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Trece_casos_misteriosos

Trece_casos_misteriosos

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iCONVlERTETE EN DETECTlVLI

CASOS MISTERIOSOS PARA LEER Y JLJ( ,Al'
¿Quién planeó el robo de las IIbroteJ:, (h 1
notas en el tercero B del Colegio [311011( 1
ventura? ¿Podrás encontrar los pl:,llli
'
para dilucidar el atraco al Banco MI J
chosmlles? ¡Algo terrible sucedl6 ( 1JI,
la cajita que doña Sara guardélh(l (( 111
tanto celo! El Canguro, arquero (Iu 11 ,',
famosos Venadillos, ha sido secuoslrll(lu,
por suerte, logró enviar un mens(]J'J \)11
clave a sus compañeros: desclfrurlu (1:, JI'
tarea.
Trece son las incógnITas, una por<'J ('1 Ht. 1
cuento; y también trece los crucluré 11111 1'.
que podrás resolver, al final de CCJ(j(J I1
lato, si sabes usar el ingenio,
~ \ \ \ < DE 77.-<J11(,
~ ~ NIVEL 3 OS'
~
COLEGIO CUMBRES MASCULINO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Ili.iBilll
10836 NOCOP.4
Querido lector:
Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si
lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la
pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar
el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las
soluciones están dadas, pero... al revés.
También te invitamos a resolver los crucigramas de cada
caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­
rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde.
Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­
nas mencionadas.
Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro,
con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en
algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la
cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras
INDICE
El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1
El caso de las perlas grises 9
El caso del regalo de cumpleaños 19
El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . 25
El caso del zafiro de doña Sara 33
El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . 41
El caso dc 1a moto embarrada 49
El caso dd joyero angustiado . . . . . . . . . . . . . . . . . . 57
El caso del secuestro del arquero 65
El caso del ladrón con máscara 73
El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 79
El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . 89
El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95
Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
i
El tercero medio A del colegio Buenaventu­
ra era un curso bastante revoltoso. Ese vier­
nes entregaban las notas del trimestre, y la
señorita Leonor dejó el alto de libretas blan­
cas en una esquina de su escritoriu. La lola­
lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos
en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era
muy alentador.
- Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela.
- y yo en química -cuchicheó Andrés, pálido por encima
de sus pecas.
-¡Adiós, fiesta' -suspiró Catalina, soplando con desáni­
mo su chasquilla.
-i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. Qu iero de­
cirles que en general el rendimiento del curso durante este
trimestre ha sido pésimo, y las notas, muy malas ... Repartiré
las libretas durante la última bora de clases, y tendrán que
traerlas firmadas el lunes, sin falta.
La profesora, luego de sentarse en su silla, llamó a Mauri­
cio al pizarrón. El muchacho, que tenía fama de m8tco, co­
menzó a resolver una complicada ecuación, y 18 clase siguió
len ta y pesada.
Media hora después una campanilla animó levemente
las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie­
ron a recreo.
-¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue
las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla, sin ánimo ni
para q:omer su emparedado de queso.
3
TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡SlIl:¡ias
l
-le contestó la lánguida Constanza.
Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta,
t'ulllJic! ¿No te das cuenta?
-¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan
deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­
lo. Se afirmó en la vieja palmera, en una pose de actriz
dramática.
En ese momento se acercó Mauricio.
-Al paso que van mis porras compañeras -dijo-, tendré
que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas...
-¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de
hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela, dándo­
le la espalda.
-No sean tontas, nenas, si lo único que quiero es que
todos vayamos a la fiesta.
-Nosotros también queremos. ¿Qué propone el genio?
-interrogó Constanza, sin perder su desgano.
-Un ardid para e,vitar que nos entreguen las libretas
-respondió Mauricio, muy serio-o No olviden que tengo que
conquistar a Catalina ...
Marcela, al oír esto, levantó una mano y gritó:
-¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan!
-No seas tonta, Marcela, si usaras más tu cabeza ... -Mau­
ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con
expresión hosca.
Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas, que se
habían quedado mudas, contemplando a Mauricio.
-Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­
tar, como sea, la en trega de esas notas.
-·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos
que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó
Marcela-. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­
ción ...
Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera, y luego,
con un gesto asustado, mostró la yema de su pulgar herido
por una pequeña astilla.
-Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
1 ¡ ~ 1 @l+ )J3? M
: ;.
~ ~ ~ ...
e;:p. ~ .
5
TRECE CASOS MISTERIOSOS
y olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un
lilllo. Catalina partió corriendo.
I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos.
Bueno, no me queda otra que resignarme a un sábado
si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral.
Mal-cela quedó sola.
-¿Resignación? -repitió para sí-o iAh, no, eso nunca! -y
caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su
amigo.
Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el
comienzo de la última hora de clases. Los alumnos entraron a
su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su
lugar. En ese momento, estalló la voz de la proCesara:
-¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS?
Un silencio total fue la respuesta.
La señorita Leonor insistió, en tono aún más agudo:
-Repito, por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las
libretas?
Los alumnos se miraron asombrados, pero ni una pala­
bra salió de sus bocas.
La profesora, entonces, se levantó de su silla.
-Niños: esto no es broma. Es gravísimo. Por última vez:
¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante
ahora ...
Ni un suspiro se escuchó. Marce1a observaba a sus com­
pañeros en una inmovilidad total. Connie miraba a Marce1a.
Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. Andrés raya­
ba con insistencia la tapa de su cuaderno. Un aire de expecta­
ción, mezclado con mal disimulada alegría, flotaba en el
ambiente. La voz de la profesora ahora amenazaba:
-Ustedes saben que este es motivo de expulsión, pero les
daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco
minutos y, si a mi regreso no están las libretas sobre el
escritorio', comunicaré el hecho a la Dirección.
Calló unos segundos, y luego prosiguió:
-Les doy una oportunidad para ser honestos. Si se pre­
'-;L'nta el culpable, el castigo no será tan drástico. Si no sucede
;lsí. alguien arrastrará a todo el curso con él.
EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
y salió de la sala.
En el primer momento nadie habló ni se movió. Estaban
todos paralogizados. Hasta que de pronto una figura -conoci­
da por los lectores- se incorporó de su banco y caminó hacia
el closet de los útiles. Tomó con ambas manos el alto de
libretas, escondidas tras las cajas de tiza, y, ante el estupor de
sus compañeros., avanzó hacia el escritorio de la señorita
Leonor.
Cumplido el plazo, cuando la profesora regresó, las vein­
ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar.
La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra. El
curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos. La
oyeron suspirar, y vieron cómo trataba, al parecer, elc borrar
una manchita sobre la primera Libreta. Su cara no reflejaba
ninguna emoción; pero a sus alumnos, que ya la conocían, no
les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. En ese
momento habló:
-Bien... , ahora falta que se presente el culpable.
Como el silencio se prolongaba, la maestra caminó entre
los escritorios para observar con detención a sus alumnos.
Los niños, nerviosos, se mantenían inmóviles. Catalina ape­
nas si respiraba; Mauricio se mordía el labio; Connie daba
vueltas al anillo en su dedo, Andrés retorcía el lóbulo de su
oreja, y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir.
~
"¡\
1, TRECE CASOS MISTERIOSOS
Cuando el recorrido hubo fínalizado, la voz fue tajante:
-Quiero que sepan que ya me he c..:nterado de quién es el
responsable.
y dijo un nombre.
La profesora no se equivocaba.
Con gesto compungido. la persona aludida confesó su
culpa.
Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz. ¿ Qué vio
ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al
culpable?
ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS
Horiwntales:
1. Sustantivo que modifica
y que transa billetes.
Hierba (inv.).
2. Medio baile polinésico.
Tercera letra. Pint<l de la
baraja.
3. Corno el Buenaventura.
Nombre de la profeso/-a,
Sil1 UrH
4. Este bárbaro europeo del
año 400 tiene uu comien­
zo para volar y termina Iv
negando.
5. Evaluad su precio. Si es
negra habrá lluvia. Cam- Ji
peón. n
6. Los guardaron antes de
salir a recreo.
7. D{a para devolver las libretas firmadas. Exclamación para toros (¡nv.).
8. Vocales que parecen velas. Contrario '11 par. Lo más allo en inglés.
9. Molusco (inv.). Medio progenitor. Al sol se la debemos.
10. Componente de la orina (inv.). Los del cuellto se la perdieron.
11. Nari7. del barco (inv.). Bes<! sin vocales. Furia.
12. Ell1wteo del cumlO. Madre a medias.
i3. Con "c" se cae. Desabl'ida y fome. Hágalo con los ojos.
Verticales:
l. Soplaba su Calcio.
2. Devasta. Aquí están las ciuco vocales, pero en desorden.
3. Así eran las 11olas. Fallecí (inv.).
4. Nombre del colegio.
5. Dios inglés. Socorro. Materia infecciosa.
6. Naves Orbitales Fantásticas. Letra gnega.
7. Era lánguida. Plumífero dios egipcio.
8. Vocales de tope. Tubo sin principio ni fin. Caza en el mar.
9. Objetos robados.
10. Dios del viento. El que lo es tiene un sobrino.
11. Vestidura (inv.). Ventoso infinitivo prohibido en clases.
12. Alfiler inglés. Quiera.
13. Se dañ.ó el dedo pulgar. Dos vocales idénticas.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
La señora Fernándcz. cumplía cincuenta
a11os, y esa noche recibiría a sus amigos más
íntimos a cenar. De pie frente al espejo de
medialuna se contempló otra vez.. ¿Repre­
sentaba los cincuenta? Según Alvaro, su ma­
rido, nadie diría que sobrepasaba la cuarentena, pero ella, a
veces, dudaba de tales afirmaciones. Aunque la vida no le
había sido difícil, ni mucho menos, sus ojos ya sin el brillo de
la juventud, sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas
malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela.
Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño.
El vesLido dejaba ver un cuello desnudo, empolvado y blanco,
listo para reci bir el regalo de Alvaro. Por supuesto que lo
había elegido ella misma, y había sido la primera vez. en su
vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le
habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O
era un inconfesado deseo de impae tar a su amiga Lulú, que se
jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago?
Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas.
-Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la
noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz
de su marido desde el baño.
-Es parte del regalo, querido; el collar, acompañado de
la mirada de Lulú, será mi fiesta ...
-¡Curiosa amistad la tuya con Lulú
l
-murmuró Alvaro,
frunciendo la nariz. Terminaba de afeitarse.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11
111 TRECE CASOS MISTERIOSOS
¡\ I<lS diez de la noche la casa de los Fernández resplande­
, 111 tk; luces y flores. Los invitados comenzaron a llegar. Lulú,
1;, primera, vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­
llas que realzaban la palidez de su piel. Lo único de color en
l'Ila eran sus largas uñas rojas. Sergio, su marido, hombre
barrigón y entradoen años, paseaba con aire distraído miran­
do los cuadros colgados en las paredes.
-¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano, Sergio?
--preguntó Víctor Astudillo, haciendo tintinear los hielos en
su vaso de whisky.
- Tú sabes, Víctor, que yo me en tiendo más con números
que con arte-le contestó Sergio, palmoteando el hombro del
más bohemio de sus amigos.
-·Deberíamos asociarnos, Sergio-bromeó Astudillo-. Yo
pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto
excelente... iY este sí que no me fallará!
La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su
marido: era el mismo Víctor de siempre, a la caza de un
negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo.
-Estoy en tiempo de vacas flacas, amigo. -Sergio tenía
cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado
sin dinero para invertir, y te lo digo en serio.
Astudillo levantó los hombros con desaliento, pero hizo
un gesto con su mano, como para quitar importancia al
asunto.
Adela, entonces, ofreció:
-¿Más whisky, Víctor?
-Sí, gracias. Y si quieres, agrégame un par de cubos de
hielo.
En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el
matrimonio Gómez,jovial y alegre, cantando a coro cwnplea­
¡"'lOS feliz, y Laura, la amiga soltera de Adela, que pasaba por
una de sus crisis existenciales.
-Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga
-declaró Laura con sequedad.
-¿Te ganaste la lotería, Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­
lor, levantando su ceja derecha.
-¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos, Víctor
-contestó ella con gesto eseéptico-. Por suerte, existen los
créditos.
-Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor.
-Ese es problema mío. Y no estoy de ánimo hoy para
discutir asuntos materiales. ¡Venga un champán, querida
Adela!
Adela miraba el reloj con impaciencia, y los invitó al
comedor.
Se sentaron en torno a una mesa ovalada, cubierta por un
mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con
los cubiertos.
Los Gómez, él alto y de bigotes tiesos; ella bajita v tk
anteojos, no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas
domésticos.
-Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú, pero
yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la
casa -dijo Gómez, moviendo sus bigotes al hablar.
Martita, para apoyar a su marido, estiró su mano desnu­
da, y dijo con mucha suavidad:
-Mientras tanto, me estoy dejando crecer las llllas.
Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso:
-Muy interesante la conversación, pero permítanme in­
terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky
en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar!
-Antes la salud que la buena educación -bromeó con
estruendo GÓmcz.
En ese momento Adela miró el reloj, por segunda vez en
la noche: eran casi las doce. Hizo una sella disimulacla a su
esposo. Alvaro, entonces, alzó sus manos, y pidió silencio:
--Adela, ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de
la torta?
-¿Sorpresa? -exclamó Adela, fingiendo asombro, aun­
que inconscientemente tocó su propio cuello-. ¡Por ravor,
ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta.
Alvaro insistió en que no debía fallar ni una ...
-¡Ay, tantas velas, qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú.
Alvaro dijo "permiso", y se puso de pico Demoró unos
segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo, ante una
13 TRECE CASOS MISTERIOSOS
L'
audiencia expectante. Adela no contenía su nerviosismo y
miraba a Lulú de reojo.
Cuando Alvaro abrió el estuche, catorce ojos estaban fijos
en él.
-¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya:
tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­
ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela.
-¡Querido... 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela, po­
niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­
llas la expresión de su amiga.
-¡Vaya, este sí que es un marido espléndido! Una sola de
esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­
tó Laura, amargada.
-¡Alégrate, mujer, alégrate! No siempre una amiga cum­
ple cincuenta años -observó Lulú.
-¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora
G6mez, con tono infantil.
-No te apures tanto, Manita', antes brindemos por esas
perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico
-interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky.
-Tienes una rortuna cn tu cuello, querida Adela -comen­
tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado, Alvaro.
-Aún no... -contestó el aludido.
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
Los Gómcz, mientras tanto, observaban en silencio y
abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas
En ese momento entró un enguantado mozo con una
enorme torta entre sus lnanos.
-Apaguen la luz -ordenó Alvaro.
Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor.
Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­
te iluminado por la luz de las cincuenta velitas.
Adela se puso de pie y se acercó a la torta. Los otros la
rodearon. Sopló, y cuando apagaba las últimas cinco peque­
ñas llamas, todos gritaron, y Adela se sintió abrazada por SLlS
amigos.
Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos
hasta que alguien nuevamente dio la luz. En ese momento se
oyó el gri to:
-¡Mi collar!
Los invitados estaban ahora sentados en el living. Adela, en
un siUón, miraba, pálida y nerviosa, a su esposo que se pasea­
ba a lo largo del salón.
-Si es una broma, ya dura demasiado -dijo Alvaro con
voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y
debe aparecer abora.
-¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­
mez, con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos.
-Bueno, todos me abrazaron. Solamente que ... , no, no
sé ... ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela.
-Tienes que pensar bien, Adela -habló Alvaro-, esto no
cs broma.
-Alguien tiene el collar, y de eso no tengo la menor duda.
-¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­
guntó Lulú, molesta.
-Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más
serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años, y
pongo mis manos al fuego por él. Además, en ese momento, se
había retirado.
-¿Manos al fuego, dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­
da-o ¡Eso era!
15
1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
-¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio, él su
ludo.
-¡Manos ... ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el
cuello' ¡Unos dedos muy, muy helados, y luego el pequeño
lirón!
Miró trémula a su esposo.
Alvaro observó a sus invitados uno por uno, y se decidió:
-Amigos míos: tendré que llamar a la policía, porque
entre ustedes está el ladrón.
Lo que siguió, mientras el dueño de casa se dirigía al
teléfono, no es difícil de adivinar: voces airadas, un i n t ~ n t o de
desmayo de Laura y sollozos de Lulú. Los Gómcz, muy juntos,
se abrazaban. Laura, recostada en el sillón, miraba con ter­
quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano.
Lulú, con ojos ausentes, jugueteaba con sus cadenas de oro.
Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había
abandonado en toda la noche. Sergio, por su parte, sentado
junto a la dueña de casa, movía nervioso el pie, fruncido el
cci'¡o.
PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía.
Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living, el dedo de
Alvaro apuntó a uno de sus invitados:
-Creo, señor inspector, que esa es la persona culpable.
y sucedió que no se equivocaba. Las pesquisas del ins­
pector, famoso por su eficiencia -y también por sus grandes
orejas-, corroboraron su afirmación.
y bien, lector, ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­
quién es el ladrón y qué 10 delató?
17 1(. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES
JO_ Para pescadores o depurtistas. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana
('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES
11. Se prueban en la adversidad. Con "a" final, esta palabra habría sido mu\
tozuda.
11(1' I/olltales:
12. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana. Ninguno. Vacuno.
l. Medio gato. Suálil COI'I
1/11 alli/lo (inv.J.
2. J-:/'{/J'I tornasoladas. En la
Biblia, nuera fiel.
3. Deesla rnanera.Horapa­
ra W'/a sorpresa. Nace con
la aurora.
4. Terceras alfabéticas.
Nombre femeninu para
sonata.
S. Silenciosa forma verbal
por la que se camlna
(inv,). Un raton lc sacó a
él la espina <.le su auulori­
da pala.
6. Prometéis (inv.). Sud
América.
7. Cesio. Un kmidu huno.
8. Organizaciún de Elefan­
tes Latinoamericanus.
Pinocho hi'/,o f3mosa la
suya.
9. Aciverbio positivo. Festiva comiluna.
ID. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. Cubre. De carnes suc'ltas.
11. Intentó desnwvarse. Vucales Jistintas. Tres consunantes vibradUl·as.
12. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. Color .bebestible
ql1i tasueüo.
13. Para el lvhiskv de lilctor. Bello griego.
Verticales:
l. Apellido de pintor admirado por SergIO. Quiere uecir "estú" (inv.).
2. Letra demustraliva. Súbditos del Avatolah.
3. CoLores para este cuento. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza
4. Cuntracciónmetálica. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­
lianas. Función o papel.
5. Cumplía cincue'1la año.>. Fruslrado volador.
6. Devastaran.
7, Ultimo (rago amargo para Sócrates. Constelación peluda.
H. Amiga de Pedro de Valdivia. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda.
'>. Tcc,c1osio Oteíza. Nota musical (in",). Ato. Repetido, sería duro [rUlo
ll'<>pical.
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
(Idea original de El vira Balcells, 15 años)
Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­
ñana, y su primer pensamiento fue: ¡hoy
cumplo doce años!
En la casa todos dormían. Emilia tosió
varias veces para ver si su hermana se des­
pertaba; pero ésta, con un almohadón sobre la cabeza, mur­
muró unas palabras ininteligibles, y siguió durmiendo.
Luego de media hora que le parecieron cinco, escuchó un
ruido en el dormi torio de sus papás. Se levantó presurosa, y se
dirigió a la sala de baño. Carraspeó al pasar frente a la puerta
del dormitorio de sus padres, ahora con mejor resultado:
-¡Emilia! -llamó la mamá.
-¿Síii? -contestó esta, tratando de parecer casual.
-Emilia, ven, entra -escuchó ahora la voz del papá.
No se hizo esperar, y abrió de inmediato la puerta: en la
amplia cama matrimonial la esperaban su papá, con ese
mechón que caía sobre su frente todas las maii.arl8s, y su
madre, envuelta en su bata de levantarse floreada.
Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete
que, luego de besos y grandes abrazos, apareció entre las
sábanas.
Lo desenvolvió con dedos ágiles, tratando de no romper
el lindo papel de seda. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada.
Alzó la tapa, y allí apareció, entre algodones, ese collar de
pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba
frente a la joyería que quedaba cerca del dentista.
-¡El collar! -gritó, exaltada, abrazando a su madre una y
otra vez.
21 EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
.l)
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿y a mí no me toca nada? -rió el papá.
-Es que ... mi mamá sabía; pero, sí, papito, ¡gracias!
_¿Y yo no sé también, acaso, de tus gustos? -El papá
levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con
chocolate v nueces.
Emilia estaba eufórica. Y esta vez, sin miramientos, co­
rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el
rostro de su hermana.
-Carola, ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron... !
Carola abrió un ojo y refunfuñó. Hasta que un ruido de
campanitas la hizo abrir el otro ojo. Entonces dio un salto en
la cama.
-¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo!
Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces
en el mismo lugar, como niña chica que aún era:
-¡Mira, qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es
el primer collar de verdad de mi vida! -dijo, encantada con
cse ruido cristalino que producían las cuentas al entrecho­
L:ar-. i Lo que van a decir mis amigas!
.-­
Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de
la tarde: Claudia, Nena, Carla, Nicky, Tere y Fran. De inme­
diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los
regalos.
-¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere.
-¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky.
Nena, Tere y Fran se acercaron a tocarlo.
-¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran.
- Ya me lo probé en la mañana. Pero ahora los regalos
estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa.
Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la
abuelita-; el mazapán, aún intacto; el dibujo de un gato con
lazo a lunares, obra de su hermana, y obligaron a Emilia a
abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído.
Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y
risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama
hecha un desastre, pasaron al comedor. Allí una enorme torta
de merengue con doce velitas se veía muy tentadora, rodeada
de bebidas v confites.
Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi
vacía, Emilia, muy consciente de su papel de anfitriona, pro­
puso salir al jardín.
-¿Juguemos a la pelota? -animó Fran.
-No. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs.
-¿Y qué es eso? -preguntó Claudia.
-Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia, entusias­
ta.
-¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky, mi­
rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos.
-¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena, dando un ágil
trote con sus zapatillas deportivas.
-¡Me carga saltar' -comentó Carla.
-¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere.
Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua
con la manguera.
-¡Listo! ¡Toma vuelo, Tere!
Tere retrocedió varios pasos y, con expresión de saltado­
ra de vallas, partió corriendo y, de una sola vez, pasó por
encima de los baldes, aterrizando sentada, pero seca.
23
TRECE CASOS MISTERIOSOS
Se oyó una ovación.
Todas se animaron. Las amigas, en alegre griterío, inicia­
ron la competencia con difíciles piruetas. Carla aplaudía
sentada en una grada de la terraza, turnándose con Emilia
para llevar los cómputos.
-Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada.
-¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky.
Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un
chapuzón. Una Nicky empapada y mirando sus z.apatos con
ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. Su
rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar.
-Descansa un rato -dijo Nena, levantando los baldes y
llenándolos nuevamente con agua.
Nicky pasó, junto a Emilia y Carla, a formar parte del
grupo de las sentadas. Las otras, una a una, siguieron por
largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. Has­
ta Carola, con su aire de hermana mayor, se había unido al
juego y, pese a sus estrechos jeans, logró varios puntos al
saltar como una rana.
La tarde llegó a su fin. Y las niñitas, ya cansadas, entra­
ron en el living a escuchar música. Poco a poco el timbre fue
sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra
de chocolate en la mano, regalo de la mamá de Emilia.
Eran las ocho de la noche. La festejada, con un bostezo, se
dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. Miró el desor­
den de su cama; hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató
sus obsequios. Algo llamó su atención. Removió entre los
papeles de regalo, miró debajo de la cama, levantó la almoha­
da y la colcha, hasta que se convenció: su collar había desapa­
recido.
Ante los gritos de la niña llegó toda la familia, el pqro
incluido. Se unieron a la búsqueda el papá,la mamá y Carola.
No hubo caso: el collar no estaba en la casa.
Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (. Se te ocurre cuál
de sus amigas podría haber sacado el collar? Ysi es asj, ¿cómo
le diste cuenta?
EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Emilia no pudo descubrirlo, pero lo supo al día siguiente,
porque la culpable, muy avergonzada, regresó con él.
.',1 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS
Horizon tales:
1. Usaba zapatillas deporti­
vas. Número de años pc;ra
Emilia. Textual.
2. Conducto sanguíneo
(inv.). Río italiano. Ave
parecida al pato.
3. Cuando bulle el agua,
ella silba. Alimento de
bibliotecas.
4. Es en los Estados Uni­
dos. Cumpleañera. Letra
griega.
5. Carrera acuática. Nota
musical.
6. Recunid. Atrapan peces,
pelotas y mariposas.
7. Para deci r lo que debas, no los tengas en la lengua, La primera que saltó
los bal.lks.
8. En el cUlm/o, con lazo a lunares. Triunfador. .Quieras (inv.).
9. Tiene cinco misterios. Escuchad.
10. Espantamoscas vacuno (inv.). Medio roto. Oasis del náufrago.
11. Escozor. Laura Rojas.
12. Motivo de la fiesta. Plata.
Verticales:
1. Natas pequeñas. Onomatopeya para patos (inv.).
2. Consonantes para nene.
3. Inglesa red que sostiene al revés. Arreglo un desperfecto.
4. Saludo para el César. Género aterciopelado y acanalado (inv.).
S. Emilio. lUvo muchos. Contracción.
6. Querido nombre del poeta Nervo. Interjección apurete para animales.
7. Principio de ópticos. Pronombre (inv.). Quieres con locura (inv.).
8. Era. de pepitas azules. Afirmación. Señor campesino (in
v
.).
9. Instituto infantil. Regla y consonante (inv.). Conjunción inglesa (inv.).
10. Esta.ban llenos de agua.
11. Para monjas es este titulo. Del aire (plural).
12. Sangre de los dioses griegos. Si cae en buena tierra, dará buen fruto.
13. En este libro hay trece. En ella se sentó Carla (inv.)
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO
MUCHOSMILES
Seis de la tarde. Juan Rodríguez, el crespo
cajero con chaqueta a cuadros del Banco
Muchosmiles, terminaba de hacer el arqueo
y anotaba unas cifras en su libro de registro
diario. Su compañero, Víctor Ponce, de es­
pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un
artista bohemio que a un empleado de banco-, lanzaba rui­
dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día
del mes para pagar impuestos fiscales, y como siempre los
clientes habían llegado a última hora.
Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia; la señorita
Pussy, secretaria de don Pedro Retamales, salió a pasitos
cortos, empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali­
sando su ceñida falda negra, que no contribuía en nada a
facilitar sus movimientos.
Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. Ponce, en
cambio, ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso:
-¿No sobraría un cafecito, por ahí, para un pobre cajero
exhausto?
-¡Ay, chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista
para irme!
-¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar.
-Termina de hablar por teléfono, y también parte...
En esos instantes Retamales, el gerente, salió de su ofici­
na y con voz cortante ordenó:
-Señorita Pussy, avise al guardia que ya nos vamos.
Ponce y Rodríguez: ¿están listos?
Ponce asintió con un gesto.
.(,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES
27
-Sí -dijo Rodríguez.
La señorita Pussy, con el abrigo sobre sus hombros, cami­
nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una
columna.
-¡Nos vamos, Santelices! -musitó con su voz de gato al
alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho.
Los cajeros se dirigieron al gerente.
-Señor Retamales, estamos listos para ir a la bóveda
-dijo Ponce con tono respetuoso.
Rodríguez, ya con una caja entre sus manos, donde se
alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos
billetes, explicó a su j ~ r e :
-Son dieciocho millones y fracción.
-Bien. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales,
mirando la hora, apurado por irse.
Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer', la puer­
ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris
que se estacionaba al frente.
-¡Viene el camión blindado, señor! -dijo con gesto de
sorpresa el guardián.
-j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­
ció el cel'io.
Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a
la puerta de en trada.
Santelices preguntó:
-¿Abro?
-Aguántese un poco -dijo el gerente.
Los hombres, afuera, esperaban.
-Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral, y verifi­
que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero
-ordenó eljcfe a su secretaria.
Ella, nerviosa, dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó
el auricular más cercano. Pero no alcanzó a discar: un estam­
pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central, y
tres hombres irrumpieron, pistolas en mano.
El guardia, rápido, desenfundó su arma. Pero antes de
que pudiera apretar el gatillo, un chorro de líquido helado lo
D ~
paralizó. En medio de una angustiosa respiración que lo
29
.f,'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS
hada toser, Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas, y
con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca. Cayó
de bruces al suelo.
Todo esto transcurrió en menos de un minuto; cuando
Santelices pudo mirar a su alrededor, vio a la señorita Pussy
tiesa en una silla, maniatada y con mordaza, mientras sus
enormes ojos maquillados clamaban por socorro. El gerente
y los dos cajeros, boca abajo sobre el suelo, también con los
pies atados y las manos presas a sus espaldas, miraban a los
tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de
billetes y subían a la camioneta.
Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba, raudo,
con un chirrido de neumáticos.
No había pasado una hora, y ya el inspector Soto interro­
gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. Estos, senta­
dos frente a él y aún temblorosos, se esforzaban por recordar
cada detalle elel atraco.
-Sucedió todo como en las películas, inspector-gimoteó
Pussy, mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-:
pri mero fue la explosión en los vidrios, luego el pobre Santeli­
ces paralizado, y yo... tratada a empujones y sin ningún mira­
miento...
-Usted habla de vidrios quebrados, señorita, ¿y nooyó el
ruido de las alarmas?
Los cinco empleados se miraron con desconcierto. En
verdad, nadie había escuchado los timbres de alarma.
El inspector anotó algo en su libreta, y volvió a levantar
la cabeza, aún en espera de respuesta.
Santelices, el guardia, dijo inseguro:
-Las revisiones al sistema de alarma son diarias. Yo lo
revisé a las tres de la tarde. Y nadie extraño al banco conocc
su funciona mien Lo.
-En tonces, es evidente que alguien del banco desconectó
el sistema. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un
tono de incredulidad.
-Exactamente, señor, y no hay que ser demasiado perspi­
caz para darse cuenta de ello -Soto los miró, inquisitivo, y
EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES
añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la
tarde?
-Sí, hoy sí... -respondió la hablantina sel10rita Pussy,
tratando de acomodar su melena ondulada.
-Bien, bien. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­
to, con detalles, la versión de cada uno de ustedes del atraco.
-¡Ya se la di' -advirtió la secretaria, algo asustada.
-Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector,
tranquilizándola con una sonrisa.
-Bueno, a ver si no me falla la memoria... Luego que uno
paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no
se imaginan cómo tosía!- el otro nos encañonaba, mientras
que un tercero nos amarró uno a uno, de pies y manos. A mí
me dejaron en esta misma silla, con una tela en la boca, y, a
los demás, incluyendo a mi jefe, los lanzaron al suelo de un
solo empujón... ¡Y se mandaron cambiar con el dineral
...... '
.......... '
/
~
-----=---=-----=------­ ./
\1

JU TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita?
-interrogó Soto.
- Yo difícilmente podría aportar mucho, ya que ese mal­
dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa:
sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia,
con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido
que mi pistola!
-¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto, moreno y con
enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental
-advirtió el gerente.
-¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas ...
¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy.
-Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos
-siguió Ponce-. Y si mal no recuerdo, uno tenía un lunar
entre los ojos, sobre la nariz.
-¿Y usted, qué me puede decir? -El inspector miró a
Rodríguez.
-Corroboro lo que dicen mis compañeros, y creo que
puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era
EE. o sea, de la comuna de La Reina. También leí los núme­
ros, pero con el nerviosismo no pude retenerlos.
El inspector se veía pensativo.
-A ver, hagamos una reconstrucción de escena -dijo,
luego de unos instantes.
Abrió su libreta en una página en blanco, y se preparó a
dibujar.
Los empleados se pusieron de pie, salvo la señorita Pussy,
que continuó en su asiento. Los cuatro hombres tomaron la
misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el
señor gerente y los dos cajeros, tumbados en el suelo como
sapos, mientras Santelices. también contra el piso, tosía en
forma estrepitosa para hacer más veraz la escena.
El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. Una vez
terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos.
-Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada
frente a la puerta, ¿no? -puntualizó.
-Exactamente -respondió Ponce.
-¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc J() vi,'
rano
-¡Así! ¡Ay, qué bien dibuja, inspector, me hizo igualita!
-se admiró Pussv.
-o sea, en dibujo no hay ningún error -insistió el
inspector.
-Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez.
-Malo, malo, malo ... -musitó Soto, y siguió mirando el
dibujo.
Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró
muy fuerte. El gerente se mordía las unas. Hasta que, de
pronto, los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron
crecer.
-Por este dibujo, que todos han apwbado como fiel a la
realidad, debo decirles que uno de ustedes mintió. Eso delata
a alguien que quiere entorpecer mi labor. Y ese alguien es
u5led.
Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida.
El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad.
Pero luego de un largo interrogatorio, que duró todo el día
siguiente, la verdad salió a relucir.
Soto, otra vez, tenía razón. y quien había desconectado
el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones
terminó confesando su acción.
Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la
evidencia de que uno de los empleados minlió')
TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES
Horizontales:
1. Región de famoso mago.
Número de cajeros.
2. Nombre del Baru:o.
3. Pueblo indígena pre­
cordillerano. Muere por
la boca.
4. Si es largo, prometes car­
ta (inv.). Cierto y de san­
gre azul.
5. Habían llegada a última
hora (sing.) En la fábula
se infló hasta reventar.
6. Apura. Cartas geográfi­
cas (inv.).
7.
...Tse Tung. Empleáis (inv.). Inteljección telefónica.
8.
Atrévete, hibernadora mamífera. Media amiga de Tobi. Orejuda inspectar.
9.
Color {le unif017ne:s de asaltantrs. Terminación verbal.
10.
Mar inglés (inv.). Ursula Yáñez. Alcohol para tortillas en llamas.
11.
Batracios mirones.
Verticales:
l. Abuela alemana.
2. Zoila Uribe. Las cinco vocales revueLtas.
3. Como Rodrfguez y Porlce.
4. Nombre chino. Voeales cuadrillizas.
S. No lo dices. Antes de ser pescado (inv.).
6. Señoras para Adanes (inv.). Ingenuo.
7. Míster. Barbudo escritor chileno para niiios, auLor de Antai.
8. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas.
9. Artículo neutro (inv.). Secretaria del gerente.
10. Deja a un lado.
11. Apellido del gerente (inv.).
12. Plumífero remedón.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
(Idea original de Elvira Balcells)
Erase una vez una vieja muy sola. Tenía por
única alegría vivir de sus recuerdos. Todas
las noches, antes de acostarse, abría la anti­
gua arca de madera tallada para contem­
plar los vestidos que usó en su época de
gloriosa juventud, en compañía de su marido ya muerto.
Muchas veces, frente al espejo, con la túnica de seda india
sobrepuesta sobre su empequeñecida figura, se imaginaba
nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados
por sus excéntricos amigos. ¡Qué diferencia, la de esa vida
mundana que la hacía llevar su esposo, con la solitaria vejez
del presente! Entonces, la triste anciana, en vez de buscar el
consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban- se aferraba
una vez más a una vanidad: su cajita de oro, símbolo para ella
de un antiguo esplendor. Así, todas las mañanas, lo primero
que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle
como si éste tuviera vida.
Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males­
tar en el pecho.
-Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita, luego de
levantar su tapa-o Este sobrino mío, siempre con sus proble­
mas de dinero que yo no puedo solucionar ... Es que Nidia, su
mujer, es tan exigente...
Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor
ascendía por su cuello, y apretaba como una gargantilla.
Aunque no eran ni las siete de la mañana, se decidió a llamar
a la empleada; pero, antes de hacerlo, volvió a tomar la cajita
con manos temblorosas y susurró:
.l4
TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Mañana seguimos conversando, me siento muy maL., y
no debo arriesgarme a que sepan de ti.
En respuesta, un ojo resplandeció: incrustado en un en­
garce de oro, en el fondo de lacaja, un enorme zafiro lanzó sus
destellos azules.
La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera.
Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el
fondo de su velador. En el momento en que iba a echar lIavc a
la cerradura del cajón, nuevamente un dolor la atenazó.
Cuando Gladys entró en la pieza, doña Sara, desplomada
sobre su almohadón, yacía sin sentido.
A los gritos de la muchacha llegó Petronila, la cocinera,
que corrió hacia el lecho. Tocó las manos frías de su patrona e
inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana
emitía un débil quejido.
-Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de
mando-o La señora se nos muere...
Gladys salió corriendo.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA . l ~
Doña Sara abrió los ojos. Cerca de la ventana, una enfer­
mera, con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna,
se mantenía en silencio. La anciana trató de hablar.
-Shhh.... tranquilita -dijo la enfermera en tono amable,
poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­
dor. Observó el rostro de la viejita y, luego de humedecer un
algodón con agua, lo pasó por esos resecos labios.
-La cajita..., la cajita...
-¿Quiere agüita, señora? -susurró la mujer.
-La llave...
- Tranquila, señora, le vaya dar agüita de la llave.
Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a
medias en la cama.
-¡Me lo robaron! ¡Lo soñé!
En ese momento, Roberto abría la puerta de la pieza.
-¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada.
-Robertito, por favor, sé que me robaron el zafiro de la
cajita. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. Si
ha sucedido lo que pienso, llama a la policía...
La anciana perdió aliento.
Roberto se acercó entonces a su tía:
-Tía, no se agite... ¿Por qué se imagina esas cosas?
-Lo soñé, hijo... , lo soñé.-La voz de doña Sara era imper­
ceptible.
-Pero, tía ... -Roberto esbozaba una sonrisa.
-Roberto, la policía ... Roberto: te lo ordeno.
El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la
enfermera. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur­
muró:
-Sígale la corriente. No es bueno que se agite.
Pero doña Sara alcanzó a oírla:
-No, Roberto, no me engañes. ¡Llama a la policía!
-No la engañaré, tía: iré a su casa y revisaré el velador. Si
no está su joya, avisaré a la policía. Se lo prometo. Aunque
estoy seguro de que nada ha sucedido.
El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma.
Esta suspiró, aliviada, y cerró los ojos.
37

TRECE CASOS MISTERIOSOS
A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el
oscuro salón de doña Sara, con la cajita cerrada entre sus
manos...
Petronila, la cocinera, con su albo delantal sobre el uni­
forme verde, decía con voz gruesa y firme:
-Pobre señora, pobre señora... Primero la enfermedad, y
ahora esto.
Roberto, con una sonrisa un poco forzada, acotó:
- Tengo las mejores referencias de usted, inspector Soto.
Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito.
Soto carraspeó y movió sus grandes orejas.
más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. Y
con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la
tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra.
-Aparte de la Gladys y yo... ¡usted, pues, don Roberto!
Soto desvió la mirada hacia el joven.
-¿Ya qué vino?
-Bueno... , a ver a la tía. Yentonces me enteré de que ella
estaba en la clínica.
-¿La viene a ver muy a menudo?
-Es mi única tía, y la quiero mucho.
-Pero, ¿cuán seguido la viene a visitar?
-Como una vez al mes.
Soto meditó.
-¿Podría venir Gladys, señora Petronila?
La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en
la casa:
-¡Gladys' ¡Niña, ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡',
murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­
resa es la ropa y el peinado. ¡Segul'O que se está aneglando!
Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía
muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume.
-¿Síii?
-¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de
Soto.
-¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia.
-¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita?
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
-¡Ni idea! ¡No la había visto nunca
l
La señora es bastante
desconfiada, y tiene la manía de guardar todo con llave,
-1;.n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con
tono resentido.
El inspector se dirigió a la cocinera:
-¿Y usted, Petronila, sabía lo que guardaba la sellara
aquí adentro?
-Bueno, yo había visto esa cajita, pero cerrada. ¡Quién se
iba a imaginar que había una joya adentro!
- Yo lo sabía, inspector, y tantas veces le dije a mi tía que
ese no era un lugar para guardar algo así. --El índice ele
Roberto frotó con nerviosismo su barbilla.
El inspector no respondió. Miraba con insistencia la pun­
ta de su zapato.
-Perdón, pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora?
-preguntó Gladys.
-Bueno, don Roberto sabe... -comento Pctronila con ex­
presión maliciosa.
-Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino, muy
serio.
Gladys emi tió un silbido, y Petronila se llevó una mano al
pecho:
-¡Qué descuido'
39
t11
11\1:\'10: ('AS(),,, MIS'I'I':R/OSOS
Se produjo un silencio, Todos miraron al inspector ras­
carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un
punto fijo en el techo.
-¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin, solemne.
Gladys, con su índice, mostró uno sobre la mesita de
caoba,
Soto discó un número. Luego de unos instantes, su voz
sonó seca:
-¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto, Envía de inmediato un
radiopatrullas a Irarrázaval4074. Sí, por supuesto; tengo al
ladrón.
Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. ¿Quién
robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys, Petronila o Rober­
to? Responde, y da tus razones.
EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA
CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA
Horizontales:
l. Según Pelroru"fa, Gladys
lo era. Z
2. Prenda de veslir que SOlO
miraba corl insistencia.
Lo hice cuando me con­
taron un chiste (jnv.).
), Disco que detiene a los
automovilistas. Apuran.
Seflor.
4. Malvada mujer. Infiniti­
vo para enamorados.
5. Término de rebaje para
costureras. Bahia (inv.).
No provoques la de los
dioses.
6. También ilustró los
cuentos de Grimm (inv.). Consuelo de dalia Sara.
7. Rascó pacientemente su oreja. Destino.
8. Medio progeni loro Portar.
9. Avalúa (inv.). Igual que Petrol1ila.
10, El que calza 50 lo es. Liga de Nuevos Astronautas.
11. Sobrino. Póngale dorado.
12. AhE se guardaba la cajira. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara.
Verticales:
1. Naciones. (inv.).
2. Piu1.ra preciosa del cuento. Anciana.
3.
Si se atOran lo harán (inv.). Letra bailadora (inv,).
4. ¡Cabeza de tuna! Cilindro.
5. Balbuceo de bebé. Regalen.
6. Le dicen al evangélico (inv.). Peñasco (inv.).
7. Color de cajitas para dmia Sara. Repetido es un mono.
8. ¡Huy, qué picante! Sonido para gallina.
9. Alegra. Le faltó un tin para ladrar.
10. Le dicen a Elena. Huracán.
11.
Terminación verbal. Si tuviera nna "u" al final, maullaría. Dos vocales
distintas. Altículo neutro (inv.).
12.
Al mismo nivel (inv.). Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de
dos.
13. Quedé ,"in Uave. Nota musical (inv.).
EL CASO DE LAS SECRETARIAS
QUEJUMBROSAS
-¿Aló? El inspector Soto, por favor.
-Con él, dígame.
-¡Hola, Heliberto! Habla Juan Mancilla.
-¡Juan
l
¡Gustazo, hombre! ¿Enquétepuedo
servir?
-¡Problemas Necesito tu ayuda ...
'
-Dime.
-Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir
a verme?
-¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo
descubris te?
-Desgraciadamente, creo que me di cuenta muy tarde:
estuvo la hora de colación de por medio.
-¡Lástima! Estaré allí lo antes posible.
-Gracias, viejo.
El señor Mancilla salió de su despacho, y cuatro secreta­
rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes.
-El inspector Soto estará aquí en un ra to más, seüoritas.
Háganlo pasar. Mientras tanto, Silvia, páseme las llamadas
pendientes.
No habían transcurrido diez minutos cuando Soto, de
terno gris y corbata de humita, se presentaba en la oficina de
abogados Mancilla y Hermosilla.
-¿El señor Mancilla? -preguntó Soto, cortés.
-¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia,
solícita.
-Heliberto Soto.
43
EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
l' TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ah, sí! Tome asiento, por favor. El señor Mancilla está
hablando por teléfono. Lo recibirá en cinco minutos. -La
secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita
telefónica que marcaba una luz roja.
El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de
cuero. Se sumió en una atenta lectura.
Una de las secretarias se quejó. Soto, abstraído, ni siquie­
ra levantó la cabeza.
-¿Qué te pasa, Rebcca? -preguntó una morena de moño.
-¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano
derecha a su oreja.
-¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza, después de la
escenita dc esta manana! -comentó Silvia, bajando la voz y
mirando de reojo al inspector.
-¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz.
-¿Qué te duele a ti, Pamela? -preguntó Rebeca.
-La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de
sufrimiento.
- Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­
lumna... ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela, so­
bando sus espaldas con ambas manos.
-A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca, abriendo el cajón de
su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia:
ofrezco pomada antiséptica, parches curitas, crema humec­
tante para cutis seco, aspirinas, gotas para la otitis, colirio
para los ojos, a ver, a ver ... , pastillas de carbón, alcohol...
En ese momento Una campanilla anunció que la línea
telefónica estaba despejada, y Silvia anunció:
-Señor Soto, haga el favor de pasar.
Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina
de su amigo. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro
preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­
dida.
-Soy todo oídos -señaló el inspector, rascándose con
energía dlóbulo de su oreja izquierda.
Juan Mancilla comenzó su relato.
-Esta mañana me llamó mi socio, Raúl Hermosilla. Me
dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque
abierto por quinientos mil pesos, en el primer cajón de su
escritorio. En ese momento recibí un llamado de mi señora
-que no fuc en realidad muy corto- y cuando fui a la oficina
de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera.
-¿Y las secretarias?
-En ese instantc habían partido a almorzar.
-¿Cuánto rato, más o menos, hablaste con tu señora?
-Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno
de nuestros hijos en el colegio...
_¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu
socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja.
-¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no
pasa por la central telefónica de la secretaria, aunque ... , aho­
ra que 10 pienso ...
-¿Sí?
1.1
45
TRECE CASOS MISTERIOSOS
En el segundo piso hay una oficina en desuso, cuyo
1l'kfuno liene una doble línea con este, pero nadie lo ocupa.
-¿Qué hay en esa ofici na?
-Muebles viejos y un pequeño baño.
-Entonces está claro, pues, hombre. ¡Alguien escuchó tu
conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­
chaste un dic?
-En real.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el
abogado, confuso.
-¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector.
-Por supuesto.
Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe, seguido del
orejudo inspector, que inclinó levemente su cabeza ante ellas.
Luego ambos subieron por una estrecha escalera, hasta llegar
a un pequeño cuarto que parecía abandonado, tal era el polvo
que cubría escritorio y estantes. En el fondo de la pieza había
una puerta que Soto abrió: era el baño. Se volvió hacia su
amigo.
-¿Y el teléfono? -preguntó, mientras buscaba a su alre­
dedor.
~
~
EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
Mancilla le indicó una pequeña mesita, arrinconadajun­
lo a la ventana. El inspector Soto se acercó y miró el aparato
telefó-oico, sin tocarlo.
-¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla, sonriente.
-No te hagas ilusiones, mi amigo. ¿Notas que el auricu­
lar está limpio, mientras que el resto del artefacto está lleno
de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace.
Entonces Soto, con mucho cuidado, levantó el fono. Con
mirada de lince lo examinó de cerca, y algo llamó su atención.
Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular,
en tre los pequeños orificios para escuchar. Luego olió su dedo
y lo frotó contra la yema del pulgar.
Cerró los ojos para pensar. Cuando los abrió dijo:
-Aunque no me lo cr·cas, amigo, el caso cstá resuelto. Una
de tus secretarias tendrá mucho que explicar.
Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a
identificar a la culpable. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­
caste, tú también, a la secretaria culpable?
47
1/,
TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
11. Mancilla lo llamó en su auxilio. Si tuviera en medio una "o" golpearía, '! SI
('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS
tuviera una "i" seria un gesto nervioso.
12. Usted. Prot.aclimo. Ancianos.
13. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar. Igual que mal'ZO.
Ilol'Ízonlales:
Nombre árabe que abre sésamos.
l. Dueña de su casa. Lu
abrió para buscar re/He­
dios. Adverbío de canti·
dad.
2. Posesi va. Cuidador de
harén. Prepusición dadi­
vosa.
3. Como las cuatro jóvenes
del cuell/O.
4. Dios mahometano. Pre·
posición invertida. Hay (o
I I I
/2\ I I \ \ \ \ \ \
de letras y también de st'o
mula.
5. Bicho de pucu precio
Dale cuenta
6. Receptáculos para alma­
cenar papas. Pronombre para el Cid Campeador.
7. Por Poder. Mira y anda.
8. Pri//ler o!i'ecinúe¡;IO de Rebeca. Mal de Rebeca.
Y. Tiene suslo (inv.). CO/110 la //lirada de Soto.
/0. Dios (i¡¡v.). ['ara el cutis seco de Pal7lela. Risa única.
11. Antiguo nombre para Tailandia (inv.). Las da el cucú. Aniculo neutro
(ínv.).
12. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. De c ~ t a manera.
Vert.icales:
l. Adverbio que a veces se descose (inv.). Forma verbal que endereza.
2. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Agua francesa.
3. Faz onerosa. Calcular el largo.
4. Nota musical (inv.). Como la Venus de Milo (iuv.). Afirma y condiciona.
5. El del Lío no es literario. Quinta letra.
6. Hormiga inglesa. Hay quienes io guardan bajo la manga. OnomaLopeya
ele esLornudo.
7. Nombre de Mancilla. Papel.
8. Reja (inv.J. Prenda de vestir para jóvenes.
9. Carga eléctrica (inv.). Ant.e Meridiano. Estafar.
In. Las habla en el bOliquln de urgencia.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
l'
Marcelo, Gonzalo, Ignacio y Felipe rodea­
ban la moto negra y brillante de Rodrigo.
Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los
rayos ele las grandes y potentes ruedas que
hacían adivinar la velocidad que podían al­
canzar. Gonzalo acarició el manubrio, tocó con la punta de
sus dedos el acelerador manual, y elevó sus cejas en un gesto
de admiración.
-¡Fiuu
l
-silbó Felipe, con las manos en los bolsillos de
sus p31'clJados jeans.
-¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad.
-¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­
ca de Rodrigo.
-¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo, entre serio y bro­
mista.
-No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a
mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de
conducir.
-O sea, que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo, con
gesto de desaliento.
-Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia
-se encogió de hombros Rodrigo.
Los amigos se quedaron en silencio.
-¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si
me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo.
-¡Fiuuu
l
-fue la respuesta dc Felipc, aún con sus manos
en los bolsillos y acariciando la moto, ahora con su mirada.
Rodrigo golpeó sus palmas.
'10
TREcE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
',[
-f:3LIL'l1o, por hoy se guarda -dijo, mientras empujaba
SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la
prueba de química de mañana'
-¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar... ! -comen­
tó Marcelo.
-¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio.
-¿Estás loco? La dejaré escondida. -y Rodrigo colgó la
llave en un clavo, bajo un mesón atiborrado de botellas y
tarros de pintura viejos.
Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a
su dueño todo tipo de detalles técnícos, los amigos volvieron a
reco¡-dar su prueba de química, y se despidieron apresurados.
Ignacio, Marcelo, Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­
do sus zapatillas deportivas, las manos en los bolsillos de los
gastaclos jeans. Uno a uno fueron entrando en sus casas del
barrio.
Cuando Marcelo, el último en traspasar la reja de su
antejardín, llegaba a la puerta de entrada, la lluvia comenzó
a caer copiosa.
A las once de la noche, un pélr de zapatillas blancas
".litaron, esquivando charcos, y llegaron hasta el garaje de
Rodrigo. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la
mesa con botellas y tarros. Luego, la figura enfundada en
icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria.
Dos horas después, la misma figura repetía la operación,
pero a la inversa. Después corrió por el barrio, y una puerta se
cerró con un tenue chasquido.
A la mañana siguiente, los cinco amigos se levantaron
temprano para ir a clases. Pero Rodrigo, antes de salir, abrió
el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante
moto. De inmediato, algo llamó su atención: las relucientes
ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­
bían despertado La admiración de sus amigos, se veían ahora
llenos de salpicaduras de barro. Su ceño se endureció y buscó
las llaves: allí estaban, en el mismo lugar donde él las había
dejado. Tuvo un momento de indecisión, pero miró la hora y
salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­
na.
Su único pensamiento, durante el viaje hacia la universi­
dad, fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar
con ellos el misterio. Alguien tendría que explicar muchas
cosas, porque -no cabía duda- uno de ellos había sacado
durante la noche su fabuloso regalo.
Luego de la prueba de química, que fue difícil y larga, los
cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en
la casa de Felipe, invitados por este a tomar unas bebidas.
Todos bromeaban, ya relajados de haber pasado la prueba.
Menos Rodrigo, que miraba hogco a cada uno de sus compa­
ñeros.
-Animo, hombre, ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­
meó Marcelo, dirigiéndose al serio amigo.
-Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo,
el volumen de la música.
-jY teniendo esa moto, andar así me parece increíble!
-El tono de Felipe era de enojo.
53
'1HJ'CI'. C . ~ S O S MISTERIOSOS
1)'lldCjo, pUl' SU parte, sólo se encogió de hombros, mien­
l l ; \ ~ \ulllaba un sorbo de su bebida.
Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo
de rnúsica.
- Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto
-comenzó.
Todos lo miraron, extrañados de su gravedad.
-¿Qué te pasa, Rodrigo)-preguntó Felipe, sirviendo más
bebidas en cada vaso.
-Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada
-dijo bruscamente Rodrigo.
Los otros se miraron en silencio y, antes de que dijeran
algo, Rodrigo insistió, con tono duro.
-Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo
anoche.
-¿y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio,
levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza.
-Porque son los únicos que conocían el escondite de las
llaves.
-¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo.
-¿Qué hiciste anoche, Mal'celo) -preguntó entonces el
dueflo de la moto.
- Yo, mi viejo, comí, me acosté, intenté estudiar en la
cama ... y me desperté esta maúana con el lihro en la cara.
-Lo que es yo, me dediqué a estudiar y luego me relajé
con un superbaño de tina, antes de acostarme -dijo Felipe.
-Yo, después de estudiar, vi la última pelÍCula de la
noche ... Claro que no me pregunten cómo se llamaba, porque
era de esas antiguas ... -explicó Ignacio.
-¿Y tú, Gonzalo) -preguntó Rodrigo, serio.
-Yo, fui a ver a Fmneisca. Tengo derecho a pololear, ¿no)
-¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo.
-Hasta las.,. ¿once, serían), ¡qué importa
I
De ahí, dere­
cho a estudiar química.
En ese momento los muchachos se pusieron de pie para
saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living.
-¿Qué taP -dijo ella, afable. Y dirigiéndose a Marcelo,
afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa ...
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
-¿Barullo? -se sorprendió el aludido.
-¿Cómo) ¿No te enteraste?
La expresión de Marcelo era de real consternación.
-Es que .. ' soy de sueño pesado... y salí tan temprano en la
mañana ... ¡Nadie me dijo nada'
La señora sonrió.
_j Estos jóvenes
l
Sucede que a tu mamá anoche le dio un
ataque a la vesicula, y el doctor López, nuestro vecino, tuvo
que ir a verla ... Claro, lindo, no quisieron despertarte ... ¿Y
cómo les fue en la prueba)
r
'-!JLT
/J
<;4 TRECE CASOS MISTERIOSOS
Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle
de palabras de la señora, pero ésta, sin dar lugar a quc otro
hablara, siguió, dirigiéndose a Gonzalo:
-Lindo, supe que Francisca está con hepatitis.
Todos miraron a Gonzalo.
-¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe.
-¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo,
algo molesto.
-Tan reservado este niño ... -siguió la mamá de Felipe-.
Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de
cama ... -Y, cambiando el tema, gritó hacia la cocina-: Laura,
¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre?
-No-se oyó una voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver
por qué el califont no funciona ...
-Ah, i finalmen te!, porque ayer lo esperamos duran le el
día entero. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla,
porque después del corte de luz que tuvimos anoche, algo
pasó con la lámpara del baño... ¡Todos los desperfectos vie­
nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­
tó dirigiéndose a todos a la vez.
Los jóvenes, un poco mareados con tanta conversación,
se encogieron de hombros, menos Ignacio, que contestó, ama­
ble:
-Solamente parpadeó un poco, mientras veía la pelícu­
la ...
-¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris
Day? -Inició una nueva conversación la señora.
-Sí, sí, claro -respondió Ignacio, mirando de reojo a
Marcelo, can cara de "¡hasta cuándo'"
Por suerte, para los muchachos, la voz de la empleada,
desde la cocina, se volvió a escuchar:
-Señora, ¿podría venir?
Ella entonces, prometiendo volver más tarde, salió de la
habi tación.
Rodrigo, cabizbajo, miraba los dibujos de la alfombra.
Cuando levantó la cabeza, sus ojos se clavaron en uno de sus
amigos.
-Ahora sé que fuiste tú -afirmó.
EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA
El rostro de uno de los muchachos enrojeció:
-Perdóname, no aguanté la tentación -d"ijo de in media­
too
Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­
to? ¿Cuál de sus amigos, evidentemente, mintió?
t'
D
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1
1
(1
TRECE CASOS MlSTERIOSOS
CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA
Horiwutales:
1. EII'/'/óvil del cuento. Felipe
las silvió el1 su casa.
2. Felipe se dio uno relajarl­
le. Interjección para lla­
mar a alguien (inv.). For­
ma verbal que impulsa y
mueve (primera
na, plural).
3. Polola de Gonzalo. Extra­
ña.
4. Nené Cotelé. Dios egip- "
cjo (inv.). Ensució la mo­
to.
5. Así quedó la 1'1'1010. Nuevamente este dios alumbra.
6. Después. Las primeras sílabas de la antesala e1el cielo.
7. Enamorado de Francisca.
8. Verbo generoso. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada.
9. Hermano de tu mamá. Nota musical que dobla. Doclor delveci'·ldCJ.l'lO.
10. Nota (inv.). Empleada que no se vio en el cuerllo. Sujeli1.
Verticales:
1. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales. Miau.
2. Uno de los amigos.
3. Apellido de Pedro, español cronista del Reino de Chile. Colón descubrió
uno nuevo.
4. Casi tono. Besa con falta de ortografía.
5. Aferra.
6. Dos versiones para la misma leLra. Le fctltó la "d" para un lítulo británi­
co. Vocales distintas.
7. Verbos para hacer chuic o muac. Los yagas canLan esLa sílaba.
8. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Vuela por los dos lados.
9. Rodrigo lo era de la molo.
10. Cuatro para Julio César. Lugar etílico. InLerjección para pedir una espal­
da.
11. Futuro verbal dadivoso. Triuufes.
12. Ata. Eleva (inv.).
13. Los habíCJ. sobre el mesón del garCJ.je.
14. Señores Anísl'ls Como Carmen. Aída o Rlgoletto.
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
()

Ya eslaban cerrando los lucales comerciales
de la calle Pruvidencia y las pesadas corti­
nas metálicas caían una tras aira. En el in le­
riur de la joyería El Zafiro Azul, don Pablu
Levi daba las últimas recomendaciones a su
fiel ayudante Timuteo:
-Cierra tú, pur favur. Estoy muy cansadu, y me iré direc­
to a ]a cama: no me quieru perder, además, las noticias de
esta noche en la lelevisión.
-Váyase tranquilo, dun Pahlo. Yo me encargu... -le con­
testó el viejo con voz cansada.
Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu, encendió un
cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Todo parecía eslar
en orden: la caja fuerte cerrada, las joyas baju llave en sus
escaparales, los catálugos ordenados y en su lugar.
-Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l
sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras, anles dc
salir.
El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a
pasar la aspiradora por la alfumbra. Unus golpes lu hicierun
levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante, que
con sonrisas y gestos pedían entrar. El vieju les muslró su
reluj y negó con la cabeza. Cumo ellas insislicran, Timolco
señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda.
Las señoras hicieron un gesto de desalientu, y se alejaron
del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­
pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared.
Timoteu terminó de hacer el aseo, pasó el plumeru por
59 EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO
IIH
TRECE CASOS MISTERIOSOS
subre los mostradores, se quedó contemplando por unos ins­
tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-, y
arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo.
Apagó las luces, bajó la reja que protegía la entrada
-pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre
el peque60 escaparate-, dio tres vueltas a la llave del canda­
do. y se la guardó en el bolsillo. Echó una mirada distraída al
hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­
do, y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a
llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la
joyería. Miró el cielo negro y amenazante. se subió el cuello de
su abrigo, y caminó con pasos lentos hacia la estación del
metro más próxima.
Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­
ciendo. Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­
mión, que reían con estruendo. Cuando la lluvia comenzó a
caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la
calle, frente a la joyería. y el tipo echado en la vereda, ya sin
luz sobre su cabeza, se acomodó aún más sobre su bolsa de
trapos y, sin importarle la lluvia, siguió durmiendo.
Al día siguiente, muy temprano, el teléfono del inspector
Soto comenzó a sonar, insistente. Este dejó. con desgano, la
taza de café sobre el platillo, y levantó el auricular:
-Investigaciones ... , ¿sí? ¿Dónde, dice? ¿Providencia? El
Zafiro Azul. ... icorrecto! Allá vamos, señor...
La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­
cía. En su interior, con el rostro tcnso y demostrando angus­
tia, Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo, el
candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­
nos y el vidrio quebrado del escaparate.
-¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­
rece una burla! -gimió el dueño de la joyería, dirigiéndose al
inspector.
Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado.
-Vamos por orden. primero usted. ¿Cuáles fueron sus
movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda?
61
Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS
El viejo parpadeó, asustado. La barbilla le temblaba y
parecía no coordinar sus ideas. Luego de un largo silencio,
que el inspector respetó con paciencia, el viejo balbuceó:
-Yo... pasé hl aspiradora y... nada más.
-Piense bien, hombre, con calma. No lo estamos acusan­
do. ¿No vio nada sospechoso)
-Llevo treinta años al servicio de don Pablo.
-Por eso mismo tiene que ayudar. Haga memoria de cada
uno de sus movimientos.
-El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse:
-¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­
ras ... )
- Todo es importante. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto.
-Antes de que llegara el hombre vago ...
-¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago, Timoteo?
-Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la
vitrina.
Los ojos del viejo miraron asustados.
-¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi.
-No pensé ... Además estaba lloviznando y... ¡Perdón...
'
-Inspector -dijo Pablo Levi, serio-o ¡Hay que buscar a
ese vagabundo!
-Calma, señor Levi, ya haFemos todo lo necesario. ¿Sería
tan amable de decirme usted lo que hizo anoche?
-¿Yo? Bueno, dejé la tienda un poco más temprano que
de costumbre, porque quería llegar a ver las noticas ... En
realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa,
ahora que la familia está de vacaciones ...
Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro.
-¡Usted no sabe, señor inspector, lo que esto significa
para mí!
-¿ No tenía las joyas aseguradas? -preguntó el inspector.
-Sí, si, pero... ¡Es primera vez que me sucede algo así y
usted comprenderá, inspector. .. ! - Yun puño de Levi golpeóel
vacío con impotencia.
-Bueno, volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto.
-¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
hasta las dos de la mañana y luego... a dormil". ¡Si hubiera
sabido lo que estaba suced'iendo aquí. .. !
El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó
la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera, v una
piedra era, ahora, la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de
terciopelo azul dd escaparate.
-¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­
ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante.
-Bueno... Había un eamión de mudanzas estacionado al
frente -dijo Timoteo, aún tembloroso.
-¿Y cómo no lo habías dicho antes, Timoteo) ¡Eso puede
ser vital! -habló Levi, exaltado.
-Sí, sí. todo es vital. Me pregunto qué hada una empresa
de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­
tor.
63
01
(, TRECE CASOS MISTERIOSOS
_j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. Y se
aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de
alarma. ¡Las condiciones idcales!
Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de
golpe la cabeza, extrañado.
El inspector Soto, que lo estaba mirando, pidió permiso
para usar el teléfono.
Su conversación fue muy breve, Cuando volvió, su rostro
estaba serio.
-Señor Levi: puede tomar un abogado. Lo aCLlSO de auto-
nabo.
Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro. Y
logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado.
¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­
sión?
EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO
CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO
Horizontales:
l. Caminas (inv.). Caza en
desorden.
2. Negocio de Levi. Quiere.
3. Flor de japo­
neses. Incl'emenlO (ínv.).
4. Uberlinda Yávar. Nota 5
para músicos. Raúl Gú·
mezo tnicio de 1nicio.
S. Produclo de insectos la- 7
I I I
boriosos. Interjección de f?
a!lvlO.
6. Epoca. Alfileres ingleses.
Nuevo.
7. Pidi6 permiso para usarel
Idé/ono. Producto lácleo.
Calcio. "
8. Como Teresila de Los
Andes. Zona franca nor- 13
tina (inv.).
9. Nornbre de Lev/. Posesivo.
10. Fruta que dcsgasla. Carta de tnunfo.
1J. Usó la aspiradura. Preposición.
12. Se puso a dormur erl la vereda.. Forma verbal que existe.
13. Verde y habladora (inv.l. Apellido para este cuel'llo.
Verticales:
l. Se apagaron en la calle. Artículu. Miré a este seis rUlflallU.
2. de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. Diminuti\'o
3. Por curiosa quedó sajada. A ella le cargan los gatos. Propia del pan.
4. Dimlllulivu sólo para Yolanda. Subre Bnvu vegelal (im·.).
5. Imperativo para existir. Comiénl.o dc lóte1l1. Con '"c" final, estaría en la
Filarmónica.
6. Inlermedio para cuecas. Tuvo que un Velo para muñeca
vestida de azul.
7. Averiado lugar del alenlo. Aprubación y pertcncncia.
8. Elnoclim que pareció senlir Levi. Comien.w de cantarina (in\,.).
9 Instrumento musical quc imita sonido de agua,. Articulo nClllro (In\·.).
JO. Se nla.ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla.
11. Dios egipcio. Resonancias. Forma verbal que invita (im .J.
12. Nombre de la joyería. Por supuesto.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
El domingo se jugaría el partido ele f(llbol
más importante del torneo infantil en Villa­
langa. Los dos equipos finalistas -los Masto­
dontes y los Venados- eran rivales irrecon­
ciliables y sus jugadores formaban parte de
las dos pandillas más conocidas del pueblo.
Los Mastodontes, tal como su nombre lo anunciaba, eran
grandotes, atropelladores, y hacían del foul su arma favori la
Eran, además, alumnos mediocres en la escuela y poco queri­
dos por los apacibles vecinos. Los Venados, en cambio, eran
más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales, si
bien, por ser ágiles y astutos, muchas veces lograban aven­
tajar a sus rivales en el marcador. Así, el partido del domingo
siguiente, que reuniría por primera vez a estos disímiles
equipos en una final, causaba expectación en sus hinchas y
prometía ser el acontecimiento deportivo del año.
Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­
vo y una resistencia física extraordinaria. Las esperanzas de
los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico
arquero, el Canguro Esteban. Este arquero no sólo era ágil en
la atajada y en los saltos, sino que calculaba siempre' el
ángulo exacto en que d,ebería colocarse para recibir el balón.
Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. Esteban era el
primero del curso, y tan bueno en las letras como cn las
matemáticas .
El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo
común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento. Sus compañe­
ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la
(1(.
TRECE CASOS MISTERIOSOS
alt<:; figura del Canguro apareciera. Dado que el arquero era
siempre tan responsable, el resto del equipo intuyó que algo
gr:we pasaba, Lo fueron a buscar a su casa; recorrieron el
l)CintO, llegaron donde la abuelita; revisaron el colegio y
hasta investigaron con disimulo en los carabineros. ¡Nada! El
Canguro se había esfumadt>.
Hasta que de pronto, a las ocho de la noche, se tuvo la
primera noticia. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo
la puerta de la casa de Vicente, el capitán del equipo de los
Venados. De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs
restantes y leyó con voz tensa:
lO'emM" 9J.m;
)Si, o.. ..bu.

"\b... cU- &u1-. .&


Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado:
-¡Esto es obra de los Mastodontes
l
¡Sólo ellos escribirían
doce con 51
-¡Finalmente, nos tienen miedo!
-¿Dónde lo tendrán escondido?
-¡No podrá entrenar!
-¡Ni jugar el domingo... '
-En ese caso, llamaremos a la policía ...
La voz del capitán los interrumpió:
-Hav que ir con calma. Esperemos el segundo mensaje y,
antes de 'hacer esto público, tratemos de vencerlos con
tra astucia.
-Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo
--dijo el zaguero cen tral.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7
Los diez amigos, cada Uno por su cuenta, recorrieron
cabizbajos todos los rincones de Villalongo. En la plaza se
habíanjuutado los Mastodontes, que a grandes voces comen­
taban:
-¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­
dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú, agú'
El capitán de los Venados, sin mirarlos, se limitó a con­
testar:
-¡No se sientan tan seguros! El que ríe último... goleará
melar .
. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla
plaza.
. Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo.
Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta, cuando, a
las doce en punto, un ruido de vidrios quebrados en la venta­
na trasera los sobresaltó. Corrieron hacia cllugar y alcanza­
ron a ver una figura maciza, enfundada en un capuchón gris,
desaparecer en la esquina de la calle. Vicente recogió del
sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo. Lo
estiró con cuidado para no romperlo y, ante los diez amigos
que lo rodeaban expectantes, levó:

cU. "' ......
..
o dio... J .' '" - (.(5-0eU.
..uJl\.
mo en.

.l\M.
• r>,

-¡Malditos' -gruñó Vicente.
-¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista.
-Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero
69
1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS
derecho-o Además, asnos incultos: esta vez son cuatro las
faltas de ortografía en cuatro líneas.
-Pero igual los venceremos -dijo otro.
-Yo no estoy tan seguro... Al pobre Esteban no le deben
dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a
opinar el mediocampista.
-¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho.
-No. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe
duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente
como para escapar, o algo así ... -concluyó Vicente.
El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido, el perro
del zaguero central.
-¡Si supieras hablar, Fido
l
¡Espero que hayas mordido al
menos una pierna del que te amarró el mensaje
l
El perro movía su cola y, por su mirada apacible, se
advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra.
Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­
saje. Esto fue lo que leyeron:


EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
ch¡'etn lx&m

em.J.J.J'n 1ft dcrnilTlJp
en el caMJ'
J"tÚY/ a AiU;

tVUA/
Se produjo un gran silencio. No cabía la menor duda: era
la lelra del Canguro. ¡Pero se resislían a pagar el rescate y
reconocer su total sumisión al chantaje!
-¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el
capité'tn-. Parece que se contagió con los Mastodontes.
-Es seña de su nerviosismo ...
-¡Si hasta escribió mal su nombre'
-¡Pobre tipo, a lo mejor lo están torturando y ni sabe
cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo.
-¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de
esto airosos -suspiró el zaguero central.
Se quedaron mudos unos instantes. Hasta que de pronto
Jorge, uno de los laterales, exclamó:
-¡Pásenme el mensaje'
Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención.
71
lO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan­
me! Iremos, sin balón de fútbol, a su rescate.
El equipo completo de los Venados corrió a las afueras
del pueblo, y Jorge indicó un lugar, a la distancia, entre los
roqueríos. Avanzaron sigilosos. El zaguero derecho gri tó,
usando sus dos manos como bocina:
-Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban,
nuestro capitán enviará a la policía ... ¡Ríndanse!
Hubo unos instanles de tensión. Del lugar no salía nin­
gún ruido.
-¿No te habrás equivocado, Jorge? -susurrÓ alguien.
-No, ¡estoy seguro
l
y lan seguro estaba, que no habían pasado cinco mínu­
tos, cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos.
Lector: en el mensaje, lógicamenle, había una clave. Si
Jorge la descubrió, ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al
arquero?
Nota: El parlido se jugó, tal como estaba planeado, y los
Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes.
EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO
Horizontales:
l. Terminación verbal. Pa­
labra para bajas tempe­
raturas. Acuática circen­
se.
2. Acción desplegada en el
cuento. Oro galo. f
3. Negación. Si no es un
poema de la Mistral, cor­
ta los bosques.
4. Muac (inv.). Flor de un i!
solo pétalo. I I I I I
5. Competencia in{antil en ~
Villalongo. El que lo hace l.
último lo hace mejor.
6. Este es un ondulado me- "
chón sin vocales. Unidad I¿
de fuerza. Escuchar.
7. Tres primera letras de Il, ! I I I I I
calurosa línea geográfi­
ca. Pronombre para ti.
8. UrJO de los equipos en competerlcia.
9. Las de rana son muy ricas apanadas. Preposición guerrillera.
10. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más. Tontonas.
11. Posesivo para ustedes. Futuro verbal para versificadores.
12. Letra griega (inv.). Capital para Allan Prost. Diminutivo masculino.
13. Nombre para d ~ s c a n s a r . Donde se reunlan los Venados.
Verticales:
1. El puntero derecho cal;ficó así a los Mastodontes. Quise (inv.). Dupla
{inv.).
2. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban.
3. Antiguos habitantes del norte de Italia.
4. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Igual. Letra griega.
5. Diosa ypresa. Harán cof-<:of.
6. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. A este mágico y diminuto
personaje le faltó la última sílaba. Color del caplJ.Chón del·mensajero.
7. Pudor (inv.). Lengua provenzal francesa. Posesivo para mí solo.
8. Puelto de la India, ex colonia portuguesa (inv.). Sala de recepción (inv.).
9. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes. Cuando es mínima no paga impuestos
(inv.).
J 1<1>1:1', CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
11' t ",.il'lI ,1,' IItI /nhuio. Ataste (inv,).
I i ¡', ,'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ", Dos vocales con punlOs, Selion\. Pronombre
p.ll.1 li.
l' NIII del/JiIIO secllesfrado, Los ladralles la piden t1 cambio de la \'Ida,
El inspector Soto caminaba hacia su casa,
luego de una larga y agotadora jornada en su
oficina, Eran las diez .Y media ele la noche y,
al ver las luces del pequeño supermercado
del barrio aún encendidas, recordód encar­
go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que
vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de
matrimonio,
Entró con aire distraído al supermercado, Sólo una caja
funciona ba, Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la
caja registradora, y se dirigió al anaquel giratorio donde se
exhibían postales. Contempló con calma los paisajes, y leyó
las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita", "Al
mejor esposo del rmmdo", "¿ Un (//10 más? Con un suspiro
siguió buscando. Sólo se escuchaban el tintinear de la regis­
tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos
que salían por la ancha puerta. Oyó un carraspeo de la cajera.
"Pobre muchacha", pensó; "debe estar tan cansada como
yo". Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada
que brillaba tras un Santiago sin esmog.
Yen ese momen1o escuchó el grito.
Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver,
ante sus propios ojos, a un encapuchado que encañonaba a la
muchacha con una pistola en la sien, Los ojos del hombre
brillaron al fijarse en Soto y, con un gesto, le indicó inmovili­
dad. El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca
abierta.
Su mente funcionó a toda velocidad. Sí él actuaba, el
74 75 TRECE CASOS MISTERIOSOS
hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su
gcsto-, mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. La
cajera obedecía con manos temblorosas, y emitía unos entre­
cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con
golpes de cañón contra su nuca.
No había pasado un minuto. El ladrón comenzó a retro­
ceder, y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer,! a
Soto, que estaba un par de metros tras ella, desapareció
corriendo por la puer ta principal.
Soto, sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­
cía como en cámara lenta, salió becho un celaje tras el enmas­
carado. Lo vio correr por la solitaria avenida, desprender de
un tirón su máscara de tela, '! abordar un taxi colectivo que
pasaba en ese momento por la esquina.
Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­
lo para seguirlo. Sólo vio a un joven en moto que aparecía por
la orilla de la calle, junto a la vereda.
-¡Soy policía ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto,
'
montando a horcajadas tras el joven que, sin dudarlo un
instante, aceleró a fondo.
La persecución fue espectacular. El co1cctivo, gracias a
los semáforos en verde, seguía en forma expedita por la gran
calle de su recorrido. Pero la moto, más veloz que cualquier
aut.o y guiada por un adolescente que, en ese momento, se
sentía protagonista de una serie policial, no perdía terreno.
-¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector.
El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo
que se acercaba peligrosamente a su costado, y disminuyó la
velocidad.
Soto gritó.
-¡Alto! ¡Policía!
Pero los pasajeros y el chofer del taxi, con los vidrios
cerrados, parecieron no escuchar.
-Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el
inspector al oído del motorista, mientras a su vez hacía señas
al chofer con un brazo.
Finalmente, en una arriesgadísima maniobra, el excelen­
lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su
EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA
objetivo: con un gran chirrido de frenos, el taxi se detuvo en
medio de la calle.
La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían
guardia en una esquina y, al ver esta extralla maniohra,
corrieron hacia ellos.
-¡Inspector Sotol -gritó este, con sus credenciales en
alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I
Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e
hicieron descender a los ucupantes del autu. Eran el chofer
más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros, que miraron
sorprendidos.
-¡Regístrenlus -ordenó el inspector.
'
Los carabineros procedieron. Pero, ante el asombro de
Soto, ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes. Sin embargo,
una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa
-con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­
ro derecho.
-¡Ahá' -dijo Soto, r-asc6ndosc una de sus enormes
orcjas-: lo siento, señores, pero, al menos que alguno confie­
se, están todos detenidos.
- Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer, con
voz agudizada por los nervios.
-¡Ni yo tampoco
l
-siguió un señor ele anteojos, lcvantan­
77 'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS
du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado
bancario, y mantengo con esfuerzo a mi familia.
-¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un
impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo'
Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera.
- Yo soy un honrado vendedor viajero, y jamás he tenido
que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que,
por su voz nasal, mostraba un evidente romadizo.
-Yo... , yo, pe-pe-pero, noentien-do lo que pa-pa-papasa
-gimió el último, tartamudeando con gran desconcierto.
-¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con
gesto decidido.
Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie.
La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse.
El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente
su otra oreja. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que
permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías.
Entonces Soto, con su voz ronca, habló:
-Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría.
Pero también les comunico que sólo uno irá esposado.
Los cinco hombres se miraron con sorpresa.
Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros; este,
sin vacilar, se adelantó y colocó las esposas en las muñecas
del que indicaba el inspector.
EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA
Otra vez Soto, con su aguda perspicacia, había dado en el
clavo: el ladrón, sintiéndose acorralado, confesó su culpa en
el camino.
Lector: ¿podrias tú deducir, al igual que Soto, cuál fue el
culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas.
78 TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA
Horizontales;
l. Encargo de la señora de
Soto. Giramos en torno a
él.
2. Goloso y perezoso. Arte­
ria principal para tránsi­
to sanguíneo. Quiere.
3. Lugar del atraco.
4. Subterfugio (inv.). Des­
cansan en las estaciones
(inv.).
S. Conjunto de cosas pasa­
das por un hijo. Con "n" /O
final se comería a diario.
Negación prolongada 11
(inv.).
J

W---I---+-I---j
6. Vocales gordas. País del norte que se emplea. Sin nombre.
7. Pronombre suyo. Sol egipcio. Afirmación rusa que ofrece. Carla de la
baraja.
8. As! estaba el ladrón.
9. Para enfermos supergraves. Campeón de tenis francés (inv.). Para velos
de novia.
10. Tan sagaz como los ojos de Soto. Cecina que comieaza muerta de la risa.
11. Descifra signos. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta.
Verticales:
l. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. País asiático de las úlrimas
olimpíadas.
2. Alisa el caballero sus bigotes (inv.). Así dice "hasta" el presidente.
3. Guardarropa para abuelitas. En sus comienzos este arte era mudo.
4. Este es el fin de Roberto. Demostrativo francés.
5. El imán lo hace con el metal. Anita Pacheco. Existe.
6. Tío con cabaña. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv.).
7. Griego es este dios peleador. Quita.
8. Sube al árbol. Dedo del árbol.
9. de caballo. Surtir (inv.).
10. Vocales distintas. OfTendan (inv.). Ex líder comunista chino.
11. Condición dd encapuchado. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. javen.
12. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón. Le sigue el dos.
13. Se dirige. Como la voz; de uno de los oClLpa'ntes del taxi.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
Seis de la mañana. Los gritos de doña Dora­
lisa despertaron al vecindario:
-¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu
leche, minino'
Del segundo piso de un pasaje del barrio
Ñuñoa, la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a
otro.
Diego, su vecino. abrió la ventana de su cuarto, y con
rostro soñoliento preguntó, asomándose:
-¿Qué pasa, doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones, no
siga grllando!
-¿No has visto a Tutankarnón, hijo? ¡No está en su canas­
to por primera vez en mil cincuenta mañanas ... ! ¡Tutanka­
móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­
nes.
Josefa también despertó. Restregando sus ojos se arrimó
a su hermano Diego, sin entender aún de qué se trataba el
barullo.
-¡Tutankarnóoon! los gritos destemplados de
la anciana.
Las ventanas fueron abriéndose de una en una, y varias
caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio.
Pero doña Doralisa ya estaba en la calle, y corría con un
plato y una botella de leche, sin hacer caso de sus vecinos.
-¡Tutaaa
l
¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz
dulce y ojos húmedos.
A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía.
DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera, y los dos herma­
nos salieron a buscarla.
81 HO TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Si no vuelve Tutankamón, va no tenf?:O razón de vivir
-gemía la viejecita. " ~
Los niños la habían llevado a la casa y, recostada en su
mecedora de mimbre, se dejaba abanicar por Diego con una
revista mientras Josefa, con los ojos muy abiertos, le refresca­
ba la sienes con un pañuelo mojado.
Diego entonces ofreció:
-No se preocupe, doña Dora, le prometo por mi honor
que le traeré el gato de vuelta, vivo o muerto...
Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -que
puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­
caro
-Quiero dccir vivo ... Déme dos horas y tendrá a Tutanka­
món -añadió con voz de agen te del FBI.
Doña Doralisa pareció reanimarse. Josefa susurró al oído
de su hermano:
-¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo?
Con un empujón firme, Diego la alejó de él; se paró muy
tieso y reiteró:
-Parto en misión: este será nuestro cuartel general, y
nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. Tú, Josefa, te
quedas aquí cuidándola.
-¡Ah, noo! Yo te acompaúo, porque doña Duralisa se
muere de ganas de descansar -dijo la niña, lanzando a su
hermano una mirada de furia-o Además, está respirando muy
raro... , ¿no es cierto, doña Doralisa?
-Tutankamón... -musitó la viejita.
-¿Ves? -dijo Josefa-. Ella quiere soñar con el gato, ¡va­
mos!
El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje,
h;;¡sta obtener fllguna pista. En realidad, Tutankamón era un
gato gordo, antipático y maullador, que no despertaba las
simpatías de los vecinos. ¡Pero de ahí a desear su muerte
había una diferencia!
Provistos de una grabadora de pila, para registrar las
declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-, Jos
dos hermanos comenzaron la pesquisa. En una casa les abrió
EL CASO DEL GATO PERDIDO
la seúora Torres; tenía a su guagua en brazos. Se veía ojerosa
V demacrada. Habló entre bostezos.
- -Por favor, niños, no hablen fuerte; recién logro que se
duerma. Me he pasado la noche en vela ... El pobrecilo llora­
ba, y yo no tenía la mamadera para darle más leche.
-¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa, mi­
rando al bebé.
-No sé ... , pasé tan mala noche, y en la confusión ...
-¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora.
-Sí ... , entre los llantos del niño y los maullidos de ese
gato...
-¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego, entrecerrando
los ojos.
-Ehhh, sí ... , parece... -eontestó la señora Torres en forma
vaga.
-¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in­
terrogó nuevamente Diego, y Josefa acercó el micrófono a la
boca de la señora.
La señora Torres retrocedió dos pasos, y preguntó:
-¿Qué significa este juego, niños?
-Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos
investigando -contestó Diego.
83
TRECE CASOS MISTERIOSOS
~ 2
--Pues vayan a investigar a otro lado, y no me molesten.
¡Era lo único que me faltaba!
y ccrró la puerta con estrépito. Al segundo, sintieron los
berridos de la guagua.
Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña
murmuró a la grabadora:
-Primera sospechosa.
De ahí se fueron a la casa número 2.
Estuvieron largo rato tocando el timbre, sin respuesta. A
los cinco minutos se oyeron unos pasos, y abrió un joven
adormilado y barbón. que los miró con desinterés:
-¿Silii)
-Hola, Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­
go y se escuchó el clic de la grabadora.
-¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc.
-No. al gato -contestó Josefa, muy seria.
-Al gato maldito.... s610 lo escuché, ¡pero si lo veo, lo
mato!
-Conque lo matas ... , ¡eh? -dijo Diego--. ¡Justifíeate
'
-La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja,
dueii.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el
maldito tomo de trescientas páginas de historia, y ahol'a me
vov a sacar una maldita nota ...
" Los niños retrocedieron ante ];:¡ ver'borrea furihunda de
Mateo. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con
fuerza su melena chascona.
Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de Josera
al decir:
-Sospechosísimo número 2.
-Prepárate. Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema
Araos -dijo Diego.
Josefa, entonces, encendió la grabadora y dictaminó:
-Sospechosa número tres.
-Josefa: ¡método! Te estás adelantando.
-Pero. Diego. todo el mundo sahe que la senara Ema odia
a los animales y le molestan los niños.
-.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego,
mientras tocaba el timbre.
EL CASO DEL GATO PERDIDO
La puerta se abrió. Una señora Ema sonriente y plácida
los dejó un poco desconcertados.
-Hola, queridos: ¡qué gusto verlos
l
¿En qué andan? ¡Pa­
sen'
-No, gracias, senara Ema. es algo rápido. Sólo qucría­
mas preguntarle si ha visto a Tutankamón, quc se perdió.
- y doii.a Doralisa está casi por morirse -añadió Josda.
lista para apretar el botón.
--¡Oh. nao! ¡Pobre gatito, y tan gordo que eral
-¿Era... ) -Josefa encendió la grabadora.
-¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora, des­
concertada.
-Le dijimos que la que está por morirse es la sellara
Doralisa, pero de pena -le contestó Diego.
-¡Ahhh! Ya entiendo, no cs para menos -suspiró la scJio­
ra Ema.
-¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo.
-No lo he visto ni lo he escuchado.
-Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se
extrai1ó Josefa. .'
-Yo dormí como una piedra.: ¡mi hijo Serafín me anun­
ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el
norte, y estoy tan contenta, que anoche podrían haber mau­
llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de
violines .... ¡ja, ja'
La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar.
Los jóvenes detectives, algo perplejos, siguieron su cami­
no hacia la casa número 4.
-¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas
-refunfuñó Diego.
-Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana.
Ygolpearon en la puerta siguiente, la casa número 4. que
no tenía timbre. Era la casa del escritor.
Cuando abrió la puerta, los nii10s se enfrenLaron a don
Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados
como si hubiese dormido vestido.
-¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. Y sin
esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa.
85 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
JH
Los niños tuvieron que seguirlo. Entraron al living, don­
ele había una mesa llena de papeles, una máquina de escribir,
una silla y, arrimado también a la mesa, un confortable sofá
lleno de cojines.
-Esta ha sido mi cama, a ralos, duran te la noche. Por eso
estoy tan ... -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela.
-¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa, acordándose
de Mateo.
-¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. .. Estudiaba los
caracteres de los personajes de mi novela ... -le con tes tó el
escritor, bostezando.
-¿No escuchó usted, durante su noche de trabajo, los
maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego, ha­
ciéndose el casual.
El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con
su ropa entera arrugada, un batata negro a medio abrochar
en un pie, y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo
gordo en el otro
l
Tenía además la camisa blanca fuera del
pantalón y su cabello largo y crespo en desorelen. Los niños no
pudieron disimular una sonrisa.
-Eh, eh, ch ... -vacilaba García Gómcz; fruncía el ceño,
pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin.
-Es que ha desaparecido Tutankamón, y doña Doralisa
está que se muere.
-Eh, eh ... Que se muere... , que se muere... , ¿que se muere?
-El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los
ojos. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere)
La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­
bra del peregrino... " i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc
repetir otra vez la misma frase, se sentó frente a la máquina
de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran
alas, olvidándose de los niños.
Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la
casa.
-Sospechoso número cuatro -dijo la niña.
-¿Por qué? -inquirió Diego.
-Porque todos son culpables hasta que no prueban su
inocencia... Me extraña tu pregunta, Hércules Poirot -con tes­
tó su hermana, con aire suficiente.
-Bueno, y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo
picado.
-Primero iremos a ver a doña Doralisa, por si se ha
muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato
perdido-. Si está viva, la tranquilizaremos, y luego iremos a
nuestra casa a procesar la información.
Cuando abrían la reja del jardín de la anciana, unos
gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­
ron su atención.
Se acercaron, cautelosos, y buscaron entre las matas.
Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. Por
eso es que, entre laLas de pintura vacías, cajas de cartón,
pedazos de manguera y otras tantas cosas, Tutankamón, con
87 EL CASO DEL GATO PERDIDO
TRECE CASOS MISTERIOSOS
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una gran protuberancia en la cabeza, los miraba con ojos
suplicantes.
-Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora.
-Resulta obvio -añadió Diego, como si siempre lo hubie­
l-a sabido.
Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo. Si
ustedes, como ellos, tambien tienen ojo de detective, tan sólo
mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al
culpable.
Epílogo: doña Doralisa no se murió; en camb,io, regaló él
los niños nuevas pilas para la grabadora, Con respecto a la
persona culpable, aún da confusas explicaciones.
MH TRECE CASOS MISTERIOSOS
CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO
Horizontales:
l. Nombre de García Gó­
mezo Animales gráciles y 1
veloces. Caminad.
2. Fatigada dueña del galo. ~
Radio. t-t-t-t-t-t-I
3. Letra para mamá (plu- \-+--l--U--U
ral. invertido). Los hay I
de remate y de capirote. 7
4. Le falló la antepenúlti­
ma letra para de.cir "des- 9
cartó". Dirigirse. A esta q
palabra le gusta repelir. I
5. Iracundas mujeres mito- • ~
lógicas. Flores del jardín 11 L...L..l..-L..
de la viejita.
6. Nombre femenino que al .
perder la "h" perdió la varita. Lo hago con una aguja.
7. Anciana uva. Hombre inglés.
8. Sus gritos despertaron al vecindario. Nombre italiano masculino que en
Chile es billete.
9. Atributo para española graciosa (inv.). Acción.
10. Al mismo nivel. En el cuento fueron muchas.
11. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. Apellido de doña Ema.·
Verticales:
l. La joven detective. Diminutivo para la viejila.
2. Evitó. Aluminio.
3. Mira con arrobo. Amiga del ruiseñor.
4. Femenino de Noé. Dupla.
5. Término para marinos.
6. Parien/es del gato perdido. Son para guardar el trigo.
7. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo.
8. Así llamaba Doralisa a su gato. Las hay de molino y de ventilador.
9. Cuna de perlas. Nota musical (inv.).
10. Repetido. baila en las islas. Letra griega. Recubre muebles chinos.
11. Mucha salla produce. Demasiado.
12. Dirigirse. Recolecciones.
13. Cubos numerados. Naves.
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER
SENTADA PENSANDO
Son las cinco de la mañana en Santiago. La
amplia calle del barrio alto está vacía, con
excepción de una camioneta cubierta que se
estaciona a pocos metros de una casona esti­
lo colonial. Adentro, tres hombres observan,
primero de reojo; luego descienden para encaminarse hacia
la entrada de la mansión.
Todo está saliendo según sus cálculos. Minutos atrás, el
repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa
cuadra, y el campo estaba libre. La primera parte del plan
para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­
ría al día siguiente en un gran remate- estaba funcionando
bien. Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre
el valor de la estatua, y los críticos de arte la calificaron como
"la mejor obra de arte abst,racto de los años ochenta".
Jaime, alias el Artista.; Felipe, más conocido como el
Panda, y Gonzalo, el Rambo, se encaminaron con rapidez
hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­
tese agitaba con el v,iento. La noche estaba húmeda, y Jaime,
el Artista, miró el ·cielo con preocupación.
-¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­
guntó el Panda, impaciente.
- Ya está por salir; apronta el golpe de karate -respondió
el Artista en un susurro.
Los tres se agazaparon en el pórtico, tras una columna. A
los pocos segundos se escucharon unos pasos. La pesada puer­
ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle
guardián que, al v'er el periódico sobre las baldosas de la
<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS
entrada, se agachó a recogerlo. En ese momento un golpe seco
en la nuca lo hizo caer al suelo, inconsciente.
-Ni se quejó -masculló el Rambo.
-Bien, Panda -aprobó el Artista-. ¿Cuánto tiempo ten­
dremos durmiendo al abuelo?
-Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­
pondió el karateca, restregando sus manos.
El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos
poderosos y se lo echó sobre los hombros, como si fuera un
almohadón de plumas. Luego, entró en la casa, seguido por
sus compañeros. El Panda cerró la puerta tras ellos.
-Déjalo por ahí y manos a la estatua... -apuró el Artista.
Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. El
Panda, un poco nervioso, miraba hacia todos lados, mientras
caminaba entre los objetos en exhibición.
-¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo.
-Ahí -respondió Jaime, el Artista, con gesto seguro. Y
sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia
abajo, y luego de abajo haoia arriba, la codiciada figura.
-¡Qué belleza! -murmuró.
El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas
láminas de metal entrecruzadas.
-La única belleza es el dinero que obtendremos por ella
-observó con una risita.
-Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. ¡Ya,
Rambo, saca la estatua mientras yo vigilo la salida ... ! -dijo el
Artista, caminando hacia la puerta de calle.
A los pocos minutos, mientras el Rambo equilibraba la
pesada estatua sobre sus hombros, el Artista regresó con
expresión de rabia:
-¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­
giado de la lluvia bajo el alero de la casa... ¿Cómo haremos
ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo, furioso.
El Panda hizo un gesto de fastidio, y miró el lecho como
buscando una solución. Entonces el Rambo, con la estatua
firme en su hombro, exclamó:
-Ya sé... Miren esa ventana que da a la calle lateral...
¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora,
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t
y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se
les ocurra venir a pasear por este lado...
-¡Buena idea, Rambo! No eres sólo músculos ... -aprobó
el Artista, golpeando un puño contra la palma de la otra
mano-o Una vez afuera, yo me adelantaré a buscar la camio­
neta y la estacionaré frente al callejón.
-No está mal, pero hay que apurarse -dijo Felipe, el
Panda, mirando el reloj-; estamos con el t,iempo justo antes
de que el cuidador se reponga de mi caricia.
Obraron con rapidez. Luego de algunas dificultades -co­
mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los
cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién
ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al
alféizar- con una exclamación de triunfo lograron depositar­
la en la acera.
El precioso botín ya era de ellos.
93
II
TRECE CASOS MISTERIOSOS
<J2
-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se
moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista.
Se encaminó hacia la esquina.
En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­
bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los
hombres lo encañonaban con pistolas.
-Maldición... -gruñó el Artista, retrocediendo.
Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­
zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos
y los esposaban.
Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le
dijeron:
-iBien hecho!
La pregunta para los astutos detectives es la siguiente:
¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?
EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO
CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO
Horizontales:
1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan aJaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal.
l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.).
8. No es par. Sostienen partituras.
9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina.
10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos.
11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­
da.
12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa.
VertICales:
l. Apodo para Felipe.
2. Cerebro del robo. Enredo (inv.).
3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.).
4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.).
5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas.
6. Corno la estatua.
7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca.
8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante.
9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa
querendona.
10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz.
11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales.
12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal.
13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes
y heredero de una gran fortuna, empleaba
sus días en administrar sus negocios, jugar
golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje­
tos más valiosos se exhibían en grandes ar­
marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña­
dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del
amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem­
plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido.
Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­
to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios
ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo
que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una
familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a
la sel!uridad de sus armarios.
De toda la colección había solamente un objeto que no se
guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón
sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al
abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­
res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez
donde las páginas se extendían en volumen. desplegando
como por arte de magia las dependencias suntuosas de un
castillo.
También babía otra razón que le hacía acariciar la valio­
sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la
hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había
obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba
bajo 1Iave: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre
97 EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
(}h TRECE CASOS MISTERIOSOS
los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de
cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza
-Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta.
Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en
cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y
posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­
ción volara hacia el Oriente.
Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su
escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su
vida.
Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al
llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado,
que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­
che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día
entre la Bolsa y el Club de Gol ese había encontrado con la
sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna
otra parle
l
-Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más
grande que tenia para mí era otro... -Carlos apretaba las
mandíbulas para contener su impotencia.
-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo
el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de
una de sus grandes orejas.
Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos
minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­
tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos
de pánico.
-Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le
hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla.
Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde
del sillón.
El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz
calmada:
-Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó
en la mañana, hasta que abandonó la casa.
-Bueno, lo de costumbre... Por la mañana me quedé en el
segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño,
ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas.
-¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto.
-Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a
su patrón-o Aver si había algún recado para mi en su libreta
-agregó, indicando la agenda sobre el escritorio.
Soto miró al dueño de casa, y este corroboró:
-Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­
prano en la mañana.
El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede
irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar".
-¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre?
-volvió a interrogar el inspector a la mucama.
Ella guardó un instante de silencio y contestó luego,
dubitativa:
-En realidad... , me pareció que todo estaba igual que
siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría
dado cuenta ... creo.
-¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­
tó Soto, rápido.
-Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había
terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el
99
l¡8
TRECE CASOS MISTERIOSOS
desahucio de mi marido. -Norma miró a don Carlos como
pidiendo aprobación.
Olavarría hizo un gesto de asentimiento. El inspector
insistió:
-¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse?
-Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­
cería, y con el jardinero nunca me meto porque... , perdóneme
la expresión, don Carlos -añadió un poco colorada-, ese
hombre es un ordinario...
Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable:
-Bueno, eso es todo, señora. Puede retirarse. ¿Podría
decirle al mayordomo que venga)
La mucama se puso de pie saludando con timidez y,
cuando abría la puerta, su patrón la interpeló:
-¿Su marido sigue sin trabajo, Norma?
-¿Y quién lo va a emplear, don Carlos, con su pierna
mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. Sin esperar
respuesta, se retiró.
A los pocos minutos entraba José, el mayordomo, de
uniforme impecable y aire altanero:
-¿Sí, señor)
-El inspector le quiere hacer algunas preguntas, José;
tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de
dejar la mucama.
-Estoy bien de pie, señor, gracias -contestó José, serio.
-¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la
maüana hasta que llcgó su palrón?
-Luego de hacer el asco del salón, me fui a la carnicería ...
-¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO.
-No antes de las once..
-¿Ya qué hora volvió?
-Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la
carne para el almuerzo de don Carlos. -El pare­
cía molesto con el interrogatorio.
-¿Una hora y media se demoró en comprar la
-volvió a la carga SOlO.
José se movió, incómodo.
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
101
IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS
-Bueno, no sólo la carne: los lunes, corno bien sabe don
Carlos, se compra también la verdura y la fruta.
-¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con
sus preguntas.
-Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta, cuando
llegó en la mañana; y cuando volvÍ, ya se había ido... , ¡lo que
no dejó de parecerme extraño!
El inspector hizo caso omiso de este comen tario, y siguió:
-¿Qué hizo luego?
-Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa
servida, como lo hago por costumbre, hasta las dos de la
tarde. Luego me retiré a descansar a mi pieza y, supongo,
señor, que me dormí, porque cuando abrí los ojos eran las
cinco. -El mayordomo tosió y agregó .-ápidamente-: De ahí
en adelante, no paré de limpiar la plateria y sacudir las
vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos.
-Por casualidad: ¿entró en el escritorio?
-No, el escritorio se limpia los miércoles y sábados.
-Está bien, José, puede retirarse.-E1 inspector mostró la
puerta.
-José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­
dió Olavarría, entonces.
-Muy bien, don Carlos. -y clmayordomo se retiró, luego
de una venia.
Jacinto Flores, el jardinero, entró Con su mameluco lleno
de tierra. Era muy mo'reno, pero de ojos chispeantes y lleno de
vida. No ti tubeó para sen larse en la silla, y se acomodó con
una amplia sonrisa.
-¿Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto.
-Como todos los lunes y martes, mi caballero: solamente
en la mañana.
-¿Yen qué consis Le su tra bajo? - El inspector dobló aho­
ra el enorme pabellón de su oreja, en forma distraída.
El jardinero enumeró, contando con los dedos:
-Podar los rosales, remover la tierra de la jardinera,
cortar el pasto, desmakz,lr, emparejar los setos, barrer La
terraza ... ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí, pues'
-¿Entró en la casa?
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
-Al baño de José no más, a cambiarme ropa.
-¿Ya qué hora se fue?
-A la una. Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y
almuerzo ailá.
-o sea, en ningún momento entró en la casa...
-¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el
patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase, le echan
la culpa a uno ...
-¿Conocía usted, Jacinto, la pagoda elc marfil que se
robaron? -preguntó el inspector.
-No, señor, \'0 no entiendo de cosas finas; sólo entiendo
de plantas.
-O sea, no la había visto nunca ...
-Usted lo ha dicho, mi caballero.
-Está bien, Jacinto Flores, puede retirarse -terminó el
inspector Soto.
Cuando e/jardinero cerró la puerta. el inspector miró a
Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas.
-El caso ha sido fácil. Recuperará su pieza de mar[il. ¿Se
dio cuenta, usted también, de cuál era el ladrón?
El duel10 de casa negó con aire desconcertado.
- Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados
y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto,
cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta.
Cuando Olavarría, luego de unos instantes de medita­
ción, dijo un nombre, el inspector Heliherto Soto respondió:
-¡Eso eral
Entonces el solterón, suspirando, murmuró para sí:
-¡Volverás a mí, Ya-Lu-Ting
l
¿Podrías tú, lector, luego de anafizar las versiones de los
tres sospechosos, encontrar también al ladrón?
102 TRECE CASOS MISTERIOSOS
EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL
103
CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL
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I I I I
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Horizon tales:
"
1. Pronombre panl voso­
tros. Preposición entro­
metida.
2. Obje/o robado. Nombre de
la mucal1'l.a (inv).
3. ~ é J i c o especialista en
VtaS urtnartas. EqUIvo­
có.
4. Posesivo pronombre
(inv.). Letra (inv .). Corno
ella era la cara de Ya-Lu­
Til1g.
5. A la del campo también ,.
le gusta el queso. Detrás
(jnv.). En la manana.
6. Había una vez un empe- 1I
raJar que no tenía nin­
guno. Espiritual nombre 'J,
de mujer.
7. Ojalá sin esmog. Tres vo­
cales iniciáticas. Una "t" amarraría a estas vocales.
8. Tras de (inv.). Sos/enEa la agenda. Servicio secreto de Hitler.
9. No hay que hacerlo en clases; pero sí en los cumpleaños. sohre las lorlaS.
Sustantivo limpio.
10. Flor de los valles.
Il. Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla. Objeto de W7 tic
de Soto (inv.).
12. Artículo indefinido. Este perro. si fuera doble, bailaría (inv.). Vocales
Jistintas. Nota musical femenina.
13. Privativo de ovejas. La pagoda lo era (inv.).
Verticales:
1. Las de la pagoda erar¡ diminutas. ülavarr[a se habla pasado el día entre la
Bolsa y este lugar.
2. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural). Artículo
indefinido.
3. Yo latino. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas, Pesimistas y Obsole­
tas.
4. Si es muy fuerte, ¡pobre bote! Llena.
5. Angulo para brazos (inv.). Estirar.
6, Alma del califonl, que fluye par el piloto (inv.). Colilarga y dientuJ"
(inv.).
7. Duefw de la pagoda.
8. CiuJad sumeria. Primera y tercera vocal. Atrapa al bolón.
9, Hierba aromática de múltiples usos. Artículo musical. Norteamericano
escritor de fantasías que erizan los pelos (inv.).
10. Equivoca'y vagabundea. Aluminio (inv.).
tI. Licor fuerte (inv.). Quisiese con uslero. Se escucha en las corridas de
toros.
12. Mucama de Olavarría. DesesperaJo signo Morse. Medio abuelo (jov.)
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EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION
Por earios Iturra
La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa- que lo que
parece a primera vista. Desde luego, vivimos rodeaqos de misterios; claro
que, como ya estamos acostumbrados a la mayoría, no nos llaman la aten­
ción en lo más mínimo. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un
misterio: no hay para qué dar ejemplos. De ellos están llenas las mentes de
los hombres, el hogar del vecino, las religiones y las ciencias, el universo, una
gota de agua, nuestro porvenir y nuestro pasado, la filosofía, los lib'ros de
historia, las historias de los libros.
Pese a su amplitud y prolíferancia, el concepto de misterio ha ido
quedando reducido, sin embargo, a los límites de lo detectivesco; cine,
novela, cuento, teatro de misterio: todo ello es detectivesco. Pocos harán la
reflexión necesaria para conectar la palabra misterio, usada en esas condi­
ciones, con las nobles y profundas raíces del misterio en sí, que es tan
infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo
detectivesco, precisamente, su carácter misterioso; también se 10 brinda a
muchas otras cosas.
Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­
rio: cuando éste era, por excelencia, el misterio religioso. Aún hoy el misterío
es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial, pero
en el uso común ya no es este significado el que prima,
Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. Prima el
misterio barato.
Pero siempre prima lo barato, en todo (no se salvan ni siquiera ciertos
momentos privilegiados de la historia humana).
La gracia -y las muchas gracias- está en que haya quienes sean capaces
de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso, aunque sea costoso.
y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos, lujosos
misterios, en todos los ámbitos de la vida, incluso en lo literario.
El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe,
son misteriosos los límites de la creación literaria, y para el que lee son
misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador,
Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula- que le
permita llegar a dar con la obra perfecta; tiene pistas varias: las que le dejan
otros buenos escritores, principalmente, y tiene también algunos instrumen­
tos que le ayudan en su investigación, corno su propia experiencia y destreza,
120
121
COMENTARIO DE CARLOS !TURRA
yen ciertos casos mayores, incluso su genio. Pero la forma o fórmula precisa
para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto"- mantiene su
calidad de misterio. Alo lejos, un gran escritor resuelve ese misterio median­
te una obra perfecta, o a lo menos mediante una obra maestra; luego es
incapaz de explicar cómo la logró; incapaz de trasmitir su secreto a otros, y
la búsqueda sigue.
El buen lector, por su parte, pierde el interés por la lectura si es que esta
no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio.
Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos, o, mejor dicho,
por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar, el
misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las
palabras- el o los problemas planteados por yen la narración, y en segundo
lugar, el misterio de saber cómo termina la obra, qué pasa con los personajes,
cuál es el fin del argumento.
En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos
interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor, o por la
belleza con que ha pintado el paisaje.
O sea, por el asunto o por el arte. Y podemos interesarnos en ambos por
igual, o con preferencia para uno u otro.
En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al
aswlto que al arte, y preferimos un cuadro con bonito paisaje, aunque esté
mal pintado, antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado.
Un paisaje feo no es grato de ver; en cambio, contemplar una hermosa
pintura de un paisaje feo, es tan grato como contemplar un hermoso paisaje
A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de
evitar, ya que basta para ello el paso de los años- nos vamos dando cuenta de
que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un
feo paisaje pintado bien, que un paisaje bonito pintado mal. Vamos apren­
diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que
importa es la forma. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento
de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera- sino porque de la
forma, además, depende el fondo.
Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento; cual­
quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­
cional fotografia. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo
que no es maravilloso, eso sí requiere talento. La película puede contar una
historia muy entristecedora, o muy inquietante, pero !)i la cuenta con arte
saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia, sino felices por el
momento de placer estético que nos dio la belleza de la película.
En suma, gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las
cosas "feas", que eran feas hasta que el artista nos mostró, con su dominio de
la forma, que tenían un aspecto bello. Sin dominar la forma, el artista habría
sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo. Pues bien,
ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el
misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se
oponen al desarrollo de su narración, y el misterio argumental de la narra­
ción misma, de la trama: qué pasa enseguida ...
COMENTARIO DE CARLOS ITURRA
Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo
depende, al fin de cuentas, de la habilidad del escritor para manejar la
forma, puesto que el argumento es una de las facetas de la forma; está
incluido en ella. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta, y no se fija en
cómo se lo cuentan, está perdiéndose la parte principal del disfrute de la
belleza, el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la
creación- y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente.
Por otra parte, ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las
posibilidades de lo literario, han escogido la del misterio meramente argu­
mental para dedicarle su trabajo.
De ahí que existen la novela de caballería, la picaresca, la de aventuras,
la de espionaje, la policial. Ellas y otras más se han ido dando a través de los
tiempos, porque ha habido escritores con especial talento para manejar las
expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido
lectores que han buscado ante todo ese misterio. O sea, porque han coincidi­
do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­
res. Unos y otros han reducido el concepto de misterio, refiriéndolo exclusi­
vamente al desarrollo argumental, de modo que lo único que lleve al lector a
seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva, en algunos casos!- sea el deseo
irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía
Perla, esa elegante y descuidada tía rica...
Por este motivo es que las obras de misterio, aquellas que centran su
interés en el planteamiento, evolución y desenlace de una historia, han sido
consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la
buena literatura como de segundo orden. Se estima que son superiores y que
producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del
argumento va acompañada -va siendo producida incluso- por la calidad de
la prosa; es decir, por la forma. Estas son las obras de mayor mérito. Se le
reprocha a la literatura de misterio, además, la convencionalidad de sus
métodos y lo repetido de sus misterios.
No por eso, sin embargo, deja nadic de desconocer que una obra plantea­
da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto, ni que
grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género, con excelen­
tes resultados. Siendo de segundo orden el género de misterio, puede produ­
cir obras de primer orden. Edgar ABan Poe, Carlos Dickens, G. K. Chesterton,
Henry James, son algunos autores de gran literatura que han aportado
estupendas piezas al género de misterio; Agatha Christie, J, H. Chase, Geor­
ges Simenon, por su parte, son autores de misterio y entre sus obras se
pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­
tura.
En la actualidad se entiende por género de misterio, casi únicamente, el
policial. Como se ve, eso no sólo implica una reducción del concepto de
misterio, sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada
relaüvo a la forma y, en cuanto al contenido, no incluye nada que no sea
relativo al esclarecimiento de un delito; por lo general, asesina'to o robo, o
uno antes o después que el otro. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban
sus perlas, o pudo estar muerta cuando se las robaron.
122 123 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA
(Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­
co misterio religioso, es que el religioso no se resuelve, pues es inaccesible a
la razón... Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la
razón y no lo resolviera, no sería novela policial, y probablemente más de un
lector defraudado se querellaría contra el autor; o los deudos del autor
contra el lector...) Es indudable que result.a grato leer de vez en cuando una
apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-,
a pesar de que sea una lectura de segundo orden.
Después de todo. un buen argumento también es una buena creación.
Pero sería lamentable no pasar de ah\. Sería una lástima que hubiera
lectores -en realidad los hay- qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de
libros y que no aspiraran a educar su gust.o para poder disfrutar obras de
primer orden... Sería como aficionarse a los mariscos, pero no ir más allá de
las almejas .... ¡perdiéndose los erizos, las colitas de camarones, las ostras en
su propia concha nacarada! El gusto se educa, evidentemente, y es una de las
mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus
fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para
siempre si el gusto no se educara.
Pre.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las
obras de misterio. o policiales, aparte de hacernos pasar un rat.oentretenido,
está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector,
facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores.
En este punto resulta apropiada la palabra misterio, una vez más, pero
ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí; en efecto,
la palabra misterio. en su profundo sentido religioso, se relaciona asimismo
con la "iniciación". El "neófito", o ignorante de los misterios de la religión,
se "inicia" en el conocimiento de ellos. Y esa iniciación es como parte dcl
misterio mismo, como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde
permanece, envuelto en tinieblas etemas, el secreto. Lo incomprensible.
Los bordes del misterio religioso, las playas de ese oscuro océano de luz,
son la iniciación, y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que
nunca los conducirá a nada.
Los misterios de la religión no cuentan. hoy por hoy, con tantos devotos
como los misterios de otros tipos, pero aun así los misterios dt: la literatura
tienen menos fieles todavía.
¿El rel.ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable- de
iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los
caminos conducen a Roma, y quien se había propuesto llegar a ella puede
alcanzar su meta incluso a través del relato policial. Será un entretenido
comienzo para una vida de aventuras como lector, al cabo de la cual ha de ser
cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que
es de segundo orden.
De primer orden es este para los niños.
IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives, despierta en
ellos muy desde adentro el gusto por el misterio, gusto que más tarde habrá
de llevarlos ... a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo
literario, pero no menos considerables.
COMENTARIO DE CARLOS [TURRA
Dos veces iniciática, por policíaca y por infantil, csta obrita ingeniosa
podría llegar a arrastrar detrás de si, como el Flautista famoso, a todos los
niños del barrio.
Después de leer estos '''Trece casos misteriosos", sus lectores habrán
entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética, sino que también
habrán hecho una especie de gimnasia mental, racional. en pos de una
solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul
expuestas al público. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". la
gimnasia mental de los lectores, sumada a su inocente agudeza, les indicará
cómo resolver los misterios: ... están al final del libro. ¡Las culpables son las
autoras...
1

Querido lector: Estos cuentos son para que te transformes en detective. Si lees con atenciÓn y te fijas en los detalles, podrás enconfr(/1' la pista que te llevará a descubrir al ClAlpable. Si no logras dilucidar el enigma, ayúdate con un espejo: en páginas 105 - 117, las soluciones están dadas, pero... al revés. También te invitamos a resolver los crucigramas de cada caso: muchas de sus definiciones -las que están con letra dife­ rente- tienen relación directa con el cuento que les corresponde. Las soluciones de estos juegos aparecen, asimismo, en las pági­ nas mencionadas. Te desafiamos a solucionar los trece misterios de este libro, con igual sagacidad que el inspector Soto, personaje presente en algunos de estos cuentos. Y no olvides: la observación es la cualidad indispensable para un buen detective.
Las autoras

IN DICE

El caso de las libretas de notas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de las perlas grises El caso del regalo de cumpleaños El caso del atraco al Banco Muchosmiles . . . . . . . . . . . . El caso del zafiro de doña Sara El caso de las secretarias quejumbrosas. . .. . . . . . . . . . El caso dc 1a moto embarrada El caso dd joyero angustiado El caso del secuestro del arquero El caso del ladrón con máscara El caso del gato perdido . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . El caso de la estatua Mujer Sentada Pensando. . . . . . . . El caso de la pagoda de marfil . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

1
9
19
25
33
41
49
57
65
73
79
89
95

..................

Soluciones ..... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .. 105

y yo en química -cuchicheó Andrés. llamó a Mauri­ cio al pizarrón.. Ese vier­ nes entregaban las notas del trimestre. La lola ­ lidad de los veinticuatro alumnos fijó sus ojos muy abiertos en ellas: el panorama que presagiaban esas libretas no era muy alentador. co­ menzó a resolver una complicada ecuación. i ..Tengo rojo en matemáticas -SUSUITÓ la gorda Marcela. luego de sentarse en su silla. y 18 clase siguió len ta y pesada.EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS El tercero medio A del colegio Buenaventu ­ ra era un curso bastante revoltoso. y la señorita Leonor dejó el alto de libretas blan ­ cas en una esquina de su escritoriu. -¿Cómo convencer a la pro[e para que no nos entregue las notas hasta el lunes? -preguntó Marccla. Media hora después una campanilla animó levemente las sonrisas en los rostros: todos gum-daron sus libros y salie ­ ron a recreo. y tendrán que traerlas firmadas el lunes. pálido por encima de sus pecas. -i Silencio! -interrumpió la scñori ta Leonor-. sin falta. La profesora. El muchacho. soplando con desáni ­ mo su chasquilla. muy malas . sin ánimo ni para q:omer su emparedado de queso. Repartiré las libretas durante la última bora de clases. fiesta' -suspiró Catalina. Qu iero de­ cirles que en general el rendimiento del curso durante este trimestre ha sido pésimo. y las notas. . . que tenía fama de m8tco. -¡Adiós.

Marcela. contemplando a Mauricio.. levantó una mano y gritó: -¡Eh! ¡Tercero A! ¡Reunión: el genio tiene su plan! -No seas tonta. Se afirmó en la vieja palmera. que se habían quedado mudas. Pero hasta ahora nadie ha propuesto una solu­ ción ..TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 3 ¡SlIl:¡ias l -le contestó la lánguida Constanza. como sea. -Mau­ ricio llevó un dedo a su propia sien y luego se alejó con expresión hosca. En ese momento se acercó Mauricio. Fs que el asunto es grave: ¡nos quedaremos sin fiesta. nenas. -No sean tontas. en una pose de actriz dramática..vitar que nos entreguen las libretas -respondió Mauricio. sin perder su desgano... ¿No te das cuenta? -¡Claro que me doy cuenta! ¿Por qué crees que estoy tan deprimida? -El gesto de Constanza era de absoluto desalien­ lo. tendré que bailar solo en la fiesta si entregan hoy las libretas . . -Nosotros también queremos... Connie golpeó con rabia el tronco de la palmera. -Un ardid para e.. al oír esto. Marcela. con un gesto asustado.. la en trega de esas notas. ¿Qué propone el genio? -interrogó Constanza. y luego. t'ulllJic! 1¡~1 @l+ : . -Con Catalina hemos estado pensando que hay que evi­ tar. )J3? M ~.. si usaras más tu cabeza . si lo único que quiero es que todos vayamos a la fiesta. ~ ~ ~. -Una que se fue a la enfermería -comentó Andrés. -·Otro genio que descubrió ia América: ¡lodos sabemos que con esas notas hay que olvidarse de la fiesta! -se enojó Marcela-. Andrés y Catalina se acercaron a las dos amigas. muy serio-o No olviden que tengo que conquistar a Catalina .:p.. dándo­ le la espalda. mostró la yema de su pulgar herido por una pequeña astilla. e. -¡El genio Mauricio! ¡Nunca pierde la oportunidad de hablar de sus maravillosos sietes! -comentó Marcela. -Al paso que van mis porras compañeras -dijo-.

eso nunca! -y caminó a grandes zancadas en dirección opuesta a la de su amigo. Mal-cela quedó sola. avanzó hacia el escritorio de la señorita Leonor. Estaban todos paralogizados.. y luego prosiguió: -Les doy una oportunidad para ser honestos...lsí.. Su cara no reflejaba ninguna emoción. ahora falta que se presente el culpable. la maestra caminó entre los escritorios para observar con detención a sus alumnos. Mauricio se mordía el labio. Hasta que de pronto una figura -conoci­ da por los lectores. Marce1a observaba a sus com­ pañeros en una inmovilidad total. Al poco rato la campanilla anunció el final del recreo y el comienzo de la última hora de clases. La señorita Leonor las tomó sin decir ni una palabra. que ya la conocían. Si no sucede . En ese momento habló: -Bien . Si se pre­ '-. el castigo no será tan drástico. Andrés raya­ ba con insistencia la tapa de su cuaderno.se incorporó de su banco y caminó hacia el closet de los útiles. I\lIllrés y Marcela quedaron pensativos. La señorita Leonor insistió. no me queda otra que resignarme a un sábado si 11 liesta: estoy sentenciado -dijo Andrés con tono sepulcral. En ese momento. mezclado con mal disimulada alegría. Connie miraba a Marce1a. -¿Resignación? -repitió para sí-o iAh. pero les daré una últi ma oportunidad: me iré de la clase sólo por cinco minutos y. lilllo. se levantó de su silla. si a mi regreso no están las libretas sobre el escritorio'.L'nta el culpable. elc borrar una manchita sobre la primera Libreta. Catalina ape­ nas si respiraba. comunicaré el hecho a la Dirección. Como el silencio se prolongaba. Por última vez: ¿quién fue el gracioso o graciosa? Es mejor que se levante ahora . no les cupo duda de que ella estaba decidiendo algo. La voz de la profesora ahora amenazaba: -Ustedes saben que este es motivo de expulsión. se mantenían inmóviles. no. . El curso entero estaba pendiente de sus más mínimos gestos. Tomó con ambas manos el alto de libretas. pero ni una pala­ bra salió de sus bocas. ~ "¡\ . La oyeron suspirar. Es gravísimo. entonces.. Cumplido el plazo. y y salió de la sala.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS 5 olrél que se va a la biblioteca: tengo que devolver un Catalina partió corriendo. En el primer momento nadie habló ni se movió. ante el estupor de sus compañeros. nerviosos. al parecer. Un aire de expecta­ ción. Mauricio disimulaba una sonrisa con Catalina. y Marcela había cerrado los ojos en actitud de mártir. -Niños: esto no es broma. Los niños. las vein­ ticuatro libretas blancas ya estaban en su lugar. Los alumnos entraron a su sala en forma estrepitosa y cada uno tomó asiento en su lugar. Ni un suspiro se escuchó. La profesora. Bueno. en tono aún más agudo: -Repito. escondidas tras las cajas de tiza. flotaba en el ambiente. alguien arrastrará a todo el curso con él. estalló la voz de la proCesara: -¿QUIEN SACO DE AQUr LAS LIBRETAS DE NOTAS? Un silencio total fue la respuesta. Connie daba vueltas al anillo en su dedo. Andrés retorcía el lóbulo de su oreja. por si no han entendido: ¿quién sacó de aquí las libretas? Los alumnos se miraron asombrados. y vieron cómo trataba. cuando la profesora regresó. Calló unos segundos. y. pero a sus alumnos.

Alfiler inglés. 11. Corno el Buenaventura. Materia infecciosa. 4. Madre a medias. Medio progenitor. 7. Quiera.1.). Evaluad su precio. y dijo un nombre. Ell1wteo del cumlO.). Bes<! sin vocales.). ¿ Qué vio ella en su paseo entre los alumnos que la llevó a descubrir al culpable? CRUCIGRAMA DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Horiwntales: 1. . Sustantivo que modifica y que transa billetes. 10. D{a para devolver las libretas firmadas. Con gesto compungido. Furia. 3.). 3. Devasta.Ji peón. Se dañ. Calcio. Hierba (inv. El que lo es tiene un sobrino. 5. La profesora no se equivocaba. Tercera letra. Vestidura (inv. Dios inglés. Verticales: l. Hágalo con los ojos. Molusco (inv. 12. 9. 2. Al sol se la debemos. Ventoso infinitivo prohibido en clases. Contrario '11 par. 5. n 6. Fallecí (inv. Letra gnega. Tubo sin principio ni fin. Aquí están las ciuco vocales. 7.). Hábil lector: la señorita Leonor fue muy sagaz. Vocales de tope. del barco (inv.ó el dedo pulgar.). Naves Orbitales Fantásticas. 13. Sil1 UrH 4. Dios del viento. Componente de la orina (inv. Si es negra habrá lluvia. Con "c" se cae. Medio baile polinésico. 9. Lo más allo en inglés. la persona aludida confesó su culpa. Nari7. Así eran las 11olas. Los guardaron antes de salir a recreo. Era lánguida. 6.. Dos vocales idénticas. la voz fue tajante: -Quiero que sepan que ya me he c. 10. Plumífero dios egipcio. 8. Vocales que parecen velas. Exclamación para toros (¡nv.).:nterado de quién es el responsable. 2. 12. Los del cuellto se la perdieron. Nombre de la profeso/-a. Este bárbaro europeo del año 400 tiene uu comien ­ zo para volar y termina Iv negando. Pint<l de la baraja. 8. Soplaba su chasq~li/la. Objetos robados. 11. Socorro. Desabl'ida y fome. i3. Cam. Caza en el mar. TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASO DE LAS LIBRETAS DE NOTAS Cuando el recorrido hubo fínalizado. pero en desorden. Nombre del colegio.

empolvado y blanco. frunciendo la nariz. Aunque la vida no le había sido difícil. ¿Repre­ sentaba los cincuenta? Según Alvaro. el collar.. nadie diría que sobrepasaba la cuarentena.. ni mucho menos. Suspiró y terminó de acomodar sus cabellos en un moño. El vesLido dejaba ver un cuello desnudo. será mi fiesta . listo para reci bir el regalo de Alvaro. que se jactaba siempre de tener las joyas más lindas de Santiago? Con una sonrisa derramó gotas de perfume tras sus orejas. dudaba de tales afirmaciones. -¡Curiosa amistad la tuya con Lulú l -murmuró Alvaro.EL CASO DE LAS PERLAS GRISES La señora Fernándcz.. y había sido la primera vez. Terminaba de afeitarse. -Adela: ¿no será un poco excesivo esperar a las doce de la noche para entregarte el regalo delante de todos? -oyó la voz de su marido desde el baño. su ma­ rido. . pero ella. querido. sus carncs un poco sueltas bajo la barbilla y esas malditas manchas en las manos revelaban a la futura abuela. acompañado de la mirada de Lulú. Por supuesto que lo había elegido ella misma. y esa noche recibiría a sus amigos más íntimos a cenar. cumplía cincuenta a11os. -Es parte del regalo. a veces. en su vida que una joya le producía tal placer: ¿sería que los años le habían traído también un apego a las cosas materiales? ¿O era un inconfesado deseo de im pae tar a su amiga Lulú. sus ojos ya sin el brillo de la juventud. De pie frente al espejo de medialuna se contempló otra vez.

. levantando su ceja derecha. Y si quieres. Yo pongo mi ojo de conocedor y tú el capital: tengo un proyecto excelente . -Les anuncio que me vaya Europa: Santiago me ahoga -declaró Laura con sequedad.. ¿qué prefieres? ¿La sorpresa antes o después de la torta? -¿Sorpresa? -exclamó Adela. él alto y de bigotes tiesos. fingiendo asombro. su marido. Lo único de color en l'Ila eran sus largas uñas rojas. Adela. cantando a coro cwnplea­ ¡"'lOS feliz. y dijo con mucha suavidad: -Mientras tanto. existen los créditos. Alvaro dijo "permiso". para apoyar a su marido. -Estoy en tiempo de vacas flacas. Los Gómez. a la caza de un negocio que le permitiera vivir y obtener dinero sin esfuerzo. Víctor? -Sí. agrégame un par de cubos de hielo. aun­ que inconscientemente tocó su propio cuello-. vestida de seda negra con collar y aros de mostaci­ llas que realzaban la palidez de su piel. tantas velas. y pidió silencio: --Adela. Víctor hizo tintinear los cubos de hielo dentro del vaso: -Muy interesante la conversación. Lulú. -¿Te ganaste la lotería. Sergio. hombre barrigón y entradoen años. y te lo digo en serio. ¡Venga un champán. 1. -Ese es problema mío. ella bajita v tk anteojos. me estoy dejando crecer las llllas. Laura? ¡lnvítame! -bromeó Víc­ lor. por segunda vez en la noche: eran casi las doce. primera. moviendo sus bigotes al hablar. y se puso de pico Demoró unos segundos en sacar un estuche negro de su bolsillo. ahora! No quiero ni pensar en las velas que traerá la torta. como para quitar importancia al asunto. iY este sí que no me fallará! La dueña de casa lanzó una mirada disimulada a su marido: era el mismo Víctor de siempre. gracias. ¡Por ravor. Hizo una sella disimulacla a su esposo. amigo.111 TRECE CASOS MISTERIOSOS ¡\ I<lS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 11 diez de la noche la casa de los Fernández resplande­ . -Sergio tenía cierto air'c de preocupación-o Porprimcra vez me he quedado sin dinero para invertir. 111 tk. haciendo tintinear los hielos en su vaso de whisky. cubierta por un mantel de encajes: dos candelabros de plata hacíanjuego con los cubiertos. paseaba con aire distraído miran­ do los cuadros colgados en las paredes. -·Deberíamos asociarnos. -¿Lotería? ¡la! Esa siempre se la ganan los ricos. Se sentaron en torno a una mesa ovalada. Sergio? --preguntó Víctor Astudillo. Por suerte.. -¡Ay. pero hizo un gesto con su mano. Y no estoy de ánimo hoy para discutir asuntos materiales. Alvaro. -¿Sigues admirando a Pacheco Altamirano. . entonces. Víctor -contestó ella con gesto eseéptico-. y Laura. palmoteando el hombro del más bohemio de sus amigos. la amiga soltera de Adela. pero yo le digo que primero está cambiar el auto y alfombrar la casa -dijo Gómez. alzó sus manos. En ese momento llegaban los tres invitados restantes: el matrimonio Gómez. que yo me en tiendo más con números que con arte-le contestó Sergio. ante una . entonces.jovial y alegre. que pasaba por una de sus crisis existenciales. y los invitó al comedor. no dejaban de hablar ni de contar sus pmbkmas domésticos. Alvaro insistió en que no debía fallar ni una . Víctor. qué hoo'or! -se escuchó musitar a Lulú.Tú sabes. Sergio-bromeó Astudillo-.. Los invitados comenzaron a llegar. En ese momento Adela miró el reloj. Astudillo levantó los hombros con desaliento. ofreció: -¿Más whisky. -Pero los créditos hay que pagarlos -insistió Víctor. estiró su mano desnu­ da. querida Adela! Adela miraba el reloj con impaciencia.. -Mi Martita sueña con un <lniJ!o como los de Lulú. luces y flores. pero permítanme in­ terrumpirlos para excusarme por seguir cenando con whisky en lugar de vino: ¡no me gusta mezclar! -Antes la salud que la buena educación -bromeó con estruendo GÓmcz. Martita.

mujer. -Bueno. dijiste? -saltó Adela con la voz aguza­ da-o ¡Eso era! . . Cuando Alvaro abrió el estuche. mientras tanto. observaban en silencio y abstraídos la triple hilera de perlas grises y nacaradas En ese momento entró un enguantado mozo con una enorme torta entre sus lnanos. alégrate! No siempre una amiga cum­ ple cincuenta años -observó Lulú. y cuando apagaba las últimas cinco peque­ ñas llamas. en ese momento. -Si es una broma. molesta. se había retirado. y de eso no tengo la menor duda. -¡Oh! -fue el murmullo general cuando apareció la joya: tres vueltas de perlas naturales grises y tornasoladas cubrie­ ron cn unos ins tantes el desnudo cuello de Adela. -No te apures tanto. amargada. Los otros la rodearon.. Martita Gómez se levantó y se acercó al interruptor. todos me abrazaron. -¡Vaya. y Adela se sintió abrazada por SLlS amigos. con una mirada asustada tras sus gruesos anteojos. a su esposo que se pasea­ ba a lo largo del salón. y pongo mis manos al fuego por él. este sí que es un marido espléndido! Una sola de esas perlas pagaría mi viaje a Europa de ida y vuelta -comen­ tó Laura. ya dura demasiado -dijo Alvaro con voz seca-o Ese collar me ha costado varios miles de dólares y debe aparecer abora. ¡Estoy tan confundida! -gimió Adela. Los Gómcz. con tono infantil. Manita'. todos gritaron. -Apaguen la luz -ordenó Alvaro. en un siUón. -Tienes una rortuna cn tu cuello. -¡Querido . -¡Alégrate. querida Adela -comen­ tó Sergio-o Supongo que lo habrás asegurado. Adela se puso de pie y se acercó a la torta. -Eliseo está [llera de cuestión -replicó seguro y aún más serio el dueño de casa-o Está con nosotros hace veinte años. -Tienes que pensar bien.. esto no cs broma. -¿Por qué no comienzas por interrogar al mozo? -pre­ guntó Lulú. Adela. En ese momento se oyó el gri to: -¡Mi collar! Los invitados estaban ahora sentados en el living. -¿No swtiste nada en el cucUo? -inquirió la señora Gó­ mez. no. -¡La torta! iLa torta! -pidió en ese momento la seüora G6mez. antes brindemos por esas perlas: hacía tiempo que no veía algo tan bello y auténtico -interrumpió Víclor levantando su vaso de whisky... Además. Adela no contenía su nerviosismo y miraba a Lulú de reojo. pálida y nerviosa... catorce ojos estaban fijos en él.. -Aún no . Alvaro. Bastó un movimiento para que el comedor quedara solamen­ te iluminado por la luz de las cincuenta velitas. Sopló. Adela -habló Alvaro-. -¿Manos al fuego. po­ niéndose de pie para besar a su marido y observar a hurtadi­ llas la expresión de su amiga.. Entre besos y felicitaciones pasaron algunos segundos hasta que alguien nuevamente dio la luz. -contestó el aludido. Solamente que . miraba. no sé . 1 ¿Cómo pudiste? ¡Gracias! -dijo Adela. -Alguien tiene el collar.L' TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 13 audiencia expectante.

PnJJ1lo sc oyeron las campanillas del timbre: la policía. y se decidió: -Amigos míos: tendré que llamar a la policía. Lulú. lector. ¿podrías deducir tú -al igual que Alvaro­ quién es el ladrón y qué 10 delató? .. Sergio. un int~nto de desmayo de Laura y sollozos de Lulú. él su ludo. Los Gómcz. sentado junto a la dueña de casa. muy helados. con ojos ausentes. Víctor sostenía firme el vaso de whisky con hielo que no había abandonado en toda la noche. porque entre ustedes está el ladrón. no es difícil de adivinar: voces airadas. el dedo de Alvaro apuntó a uno de sus invitados: -Creo. ! iPero muy heladas! ¡Eso fue lo que sentí en el cuello' ¡Unos dedos muy. famoso por su eficiencia -y también por sus grandes orejas-. corroboraron su afirmación. y bien. Lo que siguió. mientras el dueño de casa se dirigía al teléfono. que esa es la persona culpable. Las pesquisas del ins­ pector. y sucedió que no se equivocaba. se abrazaban. Laura. miraba con ter­ quedad un punto fijo del cuadro de Pacheco Allamirano. y luego el pequeño lirón! Miró trémula a su esposo.. fruncido el cci'¡o. señor inspector. Alvaro observó a sus invitados uno por uno. -¡Manos . movía nervioso el pie. Cuando el inspeclor Soto irrumpió en el living. muy juntos. jugueteaba con sus cadenas de oro. recostada en el sillón.1·\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 15 -¿ De qué hablas? -preguntó la voz tensa de Sergio. por su parte.

S. Nombre femeninu para sonata. 4.c1osio Oteíza. Letra demustraliva. Nota musical (in". Cumplía cincue'1la año. Tcc. 7. 2.bebestible ql1i tasueüo. J-:/'{/J'I tornasoladas. Amiga de Pedro de Valdivia. Fruslrado volador.1(. H. CoLores para este cuento. Niña judia que escribió Ull diariu de vida. Nace con la aurora. Intentó desnwvarse. ID. Organizaciún de Elefan­ tes Latinoamericanus. Repetido. De carnes suc'ltas. En la Biblia. 11. Sud América. 13. Terceras alfabéticas. Vucales Jistintas. 12. Le fallÓ la ola para coronar una santa cabeza Cuntracciónmetálica. Festiva comiluna. esta palabra habría sido mu\ tozuda. Condimen lo par-a el arroz a la va lenciana 11. Silenciosa forma verbal por la que se camlna (inv.). Color . 8.J.o f3mosa la l. Deesla rnanera. Se prueban en la adversidad.).le su auulori­ da pala. Para el lvhiskv de lilctor. 7. 5. sería duro [rUlo ll'<>pical. 6. Un kmidu huno.). 12. Función o papel.Horapa ­ ra W'/a sorpresa. 6.). Apellido de pintor admirado por SergIO. Tres consunantes vibradUl·as. 2. Suálil COI'I alli/lo (inv. 9. Aciverbio positivo. Ultimo (rago amargo para Sócrates. nuera fiel. . Cesio. Ninguno.>. 3. Verticales: l. Pinocho hi'/. 4. Bello griego. Vacuno. Con "a" final. Pusesivo nombre de acll'iz norLeamericana. Súbditos del Avatolah. Medio gato. Ato. Prometéis (inv. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS PERLAS GRISES 17 ('RUCIGRAMA DE LAS PERLAS GRISES 11(1' I/olltales: J O_ Para pescadores o depurtistas. 3. Arduo trabaju seda-tejerle una bufanda. Quiere uecir "estú" (inv. '>. Instrumentus musicales que llenan billeteras ita­ lianas. Un raton lc sacó a él la espina <. Cubre. 1/11 suya. No los c0111et'as ni en el crucigrama ni en la vida. Devastaran. Constelación peluda.

. entre algodones. y siguió durmiendo. envuelta en su bata de levantarse floreada. -¿Síii? -contestó esta. Ante sus ojos quedó una cajita ovalada. -¡El collar! -gritó. Emilia tosió varias veces para ver si su hermana se des­ pertaba. con un almohadón sobre la cabeza. Alzó la tapa. y allí apareció. luego de besos y grandes abrazos. pero ésta. ahora con mejor resultado: -¡Emilia! -llamó la mamá. tratando de no romper el lindo papel de seda. apareció entre las sábanas. ven. abrazando a su madre una y otra vez. Luego de media hora que le parecieron cinco. -Emilia. Se levantó presurosa. 15 años) Emilia abrió los ojos muy temprano esa ma­ ñana. escuchó un ruido en el dormi torio de sus papás. tratando de parecer casual. y se dirigió a la sala de baño. y su primer pensamiento fue: ¡hoy cumplo doce años! En la casa todos dormían.arl8s. exaltada. mur­ muró unas palabras ininteligibles. con ese mechón que caía sobre su frente todas las maii. y abrió de inmediato la puerta: en la amplia cama matrimonial la esperaban su papá. Carraspeó al pasar frente a la puerta del dormitorio de sus padres. Los ojos de Emilia buscaron con disimulo un paquete que. No se hizo esperar. y su madre. Lo desenvolvió con dedos ágiles. entra -escuchó ahora la voz del papá. ese collar de pepitas azules que tanto había admirado cada vez que pasaba frente a la joyería que quedaba cerca del dentista.EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS (Idea original de El vira Balcells.

el dibujo de un gato con lazo a lunares. Después de algunos minutos llenos de exclamaciones y risas en los que todas se probaron todo y dejaron la cama hecha un desastre. Nicky. pro­ puso salir al jardín. entusias­ ta. muy consciente de su papel de anfitriona. Hasta que un ruido de campanitas la hizo abrir el otro ojo. -¡Emilia! ¡El collar I ¡Póntelo! Emilia lo hizo pasar por sobre su cabeza y sal tó tres veces en el mismo lugar. pero. -Saltar baldes llenos de agua -explicó Emilia.Ya me lo probé en la mañana... ¡gracias! _¿Y yo no sé también. Las amigas examinaron la palera de hilo -regalo de la abuelita-. sin miramientos. Nena. Tere y Fran.. -¿Y qué es eso? -preguntó Claudia. dando un ágil trote con sus zapatillas deportivas. como niña chica que aún era: -¡Mira. -¿No te lo vas a poner? -preguntó Fran.. De inme­ diato corrieron al dormitorio de su amiga para admirar los regalos. -¡Me ofrezco para ser la primera! -gritó Tere. mi mamá sabía. . . rodeada de bebidas v confites. mi­ rando de reojo sus impecables y nuevos zapatos blancos. aterrizando sentada. -Es que . Luego de comer y beber hasta que la mesa quedó casi vacía. pero seca. -¡Eso es lo entretenido! -exclamó Nena. Ya les tengo unjuego organizado: el saltinotemojcs. papito. aún intacto. Tere! Tere retrocedió varios pasos y. ¡mira! ¡Mira lo que me regalaron .l) TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 21 -¿ y a mí no me toca nada? -rió el papá. Entonces dio un salto en la cama. acaso. obra de su hermana. sí. de tus gustos? -El papá levantó la almohada y apareció un enorme mazapán con chocolate v nueces. -No.. el mazapán. -¡Ohhhhhhhh! -exclamaron Claudia y Tere. pasó por encima de los baldes. encantada con cse ruido cristalino que producían las cuentas al en trecho­ L:ar-. co­ rrió a su dormitorio y echó hacia atrás la sábana que cubría el rostro de su hermana. i Lo que van a decir mis amigas! . pasaron al comedor. -¡Me carga saltar' -comentó Carla. Pero ahora los regalos estarán en exhibición -respondió la festejada con una sonrisa. con expresión de saltado­ ra de vallas. Emilia dispuso cuatro baldes en fila y los llenó de agua con la manguera. -¿Saltar baldes? ¿Y si nos mojamos? -alegó Nicky. -Carola. -¿Juguemos a la pelota? -animó Fran. ! Carola abrió un ojo y refunfuñó. -¡Qué salvaje! -comentaron Claudia y Nicky. qué lindo sonido tiene cuando una se mueve! ¡Es el primer collar de verdad de mi vida! -dijo. y obligaron a Emilia a abrir de inmediato los obsequios que ellas habían traído. -¡Listo! ¡Toma vuelo. Carla. Y esta vez. de una sola vez. Emilia estaba eufórica. Allí una enorme torta de merengue con doce velitas se veía muy tentadora.-­ Las amigas de Emilia llegaron todas juntas a las cinco de la tarde: Claudia. partió corriendo y. Emilia. Nena. Tere y Fran se acercaron a tocarlo.

Y las niñitas. con un bostezo. turnándose con Emilia para llevar los cómputos. La festejada. en alegre griterío. se había unido al juego y. levantando los baldes y llenándolos nuevamente con agua. regalo de la mamá de Emilia. se dirigió a su dormitorio a guardar los regalos. miró debajo de la cama. muy avergonzada. Se unieron a la búsqueda el papá. La tarde llegó a su fin. logró varios puntos al saltar como una rana. pero lo supo al día siguiente. Has­ ta Carola. el pqro incluido.la mamá y Carola. Lector: ¿podrías tú ayudar a Emilia? (. Eran las ocho de la noche. . Se te ocurre cuál de sus amigas podría haber sacado el collar? Y si es asj. porque la culpable. inicia­ ron la competencia con difíciles piruetas. Miró el desor­ den de su cama. entra­ ron en el living a escuchar música. Su rodilla derecha estaba magullada y ella a punto de llorar. -Descansa un rato -dijo Nena. pese a sus estrechos jeans. hasta que se convenció: su collar había desapa­ recido. regresó con él. Algo llamó su atención. Ya los pOCOS segundos se oyó un estruendo seguido de un chapuzón.apatos con ojos de angustia se levantó del suelo entre baldes volcados. Poco a poco el timbre fue sonando y las invitadas se retiraron cada una con una barra de chocolate en la mano. siguieron por largo rato entre saltos acrobáticos y gri tos estruendosos. Las otras. ¿cómo le diste cuenta? Emilia no pudo descubrirlo. Ante los gritos de la niña llegó toda la familia. Una Nicky empapada y mirando sus z.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS 23 Se oyó una ovación. Las amigas. ya cansadas. levantó la almoha­ da y la colcha. junto a Emilia y Carla. a formar parte del grupo de las sentadas. Carla aplaudía sentada en una grada de la terraza. Removió entre los papeles de regalo. una a una. con su aire de hermana mayor. No hubo caso: el collar no estaba en la casa. hurgó en trc los pliegues de la colcha y rescató sus obsequios. -Va ganando Tere: tres saltos y ni una mojada. Nicky pasó. -¡Espérense a ver esto! -gritó Nicky. Todas se animaron.

Contracción. Ponce y Rodríguez: ¿están listos? Ponce asintió con un gesto. en cambio.). Motivo de la fiesta. La primera que saltó los bal. Para deci r lo que debas. Instituto infantil.). Víctor Ponce. Arreglo un desperfecto. Regla y consonante (inv. Medio roto. Consonantes para nene. para un pobre cajero exhausto? -¡Ay. S. 10.lks. con lazo a lunares. 5.). Tiene cinco misterios. de pepitas azules. Su compañero. el crespo cajero con chaqueta a cuadros del Banco Muchosmiles. 2. Oasis del náufrago. Conducto sanguíneo (inv.. que no contribuía en nada a facilitar sus movimientos. 11. Ave parecida al pato. Para monjas es este titulo. Emilio. Del aire (plural). Cuando bulle el agua. lUvo muchos.'. 10. 8. Espantamoscas vacuno (inv. 8. 9. En este libro hay trece. Pronombre (inv.. salió de su ofici­ na y con voz cortante ordenó: -Señorita Pussy. Recunid.1 TRECE CASOS MISTERIOSOS CRUCIGRAMA DEL REGALO DE CUMPLEAÑOS Horizon tales: 1. Escuchad. 11. no los tengas en la lengua. Afirmación. EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES Verticales: 1. 9. Señor campesino (in v . lanzaba rui­ dosos bostezos luego de esa mañana agitada: era el último día del mes para pagar impuestos fiscales. secretaria de don Pedro Retamales. . Si cae en buena tierra. Querido nombre del poeta Nervo. En ella se sentó Carla (inv. dará buen fruto. Saludo para el César. 6. Era. Onomatopeya para patos (inv. avise al guardia que ya nos vamos. 7. de es­ pesas cejas y barba negra -que más lo asemejaban a un artista bohemio que a un empleado de banco-. Carrera acuática. empinada sobre sus cinco centímetros de tacos y ali ­ sando su ceñida falda negra.). -Termina de hablar por teléfono. 4. 3. Sangre de los dioses griegos. por ahí. En esos instantes Retamales.).Quieras (inv. Usaba zapatillas deporti­ vas. Número de años pc.). chiquillos: no pidan café a esta hora! ¡Estoy lista para irme! -¿Y el jefe? -levantó la voz Rodríguez para preguntar. Inglesa red que sostiene al revés. y como siempre los clientes habían llegado a última hora. terminaba de hacer el arqueo y anotaba unas cifras en su libro de registro diario. Laura Rojas.). 13. Triunfador. Género aterciopelado y acanalado (inv. ajustó su chaqueta y preguntó en tono meloso: -¿No sobraría un cafecito. pelotas y mariposas. Atrapan peces. Es en los Estados Uni ­ dos. Principio de ópticos. En el cUlm/o. Río italiano. ella silba. Alimento de bibliotecas. Natas pequeñas. Cumpleañera. 7. Escozor. Se abrió la puerta de la oficina de la gerencia.ban llenos de agua. 6. 4.). 3. 12. Interjección apurete para animales. Ponce. Quieres con locura (inv. la señorita Pussy. Plata. Juan Rodríguez. Conjunción inglesa (inv.).). Textual. . 2. Esta.ra Emilia. el gerente. y también parte . Letra griega.. 12.) Seis de la tarde. salió a pasitos cortos. Juan Rodríguez ni siquiera levantó la mirada. Nota musical.

-Señor Retamales. -Señorita Pussy: llame por teléfono a la cenlral. Ella. Pero antes de que pudiera apretar el gatillo. -¡Viene el camión blindado. dejó caer el abrigo de sus hombros y lomó el auricular más cercano. En medio de una angustiosa respiración que lo D~ . esperaban. desenfundó su arma. señor! -dijo con gesto de sorpresa el guardián. estamos listos para ir a la bóveda -dijo Ponce con tono respetuoso. afuera. mirando la hora. Pero no alcanzó a discar: un estam­ pido hizo añicos el vidrio de la enorme mampara central. Pero ya tres hombres vestidos de guardias se acercaban a la puerta de en trada. Cuando los dos cajeros se aprestaban a obedecer'. la puer­ ta vidriada del banco dejó ver en la calle una camioneta gris que se estacionaba al frente. y tres hombres irrumpieron. donde se alineaban clasificados v amarrados con elásticos los distintos billetes. Los hombres. con el abrigo sobre sus hombros. La señorita Pussy. ya con una caja entre sus manos. -¡Nos vamos. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMJLES 27 -Sí -dijo Rodríguez. Santelices preguntó: -¿Abro? -Aguántese un poco -dijo el gerente. apurado por irse. Llévenlos ahora mismo -dijo el señor Retamales. El guardia. nerviosa. pistolas en mano. -j No puede ser! ¡Hoy no corresponde! -El gerente frun­ ció el cel'io. Santelices! -musitó con su voz de gato al alto y fornido guardia que infló un poco más su pecho. -Bien. Los cajeros se dirigieron al gerente. explicó a su j~re: -Son dieciocho millones y fracción.(. rápido. cami­ nó con aire inseguro hacia el guardia que aparecía tras una columna. un chorro de líquido helado lo paralizó. Rodríguez.. y verifi­ que si ellos enviaron el camión blindado a recoger el dinero -ordenó eljcfe a su secretaria.

. No había pasado una hora. hoy sí. y.. Todos ellos vieron cómo el vehículo se alejaba. dijo inseguro: -Las revisiones al sistema de alarma son diarias. Y nadie extraño al banco conocc su funciona mien Lo.. -La voz autoritaria del señor Retamales tenía un tono de incredulidad. miraban a los tres hombres de uniformes azules que huían con las cajas de billetes y subían a la camioneta. Estos. y volvió a levantar la cabeza. y yo . Santelices se sintió sujeto de brazos y piernas. En verdad. Cayó de bruces al suelo. -¡Ya se la di' -advirtió la secretaria.... -Usted habla de vidrios quebrados. -Bueno. ¡Y se mandaron cambiar con el dineral . se esforzaban por recordar cada detalle elel atraco. senta­ dos frente a él y aún temblorosos. a los demás. el guardia. y añadió-: ¿Solamente ustedes cinco estuvieron aquí en la tarde? -Sí.. -respondió la hablantina sel10rita Pussy..f. la versión de cada uno de ustedes del atraco. -En tonces. mien tras se abanicaba con un talonario de dcpósi los-: pri mero fue la explosión en los vidrios. tratada a empujones y sin ningún mira­ miento . -Bien. bien. A mí me dejaron en esta misma silla.. inspector-gimoteó Pussy. también con los pies atados y las manos presas a sus espaldas. Santelices. boca abajo sobre el suelo.. El gerente y los dos cajeros.. los lanzaron al suelo de un solo empujón . inquisitivo. señorita. y no hay que ser demasiado perspi­ caz para darse cuenta de ello -Soto los miró.. tranquilizándola con una sonrisa. nadie había escuchado los timbres de alarma.el otro nos encañonaba. ¿y nooyó el ruido de las alarmas? Los cinco empleados se miraron con desconcierto. y con la presión de una enorme tela adhesiva en la boca. ' / ' .. vio a la señorita Pussy tiesa en una silla. -Sucedió todo como en las películas..... con una tela en la boca. con un chirrido de neumáticos.. algo asustada. -Contó sólo el principio: siga adelante -dijo el inspector.. raudo. Yo lo revisé a las tres de la tarde. cuando Santelices pudo mirar a su alrededor. de pies y manos. a ver si no me falla la memoria . con detalles. es evidente que alguien del banco desconectó el sistema. incluyendo a mi jefe.'¡ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ATRACO AL BANCO MUCHOSMILES 29 hada toser. aún en espera de respuesta. tratando de acomodar su melena ondulada. -Soto acarició el lóbulo de su oreja-o Necesi­ to.. mientras que un tercero nos amarró uno a uno. Luego que uno paralizó al pobre Santelices con ese aerosol horroroso -iY no se imaginan cómo tosía!. El inspector anotó algo en su libreta. señor./ -----=---=-----=------­ ~ . Todo esto transcurrió en menos de un minuto. mientras sus enormes ojos maquillados clamaban por socorro. -Exactamente.. luego el pobre Santeli­ ces paralizado.. y ya el inspector Soto interro­ gaba a los empleados del Banco Muchosmiles. maniatada y con mordaza.....

. -Ustedes dicen que ]a camioneta estaba estacionada frente a la puerta. de la comuna de La Reina. que todos han apwbado como fiel a la realidad. también contra el piso. la verdad salió a relucir. -Exactamente -respondió Ponce. El lápiz del inspector trabajó a toda velocidad. -o sea. Pero luego de un largo interrogatorio. hagamos una reconstrucción de escena -dijo. Hasta que. debo decirles que uno de ustedes mintió. -¡Ay! ¡Qué horror! No vayan a ser terroristas . qué me puede decir? -El inspector miró a Rodríguez. Los empleados se pusieron de pie. ~ Soto.. -¿Así? -y Soto levantó su dibujo para quc tudo~ rano J() vi. que duró todo el día siguiente.. luego de unos instantes. Eso delata a alguien que quiere entorpecer mi labor. y quien había desconectado el sistema de alarma para facilitar d trabajo de los ladrones terminó confesando su acción.. sobre la nariz. y se preparó a dibujar. malo . -musitó Soto.JU TRECE CASOS MISTERIOSOS ELCASODELATRACOALBANCOMlJClI(}~MIII'" \1 -¿Alguien quiere agregar algo a lo dicho por la señorita? -interrogó Soto. tenía razón. Los cuatro hombres tomaron la misma posición en que los habían dejado los asaltantes: el señor gerente y los dos cajeros. o sea. inspector. los ojos de Soto se iluminaron y sus orejas parecieron crecer. Lector: ¿qué hay en el dibujo ele SulO que Ik \'él a la evidencia de que uno de los empleados minlió') . ya que ese mal­ dito gas me dejó fuera de combate y con la mente confusa: sólo trataba de recuperar mi respiración -expresó el guardia.' -¡Así! ¡Ay. -Corroboro lo que dicen mis compañeros. uno tenía un lunar entre los ojos. Y ese alguien es u5led. Los cajeros se miraron entre ellos y la muchacha suspiró muy fuerte. moreno y con enormes ojos oscuros! Podría decirse que tenía aire oriental -advirtió el gerente. -Los tres eran morenos y de cuerpos más bien fornidos -siguió Ponce-. y siguió mirando el dibujo. y creo que puedo agrcgar algo: estoy casi seguro de que la patente era EE. Y si mal no recuerdo. mientras Santelices. -Por este dibujo. que continuó en su asiento. También leí los núme­ ros. Su dedo casi toco la nariz de la persona aludida. Una vez terminado el boceto se quedó contemplándolo unos minutos. qué bien dibuja. -Yo diría que está perfecto -respondió Rodríguez. salvo la señorita Pussy. de pronto. -A ver. El inspector se veía pensativo. -Malo. tumbados en el suelo como sapos. Abrió su libreta en una página en blanco. El gerente se mordía las unas.Yo difícilmente podría aportar mucho. ¿no? -puntualizó. me hizo igualita! -se admiró Pussv. El personaje acusado se defendió y negó su eu] pabilidad. malo.. con aire cabizbajo-o ¡Ese condenado aerosol fue más rápido que mi pistola! -¡Recuerdo que uno de ellos era muy alto. otra vez. -¿Y usted. pero con el nerviosismo no pude retenerlos. en ~l dibujo no hay ningún error -insistió el inspector. ¿Se imaginan que me hubieran raptado? -gimió Pussy. tosía en forma estrepitosa para hacer más veraz la escena.

frente al espejo. se decidió a llamar a la empleada. 3. Muchas veces. Verticales: l. 2. Como Rodrfguez y Porlce. 3. se imaginaba nuevamente a punto de salir a uno de esos saraos organizados por sus excéntricos amigos. -Es por oCulpa de Roberto -se confió a la cajita. su mujer.TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA (Idea original de Elvira Balcells) CRUCIGRAMA DEL BANCO MUCHOSMILES Horizontales: 1. Alcohol para tortillas en llamas. No lo dices. 2. auLor de Antai. 10.. 11. 8. Mar inglés (inv. Inteljección telefónica. Ursula Yáñez. Es que Nidia.). lo primero que hacía era coger del velador su dorado objeto y hablarle como si éste tuviera vida. Batracios mirones. en compañía de su marido ya muerto. Nombre chino. Abuela alemana. S. Empleáis (inv. ¡Qué diferencia. y apretaba como una gargantilla. es tan exigente . 4. Aunque no eran ni las siete de la mañana. volvió a tomar la cajita con manos temblorosas y susurró: . la de esa vida mundana que la hacía llevar su esposo. Si es largo. Cierto y de san­ gre azul. Voeales cuadrillizas.. 11.). Erase una vez una vieja muy sola.). Pueblo indígena pre­ cordillerano. pero. Ingenuo. 9. Artículo neutro (inv.. 5. en vez de buscar el consuelo de un amigo -pues ya no le quedaban. Barbudo escritor chileno para niiios. Antes de ser pescado (inv. Apura. 9. Señoras para Adanes (inv.). Muere por la boca. Región de famoso mago. Apellido del gerente (inv. con la solitaria vejez del presente! Entonces. símbolo para ella de un antiguo esplendor.Tse Tung. Número de cajeros. Atrévete.. 6. luego de levantar su tapa-o Este sobrino mío. con la túnica de seda india sobrepuesta sobre su empequeñecida figura. 10.). 7. 7. Así. antes de hacerlo.se aferraba una vez más a una vanidad: su cajita de oro. Todas las noches.). Cartas geográfi ­ cas (inv. la triste anciana. hibernadora mamífera. 8.. 4.) En la fábula se infló hasta reventar. Las cinco vocales revueLtas. prometes car­ ta (inv. antes de acostarse. Zoila Uribe.).. Orejuda inspectar. Media amiga de Tobi.). Míster. 12. Plumífero remedón. Doña Sara palpó su garganta: le pareció que el dolor ascendía por su cuello. abría la anti ­ gua arca de madera tallada para contem­ plar los vestidos que usó en su época de gloriosa juventud. Periodicidad de revisión al sistema de alarmas. todas las mañanas. Tenía por única alegría vivir de sus recuerdos. Habían llegada a última hora (sing. Deja a un lado. Color {le unif017ne:s de asaltantrs. 6. siempre con sus proble­ mas de dinero que yo no puedo solucionar . Terminación verbal. Secretaria del gerente. Nombre del Baru:o. Ese martes doña Sara amaneció con un pequeño males ­ tar en el pecho. .

-La voz de doña Sara era imper­ ceptible.. Roberto: te lo ordeno.. me siento muy maL.. -Shhh . con su blanca cofia iluminada por los rayos de la luna. ¡Llama a la policía! -No la engañaré. tía: iré a su casa y revisaré el velador. Si no está su joya. la cajita . poniéndose rápidamente de pie para encender la luz del vela­ dor. Necesito que revisen el velador: la llave está puesta. una enfer­ mera... la cocinera. Si ha sucedido lo que pienso. desplomada sobre su almohadón.. -Llama a la ambulancia -ordenó a la joven con voz de mando-o La señora se nos muere .. avisaré a la policía. .. . -La llave . Roberto... -Roberto.l~ -Mañana seguimos conversando. que corrió hacia el lecho. sé que me robaron el zafiro de la cajita. El sobrino alzó la mirada y se encontró con los ojos de la enfermera. Se lo prometo. La vieja sintió los pasos de Gladys que subía la escalera. por favor. Doña Sara abrió los ojos. un ojo resplandeció: incrustado en un en­ garce de oro. Entonces cerró de un golpe el valioso objeto y 10 guardó en el fondo de su velador. Observó el rostro de la viejita y.. llama a la policía . y no debo arriesgarme a que sepan de ti. Doña Sara hizo un enorme esfuerzo y se incorporó a medias en la cama. Gladys salió corriendo.. No es bueno que se agite... y cerró los ojos. -La cajita . no se agite.Tranquila.. Cerca de la ventana. hijo ... Esta suspiró.. En respuesta.. un enorme zafiro lanzó sus destellos azules.l4 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DONA SARA . luego de humedecer un algodón con agua. -¿Quiere agüita. La anciana perdió aliento. El sobrino palmeó con cariño un brazo de la enferma. se mantenía en silencio. Pero doña Sara alcanzó a oírla: -No. En el momento en que iba a echar lIavc a la cerradura del cajón. -Pero. tía . en el fondo de lacaja... no me engañes. Roberto levantó los hombros y la mujer le mur ­ muró: -Sígale la corriente.. -¡Me lo robaron! ¡Lo soñé! En ese momento.. señora? -susurró la mujer. señora. Roberto abría la puerta de la pieza. -Roberto esbozaba una sonrisa. doña Sara. -¡Tía! ¿Cómo está? -Su cara se veía preocupada. yacía sin sentido. aliviada. tranquilita -dijo la enfermera en tono amable. lo pasó por esos resecos labios. lo soñé. nuevamente un dolor la atenazó. . ¿Por qué se imagina esas cosas? -Lo soñé. -Robertito. La anciana trató de hablar. le vaya dar agüita de la llave. Roberto se acercó entonces a su tía: -Tía.. Tocó las manos frías de su patrona e inclinó su cabeza para escuchar su respiración: la anciana emitía un débil quejido. Cuando Gladys entró en la pieza. Aunque estoy seguro de que nada ha sucedido. la policía . A los gritos de la muchacha llegó Petronila.

. Y con un leve movimiento de su índice levantó e hizo caer la tapa del dorado objeto con un crujir de bisagra. -Un valiosísimo zafiro azul -respondió el sobrino. pues. --El índice ele Roberto frotó con nerviosismo su barbilla. Petronila.. y la quiero mucho. Soto carraspeó y movió sus grandes orejas.Tengo las mejores referencias de usted. señora Petronila? La mujer caminó con lentitud y su gruesa voz retumbó en la casa: -¡Gladys' ¡Niña.. acotó: .Yo lo sabía. con una sonrisa un poco forzada. inspector Soto... -¡Ni idea! -sonrió la muchacha con displicencia. y tiene la manía de guardar todo con llave. Roberto. ~¿Alguien más estuvo ayer en esta casa? -preguntó. Y entonces me enteré de que ella estaba en la clínica. murmurando-: A estas jóvenes modernas lo único que les inte­ resa es la ropa y el peinado. -Aparte de la Gladys y yo . Gladys emi tió un silbido.. pero cerrada.. ¡Segul'O que se está aneglando! Petronila no dejaba de tener razón: la muchacha venía muy maquillada y a su paso dejaba un fuerte olor a perfume..~i • TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 37 A las ocho de la mañana el inspector Soto estaba en el oscuro salón de doña Sara. -1. don Roberto sabe .. decía con voz gruesa y firme: -Pobre señora. muy serio. don Roberto! Soto desvió la mirada hacia el joven. y tantas veces le dije a mi tía que ese no era un lugar para guardar algo así. -¿ Usted sabía lo que guardaba su patrona en esta cajita? -¡Ni idea! ¡No la había visto nunca l La señora es bastante desconfiada. -¿ Síii? -¿Sabe usted por qué estoy aquí? -fue la pregunta de Soto. -Pero. Petronila. -¿Podría venir Gladys. la cocinera. y Petronila se llevó una mano al pecho: -¡Qué descuido' . ¡usted. ¿cuán seguido la viene a visitar? -Como una vez al mes. El inspector se dirigió a la cocinera: -¿Y usted.. pero ¿qué guardaba exactamente ahí la señora? -preguntó Gladys. sabía lo que guardaba la sellara aquí adentro? -Bueno. ¡Quién se iba a imaginar que había una joya adentro! .. El inspector no respondió. . Sé de sus muchos casos resueltos con gran éxito.n eso la Gladys tiene razón -comentó Petronila con tono resentido. -Perdón. -Bueno. -comento Pctronila con ex­ presión maliciosa. -¿La viene a ver muy a menudo? -Es mi única tía. Primero la enfermedad. con la cajita cerrada entre sus manos . yo había visto esa cajita. ven rápido! -y regresó junto al inspecto¡'. inspector. pobre señora . Soto meditó. con su albo delantal sobre el uni­ forme verde. y ahora esto. Miraba con insistencia la pun­ ta de su zapato. -¿Ya qué vino? -Bueno . a ver a la tía.

Quedé . qué picante! Sonido para gallina. . 7. Malvada mujer. Si se atOran lo harán (inv. Anciana. Destino. 9.). Huracán. Petronila o Rober­ to? Responde. Soto discó un número. Regalen. Le faltó un tin para ladrar. Prenda de veslir que SOlO miraba corl insistencia. Según Pelroru"fa. 9.. 4. Letra bailadora (inv. 12.). El que calza 50 lo es. 10. 6. Igual que Petrol1ila. Envía de inmediato un radiopatrullas a Irarrázaval4074.).). Balbuceo de bebé. Dos vocales distintas. 5.). ¡Cabeza de tuna! Cilindro. Medio progeni loro Portar. mostró uno sobre la mesita de caoba. 4. Sobrino.). Infiniti­ vo para enamorados. 11. Avalúa (inv. -¿Dónde está el teléfono? -dijo al fin. Liga de Nuevos Astronautas. ). 12. Z 2. AhE se guardaba la cajira. solemne. Repetido es un mono. maullaría. Al mismo nivel (inv. Bahia (inv. MIS'I'I':R/OSOS EL CASO DEL ZAFIRO DE DOÑA SARA 39 Se produjo un silencio. 6. Peñasco (inv. Color de cajitas para dmia Sara. 8.. Se equivocó tanto que le puso tres "r" en vez de dos. Si tuviera nna "u" al final. Naciones. 7. Lector: es tu turno para dilucidar el misterio. Término de rebaje para costureras. 3. Ascelldra por el cuello de dOlía Sara.). (inv. con su índice. Gladys lo era. 2. Disco que detiene a los automovilistas.).). tengo al ladrón. Verticales: 1. Nota musical (inv.). por supuesto. No provoques la de los dioses. Le dicen al evangélico (inv. y da tus razones. Le dicen a Elena. Terminación verbal. Apuran. 11. ¡Huy.ra preciosa del cuento. Alegra. 8. Rascó pacientemente su oreja. Seflor.).t11 11\1:\'10: ('AS(). Gladys. 13. 10. Póngale dorado. También ilustró los cuentos de Grimm (inv. Piu1. 5.). Lo hice cuando me con ­ taron un chiste (jnv. Consuelo de dalia Sara. Sí. ¿Quién robó el zafiro azul de doña Sara? ¿Gladys. CRUCIGRAMA DE DOÑA SARA Horizontales: l."in Uave. su voz sonó seca: -¿Aló? ¿Raúl Olave? Aquí Soto. Luego de unos instantes. Todos miraron al inspector ras­ carse pacientemente su oreja izquierda mientras miraba un punto fijo en el techo. Altículo neutro (inv.

' -Dime. -Gracias. páseme las llamadas pendientes. por favor. No habían transcurrido diez minutos cuando Soto. Silvia.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS -¿Aló? El inspector Soto. Heliberto! Habla Juan Mancilla. -¿De parte de quién? -inquirió una secretaria rubia. -¡Lástima! Estaré allí lo antes posible. -¡Juan l ¡Gustazo. . dígame. -¿El señor Mancilla? -preguntó Soto.. creo que me di cuenta muy tarde: estuvo la hora de colación de por medio. y cuatro secreta ­ rias vestidas de verde y azul lo miraron expectantes. -Con él. seüoritas. hombre! ¿Enquétepuedo servir? -¡Problemas Necesito tu ayuda . -¡Hola. -Heliberto Soto. -El inspector Soto estará aquí en un ra to más. solícita. El señor Mancilla salió de su despacho. cortés.. viejo. Mientras tanto. se presentaba en la oficina de abogados Mancilla y Hermosilla. Háganlo pasar. de terno gris y corbata de humita. -Esta mañana hubo un robo en la oficina: ¿podrías venir a verme? -¿Se ha movido alguien desde el momento en que lo descubris te? -Desgraciadamente.

. -¡Nadie más! Es una línea directa a mi despacho que no pasa por la central telefónica de la secretaria. alcohol. más o menos.. El inspector tomó una revista y se hundió en un sillón de cuero. Lo recibirá en cinco minutos. -¿Cuánto rato. pastillas de carbón. El señor Mancilla está hablando por teléfono. -Esta mañana me llamó mi socio. parches curitas. Rebcca? -preguntó una morena de moño... haga el favor de pasar.Te cambio tu dolor de muelas por mi maltratada co­ lumna . -¿Qué te pasa. a ver . ¡Anoche creí que me moría! -refunfuñó Angela. después de la escenita dc esta manana! -comentó Silvia. Cerró la puerta tras él y se encontró con el rostro preocupado dc Mancilla que lo saludaba con su mano exten­ dida. Me dijo que había olvidado su billetera en la que había un cheque abierto por quinientos mil pesos. -¿Y las secretarias? -En ese instantc habían partido a almorzar.EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS l' 43 TRECE CASOS MISTERIOSOS -¡Ah. abriendo el cajón de su escritorio-o Recurramos a nuestro botiquín de urgencia: ofrezco pomada antiséptica. . -A ver: ¿qué hay aquí? -dijo Rebeca. aho­ ra que 10 pienso . Soto. -La famosa muela del juicio -respondió esta con cara de sufrimiento. -¿Sí? .. rascándose con energía dlóbulo de su oreja izquierda.. -Soy todo oídos -señaló el inspector.y cuando fui a la oficina de mi socio ya el cheque no estaba en la billetera.. Se sumió en una atenta lectura. Una de las secretarias se quejó. -¡Otra puntada en el oído! -y la aludida se llevó la mano derecha a su oreja. -La secretaria dio una rápida mirada al tablero de la centralita telefónica que marcaba una luz roja. _¿ Quién más puede haber oído la conversación con tu socio? -Soto ahora rascaba su otra oreja. aspirinas. -¿ Quién tiene una aspiFina? -se oyó una tercera voz. y Silvia anunció: -Señor Soto.. -¡Si supieras cómo me duele a mí la cabeza. Soto se puso de pie lentamente y avanzó hacia la oficina de su amigo. gotas para la otitis. Raúl Hermosilla. ni siquie­ ra levantó la cabeza. crema humec­ tante para cutis seco. Pamela? -preguntó Rebeca. a ver.. aunque . . abstraído. -¿Qué te duele a ti.. sí! Tome asiento.. colirio para los ojos. En ese momento recibí un llamado de mi señora -que no fuc en realidad muy corto. por favor. Juan Mancilla comenzó su relato. .. hablaste con tu señora? -Mínimo un cuarto de hora: había un problema con uno de nuestros hijos en el colegio . En ese momento Una campanilla anunció que la línea telefónica estaba despejada. en el primer cajón de su escritorio. so­ bando sus espaldas con ambas manos. bajando la voz y mirando de reojo al inspector.

¡Alguien escuchó tu conversación por el otro teléfono! -exclamó SOlo-o ¿No escu­ chaste un dic? -En real. Con mirada de lince lo examinó de cerca. Una de tus secretarias tendrá mucho que explicar. tal era el polvo que cubría escritorio y estantes. pero nadie lo ocupa. y algo llamó su atención. Se volvió hacia su amigo. el caso cstá resuelto. Luego olió su dedo y lo frotó contra la yema del pulgar. que inclinó levemente su cabeza ante ellas. -Entonces está claro. -No te hagas ilusiones. En el fondo de la pieza había una puerta que Soto abrió: era el baño. mientras que el resto del artefacto está lleno de polvo? Estamos ante un ladrón que sabe lo que hace. seguido del orejudo inspector. confuso. mientras buscaba a su alre­ dedor. hombre. cuyo 1l'kfuno liene una doble línea con este. -¿Podríamos visitar esa oficina? -pidió el inspector. -Por supuesto.ídad no me di cuenta de ese detalle -dijo el abogado. en tre los pequeños orificios para escuchar. mi amigo. tú también. Cerró los ojos para pensar. sonriente. lo Mancilla le indicó una pequeña mesita. con mucho cuidado. Las cuatro secretarias vieron pasar a su jefe. arrinconadajun­ a la ventana. amigo. Cuando los abrió dijo: -Aunque no me lo cr·cas.1 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE lAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 45 En el segundo piso hay una oficina en desuso. levantó el fono. ¿Podrías tú decirnos qué? ¿Identifi­ caste. sin tocarlo. hasta llegar a un pequeño cuarto que parecía abandonado. Tocó con la yema de su índice la parte superior del auricular. Luego ambos subieron por una estrecha escalera. ¿Notas que el auricu­ lar está limpio. Entonces Soto. -¿Y el teléfono? -preguntó.1. -¿ Qué hay en esa ofici na? -Muebles viejos y un pequeño baño. Lector: Algo advirtió Soto en el auricular que lo llevó a identificar a la culpable. -¡Las huellas digitales! -gritó Mancilla. El inspector Soto se acercó y miró el aparato telefó-oico. a la secretaria culpable? ~ ~ . pues.

/0. Pronombre para el Cid Campeador. Nombre árabe que abre sésamos. In. 11. Como la Venus de Milo (iuv. Hay quienes io guardan bajo la manga.). Receptáculos para alma­ cenar papas. Lu abrió para buscar re/He­ dios. Prepusición dadi­ vosa. Cuidador de harén. Papel. Ant. Reja (inv. UrlQ de ellas le daifa a Parnela. Las da el cucú. '! SI tuviera una "i" seria un gesto nervioso. 3. Quinta letra. De c~ta manera. Usted. Posesi va.1/. Vert.). 3. Bicho de pucu precio /2\ I I \ \ \ \ \ \ Dale cuenta 6. Adverbio que a veces se descose (inv. 12. Pre· posición invertida. 7. 9. 7.). 5. Pri//ler o!i'ecinúe¡. Carga eléctrica (inv. Forma verbal que endereza. Agua francesa. Y. Dueña de su casa. Afirma y condiciona. 4. 11. Dios mahometano. Hay (o de letras y también de st'o I I I mula. Nota musical (inv. 2. Mancilla lo llamó en su auxilio. ['ara el cutis seco de Pal7lela. Las habla en el bOliquln de urgencia. 8. Por Poder. El del Lío no es literario. Tiene suslo (inv. Risa única. Ancianos.J. Antiguo nombre para Tailandia (inv. 13. OnomaLopeya ele esLornudo. Sala lo IocÓ con la yema de Sil dedo. 5. Mal de Rebeca.). CO/110 la //lirada de Soto.aclimo. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS 47 ('IWClGRAMA DE LAS SECRETARIAS QUEJUMBROSAS Ilol'Ízonlales: l. Faz onerosa. Dios (i¡¡v.). Nombre de Mancilla. Adverbío de canti· dad.e Meridiano.). 8. Como las cuatro jóvenes del cuell/O.). 4.). Calcular el largo. Parte dell/1dice con que el inspectur locó el auriclllar.icales: l. Igual que mal'ZO.IO de Rebeca. 6. 2. Mira y anda. Prot. Aniculo neutro (ínv. Si tuviera en medio una "o" golpearía. Hormiga inglesa. Estafar. . 12. Prenda de vestir para jóvenes.

que nunca la vamos a usar -dedujo Marcelo. -¿Puedo probarla? -preguntó Ignacio con ansiedad. -Me temo que no todavía si no tienen tampoco la licencia -se encogió de hombros Rodrigo. -O sea. Marcelo clavaba sus ojos extasiados en los rayos ele las grandes y potentes ruedas que hacían adivinar la velocidad que podían al­ canzar. -¡Nones! Ese es mi privilegio -fue la respuesta categóri­ ca de Rodrigo.EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA l' Marcelo. -¡No seas mal amigo! -dijo Gonzalo. Gonzalo. Gonzalo acarició el manubrio. entre serio y bro ­ mista. Rodrigo golpeó sus palmas. con las manos en los bolsillos de sus p31'clJados jeans. -No soy mal amigo: ¡ni yo la puedo usar aún! Prometí a mi papá que no andaría en ella hasta no tener licencia de conducir. aún con sus manos en los bolsillos y acariciando la moto. con gesto de desaliento. -¡Fiuu l -silbó Felipe. -¡Fiuuu l -fue la respuesta dc Felipc. tocó con la punta de sus dedos el acelerador manual. . ahora con su mirada. Los amigos se quedaron en silencio. -¿Te imaginas el impacto que yo causaría en Francisca si me viera llegar en esa moto? -suspiró Gonzalo. Ignacio y Felipe rodea­ ban la moto negra y brillante de Rodrigo. y elevó sus cejas en un gesto de admiración.

litaron. los cinco estudiantes de primer año de ingeniería se reunieron en la casa de Felipe. A las once de la noche. Después corrió por el barrio. la lluvia comenzó a caer copiosa. -jY teniendo esa moto. pero miró la hora y salió corriendo para alcanzar al bus que pasaba por la esqui­ na. -y Rodrigo colgó la llave en un clavo. porque -no cabía duda. ! -comen­ tó Marcelo. mientras empujaba SUélVL'l11enle el vehículo hacia el garaje-o ¡Acuérdense de la prueba de química de mañana' -¡Tener una moto nueva y pensaren estudiar.'10 TREcE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA '. por hoy se guarda -dijo. y se despidieron apresurados. y una puerta se cerró con un tenue chasquido. los amigos volvieron a reco¡-dar su prueba de química. el último en traspasar la reja de su antejardín. en el mismo lugar donde él las había dejado. sL~biendo el volumen de la música. Pero Rodrigo. Menos Rodrigo.. que miraba hogco a cada uno de sus compa­ ñeros. se veían ahora llenos de salpicaduras de barro. Todos bromeaban. Una mano nerviosa abrió la puerta y buscó bajo la mesa con botellas y tarros. y llegaron hasta el garaje de Rodrigo. A la mañana siguiente. antes de salir. los cinco amigos se levantaron temprano para ir a clases. Felipe y Gonzalo se alejaron arrastran­ do sus zapatillas deportivas. De inmediato. Luego. la misma figura repetía la operación. Marcelo. las manos en los bolsillos de los gastaclos jeans. bajo un mesón atiborrado de botellas y tarros de pintura viejos. Su único pensamiento. esquivando charcos.uno de ellos había sacado durante la noche su fabuloso regalo. Luego de dar una última ojeada a la moto y de preguntar a su dueño todo tipo de detalles técnícos. -¿Y vas a dejar la llave puesta) -se sorprendió Ignacio.[ -f:3LIL'l1o. pero a la inversa. -¿Estás loco? La dejaré escondida. Su ceño se endureció y buscó las llaves: allí estaban. un pélr de zapatillas blancas ".. la figura enfundada en icans empujó silenciosa la moto hacia la calle solitaria. invitados por este a tomar unas bebidas. llegaba a la puerta de entrada. -Estás con cara de funeral-comentó Gonzalo. andar así me parece increíble! -El tono de Felipe era de enojo. que fue difícil y larga. Alguien tendría que explicar muchas cosas. Uno a uno fueron entrando en sus casas del barrio. ya relajados de haber pasado la prueba. Tuvo un momento de indecisión. Ignacio. -Animo. hombre. Dos horas después. durante el viaje hacia la universi­ dad. ¡tan mal no te puede haber ido! -bro­ meó Marcelo. abrió el garaje para dar el primer vistazo del día a su Oamante moto. Cuando Marcelo. dirigiéndose al serio amigo. algo llamó su atención: las relucientes ruedas del día anterior y los impecables cromados que ha­ bían despertado La admiración de sus amigos. fue tener una rápida reunión con sus amigos y aclarar con ellos el misterio. Luego de la prueba de química. .

afladió-: Parece que hubo barullo anoche en tu casa . me dediqué a estudiar y luego me relajé con un superbaño de tina.... ' soy de sueño pesado . mien ­ un sorbo de su bebida. comí. me acosté. Todos lo miraron. -¿ Qué te pasa. ll. . -Es que . y me desperté esta maúana con el lihro en la cara. -¡Medio escondite! -se escuchó decir a MaJ-celo.'1HJ'CI'... Rodrigo insistió. Rodrigo)-preguntó Felipe. levantando hombros y manos en un gesto de extrañeza. ¿once.Tengo que hablar con ustedes a propósito de la moto -comenzó. Claro. mi viejo. serio. -Yo.Yo. -¿ y por qué dudas de nosotros? -habló primero Ignacio. Gonzalo) -preguntó Rodrigo. fui a ver a Fmneisca. dere ­ cho a estudiar química. antes de acostarme -dijo Felipe.. -Hasta las...~SOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA 53 parte.. afable. Los otros se miraron en silencio y. -Alguien sacó mi moto anoche y la dejó toda embarrada -dijo bruscamente Rodrigo. lindo... Mal'celo) -preguntó entonces el dueflo de la moto... . Rodrigo se puso de pie y apagó con gesto brusco el equipo de rnúsica.. Claro que no me pregunten cómo se llamaba. ¡qué importa I De ahí.. -¿Cómo) ¿No te enteraste? La expresión de Marcelo era de real consternación. no quisieron despertarte . -Porque son los únicos que conocían el escondite de las llaves. y salí tan temprano en la mañana . -Yo. -¿Y tú. y el doctor López. extrañados de su gravedad. -explicó Ignacio. sirviendo más bebidas en cada vaso.. -¿Qué hiciste anoche. después de estudiar. ¿Y cómo les fue en la prueba) r '-!JLT /J .. tuvo que ir a verla . vi la última pelÍCula de la noche .. con tono duro. _j Estos jóvenes l Sucede que a tu mamá anoche le dio un ataque a la vesicula. serían). pUl' SU C. intenté estudiar en la cama .\~ \ulllaba -¿Barullo? -se sorprendió el aludido. -Necesito que cada uno de ustedes me diga lo que hizo anoche. 1)'lldCjo.. Tengo derecho a pololear. Y dirigiéndose a Marcelo. antes de que dijeran algo. ¿no) -¿Hasta qué hora) -volvió a inquirir Rodrigo. En ese momento los muchachos se pusieron de pie para saludar a la mamá de Felipe que entr2lba en el living. porque era de esas antiguas . nuestro vecino. ¡Nadie me dijo nada' La señora sonrió. -¿Qué taP -dijo ella. sólo se encogió de hombros. -Lo que es yo.

-Ah. que contestó. mintió? t' D . -¿Tú también viste esa película maravillosa de la Doris Day? -Inició una nueva conversación la señora. miraba los dibujos de la alfombra... sí. porque ayer lo esperamos duran le el día entero. menos Ignacio. no aguanté la tentación -d"ijo de in media­ too Lector: ¿Cómo supo Rodrigo quién había sacado su mo­ to? ¿Cuál de sus amigos. -¿Y por qué tenía que contarles? -se defendió el amigo. desde la cocina.. mientras veía la pelícu­ la . supe que Francisca está con hepatitis. -Y... cabizbajo. se encogieron de hombros. algo molesto. i finalmen te!.. Rodrigo. El rostro de uno de los muchachos enrojeció: -Perdóname.4 TRECE CASOS MISTERIOSOS Los amigos abrieron la boca para responder al torrenle de palabras de la señora. Todos miraron a Gonzalo. ¿es el cartero el que acaba de tocar el timbre? -No -se oyó u na voz joven-o Es el gasfíter que viene a ver por qué el califont no funciona .EL CASO DE LA MOTO EMBARRADA <. Los jóvenes. se volvió a escuchar: -Señora. ama­ ble: -Solamente parpadeó un poco. la voz de la empleada. porque después del corte de luz que tuvimos anoche. para los muchachos. cambiando el tema. Cuando levantó la cabeza. can cara de "¡hasta cuándo'" Por suerte.. dirigiéndose a Gonzalo: -Lindo. prometiendo volver más tarde. Me dijo la señora del doctor Pérez que tenía para dos meses de cama . pero ésta. -Tan reservado este niño . algo pasó con la lámpara del baño . un poco mareados con tanta conversación. evidentemente. claro -respondió Ignacio. -¿Y cómo no nos habías contado? -preguntó Felipe. mirando de reojo a Marcelo. sin dar lugar a quc otro hablara.. ¡Todos los desperfectos vie­ nen juntos! ¿A ustedes no se les cortó la luz anoche? -pregun­ tó dirigiéndose a todos a la vez. -siguió la mamá de Felipe-. salió de la habi tación. siguió.. -Ahora sé que fuiste tú -afirmó.. sus ojos se clavaron en uno de sus amigos.< . -Sí. Ojalá que no suceda lo mismo con el electricisla. gritó hacia la cocina-: Laura. ¿podría venir? Ella entonces.

1 (1 1 TRECE CASOS MlSTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO CRUCIGRAMA DE LA MOTO EMBARRADA Horiwutales: 1. En el in le­ riur de la joyería El Zafiro Azul. Colón descubrió uno nuevo. los catálugos ordenados y en su lugar. y me iré direc ­ to a ]a cama: no me quieru perder. Verbo generoso. Triuufes. Todo parecía eslar en orden: la caja fuerte cerrada. 5. Hermano de tu mamá. las noticias de esta noche en la lelevisión. 3. 5. Nota musical que dobla. Le fctltó la "d" para un lítulo británi ­ co. InLerjección para pedir una espal­ da. 12. 13. Ata.). Eleva (inv. Uno de los amigos. El viejo empleado rel'unfuñó en voz baja y comenzó a pasar la aspiradora por la alfumbra.. Empleada que no se vio en el cuerllo. Dios egip. 11. Extra ­ ña.). Polola de Gonzalo. 9. -le con­ testó el viejo con voz cansada. anles dc salir. las joyas baju llave en sus escapara les. plural). Pablu Levi se abotonó el abrigu con cuidadu. 8. sobre el mesón del garCJ. Cumo ellas insislicran. Aída o Rlgoletto. Futuro verbal dadivoso. 7. El vieju les muslró su reluj y negó con la cabeza..). Los habíCJ. Dos versiones para la misma leLra. Las señoras hicieron un gesto de desalientu. 2. Interjección para lla­ mar a alguien (inv. Felipe se dio uno relajarl­ le. pasó el plumeru por . Unus golpes lu hicierun levantar la cabeza: eran dos señoras de aspecto elcgante. Después. Doclor delveci'·ldCJ. Los jeans de Felipe tenían más de uno. Nuevamente este dios alumbra. Las tre~ primeras sílabas de la antesala e1el cielo. 6. encendió un cigarrillo yrecorrió el lugar con la mirada. Ya eslaban cerrando los lucales comerciales de la calle Pruvidencia y las pesadas corti ­ nas metálicas caían una tras aira. Así quedó la 1'1'1010. 2. 14. español cronista del Reino de Chile. Como Carmen. Timoteu terminó de hacer el aseo. Verbos para hacer chuic o muac. 3. que con sonrisas y gestos pedían entrar. -Váyase tranquilo. Los yagas canLan esLa sílaba. Nota (inv. Lugar etílico. 4. Estoy muy cansadu. -Recuerda que mañana tempranu vienen a reparar l'l sislema de alarma -fueron sus úllimas palabras. Enamorado de Francisca. 6. 8. 7. además. Nené Cotelé. don Pablu Levi daba las últimas recomendaciones a su fiel ayudante Timuteo: -Cierra tú. 9. pur favur. Cuatro para Julio César. Rodrigo lo era de la molo. Besa con falta de ortografía. Señores Anísl'ls Olvidado~.je. EII'/'/óvil del cuento. Vuela por los dos lados. Yo me encargu. Aferra. dun Pahlo. For­ ma verbal que impulsa y mueve (primera per~o­ na. Felipe las silvió el1 su casa. Momento del día en que se descubrió la molo ernban-ada. Timolco señaló el cartel que decía "Cerrado" y les diu la espalda. () • Verticales: 1." cjo (inv. 10. y se alejaron del lugar situadu frenle al escaparate: fue rápidamente ocu­ pado por un vagabundo que se recostó jun lO a la pared. Apellido de Pedro. 4. Sujeli1. 10. Ensució la mo­ to. Casi tono.). Miau.l'lO. Vocales distintas. A este ballet folclórico chileno se le fueron a bailar las vocales.

se acomodó aún más sobre su bolsa de trapos y. Apagó las luces. . Echó una mirada distraída al hombre que acurrucado contra la pared roncaba con estruen­ do. ¿Cuáles fueron sus movimientos desde que don Pablo lo dejó solo en la tienda? . siguió durmiendo. insistente. y se sobresaltó con la bocina de un bus que casi pasa a llevar a un camión de mudanzas estacionado frente a la joyería. bajó la reja que protegía la entrada -pero no la visión de las joyas que brillaban débilmente sobre el peque60 escaparate-. ya sin luz sobre su cabeza. que reían con estruendo.. y caminó con pasos lentos hacia la estación del metro más próxima. y el tipo echado en la vereda. Pablo Levi miraba por turnos el escaparate desnudo. primero usted.. y levantó el auricular: -Investigaciones . Cuando la lluvia comenzó a caer más fuerte se apagaron súbitamente los faroles de la calle. con desgano. y arrastró sus pies hasta el perchero donde colgaba su abrigo. frente a la joyería. ¿sí? ¿Dónde.. Miró el cielo negro y amenazante. se quedó contemplando por unos ins­ tantes un collar de malaquita y plata -un tanto llamativo-.. Con la primera llovizna los transeúntes fueron desapare­ ciendo. -Vamos por orden. -¿Me creerá que hoy vendrán a arreglar la alarma? ¡Pa­ rece una burla! -gimió el dueño de la joyería. dio tres vueltas a la llave del canda­ do. Este dejó. el teléfono del inspector Soto comenzó a sonar. y se la guardó en el bolsillo. Soto elevó sus cejas y se dirigió al viejo empleado. sin importarle la lluvia. señor. icorrecto! Allá vamos. La joyería El Zafiro Azul estaba acordonada por la poli­ cía.. muy temprano. con el rostro tcnso y demostrando angus­ tia. se subió el cuello de su abrigo. . En su interior. Sólo quedaron el vagabundo y los hombres del ca­ mión. la taza de café sobre el platillo.IIH EL CASO DEL JOYERO ANGU'STIADO TRECE CASOS MISTERIOSOS 59 subre los mostradores. el candado roto de la cortina metálica que tenía entre sus ma­ nos y el vidrio quebrado del escaparate. dice? ¿Providencia? El Zafiro Azul.. dirigiéndose al inspector. Al día siguiente.

Además estaba lloviznando y . -¿Qué más quiere que le diga) Me pasé viendo televisión hasta las dos de la mañana y luego .. Timoteo? -Uno que se acostó a dormir apoyado en la pared de la vitrina. con calma. ¿A qué hora fue eso? -i nsistió Soto. ¿Sería tan amable de decirme usted lo que hizo anoche? -¿Yo? Bueno. la única joya qUl' lucía sobre l'l tapiz de terciopelo azul dd escaparate. que el inspector respetó con paciencia. -No pensé .. asustado. ¡Si hubiera sabido lo que estaba suced'iendo aquí... ya haFemos todo lo necesario. ¡Perdón . ! El' inspector dio unos pasos por la habitación y examinó la vitrina: trozos de vidrio se veían aún sobre la acera.. La barbilla le temblaba y parecía no coordinar sus ideas. aún tembloroso. exaltado. el viejo balbuceó: -Yo .. . -¿Seguro que no quieren agregar algo más a su declara­ ción? -dijo Soto mirando al dueño y al ayudante. señor Levi. Los ojos del viejo miraron asustados. ' -Inspector -dijo Pablo Levi..Yun puño de Levi golpeóel vacío con impotencia. lo que esto significa para mí! -¿ No tenía las joyas aseguradas? -pregun tó el inspector. Me pregunto qué hada una empresa de mudanzas a una hora tan poco usual-murmUl-ú el inspec­ tor. ) . pasé hl aspiradora y .. En realidad trataba de aprovechar el silencio y paz de mi casa. volvamos a lo que hizo anoche -repitió Soto.. señor inspector. -El viejo cerró los ojos y pareció concentrarse: -¿Será importante decir que no dejé entrar a dos seño­ ras . v una piedra era. . dejé la tienda un poco más temprano que de costumbre. -Piense bien..Coll TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 61 El viejo parpadeó... inspector.. Había un eamión de mudanzas estacionado al frente -dijo Timoteo. -Antes de que llegara el hombre vago . Haga memoria de cada uno de sus movimientos. a dormil". Levi se interrumpió y ocultó en las manos su rostro.. ahora. Luego de un largo silencio. nada más. porque quería llegar a ver las noticas .. si. -¿Y cómo no lo echaste? -recriminó Levi. Timoteo) ¡Eso puede ser vital! -habló Levi.. -Sí. ¡Es primera vez que me sucede algo así y usted comprenderá. serio-o ¡Hay que buscar a ese vagabundo! -Calma. ahora que la familia está de vacaciones . -Bueno .. ! . ¿No vio nada sospechoso) -Llevo treinta años al servicio de don Pablo.. -Bueno.Todo es importante. -¡Usted no sabe. hombre.. -Por eso mismo tiene que ayudar.. sí.. -¿El vago) -saltó el dueño-o ¿Qué vago. -Sí... pero . No lo estamos acusan ­ do... todo es vital. -¿Y cómo no lo habías dicho antes.. .

Caza en desorden. Aprubación y pertcncncia. Epoca.. Pidi6 permiso para usarel Idé/ono. Propia del pan. Cuando volvió. Caminas (inv. Dimlllulivu sólo para Yolanda. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL JOYERO ANGUSTIADO 63 _j Es seguro que tiene algo que ver! -exclamó Levi-. extrañado. 2. 6. A ella le cargan los gatos.). D~lef¡os de liendas para 1A11 caso COl1l0 éste. Negocio de Levi.). Tuvo que ten~1 un pl'i~leipio.). 7. Inlermedio para cuecas. 4. 6.). 1J.13 tina (inv. 4. Interjección de f? a!lvlO. 13. Uberlinda Yávar. Por curiosa quedó sajada.o dc lóte1l1. Imperativo para existir. Diminuti\'o Iem~llin(). su rostro estaba serio. Y logró comprobar ante el juez que no estaba equivocado. 9. Dios egipcio. Producto lácleo. Raúl Gú· I I I mezo tnicio de 1 nicio. Su conversación fue muy breve.w de c~cala cantarina (in\. 3. 5. ¿Cuáles fueron las evidencias que lo llevaron a esa conclu­ sión? l. Apellido para este cuel'llo. Velo para muñeca vestida de azul. Forma verbal que existe. estaría en la Filarmónica. Zona franca nor. 7. Miré a este seis rUlflallU. Nota 5 para músicos. 10. Lo aCLlSO de autonabo. Nombre de la joyería.). Resonancias.). Comiénl. Forma verbal que invita (im . que lo estaba mirando. Carta de tnunfo. Se apagaron en la calle. Se nla. Produclo de insectos la7 boriosos. Artículu. . pidió permiso para usar el teléfono. Calcio. Usó la aspiradura. Incl'emenlO (ínv. Nuevo. Comien. S. Articulo nClllro (In\·. " 8. Subre ingk~. 2. JO. Se puso a dormur erl la vereda.(. Nornbre de Lev/. 12. Por supuesto. Con '"c" final. 12. 9 Instrumento musical quc imita sonido de agua. -Señor Levi: puede tomar un abogado. Alfileres ingleses. Posesivo..J. Averiado lugar del alenlo. Y se aprovecharon de la oscuridad de la acera y de la falta de alarma. CRUCIGRAMA DEL JOYERO ANGUSTIADO Horizontales: l. ¡Las condiciones idcales! Las palabras de Levi hicieron que Timoteo levanlara de golpe la cabeza. El inspector Soto.ci()l'Ió !i'el"lle a la juyerla. 8. Quiere. Bnvu vegelal (im·. Como Teresila de Los Andes. 11. Elnoclim que pareció senlir Levi.. Preposición. Verde y habladora (inv. Flor de e~lanques japo­ neses.l. Fruta que dcsgasla. 3. Verticales: 01 Querido lector: para el inspector Solo el caso era claro.

por ser ágiles y astutos. el partido del domingo siguiente. que reuniría por primera vez a estos disímiles equipos en una final. Así. eran grandotes. además. Los Venados. y hacían del foul su arma favori la Eran. el Canguro Esteban. Los Mastodontes se caracterizaban por su fútbol agresi­ vo y una resistencia física extraordinaria. si bien. Este arquero no sólo era ágil en la atajada y en los saltos.eran rivales irrecon­ ciliables y sus jugadores formaban parte de las dos pandillas más conocidas del pueblo. tal como su nombre lo anunciaba. Las esperanzas de los Venados se fundaban en el contragolpe yen su magnífico arquero. atropelladores. Esteban era el primero del curso. en cambio. El vicrnes a las seis de la tarde sucedió algo fuera de lo común: Esteban no asistió a¡ entrenamiento.EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO El domingo se jugaría el partido ele f(llbol más importante del torneo infantil en Villa­ langa. sino que calculaba siempre' el ángulo exacto en que d. Los Mastodontes.ebería colocarse para recibir el balón. causaba expectación en sus hinchas y prometía ser el acontecimiento deportivo del año. alumnos mediocres en la escuela y poco queri­ dos por los apacibles vecinos. Los dos equipos finalistas -los Masto­ dontes y los Venados. eran más bien esmirriados y con inclinaciones intelectuales. y tan bueno en las letras como cn las ma temá tic as . Una cosa lo distraía del fútbol: el estudio. Sus compañe­ ros se quedaron esperando en el campo de juego sin que la . muchas veces lograban aven­ tajar a sus rivales en el marcador.

o .. Dado que el arquero era siempre tan responsable. . ~\h:::2~ dio. el resto del equipo intuyó que algo gr:we pasaba.iA. Hasta que de pronto. -¡Cobardes' -siguió el mcdiocampista. el capitán del equipo de los Venados.~ en. Los diez amigos se turnaban para vigilar la puerta. J r~_~ ~ (. antes de 'hacer esto público. ~""'~ .. . Al día siguiente todos sc reunieron en el club deportivo.. cada Uno por su cuenta. Esperemos el segundo mensaje y.... llegaron donde la abuelita. "\b.~ ~I). levó: !lr~: ~~ Luego de la lectura un coro dc voces se alzó indignado: -¡Esto es obra de los Mastodontes l ¡Sólo ellos escribirían doce con 51 -¡Finalmente. ~ ~Co. se limitó a con­ testar: -¡No se sientan tan seguros! El que ríe último . enfundada en un capuchón gris. En la plaza se habíanjuutado los Mastodontes. "' . . desaparecer en la esquina de la calle. Lo estiró con cuidado para no romperlo y. ~~~~-~-~. . llamaremos a la policía . recorrieron el l)CintO. a las doce en punto. nos tienen miedo! -¿Dónde lo tendrán escondido? -¡No podrá entrenar! -¡Ni jugar el domingo . agú' El capitán de los Venados.... Vicente recogió del sucio una piedra que traía un papel amarrado con un hilo. Los diez amigos.. ~ o.. De inmediato este ci tó a su casa a los diez jugadorcs restantes y leyó con voz tensa: lO'emM" 9J. Se escuchó la carcajada de los Mastodontes atronar cnla plaza.~ &u1-. -Son unos estúpidos Mastodontes -agregó el puntero .l\M. tratemos de vencerlos con n~e~­ tra astucia.. ~~~ ~~~~t:~~­ )Si.(5-0 eU. sin mirarlos. ~ . cuando. ~. cU. Corrieron hacia cllugar y alcanza­ ron a ver una figura maciza.~OJ" ~. se tuvo la primera noticia. ¡Nada! El Canguro se había esfumadt>... revisaron el colegio y hasta investigaron con disimulo en los carabineros..(1(. un ruido de vidrios quebrados en la venta­ na trasera los sobresaltó.t. -¡Malditos' -gruñó Vicente..Mnvun1) ~ • r>.& ~ ~ ~ ~k~·iQl>ot. TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO ó7 alt<:. . goleará melar . . que a grandes voces comen­ taban: -¿Qué les pasará a estos Venaditos que andan tan afana­ dos? ¿Se les perdería la mamadera:> ¡Agú... ~O"i.m.. ' -En ese caso.uJl\. ante los diez amigos que lo rodeaban expectantes. -Hagamos un último intento de búsqueda por el pueblo --dijo el zaguero cen tral. figura del Canguro apareciera. Un sobre amarillo se deslizó silencioso bajo la puerta de la casa de Vicente.' '" - cU... Lo fueron a buscar a su casa.. a las ocho de la noche. mo ~'\Cb ~ ~ ~ ~ ·M\"ft. recorrieron cabizbajos todos los rincones de Villalongo. La voz del capitán los interrumpió: -Hav que ir con calma.bu.

J. -No. asnos incultos: esta vez son cuatro las faltas de ortografía en cuatro líneas. Esta vez Vicente v los demás se inclinaron sobre el men­ saje.1>1\ TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 69 derecho-o Además. -Yo no estoy tan seguro .. a lo mejor lo están torturando y ni sabe cómO se llama! -se estremeció el puntero izquierdo. o algo así .. .J'n ~ 1ft ~cY. -Es seña de su nerviosismo . -¿Y si vamos a la policía? -preguntó el puntero derecho.J. se advertía que no era capuz de atacar ni a su propiu sombra... -¡Si supieras hablar. El tercer mensaje llegó atado al cuello de Fido. J"tÚY/ en el caMJ' con~­ AiU.rrne~ ~ em. Al pobre Esteban no le deben dar ni de comer para que esté débil el domingo -volvió a opinar el mediocampista. Fido l ¡Espero que hayas mordido al menos una pierna del que te amarró el mensaje l El perro movía su cola y. por su mirada apacible. -¡Y pobres de nosotros! No veo cómo vamos a salir de esto airosos -suspiró el zaguero central.. No cabía la menor duda: era la lelra del Canguro. Arreglemos el asunto entre nosotros: no me cabe duda de que el Canguro es lo suficientemente intcIigente como para escapar. Parece que se contagió con los Mastodontes. uno de los laterales. Hasta que de pronto Jorge.. -¡Si hasta escribió mal su nombre' -¡Pobre tipo. ¡Pero se resislían a pagar el rescate y reconocer su total sumisión al chantaje! -¿Se fijaron en las faltas de ortogra[ia? -preguntó el capité'tn-. Se quedaron mudos unos instantes. ~ ~ a ~ tVUA/ ~ ~ Se produjo un gran silencio. exclamó: -¡Pásenme el mensaje' Lo volvió a leer en voz baja y con mucha atención. -Pero igual los venceremos -dijo otro. -concluyó Vicente. Esto fue lo que leyeron: ~ ~ ch¡'etn ~ lx&m dcrnilTlJp ~k~~. el perro del zaguero central.

Sala de recepción (inv. Tontonas. 2.). Acción desplegada en el cuento. a la distancia. Competencia in{antil en ~ Villalongo. entre los roqueríos. Pa ­ labra para bajas tempe ­ raturas. Están entre rejas_ Apodo pora Esteban. Del lugar no salía nin ­ gún ruido. y los Venados ganaron 3 x 2 a unos avergonzados Mastodontes.). 9. f 3. Diosa y presa. 4.. I I I I Verticales: 1. 8. UrJO de los equipos en competerlcia. Cuando es mínima no paga impuestos (inv.Chón del·mensajero. Acuática circen ­ se. último lo hace mejor. I 5. cor­ ta los bosques. 2. Si Jorge la descubrió. 4. Las de rana son muy ricas apanadas. Unidad I¿ de fuerza. Escuchar. 12. Letra griega (inv.). ¿por qué no tú:> ¿ En qué lugar ocullaron al arquero? Nota: El parlido se jugó. Nombre para d~scansar. había una clave. 13. Color del caplJ. Jorge? -susurrÓ alguien. usando sus dos manos como bocina: -Si en diez minutos no estamos en el club con Esteban. Quise (inv. Diminutivo masculino. Oro galo. Preposición guerrillera. tal como estaba planeado. 7.). Capital para Allan Prost. Lengua provenzal francesa. 10. 9. ¡Ríndanse! Hubo unos instanles de tensión. A este mágico y diminuto personaje le faltó la última sílaba. Dupla {inv. CRUCIGRAMA DEL SECUESTRO DEL ARQUERO Horizontales: l. Le faltó la "a" para estar rodeada de agua. Posesivo para mí solo. Igual. 8. -¿No te habrás equivocado. a su rescate.). nuestro capitán enviará a la policía . Futuro verbal para versificadores. . Puelto de la India. Harán cof-<:of.). 6. Si no es un poema de la Mistral. Terminación verbal. que no habían pasado cinco mínu­ tos. 3. Hob&y de Venados y Mastodo-ntes. Flor de un i! solo pétalo. ex colonia portuguesa (inv. 7. ¡estoy seguro l y lan seguro estaba. El puntero derecho cal. lógicamenle. sin balón de fútbol. El zaguero derecho gri tó. Pronombre para ti. Al {in al del cuento los Velwdos marcaron más. Este es un ondulado me. cuando la figura del Canguro aparecía frenle a ellos. Lector: en el mensaje. Antiguos habitantes del norte de Italia. Donde se reunlan los Venados.ficó así a los Mastodontes. El equipo completo de los Venados corrió a las afueras del pueblo. Posesivo para ustedes. Avanzaron sigilosos. Tres primera letras de Il.). Letra griega. Muac (inv. Negación..lO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL SECUESTRO DEL ARQUERO 71 -¡Ya sé! -gritó-o ¡Descubrí en qué lugado tienen! ¡Sígan ­ me! Iremos. Arma faTJO'lita de los Mastodtmtes." chón sin vocales. 11. -No. El que lo hace l. ! I I I I I calurosa línea geográfi­ ca. 6. Pudor (inv.). y Jorge indicó un lugar. 5.

Yen ese momen1o escuchó el grito. ante sus propios ojos. y leyó las tarjetas y sus dedicatorias: "A mi querida abuelita". al ver las luces del pequeño supermercado del barrio aún encendidas.' IItI /nhuio. Contempló con calma los paisajes. "debe estar tan cansada como yo". ¡'. CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 11' Ii l' t ". El inspector Soto caminaba hacia su casa. Se decidió entonces por una gloriosa cordillera nevada que brillaba tras un Santiago sin esmog. Entró con aire distraído al supermercado.il'lI . El inspector vía cómo la tela se hundía bajo una boca abierta. recordód encar ­ go de su señora: una tarje1a poStal para unos amigos que vivían en los Estados Unidos y estaban de aniversario de matrimonio. Su mente funcionó a toda velocidad. "¿ Un (//10 más? Con un suspiro siguió buscando. t1 NIII del/JiIIO secllesfrado. Sí él actuaba. Dos vocales con punlOs. Con la rapidez propia de su oficio se dio vuelta para ver. Eran las diez . Oyó un carraspeo de la cajera. Los ojos del hombre brillaron al fijarse en Soto y. .). Ataste (inv. Pronombre p.. Los ladralles la piden cambio de la \'Ida.ll. y se dirigió al anaquel giratorio donde se exhibían postales. Sólo se escuchaban el tintinear de la regis ­ tradora a sus espaldas y los pasos ele los últimos parroquianos que salían por la ancha puerta. a un encapuchado que encañonaba a la muchacha con una pistola en la sien. pensó.1.1 li. le indicó inmovili­ dad. Miró vagamente a la muchac'ha sen lada tras la caja registradora.'1 'i" '1111' ¡lIdiea "junto él ". "Al mejor esposo del rmmdo". Sólo una caja funciona ba. luego de una larga y agotadora jornada en su oficina. el .Y media ele la noche y.J 1<1>1:1'. Selion\. "Pobre muchacha". con un gesto.

-¡Soy policía ' ¡Ayúdeme! ¡Siga a ese taxi' -gritó Soto.o y guiada por un adolescente que. mientras a su vez hacía señas al chofer con un brazo. gracias a los semáforos en verde. una rápida investigación dentro del auto mostró una bolsa -con la pistola y el dinero-escundida bajo el asiento delante­ ro derecho. Soto gritó. y sin dejar de apuntar alternadamente a la mujer. pero. Pero. -¡Ni yo tampoco l -siguió un señor ele anteojos. -¡Regístrenlus -ordenó el inspector. Lo vio correr por la solitaria avenida. ante el asombro de Soto. aceleró a fondo. con voz agudizada por los nervios. y disminuyó la velocidad. salió becho un celaje tras el enmas­ carado. -¡Inspector Sotol -gritó este. '! abordar un taxi colectivo que pasaba en ese momento por la esquina. Los ojos de lince de Soto buscaron con rapidez un vehícu­ lo para seguirlo. en ese momento. La persecución fue espectacular. -Adelántalu y crLIza te para que se detenga -cuchicheó el inspector al oído del motorista. r-asc6ndosc una de sus enormes orcjas-: lo siento. no perdía terreno. lcvantan­ . más veloz que cualquier aut. el excelen­ lL' conductor que resultó ser el joven de la moto logró su objetivo: con un gran chirrido de frenos. ' Los carabineros procedieron.74 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRaN CON MASCARA 75 hombre podía herir a la mujer -tal era la decisión en su gcsto-. Eran el chofer más cuatro hombres vestidos con trajes oscuros. El co1cctivo. sin dudarlo un instante. -¡Hazle una encerrona! -ordenó el inspector. ninguno de ellos tenía ni arma ni billetes. que estaba un par de metros tras ella. están todos detenidos. sin ni siquiera ocuparse de la cajera que se desvane­ cía como en cámara lenta. desapareció corriendo por la puer ta principal. montando a horcajadas tras el joven que. Soto. señores. Finalmente. Sin embargo. El chofer del colectivo miró con preocupación esa molo que se acercaba peligrosamente a su costado. parecieron no escuchar. el taxi se detuvo en medio de la calle. -¡Ahá' -dijo Soto. -¡Alto! ¡Policía! Pero los pasajeros y el chofer del taxi. La cajera obedecía con manos temblorosas. que miraron sorprendidos. No había pasado un minuto. mientras ella depositaba el dinero en una bolsa. corrieron hacia ellos.Yo no tengo nada que ver en esto -akgó d chofer. con los vidrios cerrados. Pero la moto.! a Soto. se sentía protagonista de una serie policial. en una arriesgadísima maniobra. junto a la vereda. al ver esta extralla maniohra. seguía en forma expedita por la gran calle de su recorrido. al menos que alguno confie­ se. con sus credenciales en alto-: ¡Necesito ayuda! ¡En este taxi va un ladrón I Los carabineros desenfundaron sus pistulas de servicio e hicieron descender a los ucupantes del autu. y emitía unos entre­ cortados quejidos cuando el encapuchado la apuraba con golpes de cañón contra su nuca. El ladrón comenzó a retro­ ceder. desprender de un tirón su máscara de tela. . La suerte estaba delladu de Solo: dos carabineros hacían guardia en una esquina y. Sólo vio a un joven en moto que aparecía por la orilla de la calle.

Soto musitó algo al oído de uno de los carabineros. con su aguda perspicacia. noentien-do lo que pa-pa-papasa -gimió el último. Entonces Soto.. al igual que Soto. este. Pero también les comunico que sólo uno irá esposado. . mostraba un evidente romadizo. confesó su culpa en el camino. cuál fue el culpable y cómo se delató? Todas las pistas cstán dadas. Lector: ¿podrias tú deducir. sintiéndose acorralado. y mantengo con esfuerzo a mi familia. -¡Esto es un atropello! -vociferó un tercer hombre de un impecable abrigo negro-o i Ustedes no saben quién soy yo' Junto con hablar sacaba tarjetas de su billetera. Otra vez Soto.. y jamás he tenido que ver con la policía -dijo a su vez un hombre de bigotes que. habló: -Debo advertir quc todos irán a declarar a la comisaría. La sirena del radiopatrullas no tardó en oírse. . yo. Los cinco hombres se miraron con sorpresa. -Yo . había dado en el clavo: el ladrón. . pe-pe-pero. tartamudeando con gran desconcierto. El inspector Soto terminó de rascar concienzudamente su otra oreja. Uno de ellos ya pedía ayuda a través de su walkie lalkie. sin vacilar. Miraba fijo a cada uno de los sospechosos que permanecían sujetos con firmeza de un brazo por los policías.Yo soy un honrado vendedor viajero. con su voz ronca. -¡Todos a la comisaría! -ordenaron los carabineros con gesto decidido. por su voz nasal.'le> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL LADRQN CON MASCARA 77 du las manos en actitud defensiva-o ¡Soy un pobre empleado bancario. se adelantó y colocó las esposas en las muñecas del que indicaba el inspector.

Alisa el caballero sus bigotes (inv. Así dice "hasta" el presidente. Pronombre suyo. y corría con un plato y una botella de leche. Goloso y perezoso. Dedo del árbol. Subterfugio (inv. El imán lo hace con el metal. l. Restregando sus ojos se arrimó a su hermano Diego. Forma verbal subjuntiva para acatarrados. Griego es este dios peleador. País asiático de las úlrimas olimpíadas. Sube al árbol. Campeón de tenis francés (in v. DOJ1a Doralisa casi se desmayó en la acera. Descifra signos. Materia orgánica vegetal descompuesta (inv. Se dirige. 4. Demostrativo francés.~ de caballo. Negación prolongada 11 (inv. . 9. 11. Cadera. Ex líder comunista chino. Anita Pacheco. -¡Tutankarnóoon! ~seguían los gritos destemplados de la anciana. 13. ! ¡Tutanka­ móoon I ¡Tutankamóoon! -siguió llamando en todas direccio­ nes. 9. Nombre masculino que casi fue adamascada fruta. Las ventanas fueron abriéndose de una en una. Como la voz.). 7. En sus comienzos este arte era mudo.). OfTendan (inv. A las nueve de la mañana Tutankumón aún no aparecía. la cabeza blanca y despeinada se agitaba de un lado a otro.). Encargo de la señora de Soto. Carla de la baraja. Afirmación rusa que ofrece. minino' Del segundo piso de un pasaje del barrio Ñuñoa.. S. Josefa también despertó. As! estaba el ladrón. 11. Lugar del atraco.78 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO CRUCIGRAMA DEL LADRaN CON MASCARA Horizontales. Quita. Quiere. 8. Este es el fin de Roberto. MorUó a horcajadas en la TT'oto dd. Guardarropa para abuelitas.). Los gritos de doña Dora ­ lisa despertaron al vecindario: -¡Tutankamón! ¡Tutankamóooon! ¡Tu leche. Para enfermos supergraves. 3. 10. no siga grllando! -¿No has visto a Tutankarnón. 4.). Con "n" /O final se comería a diario.. doña Doralisa? ¡Estarnos en vacaciones. Vocales distintas. 7. de uno de los oClLpa'ntes del taxi. Vocales gordas. País del norte que se emplea. Diego. hijo? ¡No está en su canas ­ to por primera vez en mil cincuenta mañanas . Surtir (inv. Seis de la mañana.). 3. Giramos en torno a J él. Vehículo clave para atrapa-r al ladrón. Tan sagaz como los ojos de Soto. javen. 6.). Sin nombre. Arte­ ~~ ria principal para tránsi­ W---I---+-I---j to sanguíneo. Le sigue el dos. Tío con cabaña. Existe. Verticales: l. y varias caras dormidas y furibundas comenzaron a pedir silencio. 2. 2. Condición dd encapuchado. abrió la ventana de su cuarto. 5. Cecina que comieaza muerta de la risa. 6. sin hacer caso de sus vecinos. Conjunto de cosas pasa ­ das por un hijo. 12. -¡Tutaaa l ¡Tutaaa! ¡Mininooo! -Uamaba ahora con voz dulce y ojos húmedos. 8.). asomándose: -¿Qué pasa. Sol egipcio. 10. Des­ cansan en las estaciones (inv. Para velos de novia. Pero doña Doralisa ya estaba en la calle. sin entender aún de qué se trataba el barullo. y los dos herma­ nos salieron a buscarla. su vecino. y con rostro soñoliento preguntó.

entre los llantos del niño y los maullidos de ese gato. y en la confusión . . El pobrecilo llora ­ ba. Josefa susurró al oído de su hermano: -¿Para qué te comprometes? ¿Y si el gato está muerlo? Con un empujón firme. . -eontestó la señora Torres en forma vaga. . Doña Doralisa pareció reanimarse.. con los ojos muy abiertos. En realidad.. y yo no tenía la mamadera para darle más leche. Ella quiere soñar con el gato. parece . se paró muy tieso y reiteró: -Parto en misión: este será nuestro cuartel general.. para registrar las declaraciones de los sospechosos -la manejaría Josefa-.. " ~ Los niños la habían llevado a la casa y. mi ­ rando al bebé. ¡va­ mos! El plan de Diego era recorrer casa por casa en el pasaje.... Josefa. ¡Pero de ahí a desear su muerte había una diferencia! Provistos de una grabadora de pila. lanzando a su hermano una mirada de furia-o Además.. ¿no es cierto.. se dejaba abanicar por Diego con una revista mientras Josefa.. está respirando muy raro ... no hablen fuerte. ..¡sta obtener fllguna pista. antipático y maullador.. sí . Diego entonces ofreció: -No se preocupe. Tutankamón era un gato gordo. Un pun tapié de su hermana y un sofoco de la viej ita -q ue puso los ojos en blanco y comenzó a ahogarse-lo hiw recliG­ caro -Quiero dccir vivo . y preguntó: -¿Qué significa este juego. -No sé . -¿Ves? -dijo Josefa-. doña Doralisa? -Tutankamón .HO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 81 -Si no vuelve Tutankamón. noo! Yo te acompaúo. Tú. -Ehhh. -Sí . recién logro que se duerma.. Diego la alejó de él. recostada en su mecedora de mimbre.. niños? -Significa que Tutankamón ha desaparecido y estamos investigando -contestó Diego. Jos dos hermanos comenzaron la pesquisa.. Habló entre bostezos. . le prometo por mi honor que le traeré el gato de vuelta.. entrecerrando los ojos. -¿Confusión? -Josefa apretó el botón de la grabaclora. que no despertaba las simpatías de los vecinos. y nadie podrá entrar ni salir sin mi autorización. -musitó la viejita. porque doña Duralisa se muere de ganas de descansar -dijo la niña. -¿La mamadera? ¿Se le quebró? -preguntó Josefa. Se veía ojerosa V demacrada.. doña Dora. h. va no tenf?:O razón de vivir -gemía la viejecita. En una casa les abrió la seúora Torres.. y Josefa acercó el micrófono a la boca de la señora. vivo o muerto . La señora Torres retrocedió dos pasos.. Me he pasado la noche en vela . niños. -Por favor. le refresca­ ba la sienes con un pañuelo mojado.. te quedas aquí cuidándola. Déme dos horas y tendrá a Tutanka­ món -añadió con voz de agen te del FBI.. tenía a su guagua en brazos. -¡Ah. pasé tan mala noche. -¿Cómo que parece? ¿No habló de unos maullidos? -in ­ terrogó nuevamente Diego. -¿Oyó al gato? -preguntó rápido Diego.

¡eh? -dijo Diego--. -Pero. lista para apretar el botón.: ¡mi hijo Serafín me anun­ ció visita' -sonrió feliz-o Ustedes saben que él vive en el norte.. los nii10s se enfrenLaron a don Juan García Gómez con su chaqueta y pantalones arrugados como si hubiese dormido vestido. " Los niños retrocedieron ante ]. quc se perdió. ¡Era lo único que me faltaba! y ccrró la puerta con estrépito. Diego. Josefa. que ya había perdido su aire soñoliento y agitaba con fuerza su melena chascona. Una señora Ema sonriente y plácida los dejó un poco desconcertados. senara Ema..y doii. -Pero si anoche todo el barrio ovó sus maullidos -se extrai1ó Josefa. lo mato! -Conque lo matas . Se oyó el segundo portazo en el callejón y la voz de J osera al decir: -Sospechosísimo número 2. -¿Entonces no ha visto al gato) -insistió Dicgo. siguieron su cami­ no hacia la casa número 4. algo perplejos. -Prepárate. al gato -contestó Josefa.Preparémonos para un tercer portazo -susurró Diego. -Josefa: ¡método! Te estás adelantando. queridos: ¡qué gusto verlos l ¿En qué andan? ¡Pa­ sen' -No. -¿No me dicen que se murió? -preguntó la sei1ora. -Al gato maldito . . -Le dijimos que la que está por morirse es la sellara Doralisa.EL CASO DEL GATO PERDIDO ~2 83 TRECE CASOS MISTERIOSOS --Pues vayan a investigar a otro lado. Los jóvenes detectives. gracias. ) -Josefa encendió la grabadora. -¿Y esta sorpresa) ¡Adelante! -dijo el escritor. ¡pero si lo veo. -No. que no tenía timbre. y estoy tan contenta. -Déjate cle imitar a Hércules Poirot -se burló su hermana. Cuando abrió la puerta.. Estuvieron largo rato tocando el timbre. Al segundo. entonces. -¿Al Faraón? -fue la respuesta del estudiantc.' -Yo dormí como una piedra.. A los cinco minutos se oyeron unos pasos. des­ concertada. sintieron los berridos de la guagua. que anoche podrían haber mau­ llado treinta gatos y me habría parecido un concierto de violines . La puerta se abrió. muy seria. encendió la grabadora y dictaminó: -Sospechosa número tres. ¡ja. ja' La puerta se cerró suavemente y la escucharon cantar. De ahí se fueron a la casa número 2.a de ese maldito gato que no lT1e dejaba estudiar el maldito tomo de trescientas páginas de historia. Sólo qucría­ mas preguntarle si ha visto a Tutankamón. y ahol'a me vov a sacar una maldita nota . Era la casa del escritor.. .. que los miró con desinterés: -¿ Silii) -Hola. -¡Algo no encaja! Mis células grises están confundidas -refunfuñó Diego. Mateo: ¿has visto a Tutankamón? -preguntó Die­ go y se escuchó el clic de la grabadora. sin respuesta. y abrió un joven adormilado y barbón.. mientras tocaba el timbre.. dueii. -¡Ahhh! Ya entiendo. --¡Oh. pero de pena -le contestó Diego. la casa número 4.. Diego y Josefa se miraron con aire de expertos y la niña murmuró a la grabadora: -Primera sospechosa. Y golpearon en la puerta siguiente.. s610 lo escuché. -. y tan gordo que eral -¿Era . .:¡ ver'borrea furihunda de Mateo. todo el mundo sahe que la senara Ema odia a los animales y le molestan los niños. es algo rápido. ¡Justifíeate ' -La que se va a tener que justificar es esa maldita vieja.. -Hola... nao! ¡Pobre gatito. Josefa: nos toca interrogar a la scilora Ema Araos -dijo Diego. no cs para menos -suspiró la scJio­ ra Ema. Y sin esperar respuesta caminó hacia el interior de su casa. -No lo he visto ni lo he escuchado.a Doralisa está casi por morirse -añadió J osda. y no me molesten.

. cautelosos.. -vacilaba García Gómcz. Hércules Poirot -con tes­ tó su hermana. Que se muere .. unos gemidos ahogados tras una frondosa planta de nardos llama­ ron su atención. un confortable sofá lleno de cojines. a ralos. -¿Por qué? -inquirió Diego. Si está viva. que se muere. -Eh. ha­ ciéndose el casual. -Es que ha desaparecido Tutankamón. . pensativo-o ¿Qué era lo que querían saber?-preguntó por fin.. ch . eh. -Bueno. fruncía el ceño. Por eso es que. -¿No escuchó usted. Entraron al living.. -¿Estaba estudiando) -le preguntó Josefa. Doña Doralisa no se preocupaba ya mucho de su jardín. se sentó frente a la máquina de escribir y comenzó a teclear como si sus manos tuvieran alas. entre laLas de pintura vacías. acordándose de Mateo. Estudiaba los caracteres de los personajes de mi novela . -Porque todos son culpables hasta que no prueban su inocencia . . por si se ha muerto-Josefa ya había tomado las riendas del caso del gato perdido-. Cuando los abrió parecía iluminado-: "¿Qué se muere) La muchacha miró tras su hombro y allí estaba: era la som­ bra del peregrino . -¿Estudiando) Si lo quieres llamar así. ¿que se muere? -El escritor tenía la mirada vaga yen un momento cerró los ojos. y doña Doralisa está que se muere.. Los niños no pudieron disimular una sonrisa." i Eso era! ¡Eso era' ¡Eso era! -y luego dc repetir otra vez la misma frase. Se acercaron.... y buscaron entre las matas. -Garda Gómez traló de esLirar su chaquela. una silla y.. una máquina de escribir.... eh . pedazos de manguera y otras tantas cosas. olvidándose de los niños.. con aire suficiente. y ahora ¿qué hacemos? -preguntó Diego algo picado. Me extraña tu pregun ta. don­ ele había una mesa llena de papeles. -Primero iremos a ver a doña Doralisa. y luego iremos a nuestra casa a procesar la información.. bostezando. un batata negro a medio abrochar en un pie. -Esta ha sido mi cama. Diego y Josefa se codearon y salieron en puntillas de la casa. con .. la tranquilizaremos. duran te la noche. cajas de cartón. Por eso estoy tan . Tutankamón.. arrimado también a la mesa. Cuando abrían la reja del jardín de la anciana.EL CASO DEL GATO PERDIDO 85 JH TRECE CASOS MISTERIOSOS Los niños tuvieron que seguirlo. los maullidos del gato de doña Doralisa? -preguntó Diego. -le con tes tó el escritor.. -Eh. y un calcetín a rayas por donde asomaba el dcdo gordo en el otro l Tenía además la camisa blanca fuera del pan talón y su ca bello largo y crespo en desorelen. El escritor los quedó mirando: ¡se veía tan divertido con su ropa entera arrugada. durante su noche de trabajo. -Sospechoso número cuatro -dijo la niña.

aún da confusas explicaciones. como ellos.io. -Resulta obvio -añadió Diego. tan sólo mirando la ilustración encontrarán la pista que los llevará al culpable. Si ustedes. regaló él los niños nuevas pilas para la grabadora. los miraba con ojos suplicantes. en camb. como si siempre lo hubie­ l-a sabido. Lo que Diego y Josefa vieron está aquí en este dibujo. . Epílogo: doña Doralisa no se murió. tambien tienen ojo de detective. Con respecto a la persona culpable. -Caso cerrado -dijo Josefa a la grabadora.Xc> TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DEL GATO PERDIDO 87 una gran protuberancia en la cabeza.

Término para marinos. Flores del jardín 11 L. el Artista. Lo hago con una aguja.9 cartó". miró el ·cielo con preocupación. 9. La amplia calle del barrio alto está vacía. Mucha salla produce. Apellido de doña Ema. baila en las islas. con excepción de una camioneta cubierta que se estaciona a pocos metros de una casona esti ­ lo colonial. I 5. 2. Mira con arrobo. 7 4. Anciana uva. A los pocos segundos se escucharon unos pasos. Bajo ellas se acurrucan los polli tos. el repartidor había lanzado los diarios correspondientes a esa cuadra. ¿Con quién hablo) Visitaron varias en el cuemo. . La joven detective.MH TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER CRUCIGRAMA DEL GATO PERDIDO Horizontales: SENTADA PENSANDO l.\-+--l--U--U ral. En el cuento fueron muchas.racto de los años ochenta". más conocido como el Panda.-L. Dirigirse. invertido). 6. Nombre italiano masculino que en Chile es billete. Recolecciones. Sus gritos despertaron al vecindario. al v'er el periódico sobre las baldosas de la . 9. 3. 2. alias el Artista. Cuna de perlas. se encaminaron con rapidez hacia la puerta de entrada donde la bandera que decía Rema­ tese agitaba con el v. La noche estaba húmeda. 8. perder la "h" perdió la varita. ~ Radio. Dupla.Ya está por salir.. y los críticos de arte la calificaron como "la mejor obra de arte abst. de la viejita. Al mismo nivel. luego descienden para encaminarse hacia la entrada de la mansión.estaba funcionando bien. La primera parte del plan para robar la estatua Mujer Sentada Pensando -que se vende­ ría al día siguiente en un gran remate.. impaciente. Repetido. Nota musical (inv. Parien/es del gato perdido. Son las cinco de la mañana en Santiago. 13. 8. Así llamaba Doralisa a su gato. 10. 7. 11.). Le falló la antepenúlti ­ ma letra para de. 7.. 5. Iracundas mujeres mito. y Jaime. apronta el golpe de karate -respondió el Artista en un susurro. Los hay I de remate y de capirote. t-t-t-t-t-t-I 3. Nombre femenino que al .iento. el Rambo. Recubre muebles chinos. Atributo para española graciosa (inv. Adentro. Son para guardar el trigo. y el campo estaba libre. Caminad. primero de reojo.cir "des. 6. y Gonzalo. Letra griega.· Verticales: l. Felipe. Las hay de molino y de ventilador. Diminutivo para la viejila. Amiga del ruiseñor. Fatigada dueña del galo. Minutos atrás. Hombre inglés. 12... Los diarios y la televisión habían hablado mucho sobre el valor de la estatua. Nombre de García Gó­ mezo Animales gráciles y 1 veloces. Aluminio. 11.l. Cubos numerados. -¿A qué hora saldrá el viejo a buscar el periódico? -pre­ guntó el Panda. tras una columna.L. A esta q palabra le gusta repelir. Femenino de Noé. 4. 10. Todo está saliendo según sus cálculos. Jaime. Evitó.• ~ lógicas. tres hombres observan. Letra para mamá (plu.). Acción. Demasiado. Dirigirse. Los tres se agazaparon en el pórtico. La pesada puer ­ ta de entrada se abrió: y apareció un viejo con uniforme cle guardián que.. Naves.

Y sacando la linterna de su bolsillo iluminó de arriba hacia abajo. saca la estatua mientras yo vigilo la salida . golpeando un puño contra la palma de la otra mano-o Una vez afuera. Rambo! No eres sólo músculos ..con una exclamación de triunfo lograron depositar­ la en la acera. mirando el reloj-.. entró en la casa.. -¿Dónde está la Mujer Sentada? -preguntó el Rambo. y miró el lecho como buscando una solución. yo me adelantaré a buscar la camio­ neta y la estacionaré frente al callejón. restregando sus manos. -La única belleza es el dinero que obtendremos por ella -observó con una risita. Panda -aprobó el Artista-. estamos con el t. se agachó a recogerlo..... con la estatua firme en su hombro. -aprobó el Artista.. con gesto seguro. -¡Qué belleza! -murmuró. furioso.iempo justo antes de que el cuidador se reponga de mi caricia. . el Panda. El Panda. El Panda cerró la puerta tras ellos. el Artista. Entonces el Rambo. el Artista regresó con expresión de rabia: -¡Maldición! Unos estúpidos madrugadores se han refu­ giado de la lluvia bajo el alero de la casa . -apuró el Artista.. El Panda se encogió de hombros ante la vista de esas láminas de metal entrecruzadas. Los tres se dirigieron al fondo de la enorme sala. mientras caminaba entre los objetos en exhibición. -Ni se quejó -masculló el Rambo. -Déjalo por ahí y manos a la estatua . inconsciente. A los pocos minutos. seguido por sus compañeros.. ¿Cuánto tiempo ten­ dremos durmiendo al abuelo? -Lo suficien te como para que operemos tranquilos -res­ pondió el karateca. El Panda hizo un gesto de fastidio. mientras el Rambo equilibraba la pesada estatua sobre sus hombros.. ¡Ya. ¡Salgamos por allí! No será difícil para mí sacara esta señora. Luego. ! -dijo el Artista. En ese momento un golpe seco en la nuca lo hizo caer al suelo... -¡Buena idea. El Rambo levantó fácilmente al cuidador con sus brazos poderosos y se lo echó sobre los hombros. miraba hacia todos lados. -Ustedes no entienden nada: actúen y no hablen. pero hay que apurarse -dijo Felipe. y no creo que a las dos parejas que se protegen de la Uuvia se les ocurra venir a pasear por este lado .. Miren esa ventana que da a la calle lateral. Rambo. caminando hacia la puerta de calle.<JO TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO 9t entrada. Obraron con rapidez. como si fuera un almohadón de plumas. Luego de algunas dificultades -co­ mo desprender las aristas de metal que se enganchaban en los cortinajes y decidir quién salía a recibir la estatua y quién ayudaba al Rambo a sostenerla mientras él se encaramaba al alféizar. la codiciada figura. El precioso botín ya era de ellos. -Bien. exclamó: -Ya sé . -No está mal. y luego de abajo haoia arriba. -Ahí -respondió Jaime. ¿Cómo haremos ahora para salir sin ser vistos? -Pateó el suelo. un poco nervioso.

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA ESTATUA MUJER SENTADA PENSANDO

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-Rambo: sácate el abrigo y cúbrela, no quiero que se moje. Yo voy por la camioneta -dijo el Artista. Se encaminó hacia la esquina. En ese momento, cuatro figuras-dos mujeres y dos hom­ bres- le cortaron el paso con un seco "manos arriba". Los hombres lo encañonaban con pistolas. -Maldición ... -gruñó el Artista, retrocediendo. Pero las cuatro figuras -que no eran sino policías disfra­ zados de transeúntes madrugadores- ya estaban junto a ellos y los esposaban. Sin embargo, a uno lo dejaron libre._Sólo a uno, y le dijeron: -iBien hecho! La pregunta para los astutos detectives es la siguiente: ¿Cuál de los tres ladrones estaba de acuerdo con la policía?

CRUCIGRAMA DE LA ESTATUA MUJER SENTADA
PENSANDO

Horizontales: 1. Bellos. Esta palabra no
acabó en mal.
2. Famoso carpintero, ju­
dío y santo. El de rack es
en el estadio.
3. Asfle Jedan a Jaime. Ori­
lla.
4. Ponen sus ojos en acción.
Dios de la muerte egip ­
cio.
S. Vehículos que envidian
los automovilistas atas- r.
cados. Articulo neutro
(inv.). Tel'minaci6n ver­
bal. l'
6. Pais de los incas. Letra
número tres (inv.). Diga lo que le parece el asunto.
7. Pez que cubre (inv.). Mamífera copiona (iov.). 8. No es par. Sostienen partituras. 9. Para los mahometanos es Alá. Nota cantarina. 10. Apellido que va más allá. Asociación de Locos Náuticos. 11. Forma verbal iracuoda (invertido, indefinido), Chino que implantó mo­ da. 12. Alias de Gonzalo. Abuela de Jesús. Componente de estatua para curiosa. VertICales:

II

l. Apodo para Felipe. 2. Cerebro del robo. Enredo (inv.). 3. Espanto. Enorme fruto veraniego (inv.). 4. Móvil del robo. Al sesgo (inv.). 5. Lo ofreció por un caballo. Medio abuelo. Naciones Bien Organizadas. 6. Corno la estatua. 7. Salida del sol. Aul.o pal-a gringos. Epoca. 8. Te atrevieres, sin "r" (inv.). Adjetivo autoadjucllcante. 9. Lengua provenzal francesa. Hice uso ele mi olfato (inv.). Dueña de casa querendona. 10. Reyes galos (iov.). Guiso español a base de arroz. 11. Sufijo para tres. Así les llaman a los perturbados mentales. 12. Un mal que pese a gozar de buena salud, hace mal. 13. Vehículo pal-a ángel. Eo el cuento, lo elíce una bandera.

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

Carlos Olavarría, solterón de blancas sienes y heredero de una gran fortuna, empleaba sus días en administrar sus negocios, jugar golf y coleccionar piezas de marfil. Sus obje ­ tos más valiosos se exhibían en grandes ar ­ marías de caoba con puertas de vidrio, especialmente diseña ­ dos para tal propósi too El solterón se paseaba a través del amplio salón de su casa en la calle Américo Vespucio, contem ­ plando cada figura como si ella fuese un hijo muy querido. Los amigos le decían que se cambiara a un departamen­ to: esa enorme casa, donde sus pasos le devolvían solitarios ecos, no era la apropiada para un hombre sin familia. Pero lo que los amigos no entendían era que Carlos sí que tenia una familia que requería de gran espacio: los marfiles confiados a la sel!uridad de sus armarios. De toda la colección había solamente un objeto que no se guardaba tras los cristales: la pagoda de filigrana. El solterón sen tía por esta pieza un especial cariúo: le recordaba -al abrir las diminutas puertas talladas que mostraban interio­ res misteriosos de un templo oriental- esos libros de su niñez donde las páginas se extendían en volumen. desplegando como por arte de magia las dependencias suntuosas de un castillo. También babía otra razón que le hacía acariciar la valio ­ sa figura con la yema de sus arrugados dedos: Ya-Lu- Ting,la hermosa japonesita <::on cara de blanca luna que se la había obsequiado. Es por e..;to que la pagoda de filigrana no estaba bajo 1Ia ve: Carlos la tenía en su escri torio, acomodada entre

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TRECE CASOS MISTERIOSOS

EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL

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los pisapapeles de ónix, su agenda abierta sobre el atril de cuero y el cenicero de cristal cortado que nunca tenía ceniza -Carlos no fumaba-, sino verdes caramelos de menta. Así, el soltáón, sentado a su escritorio, de cuando en cuando solía levantar la mirada de sus papeles con cifras, y posándola sobre e/templo de marfil dcjaba que su imagina­ ción volara hacia el Oriente.

Cuando a Carlos Olavarría le robaron la pagoda de su escritorio, fue como si le hubieran arrebatado parte de su vida. Un martes en la mañana el inspector Soto acudió al llamado del solterón. Se encontró con un Olavi.1rría alterado, que explicaba entre ademanes nerviosos lo sucedido. La no­ che anterior, al llegar a su casa luego de un ajetreado día entre la Bolsa y el Club de Gol se había encontrado con la sorpresa: ¡la pagoda no estaba en su lugar ... ni en ninguna otra parle l -Era valiosa, por cierto, inspector; pero el valor más grande que tenia para mí era otro ... -Carlos apretaba las mandíbulas para contener su impotencia.

e

-Quisiera interrogar a sus empleados por separado -dijo el inspector Soto, acariciando en forma maquinal el lóbulo de una de sus grandes orejas. Olavarría pulsó un timbre bajo su escritorio, ya los pocos minutos apareció Norma, la mucama. Blanca como su delan­ tal, se quedó de pie en el umbral, mirando al policía con ojos de pánico. -Norma, adelante. Siéntese, por favor. El inspector le hará algunas preguntas -le dijo, indicándole una silla. Norma avanzó dos pasos, vacilante, y se sentó en el borde del sillón. El inspector la tranquilizó con un gesto y le habló con voz calmada: -Sólo quiero saber lo que hizo usted ayer, desde que llegó en la mañana, hasta que abandonó la casa. -Bueno, lo de costumbre ... Por la mañana me quedé en el segundo piso haciendo el aseo del dormitorio y del baño, ordené ... y bueno, 10 que hago todas las maÚanas. -¿Entró en el escritorio? -interrumpió Soto. -Solamente a dejar el diario. -La mujer miró temerosa a su patrón-o A ver si había algún recado para mi en su libreta -agregó, indicando la agenda sobre el escritorio. Soto miró al dueño de casa, y este corroboró: -Sí, siempre dejo una nota a Norma, cuando salgo tem­ prano en la mañana. El inspector se acercó al escriLorio y leyó: "Norma: puede irse en cuanto termine. Hoy no vendré a almorzar". -¿Se fijó si la pagoda estaba en su sitio de costumbre? -volvió a interrogar el inspector a la mucama. Ella guardó un instante de silencio y contestó luego, dubitativa: -En realidad ... , me pareció que todo estaba igual que siempre, porque si la casi la esa bu biera fal tado, yo me habría dado cuenta ... creo. -¿Con quién habló luego de salir del escri torio? -pregun­ tó Soto, rápido. -Con nadie más, sefíor. Ya eran casi las doce y había terminado con el asco, así es que aproveché para ir a cobrar el

El inspector insistió: -¿Y no conversó con nadie más en la casa antes dcirse? -Ni siquiera me pude despedir: José andaba en la carni­ cería. -El mayordc~mo pare­ cía molesto con el interrogatorio. -¿Ya qué hora volvió? -Exactamente a las doce y media: tenía qL:C cocinar la carne para el almuerzo de don Carlos... -¿Podría decirme lo que hizo ayer desde las ocho de la maüana hasta que llcgó su palrón? -Luego de hacer el asco del salón. A los pocos minutos entraba José. -Norma miró a don Carlos como pidiendo aprobación.l¡8 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 99 desahucio de mi marido. . Puede retirarse. -Estoy bien de pie. incómodo. don Carlos -añadió un poco colorada-. señor. y con el jardinero nunca me meto porque . Don Carlos carraspeó y Soto dijo en tono amable: -Bueno. con su pierna mala? -contestó en tono quejumbroso la mujer. . Olavarría hizo un gesto de asentimiento. -No antes de las once . ese hombre es un ordinario . cuando abría la puerta. José se movió. tome asiento -y Olavarría le indicó la silla que acababa de dejar la mucama.. eso es todo. ¿Podría decirle al mayordomo que venga) La mucama se puso de pie saludando con timidez y. señor) -El inspector le quiere hacer algunas preguntas. señora.. perdóneme la expresión. -¿A qué hora fue eso? -lo interrumpió SolO. de uniforme impecable y aire altanero: -¿Sí.. su patrón la interpeló: -¿Su marido sigue sin trabajo. Sin esperar respuesta. se retiró. don Carlos.. el mayordomo. Norma? -¿ Y quién lo va a emplear. me fui a la carnicería . gracias -contestó José. -¿Una hora y media se demoró en comprar la can~e? -volvió a la carga SOlO. José. serio..

-Está bien.. -Prácticamente no la vi: sólo le abrí la pucrta. Jacinto. no sólo la carne: los lunes. contando con los dedos: -Podar los rosales. -o sea. la pagoda elc marfil que se robaron? -preguntó el inspector.. en forma distraída. -O sea. el inspector miró a Carlos Olavarría con una scmisonrisa y las cejas levantadas. ¿Se dio cuenta.-ápidamente-: De ahí en adelante. ya se había ido . mi caballero.. Luego me retiré a descansar a mi pieza y. -No.. se compra también la verdura y la fruta. de cuál era el ladrón? El duel10 de casa negó con aire desconcertado. -Por casualidad: ¿entró en el escritorio? -No. entonces. puede retirarse. Cuando Olavarría. entró Con su mameluco lleno de tierra. -y clmayordomo se retiró. corno bien sabe don Carlos. pues' -¿Entró en la casa? -Al baño de José no más. y se acomodó con una amplia sonrisa. Cuando e/jardinero cerró la puerta.. hasta las dos de la tarde. luego de una venia. El jardinero enumeró.Trate de recordar lo que dijo cada uno de sus empleados y verá que algo no calza en una de las versiones -le dijo Soto. -José: ¿podrías decirle a Jacinto Flores que venga? -pi­ dió Olavarría. don Carlos.. Ya-Lu-Ting l ¿Podrías tú. no la había visto nunca . ¡Trabajo no le falt<l a uno aquí. y siguió: -¿ Qué hizo luego? -Preparé el almuerzo y esperé al caballero con la mesa servida. Jacinto Flores. que me dormí.. -¿No le dije ya) ¡Y menos iba a entrar sabiendo que el patrón no venía a almorzar' Cualquier cosa que pase. el jardinero. -¿Y no conversó con Norma? -Soto no daba tregua con sus preguntas.lr. el escritorio se limpia los miércoles y sábados. le echan la culpa a uno . como lo hago por costumbre. cuando llegó en la mañana. -El caso ha sido fácil. . desmakz. \'0 no entiendo de cosas finas.. -Muy bien. en ningún momento entró en la casa . cortar el pasto. luego de unos instantes de medita­ ción.. -Usted lo ha dicho. cogiendo del cenicero de cristal un caramelo de menta. no paré de limpiar la plateria y sacudir las vitrinas del salón hasta que llegó don Carlos. encontrar también al ladrón? . Recuperará su pieza de mar[il. José.El inspector dobló aho­ ra el enorme pabellón de su oreja.-E1 inspector mostró la puerta. mi caballero: solamente en la mañana. el inspector Heliherto Soto respondió: -¡Eso eral Entonces el solterón. supongo. . -¿Conocía usted.. Era muy mo'reno. -¿ Trabajó ayer todo el día en esta casa? -comenzó Soto. remover la tierra de la jardinera. ¡lo que no dejó de parecerme extraño! El inspector hizo caso omiso de este comen tario. murmuró para sí: -¡Volverás a mí. Los lunes en la tarde trabajo en Vitacura y almuerzo ailá.IUD TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 101 -Bueno. lector. porque cuando abrí los ojos eran las cinco. señor. -Está bien. -El mayordomo tosió y agregó . a cambiarme ropa. Jacinto Flores. barrer La terraza . pero de ojos chispeantes y lleno de vida. dijo un nombre. señor. -¿ Yen qué consis Le su tra bajo? . y cuando volvÍ. puede retirarse -terminó el inspector Soto. -¿Ya qué hora se fue? -A la una. usted también. emparejar los setos. luego de anafizar las versiones de los tres sospechosos. suspirando. -Como todos los lunes y martes. No ti tubeó para sen larse en la silla. sólo entiendo de plantas.

Dlade compras de verdul'as y (rulas el11a casa de Olavarrla. 9. Equivoca'y vagabundea. Aluminio (inv. 5. Vocales Jistintas. Duefw de la pagoda. Sustantivo limpio.). Objeto de W7 tic de Soto (inv. Pesimistas y Obsole­ tas. En la manana. 2. EqUIvo­ có. Sigla de Teorías Arcaicas Retrógradas. Este perro. tI. que fluye par el piloto (inv. 10.a (inv). A la del campo también . Había una vez un empe. Se escucha en las corridas de toros. ~éJico especialista en ~I I I I VtaS urtnartas. Hierba aromática de múltiples usos. Ojalá sin esmog. Il. Norteamericano escritor de fantasías que erizan los pelos (inv. Letra (inv .). Licor fuerte (inv. La pagoda lo era (inv. le gusta el queso. I I I I de mujer. Privativo de ovejas.- f '0 " 1. si fuera doble.1I raJar que no tenía nin ­ guno. Preposición entro ­ metida. 6. Detrás (jnv. Nota musical femenina. 4.). Atrapa al bolón.). 9. 12. 4. 3. Quisiese con uslero. Corno ella era la cara de Ya-Lu­ Til1g. Tras de (inv. Tres vo­ cales iniciáticas.) Verticales: 1. . pero sí en los cumpleaños. No hay que hacerlo en clases.102 TRECE CASOS MISTERIOSOS EL CASO DE LA PAGODA DE MARFIL 103 CRUCIGRAMA DE LA PAGODA DE MARFIL Horizon tales: " .).). Flor de los valles. Las de la pagoda erar¡ diminutas. Espiritual nombre 'J. Estirar. Obje/o robado. Artículo musical. Si es muy fuerte. 6. Angulo para brazos (inv.. Nombre de la mucal1'l. Artículo indefinido.). Posesivo pronombre (inv. 2. 13. Colilarga y dientuJ" (inv. ¡pobre bote! Llena. Primera y tercera vocal.). bailaría (inv. 7. Artículo indefinido. 8. Medio abuelo (jov. Una "t" amarraría a estas vocales.). 5. DesesperaJo signo Morse. CiuJad sumeria. sohre las lorlaS. 12. 7.). 10. ülavarr[a se habla pasado el día entre la Bolsa y este lugar. Lugar de exhibición de objetos valiosos de OlavaJ7ía (plural).). Mucama de Olavarría. Servicio secreto de Hitler. Pronombre panl voso ­ tros. Alma del califonl. 3. Sos/enEa la agenda.). 8. Yo latino.).

". 1 "'.<l:I ". 9 (\ N a .LO . ¿Y'i... ' l}l(\ VW J.. O ... •• " ". .' rnGgo LGCOLL!Q J02 PSU­ G2CL!~OL!0' uo q!lo fTUS 20JS bSJSPLS' bGLO .1.0'01 ] l-l. Ol'"J10J."'tJ.Sal~ ntl'lv" 21'11 Vd aSJ. ON'f'V~ n "S Oti]w'1) < I 0""03' J \ el.~13 s.L'3:~8T1 SV1 '3:a OSV:) 1'3: StlNOIJfl'lOS ..IOw. <.l.70~'QI'1\ VI C."3 " 1 ~ H . ..J qGqo gG COUU!G' J1GL!qO SJ SbO).l._NON 111 s:3NCl1' . .9L2G GU JS C02' ill~LSUqO qG~GU~gSillGU~G S 2n2 SJnWU02' C. " " w .dO.. • V ~ 1 b g d ~ O '11 • • . bnJlisL qG COUUW LGC!!?U 2SpqO gG JS GUlGLillGqS' ~S bLOAGUlS qGJ qGqo'dnG JS2 J1SP!S 202~GU~qoi EU GUG bSJWGLS' !ELS GA~qGOfG d nG CS20' gGJ PPLG­ JS WSUCJ1S 20pLG JS bL~WGLS dITG ~fJ 2SpG2: (..JLSfQ qG pOLLSL fTUS rs bLOlG20LS' SJ GUCOU~LSL UnGASlIJGU¡G JS2 ppLG¡S2 GU 2fT SV~ON tIa SV.. o S • • 1 ~ .ÜfT!? A~O) VJgo lIJSUCJ1~~S 20pLG JS bLjWGLS PPLG¡S.

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novela. el universo. La gracia -y las muchas gracias. Prima una eierta banalizaci6n o relajación de la palilbra. que es tan infinitamente más grande que lo detectivesco y que es lo que brinda a lo detectivesco. una gota de agua. pero en el uso común ya no es este significado el que prima. no nos llaman la aten­ ción en lo más mínimo. aunque sea costoso. en todos los ámbitos de la vida. el misterio religioso. nuestro porvenir y nuestro pasado. como ya estamos acostumbrados a la mayoría. el hogar del vecino. principalmente. cine. Todo lo que ignorarnos y difícilmente sabremos es un misterio: no hay para qué dar ejemplos. por excelencia. usada en esas condi­ ciones. tiene pistas varias: las que le dejan otros buenos escritores. corno su propia experiencia y destreza. las religiones y las ciencias. precisamente. Pese a su amplitud y prolíferancia. con las nobles y profundas raíces del misterio en sí. y para el que lee son misteriosos los acontecimientos narrados y el arte del narrador. teatro de misterio: todo ello es detectivesco. y tiene también algunos instrumen­ tos que le ayudan en su investigación. sin embargo. .EL MISTERIO: INICIACrON E INCITACION Por earios Iturra La idea de misterio es mucho más amplia -y más misteriosa. De ellos están llenas las mentes de los hombres. claro que. la filosofía. Prima el misterio barato. el concepto de misterio ha ido quedando reducido. y parece indiscutible que hay quienes se dedican a costosos. Pero siempre prima lo barato.que lo que parece a primera vista.está en que haya quienes sean capaces de sustraerse a lo barato e interesarse por lo valíoso. El misterio toca a la literatura en un doble sentido: para el que escribe. a los límites de lo detectivesco. Pocos harán la reflexión necesaria para conectar la palabra misterio. Aún hoy el misterío es la esencia de la religión y el misterio religioso sigue siendo el esencial. Ha habido tiempos mejores que los actuales para el concepto de miste­ rio: cuando éste era. también se 10 brinda a muchas otras cosas. incluso en lo literario. son misteriosos los límites de la creación literaria. vivimos rodeaqos de misterios. Desde luego. en todo (no se salvan ni siquiera ciertos momentos privilegiados de la historia humana). las historias de los libros.que le permita llegar a dar con la obra perfecta. lujosos misterios. cuento. su carácter misterioso. Al buen escritor le preocupa saber la torma -y la f6rmula. los lib'ros de historia.

Siendo de segundo orden el género de misterio. J. En suma. al fin de cuentas. de la habilidad del escritor para manejar la forma. K. con excelen­ tes resultados. o a lo menos mediante una obra maestra. por la forma. y el misterio argumental de la narra­ ción misma. refiriéndolo exclusi­ vamente al desarrollo argumental. Para escoger un paisaje bonito no se necesita demasiado talento. En la actualidad se entiende por género de misterio. Se estima que son superiores y que producen un deleite más refinado las obras en las cuajes la calidad del argumento va acompañada -va siendo producida incluso. está perdiéndose la parte principal del disfrute de la belleza. La película puede contar una historia muy entristecedora. sino felices por el momento de placer estético que nos dio la belleza de la película. un gran escritor resuelve ese misterio median­ te una obra perfecta. Carlos Dickens. o por la belleza con que ha pintado el paisaje. Se le reprocha a la literatura de misterio. El buen lector.. incapaz de trasmitir su secreto a otros. gracias al arte vamos aprendiendo a descubrir la belleza de las cosas "feas". o con preferencia para uno u otro. Pero tomar una maravillosa fotografía de un crepúsculo que no es maravilloso. . O sea. en cuanto al contenido. sino también del concepto de misterio literario: no incluye nada relaüvo a la forma y. A lo lejos. qué pasa con los personajes. y en segundo lugar.el o los problemas planteados por yen la narración. Un paisaje feo no es grato de ver. cuál es el fin del argumento. el artista habría sido incapaz de lograrlo: incapaz de hacernos ver ese fondo.. depende el fondo. y la búsqueda sigue. De ahí que existen la novela de caballería. Vamos apren­ diendo a distinguir entre la forma y el fondo y comprendiendo que lo que importa es la forma. Henry James. o uno antes o después que el otro. por el asunto o por el arte. Y podemos interesarnos en ambos por igual.sino porque de la forma. Pues bien. mejor dicho. deja nadic de desconocer que una obra plantea­ da como de puro misterio puede alcanzar Wl nivel literario muy alto. de la trama: qué pasa enseguida . la picaresca. el misterio principal -limitándose a una sola de las facetas de la creación. el policial. además. eso no sólo implica una reducción del concepto de misterio. Agatha Christie. y no se fija en cómo se lo cuentan. aquellas que centran su interés en el planteamiento.sea el deseo irresistible de saber qué pasa a continuación: quién le qui tósus perlas a la tía Perla. la convencionalidad de sus métodos y lo repetido de sus misterios. o muy inquietante. porque han coincidi­ do las aptitudes de ciertos narradores con las preferencias de ciertos lecto­ res. ni que grandes escritores han dedicado algunos trabajos a ese género. esa elegante y descuidada tía rica. Como se ve. han escogido la del misterio meramente argu­ mental para dedicarle su trabajo. No por eso. aunque esté mal pintado. casi únicamente.120 COMENTARIO DE CARLOS !TURRA COMENTARIO DE CARLOS ITURRA 121 yen ciertos casos mayores. o. puesto que el argumento es una de las facetas de la forma. que un paisaje bonito pintado mal. la de espionaje.y comulgando con ruedas de quizás qué carreta maloliente.mantiene su calidad de misterio. ambos tipos de misterios nos inducen a continuar la lectura de una obra: el misterio de saber cómo enfrenta y resuelve el escritor los desafíos que se oponen al desarrollo de su narración. puede produ­ cir obras de primer orden. evolución y desenlace de una historia. por lo general. Ese misterio que mueve al lector puede ser de dos tipos. son algunos autores de gran literatura que han aportado estupendas piezas al género de misterio. no incluye nada que no sea relativo al esclarecimiento de un delito.. En la apreciación de cualquier trabajo artístico ocurre igual: podemos interesarnos por la belleza del paisaje que ha pintado un pintor. Chesterton. la de aventuras. luego es incapaz de explicar cómo la logró. es decir. pero !)i la cuenta con arte saldremos del cine no inquietos ni tristes por la historia. son autores de misterio y entre sus obras se pueden encontrar unas cuantas dignas de ser consideradas magnífica litera­ tura. Esos dos tipos de misterios están íntimamente ligados y su atractivo depende.nos vamos dando cuenta de que en realidad es más hermoso (y de que por ende es más arte y es mejor) un feo paisaje pintado bien. antes que el cuadro de un paisaje feo pero bien pintado. porque ha habido escritores con especial talento para manejar las expectativas que crea el misterio de un argumento y porque ha habido lectores que han buscado ante todo ese misterio. ha habido desde antiguo escritores que de entre todas las posibilidades de lo literario. la policial. y preferimos un cuadro con bonito paisaje. es tan grato como contemplar un hermoso paisaje A medida que vamos creciendo por dentro -lo que será muy difícil de evitar. por dos tipos de misterio pueden moverse los lectores: en primer lugar. Ellas y otras más se han ido dando a través de los tiempos. Por este motivo es que las obras de misterio. por su parte. Unos y otros han reducido el concepto de misterio. o pudo estar muerta cuando se las robaron.. por su parte. Edgar ABan Poe. Estas son las obras de mayor mérito. pierde el interés por la lectura si es que esta no lo impulsa a continuar hasta la resolución del misterio. con su dominio de la forma. En los comienzos de la apreciación estética todos atendemos más al aswlto que al arte. además. que tenían un aspecto bello. G. que eran feas hasta que el artista nos mostró. asesina'to o robo. incluso su genio. Por otra parte. H. cual­ quiera puede toparse con un crepúsculo maravilloso y tomarle una conven­ cional fotografia. Tía Perla pudo morir al ver que no estaban sus perlas. eso sí requiere talento. en algunos casos!. de modo que lo único que lleve al lector a seguir la lectura -iY vaya cómo lo lleva. Chase. contemplar una hermosa pintura de un paisaje feo. No sólo porque es en la forma donde se revela el talento de un pintor -o de un escritor o de un artista cualquiera. Pero la forma o fórmula precisa para dar con la obra perfecta -con "el crimen perfecto". Sin dominar la forma. el misterio de saber cómo termina la obra. el misterio de saber cómo resuelve el escritor -mediante su manejo de las palabras. han sido consideradas por la generalidad de Jos estudiosos y de los amantes de la buena literatura como de segundo orden. Geor­ ges Simenon. O sea. ya que basta para ello el paso de los años. El lector que sólo se fija en lo que se le cuenta. está incluido en ella.por la calidad de la prosa. en cambio. sin embargo.

aparte de hacernos pasar un rat. sus lectores habrán entrenado no s610 sus facultades de apreciación estética. pero no menos considerables. a apreciar también otros aspectos menos eminentes de lo literario. y es una de las mejores cosas que pueden hacer las personas: les permite aumentar sus fuentes de placer y alcanzar algunas que resultarían inalcanzables para siempre si el gusto no se educara.. una vez más. Sería como aficionarse a los mariscos. Si una novela policial presentara un misterio inaccesible a la razón y no lo resolviera. En este punto resulta apropiada la palabra misterio. pero no ir más allá de las almejas .. IncorporándoLos a la narración en calidad de detectives. en su profundo sentido religioso. facilitando y estimulando el acceso a obras literarias superiores. o policiales. se relaciona asimismo con la "iniciación". y quien se había propuesto llegar a ella puede alcanzar su meta incluso a través del relato policial. es que el religioso no se resuelve. ¡perdiéndose los erizos..o para poder disfrutar obras de primer orden .. o ignorante de los misterios de la religión.. sumada a su inocente agudeza. Será un entretenido comienzo para una vida de aventuras como lector.cisamente uno de los valores más rescatables que podrían tener las obras de misterio. las colitas de camarones. las ostras en su propia concha nacarada! El gusto se educa. pero aun así los misterios dt: la literatura tienen menos fieles todavía.oentretenido. les indicará cómo resolver los misterios: .. a pesar de que sea una lectura de segundo orden. la gimnasia mental de los lectores. se "inicia" en el conocimiento de ellos. envuelto en tinieblas etemas.de iniciar a las personas en los misterios de lo literario? Yo creo que sí: todos los caminos conducen a Roma. Después de todo.. Dos veces iniciática. por policíaca y por infantil. sino que también habrán hecho una especie de gimnasia mental. a todos los niños del barrio. Pero sería lamentable no pasar de ah\. están al final del libro. Los bordes del misterio religioso. Sería una lástima que hubiera lectores -en realidad los hay. al cabo de la cual ha de ser cosa muy simple distinguir el buen libro del libro que es una lesera o dd que es de segundo orden. Lo incomprensible.. pero ahora en otro sentido queel que hemos tenido presente hasta aquí. las playas de ese oscuro océano de luz. el secreto. no sería novela policial. Los misterios de la religión no cuentan. o los deudos del autor contra el lector. csta obrita ingeniosa podría llegar a arrastrar detrás de si.. Después de leer estos '''Trece casos misteriosos". Pre. racional. El "neófito"..ato policial podría prestar el servicio -si fuera tan amable. hoy por hoy. la palabra misterio. ¿El rel. un buen argumento también es una buena creación. y en esas playas se ejercitan los aprendices en el naclo que nunca los conducirá a nada.. como el Flautista famoso.a grato leer de vez en cuando una apasionante novela policial-y hay personas que lo hacen todo el santo día-.. evidentemente. en pos de una solución para las pequeñas ecuaciones policiacas de "primcr grado" aqul expuestas al público. despierta en ellos muy desde adentro el gusto por el misterio.. pues es inaccesible a la razón . con tantos devotos como los misterios de otros tipos. Y esa iniciación es como parte dcl misterio mismo.qúe se mantuvieran apegados a ese tipo de libros y que no aspiraran a educar su gust. Estoy seguro de que en la mayoría de los "casos". 1 .. ¡Las culpables son las autoras. son la iniciación.. gusto que más tarde habrá de llevarlos . y probablemente más de un lector defraudado se querellaría contra el autor.122 COMENTARIO DE CARLOS lTURRA COMENTARIO DE CARLOS [TURRA 123 (Una simpática diferencia entre el reducido misterio policial y el cósmi­ co misterio religioso. en efecto. está en que deberlan ser el inicio de llna muy provechosa "carrera" de lector. De primer orden es este para los niños. como su primer peldaño bacia la cumbre inaccesible donde permanece.) Es indudable que result.

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