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Han denunciado que el cubo gigante que Eduardo Txillida quería construir en el

interior de Tindaya puede dañar los petroglifos del lugar.

La catedral de los majo


Alberto Barandiaran Tindaya

Veintitrés años antes que Eduardo Txillida, un majorero, un estudiante


llamado Pedro Carreño descubrió Tindaya. Cegado con las historias de
las brujas, convenció a dos amigos a realizar con él el viaje iniciático:
partieron desde el pueblo, fueron a pié hasta Tindaya, subieron la
montaña y terminaron en una colina próxima. Durmieron mientras
viajaban.
Cuando se encontraban en la cima y a causa del gran frío se pusieron
a buscar refugio entre las rocas, y entonces aparecieron las huellas.
“No dije, ‘¡eh, mirad que bonito!’ ni nada similar” ha explicado en su
casa de La Oliva, con los ojos brillantes tras sus gafas y con habla
pausada. “Todo era muy claro, cualquiera lo podía ver. Lo comuniqué
a mis amigos y entonces escribí algo. Hace poco lo he encontrado,
entre viejos papeles. Me produjo una profunda impresión”.
Aquel hallazgo arqueológico no tuvo gran eco. Algún artículo en las
revistas de Fuerteventura (Islas Canarias) y poco más. Pero, de ahí a
unos años, Demetrio Castro, hoy profesor de NUP, fue a Fuerteventura
a hacer algunos estudios arqueológicos y subió al monte Tindaya con
Pedro Carreño. Cuando vio los podomorfos se percató de su
importancia. Subrayó la peculiaridad de los grabados que repetían
una y otra vez la imagen de las huellas en una revista especializada,
y la noticia se extendió. En una montaña de Fuerteventura habían
aparecido petroglifos, comunes en todo el norte de África. Profesores
de universidad, arqueólogos, historiadores…el monte de Tindaya se
había introducido en la arqueología.
Txillida llegó después, mucho después. Y encendió la desde entonces
inacabable polémica con su proyecto de construir en la montaña un
cubo gigante para poder atrapar desde él la luz del sol y de la luna.
Polémica ecológica, económica, histórica, arqueológica y política. El
proyecto llamado monumento a la tolerancia tiene un presupuesto de
usos 81 millones de euros, y es el proyecto sociocultural más
importante que quieren realizar en Canarias en los próximos años. El
proyecto más gigante, vistoso y mediático que nunca ha realizado un
artista vasco. Quieren comenzar los trabajos el año que viene.

El monte sin nombre

El monte de Tindaya no tiene nombre. Toma su identidad del pueblo


que vive en sus faldas. El monte es totalmente especial. En el norte
de Fuerteventura son abundantes las colinas de este tipo –tiene 397
metros de alto-, pero el de Tindaya se eleva solitario en frente de la
llanura de Esquinzo, cerca del mar. Mirándolo desde el camino que
viene desde el norte, el monte es orgánico y bastante seductor. Se
asienta sobre el prado que tiene debajo. Las marcas de los arroyos de
antaño lo recorren de arriba abajo.
El mejor momento para subirlo es al atardecer. La mayor parte de los
grabados están cerca de la cima y con la luz de la tarde aparecen los
bordes tallados en las piedras de color ocre.
Subiendo el monte, nos hemos encontrado varios grupos circulares de
piedras, desfigurados pero bien asentados. En el centro de ellos se
yergue una piedra, incrustada en el suelo, y alrededor piedras más
pequeñas. Se han encontrado en ellos trozos de huesos y de
cerámica, pero muchos de ellos hoy en día se encuentran tirados. El
guía del recorrido, José Antonio Vera, nos avisa una y otra vez que
vayamos tras él. “Creemos que en estos grupos de piedras se
realizaban ritos mortuorios, pero desde que se extendió la noticia del
proyecto de Txillida, el entorno ha sido bastante castigado”.
Este hombre es de Tindaya. Uno de esos investigadores que suele
haber en todos los pueblos del mundo. Un hombre alto y vivo que en
ocasiones ha odiado y a la vez amado tanto su tierra como su pueblo.
Con la txamarra en las manos y una pequeña mochila a la espalda,
sube rápido hacia arriba con la seguridad de quien conoce bien el
monte.
Estamos subiendo por la vertiente suroeste. Hasta hace cuarenta
años, los camellos pastaban en la pelada llanura que se extiende a
nuestros pies. Eran de una subespecie de Fuerteventura y Lanzarote,
y hacían el trabajo de los tractores en esta isla seca y pobre. Podían
pasar semanas apenas sin comer ni beber, y su carne era un manjar
para los majoreros, habitantes de Fuerteventura. “Comían matorrales
salados” nos cuenta Vera. Y sin siquiera pararse nos muestra con la
mano unas plantas apenas visibles. Elianteno, azebuche o ulagas, que
habitan justo bajo las piedras. También nos enseña la orchilla, que en
un tiempo se exportaba a las tierras bajas para conseguir color
púrpura. Un container debía costar unos cuatro millones de pesetas.
Lo llamaban el oro naranja.
A la mitad de la subida aproximadamente, en un descanso, podemos
ver más claramente la forma de los grupos de piedras caídas que se
encuentran donde comienza el camino. Son construcciones anteriores
a la conquista y han aparecido fragmentos de cerámica, pero todavía
no se ha realizado ninguna excavación seria. Al comienzo del camino
junto al campo de fútbol, han colocado un cartel en el que pone No
pasar, y no se puede subir al monte sin un guía, pero ni el Gobierno
de Canarias ni el Cabildo de Fuerteventura –institución similar a las
Diputaciones de aquí- han querido poner en marcha excavaciones.
Tindaya, todavía está sin estudiar.

El volcán que no ha estallado

Pero no hay más que subir con un guía para darse cuenta de que toda
la montaña guarda un patrimonio especial. Para comenzar, es único
desde el punto de vista geológico. Es un volcán que no ha estallado,
con piedras de traquita ocre incrustadas en su interior. La misma
traquita puede suponer su perdición. Ha sido usada, por ejemplo,
para construir el auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas. Tiene aspecto
de mármol moteado, es una piedra muy estimada. Tres pequeñas
canteras, en las faldas del monte, son ejemplos del peligro.
El mismo Txillida dijo, cuando algunos se levantaron contra el
proyecto, que el monte estaba dejado, que hasta que él llegó nadie
había reparado en él, y que su agujero, su vacío en el corazón de la
montaña era el mejor antídoto contra esas canteras que estaban
sacando la traquita.
No es verdad. Tindaya es el monte mágico de los majoreros.
En todos los pueblos de alrededor se han guardado tradiciones
transmitidas oralmente que hacen referencia a la montaña. Como
todos los niños saben, cierto día llegó una bruja desde el sur camino
de Tindaya. Cuando encontró el Monte Quemado de frente le pidió
paso. “Díselo al Monte Mudo” le respondió el Monte Quemado. “¡Pero
si es mudo déjame pasar!” le pidió la bruja. “Díselo al mudo”, insistió
el Monte Quemado. Fueron tantas las veces que la bruja le pidió paso,
que iba a Tindaya, y tantas las veces que se lo negó el Monte
Quemado, que al fin la bruja le amenazó: si no le dejaba pasar le
daría una patada y lo haría explotar. Y así fue al final. Es por eso que
hay tantas cumbres entre el Monte Quemado y el mar.
Pedro Carreño también subió el monte por algo, hace 35 años, cuando
nadie subía; Eduardo Txillida todavía no había leído el verso de Jorge
Guillén- “el aire es lo más profundo”; todavía no había decidido que
haría un agujero en un monte, como si fuera dios; que tenía que crear
en el monte Tindaya una obra de arte que daría refugio eterno a
todos los humanos.
“Tindaya, de pequeños, era un sitio de brujas para nosotros” comenta
Carreño. “Un lugar misterioso, donde ocurrían cosas conectadas a los
dioses y la magia. Eso decían los mayores: ahí, en Tindaya ocurrían
cosas importantes”.
Cuando aún quedan unos veinte minutos para hacer cima, hemos
visto sobre las losas unos pequeños agujeros triangulares. Vera dice
que son pequeños embalses donde antaño se recogía agua. Los
habitantes de entonces, no sabemos porqué, hicieron almacenes de
agua en las piedras.
Seguimos subiendo. El sol ya se ha puesto por Tenerife pero no hemos
visto ni un solo grabado. Están ahí, hay más de trescientos, en varios
grupos, pero estamos subiendo y subiendo hacia la cumbre,
queriendo llegar con la luz que todavía queda.
Pasado mañana es el día de San Juan, hace un par de días ha sido
luna llena, pero el cielo está cubierto. La niebla ha entrado sobre el
Monte Quemado. En esa época, con este tiempo, metían leche de
cabra dentro de un odre de cabra joven, y revolvían para,
“emborrachando la leche”, hacer mantequilla. Parece ser que la
humedad de San Juan es la adecuada para ello.
No hay ni rastro de la luna llena, la niebla enfrente del monte, pero
por arriba, sin embargo, Fuerteventura está hermosa. Miguel de
Unamuno escribió sus poemas más bellos aquí, cuando el dictador
Primo de Rivera, incapaz de aceptar sus críticas lo desterró aquí en
1923. Para el filósofo y escritor, esta isla fue un oasis, un refugio, un
puerto para la esperanza.
El mar está ahí, enfrente. Al norte Lanzarote, y al otro lado del mar, al
oeste, lejos, Tenerife y Gran Canaria.
Cerca de la cumbre, después de aventurarnos por un peligroso
terreno escabroso, se puede observar lo que sería la entrada del
monumento de Txillida. Está justamente en medio de la altura del
monte. Solo para abrir la entrada, tendrían que tirar casi entera una
de las vertientes. En la parte de arriba, quieren agujerear dos
chimeneas. En el interior, un agujero de 50 metros cúbicos.

Huellas por pares

Al fin José Antonio Vera ha sacado la linterna, y nos ha pedido que nos
echemos a un lado. Ha iluminado de costado la losa que tenemos
delante nuestro, y ahí están los grabados, como una aparición. Dos
huellas, puestas una al lado de la otra. Se ven claramente desde el
talón hasta los dedos, a la luz amarillenta de la linterna. Son grandes,
anchas. Las momias guardadas en el Museo Canario han demostrado
que los habitantes de entonces de Fuerteventura se encontraban
entre los más altos de esta zona del mundo: una media de 1’82
metros de altura. El tamaño de las huellas, al menos, es curioso.
Como en los aquelarres, ahora mismo están emergiendo las huellas a
la luz, cuando el sol se ha puesto y la luna hace un intento por
aparecer entre las nubes. Como los exploradores, ahí reivindicamos lo
que antes ni hemos podido intuir. Señalamos con euforia lo que la luz
de la linterna nos muestra.
Algunas están cinceladas en la piedra, y otras aparecen después de
remover la misma piedra. Las hay sueltas, y también las que
aparecen por grupos: dos, cuatro, seis, ocho. En algunas se perfilan
muy bien los dedos, y también se puede adivinar lo que puede ser el
rastro de una especie de correa que llevan las sandalias. Hay algunas
sin forma, y hay otras que se esconden y continúan bajo la tierra. Las
hay que tienen los dedos juntos y los talones separados. En Tenerife,
sabemos que a las momias de allí se les ataban los dedos. Sin
embargo, la mayoría de las huellas aparecen de dos en dos. La
mayoría miran hacia el oeste o el sur-oeste. Ahí está el Teide, por un
lado; por otro, el monte de las nieves.
¿Dibujos relacionados con la luna? Podría ser. En todo el norte de
África se han valido de la astronomía para explicar el significado de
los grabados antropomorfos que aparecen. Algunos expertos creen
que señalan simbología nupcial, o que se usaron para marcar los
lugares usados por la justicia para gobernar. Las únicas dataciones
que se han hecho demuestran que son de principios del siglo XI, pero
no las hay de después de la conquista, ni en la tradición escrita, ni en
la oral. No hay testimonios en torno a los podomorfos.
Aparte de en el norte de África, han sido halladas en otras islas de
Canarias, pero en ningún lugar se han encontrado grupos de
grabados similares, todas del mismo estilo, más de trescientas. Es un
hallazgo muy singular.
El guía se ha obstinado en ir hacia allí. Miramos con mucha atención
dónde pisamos, ya que estamos al borde de la cima. Cerca de uno de
los grupos más bellos de grabados, unos 45, aparecen restos de las
extracciones que se hicieron para el examen del proyecto de Txillida.
Agujeros hechos con barrenas del número 8, testigos de 10
centímetros. La maquinaria la llevaron en helicóptero hasta la cima.
En esa época despareció una gran losa, que tenía 29 huellas. En el
1994, al menos, estaba allí. Eso lo pueden asegurar José Antonio Vera
y otros investigadores como él. Txillida y los trabajos
correspondientes a su proyecto llegaron en 1995. La duda es si se la
llevaron en uno de esos helicópteros.
Monte abajo, la traquita nos ata al monte. Como si nos atrajera. La
piedra refleja increíblemente la luz del pueblo, como sin nos quisiera
enseñar el camino. Es un lugar de protección.
“¿No será suficiente por el momento?” pregunta José Antonio Vera.

abarandiaran@berria.info

Los podomorfos

300

Sin examinar. Los grabados de las huellas que aparecen en el monte


las han encontrado una a una los investigadores de la zona, y la cifra
puede ser aún mayor. No se ha hecho un examen profundo.

La dudas en torno al proyecto de Txillida son cada vez mayores, pero en


Fuerteventura muchos creen que es el único camino para sacar la isla del olvido
histórico.

Lo más profundo es el monte


Alberto Barandiaran Tindaya

“La isla de Fuerteventura la cuidan los majoreros” canta Fabiola Socas


frente a la casa de cultura de Valles de Ortega, en el evento
organizado en homenaje a los viejos cantantes populares. El hábil
tinplista El Colorado cierra los ojos mientras le acompaña con la
pequeña guitarra. La gente aplaude con ganas las coplas más
conocidas del músico popular de Canarias.
La gente aplaude, aunque el concierto haya comenzado casi con dos
horas de retraso; aplauden aunque hayan tenido que esperar con
gran paciencia y con algo de frío mientras los músicos apuraban la
última cerveza en la taberna de al lado. Socas y El Colorado cantan a
favor de los habitantes de Fuerteventura. El más preciado tesoro de
Jandía son las playas del lugar. Y los majoreros las cuidan.
Hasta hace poco, Fuerteventura se encontraba a salvo del turismo, ya
que no tenía la atracción de Tenerife o Lanzarote. Comparada con las
islas de alrededor, esta era una tierra seca, desértica y sin
infraestructuras. Un desierto ocre. El único amigo, el viento. En los
últimos años, sin embargo, en el norte han preparado grandes zonas
para la urbanización y los hoteles, en Corralero, y al sur, en torno a
las playas de Jandía. Los políticos y empresarios de Fuerteventura han
acogido con avidez la nueva entrada del turismo, y cada vez son más
las carreteras que cruzan de un lado a otro estas tierras baldías. Cada
vez son más las casas que están construyendo por todos lados al
borde del desierto, al estilo de parcelas de concentración de lujo.
¿Pero los majoreros cuidan esta tierra? A decir verdad, el proyecto de
Tindaya ha puesto a prueba a los habitantes de esta isla. Los que
quieren promover el turismo a toda costa han puesto todas sus
esperanzas en torno al proyecto de Tindaya, pero no solo ellos. En
Fuerteventura, mucha gente cree que el gigantesco proyecto que
soñó el escultor vasco, es decir transformar todo el monte en una
escultura supondría una oportunidad sin igual para sacar a la isla del
olvido histórico. La marca de Txillida, al igual que hizo César Manrique
en Lanzarote, le daría renombre a aquella tierra. El problema es que
los arqueólogos, los historiadores y los ecologistas están convencidos
de que es imposible proteger el monte y sacar adelante el proyecto
de Txillida.

El entorno más protegido

El monte Tindaya es el entorno más protegido dentro de las Islas


Canarias. Monumento natural, reserva de plantas, zona de interés
botánico, enclave especial minero, monumento histórico-artístico, y
patrimonio de interés cultural. Pero cuando Txillida decidió que ese
era el monte que quería, las estructuras oficiales de las islas se
pusieron en marcha. Y añadieron un artículo a la normativa de la
defensa de Tindaya: el 7.3. Según este punto en el monte no se
puede hacer nada excepto un espacio de recreo en su interior. A la
vista, un artículo creado ad hoc para el monumento de Txillida.
De seguir adelante, el artista puso unas condiciones. Quería
unanimidad y no dañar el propio monte. Unanimidad política por lo
menos ya tiene. Los tres partidos que hay en el Parlamento de
Canarias –Coalición Canaria (CC), PSOE y PP-, le han dado su
aprobación, hasta ahora, al proyecto. En cuanto a no dañar el
monte… hay dudas.
El último informe que se ha realizado indica que el proyecto,
técnicamente es muy complejo, un auténtico desafío tecnológico. La
piedra no tiene la firmeza y estabilidad que esperaban y tendría que
hacerse una bóveda gigante sobre el cubo de 50x50 metros cúbicos;
una telaraña de cables en tensión. Los ingenieros dicen que la propia
viabilidad técnica se probaría según se va haciendo la obra.
Mientras tanto, ha quedado bajo las sombras el fraude económico
más importante acaecido en las Islas Canarias, porque se han pagado
11’7 millones de euros en los proyectos de viabilidad que no se han
hecho. El Gobierno, en la primavera de este año (2008), ha aceptado
que han gastado 25’7 millones de euros. Y todavía no se ha movido
una sola piedra.
Para el escritor Jesús Giráldez, el proyecto es un sinsentido. “En este
momento, entre los profesores de la universidad de los
departamentos de Historia y Arqueología no hay uno solo que haya
firmado un manifiesto a favor del proyecto de Tindaya”. Giráldez
publicó el año pasado el libro Tindaya: el poder contra el mito, en el
que desgranó los comienzos del proyecto así como sus luces y
sombras. Una de las sombras es la del tema cultural. “Yo quiero
defender el símbolo cultural que tenemos ahí, y a partir de admitir
dicho símbolo cultural, denunciar que nos lo quieren sustituir por
nuevos mitos modernos”.
Ha habido abundantes protestas desde que en 1996 anunciaron el
proyecto. Montse Martín, del grupo ecologista Los Verdes de Canarias
ha estado en esa lucha desde sus comienzos, desde que formaron la
plataforma en favor del monte Tindaya. Y dice bien alto que el
proyecto es “inviable, vergonzoso e inmoral”.
“Los ingenieros han dicho hasta el momento que el proyecto tal como
lo planteó Txillida no es viable técnicamente, y la investigación que
encargó el propio Cabildo ha concluido que es incompatible con la
defensa del medio ambiente. Ahora sabemos que la luz del sol y de la
luna no se verá desde dentro como deseaba el escultor, y que no será
de 50x50 metros cúbicos, sino de 40x40. Es cabezonería”.

La dejadez de los dirigentes

Los que están a favor del proyecto muchas veces han subrayado sus
beneficios, y han negado que las extracciones o los mismos trabajos
dañarían el monte. José De León, técnico del patrimonio del Cabildo
de Gran Canaria conoce como nadie los grabados, entre otras cosas
porque él ha promovido el único estudio arqueológico serio, junto con
otros expertos. El Gobierno de Canarias envió a la Guardia Civil contra
los investigadores, pero las pruebas que pudieron recoger
demuestran claramente la importancia de los grabados.
“Hay quien dice que los trabajos de Txillida no dañarían los
podomorfos, sí. Pero los que así piensan son los políticos y los
empresarios, y no tienen credibilidad, porque son ellos los que están
destrozando la isla de Fuerteventura. Los grabados han desaparecido,
algunos se han dañado y las autoridades no han tomado ni una
medida de protección. Ni siquiera han fijado un espacio de protección.
No son de fiar”.
Pedro Carreño es también técnico de patrimonio histórico en
Fuerteventura, y él también denuncia la dejadez de los políticos para
con el monte. “Sí, dinero han gastado mucho, pero hacer, se ha hecho
poco. Aquí se moría gente, como en todos los lugares, pero no se ha
encontrado nada sobre los cementerios de aquella época, porque no
se ha buscado”. Ha subrayado la falta de sensibilidad que intuye en
su entorno. “Tenemos que comprender la importancia que tiene el
patrimonio cultural. Aquí, en La Oliva, tenemos la casa de los
coroneles, el entorno cívico-militar más importante de Canarias, y
está muy mal cuidado. La Oliva misma conforma el grupo de
edificaciones más interesante de Fuerteventura y está muy mal
cuidado. No hay ninguna responsabilidad”.
Giráldez tiene claro que con el proyecto se puede abrir una puerta
muy peligrosa. “Tenemos que tener en cuenta que ahí hay un
patrimonio cultural muy importante, por calidad y por cantidad. No
existe nada similar. Y si construyen el proyecto de Txillida será un
auténtico parque temático. Y sobre todo, el mayor peligro es que si lo
hacen ahí tendrán carta blanca para hacer cualquier cosa en
cualquier sitio”.

La opinión de los majoreros

Entre folias, malagueñas y polcas, Domingo el Colorado ha calentado


con el timple a los espectadores de Valles de Ortega. El músico
popular ha hablado más de una vez en contra el agujereo de Tindaya.
“¿Qué monumento mejor que el propio monte?”.
Ese monumento atrajo a Pedro Carreño cuando subió a la cima en
1973, y allí vio los podomorfos cuando se intentaba proteger del frío.
Hoy en día en su casa de La Oliva, al cobijo de una noche cerrada en
el valle de Fimbapaire, con la compañía del viento, ha confesado que
está a favor del proyecto.
“Ya sé que entonces podía pensar distinto, pero en este momento
estoy a favor del monumento de Txillida. No soy no arquitecto ni
ingeniero, pero percibo y sé que no dañarán el monte. Tindaya no
será el monumento de Txillida; Tindaya será el sitio que Txillida usará
para hacer su monumento. Puede ser peligroso, pero en la historia se
han tomado muchas decisiones peligrosas. Sin ellas hoy no
tendríamos ni Petra, ni la torre Eiffel o las pirámides de Egipto. Y
aprovecharemos la ocasión, será la salvación del monte”. Al final, una
duda. “Pero no gastaría nada en eso, si antes no se arreglan los
graves problemas que sufre Fuerteventura”.

Las dudas del ‘Monumento a la tolerancia’

Dudas económicas. La obra tiene un presupuesto de 49 millones de


euros. Si a eso le añadimos las obras que quieren hacer en torno al
monte, las mejoras de las canteras y demás, y los impuestos, el
presupuesto subiría a 76’4 millones de euros. Los trabajos que tienen
que hacer en la llanura de Esquinazo tienen un presupuesto de 4’6
millones de euros. En total, 81 millones de euros, más los 12 millones
que se han gastado hasta ahora. Para comenzar, un presupuesto de
93 millones de euros. Más o menos como el presupuesto del Cabildo
de Fuerteventura para el año 2008. Más dinero que el que se ha
gastado en toda la historia en patrimonio arqueológico de Canarias.

Dudas técnicas. La proyecto técnico dice que la naturaleza de la


obra le llevará “hasta el límite de la ingeniería de hoy en día”, y que
las garantías mínimas para la viabilidad de la obra se conseguirán
según se vaya haciendo la obra. Así mismo, los técnicos han admitido
que existen varios problemas geotécnicos.
Dudas jurídicas. La propia obra se topa de frente con el status de
protección del monte Tindaya, ya que crear una cantera y a la vez ser
un monumento natural no es compatible. A su vez, no se ha hecho un
estudio serio sobre los podomorfos, y no están bien clasificados ni
catalogados. Los trabajos de extracción se harían a 100 metros de los
podomorfos.

Dudas en torno a la viabilidad cultural. Los valores culturales que


hoy en día tiene el monte quedarían en un segundo plano, y no se
han sumado los datos sobre los visitantes. Así, los que están en
contra del proyecto creen que las idas y venidas de los visitantes y la
propia obra sacarían de contexto y desfiguraría definitivamente este
amplio yacimiento.

“Si al final se hace el monumento, está claro que pueden hacer


cualquier cosa en cualquier sitio”.
Jesús Giráldez (escritor)

“Ahora dicen que la luz del sol y de la luna no entrarán en el agujero;


es cabezonería”
Montse Martín (ecologista)

“Si aprovechamos bien la ocasión, será la salvación del monte”


Pedro Carreño (técnico de patrimonio histórico)

“Han desaparecido grabados, los han dañado, pero no se han tomado


medidas de protección”.
José De León (arqueólogo)

“Desollareis el monte”

El grupo Los verdes de Fuerteventura envió una carta abierta


a la familia Txillida hace tres años.

“Señor Luis Txillida:

Le queremos comunicar que las condiciones que su padre puso [para


el proyecto de Tindaya], por desgracia no se cumplirán. Y usted lo
sabe bien. La obra nunca se realizará como la soñó su padre. Ya han
anunciado que será más pequeña, aunque el presupuesto, eso sí,
sigue creciendo y creciendo, y ese dinero está pasando de los bolsillos
de todos los canarios a los bolsillos de los que están promoviendo la
obra. ¿Usted o su familia han recibido parte de ese dinero que nos
están quitando? En Fuerteventura hay niños que estudian en aulas
prefabricadas; en sótanos, en gimnasios, en bibliotecas que ya no son
bibliotecas para poder meter niños y sillas. ¿No le parece más
procedente que utilicemos nuestro dinero en la educación de nuestros
hijos, y demostrar, por ejemplo, que un gran escultor vasco respetó
siempre la naturaleza y el pueblo?

Si se ha tomado la molestia de leer los medios de comunicación de


las Islas Canarias, habrá comprobado que la gente de aquí no acepta
el trabajo. Al menos una gran parte de este pueblo, entre ellos
muchos expertos que se han mostrado en contra del proyecto desde
el principio; están en contra de que se realice el sueño de su padre en
Tindaya, para que acaben los sueños del Monte.

Por último, algún día nos tendrá que mostrar cómo se puede vaciar
un monte sin dañarlo. Podría ser posible que esto sea la que pretende
la empresa Investigaciones Guadiana, gracias a nuestro dinero, en las
fantasías audiovisuales que han presentado. Pero no se puede ir en
contra de la realidad, y para poder entrar en las entrañas del Monte
Sagrado de Tindaya lo tendrán que desollar, dejarlo en carne viva y
desangrarlo poco a poco, para extraerle el corazón. Una pequeña
agonía, que acabará con una vida de miles de años. Y todo por un
sueño que se ha convertido en una maldita pesadilla. Si tiene
dignidad, pare esta salvajada.

Con atención, y agradecidos para siempre, miles de voces, cientos de


huellas, brujas invisibles y la memoria de un pueblo”.

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