El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann. S. 1ª edición en Libro Amigo: marzo.1979 ISBN 84-02-07775-7 . . A. 1981 Traducción: © Editorial Bruguera. A. Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S.

en los ratos libres. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. como hizo Mark Twain. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos. Tal vez los escritores lo sepan. Quienes lo han hecho. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. Es. Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. sincero. diría yo. natural. incluso en Francia.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. Lo primero es como la vida misma. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. para ser fieles a la vida.

debo decir. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. como mujer independiente que sólo escribía por placer. costumbres y vicios. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. En Nueva York todo el mundo se endurece. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos. Cuanta más hambre. como les ocurre a los presos. Aun siendo distintos en carácter. todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. Muchos jóvenes escritores.afecta esto a sus vidas. tuve que buscar trabajo. discutíamos y compartíamos la obra en marcha. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. a sus amantes y a sus amigos. más ganas. De . sin decir nada. Irremediablemente pobres. de muchos problemas. por donde caían hambrientos. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. Ahora bien. poetas. Con frecuencia colaborábamos. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. se hace más cruel. Era una maison muy artística. un estudio de una habitación. y comíamos tortas de avena. ansiosos y obsesionados. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. inclinaciones. se dirigían a mí. He tenido que ocuparme de muchas personas. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. a sus sentimientos con respecto al mundo.

poetas. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. Por mi parte. Es una mujer velada. en el Bowery. se dice. uno se convierte en vagabundo. Desde luego. si se pasa demasiada hambre. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. Los hombres que duermen junto al East River. . escritores o artistas.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. semisoñada. en portales. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. en mujerzuela. con demasiada frecuencia. no tienen vida sexual.

. que daban a un patiecillo sofocante. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. cuando Manuel salió a la terraza. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. por debajo del nivel de la calzada. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. Era artista y allí no había luz para trabajar. A su esposa no le importaba. En aquel lugar bajo tierra. Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. Manuel se entristeció.

como nunca se había visto. sucias y abandonadas. esperando el momento adecuado. además. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. una terraza. se dijo Manuel. Pero se contenía. A la mañana . Manuel repitió: —Pero hay luz. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. gracias a la luz. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Entonces. y. un carro trasladó sus pertenencias. las puertas cerraban perfectamente. encogiéndose de hombros. Quería mudarse de piso inmediatamente.Manuel las estuvo mirando unos momentos. Mientras pintaba. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. contento y cambiado. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. Fue presa de un ligero temblor. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. cementaba y martilleaba. Nunca le había gustado trabajar. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. En este nuevo sitio podría pintar. como el hombre que prevé grandes placeres. Las paredes estaban blancas. En un día. cemento y madera. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. Daba saltos por todas partes. Compró pintura. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. reparaba. llegada la noche. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. hay luz para pintar. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. pero cuando. Manuel puso manos a la obra.

Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. Pero en lugar de deshacer los paquetes. a las diez. pero no se apresuró. El patio del colegio estaba animado. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. varias subieron al piso. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. Se puso colorado. cada vez estaba más excitado. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. pero después del colegio. Regresó y colgó la jaula al aire libre. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. Todas las mañanas. empujadas por la curiosidad. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. en la terraza. Allí. en medio de los pájaros.siguiente. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. Manuel salió a la terraza. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. Las chicas rieron. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. El recreo era a las diez en punto. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. Manuel tenía miedo de que se . Al cuarto día. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas.

Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. una fruta o un regalo. Las dejó cuchichear y mirar. si bien era cierto que le .presentara Thérèse. Aquello había sido bastante por hoy. Por eso. —Perdonadme —dijo—. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. con los ojos muy grandes. Sólo una. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. en cuanto se tendía al lado de una mujer. Manuel estaba de espaldas a las chicas. para que pudieran verle. ella volvió la cara. con sus enormes ojos. Quería alcanzar su placer con prudencia. otra con tirabuzones. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. Cuando se percató de la chica vergonzosa. tengo que hacer pipí. familiarizarse con el lugar. sacudiéndolo como si fuera un bombón. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. pero veía por encima del hombro si le observaban. Manuel tuvo que abotonarse. ofreciendo su infatigable pene al espejo. la tercera regordeta y lánguida. Dejó la puerta del servicio abierta. volvió la cara y le miró fijamente. una de pelo largo y rubio. Mientras estaban mirando los pájaros. la vergonzosa. en cuanto terminara el colegio. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. y la cuarta esbelta y vergonzosa.

de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. tan abundantes. los pequeños quioscos redondos. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. si no aquello hubiera sido para él un paraíso. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. desde donde le veían agarrándose el pene. También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. entonces todo se echaría a perder. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las . pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. los laberintos sin puertas. donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón.fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. frecuentaba los pissoirs de París. de las mujeres perfumadas y chic.

escaleras. picoteando. Los pájaros se estaban portando muy bien. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. Todas se asustaron. por accidente. como pajaritos. Manuel se puso detrás de las chicas. Manuel se había puesto un quimono. Al volverse. besándose y peleando. . un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad. En lugar de cerrar el quimono. lo abrió más. cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. De repente se abrió el quimono y. y escaparon corriendo. las chicas lo vieron todas en el trance. perdió la cabeza.

Se acercó sin hacer ruido. y. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Vio que en uno de los chalés había luz. aislado. escondiendo la cara en la almohada. El lugar. ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. Era un chalé metido en el bosque. estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. de forma que pudo mirar dentro de la habitación. Pero cuando la fricción lo acaloró. se puso bocabajo. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. pero no cerraban bien. repleta de almohadas y colchas revueltas. dejando sus huellas en la arena.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. como si antes hubiera sido el escenario de una . Se revolvió en la cama. Las persianas estaban echadas. se detuvo. Eran las dos en punto. Se levantó de la cama y miró el reloj. Había luna y veía con claridad los caminos. una ciudad costera de Normandía.

Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. sacando el estómago. Luego. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. y una mujer. como para contener su frenesí. a quien Louis sólo veía la espalda. empinado y agrandado. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . Pero ella se mantuvo a corta distancia. muy tranquilo y satisfecho. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta. que aún no la había tocado. su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. recostado como un pacha en su harén. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. un hombre. Louis vio el sexo del hombre. desnudo y con las piernas cruzadas. retorciéndose delante de este pacha. se acercó lentamente y. era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. doblando la cabeza. se lo ofrecía. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza. ella saltó con gran agilidad. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. colocándose encima. poco a poco. Al quedar él encajado debajo. El hombre no se movió. arrodillada sobre la cara. Después. De haber seguido más tiempo.gran batalla. también desnuda. y trataba de alejarse.

por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Se sonrieron mutuamente. Y Louis. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella... rozándolo y sobrepasándolo. Llevaba puesta una especie de capa. aún de noche. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. que andaba a pasos ligeros y airosos. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. imitándola. Y entonces vislumbró una figura delante de él. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. era deslumbrante. Nunca la alcanzaría. Al principio se quedó inmóvil. De pronto. Anduvo más de prisa. la hermosa cabeza y la sonrisa. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. . cuyos rítmicos movimientos oía. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. ya no sintió miedo. Al llegar a la orilla. y eso no quería hacerlo. La sonrisa de él.ardiente deseo como fuera. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. Era una mujer. Echó a correr hacia la rompiente. ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. Sólo entonces le vio ella. Más allá estaba el mar. Él se acercó. y también la de ella. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Él fue nadando hacia ella. Ella lo dejó.

Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. el vello sexual enzarzado. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. vientre contra vientre. pero le gustaba sentirla. y su deseo se fue amansando. Entonces se acercaron el uno al otro. en el momento en que más la deseaba. Entonces. —Hay mucho tiempo —dijo ella. ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. . su voz estaba llena de ternura—. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. Se sentía profundamente humillado. El calor de la carrera volvió a encenderlo. Él corrió detrás. Louis estaba confundido. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Quería tomar a aquella mujer y no podía. Había estado rebosando de deseo durante días. como si fueran a pelear. Sus cuerpos yacían juntos. Ella yacía esperándolo. Nadaba con el sexo erecto. agachados. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Estoy muy bien. Luego. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. sonriente y húmeda. Curiosamente. resplandeciente y riéndose. súbitamente le abandonó la potencia. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. Ella le pasó su calor. Louis estaba profundamente excitado. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. chorreando. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. El deseo no volvía. No te muevas. Rieron. Ella lo tocó.

igualmente hermosos. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. El pene se estiró. Sin dejar de frotarle el pene. Luego. —Dame la lengua —dijo ella. su carne cálida. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. la encantadora piel pálida que resplandecía. Los dos cuerpos. . ancha y roja. Estaba sentado en la postura de Buda. El miembro se rebulló.Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. recorriéndole de pies a cabeza. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. la amplia sonrisa de la boca. los cabellos largos. sentándose apoyada contra él. y gozaba con el contacto. Al abrirse el sexo de la mujer. la otra removía la cabeza del pene. una y otra vez. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. Una mano le acariciaba los testículos. Louis vio brotar la humedad de su deseo. Ella seguía frotando. Lo lamió suavemente. Lo frotó suavemente contra el clítoris. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca. demorándose alrededor de la punta. con ternura. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. se doblegaban a la frotación. los pechos abundantes y muy erguidos. el abundante vello púbico. Louis miraba la mano. lo cogió y lo metió entre sus piernas. se redondeaba alrededor del pene. acercándose. el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. brillante a la luz de la luna.

sácala —dijo ella con voz ronca. llevándose las ropas. —obsesivamente. Él temblaba dentro de la mujer. Ella volvió a gritar: —Sácala. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. Le dejó jadear como perro en celo. Se arrojó sobre ella. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. Pero tampoco ahora pudo correrse. . y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. se pusieron en pie y anduvieron. Finalmente. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. estirándose hacia ella.. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. Él obedeció. Ella mantenía la boca abierta. No cogió inmediatamente el pene. esperando. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. abierto y expectante. Rodaron juntos largo rato. El miembro se puso duro.—Saca la lengua.. sácala. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. La mujer esperó. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. como si fuera a alcanzarla. abriendo su ser. Y al seguir andando. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior. yendo ella delante.

—Sí. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. la caricia del viento. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. con el amanecer próximo. no la dejaría hasta haberse corrido. Ella estaba muy excitada. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. aturdidos. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. Luego vieron una casa y se detuvieron. repitiendo muchas veces. Mientras andaban. Echados de espaldas. cuando estuvo dentro de la mujer. de pie.. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. Avanzaban como borrachos. Esta vez.. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. no obstante. palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. Quería correrse. Sin mirar a Louis. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. fumando. pero. Él se mantuvo arriba. la arena cálida contra su piel. descansando. Los dos aullaron al unísono. Me gusta así. no te corras. Por entonces vivía en . Una vez lo detuvo. la caricia de la boca del hombre. adelantando ligeramente el vientre. la mujer le contó una historia. ella sostenía en la mano el pene erecto. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido. almohadillándolo. pero despacio. quería contenerse y esperarle. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático.

durante la Revolución. afrontando el proceso con gran valor religioso. . por primera vez vería morir a una persona. Allí se quedó. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. poniéndose de puntillas. emborrachándose. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. en una placita cercana a la prisión de la Santé. Aguardaron en pie toda la noche. Pero en el caso del ruso. apretada contra el cordón policial. Ella había esperado con los demás. Luego.Montparnasse. dadas las grandes pasiones que había despertado. al igual que todos sus amigos. y formó un círculo. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. podía ver. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. la multitud se dirigió hacia la plaza. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. Hacia el amanecer. La gente la aplastaba por todas partes. cuando no había nadie. El reo apareció con los ojos vendados. muchísimas veces. De todas formas. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. fascinada y aterrorizada.

En su estado tembloroso y excitado. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. Al mismo tiempo. lentamente. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. con destreza y rapidez inesperadas. la presión no era desagradable. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. su deseo duro contra su propio culo. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. No se movió ni volvió la cara. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. Contuvo la respiración. por si protestaba. De cualquier forma. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. tan clavada la tenía la curiosa multitud. Tenía el cuerpo enfebrecido. Ella no hizo el menor movimiento. casi no se podía mover. antes de pasar al siguiente botón. lo guiaron por la escalera del patíbulo. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. En medio de la palpitante multitud. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. Dos guardias cogieron al hombre y. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. . La mano se detenía. Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. Luego.El verdugo estaba dispuesto y esperaba.

. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. Louis descabezó un sueñecito. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. el pene se estremeció dentro de ella. Después de esta historia. El cuerpo de ella tembló. y así la perdió. en algo humano. abriéndose inexorablemente su carne. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. se desmayó.. . Sin decir una palabra. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. saturado de sueños sensuales. el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. conforme el miedo se convirtió en placer. firme y duro contra su carne. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. vio que la mujer se había ido.a cada latido del corazón. Al despertar. Casi dejó de respirar y. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. La multitud aplastaba al hombre contra ella. cálido y consolador. que era vida. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. el pene avanzaba un poco más. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. Lo sentía caliente. vertiendo su cálida vida. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés.

Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. por los cafés y por los parques. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. igual que el mío. lo sofoca. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. la boca ávida.Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Se compró un camisón de blondas negras. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. Las mira con una extraña mirada de rabia. se avergüenza. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. de los amores de todos. la mirada provocativa. Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. Dijo que se había comprado el camisón para un amante. Está celosa de todo. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad.

Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. Desayunábamos juntas. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez. —¿Por qué? —le pregunté—. Lo suyo era la jungla. Le gustaba que nos besáramos en la boca. Todo el resto de su cuerpo era suelto. Mientras se vestía.aureolándole salvajemente la cabeza. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. Pero no era un ser libre. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. Me puse triste. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. Tenía ojeras y un gran desasosiego. Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Me gustaba verla arreglarse para la noche. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. íbamos de compras. como si hubiera un león en el cuarto. poco convincentes. dejaba caer la camisa. simulando no haberme . las orgías y las danzas africanas. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Acostada. Nos sentábamos en los cafés. Hans y Michel. dábamos paseos. provocativo. Hizo todo lo posible por seducirme. Eso significaba citas secretas. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. Todos sus gestos eran desordenados y violentos. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Si su boca. interiormente se sentía inhibida. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo.

dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. y entonces paraba. —Si fuera hombre. Yo me enfadaba. —¿Qué quieres.oído entrar. y durante un momento quedaba desnuda. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. No quería lastimarla. Sus escenas me iban agotando. que se rindan. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. te mataba —decía. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. Lina. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. Cuando Hans la vio. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos. estoy perdida. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . Odio verte con hombres. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Quiero que quieran. Si me abandonas. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. cubriéndose luego. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo.

Tenía la voz dulce y envolvente. —¿Qué has hecho. Lina tenía los ojos semicerrados. . Él sonrió. Sonreía maliciosamente. Parecía un hermoso animal. Se sentó en el canapé forrado de piel. Me di cuenta de que Michel quería dominarla.—Tienen algo que yo no tengo. —Tráela y la hipnotizaré. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. Lina aceptó. —He quemado un incienso japonés que da sueño. Es afrodisíaco y no es peligroso. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. Él había quemado incienso. —Pero yo querría tenerlo. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. Ya verás —me había dicho Michel. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. Fuimos al piso de Michel. La atmósfera erótica la turbaba. Contaba historias de sus viajes. un animal cuya captura bien valía la pena. Más adelante. El incienso nos iba adormeciendo. Vi que Lina escuchaba. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Querría tener pene para poder hacerte el amor. pero una clase de incienso que yo desconocía. Yo me reí. Lina quiso abrir la ventana. Luego se quedó dormida.

pero le causaba placer. cogidas de la cintura. Mantuvo su boca en la mía. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. Había cruzado las piernas. Se lo permití. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. hecha una furia sexual. Michel volvió a poseerla. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. firmes y redondeadas. A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. Empezó a acariciarla. a desnudarla. Cuando Lina y yo salimos a la calle. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. pero se mantuvieron firmemente cerradas. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. Se tiró sobre mí. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido. Tenía unas hermosas nalgas. Él mordió los pezones. .Lina no estaba completamente dormida. con los ojos cerrados. Al día siguiente abandonó París. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Lina sólo quería el pene. acariciándome con la boca y las manos. Lina se irguió en el asiento. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. esta vez por detrás.

En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. al igual que Edna y Jack. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. graciosa y delicada. Lo hacían con gran secreto. sin aventurarse más. morena y vivaz. Lawrence. Jack y David. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. Una era rechoncha. Dorothy era la fuerza. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar . Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. H. A pesar de eso. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones.Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. con los ojos húmedos y brillantes. Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. La otra. Tenían dos hermanos. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos.

El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. Dorothy estudiaba escultura. un deseo de protegerlos. Como jefe social del crucero. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. Luego. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. Aun así. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. el primer hombre que realmente había conocido. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. y a las esposas la de los maridos. y también en facilitarles sus intrigas. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. Prescindió de acariciar a las hijas. El puritanismo se reafirmaba en la familia. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta.cometiendo los mayores delitos sexuales. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. . Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. Con el fanatismo del inquisidor. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. de repente acabaron los juegos. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene.

le impidió la efusividad de su amor y su deseo. Edna regresó del viaje alejada del marido. sintió que no era deseable. aunque no sabía por qué. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. hasta que un día. de treinta años. Estaba fascinado por la voz de Edna. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. Compartía con Edna el amor al teatro. Mientras la desnudaba. No se daba cuenta de que aquello era amor. y lo que vio fue un hombre cuarentón. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. . Lo cual le paralizó el ánimo. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. Sexualmente no la conmovía. le pareció que no la poseía a ella. La trataba un poco como a una hermana mayor. Le renovó la fe en sí misma. En parte por ganas de vengarse. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves.Se casaron. en su atractivo. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. Ella lo hechizó completamente. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. sino a una mujer como cientos de otras. con el pelo clareándose. Se sintió humillada. moreno. encantado por su suavidad. No había demostrado la menor emoción. Desde la primera noche. Entonces se presentó Robert.

imponer su capricho ni herir con la . la boca y el cuerpo. gozarla. todo era lo mismo. Sus palabras de alabanza. la incitaron y ella floreció entre sus manos. Ahora era libre durante seis meses. La telefoneaba a todas horas para oírla. en secreto. Edna y Robert estaban siempre juntos. y Robert tuvo una segunda erección. representaron un beso interminable.estando entre bastidores. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York. de adoración. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. de sólo vivir para las manos. con torpeza y prisas. tomarla. pero siguieron besándose y acariciándose. sus gritos de asombro. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. la coartada eran los estudios de arte dramático. momentos equívocos ni mala voluntad. la hacía arder por todas partes. de ceguera. les entró polvo en la garganta. Fue un período de embriaguez. No había tensiones. de absoluta seguridad. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. Para Harry. Cayeron al suelo. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. Él la tomó sobre el sofá del decorado. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. escuchándole y dándole sus opiniones. Su amor nunca era violento ni cruel.

empequeñecían y languidecían. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que. las piernas robustas. donde había estado trabajando de escultora. blando y oscuro. Sólo los tímidos se le acercaban. bien que no puritana ni escrupulosa. en su presencia. Edna ocultaba sus sentimientos . No creía que aquello fuese amor. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. los rasgos firmes y cincelados. la voz terráquea. como si buscaran su fuerza. por humillarle y destruirle. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. Hizo la guerra a Robert. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. que la mordían y confundían.fuerza o el deseo. su misma naturaleza dura y fuerte. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. Se mostró cortante. utilizaba palabras gruesas. Pero seguía siendo inexpugnable. Era franca como un hombre. mordiente. Cuando los tres estaban juntos. todo hacía pensar en sus propias obras. Pensó que Robert era la causa y le odió. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Vio lo que le ocurría a Edna. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. muchos hombres se inhibían. No. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido.

Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. se encontró contemplando este .respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. Una mañana. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. al despertar. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Los pechos bailaban con sus movimientos. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Entonces. limitándose a vivir en el romántico presente. Tenía un cuerpo magnífico. Dorothy guardaba silencio. —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. Harry había vuelto a irse por seis meses. creyéndose sola. durmiendo. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. En aquella puerta había un espejo. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. mirando por la ventana. Dorothy vio que Edna salía de la casa. como un soñador. Se sujetó el pelo en alto. ni lo pensaba siquiera. Y Robert. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. no se preocupó de cerrarla. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. se maquilló la cara. Entró al baño a lavarse.

Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. Al poseerla. . pues ella se defendió. Robert medio la arrastró. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. Dorothy no hizo ninguna exclamación. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. Dorothy seguía visible en el espejo. Dorothy fue presa de un extraño temblor. ardía. Ella ni se dio cuenta. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. de doblegarla a su voluntad. Robert estaba desnudo. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. después del primer dolor. de la boca. Al cabo de una hora. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. ella volvió a atraerle. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. De pronto todo su cuerpo se encendió. de su cuerpo. aumentando el dolor. Cuando todo hubo concluido. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. Apartó los cobertores. medio la llevó en brazos a la cama. de las manos. rompiendo su virginidad. Al acercarse él un paso más. Robert no pudo aguantar más. Cayeron el uno sobre el otro. Fue una especie de continuación de su lucha. la mordió.espectáculo desde la cama. del hombro. la vehemencia con que lo recibía. Robert había descubierto una sensación más fuerte. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. Donde él la tocara. Se había inclinado para recoger el peine. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo.

y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. se lo confesó todo. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. No le diría la verdad. Inició una relación con un joven americano. lo que le paralizaba. Estaba desgarrada por los celos. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. porque se parecía a Robert. Ella continuó viéndose también con Donald. Donald. llevado por la necesidad de tener una madre. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. de aniquilamiento. para verla retorcerse en la exquisita tortura. Luego se fue de viaje con Robert. una sensación de vacío. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. avanzando hacia su boca. Dorothy fue a París. Rogó a Dorothy que le acompañara. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. Robert fue a París a reunirse con Dorothy. No sabía cómo mirar a Edna. Poco después. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. Edna lo siguió. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . que se veía obligado a disimular constantemente. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre.Después. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. sin pensar en el daño que hacía.

para correrse con el contacto. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. pero no podía. Y ahora llevaba una máscara. Edna no contestó. encantadora. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. para sufrir hasta la última gota de amargura. su voz era como una canción. Se limitó a mirar fijamente. Dorothy desfalleció al verla. El cabello era mortecino. Cuando hubo terminado. Encima de la máscara había puesto polvos. La boda fue fantasmal. Edna fue a París el día de la boda. Se apretaba contra ella. sin embargo. Dorothy se desmayó. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. Y ella también aprendió a atormentarlo. Edna llevaba flores y era la . aunque fuese andando. les bastaba rozarse por la calle.que él la rozara con la punta del pene. Le gritó. Un mes antes estaba resplandeciente. Debajo no brillaba la vida. como una aureola que la envolvía. En pocos días se había convertido en una anciana. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. amenazándola con suicidarse. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. amenazando a Dorothy por embaucarlo. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. para ser presas del deseo.

Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. Luego la mujer se puso a gemir. La noche siguiente ocurrió lo mismo. Robert probaba acariciarla. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Después. debido a que los buenos estaban llenos. la tensión de haber visto a Edna. Y la otra. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. de la escena que le había hecho Donald. de la boda. Es la tensión. Era como si hubiese muerto. Se acostaron. Simulaba sentir placer. Dorothy guardó el secreto. La vida le había abandonado. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Dorothy procuró ocultárselo. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. Estuvo tierno y aguardó. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. y quizá liberarse y volver a Robert. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo.auténtica imagen de la muerte. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. pensó él. En su . Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. Robert y Dorothy partieron de viaje. Dorothy lloró por la noche. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente.

que me dejaras y te fueses con Robert. Luego. Y me volví loco y quise matarte. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. Sabía que te atraía. Tú sabes cómo te hacía el amor. Una vez te hice sangre. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. Donald la miró. Edna no podría privarla de eso. te doblaba y te retorcía. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. que intentara borrarlos de tu cuerpo.interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. Luego su rostro adoptó una expresión . cómo te reventaba los huesos. aunque no hasta qué punto. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. Intentó volver a encontrarse con Donald. debías coger un taxi para irte con él. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. Pedías violencia. Donald arqueó las cejas. Se había endurecido y cristalizado. no podría acabar con su vida. Por eso respondía. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. cuando me dejabas. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. en París. Pero Donald había cambiado.

—¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. me quedaré.. si quieres. Ellos no se dan cuenta de mi presencia.. En cierto sentido. y los dejo solos un rato. ve un rato al . se sientan en mi habitación. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo.. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. Luego voy a la cocina. No quiero más amores. y otro arrodillado delante de ella.irónica. Invito a determinados amigos escogidos.. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. les ofrezco bebida. —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. con las faldas levantadas. Ahora. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo. Posiblemente es una especie de recuerdo. mis pequeñas predilecciones. así debieron ser las cosas entre tú y Robert. »Cuando vuelvo. o bien él sentado en el sillón y ella.. Pero se percató de algo que la hizo detenerse.. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. mirándola o besándola. a preparar más copas. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha. Dorothy se disponía a irse. derritiéndote. quédate unos minutos. donde tú estás sentada.. Ellos ya conocen mis gustos..

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

.era Robert quien la poseía.

Yo siempre la miraba con admiración. con el pelo corto y la cara redonda y festiva. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. golpeándolo. de cejas pobladas. envolviéndolo a uno. la otra parecía un vikingo. la melena espesa y oscura. Duró varios días. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos.Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. La alta era hermosa. girando enfebrecidamente. No sólo es caliente y seco. batiendo las . Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. No eran alegres. Durante el día iban solas. sino que avanza en remolinos. Su secreto me preocupaba. Vivían una especie de vida hipnótica. Entonces llegó el siroco africano. Una era pequeña y aniñada. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. espléndida de cuerpo y testa.

Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. No se puede dormir. secándolo todo e irritando los nervios. Me senté con ellas en una gran habitación circular. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. rompiendo cierres. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. no se puede leer. Las dos mujeres iban delante de mí. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que . Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. La más joven nos dejó para hacer té. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra.puertas. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. no se puede pasear. La mujer debía tener esa sensación. no se puede estar tranquilo. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. Entramos en la casa juntos. hecha de piedra y con muebles campesinos. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta.

Casi no podía verlo como un hombre normal. Hasta cierto punto. me enseñaban a arreglar las flores. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. Me servían como esclavas. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. creía yo. encontré una casa adorable y exquisita. Habló como si estuviera en un confesionario. llena de sirvientas. Yo me casé con China. con adoración. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. a cantar. encorvado. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. en un sombrío confesionario católico. Así era como me las había imaginado. Era alto. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. Al llegar. Su vida en China había sido difícil. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. . »En seguida nos fuimos a China. Cuando él se enamoró de mí. de unos treinta y cinco años. escribir y hablar su lengua. pero parecía mayor. con los ojos gachos.el viento empujaba. yo estaba enamorada de la idea de China. pues comenzó a hablar. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. Me cepillaban el pelo. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar.

. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola. Incluso me acarició. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto.. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. y tú eres tan grande. «Intentó consolarme y animarme. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas. los cuerpos estaban completamente enmarañados. pero los tabiques eran como de cartón. Mi aparición las espantó. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. le rogué y le supliqué. con una delgada colchoneta.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad.. Los lechos eran duros. Me casé contigo porque me enamoré de ti. de modo que al principio no dormía nada bien. bajos. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. y no sabría decirte la razón. vino a mi lado y . Al principio no comprendí lo que era. En la semioscuridad. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. Yo me puse a llorar. que lo acariciaban. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. »Al día siguiente. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—.. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. cuando estaba en la cama.

«Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. fuerte. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. Pero me pasaba las noches despierta. que me trataba como a otro hombre. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. Me juró que así era. pero no tuve valor para cerciorarme. que no volvería a desear las mujeres chinas. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. Bebíamos y explorábamos Shanghái. Al principio dolía. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. pese a ser de goma las espinas. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. pero cuando vi que gozaba. Por último. Él no escatimaba ninguna . un hombre alto. Decidí huir de él. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. Pero le permití tomarme de esa manera. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. Salíamos juntos. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. dejé que siguiera.me dijo. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. »En el hotel conocí a un escritor americano. atendiendo a los ruidos de su cuarto. muy activo. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. como a un camarada.

. »—Eres como una tigresa —dijo— . Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa.clase de trucos. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. era la voz de mi marido. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. Me sentía libre. olía su cuerpo. La camisa me colgaba por fuera. había conseguido bajarme los pantalones. retorciéndonos unos con otros. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái.. Mientras. Luchamos durante largo rato. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones. Al apretarnos el uno contra el otro. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. con mis piernas alrededor de su cuello. aprovechándose de mi postura sobre la cama. y me besaba y amasaba los pechos. Nos reímos juntos. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza. y luego sobre la cama. Él me cogió en el suelo. Yo jadeaba tendida de espaldas. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. Nos dejamos caer sobre la cama. Me gustaba su fuerza y su peso. había descubierto dónde estaba. Cogí el aparato. Eso me gusta. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. Creí que me iba a romper la espalda. Hablaba y hablaba. me mordía entre las piernas. con la cabeza colgando y rozando las losas. Como fuera. Jadeábamos. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. Tomamos otra copa. El placer era tan agudo . »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto.

. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo.. . «Empecé a viajar con él. cuando nos encontramos en la oficina de correos. Pero ella se mantuvo en silencio. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. Al rato me fui. Me sentía feliz. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. en la habitación contigua a la mía. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. Yo pensaba que se iría. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. Fui presa de un diabólico impulso. Sentía curiosidad por su joven compañera. Hablé de todo con mi marido.que prolongué la conversación. La mujer se sentó. En realidad. Estoy viviendo con otra persona. Al otro día. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. «Recordé todo lo que me había hecho.

Novalis la miraba con los ojos apretados. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. era española. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. la primera noche María temblaba de placer. la Maja desnuda de Goya. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. .La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. En primer lugar. Fueron a vivir a Roma. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. y además absolutamente burguesa. además era católica. De pie junto a la cama.

nunca posó para él ni le . despreciada. Me haces cosquillas. —No seas tonto.quería verla. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. Pero. algo enfadada. Ven a la cama. sino el deseo de un pintor. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. ofendida en sus profundos prejuicios. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. de un artista. coaccionadas por el temor a herirla. Pero él insistió. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. querido Novalis —dijo—. Las manos del hombre. Durante las semanas siguientes. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. Me estás haciendo daño. Lo que pedía no era un capricho de amante. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. con mansas protestas. —Eres tonto. Ella se rió. Sobre las tensas sábanas. María se resistió. Debía superar sus prejuicios burgueses. le dijo. El arte se mofa de semejante modestia. poco a poco. se fue entregando. Libre de velos. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. dejándose tratar como una niña. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. admirarla. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. acalorándose.

se quedó dormida. Con franca inmodestia.permitió tener modelos. Una tarde que entró de repente en el estudio. Él trabajó durante horas sin pausa. y discutiendo a todas horas. negándose a posar. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Pudo subirlo por encima de los . y comenzó a padecer insomnio. tan dormida que casi no se movía. escuchando y espiando detrás de las puertas. para que nadie pudiese reconocerla. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. tuvo una extraña ocurrencia. Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. por unos instantes perdió la vergüenza. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. lentamente. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. fue levantando el camisón de seda. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. Más tarde María hizo una escena. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. Además. Apartó las sábanas que la tapaban y. Agotada por la vehemencia. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo.

Más tarde. trajo papel y lápices. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. Se encerraba en el estudio durante días enteros. Mientras trabajaba. Pudo proseguir durante un par de horas. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. Novalis siempre alteraba el rostro. tal como había estado el primer día que posó. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. La pintaba sin respiro. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. lo contempló tanto rato como quiso. siempre durmiendo. En lugar de eso.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. De este modo le hizo varios cuadros. abandonada. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. siempre tendida. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. estiró el camisón. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . La deseaba cuando estaba dormida. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. María estaba pasmada por la obsesión. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. opulenta y apacible.

las piernas abiertas. Observando la pose sin limitaciones. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. la casa parecía desierta. Se fue al campo. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. y con el pene erecto.cálida le recorría todo el cuerpo. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. pero sólo cuando lo pintaba. Se acercó a la puerta. y encima. desnudo y con el pelo alborotado. para ver en medio. Notaba una incipiente erección. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. Ahora empuñó el pene con su propia mano. Lenta y silenciosamente como un ladrón. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. No había el menor ruido. besándola y acariciándola entre las piernas. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. restregándose contra el cuadro. estaba su marido desnudo. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. lascivo. Se revolcaba como nunca lo había . Cuando llegó. a pasar una semana con unos amigos. como ella no lo había visto nunca. Se restregaba contra la pintura. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. la abrió. con el propósito de arrebatarle esta caricia. Fue de puntillas al estudio de Novalis.

esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. por sobrepasarlos. Al quitarse las ropas. libre por primera vez. voluptuosa y bellísima. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. le reveló una María nueva. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. abandonada como en los cuadros. la propia sensualidad contenida de María se incendió.hecho sobre María. . que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre. Ante este espectáculo. desnuda. una María iluminada por la pasión.

Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. como les ocurre a muchas mujeres chinas. no era como las chicas de mi edad. Yo tenía dieciocho años. Nunca había salido sola con hombres. Era lo que se podría llamar una persona protegida. nunca había leído más que novelas literarias y. de cantar y bailar. de arreglarme bien el pelo. o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica. de leer los mejores libros. de tener una conversación inteligente. por supuesto. . de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. de mantener las manos blancas y delicadas. de escribir con elegancia. Este fue el resultado de mi educación europea. tales como mal humor o rebeldía. Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica.

Hablándole. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. respondiendo a toda clase de anuncios. Es una especie de refugio para chicas.De repente. Ahora recorría las calles. pero no sabía escribir a máquina. Te presentaré en el club. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Los artistas se inscriben en el club. sobre mí y enumerando mis cualidades. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. en la calle Cincuenta y siete. decidí ponerme a trabajar. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. que así no tienen que ir de estudio en estudio. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. Cuando llegamos al club. había . sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. aunque sólo fuese una apariencia. —Ya lo tengo —dijo—. Es cierto que tu cara es poco corriente. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. pero no los nuevos bailes populares. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. Pues bien. en broma. Se puso contenta de verme. Sabía danza española. Rara vez había estado sola en Nueva York. Sabía lenguas. Mi amiga se puso en pie de un salto. donde se les conoce. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. En ninguna parte inspiraba confianza. Ya sé lo que puedes hacer.

El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje.gran animación y mucha gente. El ensayo estaba en marcha. Todos los años. Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. Vi un nuevo ser en los espejos. También había mujeres que pintaban. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. Fui recibida con aplausos. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. al estudio de un ilustrador. Fue como un baile de máscaras. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. a las cuatro en punto. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. En casa. y así sucesivamente. a la una. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. mi anuncio de que era modelo sentó como una . ya no parecía la misma. No resultó difícil. al estudio de un miniaturista. Estaban preparando la función anual. los pintores hablaron con nosotras.

—¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. Esto no se lo había mencionado a mi madre. .bomba. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas. —No.. pero por dentro estaba satisfecha. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa. me sentía algo así como una puta. —No —dije yo—. pero eso era todo. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres. Mi madre lloró un poco. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. —En fin. Aquella noche hablamos en la oscuridad. Y para mi gran asombro.. porque la mujer se humedece antes. Eso me pareció repulsivo. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. Pero ya estaba hecho. En realidad. de manera que se desliza fácilmente. —Debe ser difícil meterlo —dije. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta.

a mí nunca me violarán. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. La otra lloraba. Mientras mi madre hablaba. detuvo el coche. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. de aspecto . pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. mi acompañante.En ese caso. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. o más bien. era calvo. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. me mataré. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. con las ropas desgarradas y ojerosas. —No hay sangre —decía una—. para lo que me estaba preparando. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado. El primero tenía unos cincuenta años. Creo que no ha entrado. Pocos meses antes. pensé para mí. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile. Las dejamos entrar en el coche. John. Las acompañamos a su casa. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. Inmediatamente se metieron juntas en el water. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. desgreñadas. me pregunté si era eso lo que temía.

Yo iba echando las prendas por encima del biombo. —Qué mala suerte. que ella era insoportablemente celosa. Al terminar el baile. que no le permitía pintar desnudos. Dijo que se había casado con su primera modelo. Había más . que no dije nada. —¡Qué rico! —dijo—. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. Las tres horas pasaron de prisa. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. ¿Posas desnuda? —No. vi la cara del pintor asomándose sonriente. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. y porque se servían almuerzos baratos. De nuevo había que posar. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. Tenía un hermoso estudio. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. Me vestí y adopté la pose. El pintor hablaba durante el trabajo.bastante europeo y con bigote. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. me besó en el cuello. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. como si fuera una escena de teatro.

me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. te lo aseguro. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. haciéndose señas unas a otras. Veo tantos. Llevaba la camisa con el cuello abierto. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. Siempre poseo a mi mujer vestida. —Me gustaría pintarlos —dijo. Cuantas . Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. Al inclinarse para tomar medidas. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. Lo que hacía era para la portada de una revista. Al día siguiente fue el joven ilustrador. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. La mantuve. una especie de gesto incitador. No conseguí hacerlas hablar. Me tiró del chal casi hasta la cintura. Ponte un chal o lo que sea.chicas y estuvimos charlando. el chal resbaló y aparecieron mis pechos. que no me interesan. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. No quiso que me moviera. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. Vi que no llevaba bragas. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. se echaron a reír. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. No se movió cuando entré.

Estábamos en silencio. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. No estaba posando. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . Hablaba. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. No necesitas pintártelos. así que me alejé enfadada. Eso fue todo por aquel día. mejor. Él siguió sonriendo. Los calienta. Me ofreció un cigarrillo. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Eso me molestaba. Yo estaba sujetándome el chal. he dibujado millones de mujeres. Hizo un apunte de las piernas. La próxima vez haré un dibujo de piernas. ¿verdad? Son sonrosados de natural.más ropas lleva. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. —¿No es divertido? —dijo—. Luego se puso en pie. La mayoría son de un color parecido al cuero. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. El martes tardó más en ponerse a trabajar. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. Levanté las faldas por encima de las rodillas. —Tienes unos pezones muy bonitos. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo. Me tapé. Y apago las luces. porque en absoluto había sentido placer.

Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. Rápidamente. Al mismo tiempo. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. del ruido. ocurrido. me deslizó una mano bajo la falda. Yo estaba enamorada de Stephen. Eso le hizo sonreír. a pesar de no estar enamorada. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans. Recuperé la pose y no dije nada. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. Unos amigos nos llevaban en automóvil. pero en realidad me había dado placer. Cuando lo rechazaba. Yo lo empujé con violencia. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. de la excitación y la alegría. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer.en mitad de la boca. quitarnos las máscaras y . También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. lo hacía por costumbre. hacia un año. para saltar a nuestro automóvil.

Una de las modelos más adorables. Me siento hermosa. El beso me dejó lánguida.besarnos mientras mi tía daba un grito. cuya cara no era especialmente bella. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. Una vez hice striptease.. vamos. Disfruto mientras me miran. Ahora no puedo esperar para quitármelas. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante. que es como si me estuvieran haciendo el amor. Eso me excitaba. el placer es tan grande.. Siempre me llevaba un chasco. A mí me encanta. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. lánguida y turbada. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. Me encantó.. es tan. Solía quitarme las ropas en las fiestas. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Y cuando poso para toda una clase de artistas.. Me gustaba exhibir mi cuerpo. A veces los acaricio. Pero sé de otras chicas .. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. Disfruto de mi propio cuerpo. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda.. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. Me gustaba ver que la gente me miraba. pero que tenía un cuerpo soberbio. Luego desaparecieron entre la multitud. Los vestidos de raso me daban escalofríos.

y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. Era quien sabía cómo debíamos disponernos. Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. si todo el mundo lo ve. Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. muy en decadencia. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. El hombre no me gustaba nada.. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. Cuando los hombres pintan o dibujan. y que es muy excitante. Tuvimos que repetir muchas veces. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Yo estaba incómoda.que no sienten lo mismo. no nos invitarían luego a fiestas. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. Siento que es completamente impersonal. una chica y un hombre. Cada una de las veces que el hombre . —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—.. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas. Me situó en postura de besar.

desde luego. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. Quería que me tomase. porque . Oyéndole hablar. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Estaba ofendido. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. debía decírselo. Eso no. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. Yo lo hacía mal. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. —¡Más pasión. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. Están en el colegio o en casa. De una u otra forma. El ilustrador comenzó otra escena. de menos de veinte años. En Europa. estirados sobre la arena caliente.interpretaba el beso. Su mirada se volvió burlona. Ahora quería convertirme pronto en mujer. Sabía que Stephen me amaba. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. Pensé en nosotros en la playa. las chicas jóvenes de tu edad. El hombre repitió el beso. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. pensé en Stephen. no había necesidad de meterme la lengua en la boca. no interesan a nadie.

poséeme. Es una verdadera aventura. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. —¿Te. —Pero.. Deseaba que me hiciera mujer. —No.. ver sus obras.. —Poséeme. te hacen el amor? —preguntó Stephen.. me gusta la atmósfera del estudio. Es variado. Muchas veces tenía que posar de noche. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó.. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. buenas o malas. —Lo adoro.. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. quería ser poseída y conocerlo todo. por unos campos oscuros. —No me importa el matrimonio. Todo lo cual se lo conté a Stephen. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso. las historias que cuentan. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. Stephen me besó. Él estaba orgulloso de mí. Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. nunca igual. Pasó el momento. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. si tú no quieres. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle.entonces se pondría muy nervioso. Se quedó absolutamente pasmado. Él creyó que era un simple ataque de ciega . Tenía más trabajo que ninguna del club. Stephen —dije—. —Quiero casarme contigo —dijo—. Poséeme. —¿Te gusta posar? —dijo. pero no puedo hacerlo en este momento. Adoro estar con pintores.

por lo mucho que cambian. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Renuncié a mitad de camino. No parecía prestarme atención. El estudio estaba en la planta trece. por ejemplo. Le pregunté quiénes eran.. Es la única manera de acercársele. como los místicos de la India. Tú. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. esas manos delicadas. cómo cambian cuando los turba el deseo. Es europea y le gustan las complicaciones. que había perdido la cabeza. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. En su mayoría.pasión. Tenía medio hecho el cartel. a la cama y lloré. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. —Ésta. Era de mañana y el edificio parecía desierto. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. eran retratos de actrices. »He conocido otros ángeles del sexo. ésta exige romanticismo. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden.. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. Es maravilloso verlos cambiar. Me respondió detallando sus gustos sexuales. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. Acepté. Lo pone difícil. Cuando llegué ya estaba trabajando. Me fui a casa. con tu . Me cansé. Era demasiado trabajoso.

¿no es verdad? —No.. He visto cambiar tanto. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. —Casada o no. Nunca me engaño. estoy casada —dije. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. a mi deseo de iniciarme en la vida. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. Puedo asegurarlo. que guardé silencio. tu marido aún no te ha hecho mujer. Tú eres virgen. eres virgen. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. Los ojos cambian.. ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. No estaba asustada. y las creyeron endemoniadas. puedo imaginarte mordiendo y arañando.aspecto de que nunca te han tocado. en animales.. Si estás casada. Luego. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. a las criaturas idealizadas y veneradas. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. La primera vez que . cambian.. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera.

Me gustaría ser el primero. Sólo puede ocurrir si quiero. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. si es capaz de excitar a una mujer. es falso. Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta.te vi. a lugares alejados en todas direcciones. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. Si un hombre es capaz de hacerse amar. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. si ven que una mujer disfruta con el sexo. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. Después puso el . —Eso es precisamente lo que estaba pensando. en realidad. Pero sólo si tú quieres. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. entonces ella se sentirá atraída por él. Creo que es una superstición. y no quiero. En realidad. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. Sonreí. a la playa. sentí lo maravilloso que sería iniciarte.

—¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—.. sabes. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . toma el humo de mi boca y aspíralo. Hay muy pocas modelos buenas por allí. Así que fui. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. Me hizo toser. y estoy aquí solo. —Ay —dijo—. Yo me alejé. ay —dijo—. riéndose—. Ahora. Aquí no se trabaja tanto. Estoy seguro de que estarás ocupada. —Ay. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald. Te he pagado el viaje. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. Volvió a reírse e intentó besarme. Hice como que me disponía a marcharme. que no vas a ser una compañía muy complaciente. —Sabes.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. carretera adelante. Tendrás que aprender a disfrutar un poco. preparándome—. Te sentará bien. —No me gusta aspirar. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. —Había entendido que me querías para modelo. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. que no sabes aspirar. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. —De momento no es una modelo lo que necesito. que vivía.. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera.

sin mirar lo que tenía alrededor. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. estando con sus amigos en la jungla. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. Nunca iba al pueblo. una mujer desnuda y salvaje. Era un ser solitario. pero de la maleza salió. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. Hablé con él y le conté mi historia. pero no podía disfrutarlo. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. Así que empecé a posar para él. Dijo que intentaría ayudarme. No conocía a Ronald pero se irritó.no saben divertirse. nadie te dará trabajo. dejando tras sí el fuerte . Vi a un hombre que pintaba al aire libre. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. y no conocía a nadie. me contó Reynolds. Así que me recibieron con frialdad. a no ser por comida. El país era bello y montañoso. Una vez. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. Pero Ronald ya les había rendido visita. con increíble velocidad. de pelo negro. como si yo hubiera engañado a alguien. Constantemente estaba inquieto. Se llamaba Reynolds. una mujer. trabajando de marinero para ver países exóticos. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. Su andar era indolente y sus gestos naturales. Si adoptas esa actitud. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. era un hombre de unos treinta años. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río. No le creí. Se sentaba a la sombra de un árbol y.

Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. Estaba asustado. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera. se lanzó al río y se alejó nadando. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. La mujer estaba bocarriba y reía. Era infatigable y tardaba en excitarse. Se restregó contra la carne de la mujer. sin darles tiempo a recuperar el aliento.aroma animal. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. más para aplacar el fuego que por deseo. Al mismo tiempo . Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. al cabo de un rato. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. de forma que. Pero ahora quería subyugarla. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. enseñando los dientes blancos. resultó ser muy hermosa. Era muchísimo más fuerte que él. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez. La tomó con rabia.

Yo no entendía cómo iba a posar para él. para huir de un salto de los hombres con escopetas. por lo visto. Se reía mientras contaba la historia. Durante el día. pidiendo más. Entró en la choza y sacó sábanas. si encontraba a Reynolds. se dio la vuelta. Entonces. El día . Eso la sorprendió. después de dos orgasmos. Quería que volviera a poseerla. pero él prosiguió las caricias. siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó. sus largas y hermosas piernas. —Será muy fácil —dijo—. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. Me apoyó contra una caja de madera. Tienes unos ojos hermosos. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. Cuando se cansó de poseerla. Pero él estaba pensando en otro cuadro. Nadie. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. con las que me hizo un manto. agazapada como una tigresa.la acariciaba. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. con sus pechos abundantes y puntiagudos. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. abriendo mucho las piernas. La había pintado en el paisaje. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. y su esbelta cintura. siempre le buscaba la mano. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. la había acariciado antes. pero tendrás que cerrarlos. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. de repente. Después de esto.

revoloteando. el olor de las plantas que nos rodeaban. su boca . la tocó con placer. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. —Sólo una caricia —dijo—. Notó mi humedad. Yo me iba relajando y ablandando. El calor. explorando. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. hasta que mi propia boca respondió. Cada vez que su lengua tocaba la mía. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. besándome. sino sólo las puntas del vello púbico. en una pose tan relajada. que no me movía. Me sentía lánguida e irreal. rozando ligeramente los labios. muy suave. La mano avanzaba. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. deseando que también la tocaran. las sábanas me hacían sudar y. muy suavemente. me quedé dormida de verdad. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. No me moví. Se inclinó sobre mí. echándose sobre mí. puso su boca sobre la mía. no sé por cuánto tiempo. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. Reynolds estaba a mi lado. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. pero con tal lentitud que era exacerbante.era muy caluroso. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. y luego alrededor del culo. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. sólo una caricia.

Él sonreía. Estoy contenta de que lo hiciera. Lo besé con gratitud. —Más fuerte —dijo. sin saber qué quería. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. —Sólo una caricia —repitió suavemente. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos. Meneé la cabeza afirmativamente.sobre la mía. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. —No te enfades —le dije—. Sólo la vi una vez... Reynolds me cogió la mano y me guió. Eres tan diferente. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. tus modales. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. dormida como . tu cara. tu forma de andar. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. Al cubrirse. todo me afectaba como una droga. Lo cogí con mis manos. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma. me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. hasta que el montículo se hinchó y endureció.

Una . He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. —¿No? ¿Tú. no me hubiese atrevido. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. A veces. hasta que me humedecía. incluso las putas. pero mientras eres mi prisionera. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. Eso lo excitaba terriblemente. como si fuera un cazador. tendidos al sol. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. Perdía toda la suavidad. Luego me tocaba levemente. como sin querer despertarme. Se ríen de mí. En realidad soy tímido con las mujeres. Durante diez días trabajamos al aire libre. Puedo derribar a un hombre. A veces simulaba querer algo más. pelear y emborracharme. Me gustaba su forma de acercárseme. Los dedos se aceleraban. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. pero las mujeres me intimidan. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. el aventurero. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. Todo eso le pasó a un amigo mío. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. primero levantaba el traje y miraba largo rato. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado.en el cuadro. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. —El décimo día te llevaré en coche. —De haber estado despierta. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. Siempre lo contaba. si tienes que volver. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje.

pero no le importó. Si te pasara a ti. —Sí. Nos acariciamos. —¿Eres feliz? —dijo él.vez le mordí. me mataría. Te quiero. la embaracé y tuvo que abortar. me besó hasta que tuve un orgasmo. Éramos felices. Guardé silencio. Nos besamos largo rato.. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. Sentía que compartíamos una corriente magnética. nos untábamos las caras de semen. —dijo— me asusta. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. Por primera vez. Me da miedo. le hice daño. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. ninguna otra cosa nos unía. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Eso ya lo sabes. al mismo tiempo. . Me tragaba la espuma blanca. Pero no puedo poseerte. Nunca había pensado en esas cosas. pero. Una vez lo hice con una chica. Durante el viaje de vuelta. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos.. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha. Cuando me besaba. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. —La pequeña herida que tienen las mujeres. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. Murió desangrada.

acostumbraba a decir. Había desaparecido. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. Cuando pedían nuestro número. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores.Estaba sin trabajo. —Es modelo de artistas. listas para cambiarnos rápidamente. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. Esperábamos en combinación. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. El individuo no se desanimó. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. cogiéndome el pelo. qué es lo que dices? —decía Stephen. Encontraba trabajo con facilidad. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. La tienda era terrorífica y gris. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. No ocurriéndoseme otra cosa. No quería . me negaba y perdía el empleo. —¿Qué pasa. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar.

Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. Cuando te canses. Era una especie de caballo sin cabeza. exactamente lo que buscaba. El pintor tenía cara de mujer. dímelo en seguida. Le dije que sí. Me quité las ropas y me monté en el caballo. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. El pintor dio su aprobación. Tengo dificultades con esta parte de la pose. cuadros de desnudos femeninos. cuando era joven. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. Se alejó y me observó. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. pálida. tapices de seda— y olía a incienso quemado. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. con grandes ojos negros. Se montó en el falso caballo para que viera.que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. —Eso es maravilloso —dijo él—. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. y sus gestos eran lánguidos y afectados. . La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. echando el cuerpo hacia atrás. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. como éste.

esta parte del cuerpo debe verse bien. Curiosamente. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo.Me estudió por todos lados. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. entre las piernas. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Saltando en todas direcciones. que puede rozar el sexo de las mujeres. Desde luego. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. un placer que desconocía. —Me tocó un instante. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. La dejé mirar. Aguanté con los dientes apretados. Aquí. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. Ahora está bien —dijo entonces—. Mantenla. así que continué. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones. muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. «para que se ponga . Insistió en lavarme con un algodón húmedo. Estaba rojo y un poco hinchado. Comenzó a dibujar. pero no dolía mucho. me hizo unos mimos y me besó. como si fuera parte de su trabajo.

—Sólo un poco —respondí una vez. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias. A lo mejor podrás gozar de nuevo. . —No sé —dije—. Jadeaba sobre mí.. Y de nuevo me consoló. Desmontamos. apretando los labios entre los dedos. a causa del dolor? Muy tiernamente... Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor. —¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente. maravilloso... —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No. —No siento nada.bien». ¿Tú crees que se ha. muerto.. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. mi amiga se inclinó y me tocó. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo. observándome y diciendo: —Maravilloso. —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación. diciendo: —Ya no parece lastimado. sí que sientes. no siento nada.

y entonces me abandoné al movimiento del caballo. dejándome ir contra el cuero. —Me gusta —dije—. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. montada a caballo y delante del pintor. de un placer que crecía. El pintor me observaba atentamente.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. rocé el sexo contra la prominencia de cuero. —¿No te gusta? —dijo. Le rogué que lo parara. no podría contener el orgasmo. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. Para que el pintor viera lo que quería pintar. de seguir. cuando era pequeña. que había hecho todo aquello para verme gozar. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. El pintor me observaba. Pero él sonrió y no lo paró. resbalé hacia delante y. Sí que me gustaba. por eso. Pensé que lo notaría y. hasta sentir el orgasmo y correrme así. le dije: —Páralo ya. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. Él supo cuándo debía parar el . al hacerlo. Me puse roja.

sé que.mecanismo.. —Hay muchas formas de hacerlo. Un guapo joven. O bien descubrían las propias debilidades. Poco después fui a posar para una ilustradora. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Actores. y ya se sabe. Desde luego. no hacía ningún secreto de su profesión. voy dándole al sexo de la mujer. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. con los ojos cerrados. que había conocido en una fiesta. Le gustaba estar acompañada. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. Tenía la puerta siempre abierta.. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. a . Rondaba por los grandes hoteles. Lena. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. cuando tengo dificultades. y entonces. sin mirar. La gente llevaba bebidas. actrices y escritores iban a verla. Aunque a veces. tomo drogas. La conversación era picante y cruel. la sensación viene a ser más o menos la misma. mientras tengo los ojos cerrados. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. saldría corriendo. Pintaba portadas de revista. El joven sonrió. vestido con gran elegancia. —Ahora descansa —dijo. Y mientras. Haciendo muecas. Muchas veces era invitado a las habitaciones. o camisas de seda.

un poquito. aristocrático y completamente cascado. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. »Sin duda. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. siguiéndola por los ascensores atiborrados. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad.este ritmo. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. Es un hombre guapo. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. Cuando salgo del apartamento. luego irán al hotel de ella. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. finalmente le hablará. Ella le invitará a subir. envidio a mi amigo argentino. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. Su traje dejará transparentar la figura. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. cómo paseará por la Quinta Avenida. Sabe cómo la agarraría. Gustaría a las mujeres. impecablemente vestido. mi compañero de piso. los dedos . y luego hacer que se vuelva. para que lo vea entrando y saliendo. coge los pantalones y se pone a estirarlos. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. Entrarán en la habitación. casi tocándola. y eso le excita.

Me quitaré el corsé. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. pero las parejas siempre se están besando en las calles. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. Eso es lo único que quiere. que acaricia mientras está tendido. Se abrazan . Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. Y se metió en la alcoba. en los cines y en los parques. la plancha y la tabla de planchar. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. bocarriba y fumando. planchando los pantalones. —Hace calor —dijo —. Es una ciudad muy humana. Y es contagiosa. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. medio desnudo. cómo se comportan.. un hombre muy joven. sobre todo París. pero tiene sensualidad en la atmósfera. »Una vez que se ha imaginado todo esto. Otro. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. Me interroga. y eso le excita. allí de pie. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. No sé por qué será.. en las mesas de los cafés. Deja de lado los pantalones. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. Lena rió. y se mete de nuevo en la cama. porque así se consigue un doble placer. No sé lo que tiene París. mi amigo está empalmado.aprietan más que la boca del sexo. Se sentó.

Me olvidé de Reynolds y de Stephen. debería estar agradecida en lugar de enfadarse. La mujer estaba encima del hombre. la suavidad de la atmósfera. No lo sé. tan fácil. En todo momento te vigilan las putas. por la noche. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo.. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. En los cines hay pequeños palcos. elevando la voz. Todo es tan abierto. Ningún policía se mete. »A las cinco de la tarde. la cosa se pone insoportable. Se paran para darse largos besos. . Todo el mundo está en las calles. En la oscuridad. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina. te tocan. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama. Una amiga mía.. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro. »Y no la ayudó. »Un día estaba en la plataforma del autobús... en las aceras de las calles. en los pasillos del metro.. Luego. Quizá sea eso. La atmósfera está cargada de amor y de deseo.. Me parecían como niños. Los cafés están llenos. completamente oscuros y cerrados con cortinas. mirando perezosamente las casas. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido.con absoluta libertad.

La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse. Todo el erotismo sale a la superficie. Era una modelo magnífica. que se entregaba como una puta. Eso hace que me sienta libre. para mayor comodidad.La reina El pintor se sentó junto a la modelo. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo . le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. No tengo que hacerles el amor. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. constantemente deseado. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas. Era la misma esencia de la prostitución. llevaba el cinturón flojo.

. unas venas tan vivas que. Medusa debía tener una melena como aquélla.. lánguida. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo.. era lo más sensual que yo había visto. relajada como un animal. Es imposible describir los ojos. cuando le tocaba la piel. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. El pelo de aquella mujer era. Se erizaba al tocarlo. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. Sus ojos. sino también las venas vivas. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas.. También la piel era erótica. que traicionaban su excitación. Lo que constantemente . Al principio de acostarnos estaba fría. presente en todas sus actitudes. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. Era pelo de animal. las notaba moverse debajo. completamente quieta. graso y fuerte.fascinante a esas mujeres. El vientre parece estar desnudo. »De una u otra forma. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. para sentir la contracción de los músculos. Estaba lleno de vida.. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo.. »Pero no era sólo el pelo. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección. Era cálido y almizcleño. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo.

todavía con los ojos ardientes. siempre húmeda. . directa e inmediatamente. ni en una boca con la que hablar. Era indecente te digo. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo. como una Fátima oriental. No.. Bijou. por un geniecillo. Bijou. con la que formar palabras. provocaba mi secreción erótica. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. »Era la reina de las putas. tan intenso. su forma de moverse —para atraer. con un placer nunca antes conocido. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. algo devorador. ni en la comida. delante de todo el mundo. tan incendiario. pero todavía pálida.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido.. la vibración de la sangre. como si temblaran con oleadas febriles. ordenaba la vibración del pene. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. con la que saludar. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. »Como fuera.. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. para excitar—. Al ondularse. de esta respuesta completamente erótica. la misma vibración en el sexo masculino. como si la transmitiera por contagio. Era una especie de vientre vuelto del revés. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. Sí. Cuando se humedecía.. en el café. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. de aniquilarlo. era como la boca del sexo de la mujer. Era como estar haciendo el amor en público. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. con remolinos de locura. y era capaz de expresar todos los deseos. con su misma forma. en la calle.

»Por las noches. con el cuerpo ausente de sensualidad. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. Verdaderamente era la reina de las putas. no se sentaba impasible. al igual que ciertos plumajes de colores. »Por la calle. incluso mientras comía. Uno sentía. Si reía. andando detrás de ella. se ha hecho que. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. »Las mujeres irremediablemente sexuales. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. con el vientre pintado en el rostro. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. Se ha hecho que los labios. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. en la pose de su cuerpo. . cuando no sabía que iba siguiéndola. en la cama. Todo quedaba descubierto. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. a la vista. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. las mujeres que irradian sexo por los pelos. veía que hasta los rapazuelos la perseguían. y cuando jugaba a las cartas. no se ponía nada. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. que acariciaba el mundo entero. como si dejara a sus espaldas un olor animal.. por los ojos. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células.. que seguía dispuesta para la posesión. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos.

patinar y darle por detrás. los brillantes dibujos se movían con ella. adorándola.por la nariz. con este objeto.. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos.. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte.. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. Lo deseaba. La pintaba amorosamente.. quizá. Lo han diluido. cómo cuesta encontrarles el animal. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. Bijou era infiel por naturaleza. Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. al principio. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. perfumado. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. de manera que huele como si fuera otra cosa. enmascarado. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. Ella estaba de pie y desnuda. Hubiera podido sentarme. Cada curva me . ésas son las mujeres que me gustan. Aún más. Por eso. »Las otras. como el lomo de un caballo de circo. vino a mi estudio horas antes del baile. como si fuera una actividad sagrada. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. »Al moverse.. como si fueran latigazos. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. por la boca y por todo el cuerpo..

Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. En ningún momento me miró.. Ahora parecía la reina del desierto. El baile estaba en su apogeo. Te esperaré en el baile. de laca. Era un orgasmo colectivo. Los tatuajes se habían corrido. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. »Claro está. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. Bijou iría completamente desnuda. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. con una hoja de parra. en apariencia. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel. Me permití besar el sexo sin pintar. pero. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. serás el primero. seguía faltando el sexo. Seguía de pie y sin moverse. Sacudió los pendientes. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Pero ahora no. se cubrió con una capa y se fue. »Y me dirigió una sonrisa. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. Cuando esté seca.. . en los ojos. Tenía un brillo duro. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. Y Bijou no me había esperado.producía placer. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. Al ir de un lado a otro. No me toques.

Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. Hilda se . comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. hablando de alguna experiencia anterior. O se sentaba en sus rodillas. le ofrecía la boca. comenzó a hacerle la corte. Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. cuando le hubo acariciado. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Vivieron juntos varios años. o bien echándose en el sofá.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. Hilda vivió la misma experiencia. profundamente unidos. Viendo que él seguía impasible. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata.

Salió de su actitud titubeante y tartamuda. Una noche. Estaba borracho. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. él no hacía ningún movimiento de acercársele. Así. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. que la dirigiera. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. poco a poco. se puso en pie. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. aguardando y disfrutando.habituó a su ritmo sexual. Pero verla le produjo una honda conmoción. ya que de natural era muy femenina. Sin embargo. A veces se quedaban tendidos y hablaban. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. de la melena negra sin peinar. Él se ponía boca arriba. ella se sorprendió ante la . durante una fiesta en Montparnasse. cejas y cabellos como el carbón. Perdió todo el recato y toda la timidez. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Complacía a aquel hombre porque le amaba. su propio estado de ánimo. que dominara su sexualidad. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. de ojos. de la pintura que le ensuciaba las uñas. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. pero no así los hombres. Hilda conoció a un pintor mexicano. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. la miró como si fuera un gran león y ella el domador. Ella aprendió a ser activa y descarada. Por otra parte. un hombre grande y moreno.

Hilda dijo que sí. inquieto. suspendida cual litera de barco. En la fiesta de aquella primera noche. que por entonces se estaban desmoronando. cogiéndoles los óleos y las telas. El mexicano era grande. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. Pintaba en los estudios de los amigos. La cama colgaba en la parte trasera. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. Respetaba sus leyes. abandonando luego los cuadros y marchándose. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. y la miraba con fijeza. era un vagabundo y un aventurero. Rango no sacó a Hilda a bailar. el techo. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. cerca de las antiguas barricadas. Rango estaba de pie. aunque sus amigos ponían la música. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. muchas veces hechas con pollos robados. nunca hacía el amor a las gitanas. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. destructivo. Rango andaba con las manos en los bolsillos y .imagen de demonio del pintor. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. La música era lánguida y relajante. Las ventanas eran de arco. Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. un poco más alto que Hilda.

Iba a la sombra de Rango. Era demasiado alto para el techo bajo. sentado entre las ropas. pero ella. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. La cama estaba destapada. de besos muy . sólo notaba una embargante sensación de fluidez. Él cogió una y comenzó a tocar. Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. podía estar completamente derecha. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. El camino era de tierra. Había dos guitarras. con la cabeza tan despejada como la noche. el mismo magnetismo. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. Hilda no habló. Ahora estaba sobrio. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela. en la carne color oro viejo del hombre. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. Las velas arrojaban grandes sombras. con tejados muy pendientes y sin ventanas. Llegaron a las chabolas de los traperos. más menuda. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. la única manta se arrugaba a los pies. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes.

en el cuello y en los hombros. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. en las pestañas. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo.cálidos y rápidos. Quería hacerle comprender que era inocente. orgulloso e intocable. Se puso en pie. Luego. ofendido. —¿Qué he hecho? —repitió ella. Cada beso. Ella estaba ciega. ya no sonreían. en medio de la oscuridad. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. La vela se iba consumiendo. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. la hebilla de plata fría. La besó detrás de las orejas. Parecía humillado. Chisporroteó y se apagó. —¿Qué he hecho? —preguntó ella. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. . En la oscuridad. Hilda no entendía qué pasaba. haciendo eses. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. Las grandes mejillas. con los que le traspasaba su aliento. Y tenía la boca apretada. Tenía los ojos enfurecidos. y encendió otra vela. muda e impávida. le aumentaba el calor del cuerpo. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. De pronto. Permanecieron largo rato tendidos. Lo vio enfadado. como tragos de vino. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla.

esa mujer lloraba ahora incontroladamente.. con ironía. un café frecuentado por mulatos. Una persona me enseñó.. no sólo por haber perdido a Rango. Yo. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba.. Luego se detuvo. leía y fumaba.Entonces él sonrió.. una sensación de haber sido gravemente injuriada. —Comprendo. cambié toda mi forma de ser. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel. Rango escuchaba. boxeadores y drogadictos.. Cogió la guitarra y tocó para ella. ante su ceguera.. quiero que sepas una cosa. Las lágrimas no afectaron al mexicano. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante. La sobrecogió una profunda vergüenza. —Al principio —continuó ella— sufrí. Bebieron pero no la rozó.. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. transformado por el amor de un hombre. Rango se sentó más cerca. Estuvieron en el Café Martinique. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. Él había elegido un rincón . —Has hecho un gesto de puta —dijo. que me obligaba a comportarme como. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. De pie... sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. Una mujer no siempre hace lo que quiere..

su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. Se detuvo a estudiar las ligas. tan pequeña —murmuró—. Con mayor pericia. pero al fin la desabrochó. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. Ella sentía el pene duro contra el vientre. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. a plena luz. —Eres tan delicada. Los hombres dormían. Le besó los pies. Y luego la desvistió. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. Y volvió a besarla. quitándole las medias con delicadeza. que no puedo creer que tengas sexo.oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. y la desvestía como si fuera su primera mujer. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. el lugar estaba animado. Mientras se besaban. . La estuvo palpando. besándose sin cesar. curioseando sobre la forma de cerrarse. Le sonrió. Sin un respiro. Otros se disponían a partir hacia el sur. Le abrió las piernas sólo para besarla. Ahora. Estuvo torpe con la falda. despacio. le retuvo la boca en la suya y no se movió. Ella se derretía en aquel beso. pero él lo puso hacia abajo. Se levantó para correr las cortinillas. besándole la boca una y otra vez.

La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. Eres tan delicada. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas.. No eres de verdad. tan pequeña. la piel como el cedro. el pelo a sándalo. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. meterse el pene entre las piernas. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en .Hilda se asombró de ver lo que hacía. Estaba tan vibrante que no podía dormir. Era como si disfrutara reprimiéndose.. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. y todo se confundía en su boca y su aliento.. besándole ya la boca. Rango le recorría el cuerpo. A su lado. ya el sexo. En la espera. Hilda gemía de placer y dolor. que era el doble que el suyo. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho.. privada de satisfacción. por su impaciencia. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. reprimiendo cruelmente el propio deseo. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. La mano seguía entre las piernas de ella. por su primera actitud de tomar la iniciativa. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. cayó sobre ella y se durmió como un niño. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. a obedecer sus deseos. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo.

Un día que paseaban juntos. a su hora. .realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. se desnudaban. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. perdió el tacón de un zapato. a la misma atmósfera. la sumisión a su deseo. siempre. Era un demonio abatiéndose sobre ella. Se encontraban una y otra vez. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. sin demostrar deseo ni impaciencia. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. yacían el uno junto al otro. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. a los roces. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. con el pelo revuelto. Una y otra vez yacía pasiva. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes. el reino de la emoción y la atención. Había descubierto un nuevo reino. Rango tuvo que llevarla en brazos. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. estaba ciegamente decidido a doblegarla. de una conciencia erótica como nunca había tenido.

con la misma frecuencia y facilidad. Era parecido a un cerdo muy pequeño. las mujeres eran accesibles y complacientes. —No obstante —dijo el tío de Laura—. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. ¿no? —preguntó el amigo. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. No quiero ir cargado de equipaje. con sólo inclinarte. debes llevarte dos sombreros. Contaba. —Pero lo recogeré.. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. El viento puede arrebatarte uno. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. con el hocico .El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años.. —¿Por qué? —preguntó el amigo—. riéndose. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos. recordaba. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil.

Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. Dos minutos después. Ella era viuda. según el tío. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. que vestía suntuosas faldas de raso. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. muy al estilo de la antigua galantería.enormemente desarrollado. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados. y un velo sobre el pálido rostro. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. Un día. pero un coqueteo contenido y digno. mujer muy reservada y dominante. El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. presa de un ataque de histeria. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras. Se veían las colinas. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero.

A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. Pero. Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. y con el morro metido entre sus piernas.propietaria. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. con las faldas arrugadas. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. husmeando y olfateando las ropas. un día de las vacaciones. de la . Iba vestido de obrero. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. y el chanchiquito parecía agotado. del trabajo. Laura gritó y lo espantó. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. Veía el pómulo. un gran perro policía se le subió de pronto encima. al mismo tiempo. con pantalones de pana y chaqueta de piel. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Luego. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. riéndose de una u otra historia. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. Al salir. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. Esta historia había asustado a Laura. Jan era un artista que se reía del hambre.

sólo cuerpo. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. de hacer las extremidades. Había llegado al difícil momento. sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. si ves lo mismo que yo. . La paleta cubierta de pintura todavía húmeda.esclavitud. como si fueran los pies y las manos de un tarado.. dormir hasta la hora que le diera la gana. Laura sonrió. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe.. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. la manera de sostenerse sobre el cuello. La casa era muy antigua. que no le gustaba. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. veía toda clase de formas. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. Ella se había echado en la cama. con la pintura picada y el enlucido irregular. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. Al observar. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. demasiado pequeño para su peso. de algo que ya esté en el techo. sino observando la forma de la cabeza. Mientras estuvo posando. todo cuerpo. no viéndola como persona. Dejó el dibujo como estaba. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. de todo. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. miraba el techo.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. Cuando se casaron. Sostuvo que era una prueba de amor. sino conquistarla lenta y morosamente. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. La primera noche no la poseyó. tendidos de espaldas en la cálida noche. Albert la trataba con suma delicadeza. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. haciéndose mimos y . Albert resultaba una especie de libertador. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. La servían hermosas mujeres de color. que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. en el otro extremo de la ciudad. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans.

y luego llevaba la boca a otro sitio. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. en la espalda. en el nacimiento de los pechos. lo reverenciaba con palabras de adoración. De este modo. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer.. Luego. perdiéndose en la melena larga y espesa. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. dijo. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. no intentó llevar adelante un abrazo completo.dándose besos. cuando el marido se iba. que hacía sobresalir los cachetes del culo. Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. en las piernas. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. Fay se sentía lánguida y drogada.. la firmeza de sus nalgas. pequeñas corrientes que la mantenían despierta. Cada lugar que besaba. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. y la boca del sexo y los labios. en los brazos. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. en los hombros. descubriendo una nueva sensibilidad. Al carecer de experiencia. en el cuello.. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las . como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. «Como a las mujeres de color».. se quedaba inquieta y no podía dormir. que eran tan perfectos como las manos de Fay. la marcada curvatura de la espalda.

El perfume de las flores casi la aturdió. Los quejidos eran quejidos de placer. la boca llena y siempre entreabierta. un gemido rítmico. Luego un ruido la alarmó. Se sentó desnuda en su nebulosa cama. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. Tenía la sensación de estar en un sueño. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. Una noche. una gotita de miel le brotó del sexo. Fay estaba sorprendida del control de Albert. También él pronunciaba voces confusas. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. cuando gemía. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. Al principio la paralizó . la dejaba. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. descendió la gran escalera y salió al jardín. encerrándola como si fuera un tesoro. Anduvo lentamente. Y entonces. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos.japonesas. Fay no podía dormir. presos de la violencia del placer. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. Era un gemido. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. como de costumbre. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos. Ella no dijo nada. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. Le palpitaba todo el cuerpo. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. de su recato. como el de una mujer sollozante. A Fay no la vio nadie. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima.

Pareció sobresaltarse. para demostrar sabiduría y sutilidad. llegó al pene. una curiosa mezcla de juventud y madurez. esperando. Y empezó a besarla. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado. Al principio estaba asustada. Se sentía condenada por su propia feminidad. Fay estaba dispuesta a obedecer. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. La mano. Le bastaría susurrar unas palabras. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. Mientras la besaba. Tienes cuerpo de ángel. al hacer un secreto de su dolor. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. un movimiento delicado.. Le tocó el pecho.. para salvar su felicidad con Albert. Luego. pero aceptó. por su inexperiencia. Había esperado que la enseñaría. Le había dicho que la estaba conquistando. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. Él seguía besándola. lentamente. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. Luego las caderas. regresó a la casa corriendo. la torturaban las dudas.el dolor. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. Albert hizo un movimiento de alejarse. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. Aquella noche Fay se convirtió en mujer. . Sabía que él era mayor y que ella era inocente. Albert hubiera podido enseñarla.

La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. mojada. sólo un momentito. fracasando. que lo intentó muchas veces. Luego Fay sollozó. subiendo las escaleras. Soy una mujer. La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. —Espera un momentito —decía él—. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. sombras que se abrazaban.La rabia. Le daba miedo salir de su habitación. Quiero que me ames como a una mujer. Veía la tortura en los ojos del hombre. Albert. vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. El pene se le empalmaba. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano. Ella estaba tensa y silenciosa. durante lo que le pareció toda la noche. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. retrocediendo y besándola a modo de reparación. Le . Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. deseosa y expectante. porque Albert intentó poseerla y no pudo.

riendo. Fay se restregó contra él con todo su peso. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla. que estaban en una casita independiente. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. Se abrió una puerta. Albert la estaba esperando. Aunque rara vez salía de compras. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. Finalmente. sino uno de los jardineros de color. Quien salió no era Albert. la poseyó. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. Al llegar a casa. En la operación. sin besos ni caricias. los guardó bien en el bolso. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. satisfecho. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert.parecía oírlos a todas horas. Siempre le habían gustado los olores. como en un juego. Se echó a llorar. las manos y el cuerpo. y estuvo escuchando. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. los olores de los muelles y de los almacenes. . Luego la besó y la acompañó al dormitorio. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color.

.Y el hechizo se había roto.

enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Nueva York. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. la gran ciudad babilónica. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. Ya no la amo. Apoyo los pies en mullidas alfombras. Marcel. mi amante. me enfebrece. pero estoy en una cama muy blanda.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. Volveré a ver a Mary. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. Veo a Lilian. El lujo me calma. Me gustan los que flotan y bailan. Al llegar. Yo estaba libre. Quizás esta vez no me mostraré tímida. con crema en la . Mary estaba echada en la cama.

. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. Mary estaba escapando de su marido. Al principio de su matrimonio. luminosas. Tiene los ojos grandes y líquidos. Es todo curvas y morbidez.. porque se había quemado en la playa. Eso me contrarió. Es lenta. pasiva. Se desvaneció mi deseo de besarla. rubio y lujurioso. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. hombre ni mujer. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad. Estaba embadurnada de crema.. En realidad nunca había amado a nadie. El marido nunca se recuperó de esas historias.. el pelo. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. . Se había casado con él sólo para que la protegiera. y su vida en común se fue haciendo insoportable. Le despertaron celos y dudas. Al día siguiente de vernos. Vamos juntas al cine.cara. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero. letárgica. me coge la mano. Ahora la volvería a ver. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero. en las piernas y en los hombros. En la oscuridad. las mejillas. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta.

Nunca he visto una mujer más pasiva. dormía con todo el mundo. por los perfumes y por el lujo. Conmigo sí es capaz de hablar. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. Pero nunca está libre por las noches. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. pero. Necesita vivir en una atmósfera sexual. Tiene miedo de que lo seduzca. Actúa como si estuviera dormida. ajena a la experiencia. una corriente puramente física. Soy tan vergonzosa. por dentro. muy lánguida. no he dormido con él. No le avergüenza hacer nada. . Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. Entre nosotras existe una corriente de atracción. lejana. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. en realidad casi puramente vegetal. Yo estoy descubriendo sus disimulos. siempre dice: —No lo conozco. aunque no siente nada. Ambas compartimos el amor por las galas. No me permitirá conocer a su marido. se siente irreal. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. Le gustan los sitios adonde van los actores. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. Siempre está sonriente y alegre.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. pero no es capaz de hablarlo. Es su clímax. Ella es muy perezosa.

Pide un whisky. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. sí. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. pero por dentro está hecha pedazos. . Sale del cuarto de baño sin secarse. Me gustan. Parece tan abierta y húmeda. mirándose las piernas—. —Pero me gustan —digo yo—. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. Lo acaricio suave. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. Luego decide darse un baño. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. —Son demasiado gruesas —dice. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. era muy hermoso en la cama. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. no puedo seguir conteniéndome. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. Son como piernas de los Renoir. muy suavemente.O bien: —Ay. Me coge el quimono. me dijeron una vez en París. Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. incluso a sí misma. Me doy cuenta de que busca tentarme. Pero no es cierto. como una colegiala. dejando que el quimono se abra. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. Parece tener unos veinte años.

no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. y así deben estar también los labios del sexo. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. abierto y mojado. Es rosado y fresco. Puedo morderlo. pero quiero que sienta un gran orgasmo. como los pétalos de una rosa. besarlo. Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto. Goza cuando le toco el clítoris. El sexo le sabe a mariscos. abierta como una flor. Abre las piernas y me deja verlo. Metida entre sus piernas. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. Ella comienza a gemir un poquito. el vello del pubis sigue empapado como algas. salados y maravillosos. debajo del clítoris. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. Mary no se mueve. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. como si nadie lo hubiera tocado nunca. Le beso el clítoris. meterle la lengua. por la forma en que sus piernas se extienden. Tiene la boca tan húmeda. por el aspecto que ofrece su carne.—El zorrito plateado —digo—. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla . Ahora. Mary. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. el zorrito plateado. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. Parece a punto de sentir. como una camelia. como terciopelo y raso. tan invitadora. ofreciéndome todo su sexo. Tan tierno y tan hermoso. a mariscos frescos. Parece el sexo de una jovencita. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. todavía húmedo del baño.

dos. Yo lo meto más. Con el dedo siento la palpitación de su placer. Mandra. latiendo en éxtasis. y lo levanto.. qué es lo que me has hecho! Me besa.. Le cojo el culo con las dos manos. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. a ondularse.gritar de placer. qué me has hecho. El río es un ser vivo. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. siente mi ritmo que se acelera. Sus pechos caen sobre mí. mis dedos le aprietan la carne del culo. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. de grandes . Mandra. De pronto Mary se estremece. como si fuera una gran fruta. Se derrumba jadeante. bebiéndose los jugos salados de mi boca. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. A cada movimiento. Es como ir en barco. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. A Miriam da gusto mirarla. mientras repite: —Ay. es una Brunilda. los H. qué me has hecho. que se desencadena una. Ella comienza a gemir. por sus formas. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. tres veces. se desplazan por su rotundidad. —¡Ay. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible.

Su marido. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. objetos estilo rococó. que soy artificial. Su belleza se me sube a la cabeza. Miriam está. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido». gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. en Roma y Florencia. Para lo cual. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. necesito ambiente y calor para florecer. nosotros estamos por encima de todo. El mayordomo negro abre la puerta. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. Su belleza es natural mientras que yo. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. rápido y divertido. . y me lleva corriendo al salón para exhibirme. cosas absolutamente chic. Opina que yo soy hermosa. mi flor roja del pelo. Me trata como a un objeto artístico. Paul. Paul proclama a voces mi natural goyesco. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. es pequeño y de la raza de los duendes. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. mesas con escondrijos para poner flores. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. con las piernas cruzadas. reunidas con juguetón esnobismo. inmensos poufs de raso morado. Se desviste y anda desnuda por la habitación. en un diván de raso rojo.pechos. se desnuda completamente. Los H.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

Te daré de cenar y una habitación. con los pechitos muy puntiagudos. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. —Me he escapado de casa —dijo. Ella lo siguió con increíble docilidad. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. y sus formas eran juveniles. —Entonces. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. vente conmigo —dijo Jean—. . Yo me llamo Jean. Un día.La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. no tengo dinero ni dónde dormir. llevaba el pelo corto. Jean. nos llevaremos bien. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. como los muchachos. pero con aturdimiento. —Vaya. La chica apenas tenía dieciséis años.

sino una especie de piedad. Estaba sentada en la cama. con aspecto de niña aburrida. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. y le hizo sentarse a su lado. —¿Te gusta? —le preguntó. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. Ella asintió con la cabeza. Se estiró a su lado. la condujo al dormitorio y la dejó. Ella parecía complacida.El piso tenía dos dormitorios. Ella obedeció. con sendas camas dobles. mientras él la observaba echado de espaldas. Jean no sintió deseo. Entonces Jean se excitó más. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. ella se . Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. Entonces. oyó que le llamaba. Le dio un beso educado e inocente. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. Sus labios eran inexpertos. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. Le prestó un pijama. Jean comenzó a enseñarla a besar. Este no había vuelto. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. Al principio. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. La forma como lo había besado no era una prueba. pero que excitó a Jean.

le exploró los pechos. Le hizo mover la lengua y sacudirla. cuando se tomó un descanso. —No —dijo la jovencita muy seria—. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome. Tendré que verlo. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. cómo restregarse contra su . Ella respondió con pellizquitos y besos. Luego. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. lleno de incredulidad. Jeanette lo observaba con gran interés. Por eso me he escapado. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. Pero nunca me deja verlos. Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. Progresaba de prisa. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Pero siempre he querido hacerlo. Los besó y los manoseó.levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. La chica era una buena alumna. Eso le encantó. Después.

Jeanette fue a despertar a Pierre.pecho y excitarlo. se percató de que Jean se iba cansando.. y además Jeanette. Al cabo de ocho días. Pierre no pudo evitar oírlos. en primer lugar. el zurear de palomas. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. Así que almorzaron juntos. Estaba alarmada. ser virgen. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. Me ha dejado agotado. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Pierre se quedó en el piso. Pierre llegó a casa a media noche y. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Es insaciable. Se detuvo. —Sabes —dijo Jean—. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. teniendo presente a la madre. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. Y al otro. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. Pero no había conseguido sacarle la dirección a . que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. debía estar buscando superarla. A mediodía apareció Jeanette.. a veces. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. al otro lado de la puerta. con mucha timidez. como el zureo de las palomas. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. En realidad. Era tan apacible como un ratón. y le preguntó si iba a almorzar. al pasar por delante de la habitación. oyó los gemidos de una mujer. Los gemidos eran rítmicos y luego. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche.

el olor fuerte y amargo del pelo. llamando por teléfono a la policía. como una mezcla de limón y miel. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. indefensa. en silencio. Así que simplemente se alejaba. Ella vagaba sin rumbo por el piso. se quedaba mirándolo. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. a la vez ácido y dulce. cogiendo libros y dejándolos.Jeanette. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. de debajo los pechos y los brazos. su aliento. fastidiado. Llevaba un traje muy fino. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. . Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre. tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. con sueño e indiferente a la jovencita. Era un perfume complejo. intentando comer. las pocas gotas de transpiración del cuello. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. que parecía un perfume que la envolviera. y en el fondo el olor de su feminidad. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama.

adivinaba dónde .De pronto. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. Tiró de Jeanette hacia sí. el deseo del hombre se afirmó con violencia. Él levantó el ligero vestido. repentinamente. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. Sintió desprecio. Pero esta vez. a mitad de sus fervientes caricias. que descendían enrollándose. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. de manera que no hizo nada por reanimarlo. y se preguntó si también él podría. La visión de las medias. A Jeanette la sorprendió ver que. con tal temor que el deseo murió. Pierre sintió que la potencia le volvía. Eso le encantó. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. el sexo de la mujer encerró el pene. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. En cada movimiento de Jeanette. Como si fuera una vaina. Pierre languidecía. su habilidad y su potencia habituales. cayó presa de la duda. viendo y mirando el cielo raso. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. volvió a excitarlo. suave y acariciante. Se quedó bocarriba. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer.

¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. pero en silencio. luego. como si estuviera esperándolo. Pierre le tocó el culito. retiró un poco el pene y. pero no decía nada. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. La levantó. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. le mordió los labios. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. ella dio un salto pero no dijo nada. atrayéndola. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. Pierre esperaba su voz. con sólo la punta. pero Jeanette se mantuvo en silencio. Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. le besó el sexo. pero seguía sin abrir la boca. le acarició los pequeños pechos. Su deseo había . —Sí —dijo ella. Jeanette le sonrió y se abandonó. por la mitad del cuerpo. una voz de aprobación y de aliento. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. se acercó el sexo. lleno de dudas. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. —Dime cuándo quieres. Cuando se apretó. Ella jadeaba y se deshacía.quería que la tocase. de gozarla. Luego se detuvo. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. Ante este contacto. le introdujo el miembro con violencia y. se puso de rodillas para mejor trabajarla. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro.

no sólo a Jeanette. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. . Le vio en la cara una expresión de frustración. habla. si al menos no me oía. Claro que disfrutaba. Con este fin. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. sino también a otras mujeres. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. disfrutas. venga. al volver. pues. dilo. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. Pierre disfrutaba comprándole ropas. grita. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. Se llevó una gran sorpresa cuando. habla. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. Pensaba que. Se sentaba tranquilamente en una silla. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. si venía y me encontraba aquí. dilo. si te gusta. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. —Claro que me resultas atractiva. disfrútalo. pues. Pero si me oyera.muerto dentro de ella. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. porque era demasiado infantil. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. Pierre se sorprendió. ¿no te gusta? Te da gusto.

Y cuando al fin llegaban a casa. por entregárselo a Pierre. que le apretara el escote. entre arrumacos. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. —¡Mírame! —decía—. Veía fragmentos de hombros. cepillándose el pelo. restregones y revuelos. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. de espaldas desnudas. no contentándose hasta que. de piernas. En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. para ver cómo se le ajustaba el vestido. las medias. se apretaba contra Pierre. no caía en los brazos de Pierre. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior.cara a los vestuarios. y fumaba. Llevaba los zapatos de tacón alto. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. parecía tener luego por quitárselo. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. las ligas. Dentro del nuevo traje. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. que aprobara los botones. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. quería encerrarse en la habitación. por arrugarlo. Hecho lo cual. y también entre la . porque él lo bautizara con su deseo. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban.

. Esta vez la poseería a cualquier precio. Jean comprendió. Luego vio a Pierre. La cogió al pasar. Le arrancó las bragas. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. Jean la vio lanzándose a sus brazos. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. Pierre intentó calmarla. Pierre admiraba su ligereza. de sus botones contra los blandos pechos. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. desnuda y con las bragas. Quería librarse de ella. dejando al descubierto su jugosidad. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. Tal como estaba. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. La lucha era agradable. Ella seguía enfadada. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. que la había seguido. de los zapatos contra los pies desnudos.cintura y el pequeño sostén. de frialdad y calor. pero no pudo tocarle las bragas. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. Y él se dio cuenta. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. rigidez y complacencia. para dejar el piso. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. Pierre le cerró el camino. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura. De manera que la rechazó y los dejó solos. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Quería desnudarla.

Pero siguió sin entregarle el pene. entre murmullos sofocados. se detuvo. pero no lo hizo. enterró la cara entre las piernas de la mujer. el arco de su cuerpo tendido levantándose. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. tenía la sensación de que. Acercó la cara. Jeanette se puso de rodillas. satisfaría su deseo. Ante su cara de asombro. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. procurándose todo el placer que eso le daba. Pierre la dejó arrodillarse. todo excitaba aún más a Pierre. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. Aunque le palpitaba la entrepierna. la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. si al menos le besaba el pene. En lugar de eso. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. el pene de Pierre. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. Sus gestos desenfrenados. Sólo le insertó un dedo. Siguió masajeándolo.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. Ella miraba fijamente. como si dijera: «No te necesito. fascinada. a veces toda la mano.

sino la mujer que acababa de nacer. no se daría cuenta. fue como si la quemara. Jeanette yacía casi desmayada. aunque entrara Pierre. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. Jeanette no se daría cuenta. paraba. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. y Jeanette tembló. esperando el placer que él le proporcionaría. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. La atormentaba. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba. Aunque Jean le hiciera el amor. Jeanette floreció bajo sus caricias. Ahora Pierre sabía que. pero sin permitirle alcanzar el placer. . tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha. En cuanto percibía el ritmo del placer.Jeanette. Le mantenía las piernas bien abiertas. pero no ya la jovencita.

Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. Nueva York y Los Ángeles. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas. vivió y trabajó en París. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos. volúmenes del 1 al 7. 14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. se naturalizó como ciudadana norteamericana.Los Ángeles. a la edad de once años. Francia. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés. nacida de padres cubanos.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine. 21 de febrero de 1903 .

000 páginas. Antonin Artaud. en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest .gente interesante e influyente del mundo artístico y literario. incluyendo a Henry Miller. así como del mundo de la psicología. se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. Edmund Wilson.H. y Lawrence Durrell. que constan de 35. Otto Rank. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). James Agee. Los manuscritos originales de sus diarios. Gore Vidal.

La enciclopedia libre . 4 (1986) Fuente: Wikipedia. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 2 (1983) 1923-1927 Vol. 6 (1977) 1966-1974 Vol. 2 (1986) 1939-1944 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 3 (1985) 1927-1931 Vol. 5 (1975) 1955-1966 Vol. 1 (1969) 1934-1939 Vol. 4 (1983) 1947-1955 Vol.

.Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». la fiesta de ese día. [2] Martes de carnaval.

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