El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

1ª edición en Libro Amigo: marzo. A. Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S. S.Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann. 1981 Traducción: © Editorial Bruguera.1979 ISBN 84-02-07775-7 . A. .

Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas. diría yo.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. incluso en Francia. donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. Es. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. sincero. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. Tal vez los escritores lo sepan. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. para ser fieles a la vida. como hizo Mark Twain. Lo primero es como la vida misma. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . en los ratos libres. Quienes lo han hecho. natural. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos.

De . un estudio de una habitación. y comíamos tortas de avena. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. inclinaciones. se dirigían a mí. costumbres y vicios. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. sin decir nada. debo decir. Cuanta más hambre. como mujer independiente que sólo escribía por placer. todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. Con frecuencia colaborábamos. como les ocurre a los presos. poetas. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. Era una maison muy artística. Irremediablemente pobres. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. Ahora bien. tuve que buscar trabajo. por donde caían hambrientos. Aun siendo distintos en carácter. a sus amantes y a sus amigos. En Nueva York todo el mundo se endurece.afecta esto a sus vidas. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. discutíamos y compartíamos la obra en marcha. Muchos jóvenes escritores. ansiosos y obsesionados. He tenido que ocuparme de muchas personas. a sus sentimientos con respecto al mundo. se hace más cruel. más ganas. de muchos problemas. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos.

semisoñada. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. en mujerzuela. mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. con demasiada frecuencia. Los hombres que duermen junto al East River. Es una mujer velada. en el Bowery. uno se convierte en vagabundo. Por mi parte. si se pasa demasiada hambre. Desde luego. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. se dice.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. no tienen vida sexual. poetas. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. . escritores o artistas. en portales. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa.

por debajo del nivel de la calzada. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. A su esposa no le importaba. . Era artista y allí no había luz para trabajar. que daban a un patiecillo sofocante. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. cuando Manuel salió a la terraza. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. Manuel se entristeció.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. En aquel lugar bajo tierra.

se dijo Manuel. Entonces. como nunca se había visto. cemento y madera. además. Daba saltos por todas partes. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. esperando el momento adecuado. Mientras pintaba. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. contento y cambiado. A la mañana . Pero se contenía. reparaba. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. llegada la noche. sucias y abandonadas. hay luz para pintar. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. encogiéndose de hombros. pero cuando. En este nuevo sitio podría pintar. Manuel puso manos a la obra. cementaba y martilleaba. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. una terraza. Manuel repitió: —Pero hay luz. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. Fue presa de un ligero temblor. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera.Manuel las estuvo mirando unos momentos. como el hombre que prevé grandes placeres. En un día. y. Nunca le había gustado trabajar. Compró pintura. Las paredes estaban blancas. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. las puertas cerraban perfectamente. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. Quería mudarse de piso inmediatamente. un carro trasladó sus pertenencias. gracias a la luz.

cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. El recreo era a las diez en punto. pero después del colegio. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. Al cuarto día. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. Manuel tenía miedo de que se . Allí. Las chicas rieron. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. Se puso colorado. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. pero no se apresuró. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. a las diez. empujadas por la curiosidad.siguiente. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. en medio de los pájaros. en la terraza. Todas las mañanas. Manuel salió a la terraza. que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. El patio del colegio estaba animado. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. Regresó y colgó la jaula al aire libre. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. cada vez estaba más excitado. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. varias subieron al piso. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. Pero en lugar de deshacer los paquetes.

en cuanto se tendía al lado de una mujer. con sus enormes ojos. sacudiéndolo como si fuera un bombón. en cuanto terminara el colegio.presentara Thérèse. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. una de pelo largo y rubio. —Perdonadme —dijo—. Sólo una. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. tengo que hacer pipí. Las dejó cuchichear y mirar. Cuando se percató de la chica vergonzosa. Aquello había sido bastante por hoy. Manuel estaba de espaldas a las chicas. Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. para que pudieran verle. con los ojos muy grandes. y la cuarta esbelta y vergonzosa. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. Mientras estaban mirando los pájaros. la vergonzosa. ofreciendo su infatigable pene al espejo. una fruta o un regalo. Quería alcanzar su placer con prudencia. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. Manuel tuvo que abotonarse. Dejó la puerta del servicio abierta. Por eso. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. familiarizarse con el lugar. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. otra con tirabuzones. pero veía por encima del hombro si le observaban. si bien era cierto que le . ella volvió la cara. volvió la cara y le miró fijamente. la tercera regordeta y lánguida.

que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. tan abundantes. si no aquello hubiera sido para él un paraíso. donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. los laberintos sin puertas. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. los pequeños quioscos redondos. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. desde donde le veían agarrándose el pene. de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. entonces todo se echaría a perder. de las mujeres perfumadas y chic. frecuentaba los pissoirs de París. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las .fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza.

besándose y peleando. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. y escaparon corriendo.escaleras. las chicas lo vieron todas en el trance. De repente se abrió el quimono y. picoteando. Manuel se había puesto un quimono. por accidente. perdió la cabeza. . lo abrió más. cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. como pajaritos. Los pájaros se estaban portando muy bien. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad. Todas se asustaron. Al volverse. Manuel se puso detrás de las chicas. En lugar de cerrar el quimono.

Había luna y veía con claridad los caminos.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. aislado. escondiendo la cara en la almohada. Era un chalé metido en el bosque. pero no cerraban bien. de forma que pudo mirar dentro de la habitación. y. dejando sus huellas en la arena. Eran las dos en punto. Vio que en uno de los chalés había luz. se detuvo. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. Pero cuando la fricción lo acaloró. El lugar. Se levantó de la cama y miró el reloj. Se acercó sin hacer ruido. Se revolvió en la cama. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. se puso bocabajo. una ciudad costera de Normandía. Las persianas estaban echadas. como si antes hubiera sido el escenario de una . ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. repleta de almohadas y colchas revueltas.

su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. que aún no la había tocado. desnudo y con las piernas cruzadas. Luego. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. poco a poco. Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. empinado y agrandado. y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. El hombre no se movió. arrodillada sobre la cara. sacando el estómago. y trataba de alejarse. doblando la cabeza. retorciéndose delante de este pacha. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta. ella saltó con gran agilidad. también desnuda. un hombre. como para contener su frenesí. se acercó lentamente y. Louis vio el sexo del hombre. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. se lo ofrecía.gran batalla. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. De haber seguido más tiempo. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. recostado como un pacha en su harén. Después. colocándose encima. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza. muy tranquilo y satisfecho. Pero ella se mantuvo a corta distancia. Al quedar él encajado debajo. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. a quien Louis sólo veía la espalda. y una mujer.

ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. La sonrisa de él. Anduvo más de prisa. Sólo entonces le vio ella. era deslumbrante. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. Al principio se quedó inmóvil. imitándola. Él se acercó. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. Se sonrieron mutuamente. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. Echó a correr hacia la rompiente. la hermosa cabeza y la sonrisa. y eso no quería hacerlo. ya no sintió miedo. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Al llegar a la orilla. que andaba a pasos ligeros y airosos. Nunca la alcanzaría. Y Louis. Más allá estaba el mar. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. aún de noche.. rozándolo y sobrepasándolo. Era una mujer. Ella lo dejó. y también la de ella.ardiente deseo como fuera. por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Él fue nadando hacia ella. Y entonces vislumbró una figura delante de él. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella. . Llevaba puesta una especie de capa. cuyos rítmicos movimientos oía.. De pronto.

. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. agachados.Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. Él corrió detrás. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. Había estado rebosando de deseo durante días. los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. Ella le pasó su calor. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. vientre contra vientre. El deseo no volvía. pero le gustaba sentirla. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Quería tomar a aquella mujer y no podía. resplandeciente y riéndose. Entonces se acercaron el uno al otro. chorreando. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. No te muevas. Estoy muy bien. Nadaba con el sexo erecto. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Rieron. Louis estaba profundamente excitado. Sus cuerpos yacían juntos. Curiosamente. su voz estaba llena de ternura—. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. El calor de la carrera volvió a encenderlo. Louis estaba confundido. el vello sexual enzarzado. Ella lo tocó. y su deseo se fue amansando. Se sentía profundamente humillado. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Luego. sonriente y húmeda. súbitamente le abandonó la potencia. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. —Hay mucho tiempo —dijo ella. como si fueran a pelear. ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. en el momento en que más la deseaba. Ella yacía esperándolo. Entonces.

Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. los pechos abundantes y muy erguidos. lo cogió y lo metió entre sus piernas. con ternura. El miembro se rebulló. la otra removía la cabeza del pene. Louis miraba la mano. Una mano le acariciaba los testículos. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. brillante a la luz de la luna. la amplia sonrisa de la boca. su carne cálida. una y otra vez. demorándose alrededor de la punta. igualmente hermosos. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca.Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. Al abrirse el sexo de la mujer. Ella seguía frotando. acercándose. el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. Los dos cuerpos. recorriéndole de pies a cabeza. se doblegaban a la frotación. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. Louis vio brotar la humedad de su deseo. el abundante vello púbico. ancha y roja. sentándose apoyada contra él. se redondeaba alrededor del pene. —Dame la lengua —dijo ella. los cabellos largos. Estaba sentado en la postura de Buda. Luego. Lo frotó suavemente contra el clítoris. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. Lo lamió suavemente. Sin dejar de frotarle el pene. la encantadora piel pálida que resplandecía. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. El pene se estiró. y gozaba con el contacto. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. .

Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. estirándose hacia ella. como si fuera a alcanzarla. Él temblaba dentro de la mujer. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. sácala —dijo ella con voz ronca. Y al seguir andando. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. La mujer esperó. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. esperando. llevándose las ropas. yendo ella delante. No cogió inmediatamente el pene. abriendo su ser. abierto y expectante. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba. —obsesivamente. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. Le dejó jadear como perro en celo.. se pusieron en pie y anduvieron. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos.. Finalmente. . y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. Ella mantenía la boca abierta. Rodaron juntos largo rato. Se arrojó sobre ella. El miembro se puso duro. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. Ella volvió a gritar: —Sácala. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. sácala. Él obedeció. Pero tampoco ahora pudo correrse.—Saca la lengua.

no la dejaría hasta haberse corrido. Él se mantuvo arriba. palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. Una vez lo detuvo. Me gusta así. Ella estaba muy excitada. ella sostenía en la mano el pene erecto. aturdidos. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. la caricia de la boca del hombre. Luego vieron una casa y se detuvieron. Esta vez.—Sí. repitiendo muchas veces. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. con el amanecer próximo. no obstante. no te corras. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. descansando. la mujer le contó una historia. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. Sin mirar a Louis. Los dos aullaron al unísono. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla. quería contenerse y esperarle. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. Por entonces vivía en . adelantando ligeramente el vientre. de pie. cuando estuvo dentro de la mujer. Avanzaban como borrachos. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. la arena cálida contra su piel. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. la caricia del viento.. Quería correrse. fumando. pero despacio.. pero. Mientras andaban. Echados de espaldas. almohadillándolo.

cuando no había nadie. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. El reo apareció con los ojos vendados.Montparnasse. Ella había esperado con los demás. Luego. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. dadas las grandes pasiones que había despertado. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. poniéndose de puntillas. por primera vez vería morir a una persona. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. La gente la aplastaba por todas partes. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. emborrachándose. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. la multitud se dirigió hacia la plaza. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. fascinada y aterrorizada. y formó un círculo. Allí se quedó. podía ver. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. durante la Revolución. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. al igual que todos sus amigos. De todas formas. apretada contra el cordón policial. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución. muchísimas veces. Hacia el amanecer. en una placita cercana a la prisión de la Santé. Pero en el caso del ruso. . afrontando el proceso con gran valor religioso. Aguardaron en pie toda la noche.

tan clavada la tenía la curiosa multitud. lo guiaron por la escalera del patíbulo. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. la presión no era desagradable. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. casi no se podía mover. Luego. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. Contuvo la respiración. Ella no hizo el menor movimiento. Dos guardias cogieron al hombre y. La mano se detenía. Al mismo tiempo. por si protestaba. con destreza y rapidez inesperadas. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. lentamente. No se movió ni volvió la cara.El verdugo estaba dispuesto y esperaba. su deseo duro contra su propio culo. En medio de la palpitante multitud. antes de pasar al siguiente botón. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. . Tenía el cuerpo enfebrecido. De cualquier forma. En su estado tembloroso y excitado.

saturado de sueños sensuales. vio que la mujer se había ido. Sin decir una palabra. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas.. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. . y así la perdió. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. El cuerpo de ella tembló. Lo sentía caliente. el pene avanzaba un poco más. Al despertar. firme y duro contra su carne.. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. se desmayó. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. que era vida. conforme el miedo se convirtió en placer. Casi dejó de respirar y. en algo humano. el pene se estremeció dentro de ella. abriéndose inexorablemente su carne. Louis descabezó un sueñecito. cálido y consolador. La multitud aplastaba al hombre contra ella. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. vertiendo su cálida vida. Después de esta historia. el ruso dobló la cabeza sobre el nudo.a cada latido del corazón.

Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . por los cafés y por los parques. lo sofoca. Dijo que se había comprado el camisón para un amante. Se compró un camisón de blondas negras. Está celosa de todo. Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. Las mira con una extraña mirada de rabia. se avergüenza. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. la boca ávida. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad. Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. igual que el mío. de los amores de todos.Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. la mirada provocativa.

Todos sus gestos eran desordenados y violentos. las orgías y las danzas africanas. interiormente se sentía inhibida. Mientras se vestía. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. como si hubiera un león en el cuarto. poco convincentes. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez. dábamos paseos.aureolándole salvajemente la cabeza. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Todo el resto de su cuerpo era suelto. Pero no era un ser libre. simulando no haberme . Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Si su boca. —¿Por qué? —le pregunté—. Nos sentábamos en los cafés. Me gustaba verla arreglarse para la noche. dejaba caer la camisa. Hizo todo lo posible por seducirme. Lo suyo era la jungla. Me puse triste. Le gustaba que nos besáramos en la boca. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo. Acostada. íbamos de compras. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Eso significaba citas secretas. Desayunábamos juntas. provocativo. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. Tenía ojeras y un gran desasosiego. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. Hans y Michel.

Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. Sus escenas me iban agotando. te mataba —decía. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. Cuando Hans la vio. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. Yo me enfadaba. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. que se rindan. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Odio verte con hombres. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. cubriéndose luego. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. Lina. estoy perdida. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. y durante un momento quedaba desnuda. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. y entonces paraba. Si me abandonas. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. No quería lastimarla. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos.oído entrar. Quiero que quieran. —¿Qué quieres. —Si fuera hombre. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes.

—He quemado un incienso japonés que da sueño. Más adelante. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. Yo me reí. Lina quiso abrir la ventana. Lina tenía los ojos semicerrados. Parecía un hermoso animal. El incienso nos iba adormeciendo. —Tráela y la hipnotizaré. Sonreía maliciosamente. La atmósfera erótica la turbaba.—Tienen algo que yo no tengo. —Pero yo querría tenerlo. pero una clase de incienso que yo desconocía. Él había quemado incienso. Querría tener pene para poder hacerte el amor. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Luego se quedó dormida. Se sentó en el canapé forrado de piel. un animal cuya captura bien valía la pena. . Tenía la voz dulce y envolvente. Vi que Lina escuchaba. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. —¿Qué has hecho. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. Fuimos al piso de Michel. Contaba historias de sus viajes. Ya verás —me había dicho Michel. Lina aceptó. Él sonrió. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. Es afrodisíaco y no es peligroso.

Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. Había cruzado las piernas. Empezó a acariciarla.Lina no estaba completamente dormida. a desnudarla. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. Mantuvo su boca en la mía. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. . con los ojos cerrados. Cuando Lina y yo salimos a la calle. A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. Él mordió los pezones. Al día siguiente abandonó París. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. Se lo permití. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido. pero le causaba placer. Lina sólo quería el pene. Lina se irguió en el asiento. acariciándome con la boca y las manos. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. Se tiró sobre mí. esta vez por detrás. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. Michel volvió a poseerla. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. hecha una furia sexual. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. pero se mantuvieron firmemente cerradas. cogidas de la cintura. firmes y redondeadas. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. Tenía unas hermosas nalgas.

Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna.Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. La otra. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. Una era rechoncha. graciosa y delicada. Lo hacían con gran secreto. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. con los ojos húmedos y brillantes. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. Lawrence. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. al igual que Edna y Jack. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar . sin aventurarse más. Tenían dos hermanos. A pesar de eso. morena y vivaz. Jack y David. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. Dorothy era la fuerza. H. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz.

Aun así. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. el primer hombre que realmente había conocido. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. . ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. Luego. y a las esposas la de los maridos. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. un deseo de protegerlos. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. de repente acabaron los juegos. Con el fanatismo del inquisidor. El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. y también en facilitarles sus intrigas. Dorothy estudiaba escultura. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. El puritanismo se reafirmaba en la familia.cometiendo los mayores delitos sexuales. Prescindió de acariciar a las hijas. Como jefe social del crucero. Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal.

de ojos castaños y ardientes como los de un animal. No se daba cuenta de que aquello era amor. Entonces se presentó Robert. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. en su atractivo. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. y lo que vio fue un hombre cuarentón. En parte por ganas de vengarse. . le impidió la efusividad de su amor y su deseo. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. con el pelo clareándose. La trataba un poco como a una hermana mayor. Ella lo hechizó completamente. hasta que un día. Se sintió humillada. No había demostrado la menor emoción. Lo cual le paralizó el ánimo. Mientras la desnudaba. Estaba fascinado por la voz de Edna. Desde la primera noche. Compartía con Edna el amor al teatro. moreno. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. aunque no sabía por qué. le pareció que no la poseía a ella. encantado por su suavidad. Edna regresó del viaje alejada del marido. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. Sexualmente no la conmovía.Se casaron. sino a una mujer como cientos de otras. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. de treinta años. Le renovó la fe en sí misma. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. sintió que no era deseable. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía.

gozarla. No había tensiones. de ceguera. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. de adoración. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. la coartada eran los estudios de arte dramático. de sólo vivir para las manos. momentos equívocos ni mala voluntad. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. todo era lo mismo. la boca y el cuerpo. Fue un período de embriaguez. pero siguieron besándose y acariciándose. Él la tomó sobre el sofá del decorado. sus gritos de asombro. la incitaron y ella floreció entre sus manos. tomarla. con torpeza y prisas. La telefoneaba a todas horas para oírla. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. en secreto. de absoluta seguridad. les entró polvo en la garganta. Cayeron al suelo.estando entre bastidores. Para Harry. y Robert tuvo una segunda erección. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. escuchándole y dándole sus opiniones. Sus palabras de alabanza. Ahora era libre durante seis meses. Su amor nunca era violento ni cruel. la hacía arder por todas partes. imponer su capricho ni herir con la . Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. representaron un beso interminable. Edna y Robert estaban siempre juntos.

Pensó que Robert era la causa y le odió. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. Cuando los tres estaban juntos. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Edna ocultaba sus sentimientos . La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. No creía que aquello fuese amor. Vio lo que le ocurría a Edna. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que.fuerza o el deseo. muchos hombres se inhibían. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. en su presencia. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. la voz terráquea. utilizaba palabras gruesas. blando y oscuro. las piernas robustas. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. bien que no puritana ni escrupulosa. que la mordían y confundían. empequeñecían y languidecían. todo hacía pensar en sus propias obras. Hizo la guerra a Robert. Se mostró cortante. No. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. los rasgos firmes y cincelados. mordiente. donde había estado trabajando de escultora. como si buscaran su fuerza. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. Sólo los tímidos se le acercaban. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. por humillarle y destruirle. Era franca como un hombre. su misma naturaleza dura y fuerte. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. Pero seguía siendo inexpugnable. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert.

al despertar. Y Robert. Los pechos bailaban con sus movimientos. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. durmiendo. En aquella puerta había un espejo. —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. Se sujetó el pelo en alto. Entró al baño a lavarse. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. Harry había vuelto a irse por seis meses. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas.respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. como un soñador. Dorothy guardaba silencio. Una mañana. Dorothy vio que Edna salía de la casa. mirando por la ventana. no se preocupó de cerrarla. ni lo pensaba siquiera. Entonces. Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. se encontró contemplando este . Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. creyéndose sola. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. Tenía un cuerpo magnífico. limitándose a vivir en el romántico presente. se maquilló la cara.

la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. Cuando todo hubo concluido.espectáculo desde la cama. Dorothy fue presa de un extraño temblor. ella volvió a atraerle. de su cuerpo. Robert no pudo aguantar más. ardía. Fue una especie de continuación de su lucha. la vehemencia con que lo recibía. Cayeron el uno sobre el otro. . un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. rompiendo su virginidad. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. Robert medio la arrastró. aumentando el dolor. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. Dorothy seguía visible en el espejo. Robert había descubierto una sensación más fuerte. Se había inclinado para recoger el peine. Apartó los cobertores. de las manos. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. Dorothy no hizo ninguna exclamación. después del primer dolor. la mordió. Ella ni se dio cuenta. de doblegarla a su voluntad. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. medio la llevó en brazos a la cama. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. Donde él la tocara. del hombro. De pronto todo su cuerpo se encendió. Al cabo de una hora. pues ella se defendió. de la boca. Al acercarse él un paso más. Robert estaba desnudo. Al poseerla. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia.

Ella continuó viéndose también con Donald. No sabía cómo mirar a Edna. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. Edna lo siguió. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. una sensación de vacío. Temía que Robert intentase quedarse con ambas.Después. porque se parecía a Robert. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. Donald. de aniquilamiento. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. No le diría la verdad. se lo confesó todo. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. que se veía obligado a disimular constantemente. Luego se fue de viaje con Robert. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . sin pensar en el daño que hacía. Rogó a Dorothy que le acompañara. llevado por la necesidad de tener una madre. Poco después. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. Inició una relación con un joven americano. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. Dorothy fue a París. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. para verla retorcerse en la exquisita tortura. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. Estaba desgarrada por los celos. avanzando hacia su boca. lo que le paralizaba. Robert fue a París a reunirse con Dorothy.

pero no podía. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. Dorothy se desmayó. Y ahora llevaba una máscara. Edna llevaba flores y era la . como una aureola que la envolvía. su voz era como una canción.que él la rozara con la punta del pene. amenazándola con suicidarse. sin embargo. En pocos días se había convertido en una anciana. les bastaba rozarse por la calle. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. Edna fue a París el día de la boda. Edna no contestó. para ser presas del deseo. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. Dorothy desfalleció al verla. para correrse con el contacto. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. El cabello era mortecino. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. Le gritó. Se apretaba contra ella. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. Un mes antes estaba resplandeciente. Se limitó a mirar fijamente. Debajo no brillaba la vida. Cuando hubo terminado. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. Y ella también aprendió a atormentarlo. Encima de la máscara había puesto polvos. encantadora. aunque fuese andando. para sufrir hasta la última gota de amargura. La boda fue fantasmal. amenazando a Dorothy por embaucarlo.

Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. Robert y Dorothy partieron de viaje. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. y quizá liberarse y volver a Robert. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. la tensión de haber visto a Edna. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. pensó él. Después. Dorothy guardó el secreto. Luego la mujer se puso a gemir. Dorothy lloró por la noche. La noche siguiente ocurrió lo mismo. de la boda. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. En su . La vida le había abandonado. Era como si hubiese muerto. Y la otra. Simulaba sentir placer. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. Robert probaba acariciarla. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. Se acostaron. de la escena que le había hecho Donald.auténtica imagen de la muerte. Es la tensión. debido a que los buenos estaban llenos. Dorothy procuró ocultárselo. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo. Estuvo tierno y aguardó.

Sabía que te atraía. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. no podría acabar con su vida. Luego su rostro adoptó una expresión . cuando me dejabas. Intentó volver a encontrarse con Donald. Donald arqueó las cejas. que me dejaras y te fueses con Robert. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. te doblaba y te retorcía. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. Pero Donald había cambiado. que intentara borrarlos de tu cuerpo. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. Por eso respondía. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. debías coger un taxi para irte con él. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. aunque no hasta qué punto. Pedías violencia. Edna no podría privarla de eso. en París. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. Una vez te hice sangre. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. Tú sabes cómo te hacía el amor.interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. Donald la miró. cómo te reventaba los huesos. Luego. Y me volví loco y quise matarte. Se había endurecido y cristalizado.

. Ahora. y otro arrodillado delante de ella. me quedaré. —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. así debieron ser las cosas entre tú y Robert.. Dorothy se disponía a irse. derritiéndote. les ofrezco bebida. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo. quédate unos minutos.. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert.. Ellos ya conocen mis gustos. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. a preparar más copas. Luego voy a la cocina. con las faldas levantadas. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. Invito a determinados amigos escogidos. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. ve un rato al . mirándola o besándola. Posiblemente es una especie de recuerdo. No quiero más amores. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas. si quieres.. Ellos no se dan cuenta de mi presencia. se sientan en mi habitación. »Cuando vuelvo. o bien él sentado en el sillón y ella. donde tú estás sentada. mis pequeñas predilecciones..irónica. En cierto sentido.. Pero se percató de algo que la hizo detenerse. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha. y los dejo solos un rato.. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción.

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

.era Robert quien la poseía.

de cejas pobladas. golpeándolo. Duró varios días. la melena espesa y oscura. espléndida de cuerpo y testa. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. Durante el día iban solas. Yo siempre la miraba con admiración. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. sino que avanza en remolinos. Vivían una especie de vida hipnótica. La alta era hermosa. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie.Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. girando enfebrecidamente. envolviéndolo a uno. batiendo las . con el pelo corto y la cara redonda y festiva. No sólo es caliente y seco. No eran alegres. Su secreto me preocupaba. Una era pequeña y aniñada. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer. la otra parecía un vikingo. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. Entonces llegó el siroco africano.

sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. No se puede dormir. Entramos en la casa juntos. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. Me senté con ellas en una gran habitación circular. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. La mujer debía tener esa sensación. Las dos mujeres iban delante de mí. no se puede leer. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. rompiendo cierres. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. no se puede estar tranquilo. La más joven nos dejó para hacer té. no se puede pasear. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. hecha de piedra y con muebles campesinos.puertas. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que . pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. secándolo todo e irritando los nervios.

Así era como me las había imaginado. Hasta cierto punto. Me cepillaban el pelo. encorvado. creía yo. encontré una casa adorable y exquisita. Era alto. yo estaba enamorada de la idea de China. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China.el viento empujaba. pues comenzó a hablar. . Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. Su vida en China había sido difícil. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. pero parecía mayor. de unos treinta y cinco años. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. con los ojos gachos. Casi no podía verlo como un hombre normal. escribir y hablar su lengua. Cuando él se enamoró de mí. Me servían como esclavas. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. me enseñaban a arreglar las flores. »En seguida nos fuimos a China. llena de sirvientas. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. en un sombrío confesionario católico. a cantar. con adoración. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. Habló como si estuviera en un confesionario. Al llegar. Yo me casé con China.

bajos. «Intentó consolarme y animarme. En la semioscuridad. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. los cuerpos estaban completamente enmarañados. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. le rogué y le supliqué. de modo que al principio no dormía nada bien. Los lechos eran duros. que lo acariciaban.. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta.. y no sabría decirte la razón. y tú eres tan grande. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola. Yo me puse a llorar. Me casé contigo porque me enamoré de ti. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto.. Al principio no comprendí lo que era. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. cuando estaba en la cama. pero los tabiques eran como de cartón. Mi aparición las espantó. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. vino a mi lado y .. Incluso me acarició. con una delgada colchoneta. »Al día siguiente. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo.

«Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. que no volvería a desear las mujeres chinas. Me juró que así era. pero cuando vi que gozaba. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. Pero le permití tomarme de esa manera. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. fuerte. Salíamos juntos. Al principio dolía. dejé que siguiera. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. Por último. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. un hombre alto.me dijo. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. que me trataba como a otro hombre. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. pese a ser de goma las espinas. »En el hotel conocí a un escritor americano. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. Él no escatimaba ninguna . muy activo. Decidí huir de él. Bebíamos y explorábamos Shanghái. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. pero no tuve valor para cerciorarme. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. como a un camarada. atendiendo a los ruidos de su cuarto. Pero me pasaba las noches despierta.

Cogí el aparato. Nos dejamos caer sobre la cama. y luego sobre la cama. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. Al apretarnos el uno contra el otro. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades.clase de trucos. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. »—Eres como una tigresa —dijo— . aprovechándose de mi postura sobre la cama. Como fuera. Hablaba y hablaba. Luchamos durante largo rato. Nos reímos juntos. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. Mientras. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. había descubierto dónde estaba. Tomamos otra copa. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones. Me sentía libre. Creí que me iba a romper la espalda. con mis piernas alrededor de su cuello. El placer era tan agudo . olía su cuerpo. era la voz de mi marido. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza. había conseguido bajarme los pantalones.. Me gustaba su fuerza y su peso. Jadeábamos. con la cabeza colgando y rozando las losas. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla.. Eso me gusta. Él me cogió en el suelo. retorciéndonos unos con otros. Yo jadeaba tendida de espaldas. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. y me besaba y amasaba los pechos. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa. La camisa me colgaba por fuera. me mordía entre las piernas.

La mujer se sentó. Pero ella se mantuvo en silencio. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla.. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. Sentía curiosidad por su joven compañera. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. Fui presa de un diabólico impulso. «Empecé a viajar con él. Yo pensaba que se iría. Al rato me fui. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. cuando nos encontramos en la oficina de correos. Estoy viviendo con otra persona. Hablé de todo con mi marido. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. «Recordé todo lo que me había hecho. Me sentía feliz. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. En realidad. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo.que prolongué la conversación. . en la habitación contigua a la mía. Al otro día.. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel.

la Maja desnuda de Goya. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. y además absolutamente burguesa. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. la primera noche María temblaba de placer. Novalis la miraba con los ojos apretados. De pie junto a la cama. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. era española. además era católica. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. En primer lugar.La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. Fueron a vivir a Roma. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. . admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita.

admirarla. despreciada. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. Lo que pedía no era un capricho de amante. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. algo enfadada. poco a poco. Libre de velos. le dijo. Durante las semanas siguientes. sino el deseo de un pintor. Las manos del hombre. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. Ella se rió. de un artista. dejándose tratar como una niña. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. querido Novalis —dijo—. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. Me estás haciendo daño. María se resistió. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. —No seas tonto. Debía superar sus prejuicios burgueses. coaccionadas por el temor a herirla. Ven a la cama. Me haces cosquillas. se fue entregando. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. Pero él insistió. con mansas protestas.quería verla. Sobre las tensas sábanas. acalorándose. ofendida en sus profundos prejuicios. nunca posó para él ni le . Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. —Eres tonto. Pero. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. El arte se mofa de semejante modestia.

Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. Él trabajó durante horas sin pausa. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo. Apartó las sábanas que la tapaban y. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. Agotada por la vehemencia. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. Una tarde que entró de repente en el estudio. tuvo una extraña ocurrencia. fue levantando el camisón de seda. Más tarde María hizo una escena. escuchando y espiando detrás de las puertas. lentamente. y discutiendo a todas horas. Con franca inmodestia. Además. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. y comenzó a padecer insomnio. se quedó dormida. Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. tan dormida que casi no se movía. negándose a posar. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. para que nadie pudiese reconocerla. Pudo subirlo por encima de los .permitió tener modelos. por unos instantes perdió la vergüenza. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño.

pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. María estaba pasmada por la obsesión. Novalis siempre alteraba el rostro. siempre tendida. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. En lugar de eso. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. Se encerraba en el estudio durante días enteros. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. trajo papel y lápices. opulenta y apacible. La pintaba sin respiro. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. estiró el camisón. abandonada. Mientras trabajaba. lo contempló tanto rato como quiso. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. De este modo le hizo varios cuadros. siempre durmiendo. tal como había estado el primer día que posó. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. Más tarde. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . La deseaba cuando estaba dormida. Pudo proseguir durante un par de horas.

María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. Notaba una incipiente erección. Se acercó a la puerta. Ahora empuñó el pene con su propia mano. lascivo. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. estaba su marido desnudo. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. No había el menor ruido. Fue de puntillas al estudio de Novalis. Se restregaba contra la pintura. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. Lenta y silenciosamente como un ladrón. para ver en medio. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. la abrió. Se revolcaba como nunca lo había . Observando la pose sin limitaciones. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. las piernas abiertas. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. con el propósito de arrebatarle esta caricia. la casa parecía desierta. Cuando llegó. a pasar una semana con unos amigos. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. y con el pene erecto. besándola y acariciándola entre las piernas.cálida le recorría todo el cuerpo. pero sólo cuando lo pintaba. como ella no lo había visto nunca. restregándose contra el cuadro. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. y encima. Se fue al campo. desnudo y con el pelo alborotado. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella.

Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. .hecho sobre María. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. voluptuosa y bellísima. por sobrepasarlos. Ante este espectáculo. la propia sensualidad contenida de María se incendió. desnuda. libre por primera vez. Al quitarse las ropas. le reveló una María nueva. abandonada como en los cuadros. una María iluminada por la pasión. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido.

. como les ocurre a muchas mujeres chinas.Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. Yo tenía dieciocho años. tales como mal humor o rebeldía. no era como las chicas de mi edad. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. de escribir con elegancia. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica. Nunca había salido sola con hombres. de arreglarme bien el pelo. de tener una conversación inteligente. por supuesto. de mantener las manos blancas y delicadas. de leer los mejores libros. nunca había leído más que novelas literarias y. de cantar y bailar. Era lo que se podría llamar una persona protegida. Este fue el resultado de mi educación europea.

Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. Cuando llegamos al club. en broma. Se puso contenta de verme. Sabía danza española. respondiendo a toda clase de anuncios. sobre mí y enumerando mis cualidades. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. Hablándole. pero no los nuevos bailes populares. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. Sabía lenguas. Los artistas se inscriben en el club. en la calle Cincuenta y siete. Rara vez había estado sola en Nueva York. decidí ponerme a trabajar. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. había . Te presentaré en el club. Ahora recorría las calles. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. Mi amiga se puso en pie de un salto. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. En ninguna parte inspiraba confianza. Ya sé lo que puedes hacer. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. —Ya lo tengo —dijo—. Es una especie de refugio para chicas. sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. pero no sabía escribir a máquina. Pues bien. donde se les conoce. Es cierto que tu cara es poco corriente.De repente. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. aunque sólo fuese una apariencia. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. que así no tienen que ir de estudio en estudio.

Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. al estudio de un miniaturista. los pintores hablaron con nosotras. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. a la una. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. al estudio de un ilustrador. Fui recibida con aplausos. Estaban preparando la función anual. a las cuatro en punto. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. ya no parecía la misma. Fue como un baile de máscaras. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. El ensayo estaba en marcha. mi anuncio de que era modelo sentó como una . También había mujeres que pintaban. Todos los años. No resultó difícil. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile.gran animación y mucha gente. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. Vi un nuevo ser en los espejos. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. En casa. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. y así sucesivamente. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje.

A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. —¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. me sentía algo así como una puta. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres.. pero eso era todo. —Debe ser difícil meterlo —dije. Aquella noche hablamos en la oscuridad. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. En realidad. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. Esto no se lo había mencionado a mi madre. Mi madre lloró un poco. —En fin. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. de manera que se desliza fácilmente. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa. . pero por dentro estaba satisfecha. Pero ya estaba hecho. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta.. —No —dije yo—. —No. porque la mujer se humedece antes.bomba. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. Eso me pareció repulsivo. Y para mi gran asombro.

a mí nunca me violarán. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile. con las ropas desgarradas y ojerosas. —No hay sangre —decía una—. Pocos meses antes. de aspecto . para lo que me estaba preparando. Creo que no ha entrado. La otra lloraba. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. detuvo el coche. me pregunté si era eso lo que temía. Inmediatamente se metieron juntas en el water. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado. mi acompañante. El primero tenía unos cincuenta años. John. pensé para mí.En ese caso. Las acompañamos a su casa. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. era calvo. Las dejamos entrar en el coche. desgreñadas. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. o más bien. me mataré. Mientras mi madre hablaba.

Las tres horas pasaron de prisa.bastante europeo y con bigote. De nuevo había que posar. me besó en el cuello. Me vestí y adopté la pose. como si fuera una escena de teatro. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. que ella era insoportablemente celosa. vi la cara del pintor asomándose sonriente. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. —¡Qué rico! —dijo—. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. que no le permitía pintar desnudos. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. —Qué mala suerte. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. que no dije nada. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. Dijo que se había casado con su primera modelo. Tenía un hermoso estudio. ¿Posas desnuda? —No. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. Había más . Al terminar el baile. El pintor hablaba durante el trabajo. y porque se servían almuerzos baratos. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. Al echar la última prenda interior sobre el biombo.

Veo tantos. No conseguí hacerlas hablar. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. Vi que no llevaba bragas. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. No quiso que me moviera. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. Al inclinarse para tomar medidas. —Me gustaría pintarlos —dijo. Me tiró del chal casi hasta la cintura. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. La mantuve. que no me interesan. Ponte un chal o lo que sea. me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. No se movió cuando entré. haciéndose señas unas a otras. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. se echaron a reír. Al día siguiente fue el joven ilustrador. el chal resbaló y aparecieron mis pechos.chicas y estuvimos charlando. Llevaba la camisa con el cuello abierto. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. Lo que hacía era para la portada de una revista. Cuantas . te lo aseguro. una especie de gesto incitador. Siempre poseo a mi mujer vestida.

he dibujado millones de mujeres. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. La próxima vez haré un dibujo de piernas. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. —Tienes unos pezones muy bonitos. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. No estaba posando. La mayoría son de un color parecido al cuero. Hizo un apunte de las piernas. ¿verdad? Son sonrosados de natural. El martes tardó más en ponerse a trabajar. Me ofreció un cigarrillo. Yo estaba sujetándome el chal. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. Estábamos en silencio. No necesitas pintártelos. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. Él siguió sonriendo. así que me alejé enfadada. Hablaba. Eso fue todo por aquel día. Eso me molestaba. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. Levanté las faldas por encima de las rodillas. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . Y apago las luces. —¿No es divertido? —dijo—.más ropas lleva. Luego se puso en pie. mejor. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Los calienta. porque en absoluto había sentido placer. Me tapé. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo.

para saltar a nuestro automóvil. del ruido.en mitad de la boca. Al mismo tiempo. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. me deslizó una mano bajo la falda. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. pero en realidad me había dado placer. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. quitarnos las máscaras y . Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. a pesar de no estar enamorada. de la excitación y la alegría. Yo estaba enamorada de Stephen. Yo lo empujé con violencia. Rápidamente. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. Cuando lo rechazaba. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. ocurrido. Eso le hizo sonreír. hacia un año. Recuperé la pose y no dije nada. Unos amigos nos llevaban en automóvil. Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. lo hacía por costumbre. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans.

Luego desaparecieron entre la multitud.. Los vestidos de raso me daban escalofríos. Me gustaba ver que la gente me miraba. Solía quitarme las ropas en las fiestas. vamos.. A veces los acaricio. Ahora no puedo esperar para quitármelas. Y cuando poso para toda una clase de artistas.. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Disfruto de mi propio cuerpo. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. A mí me encanta. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. Me encantó. Me siento hermosa. Me gustaba exhibir mi cuerpo. lánguida y turbada. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. Disfruto mientras me miran. Siempre me llevaba un chasco. que es como si me estuvieran haciendo el amor.. Una vez hice striptease. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. El beso me dejó lánguida. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas.. Eso me excitaba. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera. el placer es tan grande.besarnos mientras mi tía daba un grito. Una de las modelos más adorables. pero que tenía un cuerpo soberbio.. es tan. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Pero sé de otras chicas . cuya cara no era especialmente bella.

Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. Yo estaba incómoda. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—. Era quien sabía cómo debíamos disponernos. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. no nos invitarían luego a fiestas. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. una chica y un hombre. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. si todo el mundo lo ve. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. Cuando los hombres pintan o dibujan. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido.. El hombre no me gustaba nada..que no sienten lo mismo. Siento que es completamente impersonal. Cada una de las veces que el hombre . Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas. muy en decadencia. y que es muy excitante. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. Tuvimos que repetir muchas veces. Me situó en postura de besar.

yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. Estaba ofendido. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. De una u otra forma. debía decírselo.interpretaba el beso. pensé en Stephen. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. porque . Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Su mirada se volvió burlona. —¡Más pasión. Pensé en nosotros en la playa. no interesan a nadie. no había necesidad de meterme la lengua en la boca. desde luego. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. las chicas jóvenes de tu edad. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. Yo lo hacía mal. El ilustrador comenzó otra escena. Oyéndole hablar. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. estirados sobre la arena caliente. En Europa. Ahora quería convertirme pronto en mujer. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. Quería que me tomase. de menos de veinte años. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. El hombre repitió el beso. Eso no. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. Están en el colegio o en casa. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. Sabía que Stephen me amaba.

Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. —No me importa el matrimonio. —¿Te gusta posar? —dijo. Stephen me besó. por unos campos oscuros. Todo lo cual se lo conté a Stephen. —Quiero casarme contigo —dijo—. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. Stephen —dije—. pero no puedo hacerlo en este momento. Adoro estar con pintores. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. Deseaba que me hiciera mujer. Pasó el momento. buenas o malas. Él estaba orgulloso de mí.. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso.. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. te hacen el amor? —preguntó Stephen. Es variado. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. quería ser poseída y conocerlo todo.. las historias que cuentan.. —Lo adoro. Él creyó que era un simple ataque de ciega . nunca igual. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. —Poséeme.. Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. poséeme. Muchas veces tenía que posar de noche. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. —¿Te. Tenía más trabajo que ninguna del club.entonces se pondría muy nervioso. —No. ver sus obras. Poséeme. me gusta la atmósfera del estudio. Se quedó absolutamente pasmado. si tú no quieres. —Pero.. Es una verdadera aventura.

eran retratos de actrices. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. Le pregunté quiénes eran. por ejemplo. esas manos delicadas. Tú. Él se dio cuenta y me concedió un descanso.. Me fui a casa. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. En su mayoría. Acepté. Es la única manera de acercársele. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. Es europea y le gustan las complicaciones.pasión. Era demasiado trabajoso. ésta exige romanticismo. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. —Ésta.. como los místicos de la India. Era de mañana y el edificio parecía desierto. El estudio estaba en la planta trece. Tenía medio hecho el cartel. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. que había perdido la cabeza. Me respondió detallando sus gustos sexuales. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. No parecía prestarme atención. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. Renuncié a mitad de camino. Lo pone difícil. por lo mucho que cambian. con tu . a la cama y lloré. »He conocido otros ángeles del sexo. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. Es maravilloso verlos cambiar. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Cuando llegué ya estaba trabajando. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. cómo cambian cuando los turba el deseo. Me cansé.

Si estás casada. Luego. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. a las criaturas idealizadas y veneradas. Nunca me engaño.. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. eres virgen. No estaba asustada. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. Tú eres virgen. Puedo asegurarlo. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. tu marido aún no te ha hecho mujer. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. La primera vez que . cambian. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. en animales. estoy casada —dije. He visto cambiar tanto. a mi deseo de iniciarme en la vida. ¿no es verdad? —No. que guardé silencio. y las creyeron endemoniadas..aspecto de que nunca te han tocado. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera.. Los ojos cambian. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. —Casada o no. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo.. puedo imaginarte mordiendo y arañando.

si ven que una mujer disfruta con el sexo. Si un hombre es capaz de hacerse amar. en realidad. Sonreí. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. Después puso el . No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. entonces ella se sentirá atraída por él. Pero sólo si tú quieres. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. Me gustaría ser el primero. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. a lugares alejados en todas direcciones. es falso. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. En realidad. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. Sólo puede ocurrir si quiero. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. a la playa. sentí lo maravilloso que sería iniciarte. —Eso es precisamente lo que estaba pensando. Creo que es una superstición.te vi. y no quiero. si es capaz de excitar a una mujer.

Hay muy pocas modelos buenas por allí. —Sabes. que no sabes aspirar. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. —Ay. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. que no vas a ser una compañía muy complaciente. carretera adelante.. —Había entendido que me querías para modelo. preparándome—.. sabes. Te sentará bien. Tendrás que aprender a disfrutar un poco. Volvió a reírse e intentó besarme. Te he pagado el viaje. Así que fui. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . Yo me alejé.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. Aquí no se trabaja tanto. y estoy aquí solo. —No me gusta aspirar. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. ay —dijo—. —Ay —dijo—. —De momento no es una modelo lo que necesito. Ahora. toma el humo de mi boca y aspíralo. Hice como que me disponía a marcharme. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. Estoy seguro de que estarás ocupada. que vivía. —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. Me hizo toser. riéndose—.

y no conocía a nadie. Vi a un hombre que pintaba al aire libre. sin mirar lo que tenía alrededor. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. dejando tras sí el fuerte . nadie te dará trabajo. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. Se sentaba a la sombra de un árbol y. Dijo que intentaría ayudarme. Pero Ronald ya les había rendido visita. Así que me recibieron con frialdad. Una vez. pero no podía disfrutarlo. Su andar era indolente y sus gestos naturales. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. Hablé con él y le conté mi historia. con increíble velocidad. como si yo hubiera engañado a alguien. pero de la maleza salió. Era un ser solitario. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. trabajando de marinero para ver países exóticos. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. una mujer desnuda y salvaje. Nunca iba al pueblo. estando con sus amigos en la jungla. No le creí. a no ser por comida. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. una mujer. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río. No conocía a Ronald pero se irritó. El país era bello y montañoso. Se llamaba Reynolds. era un hombre de unos treinta años. Constantemente estaba inquieto. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. Si adoptas esa actitud.no saben divertirse. me contó Reynolds. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. Así que empecé a posar para él. de pelo negro.

Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. Estaba asustado. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. más para aplacar el fuego que por deseo. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. al cabo de un rato. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera. Al mismo tiempo . resultó ser muy hermosa. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. enseñando los dientes blancos. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. se lanzó al río y se alejó nadando. Era muchísimo más fuerte que él. Se restregó contra la carne de la mujer. Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. Pero ahora quería subyugarla. sin darles tiempo a recuperar el aliento. La tomó con rabia. Era infatigable y tardaba en excitarse. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. La mujer estaba bocarriba y reía.aroma animal. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. de forma que. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez.

La había pintado en el paisaje. si encontraba a Reynolds. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó.la acariciaba. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. después de dos orgasmos. para huir de un salto de los hombres con escopetas. se dio la vuelta. Cuando se cansó de poseerla. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. siempre le buscaba la mano. Me apoyó contra una caja de madera. la había acariciado antes. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. y su esbelta cintura. pidiendo más. Se reía mientras contaba la historia. con sus pechos abundantes y puntiagudos. con las que me hizo un manto. Nadie. Entonces. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. Entró en la choza y sacó sábanas. Yo no entendía cómo iba a posar para él. Durante el día. por lo visto. Pero él estaba pensando en otro cuadro. de repente. Eso la sorprendió. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. Después de esto. El día . Quería que volviera a poseerla. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. pero él prosiguió las caricias. agazapada como una tigresa. abriendo mucho las piernas. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. pero tendrás que cerrarlos. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. —Será muy fácil —dijo—. Tienes unos ojos hermosos. sus largas y hermosas piernas.

Reynolds estaba a mi lado. la tocó con placer. muy suave. deseando que también la tocaran. Cada vez que su lengua tocaba la mía. echándose sobre mí. su boca . Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. Notó mi humedad. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. besándome. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. pero con tal lentitud que era exacerbante. La mano avanzaba. revoloteando. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. puso su boca sobre la mía. Yo me iba relajando y ablandando. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. muy suavemente. y luego alrededor del culo. Me sentía lánguida e irreal. en una pose tan relajada. Se inclinó sobre mí. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. No me moví. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. sino sólo las puntas del vello púbico. me quedé dormida de verdad. que no me movía. el olor de las plantas que nos rodeaban. hasta que mi propia boca respondió. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. explorando.era muy caluroso. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. las sábanas me hacían sudar y. El calor. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. sólo una caricia. —Sólo una caricia —dijo—. rozando ligeramente los labios. no sé por cuánto tiempo.

Lo cogí con mis manos. —Más fuerte —dijo. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. dormida como . me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. Él sonreía.. Sólo la vi una vez.. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. Meneé la cabeza afirmativamente. Reynolds me cogió la mano y me guió. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos.sobre la mía. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos. tu forma de andar. hasta que el montículo se hinchó y endureció. Al cubrirse. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo. tu cara. Estoy contenta de que lo hiciera. todo me afectaba como una droga. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. Lo besé con gratitud. —Sólo una caricia —repitió suavemente. tus modales. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. sin saber qué quería. —No te enfades —le dije—. Eres tan diferente. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma.

Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado. Los dedos se aceleraban. como si fuera un cazador. Me gustaba su forma de acercárseme. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. Se ríen de mí. Perdía toda la suavidad. el aventurero. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. pero las mujeres me intimidan. incluso las putas. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. Durante diez días trabajamos al aire libre. Una . como sin querer despertarme. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. tendidos al sol. pero mientras eres mi prisionera. En realidad soy tímido con las mujeres. no me hubiese atrevido. Luego me tocaba levemente. Todo eso le pasó a un amigo mío. —El décimo día te llevaré en coche. primero levantaba el traje y miraba largo rato. —¿No? ¿Tú. —De haber estado despierta.en el cuadro. pelear y emborracharme. si tienes que volver. hasta que me humedecía. Puedo derribar a un hombre. Eso lo excitaba terriblemente. A veces simulaba querer algo más. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. A veces. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. Siempre lo contaba. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos.

Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. pero no le importó. . —La pequeña herida que tienen las mujeres. Nunca había pensado en esas cosas. Eso ya lo sabes. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer.. pero. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. Cuando me besaba. Sentía que compartíamos una corriente magnética. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. Nos besamos largo rato. Éramos felices. Por primera vez.. Nos acariciamos. Me da miedo. le hice daño. Pero no puedo poseerte. ninguna otra cosa nos unía. me besó hasta que tuve un orgasmo. la embaracé y tuvo que abortar. Una vez lo hice con una chica. nos untábamos las caras de semen. Me tragaba la espuma blanca. Si te pasara a ti. —¿Eres feliz? —dijo él. —Sí. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. me mataría. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos.vez le mordí. Durante el viaje de vuelta. al mismo tiempo. Murió desangrada. Guardé silencio. —dijo— me asusta. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Te quiero. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha.

me negaba y perdía el empleo. El individuo no se desanimó. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. acostumbraba a decir. La tienda era terrorífica y gris. listas para cambiarnos rápidamente. Cuando pedían nuestro número. qué es lo que dices? —decía Stephen. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. —Es modelo de artistas. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. Había desaparecido. cogiéndome el pelo. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. Esperábamos en combinación. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. No ocurriéndoseme otra cosa. Encontraba trabajo con facilidad. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos.Estaba sin trabajo. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores. —¿Qué pasa. No quería .

que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. dímelo en seguida. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. Era una especie de caballo sin cabeza. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. Me quité las ropas y me monté en el caballo. Le dije que sí. exactamente lo que buscaba. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. —Eso es maravilloso —dijo él—. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. echando el cuerpo hacia atrás. Se montó en el falso caballo para que viera. . como éste. con grandes ojos negros. Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. Tengo dificultades con esta parte de la pose. tapices de seda— y olía a incienso quemado. cuando era joven. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. y sus gestos eran lánguidos y afectados. cuadros de desnudos femeninos. El pintor dio su aprobación. Cuando te canses. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. Se alejó y me observó. El pintor tenía cara de mujer. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. pálida.

esta parte del cuerpo debe verse bien. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. pero no dolía mucho. muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. así que continué. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Saltando en todas direcciones. Ahora está bien —dijo entonces—. —Me tocó un instante. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones.Me estudió por todos lados. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. como si fuera parte de su trabajo. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Mantenla. un placer que desconocía. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. entre las piernas. me hizo unos mimos y me besó. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Aquí. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. que puede rozar el sexo de las mujeres. «para que se ponga . Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. La dejé mirar. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. Aguanté con los dientes apretados. Curiosamente. Comenzó a dibujar. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. Estaba rojo y un poco hinchado. Desde luego.

—¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme. ¿Tú crees que se ha. —No sé —dije—. mi amiga se inclinó y me tocó. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. Jadeaba sobre mí. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor.. —Sólo un poco —respondí una vez. a causa del dolor? Muy tiernamente.. sí que sientes. —¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente. observándome y diciendo: —Maravilloso. muerto. . diciendo: —Ya no parece lastimado. maravilloso. apretando los labios entre los dedos.bien».. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor. —No siento nada. Desmontamos... no siento nada. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. A lo mejor podrás gozar de nuevo. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo. Y de nuevo me consoló.. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No.

y entonces me abandoné al movimiento del caballo. El pintor me observaba atentamente. resbalé hacia delante y. Me puse roja. Para que el pintor viera lo que quería pintar. no podría contener el orgasmo. que había hecho todo aquello para verme gozar. cuando era pequeña. —¿No te gusta? —dijo. rocé el sexo contra la prominencia de cuero.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. El pintor me observaba. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. Pensé que lo notaría y. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. montada a caballo y delante del pintor. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. de seguir. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. por eso. le dije: —Páralo ya. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. dejándome ir contra el cuero. hasta sentir el orgasmo y correrme así. Pero él sonrió y no lo paró. Él supo cuándo debía parar el . El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Le rogué que lo parara. de un placer que crecía. Sí que me gustaba. —Me gusta —dije—. al hacerlo.

y entonces. cuando tengo dificultades. Lena. no hacía ningún secreto de su profesión. Haciendo muecas. La gente llevaba bebidas. Desde luego. Actores. Y mientras. Un guapo joven. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. saldría corriendo. sé que. o camisas de seda. actrices y escritores iban a verla.. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Rondaba por los grandes hoteles. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. O bien descubrían las propias debilidades. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. Le gustaba estar acompañada.mecanismo. con los ojos cerrados. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. que había conocido en una fiesta.. y ya se sabe. la sensación viene a ser más o menos la misma. mientras tengo los ojos cerrados. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. a . sin mirar. Pintaba portadas de revista. voy dándole al sexo de la mujer. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. Muchas veces era invitado a las habitaciones. Tenía la puerta siempre abierta. vestido con gran elegancia. El joven sonrió. Aunque a veces. La conversación era picante y cruel. tomo drogas. —Hay muchas formas de hacerlo. —Ahora descansa —dijo. Poco después fui a posar para una ilustradora.

un poquito. Gustaría a las mujeres. para que lo vea entrando y saliendo. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. coge los pantalones y se pone a estirarlos. impecablemente vestido. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. Es un hombre guapo. casi tocándola.este ritmo. cómo paseará por la Quinta Avenida. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. Entrarán en la habitación. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. y eso le excita. Cuando salgo del apartamento. Su traje dejará transparentar la figura. mi compañero de piso. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. los dedos . mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. envidio a mi amigo argentino. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. »Sin duda. Sabe cómo la agarraría. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. y luego hacer que se vuelva. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. aristocrático y completamente cascado. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. siguiéndola por los ascensores atiborrados. finalmente le hablará. luego irán al hotel de ella. Ella le invitará a subir. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones.

fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. Es una ciudad muy humana. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. mi amigo está empalmado. Se sentó. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. pero las parejas siempre se están besando en las calles. sobre todo París. Y se metió en la alcoba. No sé lo que tiene París. »Una vez que se ha imaginado todo esto. allí de pie. en los cines y en los parques. Y es contagiosa. y eso le excita. porque así se consigue un doble placer. cómo se comportan. No sé por qué será. Lena rió. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. que acaricia mientras está tendido. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. bocarriba y fumando. Se abrazan . planchando los pantalones. y se mete de nuevo en la cama. Eso es lo único que quiere. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. Otro. pero tiene sensualidad en la atmósfera.. Deja de lado los pantalones. Al volver traía el cuerpo libre y suelto.. la plancha y la tabla de planchar. —Hace calor —dijo —. Me quitaré el corsé.aprietan más que la boca del sexo. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. un hombre muy joven. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. en las mesas de los cafés. Me interroga. medio desnudo.

en los pasillos del metro.con absoluta libertad. . mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama.. Todo el mundo está en las calles. la suavidad de la atmósfera. Una amiga mía. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro. Los cafés están llenos. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. »Y no la ayudó. debería estar agradecida en lugar de enfadarse. En los cines hay pequeños palcos. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. en las aceras de las calles.. »Un día estaba en la plataforma del autobús. por la noche.. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina. tan fácil. Ningún policía se mete. En la oscuridad. »A las cinco de la tarde. mirando perezosamente las casas.. En todo momento te vigilan las putas. la cosa se pone insoportable. te tocan. Me parecían como niños.. La mujer estaba encima del hombre. completamente oscuros y cerrados con cortinas. elevando la voz. Se paran para darse largos besos. Me olvidé de Reynolds y de Stephen.. Todo es tan abierto. No lo sé. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. Quizá sea eso. Luego.

—Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. Todo el erotismo sale a la superficie. para mayor comodidad. No tengo que hacerles el amor. Era la misma esencia de la prostitución. Eso hace que me sienta libre. le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo . Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas.La reina El pintor se sentó junto a la modelo. constantemente deseado. llevaba el cinturón flojo. que se entregaba como una puta. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. Era una modelo magnífica. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse.

Medusa debía tener una melena como aquélla. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena.. Se erizaba al tocarlo. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo.fascinante a esas mujeres. era lo más sensual que yo había visto. »De una u otra forma. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección... Lo que constantemente . A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. Es imposible describir los ojos. sino también las venas vivas.. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. Sus ojos. También la piel era erótica. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. Al principio de acostarnos estaba fría.. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo.. Estaba lleno de vida. Era cálido y almizcleño. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. relajada como un animal. lánguida. presente en todas sus actitudes. El pelo de aquella mujer era. El vientre parece estar desnudo. »Pero no era sólo el pelo. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. que traicionaban su excitación. unas venas tan vivas que. completamente quieta. las notaba moverse debajo. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. Era pelo de animal. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. graso y fuerte. para sentir la contracción de los músculos. cuando le tocaba la piel.

capaz de convertir a un hombre en una antorcha. Bijou. de esta respuesta completamente erótica. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. ni en una boca con la que hablar.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido. tan intenso. pero todavía pálida. »Era la reina de las putas.. delante de todo el mundo. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. tan incendiario. con remolinos de locura. Al ondularse. ordenaba la vibración del pene. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. era como la boca del sexo de la mujer. la misma vibración en el sexo masculino.. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. su forma de moverse —para atraer. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo.. como si temblaran con oleadas febriles. como una Fátima oriental. con un placer nunca antes conocido. directa e inmediatamente. provocaba mi secreción erótica. No. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. como si la transmitiera por contagio. con la que saludar. »Como fuera. la vibración de la sangre. por un geniecillo. Era como estar haciendo el amor en público. en la calle. Bijou. con la que formar palabras. Sí.. de aniquilarlo. para excitar—. ni en la comida. Era indecente te digo. con su misma forma. Cuando se humedecía. algo devorador. . como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. y era capaz de expresar todos los deseos. en el café. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. todavía con los ojos ardientes. siempre húmeda. Era una especie de vientre vuelto del revés.

cuando no sabía que iba siguiéndola. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos. Verdaderamente era la reina de las putas. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. andando detrás de ella. las mujeres que irradian sexo por los pelos. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. con el cuerpo ausente de sensualidad. Uno sentía. que seguía dispuesta para la posesión. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. por los ojos. Si reía. veía que hasta los rapazuelos la perseguían. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa. »Las mujeres irremediablemente sexuales. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. a la vista. no se sentaba impasible. con el vientre pintado en el rostro. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. en la cama. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. »Por la calle. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. incluso mientras comía..»Por las noches.. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. y cuando jugaba a las cartas. se ha hecho que. Todo quedaba descubierto. Se ha hecho que los labios. que acariciaba el mundo entero. al igual que ciertos plumajes de colores. . su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. como si dejara a sus espaldas un olor animal. no se ponía nada. en la pose de su cuerpo. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células.

Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje. Por eso. »Las otras. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. Aún más.. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte.por la nariz. como si fuera una actividad sagrada. cómo cuesta encontrarles el animal.. los brillantes dibujos se movían con ella. La pintaba amorosamente. como si fueran latigazos. con este objeto. »Al moverse. enmascarado. Lo han diluido. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. como un mar grasiento con corrientes subterráneas.. Bijou era infiel por naturaleza.. Cada curva me . de manera que huele como si fuera otra cosa.. Hubiera podido sentarme. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. Ella estaba de pie y desnuda. Lo deseaba. quizá. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. perfumado. al principio. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. por la boca y por todo el cuerpo.. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos. adorándola. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. ésas son las mujeres que me gustan. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. patinar y darle por detrás. como el lomo de un caballo de circo. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. vino a mi estudio horas antes del baile.

Los tatuajes se habían corrido. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. en apariencia. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. en los ojos. No me toques. de laca. En ningún momento me miró. . »Y me dirigió una sonrisa. Bijou iría completamente desnuda. Era un orgasmo colectivo. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. Cuando esté seca.producía placer. Seguía de pie y sin moverse. Ahora parecía la reina del desierto. El baile estaba en su apogeo. Me permití besar el sexo sin pintar. con una hoja de parra. »Claro está. Y Bijou no me había esperado. Pero ahora no.. Tenía un brillo duro. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. serás el primero. Sacudió los pendientes. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel.. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. Al ir de un lado a otro. se cubrió con una capa y se fue. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. pero. Te esperaré en el baile. seguía faltando el sexo. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura.

Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. Vivieron juntos varios años. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. hablando de alguna experiencia anterior. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. cuando le hubo acariciado. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Hilda vivió la misma experiencia. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata. Viendo que él seguía impasible. o bien echándose en el sofá.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. comenzó a hacerle la corte. le ofrecía la boca. Hilda se . comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. profundamente unidos. O se sentaba en sus rodillas. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero.

de la pintura que le ensuciaba las uñas. Estaba borracho. que la dirigiera. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. A veces se quedaban tendidos y hablaban. Perdió todo el recato y toda la timidez. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. ella se sorprendió ante la . la miró como si fuera un gran león y ella el domador. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. cejas y cabellos como el carbón. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. de ojos. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. durante una fiesta en Montparnasse. pero no así los hombres. Así. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. Pero verla le produjo una honda conmoción. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. Ella aprendió a ser activa y descarada. Complacía a aquel hombre porque le amaba. de la melena negra sin peinar.habituó a su ritmo sexual. él no hacía ningún movimiento de acercársele. Él se ponía boca arriba. que dominara su sexualidad. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. poco a poco. Una noche. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. aguardando y disfrutando. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. se puso en pie. Por otra parte. su propio estado de ánimo. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. ya que de natural era muy femenina. Sin embargo. Hilda conoció a un pintor mexicano. un hombre grande y moreno.

Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas.imagen de demonio del pintor. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. el techo. La cama colgaba en la parte trasera. En la fiesta de aquella primera noche. Rango estaba de pie. Rango andaba con las manos en los bolsillos y . Respetaba sus leyes. inquieto. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. Pintaba en los estudios de los amigos. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. cogiéndoles los óleos y las telas. La música era lánguida y relajante. suspendida cual litera de barco. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. era un vagabundo y un aventurero. cerca de las antiguas barricadas. El mexicano era grande. abandonando luego los cuadros y marchándose. un poco más alto que Hilda. nunca hacía el amor a las gitanas. aunque sus amigos ponían la música. Las ventanas eran de arco. Rango no sacó a Hilda a bailar. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. que por entonces se estaban desmoronando. muchas veces hechas con pollos robados. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. Hilda dijo que sí. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. destructivo. y la miraba con fijeza.

les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. Ahora estaba sobrio. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. en la carne color oro viejo del hombre. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. pero ella. sentado entre las ropas. Iba a la sombra de Rango. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela. más menuda. Había dos guitarras. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. El camino era de tierra. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. Llegaron a las chabolas de los traperos. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. Él cogió una y comenzó a tocar. La cama estaba destapada. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. el mismo magnetismo. la única manta se arrugaba a los pies. Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. con tejados muy pendientes y sin ventanas. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. Hilda no habló. Las velas arrojaban grandes sombras. podía estar completamente derecha. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. con la cabeza tan despejada como la noche.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. Era demasiado alto para el techo bajo. de besos muy .

tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. De pronto. Lo vio enfadado. . La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. y encendió otra vela. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. muda e impávida. —¿Qué he hecho? —preguntó ella. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. Las grandes mejillas. como tragos de vino. en el cuello y en los hombros. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. ofendido. haciendo eses. Luego. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. —¿Qué he hecho? —repitió ella. orgulloso e intocable. en medio de la oscuridad. Quería hacerle comprender que era inocente. En la oscuridad. en las pestañas.cálidos y rápidos. Chisporroteó y se apagó. con los que le traspasaba su aliento. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. Parecía humillado. Se puso en pie. La vela se iba consumiendo. Tenía los ojos enfurecidos. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. Cada beso. La besó detrás de las orejas. Ella estaba ciega. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. ya no sonreían. la hebilla de plata fría. Y tenía la boca apretada. le aumentaba el calor del cuerpo. Permanecieron largo rato tendidos. Hilda no entendía qué pasaba.

Entonces él sonrió. ante su ceguera.. —Has hecho un gesto de puta —dijo. Las lágrimas no afectaron al mexicano. —Comprendo. Yo. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado.. quiero que sepas una cosa. Luego se detuvo. no sólo por haber perdido a Rango. esa mujer lloraba ahora incontroladamente. un café frecuentado por mulatos.. una sensación de haber sido gravemente injuriada. Rango se sentó más cerca. Él había elegido un rincón . Estuvieron en el Café Martinique. Rango escuchaba. Cogió la guitarra y tocó para ella. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante. que me obligaba a comportarme como. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. —Al principio —continuó ella— sufrí.. La sobrecogió una profunda vergüenza.. Bebieron pero no la rozó. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba. con ironía. De pie. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. Una mujer no siempre hace lo que quiere. transformado por el amor de un hombre.. sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado.. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda.. Una persona me enseñó. leía y fumaba.. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel.. boxeadores y drogadictos. cambié toda mi forma de ser.

recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente.oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. Los hombres dormían. curioseando sobre la forma de cerrarse. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. Se levantó para correr las cortinillas. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. a plena luz. Sin un respiro. Y volvió a besarla. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. Estuvo torpe con la falda. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. Con mayor pericia. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. Mientras se besaban. Ahora. tan pequeña —murmuró—. Ella se derretía en aquel beso. —Eres tan delicada. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. La estuvo palpando. Le sonrió. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. Otros se disponían a partir hacia el sur. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. Se detuvo a estudiar las ligas. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. Y luego la desvistió. que no puedo creer que tengas sexo. pero al fin la desabrochó. despacio. Ella sentía el pene duro contra el vientre. y la desvestía como si fuera su primera mujer. pero él lo puso hacia abajo. . Le besó los pies. el lugar estaba animado. Le abrió las piernas sólo para besarla. le retuvo la boca en la suya y no se movió. quitándole las medias con delicadeza. besándose sin cesar. besándole la boca una y otra vez.

Rango le recorría el cuerpo. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. Hilda gemía de placer y dolor. meterse el pene entre las piernas. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. reprimiendo cruelmente el propio deseo. por su impaciencia.. La mano seguía entre las piernas de ella. privada de satisfacción. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en . y todo se confundía en su boca y su aliento. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo.. En la espera. Era como si disfrutara reprimiéndose. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. el pelo a sándalo. ya el sexo.Hilda se asombró de ver lo que hacía. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. besándole ya la boca. A su lado.. la piel como el cedro. por su primera actitud de tomar la iniciativa. a obedecer sus deseos. cayó sobre ella y se durmió como un niño. tan pequeña. No eres de verdad. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho.. Eres tan delicada. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. Estaba tan vibrante que no podía dormir. que era el doble que el suyo.

dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes. la sumisión a su deseo. siempre. estaba ciegamente decidido a doblegarla. a los roces. yacían el uno junto al otro. Un día que paseaban juntos. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. . perdió el tacón de un zapato. con el pelo revuelto. sin demostrar deseo ni impaciencia. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. Rango tuvo que llevarla en brazos. Una y otra vez yacía pasiva.realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. Era un demonio abatiéndose sobre ella. el reino de la emoción y la atención. de una conciencia erótica como nunca había tenido. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. se desnudaban. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. Había descubierto un nuevo reino. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. a la misma atmósfera. Se encontraban una y otra vez. a su hora.

debes llevarte dos sombreros.El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años. —No obstante —dijo el tío de Laura—. con sólo inclinarte. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. las mujeres eran accesibles y complacientes.. Era parecido a un cerdo muy pequeño. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. recordaba. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. con la misma frecuencia y facilidad.. —Pero lo recogeré. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos. Contaba. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. El viento puede arrebatarte uno. No quiero ir cargado de equipaje. riéndose. —¿Por qué? —preguntó el amigo—. con el hocico . un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. ¿no? —preguntó el amigo.

la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. Dos minutos después. que vestía suntuosas faldas de raso. y un velo sobre el pálido rostro. El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. pero un coqueteo contenido y digno. muy al estilo de la antigua galantería. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. presa de un ataque de histeria. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. Se veían las colinas. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. mujer muy reservada y dominante. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes. Ella era viuda. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . Un día. según el tío.enormemente desarrollado. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa.

un gran perro policía se le subió de pronto encima. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. al mismo tiempo. Esta historia había asustado a Laura. Iba vestido de obrero. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. y con el morro metido entre sus piernas. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. Jan era un artista que se reía del hambre.propietaria. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. Laura gritó y lo espantó. con pantalones de pana y chaqueta de piel. Veía el pómulo. Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. husmeando y olfateando las ropas. del trabajo. riéndose de una u otra historia. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Pero. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. de la . un día de las vacaciones. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. Al salir. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. con las faldas arrugadas. Luego. y el chanchiquito parecía agotado.

de algo que ya esté en el techo. sólo cuerpo. Había llegado al difícil momento. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. Mientras estuvo posando. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. miraba el techo. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. Ella se había echado en la cama. todo cuerpo. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. de hacer las extremidades.. . con la pintura picada y el enlucido irregular. dormir hasta la hora que le diera la gana. veía toda clase de formas. La casa era muy antigua.esclavitud. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. Laura sonrió. como si fueran los pies y las manos de un tarado. La paleta cubierta de pintura todavía húmeda. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. Al observar. Dejó el dibujo como estaba. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad.. si ves lo mismo que yo. demasiado pequeño para su peso. de todo. no viéndola como persona. que no le gustaba. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. la manera de sostenerse sobre el cuello. sino observando la forma de la cabeza.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

Albert resultaba una especie de libertador. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. La servían hermosas mujeres de color. haciéndose mimos y . que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. La primera noche no la poseyó. Sostuvo que era una prueba de amor. Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans. en el otro extremo de la ciudad. sino conquistarla lenta y morosamente. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. Cuando se casaron. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. tendidos de espaldas en la cálida noche. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. Albert la trataba con suma delicadeza.

que hacía sobresalir los cachetes del culo. la marcada curvatura de la espalda. pequeñas corrientes que la mantenían despierta.dándose besos. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las . Fay se sentía lánguida y drogada. perdiéndose en la melena larga y espesa. que eran tan perfectos como las manos de Fay. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan. en la espalda. dijo. en el nacimiento de los pechos.. en los brazos. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. lo reverenciaba con palabras de adoración. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello. De este modo. en el cuello. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. no intentó llevar adelante un abrazo completo.. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. en las piernas. Cada lugar que besaba. en los hombros. la firmeza de sus nalgas. y luego llevaba la boca a otro sitio. Al carecer de experiencia. cuando el marido se iba.. y la boca del sexo y los labios.. «Como a las mujeres de color». se quedaba inquieta y no podía dormir. Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. Luego. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. descubriendo una nueva sensibilidad.

Luego un ruido la alarmó. Al principio la paralizó . Se sentó desnuda en su nebulosa cama. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos. Fay estaba sorprendida del control de Albert. un gemido rítmico. Le palpitaba todo el cuerpo. descendió la gran escalera y salió al jardín. de su recato. También él pronunciaba voces confusas. como el de una mujer sollozante. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. Una noche. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. Era un gemido. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. la boca llena y siempre entreabierta. Tenía la sensación de estar en un sueño.japonesas. Y entonces. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. A Fay no la vio nadie. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella. una gotita de miel le brotó del sexo. encerrándola como si fuera un tesoro. El perfume de las flores casi la aturdió. Anduvo lentamente. cuando gemía. Ella no dijo nada. como de costumbre. la dejaba. Los quejidos eran quejidos de placer. presos de la violencia del placer. Fay no podía dormir.

el dolor. pero aceptó. la torturaban las dudas. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado. Fay estaba dispuesta a obedecer. Aquella noche Fay se convirtió en mujer.. . Y empezó a besarla. un movimiento delicado. Tienes cuerpo de ángel. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. Le bastaría susurrar unas palabras. regresó a la casa corriendo. Había esperado que la enseñaría. Albert hizo un movimiento de alejarse. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. Él seguía besándola. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. Se sentía condenada por su propia feminidad. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado.. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. esperando. Le había dicho que la estaba conquistando. Al principio estaba asustada. para demostrar sabiduría y sutilidad. Albert hubiera podido enseñarla. por su inexperiencia. La mano. al hacer un secreto de su dolor. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. Sabía que él era mayor y que ella era inocente. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. Pareció sobresaltarse. una curiosa mezcla de juventud y madurez. Le tocó el pecho. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. llegó al pene. para salvar su felicidad con Albert. lentamente. Mientras la besaba. Luego. Luego las caderas.

retrocediendo y besándola a modo de reparación. mojada. Soy una mujer. Ella estaba tensa y silenciosa. durante lo que le pareció toda la noche. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Le daba miedo salir de su habitación. sombras que se abrazaban. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. Albert. fracasando. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. —Espera un momentito —decía él—. La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. El pene se le empalmaba. Luego Fay sollozó. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. Veía la tortura en los ojos del hombre. Quiero que me ames como a una mujer. Le . sólo un momentito. porque Albert intentó poseerla y no pudo. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano.La rabia. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. que lo intentó muchas veces. subiendo las escaleras. deseosa y expectante.

sin besos ni caricias. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. Aunque rara vez salía de compras. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. y estuvo escuchando. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla. Luego la besó y la acompañó al dormitorio. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. Quien salió no era Albert. Se echó a llorar. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. Finalmente. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. sino uno de los jardineros de color. como en un juego. las manos y el cuerpo. los guardó bien en el bolso. . Siempre le habían gustado los olores. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. En la operación. Se abrió una puerta. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. la poseyó. satisfecho. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego.parecía oírlos a todas horas. Fay se restregó contra él con todo su peso. que estaban en una casita independiente. Al llegar a casa. Albert la estaba esperando. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. riendo. los olores de los muelles y de los almacenes. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas.

Y el hechizo se había roto. .

Volveré a ver a Mary. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Marcel. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. Mary estaba echada en la cama. Me gustan los que flotan y bailan. Nueva York. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. El lujo me calma. Veo a Lilian. mi amante. con crema en la . Quizás esta vez no me mostraré tímida. la gran ciudad babilónica. Apoyo los pies en mullidas alfombras. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. Ya no la amo. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. pero estoy en una cama muy blanda. me enfebrece. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. Al llegar. Yo estaba libre.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos.

. hombre ni mujer. . Al día siguiente de vernos. Estaba embadurnada de crema. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero. Eso me contrarió. Le despertaron celos y dudas. El marido nunca se recuperó de esas historias. Vamos juntas al cine. Tiene los ojos grandes y líquidos. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. Se desvaneció mi deseo de besarla. el pelo. en las piernas y en los hombros. y su vida en común se fue haciendo insoportable. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. Mary estaba escapando de su marido. Ahora la volvería a ver. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. letárgica.. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. Es lenta. luminosas. En la oscuridad. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad.. me coge la mano. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años.cara. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable. Es todo curvas y morbidez. las mejillas. Al principio de su matrimonio. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. pasiva.. Se había casado con él sólo para que la protegiera. porque se había quemado en la playa. rubio y lujurioso. En realidad nunca había amado a nadie.

dormía con todo el mundo. Entre nosotras existe una corriente de atracción. No me permitirá conocer a su marido. Yo estoy descubriendo sus disimulos. Siempre está sonriente y alegre. Necesita vivir en una atmósfera sexual. ajena a la experiencia. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. lejana. Ambas compartimos el amor por las galas. Es su clímax. una corriente puramente física. Tiene miedo de que lo seduzca. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. Pero nunca está libre por las noches. Actúa como si estuviera dormida. Le gustan los sitios adonde van los actores. Ella es muy perezosa. No le avergüenza hacer nada. Soy tan vergonzosa. siempre dice: —No lo conozco. Nunca he visto una mujer más pasiva. se siente irreal. muy lánguida. no he dormido con él. pero. . por dentro. Conmigo sí es capaz de hablar. aunque no siente nada. pero no es capaz de hablarlo. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. en realidad casi puramente vegetal. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. por los perfumes y por el lujo. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama.

Me doy cuenta de que busca tentarme. Pide un whisky. era muy hermoso en la cama. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. —Pero me gustan —digo yo—. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. —Son demasiado gruesas —dice. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. Sale del cuarto de baño sin secarse. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. mirándose las piernas—. Pero no es cierto. Me gustan. Son como piernas de los Renoir. dejando que el quimono se abra. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. Lo acaricio suave. Parece tan abierta y húmeda. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. Luego decide darse un baño. incluso a sí misma. no puedo seguir conteniéndome. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. sí. Me coge el quimono. . me dijeron una vez en París. como una colegiala.O bien: —Ay. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. muy suavemente. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Parece tener unos veinte años. pero por dentro está hecha pedazos.

no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. abierta como una flor. salados y maravillosos. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. Ahora. a mariscos frescos. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. Es rosado y fresco. Puedo morderlo. meterle la lengua. como terciopelo y raso. abierto y mojado. el vello del pubis sigue empapado como algas. Tan tierno y tan hermoso. debajo del clítoris.—El zorrito plateado —digo—. Mary no se mueve. pero quiero que sienta un gran orgasmo. Le beso el clítoris. por la forma en que sus piernas se extienden. besarlo. Mary. todavía húmedo del baño. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. Parece el sexo de una jovencita. como una camelia. El sexo le sabe a mariscos. como los pétalos de una rosa. el zorrito plateado. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. ofreciéndome todo su sexo. tan invitadora. Abre las piernas y me deja verlo. Metida entre sus piernas. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. Goza cuando le toco el clítoris. por el aspecto que ofrece su carne. Parece a punto de sentir. Ella comienza a gemir un poquito. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. como si nadie lo hubiera tocado nunca. Tiene la boca tan húmeda. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla . y así deben estar también los labios del sexo. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto.

Con el dedo siento la palpitación de su placer.gritar de placer. Se derrumba jadeante. bebiéndose los jugos salados de mi boca. mis dedos le aprietan la carne del culo. se desplazan por su rotundidad. Ella comienza a gemir. De pronto Mary se estremece. Le cojo el culo con las dos manos. siente mi ritmo que se acelera.. qué me has hecho. como si fuera una gran fruta. Mandra. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. Sus pechos caen sobre mí. Mandra.. mientras repite: —Ay. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. A Miriam da gusto mirarla. Yo lo meto más. por sus formas. A cada movimiento. Es como ir en barco. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. latiendo en éxtasis. —¡Ay. y lo levanto. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. los H. es una Brunilda. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. qué es lo que me has hecho! Me besa. de grandes . qué me has hecho. dos. tres veces. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. que se desencadena una. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. El río es un ser vivo. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. a ondularse. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo.

en Roma y Florencia. Miriam está. Me trata como a un objeto artístico. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. en un diván de raso rojo. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. inmensos poufs de raso morado. reunidas con juguetón esnobismo. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. Su marido. objetos estilo rococó.pechos. con las piernas cruzadas. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido». como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. necesito ambiente y calor para florecer. Paul proclama a voces mi natural goyesco. mesas con escondrijos para poner flores. . y me lleva corriendo al salón para exhibirme. rápido y divertido. Opina que yo soy hermosa. que soy artificial. Para lo cual. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. Su belleza se me sube a la cabeza. es pequeño y de la raza de los duendes. se desnuda completamente. Los H. Se desviste y anda desnuda por la habitación. mi flor roja del pelo. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. cosas absolutamente chic. Paul. Su belleza es natural mientras que yo. El mayordomo negro abre la puerta. nosotros estamos por encima de todo. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

Se había dado cuenta de que no era una prostituta. Un día. . pero con aturdimiento. —Vaya. no tengo dinero ni dónde dormir.La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. y sus formas eran juveniles. —Me he escapado de casa —dijo. Jean. vente conmigo —dijo Jean—. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. La chica apenas tenía dieciséis años. Yo me llamo Jean. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. llevaba el pelo corto. nos llevaremos bien. Ella lo siguió con increíble docilidad. Te daré de cenar y una habitación. —Entonces. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. con los pechitos muy puntiagudos. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. como los muchachos.

Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. Le dio un beso educado e inocente. y le hizo sentarse a su lado. Jean no sintió deseo. con sendas camas dobles. Al principio. Estaba sentada en la cama. Este no había vuelto. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. Ella asintió con la cabeza. Entonces Jean se excitó más. Se estiró a su lado. mientras él la observaba echado de espaldas. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. Jean comenzó a enseñarla a besar. ella se . Ella obedeció. —¿Te gusta? —le preguntó. sino una especie de piedad. Le prestó un pijama.El piso tenía dos dormitorios. Sus labios eran inexpertos. La forma como lo había besado no era una prueba. oyó que le llamaba. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. la condujo al dormitorio y la dejó. pero que excitó a Jean. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. Entonces. con aspecto de niña aburrida. Ella parecía complacida. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita.

Le hizo mover la lengua y sacudirla. La chica era una buena alumna. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome.levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. cómo restregarse contra su . Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. Progresaba de prisa. Ella respondió con pellizquitos y besos. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. lleno de incredulidad. Pero nunca me deja verlos. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. —No —dijo la jovencita muy seria—. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Eso le encantó. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. Pero siempre he querido hacerlo. Por eso me he escapado. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Jeanette lo observaba con gran interés. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. Después. Tendré que verlo. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. Luego. cuando se tomó un descanso. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. le exploró los pechos. Los besó y los manoseó.

Me ha dejado agotado. Al cabo de ocho días. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos.pecho y excitarlo. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. En realidad. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. el zurear de palomas.. se percató de que Jean se iba cansando. y además Jeanette. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. Se detuvo. como el zureo de las palomas. Así que almorzaron juntos. en primer lugar. Pierre se quedó en el piso. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. ser virgen. Pero no había conseguido sacarle la dirección a . Y al otro. Jeanette fue a despertar a Pierre. y le preguntó si iba a almorzar. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. A mediodía apareció Jeanette. debía estar buscando superarla. oyó los gemidos de una mujer. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. con mucha timidez. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Los gemidos eran rítmicos y luego. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. al otro lado de la puerta.. Estaba alarmada. al pasar por delante de la habitación. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. a veces. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. Pierre llegó a casa a media noche y. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. Es insaciable. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. —Sabes —dijo Jean—. teniendo presente a la madre. Era tan apacible como un ratón. Pierre no pudo evitar oírlos. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad.

tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. fastidiado. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. intentando comer. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. se quedaba mirándolo. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. y en el fondo el olor de su feminidad. con sueño e indiferente a la jovencita. el olor fuerte y amargo del pelo. a la vez ácido y dulce. como una mezcla de limón y miel. de debajo los pechos y los brazos. que parecía un perfume que la envolviera. Así que simplemente se alejaba. Llevaba un traje muy fino. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. cogiendo libros y dejándolos. llamando por teléfono a la policía.Jeanette. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. . Ella vagaba sin rumbo por el piso. indefensa. su aliento. las pocas gotas de transpiración del cuello. Era un perfume complejo. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. en silencio.

Tiró de Jeanette hacia sí.De pronto. suave y acariciante. Él levantó el ligero vestido. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. volvió a excitarlo. adivinaba dónde . con tal temor que el deseo murió. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. el sexo de la mujer encerró el pene. La visión de las medias. Como si fuera una vaina. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. Eso le encantó. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. de manera que no hizo nada por reanimarlo. Pierre languidecía. a mitad de sus fervientes caricias. A Jeanette la sorprendió ver que. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer. cayó presa de la duda. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. Sintió desprecio. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. repentinamente. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. Pierre sintió que la potencia le volvía. Se quedó bocarriba. el deseo del hombre se afirmó con violencia. y se preguntó si también él podría. En cada movimiento de Jeanette. su habilidad y su potencia habituales. que descendían enrollándose. Pero esta vez. viendo y mirando el cielo raso.

lleno de dudas. le introdujo el miembro con violencia y. se acercó el sexo. pero en silencio. se puso de rodillas para mejor trabajarla. le mordió los labios. pero no decía nada. Luego se detuvo. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda.quería que la tocase. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. ella dio un salto pero no dijo nada. La levantó. —Dime cuándo quieres. Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. de gozarla. Ella jadeaba y se deshacía. como si estuviera esperándolo. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. por la mitad del cuerpo. con sólo la punta. pero Jeanette se mantuvo en silencio. Su deseo había . A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. luego. pero seguía sin abrir la boca. Jeanette le sonrió y se abandonó. —Sí —dijo ella. retiró un poco el pene y. Ante este contacto. una voz de aprobación y de aliento. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. le acarició los pequeños pechos. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. Pierre esperaba su voz. le besó el sexo. Pierre le tocó el culito. Cuando se apretó. atrayéndola.

podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. si venía y me encontraba aquí. disfrutas. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. Pierre disfrutaba comprándole ropas. sino también a otras mujeres. pues. habla. Con este fin. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. venga. dilo. Le vio en la cara una expresión de frustración. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. habla. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. Se sentaba tranquilamente en una silla. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. Pensaba que. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. porque era demasiado infantil. Se llevó una gran sorpresa cuando. ¿no te gusta? Te da gusto. pues. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. si te gusta. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. si al menos no me oía. al volver. Claro que disfrutaba. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. grita. dilo. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. . no sólo a Jeanette. Pero si me oyera. disfrútalo. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. Pierre se sorprendió. —Claro que me resultas atractiva.muerto dentro de ella. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento.

Veía fragmentos de hombros. de piernas. parecía tener luego por quitárselo. que le apretara el escote. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. las ligas. no contentándose hasta que. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. Dentro del nuevo traje. cepillándose el pelo. Hecho lo cual. las medias. que aprobara los botones. se apretaba contra Pierre. En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. porque él lo bautizara con su deseo. y fumaba. y también entre la . para ver cómo se le ajustaba el vestido. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. Llevaba los zapatos de tacón alto. —¡Mírame! —decía—. por arrugarlo. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. no caía en los brazos de Pierre. por entregárselo a Pierre. restregones y revuelos. quería encerrarse en la habitación. de espaldas desnudas. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas.cara a los vestuarios. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. Y cuando al fin llegaban a casa. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. entre arrumacos. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease.

rigidez y complacencia. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. pero no pudo tocarle las bragas. La cogió al pasar. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. Luego vio a Pierre. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. dejando al descubierto su jugosidad. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. de frialdad y calor. Esta vez la poseería a cualquier precio. Tal como estaba. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Quería librarse de ella. Jean la vio lanzándose a sus brazos. Ella seguía enfadada. Pierre le cerró el camino. Y él se dio cuenta. de los zapatos contra los pies desnudos. desnuda y con las bragas. de sus botones contra los blandos pechos. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. que la había seguido. . En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. Jean comprendió. Pierre admiraba su ligereza. De manera que la rechazó y los dejó solos. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos.cintura y el pequeño sostén. Pierre intentó calmarla. La lucha era agradable. Quería desnudarla. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. Le arrancó las bragas. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. para dejar el piso.

y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. el pene de Pierre. procurándose todo el placer que eso le daba. En lugar de eso. Siguió masajeándolo. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. Pierre la dejó arrodillarse. a veces toda la mano. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. si al menos le besaba el pene. se detuvo. fascinada. Pero siguió sin entregarle el pene. todo excitaba aún más a Pierre. Sólo le insertó un dedo. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. el arco de su cuerpo tendido levantándose. como si dijera: «No te necesito. Aunque le palpitaba la entrepierna. Acercó la cara. tenía la sensación de que. enterró la cara entre las piernas de la mujer.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica. satisfaría su deseo. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. Ella miraba fijamente. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. entre murmullos sofocados. Jeanette se puso de rodillas. Ante su cara de asombro. pero no lo hizo. Sus gestos desenfrenados.

Jeanette floreció bajo sus caricias. y Jeanette tembló. Aunque Jean le hiciera el amor. . Le mantenía las piernas bien abiertas. pero sin permitirle alcanzar el placer. En cuanto percibía el ritmo del placer. La atormentaba. no se daría cuenta. Jeanette no se daría cuenta. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. Ahora Pierre sabía que. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. paraba. fue como si la quemara. aunque entrara Pierre. sino la mujer que acababa de nacer. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba. pero no ya la jovencita.Jeanette. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. esperando el placer que él le proporcionaría. tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha. Jeanette yacía casi desmayada.

21 de febrero de 1903 . nacida de padres cubanos. Nueva York y Los Ángeles. Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine.Los Ángeles. Francia. a la edad de once años. volúmenes del 1 al 7. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. vivió y trabajó en París. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . se naturalizó como ciudadana norteamericana. 14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos.

gente interesante e influyente del mundo artístico y literario.H. Otto Rank. Antonin Artaud. incluyendo a Henry Miller. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). Los manuscritos originales de sus diarios. se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. Gore Vidal. que constan de 35. Edmund Wilson. James Agee. y Lawrence Durrell.000 páginas. así como del mundo de la psicología. en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest .

3 (1985) 1927-1931 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 2 (1986) 1939-1944 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 4 (1986) Fuente: Wikipedia. 5 (1975) 1955-1966 Vol. 4 (1983) 1947-1955 Vol. 6 (1977) 1966-1974 Vol. 1 (1969) 1934-1939 Vol. La enciclopedia libre . 2 (1983) 1923-1927 Vol.

. [2] Martes de carnaval.Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». la fiesta de ese día.

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