El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

1ª edición en Libro Amigo: marzo.1979 ISBN 84-02-07775-7 . S. Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S. 1981 Traducción: © Editorial Bruguera. A.Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann. A. .

para ser fieles a la vida. natural. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. Quienes lo han hecho. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas. incluso en Francia.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. Tal vez los escritores lo sepan. diría yo. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. como hizo Mark Twain. en los ratos libres. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . Es. Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. sincero. Lo primero es como la vida misma.

más ganas. todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. Cuanta más hambre. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos. ansiosos y obsesionados. y comíamos tortas de avena. por donde caían hambrientos.afecta esto a sus vidas. Ahora bien. de muchos problemas. Muchos jóvenes escritores. De . Era una maison muy artística. como les ocurre a los presos. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. se dirigían a mí. tuve que buscar trabajo. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. Irremediablemente pobres. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. a sus amantes y a sus amigos. a sus sentimientos con respecto al mundo. un estudio de una habitación. inclinaciones. como mujer independiente que sólo escribía por placer. poetas. En Nueva York todo el mundo se endurece. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. Aun siendo distintos en carácter. discutíamos y compartíamos la obra en marcha. sin decir nada. debo decir. He tenido que ocuparme de muchas personas. costumbres y vicios. se hace más cruel. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. Con frecuencia colaborábamos.

Desde luego. no tienen vida sexual. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. con demasiada frecuencia. se dice. mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. si se pasa demasiada hambre. uno se convierte en vagabundo. Los hombres que duermen junto al East River. en el Bowery. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. poetas. . Es una mujer velada. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. en portales. semisoñada. en mujerzuela. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. escritores o artistas. Por mi parte.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo.

lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. A su esposa no le importaba. . Era artista y allí no había luz para trabajar. que daban a un patiecillo sofocante. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. por debajo del nivel de la calzada. Manuel se entristeció.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. En aquel lugar bajo tierra. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. cuando Manuel salió a la terraza. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza.

y. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. además. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. Compró pintura. gracias a la luz. una terraza. Quería mudarse de piso inmediatamente. un carro trasladó sus pertenencias. como nunca se había visto.Manuel las estuvo mirando unos momentos. Daba saltos por todas partes. cemento y madera. como el hombre que prevé grandes placeres. A la mañana . con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. Nunca le había gustado trabajar. reparaba. sucias y abandonadas. Entonces. contento y cambiado. hay luz para pintar. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. pero cuando. las puertas cerraban perfectamente. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Las paredes estaban blancas. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. Manuel puso manos a la obra. En este nuevo sitio podría pintar. En un día. llegada la noche. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. Manuel repitió: —Pero hay luz. cementaba y martilleaba. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. esperando el momento adecuado. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. encogiéndose de hombros. se dijo Manuel. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. Fue presa de un ligero temblor. Pero se contenía. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. Mientras pintaba. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas.

cada vez estaba más excitado. Manuel tenía miedo de que se . que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. Manuel salió a la terraza. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. pero después del colegio. El patio del colegio estaba animado. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. pero no se apresuró. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba.siguiente. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. Allí. Se puso colorado. en medio de los pájaros. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. Todas las mañanas. Regresó y colgó la jaula al aire libre. cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. El recreo era a las diez en punto. Pero en lugar de deshacer los paquetes. varias subieron al piso. Las chicas rieron. empujadas por la curiosidad. a las diez. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. en la terraza. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. Al cuarto día.

Mientras estaban mirando los pájaros. Por eso. Cuando se percató de la chica vergonzosa. una fruta o un regalo. la tercera regordeta y lánguida. y la cuarta esbelta y vergonzosa. Manuel estaba de espaldas a las chicas. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. la vergonzosa. para que pudieran verle. en cuanto se tendía al lado de una mujer. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. ofreciendo su infatigable pene al espejo. con los ojos muy grandes. volvió la cara y le miró fijamente. ella volvió la cara. en cuanto terminara el colegio. Sólo una. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño.presentara Thérèse. familiarizarse con el lugar. —Perdonadme —dijo—. si bien era cierto que le . El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. Dejó la puerta del servicio abierta. Aquello había sido bastante por hoy. otra con tirabuzones. sacudiéndolo como si fuera un bombón. Quería alcanzar su placer con prudencia. Manuel tuvo que abotonarse. una de pelo largo y rubio. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. con sus enormes ojos. Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. tengo que hacer pipí. Las dejó cuchichear y mirar. pero veía por encima del hombro si le observaban.

si no aquello hubiera sido para él un paraíso. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. tan abundantes. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. desde donde le veían agarrándose el pene. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las . donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. de las mujeres perfumadas y chic. los pequeños quioscos redondos. que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. frecuentaba los pissoirs de París. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. los laberintos sin puertas. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. entonces todo se echaría a perder.fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba.

las chicas lo vieron todas en el trance. Manuel se había puesto un quimono. Manuel se puso detrás de las chicas. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. besándose y peleando. En lugar de cerrar el quimono. y escaparon corriendo. lo abrió más. Al volverse. Todas se asustaron. por accidente. De repente se abrió el quimono y.escaleras. picoteando. como pajaritos. perdió la cabeza. . Los pájaros se estaban portando muy bien. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad.

se puso bocabajo. Era un chalé metido en el bosque. El lugar. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. Las persianas estaban echadas. Pero cuando la fricción lo acaloró. y. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. aislado. se detuvo. de forma que pudo mirar dentro de la habitación. una ciudad costera de Normandía. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. pero no cerraban bien. Se revolvió en la cama. Se acercó sin hacer ruido. Eran las dos en punto. ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. escondiendo la cara en la almohada. dejando sus huellas en la arena. Se levantó de la cama y miró el reloj. como si antes hubiera sido el escenario de una . estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. repleta de almohadas y colchas revueltas.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. Vio que en uno de los chalés había luz. Había luna y veía con claridad los caminos.

se acercó lentamente y. a quien Louis sólo veía la espalda. Pero ella se mantuvo a corta distancia. y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. doblando la cabeza. Después. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. que aún no la había tocado. Louis vio el sexo del hombre. El hombre no se movió. De haber seguido más tiempo. se lo ofrecía. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. también desnuda. Luego. desnudo y con las piernas cruzadas. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. empinado y agrandado. sacando el estómago. muy tranquilo y satisfecho. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. y una mujer. un hombre. colocándose encima. poco a poco. y trataba de alejarse. su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. arrodillada sobre la cara. recostado como un pacha en su harén. era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. Durante largo rato se mantuvieron en esta posición.gran batalla. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. retorciéndose delante de este pacha. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta. como para contener su frenesí. ella saltó con gran agilidad. Al quedar él encajado debajo.

ardiente deseo como fuera. Y Louis. aún de noche. la hermosa cabeza y la sonrisa. Llevaba puesta una especie de capa. Anduvo más de prisa. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. Más allá estaba el mar. que andaba a pasos ligeros y airosos. y también la de ella. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. . Anduvo bajo la luz blanca de la luna. Se sonrieron mutuamente. Al principio se quedó inmóvil. ya no sintió miedo.. era deslumbrante. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. Ella lo dejó. imitándola. cuyos rítmicos movimientos oía. Al llegar a la orilla. por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. Él fue nadando hacia ella. Sólo entonces le vio ella. Echó a correr hacia la rompiente. y eso no quería hacerlo. Era una mujer. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella. ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. Él se acercó. Y entonces vislumbró una figura delante de él. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. La sonrisa de él.. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. rozándolo y sobrepasándolo. Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara. Nunca la alcanzaría. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. De pronto.

Louis estaba confundido. Curiosamente. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. agachados. Ella yacía esperándolo. Entonces. Había estado rebosando de deseo durante días. súbitamente le abandonó la potencia. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Luego. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. vientre contra vientre.Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. El calor de la carrera volvió a encenderlo. chorreando. El deseo no volvía. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. Ella le pasó su calor. Rieron. pero le gustaba sentirla. Louis estaba profundamente excitado. Se sentía profundamente humillado. su voz estaba llena de ternura—. los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. Él corrió detrás. Ella lo tocó. Estoy muy bien. —Hay mucho tiempo —dijo ella. resplandeciente y riéndose. el vello sexual enzarzado. . en el momento en que más la deseaba. Quería tomar a aquella mujer y no podía. y su deseo se fue amansando. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla. como si fueran a pelear. Los dos estaban a sus anchas en el agua. Nadaba con el sexo erecto. No te muevas. ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Entonces se acercaron el uno al otro. sonriente y húmeda. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. Sus cuerpos yacían juntos.

su carne cálida. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. sentándose apoyada contra él. los cabellos largos. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. ancha y roja. El pene se estiró. recorriéndole de pies a cabeza. se redondeaba alrededor del pene. Una mano le acariciaba los testículos. demorándose alrededor de la punta. brillante a la luz de la luna. igualmente hermosos. Ella seguía frotando. —Dame la lengua —dijo ella. Al abrirse el sexo de la mujer. Louis vio brotar la humedad de su deseo. Louis miraba la mano. la encantadora piel pálida que resplandecía. acercándose.Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. Lo frotó suavemente contra el clítoris. Estaba sentado en la postura de Buda. la otra removía la cabeza del pene. una y otra vez. Luego. lo cogió y lo metió entre sus piernas. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. Sin dejar de frotarle el pene. el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. los pechos abundantes y muy erguidos. con ternura. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. Los dos cuerpos. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. la amplia sonrisa de la boca. . el abundante vello púbico. Lo lamió suavemente. y gozaba con el contacto. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. se doblegaban a la frotación. El miembro se rebulló.

La mujer esperó. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. Ella mantenía la boca abierta. abierto y expectante. Le dejó jadear como perro en celo.—Saca la lengua. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella. esperando. yendo ella delante. se pusieron en pie y anduvieron. estirándose hacia ella. abriendo su ser. Y al seguir andando. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. El miembro se puso duro. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. . llevándose las ropas. sácala. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba.. Él temblaba dentro de la mujer. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. como si fuera a alcanzarla. No cogió inmediatamente el pene. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. Ella volvió a gritar: —Sácala. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. Finalmente. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. —obsesivamente. Se arrojó sobre ella. sácala —dijo ella con voz ronca. Él obedeció. Pero tampoco ahora pudo correrse. y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. Rodaron juntos largo rato. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior..

Por entonces vivía en . repitiendo muchas veces.—Sí. la mujer le contó una historia.. Avanzaban como borrachos. la arena cálida contra su piel.. de pie. Mientras andaban. Echados de espaldas. descansando. no obstante. Me gusta así. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. quería contenerse y esperarle. Él se mantuvo arriba. Los dos aullaron al unísono. fumando. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. no te corras. no la dejaría hasta haberse corrido. la caricia del viento. la caricia de la boca del hombre. con el amanecer próximo. pero. adelantando ligeramente el vientre. pero despacio. ella sostenía en la mano el pene erecto. palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. aturdidos. Esta vez. Una vez lo detuvo. Luego vieron una casa y se detuvieron. Sin mirar a Louis. almohadillándolo. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. Quería correrse. Él le pidió que se escondiera entre la maleza. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. cuando estuvo dentro de la mujer. Ella estaba muy excitada.

la multitud se dirigió hacia la plaza. y formó un círculo. muchísimas veces. emborrachándose. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. dadas las grandes pasiones que había despertado. Allí se quedó. Aguardaron en pie toda la noche. por primera vez vería morir a una persona. al igual que todos sus amigos. El reo apareció con los ojos vendados. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. Ella había esperado con los demás. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía.Montparnasse. De todas formas. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. afrontando el proceso con gran valor religioso. apretada contra el cordón policial. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. Pero en el caso del ruso. Hacia el amanecer. . durante la Revolución. poniéndose de puntillas. podía ver. en una placita cercana a la prisión de la Santé. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. Luego. La gente la aplastaba por todas partes. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. fascinada y aterrorizada. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. cuando no había nadie. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución.

. No se movió ni volvió la cara. Al mismo tiempo. En medio de la palpitante multitud. Tenía el cuerpo enfebrecido. antes de pasar al siguiente botón. casi no se podía mover. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. tan clavada la tenía la curiosa multitud.El verdugo estaba dispuesto y esperaba. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. Ella no hizo el menor movimiento. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. su deseo duro contra su propio culo. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. Contuvo la respiración. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. En su estado tembloroso y excitado. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. De cualquier forma. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. por si protestaba. La mano se detenía. la presión no era desagradable. Dos guardias cogieron al hombre y. con destreza y rapidez inesperadas. Luego. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. lo guiaron por la escalera del patíbulo. Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. lentamente.

Sin decir una palabra. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. el pene se estremeció dentro de ella. Casi dejó de respirar y. el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. La multitud aplastaba al hombre contra ella. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas. Al despertar. se desmayó. el pene avanzaba un poco más. Después de esta historia. saturado de sueños sensuales. abriéndose inexorablemente su carne. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. . Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. Louis descabezó un sueñecito. que era vida. vio que la mujer se había ido. vertiendo su cálida vida. conforme el miedo se convirtió en placer... El cuerpo de ella tembló. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. cálido y consolador. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés. firme y duro contra su carne. y así la perdió. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. Lo sentía caliente. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. en algo humano.a cada latido del corazón.

Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Está celosa de todo. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad. por los cafés y por los parques. Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Dijo que se había comprado el camisón para un amante. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. lo sofoca. igual que el mío. Las mira con una extraña mirada de rabia. Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. la boca ávida. Se compró un camisón de blondas negras. de los amores de todos. Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. se avergüenza. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. la mirada provocativa.

provocativo. como si hubiera un león en el cuarto. Acostada. Le gustaba que nos besáramos en la boca. Todos sus gestos eran desordenados y violentos.aureolándole salvajemente la cabeza. Eso significaba citas secretas. Desayunábamos juntas. poco convincentes. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Tenía ojeras y un gran desasosiego. Hizo todo lo posible por seducirme. íbamos de compras. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. —¿Por qué? —le pregunté—. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. dejaba caer la camisa. Me gustaba verla arreglarse para la noche. Mientras se vestía. simulando no haberme . dábamos paseos. las orgías y las danzas africanas. Lo suyo era la jungla. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Todo el resto de su cuerpo era suelto. Pero no era un ser libre. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez. Hans y Michel. Me puse triste. interiormente se sentía inhibida. Nos sentábamos en los cafés. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Si su boca. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo.

Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. —Si fuera hombre. estoy perdida. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. Quiero que quieran. No quería lastimarla. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre.oído entrar. Si me abandonas. Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. Yo me enfadaba. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. te mataba —decía. cubriéndose luego. Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. y durante un momento quedaba desnuda. que se rindan. y entonces paraba. —¿Qué quieres. Cuando Hans la vio. Odio verte con hombres. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos. Sus escenas me iban agotando. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. Lina.

que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. Él había quemado incienso. Michel? Yo también me sentía soñolienta. Más adelante. La atmósfera erótica la turbaba. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. Él sonrió. Sonreía maliciosamente. . Lina quiso abrir la ventana. —Pero yo querría tenerlo. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. Se sentó en el canapé forrado de piel.—Tienen algo que yo no tengo. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. Fuimos al piso de Michel. Vi que Lina escuchaba. Es afrodisíaco y no es peligroso. Lina tenía los ojos semicerrados. —He quemado un incienso japonés que da sueño. Ya verás —me había dicho Michel. Querría tener pene para poder hacerte el amor. —¿Qué has hecho. Lina aceptó. pero una clase de incienso que yo desconocía. Tenía la voz dulce y envolvente. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. —Tráela y la hipnotizaré. Luego se quedó dormida. El incienso nos iba adormeciendo. Parecía un hermoso animal. Yo me reí. Contaba historias de sus viajes. un animal cuya captura bien valía la pena. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador.

Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. firmes y redondeadas. Lina se irguió en el asiento. acariciándome con la boca y las manos. Él mordió los pezones. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo. Mantuvo su boca en la mía. con los ojos cerrados. Cuando Lina y yo salimos a la calle. Había cruzado las piernas. pero le causaba placer. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. hecha una furia sexual. a desnudarla. esta vez por detrás. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. pero se mantuvieron firmemente cerradas. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. Al día siguiente abandonó París. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. cogidas de la cintura. . A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. Se lo permití. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. Tenía unas hermosas nalgas. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. Empezó a acariciarla.Lina no estaba completamente dormida. Se tiró sobre mí. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo. Michel volvió a poseerla. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. Lina sólo quería el pene. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido.

Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. sin aventurarse más. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. Una era rechoncha. lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual.Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. Lawrence. H. A pesar de eso. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar . Jack y David. con los ojos húmedos y brillantes. Lo hacían con gran secreto. morena y vivaz. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. La otra. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D. al igual que Edna y Jack. graciosa y delicada. Tenían dos hermanos. Dorothy era la fuerza. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos.

Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. de repente acabaron los juegos. Luego. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. y también en facilitarles sus intrigas. El puritanismo se reafirmaba en la familia.cometiendo los mayores delitos sexuales. Con el fanatismo del inquisidor. . rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. Como jefe social del crucero. el primer hombre que realmente había conocido. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. Aun así. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Prescindió de acariciar a las hijas. un deseo de protegerlos. y a las esposas la de los maridos. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma. Dorothy estudiaba escultura.

en su atractivo. En parte por ganas de vengarse. . y lo que vio fue un hombre cuarentón. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. Mientras la desnudaba. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. Estaba fascinado por la voz de Edna. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. Lo cual le paralizó el ánimo. No había demostrado la menor emoción. aunque no sabía por qué. con el pelo clareándose. Entonces se presentó Robert. Se sintió humillada. Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero. de treinta años. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. Compartía con Edna el amor al teatro. sino a una mujer como cientos de otras. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. Sexualmente no la conmovía.Se casaron. sintió que no era deseable. le impidió la efusividad de su amor y su deseo. le pareció que no la poseía a ella. Ella lo hechizó completamente. Edna regresó del viaje alejada del marido. moreno. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. La trataba un poco como a una hermana mayor. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. No se daba cuenta de que aquello era amor. hasta que un día. Desde la primera noche. Le renovó la fe en sí misma. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. encantado por su suavidad. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves.

la boca y el cuerpo. Fue un período de embriaguez. la incitaron y ella floreció entre sus manos. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. y Robert tuvo una segunda erección. pero siguieron besándose y acariciándose. con torpeza y prisas. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. Cayeron al suelo. la hacía arder por todas partes. Él la tomó sobre el sofá del decorado. de ceguera. gozarla. Edna y Robert estaban siempre juntos. de absoluta seguridad. momentos equívocos ni mala voluntad. todo era lo mismo. les entró polvo en la garganta. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. escuchándole y dándole sus opiniones. la coartada eran los estudios de arte dramático. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. Ahora era libre durante seis meses. Para Harry. imponer su capricho ni herir con la . sus gritos de asombro. La telefoneaba a todas horas para oírla. de sólo vivir para las manos. representaron un beso interminable. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. en secreto. Su amor nunca era violento ni cruel. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. de adoración. Sus palabras de alabanza. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz.estando entre bastidores. No había tensiones. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York. tomarla.

muchos hombres se inhibían. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. donde había estado trabajando de escultora. Era franca como un hombre.fuerza o el deseo. utilizaba palabras gruesas. blando y oscuro. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. los rasgos firmes y cincelados. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Sólo los tímidos se le acercaban. como si buscaran su fuerza. No creía que aquello fuese amor. Edna ocultaba sus sentimientos . Vio lo que le ocurría a Edna. que la mordían y confundían. todo hacía pensar en sus propias obras. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. empequeñecían y languidecían. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. Se mostró cortante. mordiente. Hizo la guerra a Robert. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. la voz terráquea. por humillarle y destruirle. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. Pensó que Robert era la causa y le odió. Pero seguía siendo inexpugnable. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que. su misma naturaleza dura y fuerte. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. en su presencia. las piernas robustas. bien que no puritana ni escrupulosa. No. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. Cuando los tres estaban juntos.

—Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Y Robert.respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. ni lo pensaba siquiera. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. como un soñador. mirando por la ventana. no se preocupó de cerrarla. Se sujetó el pelo en alto. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. se maquilló la cara. durmiendo. Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. Dorothy vio que Edna salía de la casa. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. se encontró contemplando este . limitándose a vivir en el romántico presente. Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. al despertar. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Dorothy guardaba silencio. Una mañana. Entró al baño a lavarse. Los pechos bailaban con sus movimientos. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. En aquella puerta había un espejo. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. Entonces. Harry había vuelto a irse por seis meses. creyéndose sola. Tenía un cuerpo magnífico.

Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. Se había inclinado para recoger el peine. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. De pronto todo su cuerpo se encendió. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. Al cabo de una hora. Donde él la tocara. de doblegarla a su voluntad. Al acercarse él un paso más. Robert medio la arrastró. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. Robert estaba desnudo. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. Cuando todo hubo concluido. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. aumentando el dolor. después del primer dolor. Al poseerla. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. Dorothy no hizo ninguna exclamación. de la boca.espectáculo desde la cama. Apartó los cobertores. la mordió. medio la llevó en brazos a la cama. ardía. Ella ni se dio cuenta. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. rompiendo su virginidad. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. Robert había descubierto una sensación más fuerte. de las manos. pues ella se defendió. el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. del hombro. Fue una especie de continuación de su lucha. Robert no pudo aguantar más. Dorothy fue presa de un extraño temblor. Cayeron el uno sobre el otro. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. . Dorothy seguía visible en el espejo. ella volvió a atraerle. la vehemencia con que lo recibía. de su cuerpo.

Edna lo siguió. avanzando hacia su boca. Donald. que se veía obligado a disimular constantemente. Poco después. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. lo que le paralizaba. Inició una relación con un joven americano. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. Robert fue a París a reunirse con Dorothy. una sensación de vacío. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. No sabía cómo mirar a Edna. de aniquilamiento. Ella continuó viéndose también con Donald. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. Luego se fue de viaje con Robert. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos. se lo confesó todo. No le diría la verdad. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. para verla retorcerse en la exquisita tortura. porque se parecía a Robert. tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. Rogó a Dorothy que le acompañara. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje.Después. llevado por la necesidad de tener una madre. Dorothy fue a París. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. sin pensar en el daño que hacía. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. Estaba desgarrada por los celos.

Y ella también aprendió a atormentarlo. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. Edna fue a París el día de la boda. ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. amenazándola con suicidarse. Debajo no brillaba la vida. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. Se apretaba contra ella. Edna llevaba flores y era la . Dorothy desfalleció al verla. les bastaba rozarse por la calle. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. Le gritó. Un mes antes estaba resplandeciente. encantadora. sin embargo. Y ahora llevaba una máscara. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. su voz era como una canción. Dorothy se desmayó. para sufrir hasta la última gota de amargura. En pocos días se había convertido en una anciana. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. El cabello era mortecino. aunque fuese andando.que él la rozara con la punta del pene. Cuando hubo terminado. Encima de la máscara había puesto polvos. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. La boda fue fantasmal. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. Edna no contestó. como una aureola que la envolvía. amenazando a Dorothy por embaucarlo. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. Se limitó a mirar fijamente. para ser presas del deseo. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. para correrse con el contacto. pero no podía.

de la boda. Es la tensión. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. Dorothy procuró ocultárselo. En su . Y la otra. Era como si hubiese muerto. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. la tensión de haber visto a Edna.auténtica imagen de la muerte. pensó él. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. Se acostaron. de la escena que le había hecho Donald. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. Simulaba sentir placer. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo. Luego la mujer se puso a gemir. Estuvo tierno y aguardó. La noche siguiente ocurrió lo mismo. Después. Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. Dorothy lloró por la noche. debido a que los buenos estaban llenos. Robert y Dorothy partieron de viaje. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. y quizá liberarse y volver a Robert. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. Robert probaba acariciarla. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. La vida le había abandonado. Dorothy guardó el secreto. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato.

Sabía que te atraía. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. Donald arqueó las cejas. que intentara borrarlos de tu cuerpo. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. debías coger un taxi para irte con él. aunque no hasta qué punto. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. Pedías violencia. Luego. Pero Donald había cambiado. Tú sabes cómo te hacía el amor. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. en París. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. Se había endurecido y cristalizado. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. Edna no podría privarla de eso. Por eso respondía. cómo te reventaba los huesos. que me dejaras y te fueses con Robert. no podría acabar con su vida. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. Donald la miró. Intentó volver a encontrarse con Donald. cuando me dejabas. te doblaba y te retorcía. Y me volví loco y quise matarte. Luego su rostro adoptó una expresión .interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. Una vez te hice sangre.

con las faldas levantadas.. derritiéndote. o bien él sentado en el sillón y ella. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos.. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo.. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo. les ofrezco bebida. En cierto sentido. se sientan en mi habitación. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. Dorothy se disponía a irse..irónica.. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. Ellos ya conocen mis gustos. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón.. si quieres. mirándola o besándola. quédate unos minutos.. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas. No quiero más amores. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción. y los dejo solos un rato. —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha. donde tú estás sentada. Pero se percató de algo que la hizo detenerse. me quedaré. Ellos no se dan cuenta de mi presencia.. ve un rato al . Luego voy a la cocina. mis pequeñas predilecciones. Ahora. a preparar más copas. así debieron ser las cosas entre tú y Robert. »Cuando vuelvo. Posiblemente es una especie de recuerdo. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. y otro arrodillado delante de ella. Invito a determinados amigos escogidos.

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

.era Robert quien la poseía.

la otra parecía un vikingo. y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. Vivían una especie de vida hipnótica. sino que avanza en remolinos. girando enfebrecidamente. No eran alegres. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. batiendo las . la melena espesa y oscura. de cejas pobladas. Yo siempre la miraba con admiración. No sólo es caliente y seco. Duró varios días. golpeándolo. espléndida de cuerpo y testa. Su secreto me preocupaba. con el pelo corto y la cara redonda y festiva. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. envolviéndolo a uno. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer.Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. Entonces llegó el siroco africano. Durante el día iban solas. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. Una era pequeña y aniñada. La alta era hermosa.

no se puede leer. La mujer debía tener esa sensación. Me senté con ellas en una gran habitación circular. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento.puertas. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que . La más joven nos dejó para hacer té. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. No se puede dormir. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo. Las dos mujeres iban delante de mí. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. Entramos en la casa juntos. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. no se puede pasear. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. secándolo todo e irritando los nervios. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. hecha de piedra y con muebles campesinos. rompiendo cierres. no se puede estar tranquilo. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado.

encontré una casa adorable y exquisita. Al llegar. con adoración. Casi no podía verlo como un hombre normal. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos.el viento empujaba. . Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. a cantar. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. de unos treinta y cinco años. Me cepillaban el pelo. Así era como me las había imaginado. me enseñaban a arreglar las flores. Habló como si estuviera en un confesionario. en un sombrío confesionario católico. Me servían como esclavas. pues comenzó a hablar. con los ojos gachos. Hasta cierto punto. creía yo. »En seguida nos fuimos a China. encorvado. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. Yo me casé con China. yo estaba enamorada de la idea de China. llena de sirvientas. Cuando él se enamoró de mí. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. Era alto. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. Su vida en China había sido difícil. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. pero parecía mayor. escribir y hablar su lengua.

pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua.. Al principio no comprendí lo que era. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. bajos. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. de modo que al principio no dormía nada bien. que lo acariciaban. Me casé contigo porque me enamoré de ti. que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. Yo me puse a llorar.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola.. le rogué y le supliqué. »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. «Intentó consolarme y animarme. vino a mi lado y . »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. Incluso me acarició. y no sabría decirte la razón. y tú eres tan grande.. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. Mi aparición las espantó. En la semioscuridad.. Los lechos eran duros. con una delgada colchoneta. cuando estaba en la cama. pero los tabiques eran como de cartón. los cuerpos estaban completamente enmarañados. »Al día siguiente. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta.

atendiendo a los ruidos de su cuarto. Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. Salíamos juntos. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. que me trataba como a otro hombre. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. pero no tuve valor para cerciorarme. muy activo. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. un hombre alto. como a un camarada. Pero le permití tomarme de esa manera. pero cuando vi que gozaba. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres. »En el hotel conocí a un escritor americano. fuerte. Decidí huir de él. Me juró que así era. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. que no volvería a desear las mujeres chinas. pese a ser de goma las espinas. Él no escatimaba ninguna .me dijo. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. Al principio dolía. Por último. dejé que siguiera. Pero me pasaba las noches despierta. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. Bebíamos y explorábamos Shanghái. «Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel.

»—Eres como una tigresa —dijo— . Nos reímos juntos. me mordía entre las piernas. El placer era tan agudo . Luchamos durante largo rato. Mientras. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. retorciéndonos unos con otros. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. Tomamos otra copa. era la voz de mi marido. olía su cuerpo. mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. Nos dejamos caer sobre la cama. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. Jadeábamos. Al apretarnos el uno contra el otro.. La camisa me colgaba por fuera. Él me cogió en el suelo. aprovechándose de mi postura sobre la cama. Creí que me iba a romper la espalda. Cogí el aparato.clase de trucos. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones. Me gustaba su fuerza y su peso. había conseguido bajarme los pantalones. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. y me besaba y amasaba los pechos. con mis piernas alrededor de su cuello. con la cabeza colgando y rozando las losas. Me sentía libre. había descubierto dónde estaba. Como fuera. Hablaba y hablaba. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. y luego sobre la cama. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses.. Yo jadeaba tendida de espaldas. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. Eso me gusta. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza.

Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo. . Pero ella se mantuvo en silencio. Yo pensaba que se iría. «Empecé a viajar con él.que prolongué la conversación. cuando nos encontramos en la oficina de correos. Estoy viviendo con otra persona. Sentía curiosidad por su joven compañera. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. Fui presa de un diabólico impulso. Me sentía feliz. Hablé de todo con mi marido. en la habitación contigua a la mía. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel.. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia.. Al rato me fui. En realidad. Al otro día. «Recordé todo lo que me había hecho. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. La mujer se sentó.

además era católica. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. la Maja desnuda de Goya. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. Fueron a vivir a Roma. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. Novalis la miraba con los ojos apretados. .La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. En primer lugar. era española. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. De pie junto a la cama. y además absolutamente burguesa. la primera noche María temblaba de placer.

nunca posó para él ni le . ofendida en sus profundos prejuicios. de un artista. Sobre las tensas sábanas. poco a poco. Me haces cosquillas. acalorándose.quería verla. dejándose tratar como una niña. Ella se rió. Ven a la cama. Lo que pedía no era un capricho de amante. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. algo enfadada. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. sino el deseo de un pintor. María se resistió. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. Durante las semanas siguientes. Debía superar sus prejuicios burgueses. El arte se mofa de semejante modestia. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. Pero él insistió. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. Me estás haciendo daño. le dijo. Pero. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. admirarla. con mansas protestas. despreciada. Libre de velos. se fue entregando. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. querido Novalis —dijo—. —Eres tonto. coaccionadas por el temor a herirla. —No seas tonto. Las manos del hombre.

Además. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. fue levantando el camisón de seda. Él trabajó durante horas sin pausa. lentamente. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. Más tarde María hizo una escena.permitió tener modelos. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. Una tarde que entró de repente en el estudio. y discutiendo a todas horas. se quedó dormida. Apartó las sábanas que la tapaban y. escuchando y espiando detrás de las puertas. tuvo una extraña ocurrencia. Agotada por la vehemencia. Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. mostrando las curvas de su marfileña espalda. por unos instantes perdió la vergüenza. tan dormida que casi no se movía. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. Con franca inmodestia. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. y comenzó a padecer insomnio. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. negándose a posar. Pudo subirlo por encima de los . para que nadie pudiese reconocerla. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo.

opulenta y apacible. Se encerraba en el estudio durante días enteros. Mientras trabajaba. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas. los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. estiró el camisón. Novalis siempre alteraba el rostro. Más tarde. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. María estaba pasmada por la obsesión. trajo papel y lápices. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . Pudo proseguir durante un par de horas. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. De este modo le hizo varios cuadros. siempre durmiendo. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. abandonada. siempre tendida. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. La pintaba sin respiro. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda. En lugar de eso. tal como había estado el primer día que posó. lo contempló tanto rato como quiso. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. La deseaba cuando estaba dormida.

besándola y acariciándola entre las piernas. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. Se fue al campo. Fue de puntillas al estudio de Novalis. Notaba una incipiente erección. Se acercó a la puerta. desnudo y con el pelo alborotado. la abrió. pero sólo cuando lo pintaba. a pasar una semana con unos amigos. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. Ahora empuñó el pene con su propia mano. y con el pene erecto. No había el menor ruido. para ver en medio. Se revolcaba como nunca lo había . lascivo.cálida le recorría todo el cuerpo. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. las piernas abiertas. con el propósito de arrebatarle esta caricia. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. Observando la pose sin limitaciones. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. Lenta y silenciosamente como un ladrón. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. restregándose contra el cuadro. estaba su marido desnudo. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. como ella no lo había visto nunca. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. Se restregaba contra la pintura. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. y encima. la casa parecía desierta. Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. Cuando llegó.

Ante este espectáculo. Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. voluptuosa y bellísima. por sobrepasarlos. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre. una María iluminada por la pasión. le reveló una María nueva. . la propia sensualidad contenida de María se incendió. desnuda. Al quitarse las ropas. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros. abandonada como en los cuadros.hecho sobre María. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. libre por primera vez.

o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica.Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. Nunca había salido sola con hombres. por supuesto. de escribir con elegancia. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. . como les ocurre a muchas mujeres chinas. Era lo que se podría llamar una persona protegida. nunca había leído más que novelas literarias y. de mantener las manos blancas y delicadas. no era como las chicas de mi edad. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. Este fue el resultado de mi educación europea. de tener una conversación inteligente. de cantar y bailar. Yo tenía dieciocho años. de arreglarme bien el pelo. Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. tales como mal humor o rebeldía. de leer los mejores libros.

En ninguna parte inspiraba confianza. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. Se puso contenta de verme. donde se les conoce. había . —Ya lo tengo —dijo—. pero no los nuevos bailes populares. Es una especie de refugio para chicas. Pues bien.De repente. Cuando llegamos al club. decidí ponerme a trabajar. Sabía danza española. Sabía lenguas. en broma. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. Ya sé lo que puedes hacer. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. Los artistas se inscriben en el club. que así no tienen que ir de estudio en estudio. sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. Mi amiga se puso en pie de un salto. pero no sabía escribir a máquina. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. aunque sólo fuese una apariencia. Rara vez había estado sola en Nueva York. sobre mí y enumerando mis cualidades. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible. Hablándole. en la calle Cincuenta y siete. Ahora recorría las calles. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. Te presentaré en el club. Es cierto que tu cara es poco corriente. respondiendo a toda clase de anuncios.

En casa. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas. El ensayo estaba en marcha. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. mi anuncio de que era modelo sentó como una . al estudio de un ilustrador. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. Estaban preparando la función anual. Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje. y así sucesivamente. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. los pintores hablaron con nosotras. Fui recibida con aplausos. Todos los años. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. a las cuatro en punto. a la una. Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. También había mujeres que pintaban.gran animación y mucha gente. No resultó difícil. al estudio de un miniaturista. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. Fue como un baile de máscaras. ya no parecía la misma. Vi un nuevo ser en los espejos. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso.

La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa.. —No —dije yo—. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. porque la mujer se humedece antes. —Debe ser difícil meterlo —dije. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. —En fin. Mi madre lloró un poco. Y para mi gran asombro. . Eso me pareció repulsivo.bomba. —No. —¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta. Aquella noche hablamos en la oscuridad.. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres. me sentía algo así como una puta. En realidad. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas. pero por dentro estaba satisfecha. Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. pero eso era todo. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. Esto no se lo había mencionado a mi madre. de manera que se desliza fácilmente. Pero ya estaba hecho.

para lo que me estaba preparando. Creo que no ha entrado. La otra lloraba. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas. me mataré. Las acompañamos a su casa. Pocos meses antes. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. Inmediatamente se metieron juntas en el water. habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile. Mientras mi madre hablaba. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. El primero tenía unos cincuenta años. —No hay sangre —decía una—. desgreñadas. John. pensé para mí. Las dejamos entrar en el coche. detuvo el coche. o más bien. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. a mí nunca me violarán. mi acompañante. con las ropas desgarradas y ojerosas. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti.En ese caso. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. era calvo. de aspecto . me pregunté si era eso lo que temía. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado.

Me vestí y adopté la pose.bastante europeo y con bigote. Las tres horas pasaron de prisa. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. —Qué mala suerte. —¡Qué rico! —dijo—. vi la cara del pintor asomándose sonriente. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. De nuevo había que posar. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. Dijo que se había casado con su primera modelo. ¿Posas desnuda? —No. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. y porque se servían almuerzos baratos. que no le permitía pintar desnudos. Tenía un hermoso estudio. Al terminar el baile. que no dije nada. El pintor hablaba durante el trabajo. como si fuera una escena de teatro. que ella era insoportablemente celosa. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. Había más . Puso un biombo para que me cambiara de ropa. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. me besó en el cuello.

No se movió cuando entré. Ponte un chal o lo que sea. Al día siguiente fue el joven ilustrador. No conseguí hacerlas hablar. Lo que hacía era para la portada de una revista. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. Al inclinarse para tomar medidas. La mantuve. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. Vi que no llevaba bragas. una especie de gesto incitador. Me tiró del chal casi hasta la cintura. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. Llevaba la camisa con el cuello abierto. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. Veo tantos. No quiso que me moviera. Siempre poseo a mi mujer vestida. me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra. que no me interesan.chicas y estuvimos charlando. haciéndose señas unas a otras. se echaron a reír. Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. el chal resbaló y aparecieron mis pechos. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. te lo aseguro. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. Cuantas . —Me gustaría pintarlos —dijo.

—¿No es divertido? —dijo—. Él siguió sonriendo. El martes tardó más en ponerse a trabajar. Los calienta. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . No necesitas pintártelos. Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. ¿verdad? Son sonrosados de natural. porque en absoluto había sentido placer. Hablaba. Yo estaba sujetándome el chal. —Tienes unos pezones muy bonitos. Me tapé. Eso me molestaba. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. Hizo un apunte de las piernas. Estábamos en silencio. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. he dibujado millones de mujeres. No estaba posando. así que me alejé enfadada. mejor. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. La próxima vez haré un dibujo de piernas. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. Eso fue todo por aquel día. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. Me ofreció un cigarrillo. Luego se puso en pie. La mayoría son de un color parecido al cuero. Levanté las faldas por encima de las rodillas.más ropas lleva. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Y apago las luces.

Eso le hizo sonreír. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. Unos amigos nos llevaban en automóvil. Rápidamente. pero en realidad me había dado placer. Recuperé la pose y no dije nada. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans. quitarnos las máscaras y . Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. Yo estaba enamorada de Stephen. Al mismo tiempo. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. de la excitación y la alegría. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. del ruido. me deslizó una mano bajo la falda. para saltar a nuestro automóvil. Yo lo empujé con violencia. lo hacía por costumbre. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. hacia un año. a pesar de no estar enamorada.en mitad de la boca. ocurrido. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. Cuando lo rechazaba. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión.

pero que tenía un cuerpo soberbio. A mí me encanta..besarnos mientras mi tía daba un grito. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme. Luego desaparecieron entre la multitud. el placer es tan grande. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante. Pero sé de otras chicas . Y cuando poso para toda una clase de artistas. que es como si me estuvieran haciendo el amor. Eso me excitaba. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas.. es tan. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. A veces los acaricio. Disfruto mientras me miran. Ahora no puedo esperar para quitármelas. lánguida y turbada. Los vestidos de raso me daban escalofríos.. Me encantó. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera. Una vez hice striptease. Una de las modelos más adorables. Me siento hermosa. El beso me dejó lánguida. Me gustaba exhibir mi cuerpo. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Siempre me llevaba un chasco. Me gustaba ver que la gente me miraba.. cuya cara no era especialmente bella.. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. Disfruto de mi propio cuerpo. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. vamos.. Solía quitarme las ropas en las fiestas.

Yo estaba incómoda. Cada una de las veces que el hombre . —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos.que no sienten lo mismo. no nos invitarían luego a fiestas. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. Tuvimos que repetir muchas veces. Cuando los hombres pintan o dibujan. Siento que es completamente impersonal.. Era quien sabía cómo debíamos disponernos. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. El hombre no me gustaba nada. una chica y un hombre. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. muy en decadencia. Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—.. y que es muy excitante. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. si todo el mundo lo ve. Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. Me situó en postura de besar. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas.

—Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. Sabía que Stephen me amaba. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. Ahora quería convertirme pronto en mujer. El ilustrador comenzó otra escena. de menos de veinte años. Eso no. El hombre repitió el beso. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Quería que me tomase. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. estirados sobre la arena caliente. no interesan a nadie. pensé en Stephen. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. Estaba ofendido. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. Su mirada se volvió burlona. De una u otra forma. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. Oyéndole hablar. las chicas jóvenes de tu edad. Yo lo hacía mal. no había necesidad de meterme la lengua en la boca.interpretaba el beso. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. En Europa. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. debía decírselo. desde luego. porque . Pensé en nosotros en la playa. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. Están en el colegio o en casa. —¡Más pasión.

entonces se pondría muy nervioso. Él creyó que era un simple ataque de ciega . Deseaba que me hiciera mujer. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. buenas o malas. Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. te hacen el amor? —preguntó Stephen. Pasó el momento. Todo lo cual se lo conté a Stephen. —No me importa el matrimonio. por unos campos oscuros.. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. —Lo adoro. Stephen —dije—. —¿Te gusta posar? —dijo. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común.. Él estaba orgulloso de mí. quería ser poseída y conocerlo todo. si tú no quieres. Stephen me besó. —Poséeme.. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren. poséeme. —No. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso. Poséeme. Se quedó absolutamente pasmado. Muchas veces tenía que posar de noche. nunca igual. Es variado. —Quiero casarme contigo —dijo—. Adoro estar con pintores. —Pero. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. me gusta la atmósfera del estudio. las historias que cuentan. ver sus obras. Tenía más trabajo que ninguna del club... pero no puedo hacerlo en este momento. Es una verdadera aventura. —¿Te..

—Ésta. Me fui a casa. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. Es la única manera de acercársele. Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. esas manos delicadas. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. Cuando llegué ya estaba trabajando. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. Le pregunté quiénes eran. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. »He conocido otros ángeles del sexo. ésta exige romanticismo. El estudio estaba en la planta trece. Me respondió detallando sus gustos sexuales. por lo mucho que cambian. Lo pone difícil. Era demasiado trabajoso.pasión. Tú. que había perdido la cabeza. Acepté. En su mayoría. eran retratos de actrices. Es europea y le gustan las complicaciones. Tenía medio hecho el cartel. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. No parecía prestarme atención.. como los místicos de la India. por ejemplo. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. Me cansé. cómo cambian cuando los turba el deseo. Renuncié a mitad de camino. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. Es maravilloso verlos cambiar.. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. Era de mañana y el edificio parecía desierto. a la cama y lloré. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. con tu .

eres virgen. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar. —Casada o no. puedo imaginarte mordiendo y arañando.. La primera vez que . estoy casada —dije.. cambian. Nunca me engaño. Tú eres virgen.aspecto de que nunca te han tocado. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. tu marido aún no te ha hecho mujer. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. en animales. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo.. Los ojos cambian. He visto cambiar tanto. a mi deseo de iniciarme en la vida. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. a las criaturas idealizadas y veneradas. No estaba asustada. ¿no es verdad? —No. Si estás casada. y las creyeron endemoniadas. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. Luego.. que guardé silencio. Puedo asegurarlo.

Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. Sólo puede ocurrir si quiero. Después puso el . Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. es falso. a lugares alejados en todas direcciones. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas.te vi. En realidad. Si un hombre es capaz de hacerse amar. Me gustaría ser el primero. si es capaz de excitar a una mujer. No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. sentí lo maravilloso que sería iniciarte. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. Pero sólo si tú quieres. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. y no quiero. Sonreí. en realidad. si ven que una mujer disfruta con el sexo. entonces ella se sentirá atraída por él. Creo que es una superstición. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. a la playa. —Eso es precisamente lo que estaba pensando.

Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald. Te he pagado el viaje. Estoy seguro de que estarás ocupada.. Aquí no se trabaja tanto. —No me gusta aspirar. Te sentará bien. Ahora. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. preparándome—. riéndose—. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo. toma el humo de mi boca y aspíralo. Me hizo toser. y estoy aquí solo. Yo me alejé. que vivía. —Sabes. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. que no vas a ser una compañía muy complaciente. —Ay. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. —Ay —dijo—. sabes. ay —dijo—. Volvió a reírse e intentó besarme. Hice como que me disponía a marcharme. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. que no sabes aspirar. Tendrás que aprender a disfrutar un poco.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. —De momento no es una modelo lo que necesito. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. carretera adelante.. Hay muy pocas modelos buenas por allí. —Había entendido que me querías para modelo. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . Así que fui.

nadie te dará trabajo. pero no podía disfrutarlo. Así que me recibieron con frialdad. Se sentaba a la sombra de un árbol y. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. a no ser por comida. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. Había estado embarcado siempre en buques mercantes. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. con increíble velocidad. una mujer. como si yo hubiera engañado a alguien. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. Una vez. Así que empecé a posar para él. una mujer desnuda y salvaje. Dijo que intentaría ayudarme. pero de la maleza salió. El país era bello y montañoso. de pelo negro. Constantemente estaba inquieto. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. y no conocía a nadie. Nunca iba al pueblo. trabajando de marinero para ver países exóticos. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. Hablé con él y le conté mi historia. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río.no saben divertirse. me contó Reynolds. Pero Ronald ya les había rendido visita. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. era un hombre de unos treinta años. Era un ser solitario. Su andar era indolente y sus gestos naturales. No le creí. Se llamaba Reynolds. dejando tras sí el fuerte . sin mirar lo que tenía alrededor. No conocía a Ronald pero se irritó. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. Si adoptas esa actitud. estando con sus amigos en la jungla. Vi a un hombre que pintaba al aire libre.

movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. La tomó con rabia. Al mismo tiempo . Se restregó contra la carne de la mujer. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. enseñando los dientes blancos. sin darles tiempo a recuperar el aliento. resultó ser muy hermosa. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. de forma que. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. Era muchísimo más fuerte que él. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. La mujer estaba bocarriba y reía. más para aplacar el fuego que por deseo. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella.aroma animal. Era infatigable y tardaba en excitarse. algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. al cabo de un rato. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera. Pero ahora quería subyugarla. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. se lanzó al río y se alejó nadando. Estaba asustado.

siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó. por lo visto. Cuando se cansó de poseerla. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. pero él prosiguió las caricias. para huir de un salto de los hombres con escopetas.la acariciaba. sus largas y hermosas piernas. Tienes unos ojos hermosos. pidiendo más. abriendo mucho las piernas. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. siempre le buscaba la mano. Yo no entendía cómo iba a posar para él. se dio la vuelta. El día . Nadie. Entró en la choza y sacó sábanas. con sus pechos abundantes y puntiagudos. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. agazapada como una tigresa. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles. Durante el día. Pero él estaba pensando en otro cuadro. Después de esto. después de dos orgasmos. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. Se reía mientras contaba la historia. Quería que volviera a poseerla. si encontraba a Reynolds. y su esbelta cintura. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. la había acariciado antes. —Será muy fácil —dijo—. Me apoyó contra una caja de madera. La había pintado en el paisaje. Entonces. con las que me hizo un manto. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. pero tendrás que cerrarlos. de repente. Eso la sorprendió.

rozando ligeramente los labios. la tocó con placer. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. hasta que mi propia boca respondió. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. pero con tal lentitud que era exacerbante. no sé por cuánto tiempo. explorando. deseando que también la tocaran. echándose sobre mí. que no me movía. y luego alrededor del culo. Cada vez que su lengua tocaba la mía.era muy caluroso. me quedé dormida de verdad. Yo me iba relajando y ablandando. las sábanas me hacían sudar y. sino sólo las puntas del vello púbico. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. puso su boca sobre la mía. besándome. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. revoloteando. su boca . La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. El calor. Me sentía lánguida e irreal. No me moví. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. el olor de las plantas que nos rodeaban. La mano avanzaba. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. —Sólo una caricia —dijo—. sólo una caricia. en una pose tan relajada. muy suavemente. Reynolds estaba a mi lado. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. Notó mi humedad. muy suave. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. Se inclinó sobre mí.

me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. tu cara. Lo cogí con mis manos. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. Estoy contenta de que lo hiciera. Él sonreía. tu forma de andar. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. Reynolds me cogió la mano y me guió. Lo besé con gratitud. Eres tan diferente.. Al cubrirse. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. dormida como . Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo. Sólo la vi una vez. —No te enfades —le dije—. Meneé la cabeza afirmativamente.sobre la mía. todo me afectaba como una droga. tus modales. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. hasta que el montículo se hinchó y endureció. —Más fuerte —dijo. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos. —Sólo una caricia —repitió suavemente. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma.. sin saber qué quería.

Me gustaba su forma de acercárseme. como si fuera un cazador. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. como sin querer despertarme. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado. Puedo derribar a un hombre. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. En realidad soy tímido con las mujeres.en el cuadro. Siempre lo contaba. incluso las putas. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. Una . Luego me tocaba levemente. —¿No? ¿Tú. Todo eso le pasó a un amigo mío. —De haber estado despierta. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. pero mientras eres mi prisionera. si tienes que volver. A veces simulaba querer algo más. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. Los dedos se aceleraban. A veces. tendidos al sol. Perdía toda la suavidad. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. Durante diez días trabajamos al aire libre. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. hasta que me humedecía. pelear y emborracharme. —El décimo día te llevaré en coche. primero levantaba el traje y miraba largo rato. pero las mujeres me intimidan. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. el aventurero. no me hubiese atrevido. Eso lo excitaba terriblemente. Se ríen de mí.

Éramos felices. nos untábamos las caras de semen. Durante el viaje de vuelta. Me tragaba la espuma blanca. Nos besamos largo rato. Sentía que compartíamos una corriente magnética. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. la embaracé y tuvo que abortar. me besó hasta que tuve un orgasmo. Guardé silencio.. Cuando me besaba. pero no le importó. —dijo— me asusta. —La pequeña herida que tienen las mujeres. . —Sí. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. Pero no puedo poseerte. le hice daño. Te quiero. Eso ya lo sabes. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha.vez le mordí. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. Si te pasara a ti. pero. Por primera vez. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. Nos acariciamos. —¿Eres feliz? —dijo él. Nunca había pensado en esas cosas. al mismo tiempo. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo.. Me da miedo. Murió desangrada. ninguna otra cosa nos unía. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos. Una vez lo hice con una chica. me mataría.

pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores. La tienda era terrorífica y gris. El individuo no se desanimó. En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. qué es lo que dices? —decía Stephen. Había desaparecido. acostumbraba a decir. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar.Estaba sin trabajo. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. Cuando pedían nuestro número. Esperábamos en combinación. No ocurriéndoseme otra cosa. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. Encontraba trabajo con facilidad. No quería . —Es modelo de artistas. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos. listas para cambiarnos rápidamente. —¿Qué pasa. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. me negaba y perdía el empleo. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. cogiéndome el pelo. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen.

Me quité las ropas y me monté en el caballo. Cuando te canses. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. y sus gestos eran lánguidos y afectados. con grandes ojos negros. tapices de seda— y olía a incienso quemado. echando el cuerpo hacia atrás. exactamente lo que buscaba. —Eso es maravilloso —dijo él—. Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Se alejó y me observó. . Se montó en el falso caballo para que viera. dímelo en seguida. El pintor tenía cara de mujer. pálida. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. cuando era joven. Tengo dificultades con esta parte de la pose. Era una especie de caballo sin cabeza. Le dije que sí.que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. como éste. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. cuadros de desnudos femeninos. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. El pintor dio su aprobación. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo.

que puede rozar el sexo de las mujeres. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. La dejé mirar. Ahora está bien —dijo entonces—. Saltando en todas direcciones. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Comenzó a dibujar. pero no dolía mucho. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. un placer que desconocía. esta parte del cuerpo debe verse bien. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. así que continué. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones.Me estudió por todos lados. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. «para que se ponga . Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. Curiosamente. —Me tocó un instante. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. entre las piernas. Mantenla. Aguanté con los dientes apretados. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. Aquí. Desde luego. muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. Estaba rojo y un poco hinchado. me hizo unos mimos y me besó. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. como si fuera parte de su trabajo.

maravilloso. Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor. diciendo: —Ya no parece lastimado.. muerto. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. Desmontamos. Y de nuevo me consoló. . a causa del dolor? Muy tiernamente. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias.. sí que sientes.. —¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente. —No siento nada. apretando los labios entre los dedos. no siento nada. —Sólo un poco —respondí una vez. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo.bien». —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No.. —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación.. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme. observándome y diciendo: —Maravilloso. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. —No sé —dije—. mi amiga se inclinó y me tocó.. A lo mejor podrás gozar de nuevo. ¿Tú crees que se ha. Jadeaba sobre mí. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor.

—¿Te gusta mi caballo? —dijo—. —¿No te gusta? —dijo. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. Sí que me gustaba.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. y entonces me abandoné al movimiento del caballo. —Me gusta —dije—. Pero él sonrió y no lo paró. de un placer que crecía. no podría contener el orgasmo. resbalé hacia delante y. por eso. Me puse roja. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Él supo cuándo debía parar el . rocé el sexo contra la prominencia de cuero. de seguir. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. Pensé que lo notaría y. que había hecho todo aquello para verme gozar. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer. Le rogué que lo parara. Para que el pintor viera lo que quería pintar. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. cuando era pequeña. El pintor me observaba. dejándome ir contra el cuero. le dije: —Páralo ya. montada a caballo y delante del pintor. El pintor me observaba atentamente. al hacerlo. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. hasta sentir el orgasmo y correrme así.

El joven sonrió. Lena. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. sé que. Tenía la puerta siempre abierta. Poco después fui a posar para una ilustradora. la sensación viene a ser más o menos la misma. Actores. Un guapo joven. actrices y escritores iban a verla. Muchas veces era invitado a las habitaciones.. sin mirar.. —Ahora descansa —dijo. me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Aunque a veces. La gente llevaba bebidas. no hacía ningún secreto de su profesión. o camisas de seda. O bien descubrían las propias debilidades. voy dándole al sexo de la mujer.mecanismo. saldría corriendo. seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. Pintaba portadas de revista. mientras tengo los ojos cerrados. y entonces. Y mientras. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. Desde luego. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste. tomo drogas. La conversación era picante y cruel. Le gustaba estar acompañada. con los ojos cerrados. que había conocido en una fiesta. Haciendo muecas. cuando tengo dificultades. vestido con gran elegancia. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. —Hay muchas formas de hacerlo. Rondaba por los grandes hoteles. a . y ya se sabe.

un poquito. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. casi tocándola. Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. Gustaría a las mujeres. siguiéndola por los ascensores atiborrados. envidio a mi amigo argentino. cómo paseará por la Quinta Avenida. »Sin duda. coge los pantalones y se pone a estirarlos. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. Es un hombre guapo. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. impecablemente vestido.este ritmo. Sabe cómo la agarraría. y eso le excita. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. aristocrático y completamente cascado. Cuando salgo del apartamento. para que lo vea entrando y saliendo. saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. mi compañero de piso. Entrarán en la habitación. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. y luego hacer que se vuelva. Su traje dejará transparentar la figura. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. los dedos . finalmente le hablará. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. Ella le invitará a subir. luego irán al hotel de ella.

. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. Me quitaré el corsé. —Hace calor —dijo —. Deja de lado los pantalones. mi amigo está empalmado. en los cines y en los parques. planchando los pantalones. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. y se mete de nuevo en la cama. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. Eso es lo único que quiere. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres. allí de pie. Se sentó. pero las parejas siempre se están besando en las calles. cómo se comportan. un hombre muy joven.aprietan más que la boca del sexo. »Una vez que se ha imaginado todo esto. medio desnudo. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. Lena rió. No sé lo que tiene París. porque así se consigue un doble placer. la plancha y la tabla de planchar. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. que acaricia mientras está tendido. bocarriba y fumando. Es una ciudad muy humana. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. en las mesas de los cafés. No sé por qué será. sobre todo París. Se abrazan . Y se metió en la alcoba. Me interroga. y eso le excita. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. pero tiene sensualidad en la atmósfera. Y es contagiosa. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. Otro..

La mujer estaba encima del hombre. Ningún policía se mete.. Luego. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro.. . a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina. »A las cinco de la tarde. En todo momento te vigilan las putas. por la noche. en los pasillos del metro. Me olvidé de Reynolds y de Stephen. debería estar agradecida en lugar de enfadarse. En los cines hay pequeños palcos.. tan fácil.. mirando perezosamente las casas. Me parecían como niños. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. »Un día estaba en la plataforma del autobús. Todo el mundo está en las calles. »Y no la ayudó. Quizá sea eso.con absoluta libertad. elevando la voz. te tocan. Una amiga mía.. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. la cosa se pone insoportable. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido. Todo es tan abierto. en las aceras de las calles. completamente oscuros y cerrados con cortinas. En la oscuridad.. la suavidad de la atmósfera. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama. No lo sé. Se paran para darse largos besos. Los cafés están llenos.

Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. que se entregaba como una puta. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo . le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo. Eso hace que me sienta libre. llevaba el cinturón flojo. Todo el erotismo sale a la superficie. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. Era una modelo magnífica. para mayor comodidad. constantemente deseado. Era la misma esencia de la prostitución. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse. No tengo que hacerles el amor. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán.La reina El pintor se sentó junto a la modelo.

que traicionaban su excitación. las notaba moverse debajo. Era pelo de animal. Es imposible describir los ojos. graso y fuerte. Lo que constantemente . »Pero no era sólo el pelo.fascinante a esas mujeres. lánguida. Estaba lleno de vida. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. El vientre parece estar desnudo. »De una u otra forma.. Medusa debía tener una melena como aquélla. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. cuando le tocaba la piel. También la piel era erótica. sino también las venas vivas.. El pelo de aquella mujer era. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla. completamente quieta. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. unas venas tan vivas que. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo. Al principio de acostarnos estaba fría. relajada como un animal. para sentir la contracción de los músculos. Sus ojos. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección.. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo. era lo más sensual que yo había visto. presente en todas sus actitudes.. Era cálido y almizcleño. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida.. Se erizaba al tocarlo. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas..

en la calle. Cuando se humedecía. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo.. con su misma forma. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. ni en la comida. provocaba mi secreción erótica. sentía también que algo palpitaba en sus ojos. su forma de moverse —para atraer. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. con la que saludar. Era indecente te digo. por un geniecillo. como si temblaran con oleadas febriles. Al ondularse. de esta respuesta completamente erótica. No. delante de todo el mundo.. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. todavía con los ojos ardientes. »Como fuera. de aniquilarlo. como una Fátima oriental. Sí.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido. y era capaz de expresar todos los deseos. Era como estar haciendo el amor en público. era como la boca del sexo de la mujer. siempre húmeda. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. ni en una boca con la que hablar. en el café. la vibración de la sangre. la misma vibración en el sexo masculino. tan intenso. Bijou. ordenaba la vibración del pene. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. pero todavía pálida. con la que formar palabras. con remolinos de locura. para excitar—.. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. »Era la reina de las putas.. con un placer nunca antes conocido. tan incendiario. . algo devorador. Era una especie de vientre vuelto del revés. directa e inmediatamente. como si la transmitiera por contagio. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. Bijou.

como si dejara a sus espaldas un olor animal. Se ha hecho que los labios. no se ponía nada. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. no se sentaba impasible. a la vista. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. Todo quedaba descubierto. . con el cuerpo ausente de sensualidad. incluso mientras comía. Verdaderamente era la reina de las putas. andando detrás de ella. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa.»Por las noches. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. que acariciaba el mundo entero. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. Si reía. se ha hecho que. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos. por los ojos. en la cama. Uno sentía. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento.. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. que seguía dispuesta para la posesión. las mujeres que irradian sexo por los pelos. en la pose de su cuerpo.. al igual que ciertos plumajes de colores. »Por la calle. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. y cuando jugaba a las cartas. con el vientre pintado en el rostro. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. »Las mujeres irremediablemente sexuales. cuando no sabía que iba siguiéndola. veía que hasta los rapazuelos la perseguían.

y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. con este objeto. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. Lo han diluido. de manera que huele como si fuera otra cosa.. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. »Al moverse. Bijou era infiel por naturaleza. Aún más. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte. Ella estaba de pie y desnuda. cómo cuesta encontrarles el animal. »Las otras. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. como si fueran latigazos. La pintaba amorosamente. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos. quizá.. como el lomo de un caballo de circo.. vino a mi estudio horas antes del baile. por la boca y por todo el cuerpo. como si fuera una actividad sagrada. Hubiera podido sentarme. al principio. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. los brillantes dibujos se movían con ella. yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje. patinar y darle por detrás..por la nariz. ésas son las mujeres que me gustan. Lo deseaba. enmascarado. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. adorándola. Cada curva me . después me agaché para pintarle el vientre y la espalda.. perfumado.. Por eso.

En ningún momento me miró. seguía faltando el sexo. Era un orgasmo colectivo. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. Pero ahora no. Me permití besar el sexo sin pintar.. pero. Sacudió los pendientes. Tenía un brillo duro. de laca. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Te esperaré en el baile.. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. Seguía de pie y sin moverse. »Y me dirigió una sonrisa. Y Bijou no me había esperado. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. El baile estaba en su apogeo.producía placer. Ahora parecía la reina del desierto. Al ir de un lado a otro. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. Bijou iría completamente desnuda. Cuando esté seca. en apariencia. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. serás el primero. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel. en los ojos. se cubrió con una capa y se fue. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. . Los tatuajes se habían corrido. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. »Claro está. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. con una hoja de parra. No me toques.

Hilda se . Hilda vivió la misma experiencia. Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. Viendo que él seguía impasible. cuando le hubo acariciado. profundamente unidos. Vivieron juntos varios años. comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor. hablando de alguna experiencia anterior. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. o bien echándose en el sofá. le ofrecía la boca. O se sentaba en sus rodillas. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. comenzó a hacerle la corte. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano.

de la pintura que le ensuciaba las uñas. Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. Una noche. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. cejas y cabellos como el carbón. de ojos. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. él no hacía ningún movimiento de acercársele. A veces se quedaban tendidos y hablaban. pero no así los hombres. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad. Por otra parte. Complacía a aquel hombre porque le amaba. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. Hilda conoció a un pintor mexicano. aguardando y disfrutando. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. que dominara su sexualidad. Ella aprendió a ser activa y descarada. durante una fiesta en Montparnasse. se puso en pie. ella se sorprendió ante la . que la dirigiera. un hombre grande y moreno. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. de la melena negra sin peinar. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. poco a poco. su propio estado de ánimo. Estaba borracho. Perdió todo el recato y toda la timidez. Pero verla le produjo una honda conmoción. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. Sin embargo. Él se ponía boca arriba. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. Así. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. la miró como si fuera un gran león y ella el domador.habituó a su ritmo sexual. ya que de natural era muy femenina. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre.

tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. destructivo. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. Rango andaba con las manos en los bolsillos y . Rango estaba de pie. nunca hacía el amor a las gitanas. un poco más alto que Hilda. Las ventanas eran de arco. Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. En la fiesta de aquella primera noche. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. aunque sus amigos ponían la música. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. el techo. que por entonces se estaban desmoronando. muchas veces hechas con pollos robados. y la miraba con fijeza. Hilda dijo que sí. La cama colgaba en la parte trasera. abandonando luego los cuadros y marchándose. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. inquieto.imagen de demonio del pintor. cerca de las antiguas barricadas. Respetaba sus leyes. era un vagabundo y un aventurero. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. Pintaba en los estudios de los amigos. suspendida cual litera de barco. La música era lánguida y relajante. Rango no sacó a Hilda a bailar. Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. cogiéndoles los óleos y las telas. El mexicano era grande.

de besos muy . Era demasiado alto para el techo bajo.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela. la única manta se arrugaba a los pies. sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. podía estar completamente derecha. Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. Llegaron a las chabolas de los traperos. Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. más menuda. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. en la carne color oro viejo del hombre. La cama estaba destapada. El camino era de tierra. Hilda no habló. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. sentado entre las ropas. con tejados muy pendientes y sin ventanas. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. Él cogió una y comenzó a tocar. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. pero ella. Había dos guitarras. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. Ahora estaba sobrio. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. el mismo magnetismo. Iba a la sombra de Rango. con la cabeza tan despejada como la noche. Las velas arrojaban grandes sombras.

Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. La besó detrás de las orejas. Luego. Parecía humillado. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. De pronto. Chisporroteó y se apagó. Ella estaba ciega. Las grandes mejillas. Y tenía la boca apretada. ofendido. la hebilla de plata fría. La vela se iba consumiendo. con los que le traspasaba su aliento. en las pestañas. Permanecieron largo rato tendidos. muda e impávida. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. orgulloso e intocable. Tenía los ojos enfurecidos. en medio de la oscuridad. y encendió otra vela. Cada beso. Lo vio enfadado. Hilda no entendía qué pasaba. En la oscuridad. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. en el cuello y en los hombros. haciendo eses. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. . —¿Qué he hecho? —repitió ella.cálidos y rápidos. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. como tragos de vino. Quería hacerle comprender que era inocente. —¿Qué he hecho? —preguntó ella. ya no sonreían. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. Se puso en pie. le aumentaba el calor del cuerpo.

.. Luego se detuvo. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. —Comprendo. Él había elegido un rincón . ante su ceguera.. esa mujer lloraba ahora incontroladamente.Entonces él sonrió. no sólo por haber perdido a Rango. Una mujer no siempre hace lo que quiere. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. —Has hecho un gesto de puta —dijo. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba. quiero que sepas una cosa. Yo. Cogió la guitarra y tocó para ella.. Las lágrimas no afectaron al mexicano. sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. Estuvieron en el Café Martinique. La sobrecogió una profunda vergüenza.. leía y fumaba. con ironía. un café frecuentado por mulatos. —Al principio —continuó ella— sufrí.. boxeadores y drogadictos. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante. Rango escuchaba... que me obligaba a comportarme como.. De pie. una sensación de haber sido gravemente injuriada. Rango se sentó más cerca.. Una persona me enseñó. cambié toda mi forma de ser. Bebieron pero no la rozó. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. transformado por el amor de un hombre.

. le retuvo la boca en la suya y no se movió. tan pequeña —murmuró—. a plena luz. que no puedo creer que tengas sexo. pero al fin la desabrochó. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. Le abrió las piernas sólo para besarla. Los hombres dormían. Y luego la desvistió. Y volvió a besarla. Sin un respiro. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. La estuvo palpando. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. curioseando sobre la forma de cerrarse. besándose sin cesar. Ahora. Mientras se besaban. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. quitándole las medias con delicadeza. Le besó los pies. besándole la boca una y otra vez. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. Ella se derretía en aquel beso. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. Ella sentía el pene duro contra el vientre. Otros se disponían a partir hacia el sur. —Eres tan delicada. el lugar estaba animado. y la desvestía como si fuera su primera mujer. Se detuvo a estudiar las ligas. Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando.oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. Se levantó para correr las cortinillas. Con mayor pericia. Estuvo torpe con la falda. pero él lo puso hacia abajo. despacio. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. Le sonrió.

. Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. privada de satisfacción. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. por su primera actitud de tomar la iniciativa. por su impaciencia. Eres tan delicada.. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. ya el sexo. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho. y todo se confundía en su boca y su aliento. a obedecer sus deseos. No eres de verdad.Hilda se asombró de ver lo que hacía. el pelo a sándalo. reprimiendo cruelmente el propio deseo. Estaba tan vibrante que no podía dormir. la piel como el cedro. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear.. Hilda gemía de placer y dolor. besándole ya la boca.. tan pequeña. Rango le recorría el cuerpo. En la espera. La mano seguía entre las piernas de ella. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en . El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo. meterse el pene entre las piernas. que era el doble que el suyo. Era como si disfrutara reprimiéndose. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible. A su lado. cayó sobre ella y se durmió como un niño. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda.

Rango tuvo que llevarla en brazos. de una conciencia erótica como nunca había tenido. con el pelo revuelto. a los roces. el reino de la emoción y la atención. a la misma atmósfera. la sumisión a su deseo. yacían el uno junto al otro. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. Era un demonio abatiéndose sobre ella.realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. Un día que paseaban juntos. Una y otra vez yacía pasiva. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. . se desnudaban. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. Se encontraban una y otra vez. sin demostrar deseo ni impaciencia. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. a su hora. Había descubierto un nuevo reino. estaba ciegamente decidido a doblegarla. perdió el tacón de un zapato. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. siempre.

con la misma frecuencia y facilidad. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil. las mujeres eran accesibles y complacientes. Era parecido a un cerdo muy pequeño. recordaba.. —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. ¿no? —preguntó el amigo. —Pero lo recogeré. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. con sólo inclinarte. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual. Contaba. debes llevarte dos sombreros. —No obstante —dijo el tío de Laura—. El viento puede arrebatarte uno.. riéndose. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos. con el hocico . —¿Por qué? —preguntó el amigo—. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil.El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. No quiero ir cargado de equipaje.

El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. que vestía suntuosas faldas de raso. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. pero un coqueteo contenido y digno. muy al estilo de la antigua galantería. Dos minutos después.enormemente desarrollado. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. Un día. y un velo sobre el pálido rostro. El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. Se veían las colinas. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. según el tío. Ella era viuda. presa de un ataque de histeria. mujer muy reservada y dominante. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados.

de la . Iba vestido de obrero. con pantalones de pana y chaqueta de piel. Luego. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. Al salir. y el chanchiquito parecía agotado. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. Jan era un artista que se reía del hambre. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. al mismo tiempo. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. y con el morro metido entre sus piernas. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. con las faldas arrugadas. A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. Veía el pómulo. un día de las vacaciones. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. Pero. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. Laura gritó y lo espantó. del trabajo. husmeando y olfateando las ropas. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. riéndose de una u otra historia.propietaria. Esta historia había asustado a Laura. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. un gran perro policía se le subió de pronto encima.

como si fueran los pies y las manos de un tarado. de hacer las extremidades. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. Mientras estuvo posando. Laura sonrió. miraba el techo. de algo que ya esté en el techo. Había llegado al difícil momento. sólo cuerpo. de todo.esclavitud. La paleta cubierta de pintura todavía húmeda. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. veía toda clase de formas. La casa era muy antigua. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. no viéndola como persona. la manera de sostenerse sobre el cuello. dormir hasta la hora que le diera la gana. sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. Dejó el dibujo como estaba. con la pintura picada y el enlucido irregular. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular.. si ves lo mismo que yo. Ella se había echado en la cama.. . demasiado pequeño para su peso. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. Al observar. sino observando la forma de la cabeza. todo cuerpo. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. que no le gustaba. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. La habitación estaba repleta de cuadros suyos.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. en el otro extremo de la ciudad. Albert resultaba una especie de libertador. haciéndose mimos y . y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. Albert la trataba con suma delicadeza. que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans. sino conquistarla lenta y morosamente. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. Cuando se casaron. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. La servían hermosas mujeres de color. Sostuvo que era una prueba de amor. Todos disimulaban diligentemente su pobreza. La primera noche no la poseyó. tendidos de espaldas en la cálida noche.

Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. «Como a las mujeres de color». lo reverenciaba con palabras de adoración. Al carecer de experiencia. que eran tan perfectos como las manos de Fay. en las piernas. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay.. en el cuello. perdiéndose en la melena larga y espesa. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello.. Luego. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. en la espalda. no intentó llevar adelante un abrazo completo.dándose besos.. en los hombros. cuando el marido se iba. que hacía sobresalir los cachetes del culo. fue atormentada con exquisitez durante varias noches.. pequeñas corrientes que la mantenían despierta. descubriendo una nueva sensibilidad. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. la firmeza de sus nalgas. y la boca del sexo y los labios. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. se quedaba inquieta y no podía dormir. la marcada curvatura de la espalda. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. Cada lugar que besaba. en el nacimiento de los pechos. en los brazos. Fay se sentía lánguida y drogada. dijo. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo. y luego llevaba la boca a otro sitio. De este modo. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las .

Fay los vio convulsionarse ante sus ojos. A Fay no la vio nadie. Fay no podía dormir. Tenía la sensación de estar en un sueño. La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. una gotita de miel le brotó del sexo. descendió la gran escalera y salió al jardín. de su recato. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. Ella no dijo nada. la dejaba. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella. Le palpitaba todo el cuerpo. Los quejidos eran quejidos de placer. la boca llena y siempre entreabierta. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. Fay estaba sorprendida del control de Albert. encerrándola como si fuera un tesoro. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. como el de una mujer sollozante. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca.japonesas. Y entonces. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. cuando gemía. presos de la violencia del placer. un gemido rítmico. También él pronunciaba voces confusas. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. Luego un ruido la alarmó. como de costumbre. Una noche. Era un gemido. Al principio la paralizó . Se sentó desnuda en su nebulosa cama. El perfume de las flores casi la aturdió. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. Anduvo lentamente.

La mano. esperando. Había esperado que la enseñaría. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. un movimiento delicado. para demostrar sabiduría y sutilidad. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Él seguía besándola. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. Se sentía condenada por su propia feminidad. Tienes cuerpo de ángel. Sabía que él era mayor y que ella era inocente. Pareció sobresaltarse. Albert hubiera podido enseñarla. para salvar su felicidad con Albert. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado.el dolor.. pero aceptó. Al principio estaba asustada. Fay estaba dispuesta a obedecer. Y empezó a besarla. Albert hizo un movimiento de alejarse. Le tocó el pecho. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. una curiosa mezcla de juventud y madurez. Le había dicho que la estaba conquistando. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. Le bastaría susurrar unas palabras. por su inexperiencia. llegó al pene. Mientras la besaba. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas. Luego las caderas. la torturaban las dudas. al hacer un secreto de su dolor. . Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. Aquella noche Fay se convirtió en mujer. regresó a la casa corriendo. Luego. lentamente..

Le . Albert. durante lo que le pareció toda la noche. Quiero que me ames como a una mujer. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Soy una mujer. retrocediendo y besándola a modo de reparación. La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. fracasando. Ella estaba tensa y silenciosa. sólo un momentito. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. deseosa y expectante. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. sombras que se abrazaban. La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. Luego Fay sollozó. se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. Veía la tortura en los ojos del hombre. mojada. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. —Espera un momentito —decía él—. El pene se le empalmaba. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano. subiendo las escaleras. Le daba miedo salir de su habitación. que lo intentó muchas veces. porque Albert intentó poseerla y no pudo.La rabia.

Luego la besó y la acompañó al dormitorio. En la operación. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. satisfecho. riendo. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. Fay se restregó contra él con todo su peso. la poseyó. los guardó bien en el bolso. Se echó a llorar. y estuvo escuchando. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. Se abrió una puerta. los olores de los muelles y de los almacenes. . Quien salió no era Albert. sino uno de los jardineros de color. que estaban en una casita independiente. Al llegar a casa. Finalmente. Aunque rara vez salía de compras. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. como en un juego. Albert la estaba esperando. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. las manos y el cuerpo.parecía oírlos a todas horas. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. sin besos ni caricias. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. Siempre le habían gustado los olores.

Y el hechizo se había roto. .

Apoyo los pies en mullidas alfombras. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. Mary estaba echada en la cama. Me gustan los que flotan y bailan. Marcel.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. con crema en la . Veo a Lilian. pero estoy en una cama muy blanda. El lujo me calma. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Ya no la amo. me enfebrece. Al llegar. Yo estaba libre. Volveré a ver a Mary. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación. estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. la gran ciudad babilónica. Nueva York. Quizás esta vez no me mostraré tímida. mi amante. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza.

. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. pasiva. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. rubio y lujurioso. porque se había quemado en la playa. en las piernas y en los hombros.. . Es lenta.. Al principio de su matrimonio. Eso me contrarió. Se desvaneció mi deseo de besarla. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero.. Estaba embadurnada de crema. después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable. En la oscuridad. Ahora la volvería a ver. Es todo curvas y morbidez. Al día siguiente de vernos. Le despertaron celos y dudas. hombre ni mujer.cara. Vamos juntas al cine. En realidad nunca había amado a nadie. Se había casado con él sólo para que la protegiera. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. Mary estaba escapando de su marido. me coge la mano. Tiene los ojos grandes y líquidos. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. El marido nunca se recuperó de esas historias. y su vida en común se fue haciendo insoportable. las mejillas. el pelo. luminosas. letárgica.

Actúa como si estuviera dormida. Pero nunca está libre por las noches. No me permitirá conocer a su marido. Ambas compartimos el amor por las galas. no he dormido con él. Siempre está sonriente y alegre. lejana. por dentro. Tiene miedo de que lo seduzca. Entre nosotras existe una corriente de atracción. Soy tan vergonzosa. aunque no siente nada. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad. muy lánguida. en realidad casi puramente vegetal. Le gustan los sitios adonde van los actores. dormía con todo el mundo. Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. se siente irreal. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. No le avergüenza hacer nada. ajena a la experiencia. siempre dice: —No lo conozco. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. Conmigo sí es capaz de hablar. Es su clímax. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. Necesita vivir en una atmósfera sexual. . pero no es capaz de hablarlo. Ella es muy perezosa. por los perfumes y por el lujo. Yo estoy descubriendo sus disimulos. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. una corriente puramente física. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. Nunca he visto una mujer más pasiva. pero.

Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. dejando que el quimono se abra. me dijeron una vez en París. Parece tan abierta y húmeda. Me coge el quimono. Luego decide darse un baño. Son como piernas de los Renoir. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. —Pero me gustan —digo yo—. —Son demasiado gruesas —dice. como una colegiala. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. Me gustan. incluso a sí misma. sí. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. no puedo seguir conteniéndome. mirándose las piernas—. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. Me doy cuenta de que busca tentarme. era muy hermoso en la cama. Pide un whisky. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. . ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Lo acaricio suave. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. Pero no es cierto. Parece tener unos veinte años. pero por dentro está hecha pedazos. Sale del cuarto de baño sin secarse. muy suavemente.O bien: —Ay.

Toca el sitio al mismo tiempo que yo. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. por el aspecto que ofrece su carne. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. salados y maravillosos. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. Tan tierno y tan hermoso. como terciopelo y raso. debajo del clítoris. a mariscos frescos. como los pétalos de una rosa. ofreciéndome todo su sexo. meterle la lengua. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. y así deben estar también los labios del sexo. Goza cuando le toco el clítoris. el vello del pubis sigue empapado como algas. Es rosado y fresco. Parece a punto de sentir. Ella comienza a gemir un poquito. besarlo. Le beso el clítoris. pero quiero que sienta un gran orgasmo. Puedo morderlo. Mary. todavía húmedo del baño. el zorrito plateado. abierta como una flor. Mary no se mueve. Abre las piernas y me deja verlo. Parece el sexo de una jovencita. no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. Metida entre sus piernas. Ahora. como si nadie lo hubiera tocado nunca. El sexo le sabe a mariscos. abierto y mojado. por la forma en que sus piernas se extienden. como una camelia. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla . Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto.—El zorrito plateado —digo—. tan invitadora. Tiene la boca tan húmeda.

sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. Con el dedo siento la palpitación de su placer. qué es lo que me has hecho! Me besa. los H.. mientras repite: —Ay. mis dedos le aprietan la carne del culo. que se desencadena una. Es como ir en barco. De pronto Mary se estremece. y lo levanto. Le cojo el culo con las dos manos. bebiéndose los jugos salados de mi boca. por sus formas. Ella comienza a gemir. Se derrumba jadeante. a ondularse. es una Brunilda. A cada movimiento. Mandra. El río es un ser vivo. dos. tres veces. —¡Ay. Se mueve de forma que me sorbe el dedo. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. siente mi ritmo que se acelera. de grandes . y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad.gritar de placer. qué me has hecho. Sus pechos caen sobre mí. Yo lo meto más. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. qué me has hecho. Mandra. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. se desplazan por su rotundidad. latiendo en éxtasis. A Miriam da gusto mirarla. como si fuera una gran fruta..

Paul. Opina que yo soy hermosa. reunidas con juguetón esnobismo. . Su belleza es natural mientras que yo. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. que soy artificial. necesito ambiente y calor para florecer. en Roma y Florencia. en un diván de raso rojo. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. El mayordomo negro abre la puerta. y me lleva corriendo al salón para exhibirme. mi flor roja del pelo. objetos estilo rococó. Paul proclama a voces mi natural goyesco. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. con las piernas cruzadas. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. mesas con escondrijos para poner flores. Me trata como a un objeto artístico. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido».pechos. Miriam está. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París. es pequeño y de la raza de los duendes. Se desviste y anda desnuda por la habitación. Su marido. Su belleza se me sube a la cabeza. Para lo cual. rápido y divertido. inmensos poufs de raso morado. nosotros estamos por encima de todo. Los H. cosas absolutamente chic. se desnuda completamente. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

nos llevaremos bien. pero con aturdimiento. no tengo dinero ni dónde dormir. La chica apenas tenía dieciséis años. Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. Jean. llevaba el pelo corto. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. Un día. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. vente conmigo —dijo Jean—. Yo me llamo Jean. Ella lo siguió con increíble docilidad. —Entonces. y sus formas eran juveniles. —Vaya. Te daré de cenar y una habitación. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. —¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. como los muchachos. con los pechitos muy puntiagudos. —Me he escapado de casa —dijo. .La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven.

con aspecto de niña aburrida. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. La forma como lo había besado no era una prueba. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. Al principio. Le dio un beso educado e inocente. Se estiró a su lado. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. —Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. Este no había vuelto. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. Entonces. Entonces Jean se excitó más. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. con sendas camas dobles.El piso tenía dos dormitorios. y le hizo sentarse a su lado. ella se . Jean comenzó a enseñarla a besar. Sus labios eran inexpertos. Estaba sentada en la cama. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre. Ella obedeció. —¿Te gusta? —le preguntó. oyó que le llamaba. mientras él la observaba echado de espaldas. pero que excitó a Jean. Ella asintió con la cabeza. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. Le prestó un pijama. la condujo al dormitorio y la dejó. sino una especie de piedad. Ella parecía complacida. Jean no sintió deseo.

Tendré que verlo. Le hizo mover la lengua y sacudirla. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa.levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. Los besó y los manoseó. Ella respondió con pellizquitos y besos. Por eso me he escapado. Pero nunca me deja verlos. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos. Pero siempre he querido hacerlo. Progresaba de prisa. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. lleno de incredulidad. Después. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. —No —dijo la jovencita muy seria—. cómo restregarse contra su . Jeanette lo observaba con gran interés. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome. cuando se tomó un descanso. Eso le encantó. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. La chica era una buena alumna. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Luego. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. le exploró los pechos.

oyó los gemidos de una mujer. con mucha timidez. en primer lugar.pecho y excitarlo. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. teniendo presente a la madre. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. Me ha dejado agotado. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. En realidad. al pasar por delante de la habitación. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor. Se detuvo. como el zureo de las palomas. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. se percató de que Jean se iba cansando.. Al cabo de ocho días. Pierre se quedó en el piso. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Y al otro. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. y además Jeanette. a veces. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. debía estar buscando superarla. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. al otro lado de la puerta. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche. y le preguntó si iba a almorzar. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. el zurear de palomas. Pierre llegó a casa a media noche y. —Sabes —dijo Jean—. A mediodía apareció Jeanette. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. ser virgen. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Los gemidos eran rítmicos y luego.. Jeanette fue a despertar a Pierre. Es insaciable. Estaba alarmada. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. Pierre no pudo evitar oírlos. Así que almorzaron juntos. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. Era tan apacible como un ratón. Pero no había conseguido sacarle la dirección a .

cogiendo libros y dejándolos. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. indefensa.Jeanette. con sueño e indiferente a la jovencita. un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. de debajo los pechos y los brazos. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. fastidiado. Llevaba un traje muy fino. que parecía un perfume que la envolviera. Era un perfume complejo. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. a la vez ácido y dulce. Ella vagaba sin rumbo por el piso. como una mezcla de limón y miel. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre. Así que simplemente se alejaba. Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre. las pocas gotas de transpiración del cuello. se quedaba mirándolo. en silencio. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. y en el fondo el olor de su feminidad. llamando por teléfono a la policía. . su aliento. intentando comer. el olor fuerte y amargo del pelo.

el deseo del hombre se afirmó con violencia. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. a mitad de sus fervientes caricias. repentinamente. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. Sintió desprecio. cayó presa de la duda. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. viendo y mirando el cielo raso. La visión de las medias. con tal temor que el deseo murió. Eso le encantó.De pronto. En cada movimiento de Jeanette. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. Se quedó bocarriba. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. el sexo de la mujer encerró el pene. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. Tiró de Jeanette hacia sí. volvió a excitarlo. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. de manera que no hizo nada por reanimarlo. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora. suave y acariciante. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. Pierre sintió que la potencia le volvía. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer. Como si fuera una vaina. su habilidad y su potencia habituales. y se preguntó si también él podría. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. que descendían enrollándose. Él levantó el ligero vestido. Pero esta vez. A Jeanette la sorprendió ver que. adivinaba dónde . Pierre languidecía. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias.

—¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. le acarició los pequeños pechos. le besó el sexo. se acercó el sexo. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. le mordió los labios. luego. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. Pierre le tocó el culito. atrayéndola. lleno de dudas.quería que la tocase. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. le introdujo el miembro con violencia y. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. Pierre esperaba su voz. Luego se detuvo. Jeanette le sonrió y se abandonó. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. retiró un poco el pene y. por la mitad del cuerpo. como si estuviera esperándolo. de gozarla. se puso de rodillas para mejor trabajarla. con sólo la punta. —Dime cuándo quieres. Cuando se apretó. pero seguía sin abrir la boca. La levantó. pero en silencio. —Sí —dijo ella. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. una voz de aprobación y de aliento. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. Su deseo había . Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. Ella jadeaba y se deshacía. pero Jeanette se mantuvo en silencio. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. ella dio un salto pero no dijo nada. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. Ante este contacto. pero no decía nada.

¿no te gusta? Te da gusto. pues. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. si al menos no me oía. disfrutas. Pierre se sorprendió. al volver. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. sino también a otras mujeres. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. si te gusta. si venía y me encontraba aquí.muerto dentro de ella. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. Claro que disfrutaba. no sólo a Jeanette. pues. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. disfrútalo. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. Se sentaba tranquilamente en una silla. porque era demasiado infantil. Se llevó una gran sorpresa cuando. dilo. dilo. Pierre disfrutaba comprándole ropas. habla. Pensaba que. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. habla. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. Con este fin. Pero si me oyera. venga. . —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. Le vio en la cara una expresión de frustración. grita. —Claro que me resultas atractiva. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería.

En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. y fumaba. cepillándose el pelo. para ver cómo se le ajustaba el vestido. Veía fragmentos de hombros. —¡Mírame! —decía—. restregones y revuelos. Hecho lo cual. de piernas. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. porque él lo bautizara con su deseo. se apretaba contra Pierre. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. entre arrumacos. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. por arrugarlo. que aprobara los botones. no caía en los brazos de Pierre. Llevaba los zapatos de tacón alto. Y cuando al fin llegaban a casa.cara a los vestuarios. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. no contentándose hasta que. y también entre la . que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. las medias. parecía tener luego por quitárselo. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. por entregárselo a Pierre. que le apretara el escote. las ligas. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. quería encerrarse en la habitación. de espaldas desnudas. Dentro del nuevo traje. Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido.

rigidez y complacencia. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Jean comprendió. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. Luego vio a Pierre. Quería desnudarla. Pierre intentó calmarla. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. Pierre admiraba su ligereza. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. Tal como estaba. dejando al descubierto su jugosidad. Esta vez la poseería a cualquier precio. para dejar el piso. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. Quería enseñarle todos los pasos que sabía. La lucha era agradable. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. de frialdad y calor. Ella seguía enfadada. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura. pero no pudo tocarle las bragas. Y él se dio cuenta. La cogió al pasar. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla.cintura y el pequeño sostén. Jean la vio lanzándose a sus brazos. desnuda y con las bragas. de los zapatos contra los pies desnudos. De manera que la rechazó y los dejó solos. . que la había seguido. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. Quería librarse de ella. Le arrancó las bragas. de sus botones contra los blandos pechos. Pierre le cerró el camino.

el pene de Pierre. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. el arco de su cuerpo tendido levantándose. Sus gestos desenfrenados. Sólo le insertó un dedo. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. Siguió masajeándolo. procurándose todo el placer que eso le daba. Acercó la cara. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. pero no lo hizo.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. como si dijera: «No te necesito. Ella miraba fijamente. Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando. Ante su cara de asombro. todo excitaba aún más a Pierre. se detuvo. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. si al menos le besaba el pene. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión. Pero siguió sin entregarle el pene. Jeanette se puso de rodillas. satisfaría su deseo. enterró la cara entre las piernas de la mujer. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. Pierre la dejó arrodillarse. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. fascinada. tenía la sensación de que. entre murmullos sofocados. a veces toda la mano. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . Aunque le palpitaba la entrepierna. En lugar de eso. la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica.

paraba. . El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba.Jeanette. Aunque Jean le hiciera el amor. Jeanette yacía casi desmayada. pero no ya la jovencita. En cuanto percibía el ritmo del placer. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Jeanette floreció bajo sus caricias. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. no se daría cuenta. sino la mujer que acababa de nacer. esperando el placer que él le proporcionaría. Ahora Pierre sabía que. tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. pero sin permitirle alcanzar el placer. La atormentaba. Jeanette no se daría cuenta. Le mantenía las piernas bien abiertas. fue como si la quemara. aunque entrara Pierre. y Jeanette tembló.

volúmenes del 1 al 7.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine. a la edad de once años. 14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. Nueva York y Los Ángeles.Los Ángeles. 21 de febrero de 1903 . nacida de padres cubanos. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . se naturalizó como ciudadana norteamericana. vivió y trabajó en París. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas. Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés. Francia.

Antonin Artaud. en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest . que constan de 35. se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. incluyendo a Henry Miller. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). Otto Rank. Los manuscritos originales de sus diarios. y Lawrence Durrell.gente interesante e influyente del mundo artístico y literario.H. James Agee. Edmund Wilson.000 páginas. Gore Vidal. así como del mundo de la psicología.

La enciclopedia libre . 2 (1986) 1939-1944 Vol. 2 (1983) 1923-1927 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol. 5 (1975) 1955-1966 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 4 (1986) Fuente: Wikipedia. 1 (1969) 1934-1939 Vol. 4 (1983) 1947-1955 Vol. 6 (1977) 1966-1974 Vol. 3 (1985) 1927-1931 Vol.

[2] Martes de carnaval.Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». la fiesta de ese día. .

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