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Juan Ramon PDF

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EUROPA AGRARIA

OCTUBRE 2011

Actualidad 19

comienzos del pasado mes de agosto, cuando el centro de atención informativa oleícola estaba en su punto álgido, el diario El País publicaba una información en relación con el sector del aceite de oliva con tintes ciertamente inquietantes. Hacía referencia al fraude que la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía había puesto de manifiesto el pasado mes de noviembre, cuando en una inspección de consumo se había detectado que 15 aceites de 24 muest
EUROPA AGRARIA

OCTUBRE 2011

Actualidad 19

comienzos del pasado mes de agosto, cuando el centro de atención informativa oleícola estaba en su punto álgido, el diario El País publicaba una información en relación con el sector del aceite de oliva con tintes ciertamente inquietantes. Hacía referencia al fraude que la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía había puesto de manifiesto el pasado mes de noviembre, cuando en una inspección de consumo se había detectado que 15 aceites de 24 muest

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EUROPA AGRARIA

OCTUBRE 2011

Actualidad 19

comienzos del pasado mes de agosto, cuando el centro de atención informativa oleícola estaba en su punto álgido, el diario El País publicaba una información en relación con el sector del aceite de oliva con tintes ciertamente inquietantes. Hacía referencia al fraude que la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía había puesto de manifiesto el pasado mes de noviembre, cuando en una inspección de consumo se había detectado que 15 aceites de 24 muestreados no cumplían la legislación vigente, algo alarmante, con certeza, para el consumidor. Muchos de los que nos encontramos, más o menos cerca del sector, esperábamos la resolución de este expediente, del que no habíamos vuelto a saber nada desde entonces. Como decía, se publicó una nota informativa al respecto que deseo comentar, pues la información que contiene merece que se reflexione sobre ella. Con objeto de poder hacerlo con más claridad, reproduzco literalmente el primer párrafo de la misma: "No hubo fraude en los aceites de oliva virgen extra analizados por la Consejería de Salud después de que una inspección constatara que el producto no se correspondía con lo que anunciaba su etiqueta. La consejera, María Jesús Montero, admitió ayer que "la mayoría" de las aceiteras a las que se les abrió expediente sancionador han podido demostrar que contaban con análisis del momento del envasado que garantizaban la calidad del producto por lo que "el problema" radica en las condiciones de conservación." No hubo fraude, se afirma, porque "la mayoría" de las aceiteras contaban con un análisis que "garantizaba" la calidad del producto. Lo primero que cabe preguntarse es qué sucede con aquellas envasadoras que no forman parte de esa "mayoría" de la que se habla, ¿tampoco cometieron fraude? En segundo lugar, si las aceiteras presentan un análisis que garantizaba la calidad cuando envasaron, y eso las exculpa, ¿cómo es que no cumplían con la legislación cuando fueron inspeccionadas después? Debían de haberlo hecho durante el período de fecha de consumo preferente, pues es lo que indican la legislación y el sentido común. A propósito de ello, dicha fecha no puede, bajo ningún aspecto, ser extensiva a todas las partidas de aceite, porque depende de las características intrínsecas de cada uno de ellos, del tipo de envase en que se encuentre y de las condiciones de almacenamiento. Poner dos años de consumo preferente de forma generalizada, como se viene haciendo, es como decirle al común de los mortales que el ser humano vive, de promedio, doscientos años, cuando es de todos conocido que sólo una ínfima minoría llega a los cien o los sobrepasa un poco. La fecha de consumo preferente debe ser, pues, tomada en consideración con la seriedad que requiere, porque afecta de manera

A

Una cuestión de principios
noticia arroja luz, en mi opinión, sobre el fondo del asunto. A continuación, se transcribe. "Montero explicó que el aceite de oliva virgen extra puede perder cualidades organolépticas si no se cumplen determinadas condiciones de conservación, por lo que los responsables de las anomalías detectadas no serían las aceiteras sino que algo habría fallado en la cadena de distribución y comercialización. La consejera comparó estas circunstancias del virgen extra con las del vino, que también pierde calidad si no se conserva correctamente, por lo que la Consejería y el sector del aceite están trabajando en una campaña dirigida al consumidor en la que se detalle qué condiciones de conservación debe valorar en el punto de venta antes de adquirir el producto." Indirectamente, ya se nos explica aquí que el "problema" han sido las características organolépticas, algo que muchos intuíamos de antemano. Antes de continuar, una breve introducción. Las características organolépticas del aceite virgen, aquello que el consumidor puede percibir con sus sentidos, fundamentalmente reflejan el estado y la variedad de las aceitunas de partida. Un aceite virgen extra, nunca debe tener defectos sensoriales puesto que las aceitunas estaban bien. Los defectos pueden aparecer por tres razones esencialmente: por una materia prima en mal estado, una mala elaboración y por la oxidación del aceite al estar expuesto a la luz directa, al aire y a las altas temperaturas. Sin embargo, la alta velocidad de rotación en los lineales de las grandes superficies, los envases de color, mayoritarios en el aceite virgen extra y el estar el envase cerrado, hace poco probable que los defectos sensoriales de las 15 muestras en cuestión, fueran la rancidez. Si así hubiera sido, o bien se habría sobrepasado la fecha de consumo preferente o si no se hubiera franqueado, el aceite estaba mal dentro del periodo de consumo preferente, algo probable puesto que a la distribución no se la cita. En ambos casos, debería haber habido una sanción, algo que no ha sucedido. Debemos entender, por lo tanto, que los defectos encontrados están referidos a una materia prima en mal estado o a una mala elaboración. Compréndase que este tipo de defectos ya se encontraban en el aceite antes de ser envasado, por lo que la responsabilidad recaería de plano en el envasador. En lo que concierne a lo explicado en este segundo párrafo por la Consejería, no podemos más que sonreír, cuando se nos quiere explicar que el aceite procedente de aceitunas putrefactas, o de aceitunas heladas o picadas de mosca, por ejemplo, tiene esas características por haber estado

JUAN RAMÓN IZQUIERDO-MADRID
LICENCIADO EN CIENCIAS QUÍMICAS

"Sorprendentemente, tampoco se ha actuado contra la distribución y parece que la responsabilidad no es de nadie. Estamos ante una nueva filosofía de 'impunidad'" "Da la impresión que el mensaje subliminal de todo esto es que el envasar aceite con defectos y venderlos como extra no tiene importancia" "Una parte del sector oleícola ha optado por guardar silencio (...) Deben saber que cuando se prolonga en el tiempo, ese silencio se torna cómplice y culpable"
fundamental al consumidor y a su forma de comprar. Continuando con el razonamiento anterior, el aspecto más inquietante de este primer párrafo, y que más llama la atención, [muy acertadamente señalado por la señora Vives, directora del GRUPO EUROPA AGRARIA, en un artículo publicado en el pasado número de este periódico, en la página 12], es que no se ha cumplido con la ley en vigor y, por lo tanto, mucha gente se pregunta, y con razón, cuál ha sido el motivo para ello. En efecto, de acuerdo al procedimiento español, cuando se toma una muestra, se analiza y si no cumple con los requisitos especificados, el presunto infractor cuestiona los resultados analíticos, que deben ser contrastados a continuación con los obtenidos por otro laboratorio competente elegido por él mismo. Y, si existe discrepancia entre ambos resultados, se recurre a un tercer análisis. En esta ocasión, el procedimiento no se ha seguido. Lo llamativo, y siempre de acuerdo a lo publicado por el diario El País, es que las empresas aceiteras no hayan cuestionado los resultados del primer análisis. En buena lógica concluimos, por lo tanto, que los aceptan y los dan por buenos admitiendo, de forma implícita, que sí hubo fraude. ¿Por qué se dice, entonces, que no lo ha habido? Existe una probable causa que podría explicar ambas cosas y es que no hayan cuestionado los resultados porque alguien haya dado la posibilidad de presentar unos análisis que pusieran en evidencia que el aceite estaba bien cuando se envasó. Si así ha sido, ¿quién tiene tanto poder como para infringir la ley a su antojo? Porque esa posibilidad no está contemplada y estaría al margen de la ley. Y, si como hemos visto, se ha demostrado que esos análisis no han garantizado la vida posterior del aceite, ¿por qué exculpa la Consejería de Salud a la "mayoría" de las aceiteras? Prosigamos. Lo que la Consejería de Salud denomina "el problema" radica, según ella, en las condiciones de conservación. Es decir, en algo intangible, etéreo y tan sutil del que nadie es responsable. Y nadie es responsable porque si se afirma que el "problema" radica en las condiciones de conservación, se supone que deben ser las que la distribución ha empleado para el caso, puesto que las envasadoras ya han sido absueltas de responsabilidad de antemano. Pero es que, sorprendentemente, tampoco se ha actuado contra la distribución, y por eso parece que la responsabilidad no es de nadie. Estamos, pues, ante una nueva filosofía de "No responsabilidad" o de "Impunidad", según se mire. Sin embargo, lo único que con certeza se puede decir en todo este embrollo, es que quien no tiene responsabilidad alguna es el consumidor, que ha pagado por un producto que no era lo que se decía que era. Podemos concluir que, de acuerdo a la información proporcionada, estamos ante un procedimiento "ad hoc", es decir, para la ocasión, absolutamente irregular, del que la Consejería de Salud debería dar explicaciones. El segundo párrafo de la

en los lineales de las grandes superficies en malas condiciones de conservación. No, señores, se equivocan ustedes. Podemos, y queremos, pensar por nosotros mismos. Ahora, el "problema" parece iluminado: Da la impresión, en mi opinión, que el mensaje subliminal de todo esto es que el envasar aceites con defectos y venderlos como extras no tiene importancia y que, si bien la legislación lo prohíbe, siempre se puede mirar hacia otro lado si fuere necesario. He aquí lo verdaderamente inquietante. Vivimos en un país libre, en el que nos hemos dotado de una serie de derechos y obligaciones. Y uno de los rasgos del ciudadano que forma parte de una sociedad avanzada es la responsabilidad en sus acciones. Y esa madurez de la sociedad, en la que se encuentran la Administración y, en el caso que nos ocupa, las industrias agroalimentarias, se plasma en lo que podemos denominar la responsabilidad social. Y este elevado principio de responsabilidad hacia la colectividad, debe de ser el faro que alumbre a todos aquellos que trabajan, de un modo u otro, al servicio del ciudadano. Uno de los puntos de convergencia de la responsabilidad social de la Administración y de las empresas agroalimentarias es, precisamente, la defensa del consumidor, ya que ambas trabajan por su bienestar, unos proporcionándole productos y la otra controlando que éstos se ajusten a lo estipulado. Así, pues, la defensa de los intereses del consumidor debe siempre ser un objetivo prioritario, en cualquier circunstancia, de estos dos elementos de la sociedad. Y no debe de haber dudas al respecto, puesto que si este pilar fundamental se resquebraja el ciudadano, que es el elemento más débil de la cadena alimentaria, (no lo olvidemos) queda desprotegido y cualquier desgracia puede suceder. Por eso, es absolutamente fundamental que el control de la Administración en materia de consumo esté absolutamente circunscrito y subordinado al ámbito técnico-jurídico. Una parte del sector oleícola ha optado por guardar silencio en este asunto y se ha emboscado a sotavento, cuando importantes principios de convivencia que le afectan están en juego, lo cual explica, en parte, cuáles son sus males. Deben de saber, sin embargo que, cuando se prolonga en el tiempo, ese silencio se torna cómplice y, finalmente, culpable. Todavía están a tiempo. Y las organizaciones de defensa del consumidor, herramientas fundamentales de la sociedad en casos como este, ¿no tienen nada que decir sobre este asunto? ¿Qué opinan de la nueva doctrina de impunidad que se está esgrimiendo? ¿Van a permanecer en silencio también? Sería muy interesante que se manifestaran al respecto. Mi gratitud, señora directora, por permitirme opinar, como ciudadano libre que soy, en este asunto.

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