El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann.1979 ISBN 84-02-07775-7 . S. A. Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S. 1981 Traducción: © Editorial Bruguera. A. 1ª edición en Libro Amigo: marzo. .

Es. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. Quienes lo han hecho. Lo primero es como la vida misma. como hizo Mark Twain. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. para ser fieles a la vida. sincero. Tal vez los escritores lo sepan. Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. incluso en Francia.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos. en los ratos libres. natural. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . diría yo. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo.

Aun siendo distintos en carácter. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. se hace más cruel. tuve que buscar trabajo. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. ansiosos y obsesionados. discutíamos y compartíamos la obra en marcha.afecta esto a sus vidas. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. y comíamos tortas de avena. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos. por donde caían hambrientos. debo decir. se dirigían a mí. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. costumbres y vicios. De . Irremediablemente pobres. poetas. inclinaciones. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. un estudio de una habitación. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. de muchos problemas. sin decir nada. más ganas. Muchos jóvenes escritores. He tenido que ocuparme de muchas personas. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. Cuanta más hambre. a sus sentimientos con respecto al mundo. como les ocurre a los presos. Con frecuencia colaborábamos. Ahora bien. como mujer independiente que sólo escribía por placer. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. Era una maison muy artística. todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. En Nueva York todo el mundo se endurece. a sus amantes y a sus amigos.

. Los hombres que duermen junto al East River. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. poetas. Es una mujer velada. en portales. se dice. en mujerzuela. Desde luego.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. si se pasa demasiada hambre. escritores o artistas. Por mi parte. uno se convierte en vagabundo. con demasiada frecuencia. en el Bowery. mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. semisoñada. no tienen vida sexual. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución.

pero una de las habitaciones daba a una terraza y. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. Manuel se entristeció. En aquel lugar bajo tierra. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. que daban a un patiecillo sofocante. por debajo del nivel de la calzada.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. cuando Manuel salió a la terraza. A su esposa no le importaba. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. Era artista y allí no había luz para trabajar. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. .

gracias a la luz. llegada la noche. sucias y abandonadas. En un día. pero cuando. Daba saltos por todas partes. Entonces. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. como nunca se había visto. cementaba y martilleaba. Compró pintura. Manuel repitió: —Pero hay luz. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Quería mudarse de piso inmediatamente. encogiéndose de hombros. contento y cambiado. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. un carro trasladó sus pertenencias. se dijo Manuel. como el hombre que prevé grandes placeres. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. A la mañana . Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. hay luz para pintar. cemento y madera. Nunca le había gustado trabajar. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. esperando el momento adecuado. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. reparaba. Fue presa de un ligero temblor. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. Las paredes estaban blancas. las puertas cerraban perfectamente. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas.Manuel las estuvo mirando unos momentos. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. una terraza. Pero se contenía. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. En este nuevo sitio podría pintar. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. además. Manuel puso manos a la obra. Mientras pintaba. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. y.

La terraza era ahora un hervidero de pájaros. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. El patio del colegio estaba animado. El recreo era a las diez en punto. en medio de los pájaros. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. a las diez. que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. varias subieron al piso.siguiente. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. pero después del colegio. pero no se apresuró. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. cada vez estaba más excitado. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. Allí. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. Manuel salió a la terraza. Se puso colorado. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. Regresó y colgó la jaula al aire libre. empujadas por la curiosidad. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. en la terraza. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. Pero en lugar de deshacer los paquetes. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. Todas las mañanas. Las chicas rieron. Manuel tenía miedo de que se . Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. Al cuarto día.

para que pudieran verle. tengo que hacer pipí. —Perdonadme —dijo—. Dejó la puerta del servicio abierta. Manuel estaba de espaldas a las chicas. si bien era cierto que le . una de pelo largo y rubio. en cuanto terminara el colegio. familiarizarse con el lugar. la tercera regordeta y lánguida. Mientras estaban mirando los pájaros. Quería alcanzar su placer con prudencia. otra con tirabuzones. Aquello había sido bastante por hoy. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. con los ojos muy grandes. la vergonzosa. Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. ofreciendo su infatigable pene al espejo. Cuando se percató de la chica vergonzosa. pero veía por encima del hombro si le observaban. Manuel tuvo que abotonarse. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. y la cuarta esbelta y vergonzosa. ella volvió la cara. Sólo una. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día.presentara Thérèse. una fruta o un regalo. sacudiéndolo como si fuera un bombón. volvió la cara y le miró fijamente. en cuanto se tendía al lado de una mujer. Por eso. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. Las dejó cuchichear y mirar. con sus enormes ojos.

que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. frecuentaba los pissoirs de París. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las . También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. entonces todo se echaría a perder. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. de las mujeres perfumadas y chic. los laberintos sin puertas. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. desde donde le veían agarrándose el pene. si no aquello hubiera sido para él un paraíso. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. los pequeños quioscos redondos.fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. tan abundantes.

cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. besándose y peleando. perdió la cabeza. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. De repente se abrió el quimono y. lo abrió más. como pajaritos. Al volverse. Manuel se había puesto un quimono. En lugar de cerrar el quimono. Los pájaros se estaban portando muy bien. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad. Todas se asustaron. picoteando. Manuel se puso detrás de las chicas. por accidente.escaleras. y escaparon corriendo. . las chicas lo vieron todas en el trance.

¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. de forma que pudo mirar dentro de la habitación. se puso bocabajo. como si antes hubiera sido el escenario de una . una ciudad costera de Normandía. repleta de almohadas y colchas revueltas. dejando sus huellas en la arena.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. y. aislado. Se acercó sin hacer ruido. Eran las dos en punto. estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. Vio que en uno de los chalés había luz. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. pero no cerraban bien. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. Era un chalé metido en el bosque. se detuvo. Se levantó de la cama y miró el reloj. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. Las persianas estaban echadas. Se revolvió en la cama. Pero cuando la fricción lo acaloró. El lugar. escondiendo la cara en la almohada. Había luna y veía con claridad los caminos.

era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. muy tranquilo y satisfecho. colocándose encima. recostado como un pacha en su harén. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta. ella saltó con gran agilidad. El hombre no se movió.gran batalla. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza. Louis vio el sexo del hombre. a quien Louis sólo veía la espalda. Después. observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. como para contener su frenesí. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . un hombre. Pero ella se mantuvo a corta distancia. arrodillada sobre la cara. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. y trataba de alejarse. retorciéndose delante de este pacha. se lo ofrecía. desnudo y con las piernas cruzadas. De haber seguido más tiempo. Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. y una mujer. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. Luego. su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. empinado y agrandado. se acercó lentamente y. doblando la cabeza. también desnuda. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. poco a poco. sacando el estómago. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. que aún no la había tocado. Al quedar él encajado debajo.

Ella lo dejó. por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. que andaba a pasos ligeros y airosos. Llevaba puesta una especie de capa. Echó a correr hacia la rompiente. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. cuyos rítmicos movimientos oía. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. De pronto. Al principio se quedó inmóvil. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. Y Louis. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. Sólo entonces le vio ella. Se sonrieron mutuamente. aún de noche. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella. era deslumbrante. Nunca la alcanzaría. y eso no quería hacerlo. rozándolo y sobrepasándolo.. . Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. Más allá estaba el mar. la hermosa cabeza y la sonrisa. Él se acercó. Él fue nadando hacia ella. La sonrisa de él. y también la de ella. Al llegar a la orilla. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir.ardiente deseo como fuera. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Y entonces vislumbró una figura delante de él.. ya no sintió miedo. Era una mujer. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. imitándola. Anduvo más de prisa.

ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. Ella le pasó su calor. —Hay mucho tiempo —dijo ella. sonriente y húmeda. Entonces se acercaron el uno al otro. Sus cuerpos yacían juntos. Louis estaba confundido. agachados. Entonces. vientre contra vientre. Luego. en el momento en que más la deseaba. Rieron. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. Curiosamente. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. el vello sexual enzarzado.Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. súbitamente le abandonó la potencia. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Se sentía profundamente humillado. No te muevas. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. El deseo no volvía. Había estado rebosando de deseo durante días. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. Ella yacía esperándolo. y su deseo se fue amansando. su voz estaba llena de ternura—. Quería tomar a aquella mujer y no podía. chorreando. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Él corrió detrás. Estoy muy bien. resplandeciente y riéndose. Louis estaba profundamente excitado. Nadaba con el sexo erecto. . los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Ella lo tocó. El calor de la carrera volvió a encenderlo. pero le gustaba sentirla. como si fueran a pelear. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene.

Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. ancha y roja. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. El miembro se rebulló. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. demorándose alrededor de la punta. El pene se estiró. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. Los dos cuerpos. acercándose. lo cogió y lo metió entre sus piernas. una y otra vez. su carne cálida. Louis miraba la mano. Al abrirse el sexo de la mujer. con ternura. los pechos abundantes y muy erguidos. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. brillante a la luz de la luna. la encantadora piel pálida que resplandecía. sentándose apoyada contra él. Ella seguía frotando. Lo frotó suavemente contra el clítoris. la otra removía la cabeza del pene. —Dame la lengua —dijo ella. Sin dejar de frotarle el pene. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. Lo lamió suavemente. Una mano le acariciaba los testículos. Louis vio brotar la humedad de su deseo. el abundante vello púbico. la amplia sonrisa de la boca. igualmente hermosos. Luego. se doblegaban a la frotación. y gozaba con el contacto. . el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. los cabellos largos. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca. recorriéndole de pies a cabeza. Estaba sentado en la postura de Buda. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. se redondeaba alrededor del pene.

—obsesivamente. . Se arrojó sobre ella. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. como si fuera a alcanzarla. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. yendo ella delante.—Saca la lengua. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. Y al seguir andando. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. estirándose hacia ella. sácala —dijo ella con voz ronca. El miembro se puso duro. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. llevándose las ropas. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. La mujer esperó. Ella volvió a gritar: —Sácala. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba. sácala. Finalmente. Ella mantenía la boca abierta. abierto y expectante. Él obedeció. Pero tampoco ahora pudo correrse. abriendo su ser. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. se pusieron en pie y anduvieron. esperando. Rodaron juntos largo rato. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. No cogió inmediatamente el pene. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella.. Él temblaba dentro de la mujer. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. Le dejó jadear como perro en celo..

palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático. la arena cálida contra su piel. Una vez lo detuvo.. quería contenerse y esperarle. Sin mirar a Louis. Mientras andaban. no la dejaría hasta haberse corrido. de pie. la caricia del viento. almohadillándolo. Él se mantuvo arriba. Me gusta así. descansando. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. no obstante. no te corras. pero. con el amanecer próximo. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. adelantando ligeramente el vientre. Quería correrse. aturdidos. repitiendo muchas veces. Avanzaban como borrachos.—Sí. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. la caricia de la boca del hombre. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. fumando. Ella estaba muy excitada. Luego vieron una casa y se detuvieron. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. cuando estuvo dentro de la mujer. la mujer le contó una historia. pero despacio. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. Por entonces vivía en . Echados de espaldas. Esta vez. Los dos aullaron al unísono. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. ella sostenía en la mano el pene erecto. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido.. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla.

dadas las grandes pasiones que había despertado. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. y formó un círculo. Luego. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. Pero en el caso del ruso. la multitud se dirigió hacia la plaza. apretada contra el cordón policial. afrontando el proceso con gran valor religioso. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. Allí se quedó. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución.Montparnasse. cuando no había nadie. La gente la aplastaba por todas partes. Ella había esperado con los demás. en una placita cercana a la prisión de la Santé. fascinada y aterrorizada. muchísimas veces. durante la Revolución. por primera vez vería morir a una persona. Hacia el amanecer. El reo apareció con los ojos vendados. al igual que todos sus amigos. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. De todas formas. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. emborrachándose. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. podía ver. Aguardaron en pie toda la noche. poniéndose de puntillas. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. .

Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. su deseo duro contra su propio culo. . Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. Ella no hizo el menor movimiento. lo guiaron por la escalera del patíbulo. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. De cualquier forma. Luego. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. Tenía el cuerpo enfebrecido. antes de pasar al siguiente botón. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. En medio de la palpitante multitud. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. La mano se detenía. casi no se podía mover. No se movió ni volvió la cara. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. Al mismo tiempo. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. En su estado tembloroso y excitado. Dos guardias cogieron al hombre y. Contuvo la respiración. por si protestaba. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. tan clavada la tenía la curiosa multitud.El verdugo estaba dispuesto y esperaba. la presión no era desagradable. lentamente. con destreza y rapidez inesperadas.

el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. Louis descabezó un sueñecito. y así la perdió. cálido y consolador. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. vio que la mujer se había ido.. Lo sentía caliente. La multitud aplastaba al hombre contra ella. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. se desmayó.a cada latido del corazón. . Sin decir una palabra. saturado de sueños sensuales. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. vertiendo su cálida vida. que era vida. el pene se estremeció dentro de ella. El cuerpo de ella tembló. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. conforme el miedo se convirtió en placer. el pene avanzaba un poco más. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. abriéndose inexorablemente su carne. Al despertar. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. en algo humano. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. Casi dejó de respirar y. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba.. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. firme y duro contra su carne. Después de esta historia.

pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. Las mira con una extraña mirada de rabia. por los cafés y por los parques. lo sofoca. la mirada provocativa. Se compró un camisón de blondas negras.Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. se avergüenza. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. la boca ávida. de los amores de todos. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Dijo que se había comprado el camisón para un amante. Está celosa de todo. igual que el mío. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad.

Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. Hans y Michel. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. como si hubiera un león en el cuarto. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes.aureolándole salvajemente la cabeza. Lo suyo era la jungla. Hizo todo lo posible por seducirme. —¿Por qué? —le pregunté—. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez. las orgías y las danzas africanas. Le gustaba que nos besáramos en la boca. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Desayunábamos juntas. Acostada. Nos sentábamos en los cafés. Si su boca. Todos sus gestos eran desordenados y violentos. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. simulando no haberme . íbamos de compras. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. Me puse triste. Mientras se vestía. Todo el resto de su cuerpo era suelto. Me gustaba verla arreglarse para la noche. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. interiormente se sentía inhibida. Tenía ojeras y un gran desasosiego. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo. provocativo. Eso significaba citas secretas. Pero no era un ser libre. dejaba caer la camisa. dábamos paseos. poco convincentes.

te mataba —decía. y entonces paraba. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . Cuando Hans la vio. Si me abandonas. No quería lastimarla. Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. y durante un momento quedaba desnuda. —¿Qué quieres. —Si fuera hombre. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo. que se rindan. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. cubriéndose luego.oído entrar. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. estoy perdida. Sus escenas me iban agotando. Quiero que quieran. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Lina. Odio verte con hombres. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. Yo me enfadaba. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír.

Contaba historias de sus viajes. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. Lina aceptó. La atmósfera erótica la turbaba. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. Parecía un hermoso animal. Sonreía maliciosamente. un animal cuya captura bien valía la pena. —Tráela y la hipnotizaré. Se sentó en el canapé forrado de piel. —¿Qué has hecho. Querría tener pene para poder hacerte el amor. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. Luego se quedó dormida. Él sonrió. Lina quiso abrir la ventana. . Él había quemado incienso. Yo me reí. El incienso nos iba adormeciendo.—Tienen algo que yo no tengo. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. —Pero yo querría tenerlo. pero una clase de incienso que yo desconocía. Vi que Lina escuchaba. Ya verás —me había dicho Michel. Fuimos al piso de Michel. Más adelante. Es afrodisíaco y no es peligroso. Lina tenía los ojos semicerrados. —He quemado un incienso japonés que da sueño. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. Tenía la voz dulce y envolvente.

y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. Michel volvió a poseerla. Mantuvo su boca en la mía. acariciándome con la boca y las manos. Lina sólo quería el pene. Cuando Lina y yo salimos a la calle. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. Se lo permití. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. Al día siguiente abandonó París. Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. cogidas de la cintura. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. Él mordió los pezones. Empezó a acariciarla. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. Lina se irguió en el asiento. a desnudarla. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. pero se mantuvieron firmemente cerradas. esta vez por detrás. Había cruzado las piernas.Lina no estaba completamente dormida. . firmes y redondeadas. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. hecha una furia sexual. Tenía unas hermosas nalgas. Se tiró sobre mí. con los ojos cerrados. pero le causaba placer.

Tenían dos hermanos. sin aventurarse más. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. H.Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. Jack y David. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. Dorothy era la fuerza. A pesar de eso. graciosa y delicada. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. con los ojos húmedos y brillantes. morena y vivaz. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos. Lawrence. al igual que Edna y Jack. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. Una era rechoncha. Lo hacían con gran secreto. Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. La otra. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar .

Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. Dorothy estudiaba escultura. Aun así. Con el fanatismo del inquisidor. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Como jefe social del crucero. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. y también en facilitarles sus intrigas. y a las esposas la de los maridos. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna.cometiendo los mayores delitos sexuales. Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. El puritanismo se reafirmaba en la familia. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. Luego. . Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. el primer hombre que realmente había conocido. El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. Prescindió de acariciar a las hijas. de repente acabaron los juegos. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. un deseo de protegerlos.

sintió que no era deseable. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. encantado por su suavidad. hasta que un día. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. en su atractivo. y lo que vio fue un hombre cuarentón. aunque no sabía por qué. Se sintió humillada. sino a una mujer como cientos de otras. Edna regresó del viaje alejada del marido.Se casaron. Entonces se presentó Robert. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. con el pelo clareándose. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves. La trataba un poco como a una hermana mayor. En parte por ganas de vengarse. Ella lo hechizó completamente. le pareció que no la poseía a ella. Mientras la desnudaba. No se daba cuenta de que aquello era amor. Le renovó la fe en sí misma. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. de treinta años. Desde la primera noche. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. Estaba fascinado por la voz de Edna. . moreno. Sexualmente no la conmovía. No había demostrado la menor emoción. Compartía con Edna el amor al teatro. le impidió la efusividad de su amor y su deseo. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. Lo cual le paralizó el ánimo.

E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. de sólo vivir para las manos. Sus palabras de alabanza. La telefoneaba a todas horas para oírla. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. la incitaron y ella floreció entre sus manos. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. la hacía arder por todas partes. Ahora era libre durante seis meses. Para Harry. No había tensiones. sus gritos de asombro. en secreto. Edna y Robert estaban siempre juntos. todo era lo mismo. escuchándole y dándole sus opiniones. de absoluta seguridad. Él la tomó sobre el sofá del decorado. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. imponer su capricho ni herir con la . gozarla. con torpeza y prisas. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. les entró polvo en la garganta. Su amor nunca era violento ni cruel. la boca y el cuerpo. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. pero siguieron besándose y acariciándose. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. Cayeron al suelo. la coartada eran los estudios de arte dramático. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. tomarla. representaron un beso interminable. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. momentos equívocos ni mala voluntad. y Robert tuvo una segunda erección. de ceguera. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York.estando entre bastidores. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. de adoración. Fue un período de embriaguez.

pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. Se mostró cortante. Pero seguía siendo inexpugnable. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. la voz terráquea. en su presencia.fuerza o el deseo. su misma naturaleza dura y fuerte. blando y oscuro. bien que no puritana ni escrupulosa. todo hacía pensar en sus propias obras. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. Pensó que Robert era la causa y le odió. Hizo la guerra a Robert. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. donde había estado trabajando de escultora. Sólo los tímidos se le acercaban. las piernas robustas. mordiente. Edna ocultaba sus sentimientos . Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. No creía que aquello fuese amor. por humillarle y destruirle. No. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Era franca como un hombre. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. los rasgos firmes y cincelados. empequeñecían y languidecían. muchos hombres se inhibían. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. como si buscaran su fuerza. que la mordían y confundían. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. Vio lo que le ocurría a Edna. utilizaba palabras gruesas. Cuando los tres estaban juntos.

de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando.respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. Dorothy guardaba silencio. Harry había vuelto a irse por seis meses. se maquilló la cara. mirando por la ventana. ni lo pensaba siquiera. Dorothy vio que Edna salía de la casa. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. Y Robert. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. al despertar. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. limitándose a vivir en el romántico presente. se encontró contemplando este . Entró al baño a lavarse. Una mañana. Se sujetó el pelo en alto. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. como un soñador. creyéndose sola. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. En aquella puerta había un espejo. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. durmiendo. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Los pechos bailaban con sus movimientos. Entonces. —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Tenía un cuerpo magnífico. no se preocupó de cerrarla.

Se había inclinado para recoger el peine. Cayeron el uno sobre el otro. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. ardía. la vehemencia con que lo recibía. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. Al cabo de una hora. la mordió. rompiendo su virginidad. de la boca. Robert medio la arrastró. de las manos. Al poseerla. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. De pronto todo su cuerpo se encendió. del hombro. Cuando todo hubo concluido. Ella ni se dio cuenta. Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. Fue una especie de continuación de su lucha. ella volvió a atraerle. pues ella se defendió. de su cuerpo. Robert no pudo aguantar más. aumentando el dolor. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. Robert estaba desnudo.espectáculo desde la cama. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. Dorothy fue presa de un extraño temblor. de doblegarla a su voluntad. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. Donde él la tocara. Robert había descubierto una sensación más fuerte. . medio la llevó en brazos a la cama. Apartó los cobertores. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. Al acercarse él un paso más. Dorothy seguía visible en el espejo. después del primer dolor. Dorothy no hizo ninguna exclamación.

Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. llevado por la necesidad de tener una madre. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. Rogó a Dorothy que le acompañara. porque se parecía a Robert. sin pensar en el daño que hacía. No sabía cómo mirar a Edna. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. Ella continuó viéndose también con Donald. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. se lo confesó todo. Luego se fue de viaje con Robert. No le diría la verdad. Edna lo siguió. para verla retorcerse en la exquisita tortura.Después. Estaba desgarrada por los celos. Dorothy fue a París. de aniquilamiento. Inició una relación con un joven americano. lo que le paralizaba. que se veía obligado a disimular constantemente. Donald. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . avanzando hacia su boca. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. una sensación de vacío. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. Poco después. Robert fue a París a reunirse con Dorothy. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos.

encantadora. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. Le gritó. aunque fuese andando. como una aureola que la envolvía. amenazando a Dorothy por embaucarlo. En pocos días se había convertido en una anciana. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. les bastaba rozarse por la calle. Debajo no brillaba la vida. Encima de la máscara había puesto polvos. para correrse con el contacto. Se apretaba contra ella. sin embargo. Dorothy se desmayó. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. Y ella también aprendió a atormentarlo. El cabello era mortecino. Y ahora llevaba una máscara. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. Edna llevaba flores y era la . Edna no contestó. Edna fue a París el día de la boda. Un mes antes estaba resplandeciente.que él la rozara con la punta del pene. para ser presas del deseo. La boda fue fantasmal. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. su voz era como una canción. amenazándola con suicidarse. para sufrir hasta la última gota de amargura. pero no podía. Dorothy desfalleció al verla. Cuando hubo terminado. Se limitó a mirar fijamente. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos.

Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. En su . La noche siguiente ocurrió lo mismo. la tensión de haber visto a Edna.auténtica imagen de la muerte. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo. pensó él. Después. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. Luego la mujer se puso a gemir. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Se acostaron. Es la tensión. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Robert y Dorothy partieron de viaje. Simulaba sentir placer. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. de la boda. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. Era como si hubiese muerto. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. La vida le había abandonado. debido a que los buenos estaban llenos. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. y quizá liberarse y volver a Robert. Y la otra. Dorothy guardó el secreto. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. Estuvo tierno y aguardó. Dorothy lloró por la noche. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. Dorothy procuró ocultárselo. de la escena que le había hecho Donald. Robert probaba acariciarla.

Donald la miró. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. cuando me dejabas. Tú sabes cómo te hacía el amor. Una vez te hice sangre. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. Sabía que te atraía. Intentó volver a encontrarse con Donald.interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. te doblaba y te retorcía. Se había endurecido y cristalizado. Por eso respondía. Y me volví loco y quise matarte. Donald arqueó las cejas. que intentara borrarlos de tu cuerpo. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. Luego su rostro adoptó una expresión . aunque no hasta qué punto. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. Pedías violencia. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. que me dejaras y te fueses con Robert. cómo te reventaba los huesos. no podría acabar con su vida. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. Luego. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. Pero Donald había cambiado. Edna no podría privarla de eso. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. en París. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. debías coger un taxi para irte con él.

me quedaré. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. a preparar más copas. y otro arrodillado delante de ella.. así debieron ser las cosas entre tú y Robert. ve un rato al . mis pequeñas predilecciones. Dorothy se disponía a irse. Luego voy a la cocina. si quieres.irónica. Posiblemente es una especie de recuerdo. »Cuando vuelvo. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción. Pero se percató de algo que la hizo detenerse. quédate unos minutos... —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. Ellos no se dan cuenta de mi presencia.. Ahora. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas.... En cierto sentido. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. o bien él sentado en el sillón y ella. Invito a determinados amigos escogidos. y los dejo solos un rato. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo. les ofrezco bebida. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. Ellos ya conocen mis gustos. No quiero más amores. derritiéndote. donde tú estás sentada. con las faldas levantadas. mirándola o besándola. se sientan en mi habitación. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha.. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes.

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

era Robert quien la poseía. .

con el pelo corto y la cara redonda y festiva. espléndida de cuerpo y testa. Durante el día iban solas. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. batiendo las .Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. La alta era hermosa. Vivían una especie de vida hipnótica. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer. Su secreto me preocupaba. Entonces llegó el siroco africano. No eran alegres. de cejas pobladas. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. girando enfebrecidamente. No sólo es caliente y seco. Una era pequeña y aniñada. Yo siempre la miraba con admiración. golpeándolo. sino que avanza en remolinos. Duró varios días. la melena espesa y oscura. envolviéndolo a uno. la otra parecía un vikingo.

rompiendo cierres. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. La mujer debía tener esa sensación. hecha de piedra y con muebles campesinos. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que .puertas. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. Me senté con ellas en una gran habitación circular. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. no se puede pasear. no se puede leer. no se puede estar tranquilo. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. La más joven nos dejó para hacer té. No se puede dormir. secándolo todo e irritando los nervios. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. Las dos mujeres iban delante de mí. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. Entramos en la casa juntos.

eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. me enseñaban a arreglar las flores. Me cepillaban el pelo. »En seguida nos fuimos a China. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. encontré una casa adorable y exquisita. encorvado. Hasta cierto punto. pero parecía mayor. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. con adoración. escribir y hablar su lengua. Así era como me las había imaginado. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. llena de sirvientas. Al llegar. Su vida en China había sido difícil. Yo me casé con China. Era alto. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. de unos treinta y cinco años. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. con los ojos gachos. Casi no podía verlo como un hombre normal. pues comenzó a hablar. en un sombrío confesionario católico. Me servían como esclavas. . creía yo. a cantar. yo estaba enamorada de la idea de China.el viento empujaba. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. Cuando él se enamoró de mí. Habló como si estuviera en un confesionario. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano.

Mi aparición las espantó. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas. y no sabría decirte la razón. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. le rogué y le supliqué. con una delgada colchoneta.. y tú eres tan grande. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. de modo que al principio no dormía nada bien.. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto. Al principio no comprendí lo que era.. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. pero los tabiques eran como de cartón. Los lechos eran duros. cuando estaba en la cama. bajos. «Intentó consolarme y animarme. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. vino a mi lado y . Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas.. que lo acariciaban. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. Me casé contigo porque me enamoré de ti. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. Yo me puse a llorar. Incluso me acarició. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta. los cuerpos estaban completamente enmarañados. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. En la semioscuridad. »Al día siguiente.

Salíamos juntos. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. Bebíamos y explorábamos Shanghái. Por último. Él no escatimaba ninguna . Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. «Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. un hombre alto. Me juró que así era. Eso le hacía el pene enorme y me asustó.me dijo. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. muy activo. pese a ser de goma las espinas. »En el hotel conocí a un escritor americano. Decidí huir de él. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. que me trataba como a otro hombre. fuerte. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. pero no tuve valor para cerciorarme. atendiendo a los ruidos de su cuarto. como a un camarada. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. Pero le permití tomarme de esa manera. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. Pero me pasaba las noches despierta. dejé que siguiera. Al principio dolía. que no volvería a desear las mujeres chinas. pero cuando vi que gozaba.

me mordía entre las piernas. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. Cogí el aparato. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. Nos dejamos caer sobre la cama. Me sentía libre. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza. Jadeábamos. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. Él me cogió en el suelo. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. había conseguido bajarme los pantalones. »—Eres como una tigresa —dijo— . con la cabeza colgando y rozando las losas. Luchamos durante largo rato. Me gustaba su fuerza y su peso. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones.. y luego sobre la cama. había descubierto dónde estaba.. Como fuera. y me besaba y amasaba los pechos.clase de trucos. con mis piernas alrededor de su cuello. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. Hablaba y hablaba. Al apretarnos el uno contra el otro. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. aprovechándose de mi postura sobre la cama. retorciéndonos unos con otros. El placer era tan agudo . olía su cuerpo. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa. Creí que me iba a romper la espalda. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. era la voz de mi marido. Yo jadeaba tendida de espaldas. La camisa me colgaba por fuera. Tomamos otra copa. Nos reímos juntos. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. Eso me gusta. Mientras.

. en la habitación contigua a la mía. En realidad. Me sentía feliz. «Recordé todo lo que me había hecho. cuando nos encontramos en la oficina de correos. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel. Fui presa de un diabólico impulso. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. .. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia. «Empecé a viajar con él. Estoy viviendo con otra persona. Sentía curiosidad por su joven compañera. recordé su falta de escrúpulos para engañarme.que prolongué la conversación. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. Al otro día. Hablé de todo con mi marido. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. Al rato me fui. La mujer se sentó. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. Yo pensaba que se iría. Pero ella se mantuvo en silencio.

Fueron a vivir a Roma. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. la primera noche María temblaba de placer. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. De pie junto a la cama. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. la Maja desnuda de Goya. Novalis la miraba con los ojos apretados. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas.La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. y además absolutamente burguesa. . además era católica. En primer lugar. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. era española.

dejándose tratar como una niña. algo enfadada. querido Novalis —dijo—. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. sino el deseo de un pintor.quería verla. Las manos del hombre. se fue entregando. de un artista. con mansas protestas. Libre de velos. Lo que pedía no era un capricho de amante. —No seas tonto. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. Sobre las tensas sábanas. María se resistió. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. —Eres tonto. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. El arte se mofa de semejante modestia. coaccionadas por el temor a herirla. ofendida en sus profundos prejuicios. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. Ella se rió. Pero él insistió. nunca posó para él ni le . la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. despreciada. poco a poco. acalorándose. Pero. admirarla. Me haces cosquillas. Me estás haciendo daño. Durante las semanas siguientes. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. le dijo. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. Debía superar sus prejuicios burgueses. Ven a la cama.

Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. para que nadie pudiese reconocerla. tan dormida que casi no se movía. Una tarde que entró de repente en el estudio. Más tarde María hizo una escena. Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. lentamente. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. escuchando y espiando detrás de las puertas. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo. y discutiendo a todas horas. Con franca inmodestia. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. tuvo una extraña ocurrencia. y comenzó a padecer insomnio. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. fue levantando el camisón de seda. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Él trabajó durante horas sin pausa. Pudo subirlo por encima de los . por unos instantes perdió la vergüenza. Agotada por la vehemencia. se quedó dormida. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Además. negándose a posar. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación.permitió tener modelos. Apartó las sábanas que la tapaban y.

La deseaba cuando estaba dormida. Mientras trabajaba.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. Más tarde. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. tal como había estado el primer día que posó. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. En lugar de eso. siempre tendida. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. opulenta y apacible. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. La pintaba sin respiro. Pudo proseguir durante un par de horas. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . Se encerraba en el estudio durante días enteros. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. trajo papel y lápices. estiró el camisón. lo contempló tanto rato como quiso. siempre durmiendo. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. María estaba pasmada por la obsesión. abandonada. Novalis siempre alteraba el rostro. De este modo le hizo varios cuadros. los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda.

estaba su marido desnudo. desnudo y con el pelo alborotado. las piernas abiertas. No había el menor ruido. lascivo. a pasar una semana con unos amigos. Ahora empuñó el pene con su propia mano. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. Cuando llegó. Observando la pose sin limitaciones. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. para ver en medio. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. Se restregaba contra la pintura. y encima. con el propósito de arrebatarle esta caricia. restregándose contra el cuadro. Lenta y silenciosamente como un ladrón. besándola y acariciándola entre las piernas. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. Notaba una incipiente erección. como ella no lo había visto nunca. Se revolcaba como nunca lo había . Se fue al campo. pero sólo cuando lo pintaba. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. Había conseguido separarle ligeramente las piernas.cálida le recorría todo el cuerpo. la casa parecía desierta. y con el pene erecto. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. Fue de puntillas al estudio de Novalis. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. la abrió. Se acercó a la puerta. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas.

voluptuosa y bellísima. por sobrepasarlos. . la propia sensualidad contenida de María se incendió. desnuda. abandonada como en los cuadros. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. le reveló una María nueva. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. una María iluminada por la pasión.hecho sobre María. Ante este espectáculo. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. Al quitarse las ropas. libre por primera vez.

. por supuesto. de tener una conversación inteligente. de escribir con elegancia.Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. Era lo que se podría llamar una persona protegida. Nunca había salido sola con hombres. no era como las chicas de mi edad. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. de arreglarme bien el pelo. como les ocurre a muchas mujeres chinas. o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. nunca había leído más que novelas literarias y. de leer los mejores libros. Yo tenía dieciocho años. Este fue el resultado de mi educación europea. tales como mal humor o rebeldía. de cantar y bailar. de mantener las manos blancas y delicadas.

Es una especie de refugio para chicas. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. en la calle Cincuenta y siete. Pues bien. decidí ponerme a trabajar. Rara vez había estado sola en Nueva York. respondiendo a toda clase de anuncios. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. Sabía danza española. Mi amiga se puso en pie de un salto. Se puso contenta de verme. había . que así no tienen que ir de estudio en estudio. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. en broma. En ninguna parte inspiraba confianza. donde se les conoce. Ahora recorría las calles. Los artistas se inscriben en el club. Sabía lenguas. Es cierto que tu cara es poco corriente. Hablándole. pero no los nuevos bailes populares. pero no sabía escribir a máquina. Ya sé lo que puedes hacer. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. —Ya lo tengo —dijo—. sobre mí y enumerando mis cualidades. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. aunque sólo fuese una apariencia. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga.De repente. Te presentaré en el club. Cuando llegamos al club. sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo.

al estudio de un miniaturista. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. mi anuncio de que era modelo sentó como una . Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. En casa. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. Me enseñaron a maquillarme las pestañas.gran animación y mucha gente. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. y así sucesivamente. al estudio de un ilustrador. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. Fue como un baile de máscaras. los pintores hablaron con nosotras. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. ya no parecía la misma. Vi un nuevo ser en los espejos. El ensayo estaba en marcha. También había mujeres que pintaban. Fui recibida con aplausos. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. Todos los años. No resultó difícil. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. a la una. Estaban preparando la función anual. a las cuatro en punto. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres.

Y para mi gran asombro. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer.bomba. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres. Mi madre lloró un poco. En realidad. me sentía algo así como una puta. .. Eso me pareció repulsivo. —En fin. Aquella noche hablamos en la oscuridad. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. Esto no se lo había mencionado a mi madre. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. pero eso era todo. —No —dije yo—. pero por dentro estaba satisfecha. —No. —¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. de manera que se desliza fácilmente. La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro.. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas. Pero ya estaba hecho. —Debe ser difícil meterlo —dije. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. porque la mujer se humedece antes.

También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. a mí nunca me violarán. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. —No hay sangre —decía una—. detuvo el coche. John. La otra lloraba. El primero tenía unos cincuenta años. Inmediatamente se metieron juntas en el water. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. para lo que me estaba preparando. Pocos meses antes. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. pensé para mí. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. era calvo. desgreñadas. o más bien. mi acompañante. de aspecto . Las dejamos entrar en el coche. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. Mientras mi madre hablaba. Las acompañamos a su casa. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. con las ropas desgarradas y ojerosas. me mataré. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado. me pregunté si era eso lo que temía.En ese caso. Creo que no ha entrado. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile.

Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. Me vestí y adopté la pose. El pintor hablaba durante el trabajo. que no dije nada. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. —¡Qué rico! —dijo—. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. —Qué mala suerte. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. De nuevo había que posar. Tenía un hermoso estudio. Dijo que se había casado con su primera modelo. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. que ella era insoportablemente celosa. Las tres horas pasaron de prisa. como si fuera una escena de teatro. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. ¿Posas desnuda? —No. Al terminar el baile. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. que no le permitía pintar desnudos.bastante europeo y con bigote. y porque se servían almuerzos baratos. vi la cara del pintor asomándose sonriente. me besó en el cuello. Había más .

No conseguí hacerlas hablar. No quiso que me moviera. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. Lo que hacía era para la portada de una revista. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. el chal resbaló y aparecieron mis pechos. haciéndose señas unas a otras. Siempre poseo a mi mujer vestida. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. No se movió cuando entré. Ponte un chal o lo que sea. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. Llevaba la camisa con el cuello abierto. se echaron a reír. Vi que no llevaba bragas. —Me gustaría pintarlos —dijo. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. Cuantas . —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. Me tiró del chal casi hasta la cintura. La mantuve. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. Al día siguiente fue el joven ilustrador. que no me interesan. me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. una especie de gesto incitador. te lo aseguro. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. Al inclinarse para tomar medidas. Veo tantos.chicas y estuvimos charlando.

mejor. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Eso me molestaba. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. La mayoría son de un color parecido al cuero. Estábamos en silencio. Hizo un apunte de las piernas. El martes tardó más en ponerse a trabajar.más ropas lleva. ¿verdad? Son sonrosados de natural. he dibujado millones de mujeres. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. Eso fue todo por aquel día. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. Yo estaba sujetándome el chal. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. Me ofreció un cigarrillo. Él siguió sonriendo. así que me alejé enfadada. —Tienes unos pezones muy bonitos. porque en absoluto había sentido placer. Levanté las faldas por encima de las rodillas. Me tapé. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . Hablaba. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo. Luego se puso en pie. Y apago las luces. No estaba posando. Los calienta. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. —¿No es divertido? —dijo—. No necesitas pintártelos. La próxima vez haré un dibujo de piernas. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas.

Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Yo lo empujé con violencia. Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. me deslizó una mano bajo la falda. Yo estaba enamorada de Stephen. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. del ruido. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. Al mismo tiempo. pero en realidad me había dado placer. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. Unos amigos nos llevaban en automóvil. Cuando lo rechazaba. Eso le hizo sonreír. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias.en mitad de la boca. hacia un año. ocurrido. Recuperé la pose y no dije nada. a pesar de no estar enamorada. Rápidamente. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. de la excitación y la alegría. lo hacía por costumbre. para saltar a nuestro automóvil. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. quitarnos las máscaras y .

Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. Me siento hermosa. Ahora no puedo esperar para quitármelas. Luego desaparecieron entre la multitud.. Los vestidos de raso me daban escalofríos. Me gustaba exhibir mi cuerpo. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Me encantó. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera.. A mí me encanta. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante.. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme.. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. lánguida y turbada. Y cuando poso para toda una clase de artistas. Disfruto de mi propio cuerpo. Una vez hice striptease. el placer es tan grande. vamos.. Una de las modelos más adorables. Pero sé de otras chicas . que es como si me estuvieran haciendo el amor. Siempre me llevaba un chasco. pero que tenía un cuerpo soberbio. Disfruto mientras me miran. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. A veces los acaricio. Eso me excitaba. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Me gustaba ver que la gente me miraba. El beso me dejó lánguida. cuya cara no era especialmente bella. es tan..besarnos mientras mi tía daba un grito. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. Solía quitarme las ropas en las fiestas. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado.

. una chica y un hombre. Cada una de las veces que el hombre . Me situó en postura de besar. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. Cuando los hombres pintan o dibujan. no nos invitarían luego a fiestas.que no sienten lo mismo. y que es muy excitante. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. Siento que es completamente impersonal. muy en decadencia. Yo estaba incómoda. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. Tuvimos que repetir muchas veces. Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—. El hombre no me gustaba nada. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas.. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Era quien sabía cómo debíamos disponernos. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos. si todo el mundo lo ve. Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela.

Pensé en nosotros en la playa. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Ahora quería convertirme pronto en mujer. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. En Europa. Oyéndole hablar. debía decírselo. Quería que me tomase. —¡Más pasión. Estaba ofendido. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —. Su mirada se volvió burlona. de menos de veinte años. no interesan a nadie. Eso no. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. Sabía que Stephen me amaba. desde luego. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. no había necesidad de meterme la lengua en la boca. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. El hombre repitió el beso. pensé en Stephen. Están en el colegio o en casa. Yo lo hacía mal. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. De una u otra forma. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. porque . las chicas jóvenes de tu edad. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película.interpretaba el beso. estirados sobre la arena caliente. El ilustrador comenzó otra escena.

. Es una verdadera aventura. Se quedó absolutamente pasmado. —Pero. te hacen el amor? —preguntó Stephen. Tenía más trabajo que ninguna del club. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. Deseaba que me hiciera mujer. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. —No.. Stephen me besó. Es variado. Él estaba orgulloso de mí. —Quiero casarme contigo —dijo—. Stephen —dije—.. Él creyó que era un simple ataque de ciega . Todo lo cual se lo conté a Stephen. —No me importa el matrimonio. pero no puedo hacerlo en este momento. —Lo adoro.. me gusta la atmósfera del estudio. —¿Te. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso.. nunca igual. —¿Te gusta posar? —dijo. si tú no quieres. Poséeme. Pasó el momento.entonces se pondría muy nervioso. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. quería ser poseída y conocerlo todo. ver sus obras.. Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. las historias que cuentan. Muchas veces tenía que posar de noche. Adoro estar con pintores. —Poséeme. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. poséeme. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. buenas o malas. por unos campos oscuros.

esas manos delicadas. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. que había perdido la cabeza. En su mayoría. eran retratos de actrices. Acepté. Era demasiado trabajoso. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Lo pone difícil. Me fui a casa. Me respondió detallando sus gustos sexuales. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. como los místicos de la India. —Ésta. No parecía prestarme atención. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. a la cama y lloré. por ejemplo. Me cansé. »He conocido otros ángeles del sexo. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. El estudio estaba en la planta trece. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. ésta exige romanticismo. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. por lo mucho que cambian.. Tenía medio hecho el cartel. Tú. Es europea y le gustan las complicaciones. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. Cuando llegué ya estaba trabajando. con tu .. Renuncié a mitad de camino. cómo cambian cuando los turba el deseo. Era de mañana y el edificio parecía desierto. Es la única manera de acercársele. Es maravilloso verlos cambiar.pasión. Le pregunté quiénes eran.

Si estás casada. en animales. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. que guardé silencio. Los ojos cambian. Nunca me engaño. eres virgen.. Puedo asegurarlo. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. y las creyeron endemoniadas. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. tu marido aún no te ha hecho mujer. a mi deseo de iniciarme en la vida. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera. cambian.. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. Tú eres virgen.. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. Luego. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. He visto cambiar tanto. a las criaturas idealizadas y veneradas. estoy casada —dije.. La primera vez que . —Casada o no. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo.aspecto de que nunca te han tocado. No estaba asustada. puedo imaginarte mordiendo y arañando. ¿no es verdad? —No.

Me gustaría ser el primero. entonces ella se sentirá atraída por él. es falso. a la playa. Pero sólo si tú quieres. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. en realidad. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. sentí lo maravilloso que sería iniciarte. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. En realidad. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. Sólo puede ocurrir si quiero.te vi. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. Creo que es una superstición. y no quiero. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. si ven que una mujer disfruta con el sexo. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. a lugares alejados en todas direcciones. Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. —Eso es precisamente lo que estaba pensando. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. si es capaz de excitar a una mujer. Después puso el . Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. Sonreí. Si un hombre es capaz de hacerse amar.

—No me gusta aspirar. carretera adelante... Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. Te he pagado el viaje. Estoy seguro de que estarás ocupada. Volvió a reírse e intentó besarme. Yo me alejé. Ahora. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald. —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—. —Había entendido que me querías para modelo. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. y estoy aquí solo. Hice como que me disponía a marcharme. Me hizo toser. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. —Ay. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. preparándome—. Hay muy pocas modelos buenas por allí. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . sabes. Te sentará bien. —Ay —dijo—. que no sabes aspirar.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. que vivía. ay —dijo—. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. Tendrás que aprender a disfrutar un poco. toma el humo de mi boca y aspíralo. Así que fui. que no vas a ser una compañía muy complaciente. —Sabes. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. riéndose—. —De momento no es una modelo lo que necesito. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. Aquí no se trabaja tanto.

Así que me recibieron con frialdad. y no conocía a nadie. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. como si yo hubiera engañado a alguien. Hablé con él y le conté mi historia. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. Si adoptas esa actitud. Así que empecé a posar para él. dejando tras sí el fuerte . Se llamaba Reynolds. era un hombre de unos treinta años. Una vez. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. Vi a un hombre que pintaba al aire libre. una mujer. de pelo negro. Pero Ronald ya les había rendido visita. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. Constantemente estaba inquieto. me contó Reynolds. una mujer desnuda y salvaje. pero no podía disfrutarlo. No le creí. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. pero de la maleza salió. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. No conocía a Ronald pero se irritó. Era un ser solitario. Se sentaba a la sombra de un árbol y. Nunca iba al pueblo. a no ser por comida. sin mirar lo que tenía alrededor. trabajando de marinero para ver países exóticos. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río. estando con sus amigos en la jungla. nadie te dará trabajo. El país era bello y montañoso.no saben divertirse. Su andar era indolente y sus gestos naturales. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. con increíble velocidad. Dijo que intentaría ayudarme.

y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. La tomó con rabia. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. Era muchísimo más fuerte que él. Era infatigable y tardaba en excitarse. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. sin darles tiempo a recuperar el aliento. Estaba asustado. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. de forma que. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. Al mismo tiempo . resultó ser muy hermosa. se lanzó al río y se alejó nadando. al cabo de un rato. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera.aroma animal. más para aplacar el fuego que por deseo. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez. La mujer estaba bocarriba y reía. Se restregó contra la carne de la mujer. enseñando los dientes blancos. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. Pero ahora quería subyugarla.

si encontraba a Reynolds. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. pidiendo más. —Será muy fácil —dijo—. Pero él estaba pensando en otro cuadro. La había pintado en el paisaje. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. con las que me hizo un manto. la había acariciado antes. pero tendrás que cerrarlos. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. El día . Me apoyó contra una caja de madera. agazapada como una tigresa. Entró en la choza y sacó sábanas. Nadie. Después de esto. pero él prosiguió las caricias. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. para huir de un salto de los hombres con escopetas. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. con sus pechos abundantes y puntiagudos. Eso la sorprendió. siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. y su esbelta cintura. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. Se reía mientras contaba la historia.la acariciaba. siempre le buscaba la mano. Cuando se cansó de poseerla. de repente. después de dos orgasmos. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. por lo visto. se dio la vuelta. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. Quería que volviera a poseerla. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Tienes unos ojos hermosos. sus largas y hermosas piernas. Durante el día. Yo no entendía cómo iba a posar para él. abriendo mucho las piernas. Entonces.

las sábanas me hacían sudar y. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. Se inclinó sobre mí. el olor de las plantas que nos rodeaban. Yo me iba relajando y ablandando. revoloteando. muy suavemente. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. Cada vez que su lengua tocaba la mía. no sé por cuánto tiempo. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. que no me movía. en una pose tan relajada. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. explorando. Me sentía lánguida e irreal. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. rozando ligeramente los labios. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. muy suave. Notó mi humedad. —Sólo una caricia —dijo—. la tocó con placer. me quedé dormida de verdad. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. su boca . sólo una caricia. No me moví. puso su boca sobre la mía. El calor. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. Reynolds estaba a mi lado. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. besándome. La mano avanzaba. echándose sobre mí.era muy caluroso. pero con tal lentitud que era exacerbante. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. y luego alrededor del culo. hasta que mi propia boca respondió. sino sólo las puntas del vello púbico. deseando que también la tocaran.

Eres tan diferente.. Reynolds me cogió la mano y me guió.sobre la mía. tu forma de andar. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. —No te enfades —le dije—. Al cubrirse. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. sin saber qué quería. —Sólo una caricia —repitió suavemente. Estoy contenta de que lo hiciera. Él sonreía. tus modales. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos. todo me afectaba como una droga. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. hasta que el montículo se hinchó y endureció. tu cara. Lo cogí con mis manos. —Más fuerte —dijo. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. Lo besé con gratitud. Meneé la cabeza afirmativamente. dormida como . —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos.. Sólo la vi una vez. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo.

Luego me tocaba levemente. Me gustaba su forma de acercárseme. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado.en el cuadro. Se ríen de mí. Los dedos se aceleraban. tendidos al sol. Una . el aventurero. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. pero mientras eres mi prisionera. A veces simulaba querer algo más. En realidad soy tímido con las mujeres. —¿No? ¿Tú. Perdía toda la suavidad. primero levantaba el traje y miraba largo rato. A veces. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. Siempre lo contaba. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. —El décimo día te llevaré en coche. —De haber estado despierta. Eso lo excitaba terriblemente. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. incluso las putas. Durante diez días trabajamos al aire libre. si tienes que volver. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. pero las mujeres me intimidan. Todo eso le pasó a un amigo mío. Puedo derribar a un hombre. como si fuera un cazador. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. pelear y emborracharme. no me hubiese atrevido. hasta que me humedecía. como sin querer despertarme.

Durante el viaje de vuelta. Éramos felices. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. Murió desangrada. . Te quiero. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. la embaracé y tuvo que abortar. Por primera vez. le hice daño. —dijo— me asusta. al mismo tiempo. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. Nos acariciamos. Sentía que compartíamos una corriente magnética. Pero no puedo poseerte. pero. Guardé silencio. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos. me mataría. Nos besamos largo rato. Si te pasara a ti. Nunca había pensado en esas cosas. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. ninguna otra cosa nos unía. Una vez lo hice con una chica. Eso ya lo sabes. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. —¿Eres feliz? —dijo él.. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Me tragaba la espuma blanca.. pero no le importó. —La pequeña herida que tienen las mujeres. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto.vez le mordí. —Sí. Cuando me besaba. nos untábamos las caras de semen. me besó hasta que tuve un orgasmo. Me da miedo.

acostumbraba a decir. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas.Estaba sin trabajo. Encontraba trabajo con facilidad. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. qué es lo que dices? —decía Stephen. Había desaparecido. No ocurriéndoseme otra cosa. El individuo no se desanimó. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. cogiéndome el pelo. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. La tienda era terrorífica y gris. No quería . —¿Qué pasa. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. Cuando pedían nuestro número. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. listas para cambiarnos rápidamente. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. —Es modelo de artistas. me negaba y perdía el empleo. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar. Esperábamos en combinación.

cuando era joven. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. El pintor dio su aprobación. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. cuadros de desnudos femeninos. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. como éste. Se montó en el falso caballo para que viera. . Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. exactamente lo que buscaba. pálida. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Se alejó y me observó. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. —Eso es maravilloso —dijo él—. Me quité las ropas y me monté en el caballo. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. Le dije que sí. y sus gestos eran lánguidos y afectados. con grandes ojos negros. dímelo en seguida. Era una especie de caballo sin cabeza.que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. El pintor tenía cara de mujer. tapices de seda— y olía a incienso quemado. echando el cuerpo hacia atrás. Cuando te canses. Tengo dificultades con esta parte de la pose. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo.

muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. Aquí. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. un placer que desconocía. Desde luego. Comenzó a dibujar. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. como si fuera parte de su trabajo. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—.Me estudió por todos lados. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. Estaba rojo y un poco hinchado. pero no dolía mucho. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. Mantenla. Aguanté con los dientes apretados. que puede rozar el sexo de las mujeres. La dejé mirar. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. —Me tocó un instante. Curiosamente. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. Saltando en todas direcciones. así que continué. esta parte del cuerpo debe verse bien. me hizo unos mimos y me besó. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. entre las piernas. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. «para que se ponga . Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. Ahora está bien —dijo entonces—.

—¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente.. —Sólo un poco —respondí una vez. —No siento nada. Jadeaba sobre mí.. muerto. no siento nada. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor. Desmontamos. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme... . —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación. —No sé —dije—. A lo mejor podrás gozar de nuevo. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo.bien».. sí que sientes. observándome y diciendo: —Maravilloso. mi amiga se inclinó y me tocó. —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No. ¿Tú crees que se ha. diciendo: —Ya no parece lastimado. apretando los labios entre los dedos. maravilloso. a causa del dolor? Muy tiernamente. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. Y de nuevo me consoló..

—¿No te gusta? —dijo. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. de un placer que crecía. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. Para que el pintor viera lo que quería pintar. le dije: —Páralo ya.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. Pero él sonrió y no lo paró. dejándome ir contra el cuero. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. —Me gusta —dije—. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. por eso. al hacerlo. rocé el sexo contra la prominencia de cuero. El pintor me observaba atentamente. montada a caballo y delante del pintor. Él supo cuándo debía parar el . Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. hasta sentir el orgasmo y correrme así. no podría contener el orgasmo. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. Sí que me gustaba. El pintor me observaba. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Me puse roja. que había hecho todo aquello para verme gozar. y entonces me abandoné al movimiento del caballo. Pensé que lo notaría y. cuando era pequeña. resbalé hacia delante y. de seguir. Le rogué que lo parara.

y ya se sabe. voy dándole al sexo de la mujer. que había conocido en una fiesta. Desde luego. La conversación era picante y cruel.. Un guapo joven. La gente llevaba bebidas. —Ahora descansa —dijo. Le gustaba estar acompañada. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Pintaba portadas de revista. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. no hacía ningún secreto de su profesión. mientras tengo los ojos cerrados. O bien descubrían las propias debilidades. Poco después fui a posar para una ilustradora. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. Muchas veces era invitado a las habitaciones. —Hay muchas formas de hacerlo. Y mientras. a .. con los ojos cerrados. vestido con gran elegancia. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. Rondaba por los grandes hoteles. actrices y escritores iban a verla. Aunque a veces. cuando tengo dificultades. Lena. sin mirar. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. Actores. o camisas de seda. Haciendo muecas. tomo drogas. El joven sonrió. saldría corriendo. y entonces.mecanismo. la sensación viene a ser más o menos la misma. sé que. Tenía la puerta siempre abierta.

luego irán al hotel de ella. Cuando salgo del apartamento. envidio a mi amigo argentino. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. Su traje dejará transparentar la figura. Gustaría a las mujeres. aristocrático y completamente cascado. coge los pantalones y se pone a estirarlos. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas.este ritmo. impecablemente vestido. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. Ella le invitará a subir. »Sin duda. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. casi tocándola. un poquito. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. para que lo vea entrando y saliendo. finalmente le hablará. Sabe cómo la agarraría. mi compañero de piso. siguiéndola por los ascensores atiborrados. cómo paseará por la Quinta Avenida. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. Es un hombre guapo. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. y luego hacer que se vuelva. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. los dedos . Entrarán en la habitación. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. y eso le excita.

planchando los pantalones. —Hace calor —dijo —. Se abrazan . Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. y eso le excita. pero tiene sensualidad en la atmósfera. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos.aprietan más que la boca del sexo. bocarriba y fumando. un hombre muy joven. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. »Una vez que se ha imaginado todo esto. porque así se consigue un doble placer. No sé por qué será. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. Deja de lado los pantalones. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. Otro. Es una ciudad muy humana. medio desnudo.. mi amigo está empalmado. Y es contagiosa. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. que acaricia mientras está tendido. y se mete de nuevo en la cama. Lena rió. allí de pie. pero las parejas siempre se están besando en las calles. Me quitaré el corsé. Eso es lo único que quiere.. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. en las mesas de los cafés. Y se metió en la alcoba. la plancha y la tabla de planchar. Se sentó. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. No sé lo que tiene París. Me interroga. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. cómo se comportan. en los cines y en los parques. sobre todo París.

la cosa se pone insoportable. Quizá sea eso. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina.con absoluta libertad. mirando perezosamente las casas. elevando la voz. Se paran para darse largos besos. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido. En todo momento te vigilan las putas.. No lo sé. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. en los pasillos del metro. Todo es tan abierto. »Un día estaba en la plataforma del autobús. Me olvidé de Reynolds y de Stephen. La mujer estaba encima del hombre.. Los cafés están llenos. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama.. »A las cinco de la tarde. te tocan. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro. En la oscuridad. Todo el mundo está en las calles. tan fácil. Una amiga mía. . por la noche. la suavidad de la atmósfera. »Y no la ayudó. Me parecían como niños. En los cines hay pequeños palcos. en las aceras de las calles.. Ningún policía se mete. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. completamente oscuros y cerrados con cortinas... Luego. debería estar agradecida en lugar de enfadarse.

El vivir siempre con un pene dentro otorga algo . Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse. Era la misma esencia de la prostitución. para mayor comodidad. Eso hace que me sienta libre. llevaba el cinturón flojo. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. constantemente deseado. Todo el erotismo sale a la superficie. Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas. Era una modelo magnífica.La reina El pintor se sentó junto a la modelo. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. No tengo que hacerles el amor. que se entregaba como una puta. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo.

Lo que constantemente . »De una u otra forma. El pelo de aquella mujer era.. Es imposible describir los ojos. También la piel era erótica. graso y fuerte. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. lánguida. que traicionaban su excitación. para sentir la contracción de los músculos. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. sino también las venas vivas. Al principio de acostarnos estaba fría. Se erizaba al tocarlo. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. las notaba moverse debajo.. era lo más sensual que yo había visto. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección. Estaba lleno de vida. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo. »Pero no era sólo el pelo. cuando le tocaba la piel. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. completamente quieta. Era cálido y almizcleño.. Medusa debía tener una melena como aquélla. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. Era pelo de animal. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo. El vientre parece estar desnudo.fascinante a esas mujeres. Sus ojos.. relajada como un animal. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo. unas venas tan vivas que... presente en todas sus actitudes.

de esta respuesta completamente erótica. Era una especie de vientre vuelto del revés. tan intenso. Sí. Bijou. tan incendiario.. Bijou. directa e inmediatamente. »Era la reina de las putas. siempre húmeda. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. con la que formar palabras.. pero todavía pálida. provocaba mi secreción erótica. de aniquilarlo. como si la transmitiera por contagio. »Como fuera. ni en la comida. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. No. con remolinos de locura. ordenaba la vibración del pene. su forma de moverse —para atraer. en el café. delante de todo el mundo. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. era como la boca del sexo de la mujer. algo devorador.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido.. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. en la calle. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. Era indecente te digo. . la misma vibración en el sexo masculino. con un placer nunca antes conocido. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. Era como estar haciendo el amor en público. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. la vibración de la sangre. para excitar—. como si temblaran con oleadas febriles. y era capaz de expresar todos los deseos. con la que saludar. por un geniecillo. todavía con los ojos ardientes. Cuando se humedecía. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. Al ondularse. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. con su misma forma. como una Fátima oriental. ni en una boca con la que hablar..

. Todo quedaba descubierto. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos. con el cuerpo ausente de sensualidad. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. como si dejara a sus espaldas un olor animal. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas.. Si reía. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células. »Las mujeres irremediablemente sexuales. Verdaderamente era la reina de las putas. incluso mientras comía. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. y cuando jugaba a las cartas. Se ha hecho que los labios. se ha hecho que.. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. a la vista. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. con el vientre pintado en el rostro. »Por la calle. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. que acariciaba el mundo entero. veía que hasta los rapazuelos la perseguían. las mujeres que irradian sexo por los pelos. no se ponía nada. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa.»Por las noches. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. que seguía dispuesta para la posesión. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. al igual que ciertos plumajes de colores. por los ojos. en la pose de su cuerpo. en la cama. Uno sentía. andando detrás de ella. cuando no sabía que iba siguiéndola. no se sentaba impasible.

. los brillantes dibujos se movían con ella. vino a mi estudio horas antes del baile. Por eso. »Al moverse. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. Cada curva me . Lo deseaba. como si fuera una actividad sagrada. con este objeto. Ella estaba de pie y desnuda. como el lomo de un caballo de circo. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. cómo cuesta encontrarles el animal. patinar y darle por detrás. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. quizá. por la boca y por todo el cuerpo. al principio.. como si fueran latigazos.. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. Bijou era infiel por naturaleza. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. ésas son las mujeres que me gustan.por la nariz. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. Lo han diluido. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje.. La pintaba amorosamente. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. adorándola. enmascarado. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. Aún más. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte.. de manera que huele como si fuera otra cosa.. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. Hubiera podido sentarme. perfumado. »Las otras.

Al ir de un lado a otro. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. Cuando esté seca.. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. No me toques. Pero ahora no. pero. Seguía de pie y sin moverse. Y Bijou no me había esperado. con una hoja de parra. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. serás el primero. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. En ningún momento me miró. Tenía un brillo duro. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. El baile estaba en su apogeo. Bijou iría completamente desnuda. »Claro está. Era un orgasmo colectivo. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel.. Los tatuajes se habían corrido. . Ahora parecía la reina del desierto. Me permití besar el sexo sin pintar. Sacudió los pendientes. Te esperaré en el baile. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. seguía faltando el sexo.producía placer. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. en apariencia. en los ojos. de laca. »Y me dirigió una sonrisa. se cubrió con una capa y se fue. procurando no tragar verde jade ni rojo chino.

volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata. Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. Hilda vivió la misma experiencia. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. comenzó a hacerle la corte. comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. Hilda se . O se sentaba en sus rodillas. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. cuando le hubo acariciado. o bien echándose en el sofá. Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. profundamente unidos.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. Vivieron juntos varios años. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Viendo que él seguía impasible. le ofrecía la boca. hablando de alguna experiencia anterior.

El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. que la dirigiera. de la pintura que le ensuciaba las uñas. ya que de natural era muy femenina. de la melena negra sin peinar. Una noche. Complacía a aquel hombre porque le amaba. Él se ponía boca arriba. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. Pero verla le produjo una honda conmoción. Ella aprendió a ser activa y descarada. él no hacía ningún movimiento de acercársele. su propio estado de ánimo. Sin embargo. aguardando y disfrutando. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. que dominara su sexualidad. pero no así los hombres. se puso en pie. poco a poco. Hilda conoció a un pintor mexicano. ella se sorprendió ante la . Estaba borracho. de ojos. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. la miró como si fuera un gran león y ella el domador. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Por otra parte. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. cejas y cabellos como el carbón. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas.habituó a su ritmo sexual. A veces se quedaban tendidos y hablaban. Perdió todo el recato y toda la timidez. un hombre grande y moreno. durante una fiesta en Montparnasse. Así.

muchas veces hechas con pollos robados. La cama colgaba en la parte trasera. Hilda dijo que sí. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. La música era lánguida y relajante. Las ventanas eran de arco. un poco más alto que Hilda. y la miraba con fijeza. Rango andaba con las manos en los bolsillos y .imagen de demonio del pintor. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. destructivo. Rango estaba de pie. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. Respetaba sus leyes. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. Pintaba en los estudios de los amigos. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. suspendida cual litera de barco. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. cogiéndoles los óleos y las telas. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. abandonando luego los cuadros y marchándose. que por entonces se estaban desmoronando. era un vagabundo y un aventurero. Rango no sacó a Hilda a bailar. Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. En la fiesta de aquella primera noche. El mexicano era grande. inquieto. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. cerca de las antiguas barricadas. aunque sus amigos ponían la música. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. el techo. nunca hacía el amor a las gitanas.

Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. podía estar completamente derecha. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. Había dos guitarras. más menuda. de besos muy . Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. el mismo magnetismo. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. Él cogió una y comenzó a tocar. pero ella. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. El camino era de tierra. Hilda no habló. La cama estaba destapada. Era demasiado alto para el techo bajo. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. la única manta se arrugaba a los pies. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. sentado entre las ropas. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. Ahora estaba sobrio. Las velas arrojaban grandes sombras. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. con la cabeza tan despejada como la noche. Llegaron a las chabolas de los traperos. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. Iba a la sombra de Rango. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. con tejados muy pendientes y sin ventanas. en la carne color oro viejo del hombre. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela.

cálidos y rápidos. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. ofendido. Chisporroteó y se apagó. la hebilla de plata fría. Permanecieron largo rato tendidos. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. Ella estaba ciega. La vela se iba consumiendo. orgulloso e intocable. En la oscuridad. como tragos de vino. le aumentaba el calor del cuerpo. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. . Tenía los ojos enfurecidos. Lo vio enfadado. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. ya no sonreían. haciendo eses. en el cuello y en los hombros. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. Luego. —¿Qué he hecho? —preguntó ella. Cada beso. De pronto. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. Las grandes mejillas. Se puso en pie. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. muda e impávida. —¿Qué he hecho? —repitió ella. La besó detrás de las orejas. Y tenía la boca apretada. Quería hacerle comprender que era inocente. con los que le traspasaba su aliento. y encendió otra vela. en las pestañas. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. Hilda no entendía qué pasaba. en medio de la oscuridad. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. Parecía humillado.

.. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante.Entonces él sonrió. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba.. Él había elegido un rincón . una sensación de haber sido gravemente injuriada. transformado por el amor de un hombre. Bebieron pero no la rozó. Las lágrimas no afectaron al mexicano. no sólo por haber perdido a Rango. boxeadores y drogadictos. Rango escuchaba. cambié toda mi forma de ser. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda. Cogió la guitarra y tocó para ella.. quiero que sepas una cosa. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos... ante su ceguera... Yo. leía y fumaba. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. Una persona me enseñó. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. La sobrecogió una profunda vergüenza. —Comprendo. —Has hecho un gesto de puta —dijo. Luego se detuvo. sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. Rango se sentó más cerca. un café frecuentado por mulatos.. con ironía. Estuvieron en el Café Martinique. De pie. Una mujer no siempre hace lo que quiere. esa mujer lloraba ahora incontroladamente. —Al principio —continuó ella— sufrí.. que me obligaba a comportarme como.

—Eres tan delicada. Le abrió las piernas sólo para besarla.oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. pero al fin la desabrochó. besándole la boca una y otra vez. que no puedo creer que tengas sexo. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. Ella se derretía en aquel beso. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. a plena luz. le retuvo la boca en la suya y no se movió. Mientras se besaban. y la desvestía como si fuera su primera mujer. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. Le besó los pies. Los hombres dormían. Ella sentía el pene duro contra el vientre. Se detuvo a estudiar las ligas. pero él lo puso hacia abajo. Otros se disponían a partir hacia el sur. Y luego la desvistió. despacio. La estuvo palpando. Ahora. Sin un respiro. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. Con mayor pericia. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. . tan pequeña —murmuró—. Se levantó para correr las cortinillas. quitándole las medias con delicadeza. Le sonrió. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. Y volvió a besarla. curioseando sobre la forma de cerrarse. el lugar estaba animado. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. besándose sin cesar. Estuvo torpe con la falda.

al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. La mano seguía entre las piernas de ella. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo. por su primera actitud de tomar la iniciativa. el pelo a sándalo. reprimiendo cruelmente el propio deseo. y todo se confundía en su boca y su aliento. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. la piel como el cedro. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. Eres tan delicada. por su impaciencia. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. Era como si disfrutara reprimiéndose. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha.Hilda se asombró de ver lo que hacía. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho. ya el sexo. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. Rango le recorría el cuerpo. tan pequeña. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas. A su lado. No eres de verdad. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre... Hilda gemía de placer y dolor. Estaba tan vibrante que no podía dormir. En la espera. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en . meterse el pene entre las piernas. que era el doble que el suyo. a obedecer sus deseos. cayó sobre ella y se durmió como un niño. besándole ya la boca... privada de satisfacción.

. a los roces. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. con el pelo revuelto. Había descubierto un nuevo reino. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. Se encontraban una y otra vez. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. se desnudaban. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. perdió el tacón de un zapato. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes. estaba ciegamente decidido a doblegarla. la sumisión a su deseo. Rango tuvo que llevarla en brazos. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. Una y otra vez yacía pasiva. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias.realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. siempre. Era un demonio abatiéndose sobre ella. a su hora. sin demostrar deseo ni impaciencia. Un día que paseaban juntos. de una conciencia erótica como nunca había tenido. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. yacían el uno junto al otro. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. a la misma atmósfera. el reino de la emoción y la atención.

—En Brasil —dijo el tío de Laura—. debes llevarte dos sombreros. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. las mujeres eran accesibles y complacientes.. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. No quiero ir cargado de equipaje.El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años. con la misma frecuencia y facilidad. con el hocico . —No obstante —dijo el tío de Laura—. —Pero lo recogeré. riéndose. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. El viento puede arrebatarte uno. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos.. ¿no? —preguntó el amigo. —¿Por qué? —preguntó el amigo—. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil. Era parecido a un cerdo muy pequeño. Contaba. recordaba. con sólo inclinarte. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual.

Dos minutos después. muy al estilo de la antigua galantería. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. y un velo sobre el pálido rostro. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados.enormemente desarrollado. Se veían las colinas. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. mujer muy reservada y dominante. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. pero un coqueteo contenido y digno. presa de un ataque de histeria. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. según el tío. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. que vestía suntuosas faldas de raso. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. Un día. El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. Ella era viuda. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras.

como si la expedición casi le hubiera costado la vida. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. Veía el pómulo. Pero. con las faldas arrugadas. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. Esta historia había asustado a Laura.propietaria. del trabajo. y el chanchiquito parecía agotado. Al salir. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. Iba vestido de obrero. un gran perro policía se le subió de pronto encima. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Jan era un artista que se reía del hambre. Laura gritó y lo espantó. husmeando y olfateando las ropas. Luego. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. con pantalones de pana y chaqueta de piel. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. al mismo tiempo. un día de las vacaciones. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. de la . A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. riéndose de una u otra historia. y con el morro metido entre sus piernas.

lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. de todo. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. todo cuerpo. sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. si ves lo mismo que yo. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia.. que no le gustaba. Ella se había echado en la cama. miraba el techo. sino observando la forma de la cabeza. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. de algo que ya esté en el techo. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. . Mientras estuvo posando. Laura sonrió. Había llegado al difícil momento. sólo cuerpo. La casa era muy antigua. de hacer las extremidades. demasiado pequeño para su peso. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. no viéndola como persona. Dejó el dibujo como estaba. con la pintura picada y el enlucido irregular. como si fueran los pies y las manos de un tarado. veía toda clase de formas. la manera de sostenerse sobre el cuello. dormir hasta la hora que le diera la gana. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. Al observar. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas.. La paleta cubierta de pintura todavía húmeda.esclavitud.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

tendidos de espaldas en la cálida noche. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans. haciéndose mimos y . Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. Albert resultaba una especie de libertador. La primera noche no la poseyó. La servían hermosas mujeres de color. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque. en el otro extremo de la ciudad. sino conquistarla lenta y morosamente. Sostuvo que era una prueba de amor. que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. Cuando se casaron. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. Albert la trataba con suma delicadeza.

Luego.. pequeñas corrientes que la mantenían despierta. «Como a las mujeres de color». la marcada curvatura de la espalda. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las . que hacía sobresalir los cachetes del culo. en la espalda. y luego llevaba la boca a otro sitio. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. en los hombros. descubriendo una nueva sensibilidad. en las piernas. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. Al carecer de experiencia. Fay se sentía lánguida y drogada. cuando el marido se iba.. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. dijo. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. se quedaba inquieta y no podía dormir. perdiéndose en la melena larga y espesa. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. De este modo. no intentó llevar adelante un abrazo completo.dándose besos.. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. y la boca del sexo y los labios. en el nacimiento de los pechos. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello.. la firmeza de sus nalgas. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. que eran tan perfectos como las manos de Fay. en los brazos. en el cuello. lo reverenciaba con palabras de adoración. Cada lugar que besaba. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan.

Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. como el de una mujer sollozante. de su recato. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. como de costumbre. Anduvo lentamente. una gotita de miel le brotó del sexo. Los quejidos eran quejidos de placer. encerrándola como si fuera un tesoro. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. También él pronunciaba voces confusas. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. A Fay no la vio nadie. Y entonces. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. descendió la gran escalera y salió al jardín. Una noche. un gemido rítmico. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos. Fay estaba sorprendida del control de Albert. la boca llena y siempre entreabierta. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. Se sentó desnuda en su nebulosa cama. Al principio la paralizó . Tenía la sensación de estar en un sueño. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. Luego un ruido la alarmó. El perfume de las flores casi la aturdió. la dejaba. presos de la violencia del placer. Era un gemido. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. cuando gemía. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos.japonesas. Ella no dijo nada. Le palpitaba todo el cuerpo. Fay no podía dormir. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella.

para salvar su felicidad con Albert. Luego las caderas. llegó al pene. . esperando. Le había dicho que la estaba conquistando. Al principio estaba asustada. Le tocó el pecho. un movimiento delicado. Fay estaba dispuesta a obedecer. Aquella noche Fay se convirtió en mujer.el dolor. Y empezó a besarla. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. Tienes cuerpo de ángel. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. La mano. una curiosa mezcla de juventud y madurez. para demostrar sabiduría y sutilidad. regresó a la casa corriendo. Mientras la besaba. pero aceptó. Él seguía besándola. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Albert hizo un movimiento de alejarse. Se sentía condenada por su propia feminidad.. al hacer un secreto de su dolor. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. Había esperado que la enseñaría. Albert hubiera podido enseñarla. la torturaban las dudas. por su inexperiencia. Luego. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. lentamente. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. Sabía que él era mayor y que ella era inocente.. Pareció sobresaltarse. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. Le bastaría susurrar unas palabras. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado.

El pene se le empalmaba. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. Quiero que me ames como a una mujer.La rabia. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. Ella estaba tensa y silenciosa. Veía la tortura en los ojos del hombre. La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. sólo un momentito. porque Albert intentó poseerla y no pudo. sombras que se abrazaban. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. subiendo las escaleras. Luego Fay sollozó. La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. que lo intentó muchas veces. —Espera un momentito —decía él—. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. Le daba miedo salir de su habitación. mojada. retrocediendo y besándola a modo de reparación. deseosa y expectante. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. fracasando. Soy una mujer. durante lo que le pareció toda la noche. Albert. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. Le .

Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. las manos y el cuerpo. Siempre le habían gustado los olores. Albert la estaba esperando. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. riendo. Se abrió una puerta. . Se acercó al coche y la ayudó a bajar. y estuvo escuchando. como en un juego. Fay se restregó contra él con todo su peso. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. la poseyó. sino uno de los jardineros de color. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho.parecía oírlos a todas horas. Se echó a llorar. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. los olores de los muelles y de los almacenes. Quien salió no era Albert. Finalmente. En la operación. Al llegar a casa. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. Aunque rara vez salía de compras. sin besos ni caricias. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. los guardó bien en el bolso. Luego la besó y la acompañó al dormitorio. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. que estaban en una casita independiente. satisfecho. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla.

Y el hechizo se había roto. .

Nueva York. Al llegar. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. Veo a Lilian. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. El lujo me calma. Marcel.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. mi amante. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. la gran ciudad babilónica. Ya no la amo. Quizás esta vez no me mostraré tímida. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. Mary estaba echada en la cama. Yo estaba libre. pero estoy en una cama muy blanda. Me gustan los que flotan y bailan. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. me enfebrece. Volveré a ver a Mary. Apoyo los pies en mullidas alfombras. con crema en la .

Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. me coge la mano. Se había casado con él sólo para que la protegiera. hombre ni mujer. Es todo curvas y morbidez. Le despertaron celos y dudas. En la oscuridad. pasiva. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable.. Al principio de su matrimonio. letárgica. las mejillas. y su vida en común se fue haciendo insoportable. Tiene los ojos grandes y líquidos. Es lenta. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. El marido nunca se recuperó de esas historias. En realidad nunca había amado a nadie. el pelo. Vamos juntas al cine. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. Se desvaneció mi deseo de besarla. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero.. Mary estaba escapando de su marido. Ahora la volvería a ver. rubio y lujurioso. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero.. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. .cara.. Estaba embadurnada de crema. luminosas. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad. Al día siguiente de vernos. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. porque se había quemado en la playa. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. en las piernas y en los hombros. Eso me contrarió.

Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. Entre nosotras existe una corriente de atracción. muy lánguida. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. no he dormido con él. en realidad casi puramente vegetal. . Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. se siente irreal. ajena a la experiencia. Ambas compartimos el amor por las galas. No le avergüenza hacer nada. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. Soy tan vergonzosa.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. aunque no siente nada. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. pero. Tiene miedo de que lo seduzca. una corriente puramente física. Nunca he visto una mujer más pasiva. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama. Necesita vivir en una atmósfera sexual. Es su clímax. Le gustan los sitios adonde van los actores. Conmigo sí es capaz de hablar. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. siempre dice: —No lo conozco. Yo estoy descubriendo sus disimulos. dormía con todo el mundo. lejana. por dentro. Actúa como si estuviera dormida. por los perfumes y por el lujo. No me permitirá conocer a su marido. Pero nunca está libre por las noches. Siempre está sonriente y alegre. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. Ella es muy perezosa. pero no es capaz de hablarlo.

Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. no puedo seguir conteniéndome. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. Luego decide darse un baño. dejando que el quimono se abra. como una colegiala. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. mirándose las piernas—. . me dijeron una vez en París. Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. Me doy cuenta de que busca tentarme. Pide un whisky. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. Parece tan abierta y húmeda. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. incluso a sí misma. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Me gustan. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Pero no es cierto. era muy hermoso en la cama. Me coge el quimono. pero por dentro está hecha pedazos. Parece tener unos veinte años. Sale del cuarto de baño sin secarse. muy suavemente. Son como piernas de los Renoir. —Son demasiado gruesas —dice. —Pero me gustan —digo yo—. sí. Lo acaricio suave.O bien: —Ay.

Parece a punto de sentir. Le beso el clítoris. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. por el aspecto que ofrece su carne. Parece el sexo de una jovencita. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. Mary no se mueve. a mariscos frescos. todavía húmedo del baño. Es rosado y fresco. Metida entre sus piernas. como si nadie lo hubiera tocado nunca. Puedo morderlo. el zorrito plateado. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. Mary. debajo del clítoris. ofreciéndome todo su sexo. Abre las piernas y me deja verlo. Goza cuando le toco el clítoris. por la forma en que sus piernas se extienden. Tan tierno y tan hermoso. Ahora. Tiene la boca tan húmeda. Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto. Ella comienza a gemir un poquito. pero quiero que sienta un gran orgasmo. el vello del pubis sigue empapado como algas. no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. abierta como una flor. abierto y mojado. y así deben estar también los labios del sexo. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. tan invitadora. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados.—El zorrito plateado —digo—. como terciopelo y raso. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla . como una camelia. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. besarlo. salados y maravillosos. El sexo le sabe a mariscos. meterle la lengua. como los pétalos de una rosa. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón.

por sus formas. los H. A cada movimiento. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. Se derrumba jadeante. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. de grandes . es una Brunilda. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. Mandra. que se desencadena una. como si fuera una gran fruta. Sus pechos caen sobre mí.. latiendo en éxtasis. bebiéndose los jugos salados de mi boca. —¡Ay. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. y lo levanto. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. qué me has hecho. A Miriam da gusto mirarla. mientras repite: —Ay. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. Le cojo el culo con las dos manos.gritar de placer. Mandra. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. tres veces. Ella comienza a gemir. Es como ir en barco. dos. mis dedos le aprietan la carne del culo. qué me has hecho. se desplazan por su rotundidad. Con el dedo siento la palpitación de su placer. a ondularse. siente mi ritmo que se acelera. qué es lo que me has hecho! Me besa.. De pronto Mary se estremece. El río es un ser vivo. Yo lo meto más.

es pequeño y de la raza de los duendes. mi flor roja del pelo. y me lleva corriendo al salón para exhibirme. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. Paul. inmensos poufs de raso morado. reunidas con juguetón esnobismo. necesito ambiente y calor para florecer. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. rápido y divertido. Su belleza es natural mientras que yo. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. objetos estilo rococó. Opina que yo soy hermosa. nosotros estamos por encima de todo. Paul proclama a voces mi natural goyesco. con las piernas cruzadas. El mayordomo negro abre la puerta. Su marido. Me trata como a un objeto artístico. Se desviste y anda desnuda por la habitación. Miriam está.pechos. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido». Los H. Para lo cual. mesas con escondrijos para poner flores. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. que soy artificial. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. en un diván de raso rojo. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. en Roma y Florencia. cosas absolutamente chic. se desnuda completamente. . Su belleza se me sube a la cabeza. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

nos llevaremos bien. La chica apenas tenía dieciséis años. —Vaya. Te daré de cenar y una habitación. Jean. . Un día. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. —Entonces.La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. llevaba el pelo corto. no tengo dinero ni dónde dormir. Yo me llamo Jean. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. y sus formas eran juveniles. —Me he escapado de casa —dijo. Ella lo siguió con increíble docilidad. con los pechitos muy puntiagudos. como los muchachos. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. vente conmigo —dijo Jean—. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. pero con aturdimiento.

Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica.El piso tenía dos dormitorios. mientras él la observaba echado de espaldas. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. sino una especie de piedad. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. con aspecto de niña aburrida. Se estiró a su lado. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. oyó que le llamaba. Estaba sentada en la cama. —¿Te gusta? —le preguntó. Ella asintió con la cabeza. Al principio. Entonces Jean se excitó más. Jean comenzó a enseñarla a besar. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. Este no había vuelto. La forma como lo había besado no era una prueba. Le prestó un pijama. ella se . Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. Le dio un beso educado e inocente. con sendas camas dobles. Ella obedeció. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. y le hizo sentarse a su lado. Sus labios eran inexpertos. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. Jean no sintió deseo. Ella parecía complacida. la condujo al dormitorio y la dejó. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. Entonces. pero que excitó a Jean.

levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. lleno de incredulidad. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. La chica era una buena alumna. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. Ella respondió con pellizquitos y besos. Por eso me he escapado. Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. Eso le encantó. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome. —No —dijo la jovencita muy seria—. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. cuando se tomó un descanso. Luego. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. Pero nunca me deja verlos. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Pero siempre he querido hacerlo. Los besó y los manoseó. Tendré que verlo. Después. Jeanette lo observaba con gran interés. le exploró los pechos. Le hizo mover la lengua y sacudirla. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. Progresaba de prisa. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. cómo restregarse contra su .

el zurear de palomas. a veces. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. Los gemidos eran rítmicos y luego. Pierre se quedó en el piso. teniendo presente a la madre. y además Jeanette. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. al pasar por delante de la habitación. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. Se detuvo. Estaba alarmada. Pierre llegó a casa a media noche y. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. con mucha timidez. Pierre no pudo evitar oírlos. como el zureo de las palomas. en primer lugar. ser virgen. al otro lado de la puerta.. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche.pecho y excitarlo. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Me ha dejado agotado. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. se percató de que Jean se iba cansando. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. debía estar buscando superarla. En realidad. —Sabes —dijo Jean—. oyó los gemidos de una mujer. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. Así que almorzaron juntos. Y al otro. A mediodía apareció Jeanette. Es insaciable. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. Jeanette fue a despertar a Pierre. Era tan apacible como un ratón. y le preguntó si iba a almorzar.. Al cabo de ocho días. Pero no había conseguido sacarle la dirección a .

se quedaba mirándolo. Llevaba un traje muy fino. . tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. fastidiado. y en el fondo el olor de su feminidad. indefensa. que parecía un perfume que la envolviera. en silencio. a la vez ácido y dulce. Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre. Era un perfume complejo. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. el olor fuerte y amargo del pelo. su aliento.Jeanette. cogiendo libros y dejándolos. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. llamando por teléfono a la policía. Ella vagaba sin rumbo por el piso. Así que simplemente se alejaba. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. con sueño e indiferente a la jovencita. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. intentando comer. las pocas gotas de transpiración del cuello. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. de debajo los pechos y los brazos. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. como una mezcla de limón y miel.

y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. Tiró de Jeanette hacia sí. el deseo del hombre se afirmó con violencia. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. a mitad de sus fervientes caricias. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. Eso le encantó. En cada movimiento de Jeanette. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. su habilidad y su potencia habituales. repentinamente. A Jeanette la sorprendió ver que. suave y acariciante. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. y se preguntó si también él podría. que descendían enrollándose. Él levantó el ligero vestido.De pronto. el sexo de la mujer encerró el pene. Pierre sintió que la potencia le volvía. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. Pierre languidecía. con tal temor que el deseo murió. Se quedó bocarriba. Pero esta vez. Sintió desprecio. cayó presa de la duda. adivinaba dónde . Como si fuera una vaina. La visión de las medias. volvió a excitarlo. de manera que no hizo nada por reanimarlo. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. viendo y mirando el cielo raso. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer.

Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. pero no decía nada.quería que la tocase. como si estuviera esperándolo. retiró un poco el pene y. ella dio un salto pero no dijo nada. una voz de aprobación y de aliento. Pierre le tocó el culito. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. pero en silencio. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. La levantó. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. —Sí —dijo ella. le mordió los labios. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. Ella jadeaba y se deshacía. Su deseo había . Sus manos le recorrían todo el cuerpo. pero Jeanette se mantuvo en silencio. Jeanette le sonrió y se abandonó. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. pero seguía sin abrir la boca. con sólo la punta. Luego se detuvo. le introdujo el miembro con violencia y. Pierre esperaba su voz. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. se puso de rodillas para mejor trabajarla. le besó el sexo. por la mitad del cuerpo. Ante este contacto. se acercó el sexo. —Dime cuándo quieres. luego. atrayéndola. le acarició los pequeños pechos. de gozarla. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. lleno de dudas. Cuando se apretó.

venga. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. disfrútalo. dilo. grita. disfrutas. Se sentaba tranquilamente en una silla. —Claro que me resultas atractiva. Claro que disfrutaba. Pierre se sorprendió. al volver. pues. Pensaba que. Con este fin. no sólo a Jeanette. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. si al menos no me oía. Pierre disfrutaba comprándole ropas. porque era demasiado infantil. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. si te gusta. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. Pero si me oyera. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. si venía y me encontraba aquí. dilo. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta.muerto dentro de ella. ¿no te gusta? Te da gusto. habla. Se llevó una gran sorpresa cuando. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. . sino también a otras mujeres. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. Le vio en la cara una expresión de frustración. pues. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. habla.

En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. quería encerrarse en la habitación. de espaldas desnudas. por arrugarlo. entre arrumacos. Dentro del nuevo traje. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. Veía fragmentos de hombros. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. y también entre la . por entregárselo a Pierre. Llevaba los zapatos de tacón alto. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. restregones y revuelos. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. se apretaba contra Pierre. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. que aprobara los botones. porque él lo bautizara con su deseo. Y cuando al fin llegaban a casa. parecía tener luego por quitárselo. las medias. no caía en los brazos de Pierre. de piernas. Hecho lo cual. las ligas. no contentándose hasta que. —¡Mírame! —decía—. cepillándose el pelo. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. y fumaba.cara a los vestuarios. que le apretara el escote. para ver cómo se le ajustaba el vestido. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba.

La cogió al pasar. Y él se dio cuenta. de sus botones contra los blandos pechos. Tal como estaba. dejando al descubierto su jugosidad. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. para dejar el piso. Luego vio a Pierre. desnuda y con las bragas. de los zapatos contra los pies desnudos. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura. Jean la vio lanzándose a sus brazos. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. que la había seguido. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. Pierre intentó calmarla. De manera que la rechazó y los dejó solos. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. Pierre admiraba su ligereza. rigidez y complacencia. Esta vez la poseería a cualquier precio. Quería desnudarla. de frialdad y calor. La lucha era agradable. Pierre le cerró el camino. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. Jean comprendió.cintura y el pequeño sostén. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. Le arrancó las bragas. . Ella seguía enfadada. pero no pudo tocarle las bragas. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. Quería librarse de ella. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo.

fascinada. Acercó la cara. procurándose todo el placer que eso le daba. Sólo le insertó un dedo. se detuvo. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. entre murmullos sofocados. satisfaría su deseo. Ante su cara de asombro. Pero siguió sin entregarle el pene. pero no lo hizo. Jeanette se puso de rodillas. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. En lugar de eso. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. tenía la sensación de que. Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. Sus gestos desenfrenados. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. todo excitaba aún más a Pierre. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. el arco de su cuerpo tendido levantándose.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. Siguió masajeándolo. Aunque le palpitaba la entrepierna.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. Ella miraba fijamente. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. como si dijera: «No te necesito. a veces toda la mano. enterró la cara entre las piernas de la mujer. Pierre la dejó arrodillarse. el pene de Pierre. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. si al menos le besaba el pene. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión.

aunque entrara Pierre. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. En cuanto percibía el ritmo del placer. La atormentaba. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba. pero no ya la jovencita. y Jeanette tembló.Jeanette. Jeanette no se daría cuenta. tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha. Le mantenía las piernas bien abiertas. esperando el placer que él le proporcionaría. Jeanette floreció bajo sus caricias. fue como si la quemara. paraba. no se daría cuenta. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. . Jeanette yacía casi desmayada. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. Ahora Pierre sabía que. Aunque Jean le hiciera el amor. pero sin permitirle alcanzar el placer. sino la mujer que acababa de nacer.

Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés.Los Ángeles. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas. Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine. Nueva York y Los Ángeles. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . se naturalizó como ciudadana norteamericana. vivió y trabajó en París. Francia. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. 14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos. 21 de febrero de 1903 . a la edad de once años. nacida de padres cubanos. volúmenes del 1 al 7.

se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. Edmund Wilson. James Agee. así como del mundo de la psicología.gente interesante e influyente del mundo artístico y literario. Antonin Artaud.H. en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest . incluyendo a Henry Miller.000 páginas. Otto Rank. Gore Vidal. Los manuscritos originales de sus diarios. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). y Lawrence Durrell. que constan de 35.

6 (1977) 1966-1974 Vol. 2 (1983) 1923-1927 Vol. 2 (1986) 1939-1944 Vol. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 5 (1975) 1955-1966 Vol. La enciclopedia libre . 4 (1986) Fuente: Wikipedia. 4 (1983) 1947-1955 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 1 (1969) 1934-1939 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol. 3 (1985) 1927-1931 Vol.

[2] Martes de carnaval.Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». . la fiesta de ese día.

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