El libro reúne trece relatos eróticos, abordados desde la óptica femenina de Nin. Historias cuasi cotidianas, con pinceladas (muchos de los relatos tienen como protagonistas a pintores) de perversión. Pocas mujeres escritoras se atreven celebrar la experiencia sexual en toda su plenitud como lo hace Anaïs Nin. Pájaros de Fuego explora la pasión en todas sus formas. Evocadora, atractiva y soberbiamente erótica, este es un viaje de gran alcance en el misterioso mundo del sexo y la sensualidad. Más que una novela, este libro es una colección de relatos, pero entre todos ellos, cada uno por su cuenta y en conjunto, forman una visión muy bien construida de una protagonista y sus historias eróticas y pervertidas con personajes del mundo de la pintura. Un libro fresco, sutil y excitante a la vez.

Anaïs Nin

Pájaros de Fuego
ePUB v1.1
Kytano 23.07.11

Author’s R epresentative © 1979 by Editorial Bruguera S. A. . 1ª edición en Libro Amigo: marzo. 1981 Traducción: © Editorial Bruguera. A. S.1979 ISBN 84-02-07775-7 .Bruguera Libro Amigo 804 Título original: Little Birds Traducción: Antonio Desmonts Edición original: © 1979 by Rupert Pole as trustee under the Last Will and Testament of Anaís Nin by arrangement with Gunther Stuhlmann.

Una cosa es incluir erotismo en una novela o en un cuento y otra muy distinta dedicarle toda la atención. Es. Pero centrarse exclusivamente en la vida sexual no es natural. diría yo. sincero. Tal vez los escritores lo sepan. Quienes lo han hecho.Prefacio curioso que muy pocos autores hayan escrito espontáneamente confesiones o relatos eróticos. para ser fieles a la vida. como ocurre en las páginas sensuales de Zola o Lawrence. ¿Pero qué ocurre con esos escritores que necesitan dinero hasta el punto de dedicarse por completo a lo erótico? ¿Cómo [1]Es . en los ratos libres. natural. donde se cree que el erotismo juega un importante papel en la vida. estaban movidos por la necesidad: la necesidad de dinero. una actividad anormal que acaba alejándolas del sexo. incluso en Francia. Esa sería la razón de que sólo hayan escrito una confesión o unos pocos cuentos. Lo primero es como la vida misma. como hizo Mark Twain. Viene a ser algo parecido a la vida de las prostitutas.

todos los escritores tenían un rasgo común: eran pobres. no da potencia sexual y la potencia sexual no engendra aventuras extravagantes. Me convertí en lo que denominaré la Madame de una extraña casa de prostitución literaria. Muchos jóvenes escritores. a sus amantes y a sus amigos. Gran parte de los relatos eróticos han sido escritos con el estómago vacío. tuve que buscar trabajo. inclinaciones. se hace más cruel. ansiosos y obsesionados. Con frecuencia mi maison se convertía en cafetería. sin decir nada. y comíamos tortas de avena. que escribía todas las noches para poder cuidar a sus hijos. como mujer independiente que sólo escribía por placer. poetas. costumbres y vicios.afecta esto a sus vidas. el hambre es muy buena para estimular la imaginación. y dado que mi carácter era muy parecido al de George Sand. porque era lo más barato de hacer y se decía que daba fuerzas. Irremediablemente pobres. más ganas. En Nueva York todo el mundo se endurece. discutíamos y compartíamos la obra en marcha. De . de muchos problemas. He tenido que ocuparme de muchas personas. por donde caían hambrientos. a sus sentimientos con respecto al mundo. a sus escritos? ¿Qué efecto tiene sobre su vida sexual? Permítaseme explicar que yo he sido la madre confesora de tal grupo. debo decir. Aun siendo distintos en carácter. Con frecuencia colaborábamos. Antes de emprender mi nueva profesión era conocida como poeta. como les ocurre a los presos. Cuanta más hambre. se dirigían a mí. Ahora bien. un estudio de una habitación. Era una maison muy artística. con claraboyas que pinté para que parecieran las vidrieras de una catedral pagana.

mis auténticos escritos quedaban abandonados cuando me ponía a perseguir lo erótico. en el Bowery. Los hombres que duermen junto al East River. no tienen vida sexual. semisoñada. Desde luego. Estas son mis aventuras en ese mundo de prostitución. uno se convierte en vagabundo. La vida sexual suele estar recubierta de muchas costras en todos nosotros. escritores o artistas. Por mi parte. Sacarlas a la luz fue al principio difícil. se dice. poetas. con demasiada frecuencia. en portales.forma que disponíamos de un mundo perfecto para cultivar la flor del erotismo. Es una mujer velada. Mis escritores —varios de ellos vivían en el Bowery— aún no habían alcanzado esta etapa. . si se pasa demasiada hambre. en mujerzuela.

Había un colegio al otro lado de la calle y las chicas jugaban en el patio situado bajo la terraza. cuando Manuel salió a la terraza. que daban a un patiecillo sofocante.Pájaros Manuel y su esposa eran pobres. por debajo del nivel de la calzada. A su esposa no le importaba. Así que Manuel vagabundeó por las calles hasta toparse con un cartel: SE ALQUILA. Los porteros eran muy viejos y los inquilinos del inmueble parecían haberse puesto de acuerdo en convertirlo en un asilo de ancianos. lo saludaron los gritos de unas colegialas en el recreo. y la primera vez que buscaron piso en París sólo encontraron dos habitaciones oscuras. pero una de las habitaciones daba a una terraza y. Ella salía diariamente a hacer su número de trapecio en el circo. Manuel se entristeció. toda su vida pareció convertirse en un encarcelamiento. Era artista y allí no había luz para trabajar. . Fue conducido a un ático de dos habitaciones que parecía una choza. En aquel lugar bajo tierra.

Thérèse era feliz viéndolo de aquel humor. Ella se sorprendió mucho y en seguida estuvo de acuerdo en trasladarse. se podían utilizar los armarios y los suelos ya no tenían agujeros. como el hombre que prevé grandes placeres. oía las risas de las jovencitas que jugaban en el patio. se dijo Manuel. Manuel puso manos a la obra. Compró pintura. Quería mudarse de piso inmediatamente. reparaba. Las paredes estaban blancas. Alquiló las dos habitaciones y se dedicó a arreglarlas. sucias y abandonadas. hay luz para pintar. una terraza. Fue presa de un ligero temblor. gracias a la luz. contento y cambiado. llegada la noche. como nunca se había visto.Manuel las estuvo mirando unos momentos. Hilaba fantasías sobre lo que iba a ser su vida en este piso enfrente del colegio de chicas. ella sólo encontró dos habitaciones inhabitables. En este nuevo sitio podría pintar. Entonces llevó a Thérèse a que lo viera. esperando el momento adecuado. A la mañana . las puertas cerraban perfectamente. un carro trasladó sus pertenencias. además. para que el lugar resultara hermoso a los ojos de Thérèse. Entonces. En un día. —Yo no viviría aquí —dijo Thérèse. pero esta vez se dio maña e hizo una meticulosa faena de carpintería y pintura. encogiéndose de hombros. cemento y madera. Daba saltos por todas partes. cementaba y martilleaba. Nunca le había gustado trabajar. con el rostro brillante y ensanchado por una sonrisa. convenció a Thérèse para que fuera a verlo. pero cuando. Mientras pintaba. Al cabo de dos semanas el piso se había transformado. y. Manuel repitió: —Pero hay luz. Pero se contenía.

cada vez estaba más excitado. en la terraza. pero al fin surtió el plan: las jovencitas miraron hacia arriba. pero después del colegio. Las chicas rieron. Durante tres días gastó el dinero de la comida en toda clase de pájaros. con las cosas desempaquetadas a medias y habiendo dormido en camas sin sábanas. ¡Cómo caían unas sobre otras en su juegos. Thérèse se fue a su trabajo en el trapecio y Manuel se quedó solo para arreglar las cosas. La terraza era ahora un hervidero de pájaros. empujadas por la curiosidad. pero no se apresuró. cómo flotaban las melenas al aire cuando corrían! Sus pechos pequeños y juveniles comenzaban a mostrar toda su rotundidad. bajó a la calle y fue al mercado de pájaros. Pero en lugar de deshacer los paquetes. Thérèse se iba al trabajo y el piso se llenaba de sol y de risa y gritos de las jovencitas. Allí. Al cuarto día. Manuel salió a la terraza. El patio del colegio estaba animado.siguiente. varias subieron al piso. Para Manuel era una orgía de piernas y faldas muy cortas. Hasta hay un pájaro de Brasil con cabeza de mono. El recreo era a las diez en punto. Allí se gastó el dinero que Thérèse le había dado para la comida en comprar una jaula y dos pájaros tropicales. Tenía un plan demasiado perfecto para abandonarlo. Se puso colorado. viéndoles las piernas bajo las faldas revueltas. Todas las mañanas. Un momento estuvo mirando a las jovencitas que jugaban. a las diez. Manuel tenía miedo de que se . que en los juegos dejaban ver las braguitas blancas. en medio de los pájaros. Manuel las llamó: —¿Por qué no venís a ver? Hay pájaros de todo el mundo. Regresó y colgó la jaula al aire libre.

Manuel se ponía cada vez más nervioso y excitado. tengo que hacer pipí. con los ojos muy grandes. A la hora convenida se presentaron a ver los pájaros cuatro jovencitas de todos los tamaños. Manuel tuvo que abotonarse.presentara Thérèse. y la cuarta esbelta y vergonzosa. Sólo una. Cuando se percató de la chica vergonzosa. El haber visto los grandes ojos encima de él le tuvo soñando durante el resto del día. una fruta o un regalo. sacudiéndolo como si fuera un bombón. si bien era cierto que le . una de pelo largo y rubio. Manuel era muy consciente de que la naturaleza le había dotado bien en cuestión de tamaño. Quería alcanzar su placer con prudencia. pero veía por encima del hombro si le observaban. la vergonzosa. Por eso. con sus enormes ojos. para que pudieran verle. Las dejó cuchichear y mirar. Para cuando llegó Thérèse a la una y media había logrado de las chicas la promesa de que volverían a verle al día siguiente a las doce. otra con tirabuzones. ofreciendo su infatigable pene al espejo. sólo les permitió mirar los pájaros y embobarse con sus picos de colores y sus trinos raros y grotescos. —Perdonadme —dijo—. en cuanto terminara el colegio. volvió la cara y le miró fijamente. Mientras estaban mirando los pájaros. familiarizarse con el lugar. Aquello había sido bastante por hoy. ella volvió la cara. Dejó la puerta del servicio abierta. Manuel estaba de espaldas a las chicas. la tercera regordeta y lánguida. Si bien era cierto que su pene enflaquecía en cuanto se acercaba demasiado a una mujer. en cuanto se tendía al lado de una mujer.

También podía apostarse contra el urinario y alzar los ojos a las casas situadas por encima de su cabeza. también era cierto que crecía hasta alcanzar un enorme tamaño y se comportaba de la forma más vivaz cuando lo miraba una mujer. pues todos los hombres conocen el truco de mear tranquilamente mientras miran cómo el vecino hace lo mismo. No obtenía ningún placer de que lo observaran los hombres. frecuentaba los pissoirs de París. tan abundantes. entonces todo se echaría a perder. Pensaba que ahora le sería más fácil satisfacerse del todo con tal de controlarse. los laberintos sin puertas. que no se daban cuenta en seguida de que el hombre salía del pissoir y que luego bajaban los ojos. Temía que se apoderara de él el impetuoso deseo de exhibirse a cualquier precio. de donde a todas horas salían hombres que se abotonaban con descaro mirando directamente a los ojos de las mujeres elegantes. Entonces era cuando estaba en todo lo suyo. Era la hora de otra visita y las jovencitas estaban subiendo las . Mientras las chicas permanecían encerradas en las aulas. desde donde le veían agarrándose el pene.fallaba siempre que quería ofrecer a Thérèse lo que ella deseaba. Este era uno de los mayores placeres de Manuel. Manuel fue muy feliz el día que le había mirado la chica vergonzosa. Y los jóvenes entraban sin otro motivo que verse y quizás ayudarse durante la operación. los pequeños quioscos redondos. si no aquello hubiera sido para él un paraíso. de las mujeres perfumadas y chic. donde muchas veces había mujeres asomadas a las ventanas o en el balcón.

lo abrió más. con el gran pene erecto apuntando hacia ellas. Al volverse. Todas se asustaron. cuando se encontró acariciando una gran melena rubia. perdió la cabeza. las chicas lo vieron todas en el trance.escaleras. . y escaparon corriendo. De repente se abrió el quimono y. por accidente. besándose y peleando. Manuel se puso detrás de las chicas. como pajaritos. Manuel se había puesto un quimono. picoteando. Los pájaros se estaban portando muy bien. En lugar de cerrar el quimono. un quimono que pudiera entreabrirse con facilidad.

estaba lleno de pequeños chalés que se alquilaban por una noche o por una semana. Se acercó sin hacer ruido. Se levantó de la cama y miró el reloj. una ciudad costera de Normandía. Eran las dos en punto. de forma que pudo mirar dentro de la habitación.La mujer de las dunas Louis no podía dormir. se detuvo. Le intrigó que hubiera alguien levantado tan tarde. Se revolvió en la cama. Las persianas estaban echadas. aislado. repleta de almohadas y colchas revueltas. como si antes hubiera sido el escenario de una . Era un chalé metido en el bosque. ¿Qué podía hacer para aplacar la excitación? Salió del estudio. El lugar. y. Louis vagabundeaba sin rumbo fijo. escondiendo la cara en la almohada. se restregó contra las sábanas calientes como si estuviera sobre una mujer. se puso bocabajo. pero no cerraban bien. Había luna y veía con claridad los caminos. Vio que en uno de los chalés había luz. Pero cuando la fricción lo acaloró. Y sus ojos dieron con la más pasmosa visión: una cama muy ancha. dejando sus huellas en la arena.

Louis vio el sexo del hombre. De vez en cuando el hombre le ponía la mano sobre la cabeza.gran batalla. hubiera tenido que tirarse al suelo y satisfacer su . y al hombre tratando de ponerse a la mujer encima mediante un abrazo. ondulándose y obteniendo tal placer en lo que estuviera haciendo con la cabeza entre la piernas del hombre que su culo temblaba trémulo y las piernas se tensaban como si estuviese a punto de saltar. sacando el estómago. se lo ofrecía. De haber seguido más tiempo. y trataba de alejarse. su vello y su sexo tan cerca de la boca del hombre. al parecer arrinconado contra un montón de almohadones. era ella la que se movía al alcance de la boca del hombre. Pero ella se mantuvo a corta distancia. también desnuda. poco a poco. recostado como un pacha en su harén. colocándose encima. que aún no la había tocado. y una mujer. como para contener su frenesí. a quien Louis sólo veía la espalda. ella saltó con gran agilidad. observó la humedad de la boca del hombre entre sus piernas. El hombre no se movió. como si se hubiera retirado después de una serie de ataques. empinado y agrandado. muy tranquilo y satisfecho. doblando la cabeza. arrodillada sobre la cara. retorciéndose delante de este pacha. mirando complacida el espectáculo de su hermoso estómago. Durante largo rato se mantuvieron en esta posición. Louis estaba tan excitado que se apartó de la ventana. Al quedar él encajado debajo. Luego. Después. desnudo y con las piernas cruzadas. se acercó lentamente y. Tenía la cara debajo del sexo de la mujer y ésta. un hombre.

Las dunas brillaban como colinas nevadas en la noche clara.. ya no sintió miedo. era deslumbrante. Pero cuando vio el cuerpo joven a la luz de la luna. aún de noche. . y también la de ella. Echó a correr hacia la rompiente. Nunca la alcanzaría. Comenzó a tener la sensación de que en todos los chalés estaba ocurriendo algo que a él le hubiera gustado compartir. La sonrisa de él. ella dejó caer al suelo sus ropas y quedó desnuda en medio de la noche estival.. Casi no distinguían otra cosa que sus sonrisas brillantes y los contornos de sus cuerpos perfectos. también se deshizo de las ropas y entró corriendo en el agua. Él fue nadando hacia ella. Se sonrieron mutuamente. Más allá estaba el mar.ardiente deseo como fuera. Y entonces vislumbró una figura delante de él. y eso no quería hacerlo. Sólo entonces le vio ella. Al principio se quedó inmóvil. cuyos rítmicos movimientos oía. Louis se echó a nadar hábil y graciosamente sobre el cuerpo de ella. Y Louis. que andaba a pasos ligeros y airosos. Ella andaba hacia el mar y él la siguió. Al llegar a la orilla. Anduvo bajo la luz blanca de la luna. rozándolo y sobrepasándolo. Era una mujer. Anduvo más de prisa. que el viento henchía como una vela y que parecía impulsarla. Llevaba puesta una especie de capa. por el vientre firme y redondo de la mujer cuando se arqueaba sobre el hombre. Al cabo llegó a las dunas de arena y la absoluta soledad. obsesionado por la imagen del hombre y la mujer. Él se acercó. Ella lo dejó. imitándola. De pronto. Anduvieron largo rato sobre las dunas que parecían nieve. la hermosa cabeza y la sonrisa.

El calor de la carrera volvió a encenderlo. Había estado rebosando de deseo durante días. Entonces. pero le gustaba sentirla. el vello sexual enzarzado. Él corrió detrás. Sus manos la registraban y acariciaban por todas partes. Él lo colocó entre las piernas de la mujer. en el momento en que más la deseaba. La mujer se dejó caer en la arena y él encima de ella. Curiosamente. Estoy muy bien. agachados. No te muevas. Los dos estaban a sus anchas en el agua. y su deseo se fue amansando. vientre contra vientre. Ella yacía esperándolo. Louis estaba confundido. resplandeciente y riéndose. Él apretó el cuerpo de la mujer contra el suyo y ella percibió la dureza del pene. Luego ella se puso en pie y él buceó y pasó entre las piernas. Ella se zafó y salió corriendo del agua a las dunas de arena. súbitamente le abandonó la potencia. ella volvió a alejarse y él tuvo que nadar para alcanzarla. sonriente y húmeda. Se sentía profundamente humillado. chorreando. —Hay mucho tiempo —dijo ella. . El deseo no volvía. como si fueran a pelear.Ella seguía nadando y él repitió el cruce por encima. Quería tomar a aquella mujer y no podía. los pechos de ella clavándole las puntas y las bocas pegadas. Luego. Entonces se acercaron el uno al otro. Sus cuerpos yacían juntos. Louis estaba profundamente excitado. Nadaba con el sexo erecto. Ella lo tocó. su voz estaba llena de ternura—. Rieron. De nuevo con el pene provocativamente entre las piernas de la mujer. Ella le pasó su calor. la apretó con mayor fuerza y trató de penetrarla.

Sin dejar de frotarle el pene. ancha y roja. se redondeaba alrededor del pene. —Dame la lengua —dijo ella. la encantadora piel pálida que resplandecía. Al abrirse el sexo de la mujer. Y Louis sintió cómo el calor descendía de la lengua al pene. pero no estaba lo bastante duro para penetrarla. Ella se aproximó y cogió con la boca el pequeño pene alicaído. Una mano le acariciaba los testículos. y gozaba con el contacto. su carne cálida. cubriéndola y sacudiéndola muy despacio. demorándose alrededor de la punta. pensando en lo hermosa que era con el pene cogido cual si fuera una flor. Louis miraba la mano. recorriéndole de pies a cabeza. la lengua de ella rozaba la punta de la lengua de él. el pequeño pene sentía el contacto de la piel de la mujer. los pechos abundantes y muy erguidos. El pene se estiró. lo cogió y lo metió entre sus piernas. Estaba sentado en la postura de Buda. igualmente hermosos. Louis vio brotar la humedad de su deseo. los cabellos largos. acercándose. Lo frotó suavemente contra el clítoris. le cogió la lengua con la boca y le tocó la punta con su propia lengua. sentándose apoyada contra él. . Lo lamió suavemente. se doblegaban a la frotación. El miembro se rebulló.Se soltó para mirarla: las largas piernas esbeltas y lustrosas. Luego. con ternura. una y otra vez. Los dos cuerpos. Ella seguía frotando. la amplia sonrisa de la boca. Louis bajó los ojos para contemplar cómo la boca. el abundante vello púbico. la otra removía la cabeza del pene. Cada vez que el pene le rozaba el clítoris. brillante a la luz de la luna.

Él miraba la boca roja del sexo de la mujer. esperando.. Le dejó jadear como perro en celo. Cuando lo hizo sintió tal conmoción en todo su cuerpo que parecía como si el pene se alargara hacia ella. abierto y expectante. yendo ella delante. Louis sintió el torbellino de la sangre que le recorría el cuerpo y descendía al pene. sácala. con la lengua dentro de su boca y el pene abriéndose camino en su interior.. estirándose hacia ella. abriendo su ser. Se arrojó sobre ella. dos delgados dedos alrededor del pene y las piernas separadas. de modo que copulaban a cuatro patas como los perros. la rodeaba con los brazos y la arrojaba al suelo. Rodaron juntos largo rato. —obsesivamente. La mujer esperó. Él temblaba dentro de la mujer. Él obedeció. No cogió inmediatamente el pene. De vez en cuando se dejaban caer en la arena y él la tomaba. Finalmente. la revolcaba y la dejaba mojada y salida. empujaba y vibraba y le sostenía los pechos con las manos. . como si fuera a alcanzarla. Y al seguir andando. El sexo de Louis estaba empalmado y tenso y ella disfrutaba viéndolo.—Saca la lengua. El miembro se puso duro. Ella volvió a gritar: —Sácala. llevándose las ropas. se pusieron en pie y anduvieron. —¿Quieres? ¿Quieres tú? —preguntó Louis. Pero tampoco ahora pudo correrse. y de pronto la violencia del deseo le hizo temblar y completó la erección. Dejó que de vez en cuando rozara la lengua contra la de ella. sácala —dijo ella con voz ronca. Ella mantenía la boca abierta.

almohadillándolo. empezó a temblar y por último se corrió violentamente. se arrodilló delante e introdujo el miembro en la boca. Ella estaba muy excitada. repitiendo muchas veces. excitándola y dejándola antes de que se hubiera corrido.. Mientras andaban. Quería correrse. la arena cálida contra su piel. palpitantes y vibrando a consecuencia de las caricias. Otra vez ella apretó el pene entre los pechos. pero despacio. Él se mantuvo arriba. Estaba en París cuando ahorcaron a un extremista ruso que había matado a un diplomático.—Sí. de pie.. sujetándolo y dejándolo resbalar por el blando abrazo. Andaba esperando el momento en que la tirara de nuevo a la arena y volviera a tomarla. Avanzaban como borrachos. pero. no obstante. descansando. Luego vieron una casa y se detuvieron. con el amanecer próximo. Los dos aullaron al unísono. quería contenerse y esperarle. Tan mojada y enfebrecida estaba la mujer. fumando. la caricia del viento. Me gusta así. Sin mirar a Louis. ella sostenía en la mano el pene erecto. la mujer le contó una historia. no la dejaría hasta haberse corrido. sintieron frío y se cubrieron con las ropas. adelantando ligeramente el vientre. no te corras. Echados de espaldas. Esta vez. Ella se había montado encima para alcanzar su propia satisfacción. Cada vez volvía a sentir las manos del hombre sobre su cuerpo. Por entonces vivía en . Una vez lo detuvo. aturdidos. la caricia de la boca del hombre. cuando estuvo dentro de la mujer. Él le pidió que se escondiera entre la maleza.

podía ver. muchísimas veces. Pocas personas asistían a estos ahorcamientos. Luego. dadas las grandes pasiones que había despertado. Y no era posible acercarse demasiado porque lo impedía la policía. Ella había esperado con los demás. donde se irguiera la guillotina en la época de la Revolución. poniéndose de puntillas. La gente la aplastaba por todas partes.Montparnasse. había bebido con ellos y estaba muy excitada y asustada. La marea de la multitud la arrastró a un punto situado a unos diez metros del cadalso. Pero en el caso del ruso. decidieron asistir todos los estudiantes y artistas de Montparnasse. De todas formas. por primera vez vería morir a una persona. Habitualmente se llevaba a cabo al amanecer. En aquellos tiempos todavía se ejecutaba a la gente por los delitos graves. fascinada y aterrorizada. emborrachándose. apretada contra el cordón policial. frecuentaba los cafés y había seguido el proceso con apasionamiento. Hacia el amanecer. hasta donde lo permitía el cordón desplegado por la policía. los jóvenes agitadores y los revolucionarios. . Aguardaron en pie toda la noche. porque el hombre era un fanático y había respondido a lo Dostoyevski a cuantas preguntas le hicieron. afrontando el proceso con gran valor religioso. El reo apareció con los ojos vendados. un revuelo de la multitud la empujó a otro sitio. Allí se quedó. al igual que todos sus amigos. la multitud se dirigió hacia la plaza. cuando no había nadie. durante la Revolución. Por primera vez sería testigo de una escena que sería repetida muchas veces. en una placita cercana a la prisión de la Santé. y formó un círculo.

Contuvo la respiración. las dos manos hicieron girar la falda de forma que la abertura quedase detrás. Dos guardias cogieron al hombre y. lo guiaron por la escalera del patíbulo. Dos manos le rodearon la cintura y sintió con toda claridad el cuerpo de un hombre. La mano se detenía. aquellas manos avanzaron hacia sus pechos hasta apresarlos. De cualquier forma. Estaba aturdida por las sensaciones contradictorias. antes de pasar al siguiente botón. su deseo duro contra su propio culo. . casi no se podía mover. Ahora una mano buscaba una abertura de la falda y descubrió los botones. Luego. Ella no hizo el menor movimiento. Cada botón que soltaba la mano la hacía suspirar de miedo y alivio. tan clavada la tenía la curiosa multitud. Tenía los ojos fijos en el hombre que iban a ahorcar y los nervios la torturaban. Tenía el cuerpo enfebrecido. Llevaba una blusa blanca y una falda con botones a todo lo largo de un costado. En medio de la palpitante multitud.El verdugo estaba dispuesto y esperaba. Sus ojos seguían fijos en el hombre que ascendía al patíbulo y. con destreza y rapidez inesperadas. por si protestaba. Al mismo tiempo. la presión no era desagradable. En aquel momento se dio cuenta de que alguien se apretaba contra ella con mucha más fogosidad de lo normal. No se movió ni volvió la cara. lo único que ahora sentía era el pene deslizándose lentamente por la abertura de la falda. En su estado tembloroso y excitado. a la moda de entonces: una falda corta y una blusa a cuyo través se veía la ropa interior rosada y se adivinaba la forma de los pechos. lentamente.

el ruso dobló la cabeza sobre el nudo. El cuerpo de ella tembló. Había atravesado la falda y abierto un siete en las bragas.. Pudo seguir las huellas sobre la arena durante un buen trecho. . el pene se estremeció dentro de ella. A la vez que el condenado saltó al vacío y a la muerte. Sin decir una palabra. Lo sentía caliente. en salvaje placer al sentir la vida mientras el hombre agonizaba. se desmayó. vibrando a resultas de un imaginario abrazo. Palpitaba de miedo y la palpitación era la misma para el deseo. firme y duro contra su carne. el pene avanzaba un poco más. Casi dejó de respirar y. El pene avanzaba entre los blancos bordes de las nalgas. en algo humano. vida a la que cogerse mientras se desarrollaba la muerte. cálido y consolador. saturado de sueños sensuales. vertiendo su cálida vida. La multitud aplastaba al hombre contra ella. Después de esta historia. conforme el miedo se convirtió en placer. Louis descabezó un sueñecito. Al despertar. Le pareció que el pene que se estremecía entre sus nalgas era algo hermoso de coger. Ahora el condenado estaba de pie sobre el patíbulo y le pusieron la soga al cuello. abriéndose inexorablemente su carne..a cada latido del corazón. que era vida. y así la perdió. pero desaparecieron en la zona arbolada que daba a los chalés. El dolor de verlo era tan grande que convertía el contacto carnal en un alivio. vio que la mujer se había ido.

Embriagaba mirarla porque era regordeta y le sobresalían los pechos por el escote de la blusa blanca. se avergüenza. Pero en lugar de rendirse a su erotismo. lo sofoca. pero yo me di cuenta de que aún llevaba la etiqueta del precio. Vino a mi piso para pasar algunas noches conmigo. la mirada provocativa. Tiene una cara que pregona su sensualidad: los ojos brillantes. Desearía que nadie hiciera el amor puesto que ella no puede hacerlo. la boca ávida. Está celosa de todo. Se compró un camisón de blondas negras. Las mira con una extraña mirada de rabia. Lina odia todo aquello donde florece la sensualidad. Dijo que se había comprado el camisón para un amante.Lina Lina es una mentirosa incapaz de soportar su verdadera cara en el espejo. Vi su feroz boca entreabierta y el pelo rizado . Y todo este deseo y toda esta codicia se retuercen en su interior y destilan el veneno de la envidia y los celos. de los amores de todos. igual que el mío. Siente celos cuando ve a las parejas besarse por las calles de París. por los cafés y por los parques.

Tenía ojeras y un gran desasosiego. cuerpo y voz estaban hechos para la sensualidad. Me cogía la boca y se excitaba y luego se alejaba. con joyas exóticas que tanta viveza daban a su rostro. Llevaba empalado entre las piernas el rígido poste del puritanismo. simulando no haberme . Todo el resto de su cuerpo era suelto. levantaba las piernas para que le viera el sexo desde mi sitio a los pies de la cama.aureolándole salvajemente la cabeza. interiormente se sentía inhibida. poco convincentes. íbamos de compras. ¿Cómo iba a entretener a Lina mientras estuviese en París? ¿Qué era lo que quería? —Simplemente estar contigo. No pertenecía al París elegante ni a los cafés. Me gustaba verla arreglarse para la noche. Nos sentábamos en los cafés. Hizo todo lo posible por seducirme. las orgías y las danzas africanas. como si hubiera un león en el cuarto. Le gustaba que nos besáramos en la boca. ¿Por qué? Sus razones eran confusas. sacudido por las naturales oleadas del placer y del deseo. Si su boca. provocativo. De modo que nos limitamos a la mutua compañía. —¿Por qué? —le pregunté—. Lo suyo era la jungla. Acostada. Mientras se vestía. Me puse triste. Eso significaba citas secretas. Pero no era un ser libre. Comenzó afirmando que odiaba a mis amantes. Desayunábamos juntas. Tenía siempre el aspecto de quien acaba de salir del lecho de algún amante o bien está a punto de ir a acostarse con alguien. Hans y Michel. Todos sus gestos eran desordenados y violentos. dábamos paseos. dejaba caer la camisa. una especie de energía que emanaba de todo su cuerpo en forma de impaciencia o avidez.

Lina se emborrachaba y se enfurecía conmigo.oído entrar. diciendo que era repugnante y que ella no pasaría de los besos. te mataba —decía. teníamos miedo de hacer ruidos que Lina pudiese oír. Le gustaban aquellos besuqueos sin clímax. No quería lastimarla. Me hacía besarla en la boca una y otra vez hasta que nos excitábamos. Entonces ella lloraba y decía: —No me abandones. que se rindan. Las noches que Hans venía a verme siempre teníamos alguna escena. Quiero que quieran. Al mismo tiempo bramaba contra el lesbianismo. estoy perdida. qué es lo que quieres? —Quiero que no tengas amantes. A la mañana siguiente se despertaba enferma de celos. Me dije que intentaría y conseguiría romper su resistencia de una u otra forma. cubriéndose luego. Cuando Hans y yo estábamos por la noche en mi dormitorio. y entonces paraba. Nunca he sido muy hábil para seducir a quienes se resisten. Lina. Cuando Hans la vio. Sus escenas me iban agotando. Si me abandonas. Odio verte con hombres. Entonces ella debía dormir en el cuarto encima del mío. Yo me enfadaba. —¿Qué quieres. dijo: —El problema de Lina es que es un hombre. —¿Por qué odias tanto a los hombres? . pero odiaba sus escenas de frustración y sus celos disimulados. Salíamos juntas y yo admiraba a la mujer que cantaba en el cafetucho. y durante un momento quedaba desnuda. —Si fuera hombre.

—¿Qué has hecho. —Tráela y la hipnotizaré. que había dejado de retorcerse y de fumar febrilmente. Más adelante. —He quemado un incienso japonés que da sueño. Vi que Lina escuchaba. Es afrodisíaco y no es peligroso. Querría tener pene para poder hacerte el amor. Sonreía maliciosamente. Lina tenía los ojos semicerrados. Lina quiso abrir la ventana. Él sonrió. Se sentó en el canapé forrado de piel.—Tienen algo que yo no tengo. Fuimos al piso de Michel. que estaba reclinada contra la espalda y fantaseando sobre las inacabables historias de Michel. Me di cuenta de que Michel quería dominarla. un animal cuya captura bien valía la pena. Lina aceptó. —Pero yo querría tenerlo. Tenía la voz dulce y envolvente. Contaba historias de sus viajes. Michel? Yo también me sentía soñolienta. un día le dije: —¿Por qué no vienes conmigo a visitar a Michel? Quiero que conozcas su madriguera de explorador. Ya verás —me había dicho Michel. La atmósfera erótica la turbaba. pero Michel vino a sentarse entre nosotras y comenzó a hablarle. Él había quemado incienso. Lina se puso bastante nerviosa cuando vio el lugar. —Hay otras formas de hacer el amor entre mujeres. pero una clase de incienso que yo desconocía. Parecía un hermoso animal. El incienso nos iba adormeciendo. Yo me reí. Luego se quedó dormida. .

cogidas de la cintura. Él mordió los pezones. . A mí me dejó besarle los pechos y acariciárselos. pero se mantuvieron firmemente cerradas. Se tiró sobre mí. Michel volvió a poseerla. Mantuvo su boca en la mía. abrió los ojos y nos miró un instante con asombro. y dejó que Michel y yo la desnudáramos por completo.Lina no estaba completamente dormida. a desnudarla. Michel siguió manteniéndole las piernas separadas y mordiéndola en su carne más tierna hasta hacerla gemir. Entonces le insertó la rodilla entre los muslos y las abrió. con los ojos cerrados. Michel se subió encima de ella y trató de separar las piernas con las manos. Cuando Lina y yo salimos a la calle. Al día siguiente abandonó París. Había cruzado las piernas. Ella se daba cuenta de lo que hacíamos. Lina dejó que Michel la besara entre las piernas y le introdujera el pene. firmes y redondeadas. acariciándome con la boca y las manos. Tenía unas hermosas nalgas. Sus abundantes pechos cubrieron el rostro de Michel. Me excitaba ver a Lina tan rendida y abierta. Se lo permití. Así que Michel la poseyó y cuando hubo gozado quiso poseerme a mí. ella hizo como si no recordara nada de lo ocurrido. pero le causaba placer. Lina se irguió en el asiento. hecha una furia sexual. Lina sólo quería el pene. Empezó a acariciarla. esta vez por detrás. Luego me sacó el pene de Michel y no permitió que volviera a introducirlo.

Tenían dos hermanos. H. deslizar la mano bajo sus vestiditos y acariciarlas. el padre gustaba de tomar a las niñas sobre sus rodillas. sin aventurarse más. con los ojos húmedos y brillantes. Los hermanos colocaban sus blandos y jóvenes penecitos entre las piernas de las hermanas. Al delicado David le gustaba su hermana áspera y el viril Jack prefería la fragilidad vegetal de Edna. La otra. morena y vivaz. al igual que Edna y Jack. Edna tenía una hermosa voz que encantaba a la gente y quería ser actriz. Dorothy era la fuerza. Lo hacían con gran secreto. A pesar de eso. Procedían de una acaudalada familia residente en Maryland. Jack y David. echados en la alfombra del comedor y con la sensación de estar . lo que revela hasta qué punto estaba la familia atrasada en cuanto a vida sensual. graciosa y delicada. Lawrence. David y Dorothy siempre se emparejaban juntos.Dos hermanas Había una vez dos hermanitas. Los muchachos jugaban a hacer el amor con las hermanas desde antes de tener erecciones. Una era rechoncha. En la bodega de su casa el padre llevó a cabo la ceremonia de quemar los libros de D.

se conocieran unos a otros y su comodidad fuese absoluta. Aun así. el primer hombre que realmente había conocido. Luego. un deseo de protegerlos. Dorothy estudiaba escultura. de repente acabaron los juegos. Harry tenía cuarenta años y trabajaba en una agencia de cruceros para gente rica. rechazaba a los jóvenes demasiado asiduos e hizo todo lo posible por impedir que sus hijas se casaran. Edna seguía queriendo dedicarse al teatro. ni que el asiento del coche familiar estaba manchado de esperma.cometiendo los mayores delitos sexuales. Las chicas se volvieron tímidas e iban creciendo. Protestaba de los bailes y de toda clase de fiestas. Prescindió de acariciar a las hijas. ni que se metían en los automóviles con los muchachos a chuparles el pene. Los chicos habían descubierto el mundo del sexo gracias a otro muchacho. No sabía que ellas habían hecho rajas en sus braguitas para poder ser besadas entre las piernas en las citas. Las historias de sus viajes con aquellos ricos mimados excitaban a Edna. su trabajo consistía en cuidar de que los huéspedes se divirtieran. . Los demás habían sido muchachos que le despertaban una especie de ansia maternal. Como jefe social del crucero. El puritanismo se reafirmaba en la familia. quemaba los libros que encontraba en manos de los hijos. Pero se enamoró de un hombre mayor que ella. Ayudaba a los maridos a eludir la vigilancia de las esposas. y también en facilitarles sus intrigas. El padre tronaba y luchaba contra cualquier intromisión del mundo exterior. Protestaba de los jóvenes que las visitaban. y a las esposas la de los maridos. Con el fanatismo del inquisidor.

Le renovó la fe en sí misma. Pareces tan esbelta que nunca hubiera imaginado unas caderas tan anchas. . Hicieron un viaje juntos alrededor del mundo. moreno. encantado por su suavidad. En parte por ganas de vengarse.Se casaron. A veces lo achacaba a haber descubierto que había pertenecido a tantísimas mujeres. aunque no sabía por qué. Lo que Edna descubrió fue que el jefe social suplía personalmente buena parte de las intrigas sexuales. con el pelo clareándose. La trataba un poco como a una hermana mayor. Mientras la desnudaba. le pareció que no la poseía a ella. en su atractivo. había dicho: —Vaya caderas tan anchas. de treinta años. de ojos castaños y ardientes como los de un animal. hasta que un día. Lo cual le paralizó el ánimo. que resultaban al tiempo hambrientos y suaves. Ella lo hechizó completamente. comenzó a mirarle con la misma frialdad con que él la había mirado. y lo que vio fue un hombre cuarentón. Estaba fascinado por la voz de Edna. que pronto estaría demasiado gordo y tendría el aspecto de estar maduro para retirarse a hacer vida familiar y estólida. Compartía con Edna el amor al teatro. No se daba cuenta de que aquello era amor. sintió que no era deseable. Se sintió humillada. sino a una mujer como cientos de otras. No había demostrado la menor emoción. le impidió la efusividad de su amor y su deseo. Entonces se presentó Robert. Desde la primera noche. Acababa de ganar una beca para trabajar en una compañía. Edna regresó del viaje alejada del marido. Sexualmente no la conmovía. Había dejado de ser el hombre que había visto el mundo entero.

de adoración. Edna dejó que Harry fuera solo a sus cruceros. de ceguera. escuchándole y dándole sus opiniones. incluso el de la mano sobre el brazo de Edna. Esconderse y relajarse sobre su cuerpo. Él tenía tal magnetismo en sus manos que su roce. la incitaron y ella floreció entre sus manos. imponer su capricho ni herir con la . en secreto. No había tensiones. nunca engendraba ataques bestiales en que uno pretendiera violar al otro. gozarla. Él la tomó sobre el sofá del decorado. pero con tal intensidad que ella lo sintió como nunca había sentido a su marido. Todas las demás mujeres quedaban borradas por aquella voz. con torpeza y prisas. Su amor nunca era violento ni cruel. Fue un período de embriaguez. pero siguieron besándose y acariciándose. y Robert tuvo una segunda erección. Cayeron al suelo. la hacía arder por todas partes. les entró polvo en la garganta. representaron un beso interminable. Para Harry. de sólo vivir para las manos.estando entre bastidores. E idéntica era la sensibilidad de Robert a la voz de Edna. Ahora era libre durante seis meses. la boca y el cuerpo. sus gritos de asombro. Edna y Robert estaban siempre juntos. Sus palabras de alabanza. de absoluta seguridad. cuando todo el mundo se había retirado y Edna se quedó a verle ensayar. Ella vivía abierta y sensible a su presencia. todo era lo mismo. momentos equívocos ni mala voluntad. Era como una canción que le sacaba de sí mismo y de su vida. la coartada eran los estudios de arte dramático. Robert entró en el amor de Edna con una sensación de absoluto dominio. tomarla. La telefoneaba a todas horas para oírla. Ella y Robert vivieron juntos en Nueva York.

por humillarle y destruirle. en su presencia. Sólo los tímidos se le acercaban. las piernas robustas. utilizaba palabras gruesas. pero no estaba enterada de su distanciamiento de Harry. se confundían y desvanecían unidos en un abismo cálido. su misma naturaleza dura y fuerte. Le gustaba su fuego y sus demonios furiosos. Se mostró cortante. donde había estado trabajando de escultora. bien que no puritana ni escrupulosa. Hizo la guerra a Robert. muchos hombres se inhibían. Pensó que Robert era la causa y le odió. Supuso que era un amante momentáneo que simplemente separaba a Harry y Edna por su propio placer. contaba historias verdes y se burlaba del sexo. Edna ocultaba sus sentimientos . que la mordían y confundían. Pero seguía siendo inexpugnable. los rasgos firmes y cincelados.fuerza o el deseo. Dorothy parecía una pieza de madera bien pulimentada. La idea de permitirles que metieran el pene entre sus piernas le resultaba similar a tolerar que unos insectos se arrastraran sobre su cuerpo. todo hacía pensar en sus propias obras. Lo que odiaba sobre todas las cosas era que. Harry volvió al mismo tiempo que regresaba Dorothy del Oeste. Era franca como un hombre. Vio lo que le ocurría a Edna. No. blando y oscuro. No creía que aquello fuese amor. como si buscaran su fuerza. empequeñecían y languidecían. Dorothy deseaba destrozarlos cuando los veía arrastrarse hacia su cuerpo erguido como un árbol. Cuando los tres estaban juntos. Percibía con alborozo el antagonismo de Robert. la voz terráquea. De ahí que se jactara de la lucha por echar a Robert de la vida de Edna. Ella misma era una especie de virgen inexpugnable. mordiente.

Dorothy lo criticaba y Edna lo defendía. Las dos hermanas dormían en habitaciones contiguas. —Tú no puedes entenderlo —dijo Edna a su hermana—. Se puso de puntillas para dibujarse las cejas. se encontró contemplando este . Dorothy vio que Edna salía de la casa. Se cepillaba la melena pletórica de reflejos. Entró al baño a lavarse. limitándose a vivir en el romántico presente. Todos los movimientos que hacía delante del espejo resaltaban las curvas provocativamente llenas y turgentes de los pechos y las nalgas. Edna había dejado su puerta abierta y Dorothy. se maquilló la cara. Se sujetó el pelo en alto. Edna pasaba las horas acordándose de la fogosidad con que Robert la había poseído la primera vez. del sofá estrecho y pequeño en que se tendieron. Y Robert. Tenía un cuerpo magnífico. Entonces. En aquella puerta había un espejo. de la alfombra polvorienta sobre la que acabaron rodando. como un soñador. No sabía que Robert estaba en el dormitorio. Entre los dormitorios había un gran cuarto de baño. pensaba en las manos de Robert y en cómo la penetraban. Los pechos bailaban con sus movimientos.respecto a Harry y Robert no ofrecía llevársela. mirando por la ventana. ni lo pensaba siquiera. al despertar. Edna dejaba que Robert fuese a su habitación por la noche. Dorothy guardaba silencio. Harry había vuelto a irse por seis meses. durmiendo. Tú nunca has estado enamorada de esta forma. Una mañana. Dorothy entró en el cuarto de baño y dejó caer el quimono. creyéndose sola. no se preocupó de cerrarla.

el pene sobresalía apuntando hacia ella y los ojos castaños la quemaban. Robert estaba desnudo. Fue ella quien cogió el pene entre las manos y se lo metió de nuevo. la sensación que tenía era de que también su vientre se hubiera inflamado. después del primer dolor. del hombro. Robert medio la arrastró. dado el goce que el cuerpo del hombre despertaba en el propio. Apartó los cobertores. Al acercarse él un paso más. Se había inclinado para recoger el peine. perfectamente reflejado en el espejo que tenía delante. la mordió. medio la llevó en brazos a la cama. Fue al cuarto de baño y se plantó en medio. Sintió que estaba deseando avanzar hacia él. Dorothy había olvidado sus sentimientos por Edna. Cuando todo hubo concluido. rompiendo su virginidad.espectáculo desde la cama. pues ella se defendió. de la boca. Robert no pudo aguantar más. Al cabo de una hora. Dorothy no hizo ninguna exclamación. Dorothy fue presa de un extraño temblor. un aroma más fuerte: el olor del pelo de Dorothy. Cayeron el uno sobre el otro. ella volvió a atraerle. Robert había descubierto una sensación más fuerte. aumentando el dolor. Robert tenía unas ganas locas de hacerle daño. Al poseerla. Ella ni se dio cuenta. . De pronto todo su cuerpo se encendió. de su cuerpo. de las manos. y el éxtasis de sentirlo dentro de su cuerpo era mucho mayor que el dolor. Donde él la tocara. Fue una especie de continuación de su lucha. de doblegarla a su voluntad. ardía. la vehemencia con que lo recibía. pero todos sus gestos no hicieron sino aumentar la presión de las rodillas. y la resistencia de Dorothy le encendía los músculos y la rabia. Dorothy seguía visible en el espejo.

tendiéndose a su lado y poniendo la cabeza sobre sus pechos. sin pensar en el daño que hacía. y sentía el mismo vértigo que se siente ante un abismo. Robert fue a París a reunirse con Dorothy. Estaba desgarrada por los celos. avanzando hacia su boca. al borde del orgasmo y sólo necesitada de . Donald. Ella continuó viéndose también con Donald. se lo confesó todo. No sabía cómo mirar a Edna. una sensación de vacío. Poco después. Las caricias de Robert ponían a Dorothy en tal estado que ella le mendigaba: «¡Poséeme!» Él simulaba negarse. Pero comprendió que no podía quedarse y se inventó un viaje. Había descubierto que Edna nació el mismo día que su madre y cada vez se iba identificando más con la madre. Dorothy fue a París. Dorothy dijo que iría después y Robert se fue a Londres. Temía que Robert intentase quedarse con ambas. Inició una relación con un joven americano. Robert le escribió que ya no podía hacer el amor con Edna. porque se parecía a Robert. moviéndose de tal modo que el pene se restregara entre sus pechos.Después. No le diría la verdad. estaba como poseída cuando recordaba a Robert encima de su cuerpo. llevado por la necesidad de tener una madre. que se veía obligado a disimular constantemente. queriendo huir de Robert en nombre de su afecto por Edna. para verla retorcerse en la exquisita tortura. Rogó a Dorothy que le acompañara. de aniquilamiento. Edna lo siguió. Luego se fue de viaje con Robert. lo que le paralizaba. Pero con Edna él sólo tuvo la sensación de aniñarse cuando. La semana que pasaron juntos creyeron volverse locos.

Edna llevaba flores y era la . ¿Por qué? Era como si deseara verlo todo con sus propios ojos. su voz era como una canción. como una aureola que la envolvía. sin embargo. para ser presas del deseo. Hacían estas cosas tantas veces que se convirtieron en una tortura. La boda fue fantasmal. metía el pene entre las nalgas y trataba de restregarse. amenazando a Dorothy por embaucarlo. aunque fuese andando. Un mes antes estaba resplandeciente. la mirada de sus ojos como la de una persona agonizante. encantadora. para sufrir hasta la última gota de amargura. entonces ella despertaba y volvía a tocarlo y a lamerlo. Debajo no brillaba la vida. Le gritó. La cara de ella estaba hinchada a causa de los besos y guardaba señales de los dientes de Robert por todo el cuerpo. Se apretaba contra ella. Dorothy se desmayó. pero no podía. Simulaba dormirse y lo dejaba torturado por el deseo de que volviera a tocarlo y con miedo a despertarla. Dorothy desfalleció al verla. Robert se echó a llorar en medio de la ceremonia y se comportó como un demente. En pocos días se había convertido en una anciana. Cuando hubo terminado. Encima de la máscara había puesto polvos. El cabello era mortecino.que él la rozara con la punta del pene. Edna fue a París el día de la boda. para correrse con el contacto. su paso era ligero y su sonrisa abrumadora. Y ahora llevaba una máscara. Se limitó a mirar fijamente. Y ella también aprendió a atormentarlo. Decidieron casarse y Robert escribió a Edna. amenazándola con suicidarse. les bastaba rozarse por la calle. a abandonarlo cuando estaba a punto de correrse. Edna no contestó.

La vida le había abandonado. de la escena que le había hecho Donald. La noche siguiente ocurrió lo mismo. pero cuando Robert no la miraba tenía el mismo aspecto que Edna el día de la boda. Era como si hubiese muerto.auténtica imagen de la muerte. Dorothy sabía que esta sensación no era ajena a habérselo arrebatado a Edna. Dorothy lloró por la noche. Robert tuvo la oscura sensación de estar sufriendo un castigo. Dorothy procuró ocultárselo. la tensión de haber visto a Edna. Luego la mujer se puso a gemir. Simulaba sentir placer. El cuerpo de la mujer había experimentado un cambio. Querían volver a visitar los lugares por donde habían pasado pocas semanas antes y recuperar el mismo placer. pero el cuerpo de ella no vibraba bajo sus dedos. debido a que los buenos estaban llenos. Cuando regresaron a Nueva York buscó aventuras. Es la tensión. Creyó que al menos podría recuperar la respuesta física con otros hombres. Ni siquiera la boca respondía a la boca del hombre. Robert y Dorothy partieron de viaje. Las paredes eran delgadas y las puertas no cerraban bien. Pero cuando Robert quiso tomar a Dorothy se encontró con que ella no respondía. Después. Robert estuvo engañado hasta el día que alquilaron una habitación en un hotel bastante barato. Dorothy guardó el secreto. Y la otra. En cuanto apagaron la luz oyeron el rítmico rechinar de la cama de la habitación contigua. de la boda. Estuvo tierno y aguardó. pensó él. Se acostaron. Robert probaba acariciarla. Dorothy se sentó en la cama y lloró por todo lo que había perdido. donde dos cuerpos soñolientos se machacaban mutuamente. En su . y quizá liberarse y volver a Robert.

Donald arqueó las cejas. Sabía que te atraía. en París. Luego su rostro adoptó una expresión . Edna no podría privarla de eso. Pero no puedo perdonarte que nos tuvieras al mismo tiempo. que me dejaras y te fueses con Robert. Pero Donald había cambiado. Pedías violencia. Alguna vez he debido poseerte pocos minutos después que él. Luego. No descansaría hasta haber vuelto a tener aquella sensación. Intentó volver a encontrarse con Donald. Creía que sencillamente estabas loca de deseo. debías coger un taxi para irte con él.interior oía constantemente los gemidos y los gritos de la pareja del hotel barato. —Ya he sido lo bastante castigada —dijo Dorothy con violencia. Y me volví loco y quise matarte. que intentara borrarlos de tu cuerpo. Donald la miró. Se había endurecido y cristalizado. Tú sabes cómo te hacía el amor. —Claro que sabes quién es responsable de esto —dijo a Dorothy—. El otrora joven pasional y emotivo se había transformado en un buscador de placeres impersonal y maduro. No me hubiese importado que descubrieras que no me amabas lo más mínimo. Era un castigo demasiado grande para una falta de la que no era completamente culpable. cómo te reventaba los huesos. aunque no hasta qué punto. —¿Qué quieres decir? —Me he vuelto frígida desde que me casé con Robert. Una vez te hice sangre. Yo no sabía que me estabas pidiendo que superara a Robert. Por eso respondía. cuando me dejabas. no podría acabar con su vida. te doblaba y te retorcía.

Ahora. quédate unos minutos. mirándola o besándola. »Lo que me gusta es la sorpresa y verlos. Posiblemente es una especie de recuerdo. al fin y disfrutar con él? ¡Dios sabe que te sigo queriendo! Pero mi vida ha cambiado. Dorothy se disponía a irse. Pero se percató de algo que la hizo detenerse.. mis pequeñas predilecciones.. y otro arrodillado delante de ella. se sientan en mi habitación. Ellos no se dan cuenta de mi presencia. Ellos ya conocen mis gustos. me quedaré. Se volvió hacia Donald y dijo: —Escucha. con las faldas levantadas. Invito a determinados amigos escogidos. —¿Qué es? —En lugar de irte a la cocina cuando nos dejes. a preparar más copas. —¿Y por qué me lo cuentas? ¿Esperas que te haga sangre para volver con tu Robert. Pero ¿me concederás un capricho? No va a alterar lo más mínimo vuestra satisfacción.. de haber podido yo presenciar vuestras escenitas. Luego voy a la cocina. No quiero más amores... y los dejo solos un rato. si quieres. así debieron ser las cosas entre tú y Robert. »Cuando vuelvo. o bien él sentado en el sillón y ella.irónica.. donde tú estás sentada. les ofrezco bebida. bien puede haber una sentada en el brazo de tu sillón. La puerta del cuarto de baño de Donald estaba abierta y la cubría un gran espejo. Va a venir un hombre excepcionalmente atractivo.. En cierto sentido.. derritiéndote. ve un rato al . —¿Cómo vives? —Tengo mis pequeños placeres.

baño y mira por el espejo. Donald aceptó. Llegó su amigo John. Físicamente era un hombre magnífico, pero el rostro tenía una extraña expresión decadente, una laxitud en los ojos y la boca, algo que frisaba la perversidad y que fascinó a Dorothy. Era como si no pudiera satisfacerlo ninguno de los placeres normales del amor. Su cara mostraba una peculiar insaciabilidad y curiosidad; tenía algo de animal. Los labios dejaban ver los dientes. Pareció asombrarse al ver a Dorothy. —Me gustan las mujeres de buena raza —dijo inmediatamente, y se mostró agradecido con Donald por el regalo, la sorpresa de la presencia de Dorothy. Dorothy llevaba pieles desde la cabeza hasta los pies: el sombrero, el manguito, los guantes e incluso los zapatos. Su perfume había llenado la habitación. John se mantuvo a su lado, más alto, sonriendo. Sus gestos se volvían progresivamente festivos. De pronto se adelantó, inclinándose como un director de escena, y dijo: —Tengo que hacerle una pregunta. Usted es muy bella. Yo odio las ropas que ocultan a las mujeres. Sin embargo, también odio ser yo quien las quite. ¿Haría usted una cosa por mí, una cosa excepcionalmente hermosa? Por favor, quítese las ropas en otro cuarto y vuelva sólo con las pieles. ¿Quiere? Le diré por qué se lo pido. Las pieles sólo sientan bien a las mujeres de pura raza y usted es de pura raza. Dorothy fue al cuarto de baño, se despojó de las ropas y regresó con las pieles, conservando únicamente las medias y los

zapatos con adornos de piel. Lo ojos de John chispearon de placer. Sólo fue capaz de sentarse y mirarla. Su excitación era tan fuerte y contagiosa que Dorothy comenzó a sentir una creciente sensibilidad en las puntas de los pechos. Tenía la sensación de que le apetecía mostrarlos, de que quería abrir las pieles y contemplar el placer de John. Por regla general, el ardor y la tensión de los pezones sucedían al mismo tiempo que el ardor y la tensión de la boca del sexo. Hoy sólo sentía los pechos, el impulso de mostrarlos, de levantarlos con las manos y ofrecerlos. John se inclinó y los buscó con la boca. Donald se había ido. Esperaba en el cuarto de baño y miraba por el espejo de la puerta. Veía a Dorothy de pie junto a John, con los pechos en las manos. Las pieles se habían abierto descubriendo todo el cuerpo, que brillaba luminoso y abundante, como un animal enjoyado. Donald estaba excitado. John no tocó el cuerpo, chupaba los pechos y a veces se detenía para palpar la piel con la boca, como si estuviera besando a un bello animal. El olor del sexo —los olores acres a mar y mariscos, como si la mujer procediera del mar lo mismo que Venus— se mezclaba con el olor de las pieles, y John intensificó las succiones. Viendo a Dorothy por el espejo, viendo el vello de su sexo como si de otras pieles se tratara, Donald comprendió que si John la tocaba entre las piernas le golpearía. Salió del cuarto de baño, con el pene al aire y erecto, y se acercó a Dorothy. La escena se parecía tanto a su primera pasión por Robert que Dorothy gimió de placer, se separó de John y se giró hacia Donald, diciendo: —¡Poséeme, poséeme!

Cerrando los ojos, se imaginó a Robert lanzándose sobre ella como un tigre, rasgando las pieles para abrirlas, y acariciándola con muchas manos, muchas bocas y muchas lenguas, tocándola por todas partes, separándole las piernas, besándola, mordiéndola y lamiéndola. Provocó el frenesí de los dos hombres. No se oía otra cosa que la respiración, los pequeños ruidos del amamantamiento y el sonido del pene deslizándose por las secreciones de la mujer. Dejándolos amodorrados, Dorothy se vistió y se fue tan de prisa que ellos casi no se dieron cuenta. —No puede esperar —maldijo Donald—. No puede esperar. Tiene que volver con él lo mismo que antes, toda húmeda y jugosa de las caricias de otros hombres. Era cierto que Dorothy no se lavaba. Cuando Robert llegó a casa, muy poco después que ella, estaba rebosante de ricos olores, abierta y todavía vibrando. Sus ojos, sus gestos, su pose lánguida sobre el canapé lo invitaban. Robert conocía los humores de Dorothy. Fue presto en responder. Era feliz de que volviera a ser como había sido mucho tiempo antes. Ahora estaba mojada entre las piernas y respondía. Se sumergió en ella. Robert nunca estaba completamente seguro de si Dorothy se corría. El pene rara vez percibe ese espasmo de la mujer, esa leve palpitación. El pene sólo siente su propia eyaculación. Esta vez Robert quiso sentir el espasmo de Dorothy, la feroz tensión. Retuvo su propio orgasmo. Ella se convulsionaba. El momento parecía acercarse. Se olvidó del propio placer. Y Dorothy soportó su decepción, incapaz de alcanzar el orgasmo que había tenido tan sólo una hora antes mientras, con los ojos cerrados, imaginaba que

era Robert quien la poseía. .

y los ojos azul pálido densamente guarnecidos de pestañas. Yo siempre la miraba con admiración. envolviéndolo a uno. girando enfebrecidamente. Durante el día iban solas. Vivían una especie de vida hipnótica. Nadaban apaciblemente y se tendían en la arena a leer. la melena espesa y oscura. No sólo es caliente y seco. Una era pequeña y aniñada.Siroco Siempre que bajaba a la playa de Deyá veía dos mujeres jóvenes. No eran alegres. la otra parecía un vikingo. Entonces llegó el siroco africano. Pero las dos mujeres nunca hablaban con nadie. de cejas pobladas. espléndida de cuerpo y testa. sino que avanza en remolinos. batiendo las . La alta era hermosa. Los extranjeros siempre hablaban unos con otros en Deyá. Duró varios días. Su secreto me preocupaba. porque había una sola tienda de comestibles y todo el mundo se encontraba en la pequeña oficina de correos. con el pelo corto y la cara redonda y festiva. golpeándolo.

Me senté con ellas en una gran habitación circular. Vivían en una torre mora que habían comprado por muy poco dinero. Se levantó varias veces a cerrar las puertas. para al cabo conseguir de nuevo abrir la puerta. sujetándose las faldas que el viento trataba de ponerles en la cabeza. Al pasar por delante de su casa me vieron luchando contra el polvo y el calor cegador y dijeron: —Entre y espere hasta que amaine. hecha de piedra y con muebles campesinos. —Este viento me volverá loca si no para —dijo. Entramos en la casa juntos. Una mañana me había cogido el siroco cuando aún me quedaba media hora de camino hasta mi casa. No se puede dormir. Las dos mujeres iban delante de mí. metiendo arenilla en los ojos y en la garganta. no se puede estar tranquilo. La mujer debía tener esa sensación.puertas. no se puede pasear. rompiendo cierres. Las viejas puertas no cerraban bien y el viento las abría una vez tras otra. Me senté junto a la princesa vikinga cuya cara estaba enrojecida por la fiebre del siroco. La vikinga sabía que no tenía fuerzas para impedir completamente que entrara en la habitación de la torre aquello que . secándolo todo e irritando los nervios. no se puede leer. Era exactamente como si un intruso quisiera penetrar en la habitación y cada vez fuera rechazado. La más joven nos dejó para hacer té. La cabeza se arremolina exactamente igual que el viento. pues rechaza al intruso cada vez con mayor enfado y miedo.

de unos treinta y cinco años. pues comenzó a hablar. Yo me casé con China. eludiendo la cara del sacerdote y buscando ser sincera y recordarlo todo. Hablaba vagamente de sus actividades: había hecho muchas cosas para ganar dinero. Habló como si estuviera en un confesionario. llena de sirvientas. Me enamoré de mi marido desde antes de conocerlo porque había oído decir que vivía en China. . Así era como me las había imaginado.el viento empujaba. en un sombrío confesionario católico. encorvado. pero parecía mayor. —Creía que iba a poder encontrar aquí la paz. lo esperaba como si hubiese estado planeado de antemano. No me extrañó que las mujeres fueran excepcionalmente hermosas. Casi no podía verlo como un hombre normal. Al llegar. Creía que su olor era distinto que el de los demás hombres. Hasta cierto punto. Cuando él se enamoró de mí. Era alto. a cantar. encontré una casa adorable y exquisita. creía yo. me enseñaban a arreglar las flores. Su vida en China había sido difícil. tanto que me parecía que mi marido había dejado de ser un hombre blanco y era un oriental. Pasaba los días leyendo sobre países extraños y estaba decidida a vivir en el extranjero a cualquier precio. con adoración. con los ojos gachos. yo estaba enamorada de la idea de China. Me servían como esclavas. »En seguida nos fuimos a China. Me cepillaban el pelo. escribir y hablar su lengua. »Nací en una de las ciudades menos interesantes del oeste de los Estados Unidos. Llevaba gafas y tenía aspecto de estudiante. pero desde que ha comenzado este viento es como si hubiera removido todo lo que yo deseaba olvidar.

que parecían como de una lucha cuerpo a cuerpo. ¿Vas a devolverme a América? No puedo vivir aquí contigo si acaricias a otras mujeres al lado de mi cuarto. bajos. cuando estaba en la cama. Me casé contigo porque me enamoré de ti. Al principio no comprendí lo que era. »Al día siguiente. Yo me puse a llorar. »Mi marido se quedaba conmigo un rato y luego me dejaba sola. Los lechos eran duros. de modo que al principio no dormía nada bien.«Nosotros dormíamos en habitaciones separadas. En la semioscuridad.. y no sabría decirte la razón. Mi aparición las espantó. »Mi marido me dijo: »—He vivido tanto tiempo en China que me he acostumbrado. y tú eres tan grande. »Pero yo le rogué que me dijese la verdad. Al cabo de un rato dijo: »—Son sexualmente tan pequeñas. «Intentó consolarme y animarme. pero no puedo disfrutar contigo como disfruto con las otras mujeres. pero los tabiques eran como de cartón... »—¿Qué voy a hacer ahora? —dije yo—. Entonces vi a mi marido echado entre dos o tres de nuestras sirvientas. Yo comencé a oír ruidos en la habitación contigua. Oía crujidos de las esteras y a veces murmullos sofocados. vino a mi lado y .. le rogué y le supliqué. Incluso me acarició. con una delgada colchoneta. los cuerpos estaban completamente enmarañados. Una noche me levanté sin hacer ruido y abrí la puerta. que lo acariciaban. Pero me di la vuelta y me dormí entre lágrimas.

Ahora toda mi preocupación era que este placer lo hiciera fiel. entonces déjame probar una cosa que puede ayudarnos a disfrutar. que no volvería a desear las mujeres chinas. Al principio dolía. pero no tuve valor para cerciorarme. Decidí huir de él. Pero me pasaba las noches despierta. como a un camarada. »Una vez nos emborrachamos en mi habitación y comenzamos a luchar junto con otros dos hombres.me dijo. que me trataba como a otro hombre. atendiendo a los ruidos de su cuarto. Salíamos juntos. sonriendo: »—Si dices que me amas y de verdad no quieres abandonarme. llegué a tal estado de ansiedad que me puse enferma y empecé a perder la belleza. Eso le hacía el pene enorme y me asustó. Por último. un hombre alto. »En el hotel conocí a un escritor americano. dejé que siguiera. fuerte. Pero le permití tomarme de esa manera. «Entonces mi marido se desnudó y vi que tenía el pene envuelto por un artilugio de goma recubierto de pequeñas espinas. muy activo. Me juró que así era. Había telegrafiado a mis padres pidiéndoles dinero para poder embarcar hacia casa. Él no escatimaba ninguna . Me fui obsesionando con la idea de que mi sexo se hacía cada vez más grande y cada vez le proporcionaría menos placer. Me fui a Shanghái y me instalé en un hotel. »Estaba tan desesperada y tan celosa que le prometí hacer lo que me pidiera. »Una o dos veces estuve segura de oír algo. Bebíamos y explorábamos Shanghái. Me daba palmadas en la espalda cuando se sentía feliz. pero cuando vi que gozaba. pese a ser de goma las espinas.

mi amigo se había recuperado de la sorpresa del teléfono y proseguía sus caricias. había conseguido bajarme los pantalones. había descubierto dónde estaba. Me sentía libre. Entonces él enterró la cabeza bajo mi camisa y comenzó a besarme el vientre y a tirarme de los pantalones.. con mis piernas alrededor de su cuello. y luego sobre la cama. El placer era tan agudo . Nos dejamos caer sobre la cama. me mordía entre las piernas. Al apretarnos el uno contra el otro. Aquel hombre las proclamaba en voz alta y las disfrutaba. y me besaba y amasaba los pechos. Jadeábamos. Creí que me iba a romper la espalda. Sentía tal placer hablando con mi marido y oyéndolo suplicarme que volviera a casa. Yo tenía los pantalones desgarrados y el cinturón roto. Tomamos otra copa. Él me cogió en el suelo. era la voz de mi marido. Y mientras mi amigo borracho se tomaba todas las libertades. Cogí el aparato. »De pronto sonó el teléfono y me puse en pie de un salto. olía su cuerpo. Estábamos tirados por el suelo en toda clase de poses. Yo jadeaba tendida de espaldas.clase de trucos. Me gustaba su fuerza y su peso. aprovechándose de mi postura sobre la cama. »—Eres como una tigresa —dijo— .. ¿Quién podía ser? Yo no conocía a nadie en Shanghái. Me di un golpe en la cabeza contra la pata de una silla. Nos reímos juntos. con la cabeza colgando y rozando las losas. »Cuando acabamos la lucha ambos estábamos exhaustos. Eso me gusta. Hablaba y hablaba. retorciéndonos unos con otros. Luchamos durante largo rato. Como fuera. «Cuando estaba con mi marido me había sentido avergonzada de mi estatura y de mi fuerza. Mientras. La camisa me colgaba por fuera.

Al otro día. recordé su falta de escrúpulos para engañarme. En realidad. ni siquiera dio la impresión de reconocerme. . cuando nos encontramos en la oficina de correos. Hablé de todo con mi marido. Yo pensaba que se iría. Ahora el viento amainaba y aquélla fue su última violencia.que prolongué la conversación. Me sentía feliz. Colgué el auricular y me hundí bajo el gran cuerpo de mi amigo. Al rato me fui. El siroco había vuelto a abrir la puerta y la mujer fue a cerrarla. Estoy viviendo con otra persona. «Recordé todo lo que me había hecho. Me prometía echar a las sirvientas y quería ir al hotel. Pero ella se mantuvo en silencio. »Oí a mi marido maldecirme con las más inmundas palabras que se le ocurrieron. está a mi lado y me está acariciando mientras hablo contigo. La mujer se sentó. «Empecé a viajar con él.. »—No intentes venir a verme —dije a mi marido—. Fui presa de un diabólico impulso.. Sentía curiosidad por su joven compañera. en la habitación contigua a la mía.

. estirando el cuerpo antes de esconderlo bajo las delicadas sábanas. Fueron a vivir a Roma. y además absolutamente burguesa. dominado por un deseo que dudaba si manifestar. admirada de los suntuosos muebles venecianos con hermosas incrustaciones de perlas y ebonita. la primera noche María temblaba de placer. Sobre el monumental lecho construido para la esposa de un dux. Antes de hacer el amor había que apagar las luces. la Maja desnuda de Goya. una española de la que se enamoró porque le recordaba su cuadro favorito. En primer lugar. De pie junto a la cama. Los dedos sonrosados de sus gordezuelos piececitos se movían como si reclamaran a Novalis.La maja El pintor Novalis acababa de casarse con María. Novalis la miraba con los ojos apretados. además era católica. María hizo palmas con infantil alegría cuando vio el dormitorio. Pero ni una sola vez se había mostrado completamente desnuda a su marido. era española.

Me haces cosquillas. —No seas tonto. de un artista. coaccionadas por el temor a herirla. Libre de velos. el cuerpo brilló con la blancura de las perlas. —Eres la fascinante y pequeña maja de Goya —dijo él. le dijo. admirarla. querido Novalis —dijo—. sino el deseo de un pintor. despreciada. acalorándose. las graciosas formas embriagaban lo ojos del artista. adulado el femenino orgullo por el culto de que era objeto su cuerpo. Lo que pedía no era un capricho de amante. Debía superar sus prejuicios burgueses. apartaron suavemente sus dulces brazos que estaban cruzados sobre el pecho. María se resistió. Las manos del hombre. dejándose tratar como una niña. se fue entregando. Ven a la cama. Sus ojos estaban hambrientos de la belleza de la mujer. poco a poco. Durante las semanas siguientes. El arte se mofa de semejante modestia. como si estuviera sufriendo una agradable tortura. Sobre las tensas sábanas. nunca posó para él ni le . ofendida en sus profundos prejuicios. María cerró los ojos como si quisiera escapar a la vergüenza de su desnudez. Me estás haciendo daño. algo enfadada. cuando oían voces extrañas al otro lado de los finos tabiques. la belleza humana debe exhibirse en toda su majestad y no permanecer escondida. —Eres tonto. Pero.quería verla. con mansas protestas. No la conocía completamente a pesar de aquellas noches en el hotel. Ella se rió. Pero él insistió.

tan dormida que casi no se movía. Él trabajó durante horas sin pausa. por unos instantes perdió la vergüenza. Casi enfermó de ansiedad y temores morbosos. Novalis se dio cuenta de que cuando tomaba las píldoras no lo notaba levantarse. escuchando y espiando detrás de las puertas. Agotada por la vehemencia. Con franca inmodestia. Deslumbrada por la belleza de su propio cuerpo. Se metía inesperadamente en el estudio y charlaba mientras él iba pintando. Novalis le rogó que posara para él y ella capituló. Además. y comenzó a padecer insomnio. para que nadie pudiese reconocerla. se quedó dormida. Hacía una escena cada vez que Novalis contrataba a una modelo. Novalis había puesto al cuerpo una cara distinta. El doctor le dio unas píldoras que le provocaban un sueño profundo. vio sobre la plataforma de los modelos a una mujer desnuda tendida sobre pieles. moverse alrededor ni derribar los objetos de la habitación. se admiró en el cuadro lo mismo que lo hacía en el gran espejo del baño. Una mañana que se despertó temprano con ánimos de trabajar y la vio dormida. tuvo una extraña ocurrencia. y discutiendo a todas horas. negándose a posar. fue levantando el camisón de seda. Más tarde María hizo una escena. Pero después María recayó en sus viejos hábitos mentales. lentamente. Apartó las sábanas que la tapaban y. Pudo subirlo por encima de los .permitió tener modelos. mostrando las curvas de su marfileña espalda. Una tarde que entró de repente en el estudio.

lo contempló tanto rato como quiso. La pintaba sin respiro. María se sorprendió al notar un nuevo entusiasmo de su marido por el trabajo. De este modo le hizo varios cuadros. Creía que eran simples repeticiones de la primera pose. Cuando estuvo descubierto todo el cuerpo de la mujer. opulenta y apacible. tenía la sensación de estar acariciando cada una de las líneas perfectas del cuerpo de la mujer. nadie que viera aquellos cuadros se imaginaría nunca que el voluptuoso cuerpo era el de María. trajo papel y lápices. Cuando estaba solo en el estudio con un nuevo cuadro. Los brazos estaban desprendidos del cuerpo. Más tarde. Pudo proseguir durante un par de horas. la cubrió con la sábana y salió del dormitorio. Se encerraba en el estudio durante días enteros. estiró el camisón. pintando sobre los apuntes a lápiz que hacía por las mañanas. Novalis siempre alteraba el rostro. se tendía frente al cuadro en el sofá y una corriente . los pechos se extendían ante sus ojos como una ofrenda. En lugar de eso. Le excitaba el deseo pero no se atrevió a tocarla. siempre durmiendo. Dado que la actual expresión de la mujer era adusta y severa. María estaba pasmada por la obsesión. tal como había estado el primer día que posó. abandonada. Mientras trabajaba. siempre tendida. se sentó junto a la cabecera y estuvo tomando apuntes. Cuando observó que cedía el efecto de las píldoras somníferas.pechos sin que ella diera la menor muestra de despertar. La deseaba cuando estaba dormida. Novalis ya no deseaba a su esposa cuando estaba despierta y lucía la expresión puritana y la mirada ceñuda.

Y esto es lo que vio: en el suelo del estudio había un cuadro de ella. Se daba cuenta de que estaba enamorado de su cuerpo. Había conseguido separarle ligeramente las piernas. como ella no lo había visto nunca. Se acercó a la puerta. pero ella siempre se había negado y alejado la mano. con el propósito de arrebatarle esta caricia. lascivo. en el valle de su vientre o en el vello que nacía entre las piernas. Se fue al campo. Observando la pose sin limitaciones. Se revolcaba como nunca lo había . Ahora empuñó el pene con su propia mano. desnudo y con el pelo alborotado.cálida le recorría todo el cuerpo. besándola y acariciándola entre las piernas. la abrió. Cuando llegó. y con el pene erecto. Cuántas veces le había conducido la mano hacia el pene. Lenta y silenciosamente como un ladrón. se tocó el sexo con los dedos haciéndose la ilusión de que era ella quien lo hacía. A los pocos días cayó enferma y regresó a casa para que la viera su médico. y encima. Una mañana estuvo delante de María mientras ella estaba durmiendo. María comprendió pronto que había perdido el amor del pintor y no supo cómo recuperarlo. restregándose contra el cuadro. mientras sus ojos reposaban en los pechos de la maja. Le sorprendía el violento efecto del cuadro. estaba su marido desnudo. Entonces se imaginó que estaría haciendo el amor con otra mujer. las piernas abiertas. No había el menor ruido. para ver en medio. pero sólo cuando lo pintaba. a pasar una semana con unos amigos. Notaba una incipiente erección. Fue de puntillas al estudio de Novalis. la casa parecía desierta. Se restregaba contra la pintura.

abandonada como en los cuadros. . Lo que estaba viviendo era una orgía con la esposa que en realidad no había conocido. voluptuosa y bellísima. una María iluminada por la pasión. libre por primera vez. le reveló una María nueva. esforzándose por arrebatar sus emociones a los cuadros.hecho sobre María. Parecía presa del frenesí y a todo su alrededor tenía los demás cuadros de ella. Al quitarse las ropas. la propia sensualidad contenida de María se incendió. Les dirigía miradas apasionadas y luego proseguía el imaginario abrazo. Ante este espectáculo. por sobrepasarlos. desnuda. que ofrecía su cuerpo sin pudor y sin dudarlo a todos los abrazos del hombre.

Pero yo era muy parecida a las orientales en otro sentido: a largos períodos de mansedumbre sucedían estallidos de violencia. de arreglarme bien el pelo. de leer los mejores libros. de utilizar únicamente el inglés refinado que había aprendido desde mi llegada a Francia y de tratar a todo el mundo con la mayor educación. por supuesto. Yo tenía dieciocho años. tales como mal humor o rebeldía. o bien de decisiones súbitas y de inmediata puesta en práctica. instruida en el arte de sacar el mejor partido posible de los vestidos desechados por una prima rica. de tener una conversación inteligente. Era lo que se podría llamar una persona protegida. . Este fue el resultado de mi educación europea. nunca había leído más que novelas literarias y. como les ocurre a muchas mujeres chinas. Nunca había salido sola con hombres. de cantar y bailar.Una modelo Mi madre tenía ideas europeas sobre las jóvenes. no era como las chicas de mi edad. de escribir con elegancia. de mantener las manos blancas y delicadas.

AI cabo de una semana lo único que había conseguido era la sensación de no servir para nada. aunque sólo fuese una apariencia. Sabía que mi madre se opondría a mis planes. Entonces fui a ver a una amiga de la familia que me tenía mucho aprecio. en broma. Rara vez había estado sola en Nueva York. Te presentaré en el club. Ya sé lo que puedes hacer. la maravilló mi decisión y se mostró deseosa de ayudarme. Es cierto que tu cara es poco corriente. Hablándole. Mis conocimientos no eran demasiado prácticos. que así no tienen que ir de estudio en estudio. yo conozco un club donde los artistas buscan modelos. Sabía danza española. donde se les conoce. Sabía lenguas. sobre mí y enumerando mis cualidades. Es una especie de refugio para chicas. Ahora recorría las calles. respondiendo a toda clase de anuncios. Se puso contenta de verme.De repente. y llaman por teléfono cuando necesitan alguna modelo. En ninguna parte inspiraba confianza. Cuando llegamos al club. pero no los nuevos bailes populares. Mi amiga se puso en pie de un salto. Esta amiga no estaba de acuerdo con la forma de protegerme de mi madre. —Ya lo tengo —dijo—. Los artistas se inscriben en el club. Pues bien. Daba la impresión de no poder soportar ninguna carga. pero no sabía escribir a máquina. decidí ponerme a trabajar. en la calle Cincuenta y siete. se me ocurrió decir que la semana anterior había ido a visitarme un pintor y había dicho que mi rostro era exótico. había . sin consultar a nadie ni pedir la aprobación de nadie. Parecía aún más joven de lo que era y demasiado delicada y sensible.

Fue como un baile de máscaras. El día del espectáculo todo el mundo estaba bastante nervioso. los pintores hablaron con nosotras. La otra me levantó el pelo por encima de las orejas. ya no parecía la misma. En casa. Todos los años. Vi un nuevo ser en los espejos. a las cuatro en punto. a la una. Estaban preparando la función anual. y así sucesivamente. También había mujeres que pintaban. al estudio de un miniaturista. El lunes a las nueve en punto fui al estudio de un pintor famoso.gran animación y mucha gente. Decían que cuando citaban a una modelo maquillada y luego le lavaban la cara antes de posar. Debía bajar las escaleras y dar un paseo alrededor de toda la sala. mi anuncio de que era modelo sentó como una . Estas se oponían a que utilizáramos maquillaje. No resultó difícil. Buena parte del éxito de las modelos dependía de aquel acontecimiento. Mi agenda estaba llena de citas como un carnet de baile. Me enseñaron a maquillarme las pestañas. Me temblaba la mano mientras me maquillaba las pestañas. Después que todas las chicas dieron una vuelta despacio alrededor de la sala. Una de ellas escogió un vestido del siglo XVIII. La rosa que me habían dado para adorno me hacía sentirme un poco ridícula. Por eso no nos atraía demasiado posar para mujeres. todas las modelos se vestían con las ropas que mejor les sentaban y desfilaban ante los pintores. Fui recibida con aplausos. El ensayo estaba en marcha. Me inscribí rápidamente por una pequeña suma y me enviaron escaleras arriba con dos señoras mayores que me condujeron a los vestuarios. al estudio de un ilustrador. apuntaron nuestros nombres y concertaron citas.

Personalmente me consideraba muy sensual y el que se humedeciera la entrepierna cuando me besaban ponía de manifiesto peligrosas inclinaciones para el futuro. —Debe ser difícil meterlo —dije. al llegar a casa había descubierto que estaba toda mojada entre las piernas. Podía ganar unos veinticinco dólares semanales. porque la mujer se humedece antes. Aquella noche hablamos en la oscuridad. Y para mi gran asombro. Pues se pone grande y duro y el hombre lo mete dentro del cuerpo de la mujer. me imagino que ya verías el pequeño pene de tu hermano cuando lo bañabas.. pero eso era todo. Mi madre lloró un poco. Pero ya estaba hecho. de manera que se desliza fácilmente. pero por dentro estaba satisfecha. —No —dije yo—. Su dormitorio comunicaba con el mío y la puerta estaba abierta. pero primero me gustaría saber cómo poseen los hombres a las mujeres. —No. —En fin. Stephen se había echado sobre mí y yo había notado la presión de algo voluminoso y duro. —¿Sabes lo que ocurre cuando un hombre posee a una mujer? —me preguntó mi madre. . La suma de mis conocimientos consistía en lo siguiente: que había sido besada muchas veces por Stephen sobre la arena de la playa. Esto no se lo había mencionado a mi madre. me sentía algo así como una puta. En realidad.bomba. A mi madre le preocupaba lo que yo supiera o dejara de saber sobre el sexo. Eso me pareció repulsivo..

habiéndome besado violentamente en el bosque un ruso muy grande que me acompañaba después de un baile. Pocos meses antes. Inmediatamente se metieron juntas en el water. a mí nunca me violarán. detuvo el coche. o más bien. de aspecto . Creo que no ha entrado. con las ropas desgarradas y ojerosas. porque para mojarse una tiene que gustarle el hombre. Una de las chicas me dio las gracias y dijo: —Espero que nunca te ocurra a ti. mi acompañante. Mientras mi madre hablaba. La otra lloraba. pues si me gustaba me pondría húmeda entre las piernas. No puedo decir que cuando llegó el lunes no me sintiera incómoda. pensé para mí. También me acordé de otra noche en que varios de nosotros volvíamos de otro baile y yendo por la autopista habíamos oído gritos de muchachas.En ese caso. para lo que me estaba preparando. me mataré. Tenía la sensación de que si el pintor era atractivo correría mayor peligro que si no lo era. desgreñadas. Una de ellas no cesaba de decir: —Si me lo ha roto. era calvo. me pregunté si era eso lo que temía. Dos chicas corrieron hacia nosotros desde la maleza. —No hay sangre —decía una—. Las dejamos entrar en el coche. John paró en un albergue y yo acompañé a las chicas al servicio de señoras. El primero tenía unos cincuenta años. John. Las acompañamos a su casa. había llegado a casa anunciando que estaba embarazada. Farfullaban caóticamente que las habían invitado a un paseo en moto y luego las habían forzado.

y porque se servían almuerzos baratos. Guiñó los ojos y dijo: —¿No irás a hablar de mí en el club? Volví al club a almorzar porque allí podía arreglarme la cara y refrescarme. ¿Me gustaría ir a alguna un sábado por la noche? Al irme me dio otro besito en el cuello. Al echar la última prenda interior sobre el biombo. ¿Posas desnuda? —No. El pintor puso un disco y dijo: —¿Bailas? Danzamos sobre el suelo bien pulimentado. Dijo que se había casado con su primera modelo. Puso un biombo para que me cambiara de ropa. Había alquilado otro estudio que ella no conocía. que no dije nada. como si fuera una escena de teatro. Había más . me besó en el cuello. dando vueltas entre cuadros de bellas mujeres. Pensé que no era tan difícil desenvolverse. Tenía un hermoso estudio. Cada media hora podía descansar y fumarme un cigarrillo. Pero aquello era tan cómico y tan ridículo. Al terminar el baile. El pintor hablaba durante el trabajo. vi la cara del pintor asomándose sonriente. De nuevo había que posar. —Qué mala suerte. Las tres horas pasaron de prisa. que cada poco se presentaba en el estudio y hacía una escena. Yo iba echando las prendas por encima del biombo. —¡Qué rico! —dijo—. que ella era insoportablemente celosa. Me vestí y adopté la pose. que no le permitía pintar desnudos.bastante europeo y con bigote. Con frecuencia lo usaba para pintar y también daba fiestas.

Cuando mencioné la invitación para el sábado por la noche. Luego dijo: —A veces las chicas os comportáis como si os creyerais los únicos seres con pecho o con culo. Cuantas .chicas y estuvimos charlando. te lo aseguro. Vi que no llevaba bragas. No conseguí hacerlas hablar. Veo tantos. —Me gustaría pintarlos —dijo. —Quiero ver mucha espalda y hombros —me gritó—. sino sólo un traje de raso negro que se le pegaba al cuerpo. Al ladear la cabeza con el ángulo que él me pedía. Sonreía mientras trabajaba con el carbón. que no me interesan. La mantuve. Lo que hacía era para la portada de una revista. Siempre poseo a mi mujer vestida. se echaron a reír. Tenía el chal colocado sobre los pechos de forma bastante precaria. Sonaba el teléfono y entonces avisaban a una de las chicas y ésa salía a trabajar. Llevaba la camisa con el cuello abierto. Al día siguiente fue el joven ilustrador. Luego me dio un pequeño paraguas anticuado y unos guantes blancos. Ponte un chal o lo que sea. No quiso que me moviera. —Mantén la pose —dijo cuando vio que iba a moverme. haciéndose señas unas a otras. Una de las chicas se había levantado la falda y estaba examinándose un lunar bien arriba de los muslos. una especie de gesto incitador. el chal resbaló y aparecieron mis pechos. Al inclinarse para tomar medidas. Me tiró del chal casi hasta la cintura. No se movió cuando entré. me tocó las puntas de los pechos con el lápiz y me dejó una marquita negra.

Se detuvo para beber whisky y me ofreció una copa. —Tienes unos pezones muy bonitos. No estaba posando. Me pidió que volviera al día siguiente a la misma hora. porque en absoluto había sentido placer. ¿verdad? Son sonrosados de natural. Yo estaba sujetándome el chal. Eso fue todo por aquel día. mejor. —¿No es divertido? —dijo—. Me ofreció un cigarrillo. Hablaba. Los calienta. Me tapé. Hizo un apunte de las piernas. Él siguió sonriendo. No necesitas pintártelos. Él me miraba y dijo: —Enséñame las piernas. Eso me molestaba. —Siéntate con la falda bien subida —dijo él. así que me alejé enfadada. ¿Por qué eran mis pechos tan sensibles? ¿Se daría él cuenta? Él siguió dibujando y coloreando su obra. Estábamos en silencio. dejó caer el lápiz en la mesa y me besó . Luego se puso en pie. Mojó los dedos en el whisky y me tocó uno de los pezones. El leve toque del lápiz contra los pechos me había endurecido las puntas. La próxima vez haré un dibujo de piernas. he dibujado millones de mujeres.más ropas lleva. Levanté las faldas por encima de las rodillas. El martes tardó más en ponerse a trabajar. Era cierto que tenía las puntas duras y rojas. La mayoría son de un color parecido al cuero. Sé demasiado bien cómo son las mujeres. Tenía los pies montados sobre el tablero de dibujo. Y apago las luces.

Unos cuantos hombres jóvenes se aprovecharon de la confusión. poséeme! De pronto me acordé de otro incidente. Iban con nosotras dos chicas jóvenes. También estaba llena de curiosidad por muchas cosas. El tiempo de posar me permitió deshacerme del placer y recordar mis defensas. Cuando lo rechazaba. de la excitación y la alegría. obligándome a echar la cabeza hacia atrás. me deslizó una mano bajo la falda. el beso y la caricia de los muslos desnudos me habían dado placer. Deseaba dirigirme a él y decirle: —¡Poséeme. me palpó los muslos por encima de las medias y ya estaba de nuevo en su asiento antes de que yo pudiera moverme. Desde el mismo principio había adivinado que de lo que realmente tenía que defenderme era de mi sensibilidad a las caricias. estaba absolutamente convencida de que sólo me entregaría al hombre del que estuviese enamorada. Al mismo tiempo.en mitad de la boca. a pesar de no estar enamorada. quitarnos las máscaras y . ocurrido. Unos amigos nos llevaban en automóvil. cuando una de mis tías me llevó al Mardi Gras[2] de Nueva Orleans. Pero mis defensas habían sido convincentes y se estuvo quieto el resto de la mañana. Yo estaba enamorada de Stephen. pero en realidad me había dado placer. del ruido. porque acababa de hacer un descubrimiento: a pesar de mi enfado. hacia un año. Yo lo empujé con violencia. para saltar a nuestro automóvil. lo hacía por costumbre. Recuperé la pose y no dije nada. Rápidamente. Eso le hizo sonreír.

. Una vez hice striptease. A veces los acaricio. el placer es tan grande. Disfruté haciéndolo tanto como los hombres disfrutaron de verme. estaba diciendo: —No sé lo que sentirán otras chicas cuando posan desnudas. Siempre me llevaba un chasco... Cuando era pequeña ya me gustaba quitarme las ropas. Ahora no puedo esperar para quitármelas. es tan. Solía quitarme las ropas en las fiestas. vamos. me siento como a veces deben sentirse las mujeres cuando se desnudan para un amante. pero que tenía un cuerpo soberbio. Disfruto de mi propio cuerpo. Siento escalofríos de placer en la espalda cuando los hombres me miran. en cuanto la gente estaba un poco bebida. Luego desaparecieron entre la multitud. cuya cara no era especialmente bella. Me gusta posar cogiéndome los pechos con las manos. Se hablaba mucho de cómo defenderse y me preguntaba si toda aquella palabrería era sincera. Una de las modelos más adorables. De vuelta al club me preguntaba qué sentirían las otras modelos. Pero sé de otras chicas . Disfruto mientras me miran. y se me salían los pechos y me quedaba desnuda. que es como si me estuvieran haciendo el amor. Me quedé pasmada y deseando que el joven que me había cogido y besado en la boca siguiera a mi lado. El beso me dejó lánguida. Los vestidos de raso me daban escalofríos.. cuando veo tantísimos ojos sobre mi cuerpo. Eso me excitaba. lánguida y turbada.. Me gustaba exhibir mi cuerpo. Cuando los hombres me tocaban no sentía tanta excitación.. Y cuando poso para toda una clase de artistas. Me encantó. A mí me encanta.besarnos mientras mi tía daba un grito. Me gustaba ver que la gente me miraba. Me siento hermosa.

Me han contado que en París las modelos se desnudan delante de toda la clase. Teníamos que mantener la pose mientras el ilustrador nos fotografiaba. Teníamos que componer juntos las escenas de amor de una novela. y que el único momento en que lo sentía como algo erótico era cuando la modelo se quitaba el quimono. acordándome de los dos pintores casados con sus modelo favoritas que había conocido. —Yo me siento humillada —dijo una modelo pelirroja—. —Yo no siento absolutamente nada —dijo otra—. El hombre no me gustaba nada. dejan de pensar en nosotras como seres humanos. Al llegar me encontré que ya había otras dos personas. Me situó en postura de besar. Cada una de las veces que el hombre .. y que es muy excitante. Siento que mi cuerpo no es mío y que no tiene ningún valor. no nos invitarían luego a fiestas.. —O bien se casan con las modelos —añadí yo. si todo el mundo lo ve. Un día tuve que posar para un ilustrador de cuentos.que no sienten lo mismo. Yo estaba incómoda. muy en decadencia. Era quien sabía cómo debíamos disponernos. una chica y un hombre. Tuvimos que repetir muchas veces. El hombre tenía unos cuarenta años y una cara muy madura. Cuando los hombres pintan o dibujan. La otra chica hacía de esposa celosa que irrumpía impetuosamente en escena. Un pintor me dijo que el cuerpo de la modelo sobre la plataforma es algo impersonal. Siento que es completamente impersonal. —Si todo fuera tan impersonal —dijo otra chica—.

porque . En Europa. Su mirada se volvió burlona. yo me inhibía interiormente y el hombre lo notaba. Yo lo hacía mal. El ilustrador comenzó otra escena. Están en el colegio o en casa. Tenía la sensación de que todo el mundo estaba enterado de que era virgen y eso azuzaba el deseo de conquistarme. No me gustaba ser virgen y estar a todas horas defendiéndome. estirados sobre la arena caliente. Las chicas jóvenes no tienen experiencia ni expresión. Aquella tarde Stephen y yo íbamos a salir juntos. Estaba ofendido. Tenía la sensación de que me apretaba más de lo necesario y. las chicas jóvenes de tu edad. de menos de veinte años. Lo hizo tan de prisa que no me dio tiempo a moverme. Eso no. Ahora quería convertirme pronto en mujer. El hombre repitió el beso. Oyéndole hablar. Sólo se ponen interesantes después del matrimonio. pensé en Stephen. No entiendo por qué siempre quieren mujeres jóvenes. desde luego. ponga más pasión! —me gritaba el ilustrador como si estuviéramos rodando una película. Intenté acordarme de cómo me había besado el ruso al volver del baile y eso me relajó. Pensé en nosotros en la playa.interpretaba el beso. Debía decirle que corría el riesgo de ser violada y que más valía que él lo hiciera antes. no interesan a nadie. Quería que me tomase. —¡Más pasión. no había necesidad de meterme la lengua en la boca. Sabía que Stephen me amaba. debía decírselo. De una u otra forma. —Hace diez años que soy modelo —dijo el modelo masculino —.

Stephen —dije—. me solicitaban más por ser extranjera y porque tenía un rostro poco común. —Quiero casarme contigo —dijo—. Deseaba que me hiciera mujer. —Lo adoro. ¿Cómo iba a decírselo? Tenía noticias que darle. Es variado. —¿Te gusta posar? —dijo. pero no puedo hacerlo en este momento. Pero él estaba absolutamente inmóvil y asustado. Stephen me besó. por unos campos oscuros. Pero entonces me di cuenta de su sorpresa y eso me aplacó. Todo lo cual se lo conté a Stephen. Poséeme. poséeme. —No me importa el matrimonio. Es una verdadera aventura.. Él estaba orgulloso de mí. ¿lo intentan? Vi que estaba nervioso. —Poséeme. Tenía más trabajo que ninguna del club. ver sus obras. las historias que cuentan. Muchas veces tenía que posar de noche. Yo me lanzaba al refugio de sus grandes brazos.. nunca igual. Estaba inmensamente decepcionada por su falta de espontaneidad. me gusta la atmósfera del estudio.. te hacen el amor? —preguntó Stephen.. —¿Te.. Me volví hacia él y le ofrecí la boca. si tú no quieres. Él creyó que era un simple ataque de ciega . Ahora me había convertido en la estrella de las modelos. buenas o malas. —Pero. Se quedó absolutamente pasmado. quería ser poseída y conocerlo todo. —No. Pasó el momento. Adoro estar con pintores. Íbamos camino de mi casa desde la estación del tren..entonces se pondría muy nervioso.

Tú. Renuncié a mitad de camino. ¡Los ángeles del sexo! Son maravillosos precisamente por lo mucho que sorprenden. Me respondió detallando sus gustos sexuales. Me desnudé de prisa y me puse el traje de tarde que me había entregado. con tu . Esos ojos claros a cuyo través es posible ver. Durante largo rato trabajamos pacíficamente. Es maravilloso verlos cambiar. Le pregunté quiénes eran. Tenía medio hecho el cartel. »He conocido otros ángeles del sexo. No parecía prestarme atención. Incluso se alegraba de haberme protegido contra mis propios impulsos. Él se dio cuenta y me concedió un descanso. ésta exige romanticismo. En su mayoría. Era de mañana y el edificio parecía desierto. —Ésta.. eran retratos de actrices. por lo mucho que cambian. como los místicos de la India. esos cuerpos que adoptan poses tan bellas y armoniosas. esas manos delicadas.. Acepté. Es europea y le gustan las complicaciones. El estudio estaba en la planta trece. Es la única manera de acercársele. Anduve por el estudio viendo los demás cuadros. Aunque era muy bella y es maravilloso estar en la cama con una mujer como ésa. Lo pone difícil. Le hacía preguntarse a uno cómo deben portarse en la cama. a la cama y lloré. cómo cambian cuando los turba el deseo. Me cansé. Un ilustrador me pidió que posara en domingo porque le corría mucha prisa terminar un cartel. Me fui a casa. Tenía los ojos muy bellos y el aspecto de estar en trance. que había perdido la cabeza. Era demasiado trabajoso.pasión. Cuando llegué ya estaba trabajando. por ejemplo.

que guardé silencio. No estaba asustada.. Hay voces de mujer que suenan como ecos poéticos y sobrenaturales. —Sé lo que estás pensando —dijo él—. a las criaturas idealizadas y veneradas. de que la verdadera vida sólo comienza con las sensaciones. ¿no es verdad? —No. estoy casada —dije. Tú eres virgen. La primera vez que . en animales. Me daba cuenta de que estaba sola con el ilustrador en un edificio de estudios vacíos. He visto cambiar tanto. eres virgen. y las creyeron endemoniadas. pero me sentía fatalista y sólo deseaba conocer a alguien de quien poderme enamorar.aspecto de que nunca te han tocado. por ejemplo— fueron inventadas por hombres que vieron transformarse por la noche a las mujeres. puedo imaginarte mordiendo y arañando. Los ojos cambian.. Creo que todas esas leyendas sobre personas que por la noche se transforman en animales —como la historia del hombre lobo. Puedo asegurarlo. Nunca he podido hacer el amor a una mujer que no me quisiera. Odiaba tener que admitirlo ante un extraño.. Estoy seguro de que te cambiará hasta la voz. Pero creo que es algo mucho más sencillo que todo eso. con ser mujer? Lo dicho correspondía tan exactamente a lo que había estado sintiendo. Luego. ¿No te pesa eso? ¿No tienes la sensación de que estás perdiendo el tiempo. cambian.. Nunca me engaño. Me entristecía que Stephen no hubiera comprendido mi deseo de convertirme en mujer. Si estás casada. a mi deseo de iniciarme en la vida. tu marido aún no te ha hecho mujer. —Casada o no. pero para mí no tiene ningún sentido a no ser que la mujer me quiera.

No tenía dinero para seguirlos y no estaba segura de si encontraría trabajo. si ven que una mujer disfruta con el sexo. Luego tuve que hacer frente a nuevos problemas. Creo que es un invento de la gente que quería guardar a sus hijas para el matrimonio. Cualquier hombre puede hacerlo y dejar a la mujer impasible. Veo en ti algo que me hace pensar que tendrás muchos amores. a la playa. sentí lo maravilloso que sería iniciarte. —Eso es precisamente lo que estaba pensando. inmediatamente sospechan que es infiel e incluso que es puta. Creo que es una superstición. si es capaz de excitar a una mujer. Había llegado el verano y los pintores se iban al campo. En realidad. Después puso el . a lugares alejados en todas direcciones. Me gustaría ser el primero.te vi. Sólo puede ocurrir si quiero. y no quiero. ¿Sabías que muchos españoles toman a sus esposas de esa forma y les hacen muchos hijos sin acabar de iniciarlas en el sexo. Una mañana estuve posando para un ilustrador llamado Ronald. Sonreí. Las palabras del ilustrador me obsesionaron durante días. me refiero a la idea de que el primer hombre que posee a una mujer tendrá un poder absoluto sobre ella. Si un hombre es capaz de hacerse amar. Pero sólo si tú quieres. en realidad. —No debes dar demasiada importancia a la primera entrega. es falso. entonces ella se sentirá atraída por él. Pero el mero hecho de romper su virginidad no basta. Lo han inventado para guardar a las mujeres de la promiscuidad. sólo para asegurarse su fidelidad? Los españoles creen que se debe reservar el placer para las queridas.

—De momento no es una modelo lo que necesito. —Pero estabas invitada a estar conmigo —dijo él. que no vas a ser una compañía muy complaciente. —No me gusta aspirar. Hay muy pocas modelos buenas por allí.fonógrafo en marcha y me invitó a bailar. sabes. en un cobertizo al que había abierto un gran ventanal. Así que fui. riéndose—. Ahora. tendrás mucho trabajo y te pagaré el viaje. Me hizo toser. preparándome—.. Yo me alejé. —Ay —dijo—. que no sabes aspirar. aquí estamos de acuerdo respecto a las modelos que . que vivía. —¿Por qué no te vienes una temporada al campo? —dijo mientras bailábamos—. Alquilé una habitacioncita en una granja y luego pasé a ver a Ronald.. ¿Qué clase de pose quieres? —Bah —dijo él. Te sentará bien. Estoy seguro de que estarás ocupada. Volvió a reírse e intentó besarme. Te he pagado el viaje. Contaba con que fueses una compañía muy complaciente. —Ay. carretera adelante. Hice como que me disponía a marcharme. Aquí no se trabaja tanto. Tendrás que aprender a disfrutar un poco. toma el humo de mi boca y aspíralo. —Había entendido que me querías para modelo. —No me interesa lo más mínimo —dije yo. ¿Y la maleta? —He tomado una habitación junto a la carretera. —Sabes. y estoy aquí solo. ay —dijo—. Lo primero que hizo fue echarme a la boca el humo del cigarrillo.

Así que me recibieron con frialdad. Si adoptas esa actitud. Había estado embarcado siempre en buques mercantes.no saben divertirse. era un hombre de unos treinta años. Nunca iba al pueblo. Se llamaba Reynolds. de pelo negro. sin mirar lo que tenía alrededor. pero no podía disfrutarlo. una mujer. como si yo hubiera engañado a alguien. Su andar era indolente y sus gestos naturales. con increíble velocidad. que los miró con ojos de animal asustado y luego echó a correr. pintaba la jungla salvaje de América del Sur. trabajando de marinero para ver países exóticos. les llegó un olor animal tan fuerte que esperaban ver surgir una pantera. una mujer desnuda y salvaje. Así que empecé a posar para él. No tenía dinero para volver a mi casa ni para pagar la habitación. Se sentaba a la sombra de un árbol y. dejando tras sí el fuerte . Era un ser solitario. ojos negros muy dulces y una sonrisa brillante. Al día siguiente di un largo paseo y desemboqué en una cabaña de troncos junto a la ribera de un río. A la mañana siguiente estuve en casa de todos los artistas que encontré. Pintaba de memoria lo que había visto en sus viajes. No le creí. El país era bello y montañoso. Yo le dije que quería ganar lo suficiente para volver a Nueva York. Constantemente estaba inquieto. y no conocía a nadie. Hablé con él y le conté mi historia. me contó Reynolds. a no ser por comida. ni frecuentaba los restaurantes ni los bares. pero de la maleza salió. nadie te dará trabajo. Una vez. estando con sus amigos en la jungla. No conocía a Ronald pero se irritó. Dijo que intentaría ayudarme. Vi a un hombre que pintaba al aire libre. Pero Ronald ya les había rendido visita.

al cabo de un rato. se lanzó al río y se alejó nadando. resultó ser muy hermosa. Reynolds estaba furioso y ella sonreía y reía sofocadamente. movido por el miedo a que el líquido lo estuviera excitando por última vez.aroma animal. El olor a animal le daba la sensación de estar acostado con una pantera. Se restregó contra la carne de la mujer. Era infatigable y tardaba en excitarse. Había encontrado la melena negra tan dura y rasposa como una barba. Su vehemencia era tal que tuvo miedo de que le arrancara el pene. más para aplacar el fuego que por deseo. Estaba asustado. Cuando le quitó la pintura roja que la cubría. sin darles tiempo a recuperar el aliento. Al mismo tiempo . algo que al principio le picaba y luego lo excitó furiosamente. Era muchísimo más fuerte que él. enseñando los dientes blancos. Soportaba caricias que a él le dejaban exhausto y acabaron durmiéndole en sus brazos. El pene parecía lleno de fuego o de pimienta roja. de forma que. Era amable cuando se la trataba bien y sucumbió a los regalos de cuentas y adornos. La mujer estaba bocarriba y reía. Pero ahora quería subyugarla. Luego se la encontró trepando encima de él y vertiéndole un poco de líquido en el pene. El fuerte olor de la mujer repelía a Reynolds hasta que su amigo le ofreció pasar una noche con ella. Un amigo de Reynolds había cazado una mujer como aquélla. La tomó con rabia. Reynolds casi hacía de mujer y ella le obligaba a satisfacer sus fantasías. y el olor de su cuerpo lo afectaba eróticamente como el olor del almizcle. a que fuera una especie de hechizo para provocarle el máximo deseo y la muerte.

pero él prosiguió las caricias. siempre le buscaba la mano. Nadie. de repente. y su esbelta cintura. Después de esto. sujetando el bastidor de tejer con el pie manchado de tinte. se dio la vuelta. pidiendo más. Quiero que te duermas envuelta en sábanas blancas. pero tendrás que cerrarlos. Me apoyó contra una caja de madera. Cuando se cansó de poseerla. restregaba el sexo contra su mano a hurtadillas. con las que me hizo un manto. con sus pechos abundantes y puntiagudos. sus largas y hermosas piernas. Entonces. agazapada como una tigresa. después de dos orgasmos. Se restregaba contra la mano como una gata gigantesca. Se reía mientras contaba la historia. abriendo mucho las piernas. Quería que volviera a poseerla. la había acariciado antes. para huir de un salto de los hombres con escopetas. Yo no entendía cómo iba a posar para él. siguió frotándose el clítoris y ella disfrutó. Entró en la choza y sacó sábanas. Pero él estaba pensando en otro cuadro. Lo que pintaba le había recordado a la mujer salvaje que se escondía en la maleza. Durante el día. dispuso mi cuerpo y mis manos como quiso e inmediatamente comenzó su obra. La había pintado en el paisaje. se agachó sobre la cama y levantó el culo con un ángulo increíble. Reynolds dijo que desde aquella noche las mujeres blancas le parecían débiles.la acariciaba. Tienes unos ojos hermosos. —Será muy fácil —dijo—. si encontraba a Reynolds. Eso la sorprendió. por lo visto. Una mujer se había quedado dormida entre sus canillas de seda. Una vez vi una cosa en Marruecos que siempre he querido pintar. El día .

Yo me iba relajando y ablandando. Me sentía lánguida e irreal. muy suave. explorando. pero con una expresión tan gozosa y amable que no me moví. no sé por cuánto tiempo. en una pose tan relajada. y era como si hipnotizara a la sangre para que siguiese los movimientos de las manos. Sus ojos eran tiernos y tenía la boca entreabierta. Reynolds estaba a mi lado. Nunca había sentido nada como aquella mano que acariciaba suavemente. Su dedo tocó el clítoris con inmensa suavidad y después se hundió entre los labios de la vulva. besándome. muy suavemente. Notó mi humedad. la tocó con placer. su boca . —Sólo una caricia —dijo—.era muy caluroso. echándose sobre mí. Cada vez que su lengua tocaba la mía. Y entonces noté una mano suave entre mis piernas. hasta que mi propia boca respondió. que no me movía. las sábanas me hacían sudar y. La languidez se apoderaba de todo mi cuerpo. El calor. Su mano sólo daba vueltas alrededor de mi sexo. No me moví. deseando que también la tocaran. Estaba mojada y sabía que con moverme un poco él lo notaría. y entonces me rozó la punta de la lengua con la punta de la suya. sino sólo las puntas del vello púbico. revoloteando. la sensación que tenía era la de tener otra pequeña lengua en mi interior. rozando ligeramente los labios. me quedé dormida de verdad. pero con tal lentitud que era exacerbante. puso su boca sobre la mía. sólo una caricia. Luego la mano se deslizó al pequeño valle que rodea el sexo. La mano avanzaba. Se inclinó sobre mí. acariciándome con tal levedad que hube de despertarme para estar segura de que me tocaba. el olor de las plantas que nos rodeaban. la cara interna de las piernas sin rozar el sexo. y luego alrededor del culo.

—No te enfades —le dije—. Lo besé con gratitud. Meneé la cabeza afirmativamente. todo me afectaba como una droga. tu forma de andar. —Sólo una caricia —repitió suavemente. Estoy contenta de que lo hiciera. Lo cogí con mis manos. Él sonreía. tu cara. Volvió a irritarse al recordar el comportamiento de Ronald y cómo me había enemistado con todo el mundo. Se desabotonó los pantalones y vi el pene. Tuve entonces la sensación de que algo nacía dentro de mí. Sólo la vi una vez.. Al cubrirse. La espumilla blanca se esparció sobre mi palma. sin saber qué quería. tus modales. Eres tan diferente.sobre la mía. dormida como . hasta que el montículo se hinchó y endureció. Me recuerdas a una chica que quise pintar en Fez. —Más fuerte —dijo. porque eso me hizo salir del pueblo a dar un paseo y llegar hasta aquí. Reynolds me cogió la mano y me guió. Entonces comprendí que no sabía cómo hacerlo. —Te amé en cuanto te oí hablar con ese acento que tienes. me dio el mismo beso de gratitud que yo le había dado después de mi placer. Tuve la sensación de que volvía a estar viajando. un gozo que me hacía palpitar bajo sus dedos.. mientras su dedo giraba alrededor del clítoris. —¿Quieres tú acariciarme? —dijo. —¿Sabías que los hindúes hacen el amor a su esposa durante diez días antes de poseerla? Durante diez días se limitan a caricias y besos.

—De haber estado despierta. Me gustaba su forma de acercárseme. el que vivió con una mujer salvaje? —La verdad es que yo no viví con la mujer salvaje. Los dedos se aceleraban. incluso las putas. —Pero al décimo día estaré en Nueva York —dije riéndome. no me hubiese atrevido. como si fuera un cazador. pelear y emborracharme. Perdía toda la suavidad. Puedo derribar a un hombre. primero levantaba el traje y miraba largo rato. el aventurero. Yo aprendí a ponerme el pene en la boca. Siempre lo contaba. tendidos al sol. pero mientras eres mi prisionera. si tienes que volver. como sin querer despertarme. Pero esto ha sucedido exactamente como siempre lo había imaginado. hasta que me humedecía. Una . Uníamos las bocas y nos acariciábamos las lenguas. El sol me calentaba el cuerpo mientras Reynolds esperaba a que cerrase los ojos. A veces. Pensaba que cerrando los ojos me tomaría. A veces simulaba querer algo más. Se ríen de mí. pero las mujeres me intimidan. —¿No? ¿Tú. —El décimo día te llevaré en coche. sin hacer ruido y dejándose caer a mi lado. En realidad soy tímido con las mujeres.en el cuadro. He soñado siempre con despertarla tal como te he despertado a ti. empujaba el pene hacia dentro y yo tenía miedo de ahogarme. Todo eso le pasó a un amigo mío. así que yo lo cuento como si me hubiera pasado a mí. Luego me tocaba levemente. —Y yo siempre he soñado con que me despertara una caricia como ésa —dije. Eso lo excitaba terriblemente. Durante diez días trabajamos al aire libre.

. En Nueva York hacía calor y los artistas aún no habían vuelto. Pero no puedo poseerte. Durante el viaje de vuelta. Nunca había pensado en esas cosas. ninguna otra cosa nos unía. me besó entre las piernas en lugar de acariciarme. Eso ya lo sabes. Sentía que compartíamos una corriente magnética. me besó hasta que tuve un orgasmo. Nos besamos largo rato. Me da miedo. Cuando me besaba. —dijo— me asusta. Reynolds detuvo el coche y nos echamos sobre una manta a descansar entre los árboles. —Sí. le hice daño. Reynolds? ¿Qué pasa? —Escucha. Por primera vez. Desde entonces no he podido poseer a ninguna mujer. pero no le importó. Guardé silencio. —¿Seguirás siendo feliz de esta manera? ¿Cómo estamos? —¿Por qué. Una vez lo hice con una chica.vez le mordí. Él no podía seguir mucho más tiempo en el campo y yo necesitaba encontrar trabajo. Si te pasara a ti.. Murió desangrada. . —La pequeña herida que tienen las mujeres. al mismo tiempo. la embaracé y tuvo que abortar. —¿Eres feliz? —dijo él. Reynolds había prometido llevarme a Nueva York. pero. Nos acariciamos. me mataría. Me tragaba la espuma blanca. El maravilloso olor del sexo me impregnaba los dedos y no quería lavarme las manos. Te quiero. Éramos felices. nos untábamos las caras de semen.

En seguida quiso tocarme el culo y le di otra patada. El vendedor jefe estaba muy orgulloso de mí y. Hacíamos turnos durante la hora del almuerzo. Los tres hombres que vendían los diseños buscaban achucharnos y pellizcarnos. Cuando pedían nuestro número. —¿Qué pasa. —Es modelo de artistas. Acabé la conversación y me volví hacia el individuo. Todo eso me hacía larga la espera de volver posar. acostumbraba a decir. No ocurriéndoseme otra cosa. pero cuando me pidieron que saliera por las noches con los compradores.Estaba sin trabajo. No quería . nos ayudábamos unas a otras a vestirnos. Encontraba trabajo con facilidad. cogiéndome el pelo. Me lancé a hacer de modelo en las tiendas de modas. Finalmente encontré un puesto en un gran comercio cerca de la calle Treinta y cuatro donde trabajaban seis modelos. Una vez que Stephen me telefoneó para preguntarme si podríamos vernos por la noche. Había desaparecido. Mi mayor miedo era quedarme sola con el individuo más insistente. me negaba y perdía el empleo. qué es lo que dices? —decía Stephen. La tienda era terrorífica y gris. El individuo no se desanimó. Esperábamos en combinación. listas para cambiarnos rápidamente. le di una patada mientras sostenía el teléfono e intenté seguir hablando con Stephen. Los compradores admiraban nuestras cualidades físicas tanto como las de los trajes. Había largas hileras de ropas y pocos asientos para nosotras. el hombre se puso detrás y metió las manos debajo la combinación para palparme los pechos.

que Reynolds o Stephen me encontraran en un feo edificio de oficinas. El pintor tenía cara de mujer. y sus gestos eran lánguidos y afectados. dímelo en seguida. Tengo dificultades con esta parte de la pose. pálida. cuando era joven. —Eso es maravilloso —dijo él—. exhibiendo vestidos delante de feos compradores y vendedores. echando el cuerpo hacia atrás. Se alejó y me observó. . Al fin me llamaron para hacer de modelo en el estudio de un pintor sudamericano. como éste. con el cuerpo y las patas y la silla de montar. La mujer tiene el cuerpo echado hacia atrás porque el caballo corre desbocado. Dijo que se trataba de una pose muy complicada. Me quité las ropas y me monté en el caballo. con los brazos al aire y las piernas apretadas a los flancos para no caerme. Me preguntó si había montado alguna vez a caballo. Le dije que sí. Cuando te canses. con grandes ojos negros. —Es una pose difícil y no cuento con que puedas aguantarla mucho tiempo. El estudio era hermoso —lujuriosas alfombras. Ahora ya no me daba vergüenza posar desnuda. El pintor dio su aprobación. tapices de seda— y olía a incienso quemado. exactamente lo que buscaba. —Primero quítate la ropa —dijo— y luego te indicaré. Estaba pintando un gran caballo que huía con una mujer desnuda. Era una especie de caballo sin cabeza. He construido un artilugio que sirve para lograr el efecto que necesito. Se montó en el falso caballo para que viera. cuadros de desnudos femeninos.

que puede rozar el sexo de las mujeres. Aguanté con los dientes apretados. el broche acabó cayendo entre el sexo y la montura y me lastimó. Me confundían sus palabras de que podía perder el placer. Curiosamente. Luego se acercó y dijo: —Cuando haga el dibujo. Luego dijo: —¿Te duele? Es un sitio muy sensible. Comenzó a dibujar. —Me tocó un instante. Estaba rojo y un poco hinchado.Me estudió por todos lados. como si fuera parte de su trabajo. Insistió en lavarme con un algodón húmedo. Cuando acabó la cabalgada estaba dolorida. Ahora está bien —dijo entonces—. Aquí. así que continué. Saltando en todas direcciones. «para que se ponga . muchas monturas están hechas de forma que sigan el contorno del culo y luego se elevan formando un pomo. La dejé mirar. Entonces era una jovencita y no sabía nada sobre el sexo. Doblé un poco el vientre para adelantar las caderas—. un placer que desconocía. Creía que el sexo de la mujer estaba dentro y no tenía ni idea del clítoris. entre las piernas. Me ayudó a quitarme los pantalones y el liguero con los broches. Mis compañeros galopaban y no quería quedarme atrás. esta parte del cuerpo debe verse bien. Quizá no sientas nunca placer si te has herido. me hizo unos mimos y me besó. Estando allí encima me di cuenta de que la montura tenía algo raro. Le conté lo ocurrido a una amiga y entramos juntas al lavabo. Una vez se me soltó el liguero y se puso a bailar dentro de los pantalones. el dolor se mezclaba con una sensación que no supe precisar. Yo había experimentando muchas veces las ventajas y las desventajas de las monturas. Desde luego. pero no dolía mucho. Mantenla.

—¿Te duele? —me preguntaba ella constantemente.. me entraba tal calor y tal tensión entre las piernas que sólo quería desmontar y que mi amiga volviese a cuidarme.. no siento nada. frotando el clítoris con una mano mientras hacía vibrar la punta con la otra. Me golpeó el vello púbico y la suave piel de su alrededor.. observándome y diciendo: —Maravilloso. —No sé —dije—. Ella estaba ansiosa de ver si había perdido la sensibilidad y aumentó la intensidad de las caricias. —Sólo un poco —respondí una vez.bien».. a causa del dolor? Muy tiernamente. muerto.. sí que sientes. A lo mejor podrás gozar de nuevo. fuimos al baño y ella lavó el punto irritado con algodón y agua fría. Y de nuevo me consoló. Jadeaba sobre mí. —¿Duele? Yo estaba tendida de espaldas y dije: —No. Desmontamos. ¿Tú crees que se ha. Me volví muy sensible a esta parte del cuerpo. maravilloso. . Sobre todo cuando cabalgábamos largo rato y hacía calor.. —No siento nada. apretando los labios entre los dedos. Al fin la sentí de una forma furiosa y empecé a moverme. mi amiga se inclinó y me tocó. diciendo: —Ya no parece lastimado. —¿Sientes esto? —me preguntó con preocupación.

resbalé hacia delante y. Le rogué que lo parara. El movimiento del caballo me empujaba el sexo contra la montura cada vez con más fuerza y me proporcionaba gran placer. no podría contener el orgasmo. Me di cuenta de que el pintor había dejado el trabajo para mirarme. rocé el sexo contra la prominencia de cuero. Me puse roja. montada a caballo y delante del pintor. —¿Te gusta mi caballo? —dijo—. hasta sentir el orgasmo y correrme así.Me acordaba de esto mientras estaba subida en el falso caballo y notaba que el pomo era muy exagerado. Me recuerda los tiempos en que montaba a caballo. ¿Sabes que se mueve? —¿Se mueve? Se acercó a mí y puso en marcha el armatoste. Para que el pintor viera lo que quería pintar. de un placer que crecía. dejándome ir contra el cuero. Sí que me gustaba. de seguir. El pintor me observaba. que había hecho todo aquello para verme gozar. al hacerlo. El pintor me observaba atentamente. Pero él sonrió y no lo paró. y era verdad que estaba perfectamente hecho para moverse como un caballo. cuando era pequeña. Cada movimiento me restregaba el cuero contra el clítoris y pensé que. —¿No te gusta? —dijo. por eso. Pensé que lo notaría y. Sólo entonces comprendí que él lo esperaba. Él supo cuándo debía parar el . le dije: —Páralo ya. —Me gusta —dije—. y entonces me abandoné al movimiento del caballo. espiando las irreprimibles manifestaciones del placer.

me pongo a pensar en lo agradable que será pagar el alquiler al día siguiente o comprarme un traje nuevo. Un guapo joven. —Ahora descansa —dijo. Y mientras. o camisas de seda.mecanismo. Pintaba portadas de revista. voy dándole al sexo de la mujer. vestido con gran elegancia. Todos sus amigos me parecían caricaturistas. Muchas veces era invitado a las habitaciones. con los ojos cerrados. —Hay muchas formas de hacerlo. actrices y escritores iban a verla. La conversación era picante y cruel. sin mirar. En seguida sacaban a relucir la debilidad de cualquiera. La gente llevaba bebidas. Aunque a veces. mientras tengo los ojos cerrados. Haciendo muecas. Lena. Lena le preguntó: —¿Cómo puedes hacerlo? Con semejantes viejas.. cuando tengo dificultades. la sensación viene a ser más o menos la misma. Desde luego. Tenía la puerta siempre abierta. Rondaba por los grandes hoteles. que había conocido en una fiesta. Poco después fui a posar para una ilustradora. O bien descubrían las propias debilidades. Le gustaba estar acompañada. ¿cómo consigues ponerte en erección? Si yo encontrara una mujer de ésas en mi cama. tomo drogas. a . seguía a las ancianas solitarias y las sacaba a bailar. y entonces. sé que. saldría corriendo. y ya se sabe. Actores.. no hacía ningún secreto de su profesión. El joven sonrió. Una consiste en cerrar los ojos e imaginar que no es una vieja sino una mujer que me guste.

saca una pequeña plancha eléctrica y una tabla de planchar. un poquito. La mujer llevará velo y pieles en el cuello. Le gusta que la mujer le estruje al mismo tiempo la base del pene. Es un hombre guapo. mi amigo se imagina cómo haría el amor a esta mujer. mi carrera se acabará en unos cinco años y que cuando pase ese tiempo ya no serviré ni siquiera para las jóvenes. Le gusta deslizar el pene por la espalda y levantar las piernas de la mujer. siguiendo la fragancia de su perfume durante muchas manzanas. Su traje dejará transparentar la figura. luego irán al hotel de ella. Gustaría a las mujeres. impecablemente vestido. Ella verá su guapa cara sonriéndole y su forma caballeresca de comportarse. Saldrán juntos a la calle y se sentarán a toma el té en algún sitio. para que lo vea entrando y saliendo. »Sin duda. coge los pantalones y se pone a estirarlos. Cuando salgo del apartamento. siguiéndola por los ascensores atiborrados. Ella le invitará a subir. cómo descubrirá en alguna parte una hermosa mujer. echarán los visillos y harán el amor en la oscuridad. y eso le excita. envidio a mi amigo argentino. «Mientras estira cuidadosa y meticulosamente sus pantalones. cómo paseará por la Quinta Avenida. Entrarán en la habitación. los dedos . Pero para entonces me alegrará no tener que ver ninguna mujer más en mi vida.este ritmo. finalmente le hablará. Sabe cómo la agarraría. mi compañero de piso. ¿sabéis lo que hace? Se levanta de la cama. «Después de seguirla de este modo por las tiendas. casi tocándola. Mientras lo hace se imagina cómo saldrá del edificio. aristocrático y completamente cascado. y luego hacer que se vuelva.

Se abrazan . Eso es lo único que quiere. mi amigo está empalmado. »Una vez que se ha imaginado todo esto. un hombre muy joven. porque así se consigue un doble placer.aprietan más que la boca del sexo. fumando y soñando con perseguir a otras mujeres. pero las parejas siempre se están besando en las calles. Uno de los amigos se sentó de forma que pudiera verla. Se sentó. planchando los pantalones. bocarriba y fumando. repasa la escena hasta perfeccionar el último detalle. No sé por qué será. y eso le excita. También debe tocarle los testículos mientras él se mueve y le toca el clítoris. cómo se comportan. —La amo —dijo— porque me recuerda Europa. Y se metió en la alcoba. Me interroga. la plancha y la tabla de planchar. que acaricia mientras está tendido. Él hará que suspire y se estremezca de pies a cabeza y que pida más. y una gota de semen le brota de la cabeza del pene. pero tiene sensualidad en la atmósfera. No sé lo que tiene París. —Hace calor —dijo —.. en las mesas de los cafés. estaba a mi lado mientras posaba y me susurraba cumplidos. »Le envidio porque es capaz de excitarse hasta ese punto pensando tales cosas. Me quitaré el corsé. Al volver traía el cuerpo libre y suelto. Deja de lado los pantalones. sobre todo París. allí de pie. Es una ciudad muy humana. Lena rió. y se mete de nuevo en la cama. cruzando las piernas desnudas y con la blusa medio abierta. Y es contagiosa. medio desnudo. Quiere saber cómo están hechas mis mujeres.. Otro. en los cines y en los parques.

Luego. Se paran para darse largos besos. En todo momento te vigilan las putas. El policía se rió y dijo: »—Más triste estaría si ningún hombre la molestase ¿no es cierto? Después de todo. No lo sé.con absoluta libertad. mi admirador dijo: —¿Quiere venir conmigo a cenar y al teatro? Se convirtió en el primer amante de verdad que he tenido. »Un día estaba en la plataforma del autobús. »A las cinco de la tarde. completamente oscuros y cerrados con cortinas.. elevando la voz. debería estar agradecida en lugar de enfadarse. Los cafés están llenos. Ningún policía se mete. En los cines hay pequeños palcos. hay en cada portal un hombre y una mujer confundiéndose el uno con el otro.. Quizá sea eso. Vi una ventana abierta y un hombre y una mujer sobre una cama. La mujer estaba encima del hombre. la suavidad de la atmósfera. Todo el mundo está en las calles. tan fácil. donde se puede hacer el amor en el suelo mientras transcurre la película sin que nadie la vea. . mirando perezosamente las casas. en las aceras de las calles. te tocan. Me parecían como niños. La atmósfera está cargada de amor y de deseo. Todo es tan abierto. Una amiga mía.. Me olvidé de Reynolds y de Stephen... por la noche. en los pasillos del metro. a quien seguía e importunaba un individuo se quejó al policía de una esquina.. la cosa se pone insoportable. En la oscuridad. »Y no la ayudó.

La habían descubierto los pintores y la utilizaban de modelo. mezclando los colores mientras discurseaba cómo lo estimulaban las putas. No tengo que hacerles el amor. Eso hace que me sienta libre. Aquella mujer había sido una puta y era más fría que una puta. Todo el erotismo sale a la superficie. para mayor comodidad. —Lo que más me gusta son las putas —iba diciendo— porque tengo la sensación de que nunca me agarrarán ni me enredarán. llevaba el cinturón flojo. le faltaba un botón de los pantalones y se había remangado para estar más cómodo. Hay algo extraordinario en el vientre frío de las putas. La única mujer que me dio ese mismo placer fue una mujer que era incapaz de enamorarse. Era una modelo magnífica. Era la misma esencia de la prostitución. que se entregaba como una puta. que despreciaba a los hombres a quienes se entregaba. constantemente deseado.La reina El pintor se sentó junto a la modelo. Por la camisa abierta enseñaba el cuello fuerte y bruñido y un penacho oscuro en el pecho. El vivir siempre con un pene dentro otorga algo .

unas venas tan vivas que. relajada como un animal. lánguida.. sino también las venas vivas.. »Tenía la piel tan seca como ciertos desiertos de arena. a no ser diciendo que eran ojos de orgasmo. con la que seducía a los hombres que caían bajo su hechizo. Estaba lleno de vida. graso y fuerte. Al principio de acostarnos estaba fría. »Pero no era sólo el pelo. para sentir la contracción de los músculos. que traicionaban su excitación. El pelo de aquella mujer era. Sus ojos. era lo más sensual que yo había visto. Me hubiera contentado con sólo tocarle el pelo.. y yo tenía la sensación de no sólo tocar el raso. incluso el pelo de las putas parece impregnado de sexo. presente en todas sus actitudes. Se tendía y me dejaba acariciarla durante horas. La transparencia de la piel dejaba ver los hilillos azul turquesa que surcaban su cuerpo. Me gustaba echarme contra las nalgas y acariciarla... También la piel era erótica. Era cálido y almizcleño.. »De una u otra forma.fascinante a esas mujeres. Es imposible describir los ojos. fuerte y tan acre como si lo hubieran lavado con esperma. El vientre parece estar desnudo. cuando le tocaba la piel. las notaba moverse debajo. Era pelo de animal. completamente quieta. A mí siempre me daba la sensación de que estuviera enrollado alrededor de un pene y empapado de secreciones. Era el tipo de pelo con que deseaba envolver mi propio sexo. pero luego se iba volviendo cálida y enfebrecida. Lo que constantemente . Se erizaba al tocarlo. Medusa debía tener una melena como aquélla. El mero hecho de pasarle la mano me provocaba la erección.

»Era la reina de las putas. la vibración de la sangre. sentía también que algo palpitaba en sus ojos.. ni en una boca con la que hablar. roja y viva como los labios de un sexo acariciado. directa e inmediatamente. provocaba mi secreción erótica. . Al ondularse. algo devorador. tan intenso. Era como estar haciendo el amor en público. siempre húmeda. como si temblaran con oleadas febriles. todo el cuerpo de Bijou parecía guiado por el erotismo. Cada movimiento de esta boca tenía el poder de despertar la misma emoción. como una Fátima oriental. »Como fuera. la misma vibración en el sexo masculino. Bijou. que a veces cuando la miraba de frente y sentía el pene erguírseme palpitante. de aniquilarlo. como si la transmitiera por contagio. pero todavía pálida. con su misma forma.le pasaba por los ojos era algo tan enfebrecido. de esta respuesta completamente erótica. delante de todo el mundo... para excitar—. Sí. Cuando se humedecía.. con un placer nunca antes conocido. con remolinos de locura. Sólo con los ojos era capaz de esta respuesta. con la que formar palabras. No. capaz de convertir a un hombre en una antorcha. Su boca era una boca que no le hacía a uno pensar en los besos. era como la boca del sexo de la mujer. tan incendiario. en el café. Era indecente te digo. en la calle. por un geniecillo. Bijou. ordenaba la vibración del pene. con la que saludar. Hace pocos años todavía se la veía en los pequeños cafés de Montmartre. su forma de moverse —para atraer. como una especie de ola que se enroscara y lo encerrara a uno. ni en la comida. Era una especie de vientre vuelto del revés. y era capaz de expresar todos los deseos. todavía con los ojos ardientes.

. como las mujeres que llevaban polisón para exagerar el culo y las que llevaban corsé para levantar los pechos y que sobresalieran de las ropas. Es extraño el efecto que causaba en un hombre tener delante un verdadero animal sexuado. las mujeres que irradian sexo por los pelos. a la vista. se ha hecho que. la risa de un cuerpo que gozaba por todos sus poros y células. que seguía dispuesta para la posesión. Se ha hecho que los labios. veía que hasta los rapazuelos la perseguían.. y cuando jugaba a las cartas. Los pechos eran tan grandes que casi tocaban la mesa. ejerciendo la posesión en todos los instantes de su vida. por los ojos. Verdaderamente era la reina de las putas.»Por las noches. distraigan al hombre de su deseo en lugar de intensificarlo. como si dejara a sus espaldas un olor animal. La naturaleza animal de la mujer ha sido tan meticulosamente enmascarada. su risa era la risa sexual de una mujer satisfecha. como se sentarían otras mujeres para atender al juego. Uno sentía. las que despiertan en el hombre el deseo de meterles el pene inmediatamente. »Por la calle. andando detrás de ella. con el vientre pintado en el rostro. que acariciaba el mundo entero. Los hombres la seguían antes de haberle visto la cara. al igual que ciertos plumajes de colores. incluso mientras comía. en la forma de desplegar el culo sobre el asiento. no se ponía nada. cuando no sabía que iba siguiéndola.. no se sentaba impasible. Si reía. las mujeres para las que las ropas sólo son un medio de resaltar determinadas partes de su cuerpo. Todo quedaba descubierto. en la cama. en la pose de su cuerpo. con el cuerpo ausente de sensualidad. »Las mujeres irremediablemente sexuales. las piernas y el culo sirvan para otros propósitos.

Lo deseaba. La pintaba amorosamente. con este objeto. »Al moverse. Hubiera podido sentarme.. Aquel año pintores y modelos debían ir de salvajes africanos. Hubiera podido montarme y no se hubiera doblado bajo el peso. enmascarado. »Las otras. ésas son las mujeres que me gustan. Me pidió que la pintara de pie para el Baile de los Artistas... Aún más.. patinar y darle por detrás. vino a mi estudio horas antes del baile.por la nariz. Bijou era infiel por naturaleza. »Me puse a decorarle el cuerpo con motivos africanos de mi invención. ¿Cómo qué? ¿Cómo ángeles? »Deja que te cuente lo que me pasó una vez con Bijou. Ella estaba de pie y desnuda. adorándola. Cada curva me . yo también estaba de pie y comencé por los hombros y los pechos. cómo cuesta encontrarles el animal. como si fueran latigazos.. como el lomo de un caballo de circo. Con el roce del pincel los pezones se le endurecieron como botones. quizá. al principio. Por eso. después me agaché para pintarle el vientre y la espalda. y luego me puse de rodillas y la emprendí con las partes baja del cuerpo y las piernas. Lo han diluido. de manera que huele como si fuera otra cosa. por la boca y por todo el cuerpo. perfumado. Pero me contenía y seguía pintándola de salvaje.. como un mar grasiento con corrientes subterráneas. deseaba estrujarle los pechos hasta hacerle daño. como si fuera una actividad sagrada. »Bijou tenía el trasero grande y fuerte. limpiarlos a base de caricias hasta poderlos besar. los brillantes dibujos se movían con ella. Bijou me pidió que la pintara de pies a cabeza y.

en los ojos. Me permití besar el sexo sin pintar. Y Bijou estaba muy orgullosa de sus dibujos de tatuajes africanos. serás el primero. Yo estaba en tal estado que tardé horas en prepararme para el baile. Me solté los pantalones y dejé el pene libre. se dio cuenta de que no sería capaz de terminar mi tarea y dijo: »—Lo estropearás todo si me tocas. dejaba un leve rastro de semen gracias al cual podría haberla seguido fácilmente a cualquier parte. Tenía un brillo duro. No me toques.. Cuando llegué vi que más de uno se había arriesgado a mancharse con los dibujos. En ningún momento me miró.producía placer. Los tatuajes se habían corrido. Al ir de un lado a otro. Y Bijou no me había esperado. Era un orgasmo colectivo. pero. seguía faltando el sexo. Sacudió los pendientes. Bijou iría completamente desnuda. con una hoja de parra. Los palcos se veían llenos de parejas revueltas. en pintarme una sencilla chaqueta de color marrón. . en apariencia. Cuando esté seca. de laca. »Y me dirigió una sonrisa.. »Claro está. »Ya te he dicho que Bijou era muy infiel. se cubrió con una capa y se fue. El baile estaba en su apogeo. procurando no tragar verde jade ni rojo chino. Ni siquiera dio tiempo a que se secara la pintura. Te esperaré en el baile. Seguía de pie y sin moverse. Ahora parecía la reina del desierto. Mientras pintaba las caderas y el valle que conducía al vello del pubis. Pero ahora no.

Primero tenía que tentarlo de alguna manera: abrochándose el liguero. Pero siempre tenía que ser ella quien comenzara. hablando de alguna experiencia anterior. cuando le hubo acariciado. Hilda se . Las que lo conseguían quedaban siempre sorprendidas de su delicadeza y su afabilidad. cuya obra era tan violenta y sensual que inmediatamente atraía a las mujeres. Hilda vivió la misma experiencia. volcando la cabeza y sacando los pechos y estirándose como una inmensa gata. Vivieron juntos varios años. le ofrecía la boca. le desabotonaba los pantalones y le excitaba. profundamente unidos. o bien echándose en el sofá. O se sentaba en sus rodillas. Sólo cuando ella hubo hecho los primeros progresos. Las mujeres le escribían y buscaban conocerle por medio de amigos. comenzó a hacerle la corte. Viendo que él seguía impasible.Hilda y Rango Hilda era una bella modelo parisiense que se enamoró profundamente de un escritor norteamericano. comenzó él a hacerle el amor como ella esperaba que le hicieran el amor.

de ojos. que dominara su sexualidad. él no hacía ningún movimiento de acercársele. Ella aprendió a ser activa y descarada. un hombre grande y moreno. su propio estado de ánimo. poco a poco. Hilda conoció a un pintor mexicano. cejas y cabellos como el carbón. durante una fiesta en Montparnasse. A veces se quedaban tendidos y hablaban. ella se sorprendió ante la . Hilda ponía la mano sobre el pene y lo notaba duro. El rostro de Hilda le hizo avergonzarse de sus ropas desaseadas. a buscarle la boca y trabajarle la lengua. Hilda habría de descubrir que casi siempre estaba borracho. Por otra parte. Algo había en Hilda que le hizo tranquilizarse y ponerse sobrio. de la melena negra sin peinar. Pensaba que la mujer debía responder al deseo del hombre. Perdió todo el recato y toda la timidez. Él se ponía boca arriba. que la dirigiera. saliendo de la niebla y los vapores en que vivía a todas horas. Estaba borracho. Tenía hondamente arraigada la creencia de que la mujer controla con facilidad su deseo. Una noche. Sin embargo. Salió de su actitud titubeante y tartamuda. Así. la miró como si fuera un gran león y ella el domador. de la pintura que le ensuciaba las uñas. aguardando y disfrutando. para quienes incluso sería perjudicial controlarse. a apretar su cuerpo contra el de él para incitarlo. Hilda se acostumbró a manifestar su propio deseo. ya que de natural era muy femenina. Pero verla le produjo una honda conmoción. pero no así los hombres.habituó a su ritmo sexual. Aprendió a buscarle el pene y a tocarlo hasta que se excitaba. Complacía a aquel hombre porque le amaba. se puso en pie. Siempre había soñado con un hombre que forzara su voluntad.

Hilda dijo que sí. Rango estaba de pie. Rango andaba con las manos en los bolsillos y . Buena parte del tiempo vivía con gitanos en las afueras de París. abandonando luego los cuadros y marchándose. La carreta había sido de un portugués que había cubierto las paredes con cueros pintados. suspendida cual litera de barco. tocaba con ellos la guitarra en los locales nocturnos cuando necesitaban dinero y comía sus comidas. tan bajo que resultaba difícil estar de pie. cogiéndoles los óleos y las telas. aunque sus amigos ponían la música. —¿Quieres dar un paseo? —dijo luego. En la fiesta de aquella primera noche. nunca hacía el amor a las gitanas. un poco más alto que Hilda. destructivo.imagen de demonio del pintor. y la miraba con fijeza. Pintaba en los estudios de los amigos. cerca de las antiguas barricadas. El mexicano era grande. Cuando conoció a Hilda tenía su propia carreta gitana junto a una de las puertas de París. Las ventanas eran de arco. el techo. Rango no sacó a Hilda a bailar. Respetaba sus leyes. que por entonces se estaban desmoronando. Habían apagado las luces del estudio porque entraba suficiente luz de la calle y las parejas se abrazaban en los balcones. del mismo demonio que había imaginado detrás de las obras del escritor norteamericano. La música era lánguida y relajante. no amaba a nadie y no estaba apegado a nada. inquieto. era un vagabundo y un aventurero. La cama colgaba en la parte trasera. Con ellos compartía la vida en las carretas gitanas y viajaba por toda Francia. muchas veces hechas con pollos robados.

Hilda tenía la sensación de estar en un sueño. Rango llevaba los brazos desnudos e Hilda sólo era consciente de una cosa: quería que aquellos brazos la apresaran. pero ella. Rango se abalanzó hacia ella y la cubrió de besos. Se dirigía hacia las afueras de la ciudad. con la fuerte sensación de estar siendo sacada de sí misma. el mismo magnetismo. Era demasiado alto para el techo bajo. Iba a la sombra de Rango. más menuda. Llegaron a las chabolas de los traperos. sólo notaba una embargante sensación de fluidez. podía estar completamente derecha.un cigarrillo colgando de la comisura de la boca. les entraba aire de sobra por los tableros rotos y las puertas mal encajadas. Rango tenía las ropas desparramadas por todas partes. Hilda no habló. sentado entre las ropas. la única manta se arrugaba a los pies. El camino era de tierra. en la carne color oro viejo del hombre. En el mismo momento en que tuvo la sensación de estar cayendo en la oscuridad. Él cogió una y comenzó a tocar. Ahora estaba sobrio. Había dos guitarras. de besos muy . sobre el cuello que dejaba ver la camisa abierta. con la cabeza tan despejada como la noche. Las velas arrojaban grandes sombras. con tejados muy pendientes y sin ventanas. La cama estaba destapada. de no tener voluntad ni conocimiento de lo que le ocurría. Eran las cuatro de la madrugada y la gente dormía. pequeñas chozas hechas de forma irregular y alocada. para hacerle sentir lo mismo que ella sentía. pero mantenía los ojos sobre los brazos desnudos del hombre. Un poco más lejos una fila de carretas gitanas. Él se inclinó para entrar en la carreta y encendió una vela.

sintió la sequedad ardiente del hombre que la envolvía como las arenas del desierto. En la oscuridad. Quería hacerle comprender que era inocente. Luego. que daban la impresión de estar siempre sonriendo. Lo vio enfadado. Se puso en pie. ofendido. La besó detrás de las orejas. Y tenía la boca apretada. orgulloso e intocable. Cada beso volvía más cálidos los labios del hombre. tuvo el impulso de hacerlo una vez más en medio del sueño y la borrachera de besos. Parecía humillado. Rango la apartó de un empujón como si le hubiera herido. Pero él no hizo el menor gesto de levantarle el vestido ni de desnudarla. más abajo del cinturón palpó la bragueta y sintió su deseo. Hilda no entendía qué pasaba. en las pestañas. Cada beso. con los que le traspasaba su aliento. La vela se iba consumiendo. ella que tantas veces había hecho aquel gesto. Hilda sabía que había hecho algo que no hubiera debido hacer. Chisporroteó y se apagó. ya no sonreían. —¿Qué he hecho? —repitió ella. muda e impávida. como tragos de vino. Permanecieron largo rato tendidos. —¿Qué he hecho? —preguntó ella.cálidos y rápidos. le aumentaba el calor del cuerpo. La miró como un animal salvaje y tímido contra el que se ha cometido alguna violencia. Ella estaba ciega. Su mano buscó a tientas el cinturón del hombre. . Tenía los ojos enfurecidos. en medio de la oscuridad. y encendió otra vela. la hebilla de plata fría. Las grandes mejillas. haciendo eses. en el cuello y en los hombros. De pronto.

. —Aunque ésta sea la última vez que venga aquí —dijo Hilda levantándose—. cambié toda mi forma de ser. no sólo por haber perdido a Rango.. La sobrecogió una profunda vergüenza. Estuvieron en el Café Martinique. transformado por el amor de un hombre. Volvieron andando despacio adonde ella vivía. —Vamos a tomar un café —dijo sencillamente al salir Hilda.. leía y fumaba. Bebieron pero no la rozó.. Una mujer no siempre hace lo que quiere. —Al principio —continuó ella— sufrí... Una persona me enseñó. que me obligaba a comportarme como. Al día siguiente Rango la estaba esperando en la puerta del hotel. Yo.. De pie. con ironía. —Has hecho un gesto de puta —dijo. esa mujer lloraba ahora incontroladamente. ante su ceguera.. un café frecuentado por mulatos. Luego se detuvo.. Cogió la guitarra y tocó para ella. boxeadores y drogadictos. Rango se sentó más cerca. La mujer que había sufrido al verse obligada a comportarse como debía hacerlo con su otro amante. una persona con la que he vivido durante años y que me obligaba. —Comprendo.. una sensación de haber sido gravemente injuriada. quiero que sepas una cosa.Entonces él sonrió. Las lágrimas no afectaron al mexicano. Hilda cayó en la cama rendida y se durmió entre llantos. la mujer que había traicionado su verdadera naturaleza tantas veces que se había habituado. sino por haber perdido la parte de ella que se había deformado. Él había elegido un rincón . Rango escuchaba.

Otros se disponían a partir hacia el sur. Con mayor pericia. —Eres tan delicada. Ella se derretía en aquel beso. Estuvo torpe con la falda. despacio. La estuvo palpando. Se levantó para correr las cortinillas. Sin un respiro. Las gitanas que se preparaban para ir a vender puntilla en el mercado. quitándole las medias con delicadeza. Se detuvo a estudiar las ligas. a plena luz. tan pequeña —murmuró—.oscuro y luego se inclinó sobre ella y empezó a besarla. Pero tenía un empleo de guitarrista en un local nocturno donde le pagaban bien. Y volvió a besarla. Y luego la desvistió. su mano hizo presa en las bragas y tiró de ellas. pero al fin la desabrochó. Rango dijo que siempre había querido irse con ellos. Le abrió las piernas sólo para besarla. Mientras se besaban. manejándolas con sus grandes manos morenas como si fueran diáfanas e invisibles. que no puedo creer que tengas sexo. Ahora. y la desvestía como si fuera su primera mujer. Le sonrió. Le besó los pies. Anduvieron por las calles como apaches parisinos. le quitó el jersey por la cabeza y la dejó con sólo las bragas. recorriendo el camino hasta la carreta de gitano del pintor en un estado semiinconsciente. —Y ahora —dijo— te tengo a ti. el lugar estaba animado. le retuvo la boca en la suya y no se movió. besándole la boca una y otra vez. pero él lo puso hacia abajo. Los hombres dormían. curioseando sobre la forma de cerrarse. . Dentro de la carreta le ofreció vino y estuvieron fumando. Ella sentía el pene duro contra el vientre. besándose sin cesar.

Ella se apoyaba sobre el cuerpo del hombre. La excitaría y la dejaría en ayunas hasta destruirle la capacidad de desear. Estaba tan vibrante que no podía dormir. ¿Se habría dado él cuenta de que aquello era involuntario y en . la piel como el cedro. privada de satisfacción.. meterse el pene entre las piernas. Pensaba que era una continuación del castigo por el gesto que había hecho. Rango le recorría el cuerpo. A su lado. tan pequeña. Eres tan delicada. Era como si disfrutara reprimiéndose. llevando hasta la boca de Hilda el sabor a mariscos del sexo. No eres de verdad.. reprimiendo cruelmente el propio deseo. por su primera actitud de tomar la iniciativa. cayó sobre ella y se durmió como un niño. besándole ya la boca. Se diría que siempre hubiese vivido entre árboles y plantas.. al mismo tiempo que el besuqueo les excitaba hasta un punto insostenible.Hilda se asombró de ver lo que hacía. De vez en cuando la acariciaba farfullando: —No es posible que tengas sexo. En la espera. con los puños cerrados y la cabeza en los pechos de Hilda. La mano seguía entre las piernas de ella. Pero él siguió apartando el pene y cuando los dos se agotaron de excitación insatisfecha. el pelo a sándalo. El cuerpo del hombre olía como un bosque de maderas preciosas.. a obedecer sus deseos. Hilda gemía de placer y dolor. Hilda comprendía que su feminidad estaba siendo enseñada a someterse al macho. ya el sexo. y todo se confundía en su boca y su aliento. por su impaciencia. que era el doble que el suyo.

Un día que paseaban juntos. Aquella noche la poseyó a la luz de las velas. el reino de la emoción y la atención. yacían el uno junto al otro. los ojos negros como el carbón quemándole los suyos. Se encontraban una y otra vez. Rango tuvo que llevarla en brazos. la sumisión a su deseo. . estaba ciegamente decidido a doblegarla. y el vigoroso pene que penetraba dentro de su cuerpo. de una conciencia erótica como nunca había tenido. Era un demonio abatiéndose sobre ella. se besaban y acariciaban hasta el frenesí y. Sentía la ropa sobre la piel como si fuera una mano. Le parecía que todo eran manos que la tocaban. con el pelo revuelto. él ponía el pene debajo y lo quitaba de en medio. sin demostrar deseo ni impaciencia. se desnudaban. perdió el tacón de un zapato. como si unas nuevas drogas hipersensibilizaran su cuerpo a las caricias. siempre. a su hora. Una y otra vez yacía pasiva. a los roces. desnudándole a todas horas los pechos y los muslos. a la misma atmósfera. Estaba en un estado de excitación que exacerbaba todas sus sensaciones. dentro de la mujer cuya sumisión había exigido antes.realidad no formaba parte de ella? Se hubiera o no dado cuenta. Había descubierto un nuevo reino.

recordaba.. El tío se reía de las inhibiciones de los europeos. todo el mundo reconocía el propio apetito sensual. —No obstante —dijo el tío de Laura—. con el hocico . —Debes llevarte dos sombreros —le había dicho. Decía que en Brasil la gente hacía el amor como los monos.El chanchiquito Cuando Laura tenía dieciséis años. con la misma frecuencia y facilidad. riéndose. con sólo inclinarte.. Era parecido a un cerdo muy pequeño. debes llevarte dos sombreros. el consejo que había dado a un amigo que se iba a Brasil. No quiero ir cargado de equipaje. Contaba. —En Brasil —dijo el tío de Laura—. —Pero lo recogeré. ¿no? —preguntó el amigo. —¿Por qué? —preguntó el amigo—. También sostenía que había en Brasil un animal llamado el chanchiquito. las mujeres eran accesibles y complacientes. El viento puede arrebatarte uno. un tío suyo que había vivido allí hacía muchos años le contaba interminables historias sobre Brasil.

El viejo abogado había estado en tiempos enamorado de la señora. Los sirvientes celebraban una especie de fiesta y habían rodeado la casa de antorchas. El abogado era un anciano distinguido y de pelo cano que la conocía desde muchos años antes. pero en diez años de hacerle la corte no había logrado conquistarla. una dama muy aristocrática y orgullosa tenía una cita con su abogado para hablar de un testamento. y un velo sobre el pálido rostro. Un día. llevaba el cuello y los puños soberbiamente almidonados. Dos minutos después. pero un coqueteo contenido y digno. El hechicero y la dama se encerraron en la habitación de la . según el tío. Se avisó a los sirvientes y también al hechicero. Ahora siempre quedaba un cierto coqueteo en sus palabras.enormemente desarrollado. Hacía mucho calor y todas las puertas estaban abiertas. que vestía suntuosas faldas de raso. muy al estilo de la antigua galantería. Ella era viuda. un cierto animal de pequeño tamaño se coló en el interior de la casa. Se sentaba tiesa cual personaje de los cuadros antiguos. presa de un ataque de histeria. La reunión tuvo lugar en la casa de campo de la dama. Se veían las colinas. con una mano en la sombrilla y la otra sobre el brazo del sillón. Quizás asustado e incapaz de escapar al círculo de fuego. Sostuvieron una apacible y metódica charla sobre los detalles del testamento. El chanchiquito sentía pasión por meterse bajo las faldas de las mujeres y clavarles el hocico entre las piernas. mujer muy reservada y dominante. la gran dama gritaba y se contorsionaba en el sillón.

de la . Y ahora Laura estaba tendida en una cama ancha y baja. Pero. La sensación había sido de miedo y al mismo tiempo excitante. Esta historia había asustado a Laura. el pelo suelto y el rojo de labios irregularmente repartido alrededor de la boca. Llevaba el pelo despeinado y sus gestos eran sueltos mientras fumaba. conformado de tal manera que daba la impresión de estar siempre riendo. Ella varió un poco de postura para estudiarlo. A su lado yacía un hombre que la doblaba en peso y tamaño. riéndose de una u otra historia. y los ojos levantados por los lados en un perpetuo gesto de buen humor. y el chanchiquito parecía agotado. con pantalones de pana y chaqueta de piel. Al salir. del trabajo. y con el morro metido entre sus piernas. la historia le descubrió que entre las piernas de las mujeres había espacio para el gran hocico de un animal. el hechicero llevaba entre los brazos un chanchiquito. al mismo tiempo. Iba vestido de obrero. la idea de que un animal le hundiera el hocico entre las piernas. cuando jugaba con sus amigos en un prado y se había dejado caer de espaldas. como si la expedición casi le hubiera costado la vida. Se había abierto la chaqueta y enseñaba el cuello desnudo que no cubría la camisa. Luego. con las faldas arrugadas. un día de las vacaciones. husmeando y olfateando las ropas. A Laura le daba miedo incluso meterse el dedo. Laura gritó y lo espantó. Jan era un artista que se reía del hambre.propietaria. un gran perro policía se le subió de pronto encima. Veía el pómulo.

sin pies para escapar ni manos con las que acariciar a nadie.. La habitación estaba repleta de cuadros suyos. Prefería ser un vagabundo a perder su libertad. que no le gustaba. quiero que hagas un dibujo en el techo para mí. Ella se había echado en la cama.esclavitud. . —Cuando hayas acabado el trabajo —dijo a Jan—. demasiado pequeño para su peso. veía toda clase de formas. las rugosidades del enlucido y sus muchas grietas iban adoptando formas. de hacer las extremidades. La paleta cubierta de pintura todavía húmeda. todo cuerpo. comer lo que encontrara en el momento que quisiera y pintar únicamente cuando le dominaba la pasión del trabajo. de todo. Laura sonrió. La casa era muy antigua. con la pintura picada y el enlucido irregular. Jan había sentido curiosidad y de todas maneras no pensaba trabajar mucho. si ves lo mismo que yo. miraba el techo. como si fueran los pies y las manos de un tarado. Mientras estuvo posando. sólo cuerpo. no viéndola como persona. dormir hasta la hora que le diera la gana. Al observar.. de algo que ya esté en el techo. En las grietas y las líneas entremezcladas de la superficie irregular. lo eludía sistemáticamente y muchas veces se transformaban en una masa informe. sino observando la forma de la cabeza. Había llegado al difícil momento. Había pedido a Laura que posara para él y empezó a trabajar con gran vehemencia. la manera de sostenerse sobre el cuello. Dejó el dibujo como estaba. lo que le daba un aire de casi enfermiza fragilidad.

Se dedicó a estudiar el techo. Para hacerlo, se tendió en la cama junto a la de Laura y miró hacia arriba con agudo interés, buscando las formas que ella había entresacado y siguiendo los contornos que le señalaba con el índice. —Mira, mira, mira... ¿no ves la mujer bocarriba? Jan se levantó a medias en la cama —el techo estaba muy bajo en la esquina, porque era un ático— y comenzó a dibujar sobre el enlucido con el carboncillo. Primero, esbozó la cabeza y los hombros de la mujer, pero luego descubrió la línea de las piernas, que completó señalando los dedos de los pies. —¡La falda, la falda! Veo la falda —dijo Laura. —Yo la veo aquí —dijo Jan, dibujando una falda que evidentemente estaba subida y descubría las piernas y los muslos. Luego, sombreó el vello alrededor del sexo, con cuidado, como si estuviera pintando un césped hoja por hoja, y detalló las líneas convergentes de las piernas. Y allí estaba la mujer, reclinada en el techo, sin avergonzarse, y Jan la contemplaba con una leve compulsión erótica, que Laura supo leer en sus ojos intensamente azules y que la puso celosa. Para irritarlo, mientras él miraba a la mujer, Laura dijo: —Veo muy cerca de ella un animalillo parecido a un cerdo. Frunciendo las cejas, Jan trató de localizar la figura, pero no la veía. Hizo trazos al azar, siguiendo los bordes desgarrados y las líneas revueltas, y fue surgiendo un perro que trepaba sobre la mujer; con un último toque irónico del carboncillo, dibujó el sexo afilado del animal que casi rozaba el vello del pubis de la mujer. —Veo otro perro —dijo Laura.

—Yo no lo veo —dijo Jan. Se relajó sobre la cama para admirar su dibujo mientras Laura se erguía y comenzaba a dibujar un perro que se montaba en el perro de Jan, en una pose de lo más clásica, con la hirsuta cabeza hundida en la espalda del otro como si lo estuviese devorando. Luego, carboncillo en mano, Laura trató de localizar a un hombre. Quería un hombre en el cuadro a cualquier precio. Quería mirar a un hombre mientras Jan miraba a la mujer con la falda levantada. Dibujaba sin prisa, pues no podía inventar las líneas y si las hacía demasiado vacilantes o demasiado fieles a los contornos del enlucido, el resultado sería un árbol, un mono o un matorral. Pero poco a poco fue surgiendo el torso de un hombre. En verdad, no tenía piernas y la cabeza era muy pequeña, pero todo eso quedaba sobradamente compensado por el tamaño del sexo, que a todas luces le ponía agresivo el ver a los perros copulando casi encima de la mujer yaciente. Y entonces Laura se sintió satisfecha y se dejó caer de espaldas. Los dos miraron el dibujo, riéndose, y mientras lo hacían, con las grandes manos todavía llenas de pintura seca, Jan comenzó a explorarla bajo las faldas como si estuviera dibujando o moldeando los contornos con un lápiz, tocando amorosamente cada una de las líneas, desplazándose muy gradualmente a lo largo de las piernas, asegurándose de haber acariciado todas y cada una de las zonas y de haber seguido cada una de las curvas. Las piernas de Laura estaban semi-apretadas como las piernas de la mujer del techo, con los dedos de puntillas como si fuera una bailarina de ballet, así que cuando la mano de Jan alcanzó los

muslos y quiso ser admitida entre ellos, tuvo que abrirlos haciendo un poco de fuerza. Laura se resistía, nerviosa, como si sólo quisiera ser la mujer del techo, que simplemente se exhibía con el sexo cerrado y las piernas rígidas. Jan se esforzaba por deshacer aquella rigidez, aquella firmeza, y se propuso conseguirlo con suavidad y constancia, trazando mágicos círculos sobre la carne con los dedos, como si esperara arremolinar la sangre, haciéndola girar más de prisa, y luego un poco más de prisa todavía. Laura abrió las piernas mientras seguía mirando a la mujer. Algo le rozó las caderas, lo mismo que las caderas de la mujer eran rozadas por el sexo enhiesto del perro, y tuvo la sensación de que los perros estuvieran copulando encima de ella. Jan comprendió que no lo sentía a él sino al dibujo. La sacudió con rabia y, como para castigarla, la poseyó con tal vehemencia, prolongada y contumaz, que no cesó de arañarla hasta que ella pidió a gritos que la soltara. Para entonces ninguno de los dos miraba al techo. Estaban liados con las ropas de la cama, semitapados, con las piernas y las cabezas enzarzadas. Así se quedaron dormidos y las pinturas se secaron en la paleta.

no obligar a la propia mujer por el hecho de serlo. sino conquistarla lenta y morosamente. Cuando se casaron. Iba a la habitación de Fay y se limitaba a acariciarla. tendidos de espaldas en la cálida noche. Fay se instaló como una princesa en su casa perdida en un inmenso parque.Azafrán Fay había nacido en Nueva Orleans. en el otro extremo de la ciudad. Albert la trataba con suma delicadeza. A los dieciséis años la pretendió un hombre de cuarenta que siempre le había gustado por su aristocrática distinción. y tomarla cuando estuviese predispuesta y en el estado de ánimo adecuado para entregarse. Yacían envueltos en la mosquitera blanca como dentro de un velo nupcial. Albert resultaba una especie de libertador. haciéndose mimos y . La primera noche no la poseyó. Fay era pobre y las visitas de Albert constituían auténticos acontecimientos familiares. Sostuvo que era una prueba de amor. La servían hermosas mujeres de color. que hablaba de una vida que Fay nunca había conocido. Todos disimulaban diligentemente su pobreza.

se quedaba inquieta y no podía dormir.. Los ojos de Fay eran alargados y apretados como los de las . Se abandonaba a aquella profusión de besos en el pelo. en las piernas. Era como si tuviese pequeños ardores bajo la piel. en la espalda. lo reverenciaba con palabras de adoración. Albert disfrutaba besándola hasta hacerla gemir. todos los nexos misteriosos que excitan y tensan lugares distintos de los que se besan.. no intentó llevar adelante un abrazo completo. las corrientes que circulan desde las raíces del pelo a las raíces del espinazo. Con cada beso iba engendrando a una nueva mujer. la marcada curvatura de la espalda. pequeñas corrientes que la mantenían despierta.. Descubrió una temblorosa sensibilidad debajo del brazo. cuando el marido se iba. fue atormentada con exquisitez durante varias noches. De este modo. como asegurándose de haber despertado una determinada parte de su carne.dándose besos. en el cuello. y la boca del sexo y los labios. en el nacimiento de los pechos. Le rodeaba los tobillos con los dedos y se complacía en los pies. que eran tan perfectos como las manos de Fay. perdiéndose en la melena larga y espesa. descubriendo una nueva sensibilidad. la firmeza de sus nalgas. observando los hoyuelos del final de la espalda de Fay. Luego. Cada lugar que besaba. en los hombros. Fay se sentía lánguida y drogada. las vibraciones que se transmiten los pezones y el sexo.. y luego llevaba la boca a otro sitio. en los brazos. dijo. Al carecer de experiencia. que hacía sobresalir los cachetes del culo. y repasaba una y otra vez la suave línea estatuaria del cuello. «Como a las mujeres de color».

La luz de la luna se colaba entre las ramas y descubría a una mujer de color tendida desnuda sobre el moho con Albert encima. Al levantarse en busca del quimono y las zapatillas. Fay estaba sorprendida del control de Albert. Una noche. resbalando pierna abajo y manchando la alfombra blanca. Tenía la sensación de estar en un sueño. Los pechos se hinchaban al besarla y mordisquearle la caída de los hombros. cuando gemía. Se sentó desnuda en su nebulosa cama. Anduvo lentamente. Decidió salir de la habitación y pasear hasta calmarse. como el de una mujer sollozante. También él pronunciaba voces confusas. dejándola con los juguillos fluyéndole entre las piernas. A Fay no la vio nadie. Ella tampoco había visto el cuerpo del marido. Le palpitaba todo el cuerpo. Al principio la paralizó . encerrándola como si fuera un tesoro. presos de la violencia del placer. como de costumbre. una gotita de miel le brotó del sexo. Las ramas caían lánguidamente sobre su cabeza y los senderos mohosos silenciaban absolutamente sus pasos. Fay no podía dormir.japonesas. de su recato. la dejaba. ¿Cómo era capaz de someter sus deseos y dormir después de aquellos besos y caricias? Ni siquiera la había desnudado nunca del todo. Ella no dijo nada. la boca llena y siempre entreabierta. Paseó sin rumbo fijo durante largo rato. cerrando cuidadosamente la mosquitera blanca. El perfume de las flores casi la aturdió. un gemido rítmico. Luego un ruido la alarmó. Era un gemido. Y entonces. Albert jadeaba como un animal salvaje y arremetía contra ella. descendió la gran escalera y salió al jardín. Los quejidos eran quejidos de placer. Fay los vio convulsionarse ante sus ojos.

Sabía que él era mayor y que ella era inocente. llegó al pene.. Luego las caderas. La mano. Luego. la mano de Fay avanzó tímidamente hacia el cuerpo del hombre. Él seguía besándola. . Había esperado que la enseñaría. Y empezó a besarla. Mientras la besaba. Albert hubiera podido enseñarla. Le tocó el pecho. Le bastaría susurrar unas palabras. para salvar su felicidad con Albert. Se alejó y lanzó a besarla entre las piernas.el dolor. Aquella noche Fay se convirtió en mujer. lentamente.. Entonces Fay vio a su lado el cuerpo juvenil y delgado. regresó a la casa corriendo. un movimiento delicado. Al principio estaba asustada. Se sentía condenada por su propia feminidad. con sus cabellos muy blancos y resplandecientes. Pareció sobresaltarse. en qué no había conseguido gustar a Albert? ¿Por qué la dejaba para irse con la mujer de color? La brutal escena la había hechizado. por su inexperiencia. esperando. pero aceptó. para demostrar sabiduría y sutilidad. ¿Era culpa suya? ¿Qué le faltaba. la torturaban las dudas. Albert hizo un movimiento de alejarse. Se maldecía por no responder bajo el encanto de las caricias del marido y no comportarse quizás como él deseaba. Tienes cuerpo de ángel. una curiosa mezcla de juventud y madurez. Es imposible que semejante cuerpo tenga sexo. Fay estaba dispuesta a obedecer. rebosante de la humillación sufrida por su juventud. Murmuraba una y otra vez la misma frase: —Tienes cuerpo de ángel. al hacer un secreto de su dolor. Cuando él estuvo a su lado le susurró: —Me gustaría que te quitaras la ropa. Le había dicho que la estaba conquistando.

se extendió por el cuerpo de Fay como una fiebre. Lo decía con tanta humildad y con tanta suavidad que Fay se quedó quieta. que lo intentó muchas veces. —Espera un momentito —decía él—. El pene se le empalmaba. provocada porque el hombre alejara el pene de su mano. deseosa y expectante. Él mismo guió las manos de Fay para que lo acariciaran. Durante toda la noche se sucedieron los asaltos interrumpidos. Entonces sobrevino la noche más triste que Fay había conocido en su vida. porque Albert intentó poseerla y no pudo. lo ponía entre sus piernas y luego desfallecía en las manos de Fay. La misma escena se repitió dos o tres noches y luego Albert dejó de ir al dormitorio de Fay. Soy una mujer. subiendo las escaleras. sólo un momentito. Quiero que me ames como a una mujer. Veía la tortura en los ojos del hombre. Albert. Se sentó con el pelo revuelto sobre los hombros y dijo: —No soy un ángel. Ella estaba tensa y silenciosa. El ruido de los gemidos la obsesionaba cada vez más. vislumbró a Albert montándose por detrás a una de las chicas de color y metiendo la mano por debajo de las voluminosas faldas. mojada. durante lo que le pareció toda la noche. Le daba miedo salir de su habitación. Luego Fay sollozó. Le . La casa estaba completamente alfombrada y era insonora y una vez. Y casi todos los días Fay veía sombras en el jardín. retrocediendo y besándola a modo de reparación. sombras que se abrazaban. fracasando.La rabia.

Albert la poseyó en las más extrañas circunstancias. El bolso se abrió y el olor a azafrán inundó el cuarto. las manos y el cuerpo. Oyó los mismos gemidos que había oído en el parque. satisfecho. Una vez fue a las habitaciones de las chicas de color. Se echó a llorar. Al llegar a casa. que llevaba bajo el brazo y contra el pecho. Siempre le habían gustado los olores. sin besos ni caricias. Iban a dar una fiesta en honor de unos amigos españoles. Luego la besó y la acompañó al dormitorio. donde Fay dejó caer el bolso sobre la cama. Aunque rara vez salía de compras. Fay se restregó contra él con todo su peso. Albert la estaba esperando. que estaban en una casita independiente. Se acercó al coche y la ayudó a bajar. una clase muy rara de azafrán que acababa de llegar de un barco procedente de España. y estuvo escuchando. Fay fue a la ciudad en busca de un determinado azafrán para el arroz. . Se abrió una puerta. —¡Hueles a azafrán! —exclamó Albert. riendo.parecía oírlos a todas horas. El olor era muy fuerte y le impregnó las ropas. Ella apreció un extraño brillo en los ojos del hombre cuando volcó la cara contra sus pechos para olerla. —Hueles como las mujeres de color —dijo luego. los olores de los muelles y de los almacenes. Disfrutó comprando el azafrán recién descargado. como en un juego. Finalmente. Quien salió no era Albert. los guardó bien en el bolso. En la operación. Albert la hizo tenderse en la cama completamente vestida y. la poseyó. Cuando tuvo en su poder los paquetitos de azafrán. Se encontró a Fay sollozando junto a la puerta. sino uno de los jardineros de color.

.Y el hechizo se había roto.

estaba bronceada por el sol y me sentía hermosa. Nueva York. Al llegar. mi amante. Unos amigos ricos me han invitado a estar con ellos en el Plaza. me enfebrece. El lujo me calma. con crema en la . Ya no la amo. Hay quienes bailan y quienes se retuercen anudándose. Apoyo los pies en mullidas alfombras. Recuerdo el día que estuvo en Saint-Tropez y nos encontramos por casualidad en un bar. Llevaba mi vestido de cretona con volantes y una flor en el pelo. Me invitó a que fuera por la noche a su habitación.Mandra Los rascacielos encendidos resplandecen como árboles de Navidad. la gran ciudad babilónica. Me gustan los que flotan y bailan. Me despedí de él a las once en punto y me fui a ver a Mary. Veo a Lilian. Yo estaba libre. Marcel. Quizás esta vez no me mostraré tímida. enfermizamente aburrida como una flor de invernadero. Volveré a ver a Mary. pero estoy en una cama muy blanda. tenía que ir a su casa aquella noche y vivía bastante lejos. Mary estaba echada en la cama.

Al día siguiente de vernos. Estaba embadurnada de crema. En la oscuridad. Mary se fue de Saint-Tropez y yo me quedé con el pesar de no haberla besado. las mejillas. En Nueva York despliego mis alas de coquetería y vanidad. pasiva. Me senté a los pies de su cama y estuvimos hablando. rubio y lujurioso.. Se desvaneció mi deseo de besarla. que había conocido a un hombre que se enamoró de ella y la mantuvo durante años. Se estaba poniendo crema en el cuello y la garganta. El marido nunca se recuperó de esas historias. letárgica. el pelo.. luminosas.. Le despertaron celos y dudas. . después de una vida sexual de la que sólo podría dar cuenta un experimentado contable.cara. Mary está más adorable que nunca y parece que la conmuevo mucho más. hombre ni mujer. Al principio de su matrimonio. porque se había quemado en la playa. Se está psicoanalizando y ha descubierto lo que yo sé desde hace años: que a los treinta y cuatro años. Mary estaba escapando de su marido. Se había casado con él sólo para que la protegiera. y su vida en común se fue haciendo insoportable. En realidad nunca había amado a nadie. Vamos juntas al cine. Tiene los ojos grandes y líquidos. Es lenta. que había estado en una casa de putas y ganado bastante dinero. había contado al marido toda clase de historias personales que no hubiera debido contarle: que había sido bailarina en Broadway y se había acostado con hombres cuando andaba escasa de dinero. me coge la mano. Es todo curvas y morbidez. Eso me contrarió.. en las piernas y en los hombros. Ahora la volvería a ver.

una corriente puramente física. Nunca he visto una mujer más pasiva. aunque no siente nada. . Siempre está sonriente y alegre. Si hablamos de París y de las personas que conocimos allí. Su dicho favorito es: —En aquel tiempo. Necesita vivir en una atmósfera sexual. Conmigo sí es capaz de hablar. Tiene miedo de que lo seduzca. Entre nosotras existe una corriente de atracción. No me permitirá conocer a su marido. en realidad casi puramente vegetal. No le avergüenza hacer nada. Es su clímax. Actúa como si estuviera dormida. no he dormido con él. Soy tan vergonzosa. Siempre estamos a punto de irnos juntas a la cama. se siente irreal. Yo estoy descubriendo sus disimulos. A los ocho años ya tuvo un ligue lesbiano con una prima mayor. pero. Le gustan los sitios adonde van los actores. —Es muy difícil hablar del sexo —dice Mary—. Ella es muy perezosa. Ambas compartimos el amor por las galas. Pero nunca está libre por las noches. lejana. muy lánguida. Dice que siempre está esperando encontrar al hombre que la excite. pero no es capaz de hablarlo. por los perfumes y por el lujo. Trata de despertar metiéndose en la cama con todo el que la invita. ajena a la experiencia. Nos sentamos durante horas en lugares perfumados y con música. siempre dice: —No lo conozco. Me fascina porque su cuerpo rezuma sensualidad.nunca ha conocido un verdadero orgasmo. dormía con todo el mundo. por dentro.

muy suavemente. Mantiene siempre las piernas un poco separadas. Da la impresión de que fuese a tener un orgasmo. Bebe y sólo puede dormir tomando drogas. no puedo seguir conteniéndome. que los hombres creen que está constantemente en un estado próximo al orgasmo. Lleva la chaqueta abierta y el sombrero en la mano y el pelo suelto. —¿Te gustan mis nuevas medias? Y se levanta las faldas para enseñármelas. pero por dentro está hecha pedazos. Pide un whisky. Pero no es cierto. Lo acaricio suave. ¡lo cual encaja con su frigidez! Defrauda a todo el mundo. hasta tal punto que es imposible no darse cuenta: bastará una pequeña caricia para enloquecerla. Siempre viene a mi encuentro comiendo dulces. Me gustan. como una colegiala. . Me coge el quimono. Un día se deja caer en mi cama y tira los zapatos. Sale del cuarto de baño sin secarse.O bien: —Ay. Son como piernas de los Renoir. Parece tan abierta y húmeda. era muy hermoso en la cama. Me doy cuenta de que busca tentarme. Parece tener unos veinte años. —Son demasiado gruesas —dice. Me arrodillo delante de ella y le pongo la mano en el vello de entre las piernas. Conforme se sienta en el borde de mi cama para ponerse las medias. mirándose las piernas—. Luego decide darse un baño. dejando que el quimono se abra. —Pero me gustan —digo yo—. me dijeron una vez en París. incluso a sí misma. Nunca he oído contar que Mary se resistiera. La actriz que hay en ella parece alegre y tranquila. sí.

Mary no se mueve. como los pétalos de una rosa. abierta como una flor. Le gusta que la toquen en la boca del sexo. Toca el sitio al mismo tiempo que yo. el vello del pubis sigue empapado como algas. Lo toco con suavidad y abro los labios para ver si están mojados. meterle la lengua. Ella comienza a gemir un poquito. Le beso el clítoris. Tan tierno y tan hermoso. todavía húmedo del baño. Mary. baja una mano y la suma a las mías en acariciar su propio sexo. Ahora. abierto y mojado. pero quiero que sienta un gran orgasmo. Parece el sexo de una jovencita. ofreciéndome todo su sexo. Metida entre sus piernas. Mis manos trepan hasta sus grandes pechos y los acarician. besarlo. Parece a punto de sentir. por el aspecto que ofrece su carne. como una camelia. ¡Ay Mary! Mis dedos trabajan más de prisa y ella se deja caer de espaldas sobre la cama. Las piernas cuelgan a los lados de la cama y el sexo está abierto. como si nadie lo hubiera tocado nunca. Es rosado y fresco. El pequeño clítoris se pone tieso como un pezón. Tiene la boca tan húmeda. Ahí es donde me gustaría insertar un pene y moverlo hasta hacerla .—El zorrito plateado —digo—. y así deben estar también los labios del sexo. Abre las piernas y me deja verlo. Goza cuando le toco el clítoris. El sexo le sabe a mariscos. debajo del clítoris. no puedo creerme que no sientas nada ahí dentro. a mariscos frescos. salados y maravillosos. como terciopelo y raso. el zorrito plateado. por la forma en que sus piernas se extienden. mi cabeza está presa en el más delicioso torno de carne fresca y salada. tan invitadora. Puedo morderlo.

Se mueve de forma que me sorbe el dedo. que se desencadena una. Una noche me invitan al piso de una joven pareja de la alta sociedad. y lo levanto. Sus pechos caen sobre mí. Yo lo meto más. —¡Ay. es una Brunilda. qué es lo que me has hecho! Me besa. qué me has hecho. Es como ir en barco. cuando se yergue se encuentra con el revuelo de la lengua. Le cojo el culo con las dos manos. hasta que sufre un largo espasmo y comienza a gemir como una paloma. A cada movimiento. y mientras mi boca juega en la boca de su sexo. sin dejar de mover mi lengua dentro de su sexo. A Miriam da gusto mirarla. a ondularse. tres veces. de grandes .. por sus formas. De pronto Mary se estremece. se desplazan por su rotundidad. Se derrumba jadeante. Ella comienza a gemir. mis dedos le aprietan la carne del culo. como si fuera una gran fruta. los H. Cuando se deja caer siente mi dedo revoloteante. Mandra. como si yo hubiera hecho saltar una chispa eléctrica. latiendo en éxtasis. bebiéndose los jugos salados de mi boca. y el dedo índice palpa la boquita del ano y se introduce suavemente. El río es un ser vivo. Pongo mi lengua en la abertura y la empujo para que penetre todo lo posible. Con el dedo siento la palpitación de su placer. Mandra. dos. qué me has hecho. siente mi ritmo que se acelera.. porque está cerca del East River y pasan las gabarras mientras conversamos. mientras repite: —Ay.gritar de placer.

se desnuda completamente. coge una larga pieza de género y se la va enrollando alrededor del cuerpo como si fuera un traje primitivo de Bali. en Roma y Florencia. que soy artificial. Su belleza es natural mientras que yo. gracias al cual percibo la fabulosa vida de los H. Paul proclama a voces mi natural goyesco. Miriam está. inmensos poufs de raso morado. tienen el piso lleno de muebles que considerados uno a uno encuentro feos: candelabros de plata. Los H. y me lleva corriendo al salón para exhibirme. objetos estilo rococó. Opina que yo soy hermosa. reunidas con juguetón esnobismo. en un diván de raso rojo. Su belleza se me sube a la cabeza. cosas absolutamente chic. Para lo cual. como diciendo: Podemos divertirnos con todo lo que ha creado la moda. no tanto un hombre como un fauno: un animal lírico. es pequeño y de la raza de los duendes. . con las piernas cruzadas. mi flor roja del pelo. necesito ambiente y calor para florecer. Me trata como a un objeto artístico. Su marido. nosotros estamos por encima de todo. las frecuentes apariciones de Miriam en Vogue luciendo trajes de Chanel. con un pelo que echa chispas y una voz que atrae. mesas con escondrijos para poner flores. El mayordomo negro abre la puerta. Todo tiene el toque del impudor aristocrático. la pomposidad de sus familias y su obsesión por la palabra que es la clave de la alta sociedad: todo debe ser «divertido». Se desviste y anda desnuda por la habitación. rápido y divertido. Miriam me reclama al dormitorio para enseñarme el nuevo traje de baño que se ha comprado en París.pechos. Paul.

—Me gustaría parecerme a ti —dice luego—. Eres tan exquisita y refinada. Y yo soy tan grande. —Por eso mismo me gustas, Miriam. —Ay, qué perfume, Mandra. Pone la cara en mi hombro, bajo el pelo, y me huele la piel. Yo le coloco la mano en el hombro. —Eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Miriam. Paul nos llama: —¿Cuándo vais a acabar de hablar de trapitos ahí dentro? ¡Me estoy aburriendo! —¡Ya vamos! —contesta Miriam. Y se pone a toda prisa unos pantalones. —Y ahora te has vestido para estar en casa —dice Paul cuando salimos— y yo quiero llevaros a ver al Hombre de la Cuerda. Canta las más maravillosas canciones sobre una cuerda y luego se ahorca con esa misma cuerda. —De acuerdo —dice Miriam—, me vestiré. Y se va al cuarto de baño. Me quedo con Paul, pero en seguida me llama Miriam. —Mandra, entra y háblame. Supongo que esta vez estará semi-vestida, pero no, está de pie y desnuda en el cuarto de baño, empolvándose y arreglándose la cara. Es una reina tan opulenta como cómica. Cuando se pone de puntillas y se inclina contra el espejo, para pintarse las pestañas con el mayor cuidado, de nuevo me turba su cuerpo. Me sitúo a su espalda y la contemplo. Me siento un poco tímida. Miriam no es incitante como Mary.

En realidad, es asexuada, como lo son las mujeres en la playa o en los baños turcos, cuando no tienen presente su desnudez. Pruebo con un leve beso en el hombro. —Quisiera que Paul no fuese tan irritable —dice a la vez que me sonríe—. Me gustaría probarte el traje de baño. Me encantaría vértelo puesto. Me devuelve el beso, en la boca, procurando no estropearme la pintura de los labios. No sé qué hacer a continuación. Lo que deseo es agarrarla. Estoy muy cerca de ella. Entonces entra Paul en el cuarto de baño, sin llamar. —¿Cómo te paseas así, Miriam? —dice Paul—. No te preocupes, Mandra, en su caso es una costumbre. La domina la necesidad de ir de un lado a otro sin ropas. Vístete, Miriam. Miriam va a su cuarto y se desliza dentro de un traje, sin nada debajo, agregando una capa de zorros. —Estoy lista —dice. En el automóvil, Miriam pone su mano sobre la mía. Luego conduce mi mano bajo los zorros, a un agujero del traje, y me encuentro tocándole el sexo. Avanzamos en la oscuridad. Miriam dice que primero quiere atravesar el parque. Que quiere aire. Paul quiere ir derecho al night club, pero cede y atravesamos el parque, yo con mi mano en el sexo de Miriam y tan dominada por mi propia excitación que casi no puedo hablar. Miriam habla sin parar, con mucha soltura. Yo pienso en mi interior: «Pronto no podrás seguir la conversación.» Pero ella prosigue, mientras en todo momento la acaricio en la oscuridad, por debajo del raso y de los zorros. La siento removerse buscando mi

contacto y abrir un poco más las piernas para que pueda ponerle bien en medio toda la mano. Luego se pone tensa bajo mis dedos, se estira toda y me doy cuenta de que está gozando. Y es algo contagioso. Disfruto de mi propio orgasmo sin que ni siquiera me haya tocado. Estoy tan mojada que me da miedo de que se note a través del traje. Y también debe notarse a través del traje de Miriam. Ambas nos cubrimos con nuestras capas al entrar en el night club. Los ojos de Miriam están brillantes e intensos. Paul nos deja un momento y vamos al servicio de señoras. Esta vez Miriam me besa en la boca de lleno, desvergonzadamente. Nos arreglamos y volvemos a la mesa.

—¿Y ahora dónde vas? ¿Tienes dinero? —No. La chica apenas tenía dieciséis años. —Me he escapado de casa —dijo. —Entonces. . Jean llevó al piso a una jovencita que había encontrado vagabundeando por la calle. llevaba el pelo corto. Jean. vente conmigo —dijo Jean—. Había contestado en seguida a las palabras de Jean. con los pechitos muy puntiagudos. Te daré de cenar y una habitación. Se había dado cuenta de que no era una prostituta. Ella lo siguió con increíble docilidad. como los muchachos. y sus formas eran juveniles. Un día. —¿Cómo te llamas? —Jeanette. no tengo dinero ni dónde dormir. —Vaya. nos llevaremos bien.La fuga Pierre compartía el piso con otro hombre mucho más joven. pero con aturdimiento. Yo me llamo Jean.

—Dame la lengua cuando yo te dé la mía —le dijo. con aspecto de niña aburrida. Le pidió que le diera las buenas noches con un beso. Entonces Jean se excitó más. pero que excitó a Jean. mientras él la observaba echado de espaldas. Al principio. y le hizo sentarse a su lado. oyó que le llamaba. Ella obedeció. con sendas camas dobles. Se estiró a su lado. Ella asintió con la cabeza. Jean comenzó a enseñarla a besar. Ella se lo permitió con la misma docilidad que había demostrado cuando lo siguió a casa. Le dio un beso educado e inocente. Le hizo la cena y le dijo que se fuera a dormir. Jean no sintió deseo. Este no había vuelto. Estaba sentada en la cama. La forma como lo había besado no era una prueba. —¿Te gusta? —le preguntó. sino una especie de piedad. pero no podía creer que siguiera siendo virgen. Viendo el desamparo y la confusión de la jovencita. Jean no pretendía sino socorrer a la chica y se acostó en la cama de Pierre.El piso tenía dos dormitorios. Ella parecía complacida. Él prolongó el beso e introdujo la lengua en la tierna boquita de la joven. ella se . Le prestó un pijama. Jean estaba un poco asustado de la juventud de la chica. Había conocido muchas mujeres que no sabían besar pero que eran diestras para agarrar a un hombre por otros procedimientos y recibirlo con gran hospitalidad. Poco después de haberse metido en el dormitorio de Pierre. la condujo al dormitorio y la dejó. Entonces. Sus labios eran inexpertos.

Después. apoyó sus jóvenes senos contra el pecho del hombre y se restregó exactamente igual que una gata de angora voluptuosa. ¿No te basta con uno? —Todavía no lo sé —dijo Jeanette con la misma seriedad—. Estuvieron pegados el uno al otro largo rato sin que Jean probara otras caricias. Luego Jean concentró toda su atención en sus pechos firmes y puntiagudos.levantó apoyándose en el codo y muy seriamente sacó la lengua y la puso entre los labios de Jean. Mientras que ella recibía hombres a todas horas. Y yo quiero tener unos cuantos hombres para mí. Eso le encantó. Progresaba de prisa. Ella respondió con pellizquitos y besos. —No —dijo la jovencita muy seria—. —¿Nunca habías besado a un hombre? —preguntó él. cómo restregarse contra su . Los pezones habían sabido cómo tocar los del hombre. Jean estaba sorprendido del talento de la chica para el amor. Tendré que verlo. le exploró los pechos. Ni siquiera me deja salir sola a la calle. ella le desabotonó inesperadamente la camisa. Los besó y los manoseó. Pero siempre he querido hacerlo. lleno de incredulidad. cuando se tomó un descanso. Luego. La chica era una buena alumna. Le hizo mover la lengua y sacudirla. Mi madre es muy guapa y a veces vienen hombres a casa y se encierran con ella. Pero nunca me deja verlos. —¿Unos cuantos? —dijo Jean riendo—. Por eso me he escapado. Jeanette lo observaba con gran interés. Sabía que mi madre seguiría escondiéndome.

a veces. Estaba alarmada. y además Jeanette. Pierre no pudo evitar oírlos. Es insaciable. Pero no había conseguido sacarle la dirección a . Pierre llegó a casa a media noche y. que reconoció como los ruidos propios del orgasmo. el zurear de palomas. Al día siguiente Jean le habló de Jeanette. Jean se había cansado y quería informar a la madre de sus correrías. Pero en ese momento ella le pidió que apagara la luz. Pensaba que Jean había tenido algún accidente. yo creía que sólo era una jovencita y resultó ser. en primer lugar. En realidad. Jean tenía el doble de edad que Jeanette. como el zureo de las palomas. y le preguntó si iba a almorzar. Pierre se quedó en el piso. Al cabo de ocho días. al otro lado de la puerta. debía estar buscando superarla. al pasar por delante de la habitación. se percató de que Jean se iba cansando. Después de comer desapareció hasta que volvió Jean. con mucha timidez. Jeanette fue a despertar a Pierre. El noveno día Jean estuvo fuera toda la noche. oyó los gemidos de una mujer.. Lo mismo ocurrió al día siguiente. Se detuvo. teniendo presente a la madre. Pero todas las noches oía Pierre los gemidos y los canturreos. Y al otro. Se imaginaba la escena al otro lado de la puerta. Después se fue a trabajar y estuvo fuera todo el día. Era tan apacible como un ratón.pecho y excitarlo. —Sabes —dijo Jean—. ser virgen. pero nunca habrás visto semejante habilidad para hacer el amor.. Los gemidos eran rítmicos y luego. Así que almorzaron juntos. Así que ahora la fue destapando y comenzó a soltarle el cordón del pijama. Me ha dejado agotado. Pero Pierre sospechaba cuál era la verdad. A mediodía apareció Jeanette.

un simple velo para retener el perfume de su cuerpo. de debajo los pechos y los brazos. con sueño e indiferente a la jovencita. a la vez ácido y dulce. Al fin se atrevió a preguntarle: —¿Crees que Jean no quiere que siga aquí? ¿Crees que debo irme? —Creo que debes volver a tu casa —dijo Pierre. que el calor del verano avivaba como reaviva el olor de las flores» Pierre fue ganando plena conciencia de su propio cuerpo. llamando por teléfono a la policía. consciente de que estaba abierto por el pecho y de que tal vez Jeanette percibiera su olor como él olía el de ella. Llevaba un traje muy fino.Jeanette. . y en el fondo el olor de su feminidad. fastidiado. Entró a todas horas de la noche en la habitación de Pierre para comunicarle sus preocupaciones. Ella vagaba sin rumbo por el piso. las pocas gotas de transpiración del cuello. que parecía un perfume que la envolviera. en silencio. tan fuerte y penetrante que Pierre apreciaba todos los matices. como una mezcla de limón y miel. se quedaba mirándolo. cogiendo libros y dejándolos. Jeanette se sentó a los pies de la cama para hablarle. su aliento. Así que simplemente se alejaba. indefensa. Pierre intentó consolar a Jeanette lo mejor que pudo y luego volvió a la cama. Era un perfume complejo. sintiendo la caricia del pijama sobre la piel. intentando comer. el olor fuerte y amargo del pelo. Pero al día siguiente ella seguía en el piso y una cosa alteró la indiferencia de Pierre.

Se quedó bocarriba. el deseo del hombre se afirmó con violencia. Sintió desprecio. el sexo de la mujer encerró el pene. A Jeanette la sorprendió ver que. su habilidad y su potencia habituales. viendo y mirando el cielo raso. a mitad de sus fervientes caricias. Pierre sintió que la potencia le volvía. Empujó su poderoso sexo dentro de ella y sintió su estrechez. cayó presa de la duda. No tenía ninguna razón para dudar de su propia potencia. Pierre languidecía. Nunca antes había estado tan cerca de otro hombre que estuviese haciendo el amor ni había oído tan bien los ruidos de una mujer en el momento de agotarse de placer. produciéndole enormes deseos de poseerla y de violentar aquel cuerpo tan entregado y rezumante. Como si fuera una vaina. y de la braguitas blancas que llevaba Jeanette. suave y acariciante. volvió a excitarlo. cuando comenzó a acariciar a Jeanette. de la pequeñez del sexo que sentía bajo sus dedos. miró sus piernas juveniles y le bajó las ligas. La visión de las medias. Él levantó el ligero vestido. adivinaba dónde . Tiró de Jeanette hacia sí. que descendían enrollándose. repentinamente. La hizo deslizarse a su lado y le notó el cuerpo a través del delgado vestido. y se preguntó si también él podría.De pronto. Tenía amplias pruebas de su éxito como amante eficaz y satisfactorio. Eso le encantó. En cada movimiento de Jeanette. con tal temor que el deseo murió. Tenía demasiada poca experiencia para pensar que eso puede ocurrirle a cualquier hombre en determinadas circunstancias. Pero esta vez. de manera que no hizo nada por reanimarlo. Luego Pierre la besó en la boca y eso la hizo disfrutar. Pero en el mismo instante se acordó de cómo Jean la hacía gemir y tararear a aquella hora.

—Dime cuándo quieres. Le dio la vuelta y la tomó por la espalda. lleno de dudas. le acarició los pequeños pechos. ¿No estaba disfrutando? ¿Qué le hacía Jean para arrancarle aquellos chillidos de placer? Pierre probó todas las posiciones. Pero la pasividad de la joven le produjo inseguridad. Sus manos le recorrían todo el cuerpo. Jeanette le sonrió y se abandonó. Ella jadeaba y se deshacía. le mordió los labios. le besó el sexo. como si estuviera esperándolo. Ante este contacto. pero en silencio. con sólo la punta. atrayéndola. Su deseo había .quería que la tocase. luego. Luego se detuvo. ella dio un salto pero no dijo nada. le cubrió las pequeñas nalgas redondas con sus manos calientes y uno de los dedos rozó el orificio. se acercó el sexo. Cuando se apretó. por la mitad del cuerpo. Pierre esperaba su voz. Pierre escuchaba atentamente mientras seguía abriéndose paso dentro de ella. Pierre le tocó el culito. —Sí —dijo ella. —Córrete ya —dijo ella inmediatamente. retiró un poco el pene y. dime cuándo quieres —dijo con desesperación. La levantó. de gozarla. —¿Quieres tú? —volvió a preguntar Pierre. pero Jeanette se mantuvo en silencio. trazó círculos alrededor de la abertura del pequeño sexo rosado. le introdujo el miembro con violencia y. una voz de aprobación y de aliento. suavemente lo revolvió y agitó allí dentro. A Pierre se le fueron todas las ganas de correrse. pero no decía nada. De Jeanette no salía el más mínimo sonido. pero seguía sin abrir la boca. se puso de rodillas para mejor trabajarla.

Pierre disfrutaba comprándole ropas. Con este fin. Pero si me oyera. Pensaba que. sino también a otras mujeres. pero no creía que a Pierre le interesara de verdad. porque era demasiado infantil. —Yo estaba disfrutando —dijo Jeanette con un estremecimiento—. ¿qué sientes?» Yo no sé decirle qué siento. disfrútalo. pues. no sólo a Jeanette. pues siempre me está diciendo: «Si te gusta. Jean hubiera debido prever lo que ocurriría entre Pierre y Jeanette en su ausencia. Se llevó una gran sorpresa cuando. venga. . habla. Le gustaba ver por los resquicios de las cortinas mal cerradas. Le vio en la cara una expresión de frustración. Fue Jeanette quien dijo: —Supongo que no te resulto tan atractiva como otras mujeres. ¿no te gusta? Te da gusto. al volver. dilo. Se sentaba tranquilamente en una silla. disfrutas. pero no parece que disfrutes y eso me inhibe. la acompañaba a las tiendas y esperaba mientras se probaba las cosas en los pequeños cajones destinados a vestuario. —Claro que me resultas atractiva. si al menos no me oía. podía creer que me estabas tomando contra mi voluntad. si venía y me encontraba aquí. pues. Claro que disfrutaba. Pierre se sorprendió. se daría cuenta de que estoy gozando y eso le dolería. su cuerpo infantil deslizándose fuera y dentro de los trajes. Sólo que tenía miedo de que llegara Jean y me oyera.muerto dentro de ella. encontró que Jeanette se había quedado y que Pierre estaba bien dispuesto a consolarla y ligársela. grita. habla. pero me hace gritar y eso lo pone contento y lo excita. dilo. si te gusta.

de piernas. —¡Mírame! —decía—. Y la gratitud de Jeanette por los regalos adoptaba una forma de coquetería sólo comparable al manierismo de las artistas de striptease. Veía fragmentos de hombros. Pierre sentía la urgencia de arrancarle el vestido. ¿No es hermoso? Y sacaba los pechos provocativamente. cepillándose el pelo. empolvándose la cara y comportándose como si no pensara seguir desnudándose y Pierre hubiera de contentarse con verla tal como estaba. acariciaba la tela como si fuera su propio cuerpo. que aprobara los botones. para ver cómo se le ajustaba el vestido. no caía en los brazos de Pierre. Llevaba los zapatos de tacón alto. las ligas. Y cuando al fin llegaban a casa. las medias. y fumaba. Hecho lo cual. de espaldas desnudas.cara a los vestuarios. quería encerrarse en la habitación. Estiraba el cuerpo con voluptuosidad. porque él lo bautizara con su deseo. sino que daba vueltas al cuarto en ropa interior. que le apretara el escote. y también entre la . Casi no esperaba a estar fuera de la tienda para pegarse a él mientras andaban. Dentro del nuevo traje. que aparecían y desaparecían detrás de las cortinas. En cuanto entraban en el taxi quería que tocara el género. restregones y revuelos. haciéndole sentir su vehemente vitalidad. se apretaba contra Pierre. por entregárselo a Pierre. para que se apropiara del traje tanto como se había apropiado de su cuerpo. La misma ansiedad que parecía haber sentido por ponerse el traje. y la carne brotaba entre las medias y las braguitas. por arrugarlo. entre arrumacos. no contentándose hasta que. parecía tener luego por quitárselo.

Quería librarse de ella. Jeanette percibió por primera vez al maestro que había en Pierre. Quería desnudarla. Ella seguía enfadada. Al cabo de un momento Pierre intentaba cogerla. Luego vio a Pierre. pero no sentía ningún deseo por Jeanette. En medio de esta mezcolanza de dureza y blandura.cintura y el pequeño sostén. Jean comprendió. Pierre intentó calmarla. para dejar el piso. Sólo consiguió soltarle el sostén y de nuevo escapó de sus brazos y se puso a bailar. de sus botones contra los blandos pechos. Le arrancó las bragas. la arrastró a su cuarto y la tiró sobre la cama. Tal como estaba. enfadado de quedarse sin la última recompensa y enfadado de que prefiriera a Jean. La lucha era agradable. Y en aquel momento oyeron entrar a Jean. Pierre admiraba su ligereza. Jean la vio lanzándose a sus brazos. desnuda y con las bragas. La cogió al pasar. Pierre le cerró el camino. Y él se dio cuenta. Sólo le permitió quitarle las medias y los zapatos. Esta vez la poseería a cualquier precio. Entonces Jeanette se volvió hacia Pierre. pero no pudo tocarle las bragas. De manera que la rechazó y los dejó solos. de los zapatos contra los pies desnudos. Jeanette salió de un salto del cuarto de Pierre y fue corriendo a recibirlo. Se puso a hacer las maletas y a vestirse. dejando al descubierto su jugosidad. . Quería enseñarle todos los pasos que sabía. el roce de su traje rugoso contra la piel de ella. que la había seguido. de frialdad y calor. rigidez y complacencia.

pero no lo hizo. como si dijera: «No te necesito. entre murmullos sofocados. Ella miraba fijamente. procurándose todo el placer que eso le daba. el pene de Pierre. se detuvo. Era como si tuviese en la mano un pájaro palpitante. a veces toda la mano. La boca de Pierre recogía la espuma fresca de la entrepierna de . Jeanette cayó de espaldas y se fue poco a poco apaciguando.» Jeanette se arrojó a la cama y se puso histérica. disfrutando furiosamente con sus propios movimientos. cogió el pene erecto y lo estuvo acariciando. un pájaro cautivo que trataba de saltar hacia ella. fascinada. Jeanette se puso de rodillas. todo excitaba aún más a Pierre. Sus gestos desenfrenados. Ante su cara de asombro. pero que Pierre retenía en nombre de su exclusivo placer. Sólo le insertó un dedo. Siguió masajeándolo. En lugar de eso.Y entonces le sobrecogió el diabólico deseo de hacerle daño. Aunque le palpitaba la entrepierna. Cuando hubo movido el dedo y Jeanette pedía ser satisfecha y se retorcía de excitación. Acercó la cara. si al menos le besaba el pene. utilizando a veces sólo dos dedos alrededor de la punta. el arco de su cuerpo tendido levantándose. Pero él aún tenía fresco el enfado de que hubiera salido de la habitación para ir al encuentro de Jean. enterró la cara entre las piernas de la mujer. satisfaría su deseo. la forma de aplastar la cara contra la almohada para no seguir viendo cómo Pierre se acariciaba. Parecía a punto de ofrecer el pene a la boca de Jeanette. tenía la sensación de que. Pero siguió sin entregarle el pene. Pierre la dejó arrodillarse. y Jeanette presenciaba cada contracción y cada expansión.

La atormentaba. sino la mujer que acababa de nacer. y Jeanette tembló. no se daría cuenta. Jeanette yacía casi desmayada. Jeanette no se daría cuenta. paraba. Estaba totalmente sometida al conjuro de los dedos de Pierre. Aunque Jean le hiciera el amor. Cuando al fin el pene erecto rozó el punto blando de su cuerpo. . fue como si la quemara. Ahora Pierre sabía que. Le mantenía las piernas bien abiertas. El pelo caía sobre el vientre de Jeanette y la acariciaba. En cuanto percibía el ritmo del placer. pero sin permitirle alcanzar el placer. esperando el placer que él le proporcionaría. Jeanette floreció bajo sus caricias. pero no ya la jovencita. aunque entrara Pierre. La mano izquierda alcanzó uno de los pechos. Pierre nunca le había visto el cuerpo tan abandonado. tan inconsciente de todo lo que no fuera el deseo de ser tomada y satisfecha.Jeanette.

nacida de padres cubanos. Nueva York y Los Ángeles. es mejor conocida por sus escritos sobre su vida y su tiempo recopilados en los llamados Diarios de Anaïs Nin. Francia. volúmenes del 1 al 7. Después de haber pasado gran parte de su temprana infancia con sus familiares cubanos. a la edad de once años. y a lo largo de la vida conoció y se relacionó con mucha . 14 de enero de 1977) fue una escritora francesa. 21 de febrero de 1903 . se naturalizó como ciudadana norteamericana. Autora de novelas avantgarde en el estilo surrealista francés. Continuó escribiendo en sus diarios por varias décadas. Nin comenzó a escribir su diario a comienzos del siglo XX.Acerca de la autora Anaïs Nin (Neuilly-sur-Seine.Los Ángeles. vivió y trabajó en París.

en cinco tomos: «Pájaros de fuego» (Póstuma) «Hijos del albatros» (1947) The Four-Chambered Heart «Una espía en la casa del amor» (1954) Seduction of the Minotaur The Novel of the Future In Favor of the Sensitive Man Henry and June (1990) Incest . se encuentran actualmente en el Departamento de Colecciones Especiales de la UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) Bibliografía: D. incluyendo a Henry Miller. Lawrence: An Unprofessional Study «Collage» (1964) «Invierno de artificio» (1939) «Bajo la campana de cristal» (1944) «La casa del incesto» (1936) «Delta de Venus» (Póstuma) Little Birds «Ciudades de interior» (1959). Antonin Artaud. Los manuscritos originales de sus diarios. Gore Vidal.000 páginas. James Agee. Edmund Wilson.H. Otto Rank.gente interesante e influyente del mundo artístico y literario. así como del mundo de la psicología. que constan de 35. y Lawrence Durrell.

La enciclopedia libre . 3 (1985) 1927-1931 Vol. 2 (1983) 1923-1927 Vol. 4 (1983) 1947-1955 Vol. 5 (1975) 1955-1966 Vol. 1 (1969) 1934-1939 Vol. 2 (1986) 1939-1944 Vol. 6 (1977) 1966-1974 Vol. 7 (1981) 1920-1923 Vol.Fire (1995) Nearer the Moon (1996) El Diario de Anaïs Nin (1966-Póstuma) 1931-1934 Vol. 3 (1983) 1944-1947 Vol. 4 (1986) Fuente: Wikipedia.

.Notas [1] Adaptación de la presentación del relato publicado como «Marianne» en «Delta de Venus». [2] Martes de carnaval. la fiesta de ese día.