iCONVlERTETE EN DETECTlVLI

CASOS MISTERIOSOS PARA LEER Y JLJ( ,Al'
¿Quién planeó el robo de las IIbroteJ:, (h 1
notas en el tercero B del Colegio [311011( 1
ventura? ¿Podrás encontrar los pl:,llli
'
para dilucidar el atraco al Banco MI J
chosmlles? ¡Algo terrible sucedl6 ( 1JI,
la cajita que doña Sara guardélh(l (( 111
tanto celo! El Canguro, arquero (Iu 11 ,',
famosos Venadillos, ha sido secuoslrll(lu,
por suerte, logró enviar un mens(]J'J \)11
clave a sus compañeros: desclfrurlu (1:, JI'
tarea.
Trece son las incógnITas, una por<'J ('1 Ht. 1
cuento; y también trece los crucluré 11111 1'.
que podrás resolver, al final de CCJ(j(J I1
lato, si sabes usar el ingenio,
~ \ \ \ < DE 77.-<J11(,
~ ~ NIVEL 3 OS'
~
COLEGIO CUMBRES MASCULINO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Ili.iBilll
10836 NOCOP.4
Querido lector:
Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si
lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la
pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar
el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las
soluciones están dadas, pero... al revés.
También te invitamos a resolver los crucigramas de cada
caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­
rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde.
Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­
nas mencionadas.
Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro,
con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en
algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la
cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras
INDICE
El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
El caso de las perlas grises 9
El caso del regalo de cumpleaños 19
El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . 25
El caso del zafiro de doña Sara 33
El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . 41
El caso dc 1a moto embarrada 49
El caso dd joyero angustiado . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
El caso del secuestro del arquero 65
El caso del ladrón con máscara 73
El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . 89
El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
i
El tercero medio A del colegio Buenaventu­
ra era un curso bastante revoltoso. Ese vier­
nes entregaban las notas del trimestre, y la
señorita Leonor dejó el alto de libretas blan­
cas en una esquina de su escritoriu. La lola­
lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos
en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era
muy alentador.
- Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela.
- y yo en química -cuchicheó Andrés, pálido por encima
de sus pecas.
-¡Adiós, fiesta' -suspiró Catalina, soplando con desáni­
mo su chasquilla.
-i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. Qu iero de­
cirles que en general el rendimiento del curso durante este
trimestre ha sido pésimo, y las notas, muy malas ... Repartiré
las libretas durante la última bora de clases, y tendrán que
traerlas firmadas el lunes, sin falta.
La profesora, luego de sentarse en su silla, llamó a Mauri­
cio al pizarrón. El muchacho, que tenía fama de m8tco, co­
menzó a resolver una complicada ecuación, y 18 clase siguió
len ta y pesada.
Media hora después una campanilla animó levemente
las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie­
ron a recreo.
-¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue
las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla, sin ánimo ni
para q:omer su emparedado de queso.
3
TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡SlIl:¡ias
l
-le contestó la lánguida Constanza.
Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta,
t'ulllJic! ¿No te das cuenta?
-¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan
deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­
lo. Se afirmó en la vieja palmera, en una pose de actriz
dramática.
En ese momento se acercó Mauricio.
-Al paso que van mis porras compañeras -dijo-, tendré
que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas...
-¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de
hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela, dándo­
le la espalda.
-No sean tontas, nenas, si lo único que quiero es que
todos vayamos a la fiesta.
-Nosotros también queremos. ¿Qué propone el genio?
-interrogó Constanza, sin perder su desgano.
-Un ardid para e,vitar que nos entreguen las libretas
-respondió Mauricio, muy serio-o No olviden que tengo que
conquistar a Catalina ...
Marcela, al oír esto, levantó una mano y gritó:
-¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan!
-No seas tonta, Marcela, si usaras más tu cabeza ... -Mau­
ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con
expresión hosca.
Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas, que se
habían quedado mudas, contemplando a Mauricio.
-Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­
tar, como sea, la en trega de esas notas.
-·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos
que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó
Marcela-. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­
ción ...
Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera, y luego,
con un gesto asustado, mostró la yema de su pulgar herido
por una pequeña astilla.
-Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
1 ¡ ~ 1 @l+ )J3? M
: ;.
~ ~ ~ ...
e;:p. ~ .
5
TRECE CASOS MISTERIOSOS
y olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un
lilllo. Catalina partió corriendo.
I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos.
Bueno, no me queda otra que resignarme a un sábado
si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral.
Mal-cela quedó sola.
-¿Resignación? -repitió para sí-o iAh, no, eso nunca! -y
caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su
amigo.
Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el
comienzo de la última hora de clases. Los alumnos entraron a
su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su
lugar. En ese momento, estalló la voz de la proCesara:
-¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS?
Un silencio total fue la respuesta.
La señorita Leonor insistió, en tono aún más agudo:
-Repito, por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las
libretas?
Los alumnos se miraron asombrados, pero ni una pala­
bra salió de sus bocas.
La profesora, entonces, se levantó de su silla.
-Niños: esto no es broma. Es gravísimo. Por última vez:
¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante
ahora ...
Ni un suspiro se escuchó. Marce1a observaba a sus com­
pañeros en una inmovilidad total. Connie miraba a Marce1a.
Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. Andrés raya­
ba con insistencia la tapa de su cuaderno. Un aire de expecta­
ción, mezclado con mal disimulada alegría, flotaba en el
ambiente. La voz de la profesora ahora amenazaba:
-Ustedes saben que este es motivo de expulsión, pero les
daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco
minutos y, si a mi regreso no están las libretas sobre el
escritorio', comunicaré el hecho a la Dirección.
Calló unos segundos, y luego prosiguió:
-Les doy una oportunidad para ser honestos. Si se pre­
'-;L'nta el culpable, el castigo no será tan drástico. Si no sucede
;lsí. alguien arrastrará a todo el curso con él.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
y salió de la sala.
En el primer momento nadie habló ni se movió. Estaban
todos paralogizados. Hasta que de pronto una figura -conoci­
da por los lectores- se incorporó de su banco y caminó hacia
el closet de los útiles. Tomó con ambas manos el alto de
libretas, escondidas tras las cajas de tiza, y, ante el estupor de
sus compañeros., avanzó hacia el escritorio de la señorita
Leonor.
Cumplido el plazo, cuando la profesora regresó, las vein­
ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar.
La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra. El
curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos. La
oyeron suspirar, y vieron cómo trataba, al parecer, elc borrar
una manchita sobre la primera Libreta. Su cara no reflejaba
ninguna emoción; pero a sus alumnos, que ya la conocían, no
les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. En ese
momento habló:
-Bien... , ahora falta que se presente el culpable.
Como el silencio se prolongaba, la maestra caminó entre
los escritorios para observar con detención a sus alumnos.
Los niños, nerviosos, se mantenían inmóviles. Catalina ape­
nas si respiraba; Mauricio se mordía el labio; Connie daba
vueltas al anillo en su dedo, Andrés retorcía el lóbulo de su
oreja, y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir.
~
"¡\
1, TRECE CASOS MISTERIOSOS
Cuando el recorrido hubo fínalizado, la voz fue tajante:
-Quiero que sepan que ya me he c..:nterado de quién es el
responsable.
y dijo un nombre.
La profesora no se equivocaba.
Con gesto compungido. la persona aludida confesó su
culpa.
Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz. ¿ Qué vio
ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al
culpable?
ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
Horiwntales:
1. Sustantivo que modifica
y que transa billetes.
Hierba (inv.).
2. Medio baile polinésico.
Tercera letra. Pint<l de la
baraja.
3. Corno el Buenaventura.
Nombre de la profeso/-a,
Sil1 UrH
4. Este bárbaro europeo del
año 400 tiene uu comien­
zo para volar y termina Iv
negando.
5. Evaluad su precio. Si es
negra habrá lluvia. Cam- Ji
peón. n
6. Los guardaron antes de
salir a recreo.
7. D{a para devolver las libretas firmadas. Exclamación para toros (¡nv.).
8. Vocales que parecen velas. Contrario '11 par. Lo más allo en inglés.
9. Molusco (inv.). Medio progenitor. Al sol se la debemos.
10. Componente de la orina (inv.). Los del cuellto se la perdieron.
11. Nari7. del barco (inv.). Bes<! sin vocales. Furia.
12. Ell1wteo del cumlO. Madre a medias.
i3. Con "c" se cae. Desabl'ida y fome. Hágalo con los ojos.
Verticales:
l. Soplaba su Calcio.
2. Devasta. Aquí están las ciuco vocales, pero en desorden.
3. Así eran las 11olas. Fallecí (inv.).
4. Nombre del colegio.
5. Dios inglés. Socorro. Materia infecciosa.
6. Naves Orbitales Fantásticas. Letra gnega.
7. Era lánguida. Plumífero dios egipcio.
8. Vocales de tope. Tubo sin principio ni fin. Caza en el mar.
9. Objetos robados.
10. Dios del viento. El que lo es tiene un sobrino.
11. Vestidura (inv.). Ventoso infinitivo prohibido en clases.
12. Alfiler inglés. Quiera.
13. Se dañ.ó el dedo pulgar. Dos vocales idénticas.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
La señora Fernándcz. cumplía cincuenta
a11os, y esa noche recibiría a sus amigos más
íntimos a cenar. De pie frente al espejo de
medialuna se contempló otra vez.. ¿Repre­
sentaba los cincuenta? Según Alvaro, su ma­
rido, nadie diría que sobrepasaba la cuarentena, pero ella, a
veces, dudaba de tales afirmaciones. Aunque la vida no le
había sido difícil, ni mucho menos, sus ojos ya sin el brillo de
la juventud, sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas
malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela.
Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño.
El vesLido dejaba ver un cuello desnudo, empolvado y blanco,
listo para reci bir el regalo de Alvaro. Por supuesto que lo
había elegido ella misma, y había sido la primera vez. en su
vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le
habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O
era un inconfesado deseo de impae tar a su amiga Lulú, que se
jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago?
Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas.
-Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la
noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz
de su marido desde el baño.
-Es parte del regalo, querido; el collar, acompañado de
la mirada de Lulú, será mi fiesta ...
-¡Curiosa amistad la tuya con Lulú
l
-murmuró Alvaro,
frunciendo la nariz. Terminaba de afeitarse.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11
111 TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡\ I<lS diez de la noche la casa de los Fernández resplande­
, 111 tk; luces y flores. Los invitados comenzaron a llegar. Lulú,
1;, primera, vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­
llas que realzaban la palidez de su piel. Lo único de color en
l'Ila eran sus largas uñas rojas. Sergio, su marido, hombre
barrigón y entradoen años, paseaba con aire distraído miran­
do los cuadros colgados en las paredes.
-¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano, Sergio?
--preguntó Víctor Astudillo, haciendo tintinear los hielos en
su vaso de whisky.
- Tú sabes, Víctor, que yo me en tiendo más con números
que con arte-le contestó Sergio, palmoteando el hombro del
más bohemio de sus amigos.
-·Deberíamos asociarnos, Sergio-bromeó Astudillo-. Yo
pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto
excelente... iY este sí que no me fallará!
La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su
marido: era el mismo Víctor de siempre, a la caza de un
negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo.
-Estoy en tiempo de vacas flacas, amigo. -Sergio tenía
cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado
sin dinero para invertir, y te lo digo en serio.
Astudillo levantó los hombros con desaliento, pero hizo
un gesto con su mano, como para quitar importancia al
asunto.
Adela, entonces, ofreció:
-¿Más whisky, Víctor?
-Sí, gracias. Y si quieres, agrégame un par de cubos de
hielo.
En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el
matrimonio Gómez,jovial y alegre, cantando a coro cwnplea­
¡"'lOS feliz, y Laura, la amiga soltera de Adela, que pasaba por
una de sus crisis existenciales.
-Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga
-declaró Laura con sequedad.
-¿Te ganaste la lotería, Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­
lor, levantando su ceja derecha.
-¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos, Víctor
-contestó ella con gesto eseéptico-. Por suerte, existen los
créditos.
-Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor.
-Ese es problema mío. Y no estoy de ánimo hoy para
discutir asuntos materiales. ¡Venga un champán, querida
Adela!
Adela miraba el reloj con impaciencia, y los invitó al
comedor.
Se sentaron en torno a una mesa ovalada, cubierta por un
mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con
los cubiertos.
Los Gómez, él alto y de bigotes tiesos; ella bajita v tk
anteojos, no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas
domésticos.
-Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú, pero
yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la
casa -dijo Gómez, moviendo sus bigotes al hablar.
Martita, para apoyar a su marido, estiró su mano desnu­
da, y dijo con mucha suavidad:
-Mientras tanto, me estoy dejando crecer las llllas.
Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso:
-Muy interesante la conversación, pero permítanme in­
terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky
en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar!
-Antes la salud que la buena educación -bromeó con
estruendo GÓmcz.
En ese momento Adela miró el reloj, por segunda vez en
la noche: eran casi las doce. Hizo una sella disimulacla a su
esposo. Alvaro, entonces, alzó sus manos, y pidió silencio:
--Adela, ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de
la torta?
-¿Sorpresa? -exclamó Adela, fingiendo asombro, aun­
que inconscientemente tocó su propio cuello-. ¡Por ravor,
ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta.
Alvaro insistió en que no debía fallar ni una ...
-¡Ay, tantas velas, qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú.
Alvaro dijo "permiso", y se puso de pico Demoró unos
segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo, ante una
13 TRECE CASOS MISTERIOSOS
L'
audiencia expectante. Adela no contenía su nerviosismo y
miraba a Lulú de reojo.
Cuando Alvaro abrió el estuche, catorce ojos estaban fijos
en él.
-¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya:
tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­
ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela.
-¡Querido... 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela, po­
niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­
llas la expresión de su amiga.
-¡Vaya, este sí que es un marido espléndido! Una sola de
esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­
tó Laura, amargada.
-¡Alégrate, mujer, alégrate! No siempre una amiga cum­
ple cincuenta años -observó Lulú.
-¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora
G6mez, con tono infantil.
-No te apures tanto, Manita', antes brindemos por esas
perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico
-interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky.
-Tienes una rortuna cn tu cuello, querida Adela -comen­
tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado, Alvaro.
-Aún no... -contestó el aludido.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
Los Gómcz, mientras tanto, observaban en silencio y
abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas
En ese momento entró un enguantado mozo con una
enorme torta entre sus lnanos.
-Apaguen la luz -ordenó Alvaro.
Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor.
Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­
te iluminado por la luz de las cincuenta velitas.
Adela se puso de pie y se acercó a la torta. Los otros la
rodearon. Sopló, y cuando apagaba las últimas cinco peque­
ñas llamas, todos gritaron, y Adela se sintió abrazada por SLlS
amigos.
Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos
hasta que alguien nuevamente dio la luz. En ese momento se
oyó el gri to:
-¡Mi collar!
Los invitados estaban ahora sentados en el living. Adela, en
un siUón, miraba, pálida y nerviosa, a su esposo que se pasea­
ba a lo largo del salón.
-Si es una broma, ya dura demasiado -dijo Alvaro con
voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y
debe aparecer abora.
-¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­
mez, con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos.
-Bueno, todos me abrazaron. Solamente que ... , no, no
sé ... ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela.
-Tienes que pensar bien, Adela -habló Alvaro-, esto no
cs broma.
-Alguien tiene el collar, y de eso no tengo la menor duda.
-¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­
guntó Lulú, molesta.
-Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más
serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años, y
pongo mis manos al fuego por él. Además, en ese momento, se
había retirado.
-¿Manos al fuego, dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­
da-o ¡Eso era!
15
1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
-¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio, él su
ludo.
-¡Manos ... ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el
cuello' ¡Unos dedos muy, muy helados, y luego el pequeño
lirón!
Miró trémula a su esposo.
Alvaro observó a sus invitados uno por uno, y se decidió:
-Amigos míos: tendré que llamar a la policía, porque
entre ustedes está el ladrón.
Lo que siguió, mientras el dueño de casa se dirigía al
teléfono, no es difícil de adivinar: voces airadas, un i n t ~ n t o de
desmayo de Laura y sollozos de Lulú. Los Gómcz, muy juntos,
se abrazaban. Laura, recostada en el sillón, miraba con ter­
quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano.
Lulú, con ojos ausentes, jugueteaba con sus cadenas de oro.
Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había
abandonado en toda la noche. Sergio, por su parte, sentado
junto a la dueña de casa, movía nervioso el pie, fruncido el
cci'¡o.
PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía.
Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living, el dedo de
Alvaro apuntó a uno de sus invitados:
-Creo, señor inspector, que esa es la persona culpable.
y sucedió que no se equivocaba. Las pesquisas del ins­
pector, famoso por su eficiencia -y también por sus grandes
orejas-, corroboraron su afirmación.
y bien, lector, ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­
quién es el ladrón y qué 10 delató?
17 1(. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
JO_ Para pescadores o depurtistas. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana
('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES
11. Se prueban en la adversidad. Con "a" final, esta palabra habría sido mu\
tozuda.
11(1' I/olltales:
12. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana. Ninguno. Vacuno.
l. Medio gato. Suálil COI'I
1/11 alli/lo (inv.J.
2. J-:/'{/J'I tornasoladas. En la
Biblia, nuera fiel.
3. Deesla rnanera.Horapa­
ra W'/a sorpresa. Nace con
la aurora.
4. Terceras alfabéticas.
Nombre femeninu para
sonata.
S. Silenciosa forma verbal
por la que se camlna
(inv,). Un raton lc sacó a
él la espina <.le su auulori­
da pala.
6. Prometéis (inv.). Sud
América.
7. Cesio. Un kmidu huno.
8. Organizaciún de Elefan­
tes Latinoamericanus.
Pinocho hi'/,o f3mosa la
suya.
9. Aciverbio positivo. Festiva comiluna.
ID. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. Cubre. De carnes suc'ltas.
11. Intentó desnwvarse. Vucales Jistintas. Tres consunantes vibradUl·as.
12. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. Color .bebestible
ql1i tasueüo.
13. Para el lvhiskv de lilctor. Bello griego.
Verticales:
l. Apellido de pintor admirado por SergIO. Quiere uecir "estú" (inv.).
2. Letra demustraliva. Súbditos del Avatolah.
3. CoLores para este cuento. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza
4. Cuntracciónmetálica. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­
lianas. Función o papel.
5. Cumplía cincue'1la año.>. Fruslrado volador.
6. Devastaran.
7, Ultimo (rago amargo para Sócrates. Constelación peluda.
H. Amiga de Pedro de Valdivia. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda.
'>. Tcc,c1osio Oteíza. Nota musical (in",). Ato. Repetido, sería duro [rUlo
ll'<>pical.
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
(Idea original de El vira Balcells, 15 años)
Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­
ñana, y su primer pensamiento fue: ¡hoy
cumplo doce años!
En la casa todos dormían. Emilia tosió
varias veces para ver si su hermana se des­
pertaba; pero ésta, con un almohadón sobre la cabeza, mur­
muró unas palabras ininteligibles, y siguió durmiendo.
Luego de media hora que le parecieron cinco, escuchó un
ruido en el dormi torio de sus papás. Se levantó presurosa, y se
dirigió a la sala de baño. Carraspeó al pasar frente a la puerta
del dormitorio de sus padres, ahora con mejor resultado:
-¡Emilia! -llamó la mamá.
-¿Síii? -contestó esta, tratando de parecer casual.
-Emilia, ven, entra -escuchó ahora la voz del papá.
No se hizo esperar, y abrió de inmediato la puerta: en la
amplia cama matrimonial la esperaban su papá, con ese
mechón que caía sobre su frente todas las maii.arl8s, y su
madre, envuelta en su bata de levantarse floreada.
Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete
que, luego de besos y grandes abrazos, apareció entre las
sábanas.
Lo desenvolvió con dedos ágiles, tratando de no romper
el lindo papel de seda. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada.
Alzó la tapa, y allí apareció, entre algodones, ese collar de
pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba
frente a la joyería que quedaba cerca del dentista.
-¡El collar! -gritó, exaltada, abrazando a su madre una y
otra vez.
21 EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
.l)
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿y a mí no me toca nada? -rió el papá.
-Es que ... mi mamá sabía; pero, sí, papito, ¡gracias!
_¿Y yo no sé también, acaso, de tus gustos? -El papá
levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con
chocolate v nueces.
Emilia estaba eufórica. Y esta vez, sin miramientos, co­
rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el
rostro de su hermana.
-Carola, ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron... !
Carola abrió un ojo y refunfuñó. Hasta que un ruido de
campanitas la hizo abrir el otro ojo. Entonces dio un salto en
la cama.
-¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo!
Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces
en el mismo lugar, como niña chica que aún era:
-¡Mira, qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es
el primer collar de verdad de mi vida! -dijo, encantada con
cse ruido cristalino que producían las cuentas al entrecho­
L:ar-. i Lo que van a decir mis amigas!
.-­
Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de
la tarde: Claudia, Nena, Carla, Nicky, Tere y Fran. De inme­
diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los
regalos.
-¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere.
-¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky.
Nena, Tere y Fran se acercaron a tocarlo.
-¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran.
- Ya me lo probé en la mañana. Pero ahora los regalos
estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa.
Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la
abuelita-; el mazapán, aún intacto; el dibujo de un gato con
lazo a lunares, obra de su hermana, y obligaron a Emilia a
abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído.
Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y
risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama
hecha un desastre, pasaron al comedor. Allí una enorme torta
de merengue con doce velitas se veía muy tentadora, rodeada
de bebidas v confites.
Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi
vacía, Emilia, muy consciente de su papel de anfitriona, pro­
puso salir al jardín.
-¿Juguemos a la pelota? -animó Fran.
-No. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs.
-¿Y qué es eso? -preguntó Claudia.
-Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia, entusias­
ta.
-¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky, mi­
rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos.
-¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena, dando un ágil
trote con sus zapatillas deportivas.
-¡Me carga saltar' -comentó Carla.
-¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere.
Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua
con la manguera.
-¡Listo! ¡Toma vuelo, Tere!
Tere retrocedió varios pasos y, con expresión de saltado­
ra de vallas, partió corriendo y, de una sola vez, pasó por
encima de los baldes, aterrizando sentada, pero seca.
23
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Se oyó una ovación.
Todas se animaron. Las amigas, en alegre griterío, inicia­
ron la competencia con difíciles piruetas. Carla aplaudía
sentada en una grada de la terraza, turnándose con Emilia
para llevar los cómputos.
-Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada.
-¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky.
Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un
chapuzón. Una Nicky empapada y mirando sus z.apatos con
ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. Su
rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar.
-Descansa un rato -dijo Nena, levantando los baldes y
llenándolos nuevamente con agua.
Nicky pasó, junto a Emilia y Carla, a formar parte del
grupo de las sentadas. Las otras, una a una, siguieron por
largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. Has­
ta Carola, con su aire de hermana mayor, se había unido al
juego y, pese a sus estrechos jeans, logró varios puntos al
saltar como una rana.
La tarde llegó a su fin. Y las niñitas, ya cansadas, entra­
ron en el living a escuchar música. Poco a poco el timbre fue
sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra
de chocolate en la mano, regalo de la mamá de Emilia.
Eran las ocho de la noche. La festejada, con un bostezo, se
dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. Miró el desor­
den de su cama; hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató
sus obsequios. Algo llamó su atención. Removió entre los
papeles de regalo, miró debajo de la cama, levantó la almoha­
da y la colcha, hasta que se convenció: su collar había desapa­
recido.
Ante los gritos de la niña llegó toda la familia, el pqro
incluido. Se unieron a la búsqueda el papá,la mamá y Carola.
No hubo caso: el collar no estaba en la casa.
Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (. Se te ocurre cuál
de sus amigas podría haber sacado el collar? Ysi es asj, ¿cómo
le diste cuenta?
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Emilia no pudo descubrirlo, pero lo supo al día siguiente,
porque la culpable, muy avergonzada, regresó con él.
.',1 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Horizon tales:
1. Usaba zapatillas deporti­
vas. Número de años pc;ra
Emilia. Textual.
2. Conducto sanguíneo
(inv.). Río italiano. Ave
parecida al pato.
3. Cuando bulle el agua,
ella silba. Alimento de
bibliotecas.
4. Es en los Estados Uni­
dos. Cumpleañera. Letra
griega.
5. Carrera acuática. Nota
musical.
6. Recunid. Atrapan peces,
pelotas y mariposas.
7. Para deci r lo que debas, no los tengas en la lengua, La primera que saltó
los bal.lks.
8. En el cUlm/o, con lazo a lunares. Triunfador. .Quieras (inv.).
9. Tiene cinco misterios. Escuchad.
10. Espantamoscas vacuno (inv.). Medio roto. Oasis del náufrago.
11. Escozor. Laura Rojas.
12. Motivo de la fiesta. Plata.
Verticales:
1. Natas pequeñas. Onomatopeya para patos (inv.).
2. Consonantes para nene.
3. Inglesa red que sostiene al revés. Arreglo un desperfecto.
4. Saludo para el César. Género aterciopelado y acanalado (inv.).
S. Emilio. lUvo muchos. Contracción.
6. Querido nombre del poeta Nervo. Interjección apurete para animales.
7. Principio de ópticos. Pronombre (inv.). Quieres con locura (inv.).
8. Era. de pepitas azules. Afirmación. Señor campesino (in
v
.).
9. Instituto infantil. Regla y consonante (inv.). Conjunción inglesa (inv.).
10. Esta.ban llenos de agua.
11. Para monjas es este titulo. Del aire (plural).
12. Sangre de los dioses griegos. Si cae en buena tierra, dará buen fruto.
13. En este libro hay trece. En ella se sentó Carla (inv.)
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO
MUCHOSMILES
Seis de la tarde. Juan Rodríguez, el crespo
cajero con chaqueta a cuadros del Banco
Muchosmiles, terminaba de hacer el arqueo
y anotaba unas cifras en su libro de registro
diario. Su compañero, Víctor Ponce, de es­
pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un
artista bohemio que a un empleado de banco-, lanzaba rui­
dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día
del mes para pagar impuestos fiscales, y como siempre los
clientes habían llegado a última hora.
Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia; la señorita
Pussy, secretaria de don Pedro Retamales, salió a pasitos
cortos, empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali­
sando su ceñida falda negra, que no contribuía en nada a
facilitar sus movimientos.
Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. Ponce, en
cambio, ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso:
-¿No sobraría un cafecito, por ahí, para un pobre cajero
exhausto?
-¡Ay, chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista
para irme!
-¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar.
-Termina de hablar por teléfono, y también parte...
En esos instantes Retamales, el gerente, salió de su ofici­
na y con voz cortante ordenó:
-Señorita Pussy, avise al guardia que ya nos vamos.
Ponce y Rodríguez: ¿están listos?
Ponce asintió con un gesto.
.(,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES
27
-Sí -dijo Rodríguez.
La señorita Pussy, con el abrigo sobre sus hombros, cami­
nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una
columna.
-¡Nos vamos, Santelices! -musitó con su voz de gato al
alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho.
Los cajeros se dirigieron al gerente.
-Señor Retamales, estamos listos para ir a la bóveda
-dijo Ponce con tono respetuoso.
Rodríguez, ya con una caja entre sus manos, donde se
alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos
billetes, explicó a su j ~ r e :
-Son dieciocho millones y fracción.
-Bien. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales,
mirando la hora, apurado por irse.
Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer', la puer­
ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris
que se estacionaba al frente.
-¡Viene el camión blindado, señor! -dijo con gesto de
sorpresa el guardián.
-j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­
ció el cel'io.
Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a
la puerta de en trada.
Santelices preguntó:
-¿Abro?
-Aguántese un poco -dijo el gerente.
Los hombres, afuera, esperaban.
-Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral, y verifi­
que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero
-ordenó eljcfe a su secretaria.
Ella, nerviosa, dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó
el auricular más cercano. Pero no alcanzó a discar: un estam­
pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central, y
tres hombres irrumpieron, pistolas en mano.
El guardia, rápido, desenfundó su arma. Pero antes de
que pudiera apretar el gatillo, un chorro de líquido helado lo
D ~
paralizó. En medio de una angustiosa respiración que lo
29
.f,'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS
hada toser, Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas, y
con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca. Cayó
de bruces al suelo.
Todo esto transcurrió en menos de un minuto; cuando
Santelices pudo mirar a su alrededor, vio a la señorita Pussy
tiesa en una silla, maniatada y con mordaza, mientras sus
enormes ojos maquillados clamaban por socorro. El gerente
y los dos cajeros, boca abajo sobre el suelo, también con los
pies atados y las manos presas a sus espaldas, miraban a los
tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de
billetes y subían a la camioneta.
Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba, raudo,
con un chirrido de neumáticos.
No había pasado una hora, y ya el inspector Soto interro­
gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. Estos, senta­
dos frente a él y aún temblorosos, se esforzaban por recordar
cada detalle elel atraco.
-Sucedió todo como en las películas, inspector-gimoteó
Pussy, mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-:
pri mero fue la explosión en los vidrios, luego el pobre Santeli­
ces paralizado, y yo... tratada a empujones y sin ningún mira­
miento...
-Usted habla de vidrios quebrados, señorita, ¿y nooyó el
ruido de las alarmas?
Los cinco empleados se miraron con desconcierto. En
verdad, nadie había escuchado los timbres de alarma.
El inspector anotó algo en su libreta, y volvió a levantar
la cabeza, aún en espera de respuesta.
Santelices, el guardia, dijo inseguro:
-Las revisiones al sistema de alarma son diarias. Yo lo
revisé a las tres de la tarde. Y nadie extraño al banco conocc
su funciona mien Lo.
-En tonces, es evidente que alguien del banco desconectó
el sistema. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un
tono de incredulidad.
-Exactamente, señor, y no hay que ser demasiado perspi­
caz para darse cuenta de ello -Soto los miró, inquisitivo, y
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES
añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la
tarde?
-Sí, hoy sí... -respondió la hablantina sel10rita Pussy,
tratando de acomodar su melena ondulada.
-Bien, bien. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­
to, con detalles, la versión de cada uno de ustedes del atraco.
-¡Ya se la di' -advirtió la secretaria, algo asustada.
-Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector,
tranquilizándola con una sonrisa.
-Bueno, a ver si no me falla la memoria... Luego que uno
paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no
se imaginan cómo tosía!- el otro nos encañonaba, mientras
que un tercero nos amarró uno a uno, de pies y manos. A mí
me dejaron en esta misma silla, con una tela en la boca, y, a
los demás, incluyendo a mi jefe, los lanzaron al suelo de un
solo empujón... ¡Y se mandaron cambiar con el dineral
...... '
.......... '
/
~
-----=---=-----=------­ ./
\1

JU TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita?
-interrogó Soto.
- Yo difícilmente podría aportar mucho, ya que ese mal­
dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa:
sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia,
con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido
que mi pistola!
-¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto, moreno y con
enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental
-advirtió el gerente.
-¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas ...
¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy.
-Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos
-siguió Ponce-. Y si mal no recuerdo, uno tenía un lunar
entre los ojos, sobre la nariz.
-¿Y usted, qué me puede decir? -El inspector miró a
Rodríguez.
-Corroboro lo que dicen mis compañeros, y creo que
puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era
EE. o sea, de la comuna de La Reina. También leí los núme­
ros, pero con el nerviosismo no pude retenerlos.
El inspector se veía pensativo.
-A ver, hagamos una reconstrucción de escena -dijo,
luego de unos instantes.
Abrió su libreta en una página en blanco, y se preparó a
dibujar.
Los empleados se pusieron de pie, salvo la señorita Pussy,
que continuó en su asiento. Los cuatro hombres tomaron la
misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el
señor gerente y los dos cajeros, tumbados en el suelo como
sapos, mientras Santelices. también contra el piso, tosía en
forma estrepitosa para hacer más veraz la escena.
El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. Una vez
terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos.
-Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada
frente a la puerta, ¿no? -puntualizó.
-Exactamente -respondió Ponce.
-¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc J() vi,'
rano
-¡Así! ¡Ay, qué bien dibuja, inspector, me hizo igualita!
-se admiró Pussv.
-o sea, en dibujo no hay ningún error -insistió el
inspector.
-Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez.
-Malo, malo, malo ... -musitó Soto, y siguió mirando el
dibujo.
Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró
muy fuerte. El gerente se mordía las unas. Hasta que, de
pronto, los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron
crecer.
-Por este dibujo, que todos han apwbado como fiel a la
realidad, debo decirles que uno de ustedes mintió. Eso delata
a alguien que quiere entorpecer mi labor. Y ese alguien es
u5led.
Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida.
El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad.
Pero luego de un largo interrogatorio, que duró todo el día
siguiente, la verdad salió a relucir.
Soto, otra vez, tenía razón. y quien había desconectado
el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones
terminó confesando su acción.
Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la
evidencia de que uno de los empleados minlió')
TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES
Horizontales:
1. Región de famoso mago.
Número de cajeros.
2. Nombre del Baru:o.
3. Pueblo indígena pre­
cordillerano. Muere por
la boca.
4. Si es largo, prometes car­
ta (inv.). Cierto y de san­
gre azul.
5. Habían llegada a última
hora (sing.) En la fábula
se infló hasta reventar.
6. Apura. Cartas geográfi­
cas (inv.).
7.
...Tse Tung. Empleáis (inv.). Inteljección telefónica.
8.
Atrévete, hibernadora mamífera. Media amiga de Tobi. Orejuda inspectar.
9.
Color {le unif017ne:s de asaltantrs. Terminación verbal.
10.
Mar inglés (inv.). Ursula Yáñez. Alcohol para tortillas en llamas.
11.
Batracios mirones.
Verticales:
l. Abuela alemana.
2. Zoila Uribe. Las cinco vocales revueLtas.
3. Como Rodrfguez y Porlce.
4. Nombre chino. Voeales cuadrillizas.
S. No lo dices. Antes de ser pescado (inv.).
6. Señoras para Adanes (inv.). Ingenuo.
7. Míster. Barbudo escritor chileno para niiios, auLor de Antai.
8. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas.
9. Artículo neutro (inv.). Secretaria del gerente.
10. Deja a un lado.
11. Apellido del gerente (inv.).
12. Plumífero remedón.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
(Idea original de Elvira Balcells)
Erase una vez una vieja muy sola. Tenía por
única alegría vivir de sus recuerdos. Todas
las noches, antes de acostarse, abría la anti­
gua arca de madera tallada para contem­
plar los vestidos que usó en su época de
gloriosa juventud, en compañía de su marido ya muerto.
Muchas veces, frente al espejo, con la túnica de seda india
sobrepuesta sobre su empequeñecida figura, se imaginaba
nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados
por sus excéntricos amigos. ¡Qué diferencia, la de esa vida
mundana que la hacía llevar su esposo, con la solitaria vejez
del presente! Entonces, la triste anciana, en vez de buscar el
consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban- se aferraba
una vez más a una vanidad: su cajita de oro, símbolo para ella
de un antiguo esplendor. Así, todas las mañanas, lo primero
que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle
como si éste tuviera vida.
Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males­
tar en el pecho.
-Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita, luego de
levantar su tapa-o Este sobrino mío, siempre con sus proble­
mas de dinero que yo no puedo solucionar ... Es que Nidia, su
mujer, es tan exigente...
Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor
ascendía por su cuello, y apretaba como una gargantilla.
Aunque no eran ni las siete de la mañana, se decidió a llamar
a la empleada; pero, antes de hacerlo, volvió a tomar la cajita
con manos temblorosas y susurró:
.l4
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Mañana seguimos conversando, me siento muy maL., y
no debo arriesgarme a que sepan de ti.
En respuesta, un ojo resplandeció: incrustado en un en­
garce de oro, en el fondo de lacaja, un enorme zafiro lanzó sus
destellos azules.
La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera.
Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el
fondo de su velador. En el momento en que iba a echar lIavc a
la cerradura del cajón, nuevamente un dolor la atenazó.
Cuando Gladys entró en la pieza, doña Sara, desplomada
sobre su almohadón, yacía sin sentido.
A los gritos de la muchacha llegó Petronila, la cocinera,
que corrió hacia el lecho. Tocó las manos frías de su patrona e
inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana
emitía un débil quejido.
-Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de
mando-o La señora se nos muere...
Gladys salió corriendo.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA . l ~
Doña Sara abrió los ojos. Cerca de la ventana, una enfer­
mera, con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna,
se mantenía en silencio. La anciana trató de hablar.
-Shhh.... tranquilita -dijo la enfermera en tono amable,
poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­
dor. Observó el rostro de la viejita y, luego de humedecer un
algodón con agua, lo pasó por esos resecos labios.
-La cajita..., la cajita...
-¿Quiere agüita, señora? -susurró la mujer.
-La llave...
- Tranquila, señora, le vaya dar agüita de la llave.
Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a
medias en la cama.
-¡Me lo robaron! ¡Lo soñé!
En ese momento, Roberto abría la puerta de la pieza.
-¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada.
-Robertito, por favor, sé que me robaron el zafiro de la
cajita. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. Si
ha sucedido lo que pienso, llama a la policía...
La anciana perdió aliento.
Roberto se acercó entonces a su tía:
-Tía, no se agite... ¿Por qué se imagina esas cosas?
-Lo soñé, hijo... , lo soñé.-La voz de doña Sara era imper­
ceptible.
-Pero, tía ... -Roberto esbozaba una sonrisa.
-Roberto, la policía ... Roberto: te lo ordeno.
El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la
enfermera. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur­
muró:
-Sígale la corriente. No es bueno que se agite.
Pero doña Sara alcanzó a oírla:
-No, Roberto, no me engañes. ¡Llama a la policía!
-No la engañaré, tía: iré a su casa y revisaré el velador. Si
no está su joya, avisaré a la policía. Se lo prometo. Aunque
estoy seguro de que nada ha sucedido.
El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma.
Esta suspiró, aliviada, y cerró los ojos.
37

TRECE CASOS MISTERIOSOS
A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el
oscuro salón de doña Sara, con la cajita cerrada entre sus
manos...
Petronila, la cocinera, con su albo delantal sobre el uni­
forme verde, decía con voz gruesa y firme:
-Pobre señora, pobre señora... Primero la enfermedad, y
ahora esto.
Roberto, con una sonrisa un poco forzada, acotó:
- Tengo las mejores referencias de usted, inspector Soto.
Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito.
Soto carraspeó y movió sus grandes orejas.
más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. Y
con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la
tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra.
-Aparte de la Gladys y yo... ¡usted, pues, don Roberto!
Soto desvió la mirada hacia el joven.
-¿Ya qué vino?
-Bueno... , a ver a la tía. Yentonces me enteré de que ella
estaba en la clínica.
-¿La viene a ver muy a menudo?
-Es mi única tía, y la quiero mucho.
-Pero, ¿cuán seguido la viene a visitar?
-Como una vez al mes.
Soto meditó.
-¿Podría venir Gladys, señora Petronila?
La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en
la casa:
-¡Gladys' ¡Niña, ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡',
murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­
resa es la ropa y el peinado. ¡Segul'O que se está aneglando!
Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía
muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume.
-¿Síii?
-¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de
Soto.
-¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia.
-¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita?
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
-¡Ni idea! ¡No la había visto nunca
l
La señora es bastante
desconfiada, y tiene la manía de guardar todo con llave,
-1;.n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con
tono resentido.
El inspector se dirigió a la cocinera:
-¿Y usted, Petronila, sabía lo que guardaba la sellara
aquí adentro?
-Bueno, yo había visto esa cajita, pero cerrada. ¡Quién se
iba a imaginar que había una joya adentro!
- Yo lo sabía, inspector, y tantas veces le dije a mi tía que
ese no era un lugar para guardar algo así. --El índice ele
Roberto frotó con nerviosismo su barbilla.
El inspector no respondió. Miraba con insistencia la pun­
ta de su zapato.
-Perdón, pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora?
-preguntó Gladys.
-Bueno, don Roberto sabe... -comento Pctronila con ex­
presión maliciosa.
-Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino, muy
serio.
Gladys emi tió un silbido, y Petronila se llevó una mano al
pecho:
-¡Qué descuido'
39
t11
11\1:\'10: ('AS(),,, MIS'I'I':R/OSOS
Se produjo un silencio, Todos miraron al inspector ras­
carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un
punto fijo en el techo.
-¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin, solemne.
Gladys, con su índice, mostró uno sobre la mesita de
caoba,
Soto discó un número. Luego de unos instantes, su voz
sonó seca:
-¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto, Envía de inmediato un
radiopatrullas a Irarrázaval4074. Sí, por supuesto; tengo al
ladrón.
Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. ¿Quién
robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys, Petronila o Rober­
to? Responde, y da tus razones.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA
Horizontales:
l. Según Pelroru"fa, Gladys
lo era. Z
2. Prenda de veslir que SOlO
miraba corl insistencia.
Lo hice cuando me con­
taron un chiste (jnv.).
), Disco que detiene a los
automovilistas. Apuran.
Seflor.
4. Malvada mujer. Infiniti­
vo para enamorados.
5. Término de rebaje para
costureras. Bahia (inv.).
No provoques la de los
dioses.
6. También ilustró los
cuentos de Grimm (inv.). Consuelo de dalia Sara.
7. Rascó pacientemente su oreja. Destino.
8. Medio progeni loro Portar.
9. Avalúa (inv.). Igual que Petrol1ila.
10, El que calza 50 lo es. Liga de Nuevos Astronautas.
11. Sobrino. Póngale dorado.
12. AhE se guardaba la cajira. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara.
Verticales:
1. Naciones. (inv.).
2. Piu1.ra preciosa del cuento. Anciana.
3.
Si se atOran lo harán (inv.). Letra bailadora (inv,).
4. ¡Cabeza de tuna! Cilindro.
5. Balbuceo de bebé. Regalen.
6. Le dicen al evangélico (inv.). Peñasco (inv.).
7. Color de cajitas para dmia Sara. Repetido es un mono.
8. ¡Huy, qué picante! Sonido para gallina.
9. Alegra. Le faltó un tin para ladrar.
10. Le dicen a Elena. Huracán.
11.
Terminación verbal. Si tuviera nna "u" al final, maullaría. Dos vocales
distintas. Altículo neutro (inv.).
12.
Al mismo nivel (inv.). Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de
dos.
13. Quedé ,"in Uave. Nota musical (inv.).
EL CASO DE LAS SECRETARIAS
QUEJUMBROSAS
-¿Aló? El inspector Soto, por favor.
-Con él, dígame.
-¡Hola, Heliberto! Habla Juan Mancilla.
-¡Juan
l
¡Gustazo, hombre! ¿Enquétepuedo
servir?
-¡Problemas Necesito tu ayuda ...
'
-Dime.
-Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir
a verme?
-¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo
descubris te?
-Desgraciadamente, creo que me di cuenta muy tarde:
estuvo la hora de colación de por medio.
-¡Lástima! Estaré allí lo antes posible.
-Gracias, viejo.
El señor Mancilla salió de su despacho, y cuatro secreta­
rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes.
-El inspector Soto estará aquí en un ra to más, seüoritas.
Háganlo pasar. Mientras tanto, Silvia, páseme las llamadas
pendientes.
No habían transcurrido diez minutos cuando Soto, de
terno gris y corbata de humita, se presentaba en la oficina de
abogados Mancilla y Hermosilla.
-¿El señor Mancilla? -preguntó Soto, cortés.
-¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia,
solícita.
-Heliberto Soto.
43
EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
l' TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ah, sí! Tome asiento, por favor. El señor Mancilla está
hablando por teléfono. Lo recibirá en cinco minutos. -La
secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita
telefónica que marcaba una luz roja.
El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de
cuero. Se sumió en una atenta lectura.
Una de las secretarias se quejó. Soto, abstraído, ni siquie­
ra levantó la cabeza.
-¿Qué te pasa, Rebcca? -preguntó una morena de moño.
-¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano
derecha a su oreja.
-¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza, después de la
escenita dc esta manana! -comentó Silvia, bajando la voz y
mirando de reojo al inspector.
-¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz.
-¿Qué te duele a ti, Pamela? -preguntó Rebeca.
-La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de
sufrimiento.
- Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­
lumna... ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela, so­
bando sus espaldas con ambas manos.
-A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca, abriendo el cajón de
su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia:
ofrezco pomada antiséptica, parches curitas, crema humec­
tante para cutis seco, aspirinas, gotas para la otitis, colirio
para los ojos, a ver, a ver ... , pastillas de carbón, alcohol...
En ese momento Una campanilla anunció que la línea
telefónica estaba despejada, y Silvia anunció:
-Señor Soto, haga el favor de pasar.
Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina
de su amigo. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro
preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­
dida.
-Soy todo oídos -señaló el inspector, rascándose con
energía dlóbulo de su oreja izquierda.
Juan Mancilla comenzó su relato.
-Esta mañana me llamó mi socio, Raúl Hermosilla. Me
dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque
abierto por quinientos mil pesos, en el primer cajón de su
escritorio. En ese momento recibí un llamado de mi señora
-que no fuc en realidad muy corto- y cuando fui a la oficina
de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera.
-¿Y las secretarias?
-En ese instantc habían partido a almorzar.
-¿Cuánto rato, más o menos, hablaste con tu señora?
-Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno
de nuestros hijos en el colegio...
_¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu
socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja.
-¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no
pasa por la central telefónica de la secretaria, aunque ... , aho­
ra que 10 pienso ...
-¿Sí?
1.1
45
TRECE CASOS MISTERIOSOS
En el segundo piso hay una oficina en desuso, cuyo
1l'kfuno liene una doble línea con este, pero nadie lo ocupa.
-¿Qué hay en esa ofici na?
-Muebles viejos y un pequeño baño.
-Entonces está claro, pues, hombre. ¡Alguien escuchó tu
conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­
chaste un dic?
-En real.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el
abogado, confuso.
-¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector.
-Por supuesto.
Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe, seguido del
orejudo inspector, que inclinó levemente su cabeza ante ellas.
Luego ambos subieron por una estrecha escalera, hasta llegar
a un pequeño cuarto que parecía abandonado, tal era el polvo
que cubría escritorio y estantes. En el fondo de la pieza había
una puerta que Soto abrió: era el baño. Se volvió hacia su
amigo.
-¿Y el teléfono? -preguntó, mientras buscaba a su alre­
dedor.
~
~
EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
Mancilla le indicó una pequeña mesita, arrinconadajun­
lo a la ventana. El inspector Soto se acercó y miró el aparato
telefó-oico, sin tocarlo.
-¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla, sonriente.
-No te hagas ilusiones, mi amigo. ¿Notas que el auricu­
lar está limpio, mientras que el resto del artefacto está lleno
de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace.
Entonces Soto, con mucho cuidado, levantó el fono. Con
mirada de lince lo examinó de cerca, y algo llamó su atención.
Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular,
en tre los pequeños orificios para escuchar. Luego olió su dedo
y lo frotó contra la yema del pulgar.
Cerró los ojos para pensar. Cuando los abrió dijo:
-Aunque no me lo cr·cas, amigo, el caso cstá resuelto. Una
de tus secretarias tendrá mucho que explicar.
Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a
identificar a la culpable. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­
caste, tú también, a la secretaria culpable?
47
1/,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
11. Mancilla lo llamó en su auxilio. Si tuviera en medio una "o" golpearía, '! SI
('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
tuviera una "i" seria un gesto nervioso.
12. Usted. Prot.aclimo. Ancianos.
13. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar. Igual que mal'ZO.
Ilol'Ízonlales:
Nombre árabe que abre sésamos.
l. Dueña de su casa. Lu
abrió para buscar re/He­
dios. Adverbío de canti·
dad.
2. Posesi va. Cuidador de
harén. Prepusición dadi­
vosa.
3. Como las cuatro jóvenes
del cuell/O.
4. Dios mahometano. Pre·
posición invertida. Hay (o
I I I
/2\ I I \ \ \ \ \ \
de letras y también de st'o
mula.
5. Bicho de pucu precio
Dale cuenta
6. Receptáculos para alma­
cenar papas. Pronombre para el Cid Campeador.
7. Por Poder. Mira y anda.
8. Pri//ler o!i'ecinúe¡;IO de Rebeca. Mal de Rebeca.
Y. Tiene suslo (inv.). CO/110 la //lirada de Soto.
/0. Dios (i¡¡v.). ['ara el cutis seco de Pal7lela. Risa única.
11. Antiguo nombre para Tailandia (inv.). Las da el cucú. Aniculo neutro
(ínv.).
12. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. De c ~ t a manera.
Vert.icales:
l. Adverbio que a veces se descose (inv.). Forma verbal que endereza.
2. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Agua francesa.
3. Faz onerosa. Calcular el largo.
4. Nota musical (inv.). Como la Venus de Milo (iuv.). Afirma y condiciona.
5. El del Lío no es literario. Quinta letra.
6. Hormiga inglesa. Hay quienes io guardan bajo la manga. OnomaLopeya
ele esLornudo.
7. Nombre de Mancilla. Papel.
8. Reja (inv.J. Prenda de vestir para jóvenes.
9. Carga eléctrica (inv.). Ant.e Meridiano. Estafar.
In. Las habla en el bOliquln de urgencia.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
l'
Marcelo, Gonzalo, Ignacio y Felipe rodea­
ban la moto negra y brillante de Rodrigo.
Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los
rayos ele las grandes y potentes ruedas que
hacían adivinar la velocidad que podían al­
canzar. Gonzalo acarició el manubrio, tocó con la punta de
sus dedos el acelerador manual, y elevó sus cejas en un gesto
de admiración.
-¡Fiuu
l
-silbó Felipe, con las manos en los bolsillos de
sus p31'clJados jeans.
-¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad.
-¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­
ca de Rodrigo.
-¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo, entre serio y bro­
mista.
-No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a
mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de
conducir.
-O sea, que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo, con
gesto de desaliento.
-Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia
-se encogió de hombros Rodrigo.
Los amigos se quedaron en silencio.
-¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si
me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo.
-¡Fiuuu
l
-fue la respuesta dc Felipc, aún con sus manos
en los bolsillos y acariciando la moto, ahora con su mirada.
Rodrigo golpeó sus palmas.
'10
TREcE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
',[
-f:3LIL'l1o, por hoy se guarda -dijo, mientras empujaba
SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la
prueba de química de mañana'
-¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar... ! -comen­
tó Marcelo.
-¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio.
-¿Estás loco? La dejaré escondida. -y Rodrigo colgó la
llave en un clavo, bajo un mesón atiborrado de botellas y
tarros de pintura viejos.
Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a
su dueño todo tipo de detalles técnícos, los amigos volvieron a
reco¡-dar su prueba de química, y se despidieron apresurados.
Ignacio, Marcelo, Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­
do sus zapatillas deportivas, las manos en los bolsillos de los
gastaclos jeans. Uno a uno fueron entrando en sus casas del
barrio.
Cuando Marcelo, el último en traspasar la reja de su
antejardín, llegaba a la puerta de entrada, la lluvia comenzó
a caer copiosa.
A las once de la noche, un pélr de zapatillas blancas
".litaron, esquivando charcos, y llegaron hasta el garaje de
Rodrigo. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la
mesa con botellas y tarros. Luego, la figura enfundada en
icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria.
Dos horas después, la misma figura repetía la operación,
pero a la inversa. Después corrió por el barrio, y una puerta se
cerró con un tenue chasquido.
A la mañana siguiente, los cinco amigos se levantaron
temprano para ir a clases. Pero Rodrigo, antes de salir, abrió
el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante
moto. De inmediato, algo llamó su atención: las relucientes
ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­
bían despertado La admiración de sus amigos, se veían ahora
llenos de salpicaduras de barro. Su ceño se endureció y buscó
las llaves: allí estaban, en el mismo lugar donde él las había
dejado. Tuvo un momento de indecisión, pero miró la hora y
salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­
na.
Su único pensamiento, durante el viaje hacia la universi­
dad, fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar
con ellos el misterio. Alguien tendría que explicar muchas
cosas, porque -no cabía duda- uno de ellos había sacado
durante la noche su fabuloso regalo.
Luego de la prueba de química, que fue difícil y larga, los
cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en
la casa de Felipe, invitados por este a tomar unas bebidas.
Todos bromeaban, ya relajados de haber pasado la prueba.
Menos Rodrigo, que miraba hogco a cada uno de sus compa­
ñeros.
-Animo, hombre, ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­
meó Marcelo, dirigiéndose al serio amigo.
-Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo,
el volumen de la música.
-jY teniendo esa moto, andar así me parece increíble!
-El tono de Felipe era de enojo.
53
'1HJ'CI'. C . ~ S O S MISTERIOSOS
1)'lldCjo, pUl' SU parte, sólo se encogió de hombros, mien­
l l ; \ ~ \ulllaba un sorbo de su bebida.
Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo
de rnúsica.
- Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto
-comenzó.
Todos lo miraron, extrañados de su gravedad.
-¿Qué te pasa, Rodrigo)-preguntó Felipe, sirviendo más
bebidas en cada vaso.
-Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada
-dijo bruscamente Rodrigo.
Los otros se miraron en silencio y, antes de que dijeran
algo, Rodrigo insistió, con tono duro.
-Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo
anoche.
-¿y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio,
levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza.
-Porque son los únicos que conocían el escondite de las
llaves.
-¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo.
-¿Qué hiciste anoche, Mal'celo) -preguntó entonces el
dueflo de la moto.
- Yo, mi viejo, comí, me acosté, intenté estudiar en la
cama ... y me desperté esta maúana con el lihro en la cara.
-Lo que es yo, me dediqué a estudiar y luego me relajé
con un superbaño de tina, antes de acostarme -dijo Felipe.
-Yo, después de estudiar, vi la última pelÍCula de la
noche ... Claro que no me pregunten cómo se llamaba, porque
era de esas antiguas ... -explicó Ignacio.
-¿Y tú, Gonzalo) -preguntó Rodrigo, serio.
-Yo, fui a ver a Fmneisca. Tengo derecho a pololear, ¿no)
-¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo.
-Hasta las.,. ¿once, serían), ¡qué importa
I
De ahí, dere­
cho a estudiar química.
En ese momento los muchachos se pusieron de pie para
saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living.
-¿Qué taP -dijo ella, afable. Y dirigiéndose a Marcelo,
afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa ...
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
-¿Barullo? -se sorprendió el aludido.
-¿Cómo) ¿No te enteraste?
La expresión de Marcelo era de real consternación.
-Es que .. ' soy de sueño pesado... y salí tan temprano en la
mañana ... ¡Nadie me dijo nada'
La señora sonrió.
_j Estos jóvenes
l
Sucede que a tu mamá anoche le dio un
ataque a la vesicula, y el doctor López, nuestro vecino, tuvo
que ir a verla ... Claro, lindo, no quisieron despertarte ... ¿Y
cómo les fue en la prueba)
r
'-!JLT
/J
<;4 TRECE CASOS MISTERIOSOS
Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle
de palabras de la señora, pero ésta, sin dar lugar a quc otro
hablara, siguió, dirigiéndose a Gonzalo:
-Lindo, supe que Francisca está con hepatitis.
Todos miraron a Gonzalo.
-¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe.
-¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo,
algo molesto.
-Tan reservado este niño ... -siguió la mamá de Felipe-.
Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de
cama ... -Y, cambiando el tema, gritó hacia la cocina-: Laura,
¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre?
-No-se oyó una voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver
por qué el califont no funciona ...
-Ah, i finalmen te!, porque ayer lo esperamos duran le el
día entero. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla,
porque después del corte de luz que tuvimos anoche, algo
pasó con la lámpara del baño... ¡Todos los desperfectos vie­
nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­
tó dirigiéndose a todos a la vez.
Los jóvenes, un poco mareados con tanta conversación,
se encogieron de hombros, menos Ignacio, que contestó, ama­
ble:
-Solamente parpadeó un poco, mientras veía la pelícu­
la ...
-¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris
Day? -Inició una nueva conversación la señora.
-Sí, sí, claro -respondió Ignacio, mirando de reojo a
Marcelo, can cara de "¡hasta cuándo'"
Por suerte, para los muchachos, la voz de la empleada,
desde la cocina, se volvió a escuchar:
-Señora, ¿podría venir?
Ella entonces, prometiendo volver más tarde, salió de la
habi tación.
Rodrigo, cabizbajo, miraba los dibujos de la alfombra.
Cuando levantó la cabeza, sus ojos se clavaron en uno de sus
amigos.
-Ahora sé que fuiste tú -afirmó.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
El rostro de uno de los muchachos enrojeció:
-Perdóname, no aguanté la tentación -d"ijo de in media­
too
Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­
to? ¿Cuál de sus amigos, evidentemente, mintió?
t'
D
,<
1
1
(1
TRECE CASOS MlSTERIOSOS
CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA
Horiwutales:
1. EII'/'/óvil del cuento. Felipe
las silvió el1 su casa.
2. Felipe se dio uno relajarl­
le. Interjección para lla­
mar a alguien (inv.). For­
ma verbal que impulsa y
mueve (primera
na, plural).
3. Polola de Gonzalo. Extra­
ña.
4. Nené Cotelé. Dios egip- "
cjo (inv.). Ensució la mo­
to.
5. Así quedó la 1'1'1010. Nuevamente este dios alumbra.
6. Después. Las primeras sílabas de la antesala e1el cielo.
7. Enamorado de Francisca.
8. Verbo generoso. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada.
9. Hermano de tu mamá. Nota musical que dobla. Doclor delveci'·ldCJ.l'lO.
10. Nota (inv.). Empleada que no se vio en el cuerllo. Sujeli1.
Verticales:
1. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales. Miau.
2. Uno de los amigos.
3. Apellido de Pedro, español cronista del Reino de Chile. Colón descubrió
uno nuevo.
4. Casi tono. Besa con falta de ortografía.
5. Aferra.
6. Dos versiones para la misma leLra. Le fctltó la "d" para un lítulo británi­
co. Vocales distintas.
7. Verbos para hacer chuic o muac. Los yagas canLan esLa sílaba.
8. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Vuela por los dos lados.
9. Rodrigo lo era de la molo.
10. Cuatro para Julio César. Lugar etílico. InLerjección para pedir una espal­
da.
11. Futuro verbal dadivoso. Triuufes.
12. Ata. Eleva (inv.).
13. Los habíCJ. sobre el mesón del garCJ.je.
14. Señores Anísl'ls Como Carmen. Aída o Rlgoletto.
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
()

Ya eslaban cerrando los lucales comerciales
de la calle Pruvidencia y las pesadas corti­
nas metálicas caían una tras aira. En el in le­
riur de la joyería El Zafiro Azul, don Pablu
Levi daba las últimas recomendaciones a su
fiel ayudante Timuteo:
-Cierra tú, pur favur. Estoy muy cansadu, y me iré direc­
to a ]a cama: no me quieru perder, además, las noticias de
esta noche en la lelevisión.
-Váyase tranquilo, dun Pahlo. Yo me encargu... -le con­
testó el viejo con voz cansada.
Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu, encendió un
cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Todo parecía eslar
en orden: la caja fuerte cerrada, las joyas baju llave en sus
escaparales, los catálugos ordenados y en su lugar.
-Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l
sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras, anles dc
salir.
El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a
pasar la aspiradora por la alfumbra. Unus golpes lu hicierun
levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante, que
con sonrisas y gestos pedían entrar. El vieju les muslró su
reluj y negó con la cabeza. Cumo ellas insislicran, Timolco
señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda.
Las señoras hicieron un gesto de desalientu, y se alejaron
del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­
pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared.
Timoteu terminó de hacer el aseo, pasó el plumeru por
59 EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO
IIH
TRECE CASOS MISTERIOSOS
subre los mostradores, se quedó contemplando por unos ins­
tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-, y
arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo.
Apagó las luces, bajó la reja que protegía la entrada
-pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre
el peque60 escaparate-, dio tres vueltas a la llave del canda­
do. y se la guardó en el bolsillo. Echó una mirada distraída al
hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­
do, y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a
llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la
joyería. Miró el cielo negro y amenazante. se subió el cuello de
su abrigo, y caminó con pasos lentos hacia la estación del
metro más próxima.
Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­
ciendo. Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­
mión, que reían con estruendo. Cuando la lluvia comenzó a
caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la
calle, frente a la joyería. y el tipo echado en la vereda, ya sin
luz sobre su cabeza, se acomodó aún más sobre su bolsa de
trapos y, sin importarle la lluvia, siguió durmiendo.
Al día siguiente, muy temprano, el teléfono del inspector
Soto comenzó a sonar, insistente. Este dejó. con desgano, la
taza de café sobre el platillo, y levantó el auricular:
-Investigaciones ... , ¿sí? ¿Dónde, dice? ¿Providencia? El
Zafiro Azul. ... icorrecto! Allá vamos, señor...
La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­
cía. En su interior, con el rostro tcnso y demostrando angus­
tia, Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo, el
candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­
nos y el vidrio quebrado del escaparate.
-¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­
rece una burla! -gimió el dueño de la joyería, dirigiéndose al
inspector.
Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado.
-Vamos por orden. primero usted. ¿Cuáles fueron sus
movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda?
61
Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS
El viejo parpadeó, asustado. La barbilla le temblaba y
parecía no coordinar sus ideas. Luego de un largo silencio,
que el inspector respetó con paciencia, el viejo balbuceó:
-Yo... pasé hl aspiradora y... nada más.
-Piense bien, hombre, con calma. No lo estamos acusan­
do. ¿No vio nada sospechoso)
-Llevo treinta años al servicio de don Pablo.
-Por eso mismo tiene que ayudar. Haga memoria de cada
uno de sus movimientos.
-El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse:
-¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­
ras ... )
- Todo es importante. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto.
-Antes de que llegara el hombre vago ...
-¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago, Timoteo?
-Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la
vitrina.
Los ojos del viejo miraron asustados.
-¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi.
-No pensé ... Además estaba lloviznando y... ¡Perdón...
'
-Inspector -dijo Pablo Levi, serio-o ¡Hay que buscar a
ese vagabundo!
-Calma, señor Levi, ya haFemos todo lo necesario. ¿Sería
tan amable de decirme usted lo que hizo anoche?
-¿Yo? Bueno, dejé la tienda un poco más temprano que
de costumbre, porque quería llegar a ver las noticas ... En
realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa,
ahora que la familia está de vacaciones ...
Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro.
-¡Usted no sabe, señor inspector, lo que esto significa
para mí!
-¿ No tenía las joyas aseguradas? -preguntó el inspector.
-Sí, si, pero... ¡Es primera vez que me sucede algo así y
usted comprenderá, inspector. .. ! - Yun puño de Levi golpeóel
vacío con impotencia.
-Bueno, volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto.
-¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
hasta las dos de la mañana y luego... a dormil". ¡Si hubiera
sabido lo que estaba suced'iendo aquí. .. !
El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó
la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera, v una
piedra era, ahora, la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de
terciopelo azul dd escaparate.
-¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­
ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante.
-Bueno... Había un eamión de mudanzas estacionado al
frente -dijo Timoteo, aún tembloroso.
-¿Y cómo no lo habías dicho antes, Timoteo) ¡Eso puede
ser vital! -habló Levi, exaltado.
-Sí, sí. todo es vital. Me pregunto qué hada una empresa
de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­
tor.
63
01
(, TRECE CASOS MISTERIOSOS
_j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. Y se
aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de
alarma. ¡Las condiciones idcales!
Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de
golpe la cabeza, extrañado.
El inspector Soto, que lo estaba mirando, pidió permiso
para usar el teléfono.
Su conversación fue muy breve, Cuando volvió, su rostro
estaba serio.
-Señor Levi: puede tomar un abogado. Lo aCLlSO de auto-
nabo.
Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro. Y
logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado.
¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­
sión?
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO
Horizontales:
l. Caminas (inv.). Caza en
desorden.
2. Negocio de Levi. Quiere.
3. Flor de japo­
neses. Incl'emenlO (ínv.).
4. Uberlinda Yávar. Nota 5
para músicos. Raúl Gú·
mezo tnicio de 1nicio.
S. Produclo de insectos la- 7
I I I
boriosos. Interjección de f?
a!lvlO.
6. Epoca. Alfileres ingleses.
Nuevo.
7. Pidi6 permiso para usarel
Idé/ono. Producto lácleo.
Calcio. "
8. Como Teresila de Los
Andes. Zona franca nor- 13
tina (inv.).
9. Nornbre de Lev/. Posesivo.
10. Fruta que dcsgasla. Carta de tnunfo.
1J. Usó la aspiradura. Preposición.
12. Se puso a dormur erl la vereda.. Forma verbal que existe.
13. Verde y habladora (inv.l. Apellido para este cuel'llo.
Verticales:
l. Se apagaron en la calle. Artículu. Miré a este seis rUlflallU.
2. de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. Diminuti\'o
3. Por curiosa quedó sajada. A ella le cargan los gatos. Propia del pan.
4. Dimlllulivu sólo para Yolanda. Subre Bnvu vegelal (im·.).
5. Imperativo para existir. Comiénl.o dc lóte1l1. Con '"c" final, estaría en la
Filarmónica.
6. Inlermedio para cuecas. Tuvo que un Velo para muñeca
vestida de azul.
7. Averiado lugar del alenlo. Aprubación y pertcncncia.
8. Elnoclim que pareció senlir Levi. Comien.w de cantarina (in\,.).
9 Instrumento musical quc imita sonido de agua,. Articulo nClllro (In\·.).
JO. Se nla.ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla.
11. Dios egipcio. Resonancias. Forma verbal que invita (im .J.
12. Nombre de la joyería. Por supuesto.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
El domingo se jugaría el partido ele f(llbol
más importante del torneo infantil en Villa­
langa. Los dos equipos finalistas -los Masto­
dontes y los Venados- eran rivales irrecon­
ciliables y sus jugadores formaban parte de
las dos pandillas más conocidas del pueblo.
Los Mastodontes, tal como su nombre lo anunciaba, eran
grandotes, atropelladores, y hacían del foul su arma favori la
Eran, además, alumnos mediocres en la escuela y poco queri­
dos por los apacibles vecinos. Los Venados, en cambio, eran
más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales, si
bien, por ser ágiles y astutos, muchas veces lograban aven­
tajar a sus rivales en el marcador. Así, el partido del domingo
siguiente, que reuniría por primera vez a estos disímiles
equipos en una final, causaba expectación en sus hinchas y
prometía ser el acontecimiento deportivo del año.
Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­
vo y una resistencia física extraordinaria. Las esperanzas de
los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico
arquero, el Canguro Esteban. Este arquero no sólo era ágil en
la atajada y en los saltos, sino que calculaba siempre' el
ángulo exacto en que d,ebería colocarse para recibir el balón.
Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. Esteban era el
primero del curso, y tan bueno en las letras como cn las
matemáticas .
El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo
común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento. Sus compañe­
ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la
(1(.
TRECE CASOS MISTERIOSOS
alt<:; figura del Canguro apareciera. Dado que el arquero era
siempre tan responsable, el resto del equipo intuyó que algo
gr:we pasaba, Lo fueron a buscar a su casa; recorrieron el
l)CintO, llegaron donde la abuelita; revisaron el colegio y
hasta investigaron con disimulo en los carabineros. ¡Nada! El
Canguro se había esfumadt>.
Hasta que de pronto, a las ocho de la noche, se tuvo la
primera noticia. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo
la puerta de la casa de Vicente, el capitán del equipo de los
Venados. De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs
restantes y leyó con voz tensa:
lO'emM" 9J.m;
)Si, o.. ..bu.

"\b... cU- &u1-. .&


Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado:
-¡Esto es obra de los Mastodontes
l
¡Sólo ellos escribirían
doce con 51
-¡Finalmente, nos tienen miedo!
-¿Dónde lo tendrán escondido?
-¡No podrá entrenar!
-¡Ni jugar el domingo... '
-En ese caso, llamaremos a la policía ...
La voz del capitán los interrumpió:
-Hav que ir con calma. Esperemos el segundo mensaje y,
antes de 'hacer esto público, tratemos de vencerlos con
tra astucia.
-Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo
--dijo el zaguero cen tral.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7
Los diez amigos, cada Uno por su cuenta, recorrieron
cabizbajos todos los rincones de Villalongo. En la plaza se
habíanjuutado los Mastodontes, que a grandes voces comen­
taban:
-¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­
dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú, agú'
El capitán de los Venados, sin mirarlos, se limitó a con­
testar:
-¡No se sientan tan seguros! El que ríe último... goleará
melar .
. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla
plaza.
. Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo.
Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta, cuando, a
las doce en punto, un ruido de vidrios quebrados en la venta­
na trasera los sobresaltó. Corrieron hacia cllugar y alcanza­
ron a ver una figura maciza, enfundada en un capuchón gris,
desaparecer en la esquina de la calle. Vicente recogió del
sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo. Lo
estiró con cuidado para no romperlo y, ante los diez amigos
que lo rodeaban expectantes, levó:

cU. "' ......
..
o dio... J .' '" - (.(5-0eU.
..uJl\.
mo en.

.l\M.
• r>,

-¡Malditos' -gruñó Vicente.
-¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista.
-Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero
69
1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
derecho-o Además, asnos incultos: esta vez son cuatro las
faltas de ortografía en cuatro líneas.
-Pero igual los venceremos -dijo otro.
-Yo no estoy tan seguro... Al pobre Esteban no le deben
dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a
opinar el mediocampista.
-¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho.
-No. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe
duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente
como para escapar, o algo así ... -concluyó Vicente.
El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido, el perro
del zaguero central.
-¡Si supieras hablar, Fido
l
¡Espero que hayas mordido al
menos una pierna del que te amarró el mensaje
l
El perro movía su cola y, por su mirada apacible, se
advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra.
Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­
saje. Esto fue lo que leyeron:


EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
ch¡'etn lx&m

em.J.J.J'n 1ft dcrnilTlJp
en el caMJ'
J"tÚY/ a AiU;

tVUA/
Se produjo un gran silencio. No cabía la menor duda: era
la lelra del Canguro. ¡Pero se resislían a pagar el rescate y
reconocer su total sumisión al chantaje!
-¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el
capité'tn-. Parece que se contagió con los Mastodontes.
-Es seña de su nerviosismo ...
-¡Si hasta escribió mal su nombre'
-¡Pobre tipo, a lo mejor lo están torturando y ni sabe
cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo.
-¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de
esto airosos -suspiró el zaguero central.
Se quedaron mudos unos instantes. Hasta que de pronto
Jorge, uno de los laterales, exclamó:
-¡Pásenme el mensaje'
Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención.
71
lO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan­
me! Iremos, sin balón de fútbol, a su rescate.
El equipo completo de los Venados corrió a las afueras
del pueblo, y Jorge indicó un lugar, a la distancia, entre los
roqueríos. Avanzaron sigilosos. El zaguero derecho gri tó,
usando sus dos manos como bocina:
-Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban,
nuestro capitán enviará a la policía ... ¡Ríndanse!
Hubo unos instanles de tensión. Del lugar no salía nin­
gún ruido.
-¿No te habrás equivocado, Jorge? -susurrÓ alguien.
-No, ¡estoy seguro
l
y lan seguro estaba, que no habían pasado cinco mínu­
tos, cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos.
Lector: en el mensaje, lógicamenle, había una clave. Si
Jorge la descubrió, ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al
arquero?
Nota: El parlido se jugó, tal como estaba planeado, y los
Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
Horizontales:
l. Terminación verbal. Pa­
labra para bajas tempe­
raturas. Acuática circen­
se.
2. Acción desplegada en el
cuento. Oro galo. f
3. Negación. Si no es un
poema de la Mistral, cor­
ta los bosques.
4. Muac (inv.). Flor de un i!
solo pétalo. I I I I I
5. Competencia in{antil en ~
Villalongo. El que lo hace l.
último lo hace mejor.
6. Este es un ondulado me- "
chón sin vocales. Unidad I¿
de fuerza. Escuchar.
7. Tres primera letras de Il, ! I I I I I
calurosa línea geográfi­
ca. Pronombre para ti.
8. UrJO de los equipos en competerlcia.
9. Las de rana son muy ricas apanadas. Preposición guerrillera.
10. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más. Tontonas.
11. Posesivo para ustedes. Futuro verbal para versificadores.
12. Letra griega (inv.). Capital para Allan Prost. Diminutivo masculino.
13. Nombre para d ~ s c a n s a r . Donde se reunlan los Venados.
Verticales:
1. El puntero derecho cal;ficó así a los Mastodontes. Quise (inv.). Dupla
{inv.).
2. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban.
3. Antiguos habitantes del norte de Italia.
4. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Igual. Letra griega.
5. Diosa ypresa. Harán cof-<:of.
6. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. A este mágico y diminuto
personaje le faltó la última sílaba. Color del caplJ.Chón del·mensajero.
7. Pudor (inv.). Lengua provenzal francesa. Posesivo para mí solo.
8. Puelto de la India, ex colonia portuguesa (inv.). Sala de recepción (inv.).
9. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes. Cuando es mínima no paga impuestos
(inv.).
J 1<1>1:1', CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
11' t ",.il'lI ,1,' IItI /nhuio. Ataste (inv,).
I i ¡', ,'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ", Dos vocales con punlOs, Selion\. Pronombre
p.ll.1 li.
l' NIII del/JiIIO secllesfrado, Los ladralles la piden t1 cambio de la \'Ida,
El inspector Soto caminaba hacia su casa,
luego de una larga y agotadora jornada en su
oficina, Eran las diez .Y media ele la noche y,
al ver las luces del pequeño supermercado
del barrio aún encendidas, recordód encar­
go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que
vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de
matrimonio,
Entró con aire distraído al supermercado, Sólo una caja
funciona ba, Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la
caja registradora, y se dirigió al anaquel giratorio donde se
exhibían postales. Contempló con calma los paisajes, y leyó
las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita", "Al
mejor esposo del rmmdo", "¿ Un (//10 más? Con un suspiro
siguió buscando. Sólo se escuchaban el tintinear de la regis­
tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos
que salían por la ancha puerta. Oyó un carraspeo de la cajera.
"Pobre muchacha", pensó; "debe estar tan cansada como
yo". Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada
que brillaba tras un Santiago sin esmog.
Yen ese momen1o escuchó el grito.
Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver,
ante sus propios ojos, a un encapuchado que encañonaba a la
muchacha con una pistola en la sien, Los ojos del hombre
brillaron al fijarse en Soto y, con un gesto, le indicó inmovili­
dad. El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca
abierta.
Su mente funcionó a toda velocidad. Sí él actuaba, el
74 75 TRECE CASOS MISTERIOSOS
hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su
gcsto-, mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. La
cajera obedecía con manos temblorosas, y emitía unos entre­
cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con
golpes de cañón contra su nuca.
No había pasado un minuto. El ladrón comenzó a retro­
ceder, y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer,! a
Soto, que estaba un par de metros tras ella, desapareció
corriendo por la puer ta principal.
Soto, sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­
cía como en cámara lenta, salió becho un celaje tras el enmas­
carado. Lo vio correr por la solitaria avenida, desprender de
un tirón su máscara de tela, '! abordar un taxi colectivo que
pasaba en ese momento por la esquina.
Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­
lo para seguirlo. Sólo vio a un joven en moto que aparecía por
la orilla de la calle, junto a la vereda.
-¡Soy policía ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto,
'
montando a horcajadas tras el joven que, sin dudarlo un
instante, aceleró a fondo.
La persecución fue espectacular. El co1cctivo, gracias a
los semáforos en verde, seguía en forma expedita por la gran
calle de su recorrido. Pero la moto, más veloz que cualquier
aut.o y guiada por un adolescente que, en ese momento, se
sentía protagonista de una serie policial, no perdía terreno.
-¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector.
El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo
que se acercaba peligrosamente a su costado, y disminuyó la
velocidad.
Soto gritó.
-¡Alto! ¡Policía!
Pero los pasajeros y el chofer del taxi, con los vidrios
cerrados, parecieron no escuchar.
-Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el
inspector al oído del motorista, mientras a su vez hacía señas
al chofer con un brazo.
Finalmente, en una arriesgadísima maniobra, el excelen­
lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
objetivo: con un gran chirrido de frenos, el taxi se detuvo en
medio de la calle.
La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían
guardia en una esquina y, al ver esta extralla maniohra,
corrieron hacia ellos.
-¡Inspector Sotol -gritó este, con sus credenciales en
alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I
Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e
hicieron descender a los ucupantes del autu. Eran el chofer
más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros, que miraron
sorprendidos.
-¡Regístrenlus -ordenó el inspector.
'
Los carabineros procedieron. Pero, ante el asombro de
Soto, ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes. Sin embargo,
una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa
-con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­
ro derecho.
-¡Ahá' -dijo Soto, r-asc6ndosc una de sus enormes
orcjas-: lo siento, señores, pero, al menos que alguno confie­
se, están todos detenidos.
- Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer, con
voz agudizada por los nervios.
-¡Ni yo tampoco
l
-siguió un señor ele anteojos, lcvantan­
77 'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS
du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado
bancario, y mantengo con esfuerzo a mi familia.
-¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un
impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo'
Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera.
- Yo soy un honrado vendedor viajero, y jamás he tenido
que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que,
por su voz nasal, mostraba un evidente romadizo.
-Yo... , yo, pe-pe-pero, noentien-do lo que pa-pa-papasa
-gimió el último, tartamudeando con gran desconcierto.
-¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con
gesto decidido.
Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie.
La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse.
El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente
su otra oreja. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que
permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías.
Entonces Soto, con su voz ronca, habló:
-Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría.
Pero también les comunico que sólo uno irá esposado.
Los cinco hombres se miraron con sorpresa.
Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros; este,
sin vacilar, se adelantó y colocó las esposas en las muñecas
del que indicaba el inspector.
EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA
Otra vez Soto, con su aguda perspicacia, había dado en el
clavo: el ladrón, sintiéndose acorralado, confesó su culpa en
el camino.
Lector: ¿podrias tú deducir, al igual que Soto, cuál fue el
culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas.
78 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA
Horizontales;
l. Encargo de la señora de
Soto. Giramos en torno a
él.
2. Goloso y perezoso. Arte­
ria principal para tránsi­
to sanguíneo. Quiere.
3. Lugar del atraco.
4. Subterfugio (inv.). Des­
cansan en las estaciones
(inv.).
S. Conjunto de cosas pasa­
das por un hijo. Con "n" /O
final se comería a diario.
Negación prolongada 11
(inv.).
J

W---I---+-I---j
6. Vocales gordas. País del norte que se emplea. Sin nombre.
7. Pronombre suyo. Sol egipcio. Afirmación rusa que ofrece. Carla de la
baraja.
8. As! estaba el ladrón.
9. Para enfermos supergraves. Campeón de tenis francés (inv.). Para velos
de novia.
10. Tan sagaz como los ojos de Soto. Cecina que comieaza muerta de la risa.
11. Descifra signos. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta.
Verticales:
l. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. País asiático de las úlrimas
olimpíadas.
2. Alisa el caballero sus bigotes (inv.). Así dice "hasta" el presidente.
3. Guardarropa para abuelitas. En sus comienzos este arte era mudo.
4. Este es el fin de Roberto. Demostrativo francés.
5. El imán lo hace con el metal. Anita Pacheco. Existe.
6. Tío con cabaña. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv.).
7. Griego es este dios peleador. Quita.
8. Sube al árbol. Dedo del árbol.
9. de caballo. Surtir (inv.).
10. Vocales distintas. OfTendan (inv.). Ex líder comunista chino.
11. Condición dd encapuchado. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. javen.
12. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón. Le sigue el dos.
13. Se dirige. Como la voz; de uno de los oClLpa'ntes del taxi.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
Seis de la mañana. Los gritos de doña Dora­
lisa despertaron al vecindario:
-¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu
leche, minino'
Del segundo piso de un pasaje del barrio
Ñuñoa, la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a
otro.
Diego, su vecino. abrió la ventana de su cuarto, y con
rostro soñoliento preguntó, asomándose:
-¿Qué pasa, doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones, no
siga grllando!
-¿No has visto a Tutankarnón, hijo? ¡No está en su canas­
to por primera vez en mil cincuenta mañanas ... ! ¡Tutanka­
móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­
nes.
Josefa también despertó. Restregando sus ojos se arrimó
a su hermano Diego, sin entender aún de qué se trataba el
barullo.
-¡Tutankarnóoon! los gritos destemplados de
la anciana.
Las ventanas fueron abriéndose de una en una, y varias
caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio.
Pero doña Doralisa ya estaba en la calle, y corría con un
plato y una botella de leche, sin hacer caso de sus vecinos.
-¡Tutaaa
l
¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz
dulce y ojos húmedos.
A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía.
DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera, y los dos herma­
nos salieron a buscarla.
81 HO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Si no vuelve Tutankamón, va no tenf?:O razón de vivir
-gemía la viejecita. " ~
Los niños la habían llevado a la casa y, recostada en su
mecedora de mimbre, se dejaba abanicar por Diego con una
revista mientras Josefa, con los ojos muy abiertos, le refresca­
ba la sienes con un pañuelo mojado.
Diego entonces ofreció:
-No se preocupe, doña Dora, le prometo por mi honor
que le traeré el gato de vuelta, vivo o muerto...
Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -que
puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­
caro
-Quiero dccir vivo ... Déme dos horas y tendrá a Tutanka­
món -añadió con voz de agen te del FBI.
Doña Doralisa pareció reanimarse. Josefa susurró al oído
de su hermano:
-¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo?
Con un empujón firme, Diego la alejó de él; se paró muy
tieso y reiteró:
-Parto en misión: este será nuestro cuartel general, y
nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. Tú, Josefa, te
quedas aquí cuidándola.
-¡Ah, noo! Yo te acompaúo, porque doña Duralisa se
muere de ganas de descansar -dijo la niña, lanzando a su
hermano una mirada de furia-o Además, está respirando muy
raro... , ¿no es cierto, doña Doralisa?
-Tutankamón... -musitó la viejita.
-¿Ves? -dijo Josefa-. Ella quiere soñar con el gato, ¡va­
mos!
El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje,
h;;¡sta obtener fllguna pista. En realidad, Tutankamón era un
gato gordo, antipático y maullador, que no despertaba las
simpatías de los vecinos. ¡Pero de ahí a desear su muerte
había una diferencia!
Provistos de una grabadora de pila, para registrar las
declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-, Jos
dos hermanos comenzaron la pesquisa. En una casa les abrió
EL CASO DEL GATO PERDIDO
la seúora Torres; tenía a su guagua en brazos. Se veía ojerosa
V demacrada. Habló entre bostezos.
- -Por favor, niños, no hablen fuerte; recién logro que se
duerma. Me he pasado la noche en vela ... El pobrecilo llora­
ba, y yo no tenía la mamadera para darle más leche.
-¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa, mi­
rando al bebé.
-No sé ... , pasé tan mala noche, y en la confusión ...
-¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora.
-Sí ... , entre los llantos del niño y los maullidos de ese
gato...
-¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego, entrecerrando
los ojos.
-Ehhh, sí ... , parece... -eontestó la señora Torres en forma
vaga.
-¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in­
terrogó nuevamente Diego, y Josefa acercó el micrófono a la
boca de la señora.
La señora Torres retrocedió dos pasos, y preguntó:
-¿Qué significa este juego, niños?
-Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos
investigando -contestó Diego.
83
TRECE CASOS MISTERIOSOS
~ 2
--Pues vayan a investigar a otro lado, y no me molesten.
¡Era lo único que me faltaba!
y ccrró la puerta con estrépito. Al segundo, sintieron los
berridos de la guagua.
Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña
murmuró a la grabadora:
-Primera sospechosa.
De ahí se fueron a la casa número 2.
Estuvieron largo rato tocando el timbre, sin respuesta. A
los cinco minutos se oyeron unos pasos, y abrió un joven
adormilado y barbón. que los miró con desinterés:
-¿Silii)
-Hola, Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­
go y se escuchó el clic de la grabadora.
-¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc.
-No. al gato -contestó Josefa, muy seria.
-Al gato maldito.... s610 lo escuché, ¡pero si lo veo, lo
mato!
-Conque lo matas ... , ¡eh? -dijo Diego--. ¡Justifíeate
'
-La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja,
dueii.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el
maldito tomo de trescientas páginas de historia, y ahol'a me
vov a sacar una maldita nota ...
" Los niños retrocedieron ante ];:¡ ver'borrea furihunda de
Mateo. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con
fuerza su melena chascona.
Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de Josera
al decir:
-Sospechosísimo número 2.
-Prepárate. Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema
Araos -dijo Diego.
Josefa, entonces, encendió la grabadora y dictaminó:
-Sospechosa número tres.
-Josefa: ¡método! Te estás adelantando.
-Pero. Diego. todo el mundo sahe que la senara Ema odia
a los animales y le molestan los niños.
-.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego,
mientras tocaba el timbre.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
La puerta se abrió. Una señora Ema sonriente y plácida
los dejó un poco desconcertados.
-Hola, queridos: ¡qué gusto verlos
l
¿En qué andan? ¡Pa­
sen'
-No, gracias, senara Ema. es algo rápido. Sólo qucría­
mas preguntarle si ha visto a Tutankamón, quc se perdió.
- y doii.a Doralisa está casi por morirse -añadió Josda.
lista para apretar el botón.
--¡Oh. nao! ¡Pobre gatito, y tan gordo que eral
-¿Era... ) -Josefa encendió la grabadora.
-¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora, des­
concertada.
-Le dijimos que la que está por morirse es la sellara
Doralisa, pero de pena -le contestó Diego.
-¡Ahhh! Ya entiendo, no cs para menos -suspiró la scJio­
ra Ema.
-¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo.
-No lo he visto ni lo he escuchado.
-Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se
extrai1ó Josefa. .'
-Yo dormí como una piedra.: ¡mi hijo Serafín me anun­
ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el
norte, y estoy tan contenta, que anoche podrían haber mau­
llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de
violines .... ¡ja, ja'
La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar.
Los jóvenes detectives, algo perplejos, siguieron su cami­
no hacia la casa número 4.
-¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas
-refunfuñó Diego.
-Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana.
Ygolpearon en la puerta siguiente, la casa número 4. que
no tenía timbre. Era la casa del escritor.
Cuando abrió la puerta, los nii10s se enfrenLaron a don
Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados
como si hubiese dormido vestido.
-¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. Y sin
esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa.
85 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
JH
Los niños tuvieron que seguirlo. Entraron al living, don­
ele había una mesa llena de papeles, una máquina de escribir,
una silla y, arrimado también a la mesa, un confortable sofá
lleno de cojines.
-Esta ha sido mi cama, a ralos, duran te la noche. Por eso
estoy tan ... -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela.
-¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa, acordándose
de Mateo.
-¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. .. Estudiaba los
caracteres de los personajes de mi novela ... -le con tes tó el
escritor, bostezando.
-¿No escuchó usted, durante su noche de trabajo, los
maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego, ha­
ciéndose el casual.
El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con
su ropa entera arrugada, un batata negro a medio abrochar
en un pie, y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo
gordo en el otro
l
Tenía además la camisa blanca fuera del
pantalón y su cabello largo y crespo en desorelen. Los niños no
pudieron disimular una sonrisa.
-Eh, eh, ch ... -vacilaba García Gómcz; fruncía el ceño,
pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin.
-Es que ha desaparecido Tutankamón, y doña Doralisa
está que se muere.
-Eh, eh ... Que se muere... , que se muere... , ¿que se muere?
-El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los
ojos. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere)
La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­
bra del peregrino... " i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc
repetir otra vez la misma frase, se sentó frente a la máquina
de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran
alas, olvidándose de los niños.
Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la
casa.
-Sospechoso número cuatro -dijo la niña.
-¿Por qué? -inquirió Diego.
-Porque todos son culpables hasta que no prueban su
inocencia... Me extraña tu pregunta, Hércules Poirot -con tes­
tó su hermana, con aire suficiente.
-Bueno, y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo
picado.
-Primero iremos a ver a doña Doralisa, por si se ha
muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato
perdido-. Si está viva, la tranquilizaremos, y luego iremos a
nuestra casa a procesar la información.
Cuando abrían la reja del jardín de la anciana, unos
gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­
ron su atención.
Se acercaron, cautelosos, y buscaron entre las matas.
Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. Por
eso es que, entre laLas de pintura vacías, cajas de cartón,
pedazos de manguera y otras tantas cosas, Tutankamón, con
87 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Xc>
una gran protuberancia en la cabeza, los miraba con ojos
suplicantes.
-Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora.
-Resulta obvio -añadió Diego, como si siempre lo hubie­
l-a sabido.
Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo. Si
ustedes, como ellos, tambien tienen ojo de detective, tan sólo
mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al
culpable.
Epílogo: doña Doralisa no se murió; en camb,io, regaló él
los niños nuevas pilas para la grabadora, Con respecto a la
persona culpable, aún da confusas explicaciones.
MH TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO
Horizontales:
l. Nombre de García Gó­
mezo Animales gráciles y 1
veloces. Caminad.
2. Fatigada dueña del galo. ~
Radio. t-t-t-t-t-t-I
3. Letra para mamá (plu- \-+--l--U--U
ral. invertido). Los hay I
de remate y de capirote. 7
4. Le falló la antepenúlti­
ma letra para de.cir "des- 9
cartó". Dirigirse. A esta q
palabra le gusta repelir. I
5. Iracundas mujeres mito- • ~
lógicas. Flores del jardín 11 L...L..l..-L..
de la viejita.
6. Nombre femenino que al .
perder la "h" perdió la varita. Lo hago con una aguja.
7. Anciana uva. Hombre inglés.
8. Sus gritos despertaron al vecindario. Nombre italiano masculino que en
Chile es billete.
9. Atributo para española graciosa (inv.). Acción.
10. Al mismo nivel. En el cuento fueron muchas.
11. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. Apellido de doña Ema.·
Verticales:
l. La joven detective. Diminutivo para la viejila.
2. Evitó. Aluminio.
3. Mira con arrobo. Amiga del ruiseñor.
4. Femenino de Noé. Dupla.
5. Término para marinos.
6. Parien/es del gato perdido. Son para guardar el trigo.
7. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo.
8. Así llamaba Doralisa a su gato. Las hay de molino y de ventilador.
9. Cuna de perlas. Nota musical (inv.).
10. Repetido. baila en las islas. Letra griega. Recubre muebles chinos.
11. Mucha salla produce. Demasiado.
12. Dirigirse. Recolecciones.
13. Cubos numerados. Naves.
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER
SENTADA PENSANDO
Son las cinco de la mañana en Santiago. La
amplia calle del barrio alto está vacía, con
excepción de una camioneta cubierta que se
estaciona a pocos metros de una casona esti­
lo colonial. Adentro, tres hombres observan,
primero de reojo; luego descienden para encaminarse hacia
la entrada de la mansión.
Todo está saliendo según sus cálculos. Minutos atrás, el
repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa
cuadra, y el campo estaba libre. La primera parte del plan
para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­
ría al día siguiente en un gran remate- estaba funcionando
bien. Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre
el valor de la estatua, y los críticos de arte la calificaron como
"la mejor obra de arte abst,racto de los años ochenta".
Jaime, alias el Artista.; Felipe, más conocido como el
Panda, y Gonzalo, el Rambo, se encaminaron con rapidez
hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­
tese agitaba con el v,iento. La noche estaba húmeda, y Jaime,
el Artista, miró el ·cielo con preocupación.
-¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­
guntó el Panda, impaciente.
- Ya está por salir; apronta el golpe de karate -respondió
el Artista en un susurro.
Los tres se agazaparon en el pórtico, tras una columna. A
los pocos segundos se escucharon unos pasos. La pesada puer­
ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle
guardián que, al v'er el periódico sobre las baldosas de la
<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS
entrada, se agachó a recogerlo. En ese momento un golpe seco
en la nuca lo hizo caer al suelo, inconsciente.
-Ni se quejó -masculló el Rambo.
-Bien, Panda -aprobó el Artista-. ¿Cuánto tiempo ten­
dremos durmiendo al abuelo?
-Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­
pondió el karateca, restregando sus manos.
El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos
poderosos y se lo echó sobre los hombros, como si fuera un
almohadón de plumas. Luego, entró en la casa, seguido por
sus compañeros. El Panda cerró la puerta tras ellos.
-Déjalo por ahí y manos a la estatua... -apuró el Artista.
Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. El
Panda, un poco nervioso, miraba hacia todos lados, mientras
caminaba entre los objetos en exhibición.
-¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo.
-Ahí -respondió Jaime, el Artista, con gesto seguro. Y
sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia
abajo, y luego de abajo haoia arriba, la codiciada figura.
-¡Qué belleza! -murmuró.
El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas
láminas de metal entrecruzadas.
-La única belleza es el dinero que obtendremos por ella
-observó con una risita.
-Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. ¡Ya,
Rambo, saca la estatua mientras yo vigilo la salida ... ! -dijo el
Artista, caminando hacia la puerta de calle.
A los pocos minutos, mientras el Rambo equilibraba la
pesada estatua sobre sus hombros, el Artista regresó con
expresión de rabia:
-¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­
giado de la lluvia bajo el alero de la casa... ¿Cómo haremos
ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo, furioso.
El Panda hizo un gesto de fastidio, y miró el lecho como
buscando una solución. Entonces el Rambo, con la estatua
firme en su hombro, exclamó:
-Ya sé... Miren esa ventana que da a la calle lateral...
¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora,
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t
y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se
les ocurra venir a pasear por este lado...
-¡Buena idea, Rambo! No eres sólo músculos ... -aprobó
el Artista, golpeando un puño contra la palma de la otra
mano-o Una vez afuera, yo me adelantaré a buscar la camio­
neta y la estacionaré frente al callejón.
-No está mal, pero hay que apurarse -dijo Felipe, el
Panda, mirando el reloj-; estamos con el t,iempo justo antes
de que el cuidador se reponga de mi caricia.
Obraron con rapidez. Luego de algunas dificultades -co­
mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los
cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién
ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al
alféizar- con una exclamación de triunfo lograron depositar­
la en la acera.
El precioso botín ya era de ellos.
93
II
TRECE CASOS MISTERIOSOS
<J2
-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se
moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista.
Se encaminó hacia la esquina.
En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­
bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los
hombres lo encañonaban con pistolas.
-Maldición... -gruñó el Artista, retrocediendo.
Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­
zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos
y los esposaban.
Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le
dijeron:
-iBien hecho!
La pregunta para los astutos detectives es la siguiente:
¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO
CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO
Horizontales:
1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan aJaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal.
l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.).
8. No es par. Sostienen partituras.
9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina.
10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos.
11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­
da.
12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa.
VertICales:
l. Apodo para Felipe.
2. Cerebro del robo. Enredo (inv.).
3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.).
4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.).
5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas.
6. Corno la estatua.
7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca.
8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante.
9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa
querendona.
10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz.
11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales.
12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal.
13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes
y heredero de una gran fortuna, empleaba
sus días en administrar sus negocios, jugar
golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje­
tos más valiosos se exhibían en grandes ar­
marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña­
dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del
amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem­
plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido.
Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­
to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios
ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo
que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una
familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a
la sel!uridad de sus armarios.
De toda la colección había solamente un objeto que no se
guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón
sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al
abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­
res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez
donde las páginas se extendían en volumen. desplegando
como por arte de magia las dependencias suntuosas de un
castillo.
También babía otra razón que le hacía acariciar la valio­
sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la
hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había
obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba
bajo 1Iave: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre
97 EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
(}h TRECE CASOS MISTERIOSOS
los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de
cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza
-Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta.
Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en
cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y
posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­
ción volara hacia el Oriente.
Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su
escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su
vida.
Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al
llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado,
que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­
che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día
entre la Bolsa y el Club de Gol ese había encontrado con la
sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna
otra parle
l
-Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más
grande que tenia para mí era otro... -Carlos apretaba las
mandíbulas para contener su impotencia.
-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo
el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de
una de sus grandes orejas.
Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos
minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­
tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos
de pánico.
-Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le
hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla.
Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde
del sillón.
El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz
calmada:
-Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó
en la mañana, hasta que abandonó la casa.
-Bueno, lo de costumbre... Por la mañana me quedé en el
segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño,
ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas.
-¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto.
-Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a
su patrón-o Aver si había algún recado para mi en su libreta
-agregó, indicando la agenda sobre el escritorio.
Soto miró al dueño de casa, y este corroboró:
-Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­
prano en la mañana.
El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede
irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar".
-¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre?
-volvió a interrogar el inspector a la mucama.
Ella guardó un instante de silencio y contestó luego,
dubitativa:
-En realidad... , me pareció que todo estaba igual que
siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría
dado cuenta ... creo.
-¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­
tó Soto, rápido.
-Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había
terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el
99
l¡8
TRECE CASOS MISTERIOSOS
desahucio de mi marido. -Norma miró a don Carlos como
pidiendo aprobación.
Olavarría hizo un gesto de asentimiento. El inspector
insistió:
-¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse?
-Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­
cería, y con el jardinero nunca me meto porque... , perdóneme
la expresión, don Carlos -añadió un poco colorada-, ese
hombre es un ordinario...
Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable:
-Bueno, eso es todo, señora. Puede retirarse. ¿Podría
decirle al mayordomo que venga)
La mucama se puso de pie saludando con timidez y,
cuando abría la puerta, su patrón la interpeló:
-¿Su marido sigue sin trabajo, Norma?
-¿Y quién lo va a emplear, don Carlos, con su pierna
mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. Sin esperar
respuesta, se retiró.
A los pocos minutos entraba José, el mayordomo, de
uniforme impecable y aire altanero:
-¿Sí, señor)
-El inspector le quiere hacer algunas preguntas, José;
tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de
dejar la mucama.
-Estoy bien de pie, señor, gracias -contestó José, serio.
-¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la
maüana hasta que llcgó su palrón?
-Luego de hacer el asco del salón, me fui a la carnicería ...
-¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO.
-No antes de las once..
-¿Ya qué hora volvió?
-Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la
carne para el almuerzo de don Carlos. -El pare­
cía molesto con el interrogatorio.
-¿Una hora y media se demoró en comprar la
-volvió a la carga SOlO.
José se movió, incómodo.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
101
IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Bueno, no sólo la carne: los lunes, corno bien sabe don
Carlos, se compra también la verdura y la fruta.
-¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con
sus preguntas.
-Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta, cuando
llegó en la mañana; y cuando volvÍ, ya se había ido... , ¡lo que
no dejó de parecerme extraño!
El inspector hizo caso omiso de este comen tario, y siguió:
-¿Qué hizo luego?
-Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa
servida, como lo hago por costumbre, hasta las dos de la
tarde. Luego me retiré a descansar a mi pieza y, supongo,
señor, que me dormí, porque cuando abrí los ojos eran las
cinco. -El mayordomo tosió y agregó .-ápidamente-: De ahí
en adelante, no paré de limpiar la plateria y sacudir las
vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos.
-Por casualidad: ¿entró en el escritorio?
-No, el escritorio se limpia los miércoles y sábados.
-Está bien, José, puede retirarse.-E1 inspector mostró la
puerta.
-José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­
dió Olavarría, entonces.
-Muy bien, don Carlos. -y clmayordomo se retiró, luego
de una venia.
Jacinto Flores, el jardinero, entró Con su mameluco lleno
de tierra. Era muy mo'reno, pero de ojos chispeantes y lleno de
vida. No ti tubeó para sen larse en la silla, y se acomodó con
una amplia sonrisa.
-¿Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto.
-Como todos los lunes y martes, mi caballero: solamente
en la mañana.
-¿Yen qué consis Le su tra bajo? - El inspector dobló aho­
ra el enorme pabellón de su oreja, en forma distraída.
El jardinero enumeró, contando con los dedos:
-Podar los rosales, remover la tierra de la jardinera,
cortar el pasto, desmakz,lr, emparejar los setos, barrer La
terraza ... ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí, pues'
-¿Entró en la casa?
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
-Al baño de José no más, a cambiarme ropa.
-¿Ya qué hora se fue?
-A la una. Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y
almuerzo ailá.
-o sea, en ningún momento entró en la casa...
-¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el
patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase, le echan
la culpa a uno ...
-¿Conocía usted, Jacinto, la pagoda elc marfil que se
robaron? -preguntó el inspector.
-No, señor, \'0 no entiendo de cosas finas; sólo entiendo
de plantas.
-O sea, no la había visto nunca ...
-Usted lo ha dicho, mi caballero.
-Está bien, Jacinto Flores, puede retirarse -terminó el
inspector Soto.
Cuando e/jardinero cerró la puerta. el inspector miró a
Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas.
-El caso ha sido fácil. Recuperará su pieza de mar[il. ¿Se
dio cuenta, usted también, de cuál era el ladrón?
El duel10 de casa negó con aire desconcertado.
- Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados
y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto,
cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta.
Cuando Olavarría, luego de unos instantes de medita­
ción, dijo un nombre, el inspector Heliherto Soto respondió:
-¡Eso eral
Entonces el solterón, suspirando, murmuró para sí:
-¡Volverás a mí, Ya-Lu-Ting
l
¿Podrías tú, lector, luego de anafizar las versiones de los
tres sospechosos, encontrar también al ladrón?
102 TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
103
CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL
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I I I I
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Horizon tales:
"
1. Pronombre panl voso­
tros. Preposición entro­
metida.
2. Obje/o robado. Nombre de
la mucal1'l.a (inv).
3. ~ é J i c o especialista en
VtaS urtnartas. EqUIvo­
có.
4. Posesivo pronombre
(inv.). Letra (inv .). Corno
ella era la cara de Ya-Lu­
Til1g.
5. A la del campo también ,.
le gusta el queso. Detrás
(jnv.). En la manana.
6. Había una vez un empe- 1I
raJar que no tenía nin­
guno. Espiritual nombre 'J,
de mujer.
7. Ojalá sin esmog. Tres vo­
cales iniciáticas. Una "t" amarraría a estas vocales.
8. Tras de (inv.). Sos/enEa la agenda. Servicio secreto de Hitler.
9. No hay que hacerlo en clases; pero sí en los cumpleaños. sohre las lorlaS.
Sustantivo limpio.
10. Flor de los valles.
Il. Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla. Objeto de W7 tic
de Soto (inv.).
12. Artículo indefinido. Este perro. si fuera doble, bailaría (inv.). Vocales
Jistintas. Nota musical femenina.
13. Privativo de ovejas. La pagoda lo era (inv.).
Verticales:
1. Las de la pagoda erar¡ diminutas. ülavarr[a se habla pasado el día entre la
Bolsa y este lugar.
2. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural). Artículo
indefinido.
3. Yo latino. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas, Pesimistas y Obsole­
tas.
4. Si es muy fuerte, ¡pobre bote! Llena.
5. Angulo para brazos (inv.). Estirar.
6, Alma del califonl, que fluye par el piloto (inv.). Colilarga y dientuJ"
(inv.).
7. Duefw de la pagoda.
8. CiuJad sumeria. Primera y tercera vocal. Atrapa al bolón.
9, Hierba aromática de múltiples usos. Artículo musical. Norteamericano
escritor de fantasías que erizan los pelos (inv.).
10. Equivoca'y vagabundea. Aluminio (inv.).
tI. Licor fuerte (inv.). Quisiese con uslero. Se escucha en las corridas de
toros.
12. Mucama de Olavarría. DesesperaJo signo Morse. Medio abuelo (jov.)
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EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION
Por earios Iturra
La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa- que lo que
parece a primera vista. Desde luego, vivimos rodeaqos de misterios; claro
que, como ya estamos acostumbrados a la mayoría, no nos llaman la aten­
ción en lo más mínimo. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un
misterio: no hay para qué dar ejemplos. De ellos están llenas las mentes de
los hombres, el hogar del vecino, las religiones y las ciencias, el universo, una
gota de agua, nuestro porvenir y nuestro pasado, la filosofía, los lib'ros de
historia, las historias de los libros.
Pese a su amplitud y prolíferancia, el concepto de misterio ha ido
quedando reducido, sin embargo, a los límites de lo detectivesco; cine,
novela, cuento, teatro de misterio: todo ello es detectivesco. Pocos harán la
reflexión necesaria para conectar la palabra misterio, usada en esas condi­
ciones, con las nobles y profundas raíces del misterio en sí, que es tan
infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo
detectivesco, precisamente, su carácter misterioso; también se 10 brinda a
muchas otras cosas.
Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­
rio: cuando éste era, por excelencia, el misterio religioso. Aún hoy el misterío
es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial, pero
en el uso común ya no es este significado el que prima,
Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. Prima el
misterio barato.
Pero siempre prima lo barato, en todo (no se salvan ni siquiera ciertos
momentos privilegiados de la historia humana).
La gracia -y las muchas gracias- está en que haya quienes sean capaces
de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso, aunque sea costoso.
y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos, lujosos
misterios, en todos los ámbitos de la vida, incluso en lo literario.
El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe,
son misteriosos los límites de la creación literaria, y para el que lee son
misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador,
Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula- que le
permita llegar a dar con la obra perfecta; tiene pistas varias: las que le dejan
otros buenos escritores, principalmente, y tiene también algunos instrumen­
tos que le ayudan en su investigación, corno su propia experiencia y destreza,
120
121
COMENTARIO DE CARLOS !TURRA
yen ciertos casos mayores, incluso su genio. Pero la forma o fórmula precisa
para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto"- mantiene su
calidad de misterio. Alo lejos, un gran escritor resuelve ese misterio median­
te una obra perfecta, o a lo menos mediante una obra maestra; luego es
incapaz de explicar cómo la logró; incapaz de trasmitir su secreto a otros, y
la búsqueda sigue.
El buen lector, por su parte, pierde el interés por la lectura si es que esta
no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio.
Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos, o, mejor dicho,
por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar, el
misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las
palabras- el o los problemas planteados por yen la narración, y en segundo
lugar, el misterio de saber cómo termina la obra, qué pasa con los personajes,
cuál es el fin del argumento.
En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos
interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor, o por la
belleza con que ha pintado el paisaje.
O sea, por el asunto o por el arte. Y podemos interesarnos en ambos por
igual, o con preferencia para uno u otro.
En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al
aswlto que al arte, y preferimos un cuadro con bonito paisaje, aunque esté
mal pintado, antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado.
Un paisaje feo no es grato de ver; en cambio, contemplar una hermosa
pintura de un paisaje feo, es tan grato como contemplar un hermoso paisaje
A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de
evitar, ya que basta para ello el paso de los años- nos vamos dando cuenta de
que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un
feo paisaje pintado bien, que un paisaje bonito pintado mal. Vamos apren­
diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que
importa es la forma. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento
de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera- sino porque de la
forma, además, depende el fondo.
Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento; cual­
quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­
cional fotografia. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo
que no es maravilloso, eso sí requiere talento. La película puede contar una
historia muy entristecedora, o muy inquietante, pero !)i la cuenta con arte
saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia, sino felices por el
momento de placer estético que nos dio la belleza de la película.
En suma, gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las
cosas "feas", que eran feas hasta que el artista nos mostró, con su dominio de
la forma, que tenían un aspecto bello. Sin dominar la forma, el artista habría
sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo. Pues bien,
ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el
misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se
oponen al desarrollo de su narración, y el misterio argumental de la narra­
ción misma, de la trama: qué pasa enseguida ...
COMENTARIO DE CARLOS ITURRA
Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo
depende, al fin de cuentas, de la habilidad del escritor para manejar la
forma, puesto que el argumento es una de las facetas de la forma; está
incluido en ella. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta, y no se fija en
cómo se lo cuentan, está perdiéndose la parte principal del disfrute de la
belleza, el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la
creación- y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente.
Por otra parte, ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las
posibilidades de lo literario, han escogido la del misterio meramente argu­
mental para dedicarle su trabajo.
De ahí que existen la novela de caballería, la picaresca, la de aventuras,
la de espionaje, la policial. Ellas y otras más se han ido dando a través de los
tiempos, porque ha habido escritores con especial talento para manejar las
expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido
lectores que han buscado ante todo ese misterio. O sea, porque han coincidi­
do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­
res. Unos y otros han reducido el concepto de misterio, refiriéndolo exclusi­
vamente al desarrollo argumental, de modo que lo único que lleve al lector a
seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva, en algunos casos!- sea el deseo
irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía
Perla, esa elegante y descuidada tía rica...
Por este motivo es que las obras de misterio, aquellas que centran su
interés en el planteamiento, evolución y desenlace de una historia, han sido
consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la
buena literatura como de segundo orden. Se estima que son superiores y que
producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del
argumento va acompañada -va siendo producida incluso- por la calidad de
la prosa; es decir, por la forma. Estas son las obras de mayor mérito. Se le
reprocha a la literatura de misterio, además, la convencionalidad de sus
métodos y lo repetido de sus misterios.
No por eso, sin embargo, deja nadic de desconocer que una obra plantea­
da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto, ni que
grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género, con excelen­
tes resultados. Siendo de segundo orden el género de misterio, puede produ­
cir obras de primer orden. Edgar ABan Poe, Carlos Dickens, G. K. Chesterton,
Henry James, son algunos autores de gran literatura que han aportado
estupendas piezas al género de misterio; Agatha Christie, J, H. Chase, Geor­
ges Simenon, por su parte, son autores de misterio y entre sus obras se
pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­
tura.
En la actualidad se entiende por género de misterio, casi únicamente, el
policial. Como se ve, eso no sólo implica una reducción del concepto de
misterio, sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada
relaüvo a la forma y, en cuanto al contenido, no incluye nada que no sea
relativo al esclarecimiento de un delito; por lo general, asesina'to o robo, o
uno antes o después que el otro. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban
sus perlas, o pudo estar muerta cuando se las robaron.
122 123 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA
(Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­
co misterio religioso, es que el religioso no se resuelve, pues es inaccesible a
la razón... Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la
razón y no lo resolviera, no sería novela policial, y probablemente más de un
lector defraudado se querellaría contra el autor; o los deudos del autor
contra el lector...) Es indudable que result.a grato leer de vez en cuando una
apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-,
a pesar de que sea una lectura de segundo orden.
Después de todo. un buen argumento también es una buena creación.
Pero sería lamentable no pasar de ah\. Sería una lástima que hubiera
lectores -en realidad los hay- qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de
libros y que no aspiraran a educar su gust.o para poder disfrutar obras de
primer orden... Sería como aficionarse a los mariscos, pero no ir más allá de
las almejas .... ¡perdiéndose los erizos, las colitas de camarones, las ostras en
su propia concha nacarada! El gusto se educa, evidentemente, y es una de las
mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus
fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para
siempre si el gusto no se educara.
Pre.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las
obras de misterio. o policiales, aparte de hacernos pasar un rat.oentretenido,
está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector,
facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores.
En este punto resulta apropiada la palabra misterio, una vez más, pero
ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí; en efecto,
la palabra misterio. en su profundo sentido religioso, se relaciona asimismo
con la "iniciación". El "neófito", o ignorante de los misterios de la religión,
se "inicia" en el conocimiento de ellos. Y esa iniciación es como parte dcl
misterio mismo, como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde
permanece, envuelto en tinieblas etemas, el secreto. Lo incomprensible.
Los bordes del misterio religioso, las playas de ese oscuro océano de luz,
son la iniciación, y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que
nunca los conducirá a nada.
Los misterios de la religión no cuentan. hoy por hoy, con tantos devotos
como los misterios de otros tipos, pero aun así los misterios dt: la literatura
tienen menos fieles todavía.
¿El rel.ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable- de
iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los
caminos conducen a Roma, y quien se había propuesto llegar a ella puede
alcanzar su meta incluso a través del relato policial. Será un entretenido
comienzo para una vida de aventuras como lector, al cabo de la cual ha de ser
cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que
es de segundo orden.
De primer orden es este para los niños.
IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives, despierta en
ellos muy desde adentro el gusto por el misterio, gusto que más tarde habrá
de llevarlos ... a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo
literario, pero no menos considerables.
COMENTARIO DE CARLOS [TURRA
Dos veces iniciática, por policíaca y por infantil, csta obrita ingeniosa
podría llegar a arrastrar detrás de si, como el Flautista famoso, a todos los
niños del barrio.
Después de leer estos '''Trece casos misteriosos", sus lectores habrán
entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética, sino que también
habrán hecho una especie de gimnasia mental, racional. en pos de una
solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul
expuestas al público. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". la
gimnasia mental de los lectores, sumada a su inocente agudeza, les indicará
cómo resolver los misterios: ... están al final del libro. ¡Las culpables son las
autoras...
1

Querido lector: Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las soluciones están dadas, pero... al revés. También te invitamos a resolver los crucigramas de cada caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­ rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde. Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­ nas mencionadas. Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro, con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras

IN DICE

El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de las perlas grises El caso del regalo de cumpleaños El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . El caso del zafiro de doña Sara El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . El caso dc 1a moto embarrada El caso dd joyero angustiado El caso del secuestro del arquero El caso del ladrón con máscara El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1
9
19
25
33
41
49
57
65
73
79
89
95

..................

Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105

Ese vier­ nes entregaban las notas del trimestre.. Repartiré las libretas durante la última bora de clases. El muchacho. pálido por encima de sus pecas. que tenía fama de m8tco. Media hora después una campanilla animó levemente las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie ­ ron a recreo. Qu iero de­ cirles que en general el rendimiento del curso durante este trimestre ha sido pésimo. La lola ­ lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era muy alentador.Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela.EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS El tercero medio A del colegio Buenaventu ­ ra era un curso bastante revoltoso. co­ menzó a resolver una complicada ecuación. muy malas .. llamó a Mauri­ cio al pizarrón. sin ánimo ni para q:omer su emparedado de queso. y 18 clase siguió len ta y pesada. -¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla. . y la señorita Leonor dejó el alto de libretas blan ­ cas en una esquina de su escritoriu. . soplando con desáni ­ mo su chasquilla. luego de sentarse en su silla. y tendrán que traerlas firmadas el lunes.y yo en química -cuchicheó Andrés. -i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. La profesora. -¡Adiós. y las notas. sin falta. i . fiesta' -suspiró Catalina.

al oír esto. -·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó Marcela-.. si usaras más tu cabeza . -Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés. con un gesto asustado.:p. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­ ción . -Al paso que van mis porras compañeras -dijo-. dándo­ le la espalda. que se habían quedado mudas. ~ ~ ~. En ese momento se acercó Mauricio. -¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela. -Mau­ ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con expresión hosca. e. -Un ardid para e.. t'ulllJic! 1¡~1 @l+ : .. Marcela. Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 3 ¡SlIl:¡ias l -le contestó la lánguida Constanza. contemplando a Mauricio. sin perder su desgano. Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera. -No sean tontas. la en trega de esas notas. Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas. Se afirmó en la vieja palmera. -Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­ tar. ¿No te das cuenta? -¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­ lo. nenas.. muy serio-o No olviden que tengo que conquistar a Catalina . si lo único que quiero es que todos vayamos a la fiesta. y luego. -Nosotros también queremos. en una pose de actriz dramática... Marcela. levantó una mano y gritó: -¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan! -No seas tonta.... )J3? M ~. . ¿Qué propone el genio? -interrogó Constanza. como sea. tendré que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas .. mostró la yema de su pulgar herido por una pequeña astilla.vitar que nos entreguen las libretas -respondió Mauricio..

Mal-cela quedó sola. ahora falta que se presente el culpable. Marce1a observaba a sus com­ pañeros en una inmovilidad total. El curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos. el castigo no será tan drástico. pero ni una pala­ bra salió de sus bocas. avanzó hacia el escritorio de la señorita Leonor. escondidas tras las cajas de tiza. ante el estupor de sus compañeros.lsí. Los niños. en tono aún más agudo: -Repito. Cumplido el plazo. no. se mantenían inmóviles. pero les daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco minutos y. Tomó con ambas manos el alto de libretas. La señorita Leonor insistió. estalló la voz de la proCesara: -¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS? Un silencio total fue la respuesta. I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos. y luego prosiguió: -Les doy una oportunidad para ser honestos. mezclado con mal disimulada alegría. -¿Resignación? -repitió para sí-o iAh. flotaba en el ambiente.se incorporó de su banco y caminó hacia el closet de los útiles. lilllo. Bueno. si a mi regreso no están las libretas sobre el escritorio'. -Niños: esto no es broma. Estaban todos paralogizados. En ese momento. Connie miraba a Marce1a. Hasta que de pronto una figura -conoci­ da por los lectores. Un aire de expecta­ ción. no me queda otra que resignarme a un sábado si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral. Es gravísimo. entonces. Los alumnos entraron a su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su lugar. La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra..L'nta el culpable.. no les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. ~ "¡\ . cuando la profesora regresó.. Andrés retorcía el lóbulo de su oreja. La oyeron suspirar. Ni un suspiro se escuchó. Si no sucede . se levantó de su silla. alguien arrastrará a todo el curso con él.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 5 olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un Catalina partió corriendo. Su cara no reflejaba ninguna emoción. Si se pre­ '-. la maestra caminó entre los escritorios para observar con detención a sus alumnos. En el primer momento nadie habló ni se movió. al parecer.. Mauricio se mordía el labio. las vein­ ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar. comunicaré el hecho a la Dirección. eso nunca! -y caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su amigo. y y salió de la sala. que ya la conocían. Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. . La profesora. elc borrar una manchita sobre la primera Libreta. y vieron cómo trataba. Connie daba vueltas al anillo en su dedo. Catalina ape­ nas si respiraba. por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las libretas? Los alumnos se miraron asombrados. En ese momento habló: -Bien . Por última vez: ¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante ahora . Calló unos segundos. Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el comienzo de la última hora de clases. Como el silencio se prolongaba. Andrés raya­ ba con insistencia la tapa de su cuaderno. nerviosos. La voz de la profesora ahora amenazaba: -Ustedes saben que este es motivo de expulsión. y. pero a sus alumnos. y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir..

2. 13. Dios del viento. 8. 9. 6. Así eran las 11olas. 2. Alfiler inglés. Era lánguida. Tercera letra.1. Evaluad su precio. Verticales: l. Al sol se la debemos. pero en desorden. 11.). El que lo es tiene un sobrino. Aquí están las ciuco vocales. Lo más allo en inglés. Quiera.). 11.:nterado de quién es el responsable. 5.). Componente de la orina (inv. 10. Letra gnega. Nombre del colegio. y dijo un nombre. la persona aludida confesó su culpa. Molusco (inv. Socorro. Contrario '11 par. ¿ Qué vio ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al culpable? CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Horiwntales: 1. Tubo sin principio ni fin.ó el dedo pulgar. .Ji peón. Fallecí (inv. Sil1 UrH 4. Devasta. Si es negra habrá lluvia.). Con "c" se cae. Nari7. 8. 4. Furia. 10. 12.). Vestidura (inv. Objetos robados. 9. Con gesto compungido. TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Cuando el recorrido hubo fínalizado. la voz fue tajante: -Quiero que sepan que ya me he c. 12. Exclamación para toros (¡nv. Naves Orbitales Fantásticas. Ventoso infinitivo prohibido en clases.. i3. Pint<l de la baraja. Cam. Ell1wteo del cumlO. 3. Vocales de tope. Sustantivo que modifica y que transa billetes. Medio progenitor. Plumífero dios egipcio. Calcio. del barco (inv. Dos vocales idénticas. Desabl'ida y fome. Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz. 7. n 6. Vocales que parecen velas. Hierba (inv. Se dañ. D{a para devolver las libretas firmadas. Madre a medias. Materia infecciosa. Hágalo con los ojos. Dios inglés.). 3. Bes<! sin vocales. Caza en el mar. 7. 5. Corno el Buenaventura. Este bárbaro europeo del año 400 tiene uu comien ­ zo para volar y termina Iv negando. Medio baile polinésico. Los guardaron antes de salir a recreo.). Soplaba su chasq~li/la. La profesora no se equivocaba. Nombre de la profeso/-a. Los del cuellto se la perdieron.

Por supuesto que lo había elegido ella misma. -Es parte del regalo. en su vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O era un inconfesado deseo de im pae tar a su amiga Lulú. y esa noche recibiría a sus amigos más íntimos a cenar. nadie diría que sobrepasaba la cuarentena. será mi fiesta . Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño. que se jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago? Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas. ni mucho menos. -¡Curiosa amistad la tuya con Lulú l -murmuró Alvaro. De pie frente al espejo de medialuna se contempló otra vez. -Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz de su marido desde el baño. querido. El vesLido dejaba ver un cuello desnudo. Terminaba de afeitarse.. pero ella.EL CASO DE LAS PERLAS GRISES La señora Fernándcz. el collar. dudaba de tales afirmaciones. y había sido la primera vez. sus ojos ya sin el brillo de la juventud.. Aunque la vida no le había sido difícil. . a veces. listo para reci bir el regalo de Alvaro. acompañado de la mirada de Lulú. ¿Repre­ sentaba los cincuenta? Según Alvaro. cumplía cincuenta a11os. sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela.. empolvado y blanco. frunciendo la nariz. su ma­ rido.

existen los créditos. hombre barrigón y entradoen años. Víctor? -Sí. -Sergio tenía cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado sin dinero para invertir. entonces. ofreció: -¿Más whisky. luces y flores. Sergio. pero permítanme in­ terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar! -Antes la salud que la buena educación -bromeó con estruendo GÓmcz. ella bajita v tk anteojos. -¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano. ¡Por ravor. Los invitados comenzaron a llegar. para apoyar a su marido. como para quitar importancia al asunto.111 TRECE CASOS MISTERIOSOS ¡\ I<lS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11 diez de la noche la casa de los Fernández resplande­ . paseaba con aire distraído miran­ do los cuadros colgados en las paredes. -Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor. haciendo tintinear los hielos en su vaso de whisky. y te lo digo en serio. -·Deberíamos asociarnos. la amiga soltera de Adela. Martita. Adela. agrégame un par de cubos de hielo. no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas domésticos. . y dijo con mucha suavidad: -Mientras tanto. -¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos. En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el matrimonio Gómez. Y no estoy de ánimo hoy para discutir asuntos materiales. Lo único de color en l'Ila eran sus largas uñas rojas. vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­ llas que realzaban la palidez de su piel. cantando a coro cwnplea­ ¡"'lOS feliz. Lulú.. pero hizo un gesto con su mano. ante una . que pasaba por una de sus crisis existenciales. pero yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la casa -dijo Gómez. Se sentaron en torno a una mesa ovalada. fingiendo asombro. me estoy dejando crecer las llllas. -Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga -declaró Laura con sequedad. estiró su mano desnu­ da. -Ese es problema mío. Y si quieres. ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de la torta? -¿Sorpresa? -exclamó Adela. iY este sí que no me fallará! La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su marido: era el mismo Víctor de siempre. primera. Alvaro. 111 tk. Alvaro insistió en que no debía fallar ni una .. amigo. Víctor -contestó ella con gesto eseéptico-. por segunda vez en la noche: eran casi las doce. -¡Ay. que yo me en tiendo más con números que con arte-le contestó Sergio. Sergio? --preguntó Víctor Astudillo. moviendo sus bigotes al hablar.. ¡Venga un champán.Tú sabes. y pidió silencio: --Adela.jovial y alegre. -Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú. aun­ que inconscientemente tocó su propio cuello-. -Estoy en tiempo de vacas flacas. a la caza de un negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo. 1. y Laura. querida Adela! Adela miraba el reloj con impaciencia. Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­ lor. y los invitó al comedor. levantando su ceja derecha. Yo pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto excelente . cubierta por un mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con los cubiertos. y se puso de pico Demoró unos segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo. Víctor. ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta. Hizo una sella disimulacla a su esposo. Los Gómez.. Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso: -Muy interesante la conversación. En ese momento Adela miró el reloj. su marido. Por suerte. -¿Te ganaste la lotería. entonces. él alto y de bigotes tiesos. qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú. Astudillo levantó los hombros con desaliento. palmoteando el hombro del más bohemio de sus amigos. gracias. alzó sus manos.. Sergio-bromeó Astudillo-. Alvaro dijo "permiso". tantas velas.

Solamente que . En ese momento se oyó el gri to: -¡Mi collar! Los invitados estaban ahora sentados en el living. -Bueno. po­ niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­ llas la expresión de su amiga. todos me abrazaron.. Los Gómcz. Adela -habló Alvaro-. se había retirado. y de eso no tengo la menor duda. -Alguien tiene el collar. -¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­ guntó Lulú. Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor. y cuando apagaba las últimas cinco peque­ ñas llamas. -¡Querido . -Apaguen la luz -ordenó Alvaro. todos gritaron. Alvaro. Además. Adela no contenía su nerviosismo y miraba a Lulú de reojo. observaban en silencio y abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas En ese momento entró un enguantado mozo con una enorme torta entre sus lnanos. Los otros la rodearon. pálida y nerviosa. y Adela se sintió abrazada por SLlS amigos. .. -contestó el aludido. con tono infantil. Sopló.. este sí que es un marido espléndido! Una sola de esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­ tó Laura. -Aún no . antes brindemos por esas perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico -interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky. molesta. -Si es una broma.. en ese momento. Cuando Alvaro abrió el estuche. -¡Vaya. ya dura demasiado -dijo Alvaro con voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y debe aparecer abora. -¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora G6mez. catorce ojos estaban fijos en él. Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­ te iluminado por la luz de las cincuenta velitas. ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela. Adela. con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos. -Tienes una rortuna cn tu cuello.. miraba. no sé . y pongo mis manos al fuego por él. -Tienes que pensar bien. querida Adela -comen­ tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado. mujer. -No te apures tanto. en un siUón. alégrate! No siempre una amiga cum­ ple cincuenta años -observó Lulú. a su esposo que se pasea­ ba a lo largo del salón. no. esto no cs broma... Adela se puso de pie y se acercó a la torta. mientras tanto. -¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya: tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­ ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela. -¿Manos al fuego. -¡Alégrate. -¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­ mez. Manita'. amargada. dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­ da-o ¡Eso era! . Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos hasta que alguien nuevamente dio la luz. 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela.L' TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 13 audiencia expectante.. -Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años.

el dedo de Alvaro apuntó a uno de sus invitados: -Creo. y se decidió: -Amigos míos: tendré que llamar a la policía. Sergio. jugueteaba con sus cadenas de oro. sentado junto a la dueña de casa. movía nervioso el pie.1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 15 -¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio.. señor inspector.. Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living. él su ludo. Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había abandonado en toda la noche. mientras el dueño de casa se dirigía al teléfono. Los Gómcz. PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía. -¡Manos . Laura. no es difícil de adivinar: voces airadas. corroboraron su afirmación. y luego el pequeño lirón! Miró trémula a su esposo. Lo que siguió. Alvaro observó a sus invitados uno por uno. y sucedió que no se equivocaba. muy helados. recostada en el sillón. ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­ quién es el ladrón y qué 10 delató? . que esa es la persona culpable. con ojos ausentes. miraba con ter­ quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano. por su parte. porque entre ustedes está el ladrón. lector. Las pesquisas del ins­ pector. un int~nto de desmayo de Laura y sollozos de Lulú. fruncido el cci'¡o. se abrazaban. Lulú. y bien. muy juntos. ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el cuello' ¡Unos dedos muy. famoso por su eficiencia -y también por sus grandes orejas-.

Para el lvhiskv de lilctor. Apellido de pintor admirado por SergIO. 7. 5. Fruslrado volador. Bello griego. Verticales: l. Se prueban en la adversidad. Devastaran. Organizaciún de Elefan­ tes Latinoamericanus. Cesio. Con "a" final.o f3mosa la l. Súbditos del Avatolah. Un raton lc sacó a él la espina <. ID.le su auulori­ da pala. .c1osio Oteíza.). Deesla rnanera. CoLores para este cuento. 8. Intentó desnwvarse. Suálil COI'I alli/lo (inv. Quiere uecir "estú" (inv. De carnes suc'ltas. 6.). Ato.J. Vucales Jistintas. Constelación peluda. Sud América. Ninguno. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. nuera fiel. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­ lianas. S. esta palabra habría sido mu\ tozuda. Tres consunantes vibradUl·as. 12. Cumplía cincue'1la año. Ultimo (rago amargo para Sócrates. Medio gato.).Horapa ­ ra W'/a sorpresa. '>. Silenciosa forma verbal por la que se camlna (inv. 7. 3. Nombre femeninu para sonata. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 17 ('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES 11(1' I/olltales: J O_ Para pescadores o depurtistas. Cubre. 12. Color . Nace con la aurora. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana. 2. Repetido. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. 4. 9. Función o papel. Nota musical (in". 2. Festiva comiluna. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza Cuntracciónmetálica. Aciverbio positivo. Tcc. J-:/'{/J'I tornasoladas. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda. Prometéis (inv. 3. Pinocho hi'/. sería duro [rUlo ll'<>pical. 11. 6. Un kmidu huno. Letra demustraliva. 13. En la Biblia. Amiga de Pedro de Valdivia.bebestible ql1i tasueüo.). 1/11 suya. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana 11.1(. Terceras alfabéticas. Vacuno. 4.>. H.

envuelta en su bata de levantarse floreada. Carraspeó al pasar frente a la puerta del dormitorio de sus padres. con un almohadón sobre la cabeza. Luego de media hora que le parecieron cinco. entra -escuchó ahora la voz del papá. escuchó un ruido en el dormi torio de sus papás. .EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS (Idea original de El vira Balcells. y se dirigió a la sala de baño. y su madre. 15 años) Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­ ñana. ven. Alzó la tapa. Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete que. pero ésta. y siguió durmiendo. tratando de no romper el lindo papel de seda. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada. Emilia tosió varias veces para ver si su hermana se des­ pertaba. mur­ muró unas palabras ininteligibles.arl8s. apareció entre las sábanas. y allí apareció. -¡El collar! -gritó. Se levantó presurosa. luego de besos y grandes abrazos. y su primer pensamiento fue: ¡hoy cumplo doce años! En la casa todos dormían. ahora con mejor resultado: -¡Emilia! -llamó la mamá. ese collar de pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba frente a la joyería que quedaba cerca del dentista. No se hizo esperar. entre algodones. exaltada. tratando de parecer casual. Lo desenvolvió con dedos ágiles. -¿Síii? -contestó esta. y abrió de inmediato la puerta: en la amplia cama matrimonial la esperaban su papá. -Emilia. con ese mechón que caía sobre su frente todas las maii. abrazando a su madre una y otra vez.

qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es el primer collar de verdad de mi vida! -dijo. -¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo! Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces en el mismo lugar. partió corriendo y. con expresión de saltado­ ra de vallas. De inme­ diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los regalos. Y esta vez. sin miramientos. papito. Emilia estaba eufórica. Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua con la manguera. muy consciente de su papel de anfitriona. el mazapán. mi­ rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos. aterrizando sentada. Nena. pasaron al comedor. pero. . el dibujo de un gato con lazo a lunares. como niña chica que aún era: -¡Mira. -¡Me carga saltar' -comentó Carla. -¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran. -Es que . Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi vacía. Entonces dio un salto en la cama. -¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere.. obra de su hermana. pero seca. -¿Juguemos a la pelota? -animó Fran.Ya me lo probé en la mañana. Hasta que un ruido de campanitas la hizo abrir el otro ojo. Nena. -No. de una sola vez.. dando un ágil trote con sus zapatillas deportivas. Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la abuelita-. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs. aún intacto. Carla. co­ rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el rostro de su hermana. Nicky. mi mamá sabía.. -¿Y qué es eso? -preguntó Claudia. encantada con cse ruido cristalino que producían las cuentas al en trecho­ L:ar-. ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron .. Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama hecha un desastre. ! Carola abrió un ojo y refunfuñó. y obligaron a Emilia a abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído. -Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia. Tere y Fran se acercaron a tocarlo. Tere! Tere retrocedió varios pasos y. rodeada de bebidas v confites. pasó por encima de los baldes. -¡Listo! ¡Toma vuelo. Emilia. -¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky.-­ Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de la tarde: Claudia.l) TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 21 -¿ y a mí no me toca nada? -rió el papá. -¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky. Pero ahora los regalos estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa. sí.. Allí una enorme torta de merengue con doce velitas se veía muy tentadora. -¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere. -¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena. ¡gracias! _¿Y yo no sé también. entusias­ ta. . Tere y Fran. pro­ puso salir al jardín. de tus gustos? -El papá levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con chocolate v nueces. acaso. -Carola. i Lo que van a decir mis amigas! .

ya cansadas. a formar parte del grupo de las sentadas. levantó la almoha­ da y la colcha. pero lo supo al día siguiente. Su rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar. levantando los baldes y llenándolos nuevamente con agua.apatos con ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. en alegre griterío. se había unido al juego y. con un bostezo. muy avergonzada. se dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. Las amigas. Eran las ocho de la noche. logró varios puntos al saltar como una rana. Carla aplaudía sentada en una grada de la terraza. regresó con él. -Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada. porque la culpable. Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 23 Se oyó una ovación. siguieron por largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. pese a sus estrechos jeans. Nicky pasó. miró debajo de la cama. -Descansa un rato -dijo Nena. Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un chapuzón. ¿cómo le diste cuenta? Emilia no pudo descubrirlo.la mamá y Carola. No hubo caso: el collar no estaba en la casa. Poco a poco el timbre fue sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra de chocolate en la mano. . -¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky. Ante los gritos de la niña llegó toda la familia. hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató sus obsequios. La festejada. junto a Emilia y Carla. entra­ ron en el living a escuchar música. el pqro incluido. Y las niñitas. Las otras. regalo de la mamá de Emilia. La tarde llegó a su fin. Has­ ta Carola. hasta que se convenció: su collar había desapa­ recido. Removió entre los papeles de regalo. inicia­ ron la competencia con difíciles piruetas. Todas se animaron. Se unieron a la búsqueda el papá. Una Nicky empapada y mirando sus z. Miró el desor­ den de su cama. turnándose con Emilia para llevar los cómputos. con su aire de hermana mayor. una a una. Se te ocurre cuál de sus amigas podría haber sacado el collar? Y si es asj. Algo llamó su atención.

la señorita Pussy. Quieres con locura (inv. . Regla y consonante (inv.1 TRECE CASOS MISTERIOSOS CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS Horizon tales: 1.). Inglesa red que sostiene al revés. Interjección apurete para animales. Su compañero.ban llenos de agua. Onomatopeya para patos (inv..ra Emilia. salió de su ofici­ na y con voz cortante ordenó: -Señorita Pussy. para un pobre cajero exhausto? -¡Ay. Motivo de la fiesta.) Seis de la tarde.'. La primera que saltó los bal. S. 4. En este libro hay trece. secretaria de don Pedro Retamales.). y también parte .). Pronombre (inv. terminaba de hacer el arqueo y anotaba unas cifras en su libro de registro diario.. Medio roto. 8. de pepitas azules.. 12. por ahí. Víctor Ponce. Oasis del náufrago. 7. Género aterciopelado y acanalado (inv. Consonantes para nene. Señor campesino (in v . Río italiano.). y como siempre los clientes habían llegado a última hora. 10.). lUvo muchos. Para deci r lo que debas. 12. Querido nombre del poeta Nervo. Del aire (plural). lanzaba rui­ dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día del mes para pagar impuestos fiscales. Escuchad. 9. 5.). avise al guardia que ya nos vamos. Cumpleañera. Para monjas es este titulo. Natas pequeñas. de es­ pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un artista bohemio que a un empleado de banco-.). Laura Rojas. Recunid. Atrapan peces. el crespo cajero con chaqueta a cuadros del Banco Muchosmiles. Afirmación. Contracción. EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES Verticales: 1.Quieras (inv. pelotas y mariposas.). Es en los Estados Uni ­ dos. Conducto sanguíneo (inv. 13. 4. 3.). 7. Ave parecida al pato. 2. 11. . dará buen fruto. salió a pasitos cortos. Arreglo un desperfecto. -Termina de hablar por teléfono. Si cae en buena tierra. que no contribuía en nada a facilitar sus movimientos. 2. Cuando bulle el agua. Tiene cinco misterios. 11. ella silba. Ponce y Rodríguez: ¿están listos? Ponce asintió con un gesto. Triunfador. ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso: -¿No sobraría un cafecito. Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. Usaba zapatillas deporti­ vas. 6. Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia. no los tengas en la lengua. el gerente. En el cUlm/o. Emilio. Juan Rodríguez. En ella se sentó Carla (inv. Alimento de bibliotecas. Ponce. chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista para irme! -¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar. Era. 9. Espantamoscas vacuno (inv. 10. Carrera acuática. Esta. Textual. Principio de ópticos.lks. Plata. Nota musical. Instituto infantil. Escozor. Saludo para el César. Sangre de los dioses griegos. 3. Número de años pc. 8. en cambio. Conjunción inglesa (inv. empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali ­ sando su ceñida falda negra. En esos instantes Retamales. con lazo a lunares.). 6. Letra griega.

y verifi­ que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero -ordenó eljcfe a su secretaria.. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales. -¡Viene el camión blindado. explicó a su j~re: -Son dieciocho millones y fracción. cami­ nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una columna. Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer'. la puer­ ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris que se estacionaba al frente. Ella. Los hombres. Los cajeros se dirigieron al gerente. El guardia. dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó el auricular más cercano. un chorro de líquido helado lo paralizó. -¡Nos vamos. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES 27 -Sí -dijo Rodríguez. esperaban. con el abrigo sobre sus hombros. apurado por irse. Rodríguez. En medio de una angustiosa respiración que lo D~ . nerviosa. rápido. Santelices! -musitó con su voz de gato al alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho. ya con una caja entre sus manos. señor! -dijo con gesto de sorpresa el guardián. -Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral. Pero no alcanzó a discar: un estam­ pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo. Santelices preguntó: -¿Abro? -Aguántese un poco -dijo el gerente. pistolas en mano. -Señor Retamales. mirando la hora. estamos listos para ir a la bóveda -dijo Ponce con tono respetuoso. Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a la puerta de en trada.(. donde se alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos billetes. -j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­ ció el cel'io. afuera. y tres hombres irrumpieron. La señorita Pussy. -Bien. desenfundó su arma.

también con los pies atados y las manos presas a sus espaldas. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un tono de incredulidad. boca abajo sobre el suelo. los lanzaron al suelo de un solo empujón . de pies y manos... con una tela en la boca. con un chirrido de neumáticos. la versión de cada uno de ustedes del atraco. -Bueno.el otro nos encañonaba. señorita. con detalles. es evidente que alguien del banco desconectó el sistema./ -----=---=-----=------­ ~ . mientras sus enormes ojos maquillados clamaban por socorro.. Estos. se esforzaban por recordar cada detalle elel atraco. senta­ dos frente a él y aún temblorosos. tratando de acomodar su melena ondulada. miraban a los tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de billetes y subían a la camioneta.. tranquilizándola con una sonrisa. a ver si no me falla la memoria . aún en espera de respuesta. cuando Santelices pudo mirar a su alrededor. raudo... El gerente y los dos cajeros.. Y nadie extraño al banco conocc su funciona mien Lo. incluyendo a mi jefe. señor. ¿y nooyó el ruido de las alarmas? Los cinco empleados se miraron con desconcierto. hoy sí. En verdad. maniatada y con mordaza. ' / ' . inspector-gimoteó Pussy. -Usted habla de vidrios quebrados. mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-: pri mero fue la explosión en los vidrios. mientras que un tercero nos amarró uno a uno. vio a la señorita Pussy tiesa en una silla. -respondió la hablantina sel10rita Pussy. El inspector anotó algo en su libreta. a los demás... dijo inseguro: -Las revisiones al sistema de alarma son diarias.. Todo esto transcurrió en menos de un minuto. Luego que uno paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no se imaginan cómo tosía!.. A mí me dejaron en esta misma silla. nadie había escuchado los timbres de alarma. -Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector.. bien.. y añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la tarde? -Sí.f... Yo lo revisé a las tres de la tarde. ¡Y se mandaron cambiar con el dineral . No había pasado una hora... Cayó de bruces al suelo. y con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca. tratada a empujones y sin ningún mira­ miento ... el guardia.. -Exactamente.. y.. Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas. y no hay que ser demasiado perspi­ caz para darse cuenta de ello -Soto los miró. -En tonces. inquisitivo. algo asustada. -Bien.. Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­ to.'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES 29 hada toser. y ya el inspector Soto interro­ gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. -Sucedió todo como en las películas. y yo ... -¡Ya se la di' -advirtió la secretaria.. luego el pobre Santeli­ ces paralizado. y volvió a levantar la cabeza. Santelices.

El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad. debo decirles que uno de ustedes mintió. también contra el piso. tosía en forma estrepitosa para hacer más veraz la escena. Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida. y se preparó a dibujar. Y si mal no recuerdo. de pronto. que todos han apwbado como fiel a la realidad. -Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada frente a la puerta. malo. sobre la nariz. Los empleados se pusieron de pie. -¿Y usted. El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. qué me puede decir? -El inspector miró a Rodríguez. que duró todo el día siguiente. moreno y con enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental -advirtió el gerente. Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró muy fuerte.' -¡Así! ¡Ay. -A ver. -Por este dibujo. tenía razón. -Corroboro lo que dicen mis compañeros. -¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc tudo~ rano J() vi.. malo . ya que ese mal­ dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa: sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia. y creo que puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era EE. hagamos una reconstrucción de escena -dijo. ¿no? -puntualizó. que continuó en su asiento. de la comuna de La Reina. Eso delata a alguien que quiere entorpecer mi labor. salvo la señorita Pussy. Abrió su libreta en una página en blanco. tumbados en el suelo como sapos. pero con el nerviosismo no pude retenerlos. con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido que mi pistola! -¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto. -Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez. Los cuatro hombres tomaron la misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el señor gerente y los dos cajeros.. en ~l dibujo no hay ningún error -insistió el inspector. Hasta que. ¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy. Y ese alguien es u5led. luego de unos instantes. y quien había desconectado el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones terminó confesando su acción.. otra vez. qué bien dibuja. -Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos -siguió Ponce-. y siguió mirando el dibujo. inspector.. Una vez terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos. mientras Santelices. El inspector se veía pensativo. ~ Soto.JU TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASODELATRACOALBANCOMlJClI(}~MIII'" \1 -¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita? -interrogó Soto. Pero luego de un largo interrogatorio. Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la evidencia de que uno de los empleados minlió') . . -Exactamente -respondió Ponce.Yo difícilmente podría aportar mucho. me hizo igualita! -se admiró Pussv. -¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas . El gerente se mordía las unas. o sea. También leí los núme­ ros. la verdad salió a relucir. los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron crecer. -musitó Soto. -Malo. uno tenía un lunar entre los ojos. -o sea.

. auLor de Antai. Nombre del Baru:o. Zoila Uribe.) En la fábula se infló hasta reventar. Plumífero remedón. Señoras para Adanes (inv.). Verticales: l. Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males ­ tar en el pecho. volvió a tomar la cajita con manos temblorosas y susurró: . 12. se decidió a llamar a la empleada. siempre con sus proble­ mas de dinero que yo no puedo solucionar . en compañía de su marido ya muerto.. frente al espejo. es tan exigente . Ingenuo. Voeales cuadrillizas. Artículo neutro (inv. Si es largo. Aunque no eran ni las siete de la mañana.. la triste anciana.. Número de cajeros. 6. ¡Qué diferencia. Deja a un lado.Tse Tung. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas. 8.). se imaginaba nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados por sus excéntricos amigos.). todas las mañanas. Color {le unif017ne:s de asaltantrs.). Orejuda inspectar. su mujer. Abuela alemana.). Antes de ser pescado (inv. con la solitaria vejez del presente! Entonces. Batracios mirones. en vez de buscar el consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban.). 6. 7. 4. Erase una vez una vieja muy sola. pero. 10. Así. . con la túnica de seda india sobrepuesta sobre su empequeñecida figura. hibernadora mamífera. 9. Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor ascendía por su cuello. Secretaria del gerente. y apretaba como una gargantilla. la de esa vida mundana que la hacía llevar su esposo. prometes car­ ta (inv. Apellido del gerente (inv. Cartas geográfi ­ cas (inv. Cierto y de san­ gre azul. Empleáis (inv. Alcohol para tortillas en llamas. 2. Tenía por única alegría vivir de sus recuerdos. abría la anti ­ gua arca de madera tallada para contem­ plar los vestidos que usó en su época de gloriosa juventud. 10. Terminación verbal. 8.se aferraba una vez más a una vanidad: su cajita de oro. Barbudo escritor chileno para niiios. Mar inglés (inv. 5. Inteljección telefónica. Míster.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA (Idea original de Elvira Balcells) CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES Horizontales: 1. Como Rodrfguez y Porlce. antes de hacerlo. Media amiga de Tobi. 3. Todas las noches... Nombre chino. 4. 2. 11. S. 11. Las cinco vocales revueLtas. símbolo para ella de un antiguo esplendor. Habían llegada a última hora (sing. Apura. 3. lo primero que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle como si éste tuviera vida. Muchas veces.).). 9. antes de acostarse. -Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita. No lo dices. Es que Nidia. Atrévete. luego de levantar su tapa-o Este sobrino mío. Región de famoso mago. Muere por la boca. 7. Ursula Yáñez. Pueblo indígena pre­ cordillerano.

. Pero doña Sara alcanzó a oírla: -No. . Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a medias en la cama..l4 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA . Si no está su joya.l~ -Mañana seguimos conversando. ¡Llama a la policía! -No la engañaré. tranquilita -dijo la enfermera en tono amable. con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna. -La llave . Doña Sara abrió los ojos. llama a la policía . Observó el rostro de la viejita y. Aunque estoy seguro de que nada ha sucedido. -Robertito. Se lo prometo. -¿Quiere agüita.. en el fondo de lacaja.. -Roberto.. -Shhh .. -¡Me lo robaron! ¡Lo soñé! En ese momento.. una enfer­ mera.-La voz de doña Sara era imper­ ceptible.. señora. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. -Roberto esbozaba una sonrisa. por favor. Roberto abría la puerta de la pieza.. La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera... tía: iré a su casa y revisaré el velador. No es bueno que se agite. desplomada sobre su almohadón.. avisaré a la policía. Gladys salió corriendo. Esta suspiró. yacía sin sentido. Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el fondo de su velador. La anciana perdió aliento. se mantenía en silencio. .. -La cajita . En respuesta. Roberto se acercó entonces a su tía: -Tía.. hijo .. nuevamente un dolor la atenazó. Cuando Gladys entró en la pieza. A los gritos de la muchacha llegó Petronila. la cajita . En el momento en que iba a echar lIavc a la cerradura del cajón... la policía . tía . luego de humedecer un algodón con agua. -Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de mando-o La señora se nos muere . La anciana trató de hablar. aliviada. ¿Por qué se imagina esas cosas? -Lo soñé. Roberto: te lo ordeno. -Pero.. la cocinera. lo pasó por esos resecos labios.. no me engañes. Cerca de la ventana. y cerró los ojos. no se agite.. me siento muy maL. -¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada. El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la enfermera. lo soñé. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur ­ muró: -Sígale la corriente. sé que me robaron el zafiro de la cajita. Roberto. Tocó las manos frías de su patrona e inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana emitía un débil quejido. Si ha sucedido lo que pienso.. poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­ dor. un enorme zafiro lanzó sus destellos azules...Tranquila. El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma. y no debo arriesgarme a que sepan de ti. .. le vaya dar agüita de la llave. señora? -susurró la mujer. que corrió hacia el lecho. doña Sara. un ojo resplandeció: incrustado en un en­ garce de oro.

. ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡'. Primero la enfermedad. -1...n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con tono resentido. pero cerrada.~i • TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 37 A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el oscuro salón de doña Sara. y la quiero mucho.. El inspector no respondió.. muy serio. -¿Ya qué vino? -Bueno . -Aparte de la Gladys y yo . Soto meditó. -comento Pctronila con ex­ presión maliciosa. pues. Petronila. ~¿Alguien más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. y tantas veces le dije a mi tía que ese no era un lugar para guardar algo así. Gladys emi tió un silbido. la cocinera. Y con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra. --El índice ele Roberto frotó con nerviosismo su barbilla. con su albo delantal sobre el uni­ forme verde.Tengo las mejores referencias de usted. sabía lo que guardaba la sellara aquí adentro? -Bueno. decía con voz gruesa y firme: -Pobre señora. -¿La viene a ver muy a menudo? -Es mi única tía.. . Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito. inspector.. pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora? -preguntó Gladys. El inspector se dirigió a la cocinera: -¿Y usted. con una sonrisa un poco forzada. -Bueno. ¡Quién se iba a imaginar que había una joya adentro! . Y entonces me enteré de que ella estaba en la clínica. Roberto.. -¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia. acotó: . y ahora esto. ¡Segul'O que se está aneglando! Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume. don Roberto! Soto desvió la mirada hacia el joven. ¿cuán seguido la viene a visitar? -Como una vez al mes. yo había visto esa cajita. con la cajita cerrada entre sus manos . -Pero. señora Petronila? La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en la casa: -¡Gladys' ¡Niña. murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­ resa es la ropa y el peinado. -¿ Síii? -¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de Soto...Yo lo sabía. -Perdón. don Roberto sabe . y tiene la manía de guardar todo con llave. Miraba con insistencia la pun­ ta de su zapato. -¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita? -¡Ni idea! ¡No la había visto nunca l La señora es bastante desconfiada. -Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino. y Petronila se llevó una mano al pecho: -¡Qué descuido' . a ver a la tía. ¡usted.. Soto carraspeó y movió sus grandes orejas. pobre señora . -¿Podría venir Gladys. inspector Soto. Petronila.

Todos miraron al inspector ras­ carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un punto fijo en el techo. ). 10. 8. ¿Quién robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys. Apuran. Huracán. Al mismo nivel (inv. por supuesto. 12. Bahia (inv.). 4.). Soto discó un número.. maullaría. Anciana. (inv. ¡Cabeza de tuna! Cilindro.). -¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin. 13.). . 11. Le faltó un tin para ladrar. Quedé . 10.)."in Uave. Naciones. AhE se guardaba la cajira. Peñasco (inv. su voz sonó seca: -¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto. Prenda de veslir que SOlO miraba corl insistencia. 7. Repetido es un mono. 5. 8. Liga de Nuevos Astronautas. Gladys.). No provoques la de los dioses. Piu1. 6.). Terminación verbal. CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA Horizontales: l.). 4.). Petronila o Rober­ to? Responde. Medio progeni loro Portar. Envía de inmediato un radiopatrullas a Irarrázaval4074. Z 2. 12. Regalen. Alegra. Letra bailadora (inv. El que calza 50 lo es. Seflor. Malvada mujer. Consuelo de dalia Sara. Lo hice cuando me con ­ taron un chiste (jnv. ¡Huy. 9. solemne. 5. MIS'I'I':R/OSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 39 Se produjo un silencio. Disco que detiene a los automovilistas. 11. Sobrino.. Luego de unos instantes.ra preciosa del cuento.). Término de rebaje para costureras. Sí. 6. qué picante! Sonido para gallina.t11 11\1:\'10: ('AS(). Balbuceo de bebé. Gladys lo era.). Infiniti­ vo para enamorados. 7. Según Pelroru"fa. Avalúa (inv. Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de dos. y da tus razones. Verticales: 1. mostró uno sobre la mesita de caoba. Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. Póngale dorado. Altículo neutro (inv. Dos vocales distintas. Si se atOran lo harán (inv. Igual que Petrol1ila. tengo al ladrón. Rascó pacientemente su oreja. Si tuviera nna "u" al final. También ilustró los cuentos de Grimm (inv. 3. Color de cajitas para dmia Sara. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara. Nota musical (inv. Le dicen al evangélico (inv. con su índice. 9. Le dicen a Elena. Destino. 2.).

hombre! ¿Enquétepuedo servir? -¡Problemas Necesito tu ayuda .. dígame. -¿El señor Mancilla? -preguntó Soto.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS -¿Aló? El inspector Soto. El señor Mancilla salió de su despacho. -Gracias. se presentaba en la oficina de abogados Mancilla y Hermosilla.. Heliberto! Habla Juan Mancilla. No habían transcurrido diez minutos cuando Soto. por favor. seüoritas. páseme las llamadas pendientes. -Heliberto Soto. cortés. de terno gris y corbata de humita. . Háganlo pasar. -¡Hola. y cuatro secreta ­ rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes. Silvia. ' -Dime. -El inspector Soto estará aquí en un ra to más. -Con él. -¡Juan l ¡Gustazo. viejo. -¡Lástima! Estaré allí lo antes posible. -¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia. creo que me di cuenta muy tarde: estuvo la hora de colación de por medio. solícita. Mientras tanto. -Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir a verme? -¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo descubris te? -Desgraciadamente.

-¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano derecha a su oreja. colirio para los ojos. Lo recibirá en cinco minutos.. ni siquie­ ra levantó la cabeza. Rebcca? -preguntó una morena de moño. -¿Y las secretarias? -En ese instantc habían partido a almorzar. . Una de las secretarias se quejó. . El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de cuero.. más o menos. y Silvia anunció: -Señor Soto. en el primer cajón de su escritorio. El señor Mancilla está hablando por teléfono. ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela. pastillas de carbón. crema humec­ tante para cutis seco. Soto.Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­ lumna . .. haga el favor de pasar.. rascándose con energía dlóbulo de su oreja izquierda. -¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz. -La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de sufrimiento. aspirinas. Me dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque abierto por quinientos mil pesos. Juan Mancilla comenzó su relato. sí! Tome asiento.. so­ bando sus espaldas con ambas manos. abriendo el cajón de su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia: ofrezco pomada antiséptica. -¿Sí? . por favor.y cuando fui a la oficina de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera. -La secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita telefónica que marcaba una luz roja.. -¿Qué te duele a ti. parches curitas. abstraído. Raúl Hermosilla. después de la escenita dc esta manana! -comentó Silvia. -A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca. aunque .. Pamela? -preguntó Rebeca.. a ver . Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina de su amigo. _¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­ dida.. gotas para la otitis. bajando la voz y mirando de reojo al inspector.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS l' 43 TRECE CASOS MISTERIOSOS -¡Ah. -¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza. Se sumió en una atenta lectura... En ese momento Una campanilla anunció que la línea telefónica estaba despejada. -¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no pasa por la central telefónica de la secretaria. aho­ ra que 10 pienso . hablaste con tu señora? -Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno de nuestros hijos en el colegio .. a ver. -Soy todo oídos -señaló el inspector. En ese momento recibí un llamado de mi señora -que no fuc en realidad muy corto. -¿Qué te pasa. -¿Cuánto rato. alcohol. -Esta mañana me llamó mi socio.

¿Notas que el auricu­ lar está limpio. -¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector. hombre. Luego olió su dedo y lo frotó contra la yema del pulgar. Entonces Soto. Una de tus secretarias tendrá mucho que explicar. cuyo 1l'kfuno liene una doble línea con este. confuso. -¿Y el teléfono? -preguntó. sin tocarlo. ¡Alguien escuchó tu conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­ chaste un dic? -En real. Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a identificar a la culpable. levantó el fono. Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular. tú también. a la secretaria culpable? ~ ~ .1 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 45 En el segundo piso hay una oficina en desuso. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­ caste. El inspector Soto se acercó y miró el aparato telefó-oico. En el fondo de la pieza había una puerta que Soto abrió: era el baño. tal era el polvo que cubría escritorio y estantes. que inclinó levemente su cabeza ante ellas. pues. y algo llamó su atención. sonriente. mientras buscaba a su alre­ dedor. Con mirada de lince lo examinó de cerca. -¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla. amigo.1. -No te hagas ilusiones.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el abogado. pero nadie lo ocupa. Luego ambos subieron por una estrecha escalera. lo Mancilla le indicó una pequeña mesita. -¿ Qué hay en esa ofici na? -Muebles viejos y un pequeño baño. con mucho cuidado. hasta llegar a un pequeño cuarto que parecía abandonado. el caso cstá resuelto. Se volvió hacia su amigo. Cuando los abrió dijo: -Aunque no me lo cr·cas. Cerró los ojos para pensar. -Entonces está claro. mi amigo. -Por supuesto. mientras que el resto del artefacto está lleno de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace. arrinconadajun­ a la ventana. seguido del orejudo inspector. en tre los pequeños orificios para escuchar. Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe.

6. Igual que mal'ZO. ['ara el cutis seco de Pal7lela. Dueña de su casa. Las habla en el bOliquln de urgencia. 8. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. Tiene suslo (inv. Lu abrió para buscar re/He­ dios. In. Nota musical (inv. OnomaLopeya ele esLornudo. 9. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar. Faz onerosa. Mira y anda.IO de Rebeca. 13. Ancianos. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 47 ('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS Ilol'Ízonlales: l. Ant. Afirma y condiciona. El del Lío no es literario. Papel. Prot. Mal de Rebeca. Posesi va. 2. De c~ta manera. Las da el cucú. '! SI tuviera una "i" seria un gesto nervioso.). CO/110 la //lirada de Soto. 12. 11. Y. Usted. Por Poder. 4. Antiguo nombre para Tailandia (inv. 5. Nombre árabe que abre sésamos. Calcular el largo. 3. Forma verbal que endereza. Adverbío de canti· dad. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Reja (inv. 4. 7.icales: l. Adverbio que a veces se descose (inv. Quinta letra. Prenda de vestir para jóvenes. Agua francesa. Si tuviera en medio una "o" golpearía. 3. Como las cuatro jóvenes del cuell/O. Carga eléctrica (inv. Hormiga inglesa. Como la Venus de Milo (iuv. Pre· posición invertida.). 8. 11.aclimo.e Meridiano. Dios mahometano. Pri//ler o!i'ecinúe¡. Receptáculos para alma­ cenar papas. 2. Hay quienes io guardan bajo la manga. Aniculo neutro (ínv. 12. /0.).). Estafar. Cuidador de harén.). Bicho de pucu precio /2\ I I \ \ \ \ \ \ Dale cuenta 6. Nombre de Mancilla.1/.).). 5.J. Vert. Risa única. Hay (o de letras y también de st'o I I I mula. 7.). Mancilla lo llamó en su auxilio. Dios (i¡¡v. . Prepusición dadi­ vosa. Pronombre para el Cid Campeador.

ahora con su mirada. . con las manos en los bolsillos de sus p31'clJados jeans. -¡Fiuu l -silbó Felipe. Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los rayos ele las grandes y potentes ruedas que hacían adivinar la velocidad que podían al­ canzar. -¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad. entre serio y bro ­ mista. Gonzalo acarició el manubrio. -¡Fiuuu l -fue la respuesta dc Felipc. -Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia -se encogió de hombros Rodrigo. Rodrigo golpeó sus palmas. que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo. con gesto de desaliento. Gonzalo.EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA l' Marcelo. -No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de conducir. Ignacio y Felipe rodea­ ban la moto negra y brillante de Rodrigo. -¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­ ca de Rodrigo. y elevó sus cejas en un gesto de admiración. -¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo. tocó con la punta de sus dedos el acelerador manual. -O sea. aún con sus manos en los bolsillos y acariciando la moto. -¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo. Los amigos se quedaron en silencio.

andar así me parece increíble! -El tono de Felipe era de enojo. durante el viaje hacia la universi­ dad. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la mesa con botellas y tarros. por hoy se guarda -dijo. los cinco amigos se levantaron temprano para ir a clases. que fue difícil y larga. un pélr de zapatillas blancas ". De inmediato. esquivando charcos. Su único pensamiento. Su ceño se endureció y buscó las llaves: allí estaban. -¿Estás loco? La dejaré escondida. -y Rodrigo colgó la llave en un clavo. ya relajados de haber pasado la prueba. pero a la inversa. Todos bromeaban. mientras empujaba SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la prueba de química de mañana' -¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar. Cuando Marcelo. ! -comen­ tó Marcelo. A las once de la noche. -jY teniendo esa moto. bajo un mesón atiborrado de botellas y tarros de pintura viejos. llegaba a la puerta de entrada.'10 TREcE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA '. fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar con ellos el misterio. la lluvia comenzó a caer copiosa. Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a su dueño todo tipo de detalles técnícos. Dos horas después. pero miró la hora y salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­ na. antes de salir. -Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo. y una puerta se cerró con un tenue chasquido.. ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­ meó Marcelo. la figura enfundada en icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria.. Alguien tendría que explicar muchas cosas. y se despidieron apresurados. porque -no cabía duda.[ -f:3LIL'l1o. Luego de la prueba de química. el último en traspasar la reja de su antejardín. que miraba hogco a cada uno de sus compa­ ñeros. dirigiéndose al serio amigo.litaron.uno de ellos había sacado durante la noche su fabuloso regalo. hombre. Menos Rodrigo. Pero Rodrigo. Uno a uno fueron entrando en sus casas del barrio. las manos en los bolsillos de los gastaclos jeans. -Animo. abrió el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante moto. y llegaron hasta el garaje de Rodrigo. Luego. Después corrió por el barrio. Ignacio. Marcelo. . los cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en la casa de Felipe. algo llamó su atención: las relucientes ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­ bían despertado La admiración de sus amigos. se veían ahora llenos de salpicaduras de barro. la misma figura repetía la operación. Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­ do sus zapatillas deportivas. Tuvo un momento de indecisión. A la mañana siguiente. en el mismo lugar donde él las había dejado. sL~biendo el volumen de la música. los amigos volvieron a reco¡-dar su prueba de química. -¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio. invitados por este a tomar unas bebidas.

ll. y me desperté esta maúana con el lihro en la cara. _j Estos jóvenes l Sucede que a tu mamá anoche le dio un ataque a la vesicula. -Yo. me dediqué a estudiar y luego me relajé con un superbaño de tina. extrañados de su gravedad. lindo. y el doctor López. Tengo derecho a pololear. serio. antes de que dijeran algo. con tono duro.. porque era de esas antiguas . Rodrigo)-preguntó Felipe. ' soy de sueño pesado .. mien ­ un sorbo de su bebida...~SOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA 53 parte. .. -¿ y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio.. me acosté. ¡qué importa I De ahí. Y dirigiéndose a Marcelo.. ¡Nadie me dijo nada' La señora sonrió. fui a ver a Fmneisca. -¿Cómo) ¿No te enteraste? La expresión de Marcelo era de real consternación. antes de acostarme -dijo Felipe.Yo. -Es que . después de estudiar. Rodrigo insistió. ¿once. ¿no) -¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo. Mal'celo) -preguntó entonces el dueflo de la moto.Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto -comenzó. pUl' SU C. -Lo que es yo. comí. -Porque son los únicos que conocían el escondite de las llaves. serían).. -Yo. tuvo que ir a verla . Los otros se miraron en silencio y.. nuestro vecino. 1)'lldCjo. levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza. -¿Qué hiciste anoche... afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa . Todos lo miraron.. Gonzalo) -preguntó Rodrigo. En ese momento los muchachos se pusieron de pie para saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living.'1HJ'CI'. -Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo anoche. Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo de rnúsica.\~ \ulllaba -¿Barullo? -se sorprendió el aludido. -¿Y tú. vi la última pelÍCula de la noche . ¿Y cómo les fue en la prueba) r '-!JLT /J .. no quisieron despertarte . sólo se encogió de hombros. Claro. y salí tan temprano en la mañana . afable... dere ­ cho a estudiar química. Claro que no me pregunten cómo se llamaba. -Hasta las... . -¿Qué taP -dijo ella.. mi viejo. intenté estudiar en la cama . -¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo. -explicó Ignacio. -¿ Qué te pasa. sirviendo más bebidas en cada vaso.. -Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada -dijo bruscamente Rodrigo.

mirando de reojo a Marcelo. dirigiéndose a Gonzalo: -Lindo. sus ojos se clavaron en uno de sus amigos. cabizbajo. se encogieron de hombros. -Ahora sé que fuiste tú -afirmó. pero ésta.. algo molesto. se volvió a escuchar: -Señora. prometiendo volver más tarde. siguió. miraba los dibujos de la alfombra. -Sí. i finalmen te!. Todos miraron a Gonzalo. -¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo.. mientras veía la pelícu­ la . menos Ignacio. -Ah. -¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris Day? -Inició una nueva conversación la señora.. la voz de la empleada.. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla.. sin dar lugar a quc otro hablara. porque después del corte de luz que tuvimos anoche. ¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre? -No -se oyó u na voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver por qué el califont no funciona . -Y. porque ayer lo esperamos duran le el día entero. evidentemente. -Tan reservado este niño . algo pasó con la lámpara del baño . sí. un poco mareados con tanta conversación.EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA <. Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de cama . salió de la habi tación. para los muchachos. claro -respondió Ignacio. El rostro de uno de los muchachos enrojeció: -Perdóname. supe que Francisca está con hepatitis. desde la cocina. Cuando levantó la cabeza.4 TRECE CASOS MISTERIOSOS Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle de palabras de la señora. no aguanté la tentación -d"ijo de in media­ too Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­ to? ¿Cuál de sus amigos. can cara de "¡hasta cuándo'" Por suerte. -siguió la mamá de Felipe-.. mintió? t' D . gritó hacia la cocina-: Laura.. -¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe. ama­ ble: -Solamente parpadeó un poco.. que contestó.. cambiando el tema. Rodrigo. ¿podría venir? Ella entonces..< . Los jóvenes. ¡Todos los desperfectos vie­ nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­ tó dirigiéndose a todos a la vez.

Polola de Gonzalo. 5. El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a pasar la aspiradora por la alfumbra. Casi tono. Le fctltó la "d" para un lítulo británi ­ co. dun Pahlo. español cronista del Reino de Chile. Besa con falta de ortografía. Yo me encargu. Nuevamente este dios alumbra. los catálugos ordenados y en su lugar. 2. 6. y me iré direc ­ to a ]a cama: no me quieru perder. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Nota musical que dobla.). Futuro verbal dadivoso. 8. 4. Señores Anísl'ls Olvidado~. 7. 2. Todo parecía eslar en orden: la caja fuerte cerrada. Nota (inv. Ya eslaban cerrando los lucales comerciales de la calle Pruvidencia y las pesadas corti ­ nas metálicas caían una tras aira. 11. don Pablu Levi daba las últimas recomendaciones a su fiel ayudante Timuteo: -Cierra tú. Unus golpes lu hicierun levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante.. Extra ­ ña. 9. Miau. sobre el mesón del garCJ. pur favur. Vocales distintas. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales. () • Verticales: 1. Apellido de Pedro. las joyas baju llave en sus escapara les. 7. 4. Las señoras hicieron un gesto de desalientu. las noticias de esta noche en la lelevisión. Las tre~ primeras sílabas de la antesala e1el cielo. Triuufes. For­ ma verbal que impulsa y mueve (primera per~o­ na. -Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras. El vieju les muslró su reluj y negó con la cabeza. -Váyase tranquilo. Ensució la mo­ to. anles dc salir. Dos versiones para la misma leLra. 8. Como Carmen. 13. Vuela por los dos lados. Rodrigo lo era de la molo.je. Enamorado de Francisca. Lugar etílico. Los yagas canLan esLa sílaba. 5. Felipe las silvió el1 su casa. Los habíCJ. 6. 12. InLerjección para pedir una espal­ da. 10. Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu. Sujeli1. Interjección para lla­ mar a alguien (inv. Timolco señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda. Aída o Rlgoletto. Después. Eleva (inv. que con sonrisas y gestos pedían entrar. 14. Timoteu terminó de hacer el aseo.). 9. Cuatro para Julio César. Aferra. 3. Estoy muy cansadu. Cumo ellas insislicran. Uno de los amigos. Verbo generoso.l'lO. además. Empleada que no se vio en el cuerllo. Dios egip. Así quedó la 1'1'1010. Nené Cotelé. En el in le­ riur de la joyería El Zafiro Azul." cjo (inv. Hermano de tu mamá. Doclor delveci'·ldCJ. Ata. pasó el plumeru por ..1 (1 1 TRECE CASOS MlSTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA Horiwutales: 1. encendió un cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada.). 10. plural).). EII'/'/óvil del cuento. y se alejaron del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­ pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared. -le con­ testó el viejo con voz cansada. Colón descubrió uno nuevo. Felipe se dio uno relajarl­ le. 3. Verbos para hacer chuic o muac.

y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la joyería. y arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo. se acomodó aún más sobre su bolsa de trapos y. icorrecto! Allá vamos. En su interior. -Vamos por orden.. dirigiéndose al inspector. el candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­ nos y el vidrio quebrado del escaparate. siguió durmiendo. se subió el cuello de su abrigo. La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­ cía.. primero usted. bajó la reja que protegía la entrada -pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre el peque60 escaparate-. se quedó contemplando por unos ins­ tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-.. . la taza de café sobre el platillo. dio tres vueltas a la llave del canda­ do. y el tipo echado en la vereda. Apagó las luces. Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo. que reían con estruendo. Este dejó. el teléfono del inspector Soto comenzó a sonar.. frente a la joyería. Cuando la lluvia comenzó a caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la calle.. y levantó el auricular: -Investigaciones . Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­ mión. con desgano. ¿sí? ¿Dónde. sin importarle la lluvia. y se la guardó en el bolsillo. señor. y caminó con pasos lentos hacia la estación del metro más próxima. -¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­ rece una burla! -gimió el dueño de la joyería. .IIH EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO TRECE CASOS MISTERIOSOS 59 subre los mostradores. muy temprano. Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado. insistente.. Al día siguiente. dice? ¿Providencia? El Zafiro Azul. ya sin luz sobre su cabeza. Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­ ciendo. Echó una mirada distraída al hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­ do. Miró el cielo negro y amenazante. con el rostro tcnso y demostrando angus­ tia. ¿Cuáles fueron sus movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda? .

Los ojos del viejo miraron asustados.Todo es importante. Haga memoria de cada uno de sus movimientos. pero .. ¡Es primera vez que me sucede algo así y usted comprenderá... a dormil". con calma. la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de terciopelo azul dd escaparate. -¿Y cómo no lo habías dicho antes.. ' -Inspector -dijo Pablo Levi. porque quería llegar a ver las noticas . Había un eamión de mudanzas estacionado al frente -dijo Timoteo. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto. exaltado..Yun puño de Levi golpeóel vacío con impotencia. si. ... hombre. nada más. -El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse: -¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­ ras .. sí. -¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi. Timoteo? -Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la vitrina. ¡Perdón .. . -¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago. -Por eso mismo tiene que ayudar... que el inspector respetó con paciencia. -No pensé . -Piense bien... serio-o ¡Hay que buscar a ese vagabundo! -Calma.. Además estaba lloviznando y . . ¿Sería tan amable de decirme usted lo que hizo anoche? -¿Yo? Bueno. La barbilla le temblaba y parecía no coordinar sus ideas. ¿No vio nada sospechoso) -Llevo treinta años al servicio de don Pablo. Luego de un largo silencio... -Sí. el viejo balbuceó: -Yo .... señor Levi. todo es vital.. -¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­ ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante. v una piedra era. ya haFemos todo lo necesario. pasé hl aspiradora y .Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 61 El viejo parpadeó.. Timoteo) ¡Eso puede ser vital! -habló Levi. En realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa. ahora que la familia está de vacaciones .. inspector. ) . -¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión hasta las dos de la mañana y luego . volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto. ahora. -Bueno. Me pregunto qué hada una empresa de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­ tor. lo que esto significa para mí! -¿ No tenía las joyas aseguradas? -pregun tó el inspector.. asustado. -Antes de que llegara el hombre vago . ! El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera.. Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro. ! . -Sí. -¡Usted no sabe. dejé la tienda un poco más temprano que de costumbre. -Bueno .. ¡Si hubiera sabido lo que estaba suced'iendo aquí. señor inspector. aún tembloroso.. No lo estamos acusan ­ do.

6. 13. Aprubación y pertcncncia. Nuevo. S. 12.. Epoca. Se puso a dormur erl la vereda. Carta de tnunfo. 2. Forma verbal que existe. 2. Se nla. Raúl Gú· I I I mezo tnicio de 1 nicio. Y se aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de alarma. Por curiosa quedó sajada. Diminuti\'o Iem~llin(). CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO Horizontales: l. Incl'emenlO (ínv. Nombre de la joyería.l.w de c~cala cantarina (in\. Velo para muñeca vestida de azul. Caza en desorden. Verticales: 01 Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro. Nornbre de Lev/. 9 Instrumento musical quc imita sonido de agua. 5. JO. Por supuesto. 7. 8. 11. Producto lácleo. Cuando volvió. que lo estaba mirando. Imperativo para existir. Posesivo. Caminas (inv. Interjección de f? a!lvlO.).J.). Quiere.o dc lóte1l1. Alfileres ingleses.ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla. ¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­ sión? l. extrañado. Propia del pan. Lo aCLlSO de autonabo..). 9. D~lef¡os de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. Inlermedio para cuecas. 3.). Artículu.).). Tuvo que ten~1 un pl'i~leipio. . El inspector Soto.. A ella le cargan los gatos. Dimlllulivu sólo para Yolanda. Forma verbal que invita (im . Averiado lugar del alenlo. Fruta que dcsgasla. ¡Las condiciones idcales! Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de golpe la cabeza. Preposición. 3. Su conversación fue muy breve. 6. Apellido para este cuel'llo. Subre ingk~. Se apagaron en la calle. Usó la aspiradura. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 63 _j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. su rostro estaba serio.(. Miré a este seis rUlflallU. Calcio. Resonancias. " 8. Y logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado. Verde y habladora (inv. Flor de e~lanques japo­ neses. Como Teresila de Los Andes. estaría en la Filarmónica. 4. Con '"c" final. Negocio de Levi. 4. Dios egipcio. -Señor Levi: puede tomar un abogado. Pidi6 permiso para usarel Idé/ono. 12. Comiénl. pidió permiso para usar el teléfono. 1J. Articulo nClllro (In\·. 7. Zona franca nor. Nota 5 para músicos. Produclo de insectos la7 boriosos. Elnoclim que pareció senlir Levi.13 tina (inv. Comien. Uberlinda Yávar. 10. Bnvu vegelal (im·.

sino que calculaba siempre' el ángulo exacto en que d. Este arquero no sólo era ágil en la atajada y en los saltos. Los Venados. además. Los dos equipos finalistas -los Masto­ dontes y los Venados. el Canguro Esteban. Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. y hacían del foul su arma favori la Eran. Así. Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­ vo y una resistencia física extraordinaria. eran grandotes. Sus compañe­ ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la . causaba expectación en sus hinchas y prometía ser el acontecimiento deportivo del año. y tan bueno en las letras como cn las ma temá tic as . alumnos mediocres en la escuela y poco queri­ dos por los apacibles vecinos.ebería colocarse para recibir el balón.eran rivales irrecon­ ciliables y sus jugadores formaban parte de las dos pandillas más conocidas del pueblo. que reuniría por primera vez a estos disímiles equipos en una final. eran más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales. en cambio. muchas veces lograban aven­ tajar a sus rivales en el marcador. si bien. Esteban era el primero del curso. Las esperanzas de los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico arquero. tal como su nombre lo anunciaba. El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento. el partido del domingo siguiente. atropelladores. Los Mastodontes. por ser ágiles y astutos.EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO El domingo se jugaría el partido ele f(llbol más importante del torneo infantil en Villa­ langa.

Hasta que de pronto...iA. -Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero .. . . se tuvo la primera noticia. un ruido de vidrios quebrados en la venta­ na trasera los sobresaltó.. Lo fueron a buscar a su casa. J r~_~ ~ (..~OJ" ~.. revisaron el colegio y hasta investigaron con disimulo en los carabineros. ante los diez amigos que lo rodeaban expectantes. Los diez amigos. "' . agú' El capitán de los Venados. figura del Canguro apareciera. ~ ~Co..uJl\. llamaremos a la policía .. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla plaza. levó: !lr~: ~~ Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado: -¡Esto es obra de los Mastodontes l ¡Sólo ellos escribirían doce con 51 -¡Finalmente. tratemos de vencerlos con n~e~­ tra astucia. ~. o . cU. -¡Malditos' -gruñó Vicente. -Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo --dijo el zaguero cen tral..~ ~I). Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo. Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta. desaparecer en la esquina de la calle. ~~~~-~-~. que a grandes voces comen­ taban: -¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­ dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú.. cada Uno por su cuenta. ~ . a las doce en punto. "\b. Corrieron hacia cllugar y alcanza­ ron a ver una figura maciza.. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7 alt<:. llegaron donde la abuelita. .l\M. se limitó a con­ testar: -¡No se sientan tan seguros! El que ríe último .~ en.. recorrieron el l)CintO.m. . a las ocho de la noche. De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs restantes y leyó con voz tensa: lO'emM" 9J. sin mirarlos. mo ~'\Cb ~ ~ ~ ~ ·M\"ft. goleará melar . ~\h:::2~ dio.. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo la puerta de la casa de Vicente. .Mnvun1) ~ • r>. La voz del capitán los interrumpió: -Hav que ir con calma. Dado que el arquero era siempre tan responsable. Lo estiró con cuidado para no romperlo y. el resto del equipo intuyó que algo gr:we pasaba.. cuando. ~ o. .... En la plaza se habíanjuutado los Mastodontes.. ¡Nada! El Canguro se había esfumadt>... Esperemos el segundo mensaje y.(1(. nos tienen miedo! -¿Dónde lo tendrán escondido? -¡No podrá entrenar! -¡Ni jugar el domingo . enfundada en un capuchón gris. el capitán del equipo de los Venados.~ &u1-. recorrieron cabizbajos todos los rincones de Villalongo. Vicente recogió del sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo. ~""'~ .t.(5-0 eU.' '" - cU. ' -En ese caso.bu.. ~~~ ~~~~t:~~­ )Si. antes de 'hacer esto público.. -¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista. ~O"i.& ~ ~ ~ ~k~·iQl>ot.

Se quedaron mudos unos instantes. Parece que se contagió con los Mastodontes. -¡Si supieras hablar...rrne~ ~ em. asnos incultos: esta vez son cuatro las faltas de ortografía en cuatro líneas. -Es seña de su nerviosismo . -No. ~ ~ a ~ tVUA/ ~ ~ Se produjo un gran silencio. Esto fue lo que leyeron: ~ ~ ch¡'etn ~ lx&m dcrnilTlJp ~k~~. Fido l ¡Espero que hayas mordido al menos una pierna del que te amarró el mensaje l El perro movía su cola y. uno de los laterales. -¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho. el perro del zaguero central. No cabía la menor duda: era la lelra del Canguro.1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 69 derecho-o Además. -Yo no estoy tan seguro ... ¡Pero se resislían a pagar el rescate y reconocer su total sumisión al chantaje! -¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el capité'tn-. -¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de esto airosos -suspiró el zaguero central. Hasta que de pronto Jorge. exclamó: -¡Pásenme el mensaje' Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención. -Pero igual los venceremos -dijo otro. Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­ saje.. El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido. J"tÚY/ en el caMJ' con~­ AiU. Al pobre Esteban no le deben dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a opinar el mediocampista. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente como para escapar.J'n ~ 1ft ~cY. -¡Si hasta escribió mal su nombre' -¡Pobre tipo. o algo así .J. a lo mejor lo están torturando y ni sabe cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo. se advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra.J.. . por su mirada apacible. -concluyó Vicente.

). ¡estoy seguro l y lan seguro estaba.Chón del·mensajero. ! I I I I I calurosa línea geográfi­ ca. sin balón de fútbol.. 9. entre los roqueríos.ficó así a los Mastodontes. Diminutivo masculino. El zaguero derecho gri tó. 6. Pa ­ labra para bajas tempe ­ raturas. Color del caplJ. 3.). Terminación verbal. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. Cuando es mínima no paga impuestos (inv..lO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 71 -¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan ­ me! Iremos. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes. Del lugar no salía nin ­ gún ruido. Letra griega (inv. Competencia in{antil en ~ Villalongo. ex colonia portuguesa (inv. 8. usando sus dos manos como bocina: -Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban. 11. 6. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más.). El equipo completo de los Venados corrió a las afueras del pueblo. 5. último lo hace mejor. Nombre para d~scansar. y Jorge indicó un lugar.). UrJO de los equipos en competerlcia." chón sin vocales. Sala de recepción (inv. Tres primera letras de Il. Si no es un poema de la Mistral.). Futuro verbal para versificadores. Pudor (inv. Posesivo para mí solo. Posesivo para ustedes.). 7. Pronombre para ti. 10. nuestro capitán enviará a la policía . a la distancia. Donde se reunlan los Venados. Igual. Puelto de la India. CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO Horizontales: l. 13. Quise (inv. lógicamenle. 2. Muac (inv. Preposición guerrillera. 8. cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban. . Jorge? -susurrÓ alguien. ¡Ríndanse! Hubo unos instanles de tensión.). que no habían pasado cinco mínu­ tos. Acción desplegada en el cuento. -No. Letra griega. 4. Antiguos habitantes del norte de Italia. Capital para Allan Prost. Tontonas. Si Jorge la descubrió. Acuática circen ­ se. I 5. Las de rana son muy ricas apanadas. y los Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes. Harán cof-<:of. ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al arquero? Nota: El parlido se jugó. Lector: en el mensaje. 4. f 3. Avanzaron sigilosos. Diosa y presa. Negación. tal como estaba planeado. -¿No te habrás equivocado. El que lo hace l. A este mágico y diminuto personaje le faltó la última sílaba. Escuchar. Este es un ondulado me. Lengua provenzal francesa. El puntero derecho cal. cor­ ta los bosques. había una clave. Oro galo. 12.). 9. 2. a su rescate. I I I I Verticales: 1. Unidad I¿ de fuerza. Dupla {inv. 7. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Flor de un i! solo pétalo.

1.Y media ele la noche y. Yen ese momen1o escuchó el grito. t1 NIII del/JiIIO secllesfrado. Contempló con calma los paisajes. el . Oyó un carraspeo de la cajera. "Pobre muchacha". Sí él actuaba. Selion\. luego de una larga y agotadora jornada en su oficina. .'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ". Sólo se escuchaban el tintinear de la regis ­ tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos que salían por la ancha puerta. pensó.1 li. Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la caja registradora. Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada que brillaba tras un Santiago sin esmog. a un encapuchado que encañonaba a la muchacha con una pistola en la sien. le indicó inmovili­ dad.. y leyó las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita". "¿ Un (//10 más? Con un suspiro siguió buscando.J 1<1>1:1'. Sólo una caja funciona ba. Pronombre p. "debe estar tan cansada como yo".). Los ladralles la piden cambio de la \'Ida. recordód encar ­ go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de matrimonio. CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 11' Ii l' t ". "Al mejor esposo del rmmdo". al ver las luces del pequeño supermercado del barrio aún encendidas. ante sus propios ojos. y se dirigió al anaquel giratorio donde se exhibían postales. ¡'.ll. El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca abierta. Ataste (inv. Su mente funcionó a toda velocidad. Dos vocales con punlOs. Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver.il'lI .' IItI /nhuio. Eran las diez . Entró con aire distraído al supermercado. con un gesto. Los ojos del hombre brillaron al fijarse en Soto y. El inspector Soto caminaba hacia su casa.

Sólo vio a un joven en moto que aparecía por la orilla de la calle. con sus credenciales en alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e hicieron descender a los ucupantes del autu. se sentía protagonista de una serie policial. Pero. Soto gritó. salió becho un celaje tras el enmas­ carado. al menos que alguno confie­ se. al ver esta extralla maniohra. gracias a los semáforos en verde. La persecución fue espectacular. No había pasado un minuto. una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa -con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­ ro derecho. -¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector. junto a la vereda. montando a horcajadas tras el joven que. Eran el chofer más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros. -¡Ni yo tampoco l -siguió un señor ele anteojos. El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo que se acercaba peligrosamente a su costado. sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­ cía como en cámara lenta. corrieron hacia ellos.74 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 75 hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su gcsto-. aceleró a fondo. pero. Soto. señores. Lo vio correr por la solitaria avenida. -¡Regístrenlus -ordenó el inspector. Pero la moto. '! abordar un taxi colectivo que pasaba en ese momento por la esquina. no perdía terreno. lcvantan­ . -¡Alto! ¡Policía! Pero los pasajeros y el chofer del taxi. mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­ lo para seguirlo. y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer. el excelen­ lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su objetivo: con un gran chirrido de frenos. y disminuyó la velocidad. El co1cctivo. que miraron sorprendidos. La cajera obedecía con manos temblorosas. sin dudarlo un instante. -¡Inspector Sotol -gritó este. ante el asombro de Soto. parecieron no escuchar. La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían guardia en una esquina y. seguía en forma expedita por la gran calle de su recorrido. y emitía unos entre­ cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con golpes de cañón contra su nuca. el taxi se detuvo en medio de la calle. desapareció corriendo por la puer ta principal. con los vidrios cerrados. en ese momento. r-asc6ndosc una de sus enormes orcjas-: lo siento. -Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el inspector al oído del motorista. -¡Ahá' -dijo Soto. desprender de un tirón su máscara de tela. mientras a su vez hacía señas al chofer con un brazo. están todos detenidos. El ladrón comenzó a retro­ ceder.Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer.! a Soto. -¡Soy policía ' ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto. Finalmente. más veloz que cualquier aut. en una arriesgadísima maniobra. que estaba un par de metros tras ella. ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes.o y guiada por un adolescente que. Sin embargo. con voz agudizada por los nervios. . ' Los carabineros procedieron.

. confesó su culpa en el camino. pe-pe-pero. Entonces Soto.. noentien-do lo que pa-pa-papasa -gimió el último. La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse. con su aguda perspicacia. se adelantó y colocó las esposas en las muñecas del que indicaba el inspector. -¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo' Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera. y mantengo con esfuerzo a mi familia. cuál fue el culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas. . al igual que Soto.'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA 77 du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado bancario. Pero también les comunico que sólo uno irá esposado. este. Otra vez Soto. .. tartamudeando con gran desconcierto. por su voz nasal. Los cinco hombres se miraron con sorpresa. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías.Yo soy un honrado vendedor viajero. con su voz ronca. y jamás he tenido que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que. sin vacilar. -Yo . habló: -Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría. mostraba un evidente romadizo. -¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con gesto decidido. yo. Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie. Lector: ¿podrias tú deducir. sintiéndose acorralado. Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros. había dado en el clavo: el ladrón. El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente su otra oreja.

Cadera.. Josefa también despertó. Surtir (inv.). 9. Des­ cansan en las estaciones (inv.). Giramos en torno a J él. Campeón de tenis francés (in v. doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones. Tío con cabaña. Los gritos de doña Dora ­ lisa despertaron al vecindario: -¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu leche. su vecino.). Dedo del árbol. Vocales gordas. 12. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. Para velos de novia. Diego. País del norte que se emplea. Existe. 4. -¡Tutaaa l ¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz dulce y ojos húmedos. Vocales distintas. DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera. Arte­ ~~ ria principal para tránsi­ W---I---+-I---j to sanguíneo. Cecina que comieaza muerta de la risa. 13. -¡Tutankarnóoon! ~seguían los gritos destemplados de la anciana.). 7. Pronombre suyo. la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a otro. Quiere. Las ventanas fueron abriéndose de una en una. 8. Así dice "hasta" el presidente. Carla de la baraja. 10..). Seis de la mañana. As! estaba el ladrón. Quita. Descifra signos. Guardarropa para abuelitas. javen. Griego es este dios peleador. y corría con un plato y una botella de leche. Conjunto de cosas pasa ­ das por un hijo.78 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA Horizontales. El imán lo hace con el metal. Encargo de la señora de Soto. 6. Como la voz. Ex líder comunista chino. l. Verticales: l. sin hacer caso de sus vecinos. y los dos herma­ nos salieron a buscarla. Le sigue el dos. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta. A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía. hijo? ¡No está en su canas ­ to por primera vez en mil cincuenta mañanas . Sin nombre. Tan sagaz como los ojos de Soto. Subterfugio (inv. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. S.~ de caballo. 5. . Negación prolongada 11 (inv. Este es el fin de Roberto. Demostrativo francés. Lugar del atraco. 3. asomándose: -¿Qué pasa. 3. no siga grllando! -¿No has visto a Tutankarnón. 11. Condición dd encapuchado. Restregando sus ojos se arrimó a su hermano Diego. 8.). OfTendan (inv. País asiático de las úlrimas olimpíadas. 4. Goloso y perezoso. 10. sin entender aún de qué se trataba el barullo. Alisa el caballero sus bigotes (inv. Sube al árbol. Para enfermos supergraves. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón. ! ¡Tutanka­ móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­ nes. abrió la ventana de su cuarto. En sus comienzos este arte era mudo. 2.). Sol egipcio. 11. de uno de los oClLpa'ntes del taxi.). Con "n" /O final se comería a diario. minino' Del segundo piso de un pasaje del barrio Ñuñoa. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv. y varias caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio. Anita Pacheco. Pero doña Doralisa ya estaba en la calle. y con rostro soñoliento preguntó. 2. 9. Se dirige. 6. 7. Afirmación rusa que ofrece.

pasé tan mala noche. Diego entonces ofreció: -No se preocupe..¡sta obtener fllguna pista.. En realidad. le prometo por mi honor que le traeré el gato de vuelta. parece .. y preguntó: -¿Qué significa este juego. Déme dos horas y tendrá a Tutanka­ món -añadió con voz de agen te del FBI. doña Dora. doña Doralisa? -Tutankamón . niños. -No sé .. niños? -Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos investigando -contestó Diego. Doña Doralisa pareció reanimarse.. y Josefa acercó el micrófono a la boca de la señora. Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -q ue puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­ caro -Quiero dccir vivo .HO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 81 -Si no vuelve Tutankamón. Diego la alejó de él. noo! Yo te acompaúo.. . antipático y maullador. -musitó la viejita. Josefa. Tutankamón era un gato gordo. -Ehhh. sí . Jos dos hermanos comenzaron la pesquisa. te quedas aquí cuidándola. -¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa. . La señora Torres retrocedió dos pasos. que no despertaba las simpatías de los vecinos. recién logro que se duerma. ¿no es cierto. vivo o muerto . El pobrecilo llora ­ ba. Ella quiere soñar con el gato. Tú. se paró muy tieso y reiteró: -Parto en misión: este será nuestro cuartel general. -eontestó la señora Torres en forma vaga. ¡Pero de ahí a desear su muerte había una diferencia! Provistos de una grabadora de pila.. y yo no tenía la mamadera para darle más leche.... lanzando a su hermano una mirada de furia-o Además. tenía a su guagua en brazos. y en la confusión .. le refresca­ ba la sienes con un pañuelo mojado. Josefa susurró al oído de su hermano: -¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo? Con un empujón firme. -¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in ­ terrogó nuevamente Diego... se dejaba abanicar por Diego con una revista mientras Josefa. -¿Ves? -dijo Josefa-. no hablen fuerte.. . para registrar las declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-. entre los llantos del niño y los maullidos de ese gato. y nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. " ~ Los niños la habían llevado a la casa y... Habló entre bostezos. porque doña Duralisa se muere de ganas de descansar -dijo la niña. Me he pasado la noche en vela .. entrecerrando los ojos... h. mi ­ rando al bebé. -¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego. En una casa les abrió la seúora Torres. .. -Por favor. con los ojos muy abiertos.... -¡Ah. Se veía ojerosa V demacrada. -Sí . recostada en su mecedora de mimbre. ¡va­ mos! El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje. . está respirando muy raro . -¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora. va no tenf?:O razón de vivir -gemía la viejecita.

.' -Yo dormí como una piedra..EL CASO DEL GATO PERDIDO ~2 83 TRECE CASOS MISTERIOSOS --Pues vayan a investigar a otro lado. -¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. lo mato! -Conque lo matas . sin respuesta. sintieron los berridos de la guagua. al gato -contestó Josefa. muy seria... Sólo qucría­ mas preguntarle si ha visto a Tutankamón. ) -Josefa encendió la grabadora. ¡pero si lo veo.. Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­ go y se escuchó el clic de la grabadora. es algo rápido. -Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se extrai1ó Josefa. -No lo he visto ni lo he escuchado. ¡eh? -dijo Diego--. y abrió un joven adormilado y barbón. des­ concertada. que anoche podrían haber mau­ llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de violines . De ahí se fueron a la casa número 2. Josefa.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego. los nii10s se enfrenLaron a don Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados como si hubiese dormido vestido. pero de pena -le contestó Diego. -¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora. Cuando abrió la puerta. nao! ¡Pobre gatito. Diego. -Hola. -Al gato maldito ..: ¡mi hijo Serafín me anun­ ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el norte.. todo el mundo sahe que la senara Ema odia a los animales y le molestan los niños.. -¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas -refunfuñó Diego. ¡Era lo único que me faltaba! y ccrró la puerta con estrépito. -¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc. -Le dijimos que la que está por morirse es la sellara Doralisa. encendió la grabadora y dictaminó: -Sospechosa número tres. y estoy tan contenta.a Doralisa está casi por morirse -añadió J osda. mientras tocaba el timbre. --¡Oh. y tan gordo que eral -¿Era . no cs para menos -suspiró la scJio­ ra Ema. ja' La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar. y no me molesten. algo perplejos. que los miró con desinterés: -¿ Silii) -Hola. Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña murmuró a la grabadora: -Primera sospechosa. A los cinco minutos se oyeron unos pasos. Y golpearon en la puerta siguiente. y ahol'a me vov a sacar una maldita nota . quc se perdió. -Pero..y doii. senara Ema. Y sin esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa. La puerta se abrió. " Los niños retrocedieron ante ].. Al segundo. . Una señora Ema sonriente y plácida los dejó un poco desconcertados.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el maldito tomo de trescientas páginas de historia. queridos: ¡qué gusto verlos l ¿En qué andan? ¡Pa­ sen' -No. . Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema Araos -dijo Diego. dueii. Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de J osera al decir: -Sospechosísimo número 2. -Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana. la casa número 4.. . Los jóvenes detectives. -¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo. siguieron su cami­ no hacia la casa número 4. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con fuerza su melena chascona. lista para apretar el botón. ¡Justifíeate ' -La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja. -¡Ahhh! Ya entiendo. -. gracias. Estuvieron largo rato tocando el timbre. -Prepárate. entonces. que no tenía timbre. s610 lo escuché. Era la casa del escritor... -No. -Josefa: ¡método! Te estás adelantando.:¡ ver'borrea furihunda de Mateo. ¡ja.

-le con tes tó el escritor.. ha­ ciéndose el casual. don­ ele había una mesa llena de papeles. durante su noche de trabajo. un batata negro a medio abrochar en un pie. eh. -Esta ha sido mi cama. -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela... y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo picado. unos gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­ ron su atención.. Me extraña tu pregun ta.. Entraron al living. cajas de cartón.. los maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego. Por eso estoy tan . . entre laLas de pintura vacías. un confortable sofá lleno de cojines. que se muere. con aire suficiente. Los niños no pudieron disimular una sonrisa. -Primero iremos a ver a doña Doralisa. -Eh. una máquina de escribir. -¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. -vacilaba García Gómcz.. Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la casa. y luego iremos a nuestra casa a procesar la información.. Por eso es que. Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. -¿Por qué? -inquirió Diego. Que se muere . pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin.. -Porque todos son culpables hasta que no prueban su inocencia . con . -Bueno. El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con su ropa entera arrugada." i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc repetir otra vez la misma frase.. y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo gordo en el otro l Tenía además la camisa blanca fuera del pan talón y su ca bello largo y crespo en desorelen. y buscaron entre las matas.. -¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa. bostezando. Hércules Poirot -con tes­ tó su hermana. Estudiaba los caracteres de los personajes de mi novela . se sentó frente a la máquina de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran alas. a ralos. -¿No escuchó usted. fruncía el ceño. -Es que ha desaparecido Tutankamón.. Si está viva. Tutankamón. la tranquilizaremos. pedazos de manguera y otras tantas cosas. ch . eh . acordándose de Mateo.. ¿que se muere? -El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los ojos. -Sospechoso número cuatro -dijo la niña. .. arrimado también a la mesa. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere) La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­ bra del peregrino . y doña Doralisa está que se muere. Se acercaron. cautelosos. -Eh.EL CASO DEL GATO PERDIDO 85 JH TRECE CASOS MISTERIOSOS Los niños tuvieron que seguirlo. olvidándose de los niños... por si se ha muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato perdido-. una silla y.. Cuando abrían la reja del jardín de la anciana.. duran te la noche.

tan sólo mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al culpable. aún da confusas explicaciones. Si ustedes. tambien tienen ojo de detective. Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo. en camb. regaló él los niños nuevas pilas para la grabadora. como si siempre lo hubie­ l-a sabido. Con respecto a la persona culpable. como ellos. -Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora. .Xc> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 87 una gran protuberancia en la cabeza. los miraba con ojos suplicantes. -Resulta obvio -añadió Diego.io. Epílogo: doña Doralisa no se murió.

Las hay de molino y de ventilador. Al mismo nivel.estaba funcionando bien. Le falló la antepenúlti ­ ma letra para de. Aluminio. 11. Letra griega. se encaminaron con rapidez hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­ tese agitaba con el v. luego descienden para encaminarse hacia la entrada de la mansión. tras una columna. Demasiado. 6. La joven detective. La primera parte del plan para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­ ría al día siguiente en un gran remate. Hombre inglés..). y Jaime. La amplia calle del barrio alto está vacía. Jaime. Amiga del ruiseñor. En el cuento fueron muchas.L. tres hombres observan. 8. Recolecciones. con excepción de una camioneta cubierta que se estaciona a pocos metros de una casona esti ­ lo colonial. Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre el valor de la estatua.9 cartó". Letra para mamá (plu. -¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­ guntó el Panda. Minutos atrás. Anciana uva. al v'er el periódico sobre las baldosas de la . 10. Caminad. y el campo estaba libre. Felipe. baila en las islas. primero de reojo.· Verticales: l. 11. alias el Artista. Atributo para española graciosa (inv.iento. apronta el golpe de karate -respondió el Artista en un susurro.MH TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO Horizontales: SENTADA PENSANDO l. Femenino de Noé. Son para guardar el trigo. A esta q palabra le gusta repelir. Cuna de perlas.racto de los años ochenta". Sus gritos despertaron al vecindario. Nombre italiano masculino que en Chile es billete. el Artista. Todo está saliendo según sus cálculos. Evitó. 10. Dupla.. 2.• ~ lógicas.. impaciente. Lo hago con una aguja.. Apellido de doña Ema. 7. Parien/es del gato perdido. 6. La pesada puer ­ ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle guardián que. Los tres se agazaparon en el pórtico. de la viejita.-L. invertido). Cubos numerados. Dirigirse. ~ Radio. 7 4. 3. y Gonzalo. Así llamaba Doralisa a su gato. Repetido.Ya está por salir. t-t-t-t-t-t-I 3. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. Mira con arrobo. 13. 2. Recubre muebles chinos. Los hay I de remate y de capirote. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo. Diminutivo para la viejila. Iracundas mujeres mito. Naves. Fatigada dueña del galo.l. Flores del jardín 11 L. 5. perder la "h" perdió la varita. 9. 7. Nota musical (inv. más conocido como el Panda. 4. y los críticos de arte la calificaron como "la mejor obra de arte abst. I 5. el Rambo.cir "des. Adentro. 8. A los pocos segundos se escucharon unos pasos. Nombre de García Gó­ mezo Animales gráciles y 1 veloces.. La noche estaba húmeda.. el repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa cuadra. Mucha salla produce. Nombre femenino que al .). Dirigirse. 9.\-+--l--U--U ral. miró el ·cielo con preocupación. Término para marinos. Acción. . 12. Son las cinco de la mañana en Santiago.

. como si fuera un almohadón de plumas. mientras caminaba entre los objetos en exhibición. Obraron con rapidez. furioso... Luego. ¿Cuánto tiempo ten­ dremos durmiendo al abuelo? -Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­ pondió el karateca. -¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo. Y sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia abajo. y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se les ocurra venir a pasear por este lado . un poco nervioso..con una exclamación de triunfo lograron depositar­ la en la acera.. Panda -aprobó el Artista-. pero hay que apurarse -dijo Felipe... Luego de algunas dificultades -co­ mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al alféizar. -¡Qué belleza! -murmuró. -Bien. -aprobó el Artista. se agachó a recogerlo. .. estamos con el t. El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos poderosos y se lo echó sobre los hombros. -Déjalo por ahí y manos a la estatua . -La única belleza es el dinero que obtendremos por ella -observó con una risita. -Ahí -respondió Jaime. caminando hacia la puerta de calle.iempo justo antes de que el cuidador se reponga de mi caricia. El Panda. Miren esa ventana que da a la calle lateral. ¿Cómo haremos ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo. exclamó: -Ya sé . En ese momento un golpe seco en la nuca lo hizo caer al suelo.. Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. el Artista regresó con expresión de rabia: -¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­ giado de la lluvia bajo el alero de la casa . -No está mal. El precioso botín ya era de ellos. y luego de abajo haoia arriba. mirando el reloj-. Entonces el Rambo. El Panda cerró la puerta tras ellos. ! -dijo el Artista.<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t entrada. ¡Ya. miraba hacia todos lados. y miró el lecho como buscando una solución.. la codiciada figura. entró en la casa. yo me adelantaré a buscar la camio­ neta y la estacionaré frente al callejón. ¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora. con gesto seguro. -apuró el Artista. A los pocos minutos. el Artista. el Panda. seguido por sus compañeros. -Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. El Panda hizo un gesto de fastidio. saca la estatua mientras yo vigilo la salida . Rambo! No eres sólo músculos .. -Ni se quejó -masculló el Rambo. con la estatua firme en su hombro. Rambo. golpeando un puño contra la palma de la otra mano-o Una vez afuera... inconsciente. mientras el Rambo equilibraba la pesada estatua sobre sus hombros. El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas láminas de metal entrecruzadas.. restregando sus manos. -¡Buena idea.

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO

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-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista. Se encaminó hacia la esquina. En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­ bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los hombres lo encañonaban con pistolas. -Maldición ... -gruñó el Artista, retrocediendo. Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­ zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos y los esposaban. Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le dijeron: -iBien hecho! La pregunta para los astutos detectives es la siguiente: ¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?

CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO

Horizontales: 1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan a Jaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip ­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal. l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.). 8. No es par. Sostienen partituras. 9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina. 10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos. 11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­ da. 12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa. VertICales:

II

l. Apodo para Felipe. 2. Cerebro del robo. Enredo (inv.). 3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.). 4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.). 5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas. 6. Corno la estatua. 7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca. 8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante. 9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa querendona. 10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz. 11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales. 12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal. 13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes y heredero de una gran fortuna, empleaba sus días en administrar sus negocios, jugar golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje ­ tos más valiosos se exhibían en grandes ar ­ marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña ­ dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem ­ plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido. Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­ to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a la sel!uridad de sus armarios. De toda la colección había solamente un objeto que no se guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­ res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez donde las páginas se extendían en volumen. desplegando como por arte de magia las dependencias suntuosas de un castillo. También babía otra razón que le hacía acariciar la valio ­ sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba bajo 1Ia ve: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

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los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza -Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta. Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­ ción volara hacia el Oriente.

Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su vida. Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado, que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­ che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día entre la Bolsa y el Club de Gol se había encontrado con la sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna otra parle l -Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más grande que tenia para mí era otro ... -Carlos apretaba las mandíbulas para contener su impotencia.

e

-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de una de sus grandes orejas. Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­ tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos de pánico. -Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla. Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde del sillón. El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz calmada: -Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó en la mañana, hasta que abandonó la casa. -Bueno, lo de costumbre ... Por la mañana me quedé en el segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño, ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas. -¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto. -Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a su patrón-o A ver si había algún recado para mi en su libreta -agregó, indicando la agenda sobre el escritorio. Soto miró al dueño de casa, y este corroboró: -Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­ prano en la mañana. El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar". -¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre? -volvió a interrogar el inspector a la mucama. Ella guardó un instante de silencio y contestó luego, dubitativa: -En realidad ... , me pareció que todo estaba igual que siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría dado cuenta ... creo. -¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­ tó Soto, rápido. -Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el

José se movió. serio. Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable: -Bueno. -Norma miró a don Carlos como pidiendo aprobación. .. se retiró. perdóneme la expresión. -El mayordc~mo pare­ cía molesto con el interrogatorio. don Carlos -añadió un poco colorada-. ¿Podría decirle al mayordomo que venga) La mucama se puso de pie saludando con timidez y. gracias -contestó José. cuando abría la puerta. -¿Ya qué hora volvió? -Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la carne para el almuerzo de don Carlos. el mayordomo. con su pierna mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. . eso es todo. -¿Una hora y media se demoró en comprar la can~e? -volvió a la carga SOlO. señor) -El inspector le quiere hacer algunas preguntas. El inspector insistió: -¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse? -Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­ cería. -No antes de las once . me fui a la carnicería .. Puede retirarse. su patrón la interpeló: -¿Su marido sigue sin trabajo.. incómodo. Olavarría hizo un gesto de asentimiento.. de uniforme impecable y aire altanero: -¿Sí. José. A los pocos minutos entraba José. señor. -¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la maüana hasta que llcgó su palrón? -Luego de hacer el asco del salón.. don Carlos. -¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO.. y con el jardinero nunca me meto porque . señora. ese hombre es un ordinario .. Norma? -¿ Y quién lo va a emplear. Sin esperar respuesta. tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de dejar la mucama.l¡8 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 99 desahucio de mi marido. -Estoy bien de pie.

-Está bien. -y clmayordomo se retiró. encontrar también al ladrón? . -¿ Yen qué consis Le su tra bajo? . -¿Ya qué hora se fue? -A la una. Luego me retiré a descansar a mi pieza y. suspirando. luego de anafizar las versiones de los tres sospechosos. El jardinero enumeró.-E1 inspector mostró la puerta. ya se había ido . don Carlos. en ningún momento entró en la casa . Jacinto Flores.. pues' -¿Entró en la casa? -Al baño de José no más. usted también. .. Jacinto Flores. sólo entiendo de plantas. Era muy mo'reno. le echan la culpa a uno . -¿Conocía usted. entonces.. porque cuando abrí los ojos eran las cinco. cortar el pasto.IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 101 -Bueno. la pagoda elc marfil que se robaron? -preguntó el inspector. ¡lo que no dejó de parecerme extraño! El inspector hizo caso omiso de este comen tario. corno bien sabe don Carlos. -El caso ha sido fácil. mi caballero: solamente en la mañana. dijo un nombre. -¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase. Cuando e/jardinero cerró la puerta. ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí. en forma distraída. remover la tierra de la jardinera.-ápidamente-: De ahí en adelante. -O sea. cuando llegó en la mañana. no la había visto nunca . que me dormí. Recuperará su pieza de mar[il. -Muy bien. señor. y siguió: -¿ Qué hizo luego? -Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa servida. -No. Jacinto. como lo hago por costumbre. -Usted lo ha dicho. a cambiarme ropa. pero de ojos chispeantes y lleno de vida. señor. no paré de limpiar la plateria y sacudir las vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos. mi caballero. entró Con su mameluco lleno de tierra. no sólo la carne: los lunes.lr.. \'0 no entiendo de cosas finas. el inspector miró a Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas. y cuando volvÍ.. el escritorio se limpia los miércoles y sábados.El inspector dobló aho­ ra el enorme pabellón de su oreja. ¿Se dio cuenta.. puede retirarse -terminó el inspector Soto... -Como todos los lunes y martes. José. puede retirarse. No ti tubeó para sen larse en la silla. de cuál era el ladrón? El duel10 de casa negó con aire desconcertado. Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y almuerzo ailá. . el inspector Heliherto Soto respondió: -¡Eso eral Entonces el solterón. hasta las dos de la tarde. -Por casualidad: ¿entró en el escritorio? -No. barrer La terraza . lector. contando con los dedos: -Podar los rosales. -El mayordomo tosió y agregó .. -Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta. -¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con sus preguntas. Cuando Olavarría. -José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­ dió Olavarría. emparejar los setos. -Está bien. cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta. luego de una venia. -o sea. Ya-Lu-Ting l ¿Podrías tú..Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto. murmuró para sí: -¡Volverás a mí. se compra también la verdura y la fruta. el jardinero. -¿ Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto. y se acomodó con una amplia sonrisa. supongo. luego de unos instantes de medita­ ción. desmakz.

). 8. Hierba aromática de múltiples usos. 10. Atrapa al bolón.). 3. Equivoca'y vagabundea. Alma del califonl. Duefw de la pagoda. Estirar.- f '0 " 1. Había una vez un empe. Si es muy fuerte.). Nota musical femenina. Privativo de ovejas. Medio abuelo (jov. Mucama de Olavarría. Sos/enEa la agenda. Angulo para brazos (inv.). Ojalá sin esmog. Artículo indefinido. DesesperaJo signo Morse. Licor fuerte (inv. 10. Las de la pagoda erar¡ diminutas. No hay que hacerlo en clases. pero sí en los cumpleaños. 7. 2. Pesimistas y Obsole­ tas.). bailaría (inv. 12. 4.). ~éJico especialista en ~I I I I VtaS urtnartas. A la del campo también . Artículo indefinido. La pagoda lo era (inv. Tras de (inv.). CiuJad sumeria. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural). 4. Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla.).a (inv). 5. Obje/o robado. 2. 3. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas. 6. Primera y tercera vocal. Quisiese con uslero. Nombre de la mucal1'l. Objeto de W7 tic de Soto (inv. . Servicio secreto de Hitler. Il. 8. si fuera doble. 6. Vocales Jistintas. le gusta el queso. Flor de los valles. Colilarga y dientuJ" (inv. Sustantivo limpio. sohre las lorlaS. Preposición entro ­ metida. 12. Una "t" amarraría a estas vocales.). Aluminio (inv. Este perro. Se escucha en las corridas de toros. 13. 9.) Verticales: 1.). Espiritual nombre 'J.).. Letra (inv . 7.). 9. Posesivo pronombre (inv.102 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 103 CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL Horizon tales: " . ülavarr[a se habla pasado el día entre la Bolsa y este lugar. Corno ella era la cara de Ya-Lu­ Til1g. ¡pobre bote! Llena. que fluye par el piloto (inv. EqUIvo­ có.1I raJar que no tenía nin ­ guno. tI. Detrás (jnv. En la manana. Tres vo­ cales iniciáticas. Pronombre panl voso ­ tros. Norteamericano escritor de fantasías que erizan los pelos (inv. I I I I de mujer. 5. Yo latino.). Artículo musical.

' l}l(\ VW J.<l:I "._NON 111 s:3NCl1' . " " w ...J qGqo gG COUU!G' J1GL!qO SJ SbO). •• " ".L'3:~8T1 SV1 '3:a OSV:) 1'3: StlNOIJfl'lOS .1.' rnGgo LGCOLL!Q J02 PSU­ G2CL!~OL!0' uo q!lo fTUS 20JS bSJSPLS' bGLO . O .l.dO..JLSfQ qG pOLLSL fTUS rs bLOlG20LS' SJ GUCOU~LSL UnGASlIJGU¡G JS2 ppLG¡S2 GU 2fT SV~ON tIa SV. ."'tJ. o S • • 1 ~ .Sal~ ntl'lv" 21'11 Vd aSJ.0'01 ] l-l.~13 s..... ". . 9 (\ N a . ¿Y'i.IOw.l.9L2G GU JS C02' ill~LSUqO qG~GU~gSillGU~G S 2n2 SJnWU02' C. bnJlisL qG COUUW LGC!!?U 2SpqO gG JS GUlGLillGqS' ~S bLOAGUlS qGJ qGqo'dnG JS2 J1SP!S 202~GU~qoi EU GUG bSJWGLS' !ELS GA~qGOfG d nG CS20' gGJ PPLG­ JS WSUCJ1S 20pLG JS bL~WGLS dITG ~fJ 2SpG2: (.ÜfT!? A~O) VJgo lIJSUCJ1~~S 20pLG JS bLjWGLS PPLG¡S.. . Ol'"J10J.LO .70~'QI'1\ VI C. 1 "'. • V ~ 1 b g d ~ O '11 • • . <. ON'f'V~ n "S Oti]w'1) < I 0""03' J \ el."3 " 1 ~ H ...

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?.. 1. JO UJbUC!OUQ A -2G­ 9'bLO"GCP9'LOU qG J9' 02CnL!q9'q gG 19' 9'CGL9'. S O' O N ' o.S 13.~-dnG q~illb\. l' )1 l' 1.~ " s o . O .' ~ CQUJo 29'p!9' r G"! OU9' (L9'2G gGJ 10AGLO 9'JGLfQ J9' UJGUfG qGJ 9'2rnfO !U2bGCfOL: . lJ. 1 • ." . qG ¡.LSOaNV O~3. A n. S 11 n O . c:. ...n2Q J9' ('. . qG b('. gG ('..:AO[ SaNOIJ010S 13.0 O~.~\~qo -dm.:I1:)3.. . n ! 1 O I 11 .n2Q J9' Ct'.2 G fOL 20fO JO fGUY9' runA CJ9'LO' hGLO' ~cQruo TIGliQ 9' qGqnqLJo) ET 2Gl}OL rG"! p9'P!9' COllJGf!qo nu 9' n fO llo pO: G20 GJ !u2bGc­ O~3. 11 1 V 1.:0 OSV:) 13.. gGP!Q 2GL bCt~\~qo. n 1 1 .0 (11 OSV:) 13.'. S 11 d • OTo • " " .'.." .P9'P!9' b9'29'gO J9' UOCpG GU 2n C9'29' 2!U 29'J!l) dnG 2G p9'P!9'U 9'b9'li9'qo 19'2 JnCG2 2! U9'qp:. •• ~ V ' n S \ V .. qG ~!-s\~q~'2 -dnG qGPIQ 2GL ~'2\~q('. • o I¡ .('.LS3.. o.I1(nrv 13.' n2Q J9' e'. S O S' S • 1 O 9 S V S 11 1­ " O • O ! S ·11 W. s' .<:s\o PISO {flG lOLUJ9'l nu9' b9'J9'pL9' cou J9'2 IGfL9'2 !UCOLLGq9'2' DG PC9'JG2 qG 2n 9'llJ!lio' "!O GU G2!9'2 (9'¡r9' 2 nu9' CJ9'''G' ro QU!CO dnG 29'1G'10L8G' dnG 29'P!9' qG J02 GXCGJGU!G2 couoqUJ!GU!02liL9'llJ9'­ G"!qGU fG2 (9'¡r9'2 qG OLf08l9'H9' A gG COUCOLq9'UC!9' GU GJ llJGUVdnl J9' b!2f9' J9' q!O E2!Gp9'U' GJ 2GCnG2!l9'qo' cou 2n2 "Z ". <11 SaNOI::J010S . • . " o . I o ~ V 1­ " V S V ) 01­ o V 1­ V N O. qG ~!-s<:s -dnG qGP!9' 2Gl ~!-s. 9 " " J. n n. " '" • · O ~ "" " • O ..'2... W 11 " ) 11 . l dnGLO' b9'prpl9' CVI\EIH1Y OP"!9'UJGUfG' 9'Pl !GU!9'U G2COUg!go 9'J 9'l­ !-s'.:1 I N I V 1 "~ Á .. gG E'2\Ct?Ct!-S -dnG qGP!Q 2Gl E'2\~?Ct!-S.. ". lJ.n2Q J9' n2Q J8' ¡. N S N 1" " \l • ..n2Q J9' \. 0'0 S O. O " . ..n2Q J9' Ct' onGqQ J9' gGP!Q 2Gl ~\. .•. o . O I ~ 01­ O 1 . (' liJ:rU <?J. ) N • 1 •• n t 10 ~ V • i! V 9 v . " ':i H. n . " I I ~ V 4 '" O ~ ... I 1 . O • N 1 ~ lJ. 1 n V 1 'O-n " 0 _0 _ . OOVI.~ . O J. O' V " "IN 1 1.... I ~ . .

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en todo (no se salvan ni siquiera ciertos momentos privilegiados de la historia humana). que es tan infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo detectivesco. con las nobles y profundas raíces del misterio en sí. Pese a su amplitud y prolíferancia. usada en esas condi­ ciones. cine. sin embargo. el concepto de misterio ha ido quedando reducido. como ya estamos acostumbrados a la mayoría.EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION Por earios Iturra La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa. El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe. el hogar del vecino.que le permita llegar a dar con la obra perfecta. teatro de misterio: todo ello es detectivesco. Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. no nos llaman la aten­ ción en lo más mínimo. De ellos están llenas las mentes de los hombres. vivimos rodeaqos de misterios. por excelencia. y para el que lee son misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador. corno su propia experiencia y destreza.está en que haya quienes sean capaces de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso. el misterio religioso. las historias de los libros. principalmente. claro que. el universo. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un misterio: no hay para qué dar ejemplos. cuento. y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos. y tiene también algunos instrumen­ tos que le ayudan en su investigación. los lib'ros de historia. tiene pistas varias: las que le dejan otros buenos escritores. las religiones y las ciencias. Prima el misterio barato. . Desde luego. en todos los ámbitos de la vida. aunque sea costoso. a los límites de lo detectivesco. pero en el uso común ya no es este significado el que prima. Pero siempre prima lo barato. Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula. su carácter misterioso. Pocos harán la reflexión necesaria para conectar la palabra misterio. nuestro porvenir y nuestro pasado.que lo que parece a primera vista. Aún hoy el misterío es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial. La gracia -y las muchas gracias. incluso en lo literario. Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­ rio: cuando éste era. novela. son misteriosos los límites de la creación literaria. la filosofía. también se 10 brinda a muchas otras cosas. una gota de agua. precisamente. lujosos misterios.

de la trama: qué pasa enseguida . qué pasa con los personajes. Chesterton. y no se fija en cómo se lo cuentan. por su parte. no incluye nada que no sea relativo al esclarecimiento de un delito. por la forma. Pues bien. En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor. por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar. Carlos Dickens. luego es incapaz de explicar cómo la logró. la policial. eso sí requiere talento. han escogido la del misterio meramente argu­ mental para dedicarle su trabajo. Geor­ ges Simenon. Chase. con excelen­ tes resultados. puesto que el argumento es una de las facetas de la forma. la de aventuras. el artista habría sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo. No por eso. Se le reprocha a la literatura de misterio. Como se ve.sea el deseo irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía Perla. son autores de misterio y entre sus obras se pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­ tura. o muy inquietante. Por otra parte. que eran feas hasta que el artista nos mostró. que un paisaje bonito pintado mal. Se estima que son superiores y que producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del argumento va acompañada -va siendo producida incluso. el misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las palabras. un gran escritor resuelve ese misterio median­ te una obra perfecta. el misterio de saber cómo termina la obra... por su parte. en cambio. está perdiéndose la parte principal del disfrute de la belleza. Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo depende. ni que grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género. la picaresca. es decir. ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las posibilidades de lo literario. Sin dominar la forma. o uno antes o después que el otro. por el asunto o por el arte. G. sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada relaüvo a la forma y. En la actualidad se entiende por género de misterio. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera. . Por este motivo es que las obras de misterio. o a lo menos mediante una obra maestra. O sea. Estas son las obras de mayor mérito. Agatha Christie. es tan grato como contemplar un hermoso paisaje A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de evitar. son algunos autores de gran literatura que han aportado estupendas piezas al género de misterio.el o los problemas planteados por yen la narración. en algunos casos!. que tenían un aspecto bello.. El buen lector. sin embargo. porque ha habido escritores con especial talento para manejar las expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido lectores que han buscado ante todo ese misterio.por la calidad de la prosa. Siendo de segundo orden el género de misterio. eso no sólo implica una reducción del concepto de misterio.120 COMENTARIO DE CARLOS !TURRA COMENTARIO DE CARLOS ITURRA 121 yen ciertos casos mayores. Unos y otros han reducido el concepto de misterio. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta.mantiene su calidad de misterio. cuál es el fin del argumento. en cuanto al contenido. aunque esté mal pintado. En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al aswlto que al arte.nos vamos dando cuenta de que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un feo paisaje pintado bien. contemplar una hermosa pintura de un paisaje feo. Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento. con su dominio de la forma. J. K. Ellas y otras más se han ido dando a través de los tiempos. Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos. el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la creación. incluso su genio. A lo lejos. porque han coincidi­ do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­ res. o pudo estar muerta cuando se las robaron. Un paisaje feo no es grato de ver. sino felices por el momento de placer estético que nos dio la belleza de la película. evolución y desenlace de una historia. Henry James. esa elegante y descuidada tía rica. y preferimos un cuadro con bonito paisaje. por lo general. incapaz de trasmitir su secreto a otros. puede produ­ cir obras de primer orden. al fin de cuentas. han sido consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la buena literatura como de segundo orden. o con preferencia para uno u otro. Vamos apren­ diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que importa es la forma. además. de modo que lo único que lleve al lector a seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva. de la habilidad del escritor para manejar la forma. refiriéndolo exclusi­ vamente al desarrollo argumental. cual­ quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­ cional fotografia. la convencionalidad de sus métodos y lo repetido de sus misterios.. y la búsqueda sigue. En suma. y el misterio argumental de la narra­ ción misma. está incluido en ella.sino porque de la forma. H.y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente. ya que basta para ello el paso de los años. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo que no es maravilloso. pierde el interés por la lectura si es que esta no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio. De ahí que existen la novela de caballería. Pero la forma o fórmula precisa para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto". o por la belleza con que ha pintado el paisaje. aquellas que centran su interés en el planteamiento. depende el fondo. pero !)i la cuenta con arte saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia. asesina'to o robo. la de espionaje. La película puede contar una historia muy entristecedora. antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban sus perlas. el policial. ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se oponen al desarrollo de su narración. deja nadic de desconocer que una obra plantea­ da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto. mejor dicho. Edgar ABan Poe. o. O sea. casi únicamente. Y podemos interesarnos en ambos por igual. gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las cosas "feas". además. y en segundo lugar.

la palabra misterio. Y esa iniciación es como parte dcl misterio mismo..qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de libros y que no aspiraran a educar su gust. un buen argumento también es una buena creación. Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la razón y no lo resolviera.) Es indudable que result. y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que nunca los conducirá a nada. una vez más. las playas de ese oscuro océano de luz. les indicará cómo resolver los misterios: . facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores. De primer orden es este para los niños. en efecto.ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable. están al final del libro. envuelto en tinieblas etemas... hoy por hoy. Sería una lástima que hubiera lectores -en realidad los hay. Pre. ¡perdiéndose los erizos. no sería novela policial.. pero aun así los misterios dt: la literatura tienen menos fieles todavía. son la iniciación. al cabo de la cual ha de ser cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que es de segundo orden. aparte de hacernos pasar un rat. csta obrita ingeniosa podría llegar a arrastrar detrás de si. o los deudos del autor contra el lector.. Dos veces iniciática.122 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA COMENTARIO DE CARLOS [TURRA 123 (Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­ co misterio religioso.. la gimnasia mental de los lectores. sumada a su inocente agudeza. despierta en ellos muy desde adentro el gusto por el misterio. Sería como aficionarse a los mariscos. y quien se había propuesto llegar a ella puede alcanzar su meta incluso a través del relato policial. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". El "neófito". en pos de una solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul expuestas al público.o para poder disfrutar obras de primer orden . sino que también habrán hecho una especie de gimnasia mental..oentretenido. y probablemente más de un lector defraudado se querellaría contra el autor. racional.. pero ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí. ¡Las culpables son las autoras. pero no ir más allá de las almejas . como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde permanece. se relaciona asimismo con la "iniciación".. Pero sería lamentable no pasar de ah\.. IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives.a grato leer de vez en cuando una apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-. pero no menos considerables. a todos los niños del barrio. las ostras en su propia concha nacarada! El gusto se educa. Lo incomprensible. ¿El rel. 1 . En este punto resulta apropiada la palabra misterio. se "inicia" en el conocimiento de ellos. Después de leer estos '''Trece casos misteriosos". evidentemente.de iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los caminos conducen a Roma... Los bordes del misterio religioso.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las obras de misterio. Después de todo. pues es inaccesible a la razón . con tantos devotos como los misterios de otros tipos.. sus lectores habrán entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética.. en su profundo sentido religioso. como el Flautista famoso. Será un entretenido comienzo para una vida de aventuras como lector. o ignorante de los misterios de la religión. las colitas de camarones. gusto que más tarde habrá de llevarlos . a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo literario. está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector. por policíaca y por infantil. es que el religioso no se resuelve.. Los misterios de la religión no cuentan. el secreto. a pesar de que sea una lectura de segundo orden. o policiales. y es una de las mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para siempre si el gusto no se educara.

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