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Ramas y Nidos - Plano [Alef Guimel]

Ramas y Nidos - Plano [Alef Guimel]

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RAMAS Y NIDOS

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ENTRE NOSOTROS Querido lector que desde hace varios años te asomas en mi vida interior y la escudriñas; una vez te dije: Quiero ser como el árbol que acepta su destino Y entiende la prudencia de apegarse a su predio... (Reflexiones de un guijarro, Pág. 25) Me encuentro y me reconozco cada vez mejor con esa imagen. Cada ramo del árbol es un certificado de madurez. Es un logro que muestra que la pujanza interna de la savia se traduce en acción y vida. En cada rama, el árbol reaf
RAMAS Y NIDOS

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ENTRE NOSOTROS Querido lector que desde hace varios años te asomas en mi vida interior y la escudriñas; una vez te dije: Quiero ser como el árbol que acepta su destino Y entiende la prudencia de apegarse a su predio... (Reflexiones de un guijarro, Pág. 25) Me encuentro y me reconozco cada vez mejor con esa imagen. Cada ramo del árbol es un certificado de madurez. Es un logro que muestra que la pujanza interna de la savia se traduce en acción y vida. En cada rama, el árbol reaf

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RAMAS Y NIDOS

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ENTRE NOSOTROS Querido lector que desde hace varios años te asomas en mi vida interior y la escudriñas; una vez te dije: Quiero ser como el árbol que acepta su destino Y entiende la prudencia de apegarse a su predio... (Reflexiones de un guijarro, Pág. 25) Me encuentro y me reconozco cada vez mejor con esa imagen. Cada ramo del árbol es un certificado de madurez. Es un logro que muestra que la pujanza interna de la savia se traduce en acción y vida. En cada rama, el árbol reafirma su intención de dar fruto, de atraer pájaros y cobijar nidos, convirtiéndose en un protector amoroso de otras formas de vida. Nosotros también, cuando damos lo más que podemos, cuando no nos concentramos sólo en nuestras raíces y cultivamos la comunicación con el mundo exterior, sentimos que la vida acude a nosotros, que nuevas ideas anidan en las horquetas, y las experiencias propias y ajenas nos enriquecen. Nuestros pensamientos y nuestros gestos de amor también llevan manifestaciones vivificantes a otros árboles, y dejan aferrados a ellos otros nidos. Luego, los pájaros que nacen y vuelan, llevan más lejos lo que han recibido. Todo el bien que les hizo el nido paterno, lo vuelcan en el nuevo nido que construyen. En la obra de Dios, todo está programado para dar y beneficiarse de lo que recibe. Extiende por favor tus ramas, y deja que algo de lo que te traigo anide en ellas.

Alef Gimel

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RAMAS Y NIDOS El árbol, que en otoño debe ser despojado, suelta al viento sus hojas con gesto resignado, y espera ansiosamente que broten los retoños. Luego viene el invierno, que su altivez sacude, pero las ramas guardan contra el viento transido, como implorando gracia, la impotencia del nido. Tu andar crea recuerdos, girando en remolinos, que al igual que las hojas secas alfombran los caminos. Hay sueños que se aferran al árbol sacudido, clamando por su vida, como claman los nidos. No dejes que sucumban, defiéndelos, abrígalos. Cuando lleguen los días severos de la vida, cuando ya se hayan ido tantas almas queridas al mundo subterráneo que hambriento nos reclama; cuando sea lento el paso de la carnes cansada que ansía el gran milagro de la restauración; ¡cuántos valores nuevos hallarás en los nidos de las memorias sanas que albergo el corazón!

Alef Gimel
- 1993 -

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La palabra de Dios, más aguda que espada de dos filos, como la describe el apóstol Pablo, en algunos casos debe abrirse paso hasta el corazón luchando contra serios impedimentos. He pensado en esto al detenerme cerca de las sesiones que agrupan a los no oyentes en nuestras asambleas. Los traductores, con asombrosa destreza, representan por señas la esencia de todo lo que se dice desde la plataforma. Los rostros de los que reciben el mensaje cifrado se iluminan al seguir la trayectoria de las ideas. Trabajosamente van almacenando la verdad en su corazón, bocado a bocado como la laboriosa hormiga, y edificando su fe, integridad y su futuro. CIUDADANOS DEL SILENCIO Están dentro de un cerco que apaga los sonidos; la música se aparta con un dedo en los labios; la vanidad del mundo es mímica sin ruido; desechan lo que es hueco, conservan lo que es sabio. Hurgan entre lo folio de la lejana historia, repasando las serias lecciones del ayer. Ningún impedimento les bloquea el camino que lleva a la insondable despensa del saber. Cuando llegue el desplome final de este sistema, Jehová sabrá guiarlos con una interna voz. Sus pensamientos siguen apuntando hacia el cielo, igual que el gesto gráfico de la palabra de Dios. En el lenguaje puro de las grandes verdades nos entendemos todos con total claridad. Las cálidas sonrisas, la paz de los semblantes, el apretón de manos, los ojos fulgurantes, universal idioma que nadie ignorará. Marchan calladamente hacia el ansiado puerto, y abrigan su esperanza bajo el amparo cierto de la señal exacta que es el nombre Jehová.
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PRIVILEGIO No me alabes, amigo, por esas pocas cosas que hice a tu favor. Fue gran misericordia de Dios para conmigo darme oportunidades para mostrar amor. Este es un privilegio que no todos persiguen y atesoran. Algunos han deseado acoplar su memoria a las obras más nobles que el hombre concibió, pero las oportunidades fueron pocas y esquivas y el que pudo abarcarlas no las aprovechó. No nos basta anhelarlo, pues es Dios quien dispone ¡Vemos correr a tantos por una recompensa que tal vez la disfrute quien no se lo propone! Quizá tú me rotules en tus gratos recuerdos, como aquella persona que logró hacerte un bien. Yo habré de recordarte como alguien que a mi paso me nombró en las tinieblas con una ahogada voz, y se aferró a mi brazo para buscar sostén. Ese es el privilegio del que escucha y responde: causar que otros sonrían dando gracias a Dios.

Alef Gimel
- 1989 -

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CARTA ABIERTA Respetables jerarcas en el gobierno ruso, que ayer fueron estrellas en el Politburó, ¿qué pasó con las máquinas de fabricar ateos? ¡No están saliendo en series, moldeados y pulidos! ¿Ya no sirve la fórmula? ¿Qué ingrediente faltó? ¿Olvidaron señores que el corazón del hombre tiene un altar innato para su Creador? Ustedes endiosaron la ciencia y las milicias, amordazaron pueblos para imponer sus normas, quisieron borrar cánones y suplantar la Biblia. ¡Han jugado con fuego y los venció el ardor! Dios deja que los sabios se enreden en su astucia. Existió un rey pagano, Nabucodonosor, que fue reconvenido y humillado en su trono, porque los fuegos fatuos nunca eclipsan a Dios. Jehová cortó una piedra de su excelsa montaña; (lo soñó el rey altivo, lo interpretó Daniel). Hoy la piedra es un Reino que de llenar la tierra, y que ningún humano puede dejar de ver. Jehová saca a sus siervos de cualquier cautiverio, Cubriendo su gran Nombre de dignidad y gloria. Sin sangre, sin metralla, sin himnos militares, este pueblo ha forjado una etapa de historia. Pues entonces señores, admitan su derrota. La fábrica de ateos hoy está en bancarrota. Naciones agobiadas ahora alzan su voz. Por más de medio siglo oyeron croar rana. ¡El pueblo pide Biblias, para escuchar a Dios!

Alef Gimel

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EL ANSIADO MAÑANA

¿Qué te dice el espejo? Seis décadas se han ido y nos sentimos viejos. El mundo nos dio poco de las cosas hermosas que habíamos supuesto. Todo requiere de lucha, casi nada es gratuito. Hasta las ilusiones deben pagar impuestos. No hay ventajas ni logros que el caminante pueda dar por sentados. Si te arriesgas a hacer un vaticinio, nadie te garantiza el resultado. Así son de inseguros los caminos de este viejo sistema agonizante. Miramos con anhelos un gran futuro de contornos brillantes, donde regresaremos gradualmente a las mejores cosas del ayer. Al sentir restauradas nuestras fuerzas no dejaremos nada a medio hacer El tiempo generoso del mañana ya no traerá horas huecas. No ha de ser el otoño un alambique de destilar recuerdos y exprimir hojas secas. Jamás habrá de oírse que alguien diga: —Mi plazo expira, y ¿quién me dio la vida? Cantaremos de gozo en los caminos al ir planeando logros con empeño, sin ver nunca el reverso de algún sueño.

Alef Gimel
- Julio 1993 -

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NO TIRES ESA LLAVE Aunque el viejo candado se perdió en la mudanza no tires esa llave que me está abriendo el paso a tantas remembranzas. Quiero bañarla en plata y tenerla a la vista como un adorno raro. Quizá solo yo entienda que esa anticuada llave tiene un mensaje propio, que sintetiza en clave muchos recuerdos caros. Ella abría la puerta de aquel patio enrejado, colmado de jazmines y claveles en flor, donde en noches de estío la familia reunida, conjugaba en voz tierna los mejores sentidos de la palabra amor. Ese patio florido, nos vio pasar de blanco para ir a la escuela, mientras mamá cumplía el casero trajín, y retornar ansiosos por las tortas horneadas y el humeante cacao, como diario festín. ¡Cuántas cosas sencillas formaban nuestro mundo! El corazón en calma, inquiría el profundo sentido de la vida, sin conocer a Dios. Él vio nuestros desvelos, y en un bendito día, nos dio la Biblia abierta, y allí estaba su voz.

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Mas tarde, nos marchamos para labrar caminos que nos llevaron lejos de aquel patio añorado. En la réplica exacta que se grabo en mi mente, aún revolotean los pájaros errantes y los jazmines que abren, perfuman como antes. Por eso te decía, no tires esa llave, pues si un día se ofusca mi borrosa memoria, ella quizá me ayude a trasponer las décadas, a revivir nostalgias, atizando rescoldos de días que aún guardan un reflejo de gloria.

Alef Gimel
- (Julio 1993) -

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EL NOMBRE QUE TANTO ABARCA

J amás has titubeado ante un enigma. ¿E rrar caminos? ¡No te ocurre a ti! H abrá un temblor y cambiará la historia. O lvidaremos la extenuante lucha. V amos llegando, pisoteando escoria. A la gran meta de la paz sin fin.
Alef Gimel

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LA DEUDA VERTICAL Se agitan las naciones sobre la deuda externa. Pesa sobre los pueblos carenciados una inflación que roe la reserva en metal. Siguen pidiendo créditos a las naciones ricas, porque el obrero exige un salario vital, poder adquisitivo y ventajas sociales. Crece la deuda externa, y se agigante el mal. Se está escurriendo el oro, la confianza, el sosiego. Hay un jerarca esquivo, hay un amo implacable, que trata a rico y pobre con aspereza igual. Calcula sus ganancias, no lo enternece nadie; no se humilla ni cede, se llama CAPITAL. No tiembles ni enmudezcas ante su prepotencia. Ha de ser humillado y caerá en el abismo. Sirve al amo satánico que no admite fracasos, pero arrastra sus socios al eterno ostracismo. Piensa en otra deuda registrada en el cielo, en la condena adánica que no pudo borrar ninguna fuerza humana, ninguna suma en oro, ninguna hazaña heroica, ningún decreto real. Eres un transeúnte que cruza un mundo impío. Te niegan privilegios, te acosan, te señalan, aunque sus propias leyes les nieguen la razón. Saben que aunque te injurien y te priven de todo nunca habrás de entregarles completo el corazón.

Ampara tu pobreza bajo el mérito eterno de aquella sangre justa derramada en el Gólgota, la cual ninguna quiebra podría devaluar. Esta creó una deuda con los mas altos cielos, que las cifras humanas no pueden abarcar. El reconocimiento de esa deuda insaldable,
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grabará en tu conciencia sus reclamos, para que nunca olvides que Aquel que te redime, tiene el derecho de llamarse Amo. Esa bendita deuda que ahoga el sentimiento murmurará a tu oído los sagrados deberes, te guiará sin tumbos, te apartará del mal. Nunca te independices ni quieras eludirla. Es tu mayor ganancia, la deuda vertical.

Alef Gimel
- Octubre 1993-

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¡TIENES QUE ESTAR ALLÍ! Salmo 98:5-9 Tienes que estar allí, cuando se unan mil arpas melodiosas a la voz grave y firme de cuernos y trompetas, que anunciarán al triunfo completo de Jehová. Cuando en cada garganta resuene la alabanza para aclamar un reino que no claudicará. Los mares de la tierra tronarán su alegría, aplaudirán los ríos con ardiente entusiasmo y hablarán las montañas desde su corazón. Los árboles a coro afirmarán que es cierto, que Jehová hizo justicia a su pueblo oprimido y que entró en Su descanso la entera creación. Allí verás las naves cobrando nuevo impulso, porque los ríos sanos han vuelto a ser azules, reflejando visiones de paz y belleza bajos cielos serenos, con nubes tules. Allí verás los bosques arrasados, surgiendo de la tierra con más fuerza que nunca, y vendrán las bandadas de pájaros errantes, sin terror ni amenazas, a llenarlos de nidos, a envolverlos en cantos con el gozo de antes. Puede ser que los Andes y los Alpes no se llamen así; puede ser que los busques con empeño y ya no estén allí. Jehová como escultor inimitable, retocará la forma y la materia para cambiar la antigua geografía. Nada traerá el recuerdo del mundo desechado con su historia sombría. Salmo 46:1-3

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Tu nombre hoy representa a un ser sensible, un corazón que late y reacciona a todos los llamados de la vida; una mente que inquiere y reflexiona y aclama la verdad establecida. No dejes que la abulia y la desidia te envuelvan y te aten como un fardo y cual materia inútil te descarten arrojándote a un lado del camino, y cuando suene el grito del gran triunfo divino ¡no puedas responder ni levantarte! Tienes que estar allí, para oír el aplauso de los ríos, para ver resurgir los grande bosques y darle razón al mar bravío. ¡Tienes que estar allí, para aceptar tus nuevas credenciales como honorable súbdito del Reino, que supo dar respuesta a viva voz al grotesco Adversario que afirmaba que podía ponernos contra Dios!

Alef Gimel
- Octubre 2003 -

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A LA ESTATUA DE LA LIBERTAD Señora de mármol, ya estarás cansada de alzar esa antorcha que no alumbra nada. Tu historia está llena de siglos sombríos. Tu antiguo mensaje cayó en el vacío. Te han cantado loas en todas las lenguas, sin tener en cuenta que antes graves fallas tus poderes menguan. Para defenderte se ha donado sangre, se ha sembrado muerte, mancillado tierra y amasado odios para nuevas guerras. Para que tu nombre no sea honrado en vano nos hacen conscientes del enorme alcance del derecho humano. Pero comprobamos cuán poco se aplica. Sus logros mezquinos no te justifican. Hay pueblos enteros que están marginados, clamando y sufriendo sin ser auxiliados.

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A los hombres libres, solo el pan del día les exige empeño. Duermen entre rejas que amparan su sueño Sus hijos no pueden jugar en las plazas sin ser vigilados. Hay que estar alerta porque no sabemos quien camina al lado. Atacan afuera peligros ignotos. Virus traicioneros roen nuestra entraña y menguan la vida con creciente saña. ¿De qué estamos libres, señora de mármol? Todo nos limita y nos amenaza; todo nos señala la fosa en espera. ¿Qué nos garantiza tu presencia, entonces?. Yo no pongo en duda tu intención sincera, pero un día cercano bajarás vencida de tu pedestal, dando tu renuncia con quebrada voz, cuando haga su entrada triunfal, para siempre la libertad eterna que nos manda Dios.
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Sin cuerpos lisiados, sin músculos muertos, sin bocas tapadas, sin ciegos ni tuertos. ¡Libertad bendita de gente que canta, porque ningún garfio cierra su garganta!

Alef Gimel
- Marzo 1994 -

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FLASHES DEL FUTURO ¿Te gusta como a mí, dejar vagar la mente, imaginando gratas bienvenidas y furtivos encuentros no planeados, en las sendas del nuevo paraíso que ya existe en nosotros arraigado? Allí no habrá jamás una partida que llorar, como hecho irremediable, ni un anhelo legítimo tronchado, ni una ilusión con pena despedida, ni un cariño profundo renegado porque se tornó en fraude y en desprecio, ni el nombre de un amigo rebajado al nivel de lo absurdo y de lo necio. Ha de ser fascinante recorrer los caminos y encontrarse con tantos felices rescatados conservados vivos por decreto divino, y saber que ya nunca habrá una fuerza extraña que los arrastre afuera, rendidos, maniatados. Vendrá el amigo fiel de tiempos idos para decirte con su tierno abrazo: —Jehová en su gran amor nos ha salvado, y hoy estamos aquí, querido hermano, por el poder de su invencible brazo, bajo la sombra de su santa mano. Gozaremos de días inefables, cuando el Seol libere a sus cautivos, porque Dios los restaura a sus lugares. Al estrecharlos y palparlos vivos, parecerá que hasta la tierra canta, y en el fervor de tan sentido abrazo, creerás que estás sondeando el infinito, o estás midiendo el cielo con tus brazos.

Alef Gimel
- Abril 1994 18

PAÑUELO DE PAPEL Había en la vidriera un seductor despliegue, entre tantos productos de la industria fabril, de unas pequeñas cajas que atraía la vista —“Cincuenta guardanapos de papel de Brasil” No sé que extravagante asociación de ideas, me hizo vivir de nuevo tan desdichada historia, tu niñez profanada, tu inocencia perdida, tu dignidad ahogada entre viles memorias. ¡Cuántos hombres cobardes invadieron tu vida y te usaron al paso, igual que un guardanapo, pañuelo descartable, que se estruja y se olvida; un papel absorbente, algo menos que un trapo! Algunos te dejaron que secaras sus lágrimas, o borraras las huellas de otros besos impuros. Algunos te buscaron para limpiar sus heridas, o el sudor derramado en el trabajo duro. Cruzaron por tu senda sin intentar quedarse ni mirar hacia donde te iba a llevar el viento, como hace con las hojas de un árbol sacudido y con los que no tiene razón ni fundamento. Pero el Dios infinito que ve desde la altura te advirtió entre las cosas que ruedan sin destino y te trajo a su pueblo, señalándote un norte. Has nacido de nuevo al hallar su camino. Ahora tienes un nombre que no será borrado una posición digna que no renunciarás. No has de ser algo simple, que no importa ni pesa. No serás guardanapo de nadie nunca más.

Alef Gimel
- Febrero 1994 19

A UNA AMIGA QUE HA DEJADO DE CONGREGARSE Entre las pocas sillas desocupadas que habitualmente se ven el Salón del Reino, ninguna me golpea el corazón como esa que tantas veces ocupaste a mi lado. Es un vacío lleno de espinas, más triste que el que crea la muerte, porque cuando un amigo muere en paz con Dios, su nombre y su recuerdo fulguran con la esperanza, con la seguridad de verlo volver un días, para gozar su recompensa, y para compartir con nosotros su galardón. En cambio, si alguien abandona su lugar en las filas del pueblo de Dios, si sacude sus hombros para dejar caer la responsabilidad de ser Testigo, que es la prenda de vestir que nos identifica, nos abriga y nos protege contra tantas asechanzas del mundo, ese está muriendo espiritualmente por su propia decisión. Sale pisoteando su esperanza, al revés del que muere dejando su nombre y su recuerdo como una lámpara entre los demás, irradiando la fe que lo sostuvo hasta el final. Aun su ausencia es una lección animadora para los que lo echan de menos. Hace algunos días, tuve que hacer grandes esfuerzos y persistir pacientemente para conseguir una entrevista en tu casa. Antes era tan natural encontrarnos para predicar, caminar juntas después de la reunión y visitar enfermos o personas que necesitaban estímulo. Ahora en cambio, surgen toda clase de obstáculos reales o imaginarios antes de lograr unos minutos de conversación contigo. Me hirieron profundamente tus palabras: -“Seguiré siempre creyendo en Dios y leyendo la Biblia, pero he decidido no seguir siendo Testigo de Jehová”. Te mostraste segura de que seguirás siempre creyendo en Dios. Sin embargo admitiste que has dejado de orar. Lo has puesto muy lejos de ti. Has creado un vacío lleno de frío y de tinieblas entre tú y Él. La relación cálida con tu Creador está dañada, pero ni irreparablemente, porque Jehová no tiene oídos sordos para los que humildemente calman por su ayuda. Él puede derramar en tu mente el bálsamo curativo que disipe tus dudas, ya que nosotros no hemos tenido éxito al intentarlo. Aunque abandones tu lugar, no puedes anular tu responsabilidad. Si alguna vez te presentaste ante un tribunal como testigo de un hecho, prometiendo con una mano sobre la Biblia decir toda la verdad, nunca podrás borrar lo que afirmaste.
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¿Acaso somos menos responsables cuando aceptamos ser testigos en la causa de Dios, y pusimos la mano derecha sobre la Biblia, comprometiéndonos no sólo a decir la verdad, sino a vivir según ella, reconociendo el valor de lo que nos declara y representan sus sagradas palabras? Hoy nos enfrentamos a la etapa final y decisiva de una guerra que empezó hace seis mil años por la soberanía universal. ¿Es sabio entonces declararse desertor del ejército que ya tiene la guerra ganada, pues sólo le falta sofocar la rebelión en esta minúscula Tierra, que es apenas un punto en medio del inmedible universo? No te ofendas por favor, si mis palabras te parecen demasiado duras y directas. Cuando uno trata de salvar a alguien que está a punto de ahogarse, no puede usar modales delicados, tiene que ser enérgico y firme, y a veces arrastrarlo del cabello. ¿Qué esperas encontrar en el mundo que hace tantos años abandonaste, que valga el riesgo de volver a él? Uno nunca regresa a un barco que se hunde para buscar algo que olvidó. Al contrario, debe alejarse de él lo más rápidamente posible, porque la fuerza absorbente del hundimiento traga todo lo que está a su alrededor. ¿Crees que vas a encontrar afuera algún sustituto aceptable del cuidado amoroso de la organización de Dios, y del cariño intenso y sólido de los que somos tus hermanos espirituales? Todo lo que queda en el mundo es arcilla quebradiza y cañas cascadas que no brindarán ningún apoyo. Piensa, te lo ruego, en el valor incambiable de lo que estás dejando atrás. Para los que te queremos, el vacío de tu silla en el Salón del Reino es un recordatorio doloroso y una interrogación llena de espinas. No olvides que Jehová tiene las mismas preguntas en su corazón, porque no quiere borrar tu nombre de su libro. No lo hagas esperar mucho por tu respuesta.

Alef Gimel
– 1994
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ORA TAMBIÉN POR MÍ Ora también por mí, que estoy bordeando como tú los abismos de este mundo extraviado, y esquivando las piedras de tropiezo en caminos de hoyos camuflados. Vemos en los recodos de las tortuosas sendas de esta vida, la arena movediza del pecado y tanta gente en ella casi hundida. Estamos exhortando a los que escuchan a evitar los fangales malolientes del vicio, que tragan caminantes descuidados, los cuales tal vez nunca puedan ser restaurados ni recobrar de nuevo el sano juicio. ¡Cuánto necesitamos que Dios nos tenga en cuenta, y le brinde su apoyo a la fragilidad de la carne indefensa que su poder alienta, mientras crecen las filas de una enorme hermandad! Cuando aquí, una hueste de siervos dedicados, duermen tras dar las gracias por el día provechoso, en otros hemisferios, hay una muchedumbre que a la labor se apresta, ya cumplido el reposo. La oración fortalece la relación sagrada comunicando al hombre con el Ser Infinito, pero también acerca entre sí a los humanos, para que compartamos sus cargas agobiantes y demos al caído una amorosa mano. Subirán como incienso tus palabras y en silencio de los altos cielos, perfumarán en el altar de Dios, más allá de la música profana, de los gritos de guerra y la metralla, de la palabras necias, de las indignidades, del tráfico que agrava la demencia
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en el clima febril de las ciudades Yo también necesito que otros mencionen ante Dios mi nombre, que no ha adquirido brillo por sí mismo, y sólo tiene rasgos muy leves de bondad, escaso de valores esenciales para estar en los libros que está haciendo Jehová. Su bondad es un don inapreciable, y aunque nos colme el corazón de paz, l o que afirmo su Hijo es innegable: —Cuando hayan hecho, reconozcan que lo que había que hacer es los que hicieron y son siervos inútiles, no más. Lucas 17:10

Alef Gimel
–1994–

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HIJO PRODIGO, ESCUCHA... A un rey no se le dice: —Espérame, ya vuelvo, porque he dejado cosas que quiero terminar. Tu invitación me halaga, pero hay otras que atraen mi atención y mi anhelo; no las puedo ignorar. Aun rey no se le dice: —La indecisión me embarga, si me esperas un poco cumpliré otros deberes, y con las manos libres, aceptaré el don regio de tu amistad preciada y el feliz privilegio de servir en las filas de tu ejercito real. Compartiendo tus triunfos y tus dignos propósitos, que jamás retrocede ente ningún rival. Ante tales excusas un rey se ofendería; te echaría a la calle con justa indignación; te negaría la entrada para cualquier reclamo te cerraría el camino. No habría apelación. Pero el gran Soberano que rige el universo desde el trono más alto que jamás existió, aún te espera, y te llama por medio de tus siervos, aún confía en que vuelvas a su enorme redil. Los ojos incansables en las ruedas del carro, investigan la Tierra. Al acercarse abril, cuando conmemoramos la muerte de su Hijo, se hace un esfuerzo en masa por los que aún suspiran en las sendas del mundo que los aprisionó, tratando de acercarlos a los santos umbrales de la casa del Padre, que no los olvidó.

Alef Gimel
- Septiembre 1994 –
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LA FAMILIA Eres punto de arranque de todas las ternuras, objetivo mayor de las nostalgias, puerto anhelado en horas de premura, incentivo que avivas los recuerdos; el más hondo vacío cuando faltas... Si te hemos defraudado, un dolor siempre acerbo; si te hemos traicionado, una espina que escarba. Fuiste el barco seguro que emprendimos la incierta travesía en el mar de la vida. Los que nos amparaban señalaron las rutas, pues ellos sabían mucho de las rocas escondidas. Nos dieron el apoyo de su sana experiencia implantaron motivos dentro del corazón; señalaron al cielo con su libro de cuentas para aplacar amagos de cualquier rebelión. Nos diste ese sentido leal de compromiso, con un apego mutuo de interdependencia. Honrar a los mayores, defender los pequeños; que otros no nos dividan; la unidad es la ciencia. Familia patriarcales de los lejanos tiempos, convertidas en tribus formaron las naciones. Familias dedicadas de los últimos días, son preciados cimientos de las congregaciones. Aquellos que se apeguen a su amoroso círculo, la llevaran en triunfo a través del desplome, y ante los ojos sabios del creador infinito, clavarán sus estacas en el mundo futuro. Allí armaran sus tiendas, en un predio seguro, y el cielo ha de inscribirlas con un nombre bendito.

Alef Gimel- Septiembre 1994 25

CARTA DE UNA MADRE CRISTIANA Querido hijo: Es la primera vez que nos separamos por tanto tiempo, y te extraño mucho. Me llenaste el corazón de gozo cuando te ofreciste voluntariamente a pasar todo el verano con los abuelos a desmantelar su pequeño negocio, que ya no pueden atender solos, y a hacer varios arreglos en su casa que necesitan la energía de una persona joven. Ellos son los que me dieron la vida, y los quiero entrañablemente: por eso ahora, es una compensación que un hijo mío los ayude en un momento de necesidad. Cuando terminen las clases y tus hermanos menores estén libres, iremos todos a dar una mano. Como te decía, alegraste mi corazón con tu buena disposición para ir y poner tus hermosos veinte años al servicio de ellos. Pero después vinieron los pensamientos aprensivos que toda madre tiene cuando un hijo joven se aleja del hogar. Tu padre se siente igual que yo. Como siempre se nos dice, estos son los dificultosos últimos días, llenos de trampas escondidos en todos los caminos. Aunque estarás concurriendo a las reuniones de allí y saliendo a predicar, nos preocupa un poquito el hecho de que no conocemos a los que llegarán a ser tus nuevos amigos. Es cierto que te asociarás con jóvenes dedicados como tú, pero el gran crecimiento del pueblo de Dios nos ha enfrentado al difícil problema de tener en nuestras filas algunos que aún no se han renovado mentalmente para revestirse con la nueva personalidad cristiana. A veces les abrimos el corazón porque son hermanos; nonos cuidamos de ellos ni los tratamos con la cautela que empleamos con los de afuera, pero algunos que no han madurado como cristianos, sutilmente van ablandando nuestra conciencia para inclinarnos a aceptar procederes que más tarde lamentaremos y que pueden dejar marcas indecorosas en nuestro registro de vida cristiana. Sé que te vas a sentir solo viviendo con dos personas que están e el umbral de los ochenta años. Más que nunca necesitarás compañerismo con gente de tu edad para quitarle austeridad a la rutina diaria. Quiero decirte como el apóstol Pablo al joven Timoteo, que para el fue como un hijo: “No permitas que nadie menosprecie tu juventud”. Por lo general pensamos que estas palabras indican que a pesar de la juventud, alguien puede aceptar
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responsabilidades y atenderlas como una persona mayor y no debe ser tenido en menos sólo por ser joven. Eso es verdad. Pero yo veo algo más en esas palabras. Si alguien te incitara a la inmoralidad, o a probar una droga, o a fumar a escondidas para conocer una sensación diferente, ese está también despreciando tu juventud al tratar de degradarla y corromperla. De tanto en tanto, en nuestras reuniones de familia, hemos repasado el pasaje bíblico en que José, el hijo de Jacob, tuvo que enfrentarse a las propuestas inmorales de la esposa de su amo Potifar, que se había enamorado de él. Es importante reconocer el hecho de que José no se detuvo a expresar excusas, ni a disuadirla con palabras ceremoniosas y llenas de cortesía, a causa de posición encumbrada de ella, o por temor a las consecuencias que pudiera traer su enojo. Huyó de ella sin pérdida de tiempo, porque el pecado es uno de los hijos predilectos de Satanás y recibió de su padre argumentos muy poderosos para lograr sus fines. Muchas veces les dije a ti y a tus hermanos: - Nunca se detengan a escuchar cuando un criminal explique por qué cometió un crimen, o cuando un vicioso describa el placer que le da el vicio. Lo mismo se puede decir del pecado en general. No hay que dejarlo hablar, ni permitirle que se justifique. El único proceder sabio es poner distancia de por medio como hizo José, y esconder la cabeza entre las manos de Dios, que se sentirá feliz al fortalecerte, pues has acudido a Él. Cuida y frena tu corazón, lleno de impulsos para ser joven y sano. El corazón no debe ser un caballo salvaje que se lanza a gastar su energía en la carrera de la vida. Sino un esclavo disciplinado, útil y bien dispuesto a toda empresa honorable. Muchos jóvenes hoy no saben esperar los frutos de una felicidad forjada paso a paso, y el gozo de llegar con un registro irreprochable a un matrimonio de éxito, bendecido por Dios. La explicación más común es: - “Caí por amor” Han hecho cuentas especulativas para facilitarle el camino al pecado: - “Dios sabe que somos débiles. Él ha perdonado a muchos los mismos errores”. Yo pienso que les falta cultivar el verdadero concepto del amor y el matrimonio. Si uno piensa elevadamente de la persona que ama, no quiere degradarla ni hacerle daño. En vez de someterla a sus caprichos, quiere defenderla y enaltecerla. No la convierte en un objeto de asombro y
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comentarios maliciosos entre los que esperaban verlos llegar sin mancha a la meta fijada. En el mundo de hoy la inmoralidad se ofrece en envases atractivos y se comercia con ingeniosa competencia. Se busca que la gente la acepte como un acontecimiento lógico, que ayuda a sobrellevar las cosas pesadas y duras del diario vivir. El placer dura poco, pera las secuelas permanecen, y a veces hasta terminan con la vida de uno. Ahora el mundo está absorto contemplando uno de los últimos regalos de Satanás: el sida. Saben como darle cuerda y hacerlo funcionar, pero nadie ha descubierto cómo detenerlo. Aparte de las imprevisibles consecuencias del pecado, viene aparejada una de las más tristes experiencias humanas: Tener que rebajar de golpe el valor que se había asignado a sí mismo, y sentir la marca denigrante que uno mismo le puso a su nombre en los registros de Dios. Por eso te ruego hijo, no dejes nunca de orar. Que tu relación con el Padre Celestial no sea un lazo que puede cortarse fácilmente. Gracias de todo corazón, por lo que estás haciendo por mis padres. Obsérvalos y escúchalos. Verás en ellos la fuerza y la belleza que tienen las vidas simples y llanas de los que llegan al fin de sus días sin haber defraudado a Dios. Tu madre que te quiere y piensa mucho en ti. ―ſſ―

Alef Gimel
(Del libro Ramas y Nidos)

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CORAZÓN Hace ya tantos años que caminas conmigo, y aún me embarga el gozo de sentirte mi amigo. Antes que yo entendiera la sístole y la diástole, en la niñez lejana, repleta de ilusiones, sentí que te debía los momentos más gratos y quise alimentarte con dulces emociones, grabando en ti paisajes, pensamientos profundos música inspiradora, propósitos honestos, y lo poco de noble que aún se encuentra en el mundo. Entendí que eras la dádiva del Creador excelso, receptáculo abierto, víscera imprescindible, fuente en la que otros beben la deseable agua mansa, cuando te hemos guardado de las cosas impuras, para reflejaras de Dios la semejanza Me duele que hoy te llamen “principal asesino”, porque al estar cargado del estrés de la vida, la inquietud traicionera, la zozobra escondida, a veces te haces trizas como un vaso preciado, abrumado y confuso, transido y agotado Para mí sigues siendo posesión muy valiosa; tus resortes funcionan todavía eficazmente, trayéndome recuerdos en vívidos colores, sin conflictos internos, sin riñas con la mente. Por eso te conservo, libre de cerraduras, abierto a los que ansían un refugio sereno, porque allí siempre cabe otro rostro, otro nombre. Me gusta que te busquen con espacio habitable, que en ti vuelquen sus penas, y te crean bueno.

Alef Gimel
- Septiembre 1994 -

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CORRESPONDENCIA Amigos que la pluma me acerca desde lejos, que buscan mi respuesta con afán dadivoso, y mi inquietud reflejan con fieles espejos. ¡Cuán sol han traído a mis inviernos grises, cuánto calor de lumbre y auténtico sentir, aliviando las cargas con ráfagas felices en tantos días austeros del áspero vivir! En cualquier frágil sobre se alojan tantas cosas, que transforman el día y alegran la rutina, esparciendo el encanto de una lluvia de rosas. Me fascina la idea de la enorme distancia que cruza el pensamiento que nos viene a buscar, sin saber en que ámbito derramará fragancia, ni cuánto necesita el que lo está esperando, de alguna voz de aliento que lo ayude a confiar. Se elevan por encima de las diarias fricciones y de la absurda ofensa que surge sin querer. Amistad generosa que no provoca heridas; sin ningún egoísmo, sin recriminaciones, mira con ojos ciegos lo que no quiere ver. Sigan llegando amigos, crucen los continentes, denme a sentir el pulso de una pura emoción. Yo amo esas palabras, gozosas o dolientes, y al abrir cada carta, encuentro un corazón.

Alef Gimel
- Septiembre 1994 -

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LA MUERTE DE LOS LEALES El hombre siempre apeló a los inagotables recursos de la imaginación para que le ayudaran a revestir poéticamente las realidades más tristes. Para adornar la fealdad de la muerte surgió Caronte, el barquero que remaba a través de un gran lago, llevando a los que abandonaban el mundo de los vivientes, hasta la otra orilla, donde empezaba el mundo de los muertos. Algunos pueblos de la antigüedad, se aferraban tanto a esa leyenda, que enterraban a sus seres queridos con una moneda en la boca, para que pudieran pagarle el viaje a Caronte. Siempre nos favorece usar la imaginación, ese invalorable sistema con que Dios nos dotó para que podamos convertir bosques oscuros, imprecisos, en cuadros reales, iluminados llenos de colorido y palpitantes de vida. Podemos hacerlo sin necesidad de crear leyendas, sino adquiriendo el punto de vista de Dios sobre las realidades que nos duele aceptar. ¡Qué limitado es nuestro entendimiento cuando lo comparamos con el de Jehová! Nosotros nunca pondríamos a la muerte en la lista de cosas de valor, ni entre las ganancias, sino en la lista de pérdidas. Cuando se habla de la muerte de una persona muy amada se dice: - “Es una irreparable pérdida”. En el Salmo 116:15 la Biblia declara: “Preciosa es a los ojos de Jehová la muerte de los que le son leales”. Esas palabras tan abarcadoras, nos hacen pensar en acontecimientos que están fuera del alcance de nuestros ojos. ¿Qué se hace con las cosas de gran precio que han de guardarse por tiempo indefinido? Primeramente, se les asigna un lugar seguro, donde no puedan ser dañadas o robadas. Jesús habló de la importancia de acumular tesoros en el cielo, donde el moho o la polilla no destruyen, dónde los ladrones no pueden llegar (Mateo 6:20). La muerte de los que permanecen leales a Dios hasta el último aliento, es preciosa a sus ojos, y esto mueve una cadena de acontecimientos en el cielo. Primero, ese nombre tiene que ser grabado con honor en el libro de recuerdos que se está haciendo en la presencia de Dios, como menciona el profeta Malaquías en el capítulo 3:16. Allí se registran las obras meritorias de los siervos de Jehová. Los que cierran los ojos para el sueño duradero, ponen punto final a su registro. Ya nadie puede añadir algo más, ni bueno ni malo. Será imposible borrar o anular lo que allí se ha asentado sobre su nombre y sus hechos. A ese documento de identidad archivado en el cielo, hay que añadirle una imagen, que será la base de la imagen futura, ya que los resucitados tendrán los rangos hereditarios que le corresponden. Junto con esto, se registrará la parte más valiosa de la historia de uno, una reproducción exacta
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de su mente, sin la cual nunca podríamos volver a ser nosotros mismos, ni saber quienes fuimos. Cada recuerdo, cada habilidad, cada fecha, cada emoción estará en el lugar para que el que vuelva a vivir y a tener conciencia de sí mismo, se sienta dueño de su mente y de su pasado. Un orador, hace mucho tiempo, explicó la resurrección con una ilustración que he atesorado siempre, porque me ha ayudado a explicar, mejor este milagro, que para la mayoría es un misterio difícil de desentrañar: “Un hombre tenía un grabador en el cual escuchaba a menudo una grabación muy significativa para él. Un día algo pesado cayó sobre el aparato y lo arruino irreparablemente. El dueño retiró su querida grabación y la guardó. Algún tiempo más tarde, pudo escucharla igual que antes, en un grabador nuevo”. Nuestra mente, es ese registro magnético que vamos grabando a través de la vida y que estará en un cuerpo nuevo. Si llegamos a necesitar la resurrección. Esa es la parte insustituible, exclusiva de cada uno, que es imprescindible que se nos devuelva, para que recobremos nuestra filiación. El cuerpo puede estar enfermo, mutilado, deforme por un accidente o una enfermedad, pero la persona sigue siendo quien es, porque cada uno es su mente. Allí está la verdadera identidad. Dios guarda celosamente ese registro mental que es la esencia, la cumbre de la persona. ¡Cuánto trabajo minucioso en los archivos celestiales cuando un siervo de Dios gana la carrera terrestre adjudicándole la plusmarca de la lealtad! Entonces, quedan acreditados a su nombre, junto con la aprobación de Jehová, los tesoros acumulados de las buenas obras. ¡Cómo se ha enriquecido el cielo con tantas historias completas de integridad! El corazón de Dios está colmado de nombres, de imágenes, de hechos que no pueden ser olvidadas. La muerte de los que le han sido leales hasta el fin es preciosa a sus ojos y tiene recompensa asignada. No hay ningún Caronte que nos lleve inconscientes, remando su barca a una tierra donde no queremos ir. Pero existe un decreto irrevocable del Gobierno Teocrático, para transportarnos refugiados y residentes legales a un mundo justo, con la perspectiva de ser herederos eternos del planeta que fue creado para que nosotros los humanos, lo habitemos y lo cuidemos.

Alef Gimel

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LA TÍA BELÉN (Consta de13 Págs.) El matrimonio Montes siempre había tenido la Biblia en su biblioteca, lo mismo que los abuelos. Aunque no la leyeran mucho representaba su fe en Dios y su respeto a todas las personas ejemplares que habían vivido en las eras patriarcales. Tenían dos hijas. La mayor se llamaba Belén, en recuerdo de la cuidad donde había nacido Jesús. La otra se llamaba Betania, en recuerdo de la ciudad donde Jesús realizó el más sorprendente de sus milagros: la resurrección de Lázaro, que había atravesado no sólo las puertas de la muerte, sino también las del sepulcro. Belén y Betania Montes eran dos hermanas que se querían entrañablemente. Sus juegos de la niñez y sus sueños de la adolescencia armonizaban. Muchas veces se habían prometido una a la otra: —“Seremos más que hermanas, seremos las mejores amigas del mundo siempre. Nunca permitiremos que algo nos divida. Trataremos de vivir cerca la una de la otra, para ayudarnos mutuamente. Nuestros hijos crecerán juntos y procuraremos que estén unidos por un gran cariño.” Pero hay sucesos imprevistos que nos salen al encuentro y reducen a cenizas algún “siempre” o “nunca” que hayamos pronunciado con la intención de hacerlos valer por tiempo indefinido. Belén era sosegada, tranquila, muy confiable para cualquier deber que se le asignara. No hablaba mucho, pero sentía las cosas profundas. Betania era alegre, conversadora. Tenía una voz rica en matices y cantaba casi todo el día. Parecía que su presencia llenaba toda la casa Fernando y Alicia Brates crecieron en el mismo vecindario y concurrían a la misma escuela que Belén y Betania Montes. Los cuatro pasaban juntos la mayor parte de su tiempo libre a causa de la estrecha amistad que unía a sus padres. Desde muy niño, Fernando había sentido una gran atracción hacia Belén. Le gustaba hablarle de sus proyectos futuros, de sus sueños de ser un buen arquitecto y también de los problemas que surgían con otros chicos en la escuela, porque ella siempre tenía unas palabras de consuelo y comprensión. Betania en cambio, tomaba todo a la ligera, le restaba importancia a todo.
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Prefería contestar con una broma antes de simpatizar con la persona dolorida. Ese compañerismo basado en las excelentes condiciones de Belén, llegó a ser algo muy importante para Fernando. Los padres de ambos observaban complacidos, pensando que se estaba poniendo el cimiento para un matrimonio que sería un gran acierto. Los Brates de tanto en tanto le mencionaban a su hijo cuan felices serían si algún día Belén entrara en la familia como una hija más. Sin reparar en ellos Fernando dejaba que influyeran en sus sentimientos y en sus planes, como e la niñez sabiendo que los que sus padres deseaban sería para bien. Así, sus demostraciones de amor hacia Belén se hicieron cada vez más significativas y echaron raíces profundas en el corazón de aquella muchacha callada y serena. Un día en el que el cielo parecía más iluminado que nunca, Fernando le dijo: —“Yo quisiera que nuestro cariño se hiciera fuerte y durara para siempre”. Y Belén contesto: —“Yo quisiera que no te alejaras de mí nunca”. Fernando emprendió con entusiasmo la arquitectura. Su hermana Alicia había seguido Corte y Confección y estaba trabajando en un taller de alta costura. Belén se dedicó con amor al magisterio porque le encantaba tratar con niños. Betania con bastante trabajo, al fin convenció a sus padres para que la dejaran concurrir a una escuela superior de canto. No quería que nadie la desanimara de usar su hermosa voz, que parecía un don del cielo. Ellos le explicaban pacientemente que no estaban en contra de que cantara, ni pretendían que desperdiciara su voz, pero que temían las asechanzas de ese ambiente lleno de tentaciones, en que muchas muchachas escalaban posiciones sacrificando virtudes. A fin de protegerla dispusieron que Belén la acompañara a los ensayos de una zarzuela que iba ser representada el invierno siguiente por un grupo de nuevos cantantes en uno de los principales teatros de Montevideo y luego en el interior. Varios de los muchachos que integraban el conjunto se disputaban la simpatía de Betania, pero ella no había demostrado predilección por ninguno. Cuando llegaron los fríos rigurosos, Belén cayó enferma con cogestión pulmonar y se vio obligada a permanecer en cama bastante tiempo y a hacer luego una cuidadosa convalecencia. Vivían en Carrasco, cerca de la rambla, donde la humedad del río y el viento invernal se hacen sentir.

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Fernando y Alicia se ofrecieron acompañar a Betania a los ensayo, que a veces se extendían hasta la medianoche. Alicia fue varias veces pero luego el gerente de la casa de alta costura le pidió el favor que se quedara fuera de hora cada día, porque se acercaban dos bodas importantes y quería asegurarse que todo iba a ser entregado a tiempo. Fernando en cambio sacrificó la oportunidad de escuchar algunas conferencias especiales que se dictaban en la Facultad de Arquitectura para que los padres de Betania estuvieran tranquilos respecto a su hija. Belén empezó a sentirse herida por una sospecha que prefería no cultivar. Fernando ya no le dedicaba tanto tiempo como antes. El decía que estaba en lo más dificultoso de sus estudios y se sentía muy cansado. Betania también estaba cambiando. Ya no venía a comentarle los pormenores de los ensayos. Sus padres parecían preocupados y más serios que de costumbre. Muchas cosas de valor se estaban enfriando en el centro de su vida. La sensación térmica dentro de la casa no era muy diferente de la que se intuía afuera, al mirar los árboles despojados y los cielos grises a través de la ventana. Pero el corazón de Belén aún buscaba refugio en aquellas palabras que ella y Fernando habían pronunciado: —“Yo quisiera que nuestro cariño se hiciera fuerte y durara para siempre”. Y Belén contesto: —“Yo quisiera que no te alejaras de mí nunca”. Un día Fernando le dijo que lamentaba profundamente haber confundido sus sentimientos. Le explicó con pesadumbre que eso pasaba en muchos noviazgos que habían surgido de un apegado compañerismo en la niñez, porque a veces dos personas se acostumbran por tantos años a estar juntas, que luego les parece que no sabrán vivir la una sin la otra, pero el simple hábito no es una base sólida para un matrimonio exitoso. Ya fue bastante difícil decir todo eso; no tuvo el coraje necesario para mencionar el nombre de la persona que lo había puesto en la disyuntiva de analizar sus sentimientos. Raúl Montes tuvo una larga conversación con su hija Belén después de haber recibido la correspondiente explicación de Fernando. Con su ternura de padre, trató de derramar bálsamo sobre la herida. Le comentó que ese problema se presentaba frecuentemente entre los jóvenes. Le aseguró que a él le había sucedido lo mismo antes de conocer a Adelina, con quien se casó cuando estuvo seguro de que quería vivir y morir a su lado. Le dijo lo que comúnmente se dice acerca de estos triángulos: “Es mejor que haya dos felices y no tres desdichados”.
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—Los dos me aseguraron en distintas ocasiones que querían estar cerca de mí siempre y no alejarse nunca —recordó Belén acongojada. —Es mejor que esto suceda ahora y no después, cuando el daño sería mayor. —Entiendo papá. Trataré de que mi corazón no se llene de rencor. Betania siempre tuvo muchos frívolos a su alrededor y Fernando es completamente diferente. El se debe haber deslumbrado con ella, que siempre está alegre y tiene de tanto que conversar. Yo sé que soy parca y desabrida. Tal vez no lo merezco tanto como ella... (no pudo seguir hablando, las lágrimas inundaban sus ojos). —Una cosa más quiero decirte, Belén. Tu madre y yo haremos lo que esté a nuestro alcance para verte feliz. Ellos quieren casarse a fin de año, aunque a Fernando todavía le falta un año para recibirse. Este episodio nos tiene mal a todos, pero tampoco podemos oponernos a esa boda. Algún día tú también encontrarás la dicha verdadera, estoy seguro. Aunque tu personalidad es tan diferente a la de tu hermana, tus buenas cualidades saltan a la vista y alguien las apreciara como es debido. Pasó aquel invierno largo y difícil. Belén había abandonado por tanto tiempo sus estudios que tuvo que dar el año por perdido. Betania había intervenido con éxito en la zarzuela y pensaba que tenía una carrera próspera por delante. Al mismo tiempo estaba muy ocupada con los preparativos de la boda, buscando un apartamento para alquilar, comprando cosas para la casa y todo lo que se requiere en esos casos. Los padres de ambos sugirieron que no hicieran fiesta y propusieron un almuerzo íntimo entre las dos familias. Cerca de la fecha, Raúl Montes envió a Belén a pasar los meses del verano con su madre que vivía en una finca campestre en Florida. Alí, la muchacha retraída y callada de siempre, buscó la oportunidad de ayudar a su abuela envasando productos para el invierno y trabajando en diferentes quehaceres. La paz del campo le ayudó a vendar las heridas de su corazón y con la bondad que era tan natural en ella, deseó que su hermana alcanzara la felicidad que ella no había podido realizar. Más de una vez volvieron a su mente aquellas palabras que ambas pronunciaron en la
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adolescencia: -“Seremos las mejores amigas del mundo siempre. Nunca permitiremos que algo nos divida.” Ahora comprendía que el “siempre” y el “nunca” no nos pertenecen. Betania, en cambio, pasó muchos años sin volver a pensar en aquellas palabras. Era muy feliz. Prefería venir a visitar a sus padres en las primeras horas de la tarde, cuando Belén estaba en su escuela dando clases. Cantaba en su casa, haciendo sus tareas y ocasionalmente, en ruedas de amigos y reuniones sociales. Fernando estaba haciendo un éxito de su carrera. Se especializó en diseñar edificios modernos y prácticos para fábricas. Esto le valió un contrato en Chile y allí vivieron casi veinte años. En Chile nacieron Roberto y Pamela. Ahora, los dos sentían mucha nostalgia del hogar paterno. Los padres estaban envejeciendo. Deseaban disfrutar de los nietos, que solo veían de tanto en tanto en tanto en breves vacaciones. Cuando hacía dos años que Fernando y Betania vivían en Chile, Adelina Montes se enfermó y tuvo que ser operada. Después de eso, su energía disminuyó mucho. Belén la ayudaba de mañana con los quehaceres de la casa, pero de todos modos parecía que todo era más pesado para ella ahora. Entonces decidieron tomar una persona que les ayudara. Alguien les recomendó una mujer joven, bondadosa y honesta, soltera con un niño de tres meses, que no tenía parientes ni hogar. Así, Celia Suárez y el pequeño Danilo entraron en la vida de la familia. Celia se mostró buena y servicial y se hizo querer. Era una muchacha del interior a quien su madre la había dejado en una casa donde trabajaba, en Melo, mientras venía a Montevideo a sacar sus documentos. Pero nunca había vuelto a buscarla. La habían hecho trabajar mucho en su niñez y su adolescencia, con mala alimentación. Cuando tenía dieciséis años vio la oportunidad de escapar con una porción miserable de dinero que la dueña de casa había dejado olvidado en un cajón de su mesa de luz. Fue suficiente para sacar un pasaje a Montevideo y comparar algunas facturas de panadería por dos días, hasta que encontró trabajo. Cambió varias veces de casa, buscando justicia y consideración humana. Al fin dio con una pareja de checoeslovacos de mediana edad y sin hijos, que se compadecieron de ella y la tuvieron cinco años a su servicio. Allí
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se repuso de su desnutrición y hasta tenía un poco de dinero propio para gastarlo en lo que quisiera cada mes. Viviendo en esa casa conoció a Iván Petrovic, el padre de Danilo. Iván había sido marino desde la adolescencia. Tenía entonces casi cuarenta años y deseaba dejar el mar, porque estaba cansado de esa vida dura, y enfermo de artritis. Sabiendo que había parientes de su madre en Montevideo, los visitó cuando su barco permaneció unos días en el puerto descargando algunos productos. Les expuso sus deseos de vivir en tierra y cuidar su salud. Ellos le ofrecieron su hogar bondadosamente, y el barco partió sin él. Pasó casi tres años en la casa de los Dimitriov, trabajando en distintas ocupaciones, pero entonces ellos decidieron volver a Checoslovaquia. Iván también quiso ir con ellos. Danilo era un bebé de tres meses entonces. Él lo había reconocido y le había dado su nombre, pero no se había decido a casarse con Celia. Cuando se despidieron le dijo: _”Trabajaré en Checoslovaquia y cuando pueda ofrecerte un buen lugar para vivir, te enviaré un boleto de avión para ti y el niño.” En este pasaje de la historia, el maestro de piano de la escuela de música donde iba Betania, un checo amigo de los Dimitriov, les recomendó a Celia. Sus anteriores patrones partieron con la satisfacción de saber que no quedaba desamparada. Las secuelas de adolescencia triste se hicieron sentir después del nacimiento del niño. Los Montes la veían siempre cansada y ojerosa. Rendía poco en el trabajo, pero por humanidad, no pensaron en ningún momento en despedirla. El médico diagnosticó una anemia bastante pronunciada. Hicieron todo lo posible por establecerla, pero se presentaron muchas complicaciones. Al fin, cuando el niño tenía cuatro años, Celia dejó de existir. Sabían que no había familiares a quienes recurrir, y no tenían idea de cómo ubicar a Iván Petrovic. Nada se podía hacer, excepto criar a Danilo y darle todo el amor que necesitaba. El niño, al sentir la ausencia de su madre, se apegó a Belén, que era la que más lo mimaba. Ella siguió criándolo como un hijo y le enseñó a llamarla “tía”. Se ocupó de su bienestar y su educación. Cuando tuvo suficiente edad para entenderla, le contó la breve historia de su vida y todo lo que sabía de aquellos dos nombres que figuraban en su partida de nacimiento. Danilo era un niño dócil, cariñoso, y tuvo una niñez feliz en la
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casa de los Montes. Muchas veces dijo: -Tía Belén, yo quiero estar contigo siempre. Que nadie me saque de esta casa nunca. Cuando Danilo tenía diecisiete años, por primera vez recibió noticias de su padre. Una agencia internacional dedicada a localizar personas, tenía la comisión de hacerle saber a Celia Suárez y a su hijo Danilo que Iván Petrovic quería comunicarse con ellos. Casi un mes después de entregar todos sus datos a esa agencia, Danilo recibió una carta de su padre en español entrecortado. Le pedía que aceptara el pasaje de avión que quería regalarle para que viniera a visitarlo y a conocer su país. Iván Petrovic había llegado a esa altura de la vida en que se piensa en la continuidad del apellido y se mira retrospectivamente al camino andado, deseando que otros encuentren buenas cosas con qué iluminar nuestro recuerdo. En esa etapa, el hijo que veinte o treinta años atrás se podía considerar una complicación no deseada, puede convertirse en el logro más apreciado. El llamado de la sangre es poderoso. Una explosión de sentimientos desconocidos hasta entonces, llenó el corazón del muchacho. Después de considerarse desde que tuvo uso de razón, un huérfano olvidado, era emocionante saber que su padre lo buscaba y deseaba verlo. Una fuerza irresistible lo impulsaba a responder. ¡Conocer a su padre, conocer Checoslovaquia, quizás otros países de Europa, y experimentar tantas sensaciones nuevas...! Era imposible decir que no. Belén lloraba en silencio, pero no intentó disuadirlo. Comprendía los sentimientos de Danilo. Ir era imperativo párale, pero temía que se quedara allí definitivamente, su ausencia iba a hacerse sentir cada día, como una espina en el corazón. Raúl y Adelina también se pusieron muy tristes. Danilo era un nieto adoptivo que había llenado muchos vacíos, ya que los hijos de Betania estaban lejos. Un día, lo acompañaron todos al aeropuerto y lo despidieron con lágrimas y muchas interrogantes en la mente. Belén recordó que Danilo era la tercera persona que le había dicho que quería estar cerca de ella siempre y no alejarse nunca. Más o menos un año antes de la partida de Danilo, Belén había recibido un llamado de teléfono que fue una gran sorpresa. Mercedes Raffo una de las alumnas que había cursado tres años de escuela primaria junto a ella, a la cual
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no había vuelto a ver desde aquel tiempo, la había localizado por medio de la guía telefónica y quería visitarla. El encuentro fue muy cordial y realmente provechoso. Después de relatar cada una su vida a grandes rasgos desde que dejaron de verse, Mercedes y Belén entraron en temas de valor espiritual. Mercedes había pasado por un período de depresión profunda después de perder un hijo adolescente en un accidente de tránsito. Los esfuerzos hechos por un buen siquiatra y os medicamentos recetados, habían sido de escasa eficacia. No conseguía dominar la angustia mental que se apoderaba de ella, para torturarla enfocando siempre aquella enorme pérdida, aquella ausencia que nada podía compensar. Un día, cuando estaba hundida en estos sentimientos, su hija Elsa entró en la pieza y le pidió por favor que escuchara a una muchacha que hacía más de media hora que estaba conversando con ella en el jardín y le había leído palabras reconfortantes de la Biblia. Elsa insistió y casi la obligó a decir que sí. Pocos minutos después, la predicadora estaba sentada junto a su cama con la Biblia abierta. Le ayudó a ver que la razón de no poder sobreponerse a la depresión era el gran vacío que había en su mente. En el lugar en que debía estar la esperanza como cimiento firme, había un hueco oscuro que le quitaba el equilibrio y la seguridad. Le leyó las palabras de Pablo en Hebreos 6:19, donde comparara a la esperanza con un ancla. Cuando no tenemos una esperanza segura y vienen una prueba que nos sacude- le explicó- somos un barco que se suelta del ancla para marchar a la deriva, o tal vez al naufragio. Mercedes entendió bien la ilustración. Sus precarios conocimientos de religión, una religión edificada sobre tradiciones, fechas y costumbres, pero no sobre verdades bíblicas, la habían convertido en un barco que iba a la deriva frente a la tempestad. La joven predicadora había seguido visitándola para implantar en ella la esperanza verdadera. Ese bálsamo espiritual había producido e mejores resultados que todos los específicos preparados por laboratorios. Ahora ella, misma, renovada y fortalecida, quería hacerle esa clase de bien a los demás. -Quizás te resulte extraño que te diga, Belén, que tu nombre ha venido con frecuencia a mi mente desde un tiempo a esta parte. Entonces saqué en conclusión que debía ser la voluntad de Dios que yo te trajera el mensaje de la Biblia.
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-Es un momento oportuno, Mercedes, y lo necesitaba. Mercedes siguió visitando a los Montes, semana tras semana. Danilo participaba en el estudio bíblico, mientras Raúl y Adelina escuchaban complacidos. Aquellas horas edificantes llegaron a tener una importancia especial en la vida de la familia. Cuando Danilo estaba por viajar a encontrarse con su padre, le recomendaron que no perdiera la oportunidad de seguir estudiando la Biblia cuando conociera a algún proclamador de las Buenas Nuevas. Luego, Belén quedó sola con sus padres en la casa que la había visto nacer. Betania había escrito en cuanto a los planes que tenían de volver definitivamente. Belén decidió dejar el magisterio y dedicar todo su tiempo y atención a cuidar de sus padres envejecidos. Mientras tanto en Chile, Betania, Roberto y Pamela, estaban embalando las cosas que querían llevarse y se preparaban para entregar la casa a sus nuevos dueños. Fernando, por su parte, decidió hacer un viaje rápido en su auto a suelo argentino, con el fin de cobrar algunas deudas pendientes y girar el dinero al Uruguay mediante algún banco. Los Andes nevados aparecían majestuosos , llenos de impresionante belleza al cruzar la cordillera. Pero, esos gigantes estáticos pueden tener sus días de agresividad cuando el clima los desafía, y aquel era un invierno riguroso. De tanto en tanto, se forma un alud que no da tiempo a nada. Arrasa viviendas en las faldas de las montañas y sepulta vehículos, o los arrastra hacia los ríos. Esa fue la razón por la cual el arquitecto Brates no volvió con los suyos. Betania y sus hijos llegaron a Montevideo algunos días después, para enfrentarse a un panorama distinto, a un futuro no previsto, sin angustias económicas, pero con el gran vacío de la viudez y la orfandad. Los cuatro abuelos sacaron fuerzas de su propia flaqueza para consolarlos. La tía Belén no podía hacer menos. Su instinto maternal insatisfecho, y su natural ternura, encontraron recursos escondidos para prodigarse ampliamente. Betania se alegró íntimamente. Por muchos años se había sentido culpable del distanciamiento y había pensado que nunca volvería a sentirse tan cerca de su hermana como en la niñez y la adolescencia. Pero ahora, aquel planteo que se había presentado sin que lo buscaran, sin que ninguno de los tres deseara dañar a otro, ya no existía. Poco a poco, las dos hermanas fueron acercándose de nuevo. Un día lloraron juntas recordando juntas el tiempo en que se proponían vivir siempre cerca una de la otra y ayudarse mutuamente en todo.
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-Yo aprendí, Betania, que los humanos no podemos usar las palabras “siempre” y “nunca” en todo su alcance. Dios es el único que puede hacerlo. Él ha sido generoso al darnos la oportunidad de ver cumplido ahora, ese deseo de la niñez. Ya no tendrás motivos para alejarte de nosotros. Tus hijos, al sentirse queridos por todos, se repondrán más fácilmente de la pérdida sufrida. Hacía ya siete años que Danilo había partido para Checoslovaquia. En todo ese tiempo habían recibido algunas cartas de él. Pero era evidente que muchas no habían llegado a destino. Aquellas espaciadas cartas, trazaron un panorama bastante claro de la situación. Iván se había casado cinco años después de volver a su patria, pero no habían tenido hijos. Por eso, el niño que había dejado tan lejos, en las costas del Uruguay, siendo su único retoño, llegó a ser en su vejez la persona más querida y más deseada. Iván había ido al aeropuerto a buscarlo, apoyado en un bastón y caminando con gran dificultad. Sus pies y sus manos mostraban el avance implacable de la artritis deformante. Su esposa lo acompañaba. Un empleado de la compañía aérea condujo a Danilo donde ellos lo esperaban, ya que no lo conocían. Con bastante esfuerzo y estudio, Danilo había logrado hablar el idioma tanto como para hacerse entender. Trabajó en albañilería, plomería y agricultura. La esposa de su padre era amable y hospitalaria. Apreció su ayuda y compañía cuando Iván quedó postrado por su enfermedad. Danilo estuvo a su lado cuando cerró definitivamente los ojos. Entonces, no cabía otra idea en su cerebro que la de volver junto a la tía Belén y a sus padres, los únicos abuelos que había conocido. Jamás podría dejar de reconocer que las manos amorosas de ellos habían disipado las densas sombras que amenazaban su vida después de la muerte de su madre y el abandono de su padre. Pudo haber sido un niño sin hogar y sin hogar en el mundo; pudo haberse convertido en un mendigo errante, o haber vivido refugiado en un triste asilo, o haber caído en manos de rufianes y aventureros. Ellos le habían guardado a cubierto de todas esas posibilidades, convirtiéndolas en sombras leves que no lo habían avasallado. Aunque no tenía la sangre de ellos, le habían brindado, altruistamente y sin cálculos, todo lo que la voz de la sangre induce a dar. De vuelta del aeropuerto, se formó una alegre rueda familiar para escuchar sus experiencias y relatos. Los hijos de Betania hicieron muchas preguntas interesantes sobre los países del bloque comunista de Europa. Danilo había visitado Polonia y Hungría. Sus conocimientos de inglés lo habían llevado a los principales puntos de atracción. Le impactaron los antiguos edificios que aún guardaban reflejos del esplendor de otras épocas.
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Disfrutó de algunos lugares de diversión donde grupos musicales donde se destacaban los violines, hacían oír hermosas melodías, frecuentemente acompañadas de bailes folclóricos. El guía le explicó que, a pesar de su apariencia alegre y su buena disposición para entretener a los visitantes, si se les pedía su opinión acerca de problemas que afectaban a la gente, se mostraban muy reservados. Desconfiaban de cualquiera que tocara esos temas, pues podía ser un agente del gobierno que trataba de localizar opositores. Los polacos en cambio, eran un pueblo apagado y triste. Ya habían pasado más de cuarenta años desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes y los rusos invadieron Polonia al mismo tiempo, para luego repartírsela entre los dos. Ese pueblo, introverso y sombrío, desconfiaba de los extranjeros que tanto lo pisotearon; parecía estar siempre evocando mártires y esperando nuevos ataques. - ¡Cómo necesitan ellos y todos los demás, un reino celestial! - agregó Danilo. Mientras el joven hablaba, Belén observaba los callos del trabajo en sus manos. Los rasgos de la adolescencia habían dado paso a facciones varoniles y firmes. Danilo ya era un hombre, dueño de una personalidad muy atractiva. - Tía Belén, quiero agradecerte especialmente la sorpresa que me diste escondiendo una Biblia entre la ropa de mi valija. La he leído mucho, y también el libro que me regaló Mercedes al despedirme en el aeropuerto, “Hágase tu voluntad en la tierra.” En Checoslovaquia es muy difícil encontrar algo en español para leer, así que, tenía muy buenas razones para apreciar tales regalos. ¡Cómo deseaba volver, Uno se siente tan distinto aquí, pudiendo expresar lo que cree, y practicar la religión que ha escogido. Ahora sí, no queda nadie en el mundo que me pueda hacer ir a otro lugar de la tierra. Espero quedarme cerca de ustedes mientras Dios me permita vivir. - Lo mismo digo yo, Danilo. – añadió Betania. El corazón de Belén estaba rebosante de gozo. Dos de sus más arraigados cariños, dos que habían dicho “Siempre” y “Nunca”, volvían a ella. La década de los 80 estaba finalizando. Betania y sus hijos vivían en una linda casa que habían comprado a pocas cuadras de los Montes. Todos formaban parte de la congregación local. Mercedes venía de tanto a verlos. No podía olvidarse de ellos, que habían sido una de sus más queridas experiencias en el ministerio cristiano. Una tarde en que Belén y Pamela estaban a solas entraron en un diálogo muy significativo.
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-Tía Belén, ahora que te conozco mejor, a veces pienso, ¿cómo es posible que una persona tan buena como tú no haya alcanzado la felicidad? ¿Por qué nunca te casaste? ¿Nunca estuviste enamorada? Belén buscó la manera de responder a sus preguntas sin mencionar los hechos antes de la boda de su hermana: - Tuve oportunidades, Pamela, pero ninguna me convenció del todo. Tal vez el peor obstáculo haya sido el concepto que yo misma forjé del matrimonio, del compañerismo perfecto, de la afinidad intachable que deseaba lograr. Ahora que estoy en la tercera edad, observo los matrimonios de los demás, que necesitaron mucho esfuerzo y buena voluntad de ambas partes para mantenerse unidos, y entiendo que, lo que yo esperaba rara vez se produce en este siglo, cuando la imperfección humana está tan avanzada. Pero, quiero analizar tu pregunta. Dijiste que yo no alcancé la felicidad. A mi edad, la felicidad se ve de una manera distinta que en la adolescencia, querida. Ustedes, los jóvenes, suelen describir la felicidad como una combinación de acontecimientos que la providencia señala, y que deben presentarse en cierto orden. Yo también tuve tu edad, Pamela, y en mis sueños de felicidad no podía faltar una linda casa, hijos hermosos e inteligentes, un auto nuevo, una cuenta bancaria, ropa y muebles a la moda, fiestas agasajos, viajes...todo eso no proporcionaría el mismo placer si un no tuviera una rueda de amigos en el mismo nivel social, entre quienes lucir y disfrutar las cosas valiosas que se poseen, sin sentirse disminuido ante tal grupo selecto. Aunque uno no se dé cuenta, esa metas convierten la vida en una carrera de competencia. Para ustedes, los jóvenes, la felicidad es una serie de logros visibles. Para mí en cambio, es un capital de bienes intangibles. Es una empresa en la que cada uno debe comprometer su mente, su corazón y su constante esfuerzo. Jesús de Nazaret sabía que la felicidad es algo en lo cual los humanos pensamos mucho y por lo cual corremos con afán toda la vida. Por eso, les dio a sus discípulos un enfoque distinto al describirla como un estado mental, una satisfacción de conciencia, una seguridad interna de haber hecho lo mejor que uno podía dentro de sus limitaciones. Creo que eso es lo que está envuelto en aquellas palabras de Jesús tan citadas, que encontramos en Hechos 20:35: “Hay más felicidad en dar que en recibir”. Esa felicidad sí, la conozco, Pamela. Tienen que ver más con lo que la persona tiene adentro, que con lo que viene de afuera. Es un don del cielo, que te compensa plenamente por aquellos logros que te hayan sido negados.

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Mientras Belén hablaba, hubo una sucesión de escenas queridas, como telones de fondo, pasando por su mente: Sus años en la escuela moldeando hombres y mujeres del mañana; el amor de madre prodigado a Danilo; el tiempo dedicado a su padres en la vejez; la constante búsqueda de nuevos adoradores en el ministerio cristiano; y últimamente, el consuelo que podía brindar a Betania, afligida por la viudez, y a sus sobrinos, que podían haber sido sus propios hijos. Ahora, lo que estaba por encima de todo en su genuina felicidad, no eran el “siempre” y el “nunca” que pudieran pronunciar labios humanos, sino los que había pronunciado el Creador. Se complacía en repasar mentalmente algunas de esas promesas imborrables:  Si siguen haciendo estas cosas no fracasarán nunca. (Pedro 1:10)  El que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. (1 Juan 2:17) Belén había hecho la firme decisión en su corazón de servir a Jehová para siempre y no fallarle nunca, confiando en que el Dueño exclusivo del “siempre” y el “nunca” le ayudaría a lograrlo.

Alef Gimel - 1991(Del libro “Ramas y Nidos”)

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VIAJE ANIVERSARIO Medio siglo he pasado en tus fieles rebaños, desde que me llamaste, Dios nuestro , en tu bondad. Hoy estoy recorriendo sitios en que te invocan, miro atrás al cambio, los años dedicados, los primeros cincuenta, frente a la eternidad. Volví a ver los gigantes de los Andes augustos. Reiteraron al paso sus viejos comentarios: “Seguimos siempre firmes, donde Jehová nos puso. Vimos pasar las eras de amarga rebeldía y estamos esperando la proclama innegable, cuando Jehová se adueñe de la soberanía”. Octubre 29. Arribamos a Chile. El pájaro gigante descendió suavemente; fue muy grato el encuentro con Fernando Morrás, llegamos expectantes al cabo de una hora, a Betel, con sus aires dignos de gran señora, donde nada hace falta, ni nada está de más. Sus jardines colmados de hermosos pensamientos, se cuidan y se riegan con constante desvelo. Allí también florecen los otros pensamientos, que nutren sus raíces en los más altos cielos. ¡Cuántos buenos amigos, y felices encuentros horas nobles de gozo ante mesas servidas! Se habla del Paraíso tan vívido y cercano, y el pasado regresa con memorias queridas. Alice Trucco, tu auto es un corcel enérgico que nos brindó sus bríos sin ningún titubear; te has adherido al muro de mis gratos recuerdos. No trates de evadirte, no te voy a soltar. En la tranquila villa El Belloto, nos alojó la casa de los Brito. ¡Cuánta hospitalidad bien apreciada!
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Amor no escatimado, así como está escrito. Nos recibieron los abuelos Trucco, en su huerto de árboles frutales, en las afueras de Villa Alemana. Gozamos del calor de su cariño; son un afiche de la vida sana. Visitamos Con-Con y compartimos con la familia Brown buenos momentos; frente a la puerta del Salón del Reino, hubo abrazos, ternura y sentimiento. Viña del Mar, princesa retraída que contempla el Pacífico insondable; pelícanos reunidos en las rocas, gaviotas en oblicuo aterrizaje, en esa hora de paz inexpresable, cuando el sol se sumerge y el paisaje se rinde ante la sombra inexorable. Allí también café, momentos cálidos en el noveno piso de cierta Torre Zeta, deshilando con Zorka memorias emotivas de los lejanos días en que tracé mis metas. ¡Valparaíso espérame! Quiero volver un día y escudriñar tu ánimo cuando se pone el sol, para verte vestido con tu capa de luces, audaz banderillero que torea la noche perforando su cuerpo hasta el nuevo arrebol. Llega el sábado cinco y levantamos vuelo, ¡adiós bosques, montañas, radiante primavera; Océano Pacífico, tan dueño de su nombre! Vamos hacia el invierno, Colombia nos espera. Bogotá, gran meseta que habitaron los MUISKAS y asentaron sobre ella su estado patriarcal. ¿De dónde habrán venido con su extensa cultura? Tiempos precolombinos colmados de aventuras...
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eran agricultores, pescaban con arpones; evaporaban agua y obtenían sal; eminentes orfebres de metales preciosos; urdían telas complejas con diseños simétricos; hacían casa redondas todas de estilo igual; perpetuaban la vida del pueblo laborioso brindando al sol y al agua su devoción ritual. Bogotá colonial, con sus viejas calles, estrechas, empedradas, hablan de antiguos días. Calle de las culebras¸ calle de la fatiga; y cual presagio oscura, Calle de la agonía. Nos albergó Betel, muestra del Paraíso, deleitable anticipo del futuro esperado. Manos trabajadoras, sonrisas generosas, amistad perdurable, días atesorados. Aquél cacique indígena que le dejó su nombre al pintoresco sitio de Facatativa, jamás, ni aún en sueños pudo haber presentido, que su famoso nombre sería repetido en sobres y membretes de cuanto viene y va. Hermoso Río Neusa que alimentas los bosques y das a las montañas un espejo ideal, sigue así, retraído, apartado del mundo, anticipando el Reino que se impondrá triunfal. Largas conversaciones con los buenos amigos que hicieron de la pluma un valioso instrumento para abrirse camino en otros corazones, y a la amistad otorgarle duraderos cimientos. Blanca Beltrán...su casa noble y hospitalaria. Gabriel, Julián, Fernando..¡qué cálidos encuentros! Charlas inolvidables sobre temas muy serios. Montoya, preocupado por algún refrigerio, maneja con destreza enseres de cocina. Horas que se esfumaron dejándonos su esencia cincelada en la mente y fija en la retina.
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Martes 15, partimos hacia el lejano México donde tantos encuentros deseados nos aguardan. Allí están los Rodríguez, los Silva y tantos otros que en la obra del Reino plantaron sus raíces, cuando este siglo veinte era inexperto y joven. Confiando en que obtendrían resultados felices a la mies se aplicaron con afán día tras día, y el pueblo dedicado maduraba y crecía. Betel es una aldea con cientos de habitantes; expresión refinada de orden y elegancia; mármol inmaculado que miden nuestros pies. De allí salen las páginas que diez países usan para honrar con labores al Dueño de la mies. Dones de Dios en hombres la operan y pueblan. ¡Cuánta sabiduría se respira entre ellos! Invalorables horas...¿por qué no se detienen? ¡Quien pudiera apresarlas con sus dichos, sus hechos, y retener el SUMMUN de los momentos bellos! Otoño mexicano, pródigo en días serenos te reviste el encanto de la flora tropical; desplegaste un hermoso abanico de horas y sucesos amables desde el punto inicial. Encontré muchos rasgos de los días incaicos en tu baúl de joyas que el tiempo no desdora. Lecciones imborrables, mensajes misteriosos, al que los lee sin prisa, y los descifra ahora. Tus muy laboriosos indios ¡cuánto impulso te legaron! ¡Cuántas culturas se unieron y a la vez te edificaron! Las pirámides aztecas, al igual que en Babilonia, son de estilo zigurat y con un templo en la cumbre. Allí comían los dioses, que según se suponía, exigían corazones que se arrancaban latentes, y cuando no se los daban, tampoco el pueblo comía, pues retenían las lluvias en los veranos ardientes. Ahora, los siervos de Dios dicen a sus descendientes,
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que Jehová también les pide su corazón en ofrenda pero hay que dárselo vivo y palpitando en el pecho que señale el rumbo justo, y que su ley bien entienda. Puerto Vallarta, encanto y otra vez el Pacífico, en la fascinadora costa de Bucerías. Montañas muy lejanas, impreciso bosquejo, al vaivén de las olas se adormecen los días, se hace real el Reino, se hace polvo el estrés. ¡Cómo gozan las sierras visibles, arboladas ante el mar inmedible que les besa los pies! Tres días inigualables, ¡gracias hermano Peña, por esa casa grande con corazón de madre que recibe al que llega con ternura hogareña! Cuatro siglos de historia están documentados en tus antiguos muros, ágil Guadalajara. Tu fe de nacimiento la firmó el Rey de España reconociendo el nombre que los indios forjaran. Siervos de Dios te honran predicando el mensaje. ¿Virtudes? Entre ellos no escasea ninguna; se palpan en la amable recepción de los Vázquez y en la amplia y generosa vivienda de los Luna. Noviembre está expirando, se acerca la partida, triste es dejarte México; yo te digo “hasta luego” entraste en mis recuerdos con una tea encendida. El tiempo y la distancias no han de ahogar ese fuego. No estoy hablando de límites con escudos y banderas, sino de lo que Dios ama y está cuidando con celo para trasladarlo al mundo que no ha de tener fronteras. Entre las rosas más bellas que me quiste ofrendar me has clavado dos espinas que son duras de arrancar. Ahorita nomás te explico; es bien fácil de entender: Una es la pena de irme y otra el ansia de volver

Alef Gimel
Noviembre de 1994 50

COLOMBIA (Consta de 2 Págs.) Antes de la llegada de los españoles, Colombia estaba habitada por diversos pueblos indígenas. Los más importantes eran los caribes, los guajiros, los quimbayas, y especialmente los muiskas que eran buenos agricultores y excelentes orfebres. El Museo del Oro, propiedad del Banco de la República, consiguió reunir un fabuloso tesoro de imágenes que muestra la habilidad de aquellos primitivos orfebres para trabajar en metales preciosos. Grandes vitrinas reproducen todos los aspectos de la vida y costumbres de los indígenas. Grandes esmeraldas, también se exhiben, que son otra de las clásicas riquezas de Colombia. Al recorrer la parte más antigua de Bogotá, uno se asombra del nombre que tenían algunas calles y que aún lo conservan, grabado en azulejos: Calle de las Culebras, y probablemente refiriéndose al camino de Cristo hacia el Gólgota, Calle de la Fatiga y Calle de la Agonía. El hermoso Betel nuevo está en Facatativa, lugar alejado de la capital, que lleva el nombre de un antiguo cacique indígena. Está construido en un predio de 26 hectáreas. Tiene un horizonte de montañas que lo respalda, un lago con patos que se desplazan en él, muy complacidos, frente a las ventanas del amplio comedor para 500 personas, usado ahora por 250 miembros de Betel. Al fondo, aparecen estacionadas 12 camionetas de la Sociedad y un bus que lleva a los de la familia al Salón de reuniones, en la misma propiedad y a la ciudad más cercana, Facatativa, cuando es necesario. Los dos grandes edificios de viviendas están preparados para hacer frente a probables sismos, pues sus paredes externas están construidas de modo que caigan hacia fuera. Las paredes internas son incombustibles. Hay un espacio de 60 cm entre ambos edificios que permiten la oscilación si se bambolean. Ocho mil cartas mensuales se despachan desde allí a otras partes del país. El papel que usa la imprenta es enviado desde Canadá. Colombia usa 190.000 revistas mensuales pero produce 500.000 y surte a Ecuador, Venezuela y Perú. Manejan 300.00 suscripciones. El país tiene actualmente 46 circuitos y 4 distritos.
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En las zonas cercanas a Panamá, donde están los guerrilleros y los narcotraficantes, los hermanos pasan momentos difíciles de tanto en tanto. En general son respetados por su neutralidad. Cuando los visita el superintendente de circuito, los ancianos locales tienen que presentarse a los jefes de los guerrilleros, como si fueran un gobierno legal, y anunciarles que esperan la visita de tal persona y cuántos días permanecerá con ellos. Siempre debe salir acompañado por un testigo conocido y respetado en la localidad. En un lugar llamado Córdoba, los guerrilleros acostumbran robar vacas a los más acaudalados y repartir carne a los pobres. Un día quisieron regalarle carne a un Testigo, pero este la rehusó sabiendo que era robada. Eso los disgustó, y a los pocos días entraron en el Salón del Reino y anunciaron que al siguiente domingo iban a matar una vaca en la puerta del Salón y repartir la carne, y al que no la aceptara lo iban a matar. Los hermanos quedaron muy preocupados. No podían transigir y aceptar la carne. Tampoco podían dejar de ir a la reunión por miedo a lo que pudiera suceder. El problema se resolvió solo porque el sábado por la noche, un grupo guerrillero enemigo de estos, vino de otra localidad y mató a todos los del grupo local. De modo que, la reunión del domingo fue normal, como siempre.

Alef Gimel
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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UN DOBLE AMANECER (Consta de 4 Págs.) Julio Ronsard se despertó aquél día con las primeras luces del alba., como sucedía habitualmente en verano. Solía dejar las cortinas de su ventana un poco recogidas para que la claridad del amanecer lo llamara a las tareas diarias. Antes de acostarse, daba una última mirada a las estrellas que eran un constante recordatorio de la inigualable obra del Creador, como dicen las palabras de apertura del Salmo 19: “Los cielos están declarando la gloria de Dios...” Le gustaba mucho ver el rocío que empezaba a elevarse sobre el campo al levantarse el sol. Parecía una sábana de tul con la cual la tierra se hubiera cubierto para dormir durante la noche. El rocío lo hacía pensar en el Salmo 110:3, donde alude a los jóvenes y adolescentes, que ponen un toque de belleza dondequiera que estén en las actividades teocráticas, como el rocío pone sobre la tierra. Así habían sido sus hijos, cuando mostraron con constancia y fidelidad que querían pertenecer a la filas del pueblo de Dios, como sus padres. Los tres habían sido una compensación, un bálsamo que había restañado en parte la vieja herida que de tanto en tanto sangraba como al principio, por aquél hijo que un día lejano había salido de la escuela con su túnica blanca y nunca había llegado a casa. El primer día se habían aferrado con desesperación a cualquier conjetura. ¡Travesuras de niños! Se había ido sin permiso a jugar a la casa de algún compañero...(aunque Joaquín no era esa clase de niño audaz y aventurero.) Luego, a medida que la policía iba rastrillando la zona, se iban desvaneciendo las esperanzas. Ya se había descartado toda idea de accidente o fuga. La mente rehusaba imagina las horas de terrible angustia y desconcierto que la pequeña víctima pudiera estar sufriendo en manos de algún secuestrador. Al fin, una semana después, la policía notó tierra removida en un baldío y sospecharon que había habido un entierro. Eso terminó con la penosa
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búsqueda. El único consuelo miserable que recibieron los padres, fue el alivio de saber que ya no sufría ni los llamaba en vano. Isabel, la madre, cayó en un profundo estado depresivo. Pasaba largas horas en la cama, cubierta con mantas que ocultaban hasta su cabeza, mientras alguien de la familia preparaba alimentos para los otros niños que pasaban gran parte del día en la escuela. El médico buscaba los mejores argumentos para ayudarla: - Señora, la vida tiene que continuar. Quedan tres hijos más que necesitan sus cuidados. Toda la familia se siente muy mal a causa de esta desgracia, pero usted debe ser fuerte y ayudarlos. Usted no puede ensombrecer la vida de esos tres niños indefinidamente. Ellos necesitan verla recuperada. Ellos necesitan una dosis de alegría tanto como el pan de cada día. Isabel hacía grandes esfuerzos por recobrarse, pero continuamente recaía. Una tarde, cuando Julio volvía de su trabajo, una muchacha estaba llamando a su puerta. Ella le habló del valor de la Biblia para dar un propósito y un norte a la vida del hombre. Él estaba demasiado perturbado por la situación en su casa y pensó que no era el momento para hacer lugar en su mente para algo nuevo y desconocido, como el estudio de la Biblia. Pero sí pensó en Isabel. ¡Cuánto bien podría hacerle reavivar sus convicciones religiosas, y darle un enfoque diferente a ese profundo dolor que luchaba por no morir, mientras intentaba acabar con ella! Así entró el poderoso mensaje de Dios en aquél hogar abatido, y como una lumbre cálida, fue llamando a su alrededor a todos los miembros de la familia para reconfortarlos y devolverles gradualmente el ansia de vivir. Julio Ronsard muchas veces repasaba mentalmente aquellos acontecimientos expresando su profunda gratitud porque la mano de Jehová se había hecho sentir en sus vidas en el momento oportuno, y no los había abandonado desde entonces. Por esa razón estaban todos allí, en el nuevo mundo que habían esperado tanto. Cada amanecer era una promesa segura, porque cada día traía trabajo constructivo y logros gratificantes.

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Julio amaba el silencio y la paz de esas horas tempranas, cuando los primeros reflejos del sol levantaban la sábana de tul del rocío, que la noche había usado para embellecer su lecho. A esa hora, sus ojos se deleitaban largamente en el paisaje. Pero esta mañana se detuvieron con sorpresa en una imagen inesperada. La figura de un niño se perfilaba entre el brumoso rocío. Sus ropas no eran las comunes que los niños estaban usando...tenía un saco sin mangas, largo y suelto, como el que aparecía en los dibujos de los libros de estudio, que representaban a los niños de los tiempos bíblicos; algo muy parecido al que hacía Ana cada año, para llevarle a Samuel cuando ministraba en el Tabernáculo en Siló. Julio fue al encuentro del pequeño visitante sigilosamente, como si no estuviera seguro de que fuera un ser real o tangible, o un ardid de su imaginación. Sus ojos incrédulos apreciaron el brillo del cabello oscuro y graciosamente desordenado, y aquellos rasgos inconfundibles, evocados con lágrimas tantas veces, y amados aún en sueños... -¡Joaquín! ¿Estás en tu casa! ¡Tu madre y yo te estábamos esperando! – El niño, que se había inclinado para cortar una flor silvestre, levantó la cabeza y lo miró sonriendo. Luego corrió hacia los brazos de su padre y se abrazó a su cuello. -Joaquín, antes que nada, te pido por favor que repitas conmigo: ”¡Gracias Jehová!”. -Gracias...¿qué más papá? -¡Es cierto, hijo! ¡Tu no conoces ese nombre sagrado! Es el nombre del Dios verdadero, el que te trajo hoy a nuestro huerto. Cuando te quitaron de nuestro lado, nosotros tampoco lo conocíamos. Tiene tres sílabas. Las diré lentamente para que las repitas las aprendas. Je-ho-vá... En ese momento se oyó el ruido de un vehículo que pasaba por la ruta. Joaquín tembló y se aferró a los brazos de su padre. -Comprendo, hijo...es un recuerdo triste. Pero ahora no debes tener miedo ni temblar por nada. En ese coche iban dos buenos amigos nuestros que son los que inician cada día, muy temprano, la transmisión de la emisora local. Ahora ya no hay más gente malvada en la tierra, y nadie usa un vehículo para llevarse a los niños lejos de sus padres. Esa clase de gente murió en una gran batalla que Jehová dirigió contra los malvados que abundaban en la tierra.
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Jehová ganó esa guerra para siempre, por eso no hay más razón para sentir miedo. Y ahora hijito querido, vamos hacia la casa. Ya verás qué grande y linda es la casa que Jehová nos dio. Toda esa tierra que la rodea nos fue dada también. Tu llegarás a ser un hombre fuerte y me ayudarás a cultivarla. Cuando entraron en la casa, Julio se acercó al hueco de la escalera y gritó: -¡Isabel; baja los antes posible! ¡Tienes que preparar un buen desayuno para un niño que hace mucho que no come! -¿Ya están los nietos de los González por allí, tan temprano? –preguntó su esposa, pensando que se trataba de los vecinos. -¡No, Isabel, no se trata de ningún niño del vecindario!- respondió Julio tratando de contener las lágrimas. Tenemos vista especial. ¡Tienes que preparar el desayuno para Joaquín! Ahora tenemos que enfrentar la tarea de terminar de criarlo. Ya casi se habían olvidado de la feliz emoción de tener un hijo pequeño en casa, y estera un momento maravilloso para reiniciar el oficio de padres, en aquel doble amanecer, el de un día inolvidable y el de una vida tan añorada.

Alef Gimel
– Enero 1995 –
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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DEFINICIONES (Consta de 3 Págs.) Es fácil explicar qué es un poema y cómo componerlo, pero es muy difícil explicar qué es poesía, cómo aflora, y cuáles elementos la producen. Como en el caso de la música, es muy importante hallar el intérprete diestro que le dé la expresión exacta, pero el instrumento que vierte también tiene que estar en buenas condiciones para transmitirla. El poeta tiene que tener la sensibilidad afinada para percibir el mensaje maravilloso que las cosas existentes irradian. Debe captar, reproducir y definir lo que le llega, y trasladarlo en esencia a otros corazones receptivos. Eso envuelve una sensación recompensadora, que nos hace pensar que todo lo que existe se comunica con nosotros, porque tiene un mensaje que la mayoría de la gente no distingue, porque mira con ojos ciegos y oye con oídos sordos. Aunque el poeta no sea más que un ser anónimo en el mundo, se siente muy privilegiado porque todo lo creado tiene algo que decirle. Su corazón es un arpa en que las manos del tiempo ensayan nuevos temas y convierten en música el ayer, el hoy y el mañana, la distancia y la ausencia, lo posible y lo imposible. Al final de sus días, quizá compruebe que todo lo que pasó por su camino se ha esfumado, sin dejarle anda más que el gozo de haber consolado a algunos y de haber recogido sobre su hombro algunas lágrimas que otros necesitan derramar. Pero, ¿quién le quitará la satisfacción de haber dialogado íntimamente con todo lo que existe, aún con la tierra y las semillas que luchan por brotar, aún con los pájaros y las distancias inmedibles que intentan cubrir? ¿Quién podrá borrar de su mente la emoción de haberle tomado el pulso a la vida y haber percibido su inefable sinfonía, cuando tantos pasan de largo sin detenerse a escucharla? Algunos han hecho buenos esfuerzos por definir la poesía. El poeta español León Felipe escribió: “Deshaced el verso, quitadle los cárieles de la rima, el metro y la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, Eso, será la poesía.” Sí, la poesía es algo que queda flotando en el ambiente, más allá del estilo, de la forma, de la rima y la galanura de las palabras. Es eso que se
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desprende de los elementos que la producen y del envase que la contiene, para llegar mucho más lejos, como los perfumes magistralmente elaborados. Gustavo Adolfo Bécquer la conectó con la belleza de la creación y nos aseguró: “Podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía. Mientras el aire en su regazo lleve perfumes y armonía, mientras en el mundo haya primavera, ¡habrá poesía! Mientras la ciencia a descubrir no alcance las fuentes de la vida, y en el mar o en el cielo haya un abismo que al cálculo resista; mientras haya un misterio para el hombre, ¡habrá poesía”. He guardado desde hace muchos años el recorte de una revista que reproduce la definición de un poema, hecha por Robert Duncan: “El poema, instrumento musical construido a partir del lenguaje del hombre, tiene tanta hambre de vivir, de ser verdad, como las matemáticas, por ejemplo. La poesía significa la vida del lenguaje y debe ser encarnada en un cuerpo de palabras, sintetizarse para cobrar vigor, cláusulas que son como tendones, versos que pueden ser tensos o flácidos, según el movimiento mental.” También quise conservar la hermosa definición del placer de tener un libro noble y edificante entre las manos, como la describe la escritora uruguaya Silvia de Oyenard: “El libro es el amigo que nuestra mano besa y deja en su latido el pulso de otra voz. El libro es mariposa que ríe a nuestros sueños, y a veces es campana que tañe el corazón. El libro es mensajero de historias y poemas, de cantos y proezas y en nuestra mente es sol. Por él nos acercamos a tierras de labios silenciosos o volcanes en flor. Un libro es la rivera de un río caudaloso,
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en cuyo cauce canta y sueña un ruiseñor...” ¡Cuánto deseo ser para mis amigos genuinos, lo que persiste cuando lo material se desvanece! Después que el piano calla, su melodía sigue llamando a las puertas del corazón. Después que el arpa duerme, su mensaje sigue balbuceando ecos en nuestra mente. Si algún día tengo que partir inexorablemente, y despedirme hasta la resurrección de ese amado grupo que me comprende y me acepta como soy, espero que lo mejor de mí aún siga acompañándolos. Más allá de todo lo vulgar y lo grotesco que aturde al mundo con su insolencia, quisiera estar junto a ustedes como un perfume, o como una melodía vigorizante, que no pide permiso para entrar, ni tolera que la detengan.

Alef Gimel
–Mayo 1995 –

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ESTE LARGO SILENCIO Me aflige que esta ancha laguna de silencio haya prevalecido tendida entre los dos. Esta carta es un barco de papel que la cruza buscando una respuesta, de tu cariño en pos. La vida hoy se complica, nos ata, nos enreda. Su espinosa maraña nos impide abarcar todas las cosas nobles que el corazón anhela. Debemos posponerlas y aprender a esperar. Sabemos que muy pronto llegará el día temido que causará el desplome de toda institución. Aunque escribamos cartas, ya no ha de haber correos ni medios de acercarnos a lejanos amigos, excepto el pensamiento, y aún mejor, la oración. Estaremos rogando que la mirada amante del Dios de las alturas los abarque en su luz. Cuando toda la tierra oiga el grito triunfante de los altos ejércitos al mando de Miguel, Jehová estará afirmando su trono soberano. Me llamarás entonces, me tenderás tu mano, buscando en la distancia nuestra firme amistad. ¡Y que gozo sublime será encontrar intactos los viejos sentimientos en fiel continuidad!

Alef Gimel
–Julio 1995–

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CARTA DE RENUNCIA Señores sacerdotes del templo de mi barrio, ya no los llamo padres ni integro la hermandad. Me voy a unir a un Padre con un Reino en el cielo, que jamás cede a nadie la patria potestad. Cuando me derramaron el agua del bautismo, en una ceremonia simple y superficial, nada entró en mi cerebro ni lavó mi ignorancia; me llamaron “cristiano” y todo quedó igual. Cuando hube de tragarme el sintético cuerpo de Cristo, transformado en bocado fugaz, no me sentí más santo ni quedé redimido; mi corazón no tuvo más visión ni más paz. Ustedes me conocen, obediente y tranquilo, nunca me uní a las turbas destructivas y fieras. Hoy me alejo de ustedes sin pedirles permiso, es un derecho humano buscar la fe certera. Con la mente vacía integré sus rebaños. Entre las procesiones yo era un eco sin nombre, yendo tras las imágenes con actitud mecánica, sin entender del todo si era un robot o un hombre. Después de tantos años de diezmar mis bolsillos, y de apoyar sus misas siempre diciendo “amén”, van a notar mi ausencia al pasar la colecta, pues encontré una forma mejor de hacer el bien. Por eso, sacerdotes, bórrenme de su lista, ahora tengo un buen Padre que siempre anda conmigo, tengo un nuevo bautismo, otro norte, otras metas: en la causa sagrada, ahora soy un Testigo. Por fin siento y entiendo la fe del Padre Nuestro. Digo: “Venga tu Reino”, y sé cómo vendrá. Anhelo ese gobierno, mientras ustedes dicen: -“¡No es preciso que venga, iremos para allá!”

Alef Gimel -

Septiembre 1995

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¡NO TE ALEJES, ESPERANZA! Hebreos 6:19 Llegaste con tu antorcha en los floridos años, cuando mi vida joven con gozo te albergó. Tenías en la otra mano la Biblia iluminada. Mi corazón hambriento toda entrada te abrió. Te adecuaste a mis ansias y arrullaste mis sueños; a cada buen propósito le diste una razón. Fuiste luz a mis pasos y bálsamo a mi frente, brújula que no falla, radar en la visión. Sin ti sería mi vida un triste naufragio, un total desperdicio de intentar y exigir, tras metas imposibles y puertos irreales, en el desgaste diario del vano competir. Por eso yo me aferro a tus pies andariegos; no quiero que te ausentes de pequeño lar. Que la luz de tu antorcha no se extinga en mi vida; que no dejes de darme algo más que anhelar. Que no enmudezcas nunca ante ningún tropiezo; que el blasfemo enemigo no te oiga titubear; que nada te detenga ni obligue al retroceso; ni montañas, ni abismos, ni gargantas hambrientas de fieras insaciables que te quieran tragar. La Biblia te compara al ancla salvadora que estabiliza el alma ante la tempestad. Sigue cumpliendo en pleno tu misión bienhechora, hasta que el Dios eterno vindique tus promesas con el sello sagrado de la autenticidad.

Alef Gimel 62

Junio 1995 PAZ Princesa mancillada por la ambición humana, te han ofendido mucho, te han arrojado afuera. Han ajado tu frente seis mil años de angustia. Han sufrido tus plantas seis mil años de espera. Te obligan a ir descalza sobre piedras cortantes. Destrozan tus ropas, sin tregua te han herido. Como a una esclava negra, te ofrecen por un precio; negocian condiciones con fuegos encendidos. ¡Cómo añora la tierra tu dulce habla calmada, con la mano extendida, bendiciendo las siembras, y tu paso tranquilo en quietas alboradas! Tu presencia es un himno que hace amable el reposo. Te aclaman los hogares, te piden por cimiento, para acunar infantes con tu canto piadoso, para calmar heridas con tu preciado ungüento. Porque eres tan deseable Dios te ha asignado un Príncipe que exaltará tu imagen con ropajes reales y con sandalias blancas enjoyará tus pies. Apoyada en su brazo recorrerás la tierra mientras los niños cantan, mientras crece la mies. (Isaías 9:6)

Alef Gimel
Noviembre 1995

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Tucumán
Tucumán floreciente, jardín de la Argentina, también jardín teocrático, tus celosos ancianos, cuidan con gran desvelo del valioso plantío que con plena confianza Jehová puso en sus manos. Muchas congregaciones forman un gran rebaño que abren los brazos llenos de amor ante el viajero. ¡Cómo siente el que llega la bondad prodigada, la marca inconfundible del cariño sincero!. El buen sol te cobija y fecunda tu tierra, los cerros te vigilan como austeros guardianes. Cultivando los cítricos aumentan tus riquezas, otros le dan a la caña de azúcar sus afanes. De la destilería incesante del tiempo, surgió gota por gota, esta feliz semana; horas iluminadas por hondas sugerencias, por ecos calchaquíes y memorias lejanas. Yendo a Tafí del Valle, en tus cerros frondosos, ¡Cuánto dice el silencio, cómo canta la vida! Ante el legado inmenso de las eras pasadas, la nimiedad humana se humilla estremecida. ¡Quién tuviera la lengua elocuente de un ángel para cantar un himno vibrante a esas montañas, para loar la mano del Artista Supremo, que trazó sus contornos y esparció la maraña! Sigue fiel tu rutina, trabaja, sueña y canta,
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y quédate a la espera de ese tiempo cercano cuando Jehová corone de flores y de pájaros el camino de aquellos que hoy lo ven Soberano. ¡Qué placer inefable será volver un día, después de la victoria irreversible, y gritar en la cumbre de algún cerro: “La Teocracia triunfó y estamos libres”!

Alef Gimel
Tucumán-Nov/95 – (Del libro “Ramas y Nidos”)

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A UNA MUCHACHA TRISTE QUE NO PUEDE CAMINAR Para Nancy, con gratitud y amor. ¿Por qué con gratitud y amor?, te preguntarás. Porque tu prueba nos está enseñando mucho a todos, y eso nos hace bien. No sólo el que sufre en carne propia está a prueba, sino todos los que lo aman y se acercan a él, pues son tocados profundamente en sus convicciones y movidos a escudriñar su propio corazón y a preguntarse: -¿Cómo reaccionaría yo en las mismas circunstancias? ¿Sería capaz de sufrir así sin culpar a Dios?. El barro se ablanda con agua. El barro humano se ablanda con lágrimas. No sólo el que las llora se hace más fácil de moldear en las manos del gran Alfarero, sino los que están a su alrededor también. En un momento, casi inadvertidamente, la mano de hierro de la adversidad te arrebató algo amado y de gran precio: el precursorado, planeado con deleite. Eso te ha hecho llorar mucho. El gran Alfarero está contando cada lágrima que cae y hace más manipulable el barro sensible que pasa entre sus dedos de artífice. El precursorado y la predicación en general son una respuesta al desafío de Satanás, pero no cubren todas las interrogantes que él hizo surgir. No le bastó, como en el caso de Job, despojar al hombre de sus cosas valiosas, en un salto vertiginoso de la riqueza a la pobreza. Exigió que fuera quebrantado físicamente, y que viera consumirse su vida con dolor. Si Dios le permitiera llevar adelante su ofensiva, él haría de todos nosotros un pueblo de adoradores postrados. Pero hay mucho trabajo que hacer y Dios nos mantiene en pie de lucha. Sin embargo, uno de cada tantos es aceptado por Dios para responder a la otra acusación específica del desafío:...”sírvete alargar tu mano y toca hasta su hueso y su carne, y verás si no te maldice en tu misma cara”. (Job 2: 5). La integridad probada en esas circunstancias, es una sonora bofetada aplicada al rostro burlón del adversario. Te entristece pensar que podrías estar caminando al sol, llamando a muchas puertas y cada tanto, viendo un rostro que se ilumina y responde al mensaje de Dios. En cambio ahora, es el rostro del Padre Celestial el que se ilumina por la respuesta exacta, sin retaceos ni rebeldías, que le estas dando a su enemigo.
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Te duele que otros estén siempre ocupando tiempo y esfuerzos para ayudarte y no puedes retribuirlo. Job, sin duda se sentía igual, con su cuerpo herido, llagado y maloliente. Como un azote adicional, su esposa, que no lo abandonó ni le fue infiel, se convirtió en una herramienta de demolición cuando perdió la fe y lo incitó a la apostasía diciéndole: ¡“Maldice a Dios y muere!”. Es probable que él también pensara que estaba muy endeudado con los que le servían. Pero, qué gratitud le debemos todos, en cada generación, por que proveyó una maravillosa historia, que hoy es parte de la Biblia y ayuda a millones a guardar integridad. Se sentirá muy feliz cuando lo sepa, al recibir su mayor galardón. Job no veía lógica en lo que estaba sucediendo, y no conocía como nosotros, la disputa que había hecho surgir Satanás, cuestionando la capacidad del hombre para mantener integridad. Su razonamiento humano podría haber sido: “Justamente ahora, cuando no tengo hijos vivos que me ayuden a cultivar la tierra, cuando el ganado ha caído en manos de los que me despojaron, cuando mis peones sufrirán escasez, porque los salteadores me han arrebatado las cosechas, encima de todo me enfermo, y no puedo dirigir yo mismo lo que hay que hacer para cambiar nuestra situación.” Pero, no eran las fuerzas y la habilidad de su cuerpo lacerado lo que se necesitaba. Jehová le devolvió lo perdido sin intervención humana. Jonás tuvo que ser reprendido porque usó sus piernas para huir de la misión que le había sido encomendada. En otros casos, usar las piernas para escapar es meritorio, como al huir de Babilonia la Grande. A veces lo más difícil es dejarlas quietas, frenar sus ansias de andar, porque se les ha asignado la prueba dura de la invalidez. Mas tarde, cuando saltes y corras gozosamente en los caminos del Paraíso, te acordaras con indescriptible emoción de estos días en que tu barro frágil y dolorido, lubricado con lágrimas, era moldeado lentamente entre los dedos magistrales del Alfarero eterno.

Alef Gimel
( Tomado del libro “Ramas y Nidos”)
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LA PRIMAVERA SIEMPRE VUELVE (Consta de 7 Págs.) Las últimas palabras del orador dejaron un eco persistente en aquel auditorio apreciativo: -“El bautismo nos dio un pasaporte sellado, sin el cual no seríamos reconocidos como integrantes de la gran muchedumbre que está de pie delante del trono de Dios, lista para entrar en el nuevo mundo, habitarlo y poblarlo. Hay delincuentes que buscan la oportunidad de apoderarse de pasaportes ajenos para usarlos en sus tratos fraudulentos y cubrirse de delitos haciéndose pasar por otra persona. Hay escépticos que se esforzarán por hacernos creer que nuestro pasaporte no es válido y no nos servirá para entrar como residentes autorizados a un nuevo mundo. Otros harán todo lo posible por arrastrarnos de vuelta al resumidero de basura del viejo mundo, a fin de que seamos rechazados por sucios y sospechosos, y nuestro pasaporte al mundo futuro quede invalidado. Defienda su pasaporte teocrático; no lo manche, no lo arruinen, no permita que los falsificadores se lo quiten. Debe entrar con él en alto, exhibiéndolo como un documento inmaculado de ciudadanía post-Armagedón, para transitar con autorización divina las sendas de la vida eterna”. Con esta impactante conclusión Florencio cerró su primera conferencia pública. La congregación aplaudió con entusiasmo, satisfecha y ansiosa de alentarlo. Habían esperado largo tiempo que aquél siervo ministerial amable y diligente, pero introvertido y lleno de complejos, se decidiera a preparar y presentar una conferencia pública ante su propia congregación. Por eso, el cálido y largo aplauso que acababa de cosechar, era muy significativo para todos, pero mucho más para Onésimo Vargas, el querido anciano, tanto en edad como en valores espirituales, que con ternura de padre y perseverancia, había logrado descorrer varios velos y penetrar en las más íntimas confidencias de Florencio, con el fin de ayudarlo a salir de su reclusión mental. Onésimo se propuso ser un verdadero amigo para Florencio, a pesar de que los separaba una brecha de más de 30 años, como sucedió en el caso de David y Jonatán. El hermano Vargas lo invitaba frecuentemente a acompañarlo en la predicación, a visitar un territorio rural, o a participar de algún estudio bíblico de hogar. A veces, en noches de verano, detenía su auto en la costanera, y disfrutaban juntos del aire de mar y del paisaje. Se propuso narrarle al joven
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su vida, con el fin de estimularlo a que le contara algo que le permitiera descubrir las raíces de aquellos complejos que evidentemente turbaban a Florencio. En cierto momento el joven comentó con voz nostálgica: -Se ve que usted tuvo una niñez feliz, hermano Vargas. -Ciertamente. ¿No puedes decir tú lo mismo? Florencio movió la cabeza negativamente y sus ojos se llenaron de lágrimas. -¿Qué pasó? ¿Hubo alguna tragedia en tu familia? Tus padres están vivos y creo que nunca se separaron. Te quieren y se preocuparon por ti. Te educaron...cubrieron tus necesidades... -Sí, pero hubo algo que descuidaron sin pensarlo, y eso afectó toda mi vida. Hubo un amigo de mi padre, un hombre rico y depravado que había aprendido a esconder muy bien su verdadera personalidad. Él era el dueño del restaurante que mis padres atendían. De allí venía nuestro sustento, y él se sentía un benefactor. Él sabía que yo tenía que estar solo en casa algunas horas al volver de la escuela, hasta que mamá llegara, dos o tres horas antes que papá. Mi hermano mayor estudiaba, y sus horarios no coincidían con los míos. En ese intervalo, el personaje rico venía con su auto, para hacerle a mis padres el triste favor de entretenerme. Me paseaba un poco por la ciudad, me llevaba a su apartamento, me llenaba de golosinas y regalos, y así me pagaba por los abusos que cometía después. Eso sucedió durante varios años. (Florencio lloraba y estrujaba un pañuelo entre sus manos.) Un pesado silencio, lleno de dolor, apagó la conversación. Onésimo comprendía todo, y buscaba en su mente algo tranquilizador que decir. -Florencio, tú sabes que Jehová mira con compasión y ternura alas víctimas de la iniquidad y a los que fueron atrapados por seductores astutos más fuertes que ellos, a una edad en que no sabían defenderse. Se deduce que no tuviste una preparación que te alertara si se presentaba tal situación. Algunos padres tienen la idea de que, prevenir a un niño contra tales perversidades es arruinarles la inocencia demasiado temprano. En cambio a mi me hicieron entender que sólo ellos, mis padres, tenían el derecho de ver o tocar las partes pudendas de mi cuerpo cuando me bañaban. Cuando aprendí a bañarme solo me dijeron muchas veces que no debía permitir que ningún extraño descubriera mis partes íntimas ni las palpara, porque los órganos genitales no son juguetes ni para su dueño ni para los extraños. Ni bien pude entenderlo, me explicaron que en ellos estaba la simiente de la vida, y que eran dádivas de Dios para usarlos apropiadamente después que llega la madurez y el tiempo de la procreación. Me hicieron prometer varias veces que
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si alguien intentaba divertirse con mis órganos genitales, se lo diría a ellos sin demora para que me defendieran. -Mis padres nunca me hablaron así. Me hubieran hecho un gran favor si hubieran dejado de lado los temas tabú y me hubieran preparado para rechazar la iniquidad. -¿Nunca hiciste el intento de sincerarte con tus padres o tu hermano mayor? -No. El hombre me amenazaba con cerrar el restaurante en que trabajaban mis padres, porque no los necesitaba. Era una complicación inútil según él, una molestia que la soportaba para hacernos un favor a nosotros. Así me corrompió, me envició, y yo no sabía defenderme. Él me enseñó a desear desviaciones que Dios condena en su Palabra, y me quitó las fuerzas para resistir más tarde, cuando otros buscaron lo mismo de mi. -¿Nunca hablaste de esto con un confidente que te aconsejara, o un médico? -Nunca hablé con alguien, pero he leído un libro excelente de un psicoanalista sobre el tema. Da un consejo muy útil; insiste en que las víctimas de abusos sexuales en la niñez no deben enterrar sus recuerdos, sino sacarlos a la luz, aunque eso imponga un gran dolor, y analizarlos para almacenarlos en la mente con la mayor claridad posible. -Es sorprendente. Lo primero que uno le diría a tal persona es que haga un esfuerzo por olvidar. -Si olvidar significara borrar esas experiencias de la mente inconsciente, como en un caso de amnesia total, podría ser provechoso. Pero esa clase de olvido es imposible, y las cicatrices son imborrables. Esos recuerdos, olvidados a medias, forman un fondo oscuro que siguen torturándolo a uno con sentimientos de culpa. Uno llega a ser un juez muy severo de sí mismo que se reprocha continuamente: -¿Por qué lo permitiste? ¿Por qué no tuviste fuerzas para terminar con eso? Sólo a través del proceso doloroso de sacar a luz los hechos, yendo tan lejos como la memoria lo permita, para aclarar cómo y cuándo empezó todo, uno deja establecido que no fu responsable de tales prácticas malsanas, y que le fueron impuestas a una edad en que no podía medir las consecuencias ni ponerse a salvo. Luego, cuando uno está en la verdad, entiende que es un designio de Satanás, que maneja las cosas así para esclavizarnos a las exigencias de la carne caída...¿No lo estoy cansando demasiado, hermano, con esta charla triste?

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-No, Florencio, al contrario, yo también estoy aprendiendo a considerar otros ángulos del tema. Hoy tengo todo el tiempo que quieras para escucharte y tratar de comprenderte. Me hace feliz comprobar que has sido un gran luchador, y te has enfrentado solo a la prueba difícil de tu propia recuperación. También me complace mucho que te hayas sentido libre para abrirme tu corazón, y te animo a hacerlo siempre que lo necesites. Ahora te aprecio más que nunca, porque veo que tus valores morales son firmes y te han ayudado a resurgir. Por eso Jehová te llamó a su pueblo, y te expresó su amor mostrándote el camino. -Gracias , hermano Vargas. Sus palabras son el bálsamo que tanto necesitaba. Es la primera vez que he podido hablar así, abiertamente, y me ha hecho mucho bien. Cuando aún era un niño, me sentía inhibido por las amenazas de este inicuo. Después, me aterraba la idea ser juzgado y despreciado por los demás. Estaba hundido en el pecado, y peor aún, acostumbrado a la situación. Pensaba que nunca iba a aprender a vivir de otra manera, hasta que me llegó el mensaje de Dios. No se imagina, hermano Onésimo, cómo llegué a odiar a ese hombre, con “odio completo” como dice David, (Salmo 139:22). Él me despojó de algo que nadie puede devolverme: el gozo de la niñez. La Biblia nos asegura que la juventud va a volver y la disfrutaremos de nuevo, pero la niñez jamás se recupera. -Te comprendo, Florencio, pero ese odio es traicionero, podría enceguecerte, impulsándote a tomar venganza en algún momento en que no estuvieras preparado para controlar tus emociones, y eso te traería incalculables consecuencias, además de la desaprobación de Dios. Para tener equilibrio emocional necesitamos la paz de Dios, que supera a todo pensamiento, como dice Filipenses 4:7. David hablaba de los enemigos de Jehová, de los que vituperan Su Nombre a sabiendas, como dicen otros versículos del mismo salmo. En cuanto a nosotros, es mejor odiar los hechos inicuos, y dejar que Dios avalúe a las personas y las juzgue. Muchos de los victimarios empezaron por ser víctimas ellos mismos, y luego quedaron prisioneros en la red barredera de Satanás. Aún si ellos no tuvieran a quien echarle la culpa, son víctimas del sistema y de su dios inicuo. Mejor que odiarlos es compadecerlos. Tú estás dentro del pueblo de Dios, y ellos son condenados a muerte que vagan por el mundo esperando su ejecución. ¡Estás mucho mejor que ellos! -Sí, hermano, hoy estoy mucho mejor que el sujeto que me arruinó la vida. Él murió en un choque, hace algunos meses, aplastado como una rata
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dentro de su auto. Yo, en cambio estoy vivo, y conozco a Jehová. ¡ Eso significa mucho! Entiendo que no debo permitir que esos recuerdos sigan torturándome. Pero cada vez vuelven con menos frecuencia. -Así debe ser, Florencio. El rencor es una de las emociones humanas más difíciles de dominar. La mente vuelve casi inconscientemente a hurgar en las experiencias que más nos han hecho sufrir. Entonces nos estremecen fuertes ráfagas de resentimiento, pero no debemos permitir que el rencor se convierta en una obsesión enfermiza. Esto puede suceder porque no tenemos el dominio perfecto de la mente, como lo tiene Jehová, quien recuerda lo que vale la pena recordar y olvida a voluntad lo que no merece ser recordado. Esos pensamientos que te hacen sufrir, Florencio, se irán borrando a medida que el agua de la verdad te lave y te restaure. Tú sabes que cada experiencia que tenemos crea un circuito mental en el cual se asocian recuerdos, impresiones, imágenes y sensaciones. Por ejemplo, si vuelves a pasar por un lugar donde tuviste un accidente de tránsito, todo volverá con nitidez a tu mente, y aún sentirás reflejos del dolor físico que te produjo. Pero, el devenir del tiempo lo irá borrando. Por eso los que se aferran a la organización de Jehová van experimentando gradualmente la curación de cualquier tacha o herida mental que le viejo mundo les hubiera dejado. -Lo entiendo y lo creo, hermano. Pero, dígame, ¿por qué, a pesar de mi apego a la organización, lloro siempre a solas? ¿Es porque todavía no he llegado a ser completamente un hombre, aunque tengo treinta años? -¡No, Florencio, no pienses así! La razón es que tus emociones han sido abusadas y descontroladas en la niñez. Inicuamente, alguien te introdujo por la fuerza en las cosas profundas de Satanás. Tu cuerpo de niño fue obligado a experimentar sensaciones que no le correspondían, ni estaba capacitado para soportarlas. Es el mismo caso que se ha visto últimamente en las guerras de Asia. Se les ha enseñado a los adolescentes, casi niños, a manejar armas mortíferas y a participar en las matanzas. Forzar a un niño que ama la vida y no entiende la razón de la guerra, a hacer el papel de un soldado, es despertar en él emociones nocivas, que no está preparado para amoldarse a ellas. Los que sobreviven a esas experiencias también enferman síquicamente, y a veces lloran durante el resto de su vida. Leyendo sobre las costumbres de los aztecas y los mayas, me enteré de que también sacrificaban niños, porque creían que sus lágrimas eran muy aceptas a los dioses. Hoy, los mismos demonios que respaldaban las religiones paganas del pasado, siguen teniendo una sed morbosa por las lágrimas de los
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niños. Los dejan desorientados, indecisos ante los desafíos de la vida. En muchos casos, tienen una personalidad turbia, no aciertan con su vocación, no confían en sus propias habilidades, y no saben ponerse metas razonables. -Eso es justamente lo que me sucedía antes de entrar en la verdad. He mejorado mucho, pero aún tengo cosas que censurarme. Quiero ser más responsable, empiezo cosas y las abandono sin terminarlas. Parece que mis entusiasmos son fugaces y se agotan pronto ya ve cuánto me cuesta preparar cualquier parte que me asignan para la reunión. Siempre me asalta el sentimiento de que no soy digno de estar en la plataforma, frente a la congregación. A veces he sentido un deseo muy fuerte de huir, para deshacerme de este sentimiento de inutilidad que me traspasa. -Tú sabes, Florencio, que Jehová es el gran Alfarero, y nosotros somos el barro con el cual trabaja. Tenemos que darle tiempo para hacer lo que se ha propuesto con nosotros. Y nunca debemos pensar en darle la espalda después de haberle dado el corazón. Tienes que tratar con todas tus fuerzas de vivir el presente y no dejar que tu mente vuelva tanto al pasado. Tienes que tratar con todas tus fuerzas de vivir el presente y no dejar que tu mente vuelva tanto hacia el pasado. Quizás alguna vez hayas hecho una excursión para visitar ruinas. Hay gente que viaja a Grecia, un viaje largo y caro, para visitar lo poco que queda de los templos de los dioses mitológicos. Eso es instructivo. Las ruinas tienen mucho que contar. Pero, ¿qué pensarías de alguien que se apartara de los otros excursionistas y decidiera quedarse a vivir en ellas? -¡Claro, sería un loco! Ya entiendo dónde quiere llegar con su ilustración, hermano. -Me alegro, Florencio. Una vez que hayas definido y catalogado los recuerdos para que no puedan seguir levantando acusaciones condenatorias y te dejen en paz, debes darle la espalda alas ruinas del pasado. . Jesús lo ilustró de otra manera cuando dijo que no se debe poner la mano en el arado y mirar hacia atrás. Hoy, en vez de hablar de arados, podríamos hablar de automóviles. Uno no se sentiría seguro manejando un vehículo que no tuviera un espejo retrovisor. En nuestro tránsito por la vida, también necesitamos echar una mirada retrospectiva de tanto en tanto, pero sin perder de vista lo que está delante de nosotros. Si solo miráramos al espejo retrovisor y dejáramos de mirar hacia el frente, también podríamos producir mucho daño. -Es evidente que tengo mucho que aprender todavía, hermano Onésimo, y le agradezco todo lo que me ha hecho ver hoy.
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-Todos tenemos que mejorar nuestra estatura espiritual, Florencio. Es como dijo Pablo en Romanos 3:23...”todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios.” Unos por las cosas que han hecho; otros porque se sienten vanidosamente superiores por no haberlas hecho...todos fallamos en algo. Tú ya saliste de esa clase tristemente confundida que menciona Isaías, los que dicen que lo malo es bueno, los que ponen la oscuridad por luz y la luz por oscuridad. (Isaías 5:20) no mires a las marcas del pasado como un tatuaje que no se puede borrar. Jehová tiene un disolvente espiritual al que ninguna mancha se resiste. Los valores permanentes que están en tu corazón no han cambiado y están manifestándose. Como en el ciclo de las estaciones, para los que se refugian en Jehová la primavera siempre vuelve con una nueva floración. Debemos procurar que no nos encuentre como tierra agotada, claudicante, que no quiere resurgir. Pasaron algunos meses. Onésimo continuó con su programa de curación espiritual. Evidentemente, Florencio se estaba beneficiando de su ayuda. Al fin había llegado el día feliz, anhelado y temido a la vez, de dar su primera conferencia pública. La congregación empezó a dispersarse después de un tiempo de amable charla. Muchos felicitaron a Florencio con palabras alentadoras. Pero, más allá de las palabras, lo que él recordaría por largo tiempo, sería el abrazo apretado y silencioso de aquel querido anciano que daba gracias en su corazón por haber sido usado para recuperar a alguien que había vivido retraído, cavilando entre las ruinas.

Alef Gimel
– Agosto 1995 (Del libro “Ramas y Nidos”)

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AYER SE FUE UN AMIGO Ayer cerró sus ojos de visión afiebrada que apenas percibían figuras nebulosas, y pronunció algunos nombres con profundos suspiros y una oración muy breve, apenas balbuceada. Hoy lo acompañaremos en marcha silenciosa a los umbrales fríos de su última morada. Nos abruma el vacío y nos hiere la ausencia, pero, ¡qué gran consuelo será siempre su ejemplo! Él fue un sermón viviente que sacudió conciencias. Su corazón tenía el ambiente de un templo. Su vida fue una carta que él sabrá completar cuando despierte pleno de vibrante energía buscando el fruto humano de su incansable andar.

Alef Gimel
- Nov. 1995 (Del libro “Ramas y Nidos”)

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DIVIDAMOS EL CAMINO Éramos dos amigas leales y cercanas. A tu lado era fácil sonreír y era lógico a veces lagrimear, hablando de mil cosas queridas y lejanas, hasta aquél día que evocar me duele. Lo mismo que en las casas, hay salidas traseras que oculta el corazón, para sacar de noche la basura, confiando en que ha de haber recolección. De allí salieron las palabras duras que arrojaste a mi paso con desprecio. Yo preferí no hablar; con gesto rígido traté de hacerle honor a mi cultura. Me alejé de tu casa y de tu vida reconociendo tu razón en parte, justificando mi actitud dolida y mi intenso deseo de ignorarte. Los años en tropel siguen pasando, y aunque nunca salvamos la distancia, me place verte fiel, siempre sirviendo al Dios que amamos con igual constancia. Por eso te propongo sin rencores, tratemos de acercarnos poco a poco. Con empatía positiva y tino podremos ir cerrando aquella brecha. Marchemos adelante hacia el reencuentro haciendo cada una la mitad del camino. Hablemos como antes de la tierra futura, de la bondad infinita que nos depara el Cielo. Cuando asomen las lágrimas frenadas comenzará el deshielo.

Alef Gimel - Dic. 1995
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EL INDIO QUE ESTÁ A MI DIESTRA Al indio que anda conmigo no le atraen las ciudades. Sabe esquivar el bullicio, las ferias de vanidades, los cenagales del vicio, y las virtudes falseadas de un mundo que alza espejismos y los reduce a la nada. Lo conocí en mi niñez domando potros salvajes en silencioso ostracismo. Me ofreció su guía sabia para descubrir el mundo. Me ayudó a nombrar las cosas y a definir mis deberes con un aprecio profundo. Tenemos rasgos comunes: ama los valles tranquilos y los ríos ignorados que corren entre montañas con sus mensajes cifrados. Disfruta cuadros cambiantes en las horas de arrebol, y las flores amarillas porque retienen el sol. No le gusta que lo peinen porque tiene hojas y hierbas enredadas en el pelo, más cuando lo peina el río se somete sin recelo. No permite que le arranquen ideas y sentimientos que no hacen agravio al Cielo.
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Cuando Dios es difamado a veces llora conmigo y suspira cabizbajo cuando arrasan grandes bosques y destruyen fauna y flora. Me hace notar diferencias entre el mañana que anhela y el presente que deplora. Quiero dialogar con él en la vida venidera y sentir que me acompaña a través de cada era. Andar con él a mi diestra y un colibrí sobre el hombro que me murmure palabras para expresar el asombro. Marchar cantando a su paso es la ilusión que persigo, y ver feliz, liberado, al indio que anda conmigo.

Alef Gimel
- Enero 1996

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EL ORIGEN DEL GAUCHO URUGUAYO, SU VIDA Y SUS COSTUMBRES (Consta de 4 Págs.) Nuestro pequeño país tiene la forma de una pera. Y está situado entre los dos colosos de América del Sur, la Argentina y el Brasil. El Río Uruguay es su límite al este, el Río de la Plata al sur, y el Océano Atlántico al oeste. El Río Uruguay le da su nombre, que en el dialecto guaraní significa “Río de los pájaros”. Los indios le dieron ese nombre poético. El nombre completo del país indica su situación geográfica: República Oriental del Uruguay., por estar al oriente del Río. Toda esa agua que lo rodea casi totalmente, le brinda hermosos y variados paisajes. En sus costas vivieron muchas tribus indígenas en el pasado, siendo los charrúas y los guaraníes los más numerosos entre ellos y los que más huella dejaron en nuestra historia. Nos habla mucho de los charrúas un libro, que es el clásico por excelencia en la literatura uruguaya. Es una historia en verso representado la conquista de nuestra tierra por los españoles y la erradicación de los indios que la habitaban. Quizás ustedes hayan oído nombrar ese libro: “Tabaré”. Su autor es uno de los más famosos y celebrados poetas uruguayos: Juan Zorrilla de San Martín. Él no confió todo a la imaginación, sino que recurrió a los registros primitivos buscando datos y nombres para sus personajes, y estudió el dialecto tupí para definir las voces indias, y el significado de los nombres en tales registros. Tabaré, su amado personaje, es un indio fuera de lo común, pensativo, taciturno, sin inclinaciones a la violencia. Un indio extraño de ojos azules. Esto no es un truco de la imaginación. Pudo haber otros indios así, porque en sus ataques, cuando derrotaban a los españoles, tomaban los prisioneros que podían, como los españoles lo hacían con ellos, y se apoderaban de las mujeres que encontraban en sus “malones”, como les llamaban a sus ataques en masa, por sorpresa, sobre las pequeñas aldeas en que los españoles vivían. Tabaré era hijo de una cautiva blanca, Magdalena, que se enfermó llorando por su pueblo y su familia y murió de pena cuando él era muy niño. En sus recuerdos, estaba vivo el rostro de aquella madre blanca, sus cantos de cuna y su dulzura. Por eso era un joven nostálgico, uno de los últimos retoños de su raza, condenada al exterminio. El poeta lo compara aun lirio amarillento que crece al borde de una tumba, porque sur raza no podrá esperar otro destino. Su nombre realmente existió entre los indios, y el autor explica que lo eligió para su personaje porque en el dialecto tupí que hablaban los charrúas, significa “después del caserío”, o sea, uno que vive aislado. Puede aplicar muy
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bien a alguien que no era del todo charrúa, ni lo suficientemente español, como para mezclarse con ellos. Durante los últimos 330 años, más o menos, el Uruguay no ha tenido indios. Los pocos que los españoles dejaron con vida, fueron muriendo sin perpetuar su raza. Los charrúas no se casaban con mujeres de otros grupos. Si podían capturar una mujer blanco y someterla, lo hacía, pero seguían viviendo como charrúas. Más tarde, a los pocos que tuvieron que vivir como parias y prisioneros entre los que se adueñaron de sus tierra, ya la procreación no les interesaba. Los españoles a su vez, se apoderaron de muchas indias cuando exterminaron a los charrúas y a las otras tribus. Ellas produjeron niños mestizos, de piel cobriza y cabello negros. Esos fueron los primeros gauchos. Vivían a campo abierto, y muchas veces dormían envueltos en sus ponchos bajo las estrellas. Aprendieron a construir sus ranchos, haciendo una armazón de caña y recubriéndola de barro mezclado con paja. Usaban, como los indios, armas de piedra, como las boleadoras, dos bolas de piedra unidas por lonjas de cuero, que servían para cazar aves zancudas como el chajá, y para enredar las patas de los caballos de un enemigo en una batalla, o para dificultar la huida de un malhechor que quisieran capturar. Los gauchos todavía existen en el Uruguay y la Argentina, aunque el avance de la civilización los ha hecho cambiar en ciertos aspectos, pero conservan algunas de las antiguas costumbres. Muchos uruguayos se sienten gauchos una semana al año y arman tiendas en el campo o en los parques para dormir sobre el suelo, cocinar a la manera primitiva, y cazar animales, mientras disfrutan de la naturaleza. Esa es la semana santa que allá se llama “semana de turismo”. Al mismo tiempo, muchos gauchos de hoy viven en hermosas casas, tienen los mejores automóviles, equipos de audio y toda clase de electrodomésticos. Hay asociaciones gauchescas que se han propuesto no dejar morir la tradición y en las fiestas patrias recorren las calles de las ciudades a caballo, vistiendo las ropas gauchas y tocando la guitarra y cantando canciones típicas del campo. No sabemos cómo ni cuando, se originó una costumbre que ha perdurado hasta hoy en Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay, que cada vez tiene más adictos. Se trata de la bebida nacional, EL MATE. Dos diferentes plantas se combinan para producir lo que para el gaucho de ayer y de hoy, y muchos que no son gauchos, constituye un deleite que se echa mucho de menos si uno está en un país donde no puede obtenerlo. La planta de mate produce estas pequeñas calabazas, de todos tamaños y de
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bonitos diseños a causa de sus manchas. A éstas se les hace un orificio y se las usa para poner en ellas una porción, que no debe llenarla más de la mitad, de yerba mate. Esa es la segunda planta que entra en juego. Sus hojas se muelen muy fino y esa es la “Yerba Mate”. La pequeña calabaza debe ser curada dejando la yerba en ella por lo menos 24 horas después de mojarla en agua caliente, de modo que se impregne del gusto. Después de este primer paso uno puede usarla interminablemente para tomar mate en ella. Otros ahora prefieren mates de vidrio, de porcelana o de acero inoxidable. Las bombillas, que se usan para sorber el líquido, pueden ser de diferentes metales. Las más caras son de plata con la parte superior de oro. Últimamente, se está abandonando la costumbre de tomar mate en rueda, a causa de las muchas enfermedades que azotan a la gente. Los médico y los maestros han insistido mucho en que el mate debe ser individual para ser saludable. En tiempos pasados, el mate tenía su propio lenguaje. Para el hombre de campo, no había mejor bienvenida que recibir un mate caliente y espumoso de la mano de la madre, la esposa, la novia, o el amigo a quien se visitaba. Los hombres lo preferían amargo, las mujeres lo tomaban y lo toman por lo general, con azúcar, con una cascarita de naranja o limón entre la yerba, o con una rama de cederrón en el agua. Si uno recibía a una visita con el mate medio tibio y la yerba lavada, sin espuma, esto indicaba desprecio y frialdad. Posiblemente sucedería esto cuando una muchacha tenía que atender a un pretendiente que no le caía bien.. cuando el mate toma este aspecto, se le saca un poco de la yerba usada y se le pone nueva yerba. Entonces es una expresión de bienvenida. Se le atribuye a la yerba mate la vitamina K que es muy escasa y se le asigna el mérito de fortalecer la cabeza. En el lenguaje popular, se le llama “mate” a la cabeza. Si usted va al Uruguay o la Argentina más de una vez va a oír decir, por ejemplo: “¿Cómo se te metió esa chifladura en el mate?”. El mate, como se toma por sorbos y se vuelve a llenar muchas veces, lleva tiempo, permite pensar en cosas que uno quiere resolver, o recordar cosas en que la mente desea espaciarse. Por eso se dice que el mate acompaña, llena la soledad. Para el que no lo tomó desde la niñez o la adolescencia, para los recién llegados al país, no es agradable cuando lo prueban. Lo encuentran fuerte, amargo, extraño al paladar. Pero si llegan a acostumbrase a él, lo extrañan cuando no lo tienen. Muchos extranjeros al volver a su país temporalmente, llevan consigo la yerba para disfrutarlo allá también. Es un estimulante que ayuda a estar despierto.
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El gaucho era conocido por su buena disposición para hacer favores, por eso e s muy común oír a alguien cuando pide un favor, decir: “¿Puedes hacerme una gauchada?”, o, hablando de una persona servicial, se suele decir: “Es muy gaucho”. En la vida campestre, que es para él la verdadera vida, los grandes amores del gaucho eran su compañera, que él llamaba “mi china” (no se sabe el origen de esta expresión), su caballo, su perro, su rancho de paja y tierra, y su guitarra. La guitarra, que también llamaban vihuela, era la compañera de sus horas de descanso. Algunos tenían mucha habilidad para componer melodías simples y para improvisar relatos en verso ante grupos de oyentes muy atentos. A tales improvisaciones se les llamaba payadas. Hasta el presente, se acostumbra en fiestas de tipo campestre o en audiciones de radio y televisión, tener payadores narrando en verso el acontecer del día en el país, o los pormenores de la fiesta a la cual asisten. Algunos han sugerido que no era difícil hacerle confidencias a la guitarra y contarle sus penas y sus sueños, porque la guitarra tiene forma de mujer. Un ejemplo de esto lo hallamos e la primera estrofa del famoso libro clásico de la Argentina, “Martín Fierro”, que cuenta la vida, las costumbres y el sentir de los gauchos argentinos, casi idénticos a los del Uruguay: “Aquí me pongo a cantar al compás de la vihuela, que el hombre a quien lo desvela una pena extraordinaria, como el ave solitaria, con el cantar se consuela.” Este libro, Martín Fierro, está lleno de máximas, moralejas y consejos de indiscutible sabiduría. Han sido citados por innumerables autores y siempre vuelven a aparecer en canciones, en espectáculos populares y en posters. Una estrofa muy famosa es aquella que dice: “Los hermanos sean unidos, porque esta es la ley primera, pues si entre ellos pelean, se los comen los de afuera.”

Lira Berrueta
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SILUETAS ¡Cuántas ansias y sueños en la espera viendo pasar los meses del invierno! La más deseada de las primaveras estaba cerca ya. Los brotes tiernos anunciaban los frutos promisorios que pesarían en la rama henchida. Como parte del cuadro ella aguardaba mientras cargaba un fruto de la vida. Cantaba ante la cuna preparada numerando los meses y los días. La realidad del sueño se acercaba, en ella palpitaba y se movía. Trabajaban sin tregua levantando paredes del hogar tan ansiado que albergaría aquel hijo incubando ternuras. El sol a cada hora calcaba sus siluetas: un hombre vigoroso y decidido y una mujer que no tenía cintura. De pronto sufrió el sueño un golpe rudo y se hundió sin regreso en lo irreal. El hijo ya no vendría, no tendría nombre ni herencia, ni derechos ni lugar. Las lágrimas de una madre que quiso y no pudo ser resbalaban escondidas entre pañuelos de sombra. Ojos que nunca se cierran la miraban desde el cielo midiendo el ancho y la hondura del dolor que no se nombra. Y las aves pasajeras le decían al pasar: -¿Por qué hacen una casa si nadie la va a heredar? -¿Por qué guardan esa jaula si el pájaro que esperaban nunca aprenderá a cantar?
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La cuna quedó muy sola, anonadada en el ocio, desprovista de sentido, como un poema frustrado. La esperanza desmentida ya no tenía palabras, inclinada hacia la tierra con su mensaje anulado. Las metas ahora cambiaron. Pidieron a Dios su guía para emplear sus esfuerzos con el máximo provecho. Prepararon portafolios, emprendieron otros rumbos, Y en el barrio había una casa que se vendía sin techo. Volcaron sus afanes en el precursorado y produjeron hijos para el mundo futuro. Sembraron la Palabra por distintos caminos con actitud resuelta y con paso seguro. Años después, la cuna se sintió estremecida por un llamado santo que debía responder, para albergar el dulce milagro de una vida, ¡y esta vez cumpliría con su razón de ser! Ella volvió a la paciente espera tejiendo y destejiendo conjeturas. Al fin tuvo la cuna su galardón tardío meciendo blandamente a una niñita bella como una rosa colmada de rocío. Hoy marchan las tres siluetas subrayando los caminos. Tres sombras inseparables que dan algo en qué pensar, un palpitante adelanto del paraíso esperado, un cuadro muy sugestivo que ilustra el gozo de dar. Son un sermón de tres textos, una cuerda de tres hebras, tres voluntades unidas que amalgaman sus desvelos. Son un árbol de tres ramas que alzan sus brotes al cielo. (A la familia Salvi, con cariño. L.B.) Junio 1996
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LA MÁXIMA SENTENCIA Hay un límite oscuro, impenetrable, que es la frontera del avance humano, nadie puede burlar sus restricciones fijadas desde el trono soberano. Es algo más horrendo que la muerte, terminante, final, irreversible, más sordo y silencioso que la tumba, que aún puede albergar una esperanza por un futuro auténtico y tangible. Ese país hacia el cual tantos marchan, no tiene idioma, señas ni mensajes; nadie conoce ni distingue a nadie por lo que tuvo o por lo que haya sido. Su nombre es la palabra más hueca que se ha escrito; ese árido lugar se llama OLVIDO. Si el Dios que quiso rescatar tu vida con la sangre del Hijo de su amor, aguantó muchas veces tu desprecio al mostrarte bondad inmerecida, ¿qué más puede ofrecerte que ese incambiable olvido? ¡borrarte de su mente, sin odio ni dolor!

Alef Gimel
- Mayo 1996 -

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TEATRO FAMILIAR (Consta de 5 Págs.) Primer Acto Personajes: Ernesto, el padre. Hombre robusto, de muy buena presencia, cabello gris; culto, bondadoso. Tiene más o menos 60 años. Míriam, la madre. Mujer bondadosa, muy dedicada a su hogar. Representa algo más de 50 años. Los tres hijos mayores, enérgicos, dinámicos, no toman parte en los diálogos. Benjamín, el hijo menor, delgado, retraído, de aspecto enfermizo.

La escena muestra el comedor de un hogar teocrático. Muebles sobrios y de buen gusto. Todo muy limpio y ordenado. La mesa con mantel blanco, fuentes y platos sobre ella. La familia acaba de tener una comida que terminó mal, con una discusión acalorada. En primer plano se ve a Ernesto y Míriam consolando a Benjamín, que parece muy perturbado por la discusión. Atrás, se ve a los tres hermanos mayores gesticulando y hablando entre ellos mientras se retiran de la mesa. Benjamín: Papá, mamá, ustedes saben que yo los quiero mucho y estoy muy agradecido por todo lo que han hecho por mi. Esta discusión de hoy con mis hermanos ha agotado la poca paciencia que me quedaba para tolerarlos. Acabo de hacer una decisión y no voy a cambiarla. De aquí en adelante no me sentaré más a la mesa con ellos, ni estaré presente a la hora de las comidas. ¿Qué estás diciendo, hijo? ¿Vas a comer las sobras, solo en la cocina, como si no fueras parte de la familia?

Míriam: -

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Benjamín: - Mamá, este no es el único lugar donde se puede comer. Si uno paga, puede comer en muchos lugares donde se vende comida. Ernesto: - Es cierto, hijo; en muchos lugares se vende comida atractiva y bien presentada, que se vende con fines comerciales. Pero, algunos de los que están amasando un capital no tienen muchos escrúpulos, ni les interesa tanto la salud de la gente como el dinero. De tanto se oyen noticias de casas de comidas que han sido multadas por estar vendiendo comida dudosa, y de gente intoxicada por tales comidas. Ellos tienen sus secretos profesionales. Ciertas salsas y combinaciones de especias le quitan el mal olor y el mal gusto a la carne que se está echando a perder. Tu paladar la acepta sin desconfianza, pero al digerirla surgen los problemas. Esas comidas recompuestas le han costado la vida a algunos comensales de poco discernimiento. ¿Vas a comparar eso con las comidas preparadas por tu madre con tanto amor, teniendo en cuenta la salud de sus hijos y calculando el valor nutritivo de cada ingrediente que usa? (Unos pasos más atrás, Míriam está enjugando sus lágrimas con un pañuelo.) Benjamín: - Papá, mamá, ustedes oyeron la discusión de hoy. Ni la comida le cae bien a uno cuando tiene que levantarse de la mesa en ese estado de ánimo. Mis hermanos siempre están haciéndome notar mi falta de capacidad para emprender cosas. ¡Yo tuve la desdicha de tener tantas enfermedades infantiles! Cuando ellos estaban haciendo cursos de capacitación para tantas cosas, yo siempre estaba enfermo de algo y perdiendo mis clases. Yo sé que no tengo la inteligencia ni la energía de ellos y que no soy capaz de emprender ciertas carreras. Ellos fueron los grandes logros de ustedes. Yo ni debía haber nacido. Me hacen sentir como un muñeco hecho de retazos de trapo; algo que se hace con lo que sobra, por no tirarlo. Hoy dijeron que debo hacer planes para estar siempre con ustedes y acompañarlos en su vejez, ya que no puedo hacerme ilusiones de triunfar en ninguna carrera. En otras palabras, ellos van a seguir aumentando el capital de la familia, yo solo sirvo para consumirlo.

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Míriam: -

Hijo querido, tu padre y yo conocemos demasiado bien tus problemas y tus limitaciones. Nunca nos hemos burlado de tus debilidades ni te hemos depreciado por ellas. Tus hermanos son jóvenes, llenos de vida y energía, y no tienen la madurez que dan los años. Algún día, puede ser que ellos mismos tengan un hijo enfermizo, y entonces comprenderán tu situación. Quizás ni se han dado cuenta de cómo te han herido. Tenemos que reprenderlos para que no sean tan agresivos. Todo esto es muy triste, pero no es razón para que rehúses sentarte a la mesa con tu familia. Ese lugar es tuyo. Tu padre y yo te lo hemos asignado con amor. Por favor, no lo menosprecies.

Ernesto: - Es cierto, Benjamín, que tus hermanos han hecho un trabajo importante llevando nuestros productos a otras provincias, pero eso no significa que tú has sido un hijo inservible. Para tu madre y para mi ha sido un gozo tenerte siempre cerca. Además, tú has escrito cientos de cartas que se necesitaba enviar a nuestros clientes, has atendido el teléfono contestando preguntas importantes. Todo eso ha sido un trabajo apreciable. Benjamín: - Creo que ha llegado el momento en que yo también tengo que probar que puedo mantenerme solo y dejar de ser el niño enfermo sobreprotegido. Buscaré trabajo en algún restaurante, donde pueda servir mesas y lavar platos. En esos lugares el salario es bajo, porque la comida está incluida, y yo mismo veré cómo la hacen. Ernesto: Hijo, tu eres mayor de edad ahora, y respetamos tu libre albedrío. No podemos atarte a la silla para que sigas sentándote con nosotros, si tu has resuelto lo contrario. Eres un hijo ingrato al despreciar mi mesa y la comida que tu madre pone sobre ella. Fuera de tu hogar no vas a encontrar quien te ame ni se interese por ti como nosotros lo hacemos. Si de veras vas a marcharte, te pido encarecidamente una cosa, Benjamín. Habrá momentos en que vas a sentirte desamparado, y sin saber qué hacer. Tal vez no quieras volver a tu hogar por orgullo, por no reconocer tu fracaso. Te advierto algo enfáticamente. No vayas a caer en la tentación de sentarte a la mesa de mi peor enemigo. Tú sabes bien quien es. El urdió una trampa judicial para quitarme la casa, difamó mi nombre, me acusó de indignidades que no quiero mencionar; puso a muchos en mi contra basándose en mentiras de todo calibre. Si tu permites
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que él te mime, te atraiga y te siente a su mesa, será muy difícil hallar una excusa para perdonártelo. Lo único que podré hacer en ese caso, es olvidarme de que una vez te llamé hijo. SEGUNDO ACTO En el mismo escenario. La mesa está puesta para una comida, con su impecable mantel blanco y flores en el centro. Suena el cántico 91: “Siendo enseñados por Jehová”, como música de fondeo. El volumen de la música disminuye y se oye la voz del narrador: -El obstinado alejamiento de Benjamín duró solamente un mes. Fuera del hogar comprobó la frialdad y la indiferencia del mundo. Le sucedieron cosas que no había calculado. Algunos días sintió los aguijones del hambre. También recibió propuestas inmorales. Vio muchas cosas difíciles de entender para alguien que había vivido siempre en el ambiente sano y limpio de su hogar. El tradicional enemigo de su padre se enteró de que él había salido de su casa y envió a uno de sus secretarios a ofrecerle un empleo muy bien remunerado y asegurarle que sería muy bienvenido en su casa, en cualquier momento, para compartir la mesa con su familia. Benjamín ignoró la propuesta, y no aceptó ninguna cita con él. Ernesto y Miriam se enteraron de todo. Ahora los vemos escudriñando el camino que lleva hacia la casa. Benjamín los llamó pidiéndoles perdón y preguntándoles si lo recibirían de nuevo. Ahora podemos presenciar el emotivo encuentro. (Se oye con más volumen la música de fondo, el cántico 91). Benjamín llega. Sus padres lo abrazan y lo besan con mucho amor. Los tres se apartan hacia la izquierda y se sientan en un grupo de sillas, quedando en penumbra. Un poderoso foco de luz blanca ilumina la mesa tendida, en segundo plano, lista para recibir a los comensales. Desciende el volumen de la música mientras el narrador da la conclusión:

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-Todos conocemos a alguien que una vez se sentó con nosotros a la mesa del Señor y luego abandonó su lugar, desalentado por ofensas imaginarias o reales, desilusionado por fallas humanas, que no creía encontrar en la casa de Dios. A veces, las cosas que ciertos hermanos hacen o dicen, pueden abrir heridas dolorosas. Nosotros mismos, en momentos en que hemos estado bajo ciertas presiones, tal vez hemos albergado la misma idea, inspirada por el antiguo adversario de Dios, de abandonar nuestro lugar en su pueblo, pero felizmente no sucumbimos a ella. La mayoría de los que se han ido, andan por el mundo con la cabeza vacía y el corazón insatisfecho. Algunos, al irse al expresado la absurda idea de que Dios puede protegerlos tanto afuera como adentro de su organización. Dios no tiene la obligación de seguir los pasos de los que abandonaron sus caminos, ni tampoco de ponerles comida en la boca, como hacen los pájaros con sus pichones, a los que rehúsan seguir comiendo a su mesa. Nosotros seremos siempre los perdedores si abandonamos nuestro lugar porque estamos ofendidos con otros. Rechazar la mesa de Jehová no puede ser jamás la solución de ningún problema, pero ciertamente es la forma de abrirle la puerta a problemas muy graves. Algunos se han portado como hijos ingratos, pero no han llegado a ser apóstatas, sentándose a la mesa del enemigo. Para ellos, la puerta de la casa de Dios aún está abierta. Recordemos que, ninguna herida mental o emocional que un hermano nuestro nos cause, puede convertirse en una herida mortal. Dios está permitiendo estas cosas para probar nuestro corazón, porque de todas estas experiencias aprendemos algo positivo. El resultado de este aprendizaje será sorprendente, como leemos en Isaías 54:13. se nos asegura que Jehová enseñará a sus hijos y la paz de ellos será abundante. Para los que siguen alimentándose de la mesa de Jehová, eso significa que los enemigos circunstanciales de hoy serán los amigos eternos del mañana. Oremos que, a pesar de todos los desalientos que la imperfección de otros y la nuestra propia nos produzcan, el fin nos encuentre sentados a la mesa de Jehová. FIN

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Alef Gimel
– 1996 –

NOTICIAS DE ÚLTIMA HORA En estos días finales las cosas se ponen tensas. De nada vale hacer cálculos antes de ir a la despensa. ¡Quien sabe si encuentran pan! Hay huelga de panaderos. Aunque anden con tempo escaso, tendrán que hacer pan casero. Si ya no encuentran salame y empieza a escasear el queso, son sólo nuevos detalles del gran desplome en proceso. ¿Tienen síntomas extraños? Aguántenlos con paciencia. El gremio Salud está en huelga, sólo se atienden urgencias. Los chicos saltan de gusto pues hay paro en la enseñanza. Hoy pueden jugar tranquilos y disfrutar de la holganza. Fíjense si aún están sanas las suelas de sus zapatos. El transporte está en conflicto y paran a cada rato. Los gremios se van uniendo, el panorama está feo. Para apoyar las protestas se ha detenido el correo. Tal vez se racionen la luz y se pare la heladera. Tendrán que tirar comida, o comerla a la carrera.
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Los ladrones hoy celebran en las madrugadas frías, el desgano que le ha entrado a toda la policía. No se esfuerzan como antes, el sueldo es insuficiente, saben que de todos modos siempre sobran delincuentes. El Agro está en conmoción esperando que algo estalle. Los que reparten la leche hoy no salen a la calle. ¿Les amarga la basura tres días en la vereda? Por fin el sindicato está reunido y han decidido levantar la veda. Disculpen si no les gusta tal panorama analítico. No caben otros enfoques de un mundo en estado crítico. Hay que mirar más allá, falta lo más importante. ¡El Creador infinito nunca ha soltado el volante! Él sabe el momento justo de invertir el deterioro. ¡Todo será controlado desde su Ciudad de oro!

Alef Gimel
-Agosto 1996-

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EL CONEJITO ANDARIEGO (Consta de 5 Págs.) Para Dámaris, mi querida amiguita tucumana. L.B. En el mundo social de las palomas, Diamela es un dama muy fina y muy virtuosa. Ha criado muy bien a sus pichones, y es tierna y comprensiva con los hijos pequeños de otras especies del Reino Animal. Un día, mientras volaba de árbol en árbol en una pintoresca región rural llena de granjas, vio un hermoso conejito blanco que parecía desorientado, sin saber qué camino tomar. Su instinto maternal la movió a descender y averiguar en qué podía ayudarlo. - Buenos días, conejito. ¿Cómo te llamas? - En casa me dicen Macachín. - Ah...Así le llaman a esas pequeñas flores silvestres que le dan tan lindo aspecto al campo en primavera. ¿Dónde vive tu familia? - Allá, muy lejos, en la casa de un hombre que se llama don Pedro. - ¿Cómo se llama tu madre, y de qué color es? - Mi madre se llama Gardenia, y es toda blanca. - Con seguridad que ella no te dio permiso para salir solo y apartarte de la familia.¿No pensaste que ella debe estar muy preocupada y buscándote por todas partes? Tal vez está pensando que un animal más grande te mató y nunca te volverá a ver. Tienes que volver a tu familia. ¿Cómo puedes volver lo antes posible a la casa de don Pedro? Macachín bajó la cabeza avergonzado y dijo:
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- En realidad no sé cómo volver. Yo me salí cuando estaba amaneciendo, porque vi la puerta un poco abierta y pude pasar. Pronto empecé a cruzar un campo grande. Has andado mucho macachín, ya casi es mediodía. Yo quiero ser tu amiga y ayudarte a volver. Tu madre debe estar tan angustiada como lo estaría yo si se perdiera alguno de mis pichones. Desde la copa de los árboles se puede ver lo que no está tan cerca. Yo te advertiré de cualquier peligro, y trataré de localizar tu casa.

Macachín se sintió muy complacido de tener una amiga tan dispuesta a cuidarlo y a hacerle bien. Entonces le dijo: Si vas a ser mi amiga, yo también quiero saber tu nombre. Me llamo Diamela.

- ¿Qué quiere decir Diamela? - Es una pequeña flor blanca, a la cual también llaman “jazmín de Arabia”. - ¿Qué es Arabia? - Es una tierra donde viven los pueblos árabes. Tiene un gran desierto de arena que sólo se puede cruzar en camello. - Yo nunca he visto un camello, Diamela. - Yo los vi sobrevolando el zoológico. Son más grandes que los caballo y tienen dos jorobas que se llenan de agua cuando beben. Por eso pueden andar muchos días por lugares donde no hay agua para beber. - ¿Ves, Diamela? Yo no sé nada de esas cosas. Por eso quería conocer más del mundo. - Ustedes, los niños, siempre tienen ansias de aventuras - dijo Diamela. Creen que todo les va a salir como lo piensan. Macachín tenía hambre, y se acordaba de las lindas zanahorias que don Pedro les llevaba cada mañana al jaulón donde vivían los conejos en familia.
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Sólo había comido algunos pastitos desde que había salido de su hogar. De pronto vio unos hongos muy lindos, con pintas de colores, y se dirigió a ellos. Diamela se alarmó y empezó a revolotear a su alrededor, indicando que no debía comerlos, porque eran hongos venenosos. Lo animó a seguir andando un poco más porque desde la copa de los árboles se veía una casa con una huerta, donde podría encontrar lechuga, espinaca y otros vegetales. - ¿No será esa la casa de don Pedro? – preguntó la paloma. - No, Diamela, no puede ser, porque yo caminé mucho. En la granja de don Pedro hay tres casas, porque los hijos viven allí, y los niños nos visitan cada día y se divierten con nosotros. - Ese es un dato importante, Macachín. Por ahora no se ve ningún grupo de tres casas. Ahora, lo más importante es que te acerques a esa huerta y comas vegetales para tener fuerzas para continuar el viaje. El conejito comió a satisfacción y la huerta quedó atrás. Ahora se acercaron a la orilla de un río bordeado de árboles y arbustos. Macachín tenía sed y quiso acercarse a la orilla para beber, pero Diamela, siempre alerta, descendió rápidamente de su puesto de vigilancia para impedírselo. - ¡No Macachín, no bebas del río! Desde arriba se puede ver que el agua está negruzca y brillante. Trae petróleo, eso sería fatal para ti. Se ve una finca cercana, sin duda habrá algún lugar allí de donde beben los animales. Mejor que aguantes un poco más la sed. Apenas habían andado unos minutos más, Macachín siempre por tierra y Diamela de árbol en árbol, cuando el oído fino de la paloma distinguió unas pisadas enérgicas que quebraban las ramas secas en el suelo. Pronto confirmó lo que sospechaba, un puma andaba por la orilla del río sin duda buscando una buena merienda. Diamela, sin perder un minuto, descendió y aleteando agitada, casi empujó a Macachín hacia un grupo de espesos arbustos, y los dos se refugiaron allí sin hacer ruido. Macachín temblaba de miedo, y Diamela lo abrigó con sus alas, y trató de inspirarle confianza. El puma pasó de largo, y cuando ya no se oyeron más los pasos pesados que quebraban ramas secas, salieron del escondrijo, y Diamela dio gracias a su Creador.

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Llegaron bien a la finca cercana, y encontraron pequeños charcos donde pudieron beber, porque estaban regando el jardín. El sol estaba declinando; apenas quedaban dos horas de luz y Diamela estaba preocupada por Macachín y por su esposo que no estaba acostumbrado a que ella faltara tanto del palomar después de la caída del sol. De pronto aleteó con gran alegría, porque desde la copa del árbol en que estaba situada, veía una granja con tres casas. Bajó y le comunicó a Macachín la buena nueva. Le dijo que, además de tres casa se veían dos piletas de natación, una para los niños y otra para los mayores. ¡Esa sí era la granja de don Pedro! Pero, en vez de alegrase, Macachín se puso a llorar desconsoladamente, porque estaba agotado de tanto caminar, y no le quedaban fuerzas para hacer el último tramo. Diamela lo miró con ternura y compasión. ¡Era tan frágil y pequeño! - ¡No llores Macachín! Nuestro creador nos salvó de varios peligros en este viaje, y nos va a dar algún medio para llegar a tu casa. Quédate así, descansado contra el tronco de ese árbol. Yo volaré a la casa de don Pedro en pocos minutos y trataré de conseguir ayuda. Cerca de la entrada, la paloma vio un potrillo todo negro con una mancha blanca cerca de la oreja derecha, que parecía una flor adornando su piel oscura. Los niños le llamaban el morocho. Diamela se paró sobre su cabeza y le habló al oído, explicándole el problema que se le había presentado. El morocho estuvo muy contento de cooperar porque conocía muy bien a la familia Conejidez. Todos ellos, igual que él, habían nacido y vivían en la misma granja. Llegaron pronto al lugar donde el conejito los esperaba, casi desmayado de cansancio. El potrillo se acostó y estiró la pata delantera izquierda formando un puente para que Machain subiera a su lomo. Luego se incorporó muy lentamente. Diamela se posó detrás del conejito y lo cuidaba. Pronto llegaron al jaulón de los conejos. El morocho se hincó en tierra suavemente, para no dañar su delicada carga, y luego inclinó un lado de su cuerpo para que Macachín se deslizara como en un tobogán. Al ver que el morocho traía a Macachín sobre su lomo, y que parecía tan decaído, los conejos se apiñaron alrededor de la entrada. - ¿Qué le pasa?¿Está enfermo, o está herido? – preguntaron.
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Diamela los tranquilizó: Simplemente está rendido de cansancio de tanto caminar. Mañana lo verán retozar, feliz como siempre.

Gardenia, la madre, que tenía los ojos hinchados de llorar, tomó a su hijito en brazos tiernamente. Clodomiro, el padre, dijo que al día siguiente iba a hablar muy en serio con Macachín para que nunca más se escapara de su hogar. Las zanahorias que don Pedro les había traído a la mañana estaban intactas, nadie había podido comer durante el día a causa de la ausencia injustificada de Macachín. Invitaron a Diamela a quedarse un poco de tiempo con ellos, pero ella estaba ansiosa por volver al palomar donde su esposo la esperaba. - Yo pasaré por aquí de vez en cuando para ver cómo están. – les dijo. Le he tomado gran cariño a Macachín y me gustará ver cómo está creciendo. - Jamás podremos pagarte lo que has hecho por Macachín.- le dijeron todos. Para los buenos de corazón, la mejor recompensa para una obra de amor es el privilegio de haberla realizado, y guardarla entre sus más queridos recuerdos.

Alef Gimel
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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DIVAGACIONES DE UNA DIVORCIADA (Consta de 3 Págs.) Han pasado tres años desde que dejaste tu lugar. Ya me acostumbré a mi papel de madre-padre, a hacer sola mis propias decisiones y a demandar la obediencia indivisa de los niños. Con la ayuda de Dios no ha sido tan difícil adecuarme a lo que exigen mis responsabilidades ensanchadas. Alguien me mencionó que tienes un hijo con tu nueva esposa. Quizá un día cualquiera nos crucemos en la calle y lo vea en tus brazos. Estoy segura de que de mis sentimientos muertos y enterrados no brotará rencor ni dolor, ni me perturbara el simple cálculo de que ahora existe uno más para consumir tus recursos, que te hará diezmar lo que tienes que darle a los hijos que dejaste atrás en tu camino. Ellos también se han resignado a la mísera porción que les das de amor y de tiempo. Tu desamor, tu traición y tu desprecio, ya casi no me duele. Son hojas secas que el río del tiempo se llevó. Hoy puedo analizar serenamente los hechos que produjeron el sentimiento que nos atrajo con tanta fuerza. Tú me decías que estabas demasiado solo y necesitabas alguien que te ayudara a edificar tu felicidad. Yo también tenía un vacío viejo y profundo para llenar. El hecho de no haber conocido a mi padre me hizo desear siempre la atención y protección de un hombre. No me importó que nuestras personalidades fueran tan diferentes. Hoy entiendo mejor que nunca las palabras de Jeremías 17:9: “El corazón es más traicionero que cualquier otra cosa y es desesperado. ¿Quién puede conocerlo?” Sí, es traicionero porque a veces rehúsa entablar un diálogo serio con la mente. Teme que el análisis razonado de los hechos mate su ilusión y enfríe el entusiasmo loco con que se lanza a lograr sus objetivos sentimentales. También es desesperado, como dice el profeta. Es un niño que no sabe esperar. Se apresura enceguecido en busca de ternura y comprensión. Cree que el hecho de estar buscando algo que de veras necesita es una garantía de éxito. Quiere apagar su sed bebiendo en espejismo y piensa que lo va a convertir en agua.
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Nos hemos defraudado mutuamente al esperar una unión perfecta a pesar de nuestras diferencias. Frecuentemente han vuelto a mi mente las acertadas palabras de Khalil Gibran, el celebrado poeta de la India, refiriéndose al matrimonio: “Cantad y danzad juntos y sed alegres, pero permitid que cada uno se sienta solo. Así como la cuerdas de un laúd se encuentras separadas aunque se estremezcan con la misma música”. Ciertamente, las cuerdas de un laúd no pueden fundirse en una sola, pero separadas pueden producir la misma melodía. También las palabras que él escribió sobre los hijos me han dado un enfoque diferente y algo en qué pensar: “Tus hijos no son tus hijos, son hijos e hijas de la Vida, deseosa de sí misma. No vienen de ti sino a través de ti, y aunque estén contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu amor pero no tus pensamientos. Puedes abrigar sus cuerpos pero no sus almas, porque ellos habitan el mañana, que no puedes visitar ni siquiera en sueños. Ustedes son los arcos de los cuales sus hijos han sido lanzados como dardos vivos.” Aunque es muy poco lo que tengo que agradecerte a ti personalmente, siento una gratitud inmensa hacia la Vida que se sirvió de ti para multiplicar sus dones y concedernos a los dos el privilegio de prolongarnos en nuestros descendientes. La Vida encontró en ti y en mi los elementos que podían servirle para lograr su propósito, ya que por separado nada podríamos hacer. Es cierto, algo tenemos que poner de nuestra parte. Debemos cuidar nuestra salud y vigilar nuestra conducta y nuestras costumbres, ya que los rasgos indeseables que cultivemos pueden dejar taras y tachas en el A.D.N. que luego encontraríamos impresas en nuestros hijos y nietos. Esa deuda de gratitud tengo contigo. Fuiste un joven normal y de sanas costumbres, y pudiste producir hijos sanos y normales. La Biblia afirma: ¡Mira! Los hijos son una herencia de parte de Jehová...-Salmo 127:3 Por eso los miro como mi posesión más valiosa y mi logro más querido. Pero sé que no son completamente míos. Fui el arco desde el cual fueron lanzados hacia el porvenir. La Vida los reclamará para sí y les asignará sus caminos. Reconozco tus derechos sobre ellos y trato de que no te crean peor de lo que eres. Les he hecho ver tu abandono como una flaqueza humana, no como iniquidad empedernida. Les he asegurado que no dejaste de amarlos, porque esa idea no los edificaría, y realmente creo que los amas a tu manera.
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Les he explicado que, al correr tras una aventurera, estabas enceguecido por un fuego fatuo y no veías anda claro. Les he recalcado que ellos son lo más auténtico que hubo en tu vida, y que con seguridad lo sentirás así, cada vez más, a medida que pasen los años. Se sintieron muy defraudados cuando te fuiste, no solo por haber dejado tu hogar, sino también al verte abandonar las filas del pueblo de Dios. Les he citado muchas veces las consoladoras palabras del Salmo 27:10: “En caso de que mi propio padre y mi propia madre de veras me dejaran, aún Jehová mismo me acogería”. He podido criarlos exitosamente, sin golpes ni gritos, con amor y ternura, como tan acertadamente lo ilustra Rabindranáth Tagore: “El que hace perfectos los guijarros no es el martillo, sino el agua con su danza y su canción.” Mi gran recompensa ha sido ver crecer a mis hijos entre los adoradores de Jehová, como plantas sanas, que tienen la dosis adecuada de luz y aire puro, y el riego fortalecedor del agua de la verdad. Tal como el médico trata de aumentar las defensas de un enfermo, así me esmeré en fortalecer sus defensas espirituales, para que visualicen el mayor de los atributos de Jehová: “Dios es amor”, y que se apoyen confiadamente en su calidad suprema de padre. ¿Cómo puedo definir tu paso por mi vida? Te veo como la triste sombra de lo que pudo haber sido y no fue. Rompiste el bosquejo de la familia cristiana que nos proponíamos ser. Al borrar tu imagen del cuadro familiar, perdiste la oportunidad de reflejar a Cristo en su honorable posición de cabeza. Pero, el balance final está innegablemente a mi favor: dos hijos que me quieren y desean estar conmigo. Ellos son, más que un regalo tuyo, el gran regalo de la Vida, siempre ansiosa de multiplicar sus logros. Tú fuiste meramente el intermediario que entesó el arco desde el cual fueron lanzados como dardos vivos hacia el porvenir.

Alef Gimel
– Diciembre 1996 –

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ESTAR ENAMORADO DE LA VIDA Estar enamorado de la vida es algo más que respirar con ganas y aborrecer la idea de morir. Es amarla y cuidarla como el bien más valioso. Que con nada podríamos jamás sustituir. Es retener la esencia de las horas que huyen y en el crisol del tiempo, volverás a vivir. Estar enamorado de la vida significa también dignificarla, y compartir sus dones con gracia y con amor; exaltarla con hechos de innegable nobleza que a tu andar por la tierra les confieran valor. Honrarla como madre, buscarla como amiga, admirar su instrucción como maestra; imitar su insistencia tesonera al dar los frutos de su mano diestra. Y si es preciso un día que despidas de ella por ahora, prométele un abrazo conmovido cuando te alce del polvo, tendiéndote su mano bienhechora. Ha de volver colmada de sus días risueños, llenos de activas y felices horas. Verás pasar los años y los siglos, y con ellos plasmarse tus empeños mientras se va forjando la cadena de fecundos y plácidos milenos.
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Alef Gimel
– Dic. 1996 – AMIGOS, HOY Y SIEMPRE (A los amigos leales que salieron a mi encuentro en Chile, Colombia y México) Por ser amigos de Dios se cruzaron nuestras vidas en la senda iluminada de su bondad inmerecida. Buscábamos manos cálidas que estrechar en la distancia, y encontramos corazones de profunda resonancia. Los caminos del amor no reconocen fronteras, ahí las palabras tienen connotaciones certeras. Los adioses no son dardos que perforan la emoción; son palabras de esperanza que apelan a la razón. Pues ni el tiempo ni la muerte han de cortar estos lazos. En el mundo del futuro reanudaremos abrazos. Dejemos que crezca sano este cariño veraz. ¡Tiene músculos de acero no quiere morir jamás!
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Lira Berrueta México, Mayo 8 – 1997

Colombia en Abril
Colombia generosa, te veo estallando en flores. El cielo nunca olvida las lluvias merecidas Que le dan a tus campos esa alfombra esmeralda, Bendicen tus plantíos y nutren tantas vidas. Tus árboles erguidos en oración dan gracias, Al espacio infinito alzan sus ramas sanas. Los Andes majestuosos vigilan tus andanzas Mientras tus campos sueñan con un feliz mañana. Ha inundado tu tierra Una absurda marea de iniquidad y vicio. Crecientes multitudes embotadas Se dirigen a un hondo precipicio. Pero el pueblo que a Dios se ha dedicado Aunque el mundo le asigne al ostracismo, Llena de voces nuevas tus plazas y tus calles. Son súbditos de un Reino triunfal y victorioso Que abarcará en sus en su gloria tus montes y tus valles. ¡Gracias por esta hermosa primavera que es un proverbio de sabiduría! La tierra exterioriza lo que tiene guardado, Y lo da sin medida, sin ningún retaceo, Haciendo resaltar el sello eterno Con el que Dios afirma su innegable autoría. Lira Berrueta – Colombia, Abril de 1997

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México en Mayo
Déjenme entrar amigos, vine a comprar recuerdos para un archivo inmaterial guardado en recónditos fueros de la mente. Allí recurriré frecuentemente, buscando los genuinos sentimientos que renuevan el gozo de estar vivo en horas de pesar y agotamiento. México enamorado del sol y la alegría, leo en tu exuberante primavera la respuesta latente de la tierra que sabe ciertamente lo que espera. Tus ojos somnolientos despiertan cada día, la actividad se esparce en todas direcciones, y los ojos del Dios que nunca duerme cuidan Sus once mil congregaciones. Mientras el mundo marcha sin saber hacia dónde, desangrado en inútiles desvelos, un pueblo con fervor ora y espera el grito de victoria que ha de venir del cielo. En los libros de historia del futuro llenarás una página brillante. ¡Qué gozo habrá de ser volver entonces, en algún otro mayo deslumbrante, para buscar tus pájaros, tus flores, y los rostros queridos de los amigos de antes!.

Alef Gimel
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(Lira Berrueta) México, Mayo de 1997

UN VIAJE CON MUCHO PARA RECORDAR ABRIL 16 A MAYO 22 DE 1997
Después de muchos planes, cartas que van y vienen, dudas y expectativas, salí el 16 de abril de Carrasco por Lan-Chile a las 18 horas del Uruguay y llegué a las 19 horas a Santiago (hora chilena, que hubieran sido las 20 hs en Montevideo). Una joven pareja de Betel me esperaba y nos demoramos más de una hora esperando a un hermano del sur, que llegaba para el curso en la Escuela de Entrenamiento Ministerial, que comenzaba ese fin de semana. Betel estaba totalmente ocupado por los estudiantes, y me asignaron la única pieza libre que quedaba, en la cual estuve alojada hasta el 22, cuando salí con mi compañera de viaje, Alice Trucco, para Colombia, a las 9 de la mañana. El sábado 19, Alice me recogió en la puerta de Betel y fuimos a visitar a sus padres en Villa Alemana, 2 horas por auto desde Santiago. Fue un día muy agradable y pintoresco. La casa de los hermanos Trucco está en una tranquila finca llena de árboles frutales. Por la tarde, Zorka, la hermana de Alice, me llevó junto a Elsa, su madre, a dar una vuelta en auto por la rambla de Viña del Mar. Por la noche, un grupito de las localidades cercanas vino a visitarme y repasamos experiencias muy edificantes. Durante eso días en betel, recibí visitas que conocí en el viaje anterior, y de los mismos que viven en Betel. El martes 22 llegamos a Colombia a media tarde. Llovía copiosamente desde la mañana. Nos esperaba un hermano de Betel con una camioneta, para llevarnos a Betel de Bogotá, donde vive un pequeño grupo que lo cuida. Allí también estaba funcionando la Escuela Ministerial y nos dieron la única pieza libre que quedaba, por dos noches. Estaban renovando los muebles, las alfombras y toda la decoración de Betel fueron dos días muy agradables de compañerismo con los miembros de Betel y algunos misioneros veteranos.

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El 24 y 35 nos alojamos en el apartamento de Blanca Beltrán, que también nos brindó su hospitalidad en 1994. con ella y su grupo fuimos de casa en casa una mañana y también hicimos algunas compras. Disfrutamos de la reunión del jueves con la congregación “Los Cedritos”. El sábado, ella nos llevó con su auto a Facatativa, el nuevo Betel que es un anticipo del Paraíso- allí la primavera estaba en su apogeo. Sábado y domingo fueron días muy propicios para recorrer los lugares más hermosos de los alrededores. Volvimos al Río Neusa con sus paisajes agrestes y a la Cabaña Alpina, con sus exquisitos lácteos. El lunes 28 salimos muy temprano para el aeropuerto, donde debimos tomar el avión de Avianca, para volar a Santa Marta, donde nos esperaba un grupo de queridos amigos, después de una hora y minutos de viaje. Fue pintoresco el descenso, porque el aeropuerto está a la orilla del mar. El grupo nos saludó efusivamente, y muy poco después estábamos en un apartamento en la playa El Rodadero, que ellos habían alquilado para que estuviéramos más cómodas. Pertenece a una hermana que se ocupa en preparar y alquilar apartamentos para turistas, y este estaba en los altos de la casa de ella, de modo que era muy fácil bajar y pedirle prestado cualquier cosa que necesitáramos. Allí pasamos 5 días con Laudy Bustamante, una precursora de Cartagena, y el jueves 1 de Mayo hicimos un memorable paseo al parque Tayrona, que fue tiempo atrás territorio de los indios Tayronas, luego exterminados por los españoles. En esa parte de Colombia el clima es siempre igual, no se conocen las estaciones, sólo llueve en diciembre, pero llueve por todo el año. El viernes 2 de Mayo salimos para Cartagena, cuatro horas por ómnibus. En el camino vimos un desastre ecológico causado por el progreso. Una extensa región llena de troncos secos de árboles, antes alimentados por el mar. La entrada del mar a esa tierra fue bloqueada para construir la carretera que estábamos transitando. Eso causó que miles de árboles y plantas útiles se secaran, produciendo una vista gris, desolada. A nuestra llegada a Cartagena, nos esperaba el hermano Bustamante, padre de Laudy, un excelente hermano, anciano de la congregación Socorro. En la casa de ellos, grande y cálida como el corazón de su dueños, había lugar para los cinco que veníamos de El Rodadero con Laudy: James,
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Fernando, Norma, Alice y yo. El nombre de esta playa fue por causa de una colina cubierta de arena, por la cual la gente solía rodar y caer en el agua, tiempo atrás.

CARTAGENA
Cartagena es una ciudad histórica, en la cual se aprenden muchas cosas acerca de la triste y vergonzosa historia de la conquista española. Es un conjunto de islas unidas por puentes, que proporciona muchas playas para solaz de la gente, allí donde el Océano Atlántico se convierte en el Mar Caribe. El aspecto colonial antiguo se conserva sin cambios. Los frentes de las casas pintados en vivos colores y su balcones de madera y barandas en colores contrastantes, siempre de buen gusto, desbordando de flores, tiene un encanto especial. La ciudad amurallada, los castillos, algunos enclavados a gran altura, como el Castillo de la Popa, que iluminan de noche, todo representa un pasado que da mucho en qué pensar,. Los enormes conventos con sus patios interiores llenos de plantas tropicales, hoy han sido convertidos en hoteles de turismo. Nada ha sido cambiado. Aún los antiguos faroles amecha hoy son los mismos, convertidos en faroles eléctricos. En el hotel “Santa Clara”, hay una placa de bronce que dice que algunos personajes célebres fueron encarcelados allí. Junto a éstos edificios tan cuidados y bien conservados, hay uno de deplorable aspecto, que jamás se pinta ni se renueva, en señal de repudio a lo que representa. Es el edificio de la que fue llamada “La Santa Inquisición”. Además de sus cuartos de tortura contenía hasta hace poco cuadros que herían la sensibilidad y otros muy inmorales que fueron sacados porque ahora llevan niños de los grados superiores de las escuelas para enseñarles la dura lección de lo que fue el pasado. La calle del costado se llama “Calle de la Inquisición”. Otra edificación es un testimonio condenatorio para lar religión falsa que estaba atrás de todo lo que se hacía entonces, son las bóvedas, hoy convertidas en puestos de artesanías, objetos de arte, ropa y cosas atractivas al turista. Fueron construidas para servir como lugares de ejecución para miles de esclavos negros que luchaban por su libertad. Los habían cazado como fieras en África y los traían a Colombia para trabajar para los españoles. Cuando se multiplicaron mucho y querían ser libres, los encerraban por cientos en esas bóvedas donde no se ve una ventana. Allí, sin aire, sin luz, sin agua un comida, morían en desesperación detrás de una puerta metálica
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cerrada con trancas y candados, que a la fuerza de todos juntos jamás podría abrir. Una de esas puertas permanece así, cerrada con un gran candado, para que el público vea el origen de esas funestas bóvedas. La parte moderna de Cartagena es muy llamativa, con hermosos hoteles y edificios. Dalí no hay invierno, un intenso calor domina las horas del día. A la noche sopla un viento fresco del mar y se puede descanar bien. El sábado 3 de Mayo disfrutamos de la reunión con la congregación Socorro, a las 16 horas. El hermano Bustamante invitó a un grupo de hermanos a su casa para una pequeña reunión social. Hubo preguntas acerca de los lejanos principios de mi ministerio, la actitud de mi familia en cuanto a la decisión mía u de mi hermana de seguir el precursorado como una carrera; surgieron experiencias y recuerdos. Norma de Lozano grabó toda la entrevista. Un día muy singular fue el domingo, cuando hicimos la excursión a la isla Barú. Es el paseo predilecto de los turistas y los cartageneros. La isla está mar adentro como una hora y media de viaje. Se pasa ante otras islas en el camino, dirigido por boyas. La razón de estas es que hay obstáculos que fueron colocados en el fondo del mar por lose españoles, a fin de que encallaran los piratas que venían a robarles el oro. Al encallar, eran cañoneados desde las fortalezas y se hundían sin lograr sus fines. La isla Barú, con sus plagias de arena muy blanca, especialmente en la parte que llaman Puerto Nahito, está llena de quinchos con perezoso y sillas para que el turista pase un día cómodo de descanso. En el precio del pasaje van incluidos bebidas a bordo a elección, almuerzo en la isla, y toda la bebida y fruta que uno quiera consumir. El domingo, después que volvimos de la isla Barú, a la caída de la tarde, James y Fernando, mis fieles amigos por correspondencia durante tantos años, salieron de nuevo hacia El Rodadero, porque el lunes debían estar cada uno en su lugar de trabajo. Norma de Lozano volvió con ellos porque sus obligaciones en el hogar la reclamaban, la sensación de vacío que los tres nos dejaron era una indicación de que otra significativa etapa del viaje estaba concluyendo. Aún nos quedaba un día en Cartagena, con la amable familia Bustamante. Alice prefirió descansar, pero yo acepté el paseo que los dueños de casa me ofrecieron para conocer algunos lugares que no habíamos visto, como el original monumento a los zapatos viejos, y algo más del interior de la ciudad amurallada.
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Hacia México
El martes 6 de Mayo, temprano en la mañana, estábamos de vuelta en el aeropuerto, saliendo para Bogotá con Avianca, para combinar con la salida del avión para México tres horas después. Así dejamos atrás Cartagena, ese cautivante conjunto de islas del Mar Caribe, con cuatro siglos y medio de historia. Cartagena, conquistada y defendida por ardor por los españoles, oprimida por la religión mundana, amenazada por los piratas, enriquecida por los esclavos negros, perdida con dolor por los indígenas, y al fin abandonada en derrota por los prepotentes españoles que dejaron en ella valioso edificios y muy malos recuerdos. Ese mismo día, a las tres de la tarde, estábamos en el aeropuerto de Ciudad de México. Como veníamos de Colombia, revisaron nuestras valijas centímetro por centímetro en dos diferentes secciones del aeropuerto, para asegurarse de que no traíamos drogas. Finalmente pudimos salir para encontrarnos con Ernesto Pérez Ramos, miembro de Betel a quien yo conocía del viaje anterior. En Betel, ocupamos una pieza muy bien decorada, donde se alojan ocasionalmente los miembros del cuerpo gobernante. Tenía una pequeña heladera bien provista. Sobre la cómoda había varios paquetes de deliciosas galletas y maníes. Estábamos muy cerca de Ernesto y Leonor, sólo dos puertas de por medio, y ellos venían a buscarnos a la hora de las comidas y estaban muy atentos a hacernos cualquier favor que necesitáramos. Con ellos fuimos a ver la fabulosa construcción cercana, para la cual fue rellenado e l lago Texcoco. Ya está completa en un setenta por ciento, con nuevas viviendas para aumentar a dos mil el personal de Betel. Falta edificar y trasladar la imprenta, que seguirá surtiendo con literatura, no sólo a loa once mil congregaciones de México, sino también a otros nueve países. Los 480 trabajadores de la construcción tienen un comedor aparte, y fue muy agradable compartir un almuerzo con ellos y beneficiarnos con su contagioso entusiasmo. El viernes nueve de mayo salimos de Betel y fuimos a alojarnos en casa de Teresa y Patricia Abregú en un barrio de la capital. Varios hermanos ya habían planeado llevarnos a dos funciones en el lujoso teatro Bellas Artes. El
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viernes al anochecer disfrutamos de un concierto sinfónico, y el domingo por la mañana, de un colorido espectáculo de ballet folklórico mexicano. En una de las tantas vueltas por la capital, un hermano nos hizo una gran plaza arbolada, y nos dijo: “Esa es la alameda, donde ejecutaban a la gente durante la Inquisición” – En muchas partes hay un dedo acusador señalando a Babilonia, para que sus crímenes no sean olvidados.

GUADALAJARA
El martes 13 salimos en un lujoso autobús de turismo hacia Guadalajara. Se nos advirtió que no lleváramos todo nuestro dinero en la cartera, pues en esos viajes solía suceder que los viajeros fuerana saltados y despojados de cosas de valor. Pero, gracias a Jehová no tuvimos ninguna mala experiencia, y fue un gran gozo volver a encontrarnos con Héctor y Aída Silva, y Arturo, el hermano de Aída. La madre de ellos, Julieta viajaba con nosotros para conocer a Jared, el hijo de Arturo, nacido solo 5 días antes. Los hermanos Luna con su auto estaban allí también. Arturo y Roxana Rodríguez habían venido desde su asignación como precursores especiales en Salvatierra, Guanajuato, para esperar el nacimiento en Guadalajara, y estaban hospedados con Aída y Héctor, de modo que no tardamos en conocer al poderoso personaje que los hizo salir de su lugar en Betel porque estaba decido a compartir la vida de ellos. Como en el caso de Héctor y Aída, el amor al servicio completo los indujo a pedir una asignación como precursores especiales para seguir dando el máximo. Héctor Silva (hijo) es el más fiel de mis corresponsales en México. Era muy joven cuando me escribió por primera vez a fines de 1981, solicitando mis libros, que un hermano argentino le había dado a conocer. A través de sus amenas y amables cartas, seguí de cerca su noviazgo, su casamiento, sus andanzas en el circuito y el distrito, hasta que después de 10 años de casados llegó Héctor David Jahaziel, un niño muy amigable y cariñoso, que en este mes cumple un año. El nombre bíblico Jahaziel, (2Crónicas 2014) se impuso sobre los otros así le llaman todos. Nuestro hospedaje estaba en casa de Juvenal Núñez, muy cerca de los Silva. Teníamos un dormitorio para cada una, y disfrutamos mucho de la amorosa disposición de Lupe, la dueña de casa, y de su hijita menor, Anita, de
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once años, la única que queda en casa. Desde que uno entra, tiene una prueba evidente de está en un hogar teocrático, si se acerca a la jaula de una lorita y la saluda. La invariable respuesta del ave es: -“Jehová es mi pastor”. Héctor y Aída habían arreglado sus vacaciones para esa fecha y nos dedicaron mucho tiempo. Volvimos a recorrer Guadalajara y a apreciar sus muchos edificios y plazas antiguas, con sus rasgos coloniales. El nombre de la ciudad, la segunda de México, significa – “Agua que corre sobre piedras.” Tiene 9 millones de habitantes, 290 congregaciones y 14 circuitos. Esto le da a Héctor Silva la oportunidad de usar su vasta experiencia, sustituyendo a algún superintendente de circuito cuando hay necesidad. Con ellos asistimos a la reunión de entre semana de la congregación Oblatos, donde me hicieron una entrevista y me pidieron que contara alguna experiencia sobresaliente en la obra misionera. La agradable visita de Rafael Jaimez que había viajado desde Zacatecas, fue otra nota especial de esos días en Guadalajara. El jueves 15, toda la congregación fue invitada a una reunión social en casa de un hermano, y allí hubo oportunidad de relatar más experiencias y disfrutar de edificante compañerismo. El sábado 17 pasamos un día muy agradable en el bonito Parque Chimulco que tiene tres piletas de agua sulfurosa para el público.

DE VUELTA A CIUDAD DE MÉXICO
El domingo 18 salimos para la capital después del desayuno, con Héctor y Aída en su auto. Las carreteras en México se mantienen impecables. Hay equipos arreglando cualquier pequeño desperfecto. Cada pocos kilómetros hay un teléfono, en caso de que un motorista tenga que pedir auxilio, y un manantial del que puede extraer agua para el motor o cualquier otro uso, menos para beber. La gente en México bebe solo agua filtrada o agua envasada y purificada, lo mismo que en Colombia.

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Hicimos cientos y cientos de kilómetros viajando con los hermanos, y no vimos un solo accidente. Dentro de la capital de México, con excepción de las avenidas en que pasan autobuses, todas las calles tienen baches o pequeños montículos llegando a las esquinas, que obligan a los motoristas a aminorar la marcha. Nadie puede atropellar a alguien y huir a gran velocidad para no ser identificado. Al volver a la capital, nos desviamos un tanto de la ruta para observar un gigantesco géiser que envía una columna de agua caliente a las alturas. Dos piletas a ambos lados recogen el agua sulfurosa que cae. Allí la gente acude a sumergirse en ella.

ACAPULCO
Llegamos a la capital después del anochecer y fuimos a hospedarnos encasa de los hermanos José y Josefina Vieyra, ambos oriundos de Acapulco, el famoso balneario donde tantos multimillonarios norteamericanos tienen sus casas de veraneo. Ellos planearon una excursión rápida a Acapulco para que conociéramos el lugar, y a la familia de José, padres de diez hijos, todos Testigos. Los mexicanos en general tienen familias muy grandes. Esa es n parte la explicación del fenomenal crecimiento de nuestra obra en México. Los hijos siguen a los padres y ayudan a formar congregaciones rápidamente. México tiene actualmente (1997) once mil congregaciones y casi medio millón de publicadores, organizados en 511 circuitos y 36 distritos. La población del país está muy cerca de los 95 millones. En los barrios más modestos de Acapulco, especialmente cuando hay varios apartamentos en un mismo predio, uno ve las casa separadas por rejas más bien que por paredes medianeras. Evitan levantar muros para no encerrar el calor. Allí no conocen el invierno, de modo que no necesitan ventanas ni puertas sólidas de madera. Usan cortinas para oscurecer los dormitorios. Los techos se ven separados de las paredes interiores, como medio metro por encima de ellas, a fin de permitir la circulación de aire. Los ventiladores eléctricos están en uso a toda hora. Después de un día y una noche con la hospitalaria familia Vieyra, el martes 20 volvimos a recorrer la pintoresca carretera nueva que acorta la distancia con la capital y la reduce a un viaje de cinco horas. Hay que detenerse varias veces en las casetas de peaje que recogen incalculables millonadas cada día.
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BALBUENA
La noche del 21 tuvimos el privilegio de alojarnos en la única pieza de huéspedes que tiene la casa de la sociedad en Balbuena, otro barrio de la capital, donde funcionan oficinas que reciben correspondencia y encargues, y conectan la capital con Betel del Tejocote, más o menos a 30 kilómetros de la capital. Dos jóvenes parejas se ocupan del trabajo en Balbuena, junto con algunos voluntarios que ayudan, pero no viene allí. La casa funciona como n anexo de Betel, observando los mismos horarios en el trabajo y en las comidas. Estuvimos con ellos hasta la hora de salir para el aeropuerto el jueves 22, están muy cerca del aeropuerto. Antes de las 6 de la tarde vinieron varios hermanos que querían despedirnos, entre ellos Héctor y Aída Silva con su pequeño Jahaziel. Para ellos también, ese era el punto final de las vacaciones que habían solicitado para estar con nosotros. Ernesto y Leonor Pérez, de Betel, siempre amoroso y serviciales, estaban allí también. Hubo algunas llamadas telefónicas para desearnos buen viaje. Surgió varias veces la pregunta: -“¿Cuándo vendrás a México otra vez?” – “Poco después del año 2000”- era la única respuesta posible, teniendo en cuenta la esperanza segura de un pronto cambio en la historia de hoy. Aquel amoroso grupo que nos acompañó al aeropuerto pasó a ser una querida imagen más en nuestro archivo mental. El regreso con Lan Chile fue placentero y sin inconvenientes, como fueron todas las etapas del viaje. Llegamos a Santiago a las siete de la mañana del viernes 23. a las 14:50 volví a salir en camino a Montevideo. Había hecho mucho frío en Chile unos días antes. La cordillera de los Andes estaba completamente nevada. Era un espectáculo hermosísimo. La puesta del sol entre nubes de tormenta, vista desde la altura, también fue algo fuera de lo común. Al llegar a Carrasco, el aeropuerto internacional de Montevideo, tres representantes de Betel me esperaban. Volver a la rutina en medio de un invierno frío y húmedo fue como despertar de un bello sueño y tener que reconciliarse con la realidad.

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Ahora, hay muchos puntos en el mapa que no son simplemente nombres. Al evocarlos, surgen rostros queridos, amables, y recuerdos muy significativos, que producen una extraña mezcla de gozo y nostalgia. Nos despedimos sin saber por cuánto tiempo, con la esperanza de volver a encontrarnos cuando ya no existan fronteras que nos separen, sino caminos que nos unan. Nos despedimos con la confianza que se siente al saber que los ojos plenos de amor de Jehová velan sobre todo su pueblo. Cuando Labán y Jacob se separaron por tiempo indefinido, expresaron la misma confianza en Génesis 31:49: “Atalaye Jehová entre tú y yo, cuando estemos situados sin vernos el uno al otro”. V.NM. “Atalaye Jehová entre mí y ti, cuando estemos ausentes el uno del otro” Versión Moderna

Montevideo, Junio1997

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EL ESPEJO ENTERO - (Consta de 5 Págs.) Mi querida Astrid: Aquí estoy una vez más, con algunas hojas en blanco delante de mis ojos, contándole al papel muchas cosas que me gustaría conversar contigo cara a cara. Pero, todavía nos separan miles de kilómetros. Todavía falta un poco para romper esa ausencia de cinco años y volver a gozar de la mutua compañía. Me siento muy feliz porque el fin violento del aborrecido viejo mundo te encontró firme en tu lugar, sirviendo fielmente a Dios junto a tu buen esposo, en el lugar donde los dos tanto deseaban estar, África. Esta es para mi un maravillosa compensación por la ausencia, la distancia, la nostalgia y la lucha por superar la soledad, que es comúnmente la porción de los que hemos envejecido. Tenemos que mirar con una extraña mezcla de gozo y pena a los hijos que se van de casa porque la vida les señala sus caminos, asignándoles logros y privilegios que sólo podemos disfrutar con ellos desde lejos. ¿No te parece un sueño, Astrid, que ya haya pasado lo que tanto esperábamos?¡ Qué inolvidable experiencia haber sido testigos de la ira de Dios contra un mundo que difamó Su Nombre y causó daño a Su pueblo y a Su obra manual, la tierra? El haber visto la furia de los elementos naturales desatada contra los inicuos y a la vez sabiamente controlada para no dañar a Su rebaño humano, fue muy conmovedor. ¡Cómo cobraron relieve aquellas penetrantes palabras que Jehová dio a Job, en el capítulo 38: 22 y 23: - “¿Has entrado en los almacenes de la nieve o ves siquiera los almacenes del granizo, que yo he retenido para el día de pelea y guerra?”. La intervención de los ángeles, cuidándonos y guiándonos en todos los momentos claves, es algo que nos une a nuestro Creador con un lazo de gratitud eterno, indisoluble, más allá de todas las palabras con que pudiéramos intentar describirlo. La justicia de Dios, como un poderoso rastrillo, se ha llevado la cosecha de la iniquidad que plagaba la tierra, y nos ha dejado a nosotros sus siervos como rebuscas marginadas. No éramos tanto mejores que otros den el mundo. Imperfectos, inestables, indecisos en algunas cosas, olvidadizos y mal agradecidos en otras. ¡Menos mal para nosotros que Dios tuvo un solo requisito inexcusable como vara de medir: nuestra lealtad a Su soberanía universal! Ese requisito
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invalorable obró como el eje estabilizador que sostuvo en su lugar las demás cosas: la moral, la honradez, la bondad para con el prójimo, la diligencia en el trabajo, y el cuidado de la salud todo era necesario relacionarle con el Reino. Todo valía la pena por el Reino. Toda la adversidad se hacia soportable por la esperanza del Reino. Hoy, el corazón vibra de gozo porque el amado sol ya nonos daña; porque el ozono ha sido restaurado; porque los árboles recobraron la salud; porque los ríos y los mares han vuelto a ser cristalinos; porque la tierra nunca dejará de alimentarnos, y más que nada, porque el Cielo nos mira con favor y ternura. Me invadió una gran alegría cuando nos anunciaron que el correo ya estaba mundialmente reorganizado, y que cientos de miles de kilómetros de líneas telefónicas ya estaban siendo reparados. ¡Ahora estaremos en contacto directo con tantos amigos queridos! Pronto nuestro nuevo mundo feliz estará estrechamente unido por los medios de comunicación. Hoy, como te decía antes, es un día en que siento un gran deseo de tenerte a mi lado. Nunca pensé que pasaríamos cinco años sin vernos. Problemas económicos y de salud me impidieron viajar para verlos o reunir el dinero necesario para invitarlos a venir. Pero, ¡qué gran felicidad es saber que de aquí en adelante todo lo bueno será posible y nunca ,más habrá proyectos frustrados! Hoy necesito conversar contigo. Mi amor de madre nunca podría darle tu lugar a otra persona. Han estado reviviendo en mis recuerdos los momentos emocionantes en que entraste en mi vida. Te lo he contado en diferentes ocasiones, porque nunca te oculté que eras una hija adoptiva que fue recibida como una bendición de Dios. Aquél día, yo estaba entretenida trabajando en el pequeño jardín de nuestra casa, cuando se acercó a la verja una muchacha joven, pobremente vestida, con un bebé en los brazos. Me saludó y me rogó que la escuchara un momento. Cuando me acerqué para oírla mejor, ella vio lágrimas en mis ojos. Me dijo: -Se ve que usted está triste como yo. -Hoy hace tres años de la muerte de mi madre, y esta fecha me pone sentimental, porque la extraño mucho. -Comprendo, señora. Se ve que usted es una buena persona. Hace horas que vengo caminando y tratando de hablar con alguien, pero nadie tiene tiempo para escucharme. Mi nena tiene seis días. Les rogué en el hospital que me dejaran quedar un poco más, porque no tengo dónde ir, pero esta tarde me dijeron que no podían tenerme más tiempo, porque necesitaban el lugar. Tengo parientes en el interior, pero hace años que no los veo, y no sé bien
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dónde viven. Tendré que andar de acá para allá, haciendo averiguaciones, por eso estoy buscando alguien que me haga el gran favor de tenerme la nena por unos días. Soy anémica y me siento muy débil. -¿No tienes parientes en la capital? -Tengo a mi padre, pero él está furioso conmigo porque soy soltera, y me dijo que no volviera a casa cuando saliera del hospital. El padre de la nena se cambió de barrio y no sé dónde encontrarlo. Quiero pedirle un favor, señora. Ponga un poco de leche tibia en esta mamadera, rebajada con agua, para que no le caiga mal a la nena. Hace varias horas que no come nada, y yo no tengo buena leche para darle. Me he alimentado mal últimamente. Era imposible no atender a su ruego. La hice pasar a la cocina y le serví un café con leche caliente a ella, y una merienda. Mientras ella comía, te tomé en mis brazos y te di la mamadera. Un raudal de sentimientos reprimidos inundó mi corazón, como si realmente meciera en mis brazos a la hija que nunca había tenido. No pude menos que pensar: ¿Qué bueno si Dios me enviara una criatura así, para llenar en parte el vacío que dejó mi madre!- Y así resultó ser. La muchacha preguntó directamente: -¿Sería usted tan buena de tenerla por unos días hasta que yo vuelva? -Sí...no sería una carga para mi. La cuidaré muy bien. Apúntame tu nombre en ese papel. Yo te daré una tarjeta con mi nombre y el de mi esposo y nuestra dirección para que sepas dónde encontrar a tu hija cuando vuelvas. Ella anotó: Juana Medina – y agregó: No puedo darle ninguna dirección porque no sé en qué parte voy a estar, pero en cuanto esté ubicada volveré. Las lágrimas inundaron sus ojos cuando te besó al despedirse. No era fácil evidentemente, dar el paso que estaba dando. Esa noche, cuando Eduardo volvió de su trabajo, le conté la historia. El miró con pena, pero non desaprobación, y simplemente dijo: - Vamos a ver si vuelve. Después de dos meses de espera, Eduardo se ocupó personalmente de recurrir a la policía, a la Cruz Roja, y a cualquier institución que pudiera ayudarnos. Los dos nos habíamos encariñado mucho contigo y deseábamos adoptarte legalmente con el consentimiento de tu madre. Pero Juana Medina no pudo ser localizada. En los registros de los hospitales gratuitos del Estado no aparecía su nombre, por lo tanto, fue imposible saber el nombre que ella te había dado al nacer. Algunos de nuestros amigos opinaban que ella podía ser una de esas muchachas que vivían con los sediciosos. Ellos tenían sus médicos y lugares secretos donde atendían a los enfermos y heridos, lo cual hubiera
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hecho innecesario que nacieras en un hospital. Si ese fue el caso, ella no habrá podido detener sus andanzas para darse el lujo de criarte o disfrutar de ti. Nunca pudimos comprobar cuánto había de verdad en lo que ella dijo, pero fue muy fácil perdonarle el engaño, porque nos trajo una bendición muy deseada, y por las lágrimas que anegaron sus ojos al despedirse de ti. Por esa razón te aseguré muchas veces que tu madre no te había abandonado porque no te quisiera. El viejo mundo depravado muchas veces ponía a sus víctimas en una situación límite y sin salida. Fuera cual fuera la historia real, Eduardo y yo nos alegrábamos de que nadie hubiera venido a reclamarte. Fue fácil conseguir la adopción a causa de tener un hogar legalmente formado y una situación económica desahogada. Ya que no estabas registrada en ninguna parte, era necesario darte un nombre. Algunos años había muerto la joven reina de Bélgica, madre de dos niños, en un accidente automovilístico. Esa ingrata noticia apareció en todos los diarios y fue mencionada en los noticieros radiales. Eso me familiarizó con su nombre, bonito y nada común: Astrid. Recuerdo que entonces le dije a mamá: -Si algún día tengo una hija, me gustaría que se llamara Astrid.- Así quedó resuelto. Después que entraste en la familia todo siguió su curso suavemente hasta que aquella pareja de tenaces precursores nos la verdad. Tú tenías nueve años. La Biblia y la congregación llegaron a ser para las dos algo imprescindible, entre las cosas más valiosas de nuestra vida. Felizmente, Eduardo se unió a nuestro estudio bíblico unos meses más tarde. Nuestro progreso espiritual fue rápido y sólido. Nos bautizamos juntos poco tiempo después, y tú a los 14 años. Ese fue un día muy feliz para nosotros. La decisión salió de tu corazón, sin que nadie te presionara. Otro día luminoso en nuestros recuerdos fue el de tu boda con Jorge, un excelente siervo ministerial. Los cuatro estábamos convencidos de que nada que el mundo pudiera darnos podía compararse con el tesoro de la verdad. Era lo que yo había buscado siempre, con un hambre espiritual abrumadora, escudriñando libros limpios y nobles, con la esperanza de hallar explicación a la razón de la existencia y la manera de saldar nuestra incalculable deuda con el que nos había dado el ser. Tenía la ilusión de que algún pensador en el mundo hubiera llegado más lejos que yo en la agotadora tarea de definir lo que somos y por qué estamos aquí. Sentía que los humanos debíamos tener una responsabilidad imposible de medir para con el Autor de todo lo creado, pero no sabíamos cómo enfrentarla en nuestro limitado radio de acción. En un libro de un poeta español de los últimos tiempos, Salvador Espriú, encontré una ilustración que nunca se borró de mi mente. El autor
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escribió: - El espejo de la verdad se rompió en trozos en el Origen, en fragmentos muy pequeños y cada uno de estos pedazos, recoge sin embargo, una pequeñísima parte de la auténtica luz. Así anduve yo por el mundo más de cuarenta años, juntando los pedacitos del espejo donde los hallaba, sin poder formar nunca el espejo completo que reflejara toda la verdad. La Biblia por fin vino a ser ese espejo que yo contemplé deslumbrada, con la fascinación y el asombro del que ha cavado mucho por un tesoro de inmenso valor, y por fin lo tiene ante sus ojos. La visión profunda de la verdad me dio fuerzas para seguir viviendo después de despedirme de Eduardo hasta la resurrección. Entonces, tú y Jorge fueron mi mayor consuelo y apoyo. Sin embargo, no salió de mi una sola palabra que debilitara la decisión de ustedes cuando el espíritu de Dios los motivó a ofrecerse para servir en otro continente, donde había mayor necesidad de ayuda. ¡Cuánto le agradezco a Jehová que me haya dado la fortaleza necesaria para enfrentarme a estos cinco años, los más difíciles y solitarios de mi vida, con el gozo íntimo de haberle dado hasta el fin todo lo que mi flaqueza humana fue capaz de dar! Conocí esa felicidad especial, amasada con lágrimas, ese extraño regocijo que produce el darle a Dios, no lo que sobra, sino lo que se arranca con dolor. Espero encontrar un día entre los resucitados, al autor de esa ilustración y decirle: -Señor Espriú, ¿cómo se siente en las filas del pueblo de Dios como ciudadano del nuevo mundo¿ ¿No le parece maravillosos que ya no tengamos que usar fragmentos de espejo para perseguir algunos reflejos de luz? ¡Dios nos ha dado el espejo entero para captar todos los matices del arco iris, y todo el deslumbramiento de la luz y la verdad!

Alef Gimel
– Julio 1997–

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La soledad ha sido casi siempre, la porción de la tercera edad. Una porción ácida al paladar, y difícil de digerir, agravada frecuentemente por la impresión de ser una carga para los demás, algo que los retarda en sus caminos y dificulta algunos de sus logros, aún en el caso de hijos amorosos y considerados, dispuestos a cumplir con sus deberes hacia la generación que los precedió. Yo en cambio, he preferido tratarla y evaluarla como alguien que me ayuda; asignarle deberes de institutriz, para que pueble mi vida interior de cosas valiosas que me compensen por lo poco que ven mis ojos y lo poco que recogen mis oídos, y por lo que tiene que dejar atrás mi paso retardado. Por lo tanto, no la miro como una enemiga. He preferido llamarla: ―HERMANA SOLEDAD― Siempre me tonificas y me animas cuando vienes con flores en el pelo y con fotos antiguas de tonos diluidos, probando que no todo se esfuma y se diluye, rescatando el impacto de momentos queridos. Retengo la dulzura que dejas en mi boca, y el eco persistente de tu voz armoniosa que suena como el agua saltando entre las rocas. Me llamas desde adentro, aún cuando el bullicio continuo de la gente obstruye la expresión del pensamiento. Amortiguas los ruidos exteriores, y te oigo cantar serenamente. ¡Cuánto aprecio y disfruto tus mantos de silencio iluminado, tu obsesión de ser útil, tu álbum de recuerdo constructivos que reciclan las horas del pasado! Tus íntimos coloquios con la lluvia desbordan de consuelo persuasivo. Tus ojos horadando las distancias van en busca de temas sugestivos.
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¡Qué bueno que aprendiste a acompañarme y a convertir en música lo que hiere y asombra; a discernir mensajes que son sólo un murmullo de voces que se esconden en dobleces de sombra! Precisamente ahora, cuando los días son lerdos y se van deslizando desprovistos de acción, para los ojos miopes es realidad el mañana mientras sigue latiendo cansado el corazón.

Alef Gimel
– Mayo 1997–

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EL RÍO Y EL MAR
La gente de la montaña pensaba que el río y el mar no congeniaban. En aquél punto alto en que ellos vivían nunca los habían visto juntos. Los que vivían a orillas del mar, acostumbrados s su majestuosa presencia, no sentían necesidad de ir al encuentro del río. Pero, había un tramo de la costa en que el río y el mar se encontraban, y ese era un rincón maravilloso en medio del paisaje variado de la tierra. Allí uno podía disfrutar del ánimo meditativo del mar y también de la disposición cantarina del río. Nadie podía decir que chocaban o que alguno de los dos se resentía por la presencia del otro. Los indiferentes pasaban sin reparar en el singular paisaje, o apenas comentaban: -“Al fin, todos los ríos van a parar al mar”. Pero, alguna gente iba allí a propósito, para disfrutar del encuentro del río y el mar. Los crepúsculos y los amaneceres alcanzaban en ese lugar una belleza particular, con su doble juego de reflejos. Las aves marinas se cruzaban en su vuelo con los pájaros amigos del río. A la gente que amaba la belleza le gustaba el lugar para meditar o para hablar con otros de cosas confidenciales. A los niños les atraía bañarse en esa mezcla de agua dulce y salada. El río había ganado en serenidad y el mar en dulzura. El río había depuesto su insaciable ansia viajera y el mar su antiguo gesto austero. Más allá de los médanos y los bosquecillos que bordeaban la playa, se levantaba la pequeña población de aproximadamente ocho mil habitantes que debía a este paisaje su descriptivo nombre: Playa Plácida. Cuando el día despuntó un hombre joven abrió los ojos somnolientos y contempló el dorado levantamiento del sol sobre aquél ángulo azul que formaban el río y el mar. Había dormido bajo los árboles. Playa Plácida suponía para él un nuevo intento y posiblemente un nuevo fracaso. Sus ojos tristes y sin brillo abarcaron el grupo de casas más cercano a la costa. Desde aquél lugar alcanzó a leer un letrero: FÁBRICA DE AZULEJOS MAR Y RÍO DE PEDRO LABORDE.
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Al caminar en dirección a la fábrica bullía en su mente una variada cosecha de recuerdos, no todos gratos ni fáciles de compartir, hacía un año que había salido de la cárcel, después de haber cumplido ocho años de condena por homicidio. No sólo su buena conducta, sino también el hecho de haber sido tan joven cuando llevó a cabo el crimen, su buen lenguaje, su temperamento dócil y su tristeza crónica, todos habían sido atenuantes a su favor. Justamente, cuando la mitad de la condena había sido cumplida, vino el peor golpe para su tambaleante equilibrio emocional: la muerte de su madre. Al salir en libertad parecía que nada tenía sentido ya. Familiares, si quedaban algunos en Italia, no los conocía. Amigos de la infancia, habían quedado muy lejos, en aquella provincia norteña de donde él y su madre habían salido para venir a reclamar una herencia que no llegó a las manos de ellos. ¿Volver allá? Eso no cambiaría las cosas; talvez nadie lo reconocería, o preferirían no reconocerlo. ¡Quedare aquí? Tampoco había razones ni ventajas, pero era lo único que podía hacer, sin dinero para viajar ni emprender algún medio de vida. Intentaría conseguir trabajo en esa fábrica de azulejos, aunque sólo le durara dos o tres meses, como los anteriores. Al llegar, preguntó por el dueño, Pedro Laborde, como había leído en el cartel. Lo condujeron hasta un escritorio donde un hombre de rostro bondadoso, que representaba unos sesenta años, estuvo dispuesto a escucharlo, y lo invitó a sentarse frente a él. Pedro no tardó en deducir que Roberto Dellfiori había pasado por un gran problema. No era normal que un joven que se expresaba correctamente estuviera dispuesto a hacer cualquier trabajo y pidiera un lugar donde dormir en cualquier rincón de los galpones, porque no tenía dónde ir. Cuando Pedro le preguntó cuánto deseaba ganar como salario, contestó: - Lo que puedan darme. Con su aire paternal y su experiencia, Laborde no tardó en llegar al fondo de la historia. Roberto y su madre habían venido desde el norte del país para recibir como herencia los campos de su abuelo italiano y la vieja casona en que su madre había pasado la niñez. El abuelo les había escrito que su salud había decaído mucho y esperaba vivir sólo unos meses. Deseaba ardientemente que su única hija, ahora viuda, y su nieto estuvieran cerca de él en sus últimos días.

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Ellos habían decidido arreglar sus asuntos para volver definitivamente, pero alguna cosas demoraron la vuelta. Había que conseguir la anulación del contrato de alquiler, para no tener que pagar los meses que faltaban para cumplirlo; había que tramitar el traslado de la pensión que la madre recibía como viuda, vender algunos muebles y reunir algo de dinero extra para el viaje. Cuando llegaron, hacía una semana que el abuelo había dejado de existir. El administrador se había encargado del entierro y allí estaba la cuenta, junto con la del médico. La casa les produjo una impresión muy deprimente, desolada, fría y sucia. Faltaban los cuadros y algunas cosas de valor que el abuelo conservaba con mucho aprecio. Prefirieron ir a una pensión mientras se arreglaban las cosas y luego pintar, limpiar, y hacer de la casa un lugar grato para vivir. Ellos eran los únicos herederos, pero había problemas serios que enfrentar. El abuelo Luis había despedido a los dos peones que trabajaban en el campo porque no rendían y se llevaban la mayor parte de la fruta para venderla para su provecho. El administrador no había pagado por largo tiempo los impuestos y las contribuciones inmobiliarias. La luz eléctrica estaba cortada porque no se pagaba. Era necesario buscar un abogado que pusiera todo en orden para disfrutar luego de lo que quedara, libres de deudas. Una vecina les recomendó a su tío, el doctor Albetini, hombre serio y de mucha experiencia en manejar casos difíciles. -Después de muchas idas y venidas, y firmar toda clase de papeles, el abogado nos presentó en detalle las deudas a pagar. Se necesitaba una cifra abultada para pagar los sueldos del administrador y los dos peones que no habían cobrado por varios meses. Había una deuda de impuestos y contribuciones con el gobierno. Para que fuera menos molestia para nosotros, el abogado se ofrecía bondadosamente a pagar todo, para luego cobrase con una parte del campo. Evidentemente, todo era un fraude. El abuelo Luis pagaba puntualmente a los que trabajaban para él. Los recibos que les habría hecho firmar no aparecieron. Tanto el administrador como los peones no eran la clase de personas que hubieran seguido trabajando sin cobrar. El abogado había tejido una fábula y estaba sobornando a esa gente para que dieran falso testimonio. Al fin nos informó que, una vez saldadas las deudas y los intereses, sólo nos quedaría un poco de dinero. Cuando me enteré de eso, señor, la sangre se convirtió en fuego en mis venas. Aunque jamás había pensado en matar a nadie, compré una pistola en una armería. Asumiendo un aire de indiferencia, me presenté en la oficina del
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doctor Albertini. Ése fue el último día en la vida de él, y el último día de vida normal de vida para mí. Lamentablemente, también fue el último día de tranquilidad de mi madre. - Por supuesto, no se puede felicitar a nadie por tomar la justicia en sus manos, pero, para que te sientas mejor muchacho, te diré que cuando se difundieron las noticias de la muerte de esa rata, mucha gente dijo: -¡Al fin alguien tuvo el coraje de darle lo que merecía! ¡Lástima que no sucedió veinte años antes!- Una tía mía tuvo una experiencia muy parecida a la tuya. Unos terrenos cerca de la terminal de autobuses, que el gobierno le compró a él para hacer allí la plaza de juegos infantiles, pertenecían a mi tía viuda, herencia del abuelo de su esposo. Ella tuvo la mala idea de ponerlos en manos de él para que tramitara la herencia, y él terminó haciéndose dueño de todo, como hizo con las herencias de tantos otros. ¿De qué le sirvió? Ha descendido a la tumba con un mal nombre, sin poder llevarse nada de su fraudulenta fortuna, dejando detrás de sí el clamor de los que aborrecen su nombre y aplauden su muerte. Yo estudio la Biblia, ¿sabes? Y también predico lo que enseña, porque allí está la verdadera sabiduría. La Biblia dice que un buen nombre es mejor que el buen aceite. Antiguamente, la gente pagaba mucho dinero por los ungüentos, o aceites perfumados que hacían más agradable su presencia, como sucede hoy con los buenos perfumes. Pero, el buen nombre de una persona esparce un olor grato aún en su ausencia. Es el mejor adorno, un lujo que no se puede comprar con dinero. -Entiendo, señor. Yo eché a perder mi buen nombre, y tal vez nunca vuelva a ser bueno. -Te equivocas. Te queda una posibilidad que aún no has explorado: Hacerte un buen nombre para con Dios. -¿A usted le parece que Dios tendrá interés en mi después de lo que hice? -Pienso que es tu falta de conocimiento de la Biblia lo que te hace ver todo tan negativamente, Roberto. Si te quedas con nosotros y permites que te enseñemos la verdad, te vas a maravillar del alcance de la misericordia de Dios. No debe ser simple casualidad lo que te trajo hasta aquí. Probablemente, este es el momento señalado por Dios para que tu vida tome otro rumbo y te acerques a la salvación que Dios ofrece a todos los humanos.

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- Cuando uno pierde el amor propio y el respeto por sí mismo, pierde también el interés en el futuro, y ya no sabe qué esperar. Este año de andar de acá para allá sin rumbo fijo, como si estuviera huyendo de lago que yo mismo no sabía definir, me ha desorientado. A veces tengo que luchar contra la idea de cometer un acto delictivo como el anterior para que me metan de nuevo a la sombra. Por lo menos allí tenía techo y comida, y algún trabajo para hacer. -No Roberto, no permitas que esas ideas te dominen. Aquí vas a cambiar tu manera de ver las cosas. Si me dejas que te ayude a recobrar tu verdadera personalidad, vas a volver a tener paz y alegría de vivir. No sólo yo, sino varios de mis empleados que también viven de acuerdo a las leyes de la Biblia, te ayudaremos a recobrarte. Te pondremos un catre, una mesita y una silla en el galpón donde almacenamos los azulejos. El sueldo será modesto para empezar, pero te daremos también la comida. Si te sientes bien con nosotros no tendrás necesidad de irte pronto, como hiciste con los otros trabajos. Los lunes de noche yo estoy siempre en mi escritorio. Es la noche que dedico a leer literatura bíblica. Puedes venir después de la cena y conversar conmigo de estos temas. Verás cuánto bien te hará, y poco a poco renacerá tu optimismo. Pedro hizo un plan de estudios sobre temas especiales para ayudar a Roberto. Una noche estudiaron sobre las ciudades de refugio en el antiguo Israel. Roberto tenía una mente ágil y no necesitaba muchas explicaciones. Entendió que era una provisión misericordiosa de Dios para refugiar a los homicidas involuntarios a fin de que no se les aplicara la ley de “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente”. -Don Pedro, yo no soy un homicida involuntario. Lo que hice fue planeado en detalle. Tuve tiempo para recapacitar y arrepentirme, pero no tuve fuerzas para renunciar a la venganza. -hubieras visto todo de otra manera si hubieras conocido la Biblia en ese tiempo. Mira lo que dice Dios en Deuteronomio 32:35 : “Mía es la venganza y la retribución”. Ese es un privilegio que Jehová reserva para sí mismo. Pero en cuanto a lo que dijiste antes, que no podrías ser catalogado como un homicida involuntario, vamos a analizarlo un poquito. Cuando eras un niño, ¿alguna vez pensaste que te gustaría probar la emoción de matar a alguien, o preparaste tu mente para hacerlo, amortiguando las objeciones de tu conciencia? -¡No! Al contrario, me estremecía si veía sangre, no podía pensar en derramarla apropósito. -¿Ves, Roberto? Fue la gran injusticia cometida contra ti y tu madre lo que te envalentonó a vengarte. No olvides que el Diablo está listo para sacar
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partido de nuestra ira, aunque sea justificada. Ese ha sido el caso de muchos que están en las cárceles, pagando su deuda a la ley y a la sociedad. Por eso no debemos darlos por perdidos. Se hacen esfuerzos para que el mensaje de Dios, que ha cambiado tantas vidas, los alcance a tiempo. Algunos se han bautizado mientras cumplen su condena y dedican muchas horas al ministerio cristiano, conduciendo estudios bíblicos con otros en prisión. Jehová no los rechaza si quieren ser Sus Testigos. Pocos meses después, Roberto ya no pensaba en irse. Era diligente en su trabajo, y estaba capacitándose para tener mayor responsabilidad. Pedro creía en la bondad genuina del joven. Ahora tenía paz en su mente y en semblante. Concurría regularmente a las reuniones y disfrutaba de la predicación; además, estaba pensando seriamente en bautizarse. Ya no dormía en el galpón. Tenía una pieza en la casa. Un día Pedro le dijo: -Tú has sido como los ríos, inquieto, movedizo, un correcaminos. Pero, tienen una característica que deberías copiar: los ríos nunca vuelven atrás. -En cambio usted, hermano, es como el mar. Nunca sale de su lugar. Estos dos hombres, que tiempo atrás habían sido tan diferentes, se sintieron unidos por una firme amistad. Por eso Pedro no levantó ninguna objeción cuando veía a Roberto conversando mucho con Graciela, una de sus sobrinas. Graciela tenía los ojos llenos de lágrimas cuando Roberto se bautizó. No fue una sorpresa para nadie cuando anunciaron su noviazgo. Una tarde luminosa de otoño, la congregación de Playa Plácida concurrió al Salón del Reino para escuchar la conferencia de boda. Luego todos participaron en la gozosa fiesta en los galpones de la fábrica de azulejos “Mar y Río”, pintados de nuevo y adornado con plantas artificiales. Afuera, parecía que el viento otoñal estaba ensayando coplas entre las ramas de los árboles: El río encontró sosiego de su inquieto trajinar, al volcar sus inquietudes en la plenitud del mar. El mar, abrazando al río le ha enseñado a tener paz, a refrenar sus andanzas y nunca volver atrás.

Alef Gimel
- Agosto 1997
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LA SIEMBRA ESTÁ EN TUS MANOS Guarda como un tesoro las semillas que Dios puso en tus manos, y busca diligente a los que han de apreciarlas. El tiempo es muy escaso, que no se escurra en vano. Es urgente la siembra y es mandato del cielo defenderla. Hay que ayudar a muchos que andan a ciegas sin reconocerla. No dejes que las aves devoren la simiente antes que eche raíz y se haga fuerte. La están necesitando multitudes que caminan al borde del foso de la muerte. Se alza un canto de gozo entre los sembradores. El surco está bendito para abrigar el grano. Jehová lo ve de arriba y lo ayuda a crecer. Hallarás mentes miopes que cerrarán los ojos pues la luz les molesta y no quieren creer. Pero hay otros orando en las densas tinieblas esperando el mensaje que los ayude a ver. No los pases por alto y jamás los ignores. Extiéndeles la mano sin ningún titubear. Los ángeles observan, deja que ellos te usen. El tiempo de la siembra ya se está terminando, luego vendrá el sublime premio de cosechar. Aquellos cuyas manos se aferran a las tuyas, buscando un rumbo cierto y sana orientación, serán en el milenio tus amigos eternos, bebiendo el agua pura del río de la vida, nutridos por la misma fuente de inspiración.

Alef Gimel
– Octubre 1997
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A los niños que hoy se bautizan
Muchachitos teocráticos que adornan nuestro pueblo, ¡qué emocionante gozo es ver como se entregan en sumisión completa al agua del bautismo! Dejen que cada paso, de ahora en adelante, los lleve hacia la vida, muy lejos del abismo. Como una flor sin mácula, guarden su mente pura; que nada desmerezca su registro cristiano ante los ojos santos del Dios de las alturas. Van a entrar en un pacto por tiempo indefinido con el eterno Dueño del tiempo y el espacio. El siempre está en su guardia y jamás ha dormido. Con esa edad tan breve, que es un suspiro apenas ante la eternidad, sus nombres representan en archivos del Cielo, seres que aman la vida y anuncian la Verdad. Las huellas que se marquen hoy con sus pies mojados, señalan el principio de ese nuevo camino. Dejando atrás el mundo que marcha hacia la muerte, han de nacer de nuevo por decreto divino. Aunque somos tan solo una mota de polvo, Dios nos ha concedido valor e identidad. Como esclavos felices a Él nos dedicamos, y El nos pone una marca, que es su Nombre, Jehová.

Alef Gimel

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UNA OBSERVACIÓN AL MARGEN Cuando un enano se pelea con una persona de estatura normal, lucha con golpes bajos, porque su tamaño no le permite otra defensa. Lo mismo sucede con los enanos espirituales. Nunca han alcanzado ni siquiera el borde de la “medida de estatura que pertenece a la plenitud del Cristo”, como leemos en Efesios 4:13. Esto se ve en su manera de luchar para lograr algo. Usan la calumnia, el criticismo demoledor, el chisme perjudicial; las únicas armas que se avienen a su estatura mental. Ver pelear a un enano inspira más lástima que temor. Así deberíamos mirar la lucha desigual de los enanos espirituales. Un miembro del Cuerpo Gobernante, el hermano, Redford, dijo en una excelente conferencia sobre el criticismo: “La persona de mente crítica es alguien que conoce el camino, pero no sabe manejar el auto. El que busca faltas en los demás, por lo general está tratando de distraer la atención de las suyas propias”. Muchos enanos espirituales nos salen al encuentro en el mundo. A veces están dentro de nuestras propias familias, y de tanto en tanto, algunos se infiltran en las congregaciones. Nadie ha soportado jamás mayores descargas de criticismo y veneno verbal que Jehová y Jesucristo. Pero ellos nunca descendieron al mimo nivel para combatirlo. La mejor manera de enfrentar el problema es la de ellos: situarse por encima de lo vil y lo mezquino y dejarlo correr debajo de nuestros pies. Siempre llega el día en que la verdad resurge con renovadas fuerzas y borra los rastros sucios de la mentira.

Alef Gimel

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SANTIFICADO SEA TU NOMBRE
Afirman eminente eruditos: -No es Jehová ni es Yawé el nombre sagrado. Dios calla, no interviene en el debate; los deja deducir, el tema es serio. Él ha de hablar al tiempo señalado; es el dueño exclusivo del misterio. Moisés escribió el Nombre en el idioma hebreo, se ignoran las vocales que le daban sonido. Con el pasar del tiempo quedó en la lengua muerta. ¿Quién puede rescatarlo de los milenios idos? Se reveló a sí mismo como primera Causa. Resultaría ser lo que quisiera ser. Fue creador cuando quiso, libertador invicto, un juez irrefutable sobre cualquier contienda, defensor del caído, Rey de sumo poder. Señor de los ejércitos y Dios de las alturas, comandante invencible de espirituales huestes; ¡qué alivio a nuestras cargas es sentir su mirada que abarca el infinito en la región celeste! Todas las cosas burdas que de Él nos separan habrán de disolverse en un ansiado día, y al fin conoceremos el sonido sagrado que oyó Moisés absorto mientras la zarza ardía. Será limpio el camino que al fin transitaremos; será potente el gozo que nos hará cantar, pronunciando Su Nombre con un sonido nuevo. ¡No habrá miel que se avenga mejor al paladar! El darnos ese Nombre será prenda valiosa, documento inviolable sobre Su aprobación; señal de que ya nunca se verá profanado, y fuente inagotable de toda bendición.

Alef Gimel
–Junio 1997–
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LA ACTIVIDAD DEL VIENTO La actividad del viento trae un mensaje en clave que al corazón sensible le hace bien descifrar. No es un viajero ocioso sin norte ni destino, tiene un itinerario asignado en el cielo, y misiones exactas en su incansable andar. La actividad del viento esparce las semillas y surgen plantas nuevas donde nadie plantó; así extiende la vida hacia tierras yermas donde caen tantas flores que nadie contempló. Las islas tropicales bajo soles ardientes esperan cada noche su insistente ulular, porque les trae frescura, hace grato el descanso, y arrulla la fatiga del diario trajinar. Si alguna vez, amigos, mi vida se hace inútil, si ya no tengo nada latente que ofrecer, acérquenme el perfume de los nuevos plantíos, háganme ver que queda buen trabajo que hacer. Tráiganme, igual que el viento, las esencias viajeras de tierras que no dejan jamás de florecer. Si vieran algún día decaer mi entusiasmo y estancarse mis sueños en sedentario andar, si comprueban que albergo ideas infecundas, ilusiones frustradas que no florecerán, sacúdanme con fuerza, arranquen lo superfluo, como el viento de otoño que desnuda las ramas mientras la savia afirma que reverdecerán. Bendito sea el viento con su paso dinámico, llevando ansiado alivio a la tierra afiebrada, transportando semillas, arrancando hojas muertas, esparciendo perfumes en las noches calladas. ¡Qué grato es cuando avanza con mesurada calma, logrando tantas cosas que le hacen bien al alma!.

Alef Gimel
–Diciembre 1997–
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Ese bien tan codiciado: LA FELICIDAD
No compares tu felicidad con la de los demás, buscando deficiencias humillantes en ella. Tu felicidad es tuya y no se parece a la de los otros vivientes, porque la estás edificando con lo que brota de tu interior, no con material producido en serie. Si mejoras y enriqueces lo que brota de tu huerto íntimo, tendrás mejor material con qué edificarla y será más tuya que nunca. Tu concepto de los amigos; tu compasión hacia los enemigos; tu capacidad para desarraigar rencores que crecen a mansalva, como hierbas intrusas en tu huerto; tu celo por la higiene mental; tu sentido del valor de la estética en los rincones más íntimos de tu persona, combatiendo pensamientos que afean el jardín cercado de tu mente; todo eso tiene mucho que ver con tu felicidad, tan personal como tus impresiones digitales, que no tienen réplica idéntica en ningún otro ser viviente.

Alef Gimel
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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A un hermano que se alejó del rebaño
Apartaste los ojos y la mente del nuevo Paraíso tan deseado. ¿Qué miras en el fondo del abismo? ¿Qué te dicen las voces de la nada? ¿Te ha dado una vibrante bienvenida con un gesto de amor, el ostracismo? ¿Por qué te atrae esa imagen de la vida en que se desvanecen los colores? Me duele que te dañes a ti mismo y diluyas la augusta semejanza del Creador que te llamó a sus filas, y registró en su libro inalterable la fecha y el fervor de tu bautismo. Retírate del borde quebradizo de esa frontera que es una emboscada. ¿Qué te promete el mundo en su derrumbe, cuando solo le quedan sinsabores, sangre enferma, parásitos y herrumbre? Sacude ese letargo que entumece tus miembros y que intenta arrastrarte al no existir. Igual que a sus discípulos en su última noche, Jesús mismo te dice: “Ora y vela conmigo, pues esta no es la hora de dormir”.

Alef Gimel

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AEROPUERTO Gente que va y que viene; valijas con rueditas y bolsos multiformes. Emoción en el aire; anuncios entre ecos; latidos que se anticipan a la hora señalada; relojes exigentes que van señalando límites para separar del cuadro a las personas amadas. Una frontera de vidrio, tan frágil como inflexible, pone fin a los abrazos. Está sondeando la ausencia el adiós del que se queda. Está midiendo el vacío el adiós del que se va. Están flotando en el aire palabras que no se han dicho. Están resbalando lágrimas, el viento las secará. Corazones agitados y mensajes sin sonido; oraciones que se elevan al Dios que todo lo ve, por el pájaro mecánico que ya asciende a las alturas, llevándose a los que amamos por los lazos en la fe.

Alef Gimel
―Marzo 2000―

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Amada primavera
¿Podré decirte algo que ya no te hayan dicho? ¿Existe una alabanza que nadie te haya cantado? Hoy te veo abrazando los troncos ateridos, dando calor de vida a las ramas desnudas que aún no se reponen del despojo sufrido. ¡Con qué emoción la tierra tu aparición espera, y parece que todo dulcemente te nombra suplicando tu gracia, amada primavera! Hoy que en mi huerto imprime con saña exagerada sus huellas el invierno, siento profundamente la sed por lo innegable, la fe en lo que es sagrado, y el ansia de lo eterno. Retornarás un día para envolver la tierra en un clima sublime de reivindicaciones. Las promesas del Cielo no serán desmentidas, y los troncos transidos que hoy sufren su impotencia, sentirán el empuje de nuevas floraciones. Inclinaré la frente con tristeza y vergüenza, por mi pobre equipaje de aciertos incompletos. Si Dios desvía los ojos e ignora mis harapos, me franqueará la entrada a su mundo perfecto.

Alef Gimel
Septiembre 2000

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AÑO NUEVO
¡Cuánta absurda alegría! ¡Cuánto bullicio hueco! La mayoría festejan con sidra y con turrones. En cambio los más pobres, con pan dulce barato tratan de consolarse, hilvanando ilusiones para adornar la charla que hace pasar el rato. Hay hogares sombríos pues falta alguien amado. ¿Estará vivo o muerto? Lo atrapó a guerrilla. En otros quizás lloren a un niño secuestrado. Alguien recién despierta, se sorprende y se agita; añora el fascinante despliegue de colores y quiere que la dosis de droga se repita. África está gimiendo su hambre y su infortunio. Enormes campamentos de gente despojada que lo ha perdido todo, añoran su terruño. Miran con ojos tristes el año que comienza. Sólo aquellos que entienden que Jehová es Soberano, se aferran al consuelo de una dulce esperanza que es el cimiento firme de su tenaz paciencia. ¿Qué solución ofrece el mundo tambaleante? Su borrachera espiritual lo ciega. “Todo se ha de arreglar más adelante”, dicen sin fundamento, con forzado optimismo. Afirman que así siempre ha de seguir el mundo, por lo que se deduce del tiempo que pasó, pues siempre que ha llovido se sabe que paró. El champán y la sidra de esta noche aturdida, serán sólo una leve pesadez en sus párpados. Como perros hambrientos les saldrán al encuentro las deudas, los deberes, los sueños malogrados, mañana, cuando vuelvan a la diaria rutina. Se aquietarán de nuevo los viejos cascabeles sin lograr más efecto que una simple aspirina.

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Quizá en el año nuevo la advertencia sagrada llegue a tener sentido para algunos cautivos que arrastran con angustia sus cadenas pesadas, y entiendan que un rescate ya se pagó por ellos con la sangre más pura que ha sido derramada.

Alef Gimel
(Tomado del libro “Ramas y Nidos”)

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ASÍ SEA...
Hay nombres que siempre viajan en las ondas del sonido. Porque son nombres queridos, mi corazón los impulsa hacia el trono de Jehová. Lo mismo en las horas grises que en los días luminosos, nombrarlos es siempre un gozo, y alzarlos en el espacio con ternura y ansiedad, sabiendo que los escucha, los recoge y los bendice, el Gran Dios de la Verdad. Tú siempre entiendes, Dios nuestro, aún más de lo que decimos. Tú mides lo que sentimos y no se puede expresar. Como flores de homenaje yo dejo ante tu sitial todos mis nombres queridos. Que no los borre el olvido, que no los arrastre el mal; que entren en tu libro santo con valor documental, y se pronuncien con honra en el mundo venidero, tan claros como el cristal, tan firmes como el acero.

Alef Gimel

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BALANCE DEL OCASO En mi laboratorio de recuerdos tengo un viejo alambique que destila las horas del pasado y sus vivencias. Su sabio mecanismo las comprime y las convierte en perdurable esencia. ¡Cuánto amor derramó Dios en mi senda; cuántas horas de dicha no soñada; cuántos rostros que no borró el olvido; cuántas cálidas manos añoradas! En esa quintaesencia elaborada con el amor de Dios y sus decretos, está la gran VERDAD jamás negada, la razón y raíz de los secretos que levantaron tanta interrogante sobre el hoy, el ayer, y el más allá. Cuando vino Jesús descorrió velos; nos dejó vislumbrar cómo es Jehová. Él señaló el camino a los que iban rasgando las tinieblas, de lo innegable en pos, y nos mostró que todos los misterios se esfuman si miramos la vida con los ojos de Dios.

Alef Gimel
– Julio 02–

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CUANDO VUELVAN LOS AMADOS ¡Qué rica está la tierra con tantas vidas truncas, llena de sangre joven con ansias de vivir; harta de huesos sanos y cerebros en blanco, que no justificaron su razón de existir! Han de venir los ángeles por mandato divino, a exigir sus tesoros, a quitarle el despojo. Lo que ha tragado el polvo está inscrito en el cielo, y tendrán las cenizas, voz, sentimiento y ojos. Pues la tierra ladrona admitirá su culpa; tendrá que indemnizarlos con frutos y con flores, y devolverlos bellos, sin tachas ni defectos, para ir al encuentro de sus viejos amores. Vibrarán los confines con himnos de alabanza, se irá por siempre el duelo que arrancó tanto llanto. Jehová, desde su trono de gloria inalterable, recogerá el sonido feliz de nuestros cantos.

Alef Gimel
– Nov.1999–

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CUANDO VUELVAS A SER JOVEN
“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!... Cuando quiero llorar no lloro, y a veces, lloro sin querer...”

(Rubén Darío)

Así expresó un poeta renombrado un verdad que es siempre aborrecida: ver que la primavera de la vida no es un regalo eterno; que más allá del tiempo floreciente, está el rostro ceñudo del invierno. Ya verás, cuando vuelvas a ser joven, tu cuerpo reparando el deterioro, tu mente renovando sus circuitos, el sol llenando tus caminos de oro, y la vida, sin límites mezquinos, abriendo puertas hacia el infinito. Cuando furtivamente algún resorte, haga surgir recuerdos de estos días, los verás como odiosa pesadilla que la mente rechaza estremecida. La paz de Dios inundará la tierra, y sus ojos de Padre vindicado, derramarán su lumbre y su ternura en todos tus deberes asignados. Mil años de crepúsculos distintos, y millones de días disfrutables... tus palabras, escasas e impotentes, se van a diluir en lo inefable. ¡Cuánta luz en el rostro de tu hermano! ¡Cuánto amor en el timbre de su voz! Tu corazón colmado de gozo indescriptible, captará los reflejos de la dicha de Dios.

Alef Gimel
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CUBA, UNA LECCIÓN DE HISTORIA Un día no lejano, se hundirán las naciones de este mundo con su efímera gloria, en el profundo abismo del olvido. Es posible que Cuba se llame entonces por un nombre nuevo, pero han de persistir en la memoria el aguante y la fe de aquellos siervos que están forjando una lección de historia. Hoy la tierra de Cuba está callada, pero abriga y retiene en sus tesoros muchas vidas tronchadas que duermen en la paz de su regazo. Han de volver un día a recibir el apretado abrazo de aquellos que jamás han olvidado su apego indivisible al servicio sagrado. Jehová Dios, complacido, dirigirá sus ojos a esa tierra, donde un pueblo apaleado, a El sumiso, con tanto amor y aguante le ha servido. Cuando pase este tiempo de hechos execrables, con ese mismo amor inalterable, construirán en su isla el paraíso. ¡Qué gozo será verlos, colmados de exquisitas bendiciones, disfrutando ese tiempo de bonanza! Repasarán entonces las memorias de estos días de prueba en que grabaron, con lágrimas y sangre, con himnos de alabanza, una valiosa página de historia.

Alef Gimel
– Agosto 01–
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DIBUJOS ANIMADOS
(Con amor, a los niños de la congregación Quílmari, de Chile.) Los doce miembros de la familia Patialegre, fueron los fundadores de la congregación de patos que habita un lago azul muy pintoresco, frente a un horizonte de montañas; una fiesta para los ojos de muchos humanos amantes de la belleza. Más tarde, los administradores de la finca introdujeron en el lago a la familia Patiágil. Los ancianos de ambos grupos resolvieron que todos fueran una sola familia, y cuidar de la unida y la armonía como posesiones muy valiosas. Seguían el modelo de las antiguas sociedades patriarcales, en los tiempos bíblicos, en las cuales, los de mayor edad eran consultados en caso de surgir algún problema, y sus consejos y advertencias eran escuchados con mucho respeto por toda la comunidad. Empezó a surgir un poco de malestar a causa de la falta de consideración y los malos modales de un pato gordo y fuerte al cual llamaban el tío Gastón. Acaparaba comida entre sus alas y no dejaba que los más pequeños comieran a gusto. El abuelo Facundo Patialegre, que era el más anciano de la congregación, se propuso condenar un discurso condenando la glotonería. Uno de sus argumentos causó el efecto deseado, entre los concurrentes que se reunieron en el punto de encuentro anunciado. Él dijo: - Es cierto que a veces tenemos que sacrificar deseos personales a favor de otros, pero no debemos mirar eso como una pérdida, porque puede resultar en ganancia, pues nuestra imagen mejorará a los ojos de los demás, y tendrán una buena opinión de nosotros. Es más remunerador inspirar respeto y cariño que inspirar temor. Esto le llegó al corazón al tío Gastón, porque le importaba mucho la opinión de sus semejantes, y anhelaba despertar simpatía en las damiselas que nadaban a su alrededor. De allí en adelante tuvo mejores modales, y no se oyeron quejas contra él.

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En otra ocasión, fue necesario ajustar el punto de vista de Salustiano, un padre de familia que tomaba muy en serio su papel y pensaba que nadie tenia nada que enseñarle en cuanto a ese delicado tema. Los administradores de la finca resolvieron, con muy buen criterio, trasladar a las nuevas madres y sus bebitos a un lago pequeño, más alejado, al que la mayoría de los visitantes no se acercaban. El propósito era evitar que los patitos recién nacidos que caminaban a la orilla del lago o dormían al sol, fueran dañados por la gente que andaba por allí, que podía pisarlos inadvertidamente. Salustiano se sintió herido en sus sentimientos, protestó ante los ancianos: - ¿Ustedes piensan que no soy capaz de cuidar de mis hijos? Están invadiendo mis derechos personales y causándome mucho dolor al separarme de mi amada Melania y de mi recién formada familia. Después de una emotiva discusión lograron hacerle entender que no estaban invadiendo sus derechos ni poniendo en duda su capacidad como padre, pues en cuanto sus hijos crecieran un poco, volverían al lago grande con el total de la congregación. A veces surgían desavenencias entre los más jóvenes. Pedrito Patialegre, un adolescente inquieto y revoltoso, quiso probar sus aptitudes par conquistar, galanteando a su prima Jovita, que recién se había puesto de novia con Roberto Patiágil. La chica se sintió muy halagada porque dos galanes la pretendían al mismo tiempo, y empezó a compararlos. Pedrito, su primo, era muy alegre y juguetón. Roberto, en cambio, era más serio y formal. Parecía tener mejores cualidades para ser cabeza de familia..pero ella sabía que al lado de Pedrito no iba a estar aburrida. El abuelo Facundo empezó a observar con preocupación aquellas escaramuzas que podían llegar a ser una amenaza para la paz entre las dos familias. Decidió hablar en serio con su nieta, Jovita, y le señaló la falta de madurez de su primo, al querer separar una pareja que estaba tomando en serio su relación sentimental.

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Facundo le dijo: - El hecho que tú y Pedrito sean mis nietos, no me inclina a restarle importancia al error que están cometiendo. Es cierto, la sangre clama, pero la justicia debe hablar más alto que la sangre. Después de aquella conversación, Jovita habló enfáticamente con Pedrito y le pidió que de allí en adelante la tratara con más seriedad, y no estuviera buscando recursos para despertar sus sentimientos, pues estaba decidida a comprometerse con Roberto. Además, si Roberto se daba cuenta de que tenía un rival tan empecinado, la iba a emprender a picotazos con él, y esas escenas de violencia no eran deseables en el lago. Las cosas quedaron en su lugar, pero, por las dudas, el abuelo Facundo citó a la congregación palmípeda para hablarles a la caída de la tarde. La brisa traía las estrofas de un cántico de alabanzas al Creador, procedentes de un salón cercano. Conmovido por el paisaje, por el crepúsculo, y por aquella música de fondo, don Facundo, que era medio poeta, empezó diciendo: Cuando el día ha cumplido su término y se arrodilla entre las montañas dando gracias al Creador porque ha logrado su propósito, nosotros también debemos estar agradecidos por el lugar que ocupamos en el arreglo de Dios. Estamos en una posición privilegiada. Aquí nadie nos amenaza. Nos cuidan y nos alimentan. Los niños no traen hondas ni piedras. Nadie arroja basura en estas aguas para contaminarlas. Mi abuelo, que se crió en un parque de diversiones, contaba historias muy diferentes. Ya que Dios nos ha favorecido tanto, debemos mantenernos en paz, respetando los derechos de los demás, y también los sentimientos ajenos. (Pedrito dijo para sus adentros: -Esa indirecta es para mi.) El abuelo Facundo sabía muchas cosas, pero nadie le había enseñado geografía. No conocía los nombres de los lugares y los países como están en esos complicados mapas que hacen los hombres. Por eso no pudo aclararle a su congregación que estaban en un país llamado Colombia, y en una localidad que llevaba el nombre de un antiguo cacique indígena, Facatativá, gozando del privilegio de vivir en una embajada del Reino de Dios, llamada Betel.

Alef Gimel
–Junio ´99–

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EL EXTRAÑO QUE VINO A VIVIR CON NOSOTROS – (2 Págs.) Una vez, en el correr del tiempo, cuando yo era relativamente joven, mi padre conoció a un extraño que no tenía nada que ver con nuestra manera de vivir. Éramos una familia cristiana con una rutina espiritual que dejaba poco lugar para otras cosas, aparte de nuestras reuniones de congregación, el estudio personal y en familia, y mucha actividad de predicación. Desde el mismo principio, papá se mostró fascinado con este nuevo conocido. Como muchos de nuestros amigos lo recibían en sus hogares y lo veíamos en tantas reuniones sociales, pronto a papá le pareció invitar a este encantador extraño a vivir en familia con nosotros. A nadie le cayó mal verlo ocupando un lugar en nuestro hogar. Papá y mamá eran entonces nuestros instructores. Mamá nos enseñó a amar la Palabra de Dios, y papá nos enseñó a obedecerla. Pero, el extraño era el que nos contaba toda clase de historias, aventuras, misterios, y también cosas divertidas. Él tenía la virtud de atraparnos y mantener a toda la familia fascinada cada noche. Sabía de todo: historia, ciencia, y enredos políticos. Se daba ínfulas de entender correctamente el pasado, el presente y el futuro. Conocía el arte de entretener, y actuaba como un verdadero amigo de la familia. Nuestro huésped era un charlatán incansable. Papá no tenía nada en contra, especialmente después de un día complicado de trabajo en la oficina, o de un día completo en la predicación. Mamá en cambio, se levantaba sin decir nada y se iba a su pieza a orar o a leer la Biblia, mientras la familia permanecía allí, deslumbrada por alguna historia de lejanas tierras. Sospecho que alguna vez habrá orado para que el extraño abandonara nuestra casa, o por lo menos, tuviera un lugar menos importante en ella.

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Papá siempre hizo hincapié en sus convicciones morales al dirigir nuestra familia, pero el extraño no le hacía ningún honor a sus ideas. Nunca nos permitió usar lenguaje profano, pero a veces el extraño usaba palabras que me quemaban los oídos. Que yo sepa, nadie se lo reprochaba ni lo corregía. Mi padre era un enemigo acérrimo del alcohol, y no toleraba que entrara en nuestra casa. Pero el extraño pensaba que tenía que “iluminarnos” para que aprendiéramos a vivir de otra manera. Nos ofrecía cerveza y toda clase de bebidas alcohólicas. Nos decía que los cigarrillos eran muy sabrosos, y que fumar en pipa era algo muy distinguido. Hablaba muy libremente sobre el sexo, especialmente sobre el concepto moderno del sexo ilícito. Sus comentarios eran atrevidos, demasiado sugestivos y perturbadores. Noté que estaban influyéndome adversamente y tratando de cambiar el concepto bíblico del sexo como un don de Dios que debe ser usado de acuerdo a sus leyes. El extraño se oponía sutilmente a los valores morales que mis padres siempre habían defendido, sin embargo nadie le retrucaba. Han pasado más de treinta años. Por la bondad inmerecida de Dios, no nos hizo tanto daño como se proponía. Ya no lo vemos como algo fascinante, difícil de rechazar. Está la mayor parte del tiempo solo en un rincón, esperando que alguien se acerque a escuchar su incesante charla y a contemplar sus coloridos cuadros. Recién me doy cuenta de que no les dije su nombre todavía. Se llama Televisor.

AUTOR ANÓNIMO Traducido del inglés L.B.

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EL FIN DE UNA COMEDIA DESCABELLADA - (Consta de 4 Págs.) Eran siempre los mismos personajes, una docena de astutos actores, en el mismo escenario, representando la misma farsa, siglo tras siglo. Por eso decidieron hacer un ensayo especial, para cambiar algunos detalles y darle más vivacidad cada uno a su papel, porque ya se estaban aburriendo de hacer y decir siempre las mismas cosas. Dos representantes de la tierra de Magog habían concurrido para ver el ensayo y hacer algunas sugerencias. Se identificaron como el coronel K y el comandante Z, y se sentaron al lado derecho del escenario. La primera en entrar fue la Iniquidad, corpulenta y deforme. Su grotesca figura no era ningún adorno. Con tono ácido y autoritario dijo: -“Yo hablaré primero, y ustedes deben tomarme en serio, porque estoy aquí desde que se fundó esta compañía teatral. Todos ustedes vinieron después. Algunos ni sabían caminar con paso firme hasta que yo los entrené y les mostré cómo actuar. Por lo tanto, me considero con derecho a intervenir y a hacer algunas sugerencias también si es necesario.” Después de ella entró en escena el Vicio, con su miserable imagen, raquítico y consumido, y dijo con prepotencia: -“Dios creó las plantas con muchas diferentes propiedades, pero fue egoísta al no revelarle al hombre cuáles le servirían para adormecerse y evadir la realidad. Necesitaron que interviniera yo y perfeccionara mis sutilezas para encontrar un escape necesario a sus angustias y problemas.” El comandante Z lo interrumpió: -“ Estás atribuyéndote toda la gloria, y olvidándote de que nosotros tuvimos parte activa en tus logros, aunque lo hicimos anónimamente”. Luego entró el Fraude con su cuerpo sinuoso como el de una víbora. Dirigiéndose al comandante Z le preguntó: - “¿Qué puedo hacer yo para ser más eficaz en mi misión, ya que el mundo está cada día más complicado y la gente toma tantas precauciones para eludirme?” La respuesta fue: -“En pequeña escala has actuado con bastante éxito. Has causado que mucha gente se enojara con Dios y le hicieran grandes reproches cuando recibieron grandes desilusiones de aquellos en quienes
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habían confiado. Donde debes esforzarte más es en las luchas que efectúan naciones enteras. Es bueno que se enorgullezcan cada vez más por esos logros que se consideran la gloria de un país. En la gloria, la soberanía y la independencia de los pueblos, está el semillero poderoso que produce las guerras que tanto nos entretienen y nos divierten.” (La Iniquidad aplaudió frenéticamente.) Después del Fraude entró en el escenario su abuela, la Mentira, y dijo: -“Yo sé que mi papel principal es cambiarle el gusto, el color y el aspecto a las cosas. Dicen que mi antigua enemiga, la Verdad, es clara como el agua. Yo pienso que al agua hay que agregarle algo para que no sea tan desabrida. Uno de mis problemas es que, cuando me acuesto para pensar tranquilamente y tramar mis intentos, no puedo estirarme cómodamente, porque cuando me tapo la cabeza se me destapan los pies.” -“Debes trabajar mucho unidamente con tu hermana, la Difamación. Juntas han tenido buen éxito y han logrado que algunos tontos que querían aparecer como siervos leales de Dios, fueran confundidos con servidores nuestros.” La Iniquidad elogió y felicitó a la Mentira, y le aconsejó no aflojar el paso. La Alegría estruendosa entró a escena a continuación. Su cuerpo estaba tatuado con figuras grotescas, intercaladas con pinceladas de colores vivos. El comandante Z le recomendó enfáticamente: -“Tu misión es hacer mucho ruido, para disimular los huecos y las carencias. Debes intervenir con fuerza en la música popular. Cuando no haya motivos verdaderos para reír y gozar, fabrícalos. No necesitas un fundamento profundo. Tú vas a abarcar más radio de acción si te mantienes en lo variable y lo superficial.” A la Envidia se le recomendó que hiciera más hirientes sus aguijones. Fue cálidamente encomiada por su capacidad para crear enemistades entre la gente, aunque no existiera una causa real. A la Codicia se le instó a hacer las cosas más deseables, exagerando su brillo y valor, para tentar a los que lanzarían a una carrera desenfrenada por alcanzarlas.

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Al Rencor se le recomendó luchar contra el Olvido, para no dejarse quitar el aguijón: - “Inspíralos para exijan y reclamen privilegios aunque no los hayan ganado. Que griten a voz en cuello su pretensiones. Que escriban sus reclamos en las paredes, y ensucien los frentes de las casas bien pintadas para que nadie deje de notarlos.” La Violencia apareció en el escenario con la mandíbula tensa y los puños cerrados. Preguntó: -“¿Qué tengo que hacer yo para cumplir mejor mi misión? A veces tengo dudas en lo que me toca a intervenir en los asuntos humanos. “ El coronel K le contestó: -“ Deberías intervenir siempre y en todo. Cuando las cosas se resuelven demasiado pacíficamente, entra la monotonía, y con ella el aburrimiento. Tu actividad aviva las escenas y les añade el colorido necesario. Los hechos más interesantes tienen lugar cuando el odio le pone los pies encima a esa cosa fofa y pegajosa que llaman amor.” (Doña Iniquidad se relamió los labios con deleite.) La Depresión, que se había quedado quieta y callada al fondo del escenario, dio algunos pasos hacia el frente y dijo: - “Yo muchas veces me pregunto qué valor tiene mi actuación en los asuntos humanos”. El comandante Z tomó la palabra: -“Tú puedes achatar un poco el orgullo de los que se sienten muy seguros de sí mismos. Déjalos que sigan llorando por la leche volcada. Si están concientes de su impotencia llegarán a ser sus propios verdugos y nos ahorrarán el trabajo a nosotros.” No muy convencida, la Depresión agregó: - “¿Qué se debe hacer cuando ruegan por misericordia?” -“La misericordia es una hija minusválida del amor que merece desprecio. Los cómodos recurren a ella para resolver asuntos intrincados sin analizar mucho...Ni yo ni los ángeles idealistas que son nuestros aliados esperamos nada de ella, ni vamos a rogar que nos la concedan.” La Duda, que estaba escuchando, preguntó: -“¿Qué hacen cuando alguien les pide ayuda?” El comandante Z respondió: -“Si confían en nosotros y desean ascender a cierta posición o triunfar en una causa, los llevamos lo más alto posible, pero luego nos damos el gusto de darles un empujón para verlos descender de golpe. Esa fue nuestra experiencia; con nosotros no se usó ninguna
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ternura al arrojarnos desde las mayores alturas a las inmediaciones de la tierra. Pero, no todas fueron pérdidas, ya que tuvimos el placer de adueñarnos de muchas mujeres atractivas y disfrutarlas antes del diluvio universal. Además, tuvimos el privilegio de la paternidad, engendrando gigantes muy superiores en fuerza y capacidad que esos debiluchos de la Creación de Dios.” En este punto de su disertación, K y Z alzaron los ojos y notaron que un pesado telón negro empezaba a descender sobre el escenario. Los dos se levantaron como movidos por un resorte. El coronel K dijo: -“Tengo la impresión de que este es el fin de esta comedia. Con seguridad que el jefe espiritual de Magog está convocando a sus aliados y debemos presentarnos ante él.” El comandante Z improvisó un pobre discurso de despedida: - “Camaradas, parece que llegó el momento de separarnos, tal vez definitivamente. No vamos a darles las gracias por sus servicios. Ustedes son los que tienen que darnos las gracias a nosotros porque los hemos ayudado a definirse y a usar sus habilidades. Tampoco vamos a decirles que los queremos mucho. El sentimentalismo es cobardía y flojera. Si están arrepentidos de habernos seguido, la culpa fue de ustedes por habernos tenido en cuenta. Si podían haber sido más útiles en otra causa, ustedes se lo perdieron. No necesitamos lágrimas ni compasión de nadie. Si tienen ganas de llorar, lloren por ustedes mismos. No les digo adiós, porque esa palabra significa “vaya con Dios”y yo no animo a nadie a seguir el camino que abandoné.” El pesado telón negro siguió descendiendo hasta tocar el piso. Ningún actor de la comedia descabellada tenía dientes para roerlo, ni uñas capaces de rasgarlo. Trataron de escurrirse por abajo, pero fue imposible. En medio de la confusión, sobresalía la voz de mando de la desorientada Iniquidad: -“¡Ataquen! ¡Ataquen! ¡No se den por vencidos!” Una fuerte descarga de granizo pesado cayó sobre el escenario y aniquiló a toda la compañía. Más allá del telón negro, un mundo maravilloso estaba amaneciendo. Allí las dudas no tenían lugar, porque todo era incuestionable y exacto. La luz nunca podría confundirse con la oscuridad; la Verdad no tendría jamás dobleces; la paz no podría ser acribillada por la agitación. El hoy no estaría suspirando por ser ayer, ni el presente desando convertirse en mañana. Bajo la mirada amorosa de Jehová, cada criatura viviente y cada creación inanimada estarían en su lugar y cumpliendo su propósito. El Dios de amor se sentía feliz, y la creación entera festejaba el triunfo de la misericordia y el resultado final del rescate pagado con sangre de incalculable valor. El
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telón negro había puesto fin a la comedia descabellada después de sesenta siglos. Una muchedumbre regocijada, liberada de una pesada condena, estaba descubriendo nuevas connotaciones del verbo descansar. Ahora y para siempre, el descanso del hombre estaría ligado al descanso de Dios. Los ojos de Jehová, demasiados puros para mirar el mal, como bien dijo Habacuc (Capítulo 1:13), descansaban sobre el cuadro brillante del paraíso en expansión. Su corazón, antes herido por reproches injustos, insultos y blasfemias, descansaba en el amor y la infinita gratitud de sus hijos terrestres. De vez en cuando, como una lección que era bueno tener en cuenta, revivía el recuerdo triste de algunos que habían respondido a la predicación y habían empezado a cumular tesoros en el cielo y de pronto los despilfarraron para correr tras las ofertas fraudulentas del viejo mundo. La incalculable pérdida de ellos estuvo resumida brevemente en la incambiable sentencia de Dios: -“No entrarán en mi descanso.” (Hebreos 3: 10,11)

Alef Gimel
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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EL HIJO DE AGUSTINA Querida mamá:

(Consta de 2 Págs.)

Estoy en la biblioteca, y se me ocurrió escribirte una carta, ya que tengo el tiempo disponible para hacerlo. Hoy, por ser fiesta patria no tenemos que trabajar. Esta mañana muy temprano, nos reunieron a todos en el patio grande, izaron la bandera y tuvimos que cantar el himno. Como siempre, yo hice mímica, más que cantar. Siempre hay algo en mi que no me deja cooperar en pleno en estas ocasiones. Sin duda son secuelas de aquellos felices días de mi niñez, cuando me llevabas a las reuniones de los Testigos de Jehová. Después de esta ceremonia, el director de la cárcel nos dio uno de sus emotivos discursos. Nos dijo como otras veces, que la patria espera que lleguemos a ser hombres de bien, ciudadanos que no la avergüencen. Estoy portándome lo mejor posible, para conseguir la libertad que tanto anhelo. Ahora falta sólo un año y tres meses. Si Dios no está demasiado enojado conmigo, tal vez me ayude a empezar una vida nueva después. Te agradezco que estés viniendo a visitarme más a menudo. Se ve que, después de la muerte de papá, cuando te sentiste libre para volver a ser Testigo de Jehová, también sentiste la necesidad de acercarte más a mi mí y ayudarme espiritualmente. Estoy leyendo el libro que me trajiste: “¿Existe un Creador que se interese por nosotros?”. Me ha hecho pensar mucho. Entiendo tu preocupación y tu deseo de que yo algún día tenga tu fe y llegue a ser parte del pueblo de Dios, como tú lo llamas. No sé si alguna vez podré librarme del todo de este sentimiento de culpa y de inutilidad que hoy me embarga. No sé si alguna vez tendré la paz interior que necesito, y la seguridad de que Dios pueda aceptarme todavía. Posiblemente ahora te des cuenta, mamá, de cuánto dolor nos hubiéramos ahorrado los dos, si en aquellos años hubieras sido más valiente para luchar por tu fe. Yo tenía nueve años cuando un día, oscuro y triste en mis recuerdos, me dijiste: -“No vamos a ir más al Salón del Reino. No puedo seguir aguantando los rezongos de tu padre, su mal humor y sus insultos”. Yo disfrutaba enormemente de aquellas horas en el Salón, y de aquél grupo de niños con los cuales jugaba en la vereda, bajo la vigilancia de un acomodador, después que terminaban las reuniones. Las palabras cariñosas de los mayores me compensaban por la hosquedad de mi padre, que no era mi
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amigo, y nunca tenía tiempo para jugar conmigo. Me arrancaste de golpe de todo aquello que era esencial en mi vida; nunca me repuse del todo. Mi rencor se convirtió en rebeldía, y busqué amistad entre los adolescentes de los alrededores, que me indujeron a las peores cosas. Andábamos en patota hasta altas horas de la noche. Rompíamos vidrieras y saqueábamos comercios. Me enseñaron a manejar un revolver y a practicar puntería. Nunca tuve el coraje de matar a nadie, pero al andar armado como los demás, cuando fuimos apresados, me atribuyeron parte de la culpa por la muerte de un comerciante que luchó inútilmente por defender su dinero. Habíamos jurado entre nosotros que jamás delataríamos a cualquiera del grupo que fuera el autor real de un homicidio. Cuando nos interrogaron todos callamos. Yo pensaba en aquel tiempo que, cooperar con la policía era una traición despreciable. Lo demás tú lo sabes. ¡No puedo dejar de pensar con amargura, qué distinta hubiera sido mi vida si mi madre hubiera sido más valiente para luchar por sus derechos de amar y servir a Dios! Pero, no quiero ser tu juez ni tu acusador. Eso le corresponde a Dios. Comprendo tu ansiedad por encaminarme ahora en la fe que recuperaste. Puede ser que yo también la recupere, si Dios tiene lástima de mí. Si puedes ayudarme a creer y a confiar, y a mirar el porvenir con esperanza, podrías hacerme mucho bien. Perdóname por esta carta amarga, es un deshogo de cosas reprimidas durante muchos años. Me he expresado libremente porque no tiene que pasar por la censura, te la daré el domingo cuando vengas. No pienses que no te quiero. Te quiere siempre, Arnoldo Esta pequeña historia es real. Sus protagonistas tienen otros nombres. Felizmente cuando Arnoldo terminó su condena llegó a formar parte del pueblo de Dios. Poco tiempo después se casó con una joven creyente y empezó una nueva vida, dejando atrás un doloroso pasado, que no hubiera sido difícil evitar con la ayuda de Jehová.

Alef Gimel
–Octubre 2000–

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EL ÍDOLO LISIADO Nació en la cuna de oro que mece la codicia, y es hermano menor de la ambición. Fomentó desde joven la peor competencia. Para lograr sus fines fomentó el desafuero. Le pusieron un nombre que lo hizo famoso; lo llamaron DINERO. Fue loado por todos, y buscando su amparo, forjaron los peores crímenes de la historia. Los que lo acaparaban aplaudieron los medios, aunque viles y sucios, de su efímera gloria. Hoy está en los umbrales de la postrimería; su pedestal raído apenas lo sostiene; su manto apolillado malamente lo cubre. Su arrogancia es ficticia; va perdiendo el encanto que con vigor lucía. Quiere abrazar a todos sus fieles seguidores y afianzar el prestigio del tiempo que se fue; pero no puede hacerlo pues tiene un solo brazo; quiere correr tras ellos, pero le falta un pie.

Alef Gimel
– Febrero 02–

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EL MÁXIMO POR QUÉ

(2 Págs.)

Son, Jehová, tus promesas, el pan de cada día; nos nutren y sostienen para seguir andando, para ansiar que amanezca una nueva jornada, y se acerque el futuro que estamos esperando. Soñamos con el nuevo Paraíso, lo estamos construyendo en nuestra mente. Queremos ver tus pájaros felices, tus bestias dormitando mansamente, un niño alimentando los leoncillos, la tierra floreciendo palmo a palmo, el que fue ciego, amando la belleza, el que fue mudo, al fin cantando salmos. Si por una razón jamás pensada, o una fatalidad no presentida, llegamos a saber que nada de eso será añadido a nuestras bendiciones, y habrá un punto final a nuestra vida; aún así estaremos compensados, es inmenso lo que hemos recibido. Sentir tu amor de Padre, invalorable, comprobar que escuchaste nuestros ruegos, comprender que tus ojos se adelantan a cualquier amenaza imaginable; haber visto tu brazo librándonos del fuego, o apartándonos lejos del abismo insondable...
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Todo eso ha sido suficiente, mucho más de lo que hemos merecido. Nuestra vida es apenas una breve jornada. Es poco lo que hicimos para dignificarla; no tenemos reclamo si termina en la nada. Pero Tú, autor excelso de todo lo creado, diste a tu hijo para rescatarnos y así premiar nuestra obediencia plena. Si nuestro amor supera la deficiencia humana, si a ti nos aferramos y no solo al mañana, si hacemos de ti el centro vital de nuestra fe, Tú serás para siempre la Verdad innegable y el máximo POR QUÉ.
Alef Gimel
–Agosto 99–

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EL ÚLTIMO LABERINTO
Andaremos aún entre los odios ciegos, y entre la sinrazón de los rencores. Veremos estrellarse contra un muro los ruegos, y caer hechos polvo, los proyectos mejores. Por un poco de tiempo han de seguir frustrados, heridos y sin fuerzas, los humanos derechos. Muchas leyes sagradas serán aún torcidas; muchos sueños inútiles se golpearán el pecho. Habrá gente perpleja, sin norte ni destino, buscando en el vacío la razón de la vida. Debemos ayudarlos y decirles, si escuchan, que el torpe laberinto tiene también salida; que habrá una gran victoria y acabará nuestra lucha. Más que la sed al encontrar el agua, más que los ojos al hallar la luz, sentiremos alivio incomparable, al comprobar que no quedan porqués inexplicables, que todo tendrá lógica y una razón de ser, cuando Dios nos señale un brillante futuro, y nuestros pies se afirmen en caminos seguros, mientras yace en cenizas el detestable ayer.

Alef Gimel
(Del libro “Ramas y Nidos”)

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Escríbeme una Carta
Escríbeme una carta extensa y cariñosa; quisiera estar al tanto de lo que te ha traído la corriente impetuosa del tiempo transcurrido. Se me hizo muy largo este silencio frío, y me dejó impresiones de abandono y vacío. No me hables solamente de las mejores cosas que llenaron tus días de gratas emociones. Cuéntame de los tristes eventos imprevistos que hunden en el polvo las caras ilusiones. Déjame compartir lo que te oprime. Yo te hablaré de la esperanza cierta y del futuro eterno que está ante nuestra puerta, dádiva invalorable del Dios que nos redime. El verdadero amigo no es el que pronto acude a comer y beber cuando hay celebraciones, sino el que está a tu lado si el dolor te sacude, y venda tus heridas con sus consolaciones. El verdadero amigo quiere sentirte cerca; lamenta las barreras de las grandes distancias, las vence mentalmente cuando tu voz añora; con su amor te rodea y por ti ora; desea verte a salvo frente a la eternidad, bendiciendo con gozo el nombre de Jehová.

Alef Gimel

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FRENTE A LA ETERNIDAD TABOBÁ amaba especialmente aquella hora del crepúsculo, cuando el sol llenaba de reflejos el agua de los ríos, antes de esconderse detrás del horizonte. Volviendo a caminar por aquellas playas, estaba recobrando muchos de sus antiguos recuerdos, y se sentía inmensamente feliz por haber recuperado la vida, que era sin duda, la más valiosa posesión que había tenido en su pasado pobre y semi salvaje como charrúa. Él siempre se había sentido diferente de su tribu. Amaba la paz, y disfrutaba de las obras del Dios bueno y desconocido, que había creado tanta belleza natural. Los charrúas lo llamaban TUPÁ que significa ¿Quién eres?. En la mente de ellos, como en la de tantas otras razas y culturas, surgían muchas preguntas que nadie podía contestar, acerca del Autor de todo lo creado. El milagro de la resurrección les había traído muchas sorpresas. La más significativa había sido conocer quien era realmente TUPÁ y aprender su verdadero nombre. Los llenaba de gratitud saber que el dios malo, que los charrúas llamaban AÑANG, había sido arrojado a un abismo y estaban libres de sus acechanzas, y del poder de la muerte con que él buscaba destruir a los humanos, porque eran la obra manual del Dios bueno, y amados por Él. El entendimiento de tantas verdades edificantes los estaba convirtiendo en mejores personas. Aún los que en su vida anterior habían sido belicosos, siempre listos para mostrar su bravura, ahora disfrutaban de la paz. Entendían que el Dios de amor quería que copiaran sus cualidades. Al principio se habían sentido muy raros, vestidos como el resto de la gente. Algunos que esperaban el regreso de ellos, se habían preparado para entenderlos estudiando el guaraní y el tupí, y usando señas y dibujos cuando no hallaban las palabras adecuadas. Deseaban si podían vivir juntos como tribus en regiones desiertas, pero se les explicó que ahora Dios quería una familia humana unida, y tendrían que aprender a convivir con los demás y a aceptar las costumbres teocráticas en todo. Además, tendrían que ir a la escuela, aprender a leer y a escribir, y hacerse diestros en el manejo de único idioma que ahora se hablaba en toda la tierra, para borrar la maldición que había frustrado la construcción de la Torre
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de Babel, cuando Nemrod quiso ser el único dictador en el mundo postdiluviano. Le resultó graciosa la idea de ir a la escuela. Se miraron entre ellos y se rieron; algo fuera de lo común porque los charrúas casi nunca reían. Jamás olvidarían el asombro, la tremenda sorpresa que habían sentido al ver a la gente manejando automóviles; siendo transportadas en enormes trenes a grandes asambleas, y al visitar un trasatlántico con pileta de natación en la cubierta, sala de música y un gran comedor con paredes decoradas, para los que deseaban pasar vacaciones sobre el mar. Cada paisaje era una fiesta de color. Las fieras temibles de antes, ahora lamían las manos de la gente, agradeciendo sus caricias, porque Dios había borrado todo antagonismo entre los hombres y los animales. TABOBÁ se había sentido muy feliz al reencontrarse con sus hijos y las madres de ellos, y con sus mejores amigos de antaño, especialmente los pacíficos CHANÁS. Muchas veces había caminado días enteros, en el tiempo de los soles largos, para disfrutar de la hospitalidad de ellos, que vivían un poco más al norte de donde el Paraná-Guazú se encontraba con el Río Uruguay. Esa había sido otra hermosa sorpresa, descubrir que el nombre que ellos le habían dado a los ríos y a los árboles había prevalecido por siglos. El Río Uruguay, con sus pintorescas barrancas, había seguido llamándose Río de los Pájaros. El enorme árbol de bienhechora sombra, había seguido llamándose Ombú y los decorativos árboles de flores rojas en la ribera de los ríos, conservaron el nombre de Ceibos, siglo tras siglo, como también el ave grande que ellos llamaban Chajá, imitando su grito. Fue remunerador para los guaraníes descubrir que la gente seguía tomando mate con deleite, una costumbre que ellos habían impuesto, y que aún le llamaban con el mismo nombre: Mate. Sin duda había sido el Dios bueno quien los había inspirado a probar el gusto de las hojas de esa planta, y luego secarla y molerla para convertirla en una bebida caliente, muy estimulante y beneficiosa, que más tarde llegó a ser indispensable para los gauchos.

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No todos los gauchos tuvieron un origen común. Algunos descendieron de madres españolas y padres indígenas. Otros fueron el producto de padres españoles y portugueses que se apoderaron de las mujeres indígenas después de exterminar los hombres de su tribu. Todos estos juntos formaron una clase social unida que se distinguió por sus buenas calidades. De allí viene la costumbre de llamarle “una gauchada” a los favores que se reciben de otras personas. Un buen elogio respecto a personas meritorias es decir: “Es muy gaucho”. TABOBÁ siempre había mirado con pena a las mujeres blancas que otros charrúas secuestraban y llevaban a sus tiendas, gloriándose de ellas como un trofeo, un premio a su bravura. Era común verlas llorar siempre añorando a sus seres queridos, y sintiéndose esclavas de los salvajes. La leve esperanza de que un día los españoles volvieran a liberarlas, era sólo un frágil sueño que no las consolaba. Morían jóvenes, vencidas por la tristeza. El único consuelo era el amor que volcaban en sus hijos, y el esfuerzo por hacerlos personas buenas y aceptables a Dios. Esto dio su fruto, como muchos de los rasgos loables de los gauchos lo evidenciaban. Las mujeres charrúas crecían con la certidumbre de que debían ser esclavas de los hombres, junto con las otras esposas que poseían, y debían servirlos sin rebeldía. Ellas armaban y desarmaban las tiendas cuando trasladaban sus campamentos. A medida que iban progresando en el dominio del idioma mundial del nuevo mundo, los charrúas entendieron que Jehová no miraba como inferior a la compañera que había creado para el hombre. Se les informó que un gran número de mujeres habían sido elegidas para reinar con Cristo en el cielo. En la tierra, no habían tenido privilegios de presidir congregaciones como os hombres, pero habían colaborado en hallar a los que debían completar el número de los 144.000 que formarían el gobierno celestial y los habían iniciado en el camino de la Verdad Bíblica. Al aprender que había un gobierno en el cielo con 144.000 miembros, hicieron lugar en su mente para la palabra gobierno y lo que esta implica, algo que ellos nunca habían tenido. Sólo en caso de guerra nombraban un TUBICHÁ, o cacique que los dirigiera.

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Entre sus primitivas creencias, existía la idea de una posible resurrección, por eso, enterraban a sus muertos en cuclillas, rodeados de sus armas, por si las necesitaban al volver. Las tumbas estaban sobre los ceros y colocaban como señal un promontorio de piedras sobre ellas. Fue una emoción nueva oír música y canto, algo que los charrúas no habían conocido en su vida anterior. Se maravillaban cuando les enseñaban que por medio de un televisor podían ver los trabajos que se hacían para extender el paraíso, con sus plantas y sus flores, a todos los confines del planeta. Allí estaban los indios patagones, llamados así porque habían vivido en las regiones polares y se envolvían los pies con muchas bandas de tela para caminar por los hielos y aguantar el frío. Eso producía la impresión de que tenían pies enormes. La región en que habitaban fue llamada PATAGONIA por causa de ellos y conservó su nombre por largo tiempo. Ahora podían ver por medio de la televisión que el hielo de los polos ya no existía y era tierra cultivable, como antes del diluvio. El Dios Todopoderosa había causado que el agua del diluvio fuera atraída hacia los polos por la fuerza de la gravedad para que no inundara la tierra nuevamente, y allí se congelara; pero ahora, el Creador había eliminado ese obstáculo también. Las mujeres indígenas recordaban con gratitud cuánto habían disfrutado de las telas tejidas en telar por los industriosos guaraníes, que llamaban TIPOY. Todas las otras tribus habían aprendido mucho de ellos sobre agricultura y diversas actividades que enriquecían la vida. Cuando llegó el momento de estudiar geografía, los charrúas lanzaron una pregunta imprescindible: -¿De dónde venimos nosotros? Los instructores dela escuela les explicaron que eran descendientes de Cam, el hijo de Noé de piel oscura, como también lo son los negros. Aprendieron que, a partir del diluvio global, toda la población del mundo descendió de los tres hijos de Noé. Se conservaban mapas de antes del Armagedón, para que la gente pudiera identificar algunos lugares, ya que la geografía había cambiado totalmente. Les pidieron que buscaran en la Biblia el Salmo 46:2, donde dice que la tierra sufriría grandes cambios, y las montañas caerían al mar.
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Eso justamente había sucedido y aún los mares habían cambiado de forma, al volcarse en ellos algunos tramos de cordilleras. En los mapas antiguos podía verse, que muy cerca del Monte Ararat, donde el Arca de Noé había encallado, estaba lo que se llamaba entonces “el Estrecho de Bering”, una franja de tierra que entra en el mar. Allí, el agua tenía muy poca profundidad, se podía cruzar con las frágiles canoas que construían sus antepasados, y alcanzar con facilidad el continente que antes se llamaba América del Norte, y desde allí se habían extendido a lo que se conoció como América del Sur. Con su vocación de exploradores de regiones desiertas lograron que aquellas tierras tuvieran vida. Una vez más la sabiduría del Autor de la Creación los había guiado, ya que su voluntad era que sobrevivieran y poblaran la tierra. Los instructores de la escuela les explicaron que el progreso no retrocedería jamás, y las dádivas de Dios continuaría interminablemente. Por ejemplo, la imprenta fue un invento imprescindible para publicar millones de libros y revistas a fin de llegar a toda la tierra habitada en el momento preciso, antes del juicio final de las naciones. El avión había aparecido justamente a tiempo para que los ungidos de los últimos días pudieran viajar aceleradamente a cualquier lugar poblado, estimulando el recogimiento de los que heredarían la región terrestre del Reino. Ahora, les tocaba a ellos conservar lo aprendido y mostrar gratitud y obediencia al Dios bueno, TUPÁ que tanto habían deseado conocer. Ahora, les tocaba a ellos responder y elegir su destino frente a la eternidad.

Alef Gimel
―Noviembre 2002―
Fuentes de información: • Diccionario Enciclopédico U.T.E.H.A. - Impreso en México. Edición 1968 • Compendio de Historia Nacional, de Eduardo Thomas, edición 1957 • Apéndice del libro Tabaré, de Juan Zorrilla de San Martín.

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HEMOS HALLADO EL CAMINO Allá en los siglos de remotos tiempos, allá en los días de la eternidad, en la mente de Dios se formó un pueblo. Serían carne y sangre, espíritu y verdad. Surgió una rebelión entre los ángeles y el hombre fue el rehén acorralado. Usó con egoísmo de su libre albedrío, y se alejó del Padre que todo le había dado. Conoció el ostracismo al errar el camino. El Edén, tan deseable, se esfumó ante sus ojos, y llegó a ser un paria, sin norte ni destino, andando a la deriva entre espinos y abrojos. Dios amaba a los hijos que aún no habían nacido, y se compadecía de su mísera herencia, sujetos a una vida plagada de gemidos, andando hacia la muerte en completa impotencia. Con el rodar del tiempo, nuevas generaciones hallaron en la Biblia el mapa invalorable señalando una ruta de reivindicaciones, un Mesías, un rescate, un futuro incambiable. Como señal viviente, el Hijo de Dios vino a recoger los peces de una inmensa red. Lo rodearon las almas ansiosas de un camino y bebieron del agua que apaga toda sed. ¡Será otro triunfo tuyo, oh Dios de las alturas, modelar nuestro barro en tu excelsa bondad, para que reflejemos tu amor y tu ternura, tal como nos ideaste, frente a la eternidad!

Alef Gimel

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HOY FALTA UN DÍA MENOS
Cada día que pasa nos acerca a la definición inaplazable de una antigua porfía. ¡El triunfo de Jehová será infalible; a Él pertenece la Soberanía! El antiguo adversario también cuenta los días, mientras clava con saña sus dientes afilados sobre los indefensos que vagan sin destino, rehusando sus oídos al mensaje sagrado. Cuida tu privilegio de haber sido llamado al pueblo que Dios ama y santifica, porque se regocija apoyando su trono y al proclamar su Nombre, su causa reivindica. Y cuando al despertar cada mañana le des la bienvenida al nuevo día con tu ventana abierta, deja que el gozo inunde tu corazón sereno, y que se afirme tu esperanza cierta, ¡porque falta un día menos!.

Alef Gimel

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INQUIETO COLIBRÍ
Hoy te he visto tres veces rondando mi ventana. Viene la primavera, y es azul la mañana. Le hablan confortadoramente al corazón cansado, el cielo, el aire, el sol.... ¿ Temes que te abandone? Sería muy difícil que lo hueco o vulgar se aposente en mi vida con vanas pretensiones de quitarte el lugar. Cuando hace frío y tiemblas y en torno a mí giras, yo siento que me inspiras, pues la acción es tu lema. Sigues buscando algo que te haga sentir vivo. En tu aletear percibo que siempre estás pendiente de tu antiguo problema: No puedes lograr nada si no encuentras un tema. Tu pico largo y fino sabe hallar en la Biblia las mieles escondidas que enriquecen la vida. Recuérdame la esencia de aquello que está escrito y abreva en los filones del saber infinito.

Alef Gimel
En el libro “ Pan sobre las aguas” uso al colibrí como un símbolo de la inspiración, porque es el único que puede volar hacia atrás.

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JERUSALÉN, ESPÉRANOS... Viajaremos soñando con el ansia de verte. tu manantial de historia jamás se secará. Feliz, como una reina que recupera el trono narrarás tus recuerdos que no perecerán. Nos seguirán bandadas de aves cantarinas, en plena acción de gracias desde la lejanía, celebrando tu triunfo como ciudad amada, a la cual Dios restaura brillo y soberanía. Llegaremos en grupos asignados, organizados para un tiempo fijo. En los rostros de cada caminante estará fulgurando el regocijo. De nuevo llenaremos aquellos grandes patios, donde las muchedumbres dieron calor humano a la fe verdadera del Dios omnipotente, que allí los protegerá bajo su santa mano. Al mirar los cimientos que Salomón pusiera, recordaremos los antiguos muros, que oyeron desafíos de hostiles enemigos, insultos degradantes y presagios oscuros. ¿Dónde están los que ayer te amordazaban sofocando tus cantos de alabanza a Jehová? Con sus glorias se hundieron el polvo, nunca amaneció en ellos la luz de la verdad. Jamás han de volver a amenazarte; ningún peligro rondará tus puertas; ninguna lágrima caerá en tu tierra; ¡Que bendición florecerá en tus huertas! Desde allí partiremos a lugares históricos que en la Biblia dejaron imborrables memorias. Palparemos de cerca la fe de los patriarcas y surgirán de nuevo las huellas de la historia. Aunque pasaron numerosos siglos y nadie sabe bien la ubicación
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de aquel pesebre en que Jesús naciera, Jehová sí puede dar una razón. En Nazareth Jesús creció aprendiendo su humilde oficio en la carpintería. Nadie conoce ese lugar exacto Jehová sin vacilar lo indicaría. En la pequeña aldea de Betania hallaremos la cueva ensombrecida, donde Lázaro estuvo cuatro días, y al llamarlo Jesús volvió a la vida. Aún se encuentra la tumba inconfundible donde el hijo de Dios descansó inerte. Hubo ángeles dando testimonio, y asegurando que Él venció a la muerte. iremos a aquel monte en Galilea; donde allí sus amigos lo vieron ascender, y oyeron de sus labios la promesa; “estaré con ustedes hasta el día de volver”. Hemos de ver cumplida la promesa sagrada; los que de Abrahán descienden tendrán la buena tierra, que mana leche y miel en abundancia. Jamás habrán de verla de nuevo despojada, ni se oirá en sus fronteras algún grito de guerra. Jerusalén, espéranos, Dios querrá que vayamos a festejar el gozo de la genuina vida. Llegaremos cantando los salmos inspirados, que el rey David llamaba “ Canción de las subidas”. Al igual que una madre abandonada, recobrarás tus hijos desde todo confín. Recobrarás las galas que antaño te adornaban. Tu razón de existir no habrá de tener fin.

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LA CANCIÓN DE DOÑA PACA
Tengo noventa cumplidos en la gran tribulación. No era tiempo para fiestas, pero celebrando el triunfo de haber logrado mis metas, sin música ni alharaca, como que me llamo Paca, le hice honor a la ocasión, con una fiesta exclusiva dentro de mi corazón. Ya no me quedaban dientes para moler el bocado, y mis brazos se apoyaban en un bastón mal parado. De mis manos temblorosas las cosas caían al suelo. Así rompí muchos platos, pidiendo clemencia al cielo. Perdía un tiempo precioso en pesquisas no acertadas, buscando cosas mal puestas y sin querer olvidadas. Los hechos se apresuraban de lo malo a lo peor. El mundo era un viejo enfermo, sin miras de estar mejor. Después que fue derramada la justa ira de Dios, a medida que avanzaba la ansiada restauración, uno tiraba el audífono, otro rompía los lentes; los bastones y muletas hacían un gran montón.

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Había piernas ortopédicas y también brazos de goma, material para inyecciones, cajas llenas de vacunas; todo se quemaba junto, sin más consideraciones. Cantando canciones bíblicas íbamos bailando en rueda, disfrutando el regocijo mientras ardía la hoguera. Hoy nadie está negociando un corazón trasplantado. A la vez que no hay donantes, tampoco hay interesados. El que tenemos es cofre de tesoros bien guardados. Las sombras grises de algunos recuerdos que destilaron hiel en nuestra vida, hoy pasan sin dolor por nuestra mente; son sólo una lección bien aprendida. ¡Qué felicidad inefable, que nunca se esfumará, saber que está vindicado el gran nombre de Jehová! ¡Qué seguridad sentimos, como pueblo redimido por un rescate elevado! Contemplamos extasiados que el Edén ha resurgido con mayor vigor y gloria que el Paraíso perdido.

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LA CONCIENCIA DEBE HABLAR CLARO (6 Págs.) PERSONAJES: Felipe Estrategia: Publicador bautizado desde hace dos años. representa unos 35 años. Su conciencia: Figura femenina, delicada, un poco más baja o de la misma altura que él. Viste una túnica blanca, larga, con algunas manchas oscuras, que pueden ser de cartulina pintada, prendidas con alfileres o puntadas largas, que se sacarán para la última escena. Ancianos de la congregación. Joven de aspecto atractivo, muy moderno. Podría vestir blue jeans y una camisa de colores chillones. Podría tener un clip dorado en una sola oreja, o cualquier detalle parecido, que lo identificara con los jóvenes de ahora. Entra en el escenario con una bandeja con varias copas servidas y una jarrita llena de cerveza. ESCENA PRIMERA Felipe está sentado en un sillón a la derecha, con la cabeza entre las manos, abatido y avergonzado. La Conciencia viene desde el foro, con su larga túnica blanca. Algunas manchas oscuras afean su aspecto. Se acerca a Felipe y le dice en tono de reproche: Conciencia: - ¡Qué bien que los ancianos hayan venido a visitarte temprano en la mañana! Anoche tuviste uno de tus deslices, pero a esta hora no hallaron rastros de olor a alcohol en tu aliento, y estabas bien despierto, porque ya habías tomado café. Felipe: - Cuando me hablas en ese tono irónico, se me hace difícil escucharte. Sabes demasiado que estoy sufriendo. Siento el corazón herido porque se me ha hecho tan duro vencer el vicio de
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Mario y Leonardo: El tentador:

beber. Pero, Dios sabe que he estado haciendo esfuerzos muy sinceros. Conciencia: - Esfuerzos muy sinceros...con algunas escapadas, ¿verdad? Me sentí golpeada y acorralada cuando aceptaste el encomio de los ancianos esta mañana, como si nunca hubieras vuelto a beber, y los dejaste convencidos de que habías ganado la batalla. Felipe: - Me dio vergüenza, después de tantos textos bíblicos que me han leído, y de tantos consejos amorosos, confesarles que no han tenido todo el éxito que esperaban; además sigo ganando camino. Cada ve es menos frecuente la tentación de beber algo.

Conciencia: - De todos modos, debías haberlo dicho para que fortalecieran tu decisión.. Cada vez que bebes una copa estás violando tu integridad., aparte del daño que te haces. ¿Recuerdas aquella vez que visitamos juntos una exposición de figuras de cera? Nos detuvimos con especial interés en una que se titulaba: "El hígado de un bebedor empedernido". Tenía el color de un hígado hervido a o asado, y la leyenda explicaba que el hígado literalmente se cocina a causa de tanto filtrar alcohol. Luego, está listo para desintegrarse, o se presenta la cirrosis, que lleva a la persona a una muerte prematura. Recuerdo que cuando leíamos la explicación te sentí temblar. La verdad llegó a tiempo para alejar a la muerte de tu camino. Pero queda en pie la otra amenaza, el hecho de que estás violando tu integridad. Felipe: - ¡Estás exagerando, Conciencia! Una copa de vino o de licor no viola la integridad de alguien que está dispuesto a seguir fiel.

Conciencia: - Si ese no hubiera sido tu problema antes, no tendría importancia. De hecho, muchos siervos íntegros de Dios disfrutan con prudencia de algunas bebidas fuertes ocasionalmente. Pero a ti te dijeron que debías eludir el alcohol completamente para evitar una recaída. Por eso esas pequeñas traiciones abren una brecha en tu integridad. Por ejemplo, si tú compras una tela costosa para que tu sastre te haga un traje, y luego descubres en ella varias pequeñas rajaduras, ¿dirías que es
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una tela íntegra? ¿Estarías contento con un traje nuevo que tuviera varios zurcidos? Cada vez que vuelves a beber se abre una brecha en la nueva personalidad de que te has revestido. Además te estás acostumbrando a nuevas estrategias para disimular tus transgresiones. Eso no puede resultar bien. Yo me desperté muy temprano esta mañana porque quería tener una conversación constructiva contigo, haciéndote ver tus errores. Pero cuando viste por la ventan que venían los ancianos a visitarte, me empujaste hacia el fondo de la casa y no me permitiste participar en la reunión. Me sentí muy mal, porque estoy cansada de ocultarme y callar cuando a ti no te conviene que hable. Estoy harta de verme con estas manchas que me avergüenzan delante de los demás, aunque ellos no las noten. Está tardando mucho el día tan deseado en que pueda vivir en la luz, como la conciencia de un hombre cristiano, recuperado de su antiguo camino erróneo. Felipe: -Hoy estás muy severa y exigente. ¿Qué me recomiendas que haga para que te sientas mejor?

Conciencia: -Vuelve a llamar a los ancianos y diles la verdad. Ellos pueden aconsejarte mejor que yo. Puedes decirles que yo te he estado molestando bastante últimamente. Les va a gustar oír eso. Y resuélvete en tu corazón a no seguir justificándote con estrategias y disimulo. ESCENA SEGUNDA: FELIPE Y LOS ANCIANOS

Leonardo: - Nos sorprendió tu llamado, Felipe. Ayer nos fuimos contentos después de comprobar que estabas tranquilo, seguro de haber logrado la victoria sobre tus antiguos problemas. ¿Qué es lo que te inquieta ahora? ¿Algún problema nuevo? Felipe: - No es nada nuevo, hermanos. Mi tranquilidad y gozo de ayer eran simplemente una estrategia. Después que ustedes se fueron, mi conciencia se sintió traicionada y me acribilló con sus
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reproches. Con dolor y vergüenza tengo que confesarles que no he cumplido bien con mi promesa de no volver a beber bebidas embriagantes. Nunca he vuelto a emborracharme, pero de tanto en tanto he cedido a la tentación de beber una copa de algo fuerte, y ahora siento que he estado defraudando a Jehová. Mario: - Es cierto, Felipe; has estado contristando al espíritu santo. Cuando aprobamos tu bautismo hace dos años, vimos en ti una voluntad fuerte y decidida. Es una pena que te hayas debilitado tanto, pero es una ganancia que tengas una conciencia sensible y que habla claro.

Leonardo: - Tengo una curiosidad, Felipe. Tú nos aseguraste que habías regalado todas la botellas alcohólicas y que jamás volverías a comprarlas, entonces, ¿cómo se explica que hayas estado bebiendo una copa de vez en cuando? Felipe: - Es cierto, mi hermano Andrés se llevó todas las botellas que me quedaban. Pero, ustedes saben que hay un bar en la esquina, que ha estado allí más de treinta años. El dueño me conoce desde la niñez. Ha habido noches en que no podía dormir. Mi cuerpo ansiaba una copa de algo fuerte que le ayudara a conseguir el relax y el deseado descanso del sueño. Ellos cierran después de la medianoche, y yo fui allí, a pedirles algo para beber. Pero insisto en que fue solo de vez en cuando; en realidad solamente cuatro o cinco veces después de mi bautismo, y nunca me emborraché. Don Fermín, el dueño del bar, que conoce mis problemas de antes y me felicitó por el cambio que tuve después de entrar en la verdad, cada vez que he ido me ha dicho: - “No te vendo más que una copa. Aunque quieras más no te lo daré. ¡Una copa y a la cama!

Leonardo: - ¡Fíjate, Felipe! El hombre del bar es una persona de discernimiento. Le diste un mal testimonio sobre tu fe. Tienes que borrar esa mala impresión. Sería bueno que lo visitaras y le agradecieras su ayuda. Llévale algún libro nuestro como obsequio, o una suscripción a Despertad. Asegúrale que nunca
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más tendrá que poner él el límite, porque ahora, la Biblia, y tu conciencia entrenada dirán la última palabra. Mario: - Pídele perdón a Dios por tus trasgresiones. Te faltó confianza en el poder de su espíritu. Si en vez de escuchar a la carne con sus exigencias, hubieras orado fervientemente pidiendo la ayuda de Jehová, habrías vencido la tentación y ahora serías más fuerte espiritualmente.

Leonardo: - Tenemos que marcharnos ahora, porque queremos hacerle una breve visita a la hermana Gómez, que está enferma. Vuelve a llamarnos cuando tengas necesidad de apoyo espiritual. (Se saludan estrechándose las manos. Los ancianos se van.) ESCENA TERCERA LA TENTACIÓN RECHAZADA. Felipe, sentado en el mismo sillón vuelve a su actitud meditativa. El tentador entra sigilosamente por la izquierda con su bandeja de copas servidas. Tentador: - ¡Mira, Felipe! Aquí te traigo algunas delicias que en otros tiempos te ayudaron a vencer problemas y estados depresivos. Elige la copa que quieras. Tienes whisky escocés; una copa de vino borgoña, añejado en roble por sesenta años, o un vaso de vodka, la tradicional alegría de los rusos.

(Felipe da vuelta la cabeza y hace un gesto de rechazo.) El tentador ríe sarcásticamente. Tentador: - ¡Estás muy despreciativo hoy! Mira este licor verdoso. Es una nueva producción de los franceses que aún no se ha hecho conocer. (Le acerca la copa a la cara) ¡Huélelo; tanto el perfume como el gusto son inolvidables!

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(Felipe se tapa la nariz, mostrando que no quiere probar ni oler ninguna bebida.) El Tentador vuelve a reír con sarcasmo y dice: Tentador: - Ya que estás dispuesto a despreciar todo lo que te ofrezco, al menos bébete esta jarrita de auténtica cerveza alemana. Te dará un buen relax y dormirás a tus anchas esta noche. Así olvidarás las palabras huecas de esos beatos tan gazmoños que vinieron a visitarte antes que yo. ¡Se las dan de puritanos, pero quién sabe cuántas copas beberán ellos a escondidas! (Otra risotada).

Felipe:

(Poniéndose de pie le retruca enérgicamente): - ¡No te permito que los insultes ni los calumnies! Ellos son mis verdaderos amigos, siervos del Dios Todopoderoso. Tú, en cambio, sirves al inicuo Dios de este mundo. Ellos me enseñaron a hallar el gozo verdadero. Las alegrías que tú traes son falsas. Ellos tienen las puertas de esta casa abiertas siempre. Tú debes marcharte por donde entraste, y no volver jamás. ¡ Te lo ordeno! (Señalando hacia la izquierda.)

(El Tentador se marcha por la izquierda con su bandeja) Felipe vuelve a ocupar el sillón. Se queda pensando, con la cabeza inclinada sobre el pecho. Conciencia vuelve a entrar en la escena desde el foro. No hay manchas en su túnica blanca. Avanza con un aire de felicidad, y la cabeza erguida. Se acerca a Felipe y le golpea suavemente el hombro, para atraer su atención. Ella permanece de pie. Conciencia: - Este día ha valido por muchos de mis mejores días, Felipe. Tener paz con Dios es algo maravilloso. Es el camino seguro hacia la verdadera salud mental, como lo dice la Biblia en la carta de Pablo a los Filipenses: “...y la paz de Dios, que supera a todo pensamiento, guardará sus corazones y sus
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facultades mentales mediante Cristo Jesús”. (Cap. 4 :ves. 7). ¿Ves, Felipe? Cuando la mente descansa en la paz de Dios, las perturbaciones de afuera no la enferman ni la desorganizan. En otras palabras, la paz de Dios asegura el buen funcionamiento de las facultades mentales, como dice el apóstol pablo. Ahora, tú y yo tenemos que ponernos de acuerdo. No puedes seguir defraudándome. Yo quiero cumplir con mi asignación como guía y consejera tuya, pero tus contradicciones y tus estrategias me han hecho sentir muY mal. Tenemos que ser amigos y cooperar juntos en el trecho que falta hacia el nuevo mundo. Felipe toma las manos de Conciencia y las besa con emoción. Luego deja que su cabeza descanse sobre ellas, mientras suena la música del cántico 159. FÍN

Alef Gimel

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LA FIESTA DEL CORAZÓN
...”El que es bueno de corazón tiene un banquete constantemente.” Proverbios 15:15

No hables de fracasos que dejaron cicatrices y heridas de conciencia. Jehová invita a un banquete insuperable, que jamás fue igualado por ningún anfitrión. No pienses que está lejos, la entrada es accesible; tus pies ya están pisando el primer escalón. La Biblia dice que un corazón bueno alberga en su interior un banquete constante. Allí están los recuerdos más queridos, que adornan las paredes como cuadros brillantes. Verás la mesa pulcra engalanada con flores que no habrán de marchitarse y abundantes manjares celestiales. El agua de la vida jamás ha de agotarse porque surge de eternos manantiales. Allí está tu valiosa biblioteca que guarda pensamientos elevados y la esencia de históricas lecciones. En sus rincones buscas el consuelo adecuado y hallas el equilibrio en tus vacilaciones. Allí está tu esperanza como un ancla segura que te refrena de ir a la deriva. Fulgura como un faro en las tinieblas; Dios la alimenta y la mantiene viva. Aún debemos con los pies descalzos hollar muchos espinos, pero al fin llegaremos al refugio del Reino indestructible, el punto culminante del camino, con la mente serena y clara la visión. El mundo está gimiendo con intensos dolores, pero la fiesta sigue dentro del corazón.

Alef Gimel –Noviembre 01–
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LA MÁS BELLA LECCIÓN DE ECONOMÍA En la mente de Dios todo es armonía, justicia y equilibrio. Él no reconoce pérdidas sin sentido ni bendice el desperdicio. En Su creación, todo se recicla, se renueva, y prueba ser material reutilizable. Por eso Jesús dijo que venía a recuperar lo que se había perdido. El elevado sentido de la economía en el Creador, y la sensatez que exige el aprovechamiento de todo lo que existe, no admitían la destrucción sin recobro del hombre hecho a Su semejanza. “Dios es amor”, dice la Biblia. Cuando Él era el único habitante de la eternidad, sentía la necesidad de alguien en quien volcar el amor que surgía de su corazón, inmenso e insondable para la mente humana. Eso causó que se duplicara a sí mismo creando un Hijo celestial que fuera el primer depositario de Su amor. Ahora, necesitaba un idioma sublime para hablar con este Hijo. Él fue el causante de que existiera el don de la palabra. Las huellas del Hijo de Dios en la historia fueron tan profundas que dividieron dos eras, de modo que, cualquier acontecimiento importante se marca como ¡antes de Jesucristo” o “después de Jesucristo”. Él nos aseguró que, a pesar del odio ardiente de Satanás y su mundo, no perecería ni un cabello de nuestras cabezas. (Lucas 21:17,18). Eso indica que Jehová tiene el control absoluto sobre sus siervos fieles. Cuando sellamos nuestra dedicación con el bautismo, Jehová, el Supremo economista, abre una cuenta de ahorro en el Cielo, a nombre nuestro. Cada obra con la que honremos a Dios figura en esa cuenta. Por eso Jesús nos aconsejó que nos hagamos tesoros en el cielo. Respaldados por ese generoso crédito están nuestros más queridos deseos. (Salmo 37:4). Él también, como su Padre, recalcó el valor de la economía. Cuando multiplicó siete panes y algunos peces para alimentar a una gran multitud que lo había seguido para oír sus maravillosas palabras, él mandó a sus discípulos que recogieran lo que había sobrado, a pesar de que cualquier cantidad de alimento podía brotar milagrosamente de sus manos.
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Jesús también nos enseñó la manera correcta de evaluar las cosas, ya que todos los reinos del mundo, cuando le fueron ofrecidos, no eran una moneda de suficiente valor para comprar su adoración. Hubo un tiempo en que a Dios le pesó en su corazón haber creado al hombre. (Génesis 6:5-7). Esto fue cuando la violencia y la maldad llenaron la tierra antes del diluvio. Pero, desde que Abel fue aprobado como el primer Testigo de Jehová, quedó fundado el mundo de la humanidad, que necesitaba un redentor. Jesús reconoció este hecho cuando les dice a las ovejas que están a su derecha: “Vengan, ustedes que han sido bendecidos por mi Padre, hereden el Reino preparado para ustedes desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34). Ese Reino sólo podía ser posible si se removía la condenación de muerte heredada por los descendientes de Adán. Se necesitaba el sacrificio de un hombre perfecto que donara su derecho a la vida para cubrir la deuda que Adán dejó ante la justicia divina. Eso causó que Dios enviara a su Hijo en forma humana, aún sabiendo que el odio de Satanás se manifestaría violentamente contra él, causándole la muerte más dolorosa y humillante, que se daba a los peores delincuentes. Él en persona, resultó ser la más bella lección de economía. Su sangre derramada pagó el rescate de la humanidad. Su cuerpo perfecto lo hizo el sustituto de Adán, sacrificado con la muerte que Adán había merecido. Su voz colmada de mensajes del Cielo, nunca pudo ser invalidada ni olvidada. Sus huellas en la historia no pudieron ser borradas a través de los siglos. Nada fue superfluo; no hubo desperdicio. Todo resultó ser un cálculo insuperablemente exacto del Supremo Economista que creó el Universo.

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Crucifixión (O LA MUERTE EN EL MADERO) Traducido del diccionario bíblico de Smith (en inglés) “El momento más doloroso llegaba cuando el cuerpo debía ser elevado al madero que yacía en el suelo. Las manos y los pies eran traspasados con clavos largos, de hierro, que adherían el cuerpo al madero. Así, el cuerpo pendía de cuatro heridas, sostenido solamente sobre una pieza de madera saliente, a manera de asiento, que se elevaba en el centro del madero, para evitar que la carne se rajara en las manos y pies y el cuerpo cayera. Entonces, el madero era levantado y encajado en un pozo para sostenerlo en alto. Los pies quedaban casi sobre el suelo, al alcance de cualquiera que quisiera herirlo. Esta clase de muerte parece incluir todo lo más horrible que el dolor y la muerte puedan incluir: mareos, calambres, sed, hambre, somnolencia, fiebre traumática, tétano, vergüenza pública, tormento continuado, la intensa mortificación de las heridas; todo esto estando consciente de lo que sucedía alrededor, pues no era suficiente para aniquilar el cuerpo en la inconsciencia. Las manos laceradas y los tendones traspasados, las heridas engangrenándose gradualmente, las arterias, especialmente las del estómago y la cabeza, hinchándose oprimidas por la supe afluencia de sangre, y todo esto se unía el sufrimiento de una sed ardiente y devoradora” ........................................................................ Esta fue la muerte que nuestro amado Rey del nuevo mundo aceptó y sufrió para redimirnos.

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LA PUERTA INHÓSPITA Sofía había quedado viuda con cuatro hijos cuando tenía solo treinta y cinco años. Pocos meses antes de la muerte de su esposo, una publicadora del Reino había iniciado un a ruta de revistas con ella. Al enterarse de la triste noticia, la publicadora empezó a detenerse y conversar sobre las verdades bíblicas con ella cuando le llevaba los nuevos ejemplares. Pronto estableció un estudio bíblico incluyendo a los niños, el cual era esperado y disfrutado por todos. Los años pasaron trayendo cambios, progresos y sorpresas, como es natural que suceda. Sofía y Boris, el mayo, se bautizaron en la misma asamblea. Marta y Amalia se bautizaron un año después, y luego emprendieron el precursorado regular juntas. Aurelio, el menor, el menos comunicativo y equilibrado de los cuatro, el que parecía estar lleno de complejos y reservas mentales, se bautizó a los diecisiete años. Sofía no estaba segura de que su decisión viniera del corazón. Daba la impresión de que quería seguir a la familia, y no desentonar con la posición firme y decidida de su madre y sus hermanos. En uno de los estudios de libro que tenían lugar en casa de ellos, el conductor había comentado que el principio “Dios ama al dador alegre”, no se refería solamente a dar cosas materiales con alegría al que las necesitaba, sino también a darse a uno mismo con gozo Dios. Aurelio se había quedado pensativo, como si estuviera autoanalizándose. Otro detalle que a Sofía le preocupaba era que Aurelio siempre deseaba estar en otra parte, como si estuviera huyendo de algo, o buscando algo que huía de él. Poco antes de su bautismo, Aurelio había buscado la oportunidad de tener una conversación muy confidencial con su madre. Necesitaba hablar de algo que pesaba en su conciencia. En casa de sus tías, dos hermanas mayores que Sofía, trabajaba una muchacha joven, Rosaura, que se encargaba del quehacer doméstico. Aurelio se había fijado en su inocencia, en su falta de malicia, y empezó a cortejarla, no porque estuviera enamorado de ella, sino para probar sus aptitudes como galán. Rosaura, en su falta de experiencia, lo había tomado en serio. Sabía que ella no era atractiva como tantas jóvenes modernas. Su ropa, casi siempre regalada por sus primas porque estaba muy usada o pasada de moda, no le daba ningún realce a su figura. Ella no se sentía capaz de atraer la atención de un joven de buena presencia, que se expresaba con fluidez, como Aurelio.
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¿Sería esta novela de amor un regalo de esa fuerza poderosa que la gente llamaba destino? ¿Sería una compensación del cielo por su pobreza, por su falta de escolaridad, y lo poco que su familia había podido brindarle? Si huía de él, ¿no estaría despreciando la mejor oportunidad de su vida?. A medid que pasaba el tiempo, esos pensamientos e convirtieron en herramientas de demolición que fueron reduciendo a la nada su resistencia, y al final terminó entregándose a él sin más reservas. Salieron juntos varias veces en el día libre de ella. Aurelio empezó a asustarse de la intensidad de los sentimientos de la muchacha, y comprendió que era mejor, aunque cruel, empezar a retroceder, y al fin, desengañarla del todo. Un día le dijo francamente, que le pedía perdón por el daño que le había hecho, pero que quería dejar en claro que esa relación había sido para él simplemente una aventura, un escape que habían tenido sus impulsos juveniles, un entusiasmo pasajero, sin verdaderas raíces. Después de eso, Rosaura había estado enferma con una depresión grave que no le permitía seguir trabajando. Las tías, seguras de que él era la causa, fueron a visitar a Sofía para hablar muy en serio con Aurelio. No perdieron la oportunidad de recalcar que Sofía y sus hijos habían abandonado el catolicismo porque, según decían, no habían encontrado allí la verdad, pero, pero la conducta de Aurelio no le hacía ningún honor a la nueva religión de la familia. Sofía se preocupó por la situación de Rosaura. Sabía que su familia era muy pobre. ¿Cómo se las arreglarían sin el sueldo de ella? Una de sus hermanas dijo: - El sueldo lo van a tener igual, porque la madre, a pesar de tener mucho trabajo en casa con los hijos menores, se ofreció para ocupar el lugar de Rosaura hasta que ella pueda volver a trabajar. Pero van a tener gastos extras, visitas al médico y medicinas. Sería muy bueno si ustedes cooperaran para ayudarlos. -Por supuesto, así lo haremos. Aurelio está muy arrepentido. Sé que no puede decir nada que lo disculpe. Pero él no es un indolente de conciencia atrofiada; admite que ha procedido mal. No buscó consejo ni guía en nuestros anciano de congregación antes de cometer el daño. Simplemente se dejó llevar por sus alocados impulsos juveniles. Le faltan madurez y equilibrio. Después de esto Aurelio habló con los ancianos. Ellos vieron su sincero arrepentimiento y trataron de calmarlo asegurándole que su grado de responsabilidad no era tan grande como el de alguien que ya se hubiera bautizado. Le dijeron que pidiera perdón a Dios fervientemente y confiara en su misericordia. Uno de ellos comentó: - te hubieras ahorrado muchas penas si no le hubieras dado tanta importancia a tus gana de vivir y de sentirte hombre.
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Otro le dijo: - si estuviéramos viviendo en los días de Moisés, cuando el pacto de la ley estaba en vigencia, no podrías haber abandonado a es muchacha, porque el hombre que se adueñaba de una mujer virgen tenía que casarse con ella y no se le permitía jamás divorciarla., porque la había humillado. Puedes leerlo tú mismo en Deuteronomio 22:29 ( y le extendió la Biblia abierta en ese capítulo). Aurelio se bautizó al año siguiente,. Aparentemente todo marchaba bien, aunque su ministerio no era tan saludable como debía ser. Sabía que era su deber predicar las buenas nuevas, como los demás miembros de la congregación. Pero debía empujarse a sí mismo cada domingo para salir. Frecuentemente recordaba el reproche de sus tías católicas, que habían tenido razón al decirle que le hacía poco honor a la nueva religión de su familia. Cada tanto se sentía golpeado nuevamente por las palabras del anciano que le señaló que bajo la ley de Moisés no podía haber abandonado a Rosaura después de haberla humillado. Buscando paz para su corazón inquieto, trató de justificarse ante su madre: -Mamá, tú y la tías me echan la culpa a mí y sientes lástima por ella. Yo sé que procedí miserablemente. Pero, si ella se hubiera mostrado ofendida o alarmada por mis requerimientos, podía haberme hecho retroceder y ganar mi respeto, y hoy yo le estaría muy agradecido. Pero , no mostró resistencia ni intención de luchar. - Es verdad Aurelio, la culpa no puede ser sólo tuya. Uno siente lástima por ella a causa de su humildad y su falta de preparación para luchar y hacerse valer. No resultó ser un muro firme, como la sulamita la resistir el asedio del rey Salomón, sino una puerta sin tranca que uno la empuja y lo deja pasar, como la ilustración que usan los hermanos de la sulamita en el Cantar de los Cantares. (Cap. 8:9) Tres años después de su bautismo, Aurelio empezó a hablar de su deseo de conocer el norte del país. Un joven de la congregación lo había invitado a pasar el verano en una finca campestre de sus tíos junto con él y ayudarlos en las cosechas. Estaban solos a la hora de la cena y Sofía sacó a luz el tema:

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- Otra vez estás en planes de viaje, Aurelio. Parece que hay un desasosiego dentro de ti que siempre te quiere llevar más lejos. - Tengo veinte años, mamá. Es natural que desees conocer otros lugares, otros paisajes. Eso no quiere decir que estoy huyendo de la familia. No tardaré en volver. - Dijiste que si encuentras allá un trabajo que te guste te quedarías un buen tiempo. - Sí, lo dije, pero no debes preocuparte tanto. Ahora hay congregaciones en todas partes, y mucho territorio para servir a Dios. - Es verdad, Aurelio. Pero, lo que más me inquieta es que das la impresión de estar haciendo todo maquinalmente. Te falta gozo. Ese es el segundo de los frutos del espíritu, y si no lo cultivamos no nos sentiremos bien en ningún lugar. Pienso que no lo tienes porque no te has librado de los malos recuerdos. En el libro de Isaías dice que, aunque nuestros pecados sean como escarlata, pueden volverse blancos como la nieve. - No sé si uno puede librarse del todo de los malos recuerdos, mamá. Con el pasar del tiempo duelen menos porque la herida cierra, pero la cicatriz queda. - Probablemente, la causa principal de tu desasosiego, Aurelio, es que no te has entregado a Dios; no estás confiando en su perdón. Por eso has dicho a veces que no te sientes limpio ante Jehová. - Hace tres años, cuando me bauticé, pensaba que le estaba entregando el corazón a Dios, mamá. - El bautismo muestra que deseamos que Dios disponga de nosotros y nos use según su propósito. Es una demostración externa, pero a la vez debe suceder algo interno, una resolución íntima que estabiliza nuestra relación con Dios. Eso es en verdad nuestra dedicación. - No caviles tanto, mamá. No tengo la intención de descarriarme de vuelta, ni de apartarme de Jehová. Tengo mis luchas, pero no me doy por vencido. Te ruego que ores por mi y esperes. Algún día voy a madurar como cristiano. Lamento no tener una fe tan bien fundada como la tuya. Sofía no pudo seguir hablando. Dijo “hasta mañana” con un nudo en la garganta. Comprendía que Aurelio estaba en un posición peligrosa, guardando apenas el equilibrio espiritual. Pronto estaría a varios cientos de kilómetros, y no sería fácil seguir ayudándolo y estimulándolo para todo lo bueno. La tranquilizaba la idea de que estaría alojado en un hogar teocrático y en buena
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compañía. Pero, allá sería el mismo muchacho retraído, que daba la impresión de estar haciendo todas las cosas sólo con la mitad del corazón. Estaba desvelada, su mente trabajaba sin descanso volviendo una y otra vez a los mismos pensamientos. Decidió decirle a Aurelio en una carta, lo que le sería difícil decirle personalmente, y esconderla en su portafolio para que la leyera cuando estuviera lejos. Querido hijo: Mañana, cuando salga el sol, te irás de nuevo, no sé por cuánto tiempo. Te voy a extrañar mucho, como las otras veces. Aunque eres el más callado y retraído de los cuatro, el solo verte en algún rincón de la casa, leyendo junto a una lámpara, es para mí una compañía. Aunque no hables, tu presencia me hace bien. En la conversación que tuvimos anoche, después de la cena, me dijiste que lamentabas no tener una fe fuerte como la mía. Jesús dijo que si tuviéramos una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrías llegar a convertirse en un árbol grande y sano. También nos aseguró que la fe sincera puede trasladar montañas. Pienso que no se refirió solamente a las montañas que el mundo y su amo tiránico, Satanás, ponen en el camino del pueblo de Dios, sino también a las que dejan una sombra amenazadora en nuestros pensamientos, haciendo revivir los recuerdos que nos humillan. Quiero contarte una anécdota que leí en una revista de arte. Contiene una lección que te puede ayudar. Se trata de un pintor contemporáneo que presentó un sugestivo cuadro en una exposición, que se titulaba acertadamente, “la luz del mundo”. Representaba a Cristo en un jardín a medianoche. Jesús está sosteniendo una lámpara encendida con la mano izquierda, mientras con la derecha llama a una pesada puerta. El día en que se presentó la obra, había varios críticos de arte presentes. Uno de ellos se acercó al artista y le preguntó: -Seños Hunt, ¿ por qué no ha terminado el cuadro? El pintor contestó: -Está terminado. -Pero no hay ningún picaporte en la puerta,- dijo el crítico. El artista explicó: - Esa es la puerta del corazón humano, que sólo puede ser abierta desde adentro. ¿Comprendes; Aurelio, lo que eso significa? La puerta del corazón no se abre automáticamente ante los pies del que llega, como sucede en la grandes tiendas y en los hoteles. Los que llegan a ser amigos íntimos no pueden entrar en nuestro corazón si no les abrimos desde adentro porque deseamos que sean
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nuestros huéspedes. Lo mismo sucede en nuestra relación con Dios. He pensado mucho en ese desapego que sientes, esa sensación de vacío que hay entre ti y el Dios Todopoderoso, que te hace sentir que no mereces acercarte a Él. Jehová ha estado llamando a tu corazón, pero tú has sido mezquino para abrirle. ¿esperabas que él forzara la entrada, o tratara de entrar por una puerta trasera? Dios no se introduce en el corazón de nadie sin su consentimiento. El no quiere adoración forzada, como la que exigen los dictadores mundanos. No sé si me equivoco, pero tengo la impresión de que te sientes como un espectador en la marcha del propósito de Dios, y no como una parte activa de él. Jehová nos dice en Proverbios 23:26: “Hijo mío, de veras dame tu corazón”. Tenemos que ofrecerle el corazón de buena gana. Tu corazón traicionero todavía te condena a pesar de que Dios te ha perdonado. Pero no tiene autoridad para hablar más alto que Dios. En 1 Juan 3: 19 y 20 leemos: -“” En esto conoceremos que nos originamos de la verdad, y aseguraremos nuestro corazón delante de él en cuanto a cualquier cosa en que nos condene nuestro corazón, porque Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas”. ¡Cómo deseo algún día, verte lleno de gozo, confiado en el perdón de Jehová, con la seguridad del hijo que se siente amado por su Padre celestial, y aceptado sin reservas! Seguiré orando por ti esperando ese día feliz. Tu madre Aurelio llamó a Sofía por teléfono para decirle que había llegado bien, que le gustaba mucho el campo y que iba a ser un placer participar en las cosechas. Al despedirse le dijo: - Muchas gracias por la carta, mamá. Fue una linda sorpresa. Cada tantos días volvía a llamarla y preguntaba por todos. Siempre les decía que los extrañaba y que no se quedaría lejos mucho tiempo. Un par de meses después de su partida, Aurelio le envió a su madre una respuesta escrita a la carta de ella. Después de alguno comentarios sobre el trabajo del campo, decía: “¡Gracias mil veces por tus palabras, mamá. Siempre das en la tecla!. Me has hecho ver claramente que yo soy el único responsable de que mi relación con Dios haya sido fría y lejana. Lo he hecho esperar abusando de su misericordia, delante de una puerta inhóspita, que sólo podía abrirse desde adentro. Le estoy pidiendo perdón en mis oraciones por haberlo tratado
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durante tantos años, no como un amigo íntimo, sino como un simple conocido al cual uno no sabe bien si es prudente dejarlo pasar más allá del umbral. He llegado a comprender como nunca antes, el alcance de las palabras de 1 Juan 3:21: “Amados, si nuestro corazón no nos condena, tenemos franqueza de expresión para con Dios”. Y las significativas palabras del versículo anterior: “Dios es mayor que nuestro corazón y conoce todas las cosas”. Hoy veo claramente que cuando Dios nos asegura su perdón, pero el corazón sigue hablándonos en tono condenatorio, debemos escuchar a Dios porque Él tiene el derecho de decir la última palabra y a hablar con más autoridad que nuestro corazón imperfecto. Por fin siento que la comunicación con Jehová es un privilegio cálido y consolador. Te agradezco mucho esa carta que me ayudó a mí mismo a mirarme por dentro, y reprender el corazón cuando intenta convertirse en un verdugo. Le haces honor a tu nombre que significa “Sabiduría”. Volveré a casa dentro de un mes. Los quiero mucho a todos, y la ausencia me ha ayudado a comprobarlo una vez más. Aurelio

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LA SOMBRA DEL CONSPIRADOR Para Víctor Montealegre, un jovencito colombiano que ama el camino de Dios. Hubo una frustrada rebelión en Costa Dorada, desafiando al gobierno legítimo, que fue largamente recordada por sus lamentables consecuencias. Después de eso, el nombre de Apolo Espinosa, el insensato cabecilla de la sublevación, llegó a ser una triste leyenda, un tenebroso proverbio que andaba de boca en boca en una extensa región. Apolo Espinosa estuvo varios años escapando de los que buscaban su vida; lejos de su familia porque la tenían vigilada; lejos de los que habían apoyado el fracasado intento. Obligado a ir cada vez más lejos, porque siempre surgía alguien que lo reconocía, envejecido y enfermo, una noche se envolvió en su poncho y se acostó bajo un árbol para no volver nunca a levantarse. Llevó el nombre del dios del sol en la mitología griega, pero ningún sol disipó las tinieblas de su mente. Su apellido resultó profético, porque la senda eligió resultó realmente espinosa. Sus hijos, José y Pedro, se sintieron casi anulados bajo la fama triste de su padre. No tenían mucha ambición de emprender cosas o de triunfar en algo. Cuando la gente leía ese apellido muchas veces preguntaba: -Espinosa...¿tienen algún parentesco con el de la revolución? Pero el tiempo desgasta y aquieta las cosas. O, como dice el refrán, se asienta la polvareda. En la siguiente generación se hablaba muy poco de Apolo Espinosa. Pero los dos hijos varones de José y los tres de Pedro, tenían la obsesión de irse lejos de su provincia, donde el recuerdo del polémico abuelo y de sus frustradas ambiciones no fuera un obstáculo que les ensombrecieran la vida. Pero, no fue tan fácil como ellos pensaban. Cuando buscaban trabajo, la gente mayor reparaba en el apellido y les hacía preguntas. -¿Ustedes nacieron en Costa Dorada? ¿Hay gente por allí que todavía se inclina por las ideas de Apolo Espinosa...¿ustedes piensan que algún día se
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formará un partido político que imponga las ideas de él? Si así fuera el caso, ¿volverían ustedes a Costa Dorada para ayudar a lleva al triunfo los ideales de su antepasado? Apolo Espinosa no había llegado muy lejos con sus planes subversivos, pero su sombra se había extendido sobre una vasta región. Sus nietos anduvieron mucho, pero sólo conseguían trabajos temporarios y mal pagados. Algunas personas los miraban con compasión. Era visible que se trataba de jóvenes de buenos sentimientos, y respetuosos de los demás, que deseaban vivir una vida útil. Pero, en el fondo surgía la odiosa duda. ¿Y si estuvieran ocultando sus verdaderas intenciones y quisieran ganar la confianza de la gente para conseguir nuevos apoyadores de aquella aborrecida causa? Al salir de un pueblo donde nadie les dio trabajo, tuvieron que hacer un largo rodeo para llegar al próximo, porque unos campesinos les advirtieron que en el camino habitual había dos perros rabiosos que se escondían entre la maleza y atacaban a los caminantes. Cuando estaban cerca de la pequeña República Solidaria, algunos les aseguraron que sería un acierto solicitar residencia legal allí, pues necesitaban obreros con distintos oficios como los que ellos tenían: electricistas, carpinteros, plomeros y albañiles. Caminaron dos días para llegar a la frontera, exhaustos de cansancio. Se notaba que habían andado mucho y se habían alimentado mal últimamente. Aquella pequeña República exigía de los inmigrantes cierta suma de dinero a fin de concederles un permiso de residencia temporaria. El dinero les sería devuelto al partir, o en caso de concederles la radicación definitiva, porque la calidad de su trabajo era una ventaja para el país. Los nietos de Apolo Espinosa apenas habían conseguido dinero para sobrevivir en aquel largo peregrinaje infructuoso. Desalentados y deprimidos, se alejaron de aquella frontera. Cerca, se veían algunas granjas muy bien cuidadas. Uno de ellos dijo: -Los campesinos son por lo general, gente hospitalaria. Podríamos explicarles nuestra situación y pedirles que nos permitan descansar esta noche porque no estamos en condiciones de seguir viaje después del esfuerzo que hemos hecho para llegar hasta aquí. Llamaron a la granja más cercana, y poco después se hallaban ante un fogón encendido, conversando con el dueño de la finca, el capataz y algunos
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peones, que los reconfortaron con una buena comida y les concedieron alojamiento por varios días, si deseaban quedarse. Escucharon con interés la historia que los había inducido a abandonar su provincia y a lanzarse a la aventura por los caminos del mundo, por demás hostil e indiferente. Aquella buena gente creyó en la sinceridad de ellos y les dieron el mejor consejo que habían recibido hasta el momento. El patrón les dijo: - Lo que ustedes deberían hacer es pedir refugio en Reino Invicto. Allí viven mis dos hijos y varios conocidos nuestros que recibieron grandes desilusiones en este mundo. Es un país único, bendito de Dios. Allí no le exigen dinero al inmigrante, pero quieren asegurarse de que no están refugiando gente indigna. No les interés tanto lo que uno fue o lo que hizo en el pasado, pero sí lo que quiere hacer de allí en adelante. La dirección de inmigraciones cuenta con el servicio eficaz de varios sicólogos que tienen varias conversaciones privadas con el que quiere radicarse, Durante algunos, meses una persona está asignada a estudiar la Ley y la historia del país con el futuro residente. De esta manera escudriñan la sinceridad y los motivos que lo llevan a uno a querer ser un nuevo ciudadano en Reino Invicto. - Una vez admitido, se preocupan de sus necesidades, alojamiento, trabajo, y compañerismo edificante, pues desean que cada habitante del Reino sea feliz. Mi esposa y yo estamos considerando solicitar residencia permanente allí, para estar junto a nuestros hijos y algunos amigos muy apreciados, y sentirnos verdaderamente protegidos. -Me imagino que nadie deseará abandonar su lugar en esa tierra, comentó uno de los muchachos Espinosa. - Eso sería lo más sensato, -dijo el patrón. – Pero, sin embargo, algunos salen y no vuelven. Les parece que el mundo afuera tiene mucho que ofrecerles y se lo están perdiendo. Dejan un maravilloso jardín de paz y se condena a seguir andando en sendas espinosas. Nosotros vamos a ver cada tanto a nuestros hijos y amigos, y les llevamos algunos productos de la granja. Tenemos un viaje planeado para dentro de días. Si ustedes quieren explorar esa excelente posibilidad, pueden venir con nosotros en nuestros coches tirados por caballos. Llegar a la anchas puertas de Reino Invicto, fue el punto de viraje tan deseado en la vida de aquellos jóvenes. Allí, la sombra del conspirador perdió su nefasto poder. Todos lo que les habían anticipado resultó ser verdad, una magnífica compensación por tantas desilusiones anteriores.
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UNA PROFUNDA GRATITUD HACIA EL Creador de todas las cosas rebalsaba el corazón de ellos. Por fin sabían lo que significaba el gozo de vivir. Ustedes, adolescentes y jóvenes, son los últimos retoños del peor conspirador que ha existido, Adán, quien quiso cambiar el arreglo legítimamente establecido por Dios en la tierra, y nos dejó desheredado, sin derecho a la vida, por ser los hijos de un condenado a muerte. La prole de Adán ha vagado seis mil años por la tierra, experimentando todas las desilusiones y todos los fracasos. Sólo unos pocos han tenido el gran beneficio de ser amigos de Dios y disfrutar de la invalorable paz con Dios. A pesar de estar en un mundo hostil, llegaron a ser ciudadanos de un reino invicto que gobernará la tierra para siempre y jamás será derrotado ni sometido a esclavitud por un gobierno enemigo. Ese reino, es el mayor regalo que podemos recibir de nuestro Creador, basado en el sacrificio de redención de su Hijo, que entregó una vida humana perfecta para cancelar la deuda en contra de nosotros, dejada por aquel Adán, hermoso y fuerte como el Apolo ideado por los griegos, y librarnos de las sendas espinosas que el trazó.

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LA VERDAD NO NECESITA ADORNOS Los hechos más significativos de la historia han tenido lugar en escenarios muy sencillo. El Rey más glorioso que ha nacido en la tierra y reinará sobre ella por mil años, no nació en un palacio ni tuvo una cuna de oro. Como descendientes del rey David, José y María tuvieron que ir por un censo a Belén, donde estaban los primitivos registros de la familia. La ciudad estaba repleta de visitantes que habían concurrido a Belén para censarse y no había alojamiento disponible. Un hombre, compadecido por la avanzada gravidez de María, les ofreció un pesebre, para que no pasaran la noche a la intemperie. Allí, ante la mirada imperturbable de las bestias domésticas, que no entendían que eran testigos de un acontecimiento que cambiaría el curso de la historia., nació como humano el primer ángel creado, que llegó a ser el único arcángel, el jefe supremo de todos los ángeles. Sus padres terrenales eran pobres. No pudieron ofrecer una oveja una oveja en sacrificio a Dios por el nacimiento del primogénito, como pedía la ley de Moisés. Ofrecieron dos tórtola en cambio. (Levítico 12:6-8) El sermón más importante que jamás se ha pronunciado, fue dicho en la ladera de un monte. Cuando Jesús se presentó al pueblo de Jerusalén como el rey designado por Dios, cabalgó en un asno sin adornos. La resurrección más significativa ocurrió junto a un sepulcro común en Betania. Lázaro llevaba enterrado cuatro días y eso nos dio la seguridad de que Dios no necesitaba encontrar un cuerpo sin deterioro para devolverle la vida, como en los casos anteriores. Jesús celebró la última cena en un simple cuarto, de una casa común. Allí instituyó el memorial de su muerte, y dejó claro el inmenso valor del rescate que se disponía pagar. Sin pompas ni manifestaciones asombrosas, apareció por última vez a sus discípulos en una montaña en Galilea, y les aseguró que estaría con ellos todos los días, hasta el fin de este agobiante mundo de hoy.

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Las Tres Columnas de la Eternidad
Los tres se conocían desde siempre, por no tener principio no tenían edad. Sin un mañana que los limitara, sin un final que los amenazara, eran únicos dueños de toda la verdad. El Tiempo, a la sombra de Dios acurrucado, como un animal fiel que ama a su dueño, calculaba los siglos y las eras; quería darle un sentido a todos los milenios. El Espacio, absorto en completo sosiego, indagaba el porqué de su inmenso vacío y soñaba con algo que adornara la nada dándole a la carencia movimientos y bríos. Jehová, Alfa y Omega, con sus inseparables compañeros, el Tiempo y el Espacio, dirigiendo la siembra, bendiciendo la siega, han levantado un pueblo que es fiel a la verdad. Siempre habrá para ellos tiempo, espacio y propósito, y el fluir infinito del amor de Jehová.

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LOS “OSOS” QUE SIEMPRE AYUDAN No permitas que el mundo te confunda con sus viejas preguntas sin respuesta. No hallarán la salida a sus problemas en el tiempo medido que aún resta. Eleva al cielo ruegos fervorosos que te guíen a sabias decisiones. Busca contentamiento en el dar generoso, pues Jehová lo devuelve en bendiciones. Que tus pies se adelantes presurosos hacia el deber sagrado que te espera. Que tu andar sea seguro y provechoso, y en medio de la turba vocinglera, tu corazón se abstenga silencioso. Rechaza las torcidas objeciones, y usa tus argumentos ingeniosos, exaltando verdades inefables que vindican al Todopoderoso. Sus ojos con ternura nos vigilan y miden el valor de nuestros pasos. El camino de Dios es luminoso, no habrá de terminar en un fracaso. Que todos estos “osos” te acompañen en tu marcha triunfal hacia la vida, y veas el sublime cumplimiento de las promesas más apetecidas.

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LOS PANIAGUADOS DEL REY SUPREMO

(2 Págs.)

¿Te suena extraña esa palabra? No la inventé yo; está en el diccionario. Ahora rara vez se usa, pero era común en la antigüedad. Incluye dos palabras vitales: pan y agua. Se refiere a los servidores leales de las más altas autoridades, especialmente los reyes, a los cuales éstos les aseguraban su alimentación, albergue y protección mientras siguieran prestando servicio fielmente. Pan y agua son dos palabras que, aunque no tienen mucho significado literal para los ángeles, pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para los humanos. Pan y agua son dos palabras maravillosas para nosotros, tanto en su significado literal como simbólico. La palabra pan en la Biblia se refiere a toda clase de alimento material. Millones que ahora rehúsan el pan espiritual y el agua de la verdad, son simplemente muertos que andan. Al maná que mantuvo vivos a los israelitas en el desierto, en camino a la Tierra prometida, se le llamó “el pan del cielo”. Jesús, el Hijo de Dios que nos mantendrá vivos para siempre mediante el pago del rescate que nos libra de la condenación adánica, habló de sí mismo como “el pan de la vida” y “el pan del cielo” que Dios nos enviaba.- Juan 6:32-35 David, como todos los reyes, tuvo sus Paniaguados. Uno muy querido por él fue Mefibóset, hijo de su entrañable amigo Jonatán y nieto de Saúl. Cuando llegaron a Jerusalén las noticias de la muerte de Saúl y sus hijos, la nodriza de Mefibóset se llenó de pánico, pensando que también buscarían al niño para matarlo, y huyó con él. En la huida, el niño, que entonces tenía sólo cinco años, cayó y quedó definitivamente lisiado de ambos pies.- 2 Samuel 4:4 Pasados algunos años, David quiso mostrar bondad a cualquier descendiente que quedara de Saúl. Entonces, trajeron a Mefibóset ante el rey y él le asignó los campos que habían sido de Saúl, su abuelo, y los siervos que los seguían cuidando y cultivando. Aunque Mefibóset ahora no era un hombre pobre ni desamparado, David quiso tenerlo ante él, en su casa real hecha de cedros, sentándose a la mesa con sus hijos, en honor a la amistad que lo había unido a su padre, Jonatán. Cuando Jehová llamó a Moisés a la cumbre del Sinaí para darle los mandamientos de su pacto con el pueblo de Israel, Moisés tenía ochenta años. Él no preguntó si habría agua para beber es esa altura, o si habría alguien allí preparando pan para que él no muriera de hambre. Sin embargo, realizó el agotador ascenso hasta la cumbre y permaneció allí cuarenta días y cuarenta
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noches, sin comer ni beber, sustentado por el poder milagroso de Jehová. Es una experiencia que ningún humano se atrevería a intentar en sus propias fuerzas.- Éxodo 24: 16-18 En los momentos más significativos de su historia, el pueblo de Dios se sostuvo físicamente con alimento sobrio. No había mucha variación, ni bocados deliciosos. Para no cansarse del maná era necesario tener un enfoque espiritual de la situación. El maná era un don del cielo para asegurarles las supervivencia. Aún así, los que no tenían un punto de vista espiritual elevado del capítulo de historia que estaban viviendo, empezaron a sentir lástima de sí mismos, y por lo que habían dejado atrás. Añoraban el sabor fuerte de los pepinos y los puerros, los ajos y las cebollas que eran comunes en Egipto. El maná, de gusto suave y dulzón, no les producía las mismas sensaciones. (Números 11:5,6). Parecía que la esclavitud con comida variada, reamas deseable que la liberación solo con maná. Dios les hizo algunas concesiones misericordiosas. Clamaban por carne, y el desierto se llenó de codornices. A pesar de eso, no se avergonzaron de su rebeldía. Por esa causa, un viaje que debía haber durado unos pocos días, se convirtió en un viaje de cuarenta años. Cuando Elías, huyendo de la ira de Acab y Jezabel, se refugió junto al torrente de Kerit por mandato de Dios, Jehová le aseguró su pan y su agua. En las mañanas y al atardecer, un cuervo le llevaba una porción de pan, y bebía del agua del torrente. Con ese alimento tan simple se mantuvo vivo hasta que el torrente se secó a causa de la gran sequía con que Jehová estaba castigando a Israel. Entonces, Dios le ordenó ir a Sarepta, a casa de una viuda donde podría hospedarse. En todos estos casos, vemos que Jehová no premió la fidelidad y el aguante de sus siervos con una abundancia de alimento para mimar la carne. Lo mismo podemos observar cuando su pueblo sufre por desastres naturales, o al verse rodeados por conflictos bélicos. Tienen que soportar privaciones y escasez de las cosas necesaria., pero la mano amorosa de Jehová se hace sentir a favor de ellos. Ven el constante cumplimiento de la maravillosa profecía de Isaías 33: 15 y16, dirigida a toso los que siguen un camino justo a los ojos de Dios, que concluye con esta afirmación: “Su propio pan ciertamente se les dará; su abastecimiento de agua será inagotable”. Luego, cuando llegue el tiempo de disfrutar los triunfos irreversibles de Jehová en el nuevo mundo, se hará realidad el gran banquete literal que Dios promete a Su pueblo en Isaías 25:6, con majares nutritivos y vinos añejados. Se harán realidad las palabras de Joel 3:18 :
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“Y en aquél día tiene que ocurrir que las montañas gotearán vino dulce y las colinas mismas manarán leche y los cauces mismos de Judá manarán agua. Y de la casa de Jehová saldrá un manantial, y tendrá que regar el valle torrencial de los Árboles de Acacia”. En ese tiempo feliz, los paniaguados del Rey de la Eternidad evocaremos con gozo estos días de bocados sobrios y medido, y nos regocijaremos profundamente por no haber estado entre los inconstantes que abandonaron la mesa de Jehová para ir de vuelta al mundo en busca de sus últimos ajos y cebollas.

Alef Gimel
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Los tiempos cambian
Cuando mi abuelo era chico, Montevideo era joven y lentamente crecía. Desde el Cerro hasta la aduana lo atravesaba el tranvía. La misma gente viajaba a trabajar cada día, y al ascender saludaba, y al saludar sonreía. El cine estaba colmado en la tarde del domingo, y era la gran diversión por cinco horas corridas. Iba la familia entera; no había televisión. Llevaban mate y bizcochos, dos termos de agua caliente. Chaplín los hacía reír. Tarzán los tenía chochos. El mate iba y venía. ¡Cómo gozaba la gente! ¡Cuánto amor había en los barrios! La amistad entre los vecinos creaba lazos muy fuertes. Se compartían los gozos. Todos iban a las bodas y todos lloraban juntos cuando atacaba la muerte. Las esposas con esmero se ocupaban de su casa y cuidaban de los hijos. Sólo el padre trabajaba, y un presupuesto prolijo cubría los gastos de todos.
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Las mujeres hacendosas horneaban sus propias panes y hacían durar muchos años los trajes y los gabanes. ¡La vida era tan sencilla! La bondad era palpable y sanas las emociones. ¡Cuántas horas compartidas! Se jugaba sin dinero a la simple e inocente lotería de cartones. Corría el siglo diecinueve... una humanidad serena, cantaba canciones limpias, bailaba valses de Viena. ¡Cómo han cambiado las cosas, setenta veces y pico, desde aquellos lindos tiempos cuando mi abuelo era chico! Pero una esperanza inmensa, con las alas desplegadas, está recitando trozos de la Escritura Sagrada. Luego me dice al oído: -“Lo mejor aún no ha llegado, lo que nadie ha presentido. Allí tendrán vida y forma tus deseos más queridos.”

Alef Gimel
– Agosto 01–

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MEDIO SIGLO EN PUERTO AMPARO La tarde es gris y llueve suavemente, igual que aquella tarde de nuestro bautismo. Siéntate aquí, a mi lado hermana, y ayúdame a repasar aquello lejanos días: un viaje retrospectivo, por los caminos de Dios, le hace bien al corazón. Llegamos con muy poco equipaje. Un ángel de mirada tierna nos señaló la entrada. Su misión era vigilar las sendas espinosas de acceso, por donde llegaban los que buscaban refugio. El aire era puro y limpio adentro. Evidentemente, la gran marea de corrupción que estaba envolviendo al mundo, había quedado más allá de las fronteras. Algunos nos gritaban desde afuera: –No se puede vivir de ilusiones. Ustedes le están dando la espalda a la realidad. Allí, como en todas partes se hablan palabras vacías. Van a volver con mayor confusión y desilusión que antes. El habla necia se diluía sin dejar huellas en nuestra mente. Medio siglo ha pasado y la verdad, tan genuina como el oro, sigue siendo verdad. Aquí aprendimos un nuevo idioma y descubrimos el verdadero significado de muchas palabras que la gente del mundo manosea y deforma. Fuimos formando un diccionario nuevo. Nunca tendremos que cambiarlo, porque el vocabulario de Dios es inalterable. Colocamos en las estanterías nuestra pequeña colección de recuerdos; algunos hechos de la niñez, algunas impresiones imborrables con que nuestros padres moldearon nuestra personalidad. También la imágenes amorosas y ejemplares de los abuelos, y el recuerdo edificante de los maestros, junto con las palabras sabias que resonaron en las aulas. Luego llegó la adolescencia con una mirada penetrante, profunda, que nos mostró otra realidad desconcertante. La segunda guerra mundial y muchos otros rumores y amenazas de guerra. Muchos que deseaban vivir, y defendían con ardor su vida, no le daban ningún valor a la vida de los demás. La Palabra de Dios vino a iluminar nuestra perplejidad. Se oían presagios que hacían doler el corazón. Entonces comprobamos qué milagroso ungüento es la esperanza. Salimos de la tempestad y atracamos nuestro frágil barco en este puerto en calma, al abrigo de la confusión del mundo. Aparte de la pequeña colección de recuerdos, llevábamos un archivo limitado de nombres y retratos, que colocamos en otro estante. Pronto nos asombramos al aprender que un ser maravilloso, que ni siquiera sabía cuándo ni dónde íbamos a nacer, ya había pagado nuestra entrada a Puerto Amparo
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con la sangre de sus propias venas, confiando en que permaneceríamos allí, a cubierto de la sentencia de muerte que habíamos heredado de Adán. Un profundo sentido de gratitud nos ayudó a echar raíces en la tierra bendita del futuro, con el ansia de habitarla para siempre. Vimos multiplicarse muchas veces la población a nuestro alrededor. Multitudes entraron a raudales como un río, buscando respuestas a preguntas punzantes, dolorosas. Eran realmente, un río muerto de sed. De tanto en tanto, alguno se petrifica espiritualmente mirando con anhelo las cosas que abandonó, como la esposa de Lot. Olvidan la sabiduría de Jesús, que nos enseñó que no se puede arar mirando hacia atrás.(Lucas 9:62). Aquella limitada colección de recuerdo que traíamos al llegar, ahora llena varias estanterías, y representa una riqueza incalculable que el paso del tiempo no puede deteriorar. Aquel pequeño archivo de nombres y retratos, ha crecido enormemente, unido a experiencias inolvidables. Cuando flotamos en un mar de sonrisas en nuestras asambleas, cada rostro representa una historia. Están allí porque han luchado arduamente para que ninguna fuerza extraña los sacara de su lugar en el pueblo de Dios. El seguir viéndolos entre nosotros equivale a un certificado de madurez e integridad, un recordatorio viviente de que debemos defender nuestro lugar asignado, viviendo o muriendo. A través de los años y las décadas de este medio siglo, muchas veces hemos comprobado que todo lo innegable, lo noble y lo beneficioso, lo que nunca cambia, gira alrededor del nombre de Jehová, el que dio principio y razón de ser a todas las cosas. Hoy, desde esa invencible torre de fortaleza que es su Nombre, observamos la desintegración del viejo sistema, y sabemos que la tierra que Dios ofrece a los mansos como herencia pronto será liberada, porque la Palabra de Dios, que hoy resuena en todos los ámbitos y recorre los cuatro puntos cardinales, no puede volver a Él vacía. (Isaías 55:10,11).

Alef Gimel
– Abril 00–

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NUNCA DARSE POR VENCIDO

La Rana y la Garza Hay que tener el temple de esta rana que ante la adversidad no se desmaya. Severas pruebas nos traerá el mañana, hay que tener fe, no sólo agallas. Es mucho lo que Dios ha prometido, si sabemos ganarlo con aguante lo tendremos por tiempo indefinido.

Alef Guimel

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Oración Matutina
Gracias Jehová por otro día de vida y por las oportunidades de hacer tu voluntad. Gracias por la esperanza certera y oportuna, de todo lo que encierra el feliz más allá. Despertar cada día y saber que aún estamos en el lugar seguro que tú nos señalaste, entre las anchas filas de tu pueblo bendito, que nuestras pobres obras de fe son aceptadas, que nuestro humilde nombre en tu libro está escrito. Entender que el rescate nos cubre ante tus ojos y disimula todas las fallas impensadas que manchan y afean nuestro diario registro; que tu amor se anticipa a las vicisitudes, que nunca te sorprende el suceso imprevisto. Todo eso nos infunde fortaleza y confianza, para seguir marchando hacia la gran bonanza como si ya miráramos lo que nunca hemos visto. No permitas que el mundo, lleno de sutilezas, nos robe este cariño por tu Reino anhelado; que siga siendo el eje que nos estabiliza; la meta, el fundamento de todo lo esperado. Por el mañana espléndido que ya existe en tu mente, por todo lo que viene para traernos bien, no nos olvides nunca, nuestro Dios amoroso, por el amor de Cristo, y por tu sangre. Amén.

Alef Gimel

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PAISAJES COTIDIANOS
Esta noche que a pensar induce, bajo esta luna que a soñar convida, la mente se anticipa con deleite al tiempo en que el humano derrotero podrá llamarse con certeza VIDA. El sol ya ha descendido detrás del horizonte; va a bendecir la obra de las manos del hombre en otras latitudes. Lo reclaman los montes, lo anhelan los viñedos, lo aguardan los plantíos, esperan su fecunda tibieza los eriales; ha de captar sus rubios reflejos cada río. Ya ha ascendido la luna; sus manos señoriales enjoyadas de estrellas, se hunden en el mar, donde lava sus mantos de plateados destellos. Día y Noche conocen su misión asignada y el tiempo irreversible para su trajinar. La tierra es un crucero con una ruta fija, no habrá de desviarse a puertos enemigos, no perderá su norte ni alterará su rumbo; no se hundirá en tormentas, porque Dios es su abrigo. Jehová anhela verla girando en el espacio, un barco gigantesco iluminado, pleno de colorido, de alegres melodías, de rostros sonrientes, bien identificados, sin dudas, sin rencores, sin recuerdos no gratos, en su archivo imborrable por siempre registrados.

Alef Gimel

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Señora Felicidad
Señora Felicidad ¡cuánto te hemos exigido! ¡Con cuánto reproche injusto los humanos te han herido! ¡Con qué insolentes apremios te hemos hecho responsable de negarle a nuestra vida las dádivas más deseables! Nos conviene comprender que fue nuestra negligencia lo que provocó tu huida y causó tu indiferencia. Algunos te piden autos y casas bien alhajadas, triunfos, aplausos, laureles, y dinero por carradas. Desde que conozco a Dios entiendo tus dimensiones, y cuánta dulzura vuelcas en los buenos corazones. Dame tu sabiduría y esa grata paz que siento, desde que Dios me ha enseñado a no correr tras el viento. La esposa de Lot es símbolo de cosas mal evaluadas. Lo que atrás hemos dejado no merece otra mirada.

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En el mundo venidero, siempre unida la virtud, como un don del Dios eterno, te darás en plenitud. Tú nunca envejecerás ni se aflojarán tus manos. Tus encantos serán múltiples en invierno y en verano. En el hogar, en el campo, en la pampa o junto al mar, tus pasos firmes, constantes, nos seguirán al andar.

Alef Gimel
Noviembre 2002

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UN ADIÓS INDESEABLE
Carmen: Hoy encontré debajo de mi puerta una carta breve y terminante que escribiste porque no tuviste el coraje de decirme cara a cara que habías decidido no continuar estudiando la Biblia. Yo también deslizaré esta carta debajo de tu puerta, ya que aparentemente no deseas verme. Quiero que sepas cómo me siento en cuanto a la nueva posición que has adoptado. Me da mucha pena que cortes así, rotundamente, el lazo espiritual que te unía a tu Creador, por medio del estudio de su sagrada Palabra. La semana pasada tuve la intuición de que interiormente te estabas rebelando contra la moral estricta de la Biblia, cuando dijiste: -Lástima que los Testigos de Jehová imponen tantas restricciones, porque los jóvenes tenemos ansias de vivir nuestra vida. Se ve que no estás resistiendo bien la presión de tus compañeros de estudios, que quieren empujarte a aceptar las libertades excesivas que se conceden a sí mismos. Quieren hacerte creer que no le estás haciendo justicia a tu juventud, y que la vas a encasillar en límites muy mezquinos si sigues con los consejos de la Biblia. En estos ocho meses que he ido a tu casa, semana tras semana para nuestro estudio bíblico, he llegado a conocerte lo suficiente para saber que no serías capaz de cometer un pecado grave desde el punto de vista de Dios. Si tus amigos te convencen de que debes vivir tu vida de la manera como ellos entienden que vale la pena, te inducirán a pecar contra tu propio cuerpo, lo cual te dejará sombras en la conciencia y la marca candente que cierto hechos imprimen a en la carne. La Biblia le dice a los jóvenes que pueden usar su libre albedrío de acuerdo al deseo de su corazón, en Eclesiastés 11:9,10. Pero, tendrán que
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rendir cuentas a Dios por la manera cómo emplean su juventud. Y termina con un serio recordatorio:...”pues la juventud y la flor de la vida son vanidad.” Por favor, no olvides que ninguna situación mejora suprimiendo el alimento espiritual, y que ningún problema se soluciona alejándose uno de Dios. Pensé que, en las pocas veces que estuviste en el Salón del Reino, habías vislumbrado que el pueblo de Dios tiene una paz y un gozo que no se encuentran afuera. Espero que la triste realidad del mundo te haga sentir la diferencia. La Biblia dice: -“Compra la verdad misma y no la vendas.” Proverbios 23:23 Tú la has estado comprando con tiempo y con esfuerzo. ¿Vas a vendérsela a los que pagan con moneda falsa? Tal vez un día te apenes por lo que has perdido y desees retomar el camino de Jehová que hoy estás abandonando. Quiero asegurarte que, si ese día llega, me hallarás como siempre, dispuesta a ayudare y comprenderte, y te recibiré con un cálido abrazo de bienvenida. Marta

Alef Gimel - Julio 2001

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UNA EXCURSIÓN AL INFINITO (6 Págs.) El abuelo Oliverio era muy bueno y cariñoso con todos sus nietos, pero tenía una predilección muy visible por el primero. Varios factores habían contribuido para producir este sentimiento, profundo y especial, hacia ese niño que parecía insustituible para él. Había sido el principio de la tercera generación. Era manso, alegre y respondía a su cariño en todo momento; tenía un interés genuino por todo lo espiritual. Además, su hija y su yerno, siervos sinceros de Dios como él, le habían dado el privilegio de buscarle un nombre bíblico, y lo encontró entre los descendientes del rey David, en 1 Crónicas 3:24 : Ananí. En una práctica de equitación, cuando tenía dice años, Ananí se había caído del caballo en un momento en que trotaba fuertemente, y se había fracturado una pierna. Fue necesario enyesarlo y obligarlo a estar quieto por un tiempo. El abuelo Oliverio se propuso hacer lo mejor posible para entretenerlo en esas horas en que tenía que estar solo, cuando los padres atendían cada uno a sus quehaceres, y sus hermanos y compañeros de estudios estaban en sus clases. Una tarde de invierno, cuando la lluvia azotaba los cristales de la ventana, Oliverio le trajo una emocionante propuesta: Hoy me gustaría que hiciéramos juntos una excursión al infinito. Vamos contemplar con los ojos de la mente el tiempo en que Jehová ere el único habitante de la eternidad. ¿Cuánto tiempo estuvo solo, abuelo? Todo del tiempo antes de la creación, porque no huno un tiempo en que Dios no existiera. Mamá y papá me explicaron eso. Muchas veces oí decir que Jehová no tuvo principio, pero yo no puedo entenderlo. Ningún humano puede entenderlo, Ananí. Todo lo que nos rodea y forma parte de nuestra vida tienen principio y fin, incluso nosotros mismos. Sólo conocemos dos cosas sin principio ni fin: el tiempo y el espacio. ¿Sería lógico decir que alguien descubrió el lugar dónde empieza el espacio? ¿Sería razonable que alguien dijera: “Hubo un tiempo en que el tiempo no existía?. La eternidad de Dios es un hecho irrefutable que tenemos que aceptar sin discusión, como lo aceptan los ángeles. Un día que nosotros no podemos ubicar en la corriente del tiempo, un día único y maravilloso, Jehová comenzó la creación de las criaturas
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espirituales. La definición más abarcadora de Él que da la Biblia es : “Dios es amor.” El amor, Ananí, es una fuerza que conduce a la acción. Necesita obras para justificar su existencia, porque un amor ocioso, improductivo, está negándose a sí mismo. Por eso Jesús le dijo a sus discípulos: “El que tiene mis mandamientos y los observa, ése es el que me ama.” .-Juan 14:21 Si Dios hubiera permanecido solo, Ananí, el amor que llenaba su corazón no habría tenido a quien manifestarse, no habría tenido razón de existir ni material con el cual trabajar. -Entonces, Abuelo, ¿cómo empezó todo? -El primer versículo del Génesis te lo dice con diez palabras solamente: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra.” Jamás podríamos combinar otras diez palabras diferentes que abarcaran mayor significado que éstas. En ellas está le esencia y el punto de partida de todas las historias verídicas que pudieran escribirse. Jehová empezó su obra creativa copiándose a sí mismo en la persona del primer ángel, en el principio llamado la Palabra, el Logos en griego, representa, no sólo lo que Dios es, sino lo que Dios siente y piensa. Fue la primera persona existente a quien Dios le dirigió la palabra y recibió una respuesta. Y Dios dispuso que ese ángel sería para siempre el primero en oír su palabra y ponerla por obra. Fue muy apropiado también que el primer ángel llegara a ser un dirigente encumbrado de todos los ángeles, y llevara un título exclusivo: Arcángel. -Es cierto, abuelo. Recuerdo que hemos estudiado que Jesús es el Arcángel Miguel. -Es verdad, Ananí. Pero el nombre Miguel lo recibió más tarde, cuando surgió un adversario, y se necesitó un vindicador. Miguel significa: “¿Quién es como Dios?”. Cuando Dios no tenía ningún rival no era necesario demostrar que nadie podía ser como Él. Ahora sí, Jehová necesitaba un vindicador, y le dio ese privilegio a su hijo unigénito. También le asignó la misión de redimirnos de la condena heredada de Adán, a costa de su sacrificio personal, al aceptar que se le rebajara a la naturaleza humana, para ocupar el lugar de Adán nuevamente y revertir la historia. Por favor, Ananí, no dejes de notar algo muy significativo. Jehová podía haber enviado a la tierra a cualquiera de sus ángeles a cumplir esa difícil misión. Podía haber elegido a alguien cuya ausencia fuera más soportable para Él. Pero, envió al único ángel insustituible, al único arcángel. Te quedaste pensativo...¿tienes alguna pregunta?.
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-Estaba pensando que hubiera sido más fácil destruir a Adán y Eva y crear otra pareja, ¿verdad abuelo? -Sí, hubiera sido más fácil, pero no tan glorioso. Jehová hubiera perdido la oportunidad de enseñarnos una lección invalorable. Cualquiera destruye, pero no cualquiera restaura lo perdido. Un niño con una honda y una piedra puede matar un pájaro. Pero no puede resucitarlo ni crear otro igual. La salvación de la humanidad podría compararse a una joya perdida, que quedó enterrada en el barro seis mil años, corroída por el pecado y oxidada por la ignorancia. ¿No es más glorioso para Jehová, buscarla, limpiarla, y devolverle todo su esplendor, que abandonar la búsqueda y crear otra igual o parecida?. La triste vocación del adversario de Dios es arruinar y destruir, pero sólo Jehová merece el título de Restaurador y Recomprador. -¿Podemos averiguar cuántos son los ángeles, abuelito? -Eso no ha sido revelado, querido. En el libro de Daniel 7: 10, dice que los que ministran en su presencia son diez mil veces diez mil. Pero, otros fuera de su presencia, cumplen misiones especiales y no sabemos cuántos son. -¿Habrá un ángel para cuidar a cada habitante de la tierra, como dicen mis compañeros de clase que son católicos?. Ellos le llaman”el ángel de la guarda”. -Esa es una idea sin fundamento, Ananí. La desproporción en tamaño, capacidad y fortaleza, entre nosotros y los ángeles, es incalculablemente mayor que la desproporción entre un humano y una pulga. ¿Qué pensaría tú si en alguna comarca, el gobierno le asignara a cada pulga un militar uniformado, experto en artes marciales, para que la cuidara?. Ananí ríe de buena gana. -¡Abuelo! ¿Cómo se te ocurrió esa comparación? ¡Me gusta ver eso en dibujos animados! -Suena ridículo, ¿verdad Ananí?. Más absurdo aún es pensar que cada uno de nosotros necesitamos un ángel que nos cuide. El poderío de ellos es incalculable para la mente humana. Dios envió a un solo ángel para ejecutar la décima plaga sobre Egipto, que fue la muerte de los primogénitos de hombre y de bestia. Aquella noche histórica del 14 de Nisán, cuando tenían que salir libres de la esclavitud en Egipto, la plaga comenzó a la medianoche. Alguien podía pensar que se necesitaba una legión de ángeles para recorrer todo el país aplicando el decreto de Jehová en cada casa que no estuviera señalada con la sangre del cordero o la cabra que debía sacrificar y comer después de la puesta del sol. Ni siquiera el palacio real fue pasado por alto, de modo que, el mismo Faraón, al hallar a su primogénito muerto, envió a un portavoz para rogarles que salieran de Egipto y fueran a adorar a su Dios
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en el desierto, como habían pedido, por temor de que todo habitante de Egipto pagara con su vida por el maltrato dado a los hebreos en la esclavitud. ¿Quieres ver en tu Biblia que fue un solo ángel el que ejecutó la plaga? Busca, por favor, Hebreos 11:28. Ananí lee: “Por fe había celebrado la Pascua y la salpicadura de la sangre para que el Destructor no tocar los primogénitos de ellos”. -Hay otro hecho histórico muy notable, en que un solo ángel fue comisionado para actuar. Cuando el buen rey Ezequías pidió ayuda a Jehová porque había 185.000 asirios acampados cerca de Jerusalén, listos para invadir, Isaías nos dice en el cap.37, ves.36: “ Y el ángel de Jehová procedió a salir y derribar a ciento ochenta mil hombres en el campamento de los asirios. Cuando la gente se levantó muy de mañana, pues, allí estaban todos, cadáveres muertos.” -Abuelo, ¿tú crees que bien al principio cuando los humanos no sabían muchas cosas, Dios usaba a los ángeles para ayudarlos a descubrir lo que necesitaban? -Yo pienso que sí, Ananí. El hombre recibió desde el principio mucha ayuda indirecta, que no estorbaba su libre albedrío, por ejemplo, era necesario que descubrieran el fuego, que tiene un lugar tan importante en la vida humana y en sus actividades. Nadie explicó nunca cómo se encendió la primera llama, ni cómo aprendió el hombre a producir el fuego y usarlo. Hay una cantidad de alimentos que, evidentemente fueron creados por Dios para que se comieran cocidos, y a su debido tiempo el hombre tenía que aprender a hacerlo. En cosas así, parece que los ángeles actuaron indirectamente. En cambio, en los acontecimientos más trascendentales, los ángeles se presentaron en forma visible y se identificaron. Podemos señalar a los querubines con espadas de fuego que les indicaron a Adán y Eva que su relación con Dios estaba definitivamente dañada, y que jamás volverían a vivir en el paraíso. También debemos recordar que tres ángeles materializados llegaron como forasteros ala s tiendas de Abraham para anunciar el nacimiento de Isaac, el hijo legítimo de quien descendería la nación de Israel. Todo eso en cuanto a los tiempos antiguos, Ananí. Pero hay muchas cosas para señalar en cuanto a los tiempos modernos, que muestran la innegable intervención del cielo en el desarrollo del propósito de Dios. Como se ha indicado oportunamente en conferencia y en publicaciones de la sociedad, los logros más asombrosos de la tecnología, aparecieron justo a tiempo, cuando se necesitaban. El muy celebrado invento de la imprenta apareció cuando se iba a necesitar imprimir miles de millones de páginas con el mensaje de Dios para cubrir la tierra con ellas. También era el tiempo
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conveniente para que cada adorador de Jehová tuviera su propio ejemplar de la Biblia y pudiera estudiarlo, en vez de concurrir a un lugar de adoración para escuchar a alguien que leyera los rollos de papiro o piel de cabrito en que estaban reproducidos los libros sagrados. A medida que fueron apareciendo grupos de adoradores en distintos puntos de la tierra, surgió el telégrafo y el teléfono, para facilitar la comunicación entre ellos y de ellos con los dirigentes ungidos de la sociedad teocrática que se estaba formando, y que hoy comprendemos que es la nueva tierra que anuncia la Biblia, la sociedad terrestre del futuro sin fronteras ni barreras. Al irse haciendo numerosa esta sociedad teocrática, también apareció el micrófono, para amplificar los mensajes delos oradores en las grandes asambleas, y la radio, para llevar la Palabra de Dios a millones de oyentes desconocidos. Llegó el tiempo en que, por la diligencia de los ungidos, el mensaje del Reino llegó a todos los centros poblados de la tierra. Entonces surgió a raudales la grande muchedumbre para ayudar a los ungidos a cumplir su misión de predicar las buenas nuevas a cada viviente. Al mismo tiempo apareció el avión, para que miembros del cuerpo gobernante pudieran llegar a todas partes en cuestión de horas, llevando el estímulo de su palabra y su presencia a los nuevos adoradores que se estaban organizando para heredar la tierra. ¡Cuánto menos se hubiera logrado si los viajes hubieran durado meses en veleros como en los días de los apóstoles! Todo eso no podríamos atribuirlo a la casualidad, muchachito. Podemos ver en todo la mano de Jehová y la intervención de sus ángeles. Los hombres, en su ignorancia, pasando por alto las verdades bíblicas, han representado a los ángeles como bellos infantes con alas, que no tienen ningún poder especial. Esta idea aparece en cuadros famosos, esculturas y molduras que adornan importantes edificios. En el siglo pasado, especialmente, las mujeres tejían cortinas adornadas con esas imágenes ingenuas de infantes con alas, que aparecían también en porcelanas y piezas artísticas de bronce y plata. Cuando uno piensa cómo esa mala representación ridiculiza a los ángeles del cielo, uno imagina a los demonios, a los ángeles rebeldes, riéndose solapadamente de los que conservaron su elevada posición. Una canción popular llegó al extremo de reprocharle aun pintor el que los ángeles en sus cuadros fueran siempre blancos y rubios, pues era una injusticia no pintar angelitos negros. Se ha dicho que Satanás es un dios mímico. Es verdad. Él no sólo ridiculiza a Dios haciendo mímica de su papel como soberano, sino también trata de que todo lo que Dios hace aparezca confuso, ilógico, descabellado.
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Sigue lloviendo, nos acercamos al anochecer. Hoy hemos conversado mucho, como grandes amigos, Ananí. A medida que vayas llegando a ser hombre, se agrandará tu cuerpo, se agrandará tu ropa, y si aún estamos en este viejo sistema de cosas, también se multiplicarán tus problemas. Yo desearía que la conversación de hoy volviera muchas veces a tu mente y te sirviera de aliento, aún después que haya terminado mi carrera en este mundo. ¡No pongas esa cara de disgusto, chiquillo! Es natural que, cuando uno se acerca a los ochenta piense que, sino tiene el privilegio de esperar la victoria final de Dios de pie sobre la tierra, tendrá que esperarla durmiendo bajo ella. Pero, sabemos que no seremos olvidados cuando llegue el bendito día en que Jehová asignará las recompensas. En el tiempo difícil que todavía nos falte vivir antes del fin, cuando te sientas solo, recuerda que los ojos de Jehová y de los miles de millares de tus hermanos mayores, los ángeles, te miran desde el cielo. Cuando te sientas pobre y desvalido, recuerda que tu Padre celestial jamás será pobre, y que puede usar siempre algo de su incalculable riqueza para socorrerte. Cuando te enfrentes a la incomprensión de los que te atribuyen motivos erróneos, recuerda que en el cielo hay una radiografía de tu corazón que muestra la raíz y la rama de cada sentimiento tuyo. Cuando te sientas débil e impotente ante la oposición de los más fuertes, o ante enconadas amenazas, recuerda y renueva tu visión mental de los ejércitos celestiales que apoyan a los siervos de Dios sobre la tierra, como se le mostraron al ayudante de Eliseo cuando flaqueaba, y repite en tu corazón muchas veces las memorables palabras del profeta, “son más los que están con nosotros que los que están con ellos.” Puedes volver a hacer esta excursión al infinito en cualquier momento en que tu debilidad humana parezca estar desfalleciendo. Silenciosamente, con el temor que infunde lo sagrado, y consiente de tu pequeñez ante Dios, vuelve a visualiza el trono más alto del universo. Acércate a él y recuerda con profunda gratitud, que el Soberano Supremo reconoce tu nombre como integrante de su pueblo, escucha tus oraciones, y te ha concedido el privilegio invalorable de llamarlo Padre.

Alef Gimel
- Julio 1998
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Una Minúscula Flor
Me asombré al descubrirla, tan frágil, tan pequeña, al borde de un pantano marginada. ¡Cuántos la pisan sin notar que existe! Esta flor me ha traído muy serias reflexiones. Es una nimia muestra de la vida, no hace alarde de nada, no tiene pretensiones. El Soberano Todopoderoso que diseñó las órbitas que marcan los planetas, que ordenó las estrellas como huestes, que calcula las cifras asombrosas que abarcan lo inmedible del espacio celeste; que moldeó con sus manos industriosas la grandeza sin par del macrocosmos, ha ideado esta flor que no reclama ni lugar, ni derechos, ni atención. Apenas vive en el confuso límite en el que se confunden realidad e ilusión. Los hombres ambiciosos que la aplastan con toda la insolencia de sus pesadas botas militares, pasan de largo y mueren algún día con el barniz de su insensata gloria. Mas la pequeña planta en que ella nace, sigue existiendo humilde e indefensa sin jactancia ni euforia. Así van por la tierra, pobres y desvalidos, tantos siervos de Dios, inadvertidos; pero están en la mente del Supremo, que nunca habrá de echarlos al olvido. Déjanos ver, Señor, no sólo lo imponente, lo que muchas palabras no pueden describir,
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sino lo más modesto, las lecciones que encierran las cosas más sencillas, la ternura de un gesto, la palabra no dicha, lo que no tiene precio ni se mide con cifras. Si sientes que eres sólo un guijarro asombrado, una mota de polvo en un largo camino, un pájaro extraviado, un inaudible trino, ¡alza al cielo los ojos, de allá te están mirando! Luego, ora y espera. Las ondas del sonido llevarán al espacio la emoción de tu voz. Recuerda, lo más grande como lo más pequeño, tienen identidad en la mente de Dios.

Alef Gimel
Abril 1998

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MINISTROS VIAJEROS Andan por sus caminos con lluvia, viento o sol. Cargando sus valijas llevan la casa a cuestas, igual que el caracol. ¡Cuántas camas distintas reciben su cansancio racionando el reposo en ajustado horario! ¡Cuántas mesas servidas oyen sus oraciones bendiciendo la dádiva del alimento diario! Como aves migratorias que orientan a los barcos, nunca olvidan el norte ni confunden el sur. Al señalar el rumbo a las congregaciones, van dejando a su paso certeras instrucciones. Saben darle a la Biblia la última palabra, no improvisan consejos ni inventan soluciones. Samuel también, en su remoto tiempo, cubrió con diligencia su circuito. Betel, Guilgal, Mizpá, lo recibían. Llevaba luz y paz, representando al Rey de los espacios infinitos. 1 Samuel 7:15, 16 En estos días de definiciones, los ministros viajeros saben cuánto anhelamos la bondad y el alimento que siembran a su paso. ¡Que Dios bendiga su andar tesonero y sus frutos de amor, jamás escasos!

Alef Gimel
– Agosto 99–

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Visiones del Futuro
¿Se han dado cuenta, amigos, que se ha acercado el día, en que esa vieja astuta y desgarbada, llamada Iniquidad, será encerrada en una olla grande, de esa que antiguamente llamaban un efá? Condenada al desprecio y al olvido, habrán de abandonarla sin duelo o ceremonia, en una tierra estéril de mal nombre, donde tuvo su imperio Babilonia. Zacarías 5:5-11 * Entonces sentiremos que nos envuelve una preciosa calma, y que reviven los deseos puros que significan mucho para el alma. Sin fundados temores ni amenazas, sin presentir terrores repentinos, podremos internarnos en los bosques, y en las mas altas horas de la noche, disfrutar sus perfumes, sus murmullos, cuando las aves duermen del follaje al abrigo. Los ojos de Jehová estarán velando. ¿Querrán venir conmigo? Alguna deslumbrante de noche luna llena en el pleno deleite del verano, caminaremos juntos a la orilla del mar, escuchando su eterna canción indescifrable. ¿Me van a acompañar? Y cuando nos rodeen las bestias mansamente, acercándose amigas a lamer nuestras manos,
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(ya no las llamaremos fieras como hoy en día), lograremos que sientan un cariñoso apego, y busquen sin recelo nuestro calor humano. Luego, habrá muchas cosas que quizás nos separen; deberes, intereses, la voluntad de Dios... la amistad verdadera nunca muere de frío. Les llegaran mis cartas, les llegara mi voz. Veremos rodar siglos con renovados bríos, y entonces sentiremos el alivio inefable de saber que ya nunca habrá un último adiós.

Alef Gimel
Noviembre 2001

*Sinar era el nombre primitivo de la tierra de Babilonia.

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VISLUMBRES
¡Cuánto anhelamos los perfectos días en que no haya canciones que con lúgubre acento, nos hablen de una dicha que aniquiló la muerte o de un amor que terminó en traición. Será verdad entonces todo lo que se diga; todo lo que se haga tendrá sana intención. Jehová desde su trono mirará complacido los afanes del hombre, la paciente labranza, las siembras y la siega; la mano que se tiende, la amistad perdurable; la sólida esperanza. Cuando nada oscurezca el fulgor de esos días, y ya no existan dudas que ultrajen la razón, la paz del infinito sellará nuestra frente, y ningún imposible herirá el corazón.

Alef Gimel
- Enero 02

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VOLVERÁN UN DÍA... Almas inquisitivas vivieron y murieron con preguntas punzantes taladrando su mente sin hallar las respuestas que tanto persiguieron. Muchas veces han dicho: “¿Para qué hemos nacido? ¿Adónde iremos luego?¿Estaremos conscientes mirando a los que luchan donde hemos perecido? Ese Dios misterioso que nos asignó aquí aliviaría la carga mental que me tortura si me hiciera entender lo que espera de mí”. Se publicaron libros planteando interrogantes ante un vacío inflexible que la dejó pasar. Sólo hubo unos pocos que hallaron en la Biblia las claves inmutables del claro razonar. En los días brillantes del futuro cercano, despertarán de nuevo, y verán asombrados que el Autor de la vida no los echó al olvido, que todos los misterios al fin se han disipado. Aprenderán entonces que la vida perfecta, si deciden asirla, puede ser su heredad; que no habrá más preguntas que no tengan respuestas, ni andaremos a tientas buscando la Verdad.

Alef Gimel

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