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Pajaros de Fuego - Anais Nin

Pajaros de Fuego - Anais Nin

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El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

A. . S. A. Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S.1979 ISBN 84-02-07775-7 . 1981 Traducción: © Editorial Bruguera. 1ª edición en Libro Amigo: marzo.Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann.

Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. Es. donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. como hizo Mark Twain. Quienes lo han hecho. incluso en Francia. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . natural. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. sincero. Lo primero es como la vida misma. para ser fieles a la vida. Tal vez los escritores lo sepan. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. en los ratos libres. diría yo.

Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. a sus sentimientos con respecto al mundo. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. discutíamos y compartíamos la obra en marcha. más ganas. En Nueva York todo el mundo se endurece. tuve que buscar trabajo. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. a sus amantes y a sus amigos. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. por donde caían hambrientos. Aun siendo distintos en carácter. y comíamos tortas de avena. como les ocurre a los presos. inclinaciones. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos. Cuanta más hambre. Muchos jóvenes escritores. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. como mujer independiente que sólo escribía por placer. debo decir. Con frecuencia colaborábamos. sin decir nada. se dirigían a mí. un estudio de una habitación. Era una maison muy artística. se hace más cruel. poetas. Irremediablemente pobres. He tenido que ocuparme de muchas personas. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. costumbres y vicios. ansiosos y obsesionados. De . de muchos problemas.afecta esto a sus vidas. Ahora bien.

si se pasa demasiada hambre. se dice. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. en mujerzuela. semisoñada. escritores o artistas. uno se convierte en vagabundo. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. poetas. con demasiada frecuencia.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. no tienen vida sexual. Desde luego. en portales. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. Los hombres que duermen junto al East River. en el Bowery. Por mi parte. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. . Es una mujer velada.

. que daban a un patiecillo sofocante. En aquel lugar bajo tierra. Era artista y allí no había luz para trabajar. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. A su esposa no le importaba. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. por debajo del nivel de la calzada. Manuel se entristeció. cuando Manuel salió a la terraza. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA.

se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. hay luz para pintar. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. En un día. Manuel puso manos a la obra. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. como el hombre que prevé grandes placeres.Manuel las estuvo mirando unos momentos. Mientras pintaba. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. Fue presa de un ligero temblor. cementaba y martilleaba. un carro trasladó sus pertenencias. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. encogiéndose de hombros. Manuel repitió: —Pero hay luz. sucias y abandonadas. Daba saltos por todas partes. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. contento y cambiado. las puertas cerraban perfectamente. llegada la noche. Pero se contenía. gracias a la luz. una terraza. cemento y madera. se dijo Manuel. Las paredes estaban blancas. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. y. además. En este nuevo sitio podría pintar. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. reparaba. como nunca se había visto. Nunca le había gustado trabajar. esperando el momento adecuado. A la mañana . pero cuando. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. Compró pintura. Entonces. Quería mudarse de piso inmediatamente.

cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad.siguiente. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. Todas las mañanas. Regresó y colgó la jaula al aire libre. a las diez. en la terraza. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. en medio de los pájaros. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. cada vez estaba más excitado. Al cuarto día. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. varias subieron al piso. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. Se puso colorado. Pero en lugar de deshacer los paquetes. Manuel tenía miedo de que se . Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. pero después del colegio. Las chicas rieron. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. El patio del colegio estaba animado. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. Manuel salió a la terraza. pero no se apresuró. empujadas por la curiosidad. El recreo era a las diez en punto. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. Allí.

la tercera regordeta y lánguida. Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. tengo que hacer pipí. Las dejó cuchichear y mirar. Cuando se percató de la chica vergonzosa. y la cuarta esbelta y vergonzosa. otra con tirabuzones. Manuel tuvo que abotonarse. con los ojos muy grandes. una fruta o un regalo. ella volvió la cara. Aquello había sido bastante por hoy. ofreciendo su infatigable pene al espejo. con sus enormes ojos. Mientras estaban mirando los pájaros. sacudiéndolo como si fuera un bombón. Por eso. la vergonzosa. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. volvió la cara y le miró fijamente. en cuanto se tendía al lado de una mujer. pero veía por encima del hombro si le observaban.presentara Thérèse. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. si bien era cierto que le . Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. —Perdonadme —dijo—. Sólo una. en cuanto terminara el colegio. Manuel estaba de espaldas a las chicas. Dejó la puerta del servicio abierta. familiarizarse con el lugar. Quería alcanzar su placer con prudencia. para que pudieran verle. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. una de pelo largo y rubio.

donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las . de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. los pequeños quioscos redondos. frecuentaba los pissoirs de París. pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. tan abundantes. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. los laberintos sin puertas. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. de las mujeres perfumadas y chic. que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas.fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. si no aquello hubiera sido para él un paraíso. entonces todo se echaría a perder. desde donde le veían agarrándose el pene. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse.

cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. por accidente. como pajaritos. Al volverse.escaleras. perdió la cabeza. . y escaparon corriendo. lo abrió más. Los pájaros se estaban portando muy bien. las chicas lo vieron todas en el trance. besándose y peleando. En lugar de cerrar el quimono. Todas se asustaron. picoteando. Manuel se puso detrás de las chicas. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. Manuel se había puesto un quimono. De repente se abrió el quimono y.

escondiendo la cara en la almohada.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. Se acercó sin hacer ruido. pero no cerraban bien. y. El lugar. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. de forma que pudo mirar dentro de la habitación. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. se puso bocabajo. aislado. una ciudad costera de Normandía. Había luna y veía con claridad los caminos. Vio que en uno de los chalés había luz. Pero cuando la fricción lo acaloró. como si antes hubiera sido el escenario de una . Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. Se levantó de la cama y miró el reloj. Se revolvió en la cama. estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. Las persianas estaban echadas. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. se detuvo. dejando sus huellas en la arena. Eran las dos en punto. repleta de almohadas y colchas revueltas. Era un chalé metido en el bosque.

Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . sacando el estómago. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. muy tranquilo y satisfecho. El hombre no se movió. ella saltó con gran agilidad. Después. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. Pero ella se mantuvo a corta distancia. y trataba de alejarse. Luego. se acercó lentamente y. arrodillada sobre la cara. observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. empinado y agrandado. un hombre. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza. como para contener su frenesí. a quien Louis sólo veía la espalda. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. también desnuda.gran batalla. desnudo y con las piernas cruzadas. Al quedar él encajado debajo. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. se lo ofrecía. y una mujer. retorciéndose delante de este pacha. doblando la cabeza. poco a poco. De haber seguido más tiempo. recostado como un pacha en su harén. que aún no la había tocado. colocándose encima. Louis vio el sexo del hombre. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta.

. Al principio se quedó inmóvil. Anduvo más de prisa. aún de noche. . Llevaba puesta una especie de capa. Y Louis. imitándola. por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Él fue nadando hacia ella. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. La sonrisa de él. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. Sólo entonces le vio ella. Él se acercó. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. De pronto.ardiente deseo como fuera. Se sonrieron mutuamente. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. Era una mujer. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. cuyos rítmicos movimientos oía. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. la hermosa cabeza y la sonrisa. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. Al llegar a la orilla. Y entonces vislumbró una figura delante de él. Nunca la alcanzaría. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. que andaba a pasos ligeros y airosos. era deslumbrante. Echó a correr hacia la rompiente. Más allá estaba el mar.. ya no sintió miedo. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. Ella lo dejó. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. rozándolo y sobrepasándolo. y también la de ella. y eso no quería hacerlo.

Entonces se acercaron el uno al otro. El deseo no volvía. Se sentía profundamente humillado. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Él corrió detrás. vientre contra vientre. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. como si fueran a pelear. en el momento en que más la deseaba. pero le gustaba sentirla.Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. Entonces. los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. sonriente y húmeda. No te muevas. Louis estaba confundido. chorreando. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. —Hay mucho tiempo —dijo ella. Rieron. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Louis estaba profundamente excitado. su voz estaba llena de ternura—. Ella lo tocó. Había estado rebosando de deseo durante días. Sus cuerpos yacían juntos. . Quería tomar a aquella mujer y no podía. resplandeciente y riéndose. El calor de la carrera volvió a encenderlo. Ella yacía esperándolo. Curiosamente. ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. Luego. y su deseo se fue amansando. Ella le pasó su calor. el vello sexual enzarzado. agachados. Nadaba con el sexo erecto. súbitamente le abandonó la potencia. Estoy muy bien.

Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. Ella seguía frotando. acercándose. ancha y roja. Estaba sentado en la postura de Buda. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. Una mano le acariciaba los testículos. los cabellos largos. recorriéndole de pies a cabeza. se doblegaban a la frotación. Louis vio brotar la humedad de su deseo. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. Lo lamió suavemente. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. Sin dejar de frotarle el pene. su carne cálida. Lo frotó suavemente contra el clítoris. El miembro se rebulló. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca. la encantadora piel pálida que resplandecía. el abundante vello púbico. —Dame la lengua —dijo ella. con ternura. los pechos abundantes y muy erguidos. el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. igualmente hermosos. Louis miraba la mano. sentándose apoyada contra él. El pene se estiró. brillante a la luz de la luna. Al abrirse el sexo de la mujer. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. la otra removía la cabeza del pene.Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. una y otra vez. la amplia sonrisa de la boca. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. Los dos cuerpos. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. y gozaba con el contacto. lo cogió y lo metió entre sus piernas. se redondeaba alrededor del pene. . demorándose alrededor de la punta. Luego. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él.

abriendo su ser.. . Rodaron juntos largo rato. como si fuera a alcanzarla. yendo ella delante. Finalmente. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. Ella volvió a gritar: —Sácala. El miembro se puso duro. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. Pero tampoco ahora pudo correrse. y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. sácala —dijo ella con voz ronca. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. se pusieron en pie y anduvieron. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. Él temblaba dentro de la mujer.. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. Se arrojó sobre ella.—Saca la lengua. La mujer esperó. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. sácala. No cogió inmediatamente el pene. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. Le dejó jadear como perro en celo. Ella mantenía la boca abierta. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior. Y al seguir andando. —obsesivamente. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. Él obedeció. abierto y expectante. llevándose las ropas. estirándose hacia ella. esperando. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba.

Avanzaban como borrachos. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático. Él se mantuvo arriba. Una vez lo detuvo. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido.—Sí. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. cuando estuvo dentro de la mujer. pero. fumando. almohadillándolo. no te corras. la caricia de la boca del hombre. Mientras andaban. Echados de espaldas. descansando. la arena cálida contra su piel. palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. de pie.. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla. Sin mirar a Louis. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. Esta vez. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. aturdidos. la mujer le contó una historia.. adelantando ligeramente el vientre. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. Los dos aullaron al unísono. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. Quería correrse. Ella estaba muy excitada. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. repitiendo muchas veces. Luego vieron una casa y se detuvieron. quería contenerse y esperarle. no la dejaría hasta haberse corrido. la caricia del viento. con el amanecer próximo. Por entonces vivía en . no obstante. ella sostenía en la mano el pene erecto. pero despacio. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. Me gusta así.

porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. en una placita cercana a la prisión de la Santé. Ella había esperado con los demás. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución. afrontando el proceso con gran valor religioso. durante la Revolución. El reo apareció con los ojos vendados. Aguardaron en pie toda la noche. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. poniéndose de puntillas. muchísimas veces. Allí se quedó. dadas las grandes pasiones que había despertado. emborrachándose. Pero en el caso del ruso. al igual que todos sus amigos. por primera vez vería morir a una persona. fascinada y aterrorizada. Hacia el amanecer. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. la multitud se dirigió hacia la plaza. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. . De todas formas. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. Luego. cuando no había nadie. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. apretada contra el cordón policial. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. La gente la aplastaba por todas partes. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada.Montparnasse. y formó un círculo. podía ver. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces.

Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. Contuvo la respiración. . Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. antes de pasar al siguiente botón. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. No se movió ni volvió la cara. De cualquier forma. su deseo duro contra su propio culo. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. En su estado tembloroso y excitado. En medio de la palpitante multitud. Ella no hizo el menor movimiento. lentamente. la presión no era desagradable. casi no se podía mover.El verdugo estaba dispuesto y esperaba. Luego. Tenía el cuerpo enfebrecido. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. La mano se detenía. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. con destreza y rapidez inesperadas. por si protestaba. Al mismo tiempo. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. lo guiaron por la escalera del patíbulo. tan clavada la tenía la curiosa multitud. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. Dos guardias cogieron al hombre y.

vertiendo su cálida vida. saturado de sueños sensuales. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. Después de esta historia. el pene avanzaba un poco más. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. . vibrando a resultas de un imaginario abrazo.. La multitud aplastaba al hombre contra ella. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. y así la perdió. el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. cálido y consolador. Al despertar. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés.a cada latido del corazón. Casi dejó de respirar y.. conforme el miedo se convirtió en placer. El cuerpo de ella tembló. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. que era vida. vio que la mujer se había ido. Louis descabezó un sueñecito. abriéndose inexorablemente su carne. en algo humano. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. firme y duro contra su carne. Lo sentía caliente. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. el pene se estremeció dentro de ella. Sin decir una palabra. se desmayó.

lo sofoca. la boca ávida. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. Está celosa de todo. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. la mirada provocativa. por los cafés y por los parques. de los amores de todos. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Se compró un camisón de blondas negras. Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . se avergüenza. igual que el mío. Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Las mira con una extraña mirada de rabia.Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Dijo que se había comprado el camisón para un amante.

Nos sentábamos en los cafés. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. Desayunábamos juntas. Todo el resto de su cuerpo era suelto.aureolándole salvajemente la cabeza. Acostada. Le gustaba que nos besáramos en la boca. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. Mientras se vestía. poco convincentes. Me puse triste. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. Pero no era un ser libre. Todos sus gestos eran desordenados y violentos. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo. dejaba caer la camisa. dábamos paseos. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. provocativo. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Me gustaba verla arreglarse para la noche. Hans y Michel. interiormente se sentía inhibida. Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. las orgías y las danzas africanas. Hizo todo lo posible por seducirme. simulando no haberme . sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. —¿Por qué? —le pregunté—. Eso significaba citas secretas. Tenía ojeras y un gran desasosiego. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. íbamos de compras. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. Lo suyo era la jungla. Si su boca. como si hubiera un león en el cuarto. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez.

Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . Lina. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. Cuando Hans la vio. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. Odio verte con hombres. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. te mataba —decía. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. y durante un momento quedaba desnuda. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. No quería lastimarla. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. Si me abandonas. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo. estoy perdida. Sus escenas me iban agotando. cubriéndose luego. —¿Qué quieres. Yo me enfadaba. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos.oído entrar. —Si fuera hombre. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. Quiero que quieran. y entonces paraba. que se rindan.

pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. un animal cuya captura bien valía la pena. Tenía la voz dulce y envolvente. Él había quemado incienso. Parecía un hermoso animal. Vi que Lina escuchaba. Se sentó en el canapé forrado de piel. Más adelante. Ya verás —me había dicho Michel. Lina quiso abrir la ventana. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. Luego se quedó dormida. La atmósfera erótica la turbaba. Lina tenía los ojos semicerrados. Querría tener pene para poder hacerte el amor. El incienso nos iba adormeciendo. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. Contaba historias de sus viajes. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. —Pero yo querría tenerlo. Es afrodisíaco y no es peligroso. —He quemado un incienso japonés que da sueño. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Él sonrió. —Tráela y la hipnotizaré. Fuimos al piso de Michel. . pero una clase de incienso que yo desconocía. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. —¿Qué has hecho. Yo me reí. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. Sonreía maliciosamente.—Tienen algo que yo no tengo. Lina aceptó.

a desnudarla. Se lo permití. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. esta vez por detrás. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. Se tiró sobre mí. con los ojos cerrados. Mantuvo su boca en la mía. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro.Lina no estaba completamente dormida. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. . Lina sólo quería el pene. hecha una furia sexual. Cuando Lina y yo salimos a la calle. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido. A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. Lina se irguió en el asiento. Empezó a acariciarla. Tenía unas hermosas nalgas. cogidas de la cintura. Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Al día siguiente abandonó París. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. pero se mantuvieron firmemente cerradas. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. Él mordió los pezones. acariciándome con la boca y las manos. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. Michel volvió a poseerla. pero le causaba placer. firmes y redondeadas. Había cruzado las piernas.

Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. Jack y David. Dorothy era la fuerza. Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. La otra. graciosa y delicada. Lo hacían con gran secreto. al igual que Edna y Jack. Lawrence. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. con los ojos húmedos y brillantes. A pesar de eso. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar . H. Tenían dos hermanos. morena y vivaz. sin aventurarse más. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. Una era rechoncha.

rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. un deseo de protegerlos. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. Como jefe social del crucero. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. Con el fanatismo del inquisidor. el primer hombre que realmente había conocido. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. y a las esposas la de los maridos. Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. Dorothy estudiaba escultura.cometiendo los mayores delitos sexuales. . El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. Aun así. El puritanismo se reafirmaba en la familia. Luego. de repente acabaron los juegos. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. y también en facilitarles sus intrigas. Prescindió de acariciar a las hijas.

. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. le pareció que no la poseía a ella. Ella lo hechizó completamente.Se casaron. Se sintió humillada. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. sintió que no era deseable. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. hasta que un día. con el pelo clareándose. Desde la primera noche. No se daba cuenta de que aquello era amor. Sexualmente no la conmovía. Estaba fascinado por la voz de Edna. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. en su atractivo. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves. Lo cual le paralizó el ánimo. En parte por ganas de vengarse. Edna regresó del viaje alejada del marido. aunque no sabía por qué. La trataba un poco como a una hermana mayor. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. No había demostrado la menor emoción. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. sino a una mujer como cientos de otras. Le renovó la fe en sí misma. Compartía con Edna el amor al teatro. moreno. encantado por su suavidad. de treinta años. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. le impidió la efusividad de su amor y su deseo. y lo que vio fue un hombre cuarentón. Mientras la desnudaba. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. Entonces se presentó Robert.

pero siguieron besándose y acariciándose. Fue un período de embriaguez. les entró polvo en la garganta. la coartada eran los estudios de arte dramático. Cayeron al suelo. Para Harry. escuchándole y dándole sus opiniones.estando entre bastidores. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. momentos equívocos ni mala voluntad. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. representaron un beso interminable. en secreto. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. imponer su capricho ni herir con la . nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. todo era lo mismo. sus gritos de asombro. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. la boca y el cuerpo. Ahora era libre durante seis meses. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. la hacía arder por todas partes. No había tensiones. Sus palabras de alabanza. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. de adoración. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York. de ceguera. con torpeza y prisas. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. Su amor nunca era violento ni cruel. de sólo vivir para las manos. La telefoneaba a todas horas para oírla. la incitaron y ella floreció entre sus manos. gozarla. Él la tomó sobre el sofá del decorado. Edna y Robert estaban siempre juntos. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. tomarla. de absoluta seguridad. y Robert tuvo una segunda erección.

la voz terráquea. Hizo la guerra a Robert. los rasgos firmes y cincelados. en su presencia. bien que no puritana ni escrupulosa. Cuando los tres estaban juntos. mordiente. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. Vio lo que le ocurría a Edna. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. las piernas robustas.fuerza o el deseo. Edna ocultaba sus sentimientos . Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que. como si buscaran su fuerza. donde había estado trabajando de escultora. Pensó que Robert era la causa y le odió. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. No creía que aquello fuese amor. No. muchos hombres se inhibían. utilizaba palabras gruesas. Sólo los tímidos se le acercaban. Era franca como un hombre. empequeñecían y languidecían. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. todo hacía pensar en sus propias obras. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. que la mordían y confundían. Pero seguía siendo inexpugnable. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. blando y oscuro. su misma naturaleza dura y fuerte. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. por humillarle y destruirle. Se mostró cortante.

Tú nunca has estado enamorada de esta forma. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. Se sujetó el pelo en alto. Y Robert. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. ni lo pensaba siquiera. mirando por la ventana. Tenía un cuerpo magnífico. Dorothy guardaba silencio.respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. durmiendo. se maquilló la cara. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Los pechos bailaban con sus movimientos. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. no se preocupó de cerrarla. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Una mañana. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Dorothy vio que Edna salía de la casa. limitándose a vivir en el romántico presente. Entró al baño a lavarse. Entonces. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. creyéndose sola. al despertar. Harry había vuelto a irse por seis meses. En aquella puerta había un espejo. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. se encontró contemplando este . —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. como un soñador. Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez.

la vehemencia con que lo recibía. Dorothy fue presa de un extraño temblor. del hombro. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. . Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. Se había inclinado para recoger el peine. Dorothy seguía visible en el espejo. Al cabo de una hora. Cayeron el uno sobre el otro. Dorothy no hizo ninguna exclamación. pues ella se defendió. ardía. ella volvió a atraerle. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. después del primer dolor. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. Fue una especie de continuación de su lucha. Robert estaba desnudo. de su cuerpo. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. rompiendo su virginidad. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. Ella ni se dio cuenta. de doblegarla a su voluntad. Al acercarse él un paso más. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. de las manos. Al poseerla. Donde él la tocara. la mordió. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. aumentando el dolor. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. Robert no pudo aguantar más. de la boca. De pronto todo su cuerpo se encendió. Apartó los cobertores. medio la llevó en brazos a la cama. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. Robert había descubierto una sensación más fuerte. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. Cuando todo hubo concluido. Robert medio la arrastró.espectáculo desde la cama.

La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. Estaba desgarrada por los celos. Edna lo siguió.Después. llevado por la necesidad de tener una madre. sin pensar en el daño que hacía. una sensación de vacío. No le diría la verdad. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos. porque se parecía a Robert. Luego se fue de viaje con Robert. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. Ella continuó viéndose también con Donald. Poco después. lo que le paralizaba. para verla retorcerse en la exquisita tortura. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. se lo confesó todo. avanzando hacia su boca. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. de aniquilamiento. que se veía obligado a disimular constantemente. Dorothy fue a París. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . No sabía cómo mirar a Edna. Rogó a Dorothy que le acompañara. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. Donald. Inició una relación con un joven americano. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. Robert fue a París a reunirse con Dorothy.

para sufrir hasta la última gota de amargura. La boda fue fantasmal. pero no podía. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante.que él la rozara con la punta del pene. En pocos días se había convertido en una anciana. Y ella también aprendió a atormentarlo. Encima de la máscara había puesto polvos. para correrse con el contacto. Se apretaba contra ella. Edna fue a París el día de la boda. Edna no contestó. para ser presas del deseo. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. como una aureola que la envolvía. Le gritó. Cuando hubo terminado. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. Dorothy desfalleció al verla. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. Debajo no brillaba la vida. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. Dorothy se desmayó. les bastaba rozarse por la calle. Edna llevaba flores y era la . su voz era como una canción. aunque fuese andando. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. encantadora. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. amenazándola con suicidarse. Se limitó a mirar fijamente. El cabello era mortecino. Un mes antes estaba resplandeciente. amenazando a Dorothy por embaucarlo. sin embargo. Y ahora llevaba una máscara. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente.

Robert y Dorothy partieron de viaje. Luego la mujer se puso a gemir. La vida le había abandonado. la tensión de haber visto a Edna. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. Y la otra. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. Es la tensión. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. Robert probaba acariciarla.auténtica imagen de la muerte. debido a que los buenos estaban llenos. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Se acostaron. Estuvo tierno y aguardó. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. pensó él. de la escena que le había hecho Donald. En su . Simulaba sentir placer. Después. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo. Dorothy guardó el secreto. La noche siguiente ocurrió lo mismo. de la boda. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Dorothy lloró por la noche. Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. y quizá liberarse y volver a Robert. Era como si hubiese muerto. Dorothy procuró ocultárselo. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos.

Pedías violencia. Edna no podría privarla de eso. Una vez te hice sangre. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. Luego su rostro adoptó una expresión . que intentara borrarlos de tu cuerpo. que me dejaras y te fueses con Robert. aunque no hasta qué punto. Se había endurecido y cristalizado. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro.interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. te doblaba y te retorcía. cómo te reventaba los huesos. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. cuando me dejabas. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. Y me volví loco y quise matarte. Donald arqueó las cejas. Pero Donald había cambiado. en París. Tú sabes cómo te hacía el amor. no podría acabar con su vida. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. debías coger un taxi para irte con él. Por eso respondía. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. Donald la miró. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. Luego. Sabía que te atraía. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. Intentó volver a encontrarse con Donald.

Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción. Ellos ya conocen mis gustos. a preparar más copas. y otro arrodillado delante de ella. Dorothy se disponía a irse. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. derritiéndote... con las faldas levantadas. me quedaré. »Cuando vuelvo. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. si quieres. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. quédate unos minutos. Invito a determinados amigos escogidos. y los dejo solos un rato. donde tú estás sentada. se sientan en mi habitación.. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo. Posiblemente es una especie de recuerdo. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas... Ellos no se dan cuenta de mi presencia. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo.. —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. Ahora. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. Pero se percató de algo que la hizo detenerse.irónica.. les ofrezco bebida. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. mis pequeñas predilecciones. En cierto sentido. mirándola o besándola. o bien él sentado en el sillón y ella. ve un rato al . Luego voy a la cocina.. No quiero más amores. así debieron ser las cosas entre tú y Robert.

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

.era Robert quien la poseía.

porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. girando enfebrecidamente. Yo siempre la miraba con admiración. sino que avanza en remolinos. Su secreto me preocupaba. Una era pequeña y aniñada. batiendo las . de cejas pobladas.Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. La alta era hermosa. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer. golpeándolo. con el pelo corto y la cara redonda y festiva. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. Durante el día iban solas. Vivían una especie de vida hipnótica. No eran alegres. envolviéndolo a uno. No sólo es caliente y seco. espléndida de cuerpo y testa. la melena espesa y oscura. Entonces llegó el siroco africano. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. Duró varios días. la otra parecía un vikingo.

para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. Me senté con ellas en una gran habitación circular. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. no se puede estar tranquilo. no se puede leer. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. La mujer debía tener esa sensación. La más joven nos dejó para hacer té. Las dos mujeres iban delante de mí. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. hecha de piedra y con muebles campesinos. secándolo todo e irritando los nervios. No se puede dormir. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. no se puede pasear. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que . metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. Entramos en la casa juntos.puertas. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. rompiendo cierres.

—Creía que iba a poder encontrar aquí la paz.el viento empujaba. Así era como me las había imaginado. con adoración. llena de sirvientas. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. de unos treinta y cinco años. creía yo. a cantar. encontré una casa adorable y exquisita. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. Hasta cierto punto. Me cepillaban el pelo. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. Habló como si estuviera en un confesionario. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. escribir y hablar su lengua. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. yo estaba enamorada de la idea de China. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. en un sombrío confesionario católico. Era alto. Cuando él se enamoró de mí. Casi no podía verlo como un hombre normal. pero parecía mayor. Yo me casé con China. Al llegar. con los ojos gachos. . No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. Me servían como esclavas. pues comenzó a hablar. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar. me enseñaban a arreglar las flores. »En seguida nos fuimos a China. Su vida en China había sido difícil. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. encorvado.

¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto.. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. »Al día siguiente. Los lechos eran duros. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. los cuerpos estaban completamente enmarañados. que lo acariciaban. vino a mi lado y . Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados.. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. Yo me puse a llorar. Me casé contigo porque me enamoré de ti. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. con una delgada colchoneta. pero los tabiques eran como de cartón. de modo que al principio no dormía nada bien. le rogué y le supliqué. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. y tú eres tan grande. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas. Mi aparición las espantó. cuando estaba en la cama.. y no sabría decirte la razón. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola.. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. Incluso me acarició. «Intentó consolarme y animarme. En la semioscuridad. Al principio no comprendí lo que era.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. bajos.

dejé que siguiera. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. Él no escatimaba ninguna . Pero le permití tomarme de esa manera.me dijo. muy activo. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. pese a ser de goma las espinas. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. Bebíamos y explorábamos Shanghái. Al principio dolía. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. «Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. como a un camarada. fuerte. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. pero cuando vi que gozaba. un hombre alto. que me trataba como a otro hombre. Decidí huir de él. Pero me pasaba las noches despierta. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. atendiendo a los ruidos de su cuarto. »En el hotel conocí a un escritor americano. Por último. pero no tuve valor para cerciorarme. Me juró que así era. que no volvería a desear las mujeres chinas. Salíamos juntos.

. y me besaba y amasaba los pechos. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza.. El placer era tan agudo . era la voz de mi marido. y luego sobre la cama. olía su cuerpo. Nos reímos juntos. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. Eso me gusta. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. »—Eres como una tigresa —dijo— . Mientras.clase de trucos. Él me cogió en el suelo. había conseguido bajarme los pantalones. con la cabeza colgando y rozando las losas. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones. Nos dejamos caer sobre la cama. retorciéndonos unos con otros. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. Luchamos durante largo rato. Jadeábamos. Me gustaba su fuerza y su peso. Hablaba y hablaba. Tomamos otra copa. Cogí el aparato. Me sentía libre. Al apretarnos el uno contra el otro. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. Como fuera. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa. me mordía entre las piernas. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. Creí que me iba a romper la espalda. aprovechándose de mi postura sobre la cama. Yo jadeaba tendida de espaldas. La camisa me colgaba por fuera. con mis piernas alrededor de su cuello. había descubierto dónde estaba.

La mujer se sentó. Al rato me fui. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. Hablé de todo con mi marido. En realidad. Yo pensaba que se iría. Sentía curiosidad por su joven compañera. Pero ella se mantuvo en silencio. . Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. Me sentía feliz.. cuando nos encontramos en la oficina de correos. «Empecé a viajar con él. en la habitación contigua a la mía. Estoy viviendo con otra persona. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. Al otro día.que prolongué la conversación. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo. «Recordé todo lo que me había hecho. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. Fui presa de un diabólico impulso..

Fueron a vivir a Roma. la primera noche María temblaba de placer. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. y además absolutamente burguesa. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio.La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. De pie junto a la cama. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. . En primer lugar. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. además era católica. era española. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. Novalis la miraba con los ojos apretados. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. la Maja desnuda de Goya. Antes de hacer el amor había que apagar las luces.

como si estuviera sufriendo una agradable tortura. con mansas protestas. le dijo. Sobre las tensas sábanas. Lo que pedía no era un capricho de amante. Las manos del hombre. admirarla. María se resistió. ofendida en sus profundos prejuicios. dejándose tratar como una niña. Debía superar sus prejuicios burgueses. algo enfadada. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. de un artista. Me estás haciendo daño. El arte se mofa de semejante modestia. Pero él insistió. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. querido Novalis —dijo—. —No seas tonto. Libre de velos. nunca posó para él ni le . apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. Pero. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. Durante las semanas siguientes. acalorándose. Me haces cosquillas. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. sino el deseo de un pintor. se fue entregando. Ven a la cama. coaccionadas por el temor a herirla. Ella se rió.quería verla. —Eres tonto. poco a poco. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. despreciada. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer.

Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. se quedó dormida. Pudo subirlo por encima de los . Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. Agotada por la vehemencia. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. negándose a posar. fue levantando el camisón de seda. y comenzó a padecer insomnio. para que nadie pudiese reconocerla. Además. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. por unos instantes perdió la vergüenza. y discutiendo a todas horas. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. Apartó las sábanas que la tapaban y. lentamente. tan dormida que casi no se movía. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Él trabajó durante horas sin pausa. Con franca inmodestia.permitió tener modelos. Más tarde María hizo una escena. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. Una tarde que entró de repente en el estudio. escuchando y espiando detrás de las puertas. tuvo una extraña ocurrencia.

los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. María estaba pasmada por la obsesión. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. lo contempló tanto rato como quiso. En lugar de eso. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. Pudo proseguir durante un par de horas. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. siempre tendida. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. Novalis siempre alteraba el rostro. tal como había estado el primer día que posó. opulenta y apacible. trajo papel y lápices. Se encerraba en el estudio durante días enteros. Más tarde. estiró el camisón. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Mientras trabajaba. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. abandonada. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. La pintaba sin respiro.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. De este modo le hizo varios cuadros. La deseaba cuando estaba dormida. siempre durmiendo.

pero sólo cuando lo pintaba. Lenta y silenciosamente como un ladrón. Se acercó a la puerta. Cuando llegó. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. Se restregaba contra la pintura. estaba su marido desnudo. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. No había el menor ruido. Ahora empuñó el pene con su propia mano. las piernas abiertas. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. con el propósito de arrebatarle esta caricia.cálida le recorría todo el cuerpo. besándola y acariciándola entre las piernas. restregándose contra el cuadro. y con el pene erecto. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. lascivo. la casa parecía desierta. Notaba una incipiente erección. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. a pasar una semana con unos amigos. y encima. desnudo y con el pelo alborotado. como ella no lo había visto nunca. Se fue al campo. Se revolcaba como nunca lo había . la abrió. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. Fue de puntillas al estudio de Novalis. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. Observando la pose sin limitaciones. para ver en medio. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene.

por sobrepasarlos. le reveló una María nueva. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. Al quitarse las ropas. la propia sensualidad contenida de María se incendió. . Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. desnuda.hecho sobre María. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. libre por primera vez. voluptuosa y bellísima. una María iluminada por la pasión. abandonada como en los cuadros. Ante este espectáculo.

Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. de tener una conversación inteligente. Nunca había salido sola con hombres. . o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica. de mantener las manos blancas y delicadas. de cantar y bailar. Este fue el resultado de mi educación europea. de escribir con elegancia. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. nunca había leído más que novelas literarias y. de leer los mejores libros. no era como las chicas de mi edad. de arreglarme bien el pelo. Yo tenía dieciocho años.Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. Era lo que se podría llamar una persona protegida. por supuesto. como les ocurre a muchas mujeres chinas. tales como mal humor o rebeldía.

la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. Los artistas se inscriben en el club. donde se les conoce. respondiendo a toda clase de anuncios. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. que así no tienen que ir de estudio en estudio. Mi amiga se puso en pie de un salto. Se puso contenta de verme. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. Pues bien. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. había . Ya sé lo que puedes hacer. Sabía lenguas. En ninguna parte inspiraba confianza. Es una especie de refugio para chicas.De repente. —Ya lo tengo —dijo—. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. Rara vez había estado sola en Nueva York. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Sabía danza española. Te presentaré en el club. sobre mí y enumerando mis cualidades. Cuando llegamos al club. Hablándole. Es cierto que tu cara es poco corriente. pero no sabía escribir a máquina. decidí ponerme a trabajar. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. Ahora recorría las calles. pero no los nuevos bailes populares. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. en la calle Cincuenta y siete. en broma. aunque sólo fuese una apariencia.

Vi un nuevo ser en los espejos.gran animación y mucha gente. Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. Todos los años. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. No resultó difícil. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. También había mujeres que pintaban. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. ya no parecía la misma. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. En casa. El ensayo estaba en marcha. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. Fui recibida con aplausos. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. Estaban preparando la función anual. Fue como un baile de máscaras. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. mi anuncio de que era modelo sentó como una . y así sucesivamente. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. a la una. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. al estudio de un ilustrador. a las cuatro en punto. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. los pintores hablaron con nosotras. al estudio de un miniaturista. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento.

—No. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. En realidad. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres.bomba.. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas.. . pero por dentro estaba satisfecha. —No —dije yo—. me sentía algo así como una puta. Esto no se lo había mencionado a mi madre. Pero ya estaba hecho. porque la mujer se humedece antes. Eso me pareció repulsivo. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. pero eso era todo. La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa. Mi madre lloró un poco. —En fin. de manera que se desliza fácilmente. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. —Debe ser difícil meterlo —dije. —¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. Aquella noche hablamos en la oscuridad. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. Y para mi gran asombro.

Inmediatamente se metieron juntas en el water. Creo que no ha entrado. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. Mientras mi madre hablaba. mi acompañante. me pregunté si era eso lo que temía. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado. desgreñadas. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. Las acompañamos a su casa.En ese caso. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. de aspecto . a mí nunca me violarán. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. Pocos meses antes. me mataré. La otra lloraba. era calvo. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. pensé para mí. con las ropas desgarradas y ojerosas. para lo que me estaba preparando. John. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. detuvo el coche. El primero tenía unos cincuenta años. —No hay sangre —decía una—. Las dejamos entrar en el coche. o más bien. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile.

De nuevo había que posar.bastante europeo y con bigote. que ella era insoportablemente celosa. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. Al terminar el baile. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. —Qué mala suerte. y porque se servían almuerzos baratos. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. Dijo que se había casado con su primera modelo. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. que no dije nada. como si fuera una escena de teatro. Tenía un hermoso estudio. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. El pintor hablaba durante el trabajo. me besó en el cuello. vi la cara del pintor asomándose sonriente. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. Había más . dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. Me vestí y adopté la pose. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. —¡Qué rico! —dijo—. que no le permitía pintar desnudos. ¿Posas desnuda? —No. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. Las tres horas pasaron de prisa.

el chal resbaló y aparecieron mis pechos. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. Al día siguiente fue el joven ilustrador. me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. Llevaba la camisa con el cuello abierto. Veo tantos. No conseguí hacerlas hablar. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. Vi que no llevaba bragas. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. una especie de gesto incitador. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. No se movió cuando entré. Me tiró del chal casi hasta la cintura. —Me gustaría pintarlos —dijo. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. que no me interesan. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. Siempre poseo a mi mujer vestida. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. te lo aseguro. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. Lo que hacía era para la portada de una revista. La mantuve.chicas y estuvimos charlando. se echaron a reír. Ponte un chal o lo que sea. No quiso que me moviera. haciéndose señas unas a otras. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. Al inclinarse para tomar medidas. Cuantas .

he dibujado millones de mujeres. Me tapé. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. —Tienes unos pezones muy bonitos. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Él siguió sonriendo. Levanté las faldas por encima de las rodillas. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. Luego se puso en pie. La mayoría son de un color parecido al cuero. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. —¿No es divertido? —dijo—. Me ofreció un cigarrillo. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. Hablaba. Eso fue todo por aquel día. Eso me molestaba. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora.más ropas lleva. No necesitas pintártelos. No estaba posando. Yo estaba sujetándome el chal. El martes tardó más en ponerse a trabajar. así que me alejé enfadada. Y apago las luces. Hizo un apunte de las piernas. mejor. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. Los calienta. porque en absoluto había sentido placer. Estábamos en silencio. La próxima vez haré un dibujo de piernas. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. ¿verdad? Son sonrosados de natural. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él.

me deslizó una mano bajo la falda. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. quitarnos las máscaras y . Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans. de la excitación y la alegría. Yo estaba enamorada de Stephen. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. Eso le hizo sonreír. ocurrido. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. hacia un año. Unos amigos nos llevaban en automóvil. a pesar de no estar enamorada. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. Yo lo empujé con violencia. para saltar a nuestro automóvil. Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. Al mismo tiempo. pero en realidad me había dado placer. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. del ruido. Recuperé la pose y no dije nada. Rápidamente.en mitad de la boca. Cuando lo rechazaba. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. lo hacía por costumbre.

. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas. Pero sé de otras chicas .. El beso me dejó lánguida. Me gustaba exhibir mi cuerpo. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante.. cuya cara no era especialmente bella. A veces los acaricio. A mí me encanta. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. que es como si me estuvieran haciendo el amor. Me gustaba ver que la gente me miraba.besarnos mientras mi tía daba un grito.. Solía quitarme las ropas en las fiestas. Disfruto de mi propio cuerpo. Me siento hermosa. Una de las modelos más adorables. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. lánguida y turbada. vamos.. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. en cuanto la gente estaba un poco bebida. es tan. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme. Una vez hice striptease.. el placer es tan grande. Los vestidos de raso me daban escalofríos. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. Y cuando poso para toda una clase de artistas. Me encantó. Ahora no puedo esperar para quitármelas. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. Luego desaparecieron entre la multitud. Eso me excitaba. Siempre me llevaba un chasco. Disfruto mientras me miran. pero que tenía un cuerpo soberbio. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera.

Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—. Era quien sabía cómo debíamos disponernos.. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Cuando los hombres pintan o dibujan.. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. una chica y un hombre. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. muy en decadencia. si todo el mundo lo ve. Yo estaba incómoda. y que es muy excitante. El hombre no me gustaba nada. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. Cada una de las veces que el hombre . no nos invitarían luego a fiestas. Tuvimos que repetir muchas veces. Me situó en postura de besar. Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. dejan de pensar en nosotras como seres humanos.que no sienten lo mismo. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. Siento que es completamente impersonal. —O bien se casan con las modelos —añadí yo.

no había necesidad de meterme la lengua en la boca. Estaba ofendido. En Europa. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. De una u otra forma. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. El hombre repitió el beso. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión.interpretaba el beso. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Sabía que Stephen me amaba. Están en el colegio o en casa. Su mirada se volvió burlona. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. desde luego. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —. no interesan a nadie. pensé en Stephen. Eso no. porque . Oyéndole hablar. El ilustrador comenzó otra escena. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. debía decírselo. Pensé en nosotros en la playa. Ahora quería convertirme pronto en mujer. —¡Más pasión. Quería que me tomase. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. estirados sobre la arena caliente. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. de menos de veinte años. las chicas jóvenes de tu edad. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. Yo lo hacía mal.

Ahora me había convertido en la estrella de las modelos.. Poséeme. me gusta la atmósfera del estudio. Él creyó que era un simple ataque de ciega . Stephen —dije—. Adoro estar con pintores. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. por unos campos oscuros. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. buenas o malas. —Quiero casarme contigo —dijo—. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. Todo lo cual se lo conté a Stephen. Es una verdadera aventura.. —Lo adoro. Pasó el momento. pero no puedo hacerlo en este momento. Tenía más trabajo que ninguna del club.. Él estaba orgulloso de mí.. Muchas veces tenía que posar de noche. —No me importa el matrimonio. —Pero. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. ver sus obras. Se quedó absolutamente pasmado. te hacen el amor? —preguntó Stephen. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. poséeme. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. Stephen me besó. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. —¿Te gusta posar? —dijo. Deseaba que me hiciera mujer.. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso. nunca igual.. quería ser poseída y conocerlo todo. —Poséeme.entonces se pondría muy nervioso. —No. —¿Te. Es variado. si tú no quieres. las historias que cuentan.

Me fui a casa.. con tu . Es maravilloso verlos cambiar. por ejemplo. eran retratos de actrices. Lo pone difícil.pasión. Acepté. No parecía prestarme atención. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. que había perdido la cabeza. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. Renuncié a mitad de camino. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. por lo mucho que cambian. —Ésta. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver.. Me cansé. El estudio estaba en la planta trece. a la cama y lloré. Me respondió detallando sus gustos sexuales. Cuando llegué ya estaba trabajando. Tenía medio hecho el cartel. »He conocido otros ángeles del sexo. En su mayoría. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. cómo cambian cuando los turba el deseo. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. Es la única manera de acercársele. Era de mañana y el edificio parecía desierto. Era demasiado trabajoso. esas manos delicadas. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. Tú. Es europea y le gustan las complicaciones. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. ésta exige romanticismo. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Le pregunté quiénes eran. como los místicos de la India. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas.

¿no es verdad? —No. a las criaturas idealizadas y veneradas. Puedo asegurarlo. eres virgen. a mi deseo de iniciarme en la vida. Si estás casada. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones.aspecto de que nunca te han tocado. tu marido aún no te ha hecho mujer.. cambian. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. —Casada o no. estoy casada —dije. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. que guardé silencio. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera. La primera vez que . ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. y las creyeron endemoniadas. He visto cambiar tanto. en animales. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. Tú eres virgen. No estaba asustada. Nunca me engaño. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres.. puedo imaginarte mordiendo y arañando... Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. Luego. Los ojos cambian.

Había llegado el verano y los pintores se iban al campo.te vi. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. en realidad. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. entonces ella se sentirá atraída por él. Pero sólo si tú quieres. Sólo puede ocurrir si quiero. Sonreí. Si un hombre es capaz de hacerse amar. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. Después puso el . —Eso es precisamente lo que estaba pensando. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. sentí lo maravilloso que sería iniciarte. a lugares alejados en todas direcciones. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. Creo que es una superstición. es falso. Me gustaría ser el primero. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. En realidad. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. si ven que una mujer disfruta con el sexo. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. y no quiero. a la playa. si es capaz de excitar a una mujer. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio.

Ahora. riéndose—. que no sabes aspirar. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. Estoy seguro de que estarás ocupada. Me hizo toser. preparándome—. ay —dijo—. sabes. Te sentará bien. —Ay. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. que vivía.. Aquí no se trabaja tanto. —No me gusta aspirar. Yo me alejé. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. —Sabes. Tendrás que aprender a disfrutar un poco.. y estoy aquí solo. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. —De momento no es una modelo lo que necesito. que no vas a ser una compañía muy complaciente. Te he pagado el viaje. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . —Ay —dijo—. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. carretera adelante. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. Hay muy pocas modelos buenas por allí. —Había entendido que me querías para modelo. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—. Así que fui. Hice como que me disponía a marcharme. Volvió a reírse e intentó besarme. toma el humo de mi boca y aspíralo.

pero de la maleza salió. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. y no conocía a nadie. Vi a un hombre que pintaba al aire libre. a no ser por comida. Así que me recibieron con frialdad. trabajando de marinero para ver países exóticos. Se llamaba Reynolds. Dijo que intentaría ayudarme. de pelo negro. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. me contó Reynolds. como si yo hubiera engañado a alguien. Era un ser solitario. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. dejando tras sí el fuerte . No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. Constantemente estaba inquieto. nadie te dará trabajo. Nunca iba al pueblo. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río.no saben divertirse. Así que empecé a posar para él. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. Se sentaba a la sombra de un árbol y. No conocía a Ronald pero se irritó. El país era bello y montañoso. No le creí. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. pero no podía disfrutarlo. sin mirar lo que tenía alrededor. Una vez. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. era un hombre de unos treinta años. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. Hablé con él y le conté mi historia. Pero Ronald ya les había rendido visita. con increíble velocidad. una mujer desnuda y salvaje. una mujer. Si adoptas esa actitud. Su andar era indolente y sus gestos naturales. estando con sus amigos en la jungla.

Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. Al mismo tiempo . de forma que. se lanzó al río y se alejó nadando. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría.aroma animal. Estaba asustado. resultó ser muy hermosa. enseñando los dientes blancos. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. Se restregó contra la carne de la mujer. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. más para aplacar el fuego que por deseo. La mujer estaba bocarriba y reía. sin darles tiempo a recuperar el aliento. Era infatigable y tardaba en excitarse. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. al cabo de un rato. Pero ahora quería subyugarla. Era muchísimo más fuerte que él. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. La tomó con rabia. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba.

pidiendo más. Nadie. —Será muy fácil —dijo—. con las que me hizo un manto. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. Entonces. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. El día . Quería que volviera a poseerla. pero tendrás que cerrarlos. Se reía mientras contaba la historia. Pero él estaba pensando en otro cuadro.la acariciaba. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. pero él prosiguió las caricias. abriendo mucho las piernas. Cuando se cansó de poseerla. se dio la vuelta. la había acariciado antes. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. con sus pechos abundantes y puntiagudos. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. siempre le buscaba la mano. siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó. después de dos orgasmos. para huir de un salto de los hombres con escopetas. Después de esto. Tienes unos ojos hermosos. Entró en la choza y sacó sábanas. La había pintado en el paisaje. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. Yo no entendía cómo iba a posar para él. agazapada como una tigresa. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. si encontraba a Reynolds. sus largas y hermosas piernas. Durante el día. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Eso la sorprendió. Me apoyó contra una caja de madera. por lo visto. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. de repente. y su esbelta cintura.

echándose sobre mí. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. La mano avanzaba. revoloteando. muy suave. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. —Sólo una caricia —dijo—. explorando. Cada vez que su lengua tocaba la mía. Reynolds estaba a mi lado. El calor. Se inclinó sobre mí. deseando que también la tocaran. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. en una pose tan relajada. pero con tal lentitud que era exacerbante. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. sino sólo las puntas del vello púbico. hasta que mi propia boca respondió. no sé por cuánto tiempo. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. Notó mi humedad. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. Me sentía lánguida e irreal. besándome. rozando ligeramente los labios. la tocó con placer. su boca . Yo me iba relajando y ablandando. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. me quedé dormida de verdad. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. muy suavemente. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. No me moví. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. y luego alrededor del culo. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. sólo una caricia. las sábanas me hacían sudar y. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. puso su boca sobre la mía.era muy caluroso. el olor de las plantas que nos rodeaban. que no me movía.

porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. Sólo la vi una vez. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo.sobre la mía. Eres tan diferente. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. Él sonreía. tu forma de andar. todo me afectaba como una droga. Estoy contenta de que lo hiciera. Al cubrirse. —Sólo una caricia —repitió suavemente. tu cara. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. —Más fuerte —dijo. hasta que el montículo se hinchó y endureció. Lo besé con gratitud. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. sin saber qué quería. Lo cogí con mis manos. Meneé la cabeza afirmativamente. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. dormida como . Reynolds me cogió la mano y me guió. tus modales. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma. me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer... —No te enfades —le dije—.

—Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. como sin querer despertarme. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. Eso lo excitaba terriblemente. Siempre lo contaba. Luego me tocaba levemente. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. A veces. Me gustaba su forma de acercárseme. pero las mujeres me intimidan. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. Durante diez días trabajamos al aire libre. incluso las putas. —¿No? ¿Tú. hasta que me humedecía. pelear y emborracharme. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. como si fuera un cazador. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí.en el cuadro. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado. Perdía toda la suavidad. pero mientras eres mi prisionera. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. —De haber estado despierta. En realidad soy tímido con las mujeres. primero levantaba el traje y miraba largo rato. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. A veces simulaba querer algo más. —El décimo día te llevaré en coche. si tienes que volver. el aventurero. no me hubiese atrevido. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. Se ríen de mí. Puedo derribar a un hombre. Todo eso le pasó a un amigo mío. tendidos al sol. Una . Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. Los dedos se aceleraban.

. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha. —Sí. Me tragaba la espuma blanca. —La pequeña herida que tienen las mujeres. Durante el viaje de vuelta. Una vez lo hice con una chica. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. la embaracé y tuvo que abortar. al mismo tiempo. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Murió desangrada.vez le mordí. Éramos felices. Sentía que compartíamos una corriente magnética. Eso ya lo sabes. —¿Eres feliz? —dijo él. Por primera vez. ninguna otra cosa nos unía. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. Nunca había pensado en esas cosas. Me da miedo. Nos besamos largo rato. nos untábamos las caras de semen. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. Te quiero. Guardé silencio. Nos acariciamos.. Pero no puedo poseerte. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos. pero. —dijo— me asusta. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. Si te pasara a ti. me besó hasta que tuve un orgasmo. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. me mataría. pero no le importó. le hice daño.. Cuando me besaba.

Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. No quería . Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. Cuando pedían nuestro número. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. qué es lo que dices? —decía Stephen. —¿Qué pasa. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. me negaba y perdía el empleo. acostumbraba a decir. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. cogiéndome el pelo. Había desaparecido. No ocurriéndoseme otra cosa. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. Esperábamos en combinación. La tienda era terrorífica y gris. —Es modelo de artistas. Encontraba trabajo con facilidad. El individuo no se desanimó. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar. listas para cambiarnos rápidamente. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos.Estaba sin trabajo. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y.

Le dije que sí. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. Se alejó y me observó. —Eso es maravilloso —dijo él—. y sus gestos eran lánguidos y afectados. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. Se montó en el falso caballo para que viera. pálida. como éste. exactamente lo que buscaba. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. Era una especie de caballo sin cabeza. con grandes ojos negros. Cuando te canses. Tengo dificultades con esta parte de la pose. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. Me quité las ropas y me monté en el caballo. El pintor tenía cara de mujer. cuadros de desnudos femeninos. El pintor dio su aprobación. echando el cuerpo hacia atrás. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda.que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. dímelo en seguida. . tapices de seda— y olía a incienso quemado. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. cuando era joven.

Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. Aquí. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. Ahora está bien —dijo entonces—. Mantenla. así que continué. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. Desde luego. —Me tocó un instante. entre las piernas. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. Estaba rojo y un poco hinchado. La dejé mirar. Curiosamente. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. como si fuera parte de su trabajo. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. «para que se ponga . Aguanté con los dientes apretados.Me estudió por todos lados. un placer que desconocía. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones. Comenzó a dibujar. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. me hizo unos mimos y me besó. esta parte del cuerpo debe verse bien. que puede rozar el sexo de las mujeres. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. pero no dolía mucho. Saltando en todas direcciones. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo.

—¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No. —Sólo un poco —respondí una vez. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor. Desmontamos. mi amiga se inclinó y me tocó. Jadeaba sobre mí. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo. apretando los labios entre los dedos. no siento nada.. diciendo: —Ya no parece lastimado. . —No sé —dije—. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme. observándome y diciendo: —Maravilloso. a causa del dolor? Muy tiernamente. A lo mejor podrás gozar de nuevo.. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor..bien». ¿Tú crees que se ha. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. maravilloso. Y de nuevo me consoló. —No siento nada.. —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación. —¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente. muerto.. sí que sientes. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias..

de seguir. dejándome ir contra el cuero. Me puse roja. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. El pintor me observaba atentamente. cuando era pequeña. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. que había hecho todo aquello para verme gozar. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. El pintor me observaba. —¿No te gusta? —dijo.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. por eso. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. Pero él sonrió y no lo paró. Para que el pintor viera lo que quería pintar. rocé el sexo contra la prominencia de cuero. —Me gusta —dije—. montada a caballo y delante del pintor. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. al hacerlo. no podría contener el orgasmo. hasta sentir el orgasmo y correrme así. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. y entonces me abandoné al movimiento del caballo. Él supo cuándo debía parar el . Pensé que lo notaría y. le dije: —Páralo ya. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. de un placer que crecía. Sí que me gustaba. Le rogué que lo parara. resbalé hacia delante y.

Muchas veces era invitado a las habitaciones. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. Rondaba por los grandes hoteles. vestido con gran elegancia. Lena.mecanismo. O bien descubrían las propias debilidades. Le gustaba estar acompañada. voy dándole al sexo de la mujer. La gente llevaba bebidas. saldría corriendo. Un guapo joven. El joven sonrió. a . Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. Desde luego.. la sensación viene a ser más o menos la misma. Pintaba portadas de revista. Y mientras. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. no hacía ningún secreto de su profesión. actrices y escritores iban a verla. Tenía la puerta siempre abierta. sé que. La conversación era picante y cruel. —Ahora descansa —dijo. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. Haciendo muecas. cuando tengo dificultades.. —Hay muchas formas de hacerlo. y ya se sabe. sin mirar. que había conocido en una fiesta. y entonces. Actores. Aunque a veces. con los ojos cerrados. mientras tengo los ojos cerrados. tomo drogas. Poco después fui a posar para una ilustradora. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. o camisas de seda. Todos sus amigos me parecían caricaturistas.

para que lo vea entrando y saliendo. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. coge los pantalones y se pone a estirarlos. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. Su traje dejará transparentar la figura. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. Es un hombre guapo. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. impecablemente vestido. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. los dedos . La mujer llevará velo y pieles en el cuello. luego irán al hotel de ella. Ella le invitará a subir. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. Sabe cómo la agarraría. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. Cuando salgo del apartamento. envidio a mi amigo argentino. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. un poquito.este ritmo. aristocrático y completamente cascado. y eso le excita. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. casi tocándola. cómo paseará por la Quinta Avenida. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. y luego hacer que se vuelva. siguiéndola por los ascensores atiborrados. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. Gustaría a las mujeres. mi compañero de piso. finalmente le hablará. Entrarán en la habitación. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. »Sin duda.

Se sentó. Lena rió. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. pero las parejas siempre se están besando en las calles. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. Deja de lado los pantalones. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. Se abrazan . cómo se comportan. Es una ciudad muy humana. planchando los pantalones. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. un hombre muy joven.aprietan más que la boca del sexo. sobre todo París. »Una vez que se ha imaginado todo esto. Eso es lo único que quiere. medio desnudo. No sé por qué será. en los cines y en los parques.. porque así se consigue un doble placer. mi amigo está empalmado. No sé lo que tiene París. Y es contagiosa. en las mesas de los cafés. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. y se mete de nuevo en la cama. Otro. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. y eso le excita. que acaricia mientras está tendido. Me quitaré el corsé. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. Me interroga. pero tiene sensualidad en la atmósfera. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. —Hace calor —dijo —. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. allí de pie. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla.. la plancha y la tabla de planchar. Y se metió en la alcoba. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. bocarriba y fumando.

con absoluta libertad. completamente oscuros y cerrados con cortinas.. . tan fácil. En los cines hay pequeños palcos. »Y no la ayudó... debería estar agradecida en lugar de enfadarse. Quizá sea eso. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina.. Me olvidé de Reynolds y de Stephen. te tocan. Todo el mundo está en las calles. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido. Ningún policía se mete. Se paran para darse largos besos. mirando perezosamente las casas. La mujer estaba encima del hombre. »A las cinco de la tarde. Todo es tan abierto. En la oscuridad. Los cafés están llenos. »Un día estaba en la plataforma del autobús. la suavidad de la atmósfera. elevando la voz. la cosa se pone insoportable. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. en los pasillos del metro. en las aceras de las calles.. Me parecían como niños. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro. Una amiga mía. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. En todo momento te vigilan las putas. Luego.. No lo sé. por la noche.

para mayor comodidad. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo . Todo el erotismo sale a la superficie. constantemente deseado. Eso hace que me sienta libre. llevaba el cinturón flojo. Era una modelo magnífica. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse.La reina El pintor se sentó junto a la modelo. Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas. Era la misma esencia de la prostitución. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. No tengo que hacerles el amor. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo. que se entregaba como una puta.

a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo. Es imposible describir los ojos. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. El pelo de aquella mujer era. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas.. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. Era pelo de animal. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo. »De una u otra forma. era lo más sensual que yo había visto. cuando le tocaba la piel. unas venas tan vivas que. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección. para sentir la contracción de los músculos.fascinante a esas mujeres.. El vientre parece estar desnudo. Estaba lleno de vida. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. lánguida. completamente quieta. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. las notaba moverse debajo. Era cálido y almizcleño.. Al principio de acostarnos estaba fría. presente en todas sus actitudes. Lo que constantemente . Sus ojos. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. graso y fuerte.. relajada como un animal.. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. Se erizaba al tocarlo. »Pero no era sólo el pelo. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones.. sino también las venas vivas. que traicionaban su excitación. Medusa debía tener una melena como aquélla. También la piel era erótica.

Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. su forma de moverse —para atraer. Era como estar haciendo el amor en público. como si la transmitiera por contagio. Cuando se humedecía. y era capaz de expresar todos los deseos. provocaba mi secreción erótica. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. con remolinos de locura.. Era una especie de vientre vuelto del revés. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo.. tan incendiario. tan intenso. »Como fuera. pero todavía pálida. ordenaba la vibración del pene. en la calle. de aniquilarlo. la misma vibración en el sexo masculino.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido. Bijou. como una Fátima oriental.. ni en la comida. No. Sí. siempre húmeda. en el café.. con un placer nunca antes conocido. la vibración de la sangre. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. con su misma forma. todavía con los ojos ardientes. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. delante de todo el mundo. directa e inmediatamente. ni en una boca con la que hablar. con la que formar palabras. »Era la reina de las putas. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. algo devorador. con la que saludar. para excitar—. era como la boca del sexo de la mujer. Al ondularse. por un geniecillo. como si temblaran con oleadas febriles. de esta respuesta completamente erótica. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. Bijou. Era indecente te digo. .

Si reía. cuando no sabía que iba siguiéndola. las mujeres que irradian sexo por los pelos.»Por las noches. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa. Verdaderamente era la reina de las putas. Uno sentía. »Las mujeres irremediablemente sexuales. en la pose de su cuerpo. en la cama. que seguía dispuesta para la posesión.. Se ha hecho que los labios. incluso mientras comía. por los ojos. con el cuerpo ausente de sensualidad. veía que hasta los rapazuelos la perseguían. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. al igual que ciertos plumajes de colores. a la vista. .. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. que acariciaba el mundo entero. como si dejara a sus espaldas un olor animal. con el vientre pintado en el rostro. no se sentaba impasible. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos. no se ponía nada. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células. »Por la calle. Todo quedaba descubierto. andando detrás de ella. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. y cuando jugaba a las cartas. se ha hecho que. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo.

vino a mi estudio horas antes del baile. con este objeto. Cada curva me . »Bijou tenía el trasero grande y fuerte. perfumado.. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. al principio. »Las otras. Hubiera podido sentarme. Lo han diluido. ésas son las mujeres que me gustan. Por eso. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos.. patinar y darle por detrás. enmascarado. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. cómo cuesta encontrarles el animal. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. como si fuera una actividad sagrada. La pintaba amorosamente. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones... Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje. »Al moverse. quizá. Bijou era infiel por naturaleza.por la nariz. Aún más. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. como si fueran latigazos.. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. Ella estaba de pie y desnuda. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. los brillantes dibujos se movían con ella. de manera que huele como si fuera otra cosa. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. adorándola.. como el lomo de un caballo de circo. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. Lo deseaba. por la boca y por todo el cuerpo.

No me toques.. en los ojos. Seguía de pie y sin moverse. serás el primero.producía placer. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. Cuando esté seca. Al ir de un lado a otro. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. seguía faltando el sexo. Pero ahora no. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel. Ahora parecía la reina del desierto. Te esperaré en el baile. con una hoja de parra. pero. en apariencia. Era un orgasmo colectivo. »Claro está. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. Y Bijou no me había esperado. Me permití besar el sexo sin pintar. Me solté los pantalones y dejé el pene libre.. . Bijou iría completamente desnuda. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. En ningún momento me miró. Los tatuajes se habían corrido. Sacudió los pendientes. Tenía un brillo duro. se cubrió con una capa y se fue. de laca. »Y me dirigió una sonrisa. El baile estaba en su apogeo. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis.

Hilda vivió la misma experiencia. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. profundamente unidos. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata. Hilda se . comenzó a hacerle la corte. le ofrecía la boca. comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. Viendo que él seguía impasible.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. o bien echándose en el sofá. O se sentaba en sus rodillas. cuando le hubo acariciado. Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. hablando de alguna experiencia anterior. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. Vivieron juntos varios años.

cejas y cabellos como el carbón. A veces se quedaban tendidos y hablaban. pero no así los hombres. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. que la dirigiera. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. la miró como si fuera un gran león y ella el domador. Sin embargo. Él se ponía boca arriba.habituó a su ritmo sexual. se puso en pie. ella se sorprendió ante la . ya que de natural era muy femenina. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. Perdió todo el recato y toda la timidez. de ojos. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. de la pintura que le ensuciaba las uñas. Estaba borracho. de la melena negra sin peinar. Así. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. Una noche. poco a poco. Por otra parte. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. que dominara su sexualidad. Pero verla le produjo una honda conmoción. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. Hilda conoció a un pintor mexicano. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. Complacía a aquel hombre porque le amaba. Ella aprendió a ser activa y descarada. un hombre grande y moreno. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. durante una fiesta en Montparnasse. aguardando y disfrutando. su propio estado de ánimo. él no hacía ningún movimiento de acercársele.

Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. La cama colgaba en la parte trasera. un poco más alto que Hilda. Rango andaba con las manos en los bolsillos y . era un vagabundo y un aventurero. y la miraba con fijeza. Hilda dijo que sí.imagen de demonio del pintor. aunque sus amigos ponían la música. Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. En la fiesta de aquella primera noche. inquieto. Respetaba sus leyes. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. cogiéndoles los óleos y las telas. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. La música era lánguida y relajante. cerca de las antiguas barricadas. que por entonces se estaban desmoronando. Las ventanas eran de arco. abandonando luego los cuadros y marchándose. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. Rango no sacó a Hilda a bailar. nunca hacía el amor a las gitanas. El mexicano era grande. Rango estaba de pie. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. destructivo. muchas veces hechas con pollos robados. Pintaba en los estudios de los amigos. el techo. suspendida cual litera de barco. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada.

Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. el mismo magnetismo. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. El camino era de tierra. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. Había dos guitarras. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. con tejados muy pendientes y sin ventanas. Era demasiado alto para el techo bajo. Ahora estaba sobrio. pero ella. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. Él cogió una y comenzó a tocar. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. Iba a la sombra de Rango. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. la única manta se arrugaba a los pies. más menuda. de besos muy . en la carne color oro viejo del hombre. Hilda no habló. La cama estaba destapada. sentado entre las ropas. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. con la cabeza tan despejada como la noche. Las velas arrojaban grandes sombras.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. Llegaron a las chabolas de los traperos. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. podía estar completamente derecha.

La besó detrás de las orejas. Y tenía la boca apretada. Parecía humillado. . De pronto. Quería hacerle comprender que era inocente. —¿Qué he hecho? —repitió ella. Luego. en las pestañas. Las grandes mejillas. Se puso en pie. con los que le traspasaba su aliento. La vela se iba consumiendo. Tenía los ojos enfurecidos. haciendo eses. ofendido. ya no sonreían. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. —¿Qué he hecho? —preguntó ella. como tragos de vino. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. En la oscuridad. Hilda no entendía qué pasaba. muda e impávida. la hebilla de plata fría. orgulloso e intocable. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. en el cuello y en los hombros. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer.cálidos y rápidos. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. Lo vio enfadado. Ella estaba ciega. Chisporroteó y se apagó. le aumentaba el calor del cuerpo. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. Permanecieron largo rato tendidos. Cada beso. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. y encendió otra vela. en medio de la oscuridad.

. Cogió la guitarra y tocó para ella. Luego se detuvo. quiero que sepas una cosa. transformado por el amor de un hombre. —Comprendo. Las lágrimas no afectaron al mexicano. un café frecuentado por mulatos.. leía y fumaba.. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba. Yo. una sensación de haber sido gravemente injuriada. Él había elegido un rincón . sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. Una mujer no siempre hace lo que quiere. boxeadores y drogadictos. con ironía. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel.Entonces él sonrió. Una persona me enseñó. ante su ceguera.. Rango escuchaba. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante.. no sólo por haber perdido a Rango. La sobrecogió una profunda vergüenza. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. —Al principio —continuó ella— sufrí. Rango se sentó más cerca. Estuvieron en el Café Martinique. De pie.. esa mujer lloraba ahora incontroladamente... —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda.. cambié toda mi forma de ser. que me obligaba a comportarme como.. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. —Has hecho un gesto de puta —dijo. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. Bebieron pero no la rozó.

oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. Y volvió a besarla. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. el lugar estaba animado. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. —Eres tan delicada. Se detuvo a estudiar las ligas. Ahora. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. pero él lo puso hacia abajo. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. Ella sentía el pene duro contra el vientre. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. y la desvestía como si fuera su primera mujer. a plena luz. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. tan pequeña —murmuró—. besándose sin cesar. despacio. besándole la boca una y otra vez. Con mayor pericia. Le abrió las piernas sólo para besarla. pero al fin la desabrochó. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. Otros se disponían a partir hacia el sur. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. Y luego la desvistió. Mientras se besaban. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. Se levantó para correr las cortinillas. Los hombres dormían. Le sonrió. Le besó los pies. curioseando sobre la forma de cerrarse. . le retuvo la boca en la suya y no se movió. La estuvo palpando. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. Ella se derretía en aquel beso. que no puedo creer que tengas sexo. quitándole las medias con delicadeza. Estuvo torpe con la falda. Sin un respiro.

Rango le recorría el cuerpo. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. ya el sexo. Estaba tan vibrante que no podía dormir. y todo se confundía en su boca y su aliento. cayó sobre ella y se durmió como un niño. Era como si disfrutara reprimiéndose.. que era el doble que el suyo. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en . privada de satisfacción. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. No eres de verdad. A su lado.. besándole ya la boca. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. meterse el pene entre las piernas.Hilda se asombró de ver lo que hacía. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas. tan pequeña. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho. a obedecer sus deseos.. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. el pelo a sándalo. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. por su primera actitud de tomar la iniciativa.. Eres tan delicada. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. La mano seguía entre las piernas de ella. Hilda gemía de placer y dolor. En la espera. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo. la piel como el cedro. por su impaciencia. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. reprimiendo cruelmente el propio deseo.

de una conciencia erótica como nunca había tenido. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes.realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. Había descubierto un nuevo reino. siempre. Era un demonio abatiéndose sobre ella. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. a su hora. la sumisión a su deseo. Rango tuvo que llevarla en brazos. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. se desnudaban. a la misma atmósfera. Se encontraban una y otra vez. estaba ciegamente decidido a doblegarla. perdió el tacón de un zapato. yacían el uno junto al otro. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. Una y otra vez yacía pasiva. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. sin demostrar deseo ni impaciencia. el reino de la emoción y la atención. . él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. con el pelo revuelto. Un día que paseaban juntos. a los roces. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos.

riéndose. Contaba. —No obstante —dijo el tío de Laura—. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil. Era parecido a un cerdo muy pequeño..El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años. las mujeres eran accesibles y complacientes. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos. debes llevarte dos sombreros. El viento puede arrebatarte uno. —Pero lo recogeré. con la misma frecuencia y facilidad. ¿no? —preguntó el amigo. con el hocico . —¿Por qué? —preguntó el amigo—. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos.. recordaba. con sólo inclinarte. No quiero ir cargado de equipaje. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual.

un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. presa de un ataque de histeria. que vestía suntuosas faldas de raso. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. según el tío.enormemente desarrollado. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. Ella era viuda. Dos minutos después. Se veían las colinas. Un día. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. muy al estilo de la antigua galantería. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. pero un coqueteo contenido y digno. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras. y un velo sobre el pálido rostro. mujer muy reservada y dominante. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes.

Esta historia había asustado a Laura. del trabajo. Laura gritó y lo espantó. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo.propietaria. Pero. Veía el pómulo. riéndose de una u otra historia. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. y el chanchiquito parecía agotado. de la . con pantalones de pana y chaqueta de piel. Luego. al mismo tiempo. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. con las faldas arrugadas. y con el morro metido entre sus piernas. Jan era un artista que se reía del hambre. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. un día de las vacaciones. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. un gran perro policía se le subió de pronto encima. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. Iba vestido de obrero. Al salir. husmeando y olfateando las ropas.

sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. Al observar. Había llegado al difícil momento. con la pintura picada y el enlucido irregular. como si fueran los pies y las manos de un tarado. de hacer las extremidades. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. todo cuerpo.. Dejó el dibujo como estaba. que no le gustaba. de algo que ya esté en el techo. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. sino observando la forma de la cabeza. la manera de sostenerse sobre el cuello. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. si ves lo mismo que yo. miraba el techo. La casa era muy antigua. de todo. no viéndola como persona. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. dormir hasta la hora que le diera la gana. Mientras estuvo posando. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. Ella se había echado en la cama. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. demasiado pequeño para su peso. Laura sonrió. sólo cuerpo. veía toda clase de formas.esclavitud.. . La paleta cubierta de pintura todavía húmeda.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. La primera noche no la poseyó. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. sino conquistarla lenta y morosamente. Albert la trataba con suma delicadeza. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque. en el otro extremo de la ciudad. Albert resultaba una especie de libertador. Cuando se casaron. haciéndose mimos y . que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. La servían hermosas mujeres de color.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. Sostuvo que era una prueba de amor. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. tendidos de espaldas en la cálida noche.

descubriendo una nueva sensibilidad. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. la marcada curvatura de la espalda. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. Al carecer de experiencia. y la boca del sexo y los labios.dándose besos.. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. dijo. cuando el marido se iba. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. en la espalda. Cada lugar que besaba. y luego llevaba la boca a otro sitio. perdiéndose en la melena larga y espesa. lo reverenciaba con palabras de adoración. en el cuello. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello. en el nacimiento de los pechos.. De este modo.. en las piernas. que hacía sobresalir los cachetes del culo. Fay se sentía lánguida y drogada. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. «Como a las mujeres de color». Luego. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las . se quedaba inquieta y no podía dormir. que eran tan perfectos como las manos de Fay. Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. la firmeza de sus nalgas. no intentó llevar adelante un abrazo completo.. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. en los brazos. pequeñas corrientes que la mantenían despierta. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. en los hombros.

como el de una mujer sollozante. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. Los quejidos eran quejidos de placer. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos. Tenía la sensación de estar en un sueño. Una noche. descendió la gran escalera y salió al jardín. de su recato. A Fay no la vio nadie. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. encerrándola como si fuera un tesoro. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. Se sentó desnuda en su nebulosa cama.japonesas. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. Le palpitaba todo el cuerpo. cuando gemía. Al principio la paralizó . Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos. El perfume de las flores casi la aturdió. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. Era un gemido. Ella no dijo nada. También él pronunciaba voces confusas. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. una gotita de miel le brotó del sexo. como de costumbre. Luego un ruido la alarmó. Fay no podía dormir. Y entonces. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. presos de la violencia del placer. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. Anduvo lentamente. la boca llena y siempre entreabierta. Fay estaba sorprendida del control de Albert. la dejaba. un gemido rítmico.

Sabía que él era mayor y que ella era inocente. para demostrar sabiduría y sutilidad. un movimiento delicado. por su inexperiencia. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado. pero aceptó. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. Luego.. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo.. Luego las caderas. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. Le bastaría susurrar unas palabras. la torturaban las dudas. Pareció sobresaltarse. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. Albert hizo un movimiento de alejarse. para salvar su felicidad con Albert. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. llegó al pene. Y empezó a besarla. Se sentía condenada por su propia feminidad. Al principio estaba asustada. al hacer un secreto de su dolor. Fay estaba dispuesta a obedecer. . lentamente. Le tocó el pecho. La mano. una curiosa mezcla de juventud y madurez. Albert hubiera podido enseñarla. Aquella noche Fay se convirtió en mujer. Había esperado que la enseñaría. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes.el dolor. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Tienes cuerpo de ángel. Mientras la besaba. Le había dicho que la estaba conquistando. esperando. Él seguía besándola. regresó a la casa corriendo.

La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. —Espera un momentito —decía él—.La rabia. durante lo que le pareció toda la noche. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. fracasando. retrocediendo y besándola a modo de reparación. Ella estaba tensa y silenciosa. sólo un momentito. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. subiendo las escaleras. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. Soy una mujer. sombras que se abrazaban. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. El pene se le empalmaba. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. Le daba miedo salir de su habitación. Luego Fay sollozó. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Quiero que me ames como a una mujer. porque Albert intentó poseerla y no pudo. deseosa y expectante. Le . vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. Veía la tortura en los ojos del hombre. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. mojada. Albert. que lo intentó muchas veces.

Albert la estaba esperando. Al llegar a casa.parecía oírlos a todas horas. que estaban en una casita independiente. Siempre le habían gustado los olores. . El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. sino uno de los jardineros de color. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. Finalmente. Luego la besó y la acompañó al dormitorio. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. sin besos ni caricias. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. los olores de los muelles y de los almacenes. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. Aunque rara vez salía de compras. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. Quien salió no era Albert. y estuvo escuchando. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. la poseyó. Fay se restregó contra él con todo su peso. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla. En la operación. riendo. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. satisfecho. como en un juego. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. Se abrió una puerta. los guardó bien en el bolso. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. Se echó a llorar. las manos y el cuerpo. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España.

.Y el hechizo se había roto.

me enfebrece. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. Al llegar. Marcel. con crema en la . Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. pero estoy en una cama muy blanda.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. la gran ciudad babilónica. Yo estaba libre. Me gustan los que flotan y bailan. Volveré a ver a Mary. Apoyo los pies en mullidas alfombras. Mary estaba echada en la cama. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Ya no la amo. Veo a Lilian. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Nueva York. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. Quizás esta vez no me mostraré tímida. El lujo me calma. mi amante.

que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero.cara. Estaba embadurnada de crema. Le despertaron celos y dudas. Mary estaba escapando de su marido. En realidad nunca había amado a nadie. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. Se desvaneció mi deseo de besarla. Eso me contrarió.. Al día siguiente de vernos. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable. pasiva. Se había casado con él sólo para que la protegiera. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. Es todo curvas y morbidez. letárgica. en las piernas y en los hombros. y su vida en común se fue haciendo insoportable. Ahora la volvería a ver. hombre ni mujer.. El marido nunca se recuperó de esas historias. Es lenta. Al principio de su matrimonio. las mejillas. rubio y lujurioso. me coge la mano. . porque se había quemado en la playa. luminosas. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. Tiene los ojos grandes y líquidos. el pelo. En la oscuridad. Vamos juntas al cine. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero.. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años.. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad.

Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. Conmigo sí es capaz de hablar. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. Necesita vivir en una atmósfera sexual. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. siempre dice: —No lo conozco. no he dormido con él. por dentro. Ambas compartimos el amor por las galas. Yo estoy descubriendo sus disimulos. se siente irreal. en realidad casi puramente vegetal. Entre nosotras existe una corriente de atracción. No me permitirá conocer a su marido. Es su clímax. pero no es capaz de hablarlo. Le gustan los sitios adonde van los actores.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. Nunca he visto una mujer más pasiva. por los perfumes y por el lujo. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. No le avergüenza hacer nada. Tiene miedo de que lo seduzca. ajena a la experiencia. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. dormía con todo el mundo. Pero nunca está libre por las noches. muy lánguida. pero. Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama. Soy tan vergonzosa. . Actúa como si estuviera dormida. aunque no siente nada. lejana. Siempre está sonriente y alegre. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. Ella es muy perezosa. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. una corriente puramente física.

Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. Luego decide darse un baño. no puedo seguir conteniéndome. mirándose las piernas—. Parece tan abierta y húmeda. pero por dentro está hecha pedazos. Pero no es cierto. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. —Son demasiado gruesas —dice. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Me coge el quimono. —Pero me gustan —digo yo—. sí. me dijeron una vez en París. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. era muy hermoso en la cama. Son como piernas de los Renoir. muy suavemente. Me doy cuenta de que busca tentarme. Parece tener unos veinte años. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. como una colegiala.O bien: —Ay. dejando que el quimono se abra. Sale del cuarto de baño sin secarse. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. Me gustan. incluso a sí misma. . Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Pide un whisky. Lo acaricio suave.

Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. Le beso el clítoris. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla . Ella comienza a gemir un poquito. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. Mary no se mueve. Goza cuando le toco el clítoris. Tan tierno y tan hermoso. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. abierto y mojado. por el aspecto que ofrece su carne. a mariscos frescos. Es rosado y fresco. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. el vello del pubis sigue empapado como algas. Puedo morderlo. como una camelia. Parece a punto de sentir. Abre las piernas y me deja verlo. El sexo le sabe a mariscos. Ahora. por la forma en que sus piernas se extienden. tan invitadora. ofreciéndome todo su sexo. meterle la lengua. Metida entre sus piernas. Parece el sexo de una jovencita. como si nadie lo hubiera tocado nunca. Mary.—El zorrito plateado —digo—. abierta como una flor. besarlo. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. como los pétalos de una rosa. el zorrito plateado. Tiene la boca tan húmeda. debajo del clítoris. salados y maravillosos. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. como terciopelo y raso. pero quiero que sienta un gran orgasmo. Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto. y así deben estar también los labios del sexo. no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. todavía húmedo del baño.

. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. siente mi ritmo que se acelera. mis dedos le aprietan la carne del culo. por sus formas. Es como ir en barco. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. A cada movimiento. qué es lo que me has hecho! Me besa. es una Brunilda. dos. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos.gritar de placer. A Miriam da gusto mirarla. bebiéndose los jugos salados de mi boca.. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. se desplazan por su rotundidad. De pronto Mary se estremece. como si fuera una gran fruta. El río es un ser vivo. qué me has hecho. Mandra. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. que se desencadena una. latiendo en éxtasis. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. Se derrumba jadeante. tres veces. Yo lo meto más. Ella comienza a gemir. Mandra. —¡Ay. los H. Con el dedo siento la palpitación de su placer. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. de grandes . y lo levanto. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. Sus pechos caen sobre mí. Le cojo el culo con las dos manos. mientras repite: —Ay. a ondularse. qué me has hecho. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma.

Su marido. Se desviste y anda desnuda por la habitación. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. nosotros estamos por encima de todo. inmensos poufs de raso morado. Miriam está. Para lo cual. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. mi flor roja del pelo. se desnuda completamente. objetos estilo rococó. con las piernas cruzadas. es pequeño y de la raza de los duendes. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. que soy artificial. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. . la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido».pechos. Su belleza se me sube a la cabeza. Paul proclama a voces mi natural goyesco. Me trata como a un objeto artístico. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. cosas absolutamente chic. Paul. reunidas con juguetón esnobismo. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. rápido y divertido. mesas con escondrijos para poner flores. y me lleva corriendo al salón para exhibirme. El mayordomo negro abre la puerta. necesito ambiente y calor para florecer. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. Opina que yo soy hermosa. en Roma y Florencia. en un diván de raso rojo. Su belleza es natural mientras que yo. Los H.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

pero con aturdimiento. Ella lo siguió con increíble docilidad. como los muchachos. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. —Vaya. —Entonces. Un día. llevaba el pelo corto. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. La chica apenas tenía dieciséis años. —Me he escapado de casa —dijo. Yo me llamo Jean. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. vente conmigo —dijo Jean—. no tengo dinero ni dónde dormir. nos llevaremos bien. Jean. con los pechitos muy puntiagudos. Te daré de cenar y una habitación.La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. y sus formas eran juveniles. .

Jean comenzó a enseñarla a besar. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. La forma como lo había besado no era una prueba. ella se . y le hizo sentarse a su lado. —¿Te gusta? —le preguntó. Ella obedeció. Se estiró a su lado. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. con aspecto de niña aburrida. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. Entonces. Le dio un beso educado e inocente. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. Entonces Jean se excitó más. la condujo al dormitorio y la dejó. Este no había vuelto. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. pero que excitó a Jean. Le prestó un pijama. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. sino una especie de piedad. mientras él la observaba echado de espaldas. Jean no sintió deseo. Estaba sentada en la cama. Ella asintió con la cabeza. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. con sendas camas dobles. Al principio. Sus labios eran inexpertos. oyó que le llamaba. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso.El piso tenía dos dormitorios. Ella parecía complacida.

Mientras que ella recibía hombres a todas horas. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. Por eso me he escapado. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. Eso le encantó. Después. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. Tendré que verlo. Ella respondió con pellizquitos y besos. cómo restregarse contra su .levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. Progresaba de prisa. Jeanette lo observaba con gran interés. La chica era una buena alumna. —No —dijo la jovencita muy seria—. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. le exploró los pechos. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. cuando se tomó un descanso. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Le hizo mover la lengua y sacudirla. Pero siempre he querido hacerlo. Los besó y los manoseó. lleno de incredulidad. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Pero nunca me deja verlos. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. Luego.

Jean tenía el doble de edad que Jeanette.. Al cabo de ocho días.pecho y excitarlo. Era tan apacible como un ratón. Así que almorzaron juntos. debía estar buscando superarla. Es insaciable.. y además Jeanette. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. el zurear de palomas. como el zureo de las palomas. Y al otro. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. se percató de que Jean se iba cansando. Pero no había conseguido sacarle la dirección a . Pierre no pudo evitar oírlos. Me ha dejado agotado. ser virgen. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche. con mucha timidez. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. al pasar por delante de la habitación. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. A mediodía apareció Jeanette. teniendo presente a la madre. En realidad. —Sabes —dijo Jean—. en primer lugar. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Estaba alarmada. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. y le preguntó si iba a almorzar. Se detuvo. oyó los gemidos de una mujer. Pierre se quedó en el piso. Jeanette fue a despertar a Pierre. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. al otro lado de la puerta. a veces. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. Los gemidos eran rítmicos y luego. Pierre llegó a casa a media noche y.

como una mezcla de limón y miel. Ella vagaba sin rumbo por el piso. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. se quedaba mirándolo. en silencio. Así que simplemente se alejaba. Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre.Jeanette. su aliento. tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. cogiendo libros y dejándolos. intentando comer. . el olor fuerte y amargo del pelo. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. y en el fondo el olor de su feminidad. de debajo los pechos y los brazos. llamando por teléfono a la policía. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. indefensa. las pocas gotas de transpiración del cuello. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. Llevaba un traje muy fino. a la vez ácido y dulce. fastidiado. que parecía un perfume que la envolviera. Era un perfume complejo. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. con sueño e indiferente a la jovencita.

Pierre languidecía. En cada movimiento de Jeanette. Sintió desprecio. con tal temor que el deseo murió. viendo y mirando el cielo raso. su habilidad y su potencia habituales. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. y se preguntó si también él podría. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. el sexo de la mujer encerró el pene. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. repentinamente.De pronto. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. La visión de las medias. Pierre sintió que la potencia le volvía. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. Eso le encantó. cayó presa de la duda. de manera que no hizo nada por reanimarlo. que descendían enrollándose. a mitad de sus fervientes caricias. adivinaba dónde . cuando comenzó a acariciar a Jeanette. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. el deseo del hombre se afirmó con violencia. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. Como si fuera una vaina. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. Pero esta vez. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. Se quedó bocarriba. Él levantó el ligero vestido. volvió a excitarlo. Tiró de Jeanette hacia sí. A Jeanette la sorprendió ver que. suave y acariciante.

quería que la tocase. luego. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. le introdujo el miembro con violencia y. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. pero en silencio. Pierre esperaba su voz. retiró un poco el pene y. Cuando se apretó. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. le mordió los labios. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. Luego se detuvo. con sólo la punta. atrayéndola. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. se acercó el sexo. pero seguía sin abrir la boca. Ante este contacto. una voz de aprobación y de aliento. le acarició los pequeños pechos. Ella jadeaba y se deshacía. lleno de dudas. ella dio un salto pero no dijo nada. Jeanette le sonrió y se abandonó. La levantó. —Sí —dijo ella. de gozarla. pero no decía nada. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. como si estuviera esperándolo. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. Su deseo había . dime cuándo quieres —dijo con desesperación. —Dime cuándo quieres. por la mitad del cuerpo. le besó el sexo. Pierre le tocó el culito. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. pero Jeanette se mantuvo en silencio. se puso de rodillas para mejor trabajarla. Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad.

pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. Pierre disfrutaba comprándole ropas. Pensaba que. si al menos no me oía. dilo. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. disfrutas. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. habla. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. habla. no sólo a Jeanette. pues. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. Con este fin. Se sentaba tranquilamente en una silla. dilo.muerto dentro de ella. pues. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. Claro que disfrutaba. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. venga. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. Pero si me oyera. disfrútalo. porque era demasiado infantil. Pierre se sorprendió. . si te gusta. ¿no te gusta? Te da gusto. al volver. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. —Claro que me resultas atractiva. si venía y me encontraba aquí. Se llevó una gran sorpresa cuando. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. grita. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. Le vio en la cara una expresión de frustración. sino también a otras mujeres.

de piernas. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. no caía en los brazos de Pierre. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. Veía fragmentos de hombros. que le apretara el escote. parecía tener luego por quitárselo. no contentándose hasta que. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. se apretaba contra Pierre. y fumaba. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. las medias. quería encerrarse en la habitación. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. por entregárselo a Pierre. Dentro del nuevo traje. de espaldas desnudas. cepillándose el pelo. por arrugarlo. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. que aprobara los botones. las ligas. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. Hecho lo cual. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. Llevaba los zapatos de tacón alto. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. entre arrumacos. —¡Mírame! —decía—. Y cuando al fin llegaban a casa. para ver cómo se le ajustaba el vestido.cara a los vestuarios. restregones y revuelos. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. y también entre la . porque él lo bautizara con su deseo.

Pierre le cerró el camino. de frialdad y calor. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Pierre admiraba su ligereza. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura. para dejar el piso. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. pero no pudo tocarle las bragas. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. de los zapatos contra los pies desnudos. Quería librarse de ella. Esta vez la poseería a cualquier precio. De manera que la rechazó y los dejó solos. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. La cogió al pasar. Le arrancó las bragas. desnuda y con las bragas. rigidez y complacencia. La lucha era agradable. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. Pierre intentó calmarla. Quería desnudarla. Luego vio a Pierre. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. Jean la vio lanzándose a sus brazos. que la había seguido. dejando al descubierto su jugosidad. de sus botones contra los blandos pechos.cintura y el pequeño sostén. Ella seguía enfadada. Tal como estaba. . Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. Jean comprendió. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. Y él se dio cuenta. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama.

En lugar de eso. procurándose todo el placer que eso le daba. entre murmullos sofocados. si al menos le besaba el pene. Acercó la cara. Ella miraba fijamente. Pierre la dejó arrodillarse. el pene de Pierre. satisfaría su deseo. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. fascinada. todo excitaba aún más a Pierre. a veces toda la mano. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión. como si dijera: «No te necesito. Jeanette se puso de rodillas. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. Aunque le palpitaba la entrepierna. Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. Pero siguió sin entregarle el pene. pero no lo hizo. Siguió masajeándolo. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. el arco de su cuerpo tendido levantándose. enterró la cara entre las piernas de la mujer. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. se detuvo. Sólo le insertó un dedo. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. tenía la sensación de que.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica. Sus gestos desenfrenados. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. Ante su cara de asombro.

. Jeanette no se daría cuenta. En cuanto percibía el ritmo del placer. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. pero sin permitirle alcanzar el placer. tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha. sino la mujer que acababa de nacer. paraba. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. La atormentaba. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba.Jeanette. no se daría cuenta. pero no ya la jovencita. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Le mantenía las piernas bien abiertas. esperando el placer que él le proporcionaría. y Jeanette tembló. fue como si la quemara. aunque entrara Pierre. Jeanette yacía casi desmayada. Ahora Pierre sabía que. Jeanette floreció bajo sus caricias. Aunque Jean le hiciera el amor.

14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. Nueva York y Los Ángeles. vivió y trabajó en París. Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX. volúmenes del 1 al 7. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . a la edad de once años. nacida de padres cubanos. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos. 21 de febrero de 1903 .Los Ángeles. Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine. Francia. se naturalizó como ciudadana norteamericana.

Antonin Artaud. James Agee. Otto Rank.H. Los manuscritos originales de sus diarios.gente interesante e influyente del mundo artístico y literario. incluyendo a Henry Miller. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). que constan de 35.000 páginas. Gore Vidal. en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest . se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. y Lawrence Durrell. Edmund Wilson. así como del mundo de la psicología.

6 (1977) 1966-1974 Vol. 4 (1983) 1947-1955 Vol. 2 (1986) 1939-1944 Vol. 5 (1975) 1955-1966 Vol. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 2 (1983) 1923-1927 Vol. 1 (1969) 1934-1939 Vol. 3 (1985) 1927-1931 Vol. La enciclopedia libre . 4 (1986) Fuente: Wikipedia.

Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». [2] Martes de carnaval. la fiesta de ese día. .

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