaña o Francia y no digamos de la Rusia zarista, aliada con éstas y cuya consideración democrática parece un insulto a la inteligencia.

También parece acertar cuando hace referencia a las restricciones en la democracia cuando un régimen liberal entra en guerra 92 , sin embargo se ha de hacer un pequeño matiz y es que si bien lo que afirma Layne suele ser correcto, no lo es menos, que muchas de estas situaciones vienen recogidas en las propias constituciones de los estados democráticos o en sus normas políticas de mayor importancia, dotándolas de férreos controles, que si bien no siempre se cumplen, suponen una cierta garantía, aunque ciertamente no excluye las manipulaciones o vulneraciones con las que son utilizadas.

Posiblemente la crítica más importante es la última de todas, Layne afirma de forma acertada que al trascender de la esfera académica y llegar al ámbito de

la política exterior, algo que no todas las teorías de Relaciones Internacionales

logran, la relevancia de ésta se incrementa al convertirla en una cuestión de

seguridad nacional, algo que solo se lograría extendiendo esta zona de paz,

90 Incluyendo el estatus social de los esclavos.

91 Ocurre lo mismo en el caso de la España de la Restauración.

92 Casos como el de Estados Unidos tras el 11de Septiembre parecen confirmarlo.

para Layne una “zona de ilusiones” 93 , expandiéndola y consiguiendo un mundo más seguro para Estados Unidos, que según éste no se producirá al no poder trascender la estructura anárquica del sistema internacional, lo cierto, es que en mi opinión ésta política ha generado grandes fracasos y contados éxitos, la probabilidad de enzarzarse en conflictos externos continuados es real, el ideal mesiánico de vivir en un mundo sin guerras y seguro podría conducir como bien afirman estos autores a todo lo contrario, produciendo resultados contraproducentes que ninguna potencia estaría en posición de asumir y que, como bien dice Layne se asentaría más sobre esperanzas que sobre hechos, dada la imposibilidad de prever y controlar las situaciones futuras.

Otro autor destacado por sus críticas a la Tesis será Spiro 94 , a diferencia de otros autores, éste centrará su crítica en la evidencia empírica de que las democracias nunca, o casi nunca, se han hecho la guerra, especialmente desde el punto de vista estadístico, como afirmación no concluyente aunque apareciese en los datos aportados por sus defensores, dada la escasez tanto de regímenes democráticos, especialmente antes de la II Guerra Mundial como de ser la propia guerra un fenómeno extraño en Relaciones Internacionales e infrecuente ya de por sí 95 , siguiendo a Mearshseimer 96 , en los dos últimos siglos.

Critica igualmente las explicaciones dadas por los autores liberales para justificar la Tesis, especialmente en lo que se refiere a las causas tanto institucionalistas como normativo-culturales 97 , por cuanto que no son capaces de explicar que las democracias no entran en guerra entre ellas, de hecho llega a afirmas que las restricciones quedan sin valor, en el momento en que los estados democráticos entran en conflicto y las percepciones de la masa, quedan sujetas, al menos en parte, a las manipulaciones de sus elites y afirmando que quizá los estudios en relación al papel de la democracia en las

93 Ibid pp 45-49.

94 Spiro, David. “The insignificante of the Liberal Peace” en International Security, vol 19, No 2, (Fall 1994), pp 50-86.

95 Merece ser comentado más extensivamente en el capítulo IV.

96 Mearsheimer, John. “Back to the Future: Instability in Europe after the Cold War.” En International Security, vol 15, No1, (Summer 1990), pp 50-51.

97 Spiro, David. “The insignificante of the Liberal Peace”. pp 81-86.

Relaciones Internacionales están aún por llegar, especialmente en lo que se refiere a las alianzas y el porque las democracias se unen unas a otras para preservar sus valores, algo que considera esencial.

Debiendo mantener aparte lo relacionado con la evidencia empírica de la Tesis, dado el tratamiento posterior a realizar de éstas, creo acertadas las manifestaciones de Spiro en relación a las restricciones que según los autores liberales impiden que las democracias entren en conflicto unas con otras, la explicación originado en base a la obra de Russet no es suficiente y no tiene en cuenta la existencia de unos conceptos que han variado a lo largo del tiempo y que en determinados momentos (Spiro llega a citar la demonización del régimen de Shaddam Hussein en la Guerra del Golfo, antiguo aliado de Estados Unidos contra Irán), según el interés político del momento, se tiende (como también afirma Oren) a marcar diferencias con éste y tratar de que la población que ha de participar en las próximas elecciones lo asimile, preparándoles para el conflicto, aunque en ocasiones sean éstos últimos 98 los mayores entusiastas.

No parece sin embargo demasiado acertado afirmar que las democracias se alíen entre sí 99 por causas relativas a cuestiones estructurales o de valores, si se pretende realizar una crítica, afirmando que estas no entran en conflicto unas con otras, por razones institucionales o normativo culturales, mucho menos podrá afirmarse que éstas puedan aliarse entre ellas, salvo en caso de interés, supervivencia u otros, pudiendo explicarse desde posiciones realistas, máxime cuando ha sido bastante común que los estados democráticos y liberales formen alianzas con regímenes que no lo son 100 , a los que a menudo han tendido a ensalzar, parece pues que aún en este último caso la postura de la Tesis parece venirse abajo, incluso con mayor facilidad que en otros casos y al igual que cuando afirma que la Alemania del II Reich, no era un régimen democrático y liberal como sí se la consideró en su propia época, las críticas, al

98 Como en la Guerra de 1898 entre España y Estados Unidos.

99 Ibid. pp 84-86. 100 En el caso de Estados Unidos o Gran Bretaña por poner un ejemplo, con Rusia en la I Guerra Mundial, mucho más autoritaria que Alemania, y con la posterior Unión Soviética, también con Irak, el Irán del Sha, el Chile de Pinochet, la Grecia de los coroneles, el Portugal de Salazar, etc.

menos desde el punto de vista filosófico-político de Spiro, son endebles y en la mayor parte de los casos no se sostienen.

La obra de Farber y Gowa 101 debe mucho a la de Spiro, al igual que éste se

concentra especialmente en el método de estudio estadístico e igualmente trata

el problema de la Tesis en su dimensión tanto empírica como política o

filosófica. Tal y como afirman si realmente una Tesis de semejante calado pretende ser aplicada en el mundo real, parece fuera de duda que su evidencia debe ser puesta a prueba y esto es realmente lo que ambos autores

pretenderán con su análisis.

Al igual que el resto de críticos, ambos comienzan criticando la fundamentación

causal de la Tesis, tanto en su dimensión normativo-cultural como institucional- estructuralista, afirmando con toda razón que en ambos casos tanto cuando estamos tratando con un régimen considerado democrático, que con uno que

no lo fuese, estarían operando restricciones bastante similares, no siendo por tanto exclusivas y dependientes de un tipo de estado determinado.

En cuanto al ámbito estadístico, que conforma la mayor parte del texto 102 , existen una serie de aportaciones a realizar que suponen una novedad respecto del texto de Spiro, así, destacará la mayor relevancia del tipo de régimen en el análisis estadístico, concretándolo de una forma que Spiro no llego a realizar y apareciendo tres tipos de regímenes distintos, las democracias, las autocracias y las anocracias 103 , cuya relevancia a la hora de

producirse los conflictos armados y según los propios liberales debería tener consecuencias importantes, por otro lado analizará los tipos de conflicto, tanto

a gran escala como aquellos que no llegan a desencadenar guerras,

incluyendo también a la hora de establecer probabilidades los denominados de “baja intensidad”, el resultado mostrará la escasa incidencia del tipo de régimen a la hora de reducir la probabilidad de que se produjesen conflictos armados,

101 Farber, Henry S. and Gowa, Joanne. “Polities and Peace”, en International Security, vol 20, No 2, (Fall 1995), pp 123-146.

102 Y a la espera de capítulos posteriores para poder ampliarlo.

103 Aquellos regímenes que poseen características de ambos.

parece que solo tras la II Guerra Mundial se podrá tener unos resultados conformes a lo afirmado por los autores liberales.

El análisis de Farber y Gowa, demostraría por tanto el hecho de que la Paz Liberal a menudo depende de las circunstancias de su tiempo, ante la inexistencia de una supuesta identidad liberal y democrática común ya en el siglo XIX, parecía más común que los propios estados liberales se enzarzasen en guerras tanto contra estados democráticos, como con aquellos que no pueden ser considerados como tales, el hecho de que la probabilidad bajase en tiempos de la I Guerra Mundial, significaría que tanto la Alemania del II Reich, como el Imperio Austrohúngaro deberían ser desechadas como tales, algo que como veremos resulta muy discutible y tanto durante el periodo de entreguerras como en la II Guerra Mundial, sería relativamente común que regímenes de diverso tipo combatiesen unos con otros frente a otro bando, igualmente heterogéneo 104 .

El caso posterior a la II Guerra Mundial, esto es, el de la Guerra Fría, merece explicación aparte, uno de los puntos débiles de éste artículo consiste precisamente en no ofrecer una explicación alternativa al porque se producen las alianzas entre estados democráticos durante este periodo, como ya dijimos, debería tenerse en cuenta dos cosas, 1- que en el bloque del llamado mundo libre tomaron parte gobiernos de estados, a los que sería una burla denominar como democráticos e incluso anocráticos 105 , la alianza contra el comunismo pues, es algo que excedía del tipo de régimen en cuestión; 2-Destaca la existencia de muchas explicaciones que podrían ser planteadas como alternativas a las ofrecidas por los liberales, como pueden ser la existencia de intereses comunes o la propia supervivencia frente a un régimen amenazador de su forma de vida y valores, parece que como explicación alternativa siguiendo el modelo realista es cuanto menos bastante razonable.

104 No hay más que recordar a los aliados combatiendo con la URSS y a Finlandia con los países del eje.

105 Ya mencionamos Turquía, la Grecia de los Coroneles, las dictaduras del Cono Sur, Sudáfrica, Irán, etc.

La conclusión sin embargo parece la misma 106 , es decir, la del elevado riesgo de seguir una política de semejantes características en un mundo real que no siempre se amolda a los postulados de la Tesis Liberal, en la cándida creencia de que contribuirá a construir un mundo de paz que destierre el conflicto y mantenga la seguridad de los estados “bien ordenados”.

Otro de los grandes críticos de la Tesis de la Paz Democrática será Oren 107 , que centrará sus afirmaciones en el ámbito subjetivo, esto es, de las percepciones que en definitiva vienen a asentar que el concepto que se utiliza de democracia o estado liberal, es de un estado “de nuestro tipo”, sin tener en cuenta como les afecta el cambio de las realidades políticas internacionales, utilizando particularmente como ejemplo a tener en cuenta, la opinión en relación con el II Reich alemán por algunos de sus principales líderes políticos en intelectuales estrechamente relacionados con las ciencias sociales 108 .

Su crítica se asienta sobre tres puntos 109 , la primera será la afirmación de que la idea de paz entre democracias es un hecho científico, al cual no es ajeno que Estados Unidos reciba siempre la mejor puntuación en las escalas, como si de un ejemplo a seguir se tratase, convirtiéndose por tanto en el modelo fundamental de estado democrático, en segundo lugar destaca, que semejante idea se aplica tanto al presente como al pasado, siguiendo el ideal de los valores americanos, sin tener en cuenta las cambiantes circunstancias internacionales y sus consecuencias y finalmente que consideran valores elásticos y cambiantes como normas rígidas, malinterpretando sus efectos. Esto implicará a su vez tres argumentos, el primero es que no estaríamos hablando de paz entre democracias sino entre regímenes de “nuestro tipo”, la segunda que este nuestro tipo cambiaría con el paso del tiempo, tal y como sucedió con Alemania, admirada a finales del siglo XIX y luego odiada, al modificarse la situación internacional y tras un amplio proceso de

106 Ibid, pp 145-146.

107 Oren, Ido, The “Subjectivity” of the Democratic Peace, en International Security, vol 20, No.2, (Fall 1995), pp-147-184. Sin duda una de las mejores críticas de la Tesis.

108 Concretamente Woodrow Wilson y John Burguess, como miembros de una élite procedente del este del país, heterogénea y poco ortodoxa desde el punto de vista religioso.

109 Ibid. pp 150-151.

reconceptualización 110 , que afecta a aquellos estados que Estados Unidos considera peligrosos para su seguridad, al tiempo que privilegia su relación con aquellos que no lo son, sin que por tanto pueda tratarse un concepto como el de democracia, siquiera en su dimensión de imaginario social americano y que corresponde a un ámbito ciertamente subjetivo como lo demuestra el hecho de que los estados comunistas enfrentados a Estados Unidos se denominen a sí mismos “democracias populares”.

Precisamente uno de los estados radicalmente más afectado por esta situación sería la Alemania del II Reich 111 , un estado compuesto de poblaciones muy heterogéneas, de gran complejidad y cambiante a lo largo del tiempo que hacia 1917 y de la noche a la mañana se convierte en la bestia negra en Estados Unidos y que hasta hacía poco tiempo había sido considerada referente de buen gobierno, avances sociales y constitucionalismo ejemplar, por las propias elites, algunos de cuyos miembros como “grupo de control”, utilizará Oren para llevar a cabo su análisis, heterogéneas, poco ortodoxas en materia de religión y del este del país, en su mayoría, con notables excepciones como la de Wilson sin control sobre asuntos políticos y además son aquellos que en tiempos recientes crearon la Tesis, al representar tanto Burguess como Wilson, dos puntos de vista diferentes, parece pues que la confirmación de la teoría de este autor se verá facilitada. Con todo se observa, por un lado, el mantenimiento de las posiciones de Burguess a pesar de las adversidades, en parte por lo cual puede haber sido olvidado y por otro el cambio radical de Wilson respecto de sus propias obras anteriores a la guerra.

La primera de estas teorías será la denominada “nacionalista” de Burguess 112 , según Oren, el científico social más destacado de su época en Estados Unidos, procedente del sur del país y miembro de una generación, que ante la ausencia de estudios de ese tipo en su país marcharía a estudiar a Alemania, donde quedó impregnado del conocimiento existente en sus universidades y a la que consideraría el modelo principal a seguir incluso frente a Gran Bretaña, a la que

110 Ibid. pp 151-152.

111 Ibid. pp 153-159.

112 Ibid. pp 161-167.

se referiría como el autócrata del mar, en comparación a Rusia, el autócrata de la tierra, considerando a Alemania, junto con Estados Unidos, el estado constitucional más avanzado, aún mas que Francia o Gran Bretaña, donde no existía ninguna garantía de libertad individual, la propia definición de nación será claramente de origen germánico al hacer referencia a una unidad de tipo étnico o cultural dentro de unas fronteras, siendo el estado una construcción abstracta que procede de ésta, destacando la necesidad de limitar las consecuencias derivadas de la representación electiva de los representantes y admirando el carácter hereditario de su monarquía, considerando al Káiser el presidente de Alemania y además el mejor garante de la paz en Europa. Es de destacar que su apoyo a Alemania continuado pudo provocar el olvido intencionado de un autor tan relevante para el surgimiento de las ciencias sociales en Estados Unidos

En cuanto a Wilson 113 , quien fue discípulo del anterior, podemos observar un recorrido parecido, también originario del sur de Estados Unidos y poseyendo en principio valores confederados, con posterioridad lo cambiaría, a diferencia de Burguess, su orientación será durante la mayor parte del tiempo probritánica, no obstante considerando a Alemania como uno de los estados desde el punto de vista constitucional y social más avanzados de su época, especialmente en el periodo en que comenzó a profundizar en su cultura y conocimiento de su estructura política, llegando a ser gran admirador de Bismarck, desde luego mucho más cercano que Francia, respecto de la que junto con España llegó a considerar que la democracia para ellas fue como un veneno lento. El aspecto más ejemplar sería con diferencia las aportaciones en cuanto a la administración pública, en la que la consideró uno de los estados más eficientes, sino el que más y en el ámbito democrático del sufragio desigual prusiano. La paradoja es que uno de los grandes admiradores de Alemania, como consta en sus escritos se convirtiese en uno de sus mayores críticos ya como presidente, negando su carácter democrático, así como ensalzando a algunos de sus aliados menos liberales como Rusia a la que declaró “democrática de corazón”.

113 Ibid. pp 167-178.

En esencia la crítica de Oren es tan certera, que realizar cualquier añadido en

el

ámbito al que se dirige parece casi una perdida de tiempo, la asociación de

la

idea de que las democracias no se hacen la guerra entre ellas a la de la

autoimágen estadounidense así como a la de regímenes “de nuestro tipo”, tiene poca discusión, la evidencia histórica lo demuestra con pocas dudas, casos como el de Japón o Rusia, amigos o enemigos según el momento, la repentina conversión de Wilson, en relación a un régimen admirado en su época y al que hoy en día autores como Doyle relegan como iliberales respecto

de estados que en su época no tendían a considerarse, al menos en el mismo

nivel como tales, caso de Italia o Grecia, que parecen llegar a la conclusión de que los defensores de la Tesis convierten en iliberales a los estados en el momento en que hacen la guerra contra otro estado que lo sea, especialmente

si es anglosajón. Por otro lado la evidencia de que Estados Unidos según las

circunstancias que operen en las Relaciones Internacionales del momento, tiende a privilegiar a aquellos considerados aliados frente a aquellos que se muestran como enemigos 114 , pudiendo plantearse la pregunta de que en el caso de que Japón entrase de nuevo en guerra con Estados Unidos, se consideraría al primero una democracia como en la actualidad, o simplemente democrático en forma como estado de partido único, parece que de nuevo los planteamientos estratégicos del realismo resultan de mayor utilidad para entender ciertos comportamientos, que los planteados por los autores liberales, por cuanto que este cambio repentino de intereses y de circunstancias parece provocar un cambio en las propias ideas del momento, aunque también plantee la entrada de argumentos constructivistas por cuanto que la interacción y discursos de los propios actores acaba construyendo su identidad 115 .

A diferencia del caso de Oren, la crítica elaborada por Mansfield y Snyder 116

tiene un carácter parcial, por cuanto que sin negar los postulados básicos de la

Tesis, manifiesta que las transiciones, así como los diferentes procesos de

114 Casos como el de Irak o Irán también son muy claros al respecto.

115 Wendt, Alexander. “Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics”, en International Organization, vol 46, No.2, (Spring 1992), pp 391-425.

116 Mansfield, Edward D. Snyder, Jack. Democratization and the Danger of War, en International Security, vol 20, No.1, (Summer 1995), pp 5-38.

democratización que llevan a un estado de tipo autocrático a convertirse en una anocracia o bien en una democracia, incrementando los conflictos derivados de ésta.

El procedimiento que van a utilizar para sostener tales afirmaciones serán los usuales, ya vistos en los autores que escriben en relación a la Tesis, por un lado el método histórico, mediante la utilización de ejemplos procedentes del pasado, en este caso de regímenes en proceso de democratización 117 para ilustrar sus explicaciones y por el otro el método estadístico, en el cual va a ser central la importancia del concepto, por cuanto que términos como democracia, democratización y otros ya conocidos como el de “anocracia”, a medio camino entre la democracia y la autocracia y caracterizado por la escasa concentración de poder en las autoridades públicas van a tener un papel central en su análisis. Los procesos de democratización a los que hará referencia afectarán tanto a la conversión de estados autocráticos en democráticos, como de anocráticos en democráticos o incluso de autocráticos en anocráticos, teniendo en cuenta igualmente el proceso inverso a la hora de realizar los cálculos.

Los resultados de tal análisis son cuanto menos curiosos, poniendo en jaque algunas de las afirmaciones realizadas por los defensores de la Tesis, 118 por cuanto que muestran claramente el riesgo que pende sobre la expansión armada de este tipo de regímenes o de la intervención que pudiese conducirles a una futura incorporación a la “Zona de Paz Liberal”. Así, los resultados finales demuestran que el riesgo de conflicto se incrementa de una forma enorme durante estos procesos de democratización, tanto en el caso de un estado que modifica su estructura interna 119 , pasando de ser autocrático a anocrático, como de aquellos que se transforman en democráticos, especialmente si el periodo de tiempo comprendido entre unos y otros se incrementa, siendo mayor por tanto a largo plazo que a corto, aunque reconoce que los peligros derivados de tal situación se reducen si el proceso es rápido, si bien tendiendo en cuenta que no es la situación normal.

117 Ej. La Inglaterra victoriana, la Francia de Napoleón III ,la Alemania guillermina etc.

118 Especialmente de los más entusiastas defensores de su expansión armada, entre ellos Fukuyama, Beck, Rawls, Rummel y tantos otros.

119 Ibid, pp 12-19.

Aún más, los resultados de tales análisis muestran que los propios procesos de autocratización, esto es, de conversión de estados democráticos en anocráticos o bien en democráticos, muestra datos en cuanto a riesgo de conflicto inferior que en el de los procesos de democratización, sucediendo de forma evidente lo mismo en los casos en que el régimen político en cuestión permanezca sin cambios, ofreciendo por tanto los regímenes democráticos el riesgo de conflicto más bajo, pero teniéndose en cuenta que el camino que lleva a tal resultado se muestra plagado de riesgos. Parece por tanto a raíz de esto esencial explicar cuales son las causas que pueden llevar a que un estado que experimenta una transición a la democracia puede verse abocado al conflicto con mayor facilidad que otro que permanezca autocrático o incluso que se encamine a una situación como ésta.

A tal efecto los autores desarrollarán toda una teoría 120 que enlaza la pasada

situación de regímenes en proceso de democratización con situaciones presentes, como la de los estados postsoviéticos, prestando especial atención

a las actitudes tanto de las elites y la opinión pública como de las instituciones, cuya democratización supone un complejo proceso que no siempre queda abocado a un buen fin, especialmente por lo que respecta a los intereses de los antiguos grupos dominantes, sean estos la aristocracia feudal prusiana o los antiguos líderes comunistas en los estados de la ex Unión Soviética.

Así, los estados que se enfrentan a un proceso de democratización, poseen una serie de circunstancias históricas e institucionales que hacen que el riesgo de conflicto se incremente, por un lado se verán confrontados con un espectro político compuesto por diferentes grupos que responden a intereses muy diversos y en múltiples ocasiones incompatibles, sean estos nacionalistas, liberales defensores del libre mercado, trabajadores empobrecidos etc. que además se dan con vistas a horizontes temporales bastante cortos, grupos que además por añadidura se van a dedicar a competir entre ellos 121 , tratando de

120 Ibid, pp 19-32.

121 Por ejemplo en la Alemania del II Reich, los aristócratas terratenientes prusianos, con el de centro católico, los socialdemócratas o los pangermanistas.

ganarse a las masas, añadiéndose a esto una serie de instituciones de carácter bastante débil, incapaces de agregar correctamente las preferencias de estos grupos sociales y por tanto sujetos a presiones, de las que escapan a menudo exaltando el nacionalismo de las masas y tratando de conseguir éxitos a través de la política exterior 122 .

Esta situación produce como consecuencia una serie de estrategias, que las autoridades de estos estados consideran que podrían ayudarles a salir del paso, como son las de prestigio, que ayudarían a que el apoyo al gobierno y las instituciones de turno se incrementasen si existían una serie de éxitos en política exterior, reduciendo las divisiones internas, cuadrando el círculo y por tanto tratando de armonizar los intereses entre unos y otros grupos o bien plegándose a los intereses de antiguas elites que conservan una parte sustancial de poder frente a unas instituciones demasiado débiles 123 y que requieren su apoyo. Igualmente en el caso de estados que proceden a su autocratización el factor de prestigio en la política exterior tendrá un papel relevante tanto si se acepta su explicación desde el punto de vista estructuralista como si de un factor intencional se tratase 124 .

Mansfield y Snyder dan lugar a una crítica novedosa y muy relevante a la hora de hacer frente a ciertos aspectos de la Tesis, si bien no llegan a contradecir las consecuencias derivadas de la existencia de democracias ya desarrolladas, el procedimiento para poder llegar a esa culminación se muestra largo y costoso, lleno de riesgos y conflicto y desde luego se plantea como un problema de difícil solución para un estado que pretenda obtener beneficios de seguridad nacional a corto plazo, caso de Estados Unidos, pudiendo derivarse de las intervenciones una situación que podríamos denominar de explosiva, la cuestión es si vistas estas circunstancias merece la pena llevar a cabo una política de expansión democrática para lograr mayor seguridad o es mejor desecharla, parece que si todos somos buenas personas los problemas se

122 Como ocurre con la Francia de Napoleón III.

123 Ejemplos de prestigio serían las guerras llevadas a cabo por Napoleón III o las crisis que precedieron a la I Guerra Mundial, en las que Alemania tuvo un papel central como las marroquíes, de las segundas las concesiones efectuadas por la Inglaterra victoriana a los liberales sin que por ello se abandonase el conservadurismo social y de los últimos la situación existente en estados postsoviéticos como Yugoslavia.

124 La Francia de Napoleón I o la Alemania Nazi son ejemplos de esto.

solucionarán, el problema, que es el mismo que tiene el cosmopolitismo, es como llegar a hacerlo evitando los costes que tendría el proceso. En este caso los autores plantean ciertas alternativas que no pasan de ser propuestas un tanto aleatorias y cuya eficiencia está lejos de ser comprobada, como son la defensa de los intereses de unas elites que no siempre van a ver colmadas sus aspiraciones, ni será factible hacerlo, manteniendo al mismo tiempo las libertades y valores básicos de un estado democrático, aunque se trate de hacerlo llegando a metas limitadas, la pregunta es ¿Es posible hacerlo de otra forma?, hasta ahora parece que nadie lo ha demostrado y aún hacerlo parece relativamente peligroso.

Tampoco Sorensen 125 es en esencia un autor crítico de la Paz Democrática, sin embargo algunos de sus argumentos pueden ser utilizados para contradecir ciertos postulados básicos de la Tesis. Lo esencial de la aportación de Sorensen, lo constituye una nueva reinterpretación del ensayo de Kant, “La Paz Perpétua”, que como vimos constituyó la base de la teoría de Doyle, que dio lugar a la Tesis, pero con el fin de aplicarla a las denominadas “nuevas democracias”, es decir aquellas en su mayoría surgidas recientemente en Africa, Asia, Iberoamérica, así como a las de aquellos estados surgidos del comunismo, a la hora de evaluar las consecuencias futuras de ésta.

Para Sorensen, la teoría kantiana se compondrá de tres pilares 126 , el primero de ellos que coincidirá más o menos con el primer Artículo Definitivo se refiere a la política interior, esto es, a como la propia estructura y normas de la democracia, así como a su cultura, que promueven la resolución pacífica de conflictos y restringen la utilización de la violencia, como vimos este tipo de elementos normativos y culturales tenderán a externalizarse por los regímenes democráticos en su relación con otros del mismo tipo y restringirá igualmente la violencia como alternativa de solución de controversias en Relaciones Internacionales.

125 Kant and Processes of Democratization: Consecuences for Neorealist Thought, en Journal of Peace Research, Vol 29, No 4, (Nov. 1992), pp 397-414.

126 Ibid, pp 397-408.

El segundo pilar hará referencia a los vínculos morales que se establecen dentro de la “comunidad de paz” entre los estados que alcanzan un cierto desarrollo democrático y que por tanto les permitirá identificarse unos con otros, parece claro que estos lazos han podido establecerse entre las democracias desarrolladas de Europa Occidental, Norteamérica y Oceanía, así como a ciertos estados de Asia Oriental, expandiéndose a las nuevas democracias del Este de Europa.

Finalmente el tercer pilar se refiere a la interacción económica, es decir, a la creencia tan extendida en su tiempo de que las relaciones económicas y mercantiles entre los diferentes estados, más aún si se trata de estados “republicanos” como afirmó Kant, en los que el comercio ocupará un lugar destacado en su economía, nuevamente y según éste autor, los estados desarrollados parecen haber cumplido con las expectativas planteadas por Kant en su obra, la interrelación económica se incrementa y su papel en el mantenimiento de relaciones pacíficas entre los estados liberales que forman parte de la comunidad de paz parece claro, al establecerse por lo demás en un contexto de igualdad y respeto de las reglas que ellos mismos establecen.

El problema que se plantea es en relación con las nuevas democracias 127 , surgidas en lo que Huntington denominaría las nuevas olas democratizadoras, esto es, los países que al menos formalmente han adoptado instituciones democráticas en África, Asia, Iberoamérica y el antiguo bloque comunista, aunque la situación de éste último sea al parecer de Sorensen más optimista. La razón de la problemática estaría precisamente en la adaptación de los propios pilares de la teoría kantiana a la realidad de estas nuevas democracias por cuanto que, no comparten en modo alguno el primer pilar, de hecho la violencia, la corrupción, la inseguridad y otras lacras siguen siendo comunes impidiendo que las normas o la cultura del estado democrático, que deberían tener un papel restrictivo en cuanto a la utilización de la violencia con fines políticos, impidiendo que se utilizase como alternativa para resolver

contenciosos desaparece y con ella su externalización y papel esencial en las Relaciones Internacionales.

El segundo pilar es tan problemático como el primero, si bien los vínculos morales entre estados democráticos según Sorensen han conseguido expandirse en los estados occidentales y desarrollados, conformando esta “comunidad de paz”, no es en modo alguno lo que ha ocurrido en los estados del Sur, ha menudo sometidos tanto a los intereses económicos como de seguridad de los estados más poderosos, interviniendo cuando lo han considerado necesario incluso en casos de estados razonablemente democráticos 128 , parece por tanto que no se encuentran abarcados, ni constituyen en modo alguno un espejo donde identificarse para los estados desarrollados.

La situación del tercer pilar es aún si cabe, más decepcionante, personalmente no tengo una postura demasiado optimista en cuanto a que las relaciones económicas pudiesen actuar como factor de restricción frente a otros estados, de hecho puede ser incluso a la inversa 129 , pero no puede negarse que constituye un obstáculo difícil de franquear la situación en la que permanecen numerosos estados del Sur, sujetos a la crisis económica, a la administración de ciertos organismos internacionales o directamente a la dependencia de los países desarrollados, con lo cual de nuevo el factor restrictivo de la utilización de la violencia nuevamente no puede operar y por tanto quedará fuera de la comunidad de paz a la que el filósofo alemán se refiere.

En conjunto no puede afirmarse que Sorensen sea un ejemplo de crítico respecto de la Tesis, de hecho, a menudo sus planteamientos son al menos tan críticos con las posturas realistas 130 como lo son con las posturas liberales, sin embargo y siguiendo la estela de Mansfield y Snyder considera que si bien el final del camino parece estar claro, el transcurso de éste se compone de peligros y riesgos de difícil solución. La no incorporación a esta comunidad de

128 Como por ejemplo el de Chile, donde se apoyó el golpe de estado de Pinochet.

129 Recordemos que los factores económicos están presentes entre otras en la I Guerra Mundial a raíz de la competencia entre Alemania y Gran Bretaña.

130 No hay más que ver las críticas que formula respecto de la posición de Mearsheimer.

paz de las nuevas democracias va a poner otra vez de manifiesto lo que tanto Oren como Waltz plantean, al hacer referencia a la democracia “del tipo correcto” o bien “de nuestro tipo”, pareciendo como si se estableciese uno modelo oficial de democracia liberal, que el resto de estados han de seguir si quieren ser abarcados por la protección de esta Comunidad de Paz y si resultase mínimamente heterodoxo 131 para los cánones que el autor o aquel que interpreta los conceptos estableciese quedaría excluido como si de un enemigo público se tratase, sometido a los vientos del realismo, considerado como no podía ser de otra forma como la peor de las situaciones posibles y la menos deseable, acabando por tanto la misma democracia convertida en un dogma de fe del que no se puede escapar.

A diferencia de casos anteriores la crítica de Waltz 132 a la Tesis lejos de concentrarse en ciertos aspectos concretos puede ser considerada una crítica de conjunto y desde luego una de las más elaboradas. Ésta se enmarca en la situación que atraviesa el realismo con posterioridad al fin de la Guerra Fría 133 y especialmente a la “crisis de los 90” por el que este atravesaba como consecuencia por un lado del papel que ciertos autores asignaban a las instituciones y por otro al surgimiento de la Paz Democrática como visión de las cosas alternativa al realismo, considerando no obstante que solo los cambios del sistema y no en el sistema podrían producir, ni siquiera la unipolaridad (o multipolaridad según quien lo investigue) o el surgimiento de las armas nucleares lo lograron, siendo pues precisa la crítica.

Waltz no deja de comentar aspectos ya vistos en otros autores, por un lado destaca el problema de concepto 134 , es decir, a que le llamamos democracia y como construimos sobre su base la propia Tesis, frente a Doyle o Fukuyama, Waltz considera que los autores hacen referencia a lo que se considera una “democracia de tipo correcto”, pareciendo aceptar por tanto la existencia de democracia no ortodoxas, es decir heterodoxas o incluso no liberales, algo a lo

131 Si es que la Alemania del II Reich o la España de la Restauración pueden considerarse en su tiempo como tales.

132 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”, in International Security, vol 25, No.1 (Summer 2000), pp 5-12.

133 Ibid. pp 5-6.

134 Ibid, pp 6-8.

que tanto defensores como críticos harán referencias como percepciones, que es lo que se entiende como una democracia, porque regímenes que en el pasado eran percibidos como democracias o cuanto menos como estados liberales ejemplares han perdido tal consideración y han pasado a engrosar la “lista negra” de estados no democráticos, parece que al final la afirmación de que es imposible eliminar todas las causas de la guerra va tomando cuerpo.

Otro de los pilares 135 sobre los que se asienta su crítica es la referida a las causas de la guerra, que es lo que la produce, parece que esta es la cuestión principal a debatir entre los autores tanto liberales como realistas. Originalmente parece que el estado liberal se originó con dos finalidades fundamentales, por un lado la de mantener la seguridad y por el otro el de asegurar el cumplimiento de los contratos, la única forma de abolir la guerra parece que sería abolir la política internacional, para los liberales la Paz Democrática sería la forma esencial de superar el realismo, para los realistas, aún en el caso de que el mundo entero quedase compuesto de democracias no podrían superarse las consecuencias de la ausencia de un estado mundial capaz de imponer orden y por tanto, continuarían reinando la anarquía internacional, el equilibrio de poderes, el dilema de seguridad, la lucha por el poder y la supervivencia, así como el resto de rasgos característicos propios del realismo. Kant, según Waltz nunca llegó a negar la existencia de tal situación y de hecho afrontó la realidad, reconociendo que esta situación era realmente factible, 136 máxime observado el hecho histórico y puesta en cuestión la evidencia que procede de la estadística, no siendo al final la democracia la que produce la paz, sino que son otras circunstancias las que producirían la paz y la democracia, nuevamente la evidencia histórica nos lleva al problema de las percepciones, cuando identificamos un régimen como tal, ante la sucesión de intervenciones de estados democráticos poderosos en otros que difícilmente pueden ser calificados de autocracias y si realmente al aproximarnos a una guerra con otro estado, nuestra consideración de tal como liberal se modificaría.

135 Ibid. pp 8-11. La frase “el amigo de hoy puede ser el enemigo de mañana parece resumir todo”.

136 Es precisamente en el seno de esta discusión ya tratada donde tiene sentido aplicar la evidencia empírica.

La última parte de este corto pero intenso texto 137 hará referencia a las denominadas guerras democráticas y por tanto a la actualidad política de la Tesis, si realmente las democracias hacen la guerra como estableció Doyle, únicamente a estados no democráticos y no amenazan a sus vecinos, quizá el resultado que implica es que en el caso de mantener relaciones con estados, cualesquiera que sea su naturaleza, si estos no son percibidos como liberales pueden ser atacados, interviniendo hasta que estos se convirtiesen en estados democráticos del “tipo correcto” y pudiendo comenzar una cruzada en pos de lograr un mundo más pacífico y seguro, “la paz es la causa más noble de la guerra” dicen algunos y si realmente esto es así deberíamos preguntarnos como hace Waltz, si realmente siendo el mundo seguro para la democracia, realmente, ¿la democracia es segura para el mundo?, o como bien dice Morgenthau, ¿no eliminaría la restricción que supondría la existencia de una moral internacional, tal y como ellos defienden?, máxime teniendo en cuenta las circunstancias cambiantes en la escena internacional y las percepciones de unos actores en los que la percepción de un estado como republicano sea análoga a la de uno democrático dependiendo del siglo en el que nos encontremos.

Finalmente Waltz acierta al poner en cuestión las interpretaciones que los autores liberales hacen de Kant, puesto que a menudo se destacan como prointervencionistas, en una larga lista que va de Stuart Mill a Bill Clinton, pasando por muchos otros, sin embargo Kant se mostró contrario a las intervenciones considerando con acierto que ocasionarían mayor daño que beneficio y supondrían la vulneración del derecho internacional, defendiendo la extensión de la democracia mediante el ejemplo de estados fuertes y no de la guerra, considerando incluso que las causas de ésta están tanto en la estructura interna de los estados como en la del sistema internacional, algo que según Waltz, los seguidores de la Paz Democrática no han aprendido.

Como se ve la crítica realizada por Waltz es cuanto menos demoledora, ni siquiera los planteamientos de Oren 138 consiguen realizarlo de forma tan comprensiva, planteando los puntos de forma certera en los que la Tesis flojea, precisamente ésta será la razón de que los siguientes capítulos del trabajo se estructurarán y tomarán como principal soporte los planteamientos de Waltz, desarrollando la labor crítica que comenzó con éste texto.

III-PLANTEAMIENTOS ALTERNATIVOS: CONSTRUCTIVISMO, ESTRUCTURALISMO Y TEORÍA DE JUEGOS.

En este aparto incluyo aquellas posiciones teóricas en relación a la Tesis que sin ser necesariamente sostenedoras o críticas de ésta ofrecen una explicación que podemos considerar alternativa a las planteadas tanto por realistas como por los liberales, manteniéndose en cierto sentido al margen del debate “central” entre ambas escuelas.

De este modo siguiendo a Peñas 139 , las aportaciones de la escuela constructivista en primer lugar, resultarían de las explicaciones que podríamos considerar más fructíferas de las llevadas a cabo por ésta en la disciplina de las Relaciones Internacionales. Esto responde a varias cuestiones; por un lado la consideración de que como ya vimos 140 , tanto las percepciones como las ideas juegan un papel de gran importancia, especialmente en lo que se refiere a la ausencia de conflicto entre los estados liberales y su orientación hacia los no liberales, desarrollándose a lo largo del tiempo en un proceso en el que los propios actores son protagonistas, lanzan discursos e interactúan, procesos de creación de identidad en los cuales en función de las actitudes y respuestas que se den podrá llegarse a diferentes resultados, siendo por tanto el estado percibido como más amenazador, no el que lo sea, sino el que posea los intereses, valores y actitudes más amenazantes, precisamente a través de esto

138 A los que como se ve Waltz debe mucho.

139 Peñas Esteban, Francisco Javier. Hermanos y enemigos, liberalismo y Relaciones Internacionales. Obra citada, pp 263-268.

140 Autores como Layne, Oren, Owen y otros.

será cuando se trate de desarrollar la interpretación constructivista del argumento liberal 141 .

Ésta tendrá varios puntos, destacando el papel central de los sujetos, las ideas y valores como causas, las preferencias de los estados como resultado de demandas sociales internas y factores externos, que por tanto vendrían tanto de la estructura interna de los propios estados, (tal y como defenderían los liberales), como de la externa o sistémica (según los realistas), o que las instituciones internacionales ofrecen límites y posibilidades a esto 142 , realizandose tres proposiciones, la primera que las Relaciones Internacionales forman parte de la construcción social de la realidad, la segunda que los intereses de los actores se crean y modifican en el transcurso de la interacción social y la tercera que las normas e ideas tienen que tener un valor más central que el que tradicionalmente se les ha concedido.

Sin embargo al final las conclusiones parecen las mismas (aunque por distinta vía) respecto de las que establecieron los liberales, así las democracias acaban creando a sus amigos (liberales y democráticos) y a sus enemigos (autocráticos), imputándoles intenciones agresivas en función de su estructura interna, externalizando en relación a las primeras sus normas tendentes a evitar la existencia de conflictos y su resolución no violenta, creando comunidades de Paz o Seguridad, que en el caso de los estados no liberales no se producirá, conduciendo por tanto tales relaciones al terreno del realismo, el dilema de seguridad y la anarquía internacional, este resultado no puede entenderse sin afirmar que los actores viven en un mundo de identidades que les acaba modelando, lo cual es necesario para poder comprender y analizar su comportamiento.

Menos satisfactorias sin embargo resultan las explicaciones ofrecidas en relación a porque las democracias liberales se perciben unas a otras como

141 Dixon W. J. “Democracy and the Peaceful Settlement of International Conflict” , en American Political Science Review, vol 88, nº1, 1994 142 Risse-Kappen T.”Collective Identity in a Demmocratic Community: The Case of Nato”, en Katzenstein, P.J. (Ed) The Culture of National Security. Norms and Identity in World Politics. New York, Columbia University Press, 1996.

menos amenazantes, recurriendo a los argumentos liberales tales como la toma de decisiones transparente (que también se produce en numerosos estados considerados autocráticos) o la creación de canales de comunicación transnacionales que vincularían moralmente a este tipo de estados, la aplicación de ambas en estados que podrían considerarse no liberales parece fuera de toda duda. En definitiva los argumentos de destacados autores constructivistas entre los que indirectamente, además de T.Risse-Kappen y Dixon, podemos incluir a Wendt 143 , producen como resultado la afirmación de que la Paz Democrática, como “profecía autocumplida”, será una creación de aquellos mismos que la formulan, los propios estados liberales, que lanzan su discurso y crean su identidad interactuando con el resto de actores. Sin embargo, esta idea tan sugerente y probablemente acertada en buena parte de su formulación falla a la hora de realizar una explicación alternativa completa, cuando no plantea una respuesta convincente en relación a porque determinadas situaciones en las que los procesos de aprendizaje y creación de identidad son parecidos, llevan a situaciones completamente distintas 144 , siendo igualmente insatisfactorias las explicaciones realizadas en relación a cuales son las causas por las que las democracias se perciben unas a otras como no amenazadoras, quizá porque en parte se limitan a copiar el argumento liberal, y tampoco resulta completamente satisfactoria la afirmación de que son los individuos y no los estados los principales actores 145 , cuando las cuestiones de seguridad, especialmente en éste ámbito de estudio, se convierten en comunitarias, son en esencia amenazas a la comunidad política, así como a los valores y principios que se considera, son inherentes a ésta, o cuanto menos predominan, algo que ni los propios liberales han sido capaces de negar pero que sí están dispuestos a extender, caso de ser necesario, por la fuerza.

143 Wendt, Alexander. “Anarchy is What States Make of It: The Social Construction of Power Politics”, en International Organization, vol 46, No.2, (Spring 1992), pp 391-425.

144 Desde luego el resultado de Irak, Irán, Corea del Norte, Somalia y otros muchos estados no democráticos, que si bien son considerados enemigos en buena parte, han dado lugar a resultados difícilmente comparables unos a otros, siendo los procesos de interacción y creación de identidad parecidos.

145 En este caso confrontándose los postulados de Wendt, de carácter más estatalista y comunitarista a los de Risse-Kappen y Dixon.

Nuevamente siguiendo a Peñas 146 , las teorías estructuralistas, es decir aquellas que son en parte herederas del marxismo y que dividen al mundo en dos partes, también realizarán sus aportaciones en relación a la Tesis, para muchos de estos autores, la Paz Democrática es otra manifestación más de las desigualdades que aquejan al sistema internacional, dividido en esencia en un centro rico, próspero y desarrollado donde los vínculos políticos, de valores, morales y económicos se han ido desarrollando y una periferia donde persiste la existencia de conflictos, la anarquía internacional o el dilema de seguridad. Parecería que el problema principal no estaría en las relaciones entre ciudadanos y gobierno sino en el estado y sus contornos.

Diferentes autores van a plantear su opinión sobre el tema, así Buzan considerará que el mundo está dividido en círculos concéntricos, con un centro próspero, desarrollado y seguro, incrementando en inseguridad a medida que nos alejamos de éste. Ned Lebow 147 , por su parte divide al mundo en dos partes, por un lado el desarrollado que englobaría Europa Occidental, Norteamérica y parte de Asia y Oceanía, que ha acabado desarrollando una serie de relaciones que podríamos calificar de internas, propias de los estados en el pasado, desarrollaron acuerdos, compromisos, etc. que les permite solucionar los conflictos sin necesidad de acudir a la guerra, existiría además una comunidad de seguridad merced a tres condiciones cumplidas, por un lado la compatibilidad de los valores más relevantes a la hora de tomar decisiones políticas, se añade también la capacidad de las unidades políticas para responder rápidamente a las necesidades, mensajes y acciones de otras unidades, la predictibilidad mutua del comportamiento, así como un largo proceso de aprendizaje, como el que afectaría por ejemplo a las superpotencias durante el periodo de la Guerra Fría y que acabaría evitando una Guerra Nuclear, que nadie deseaba, el resultado es un complejo institucional y social que permitiría eludir la anarquía internacional, el dilema de seguridad y otros presupuestos realistas, que sin embargo permanecerían vivos, junto con el conflicto y las desigualdades económicas en el mundo en

146 Peñas Esteban, Francisco Javier. Hermanos y enemigos, liberalismo y Relaciones Internacionales. Obra citada .pp 290-294

147 Ned Lebow, R. “The Long Peace, The End of the Cold War,and the Failure of Realism”, en International Organization, vol 48, nº2, 1994.

desarrollo, como se ve, prácticamente se trata de las mismas conclusiones a las que llegan los liberales, pero a través de una vía muy distinta, en general poco explorada, aunque autores como Sorensen, al menos en parte, la pusieron de manifiesto.

Por su parte J.M. Goldgeier y M. McFaul 148 , detectan igualmente una unión pacífica en el centro, donde las armas nucleares, la interdependencia económica y la democracia política han permitido debilitar el dilema de seguridad, el conflicto sigue existiendo, pero sus efectos se han reducido notablemente y se han articulado mecanismos para poder solventarlos. Cosa muy diferente sería lo que ocurre en la periferia, donde coexisten gran variedad de regímenes políticos, con un concepto de seguridad que se acerca al del realismo estructural y con fuertes presiones democráficas, económicas o políticas para que se produzca la expansión y con ella la existencia de conflictos e inestabilidad, consecuencias en parte de la dependencia respecto del centro.

Si bien es un terreno poco explorado dentro del debate académico suscitado por la Tesis, los argumentos estructuralistas parecen tener cierta lógica a la hora de explicar ciertos comportamientos de los estados, sin embargo, no constituyen argumentos de gran valor en relación a su crítica o a su apoyo respecto de ésta, al igual que ocurría con la argumentación marxista, la economía puede explicar parte de los comportamientos de los actores, en este caso de los estados, sin embargo sería un error darle un valor universal, asociar la ausencia de guerra al desarrollo económico y político simplemente no parece tener sentido, máxime cuando existen numerosos ejemplos de lo contrario 149 , parece pues que pobreza y violencia no siempre van de la mano, como tampoco parece de recibo simplificar las circunstancias internas y externas de cada uno de los estados, sea del centro o de la periferia,

148 Goldgeier, J.M., McFacul, M. “A Tale of Two Worlds: Core and Periphery in the Post-Cold War Era”, en International Organization, vol 46, No 2, 1992, pp 467-491.

149 Un estado como Costa Rica es mucho más pacífico en sus relaciones exteriores que muchos de los estados más desarrollados del mundo, por otro lado, los estados de Iberoamérica tradicionalmente y a pesar de poseer regímenes de gran diversidad, no se han caracterizado precisamente por el gran número de conflictos internos.

limitándolo a sus relaciones de dependencia, reclamando la responsabilidad de occidente.

Con todo, las propuestas estructuralistas son un método alternativo que pone énfasis en la existencia del conflicto por causas distintas a las planteadas por realistas, liberales y constructivistas, recogiendo elementos explicativos de gran interés 150 , que el resto de las escuelas no están en condiciones de negar, debiendo tanto los primeros como estos últimos explicar porque la democracia no ha arraigado de forma parecida en los estados de la llamada periferia, como en los del “centro desarrollado”, o si realmente han desarrollado instituciones democráticas alternativas 151 , a las que presuntamente occidente ha sido hostil, explicando cuales son sus características y explicando en que forma afectará a los postulados de la Tesis.

A diferencia de los casos anteriores y dada su reciente aparición en el ámbito de las Relaciones Internacionales, no existe apenas literatura de autores incardinados dentro de la denominada Teoría de Juegos, que se ocupen de la Paz Democrática, sin embargo esto ha empezado a cambiar y ya existe algún artículo sobre la materia, aunque como mencionamos parece más bien la excepción a la regla al menos por ahora.

Varios autores destacados de esta corriente, utilizando alguno de los presupuestos más conocidos dentro de ésta teoría van a realizar un experimento, que usarán con el fin de criticar algunos de los aspectos básicos de la Tesis 152 , para ello lo primero que harán será elaborar una hipótesis, así se partirá de la idea de que los políticos quieren mantenerse en el poder y para ello necesitan una serie de apoyos, estos apoyos en el caso de los regímenes democráticos deben ser mayores, pues deben satisfacer a las grandes coaliciones que les han llevado al poder, a menudo con bienes públicos, a diferencia de lo que ocurre en el caso de las autocracias, donde se deberá

150 Especialmente las de Sorensen, que en parte pueden ser consideradas estructuralistas.

151 Sorensen habla de “democracias de masas reformistas”, ¿podría ser el caso de Evo Morales o Hugo Chávez?, en ese caso los planteamientos de este autor podrían confirmarse.

152 Bueno de Mesquita, Bruce. Morrow, James D. Silverson, Randolph M. Smith, Alastair. Testing the Selectorate, Explanation of the Democratic Peace en The American Political Science Review, vol 93, nº4, (December 1999), pp 791-807.

satisfacer las necesidades de grupos más pequeños, normalmente a través de bienes privados, todo ello hace que las democracias se lo piensen mejor antes de ir a la guerra que en el caso de las autocracias, pues sus apoyos, mayores y más frágiles, podrían hacerles perder éstos, arrojándoles fuera del poder e incluso truncando su carrera política, cosa que en el caso de las autocracias no estaría tan presente, pues mantienen suficientes bienes en muchos casos para conservar tales apoyos.

Ésta base inicial conducirá a una serie de hipótesis 153 , la primera es que las democracias, por las mismas razones que ya hemos expuesto, lucharían con más empeño a la hora de ganar las guerras, pues las consecuencias de pérdida serían mayores para sus líderes que en el caso de las autocracias, si bien existe una excepción, en el caso de que los estados autocráticos combatan por la propia supervivencia nacional o independencia 154 , o que los estados democráticos combatan contra estados mucho más débiles en los cuales la victoria sea cierta, cuestión que también afectaría a las autocracias.

La segunda y tercera haría referencia a aquellos casos en los cuales las democracias estarían dispuestas a utilizar la fuerza, empezando por el caso de guerra entre democracias, excluido por los defensores de la Tesis conforme a cuestiones normativo-culturales e institucionalistas, para los autores que estamos analizando, esta premisa es falsa y el conflicto surge en el caso de que uno de los estados democráticos y sus líderes entiendan que el otro estado democrático está dispuesto a ceder en sus pretensiones frente a la otra parte, antes que combatir 155 , tampoco restringirán el uso de la fuerza en caso de enfrentarse a un adversario más débil, como se ve la idea de que los regímenes democráticos son menos propensos al uso de la fuerza no parece corresponderse con la realidad para éstos autores.

Finalmente la cuarta hipótesis hace referencia a lo especialmente atractivas que resultan para las democracias, las guerras coloniales, las llevadas a cabo

153 Ibid, pp 791-798.

154 Los autores hacen referencia a casos como los de Hitler o Mussolini, donde los líderes no solo perdieron el poder sino también la vida.

155 Sin embargo existen ejemplos de lo contrario.

contra estados mucho más débiles, dada la posibilidad de obtener beneficios ciertos y las guerra extrasistémicas, es decir contra adversarios que se incardinan al margen del sistema internacional creado por las potencias europeas en su tiempo, siendo este atractivo mayor aún que en el caso de las autocracias.

Para probar estas hipótesis 156 , éstos autores realizarán un estudio estadístico en el que incluirán diferentes variables, entre ellas el tipo de guerra que se libra, el gasto militar en función del régimen ante el que nos encontramos, el estado al que se hace la guerra, el espacio temporal etc. llegando a resultados que cuanto menos pueden ser calificados de curiosos, así parece confirmarse la idea, reflejada en el gasto militar producido, de que las democracias hacen la guerra con mayor empeño que las autocracias, si bien puede objetarse que éstas llevan tiempo preparándose para ella o que los gastos militares se han venido produciendo durante más tiempo, sin embargo, en las guerras consideradas mundiales, las democracias luchan con más empeño y son tendentes a vencer, quizá porque solo hacen la guerra en los casos en que están seguras de la victoria, como estos autores establecieron, probándose igualmente que a las democracias les resultan más apetecibles las guerras coloniales o extrasistémicas que a las propias autocracias.

Como se ve, la Teoría de Juegos plantea una seria crítica al argumento liberal, sin negar los hechos, le da la vuelta a la explicación planteada por éstos, afirmando que no son las restricciones normativa, o las instituciones o la cultura democrática la que produce que no halla guerras entre democracias, sino la elección racional de unos líderes, que contrarios a la pérdida del poder y conscientes de la necesidad de una serie de apoyos, se niegan a aventurarse en un conflicto arriesgado que les podrían alejar de éste, para Bueno de Mesquita y compañía lo que realmente produce la Paz entre Democracias o al menos, la reducción de las posibilidades de que estas entren en conflicto, son las restricciones ya mencionadas, multiplicadas por dos, en caso de ser regímenes democráticos los estados cuyos intereses confrontan.

156 Ibid, pp 798-807.

A esta teoría se le pueden poner algunas pegas, por un lado pone un excesivo

peso en la actuación de los líderes, frente a una opinión pública inicialmente sumisa, aunque pronta al cambio en caso de conflicto armado, por otro la afirmación de que los líderes no quieren perder el poder y por ello son reticentes a la declaración de guerras puede ponerse en cuestión por otros argumentos 157 , sin llegar a explicar que la guerra, al igual que otros elementos puede ser utilizada como un arma electoral por las propias elites para recabar apoyos, la evidencia histórica tampoco parece ser demasiado clara salvo quizá en el caso de las guerras coloniales o extrasistémicas, libradas en buena parte por estados democráticos, aunque no solo 158 y tampoco centra sus críticas demasiado, quizá debido a la diferente naturaleza de sus argumentos en la cuestión ideológica explotada por los liberales y que trasciende a menudo de los propios intereses materiales, con todo es una crítica alternativa que puede considerarse de singular importancia, especialmente en la dimensión de la toma de decisiones de los propios líderes y que, estando en sus comienzos, aún ha de desarrollarse en el futuro, pudiendo quizá verse en el futuro alguna aportación de igual o mayor relevancia en este sentido al debate de las escuelas.

CAPITULO SEGUNDO- UN PROBLEMA DE CONCEPTO.

I- EL CONCEPTO DE DEMOCRACIA.

Uno de los mayores problemas que se les plantea a los defensores de la Paz Democrática, especialmente a la hora de afirmar empíricamente la veracidad de los datos aportados, lo constituyen los propios conceptos que utilizan, un problema en el que prácticamente coinciden la mayoría de los críticos, sino es posible determinar que es lo que consideramos como democracia o incluso un

157 Por ejemplo en el caso de la Guerra entre España y Estados Unidos, donde los líderes políticos perderían el poder en caso de permitir la pérdida de Cuba, por otro el de los Balcanes, donde los líderes de las antiguas repúblicas federadas alentarán la guerra contra el resto para recabar apoyos, parece que en estos casos las argumentaciones de Mansfield y Snyder deberían prevalecer frente a las de estos autores.

158 La Rusia zarista o las monarquías absolutas de los siglos XVI y XVII también pueden ser incluidas aquí, máxime cuando no estaban desterradas en modo alguno del sistema, aunque no fuesen democracias.

término tan vago como liberal, como será posible probar una teoría asentada sobre ellos y sometida a discusión.

El primer y quizá principal término sobre el que se plantea este problema y que es indudablemente central, pues sin éste no existiría la Tesis, es el concepto de democracia, un término aún hoy en día difícil de definir y sometido a discusión tanto en la Teoría Política como en las Relaciones Internacionales. Los defensores de la Tesis pretendieron solventarlo 159 estableciendo una serie de requerimientos; en el caso de Doyle, como ya vimos destaca la necesidad de que el régimen democrático-liberal, cumpla con una serie de libertades básicas, positivas y negativas, así como una serie de rasgos que condicionarían su organización política y económica, supuestamente para que los factores restrictivos funcionasen y cumpliesen con lo establecido en la teoría, en cualquier caso, parece que el régimen democrático abarcaría tanto los estados considerados “sociales” y por tanto aquellos en los que predominarían las libertades positivas frente a aquellos en los que predominan las negativas, o “liberales”, algo que sin embargo no sucederá con otros autores 160 .

Nuevamente parece que hemos de tener en cuenta los planteamientos de las diferentes escuelas a la hora de interpretar semejante concepto, conscientes unos y otros que en función de que el término democracia se utilice de una manera amplia, o bien de forma restrictiva, incrementará o bien reducirá el numero de casos en que dos supuestas democracias entran en guerra; por otro lado no podemos soslayar la dificultad que supone definir un concepto poco claro al que si bien los liberales consideran central, dado su especial peso en las estructuras internas del estado, así como en las instituciones, no constituirá el caso de los realistas, centrados en las cuestiones sistémicas y en el que, en esencia, van a poner las críticas.

159 Doyle, M. obra citada, pp 3-4.

160 Caso de Rummel.

Para Russet 161 y siguiendo la estela de otros autores como Huntington, Dahl o Ray, parece que podría considerarse como democracia (o poliarquía), aquel tipo de régimen donde una parte sustancial de su población puede elegir a su gobierno en unas elecciones competitivas o ante el cual éste se considerará responsable, a menudo con requerimientos de libertades y derechos tanto individuales como sociales, como pudimos ver ya en Doyle. Tomando a Huntington, en la consideración que éste haría respecto de lo que sería un régimen democrático en el siglo XX 162 , un régimen donde cualquier ciudadano podría presentarse a unas elecciones, que se desarrollarían de forma libre, honesta y competitiva, el punto crucial estaría en la Transición, es decir la transferencia de poder de un gobierno considerado autocrático a otro democrático.

Muchos de estos regímenes poseen o han poseído características que podrían identificarles tanto como regímenes democráticos, como autocráticos, de hecho

la propia extensión del sufragio a ciertas capas de la sociedad no fue sino el

resultado de siglos de espera y lucha, de hecho muchos otros autores como Small y Singer 163 , utilizarán un porcentaje de población de en torno al 10%, una cifra válida quizá para el siglo XIX, pero con poco sentido hoy en día, Doyle por su parte establecerá el corte en el 30% de la población.

Suelen establecer además requisitos como la existencia de dos o más partidos,

o que ámbitos como la política exterior o las cuestiones militares, no se

encuentren en manos de una casta militar o aristocrática, como a menudo sucedía en el siglo XIX 164 , eso por no hablar de derechos y garantías civiles como serán la libertad de expresión, la libertad de prensa, derecho a la organización política, que además tendrán una estrecha relación con el libre mercado y la economía capitalista, la segunda parece depender de la primera pero no es así a la inversa. Estos elementos pueden elevar o bien reducir los estándares de aquellos estados que pueden ser o no considerados

161 Russet, Bruce. “The Fact of Democratic Peace”, en Grasping the Democratic Peace, Princeton, Princeton University Press, 1993.

162 Dado que no podemos considerarlo de la misma forma que a una democracia decimonónica.

163 Small y Singer, “The War-Proneness of Democratic Regimes”.

164 Caso de la Alemania del II Reich, la España de la Restauración y tantas otras para los defensores de la Tesis.

democráticos, cuestión esencialmente relevante a la hora de plantear la existencia de un conflicto entre dos regímenes que ofrecen dudas al respecto, haciendo por tanto depender la evidencia de la cuestión del concepto.

Se requiere igualmente un periodo mínimo de existencia, así Doyle exigirá al menos tres años, sin embargo para Russet, éste puede resultar demasiado largo y afirma que los casos que fuesen discutibles, suelen solucionarse, dando un año de plazo desde el establecimiento de dicho gobierno, antes de la que se produzca el conflicto armado, con el fin añadido de que se le reconozca como tal y queden marcadas sus diferencias.

Parece una necedad ciertamente cuestionar los requerimientos institucionales planteados por Russet a la hora de considerar si un estado es o no democrático, no obstante, otros factores pueden resultar discutibles tanto en su aplicación a unos estados y otros como por la subjetividad que entraña, caso del plazo de establecimiento, que a menudo se deja al arbitrio de cada autor en concreto, al igual que sucede con los porcentajes de participación de la población, a menudo bastante arbitrarias, sin tenerse en cuenta además la existencia de altos porcentajes de sectores de la población que no pueden ejercer ese derecho, ya sea por cuestiones de legalidad como de falta de legitimidad, algo pendiente aún de estudio.

Algo parecido sucede en el caso de Owen 165 , precisamente lo relevante de las instituciones democráticas sería para este autor el traslado de las preferencias liberales a éstas, que pueden considerarse un producto de ellas, por otro lado considera especialmente destacable la posibilidad de pronunciarse de los ciudadanos en relación a la política exterior que llevase su ejecutivo, siendo imprescindible la existencia de alternativas de cara a la elección de ésta, debiendo pues ser consultados e incluso tomar la decisión, así como castigar a sus líderes en caso de no seguir sus indicaciones 166 , parece pues que la idea liberal de desterrar la guerra de las relaciones entre democracias, así como de

165 John M. Owen, obra citada, pp 97-101.

166 Quiza el resultado de las elecciones tras la guerra de Irak en España fuese un ejemplo de su funcionamiento.

hacerlas contra estados no liberales se trasladaría de tal forma, el problema sería que a menudo la población carece de interés por las Relaciones Internacionales y por tanto, son las elites las que acaban tomando las decisiones al respecto.

Owen, en su análisis sobre la democracia, reconoce el papel de las elites, especialmente de aquellos que pueden crear opinión y movilizar a las masas y que además suelen identificarse con quienes tienen determinados intereses en la política exterior, son ellos los que a menudo promueven, siguiendo las ideas liberales, la paz entre regímenes democráticos y la guerra con aquellos estados que no lo fuesen, ante los elevados costes de los conflictos armados, parece lógico que los esfuerzos de movilización de las elites sobre las masas sean grandes, esfuerzo que llevaría a la no movilización en caso de que el estado al que se enfrentase fuese democrático, sin bien existen ocasiones en las cuales es la opinión pública la que lleva a los líderes a tomar las decisiones 167 , por interés o cálculo electoral, quizá sea precisamente el cambio en la opinión pública la que lleva al cambio en la actitud de los líderes y no lo contrario.

La importancia que este autor otorga a las percepciones le lleva a reconocer algunos de los principales problemas de la Tesis en relación al concepto, si tanto la democracia como el liberalismo han sido conceptos vagos, que irían cambiando con el transcurso del tiempo, si en determinados momentos 168 lo que se tenía en cuenta era el carácter liberal o incluso el republicano 169 , podemos preguntarnos si algo no estará fallando en la Tesis al convertir en esencial e inmutable algo que en realidad se muestra variable y cambiante con el paso del tiempo, aunque esto no quite que se pueda considerar a la Tesis liberal una suerte de “profecía autocumplida”.

Owen hace referencia a uno de los conceptos que desde el punto de vista crítico 170 , puede resultar más dañino a la Tesis liberal, el de las democracias no

167 Como en la guerra entre España y Estados Unidos de 1898, la de Vietnam e incluso la que se vive en Irak pueden ser otros.

168 Ibid, pp 105-112.

169 Como ocurría con Estados Unidos en el siglo XIX, tal y como hemos visto.

170 Quizá siguiendo a otros autores como Sorensen o Waltz.

liberales, sin llegar a definir que entendemos por democracia no liberal 171 , parece que el mismo término plantea un problema de difícil solución para los defensores de la Paz Democrática y que lleva a plantear una pregunta de relevancia esencial, ¿Democracia y liberalismo son la misma cosa?, o aún más allá, sino es así, ¿Qué relevancia tiene para la Tesis la existencia de una serie de democracias al margen del orden liberal establecido en el siglo XIX? Estas son preguntas sin respuesta por parte del autor a las que es preciso dar cauce.

Los autores críticos verán en el concepto de democracia uno de los principales puntos débiles de la Tesis, conscientes de que el propio término no ha permanecido inmutable a lo largo del tiempo y por tanto es complicado que pueda establecerse una “paz eterna” sobre la base de algo que no solo se modifica y cambia con el transcurso de la historia, sino que aún su definición actual puede considerarse cuanto menos confusa, a pesar de todo tanto defensores como críticos parecen haber llegado a una suerte de acuerdo en relación a ciertos aspectos relevantes 172 , entre ellos el nivel de participación, el carácter competitivo de las elecciones, la ausencia de dominio de una casta militar o aristocrática sobre asuntos de política exterior o militar etc. siendo sin embargo conscientes de que a medida que se endurecen los criterios que clasifican a un régimen como democrático, en ocasiones muy subjetivos, se reducirán los supuestos de conflicto armado entre democracias, entre otras cosas porque el numero mismo de democracias se reduce.

Spiro, en su análisis estadístico sobre la relevancia de la Paz Liberal 173 , va a analizar de forma exhaustiva aquello que se entiende por democracia, estableciendo como análisis previo algunos de los argumentos que ya expresamos anteriormente, así destaca la diferencia existente entre lo que hoy consideramos democracia y el tipo de régimen mencionado por Kant en su ensayo, denominado republicano, no democrático, algo que consideraba en

171 Los ejemplos serían las antiguas democracias griegas, los estados postsoviéticos o Irán y quizá en la actualidad Venezuela y Bolivia.

172 Gurr, Ted Robert. “PolityII: Political Structures and Regime Change, 1800-1986. Boulder, Colo.:Center for Comparative Politics, 1990. Es quizá la base más destacada usada por los teóricos de la Paz Democrática para evaluar el propio concepto de democracia.

173 Spiro, David E. Obra citada, pp 55-58.

realidad una tiranía en la que las mayorías imponían su criterio a la minoría 174 , un régimen republicano si bien concedía iguales derechos a lo que en aquella época se entendía como ciudadanos,(blanco, propietario y masculino), no significa en modo alguno, que todos sus miembros pudiesen participar en las elecciones o ser consultados en la toma de decisiones, es un problema de cierta relevancia a la hora de ser tenido en cuenta frente a los argumentos de sus defensores.

Parece pues que el concepto de democracia debe ir más allá de las restricciones normativo-culturales o bien estructuralistas que ya fueron mencionadas por Russet, siguiendo a Gurr, se estudiarían los procedimientos de toma de decisiones pero no estos primeros elementos, parece que la base empírica que se deriva de esto podría ser muy discutible ya que precisamente sobre esta base se han elaborado auténticas listas 175 de estados considerados liberales y democráticos, así como aquellos que no lo son, sin resolver en modo alguno los casos más problemáticas, como la Alemania del II Reich o la España de la Restauración, en función de las variables, sean esta limpieza y competitividad de las elecciones, líderes responsables, estabilidad o ausencia de conflicto interno, tal y como establecerían algunos estudios 176 . Si siguiésemos ésta última afirmación posiblemente llegásemos a la conclusión de que los liberales están en lo correcto, sin embargo, no parece que racionalmente la definición pudiese considerarse definitiva precisamente, siendo tan amplia que podría incluir a regímenes no democráticos, pero con una legitimidad suficiente para que no se produzcan conflictos civiles serios e incluir a regímenes democráticos con un gobierno puesto en cuestión.

Las cualidades defendidas por Doyle quizá tuviesen mayor sentido, de cara a la Tesis, cuando como vimos asume la necesidad de que el estado democrático en cuestión, otorgue los mismo derechos y libertades a sus ciudadanos, cosa diferente es quien lo sea y quien no, una economía de mercado, un gobierno

174 Algo ciertamente muy propio de la Ilustración, debiendo tenerse en cuenta el papel que estos autores concedían a unas elites cultas y propietarias como ciudadanos, es decir los pocos que podían participar en la toma de decisiones políticas e incluso elección de los gobernantes como conformación de la nación.

175 Como las de Maoz y Russet o las de Doyle.

176 ICPR Study17767, Edward E. Azar, “Conflict and Peace Data Bank (COPDAB), 1948-1978: Daily Events File.

responsable ante sus ciudadanos y representativo y una soberanía exterior, aunque ambos parece que acaban englobando a regímenes que en su época excluían de la ciudadanía y por tanto de la participación política a amplios sectores de la población pertenecientes a otra clase, otro sexo u otra raza 177 , parece que las desigualdades sociales y económicas en el ámbito interno de los estados 178 y su papel en la Tesis, está pendiente de estudio y no ha sido tenido en cuenta suficientemente, amén de uno de los temas que vamos a tratar en breve, es decir el problemático caso de las democracias no liberales o de las democracias denominadas “reformistas o de masas”. Parece que el propio concepto de democracia ha de exceder del ámbito académico y llegar al mundo no solo de la política práctica, sino también de las percepciones de las sociedades.

Farber y Gowa 179 tendrán en cuenta igualmente el estudio realizado por autores como Gurr, Russet o Spiro a la hora de realizar sus análisis estadísticos, por tanto, parece que siguen presentes la posibilidad de elegir entre diversas políticas de asuntos exteriores, alternativas, la limpieza de los procesos electorales, la competitividad, el papel de las elites, etc. aunque acentuando la distinción respecto de los regímenes considerados autocráticos, cuya puntuación en la escala de Gurr sería inferior a la media o de los anocráticos, que poseyendo ciertas características que los acercan a regímenes democráticos, tendrían una puntuación en la escala sobre la media. Con todo cabría preguntarse si los autores críticos actúan de forma correcta cuando, pretendiendo realizar una crítica seria a una Tesis, que se asienta de forma frágil sobre unos conceptos abstractos, toman y usan como propias las propias acepciones establecidas por éstos, sin aprovechar los puntos débiles que ésta les brinda y que Oren, Waltz y Sorensen van a saber aprovechar mejor.

177 Es decir, prácticamente todos en su época y estaría por ver cuantos ahora.

178 Sin referencia al sistema internacional como harían los estructuralistas.

179 Farber, Henry S., Gowa, Joanne. Obra citada. pp 129-131.

Oren destacará 180 en este sentido porque, si bien no realiza una nueva definición de democracia y acepta las premisas establecidas al respecto por Gurr, como hemos visto, va a identificar el concepto de democracia, al menos en lo que respecta a la política exterior estadounidense como un “régimen de nuestro tipo”, es decir, que si se identifican realmente con otros regímenes parecidos no es por el hecho de que sean democráticos, sino que parece que tiene mucho más que ver con el desarrollo de las relaciones internacionales estadounidenses que con la estructura interna de un estado, procediendo a la generación de esa identidad a través de lo que parecen procesos de interacción con el resto de actores como sostendrían los constructivistas, en cualquier paso parece un elemento que permitiría distinguir entre los regímenes liberales, que se identifican entre ellos y aquellos que divergen, es decir, aquellos a los que se debe combatir.

A este respecto Waltz 181 , hace referencia a lo que considera “democracias del

tipo correcto”, es decir, las democracias liberales, que son aquellas que no se hacen la guerra entre ellas, permitiendo deducir por otro lado que existen democracias no liberales, con las que probablemente mantengan una relación distinta, parece pues que el concepto de democracia y el de liberalismo pasan

a ser considerados aspectos distintos, ya no son términos análogos como

parecía deducirse antes 182 , con lo cual la situación parece complicarse, sin que

por otro lado quede clara ya la afirmación de que no tengan conflictos armados entre ellas o que los factores de restricción liberales sean operativos entre ellas.

No es único elemento perturbador que podemos encontrar en la obra de Waltz, si esto realmente es así, parece que si realmente las democracias acaban promoviendo la guerra contra aquellos regímenes distintos, sean estos estados autocráticos, anocráticos o democracias no liberales, los factores de restricción desaparecerían y nos veríamos inmersos en una cruzada mesiánica para

180 Oren, Ido. Obra citada. pp 147-153.

181 Waltz, Kenneth. Obra citada. pp 8-10.

182 Si bien en mi opinión nunca lo han sido, se discute el carácter democrática del sistema de la Restauración española o bien del II Reich Alemán, pero de los que no podría discutirse su carácter liberal, especialmente en el caso español.

extender la democracia, tal y como los liberales la entienden, al resto del mundo, sin embargo, además se deducen una serie de preguntas y problemas.

El primero de ellos nos lleva a intentar conocer quien es el que establece aquello que es o no es una democracia, si realmente la democracia del tipo correcto tiene que identificarse con la liberal, existen ejemplos que parece deberían quedar excluidos, entre ellos un estado teocrático del tipo iraní, no parece que sea el mejor ejemplo a seguir, tanto su confesionalidad religiosa como el hecho de sostenerse sobre la base de una constitución no laica parece que lo descartaría, y sin embargo, ese mismo régimen tiene un sistema de partidos, elecciones competitivas, sufragio universal, sin descartar por otro lado la vulneración de derechos humanos, el veto de las autoridades religiosas y tantos otros aspectos que podrían reconducirlo al ámbito de las anocracias, con todo, si se considerase como tal, y he hecho regímenes de características semejantes han sido identificados como democráticos por parte de Doyle y otros, entonces la ausencia de conflicto no parece demasiado lógica 183 .

En segundo lugar parece necesitarse separar de alguna forma el carácter democrático de un estado, de su sustrato liberal, impregnado en su cultura política y económica o sus relaciones sociales, si un régimen como la Restauración española, que parece respetar y todos y cada una de las prescripciones establecidas por los autores liberales, al menos los del momento, no aquellos que cien años después prescriben sobre épocas con circunstancias políticas y sociales bastante distintas y no digamos del II Reich, uno de los regímenes constitucionalmente más avanzados de su época, muy diferente de otros como Italia o Chile, en cambio considerado liberal por parte de Doyle, el resultado es la sensación de que algo en la Tesis no funciona, ¿El subjetivismo denunciado por Oren?, quizá, pero si bien el debate académico sobre la Tesis se desarrolló esencialmente en los años 90, en el ámbito de la política práctica éste aún se mantiene.

183 Véase la cuestión de las armas nucleares y Ahmadineyad respecto de Estados Unidos en la actualidad.

Finalmente y a raíz de lo establecido por Waltz, cabe preguntarnos si podremos sacar algún beneficio de extender un régimen que por el hecho de ver divergencias en cuanto a la estructura interna de los estados, se lanza al combate y a la conversión en esa suerte de expansión mesiánica ya mencionada, sin que además quede garantizada su perpetua situación en tal estado y con la posibilidad de guerra aún más latente que en el caso del realismo más crudo.

La aportación más destacada de Sorensen, en cambio, a la crítica del concepto 184 será precisamente aquella más vinculada a concepciones estructuralistas, esto es, cuando se refiere a la existencia de “nuevas democracias”, estas democracias parecen identificarse con aquellos regímenes que según Huntington y a partir de lo que se denominó la tercera oleada democratizadora, nuevas democracias fueron apareciendo especialmente en Iberoamérica, Africa y Asia, con las que como vimos los vínculos morales, económicos, sociales y políticos no iban a estrecharse, manteniendo en cambio las democracias denominadas liberales, una relación de hostilidad contra aquellas consideradas “reformistas” o bien “ de masas”, con las cuales no se van a identificar y de las que en cambio van a desconfiar.

Las críticas planteadas por Sorensen parecen de un acierto bastante grande, cuando en la actualidad estamos viendo supuestos parecidos continuamente, un ejemplo serían aquellas democracias sudamericanas 185 , con las que tanto Estados Unidos como algunos países europeos han venido manteniendo relaciones tirantes, esto es, Bolivia y Venezuela, en ambos casos estamos ante líderes elegidos democráticamente, pero con los que se mantiene una relación tirante y la intervención o el conflicto no quedan descartadas, también podría considerarse el caso de Irán o de Líbano, donde su presidente en el conflicto mantenido con el también democrático Israel, llegó a afirmar que la guerrilla Hezbola, formaba parte de su ejército, o al menos de la resistencia nacional, que a pesar de las posibles malas interpretaciones, es una evidencia bastante

184 Sorensen, George. Obra citada. pp 401-414.

185 Evidentemente se debe excluir Cuba, aunque los regímenes marxistas se denominen democracias populares, otro problema relacionado con el concepto de lo que cada régimen o cultura entiende por democracia que merece la pena explorar.

clara en contra de la Tesis, nuevamente el realismo tiene aquí más que decir que cualquier otra de las escuelas.

En definitiva parecemos encontrarnos nuevamente con otro supuesto de lo que Oren denominó “regímenes de nuestro tipo”, pues como hemos visto, el factor democracia parece quedar supeditado como elemento secundario al factor liberal, más relevante para la identidad de los regímenes a estos efectos y como una cuestión esencialmente ideológica que les permite identificarse unos con otros, pero igualmente está presente la afirmación de Waltz, de que debemos simplemente considerarlos, “democracias del tipo correcto”, las que no lo sean podrán quedar excluidas de la zona de paz y serán susceptibles de intervención, desconociendo incluso que en la propia teoría kantiana, éste autor jamás hizo referencia al término democracia, sino república y que probablemente a raíz de esto, los defensores de la Tesis hayan estado malinterpretando sus palabras desde el principio, debiendo referirse desde entonces al concepto de liberal y no al de democracia, las frecuentes relaciones, en ocasiones muy estrechas, así como alianzas y acuerdos de regímenes democráticos con aquellos que no lo son parecen poder confirmar, que el elemento democrático no es el esencial.

II- LOS CONCEPTOS DE GUERRA E INTERVENCIÓN.

Al igual que ocurre con el concepto de democracia, el concepto de guerra es ambiguo y se encuentra sujeto a debate en la disciplina, si el estudio de Gurr, será la base utilizada tanto por defensores como críticos de la Tesis, en el caso de la guerra recaerá en un prestigioso estudio de Small y Singer 186 , que establecerá una serie de criterios básicos a la hora de tener en cuenta un conflicto armado como guerra entre estados, entre ellos la existencia de mas de mil muertos a consecuencia del conflicto, aún estando a debate, parece que serían tanto muertos civiles como militares, la existencia de un estado soberano, evaluación de las operaciones militares llevadas a cabo etc.

186 Melvin Small y J. David Singer, Resort to Arms: International and Civil Wars, 1816-1929. (Los Angeles: Sage,1982). Utiliza los datos en una de las investigaciones más relevantes en la materia, The Correlates of War.

Utilizando esta base Russet 187 , va a desarrollar su teoría, en relación al concepto de guerra evaluará que clase de operaciones podrán calificarse como operaciones de guerra y cuales no, excluyendo entre otras los accidentes, consecuencia de errores, como puede ser un avión que se estrella en territorio ajeno, operaciones autorizadas por mandos locales, pero no por un gobierno central de un estado, que sería el que tomase las decisiones al respecto, acciones militares a pequeña escala que tratan por ejemplo de probar la fuerza del adversario 188 , o aquellas que enfrentan a dos adversarios con una diferencia de fuerza considerable 189 .

El autor utiliza los datos recogidos en el estudio ya comentado, que no considera sin embargo definitivos, por ejemplo, en el caso de la Guerra de las Malvinas la cifra de muertos está por debajo de los 1000 y sin embargo, las operaciones militares muestran como la realidad es la de una guerra entre dos

estados soberanos, reconociendo sin embargo que en ciertos casos, las muertes civiles son difíciles de cuantificar 190 , con lo cual tal especificidad tiende

a omitirse, igualmente problemática será la cuestión de las alianzas y

participantes donde los propios Small y Singer van a utilizar criterios de inclusión como la aportación de 1000 soldados o al menos 100 muertos, excluyendo igualmente las operaciones secretas, que si bien pueden dar lugar

a guerras las dificultades de documentación plantean problemas aunque deberán tenerse en cuenta en el estudio.

Es importante reseñar la ausencia de conflicto bélico en el caso de guerras extrasistémicas, es decir contra adversarios considerablemente más débiles, como pueblos coloniales o guerras de liberación, así como conflictos civiles.

Nuevamente y a raíz de esta definición nos queda una cierta sensación como comentaremos más adelante, que la definición utilizada por los defensores de

187 Russet, Bruce. The Fact of Democratic Peace. Obra citada. pp 69-72.

188 Como podrían ser las crísis marroquíes desencadenadas por Alemania para probar la fuerza de la alianza entre Inglaterra y Francia antes de la I Guerra Mundial.

189 Como puede ser por ejemplo la intervención de la Unión Soviética en la República Checa.

190 Caso de la I Guerra del Golfo.

la Tesis al excluir una serie de conflictos en los que las democracias se han visto tradicionalmente involucradas e incluso si hiciésemos caso a los autores de la Teoría de Juegos, siendo especialmente proclives a ellas, en su afán mesiánico de expandir la democracia o bien de sacar rendimientos a través de cuestiones estratégicas u obtención de materias primas, fuentes de energía etc. acaba beneficiándoles al excluir toda una serie de supuestos 191 especialmente relevantes a la hora de cuestionar una Tesis que parece querer escapar por la tangente de cuestiones muy claras, teniendo en cuenta la evidencia histórica, especialmente tras el fin de la II Guerra Mundial.

Al igual que Russet, Spiro 192 toma como base de su posicionamiento crítico respecto de la Tesis, el estudio ya citado, con características parecidas, añadiendo sin embargo algunas críticas, así, cuestiona el porque deberían ser excluidas las llamadas guerras civiles, lamentando que alguno de los casos más interesantes 193 quedasen excluidas de esta forma y que según estos, se podría demostrar porque hay ocasiones en que la democracias sí van a la guerra, cuando se amenazan intereses propios vitales 194 , excluyendo otros casos como las intervenciones, guerras coloniales o supuestos discutidos como la guerra entre España y Estados Unidos, o el alineamiento de Finlandia junto a las fuerzas del eje frente a la Unión Soviética y los aliados.

Destacan igualmente sus críticas a ciertos aspectos arbitrarios de la definición, entre ellos, que para que un estado deba ser tenido en consideración a la hora de comenzar una guerra, deba tener más de 500.000 habitantes, ya que de lo contrario su posición sería considerada extrasistémica o colonial, o el caso de las 1000 muertos como elemento indicativo de conflicto a gran escala, pretendiendo con ello extender los supuestos e incluir un mayor número de casos donde la Tesis hubiese errado.

191 Nos referimos, claro está a la cuestión de las intervenciones, que trataremos a continuación.

192 Spiro, David E. The Insignificante of the Liberal Peace. Obra citada. pp 59-65.

193 El caso más destacado sería la Guerra de Secesión.

194 Aunque la Confederación no siguiese el criterio temporal que algunos autores establecen por su corta existencia como régimen político, desde el congreso que eligió a Jefferson Davis, hasta el estallido de la guerra.

A pesar de que Spiro no realiza una crítica lo suficientemente contundente

respecto de ciertas cuestiones, como son la exclusión de aquellas poblaciones consideradas extrasistémicas o coloniales, en las cuales las apetencias de intervención por parte de aquellos estados considerados democráticos o liberales sean mayores, eliminando con ello la posibilidad de abrir nuevos caminos de crítica a la Paz Democrática, Spiro parece cuestionar las arbitrariedades con que el concepto de guerra es utilizado por los defensores de la Tesis para apoyar sus proposiciones teóricas, comprendiendo que el concepto y aquel que lo configura y define, son esenciales para determinar la evidencia empírica y por tanto el éxito de la proposición realizada.

Farber y Gowa 195 , también desarrollarán de una forma relativamente extensa su idea sobre el concepto de la democracia, aunque igualmente sobre la base de The Correlates of War, así prosiguen las exigencias para que estemos ante una guerra y no ante un conflicto de baja intensidad la existencia de al menos 1000 muertos en el conflicto, así como haber perdido al menos 100 hombres en

la batalla, haciendo que predomine sin embargo la incidencia sobre la duración

y asumiendo dos aspectos, el primero, la división entre guerras generales y aquellas que no lo son y por otra parte aportar datos sobre todas las guerras recogidas en el estudio de Small y Singer.

Para distinguir entre guerras consideradas generales y aquellas que no lo son, se utilizan una serie de criterios, que, aunque bastante extendidos en la literatura de las Relaciones Internacionales, distan de ser universales, refiriéndose a aquellos casos en los cuales, el conflicto puede dar lugar al ascenso de una nueva potencia dominante, que produciría una transformación en la estructura sistémica del momento 196 , pudiendo afirmarse, como hacen determinados autores, que en tanto las guerras no generales, pueden originarse en la interacción que se produce entre los actores en cuestión, la explicación las guerras generales deben buscarse en cuestiones sistémicas, estando relacionados con la distribución de poder y el Statu Quo previo.

195 Farber Henry S. y Gowa Joanne. Polities and Peace. Obra citada. pp 131-137.

196 El ejemplo más claro son las guerras mundiales.

Consideran los autores que estas guerras generales, en el seno de las cuales además suelen producirse conflictos considerados particulares, teniendo en cuenta que las grandes potencias que han participado en éstas, han interactuado unas con otras en torno a determinadas cuestiones, lo que hace que su estudio sea demasiado complejo a la hora de analizarlo. La localización de guerras entre democracias podría ser un aspecto esencial del estudio, pero curiosamente, los autores liberales tienden a descartarlo basándose en cuestiones particulares y no de la aplicación de criterios comunes 197 , desechándose en otros casos como inexistentes.

Siguiendo nuevamente la obra de referencia 198 y según estos autores, se podría distinguir entre diferentes categorías a la hora de clasificar una disputa, observándose con ello, el alcance que tiene el conflicto, existiendo en primer lugar la amenaza del uso de la fuerza, en segundo lugar el despliegue de fuerzas, en tercer lugar el uso de la fuerza y por último la propia guerra. Por tanto y con vistas a determinar el nivel de hostilidad existente entre diferentes estados, parece que no solo el escalafón superior, es decir, el de la guerra, debe utilizarse con exclusividad en un determinado estudio, sino que cualquiera de ellos, aunque no con la misma intensidad, puede utilizarse como base para determinarlo y ha de contar en cierta medida, aunque no en la misma.

Teniéndose en cuenta una lista de disputas existentes entre diferentes estados, una mayoría serían considerados de baja intensidad, con lo cual la Tesis podría cuestionarse desde un punto de vista parecido y dado que sus defensores son lógicamente renuentes a aceptar la posibilidad del mínimo nivel de violencia entre dos estados liberales, el hecho de que sólo se tenga en cuenta en análisis y estudios, el escalafón superior, es decir, el de la guerra y no otros, parece que les beneficiaría, especialmente si tenemos en cuenta que estos mismos defensores, frente a los críticos, han sido maestros en debatir con ventaja, al utilizar una serie de conceptos considerados propios y por tanto elaborados o influidos por ellos mismos, probándose una vez más que la

197 Una fuerte crítica que sería posible hacer es que en tanto sus afirmaciones pretender tener un carácter genérico y universal, las negaciones pueden hacerse basándose en el caso concreto, utilizando diversos argumentos a su conveniencia.

198 La archiconocida The Correlates of War.

determinación del concepto es una ventaja fundamental a la hora de debatir una cuestión, si incluyésemos otro tipo de conflicto, como guerras civiles, guerras extrasistémicas y coloniales o contra adversarios mucho más débiles, como los defensores de la Teoría de Juegos 199 sostendrían, les acabarían resultando más apetentes y serían más proclives a ellas, ya sea por ambición y búsqueda de beneficios o bien por expandir su modelo en la cruzada mesiánico-ideológica tantas veces mentada.

No obstante, vuelve a ser Waltz 200 , el autor más crítico con la propia definición de guerra realizada por los liberales, éste autor no solo negará las supuestas causas que los defensores de la Tesis plantean como origen de los conflictos armados, esto es, la estructura interna, añadiéndole elementos sistémicos explicativos del comportamiento de los actores, que un mundo lleno de democracias no podrá soslayar, sino que en base a éstos elementos de carácter realista, afirma que las democracias pueden actuar en contra de otras si sus intereses se ven amenazados, existiendo numerosos ejemplos de tal comportamiento, entre ellos la intervención de Estados Unidos en el golpe de estado contra Salvador Allende en Chile, pero también en la república dominicana, mentando las palabras de Kissinger 201 . Parece pues que Waltz, reconoce el papel esencial de las intervenciones, como uso de la fuerza alternativo a la guerra y como instrumento esencial de la política exterior de las democracias.

Relaciona igualmente el ya visto concepto de guerra con el de paz, al afirmar que dada la falta de información sobre las condiciones que dan como resultado a ésta, todo el esfuerzo se dirige hacia un objetivo de mayor facilidad, el de la guerra, guerra que además se produce por el (en mi opinión) pero factor de todos, las causas supuestamente correctas, que son las que acaban produciendo el desencadenamiento de cruzadas difíciles de refrenar, caso que es exactamente el de la expansión de la democracia, tanto para liberales en

199 Bueno de Mesquita, Bruce y otros. Testing the Selectorate: Explanation of the Democratic Peace.

pp791-798.

200 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”. Obra citada. pp 7-12.

201 Que venían a afirmar que si bien es preferible un gobierno democrático, podrían evitar apoyando uno parecido al de Trujillo para evitar otro como el de Castro.

sentido estricto como especialmente para los autores cosmopolitas, sin pensar en muchas ocasiones en las posibles consecuencias en que podría derivar, el hecho de que estas guerras se realicen simplemente para transformar otros regímenes políticos resulta cuanto menos aterrador.

Curiosamente un autor tan crítico como Waltz, no trata demasiado el tema de la guerra en relación con las democracias no liberales, quizá no percibidas por los defensores de la Tesis como tales pero que a menudo serán tratadas como regímenes autocráticos o incluso peor 202 , abarcándoles los presupuestos realistas, a pesar de su carácter democrático, supeditado como ya afirmamos a la cuestión liberal y expuestos a la intervención del estado liberal, sin que los supuestos mecanismos de restricción acaben funcionando y en los cuales se puede incluso vulnerar los preceptos legales internacionales.

Cabe añadir además que este elemento de conflicto, la guerra, fue introducido por los propios autores liberales, no solo para explicar su ausencia entre estados democráticos sino que en caso necesario, serviría para la expansión de este tipo de regímenes, es decir que el elemento que se quiere desterrar de las relaciones entre los estados, va a ser legítimo título de guerra justa en su relación con otros regímenes distintos, algo que el propio Kant, como vimos, descartó considerándolo ilícito 203 y prefiriendo predicar con el ejemplo, que aunque siendo idealista y por lo tanto poco realizable en la práctica, permite evitar ciertas situaciones no deseadas, que derivarían del conflicto armado.

Un aspecto poco estudiado en la relación entre violencia y democracia es la cuestión de las intervenciones 204 , tradicionalmente entendidas como un instrumento alternativo del uso de la fuerza al de la guerra, pero de menor intensidad, según algunos autores, su importancia se habría incrementado tras el fin de la Guerra Fría, aunque en otras ocasiones es condenado como acto de guerra, ante el riesgo de que una actuación similar a ésta pudiese

202 Casos como los de Irán Bolivia, Venezuela u otros son buenos ejemplos.

203 A no ser que considerasemos tales regímenes como no civilizados o extrasistémicos, en este supuesto la cosa cambiaría.

204 Kegley, Charles W. y Hermann, Margaret G. en How Democracies Use Intervention: A Neglected Dimension in Studies of the Democratic Peace, en Journal of Peace Research, vol 33, (Aug,.1996), pp

309-322.

desencadenar una conflagración armada y que en muchos sectores académicos va a ser entendido como un instrumento de las propias democracias, que invocarían “altos valores” o de carácter “altruista”, como serían la defensa de las minorías o restaurar o promover la democracia, un fin como se ve muy cosmopolita, pero que como sostengo, tiene demasiados riesgos.

¿Cómo definir una intervención?, ciertamente estamos en el mismo supuesto que ya vimos en los casos de democracia y guerra, al respecto los autores en cuestión 205 , siguiendo a Tillema, tienen en cuenta tres rasgos, el primero sería el uso de la fuerza, el segundo, un menor número de fallecidos que en el caso de una guerra (por debajo de 100) y finalmente el tercero que tal uso de la fuerza ha de ser calificado como hostil.

Precisamente esta definición será la base de un detallado análisis 206 , que implica un concepto de democracia, que puede tener como apoyo, tanto los indicadores referidos a libertades 207 , como aquellos factores denominados institucionales 208 , así, utilizando estos, estudiarán la incidencia de las intervenciones llevadas a cabo por diferentes estados tras el fin de la II Guerra Mundial. El resultado puede parecer a primera vista contradictorio, pero como se verá la cuestión no resulta tan sencilla, así parece que a medida que se incrementa el número de democracias en la escena internacional, tanto el número de conflictos, como el de intervenciones, se reducirá, confirmando con ello los planteamientos realizados por parte de los defensores de la Paz Democrática, sin embargo, a partir de 1979, la incidencia de intervenciones llevadas a cabo por estados con prácticas democráticas en otros con un régimen parecido, se incrementará proporcionalmente al incremento del número de democracias en el mundo.

Hemos de reconocer sin embargo, que estos datos divergen en función del indicador que se utilice, así, si lo fundamentamos en los datos recogidos en

205 Ibid. p 311.

206 Ibid. pp 312-318.

207 Recogidos en The Freedom House.

208 Recogidos en Polity II, el indicador que como ya vimos fue utilizado por Maoz y Russet.

Polity II, como requerimientos institucionales, su incidencia se incrementa notablemente, en cambio si el indicador utilizado es el nivel de libertades y derechos de sus ciudadanos recogidos en The Freedom House, esta se reduce, no obstante, analizando la suma de ambos, podemos llegar a resultados como los que mencionamos, especialmente si analizamos el número de intervenciones que los propios estados democráticos, realizan en otro con supuestas prácticas democráticas, (éste parece el punto débil de la teoría), que se incrementa notablemente, llegándose incluso a la conclusión de que los estados de un determinado régimen político, sea éste autocrático, democrático o anocrático, suele tener preferencia por realizar intervenciones en otro de características similares.

Así pues, el análisis da como resultado que si bien la relación existente entre democracia y uso de la fuerza, en principio parece seguir los postulados de los autores liberales, su evidencia se debilita progresivamente a medida que más estados autocráticos incrementan su grado de democratización, pareciendo confirmar los planteamientos realizados por Sorensen sobre las nuevas democracias.

Parece que además no deberíamos quedarnos solo aquí, según los propios autores, los incentivos para la utilización de las intervenciones por las propias democracias, se incrementarán en el futuro 209 , como alternativa a una guerra abierta, aunque no todos los tipos de intervenciones gozarían de igual legitimidad, dado que una que se establezca con el objetivo de proteger a parte de su población, sería mejor vista por parte de la población de un estado democrático, que otra para obligar a un estado a realizar cambios en su estructura política, aunque muchos autores liberales, pretendan darle título de Guerra Justa. Esta posibilidad resquebraja el optimismo liberal, con respecto a la construcción de una “Zona de Paz”, que se vería constantemente amenazada por parte de los propios estados que llevan a cabo intervenciones, que si bien son menos sangrientas que una guerra abierta, siempre producen el riesgo de que esta estalle, dando al traste con la Tesis, sin que sus

209 Ibid. pp 318-320.

postulados queden confirmados a pesar de que con el indicador de las libertades, su incidencia se reduzca levemente, dado que la realidad compleja de la estructura política de los estados liberales, hace que deban tomarse en cuenta ambos.

Si bien los planteamientos realizados por los diferentes autores, en torno al carácter violento o no de los estados democráticos y liberales, son plausibles, el papel de las intervenciones abre una dimensión poco explorada en la cuestión de la Paz Democrática. Desde los años 90 diferentes conflictos de tipo étnico, político o incluso de seguridad internacional, que se han venido produciendo en diferentes estados han ido conduciendo a una serie de intervenciones, que en determinados casos han resultado flagrantes vulneraciones de un derecho internacional que, a pesar de los liberales, protege la soberanía no solo de los estados democráticos y liberales, sino la de todos sin excepción, naturalmente estas intervenciones se dirigirán no solo a aquellos estados considerados autocráticos, sino a las nuevas democracias mencionadas por Sorensen, o aquellas no consideradas “del tipo correcto” como afirma Waltz. Contrariamente a lo que plantean estos autores, no considero que el hecho de la intervención tenga un peligro real de guerra que pudiese preocupar a los estados occidentales, por cuanto que sus intervenciones se realizan en estados considerablemente más débiles 210 , no en otros no liberales como podría ser China, donde naturalmente los costes derivados del conflicto serían mucho mayores, en cualquier caso, la intervención parece un buen sistema para eludir las trabas del derecho internacional, que las condena, así como evitar la realización de operaciones abiertas y conseguir los objetivos planteados, reduciendo los riesgos derivados de los medios empleados.

En cualquier caso, para la mayoría de los autores liberales, tanto la guerra como la intervención militar se convierten en medios legítimos para extender el número de democracias, presumiblemente con el objetivo de lograr una mayor paz y seguridad a nivel mundial, mediante esta cruzada ideológica y mesiánica

210 Como reconocería Beck y mantendrían los autores de Teoría de Juegos como Bueno de Mesquita, que consideran tales conflictos muy atrayentes para éste tipo de estados.

ya comentada, sin tener en muchos casos en cuenta los costes que podrían producirse, exhortando como veremos a las propias autoridades políticas a seguir estos pasos, a riesgo de consecuencias fatales que podrían provocar que la tan cacareada Paz de las Democracias se convierta en Paz de los Cementerios, si la Tesis se lleva a sus últimas consecuencias.

CAPÍTULO III- LA EVIDENCIA EMPÍRICA. ESTADÍSTICA E HISTORIA.

Una vez planteadas las cuestiones teóricas de mayor importancia, parece esencial que debamos dirigir la mirada a los aspectos empíricos en los que se sustenta la Tesis con el objetivo de demostrar su valía, y por tanto de ser aplicable en el ámbito de una política exterior, que pretende expandir y fortalecer una supuesta Comunidad de Paz, en la que 211 los estados considerados “decentes”, esto es, democráticos desde un ortodoxo punto de vista liberal, puedan sentirse seguros.

Los principales métodos que utilizan los diferentes autores en el debate en torno a la validez o no de la Tesis, son; por un lado el método de la correlación estadística, y por el otro, el de la evidencia histórica, que como todos sabemos, estaría sujeta a interpretación, recogiendo como pocos la ambigüedad en la que incurre la propia Paz Liberal. Mi intención es, por un lado descartar el método estadístico como base sobre la que ésta pueda sostenerse y por el otro, utilizando la evidencia histórica, a través de una serie de casos concretos, citados por diferentes autores, demostrar la citada ambigüedad, así como mostrar los problemas que la aquejan a la hora de comprobar la veracidad de las afirmaciones realizadas por sus defensores.

I-LA CORRELACIÓN ESTADÍSTICA.

Comenzando por el propio Russet, aunque de forma especialmente destacada en autores como Spiro, Farber. Gowa, Mansfield, Snyder y tantos otros, la utilización de la correlación estadística como método para explicar que las

211 Especialmente en el caso de Estados Unidos.

afirmaciones de los autores liberales se corresponden con la realidad, va a ser prácticamente general en el debate, únicamente parece que Doyle y Waltz quedan al margen de esta pasión por los datos matemáticos, que a modo de prueba, pretende aportar datos a favor o en contra de ésta.

La variedad de los datos aportados resulta cuanto menos asombrosa 212 , así como de los diferentes métodos utilizados, el aspecto realmente curioso que podemos observar a primera vista, es que, con los mismos datos utilizados, cada autor llega a una conclusión completamente diferente, si para Russet, el resultado del cálculo es la prueba clara de que la Paz Democrática es un hecho histórico, en opinión de Spiro o de Farber y Gowa, solo demuestra la extraña posibilidad de que, teniendo en cuenta el escaso número de estados democráticos a lo largo de la historia, así como de la rara probabilidad de que se produzca una guerra, existen realmente pocas posibilidades de que dos estados democráticos puedan enzarzarse en una, a pesar de lo cual éstos lo harían en determinadas ocasiones. Igualmente es el método empleado por Manfield y Snyder para acreditar la mayor probabilidad de que los estados en Transición, son más proclives a desencadenar un conflicto armado que aquellos que permanecen en situación de estabilidad, incluyendo los autocráticos.

Todo ello demuestra que disponiendo de unos mismos datos y modificando el sistema para analizarlos, los resultados se alteran en un sentido o en otro, el resultado en mi opinión, demuestra que la inferencia estadística no puede constituir demostración en modo alguno de la existencia o refutación definitiva de la Tesis, porque en esencia no prueba nada y su carácter es tan ambiguo como el de la evidencia histórica, pero con pretensiones de valor científico, todo ello debido a una serie de causas.

La primera es que tal y como afirma Waltz 213 , parafraseando a Hume, por el hecho de asociar una serie de fenómenos, no significa que exista una relación

212 No hay más que observar los estudios realizados por Spiro, los cálculos de Russet o las hipótesis de los defensores de la Teoría de Juegos.

213 Waltz, Kenneth “Structural Realism after the Cold War”. Obra citada.p 9.

causal entre ellos, y esto, que se puede aplicar a los aspectos filosóficos de crítica a la Tesis, es igualmente válido de cara a la correlación estadística, por el hecho de que determinados datos aparezcan coincidiendo 214 , como puedan ser el tipo de gobierno y la ausencia de guerra en un momento concreto, (teniendo en cuenta que si el espacio temporal se incrementase, posiblemente la situación cambiaría), no deriva que la democracia sea la causa de tal ausencia de conflicto en ese momento concreto.

La segunda se refiere al ambiguo carácter de los términos, como ya hemos visto, las definiciones tanto de democracia como de guerra o intervención son complejas, subjetivas y a menudo el significado varía según cada autor, por tanto, construir una evidencia estadística sobre conceptos que a priori no están claros, parece cuanto menos descabellado, ¿Si realmente entre Irán y Estados Unidos no ha tenido lugar una guerra, y lo mismo podría decirse respecto de las actuales Bolivia y Venezuela, es por el hecho de que son democracias, entonces, que tienen de común entre ellas, que las diferencia, a que se deben las tensiones existentes entre unos y otros? Son preguntas a las que merece la pena dar respuesta, pero que en la actualidad difícilmente la tienen, tomando como punto de apoyo la perspectiva liberal, otra cosa será la realista o la de autores como Sorensen.

En tercer lugar como ya mencionamos los datos son cuanto menos confusos y dependen en todo caso del método utilizado por el autor en concreto, si por ejemplo, uno de ellos tomase en consideración un espacio temporal más amplio, el resultado sería un incremento de las posibilidades de que una guerra entre democracias tuviese lugar y en el caso de que se localizase en un determinado momento, y dependiendo de que momento podría ocurrir lo mismo, como se ve el carácter ambiguo de la Tesis permite que el resultado quede al arbitrio del autor.

Finalmente, en cuarto lugar, otro aspecto que no permite depositar una gran confianza en este tipo de análisis, es la propia subjetividad de las valoraciones

214 Por otro lado ocurre tanto en estados democráticos como autocráticos.

a consecuencia del método empleado, defecto prácticamente general a la hora de realizar cualquier tipo de estudio, pero que añadido al resto de ellos, permite cuestionarnos uno de los principales mecanismos utilizados en el debate de las escuelas para demostrar o bien refutar la existencia de una Tesis asentada sobre términos ambiguos y que como veremos a continuación también dará problemas parecidos al ser evaluada desde una perspectiva histórica.

II-LA EVIDENCIA HISTÓRICA.

La utilización de la evidencia histórica como prueba de una teoría en cualquier materia académica, debe realizarse cuanto menos con una cierta prudencia, esto es así por varias razones, la primera es que la evidencia histórica posee muchos de los problemas que aquejaban, como vimos al estudio estadístico, términos poco claros, exceso de subjetividad en las valoraciones, cuestionamiento de la existencia de causalidad en los hechos, pero quizá el peor de todos los problemas es el que se refiere a la interpretación de los hechos, quizá debido a los diferentes puntos de vista de los que parte cada una de las escuelas 215 y que las hace tangencialmente distintas, pudiendo observar en muchas ocasiones que, en un mismo supuesto 216 , pueden convivir ambas explicaciones, sin que lleguen a tocarse y por tanto sin establecer cualquier tipo de relación, si bien es cierto, que pueden resultar perfectamente complementarias.

Con el ánimo de criticar la Tesis desde el punto de vista de la evidencia histórica, presentamos una serie de ejemplos que parecen contradecir la inexistencia e incluso escasez de guerras entre democracias, a nuestro juicio, este tipo de regímenes ha participado de hecho en la práctica totalidad de las guerras de mayor relevancia desde inicios del siglo XIX, por no hablar de un sinfín de conflictos coloniales y extrasistémicos, donde la obtención de beneficios no parece entrañar demasiadas dificultades, contradiciendo las afirmaciones de autores como Doyle 217 , que como ya vimos, llegó a plantear

215 Peñas Esteban, Francisco Javier. Hermanos y enemigos. Obra citada. pp 277-278.

216 Por ejemplo en el de la Crisis de Fashoda o el Asunto del Trent.

217 Doyle, Michael W. , “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affairs. Obra citada. pp 7-12.

todo un listado de estados considerados democráticos, así como de guerras entre estados, que en ocasiones parecía tener un sentido bastante arbitrario, por cuanto que considera estados democráticos a algunos que difícilmente pueden serlo, dada la semejanza de características con otros que él mismo no los tiene en cuenta como tales 218 , quizá por el hecho de que uno de estos confronta en la guerra un estado sobre el que caben pocas dudas de su carácter liberal, en tanto en otros no será así.

Los ejemplos escogidos para cuestionar la evidencia de la Tesis, son una serie de supuestos, que en la práctica totalidad salvo alguna excepción, acaban desembocando en una guerra, poseyendo en no pocas ocasiones un carácter similar por tipo de régimen. Prefiriendo descartar aquellos estados supuestamente democráticos, anteriores a 1850, dada la especial problemática para designarlos como tales. Un primer ejemplo será el de la Guerra de Secesión Estadounidense de 1861-1865, que confrontará en la práctica a dos organizaciones políticas distintas y en la práctica independientes; unionistas y confederados. El segundo será la denominada crisis del Ultimátum, incardinada dentro de los denominados 98 y que enfrentará en 1896 a Portugal y su antigua aliada Gran Bretaña. En tercer lugar la Guerra entre España y Estados Unidos de 1898, otro de los ejemplos más citados de posible conflicto entre democracias. En cuarto lugar destacará la Guerra de los Boérs, que enfrentará a Gran Bretaña con los antiguos súbditos holandeses de Sudáfrica, que crearon dos repúblicas independientes, Orange y Transvaal. El quinto ejemplo será el de la I Guerra Mundial y el muy cuestionado caso del II Reich y su supuesto carácter democrático. El sexto y último ejemplo será la participación de Finlandia del lado de las potencias del eje, durante la II Guerra Mundial. Aunque podríamos considerar otros ejemplos posteriores, como serían las guerras del Próximo Oriente, que tienen un especial interés, me ha parecido mejor que, dada su evidente actualidad, fuesen tratadas aparte en el último capítulo por su vinculación a la política exterior y de Seguridad Nacional de Estados Unidos y a la aplicación en la política práctica de la Tesis.

218 Un ejemplo sería la Italia del Risorgimiento y la España de la Restauración, considerando a la primera como democrática, pero no a la segunda.

A) LA GUERRA DE SECESIÓN AMERICANA.

El primer ejemplo que se podría sostener, (desechando casos anteriores, que a la vista del proceso de gestación en el que se encontraba el liberalismo en etapas anteriores, resulta bastante difícil afirmar o desechar su carácter democrático, teniendo en cuenta los cánones del siglo XIX), de un conflicto armado entre democracias liberales, sería el de la Guerra de Secesión, conocido por algunos como Guerra Civil Americana, que enfrentó por un lado a los partidarios del mantenimiento de la Unión, y por el otro a los confederados, que pretendían separarse de los estados del Norte industrializado.

En ambos casos 219 podemos afirmar que nos encontramos ante organizaciones cuyas respectivas constituciones, establecían el sufragio universal masculino, eso sí, reservado a los hombres de raza blanca, como en la práctica totalidad de los estados liberales de la época, cuando se permitía, existían elecciones competitivas, con diferentes partidos, en los cuales destaca la divergencia de posiciones respecto la abolición de la esclavitud, especialmente en lo que respecta al Norte 220 y la propia constitución confederada, redactó la propia copiando de forma bastante fiel, la de los Estados Unidos, salvo en lo que respecta a la autonomía de los estados, que se incrementó.

Cual es pues el problema que cabe plantear respecto del conflicto y que se incardina en el debate en relación a la Paz Democrática, en realidad hay dos aspectos esenciales que podemos considerar en discusión, por un lado su carácter de conflicto civil, dado que como ya vimos los defensores de la Tesis, buscando eludir supuestos parecidos, tienden a considerar que un conflicto entre facciones dentro de un estado, no puede considerarse un conflicto internacional, al no existir dos entidades soberanas diferenciadas que se enfrenten en el campo de batalla y por lo tanto que afecte al ámbito de las Relaciones Internacionales.

219 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. An Evaluation of the Democratic Peace Proposition. 1995. Columbia. University of South CarolinaPress. pp 110-111. 220 Ver Nere, Jacques. La Guerra de Secesión. 1965. Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires. pp 24-29.

En segundo lugar destacaría la corta existencia de la Confederación, como

vimos los defensores de la Tesis, en ocasiones apoyados por algunos críticos, tienden a considerar que un estado que no respete el umbral mínimo de los tres años, no debería ser considerado democracia, por otro lado, el mismo congreso que eligió en febrero de 1861 a Jefferson Davis como presidente de

la Confederación, según los defensores de la Tesis estableció procedimientos

“vagamente democráticos”, en palabras de Ray, concepto ambiguo que tiende a no explicar demasiadas cuestiones y que parece nuevamente una forma más de salir del paso, cuestionando además su reelección, realizada con el fin de

mantener cohesionada la Confederación.

A estos dos elementos se añaden además otro tipo de argumentos, entre los

que se encuentran la pervivencia de la esclavitud, la ausencia de derechos de

la población negra en los estados del Sur, añadido todo esto a la ausencia de

sufragio universal femenino y otros elementos de carácter parecido.

Estos tres elementos son, sin embargo, fáciles de descartar. En primer lugar la Confederación se comporto, prácticamente desde sus inicios, como un estado independiente, a diferencia de otros supuestos de guerras civiles, su finalidad no era el control del estado, sino la secesión de un territorio, estableciendo sus propios mecanismos electorales, su propia constitución, eligiendo a sus propios representantes y líderes. Más aún, hubo en la época estados que se apresuraron a reconocer a la confederación como estado independiente, caso de la Francia de Napoleón III 221 , que además aprovechó el conflicto para introducirse en México y a punto de hacerlo otros como la propia Gran Bretaña.

El segundo argumento tiene algo más de fuerza, aunque tampoco se sostiene

demasiado, la Confederación, a pesar de todas las dificultades que padeció en

el conflicto, mantuvo su sistema político, que excedió de los tres primeros años

de guerra, hasta prácticamente el momento del derrumbamiento, sin que se llegase en modo alguno a desatar ningún tipo de autocracia, con lo cual parece demostrar su solidez, por otro lado, no basta con afirmar que una serie de

procedimientos son “vagamente democráticos” para excluir el carácter liberal o bien democrático de un estado, sin concretar en forma alguna los planteamientos realizados y sin cuestionar, por ejemplo, las propias elecciones celebradas en los estados unionistas durante el tiempo de guerra, lo cierto es que conforme a su propia constitución, la Confederación, a pesar de sus conocidas deficiencias, que por otra parte resultan las mismas que del resto de estados de la época, era conjuntamente con sus vecinos del norte, uno de los estados, desde el punto liberal, más avanzados de su época.

Las ultimas objeciones merecen ser rechazadas de forma categórica, realizando un análisis serio es imposible rechazar, conforme a los propios cánones utilizados por los defensores de la Tesis, respecto de los estados liberales del siglo XIX, el carácter liberal o democrático de la confederación, por cuestiones como la esclavitud, la ausencia de derechos y libertades de la población negra, o la falta del sufragio femenino, entre otras cuestiones porque prácticamente la totalidad de los estados liberales y democráticos de la época los continuaban practicando ya fuese de forma legal o clandestina, manteniéndose tales prácticas hasta bien entrado el siglo XX, en su propio territorio o en las colonias, si realmente la piedra de toque la constituyen en tal fecha, la Unión, Gran Bretaña o Francia, tales afirmaciones no pueden sostenerse.

A esto cabe añadirse que las causas de semejante conflicto, tal y como afirmó Spiro, no responden a los postulados de la Tesis, una cruzada por extender el liberalismo y la democracia, tal y como éstos la entienden, sino que responde a intereses de peso, como es la defensa de la propia identidad, tanto en el caso de los unionistas como de los confederados, de la supervivencia de un sistema económico, en el caso de la Confederación, así como de la expansión hacia los nuevos estados al oeste, pero con el objeto de que éste sistema se mantuviese. Nuevamente los factores realistas del interés nacional, tienen más peso que los liberales, si bien el papel de las ideas no pueda ser descartado, especialmente en las razones de peso que condujeron al Norte a la guerra, pero estos no fueron con mucho, los principales, por todo ello, parece que

podemos llegar a la conclusión de que la Guerra de Secesión, fue en efecto, una guerra entre democracias.

B) LA CRISIS DEL ULTIMATUM.

Se denominan los 98 a aquellos conflictos 222 , que a finales del siglo XIX enfrentaron a las potencias coloniales anglosajonas con las latinas, cuyo resultado fue una considerable frustración colonial para las segundas, en tanto que para las primeras constituyó un considerable avance en el reparto. Estos englobarán no solo la Crisis del “Mapa Color Rosa”, que trataremos aquí, al igual que la guerra entre España y Estados Unidos de 1898, sino la crisis de Fashoda, muy utilizada tanto por defensores como detractores de la Tesis para probar sus postulados e incluso la de Adua de 1896, en la que si bien, enfrentó

a Italia, no con una potencia anglosajona, sino con Etiopía, la derrota produjo efectos similares al que tuvieron en el caso del resto de potencias latinas.

La crisis del ultimátum tuvo un claro origen colonial, hacia 1890 Portugal controlaba el territorio de lo que hoy son Mozambique y Angola, al igual que otras potencias coloniales de la época, soñaba con unir ambos territorios en un único dominio a través de los territorios intermedios entre ambos, situados en lo que hoy es Zimbabwe, la antigua Rhodesia, confrontado otros dos sueños, uno nacional y otro privado. El primero sería el de Gran Bretaña, que pretendía conseguir un dominio único, que de forma parecida al de Portugal, alcanzase desde la ciudad de El Cairo, hasta la de El Cabo en Sudáfrica, controlada por el magnate de los diamantes, Cecil Rhodes, titular del sueño particular y verdadero instigador de la confrontación.

A raíz de esto, el gobierno de Lord Salisbury lanzó un ultimátum al gabinete de

José Luciano de Castro, conminándole a la retirada del territorio situado entre sus dos colonias de las tropas que previamente enviaron, conscientes de la situación que se vivía, a pesar de una opinión pública belicista y a la vista de

222 Togores Sánchez, Luis Eugenio. Imperialismo, burguesía y redistribución colonial. Kipling ante la crisis del “Mapa Color Rosa” en Cuadernos de Historia Contemporánea. Nº12. 1990. Editorial Complutense de Madrid.

una escuadra, anclada en Gibraltar y preparada para la invasión de aquellos territorios, el gobierno portugués se sometió. A esto siguieron una serie de revueltas, hostilidad hacia todo aquello que supusiera el Imperio Británico, ascenso del republicanismo, puesto que se asociaba a la familia real con la estrecha relación que hasta entonces había mantenido con la potencia británica, no tardándose demasiado tiempo en proclamar la república 223 .

Aprovechando tal situación de debilidad, los gobiernos británico y alemán llegaron a suscribir un tratado, en el que acordaron repartirse los territorios de Portugal y en 1898, lord Salisbury proclamó su famoso discurso en el Albert Hall del 4 de mayo, donde realizaba una distinción entre las naciones, no dividiéndolas en democráticas o no democráticas, (término el primero que horrorizaba a la reina Victoria, que llegó a afirmar que nunca sería reina de una Inglaterra democrática, a pesar de Doyle y compañía), sino en moribundas o no moribundas, pudiendo por tanto las segundas apoderarse de los territorios de las primeras, en clara consecución de las ideas del Darwinismo Social, que entonces tenían bastante más predicamento, que las defensoras de la creación de una Unión Liberal.

Como vemos, la crisis del “Mapa Color Rosa”, tiene mucho parecido a la que se desarrollará más tarde entre Francia y Gran Bretaña en torno a Fashoda, cual es la diferencia entonces, que mientras que los defensores de la Tesis 224 , explican la ausencia de guerra con Francia, uno de los estados recogidos dentro de la lista de Doyle como democrático, como un efecto de los efectos pacificadores de este tipo de regímenes, sin embargo Portugal, quizá desde una perspectiva etnocéntrica, era calificado como estado autocrático o bien anocrático, sin embargo el desenlace final de ambas confrontaciones fue la misma, la retirada francesa o portuguesa de los territorios a pesar de unas opiniones públicas considerablemente belicistas y el consiguiente triunfo británico.

223 Hacia 1910 concretamente.

224 Por ejemplo Owen en la obra ya conocida.

La conclusión puede ser realizando una comparación entre ambos casos, que la solución, no es aquella que establecen los defensores de la Tesis, sino que muy al contrario, es la diferencia de poder y fuerza, la que lleva a ambos estados a retirarse independientemente del régimen político que estos tuviesen, el poder y la fuerza de Gran Bretaña en aquel momento era excesiva para que ambos estados, cada uno por su cuenta, se enfrentasen a ellos. Parece pues que son las razones de cariz geopolítico o de poder y no la estructura interna de los estados la que explica el resultado de ambas crisis.

Es de destacar igualmente el problema del régimen político portugués y su consideración como estado democrático o bien como anocrático e incluso autocrático para algunos. La historia de Portugal fue bastante similar a la de España en numerosos aspectos, comenzando por el conjunto de conflagraciones civiles y sucesión de gobiernos tanto conservadores como liberales, en plena época de la crisis, existía un sistema de gobierno de mucha semejanza al de la Restauración y que se denominó “rotativismo”, por el que los gobiernos tanto liberales como conservadores se sucedieron en el poder, sin que por ello y a pesar de los fraudes utilizados, se cuestionase su carácter liberal, métodos utilizados por otro lado tanto en España como en otros estados como Italia, también incluido como democrático y que mantuvo el sufragio censitario por lo menos hasta 1912, no podemos olvidar además que la propia palabra democracia era tabú en los círculos de gobierno europeos, constituyendo las palabras de la reina Victoria un buen recordatorio, por no hablar de sus propias políticas en territorios coloniales considerados propios, cabe quizá pensar que tales calificaciones son el reducto de los antiguos postulados darvinistas, que siguen estableciendo diferencias entre los estados del norte y del sur de Europa.

La solución, como ya hemos visto al comparar ambos supuestos, no está demasiado relacionada con los postulados liberales, sino más bien con los propios del realismo e incluso con los de autores como Bueno de Mesquita, que considera que las democracias tienden a utilizar la fuerza contra otros estados de características semejantes en caso de que estuviesen seguras de

que fuesen a ceder a sus exigencias, la Crisis del Ultimátum puede asimilarse a éstas.

Con todo, de todos los ejemplos propuestos, es el único que no desemboca en una guerra abierta, el cuestionamiento de la Paz Democrática, depende de la comparación con la crisis de Fashoda, mucho más utilizada debido al carácter “menos discutible” de la democracia francesa, pero cuya utilidad de cara a la crítica de la Tesis es igualmente de peso.

C) LA GUERRA HISPANO-NORTEAMERICANA.

La guerra que se desarrolló entre España y Estados Unidos durante 1898, se inscribe al igual que ocurrió en el caso de la Crisis del Ultimátum dentro de los llamados 98 y al igual que ésta tuvo un claro origen colonial, por los territorios en disputa, esto es, Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Es de destacar que esta guerra, que salvo en el caso de España tiende a considerarse de no demasiada trascendencia salvo en lo que respecta a la aparición en la escena internacional de una nueva potencia, Estados Unidos, si que la tiene desde el punto de vista de la Tesis por considerarse uno de los supuestos más claros en lo que respecta al enfrentamiento armado entre dos estados liberales 225 .

La cuestión sin embargo no deja de producir cierta polémica, los defensores de la Tesis, caso de Ray, tienden a considerar que el Régimen de la Restauración no puede ser considerado en forma alguna como democrático, dada la existencia de una serie de deficiencias que afectarían al funcionamiento de sus propias instituciones y en última instancia, no evitaron que la guerra estallase a pesar de la oposición de ciertos grupos de población en Estados Unidos, entre ellos los que representaban los intereses económicos y comerciales, atribuyéndolo por tanto al carácter autocrático del gobierno español 226 .

225 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. An Evaluation of the Democratic Peace Proposition. Obra citada. pp 111-115. 226 Ibid. p 190.

Para poder sostener este carácter antidemocrático del régimen español, los defensores de la Tesis tienden a basarse en dos argumentos, el primero son las manipulaciones electorales, que de forma notoria venían realizándose en la España de la época y que constituían la base esencial del denominado turnismo, en el que dos partidos, el liberal y el conservador, se alternaban en el poder, algo que no podía producirse, sin la intervención de elaborados 227 mecanismos de fraude electoral, a través del encasillado y del pucherazo, que permitía o al menos es lo que pretendía en principio, dar estabilidad al régimen. El concurso de determinadas figuras, especialmente el jefe político y también de los caciques, que actuaban especialmente en pueblos y ciudades provincianas, era esencial para llevar a cabo estos objetivos, el resultado es que a pesar de que la Constitución de 1876 era con pocas dudas una constitución liberal propia de su momento histórico, de que tanto sindicatos como partidos políticos estaban legalizados y podían intervenir en unas elecciones, al menos teóricamente competitivas y de que desde que en 1890 el gobierno de Sagasta, reconociese el sufragio universal masculino, rasgando la superficie, nos encontraríamos con un sistema político cuanto menos anocrático.

Otro argumento considerado de peso para excluir la consideración de la España de la Restauración como un régimen democrático, son las amplias prerrogativas que a su juicio detentaba el monarca en ese momento, así como la existencia de un senado compuesto por miembros de la nobleza y de la alta burguesía, no de personas electas, a esto cabría añadirse el determinante papel que a juicio de los defensores de la Tesis jugaba el ejército en la política española, dada la existencia de una tradición pretorianista que se remontaba a la época de Isabel II, e incluso antes, conformando la cultura política del país y que a pesar de los esfuerzos de políticos como Cánovas, no desapareció durante aquella época.

Sin embargo todas estas críticas, si bien indican claros defectos institucionales en el sistema político de la Restauración, si entendiésemos la existencia de un

227 En ocasiones no tan elaborados, ver Fiestas Loza, Alicia. Los Delitos Políticos (1808-1936). Ed. Gráficas Cervantes. Salamanca, 1977.

régimen liberal desde el punto de vista de principios del siglo XXI, no lo es tanto de cara a la situación de la época. Los fraudes electorales estuvieron a la orden del día no solo en España sino en muchos otros estados de la Europa de la época, caso por ejemplo de Italia, que sin embargo es clasificada por Doyle como una democracia, aún teniendo en cuenta que la existencia del sufragio censitario pervivió hasta 1912, tampoco era extraño en Portugal, que como hemos visto tenía un régimen político de gran semejanza. Defectos de índole parecida, por otro lado, podemos observar en casos como los de Estados Unidos, especialmente en lo que respecta a los estados del sur, valiéndose además de diferentes mecanismos a fin de excluir la posibilidad de sufragio activo y pasivo de la población negra y en muchos de ellos la corrupción política y electoral estuvo a la orden del día, eso sin hablar de las políticas coloniales, como se ve la extrema diferencia entre estos regímenes políticos no puede sostenerse salvo en caso de observarse desde una perspectiva etnocéntrica.

Fallan igualmente estas críticas cuando consideran que el sistema de la Restauración fue monolítico y ausente de cualquier tipo de variación geográfica o temporal, lo cierto fue que la ley de 1890 que introdujo el sufragio universal hizo bastante difícil la manipulación electoral, que a menudo se concentró en ciudades pequeñas y pueblos, donde el control caciquil, era mucho más fácil, pero no tanto en las grandes ciudades, de donde además procedieron los primeros diputados republicanos y socialistas, a los que el sistema de turno no pudo impedir su acceso a la tribuna política, las afirmaciones por tanto en torno al cuestionamiento del carácter democrático de la Restauración parece que deben ser cuanto menos matizadas.

Respecto de las críticas tendentes a afirmar que la España de la Restauración no pudo ser una democracia debido a la existencia de una cámara alta compuesta de personas pertenecientes a la nobleza, especialmente Grandes de España y miembros de la Alta Burguesía, parece que solo pueden sostenerse desde el más absoluto cinismo o bien desconocimiento de la historia del siglo XIX, donde las cámaras altas, cuyos miembros procedían cuanto menos de grupos adinerados o bien de la aristocracia fueron una

constante en los estados europeos 228 , muchos de ellos como Italia o Reino Unido, calificados de democracias por parte de Doyle y otros defensores de la Tesis. Lo mismo cabe decir del papel del monarca en los asuntos de estado, raramente encontraríamos en cualquier estado del siglo XIX, no ya un régimen republicano, como el que existía en Francia o en Suiza, sino un monarca carente de prerrogativas, desde luego no era el caso de Italia o Gran Bretaña, por citar algunos de los ejemplos más relevantes.

Es por todo ello que el ejemplo que representa la breve guerra que sostuvieron en 1898 España y Estados Unidos, constituye uno de los ejemplos de mayor claridad, en la que sino dos democracias, al menos dos estados liberales se hicieron la guerra debido a intereses claramente geoestratégicos y no por causa de la divergencia de regímenes, como afirma Ray, por cuanto que si bien Francia y Gran Bretaña no entraron en guerra, tampoco llegaron a hacerlo Gran Bretaña y Portugal, con un régimen parecido al español en una crisis muy semejante. La guerra entre España y Estados Unidos demuestra que las democracias liberales si se hacen la guerra en aquellos casos en que se plantean intereses irreconciliables por ambas partes, constituyendo de nuevo las mejores explicaciones, las de corte realista, o, en el caso de que consideramos que España realmente no era una democracia, la que postulan los defensores de la Teoría de Juegos.

D) LA GUERRA DE LOS BÓERS.

Denominamos Guerra de los Bóers, concretamente a la segunda, al conflicto que enfrentó a los granjeros que habitaban las dos repúblicas independientes de hecho, Orange y Transvaal, con el Imperio Británico 229 , entre 1899 y 1902 aproximadamente. Al igual que en el resto de conflictos que hemos tenido ocasión de analizar, los presupuestos que sirven de base a la existencia del conflicto tienen un claro cariz geoestratégico, por un lado el descubrimiento de

228 Y que en determinados casos como Gran Bretaña, ha pervivido hasta tiempos muy recientes. 229 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. An Evaluation of the Democratic Peace Proposition. Obra citada. pp 115-118. También Farewell, Byron. The Great Anglo-Boer War. New York. Harper & Row, 1976. y Avant, Deborah D. Political Institutions and Military Change: Lessons from Peripherical Wars. Ithaca. New York.

grandes yacimientos de oro y diamantes, despertó la codicia de una Gran

Bretaña todavía frustrada por el resultado del anterior conflicto, por otro la llegada de numerosos inmigrantes angloparlantes 230 , (a los que no se concedieron los mismos derechos políticos que gozaba la población de ascendencia holandesa), como resultado de estos descubrimientos hizo temer

a los bóers, la pérdida de su reciente independencia y aceleró el desencadenamiento de hostilidades.

Parece que dada la existencia de una constitución, tanto en el caso de Transvaal como en el de Orange, que respetaba los principios democráticos, que regían en los estados europeos del siglo XIX y que por tanto reconocía el

derecho de la población blanca al sufragio activo y pasivo, así como a una serie

de libertades y derechos civiles, la existencia de una guerra entre dos estados

democráticos no puede ser puesta en duda. Sin embargo los defensores de la Tesis, desarrollan un conjunto de planteamientos cuya elaboración parece más

burda si cabe, que en el caso de la Guerra de 1898 entre España y Estados Unidos. Sus principales argumentos para negar esto, tal y como expone Ray serán tres.

El primero de ellos será que solo una pequeña parte de la población intervenía

en la toma de decisiones políticas, especialmente en el estado de Transvaal,

donde tanto la población negra como los uitlanders y las mujeres, carecían de estos derechos, haciendo descender el umbral de población con derechos políticos por debajo del 50% de la población total, el problema que además está muy relacionado con la definición y el corte que se haga en cuanto al porcentaje de población electa, que como hemos visto, varía según el autor.

En segundo lugar se alega que tal conflicto no se dio entre estados independientes, sino que fue un conflicto de carácter independentista entre tales territorios, pertenecientes nominalmente al Imperio Británico, según los acuerdos de paz de 1881, así como la falta de reconocimiento diplomático por parte de las grandes potencias, como la propia Gran Bretaña o Francia.

230 Conocidos como uitlanders.

Finalmente el último criterio para descartar a ambas repúblicas como estados soberanos e independientes, participando en un conflicto armado será que el total de población 231 , no llegaba a 500.000 habitantes y por tanto no pudiendo según los indicadores de The Correlates of War, ser considerado como participante, pudiéndose dar a tal conflicto el carácter de un conflicto colonial o bien extrasistémico.

Parece que nuevamente estamos ante una serie de supuestos fáciles de refutar, quizá debido a la elevada subjetividad que caracteriza cada una de las afirmaciones, la primera de ellas puede considerarse cuanto menos ridícula si tenemos en cuenta que la mayor parte de los defectos que enumeran son cuanto menos usuales en prácticamente todos los estados de la época, si realmente consideramos que un estado no puede ser democrático basándose en la inexistencia de voto femenino, la imposibilidad de que los habitantes de raza negra votasen y que de igual modo los extranjeros carezcan de derechos políticos, numerosos estados podrían ser excluidos de su condición de democracias, hasta el punto de que probablemente en la época en la que se desarrolló la guerra de los Bóers éste llegue a cero, desde luego no es el caso de Gran Bretaña, donde ni mujeres, ni extranjeros ni personas de color en la metrópoli o las colonias tenía derecho político alguno, tampoco el caso de Estados Unidos, donde las mujeres todavía no tenían derecho a voto y a los negros por mucho que hubiesen sido liberados, especialmente en el sur del país se les privó de tal derecho, enfrentándose a una fuerte discriminación, por lo menos tanto como la que tuvieron que soportar bajo los propios bóers o los británicos.

A este problema se añade el que identificó bien Ray y se corresponde con un estado de Orange, ante el cual no es fácil descartar su carácter democrático, vistas la amplia extensión de sus libertades y derechos civiles y políticos, garantizadas incluso a los propios uitlanders, aliado con Transvaal a fin de proteger su soberanía de las ingerencias británicas.

231 Al menos la población blanca como afirmaría Ray.

La falta de reconocimiento tampoco parece tener lugar, máxime cuando se considera que la propia Gran Bretaña procedió a reconocer su independencia de hecho en el tratado firmado con ambos estados hacia 1881, aunque bajo una teórica supervisión, dada su derrota real en el conflicto anterior, debiendo tenerse en cuenta además la posición de Alemania y otros estados, amén de la propia opinión pública de la época, favorable mayoritariamente a la causa Boér, y no a la británica, incluyendo a Francia y Estados Unidos.

El argumento más fuerte sin embargo puede considerarse el que ambos estados no superan la población exigida como límite por The Correlates of War para ser considerados contendientes y no darla estatus de conflicto colonial o extrasistémico, sin embargo, nuevamente existen ciertos matices a considerar puesto que desechar la consideración de conflicto armado de la II Guerra Bóer parece cuanto menos arbitrario, dados no solo la utilización de métodos modernos de guerra que obligaron a los propios británicos a modificar su táctica de combate, modificar su uniforme para adaptarlo al terreno e incluso utilizar métodos como los que se verán en las guerras mundiales, ya empleados por Weyler en la guerra de Cuba, como serán las trochas o incluso los campos de concentración, para poder acabar con la guerra de guerrillas que tras su derrota en campo abierto, adoptaron los Bóers.

Igualmente el cómputo de la población es discutible, por cuanto que los defensores de la Tesis argumentarían que éste debe incluir solo a aquella población que tuviese derechos políticos y por lo tanto parece excluir tanto a población negra como a las mujeres, la pregunta es, ¿toman en cuenta lo mismo cuando en vez de las repúblicas bóers estamos ante el supuesto de Estados Unidos o bien de Reino Unido? Parece que la respuesta es no.

Todos estos elementos sumados al caso de que la principal vulneradora de normas internacionales, así como la que utilizó los métodos más crueles tanto en contra de los granjeros Bóers como de la población negra que los apoyaba fue precisamente la (en teoría) democrática Gran Bretaña, permite cuanto menos considerar que estamos en una guerra entre democracias y es un

supuesto como pocos que deja en entredicho no solo la Paz Democrática, sino la consideración de cumplimiento de las normas establecidas por parte de los estados liberales y su comportamiento “humanitario” en los conflictos armados, pudiendo observarse que en ocasiones actúan como la peor de las autocracias.

E) LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y EL II REICH ALEMÁN.

De todos los supuestos de conflictos armados, posiblemente el caso más debatido sea el de la Alemania del II Reich, que es además uno de los casos en los que con mayor probabilidad se puede afirmar que estaríamos ante una guerra entre democracias, como defensores de tal posibilidad ya vimos la postura de autores como Oren 232 , que desarrolla todo una artículo exponiendo como en su propia época, el Imperio Alemán era considerado por destacados autores como uno de los estados constitucionalmente más avanzados de su época, frente a esta posición destacan otros casos ya vistos como el de Doyle 233 o incluso Spiro 234 , a pesar de ser uno de los críticos de la Tesis, Ray 235 por su parte, quedará alineado con éstos dentro de la postura más crítica con la inclusión del II Reich en el grupo de estados liberales y democráticos, y esto por varias razones.

La principal de ellas son las prerrogativas de las que disfrutaba el emperador, que en la práctica tenía la posibilidad no solo de nombrar y cesar al canciller independientemente de la voluntad del Reichstag, sino de dirigir la política exterior y militar con independencia de cualquier control del legislativo, o conjuntamente con una pequeña minoría que formaba parte de la aristocracia prusiana, nuevamente al margen de la opinión pública, tal y como se demostró en muchas de las crisis que precedieron a la I Guerra Mundial y por tanto no constituyendo una mera figura representativa del estado, llegándose a afirmar que por tanto la I Guerra Mundial no fue un conflicto entre democracias.

232 Oren, Ido, The “Subjectivity” of the Democratic Peace. Obra citada.

233 Doyle, Michael W. , “Kant, Liberal Legacies and Foreign Affaire. Obra citada.

234 Spiro, David E. The Insignificante of the Liberal Peace. Obra citada.

235 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. An Evaluation of the Democratic Peace Proposition. Obra citada. pp 118-119.

Nuevamente tales presupuestos son fáciles de refutar, el propio Oren ya lanzó algunos de los argumentos de más importancia a este respecto cuando a través de los escritos de destacados personajes de la ciencia política del momento, demostraba que el II Reich era considerado uno de los estados constitucionalmente más avanzados de su época y jamás se negó su carácter liberal, frente a casos como por ejemplo el de Italia o Chile, recogidos en cambio por Doyle como democráticos en la misma época, constituyendo no el imperio monolítico y estático que sus críticos le achacan sino una entidad que evoluciona a lo largo del tiempo, se modifica y por tanto cambia.

Si el argumento para descartar su condición democrática es el papel del emperador y el de una camarilla que controla no solo la política exterior sino también la militar, parece que nuevamente estamos ante un caso generalizado en la Europa de la época, no solo en Alemania sucedía tal cosa, en la propia Gran Bretaña sucedía algo parecido, y también en Francia, dado el segundo plano de una política exterior que en numerosas ocasiones era dirigida desde las cancillerías estableciendo o deshaciendo alianzas frente a una opinión pública desinteresada o cuanto menos que trasladaba a un segundo plano las políticas exteriores frente a las internas, cosa que podríamos destacar que ocurre incluso hoy en día.

La Alemania del II Reich, por otro lado 236 , evolucionó al igual que muchos otros estados de la Europa de la época desde una estructura todavía vinculada al Antiguo Régimen, hasta una democratización creciente, que llevó a una situación en la que en vísperas de la I Guerra Mundial, el partido socialdemócrata se encontraba en situación de ganar unas elecciones, siendo junto con el católico zentrum, el que mas representantes obtuvo en la cámara, algo ciertamente impensable en otras naciones europeas como Gran Bretaña o Italia, donde como vimos el sufragio universal no fue establecido hasta 1912, parece por tanto que su grado de respeto a las libertades cívicas o políticas fue incluso mayor que en algunos de los estandartes de la llamada democracia liberal.

236 Sturmer, Michael. El Imperio Alemán, (1870-1919). Ed. Mondadori. 2003. Barcelona.

Es igualmente falso 237 , que la política exterior estuviese exclusivamente al arbitrio del Káiser y su camarilla, existiendo más de un caso, en el que la propia cámara de representantes debatió y criticó públicamente la política llevada a cabo por el emperador, especialmente en lo que respecta a las crisis marroquíes, por otro lado la necesidad de que el Reichstag votase los presupuestos de guerra, tanto para incrementar los efectivos del ejército como de la marina del almirante Von Tirpiz, demuestra la necesidad del concurso de éste, sin que por el hecho de votar afirmativamente, incluso en el caso de los socialdemócratas, en favor de éstos, demuestre el control que el emperador ejercía sobre el parlamento, ya que a cambio de sus votos, como en muchos de los asuntos que se discuten en un parlamento democrático cualquiera, negoció y ofreció contraprestaciones tanto a los socialdemócratas como a los miembros de zentrum y todos aquellos que sostenían al canciller, de cuyo apoyo también dependía. Los socialdemócratas alemanes, por otro lado, no fueron los únicos de Europa que actuaron de tal forma, ya que a pesar de los llamamientos de la II Internacional, fueron pocos los que decidieron oponerse a la guerra.

Es de destacar que para sostener la postura de la Tesis ni siquiera es suficiente como afirmaría Owen afirmar que las democracias se alían entre ellas, tampoco es el caso de la I Guerra Mundial, donde las potencias supuestamente democráticas, Gran Bretaña y Francia, se aliaron con otras, cuya falta de contenido no ya democrático sino incluso liberal es cuanto menos bastante patente, teniendo el claro ejemplo de la Rusia zarista, pero también de otros estados como Rumanía, Serbia o Japón.

F) LA INTERVENCIÓN DE FINLANDIA EN LA II GUERRA MUNDIAL.

El ultimo de los ejemplos planteados para demostrar la ausencia de evidencia alguna, al menos desde el punto de vista histórico, es el de la intervención de Finlandia en la II Guerra Mundial, al menos en lo que respecta a su

237 Palmer, Alan. El Káiser. Figura central de la I Guerra Mundial. Ed. Lasser Press Mexicana. 1978. Mexico DF.

enfrentamiento con Gran Bretaña tras el lanzamiento de la operación Barbarroja, por parte de la Alemania Nazi 238 en su lucha por recuperar los antiguos territorios, arrebatados durante la Guerra de Invierno de 1939-1940.

¿Cuáles son los argumentos de los defensores de la Tesis para descartar que este supuesto sea de guerra entre democracias? En esencia los argumentos son dos. El primero 239 es que, como algunos historiadores cercanos a los postulados de la Unión Soviética y tradicionalmente de gran predicamento en lengua inglesa y francesa, el régimen finés al haber concertado una alianza con Alemania frente a una potencia aliada como era la URSS, supuso crecientes cambios en el régimen político de Finlandia, que se aproximaría progresivamente hacia el fascismo, dejando por tanto de ser una democracia.

El segundo argumento sería que a pesar de que Gran Bretaña, declarase en 1941 la guerra a Finlandia con el fin de satisfacer a su aliada (Estados Unidos en cambio nunca lo hizo), es de destacar la ausencia de conflicto armado alguno entre ambos estados democráticos y por tanto el estado de guerra sería únicamente formal y no real. La guerra por tanto según estos autores se establecería entre la Unión Soviética por un lado y Finlandia por otro, incardinándose por tanto dentro de los postulados de la Tesis.

Probablemente los propios defensores de la Paz Democrática son enormemente conscientes de la debilidad de sus argumentos en el caso de este conflicto, especialmente del primero, pues pocas dudas caben de que Finlandia, como pocos estados, mantuvo un nivel de democratización, por otro lado bastante arraigado, durante toda la II Guerra Mundial, sin parangón con ningún otro estado en el bloque del Eje, las acusaciones de dirigirse progresivamente hacia el fascismo, son cuanto menos ridículas, máxime cuando los socialdemócratas, si bien antisoviéticos, siguieron manteniendo grandes cuotas de poder durante la guerra y la propia dimisión del presidente

238 Chef, Allen F. The White Death, The Epic of the Soviet-Finnish Winter War. Michigan. State University Press. 1971. Igualmente para conocer el desarrollo de la Guerra, Jowett, Philip. Finland at War 1939-1945. Paperback. Elite. Osprey Publishing. 239 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. An Evaluation of the Democratic Peace Proposition. Obra citada. pp 119-120.

Ryti, signatario del acuerdo con Ribbentrop de 1941, permitió firmar el armisticio en 1944, con la subsiguiente guerra contra los alemanes.

Si bien es cierto que los enfrentamientos entre Gran Bretaña y Finlandia fueron escasos, esto no quiere decir que no existiesen, ahí están por ejemplo los bombardeos realizados durante el día de la Independencia Finesa, demostrando una vez más como los intereses geoestratégicos de cierta relevancia pueden enfrentar a dos democracias en una guerra, los intereses fineses de recuperar sus antiguos territorios en Carelia, así como los británicos de complacer a su aliada lo hicieron posible.

CONCLUSIÓN.

Si bien es cierto que el estudio realizado no abarca todos los supuestos de interés dejando fuera algunos bastante recientes, como en las guerras relacionadas con el Próximo Oriente, que trataré en la cuarta y última parte, así como otros como la Crisis del Ruhr de 1923 o la de Fashoda de 1898, creo que los seis ejemplos propuestos permiten observar con claridad dos extremos que se cumplen en la práctica totalidad.

El primero es la prevalencia de los intereses geoestratégicos sobre otras consideraciones de tipo cultural o político, defendidos por los autores liberales, tanto la Guerra de Secesión, como la Crisis del Ultimátum, como la de Cuba, como la de los Boérs, como la I Guerra Mundial y la Intervención de Finlandia responden a estos parámetros, existiendo pocas dudas al respecto, aunque lógicamente una realidad compleja de lugar a múltiples explicaciones tanto alternativas como complementarias.

La segunda que si bien los autores liberales defienden la existencia de una regla empírica general, que es la ausencia de conflicto entre estados democráticos, así como su existencia respecto de los no democráticos, lo cierto es que para justificar tal situación, recurren al “caso por caso”, tratando de

demostrar con argumentos particularistas, a menudo muy endebles y en ocasiones bastante rebuscados y no demasiado difíciles de refutar.

Por todo ello, cabe concluir que a pesar de sus defensores, la evidencia de la Paz Democrática con base en un argumento histórico (y aún teniendo en cuenta los problemas de análisis planteados al principio), no es concluyente, y por ello desde un punto de vista teórico, su sostenimiento y utilidad resulta cuanto menos problemática, convirtiéndose como veremos a continuación en un verdadero riesgo y amenaza, caso de utilización como guía en la realidad política internacional actual.

CAPÍTULO CUARTO- CONSECUENCIAS NO DESEADAS. LA PAZ DEMOCRÁTICA Y SU APLICACIÓN EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL ACTUAL.

I- UNA CUESTIÓN DE SEGURIDAD NACIONAL. LA PAZ DEMOCRÁTICA EN ESTADOS UNIDOS. DE LA ADMINISTRACIÓN DEMÓCRATA A LA REPUBLICANA.

Si bien el debate académico cesó, al menos en su dimensión filosófica a finales de los años 90, con honrosas excepciones 240 , en su dimensión política, estrechamente relacionada con una política de seguridad nacional promovida en Estados Unidos, por intelectuales y políticos de prestigio 241 , que tienden a considerar que la expansión del modelo político de la democracia liberal, así como de la economía de mercado, no solo beneficiará a Estados Unidos en diferentes aspectos, como pueden ser los económicos o políticos, sino que permitirá la creación de un mundo más seguro en el que Estados Unidos y el resto de democracias liberales, puedan vivir en paz y sin sobresalto alguno en lo que a esto respecta.

240 Por poner un ejemplo la ampliación del artículo escrito por Mansfield y Snyder, de 1995, ya comentado y del cual recientemente ha aparecido el paperback.

241 Caso de Strobe Talbott, ex secretario de estado, como veremos.

Frente a la política de contención practicada respecto del comunismo durante la Guerra Fría, tras el fin de la Unión Soviética 242 , se impuso un cambio radical en la política de asuntos exteriores que Estados Unidos había mantenido hasta la fecha, el nuevo orden liberal anunciado por Fukuyama 243 , necesitaba de nuevos métodos y prácticas de cara a su definitivo triunfo, quizá el aspecto más relevante y que ya precede a los propios autores cosmopolitas será el de la Paz Democrática, que servirá de justificación a la expansión del modelo político liberal, aunque también de la economía de mercado, el pilar económico del sistema.

Al respecto resulta reveladora la intervención del presidente Clinton 244 , considerando precisamente la extensión de la democracia como el tercer pilar de su política exterior, dado que como él mismo llegó a afirmar, “las democracias no se atacan las unas a las otras”, utilizándose pues la propia tesis académica para justificar una política exterior práctica, que se manifestará como veremos en una serie de actuaciones, que tendrán lugar en el extranjero, todas ellas utilizándola como base 245 .

No será Clinton, el único miembro de su administración en plantear y defender la Tesis con efectos prácticos, su propio asistente en política exterior, Anthony Lake, defenderá en varias de sus obras 246 , en las cuales exhortará a la administración de la que forma parte a expandir el número de democracias, así como de economías de mercado, dado que será útil de cara a los intereses estadounidenses, abandonando por tanto los planteamientos simplemente idealistas que este tipo de argumentos había mantenido en los ámbitos académicos y políticos desde la época de Wilson.

242 Aunque ya diez años después de que apareciese el famoso artículo de Doyle.

243 Fukuyama, Francis, The End of History and The Last Man. Obra citada.

244 “Excerpts from President Clinton´s State of the Union Message”, New York Times, January 26, 1994,

A 17, “The Clinton Administration Begins”, Foreign Policy Bulletin, Vol 3, No. 4/5, (January-April

1993), p 5.

245 Haití, Bosnia, Camboya etc.

246 “From Containment to Enlargement”, US Department of State, Bureau of Public Affaire, Dispatch, vol

4, No 39, (September 1993), p 5. También en “ The Reach of Democracy: Tying Power to Democracy”

New York Times, September 23, 1994, p A35.

Lo curioso con relación a estos ejemplos es que muchos de estos discursos

aparecían en el momento o una vez realizada una intervención, o bien operación bélica de cualquier tipo, a fin de justificar la realización de estas de cara a la sociedad, como veremos ésto será una constante en los casos donde

la Paz Democrática tenga un efecto, al menos en cuanto al punto de vista

discursivo y justificativo esencial, cosa que podremos observar en casos supuestamente tan divergentes como los de Haití, Camboya, Bosnia, Kosovo o

las más recientes de Afganistán e Irak.

Precisamente una de las intervenciones más conocidas de Anthony Lake en medios de comunicación, se va a producir una semana después de que Estados Unidos mandase tropas a Haití a fin de restituir en el poder al democráticamente elegido presidente Arístide, una vez más con el mismo argumento, expandir el número de democracias sirve a los intereses estadounidenses, porque éstas tienden a no abusar de los derechos de sus ciudadanos y no se hacen la guerra unas a otras.

Como puede verse la Tesis consiguió ya por aquella época, hacerse un hueco

y tener una importancia y fuerza fundamental en el discurso político

estadounidense, aunque, eso sí, sin mentar la segunda parte de la Tesis generada por Doyle, esto es, la mayor proclividad de los estados democráticos

a hacer la guerra contra aquellos que no lo son y por tanto, ocultando su segunda dimensión, esencial si lo que se pretende es expandir el número de democracias en el mundo, sin que sus líderes autocráticos consientan, estableciendo además economías de mercado similares a la occidental.

Este giro copernicano no estuvo exento de críticas 247 , especialmente en lo que respecta a ignorar desafíos como los de Irak o Irán, la situación de los antiguos estados de la Unión Soviética, el creciente poder de Francia y la Unión Europa, así como su ingerencia en los asuntos de Oriente Próximo o la actitud de Rusia

247 Por mencionar algunas, las recogidas por: Millar, Linda B. The Clinton Years: Reinventing US Foreign Policy?. En International Affaire (Royal Institute of International Affaire 1944-) Vol 70, No4, (October 1994), pp 621-634. y Hadar, Leon T. Pax Americana´s Four Pillars of Folly. Journal of Palestine Studies, vol 27, No 3, (Spring1998). pp 49-59.

y China, llegándose a preguntar si tal administración tenía los bagajes suficientes para hacer frente a los retos que se le planteaban.

Con todo parece que siguiendo a Talbott 248 , secretario de estado con el mismo Clinton, esta pareció tener un cierto carácter de éxito, al menos en sus inicios, cuando introdujo la novedad, inexistente hasta ese momento, al menos desde un punto de vista teórico de poder reconciliar (aparentemente) intereses e ideales, elementos que acabarían reforzándose mutuamente. Así como hemos podido ver, se mantendrá la creencia americana de que expandiendo democracias y mercados, la seguridad nacional se incrementará y los beneficios derivados de la economía de mercado favorecerán a empresas y trabajadores de Estados Unidos.

Es por tanto con la administración demócrata cuando se ven los orígenes del salto del discurso de la Tesis, del mundo académico al de la política práctica, cuestión que quizá la hace más peligrosa, dado que arraigó profundamente en amplios sectores de la población del que posiblemente sea el único estado del mundo capaz de aplicar una política de estas características, trascendiendo del ámbito político al social y del partido demócrata al republicano.

No obstante, estos comienzos optimistas pronto revertirían con respecto a los problemas surgidos, tanto en los estados del antiguo bloque comunista, como en aquellos estados en los cuales los problemas que una vez se consideraron solucionados con el establecimiento de un estado democrático, caso de Haití, Camboya, Nicaragua, Rusia y no digamos Próximo Oriente volverán a emerger demostrando, algo que en realidad, al menos en parte, reconocerá Talbott cuando afirme que un estado democrático es algo más que unas simples elecciones, precisándose aparte unas instituciones fuertes y estables, un pueblo con una cierta cultura democrática y una cierta estabilidad económica que no obstaculice el avance de ésta, además de la inconveniencia de llevar a cabo una cruzada sin sentido contra los estados considerados autocráticos.

248 Talbott. Strobe. Democracy and National Interest. En Foreign Affairs. Vol 75. No 6. November/December 1996.

A pesar de los resultados que crisis como la de Kosovo en 1998, así como las siguientes en las que se embarcaría Estados Unidos, e incluso alguna anterior como la de Bosnia, de donde las tropas internacionales aún no se han retirado, los demócratas, tal y como consta en recientes debates con los republicanos, recientes “herederos” de los postulados de la Tesis, no han renunciado a su aplicación y defienden su vigencia como un aspecto deseable, a pesar de los perjuicios que ha ocasionado y lo graves conflictos en los cuales ha tenido un papel esencial y en los que Estados Unidos a pesar de las propuestas del antiguo secretario de estado Collin Powell, de que una intervención se realizase únicamente cuando hubiese unos objetivos que estuviesen claros y un plan de salida a ejecutar, no se han llegado a cumplir, e incluso en la peligrosa cruzada en el que la “bondadosa e inocente propuesta” puede convertirse.

Tras el 11 de Septiembre, una vez llegado George Bush Jr, muchos de los conceptos que habían dominado las políticas de seguridad y estratégicas se modificaron 249 , para tomar un nuevo o bien “antiguo” cariz, que centraría el discurso político en torno a la seguridad, frente al predominio de la democracia y los derechos humanos, que habían mantenido hasta entonces, sin embargo los propios republicanos como ellos mismos reconocerían 250 , llegando a convertir la democracia, en el centro de su política de asuntos exteriores, impregnando su discurso de los valores morales y políticos de Estados Unidos, llegando a defender su establecimiento en todos aquellos territorios en los que de forma directa o indirecta se ha llegado a producir alguna intervención en los últimos años, caso de Irak o Afganistán, donde en buena parte la legitimidad moral y política tanto a nivel interno como externo, depende de la consecución de una democracia estable y consolidad en la región, igual que en el caso de los territorios palestinos.

Al respecto, las intenciones republicanas no pueden estar más claras, una vez realizado este giro copernicano y revolucionario que haría que el partido

249 Ratner. Steven R. Ius ad Bellum and Ius in Bello after September 11. The American Journal of Internationl Law, Vol 96, No 4, (October 2002), pp 905-921. 250 Rice.Condoleeza. The Promise of Democratic Peace.Why Promoting Freedom is the Only Realistic Path to Security. Washington Post. Sunday, December 11, 2005, page B07.

republicano, frente a su tradicional política de aislacionismo y contención del marxismo, adoptase los planteamientos del liberalismo cosmopolita, unido al concepto práctico de la Tesis, creado por los propios demócratas e inicialmente aplicado con timidez por estos, en un marco de multilateralismo y convirtiese la expansión de los regímenes democráticos en el eje central de su política exterior, tal y como la propia secretaria de estado, Condoleeza Rice nos explica, siguiendo al presidente Bush en el discurso inaugural de su segundo mandato 251 , donde llega a afirmar que Estados Unidos apoyará tanto a aquellos movimientos como instituciones defensores de la democracia, con el fin de acabar con la tiranía en el mundo. Como se ve tales afirmaciones, que a primera vista pueden parecer razonables si bien ambiguas, al no explicar los métodos a utilizar para la consecución de tal fin, desembocan en una pretensión maximalista, que deja entrever la cruzada mesiánica que tan funestas consecuencias, vistos los últimos casos de intervención han tenido y en los cuales el papel político de la Paz Democrática ha tenido una función esencial.

Así pues una cuidadosa selección de autocracias a lo largo del globo, englobadas en el denominado “eje del mal”, se han visto apuntadas en mayor o menor medida como el enemigo a batir 252 , pasando a primer plano la segunda parte de la Tesis de Doyle, esto es, el conflicto entre las democracias liberales

y los estados autocráticos, o bien aquellos estados que son percibidos por las

primeras como tales, como se ve, el salto del ámbito académico al político, es

aún más notorio que en el caso de la administración demócrata, con lo cual, la peligrosidad de sus planteamientos, tiende a incrementarse, a media que su aplicación avanza.

Este discurso no es el único en el que el propio presidente Bush, se ha referido

a la necesidad de expandir el número de democracias a nivel global, de hecho

en un encuentro referido a la política exterior en Riga 253 , nuevamente se

pronunció en relación a expandir la democracia, ya consolidada en Europa, a

251 Ibid.

252 Hickman, John. The Missing Democratic Peace: Bush´s Latest Explanation for the War in Irak. The Baltimore Chronicle. April 10. 2006.

253 Rummel. R.J.”Bush the Worst President? No, Among the Best in Foreign Policy”. December 7. 2006.

otras regiones del globo y con ella la libertad la prosperidad, es decir, el liberalismo y la economía de mercado. Además, hizo una clara referencia a una de las zonas geográficas centrales en su política exterior, el Próximo Oriente, a fin de llevar la libertad a unos pueblos que supuestamente la ansían y acabar con la desesperanza y el resentimiento que alimentarían el terrorismo, afirmando reconocer las dificultades, pero defendiendo el apoyo de Estados Unidos a estos pueblos, siendo necesaria además la existencia de partidos políticos, poder judicial independiente, medios libres etc.

En términos parecidos la propia secretaria de estado Condoleeza Rice se pronuncia destacando nuevamente el Próximo Oriente, como lugar central de lucha, por la libertad y contra el terrorismo, destacando la necesidad de expandir la democracia en la zona, a fin de que ni el estado de Israel ni el mismo Estados Unidos se expongan a nuevos a ataques, además del problema referido a los llamados estados fallidos, mencionando de nuevo los requerimientos ya citados por Bush y destacando sus críticas al propio realismo, cuando afirma, parafraseando a Truman, que la estabilidad sin democracia no es verdadera estabilidad.

Esta política de expansión de democracias, que ha tenido un papel esencial en conflictos recientes como los de Afganistán o Irak, ha venido recibiendo numerosas críticas y cada vez mayores, especialmente desde círculos demócratas 254 , que lejos de criticar la propia Tesis, siguen asumiéndola como propia, limitándose a recordar su olvido o fracaso en la aplicación, la existencia de estados pobres o débiles aunque democráticos que no son capaces de asumir sus obligaciones, conjuntamente al recorte de fondos destinados al efecto, así como el no tener en cuenta la existencia de otras zonas geográficas aparte del Próximo Oriente donde la ayuda también se requiere y afirmando que aún en el caso de que apareciese un régimen contrario a los intereses de Estados Unidos, debería respetarse.

254 De hecho el artículo ya citado de Condoleeza Rice generó polémica en el propio diario Washington Post, en el momento en que ciertos académicos demócratas intervinieron en el debate, vease: Rice. Susan. “Beyond Democratic Peace”. Washington Post. December 16. 2005.

Estas críticas como se ve, no van al centro de la cuestión ni reconocen que la Paz Democrática se ha convertido en parte del problema y no de la solución, quizá en un estado con unas raíces tan profundamente liberales como son las de Estados Unidos, ésta Tesis se ha convertido en parte de lo socialmente establecido como políticamente correcto, algo que en aquel país tiene un peso esencial y el recurso a su utilización en política exterior es especialmente atractivo, dada su fácil comprensión para el votante medio y dado su encaje en aquellos valores considerados “propios” del pueblo americano, asumiéndose finalmente como hemos visto, que se está ante una cuestión no solo de seguridad nacional, aunque de forma primaria se considerase como tal, sino que acaba formando parte del imaginario social americano, que se sigue viendo a si mismo como aquel estado defensor de la democracia y los derechos humanos a lo largo del planeta, en una “bienintencionada” motivación de expandir un modelo político y económico, que si bien ha sido el más exitoso indudablemente, puede llevar a consecuencias no deseadas o más bien las contrarias a las que sus promotores pretenden llegar, pues caso de no existir consenso o deseo de proseguir por tal vía, el resultado como veremos puede ser la inestabilidad, la inseguridad y el perjuicio tanto para sus promotores como para los destinatarios.

No resulta tampoco complejo seguir los razonamientos realistas, que sostienen que el discurso político que recoge la Tesis, puede no ser más que una cuestión de hipocresía en la que los políticos esconden sus verdaderas intenciones, (de corte geoestratégico) a fin de convencer a una sociedad poco informada en cuestiones exteriores, de la legitimidad moral que se posee para llevar a cabo una intervención 255 , aunque cuestión diferente sería si ésta da resultado o no, máxime cuando se ejecuta pésimamente y no se logran los objetivos planteados, como veremos en algunos casos planteados a continuación.

255 Por ejemplo, se ha venido diciendo de la guerra de Afganistán y la cuestión del opio, la de Irak con la seguridad y defensa de Israel y la propia de Estados Unidos o el petróleo, cuestiones que sin embargo podrían verse muy discutidas si se planteasen seriamente, dado el riesgo existente en todos ellos y el riesgo en el que se pone una política exterior de prudencia.

II-LA APLICACIÓN PRÁCTICA DE LA PAZ DEMOCRÁTICA EN LA POLÍTICA EXTERIOR RECIENTE: DE EUROPA DEL ESTE AL PRÓXIMO ORIENTE.

Es con la administración Clinton, tal y como hemos visto, cuando la Paz Democrática da el salto desde la teoría filosófica a la práctica política, aplicándose en diferentes zonas geográficas, en las que surgieron conflictos relacionados con los problemas que precisamente ciertos gobiernos elegidos democráticamente van a tener para controlar la situación del país 256 .

Uno de los primeros casos será precisamente el de Haití, donde el primer presidente elegido democráticamente en 200 años, Arísitide, fue derrocado por un golpe de estado y la situación en la isla se hizo insostenible, mandando cientos de barcas a las costas estadounidenses, algo que los propios realistas considerarían causas geopolíticas, que se encontrarían detrás de tal intervención. Camboya o Rusia podrían considerarse supuestos parecidos.

Con todo la zona donde la aplicación de la Paz Democrática se hizo a gran escala y con verdaderas pretensiones de éxito, fue la zona de la ex Unión Soviética, con un gran número de estados que se encontraban detrás del telón de acero, que de forma casi repentina van a encontrarse bajo gobiernos teóricamente democráticos y siéndoles aplicadas las reglas del libre mercado en sus antiguas economías socialistas, generándose problemas de muy diversa índole que a menudo condujeron a conflictos políticos e incluso bélicos, en algunos de ellos, poniendo en peligro la estabilidad de su sistema político.

Algunos de estos casos dieron lugar a la secesión de parte de sus territorios, son conocidos los supuestos de Checoslovaquia o bien de la Comunidad de Estados Independientes donde tal situación se logró de una forma pacífica, no siendo así sin embargo en el supuesto de los Balcanes donde una guerra civil asoló la región, precisamente tras las primeras secesiones o el caso de Chechenia e incluso Ucrania, donde la situación se planteó de una forma

256 Meernik, James. United States Military Intervention and the Promotion of Democracy. Journal of Peace Research. Vol. 33, No 4. (Nov., 1996), pp 391-402. Talbott. Strobe. Democracy and National Interest. Obra citada.

similar aunque en modo alguno llegase a estallar 257 , quizá por la diferencia entre el planteamiento liberal-nacionalista que sostenía frente al caso ruso.

Parecía bastante evidente que la Paz Democrática, tal y como sostenían sus defensores, contra las teorías de Mansfield y Snyder 258 , evitaría que se desatasen guerras entre aquellos estados sucesores del antiguo bloque socialista, sin embargo la situación fue justo la contraria, los nuevos estados 259 serían especialmente proclives a la violencia y el uso de la fuerza, tal y como se demostró en el caso de la antigua Yugoslavia, donde de hecho la democracia tuvo el efecto contrario al esperado, debido en esencia a una serie de elementos descritos por los mismos Mansfield y Snyder 260 , unidos al liberalismo de corte nacionalista descrito por Braumoeller y que indica que aquellos estados donde la influencia de éste es mayor, tanto en las masas como en las élites es más propenso a la utilización de ésta en la resolución de controversias, que aquellos liberales en sentido estricto, demostrando que las nuevas democracias o aquellos estados considerados en transición pueden ser un riesgo para la seguridad aún mayor que en el caso de los estados autocráticos y que la democracia no siempre tiene el efecto benefactor que se pretende.

La solución en la práctica aplicada tanto por Estados Unidos como por los estados europeos fue precisamente la intervención, a fin de estabilizar la situación, tal medida pareció al menos en un principio efectiva, sin embargo, supuso la necesidad de desembolso de unas cantidades desmesuradas, dado que como todas las denominadas operaciones de paz, su mantenimiento fue realmente costoso y en la práctica no se produjo sino el efecto de congelar el conflicto, manteniéndose intactos muchos de los problemas derivados del conflicto como la crisis en la convivencia, a menudo petrificado por la presencia de tropas extranjeras y una ocupación que parece no finalizar nunca, con los

257 Braumoeller, Bear F. Deadly Doves: Liberal Nationalism and the Democratic Peace in the Soviet Succesor States. International Studies Quarterly, vol 41, No.3, (Sep., 1997), pp 375-402.

258 Ya comentadas.

259 Si bien no fue el caso de aquellos más próximos geográfica y culturalmente al bloque occidental.

260 Vease la página 24.

consiguientes perjuicios para intervinientes e intervenidos y que en múltiples casos han conducido a una nueva segregación.

Uno de los últimos ejemplos del fracaso de ésta política es el de Kosovo, caso que al igual que ha ocurrido en el caso de Bosnia, no parece tener salida alguna, salvo la independencia, no querida por las potencias intervinientes y sin fecha de salida para éstas. Estos ejemplos parecen hacernos ver, sin que estemos ante las consecuencias más graves que una política de Paz Democrática como la que tanto la Unión Europea, como Estados Unidos y la OSCE quisieron aplicar en la Europa Oriental, un principio de los costes desmesurados y de los enormes riesgos derivados de esta aplicación.

No obstante los problemas planteados en relación con los antiguos estados de la Unión Soviética, los problemas planteados por la Tesis en relación a la administración Clinton durante los años 90, van a quedarse en nada

comparado con los relacionados con el Próximo Oriente, especialmente durante la administración Bush, así como con los conflictos bélicos posteriores

al 11 de Septiembre, desarrollados en la zona, concretamente en Afganistán e

Irak, pero igual que en el caso de los estados postsoviéticos, alimentados por

factores geoestratégicos.

El ya citado 11 de Septiembre es una de las fechas clave en el ámbito de las

Relaciones Internacionales de los últimos tiempos y sus consecuencias para el

estudio de éstas empiezan a desarrollarse con gran amplitud, conforme a una visión que se va manifestando con mayor claridad a medida que el tiempo transcurre y conforma, como en todo hecho histórico de cierta relevancia una perspectiva de mayor imparcialidad.

A estos efectos y desde el punto de vista de la Tesis, nos interesa la que

probablemente sea el resultado directo de los ataques a las Torres Gemelas, esto es, la posterior intervención en el Afganistán de los Talibanes 261 , con la denominada operación “Libertad Duradera” y el consiguiente bombardeo de los

261 Grossman, Patricia. Afghanistan in the Balance. Middle East Report, No 221. (Winter, 2001), pp 8-15. También Sahagún, Felipe. Afganistán, hoy. El Mundo. Miercoles 14 de Noviembre de 2001.

puntos vitales de defensa talibanes y el avance de la denominada Liga del

Norte, que agrupaba a todas las fuerzas régimen Talibán.

supervivientes de la oposición al

Al igual que ocurriría en casos anteriores como el de Kosovo, pero también posteriores como el de Irak, una vez finalizado el conflicto, se procedió a la reconstrucción del país y el discurso político estadounidese, volvió a recurrir a la cacareada fórmula de la Paz Democrática como solución al conflicto e inestabilidad existente en la zona, que produjo como resultado que la legitimidad de la intervención 262 , dependiese, aunque en menor medida que en el caso de Irak, de la consecución de una democracia consolidada y estable exitosa, en lo económico y lo político, que permitiese agrupar al conjunto de los grupos étnicos que viven en aquel estado, afirmando en cualquier caso que si Afganistán se convierte en un estado democrático, el mundo será más seguro 263 .

Nuevamente los factores geoestratégicos aplicables al caso no pueden ser simplemente desechados, tanto la expansión del cultivo de opio, como la propia posición clave de una zona estratégicamente situada de cara tanto al estado iraní, como a las propias repúblicas postsoviéticas de la zona o incluso al contencioso que mantienen la India y Pakistán 264 , lo convierten un enclave especialmente apetecible, aunque tales elementos produzcan por si solos el desencadenamiento de una guerra.

Si consideramos que la base de la legitimidad de la permanencia de los estadounidenses en aquel estado es el desarrollo de una democracia estable y consolidada, muchas de las actuaciones que posteriori se van a encargar de realizar van a resultar completamente razonables, de acuerdo con esta visión, así tanto el establecimiento de la Asamblea Constituyente y la posterior “Loya

262 Aunque debilitada por otras consideraciones de carácter geoestratégico como el cultivo de opio o la propia seguridad frente al terrorismo.

263 Herold. Marc W. In Afghanistan, Selling War as Peace.Department´s of Economics and Women ´s Studies. Whittemore School of Business and Economics. University of New Hampshire, September 6,

2004.

264 Estado que siempre estuvo interesado en mantener gobiernos débiles que impidiesen reivindicaciones sobre aquellas zonas de su territorio habitadas mayoritariamente por la etnia Pashtún.

Jirga”, con representación de los diferentes grupos étnicos, las conferencias de donantes, el nombramiento y posterior elección de Hamid Karzai como presidente del estado, el retorno de Zahir Sha, antiguo rey de Afganistán y las consiguientes operaciones militares tanto de Estados Unidos como de los soldados que forman la operación internacional contra los restos del antiguo ejército talibán y los partidarios de al-Qaeda que se desarrollan especialmente en las zonas del sur del país, forman parte de esta estrategia.

Independientemente del desarrollo de una serie de políticas más o menos bienintencionadas, hemos de ver cual es el balance que ha implicado la intervención en Afganistán bajo la guía más o menos abierta de la Paz Democrática no solo para el propio estado afgano, sino para aquellos que llevaron a cabo tal intervención, pretendiéndose conseguir un estado democrático ejemplar en la zona que apuntalase los intereses occidentales e incrementase la seguridad, disuadiendo a terroristas y fundamentalistas, el resultado ha sido un auténtico fracaso.

Afganistán hoy en día no solo es un estado donde su gobierno no controla más que la zona de la capita, Kabul, donde reside su gobierno y donde las tropas de la coalición internacional ponen el pie, un estado donde las normas tanto nacionales como internacionales no se aplican y distan mucho de ser respetadas, donde los señores de la guerra han vuelto a establecer territorios de control, donde los ataques tanto de al-Qaeda como de los talibanes siguen produciéndose en contra tanto del gobierno central como de la propia coalición, donde el cultivo de opio no deja de crecer y donde la inseguridad, la inestabilidad y el caos institucional se incrementa 265 .

Como se ve, en este caso seguir una política de Paz Democrática, lejos de conseguir los objetivos que se pretendía 266 , en la práctica ha empeorado considerablemente las cosas, no solo no se ha conseguido establecer un gobierno democrático pacífico en la zona, sino que el existente es cada vez

265 Herold. Marc W. In Afghanistan, Selling War as Peace. Obra citada.

266 Aún teniendo en cuenta que la influencia de la guerra de Irak, ha hecho que Afganistán pasase a un discreto segundo plano en los medios internacionales.

más débil, en un territorio donde señores de la guerra, narcotraficantes, terroristas y talibanes adquieren cada vez más poder, donde las grandes cantidades invertidas por los estados occidentales y particularmente por la Unión Europea se gastan sin ninguna utilidad práctica, donde los propios soldados estadounidenses actúan con absoluta libertad, requiriéndose un esfuerzo financiero y militar por parte de la propia coalición creciente y donde al igual que en supuestos anteriores como los de Kosovo o Bosnia, la salida parece establecerse a muy largo plazo, con lo cual seguirá requiriendo el esfuerzo de todos estos estados.

Tal y como se ve, si bien la defensa nacional es un objetivo legítimo en el ámbito de las Relaciones Internacionales, la utilización de la Paz Democrática como guía y base de la legitimidad de las potencias intervinientes, vuelve a presentar numerosos riesgos y el balance en casos como éste devastador, parece que aplicar una política prodemocrática basada en la colaboración, el acuerdo con aquellos que pretenden establecerla en aquellos estados donde no rige, podría quizá resultar relativamente útil de cara a los intereses de los estados occidentales, sin embargo hacerlo en aquellos estados donde su apoyo es ínfimo, donde buena parte de la población no la ha conocido ni está dispuesta a aceptarla 267 , es un riesgo desproporcionado, que no compensa los posibles beneficios si estos se derivan de un conflicto armado, aún teniendo en cuenta la complejidad del problema y la necesidad de poner fin al régimen de los talibanes, dado el riesgo que suponía y de hecho se materializó para la seguridad de los estados occidentales y concretamente de Estados Unidos, sin embargo una implicación absoluta con la Tesis tal y como el caso de Irak igualmente demostrará puede producir consecuencias no solo no deseadas, sino incluso contraproducentes de cara a los objetivos planteados.

A pesar de la relevancia del conflicto afgano, probablemente el supuesto más importante de cara a la Tesis en los últimos tiempos, y en el cual la administración Bush ha puesto mayor empeño, es el caso de Irak. A estos

267 En su versión liberal más ortodoxa, quizá frente a la institucionalización democrática, intermedia. Midlarsky, ML. Democracy and Islam: Implications for Civilizational Conflict and the Democratic Peace. International Studies Quarterly. 1998.

efectos no nos interesa tanto si en la intervención hubo o no una vulneración flagrante del Derecho Internacional o las semejanzas o diferencias con los supuestos de Afganistán o Kosovo sino las cuestiones relacionadas con la Paz Democrática, y es que al igual que en el caso afgano, el discurso de la Tesis está presente 268 y ha tenido una relevancia fundamental, de nuevo observamos la legitimidad de una intervención pendiente de la consecución de una democracia estable y consolidada sobre el antiguo estado gobernado por Shaddam Hussein, algo en lo que ponen énfasis en cada discurso 269 .

De nuevo, al igual que en el caso afgano, muchas de las actuaciones de la administración Bush en Irak, con el que guarda muchas semejanzas, pero éste ultimo a mayor escala, resultan explicables desde dos puntos de vista, o bien el seguimiento fiel de la Tesis Liberal o el discurso hipócrita al que harían referencia los realistas, pero en caso de seguir el primero nos encontramos con múltiples respuestas. Así, comenzando por el gobierno de transición dirigido por Bremen, las actuaciones de las fuerzas internacionales bajo la dirección de Estados Unidos en contra de los insurgentes, las primeras elecciones, el pretendido apoyo de kurdos y chiíes al nuevo régimen, a fin de contrarrestar la hostilidad sunita, las maniobras diplomáticas para contrarrestar o bien obtener el apoyo de Irán y Siria al nuevo régimen, así como el énfasis en que solo un Irak próspero, estable y democrático podrá hacer frente al terrorismo y mantener la seguridad en la zona, asumiendo las responsabilidades internacionales que le correspondan, son muy acordes con el espíritu liberal de la Paz Democrática.

No obstante, como en el caso de Afganistán los factores geopolíticos no pueden ser ignorados, tanto aquellos que hacen referencia a la seguridad nacional tanto estadounidense como israelí, especialmente en lo que se refiere a la causa palestina, la situación estratégica del territorio en el Próximo Oriente, la posibilidad de establecer un régimen de naturaleza y valores parecidos a los

268 Owen IV, John M. Irak and the Democratic Peace. Foreign Affairs. November/December 2005. Se puede observer igualmente en Mansfield, Edward D. Snyder, Jack. Electing to Fight: Why Emerging Democracies go to the War. The Mit Press. Paperback. March, 2007.

269 Hickman, John. The Missing Democratic Peace. Ya citada.

occidentales 270 , que pudiese servir de base a la influencia estadounidense en la región frente a otros estados como Rusia, Irán o China que constituye una sólida base para que los planteamientos realistas sean tenidos en cuenta a la hora de explicar el conflicto.

Por contra, el papel legitimador, especialmente a nivel interno, de la democratización de Irak, con base en el discurso político ya lanzado no puede ser minimizado en forma alguna, téngase en cuenta además que el citado conflicto ha sido probablemente el que mayor repercusión ha tenido en los medios tanto occidentales como árabes, probablemente de toda su historia, las imágenes de soldados y civiles muertos, de un gobierno que lucha por sobrevivir, de las primeras elecciones, de las conferencias de donantes, de los propios discursos del presidente de Estados Unidos, retransmitidos a todo el mundo, de las cantidades desembolsadas y de las propias campañas electorales estadounidenses 271 que lo han convertido en elemento central de su desarrollo así como del debate entre candidatos, tanto entre el partido demócrata y el republicano, como internamente en cada uno de ellos, provocando que la democratización de Irak sea una prioridad para que una administración republicana pueda seguir gobernando, resucitando el fantasma de Vietnam, conflicto que sin embargo tiene muchas diferencias con el primero y debiendo hacerse frente a una opinión pública cada vez más descontenta con el desarrollo de éste.

De nuevo nos encontramos que ante la guía ofrecida por la Tesis en el ámbito de la política práctica, el balance es cuanto menos bastante deplorable 272 , teniendo en cuenta no solo muertos y heridos, tanto entre civiles iraquíes como en las fuerzas de la coalición internacional, que se incrementan día a día, nuevos actos de sabotaje y terrorismo tanto contra la población civil como contra el gobierno, así como contra las instalaciones petrolíferas, una de las principales fuentes de riqueza del país, con un estado en riesgo de fractura,

270 Un aspecto que podríamos considerar como la dimensión geopolítica de la Paz Democrática.

271 Justo al contrario que Afganistán, que pasó a un segundo plano, en los medios de comunicación internacionales.

272 Gelpi, Christopher. Mueller, John. The Cost of War. Foreign Affairs. January/February. 2006. También puede verse en: Benjamin, Daniel. Simon, Steven. Falkenrath, Richard A. The War of Inentended Consequences. Foreign Affairs. March/April. 2006.

con una serie de poblaciones enfrentadas e intereses contrapuestos, haciendo que el mantenimiento de la unidad del país resulte bastante difícil, expuesto a la intervención de grupos terroristas y extranjeros y a al influencia de estados poco recomendables desde una óptica liberal, tales como Irán y Siria, con los que en ultima instancia se ha tenido que contar a la hora de llegar a un acuerdo sobe la pervivencia del estado iraquí, convirtiéndose en un auténtico centro de aprendizaje del terrorismo internacional y frente a lo cual tanto el gobierno iraquí como las tropas internacionales, se ven impotentes, produciendo en conjunto que la pretendida meta de seguridad nacional obtenida sobre la base de la Paz Democrática haya resultado no solo ineficaz sino incluso contraproducente.

La propia administración republicana se ha visto salpicada por el conflicto que ellos mismos provocaron 273 , llegando incluso a ser acusados no solo por los métodos utilizados o por el propio desarrollo de los acontecimientos, sino por no ser capaces de establecer un régimen democrático, concentrándose en los aspectos esencialmente militares, frente a la reconstrucción del país. Sin embargo, lo cierto es que muchos de los elementos que se ven en la crisis de Irak ya aparecieron en otras intervenciones anteriores, aunque no con tal intensidad, de hecho cualquier retirada a través de un plan serio que no suponga vacío de poder y conflagración civil llevaría cuanto menos una gran cantidad de años, algo que quizá ni siquiera Estados Unidos esta preparado para soportar, provocando como consecuencia una situación mucho peor a la que se encontraron.

Parece que además tanto los planteamientos de Mansfield y Snyder en cuanto al nivel de violencia que puede desarrollar un estado inmerso en una transición democrática se confirman, dada la situación iraquí y desde luego cabría preguntarse como hace John M Owen, si los propios académicos que con tanta energía condenan a la administración republicana por verter el propio veneno creado por ellos mismos en el ámbito de la política internacional, no tendrían alguna responsabilidad en lo sucedido al lanzar una serie de ideas que

273 Baker, Meter. Democracy in Irak, Not a Priority for U.S. Budget. Washington Post. Wednesday. April,

fácilmente se prestan a una utilización semejante a ésta, aunque personalmente pueda descartarlo a la vista de que cualquier elemento, incluso los derechos humanos puede utilizarse como instrumento para los propósitos más distintos, la pregunta que este autor lanza al aire merece la pena tenerse en cuenta de cara a un eventual debate sobre estas cuestiones.

Si bien los conflictos de Afganistán e Irak han sido los más importantes de los últimos años en la zona de Oriente Próximo, no podemos dejar de analizar otros supuestos de gran relevancia, que ponen en tela de juicio la existencia de la Tesis. Éstos serán a grandes rasgos, los de Irán, Palestina y el Líbano, en el caso del primero en relación a Estados Unidos y la comunidad internacional, o al menos aquella parte que le apoya 274 , en su cruzada contra el terrorismo y por el establecimiento de nuevas democracias, especialmente en el Oriente Próximo, a fin de conseguir un mundo más seguro, aunque los medios puedan considerarse discutibles.

En la actualidad, las fricciones que Irán mantiene con Estados Unidos y sus aliados se concentran fundamentalmente en dos aspectos, el primero es la cuestión nuclear, que intenta ser resuelta a base de negociaciones multilaterales, ante el supuesto desafío del presidente Ahmadineyad al Tratado de no Proliferación Nuclear y por el otro, la cuestión de los soldados británicos, en realidad esto no es algo nuevo dentro de una historia llena de tensiones 275 , desde que en 1979, el Ayatolá Jomeini, alcanzase el poder con la revolución que derrocó al Shá y estableciese la República Islámica, convirtiendo sin embargo a Irán en el estado democráticamente más avanzado de la zona 276 , algo que a pesar de todo no puede considerarse un avance considerable, dadas determinadas características del régimen. Sin embargo, este proceso de democratización no ha servido para mejorar las relaciones con los estados

274 Dobriansky. Paula. Crumpty. Henry A. Gause III. F.Gregory Tyranny and Terror en Foreign Affairs. January/February 2006.

275 Takeyh, Ray. Time for Detente With Iran. Foreign Affairs. March/April 2007.

276 Aunque tal y como se recoge en The Freedom House 2006. Irán no pueda en modo alguno considerarse un ejemplo, dadas las prácticas discriminatorias de las mujeres y minorías religiosas, las vulneraciones de derechos humanos, como el de libertad de culto, conciencia, asociación, manifestación o integridad física entre otros, además de las graves deficiencias del sistema electoral, donde determinados cargos no electos tienen la posibilidad de vetar decisiones de representantes democráticos e incluso a ellos mismos.

occidentales, que usualmente son frías y en ocasiones incluso hostiles, no recogiendo por tanto los postulados de la Tesis en relación con la ausencia de conflicto entre este tipo de estados, aunque su carácter pueda y deba ser puesto en tela de juicio como aquí.

Ante esta situación solo cabrían dos explicaciones, por un lado la establecida por los constructivistas en cuanto al papel que la construcción de identidades, asentada sobre el tipo de interacción entre estados, produce, resultando en base a ello amigos o enemigos o, por el otro de confrontación respecto de los intereses de carácter geopolítico, tal y como establecen los realistas, de hecho, según algunos autores, la divergencia de posiciones en torno a cuestiones como el futuro de Irak 277 , la influencia sobre los chiítas de Irak o Afganistán, su influencia en grupos terroristas como Hezbolá o Hamás o el creciente antiamericanismo en la zona, contribuyen a acentuar la hostilidad entre ambos, por tanto parece que la mejor explicación de la realidad, al menos en este supuesto concreto no la constituye precisamente la Tesis de la Paz Democrática y que por ello seguir sus postulados en una política exterior que pretende llevar a cabo determinados objetivos con éxito, parece cuanto menos suicida, vistos los casos de gran actualidad ya planteados, en los que tanto su análisis como sus recetas han fracasado de forma estrepitosa.

Estrechamente relacionado con la cuestión iraní 278 , está el propio conflicto del Líbano, estado en opinión de algunos autores semiindependiente, donde recientemente una guerrilla chiíta, hizo frente durante cierto tiempo con éxito al ejército israelí, mostrándose como uno de las fuerzas militares más poderosas de la zona, y un ejemplo para otras organizaciones del mismo tipo como las palestinas 279 .

Tradicionalmente, los conflictos producidos entre el estado del Líbano y el de Israel, como serán por ejemplo los de 1948 y 1967 280 , han sido incluidos por los críticos de la Tesis como supuestos de guerras entre democracias, sin

277 Nasr.Vali. When the Shiites Rise. Foreign Affairs. July/August 2006.

278 Ibid. p 1.

279 Byman, Daniel. Should Hezbollah Be Next?. Foreign Affairs. November/December 2003.

280 Ray, James Lee. Democracy and Internacional Conflict. Obra citada. p 120.

embargo, no fueron difícilmente desechados por los defensores al considerar en el primer caso, la corta existencia del estado israelí, sin convocatorias electorales en aquel momento, o la ausencia de violencia directa en el segundo, sin embargo, la última y más reciente de las guerras 281 entre ambos estados tendrá un cariz diferente, dado el relativamente elevado nivel de violencia por ambas partes, los detractores de ésta posición afirman que a pesar tanto del relativo desarrollo de la democracia libanesa o israelí, como del carácter geopolítico de las cuestiones centrales, la influencia de Siria e Irán, y su apoyo a la guerrilla Hezbolá, no puede plantearse una cuestión semejante dado el no ejercicio por parte del estado libanés de su plena soberanía.

Con todo, la cuestión es más compleja que esto y el propio presidente libanés, Emile Lahoud, en entrevistas 282 a varios medios de comunicación, reconoció que Hezbolá formaba parte de la resistencia nacional (y además del propio gobierno democrático libanés, donde había varios miembros de esta formación), negándose a que el ejército lo desmantelase, con lo cual parece que la Paz Democrática vuelve a mostrarse incapaz de dar una explicación coherente de la realidad y se ve superada por unos hechos en los cuales, intereses fundamentales de carácter geopolítico vuelven a llevar a la guerra a dos estados democráticos.

El caso palestino es bastante semejante al anterior, aunque el conflicto entre israelíes y palestinos en torno al territorio del actual Israel, comenzase hacia 1948, las principales repercusiones de cara a la Tesis, son muy recientes. Al igual que en el caso del Líbano tenemos 283 un gobierno elegido democráticamente, aunque a diferencia del anterior, sin estado, si bien en muchos aspectos se comporta como tal, incluyendo la propia actitud de su antagonista Israel, este gobierno posee varios representantes de la organización terrorista Hamás, junto con el movimiento al-Fatah, dirigido por el presidente Mahmud Abbas, ganando las elecciones legislativas en enero de 2006, provocando no solo un terremoto político, sino el incremento del recelo

281 Salem, Paul. The Future of Lebanon. Foreign Affairs. November/December 2006.

282 Guerra en Oriente Próximo: Entrevista con Emile Lahoud. Diario Clarín. 08/08/2006. Existen otras parecidas entre otros, en diarios como El Mundo, pronunciándose en este sentido.

283 Herzog, Michael. Can Hamas Be Tamed? Foreign Affairs. March/April 2006.

de potencias como Estados Unidos o la Unión Europea 284 (cabe recordar las medidas adoptadas por los estados europeos, expuestas por Merkel en su momento y tendentes a la contención del movimiento de resistencia palestino) así como el consiguiente enfrentamiento con Israel, por las prácticas terroristas de la organización, aunque combinadas al igual que en el caso de Hezbolá, con políticas de cierto contenido social 285 .

De nuevo parecemos encontrarnos con un nuevo fallo de la Paz Democrática a la hora de analizar la realidad y actuar en consecuencia, mostrándonos el peligro de utilizarla y seguirla como guía, la posibilidad de desencadenar una cruzada mesiánica de consecuencias irreparables está siempre presente en cada uno de los casos analizados, en los cuales, cuando tanto el análisis como la receta al problema ha sido la misma, es decir, la Tesis Liberal, la consecuencia ha sido justamente la contraria a la pretendida y podemos afirmar que en la práctica totalidad de los casos ya vistos, sean estados postsoviéticos, del Próximo Oriente e incluso algunos inicialmente exitosos como Haití, la violencia no solo no se ha reducido sino que en cambio se ha incrementado, produciendo enormes perjuicios no solo a los ciudadanos de aquellos estados donde ésta se aplico, sino a los propios promotores de ella, en el seno de conflictos armados con pérdidas inútiles de soldados, gastos desproporcionados, operaciones de reconstrucción y paz que no acaban nunca y lo que es peor, no solo objetivos sin cumplir, sino resultados aún mas negativos que la situación anterior a que la intervención se produjera, caso por ejemplo de Irak, no obstante parece que el balance definitivo de aquello que significa y supone la Paz Democrática en el mundo actual debe hacerse desde un punto de vista global.

EPÍLOGO. BALANCE GLOBAL Y CONCLUSIONES.

Como ya hemos visto, la Paz Democrática tiene una doble vertiente, la que se refiere al ámbito académico y la que se refiere al de la política práctica, y en

284 Ramonet, Ignacio. Labyrinthe palestinien. Le Monde Diplomatique. Décembre. 2006.

285 Shikaki, Khalil. The Future of Palestine. Foreign Affairs. November/December. 2004.

cada uno de ellos presenta en aspectos esenciales de su planteamiento, numerosos errores y lo más importante, enormes incertidumbres.

Como vimos en el debate de las escuelas, muchos autores realistas entraron en el debate utilizando los conceptos y teorías, empleadas por los propios liberales, con lo cual su margen de maniobra, cuanto menos disminuyó de una forma notable, solo algunos autores como Waltz u Oren, pudieron oponer argumentos de cierto peso a estos planteamientos, tanto en una vertiente histórica (caso de Oren), como en la aplicación de la política exterior actual (Waltz), pudiendo los autores cosmopolitas incorporarla a una serie de teorías, que desde un punto de vista empírico pueden considerarse cuanto menos fantasiosas y desde otro práctico peligrosas, puesto que los objetivos de consecución de un gobierno democrático mundial, así como de una comunidad de democracias pacífica tienden a acercarse bastante y si como algunos de los defensores de la Tesis sostienen, puede y debe en determinados casos recurrirse a la fuerza, para transformar la naturaleza de los regímenes, entonces y dada la imposibilidad de que alguno de estos fines pueda cumplirse, de nuevo la utopía podría dar paso a la pesadilla y aquella cruzada mesiánica, tendente a establecer un mundo donde las democracias occidentales puedan sentirse más seguras, siguiendo el propio discurso político de los lideres, podría hacerse realidad, trayendo por supuesto unas consecuencias funestas de cara tanto a los intervinientes como a los intervenidos.

Uno de los elementos al respecto que no solo tendrá consecuencias de cara al ámbito académico, sino especialmente al práctico, como será el de que los estados inmersos en transiciones democráticas, llegan a alcanzar mayores niveles de violencia y conflicto en sus relaciones con otros estados, que los autocráticos o bien anocráticos, y que como hemos visto en la cuarta parte, queda probado por los supuestos más recientes en la escena internacional de los últimos años, golpea duramente la Tesis generada por los autores liberales e igualmente las explicaciones tanto constructivistas como especialmente las relacionadas con la Teoría de Juegos, socavan sus bases, demostrándonos la incertidumbre más grande de todas y es que frente a aquello que los liberales explican de una forma concreta, las aportaciones de realistas, constructivistas,

estructuralistas y defensores de la Teoría de Juegos, nos demuestran que el mismo aspecto puede tener múltiples interpretaciones y causas, suponiendo pues, la Tesis Liberal una más entre otras. Quizá combinando todas, pudiese darse la respuesta de una realidad tan compleja.

Los conceptos básicos, que los autores liberales utilizan para sostener sus principales teorías, son igualmente inciertos, suponiendo por tanto una de las principales debilidades de la Tesis, si el concepto de democracia, de guerra, de paz, de intervención, no están claros y en cambio se encuentran sometidos a discusión, que se podrá esperar de su desarrollo y aún de su aplicación práctica, muchas de las delimitaciones que se establecen parecen arbitrarias, y parece que podemos estar de acuerdo en que no puede conceptualizarse en el ámbito de las Relaciones Internacionales cuando estamos ante una democracia o una guerra, de la misma forma que en el derecho, el legislador definiese el concepto de hurto, o cualquiera de los anteriores ya citados en la Carta de Naciones Unidas, los requisitos se complementan, y quizá si un conflicto armado no llega a los 1000 muertos, y un participante no alcanza las 100 bajas necesarias según la mayoría de los autores, la intensidad del combate o los métodos utilizados puedan calificarlo como tal.

Es importante destacar el concepto de intervención, que siguiendo a Bueno de Mesquita y compañía, así como a muchos autores realistas, nos permite ver que las democracias pueden haber encontrado una alternativa, cuanto menos poco clara y bastante compleja de definir, a unos conflictos armados, que dados los elevados costes que suponen, de cara al estado interviniente, podrían estar cayendo en desuso, sin que por ello el nivel de violencia disminuya, solo se adapta a nuevos tiempos trascendiendo de aquella concepción clásica, que lo vinculaba al enfrentamiento entre dos o más estados, más o menos en pie de igualdad (de hecho muchos de los últimos conflictos armados, que vimos en tiempos recientes, parecen asumir muchas de las características que tradicionalmente se han vinculado al concepto de intervención), erosionando de nuevo presupuestos básicos de la Paz Democrática, puesto que los conflictos y fricciones se mantienen aún cuando ambos estados sean democracias liberales.

La cuestión empírica posee mucha relevancia a la hora de descartar la Paz Democrática, como una verdad empírica cierta, surgida del ámbito académico, no solo en lo referente a los aspectos ya citados y que descartarían la vía de la estadística, sino que la fundamentación que se sostiene respecto de los casos históricos concretos, en los cuales pretenden derivar una posición genérica, a fin de probar su éxito, contradiciendo en la mayoría de los casos, las explicaciones historiográficas mayoritarias, en las cuales parece general la prevalencia de aspectos geopolíticos, sobre consideraciones institucionales y normativo-culturales, tal y como aparece en los ejemplos expuestos, dentro de la tercera parte del trabajo de investigación, una nueva falla más de la Tesis, que sin embargo no resultará la más grave de todas.

El aspecto más destacable y que diferencia a la Tesis respecto de otros planteamientos académicos surgidos, no solo en el ámbito de las Relaciones Internacionales sino en cualquier disciplina científica, es su aplicación al ámbito real, al de la política práctica y es que en Estados Unidos, el estado liberal por excelencia, se han tomado sus postulados al pie de la letra y las administraciones de uno u otro signo creen en su aplicación y de hecho la han seguido fielmente en numerosos casos, y al contrario de lo que se piensa, tomó un nuevo impulso tras el 11 de Septiembre, al pasar al discurso político de la administración Bush, seguido de forma estricta en las ultimas intervenciones como las de Afganistán e Irak, cuyo balance expresa mejor que ningún otro indicador filosófico o real, la dimensión del fracaso de la Paz Democrática y la inconveniencia de que se convirtiese en una guía a seguir de cara a una política de Asuntos Exteriores, quizá por la inconveniencia de la pretensión de que una propuesta alternativa en Relaciones Internacionales, se dogmatice y se siga como cuestión de fe, en busca de un mundo utópico donde las democracias liberales puedan vivir seguras y que, al igual que se ha podido ver históricamente en otras propuestas de semejante tipo, puede acabar con el resultado inverso al que se pretende, máxime cuando pocas como ésta, parafraseando a Waltz cuando afirma que la Paz es la causa más noble de la Guerra, se preste al desencadenamiento del caos, los conflictos internos que derivarían en otros externos, el gasto, la inseguridad, la supresión de la

autorrestricción, consecuencia de la mesiánica cruzada que en tiempos actuales presenta el balance más claro derivado de su aplicación estricta, como nunca lo hizo desde su creación en las postrimerías de la Guerra Fría y que nos muestra como un faro extremadamente luminoso, el camino a no seguir.