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Algunas reflexiones sobre el principio “quien contamina, paga”

Por Rodrigo Arce


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En el campo ambiental existen premisas o principios que durante mucho tiempo se han
mantenido sin mayor cuestionamiento. Uno de estos principios se refiera a “quien contamina,
paga” e incluso forma parte del derecho ambiental internacional. Sin embargo, si uno empieza
a realizar un recuento de cómo se está viendo el tema encuentra las siguientes perspectivas:

 “Quien contamina, paga”


 “Quien contamina, repara”
 “Quien contamina, descontamina”
 “Quien descontamina u ofrece a la sociedad un beneficio ambiental, cobra”
 “Quien conserva, gana”

Quiere decir entonces que hay un ruido respecto a la solidez y vigencia del principio que es
necesario detenerse a analizar. Podríamos evaluar la consistencia del principio planteando las
siguientes preguntas indiscretas:

 ¿Qué pasa si el contaminante no quieren pagar?”


 ¿Qué pasa si la autoridad quiere cobrar pero no puede?
 Qué pasa si la autoridad puede cobrar pero no quiere?
 ¿Qué pasa si la autoridad ni puede ni quiere cobrar?
 ¿Qué pasa si el contaminante paga poco?
 ¿Qué pasa si es más barato pagar en vez de remediar?
 ¿Qué pasa si pagar te exime prevenir?
 ¿Quién o quiénes se benefician de estas situaciones?
 ¿Quién o quiénes se perjudican de estas situaciones?

Para aclarar nuestras dudas revisemos entonces un poco de teoría. El principio “quien
contamina paga” forma parte de los mecanismos de mercado orientados a internalizar (es
decir ponerle precios e incorporarlos a la contabilidad) las externalidades (aquellos impactos
positivos o negativos de la actividad sobre los actores distintos a los que intervienen
directamente en la transacción). Esta es una forma de resolver, desde la perspectiva de la
economía ambiental, el tema de asignación de precios a temas ambientales con frecuencia
difíciles de cuantificación. En el principio de “quien contamina paga” la responsabilidad del
contaminador incluye la remediación del daño, la prevención y el control de la contaminación
(Puentes, 2008).

Como enfatizan Bontems y Rotillon (2000) el principio “quien contamina, paga” es un principio
de internalización de los costos, que consiste en hacer que el contaminador pague la diferencia
entre el costo social y el costo privado. Así, señalan los autores, el contaminador considerará el
costo social de sus decisiones, lo que llevará al óptimo de contaminación-por supuesto, a
condición de una justa evaluación de este costo social.

Volvamos otra vez a plantear algunas preguntas básicas:


“Quien Contamina Paga”
 ¿Hay forma de  ¿Hay forma de  ¿A quién se le paga?
identificar claramente precisar la magnitud ¿Al Estado o al
al contaminador? de la contaminación? afectado?
 ¿Hay voluntad  ¿Existe forma de  ¿Hay voluntad de
política de identificar resarcir el daño cobranza?
al contaminador? ocasionado?  ¿Cómo se distribuye
este cobro?
 ¿Llega realmente al
afectado?
 ¿Sirve para reparar el
daño?
 ¿Es posible reparar el
daño permanente a la
salud y potencialidad
humana del
afectado?
 ¿Cuál es costo de
recuperar la
afectación de la
resiliencia del
ecosistema?
 ¿Cuál es el costo de
la destrucción de un
proceso ecológico?
 ¿Ejerce la cobranza
un efecto disuasivo?
 ¿Se produce
efectivamente una
disminución de la
contaminación?

Las preguntas impertinentes arriba anotadas nos dan cuenta que el principio del que contamina
paga es altamente permeable. Es por eso que Bontems y Rotillon (2000) manifiestan que pese
a su designación como enfoque “políticamente correcto” no se trata de un principio jurídico de
equidad sino de un principio de eficacia económica. Considero que aquí está la clave del
asunto: es una respuesta económica para un tema que en el fondo es ético.

La pregunta inmediata es entonces cuál es el balance de la aplicación del principio si es que


efectivamente está contribuyendo a reducir la contaminación o es que sólo está cumpliendo un
rol de maquillaje ambiental.

Es por eso que ya se empiezan a oír voces que reclaman implícitamente se revise el principio.
Por ejemplo, Ecologistas en Acción de Navarra manifiestan que en el caso de contaminación
hídrica el principio permite contaminar a los pudientes, no evita la llegada de contaminantes a
los ríos y obliga a la administración pública a hacerse cargo de la depuración. Beck, citado por
Lomelí y Ellerbracke (2008), señala que esta práctica da patente de corso a las empresas para
fabricar contaminantes y distribuirlos en el ambiente.” Por su parte, la Alianza Humanista de
Abogados indica que la aplicación del principio oficializa el derecho a contaminar con tal de
que se pague una cantidad. Se habla entonces de una contaminación normalizada o de una
irresponsabilidad organizada. No son pocos pues lo que están planteando que el principio
requiere ser seriamente revisado.

Asegura Rojas (2006) que si lo que como sociedad pretendemos es asegurar un suministro
estable y eficiente de estas externalidades, aspecto crucial para la alta calidad de vida que
anhelamos, se hace ineludible abordar sus formas de provisión. Lo más efectivo, en la
perspectiva del autor, sería en el marco del “enverdecimiento” de la fiscalidad (eco-reforma
fiscal) destinar una parte de los impuestos que gravan las externalidades negativas para
provocar su reducción a la generación de externalidades positivas, así como a la restauración
de daños ambientales históricos. Es por ello que el autor plantea completar el eslogan “quien
contamina, paga” con “quien descontamina u ofrece a la sociedad un beneficio ambiental,
cobra”.

Es aquí entonces que nos sale al encuentro el concepto de pago por los servicios ambientales
(PSA) que es un mecanismo a través del cual los beneficiarios pueden compensar
económicamente a los que ofrecen los servicios. Un sistema de PSA es una transacción
voluntaria, donde un SA bien definido (o un uso de la tierra que aseguraría ese servicio) es
‘comprado’ por al menos un comprador de SA a por lo menos un proveedor de SA sólo si el
proveedor asegura la provisión del SA transado (condicionamiento) (Wunder, 2006). Aunque
una cosa es la contaminación y otra cosa son los servicios ecosistémicos de los bosques el
espíritu del esquema PSA bien podría inspirar el ajuste del principio del que contamina paga
aunque todavía no hemos podido escapar de los mecanismos de mercado.

Para que el principio del que contamina paga sea efectivo debe existir una efectiva estructura
de actores y mecanismos institucionales y legales lo que no siempre es el caso. Frente a las
eventuales dudas de las autoridades para hacer efectiva la aplicación del principio la
Responsabilidad Social Empresarial es un mecanismo voluntario orientado a contribuir a la
construcción de la sostenibilidad más allá de una estructura permisiva.

Desde la perspectiva de la economía ecológica muchas externalidades son inciertas,


desconocidas o irreversibles. Una economía ecológica es una economía que reconoce que la
racionalidad económica y la racionalidad ecológica no son suficientes por sí solas, para
alcanzar las decisiones correctas, acerca de los problemas ecológicos-económicos
contemporáneos (Van Hawuermeiren, 1999). ¿Es posible ponerle precio al plomo en la sangre
de los niños en las periferias mineras o es posible pagar para que los afectados por
contaminación minera se eximan de todo reclamo de derechos y compensaciones? El debate
no está concluido pero las palabras ética, solidaridad y equidad empiezan a reclamar su lugar,
lugar que debieron haber ocupado siempre.

Bibliografía citada:

Bontems, Philippe y Rotillon, Gilles 2000. Economía del Ambiente. Ediciones Abya-Yala. Quito.
pp:57

Lomelí, Elba y Ellerbracke, Sergio 2008. El cuestionamiento al juicio experto de Ulrich Beck,
como un elemento definitorio de la posmodernidad. Revista de la Universidad del Valle de
Atemajac .Año XXII, No.60, enero-abril.

Puentes, Astrid. 2008. Responsabilidad ambiental en las Américas: ¿Necesidad o lujo?


Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente), México. 4 p.

Rojas, Eduardo. 2006. Externalidades positivas. Universidad Politécnica de Valencia. En: Terra
Crítica. 3 p.

Van Hawuermeiren, S. 1999. Manual de Economía Ecológica. ILDIS. Ediciones Abya-Yala.


Quito. pp: 8

Wunder, Sven. 2006. Pagos por servicios ambientales: Principios básicos esenciales. CIFOR
Occasional Paper No. 42(s)