Septiembre 2011

por Nancy Bonilla Quiero hablar de alguien que no sea yo, de lugares que no he visto, de lugares que quiero dejar de ver, de espacios rodeados del furor social, personas aglutinándose en solidaridad porque también están hartas, quiero que dejen de estar hartas. Quiero decir millones de palabras, gritar frases, usar muchos verbos, llevar las consignas hasta los oídos de quienes nos las han robado desde hace ya varios años, quiero decirles que si ya han violado todo, me dejen, te dejen, nos dejen eso, las palabras, el lenguaje; que no jueguen con eso, que es lo único que tenemos, que nos queda, que la derecha no use nuestro dolor, nuestra, -la de las víctimas; indignación, nuestra lucha de/por el cambio, que dejen de pronunciarse contra el fascismo si son ellos, sus políticas, su hambre de poder, sus convenios, sus empresas, su guerra; quienes implantaron la semilla fascista. Quiero que otros despierten, que se olviden del nombre, de esa otra medida de control, quiero que dejen de ser números, que luchen desde otro lugar, que dejen de ser la identidad que les han dicho deben ser: que olvidemos las etiquetas; derrumbar sus mentiras: que tenemos lo que merecemos, que así es como deber ser, que estamos solos, que es culpa nuestra esta violencia. Quiero decirle a todas y todos que es falso, que somos muchas las personas quienes hemos sido discriminadas, vulneradas, llevadas de menos a más por sus políticas bélicas y de consumo social. No les pido, les exijo: dejen de chuparle la sangre a todos estos muertos, dejen de llamarle criminal a personas inocentes, dejen de hacer este territorio su backyard gringo. Dejen de reír de nosotros al ver su bota en nuestro cuello. Dejen de amenazarnos cuando suben a la tribuna admitiendo el cambio de intereses, dejando claro que han sido comprados. Aquí no hay soluciones mágicas aquí hay lo que hay; aquí hay que juntarnos, sumar esfuerzos, resistir. No basta estar hartas, hay que empezar a actuar porque lo estamos. Lo que vivimos ahora es el rio revuelto de pescadores, es mas de 20 años viendo televisa, es el fracaso de la Revolución Mexicana, es el tiempo elíptico que ahora da armas sofisticadas, no solo palos y piedras. Es el cine mexicano producido en los estudios Churubusco y patrocinado por el Gobierno; son años formando la memoria colectiva sin previsión alguna; millones de imágenes cuya repetición duele y estereotipa. Es el capitalismo y la psicosis consumista que vende. Es tiempo de que las putas vuelvan a marchar. Porque putas somos todas y no queremos que nos llamen así. Es tiempo de contar a los desplazados y exigir su derecho a lo que les fue hurtado mediante despojo. No es un llamado a la violencia, es un llamado a resistir.

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