iCONVlERTETE EN DETECTlVLI

CASOS MISTERIOSOS PARA LEER Y JLJ( ,Al'
¿Quién planeó el robo de las IIbroteJ:, (h 1
notas en el tercero B del Colegio [311011( 1
ventura? ¿Podrás encontrar los pl:,llli
'
para dilucidar el atraco al Banco MI J
chosmlles? ¡Algo terrible sucedl6 ( 1JI,
la cajita que doña Sara guardélh(l (( 111
tanto celo! El Canguro, arquero (Iu 11 ,',
famosos Venadillos, ha sido secuoslrll(lu,
por suerte, logró enviar un mens(]J'J \)11
clave a sus compañeros: desclfrurlu (1:, JI'
tarea.
Trece son las incógnITas, una por<'J ('1 Ht. 1
cuento; y también trece los crucluré 11111 1'.
que podrás resolver, al final de CCJ(j(J I1
lato, si sabes usar el ingenio,
~ \ \ \ < DE 77.-<J11(,
~ ~ NIVEL 3 OS'
~
COLEGIO CUMBRES MASCULINO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Ili.iBilll
10836 NOCOP.4
Querido lector:
Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si
lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la
pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar
el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las
soluciones están dadas, pero... al revés.
También te invitamos a resolver los crucigramas de cada
caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­
rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde.
Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­
nas mencionadas.
Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro,
con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en
algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la
cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras
INDICE
El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
El caso de las perlas grises 9
El caso del regalo de cumpleaños 19
El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . 25
El caso del zafiro de doña Sara 33
El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . 41
El caso dc 1a moto embarrada 49
El caso dd joyero angustiado . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
El caso del secuestro del arquero 65
El caso del ladrón con máscara 73
El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . 89
El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
i
El tercero medio A del colegio Buenaventu­
ra era un curso bastante revoltoso. Ese vier­
nes entregaban las notas del trimestre, y la
señorita Leonor dejó el alto de libretas blan­
cas en una esquina de su escritoriu. La lola­
lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos
en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era
muy alentador.
- Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela.
- y yo en química -cuchicheó Andrés, pálido por encima
de sus pecas.
-¡Adiós, fiesta' -suspiró Catalina, soplando con desáni­
mo su chasquilla.
-i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. Qu iero de­
cirles que en general el rendimiento del curso durante este
trimestre ha sido pésimo, y las notas, muy malas ... Repartiré
las libretas durante la última bora de clases, y tendrán que
traerlas firmadas el lunes, sin falta.
La profesora, luego de sentarse en su silla, llamó a Mauri­
cio al pizarrón. El muchacho, que tenía fama de m8tco, co­
menzó a resolver una complicada ecuación, y 18 clase siguió
len ta y pesada.
Media hora después una campanilla animó levemente
las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie­
ron a recreo.
-¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue
las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla, sin ánimo ni
para q:omer su emparedado de queso.
3
TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡SlIl:¡ias
l
-le contestó la lánguida Constanza.
Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta,
t'ulllJic! ¿No te das cuenta?
-¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan
deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­
lo. Se afirmó en la vieja palmera, en una pose de actriz
dramática.
En ese momento se acercó Mauricio.
-Al paso que van mis porras compañeras -dijo-, tendré
que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas...
-¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de
hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela, dándo­
le la espalda.
-No sean tontas, nenas, si lo único que quiero es que
todos vayamos a la fiesta.
-Nosotros también queremos. ¿Qué propone el genio?
-interrogó Constanza, sin perder su desgano.
-Un ardid para e,vitar que nos entreguen las libretas
-respondió Mauricio, muy serio-o No olviden que tengo que
conquistar a Catalina ...
Marcela, al oír esto, levantó una mano y gritó:
-¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan!
-No seas tonta, Marcela, si usaras más tu cabeza ... -Mau­
ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con
expresión hosca.
Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas, que se
habían quedado mudas, contemplando a Mauricio.
-Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­
tar, como sea, la en trega de esas notas.
-·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos
que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó
Marcela-. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­
ción ...
Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera, y luego,
con un gesto asustado, mostró la yema de su pulgar herido
por una pequeña astilla.
-Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
1 ¡ ~ 1 @l+ )J3? M
: ;.
~ ~ ~ ...
e;:p. ~ .
5
TRECE CASOS MISTERIOSOS
y olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un
lilllo. Catalina partió corriendo.
I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos.
Bueno, no me queda otra que resignarme a un sábado
si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral.
Mal-cela quedó sola.
-¿Resignación? -repitió para sí-o iAh, no, eso nunca! -y
caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su
amigo.
Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el
comienzo de la última hora de clases. Los alumnos entraron a
su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su
lugar. En ese momento, estalló la voz de la proCesara:
-¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS?
Un silencio total fue la respuesta.
La señorita Leonor insistió, en tono aún más agudo:
-Repito, por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las
libretas?
Los alumnos se miraron asombrados, pero ni una pala­
bra salió de sus bocas.
La profesora, entonces, se levantó de su silla.
-Niños: esto no es broma. Es gravísimo. Por última vez:
¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante
ahora ...
Ni un suspiro se escuchó. Marce1a observaba a sus com­
pañeros en una inmovilidad total. Connie miraba a Marce1a.
Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. Andrés raya­
ba con insistencia la tapa de su cuaderno. Un aire de expecta­
ción, mezclado con mal disimulada alegría, flotaba en el
ambiente. La voz de la profesora ahora amenazaba:
-Ustedes saben que este es motivo de expulsión, pero les
daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco
minutos y, si a mi regreso no están las libretas sobre el
escritorio', comunicaré el hecho a la Dirección.
Calló unos segundos, y luego prosiguió:
-Les doy una oportunidad para ser honestos. Si se pre­
'-;L'nta el culpable, el castigo no será tan drástico. Si no sucede
;lsí. alguien arrastrará a todo el curso con él.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
y salió de la sala.
En el primer momento nadie habló ni se movió. Estaban
todos paralogizados. Hasta que de pronto una figura -conoci­
da por los lectores- se incorporó de su banco y caminó hacia
el closet de los útiles. Tomó con ambas manos el alto de
libretas, escondidas tras las cajas de tiza, y, ante el estupor de
sus compañeros., avanzó hacia el escritorio de la señorita
Leonor.
Cumplido el plazo, cuando la profesora regresó, las vein­
ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar.
La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra. El
curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos. La
oyeron suspirar, y vieron cómo trataba, al parecer, elc borrar
una manchita sobre la primera Libreta. Su cara no reflejaba
ninguna emoción; pero a sus alumnos, que ya la conocían, no
les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. En ese
momento habló:
-Bien... , ahora falta que se presente el culpable.
Como el silencio se prolongaba, la maestra caminó entre
los escritorios para observar con detención a sus alumnos.
Los niños, nerviosos, se mantenían inmóviles. Catalina ape­
nas si respiraba; Mauricio se mordía el labio; Connie daba
vueltas al anillo en su dedo, Andrés retorcía el lóbulo de su
oreja, y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir.
~
"¡\
1, TRECE CASOS MISTERIOSOS
Cuando el recorrido hubo fínalizado, la voz fue tajante:
-Quiero que sepan que ya me he c..:nterado de quién es el
responsable.
y dijo un nombre.
La profesora no se equivocaba.
Con gesto compungido. la persona aludida confesó su
culpa.
Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz. ¿ Qué vio
ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al
culpable?
ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
Horiwntales:
1. Sustantivo que modifica
y que transa billetes.
Hierba (inv.).
2. Medio baile polinésico.
Tercera letra. Pint<l de la
baraja.
3. Corno el Buenaventura.
Nombre de la profeso/-a,
Sil1 UrH
4. Este bárbaro europeo del
año 400 tiene uu comien­
zo para volar y termina Iv
negando.
5. Evaluad su precio. Si es
negra habrá lluvia. Cam- Ji
peón. n
6. Los guardaron antes de
salir a recreo.
7. D{a para devolver las libretas firmadas. Exclamación para toros (¡nv.).
8. Vocales que parecen velas. Contrario '11 par. Lo más allo en inglés.
9. Molusco (inv.). Medio progenitor. Al sol se la debemos.
10. Componente de la orina (inv.). Los del cuellto se la perdieron.
11. Nari7. del barco (inv.). Bes<! sin vocales. Furia.
12. Ell1wteo del cumlO. Madre a medias.
i3. Con "c" se cae. Desabl'ida y fome. Hágalo con los ojos.
Verticales:
l. Soplaba su Calcio.
2. Devasta. Aquí están las ciuco vocales, pero en desorden.
3. Así eran las 11olas. Fallecí (inv.).
4. Nombre del colegio.
5. Dios inglés. Socorro. Materia infecciosa.
6. Naves Orbitales Fantásticas. Letra gnega.
7. Era lánguida. Plumífero dios egipcio.
8. Vocales de tope. Tubo sin principio ni fin. Caza en el mar.
9. Objetos robados.
10. Dios del viento. El que lo es tiene un sobrino.
11. Vestidura (inv.). Ventoso infinitivo prohibido en clases.
12. Alfiler inglés. Quiera.
13. Se dañ.ó el dedo pulgar. Dos vocales idénticas.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
La señora Fernándcz. cumplía cincuenta
a11os, y esa noche recibiría a sus amigos más
íntimos a cenar. De pie frente al espejo de
medialuna se contempló otra vez.. ¿Repre­
sentaba los cincuenta? Según Alvaro, su ma­
rido, nadie diría que sobrepasaba la cuarentena, pero ella, a
veces, dudaba de tales afirmaciones. Aunque la vida no le
había sido difícil, ni mucho menos, sus ojos ya sin el brillo de
la juventud, sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas
malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela.
Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño.
El vesLido dejaba ver un cuello desnudo, empolvado y blanco,
listo para reci bir el regalo de Alvaro. Por supuesto que lo
había elegido ella misma, y había sido la primera vez. en su
vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le
habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O
era un inconfesado deseo de impae tar a su amiga Lulú, que se
jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago?
Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas.
-Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la
noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz
de su marido desde el baño.
-Es parte del regalo, querido; el collar, acompañado de
la mirada de Lulú, será mi fiesta ...
-¡Curiosa amistad la tuya con Lulú
l
-murmuró Alvaro,
frunciendo la nariz. Terminaba de afeitarse.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11
111 TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡\ I<lS diez de la noche la casa de los Fernández resplande­
, 111 tk; luces y flores. Los invitados comenzaron a llegar. Lulú,
1;, primera, vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­
llas que realzaban la palidez de su piel. Lo único de color en
l'Ila eran sus largas uñas rojas. Sergio, su marido, hombre
barrigón y entradoen años, paseaba con aire distraído miran­
do los cuadros colgados en las paredes.
-¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano, Sergio?
--preguntó Víctor Astudillo, haciendo tintinear los hielos en
su vaso de whisky.
- Tú sabes, Víctor, que yo me en tiendo más con números
que con arte-le contestó Sergio, palmoteando el hombro del
más bohemio de sus amigos.
-·Deberíamos asociarnos, Sergio-bromeó Astudillo-. Yo
pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto
excelente... iY este sí que no me fallará!
La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su
marido: era el mismo Víctor de siempre, a la caza de un
negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo.
-Estoy en tiempo de vacas flacas, amigo. -Sergio tenía
cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado
sin dinero para invertir, y te lo digo en serio.
Astudillo levantó los hombros con desaliento, pero hizo
un gesto con su mano, como para quitar importancia al
asunto.
Adela, entonces, ofreció:
-¿Más whisky, Víctor?
-Sí, gracias. Y si quieres, agrégame un par de cubos de
hielo.
En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el
matrimonio Gómez,jovial y alegre, cantando a coro cwnplea­
¡"'lOS feliz, y Laura, la amiga soltera de Adela, que pasaba por
una de sus crisis existenciales.
-Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga
-declaró Laura con sequedad.
-¿Te ganaste la lotería, Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­
lor, levantando su ceja derecha.
-¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos, Víctor
-contestó ella con gesto eseéptico-. Por suerte, existen los
créditos.
-Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor.
-Ese es problema mío. Y no estoy de ánimo hoy para
discutir asuntos materiales. ¡Venga un champán, querida
Adela!
Adela miraba el reloj con impaciencia, y los invitó al
comedor.
Se sentaron en torno a una mesa ovalada, cubierta por un
mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con
los cubiertos.
Los Gómez, él alto y de bigotes tiesos; ella bajita v tk
anteojos, no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas
domésticos.
-Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú, pero
yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la
casa -dijo Gómez, moviendo sus bigotes al hablar.
Martita, para apoyar a su marido, estiró su mano desnu­
da, y dijo con mucha suavidad:
-Mientras tanto, me estoy dejando crecer las llllas.
Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso:
-Muy interesante la conversación, pero permítanme in­
terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky
en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar!
-Antes la salud que la buena educación -bromeó con
estruendo GÓmcz.
En ese momento Adela miró el reloj, por segunda vez en
la noche: eran casi las doce. Hizo una sella disimulacla a su
esposo. Alvaro, entonces, alzó sus manos, y pidió silencio:
--Adela, ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de
la torta?
-¿Sorpresa? -exclamó Adela, fingiendo asombro, aun­
que inconscientemente tocó su propio cuello-. ¡Por ravor,
ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta.
Alvaro insistió en que no debía fallar ni una ...
-¡Ay, tantas velas, qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú.
Alvaro dijo "permiso", y se puso de pico Demoró unos
segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo, ante una
13 TRECE CASOS MISTERIOSOS
L'
audiencia expectante. Adela no contenía su nerviosismo y
miraba a Lulú de reojo.
Cuando Alvaro abrió el estuche, catorce ojos estaban fijos
en él.
-¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya:
tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­
ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela.
-¡Querido... 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela, po­
niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­
llas la expresión de su amiga.
-¡Vaya, este sí que es un marido espléndido! Una sola de
esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­
tó Laura, amargada.
-¡Alégrate, mujer, alégrate! No siempre una amiga cum­
ple cincuenta años -observó Lulú.
-¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora
G6mez, con tono infantil.
-No te apures tanto, Manita', antes brindemos por esas
perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico
-interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky.
-Tienes una rortuna cn tu cuello, querida Adela -comen­
tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado, Alvaro.
-Aún no... -contestó el aludido.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
Los Gómcz, mientras tanto, observaban en silencio y
abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas
En ese momento entró un enguantado mozo con una
enorme torta entre sus lnanos.
-Apaguen la luz -ordenó Alvaro.
Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor.
Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­
te iluminado por la luz de las cincuenta velitas.
Adela se puso de pie y se acercó a la torta. Los otros la
rodearon. Sopló, y cuando apagaba las últimas cinco peque­
ñas llamas, todos gritaron, y Adela se sintió abrazada por SLlS
amigos.
Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos
hasta que alguien nuevamente dio la luz. En ese momento se
oyó el gri to:
-¡Mi collar!
Los invitados estaban ahora sentados en el living. Adela, en
un siUón, miraba, pálida y nerviosa, a su esposo que se pasea­
ba a lo largo del salón.
-Si es una broma, ya dura demasiado -dijo Alvaro con
voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y
debe aparecer abora.
-¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­
mez, con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos.
-Bueno, todos me abrazaron. Solamente que ... , no, no
sé ... ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela.
-Tienes que pensar bien, Adela -habló Alvaro-, esto no
cs broma.
-Alguien tiene el collar, y de eso no tengo la menor duda.
-¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­
guntó Lulú, molesta.
-Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más
serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años, y
pongo mis manos al fuego por él. Además, en ese momento, se
había retirado.
-¿Manos al fuego, dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­
da-o ¡Eso era!
15
1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
-¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio, él su
ludo.
-¡Manos ... ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el
cuello' ¡Unos dedos muy, muy helados, y luego el pequeño
lirón!
Miró trémula a su esposo.
Alvaro observó a sus invitados uno por uno, y se decidió:
-Amigos míos: tendré que llamar a la policía, porque
entre ustedes está el ladrón.
Lo que siguió, mientras el dueño de casa se dirigía al
teléfono, no es difícil de adivinar: voces airadas, un i n t ~ n t o de
desmayo de Laura y sollozos de Lulú. Los Gómcz, muy juntos,
se abrazaban. Laura, recostada en el sillón, miraba con ter­
quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano.
Lulú, con ojos ausentes, jugueteaba con sus cadenas de oro.
Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había
abandonado en toda la noche. Sergio, por su parte, sentado
junto a la dueña de casa, movía nervioso el pie, fruncido el
cci'¡o.
PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía.
Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living, el dedo de
Alvaro apuntó a uno de sus invitados:
-Creo, señor inspector, que esa es la persona culpable.
y sucedió que no se equivocaba. Las pesquisas del ins­
pector, famoso por su eficiencia -y también por sus grandes
orejas-, corroboraron su afirmación.
y bien, lector, ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­
quién es el ladrón y qué 10 delató?
17 1(. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
JO_ Para pescadores o depurtistas. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana
('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES
11. Se prueban en la adversidad. Con "a" final, esta palabra habría sido mu\
tozuda.
11(1' I/olltales:
12. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana. Ninguno. Vacuno.
l. Medio gato. Suálil COI'I
1/11 alli/lo (inv.J.
2. J-:/'{/J'I tornasoladas. En la
Biblia, nuera fiel.
3. Deesla rnanera.Horapa­
ra W'/a sorpresa. Nace con
la aurora.
4. Terceras alfabéticas.
Nombre femeninu para
sonata.
S. Silenciosa forma verbal
por la que se camlna
(inv,). Un raton lc sacó a
él la espina <.le su auulori­
da pala.
6. Prometéis (inv.). Sud
América.
7. Cesio. Un kmidu huno.
8. Organizaciún de Elefan­
tes Latinoamericanus.
Pinocho hi'/,o f3mosa la
suya.
9. Aciverbio positivo. Festiva comiluna.
ID. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. Cubre. De carnes suc'ltas.
11. Intentó desnwvarse. Vucales Jistintas. Tres consunantes vibradUl·as.
12. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. Color .bebestible
ql1i tasueüo.
13. Para el lvhiskv de lilctor. Bello griego.
Verticales:
l. Apellido de pintor admirado por SergIO. Quiere uecir "estú" (inv.).
2. Letra demustraliva. Súbditos del Avatolah.
3. CoLores para este cuento. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza
4. Cuntracciónmetálica. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­
lianas. Función o papel.
5. Cumplía cincue'1la año.>. Fruslrado volador.
6. Devastaran.
7, Ultimo (rago amargo para Sócrates. Constelación peluda.
H. Amiga de Pedro de Valdivia. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda.
'>. Tcc,c1osio Oteíza. Nota musical (in",). Ato. Repetido, sería duro [rUlo
ll'<>pical.
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
(Idea original de El vira Balcells, 15 años)
Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­
ñana, y su primer pensamiento fue: ¡hoy
cumplo doce años!
En la casa todos dormían. Emilia tosió
varias veces para ver si su hermana se des­
pertaba; pero ésta, con un almohadón sobre la cabeza, mur­
muró unas palabras ininteligibles, y siguió durmiendo.
Luego de media hora que le parecieron cinco, escuchó un
ruido en el dormi torio de sus papás. Se levantó presurosa, y se
dirigió a la sala de baño. Carraspeó al pasar frente a la puerta
del dormitorio de sus padres, ahora con mejor resultado:
-¡Emilia! -llamó la mamá.
-¿Síii? -contestó esta, tratando de parecer casual.
-Emilia, ven, entra -escuchó ahora la voz del papá.
No se hizo esperar, y abrió de inmediato la puerta: en la
amplia cama matrimonial la esperaban su papá, con ese
mechón que caía sobre su frente todas las maii.arl8s, y su
madre, envuelta en su bata de levantarse floreada.
Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete
que, luego de besos y grandes abrazos, apareció entre las
sábanas.
Lo desenvolvió con dedos ágiles, tratando de no romper
el lindo papel de seda. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada.
Alzó la tapa, y allí apareció, entre algodones, ese collar de
pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba
frente a la joyería que quedaba cerca del dentista.
-¡El collar! -gritó, exaltada, abrazando a su madre una y
otra vez.
21 EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
.l)
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿y a mí no me toca nada? -rió el papá.
-Es que ... mi mamá sabía; pero, sí, papito, ¡gracias!
_¿Y yo no sé también, acaso, de tus gustos? -El papá
levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con
chocolate v nueces.
Emilia estaba eufórica. Y esta vez, sin miramientos, co­
rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el
rostro de su hermana.
-Carola, ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron... !
Carola abrió un ojo y refunfuñó. Hasta que un ruido de
campanitas la hizo abrir el otro ojo. Entonces dio un salto en
la cama.
-¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo!
Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces
en el mismo lugar, como niña chica que aún era:
-¡Mira, qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es
el primer collar de verdad de mi vida! -dijo, encantada con
cse ruido cristalino que producían las cuentas al entrecho­
L:ar-. i Lo que van a decir mis amigas!
.-­
Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de
la tarde: Claudia, Nena, Carla, Nicky, Tere y Fran. De inme­
diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los
regalos.
-¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere.
-¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky.
Nena, Tere y Fran se acercaron a tocarlo.
-¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran.
- Ya me lo probé en la mañana. Pero ahora los regalos
estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa.
Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la
abuelita-; el mazapán, aún intacto; el dibujo de un gato con
lazo a lunares, obra de su hermana, y obligaron a Emilia a
abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído.
Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y
risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama
hecha un desastre, pasaron al comedor. Allí una enorme torta
de merengue con doce velitas se veía muy tentadora, rodeada
de bebidas v confites.
Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi
vacía, Emilia, muy consciente de su papel de anfitriona, pro­
puso salir al jardín.
-¿Juguemos a la pelota? -animó Fran.
-No. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs.
-¿Y qué es eso? -preguntó Claudia.
-Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia, entusias­
ta.
-¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky, mi­
rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos.
-¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena, dando un ágil
trote con sus zapatillas deportivas.
-¡Me carga saltar' -comentó Carla.
-¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere.
Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua
con la manguera.
-¡Listo! ¡Toma vuelo, Tere!
Tere retrocedió varios pasos y, con expresión de saltado­
ra de vallas, partió corriendo y, de una sola vez, pasó por
encima de los baldes, aterrizando sentada, pero seca.
23
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Se oyó una ovación.
Todas se animaron. Las amigas, en alegre griterío, inicia­
ron la competencia con difíciles piruetas. Carla aplaudía
sentada en una grada de la terraza, turnándose con Emilia
para llevar los cómputos.
-Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada.
-¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky.
Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un
chapuzón. Una Nicky empapada y mirando sus z.apatos con
ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. Su
rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar.
-Descansa un rato -dijo Nena, levantando los baldes y
llenándolos nuevamente con agua.
Nicky pasó, junto a Emilia y Carla, a formar parte del
grupo de las sentadas. Las otras, una a una, siguieron por
largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. Has­
ta Carola, con su aire de hermana mayor, se había unido al
juego y, pese a sus estrechos jeans, logró varios puntos al
saltar como una rana.
La tarde llegó a su fin. Y las niñitas, ya cansadas, entra­
ron en el living a escuchar música. Poco a poco el timbre fue
sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra
de chocolate en la mano, regalo de la mamá de Emilia.
Eran las ocho de la noche. La festejada, con un bostezo, se
dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. Miró el desor­
den de su cama; hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató
sus obsequios. Algo llamó su atención. Removió entre los
papeles de regalo, miró debajo de la cama, levantó la almoha­
da y la colcha, hasta que se convenció: su collar había desapa­
recido.
Ante los gritos de la niña llegó toda la familia, el pqro
incluido. Se unieron a la búsqueda el papá,la mamá y Carola.
No hubo caso: el collar no estaba en la casa.
Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (. Se te ocurre cuál
de sus amigas podría haber sacado el collar? Ysi es asj, ¿cómo
le diste cuenta?
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Emilia no pudo descubrirlo, pero lo supo al día siguiente,
porque la culpable, muy avergonzada, regresó con él.
.',1 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Horizon tales:
1. Usaba zapatillas deporti­
vas. Número de años pc;ra
Emilia. Textual.
2. Conducto sanguíneo
(inv.). Río italiano. Ave
parecida al pato.
3. Cuando bulle el agua,
ella silba. Alimento de
bibliotecas.
4. Es en los Estados Uni­
dos. Cumpleañera. Letra
griega.
5. Carrera acuática. Nota
musical.
6. Recunid. Atrapan peces,
pelotas y mariposas.
7. Para deci r lo que debas, no los tengas en la lengua, La primera que saltó
los bal.lks.
8. En el cUlm/o, con lazo a lunares. Triunfador. .Quieras (inv.).
9. Tiene cinco misterios. Escuchad.
10. Espantamoscas vacuno (inv.). Medio roto. Oasis del náufrago.
11. Escozor. Laura Rojas.
12. Motivo de la fiesta. Plata.
Verticales:
1. Natas pequeñas. Onomatopeya para patos (inv.).
2. Consonantes para nene.
3. Inglesa red que sostiene al revés. Arreglo un desperfecto.
4. Saludo para el César. Género aterciopelado y acanalado (inv.).
S. Emilio. lUvo muchos. Contracción.
6. Querido nombre del poeta Nervo. Interjección apurete para animales.
7. Principio de ópticos. Pronombre (inv.). Quieres con locura (inv.).
8. Era. de pepitas azules. Afirmación. Señor campesino (in
v
.).
9. Instituto infantil. Regla y consonante (inv.). Conjunción inglesa (inv.).
10. Esta.ban llenos de agua.
11. Para monjas es este titulo. Del aire (plural).
12. Sangre de los dioses griegos. Si cae en buena tierra, dará buen fruto.
13. En este libro hay trece. En ella se sentó Carla (inv.)
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO
MUCHOSMILES
Seis de la tarde. Juan Rodríguez, el crespo
cajero con chaqueta a cuadros del Banco
Muchosmiles, terminaba de hacer el arqueo
y anotaba unas cifras en su libro de registro
diario. Su compañero, Víctor Ponce, de es­
pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un
artista bohemio que a un empleado de banco-, lanzaba rui­
dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día
del mes para pagar impuestos fiscales, y como siempre los
clientes habían llegado a última hora.
Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia; la señorita
Pussy, secretaria de don Pedro Retamales, salió a pasitos
cortos, empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali­
sando su ceñida falda negra, que no contribuía en nada a
facilitar sus movimientos.
Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. Ponce, en
cambio, ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso:
-¿No sobraría un cafecito, por ahí, para un pobre cajero
exhausto?
-¡Ay, chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista
para irme!
-¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar.
-Termina de hablar por teléfono, y también parte...
En esos instantes Retamales, el gerente, salió de su ofici­
na y con voz cortante ordenó:
-Señorita Pussy, avise al guardia que ya nos vamos.
Ponce y Rodríguez: ¿están listos?
Ponce asintió con un gesto.
.(,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES
27
-Sí -dijo Rodríguez.
La señorita Pussy, con el abrigo sobre sus hombros, cami­
nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una
columna.
-¡Nos vamos, Santelices! -musitó con su voz de gato al
alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho.
Los cajeros se dirigieron al gerente.
-Señor Retamales, estamos listos para ir a la bóveda
-dijo Ponce con tono respetuoso.
Rodríguez, ya con una caja entre sus manos, donde se
alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos
billetes, explicó a su j ~ r e :
-Son dieciocho millones y fracción.
-Bien. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales,
mirando la hora, apurado por irse.
Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer', la puer­
ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris
que se estacionaba al frente.
-¡Viene el camión blindado, señor! -dijo con gesto de
sorpresa el guardián.
-j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­
ció el cel'io.
Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a
la puerta de en trada.
Santelices preguntó:
-¿Abro?
-Aguántese un poco -dijo el gerente.
Los hombres, afuera, esperaban.
-Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral, y verifi­
que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero
-ordenó eljcfe a su secretaria.
Ella, nerviosa, dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó
el auricular más cercano. Pero no alcanzó a discar: un estam­
pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central, y
tres hombres irrumpieron, pistolas en mano.
El guardia, rápido, desenfundó su arma. Pero antes de
que pudiera apretar el gatillo, un chorro de líquido helado lo
D ~
paralizó. En medio de una angustiosa respiración que lo
29
.f,'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS
hada toser, Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas, y
con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca. Cayó
de bruces al suelo.
Todo esto transcurrió en menos de un minuto; cuando
Santelices pudo mirar a su alrededor, vio a la señorita Pussy
tiesa en una silla, maniatada y con mordaza, mientras sus
enormes ojos maquillados clamaban por socorro. El gerente
y los dos cajeros, boca abajo sobre el suelo, también con los
pies atados y las manos presas a sus espaldas, miraban a los
tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de
billetes y subían a la camioneta.
Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba, raudo,
con un chirrido de neumáticos.
No había pasado una hora, y ya el inspector Soto interro­
gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. Estos, senta­
dos frente a él y aún temblorosos, se esforzaban por recordar
cada detalle elel atraco.
-Sucedió todo como en las películas, inspector-gimoteó
Pussy, mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-:
pri mero fue la explosión en los vidrios, luego el pobre Santeli­
ces paralizado, y yo... tratada a empujones y sin ningún mira­
miento...
-Usted habla de vidrios quebrados, señorita, ¿y nooyó el
ruido de las alarmas?
Los cinco empleados se miraron con desconcierto. En
verdad, nadie había escuchado los timbres de alarma.
El inspector anotó algo en su libreta, y volvió a levantar
la cabeza, aún en espera de respuesta.
Santelices, el guardia, dijo inseguro:
-Las revisiones al sistema de alarma son diarias. Yo lo
revisé a las tres de la tarde. Y nadie extraño al banco conocc
su funciona mien Lo.
-En tonces, es evidente que alguien del banco desconectó
el sistema. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un
tono de incredulidad.
-Exactamente, señor, y no hay que ser demasiado perspi­
caz para darse cuenta de ello -Soto los miró, inquisitivo, y
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES
añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la
tarde?
-Sí, hoy sí... -respondió la hablantina sel10rita Pussy,
tratando de acomodar su melena ondulada.
-Bien, bien. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­
to, con detalles, la versión de cada uno de ustedes del atraco.
-¡Ya se la di' -advirtió la secretaria, algo asustada.
-Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector,
tranquilizándola con una sonrisa.
-Bueno, a ver si no me falla la memoria... Luego que uno
paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no
se imaginan cómo tosía!- el otro nos encañonaba, mientras
que un tercero nos amarró uno a uno, de pies y manos. A mí
me dejaron en esta misma silla, con una tela en la boca, y, a
los demás, incluyendo a mi jefe, los lanzaron al suelo de un
solo empujón... ¡Y se mandaron cambiar con el dineral
...... '
.......... '
/
~
-----=---=-----=------­ ./
\1

JU TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita?
-interrogó Soto.
- Yo difícilmente podría aportar mucho, ya que ese mal­
dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa:
sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia,
con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido
que mi pistola!
-¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto, moreno y con
enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental
-advirtió el gerente.
-¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas ...
¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy.
-Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos
-siguió Ponce-. Y si mal no recuerdo, uno tenía un lunar
entre los ojos, sobre la nariz.
-¿Y usted, qué me puede decir? -El inspector miró a
Rodríguez.
-Corroboro lo que dicen mis compañeros, y creo que
puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era
EE. o sea, de la comuna de La Reina. También leí los núme­
ros, pero con el nerviosismo no pude retenerlos.
El inspector se veía pensativo.
-A ver, hagamos una reconstrucción de escena -dijo,
luego de unos instantes.
Abrió su libreta en una página en blanco, y se preparó a
dibujar.
Los empleados se pusieron de pie, salvo la señorita Pussy,
que continuó en su asiento. Los cuatro hombres tomaron la
misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el
señor gerente y los dos cajeros, tumbados en el suelo como
sapos, mientras Santelices. también contra el piso, tosía en
forma estrepitosa para hacer más veraz la escena.
El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. Una vez
terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos.
-Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada
frente a la puerta, ¿no? -puntualizó.
-Exactamente -respondió Ponce.
-¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc J() vi,'
rano
-¡Así! ¡Ay, qué bien dibuja, inspector, me hizo igualita!
-se admiró Pussv.
-o sea, en dibujo no hay ningún error -insistió el
inspector.
-Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez.
-Malo, malo, malo ... -musitó Soto, y siguió mirando el
dibujo.
Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró
muy fuerte. El gerente se mordía las unas. Hasta que, de
pronto, los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron
crecer.
-Por este dibujo, que todos han apwbado como fiel a la
realidad, debo decirles que uno de ustedes mintió. Eso delata
a alguien que quiere entorpecer mi labor. Y ese alguien es
u5led.
Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida.
El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad.
Pero luego de un largo interrogatorio, que duró todo el día
siguiente, la verdad salió a relucir.
Soto, otra vez, tenía razón. y quien había desconectado
el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones
terminó confesando su acción.
Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la
evidencia de que uno de los empleados minlió')
TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES
Horizontales:
1. Región de famoso mago.
Número de cajeros.
2. Nombre del Baru:o.
3. Pueblo indígena pre­
cordillerano. Muere por
la boca.
4. Si es largo, prometes car­
ta (inv.). Cierto y de san­
gre azul.
5. Habían llegada a última
hora (sing.) En la fábula
se infló hasta reventar.
6. Apura. Cartas geográfi­
cas (inv.).
7.
...Tse Tung. Empleáis (inv.). Inteljección telefónica.
8.
Atrévete, hibernadora mamífera. Media amiga de Tobi. Orejuda inspectar.
9.
Color {le unif017ne:s de asaltantrs. Terminación verbal.
10.
Mar inglés (inv.). Ursula Yáñez. Alcohol para tortillas en llamas.
11.
Batracios mirones.
Verticales:
l. Abuela alemana.
2. Zoila Uribe. Las cinco vocales revueLtas.
3. Como Rodrfguez y Porlce.
4. Nombre chino. Voeales cuadrillizas.
S. No lo dices. Antes de ser pescado (inv.).
6. Señoras para Adanes (inv.). Ingenuo.
7. Míster. Barbudo escritor chileno para niiios, auLor de Antai.
8. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas.
9. Artículo neutro (inv.). Secretaria del gerente.
10. Deja a un lado.
11. Apellido del gerente (inv.).
12. Plumífero remedón.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
(Idea original de Elvira Balcells)
Erase una vez una vieja muy sola. Tenía por
única alegría vivir de sus recuerdos. Todas
las noches, antes de acostarse, abría la anti­
gua arca de madera tallada para contem­
plar los vestidos que usó en su época de
gloriosa juventud, en compañía de su marido ya muerto.
Muchas veces, frente al espejo, con la túnica de seda india
sobrepuesta sobre su empequeñecida figura, se imaginaba
nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados
por sus excéntricos amigos. ¡Qué diferencia, la de esa vida
mundana que la hacía llevar su esposo, con la solitaria vejez
del presente! Entonces, la triste anciana, en vez de buscar el
consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban- se aferraba
una vez más a una vanidad: su cajita de oro, símbolo para ella
de un antiguo esplendor. Así, todas las mañanas, lo primero
que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle
como si éste tuviera vida.
Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males­
tar en el pecho.
-Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita, luego de
levantar su tapa-o Este sobrino mío, siempre con sus proble­
mas de dinero que yo no puedo solucionar ... Es que Nidia, su
mujer, es tan exigente...
Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor
ascendía por su cuello, y apretaba como una gargantilla.
Aunque no eran ni las siete de la mañana, se decidió a llamar
a la empleada; pero, antes de hacerlo, volvió a tomar la cajita
con manos temblorosas y susurró:
.l4
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Mañana seguimos conversando, me siento muy maL., y
no debo arriesgarme a que sepan de ti.
En respuesta, un ojo resplandeció: incrustado en un en­
garce de oro, en el fondo de lacaja, un enorme zafiro lanzó sus
destellos azules.
La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera.
Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el
fondo de su velador. En el momento en que iba a echar lIavc a
la cerradura del cajón, nuevamente un dolor la atenazó.
Cuando Gladys entró en la pieza, doña Sara, desplomada
sobre su almohadón, yacía sin sentido.
A los gritos de la muchacha llegó Petronila, la cocinera,
que corrió hacia el lecho. Tocó las manos frías de su patrona e
inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana
emitía un débil quejido.
-Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de
mando-o La señora se nos muere...
Gladys salió corriendo.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA . l ~
Doña Sara abrió los ojos. Cerca de la ventana, una enfer­
mera, con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna,
se mantenía en silencio. La anciana trató de hablar.
-Shhh.... tranquilita -dijo la enfermera en tono amable,
poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­
dor. Observó el rostro de la viejita y, luego de humedecer un
algodón con agua, lo pasó por esos resecos labios.
-La cajita..., la cajita...
-¿Quiere agüita, señora? -susurró la mujer.
-La llave...
- Tranquila, señora, le vaya dar agüita de la llave.
Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a
medias en la cama.
-¡Me lo robaron! ¡Lo soñé!
En ese momento, Roberto abría la puerta de la pieza.
-¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada.
-Robertito, por favor, sé que me robaron el zafiro de la
cajita. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. Si
ha sucedido lo que pienso, llama a la policía...
La anciana perdió aliento.
Roberto se acercó entonces a su tía:
-Tía, no se agite... ¿Por qué se imagina esas cosas?
-Lo soñé, hijo... , lo soñé.-La voz de doña Sara era imper­
ceptible.
-Pero, tía ... -Roberto esbozaba una sonrisa.
-Roberto, la policía ... Roberto: te lo ordeno.
El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la
enfermera. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur­
muró:
-Sígale la corriente. No es bueno que se agite.
Pero doña Sara alcanzó a oírla:
-No, Roberto, no me engañes. ¡Llama a la policía!
-No la engañaré, tía: iré a su casa y revisaré el velador. Si
no está su joya, avisaré a la policía. Se lo prometo. Aunque
estoy seguro de que nada ha sucedido.
El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma.
Esta suspiró, aliviada, y cerró los ojos.
37

TRECE CASOS MISTERIOSOS
A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el
oscuro salón de doña Sara, con la cajita cerrada entre sus
manos...
Petronila, la cocinera, con su albo delantal sobre el uni­
forme verde, decía con voz gruesa y firme:
-Pobre señora, pobre señora... Primero la enfermedad, y
ahora esto.
Roberto, con una sonrisa un poco forzada, acotó:
- Tengo las mejores referencias de usted, inspector Soto.
Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito.
Soto carraspeó y movió sus grandes orejas.
más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. Y
con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la
tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra.
-Aparte de la Gladys y yo... ¡usted, pues, don Roberto!
Soto desvió la mirada hacia el joven.
-¿Ya qué vino?
-Bueno... , a ver a la tía. Yentonces me enteré de que ella
estaba en la clínica.
-¿La viene a ver muy a menudo?
-Es mi única tía, y la quiero mucho.
-Pero, ¿cuán seguido la viene a visitar?
-Como una vez al mes.
Soto meditó.
-¿Podría venir Gladys, señora Petronila?
La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en
la casa:
-¡Gladys' ¡Niña, ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡',
murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­
resa es la ropa y el peinado. ¡Segul'O que se está aneglando!
Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía
muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume.
-¿Síii?
-¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de
Soto.
-¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia.
-¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita?
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
-¡Ni idea! ¡No la había visto nunca
l
La señora es bastante
desconfiada, y tiene la manía de guardar todo con llave,
-1;.n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con
tono resentido.
El inspector se dirigió a la cocinera:
-¿Y usted, Petronila, sabía lo que guardaba la sellara
aquí adentro?
-Bueno, yo había visto esa cajita, pero cerrada. ¡Quién se
iba a imaginar que había una joya adentro!
- Yo lo sabía, inspector, y tantas veces le dije a mi tía que
ese no era un lugar para guardar algo así. --El índice ele
Roberto frotó con nerviosismo su barbilla.
El inspector no respondió. Miraba con insistencia la pun­
ta de su zapato.
-Perdón, pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora?
-preguntó Gladys.
-Bueno, don Roberto sabe... -comento Pctronila con ex­
presión maliciosa.
-Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino, muy
serio.
Gladys emi tió un silbido, y Petronila se llevó una mano al
pecho:
-¡Qué descuido'
39
t11
11\1:\'10: ('AS(),,, MIS'I'I':R/OSOS
Se produjo un silencio, Todos miraron al inspector ras­
carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un
punto fijo en el techo.
-¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin, solemne.
Gladys, con su índice, mostró uno sobre la mesita de
caoba,
Soto discó un número. Luego de unos instantes, su voz
sonó seca:
-¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto, Envía de inmediato un
radiopatrullas a Irarrázaval4074. Sí, por supuesto; tengo al
ladrón.
Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. ¿Quién
robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys, Petronila o Rober­
to? Responde, y da tus razones.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA
Horizontales:
l. Según Pelroru"fa, Gladys
lo era. Z
2. Prenda de veslir que SOlO
miraba corl insistencia.
Lo hice cuando me con­
taron un chiste (jnv.).
), Disco que detiene a los
automovilistas. Apuran.
Seflor.
4. Malvada mujer. Infiniti­
vo para enamorados.
5. Término de rebaje para
costureras. Bahia (inv.).
No provoques la de los
dioses.
6. También ilustró los
cuentos de Grimm (inv.). Consuelo de dalia Sara.
7. Rascó pacientemente su oreja. Destino.
8. Medio progeni loro Portar.
9. Avalúa (inv.). Igual que Petrol1ila.
10, El que calza 50 lo es. Liga de Nuevos Astronautas.
11. Sobrino. Póngale dorado.
12. AhE se guardaba la cajira. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara.
Verticales:
1. Naciones. (inv.).
2. Piu1.ra preciosa del cuento. Anciana.
3.
Si se atOran lo harán (inv.). Letra bailadora (inv,).
4. ¡Cabeza de tuna! Cilindro.
5. Balbuceo de bebé. Regalen.
6. Le dicen al evangélico (inv.). Peñasco (inv.).
7. Color de cajitas para dmia Sara. Repetido es un mono.
8. ¡Huy, qué picante! Sonido para gallina.
9. Alegra. Le faltó un tin para ladrar.
10. Le dicen a Elena. Huracán.
11.
Terminación verbal. Si tuviera nna "u" al final, maullaría. Dos vocales
distintas. Altículo neutro (inv.).
12.
Al mismo nivel (inv.). Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de
dos.
13. Quedé ,"in Uave. Nota musical (inv.).
EL CASO DE LAS SECRETARIAS
QUEJUMBROSAS
-¿Aló? El inspector Soto, por favor.
-Con él, dígame.
-¡Hola, Heliberto! Habla Juan Mancilla.
-¡Juan
l
¡Gustazo, hombre! ¿Enquétepuedo
servir?
-¡Problemas Necesito tu ayuda ...
'
-Dime.
-Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir
a verme?
-¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo
descubris te?
-Desgraciadamente, creo que me di cuenta muy tarde:
estuvo la hora de colación de por medio.
-¡Lástima! Estaré allí lo antes posible.
-Gracias, viejo.
El señor Mancilla salió de su despacho, y cuatro secreta­
rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes.
-El inspector Soto estará aquí en un ra to más, seüoritas.
Háganlo pasar. Mientras tanto, Silvia, páseme las llamadas
pendientes.
No habían transcurrido diez minutos cuando Soto, de
terno gris y corbata de humita, se presentaba en la oficina de
abogados Mancilla y Hermosilla.
-¿El señor Mancilla? -preguntó Soto, cortés.
-¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia,
solícita.
-Heliberto Soto.
43
EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
l' TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ah, sí! Tome asiento, por favor. El señor Mancilla está
hablando por teléfono. Lo recibirá en cinco minutos. -La
secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita
telefónica que marcaba una luz roja.
El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de
cuero. Se sumió en una atenta lectura.
Una de las secretarias se quejó. Soto, abstraído, ni siquie­
ra levantó la cabeza.
-¿Qué te pasa, Rebcca? -preguntó una morena de moño.
-¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano
derecha a su oreja.
-¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza, después de la
escenita dc esta manana! -comentó Silvia, bajando la voz y
mirando de reojo al inspector.
-¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz.
-¿Qué te duele a ti, Pamela? -preguntó Rebeca.
-La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de
sufrimiento.
- Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­
lumna... ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela, so­
bando sus espaldas con ambas manos.
-A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca, abriendo el cajón de
su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia:
ofrezco pomada antiséptica, parches curitas, crema humec­
tante para cutis seco, aspirinas, gotas para la otitis, colirio
para los ojos, a ver, a ver ... , pastillas de carbón, alcohol...
En ese momento Una campanilla anunció que la línea
telefónica estaba despejada, y Silvia anunció:
-Señor Soto, haga el favor de pasar.
Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina
de su amigo. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro
preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­
dida.
-Soy todo oídos -señaló el inspector, rascándose con
energía dlóbulo de su oreja izquierda.
Juan Mancilla comenzó su relato.
-Esta mañana me llamó mi socio, Raúl Hermosilla. Me
dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque
abierto por quinientos mil pesos, en el primer cajón de su
escritorio. En ese momento recibí un llamado de mi señora
-que no fuc en realidad muy corto- y cuando fui a la oficina
de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera.
-¿Y las secretarias?
-En ese instantc habían partido a almorzar.
-¿Cuánto rato, más o menos, hablaste con tu señora?
-Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno
de nuestros hijos en el colegio...
_¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu
socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja.
-¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no
pasa por la central telefónica de la secretaria, aunque ... , aho­
ra que 10 pienso ...
-¿Sí?
1.1
45
TRECE CASOS MISTERIOSOS
En el segundo piso hay una oficina en desuso, cuyo
1l'kfuno liene una doble línea con este, pero nadie lo ocupa.
-¿Qué hay en esa ofici na?
-Muebles viejos y un pequeño baño.
-Entonces está claro, pues, hombre. ¡Alguien escuchó tu
conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­
chaste un dic?
-En real.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el
abogado, confuso.
-¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector.
-Por supuesto.
Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe, seguido del
orejudo inspector, que inclinó levemente su cabeza ante ellas.
Luego ambos subieron por una estrecha escalera, hasta llegar
a un pequeño cuarto que parecía abandonado, tal era el polvo
que cubría escritorio y estantes. En el fondo de la pieza había
una puerta que Soto abrió: era el baño. Se volvió hacia su
amigo.
-¿Y el teléfono? -preguntó, mientras buscaba a su alre­
dedor.
~
~
EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
Mancilla le indicó una pequeña mesita, arrinconadajun­
lo a la ventana. El inspector Soto se acercó y miró el aparato
telefó-oico, sin tocarlo.
-¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla, sonriente.
-No te hagas ilusiones, mi amigo. ¿Notas que el auricu­
lar está limpio, mientras que el resto del artefacto está lleno
de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace.
Entonces Soto, con mucho cuidado, levantó el fono. Con
mirada de lince lo examinó de cerca, y algo llamó su atención.
Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular,
en tre los pequeños orificios para escuchar. Luego olió su dedo
y lo frotó contra la yema del pulgar.
Cerró los ojos para pensar. Cuando los abrió dijo:
-Aunque no me lo cr·cas, amigo, el caso cstá resuelto. Una
de tus secretarias tendrá mucho que explicar.
Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a
identificar a la culpable. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­
caste, tú también, a la secretaria culpable?
47
1/,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
11. Mancilla lo llamó en su auxilio. Si tuviera en medio una "o" golpearía, '! SI
('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
tuviera una "i" seria un gesto nervioso.
12. Usted. Prot.aclimo. Ancianos.
13. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar. Igual que mal'ZO.
Ilol'Ízonlales:
Nombre árabe que abre sésamos.
l. Dueña de su casa. Lu
abrió para buscar re/He­
dios. Adverbío de canti·
dad.
2. Posesi va. Cuidador de
harén. Prepusición dadi­
vosa.
3. Como las cuatro jóvenes
del cuell/O.
4. Dios mahometano. Pre·
posición invertida. Hay (o
I I I
/2\ I I \ \ \ \ \ \
de letras y también de st'o
mula.
5. Bicho de pucu precio
Dale cuenta
6. Receptáculos para alma­
cenar papas. Pronombre para el Cid Campeador.
7. Por Poder. Mira y anda.
8. Pri//ler o!i'ecinúe¡;IO de Rebeca. Mal de Rebeca.
Y. Tiene suslo (inv.). CO/110 la //lirada de Soto.
/0. Dios (i¡¡v.). ['ara el cutis seco de Pal7lela. Risa única.
11. Antiguo nombre para Tailandia (inv.). Las da el cucú. Aniculo neutro
(ínv.).
12. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. De c ~ t a manera.
Vert.icales:
l. Adverbio que a veces se descose (inv.). Forma verbal que endereza.
2. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Agua francesa.
3. Faz onerosa. Calcular el largo.
4. Nota musical (inv.). Como la Venus de Milo (iuv.). Afirma y condiciona.
5. El del Lío no es literario. Quinta letra.
6. Hormiga inglesa. Hay quienes io guardan bajo la manga. OnomaLopeya
ele esLornudo.
7. Nombre de Mancilla. Papel.
8. Reja (inv.J. Prenda de vestir para jóvenes.
9. Carga eléctrica (inv.). Ant.e Meridiano. Estafar.
In. Las habla en el bOliquln de urgencia.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
l'
Marcelo, Gonzalo, Ignacio y Felipe rodea­
ban la moto negra y brillante de Rodrigo.
Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los
rayos ele las grandes y potentes ruedas que
hacían adivinar la velocidad que podían al­
canzar. Gonzalo acarició el manubrio, tocó con la punta de
sus dedos el acelerador manual, y elevó sus cejas en un gesto
de admiración.
-¡Fiuu
l
-silbó Felipe, con las manos en los bolsillos de
sus p31'clJados jeans.
-¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad.
-¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­
ca de Rodrigo.
-¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo, entre serio y bro­
mista.
-No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a
mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de
conducir.
-O sea, que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo, con
gesto de desaliento.
-Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia
-se encogió de hombros Rodrigo.
Los amigos se quedaron en silencio.
-¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si
me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo.
-¡Fiuuu
l
-fue la respuesta dc Felipc, aún con sus manos
en los bolsillos y acariciando la moto, ahora con su mirada.
Rodrigo golpeó sus palmas.
'10
TREcE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
',[
-f:3LIL'l1o, por hoy se guarda -dijo, mientras empujaba
SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la
prueba de química de mañana'
-¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar... ! -comen­
tó Marcelo.
-¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio.
-¿Estás loco? La dejaré escondida. -y Rodrigo colgó la
llave en un clavo, bajo un mesón atiborrado de botellas y
tarros de pintura viejos.
Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a
su dueño todo tipo de detalles técnícos, los amigos volvieron a
reco¡-dar su prueba de química, y se despidieron apresurados.
Ignacio, Marcelo, Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­
do sus zapatillas deportivas, las manos en los bolsillos de los
gastaclos jeans. Uno a uno fueron entrando en sus casas del
barrio.
Cuando Marcelo, el último en traspasar la reja de su
antejardín, llegaba a la puerta de entrada, la lluvia comenzó
a caer copiosa.
A las once de la noche, un pélr de zapatillas blancas
".litaron, esquivando charcos, y llegaron hasta el garaje de
Rodrigo. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la
mesa con botellas y tarros. Luego, la figura enfundada en
icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria.
Dos horas después, la misma figura repetía la operación,
pero a la inversa. Después corrió por el barrio, y una puerta se
cerró con un tenue chasquido.
A la mañana siguiente, los cinco amigos se levantaron
temprano para ir a clases. Pero Rodrigo, antes de salir, abrió
el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante
moto. De inmediato, algo llamó su atención: las relucientes
ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­
bían despertado La admiración de sus amigos, se veían ahora
llenos de salpicaduras de barro. Su ceño se endureció y buscó
las llaves: allí estaban, en el mismo lugar donde él las había
dejado. Tuvo un momento de indecisión, pero miró la hora y
salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­
na.
Su único pensamiento, durante el viaje hacia la universi­
dad, fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar
con ellos el misterio. Alguien tendría que explicar muchas
cosas, porque -no cabía duda- uno de ellos había sacado
durante la noche su fabuloso regalo.
Luego de la prueba de química, que fue difícil y larga, los
cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en
la casa de Felipe, invitados por este a tomar unas bebidas.
Todos bromeaban, ya relajados de haber pasado la prueba.
Menos Rodrigo, que miraba hogco a cada uno de sus compa­
ñeros.
-Animo, hombre, ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­
meó Marcelo, dirigiéndose al serio amigo.
-Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo,
el volumen de la música.
-jY teniendo esa moto, andar así me parece increíble!
-El tono de Felipe era de enojo.
53
'1HJ'CI'. C . ~ S O S MISTERIOSOS
1)'lldCjo, pUl' SU parte, sólo se encogió de hombros, mien­
l l ; \ ~ \ulllaba un sorbo de su bebida.
Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo
de rnúsica.
- Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto
-comenzó.
Todos lo miraron, extrañados de su gravedad.
-¿Qué te pasa, Rodrigo)-preguntó Felipe, sirviendo más
bebidas en cada vaso.
-Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada
-dijo bruscamente Rodrigo.
Los otros se miraron en silencio y, antes de que dijeran
algo, Rodrigo insistió, con tono duro.
-Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo
anoche.
-¿y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio,
levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza.
-Porque son los únicos que conocían el escondite de las
llaves.
-¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo.
-¿Qué hiciste anoche, Mal'celo) -preguntó entonces el
dueflo de la moto.
- Yo, mi viejo, comí, me acosté, intenté estudiar en la
cama ... y me desperté esta maúana con el lihro en la cara.
-Lo que es yo, me dediqué a estudiar y luego me relajé
con un superbaño de tina, antes de acostarme -dijo Felipe.
-Yo, después de estudiar, vi la última pelÍCula de la
noche ... Claro que no me pregunten cómo se llamaba, porque
era de esas antiguas ... -explicó Ignacio.
-¿Y tú, Gonzalo) -preguntó Rodrigo, serio.
-Yo, fui a ver a Fmneisca. Tengo derecho a pololear, ¿no)
-¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo.
-Hasta las.,. ¿once, serían), ¡qué importa
I
De ahí, dere­
cho a estudiar química.
En ese momento los muchachos se pusieron de pie para
saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living.
-¿Qué taP -dijo ella, afable. Y dirigiéndose a Marcelo,
afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa ...
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
-¿Barullo? -se sorprendió el aludido.
-¿Cómo) ¿No te enteraste?
La expresión de Marcelo era de real consternación.
-Es que .. ' soy de sueño pesado... y salí tan temprano en la
mañana ... ¡Nadie me dijo nada'
La señora sonrió.
_j Estos jóvenes
l
Sucede que a tu mamá anoche le dio un
ataque a la vesicula, y el doctor López, nuestro vecino, tuvo
que ir a verla ... Claro, lindo, no quisieron despertarte ... ¿Y
cómo les fue en la prueba)
r
'-!JLT
/J
<;4 TRECE CASOS MISTERIOSOS
Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle
de palabras de la señora, pero ésta, sin dar lugar a quc otro
hablara, siguió, dirigiéndose a Gonzalo:
-Lindo, supe que Francisca está con hepatitis.
Todos miraron a Gonzalo.
-¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe.
-¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo,
algo molesto.
-Tan reservado este niño ... -siguió la mamá de Felipe-.
Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de
cama ... -Y, cambiando el tema, gritó hacia la cocina-: Laura,
¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre?
-No-se oyó una voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver
por qué el califont no funciona ...
-Ah, i finalmen te!, porque ayer lo esperamos duran le el
día entero. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla,
porque después del corte de luz que tuvimos anoche, algo
pasó con la lámpara del baño... ¡Todos los desperfectos vie­
nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­
tó dirigiéndose a todos a la vez.
Los jóvenes, un poco mareados con tanta conversación,
se encogieron de hombros, menos Ignacio, que contestó, ama­
ble:
-Solamente parpadeó un poco, mientras veía la pelícu­
la ...
-¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris
Day? -Inició una nueva conversación la señora.
-Sí, sí, claro -respondió Ignacio, mirando de reojo a
Marcelo, can cara de "¡hasta cuándo'"
Por suerte, para los muchachos, la voz de la empleada,
desde la cocina, se volvió a escuchar:
-Señora, ¿podría venir?
Ella entonces, prometiendo volver más tarde, salió de la
habi tación.
Rodrigo, cabizbajo, miraba los dibujos de la alfombra.
Cuando levantó la cabeza, sus ojos se clavaron en uno de sus
amigos.
-Ahora sé que fuiste tú -afirmó.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
El rostro de uno de los muchachos enrojeció:
-Perdóname, no aguanté la tentación -d"ijo de in media­
too
Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­
to? ¿Cuál de sus amigos, evidentemente, mintió?
t'
D
,<
1
1
(1
TRECE CASOS MlSTERIOSOS
CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA
Horiwutales:
1. EII'/'/óvil del cuento. Felipe
las silvió el1 su casa.
2. Felipe se dio uno relajarl­
le. Interjección para lla­
mar a alguien (inv.). For­
ma verbal que impulsa y
mueve (primera
na, plural).
3. Polola de Gonzalo. Extra­
ña.
4. Nené Cotelé. Dios egip- "
cjo (inv.). Ensució la mo­
to.
5. Así quedó la 1'1'1010. Nuevamente este dios alumbra.
6. Después. Las primeras sílabas de la antesala e1el cielo.
7. Enamorado de Francisca.
8. Verbo generoso. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada.
9. Hermano de tu mamá. Nota musical que dobla. Doclor delveci'·ldCJ.l'lO.
10. Nota (inv.). Empleada que no se vio en el cuerllo. Sujeli1.
Verticales:
1. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales. Miau.
2. Uno de los amigos.
3. Apellido de Pedro, español cronista del Reino de Chile. Colón descubrió
uno nuevo.
4. Casi tono. Besa con falta de ortografía.
5. Aferra.
6. Dos versiones para la misma leLra. Le fctltó la "d" para un lítulo británi­
co. Vocales distintas.
7. Verbos para hacer chuic o muac. Los yagas canLan esLa sílaba.
8. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Vuela por los dos lados.
9. Rodrigo lo era de la molo.
10. Cuatro para Julio César. Lugar etílico. InLerjección para pedir una espal­
da.
11. Futuro verbal dadivoso. Triuufes.
12. Ata. Eleva (inv.).
13. Los habíCJ. sobre el mesón del garCJ.je.
14. Señores Anísl'ls Como Carmen. Aída o Rlgoletto.
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
()

Ya eslaban cerrando los lucales comerciales
de la calle Pruvidencia y las pesadas corti­
nas metálicas caían una tras aira. En el in le­
riur de la joyería El Zafiro Azul, don Pablu
Levi daba las últimas recomendaciones a su
fiel ayudante Timuteo:
-Cierra tú, pur favur. Estoy muy cansadu, y me iré direc­
to a ]a cama: no me quieru perder, además, las noticias de
esta noche en la lelevisión.
-Váyase tranquilo, dun Pahlo. Yo me encargu... -le con­
testó el viejo con voz cansada.
Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu, encendió un
cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Todo parecía eslar
en orden: la caja fuerte cerrada, las joyas baju llave en sus
escaparales, los catálugos ordenados y en su lugar.
-Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l
sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras, anles dc
salir.
El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a
pasar la aspiradora por la alfumbra. Unus golpes lu hicierun
levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante, que
con sonrisas y gestos pedían entrar. El vieju les muslró su
reluj y negó con la cabeza. Cumo ellas insislicran, Timolco
señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda.
Las señoras hicieron un gesto de desalientu, y se alejaron
del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­
pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared.
Timoteu terminó de hacer el aseo, pasó el plumeru por
59 EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO
IIH
TRECE CASOS MISTERIOSOS
subre los mostradores, se quedó contemplando por unos ins­
tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-, y
arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo.
Apagó las luces, bajó la reja que protegía la entrada
-pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre
el peque60 escaparate-, dio tres vueltas a la llave del canda­
do. y se la guardó en el bolsillo. Echó una mirada distraída al
hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­
do, y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a
llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la
joyería. Miró el cielo negro y amenazante. se subió el cuello de
su abrigo, y caminó con pasos lentos hacia la estación del
metro más próxima.
Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­
ciendo. Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­
mión, que reían con estruendo. Cuando la lluvia comenzó a
caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la
calle, frente a la joyería. y el tipo echado en la vereda, ya sin
luz sobre su cabeza, se acomodó aún más sobre su bolsa de
trapos y, sin importarle la lluvia, siguió durmiendo.
Al día siguiente, muy temprano, el teléfono del inspector
Soto comenzó a sonar, insistente. Este dejó. con desgano, la
taza de café sobre el platillo, y levantó el auricular:
-Investigaciones ... , ¿sí? ¿Dónde, dice? ¿Providencia? El
Zafiro Azul. ... icorrecto! Allá vamos, señor...
La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­
cía. En su interior, con el rostro tcnso y demostrando angus­
tia, Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo, el
candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­
nos y el vidrio quebrado del escaparate.
-¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­
rece una burla! -gimió el dueño de la joyería, dirigiéndose al
inspector.
Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado.
-Vamos por orden. primero usted. ¿Cuáles fueron sus
movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda?
61
Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS
El viejo parpadeó, asustado. La barbilla le temblaba y
parecía no coordinar sus ideas. Luego de un largo silencio,
que el inspector respetó con paciencia, el viejo balbuceó:
-Yo... pasé hl aspiradora y... nada más.
-Piense bien, hombre, con calma. No lo estamos acusan­
do. ¿No vio nada sospechoso)
-Llevo treinta años al servicio de don Pablo.
-Por eso mismo tiene que ayudar. Haga memoria de cada
uno de sus movimientos.
-El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse:
-¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­
ras ... )
- Todo es importante. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto.
-Antes de que llegara el hombre vago ...
-¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago, Timoteo?
-Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la
vitrina.
Los ojos del viejo miraron asustados.
-¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi.
-No pensé ... Además estaba lloviznando y... ¡Perdón...
'
-Inspector -dijo Pablo Levi, serio-o ¡Hay que buscar a
ese vagabundo!
-Calma, señor Levi, ya haFemos todo lo necesario. ¿Sería
tan amable de decirme usted lo que hizo anoche?
-¿Yo? Bueno, dejé la tienda un poco más temprano que
de costumbre, porque quería llegar a ver las noticas ... En
realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa,
ahora que la familia está de vacaciones ...
Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro.
-¡Usted no sabe, señor inspector, lo que esto significa
para mí!
-¿ No tenía las joyas aseguradas? -preguntó el inspector.
-Sí, si, pero... ¡Es primera vez que me sucede algo así y
usted comprenderá, inspector. .. ! - Yun puño de Levi golpeóel
vacío con impotencia.
-Bueno, volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto.
-¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
hasta las dos de la mañana y luego... a dormil". ¡Si hubiera
sabido lo que estaba suced'iendo aquí. .. !
El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó
la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera, v una
piedra era, ahora, la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de
terciopelo azul dd escaparate.
-¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­
ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante.
-Bueno... Había un eamión de mudanzas estacionado al
frente -dijo Timoteo, aún tembloroso.
-¿Y cómo no lo habías dicho antes, Timoteo) ¡Eso puede
ser vital! -habló Levi, exaltado.
-Sí, sí. todo es vital. Me pregunto qué hada una empresa
de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­
tor.
63
01
(, TRECE CASOS MISTERIOSOS
_j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. Y se
aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de
alarma. ¡Las condiciones idcales!
Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de
golpe la cabeza, extrañado.
El inspector Soto, que lo estaba mirando, pidió permiso
para usar el teléfono.
Su conversación fue muy breve, Cuando volvió, su rostro
estaba serio.
-Señor Levi: puede tomar un abogado. Lo aCLlSO de auto-
nabo.
Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro. Y
logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado.
¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­
sión?
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO
Horizontales:
l. Caminas (inv.). Caza en
desorden.
2. Negocio de Levi. Quiere.
3. Flor de japo­
neses. Incl'emenlO (ínv.).
4. Uberlinda Yávar. Nota 5
para músicos. Raúl Gú·
mezo tnicio de 1nicio.
S. Produclo de insectos la- 7
I I I
boriosos. Interjección de f?
a!lvlO.
6. Epoca. Alfileres ingleses.
Nuevo.
7. Pidi6 permiso para usarel
Idé/ono. Producto lácleo.
Calcio. "
8. Como Teresila de Los
Andes. Zona franca nor- 13
tina (inv.).
9. Nornbre de Lev/. Posesivo.
10. Fruta que dcsgasla. Carta de tnunfo.
1J. Usó la aspiradura. Preposición.
12. Se puso a dormur erl la vereda.. Forma verbal que existe.
13. Verde y habladora (inv.l. Apellido para este cuel'llo.
Verticales:
l. Se apagaron en la calle. Artículu. Miré a este seis rUlflallU.
2. de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. Diminuti\'o
3. Por curiosa quedó sajada. A ella le cargan los gatos. Propia del pan.
4. Dimlllulivu sólo para Yolanda. Subre Bnvu vegelal (im·.).
5. Imperativo para existir. Comiénl.o dc lóte1l1. Con '"c" final, estaría en la
Filarmónica.
6. Inlermedio para cuecas. Tuvo que un Velo para muñeca
vestida de azul.
7. Averiado lugar del alenlo. Aprubación y pertcncncia.
8. Elnoclim que pareció senlir Levi. Comien.w de cantarina (in\,.).
9 Instrumento musical quc imita sonido de agua,. Articulo nClllro (In\·.).
JO. Se nla.ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla.
11. Dios egipcio. Resonancias. Forma verbal que invita (im .J.
12. Nombre de la joyería. Por supuesto.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
El domingo se jugaría el partido ele f(llbol
más importante del torneo infantil en Villa­
langa. Los dos equipos finalistas -los Masto­
dontes y los Venados- eran rivales irrecon­
ciliables y sus jugadores formaban parte de
las dos pandillas más conocidas del pueblo.
Los Mastodontes, tal como su nombre lo anunciaba, eran
grandotes, atropelladores, y hacían del foul su arma favori la
Eran, además, alumnos mediocres en la escuela y poco queri­
dos por los apacibles vecinos. Los Venados, en cambio, eran
más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales, si
bien, por ser ágiles y astutos, muchas veces lograban aven­
tajar a sus rivales en el marcador. Así, el partido del domingo
siguiente, que reuniría por primera vez a estos disímiles
equipos en una final, causaba expectación en sus hinchas y
prometía ser el acontecimiento deportivo del año.
Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­
vo y una resistencia física extraordinaria. Las esperanzas de
los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico
arquero, el Canguro Esteban. Este arquero no sólo era ágil en
la atajada y en los saltos, sino que calculaba siempre' el
ángulo exacto en que d,ebería colocarse para recibir el balón.
Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. Esteban era el
primero del curso, y tan bueno en las letras como cn las
matemáticas .
El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo
común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento. Sus compañe­
ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la
(1(.
TRECE CASOS MISTERIOSOS
alt<:; figura del Canguro apareciera. Dado que el arquero era
siempre tan responsable, el resto del equipo intuyó que algo
gr:we pasaba, Lo fueron a buscar a su casa; recorrieron el
l)CintO, llegaron donde la abuelita; revisaron el colegio y
hasta investigaron con disimulo en los carabineros. ¡Nada! El
Canguro se había esfumadt>.
Hasta que de pronto, a las ocho de la noche, se tuvo la
primera noticia. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo
la puerta de la casa de Vicente, el capitán del equipo de los
Venados. De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs
restantes y leyó con voz tensa:
lO'emM" 9J.m;
)Si, o.. ..bu.

"\b... cU- &u1-. .&


Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado:
-¡Esto es obra de los Mastodontes
l
¡Sólo ellos escribirían
doce con 51
-¡Finalmente, nos tienen miedo!
-¿Dónde lo tendrán escondido?
-¡No podrá entrenar!
-¡Ni jugar el domingo... '
-En ese caso, llamaremos a la policía ...
La voz del capitán los interrumpió:
-Hav que ir con calma. Esperemos el segundo mensaje y,
antes de 'hacer esto público, tratemos de vencerlos con
tra astucia.
-Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo
--dijo el zaguero cen tral.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7
Los diez amigos, cada Uno por su cuenta, recorrieron
cabizbajos todos los rincones de Villalongo. En la plaza se
habíanjuutado los Mastodontes, que a grandes voces comen­
taban:
-¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­
dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú, agú'
El capitán de los Venados, sin mirarlos, se limitó a con­
testar:
-¡No se sientan tan seguros! El que ríe último... goleará
melar .
. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla
plaza.
. Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo.
Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta, cuando, a
las doce en punto, un ruido de vidrios quebrados en la venta­
na trasera los sobresaltó. Corrieron hacia cllugar y alcanza­
ron a ver una figura maciza, enfundada en un capuchón gris,
desaparecer en la esquina de la calle. Vicente recogió del
sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo. Lo
estiró con cuidado para no romperlo y, ante los diez amigos
que lo rodeaban expectantes, levó:

cU. "' ......
..
o dio... J .' '" - (.(5-0eU.
..uJl\.
mo en.

.l\M.
• r>,

-¡Malditos' -gruñó Vicente.
-¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista.
-Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero
69
1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
derecho-o Además, asnos incultos: esta vez son cuatro las
faltas de ortografía en cuatro líneas.
-Pero igual los venceremos -dijo otro.
-Yo no estoy tan seguro... Al pobre Esteban no le deben
dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a
opinar el mediocampista.
-¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho.
-No. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe
duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente
como para escapar, o algo así ... -concluyó Vicente.
El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido, el perro
del zaguero central.
-¡Si supieras hablar, Fido
l
¡Espero que hayas mordido al
menos una pierna del que te amarró el mensaje
l
El perro movía su cola y, por su mirada apacible, se
advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra.
Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­
saje. Esto fue lo que leyeron:


EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
ch¡'etn lx&m

em.J.J.J'n 1ft dcrnilTlJp
en el caMJ'
J"tÚY/ a AiU;

tVUA/
Se produjo un gran silencio. No cabía la menor duda: era
la lelra del Canguro. ¡Pero se resislían a pagar el rescate y
reconocer su total sumisión al chantaje!
-¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el
capité'tn-. Parece que se contagió con los Mastodontes.
-Es seña de su nerviosismo ...
-¡Si hasta escribió mal su nombre'
-¡Pobre tipo, a lo mejor lo están torturando y ni sabe
cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo.
-¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de
esto airosos -suspiró el zaguero central.
Se quedaron mudos unos instantes. Hasta que de pronto
Jorge, uno de los laterales, exclamó:
-¡Pásenme el mensaje'
Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención.
71
lO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan­
me! Iremos, sin balón de fútbol, a su rescate.
El equipo completo de los Venados corrió a las afueras
del pueblo, y Jorge indicó un lugar, a la distancia, entre los
roqueríos. Avanzaron sigilosos. El zaguero derecho gri tó,
usando sus dos manos como bocina:
-Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban,
nuestro capitán enviará a la policía ... ¡Ríndanse!
Hubo unos instanles de tensión. Del lugar no salía nin­
gún ruido.
-¿No te habrás equivocado, Jorge? -susurrÓ alguien.
-No, ¡estoy seguro
l
y lan seguro estaba, que no habían pasado cinco mínu­
tos, cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos.
Lector: en el mensaje, lógicamenle, había una clave. Si
Jorge la descubrió, ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al
arquero?
Nota: El parlido se jugó, tal como estaba planeado, y los
Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
Horizontales:
l. Terminación verbal. Pa­
labra para bajas tempe­
raturas. Acuática circen­
se.
2. Acción desplegada en el
cuento. Oro galo. f
3. Negación. Si no es un
poema de la Mistral, cor­
ta los bosques.
4. Muac (inv.). Flor de un i!
solo pétalo. I I I I I
5. Competencia in{antil en ~
Villalongo. El que lo hace l.
último lo hace mejor.
6. Este es un ondulado me- "
chón sin vocales. Unidad I¿
de fuerza. Escuchar.
7. Tres primera letras de Il, ! I I I I I
calurosa línea geográfi­
ca. Pronombre para ti.
8. UrJO de los equipos en competerlcia.
9. Las de rana son muy ricas apanadas. Preposición guerrillera.
10. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más. Tontonas.
11. Posesivo para ustedes. Futuro verbal para versificadores.
12. Letra griega (inv.). Capital para Allan Prost. Diminutivo masculino.
13. Nombre para d ~ s c a n s a r . Donde se reunlan los Venados.
Verticales:
1. El puntero derecho cal;ficó así a los Mastodontes. Quise (inv.). Dupla
{inv.).
2. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban.
3. Antiguos habitantes del norte de Italia.
4. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Igual. Letra griega.
5. Diosa ypresa. Harán cof-<:of.
6. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. A este mágico y diminuto
personaje le faltó la última sílaba. Color del caplJ.Chón del·mensajero.
7. Pudor (inv.). Lengua provenzal francesa. Posesivo para mí solo.
8. Puelto de la India, ex colonia portuguesa (inv.). Sala de recepción (inv.).
9. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes. Cuando es mínima no paga impuestos
(inv.).
J 1<1>1:1', CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
11' t ",.il'lI ,1,' IItI /nhuio. Ataste (inv,).
I i ¡', ,'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ", Dos vocales con punlOs, Selion\. Pronombre
p.ll.1 li.
l' NIII del/JiIIO secllesfrado, Los ladralles la piden t1 cambio de la \'Ida,
El inspector Soto caminaba hacia su casa,
luego de una larga y agotadora jornada en su
oficina, Eran las diez .Y media ele la noche y,
al ver las luces del pequeño supermercado
del barrio aún encendidas, recordód encar­
go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que
vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de
matrimonio,
Entró con aire distraído al supermercado, Sólo una caja
funciona ba, Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la
caja registradora, y se dirigió al anaquel giratorio donde se
exhibían postales. Contempló con calma los paisajes, y leyó
las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita", "Al
mejor esposo del rmmdo", "¿ Un (//10 más? Con un suspiro
siguió buscando. Sólo se escuchaban el tintinear de la regis­
tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos
que salían por la ancha puerta. Oyó un carraspeo de la cajera.
"Pobre muchacha", pensó; "debe estar tan cansada como
yo". Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada
que brillaba tras un Santiago sin esmog.
Yen ese momen1o escuchó el grito.
Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver,
ante sus propios ojos, a un encapuchado que encañonaba a la
muchacha con una pistola en la sien, Los ojos del hombre
brillaron al fijarse en Soto y, con un gesto, le indicó inmovili­
dad. El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca
abierta.
Su mente funcionó a toda velocidad. Sí él actuaba, el
74 75 TRECE CASOS MISTERIOSOS
hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su
gcsto-, mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. La
cajera obedecía con manos temblorosas, y emitía unos entre­
cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con
golpes de cañón contra su nuca.
No había pasado un minuto. El ladrón comenzó a retro­
ceder, y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer,! a
Soto, que estaba un par de metros tras ella, desapareció
corriendo por la puer ta principal.
Soto, sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­
cía como en cámara lenta, salió becho un celaje tras el enmas­
carado. Lo vio correr por la solitaria avenida, desprender de
un tirón su máscara de tela, '! abordar un taxi colectivo que
pasaba en ese momento por la esquina.
Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­
lo para seguirlo. Sólo vio a un joven en moto que aparecía por
la orilla de la calle, junto a la vereda.
-¡Soy policía ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto,
'
montando a horcajadas tras el joven que, sin dudarlo un
instante, aceleró a fondo.
La persecución fue espectacular. El co1cctivo, gracias a
los semáforos en verde, seguía en forma expedita por la gran
calle de su recorrido. Pero la moto, más veloz que cualquier
aut.o y guiada por un adolescente que, en ese momento, se
sentía protagonista de una serie policial, no perdía terreno.
-¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector.
El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo
que se acercaba peligrosamente a su costado, y disminuyó la
velocidad.
Soto gritó.
-¡Alto! ¡Policía!
Pero los pasajeros y el chofer del taxi, con los vidrios
cerrados, parecieron no escuchar.
-Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el
inspector al oído del motorista, mientras a su vez hacía señas
al chofer con un brazo.
Finalmente, en una arriesgadísima maniobra, el excelen­
lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
objetivo: con un gran chirrido de frenos, el taxi se detuvo en
medio de la calle.
La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían
guardia en una esquina y, al ver esta extralla maniohra,
corrieron hacia ellos.
-¡Inspector Sotol -gritó este, con sus credenciales en
alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I
Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e
hicieron descender a los ucupantes del autu. Eran el chofer
más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros, que miraron
sorprendidos.
-¡Regístrenlus -ordenó el inspector.
'
Los carabineros procedieron. Pero, ante el asombro de
Soto, ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes. Sin embargo,
una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa
-con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­
ro derecho.
-¡Ahá' -dijo Soto, r-asc6ndosc una de sus enormes
orcjas-: lo siento, señores, pero, al menos que alguno confie­
se, están todos detenidos.
- Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer, con
voz agudizada por los nervios.
-¡Ni yo tampoco
l
-siguió un señor ele anteojos, lcvantan­
77 'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS
du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado
bancario, y mantengo con esfuerzo a mi familia.
-¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un
impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo'
Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera.
- Yo soy un honrado vendedor viajero, y jamás he tenido
que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que,
por su voz nasal, mostraba un evidente romadizo.
-Yo... , yo, pe-pe-pero, noentien-do lo que pa-pa-papasa
-gimió el último, tartamudeando con gran desconcierto.
-¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con
gesto decidido.
Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie.
La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse.
El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente
su otra oreja. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que
permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías.
Entonces Soto, con su voz ronca, habló:
-Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría.
Pero también les comunico que sólo uno irá esposado.
Los cinco hombres se miraron con sorpresa.
Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros; este,
sin vacilar, se adelantó y colocó las esposas en las muñecas
del que indicaba el inspector.
EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA
Otra vez Soto, con su aguda perspicacia, había dado en el
clavo: el ladrón, sintiéndose acorralado, confesó su culpa en
el camino.
Lector: ¿podrias tú deducir, al igual que Soto, cuál fue el
culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas.
78 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA
Horizontales;
l. Encargo de la señora de
Soto. Giramos en torno a
él.
2. Goloso y perezoso. Arte­
ria principal para tránsi­
to sanguíneo. Quiere.
3. Lugar del atraco.
4. Subterfugio (inv.). Des­
cansan en las estaciones
(inv.).
S. Conjunto de cosas pasa­
das por un hijo. Con "n" /O
final se comería a diario.
Negación prolongada 11
(inv.).
J

W---I---+-I---j
6. Vocales gordas. País del norte que se emplea. Sin nombre.
7. Pronombre suyo. Sol egipcio. Afirmación rusa que ofrece. Carla de la
baraja.
8. As! estaba el ladrón.
9. Para enfermos supergraves. Campeón de tenis francés (inv.). Para velos
de novia.
10. Tan sagaz como los ojos de Soto. Cecina que comieaza muerta de la risa.
11. Descifra signos. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta.
Verticales:
l. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. País asiático de las úlrimas
olimpíadas.
2. Alisa el caballero sus bigotes (inv.). Así dice "hasta" el presidente.
3. Guardarropa para abuelitas. En sus comienzos este arte era mudo.
4. Este es el fin de Roberto. Demostrativo francés.
5. El imán lo hace con el metal. Anita Pacheco. Existe.
6. Tío con cabaña. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv.).
7. Griego es este dios peleador. Quita.
8. Sube al árbol. Dedo del árbol.
9. de caballo. Surtir (inv.).
10. Vocales distintas. OfTendan (inv.). Ex líder comunista chino.
11. Condición dd encapuchado. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. javen.
12. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón. Le sigue el dos.
13. Se dirige. Como la voz; de uno de los oClLpa'ntes del taxi.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
Seis de la mañana. Los gritos de doña Dora­
lisa despertaron al vecindario:
-¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu
leche, minino'
Del segundo piso de un pasaje del barrio
Ñuñoa, la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a
otro.
Diego, su vecino. abrió la ventana de su cuarto, y con
rostro soñoliento preguntó, asomándose:
-¿Qué pasa, doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones, no
siga grllando!
-¿No has visto a Tutankarnón, hijo? ¡No está en su canas­
to por primera vez en mil cincuenta mañanas ... ! ¡Tutanka­
móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­
nes.
Josefa también despertó. Restregando sus ojos se arrimó
a su hermano Diego, sin entender aún de qué se trataba el
barullo.
-¡Tutankarnóoon! los gritos destemplados de
la anciana.
Las ventanas fueron abriéndose de una en una, y varias
caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio.
Pero doña Doralisa ya estaba en la calle, y corría con un
plato y una botella de leche, sin hacer caso de sus vecinos.
-¡Tutaaa
l
¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz
dulce y ojos húmedos.
A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía.
DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera, y los dos herma­
nos salieron a buscarla.
81 HO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Si no vuelve Tutankamón, va no tenf?:O razón de vivir
-gemía la viejecita. " ~
Los niños la habían llevado a la casa y, recostada en su
mecedora de mimbre, se dejaba abanicar por Diego con una
revista mientras Josefa, con los ojos muy abiertos, le refresca­
ba la sienes con un pañuelo mojado.
Diego entonces ofreció:
-No se preocupe, doña Dora, le prometo por mi honor
que le traeré el gato de vuelta, vivo o muerto...
Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -que
puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­
caro
-Quiero dccir vivo ... Déme dos horas y tendrá a Tutanka­
món -añadió con voz de agen te del FBI.
Doña Doralisa pareció reanimarse. Josefa susurró al oído
de su hermano:
-¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo?
Con un empujón firme, Diego la alejó de él; se paró muy
tieso y reiteró:
-Parto en misión: este será nuestro cuartel general, y
nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. Tú, Josefa, te
quedas aquí cuidándola.
-¡Ah, noo! Yo te acompaúo, porque doña Duralisa se
muere de ganas de descansar -dijo la niña, lanzando a su
hermano una mirada de furia-o Además, está respirando muy
raro... , ¿no es cierto, doña Doralisa?
-Tutankamón... -musitó la viejita.
-¿Ves? -dijo Josefa-. Ella quiere soñar con el gato, ¡va­
mos!
El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje,
h;;¡sta obtener fllguna pista. En realidad, Tutankamón era un
gato gordo, antipático y maullador, que no despertaba las
simpatías de los vecinos. ¡Pero de ahí a desear su muerte
había una diferencia!
Provistos de una grabadora de pila, para registrar las
declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-, Jos
dos hermanos comenzaron la pesquisa. En una casa les abrió
EL CASO DEL GATO PERDIDO
la seúora Torres; tenía a su guagua en brazos. Se veía ojerosa
V demacrada. Habló entre bostezos.
- -Por favor, niños, no hablen fuerte; recién logro que se
duerma. Me he pasado la noche en vela ... El pobrecilo llora­
ba, y yo no tenía la mamadera para darle más leche.
-¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa, mi­
rando al bebé.
-No sé ... , pasé tan mala noche, y en la confusión ...
-¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora.
-Sí ... , entre los llantos del niño y los maullidos de ese
gato...
-¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego, entrecerrando
los ojos.
-Ehhh, sí ... , parece... -eontestó la señora Torres en forma
vaga.
-¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in­
terrogó nuevamente Diego, y Josefa acercó el micrófono a la
boca de la señora.
La señora Torres retrocedió dos pasos, y preguntó:
-¿Qué significa este juego, niños?
-Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos
investigando -contestó Diego.
83
TRECE CASOS MISTERIOSOS
~ 2
--Pues vayan a investigar a otro lado, y no me molesten.
¡Era lo único que me faltaba!
y ccrró la puerta con estrépito. Al segundo, sintieron los
berridos de la guagua.
Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña
murmuró a la grabadora:
-Primera sospechosa.
De ahí se fueron a la casa número 2.
Estuvieron largo rato tocando el timbre, sin respuesta. A
los cinco minutos se oyeron unos pasos, y abrió un joven
adormilado y barbón. que los miró con desinterés:
-¿Silii)
-Hola, Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­
go y se escuchó el clic de la grabadora.
-¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc.
-No. al gato -contestó Josefa, muy seria.
-Al gato maldito.... s610 lo escuché, ¡pero si lo veo, lo
mato!
-Conque lo matas ... , ¡eh? -dijo Diego--. ¡Justifíeate
'
-La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja,
dueii.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el
maldito tomo de trescientas páginas de historia, y ahol'a me
vov a sacar una maldita nota ...
" Los niños retrocedieron ante ];:¡ ver'borrea furihunda de
Mateo. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con
fuerza su melena chascona.
Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de Josera
al decir:
-Sospechosísimo número 2.
-Prepárate. Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema
Araos -dijo Diego.
Josefa, entonces, encendió la grabadora y dictaminó:
-Sospechosa número tres.
-Josefa: ¡método! Te estás adelantando.
-Pero. Diego. todo el mundo sahe que la senara Ema odia
a los animales y le molestan los niños.
-.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego,
mientras tocaba el timbre.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
La puerta se abrió. Una señora Ema sonriente y plácida
los dejó un poco desconcertados.
-Hola, queridos: ¡qué gusto verlos
l
¿En qué andan? ¡Pa­
sen'
-No, gracias, senara Ema. es algo rápido. Sólo qucría­
mas preguntarle si ha visto a Tutankamón, quc se perdió.
- y doii.a Doralisa está casi por morirse -añadió Josda.
lista para apretar el botón.
--¡Oh. nao! ¡Pobre gatito, y tan gordo que eral
-¿Era... ) -Josefa encendió la grabadora.
-¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora, des­
concertada.
-Le dijimos que la que está por morirse es la sellara
Doralisa, pero de pena -le contestó Diego.
-¡Ahhh! Ya entiendo, no cs para menos -suspiró la scJio­
ra Ema.
-¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo.
-No lo he visto ni lo he escuchado.
-Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se
extrai1ó Josefa. .'
-Yo dormí como una piedra.: ¡mi hijo Serafín me anun­
ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el
norte, y estoy tan contenta, que anoche podrían haber mau­
llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de
violines .... ¡ja, ja'
La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar.
Los jóvenes detectives, algo perplejos, siguieron su cami­
no hacia la casa número 4.
-¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas
-refunfuñó Diego.
-Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana.
Ygolpearon en la puerta siguiente, la casa número 4. que
no tenía timbre. Era la casa del escritor.
Cuando abrió la puerta, los nii10s se enfrenLaron a don
Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados
como si hubiese dormido vestido.
-¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. Y sin
esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa.
85 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
JH
Los niños tuvieron que seguirlo. Entraron al living, don­
ele había una mesa llena de papeles, una máquina de escribir,
una silla y, arrimado también a la mesa, un confortable sofá
lleno de cojines.
-Esta ha sido mi cama, a ralos, duran te la noche. Por eso
estoy tan ... -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela.
-¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa, acordándose
de Mateo.
-¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. .. Estudiaba los
caracteres de los personajes de mi novela ... -le con tes tó el
escritor, bostezando.
-¿No escuchó usted, durante su noche de trabajo, los
maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego, ha­
ciéndose el casual.
El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con
su ropa entera arrugada, un batata negro a medio abrochar
en un pie, y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo
gordo en el otro
l
Tenía además la camisa blanca fuera del
pantalón y su cabello largo y crespo en desorelen. Los niños no
pudieron disimular una sonrisa.
-Eh, eh, ch ... -vacilaba García Gómcz; fruncía el ceño,
pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin.
-Es que ha desaparecido Tutankamón, y doña Doralisa
está que se muere.
-Eh, eh ... Que se muere... , que se muere... , ¿que se muere?
-El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los
ojos. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere)
La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­
bra del peregrino... " i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc
repetir otra vez la misma frase, se sentó frente a la máquina
de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran
alas, olvidándose de los niños.
Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la
casa.
-Sospechoso número cuatro -dijo la niña.
-¿Por qué? -inquirió Diego.
-Porque todos son culpables hasta que no prueban su
inocencia... Me extraña tu pregunta, Hércules Poirot -con tes­
tó su hermana, con aire suficiente.
-Bueno, y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo
picado.
-Primero iremos a ver a doña Doralisa, por si se ha
muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato
perdido-. Si está viva, la tranquilizaremos, y luego iremos a
nuestra casa a procesar la información.
Cuando abrían la reja del jardín de la anciana, unos
gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­
ron su atención.
Se acercaron, cautelosos, y buscaron entre las matas.
Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. Por
eso es que, entre laLas de pintura vacías, cajas de cartón,
pedazos de manguera y otras tantas cosas, Tutankamón, con
87 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Xc>
una gran protuberancia en la cabeza, los miraba con ojos
suplicantes.
-Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora.
-Resulta obvio -añadió Diego, como si siempre lo hubie­
l-a sabido.
Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo. Si
ustedes, como ellos, tambien tienen ojo de detective, tan sólo
mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al
culpable.
Epílogo: doña Doralisa no se murió; en camb,io, regaló él
los niños nuevas pilas para la grabadora, Con respecto a la
persona culpable, aún da confusas explicaciones.
MH TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO
Horizontales:
l. Nombre de García Gó­
mezo Animales gráciles y 1
veloces. Caminad.
2. Fatigada dueña del galo. ~
Radio. t-t-t-t-t-t-I
3. Letra para mamá (plu- \-+--l--U--U
ral. invertido). Los hay I
de remate y de capirote. 7
4. Le falló la antepenúlti­
ma letra para de.cir "des- 9
cartó". Dirigirse. A esta q
palabra le gusta repelir. I
5. Iracundas mujeres mito- • ~
lógicas. Flores del jardín 11 L...L..l..-L..
de la viejita.
6. Nombre femenino que al .
perder la "h" perdió la varita. Lo hago con una aguja.
7. Anciana uva. Hombre inglés.
8. Sus gritos despertaron al vecindario. Nombre italiano masculino que en
Chile es billete.
9. Atributo para española graciosa (inv.). Acción.
10. Al mismo nivel. En el cuento fueron muchas.
11. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. Apellido de doña Ema.·
Verticales:
l. La joven detective. Diminutivo para la viejila.
2. Evitó. Aluminio.
3. Mira con arrobo. Amiga del ruiseñor.
4. Femenino de Noé. Dupla.
5. Término para marinos.
6. Parien/es del gato perdido. Son para guardar el trigo.
7. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo.
8. Así llamaba Doralisa a su gato. Las hay de molino y de ventilador.
9. Cuna de perlas. Nota musical (inv.).
10. Repetido. baila en las islas. Letra griega. Recubre muebles chinos.
11. Mucha salla produce. Demasiado.
12. Dirigirse. Recolecciones.
13. Cubos numerados. Naves.
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER
SENTADA PENSANDO
Son las cinco de la mañana en Santiago. La
amplia calle del barrio alto está vacía, con
excepción de una camioneta cubierta que se
estaciona a pocos metros de una casona esti­
lo colonial. Adentro, tres hombres observan,
primero de reojo; luego descienden para encaminarse hacia
la entrada de la mansión.
Todo está saliendo según sus cálculos. Minutos atrás, el
repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa
cuadra, y el campo estaba libre. La primera parte del plan
para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­
ría al día siguiente en un gran remate- estaba funcionando
bien. Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre
el valor de la estatua, y los críticos de arte la calificaron como
"la mejor obra de arte abst,racto de los años ochenta".
Jaime, alias el Artista.; Felipe, más conocido como el
Panda, y Gonzalo, el Rambo, se encaminaron con rapidez
hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­
tese agitaba con el v,iento. La noche estaba húmeda, y Jaime,
el Artista, miró el ·cielo con preocupación.
-¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­
guntó el Panda, impaciente.
- Ya está por salir; apronta el golpe de karate -respondió
el Artista en un susurro.
Los tres se agazaparon en el pórtico, tras una columna. A
los pocos segundos se escucharon unos pasos. La pesada puer­
ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle
guardián que, al v'er el periódico sobre las baldosas de la
<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS
entrada, se agachó a recogerlo. En ese momento un golpe seco
en la nuca lo hizo caer al suelo, inconsciente.
-Ni se quejó -masculló el Rambo.
-Bien, Panda -aprobó el Artista-. ¿Cuánto tiempo ten­
dremos durmiendo al abuelo?
-Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­
pondió el karateca, restregando sus manos.
El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos
poderosos y se lo echó sobre los hombros, como si fuera un
almohadón de plumas. Luego, entró en la casa, seguido por
sus compañeros. El Panda cerró la puerta tras ellos.
-Déjalo por ahí y manos a la estatua... -apuró el Artista.
Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. El
Panda, un poco nervioso, miraba hacia todos lados, mientras
caminaba entre los objetos en exhibición.
-¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo.
-Ahí -respondió Jaime, el Artista, con gesto seguro. Y
sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia
abajo, y luego de abajo haoia arriba, la codiciada figura.
-¡Qué belleza! -murmuró.
El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas
láminas de metal entrecruzadas.
-La única belleza es el dinero que obtendremos por ella
-observó con una risita.
-Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. ¡Ya,
Rambo, saca la estatua mientras yo vigilo la salida ... ! -dijo el
Artista, caminando hacia la puerta de calle.
A los pocos minutos, mientras el Rambo equilibraba la
pesada estatua sobre sus hombros, el Artista regresó con
expresión de rabia:
-¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­
giado de la lluvia bajo el alero de la casa... ¿Cómo haremos
ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo, furioso.
El Panda hizo un gesto de fastidio, y miró el lecho como
buscando una solución. Entonces el Rambo, con la estatua
firme en su hombro, exclamó:
-Ya sé... Miren esa ventana que da a la calle lateral...
¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora,
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t
y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se
les ocurra venir a pasear por este lado...
-¡Buena idea, Rambo! No eres sólo músculos ... -aprobó
el Artista, golpeando un puño contra la palma de la otra
mano-o Una vez afuera, yo me adelantaré a buscar la camio­
neta y la estacionaré frente al callejón.
-No está mal, pero hay que apurarse -dijo Felipe, el
Panda, mirando el reloj-; estamos con el t,iempo justo antes
de que el cuidador se reponga de mi caricia.
Obraron con rapidez. Luego de algunas dificultades -co­
mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los
cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién
ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al
alféizar- con una exclamación de triunfo lograron depositar­
la en la acera.
El precioso botín ya era de ellos.
93
II
TRECE CASOS MISTERIOSOS
<J2
-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se
moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista.
Se encaminó hacia la esquina.
En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­
bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los
hombres lo encañonaban con pistolas.
-Maldición... -gruñó el Artista, retrocediendo.
Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­
zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos
y los esposaban.
Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le
dijeron:
-iBien hecho!
La pregunta para los astutos detectives es la siguiente:
¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO
CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO
Horizontales:
1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan aJaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal.
l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.).
8. No es par. Sostienen partituras.
9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina.
10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos.
11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­
da.
12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa.
VertICales:
l. Apodo para Felipe.
2. Cerebro del robo. Enredo (inv.).
3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.).
4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.).
5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas.
6. Corno la estatua.
7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca.
8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante.
9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa
querendona.
10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz.
11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales.
12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal.
13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes
y heredero de una gran fortuna, empleaba
sus días en administrar sus negocios, jugar
golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje­
tos más valiosos se exhibían en grandes ar­
marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña­
dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del
amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem­
plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido.
Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­
to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios
ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo
que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una
familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a
la sel!uridad de sus armarios.
De toda la colección había solamente un objeto que no se
guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón
sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al
abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­
res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez
donde las páginas se extendían en volumen. desplegando
como por arte de magia las dependencias suntuosas de un
castillo.
También babía otra razón que le hacía acariciar la valio­
sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la
hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había
obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba
bajo 1Iave: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre
97 EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
(}h TRECE CASOS MISTERIOSOS
los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de
cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza
-Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta.
Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en
cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y
posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­
ción volara hacia el Oriente.
Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su
escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su
vida.
Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al
llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado,
que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­
che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día
entre la Bolsa y el Club de Gol ese había encontrado con la
sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna
otra parle
l
-Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más
grande que tenia para mí era otro... -Carlos apretaba las
mandíbulas para contener su impotencia.
-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo
el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de
una de sus grandes orejas.
Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos
minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­
tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos
de pánico.
-Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le
hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla.
Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde
del sillón.
El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz
calmada:
-Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó
en la mañana, hasta que abandonó la casa.
-Bueno, lo de costumbre... Por la mañana me quedé en el
segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño,
ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas.
-¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto.
-Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a
su patrón-o Aver si había algún recado para mi en su libreta
-agregó, indicando la agenda sobre el escritorio.
Soto miró al dueño de casa, y este corroboró:
-Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­
prano en la mañana.
El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede
irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar".
-¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre?
-volvió a interrogar el inspector a la mucama.
Ella guardó un instante de silencio y contestó luego,
dubitativa:
-En realidad... , me pareció que todo estaba igual que
siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría
dado cuenta ... creo.
-¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­
tó Soto, rápido.
-Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había
terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el
99
l¡8
TRECE CASOS MISTERIOSOS
desahucio de mi marido. -Norma miró a don Carlos como
pidiendo aprobación.
Olavarría hizo un gesto de asentimiento. El inspector
insistió:
-¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse?
-Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­
cería, y con el jardinero nunca me meto porque... , perdóneme
la expresión, don Carlos -añadió un poco colorada-, ese
hombre es un ordinario...
Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable:
-Bueno, eso es todo, señora. Puede retirarse. ¿Podría
decirle al mayordomo que venga)
La mucama se puso de pie saludando con timidez y,
cuando abría la puerta, su patrón la interpeló:
-¿Su marido sigue sin trabajo, Norma?
-¿Y quién lo va a emplear, don Carlos, con su pierna
mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. Sin esperar
respuesta, se retiró.
A los pocos minutos entraba José, el mayordomo, de
uniforme impecable y aire altanero:
-¿Sí, señor)
-El inspector le quiere hacer algunas preguntas, José;
tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de
dejar la mucama.
-Estoy bien de pie, señor, gracias -contestó José, serio.
-¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la
maüana hasta que llcgó su palrón?
-Luego de hacer el asco del salón, me fui a la carnicería ...
-¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO.
-No antes de las once..
-¿Ya qué hora volvió?
-Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la
carne para el almuerzo de don Carlos. -El pare­
cía molesto con el interrogatorio.
-¿Una hora y media se demoró en comprar la
-volvió a la carga SOlO.
José se movió, incómodo.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
101
IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Bueno, no sólo la carne: los lunes, corno bien sabe don
Carlos, se compra también la verdura y la fruta.
-¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con
sus preguntas.
-Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta, cuando
llegó en la mañana; y cuando volvÍ, ya se había ido... , ¡lo que
no dejó de parecerme extraño!
El inspector hizo caso omiso de este comen tario, y siguió:
-¿Qué hizo luego?
-Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa
servida, como lo hago por costumbre, hasta las dos de la
tarde. Luego me retiré a descansar a mi pieza y, supongo,
señor, que me dormí, porque cuando abrí los ojos eran las
cinco. -El mayordomo tosió y agregó .-ápidamente-: De ahí
en adelante, no paré de limpiar la plateria y sacudir las
vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos.
-Por casualidad: ¿entró en el escritorio?
-No, el escritorio se limpia los miércoles y sábados.
-Está bien, José, puede retirarse.-E1 inspector mostró la
puerta.
-José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­
dió Olavarría, entonces.
-Muy bien, don Carlos. -y clmayordomo se retiró, luego
de una venia.
Jacinto Flores, el jardinero, entró Con su mameluco lleno
de tierra. Era muy mo'reno, pero de ojos chispeantes y lleno de
vida. No ti tubeó para sen larse en la silla, y se acomodó con
una amplia sonrisa.
-¿Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto.
-Como todos los lunes y martes, mi caballero: solamente
en la mañana.
-¿Yen qué consis Le su tra bajo? - El inspector dobló aho­
ra el enorme pabellón de su oreja, en forma distraída.
El jardinero enumeró, contando con los dedos:
-Podar los rosales, remover la tierra de la jardinera,
cortar el pasto, desmakz,lr, emparejar los setos, barrer La
terraza ... ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí, pues'
-¿Entró en la casa?
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
-Al baño de José no más, a cambiarme ropa.
-¿Ya qué hora se fue?
-A la una. Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y
almuerzo ailá.
-o sea, en ningún momento entró en la casa...
-¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el
patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase, le echan
la culpa a uno ...
-¿Conocía usted, Jacinto, la pagoda elc marfil que se
robaron? -preguntó el inspector.
-No, señor, \'0 no entiendo de cosas finas; sólo entiendo
de plantas.
-O sea, no la había visto nunca ...
-Usted lo ha dicho, mi caballero.
-Está bien, Jacinto Flores, puede retirarse -terminó el
inspector Soto.
Cuando e/jardinero cerró la puerta. el inspector miró a
Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas.
-El caso ha sido fácil. Recuperará su pieza de mar[il. ¿Se
dio cuenta, usted también, de cuál era el ladrón?
El duel10 de casa negó con aire desconcertado.
- Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados
y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto,
cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta.
Cuando Olavarría, luego de unos instantes de medita­
ción, dijo un nombre, el inspector Heliherto Soto respondió:
-¡Eso eral
Entonces el solterón, suspirando, murmuró para sí:
-¡Volverás a mí, Ya-Lu-Ting
l
¿Podrías tú, lector, luego de anafizar las versiones de los
tres sospechosos, encontrar también al ladrón?
102 TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
103
CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL
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I I I I
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Horizon tales:
"
1. Pronombre panl voso­
tros. Preposición entro­
metida.
2. Obje/o robado. Nombre de
la mucal1'l.a (inv).
3. ~ é J i c o especialista en
VtaS urtnartas. EqUIvo­
có.
4. Posesivo pronombre
(inv.). Letra (inv .). Corno
ella era la cara de Ya-Lu­
Til1g.
5. A la del campo también ,.
le gusta el queso. Detrás
(jnv.). En la manana.
6. Había una vez un empe- 1I
raJar que no tenía nin­
guno. Espiritual nombre 'J,
de mujer.
7. Ojalá sin esmog. Tres vo­
cales iniciáticas. Una "t" amarraría a estas vocales.
8. Tras de (inv.). Sos/enEa la agenda. Servicio secreto de Hitler.
9. No hay que hacerlo en clases; pero sí en los cumpleaños. sohre las lorlaS.
Sustantivo limpio.
10. Flor de los valles.
Il. Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla. Objeto de W7 tic
de Soto (inv.).
12. Artículo indefinido. Este perro. si fuera doble, bailaría (inv.). Vocales
Jistintas. Nota musical femenina.
13. Privativo de ovejas. La pagoda lo era (inv.).
Verticales:
1. Las de la pagoda erar¡ diminutas. ülavarr[a se habla pasado el día entre la
Bolsa y este lugar.
2. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural). Artículo
indefinido.
3. Yo latino. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas, Pesimistas y Obsole­
tas.
4. Si es muy fuerte, ¡pobre bote! Llena.
5. Angulo para brazos (inv.). Estirar.
6, Alma del califonl, que fluye par el piloto (inv.). Colilarga y dientuJ"
(inv.).
7. Duefw de la pagoda.
8. CiuJad sumeria. Primera y tercera vocal. Atrapa al bolón.
9, Hierba aromática de múltiples usos. Artículo musical. Norteamericano
escritor de fantasías que erizan los pelos (inv.).
10. Equivoca'y vagabundea. Aluminio (inv.).
tI. Licor fuerte (inv.). Quisiese con uslero. Se escucha en las corridas de
toros.
12. Mucama de Olavarría. DesesperaJo signo Morse. Medio abuelo (jov.)
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EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION
Por earios Iturra
La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa- que lo que
parece a primera vista. Desde luego, vivimos rodeaqos de misterios; claro
que, como ya estamos acostumbrados a la mayoría, no nos llaman la aten­
ción en lo más mínimo. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un
misterio: no hay para qué dar ejemplos. De ellos están llenas las mentes de
los hombres, el hogar del vecino, las religiones y las ciencias, el universo, una
gota de agua, nuestro porvenir y nuestro pasado, la filosofía, los lib'ros de
historia, las historias de los libros.
Pese a su amplitud y prolíferancia, el concepto de misterio ha ido
quedando reducido, sin embargo, a los límites de lo detectivesco; cine,
novela, cuento, teatro de misterio: todo ello es detectivesco. Pocos harán la
reflexión necesaria para conectar la palabra misterio, usada en esas condi­
ciones, con las nobles y profundas raíces del misterio en sí, que es tan
infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo
detectivesco, precisamente, su carácter misterioso; también se 10 brinda a
muchas otras cosas.
Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­
rio: cuando éste era, por excelencia, el misterio religioso. Aún hoy el misterío
es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial, pero
en el uso común ya no es este significado el que prima,
Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. Prima el
misterio barato.
Pero siempre prima lo barato, en todo (no se salvan ni siquiera ciertos
momentos privilegiados de la historia humana).
La gracia -y las muchas gracias- está en que haya quienes sean capaces
de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso, aunque sea costoso.
y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos, lujosos
misterios, en todos los ámbitos de la vida, incluso en lo literario.
El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe,
son misteriosos los límites de la creación literaria, y para el que lee son
misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador,
Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula- que le
permita llegar a dar con la obra perfecta; tiene pistas varias: las que le dejan
otros buenos escritores, principalmente, y tiene también algunos instrumen­
tos que le ayudan en su investigación, corno su propia experiencia y destreza,
120
121
COMENTARIO DE CARLOS !TURRA
yen ciertos casos mayores, incluso su genio. Pero la forma o fórmula precisa
para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto"- mantiene su
calidad de misterio. Alo lejos, un gran escritor resuelve ese misterio median­
te una obra perfecta, o a lo menos mediante una obra maestra; luego es
incapaz de explicar cómo la logró; incapaz de trasmitir su secreto a otros, y
la búsqueda sigue.
El buen lector, por su parte, pierde el interés por la lectura si es que esta
no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio.
Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos, o, mejor dicho,
por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar, el
misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las
palabras- el o los problemas planteados por yen la narración, y en segundo
lugar, el misterio de saber cómo termina la obra, qué pasa con los personajes,
cuál es el fin del argumento.
En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos
interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor, o por la
belleza con que ha pintado el paisaje.
O sea, por el asunto o por el arte. Y podemos interesarnos en ambos por
igual, o con preferencia para uno u otro.
En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al
aswlto que al arte, y preferimos un cuadro con bonito paisaje, aunque esté
mal pintado, antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado.
Un paisaje feo no es grato de ver; en cambio, contemplar una hermosa
pintura de un paisaje feo, es tan grato como contemplar un hermoso paisaje
A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de
evitar, ya que basta para ello el paso de los años- nos vamos dando cuenta de
que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un
feo paisaje pintado bien, que un paisaje bonito pintado mal. Vamos apren­
diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que
importa es la forma. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento
de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera- sino porque de la
forma, además, depende el fondo.
Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento; cual­
quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­
cional fotografia. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo
que no es maravilloso, eso sí requiere talento. La película puede contar una
historia muy entristecedora, o muy inquietante, pero !)i la cuenta con arte
saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia, sino felices por el
momento de placer estético que nos dio la belleza de la película.
En suma, gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las
cosas "feas", que eran feas hasta que el artista nos mostró, con su dominio de
la forma, que tenían un aspecto bello. Sin dominar la forma, el artista habría
sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo. Pues bien,
ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el
misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se
oponen al desarrollo de su narración, y el misterio argumental de la narra­
ción misma, de la trama: qué pasa enseguida ...
COMENTARIO DE CARLOS ITURRA
Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo
depende, al fin de cuentas, de la habilidad del escritor para manejar la
forma, puesto que el argumento es una de las facetas de la forma; está
incluido en ella. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta, y no se fija en
cómo se lo cuentan, está perdiéndose la parte principal del disfrute de la
belleza, el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la
creación- y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente.
Por otra parte, ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las
posibilidades de lo literario, han escogido la del misterio meramente argu­
mental para dedicarle su trabajo.
De ahí que existen la novela de caballería, la picaresca, la de aventuras,
la de espionaje, la policial. Ellas y otras más se han ido dando a través de los
tiempos, porque ha habido escritores con especial talento para manejar las
expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido
lectores que han buscado ante todo ese misterio. O sea, porque han coincidi­
do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­
res. Unos y otros han reducido el concepto de misterio, refiriéndolo exclusi­
vamente al desarrollo argumental, de modo que lo único que lleve al lector a
seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva, en algunos casos!- sea el deseo
irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía
Perla, esa elegante y descuidada tía rica...
Por este motivo es que las obras de misterio, aquellas que centran su
interés en el planteamiento, evolución y desenlace de una historia, han sido
consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la
buena literatura como de segundo orden. Se estima que son superiores y que
producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del
argumento va acompañada -va siendo producida incluso- por la calidad de
la prosa; es decir, por la forma. Estas son las obras de mayor mérito. Se le
reprocha a la literatura de misterio, además, la convencionalidad de sus
métodos y lo repetido de sus misterios.
No por eso, sin embargo, deja nadic de desconocer que una obra plantea­
da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto, ni que
grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género, con excelen­
tes resultados. Siendo de segundo orden el género de misterio, puede produ­
cir obras de primer orden. Edgar ABan Poe, Carlos Dickens, G. K. Chesterton,
Henry James, son algunos autores de gran literatura que han aportado
estupendas piezas al género de misterio; Agatha Christie, J, H. Chase, Geor­
ges Simenon, por su parte, son autores de misterio y entre sus obras se
pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­
tura.
En la actualidad se entiende por género de misterio, casi únicamente, el
policial. Como se ve, eso no sólo implica una reducción del concepto de
misterio, sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada
relaüvo a la forma y, en cuanto al contenido, no incluye nada que no sea
relativo al esclarecimiento de un delito; por lo general, asesina'to o robo, o
uno antes o después que el otro. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban
sus perlas, o pudo estar muerta cuando se las robaron.
122 123 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA
(Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­
co misterio religioso, es que el religioso no se resuelve, pues es inaccesible a
la razón... Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la
razón y no lo resolviera, no sería novela policial, y probablemente más de un
lector defraudado se querellaría contra el autor; o los deudos del autor
contra el lector...) Es indudable que result.a grato leer de vez en cuando una
apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-,
a pesar de que sea una lectura de segundo orden.
Después de todo. un buen argumento también es una buena creación.
Pero sería lamentable no pasar de ah\. Sería una lástima que hubiera
lectores -en realidad los hay- qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de
libros y que no aspiraran a educar su gust.o para poder disfrutar obras de
primer orden... Sería como aficionarse a los mariscos, pero no ir más allá de
las almejas .... ¡perdiéndose los erizos, las colitas de camarones, las ostras en
su propia concha nacarada! El gusto se educa, evidentemente, y es una de las
mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus
fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para
siempre si el gusto no se educara.
Pre.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las
obras de misterio. o policiales, aparte de hacernos pasar un rat.oentretenido,
está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector,
facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores.
En este punto resulta apropiada la palabra misterio, una vez más, pero
ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí; en efecto,
la palabra misterio. en su profundo sentido religioso, se relaciona asimismo
con la "iniciación". El "neófito", o ignorante de los misterios de la religión,
se "inicia" en el conocimiento de ellos. Y esa iniciación es como parte dcl
misterio mismo, como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde
permanece, envuelto en tinieblas etemas, el secreto. Lo incomprensible.
Los bordes del misterio religioso, las playas de ese oscuro océano de luz,
son la iniciación, y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que
nunca los conducirá a nada.
Los misterios de la religión no cuentan. hoy por hoy, con tantos devotos
como los misterios de otros tipos, pero aun así los misterios dt: la literatura
tienen menos fieles todavía.
¿El rel.ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable- de
iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los
caminos conducen a Roma, y quien se había propuesto llegar a ella puede
alcanzar su meta incluso a través del relato policial. Será un entretenido
comienzo para una vida de aventuras como lector, al cabo de la cual ha de ser
cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que
es de segundo orden.
De primer orden es este para los niños.
IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives, despierta en
ellos muy desde adentro el gusto por el misterio, gusto que más tarde habrá
de llevarlos ... a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo
literario, pero no menos considerables.
COMENTARIO DE CARLOS [TURRA
Dos veces iniciática, por policíaca y por infantil, csta obrita ingeniosa
podría llegar a arrastrar detrás de si, como el Flautista famoso, a todos los
niños del barrio.
Después de leer estos '''Trece casos misteriosos", sus lectores habrán
entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética, sino que también
habrán hecho una especie de gimnasia mental, racional. en pos de una
solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul
expuestas al público. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". la
gimnasia mental de los lectores, sumada a su inocente agudeza, les indicará
cómo resolver los misterios: ... están al final del libro. ¡Las culpables son las
autoras...
1

Querido lector: Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las soluciones están dadas, pero... al revés. También te invitamos a resolver los crucigramas de cada caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­ rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde. Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­ nas mencionadas. Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro, con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras

IN DICE

El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de las perlas grises El caso del regalo de cumpleaños El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . El caso del zafiro de doña Sara El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . El caso dc 1a moto embarrada El caso dd joyero angustiado El caso del secuestro del arquero El caso del ladrón con máscara El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1
9
19
25
33
41
49
57
65
73
79
89
95

..................

Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105

y tendrán que traerlas firmadas el lunes. sin ánimo ni para q:omer su emparedado de queso. La lola ­ lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era muy alentador. Media hora después una campanilla animó levemente las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie ­ ron a recreo. Repartiré las libretas durante la última bora de clases. sin falta. Ese vier­ nes entregaban las notas del trimestre. i . llamó a Mauri­ cio al pizarrón. y la señorita Leonor dejó el alto de libretas blan ­ cas en una esquina de su escritoriu. fiesta' -suspiró Catalina. muy malas . -¡Adiós. soplando con desáni ­ mo su chasquilla. . y 18 clase siguió len ta y pesada.y yo en química -cuchicheó Andrés. La profesora.. -¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla.Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela. pálido por encima de sus pecas. luego de sentarse en su silla. El muchacho. que tenía fama de m8tco. co­ menzó a resolver una complicada ecuación.. Qu iero de­ cirles que en general el rendimiento del curso durante este trimestre ha sido pésimo. -i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. .EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS El tercero medio A del colegio Buenaventu ­ ra era un curso bastante revoltoso. y las notas.

. como sea. ¿No te das cuenta? -¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­ lo.. )J3? M ~. -·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó Marcela-. al oír esto.:p. -Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés. ~ ~ ~..TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 3 ¡SlIl:¡ias l -le contestó la lánguida Constanza. Marcela. que se habían quedado mudas. muy serio-o No olviden que tengo que conquistar a Catalina . mostró la yema de su pulgar herido por una pequeña astilla. Se afirmó en la vieja palmera. ¿Qué propone el genio? -interrogó Constanza. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­ ción . Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera. nenas. -Un ardid para e. t'ulllJic! 1¡~1 @l+ : . con un gesto asustado.vitar que nos entreguen las libretas -respondió Mauricio. tendré que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas .. la en trega de esas notas. en una pose de actriz dramática.... si usaras más tu cabeza . levantó una mano y gritó: -¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan! -No seas tonta. . -Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­ tar. -Al paso que van mis porras compañeras -dijo-... -¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela. contemplando a Mauricio. sin perder su desgano. Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas. Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta. Marcela. dándo­ le la espalda. -Mau­ ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con expresión hosca. En ese momento se acercó Mauricio... -No sean tontas. si lo único que quiero es que todos vayamos a la fiesta. e. y luego. -Nosotros también queremos.

alguien arrastrará a todo el curso con él. Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. -Niños: esto no es broma. Si se pre­ '-. -¿Resignación? -repitió para sí-o iAh. La profesora. Un aire de expecta­ ción. no me queda otra que resignarme a un sábado si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral. no. estalló la voz de la proCesara: -¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS? Un silencio total fue la respuesta. las vein­ ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar. Si no sucede . en tono aún más agudo: -Repito. En el primer momento nadie habló ni se movió. En ese momento habló: -Bien . y vieron cómo trataba. por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las libretas? Los alumnos se miraron asombrados. que ya la conocían. no les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. Connie miraba a Marce1a. se levantó de su silla. Marce1a observaba a sus com­ pañeros en una inmovilidad total. Calló unos segundos. avanzó hacia el escritorio de la señorita Leonor.. Es gravísimo. La señorita Leonor insistió. si a mi regreso no están las libretas sobre el escritorio'. Por última vez: ¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante ahora . entonces.lsí. eso nunca! -y caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su amigo. y luego prosiguió: -Les doy una oportunidad para ser honestos. Andrés retorcía el lóbulo de su oreja. mezclado con mal disimulada alegría. Mauricio se mordía el labio.L'nta el culpable. nerviosos. Hasta que de pronto una figura -conoci­ da por los lectores. Ni un suspiro se escuchó. Bueno. y y salió de la sala. el castigo no será tan drástico. lilllo.. la maestra caminó entre los escritorios para observar con detención a sus alumnos. comunicaré el hecho a la Dirección. y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir. ante el estupor de sus compañeros. flotaba en el ambiente. Los alumnos entraron a su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su lugar. pero les daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco minutos y. Su cara no reflejaba ninguna emoción. Andrés raya­ ba con insistencia la tapa de su cuaderno. La voz de la profesora ahora amenazaba: -Ustedes saben que este es motivo de expulsión. Los niños. cuando la profesora regresó. elc borrar una manchita sobre la primera Libreta. pero a sus alumnos. Estaban todos paralogizados. La oyeron suspirar. Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el comienzo de la última hora de clases. escondidas tras las cajas de tiza. y. ahora falta que se presente el culpable. I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos. El curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos... Tomó con ambas manos el alto de libretas. ~ "¡\ . Cumplido el plazo.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 5 olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un Catalina partió corriendo.se incorporó de su banco y caminó hacia el closet de los útiles. La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra.. Connie daba vueltas al anillo en su dedo. Como el silencio se prolongaba. al parecer. se mantenían inmóviles. Mal-cela quedó sola. Catalina ape­ nas si respiraba. pero ni una pala­ bra salió de sus bocas. En ese momento. .

9. Los del cuellto se la perdieron. la persona aludida confesó su culpa. Nari7.). 3.1.). 9. Corno el Buenaventura. Evaluad su precio. 6. Calcio.). Medio progenitor. Cam. Si es negra habrá lluvia. El que lo es tiene un sobrino.). Tubo sin principio ni fin. Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz.:nterado de quién es el responsable. Componente de la orina (inv. del barco (inv. Soplaba su chasq~li/la. Ell1wteo del cumlO. 10. ¿ Qué vio ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al culpable? CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Horiwntales: 1. Ventoso infinitivo prohibido en clases. Dos vocales idénticas. 8. 10. 5. . Sustantivo que modifica y que transa billetes.). Hierba (inv. Al sol se la debemos. Devasta. Tercera letra. Medio baile polinésico. D{a para devolver las libretas firmadas. Nombre de la profeso/-a. Vocales de tope. La profesora no se equivocaba. n 6. Socorro. 12. Aquí están las ciuco vocales. Madre a medias. Caza en el mar. Se dañ. Naves Orbitales Fantásticas. Quiera. Lo más allo en inglés. 7. 12. Sil1 UrH 4. 11.Ji peón. Molusco (inv. 2. Verticales: l. Así eran las 11olas. Dios del viento. Exclamación para toros (¡nv. TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Cuando el recorrido hubo fínalizado. la voz fue tajante: -Quiero que sepan que ya me he c. y dijo un nombre. 13. Objetos robados. 11. 3. Desabl'ida y fome. Materia infecciosa. Vocales que parecen velas. Con "c" se cae. Hágalo con los ojos. Dios inglés. Vestidura (inv. 4. Furia. pero en desorden.). 5. Contrario '11 par. 8. Nombre del colegio. Pint<l de la baraja. Con gesto compungido. 7. 2..ó el dedo pulgar. Era lánguida. Bes<! sin vocales. Letra gnega. Fallecí (inv. Los guardaron antes de salir a recreo. Este bárbaro europeo del año 400 tiene uu comien ­ zo para volar y termina Iv negando. Plumífero dios egipcio.). i3. Alfiler inglés.

Terminaba de afeitarse. dudaba de tales afirmaciones. El vesLido dejaba ver un cuello desnudo. que se jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago? Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas. sus ojos ya sin el brillo de la juventud. será mi fiesta . nadie diría que sobrepasaba la cuarentena. cumplía cincuenta a11os. empolvado y blanco. Aunque la vida no le había sido difícil. querido. ¿Repre­ sentaba los cincuenta? Según Alvaro. el collar. -Es parte del regalo. listo para reci bir el regalo de Alvaro. en su vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O era un inconfesado deseo de im pae tar a su amiga Lulú. acompañado de la mirada de Lulú. a veces. -¡Curiosa amistad la tuya con Lulú l -murmuró Alvaro... y esa noche recibiría a sus amigos más íntimos a cenar. ni mucho menos. Por supuesto que lo había elegido ella misma. frunciendo la nariz. sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela. Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño. -Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz de su marido desde el baño. y había sido la primera vez. su ma­ rido..EL CASO DE LAS PERLAS GRISES La señora Fernándcz. . De pie frente al espejo de medialuna se contempló otra vez. pero ella.

-¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano. Sergio. Y si quieres. Sergio-bromeó Astudillo-. -Sergio tenía cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado sin dinero para invertir. ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de la torta? -¿Sorpresa? -exclamó Adela. pero hizo un gesto con su mano.. la amiga soltera de Adela. para apoyar a su marido. -Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú. -Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga -declaró Laura con sequedad. él alto y de bigotes tiesos. Martita. Astudillo levantó los hombros con desaliento. Lulú. moviendo sus bigotes al hablar. haciendo tintinear los hielos en su vaso de whisky. -¡Ay. entonces. pero yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la casa -dijo Gómez. Los invitados comenzaron a llegar. que yo me en tiendo más con números que con arte-le contestó Sergio. fingiendo asombro. Se sentaron en torno a una mesa ovalada. que pasaba por una de sus crisis existenciales. 1. Hizo una sella disimulacla a su esposo. Alvaro dijo "permiso". -¿Te ganaste la lotería.. y dijo con mucha suavidad: -Mientras tanto. -Estoy en tiempo de vacas flacas. Los Gómez.111 TRECE CASOS MISTERIOSOS ¡\ I<lS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11 diez de la noche la casa de los Fernández resplande­ . Por suerte. no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas domésticos.jovial y alegre. ella bajita v tk anteojos. Víctor -contestó ella con gesto eseéptico-. existen los créditos. qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú. a la caza de un negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo.. primera. cubierta por un mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con los cubiertos. y te lo digo en serio. tantas velas. ¡Por ravor. Alvaro insistió en que no debía fallar ni una . palmoteando el hombro del más bohemio de sus amigos. entonces. Alvaro. y pidió silencio: --Adela. ante una .. su marido. -Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor. como para quitar importancia al asunto. me estoy dejando crecer las llllas. alzó sus manos. cantando a coro cwnplea­ ¡"'lOS feliz. querida Adela! Adela miraba el reloj con impaciencia. y se puso de pico Demoró unos segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo. ofreció: -¿Más whisky. luces y flores. Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­ lor. Víctor. . hombre barrigón y entradoen años. y los invitó al comedor. levantando su ceja derecha.. 111 tk. por segunda vez en la noche: eran casi las doce. Lo único de color en l'Ila eran sus largas uñas rojas. pero permítanme in­ terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar! -Antes la salud que la buena educación -bromeó con estruendo GÓmcz. Y no estoy de ánimo hoy para discutir asuntos materiales. En ese momento Adela miró el reloj. aun­ que inconscientemente tocó su propio cuello-. paseaba con aire distraído miran­ do los cuadros colgados en las paredes. gracias. estiró su mano desnu­ da. iY este sí que no me fallará! La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su marido: era el mismo Víctor de siempre. -·Deberíamos asociarnos. Adela. Víctor? -Sí. y Laura. En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el matrimonio Gómez. ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta. -Ese es problema mío. -¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos. Sergio? --preguntó Víctor Astudillo.Tú sabes. amigo. agrégame un par de cubos de hielo. vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­ llas que realzaban la palidez de su piel. ¡Venga un champán. Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso: -Muy interesante la conversación. Yo pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto excelente .

Solamente que . en ese momento. esto no cs broma. con tono infantil. -No te apures tanto. dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­ da-o ¡Eso era! . se había retirado. miraba.. mientras tanto. -Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años. en un siUón. Alvaro. -contestó el aludido.. y pongo mis manos al fuego por él. Los otros la rodearon. -¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­ mez. Cuando Alvaro abrió el estuche. todos gritaron. po­ niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­ llas la expresión de su amiga. no. Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor. Los Gómcz. pálida y nerviosa. molesta. -Tienes que pensar bien. y cuando apagaba las últimas cinco peque­ ñas llamas. -¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­ guntó Lulú. Sopló.. este sí que es un marido espléndido! Una sola de esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­ tó Laura. En ese momento se oyó el gri to: -¡Mi collar! Los invitados estaban ahora sentados en el living. 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela. observaban en silencio y abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas En ese momento entró un enguantado mozo con una enorme torta entre sus lnanos. y Adela se sintió abrazada por SLlS amigos. querida Adela -comen­ tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado.. no sé .L' TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 13 audiencia expectante. -Apaguen la luz -ordenó Alvaro. -Bueno. ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela. Adela -habló Alvaro-.. con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos. Adela. y de eso no tengo la menor duda. -Aún no .. -Alguien tiene el collar. -Tienes una rortuna cn tu cuello. ya dura demasiado -dijo Alvaro con voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y debe aparecer abora. -¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya: tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­ ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela. catorce ojos estaban fijos en él. Manita'. a su esposo que se pasea­ ba a lo largo del salón.. Adela se puso de pie y se acercó a la torta. -¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora G6mez.. todos me abrazaron. Además. -¿Manos al fuego. antes brindemos por esas perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico -interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky. -¡Vaya. alégrate! No siempre una amiga cum­ ple cincuenta años -observó Lulú. mujer. Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­ te iluminado por la luz de las cincuenta velitas. Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos hasta que alguien nuevamente dio la luz. -¡Alégrate. -¡Querido . -Si es una broma. amargada. . Adela no contenía su nerviosismo y miraba a Lulú de reojo.

con ojos ausentes. ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el cuello' ¡Unos dedos muy. Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había abandonado en toda la noche. mientras el dueño de casa se dirigía al teléfono. y bien. que esa es la persona culpable. y sucedió que no se equivocaba. jugueteaba con sus cadenas de oro. lector. PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía. Lo que siguió. muy helados.. sentado junto a la dueña de casa. él su ludo. señor inspector. Sergio. miraba con ter­ quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano. porque entre ustedes está el ladrón.. muy juntos. -¡Manos . Lulú. y luego el pequeño lirón! Miró trémula a su esposo. corroboraron su afirmación. Laura. no es difícil de adivinar: voces airadas. recostada en el sillón. Alvaro observó a sus invitados uno por uno. ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­ quién es el ladrón y qué 10 delató? .1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 15 -¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio. y se decidió: -Amigos míos: tendré que llamar a la policía. fruncido el cci'¡o. por su parte. el dedo de Alvaro apuntó a uno de sus invitados: -Creo. Los Gómcz. Las pesquisas del ins­ pector. se abrazaban. movía nervioso el pie. Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living. famoso por su eficiencia -y también por sus grandes orejas-. un int~nto de desmayo de Laura y sollozos de Lulú.

'>. esta palabra habría sido mu\ tozuda. Repetido. 1/11 suya. Festiva comiluna. 12. S.). 7. Deesla rnanera. Para el lvhiskv de lilctor. 13. 2. Verticales: l. Tres consunantes vibradUl·as. Ninguno. Aciverbio positivo. De carnes suc'ltas. Quiere uecir "estú" (inv. Función o papel. Prometéis (inv. Devastaran. Cumplía cincue'1la año. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. CoLores para este cuento. 6. Se prueban en la adversidad. Silenciosa forma verbal por la que se camlna (inv.c1osio Oteíza. Ultimo (rago amargo para Sócrates. 4. Cubre. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana 11. Terceras alfabéticas. 6. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza Cuntracciónmetálica. Constelación peluda. Color .).bebestible ql1i tasueüo. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. Nombre femeninu para sonata.). Cesio. Suálil COI'I alli/lo (inv.J. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­ lianas. 4. Con "a" final. Nota musical (in". 3. Un kmidu huno. Sud América. 8. En la Biblia.>. Un raton lc sacó a él la espina <. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda. Pinocho hi'/. Vacuno. Ato. 5. 2. Organizaciún de Elefan­ tes Latinoamericanus. 7. Vucales Jistintas. Fruslrado volador. nuera fiel. sería duro [rUlo ll'<>pical. Nace con la aurora. 12. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 17 ('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES 11(1' I/olltales: J O_ Para pescadores o depurtistas. Intentó desnwvarse.Horapa ­ ra W'/a sorpresa.).o f3mosa la l. 3.le su auulori­ da pala. Tcc. Súbditos del Avatolah. Letra demustraliva. H.1(. J-:/'{/J'I tornasoladas. ID. 11. Medio gato. 9. Amiga de Pedro de Valdivia. Bello griego. . Apellido de pintor admirado por SergIO. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana.

tratando de no romper el lindo papel de seda. y su madre. Luego de media hora que le parecieron cinco. Lo desenvolvió con dedos ágiles. Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete que. ese collar de pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba frente a la joyería que quedaba cerca del dentista. -¿Síii? -contestó esta. . con un almohadón sobre la cabeza. entre algodones. ven. pero ésta. Se levantó presurosa.EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS (Idea original de El vira Balcells. apareció entre las sábanas. -Emilia. envuelta en su bata de levantarse floreada. -¡El collar! -gritó.arl8s. escuchó un ruido en el dormi torio de sus papás. abrazando a su madre una y otra vez. tratando de parecer casual. y su primer pensamiento fue: ¡hoy cumplo doce años! En la casa todos dormían. con ese mechón que caía sobre su frente todas las maii. Emilia tosió varias veces para ver si su hermana se des­ pertaba. y abrió de inmediato la puerta: en la amplia cama matrimonial la esperaban su papá. entra -escuchó ahora la voz del papá. ahora con mejor resultado: -¡Emilia! -llamó la mamá. y allí apareció. exaltada. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada. No se hizo esperar. Alzó la tapa. Carraspeó al pasar frente a la puerta del dormitorio de sus padres. y siguió durmiendo. 15 años) Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­ ñana. y se dirigió a la sala de baño. mur­ muró unas palabras ininteligibles. luego de besos y grandes abrazos.

encantada con cse ruido cristalino que producían las cuentas al en trecho­ L:ar-. . -¿Juguemos a la pelota? -animó Fran. pasó por encima de los baldes. mi­ rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos. como niña chica que aún era: -¡Mira. -Es que . el mazapán. pro­ puso salir al jardín. pasaron al comedor. Tere y Fran se acercaron a tocarlo. -Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia. -No. aún intacto.l) TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 21 -¿ y a mí no me toca nada? -rió el papá. -¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere. el dibujo de un gato con lazo a lunares. -¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran. partió corriendo y. co­ rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el rostro de su hermana. Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama hecha un desastre. rodeada de bebidas v confites. Y esta vez.. Nena. -¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena. ! Carola abrió un ojo y refunfuñó. De inme­ diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los regalos. aterrizando sentada. . mi mamá sabía. qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es el primer collar de verdad de mi vida! -dijo. -¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky. entusias­ ta. de tus gustos? -El papá levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con chocolate v nueces. -¡Listo! ¡Toma vuelo. -¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo! Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces en el mismo lugar. Pero ahora los regalos estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa. -¡Me carga saltar' -comentó Carla. ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron . Nena. acaso. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs. ¡gracias! _¿Y yo no sé también. Nicky. -¿Y qué es eso? -preguntó Claudia. obra de su hermana.. pero seca. sí.. Allí una enorme torta de merengue con doce velitas se veía muy tentadora. Hasta que un ruido de campanitas la hizo abrir el otro ojo. Entonces dio un salto en la cama. Emilia estaba eufórica. y obligaron a Emilia a abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído. -¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere.. papito. muy consciente de su papel de anfitriona. Tere! Tere retrocedió varios pasos y. con expresión de saltado­ ra de vallas. pero. dando un ágil trote con sus zapatillas deportivas. Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la abuelita-. -¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky. Tere y Fran..-­ Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de la tarde: Claudia. Emilia. Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua con la manguera.Ya me lo probé en la mañana. -Carola. Carla. de una sola vez. Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi vacía. sin miramientos. i Lo que van a decir mis amigas! .

Poco a poco el timbre fue sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra de chocolate en la mano.apatos con ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. -Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada. Ante los gritos de la niña llegó toda la familia. logró varios puntos al saltar como una rana. Las otras. entra­ ron en el living a escuchar música. Eran las ocho de la noche. Has­ ta Carola. muy avergonzada. Miró el desor­ den de su cama. La festejada. Las amigas. ¿cómo le diste cuenta? Emilia no pudo descubrirlo. turnándose con Emilia para llevar los cómputos. La tarde llegó a su fin. . pese a sus estrechos jeans. pero lo supo al día siguiente. No hubo caso: el collar no estaba en la casa. hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató sus obsequios. inicia­ ron la competencia con difíciles piruetas. Removió entre los papeles de regalo. con su aire de hermana mayor. Su rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar. -¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky. una a una. porque la culpable. Carla aplaudía sentada en una grada de la terraza. levantó la almoha­ da y la colcha. Y las niñitas. regresó con él. Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (. Una Nicky empapada y mirando sus z.la mamá y Carola. Todas se animaron. el pqro incluido. se dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. Se unieron a la búsqueda el papá. Se te ocurre cuál de sus amigas podría haber sacado el collar? Y si es asj. Nicky pasó. regalo de la mamá de Emilia. Algo llamó su atención. hasta que se convenció: su collar había desapa­ recido. con un bostezo. -Descansa un rato -dijo Nena. levantando los baldes y llenándolos nuevamente con agua. se había unido al juego y. a formar parte del grupo de las sentadas. ya cansadas. junto a Emilia y Carla.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 23 Se oyó una ovación. Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un chapuzón. siguieron por largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. miró debajo de la cama. en alegre griterío.

S. Oasis del náufrago. EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES Verticales: 1. 6. Cumpleañera. Textual. . Sangre de los dioses griegos.ra Emilia. Contracción. 2. Si cae en buena tierra. secretaria de don Pedro Retamales. 3. 8. En ella se sentó Carla (inv. ella silba. que no contribuía en nada a facilitar sus movimientos. 5. La primera que saltó los bal. Su compañero. Atrapan peces.). Principio de ópticos. Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. 6. Juan Rodríguez. 7.. 3. con lazo a lunares. Es en los Estados Uni ­ dos. Tiene cinco misterios. Del aire (plural). avise al guardia que ya nos vamos.). por ahí. chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista para irme! -¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar. Ponce.). salió a pasitos cortos.. En el cUlm/o. Quieres con locura (inv. lUvo muchos. Consonantes para nene. Cuando bulle el agua. 12. Medio roto. Ponce y Rodríguez: ¿están listos? Ponce asintió con un gesto. Arreglo un desperfecto. Ave parecida al pato. la señorita Pussy. pelotas y mariposas. 10.).). Escuchad.. Víctor Ponce. Número de años pc. Nota musical. Conjunción inglesa (inv. Laura Rojas.). de pepitas azules. no los tengas en la lengua.Quieras (inv. y también parte . Alimento de bibliotecas. Natas pequeñas. Motivo de la fiesta. lanzaba rui­ dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día del mes para pagar impuestos fiscales. 9. Espantamoscas vacuno (inv. Género aterciopelado y acanalado (inv. 13. dará buen fruto. en cambio. Carrera acuática. Para deci r lo que debas. empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali ­ sando su ceñida falda negra. 7.lks. Emilio.).'. y como siempre los clientes habían llegado a última hora. 4. Instituto infantil. Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia. Triunfador. En esos instantes Retamales. Era. 4. Usaba zapatillas deporti­ vas. Pronombre (inv. 12. Conducto sanguíneo (inv. Río italiano. Plata. Letra griega. -Termina de hablar por teléfono. salió de su ofici­ na y con voz cortante ordenó: -Señorita Pussy. ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso: -¿No sobraría un cafecito. de es­ pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un artista bohemio que a un empleado de banco-. 11. el gerente. 8. Interjección apurete para animales. Esta. Regla y consonante (inv. 11. 9. para un pobre cajero exhausto? -¡Ay. Señor campesino (in v .ban llenos de agua. En este libro hay trece. Escozor. Recunid.1 TRECE CASOS MISTERIOSOS CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS Horizon tales: 1.) Seis de la tarde. el crespo cajero con chaqueta a cuadros del Banco Muchosmiles. Saludo para el César. Afirmación. terminaba de hacer el arqueo y anotaba unas cifras en su libro de registro diario. Inglesa red que sostiene al revés. . 2.).).). Onomatopeya para patos (inv. Querido nombre del poeta Nervo. 10. Para monjas es este titulo.

Rodríguez. la puer­ ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris que se estacionaba al frente. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES 27 -Sí -dijo Rodríguez. La señorita Pussy. Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer'. Los hombres. señor! -dijo con gesto de sorpresa el guardián. cami­ nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una columna. estamos listos para ir a la bóveda -dijo Ponce con tono respetuoso. Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a la puerta de en trada. apurado por irse. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales. nerviosa. rápido. -Bien. Los cajeros se dirigieron al gerente. ya con una caja entre sus manos. y tres hombres irrumpieron. -¡Viene el camión blindado.. mirando la hora. Santelices! -musitó con su voz de gato al alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho. dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó el auricular más cercano. desenfundó su arma. Ella.(. El guardia. donde se alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos billetes. -Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral. pistolas en mano. -Señor Retamales. con el abrigo sobre sus hombros. -j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­ ció el cel'io. un chorro de líquido helado lo paralizó. explicó a su j~re: -Son dieciocho millones y fracción. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo. esperaban. y verifi­ que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero -ordenó eljcfe a su secretaria. Pero no alcanzó a discar: un estam­ pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central. Santelices preguntó: -¿Abro? -Aguántese un poco -dijo el gerente. En medio de una angustiosa respiración que lo D~ . -¡Nos vamos. afuera.

. dijo inseguro: -Las revisiones al sistema de alarma son diarias. miraban a los tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de billetes y subían a la camioneta. y ya el inspector Soto interro­ gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. maniatada y con mordaza. -Usted habla de vidrios quebrados. En verdad.. y con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca.. ' / ' .... algo asustada. señorita.... Santelices. inquisitivo. Yo lo revisé a las tres de la tarde.. mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-: pri mero fue la explosión en los vidrios. se esforzaban por recordar cada detalle elel atraco. El inspector anotó algo en su libreta... de pies y manos. con un chirrido de neumáticos. con una tela en la boca... el guardia. señor.. y yo . tranquilizándola con una sonrisa. Estos. raudo. y añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la tarde? -Sí. es evidente que alguien del banco desconectó el sistema.. Todo esto transcurrió en menos de un minuto. mientras sus enormes ojos maquillados clamaban por socorro. ¡Y se mandaron cambiar con el dineral . -Sucedió todo como en las películas.el otro nos encañonaba. cuando Santelices pudo mirar a su alrededor. -Exactamente... -¡Ya se la di' -advirtió la secretaria. -respondió la hablantina sel10rita Pussy. a los demás. tratando de acomodar su melena ondulada. inspector-gimoteó Pussy. -En tonces. con detalles. Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas.... incluyendo a mi jefe. A mí me dejaron en esta misma silla.. la versión de cada uno de ustedes del atraco. ¿y nooyó el ruido de las alarmas? Los cinco empleados se miraron con desconcierto. tratada a empujones y sin ningún mira­ miento ./ -----=---=-----=------­ ~ . Y nadie extraño al banco conocc su funciona mien Lo. Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba. boca abajo sobre el suelo. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un tono de incredulidad. y no hay que ser demasiado perspi­ caz para darse cuenta de ello -Soto los miró.f. a ver si no me falla la memoria . hoy sí. -Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­ to. Cayó de bruces al suelo. bien.. y. -Bien.'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES 29 hada toser. Luego que uno paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no se imaginan cómo tosía!.. también con los pies atados y las manos presas a sus espaldas. vio a la señorita Pussy tiesa en una silla.. aún en espera de respuesta. senta­ dos frente a él y aún temblorosos. y volvió a levantar la cabeza. luego el pobre Santeli­ ces paralizado. mientras que un tercero nos amarró uno a uno. No había pasado una hora. El gerente y los dos cajeros.. los lanzaron al suelo de un solo empujón . -Bueno. nadie había escuchado los timbres de alarma.

' -¡Así! ¡Ay. inspector. sobre la nariz. -¿Y usted. malo . -¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas . y quien había desconectado el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones terminó confesando su acción. ya que ese mal­ dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa: sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia. hagamos una reconstrucción de escena -dijo.. luego de unos instantes. . pero con el nerviosismo no pude retenerlos. ¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy. Eso delata a alguien que quiere entorpecer mi labor. Y si mal no recuerdo. Hasta que. -Corroboro lo que dicen mis compañeros. Abrió su libreta en una página en blanco. -Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada frente a la puerta. -Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez. Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la evidencia de que uno de los empleados minlió') . la verdad salió a relucir. o sea. El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad. otra vez. uno tenía un lunar entre los ojos. -Por este dibujo. El gerente se mordía las unas.JU TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASODELATRACOALBANCOMlJClI(}~MIII'" \1 -¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita? -interrogó Soto. -Malo.Yo difícilmente podría aportar mucho.. malo. ~ Soto. en ~l dibujo no hay ningún error -insistió el inspector. que todos han apwbado como fiel a la realidad. que duró todo el día siguiente. Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró muy fuerte. El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. qué bien dibuja. ¿no? -puntualizó. mientras Santelices.. y siguió mirando el dibujo. -musitó Soto. también contra el piso. Los empleados se pusieron de pie.. tenía razón. tosía en forma estrepitosa para hacer más veraz la escena. salvo la señorita Pussy. qué me puede decir? -El inspector miró a Rodríguez. También leí los núme­ ros. con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido que mi pistola! -¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto. Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida. -A ver. -Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos -siguió Ponce-. de la comuna de La Reina. -¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc tudo~ rano J() vi. Pero luego de un largo interrogatorio. me hizo igualita! -se admiró Pussv. Los cuatro hombres tomaron la misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el señor gerente y los dos cajeros. -Exactamente -respondió Ponce. El inspector se veía pensativo. Y ese alguien es u5led. moreno y con enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental -advirtió el gerente. debo decirles que uno de ustedes mintió. que continuó en su asiento. y creo que puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era EE. Una vez terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos. de pronto. tumbados en el suelo como sapos. y se preparó a dibujar. -o sea. los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron crecer.

Batracios mirones. Inteljección telefónica.. 4. pero. Media amiga de Tobi. Señoras para Adanes (inv. 7.. Secretaria del gerente. Nombre chino. Como Rodrfguez y Porlce.). Las cinco vocales revueLtas. Artículo neutro (inv. Barbudo escritor chileno para niiios. 3.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA (Idea original de Elvira Balcells) CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES Horizontales: 1. Aunque no eran ni las siete de la mañana.). y apretaba como una gargantilla. 10. Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor ascendía por su cuello. antes de hacerlo. 5. 8. con la túnica de seda india sobrepuesta sobre su empequeñecida figura. 10. Antes de ser pescado (inv. Es que Nidia. Así. -Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita. Míster. con la solitaria vejez del presente! Entonces. 6. 9. todas las mañanas. Cartas geográfi ­ cas (inv. Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males ­ tar en el pecho. Apellido del gerente (inv. símbolo para ella de un antiguo esplendor. Mar inglés (inv. la de esa vida mundana que la hacía llevar su esposo. Si es largo. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas. Nombre del Baru:o. Tenía por única alegría vivir de sus recuerdos. es tan exigente . 8. Ingenuo. su mujer. 2. Número de cajeros. Orejuda inspectar. frente al espejo. auLor de Antai. 11.se aferraba una vez más a una vanidad: su cajita de oro. Región de famoso mago. 12. Atrévete. Ursula Yáñez. Terminación verbal. Todas las noches.). Empleáis (inv.). hibernadora mamífera. Voeales cuadrillizas. se decidió a llamar a la empleada. 4.. Cierto y de san­ gre azul. S. Deja a un lado.. 11. luego de levantar su tapa-o Este sobrino mío.. en compañía de su marido ya muerto.). lo primero que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle como si éste tuviera vida. siempre con sus proble­ mas de dinero que yo no puedo solucionar .).). Verticales: l. ¡Qué diferencia.). 7. 6. Habían llegada a última hora (sing.. . en vez de buscar el consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban. volvió a tomar la cajita con manos temblorosas y susurró: . Muchas veces. Pueblo indígena pre­ cordillerano. Color {le unif017ne:s de asaltantrs. Muere por la boca. Plumífero remedón. 9. Zoila Uribe. Erase una vez una vieja muy sola. prometes car­ ta (inv. 2.) En la fábula se infló hasta reventar. abría la anti ­ gua arca de madera tallada para contem­ plar los vestidos que usó en su época de gloriosa juventud. 3. Apura.Tse Tung. se imaginaba nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados por sus excéntricos amigos. la triste anciana. Abuela alemana. Alcohol para tortillas en llamas. No lo dices. antes de acostarse.

-Roberto esbozaba una sonrisa.. -Roberto.. doña Sara. desplomada sobre su almohadón.. un ojo resplandeció: incrustado en un en­ garce de oro.. En respuesta.l4 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA .Tranquila. Si ha sucedido lo que pienso. avisaré a la policía. aliviada.. no se agite.l~ -Mañana seguimos conversando.. señora. ¡Llama a la policía! -No la engañaré. -¡Me lo robaron! ¡Lo soñé! En ese momento. Tocó las manos frías de su patrona e inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana emitía un débil quejido. Se lo prometo. Aunque estoy seguro de que nada ha sucedido. No es bueno que se agite. -Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de mando-o La señora se nos muere . Observó el rostro de la viejita y. . Roberto: te lo ordeno. yacía sin sentido..-La voz de doña Sara era imper­ ceptible. lo soñé.. hijo . y no debo arriesgarme a que sepan de ti. me siento muy maL. la cocinera. Roberto abría la puerta de la pieza. Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el fondo de su velador. La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera. La anciana trató de hablar. señora? -susurró la mujer. Pero doña Sara alcanzó a oírla: -No.. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. la policía . una enfer­ mera. Roberto. poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­ dor. Si no está su joya. no me engañes. El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma. que corrió hacia el lecho. -¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada. sé que me robaron el zafiro de la cajita. Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a medias en la cama... tía . Roberto se acercó entonces a su tía: -Tía.. se mantenía en silencio. en el fondo de lacaja. -¿Quiere agüita. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur ­ muró: -Sígale la corriente.. Cuando Gladys entró en la pieza.... -La llave . . Doña Sara abrió los ojos. luego de humedecer un algodón con agua. un enorme zafiro lanzó sus destellos azules. y cerró los ojos. la cajita . ¿Por qué se imagina esas cosas? -Lo soñé... -Shhh . -La cajita . tranquilita -dijo la enfermera en tono amable. lo pasó por esos resecos labios. A los gritos de la muchacha llegó Petronila. El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la enfermera. le vaya dar agüita de la llave. por favor. -Pero.. En el momento en que iba a echar lIavc a la cerradura del cajón. Gladys salió corriendo. Esta suspiró. llama a la policía . tía: iré a su casa y revisaré el velador. nuevamente un dolor la atenazó.. La anciana perdió aliento... . Cerca de la ventana.. -Robertito.. con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna.

Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito. y tantas veces le dije a mi tía que ese no era un lugar para guardar algo así. Petronila. El inspector se dirigió a la cocinera: -¿Y usted.. Miraba con insistencia la pun­ ta de su zapato. yo había visto esa cajita. Soto carraspeó y movió sus grandes orejas.. señora Petronila? La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en la casa: -¡Gladys' ¡Niña. -Bueno. Roberto. ¡Quién se iba a imaginar que había una joya adentro! . Primero la enfermedad. --El índice ele Roberto frotó con nerviosismo su barbilla. ~¿Alguien más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. inspector Soto. -¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia. -¿La viene a ver muy a menudo? -Es mi única tía. y tiene la manía de guardar todo con llave.. pues. El inspector no respondió. ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡'. pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora? -preguntó Gladys. ¡Segul'O que se está aneglando! Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume... a ver a la tía. -1.~i • TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 37 A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el oscuro salón de doña Sara. Y con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra. -Aparte de la Gladys y yo . -Pero. Y entonces me enteré de que ella estaba en la clínica. -comento Pctronila con ex­ presión maliciosa.. y ahora esto. murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­ resa es la ropa y el peinado. decía con voz gruesa y firme: -Pobre señora. con su albo delantal sobre el uni­ forme verde. y la quiero mucho.. con una sonrisa un poco forzada.Yo lo sabía.Tengo las mejores referencias de usted. don Roberto sabe . Gladys emi tió un silbido. -¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita? -¡Ni idea! ¡No la había visto nunca l La señora es bastante desconfiada. ¿cuán seguido la viene a visitar? -Como una vez al mes. y Petronila se llevó una mano al pecho: -¡Qué descuido' . la cocinera.. -¿ Síii? -¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de Soto. -¿Podría venir Gladys. pobre señora .. acotó: . inspector. -Perdón.n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con tono resentido.. muy serio. pero cerrada. con la cajita cerrada entre sus manos . sabía lo que guardaba la sellara aquí adentro? -Bueno. don Roberto! Soto desvió la mirada hacia el joven. -Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino. . Soto meditó.. -¿Ya qué vino? -Bueno . ¡usted. Petronila.

-¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin. ¿Quién robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys. Color de cajitas para dmia Sara. Infiniti­ vo para enamorados. Avalúa (inv.).). Seflor. Consuelo de dalia Sara. Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de dos. Le dicen a Elena. Regalen. 9. tengo al ladrón.). Le dicen al evangélico (inv. 12.).). Medio progeni loro Portar.). Peñasco (inv. Rascó pacientemente su oreja. Anciana. Término de rebaje para costureras. ¡Cabeza de tuna! Cilindro. Dos vocales distintas. solemne. Luego de unos instantes. Sobrino. Soto discó un número. mostró uno sobre la mesita de caoba. qué picante! Sonido para gallina. Huracán. Igual que Petrol1ila.t11 11\1:\'10: ('AS(). Piu1.). MIS'I'I':R/OSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 39 Se produjo un silencio.). 2. Terminación verbal. Póngale dorado. 6. 7.). (inv. Quedé . por supuesto. Gladys lo era. Envía de inmediato un radiopatrullas a Irarrázaval4074. Petronila o Rober­ to? Responde. Prenda de veslir que SOlO miraba corl insistencia. . 8.ra preciosa del cuento. Alegra. Le faltó un tin para ladrar. Liga de Nuevos Astronautas. Si se atOran lo harán (inv. Balbuceo de bebé. 3. Destino."in Uave. 11. 12. Si tuviera nna "u" al final.. El que calza 50 lo es. ¡Huy. Verticales: 1. 11. Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. No provoques la de los dioses. 4. 6. 8. Z 2. Repetido es un mono. su voz sonó seca: -¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto. Según Pelroru"fa. maullaría. 10. También ilustró los cuentos de Grimm (inv. Naciones. Gladys. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara. y da tus razones. 4. Lo hice cuando me con ­ taron un chiste (jnv. CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA Horizontales: l. Todos miraron al inspector ras­ carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un punto fijo en el techo. Bahia (inv.). Apuran. 9. ). Malvada mujer. 13. Al mismo nivel (inv. Nota musical (inv. con su índice. 5.. 5. 7. Letra bailadora (inv. AhE se guardaba la cajira. Altículo neutro (inv. Sí.).). Disco que detiene a los automovilistas. 10.

. páseme las llamadas pendientes. No habían transcurrido diez minutos cuando Soto. -Gracias. por favor. cortés. El señor Mancilla salió de su despacho. de terno gris y corbata de humita. creo que me di cuenta muy tarde: estuvo la hora de colación de por medio. -El inspector Soto estará aquí en un ra to más. . -¡Lástima! Estaré allí lo antes posible. seüoritas. dígame. -¿El señor Mancilla? -preguntó Soto. y cuatro secreta ­ rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes. viejo. -¡Juan l ¡Gustazo. solícita. Silvia. ' -Dime. -Con él. hombre! ¿Enquétepuedo servir? -¡Problemas Necesito tu ayuda . se presentaba en la oficina de abogados Mancilla y Hermosilla. -Heliberto Soto. Mientras tanto. -¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS -¿Aló? El inspector Soto. Háganlo pasar. Heliberto! Habla Juan Mancilla. -¡Hola.. -Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir a verme? -¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo descubris te? -Desgraciadamente.

haga el favor de pasar. abstraído. -¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza. _¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja.. y Silvia anunció: -Señor Soto. aho­ ra que 10 pienso . más o menos. .. ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela.. -¿Qué te duele a ti. Me dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque abierto por quinientos mil pesos. -¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano derecha a su oreja. gotas para la otitis. -¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no pasa por la central telefónica de la secretaria. El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de cuero. bajando la voz y mirando de reojo al inspector.y cuando fui a la oficina de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera. -¿Sí? . -¿Y las secretarias? -En ese instantc habían partido a almorzar. aspirinas. a ver . por favor. -Soy todo oídos -señaló el inspector. después de la escenita dc esta manana! -comentó Silvia. -La secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita telefónica que marcaba una luz roja. abriendo el cajón de su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia: ofrezco pomada antiséptica. -¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz.. en el primer cajón de su escritorio.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS l' 43 TRECE CASOS MISTERIOSOS -¡Ah... hablaste con tu señora? -Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno de nuestros hijos en el colegio . pastillas de carbón. -Esta mañana me llamó mi socio. . Lo recibirá en cinco minutos. a ver. crema humec­ tante para cutis seco.Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­ lumna ... -¿Cuánto rato. El señor Mancilla está hablando por teléfono. Una de las secretarias se quejó... En ese momento Una campanilla anunció que la línea telefónica estaba despejada. -A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca. parches curitas. sí! Tome asiento. -¿Qué te pasa. ni siquie­ ra levantó la cabeza. Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina de su amigo. Soto. En ese momento recibí un llamado de mi señora -que no fuc en realidad muy corto. Se sumió en una atenta lectura. aunque . -La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de sufrimiento.. Rebcca? -preguntó una morena de moño. Juan Mancilla comenzó su relato. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­ dida. so­ bando sus espaldas con ambas manos. alcohol. Raúl Hermosilla. Pamela? -preguntó Rebeca.. rascándose con energía dlóbulo de su oreja izquierda. colirio para los ojos. .

arrinconadajun­ a la ventana. hombre. -Por supuesto. a la secretaria culpable? ~ ~ . levantó el fono. Cerró los ojos para pensar. Con mirada de lince lo examinó de cerca. en tre los pequeños orificios para escuchar. cuyo 1l'kfuno liene una doble línea con este.1. En el fondo de la pieza había una puerta que Soto abrió: era el baño. Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a identificar a la culpable. pues. -¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector. seguido del orejudo inspector. sonriente. Luego ambos subieron por una estrecha escalera.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el abogado. que inclinó levemente su cabeza ante ellas. El inspector Soto se acercó y miró el aparato telefó-oico. -¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla. Se volvió hacia su amigo. el caso cstá resuelto. -¿Y el teléfono? -preguntó. ¡Alguien escuchó tu conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­ chaste un dic? -En real. ¿Notas que el auricu­ lar está limpio.1 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 45 En el segundo piso hay una oficina en desuso. mientras que el resto del artefacto está lleno de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace. amigo. tú también. Una de tus secretarias tendrá mucho que explicar. lo Mancilla le indicó una pequeña mesita. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­ caste. -No te hagas ilusiones. -¿ Qué hay en esa ofici na? -Muebles viejos y un pequeño baño. sin tocarlo. hasta llegar a un pequeño cuarto que parecía abandonado. tal era el polvo que cubría escritorio y estantes. -Entonces está claro. Cuando los abrió dijo: -Aunque no me lo cr·cas. mi amigo. con mucho cuidado. mientras buscaba a su alre­ dedor. Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular. y algo llamó su atención. Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe. Luego olió su dedo y lo frotó contra la yema del pulgar. pero nadie lo ocupa. Entonces Soto. confuso.

Bicho de pucu precio /2\ I I \ \ \ \ \ \ Dale cuenta 6. Mancilla lo llamó en su auxilio. 3.J. In. Calcular el largo. 11. Las da el cucú. 7. Prenda de vestir para jóvenes. 7. Nombre de Mancilla. Mal de Rebeca. 13. Mira y anda. 11. 4. Ant. Pronombre para el Cid Campeador. Faz onerosa. Receptáculos para alma­ cenar papas. Posesi va.). Tiene suslo (inv.).IO de Rebeca. Antiguo nombre para Tailandia (inv. Pre· posición invertida. Ancianos. Si tuviera en medio una "o" golpearía. Vert. 2.). Dueña de su casa. Estafar. Forma verbal que endereza. Igual que mal'ZO. Nota musical (inv. /0.). 4. Nombre árabe que abre sésamos. ['ara el cutis seco de Pal7lela. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar. El del Lío no es literario. 2. Dios (i¡¡v.). Y.1/. Prepusición dadi­ vosa. De c~ta manera. '! SI tuviera una "i" seria un gesto nervioso. Como las cuatro jóvenes del cuell/O. 12. 5. Reja (inv. Las habla en el bOliquln de urgencia. . Usted.). Risa única. 12. CO/110 la //lirada de Soto. Papel. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. 6.). 8. Como la Venus de Milo (iuv. Afirma y condiciona. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Cuidador de harén. Hay quienes io guardan bajo la manga. Adverbio que a veces se descose (inv.icales: l. Adverbío de canti· dad. Agua francesa. 3. 8. Por Poder.e Meridiano. Prot. Hormiga inglesa. Dios mahometano. 5. 9. Aniculo neutro (ínv.aclimo. Lu abrió para buscar re/He­ dios. Pri//ler o!i'ecinúe¡.). OnomaLopeya ele esLornudo. Carga eléctrica (inv. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 47 ('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS Ilol'Ízonlales: l. Quinta letra. Hay (o de letras y también de st'o I I I mula.

-¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­ ca de Rodrigo. -¡Fiuu l -silbó Felipe. ahora con su mirada. y elevó sus cejas en un gesto de admiración. -¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad. que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo. .EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA l' Marcelo. -No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de conducir. aún con sus manos en los bolsillos y acariciando la moto. -¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo. -¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo. Gonzalo. Los amigos se quedaron en silencio. tocó con la punta de sus dedos el acelerador manual. con gesto de desaliento. Rodrigo golpeó sus palmas. Gonzalo acarició el manubrio. entre serio y bro ­ mista. -Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia -se encogió de hombros Rodrigo. -O sea. Ignacio y Felipe rodea­ ban la moto negra y brillante de Rodrigo. con las manos en los bolsillos de sus p31'clJados jeans. Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los rayos ele las grandes y potentes ruedas que hacían adivinar la velocidad que podían al­ canzar. -¡Fiuuu l -fue la respuesta dc Felipc.

-Animo. -Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo. pero miró la hora y salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­ na. Luego de la prueba de química. -jY teniendo esa moto. sL~biendo el volumen de la música.[ -f:3LIL'l1o. porque -no cabía duda. los cinco amigos se levantaron temprano para ir a clases. antes de salir. De inmediato. -¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio. Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a su dueño todo tipo de detalles técnícos. ya relajados de haber pasado la prueba. invitados por este a tomar unas bebidas. Tuvo un momento de indecisión. Ignacio.. las manos en los bolsillos de los gastaclos jeans. Luego. Todos bromeaban. la misma figura repetía la operación. -¿Estás loco? La dejaré escondida. durante el viaje hacia la universi­ dad.uno de ellos había sacado durante la noche su fabuloso regalo.'10 TREcE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA '. los amigos volvieron a reco¡-dar su prueba de química. Menos Rodrigo. andar así me parece increíble! -El tono de Felipe era de enojo. un pélr de zapatillas blancas ". Después corrió por el barrio. por hoy se guarda -dijo. que miraba hogco a cada uno de sus compa­ ñeros.. Alguien tendría que explicar muchas cosas. fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar con ellos el misterio. Cuando Marcelo. en el mismo lugar donde él las había dejado. algo llamó su atención: las relucientes ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­ bían despertado La admiración de sus amigos. Dos horas después. ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­ meó Marcelo. hombre. esquivando charcos. Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­ do sus zapatillas deportivas. la lluvia comenzó a caer copiosa. dirigiéndose al serio amigo. el último en traspasar la reja de su antejardín. los cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en la casa de Felipe. se veían ahora llenos de salpicaduras de barro. ! -comen­ tó Marcelo. llegaba a la puerta de entrada. pero a la inversa. Uno a uno fueron entrando en sus casas del barrio.litaron. Su ceño se endureció y buscó las llaves: allí estaban. mientras empujaba SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la prueba de química de mañana' -¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar. -y Rodrigo colgó la llave en un clavo. bajo un mesón atiborrado de botellas y tarros de pintura viejos. Pero Rodrigo. la figura enfundada en icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria. Su único pensamiento. abrió el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante moto. A la mañana siguiente. . que fue difícil y larga. Marcelo. y una puerta se cerró con un tenue chasquido. y se despidieron apresurados. y llegaron hasta el garaje de Rodrigo. A las once de la noche. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la mesa con botellas y tarros.

-explicó Ignacio. -¿ y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio.. Claro. ¡Nadie me dijo nada' La señora sonrió. Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo de rnúsica. -Lo que es yo. fui a ver a Fmneisca. no quisieron despertarte . ¿once. tuvo que ir a verla . sólo se encogió de hombros. ¡qué importa I De ahí. y el doctor López. me acosté. En ese momento los muchachos se pusieron de pie para saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living. con tono duro. dere ­ cho a estudiar química. -¿ Qué te pasa. pUl' SU C. mi viejo. sirviendo más bebidas en cada vaso. vi la última pelÍCula de la noche . -¿Qué taP -dijo ella. -¿Y tú. 1)'lldCjo.. -¿Cómo) ¿No te enteraste? La expresión de Marcelo era de real consternación. levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza. antes de que dijeran algo. Mal'celo) -preguntó entonces el dueflo de la moto. ¿no) -¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo.Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto -comenzó. mien ­ un sorbo de su bebida.. -Yo.. antes de acostarme -dijo Felipe. y salí tan temprano en la mañana . extrañados de su gravedad.. ¿Y cómo les fue en la prueba) r '-!JLT /J . Todos lo miraron.. -Es que . Rodrigo insistió. afable.... . -Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo anoche.. ' soy de sueño pesado . comí. -Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada -dijo bruscamente Rodrigo. .~SOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA 53 parte. y me desperté esta maúana con el lihro en la cara. -Yo. después de estudiar.. lindo..\~ \ulllaba -¿Barullo? -se sorprendió el aludido. Claro que no me pregunten cómo se llamaba. Los otros se miraron en silencio y. afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa . me dediqué a estudiar y luego me relajé con un superbaño de tina. -Hasta las. -¿Qué hiciste anoche... ll. Y dirigiéndose a Marcelo. nuestro vecino. Tengo derecho a pololear. serían)... serio.Yo. -Porque son los únicos que conocían el escondite de las llaves. intenté estudiar en la cama . porque era de esas antiguas . -¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo... Rodrigo)-preguntó Felipe. _j Estos jóvenes l Sucede que a tu mamá anoche le dio un ataque a la vesicula.'1HJ'CI'.. Gonzalo) -preguntó Rodrigo.

Rodrigo.. un poco mareados con tanta conversación. cabizbajo. supe que Francisca está con hepatitis. -Tan reservado este niño . mirando de reojo a Marcelo. ¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre? -No -se oyó u na voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver por qué el califont no funciona . Cuando levantó la cabeza. sí. El rostro de uno de los muchachos enrojeció: -Perdóname. miraba los dibujos de la alfombra. can cara de "¡hasta cuándo'" Por suerte. se encogieron de hombros... sus ojos se clavaron en uno de sus amigos. porque ayer lo esperamos duran le el día entero.. para los muchachos. sin dar lugar a quc otro hablara. Los jóvenes.EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA <. desde la cocina. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla.. siguió. algo pasó con la lámpara del baño . -¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo. claro -respondió Ignacio. mientras veía la pelícu­ la . Todos miraron a Gonzalo.4 TRECE CASOS MISTERIOSOS Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle de palabras de la señora. algo molesto. ¡Todos los desperfectos vie­ nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­ tó dirigiéndose a todos a la vez. ¿podría venir? Ella entonces. salió de la habi tación... -¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris Day? -Inició una nueva conversación la señora.. -¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe. que contestó. se volvió a escuchar: -Señora. prometiendo volver más tarde. -Sí. -Ahora sé que fuiste tú -afirmó. -Y. ama­ ble: -Solamente parpadeó un poco. gritó hacia la cocina-: Laura. cambiando el tema. evidentemente.. Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de cama . i finalmen te!. la voz de la empleada. -siguió la mamá de Felipe-. no aguanté la tentación -d"ijo de in media­ too Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­ to? ¿Cuál de sus amigos..< . mintió? t' D . dirigiéndose a Gonzalo: -Lindo. pero ésta. porque después del corte de luz que tuvimos anoche. menos Ignacio. -Ah.

7. Yo me encargu. 8. -Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras. 10. 9. El vieju les muslró su reluj y negó con la cabeza. Todo parecía eslar en orden: la caja fuerte cerrada. Interjección para lla­ mar a alguien (inv. Así quedó la 1'1'1010. Vocales distintas. Casi tono.. Nuevamente este dios alumbra. además. Cumo ellas insislicran. For­ ma verbal que impulsa y mueve (primera per~o­ na. las joyas baju llave en sus escapara les. español cronista del Reino de Chile. 6. Triuufes. las noticias de esta noche en la lelevisión. Nené Cotelé. que con sonrisas y gestos pedían entrar. Rodrigo lo era de la molo. 7. Hermano de tu mamá.).). Le fctltó la "d" para un lítulo británi ­ co. y me iré direc ­ to a ]a cama: no me quieru perder. Apellido de Pedro. Lugar etílico. 9. Felipe se dio uno relajarl­ le. -le con­ testó el viejo con voz cansada. Como Carmen.. Las señoras hicieron un gesto de desalientu. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada. Uno de los amigos. Enamorado de Francisca. Ensució la mo­ to. Aída o Rlgoletto. Aferra. Ata. Verbos para hacer chuic o muac. anles dc salir. Sujeli1. 3. 14. 5. 4. Los yagas canLan esLa sílaba. -Váyase tranquilo. Doclor delveci'·ldCJ. dun Pahlo. Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu.l'lO. 6. Cuatro para Julio César. () • Verticales: 1.je. Timoteu terminó de hacer el aseo. Futuro verbal dadivoso. InLerjección para pedir una espal­ da. EII'/'/óvil del cuento.).). 13. y se alejaron del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­ pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared. Unus golpes lu hicierun levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante. Dos versiones para la misma leLra. Los habíCJ. los catálugos ordenados y en su lugar. Felipe las silvió el1 su casa. 10. El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a pasar la aspiradora por la alfumbra. 2. Timolco señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda. Vuela por los dos lados. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales. don Pablu Levi daba las últimas recomendaciones a su fiel ayudante Timuteo: -Cierra tú. Eleva (inv. Colón descubrió uno nuevo. pasó el plumeru por ." cjo (inv.1 (1 1 TRECE CASOS MlSTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA Horiwutales: 1. sobre el mesón del garCJ. 8. Miau. 12. pur favur. 4. 2. 5. Después. Estoy muy cansadu. 3. En el in le­ riur de la joyería El Zafiro Azul. Nota musical que dobla. 11. Polola de Gonzalo. plural). Besa con falta de ortografía. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Dios egip. Nota (inv. Señores Anísl'ls Olvidado~. encendió un cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Ya eslaban cerrando los lucales comerciales de la calle Pruvidencia y las pesadas corti ­ nas metálicas caían una tras aira. Empleada que no se vio en el cuerllo. Las tre~ primeras sílabas de la antesala e1el cielo. Verbo generoso. Extra ­ ña.

-¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­ rece una burla! -gimió el dueño de la joyería.IIH EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO TRECE CASOS MISTERIOSOS 59 subre los mostradores. Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo. y levantó el auricular: -Investigaciones . se subió el cuello de su abrigo. Echó una mirada distraída al hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­ do. ¿Cuáles fueron sus movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda? ... que reían con estruendo. sin importarle la lluvia. bajó la reja que protegía la entrada -pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre el peque60 escaparate-. se acomodó aún más sobre su bolsa de trapos y. y se la guardó en el bolsillo. La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­ cía. dirigiéndose al inspector. Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado. señor. .. Apagó las luces. dice? ¿Providencia? El Zafiro Azul. y arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo. primero usted.. Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­ ciendo. icorrecto! Allá vamos. Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­ mión. el teléfono del inspector Soto comenzó a sonar. Miró el cielo negro y amenazante. dio tres vueltas a la llave del canda­ do. Al día siguiente. y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la joyería. muy temprano. frente a la joyería.. .. Cuando la lluvia comenzó a caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la calle. y el tipo echado en la vereda. ya sin luz sobre su cabeza. la taza de café sobre el platillo. el candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­ nos y el vidrio quebrado del escaparate. Este dejó. con desgano. y caminó con pasos lentos hacia la estación del metro más próxima. En su interior. insistente. se quedó contemplando por unos ins­ tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-. ¿sí? ¿Dónde. -Vamos por orden. con el rostro tcnso y demostrando angus­ tia. siguió durmiendo.

Yun puño de Levi golpeóel vacío con impotencia. que el inspector respetó con paciencia. dejé la tienda un poco más temprano que de costumbre. asustado.. Timoteo) ¡Eso puede ser vital! -habló Levi. inspector.. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto. . ) . ahora que la familia está de vacaciones . exaltado. -Antes de que llegara el hombre vago ... -El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse: -¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­ ras . -Sí. sí. ¡Perdón . Haga memoria de cada uno de sus movimientos. ! El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera... -¡Usted no sabe... Además estaba lloviznando y . ! .. hombre. nada más. la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de terciopelo azul dd escaparate.. -¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­ ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante. ¡Si hubiera sabido lo que estaba suced'iendo aquí.. con calma.. En realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa. porque quería llegar a ver las noticas . -Por eso mismo tiene que ayudar. -Bueno. ¿Sería tan amable de decirme usted lo que hizo anoche? -¿Yo? Bueno.... Me pregunto qué hada una empresa de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­ tor. serio-o ¡Hay que buscar a ese vagabundo! -Calma.. v una piedra era. -Bueno . No lo estamos acusan ­ do.. señor Levi.. . señor inspector. ¿No vio nada sospechoso) -Llevo treinta años al servicio de don Pablo. aún tembloroso. -¿Y cómo no lo habías dicho antes. -¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi... -¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago. -Piense bien. Los ojos del viejo miraron asustados... ' -Inspector -dijo Pablo Levi. -Sí. La barbilla le temblaba y parecía no coordinar sus ideas. Había un eamión de mudanzas estacionado al frente -dijo Timoteo. volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto. Luego de un largo silencio. -¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión hasta las dos de la mañana y luego . . pasé hl aspiradora y .. a dormil". pero . si. ahora. ya haFemos todo lo necesario. ¡Es primera vez que me sucede algo así y usted comprenderá. -No pensé .Todo es importante. todo es vital. lo que esto significa para mí! -¿ No tenía las joyas aseguradas? -pregun tó el inspector.. el viejo balbuceó: -Yo ... Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro.Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 61 El viejo parpadeó. Timoteo? -Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la vitrina.

El inspector Soto. CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO Horizontales: l. 9 Instrumento musical quc imita sonido de agua. Alfileres ingleses. Fruta que dcsgasla. -Señor Levi: puede tomar un abogado. estaría en la Filarmónica.).ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla. Y logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado.. 4. Diminuti\'o Iem~llin().). Por curiosa quedó sajada. 9. Como Teresila de Los Andes. Propia del pan. Caminas (inv. Produclo de insectos la7 boriosos. Flor de e~lanques japo­ neses. Uberlinda Yávar. Cuando volvió.). Nornbre de Lev/. Nombre de la joyería. Forma verbal que existe. Inlermedio para cuecas. Se puso a dormur erl la vereda. " 8. 2. 2. Quiere. Dios egipcio. Producto lácleo. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 63 _j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. Dimlllulivu sólo para Yolanda.. ¡Las condiciones idcales! Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de golpe la cabeza. Imperativo para existir. Elnoclim que pareció senlir Levi. Caza en desorden. Forma verbal que invita (im . 6.). Incl'emenlO (ínv. Tuvo que ten~1 un pl'i~leipio. Lo aCLlSO de autonabo. Se nla. Pidi6 permiso para usarel Idé/ono.(. Apellido para este cuel'llo. 6. 5. 4. 3. 7.. 12. Raúl Gú· I I I mezo tnicio de 1 nicio. Verticales: 01 Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro. ¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­ sión? l. Comien. S. Usó la aspiradura. Con '"c" final. 12. Interjección de f? a!lvlO. Velo para muñeca vestida de azul. Aprubación y pertcncncia. JO. Su conversación fue muy breve. 11. Se apagaron en la calle. Carta de tnunfo. Articulo nClllro (In\·. Bnvu vegelal (im·. Negocio de Levi. D~lef¡os de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. extrañado. Comiénl. 8.13 tina (inv. Nuevo. . Averiado lugar del alenlo. Preposición. Artículu. 3. que lo estaba mirando.o dc lóte1l1. 7. Miré a este seis rUlflallU. Epoca.J. Nota 5 para músicos.l. su rostro estaba serio. 1J. Subre ingk~. 10. Verde y habladora (inv. Y se aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de alarma. 13.).w de c~cala cantarina (in\. Zona franca nor.). Por supuesto. Posesivo. Resonancias. pidió permiso para usar el teléfono. A ella le cargan los gatos. Calcio.

El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento. Esteban era el primero del curso. y tan bueno en las letras como cn las ma temá tic as . además. Los dos equipos finalistas -los Masto­ dontes y los Venados.ebería colocarse para recibir el balón.eran rivales irrecon­ ciliables y sus jugadores formaban parte de las dos pandillas más conocidas del pueblo. si bien. Este arquero no sólo era ágil en la atajada y en los saltos. tal como su nombre lo anunciaba.EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO El domingo se jugaría el partido ele f(llbol más importante del torneo infantil en Villa­ langa. Sus compañe­ ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la . y hacían del foul su arma favori la Eran. Los Mastodontes. que reuniría por primera vez a estos disímiles equipos en una final. en cambio. Los Venados. el partido del domingo siguiente. Las esperanzas de los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico arquero. sino que calculaba siempre' el ángulo exacto en que d. por ser ágiles y astutos. eran grandotes. causaba expectación en sus hinchas y prometía ser el acontecimiento deportivo del año. muchas veces lograban aven­ tajar a sus rivales en el marcador. alumnos mediocres en la escuela y poco queri­ dos por los apacibles vecinos. Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­ vo y una resistencia física extraordinaria. atropelladores. Así. eran más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales. Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. el Canguro Esteban.

tratemos de vencerlos con n~e~­ tra astucia. Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo. llegaron donde la abuelita.~ &u1-. llamaremos a la policía .. cuando...' '" - cU. Los diez amigos.Mnvun1) ~ • r>.uJl\.. cU.bu. ~. ~\h:::2~ dio. mo ~'\Cb ~ ~ ~ ~ ·M\"ft. Lo fueron a buscar a su casa. Dado que el arquero era siempre tan responsable. En la plaza se habíanjuutado los Mastodontes. Vicente recogió del sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo.~OJ" ~. ~O"i.. ¡Nada! El Canguro se había esfumadt>.(5-0 eU.... ~ ~Co. . ~ . levó: !lr~: ~~ Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado: -¡Esto es obra de los Mastodontes l ¡Sólo ellos escribirían doce con 51 -¡Finalmente...t. Corrieron hacia cllugar y alcanza­ ron a ver una figura maciza. revisaron el colegio y hasta investigaron con disimulo en los carabineros. cada Uno por su cuenta. .~ ~I). ~~~ ~~~~t:~~­ )Si..iA.m.. J r~_~ ~ (.. o . a las ocho de la noche. se tuvo la primera noticia. ~~~~-~-~. .. enfundada en un capuchón gris. el resto del equipo intuyó que algo gr:we pasaba.. sin mirarlos. -¡Malditos' -gruñó Vicente. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo la puerta de la casa de Vicente. . -Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero . figura del Canguro apareciera. . De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs restantes y leyó con voz tensa: lO'emM" 9J. -Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo --dijo el zaguero cen tral. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla plaza. . ~""'~ . el capitán del equipo de los Venados.. ~ o. -¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista. "' . ante los diez amigos que lo rodeaban expectantes.(1(. Esperemos el segundo mensaje y... Hasta que de pronto.l\M. nos tienen miedo! -¿Dónde lo tendrán escondido? -¡No podrá entrenar! -¡Ni jugar el domingo . a las doce en punto. goleará melar . que a grandes voces comen­ taban: -¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­ dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú. ' -En ese caso. agú' El capitán de los Venados. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7 alt<:.~ en.. un ruido de vidrios quebrados en la venta­ na trasera los sobresaltó.. desaparecer en la esquina de la calle. recorrieron cabizbajos todos los rincones de Villalongo. antes de 'hacer esto público. La voz del capitán los interrumpió: -Hav que ir con calma.. "\b.. recorrieron el l)CintO. Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta.& ~ ~ ~ ~k~·iQl>ot. se limitó a con­ testar: -¡No se sientan tan seguros! El que ríe último . Lo estiró con cuidado para no romperlo y.

por su mirada apacible.J'n ~ 1ft ~cY. Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­ saje. Se quedaron mudos unos instantes.1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 69 derecho-o Además.J. Al pobre Esteban no le deben dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a opinar el mediocampista.. uno de los laterales. -Pero igual los venceremos -dijo otro. -¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de esto airosos -suspiró el zaguero central. -¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho. ¡Pero se resislían a pagar el rescate y reconocer su total sumisión al chantaje! -¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el capité'tn-. -concluyó Vicente. a lo mejor lo están torturando y ni sabe cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo. o algo así . se advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra.. No cabía la menor duda: era la lelra del Canguro.. El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido. J"tÚY/ en el caMJ' con~­ AiU. ~ ~ a ~ tVUA/ ~ ~ Se produjo un gran silencio. exclamó: -¡Pásenme el mensaje' Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención. asnos incultos: esta vez son cuatro las faltas de ortografía en cuatro líneas.J. Fido l ¡Espero que hayas mordido al menos una pierna del que te amarró el mensaje l El perro movía su cola y.. -¡Si hasta escribió mal su nombre' -¡Pobre tipo. -¡Si supieras hablar. Hasta que de pronto Jorge. -Es seña de su nerviosismo . . -No. el perro del zaguero central. Esto fue lo que leyeron: ~ ~ ch¡'etn ~ lx&m dcrnilTlJp ~k~~.rrne~ ~ em... Parece que se contagió con los Mastodontes. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente como para escapar. -Yo no estoy tan seguro .

6. Igual. Letra griega (inv. -¿No te habrás equivocado. ¡estoy seguro l y lan seguro estaba. 12. Unidad I¿ de fuerza. Acuática circen ­ se. I I I I Verticales: 1. que no habían pasado cinco mínu­ tos. Oro galo. 10. Si Jorge la descubrió. 6. Puelto de la India. El puntero derecho cal. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más. Lengua provenzal francesa. Letra griega. ex colonia portuguesa (inv. lógicamenle. Sala de recepción (inv.). 8. CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO Horizontales: l.lO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 71 -¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan ­ me! Iremos. 9. 4. Futuro verbal para versificadores. Avanzaron sigilosos. Donde se reunlan los Venados.. Nombre para d~scansar. 9. Antiguos habitantes del norte de Italia. 8. Cuando es mínima no paga impuestos (inv. UrJO de los equipos en competerlcia. Las de rana son muy ricas apanadas. Dupla {inv. ¡Ríndanse! Hubo unos instanles de tensión.).). El que lo hace l. 7. Posesivo para mí solo." chón sin vocales. último lo hace mejor. nuestro capitán enviará a la policía .Chón del·mensajero. Escuchar. Flor de un i! solo pétalo. 2. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes. Jorge? -susurrÓ alguien. a su rescate. había una clave. f 3. Terminación verbal. Pa ­ labra para bajas tempe ­ raturas. y los Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes. 4. Si no es un poema de la Mistral. Tres primera letras de Il.). sin balón de fútbol. A este mágico y diminuto personaje le faltó la última sílaba. ! I I I I I calurosa línea geográfi­ ca. El equipo completo de los Venados corrió a las afueras del pueblo. Pudor (inv. entre los roqueríos. 13. El zaguero derecho gri tó. Capital para Allan Prost. Muac (inv. Quise (inv. Pronombre para ti. 11. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban. 7. Competencia in{antil en ~ Villalongo. a la distancia. y Jorge indicó un lugar. Preposición guerrillera. Harán cof-<:of.ficó así a los Mastodontes. Lector: en el mensaje.). Posesivo para ustedes.). 5. ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al arquero? Nota: El parlido se jugó. 3. cor­ ta los bosques. I 5. cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos. Diosa y presa. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. Color del caplJ. 2. Del lugar no salía nin ­ gún ruido. usando sus dos manos como bocina: -Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban. -No. Acción desplegada en el cuento. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Diminutivo masculino. Tontonas. Este es un ondulado me. tal como estaba planeado..).). . Negación.

CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 11' Ii l' t ".Y media ele la noche y. con un gesto. al ver las luces del pequeño supermercado del barrio aún encendidas. "Al mejor esposo del rmmdo". Sólo una caja funciona ba. Entró con aire distraído al supermercado. Ataste (inv. El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca abierta. Contempló con calma los paisajes. a un encapuchado que encañonaba a la muchacha con una pistola en la sien.' IItI /nhuio. y se dirigió al anaquel giratorio donde se exhibían postales.ll.il'lI . el . Sí él actuaba. Sólo se escuchaban el tintinear de la regis ­ tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos que salían por la ancha puerta. pensó. . Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver. "¿ Un (//10 más? Con un suspiro siguió buscando. El inspector Soto caminaba hacia su casa.'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ".J 1<1>1:1'. Los ladralles la piden cambio de la \'Ida. y leyó las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita". t1 NIII del/JiIIO secllesfrado. "Pobre muchacha". luego de una larga y agotadora jornada en su oficina.1. Eran las diez .1 li. Yen ese momen1o escuchó el grito.. le indicó inmovili­ dad. ¡'. "debe estar tan cansada como yo". Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada que brillaba tras un Santiago sin esmog. ante sus propios ojos. Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la caja registradora. Dos vocales con punlOs. Selion\. Su mente funcionó a toda velocidad. Los ojos del hombre brillaron al fijarse en Soto y. Pronombre p. Oyó un carraspeo de la cajera. recordód encar ­ go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de matrimonio.).

pero. -¡Ni yo tampoco l -siguió un señor ele anteojos. seguía en forma expedita por la gran calle de su recorrido. -¡Soy policía ' ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto. señores. se sentía protagonista de una serie policial. -¡Regístrenlus -ordenó el inspector. una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa -con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­ ro derecho. con sus credenciales en alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e hicieron descender a los ucupantes del autu. mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. al ver esta extralla maniohra.Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer. y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer. aceleró a fondo. salió becho un celaje tras el enmas­ carado. El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo que se acercaba peligrosamente a su costado. sin dudarlo un instante. Sólo vio a un joven en moto que aparecía por la orilla de la calle. y disminuyó la velocidad. desapareció corriendo por la puer ta principal. desprender de un tirón su máscara de tela. no perdía terreno. -¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector. Sin embargo. No había pasado un minuto. . Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­ lo para seguirlo. en ese momento. Pero. el taxi se detuvo en medio de la calle. El ladrón comenzó a retro­ ceder. -¡Inspector Sotol -gritó este. Eran el chofer más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros. están todos detenidos. corrieron hacia ellos. ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes. el excelen­ lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su objetivo: con un gran chirrido de frenos. ante el asombro de Soto. La cajera obedecía con manos temblorosas.74 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 75 hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su gcsto-. junto a la vereda.! a Soto. mientras a su vez hacía señas al chofer con un brazo. Soto. parecieron no escuchar. sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­ cía como en cámara lenta.o y guiada por un adolescente que. -¡Alto! ¡Policía! Pero los pasajeros y el chofer del taxi. que miraron sorprendidos. Finalmente. La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían guardia en una esquina y. -Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el inspector al oído del motorista. que estaba un par de metros tras ella. La persecución fue espectacular. lcvantan­ . y emitía unos entre­ cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con golpes de cañón contra su nuca. montando a horcajadas tras el joven que. en una arriesgadísima maniobra. Pero la moto. más veloz que cualquier aut. ' Los carabineros procedieron. gracias a los semáforos en verde. al menos que alguno confie­ se. con voz agudizada por los nervios. '! abordar un taxi colectivo que pasaba en ese momento por la esquina. con los vidrios cerrados. Soto gritó. -¡Ahá' -dijo Soto. r-asc6ndosc una de sus enormes orcjas-: lo siento. Lo vio correr por la solitaria avenida. El co1cctivo.

Yo soy un honrado vendedor viajero. Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros.. -¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con gesto decidido. tartamudeando con gran desconcierto. había dado en el clavo: el ladrón. yo. y jamás he tenido que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que. Lector: ¿podrias tú deducir. El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente su otra oreja. confesó su culpa en el camino. . este. con su voz ronca. Otra vez Soto. mostraba un evidente romadizo. . La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse. -¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo' Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera. y mantengo con esfuerzo a mi familia. habló: -Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría. cuál fue el culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas. . sintiéndose acorralado.. pe-pe-pero.'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA 77 du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado bancario. sin vacilar. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías. -Yo . por su voz nasal. se adelantó y colocó las esposas en las muñecas del que indicaba el inspector. noentien-do lo que pa-pa-papasa -gimió el último. al igual que Soto. Los cinco hombres se miraron con sorpresa. Entonces Soto. Pero también les comunico que sólo uno irá esposado. con su aguda perspicacia. Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie.

3. sin entender aún de qué se trataba el barullo. y varias caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio. no siga grllando! -¿No has visto a Tutankarnón. abrió la ventana de su cuarto. 4. ! ¡Tutanka­ móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­ nes. l. Vocales distintas.). 2.). de uno de los oClLpa'ntes del taxi. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. Des­ cansan en las estaciones (inv. Así dice "hasta" el presidente. 11.). 10. -¡Tutankarnóoon! ~seguían los gritos destemplados de la anciana. Conjunto de cosas pasa ­ das por un hijo. 9. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. Ex líder comunista chino. Verticales: l. 7. Cadera. 6. Sol egipcio. Seis de la mañana. Anita Pacheco. y corría con un plato y una botella de leche. A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía. El imán lo hace con el metal. Lugar del atraco. 12. Con "n" /O final se comería a diario. Le sigue el dos. Quita. Restregando sus ojos se arrimó a su hermano Diego. Goloso y perezoso.). Este es el fin de Roberto. hijo? ¡No está en su canas ­ to por primera vez en mil cincuenta mañanas . Descifra signos. Los gritos de doña Dora ­ lisa despertaron al vecindario: -¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu leche.). Cecina que comieaza muerta de la risa. Diego. Tan sagaz como los ojos de Soto. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta. Quiere. y los dos herma­ nos salieron a buscarla. -¡Tutaaa l ¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz dulce y ojos húmedos. Surtir (inv. Afirmación rusa que ofrece. Vocales gordas. Griego es este dios peleador. 9. Giramos en torno a J él. 11. Para enfermos supergraves. Sube al árbol. Se dirige. As! estaba el ladrón.). Demostrativo francés. 6. javen.). 4. Pero doña Doralisa ya estaba en la calle. Como la voz. País asiático de las úlrimas olimpíadas. Para velos de novia. . DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera. minino' Del segundo piso de un pasaje del barrio Ñuñoa.. 7. 3. Arte­ ~~ ria principal para tránsi­ W---I---+-I---j to sanguíneo. la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a otro. Campeón de tenis francés (in v. 5. 10. Josefa también despertó. 8. Alisa el caballero sus bigotes (inv. y con rostro soñoliento preguntó. Encargo de la señora de Soto. En sus comienzos este arte era mudo. País del norte que se emplea. 2. Carla de la baraja. su vecino. doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones. Tío con cabaña.. Subterfugio (inv. asomándose: -¿Qué pasa. S. Dedo del árbol. Pronombre suyo. Guardarropa para abuelitas. 13. Las ventanas fueron abriéndose de una en una. Existe. Negación prolongada 11 (inv.). 8. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv. Condición dd encapuchado.~ de caballo. OfTendan (inv. Sin nombre. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón.78 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA Horizontales. sin hacer caso de sus vecinos.

. niños? -Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos investigando -contestó Diego. y yo no tenía la mamadera para darle más leche... Josefa susurró al oído de su hermano: -¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo? Con un empujón firme. entre los llantos del niño y los maullidos de ese gato. noo! Yo te acompaúo. Me he pasado la noche en vela . se dejaba abanicar por Diego con una revista mientras Josefa. -¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora. .HO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 81 -Si no vuelve Tutankamón. y preguntó: -¿Qué significa este juego. y nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. ¡Pero de ahí a desear su muerte había una diferencia! Provistos de una grabadora de pila. ¿no es cierto. pasé tan mala noche... tenía a su guagua en brazos.. . -¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa. Diego la alejó de él. -Ehhh. -Por favor. se paró muy tieso y reiteró: -Parto en misión: este será nuestro cuartel general. ... Tú. -¿Ves? -dijo Josefa-. Josefa. doña Dora... Doña Doralisa pareció reanimarse.. h.. En realidad.. El pobrecilo llora ­ ba. con los ojos muy abiertos.. -¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego... para registrar las declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-. no hablen fuerte. vivo o muerto .. recostada en su mecedora de mimbre.. va no tenf?:O razón de vivir -gemía la viejecita. está respirando muy raro .¡sta obtener fllguna pista. -musitó la viejita... niños. -Sí . recién logro que se duerma. . " ~ Los niños la habían llevado a la casa y. y Josefa acercó el micrófono a la boca de la señora.. La señora Torres retrocedió dos pasos. En una casa les abrió la seúora Torres.. Déme dos horas y tendrá a Tutanka­ món -añadió con voz de agen te del FBI. entrecerrando los ojos. Ella quiere soñar con el gato. -eontestó la señora Torres en forma vaga. -No sé . Tutankamón era un gato gordo. Jos dos hermanos comenzaron la pesquisa. Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -q ue puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­ caro -Quiero dccir vivo . doña Doralisa? -Tutankamón . Habló entre bostezos. le prometo por mi honor que le traeré el gato de vuelta. -¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in ­ terrogó nuevamente Diego. parece . antipático y maullador. porque doña Duralisa se muere de ganas de descansar -dijo la niña. le refresca­ ba la sienes con un pañuelo mojado.. te quedas aquí cuidándola. lanzando a su hermano una mirada de furia-o Además. Diego entonces ofreció: -No se preocupe. mi ­ rando al bebé. que no despertaba las simpatías de los vecinos. y en la confusión . -¡Ah. . sí . ¡va­ mos! El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje. Se veía ojerosa V demacrada.

algo perplejos.. -Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana. -¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas -refunfuñó Diego. Sólo qucría­ mas preguntarle si ha visto a Tutankamón. sin respuesta. Cuando abrió la puerta. -¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora. que los miró con desinterés: -¿ Silii) -Hola.. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con fuerza su melena chascona. y abrió un joven adormilado y barbón.. -No lo he visto ni lo he escuchado. Una señora Ema sonriente y plácida los dejó un poco desconcertados. . muy seria.. Josefa..' -Yo dormí como una piedra.. A los cinco minutos se oyeron unos pasos. siguieron su cami­ no hacia la casa número 4. ¡Era lo único que me faltaba! y ccrró la puerta con estrépito. Al segundo. dueii. Diego.. gracias. Los jóvenes detectives. s610 lo escuché. y no me molesten. Y sin esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el maldito tomo de trescientas páginas de historia. ) -Josefa encendió la grabadora. -Prepárate. nao! ¡Pobre gatito.. quc se perdió. -¡Ahhh! Ya entiendo. encendió la grabadora y dictaminó: -Sospechosa número tres. De ahí se fueron a la casa número 2. des­ concertada.a Doralisa está casi por morirse -añadió J osda. Y golpearon en la puerta siguiente. y tan gordo que eral -¿Era . sintieron los berridos de la guagua. -¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. -Hola.y doii. -Le dijimos que la que está por morirse es la sellara Doralisa. -No. Estuvieron largo rato tocando el timbre.. Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de J osera al decir: -Sospechosísimo número 2. queridos: ¡qué gusto verlos l ¿En qué andan? ¡Pa­ sen' -No. ¡ja. -Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se extrai1ó Josefa. lista para apretar el botón.. -¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc. --¡Oh. ja' La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar. -¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo. mientras tocaba el timbre. Era la casa del escritor. entonces.EL CASO DEL GATO PERDIDO ~2 83 TRECE CASOS MISTERIOSOS --Pues vayan a investigar a otro lado.:¡ ver'borrea furihunda de Mateo. y ahol'a me vov a sacar una maldita nota . al gato -contestó Josefa. -Al gato maldito . pero de pena -le contestó Diego. senara Ema. la casa número 4. es algo rápido. Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema Araos -dijo Diego. . ¡Justifíeate ' -La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja. " Los niños retrocedieron ante ]. Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­ go y se escuchó el clic de la grabadora. -.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego... -Josefa: ¡método! Te estás adelantando. todo el mundo sahe que la senara Ema odia a los animales y le molestan los niños. los nii10s se enfrenLaron a don Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados como si hubiese dormido vestido.: ¡mi hijo Serafín me anun­ ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el norte. no cs para menos -suspiró la scJio­ ra Ema. . Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña murmuró a la grabadora: -Primera sospechosa. que no tenía timbre. que anoche podrían haber mau­ llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de violines . y estoy tan contenta. ¡pero si lo veo.. -Pero. lo mato! -Conque lo matas . ¡eh? -dijo Diego--. La puerta se abrió.

. eh. un confortable sofá lleno de cojines. El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con su ropa entera arrugada.. que se muere. ha­ ciéndose el casual. arrimado también a la mesa. la tranquilizaremos. pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin. -Es que ha desaparecido Tutankamón. . -¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa... bostezando. duran te la noche.. y doña Doralisa está que se muere. -Esta ha sido mi cama. un batata negro a medio abrochar en un pie. -vacilaba García Gómcz. Si está viva.. con aire suficiente. Tutankamón. Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la casa. una máquina de escribir. Por eso es que... cajas de cartón.. y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo picado. -Sospechoso número cuatro -dijo la niña. Los niños no pudieron disimular una sonrisa. -¿No escuchó usted. -Bueno. con . durante su noche de trabajo. Me extraña tu pregun ta. Hércules Poirot -con tes­ tó su hermana. -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela. se sentó frente a la máquina de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran alas. ¿que se muere? -El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los ojos. ch . fruncía el ceño.. eh . acordándose de Mateo... Cuando abrían la reja del jardín de la anciana. Que se muere . una silla y. -¿Por qué? -inquirió Diego.EL CASO DEL GATO PERDIDO 85 JH TRECE CASOS MISTERIOSOS Los niños tuvieron que seguirlo. a ralos. -Primero iremos a ver a doña Doralisa. Por eso estoy tan . los maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego.. y buscaron entre las matas. -le con tes tó el escritor. entre laLas de pintura vacías. -Eh.. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere) La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­ bra del peregrino .. Se acercaron. -Porque todos son culpables hasta que no prueban su inocencia . Entraron al living." i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc repetir otra vez la misma frase. Estudiaba los caracteres de los personajes de mi novela . pedazos de manguera y otras tantas cosas.. -Eh. -¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. olvidándose de los niños.. Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. unos gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­ ron su atención. por si se ha muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato perdido-. don­ ele había una mesa llena de papeles.. . y luego iremos a nuestra casa a procesar la información. y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo gordo en el otro l Tenía además la camisa blanca fuera del pan talón y su ca bello largo y crespo en desorelen. cautelosos.

Xc> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 87 una gran protuberancia en la cabeza. Si ustedes. -Resulta obvio -añadió Diego. como ellos. como si siempre lo hubie­ l-a sabido. Con respecto a la persona culpable. tambien tienen ojo de detective. -Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora. tan sólo mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al culpable.io. regaló él los niños nuevas pilas para la grabadora. los miraba con ojos suplicantes. aún da confusas explicaciones. . en camb. Epílogo: doña Doralisa no se murió. Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo.

Las hay de molino y de ventilador. 10. Nombre italiano masculino que en Chile es billete. 13. y el campo estaba libre. Letra para mamá (plu. Los hay I de remate y de capirote. 11. Apellido de doña Ema. Mira con arrobo. Cubos numerados. t-t-t-t-t-t-I 3. Cuna de perlas. tras una columna. Diminutivo para la viejila.estaba funcionando bien. Al mismo nivel.L. 4. y Jaime. Parien/es del gato perdido. La primera parte del plan para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­ ría al día siguiente en un gran remate. Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre el valor de la estatua. Atributo para española graciosa (inv. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. 7. Amiga del ruiseñor. Nombre femenino que al . Acción.racto de los años ochenta". Flores del jardín 11 L. luego descienden para encaminarse hacia la entrada de la mansión. .. 2. 7 4. perder la "h" perdió la varita. La amplia calle del barrio alto está vacía. el repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa cuadra. 9. Los tres se agazaparon en el pórtico. Letra griega. el Artista. Iracundas mujeres mito..· Verticales: l. 8. Demasiado.MH TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO Horizontales: SENTADA PENSANDO l. Sus gritos despertaron al vecindario. Mucha salla produce. 11. Evitó.). Repetido. ~ Radio. invertido). y los críticos de arte la calificaron como "la mejor obra de arte abst. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo. Aluminio. Recolecciones. 6. -¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­ guntó el Panda.. al v'er el periódico sobre las baldosas de la . En el cuento fueron muchas. el Rambo. La joven detective. Jaime.9 cartó". Fatigada dueña del galo. miró el ·cielo con preocupación. 5. Dupla. se encaminaron con rapidez hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­ tese agitaba con el v.. Felipe. Minutos atrás. impaciente. La pesada puer ­ ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle guardián que. La noche estaba húmeda. Son las cinco de la mañana en Santiago.). y Gonzalo. Le falló la antepenúlti ­ ma letra para de. apronta el golpe de karate -respondió el Artista en un susurro. Dirigirse. 8. Recubre muebles chinos. 12. baila en las islas. más conocido como el Panda.\-+--l--U--U ral. Adentro. Término para marinos. Dirigirse. Naves. 7.iento. tres hombres observan. Lo hago con una aguja.-L. Nombre de García Gó­ mezo Animales gráciles y 1 veloces. 3. Hombre inglés. I 5.cir "des. 6. primero de reojo. 9. de la viejita. Nota musical (inv..• ~ lógicas. 10.Ya está por salir. A esta q palabra le gusta repelir. con excepción de una camioneta cubierta que se estaciona a pocos metros de una casona esti ­ lo colonial. Caminad. Anciana uva.l. Así llamaba Doralisa a su gato. Femenino de Noé.. 2. Todo está saliendo según sus cálculos. alias el Artista. Son para guardar el trigo. A los pocos segundos se escucharon unos pasos.

la codiciada figura.. -aprobó el Artista. Luego de algunas dificultades -co­ mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al alféizar. seguido por sus compañeros. como si fuera un almohadón de plumas. -Ahí -respondió Jaime. -Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. El Panda.. -Ni se quejó -masculló el Rambo. ¿Cómo haremos ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo.. el Artista regresó con expresión de rabia: -¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­ giado de la lluvia bajo el alero de la casa . El Panda hizo un gesto de fastidio. -¡Qué belleza! -murmuró. entró en la casa.con una exclamación de triunfo lograron depositar­ la en la acera. ¡Ya. El Panda cerró la puerta tras ellos. El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas láminas de metal entrecruzadas. Rambo! No eres sólo músculos .. saca la estatua mientras yo vigilo la salida . y luego de abajo haoia arriba. inconsciente. estamos con el t. ¿Cuánto tiempo ten­ dremos durmiendo al abuelo? -Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­ pondió el karateca. -La única belleza es el dinero que obtendremos por ella -observó con una risita. con gesto seguro.. ¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora. restregando sus manos. -¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo. Obraron con rapidez. -Déjalo por ahí y manos a la estatua .. -Bien.<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t entrada.. -apuró el Artista. el Artista. Rambo. mientras el Rambo equilibraba la pesada estatua sobre sus hombros. yo me adelantaré a buscar la camio­ neta y la estacionaré frente al callejón. Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. . El precioso botín ya era de ellos. se agachó a recogerlo.iempo justo antes de que el cuidador se reponga de mi caricia. Luego. golpeando un puño contra la palma de la otra mano-o Una vez afuera.. con la estatua firme en su hombro. Y sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia abajo. En ese momento un golpe seco en la nuca lo hizo caer al suelo. un poco nervioso.. y miró el lecho como buscando una solución. miraba hacia todos lados.. -¡Buena idea. Miren esa ventana que da a la calle lateral.. caminando hacia la puerta de calle. furioso. y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se les ocurra venir a pasear por este lado . mirando el reloj-. el Panda. ! -dijo el Artista. El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos poderosos y se lo echó sobre los hombros. mientras caminaba entre los objetos en exhibición. Entonces el Rambo. pero hay que apurarse -dijo Felipe. Panda -aprobó el Artista-... -No está mal. A los pocos minutos.. exclamó: -Ya sé .

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO

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-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista. Se encaminó hacia la esquina. En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­ bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los hombres lo encañonaban con pistolas. -Maldición ... -gruñó el Artista, retrocediendo. Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­ zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos y los esposaban. Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le dijeron: -iBien hecho! La pregunta para los astutos detectives es la siguiente: ¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?

CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO

Horizontales: 1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan a Jaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip ­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal. l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.). 8. No es par. Sostienen partituras. 9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina. 10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos. 11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­ da. 12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa. VertICales:

II

l. Apodo para Felipe. 2. Cerebro del robo. Enredo (inv.). 3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.). 4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.). 5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas. 6. Corno la estatua. 7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca. 8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante. 9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa querendona. 10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz. 11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales. 12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal. 13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes y heredero de una gran fortuna, empleaba sus días en administrar sus negocios, jugar golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje ­ tos más valiosos se exhibían en grandes ar ­ marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña ­ dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem ­ plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido. Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­ to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a la sel!uridad de sus armarios. De toda la colección había solamente un objeto que no se guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­ res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez donde las páginas se extendían en volumen. desplegando como por arte de magia las dependencias suntuosas de un castillo. También babía otra razón que le hacía acariciar la valio ­ sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba bajo 1Ia ve: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

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los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza -Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta. Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­ ción volara hacia el Oriente.

Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su vida. Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado, que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­ che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día entre la Bolsa y el Club de Gol se había encontrado con la sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna otra parle l -Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más grande que tenia para mí era otro ... -Carlos apretaba las mandíbulas para contener su impotencia.

e

-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de una de sus grandes orejas. Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­ tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos de pánico. -Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla. Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde del sillón. El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz calmada: -Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó en la mañana, hasta que abandonó la casa. -Bueno, lo de costumbre ... Por la mañana me quedé en el segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño, ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas. -¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto. -Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a su patrón-o A ver si había algún recado para mi en su libreta -agregó, indicando la agenda sobre el escritorio. Soto miró al dueño de casa, y este corroboró: -Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­ prano en la mañana. El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar". -¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre? -volvió a interrogar el inspector a la mucama. Ella guardó un instante de silencio y contestó luego, dubitativa: -En realidad ... , me pareció que todo estaba igual que siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría dado cuenta ... creo. -¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­ tó Soto, rápido. -Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el

. de uniforme impecable y aire altanero: -¿Sí. don Carlos. -¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la maüana hasta que llcgó su palrón? -Luego de hacer el asco del salón. serio. Puede retirarse. gracias -contestó José. perdóneme la expresión. me fui a la carnicería . . -Norma miró a don Carlos como pidiendo aprobación. -No antes de las once . -¿Ya qué hora volvió? -Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la carne para el almuerzo de don Carlos. su patrón la interpeló: -¿Su marido sigue sin trabajo.l¡8 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 99 desahucio de mi marido. -¿Una hora y media se demoró en comprar la can~e? -volvió a la carga SOlO.. se retiró. El inspector insistió: -¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse? -Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­ cería. -Estoy bien de pie. señor) -El inspector le quiere hacer algunas preguntas. Olavarría hizo un gesto de asentimiento. tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de dejar la mucama. Norma? -¿ Y quién lo va a emplear. señora. José. cuando abría la puerta. don Carlos -añadió un poco colorada-. ¿Podría decirle al mayordomo que venga) La mucama se puso de pie saludando con timidez y. incómodo.. eso es todo. con su pierna mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. . Sin esperar respuesta. -¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO. Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable: -Bueno. -El mayordc~mo pare­ cía molesto con el interrogatorio. José se movió. y con el jardinero nunca me meto porque .... A los pocos minutos entraba José. el mayordomo. ese hombre es un ordinario . señor..

el jardinero. entró Con su mameluco lleno de tierra. -O sea. El jardinero enumeró. -¿Ya qué hora se fue? -A la una.-E1 inspector mostró la puerta. y se acomodó con una amplia sonrisa. -¿ Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto.-ápidamente-: De ahí en adelante. remover la tierra de la jardinera. Jacinto Flores.. a cambiarme ropa. encontrar también al ladrón? . mi caballero. -¿ Yen qué consis Le su tra bajo? . pero de ojos chispeantes y lleno de vida. -El mayordomo tosió y agregó . y cuando volvÍ. barrer La terraza . cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta. la pagoda elc marfil que se robaron? -preguntó el inspector. Ya-Lu-Ting l ¿Podrías tú. corno bien sabe don Carlos. suspirando. hasta las dos de la tarde. murmuró para sí: -¡Volverás a mí. el inspector Heliherto Soto respondió: -¡Eso eral Entonces el solterón. entonces. -Muy bien. emparejar los setos. -José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­ dió Olavarría. sólo entiendo de plantas. como lo hago por costumbre. luego de unos instantes de medita­ ción. No ti tubeó para sen larse en la silla. . Recuperará su pieza de mar[il. puede retirarse. de cuál era el ladrón? El duel10 de casa negó con aire desconcertado. \'0 no entiendo de cosas finas. ¡lo que no dejó de parecerme extraño! El inspector hizo caso omiso de este comen tario. -Como todos los lunes y martes. luego de anafizar las versiones de los tres sospechosos. y siguió: -¿ Qué hizo luego? -Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa servida. ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí. -¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con sus preguntas.IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 101 -Bueno. Cuando Olavarría. mi caballero: solamente en la mañana. porque cuando abrí los ojos eran las cinco. dijo un nombre. -Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta. el inspector miró a Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas. -Está bien. -¿Conocía usted. en forma distraída. supongo. señor. -Está bien.. el escritorio se limpia los miércoles y sábados. .. Jacinto. señor. en ningún momento entró en la casa . -El caso ha sido fácil. puede retirarse -terminó el inspector Soto. ya se había ido . Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y almuerzo ailá.El inspector dobló aho­ ra el enorme pabellón de su oreja. Era muy mo'reno. desmakz. -o sea. don Carlos.. usted también. no la había visto nunca ..lr. ¿Se dio cuenta. José. contando con los dedos: -Podar los rosales. le echan la culpa a uno . Luego me retiré a descansar a mi pieza y. se compra también la verdura y la fruta. Cuando e/jardinero cerró la puerta. no paré de limpiar la plateria y sacudir las vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos. Jacinto Flores... -No. luego de una venia.. -¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase. cortar el pasto. que me dormí.Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto. pues' -¿Entró en la casa? -Al baño de José no más. lector. cuando llegó en la mañana. -Usted lo ha dicho. -y clmayordomo se retiró.. no sólo la carne: los lunes.. -Por casualidad: ¿entró en el escritorio? -No.

Pronombre panl voso ­ tros. Il. Espiritual nombre 'J. le gusta el queso. Nota musical femenina. 4. 8. 9.. 8. I I I I de mujer. pero sí en los cumpleaños. Mucama de Olavarría. 12.1I raJar que no tenía nin ­ guno.).). ülavarr[a se habla pasado el día entre la Bolsa y este lugar. Artículo musical. Letra (inv . DesesperaJo signo Morse. No hay que hacerlo en clases. Detrás (jnv.) Verticales: 1. 10. Artículo indefinido. Alma del califonl. bailaría (inv. Una "t" amarraría a estas vocales. Yo latino. tI. Las de la pagoda erar¡ diminutas. CiuJad sumeria. si fuera doble. Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla. 6. Primera y tercera vocal. Quisiese con uslero.). 13. Posesivo pronombre (inv. Colilarga y dientuJ" (inv. Privativo de ovejas.). A la del campo también . 3. ~éJico especialista en ~I I I I VtaS urtnartas. 6. Ojalá sin esmog. Medio abuelo (jov. Sustantivo limpio. sohre las lorlaS. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas. 10. Obje/o robado.). Preposición entro ­ metida. Tres vo­ cales iniciáticas. 2. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural). Atrapa al bolón. Angulo para brazos (inv. Corno ella era la cara de Ya-Lu­ Til1g.). 7. 3. Sos/enEa la agenda. Nombre de la mucal1'l. Estirar. Este perro. 9. Se escucha en las corridas de toros. 7.). Flor de los valles.). 5. En la manana. Equivoca'y vagabundea. Tras de (inv. Hierba aromática de múltiples usos. que fluye par el piloto (inv. 2. 5. Objeto de W7 tic de Soto (inv. Pesimistas y Obsole­ tas. Si es muy fuerte.). EqUIvo­ có.).). Artículo indefinido.- f '0 " 1. . Vocales Jistintas.). Había una vez un empe. 12. Norteamericano escritor de fantasías que erizan los pelos (inv. 4. Licor fuerte (inv. Aluminio (inv.). ¡pobre bote! Llena. Duefw de la pagoda. Servicio secreto de Hitler. La pagoda lo era (inv.a (inv).102 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 103 CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL Horizon tales: " .

¿Y'i. <.1. 9 (\ N a .Sal~ ntl'lv" 21'11 Vd aSJ..<l:I ".dO. ..9L2G GU JS C02' ill~LSUqO qG~GU~gSillGU~G S 2n2 SJnWU02' C.LO . o S • • 1 ~ .."3 " 1 ~ H .ÜfT!? A~O) VJgo lIJSUCJ1~~S 20pLG JS bLjWGLS PPLG¡S.IOw.70~'QI'1\ VI C. ON'f'V~ n "S Oti]w'1) < I 0""03' J \ el.JLSfQ qG pOLLSL fTUS rs bLOlG20LS' SJ GUCOU~LSL UnGASlIJGU¡G JS2 ppLG¡S2 GU 2fT SV~ON tIa SV. •• " "..0'01 ] l-l. 1 "'.J qGqo gG COUU!G' J1GL!qO SJ SbO). bnJlisL qG COUUW LGC!!?U 2SpqO gG JS GUlGLillGqS' ~S bLOAGUlS qGJ qGqo'dnG JS2 J1SP!S 202~GU~qoi EU GUG bSJWGLS' !ELS GA~qGOfG d nG CS20' gGJ PPLG­ JS WSUCJ1S 20pLG JS bL~WGLS dITG ~fJ 2SpG2: (. • V ~ 1 b g d ~ O '11 • • .l..' rnGgo LGCOLL!Q J02 PSU­ G2CL!~OL!0' uo q!lo fTUS 20JS bSJSPLS' bGLO . ' l}l(\ VW J."'tJ. .... Ol'"J10J. ".._NON 111 s:3NCl1' .~13 s.L'3:~8T1 SV1 '3:a OSV:) 1'3: StlNOIJfl'lOS .l. . " " w .. O .

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claro que. nuestro porvenir y nuestro pasado.está en que haya quienes sean capaces de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso. la filosofía. las historias de los libros. Pese a su amplitud y prolíferancia. cine. novela. son misteriosos los límites de la creación literaria. Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula. a los límites de lo detectivesco. aunque sea costoso. El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe. también se 10 brinda a muchas otras cosas. Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. Desde luego. en todo (no se salvan ni siquiera ciertos momentos privilegiados de la historia humana). el concepto de misterio ha ido quedando reducido. pero en el uso común ya no es este significado el que prima. que es tan infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo detectivesco. Prima el misterio barato. Pocos harán la reflexión necesaria para conectar la palabra misterio. el misterio religioso. con las nobles y profundas raíces del misterio en sí. cuento. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un misterio: no hay para qué dar ejemplos. los lib'ros de historia. y tiene también algunos instrumen­ tos que le ayudan en su investigación. vivimos rodeaqos de misterios. teatro de misterio: todo ello es detectivesco. una gota de agua.que lo que parece a primera vista. sin embargo.que le permita llegar a dar con la obra perfecta. . principalmente. precisamente. como ya estamos acostumbrados a la mayoría. De ellos están llenas las mentes de los hombres. el universo. Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­ rio: cuando éste era. el hogar del vecino. y para el que lee son misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador. su carácter misterioso. corno su propia experiencia y destreza. Aún hoy el misterío es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial. usada en esas condi­ ciones. incluso en lo literario. lujosos misterios. en todos los ámbitos de la vida. La gracia -y las muchas gracias. Pero siempre prima lo barato. por excelencia. no nos llaman la aten­ ción en lo más mínimo.EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION Por earios Iturra La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa. las religiones y las ciencias. y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos. tiene pistas varias: las que le dejan otros buenos escritores.

el artista habría sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo. por su parte. H. además.120 COMENTARIO DE CARLOS !TURRA COMENTARIO DE CARLOS ITURRA 121 yen ciertos casos mayores. está perdiéndose la parte principal del disfrute de la belleza. aquellas que centran su interés en el planteamiento. En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor. sin embargo. sino felices por el momento de placer estético que nos dio la belleza de la película. Geor­ ges Simenon. o uno antes o después que el otro. por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar. por el asunto o por el arte. casi únicamente. o muy inquietante. O sea. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera. Siendo de segundo orden el género de misterio. Pues bien.por la calidad de la prosa. por la forma. Un paisaje feo no es grato de ver. Chesterton. Sin dominar la forma.nos vamos dando cuenta de que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un feo paisaje pintado bien. y preferimos un cuadro con bonito paisaje. ya que basta para ello el paso de los años. pierde el interés por la lectura si es que esta no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio. incapaz de trasmitir su secreto a otros. en algunos casos!. Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo depende.sea el deseo irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía Perla. Chase. Como se ve.y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente. son algunos autores de gran literatura que han aportado estupendas piezas al género de misterio. Se le reprocha a la literatura de misterio. o pudo estar muerta cuando se las robaron. la picaresca. no incluye nada que no sea relativo al esclarecimiento de un delito. cuál es el fin del argumento. J. Carlos Dickens. de la habilidad del escritor para manejar la forma. A lo lejos. porque han coincidi­ do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­ res. incluso su genio. que un paisaje bonito pintado mal. el misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las palabras. y no se fija en cómo se lo cuentan. eso sí requiere talento. el policial. o a lo menos mediante una obra maestra. K. o con preferencia para uno u otro. por su parte. luego es incapaz de explicar cómo la logró. asesina'to o robo. Por este motivo es que las obras de misterio. que tenían un aspecto bello. esa elegante y descuidada tía rica. Y podemos interesarnos en ambos por igual. es tan grato como contemplar un hermoso paisaje A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de evitar. mejor dicho. Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento. depende el fondo. y el misterio argumental de la narra­ ción misma. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta. Agatha Christie. o por la belleza con que ha pintado el paisaje. puesto que el argumento es una de las facetas de la forma. Por otra parte. G. deja nadic de desconocer que una obra plantea­ da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto. . de modo que lo único que lleve al lector a seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva. y la búsqueda sigue. En la actualidad se entiende por género de misterio. Unos y otros han reducido el concepto de misterio. Se estima que son superiores y que producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del argumento va acompañada -va siendo producida incluso. con excelen­ tes resultados. la de aventuras. está incluido en ella. en cambio. o.el o los problemas planteados por yen la narración. O sea. además. evolución y desenlace de una historia. La película puede contar una historia muy entristecedora. han sido consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la buena literatura como de segundo orden. en cuanto al contenido. la convencionalidad de sus métodos y lo repetido de sus misterios. que eran feas hasta que el artista nos mostró. En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al aswlto que al arte. gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las cosas "feas".sino porque de la forma. ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se oponen al desarrollo de su narración.. la de espionaje.mantiene su calidad de misterio. Vamos apren­ diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que importa es la forma.. ni que grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género. el misterio de saber cómo termina la obra. puede produ­ cir obras de primer orden. ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las posibilidades de lo literario. En suma. Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos. al fin de cuentas. el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la creación. De ahí que existen la novela de caballería. y en segundo lugar. por lo general.. contemplar una hermosa pintura de un paisaje feo. porque ha habido escritores con especial talento para manejar las expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido lectores que han buscado ante todo ese misterio. El buen lector. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo que no es maravilloso. Ellas y otras más se han ido dando a través de los tiempos. son autores de misterio y entre sus obras se pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­ tura. Pero la forma o fórmula precisa para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto". eso no sólo implica una reducción del concepto de misterio. sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada relaüvo a la forma y. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban sus perlas. antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado. con su dominio de la forma. No por eso. cual­ quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­ cional fotografia. Edgar ABan Poe. un gran escritor resuelve ese misterio median­ te una obra perfecta. qué pasa con los personajes. han escogido la del misterio meramente argu­ mental para dedicarle su trabajo. Henry James. refiriéndolo exclusi­ vamente al desarrollo argumental. es decir. aunque esté mal pintado.. pero !)i la cuenta con arte saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia. Estas son las obras de mayor mérito. la policial. de la trama: qué pasa enseguida .

en su profundo sentido religioso.. por policíaca y por infantil. racional. gusto que más tarde habrá de llevarlos . es que el religioso no se resuelve. Sería como aficionarse a los mariscos. el secreto. pues es inaccesible a la razón . envuelto en tinieblas etemas. son la iniciación. Los misterios de la religión no cuentan. aparte de hacernos pasar un rat. El "neófito". Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la razón y no lo resolviera. como el Flautista famoso. Sería una lástima que hubiera lectores -en realidad los hay. al cabo de la cual ha de ser cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que es de segundo orden. 1 . o ignorante de los misterios de la religión. ¿El rel. IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives. sumada a su inocente agudeza. Después de todo. Después de leer estos '''Trece casos misteriosos".. pero ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí.. la gimnasia mental de los lectores.. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores.qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de libros y que no aspiraran a educar su gust. y es una de las mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para siempre si el gusto no se educara.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las obras de misterio. un buen argumento también es una buena creación. se "inicia" en el conocimiento de ellos. a pesar de que sea una lectura de segundo orden. las playas de ese oscuro océano de luz.a grato leer de vez en cuando una apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-. Pero sería lamentable no pasar de ah\.ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable. Pre.122 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA COMENTARIO DE CARLOS [TURRA 123 (Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­ co misterio religioso. las ostras en su propia concha nacarada! El gusto se educa.. Los bordes del misterio religioso. con tantos devotos como los misterios de otros tipos. en pos de una solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul expuestas al público.oentretenido. les indicará cómo resolver los misterios: .) Es indudable que result. Dos veces iniciática.. están al final del libro. pero no ir más allá de las almejas ... csta obrita ingeniosa podría llegar a arrastrar detrás de si.. como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde permanece. las colitas de camarones. o los deudos del autor contra el lector. la palabra misterio. está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector. ¡perdiéndose los erizos.. Será un entretenido comienzo para una vida de aventuras como lector. pero no menos considerables.. o policiales. una vez más... y quien se había propuesto llegar a ella puede alcanzar su meta incluso a través del relato policial. a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo literario. y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que nunca los conducirá a nada. De primer orden es este para los niños. en efecto. sus lectores habrán entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética. y probablemente más de un lector defraudado se querellaría contra el autor. ¡Las culpables son las autoras. no sería novela policial.o para poder disfrutar obras de primer orden .de iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los caminos conducen a Roma. a todos los niños del barrio. hoy por hoy... Lo incomprensible. despierta en ellos muy desde adentro el gusto por el misterio. se relaciona asimismo con la "iniciación". pero aun así los misterios dt: la literatura tienen menos fieles todavía. Y esa iniciación es como parte dcl misterio mismo. En este punto resulta apropiada la palabra misterio. sino que también habrán hecho una especie de gimnasia mental. evidentemente.

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