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Lumen Fidei

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Lumen Fidei

Pregón de Semana Santa para la Fervorosa Hermandad Sacramental y Cofradía Penitencial de La Sagrada Entrada de Jesús en Jerusalén, Nuestro Padre Jesús Nazareno, Cristo de la Sangre, Santo Entierro, Nuestra Señora de los Dolores y Soledad de María. de la localidad de Manzanilla, provincia de Huelva.

Domingo 15 de Marzo del año del Señor 2009.

Por

Manuel Jesús Almonte Hijón.

Manzanilla Cristiana
Sí, es verdad, y no me cabe la menor duda de mis creencias. Está probado que Jesús de Nazaret sufrió un castigo inhumano y después de ser coronada su cabeza con espinas le clavaron en una cruz, donde su costado fue traspasado por la lanza romana y, tras perdonar a sus vejadores, encomendó su alma al Padre y recibió la muerte. Sí, es cierto. Recibió la muerte y la venció. La venció porque nada ni nadie puede más que Dios y es El quien con su infinito amor, decidió enviarnos a su hijo a este mundo para mostrarnos su benevolencia y cariño a los hombres. Fue tanto su amor hacia nosotros, que permitió que lo sacrificaran. Sí, es verdad, y lo creo no porque esté demostrado lo que acabo de decir y sea este mi mérito, no. Lo creo porque así me lo enseñaron mis padres, así me he criado y porque es la base de mi vida y el modo de vivir. Y lo creo porque es verdad. “Dichosos los que creen sin haber visto”. No pretendo con esto ser mejor ni peor que nadie. Este pregonero sólo quiere transmitir aquí lo que para otros muchos es verdad innegable. Y lo hago aventurándome en un terreno en el que, por más que me guste, no soy el más indicado para hacerlo. Otros más preparados que yo lo han hecho y no han salido muy bien parados. Pero me veo en la necesidad de corresponderte y lo hago ahora de este modo. Como no sé. Veo que esta tarea que me he puesto no es la más idónea por mi corto dominio del lenguaje, de la poesía, de la emoción de las palabras, pero ¿que reto sería si no supusiera un esfuerzo? Tú te mereces esto y más de lo que por mi boca va a salir. Buscaré la mejor forma de alabar tu nombre y, dentro de mis limitaciones, darte mayor Gloria de la que puedo darte y para ello me encomiendo a ti, para que me des luz y no fallar en este propósito. Quiero que mis palabras se unan al viento en un abrazo infinito para que lleguen hasta el rincón más alejado del mundo. Quiero que mis palabras sean como un rayo de sol de primavera: Tenue y templado que es bien acogido por los que lo necesitan. Quiero que mis palabras sean la voz de los sentimientos de todas las personas de bien. Quiero que mis palabras sean la voz de todas las palabras de pasión no pronunciadas porque no las dejaron pronunciar. Quiero que mis palabras sirvan de recuerdos y de añoranzas por las ocasiones vividas con júbilo. Quiero que mis palabras sean las del trovador que difunde la buena nueva. Quiero que mis palabras sean el jardín de dónde se escojan las más bellas flores para vestir tu gloria.

Quiero que mis palabras sean como el rocío fresco en la mañana. Quiero que mis palabras llenen de fragancias los sentidos. Quiero ser el sembrador que deposita con todo su cariño la semilla en la tierra fértil para que germine. Quiero ser el viñador que recoge con sudor el fruto por el que fluye tu sangre divina. Quiero ser el papel en que escribas tus palabras verdaderas. Quiero que mis palabras no sólo se queden en eso, en palabras de un día especial que hablan de ti, sino que se tengan en cuenta toda la vida y nos hagan reflexionar sobre tu mensaje. Y quiero empezar hablando de mi pueblo. O mejor dicho, de ti. Porque mi pueblo eres tú. Mi pueblo es vino y es trigo. Mi pueblo es tu sangre y es tu cuerpo. Mi pueblo es Manzanilla. ¡Que nombre para un vino! Blanco, joven, afrutado, generoso. Rico al paladar y suave en la garganta. Buen compañero de guisos y tertulias. Amigo de fiestas y verbenas. ¡Que mejor nombre se le iba a dar a mi pueblo que el de un caldo que convertiste en tu sangre, Manzanilla! Porque Manzanilla es un pueblo dócil, tranquilo, amigo de sus amigos. Aquí, todo el que viene en paz es bien acogido. Sus gentes son alegres, con historia, valientes en el campo de batalla y fieles a sus creencias. Aquí nacieron nobles, militares, clérigos, toreros. Todos somos distintos pero todos con un mismo común, ser hijos de Dios. Pero, como he dicho antes, también Manzanilla es parte de tu cuerpo. Manzanilla es tierra de trigos y con el trigo se elabora el pan, pan que convertiste en tu cuerpo en la última cena que tuviste con los apóstoles. Pan que alimenta el alma y sacia el hambre de ti. Pan que habita en el hombre y lo hace merecedor de contenerte. Este pueblo te respira por los cuatro costados. En todos los caminos y calles hay pequeñas capillitas de cruces, como estaciones de un devoto VíaCrucis, a cuyo alrededor, la multitud se reúne durante los crecientes días del mes de Mayo para celebrar tu victoria sobre la muerte. Aquí hay una calle con tu nombre, Santo Cristo, y que acoge una capilla que rememora tu niñez. La calle es pequeñita pero intensa, con una sinuosa pendiente que simula el camino del Gólgota que culmina en una coqueta plaza y que a su vez, une las calles principales del pueblo con el sagrado templo donde se puede escuchar y meditar tus palabras, a la vez de recibir tu cuerpo en la Sagrada Eucaristía. Este pueblo te quiere, y tú lo quieres. Y de tu Madre también se acuerda. Y por ello se le dedican varias calles y barriadas a las distintas advocaciones: Bda. Ntra. Sra. del Valle, Bda. Ntra. Sra de la Victoria, Bda. Ntra. Sra. de la Purificación, Calle Pilar, Calle Santa María. En este pueblo se la quiere y ella también lo quiere. Es un amor correspondido desde siglos. Ya en el XVI quiso quedarse con nosotros

cuando, de camino a la vecina localidad de La Palma, respiró el aire de esta tierra y dijo:
“De aquí no me muevo.

Aquí estoy como en mi casa. Y aquí quiero que me edifiquen una Ermita para que el que venga a verme no sólo me vea a mí, sino también a mi hijo. Que sirva de refugio a todo el que me necesite. Yo sabré darle consuelo. De aquí yo no me muevo. Que a esta bendita tierra La quiero y la protejo. Deseo que en este valle Mi hijo crezca corriendo, Jugando con los niños Y con todos los que vengan Estén cansados, hambrientos o enfermos. De aquí, yo no me muevo. Que hagan una fiesta Que sea la envidia del mundo entero. Que vengan caballistas, juglares y toreros. Que sea punto de encuentro, se diviertan y disfruten Los lugareños y forasteros. Pero también que me recen. Que todo lo que me pidan De buena gana lo concedo. Yo de aquí no me muevo. Quiero que me veneren Las personas de este pueblo. De los afligidos Ser guía, pie y sustento. Todos los que me busquen, Aquí me encontrarán sonriendo. Quiero reír en sus alegrías, Quiero jugar con sus juegos. Además de madre ser amiga De todos los manzanilleros.

¡Que no! Que yo de aquí no me muevo. Venid, venid todos a verme Y dadme esta alegría Que todos los que a mí vengan Su recompensa tendrán un día. En coche, a caballo o andando Pero visitadme, Que aquí, en esta casa, Os estoy esperando. ¡que gozo! ¡que felicidad! ¡que ganas de vivir se siente aquí! De aquí no me muevo. Ya terminé mi peregrinaje. Ya estoy aquí y soy tu Madre; ¡Soy yo! La Virgen del Valle”.

Señor Cura Párroco y Director Espiritual de la Hermandad. Excelentísimo Señor Alcalde y autoridades civiles de Manzanilla. Señor Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Señores Hermanos Mayores de las distintas hermandades asistentes. Señoras y señores aquí reunidos. Amigos todos.

Gracias Paco por las palabras tan amables que has dicho de mí y por la presentación que has hecho. Se que no te ha sido fácil, pero lo que has escrito, lo has hecho de corazón y eso se nota. Como todo lo que tú haces. Son tan emocionantes tus palabras que se me ha hecho un nudo en la garganta y estoy muy emocionado. No sé si seguir en este atril o pedirte que el pregón lo sigas dando tú. Gracias de nuevo. Todavía resonaban en el eco silencioso del pensamiento las tristes campanadas de duelo por la muerte. El repiqueteo de júbilo por la resurrección fueron portadas a través de las golondrinas por todos los rincones del pueblo. El calor trajo consigo las fiestas por la victoria de la carne en la adusta madera. Los caminos llenaron de polvo los Simpecados que, fieles a su cita, ansiosos cumplían con el precepto de peregrinar ante esa Blanca Paloma y el Pastorcito Divino en la Pascua de Pentecostés. Los trajes de marineritos y princesitas le precedían junto a las insignias de las Hermandades, en la visita del Sagrado Cuerpo de Cristo de nuevo por las calles. Las casetas engalanadas se enorgullecían al ver caminar a nuestra Madre delante de ellas y fueron testigos de la alegría de los mayores y del disfrute de los más pequeños. Los calores del día fueron dejando paso al peregrino con báculo, capa y perro para que limpiara las llagas de las heridas en lo más profundo de nuestras almas. La Inmaculada esparció la Gloria de su ascensión por todos los rincones y plazuelas de la villa. Quiso Dios de nuevo, mandarnos a su hijo en las frías noches de invierno. Y se produjo. Esa reunión de la Junta de Gobierno de esta Hermandad donde, en el capítulo de ruegos y preguntas se me encomendó el ser el Pregonero de 2009 de esta Semana Santa. Nuestra Semana Santa. Mi Semana Santa.

Es un orgullo muy grande para mí, pregonar a los cuatro vientos, las maravillas de tu Gloria. Y se hacen cárceles. Estas cuatro paredes que nos acogen, son cárceles que intentan impedir que la voz de la verdad se esparza por los recodos de las calles. Pero aquí estáis ustedes, que sin saberlo, llevareis este mensaje. Llevaréis la voz y la sembraréis, mejor que nadie, al abrigo de los males.

¿Y qué puedo decir? En pocos amaneceres todo será distinto. En pocos amaneceres la luz se apagará para volver de nuevo con el brillo de la eternidad. Sólo faltan días para que todo se vuelva a cumplir. Con el ambiente embriagado de azahar. Con los Lirios pregonando su frescor. Con los campos preñados de vida. Con las golondrinas revoloteando nerviosas de acera a acera. Con la dulce melancolía de la mañana. Con la frágil hermosura del recuerdo. Con los sentimientos que se rizan en cada imagen que la gubia talla sobre la noble madera. Con la pasión nazarena creada y recreada en esta cofradía. Con los suspiros de vida que exhalan nuestros pulmones y se elevan acompañados de olores y fragancias. Con las hojas de este libro en blanco, la historia se repetirá. La historia que esta Hermandad representa incansablemente siempre igual. ¡Pero siempre distinta! ¡Como si se estuvieran viendo por primera vez! Como si la viésemos con los ojos de los niños que descubren extasiados imágenes maravillosas que se les quedarán grabadas en su memoria. Así, con esta mirada veremos que, milagrosamente, un borriquillo estará atado a la entrada del pueblo y será dócil portador de la esperanza. Así, con este sonido, oiremos el único mandamiento que Jesús nos dejó: “…Que os améis, como yo os he amado” Así, presenciaremos como el Sanedrín se volverá a reunir para conspirar ante Caifás. Judas cobrará las treinta monedas de plata y tras dar nuevamente el beso acusador, arrepentido, se quitará la vida. Poco después, la debilidad del hombre se hará presente en la figura de Pedro cuando, tras ser reconocido, tres veces negará su amistad con el maestro nazareno.

Pronto, la plebe enaltecida pedirá la liberación de Barrabás; y Pilatos, cobarde e impotente, se lavará las ensangrentadas manos en la palangana vítrea. De nuevo será azotado, le colocarán la corona de espinas, cargará con el madero y le crucificarán. El que ha manifestado ser el propio Hijo de Dios, aquel que reunía a las multitudes y arrastraba tras sí a los discípulos, morirá solo, abandonado e incluso negado y traicionado por los suyos. Pero lo más importante, nuevamente resucitará. Esta es la base fundamental de nuestra fe. Jesús de Nazaret, vivió como cualquier otro hombre salvo en una sola cosa, en el pecado. Y murió igual que cualquier otro hombre, pero al igual que su vida se diferenció de las demás, su muerte también se diferenció en una cosa, la resurrección. Jesús muere para vencer a la muerte. Para dar testimonio de poder sobre nuestros temores. El, que es fuente de vida, no puede morir. Y nosotros, si bebemos de su agua, tampoco moriremos.

Pueblo blanco de blancas casas. Tierra de vides y olivos, Que por calles y caminos se siente el aire de la vida. Pueblo blanco de blancas casas. Tierra de sudores y suspiros, De trabajo y olvido Que por su piel trasmina. Pueblo blanco de blancas casas, Que guardas la esencia del tiempo. Que acaricias la vida en silencio, Y esperas salir de la rutina. A ti, pueblo blanco de blancas casas Con piel curtida por el sol Y orgullo de tus gentes Van dirigidas estas rimas. A ti, pueblo blanco de blancas casas Que desde tiempos perdidos en la historia Eres fiel discípulo de la memoria Y maestro de cátedra propia.

A ti, pueblo que me vistes nacer Y distes color a mi vida, Cobijo a mis amores Y hogar a mi familia. A ti, pueblo blanco Que vives, escuchas y calla. Que sufres en el dolor, Y ríes en las alegrías. A ti, pueblo blanco Con calles de adoquines. De jornales de labranza y de mayores en la plaza. A ti, pueblo blanco De juventud enamorada. De promesas a destajo y pasiones renovadas. De paseos los Domingos Y despertares antes del alba. De ferias, fiestas y Rocío, Y sonidos saeteros en la garganta. Pero, también pueblo blanco de pesares, De rencores heredados Tras guerras no libradas En los campos de batalla. De negocios millonarios Que se cobran vidas humanas Los truhanes y bandoleros Que trafican marihuana. A ti, pueblo mío de blancas casas, Que con tanto trabajo sales adelante Con tus penas y tus risas Pero siempre triunfante. Eres mi pueblo querido, Y no me avergüenzo de ello. Pues por ti camina mi Cristo

Acompañado con respeto. En ti encuentro refugio. Y en ti tengo mi vida. Eres tú, pueblo mío Un pueblo blanco, ¡MANZANILLA!

Los Preparativos
Ya esta hermandad empieza a sacar brillo a la plata, preparar los enseres, las jarras, los faldones. Se cuida con esmero la ropa que vestirán las imágenes. La cera se ha encargado y se han escogido las flores que, con su colorido y fragancia, vestirán los altares y los pasos. -¡Oye, hay que preparar los cultos con el cura! -Sí, pero de eso se encarga Josemi. -¿se ha encargado la cera? -la ropa, ¿estará preparada no? -¡que guapa vamos a poner este año a la Virgen! -no me cabe la menor duda. -a los costaleros que no les falte de ná. Hay que comprar bastante comida. Que se lo merecen. -las bandas de música, estarán avisadas ¿verdad? -Andrés David, ¿Cómo estamos de dinero este año? -hay que llevarle al tallista la canastilla, el respiradero, lo que sea. Que trajín. Cuantos detalles hay que tener en cuenta para sacarte a la calle, Dios mío. Pero que a gusto nos quedamos cuando, al salir por la puerta de la iglesia, la gente te hace palmas y lloran de alegría por verte de nuevo recorrer nuestras calles, tus calles. Eres tú, señor, quien nos das las fuerzas para trabajarte todo el año. Con que ilusión venimos a trabajarte, a dar lo que de nosotros puede salir y a veces, que tristes nos vamos cuando por los motivos que sean, nos enfadamos unos con otros. Pero no te preocupes señor, son riñas de un día. Al día siguiente, todos estamos donde tenemos que estar y con más ilusión que antes. Somos parte de un engranaje en el que cada pieza es indispensable y no puede funcionar si alguna falla.

Escribió Antonio Burgos, en su columna del periódico, que el cofrade llega a la Semana Santa cansado. Yo, la verdad sea dicha, no lo entiendo pero lo comprendo y me explico. Cansado llega uno a todos los sitios después de trabajar o de realizar alguna actividad fuera de lo normal, pero cuando se llega a casa y se encuentra uno con la familia, parece como si desaparecieran las dolencias y nos ponemos a disfrutar de los niños, hermanos, amigos. Igual nos pasa a nosotros, estamos trabajando casi diariamente para la hermandad y sí, es cierto, que con el paso de los días y de los problemas, uno se va quemando, pero cuando se ven salir los pasos por las puertas, después de tantos y tantos problemas, se quitan todos los pesares y viendo como disfrutan las personas de nuestras imágenes, vemos que nuestro trabajo ha merecido la pena y ya estamos pensando en lo que vamos a hacer para el año que viene; que vamos a cambiar; que vamos a mejorar; que nueva idea se nos ocurre para recaudar fondos, etc. Creo que sí, que el cofrade llega a la Semana Santa cansado, pero es de ganas por ver a nuestros titulares rodeados de la multitud por las calles de este pueblo. De ver, que buena acogida recibes de tus gentes. De lo bella que vas vestida este año Virgen de la Soledad. Que cada año que pasa eres más guapa. Sí, llegamos cansados sí, pero cansados de la espera. Cansados de no verte sentir el aire en tu rostro. Cansados de pedirte que no tarde en llegar otra vez la tarde del Miércoles, pues queremos con nuestras lágrimas, limpiarte las tuyas, señor. Cansados de esperar tu visita. Cansados de mirar hacia arriba. Cansados de …, de nada señor. No nos cansamos porque trabajamos para ti. Trabajamos con todas nuestras fuerzas para preparar tu camino. ¿Cómo puede un hijo cansarse de trabajar para que su padre no tenga necesidad? Así nos sentimos señor, como el agricultor que trabaja desde la salida del sol para que los frutos que cuida alimenten a sus hijos. Sí, ya se acerca la hora. Tú serás de nuevo ajusticiado y nosotros volveremos a sentir, cuando salgas a la plaza, ese suspiro de campanas que nos entristece el corazón, volveremos a tener el hormigueo por todo el cuerpo hasta que no entres de nuevo en tu casa. Pero mientras, hasta que no entres, estarás dándonos tu mensaje por las calles y esquinas. Recibiremos tu palabra y enjugaremos las lágrimas de tu madre, de nuestra madre. Serán testigos los rayos de sol, los pajarillos y luceros del cielo. Se levantarán las actas con la música y el notario lo escribirá en el incienso. Serán las gotas de cera derramadas, pobre consuelo para tus doloridos pies, pero es con lo que te podemos aliviar. ¡O no!. Podemos y debemos mejorar nuestro comportamiento para así, con cada nueva buena acción, quitarte una espina de tu corona hasta convertirla en la que siempre debió ser, de oro y piedras preciosas. Para con cada buena acción, sanarte una llaga de tu cuerpo.

Para con cada buena acción, quitarte un clavo de tus pies o manos. Para con cada buena acción, quitar una palabra en tu contra. Para con cada buena acción…….en definitiva, parecernos un poco a lo que nos enseñaste y un poco más a ti.

Al abrirse las puertas de la Iglesia la tarde del Miércoles Santo, es como si se abrieran las del cielo. Está bajando el hijo de Dios, de nuevo, para fundirse al calor de sus gentes. Al abrirse esas puertas, una corriente de sueños inundan los sentidos. Al abrirse esas puertas, un vergel de buenos sentimientos se descubre en nuestras almas. Al abrirse esas puertas, la eternidad de un año, a un suspiro se asemeja. Cuando se abren esas puertas, el aire se enmudece y nos lleva a tu vera. Cuando se abren esas puertas, el misterio de nuestra Fe se hace presente y viaja. Cuando se abren esas puertas, el camino de la victoria, comienza y nos salva. No sé que tienen esas puertas, que cuando se abren, a todos nos emparienta. Que tienen esas puertas que cuando se abren, la alegría se une a las penas. Que tienen esas puertas que al estar abiertas, un río de Paz sale de ellas. ¡Pero que tienen esas puertas, Dios mío!, que es sólo acercarse a ellas y el brillo de tu Gloria da luz a nuestra ceguera.

Lux aeterna

Los hombres estamos llamados a la libertad y a la solidaridad para superar las necesidades de este mundo y para evitar que el impulso de la vida se pierda en la muerte y la nada. Decía Hans Jonas: “Dios limita su poder porque respeta nuestra libertad” Joseph Moingt añade: “Dios no sólo se limita, sino que se niega a intervenir en la historia de los hombres mediante actos de poder, milagros u otras cosas de ese tipo. El hombre debe hacerse libre por sí mismo y aprender a vencer a la muerte, liberándose de los apegos terrenales, asumiendo todos los aspectos de su existencia, creciendo en vida espiritual. Todo esto se realiza con el hombre llamado Jesús, que se hace a un tiempo servidor de Dios y servidor de los hombres: su Espíritu, “difundido en toda carne”, como dice la Biblia, fermenta la pasta humana y hace germinar hijos de Dios, llamados como El a la libertad. Dios no quiso humillar al hombre, sino mostrar respeto por su libertad, asociarlo a su propia salvación. El hijo de Dios se hizo hombre para que el hombre se salvara por sí mismo. Dios nos creó y nos invita a trabajar para liberarnos nosotros mismos de los lazos de la muerte. Todo hombre que avanza en el sentido del amor, avanza en la dirección de la vida. Los que viven en el amor se convierten en miembros vivificadores de la comunidad del Dios vivo, que no cesa de crear Vida, que es la vida.” A esto añado yo: Señor, Tú tienes que ser sacrificado. Tienes que cumplir con las escrituras y con los deseos de tu Padre. Vas gustoso a la muerte, porque de ello depende la salvación del hombre. El hombre es débil, porque nuestra carne es débil. ¿Acaso no somos hijos de Eva? ¿Cuántas manzanas del árbol prohibido nos comemos al día? No nos podemos comparar como hombres, a la figura de nuestro señor Jesucristo. Él es el hijo de Dios y por la Santísima Trinidad, es Dios. Dios todo lo puede y es creador. Creó el cielo y la tierra. Creó lo visible y lo invisible. Creó la vida y la muerte. Por lo tanto es el único capaz de dar la vida y vencer a la muerte. Tan sólo a través de Él, podemos albergar la esperanza de algún día, vencer nosotros también a la muerte.

La plaza te está esperando Vestida de traje de gala, Y en silencio está recordando

Cuando de niño, en ella jugabas. La plaza te está esperando Desde el Domingo de palmas Cuando te vio sonriendo Seguido de blancas almas. La plaza te está esperando entre balcones y palmeras, ¡entre pajarillos volando, entre azules de primavera! La plaza te está esperando Impaciente y nerviosa. Entre dos luces cayendo La noche más penosa. La plaza te está esperando En la sombra de tu mirada, Entre niños correteando, Entre sonidos de campanas. La plaza te está esperando Impaciente y nerviosa. Sus gentes la van llenando De miradas angustiosas. La plaza te está esperando A que llegues en silencio. Con el paso humillado, Con la cruz padeciendo. La plaza te está esperando A que llegues en silencio. Por un flagelo abrazado, Con espinas rigiendo. La plaza te está esperando En la tarde creciente y serena, Al abrigo del pueblo blanco, Sin refugio ni consuelo de penas. La plaza te está esperando

Y entre sombras y murmullos Lentamente vienes caminando Por este pueblo que es tuyo. La plaza te está esperando Con la boca llena de rezos. Que con la música sonando A mis oídos parecen besos. ¡La plaza, la plaza te está esperando Entre lirios azules terciopelo. Que ya estás procesionando tras un rosario de nazarenos.!

El peregrino
Por cada calle que pasas, por cada esquina, vas dejando un trozo de Ti.

Cada piedra respira tu gloria, pues es la Gloria quien ha venido a pasar por aquí. Es tu presencia, dulce ambrosia y el maná de la tierra prometida. No estas predicando en el desierto. Son tus gentes, tierra fértil que el labrador prepara para recibir tu agua de la vida. Y caminando, quieres llegar a la casa de tu Madre. A esa casa que está en la otra parte del pueblo. A la que cuando visitaste, fuiste tan bien recibido, que allí te quisiste quedar. Pero todo el pueblo es egoísta y te quiere contemplar y quiere que visites sus calles, que pasees por delante de sus puertas e incluso te quedes a descansar. Todos quieren darte consuelo y aplacar la agonía que te espera. Ya no es un trozo de madera lo que vemos, sino al hombre que fue enviado para salvarnos. Ya no es madera lo que pisan sus pies desnudos, sino el amor de los hombres hecho camino de flores. Ya no es madera lo que corre por tus venas, son ríos de oraciones y plegarias de esta Manzanilla eterna. Ya no es madera tu figura derrotada, son lágrimas de belleza que un pañuelo no seca. Ya no es madera el paso que te porta, sino Ángeles venidos para difundir tu palabra. Ya no es madera donde entregarás tu vida, sino el trono donde nosotros te debemos sentar. Ya no es madera porque no ha sido la mano del hombre quien te ha tallado. Eres Tú quien está reflejado en esta cofradía. Ya no llora tu madre de dolor, sino de alegría al ver que tu pueblo te quiere de verdad.

En una pequeña Ermita Rodeada se sus gentes, Vive la Virgen María Con mirada sonriente. Son sus ojos luceros Que brillan en la noche. En sus brazos, un mozuelo Que Manuel lleva por nombre. Eres bella entre las bellas, Y bendita entre las mujeres. Eres la madre que siempre espera

Y consuela nuestros temores. Cuando sales a la calle Para recibir nuestros vítores, Una salva de cohetes Te saludan con honores. Los luceros y las estrellas No se cansan de mirarte, Y pasan la noche en vela Para cantarte y alabarte. Es tu andar la carretera, Y hermanos Machado en parte, San Sebastián entera Y después de Ventoso, tu calle. Eres gracia y armonía, Y eres pureza en los detalles. Eres tú, Virgen María, Quien cura todos los males. Estás vestida de Gloria, Y tienes el mundo a tus pies. Doce estrellas te coronan Y nos guían en la fe. Que alegría verte en la calle. Que alegría poderte acompañar. Yo quisiera poder abrazarte Y al mundo, tu nombre gritar. Ya estás de nuevo en casa Después de tan larga noche. Ya estás de nuevo en casa Y a tu lado,… está San Roque.

El Nazareno
El nazareno comienza su Estación de Penitencia en la intimidad del antifaz, que sólo revelará su anonimato para que su única palabra sea el Amén al

recibir el cuerpo de Cristo en la comunión que alimenta su alma y lo limpia de pecados. Después, en el cortejo procesional, le acompaña cual escolta para recibir, sin miedos, la penitencia impuesta voluntariamente. Alumbrará el camino con su cirio de cera, triste emulación de quienes en la tarde de aquel jueves, fueron en la busca y captura del Redentor. Otros, cargaran con su cruz y caminarán tras El en su promesa particular. Voto de silencio, descalzos o sin alimentos. Y los más pequeños, pero no por ello menos importantes, le irán abriendo camino con sus báculos de metal con la insignia de la cofradía. Nunca, en ninguna otra época del año o tipo de cofradía, se ven a tantos hombres y mujeres vestirse de silencio, enclaustrarse con esparto y castigar sus cuerpos de esa forma tan altruista. Sacrificios voluntarios para pedirte el perdón por las ofensas no confesadas. Los hay quienes no pueden apenas andar, quien no sabe rezarte de otra manera que con su sufrimiento. Te van acompañando en tu sacrificio que ya no es sólo tuyo; cada paso que das, es un paso que da el penitente. Tú cargas con nuestra cruz y el penitente carga con su conciencia. También, quienes empiezan vistiendo la túnica por acompañar a un amigo o amiga y termina dándose cuenta de la magnitud de tu gloria. Quienes empezaron a salir para hacerle a esta Hermandad casi un favor, para que ese año hubiera un nazareno más, y continúan haciéndolo año tras año, pero ahora con otros motivos de mayor calado y que no se pueden explicar con palabras a quienes no lo han sentido. Y todo para que pongas bueno a ese familiar. Para que le ayudes en ese problema de dinero. Para que esos exámenes que se avecinan no se les atraganten. O para pedir un favor, el que sea, trabajo, amor,…da igual. Pero también para acompañarte en tu dolor. Para sentir en carnes propias, un trozo del sufrimiento que padeciste. Para terminar con una vida que no les satisface y seguir con la nueva que comenzó en la Cuaresma y que sea reflejo de Ti. No pesa, no. Ese camino que hace el nazareno, es un camino tortuoso, pero que al finalizarlo, se siente que hemos estado a tu lado y el dolor ya no es tanto dolor, pues se ha compartido contigo y Tú les has aliviado. ¡Cuántas promesas te ofrecemos, Señor! ¡Cuánta penas oscurecen nuestras vidas! Señor, ayúdales y compláceles en lo que te piden. Son gente humilde y de buen corazón y Tú lo sabes. Quien si no Tú conoces nuestras imperfecciones y sabes que en el fondo, todos nuestros problemas son producidos por la debilidad del hombre. Sonriente desde la lejanía Y con la paz entre sus manos,

Viene Jesús con alegría En busca del Domingo de Ramos. La multitud lo acerca Y lo acompaña por el camino. ¡Mira que contento llega Montado en un pollino! ¿De dónde vienes Tú, Divino Rey de los Cielos, Que nos quitas la inquietud Y nos llenas de consuelo? ¿De dónde vienes Tú, Precioso niño moreno, Con tanta felicidad y juventud Derramándola por estos suelos? ¿Por qué vienes a mí Lozano y sonriendo A entregarme tu amistad sin esperar nada a cambio? La multitud que te acompaña Desde tan lejos gritando Va contigo ilusionada Y se pierde en desvelos. Te veo venir tranquilo Sin posar pies en suelo. Y te veo venir por el camino Cargado con un madero. Eres hombre y eres Dios. Eres vida y eres agonía Te mueres solo y abatido, Pero mi fe en ti confía. Vente tranquilo. Descansa. Y habla de paz suprema, Que tus palabras son esperanzas De los pueblos que te esperan. VENTE TRANQUILO AQUÍ Y REPARTE TODA TU ALEGRÍA QUE EL PUEBLO TE ESTÁ ESPERANDO ¡SÍ, ESTE PUEBLO, MANZANILLA!

La Oración
Me viene a la memoria cuando de niño me perdía por las calles y en cada esquina a ti te encontraba. Jugando con los amigos y ahí tú estabas. Paciente, silencioso, a la espera de mi llamada…, que nunca se producía,

pero ahí tu estabas y siempre estarás, lo sé, lo siento aunque tu voz no escuche, pero aquí estás. De niños, por la inocencia, estamos más cerca de ti. Te hablamos con la naturalidad de quien lo hace con otro niño más. Para ellos, el rezar no se hace de otra forma que como pedirle a otro que juegue con nosotros. Se hace sin saber qué se está haciendo ni que se está pidiendo. Muchos te hemos confundido con los Reyes Magos y te hemos pedido los juguetes que le hemos visto a nuestros amigos o en la televisión. ¿Será por eso por lo que dijiste: “…dejad que los niños se acerquen a mí”? ¿Porque en el corazón de los niños no existe ni la maldad ni la desconfianza? ¿será porque el pensamiento de los niños no es complicado, sino sencillo, directo y rápido? Las puertas del banquete incomparable están abiertas y hay que tomar la decisión de entrar o no, rápidamente. Sólo teniendo la rapidez mental de un niño con la respuesta acertada, podremos entrar. Pues si lo pensamos o lo dejamos para mañana… será tarde. A medida que nos vamos haciendo mayores y los pensamientos se van rondando por otros menesteres, te vamos dando de lado y sólo nos acordamos de ti cuando los problemas nos acosan o no nos sale lo que teníamos pensado. Empezamos a dudar, a tener vergüenza por habernos distanciado, o mejor dicho, por que somos nosotros quienes nos hemos distanciado de ti. Dejamos de hablarte con la misma naturalidad de antes y cada vez es más grande la distancia en el tiempo en la que lo hacemos. Son otras y creemos que más importantes, las ocupaciones de nuestros pensamientos. Sin rezar, casi ni nos atrevemos a entrar en tu casa. Y no sé por qué, pues siempre estás dispuesto a atendernos y confortarnos. Cuando rezamos queremos que nos perdones, pero para ello también debemos perdonar. Si no perdonamos, ¿cómo pretendemos obtener el perdón? Siempre eres ese amigo con el que se puede contar, eres el que sea la hora que sea, estas preparado para escucharnos y nunca nos defraudas. Para otros, los que estamos en una cofradía, no se si es porque seguimos siendo niños con ganas de jugar o no sé qué, lo cierto es que este modo de vida que hemos escogido y compartimos con nuestros hermanos, nos colma de satisfacciones y nos sentimos bien al ser como somos. Somos alegres, nuestras vidas no están vacías y creo que transmitimos esa alegría a los que nos rodean. Quizás sea por tenerte siempre en nuestros pensamientos, pues nuestro afán es que cada año procesiones con mayor dignidad, si cabe, para que estrenes algo nuevo, para que los cultos que te ofrecemos sean cada vez de mayor solemnidad y sean cada vez más los fieles que vengan a

escucharlos, en definitiva, para que nuestro trabajo sea merecedor de tu aprobación. Pero necesitamos más de ti. Y queremos que estés más tiempo con nosotros. Siempre es a través de la oración y necesitamos algo más. Queremos estar junto a ti, y para ello realizamos las procesiones, para de algún modo sentirte cercano físicamente a nosotros. Pero también tenemos que perdonar. No por estar en una cofradía somos superiores a nadie ni estamos inmunes al pecado. También nosotros necesitamos del perdón y para que nos perdones, debemos perdonar. Como humanos que somos, sentimos la debilidad de nuestra carne y padecemos sus imperfecciones. Unas veces voluntariamente y otras sin poder poner freno, nos sometemos al pecado. Es como si quisiésemos cruzar un lago andando y no mojarnos. Imposible. Siempre, y eso tu lo sabes, en mayor o menor medida nos mojaremos. Podremos utilizar artilugios o inventos para evitarlo, pero al final siempre alguna minúscula gota nos cae encima. Pues así es el pecado. Pondremos el mayor de los esfuerzos para no caer, pero siempre habrá uno que se nos cuele. Y también buscaremos artilugios o excusas para engañarnos y convencernos de que no hemos pecado. De pensamiento, de palabra, de obra, de omisión. Y el más importante… el del AMOR. El del amor a Dios por encima de todos los sentimientos y las cosas. Si a nuestros padres o familia la queremos y respetamos hasta el punto de no permitir que nadie hable mal de ellos pues les debemos la vida, ¿cómo deberíamos de amar a Dios? Es por El por quien estamos aquí. El nos creó, nos dio la vida y es por El por quien iremos a su presencia. Todos somos hermanos porque todos tenemos un mismo padre. Entonces, ¿por qué no somos capaces de perdonar o pedir perdón a los demás? En el amor a Dios y en su infinita misericordia y con la certeza de saber que sólo a través de Jesucristo llegaremos a su presencia, la vida en este mundo tiene sentido y será más llevadera. Recuerdo las tardes de cielo encarnado, donde las negras agujas de los capirotes iban ganándole terreno al color. Recuerdo los nervios de las horas y la ilusión en las miradas de los que en ti confían deseando ver abiertas las puertas del valor. Allí donde la calle se hace mar de cirios y gente. Allí donde el penitente sufre sus esperanzas. Allí donde se doran los silencios. Allí donde se forjan las palabras.

Allí donde se tallan los sentidos. En el altar ambulante de este Templo que es tu pueblo Navegando con pies de esparto y faja enlutada Aguantando la chicotá de tu vida; Triste caminar de costalero amoroso Sobre lágrimas de cera que al cielo eleva su aroma. Otra calle te espera y otra te llora. Tarde de Marzo, de Abril, de penas. Angustias en los pasos contados. En los labios, deseos de Paz infinita. Promesas en los cansados pies descalzos. Y la derrota de los mayores tras las ventanas. Recuerdo el perfume de tus manos; El aroma de tu mirada perdida. El destello de la vida quemándose en tus labios, Y la flor que nace de tus heridas. El tañir de las campanas destempladas Y que el viento su lamento esparcía. ¡cuántos compromisos contraídos! ¡cuántas horas de desvelo tenía! Oraciones de quien no sabe hablar, Son los pasos del que te da compañía. Silencios que prestan tristezas. Tristeza que derrama lágrimas, Lágrimas que son de Pureza, Que aliviaban nuestro pesar y agonía. Recuerdo los fríos de las noches Jugando en la puerta de la iglesia, Mientras se adornaban tus pasos con flores Y mi ilusión crecía y crecía. No sabía si eran ganas de jugar O deseo de estar a tu vera, Pero era mi desvelo, vestir el antifaz Y hacer la Estación de Penitencia; Acompañarte y poderte ayudar Si Tú me lo pedías.

La amistad y el trabajo continuo
De todos es sabido que la felicidad suele durar poco tiempo, pero esta Hermandad lleva viviendo siete hermosos años de felicidad e ilusión. Para mí, todo este lío empezó por casualidad. Como suelen empezar casi todas las grandes historias. Era una mañana del mes de Mayo del año 2002, cuando visité por motivos de trabajo, el Bar Machuca. Realizando las labores propias de mi faena, empezamos a hablar de la lástima de no celebrar con procesiones la Semana Santa aquí en este pueblo. Que somos de los pocos pueblos en los que no salen pasos a la calle. Mantuvimos una buena y esperanzadora conversación que, la verdad sea dicha, creí que todo sería papel mojado, que sería una conversación más sobre un tema cualquiera. Que no habría continuidad. ¡Yo, apenas si te conocía! Al despedirme, te dije, mecánicamente, casi sin ilusión ni esperanza en la conversación, que si esto seguía para delante, podías contar conmigo. Y pasaron los días y aquella conversación se perdió en mi memoria como cualquier otra mantenida trivialmente en cualquier otra barra de bar. Al mes siguiente volví a visitar ese bar por los mismos motivos laborales y volviste a sacar el mismo tema de conversación. Pero esta vez algo había cambiado. Ya no era una conversación más. En tus ojos se veían el brillo de la ilusión y el deseo de que yo compartiera y formara parte con tigo de este proyecto. Me dijiste que habías hablado con no sé cuantos hombres que también estarían dispuestos a trabajar para la Semana Santa en Manzanilla. Ante mis dudas, me comentaste también que te encontrabas en una situación similar a cuando relanzaste el Fútbol en el pueblo. Me quisiste dar esperanzas de tu capacidad de sacrificio y saber hacer. Como un rayo fulminador me vinieron a la memoria las imágenes de mi niñez, treinta años atrás, cuando, junto a mi padre, allá por los meses de Enero o Febrero, iba a las nocturnas reuniones de aquella hermandad que comenzaba a dar sus primeros pasos, en los salones de la Caja Rural, dónde se decidían como transcurrirían ese año las dos procesiones. Y dije que sí.

Fijamos una fecha para reunirnos todos con los que habías hablado, de nuevo en los mismos salones de la Caja Rural. Llegó ese día, viernes para más señas, y allí estábamos cuarenta o cincuenta personas todas hablando de lo mismo, ¡de Semana Santa casi en verano! Teníamos un reto muy importante por delante, la restauración de las imágenes de Nuestro Padre Jesús Nazareno y de Nuestra Señora de la Soledad, comprobar el estado de los pasos, caídas, faroles y de todos los enseres que ¡no sabíamos dónde estaban! Nos repartimos el trabajo y, en grupos, íbamos recabando datos de lo necesario para salir a la calle con unos pasos medianamente dignos en la Semana Santa del 2003. Todos los viernes de todos los meses. Al principio sin cargos y sin tomar notas de las decisiones, nos reuníamos con la misma ilusión. Teníamos que coger dinero como fuera para hacer frente a los enormes gastos que tendríamos, pues sólo disponíamos de una cuenta bancaria con poco más de trescientas mil pesetas que se habían obtenido a base de rifas y pedidas, por varias mujeres (entre ellas mi madre y la Pepina) durante los años anteriores en los que no se salía. Poco a poco, lo que antes sólo eran conversaciones de reuniones y trabajos esporádicos para la Hermandad, se iban convirtiendo en algo más profundo. Las llamadas de teléfono se iban repitiendo cada vez con mayor frecuencia instándome a acompañarte a alguna gestión de la hermandad o para alguna orden,… que también las ha habido. Los encuentros se iban sucediendo en el tiempo hasta convertirse en casi diarios. A tu lado hemos vivido tiempos de alegrías y también de mucha desesperación, pero siempre has sabido controlar la situación y darnos ejemplo de vida de sacrificio por lo que de verdad merece la pena luchar: por la familia, por los amigos y por Dios. Nunca pones mala cara por nada, aunque a veces, comulgas con ruedas de molino. Desde entonces, te considero uno de mis mejores amigos. He podido comprobar la blancura de tu corazón y la grandeza de tu persona. Desde entonces, creo que he conseguido una de mis mejores adquisiciones: el haberte conocido. Desde la ventana de mi clausura Te compongo estos versos Para que en la noche de la amargura Sin voz y con ternura Las miradas se conviertan en besos.

¡No dejes de flamear, cirio! Y alumbra bien su rostro. Que aún caminando a su martirio Coronado como rey de los judíos Su amor, lo hace nuestro. ¡No dejes de flamear, cirio! Y dame esa luz infinita Que detrás, en el camino Siguiendo los pasos del destino Viene su madre bendita. ¡Sigue llorando, cirio! Que tus lágrimas sequen las suyas. Que mi voz no rompa el silencio de ese llanto sin suspiro que me duele y me apura. ¡No dejes de arder, cirio! Y hazle fuerza al viento. Consume lento tu brillo Acércate a Ella con sigilo Y dile todo lo que siento. ¡ARDE FUERTE, CIRIO! Y DALE CALOR A SU ROSTRO. QUE SU PENA LE DA FRIO AUN VIENDO TANTO GENTÍO DE ESTE PUEBLO NUESTRO.

Lumen Fidei
Como asociación pública de fieles acogida al seno de la Iglesia Católica, esta hermandad tiene como fin principal el culto público a Dios y, como consecuencia de ello, la ayuda, el consuelo y el ánimo a los más necesitados dentro de su marco de acción.

El amor al prójimo ha de ser una constante en la mente de los cristianos pues así nos lo indicó nuestro señor Jesucristo, y para esta hermandad se debe aumentar esta máxima a los mas necesitados, ya sea por el motivo que fuere. No hay mas amor que el amor entregado sin esperar nada a cambio. En el amor nos distinguiremos. Es bueno dar gracias a Dios por los bienes recibidos, pero ¿Quién da las gracias por las desdichas? Me explico: En los momentos de felicidad es muy fácil el dar gracias por lo bien que lo estamos pasando, por lo dichosos que somos, por lo bien que nos van las cosas, etc. Ahora bien, ante los malos momentos, ante la debilidad por no saber salir de un problema, en el llanto, ante el desconcierto por las desavenencias, en las dudas… ¿no sería también bueno dar esas mismas gracias al Señor por hacernos pasar estas experiencias que nos hace grandes, que nos hace fuertes en la vida? Ya lo dijo San José Mª Escribá de Balaguer: “…Cuando recibas algún golpe fuerte, alguna Cruz, no debes apurarte. Por el contrario, con rostro alegre, debes dar gracias al Señor…” Tenemos que dar gracias, no sólo por el pasado que en definitiva es todo lo anteriormente dicho, sino por el momento, por el día de hoy. “GRACIAS SEÑOR, POR EL DÍA DE HOY, POR DEJARME VIVIR LO QUE ESTOY VIVIENDO”. Esta es una muestra de grandeza y fidelidad a Dios y nos ayuda a admitir que mañana podemos no estar aquí para solucionar los problemas que hayamos podido causar. El poner en sus manos toda nuestra vida, que en definitiva es suya. Que todas nuestras obras se las ofrecemos a Él, porque nosotros nada somos si no es por Él. Tenemos que pensar que por muy mal que nos vaya en la vida y nos pese el momento en que estamos viviendo, más grande fue el sufrimiento y el peso de la Cruz que portó Jesús con todos nuestros pecados. El amor que entregó en esos últimos momentos de su vida, aguantando todas las vejaciones, para salvar al mundo de las fauces del pecado, fue más grande que todo el bien que le podamos devolver cada uno de nosotros en toda nuestra vida. La alegría que sentimos junto a nuestros familiares o amigos en los momentos de felicidad, son fiel ejemplo de la gracia de Dios y de la buena huella que estamos dejando entre los que nos rodean. Si somos felices porque los que nos rodean así nos hace sentirnos, es porque a ellos también les estamos haciendo felices. La llegada de un nuevo ser a nuestro entorno, que puede ser lo más grande de nuestras vidas, un cumpleaños, una boda, el encuentro de un trabajo, todos esos momentos no dejan de ser, por mucho que intentemos impedirlo, fugaces y con un contenido más o menos pobre de satisfacción personal. En esta sociedad que nos ha tocado vivir, predomina el disfrutar a tope del momento, el Carpe diem, sin importar lo que hagan, digan o sufran los demás. El vivir a tope trae consigo esa

despreocupación y nos hace más egoístas; “todo para nosotros y sólo para nosotros”, disfrutar hoy por si mañana no se puede. Si todos opinásemos igual, llegaría el día en que necesitando la ayuda de alguien para hacer algo, sea enfermedad, trabajo, etc. no encontraríamos a nadie que nos ayude, porque todos nos estaríamos mirando a nosotros mismos Pero la verdadera muestra de amor y, por consiguiente, de arraigo para con el prójimo es la que queda de los momentos de ayuda, consuelo y dedicación a ellos. Es muy reconfortante el que hablen bien de uno. Y no sólo por lo que se ha hecho en lo netamente material, que también, sino por como se ha sido, vivido y actuado. Dedicar la vida a servir a los demás y con ello a Dios, es la manera de garantizarnos que cuando seamos nosotros los que necesitemos, seremos atendidos y reconfortados. El que digan: - Esa, es una persona honesta. En el, si podemos confiar. Podremos ser la persona más pobre, en dinero, del mundo, pero de una cosa sí estoy convencido, que si hay alguien que por detrás nuestra habla de esta manera, somos los más ricos. Siempre habrá quien nos critique, bien por envidia, bien por ignorancia. Sin embargo, cuando se está convencido de lo que se está haciendo, los malos comentarios pasan y se vuelven contra quienes los difunden. En ello la Fé tiene mucho que decir. Un verdadero cristiano es honrado por definición, y no flaquea en los momentos de debilidad, una firme convicción en el amor de Dios es suficiente para derrotar los males que azotan la sociedad. LA LUZ DE LA FE ilumina a todo creyente con la misma fuerza, ahora bien, cada uno es libre de optar seguir siendo iluminado o apartarse poco a poco a las sombras. Es duro el camino del que opta por seguir iluminado, sobre todo por las dificultades puestas por los que eligieron otra la opción, pero manteniendo la mirada fija en la luz se superan todos los pesares a la vez que se ayuda a los que nos necesitan. La luz de nuestra Fe está en saber que por muy mal que nos vayan las cosas, siempre podemos contar con la ayuda de Jesús. Pues bien, una hermandad, esta Hermandad Sacramental, debe hacer todo lo posible para que a nuestros prójimos que están pasando por momentos de dificultades, les seamos de ayuda y consuelo. Seamos capaces de saber cual es la mejor forma de ayudar y a la vez servir a Dios como miembros de una Iglesia comprometida con los más desfavorecidos. Gracias señor, porque nos has iluminado en la tarea de servir. De hacernos comprender que una hermandad, sea de Gloria sea de Pasión, no es sólo el sacar unos pasos a la calle, que también, sino que su misión es más importante y noble; que es la del sacrificio por nuestros semejantes, el hacer que en las necesidades pongamos esperanzas, que en las injusticias

pongamos amor, que en las desgracias seamos consuelo, que en la alegría seamos humildes y en la tristeza seamos virtud. Como no podía ser de otro modo, esta Hermandad intenta llevar a cabo proyectos de caridad y servicio a la comunidad. Unas veces con acierto y otras no con tanto, pero, y de esto estoy seguro, siempre con el mayor de los respetos e ilusión.

Mi Pasión
Dime porque lloras, madre mía, y tus lágrimas son de dolor. ¿Es por ver a tus hijos pelearse los unos con los otros, Que la memoria la estamos perdiendo, y no te confortamos con nuestro calor? Dime porque lloras con lágrimas de terciopelo Que hasta los ojitos de los niños, con pena te miraban. Ya no tienes a tu madre, Santa Ana, Que te consuele y te limpie la cara de porcelana. Dime porque lloras con lágrimas de caramelo Que hasta las flores que te acompañan, Están perdiendo el color por desconsuelo. Dime porque lloras con lágrimas de cera, Señora y Reina del cielo, Si con tan sólo una palabra tuya a tus pies se postra el mundo entero. Dime porque lloras con lágrimas de agonía Y un puñal traspasa tu corazón, ¿Es por ver a tu hijo en la lejanía que está siendo vencido por la sinrazón? ¿Dónde está la Luna, y dónde las estrellas? Que vengan y limpien de amargura Tu cara de niña bella. Ya vendrá el día. Y con su manto cálido y suave Pondrá luz a tus penas, ¡que son mías!

Dime porque lloras y tus lágrimas son rocío. Que no sé maquillar mis palabras Y por tu amor me encuentro perdío. Pero, dime porque lloras, y tus lágrimas me embriagan los sentíos. Me trastorna y enferma el alma Y a Dios… elevo mi suspiro.

IESUS NAZARENUS REX IUDIUS
Corazón que no late. Corazón que está formado por los corazones de quienes te quieren. De las almas que son una, pues una sola alma basta para cubrir los pesares de la tierra. No, tu corazón no late. Y no late porque por tu cuerpo corren ríos de incienso y cera. Eficaz bálsamo que todo lo puede. No, tu corazón no late. No lo necesita. ¿Qué ritmo marcaría? Al final todo ritmo precisa de un tiempo y ¡Ay! Si el tiempo eres tú. Tú marcas el inicio de las estaciones. Las épocas de siembra, cosecha, frío, calor, tú marcas el tiempo en que nacemos y morimos. Tú decides cuando y porqué suceden las cosas. Tú dices y se cumple el color de las flores; pasión en la Rosa, pureza en el Lirio, penitencia en la Orquídea y paz en el Olivo. No, tu corazón no late. Eres fuente de vida y la vida en ti recae. Eres todo lo que necesito y en ti todo lo tengo.

Madre que nos quiere y nos protege. Madre que todo lo sufre y se calla. Por querernos aguantas desconsolada. Como las rosas, que aún muriendo, Entregan la mejor de sus fragancias. Para ser mujer naciste

Y por ser mujer fuiste elegida Para acoger en tu vientre Al que más tarde entregaría Su vida Para salvar las nuestras y ser el hijo de Dios. Por el nombre con el que se te conozca Que más da, Dolores, Valle, Victoria, Soledad… Si eres Reina del cielo y Reina De la tierra. Y por ser Reina, un ángel nazareno Te pone la corona en tu cabeza. Con tres letras algunos te llaman. Y no te pudieron poner otro Que tanto significara. Cuantas veces eres nombrada, Y cuantas destrozada Si con tan pocas letras, tan fácil Es acusarla. Toda la tierra ansía tenerte Pero que pocos te disfrutan. ¡Con tan sólo tres letras… Y lo difícil que es conquistarla! Si vives en todas partes, Aún viviendo secuestrada Sales a la calle Para ser aclamada. Se te conoce vestida de blanco. Y con blancas manos La multitud te gritaba. Como paloma volando y con olivo Fuiste dibujada, Y fuerte en nuestras vidas ¡Desde entonces Eres imagen De la Esperanza! Paz aclamada. Paz gritada. Paz secuestrada. Paz conquistada. Paz acusada.

Paz destrozada. Y Paz disfrutada. Paz en los colegios, Paz en las casas, Paz en el olvido, Paz en las entrañas, Paz al fugitivo Y Paz al que dispara. Paz en la vida, Paz en la muerte, Paz al que siente Y Paz al que trabaja. Paz al que ríe, Paz al que llora, Paz al que se estremece, Y paz al que canta. Paz al que escribe, Paz al que lee, Paz al que escucha Y Paz en la palabra. Paz en el hogar, Paz en la calle. Paz en el cuartel Y Paz en la sombra. Paz al que recibe, Paz al que presta. Paz al que viaja, Y paz al que espera. Paz al preso, Paz al que vigila, Paz al que nace Y Paz al que agoniza. Paz al que sufre, Paz al que consuela, Paz al que comparte Y Paz al que adeuda. Paz, Paz… Por Dios, Paz. Si con tres letras te escriben… ¡Que difícil es alcanzarla!

El Costalero
La figura del costalero, tan necesario dentro de la hermandad, se va forjando desde la niñez. Todos somos costaleros de afición, pues costalero es aquel que lleva en su alma el peso de los problemas diarios y sobre su cuerpo el peso de la imagen de su devoción. Pero también lo es, en el principio, todo el que venera a una imagen y por tanto la lleva dentro. Nuestros jóvenes costaleros comienzan su andadura al calor de los mayores y se van preparando para el bautismo del costal con el dolorido sudor de los ensayos de la cuadrilla de “La Borriquita”. Es largo el camino de la penitencia del costalero, y dura la realidad de sus sueños. La fuerza de su cuerpo porta a quien entra en Jerusalén para cumplir con las escrituras, lo acompaña en su camino al calvario y lo recibe delicada y tiernamente en su descendimiento de la cruz para llevarlo con todo el dolor de su alma al oscuro y frío sepulcro. Es duro ser costalero. Deben llevar el peso de la imagen de su devoción y durante todo el tiempo que dura su trabajo no le ven su rostro. No pueden casi disfrutar de la emoción de esa chicotá. No pueden ver su cara a la luz de las velas en el recogimiento de la calle más estrecha. No pueden ver el baile de las bambalinas en el caminar de su madre. No pueden ver la oscuridad del balcón del que salen las lágrimas de la saeta. Pero a cambio, su trabajo es recompensado con tu sentimiento. El corazón del costalero late al ritmo de tu aliento. Es tu presencia la que se siente al lado de su costal, quien empuja al mismo tiempo a ese paso en la subida al cielo. Son muchos los esfuerzos que debe hacer hasta colocarse el costal, apretarse la faja y meterse bajo el paso. Son muchas las horas de ensayos y a veces pocos los que acuden. Noches frías de Enero y Febrero son las testigos de vuestros ensayos en los que se empieza con poco peso y cada día se le va añadiendo un poco más, para que en el día esperado todos vayan cargando con su parte correspondiente y sin demasiadas dificultades, aparte de las que por su oficio o irregularidades del terreno por el que se desarrolla la cofradía, se sufren. A los más pequeños se les está enseñando el trabajo para que lo desarrollen con la seriedad, el respeto y el sacrificio que se merecen tanto la imagen que portarán como las personas que con amor, admiración y devoción la contemplarán por las calles del pueblo. Se les está enseñando que en el silencio del sufrimiento por el trabajo que realizan, está la penitencia de los pecados. Que por mucho que les duela el costal, que por mucho que apriete

la faja, que si les tiemblan las piernas, piensen en lo que debió de sufrir Jesús al morir por nosotros. A los grandes, a los mayores, no se les puede enseñar nada de eso porque ya lo saben. Pero se les recuerda que el camino que les espera será igual o más duro que el del año anterior. Que los años causan estragos en los cuerpos pero que Dios les dará fuerzas para completar con éxito su trabajo y al finalizar, reciban con júbilo el aplauso y consideración de todos los asistentes en general, de esta hermandad en particular y de sus seres queridos en especial. Después, en los días que siguen, demuestran que son costaleros de la vida, soportando con estoica heroicidad, el peso del trabajo diario. En el interior de cada persona, se lleva la cruz que soportamos en la vida y sólo siendo como un costalero se soporta quedamente y en silencio. No debemos dejar de empujar, pues otra cuaresma llegará y con ella la igualá, la vuelta a los ensayos de este bendito trabajo que es llevar el otro peso de la cruz, de esa cruz que todos llevamos y sólo el costalero lo exterioriza. Gotas de plegarias silentes embadurnan su cuerpo de penitente. El pueblo, entusiasmado, contempla su trabajo extasiado.

¡Costalero, reza un poco ya y está contento!. ¡Costalero, se acerca la hora ya del sufrimiento!. ¡Costalero, cálzate el esparto ya y coge aliento!. ¡Costalero, cíñete la faja ya y ve corriendo!. ¡Costalero, Ponte en tu sitio ya Que tu capataz te esta llamando! ¡Costalero, aprieta fuerte tu costal y empuja tu aliento!. ¡Costalero, que encima tuya está Jesús el Nazareno!.

¡Costalero, el camino tuyo va y nos lleva al cielo!. ¡Costalero, costalero…! Yo quiero ser costalero ¡y llevarte, Señora, por el pueblo entero!. Yo quiero ser costalero ¡para llevarte, señora, tras Jesús Nazareno!. Dolor sin dolor. Cansancio sin espera. Yo quiero escuchar el crujir de la madera. Bendita tu eres, Señora y bendito tu dolor. De penas te mueres porque matan al Salvador. ¡Silencio!. Silencio todos, ¡que suena una saeta!. Quejío que brota de una garganta quebrada en un balcón sombrío. Yo quiero ser costalero y llevarte en tu dolor, sentirte arriba, Señora, y mostrarte mi amor. Yo quiero ser costalero ¡y acompañarte, Señora, con olor a incienso, alumbrados por velas!.

Madre paciente. Mater Mea
La noche seca de esparto se cierne y cubre de aromas a claveles tu figura, tan sólo iluminada por candelería de cera. El cielo se te acerca y las estrellas te acompañan cuando bajas a la tierra. Son doce los Ángeles plateados que te escoltan y que, por momentos, nos priva tu presencia de la vista.

El milagro se cumple de nuevo. Como cada año. Tú, que subiste al cielo en cuerpo y alma, vuelves a esta tierra humilde y pecadora para que te acompañemos en tu dolor por ver a tu hijo torturado y a las puertas de la muerte. Aunque, la verdad, eres tu quien nos acompañas y consuelas en nuestros dolores, en nuestros sufrimientos, en nuestras tribulaciones. Y eres tu quien nos sirve de guía para conseguir, algún día, ser dignos de estar en el reino de los cielos. Con que garbo paseas tu figura dándonos ejemplo de entereza y sumisión, que hasta el aire nos quema la garganta al verte sufrir. ¡Que puñal más grande tu corazón traspasa! La presencia de la María por las calles, representada en los momentos de dolor previos a la muerte de su hijo, que ella misma espera resignada, nos debe hacer reflexionar sobre la capacidad de sumisión a la voluntad divina y de esperanza que ELLA tuvo, para que seamos capaces de entender que en nuestros momentos de aflicción, siempre está abierta la puerta al consuelo de Dios. Jesús es sacrificado ante la presencia de su madre, como nosotros podemos ser en cualquier momento de nuestras vidas puestos al dolor corporal o psicológico menos inesperado, pero como María y el propio Jesús, debemos ser fuertes y no flaquear en la Fe. Madre de todos los hombres, madre de los manzanilleros, tennos siempre presentes y perdona nuestras debilidades. Gracias Señor, por darme la lucidez para escribir, valor para ponerme aquí y fuerzas para decir todo lo que por mi boca ha salido en alabanza de tu nombre. El cielo se viste de sangre. El viento ya no sopla. Ya viene la gente. Ya se acerca la hora. ¡Ya se viste de penitente, la multitud que te adora!. ¡De tus espinas clavadas brotan lindos claveles; Que por tu piel resbalan y al caer al suelo, florecen!. ¡De tus manos ensangrentadas azules lirios crecen!; ¡De dolor, tu fuerza quebrada!. ¡Y por amor, no desfalleces!. Con tus pies descalzos

y tu espalda curvada, vas caminando despacio soportando las desgracias. ¡Tu caminar se hace música, y Manzanilla a tus pies reza, llora y te suplica plegarias que su fe sustenta! ¡Tu caminar se hace música, y a los sones, el pueblo enmudece en tu camino a la Gloria tu mirada los entristece!. La luna te está mirando y bajar a la tierra quisiera; ¡No puede seguir soportando verte sufrir de esa manera!. ¡Y Manzanilla se hace camino; Camino de Vía Dolorosa; Manzanilla cumple tu destino por caminos de cirios, incienso y rosas!. Caminos de capirotes de negro enlutao vestíos; ¡no tienen más colores las almas de este gentío!. Tras las nubes de incienso, la luna se ha escondido. ¡Que tristeza mi lamento! Ya sólo te iluminan los cirios. ¡Y Manzanilla se hace Gólgota!. ¡Y te clavan en la cruz!, ¡y la noche llora y llora, a la espera de tu luz!. ¡Nazareno de Esperanza! ¡Nazareno de VICTORIA! ¡Que por este VALLE de lágrimas; tu madre nos llama a la gloria!. ¡A la Gloria Rociera! ¡A la Gloria del Perdón! ¡A la Gloria!, ¡Manzanilla! ¡Manzanilla de Pasión!

¡A la Gloria todo el que quiera!

He dicho.

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